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El trujillato por tres plumas foráneas: Manuel Vázque Montalbán, Julia Álvarez y Mario Vargas Llosa

Gallego Cuiñas, Ana María

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REVISTA DE CRÍTICA LITERARIA LATINOAMERICANA Año XXXI, Nº 62. Lima-Hanover, 2do. Semestre de 2005, pp. 211-228 EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS: MANUEL VÁZQUEZ MONTALBÁN, JULIA ÁLVAREZ Y MARIO VARGAS LLOSA Ana Gallego Cuiñas Universidad de Granada Galíndez (1990), En el tiempo de las mariposas (1995) y La fiesta del Chivo (2000) se adscriben a la categoría de “novela del trujillato”: fenómeno literario que, en una primera aproximación axiológicamente neutra, se entiende como, de manera espontánea y natural, el corpus de novelas cuya temática se centra en el período del trujillato –dictadura del dominicano Rafael Leonidas Trujillo que se extiende desde 1930 a 1961–, así definido en términos histórico-políticos. Una vez realizada la aclaración semántica del sintagma, intentaré demostrar en este artículo que dichas novelas escritas “desde fuera”1, desde la óptica de autores no dominicanos2, pretenden llevar a cabo una construcción que conlleva una parcial re-escritura de la historia, respondiendo a unos intereses concretos, empíricamente verificables y por lo tanto desconstruibles. Esta historia es subjetiva, privilegia ciertos hechos mientras condena a otros al silencio y al olvido, por lo tanto planteo de-construir los discursos narrativos para poder establecer las bases de una comparación que permitirá analizar la visión del trujillato que, desde el exterior, tienen estos escritores3. La primera conexión que existe entre estas tres novelas reposa en la elección de los temas: todos ellos son crímenes y se ubican en las postrimerías de la Era trujillista propiciando la caída del régimen. La tríada de autores cristaliza en el título el nombre propio o el sobrenombre del eje protagónico de cada texto: “Galíndez”, “Mariposas”, que es el “nombre de batalla” de las hermanas Mirabal, y “Chivo”, que alude a Trujillo. El título de un libro siempre merece un análisis particular porque, como enuncia Carlos Reis, “Si en el título de un texto literario están normalmente sintetizados rumbos semánticos cruciales, es competencia sin embargo, del análisis e interpretación explotarlos de forma minuciosa”4. Y el título que alberga mayores connotaciones y que es más dado al debate es el de La fiesta del Chivo, puesto que el resto no plantea discusión algu- ANA GALLEGO CUIÑAS212 na. Ante todo, llama la atención el vocablo “chivo”. ¿Por qué Chivo? La elección podría deberse a varios motivos: porque el chivo es el plato básico de la comida dominicana, o porque es el apodo con el que se nombró a Trujillo tras su muerte, y, como sabemos, está cargado de una fuerte significación sexual5. Esta denominación del dictador aparece en un famoso merengue caribeño que el pueblo dominicano hizo suyo tras la desaparición física del sátrapa, acomodando la letra a lo acontecido el 30 de Mayo6. Bernard Diederich también utilizó este sobrenombre en la versión inglesa de su obra “La muerte del dictador”: “The Death of the Goat”, que bien le pudo valer de “inspiración” a Vargas Llosa. Y, ¿Por qué fiesta? Puede ser porque el sustantivo aparece en la categoría sintagmática que canta el merengue, o bien, se ha escogido en honor a las que hacía el dictador donde seleccionaba a sus víctimas-amantes a las que iba a poseer esa misma noche7. Pero la lexía “fiesta” también se ha vinculado a otras narraciones del dictador: “La fiesta del monstruo” (1947) el relato de Borges y Bioy Casares, que tal y como expone el profesor Kristal comparte con La fiesta del Chivo (“monstruo que nunca sudaba”) la narración de la violencia ponzoñosa propia de las dictaduras. O incluso La fiesta del rey Acab8, novela publicada en 1959 por el chileno Enrique Lafourcade que se hace eco del ambiente adusto del trujillato, incidiendo en el episodio truculento de la muerte de Galíndez. Por otra parte, los tres narradores se embarcan en una tarea investigadora holística con visos de ser exhaustiva y rigurosa. Julia Álvarez contó en sus indagaciones con el apoyo de un amplio material bibliográfico, de la familia Mirabal y de diversos intelectuales dominicanos; mas su apego a la verdad histórica no ha sido