El ritual funerario y el conflicto social. Aproximaciones teóricas
Abstract
Se discute el rol del ritual funerario en la justificación y exhibición de la jerarquización social durante la Prehistoria Reciente en Andalucía. Se presta especial atención a la relación entre el rol de los monumentos en el control del territorio y las formas de apropiación de éste.
Full text
EL RITUAL FUNERARIO Y EL CONFLICTO SOCIAL Aproximaciones teóricas Memoria de Licenciatura presentada por Juan Antonio Cámara Serrano, bajo la dirección de Fernando Molina González. Universidad de Granada, 1994
A Julia Rísquez, que ya sólo está en nuestros recuerdos. A Torredonjimeno, siempre en rojo.
HEROES DE LA PLAZA DEL MERCADO Separaban los pies pero no sabían si debían correr, el dinero les ataba la voluntad como la voz los paraba, y dejaban sus vidas a la ruleta de la forma, al juego de la escasez, y del poder, y la palabra... Y cómo dejar en la huelga la piel y el futuro, arrastrando las almas de los que esperan medrar, volar en las alas del fuego social y esperar; y me pregunto si saben que arrodillarse ante el enemigo es abrir las páginas de una revista de salmos y esperar no morir, aprender a andar sin dejar el suelo..., arrastrarse como nunca... Y me pregunto si piensan en los mártires o sólo devoran sus raciones de hambre... Suspiraban los héroes en la plaza del mercado viendo las compras y las ventas, las nubes y las hojas, y dejaban sus vidas en el campo del honor, en el plano del camino recto y del sudor del orgullo. Mas cómo vencer ese triste miedo que los atenaza, emprendiendo el destino que nos quieren robar, llevar a los labios dos veces la traición y llorar; por eso pregunto que harán mañana con el dolor de la lucha en las calles de la ciudad, si devoramos el mercado que creen los alimenta. Y me pregunto que harán si sus hijos les roban el pan, porque mueren sin causa según sus amos y viven sin premio porque les dicen no lo merecen... Y me pregunto si me escuchan cuando escribo de amor, si atienden mis súplicas frente a sus celdas, y si cogen las armas cuando sueñan la luz; si la sangre les llama aunque derramen la propia y sin dudar vuelven los ojos al futuro que dibujan en papeles como éstos, puestos a secar en el tiempo. Y si esperaban crecer antes de dejar sus raíces, si van a afrontar cambios de planes en la madrugada, el trueque de sus nombres cuando en el frío aprendan a gritar y a correr, arrastrando a su lado la ilusión, al juego de los dobles y al canto de los cisnes. Y cómo olvidar en el caos los ojos de los padres devorando cada hora las migajas del dolor, vivir cada verso aprendiendo sus secretos, y creer, aprender a luchar dejando las cadenas en la casa... Y, sin embargo, estrujando esta noche como la última,
veo sus ojos recorrer los caminos de la Historia, veo sus manos recoger las semillas en los campos quemados y empezar a vencer sólo empuñando las armas; y escribo de victorias que me llenan de paz, y cuento las hazañas de un espejo arrinconado, reteniendo los cantos de los que nunca hablaron; y escribo de victorias que tardan en llegar, cimiento entre las rejas rotas la libertad real, derritiendo la carne en la plaza del mercado, subiendo a los héroes a un libro que recito... Y me pregunto si son capaces de vivir pero estoy seguro que se aferran al cuchillo, que no quieren dormir su último suspiro, y escribo de batallas que he decidido, y espero las victorias con un alma en la mano, convirtiéndome en un héroe contra el mercado, desfilando en las cumbres que sé que alcanzaré, clavando las uñas en un rincón de tierra, con las cejas prietas y un mendrugo en el bolsillo, esperando la luz con la linterna en el abrigo; porque no quiero dormir para siempre. Granada/Torredonjimeno del 14 al 26 de Julio de 1994.
INDICE Págs. PRESENTACION 1 1. PROBLEMAS DE ESCALA Y TERMINOLOGIA 5 Introducción. Ciencia y política 5 A) Modo de producción y formación social 9 La producción. Las relaciones sociales 9 Los conflictos. Ideología y subversión 16 Clase y conciencia de clase 16 Ideología de continuidad: Historia, mito y rito 18 Dominio y resistencia
26 Estado y falacias 28 B) Cultura y formación social 33 Definición de Cultura. Cultura y sociedad 33 Cultura material como totalidad. El hombre como realidad material 34 Relaciones sociales y acción. El papel del individuo 35 Naturaleza y Cultura 36 División e integración. Cultura mundial y subculturas 38 Cultura o grupo arqueológico. La escala en ciencia 44 Conclusión. Cultura e identidad. Aspiraciones y realidad social 48 2. LA SOCIEDAD Y EL TRATAMIENTO DE SUS DIFUNTOS 51 Introducción. La información extraíble de los fenómenos funerarios 51 A) Esfera funeraria y esfera doméstica. Algunas hipótesis sobre la utilización de la muerte y la vida: la significación social 55 El enterramiento como continuación de la vida social. Realidad
e invención 55 El enterramiento como enmascaramiento de las diferencias sociales 56 La muerte negada. La continuidad de la Naturaleza 56 La muerte como mejora. Resurrección y paraíso. El mundo copiado 57 Conclusiones. Igualdad y desigualdad. El poder y el miedo 60 B) Ritual funerario como comunicación. La historia de los estudios prehistóricos 61 El enterramiento como resultado de la producción y los inicios de la diferenciación social 62 El enterramiento como fenómeno ideológico y la afirmación del poder 76 Afirmación y crisis del sistema productivo. Legitimación y subversión 84 3. LA EVIDENCIA FUNERARIA Y SU PAPEL EN LA COMPRENSIÓN DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL PREHISTÓRICA. UN EJEMPLO
HIPOTÉTICO 87 A) Introducción. Tradición social y cambio 87 B) Los límites de la reproducción social 113 La presión interna y las armas del poder (religioso-militar). El establecimiento del sistema ideológico-parental 113 La presión interna y la promesa exterior. Conquistas y aceleración de la diferenciación. La adaptación del sistema ideológico 117 Crisis y revuelta 131 a) El fín de las garantías ideológicas 131 b) El nacimiento/auge de las alternativas 137 c) Imposición sintética de un nuevo sistema de poder 142 C) Conclusión: la ambivalencia de los elementos ideológicos 145 BIBLIOGRAFIA
147 INDICE DE FIGURAS 181
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 6 que nos permita comprender y conocer mejor el presente elaborando un nuevo proyecto de futuro (CARR, 1961; VILAR, 1980; FONTANA, 1982; LEONE, 1982; RUIZ y NOCETE, 1989; TILLEY, 1990) 3 . El conocimiento se establece en una dialéctica entre la teoría y el mundo que estudiamos (McGUIRE, 1992:6), que es independiente de nuestros sentidos (LENIN, 1909; McGUIRE, 1992:112). Nuestro propio contexto incide en la interpretación que hacemos sobre el registro arqueológico (HODDER, 1986, 1987, 1989; TILLEY, 1982, 1990; KRISTIANSEN, 1989a), al igual que influye en cualquier ciencia (HARVEY, 1977; BATE, 1982; GANDARA, 1982), por lo que es cierto, como señala Therborn (1980), que no se puede hacer una distinción entre ideología como falsa conciencia y ciencia como verdadero conocimiento de la realidad 4 . Se plantea entonces cómo caracterizar la verdad de tal forma que nuestros resultados no sean simplemente instrumentos utilitarios coyunturales sino una aproximación continua a la realidad (GANDARA, 1982) que, en el caso del conocimiento histórico, se oculta no sólo tras el paso de los años sino tras los propios fantasmas de nuestra sociedad, el poder y su réplica (TILLEY, 1990). De esta forma con cada nuevo salto cualitativo en la evolución social los avances científicos proporcionarían la base para un mejor conocimiento de la realidad, aunque también más armas para deformarla (BARTHES, 1956; McGUIRE, 1992). Se trata así de la superación de la alienación destruyendo las funciones de las formas objetificadas de la sociedad que ponen la esencia humana en contraposición con su existencia, sometiéndola al ser social 3 McGuire (1992:XV-XVI) al subestimar el papel de nuestra disciplina para el sostenimiento del poder también subestima la contribución que puede hacer a su transformación y la reduce a enseñar a la gente a pensar críticamente. 4 Hecho que parece desprenderse del análisis de Puente Ojea (1974), pese a reconocer que la ideología dominante es capaz de influir en todas las esferas y utilizar sus resultados.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 7 (LUKACS, 1968:29), privándola de sus verdaderas capacidades de futuro (HOBSBAWN, 1964). La verdad se concibe así como relativa al grado de desarrollo del conocimiento científico, en una aproximación dialéctica, constante, al conocimiento de la configuración del mundo (LENIN, 1909; CHATELET, 1962). Leone (1982) achaca a los presuntos "materialistas" el perder de vista la relación entre el presente y el pasado buscando un presunto objetivo cientifista, una neutralidad inexistente (HODDER, 1986, 1987, 1989; HARVEY, 1977; FONTANA, 1982; CARR, 1961). El lazo entre pasado y presente no es natural sino que implica significado e ideología, justificación o crítica del presente (FONTANA, 1982; TILLEY, 1990), escribiendo una Historia que no va ser emulada sino usada y reconociendo antes el papel de nuestra propia disciplica en la producción y reproducción actuales, como se dijo, de las relaciones capitalista. Sólo con el autoconocimiento del capitalismo se podrá poner éste en cuestión. En este sentido repetimos aquí que la explicación mejor del pasado será aquella que nos permita comprender y conocer mejor el presente (VILAR, 1980; FONTANA, 1982; RUIZ y NOCETE, 1989; TILLEY, 1990; McGUIRE, 1992), ya que en definitiva éste es el resultado de áquel, abriendo así las vías para transformarlo (VILAR, 1980; CARR, 1961; LEONE, 1982; FONTANA, 1982; TILLEY, 1990), ya que la ciencia debe tener por objeto ayudar al hombre en la comprensión y transformación de su medio ambiente (CARR, 1961) que es siempre social. Pese a la utilización interesada de nuestro pasado buscando justificar el presente nacional, la expansión colonial, la lucha por la independencia o la recuperación de una identidad de etnia social amenazada (SEEDEN, 1990; INGLIS y CURTIS, 1990; WILLETT, 1990; TRIGGER, 1980, 1982, 1989; ALCINA, 1989; KRISTIANSEN, 1984; RUIZ et al., 1986), la Historia se puede convertir en un magnífico instrumento de
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 8 emancipación social, en el más amplio sentido, desvelándonos los mecanismos por los cuales se estableció el orden social hoy vigente, lo que serviría para transformarlo transmitiendo al pueblo explotado, al pueblo que paga, las "verdades" de la Historia, los capítulos de la enajenación, gracias al hecho de que el mismo avance científico general, como condición y resultado del desarrollo histórico ha puesto las bases para la emancipación del hombre (LENIN, 1909; MARX, 1857-58; LUKACS, 1968), ya que no obstante las distorsiones y límites que los intereses de clase imponen a la actividad científica, toda formación ideológica ha tenido que satisfacer ciertas exigencias mínimas de coherencia y verificación; y estas exigencias han crecido a medida que el hombre ha ido dominando las fuerzas naturales y conociendo su legalidad propia (PUENTE OJEA, 1974:33); de forma que al desaparecer la alienación en la sociedad "sin clases" a la Ideología le quedará un mero papel de juicios de valor y aspiraciones del hombre pleno. Sólo así se producirá la concienciación necesaria no sólo para el respeto a los restos del pasado sino para usarlos, aprehenderlos, y construir a partir de su base un futuro mejor (FONTANA, 1982; PLATONOVA, 1990; MIKOLAJCZYK, 1990; LOWENTHAL, 1990), revelando para ello no sólo cómo controlar el paisaje actual, cómo aprovecharlo en la lucha social sin dejarse atrapar por él (LACOSTE, 1977) sino también las formas en qué se configuró éste, en qué medida se está transformando por la sociedad capitalista tanto en el caso del campo (CRIADO, 1991a) como de la ciudad (HARVEY, 1973), y sobre todo presentar al pueblo cómo moverse en el extraño paisaje del tiempo, de la utilización de éste por el poder público y privado, por los aparatos estatales y sus sistemas coercitivos (LENIN, 1917a). Los mecanismos ideológicos que actúan en todas las sociedades no sólo entorpecen la transmisión social de nuestros resultados, sino que también inciden en la
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 9 adquisición de éstos. En el caso de la Arqueología ni siquiera tras la delimitación correcta de los procesos que afectaron al registro arqueológico tras la deposición de los restos, y, en definitiva todos los procesos naturales-culturales que afectaron a la formación de un registro aqueológico inerte desde un contexto social vivo (SCHIFFER, 1976; SULLIVAN, 1978; RAMOS, 1986; RAMOS y RIESCO, 1983), podemos formular argumentaciones sólidas y definitivas sobre la formación social que les dio origen, ya que la Cultura como veremos no es un simple reflejo de ésta. Sólo es la conexión pasadopresente, el origen de nuestro mundo en el pasado, lo que permite reflexiones científicas sobre la sociedad siendo además esta relación la que justifica el interés social de nuestra disciplina. A) Modo de producción y formación social La producción. Las relaciones sociales En primer lugar hay que señalar que el trabajo humano modifica la Naturaleza a través de la Cultura (ENGELS, 1876; HOBSBAWN, 1964; CARANDINI, 1979; KRADER, 1972). La contraposición Naturaleza/Cultura es de origen idealista (SCARDUELLI, 1983), ya que a través del trabajo, condición básica y fundamental de la vida humana, se establece la comunicación básica, la conexión, de carácter productivo, entre los hombres, agrupados y divididos en la sociedad, y las condiciones objetivas o naturales para la producción, para su existencia misma como seres humanos. El sistema de relaciones que se establece es dialéctico y por tanto inestable, ya que cuanto más se alejan los hombres de los animales más adquiere su influencia sobre la Naturaleza el carácter de una acción intencional y planificada cuyo fín es lograr objetivos proyectados de antemano (ENGELS, 1876), de ahí que ese intercambio material entre el hombre y la Naturaleza no exista si no es dentro de relaciones sociales determinadas, concretas (CARANDINI, 1979).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 10 Aquellos que han pretendido restringir (McGUIRE, 1992; LUKACS, 1922) la aplicabilidad de la dialéctica al mundo social, a partir del hecho de la presunta separación radical entre sujeto y objeto, se han basado en una separación idealista de los dos mundos olvidando una serie de rasgos: en primer lugar el hombre no sólo modifica la Naturaleza desde el momento en que aparece sobre la Tierra sino que también es un resultado de la Naturaleza, un producto dialéctico de ella; en segundo lugar, como derivación de lo anterior y como repetiremos en estas páginas, las sociedades humanas no existen sin la transformación de la Naturaleza a través del trabajo (ENGELS, 1876) por lo que como reconoció Lukacs (1968:20-21) la eliminación de la Naturaleza del campo ocupado por la Dialéctica suponía la incapacidad de aprehender la base misma de la economía de las sociedades 5 , aquello que hay más allá de las apariencias autojustificativas, en suma una concesión al idealismo. Por último careceríamos de base de contrastación para enfrentarnos a la manipulación de los catos del mundo "natural" por parte de aquellas "teorías presuntamente asépticas" que se encargan de estudiar esos fenómenos físicos y de aplicar sus resultados "naturalmente" al orden social. La presunta separación muestra la profunda unión naturaleza-sociedad, los objetivos sociales que persigue el conocimiento de la primera. Siguiendo a Harvey (1977) habría que demandar la "socialización de la ciencia natural". De nuevo volvemos a la relación entre lo general y lo particular, una relación que en el plano teórico más general ha llevado a la diferenciación entre el modo de 5 Sin duda intenta Historia y conciencia de clase (Lukacs, 1922) comprender todos los fenómenos ideológicos por su base económica, pero la economía queda conceptualmente estrechada al eliminar de ella su fundamental categoría marxista, a saber, el trabajo en cuanto mediador del intercambio de la sociedad con la Naturaleza (...) La gran idea de Marx según la cual hasta la "producción misma no es más que el desarrollo de las fuerzas productivas humanas, o sea, el desarrollo de la riqueza de la Naturaleza como autofinalidad" se encuentra fuera del ámbito que era capaz de contemplar Historia y conciencia de clase (LUKACS, 1968:21).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 11 producción, categoría abstracta que se refiere a los diversos tipos de relaciones sociales puras existentes incluyendo en las sociedades clasistas mecanismos específicos de explotación, y las formaciones económico-sociales en las que esos tipos de relaciones se combinan en diversas formas (BALIBAR, 1973; ANDERSON, 1980). Incluso Hobsbawn ha señalado que las relaciones ("personales" en cierta medida) que se establecen entre los hombres son limitadas en número y redescubiertas a lo largo de la Historia (HOBSBAWM, 1964:70-71). Es por ello que como señala Lukacs (1922:67) el conocimiento de las relaciones sociales de producción concretas sólo es posible desde la totalidad social 6 . De esta forma, como señala Anderson (1980:71) el concepto modo de producción es también histórico, aunque abstracto, ya que las relaciones no se eternizan 7 . 6 No se puede dividir por tanto entre relaciones sociales de producción y relaciones sociales de apropiación u otras como pretenden p. ej. Gutelman (1977), Rigby (1987), y en el caso de la Arqueología del sur peninsular Sánchez (1993) y Aguayo et al., (1993), llegando estos últimos al extremo de hablar de relaciones de clase como una cosa diferente a las relaciones de producción, como si existieran esferas separadas de la producción. 7 Aunque en estas páginas no podemos profundizar en discusiones sobre la periodización histórica y sus relaciones con el cambio social real, sí creemos que debemos realizar una serie de reflexiones sobre la transición que, sin duda, como proceso histórico mejor o peor definido, tiene lugar en el seno de las formaciones sociales concretas (NOCETE, 1988:153); peo el problema es, dado el contexto general de esta Memoria de Licenciatura, establecer los límites temporales de una formación social (al igual que después discutiremos más en extenso sus límites espaciales), el momento en que podemos dar por acabado el proceso de transición, qué cambios son susceptibles de ser considerados trascendentes en términos históricos (CARR, 1961). No basta con señalar que se tratará de aquellos momentos en que se produzca un cambio en las relaciones sociales de producción dominantes, sino que muchas veces la simple variación relativa de éstas con respecto a alguna de las subordinadas supone un cambio trascedental. El mundo postfeudal europeo ilustra claramente varios de estos procesos de transición, y así a la pervivencia básica señor/siervo se unen, a partir de los siglos XIII y XIV, un énfasis mayor en determinadas formas de extraer la renta, un proceso de agudización de la centralización y el ascenso de relaciones de producción de tipo capitalista en algunas ciudades (en el artesanado y el comercio), procesos que se dan a diverso ritmo en diferentes zonas de Europa, en profunda conexión dialéctica como mostró Marx (1857-58), pero además esto no es comprensible sin el desarrollo de una nueva servidumbre en zonas que antes no la contemplaron en su expresión más acusada (este de Europa) y una descentralización creciente (ANDERSON, 1980), y el proceso de expansión europea que culminará algo más tarde en la colonización americana. Sin embargo éste no será el único momento de transformación previo a la introducción de las relaciones capitalistas como dominantes, y para la definición de las formaciones sociales
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 12 Estas relaciones sociales concretas modifican o mantienen la organización de la producción y determinan la dirección de sus resultados, los productos, la cultura material en definitiva, siendo evidente que el único determinante último, que no implica en modo alguno determinismo ni grosera generalidad, y que es condición básica de la vida humana, es garantizar la subsistencia del grupo, reproducir la vida inmediata (ENGELS, 1884). Es éste por contra el nivel al que suelen quedar los estudios funcionalistas cargados de reduccionismo biológico y economicismo (GODELIER, 1974; NOCETE, 1988). Al señalar, en contra de aquellas hipótesis que vinculaban el desarrollo social a la competencia en torno a recursos críticos, entre ellos la tierra, que los enfrentamientos se burguesas diversos procesos pueden referirse además de la consabida "primera Revolución Industrial", así la Guerra de Sucesión supone el fín de los intentos de hegemonía europea absolutistas (aunque el incipiente dominio burgués verá luego la expansión napoleónica), pero también la culminación de la homogeneización interna de algunos estados que formaron la base para las naciones burguesas (el Reino Unido con el Acta de Unión, España con los Decretos de Nueva Planta, etc.). Otras naciones-estados surgirán más tarde como resultado de estos procesos (Alemania, Italia, ...), a veces incluso antes de que se hiciera evidente el dominio de las relaciones de producción capitalistas en toda Europa. De esta forma la transición en las formaciones sociales supone cambios de diferente ritmo que obligarían a pensar, si adoptamos puntos de vista rígidos, en el caos en determinadas zonas de Europa mientras otras ya han alcanzado otro nivel de estabilidad, falacia estructuralista irreal como debe haber quedado claro. No son comprensibles unos estados sin los otros, unas formaciones sociales sin sus contemporáneas. Por ello en esta Memoria de Licenciatura al analizar la evolución social prehistórica del sur de la Península Ibérica se tratan formaciones sociales de diferente carácter, aun cuando a veces coinciden en el tiempo, buscando en qué medida su contacto incide en su continua transformación. De igual manera mi énfasis en la continua transformación social y la evolución puede recibir el estigma del teleologismo, mas no pretendo que la Historia esté predeterminada hacia ningún lado, aunque pienso aportar lo que pueda para dirigirla; lo que sí quiero dejar sentado es que no escribo un libro de Historia-ficción del tipo "que hubiera pasado si...", sino que trato de mostrar la evolución social tal y como parece que, a grandes rasgos, sucedió, y tratar de explicar las causas por lo que esas transformaciones tuvieron lugar.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 13 establecen en torno a la circulación de las mujeres por sus capacidades productivas y, sobre todo, reproductivas (LIZCANO et al., 1991-92), no pretendíamos sino destacar que, ya que los objetivos de toda lucha social son los resultados de la producción, su control y su gestión (STE. CROIX, 1981), el sistema empleado permitía a través del dominio directo sobre las personas, por medio del aparato ideológico y de la fuerza militar, en mayor o menor grado, extraer los resultados de su trabajo 8 . Por tanto lo importante no podía ser el control de la tierra sino el control de los productos, del trabajo del hombre (las mujeres primero y el trabajo futuro que garantizan) sobre ella a través de la aniquilación ideológica de los hombres mismos como entes individuales, hecho conseguido en bien de la "comunidad" y después de alguno de sus miembros, en principio tal vez temporalmente (infancia) pero, sin duda, abriendo negras expectativas de futuro. Para comprender la trascendencia de la "inversión" explicativa que pretendo hay que aceptar que la tierra no es en sí medio de producción, por lo que su apropiación simple no conduce a ningún resultado, sino que es una condición natural de la producción (GUTELMAN, 1977:20). Sólo se convierte en medio de producción por el trabajo 8 Podríamos decir quizá que la explotación empieza cuando el productor inmediato es obligado a ceder un excedente mediante un acto de vilencia (ya sea política, económica o social, y tanto si se lo percibe como tal acto de violencia como si no) (STE. CROIX, 1981:53), aunque también es fundamental la reproducción del proceso, la institucionalización de la exacción y, por tanto, el Estado, que acompaña siempre a la explotación.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 14 humano 9 y, por tanto, lo será a menor escala en las sociedades cazadoras-recolectoras 10 . Por ello el dominio efectivo sobre la tierra, sobre el paisaje, se ejerce sólo cuando las inversiones sobre éste son importantes, y no sólo para producir bienes muebles sino soportes ideológicos y militares. De todas formas en los primeros momentos de las sociedades de clase era más efectivo el control sobre las personas 11 , sobre todo cuando a 9 Las lecturas simplistas de Marx olvidan esta condición básica y desnudan los conceptos de todo valor explicativo. La tierra como condición natural del trabajo se define tanto en cuanto instrumento de trabajo originario, en cuanto laboratorio, como en cuanto depósito de materias primas, no a través del trabajo, sino presupuesto al trabajo (MARX, 1857-58:99). La propiedad (...) sólo se realiza mediante la producción misma. La apropiación real ocurre por primera vez no en la relación ideal, sino en la relación activa, en la relación real con estas condiciones, en la colocación real de las mismas en cuanto condiciones de su actividad subjetiva (MARX, 1857- 58:112). Ya nuestro compañero Afonso (1993) al analizar la producción lítica tuvo en cuenta en la práctica estas matizaciones al hablar de las materias primas, objeto del trabajo humano, y de condiciones objetivas de la producción antes de que tuviera lugar éste. 10 A no ser que pretendamos que en este tipo de sociedades la inversión en la tierra es tan importante que exige su control exhaustivo (y violento), las explicaciones de la jerarquización por competencia en torno a los terrenos agrícolas (HERNANDO, 1991, 1993) no se sostienen, ya que el control de la tierra productora de excedentes alienados sólo es posible desde la sedentarización y la agregación que multipliquen y aseguren la producción a largo plazo (y la renovación imprescindible de la fuerza de trabajo), por tanto la competencia por la tierra no puede ser causa de la agregación que es la única forma de dar origen a elementos que generen, en forma suficiente, esa competencia. La única forma de salir de la circularidad es suponer la conceptualización previa por parte de los grupos de la competencia que se iba a generar al ponerse en cultivo extensivamente las tierras y la necesidad de agregación para defenderlas, pero se olvidaría el papel de la fuerza de trabajo en la producción y se colocaría la conciencia humana en el punto central de la explicación, superando por sí misma las relaciones de producción que debían condicionarla. El idealismo habría vencido. Esto naturalmente no quiere decir que para cualquier actividad humna no se unan pensamiento y acción (McGUIRE, 1992; TILLEY. 1990; LUKACS, 1922) sino que no se conceptualizan unas condiciones sociales sino sobre la base de las ya existentes, un conflicto sólo se da sobre las condiciones materiales ya dadas. 11 Por tanto, y en contra de Rigby (1987) hay que mantener que lo importante para caracterizar una sociedad como clasista no es el control de la parte inerte de los medios de producción por parte de una sección de la población sino la apropiación de los productos a través del dominio de la fuerza de trabajo, su exacción, (como parte integrante de los medios de producción), ya sea a través del control de los instrumentos (medios de producción inertes en su mayoría) ya sea a través del control ideológico coercitivo de los hombres mismos (habitualmente una combinación de ambos procesos). De tal forma una sociedad dedicada a la explotación exterior puede ser caracterizada como estatal y
