Mujeres, igualdad y educación: Un modelo de persona y sociedad en escritos cristianos del siglo I
Abstract
Plan Propio de Investigación y Transferencia de la Universidad de Granada Programa de Apoyo y Fomento a la Investigación en Materia de Igualdad, Inclusión y Sostenibilidad Social, INV-IGU166-2021, “Investigación en Educación Sexual Integral”
Full text
KEYWORDS
PALABRAS CLAVE
ABSTRACT
RESUMEN
Recibido: 04/ 06 / 2022
Acep ado: 18/ 08 / 2022
MUJERES, IGUALDAD Y EDUCACIÓN
Un modelo de pe sona y sociedad en esc i os c is ianos del siglo I
WOMEN, EQUALITY AND EDUCATION
A model o pe son and socie y in 1s cen u y Ch is ian w i ings
FRANCISCO JAVIER JIMÉNEZ RÍOS, NAZARET MARTÍNEZ-HEREDIA, ANA AMARO AGUDO, GRACIA
GONZÁLEZ-GIJÓN
Uni e sidad de G anada, España
Women
Pe son
Equali y
Educa ion
Socie y
Gospels
T us
Muje es
Pe sona
Igualdad
Educación
Sociedad
E angelios
Con ianza
In he s o ies o Ma y, he mo he o Jesus, we ind a model o human pe sonal
eali y in he dynamism o i s ealisa ion as a con inuous being-as-sel ha shows
i s o e lowing as an educa ing eali y, an open eali y. In o he accoun s, women
a e shown as wi nesses o he encoun e wi h Jesus a e his dea h, a es imony ha
is ecei ed by Jesus’ g oup and co obo a ed by he men o he communi y in o de
o each beyond i s bo de s. In he es imony ecei ed and he ac ion sha ed, he
ounda ions o a socie y ha is buil on equali y a e shown.
En los ela os de Ma ía, la mad e de Jesús, encon amos un modelo de la ealidad
pe sonal humana en el dinamismo de su ealización como un con inuo es a -dando-
de-sí que mues a su desbo damien o como ealidad educanda, ealidad abie a. En
o os ela os se mues a a muje es como es igos del encuen o con Jesús después
de su mue e, un es imonio que es ecibido po el g upo de Jesús y co obo ado
po los a ones de la comunidad pa a hace lo llega más allá de sus on e as. En
el es imonio ecibido y la acción compa ida se mues an los cimien os de una
sociedad que se cons uye en igualdad.
HUMAN REVIEW | 2022 | ISSN 2695-9623
In e na ional Humani ies Re iew / Re is a In e nacional de Humanidades
h ps://doi.o g/10.37467/ e human. 11.4214
© GKA Ediciones, au ho s. C ea i e Commons Reconocimien o-NoCome cial-SinOb aDe i ada
HUMAN Re iew, 2022, pp. 2 - 11
1. In oducción
En una lec u a inmedia a de los esc i os c is ianos del siglo I que cons i uyen los E angelios nos so p ende
el a o de Jesús de Naza e con las muje es. Los ela os mues an una elación especial, po su na u alidad
eal, en un p o undo espe o a su pe sona, un a o iguali a io y libe ado , que ab e un ho izon e di e en e a
la ealidad social de las muje es en la sociedad judía.
En es e con ex o, quisié amos cen a la a ención en una muje especial, Ma ía, la mad e de Jesús de Naza e ,
y en las muje es como es igos del acon ecimien o cen al que mo i a esos ela os. Ma ía, en el iempo b e e de
su ac uación, se nos mues a como un modelo de la pe sona humana (Fo e, 1993). Las muje es, en los ela os
de la esu ección y la comunidad nacien e, como es igos y a í ices de unas elaciones nue as en una sociedad
iguali a ia (Sic e, 1998).
En p ime luga , p e endemos mos a una e idencia que apa ece en los esc i os: La oz de una jo en no sólo
es escuchada sino que se con ie e en una palab a decisi a, una palab a que posibili a la his o ia de un encuen o
y, has a, adelan a los acon ecimien os de esa his o ia. Una oz en la que se e ela la igu a de la pe sona humana
(Rahne , 1963), una oz que siemp e se mues a en el silencio “poié ico” (c eado ) en cuan o silencio adicalmen e
in e umpido, has a el silencio elocuen e de una soledad acompañada (La añaga, 1978).
En segundo luga , nos ijamos en las na aciones que cuen an expe iencias de algunas muje es con Jesús
esuci ado, después que es e ha sido c uci icado y sepul ado, mos ando un papel undamen al de las mismas y
an icipando un modelo de sociedad iguali a ia (Cas illo, 1987).
La he e odoxia de Jesús de Naza e con las muje es, y su ue za educa i a, nos lle a a ec ea nos en los ela os
sob e Ma ía, la mad e de Jesús, y aquellos que mues an el es imonio de muje es en su encuen o con Jesús
después de su mue e y los de su pa icipación en la cons ucción de las comunidades nacien es.
En los ela os de Ma ía encon amos un modelo de lo que signi ica la ealidad pe sonal humana en el dinamismo
de su ealización como un con inuo es a dando de sí que mues a su desbo damien o como ealidad educanda,
ealidad abie a.
En o os ela os se mues a a muje es como es igos del encuen o con Jesús después de su mue e, un
es imonio que es ecibido po el g upo de Jesús y co obo ado po los a ones de la comunidad pa a hace lo
llega más allá de sus on e as. En con inuidad los ela os mues an el papel undamen al de las muje es en
las comunidades nacien es (Gio gi & Palmisano, 2020). En el es imonio ecibido y en la acción compa ida se
mues an los cimien os de una sociedad que se cons uye en igualdad. Una ealidad pe sonal humana plena, en el
dinamismo de una sociedad iguali a ia.