puesto en tela de juicio, como sucede en el caso de los otros dos escritores9. Vázquez Montalbán es sorprendido por el enigma histórico de Galíndez y esto le lleva a documentarse y realizar una importante y ardua empresa investigadora10. Este vasto trabajo de compilación ha propiciado un dechado de críticas tales como las de Javier Goñi: “A Vázquez Montalbán le ha salido un denso y detallado reportaje, un estupendo reportaje, que se lee con estremecimiento; pero no es Galíndez la novela que pretende ser. Ahí no hay literatura”11. Lo mismo sucedió con La fiesta del chivo. El componente ficticio y el estético aparecen en ambos textos narrativos, aunque en el del peruano de un modo mucho más exiguo, ya que se reduce simplemente a la historia personal de Urania. En el caso de la novela de Montalbán, los efluvios de intertextualidad no proyectan tanto exponer la “verdad”, como las motivaciones subjetivas de cada una de esas supuestas verdades. Es decir, que ya no nos encontramos con una “hagiografía”, como en muchos libros históricos se ha pretendido, sino con un héroe ambiguo, con un ser humano, y, en este sentido, Galíndez se mueve en los celajes de la nueva novela histórica12 pues revela una visión distinta de la HISTORIA, EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS 213 una visión desde dentro, no la “oficial pública”, sino la personal y privada13. Estas sucesiones de fragmentación de lo histórico y de la narrativa, insertan el discurso en las sirtes de la postmodernidad, al igual que el aprovechamiento y el reciclaje de materiales previos, en oposición a una narrativa singular y una historia unívoca –propia de la mayoría de novelas escritas por dominicanos–, se propone una historia que es una relación de historias. De otro lado, el autor de Conversación en la catedral, que también quedó fascinado por los comentarios y anécdotas que escuchó acerca de la figura inveterada de Trujillo cuando fue a Santo Domingo en 1975 con motivo del rodaje de Pantaleón y las visitadoras. Desde entonces, va rumiando el proyecto y enriqueciéndolo. A finales de los noventa decide in promptu embarcarse de lleno en el pasado indeleble dominicano. Para lograrlo, invierte tres años y medio leyendo y documentándose, viaja en varias ocasiones a la República Dominicana y entrevista a diversas personas (tanto a detractores como a defensores). De toda la extensa bibliografía que manejó, le marcaron e influyeron sobre todo dos obras, a decir de Armas Marcelo14 y del propio Vargas Llosa: la biografía de Trujillo escrita por Crassweller, aunque con la colaboración subrepticia y no reconocida de Balaguer, Trujillo, la trágica aventura del poder personal; y, The Death of the Goat, de Bernard Diederich. Precisamente este “apego” a dichas crónicas ha levantado una turbonada de críticas que denuncian este hecho, considerando que pone en peligro la narración en distintos momentos y que incluso parece una versión novelada de “La muerte del dictador” de Diederich15. Geweeke coincide con esta opinión y enuncia que “hay que desmentir al autor, cuando afirma, incansablemente, que en su obra “prevalece mucho más la invención que la historia (Demicheli, 3-32000), puesto que en la elaboración de las partes centrales, que tratan de Trujillo, de su muerte y de los sucesos ulteriores, Vargas Llosa apostó menos por su fantasía que por sus fuentes”16. Joerg Drews va más allá y asevera: “Más plausible sería captar, desde la perspectiva personal y la historia de la vida de Urania Cabral, aquella parte de la realidad dominicana bajo Trujillo, que no puede aparecer en modo alguno en los documentos oficiales: la experiencia individual de la destrucción de vidas y de la historia de existencias por el régimen de terror de Trujillo”17. Ciertamente, el salto a la ficción se hace sólo a través de la figura de Urania y de la turbia conciencia del dictador, porque el resto de motivos literarios se instalan en lo meramente historiográfico. Mario Vargas Llosa se defiende, y sostiene que siempre trabajó teniendo presente que la novela no iba a ser un libro de historia ni un reportaje, sino una novela. Se documenta para “mentir con conocimiento de causa”, como repite hasta la saciedad, para familiarizarse con el medio social, geográfico y cultural de la época. Aunque fue verdadero en lo esencial, él dice que ningún hecho primordial de