Psiquismo y creación: Una relación simbiótica
Abstract
Carmen Figueroa Rodríguez – Universidad de Granada - 0000-0003-2926-1266
Full text
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 384 Psiquismo y creación: Una relación simbiótica Carmen Figueroa Rodríguez – Universidad de Granada 0000-0003-2926-1266 Pilar Jiménez Calero – Universidad de Granada 0000-0002-5446-5634 Recepción: 30.06.2022 | Aceptado: 04.07.2022 Correspondencia a través de ORCID: Carmen Figueroa Rodríguez 0000-0003-2926-1266 Citar: Figueroa, C y Jiménez, P (2022). Psiquismo y creación: Una relación simbiótica. REIDOCREA, 11(32), 384-394. Área o categoría del conocimiento: Didáctica de la Expresión Plástica Resumen: El sistema psíquico comprende diversos aspectos del sujeto y se relaciona íntimamente con la creación en todas sus formas. Así, la Arteterapia asume como fundamental el aspecto creador del sujeto en el proceso vital y dirige su atención hacia las múltiples formas en que éste puede ser expresado. El presente trabajo indaga en los sistemas psíquicos que componen al sujeto y trata de reflexionar sobre los procesos que emergen en la creación y la activación del sistema creador. Entre las consideraciones finales, se defiende que la Arteterapia atiende al sujeto creador y propone un trabajo psíquico específico para moverse en el tercer espacio a través de la experiencia artística y la creación. Palabra clave: Arteterapia Psychism and creation: A symbiotic relation Abstract: The psychic system comprises several aspects of the individual and is intimately related to creation in all its forms. Thus, Art Therapy assumes as fundamental the creative aspect of the individual in the vital process and directs its attention towards the multiple forms in which this can be expressed. The present work investigates the psychic systems that compose the individual and tries to reflect on the processes that emerge in the creation and activation of the creative system. Among the final considerations, it is argued that Art Therapy attends to the creative individual and proposes a specific psychic work to move in the third space through artistic experience and creation. Keyword: Art therapy Introducción Con el desarrollo del siglo XX y los progresos que se dan en el contexto terapéutico, emerge la Arteterapia como disciplina que dirige su atención no solo a los procesos psico-emocionales del sujeto, sino también, y de forma fundamental, al aspecto creador del sujeto (López, 2009). De esta forma, los procesos creadores se desarrollan como eje vertebral de la Arteterapia y sitúan al ser humano en su íntima relación con el arte y los procesos de comunicación (Guimón, 2016). Como exponen Sanz y Del Río (2010), la actividad artística es una acción propia del ser humano independientemente de su estado de salud, por lo que al introducirla en un marco terapéutico procura un espacio a la persona para movilizar y poner en acción sus capacidades y recursos (de expresión, autorregulación y comunicación). Además, los elementos que cultivan efectos terapéuticos mediante la actividad artística parecen ser, por una parte, el paso del inconsciente al consciente, y por otra, el propio impulso creador (Guimón, 2016). Por tanto, la práctica arteterapéutica se fundamenta en el potencial terapéutico de la creación artística dentro de un encuadre preciso, y tiene como objetivo principal promover dinámicas de transformación sobre la capacitación personal y social, el desarrollo de la comunicación y expresión creativa y el cambio de posición subjetiva y, en su caso, la elaboración sintomática (Izuel, 2011).
