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Carlos V en la obra de Don Francisco Ramos del Manzano, maestro de Carlos II

Martínez Ruiz, Adolfo

Abstract

Departamento de Historia Moderna y de América, Universidad de Granada.

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CARLOS V EN LA OBRA DE DON FRANCISCO RAMOS DEL MANZANO, MAESTRO DE CARLOS II ADOLFO MARTÍNEZ RUIZ El siglo XVII español ue p ódigo en esc i o es que a a on, con sus ob as, de educa a p íncipes y gobe nan es, al es el caso de don F ancisco Ramos del Manzano1 que, con su ob a Reynados de Meno edad y de G andes Reyes, Apun amien os de His o ia, a a se i ines didác icos y pedagógicos en a o de Ca los II, al que se p opone enseña a lee y esc ibi al mismo iempo que adoc ina , según el manda o de su mad e la eina gobe nado a Ma iana de Aus ia : «cuando S. Majes ad hon ó mi co edad, mandándome se i de Maes o al Rey mi Seño , ecibí una ins ucción pa a el o icio, i mada de su Real mano, en cuyos capí ulos después de enca ga me el cuidado de que su Majes ad jun amen e con la doc ina Ch is iana, ap endiese las p ime as le as, leyendo y esc ibiendo, y sucesi amen e, la lengua la ina, con la i aliana, y ancesa ; se leen a la le a los dos capí ulos que se siguen, y son los que han dado mo i os a es os apun amien os»2. Pa a al in, Ramos del Manzano mues a una se ie de einados que u ie on pa ecida iniciación. Todos los seleccionados comienzan po una mino ía de edad y en casi odos ellos juga on papel impo an ísimo las mad es espec i as, como e a el caso del p opio Ca los II, a quien la ob a iba dedicada. Se a a, como emos, de una enseñanza lle ada a la es e a polí ica, según cabía espe a de un esc i o del siglo XVII y más conc e amen e de su segunda 1. En mi esis doc o al a o ampliamen e sob e la ida y la ob a de don F ancisco Ramos del Manzano, po lo cual excuso de hace aquí cualquie e e encia al mismo. 2. Reynados de Meno edad y de G andes Reyes, Apun amien os de His o ia. Mad id, 1672, p ime as páginas sin nume a . (Ad ie o que he mode nizado la o og a ía, en odas las ci as, conse ando los a caísmos de léxico). Ch onica No a 10, 1979, 249-261 250 ADOLFO MARTINEZ RUIZ mi ad. Piensa nues o au o , que el conocimien o del pasado en aña una ense- ñanza mo al que se de i a de los ejemplos eales. Es en es e sen ido cabalmen e como Ramos del Manzano en iende la His o ia. «la His o ia es una i a ep esen ación de lo pasado, que da documen os g andes, y enseña, pa a lib a se de algunas cosas, en que o os P íncipes han sido no ados, y siemp e ayuda mucho, el ene p esen e lo que se e ie e pa a esoluciones g andes»3. Una u ilización al de la His o ia es consecuencia del ca ác e eminen emen e p ác ico de la cul u a ba oca, en la cual in e esa, sob e odo, el uso que de ella pueda de i a se, como ha pues o de mani ies o Ma a all al señala que la nue a época se sen i á p eocupada po es a cues ión, a la que, dándole una o mulación inal y de ini i a, esponde á el í ulo de la ob a de es e géne o del aba e de Sain -Real: usage de l'his o ie4. Si bien insis iendo que en el caso de nues o au o se a a de un ecu so con ines educa i os y con un p opósi o e o mado . He cen ado es e abajo en el úl imo de los einados expues os po Ramos del Manzano, es deci , en el de Ca los V, po conside a que la igu a del empe ado cob a una dimensión nue a al se is a po un esc i o polí ico del siglo XVII, que la pone como ejemplo a Ca los II, su a a anie