la dictadura ha ANA GALLEGO CUIÑAS214 sido soslayado en el libro y que las libertades que se ha tomado hubieran sido perfectamente posibles. No obstante, he de destacar que una de las diferencias más visibles a este respecto con la narración de Vázquez Montalbán, es que aunque el escrito de Vargas Llosa sí adopta esas técnicas narrativas propias de la nueva novela histórica (monólogo interior, dialogismo, parodia, flashback, contrapunto, etc.) no son alterados “ni el orden cronológico de los hechos históricos narrados ni la concatenación interna de los mismos; y la pluralidad de las voces narrativas no provoca una pluralidad de visiones que estarían en competencia o en franca oposición, sino que corresponde a una yuxtaposición de visiones convergentes que le proporcionan al lector una imagen coherente y contundente de lo que fuera, según el autor, la Era de Trujillo”18. Y esto mismo entronca con la tradición de la novela histórica decimonónica (aquella que cuenta la historia política). Ahora bien: Vargas Llosa no presenta una “historia monumental” que mitifica al dictador19 –como sí habrían de hacerlo las novelas del trujillato escritas “desde dentro” hasta los años ochenta– pues él, como veremos, contribuye activamente a la desmitificación del “Jefe”. En otro punto coinciden las tres novelas: reproducen acontecimientos y recrean personajes ancilares mitificados por la sociedad dominicana: el asesinato de Galíndez, las hermanas Mirabal20 y el propio Trujillo. Nuestros autores elaboran en sus textos la cabal desmitificación de estos, destacando su verdadero lugar y contribución indiscutible a la cultura dominicana y universal, acatando con ello los presupuestos de esa nueva novela histórica. Pero, ¿qué entendemos por desmitificación? Se trata de un recurso frecuente en la literatura caribeña contemporánea que organiza la estructura ideológica de una obra literaria. Umberto Eco lo define de la siguiente forma: “En realidad, cuando se habla de desmitificación, con referencia a nuestro tiempo, asociando el concepto a una crisis de lo sagrado y a un empobrecimiento simbólico de aquellas imágenes que toda una tradición iconológica nos había acostumbrado a considerar como cargadas de significados sacros, lo que se pretende indicar es el proceso de disolución de un repertorio simbólico institucionalizado”21. Así, por ejemplo, con el fin de lograr este propósito desmitificador, Vázquez Montalbán perfila a un Galíndez ambiguo, con la doble moral de un agente secreto: No sé cuánto tiempo me queda de vida. De hecho ya estoy muerto y quisiera dejar alguna cosa en claro. Soy representante ante el Departamento de Estado del gobierno vasco en el exilio y desempeño trabajos de información en los servicios secretos de los Estados. (Vázquez Montalbán, 225)22 Julia Álvarez presenta a unas hermanas Mirabal de carne y hueso, que viven su sexualidad como cualquier mujer23, y explora EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS 215 sus experiencias diarias humanizándolas “en vez de escribir una historia hagiográfica de sus vidas”24. Verbigracia, ese famoso fragmento del diario de Mate en el que escribe: Algunas de estas muchachas se acuestan juntas, lo sé. Es lo único que Santicló no tolera. Dice que no está bien. Una vez que una mujer anda con otra mujer, se ha dañado para estar con un hombre. Yo misma tuve un encuentro íntimo y resultó bien. Con Magdalena, la otra noche, después de nuestra conversación25. Bernardo Vega lo explica en un artículo en El Caribe (22 de Enero, 1996): “en la novela, las hermanas Mirabal abandonan el espacio sagrado en que las sitúa la memoria colectiva para crecer como personajes de la ficción, como hijas de la imaginación de una novelista que ha hecho suya las vidas, pasiones, virtudes y flaquezas de esas tres mujeres, las de sus padres, esposos, hijos y demás seres queridos”. Anteriormente se habían publicado obras sobre las heroínas que reproducían la leyenda, y donde aparecían cargadas de superlativos que las elevaban a ese estadio de mitificación. Tenemos por ejemplo, Tres heroínas y un tirano de Miguel Ángel Aquino, o Minerva, Patria y María Teresa, heroínas y mártires de Gómez Sánchez, donde leemos: “Este sacrificio de las tres hermanas no fue en vano. Gracias a ellas, y a los héroes y mártires que se inmolaron en aras de la libertad y la justicia, hoy gozamos