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 385 El quehacer arteterapéutico toma la creación artística y su poética como esencial en el desarrollo de la práctica y recoge la importancia del aspecto creador en relación con la constitución del sujeto y su psiquismo, así como por su relación con los sistemas consciente e inconsciente. La exploración de estos sistemas en el campo psicoanalítico ha llevado a una aproximación teórica sobre los procesos terciarios como objeto de estudio que abre nuevos campos a la representación; un lugar en el psiquismo que enlaza lo antagónico y abre la posibilidad a múltiples relaciones. Objetivo El presente trabajo pretende exponer algunos de los aspectos teóricos de la Arteterapia en relación al sujeto creador con el fin de proponer una reflexión que atienda a la poética de esta práctica y nos acerque a la relación simbiótica entre psiquismo y la creación. Ofrecer una mirada que permita seguir dialogando y construyendo desde los fundamentos de la disciplina. Para ello, como objetivo principal trataremos de conocer el psiquismo creador y ahondar en los diferentes aspectos que hacen posible su funcionamiento dentro del contexto arteterapéutico. El Psiquismo y el encuadre arteterapéutico La Arteterapia entiende, y atiende, al sujeto como proceso. Un proceso en continua construcción y deconstrucción de la subjetividad. Esta subjetividad de la que hablamos comprende el psiquismo del sujeto y su experiencia. Pero ¿de qué hablamos cuando nos referimos al psiquismo? Este constructo comprende lo consciente, lo inconsciente y el cuerpo. Desde ese marco, Héctor Fiorini toma el psiquismo en relación al crear y sugiere la existencia de un sistema que nombra como psiquismo creador; un sistema que se activa y desarrolla en el tiempo mediante la puesta en marcha y resoluciónculminación de procesos de orden creador (Fiorini, 2007). En este sentido, el psiquismo, compuesto por el consciente, inconsciente y el cuerpo, supone una interrelación mental y corporal que constituye lo que entendemos como “sujeto”. Por ello, desde un encuadre arteterapéutico, consideramos relevante profundizar en dicho sistema y conocer los aspectos que hacen posible su desarrollo. Sistemas de formación e interrelación psíquica En cuanto a la constitución psíquica del sujeto, Sigmund Freud (1992) desarrolló el planteamiento acerca de la existencia de diferentes procesos que acontecen en el inconsciente, preconsciente y consciente, a los cuales denominó procesos primarios y secundarios. Los primarios estarían caracterizados por la búsqueda de una satisfacción y descarga energética propia del inconsciente, digamos la identificación con un objeto; por otro lado, los secundarios se encargarán de ligar dicha energía con representaciones, controlando la búsqueda de satisfacción y permitiendo el funcionamiento del sistema preconsciente-consciente, dándose aquí la identificación con el pensamiento (Azouri, 1995). Según esto, podemos entender que dichos procesos son modos de funcionamiento que quedan asimilados según el principio de placer (satisfacción inmediata de la energía propia del inconsciente) y el principio de realidad (transformación de la energía propia en energía ligada a un exterior), y de esta forma, llevan al sujeto a un hacer que lo caracteriza y lo lleva a la repetición, a su “patrón de comportamiento” (Zukerfeld, 2002).
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 386 Figura 1. Sistemas psíquicos Asimismo, Freud (1992) menciona que el arte atraviesa un camino por el que se enlazan los dos principios. Reflexionar sobre estudios clínicos que tratan estos principios ha llevado algunos autores como Gedo y Goldberg (1980) o Fiorini (1993) a proponer un tercer principio “de creatividad” o “creador”, que activaría una dinámica donde se relacionan el inconsciente y consciente y en la que el objeto se transforma, hay creación (Fiorini, 2007). En este sentido, si miramos más allá de la idea que expone Freud, podríamos decir que no se trata solo de una articulación de ambos, sino de un nuevo sistema donde se crean nuevos mundos. ¿Cómo es este tercer sistema? ¿Qué ocurre entonces con los llamados procesos terciarios? André Green entiende los procesos terciarios como una transicionalidad interna intrapsíquica que permite al sujeto establecer ligaduras entre las diversas lógicas, y lo establece en el preconsciente. Es decir, surge el principio creador, el tercer sistema, como una nueva formulación en el campo analítico y terapéutico que concierne a un modo en el que no solo se señalan las repeticiones psico-emocionales del sujeto, sino que se desarrolla la creatividad como resultado de la involucración intersubjetiva de cada uno de los integrantes con sus propios procesos primarios y secundarios (Zukerfeld, 2002). Es aquí donde Winnicott (1971) nos señala la existencia del “espacio