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Estructuras argumentativas en el discurso científico: la escolástica y la medicina hebrea del s. XIV

Olalla, Mónica

Abstract

Las líneas de razonamiento en la argumentación médica del s. XIV supusieron una novedad en el modelo rabínico que los judíos ya conocían. El Lillium Medicinae de Bernardo de Gordon en su versión hebrea de 1348 fue una de las traducciones más importantes de la época por la retórica inherente a su argumentación. Con el análisis de este texto se mostrarán los recursos más frecuentes utilizados por el autor-traductor y la relación existente entre filología, ciencia y filosofía.

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LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 77 ESTRUCTURAS ARGUMENTATIVAS EN EL DISCURSO CIENTÍFICO: LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV Argumentative Structures in the Scientific Discourse: Scholastic and Hebrew Medicine in the 14th century MÓNICA OLALLA BIBLID [0544-408X (2005) 54; 77-96] Resumen: Las líneas de razonamiento en la argumentación médica del s. XIV supusieron una novedad en el modelo rabínico que los judíos ya conocían. El Lillium Medicinae de Bernardo de Gordon en su versión hebrea de 1348 fue una de las traducciones más importantes de la época por la retórica inherente a su argumentación. Con el análisis de este texto se mostrarán los recursos más frecuentes utilizados por el autor-traductor y la relación existente entre filología, ciencia y filosofía. Abstract: The lines of reason in the medical argument of the 14th century represented a novelty in the rabbinic model which Jews already knew. The Lillium Medicinae of Bernardo of Gordon in its 1348 Hebrew version was one of the most important translations of its age by the rhetoric inherent of the argument. The analysis of this text will show the sources which are most commonly used by the author-translator and the relationship between philology, science and philosophy. Palabras clave: s. XIV. Medicina hebrea. Escolástica. Discurso científico. Estructuras argumentativas. Key words: 14th century. Hebrew medicine. Scholastic. Scientific discourse. Argumentative structures. La argumentación, como campo de estudio dentro de la lingüística, ofrece varias hipótesis y perspectivas incluidas en áreas aparentemente dispersas, que remiten al problema del lenguaje en relación a la filosofía como razonamiento. Una primera cuestión que deberíamos plantearnos sería, no tanto el concepto de lógica formal y no formal a la hora de demostrar premisas y conclusiones, como la de aplicar cierta mecánica argumentativa a nuestros planteamientos a la hora de abordar el hecho discursivo. Partiendo de la retórica en “situación” y de otros elementos textuales como el uso específico del lenguaje médico en textos hebreos, MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 78 MÓNICA OLALLA se analizarán ciertos razonamientos o argumentaciones que, pudiendo parecer ambiguas, dan cohesión a todo el discurso o texto. En el estudio de un discurso científico-médico del s. XIV, tomando como ejemplo el vtuprv iaua1, el contexto ha condicionado y asignado a cada elemento del discurso una función dentro de estructura global y ese contexto, a su vez, ha creado también una retórica precisa y muy calculada por parte del autor2. La manera de presentar ciertas nociones o conceptos propios de la medicina se vinculaba al conocimiento del autor, fruto de su experiencia, y, por otra parte, a las tesis defendidas por sus contrarios, estuviesen o no de acuerdo con ellas. En el campo de las traducciones médicas en el s. XIV es visible la percepción que de la Escolástica tuvieron los judíos. Autores como García Ballester, Ferre y Feliú trazan un contexto histórico y textual muy interesante, y por otra parte fundamental para entender qué intereses académicos tenía este grupo de estudiosos para decantarse por la ciencia cristiana del momento3; sin embargo este panorama, a mi juicio, debe completarse en el plano lingüístico con ejemplos más concretos para, de este modo, comprender mejor el espíritu de estos textos hebreos. Dentro de la corriente escolástica, a la que hacía referencia anteriormente, se produjo un importante auge de la ciencia médica. Bernardo de Gordon, profesor en la Facultad de Medicina de Montpellier, fue uno de los autores más admirados por su extensa obra y por su claridad de exposición. Como resultado de este interés, los traductores judíos vertieron al hebreo gran parte de su obra4; la ciencia cristiana les ofrecía nuevas líneas de investigación, el poder ampliar sus propios conocimientos como médicos y un método de razonamiento muy distinto al modelo rabínico que ellos conocían. La obra enciclopédica por excelencia de Bernardo de Gordon, que sintetizó todo el saber de la época, fue el Lillium Medicinae. Fue traducido al hebreo en tres versiones distintas, de las cuales la de Yekuti´el ben Selomoh de Narbona, realizada en 1348 fue la más completa, si atendemos al número de manuscritos 1. Título de la versión hebrea de 1348. 