Es os ela os nos so p enden y nos e an, ab iendo un ex ao dina io ho izon e educa i o. Se nos mues a un
modelo de pe sona y sociedad que encuen a su dinamismo en la comunicación iguali a ia como desbo damien o
de iqueza pe sonal y social en la ma cha his ó ica.
2. Mé odo
Nos ace camos a los ela os es amen a ios al como se nos mues an, como eso os de la humanidad, sin en a
en la e lexión eológica o la exégesis bíblica. Abo damos algunos ex os de los E angelios, acuñados en el siglo I
po el mo imien o que se unda en Jesús de Naza e (Es ada, 1984). Con iene hace alguna indicación al espec o.
Es os esc i os su gen como na aciones de las expe iencias de encuen o que muchas pe sonas u ie on con
Jesús de Naza e , sin p e ensión de da cuen a de los acon ecimien os con un sen ido his ó ico. La au o ía de los
ex os es á a ibuida a a ones, que en muchos casos p esiden comunidades impo an es, comunidades que son
las e dade as cons uc o as de esos ela os (Hoppin, 1969; Ha nack, 1990, pp. 16-41).
Es o iene a ias consecuencias pa a el es o de nues as indicaciones. Si la au o ía descansa en el a ón,
aunque la comunidad es é en el as ondo, es o puede implica que la isión de las elaciones de Jesús con di e sas
muje es es é mediada po la oz masculina que a icula la na ación. Aunque ambién, es o mismo se con ie e en
un elemen o que da ele ancia a los mensajes que se ecogen (Alcalá, 1980, p. 151).
Po o a pa e, dada la si uación social y cul u al de la muje judía en iempos de Jesús (mad e y esposa,
obedien e sie a ga an e de la descendencia, excluida del Templo y del Pueblo, acechada po la mise ia si al a
el a ón, acosada y acusada en cualquie in idelidad, sin más educación que el consejo del pad e) como algo
consolidado y acep ado po odos, y si la expe iencia de sus seguido es es pues a po esc i o es pa a que llegue,
en p ime luga , a esa sociedad, en onces p esumiblemen e muchas de las na aciones an a es a condicionadas
po esa ealidad social y po la p e ensión de empa iza con ella. Sin emba go, ambién es e elemen o iene su
e és, o o gando una ex ao dina ia consis encia a lo que se dice sob e los encuen os y las elaciones de Jesús
con di e sas muje es, en cuan o que se a a de algo con acul u al, a pesa de es a p e endiendo el con agio.
HUMAN Re iew, 2022, pp. 3 - 11
3. Resul ados
La palab a p ecipi a en dos momen os, que se an enunciando: ela os sob e una muje especial y aquellos que
p esen an a las muje es como es igos.
3.1. Voz de una muje , palab a decisi a
Nues o ace camien o a los ex os es el de alguien que busca en los eso os de la his o ia, en la memo ia de
la humanidad. Y en es e momen o nos opezamos con uno ex ao dina iamen e alioso. Ha caído en nues as
manos el pasaje en el que se anuncia el nacimien o de un judío, Jesús de Naza e (Lc 1, 26-38).
Si eco emos la li e a u a uni e sal encon a emos muchos encuen os en e los dioses, homb es y hé oes.
Pe o nos pa ece pode a i ma , que en la co ien e del g an descub imien o judío en o no a la imagen de Dios,
el hecho de que ese Dios absolu amen e ascenden e y pode oso condicione odo su p oyec o de elación con
los homb es a la decisión de una chiquilla de Naza e , se cons i uye en un ela o sin igual no sólo en la adición
judeo-c is iana sino, ambién y a pa i de es e con ex o, en la li e a u a uni e sal.
En es e ela o, Ma ía se iguala con Dios, con ese Dios omnipo en e. En ese diálogo, la ealidad pe sonal humana,
en Ma ía, una muje judía, es le an ada has a más allá de sus p opias posibilidades, ab iendo el lími e de su p opia
palab a (Fo e, 1993).
La decisión de Ma ía de ecibi la o e a de Dios, el sí de Ma ía desbo da en dos e ien es: a-de la palab a a la
palab a, pasando po el silencio, un silencio que esul a adicalmen e in e umpido cons i uyéndose en la palab a
más elocuen e. El silencio de la muje judía, en es e ela o, se ha o o pa a siemp e.
La palab a de Ma ía, en cuan o palab a a i ma i a, en cuan o la oz de un Sí, se mues a como silencio, en
cuan o acep ación de la o e a de Dios. Pe o ese silencio, a la ez, ompe en la palab a más a e ida que haya
podido p onuncia muje , o pe sona, alguna: „ odas las gene aciones me llama án biena en u ada“ (Lc 1, 48;
La añaga, 1978).
Una palab a que encuen a en el se icio a su p ima Isabel la p ime a y mejo exp esión. Una palab a que es
econocida po Isabel en su encuen o con Ma ía: „Bendi a u en e las muje es y bendi o el u o de u ien e”
(Lc 1, 42).
3.2. Una muje adelan a los acon ecimien os
La Ho a a icula el iempo en el e angelio de Juan. La Ho a ma ca el i mo de los acon ecimien os. La Ho a indica
el g an acon ecimien o del se icio de Jesús; la Ho a es el momen o de la Glo ia en la C uz. En la na ación de la
boda en Caná, Ma ía adelan a la Ho a de Jesús (Jn 2, 1-12).
Hay una boda en la que es án in i ados Ma ía y Jesús. La exquisi a delicadeza de es a muje le lle a a pe ca a se
del apu o po al a de ino (g a e p oblema en una cul u a medi e ánea). Recu e a su hijo, comp ome iéndolo.
La espues a de Jesús es ajan e: no es nues o p oblema, y además „ oda ía no ha llegado mi ho a“ (Jn 2, 4).