potencial”, un tercer espacio diferente al interno y al externo en el que poder desplegar el área de la ilusión, y sostener la paradoja sin develar interpretación. De la misma manera, Fiorini (2007) lo expresa como el espacio donde desorganizar lo dado y sostener ligado lo que se rechaza, un lazo entre diferentes modos y lugares a partir de un trabajo de simbolización. En esta misma dirección, Zukerfeld (2002) defiende que "si lo nuevo es lo que en un tiempo anterior no tenía existencia y ahora la tiene, no es porque estaba reprimido, sino por no haber tenido nunca representación". En este aspecto, el Arteterapia permite constituirnos jugando en la creación artística, en la alteridad, a través de otros "lenguajes", de otras formas de comunicación diferentes a la palabra. Y es ahí cuando podemos generar nuevas representaciones, hacer ese trabajo de simbolización y transitar caminos alternativos a los ya vividos y que fueron inscritos por la experiencia y el inconsciente. O como expresa Fiorini (2007), crear como una forma en que descodificar lo codificado y descubrirnos en otros modos. Es decir, se desarrolla el concepto de espacio potencial como un lugar en que podemos hacer, crear. Ahora la pregunta que emerge es ¿qué y cómo hacemos en este lugar? ¿Cómo se da ese espacio en el Arteterapia? La zona de experiencia: el tercer espacio En la separación entre el mundo interior y el exterior, Winnicott (1971) habla no sólo de un espacio entre ambos, sino también, y de forma sustancial, de los procesos que
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 387 ocurren en esta separación del yo-no yo, cómo es esto para el sujeto y de qué forma propicia un determinado hacer en él. Dicha teoría es desarrollada por el autor con especial énfasis en la infancia y la repercusión que puede tener el desarrollo afectivo del bebé en su vida adulta. Profundizar en estos procesos nos llevan a los denominados “fenómenos transicionales”, una experiencia que comprende lo interno y lo externo para la creación (a nivel psíquico y más tarde físico) de un objeto por parte del sujeto. Asimismo, en este contexto es esencial tomar el concepto de “objeto transicional” y qué ocurre en el momento en que el bebé realiza su primera posesión. Debemos diferenciar primer objeto de primera posesión, entendida ésta no como la adquisición de un objeto, sino como lo que ocurre en el proceso de transición que se manifiesta entre el estado fusionado con la madre y la nueva relación como algo/alguien externo (yo-no yo). Es decir, lo que importa no es tanto el objeto que media la relación como el uso que se le da al objeto; qué usamos y hacemos en esta separación con el otro, es lo que Winnicott (1971) define como objeto transicional. A partir de aquí, resulta imprescindible exponer la teoría de la ilusión-desilusión que formula dicho autor, puesto que es base fundamental en el acaecimiento de los procesos transicionales. En la primera etapa del desarrollo, el sujeto crea la ilusión de que lo que él cree que es la realidad; por ejemplo, en el bebé no existe una diferencia entre el pecho de la madre y él, sino que lo entiende como parte de sí mismo. En ese momento la madre ha de ser capaz de crear tanto esta ilusión (ser parte de él y su vida) así como la posterior desilusión (la separatividad entre ambos como diferentes), lo que Winnicott (1971) define como la “madre suficientemente buena”. Es decir, la madre se adapta a las necesidades del bebé y en consecuencia, se produce en él la ilusión sobre la existencia de una realidad exterior de la que es creador. De esta forma, la desilusión progresiva es necesaria para el inicio de la relación del bebé con el mundo, siendo aquí donde acontecen fenómenos y objetos transicionales, que tienen como principal objetivo dar forma a esta zona intermedia (entre lo interno y lo externo), la zona de experiencia. Por tanto, se entiende que se puede desarrollar un tercer espacio, ese nuevo espacio psíquico que desarrolla Fiorini (2007) y en el que Winnicott (1971) introduce el juego, el hacer entre el sujeto y la otredad. Winnicott (1971) habla del espacio potencial como la zona intermedia que se interpone entre la realidad interna y la realidad externa donde el sujeto puede explorar y desarrollar el ser creador. En esta zona, el autor ubica la experiencia entre el sujeto y su ambiente, lo que denomina como experiencia cultural; y este será el lugar en que puede darse el juego, determinado siempre por dicha experiencia y por la relación de confianza establecida entre el individuo (el bebé durante la etapa de separación del no-yo y el yo) y la figura materna. Es decir, se establece la confianza como aspecto fundamental, que bajo las condiciones adecuadas permite el desarrollo de un espacio potencial que ha de convertirse en una zona donde poder llenar de juego en forma creadora (Winnicott, 1971). A partir