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 15 éstas aún les cabía la posibilidad de escapar, de la secesión. Más adelante la cosificación de las relaciones, el fetichismo de la mercancía, hace el dominio sobre los hombres más impersonal, aunque no menos real, al ejercerse a través del control directo de los medios de producción (GODELIER, 1974). El ganado en este contexto adquiere doble relevancia. Por un lado es, por propia definición, medio de producción, desde el momento en que es siempre producto del trabajo humano. Equivale por tanto a "tierra agrícola" y no a tierra como sustrato. Pero además es un medio de producción especial, mueble y vivo, que crece y se reproduce gracias al trabajo humano, a sus cuidados. Se trata de una importante riqueza que requiere una enorme inversión y que por ello mismo hace girar en torno a ella un importante mundo simbólico de importantes resultados sociales (LINCOLN, 1981; SCARDUELLI, 1983). El ganado tiene también otra importante particularidad, su robo (como el de las mujeres o el de los hombres), garantiza la obtención de casi los máximos beneficios (incluso en prestigio si se es generoso con quienes acompañan en la tarea) con la mínima inversión, al no tener que esperar el crecimiento del animal. Así el dominio directo sobre el medio de producción/producto se halla garantizado, las vías a la rápida propiedad privada (y a la herencia pecuaria) abiertas (ver ENGELS, 1884), y la explotación reproducida y ampliada (hacia otras aldeas se puede desviar la presión por ejemplo y la defensa servir de justificación del poder, ver GILMAN, 1987a y 1987b). No debemos olvidar además que el robo constituye otra forma violenta de extraer el producto a través de la presión sobre los hombres, la muerte incluso para muchos de ellos. clasista, y las sociedades esclavistas suponen un paso hacia la explotación interior de la mano de obra exterior, existiendo algunas otras formas que se refieren en este trabajo.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 22 Es así como hay que entender definiciones como la que sigue: La religión es un fenómeno colectivo y universal que requiere un mínimo de abstracción, conceptualización y organización paralelo al de otras esferas de la cultura humana, como la complejidad organizada de la misma comunidad, pero la religión carece en las formas preorganizativas de la sociedad, al menos, de una normalización canónica y no la logra totalmente hasta tanto no se adquiere ese rasgo por las restantes estructuras (CERRILLO, 1987:190). Prescindiendo de nociones difusas como "preorganización" habría que pensar que la complejidad del lenguaje religioso acompaña a la complejidad de todo lenguaje, no simplemente en paralelo sino como un todo organizado, debido a las mayores necesidades de comunicación que genera (y soporta) una sociedad más "evolucionada". La religión "estructurada", trascendental, (GARWOOD, 1993) y, en general, cualquier manifestación ritual puede hacer lo mismo, sirve a la aparición y el mantenimiento de la complejidad social, se convierte en un instrumento de coerción (NOCETE, 1989a; LISBOA, 1993; WHITEHOUSE, 1993), habiendo sugerido p. ej. K. Brown para el Neolítico de Tavoliére (Italia) que aquellos que no participan en las ceremonias secretas de iniciación (ver también WHITEHOUSE, 1988) tomarían parte en ceremonias rituales de otro carácter convirtiéndose así la religión en el "opio del pueblo", de forma que la ideología dominante condiciona la de los dominados y garantiza así la cohesión (THOMAS, 1990a, 1990b; GODELIER, 1984; PEARSON, 1984; TILLEY, 1990; BARTHES, 1956; PUENTE OJEA, 1974), aunque las posibilidades de reacción nunca desaparecen (PAYNTER y McGUIRE, 1991; TILLEY, 1990; THOMAS, 1990a, 1990b; BEAUDRY et al., 1991), siendo especialmente frecuentes los enfrentamientos dentro de cada institución social cumple un mismo papel en cada sociedad, su unión es siempre diferente, pero la separación radical entre política y religión no se da nunca (ver p. ej. TILLEY, 1982) y la función del rito depende de su contexto (SCARDUELLI, 1983; MIZOGUCHI, 1992).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 23 la clase dominante a los que nos referiremos en este trabajo (LINCOLN, 1981; WRIGHT, 1989, etc.). La función jugada por los elementos culturales en este contexto de conflicto social es lo que habitualmente se denomina Ideología (THOMAS, 1990a, 1990b; STE. CROIX, 1981; BALIBAR, 1973; MARX y ENGELS, 1848), las diferentes formas en que las gentes, en virtud de su posición dentro de las relaciones sociales de producción, conceptualizan las condiciones materiales de su existencia y, por tanto, esas mismas relaciones sociales (SCARDUELLI, 1983). Por tanto no podemos decir que las sociedades primitivas carezcan de Ideología (CRIADO, 1989a), ya que en éstas lo que se pretende es también imponer una conceptualización del mundo que impida la disolución de la comunidad. es cierto que la Ideología así existe en todas las sociedades humanas, aunque en las clasistas adquiere ciertas especificidades de sometimiento, aceptación de la exacción y cualificación para las tareas encomendadas (THERBORN, 1980). Como hemos dicho la ideología de la clase en el poder puede imponerse a los dominados 19 llegando incluso a hacer desaparecer cualquier signo de reacción 20 , pero es más frecuente que podamos distinguir vías de escape, construcciones mentales de un mundo mejor, e incluso propaganda subversiva abierta (STE. CROIX, 1981; GAILEY y PATTERSON, 1987); y es que las funciones de los instrumentos no están definidas por siempre y no son 19 El hecho de que el ser social preceda a la conciencia ya que no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia (MARX, 1859:7), no significa como pretende Puente Ojea (1974:22 y 27) que haya que considerar los engaños conscientes de la clase en el poder una cosa diferente de los sistemas ideológicos que utiliza. ¿Es que los miembros de las clases dominantes no son capaces, en diverso grado, de apreciar las falacias del sistema ideológico? Es especialmente evidente en el caso de las religiones cuando en el pasado el mayor grupo de ateos se situaba en las clases en el poder. 20 ... así como en la vida privada se distingue entre lo que un hombre piensa y dice de sí mismo y lo que realmente es y hace, en las luchas históricas hay que distinguir todavía más entre las frases y las pretensiones de los partidos y su naturaleza real y sus intereses reales, entre lo que se imaginan ser y lo que en realidad son (MARX, 1852:69).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 24 excluyentes, por lo que no existe una correspondencia exclusiva entre forma cultural y función social (SCARDUELLI, 1983; KRISTIANSEN, 1984), de tal forma que los elementos rituales utilizados en una sociedad comunitaria pueden ser aprovechados en una sociedad jerárquica conquistadora (GAILEY y PATTERSON, 1987) adquiriendo un nuevo significado, aunque a los ojos de aquellos que la sufrieron pudiera parecer una situación inmutable, ya que aunque la raíz de determinadas subjetividades, ideologías, no esté en las relaciones sociales actualmente existentes, su supervivencia en la nueva sociedad depende en gran medida de su utilización en las relaciones de clase (o de otro tipo subordinado) nuevas. No hay por tanto (THERBORN, 1980) esferas en el sujeto libres de la trascendencia de las relaciones sociales de producción, de la Historia 21 . Naturalmente en una formación social coexisten relaciones correspondientes a diversos modos de producción pero no están aisladas. Uno de los aspectos más interesantes del análisis de Puente Ojea (1974:59-72) sobre las Ideologías es la inclusión dentro del análisis de la dominante de un determinado "horizonte utópico", áquel que expresa la presunta situación perfecta a que debe llegar la sociedad en que se vive y que, a menudo, no es sino el arma que utiliza la clase en el poder para evitar la revuelta o atraerse partidarios en la época en que ascendió. Aunque también puede ser utilizado por los dominados en la construcción de sus alternativas, las contraideologías. Pero sólo cuando una de esas contraideologías es la proyección de intereses de una clase ascendente con conciencia de su fuerza y capacidad de poner en cuestión las relaciones de producción vigentes, sólo entonces adquiere el rango de ideología revolucionaria en sentido propio (PUENTE OJEA, 1974:67). También debe 21 Se pueden ver así los estudios de Barthes (1956) sobre la utilización de la vida cotidiana para la construcción de los mitos burgueses.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 25 retenerse el hecho de que la Ideología dominantes es capaz de reformular las críticas o minusvalorarlas (BARTHES, 1956; PUENTE OJEA, 1974; STE. CROIX, 1981). La utilización de sistemas ideológicos complejos puede convertirse en el medio más seguro para establecer un sistema coercitivo (PEARSON, 1984; SCARDUELLI, 1983; NOCETE, 1989; PAYNTER y McGUIRE, 1991), y en cualquier caso la eficacia de los mecanismos de coerción física depende, cuando existen "cuerpos de seguridad" especializados, de que aquellos que ejercen la violencia estatal crean, en muchos casos, que están realizando un bien a la sociedad en su conjunto. Para Pearson (1984) y Paynter y McGuire (1991) la Ideología ayuda a amortiguar el conflicto en dos formas principales: ocultando la desigualdad o presentando los intereses de la élite como los de todo el grupo. Así, el poder, consiste, por una parte, en el acceso privilegiado y el control de los recursos estratégicos 22 (lo que incluye, evidentemente, la fuerza de trabajo), y, por otra, en el acceso privilegiado a las potencias fantasmales (es decir en el monopolio de la relación con los seres sobrenaturales, de quienes los hombres creen que depende su supervivencia) (SCARDUELLI, 1983:103). Básicamente los mecanismos rituales simplifican la realidad social, hacen pasar la situación como natural para convencer a las masas de su inevitabilidad (BARTHES, 1956). La reacción es esporádica y el miedo al futuro la contiene, el miedo al aislamiento 23 . La aceptación de la situación como mal menor se impone y la lucha en el mismo terreno mítico (STE. CROIX, 1981) se hace difícil, pues, por un lado, la ideología dominante tiende a deformar las críticas, a asimilarlas y, por otro, los mitos construidos 22 Ver también la exposición de Tilley (1982). 23 Barthes nos refiere uno de los argumentos de la sumisión ¿Qué importa, después de todo que el orden sea un poco brutal o un poco ciego, si nos permite vivir fácilmente? Al final también nosotros nos encontramos libres de un prejuicio que nos costaba caro, que nos costaba demasiados escrúpulos, demasiados combates y demasiada soledad (BARTHES, 1956:47).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 26 como crítica difícilmente pueden recurrir a la situación social en que se vive, a lo cotidiano totalmente dominado (BARTHES, 1956) a no ser que se rastreen pervivencias de un pasado idílico, con lo que la revolución se cierra en sí misma, en un círculo. La manipulación ideológica, tal y como se puede rastrear en el análisis de Therborn (1980:20-24) funciona en la realidad siempre como una oposición entre el mundo al que perteneces y el mundo exterior, el de los otros, el caos. La única diferencia que, en mi opinión, cabe realizar es entre aquellas instancias a que se es adscrito por nacimiento o para siempre (Iglesia, Estado-nación, comunidad, etc.), salvo castigo o catástrofe (excomunión, destierro, destrucción, etc.), y aquellas otras en que teóricamente se puede dar el cambio (por la edad, el ascenso social, etc.). En ambos casos se promete un beneficio (la seguridad o la mejora) y se desvía la presión hacia el exterior (el enemigo, el que vale menos que uno mismo, etc.). El poder se ejerce en realidad a través de la reproducción del mundo material, del control de los recursos sociales y buscando ese mismo control y los beneficios materiales que reporta (LIZCANO et al., 1991-92). Lo ideal es hacer ver la situación de dominación como legítima para lograr que el sistema perdure (GODELIER, 1984; PAYNTER y McGUIRE, 1991) 24 , y una de las formas claves para conseguirlo es dotar las estructuras ideológicas y los medios de trabajo tradicionales de nuevos objetivos (SHENNAN, 1982; KRISTIANSEN, 1984; BARRETT, 1990; PAYNTER y McGUIRE, 1991), muchas veces enmascarados y otros impuestos por la fuerza, pero sobre todo un elemento básico es lograr la autoconcienciación del grupo (dominante o dominado) frente al exterior 24 En la propaganda, el Cosmos se opone al Caos, la fertilidad a la esterilidad, lo divino a lo humano, etc..., como atributos de una nueva ordenación social que se esfuerza en presentarse como un mecanismo integrador, teleológicamente necesario: el Estado (NOCETE, 1988:131).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 27 (PAYNTER y McGUIRE, 1991; BEAUDRY et al., 1991), siendo esta concienciación básica en la afirmación de la estructura clasista y en la disolución de las culturas conquistadas (GAILEY y PATTERSON, 1987). A estos argumentos hay que unir, para interpretar correctamente la función de la Cultura Material en la reproducción de la sociedad, y la conexión de este apartado con el siguiente, el papel de la Ideología como representación del mundo, como la forma en que una sociedad, o un grupo social, se representa a sí misma o en su relación con la Naturaleza (SCARDUELLI, 1983; THERBORN, 1980); no es, como hemos dicho, simplemente manipuladora o conservadora y no puede reducirse a la falsa conciencia impuesta por el poder, sino que incluye las respuestas de los dominados, suponiendo una vía a la transformación por el choque de intereses de los diferentes grupos sociales (THOMAS, 1990a, 1990b; BALIBAR, 1973; STE. CROIX, 1981). De ahí que en la Cultura Material, estudiada por los arqueólogos o aquella otra escrita u oral de la que se encargan otros científicos, se pueda leer no sólo la vida de las élites sino de aquellos que las soportaron en mayor o menos grado (CARANDINI, 1979). Lamentablemente a menudo se destaca como causa del cambio social las contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de producción, obviando a quien unen éstas, olvidándose el papel activo de las clases constituidas por hombres y mujeres en lucha en función de sus intereses, pese al dominio que sobre ellos pueda ejercer el poder establecido (STE. CROIX, 1981), reduciendo de esta manera el papel del individuo (CARR, 1961; TILLEY, 1990), y dejando a la ideología dominada un mero papel de sustrato a disposición de la nueva sociedad que surja simplemente de los desajustes "estructurales" entre las necesidades de una sociedad y las formas de sometimiento que emplea (THERBORN, 1980). No se deja así ninguna vía a la revolución activa desplazándola siempre hacia el futuro irreal en que se den las condiciones precisas.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 28 ¿Cómo surgirán si no se crean y se deja que el Capitalismo se readapte continuamente? (ver LENIN, 1917a) 25 . Dominio y resistencia En primer lugar hay que señalar que la lucha de clases es una relación de explotación y resistencia (STE. CROIX, 1981) aunque sí queremos explicar los cambios en las formaciones sociales prehistóricas debemos rastrear otros muchos conflictos, entre ellos naturalmente los que enfrentan a los hombres y las mujeres en torno al control de la producción y la reproducción de la vida inmediata (MEILLASSOUX, 1975; SCARDUELLI, 1983; LERNER, 1986; BENDER, 1989). El cambio histórico se explica así como consecuencia de esos conflictos y la evolución material a que dan resultado, y 25 En este contexto la obra de Therborn (1980) abre una vía a la alianza con la pequeña burguesía caracterizándola como no explotadora (pág. 48), como si no existieran formas de apropiarse del trabajo de otros diferentes del salario y suponiendo además que los pequeños capitalistas no tienen empleados. Otro cosa es que progresivamente vayan cayendo en la masa de desposeídos o que en relación a los beneficios del gran capital y debido p. ej. a los impuestos ellos también se encuentren dentro de las clases explotadas, siendo esto un nuevo signo del carácter dinámico de las sociedades. El contexto previo a la Segunda Guerra Mundial muestra sin embargo cuál es la salida preferida de estas clases, la hecatombe. Ste. Croix (1981) destaca p. ej. el carácter de "explotación colectiva indirecta" que adquieren los impuestos (adaptación del tributo). Sólo existen explotadores y explotados pero las clases dominantes fomentan la división entre los dominados como medio de mantenerse o utilizan a éstos en sus propias rencillas. Al igual que los curiales a fines del Imperio Romano fueron explotados y hundidos por los grandes propietarios (Ste. Croix, 1981), la pequeña burguesía hoy va siendo robada por el gran capital y su aparato estatal reduciéndose la cúspide de los dominadores como predijo Lenin (1917b). Así lo que debe preconizarse no es una alianza de clases distintas sino la unión indisoluble de intereses como resultado de la igualación por la explotación entre las clases desposeídas del mundo, pero para ello primero deben romperse las barreras que coloca la Ideología dominante y que explican el ascenso del fascismo. Por todo ello en nuestro estudio sobre las sociedades prehistóricas nos fijaremos en las contradicciones sociales fundamentales y dejaremos de lado cualquier idílica formulación de clases medias tendentes a justificar el equilibrio social que nunca ha existido.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 29 que a su vez tiende a ser usada; de manera que la imposibilidad de mantener el sistema productivo en una determinada forma como resultado de su propia evolución, del crecimiento del descontento, de la sobreexplotación del medio, de la imposibilidad de imponerse a los vecinos, etc, conduce a nuevas soluciones que, de partida, generan un cambio en las fuerzas productivas y una transformación de las relaciones sociales de producción y de los justificantes que incluyen. Como demostraremos más adelante dentro de los mecanismos de lucha social, la Ideología juega un trascendental papel, y como señala Therborn (1980) pueden utilizarse tres líneas de defensa de un orden existente: negar los fracasos, atribuirlos a los dominados o considerarlos inevitables. Esta última es, sin duda, la más refractaria a las críticas, la sociedad verdaderamente existente se considera la mejor de las posibles, la única realmente posible, y las alternativas se vuelven utopías irrealizables (BARTHES, 1956; FONTANA, 1982). En cualquier caso no creo que el marxismo clásico se haya olvidado de estos procesos, ya que los trabajos de Marx, Engels y Lenin buscando suministrar "proyectos de futuro válidos" no sólo pretendían sacudirse el estigma de utópicos y desmontar el prejuicio ideológico burgués, sino también poner los cimientos de una nueva sociedad "real", que como tal tendría sus propias contradicciones (ver MARX y ENGELS, 1848; LENIN, 1917a, etc.). La resistencia abierta si fracasa es castigada por diversos mecanismos que incluyen la ejecución, la servidumbre o la esclavitud, etc., a través del instrumento coercitivo que supone el Estado, al que seguidamente nos referiremos; por ello la resistencia toma, más a menudo, la forma de una lucha sorda, visible en prácticas que limitan la extracción de trabajo (robo, sabotaje, ineptitud consciente, etc.) (STE. CROIX, 1981; GAILEY y PATTERSON, 1987), de igual forma que en el plano ideológico se disfrazan los rasgos más revolucionarios de los mitos de los dominados. En cualquier