Pe o la ac uación de Ma ía ob ia la palab a de Jesús: „Haced lo que él os diga“ (Jn 2, 5). Y „Así, en Caná de
Galilea, comenzó Jesús sus señales, mani es ó su glo ia y sus discípulos c eye on más en él“ (Jn 2, 11).
No en amos en el desbo damien o de es a ma a illosa na ación an icipa o ia y p og amá ica. Lo único
que p e endemos pone de mani ies o es la ac uación decidida de una muje , Ma ía, la mad e de Jesús, capaz de
cambia el cu so del iempo, los acon ecimien os de una his o ia, en es e ela o.
3.3. Una muje , igu a de la pe sona humana
No han sido pocos los que han desc i o la ealidad pe sonal humana como oyen e de la palab a (Rahne , 1963).
Po nues a pa e, p oponemos ompe el i mo de nues as ano aciones en la imaginación de un simple juego.
Ce amos los ojos y ap eciamos el i mo de nues a espi ación len a y p o unda. Ce amos la boca; y, después,
las manos. Nos concen amos en la música, el uido y la palab a que nos en uel e. Lo pe cibimos con cla idad.
Y si es amos en un luga en el que sólo se escucha el silencio, (escuchémoslo; o, asladémonos con nues a
imaginación a cualquie luga donde se p onuncia la palab a. Y, aho a, in en emos deja de espi a unos segundos.
E inmedia amen e a emos de ce a nues os oídos, in en emos deja de escucha , aunque sólo sea el silencio
que nos acoge. ¡Es imposible! ¡Es amos hechos pa a escucha !
Un homb e no es homb e has a que no oye su nomb e de labios de una muje : ¡Qué bien in e p e a Machado
(1973, p. 201) nues a ealidad espec i a! Un homb e no es homb e has a que no oye su nomb e; el homb e –
pe sona humana- es hamb e de oí su nomb e.
Es a expe iencia simple y co idiana nos lle a a desc ibi la ealidad pe sonal humana como una ealidad
espec i a; es deci , nos cons i uimos y cons i uimos la memo ia his ó ica en elación con los o os y/en la ie a:
Tú e es mi ida, y no hay ida sin el oxígeno i i icado .
De una mane a más p ecisa. Si enemos en cuen a in uiciones zubi ianas como es la de sis ema y sus momen os,
la de espec i idad ( elacionalidad adical) y p incipialidad, y la impe cep ible e olución que Ghislain La on
ope a en la comp ensión de la ealidad pe sonal (La on , 1969), en onces podemos indica una desc ipción de la
HUMAN Re iew, 2022, pp. 4 - 11
ealidad pe sonal humana que, p incipializando su momen o elacional o espec i o en su p opia cons i ución, se
con ie a en sis ema a iculado de nues a e lexión: el momen o ex- á ico de la ealidad pe sonal es p incipial a
su momen o ens- á ico, a monizándose en el sis ema que cons i uye es a ealidad pe sonal (Jiménez Ríos, 2000,
24).
Nos pa ece que es a comp ensión de la ealidad pe sonal, cons i uyendo-se en el da de sí la ma cha his ó ica,
como c eación de capacidades en la ap opiación poié ica de posibilidades, en el i mo que ma ca el o den his ó ico,
es la que se mues a en la na ación lucana del eencuen o de Jesús después de habe se quedado en el Templo.
An e la p egun a de Ma ía, exp esión de la angus ia po la pé dida ¿Po qué e has po ado así con noso os?“
(Lc 2, 48), la espues a de Jesús esul a incomp ensible y escalo ian e ¿Po qué me buscabais? ¿No sabíais que yo
enía que es a en la casa de mi Pad e?“ (Lc 2, 49).
El comen a io del na ado desc ibe la ealidad de es a muje y, en ella, el núcleo de la ealidad pe sonal
humana: „Su mad e conse aba en su in e io el ecue do de odo aquello“ (Lc 2, 51). Ma ía es la oyen e de la
palab a (Ra zingue & Bal hasa , 1982), igu a de la pe sona humana, que se cons i uye en la memo ia de su
his o ia, en la anamnesis de la his o ia.
3.4. Soledad acompañada
Ma ía es á p esen e en cada ins an e de la ida de Jesús, mos ándose cuando és a adquie e una densidad especial.
Su mad e, es á ambién jun o a la c uz: „Es aban jun o a la c uz de Jesús su mad e; la he mana de su mad e, Ma ía
la de Cleo ás y Ma ía Magdalena. Al e a su mad e y a su lado al discípulo p e e ido, dijo Jesús: Muje , ése es u
hijo. Y luego al discípulo: Esa es u mad e. Desde en onces el discípulo la u o en su casa“ (Jn 19, 25-27; B own,
1987).
Sin en a en la enjundia del ex o, en una p ime a lec u a, al menos podemos deci que cuando a Jesús no le
queda nada egala lo mejo que iene, a quienes más quie e: lo mejo que iene y sus pe sonas más que idas, su
mad e y su discípulo p e e ido, son en añados en la elación „desbo dan e“ de una soledad acompañada.
Han pe dido lo mejo que enían, pe o Jesús pe manece en la en aña de la memo ia que los une. Una memo ia
que comienza a ab i o o u u o pa a la palab a, en la in e upción adical del silencio del iempo, que es la
mue e, según los ela os que aho a nos sob e ienen.
3.5. Muje es y seguimien o de Jesús
En el con ex o de los ela os que e ie en el encuen o pe sonal de Jesús con algunas muje es, en es e momen o
damos un paso que complica un poco la si uación. Acudimos a la na ación de expe iencias de algunas muje es
con Jesús después que es e ha sido c uci icado y sepul ado.