o, deseándole que sólo sea segundo en el o den de sucesión y no en las hazañas5. A lo la go de casi un siglo (1604-1683), nues o au o ue es igo de la len a decadencia que aho a se mani es aba en odos los ó denes de la ida, iendo cómo se abandonaban ideas, modelos, ac i udes, odo un sis ema de ida, en suma, que había hecho de la cen u ia an e io una au én ica epopeya al se icio de la e y del impe io, y que aho a se en sus i uidos po la pica esca con un as ondo de ama gu a y acaso. Pe o es que, además, Ramos del Manzano había sido es igo p esencial, en la paz de los Pi ineos, del epílogo de la de o a española. La nacien e hegemonía de la F ancia de Luis XIV, así como los acon ecimien os pos e io es, debie on pa en iza en él la necesidad de un cambio que ob ase como un e ulsi o en aquella is e co e, en la cual, la nobleza in igaba pa a consegui unas mejo as posiciones, unas mayo es y mejo es p ebendas, pe o no pa a de ende el p es igio de la Mona quía y mucho menos el de España, se iamen e amenazados po F ancia. An e es e desalen ado pano ama, don F ancisco se a e a a un ayo de espe anza, que pa a él, como pa a muchos o os, se cen a en la espe a mesiánica de un eden o . Lo que ha ocu ido es que la al a de un ideal colec i o ha p oducido un acío que c is aliza á, en la úl ima gene ación del siglo XVII, acen uando la concepción p o idencialis a de la ida. No es n más ni menos que la e olución del 3. Ibidem., p ime as páginas sin nume a . 4. Ve el es udio p elimina que José An onio Ma a all hace a las ob as de Má iz Rizo, No e de P íncipes y ida de Rómulo. Mad id, 1945, p. XLI. 5. Reynados de meno edad..., ob. ci ., pág. 402. Ch onica No a 10, 1979, 249-261 CARLOS V EN LA OBRA DE DON FRANCISCO RAMOS DEL MANZANO 251 mesianismo, que en el siglo XVI se cen aba en la c eencia de que había pa a España una p o ección singula po pa e de la P o idencia en las «gue as di inales», que decía Alonso de Con e as6, que aho a, un siglo después, se aduce en el deseo de que apa ezca un «Sal ado de España» que en el momen o his ó ico que analiza mos, puede se Ca los II, Ramos del Manzano se hace eco del sen i popula que encomendaba los des inos de España a su nue o ey7. Es e iden e que su deseo es aba po encima de la ealidad p esen e, no obs an e lo cual, nues o au o a en u a consejos y ejemplos que puedan se imi ados po su egio discípulo y no es casualidad que insis a en aquellos que signi ican de ensa de la e con a he ejes e in ieles: «La p ime a, como lo debía se , ue la Religión, y el celo de ampa a la, y man ene la en la in eg idad Ca holica, asi con su exemplo, y con la p o es ación pública della, que hizo en Vo mes, y acompañó su au o idad Impe ial, y o icios en o as dies as, como la espada en las ba allas con a He ejes, y In ieles, publicando en la de Túnez, que un San o C uci ixo, que le an ó en al o, e a el Gene al de aquella Emp esa, y Ca los su Al e ez, y en la gue a de Alemania, que había enido, is o, y solo Dios había edndo»8. Caudillo de «gue as di inales», ¡cuán o puede la obsesión de Ramos del Manzano!, que disoda la ealidad que se pa en iza en su egio discípulo de la que o ja su imaginación desa ada al conju o de la e ocación ca olina. Y jun o a es o su o a g an obsesión, el alimien o. A es e espec o no dudamos en inclui lo en ese e ce g upo de au o es que señala Tomás y Valien e9, ca ac e izados po echaza la igu a del alido como pe judicial pa a la mona quía. Sus ideas, en es e sen ido, son