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El retorno como patrimonio en la obra de María Rosa Lojo

Broullón Acuña, Esmeralda

Abstract

Este trabajo se inserta en el marco de una investigación financiada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, bajo el título Nuevos actores, viejas dinámicas: el retorno al lugar de origen de los emigrantes españoles en Uruguay y Argentina. HAR2009-10625

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Anuario de Estudios Americanos, 70, 1 Sevilla (España), enero-junio, 2013, 273-302 ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 El retorno como patrimonio en la obra de María Rosa Lojo1/ The concept of return as heritage in Maria Rosa Lojos’s work Esmeralda Broullón Acuña CCHS-CSIC, Madrid El siguiente artículo examina la configuración del retorno heredado en los hijos del exilio hispanoargentino. Identidad, memoria y retorno son los ejes que estructuran un texto que toma como punto de partida la cultura narrativa hispanoargentina contemporánea. Ésta se erige en un espacio explorativo sobre la identidad, en cuanto a tarea ontológica del sujeto transterrado. Por ello nos centramos en una de las investigadoras más representativas del panorama histórico-literario argentino como es María Rosa Lojo. Su imaginario se asienta sobre la memoria del retorno y su transmisión patrimonial. Si bien analizaremos dicha concepción mitológica a través de la trama de su primera novela: «Canción perdida en Buenos Aires al oeste» y la confluencia de esta temática en su trayectoria. PALABRAS CLAVE: Exilio; Retorno; María Rosa Lojo; Identidad; Memoria; Etnohistoria; España; Argentina. This article examines the legacy return from exile in the Spanish-Argentinean sons. Memory, identity and return migration are the axes that structure a text that takes as its starting point the narrative hispanic-argentina contemporary culture. This is a space exploration about identity like work of the exile individual. One of the most representative researchers in the historic-literary is Maria Rosa Lojo. The writer keeps alive the memory of the return about exiles. But we analyze the mythological story through his first novel, «Son lost in Buenos Aires to west», and the presence of this subject throughout her work. KEYWORDS: Exile; Return; Maria Rosa Lojo; Identity; Memory; Ethnohistory; Spain; Argentina. 1 Este trabajo se inserta en el marco de una investigación financiada por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, bajo el título Nuevos actores, viejas dinámicas: el retorno al lugar de origen de los emigrantes españoles en Uruguay y Argentina. HAR2009-10625. 273 «Las raposas tienen guaridas, y las aves del cielo nidos, más el hijo de Hombre no tiene donde reposar su cabeza»2 (Lucas, 9,58, Mateo, 8,19) Prácticas culturales sobre la memoria del exilio: características y tipologías narrativas sobre el exilio intergeneracional Durante las últimas décadas del siglo XX proliferaron a ambos lados del atlántico narrativas culturales que —concebidas como lugares de la memoria—3evocan un pasado reciente. En ellas se debate el presente actual bajo una confrontación sociohistórica y respecto a los sucesos acontecidos en el pasado. Pues cuando interactúan diversos niveles cronológicos, la memoria, en cuanto a dispositivo simbólico, procede como un vaso comunicante espacio-temporal. El presente trabajo explora la configuración simbólica y material del exilio hispanoargentino, su legado patrimonial en la siguiente generación, ya que éste fue un episodio ineludiblemente compartido por la conjunción de acontecimientos políticos comunes. Factores como el impacto de las respectivas dictaduras han dejado un hondo rastro en la narrativa hispanoargentina mientras que el imaginario del colectivo transterrado se ha forjado sobre la concepción del retorno. En el siguiente epígrafe expondremos, desde un enfoque culturalista, las particularidades de una narrativa mostrada desde los márgenes y vinculada a la sociedad con la finalidad de constatar el devenir histórico. A nivel metodológico se erige como un espacio explorativo y, por ende, nunca concluyente, sobre la identidad como tarea histórica de los desplazados. Dicho de otro modo, el discurso literario se construye como un lugar óptimo de interpelación del yo/nosotros, que, en el marco de la diáspora, rastrea la huella fronteriza de pertenencia/exclusión y ahonda en el proceso de transculturación, desestabilizando el dispositivo identitario en función a un espacio preconfigurado. La escritura hispanoargentina sobre las experiencias de la emigración y el exilio heredado se caracteriza por la disposición de unos relatos de los cuales emergen una nueva configuración de naciónhogar e identidad más allá del caos o la inseguridad ontológica que idea liza el retorno como imperativo patrimonial. Dichas categorías, más que articu2 Lojo, 1987, 12. 3 En el sentido aludido por Nora (dir.), 1997. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 274 lar el regreso físico o simbólico a la matriz identitaria, delinean otras esferas en torno a una nueva espacio-temporalidad.4Ajena a los fundamentos de racionalidad científica, este espacio narrativo redescubre escisiones y revela cuestiones no resueltas por los sujetos protagónicos. Los posicionamientos, las ausencias, los silencios definen las condiciones de producción del metadiscurso narrativo, desafiando categorías por lo regular naturalizadas a la vez que mediante dicha forma cultural se convoca el ejercicio de la memoria no sólo como sentimiento sino como conocimiento. Es por ello que analizaremos comparativamente las experiencias intergeneracionales sobre el desplazamiento y cómo dos países de una gran proximidad cultural —España y Argentina— varían su posición emisora y receptora de población, alterando la percepción de sus fronteras. Bajo la metáfora de un círculo hermenéutico y en el marco de un proyecto de investigación más amplio debatimos acerca de los modelos sociopolíticos que inspiraron la historiografía de las migraciones y su relación con la construcción de la memoria e identidad colectiva de los migrantes y exiliados.5El dispositivo simbólico en el que se erige la memoria, sus atributos, así como los marcos en que se instituye la misma son ejes que orientan el texto,6entretejidos por una historia compartida sobre el éxodo y el estado de transitoriedad