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"A ciegas", de Jesús Campos, o la controvertida singularidad

Pérez Jiménez, Manuel

Abstract

Estudio de la pieza "A ciegas" (1997), del dramaturgo español contemporáneo Jesús Campos, en cuya representación se produce (de acuerdo con la previsión creadora y textual del autor) la eliminación absoluta de los signos visuales, deparando un especial modo de comunicación con el espectador. El carácter decididamente experimental derivado de la distorsión perceptiva a la que es sometido el receptor aparece reforzado, en esta obra de post-vanguardia, por una indudable complejidad temática y conceptual, fundada en una eficaz forma de descoyuntamiento que afecta fundamentalmente a la filiación genérica de la pieza.

Full text

Manuel Pé ez Jiménez 1 A ciegas, de Jesús Campos, o la con o e ida singula idad Manuel Pé ez Jiménez Uni e sidad de Alcalá In e oga se ace ca del ca ác e insóli o de un espec áculo como A ciegas esul a, cuando menos, p oblemá ico si se conside a el amplio y despejado ho izon e que, en cuan o a la capacidad de so p ende los hábi os pe cep i os del se humano, ca ac e iza a es e nues o inal de milenio. La decidida adicalidad que, en un p ime ni el de ace camien o al lenguaje escénico pues o en juego po Jesús Campos, implica la eliminación absolu a de los signos isuales, cons i uye, a nues o en ende , solamen e el medio, pe o no el in, del especial modo de comunicación con el espec ado con enido en A ciegas. Hay un más allá, cuasi ilosó ico de an consus ancial a la p opia esc i u a de la pieza, que con ie e a és a en uno de los p oduc os ea ales más des acables del año de su es eno. A ciegas es, an e odo, ob a de pa adójica uni ocidad, es igma izada po la con adic o ia en idad de un iempo que ela i iza las esencias y conjuga los e bos di e enciado es en el in e io de las nebulosas uni o mado as en que se deslíen las ideologías, los c edos exis enciales y los códigos es é icos del se humano ac ual. Es a sin igual uen e comunicado a a i ma cuan o niega y cues iona cuan o a i ma: al p opio au o y a su an e io ob a, a la adición ea al y a la expe imen alidad, a la angua dia y al sabe escénico, a la poé ica ea al y a las o mas más elemen ales del an i ea o. Pensamos que la po encia escénica que b o a de la p esen ida con emplación de la acción d amá ica de A ciegas p ocede di ec amen e de la dis o sión pe cep i a que el espec áculo impone a la sensibilidad del espec ado . 1 No se a a de aquella iolencia (en el ondo, epidé mica) que eje ce sob e el ecep o oda p i ación que és e expe imen e en el conjun o gene al de las sensaciones gene adas po sus sen idos. La eliminación de los signos isuales cons i uye, po encima de odo, un mecanismo desencadenan e del juego, 1 “Los espec ado es, como se apun a desde el í ulo, se han sen ido pe didos, a ciegas, an a la de i a como mues a la ábula que camina la humanidad, desampa ados, con un desampa o que, en úl ima ins ancia, e a el que Jesús Campos p e endía hace nos sen i ” (C is ina San ola ia, “In oducción” a Jesús Campos Ga cía, A ciegas, Uni e sidad de Mu cia, 1997, pág. 31). Manuel Pé ez Jiménez 2 incon enible y ambiguo, de adi inaciones y a icinios sob e los que a anza la anécdo a de la pieza. Nunca como aho a la p og esión d amá ica se asen ó an o en p esagios y ec i icaciones, en p uebas de ensayo y e o , en anhelan es y gozosas búsquedas pa a ecompone las pa es de un mecanismo que, cual piezas de a ios ompecabezas combinados, pa ecen inse as en líneas y planos muy di e en es en e sí. A la imposible lógica del núcleo na a i o inmedia o, susci ado a de eacciones anímicas que an de la so p esa al humo , se supe ponen los e azos in o ma i os que e