cla as y has a adicales —había i ido muy de ce ca el einado de Felipe IV, las consecuencias del abandono del pode eal en manos del conde-duque y de don Luis de Ha o, siendo amigo pe sonal de ambos-— a es e in dice: «y lee á en los Reynados de don Fe nando el San o, y San Luis, don Al onso el de las Na as, Don Hen ique el Dolien e, los Ca holicos Fe nando, y Isabel, y el Empe ado Ca los Quin o, que odos eina on po sí y se aplica on el o icio de Reyes sin sus i ui el peso en o o, y cuan del bien y sa is acción de sus Reinos»10. 6. Véase sob e el ema, de Juan Sánchez Mon es: F anceses, P o es an es, Tu cos. Los españo les an e la polí ica in e nacional de Ca los V. C.S.I.C. Mad id, 1951, pp. 42 a 51. 7. Después se á don Juan de Aus ia el que enca ne el mi o de «Sal ado », y más adelan e, en la cen u ia siguien e, Luis I. Véase Un esc i o polí ico de 1714, de Vicen e Palacio A a d, en Anua io H.a del De echo español, XVIII. 1947, p. 647; ci ado po Juan Sánchez Mon es, ob. ci ., p. 45— 8. Reynados de meno edad..., ob. ci ., pp. 392-393. Son palab as omadas délos c onis as, e : Sando al, Lib o XXIX, cap. 19, . Ill, p. 297; Sepúl eda, lib o XXV, cap. XIII. En CHRONICA NOVA, núm. 6 de José M.a Ga cía Fuen es «Tes igo de Mühlbe g»., pp. 91-97, donde se publican agmen os de la C ónica de B. del Bus o, cap. XIV. También Juan Sánchez Mon es, ob. ci ., pp. 46-47, no a 46. 9. Los alidos en la Mona quía española del siglo x ii. Mad id, 1963, pp. 122 a 140. 10. Reynados de meno edad..., ob. ci ., p ime as páginas sin nume a . Ch onica No a 10, 1979, 249-261 252 ADOLFO MARTINEZ RUIZ Más adelan e insis e sob e el ema, e i iéndose aho a, al caso conc e o del empe ado : «en ando a eina con pocos años, en P o incias u badas, y naciones an di e en es, en lenguas, y cos umb es, se supo hace ama , y espe a de odos, y lo consiguió con aplica se celosamen e al o icio de egi los, y Reina po sí, y p ocu a que siemp e se en endiese que de sí sólo dependían las esoluciones»11. Al hilo de es as conside aciones insis e una y o a ez en que, pa a el ey, su p ime a obligación es «hace el o icio de Rey». Pa a Ramos del Manzano la cons i ución social se modela y a icula, oda ía en ó denes o es ados y al ey co esponde ealza la i ud, adminis a la jus icia, ealiza las más al as undo nes del es ado: de ensa de la Iglesia, p opagación de la e, ampa o del pueblo con a la op esión y mal gobie no. A es a obligación el ey no ha de al a nunca, ni incluso el dolo o la en e medad se án mo i os álidos pa a abandona la: «y en alguna ocasión, en que se le dixo, que po es a el Rey dolien e, no se daban audiencias, a quien la pedía, espondió con indignación digna de la Majes ad. Que el Rey no es aba dolien e, que en asen, y no se quejasen de que el Rey no hacía su o icio»12. El ejemplo escogido no puede se más ce e o. Tenía como discípulo a un Rey que podía se odo menos un homb e sano. Con odo, cuán o de medie alismo hay en es a concepción de la ealeza13. A i ma que los eyes deben p esen a se a sus pueblos p escindiendo de odo aquello que les impida hace se es ima po el exclusi o alo de sus pe sonas14 y aunque, como apun a Ma a all15, es os de es e ca ác e pueden con ibui a alsea la idea de la mona quía ca ólica de los Aus ias en el siglo XVII, hemos de econoce la since idad de nues o au o cuando hace es as a i maciones. Hay en él un e ien e deseo de que Ca los II llegue a se el sal ado de la mona quía. Pa a ello, nada mejo que ap ende las i udes que hicie an amoso al einado de su a a abuelo, que, si en el o den ex e no, deben es a encaminadas a la de ensa «de la San a Fe con a sus enemigos»16, en el in e no, es a án p esididas po la clemenda y libe alidad: «Pe o se ese ó la clemencia y libe alidad pa a eje ci a la po sí, con sabia y ace ada a ención polí ica, con que los cas igos a que obligó la jus icia se ejecu a an 11. Ibidem., p. 394. 