de aquí, podemos entender que el juego y la creación se inician en ese momento de continuidadcontigüidad en que se originan los fenómenos transicionales (Winnicott, 1971). Por otra parte, este tercer espacio es definido por Fiorini (2007) como aquel en que se pone en marcha el sistema creador y a partir del cual se abren diversas posibilidades, en las que el sujeto puede ir haciendo y desarrollar así otras representaciones, otros caminos. De esta forma, podemos entender este espacio potencial como el lugar de lo posible. Asimismo, Erich Fromm (1959) habla de separatidad cuando se refiere a esta relación del sujeto con su exterior y cómo se genera el desarrollo de su individualidad, desvinculandose de la unión simbiótica con la madre y generando otros modos de relación. Así pues, se refiere a la unión como parte esencial de esa separatidad, siendo la unión una búsqueda y una vía por la que el sujeto se pone en relación con un Otro y puede hacer. Consideramos interesante este planteamiento cuando expone que una forma de lograr esta unión y separatidad es a partir de la actividad creadora, en la que se representa el mundo exterior desde el material y se
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 388 fomenta la integridad del sujeto. En ese aspecto, aparece nuevamente el espacio en el que podemos hacer, jugar, ese lugar que permite una investigación de lo propio y un jugar en el que desarrollarnos, encontrarnos, perdernos, aprender y, en definitiva, explorar la esencia del ser. Héctor Fiorini, psiquiatra y psicoanalista argentino, plantea una activación del psiquismo creador como sistema que moviliza los viejos modos de funcionamiento para trabajar hacia otra dirección; es decir, crear un nuevo espacio psíquico. Dicho autor expone que la psicopatología se presenta unas veces como movimientos que no encuentran su forma, y otras, como forma sin movimiento, de manera que es el sistema creador, el psiquismo creador, en el que esto puede ser movilizado, reestructurado. Por otra parte, Winnicott (1963) establece tres tipos de comunicaciones del psiquismo: “una comunicación silenciosa del verdadero self consigo mismo, una comunicación explícita del falso self con el objeto externo y una comunicación intermedia, que se desliza desde el jugar hasta las experiencias culturales de toda clase”. A continuación, trataremos de entrar en este espacio que proponen Fiorini (2007) y Winnicott (1971), e indagar en la creación artística como vía de construcción y transformación del ser. Psiquismo creador Tomando como referencia el planteamiento de Fromm (1959) sobre la separatidad, y la formulación de Winnicott (1971) sobre los fenómenos y objetos transicionales, encaminamos la atención hacia la actividad creadora y a lo que acontece en ella, considerando importante la unión y separación que puede darse con el material, y en consecuencia, la elaboración de representaciones del sujeto y el mundo exterior a él. En este punto, cabe destacar el concepto de crear aquí desarrollado: crear como la construcción de algo nuevo que emerge en la expresión de los procesos terciarios y jugando puede llevar a nuevas significaciones, permitiendo una constitución de lo inexistente hasta este momento, o mejor dicho, de lo no representado, como expresa Zukerfeld (2002). De esta forma, y atendiendo a lo desarrollado previamente sobre los procesos terciarios, se entiende que es en el crear donde se puede vivir, ligar y sostener, instaurando un lazo metafórico y simbólico en el hacer que posibilita nuevas realidades. De la misma manera, según Fiorini (2007) podemos entender crear como expresar, hacer y crear ser. Además, podríamos ver el crear no solo como acción, sino también como "lugar" en que, como expresa Neruda, "lo posible emerge en el límite con lo imposible". Es decir, crear como lugar en que jugamos y aparecen nuevas formas, como lugar donde es posible movilizar elementos ya instaurados en otros modos y hacer nuevos objetos de creación a los que damos vida propia y con los que dialogar algo que trata de nosotros. Igualmente, si la creación artística es una apertura, de forma inherente genera una brecha en el psiquismo, pues como expresa Del Río (2014), "toda creación implica el advenimiento de algo nuevo en lo real, y eso incluye al sujeto de la creación. (...) La incardinación de lo poético y lo real-fáctico, procura un nuevo objeto para la realidad compartida, que conduce a su vez a una reorganización de la escena también en lo psíquico." El espacio arteterapéutico propone una continua reflexión acerca de las resistencias, transferencias y dificultades que aparecen y que emergen en el encuentro con el otro, y con nosotros mismos al crear. De acuerdo con esto, consideramos necesario reflexionar en este punto sobre cómo es esta unión y separación que mencionamos previamente, y cómo esto acontece en la creación.
