Reflexiones en torno al "sunamitismo"
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REFLEXIONES EN TORNO AL "SUNAMITISMO"
POR
CpNCEPCIÓN GONZALO RUBIO
A mi pad e, que me ha enseñado el camino
de la e e na ju en ud.
LA p eocupación del homb e po el homb e ha sido la ía
po la que ha discu ido la más noble gene osidad. De
hecho, y desde un pun o de is a ca ólico, es la p axis del p in
cipio e angélico "amaos los unos a. los o os". Pe o al pasa esa
p eocupación del plano no ma i o eligioso al cumplimien o
social egido po impe a i os sociológicos en los que mandan la
écnica y la economía, el homb e y su des ino i al se han des
pe soni icado en g an medida.
Es amos en la época en la que el cien icismo a a de en
con a la causa de odos los e ec os, explica odos los po qués,
y así su gen cada día y en odas las amas del sabe nue as cla
si icaciones de los enómenos y de las cosas. Es e quehace , o
gullo de nues a b illan e época, cuando se p oyec a al es udio
del homb e, aca. ea una p oblemá ica no bien es imada.
El sociólogo, el médico, el biólogo al es udia al homb e
lo clasi ica. Pe o al clasi ica lo, di e encia lo y ag upa lo ha
a en ado ya con a el p incipal de echo humano, que es la
indi idualidad.
Si las in ini as clasi icaciones que se hacen de los hom
b es según su aza, sexo, es ado ísico, e c., sólo u ie an un a·
lo exposi i o, se ían e dades absolu as y como ales, no discu-
I70 HOMENAJE A D. DAVID GONZALO J', AESO
ibies. Desg aciadamen e odas esas clasi icaciones conlle an
inhe en emen e una cuali icación del g upo y con ello una di
námica, un ac ua pe se y una espues a social.
Señala el P o eso Lla e o ' que "la ida del homb e cu
sa como un con inuum más o menos acciden ado o sal a o io,
y cuya cu a pe mi e, en buena sis emá ica, mu a is mu andi,
deslinda , empí icamen e, cua o e apas p incipales: emp a
na, media, penúl ima o e ce a edad y úl ima, odas ellas con
pa icula idades di e sas, muy indi idualizadas". Noso os, en
el p esen e abajo, amos a ija nos en es a e ce a edad, po
la que ac ualmen e e is as, lib os, incluso p og amas de los
ecien es pa idos polí icos su gidos en España mues an una
e iden e p eocupación que ompe lo que Simone de Beau oi
llama "conspi ación del silencio" en o no a la ejez.
El homb e adquie e conciencia del inicio de és a cuando
sien e cie a impo encia ísica o síquica an e ac os u ina ios
que no es achacable a en e medad. G á icamen e muchos p o
ec os dicen: "No é que me empezaba a hace iejo el día que
no pude subi las escale as de mi casa de dos en dos peldaños,
y eso ue hace ocho, diez, quince años". Legal, labo al o admi
nis a i amen e le cali ican como al po el me o hecho de al
canza una edad de e minada. Y sen imen al o a ec i amen e
le hacen iejo cuando se con ie e en un obje o que la amilia
iene que cuida o del que anquilamen e se desp ende po que
se con i ió en un es o bo.
Según es o, y siguiendo las clasi icaciones en uso, eco
da emos los dos g upos de iejos que suelen es a.blece se. A) Pe
sonas que se sien en iejas, que p esen an una senec ud acele
ada y p ecoz debida a di e en es causas biogené icas y psico
espi i uales. B) Pe sonas a las que la sociedad cali ica como
ales, jubilados y pensionis as, que pueden e se so p endidos
po al denominación p ecisamen e cuando se encuen an en la
pleni ud de sus posibilidades.
La his o ia con empo ánea abunda en ejemplos ilus a-
1 Con . Lla e o, El homb e y sus cua o edades, en Monog a ías Médicas.
J Cong eso Nacional de Ge on o-Psiquia ía P e en i a, pág. 14 ed. Liade. M
d id 1972.
HOMENAJE A D. DAVID GONZALO MAESO IJI
i os de es e úl imo caso. Nos dice Simone de Beau oi 2 que
"la íeillesse de Goya a é é non seulemen une ascension e s
une pe ec ion de plus en plus g ande, mais un cons an enou
ellemen ". Ci a a Picasso, Pablo Casals, Be and Russell o
Juan XXIII se ía casi ópico. Los indi iduos componen es de
es e segundo g upo, co ados adicalmen e de su ac i idad o
cacional se en desajus ados, a ec ados po una especie de a
cío exis encial de pésimas consecuencias pa a nues a sociedad.
Es o pone de mani ies o la p oblemá ica ci ada an e io men e
que supone el segui en una ciencia sociobiológica las pau as
que ma ca una clasi icación que, al se ag upa i a, ol ide al in
di iduo como al. Po ello aplicamos an e la apa ición del nue
o concep o de edad uncional que es ima en el indi iduo no
simplemen e su edad biológica, sino "su capacidad eal pa a
da espues as ú iles y e ec i as a los p oblemas de su iempo" 3.