12. Ibidem., p. 349. 13. Véase sob e el ema, de Johan Huizinga: El o oño de la Edad Media. Mad id, 1965, cap. III. 14. Reynados de meno edad..., ob. ci ., p ime as páginas sin nume a . 15. Es ado Mode no y men alidad social, siglos XV a XVII. Mad id, 1972, . I, p. 269. 16. Reynados de meno edad..., ob. ci ., p. 395. Ch onica No a 10, 1979, 249-261 CARLOS V EN LA OBRA DE DON FRANCISCO RAMOS DEL MANZANO 253 po sus Minis os, y no se cuen an po de don Ca los; y los pe dones, y me cedes, se debie a, y a ibuye a sólo a su clemencia y libe alidad»17. Queda cla o que la jus icia es necesa ia, pe o con se la i ud más « eal, y digna del Ce o»18 puede se causa de impopula idad, po ello debe án aplica la los magis ados y, el ey, ese a se pa a aquellas ocasiones en que la jus icia no ba e o deba i acompañada de la clemencia. Vol amos al p incipio, a la so p esa que p oduce encon a se, a inales del siglo XVII, con un esc i o que de iende los esquemas que mo ie on a los homb es del siglo XVI, un homb e que c onológicamen e debe ía in eg a se en la gene ación inal, la del desengaño, pe o que su pensamien o se a e a a la ac i ud de los que, as la paz de Wes alia, con inúan a i mando que España enía azón19, un polí ico, en in, que piensa y desea que « i a, c ezca y Reine Ca los II pa a exal ación de la San a Iglesia y glo ia del nomb e Ch is iano»20. Pe o dejemos ya el comen a io y sea don F ancisco Ramos del Manzano, el que con su p osa sencilla, apasionada a eces y siemp e e az, nos mues e la ida y hazañas de un ey español, al pa que empe ado eu opeo, año ado en el siglo XVII, y eco dando siemp e con la admi ación que p oducen los homb es que hacen la His o ia. 17. Ibidem., pp. 395-396. 18. Ibidem., p. 287. 19. Véase sob e el ema: «Wes alia an e los españoles de 1648 y de 1948», de Vicen e Palacio A a d, en A bo , núm. 25, ene o, 1948. 20. Reynados de meno edad..., ob. ci ., p. 403. Ch onica No a 10, 1979, 249-261 REINADOS DE MENOR EDAD Y DE GRANDES REYES (Pp. 377 a 403) En an g an queb an o, y cui a como el malog amien o del P incipe Don Juan, y a iendo allecido ambién, en los es años siguien es, la Reyna Doña Isabel de Po ugal, hija mayo de los Reyes Ca hólicos, y el P incipe Don Miguel su hijo, ju ado en Cas illa, consoló el seño , a sus pad es, y a sus Reynos, con la mayo glo ia de ambos, que ue a e se hecho pasa , po la pe sona de la P incesa Doña Juana, hija segunda de los Ca holicos, a la sucesión de Don Ca los de Aus ia, hijo suyo y del A chiduque Rey don Felipe, el p ime o de Cas illa. El eynado de Don Ca los, se puede con a en e los de p ime a edad po que en la de seis años, en el de mil quinien os y seis, po mue e del Rey Don Felipe su pad e, y el impedimen o de su mad e la Reyna Doña Jua / na, le ocó la sucesión de los Reynos de Cas illa, aunque las goue nó el Rey Don Fe nando su abuelo, has a que mu ió, año de mil quinien os y diez y seis, y en onces enia Don Ca los, diez y seis, y el año an es en los quinze de su edad, auia sido ju ado P indpe, y seño de los Países Baxos, y