que habitan los sujetos. En cuanto a las modalidades narratológicas sobre la emigración y el exilio heredado —donde una segunda generación experimenta el desarraigo en su propio lugar de pertenencia—, cabe mencionar la adscripción a la nueva novela histórica, si bien coexiste junto a una preeminencia por formas de escrituras autobiográficas «reales o ficcionales». Un giro subjetivo e inclusive un desdoblamiento del «yo» emergen de manera recurrente en esta tipología. Entre éstas podemos hallar diversos géneros y subgéneros como la auto/biografía, el autorretrato, la novela autobiográfica, las memorias, los libros de viajes, los epistolarios o los dietarios y diarios. Autores a ambos lados del atlántico testimonian prácticas y formas de vida nómada, encuadradas en unos espacios autobiográficos y representados en las novelas de 4 El eterno retorno por parte del sujeto al lugar originario y la negociación de adscripción hacia nuevas dimensiones espacio temporales ha sido expuesto con hábil maestría por Arfuch, 2005, 260 (239-290). 5 Sobre el origen del concepto «memoria colectiva» y el florecimiento de los estudios acerca de dicha memoria con respecto al pasado, véase el prefacio escrito por Duvignaud en la obra de Halbwachs, 1968: x. La oposición entre Historia y conciencia colectiva es igualmente abordada por el primer teórico en usar dicho concepto, Ibidem, 72-73. 6 Halbawsch, 2004. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 275 Guillermo Saccomanno,7María Guadalupe Henestrosa,8Andrés Neumán,9 Inés Fernández Moreno,10 Alfredo Taján11 o María Rosa Lojo,12 entre otros. Lo destacable en la escritura de María Rosa Lojo es que además de integrar en una sola obra diversos géneros narrativos, combina formas culturales y narratológicas míticas, donde se integra el pensamiento mágico junto al denominado racional. En consecuencia, la escritora logra resignificar el caótico recuerdo del transterrado que bajo el ritual de la palabra manifiesta el proceso social en tránsito al que asisten los sujetos desplazados. Una polifonía de voces se suelen disponer en unos relatos que traman la urdimbre de una historia sobre el exilio y sus efectos en los personajes. Bajo dicha coyuntura, individuos en continua traslación experimentan el destierro y se adentran en la permanente búsqueda de un lugar a modo de paraíso original, universalizando un perfil sobre el individuo transterrado. La condición de extranjería que emerge del tejido histórico literario lojiano, entendido como un viaje-proceso en la construcción del sujeto y de autoconocimiento, alienta el nomadismo, la itinerancia y el viaje interior como autoexploración del «yo». En estas circunstancias sus historias muestran personalidades escapistas donde los personajes resuelven de diversos modos sus experiencias vitales para poder conformar la propia identidad, en este caso adjetivada por la transnacionalidad. La proyección de estas prácticas culturales articula, mediante la ficción que toda realidad contiene, el poder de mantener viva la memoria colectiva del hecho migratorio hispanoargentino durante el periodo de entre siglos, XX y XXI. Desde la perspectiva del cambio generacional y la transmisión patrimonial, tanto material como inmaterial, la escritora hispanoargentina María Rosa Lojo actualiza la dimensión del retorno en su trayectoria tanto literaria como académica. La caracterización común de la escritura sobre el desplazamiento es su concepción como «narrativa de frontera» y espacio donde despuntan discursos acerca de la otredad. Desde los márgenes de cada línea fronteriza, tanto física como simbólica,13 habida cuenta en cada orilla atlántica, los 7 Saccomanno, 2008. 8 Henestrosa, 2002. 9 Neumán, 2003. 10 Fernández Moreno, 2005. 11 Taján, 2005. 12 Lojo, 1987. 13 Tomamos como punto de partida la conceptualización de frontera desarrollada a partir de los estudios de Fredrik Barth, en cuanto a la consecuente relevancia de dicha acepción y posteriores aportaciones para la definición del grupo social estudiado. Al respecto, véase Barth (comp.), 1976. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 276 protagonistas de estos textos tejen lo propio y/o ajeno en permanente conjunción trasnacional. Aunque el concepto de frontera en su larga trayec toria epistemológica alterna una pluralidad de significados escasamente inocentes, en el espacio y en el tiempo,14 dicha categoría continúa reformulándose bajo múltiples acepciones. Si bien haremos uso del mismo como recurso heurístico que nos ayude a comprender los efectos de los contactos transmigratorios en los actuales procesos de mundialización. Pues desde un posicionamiento de frontera, los personajes revelan los cambios sociales a los cuales asisten como efecto de los contactos interseccionales y las transferencias acontecidas en diversos marcos históricos. Unas áreas transculturales se despliegan a partir de espacios interfronterizos de des/encuentros entre diferentes, en cuanto a fuente identitaria, originadas a raíz del contacto de culturas entre ambas orillas atlánticas. En consecuencia los discursos que prevalecen en las obras de los escritores mencionados liberan a la historia narrada del eurocentrismo, ya que frente a un pasivo proceso aculturador el contacto intercultural expuesto se produce en distintos niveles de dominación, supervivencia, adaptación o modificación de las culturas de origen y recepción. Es decir, salvando diferencias de género y contenido argumental, las historias expuestas reflejan, entre otros aspectos, el proceso en tránsito de una cultura a otra y en ese tránsito entre culturas se producen realidades narrativas transculturales que se tornan heterogéneas, mestizas e híbridas,15 tal como es el caso de la narrativa lojiana. Características de la obra de María Rosa Lojo: La memoria y la identidad en la narrativa lojiana El testimonio narrativo de María Rosa Lojo es profundamente memorialista a la vez que matizado de continuos trazos autobiográficos.16 En su 14 Entre las primeras tesis dictaminadas en la historiografía sobre fronteras, de hondo calado en los estudios de la historia norteamericana, cabe mencionar la exposición de Frederick Jackson Turner cuya proyección tomó protagonismo a partir de su conferencia impartida en 1893 acerca de «La importancia de la frontera en la Historia de los Estados Unidos». El autor instaba, en primera instancia, a concebir el término bajo una acepción «expansionista», entendida como la línea divisoria entre la «civilización y barbarie». Si bien en trabajos posteriores fue reformulada, entre otras designaciones, como «región de migración» concibiéndolo como proceso. Es decir, frontera en movimiento antes que un lugar o región geográfica. Perspectivas que para el caso Latinoamericano tomaría sendas diferentes. Turner, 1960. 