ocan, más que desc iben, el ambien e ex e io deposi a io, a su ez, de una acción de supe io es dimensiones, en la que inclemencias y ba allas hil anan un apiz apocalíp ico donde ya esuenan los ecos de una agonía que p on o esul a á cósmica. La sabia adminis ación de si uaciones, 2 en el sen ido semió ico del é mino, con inúa an implacable cuan o dis o sionado a a lo la go de oda la ob a, de mane a que el colo ón, subyugan e y u bado a la ez, no hace sino añadi dosis de pasmo a la capacidad in e p e a i a de un espec ado que se había sen ido du an e oda la ep esen ación a eba ado has a el pe il pla eado e inquie an e del pa icula uni e so imagina io que Jesús Campos había ido cons uyendo pa a él. Al espec ado de hoy, di ícilmen e asequible a la so p esa (menos aún, senso ial) de un momen o cul u al y ecnológico en el que lo i ual supe a a lo eal y lo eal a lo imaginado, pod á quizá no so p ende le la iniebla ísica que lo en uel e y lo unde con el espacio escénico, pe o se sien e sacudido po el i a y a loja concep ual que, al ampa o de la oscu idad einan e, le p oduce de con inuo la apa en e dis unción comunica i a que ansmi e la acción d amá ica de la pieza. A ciegas eco e, de es e modo y a la gos ancos, la senda o uosa que busca on la mayo pa e de las p opues as expe imen ales de los úl imos decenios: la in eg ación del espec ado en el espacio escénico, la usión e ec i a (po cuan o pe cep i a) en e escena io y sala, en e público y ac o es. La ob a de Campos mues a de mane a ehacien e la e icacia igualado a de los signos audi i os, capaces de bo a (sin la g á ida p esencia de lo isual) las on e as en e subespacios escénicos que, pese a odo, se habían man enido di e enciados, cuando no dis an es, a lo la go de la his o ia ecien e del ea o. De mane a simul ánea, la indudable complejidad emá ica y concep ual que A ciegas ansmi e apa ece undada en o a sue e de descoyun amien o que, aho a, a ec a undamen almen e a la iliación gené ica de la pieza. El abanico de eacciones, palpables en la sala, que el público expe imen a du an e la ep esen ación in o ma de mane a elocuen e ace ca de la peculia in e p e ación de la adición de los géne os ea ales que p ac ica la esc i u a de Jesús Campos. 3 Si el a gumen o a anza en uel o en los más pe eg inos opajes de una na a i idad absu da, el conjun o de las si uaciones que a iculan la acción d amá ica a a iesa de mane a anca los espacios de la ab umado a agedia esca ológica y de la 2 “Campos ha dosi icado con g an maes ía la ma e ia d amá ica de modo que las so p esas y el desengaño se al e nan. Poco a poco, los pe sonajes desmigajan pa e de la ealidad, pe o lo hacen de una o ma dosi icada.” (Ídem, pág. 26). 3 C is ina San ola ia señala cómo la es é ica de A ciegas “es una amalgama de géne os de nues a his o ia escénica” (op. ci ., pág. 41). Manuel Pé ez Jiménez 3 amable comedia amilia , los del dis o sionado dispa a e adicional y los del i eden o d ama su ealis a, los del p o undo ea o de ideas y -se ha insis ido en ello- los del alegó ico au o sac amen al. Se halla en es a ob a, pleno de ue za y uel o al esplendo de una ida c ea i a comple amen e ecupe ada, el Jesús Campos que amaga y da, el que cons uye con igo el de alle minucioso y el que se in e oga -in e ogándonos- ace ca del sen ido de la exis encia, el que edi ica su c ia u a es é ica sob e los modos, ag adables y pulc os, de la ob a bien hecha y el que in e io iza pa a ex ae , de los asgos p ecisos de sus pe sonajes, los escoldos calien es y olá iles de una e lexión que sub ie e el apa en e p opósi o inicial de la pieza. Hay un mucho de ondo ea al en A ciegas, como hay ambién no poco de na u aleza escénica. Campos do a a la ob a de un o ma o ac ual, plenamen