Si ya Demóc i o de inía la salud como la a monía de o
das las elaciones humanas con el ambien e, ¿cómo pod emos·
sal agua da ese bien ines imable, si al homb e que se sien e
ya iejo se le exige lo mismo que al madu o, y al madu o "no
iejo", que sob epasó la edad eglamen a ia pa a el desa ollo
de su ac i idad, le seg egamos al pasi o papel de jubilado? Y
es más, dicha seg egación no se limi a al simple cese de ac i i
dad. Nues a sociedad ac ual, egida po impe a i os de p oduc
ción-consumo, se desp eocupa de es os se es poco in e esan es,
económicamen e ha.blando, y las soluciones que se lle an a ca
bo, c eaciones de asilos, ciudades de ancianos, casas de e i o,
·e c., lejos de esol e el p oblema del aislamien o, ienen a c ea
una especie de ghe o en o no a ellos. Si la O.M.S. es ima que
la salud es el es ado no sólo de ausencia de en e medades, sino
de bienes a ísico, men al y social, con el p ocede de la socie
dad en sus ecni icadas no mas, al iejo a a de o ece le, en
el mejo de los casos, una ida ma e ial ag adable (que la ma
yo ía de las eces no consigue), pe o le aniquila men al y so
cialmen e.
* * *
2 S. de Beau oi , La ieillesse. Gallima d, Pa ís, 1970 (pág. 430).
3 G. Elo iaga, La edad uncional, en T ibuna Médica, n° 714 (24-VI-1977).
172 HOMENAJE A D. DAVID GONZALO MAESO
En cie a ocasión, hojeando uno de an os abajos de ge
ocul u a y ge ia ía que pasan po mis manos, po mi condi
ción de "médico-conso e", me llamó la a ención una especie de
neologismo que, como an igua alumna de semí icas, no pude
pasa po al o. El au o p oponía la denominación de suna ní
i: no pa a de ini un hecho que nues a ci ilización es á ol
idando: que los iejos necesi an la compañía de los jó enes.
Veamos el o igen del é mino en su p opia uen e.
En los cua o e sículos que encabezan el p ime lib o
de los Reyes leemos ":"E a ya iejo el ey Da id, en ado en
años, y po más que le cub ían con opas, no podía en a en
calo . Dijé onle en onces sus se ido es: "Que busquen pa a mi
seño , el ey, una jo en i gen que le cuide y le si a; du mien
do en su seno, el ey, mi seño , en a á en calo ''. Busca on po
oda la ie a de Is ael una jo en he mosa, y halla on a Abi
sag, sunami a, y la aje on al ey. E a es a jo en muy he mosa
y cuidaba al ey y le se ía, pe o el ey no la conoció." Como
comen a io a es os e sículos, el P. Rod íguez Mole o s o mula
las siguien es obse aciones: "Da id enía ya se en a años. Su
p ema u a senilidad se explica po las muchas gue as y p eo
cupaciones domés icas que inquie a on su ida. Hacía ya algún
iempo que gua. daba cama, y las opas no le calen aban, apa
e de do mi es ido, según el uso o ien al. Los se idO es son
los minis os o los médicos ... El emedio de ae le una jo encí
a como en e me a y esposa e a usual en la an igüedad: lo p es
c ibe Galeno (Me hodus nedilcus, X, 7, 7), y Keil ci a un caso se
mejan e con Fede ico Ba ba oja. En la medicina an igua se
llamaba "ge oboskía" o "ge okomia" (=cuidado del ancianO).
Sunam, hoy Sulam, e a una pequeña aldea, en e a Gelboé,
en la pa e o ien al de la llanu a de Esd elón, en el dis i o de
Isaca . Algunos iden i ican a Abisag con la Sulami a del Can·
a . Abisag se edujo al papel de en e me a; el ey no la cono
·Ció ín imamen e po su debilidad senil. De de echo e a concu-
< Sag ada Biblia, B.A.e., Mad id, 1964, pág. 337.
s F ancisco X. Rod íguez Mole o, S. L La Sda. Esc i u a, Tex o y comen
. a io, B.A.e., Mad id, 1968, pp. 539-540.
HOMENAJE A D. DAVID GONZALO MAESO
bina eal. El núme o de muje es de Da id ue 18: 8 esposas y
1 O concubinas".
P escindiendo de las in e p e aciones alegó icas 6 que se
han o mulado en o no al pasaje, hay un hecho e iden e: que
el pueblo judío, que an o espe ó a la ejez, lejos de aisla al
ey anciano, le p ocu ó compañía jo en, conside ando, sin duda,
que e a el emedio más ace ado pa a el declina de una pe
sonalidad glo iosa.
Podemos encon a ambién, en la igu a de Cice ón, un
en usias a pa ida io del sunami ismo cuando exclama 7: "Pues
así como los ancianos sabios se delei an con los jó enes do ados
de buena índole, y el espe o y amo que la ju en ud les gua da
les hace más lle ade os los años, así ambién los mozos gus an
de las enseñanzas de los iejos, que los encaminan a la p ác ica
de las i udes". Y más lejos añade 8: "¿Qué cosa hay, en e ec o,
más ag adable que una ejez odeada de una ju en ud a anosa.
de ap ende "?