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 30 caso, como se ha dicho, el Estado es capaz de asimilar y mantener cierto grado de disensión para evitar la ruptura del sistema y la relación Estado capitalista/organizaciones criminales abre aun más negras expectativas sobre la intromisión del poder en esferas que presuntamente lo ponen en cuestión. Estado y falacias ... faltaba una institución que no sólo perpetuase la naciente división de la sociedad en clases, sino también el derecho de la clase poseedora de explotar a la no poseedora y el dominio de la primera sobre la segunda. y esa institución nació. Se inventó el Estado (ENGELS, 1884:192). ¿Por qué hemos empezado este apartado con una cita clásica de Engels? No sólo ha sido para afirmar más, si cabe, la noción marxista del Estado 26 , sino también para referirnos a dos temas fundamentales. En primer lugar ya hemos señalado que es absurdo referirse a la existencia de clases sociales sin Estado (GAILEY y PATTERSON, 1987) 27 , 26 La misma presencia del artículo de Díaz-Andreu en el Coloquio Internacional sobre Fronteras demandando a Nocete una nueva definición de Estado para aceptar sus argumentos (DIAZ-ANDREU, 1989:20) revela el profundo desconocimiento en Teoría Social de muchos arqueólogos de nuestro país, limitándose a copiar los recetarios funcionalistas al uso tras una importación previa desde su cuna anglosajona. Como si, desde el mismo origen del Estado, no se dieran diferentes visiones sobre el carácter de éste, integrador o coercitivo (NOCETE, 1988). 27 Y por tanto absurdas son las reflexiones presentes en Gilman, 1987b. "Las instituciones del Estado siempre operan más para los intereses de las clases no productivas que para aquellos de los productores directos, para los que la continuación de las relaciones de clases es la continuación de la explotación" (GAILEY y PATTERSON, 1987) distinguiéndose las sociedades estatales por los castigos para aquellos que tratan de impedir el surgimiento del plusproducto o su canalización hacia los no productores.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 31 no cabe pensar en la reunión de la clase dominante, el día que se concienciaron de su papel y los riesgos que entrañaba la potencial revuelta, para la creación de un instrumento político ex novo, el Estado 28 . La cita de Engels y la evolución implícita en ella revelan también otro fenómeno, y este es el segundo tema que debemos tratar, la existencia de desigualdades previas a las clases, desigualdades que en algunos casos suponían sólo un momento de la vida del individuo (niños frente a adultos) pero que en otros casos suponen 28 Una vez establecido el carácter coercitivo del Estado (ENGELS, 1884; LENIN, 1917a) puede ser necesario ahora señalar hasta qué punto incluso un análisis restringido de un fenómeno social puede tener implicaciones para la comprensión del presente y del futuro. De esta forma la postura de Wright (1989) que en las relaciones de producción implícitas en el empleo directo generado y aprovechado por el Estado ve el germen de un nuevo "modo de producción estatista", pensando indudablemente en los países de economía planificada o "socialista", mientras ve en las relaciones familiares la pervivencia de otros modos de producción, peca sin duda de simplificación dado que en todos los estados precapitalistas habían existido burócratas y también monopolios productivos estatales (especialmente en el mundo romano o en la sociedad del siglo XVIII). Lo que varía en estos casos son los incentivos a los guardianes y administradores del poder social (bienes materiales para el consumo ostentoso o la inversión en el mundo capitalista -control de empresas-, capacidad de consumo conspicuo y de adquisición de títulos -tierras- como formas de conseguir prestigio social en el mundo feudal, etc.); aunque en todos los casos, y para un pequeño número de guardianes, el premio final es el paso de la clase de los explotados a la de los explotadores, consumándose así el pago a la traición sólo en la cúspide, pero actuando el deseo en casi todos. Para Ste. Croix (1981:45) son lastres para los explotados y garantías para los explotadores. Especialmente interesantes en lo que aquí nos interesa son los conflictos entre los soberanos y los aristócratas en estados más (NOCETE, 1989a, 1989b) o menos centralizados (LINCOLN, 1981). Pero es que incluso cuando parte de la población subordinada se ve favorecida por un cambio progresivo o una revolución, en su valoración no podemos perder de vista que "hasta ahora todos los movimientos sociales habían sido movimientos desatados por una minoría o en interés de una minoría. El movimiento proletario es el movimiento autónomo de una inmensa mayoría en interés de una mayoría inmensa" (MARX y ENGELS, 1848:37). Por último en la jerarquización de los conceptos para analizar la realidad histórica concreta debe tenerse en cuenta también que el rasgo distintivo de una formación social no es cómo se realiza el grueso del trabajo social sino cómo extraen el excedente las clases dominantes, sin necesidad de trabajar (STE. CROIX, 1981:70), y sólo en este contexto se pueden definir las oposiciones fundamentales de clase y la pervivencia de otras formas de explotación, de relaciones sociales de producción subordinadas. Así la clase dominante capitalista extrae sus excedentes fundamentalmente a través del salario, pero aquellos que no dependen de éste no escapan necesariamente a la clase explotada a nivel general, pues existen otras formas de explotación: impuestos, servicio militar..., en muchos casos supervivencias de formas anteriores en las que, como hemos señalado el control personal era fundamental.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 38 Naturaleza y Cultura El paisaje como hemos dicho se concibe como un espacio modificado por las RSP que en él se desarrollan y lo transforman, lo culturizan (RANDSBORG, 1989; THOMAS, 1990b) ya que, como hemos repetido, el trabajo humano modifica la naturaleza a través de la cultura (ENGELS, 1876; HOBSBAWN, 1964; CARANDINI, 1979; KRADER, l972; TILLEY, 1990), como resultado y condicionante de la producción, aunque en el proceso dialéctico la sociedad también produce hombres y las relaciones que los unen, por tanto no sólo formas (BATE, 1977, 1982), sino estructuras (GODELIER, 1974, 1984). No es así simplemente el resultado de una dotación de significado social que procede de una actividad simbólica y reflexiva (CRIADO, 1989c:110) sino que es el resultado de toda la producción social (McGUIRE, 1992:103). El espàcio a través del trabajo se convierte en medio de producción ya sea directamente como tierra agrícola, ya como el soporte de los diversos elementos muebles e inmuebles necesarios para la producción social, como el territorio en que se reproduce y mantiene la fuerza de trabajo, como la base de las luchas sociales de la Humanidad. A la hora de analizar las distribuciones de tumbas en una zona particular hay que tener en cuenta que éstas son elementos de la cultura material que ayudan a configurar un paisaje humanizado, donde se desarrollan las relaciones sociales de producción que lo transforman (THOMAS, 1990b). El espacio no es sólo así un soporte físico sino también un producto social (NOCETE, 1989a). el hombre se crea así su medio ambiente físico (RANDSBORG, 1989), que incluye además a los otros hombres, entre los que se establecen una serie de relaciones en torno a la producción y sus resultados. El espacio se construye cuando se utiliza, cuando se produce, es una realidad fundamentalmente social (CRIADO, 1991b, ver también LEVI-STRAUSS, 1973 y nuestras reflexiones anteriores).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 39 ¿Cómo se incluye la Naturaleza en el entorno social humano? Debemos repetir aquí que para Scarduelli (1983) la contraposición Naturaleza/Cultura es de origen idealista. Teniendo en cuenta que el trabajo es la condición básica y fundamental de la vida humana y que éste supone una transformación y apropiación de la Naturaleza (ENGELS, 1876; HOBSBAWN, 1964) la oposición es totalmente inadecuada. Si bien la tierra es una "condición natural de la producción" su transformación por el hombre para la obtención de productos está en la base de cualquier sistema productivo; a su vez productos más elaborados, en la forma de instrumentos, vuelven a incidir sobre la Naturaleza. Los instrumentos son sujetos tanto como objetos del trabajo (McGUIRE, 1992:104). El intercambio material entre el hombre y la Naturaleza puede ser considerado como un proceso laboral abstracto, como necesidad física de la vida humana, común a todas las sociedades (...) [mas] no existe si no es dentro de relaciones sociales determinadas (CARANDINI, 1979:68). La mente del hombre y sus resultados, instrumentos, mitos, cultura material en una palabra, no pueden ser considerados como algo que está más allá de la Naturaleza. El hombre es productor a todos los niveles y los resultados de la producción proceden de lo preexistente y, a su vez, condicionan lo venidero. De igual forma el hombre es tanto un resultado de la Naturaleza como su superación, sin fisuras, por lo que al no existir separación no tiene sentido declarar la inaplicabilidad de la Dialéctica a la Naturaleza (LUKACS, 1968). División e integración. Cultura mundial y subculturas Consideramos también que los fenómenos rituales se integran de tal forma dentro del resto de la cultura material, siempre provista de significado latente, que, a través de una aproximación que tenga en cuenta las variaciones espaciotemporales (KRISTIANSEN, 1984; TILLEY, 1990), podemos llegar a definir los límites de las formaciones sociales prehistóricas y de los grupos sociales que las integran, teniendo en
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 40 cuenta que en todos los casos se dan diferencias culturales que pueden ser discernibles a través de una aproximación a escala diferencial (LIZCANO et al., 1991-92; MORENO et al., 1991-92). Dentro de la noción de Cultura delineada arriba cabe establecer distinciones sociales. Es por ello por lo que el término debe tener, ante todo, un valor analítico, de primera aproximación, debiendo usarse en las conclusiones históricas los términos correspondientes a los diferentes fenómenos sociales que producen y que son expresados por la Cultura. No quedarse así en la simple conceptualización que una sociedad hace de sí misma (SCARDUELLI, 1983) sino desentrañar las profundas relaciones sociales que la explican a ellos y a nosotros mismos, y más allá no confundir el uso cultural de los mismos hombres y mujeres con una identidad simple entre cultura y sociedad (como previene ESTEVA, 1984). Las relaciones se establecen entre los hombres a través de las cosas (incluyendo las ideas) y no entre las cosas mismas. Como ya señalamos (LIZCANO et al., 1991-92) es muy significativa la conexión entre las clasificaciones de los antropólogos al referirse a las culturas como sistemas sociales específicos y las concepciones populares que se refieren, al parecer sin "orden", p. ej. a la cultura occidental, la cultura española, la cultura gitana, etc. Sin embargo, la aparente anomalía es solo ficticia, la opinión tradicional revela el significado oculto de la cultura como la expresión formal de los diversos fenómenos sociales (BATE, 1977, 1982), desde el individuo (WIESSNER, 1989), a las clases 34 , o al modo de producción dominante que tiende a imponerse sobre otros (MARX y ENGELS, 1848; HOBSBAWN, 34 Siendo p. ej. éste el contexto en que Marx y Engeles hablaban de cultura burguesa y cultura proletarias como culturas de clase, y además como las que dominan o dominarán en determinados momentos históricos (MARX y ENGELS, 1848:43). De forma que las ideas imperantes en una época han sido siempre las ideas propias de la clase dominante (MARX y ENGELS, 1848:46).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 41 1964), integrando algunas de las relaciones de éstos, entre ellas los aspectos rituales (GODELIER, 1974; SCARDUELLI, 1983), al igual que culturas específicas se incluyen dentro de otras en el seno de los Estados, siendo el caso paradigmático los imperios. De tal forma el hecho de que varias sociedades compartan un mismo modo de producción provoca que adquieran rasgos culturales comunes 35 , y también por lo que hemos referido podemos pensar que las oposiciones entre estados (un determinado tipo de formaciones sociales, aquellas con carácter clasista) adquieren un determinado tipo de expresión material 36 . Sobre estas diferencias de escala Friedman (1989), distingue tres nociones de Cultura: I. La diferenciable a traves del análisis social. II. Los elementos de autoidentificación. III. La organización de todo proceso de vida. Si la relación entre el tipo I y los tipos II y III nos sitúa en la problemática del conocimiento científico de la realidad, del perspectivismo frente a la aproximación dialéctica a la verdad (LENIN, 1909; GANDARA, 1982), (tema al que dedicamos en parte nuestra introducción), la relación entre los tipos II y III nos sitúa directamente en 35 Así Castro y González (1991:139 reconocían la existencia de sociedades que comparten rasgos ideológicos, lingüísticos y de otro tipo, pero colocaban el interés de su conocimiento en un plano muy secundario, obviando la mayor parte del desarrollo de la disciplina arqueológica, y cayendo también en la falacia de considerar las sociedades como entes aislados, comprensibles por sí mismos, pese a que anteriormente habían señalado que las islas de historia sólo existen en las reconstrucciones ideales del nuevo particularismo cultural (CASTRO y GONZALEZ, 1989:12). 36 De tal forma las precauciones de Nocete (1989b:38) son injustificadas, y olvidan que los fortines también son un elemento de la cultura material de determinadas sociedades.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 42 las cuestiones sobre las convivencias culturales, los estados y los nacionalismos interiores, el imperialismo y la sumisión. Las diferencias subculturales se sostiene que conducen p.ej. al creciente nacionalismo actual cuando la noción de ciudadano de un estado ya creado pasa a segundo plano frente a rasgos aparentemente más concretos (razas, lenguaje, etc). Estos fenómenos se manifiestan en los períodos de reorganización social en los que naturalmente influyen (FRIEDMAN, 1989), al igual que es en estos períodos cuando el sistema de valores tiende a ser puesto en cuestión y a desmoronarse (STE. CROIX, 1981). Desde este punto de vista, y teniendo en cuenta la realidad material que suponen también las construcciones mentales de una sociedad (CARANDINI, 1979; SCARDUELLI, 1983), no es cierto que las "culturas" o las "sociedades" no sean entidades reales porque nunca se encuentran aisladas (SHENNAN, 1989), ya que no se pueden reducir a meras categorías de análisis. En primer lugar porque son problemas históricos reales los que unen a un nivel de escala a varias sociedades (guerra, comercio, asimilación), y a otro nivel a todo el mundo (mercado actual, colonialismo, agresión contra el medio) 37 . En 37 Lévi-Strauss (1952) reservó el término de "civilización mundial" a esto último para resaltar su carácter multicultural pese a las amenazas a las que el capitalismo somete no sólo a las sociedades diferentes sino a la tierra que crearon. También Marx y Engels se refirieron a este hecho, aunque junto al dolor de la destrucción colocaron el papel de las relaciones capitalistas en la disolución de otros lazos jerárquicos que alienaban al hombre y resaltaron la homogeneización y comunicación cultural como bases para el desarrollo de una transformación socialista mundial (MARX y ENGELS, 1848; ENGELS, 1876; MARX 1857-58). Más pesimista es el panorama ofrecido por Lenin (1917b) en conexión con el avance del capitalismo monopolista e imperialista, aunque las insalvables contradicciones y la respuesta activa de parte del proletariado en sentido amplio (el concienciado y el más oprimido del Tercer Mundo) abrían las puertas a la revolución (LENIN, 1917a). La homogeneización, sin embargo, nunca es total y la importancia, para el sostenimiento del capitalismo actual, del mantenimiento de relaciones sociales correspondientes a modos de producción diferentes, especialmente en focos de marginación, o de instituciones de larga tradición como la familia, ha sido tema de estudio por parte de los marxistas desde hace tiempo (ENGELS, 1884; BARTHES, 1956; MEILLASSOUX, 1975; SCARDUELLI, 1983; BLOCH, 1988; etc.). De
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 43 segundo término ni siquiera un individuo es una entidad única e inseparable sino un compuesto de partes y más aún, su existencia no tiene sentido si no es en el marco social, y al igual que éste el todo no es simplemente la suma de las partes; el mundo se organiza y cambia gracias a las contradicciones que existen en las relaciones que lo conforman. Por último el mismo sentimiento de las gentes que la componen (p.ej. de opresión, satisfacción o decepción) hacen real una sociedad y una cultura, o en otros términos un grupo social y su equivalencia formal. Estas entidades existen además sin la conciencia de ese sentimiento, y así por ejemplo existen las clases sin necesidad de que tengan conciencia de serlo (ANDERSON, 1980). El sentimiento se hace evidente como respuesta esta forma aunque fuera sólo por estas pervivencias un estudio histórico estaría justificado. La comparación entre sociedades no se agota así en sí misma ni debe prescindir (como pretende, en sus argumentos aunque no en su estudio real, LINCOLN, 1981) del plano temporal, sino que debe ayudarnos por un lado a extraer los rasgos básicos de cada tipo de formación social, las relaciones sociales que dominan y su sustitución por las luchas generadas en su seno, la sucesión no predeterminada, en definitiva, de modos de producción (HOBSBAWN, 1964), y por otro restrear en qué medida determinados mecanismos de coerción se corresponden más adecuadamente y permiten la reproducción de un determinado tipo de relaciones sociales y en qué medida pueden ser reaprovechadas por los sistemas de explotación subsiguientes (y cómo deben ser transformadas) (BARTHES, 1956; GODELIER, 1974, 1984; SHENNAN, 1982; SCARDUELLI, 1983; THERBORN, 1980). De esta forma y como se repite a lo largo de estas páginas es fatuo buscar una correspondencia exacta entre una estrategia económica y un sistema religioso por encima de las diferencias espacio-temporales; las similitudes se deben a la herencia común y a la coincidencia de las relaciones sociales dominantes, y las diferencias no son rasgos que deban ser desechados sin más como particularismo inútil (como parece desprenderse del trabajo de LINCOLN, 1981) sino que deben tratarse en diferente forma según los objetivos históricos que persigamos (TRIGGER, 1982; BATE, 1982; WRIGHT, 1989), ya sean leyes generales de evolución social, explicaciones de transformaciones sociales concrteas o génesis de determinados mecanismos ideológicos (tal vez de larga pervivencia), por poner algunos ejemplos. De esta forma, y como citamos en las páginas que siguen las diferencias rastreadas por Lincoln (1981) entre los sistemas religioso nilótico y protoindoiranio no son superficiales sino que revelan profundas diferencias sociales tanto posiblemente en los momentos previos al mundo aristocrático conquistador de ganado (la figura del rey, el primer muerto, el regenerador de la comunidad en el mundo protoindoiranio) como en los plebeyos (de gran importancia tanto en la victoria parcial de los sacerdotes como en la génesis de sociedades imperiales conquistadoras por la vía esclavista o la servil), o en el dominio permanente de las sociedades a las que se roba (aunque éste puede ser un desarrollo posterior vinculado al punto anterior).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 44 a una situación real de transformación social de origen múltiple, a la que también justifican y dan sentido, aunque según Shennan (1989) los casos de identidad étnica sólo se dan a partir de la aparición de los Estados. En este sentido Ruiz y Molinos (1989) han reservado el término de etnia para aquellas comunidades en las que, de una u otra forma, se ha generado un fuerte sentimiento de identidad, constituyan estados propios o se hallen dominados, para diferenciarlas de aquellas otras que compartiendo el mismo sentimiento básico se desarrollan en el mundo burgués y por ello mismo tienen una mayor conciencia de lo que pretenden 38 . Profundizando más en la relación entre formación social e identidad étnica (o nacional) Ruíz (19899 destacó la variedad de articulaciones que se produce a lo largo de un proceso histórico teniendo en cuenta que es la misma historia, las relaciones de producción cambiantes, la que genera esa identidad, pero la atomización propuesta para las formaciones sociales aristocráticas ibéricas, con la que no estamos de acuerdo, supone, en nuestra opinión, un importante obstáculo en la explicación de la génesis de estas identidades; del mismo modo que la separación errónea entre cultura material y p. ej. lengua supone, de aceptarse, la práctica imposibilidad de acceder a una aproximación real a estos fenómenos a partir del registro arqueológico. Como se ha referido anteriormente no hay, sin embargo, nada que haya producido una sociedad humana que no pueda considerarse cultura material. Todo lo anterior no quiere decir naturalmente que haya que leer las relaciones sociales que existen en una sociedad tal y como las conceptualizan sus miembros (SCARDUELLI, 1983), error típico de los funcionalistas (ver p. ej. MALINOVSKI, 1948) y de los idealistas (para un ejemplo reciente en Arqueología ver la declaración de intenciones en CRIADO, 1993), sino que esa misma imagen ficticia del mundo, esa "falsa 38 El error de este análisis está sin embargo en la separación de los conflictos socioeconómicos de aquellos otros que denominan étnicos al interior y exterior de las formaciones sociales, olvidando que en esas identidades se ocultan contradicciones de clase (RUIZ y MOLINOS, 1989:125-127).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 45 conciencia" (MARX, 1859; BALIBAR, 1973), es también parte inseparable de las relaciones sociales concretas que conforman una sociedad (SCARDUELLI, 1983), tanto en el caso en que sean una justificación como en el que sean un desafío más o menos exitoso al orden de cosas imperante. Wiessner (1989) partiendo del papel comunicador del estilo (en nuestra argumentación los aspectos de variación específica de la cultura material) ha señalado el diferente papel que pueden adoptar los distintos elementos según el contexto (ver también SHENNAN, 1982; SORENSEN, 1987), expresando, ya sea porque esa fue la intención primordial de sus creadores o por un cambio en su utilización como símbolos, la identidad del grupo o del individuo, o diluyéndose en un significado no premeditado pero presente en todas las creaciones de ese grupo; de tal forma que en cualquier caso los cambios se reflejan en ellos y se expresan y acentúan por ellos. Frente a Shennan (1989) creemos que cualquier variación espacial es relevante en términos sociales, aunque es cierto que ésta no responde, por supuesto, siempre a distinciones étnicas. De hecho creemos que la reutilización de los viejos "estilos" de nuevas maneras sólo puede hacerse comprensible interpretando como relevantes todos los contextos en que esos rasgos se hallan, todas las variaciones espaciales (KRISTIANSEN, 1984). Aunque aquí entramos en discusiones epistemológicas que avanzamos en líneas anteriores sobre el cambio histórico y los acontecimientos del pasado que deben considerarse verdaderamente trascendentes para la disciplina (CARR, 1961). Incluso en el nacimiento de la Historia como conciencia del devenir en el mundo griego en relación a la participación ciudadana en la política, y precisamente por ello, se consideraba acontecimiento no sólo el hecho excepcional que de fe del valor del hombre o el hecho extraño que, por su aspecto extraordinario, merezca permancer en la memoria, sino también la acción que haya provocado un cambio en la suerte de la humanidad (CHATELET, 1962:32). De esta forma es fundamental una Historia Total (VILAR, 1973) para la comprensión real de nuestra sociedad (y sobre todo
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 46 para transformarla) (VILAR, 1980; FONTANA, 1982; CARR, 1961; etc.). La importancia de la Arqueología en este contexto ha sido revelada por Carandini (1979) al referirse a la Historia de los dominados, pero más aún la Arqueología permite estudiar tipos de formaciones sociales de las que no tendríamos noticia de otra forma y rastrear la evolución de aquellos pueblos a los que el Imperialismo les había negado la Historia (THERBORN, 1980; SCARDUELLI, 1983; MEILLASSOUX, 1975; etc.). La Cultura reproduce así, como se ha visto, las divisiones e intersecciones de la sociedad que la creó. Cultura o grupo arqueológico. La escala en ciencia La definición de cultura arqueológica por Childe (1951) como conjunto de rasgos compartidos, requiere, sin duda, matizaciones para su adaptación a la identificación de formaciones sociales (BATE, 1977 y 1982) pero debemos defender aquí la información social que podemos extraer de la Cultura, ya que si ésta no fuera un texto determinado históricamente no podríamos conocer nada del pasado, la descontextualización de los restos del pasado con respecto a la sociedad en que vivimos sólo produce fenómenos ahistóricos, burgueses (BARTHES, 1956). La crítica a los contextualistas y en parte también a los neomarxistas en la que se ceba Hernando (1992) es exagerada y no recoge las aportaciones de éstos en su justa medida. Tampoco comprende que el error fundamental está en que el código no es individual sino social y, por tanto, está sujeto a leyes comprensibles. Además ni ella ni Arteaga (1992) reconocen que el Neopositivismo es otra forma de Idealismo (ver GANDARA, 1982; BATE, 1982; y para una exposición general LENIN, 1909), marcada por la imposición desde el individuo de categorías generales abastractas y por la noción de verdad como coherencia y utilidad