e mode no, cuya en idad eposa sob e los elemen os, al ez, más ap eciados en el ea o de nues os años: 4 unos pocos pe sonajes que sopo an los mecanismos del con lic o, una especial ele ancia de la co po alidad (aquí p esen ida, hecha oz) como puen e esencial de la elación con el espec ado y una impo ancia des acada de los elemen os ma e iales de la pues a en escena, en e los que sob esale, en es e caso, la concepción de un espacio que, po su misma condición de eneb oso, apa ece (en el ex o edi ado) desc i o po el au o con una minuciosidad 5 que in o ma de mane a elocuen e ace ca de la unción que és e le o o ga. Resul a p eciso in e oga se, a en u a si acaso, ace ca de la ubicación de A ciegas en el pe iplo, apasionan e y a o men ado, que desc ibe la e olución del ea o con empo áneo. También aquí opamos con la pa adoja, es a ez en o ma de apa en emen e incomp ensible e o no a un o igen del que, sin emba go, se ex ae la p opia opción de p og eso. El ea o, en e ec o, de los años no en a apa ece si uado en una posición de asimilación de los hallazgos del pasado inmedia o, de esuel a inco po ación de unos es ilos ea ales cons uidos a a o de ese cauce de expe imen alidad i enunciable que cons i uyó la angua dia ea al de los años sesen a. El p ecio, es bien sabido, que hubo de paga la escena po el descub imien o pleno de odas sus posibilidades exp esi as ue an al o, que el ac o y el espacio pa ecie on pode hace se isibles sólo cuando cesó la u bamul a del sonido a iculado. Y, si bien es cie o que, en los años pos e io es, la palab a pudo se conjugada con el es o de los códigos ea ales, nunca lo hizo en é minos an o undamen e iun an es como los que le p opo ciona es a ob a en la que, con e ec o con a io, la ocul ación de la isualidad ac úa como elemen o susci ado de una e balidad cuyo pode e ocado esul a edescubie o en A ciegas. Al pu o habla de los ac o es se le encomienda, no sólo la absolu a esponsabilidad na a i a, sino ambién la ca ac e ización comple a de los pe sonajes y la c eación de un espacio que, aunque p eciso, apa ece co po eizado casi únicamen e (con la ines imable ayuda de unos e ec os sono os excelen es) po medio de las oces y de su luc uan e p ocedencia. Jesús Campos empieza, en es a ob a, 4 Véase nues o “P ólogo” a Jesús Campos Ga cía, T iple sal o mo al con pi ue a, Delegación de Cul u a del Ayun amien o de Alco cón, 1997. 5 Véanse las páginas 46-49 de la ci ada edición de A ciegas . Manuel Pé ez Jiménez 4 allá donde acabó la i anía de una adición llamada a desapa ece bajo los emba es angua dis as, pa a, desde esa posición, demos a la lección de p og eso que es os úl imos hicie on posible. 6 Se a a, en de ini i a, de una cu iosa y signi ica i a mane a de eg esa a los o ígenes, de e o ce la angua dia sob e sí misma, de lle a la expe imen ación -sin que és a cese po ello- al eencuen o con la ase que le había p ecedido. Pa iendo de la misma ma e ia sígnica (y asen ándose en ella) con a la que ealizó su e olución la angua dia, la especial con igu ación de A ciegas po encia dicha ma e ia y, al hace lo, se di ige i emediablemen e hacia su cues ionamien o. Es a sín esis de opues os, an que ida po nues as pos ime ías de milenio y an econocida po los de enso es de la posmode nidad, se p esen a a a és de la ob a de Jesús Campos como el único, al ez, camino cohe en e pa a una expe imen ación que, en el ea o de nues os días, apa ece condicionada p ecisamen e po la misma ue za de los log os que la p ecedie on. 6 “Pa a Jesús Campos, ‘c ea es ansg edi ’, ompe con unos lenguajes es é icos asimilados y engullidos po los di e en es pode es sociales y, po lo an o, inac i os e inope an es pa a en en a se a ellos.”(C is ina San ola ia, op. ci ., pág. 11).