empezado a goue na los: cuando po es a conside ación no pa eciese p opia des os apun amien os la memo ia de Don Ca los, deuia busca la, quien los esc iue, pa a co ona des e asun o, y pa a que co ona, y nomb e an glo ioso, sean espejo en que se mi e, quien aunque aya nacido segundo en el nomb e, no nació pa a se segundo en las i udes y hazañas. Con es a mi a se han educido a b eue diseño, la ida y hechos de aquel g an Rey, y Cesa Augus o, y g auadose como en lamina, que los ep esen e en la insc ipción que se sigue a la aza que o a de ma mol en Roma, ep esen ó a la pos e idad, los del Casa Oc auiano Augus o. DON CARLOS Hijo del A chiduque Don Felipe de Aus ia, Duque de Bo goña y P incipe de los Paises Baxos, y de la In an a Doña Juana de Cas illa. Nadó en la Villa de Gan e, cabeza del Condado de Flandes; día del S. Apos ol Ma ías, ein e y qua o de Feb e o del año de mil quinien os, y ue su p ime i ulo el de Duque de Luzembu g. Enca góse de su c ianza la P incesa Ma ga i a de Aus ia, su ia, iuda del P incipe Don Juan, y Regen e de las P o indas del Pais Baxo. Fue su Ayo, en e o os, Guille mo de C oy, seño de Chieu e, y A isco , y su Maes o ambién en e o os, Ad iano Fio endo, Dean de Louayna. La c ianza se lució sob e odo en el zelo de la Religión Ca holica, y o as i udes Ch is ianas, y ue a des as, mas / en las a mas, y exe cicios Ch onica No a 10, 1979, 249-261 CARLOS V EN LA OBRA DE DON FRANCISCO RAMOS DEL MANZANO 255 de caualle o, que en los de le as (e ec o de su iueza, menos a en a a las lecciones, y de su inclinación, siemp e pode osa en los pode osos, que le lle aua a ensayos de ba allas, en e sus donceles, y has a i i a en las leone as los leones) y con odo ap endió las lenguas, Alemana, I aliana y F ancesa, y despues que ino a Cas illa, se pe eccionó en la Española, aunque poco de la La ina, y leyó las his o ias del iempo en las lenguas del iempo, y de las a es en endió pe ec amen e la musica, y es imó, y pudo juzga de la pin u a. A los diez y sie e años de edad despues de aue salido de u o ia, a los ca o ce en Flandes, se dexó e Don Ca los a España, con i ulo de Rey, po la indisposición de su mad e, y p ecediendo el de su mad e al de Don Ca los, acome ie on aquellas cunas de su Reynado (como los áspides a He cules en la su- / -ya) los mouimien os popula es de las Comunidades en Cas illa, de los Age manados en Valencia, y de o os sediciosos en Sicilia, y Mallo ca, Viena y Aus ia. Pe o ahogó es os Mons uos, en las p ima as axas de Rey, la obus a elicidad de Don Ca los, y en e las mismas ue elegido Rey de Romanos, y aclamado Cesa , y Augus o, Empe ado de Alemania, donde luego pasó, y ecibió la p ime a Co ona Impe ial de pla a en Aquisg an. Es enó el Cielo su elicidad con las conquis as de los dos Impe ios del nue o Mundo, Mexico y Pe u: y los descub imien os de la nauegación del Ma del Su , y del es echo de Magallanes, odea on el o be de la ie a, con que ue on emp esa digna de Don Ca los, las columnas, y el Mo e, de que auia mucho mas allá de aquel e mino, que señalauan el es echo del Oceano en e España, / y A ica las columnas del He cules de Cadiz. A compaña on es as glo ias de sus p ime os años, las de aue hollado las osadias de F anceses, en España, ecob ando a Pamplona, y Fuen e Rabia, y des e ando el dominio, y a mas de F ancia, en I alia, es i u yendo al Duque F ancisco S o cia, en Milan, ya la República de Genoua, en u libe ad, y Co onando es os iun os con la p isión