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 47 (instrumentalismo). Para ejercer una crítica acertada hay que referirse a los trabajos prácticos, como se puede ver en el caso de los fenómenos funerarios en estas líneas, distinguiendo entre realidades e intenciones, entre lo que realmente se dice y lo que se proclama a bombo y platillo. A la hora de hablar de la escala en ciencia debemos distinguir tres niveles, por un lado la diferente entidad de los fenómenos a investigar, tanto en el plano temporal como en el espacial, o sea la diferencia entre el estudio interno de una sociedad o de una de sus secciones y el estudio de las relaciones entre las diferentes sociedades por un lado, y entre el funcionamiento puntual (pseudoestático) de una sociedad y sus transformaciones a largo plazo por otro. Un segundo nivel en el que podemos hablar de escala sería el grado de abstracción de los conceptos necesario para aproximarnos a una determinada problemática histórica (WRIGHT, 1989) y que puede referirse en este nuestro estudio al sistema de funcionamiento del ritual como instancia social general o a la presencia de un sistema concreto y su utilización en una determinada sociedad. Por último el tercer nivel es aún más específicamente conceptual, se refiere a la ambivalencia de numerosos términos, como el de Cultura, en relación a cada uno de los tipos de problemas referidos, a su necesidad de clarificación y al hecho indudable de que la sustitución de un término por otro no implica superación de los problemas históricos y de investigación que se hallan implícitos, pues lo importante es la articulación de los conceptos en un marco teórico adecuado, al igual que la mala utilización de un concepto en un marco teórico dado no implica la invalidez de éste, aunque sugiere a veces la incapacidad de la teoría en cuestión, o del investigador, de aprehender la variedad de lo real.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 54 económico, siendo las diferencias documentadas también susceptibles de una lectura diacrónica. Para comprender el significado de las tumbas, sin embargo, no sólo es necesario comprender el contenido de éstas y su distribución interior, sus formas y tamaños, y las diferencias dentro de cada grupo de tumbas o entre los distintos grupos que se reparten por un territorio, sino que también es preciso comprender la importancia del emplazamiento concreto en función tanto de los condicionantes que el medio impone a áquel, si es que tuvieron alguna importancia, como de la relación con el entorno en términos de altitud relativa e impacto visual, factores ambos que influyen en un doble sentido en la configuración de los megalitos, u otras tumbas monumentales, como elementos de control/cohesión, ya que no sólo importa lo que se puede ver desde ellos sino también desde donde pueden verse (CRIADO et al, 1986; VAZQUEZ et al., 1987; VAQUERO, 1990; FRASER, 1983; ROJO, 1990; COONEY, 1990), y desde dónde pueden llegar aquellos que van a utilizarlos, dónde pueden vivir (BLAS CORTINA, 1985; ANDRES, 1990; CAMARA et al., 1993). La preocupación no es de carácter "economicista", qué tierra les proporcionará lo suficiente para vivir (RENFREW, 1984; DARVILL, 1982), sino que incluye el hecho de que las relaciones sociales de producción dominantes condicionan la elección de unas determinadas estrategias económicas, y sobre todo la dirección que toman los resultados de la producción, así como los mecanismos tendentes a garantizar la reproducción del sistema por enmascaramiento o exaltación, de ahí que los megalitos sean también símbolos de la lucha por el poder (CRIADO, 1989a) y que en ellos se desarrollen complejas ceremonias destinadas a perpetuar el sistema (FRASER, 1983, PEARSON, 1993). Esta es la diferenciación que predominará en estas páginas de ejemplos que, sin duda, pierden parte de su coherencia al ser descontextualizados.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 55 Interesante es también la relación entre las tumbas de cada necrópolis, su posición (distancia a la más próxima, altura relativa, etc.), su contenido (en ajuar, número de enterramientos, sexo de éstos, enfermedad y dieta, tratamiento del cadáver, etc.), su tamaño y materiales constructivos, etc,, para valorar diferencias sociales entre grupos (CHAPMAN, 1979) o entre individuos (YATES, 1984). Son estos últimos datos los que nos aproximan al estudio de los rasgos espaciales a la escala restringida que supone el interior de las sepulturas. En el caso de las inhumaciones colectivas suele ser frecuente la imposibilidad de disponer de tales datos por expolio de los monumentos o excavaciones antiguas dirigidas por intereses diferentes, especialmente en el caso de la Península Ibérica. En la exposición de la última parte de este trabajo de investigación por ello nos hemos limitado prácticamente a la exposición de los casos en que contamos con referencias directas y recientes. Si dejamos, por el momento, el hecho de que, a menudo, en estas tumbas de la Prehistoria Reciente no recibió sepultura una gran parte de la población (CHAPMAN, 1990: YATES, 1984), hay que referirse después a que, a veces, dentro de aquel grupo que ha merecido el "privilegio" del enterramiento hay diferencias en ajuar, tratamiento del cadáver, o, simplemente, calidad de vida (demostrada a partir de los estudios paleopatológicos o de dieta); es posible así que al igual que en algunos momentos ciertos clanes debieron obediencia y subordinación a otros (CHAPMAN, 1979a; HERNANDO, 1993), en otros momentos "familias aristocráticas" concentraron, alrededor de sus miembros destacados, un séquito clientelar incluido en la misma tumba (YATES, 1984). Si en algunas zonas europeas se han documentado interesantes rasgos como la distribución de las diferentes partes del esqueleto con concentraciones en distintas tumbas (HENSHALL, 1985), o simplemente amontonamientos (WHITTLE, 1988a; PEARSON, 1993), o la presencia diferencial de mujeres y niños en distintas partes de las sepulturas
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 56 (PEARSON, 1993), la documentación de la Península Ibérica es aún escasa y problemática (ALMAGRO, 1973) para interpretar a partir de ella un proceso de individualización dentro de las tumbas colectivas si éste es entendido de forma literal y lineal, como se ha hecho a menudo utilizando el ritual funerario simplemente como expresión ejemplificadora de un proceso de jerarquización documentado a través de otros rasgos como la fortificación de los asentamientos y la compleja ordenación del territorio (ver p. ej. MATHERS, 1984; CHAPMAN, 1990, HERNANDO, 1993). A una escala de mayor detalle es interesante destacar la distribución al interior de las casas de los enterramientos clásicos argáricos en el sureste de la Península Ibérica durante la Edad del Bronce, si bien la diferenciación sigue manifestándose también a otros niveles aparte del ajuar, como serían la ubicación de la sepultura en el contexto del poblado (y en relación a la vivienda en que se deposita el difunto), los materiales, técnicas constructivas y carácter de la tumba en sí, el tratamiento del cadáver y, otra vez, los rasgos fisiológicos de éste derivados de la vida desarrollada antes de acontecerle la muerte al individuo en cuestión (de los numerosos investigadores se han ocupado de una u otra forma de este tipo de enterramientos, podemos citar algunos ejemplos, SHENNAN, 1982; MOLINA, 1983; LULL, 1983, 1984; LULL y ESTEVEZ, 1984; CONTRERAS et al. 1987-88, 1989 y 1993).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 57 A) Esfera funeraria y esfera doméstica. Algunas hipótesis sobre la utilización de la muerte y la vida: la significación social El enterramiento como continuación de la vida social. Realidad e invención En todas las ceremonias funerarias lo que se persigue es la renovación del grupo social, su reproducción, (BLOCH, 1988), lo que varía es de nuevo el grupo hacia el que tal renovación es aplicada después de cada muerte individual. En los primeros tiempos, en las sociedades a las que hemos aplicado el término de "modo de producción comunitario", se pretende la renovación total de la comunidad a través de cualquiera de sus miembros fallecidos o de algunos escogidos (LIZCANO et al, 1991-92). En las sociedades clasistas la renovación, según el ideal, sólo puede tener lugar a través de los dirigentes (muy conocido es el caso del faraón en el Antiguo Egipto 41 ) que tienden a identificarse con la comunidad/divinidad a todos los niveles (GODELIER, 1974; RUIZ, 1978; SCARDUELLI, 1983). A medida que la sociedad se diversifica, dadas las diferentes relaciones de producción subordinadas que se van incluyendo en cada formación social y las expectativas que abren las contradicciones, los diversos grupos enfrentados que incluye también buscan su reproducción y su afirmación a través del ritual funerario, buscando ya sea emular el sistema de aquellos que están en el poder o romper totalmente con él. En este apartado sin embargo nuestro interés fundamental estará en los diversos argumentos con los que la sociedad cubre la relación con la muerte y que son los que 41 Trigger (1983:71) recoge la hipótesis de que, al igual que en ciertas tribus nilóticas, en origen el faraón reinantes se sometía a una serie de ritos en los qye moría simbólicamente para volver a nacer; una ceremonia que también podía ser usada para garantizar la sucesión.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 58 definen el enfrentamiento de cada hombre con ese fenómeno natural, y como contrapartida, la aceptación del orden social (y a veces su cuestionamiento). Por supuesto queda así excluida cualquier influencia fundamental del temor a la muerte. Este, cuando existe como tal, es un resultado social que, a su vez, debe ser regulado y convertido en obediencia para evitar el pánico y la ruptura de la comunidad. El enterramiento como enmascaramiento de las diferencias sociales La muerte negada. La continuidad de la Naturaleza Si se niega la parte individual de las personas y se afirma como lo único verdaderamente existente la colectividad, la comunidad, los clanes que la forman (BLOCH, 1982, 1988), se comprende que se niegue la muerte, pues ésta sólo puede ser la desaparición del grupo, el fín de la vida humana en el mundo, tal y como la conciben las estrechas concepciones de estas comunidades, ya que no hay nada importante más allá de ellas. El problema es considerar en qué momento del desarrollo social se incluyen este tipo de sociedades que algunos consideran "tribales" y que yo prefiero denominar "comunitarias". En ellas permanece una tensión entre los diferentes segmentos, y entre ellos y sus integrantes negados, entre la agresión exterior y la necesaria cohesión interna. Estos son los elementos que en el mundo funerario darán lugar y se justificarán en primer lugar por la diferenciación entre las sepulturas clánicas, la ruptura de la unidad comunitaria en la muerte, el acceso de sólo algunos individuos al enterramiento, Pero, sobre todo, por la negación de la muerte de éstos, al identificarse con la comunidad eterna, la sucesión se aseguraría, una vez asentado un sistema jerárquico estatal, por la falacia de la continuidad, la renovación cíclica, la aparición del nuevo soberano en el punto en que
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 59 desaparece el anterior, sustituyendo ritualmente el posible sacrificio de los primeros soberanos en momentos de crisis 42 . Queda por referir cuál es la actitud ante la muerte de las sociedades más igualitarias, aquellas que hemos denominado "comunistas primitivas", desde el momento que no conciben nada más allá de la Naturaleza, ningún ser superior sino aquel a que pertenecen, o sea el mundo natural (GODELIER, 1974) y teniendo en cuenta que la evolución de ellas conformaría un abanico de posibilidades marcadas por el enfrentamiento entre los dirigentes de la comunidad y la base de ésta, entre la autonomía de los clanes y su necesidad de unión, cabe pensar que al no concebirse la comunidad como algo extraño a la Naturaleza la muerte no existe si no desaparece ésta 43 . Debemos sin embargo, en el futuro, profundizar en estos temas. La muerte como mejora. Resurrección y paraíso. El mundo copiado Es exagerada la oposición 44 entre un tiempo cíclico reproducido idealmente en el retorno tras la muerte, la regeneración de la comunidad en abstracto (BLOCH, 1988), al igual que la Naturaleza con la que se tiende a identificar para perpetuar las relaciones sociales y organizar la vida, o de su representante divinizado (GODELIER, 1974; BLOCH, 1981; SCARDUELLI, 1983), el mismo dios-comunidad o su expresión 42 Ver nota 41. 43 Y hoy estamos muy cerca de esto último. 44 Mas, cualquiera que sea la forma que en cada caso adopte, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un hecho común a todas las épocas del pasado. Nada tiene, pues, de extraño que la conciencia social de todas las épocas se atenga, a despecho de toda la variedad y de todas las divergencias, a ciertas formas comunes, formas de conciencia, hasta que el antagonismo de clases que las informa no desaparezca radicalmente (MARX y ENGELS, 1848:47).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 60 matizada como descendiente de éste (PUENTE OJEA, 1974; KEMP, 1983) por un lado; y la concepción de un tiempo lineal que conduce al fín del individuo (BLOCH, 1982; 1988), excepto de aquellos que han escapado al carácter de meras personas comunes, por otro. Y lo señalamos así porque la diferenciación no es clara en ninguna sociedad, de ahí que la idea de la resurrección se halle vinculada a la muerte, como ruptura de la vida terrena en el cristianismo, en función de la separación del premio a la moral, que se obtiene sólo en el otro mundo, obviamente ilusorio, pero perviviendo la esperanza de esa resurrección futura, una vuelta a nacer. Esto sucede como consecuencia no sólo de la reelaboración de las demandas de justicia (ver p. ej. PUENTE OJEA, 1974) sino también de la reestructuración previa de la relación de la sociedad con la Naturaleza, no se trata ahora de un todo continuo sino de una ruptura que persiste tras la muerte. La sociedad (naturalizada) no es el destino de la parte eterna de los muertos (BLOCH, 1988) y la Naturaleza parte de su estructura pasajera, sino que los muertos trascienden ahora a una nueva realidad que está más allá de la Naturaleza, como expresión culmen del dominio sobre ésta, de la falsa ruptura. Naturalmente cuando es de interés las reglas sociales se siguen presentando como naturales y su génesis histórica se diluye en el mito y el papel de la Providencia divina que hay que aceptar. De esta forma las oposiciones ciclo/linealidad, naturaleza/paraíso, vida como continuidad/vida como superación son reorganizadas constantemente en función de las condiciones materiales de la producción y de las relaciones sociales verdaderamente existentes, y en cualquier caso lo que se pretende es, al llegar a los extremos de las argucias ideológicas, asegurar que este mundo no importa (aunque a los que dominan les interese bastante).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 61 Cualquier simplicación carece de sentido y algunos ejemplos han sido citados antes sobre la trascendencia y continuidad de los monarcas, expresada ya sea en su resurrección (naturalmente ficticia), ya sea en la continuidad de sus presuntos méritos por parte de sus sucesores. Incluso la Iglesia tendió a justificar la sucesión terrena, utilizando una fórmula evangélica en beneficio de la cabeza y sancionando la sucesión a través de una metáfora de permanencia (Tú eres Pedro..., Mt.16, 17ss.); y no debemos olvidar que la continuidad para los "justos" (para el común) sólo la garantiza la resurrección (eso sí diferida), y que la figura de Cristo como "rey sobrenatural" sólo cobra sentido por su verdadera resurrección (PUENTE OJEA, 1974), por la transgresión, por una vez, de la Naturaleza, en el mismo dominio de ésta, el mundo terreno; sin abrir un ciclo sino un nuevo período hacia un fín alejado y reformulado a lo largo de los siglos de Historia de esta religión 45 . La especificidad de la muerte de Cristo en su uso social posterior a la Iglesia judeocristiana de Jerusalén (después del 70 d.C.) reside en la eliminación del carácter de martirio nacional judío y su sustitución por la purga moral y la regeneración de todo el universo (con lo que volvemos a temas anteriores) y la colocación de su resurrección en un plano místico, desapareciendo toda referencia terrena. La superación individual sólo ocurre por la participación de cada uno en ese proceso moral, la resurrección se posterga y el premio al proceder se aleja hacia el otro mundo. Este mundo no tiene importancia y hay que aceptarlo tal como es. Sólo los monarcas, y los justos (?) participarán del beneficio del sistema, primero por ser independiente el orden del mundo, después porque 45 Este cambio en la noción de tiempo dominante tiene aun una implicación colateral para nosotros. Junto a la "conciencia griega del devenir", la verdadera toma de posición del hombre frente al proceso histórico, configuró la base de la disciplina histórica occidental (CHATELET, 1962), fuente de disolución de las argucias ideológicas de permanencia del poder, aunque también otra forma de justificar su génesis en algunos momentos (FONTANA, 1982), fundamentalmente a partir de la reformulación del materialismo histórico.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 62 Dios lo ha querido así (PUENTE OJEA, 1974) o porque son los verdaderos representantes de éste en la Tierra, los instrumentos de la expansión de la fe, el Imperium Mundi en manos no de un pueblo elegido sino del representante de la comunidad elegida, el emperador (REMONDON, 1967). Tanto en Oriente como en Occidente en este mismo contexto y durante toda la Antigüedad y la Edad Media, y basándose en el milenarismo escatológico y en la naturaleza de Cristo, la religión fue usada constantemente en la lucha por el poder y en los deseos secesionistas o de justicia (MAIER, 1973; PUENTE OJEA, 1974). Conclusiones. Igualdad y desigualdad A la hora de indicar conclusiones sobre el papel de las concepciones sobre la muerte en la organización social y su plasmación, debe tenerse en cuenta en primer lugar que la sorpresa y el ocultamiento no deben conducir ni al pánico ni a la risa (SCARDUELLI, 1983). El secreto debe ser matizado con pistas, con el conocimiento de las primeras fases del ritual o con la posibilidad de escapar al destino a través de la conducta, con un poco de la ideología de los dominados incluida en la oficial (PUENTE OJEA, 1974; STE. CROIX, 1981), con el premio a los que aceptan las reglas establecidas, aquellos que serán dignos de comtemplar la gloria eterna, de alcanzar en la otra vida el nivel de los que son capaces de comunicarse con la divinidad a través de ciertas ceremonias, de dominar la muerte (aunque sea en el cuerpo de otros). Se trata de un proceso de premios y castigos que tiende a secesionar las clases dominadas, del mismo modo que lo consigue la utilización de partes de éstas como burócratas y militares, no debiéndose olvidar que la separación de las esferas, incluso en
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 63 este plano, no es nunca radical, y los sacerdotes pueden realizar funciones burocráticas e incluso militares.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 70 Fig. 1. Zonas europeas referidas en el texto, con inclusión de las principales comarcas, islas y yacimientos cuya distribución megalítica se ha tratado. A. Escocia. B. Irlanda. C. Inglaterra y Gales. D. Bretaña y Normandía. E. Escania. F. Dinamarca.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 71 Marcando un grado más en el reduccionismo economicista los estudios realizados sobre la distribución de megalitos en diversas áreas de Europa por la Escuela de Paleoeconomía de Cambridge (JARMAN, 1982) buscan utilizarlos como indicadores de las zonas de explotación económica en la Prehistoria, identificando los megalitos, o los grupos de ellos, como los referentes locacionales de comunidades cuyos asentamientos, en muchos casos, no se conocen. Los planteamientos funcionalistas que explicaban la distribución de los megalitos en relación a desplazamientos del ganado tendían en muchos casos a considerar el clima de gran parte de la península Ibérica como demasiado seco para ser rentable agrícolamente sin regadío (HIGGS, 1976), hecho que ha sido admitido incluso por sus críticos (CHAPMAN, 1979b; WALKER, 1983) 47 , pero nosotros debemos destacar que la rentabilidad agrícola sólo se mide en cada sociedad y que la producción prehistórica en ningún caso estaba pensada con los criterios mercantiles capitalistas. La reducción de la economía a lo aparente (ver GODELIER, 1974) y la separación de las partes que constituyen la totalidad social como si la economía fuera una esfera independiente de la política (ver LUKACS, 1922) son los rasgos que subyacen en estos estudios. Además aparte del olvido del papel funerario de los megalitos, hay que señalar que no relacionan esas zonas de pasto, a las que asocian las tumbas, y su reducido número de pastores, con aquellos asentamientos donde debía residir la mayoría de la población. Estudios más recientes han señalado la presencia de estos poblados en el llano, pero es necesario ir más allá y señalar la articulación social, incluyendo los aspectos económicos, entre los asentamientos/tumbas del llano y los asentamientos/tumbas de la montaña 48 . 47 Este es un extremo que ha sido destacad por numerosos autores para explicar el desarrollo de la jerarquización social en el Sureste (GILMAN, 1976, 1987a, 1987b, 1991; CHAPMAN, 1982; FERNANDEZ MIRANDA et al., 1993; HERNANDO, 1991, 1993) y que llega a ser especialmente risible cuando se señalan como secas áreas atlánticas (ver especialmente CHAPMAN, 1990). Otros estudios han mostrado un mayor índice de humedad en el sur peninsular (MOLINA, 1983; LULL, 1983; RODRIGUEZ, 1992). 48 También Kaelas (1981) tiende a destacar la importancia de los recursos de pasto y pesca en
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 72 las zonas en que se sitúan los megalitos en el sur de Escandinavia.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 73 Así los estudios llevados a cabo por el Instituto Alavés de Arqueología en la Sierra de Entzia plantean una difícil articulación de dos grupos de pastores que suponen un máximo de 12 habitantes (GALILEA, 1981:229) durante más de 1600 años. Esta estimación poblacional sorprendentemente baja se realiza en base al número de inhumados en los dólmenes (GALILEA, 1981:227-229), sin tener en cuenta los costes de construcción, la posibilidad de que sólo parte de la población se inhumara y la relación con el llano donde, según sus propios argumentos pàra explicar el carácter de la Sierra de Entzia, se situarían los centros permanentes de aquellos pastores (sólo una parte de la población) que acudirían a los pastos de verano en la montaña aprovechando las zonas abiertas. Lo que nos interesa destacar en relación a los siguientes estudios es la oposición entre los dólmenes de la zona norte de la sierra, que miran hacia la Llanada Alavesa, y los túmulos y sepulturas bajo roca al sur, debiendo recordarse que en el valle de Arana, al sur de la Sierra de Entzia, se da este tipo de enterramiento en Lamikela (GALILEA, 1981:213). La yuxtaposición, sobre todo al este, puede tener también significación cronológica. Fernández y Pérez (1988) al referirse a la difernciación entre sepulcros de fosa, megalitos y cuevas naturales en las regiones catalanas señalan tanto causas de oposición cultural como de evolución temporal interna, aunque es más sugerente la explicación para la la convivencia de dos tipos de ritual que nos ofrece Hawke-Smith (1981) sobre la utilización conjunta de pastos de alta montaña por parte de dos comunidades, en épocas sin tensión abierta, quedando a los monumentos rituales un papel de símbolos de demarcación no totalmente excluyentes, hecho que parece desprenderse también de los estudios sobre distribución espacial de las tumbas megalíticas en el área de Tabernas (CÁMARA et al. 1993), y su contraposición a la situación existente en el área limítrofe del Alto Almanzora (MARTINEZ et al., 1989).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 74 Yates (1984:70-76) también se refiere a la diferenciación de tradiciones entre los cairns, que abundan al oeste de la zona de Dumfries-Galloway, con enterramientos centrales y otros periféricos, a veces cremados y en urna, y que en ocasiones serían almacenados hasta el enterramiento principal, siendo incluso esto un privilegio restringido a los posibles clientes; y los cementerios cerrados que abundan al este y en los que predomina la cremación. Señala además que la distribución de las tumbas es un reflejo del área de asentamiento, siendo los individuos importantes enterrados en un cairn, con piedras producto de la actividad agrícola, en la zona de explotación (a veces muy ocasional) donde había acontecido su muerte (YATES, 1984:90). Estos últimos estudios, cargados aún de funcionalismo, sugieren ya la importancia del ritual no sólo en la cohesión interna sino también en la diferenciación hacia el exterior y en la justificación de la posición social, temas a los que después volveremos. Aun en los autores funcionalistas puede rastrearse la estrecha vinculación de los elementos funerarios con todo el proceso de producción social y así Fraser (1983) partiendo del hecho de que las bases cognitivas de una sociedad son el conjunto de reglas culturales, a menudo expresadas por medios simbólicos, por las que los miembros de la sociedad comprenden y usan el mundo material alrededor de ellos (FRASER, 1983:421) empieza con el estudio de la asociación de los cairns, como objetos visibles permanentes sobre el paisaje (ver también CRIADO, 1989a), con las tierras de cultivo fáciles de drenar; lo que si por una parte puede caracterizarlos como mojones territoriales (FRASER, 1983:423; RENFREW, 1973), por otra nos habla de la creencia de las personas que los construyeron en la habilidad del medio ambiente para proporcionarles frutos (FRASER, 1983:422). En relación con esa función agrícola los cairns no serían observatorios astronómicos sofisticados (FRASER, 1983:423), y se puede inferir por la orientación de