de unas libertades y una democracia que debemos preservar. Loor a quien loor merece ¡Salve! Minerva, Patria y María Teresa Mirabal están vivas en el corazón de la patria”26. Por ultimo, asistimos a la desmitificación de los conjurados del 30 de mayo en La fiesta del Chivo y a la del propio Trujillo, sobre todo por sus problemas de próstata: Ahí estaba: la mancha oscura se extendía por la bragueta y cubría un pedazo de la pierna derecha. Debía de ser reciente, estaba aún mojadito, en este mismo instante la insensible vejiga seguía licuando. No lo sintió, no lo estaba sintiendo. Lo sacudió un ramalazo de rabia. Podía dominar a los hombres, poner a tres millones de dominicanos de rodillas, pero no controlar su esfínter27. De esta forma, a través de los goznes de la desmitificación se produce un movimiento centrífugo, que hace que estas imágenes se proyecten transformadas hacia un espacio universal, contrario al efecto centrípeto que provoca la mitificación y que han perpetuado las novelas dominicanas durante medio siglo. Este efecto, precisamente, es el que hace que los lectores quisqueyanos se hayan acercado a estas obras con claros prejuicios. No obstante, la recepción de las mismas en Santo Domingo fue desigual. Galíndez, aunque aparece en 1990 respaldada por un éxito tremendo (un gran número de ediciones y galardonada con varios premios), tuvo más bien una acogida aséptica entre los dominicanos: la mayoría de referen- ANA GALLEGO CUIÑAS216 cias en periódicos y revistas literarias son meramente descriptivas, y a pesar de que la editora que puso en circulación el libro anunció que “en la obra se revelan nombres de reputadas figuras dominicanas vinculadas de alguna manera y en distintos grados a esos hechos nunca esclarecidos”28, no tuvo mucha resonancia. Esta reacción puede deberse a distintas causas: al más obvio, que Vázquez Montalbán no es un escritor demasiado conocido por los insulares, a que el asesinato de Galíndez no es tan “sentido” por los dominicanos por ser un emigrante español, o bien porque se puso a la venta días antes de la reelección de Balaguer29, el cual sale bastante mal parado en la obra y pudo poner en marcha un mecanismo de silenciamiento de la misma30. En el tiempo de las mariposas también fue precedido por un reconocido éxito de librería y crítica. En EE.UU. fue “libro notable del año 1995” y mantuvo en Argentina, “país donde vio la luz la primera edición en español, un puesto en los primeros lugares de venta por más de diez semanas, aparte de una gran profusión de crítica y reportajes en todos los periódicos y revistas de ese país”31. Las críticas y reseñas en Santo Domingo fueron en su mayoría positivas32, principalmente las que partían de movimientos feministas, que la utilizaron como baluarte de sus consignas. El éxito también se arracimó en torno a La fiesta del Chivo, rotundo in extremis, “la acogida por parte de la crítica fue unánimemente entusiasta, calificada la novela de “magistral” y “espléndida” o, para citar a Miguel García-Posada de El País (11-3-2000), de “narración poderosa” escrita por Vargas Llosa “con su instinto de novelista nato”33. Sin embargo, en Santo Domingo la polémica estaba servida y sorprende “tanto por la vehemencia con la que fue sostenida como por algunas de las censuras que fueron formuladas”34. En cierta manera era esperable, pues los dominicanos eran conscientes de que la novela de Vargas Llosa iba a proyectar internacionalmente la realidad histórica y actual de la República Dominicana35. Pero no sólo fueron latentes los prejuicios instigados por la mitificación del tiranicidio, ya sean por las versiones oficiales o por las del imaginario colectivo, sino también por el hecho de que en una novela se retratasen hechos y personas reales, algunos de ellos o sus familias aún vivos y conocidos por todos los dominicanos36. Frauke Geweeke en su artículo sobre la recepción del texto en Santo Domingo pone de manifiesto la imposibilidad de acercarse a la obra del dominicano desde un “estado de inocencia”37, sólo factible para aquellos que no conozcan en absoluto o no hayan vivido el trujillato. Como consecuencia, no se hicieron esperar la algazara de críticas y corrieron ríos de tinta (casi literalmente)38, tanto la de aquellos que preconizaban la novela, como la de los que la anatematizaron39: se suceden las denuncias de