Sin emba go, es o no condiciona nues o p ocedimien o, dado que donde buscamos es en el ex o en sí mismo,
como a senal de memo ia his ó ica, sin en a en la e acidad eal de esas expe iencias.
En cualquie caso, con iene hace una ma ización epis emológica que pe mi a si ua nos co ec amen e
an e los ex os. Aunque no disponemos de o as uen es que las que esc ibie on sus seguido es, podemos deci ,
basándonos en la conco dancia de los ex os y en los conocimien os gene ales de la época, que la c uci ixión,
sepul u a y la umba acía, de se , y es lo más p obable, no hay ningún p oblema en conside a los hechos que
acon ecen en la his o ia, hechos his ó icos. Pe o deci que ese c uci icado ha esuci ado en a plenamen e en el
ámbi o de la e c is ina, cuyo núcleo cons i uye (Co 15, 1-11).
Sin emba go, el que haya pe sonas undadas en la c eencia de que Jesús de Naza e ha esuci ado, cons i uye
un hecho his ó ico en la pu a simplicidad de la ida co idiana (Cas illo, 1987).
El hecho de es a c eencia es lo que se ela a en los esc i os que aho a abo damos, in en ando as ea el luga
de algunas muje es en es a si uación del g upo que ha seguido, y de o a mane a sigue, a Jesús de Naza e . No nos
impo an las c eencias, pe o sí el papel de algunas muje es.
3.6. O a ez, la p ime a
Como e a el día sag ado de los judíos no habían podido e mina de embalsama a Jesús en el sepulc o. El p ime
día de la semana, de mad ugada, a Ma ía Magdalena y se encuen a que la g an pied a que apaba la en ada del
sepulc o había sido desplazada. El sepulc o es aba abie o (Jn 20, 1).
La na ación con inúa diciendo que echó a co e pa a con a le a Ped o y al discípulo p e e ido lo que se había
encon ado: que se lo habían lle ado del sepulc o (Jn 20, 2).
Pe o a noso os nos in e esa no espe a la linea idad del ex o, y con inua con nues a p o agonis a. Se
encuen a jun o al sepulc o llo ando „po que se han lle ado a mi Seño y no sé dónde lo han pues o“ (Jn 20, 13).
De p on o, se uel e, y se encuen a con un homb e que con unde con el enca gado del hue o. Desca ga su
angus ia: „si e lo has lle ado ú, dime dónde lo has pues o, que yo lo ecoge é“ (Jn 20, 15). Jesús, p onuncia su
nomb e, (Ma ía En onces lo econoce y p onuncia el suyo, Maes o. En una in ocación ecíp oca se ins au a un
nue o encuen o pe sonal.
HUMAN Re iew, 2022, pp. 5 - 11
Y da comienzo el ac o cen al de nues a ep esen ación: „ e a deci le a mis he manos... Fue Ma ía y anunció a
los discípulos: he is o al Seño y me ha dicho es o y es o“ (Jn 20, 18).
Y aho a cob an odo su sen ido los e sículos 2-10. Echa a co e , se lo cuen a a Ped o y al discípulo p e e ido,
y co en los dos hacia el sepulc o: Ped o y Juan, la cabeza y el co azón de la iglesia nacien e. Juan, el co azón
siemp e llega p ime o; espe a a Ped o, la cabeza (M 16, 18). En a Ped o, que obse a el sepulc o acío; después
en a Juan, io y c eyó.
Nos ex endemos en es e ela o po que en el e angelio de Juan, el úl imo que se esc ibe, en o no al año 100, el
más elabo ado, una muje , una excluida, y más excluida si se a a de la misma que en Lc 7, 39 se encuen a con
Jesús en casa del a iseo (Ricci, 1991; Schüssle Fio enza, 1996, p. 111), una muje es la p ime a es igo de Jesús
Resuci ado den o de la comunidad de sus seguido es.
La palab a de una muje , ni la de cien muje es, no alía nada en la sociedad judía, al como hemos mos ado al
p incipio. Sin emba go, el hecho de que cons e es a na ación mani ies a que es á acon eciendo una e olución:
una muje , o incluso una muje p os i u a, es la única y p ime a es igo de Jesús Resuci ado den o de la Iglesia.
Y su es imonio es álido, es c eído po dos a ones, co azón y cabeza del g upo de los seguido es; y en base
a su palab a an y se cons i uyen en es igos: e a necesa io el es imonio de dos a ones pa a que es a palab a
pudie a aspasa las on e as del g upo.
3.7. Muje es y umba acía
También en los Sinóp icos (Ma eo, Ma cos y Lucas), son algunas muje es las que encuen an el sepulc o acío
cuando, ca gadas de a omas, se di igen hacia el mismo pa a embalsama a Jesús mue o.
Y ambién en los Sinóp icos son es as muje es las que eciben el enca go de Jesús de comunica al g upo la
g an no icia: que Jesús ha esuci ado.
En Ma cos son Ma ía Magdalena, Ma ía la de San iago y Salomé, las que caminan de mad ugada in en ando
sol en a el p oblema de la g an pied a que apa la pue a.
Allí, ya den o, sin ene que mo e la losa, encuen an a un jo en es ido de blanco y se asus an. Es e les
mues a la umba acía y les enca ga se mensaje as de la no icia: „Decidle a sus discípulos y a Ped o que a
delan e de ellos a Galilea; allí lo e án, como les dijo“ (Mc 16, 7).
El caso de Lucas es muy pa ecido, pe o añade un ma iz que nos hace pensa en una secuencia menos
in e p e ada de los acon ecimien os. Se supone que son las muje es de Galilea. En an y no encuen an el cue po.