Es e iden e que pa a consegui el equilib io emocional y
e i a el de e io o ísico de los ancianos no se les puede a in
cona ni aisla en pe manen e con i encia con o os iejos, pues
es o les empuja. a la apa ía, negligencia, desaseo e i i abilidad.
El limpio se con ie e en sucio, el amable en hu año, el con iado
6 San Je ónimo se esis e a aplica a es e pasaje un sen ido me amen e
li e al, y busca una in e p e ación alegó ica, espi i ual, en su ca a a Nepociano,
p esbí e o (n° 5 de la edic. de la B.A. C., ad. de D. Ruiz Bueno). "¿No e pa
ece -le dice- que, de segui aquí la le a, que ma a, end íamos el a gumen o
de un mimo o una a sa a elana? El iejo helado se en uel e en opas y, si no
es con los ab azos de una moza, ¡no log a en a en calo ! . . . Pues ¿quién es es a
Sunami a, casada y doncella, an a dien e que podía calen a al ío, an san a
que no p o oca a la pasión del ya calien e? Explíquenos el sapien ísimo Salomón
los egalos de su pad e, y el que ue ey pací ico cuén enos los ab azos del a ón
gue e o: "Posee la sabidu ía, posee la in eligencia... N o la abandones y ella e
asi á; ámala y ella e gua da á. P incipio de la sabidu ía: Posee la sabidu ía y,
a odo ance, adquie e la in eligencia. Rodéala y e exal a á; hón ala y e ab a
za á, pa a que dé a u cabeza co ona de g acias y una co ona de delei es e p o
eja" (P o 4 5•9).
7 Cice ón, M. Tulio, De la ejez. Tex o, ad. o d. y e s. de E. Valen
ín Fiol. Bosch. Ba celona (pág. 57; VIII, 26).
3 Id., pág. 57, IX, 28.
174 HOMENAJE A D. DAVID GONZALO MAESO
en en idioso, el gene oso en egoís a. De ahí que en di e sos
cen os c eados en Es ocolmo, Viena, e c., se es én in en ando
expe iencias que pod íamos ag upa bajo el denominado co
mún de sunami ismo: Pa a impedi que la edad de los hués
pedes uncione como elemen o ma ginan e, se albe gan al
mismo iempo en dichos cen os di e sos ipos de ciudadanos,
es udian es, ob e os, e c.
Cu iosa esul a ambién la solución dada en Hung ía a
la soledad de los ancianos. Cuando es os poseen una i ienda
amplia, pueden es ablece un con a o con pa ejas jó enes que
no la engan, las cuales se ocupa án del p opie a io a cambio de
dispone de pa e del alojamien o 9,
En F ancia, en la Maison de Jeunes e de la Cul u e de
Me z-Woippy, se han o ganizado po p ime a ez euniones con
ancianos que ue on el pun o de o igen de la c eación del Club
de la e ce a edad.
Po úl imo, y en un e eno di e en e, el de la ac i idad
p o esional, me in e esa eco da la idea lanzada po Sau y
de las "je a quías pa alelas". Los ca gos di ec i os, que equie
en g an esis encia ísica. y síquica, se ían cedidos a los jó e
nes; pe o pa alelamen e se c ea ían pues os de conseje os, ad
minis ado es, e c., que se ían dedicados a. los cuad os supe
io es que sob epasa an los sesen a años. Con la aplicación de
'es a ó mula se auna ían muy posi i amen e la expe iencia
de los unos y la mayo esis encia de los o os o.
Si el homb e se ealiza en su abajo y en su unción
social, la pe sona que alcanza la e ce a edad ha de segui ese
camino.
Escuchando a un iejo se consigue en él la ex ao dina
ia ans o mación del eju enecimien o, a la pa de que, quien
escucha ecibe la insupe able lección de la expe iencia. Sólo con
pone le en compañía de jó enes, sus hábi os de aseo, limpieza,
e c., se conse an e incluso se aumen an. Haciéndole e y sen-
9 S. de Beau oi , op. ci ., pág. 595.
o Con . Paul Pailla , Sociología de la ejez, col. Que sais-je?, en cas ell.
·edic. Oikos- au. Ba celona.
HOMENAJE '-D. DAViD GONZALO MAESO 175
i que sigue pe eneciendo a la socidad y que és a no le seg e
ga á jamás, se sen i á con iado, op imis a y gene oso.
Si el sunami ismo se impusie a como p ác ica, casando a
las edades, el homb e alcanza ía el esplendo de la con i encia
y se llega ía al pe ec o es ado de salud social al conse a se la
a monía de odas las elaciones humanas. Demos al iejo las
posibilidades que al jo en; o ezcámosle ayuda cuando la ne
cesi e; pe o no le qui emos su alo y po encia social po que le
necesi amos, y elega lo a la pasi idad es nega nos a noso os
mismos, que somos lo que ellos con su es ue zo log a on de no
so os.