falsificación de hechos y datos históricos40, de plagio41, de trujillistas42 y familiares de los conjurados, en efecto encumbrados por la población43 que EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS 217 sostenían que Vargas Llosa había tratado desconsideradamente a los “héroes del 30 de Mayo”. Pero, repito, el proceso de desmitificación más importante que llevó a cabo el peruano-español es el del dictador, que aparece totalmente humanizado en la obra a través de su cáncer de próstata y su apego a la familia44. Igualmente se precipitaron las valoraciones negativas en cuanto a la calidad estética y literaria de la novela, de la mano del crítico Diógenes Céspedes. Pero también tuvo cabida en esta vorágine periodística la crítica positiva de la obra. Y es que sin lugar a dudas, Vargas Llosa tocó heridas que aún no estaban restañadas. “Apunta, en tono burlón el periodista Carlos Francisco Elías (15-4-2000) (que Vargas Llosa) se atrevió, siendo además extranjero, a romper el velo insular de acero que desde décadas nos cubre y a mirar por la rendija de ese amasijo de sangre e infamia que todavía implica para nosotros la Era de Trujillo”45. En esto coincide José Israel Cuello: Vargas Llosa ha contribuido “al inicio impostergable de la contemplación de nuestras intimidades, a la ventilación necesaria de las partes dañadas que tiene el alma dominicana, pendientes de un curetaje que sólo el oxígeno de su conocimiento es capaz de secar”46 y será la novela que persevere en la mente de todos. Se une a él Pedro Conde, que habría de asegurar que La fiesta del Chivo es el acontecimiento sociológico literario más importante ocurrido en el país desde la muerte de Trujillo, exponiendo a los trujillistas a su propio asco, a su propia vergüenza. Otro nexo importante de unión entre las novelas lo encarna la presencia en la estructura de los textos de un personaje protagonista femenino con raíces norteamericanas “gringas” o “medio gringas”, que se interesa por la materia trujillista y realiza una investigación que la lleva a viajar al país. Muriel Colbert en Galíndez, una “gringa” universitaria que intenta resolver un crimen y se documenta para esclarecer la desaparición del nacionalista vasco Jesús de Galíndez47. También tenemos a la “gringa dominicana” de En el tiempo de las mariposas, reportera que viaja a Santo Domingo para entrevistar a Dedé la única hermana Mirabal viva que no participó en la actividad política48. Por último, el personaje femenino de Vargas Llosa: Urania Cabral, que también podríamos calificar de “gringa dominicana”, la cual regresa a los 49 años desde Nueva York a Santo Domingo (se fue a los 14 años). Desde fuera, ha tenido éxito en la vida: es abogada, ha trabajo para el Banco mundial y ahora lo hace en un importante bufete de Nueva York. Pero desde dentro, sabemos que Urania está obsesionada con el régimen trujillista y no cesa de leer libros sobre él. Refleja por tanto, la propia experiencia investigadora de Vargas Llosa49, como Muriel la de Vázquez Montalbán y la “gringa dominicana” la de Álvarez. ANA GALLEGO CUIÑAS218 Montalbán decide crear la figura de Muriel como elemento distanciador. Es ella la que va a proponer la mirada sobre Galíndez. El autor nos dice que la recuperación de un personaje como Galíndez la suelen hacer becarias norteamericanas de universidades, porque tienen mucho dinero para investigar esa clase de asuntos y porque los hechos acaecieron en EE.UU. La elección del género también viene predeterminada: “En este caso, era además relacionado con una cuestión de investigación sobre la ética de la conducta política. Y luego había la necesidad de una relación de cariño, de afecto por lo investigado que, normalmente, un historiador masculino no hubiera puesto50. Hubiera investigado a Galíndez como si hubiera sido un insecto, como un entomólogo que estudia un insecto. En cambio, en este caso, hay un enamoramiento con respecto al personaje y una voluntad de protegerlo después de la muerte, como es la relación casi muchas veces materno-filial con respecto a Galíndez”51. En la novela leemos un pasaje de Muriel, a la que se accede desde la segunda persona del singular, como había de suceder con Urania, que condensa todo lo descrito: Tienes desaliento y frío, como resaca de la acalorada vehemencia de la carta, pero también una furia resuelta, una furia de ofrenda