Dos homb es con es idos esplandecien es les ecue dan el anuncio de la esu ección, p o ocando en ellas la
memo ia de sus palab as. No hay manda o de anuncio. Cuando eg esan se lo cuen an a los Once y los demás. Las
que cuen an es as cosas a los após oles son Ma ía Magdalena, Juana, Ma ía la de San iago, y o as: „pe o ellos lo
oma on po un deli io y se negaban a c ee las“ (Lc 24, 11).
Ped o, sin emba go, se le an ó, ue co iendo, io las endas, y se ol ió asomb ado po lo sucedido (Lc 24, 12).
En Ma eo, más ce cano a la li e a u a apocalíp ica, el p oblema de la en ada se esuel e de un plumazo: en
p esencia de Ma ía Magdalena y la o a Ma ía, en un g an e emo o, baja el ángel del Seño y e i a la pied a
de la en ada. A ellas las clama, y les enca ga: „Venid a e el si io donde yacía, y después id a p isa a deci a
sus discípulos que ha esuci ado de la mue e y que a delan e de ellos a Galilea; allí lo e án“ (M 28, 7-8). A
con inuación, Jesús sale a su encuen o y les ei e a que a isen a sus he manos que ayan a Galilea, que allí lo
e án (M 28, 9-10).
Po an o, encon amos una coincidencia en las cua o na aciones. Una muje , algunas muje es, con nomb e/s
p opio/s, son elegidas como es igos de la g an no icia que a a sus en a y ec ea el mo imien o de Jesús y su
p oyec o (Sic e, 1998; Schillebeeckx, 1981).
Sin en a en de alles, podemos deci que un hecho an ajeno a la cul u a judía, pasa a lo que pasa a, ha de se
un hecho o iginal, un ela o e az: unas muje es conc e as son las p ime as en da es imonio de la esu ección
den o del g upo de Jesús.
Es o cob a más elie e cuando, dada la exigencia de p oyección social del p oyec o que Jesús ins au a, los
a ones siguen siendo los in e locu o es álidos con la sociedad y la cul u a judía y g iega; y, po an o, los que en
úl imo é mino pa ece ía que han de ma ca el i mo de los acon ecimien os.
3.8. Muje es y es igos
Bajo es e epíg a e p e endemos abo da las líneas undamen ales que mues an la p esencia de muje es en la
ac i idad y o ganización de la iglesia nacien e.
Nos pa ece pode sub aya que si apa ecen en p ime luga en el momen o undamen al del acon ecimien o
Jesús de Naza e , en ex os elabo ados po di e sas comunidades a ibuyendo su au o ía a un a ón, en onces
pa ece mos a se que es as muje es enían un papel ac i o en es as comunidades.
Sin emba go, en o a lec u a, sob e odo si nos cen amos, como con iene en es e momen o, en los Hechos de
los Após oles, la p ime a imp esión es la del eje cicio de un papel secunda io po pa e de es as muje es: nos es án
en el g upo de los Doce, o en el de los sie e de la iglesia de Je usalén, o en e los cinco de la iglesia de An ioquía.
HUMAN Re iew, 2022, pp. 6 - 11
Pe o nos si uamos más allá de las opiniones de Cons ance Pa ey, que explica la apa ición de los ela os de
las muje es po la in ención de ins ui las (Pa ey, 1974, pp. 139-146); o la de Schüssle , que piensa que Lucas
minimiza el papel de las muje es en las comunidades p imi i as p esionado po la ealidad social (Schüssle
Fio enza, 1996, p. 265); o aquella de Rose D‘Angelo, que une la apa ición de las mismas con la in ención de su
alejamien o de la p o ecía y el minis e io, en un in en o de educi las a la ca idad del discípulo iel y silencioso
(D‘Angelo, 1990, pp. 441-461).
Nos pa ece más ace ada la in e p e ación de Espe anza Bau is a, que explica la inclusión de ela os de muje es
en los ex os lucanos, en pa idad con los ela os de a ones, en unción de la con inuidad del p oyec o de Jesús,
a i mando con cla idad: „la lec u a de los Hechos nos demues a que, en las p ime as comunidades c is ianas, las
muje es es aban p esen es en la o mación de la p ime a in aes uc u a como en las es uc u as de o ganización
y gobie no de la p ime a Iglesia, dándose además la ci cuns ancia de que en ella, y a di e encia de los que ocu e
en la ac ualidad, la p esidencia de la euca is ía y la p esidencia de la comunidad es aban cla amen e sepa adas y
no indisolublemen e unidas“ (Bau is a, 1993, p. 80).
Pe o no es di ícil imagina se que la p esión ex e na de las sociedades a las que se di ige el p oyec o de Jesús, y
el p oblema in e no de la ep esen ación de Jesús, que e a a ón, incidie an en un p og esi o desplazamien o de
las muje es.
En cualquie caso podemos deci lo que sigue. En con as e con la incidencia de la p esión social es signi ica i o
que se sub aye explíci a y nominalmen e la p esencia de muje es como Ma ía, Tabi a o Lidia, que u ie on un
papel impo an e en la misión y o ganización de la Iglesia p imi i a (Bau is a, 1993, 81).
En lo que se e ie e al ema in e no de la „ ep esen ación“, Duquoc señala como es o, a nues o modo de e
con una o ien ación con a ia al espí i u del e angelio de Jesús, a a lle a a una eología de la di e enciación de
las unciones eclesiales (Duquoc, 1989, pp. 24-34; Jiménez U es i, 1975), a pa i de los géne os.
Un de alle a ene en cuen a en el se icio de comunión de las comunidades es la p eocupación especial po las
úl imas, las iudas, has a elegi sie e diáconos pa a que se dedica an a es e se icio, al se icio de las mesas (Hech
6, 1-7). Las iudas llega on a ene un papel impo an e en la Iglesia p imi i a (Na a o Sáez, 1990).