del Rey F ancisco en la ba alla de Pauia. Has a aquí las ic o ias de Don Ca los po sus Capi anes. En adelan e sus Capi anes deui on el ence , al Bas ón, y a la espada de Don Ca los. En edad, ya lo ecien e despues de concede al Rey F ancisco, su p isione o en la Co e de Mad id, la buel a a la de Pa is, des e ados segunda ez, y deshechos en Napóles, y Lomba dia, es exe ci os de F ancia, y su liga, econciliados y sa is echos el Papa Clemen e / Sép imo, de la culpa con que sin culpa del Cesa , le o endie on las a mas del Bo bon en Roma, pasó Don Ca los a I alia, y ecibió po mano del mismo Pon í ice despues de la segunda Co ona Impe ial de ye o, k e ce a de o o en Bolonia. Pe donó a F ancisco S o cia, y le es i uyó o a ez el Ducado de Milan, como ambién la libe ad a Genoua. Recob ó pa a la San a Iglesia Ch onica No a 10, 1979, 249-261 ADOLFO MARTINEZ RUIZ Romana, las Ciudades de Rauena, Ce uia, y o as que le es aban usu padas po los aliados de F ancia, y concediendo a su hija na u al, Madama Ma ga i a, po esposa a Alexand o de Medicis, sob ino del Papa, conquis ó el es ado de Flo encia pa a da sele con el i ulo de Duque. A es as g andezas de Don Ca los, Augus o, ic o ioso, iun ado , Clemen e y paci ico en I alia, sucedie on las de su segundo iage de Alemania, donde a auesando los Alpes llegó, y dispuso en la Die a de Augus a, la elección de Rey / de Romanos, y de Vica io suyo, en el In an e Don Fe nando, su he mano, Rey de Hung ía, y Bohemia. Salió después de Ra isbona, y con exe ci o de nouen amil in an es, y de ein amil cauallos, pasó a opone se al Tu co Soliman, que con mas de qua ocíen os mil comba ien es, y qua en a mil gas ado es, ma chaua con a Viena, en cuya campaña, el Cesa , le p esen ó la ba alla, y el Tu co le boluió la espalda, pe diendo en la uga sob e se en a mil homb es, y ompiendo las puen es pa a no se seguidos. Es o en an o, que los Gene ales de Don Ca los, encidos., los del Tu co, en los ma es de G ecia, conquis auan, en la Mo ea, las Ciudades de Co on, y Pa as; y des ozauan en Monas e io, y sus con ines los He eges Anabap is as. Boluió a su España el Cesa , pe o empeñado an es, en la emp esa de es i ui en su Reyno a Muly, Rey legi imo de / Túnez, despoxado del Tu co, y de su Gene al Ba ba oxa. Pasó con es e empeño, Don Ca los en A ica donde con el bas ón ; como caudillo, y quan o conuino, como soldado con la lança, y la espada, asal ó, y espugnó la Gole a ; desba a ó, las hues es de Ba ba oxa, las ezes, que se a eui on a haze le os o, en la campaña, o sob e los mu os de Túnez, y le ahuyen o de la Ciudad, y Reyno; y dexando es i uydo, ibu a io, y asallo, a Muley, dio a conoce al Tu co Soliman, que sus menguan es Lunas, en Eu opa, y A ica, auian de se lo mas siemp e, que se a on asen a las Aguilas, y Leones de Ca los Quin o. En los años siguien es, desba a ado o as dos ezes en la ma , sob e Colib e y sob e Niza de P ouenza, Ba ba-Roja y sus Escuad as, con las de F ancia, hizo el Empe ado la jo nada de A gel, y hizo en la adue sidad, / con que el cielo le abajó, la mas he oyca p euoa de su con ianza, y Ch is - iandad. Cedió al in el Cesa al Cielo, pe o an sin cede su b aueza a la o una, que apenas buel o a España, pasó po I alia al Pays Baxo, donde con la amosa expugnación de Du a, sojuzgó las P ouincias de Lieja, Iulie y Cleues, y allanó a Guille mo de Cleues su Duque, aunque después le pe donó humillado y le dexó enseñado, de que Don Ca los sólo se dexaua ence de quien