2. He de aclarar que al hablar de autor me refiero tanto al autor cristiano (Bernardo de Gordon) como al traductor judío Yekuti´el b. Selomoh de Narbona, que nombro unas líneas más abajo, porque éste a partir de un texto en latín crea otro nuevo en hebreo. 3. Véase a este respecto García Ballester, Ferre y Feliú 1990: 85-117. 4. Para conocer dichas traducciones, remito a Ferre 2000, 191-205. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 79 existentes5. Se trata de un manual médico estructurado en siete partes siguiendo el orden medieval de los pies a la cabeza; las primeras cuatro partes tienen treinta capítulos y las tres restantes quince, divididos todos ellos en seis secciones: definición, causa, signos, pronóstico, cura y aclaración. La traducción hebrea del Lillium Medicinae es un texto expositivo con estructura argumentativa y una clara finalidad didáctica, que va a determinar el uso de un lenguaje concreto. Como discurso científico, la función claramente pedagógica de la obra se deriva de la condición académica de Bernardo de Gordon como profesor universitario, presente a lo largo de la obra. El texto en cuestión cumpliría una función de símbolo6 ligada, por un lado a la memoria cultural del s. XIV, constituyendo un programa mnemotécnico reducido y, por otro, convertido en un símbolo por su uso como libro de cabecera. Desde un punto de vista sociolingüístico, esta clase de textos se consideran como un discurso teórico, producto de una abstracción e independiente de una situación de enunciación concreta. Podría tratarse también de un discurso en situación, es decir, en relación directa con un contexto y cuyo fin es persuadir al lector: en este caso se pretende que el manual de medicina enseñe a los futuros médicos o que mantenga actualizados los conocimientos de médicos que ejercen su profesión, como fue el caso de Elia Baer de Fermo7 y la traducción hebrea que encargó al también médico Yekuti´el. La difusión de esta obra fue el resultado del consenso de un colectivo, en la sociedad cristiana primero y en la comunidad judía después, porque el criterio de una comunidad por separado o la propia autoridad de Bernardo de Gordon no sería garantía suficiente del éxito de la obra: ha de haber una ratificación oficial que imponga un discurso que, como veremos, está sujeto a ciertos cánones como el modelo argumentativo y la visión personal que de la medicina tiene su autor. En un texto argumentativo-expositivo de estas características, se 5. Para un estudio más detallado de las tres versiones (Moseh ben Semu´el o Juan de Aviñón, Yekuti´el b. Selomoh de Narbona y León Josef, posiblemente de Carcasona), remito al apartado de la edición crítica de mi tesis doctoral; vid. Olalla Sánchez 2003. 6. Vid. Martínez Fernández 2001: 19 citando a Lotman 1996: 77-82. 7. Este médico judío, favorito de los duques de Milán, contó con una extensa biblioteca en la que se encontraban ejemplares como el Lillium. A este respecto, véase nota 5. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 80 MÓNICA OLALLA valoran conceptos y creencias que constituyen, por otra parte, el foco tipotextual8 o función primaria del texto y que determina la tipología de todo el discurso. En el caso de nuestro texto, el foco tipotextual al que me refería es el contenido de cada uno de los treinta capítulos: las fiebres, los apostemas, la lepra, el dolor, etc. El nivel pragmático que determina el foco tipotextual, proporciona las condiciones necesarias para reconstruir las convenciones, que hacen que una expresión sea o no aceptable dentro del texto, es decir, su aptitud respecto al contexto. Según algunas teorías textuales9, el “situar” los enunciados con respecto a un marco, permite establecer una coherencia global dentro del texto al remitir los enunciados a este marco: por ejemplo, en el marco de la fiebre, se entiende que cualquier referencia, por ejemplo, a los humores remite a su marco, sin necesidad de que se hayan mencionado anteriormente. Para enmarcar el texto, el