En el análisis que Espe anza Bau is a ealiza de la si uación de las muje es en el Co pus Paulinum, pone en
cues ión el an i eminismo de Pablo, dis inguiendo en e la ep oducción los Códigos domés icos y la doc ina
paulina de la ehabili ación de las muje es.
Los Códigos domés icos son de o den socio-cul u al y ienen una ue e elación con el in en o de ab i la
posibilidad de inco po ación de las es uc u as pa ia cales de las sociedades judías y paganas en la comunidad
c is iana (Bau is a, 1993, pp. 83-84, 89, 110, 124, 166). Además, hay que ene en cuen a las é eas no mas de la
pu eza i ual que lle a on a si uaciones de comp omiso en el mismo Concilio de Je usalén.
En con as e se mues a la doc ina paulina de la ehabili ación de las muje es, en pa idad con los a ones,
cohe en e con su pensamien o sob e la comunidad de iguales, p oclamada en la comunidad de Galacia (Gal 3, 28;
By ne, 1991).
No en amos de o ma sis emá ica en el asun o del s a us de la muje en la Iglesia p imi i a, cues ión que nos
in oduce en el cu so de una his o ia en la que, al menos a p ime a is a, pa ece que las muje es an pe diendo
paula inamen e pa icipación ac i a en la Iglesia (Bau is a, 1993, pp. 145-160; Teja, 1999, pp. 195-231; Alexand e,
1992, pp. 461-511; Mangas, 1992, pp. 599-613).
P e e imos queda nos con el buen sabo y el e o adical que p esen a la escu a del encuen o poié ico-
pe sonal de Jesús con an as muje es, y el papel de és as en la con inuidad del p oyec o jesuano (Agui e, 1987;
Fab is, 1987; Fab is y Gozzini, 1982; Heinzelmann, 1990).
3.9. Muje es y Jesús de Naza e
Damos po sen ado, abo dado en o o es udio, la d amá ica si uación de las muje es en la cul u a y sociedad judía,
excluida de la ma cha his ó ica y asilada en su papel de mad e, ajena a oda ealidad educa i a o o ma i a que no
uese la ins ucción del pad e de amilia o ien ada a la ep oducción de su papel de sie a p oc eado a.
F en e a es o encon amos la escu a y c ea i idad de Jesús en su elación con las muje es: ellas o man pa e
de su g upo como miemb os de pleno de echo, son oyen es de la palab a, sen adas a los pies del Maes o, en un
p oceso educa i o sin igual y absolu amen e asomb oso en con as e con la ealidad social de las muje es en
Judea, y el en o no medi e áneo (Bau is a, 1993, pp. 127-144).
Y en es e abajo insis imos: no sólo le siguen en su ida. Es án en su mue e y en ie o. Son las p ime as
en da es imonio de la esu ección en el ámbi o del g upo de Jesús, y ienen un papel p imo dial y ac i o en
el nacimien o de la iglesia de Jesús (Bau is a, 1993, pp. 145, 167; Michalon, 1979; Tunc, 1989; Theissen, 1985;
Segu a G aiño, 1993). Las muje es, con Jesús, son pe sonas plenas (González Faus, 1987). Ma ía, la mad e de Jesús
de Naza e , se p esen a como un modelo de lo que signi ica la ealidad pe sonal humana.
Aunque la au o ía de los esc i os neo es amen a ios ecae en a ones, que en muchas ocasiones p esiden las
comunidades, no es di ícil comp ende que es os ela os son u o de la expe iencia comunica i a de las pe sonas
HUMAN Re iew, 2022, pp. 7 - 11
pa icipan es en las comunidades, y po an o, que en esas comunidades hay muchas palab as de muje es,
miemb os c eado es de y en esas iglesias.
El hecho mismo del p o agonismo de an as muje es, es i icado en los esc i os del Nue o Tes amen o, a pesa
de la cul u a einan e en la que su gen esas comunidades y que a ec a a las pe sonas que las cons i uyen, incluidos
los a ones en quienes ecae la au o ía de los esc i os, se cons i uye en mos ación e iden e.
Es más. Muchas, po no deci odas, de las ac uaciones y palab as de Jesús con muje es, son an adicalmen e
o iginales y an inimaginables en ese con ex o socio-cul u al, e incluso en el pensamien o de las pe sonas que
lo siguen, que no podemos deci que hayan sido u o de la in en i a de es as pe sonas. Se a a de acciones
y palab as que, en p incipio, no emos o a al e na i a que abo da las en la conside ación de que se a a de
acciones y palab as o iginales de es a pe sona an ex ao dina ia, Jesús de Naza e : Ipsissima e ba Gesu (Je emías,
1979), Ipsissima ac io Gesu.
Una sola palab a mues a la adicalidad del encuen o de las muje es con Jesús: se a a de una asomb osa
e olución, como ya eclamaba Lau en in (1986, pp. 93-103). Una e olución-con enida po el peso de la ine cia
his ó ica de un pasado de exclusión de las muje es, que se p oyec a y ep oduce en el u u o.
Si después de es e eco ido po algunos ela os c is ianos, mi amos la ealidad ac ual de la Iglesia Ca ólica, y
las iglesias c is ianas en gene al, de di e sos modos y a di e sos ni eles, es amos segu os que se cie an nues os
pá pados pa a no mi a lo que emos, y dubi a nues o pensamien o en el in en o de a icula la in o mación.
¿Dónde nos encon amos? ¿En la ealidad socio-cul u al de las muje es en iempos de Jesús, o en esa e olución
que desbo da en su elación pe sonal con las muje es? ¿Dónde es á el papel an ac i o, o iginal y o iginan e, de
las muje es en pa idad con los a ones? ¿Se oma en se io que ue on las p ime as es igos de la esu ección de
Jesús? ¿Es an ue e el a gumen o de la ep esen ación de Jesús, que ci cuns ancialmen e ue a ón, como pa a a
exclui a las muje es? ¿En la palab a y ac uación de Jesús no pesa más la pe sona que el géne o?