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 75 éstos hacia el sureste y el oeste, y a las ricas tierras de cultivo, un especial papel en la conmemoración de fechas importantes del calendario agrícola como serían el solsticio de invierno y el equinoccio de otoño respectivamente (FRASER, 1983:424). Especial papel tendrían también los enterramientos si se daban sólo en fechas especiales como las anteriormente referidas (FRASER, 1983:424), lo que se combina con el retorno tras la muerte de los miembros del grupo que se habían marchado por las reglas exogámicas que permitían el mantenimiento reproductivo de la sociedad de las Orkney (FRASER, 1983:428-429; MEILLASSOUX, 1975). También la inhumación de los cadáveres podía suponer un retorno a la tierra, donante de frutos, y una garantía de los derechos del grupo a ella (ver CHAPMAN, 1981a p. ej.; FRASER, 1983:424-425) 49 . En la Península Ibérica los investigadores gallegos, que han sido los que más profundamente han abordado la distribución megalítica, no han logrado superar muchos de los defectos funcionalistas, sobre todo en lo que se refiere a la relación de la economía con la organización política, especialmente evidente en su incorrecta apreciación del papel del parentesco en las sociedades comunitarias (CRIADO, 1989a), ya que al actuar como regulador de la producción, no hace sino mantenerse en el plano superestructural, 49 El análisis de la evidencia material le lleva a rechazar cualquier diferenciación cultural pese a que tanto en la distribución de los diseños distintivos de las cámara (FRASER, 1983:426) como en la de los elementos usados para dividir el espacio en su interior (FRASER, 1983:396) se pueden observar diferencias regionales, e incluso el análisis de intervisibilidad, aunque puede sugerir una cierta relación entre todas las islas del norte (FRASER, 1983:386) también muestra unos ciertos agrupamientos regionales (p. ej. entre la costa sur de Rousay y la norte de Mainland) (FRASER, 1983:382), que además se podían haber relacionado con una explotación del mar. La división de las cámaras también sugiere una complejidad de acceso cuyas implicaciones no se exploran (FRASER, 1983:427), frente a lo que se hace en otros estudios (BONANO et al., 1990) y aunque se sugieren reuniones restringidas del grupo de parentesco al interior (FRASER, 1983:428). De fundamental importancia, en su hipótesis, se revela la distinción locacional entre los pequeños cairns situados en los buenos terrenos agrícolas en relación con los pequeños grupos exógamos y aquellos otros más grandes que se sitúan en terrenos de alta visibilidad y que sirvieron para criterios de centralización (no existiendo así la diacronía propuesta por RENFREW, 1979; ver FRASER, 1983:324, 427 y 431- 435).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 76 teniendo en cuenta que esto es sólo una división metodológica. Si bien la consideración del papel activo de la cultura material, como resultado de la producción social y soporte de significado, abre interesantes expectativas especialmente en los últimos trabajos (CRIADO, 1989a; CRIADO y FABREGAS, 1989; VAQUERO, 1989, 1990; etc.). Los estudios de la escuela gallega (CRIADO et al., 1986; VAZQUEZ et al., 1987; CRIADO, 1988b) ponen el acento en las oposiciones contextuales implícitas en el mundo megalítico 50 , en el efecto que causan estos monumentos. Se pone así el énfasis en las oposiciones túmulo/cámara, tumba/espacio exterior, tumba/ajuar, a las que recientemente se ha añadido una cuarta regularidad, el interés o no en los espacios de umbral y las funciones rituales y escenográficas (CRIADO y VAQUERO, 1991); y a partir del análisis de las diferencias se establece como hipótesis una tendencia cronológica no homogénea hacia una mayor diferenciación social que supone el fín cohesionador de los megalitos y el énfasis en la individualidad (CRIADO, 1989a; CRIADO y FABREGAS, 1989), si bien recientemente han tomado más precauciones sobre el carácter temporal de esta evolución (CRIADO y VAQUERO, 1991). Para Criado (1989a), al igual que para otros (PEARSON, 1982; RANDSBORG, 1989), el registro material de una sociedad no traduce de un modo directo e inmediato lo que ocurre en esa sociedad 51 , sino que refleja un discurso de poder perteneciente a ese 50 Como también hizo Whittle (1988a). 51 Criado concibe los megalitos como producto y expresión (como todo fenómeno cultural, ver CHATELET, 1962), son actos, expresiones y concretizaciones del pensamiento en una sociedad dada (CRIADO, 1989a). Se sitúan en un espacio humanizado, convertido en paisaje concreto (CRIADO, 1991b). En este espacio los monumentos megalíticos se entienden como "símbolos territoriales socialmente activos" (CRIADO, 1989a:79). Para él expresan no sólo una concepción del espacio por parte de los grupos que los construyeron, sino también una concepción del tiempo, sin embargo es difícil admitir una negación de éste, según lo que el autor pretende, por parte de aquellas sociedades que caracteriza con el "pensamiento salvaje" de Levi-Strauss, ya que en éstas lo que se pretende simplemente es dibujar una ilusoria sensación de permanencia (ver BLOCH, 1982), o, mejor, un ciclo de vida/muerte/regeneración, al que ya nos hemos referido, a través del paso de
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 77 grupo y representativo de un determinado sistema de saber-poder. Aunque para nosotros lo importante no es conocer esas concepciones sino las verdaderas relaciones sociales (SCARDUELLI, 1983), porque el pensamiento que conduce a una innovación no es un hecho aislado sino que se halla unido a una serie de casusas que sólo tienen que ver con las concepciones mentales de los individuos en la medida en qué éstas surgen en el seno, y en respuesta, de unas determinadas relaciones sociales (TILLEY, 1982; PEARSON, 1984). A partir de aquí podemos ir acercándonos a lo concreto. En estas argumentaciones el megalito predominando sobre el entorno proporciona la imposición de un efecto humano permanente sobre el paisaje (CRIADO et al., 1986; VAZQUEZ et al., 1987), son obras monumentales para exhibir la muerte y que desafían al tiempo; y así Criado et al. (1986) ponen el énfasis en el papel de las mamoas situadas, en los casos estudiados de la Sierra de Barbanza, en puntos con visibilidad sobre determinadas zonas, controlando áreas de explotación económica desde donde, además, son visibles; jalonando también caminos (VAZQUEZ et al., 1987; CRIADO y VAQUERO, 1991) y sobre todo controlando puntos estratégicos como los vados y los collados (VAQUERO, 1990). Suponen además una expropiación del trabajo tal vez en bien sólo de parte de la comunidad (ver KINNES, 1975), aunque no creo que sólo a la fuerza el hombre trabaje más allá de sus necesidades (CRIADO, 1989a; CRIADO et al. 1986), ya que las necesidades se miden en términos sociales, y no constituyen ninguna realidad atemporal, pues en caso contrario no se estaría capacitado para criticar aquellas concepciones que intentan imponer al pasado nuestra propia visión del espacio como un elemento que se puede, y se debe, medir, parcelar, repartir, vender, privatizar, ordenar, los restos impersonales y permanentes de los difuntos (los huesos) a la tumba colectiva y la tierra, vital para las sociedades agrícolas (ver BLOCH, 1988). Whittle (1988b) observa que la oposición entre concepciones cíclicas y concepciones continuas del tiempo no es absoluta ni mucho menos arbitraria sino que responde a diversos intereses de control y cohesión social.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 78 explotar, rentabilizar e, incluso, destruir (CRIADO, 1988a:63 y 65, ver también CRIADO, 1991b), imponiendo la ideología mercantilista y cuantitativa burguesa (BARTHES, 1956) 52 . 52 Para Thomas (1990b) sólo en el capitalismo cuando la tierra se ve como algo que puede ser comprado y vendido se ve el paisaje como algo exterior, aun cuando en realidad el espacio es siempre un elemento cultural, un texto escrito y leído por las acciones sociales desarrolladas por los individuos (THOMAS, 1990b:169).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 79 Fig. 2. Distribución en la Península Ibérica de las áreas megalíticas referidas en el texto y las zonas más que se han destacado dentro de ellas. A. Zona de interés primordial (Andalucía Oriental, ver capítulo siguiente). B. Zona de contrastación especial (Andalucía Occidental). C. Otras zonas citadas en el trabajo (C.1. Galicia y Norte de Portugal, C.2. Asturias, C.3. Cantabria y Lora Burgalesa, C.4. País Vasco y Alto Ebro, C.5. Cataluña, C.6. Cuenca del Segura, C.7. Alentejo, Beiras, Estremadura portuguesa y Extremadura española).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 86 en la cúspide y relaciones especiales entre la élite (vasallaje incipiente) tendentes a asegurar una estabilidad desigual, pero que carga más sobre los siervos. Una exposición de la evolución social relacionando los fenómenos funerarios con la organización social en su conjunto puede verse en diversas obras de Kristiansen (1982, 1984) en las que expone los diversos sistemas por los que se afirma la jerarquización entre los linajes, se transmite y afirma el poder dentro de ellos y se compite a través de diversos mecanismos de carácter ritual en sentido estricto (monumentos, depósitos), del control de la circulación de determinados "bienes de prestigio", de la violencia física, y por tanto de los recursos humanos (clientes) y animales. De tal forma los megalitos, y también los depósitos (utilizados en diversas épocas), simbolizan tanto los esfuerzos colectivos de la comunidad como el liderazgo heroico del jefe ancestral que legitima y sostiene el poder de sus sucesores. Whitehouse (1988, 1993) al estudiar la simbología contextual de La Grotta di Porto Badisco (Italia) ha distinguido una asociación inaccesibilidad/abstracción de los motivos pictóricos que relaciona con "ritos de iniciación sacralizados" y un monopolio del poder. Balbin y Bueno (1993) han destacado en este sentido el papel de las representaciones decorativas al interior de las cámaras megalíticas, algo que es también destacado por el hecho de que en algunas zonas europeas se tiene evidencia de la realización de relieves en los ortostatos antes de que sean colocados (HERITY, 1974). En la misma línea hay que incluir el trabajo de Thomas (1990b) que señala que el constreñimiento del acceso al depósito de enterramiento supone un intento de dirigir el encuentro con los ancestros por su importancia simbólica en la reproducción de la autoridad en la comunidad (ver MEILLASSOUX, 1975; BLOCH, 1981, 1982, 1988; DARVILL, 1982; FRASER, 1983; etc.). En la interpretación de los mensajes de las
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 87 tumbas tuvo que ver no sólo la percepción de la decoración de los ortostatos, sino las posturas a que era obligado el cuerpo al transitar a través de puertas bajas y extrechamientos. También la deposición diferencial de los huesos según sexo, edad o ritual, o la presencia de los elementos de ajuar estaría entre los textos que debían ser leídos y que eran reescritos a través del "juego ritual" de recolocación (incluyendo p. ej la desarticulación, ver WHITTLE, 1988a). Se da aquí el potencial para la lucha entre los intereses de los diferentes grupos sociales, entre aquellos que tienen acceso al interior de las tumbas y los que no (ver también WHITTLE, 1988a, BONANO et al, 1990; BROWN, 1993; etc.). Se ve aquí que en las primeras comunidades de clase, o en aquellas que se están estableciendo otro tipo de desigualdades sociales, la separación en base al ritual religioso adquiere diversas formas, no siendo los megalitos, ausentes en muchas zonas de Europa, el único sistema, aunque los procesos tienden a ser similares, la capacidad de movilizar las fuerzas sobrenaturales por parte sólo de algunos y la primacía de algunas comunidades con respecto a otras, siendo la rapiña esporádica más propia de comunidades más descentralizadas. Otras formas de limitar el movimiento de las personas, en concreto en los funerales, han sido sugeridas por Mizoguchi (1992) para explicar la secuencia de formación de los cementerios lineales de túmulos en el sur de Gran Bretaña desde el Campaniforme, pasándose según él de la justificación del individuo por sus antepasados concretos y su capacidad de movilizar recursos a la manipulación de la descendencia lineal de los ancestros generales y abstractos. Un proceso aparentemente contrario al sugerido en este trabajo, aunque se trata sólo de una argucia ideológica que no oculta la aparición de aristocracias. También Barrett (1990) se refirió a estos fenómenos destacando el papel de plataformas elevadas y secretas de los túmulos engrandecidos para la celebración de determinadas ceremonias, restringiéndose el acceso a la parte principal
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 88 de ellas, aunque se podrían contemplar de lejos (ver SCARDUELLI, 1983; PEARSON, 1993). Para Shennan los cambios que se producen en diversas zonas de Europa con el sureste de la Península Ibérica, Wessex y Bretaña suponen la progresiva sustitución de una ideología que justifica la jerarquía a través de la exaltación de los beneficios que presuntamente ésta reporta a la comunidad, de la que en teoría los líderes se presentan como un elemento indiferenciado más (aunque en CHAPMAN, 1979a se puede ver como a veces se ven también diferencias), por otra ideología en la que la desigualdad se remarca como natural (SHENNAN, 1982:156). Las ideologías evolucionan en forma diferente y actúan de distinta forma en las diferentes partes de Europa, de ahí la importancia de la variable espacial a la hora de valorar la evolución social, ya que las comunidades no son entes aislados e inmutables, sino que se relacionan a distancias variables según la época que tratemos 56 . Así si en Centroeuropa no hay en el Neolítico Final local evidencia de jerarquía entre asentamientos ni tumbas monumentales, sí existe una diferenciación en los ajuares asociada fundamentalmente a la edad y el sexo (ver BARFIELD, 1986, para un caso del norte de Italia), pero a fines del Edad del Bronce Temprano asistimos en la zona a una sociedad con grandes diferencias de ajuar a nivel individual a través del consumo de bienes de prestigio (SHENNAN, 1982:157), en relación a la producción metalífera de la zona y la circulación de los productos de ésta con otros productos que se pueden considerar también objetos de prestigio como el campaniforme (SHENNAN, 1982:158-159), para unas aristocracias de diversas zonas europeas 57 que los utilizan para 56 Siendo la homogeneización progresiva hasta el momento de auge del capitalismo. 57 Para rechazar los planteamientos lineales de individualización en la transición al II Milenio (MATHERS, 1984; HERNANDO, 1991, 1993; etc.) puede ser útil señalar con Fraser (1983) que la inclusión de niños y mujeres en las tumbas colectivas no implica igualdad, ya que podía ser que sólo se enterrara una sección de la sociedad con muchos de sus integrantes (hecho que hemos resaltado
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 89 justificar su posición (como elementos que adquieren personalmente, quizás por voluntad divina, y no por una intervención de las masas dominadas -SHENNAN, 1982:158-) y eternizarla (a través de su disposición en las tumbas, afirmando la atemporalidad de la desigualdad social), incluso ayudando a los mecanismos de herencia, viéndose el ajuar como símbolo de lo que es capaz de canalizar el sucesor (SHENNAN, 1982:160), aunque también se podría enfatizar la totalidad de la familia aristocrática al aparecer en diversas zonas de Europa niños con rico ajuar (HAWKE-SMITH, 1981; MOLINA, 1983). Los estudios seguidos en este trabajo muestran que el proceso se dio también p. ej. en el norte de Gran Bretaña (HAWKE-SMITH, 1981; YATES, 1984), pero hubo zonas en que la acentuación de la diferenciación social no tuvo lugar, o la separación de las líneas de intercambio mantuvo la ideología existente, prácticamente sin cambios visibles, como expresión y producto de sus relaciones sociales (SHENNAN, 1982:158). En la Edad del Bronce Europea los datos funerarios exponen una alta diversidad tanto en el tipo de los sepulcros, la relación entre los cadáveres, su tratamiento y el número de inhumados, como en los ajuares que los acompañan. De todo ello y su relación con la diferenciación entre y dentro de los asentamientos se ha podido extraer el panorama de una sociedad aristocrática (HARDING, 1984; ROWLANDS, 1984) en la que hay rasgos, como la disposición del algunos enterramientos secundarios (YATES, 1984) o el sacrificio de gran cantidad de animales a tumbas ricas, vinculado posiblemente a grandes funerales (PEARSON, 1993; DAVIS y PAYNE, 1993), que muestran una marcada jerarquización basada en la apropiación del ganado (KRISTIANSEN, 1984; 1989c), el control y división de la tierra (HARDING, 1984; PEARSON, 1993) y para ello el control de la justificación ritual (KRISTIANSEN, 1989b; PEARSON, 1984 para momentos en nuestros trabajos sobre Martos, ver LIZCANO et al., 1991, 1991-92, y que se puede aplicar a la restricción de enterramientos en algunas zonas del Valle del Guadalquivir durante el Calcolítico).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 90 posteriores). Sin embargo al mismo tiempo y pese a que se señala la disminución de la importancia de la diferenciación sexual y de edad (KRISTIANSEN, 1989d; SHENNAN, 1982; HARDING, 1984) no se llega a aceptar el papel de la herencia en la transmisión del poder, así p. ej. Mays (1989) señala que los niños con rico ajuar tal vez indican el status de sus parientes más que el propio; sin embargo como Shennan (1982) señala al igual que la muerte de un jefe puede convertirse en la expresión de los recursos que es capaz de movilizar su sucesor, del mismo modo cabe pensar que esos niños expresan una desigualdad existente que tiende a exhibirse por la ostentación 58 y en cualquier caso la importancia que ahora adquiere la familia, los antepasados, como sede del poder social y como marco en que debe reproducirse éste. Se trata de un fenómeno nuevo (KRISTIANSEN, 1989c, WHITTLE, 1988a, GARWOOD, 1993), un contexto del que no se puede prescindir al explicar esos enterramientos infantiles ricos, que, como veremos en el sur de la Península Ibérica, se suelen situar también en lugares especiales (MOLINA, 1983; SCHUBART et al., 1985) o formando parte de familias inhumadas (MOLINA et al., 1973). Recientemente Bonano et al. (1990), siguiendo los planteamientos de Bradley, han rechazado las hipótesis de Renfrew sobre la función social de los monumentos malteses más elaborados (al igual que hizo FRASER, 1983, para las Orkney), destacando el hecho de que en todos los casos constatados estos monumentos están ya presentes en 58 Es evidente que los elementos que acompañan al ajuar no forman el verdadero equipo infantil pero siempre, en las clases altas especialmente, no sólo en la muerte sino en otras ceremonias como la comunión en los países católicos, se tiende a dotar a los niños con elementos propios de los adultos; y además, volviendo a la muerte, cualquier tratamiento de los difuntos lo que pretende es influir en los vivos y no representar lo que eran los muertos, reproducir (justificar) las relaciones sociales existentes. Lo que le ha ocurrido a Mays (1989) es que ha sido capaz de demostrar que una de las reglas universales de los funcionalistas, aquella que postula que una persona representa en la muerte lo que es en vida es una falacia, pero no ha extraído las consecuencias correctas en cuanto a la repercusión de la muerte en la reproducción de las relaciones sociales, la utilización de estos niños para afirmar las diferencias entre las familias, hecho que no se puede dar cuando estas últimas carecen de sentido.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 91 las fases iniciales del poblamiento, pero van sufriendo un paulatino y cíclico aumento de monumentalidad que expresa y sirve de cauce a la rivalidad intra e intergrupal (BONANO et al. 1990:195 y 202-203), no siendo así expresiones de una mayor centralización, hasta el punto de que al fín del período de Construcción de Templos comienzan a operar algunos principios de exclusión (BONANO et al. 1990:203). Los depósitos rituales y la construcción de los monumentos (templos y tumbas) servirían a ciertos individuos para ganar adeptos, la progresiva complejidad arquitectónica de los templos fue usada también para la exclusión referida. después se adoptó una nueva expresión ritual que eliminó la necesidad de construcción monumental masiva y, en lugar de ello, concentró la inversión ritual en los cementerios de cremación (que enmascaraban la rivalidad) y los dólmenes (que promovían lo individual con la aistencia sólo del grupo de parentesco inmediato -en una línea común a casi toda Europa, ver SHENNAN, 1982-). La necesidad de movilizar recursos comunales en la acción de rivalidad, expresada en la construcción de templos, llegó así a su fín (BONANO et al. 1990:203). No es así necesario recurrir a la centralización progresiva y al posterior colapso sugeridos por Renfrew, si bien un modelo de centralización/descentralización a pequeña escala es, en mi opinión, compatible con el nuevo modelo propuesto. Afirmación y crisis del sistema productivo. Legitimación y subversión Habría que interpretar la difusión del megalitismo en términos similares a las propuestas de Darvill (1982), que la relaciona con los pescadores del Mar del Norte (un argumento también utilizado por DENNELL, 1985 para la difusión de la agricultura a las islas británicas, y que se puede mantener aquí en el sentido de que las comunidades epipaleolíticas en ningún caso se encuentran aisladas y acceden a determinados productos