15 Rama, 1982; Sales, 2004. 16 Un estudio pormenorizado sobre «literaturidad del exilio», su vinculación a espacios autobiográficos así como el exilio heredado en la obra de María Rosa Lojo se halla en Crespo, 2009a. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 277 novelística el pasado y el presente se conectan mediante la memoria retrospectiva. La autora explora las alianzas y las fricciones en torno a la construcción de la identidad, pues ésta encuentra en el espacio narratológico el lugar idóneo para su reformulación. El eje central de sus novelas gira sobre el estado de transitoriedad que origina en el sujeto desplazado el fenómeno de la emigración y el exilio como lugares tanto de desgarro como de conocimiento. Desde una profunda reflexión crítica, en su rol de hija del exilio republicano en la Argentina, trata de enlazar ambas orillas atlánticas, definiendo espacios relacionales bajo una red de confluencias. Al mismo tiempo desmonta el reduccionismo de planteamientos dicotómicos y las polaridades que escinden a los sujetos desplazados, física y culturalmente, discerniendo sobre la conformación de unos personajes fronterizos que desde la alteridad debaten acerca de lo propio y lo ajeno. Es decir, ahonda en los procesos transculturales en consonancia a la conformación del heterogéneo concepto de argentinidad desmantelando a su vez la clásica frontera entre civilización y barbarie. La estrecha confluencia de su quehacer literario con la narrativa histórica17 fagocita, mediante la polifonía de voces, una memoria que vincula la historia política a la historia personal. Por otro lado, la interconexión entre memoria e historia renueva mediante sus textos el espacio biográfico en relación con la vida pública. La recurrente interdiscursividad de la escritora hispanoargentina subvierte el canon en una especie de hibridación narrativa y cultural donde espacios autobiográficos y relatos retrospectivos dan cuenta de la concurrencia entre ambas nacionalidades y sus traslúcidas fronteras, desde las cuales se posicionan sus desdoblados personajes. Éstos, intermediados por la originalidad estética de la creadora y la multiplicidad de formas discursivas, se pronuncian como seres fragmentados adolecidos por el desarraigo e interactúan condicionados por el orden sociopolítico al cual se insertan, de ahí que su obra nos remita a la importancia del contexto en la ficción que toda realidad contiene.18 Las dimensiones descritas caracterizan grosso modo la narrativa lojiana donde, por lo regular, confluyen diversos sub/temas como el extraña17 Sobre la inscripción de la producción novelística de María Rosa Lojo a la nueva novela histórica argentina, véase Lehman, en Arancibia et al., 2007, 53-63; Tacconi, en Arancibia et al., Ibidem, 173-181. 18 Desde los márgenes la autora ahonda en los problemáticos límites entrecruzados de la dicotomía Historia y ficción procesando finalmente un discurso que logra atenuarlos. Sobre la transposición de dichos límites, véase Mónaco, en Arancibia et al., Ibidem, 183. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 278 miento, la memoria, la identidad, el linaje familiar bajo el legado de la guerra civil española. Entre la primera y la última novela la escritora logra crear un puente de unión entre ambas orillas. Aunque sus relatos mantienen el protagonismo de un sujeto escindido, un ligero desdoblamiento del «yo» permite a la narradora avanzar en la experiencia enajenante a la que asisten los hijos del exilio. Hemos decidido analizar su primera obra por considerarla un texto fundacional dentro de la línea de escritura —desde los márgenes— sobre el exilio intergeneracional cuya historia e inclusive algunos de sus personajes reaparecen en otros libros de la creadora hasta que en su última novela, a través de Rosa, su alter ego, ultima el proceso identitario. La reescritura del exilio desde los márgenes: «Canción perdida en Buenos Aires al oeste»19 «Canción pérdida en Buenos Aires al oeste» es la primera novela de la escritora e investigadora hispanoargentina María Roso Lojo. En ella retrata la estampa familiar de un exiliado español que emigra junto a su esposa —de familia falangista— a la Argentina, donde tienen tres hijos. La autora incorpora la herencia del exilio a una generación socializada en la idea del tránsito dentro de su propio lugar de nacimiento ante la imposibilidad del retorno al lugar de origen familiar. El texto, escrito bajo un tono confesional, contiene diversas modalidades discursivas. Bajo este proceder se aúnan ficción novelesca, diariarística, epistolar, reflexiones, autorretrato, relato oral a través de la transmisión de cintas grabadas así como cuentos y leyendas. Todas ellas reformulan cada trayectoria individual en fechas superpuestas y enfatizan la indeterminación espacio temporal de una realidad desdoblada por la experiencia de los personajes. El relato revela las relaciones de a/filiación y esboza una genealogía a la que la autora retornará en su última novela,20 en un constante diálogo con su propia historia per19 Lojo, 1987. Novela premiada por el Fondo Nacional de las Artes en 1986. 20 María Rosa Lojo reconstruye en su última novela, Árbol de familia, la genealogía de una familia por cuatro generaciones. Ante el poder evocador del retrato, rememora, en una minuciosa descripción, la trayectoria de los componentes del linaje bajo un contexto socio-político y cultural determinado. El relato, que acontece durante el intempestivo siglo XX hasta adentrarse en el nuevo siglo, transfiere al lector la imagen y la biografía de cada componente familiar, personajes que además se entrecruzan en su obra. La autora desdibuja las ramificaciones de un mismo tronco que brotan a uno y otro lado del océano, vinculando de este modo ambas orillas atlánticas (España y Argentina) y logrando crear un puente conector de identidades plurales. Véase Lojo, 2010. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 279 sonal y familiar. Profundiza en la experiencia del auto/destierro y perfila una fractura fronteriza a partir de unos individuos desubicados como consecuencia del exilio en una primera generación de españoles en la Argentina, que proceden secundados en el ocaso de sus vidas entre la pérdida y la nostálgica recuperación. Éstos se erigen como sujetos introspectivos que apenas interactúan con su entorno, aislándose profundamente de su propio medio.21 En esta obra convergen diversas historias mientras que el argumento principal gira en torno a la trayectoria de una familia encabezada por unos progenitores desdichados en su matrimonio que actúan entre la impiedad y la misericordia, insatisfechos y dolientes en el sueño de lo imposible. La novela está estructurada por varios relatos constituidos por diferentes géneros discursivos y diversas combinaciones coloquiales. Cada uno de éstos configura un capítulo, secundados por las voces de los integrantes del grupo familiar que, de manera «independiente», tejen una trama conjunta. A la vez incorporan la memoria de los seres ausentes. La inclusión de información historiográfica en su narrativa traza un puente entre la historia política y la historia personal narrada. Bajo este proceder, las vivencias de Miguel, Alberto, Luis, Irene, Carmen, Juan Manuel y María trascienden durante cuatro décadas el impacto de la transitoriedad del exilio y el desarraigo, aflorando una reformulación identitaria —étnica, género, clase— en todos y cada uno de ellos para engarzar una memoria colectiva bajo una atmósfera reflexiva. «Canción perdida en Buenos Aires al oeste» incursiona en la hegemonía del baluarte porteño —escenario del exilio—22 como territorio de inspiración europeísta y epicentro de la nación que decidirá la suerte de «los Neira».23 El alter centrismo acentúa la condición errante de extranje21 Subsumidos por la coyuntura sociopolítica del exilio, un permanente desdoblamiento de la realidad lleva a los personajes a debatirse —bajo la constante dimensión platónica— entre un supuesto mundo real y su copia. De este modo mientras que el exiliado vive «enajenado de lo propio» la siguiente generación experimentará como hijo de exiliado estar enajenado «en lo propio», Crespo, 2004, 11. Asimismo la propia autora de la novela hace referencia a dicha dicotomía preposicional en varias de sus entrevistas. 22 Una propuesta de imagen de la ciudad y particularmente de Buenos Aires como escenario del exilio es expuesta en Crespo, 2009b. 23 No obstante los componentes de la familia Neira reformularán su «identidad de frontera» a través de su enclave periférico, al borde de la gran ciudad; de ahí su asentamiento al oeste de Buenos Aires, lugar-hogar del exilio. Un extremo que, al menos en esta novela, no logrará crear un puente con el otro oeste y que se correspondería con el lugar de origen: Galicia, al oeste de la península Ibérica y erigidos ambos en lugares de la utopía. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 280 ría que apesadumbra al fundador de la saga, el pater familias que es Juan Manuel Neira —el marino republicano— y cuyo nostálgico legado transmite a sus congéneres, extraños en su país de nacimiento. Mientras que la posición de la Argentina como tierra de promisión, tras los diferentes puertos en los que éste recala en su periplo de transterrado, asistirá a un proceso de degradación frente a la idealización española en el imaginario del exiliado. Conceptos como linaje o nación-hogar, en cuanto lugares ennoblecidos donde reina el orden y la seguridad, se vuelven inciertos en unos individuos que desarticulan mediante sus discursos todo anclaje territorial. Los personajes tratarán de reorientarse a partir de la movilidad experimentada en su dualidad de desplazados, haciendo más traslúcidas las fronteras entre el «acá y allá». De este modo se debilita la identidad focalizada por el lugar de referencia, ya que esta no es una esencia inmutable ni una unidad estática tal como manifiesta Lojo a través del posicionamiento de los sujetos.24 «Lo personal es político». El papel de la institución familiar en el exilio La novela «Canción perdida en Buenos Aires al oeste» cuya trama central es la historia de una familia transterrada, expone unas frágiles relaciones sociales en el marco del exilio hispanoargentino contemporáneo. El hilo argumental se desencadena a partir del relato biográfico y memorialístico del hijo mayor de la pareja exiliada a la Argentina. En el primer capítulo, Miguel se pronuncia desde el presente, refutando el pasado e invocando un frágil futuro el día de su treinta cumpleaños. El joven elabora un discurso en permanente ausencia, hostigado por el desarraigo y la pérdida, autoexcluyéndose de sus experiencias vitales por la desdicha sobrevenida que él mismo retroalimenta. No obstante, tratará de rastrear la «memoria rota» de su hilo existencial a través de las imágenes custodiadas en el 24 La identidad no es factor permanente, no es una esencia fija e inmutable, sino una práctica estructurada culturalmente y organizada desde una posición social particular que tiene que ver con la etnia, el sexo, la clase o la edad. En cuanto a las identidades barajadas en la novela se registran en un proceso social en construcción, permitiendo el surgimiento de la conciencia de alteridad y generando un sentimiento de pertenencia/exclusión en continua negociación con el medio, y es bajo este proceder como los personajes lojianos se desenvuelven en la trama de la historia personal y política que les toca protagonizar. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 281 tir de su condición de desplazados. En consecuencia el protagonista vive sin raíces, «entre culturas», rechazado desde la cuna, autodesterrado de la tierra donde nació que no es la de sus progenitores y como «hijo pródigo que no es aguardado por padre alguno».44 Los personajes lojianos y el contexto del tránsito La narrativa de Lojo está caracterizada por la convergencia y el protagonismo plural adquirido por la experiencia de sus personajes. En su obra el pasado reciente se vuelve presente,45 bajo una variedad de discursos y originales estructuras narrativas. El reconocimiento del pasado inmediato por los sujetos permite a éstos revisar el hoy de un relato —narrado en primera persona— que adopta forma de viaje interior como característica propiamente lojiana. Con una mirada retrospectiva entretejen su historia personal junto con la historia política hispanoargentina. En este vaivén temporal el discurrir de la novela prosigue mediante una transmisión de escuetas cartas, loables por su transferencia informativa. De modo que el segundo capítulo lo constituye un relato epistolar de un personaje relevante: Alberto Krieger,46 el marido de Irene, escrita en febrero de 1984 y enviada a Miguel por el día de su cumpleaños. En esta misiva el joven médico filántropo actúa como puente de unión entre ambos hermanos. Pero como voz de su conciencia le reprocha su aislamiento y repliegue, «para curarse hay que querer».47 Alberto representa, junto a Irene, el contrapunto vitalista y la fuerza renovadora de unos actores que reconocen la pluralidad de su legado coexistiendo en ellos diversos referentes identitarios, pero sobre todo logrando eliminar toda dominación jerárquica al respecto. En las letras enviadas a Miguel le transmite su comprensión sobre el fuerte condicionamiento que ha ejercido en su identidad la relación de los padres, erigidos en culpables y víctimas a la vez. A pesar de ser rechazado por la 44 Idem. 45 Enfoque que hemos revisado a partir de los fundamentos expuestos por Huysen, 2003. 46 Su origen alemán y la conexión a la familia Neira marca un contrapunto amortiguado en la transitoriedad identitaria, especialmente de Irene. De este modo la transculturación recreada por la unión de ambos atenúa la frontera de lo ajeno hacia la reconstrucción de lo propio, materializado en el nuevo enclave territorial donde éstos se desplazan simbólica y físicamente, permitiéndoles enraizarse (concluyendo el arraigo) «tierra adentro». Asimismo se evidencian una vinculación de dicha configuración con respecto a la realidad de la autora en relación a su propia biografía marital. 47 Lojo, 2008, 52. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 288 familia de la esposa considera a Juan Manuel Neira como un hombre honrado arrastrado por las circunstancias y el error de una mala elección: Pienso, sobre todo, en la palabra error. Yo creo que nadie logra, en algún momento, evitar la sospecha de que su vida es un error, de que en los caminos posibles (sí, son muchos menos de lo que uno cree) ha elegido, justamente el equivocado.48 Para vislumbrar la insondable elección de la condición humana en combinación con el azar, el joven narra en su carta la historia del padremendigo que lo abandonó y con el cual años más tarde se reencontró.49 Pero advierte cómo su dolor y su ira se consumaron junto a Irene con quien reconstruye un itinerario personal propio y común. Es decir, traspasan la frágil frontera entre memoria e identidad porque construyen un lugar en el mundo y esto es a su vez lo que tratan de mantener, incluso en su retirada familiar y exilio interior, alternando otras formas de entender el pasado y reescribir la/su historia. Una historia que marca la imposibilidad del regreso tras su inclusión «tierra adentro» mediado por su traslado junto a la joven a la Mesopotamia argentina. El tercer capítulo también se circunscribe a otra carta, escrita por Luis y dirigida a su hermana Irene en diciembre de 1981. Si bien los dos capítulos anteriores traslucen información sobre el perfil del joven, el autor de esta misiva enfatiza por su parte la pesadumbre de vivir en la casa familiar, bajo el riesgo de perecer en ella como un objeto disecado. Manifiesta a su hermana sus futuros planes de estudios universitarios, dando prueba de su vitalidad y especial sensibilidad —feminizando con ello la figura de este personaje—. El autor de la misma se describe como un soñador mientras que en un contexto tan abrumador apuesta por el futuro sin replegarse, siendo el único miembro de la familia que no deambula desalojado del mundo real en el que vive. Por este motivo refleja sus expectativas de «hacer algo por el país» y contrariamente a su hermano Miguel no se percibe como un individuo sin raíces sino que al contrario alude a su anclaje a un lugar, una tierra real: Quiero hacer algo por el país en que nací [...] Quizá por eso me siento más distante de Miguel [...]Y me dirías, Irene, que esta nueva y gloriosa nación ya es vieja, prematuramente vieja, con los cimientos corrompidos por la violencia y la mentira [...] Tal 48 Ibidem, 56. 49 Ibidem, 63. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 289 vez no, porque ese sueño que es tu vida sigue creciendo, lento, seguro, como tus hijos, sobre una tierra real, y tendrá significado.50 Una vez que manifiesta a su hermana su deseo de partir de la casa así como la asunción de las consecuencias por el abandono de los padres, desmonta su papel de hijo débil. Luis será el más arriesgado de los personajes, bien por transgredir el peso de haber nacido a destiempo o bien por cargar con las dudosas consecuencias de una relación extramarital de la progenitora. De ahí que trascienda de la protección maternal a la fría realidad de frágil combatiente. Una nueva misiva enviada desde la guerra de las Malvinas en mayo de 1982 constituye la crónica de una muerte anunciada. En ella Luis manifiesta no sentir miedo sino tristeza, dolor e indignación con los sucesos que protagoniza.51 Valores que lo aseveran a su propia condición y fortaleza porque la guerra —la muerte— lo colma extrañamente de una gran fuerza vital, aunque ésta no será más que una esperanza truncada tal como acontece su trágico destino: Me parece tan curioso no sentir miedo. Sólo tristeza, indignación, dolor [...] ¿Será eso lo que llaman ‘hacerse hombre’? Cuando vuelva, Irene, te aseguro que este hombre que soy, o que quiere ser, va a hacer algo en serio.52 En esta distintiva estructura narrativa de María Rosa Lojo, en consonancia al estado de fragilidad y transitoriedad identitaria de los sujetos, el cuarto relato hace público algo tan privado como es un fragmento perteneciente a un diario, testimoniado por Irene a fecha del 13 de febrero de 1985.53 Mediante dicha modalidad autobiográfica, regido como un espacio para el reconocimiento del yo, la narradora —desplazada por la figura de la madre— recrea la propia experiencia y la transmisión del legado familiar bajo el escenario del exilio paterno. En sucesivas líneas atesora los hechos de la cotidianidad, las impresiones, los recuerdos, los sentimientos, reflexiones y opiniones mediante fragmentarias anotaciones cotidianas aunque ciñéndose al devenir del tiempo. El capítulo cuarto que adopta la 50 Ibidem, 72. 