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 389 En la producción artística creamos, pero ¿qué es lo que creamos? Resulta evidente pensar que se crea algo con el material que se propone en sesión, ya sea pintura, telas, arcilla, música o papel. Sin embargo, en el espacio de juego y creación acontece mucho más que la producción artística tangible: hay una investigación con el material que va hacia la búsqueda del ser. Ser no como "persona", sino como sujeto "sin rostro" que transita continuamente caminos y lugares donde crear diferentes formas y movimientos para encontrar algo de su identidad, como se expresa en Fiorini (2007), más allá del ego. En este sentido, podemos pensar en la propuesta de este autor cuando dice que el psiquismo creador busca y rompe su equilibrio: el empuje que fue al encuentro de la forma sigue camino y quiebra la forma, la deja atrás y va más allá, a un horizonte que es otro brujuleando en el lejos de un imposible. En este sentido, la creación artística es concebida como una vía de apertura, búsqueda y transformación. Por tanto, parece que es jugando con ese material, en la creación, cuando abrimos a lo posible, y donde, al ponernos a hacer, podemos escuchar e integrar las diversas partes que nos constituyen, y que no se dirigen al todo, sino al trabajo continuo del ser. Una investigación del ser y los procesos creadores. Por otro lado, pensar en la creación y los procesos transicionales puede llevar a cuestionarnos ¿a qué estamos dando forma y movimiento? ¿Hay algo que toma forma, que toma presencia, que toma cuerpo? En este caso, ¿podemos también crear algo que no lo tiene? ¿Cómo es crear ausencia? Igual que damos vida al material, ¿cómo damos forma a la muerte? ¿Tratamos quizá de dar vida a la muerte para poder morir? ¿No es necesario estar vivo para morir? Y ¿morir para vivir? ¿Qué parte de nosotros puede vivir, morir, e incluso renacer, en la producción artística? La creación, así como la destrucción, nos lleva a preguntas que atraviesan al sujeto y la experiencia vivida. El psiquismo creador se constituye en la búsqueda de alternativas para lo ya dado; explora un espacio desconocido en el que puede descubrir y descubrirse, en el que se abren múltiples direcciones y caminos, y en el que, como expresa Lorca, lo imposible se hace posible. Crear, por tanto, como apunta Fiorini (2007), no se trata más que de articular espacios (de lo dado, lo posible y lo imposible), desorganizar formas constituidas y trabajar en la construcción de otras, así como producir objetos abiertos a múltiples significaciones con los que dialogar y a los que escuchar. Por tanto, y como expone Klein (2006), en Arteterapia hay un espacio articulado entre la persona, su producción y la figura del arteterapeuta que permite la búsqueda siempre en movimiento de la propia identidad, de forma que lo que emerge del arteterapeutizando y a la vez lo separa de él, permite una comunicación poética con el otro. Entendemos por tanto el tiempo de creación como un tiempo y espacio vivo en que el sujeto puede existir. Estar en continuo diálogo con el material, estar en la escucha y sostén del trabajo que se está haciendo, y poder así vivir lo que acontece, sentir e integrar. Construir, y, esencialmente, deconstruir. Octavio Paz expresa “Vuelvo el rostro, no soy la estela de mí mismo, haz de reflejos, simulacro incierto, al penetrar en mí, me deshabito. De una palabra a la otra lo que digo se desvanece, yo sé que estoy vivo entre dos paréntesis... Todo se esculpía, del color a la forma, de la forma al incendio, todo se desvanecía”. Podríamos pensar que como sujetos creadores, nos ubicamos entre esos paréntesis a los que apunta el poeta, jugando en el intersticio de dos mundos, el externo y el interno, o, desde otro punto de mira, diríamos entre dos espacios: el espacio que nos es dado con una forma, con unos límites; y el espacio sin forma determinada ni límites trazados. Es decir, nos ubicamos en este el espacio de lo posible donde hacemos y nos creamos en la identificación y diferenciación del yo-no yo. Crear sería por tanto, un proceso que atraviesa la subjetividad del sujeto y en el cual este puede integrar elementos, transformar y constituir(se); un continuo desarrollo en que hacer y destruir, vivir y morir; un continuo proceso creador en que como expresa Fiorini (2007), con los movimientos vienen