se le endía. En ó sucesiuamen e en F ancia, donde expugnadas o as plaças p esen ó sob e Land esi, la Ba alla al Rey F an cisco, que con Exe ci o de cincuen a mil homb es, no la espe ó, y se io obligado, a pedi , y i ma la paz, eniendo a Don Ca los a mado den o de F ancia, y ce ca de Pa is. Ch onica No a 10, 1979, 249-261 CARLOS V EN LA OBRA DE DON FRANCISCO RAMOS DEL MANZANO 257 Fi mada aquella paz, aunque siemp e mal a i mada, lleuó al Empe a do a Alemania, / el zelo de la Religión Ca holica, con a la He egia de Lu e o, p o es ada con a mas, y aliança que llama on Esmalcalda de la mayo pa e de P incipes y Ciudades del Impe io, y como cabeças de la Liga, po el Duque de Saxonia, y Lan zg aue de Hes a, con Exe ci o de mas de cien mil conua ien es, y al espe o de A ille ía, ba cas y Bagajes. A es e pode se opuso el Cesa con dos e cios menos de Exe ci o, y con es e emp endió iun a de aquel an o midable en ue ças, y nume o, y pone el yugo de la sujeción, a un cue po an bas o, como el de an os Po en ados, y P ouincias, a madas del u o , y séqui o de libe ad, y Religión. Pe o an o pudo cabe en el co açon de Don Ca los y en é y zelo de la causa de Dios, po quie mili aua. Con es e co açon y e siguió domo y deshizo las ue cas del Saxonio, y La s / g aue: debeló despues al p ime o, y le p endió en la glo iosa ba alla del Albis, con que allanó ambién las soleuaciones de Bohemia. Tu o a sus pies endido al Lan zg aue, y al Duque de Vi em e ga y humillados al Conde Pala ino, y Ma ques de B andembu g, con o os y pos adas al T ono del Cesa , las mas pode osas Ciudades y P ouincias de aquella g an po ción de Eu opa, cuyos ci cuios a auesa on ic o iosas las enseñas de Ca los Quin o desde más acá del Danubio y sus ibe as me idio nales, has a de la o a pa e del Albis, al Oceano Sep em ional. Es o en menos de un año con que llegó a dezi el Ch is iane econocimien o del Cesa Ca los, que auia enido y is o, pe o que solo Dios auia encido pues le auia dado en un año y en oda Alemania los iun os, que cos a on ein a años de gue a, a Ca los Magno en la / Saxonia, y diez años a Iulio Cesa , con a las Galias. Cali icó es os jus os pa alelos, la Sede Apos olica, que po su legado y con un B eue saludó a Ca los Quin o, con i ulos de Máximo, y o isimo que no los ha enido an es, ni despues o o Empe ado , y solo Ca los Quin o ha enido, y me ecido. Pod ian con a se es as ic o ias, po las mayo es, y úl imas de Ca los Quin o, sino se las huiese seguido la mayo , que ue ence se a si, y aue leuan ado, y ab icado de si, y a su memo ia, un o eo incon as able a los bayuenes de la o una, y del iempo. T abajaua no ablemen e al Cesa la go a, algunos años an es, y mas en medio de los ios, y ma chas de la gue a de Alemania ; bien que su cons ancia, y alo , se sob eponía a los iempos, y a la o una, aunque la / expe imen ó menos p ospe a, quando, ya no pensaua, sino en despedi se della, y del ce o, hallándose desa mado, y acome ido de las soleuaciones del nueuo Elec o Mau icio de Saxonia, y del de B andembu g, y o os, y de los ompimien os de la egua de Hen ico, el Segundo de F ancia, en la Lo ena, Flandes, Piamen e, Sena y Có cega. Pe o el g an co açon, y nomb e de Ca los Quin o, le bas ó, y man u o con a odas. Mos óse o as ez, y quando menos se espe aua, a amdo, a Alemania, y se hizo espe a , y obedece , y humilló al Duque de Lo ena, quan o quie , que el inuie no no le dexó log a el asedio de Me z. Ch onica No a 10, 1979, 249-261