Nues as p egun as se p olonga ían. Pe o sólo que emos hace dos indicaciones. No encon amos consis encia
alguna en el a gumen o de la ep esen ación, a ándose sólo de una ci cuns ancia socio-cul u al condicionada
po el o den his ó ico: lo adical de Jesús no es se a ón, es se ealidad pe sonal humana.
Po an o, desde es a pe spec i a, pod ía se ep esen ado po cualquie pe sona, po las muje es en pa idad
con los a ones. Se pod ía pensa el acceso de las muje es a odos los minis e ios.
En segundo luga , nos pe mi imos soña ec eando la imaginación con una película, con un g an e o, que en
es e caso se nos p esen a desde el mundo judío, con Gen ell. Con a la esignada exclusión, ambién ac ual de
las muje es judías (G een, 1993, pp. 235-251) -y c is ianas-, p oponemos ola con Bá ba a S eisse , que se las
ingenia pa a se el/la abino más p es igioso/a de la escuela más conside ada. Pe o un d ama eco e su his o ia,
y nues a sensibilidad: lo hace a cos a de ocul a su se muje . Con ella que emos can a y con a la espe anza de
un mundo ealmen e iguali a io, un mundo que ec ee la escu a de la e olución jesuana, un mundo en el que
simplemen e nos descub amos el eso o desbo dan e de nues o se ealidad pe sonal humana, cons i uyéndose
en espec i idad con los o os en la ie a, en el dando de sí que cons i uye el o en e de la ma cha his ó ica.
3.10. La impo ancia hoy de educa en igualdad
T aspasa las líneas de ese abajo, mien as dinamiza la p opia en aña pe sonal: cada pe sona ale más que el
uni e so en e o. Es una mos ación de la sabidu ía en la inmedia ez de la ida y, sin emba go, pe cibimos –al
mismo iempo- la necesidad de una econs ucción social (Be ge y Luckman, 1986) de esa igualdad en el alo
absolu o- ela i o que signi ica la ealidad pe sonal humana.
Soy pe sona-muje y soy pe sona- a ón, soy pe sona en y más allá de odas las ci cuns ancias y decisiones que
con igu an mi p opia ealidad pe sonal. En es a igualdad de ealidad adica la impo ancia hoy de educa en la
igualdad: llega a se lo que somos, en ese hace nos de un ge undial es a -dando-de-sí poé ico.
La pe sona es el suje o de la educación en la igualdad, cuyo in son los alo es. Cada pe sona, muje o a ón, es
suje o y é mino de la educación en igualdad. La pe sona se cons i uye en el on anal de la educación en igualdad.
El es ue zo his ó ico de la educación en igualdad consis e en deja b o a la ealidad pe sonal humana, como al
ealidad, con las o as pe sonas en el mundo.
En es e p oceso la a iabilidad no es un cap icho, ni un acciden e, es cons i u i a de nues o se ealidad
pe sonal humana, cada una adicalmen e di e sa, en su nace y hace , absolu amen e o iginal. Es e es el luga de
oda la di e sidad pe sonal, incluida la de los géne os.
Y en es a di e sidad adial de la pe sonas en el mundo, la educación en igualdad, y pa a la igualdad, se mues a
como esencial en la educación misma, has a o za nos a deci que sin igualdad no hay educación. La di e sidad
en igualdad con igu a el dinamismo de la ma cha his ó ica.
Un dinamismo que se unda en la dignidad de la pe sona humana, sin dis inción alguna en e muje y a ón.
Las desigualdades, que no ienen que e con la iqueza de la di e sidad, su gen de la cons ucción social, no se
undan en la na u aleza de la ealidad pe sonal humana. Así lo mues a Kan : „las ealidades cuyo se descansa
no p ecisamen e sob e nues a olun ad sino sob e su na u aleza, solamen e poseen un alo ela i o, medial, en
cuan o se a a de se es i acionales, po lo que se denominan cosas, mien as que a los se es acionales se les
HUMAN Re iew, 2022, pp. 8 - 11
denomina pe sonas, pues po su na u aleza se cuali ican como in en sí, es deci , algo que no puede simplemen e
se u ilizado como medio, algo que impide oda a bi a iedad y que cons i uye obje o de a ención especial“ (Kan ,
1967, p. 64).
Muje y homb e son igualmen e humanos, adicalmen e iguales (Sa age, 2020); los ex os nos lle an de una
mane a na u al más allá del es ue zo ilosó ico y eológico de Debo ah Sa age pa a esca a a la muje . La na a i a
nos obliga a una mi ada educa i a de las muje es en los E angelios, en iempos de Jesús y en la comunidades
nacien es (Gio gi & Palmisano, 2020). Una mi ada que nos pe mi e abo da la cues ión de la igualdad de géne os
en cualquie si uación educa i a, en la línea que p opone Ka in Flensne (2020), como algo que b o a en la uen e
de los p incipios c is ianos, al igual que en el Tibe ac ual b o a en los p incipio budis as (Padma’ sho & Jacoby,
2020).
Una educación en la igualdad que ha de es a ambién en el ne io de la educación eligiosa in eg ada den o
del p oceso global educa i o en los sis emas de educación como una dimensión más de ese p oceso, adicado
en la iqueza de la di e sidad pe sonal (Gunna sson, 2020). Una educación eligiosa cen ada en la igualdad e
in eg ada en el p oceso educa i o gene al de mane a na u al nos lle a ía mucho más allá de su enquis amien o
en los sis emas nacionales y del in en o de domes icación que se mues a como en ación en la polí ica eu opea
(Mazu kiewicz, 2020).