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 92 lejanos 59 . En cualquier caso habría que señalar que los megalitos no son sólo un producto del Neolítico sino una contribución de éste a una nueva sociedad (BARRETT, 1990). A partir de ahí el mundo nunca volvería a ser el mismo. Los túmulos al usarse crearon una forma específica de intervención de los ancestros. 59 Blas Cortina (1985) ha intentado explicar las diferencias entre las distribuciones megalíticas de las zonas occidental y oriental de la provincia de Asturias, en base a diferencias paisajísticas y de evolución histórica entre ambas zonas. Para Blas Cortina (1985:130), el hecho de que la mayoría de los dólmenes de esta zona occidental se sitúen en las áreas interiores y a más de doce kilómetros de la costa (con algunas excepciones) se debe a que en esta zona se podría dar un fácil aprovechamiento ganadero de los pastizales altos de este paisaje de penillanura con corredores ESE-WNW y con ramificaciones laterales que permitírían la comunicación con Asturias, mientras los densos bosques (aunque hay problemas con los estudios polínicos), los suelos y la segmentación de las áreas costeras de esta zona occidental estorbarían a los ganados en sus desplazamientos; pese a todo no podemos excluir la ocupación temporal de las zonas costeras y los valles cercanos al mar, ni tampoco una cierta agricultura arcaica. Las inhumaciones en este modelo se podrían dar en cualquier dolmen del recorrido ganadero, quizás con traslados periódicos de los restos (BLAS CORTINA, 1985:132). En el sector oriental las propias características del karst influyen en la configuración de los suelos, la presencia de agua y otros hechos como la existencia de bosques más abiertos. Centrándose en una de las zonas de mayor concentración megalítica cercana a la costa, la de la Sierra Plana de la Borbolla, resalta la situación de los monumentos dominando un territorio variado en unos pocos kilómetros desde las laderas de la alta Sierra de Cuera al sur a la llanura litoral al norte. Se produce desde el espacio funerario un control que puede sugerir el sentido de propiedad del territorio (BLAS CORTINA, 1985:133-136, ver también RENFREW, 1979 p. ej.), que las inversiones constantes desde el mundo epipaleolítico anterior habían convertido en medio de producción importante, en una zona de considerable concentración humana en la época. También González (1992) pese a rechazar la importancia de la agricultura en la zona, por la evidencia faunística y malacológica de los yacimientos de la costa y la propia situación de los megalitos unida a las necesidades enormes, según él, de deforestación de la agricultura de tala y roza con barbecho largo que no se constata en los estudios paleoambientales (GONZALEZ, 1992:193 y 196), nos ofrece un completo panorama, en este caso más hipotético, sobre el aprovechamiento económico del valle, la costa y la montaña, con una articulación de las zonas de fondo de los valles y la costa, donde las alternativas de recolección pesquera o vegetal y la caza, así como la persistencia de la población durante todo el año, no requirirían una demarcación específica, que, por el contrario, sí sería necesaria en el área de ocupación estacional, por sólo parte de la población, en los valles que suben hacia la montaña. Además el ganado (ver JARMAN, 1982) podría ser desplazado gran parte del año lejos de las áreas de habitación para no entrar en competencia con los humanos (GONZALEZ, 1992:194-195).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 93 Los estudios referidos aquí también destacan otro aspecto, aparte de los citados en la introducción de este bloque sobre la distribución, contenido y carácter de las sepulturas, muy relacionado con la problemática teórica con la que iniciamos esta Memoria de Licenciatura. Se trata de la importancia de la "perspectiva temporal amplia", la consideración de las transformaciones sociales a largo plazo como única forma de comprender el proceso histórico que ha conducido, a través de múltiples determinaciones concretas, al mundo actual; como única forma de enfrentarnos a él y proporcionar una verdadera utilidad social a la Historia como disciplina (FONTANA, 1982). De tal forma y a través de los saltos en el tiempo y en el espacio qeu marcan la exposición de estos ejemplos dos vías se abren para la obtención de hipótesis históricas válidas: por un lado las similitudes formales (en cultura material monumental en este caso) de sociedades que comparten el mismo tipo de relaciones sociales dominantes (serviles), el mismo modo de producción, proporciona un camino para el reconocimiento no sólo de éstas a partir del registro arqueológico sino también de la interrelación con las subordinadas en cada caso, y de aquí podemos decir que, por otro lado, sólo las diferencias formales marcan el camino a seguir para el descubrimiento de la "estructura de clases concreta" (WRIGHT, 1989), la articulación de las diferentes relaciones sociales que conviven en una misma formación social, dado que determinados aspectos de la cultura material asociados son más susceptibles de mostrar esas variaciones concretas (espacios domésticos, tipos de hábitat, etc.), y especialmente, en el caso que nos ocupa, la articulación triple entre contenido, distribución y carácter monumental de las sepulturas, incluyendo en el primer aspecto, y con cada vez mayor seguridad debido al avance de las técnicas de excavación y los análisis antropológicos, el conocimiento del tratamiento diferencial de los cadáveres y las posibles causas de su asociación (familiar, clientelar, etc.).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 94 Pero en cualquier caso no debemos olvidar que para la comprensión de una sociedad es necesario no restringir el análisis a uno de los aspectos sino examinar todo el proceso productivo y las relaciones que en torno a él se establecen. Eso es lo que pretendemos, de forma general, en el apartado siguiente.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 95 3) LA EVIDENCIA FUNERARIA Y SU PAPEL EN LA COMPRENSIÓN DE LA EVOLUCIÓN SOCIAL PREHISTÓRICA. UN EJEMPLO HIPOTÉTICO A) Introducción. Tradición social y cambio Si la agregación es un fenómeno que ya ha merecido la atención de investigadores que se han ocupado de formular teorías sobre el origen de la desigualdad social en el Sureste peninsular (GILMAN, 1976, 1987a y 1987b, 1991; CHAPMAN, 1982, 1990; NOCETE, 1986, 1988, 1989a; MATHERS, 1984; RAMOS, 1981, etc) no coincidimos con ellos en cuanto a las causas que dieron lugar a una mayor sedentarización. En unos casos porque ya se ha demostrado la inconsistencia de la hipótesis del medio ambiente hostil (MOLINA, 1988; RODRÍGUEZ, 1992), que llevara a la necesidad del cuidadoso aprovechamiento del agua en una agricultura de irrigación impulsada (CHAPMAN, 1982, 1990) o aprovechada interesadamente por las élites (GILMAN, 1976, 1987a, 1987b, 1991; FERNÁNDEZ MIRANDA et al., 1993) 60 , y en otros porque la agricultura no parece ser el objetivo económico fundamental o único de estas comunidades al ocupar nuevas tierras o al establecerse permanentemente en otras que ya ocupaban (como pretenden entre otros RAMOS, 1981 o NOCETE, 1986), porque ya se ha dicho que lo que aún no existe (las condiciones materiales no presentes) no puede provocar una presión que conduzca a un cambio social. Además hay que tener en cuenta que la presión 60 La diferencia no es vana ya que opone la teoría gestora funcionalista, justificadora del Capitalismo, a la teoría del conflicto social (ver GILMAN, 1987a, SHENNAN, 1987).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 102 conocido Horizonte de los sepulcros de fosa (MUÑOZ, 1965; ALAMINOS et al., 1991), sino también parcialmente con los enterramientos conocidos en el Valle Bajo del Guadalquivir (como p. ej. los de la Base Naval de Rota citados en GENER, 1962; BERDICHEWSKY, 1964; PERDIGONES et al., 1985, etc.), aunque también se conocen fenómenos más aislados especialmente en el Valle Medio (MARTÍN DE LA CRUZ, 1987). Las primeras manifestaciones de deposición formal de los difuntos, curiosamente en estructuras similares a las excavadas en Martos o en fosas individuales, también presentan en Europa un carácter restringido, a veces asociadas a determinados poblados lo que ha sido interpretado en términos de competencia y justificación de la posición de éstos (WHITTLE, 1988a), sugiriendo que son aquellos que no pertenecen totalmente a la comunidad los que pueden sufrir una exacción mayor justificada por su pertenencia en origen al poblado central del que se les supone desgajados, sea o no verdad, o en su misma negación del carácter humano, su procedencia extraña al verdadero cosmos. Tampoco en épocas posteriores toda la población accede al enterramiento pero aquí la competencia se sitúa también al interior del mismo poblado (CHAPMAN, 1979a, 1990; KRISTIANSEN, 1984; YATES, 1984), sin olvidar la exacción exterior como muestran los numerosos estudios regionales a que después nos referiremos, una explotación que sin duda se sitúa en el interior de una misma formación social de forma fundamental y más continua. En este contexto surge el problema de cómo interpretar el enterramiento de Martos, aislado en un conjunto de 18 estructuras excavadas (LIZCANO et al., 1991-92). No hay aquí aparentemente nada que sugiera una marcada diferenciación social dentro del asentamiento, las diferencias entre las estructuras parecen deberse en gran parte a criterios funcionales o cronológicos, si bien las zanjas localizadas (CAMARA y LIZCANO, 1993) sugieren, si se mantiene su función disuasorio-defensiva, una cierta diferenciación, al menos hacia el exterior, hacia donde también se manifiestan con
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 103 claridad los primeros fenómenos de coerción en épocas algo posteriores tanto en el Valle del Guadalquivir (NOCETE, 1988, 1989a) como en el Sureste (MOLINA, 1988; MARTÍNEZ et al., 1989; ARTEAGA, 1992; GILMAN, 1987a; 1987b; CHAPMAN, 1990). La cohesión interna también vendría impuesta por estas estructuras, por su presencia y su construcción, tanto en el caso de las zanjas como en el de las tumbas. y posteriormente en la construcción de murallas y fortines generalizados en todo el sur y oeste peninsulares 68 . En la tumba de Martos el desplazamiento de los restos del nivel de ocupación previo y la introducción de los huesos humanos en una estructura de habitación, que puede considerarse el ajuar (LIZCANO et al., 1991), marca la importancia de la continuidad de la comunidad, de su relación con la tierra circundante y los recursos que en ella se disponen socialmente incluyendo la misma fuerza de trabajo humana. Esta relación destaca especialmente si tenemos en cuenta que posteriormente el espacio se seguirá usando como hábitat (LIZCANO et al., 1991-92). Este fenómeno supone una clara prueba en favor de la consideración de la importancia ritual del uso de la tierra de los niveles de ocupación de los poblados para la conformación de los túmulos o la cimentación de las tumbas (CRIADO y VAQUERO, 1988; FABREGAS, 1988; BLAS CORTINA, 1985), e incluso la situación de las sepulturas en áreas previas de hábitat ya abandonadas (FABIAN, 1994; ZAPATERO, 1991, aunque este último las considera estructuras de fundación). Tenemos así un doble 68 Sobre este tema existe una abundante bibliografía (ARTEAGA, 1985; ARTEAGA et al., 1986; NOCETE, 1986, 1988, 1989a, 1989b, 1989c; NOCETE et al., 1993; PIÑÓN, 1987; ALMAGRO y ARRIBAS, 1963; ARRIBAS, 1959; ARRIBAS et al., 1978, 1981, 1985; ARRIBAS y MOLINA, 1984, 1991; MOLINA, 1983; 1988, 1989; CAMALICH et al., 1985, 1987, 1990; TORRE et al., 1984; MORENO, 1993; SCHULE, 1984; AGUAYO, 1984; SCHUBART y SANGMEISTER, 1984; etc.).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 104 aspecto de interés, primero la continuidad del grupo tras el muerte en el mismo espacio (cabaña o poblado) y en segundo lugar la utilización del ajuar doméstico como elemento trascendente 69 . El problema es establecer en qué medida su construcción sirve a los intereses de toda la comunidad o de sólo algunos de sus miembros. El enterramiento de Martos está circunscrito a lo que parece ser una unidad familiar (aunque nos hallamos a la espera de los análisis antropológicos) 70 , sin embargo esto no implicaría que los otros miembros de la comunidad tuvieran preestablecida su incapacidad de acceder al enterramiento, como parece suceder en momentos posteriores en algunas zonas del valle del Guadalquivir dada 69 De igual modo resulta interesante comparar el tratamiento que se lleva a cabo del ajuar doméstico al introducirse la inhumación con la ausencia de cerámica en numerosas tumbas calcolíticas del sur de la Península Ibérica a excepción de fragmentos incluidos en túmulos o cimentaciones (ACOSTA y CRUZ-AUÑON, 1981; ARRIBAS y SANCHEZ, 1968; GARCIA SANCHEZ y SPANHI, 1959). Se crea así un doble sistema, la cerámica fragmentada y recogida del hábitat conforma la unidad con el terreno, con la comunidad, y el sílex, p. ej. marca el prestigio, el carácter del clan o grupo enterrado como ha señalado repetidamente Gabriel Martinez (MARTINEZ y SAEZ, 1984; MARTINEZ, 1991; AGUAYO et al., 1989-90; RAMOS et al., 1991). Naturalmente el proceso no tuvo en todos los lugares las mismas características y pronto las cerámicas, especialmente exógenas, adquirieron un importante papel simbólico (tal vez nunca perdido por los decorados) y en el caso del Campaniforme a menudo acompañando al metal (CHAPMAN, 1979; SHENNAN, 1982), que en la mayoría de los poblados no fue un rasgo destacado del registro hasta momentos bastante posteriores, aunque no fue así en el mundo calcolítico de Los Millares (MOLINA, 1988) o El Malagón (MORENO, 1993). 70 Larsson (1990) al analizar los enterramientos epipaleolíticos del sur de Escandinavia ha intentado desentrañar el significado ritual que, según él, no se reduce a los derechos de propiedad sobre la tierra circundante en base a la justificación por los ancestros (ver los problemas de este modelo en mi introducción), sino que también implica (y sobre todo yo diría que es su función principal), la perpetuación de la organización social en base a un ritual elaborado y a la posición relativa de las sepulturas (al parecer en agrupaciones familiares), y también una prueba en este sentido serían los enterramientos de perros en el yacimiento que no sólo muestran la importancia de este animal sino que, además, desde el momento en que a veces se encuentran solos en las tumbas, con tratamiento ritual complejo e incluso ajuar, deben tener una seignificación especial, posiblemente la representación de su dueño desaparecido según Larsson (1990). En este trabajo veremos además otras funciones de los enterramientos de perros (LIZCANO et al., 1991; 1991-92) pero siempre relacionables con su papel socio-económico en la caza o el cuidado de los rebaños.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 105 la complejidad de las tumbas localizadas, su ajuar, y la inexistencia de éstas en los pequeños poblados dependientes; sino que sólo sería necesario, para marcar el territorio explotado y la cohesión del grupo agregado, el enterramiento de alguno de sus miembros, ya fuesen los primeros fallecidos, los que tomaran la decisión del emplazamiento, los más ancianos o el entorno de aquellos que jugaban un papel importante en épocas de conflicto social. Si el enterramiento familiar hubiese sido en su origen un símbolo de poder, no se comprende por qué no hubo fenómenos de emulación 71 , especialmente por parte de aquellos segmentos de la población en los que se debió basar la conservación de este poder, y cuando las diferencias no podían ser ocultadas por un mecanismo ideológico tan hábil como el enterramiento colectivo (SHENNAN, 1982; KRISTIANSEN, 1984; WHITTLE, 1988a) que se impondrá en Europa Occidental a lo largo de la mayor parte del III Milenio 72 . Otro aspecto importante es la continuidad entre el lugar de residencia y el lugar de enterramiento (LIZCANO et al., 1991) y la coincidencia total que se establece por tanto entre la forma de las estructuras funerarias y la forma de las estructuras para los vivos. En relación al megalitismo europeo se ha resaltado a menudo la similitud entre las formas de las tumbas (túmulos y cámaras) con las de las casas, y sobre todo se han intentado explicar las tradiciones tumulares respecto al tipo de vivienda previo (PEARSON, 1993; SHERRATT, 1990). La existencia de tumbas subterráneas, incluyendo después cuevas artificiales, al igual que las zanjas, que a continuación vamos a analizar, tal vez suponga una mayor relación con la tierra que las sustenta, la tierra 71 Para algunos ejemplos ver Randsborg (1989), Pearson (1982), etc. 72 Hablamos siempre en fechas de radiocarbono no calibradas, debiéndose tener en cuenta además que en muchas zonas de Europa el Megalitismo se remonta, al menos, a los inicios del IV Milenio.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 106 domesticada, agrícola en momentos sólo posteriores a la inicial agregación, no sólo al limitarla con las zanjas sino al extraerla, al removerla y enriquecerla con los difuntos (ver CAMARA y LIZCANO, 1993; BLOCH, 1988), y con aquellos animales que la defienden y aprovechan. La continuidad en la ocupación y relación ideológica de la comunidad con la tierra que ocupa y explota viene también así sugerida por la presencia en muchos de estos poblados de zanjas discontinuas de perfil en V o U. Si en principio, y en relación con las hipótesis que manejamos, éstas debieron ser los límites simbólicos de la nueva comunidad, y una diferenciación también disuasorio-defensiva con respecto a otras comunidades, pronto debieron adquirir el papel santificador de la tierra sugerido en el párrafo anterior, a medida que ésta se consolidaba como medio de producción y cuando, rápidamente también, se aceleraba la diferenciación social. La importancia de la relación con la tierra, agudizada por su extracción del foso y su deposición en el terraplén (CÁMARA y LIZCANO, 1993; LIZCANO et al., 1994) se cumple no sólo en la tierra que delimitan estas estructuras (en cuyo interior el ganado podría hallar excepcional refugio) sino también en las funciones precisas y variadas a que fueron destinadas estas zanjas. Su asociación a otras estructuras subterráneas o más allá a los primeros grandes poblados en toda Europa no puede ser casual y nuestros vecinos han llegado a distinguir varios monumentos en los que intervienen las zanjas como elemento simbólico (y a veces difícilmente salvable) de cierre (ver WHITTLE, 1988; PEARSON, 1993, etc.). En la Península Ibérica las fotografías aéreas del yacimiento de La Pijotilla revelan un trazado casi circular de este tipo de estructuras, englobando en su interior una superficie de "80 has."(HURTADO, 1991) dentro de las cuales se considera que también están las tierras de cultivo". Nuestra opinión es que hay que pensar que
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 107 incluyen todas las áreas de actividad cotidiana de la comunidad, en este ejemplo también los enterramientos en tholoi y las tierras destinadas al ganado, si bien en los momentos más antiguos los recintos no debían ser de tanta extensión. También en Martos la extensión de las zanjas, según muestran diversas prospecciones superficiales, cubre bastantes hectáreas en los alrededores del Arroyo de la Fuente, en las tierras potencialmente más ricas y más cercanas a los cursos de agua (CÁMARA y LIZCANO, 1993). En el caso de Los Pozos (Higuera de Arjona, Jaén) (HORNOS et al., 1986; NOCETE, 1988), la estructura excavada de este tipo ha sido interpretada, en base al relleno estratigráfico y la configuración alisada y verticalizada (incluso con adobes) de las paredes, como fortificación con utilidad de drenaje esporádica y en ningún caso como de riego. Interpretación con la que estamos totalmente de acuerdo (LIZCANO et al., 1991-92; CAMARA y LIZCANO, 1993), debiéndose rechazar la hipótesis de las "zanjas de drenaje" propuesta para algunos casos tanto en la Península Ibérica (FERNÁNDEZ y OLIVA, 1985 y 1986; PERDIGONES y GUERRERO, 1985) como en otras zonas europeas (TINE, 1983) por distintas razones: en primer lugar por la complejidad en su construcción, ya que se exige un gran esfuerzo para construir zanjas de hasta 4 m. de anchura y 7 m. de profundidad innecesarias para cuestiones de drenaje (FERNÁNDEZ y OLIVA, 1986), en segundo lugar por la discontinuidad e irregularidad de sus trazados con recintos incluso dobles (RUIZ LARA, 1989), que sugiere un deseo de complicar el acceso tal y como se ha documentado en diversas zonas de Europa, incluso con terraplenes y murallas, para momentos cronológicos similares (TOUPET, 1988; JOUSSAUME, 1988; ANDERSEN, 1988) ya que si bien no conocemos por el momento todos estos elementos en la Península, sí pueden indicarse revestimientos de adobes (HORNOS et al., 1986; GIL-MASCARELL y RODRÍGUEZ, 1987) e incluso continuidad entre los trazados de las zanjas y muros de fortificación posteriores. Aunque
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 108 algunos prefieren no asegurar el carácter defensivo de estas estructuras (MURILLO et al. 1985) éste no puede descartarse, en base a las evidencias conocidas sobre sistemas de fortificación en el Sureste en momentos calcolíticos, con articulación de muralla con refuerzos y fosos exteriores (ARRIBAS et al., 1981; 1985), y las noticias de otras zonas europeas (DARVILL, 1982), donde ceremonias rituales y carácter defensivo, al menos esporádico, van siempre unidos incluso en los casos en que estas zanjas delimitan zonas exteriores al verdadero poblado (KRISTIANSEN, 1984; WHITTLE, 1988a), pero donde se refugia la población en caso de conflicto y donde se han documentado a veces evidencias de muertos violentos e incendios (PEARSON, 1993). En definitiva debemos concluir con diversos autores (HORNOS et al., 1986; NOCETE, 1988; ARRIBAS y MOLINA, 1984a) que estamos ante estructuras de fortificación que habría que relacionar con la emergencia de los primeros conflictos sociales y con la necesidad de afirmar la cohesión de la comunidad, también ideológicamente, hacia el interior. A esta interpretación sirve de apoyo otro argumento como es la permeabilidad de algunos de los terrenos en que se emplazan estos poblados, que hace innecesarias obras "hidraúlicas", tan colosales, para el drenaje, sin perjuicio de que en determinadas circunstancias las zanjas facilitaran la concentración de aguas más que su evacuación y salida, lo que sin duda las haría más infranqueables 73 . Atribuyendo en definitiva una función simbolico-defensiva a estas estructuras (WHITTLE, 1988b), quedaría por señalar que la aparición de diversos recintos 73 Las objeciones de Martín de la Cruz (1985) sobre la funcionalidad defensiva de las zanjas a partir de la irregularidad del trazado de estas, vemos que carecen de valor ante lo expuesto sobre la complejidad de las fortificaciones de piedra que en algunas zonas parecen suceder y en otras sustituir el sistema de zanjas con empalizadas.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 109 concéntricos no implica, en todos los casos, abandono del recinto más interior tras una hipotética ampliación del poblado, ya que diversos círculos contemporáneos pudieron estar rodeados por otro mayor y más exterior, si bien es indudable la sucesión cuando alguna de estas estructuras queda completamente sellada (NOCETE, 1988). Más sugerente sería incluso interpretar los recintos interiores como la pervivencia en el seno de la comunidad agregada de las diferencias entre los grupos que la componen, aunque encontraríamos los mismos problemas que hemos achacado a Andrés (1990). En esta línea habría que investigar si su desaparición coincide p. ej. con la homogeneización presente, a partir de determinados momentos, en las cerámicas decoradas (ver LIZCANO et al., 1991-92, 1994). Gracias al registro arqueológico de Martos hemos prestado atención a otros fenómenos que sugieren la importancia de la adscripción al lugar de residencia y de la conservación de las inversiones económicas que estaban teniendo lugar y la circulación del producto que a raíz de ellas se había establecido. Hemos podido así demostrar la indudable relación entre la actividad ritual y la vida cotidiana, la reproducción del sistema de vida imperante y la lucha por intentar imponerse a las fuerzas de la naturaleza, además de proporcionar enormes posibilidades para la diferenciación interna del grupo y el dominio sobre otros poblados. Hablamos aquí de las inhumaciones de animales completos y que por tanto no han sido consumidos. Este hecho es conocido para este horizonte, y subsiguientes, en gran parte de Europa (EVANS, 1988; WHITTLE, 1988a), y no carecemos de referencias de estas inhumaciones en poblados del sur de la Península Ibérica (HURTADO, 1991; GENER, 1962) o incluso en los alrededores de Madrid (BAQUEDANO y BLANCO, 1994). Para comprender estas inhumaciones debemos estudiar las estrategias económicas del grupo social que ocupó el yacimiento de Martos, enfocadas en gran parte sobre diversos tipos de explotación ganadera, y su relación con los evidentes conflictos sociales a los que la consolidación del lugar de residencia y el