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 390 transformaciones del sujeto, experiencias de muerte y renacimientos, verdaderas transmutaciones que modifican su lugar, perspectivas y actitudes ante sí y ante el mundo. Jugando permitimos un lugar de existencia donde crear nuestro rostro, donde descubrir nuestra identidad. El espacio de juego y creación se trata pues, de un espacio en que perdernos para poder encontrarnos, donde romper para poder tejer; de caotizar para poder ordenar, de desconocernos, buscar y conectar desde lo poético. Es por ello que realizamos producciones artísticas, porque como sujeto creador podemos ser creadores de nuestra propia existencia, vivir y sentirnos vivos. Podemos crearnos. El material: una segunda conciencia La introducción del material en el contexto arteterapéutico posibilita, y es la alteridad del material lo que permite un lugar diferente a la palabra. De alguna forma, podríamos decir que el trabajo mental está comprometido por el propio discurso mental, mientras que en el espacio arteterapéutico, la escucha se dirige hacia el diálogo del sujeto con la producción artística, con el material propuesto. Nos referimos aquí al material como todo aquello que puede ser motor de juego. Es decir, se atiende a todo lo que se dispone para trabajar, tanto tangible (por ejemplo, la arcilla) como incorpóreo (por ejemplo el sonido). Es importante señalar como material, imprescindible, además, la figura del arteterapeuta, ya que es desde de su disposición de trabajo que está para y con el arteterapeutizando, de forma que éste pueda poner aquí sus transferencias y repeticiones psíquicas, y por ende modificar sus modos al igual que el vínculo. En cuanto al material plástico, parece relevante reflexionar sobre la expresión que resuena en la formación de Arteterapia en relación a "pensar con la mano". Esto es relevante porque de alguna forma, el material plástico facilita un diálogo con la producción, la mano se extiende para hacer, para tocar, para acoger algo nuevo, e incluso de forma afortunada, para sorprenderse. Situamos aquí la pintura, el dibujo, el collage o la arcilla, de la misma manera que podemos usar el papel, la tela o material reciclado. Por otro lado, crear compromete al cuerpo (Winnicott, 1971), es decir, no sólo se usa el objeto externo como material para la creación, sino también el propio cuerpo, con otro tipo de materiales como pueden ser el movimiento corporal y la voz. Y ¿de qué forma el cuerpo puede ser el objeto a través del cual producir y crear, el medio de expresión y comunicación? La producción artística puede surgir desde el cuerpo y en él, a través del lenguaje corporal y la comunicación que se crea en el mismo. Esto es importante porque, de esta forma, el cuerpo puede ser no sólo un medio para la expresión, sino un cuerpo simbólico que, al hacer en un espacio (escenario de juego) y un tiempo determinado, puede dialogar, jugar, transformar y representar. De alguna forma, podríamos decir que "el cuerpo se hace símbolo sin dejar de ser cuerpo" (Klein, 2006). En este sentido, podemos atender también al cuerpo como medio de encuentro y de presencia, o ausencia, con un otro. ¿Cómo de importante es en ese caso el "uso" del cuerpo en el sujeto, tanto para su integración psicocorporal como en la imagen de su relación con el otro? ¿Podemos construir y deconstruir también con otro cuerpo, con la imagen de un otro? No tratamos de desarrollar aquí teoría en cuanto a la imagen y la constitución de identidad, pero sí es interesante atender a la otredad, al "otro cuerpo", como lugar de transferencia y juego fundamental en Arteterapia; esto es especialmente relevante por la representación y simbolización de los procesos psico-emocionales que acontecen en/mediante él. Por otra parte, podemos pensar en la voz y el sonido como instrumento de expresión, como pueden ser una melodía, una palabra, un grito o un silencio. En este sentido, es necesario dar un lugar al sonido como forma de comunicación, ya que como expresa Domínguez (2015), "el sonido no reconoce límites, como los ojos o el tacto". El sonido, y en concreto a la voz, es entendido instrumento no solo músical, sino también como