autor recurre a ciertas formas lingüísticas que le permiten mostrar su actitud, bien positiva o negativa, hacia los argumentos expuestos. Volviendo de nuevo a la intención del autor, a partir de la cual éste modela su texto, es preciso explicar el modelo argumentativo, característico de la Escolástica. Dicho modelo constituye una de las señas de identidad más importantes de esta corriente, que marca la tipología y organización textual de esta traducción hebrea. Sin tener esto en cuenta es difícil entender el análisis que se plantea. El origen aristotélico, en cuanto a la finalidad educativa de este modelo argumentativo, va muy unido a la retórica, puesto que son el esqueleto del buen funcionamiento de todo discurso; se trata de descubrir en cada argumento lo que puede persuadir, de ahí la importancia de una adecuación con el lector o lectores. He de aclarar, que entiendo la retórica como una práctica comunicativa, que deja a un lado el sentido peyorativo de pomposidad o pedantería así como su “obligada” comparación con otra retórica puramente literaria. La persuasión, por otra parte, se refleja en una dialéctica que es el resultado de sumar el argumento, como 8. Vid. Hurtado Albir 2001: 440 citando a Hatim B. y Mason 1995, 1990. El planteamiento referente a este concepto y su función como elemento cultural me parecen básicos en todo proceso traductor. 9. Una de las más pioneras y discutidas, que además sentó parte de las bases de la relación entre semántica y pragmática es la de un clásico como Van Dijk. Véase Van Dijk 1998: 178 y ss. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 81 enunciado, y el análisis de los elementos que lo forman10. En este sentido, se puede establecer una diferencia entre la argumentación filosófica que trata de convencer a un auditorio ideal sin trascender a la esfera mental, frente a la argumentación retórica, que se dirige a un auditorio concreto, tratando de persuadir para la consecución de un resultado práctico y adoptar así una determinada actitud. Sin embargo, esta retórica argumentativa ha seguido un desarrollo cronológico desigual, que obedece a distintos factores sociales, políticos y culturales. Entre los filósofos estoicos de la Antigüedad, la dialéctica y la argumentación se identificaron con la lógica y aquellos que en la Antigüedad proclamaban la primacía de la dialéctica en relación a la retórica, admitieron el alcance filosófico de la argumentación, que se presenta con cierta superioridad a unos únicos oyentes o a un amplio auditorio. La relación entre diálogo – verdad que aportaba la propia retórica hacía que en el discurso hubiese principios internos que guíaban al lector o lectores en el desarrollo del pensamiento; por lo tanto la argumentación sólo tenía significación filosófica si pretendía ser válida para todos. Respecto al concepto retórica, observamos que mientras en la Edad Media y el Renacimiento se cultivaron la dialéctica y la retórica aristotélicas, la Edad Moderna las marginó. La retórica se definía como un medio de expresión o el arte del bien hablar (el ars bene dicendi de Quintiliano) de un modo persuasivo y placentero a través de medios discursivos para ganar o aumentar la adhesión a las tesis presentadas (el docere – movere – placere de Cicerón), frente al sentido peyorativo al que hacía referencia unas líneas más arriba; de esta manera, la retórica perdió su definición aristotélica de persuasión. La lógica aristotélica inherente a dicha retórica consideraba a ésta un complemento de la dialéctica, porque la lógica era algo necesario no sólo para la vida práctica sino para la fundamentación de los principios del saber en su sentido más amplio. Este principio tan general y hermoso, que se ha ido manteniendo a lo largo de la historia, ha pasado en nuestro siglo a un segundo plano, identificándose la lógica retórica con la lógica formal exclusivamente, lanzando al terreno de lo ilógico el contenido de ciencias humanas y 10. Esta retórica afecta no sólo al modo de organizar el discurso, sino también a la propia naturaleza del lenguaje y al uso de las palabras (significación-suposición), que los textos hebreos recogen. Véase a este respecto Campos Benítez 2002: 305 y ss. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 82 MÓNICA OLALLA sociales o ciencias (campo científico) combinadas con las anteriores, como es el caso de la medicina en el s. XIV; de ahí que en ocasiones se olvide que el razonamiento es el origen y motor de todo tipo de conocimientos, sea humanístico o científico estrictamente hablando. A este respecto, Perelman11 llega a plantear que si la lógica ha quedado reducida a lo puramente formal, podríamos pensar que los razonamientos ajenos al campo formal escapan a la lógica y a la razón, entonces ¿sería la razón incompetente respecto a los campos que escapan al cálculo? La respuesta sería negativa ya que el ser humano posee la evidencia como valor que caracteriza a esa razón y esto es lo que dirige la acción para influir en los demás, sea cual sea el tipo de conocimiento. Volviendo al contexto del s. XIV, la dialéctica argumentativa fue evolucionando de un modo riguroso e independiente: era la técnica del debate destinada a alcanzar no la verdad, sino la conclusión ante dos posiciones contrarias, pero ambas plausibles. Esta retórica cristalizó en diversas artes, que formaban parte del trivium12 y que dejaron su huella mediante la técnica de la disputatio no sólo en la literatura, sino también en el discurso científico. El modelo organizativo del discurso científico medieval retomó el modelo de los sistemas retóricos y poéticos grecorromanos en cuatro puntos fundamentales: - El proemio o premisa que se extrae de criterios comunes conocidos. La forma de presentarlo va a ser fundamental a la hora de percibir todo el discurso por parte del lector. Esta premisa puede ser variada en su temática según la posición del autor, los motivos que le mueven a tomar la palabra, las opiniones ya existentes sobre la misma cuestión o las autoridades implicadas en el discurso. En la versión hebrea, excepto el apartado de la aclaración en menor medida, el resto de los apartados (definición, causa, signos, pronóstico, cura y aclaración) responden, en ocasiones, a tópicos de humildad por parte del autor, de oscuridad por la dificultad de entender ciertos argumentos o de lo excepcional a la hora de indicar el alto grado de efectividad en una determinada cura. En este sentido, no había modestia por parte del autor ya que consideraba su teoría médica como un dogma con total autoridad, incluso a la misma altura intelectual que Galeno, Hipócrates y Avicena. 11. Vid. Perelman, Ch. y Olbrechts-Tyteca 2000: 65 y ss. 12. Vid. Mortara Garavelli 1991: 50 y ss. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 83 - La narración o exposición en la cual se insertan, a veces, disgresiones o refutaciones a la premisa inicial. Esta parte responde a cualidades como la brevedad, la claridad y la concisión para instruir correctamente y deleitar, en el sentido de hacer amena al lector toda la exposición. En cuanto a las refutaciones, decir que son importantes en cuanto informan del efecto del argumento sobre el lector, sin romper la línea argumentativa. - La argumentación que sirve para confirmar y demostrar la premisa, tomando ejemplos de otros médicos como Galeno o Hipócrates o experiencias del propio autor. - La conclusión en la que se exponen los argumentos anteriores y sus resultados. Un elemento característico a la hora de exponer los distintos argumentos lo constituye la demostración13, que coincidirían con la narración y la argumentación anteriores. Dicha demostración puede definirse como una prueba que discurre como una deducción correcta y concluyente. Hacer saber la razón o la causa de que algo sea de una manera y que no pueda ser de otra, implica que, una vez asumida o recogida la certeza inherente a las premisas y la corrección lógica del proceso deductivo, se sigue el reconocimiento de la certeza de una conclusión que, inicialmente, puede ser dudosa: una demostración puede excluir la existencia de contrapruebas o contradicciones, aunque a veces se complete con otras pruebas en la misma línea argumentativa, e incluso requiera distinciones conceptuales, para facilitar su comprensión o bien para fijar su alcance pedagógico. De ahí se deriva el hecho de que, dentro del texto o discurso, haya distintos grados de explicación y de fuerza demostrativa, que admiten varios enfoques, como por ejemplo, considerar la demostración como un tipo de prueba, que establece un conocimiento cierto y fundado, proporcionando un conocimiento necesario e intrínseco. El grado de concreción de este conocimiento es el resultado de la distinción entre persuadir / convencer para, de este modo, aislar de un conjunto ciertos elementos considerados como racionales. La persuasión, asociada a la acción, era la argumentación que quería convencer a un auditorio, mientras que el acto de convencer, en relación a la inteligencia, 13. Véase Vega Reñón 1999: 61 y ss. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 84 MÓNICA OLALLA trataba de obtener la adhesión de todo ente de razón, aunque el matiz, en ocasiones, fuese un tanto impreciso. En el caso del texto hebreo del Lillium, ni Bernardo de Gordon ni el traductor pensaron establecer una distinción teórica entre ambos términos sino que se sirvieron de su diferencia para expresar la fuerza de sus argumentos. Un elemento fundamental en toda argumentación era el auditorio, que marcaba todo el discurso y su proceso y en el caso del vtuprv iaua no fue una excepción, porque toda la teoría médica que expusieron Bernardo de Gordon y Yekuti´el estaba condicionada por aquellos a quien pretendía dirigirse. De este modo, tanto autor como traductor partían de un lenguaje común que, a su vez, atribuía un valor a un interlocutor colectivo. Dicho auditorio era una construcción más o menos sistematizada que, por razones contextuales o de competencia14 por parte de un lector modelo15, podría seguir manteniéndose en la actualidad. La enunciación del discurso trataría de dotar a este lector, sea médico o interesado en la medicina, de un saber-hacer, de ahí que el propio discurso “seleccione” a sus receptores a modo de estrategia textual. Sea como fuese, la argumentación efectiva debía ser verdadera, concibiendo al auditorio lo más cerca posible de la realidad. Textualmente hablando, los treinta capítulos de esta obra médica constituyen partes independientes, pero a la vez relacionadas entre sí. En dichas partes predomina un estilo expositivo, a través de la argumentación; estos dos estilos se distinguen en el discurso por el proceso de razonamiento, ya explicado, y por la introducción de disgresiones, en forma de explicación en estilo directo o indirecto, que a veces sirven de apoyo a las teorías que el autor pretende mostrar: por ejemplo las citas de Galeno, Hipócrates, Mesué y Avicena o de filósofos como Sócrates, Séneca y Horacio en el prólogo de la obra. En estos procesos argumentativos, la aproximación al discurso supone postular la existencia de un sujeto enunciador (autor) y un lector o lectores, que van a 14. Esta competencia puede ser de varios tipos: lingüística y comunicativa (alude al conocimiento que de la lengua hebrea tiene el lector y el uso que hace de ella), modal (los presupuestos y condiciones previas que hacen que un enunciado sea posible) y pragmática (implica el conocimiento del contexto para interpretar expresiones referentes, por ejemplo, a obras de Galeno u otra cuestión). Vid. Lozano, J., Peña-Marín, C. y Abril, G. 1999: 71 y ss. citando los trabajos de Hymes 1974, Tavistock y Greimas 1973. 15. Véase Eco 1997: 55-56. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 85 marcar la dinámica subjetiva de la obra mediante la primera persona, en ocasiones en segunda y tercera persona colectiva (nosotros cortés)16, permitiendo enmarcar temporalmente todo el discurso. Las estructuras de razonamiento generales que encontramos a lo largo de toda la obra son las siguientes: a) Estructura explicativa, donde se parte de una tesis o suposición, apoyándose con distintos argumentos o ejemplos. b) Estructura conclusiva: sigue un esquema de a es b, entonces b es c o a. Se trata de una concatenación de supuestos para llegar a una determinada conclusión, que puede o no coincidir con la inicial. c) Estructura con un doble enfoque, mediante el cual el autor plantea una idea o concepto y, al final de su disertación, llega a la misma conclusión inicial. d) Estructura de tipo inductivo-deductivo, utilizada sobre todo en la explicación sobre el efecto de ciertas drogas o compuestos. Estas cuatro estructuras, en ocasiones entremezcladas, confieren al texto una unidad bien clara y, aunque aparentemente la inclusión de algunos enunciados puede confundir al lector, la progresión temática lleva un orden lógico, que se repite capítulo tras capítulo. La coherencia interna de las cuatro estructuras está ligada a una macroestructura o coherencia superficial (determinante en la semántica global del texto), a partir de la cual el lector lee e interpreta el discurso dándole una determinada cohesión y una microestructura o estructura interna donde se articula el texto, con un subnivel en forma de enunciados u oraciones17 y sus relaciones entre ellas. Dichos enunciados, a su vez, definen parámetros semánticos, que reflejan la distribución de información en estos textos, porque la macroestructura depende de estos niveles semánticos; de este modo, las reglas del discurso van de un marco global a otro más concreto. Tomando como ejemplo el bloque de la aclaración en el capítulo tres referido a la fiebre llamada causón, analizaré el mecanismo de su 16. Sobre el uso de este recurso y su efecto en el discurso, véase Olalla Sánchez (en prensa) 17. Aunque un enunciado y una oración son fenómenos lingüísticos distintos, para facilitar la comprensión, no entro en la diferenciación entre el concepto discursivo de enunciado y el concepto gramatical de oración. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 92 MÓNICA OLALLA rema, si cabe más importante, es scfv (el hígado), porque da la clave para entender a qué venas principales se refiere el autor. Este proceso, que parece no entrañar dificultad, requiere de una especial atención por parte del lector, ya que el autor-traductor está recurriendo a una información implícita, que puede no ser relevante o pragmáticamente inadecuada si aparece al principio. Al contrario de lo que suele ocurrir en el mecanismo de la anáfora, donde aparece un término x y después mediante z recuperamos la identidad de sentido de x, el autor-traductor nos obliga, en este caso, a procesar la información de un modo distinto: primero, porque el término scfv (el hígado) no aparece al inicio junto a oherugv ohbuatrv (venas principales (del hígado) (por tanto, z no existe) y segundo, porque x aparece al final de la oración cumpliendo una función anafórica. De ahí, que se añada a la traducción española el término hígado, para compensar esa falta de información, que en el texto hebreo no se produce. Tras este razonamiento personal, sigue otro marcado con un rnt genérico (se dice), que se incluye dentro del proceso argumentativo. Consta de una primera hipótesis sobre el aumento del podrimiento, a la que le sigue una enumeración iniciada con un ifu (y también). Este aditivo indica una jerarquía en el efecto de esa materia cruda sobre el organismo: primero un gran podrimiento y después un gran calor que, incluso pueden ser simultáneos, siendo el segundo más importante al añadir más gravedad al causón. La causa que se desprende de este último hecho, se señalan con a hpk ot (por) que añade también un matiz condicional: hay una gran obstrucción si hay podrimiento y calor. La consecuencia de esta hipótesis, se sigue con vz (por eso) y una pausa. El conectivo t l (pero), suele aparecer a mitad de la frase para contrastar dos argumentos dentro de un mismo foco, mientras que si el autor desea alterar dicho foco a un nivel macroestructural más general empleará obnt. En este caso, es el propio autor quien contradice esta opinión general, que muchos creen como argumento sólido. Este rechazo parece ser una constante a lo largo de toda su obra y se basaba en la idea de que ciertos preceptos médicos iban en contra de la razón y del sentido común. En la segunda proposición (,hba), se sigue un esquema similar con la diferencia de que en su razonamiento se introduce un waw en rnut (digo) MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 93 que cumple una doble función: por una parte indica la continuación al juicio referente a las uvas del invierno y por otro, como enfático llama la atención del lector; en este sentido, cambiaría con más razón el tópico de la secuencia. Este nuevo tópico introduce una referencia implícita sobre cierto libro, que el lector debe conocer y que se señala mediante un extracto del capítulo. En cuanto a la tercera secuencia (,hahka), se mantiene el mismo esquema y el autor de nuevo, opina y corrige sobre las explicaciones que existen sobre la inflamación de la cólera. La proposición correspondiente al cuarto epígrafe cuarto (,hghcr), rompe el esquema de razonamiento de hipótesis-argumento para pasar directamente a los argumentos que considera importantes y que deben conocerse: ihcvk hutr, rufzk hutr y gs,a hutr (hay que saber, hay que recordar y hay que entender) a los que sigue un a o un hf causal. El componente de la edad en el causón se apoya con una referencia a Avicena que es contrastada por el autor, haciendo que el énfasis recaiga en su opinión, marcada con hp kg ;t (aunque). Un matiz adversativo se marca a continuación con obnt (pero), el cual inicia un segundo argumento acerca de las distintas condiciones, que cierra con el razonamiento inicial de que es una enfermedad muy peligrosa, aunque añada después el rema de ohrgbcu (y en los muchachos). El quinto epígrafe (,hahnj), es una hipótesis sin más que, según el criterio del autor, no sería necesario explicar. Respecto al sexto epígrafe (,haa), el razonamiento sobre la conveniencia del agua fría está estructurado sobre escalas argumentativas24 que, en función de ciertas condiciones o vínculos, aparecen enumeradas mediante el waw. Este conectivo o conector25, denota a la vez una simultaneidad y una gradación (de más a menos o viceversa), no sabemos si en cuanto a la gravedad como tópico. El primer waw de rnj kaucn , marca el inicio de esta gradación, que formaría un único conjunto por sí solo al igual que el resto de elementos: 'hkujv txrun 'rnjc ,utb 'ohnu,x y tnm (sed, crudeza de materia, 24. Véase Escandell Vidal 2002: 106 citando a Ducrot, 1980. 