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 110 control de la producción estaría dando lugar, especialmente entre los grupos que debieron unirse y cuyas áreas de residencia pueden definirse a través de excavaciones extensivas. En primer lugar la ternera recuperada en la estructura XV (LIZCANO et al., 1991, 1991-92) ocupa casi en su totalidad la mitad meridional, acompañada de otros restos faunísticos y otros elementos dentro del mismo estrato, especialmente sílex, pero sobre todo de una capa de cenizas que no corresponde a un hogar en uso, sino a una nivelación sobre la que se sitúa el animal, cuyos restos óseos no presentan indicios de estar quemados por el fuego. El esqueleto de la ternera queda cubierto por otro estrato que precede a una nueva utilización de la estructura, en el que abunda el material lítico tallado, similar al estrato que antecede a la inhumación. A esta evidencia hay que añadir la ausencia de huellas de corte y descarnamiento, la excepcional conservación del esqueleto y la anómala edad del individuo en relación a los patrones de matanza de los bóvidos en Martos durante la ocupación del Neolítico Final (ver LIZCANO et al., 1991-92). Todos los datos sugieren una muerte accidental o por enfermedad del especimen 74 , el cual no fue considerado apto para el consumo humano como consecuencia de la excepcionalidad de su muerte, y la nueva e importante función a que podía ser destinado. Si tenemos en cuenta la inversión plurianual que supone la cría de bóvidos y el aporte cárnico tan considerable de estos animales, la pérdida de un individuo supondría para la comunidad un gran impacto, especialmente si tenemos presente que ésta no sería única (depredadores, enfermedades, accidentes, etc) y que una vía para intentar atajar la perdida de nuevos ejemplares podría 74 Si bien no se puede descartar el sacrificio a través de una muerte que no produjera fuertes alteraciones en el esqueleto, aunque, en cualquier caso la función social cumplida por la inhumación sería prácticamente la misma. Además en la mayoría de los casos conocidos de sacrificios animales, éstos se consumen en una u otra forma, al menos por algunos miembros de la comunidad (LINCOLN, 1981).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 111 ser el enterramiento/sellado de un especimen elegido al azar o por las circunstancias de su muerte, acompañado probablemente de determinadas ceremonias y rituales que no nos es fácil desentrañar 75 . De otra parte este ritual podía ser dirigido por algún tipo de especialistas en cuyo favor paradójicamente podía repercutir parte del ganado salvado de la muerte. Sin embargo dentro de la cabaña ganadera de Martos (LIZCANO et al., 1991- 92) los bóvidos no parecen representar un alto porcentaje, su presencia sí es significativa dada la concentración de los restos en las estructuras de hábitat y despiece de animales, y su extensión por toda la estratigrafía de éstas, pudiéndose pensar en un reducido número de animales por familia y, por tanto, en unión con lo hasta ahora referido, una relativa igualdad social, que debe contrastarse con la excavación de otras zonas del yacimiento. El cráneo de carnero, previamente descarnado, y situado cuidadosamente dentro de la estructura XXVa, y con los cuernos limados y cortados, también puede ser interpretado con un doble significado ritual, en primer lugar podría asegurar la capacidad reproductiva del rebaño a través del sacrificio, del que en este caso no se excluyó el consumo del animal 76 , y la exhibición de uno de sus machos, en segundo lugar el énfasis en la capacidad reproductiva del macho podría trasladarse a las esferas humanas, para justificar la subordinación de las mujeres 77 . 75 El significado de esta inhumación es muy diferente del que sugiere las inhumaciones de bóvidos en circulo en torno a una tumba en el yacimiento de Buchow-Karpzow (Alemania) (WHITTLE, 1988a), aunque una explicación alternativa a la representación del poder de las personas inhumadas podría ser la de una epidemia, si no se tienen en cuenta otras carcteristicas de la deposición funeraria. Whittle (1988a) sugiere una estrecha conexión de estos fenómenos con la vida cotidiana de la comunidad. 76 Como muestran sus vértebras halladas en el fondo XV destinado al despiece de animales, además de a la ofrenda de la ternera, en una de sus fases de utilización, como ya hemos referido (LIZCANO et al., 1991-92). 77 G. Lerner (1986) presenta la importancia que tiene la minusvaloración del papel reproductivo de las mujeres, que paradójicamente, junto a su trabajo, es lo que se pretende controlar (MEILLASSOUX, 1975), en la consolidación del dominio masculino, encontrándose algunas de las
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 118 1991-92) la desaparición del yacimiento de Martos 84 , cuando el conflicto no se reduce a fricciones puntuales por controlar determinados recursos, especialmente los rebaños, sino a enfrentamientos directos por el control del territorio y la presión que genera la consolidación de éste. Formación, delimitación y consolidación de los territorios son pruebas de la evidente aparición del Estado y su desarrollo como sistema coercitivo (ENGELS, 1884; LENIN, 1917a). Las diferencias internas se ocultan a través del aparato ideológico, p. ej. en el Sureste a través de los enterramientos colectivos, si bien en el Valle del Guadalquivir la restricción del enterramiento a algunos grupos invalidaría las generalizaciones simplistas. En estos casos es más efectiva la presión sobre el exterior y la exacción tributaria garantizada a través de los fortines (NOCETE, 1989a, 1989b, 1989c). El fenómeno de convergencia que parece producirse a finales del IV milenio en cuanto a patrones de asentamiento y cultura material en general, no se circunscribe a un área concreta del Guadalquivir, sino que afecta de forma global a todo el Valle, incluso a áreas de Extremadura y Portugal, y coincide en líneas generales con el mismo proceso de agregación en el Sureste (MOLINA, 1988; FERNÁNDEZ-MIRANDA et al. 1993). La importancia de este hecho ha sido tenida en cuenta desde hace tiempo por algunos investigadores (ARRIBAS, 1979a, 1979b; CARRILERO et al., 1982), aunque de manera lineal se explica como una difusión valle arriba de la llamada "Cultura de Los Silos del Bajo Guadalquivir" por un lado y desde el Sureste por otro (CARRASCO et al., 1980). A pesar de que en los últimos años se ha generado en el Alto Guadalquivir un mayor 84 Esto no quiere decir que el rico entorno de la actual ciudad de Martos se desocupe, por el contrario las noticias sobre hallazgos eneolíticos y de la Edad del Bronce en el mismo casco urbano son abundantes y las mismas citas clásicas nos hablan de la ciudad ibérica de Tucci.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 119 conocimiento del sustrato poblacional sobre el que podría haberse desarrollado el proceso desde finales del IV milenio (FERNÁNDEZ-MIRANDA y OLMO, 1986; PEREZ y ZAFRA, 1991; ARTEAGA et al., 1993), éste sigue siendo insuficiente para emprender un estudio de las diferencias regionales dentro del Alto Guadalquivir aunque algunos rasgos como la concentración de sílex y quizás el desarrollo de fuentes carenadas de gran diámetro parecen mostrar diferencias con otras zonas del valle del Guadalquivir, al mismo tiempo que el fuerte ángulo que forman las carenas en los recipientes 85 y el cuidadoso tratamiento exterior e interior de éstos los diferencian de los cacharros presentes en otras zonas como el Sureste, en el que pese a la existencia también de sustratos neolíticos previos con abundantes cerámicas decoradas, formas en saco, etc., en los momentos en que se empieza a concentrar la población (MOLINA, 1988; FERNANDEZ-MIRANDA et al., 1993; CAMALICH et al., 1993) el proceso posterior verá florecer el desarrollo de importantes diferencias en cerámica (ARRIBAS y MOLINA, 1979a, 1979b; MORENO, 1993), sílex (MARTINEZ, 1985; MARTINEZ, 1991; RAMOS et al., 1991; AFONSO, 1993), distribución y tipo de sepulturas (CAMARA et al., 1993), etc 86 . La importancia de los contactos ha sido resaltada de nuevo por diversos investigadores tras unos años de excesiva compartimentación positivista (ver BRADLEY y CHAPMAN, 1982; DARVILL, 1982; PEARSON, 1993; GILMAN, 1993). La complejidad de los poblados localizados en los últimos años en otras zonas de la Península Ibérica 87 como la Meseta (DELIBES y FERNANDEZ-MIRANDA, 1988), el valle del Ebro (GALILEA, 1981; 85 Aun teniendo en cuenta las acertadas críticas al uso de este fósil guía como caracterizador de culturas (CARRILERO y MARTINEZ, 1985) se pueden utilizar estos rasgos como vías para iniciar el estudio del conjunto de la cultura material y un análisis no meramente subjetivo, sino en cierto grado cuantitativo, de este tipo de recipientes (ver LIZCANO et al., 1991-92). 86 Martínez y Sáez (1984) señalan, sin embargo, que en un momento avanzado del Cobre la presión de Millares produce cierta homogeneización formal en todo el Sureste, aunque, sin duda, la separación entre formaciones sociales pervive como veremos. 87 Ver nota 83.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 120 ANDRÉS, 1990), el País Valenciano (BERNABEU et al., 1988) e incluso Galicia (MÉNDEZ y GONZÁLEZ, 1988) se suma a los yacimientos del Horizonte de Sepulcros de Fosa en Cataluña (MUÑOZ, 1965; MARTIN, 1988) para rechazar cualquier tentación difusionista simple o incluso colonialista, aunque algunos investigadores siguen sin dar su brazo a torcer (FERNÁNDEZ y OLIVA, 1985). Por otra parte la importancia de la convergencia no estriba en dónde se origina sino en cómo se produce y por qué se generaliza. La posibilidad de solucionar estas cuestiones pasa por entender el Valle como una unidad histórica además de geográfica, en la que los mecanismos de interrelación entre las distintas comunidades constituyen las bases y las pruebas de la convergencia; y la hipótesis aquí manejada de agregación para evitar las tensiones del intercambio de mujeres, sin perder el control de la fuerza de trabajo, y la sedentarización a la búsqueda de un territorio estable donde desarrollar la potencialidad de la mano de obra futura y de diversas fuentes de riqueza, puede abrir una vía en este sentido, señalando las causas para el funcionamiento del intercambio diferido que varían según el momento histórico tratado. En estas líneas nos estamos refiriendo al momento en que las deudas en mujeres, y por tanto sus símbolos, estaban dejando de ser necesarios a nivel general, aunque como reflejan los mundos aristocráticos los matrimonios entre élites distantes o vecinas suponen una variedad del modelo de trascendental importancia para asegurarse el dominio sobre un territorio o sobre recursos lejanos, que pudieron servir a su vez como símbolos garantes de su poder (SHENNAN, 1982; GILMAN, 1993; RUÍZ-GÁLVEZ, 1992). Sólo a partir de estos momentos tiene sentido una oposición ideológica entre el grupo y el exterior, o, si se prefiere, el caos (THERBORN, 1980), desde que el grupo se vive como una unidad donde incluso las oposiciones entre clanes maternos y paternos son
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 121 más tangibles (LINDSTRÖM, 1988; BLOCH, 1988), y sus contradicciones deben ser justificadas a través de la Ideología (SCARDUELLI, 1983). Previamente la maraña de alianzas externas, para garantizar la reproducción del sistema social, aun en el seno de la misma formación económico-social difícilmente, por su misma flexibilidad, de forma especial en el plano temporal, podía ser conceptualizada como una oposición entre nosotros y ellos, de manera tal que el conflicto pudiera continuar a través del aprendizaje, y así reproducirse, aunque las grandes reuniones (fiestas) pudieron ayudar en algunos momentos (CONKEY, 1980; PEARSON, 1993). De esta manera, también en el plano ideal, la sedentarización facilitaba la identificación. De forma contraria las oposiciones ideológicas que se diseñan en las sociedades clasistas frente al "otro", y que son de igual manera un puntal en el sostenimiento del sistema social basado en siglos de cohesión, en la transformación ideológica, nunca se corresponden totalmente con la actitud que hacia el "otro" toman las élites, y así se comercia con presuntos "enemigos", se realizan alianzas dinásticas, se cambia de aliado en una guerra, etc. En las sociedades aristocráticas descentralizadas, a las que posteriormente nos referiremos, estos mecanismos son especialmente difusos. A medida que las bases socioeconómicas cambian, e influyendo fundamentalmente en ellas, las reglas de parentesco van siendo incluidas en otra organización en que lo básico es ahora la residencia, la adscripción a una tierra controlada por la comunidad o por las élites. Estas diversas funciones de la afirmación de la identidad cultural y el tratamiento del extraño son las que explican las diferencias presentadas por Lévi-Strauss (1973:113-114) entre la minusvaloración del extranjero, su negación, y el respeto ideal a lo exótico, a la alianza matrimonial lejana. Naturalmente en estos últimos casos se utiliza la importancia, real o imaginaria, del extranjero, el visitante, en el propio beneficio.
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 122 Fig. 3. Zonas andaluzas de atención preferente en nuestro estudio. A.1. Alto Guadalquivir (a. Campiña Occidental Baja, b. Cuenca del río Jándula, c. Cuenca del río rumblar, d. Zona Oriental de la Depresión Linares-Bailén, e. Vega del Guadalquivir, f. Campiña Occidental Alta y piedemonte, g. Loma de Ubeda). A.2. Sureste (a. Cuenca del río Andárax, b. Alpujarra almeriense y Campo de Níjar, c. Pasillo de Tabernas, d. Bajo Almanzora, e. Alto Almanzora, f. Zona de Galera, Orce, etc., g. Pasillo de Cúllar-Chirivel, h. Los Vélez, i. Sierra de Baza y rio de Gor. B. Zonas de contrastación (1. Depresión de Ronda, 2. Vega del Guadalquivir cordobesa, 3. Los Pedroches, 4. Alta Campiña oriental cordobesa (Castro del Río-Baena), 5. Subbética cordebesa, 6. Cuenca del Odiel).
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 123 B) Los límites de la reproducción social La presión interna y las armas del poder (religioso-militar). El establecimiento del sistema ideológico-parental Las nuevas relaciones entre hombres y mujeres que, según Meillassoux (1975), acompañan el inicio de la explotación agropecuaria con la finalidad de mantener el ciclo reproductivo biológico y por tanto el aporte continuo de fuerza de trabajo, exígian nuevas relaciones más estrechas entre los diversos grupos sociales que ocupaban un área determinada. El mantenimiento de las redes de alianza para el intercambio de mujeres y sus símbolos (en forma de "dote") pudo derivar en fenómenos de desigualdad entre grupos (deuda de mujeres y por tanto de sus hijos, o de animales si éstos se habían convertido en la dote deseable, al igual que muchas veces son el elemento preferido para los sacrificios, adquisición del símbolo de un valor de cambio independiente que justificaría la posición de algunos grupos que produjeron determinados elementos que alcanzan prestigio, etc), o dentro de ellos (potenciación ideológica del anciano/chamán, donante de los frutos de la tierra, ligado con la comunidad con la que se identifica -GODELIER, 1974; SCARDUELLI, 1983- y organizador de las reglas de intercambio, -CHAPMAN, 1981a; BLOCH, 1981 y 1982-, identificación ideológica de ciertos hombres con las mujeres - GODELIER, 1982-, reparto de beneficios de la produccción en lugar de las cargas, - MEILLASSSOUX, 1975-). Además el proceso una vez iniciado en el nivel aldeano con prestaciones de trabajo en bien de la comunidad, o de sus representantes, es rápidamente susceptible de ser aprovechado desde instancias superiores a través de la conquista y la exacción, enmascarada en complicidad con las élites tradicionales respetadas o con aquellos que se han colocado en su lugar (ver GODELIER, 1974; SCARDUELLI, 1983; GAILEY y PATTERSON, 1987; y una exposición del dominio justificado por la defensa en GILMAN, 1976, 1987a, 1987b, 1991).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 124 Otro problema es considerar hasta qué punto ese ritual de cohesión 88 , que implicaba el enterramiento de determinados miembros de la comunidad periódicamente, fue usado a posteriori por ciertos grupos sociales para impulsar y consolidar su posición preeminente, aunque a veces la relación familiar que se presente sea totalmente ficticia (ver THAPAR, 1981), y aunque la evolución posterior hacia el enterramiento colectivo 89 , que no implica a la totalidad de la población, sugiere que se optó por atraer a la mayor parte de la población hacia lo que se suponía que eran objetivos comunes del poblado, de la sociedad, lo que a su vez explicaría la erección de las grandes obras "públicas" como las murallas que no sólo actúan como frontera al exterior sino también hacia el interior (NOCETE, 1989a; CRIADO, 1989a), aunque al igual que el tributo esta situación queda enmascarada. Incluso entre las mismas sepulturas se manifiestan pronto las diferencias 90 posiblemente entre clanes (CHAPMAN, 1979a; MOLINA y ARRIBAS, 1993), que son 88 Sistemas diferentes de segregación y agregación se conocen en diversos lugares de la Península, así el conocido caso de Los Millares podría utilizar ambos mecanismos para integrar, reconstruyendo ideológicamente un origen hipotético, alguna de las poblaciones de su entorno (MALDONADO et al., 1991; ARRIBAS et al., 1981, 1985; MOLINA, 1988, 1989; ARRIBAS y MOLINA, 1991). En el caso de las Campiñas del Alto Gualdalquivir sólo se ha estudiado la distribución de fortines (NOCETE, 1988, 1989a, 1989b) si bien las características de las necrópolis de cuevas artificiales, concentradas y sin impacto visual directo (LUCAS PELLICER, 1968; RUIZ, 1983), llevan a pensar que su función principal estaría vinculada a estos mecanismos, de ahí también su escasez relativa con respecto al elevado número de poblados documentados, y que no se puede explicar sólo en función de la difícil perceptibilidad de estas estructuras subterráneas. 89 Recientemente se ha criticado el uso del término colectivo para referirse a estas tumbas (ANDRES, 1989-90) por el mero hecho de que se han producido en unos casos por acumulación de inhumaciones individuales y en otros por circunstancias de muerte catastrófica, sin embargo, en mi opinión, hay que seguir utilizando el término porque las tumbas así llamadas no son un simple contenedor de restos sino la expresión del grupo que se identifica en ellas, la negación de la importancia de la persona individual (BLOCH, 1988) y la vía para la cohesión del grupo o el enmascaramiento de las diferencias sociales (SHENNAN, 1982). 90 Los elementos exóticos están presentes en las tumbas de numerosas zonas de la Península Ibérica, pero si se han utilizado para sugerir relaciones entre diversas zonas de ésta o para marcar
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 125 sugeridas también desde el estudio de los poblados a un nivel territorial (NOCETE, 1988, 1989a; MOLINA, 1988), e incluso desde el análisis del yacimiento de Los Millares, que aunque centrado aún en las fortificaciones, sugiere también diferencias internas concretadas en estructuras especializadas (MOLINA et al., 1986; ARRIBAS y MOLINA, 1987, 1991; MOLINA, 1988); pero por otra parte a través del ritual funerario lo que se puede comunicar es el carácter secreto de determinadas ceremonias (SCARDUELLI, 1983), el poder exclusivo de ciertos individuos para interceder ante las fuerzas exteriores (o anteriores) que supuestamente regulan la vida humana (BONANO et al., 1990; KIRCH, 1990), hecho que no parecía suceder aún en momentos más antiguos y así en Martos diversos rituales de cohesión estaban muy extendidos y presentes en diversas estructuras excavadas mostrando entre ellos una especial unidad que nos revela una cierta planificación en la agregación (LIZCANO et al., 1991-92; CÁMARA y LIZCANO, 1993) y una importante conexión con la ganadería. Recientemente se ha destacado el papel de los símbolos en la adscripción desigual de unos poblados a otros (NOCETE, 1988, 1989a; MOLINA, 1988; MALDONADO et al., 1991), y Scarduelli (1983) resalta la importancia del dominio de las esferas fantasmales, el enmascaramiento de la desigualdad y su justificación por el ritual, así como el aprovechamiento, como hemos dicho, de mecanismos previos de solidaridad comunal en favor de una élite más avanzada, primero la aldeana y después la imperial (ver también GODELIER, 1974; RUÍZ, 1978, etc.). límites culturales por su distribución o el papel que cumplen en cada zona en base a su presencia diferencial (VAZQUEZ et al., 1987; CRIADO y FABREGAS, 1989; DELIBES et al., 1986; GALAN y MARTIN, 1991-92), se puede sugerir también que pueden mostrar una diferenciación social importante, atestiguada también por las diferencias en monumentalidad de las tumbas si se logra aislar la secuencia constructiva (JORGE, 1982).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 126 Sin embargo la importancia del parentesco no desaparece, mientras los miembros comunes de la sociedad van siendo arrinconados en clanes y secciones que pierden prestigio, a medida que se empobrecen, las élites se desarrollan al potenciarse primero sus propios clanes, las funciones en que se especializan, y después las familias que los componen. La negación de los segmentos a través del enterramiento colectivo que tiende a mostrar la permanencia única de la parte colectiva de la comunidad (BLOCH, 1988), y su conexión a la "tierra domesticada", hace que la importancia ritual se encamine progresivamente desde la comunidad a aquellos que la representan (el faraón, el jefe, etc). Sin embargo la cercanía parental a éstos es aún una fuente de poder, aunque se haya conseguido ilusoriamente como representantes en las tierras sometidas, las élites atraídas, o como sus administradores-delegados. La sanción matrimonial a menudo es frecuente, y por ello se pueden justificar los derechos a la revuelta, a la ruptura aristocrática en la periferia (NOCETE, 1988, 1989a). De tal modo al mismo tiempo que se priva de sus raíces parentales a la masa del pueblo, las élites las utilizan para fortalecer sus alianzas o justificar su posición (THAPAR, 1981). La anulación del parentesco se evidenciaba también con la atracción de clientes/siervos a sus propios clanes, en realidad sirviendo a las familias dominantes de éstos. El mecanismo era múltiple: servidumbre por deudas, guerreros a los que se prometía riquezas, extranjeros a los que se acogía, etc. En los mitos indoiranios la presencia de una divinidad desplazada y/o un primer hombre/rey sacrificado por el bien de la comunidad, por la creación del mundo y los bienes que éste contendrá, ganado vacuno susceptible de ser apropiado (LINCOLN, 1981) representa la victoria de la aristocracia (unida al orden sacerdotal) frente al monarca teocrático anterior, el antiguo exponente de la comunidad. Ahora los dirigentes no son la
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 127 comunidad sino sus protectores, los garantes de la adquisición de bienes y por tanto del bienestar de toda la comunidad. Los dones ofrecidos son ahora de otra clase y se justifican de otra forma pero la explotación se sigue ocultando y el sistema social sigue siendo clasista, es más las diferencias se han agudizado y sólo con las conquistas y el trabajo de los siervos, los plebeyos, podían sentirse en una situación privilegiada 91 especialmente si en los conflictos entre los miembros de la clase dominante debía recurrirse a ellos por parte de alguna sección (principalmente los sacerdotes, menores en número y casi monopolizadores de la ideología diseñada para mantener el poder) (LINCOLN, 1981). La presión interna y la promesa exterior. Conquistas y aceleración de la diferenciación. La adaptación del sistema ideológico Ya se ha dicho que enterramientos del tipo documentado en Martos pudieron ser utilizados por determinados miembros de la sociedad para impulsar o consolidar su posición, aunque el enterramiento colectivo que se impone poco después, según la documentación de otras zonas, tiende a enmascarar el proceso de jerarquización (SHENNAN, 1982; WHITTLE, 1988a), y así Kristiansen (1982, 1984) señalaba que, por un lado los megalitos simbolizaban las fuerzas colectivas de la comunidad, y por otro legitimaban y mantenían el poder de determinados linajes a través de sus teóricos ancestros heroicos. También Arteaga (1992) ha señalado como propio de estos momentos 91 En la zona oriental de la expansión indoeuropea los sitemas de dominación servil (y teocráticos) no se habían roto y fueron asimilados por los recién llegados lo que, en cierta medida, impidió la adopción del esclavismo como "modo de producción dominante", tal y como ocurrió en los sistemas más puros en los que se intentó mantener la base social inicial de guerreros a salvo de diferencias internas como base para la rapiña. El mantenimiento del sistema en Grecia y Roma no se logró sin embargo sin el desarrollo de importantes luchas sociales y las transformaciones militares a que condujo la política de conquistas (ENGELS, 1884; STE. CROIX, 1981; MOSSE, 1976; FINLEY, 1959).