4. Conclusiones
Los ela os sob e Ma ía, la mad e de Jesús, y aquellos sob e el p o agonismo cen al de las muje es en el
es imonio de las expe iencias de encuen o con Jesús después de su mue e, así como en la cons ucción de las
comunidades nacien es, mues an la ue za de un modelo de ealidad pe sonal humana así como un an icipo de
una sociedad iguali a ia. Así se comple a la palab a, iniciada en o o abajo, que mues a la he e odoxia de Jesús
con las muje es en los ela os de su ida pública.
Pod íamos deci , que es e modelo de pe sona plena y sociedad iguali a ia, mues a en emenino, hace dos
milenios, un modo de hace se la ealidad pe sonal humana y cons ui se la ealidad his ó ica. Un modelo de
pe sona y sociedad, que en los ela os, supe o la g an p egun a que despie a la comunidad an icipa i a que
p opone de Habe mas (1981) los que han mue o co e án la misma sue e de aquellos que lleguen a dis u a la,
y en cualquie caso, a odas las pe sonas, con la his o ia, espe a la pleni ud de su deseo de ealización. Siemp e
en los ela os.
En la cul u a y sociedad occiden al, en las iglesias c is ianas en gene al, y en la iglesia ca ólica en pa icula , no
se ha hecho jus icia al p o agonismo de an as muje es en el mo imien o de Jesús, an es y después de su mue e.
O a hubie a sido la his o ia sin es e ol ido de las muje es, sin el silenciamien o de sus palab as, sin su eclusión
social, cul u al y eligiosa.
Po eso es e abajo no iene ealmen e conclusión. Nues o hace no e mina. Comienza aho a, con la
p e ensión de se una go a en el caudal de una e olución más de dos mil años in e umpida, demasiado iempo
silenciada. Nues a p opues a es a anca la mo daza, que se escuche el g i o de la palab a con enida, el susu o
de la eminidad ocul ada.
Po úl imo, desde es e ingenuo ace camien o a la simplicidad de algunos ex os en cuan o palab a his ó ica,
pe mí asenos una palab a, a modo de obe u a, pa a la e lexión, sin deja de lado la eología. El ocul amien o de
la oz de an as muje es en la his o ia de occiden e co e pa alelo a una sesgada comp ensión de la idea de Dios
(a apada en el mono eísmo in ole an e, en di e gencia adical con la idea c is iana de Dios), y una educción
b u al de la pe sona humana (un alma en un cue po enca celada, en o o abismo que la isión c is iana de es a
ealidad pe sonal). El silencio de la mayo pa e de las muje es en la cul u a judeo-c is ina, es a la ez que el
ol ido de la e dade a comp ensión de dos ealidades undamen ales del uni e so simbólico c is iano: Ma ía y
el Espí i u.
Se nos plan ea un e o his ó ico, social y cul u al de p ime a magni ud. Un e o educa i o en la igualdad pe sonal
adical que dinamiza nues o ho izon e como memo ia del po - eni .
Y un e o eológico. Espe anza Bau is a p opone una elec u a del Co pus Paulinum desde y po las muje es
(Bau is a, 1993, p. 83). Elisabe h Schüssle una he menéu ica eminis a de la Biblia.
La econs ucción eológica eminis a de los inicios c is ianos p e ende ecupe a el pasado de las muje es y
de o as no-pe sonas como he encia pa a el p esen e y isión pa a un u u o no pa ia cal... Desea ecupe a
de en e los silencios his ó icos las huellas de sus idas y lo enues ecos de sus oces, po que es p eciso
ene cons ancia de las muje es que han su ido y esis ido la op esión pa ia cal y han hablado y ac uado
con el Espí i u-So ía (Schüssle Fio enza, 1996, p. 135).
Elisabe h p opone lee la Biblia con „ojos de muje “, explici ando lo que es o signi ica (1996, p. 61; Adinol i,
1990; De Zule a, 1984; He in, 1987; Van Lunen-Chenu, 1988; Wal e and Ba olomei, 1988; Vazan, 1986).
Conside amos una iqueza ec ea con inuamen e los o ígenes, en la di e sidad iguali a ia de pe sonas, con
las palab as magis ales de muje es y homb es que en iquecen la his o ia de los ela os o iginales como eso o de
HUMAN Re iew, 2022, pp. 9 - 11
la humanidad. Una uel a a los ex os y a la his o ia que necesa iamen e ha de pasa po la ecupe ación poié ica
de muchas muje es en el g upo inicial, a la pa que i á su giendo una isión amplia del Espí i u (Conga , 1980;
Du well, 1986) y Ma ía en el pensamien o eológico.
Va ios e os que se unen en un desa ío, necesa io, el de una e olución con enida en la his o ia, el de una
ans igu ación ya iniciada y cuyo desbo damien o nos asomb a á sob emane a: la eminidad sal a á el mundo,
un mundo des ozado po la acumulación his ó ica de ag esi idad, en las pe sonas y en la ie a.
La igualdad adical, en cuan o ealidad pe sonal humana, en la espec i idad que nos cons i uye, se le an a
como un e o inexo able que condiciona la posibilidad de la ida en la ie a, el acon ecimien o de un po - eni
pa a la humanidad.
La Educación en Igualdad se mues a como oco dinamizado , gozne y cla e de bó eda de la misma ma cha
his ó ica de la ealidad pe sonal-social.
5. Ag adecimien os
In es igación sub encionada po el Plan P opio de In es igación y T ans e encia de la Uni e sidad de G anada
P og ama de Apoyo y Fomen o a la In es igación en Ma e ia de Igualdad, Inclusión y Sos enibilidad Social, INV-
IGU166-2021, “In es igación en Educación Sexual In eg al”.