en el altar que has construido en tu corazón a Jesús Galíndez. No le dejarás solo en su pozo sin fondo y compruebas que cada vez te duelen más los comentarios despectivos que recoges al paso de tu peregrinación por las madrigueras de los exiliados que volvieron y le conocieron (Galíndez, pág. 79). El paralelismo es claro entre Muriel y Galíndez: tienen el mismo destino, puesto que ella es raptada y asesinada por los servicios secretos norteamericanos y por los de la República Dominicana. También están ligados, como he adelantado, por el modo narrativo de la segunda voz mediante dos formas: una que se apoya en Muriel y su proceso de reflexión sobre Galíndez, y otra en la que se describe al lector los pensamientos de Galíndez. En este caso “la voz de la segunda persona es un vehículo eficaz para describir la incertidumbre de la conciencia aletargada que vuelve lentamente a la realidad”52. Todo te huele a vacío, a vómito, como si te estuvieras cayendo por un abismo [...] Oscurecía en el campo de la Columbia hace un momento y Evelyn se ha sobresaltado cuando le has dicho que querías atravesar Harlem a pie: le acompañaré al metro, como siempre, he traído el coche [...] Luego desciendes los escalones del metro con esa elasticidad de hombre delgado y piernilargo, cuerpo de bailarín, te decían las damas galantes en Santo Domingo cuando las zarandeaban en los vaivenes del fox.trot. (Galíndez, pág. 53). La elección femenina en El tiempo de las mariposas se debe a que el asesinato de la hermanas Mirabal, en el contexto de la dictadura de Trujillo como “trauma histórico”, constituye una trama EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS 219 ideal para una novela feminista53. Y esto es así porque Trujillo es la máxima expresión del patriarcado y del machismo hispanoamericano. Tanto el tirano, que se izaría como superpatriarca, como Don Enrique, el padre de las hermanas, representan al “típico macho”. Por otra parte, en el marco de la cultura patriarcal, los nombres de por los menos dos de las tres hermanas Mirabal resultan paradójicos: “Minerva” remite a la Diosa grecorromana de la sabiduría y especialmente “Patria” que significa “tierra del padre”. De esta forma, el título que se le da a Trujillo, “Padre de la Patria”, alude simbólicamente al tirano como padre de Patria Mirabal y teniendo en cuenta el significado de “Patria”, el “Benefactor” vendría a ser “el padre de la tierra del padre” es decir, el Superpatriarca54. En Cuando amaban las tierras comuneras, la magna novela de Pedro Mir, la patria se identifica con la tierra. Pedro Mir, presenta el cuerpo de la mujer como una alegoría de la patria, tal y como enuncia Rei Berroa y cita de la novela: “Toda mujer es una patria en el mismo sentido en que una patria es una mujer y ambas suelen ser amadas por lo que llevan por dentro como por lo que lucen por fuera” (pág. 128)”55. Pero en el texto de Julia Álvarez, a pesar de la relevancia que tiene Trujillo en el seno de la discusión del patriarcado, como personaje, éste resulta relegado a un segundo plano con respecto a las Hermanas Mirabal y a su historia. Este machismo ha calado en la narrativa del trujillato como he anunciado: “Las novelas del trujillato presentan un revisitado masculinismo/nacionalismo, revolucionario en intento pero sospechosamente familiar y patriarcal en contenido y forma”56. Y es que tradicionalmente han sido los escritores y no las escritoras, quienes se han dedicado a narrar desde un punto de vista masculino los avatares de la dictadura trujillista: “En dichas narraciones, se encuentra elaborada una cierta épica a través de la cual los escritores magnifican una gesta que en la mayoría de los casos sólo se llevó a cabo en su imaginario narrativo. Además Trujillo, como superpatriarca, simbolizaba una castración para los individuos d e su mismo sexo. Pero a pesar de esto, Trujillo era el padre que los dominicanos debían matar”57. La actitud de estos escritores es ambivalente: por un lado odian a ese padre severo y castrador que los ahoga, pero por otro, tampoco pueden escapar a la fascinación fantasmagórica que ese patriarca ejercía y aún ejerce en los dominicanos, de ese carisma irrefrenable. Julia Álvarez entonces, se convierte en la primera escritora dominicana que aborda este tema con el aliento y la extensión que merece, sustituyendo la epicidad masculina