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 134 cualquier caso las necrópolis concentradas y las tumbas más dispersas configuran un sistema doble que, si bien garantiza la cohesión territorial, no expresa ni impone un sistema de dependencia tan centralizado como el que se lee del sistema de enterramiento asociado a la necrópolis de Millares, hacia la cual se vincularían las poblaciones circundantes, algunas de cuyas élites podían hallar el premio a su servicio con el enterramiento en ella (MALDONADO et al, 1991; BLOCH, 1982; WHITTLE, 1988a). La presencia de una necrópolis concentrada junto a un gran poblado es no sólo la expresión de su entidad sino uno de los elementos que han generado su grandeza ya que logró centralizar ideológicamente los enterramientos de un área amplia en la forma de un retorno simbólico a los orígenes (ver BLOCH, 1981 para un ej. etnográfico) desarrollando funciones de centro ceremonial. El sistema en este caso se puede combinar en el caso de Millares con un control rígido del territorio a base de fortines (ARRIBAS et al, 1981, 1985; ARRIBAS y MOLINA, 1984; MOLINA, 1989), que no se han localizado en Tabernas, aunque sí en la zona del Almanzora (MARTINEZ y SAEZ, 1984; MARTINEZ et al., 1989; CAMALICH et al., 1993). En el Andarax además la integración de un mundo de megalitos dispersos, pero cercanos a pequeños poblados en la zona de Alhama y necrópolis del Puntal de la Rambla (Baúl) (SANCHEZ, 1990). Sólo con un mercado asentado se pueden dar poblaciones exclusivamente ganaderas y móviles (HOLE, 1968), vinculadas al intercambio regional. De esta manera cabe rechazar la consideración de las sepulturas alineadas y relativamente dispersas del sur de la Península Ibérica como los referentes puntuales de los poblados pequeños y móviles neolíticos frente a las necrópolis concentradas calcolíticas (ver AGUAYO et al., 1989-90), lo que ocurre es que se va configurando un paisaje ritual (COONEY, 1990) que remarca una ruta utilizada desde los primeros momentos y se destaca la permanencia de los poblados a través de la continuidad de lo visible (CRIADO, 1993) y la utilización de los ancestros como justificadores de la posesión y la identidad con el territorio (CHAPMAN, 1981a; BLOCH, 1981, 1982; FRASER, 1983; CRIADO, 1989a; etc.), convertido por el trabajo en medio de producción ya sea más indirectamente a través de rutas y cercados para los rebaños, o de forma más directa, y progresivamente, como terreno agrícola.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 135 Gádor, supone el control de la mayor parte de los recursos subsistenciales, y del mineral de cobre (CARA y RODRÍGUEZ, 1984, 1989). Habría que plantearse qué beneficios reciben las élites de las comunidades megalíticas que se hallarían representadas en la necrópolis de Millares y en algunas tumbas especiales de la Loma de Huéchar p. ej. Sin duda entre estos beneficios estaría el apoyo central a su propio papel de control coercitivo en la periferia. Sin embargo el sistema para su estabilidad exigía un control desde el centro que se expresa en los diversos fortines que rodean a Los Millares (ARRIBAS et al., 1981, 1985; MOLINA, 1988, 1989; CARA y CARRILERO, 1985; CARRILERO et al., 1986). Este control se ve reflejado incluso en yacimientos del Andárax Medio, existiendo además asentamientos temporales en la zona (CARA y RODRÍGUEZ, 1986), como los que parecen existir en el sur de Filabres. Un estudio detenido de la distribución de tumbas y poblados muestra que existen rasgos de conexión en cuanto a visibilidad, control de rutas y de territorios de explotación económica, y rasgos de cultura material (puertas perforadas en los megalitos p. ej.) (CARA y RODRIGUEZ, 1984; RODRIGUEZ, 1982). Además la presencia de tumbas megalíticas en la necrópolis de Los Millares (ALMAGRO y ARRIBAS, 1963) sirve de conexión, posiblemente vinculando élites (MALDONADO et al, 1991; CAMARA et al., 1993; LIZCANO et al., 1991-92). La investigación futura también podría probar el grado de diferenciación interna, expresado dentro de las sepulturas, entre las necrópolis, e incluso dentro de una misma necrópolis, como p. ej. se ha visto en el caso de Los Millares (CHAPMAN, 1979a). Tal vez el ej. más evidente a través de la prospección superficial es la distribución de las grandes tumbas circulares ya referidas, a menudo con corredor determinado, muy cercanas, y que casi en ningún caso demuestran una búsqueda de control visual sobre el territorio, aunque sí conexión con otras sepulturas y búsqueda de puntos prominentes, por
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 136 lo que hay que buscar explicaciones por otros caminos: preeminencia ritual por su tamaño y contenido, y por tanto por el papel de aquellos a los que incluye. También en las necrópolis de Gorafe los elementos presentes en algunas sepulturas como La Sabina 49 o Majadillas 84 (GARCIA SANCHEZ y SPANHI, 1959) sugieren diferenciación social; y también en el sepulcro Domingo 1 de Fonelas (FERRER, 1977), que además se sitúa en una posición central (FERRER et al., 1988). El mismo fenómeno de diferenciación del poder se puede apreciar en la asociación de determinados ajuares como las puntas de flecha al número de individuos (ARRIBAS y SANCHEZ, 1968), sin embargo es difícil suscribir un proceso de individualización en las tumbas siguiendo simplemente a la jerarquización social sin enmascaramiento (como pretende entre otros MATHERS, 1984). La organización a base de fortines en las Campiñas de Jaén es, según la periodización de Nocete (1988, 1989a), bastante más tardía y repentina, vinculando también a una serie de especialistas, una casta de guerreros (NOCETE et al., 1986), y procediendo en poco tiempo a la desintegración total del sistema (NOCETE, 1989b) por las contradicciones de la sobreexplotación en la periferia, las ambiciones de las élites que controlan los poblados secundarios y, posiblemente, la influencia exterior y la disolución de la base económica del sistema. Nos debemos referir ahora a las estrategias económicas que se han planteado para los grupos megalíticos, y calcolíticos en general, y en concreto al papel de la agricultura en estas comunidades, y su repercusión o no en el patrón de asentamiento.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 137 Al menos desde la publicación de la secuencia estratigráfica del yacimiento de Los Castillejos en Las Peñas de Los Gitanos (Montefrío, Granada) y las valoraciones hechas sobre las estrategias económicas de los grupos sociales del IV y III Milenio en base al estudio faunístico realizado sobre el yacimiento citado (UERPMANN, 1979; ARRIBAS y MOLINA, 1979a y 1979b), la agricultura cerealística ha sido considerada como la base económica fundamental para garantizar la subsistencia de esas comunidades (CARRILERO y MARTINEZ, 1985; MURILLO, 1988a; HITOS, 1987; RUIZ, 1987; RAMOS, 1981; MORENA, 1987; ROCA et al., 1985), y en el caso del Alto Guadalquivir (NOCETE, 1986, 1988 y 1989a; PEREZ et al., 1990), ésta se ha planteado también como el aspecto básico en torno al cual se desarrolla la jerarquización social, siendo el excedente cerealístico el objetivo fundamental de aquellos que obtienen el poder, a través del control coercitivo de la fuerza de trabajo, siendo este último punto el que se discute aquí. Para el Sureste la agricultura del cereal se ha visto simplemente como una respuesta adaptativa a una presión demográfica, nunca suficientemente explicada (RAMOS, 1981), y aquellos que abogan por un grado de jerarquización social más o menos desarrollado, han buscado otras explicaciones centradas en la intensificación agrícola a través de la irrigación o el policultivo, ya sea porque es una inversión que hay que defender (GILMAN, 1976, 1987b, 1991) o porque son el resultado de la previsión de unas élites a las que hay que agradecérselo (CHAPMAN, 1982, 1990), el metal como agudizador de los conflictos por su complejidad técnica o por la necesidad de gestionar su intercambio casi comercial "protegiendo" las rutas (GILMAN, 1976; LULL, 1983; MOLINA, 1983), o más recientemente el papel que los mecanismos ideológicos pudieron desempeñar en la consolidación de determinadas dependencias tras las cuales se oculta la apropiación de los resultados de la producción por parte de una clase social, que además extiende, en algunos casos, parte de los beneficios al resto del poblado en que se identifica, o a las élites de otros, y donde en todos los casos parece darse una producción especializada y exclusiva de bienes de prestigio (SHENNAN, 1982; MOLINA, 1988) en
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 138 los que puede incluirse naturalmente el metal 99 , especialmente en forma de armas en época argárica (ver también MORENO, 1993), y que no expresan simplemente una deuda 99 La jerarquización social a través del control de las fuentes de mineral es visible en el Calcolítico a partir del estudio de la evolución de los patrones de asentamiento en la zona occidental del pasillo de Cúllar-Chirivel (MORENO et al., 1991-92; MORENO, 1993) dispersándose los asentamientos en una ruta que corre paralela a los principales filones de la Sierra de las Estancias y que se encuentra salpicada de diversos afloramientos de pequeña entidad como muestra el conocido caso de El Malagón (ARRIBAS et al., 1978; TORRE et al., 1984; MORENO, 1993). No es que las comunidades que vivieran cerca de los filones se vieran favorecidas por la demanda del mineral sino que cuando éste comienza a ser un importante elemento de prestigio (MOLINA, 1988) se ocupan por primera vez determinadas zonas (MORENO et al., 1991-92; MORENO, 1993), aunque también aquí los datos faunísticos sugieren la importancia de los rebaños, principalmente de ovicápridos y cerdos, estos últimos adaptados al ecosistema de dehesa que debía rodear en gran parte el asentamiento (RODRIGUEZ, 1992; MORENO, 1993). También en la zona de la Sierra de Baza el proceso parece similar (SANCHEZ y FERNANDEZ, 1987; SANCHEZ, 1989, 1990, 1993) con gran importancia de la metalurgia aunque también se puede relacionar la dispersión de los poblados con los movimientos de los rebaños, en la parte oriental del pasillo de Cúllar-Chirivel (MORENO et al., 1985), en la zona al norte de las sierras de Orce y María (FRESNEDA et al., 1989, 1990) y en el centro de la Depresión de Guadix (RAYA, 1985; RAYA et al., 1987), aunque, al menos, en los casos occidentales no se trata de una ocupación primaria de un área sino de la reestructuración de los patrones de asentamiento como muestra p. ej. la existencia previa en el entorno del municipio de Cúllar de poblados del Neolítico final, y, lo que es más interesante respecto al tema que estamos tratando en este libro, de sepulturas circulares (escasas y con restos de pocos individuos) que pueden enfatizar el derecho a los recursos que va a explotar una comunidad cohesionada (MORENO et al., 1991-92; MORENO, 1993), debiendo recordarse las excepcionales alineaciones del río de Gor a las que ya nos hemos referido (GARCIA SANCHEZ y SPANHI, 1959). Si en el caso de los poblados calcolíticos de la zona no conocemos las sepulturas otros elementos sugieren la importancia del ritual en la consolidación del poblamiento y en la diferenciación social, especialmente los ídolos (ARRIBAS, 1977; MORENO, 1993) y las murallas (ARRIBAS et al., 1978; TORRE et al., 1984; MORENO et al., 1991-92; MORENO, 1993). Incluso en la zona cordobesa se ha planteado el metal como el elemento en base al cual se dispara la jerarquización, en un artículo en el que se parte de la búsqueda de causas múltiples que en la práctica quedan reducidas al desarrollo "automático" de las fuerzas productivas (CARRILERO y MARTINEZ, 1985), de tal forma que se relaciona el auge metalúrgico de la zona cordobesa, coincidente con el Campaniforme, con la decadencia de Millares, al generarse centros comarcales de distribución (CARRILERO y MARTINEZ, 1985). El proceso supone sin embargo una exagerada área de influencia del poblado de Millares y olvida la presencia de metalurgia en momentos anteriores del Cobre no sólo en Guta (CARRILERO y MARTINEZ, 1985; RUIZ, 1987), sino en otros yacimientos cordobeses del Valle del Guadalquivir como Cabrillas y Cerro de los Peces (MURILLO, 1988a), o del Jándula (Los Santos, PEREZ et al., 1988), el Rumblar (El Tambor, LIZCANO et al., 1987; PEREZ et al., 1990) o la Depresión Linares-Bailén, con el Cerro del Pino, que precisamente no se constituye en un centro jerárquico (PEREZ et al., 1990), al menos desde el
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 139 de alimentos (como en el fondo parece pretender MATHERS, 1984), sino que nos muestran una determinada forma de conceptualización de las relaciones sociales, la forma en que se intentan superar las contradicciones buscando interesar a toda la sociedad en objetivos presuntamente comunes, en que se les engaña con la explotación de las sedes exteriores. Dados los argumentos expuestos en el resto de este trabajo que inciden en la importancia del control social de la reproducción física, y por tanto de la producción diferida, en el surgimiento de una sedentarización más solida, justificada ideológicamente por distintos símbolos, sí puede señalarse que es la última de estas líneas la que nos parece más apropiada para explicar los procesos de cambio que culminan en la consolidación de las clases sociales, e, indisolublemente, del Estado (ENGELS, 1884; LENIN, 1917a), aunque el objetivo fundamental es el control del aparato productivo, siendo mucho más fácil, como ya señalaba Engels (1884) el control del ganado 100 . Lo que podemos denominar "revolución del cereal" según lo que puede extraerse de las obras de diversos autores (RAMOS, 1981; NOCETE, 1986, 1988) es un fenómeno exagerado en relación a la documentación que aportan los registros, o, al menos, no esta generalizada a todas las comunidades que ocuparon el sur de la Península Ibérica entre el IV y el III Milenio, planteándonos que la adopción del cereal 101 como estrategía Cobre Final. También los últimos hallazgos de Millares obligan a matizar la relación de su fín con el momento Campaniforme (ARRIBAS y MOLINA, 1987). 100 Ver las diversas referencias a la producción en páginas anteriores. 101 Los análisis recientes de la fauna, el sílex y los restos humanos de Gilena (Sevilla) (CRUZAUÑON et al., 1993), junto a la reconstrucción del paisaje que rodeaban este yacimiento, señalan en esta misma dirección desechando la importancia del cereal en la dieta y mostrando un paisaje de dehesa con el que se corresponderían también los restos faunísticos. Sin embargo deben existir, como se desprende de nuestro análisis, diferencias incluso al interior de la misma comarca, y entre
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 140 económica dominante es un fenómeno que sucede 102 , y no precede, a la jerarquización social, y es impulsada por la demanda no exclusiva de alimentos sino de excedente fácilmente alienable a través del control de su almacenamiento (ver HARRIS, 1985), desde los grandes centros que lo usarían como un elemento más, junto a la producción y distribución de determinados bienes de prestigio (MOLINA, 1988), de los puestos en juego para asegurar su posición frente al exterior y la reproducción de la desigualdad social dentro de ellos y obtener los beneficios materiales derivados de ese control de la producción, ejercido a través del dominio sobre los hombres. Se trata de un tributo real, posiblemente en ganado y fuerza de trabajo, así como en la garantía de acceso a tierras y recursos lejanos, enmascarado como contrapartida a presuntos beneficios sacros (MOLINA, 1988) y de salvaguarda de la inversión (en línea similar a la planteada por Gilman (1987a y 1987b). De ahí que aldeas dependientes se puedan dedicar exclusivamente a estas actividades teniendo escaso acceso a algunas especies ganaderas. En esta línea puede aún mantenerse la centralización del almacenaje en Cazalilla (RUIZ et al., 1983; NOCETE et al., 1986a; NOCETE, 1988) en los momentos finales de la Edad del Cobre del Alto Guadalquivir, aunque no todos los yacimientos señalados como fortines cumplan esa función. En esta zona se ha querido identificar el eje Alcores /Albalate/Berral (Porcuna) (ARTEAGA, 1985; ARTEAGA et al., 1986, 1993; NOCETE, 1989a, 1989b) como el los poblados dependientes y los jerárquicos. 102 Como se desprende de una lectura atenta de los últimos trabajos de F. Nocete (1988, 1989a) sobre las Campiñas del Alto Guadalquivir. El mismo proceso pudo darse en el Sureste donde también en estos momentos debió iniciarse la explotación metalúrgica cuyos secretos pudieron usarse en un primer momento para justificar la posición preeminente de determinados poblados y obtener a partir de su circulación, como símbolos de deuda, riqueza en forma de fuerza de trabajo, ganado o tributos más perecederos.
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 141 centro político que ejerce la presión sobre el resto de los poblados que ocupan las Campiñas del Alto Guadalquivir, aunque la máxima presión se daría sobre las nuevas aldeas destinadas a lo que se ha llamado "colonización agraria" y no a una expansión continua hacia el exterior. También parece clara la posición jerárquica de Cástulo en la Depresión Linares-Bailén (PEREZ et al., 1990) aunque no hemos profundizado aún en la articulación de los poblados calcolíticos de esa zona (Castro de la Magadalena, Cerro de la Atalaya, por citar sólo los situados en lugares más preeminentes), cuyos precedentes que inician la plena sedentarización sí están claros, habiéndose excavado incluso partes de alguno en pleno valle del río Guadalquivir (CONTRERAS et al., 1985; LIZCANO, 1986; NOCETE, 1988). En el Sureste la presión de Los Millares (MOLINA, 1988) desde la cuenca del Andárax hacia las comunidades vecinas y su integración, especialmente en las Sierras de Gador y Alhama, a través de diversas contrapartidas ya ha sido referida, a lo que hay que unir la concentración de pequeños poblados en el entorno de Millares (CARA y CARRILERO, 1985) que podían ser los destinados al trabajo agrícola dependiente. También hemos citado la relativa indiferenciación en el pasillo de Tabernas (CAMARA et al., 1993; MALDONADO et al., 1991) pero con la existencia de pequeños poblados en la montaña, vinculados a los desplazamientos con los rebaños. En los últimos años los trabajos en el Bajo Almanzora no han coincidido en señalar el centro político del área, debido principalmente a que los excavadores de Almizaraque nos caracterizan este asentamiento como un pequeño núcleo sin fortificar (DELIBES et al., 1983), considerando que el núcleo central de la zona sería Zájara (DELIBES et al., 1984; MARTIN, 1987), mientras los investigadores de la Universidad de La Laguna que han excavado en Zájara y Campos consideraron éstos como pequeños poblados fuertemente fortificados dependientes de Almizaraque (CAMALICH et al.,
Juan Antonio Cámara Serrano ──────────────── 142 1985 y 1987; MARTIN y CAMALICH, 1984) aunque se ha señalado que Campos era más extenso de lo supuesto en principio (CAMALICH et al., 1986), pero es el recientemente excavado yacimiento de Las Pilas (Mójacar) (ALCARAZ, 1990) el que con mayores razones parece reclamar ese papel central con su posible muralla y su extensión, aunque en la zona del río Aguas, si bien la riqueza en campaniforme y huesos decorados de Almizaraque (SIRET, 1948; DELIBES et al., 1984) obligan a ser cautelosos y esperar un estudio exhaustivo del poblamiento del área, siendo necesario que prestemos una mayor atención a las asociaciones de tumbas a estos poblados del Sureste, hecho ya destacado a partir de algunas prospecciones (GONZALEZ et al., 1990). Habiendo destacado además los investigadores de la Universidad de La Laguna una articulación a tres niveles en la que además del poblado central de cada zona y algunos secundarios incluyen pequeños poblados agrícolas de poca duración temporal (CAMALICH et al., 1993), que se vincularían por tanto a la jerarquización social y la dependencia tributaria. Los fortines en relación a los poblados más importantes se conocen también en el Alto (MARTINEZ et al., 1989) y Bajo Almanzora (CAMALICH et al., 19939, en este caso especialmente en torno a Los Pedregales, hacia el valle medio, e incluso en la Alta Alpujarra almeriense, en este caso asociados también a posibles tumbas (CARA y RODRIGUEZ, 1990). Crisis y revuelta a) El fín de las garantías ideológicas Como ya dijimos el parentesco va viéndose restringido, como vía de acceso al poder, a aquellas familias que se han hecho con el control del estado, gracias, las más de
El ritual funerario y el conflicto social... ─────────────────── 143 las veces, a su vinculación familiar o simplemente burocrática al soberano (divinidadcomunidad) anterior, los beneficios que, por ello, podían ofrecer a sus clientes y la utilización de éstos como séquito en las rapiñas o como siervos privados en los campos. En cualquier caso el sistema centralizado sufría un duro golpe, aunque las relaciones señor-siervo, ahora más extendidas y agudizadas, más privadas de las limitaciones comunitarias, seguían siendo las dominantes. Muller (1987) ha señalado lo importante que resultaba para las sociedades aristocráticas (de familia monógama) la sanción de toda unión eventual como ilegítima y los hijos naturales como bastardos sin ningún derecho, como forma de asegurar en las capas altas el mantenimiento sin merma de las herencias y evitar poner en peligro las alianzas familiares 103 . A ello añadiría yo la importancia de esos bastardos como fuentes de clientela, como base para los ejércitos semiprivados, aunque sin duda con ciertos riesgos como muestran las epopeyas medievales. Lo que es indudable es que tales restricciones debían afectar en la realidad muy poco a las clases bajas, de hecho la subdivisión de las herencias en éstas llevaba más campesinos a la deuda y a la servidumbre, y los que quedaban desheredados llegaban a tal posición más directamente en ausencia de mecanismos estabilizadores como el derecho de ciudadanía en las sociedades esclavistas y la agresión exterior como consecuencia. Las restricciones a los esclavos que cita Muller (1987) y que sitúa en contextos sin problemas de mano de obra servil no son sino excusas para el castigo, pues 103 La preocupación por el celibato, en realidad las limitaciones a la formación de familias, de los soldados a que se refiere Muller (1987) es un rasgo mucho más relacionado con las sociedades oligárquicas, aquellas que tienden a oponer los ciudadanos al exterior bárbaro, a los esclavos, como muestran la mayoría de los ejemplos extraídos de referencias del mundo romano sobre los germanos y otras comunidades exteriores cuya evolución en muchos casos fue redefinida por su vecindad. Antes de formar una familia y conseguir tierras con que mantenerla había que haber contribuido ganándolas o proporcionando mano de obra supletoria servil, e idealmente habiéndolas defendido en batalla.