51 Los personajes y las temáticas lojianas interfieren transversalmente a lo largo de su obra narrativa y poética. La Guerra de las Malvinas está igualmente latente en su trayectoria poética. Véase Lojo, 1984. 52 Lojo, 1987, 77 53 La autora incorpora en el seno de su novela esta modalidad de escritura como técnica narrativa reparando especialmente en el alcance antropológico que adquiere la misma. El capítulo cuarto articula diversas formas de la memoria y las condiciones de producción de este introvertido documento testimonial mediante un relato de ficción dentro de la propia ficción novelesca. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 290 forma de un diario introduce una narrativa de fronteras donde se desdibuja realidad/historia y ficción.54 En este relato Irene es representada como una mujer desarraigada que a su vez rememora la nostalgia evocada por el padre hacia su lugar de origen; lamentándose en su reflexión de la escasa atención prestada por parte de los hijos hacia éste: Los rasgos de mi madre, silenciosa y bellos como una estampa antigua; los ojos de mi padre, tristes de mar, empañados de tiempo recorrido [...] y mi padre, sólo mi padre recitaba, tácitamente, casi para sí: ‘Donde yo me he criado...’ y ya no escuchábamos [...] La única plegaria que papá se permitía decir. Yo me miraba y me sentía infeliz, por no haber nacido verdaderamente en ningún sitio.55 En unas escuetas pero precisas líneas retrata a sus progenitores a la vez que explora el desapego familiar experimentado a causa de la incomunicación entre los miembros. Sólo el pequeño legado materno, paradójicamente compuesto por un bello espejo, se erige en el símbolo de la perfección sobre el cual estaba doblegada la madre, encomendado por su condición femenina y clase social, territorios que iluminan el ansiado rastreo identitario: Si hubiera hablado con mi madre... pero mi madre estaba sola frente al espejo y suspiraba; ¿se reconocerán, seré todavía hermosa cuando vaya a España?56 Alejada en cambio de los padrones comportamentales de su condición —y condescendida en una figura de leyenda como duende— sólo será protegida de su aislamiento y del ambiente opresivo tras su encuentro con Alberto, el amigo de su hermano: Yo no soy una mujer, le contesté soy un duende [...] Pero alguien que me amaba me salvó [...] Y me sentí orgullosa porque yo también tenía magia, una magia nacida del juego que nos daba la alegría.57 A partir de esta relación la autora del diario rememora por primera vez una «canción perdida...» en honor a los recuerdos del padre. Durante la 54 Irene a través de su diarística reconstruye una trama ficcional -ficción dentro de la ficcióndonde los referente son sus propios padres. Reescribe una historia propia en sus cuadernos, trascendiendo la fatalidad sobrevenida y tratando de esclarecer los itinerarios personales entrecruzados en fechas superpuestas que son reinterpretados en su escritura bajo la búsqueda de otro sentido al destino familiar. 55 Ibidem, 81. 56 Ibidem, 83. 57 Ibidem, 84. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 291 narración autobiográfica de Irene se incorpora a modo de hipotextos un espacio mítico,58 a través de una leyenda mágica transcrita bajo el título de «La verdadera historia del anillo».59 Ésta recrea la fábula de un via - jero/mendigo desterrado que representa al padre. Mientras el preludio de un poético y onírico cuento, «Invocaciones a la dama del espejo», exhorta la historia de la madre, encarnada en una mujer infeliz, ingrata y cautiva de sí misma.60 De tal manera que los personajes fantásticos incorporados a la leyenda y el cuento adoptan los rasgos de los propios protagonistas, trasmutando la fatalidad familiar acontecida y justificando el proceder y el desatino de éstos, más allá de una racionalidad instrumental. La narrativa que Irene franquea consigo misma finaliza con otra misiva que su autora reescribe aunque sin contener un destinatario, pues su receptor es el hermano menor fallecido. En esta carta escrita el 25 de di - ciembre de 1984 reflexiona sobre las capacidades y oportunidades perdidas de Luis. La imposibilidad de que este permanezca en el recuerdo —debatiéndose entre la memoria y el olvido— por no más de un par de generaciones. En forma de manifiesto argumenta que si ha de creer en algo o alguien sería en la figura de su hermano desaparecido. La singularidad estética de Lojo se reproduce en el quinto relato de su novela protagonizado por Carmen, la matriarca de la saga familiar, representada en una mujer narcisista. Su discurso enfatiza el tono confesional utilizado por el resto de los cronistas. En su caso, la confidencia adopta la modalidad del discurso oral transmitido en una cinta que ésta deja grabada. Un legado destinado a Irene, la hija ausente. La madre, a pesar de haber malogrado la imposición de su honorable legado, realiza una declaración de buenas intenciones aunque ajustada a una doble moral, pues, para los padres, Irene es una hija «mal casada» que, además de transgredir las convenciones sociales, desistió realizar un casamiento acorde a su estatus. Sin embargo, al unirse al joven médico de origen alemán, logra transformar la infelicidad familiar sobrevenida por la unión de los padres. La misiva escrita por Carmen Albarracín se encuadra en un modelo de vida social impuesto que, desde sus cimientos ideológicos, retroalimenta los fundamentos 58 Espacio que alcanza una mayor plenitud en Lojo, 1994. 59 Lo mágico adquiere en Lojo un estatus privilegiado, pues a partir de dicha dimensión la autora ahonda en cuestiones antropológicas y filosóficas de los personajes particularmente en sus contextos culturales. Mediante el poder evocativo del lenguaje mágico, la autora recompone una representación del mundo que permite a los protagonistas transitar más allá de una razón instrumental, así como trasmutar la trayectoria sobrevenida, en este caso, del exilio de los Neira. Véase Lojo, 1987, 86 y ss. 60 Ibidem, 91. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 292 acerca del matrimonio, la familia, el hogar, la maternidad y la paternidad. Cuando en realidad la figura de la madre no es más que un arquetipo, una construcción histórica, puesto que si el modelo predominante gira en torno a una progenitora, en cuanto a fuente de afecto y seguridad para la prole, legitimado por el peso de la familia nuclear, la figura de Carmen resquebraja este principio modelador. Ante estas circunstancias de distanciamiento, la madre finalmente se confía en la hija para narrar una historia personal,61 su trama y venganza originaria; recaída, no obstante, en ella misma y más tarde en el grupo familiar. El personaje reflexiona sobre los valores que han predominado en su vida cotidiana. Si bien relata el modo en que, frente a la esfera pública/política, su vinculación al terreno privado/familiar hizo que sus relaciones se despolitizaran, perpetuándose una construcción de las diferencias respecto al sexo. Diferencias implementadas como jerárquicas, dicotómicas y excluyentes, donde los valores supremos aparecen terciados por un orden patriarcal. Es decir, Carmen asiste a la imposición de unos valores, culturalmente definidos por diferencias biológicas que articulan en el sujeto unas indicaciones referenciales de tipos ideales. El imperio civilizatorio impuso una determinada economía afectiva, configurada en un pensamiento binario-complementario y definidas por unas relaciones sociosexuales y usos amorosos, mostrados como un ideal de amor romántico que apela al matrimonio, como la más alta culminación y logro emocional. Mientras que en el perímetro privado se despliega el discurso del amor puro, inspirado en el rol de esposa fiel y madre nutricia al que Carmen no se corresponde. Carmen Albarracín relata en esta lúcida declaración los episodios sucedidos en la alta y rancia sociedad de origen, recreando el marco político de una clase social en una época determinada de la Historia de España. A través de la memoria rescata el pasado para posicionarse ante las circunstancias que acompañan el presente. Después de ser abandonada en su juventud española por un falso escritor, tras un esperpéntico evento prota61 En busca de la comprensión de los hechos acaecidos en el exilio y rescatando la solidaridad femenina mediante la confesión, la madre, en los últimos días de su vida, realiza una declaración privada ante la hija ausente, intermediada por un «dispositivo de feminización». A partir de ello revela la lógica que subyace en la consolidación de una hegemonía representativa e imagen dada en torno a la mujer burguesa como modelo de feminidad, abordando con ello nociones claves de la génesis de la modernidad eurocéntrica trasplantada en este caso al imaginario rioplatense. Sobre un planteamiento teórico que analice los procesos sociohistóricos de dicha hegemonía, véase Varela, 1997. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 293 gonizado por el padre, arremete en venganza contra éste. Por este motivo decide casarse con un marino republicano y ateo con carácter arrogante: Hoy se ha casado con un ex marino de la República, un tal Neira. Dicen que es un ateo, un ateo que tiene fe en el hombre [...] Pero Carmen ha cometido un desatino. Nadie puede juntar el agua y el aceite. La sangre derramada es un abismo que arde todavía. Dios se apiade de ella y del infeliz de Neira [...] Caro le va a costar casarse con una señorita sin un céntimo de la ‘buena sociedad’. No será el primer loco derrotado por la sublime estupidez de la belleza.62 La matriarca declara a la hija los motivos de su partida a América, así como su posterior legado de discreta mujer burguesa que logra un ligero grado de independencia, por la dedicación a una faceta pública como regente de un comercio de confección y ante una relación extramatrimonial que ésta expone en su grabación. Reina destronada por el padre, el esposo y por sí misma no concibe al final de su vida más que el propio repudio, revelándose incapaz de proteger a su prole. El sexto capítulo contiene la autobiografía de Juan Manuel Neira quien, pronunciándose desde una impersonal primera persona, recompone su trayectoria con cierta distancia. El marino mercante, a modo reflexivo, invoca la crónica de una certera muerte al hallarse, en el ocaso de su vida, desraizado, enajenado y especialmente envilecido por su esposa, Carmen Albarracín. En este marco de interacciones sociales en que se sitúan ambos protagonistas, podríamos argumentar que la vida en sociedad se pone de manifiesto mediante el uso de unas determinadas capacidades, aptitudes o poderes sociales, psicológicos y físicos. En su configuración existe una estructura socio-sexual patriarcal centrada en la institución del matrimonio, marco regulador de las relaciones entre los sexos. Desde esta perspectiva, la novela de Lojo retrata una relación sobre el conflicto —marital— donde las capacidades humanas de sus personajes son extraíbles a un continuo juego de poderes, poniéndose en correlación unas transacciones socio-existenciales que dan y recrean identidad: He dicho que no hay más que la muerte […] He sido desalmado, desraizado, arrancado […] Y no haber encontrado nada, nada. Porque este oro no tiene significado […] Carmen Albarracín. No tendrás esto como has tenido todo. Hay un pequeño trozo de mi alma que no es tuyo.63 62 Lojo, 1987, 111. 63 Ibidem, 119-120. ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 294 El patriarca de la casa Neira se debate en la disolución de su memoria e identidad —llevándolo al suicidio— que hasta entonces había reafirmado desde su condición de exiliado. Como tal se sabe conocedor de la imposibilidad del retorno al lugar originario, consumando su condición de «enajenado en lo propio». No obstante en esta autorreflexión biográfica se retrata de manera altanera y majestuosa, arrastrado por la hombría y el orgullo. Rememora sus antecedentes familiares, frente a la rancia estirpe de la esposa, en torno a la búsqueda del Dorado, al recuperar la figura del escribano de Indias, Felipe Neira, olvidado, al igual que su predecesor, en sus sueños de gloria. Evoca más que ningún otro personaje, por protagonizarlo en primera persona, su nostalgia de exiliado y recompone historias fragmentarias que recrean la cultura española de posguerra, fustigándole el sentimiento de morriña de su Galicia natal. Abrumado por la penalidad de las «batallas perdidas», la desaparición de los compañeros de guerra y la muerte de la madre desolada ante la ausencia del esposo e hijos, arremete contra Carmen, la mujer que amó y aborreció a un mismo tiempo. Bajo estas circunstancias, narra los sucesos que lo indujeron a vender la tierra para «hacer las Américas»: Me llevó el demonio, el mar, la mujer, la gloria (…) esa bella durmiente a la que quería despertar.64 Sin ápice de autocompasión, los últimos días de Juan Manuel y Carmen en los márgenes del «oeste» porteño se hacen insostenibles. De ahí que el personaje se adentre en un permanente clímax nostálgico donde retrotraerse a la cosmovisión de la cultura gallega, recordando la tensión ilusoria que había mantenido a lo largo de su exilio con el fin de recuperar un paraíso perdido. Un legado utópico tenazmente transmitido a los hijos y que éstos no habrían sabido recomponer, ante la imposibilidad de tornar su mirada a un lugar que nunca fue real en sus trayectorias, más que en el imaginario familiar. En esto último reside la paradoja del exilio heredado. Por lo tanto el marino republicano testimonia un anhelado regreso que sabía imposible para sí mismo. Suspendido en un espacio donde los extremos convergen a través de un tiempo circular —retroalimentando la esperanza en los hijos— transmite una experiencia de vida nutrida en las contradicciones propias de un estado en tránsito. El exiliado reformula las condiciones de reafirmación identitaria mientras que en los hijos la identidad circu64 Ibidem, 124. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 295 la cuestionada y delineada en constante diálogo y no sin fricción con la historia familiar. Detenidos entre dos universos e inmovilizados en dos tiempos y dos espacios, la generación del exilio heredado subsiste en una débil prolongación de la trayectoria paterna, quien desde la nostalgia errante consuma su conflicto existencial mediante el suicidio. Por lo tanto, el destierro ha sido el único cronotopo posible para el primer Neira, desplazado en el borde oeste, periferia inalcanzable del otro oeste: la Galicia del exilio interpuesta por el mar y la extraterritorialidad. Otro de los aspectos relevantes en la obra de María Rosa Lojo es que recupera el papel femenino sin idealizarlas ni victimizarlas. Reinserta en su narrativa los perfiles marginales de la urbe, por lo regular dispuestos en espacios intersticiales. Si las mujeres de esta novela no logran una «realización personal», María, el ama de llaves que se pronuncia en el séptimo capítulo de la novela logra trascender la experiencia propia como la ajena. A la vez se realza como el personaje más lúcido entre los dispuestos por cada capítulo. La novela se cierra con una nota diarística de María, la fiel servidora de la casa familiar registrada el 15 de diciembre de 1984. Un manuscrito en el que se intercala la primera y la tercera persona donde ésta, contradiciendo su condición de mujer reservada a la sombra de la señora de la casa, toma la palabra y reformula en unas breves líneas los espacios de poder y hegemonía en su experiencia como inmigrante gallega en Buenos Aires. Cuerpo de servicio durante veinte años se reafirma en su identidad y trayectoria propia, al margen de los Neira. Muestra especial compasión por Carmen Albarracín, la señora, mal casada y triste —aristócrata venida a menos— que dirigía un taller de costura fina. De este modo sostiene que la vida de Carmen no ha sido más que una infeliz y larga espera. La sirvienta de origen gallego narra su biografía en el marco del desplazamiento migratorio al que asiste como hija de republicano. Viajó a Buenos Aires en la madurez de su vida, sola, tras la pérdida del esposo y su único hijo. Prosiguiendo las pautas de la interacción del paisanaje en el exterior, María es recomendada para incorporarse como criada a la casa de la familia Neira. La guardiana del hogar en que se erige María registra en su manuscrito el estado anímico de los miembros de la casa a su llegada y retrata unos hijos asustados, un padre profundamente melancólico, esbozando un retrato compasivo de los esposos: Era una pobre mujer, después de todo. Necesitaba de tantos espejos, de tanta admiración para creerse amada. Ni a sí misma se amaba y sólo supo querer lo que veía en ESMERALDA BROULLÓN ACUÑA Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 296 los espejos de los otros: su belleza. Desde que yo la conocí soportó durante años a ese hombre terco, duro, apasionado, orgulloso, que sin embargo la quería y que sin poder evitar la quiso siempre.65 La criada disecciona en pocas palabras la experiencia de recomponer su itinerario, a pesar de dedicarse al servicio de los demás, asumiendo sin resentimiento una trayectoria sacrificada. Revive el recuerdo de Galicia, el rumor de los mozos cantando por las aldeas, la importancia de la festividad, del descanso, la paz y el sortilegio de haber abandonado la esclavitud del trabajo en la sociedad de origen. Portadora del legado familiar, trasmitirá, mientras viva, la memoria de esta historia compartida en el destierro al linaje de los Neira en la Argentina. A modo de conclusión «Canción perdida en Buenos Aires al oeste», ficcionaliza la experiencia de una generación de descendientes de exiliados españoles en la Argentina. En la línea de esta temática, los relatos de María Rosa Lojo adoptan la peculiaridad de un viaje interior, en consonancia con las emergentes narrativas del «yo», revelándonos en consecuencia aquello que los sujetos hacen de su experiencia. Si bien emergen trazos de dominación eurocéntrica en sus textos, la autora acentúa la alteridad como elemento central de análisis. Su narrativa ahonda en el exilio como lugar de conocimiento mientras que sus personajes, exiliados o hijos de exiliados, deambulan desde los márgenes en busca de un ansiado progreso bajo un anclaje territorial. Emplazados en el «oeste» incursionan en sus identidades a través de un espacio fronterizo. La identidad por lo tanto no es ni una esencia ni una unidad estática sino una práctica estructurada histórica y culturalmente. La autora revisa el hecho cultural de la argentinidad, la heterogeneidad identitaria argentina en cuanto a país constituido por población emigrante y cuya cultura aborigen sería relegada a un mismo tiempo. A la vez que combina ancestrales reminiscencias mágicas, cabe reseñar el paratexto introductorio en la narrativa lojiana. Constatamos una singular representación de los personajes a través de sus epígrafes que dan claves del trasfondo argumental, bajo una lógica de intertextualidad bajtiana. 65 Ibidem, 129. EL RETORNO COMO PATRIMONIO EN LA OBRA DE MARÍA ROSA LOJO Anu. estud. am., 70, 1, enero-junio, 2013, 273-302. ISSN: 0210-5810. DOI: 10.3989/aeamer.2013.1.10 297