por una genealogía femenina58, con el propósito de rescatar las voces de aquellas mujeres que padecieron bajo el régimen patriarcal –como la Urania de Vargas Llosa– y que lucharon por las libertades y en contra de la opresión social. En cuanto a los personajes de la novela, las cuatro hermanas Mirabal, son presentadas como “personajes-drama”, estigmatiza- ANA GALLEGO CUIÑAS226 38. “De la novela se habló y se escribió antes de ser escrita, y antes de ser novela se novelaba sobre ella, pobre criatura. Se la concibió como infamia antes de ser concebida, y durante el proceso de gestación corrieron rumores perversos. Antes de nacer enfrentó resistencia, y el parto, ya se sabe, fue seguido con morbosa curiosidad” enuncia Pedro Conde. 39. “La fiesta del Chivo ahonda en las trivialidades como reflejo de su concepción individualista neoliberal” o “Vargas Llosa calla sobre monopolios, gobiernos yankis e Iglesia Católica como los grandes beneficiarios de aquella tiranía” en ¡Despertar! 30 de Abril de 2000. Esto lo suscribe también Antinoe Fiallo que en un congreso llegó a hacer una comparación ideológica entre Balaguer y Vargas Llosa, donde presentaba más concomitancias que disimilitudes. 40. Caso de Urania Cabral, pues no se conocen referencias históricas a violaciones de hijas de ministros. Vargas Llosa, a decir del historiador Bernardo Vega en la presentación del libro en la isla, hiperboliza detalles sin importancia e incurre en falsas atribuciones de responsabilidades criminales a personas históricas que son “innecesarias, porque desmienten la “verdad histórica” en lo que atañe a la integridad moral de estas mismas personas”, no obstante, añade que en conjunto “sigue muy de cerca la realidad histórica” en El Siglo, 30 de Abril de 2000. 41. Como sucedió con el escritor Lipe Collado que lo acusa de plagio de su obra Después del viento: “resulta que ni antes ni ahora le he imputado haberme plagiado sino haber saqueado intelectualmente y haberse apropiado de la atmósfera y de la ideología de mi novela...” en El Siglo, 23 de Septiembre de 2000. Acusa a Vargas Llosa de haberle robado el personaje de Urania, tema “transido”, como dice Geweeke, y manido. 42. Pongo como ejemplo el de Fon Bernard que declara a propósito de la obra del peruano: “Es un catálogo de salacidades, un vertedero de inmundicias, colectadas por alguien poseedor de un olfato resistente a los malos olores. Es el final sporque el tema del dictador latinoamericano ya está agotado–, del boom novelístico de los años sesenta del pasado siglo. Trujillo es su Némesis” en Hoy 15 de Abril de 2000. 43. Particularmente la familia de Antonio de la Maza, o el hijo del general Félix Hermida: “Solicito públicamente al señor Mario Vargas Llosa se retracte sobre la notoria equivocación y/o confusión contenida en su libro, refiriéndose a mi padre ya fallecido, el general E. N. Félix Hermida, o al mío propio” en La Nación, 1 de Junio de 2000. 44. Incluso se retrata llorando. Esto provocó un –insólito– debate fortísimo en Santo Domingo acerca de si estaba documentado históricamente este dato o no. Se negaba la posibilidad de que el mito en extremo virilizado de Trujillo hubiera llorado en algún momento. Vargas Llosa se defendió alegando que lo hizo para humanizar al dictador y hacerlo más verosímil. 45. F. Geweeke, op. cit., pág. 154. 46. En El Caribe, 2 de Mayo de 2000. 47. Emigra al final de la guerra civil a Santo Domingo en 1939 donde residió durante seis años, como profesor, escritor, periodista especializado en política internacional y defensor de la causa vasca; allí conoció de primera mano los entresijos de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo. En 1946 pasó a Nueva York como delegado del Partido Nacionalista Vasco y representante del Gobierno Vasco en el exilio. Desaparecido en 1956 de Nueva York después de haber defendido una tesis de doctorado sobre la dictadura de Trujillo en la República Dominicana. EL TRUJILLATO POR TRES PLUMAS FORÁNEAS 227 48. Patria, Minerva y Teresa (Mate), las otras tres hermanas Mirabel, asumen un compromiso político para tratar de acabar, junto con sus maridos, con el régimen dictatorial. Como enemigas del régimen, son acosadas y perseguidas por los esbirros trujillistas que finalmente las encarcelarán con los otros tantos opositores a la dictadura. La familia Mirabal sufre en carne viva la desgracia de las tres hermanas a causa del acoso y las represalias por parte del Servicio de Inteligencia Militar. La novela llega a su clímax con la descripción del asesinato de las tres hermanas Mirabal, acaecido el 25 de Noviembre de 1960, faltando tan sólo unos meses para el derrocamiento de Trujillo. 