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 391 posibilitador de una distinción entre afuera y dentro; atender al sonido y a la voz como medio de expresión e incluso como determinación de límites y conformación del propio espacio. Quizá sea interesante cuestionarnos y escuchar cómo es la sonoridad propia de las cosas y de cada persona, cómo cada cual marca su ritmo desde el silencio, el sonido o el ruido. En relación a esto, aparecen cuestiones que reverberan en el quehacer arteterapéutico: ¿Cómo nos comunicamos con el otro? ¿Cómo establecemos límites? ¿Cómo es el uso que damos a la palabra? ¿Cuál es la necesidad de la palabra en la comunicación? ¿Es necesaria? ¿De qué se trata el sonido? Y, si el sonido aparece desde la palabra, ¿cuál es su contenido y su sonoridad? Digamos pues, que no se tratará tanto del material que usamos, como de lo que se moviliza en el arteterapeutizando y cómo se relaciona con esto. Pues como expresa Del Río (2014), "no se trata de penetrar en la materia del mundo, sino de ser penetrado por ella". Podríamos decir que la importancia del material reside en el diálogo que propone al sujeto. En Arteterapia se dibuja una idea, una imagen y/o una verbalización. El material facilita una reverberación y posibilita la emergencia de lo simbólico, una comunicación de lo interno. Por ello, el material es entendido como una segunda conciencia, un lugar de presencia en el que los procesos psíquicos del sujeto se actualizan y ponen de manifiesto su singularidad. Es decir, hay una propuesta de relación con el objeto, y no tanto de uso del objeto, como de una relación con el objeto, con el material que instaura un lazo metafórico y simbólico en/para la elaboración de representaciones del sujeto y el mundo exterior a él. El tercer espacio mencionado anteriormente abarca la experiencia intersubjetiva, la exploración con el material y el potencial para crear. Por tanto, la creatividad y la posibilidad de creación de lo nuevo serán potenciales inconscientes universales que entendemos como expresión de los procesos terciarios desarrollados en vínculos intersubjetivos. Zukerfeld (2002) por su lado, propone la creatividad como un hacer que se juega y modifica el conflicto que se repite. En este sentido, la creatividad sería un proceso individual y necesario en el juego creativo, que además es acompañado y sostenido por la arteterapeuta, dirigiéndose hacia lo que podemos llamar creación. Por todo esto, se entiende que en el espacio arteterapeútico jugamos con la creatividad y se da una acción compartida con el otro, a lo que nos referimos aquí como creación. Es decir, puede haber una nueva significación (subjetiva) y una actividad compartida que permite construir sobre lo inexistente (Zukerfeld, 2002), o dicho de otra forma, crear con lo que hay generando nuevos modos. Un quehacer íntimo dentro de un hacer compartido. Sostenerse en la creación La propuesta en Arteterapia es el encuentro. El encuentro con la alteridad, con el otro, con el material, con uno mismo. Por ello, la propuesta va dirigida a lo universal, que es el juego, y recoge la singularidad, lo propio de la persona. Como se exponía previamente, el encuentro con la alteridad permite engendrar una apertura y posibilita la proyección de las capacidades y límites personales, así como ofrece un lugar para la transferencia, es decir, para poner en juego las propuestas de repetición que trae el sujeto y transformar a partir de ahí junto con la Arteterapeuta. O dicho de otro modo, como expresa la frase lacaniana, la transferencia es entendida como la puesta en acto de la realidad del inconsciente. En este sentido, el modo de trabajo en sesión se torna fundamental: un modo de escucha que permite no responder a la propuesta del arteterapeutizando, sino