25. Conectivo o conector (según sea o no la terminologia anglosajona) es el concepto discursivo que se identifica con la conjunción, en cuanto a la gramática tradicional. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 94 MÓNICA OLALLA obstrucciones, enfermedad y apostema). Este último waw de tnm (sed), es interesante, pues está enlazando semánticamente con el agua fría y el modo de beberla, por lo tanto marca un nuevo conjunto y su lógica diferencia con todos los anteriores. Todo el argumento se apoya en la opinión de Galeno y una información implícita referida a su libro26, que cierra la secuencia. El séptimo y último epígrafe (,hghca) introduce una opinión personal y un ejemplo de Avicena que corrobora lo dicho acerca de la sangría, con un distinto matiz: el autor dice que no debe hacerse y Avicena que debe retrasarse. El primer argumento se basa en una oración causal-condicional introducida con hpk (ya que) y una enumeración, en la que los sucesivos waw se interpretan como hechos simultáneos, según la gravedad de sus efectos. El verbo principal vagv, tka (no se hará) marca también la acción que debe realizarse según ciertas condiciones y organiza la progresión de tema-rema. En cuanto a la referencia a Avicena, el waw de ehzjbu (corroboramos) cumpliría la misma doble función que el de rnut (digo) en la segunda proposición, como continuación del argumento con valor enfático y concluyendo además todo el capítulo. Conclusión Dentro de la medicina hebrea del s. XIV, la Escolástica desempeñó una función destacada a la hora de estructurar discursos científicos donde se observa, por una parte la labor traductora de los médicos judíos y, por otra parte, un corpus argumentativo como es el caso de esta versión hebrea del Lillium Medicinae de Bernardo de Gordon. Dicho corpus, con una función claramente didáctica, traspasó las aulas de la facultad de Medicina de Montpellier para dirigirse a un público o auditorio más amplio. Analizando propiedades textuales y discursivas como la coherencia y la cohesión, nos encontramos con toda una doctrina médica 26. Este fenómeno es denomina en análisis del discurso enlace omitido, es decir, proposiciones implícitas, que han de ser postuladas de algún modo para el establecimiento de interpretaciones coherentes. Una cuestión interesante, como propone Van Dijk, sería investigar qué propiedades lingüísticas de las oraciones y secuencias de oraciones nos indican proposiciones implícitas, permitiendo inferencias implicadas y bajo qué condiciones se dan estos últimos hechos. Véase Van Dijk 1998: 170. MEAH, sección Hebreo 54 (2005), 77-96 LA ESCOLÁSTICA Y LA MEDICINA HEBREA DEL S. XIV 95 que sigue unos razonamientos muy precisos, estructurados en tres partes: premisa, desarrollo-refutación y conclusión. Dichos partes poseen su propia semántica y sintaxis en las que los conectores o conectivos desempeñan un papel fundamental a la hora de demostrar ciertos planteamientos, haciéndolos inteligibles para el lector. La voz del autor siempre presente, a través del /yo/ enunciativo, aparece como hilo conductor, invitando al lector a participar de sus argumentos para, de este modo, incluirlo en su discurso y dar a éste más fuerza. Todos estos elementos demuestran la importancia de la Escolástica en el pensamiento judío del s. XIV y su interés por este nuevo método de razonamiento, articulado como hecho científico y filosófico. Sirva este trabajo también para reivindicar la importancia de los estudios pragmático-discursivos en esta tipología textual, porque además de ofrecer una perspectiva distinta a la de la gramática tradicional la complementa y la enriquece. BIBLIOGRAFÍA CAMPOS BENÍTEZ, J.M., 2002, “Una teoría medieval del lenguaje” en La Filosofía Medieval, Trotta, CSIC, Madrid. DEMAÎTRE, L., 1980, Bernard of Gordon: Professor and Practitioner, Pontifical Institute of Mediaeval Studies, Toronto. ECO, U., 1997, Lector in fabula, Lumen, Barcelona. ESCANDELL VIDAL, M. 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