49. El peruano presentó el libro en Santo Domingo en el mismo hotel en el que se alojaba Urania: Hotel Jaragua, donde también él mismo se hospedaba siempre que visitaba la isla. Este hotel también fue escenario de muchas de las sonadas “fiestas” de Trujillo. 50. ¿Por qué? Vázquez Montalbán cae en la trampa de los clichés que han perpetuado en Occidente las relaciones de género construidas sobre la base del poder de “lo masculino” (la razón, la fuerza) en detrimento de “lo femenino” (la sensibilidad, la debilidad). 51. En “Entrevista a Manuel Vázquez Montalbán...” op. cit., pág. 76. 52. Ibíd., pág. 79. 53. F. Valerio-Holguín, “En el tiempo de las mariposas de Julia Álvarez: una reinterpretación de la historia” en Chasqui: revista de literatura latinoamericana ,no.27-1, 1998, pág. 94. 54. Ibíd. Esto entronca también con las ideas expresadas por Doris Sommer que describe una sociedad dominicana patriarcal y populista que está íntimamente vinculada a la tierra; en One Master for Another. Populism as Patriarcal Rhetoric in Dominican Novels, New York, University Press of America, 1983. 55. R. Berroa, “Recordar para vivir: historia, alegoría y dialéctica en la crónica de Pedro Mir”, op. cit., pág. 47. 56. “The novels of the ‘Trujillato’ present a masculinism/nationalism revisited, revolutionary in intent but suspiciously familiar and patriarcal in content and form.” C. Bados Ciria, “In the Time of Butterflies, by Julia Álvarez History, Fiction, Testimonio and the Dominican Republic” en Monographic Review, no. 13,1997, pág. 407. Mi traducción al español. 57. F. Valerio-Holguín, “En el tiempo de las mariposas...”, op. cit., pág. 93. 58. Pero hay que poner el énfasis en que el arte masculino del trujillato es un arte realista por excelencia. La afición por el realismo entre los escritores y lectores dominicanos se pone en evidencia en las múltiples obras escritas sobre el trujillato. Julia Álvarez se apodera de este realismo en su obra y así intenta transgredir el coto cerrado de los escritores dominicanos. 59. Cfr. F. Valerio-Holguín, “ En el tiempo de las mariposas...”, op. cit., pág. 94. 60. “Vinimos por nuestra menstruación –empecé a decir, mirando la pared para detectar el micrófono...Hasta que pregunté en forma metafórica: –¿Habrá quedado alguna actividad en nuestras viejas células?– Quedan unas pocas vivas, claro. Pero lo más importante es que están surgiendo otras nuevas. Deben dar un descanso a su cuerpo. Verán que la actividad menstrual vuelve a comenzar el año próximo” (En el tiempo de las mariposas, pág. 265). 61. Esto, a su vez, nos recuerda a una escena de Pedro Páramo: Dolores Preciado menstruará el día de su noche de boda, impidiéndole mantener relaciones sexuales con el también patriarca Pedro Páramo. La mujer responde a la violencia, se enfrenta a ella, con su sangre. ANA GALLEGO CUIÑAS228 62. Vargas Llosa quería que la protagonista fuera un personaje femenino porque la dictadura de Trujillo fue especialmente cruel con las féminas. Urania se convierte así en el símbolo de lo que fue la mujer durante el régimen. 63. Minerva y Urania por tanto, comparten ese acervo grecolatino. 64. R. Forgues, Mario Vargas Llosa: escritor, político y ciudadano, Perú, 2001. 65. E. Kristal., “La fiesta del Chivo” en Mester, 29, 2000, pág. 192. 66. F. Geweeke, op. cit., pág. 156. BIBLIOGRAFÍA: Danticat, Edwidge. Cosecha de huesos, [1998] Barcelona, Lumen, 2000. Gallego Cuiñas, Ana. Trujillo: el fantasma y sus escritores. Historia de la novela del trujillato, Éditions Mare & Martin, París, 2006. Goñi, Javier. “Espejo de la crítica: Galíndez” en Quimera: Revista de literatura, Barcelona, 1991. Menton, Seymour. La Nueva Novela Histórica de la América Latina 1979-1992, México, Fondo de Cultura Económica, 1993. Pulgarín, Amalia. Metaficción historiográfica: la novela histórica en la narrativa hispánica moderna, Madrid, Espiral Hispanoamericana, 1995. Reis, Carlos. Fundamentos y técnicas del análisis literario, Madrid, Gredos, 1989. Vázquez Montalbán, Manuel: Galíndez, Barcelona, Seix Barral, 1990.