REIDOCREA | ISSN: 2254-5883 | VOLUMEN 11. NÚMERO 32. PÁGINAS 384-394 392 sostenerla desde/en la diferencia; realizar otra propuesta de cambio, de sostén. El sostén como el lazo sensible que establecemos más allá de la palabra, que permite crear vínculo a través del material y con el que podemos entrar en contacto con el otro y con nosotros mismos. Llegados a este punto puede surgir la cuestión sobre si ha de existir vínculo con el arteterapeuta para permitir crear vínculo con el objeto, o cómo el vínculo puede crearse en una relación triangular, donde simultáneamente han de existir tanto el arteterapeutizando como el arteterapeuta y el objeto de creación para poder hacer. Mencionamos previamente la importancia del arteterapeuta como figura de juego, como eje fundamental en el encuentro arteterapéutico que es material de juego y a la vez sostén. Y ¿qué ocurre con el sujeto en relación a su propio sostén? ¿Cómo sostenerse en la creación? ¿Cómo el psiquismo puede dar continuidad a su proceso y sostenerse a sí mismo en la transformación? En este aspecto, es fundamental cómo el arteterapeuta propone el marco, y cómo a la vez que debe haber un cuidado hacia el arteterapeutizando, es necesaria cierta distancia para posibilitar que haya un espacio donde el arteterapeutizando pueda poner a trabajar en un marco preciso. Es decir, un cuidado que trata de acoger al otro, sin transformar esto en una disposición al servicio total del otro. De alguna forma, y retomando a Winnicott (1971), ser la madre suficientemente buena, que, desde la ilusión y posterior desilusión, desde la unión y la separación, posibilita un espacio de juego donde dar forma a su hacer. El cuidado incondicional de no abandonar al sujeto en su hacer y sostener la continuidad. En última instancia, podemos pensar que es desde ahí, cuando puede haber una integración del ser uno mismo y con el otro. Asimismo, parece interesante pensar en cómo poder sostenernos en algo propio que emerge al crear y que no queremos o podemos vivir si no es huyendo; podría ser arduo encontrarnos con algo que nos atraviesa y nos conmueve sin saber qué o cómo hacer. Quizá el sostén se trata precisamente de establecer un diálogo continuo con esto, para que más allá del deseo de escapar, nos permita seguir haciendo, seguir creando y trabajando. Sostener como posibilidad para estar, escuchar y ser. Así como aparece en Fiorini (2007), se trata de hacer entrar la vida, (...) no ordenar, dejar correr el flujo de la experiencia. Quizá el hombre se hunda ante la pasión del conocimiento por no soportar su propia transparencia. Y en lugar de abrirse en el fuego o en la luz, quizá preferiría ahogarse en la arena, pero es ante el misterio existente y creado a la vez donde se presenta un trabajo posible. Discusión El trabajo arteterapéutico, y la reflexión continua sobre éste, establece preguntas que entretejen lo acontecido y orientan el camino por el que seguir investigando, así como establecer un mapa de encuentros, desencuentros y búsqueda continua. Crear un lugar de juego e investigación, como una forma de hacer, de vivir creativamente y ser. Lo planteado en este trabajo nos lleva a comprender la Arteterapia como una propuesta al sujeto para desplegar el psiquismo creador y moverse en el tercer espacio a través de la creación y la experiencia artística. Un proceso de sostén continuo en el que, como se menciona en Fiorini (2007), los procesos terciarios no quedan hechos, sólo queda como potencial de montaje, de formas, de un dispositivo que cada experimentador activará y diseñará en cada acto de recorrerlo. Igualmente, como expresa María del Río (2014), “la transparencia es a la poesía, lo que la reflexión a la razón, de ahí su potencia, y de ahí también su amenaza, la resistencia a encontrarse con ella. No es fácil allegarse a la poesía, ni siquiera es fácil permitir tal allegamiento. La realidad a la que nos convoca el instante poético es pura conmoción. La experiencia poética impacta en nuestro