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La nueva estética de la ópera revolucionaria china a partir de la comparación entre El pabellón de las peonías (1598) y La linterna roja (1964)

Moreno-Arrones Delgado, Juan Carlos

Abstract

Tesis Univ. Granada.

Full text

Facultad de T raducción e Interpretación Programa de Doctorado en Lenguas, T extos y Contextos TESIS DOCT ORAL La nueva estética de la ópera r evolucionaria china a partir de la comparación entr e El pabellón de las peonías (1598) y La linterna roja (1964) JUAN CARLOS MORENO-ARRONES DELGADO Director: Jesús Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cendal Granada, 1 de diciembre de 2022 Editor: Uni versidad de Granada. Tesis Doctorales Autor: Juan Carlos M oreno-Arrones Del gado ISBN: 978- 84 -1 117 -9 28 -7 URI : https://hdl.h andle.ne t/10481/ 83358 El doctorando / The doctoral candidate Juan Carlos Mor eno-Arr ones Delgado y el direc- tor de la tesis / and the thesis supervisor : Jesús Gabriel Gar cía-Noblejas Sánchez-Cendal Garantizamos, al firmar esta tesis doctoral, que el trabajo ha sido realizado por el doctoran- do bajo la dirección de los directores de la tesis y hasta donde nuestro conocimiento alcanza, en la realización del trabajo, se han respetado los derechos de otros autores a ser citados, cuando se han utilizado sus resultados o publicaciones. / Guarantee, by signing this doctoral thesis, that the work has been done by the doctoral candidate under the dir ection of the the- sis supervisor/s and, as far as our knowledge r eaches, in the performance of the work, the rights of other authors to be cited (when their r esults or publications have been used) have been r espected . Granada, 1 de diciembre de 2022 Director de la tesis / Thesis supervisor; Je - sús Gabriel García-Noblejas Sánchez-Cen- dal Doctorando / Doctoral candidate: Juan Carlos Moreno-Arrones Delgado Firma / Signed Firma / Signed 3 ÍNDICE Resumen . . . . . . . . . . pág. 1 1 Abstract . . . . . . . . . . pág. 13 Directrices metodológicas fundamentales . . . . . . pág. 15 Aclaración sobre notas al pie . . . . . . . . pág. 23 Apuntes sobre el visionado de las obras en Y outube . . . . . pág. 23 Agradecimientos . . . . . . . . . pág. 25 BLOQUE I. ENCUADRE HISTÓRICO: LA PRIMERA MIT AD DEL SIGLO XX CHINO 1. La caída del imperio Qing y las revoluciones que lo abocaron . . . pág. 30 2. La Primera República (1912-1949) . . . . . . pág. 34 2.1. El gobierno de Y uan Shikai (1912-1916) . . . . . pág. 35 2.2. La República Constitucional de Beijing (1916-1928) . . . pág. 38 2.2.1. El Movimiento del Cuatro de Mayo 2.2.2. Los inicios del comunismo chino y el Primer Frente Unido 2.3. La década de Nanjing (1927-1937) . . . . . pág. 48 2.3.1. El movimiento comunista y sus políticas 2.3.2. La agresión japonesa de 1937 y el Segundo Frente Unido 2.4. China durante la guerra sinojaponesa (1937-1945) . . . pág. 53 2.5. El conflicto entre el Guomindang y el Partido Comunista (1946-1949) . pág. 59 3. La República Popular (desde 1949 hasta 1976) . . . . . pág. 61 3.1. La consolidación del poder comunista (1949-1957) . . . pág. 62 3.1.1. El Movimiento de las Cien Flores y el Movimiento Antiderechista 3.1.2. La educación en los albores de la República Popular 3.1.3. La intelectualidad en la primera época comunista 3.2. El socialismo con características chinas (1958-1965) . . . pág. 69 3.2.1. El Gran Salto Adelante de 1958 3.2.2. Un nuevo enfoque en la educación 3.2.3. La intelectualidad en la nueva fase revolucionaria 3.3. Una revolución dentro de la revolución (1966-1976) . . . pág. 76 3.3.1. Jiang Qing y la Banda de los Cuatro 3.3.2. La Revolución Cultural 5 BLOQUE II. LA DRAMA TURGIA CHINA 1. Historia general de la dramatur gia china . . . . . . pág. 85 1.1. Desde los inicios hasta los T ang: los orígenes . . . . pág. 86 1.2. La época de los Song y de los Jin: los fundamentos . . . pág. 89 1.3. La dinastía foránea Y uan: el arraigo de la ópera . . . . pág. 91 1.4. La dinastía Ming: época de disciplina . . . . . pág. 94 1.5. La era Qing: el nacimiento de la ópera de Beijing . . . pág. 101 1.6. La República de China: tradición, innovación e influencia extranjera . pág. 107 1.6.1. La Liga de Escritores de Izquierdas 1.6.2. La guerra y la resistencia nacional 1.6.3. El Foro de Y an’an 1.6.4. Después de la Segunda Guerra Mundial 1.7. La República Popular: estandarización y politización de la ópera . pág. 121 1.7.1. La instauración de la estética comunista 1.7.2. El Festival de Ópera de Beijing de temas contemporáneos de 1964 2. Particularidades de la ópera china . . . . . . . pág. 129 2.1. El espacio y el público . . . . . . . pág. 130 2.2. Roles y personajes . . . . . . . pág. 132 2.3. La kinesia y la proxemia . . . . . . . pág. 135 2.4. La caracterización visual: maquillaje y vestimenta . . . pág. 141 2.5. El componente musical y los elementos prosódicos . . . pág. 144 2.6. Utillaje y decorado . . . . . . . pág. 149 3. T ipología y variedades operísticas . . . . . . . pág. 150 3.1. El jingju u Ópera de Beijing . . . . . . pág. 150 3.1.1. Las variedades melódicas xipi y er huang 3.2. V ariedades regionales de la ópera . . . . . pág. 153 3.3. La nueva realidad teatral: la aparición del huaju , el wenmingxi y el aimeiju pág. 155 3.3.1. El huaju comunista y las yangbanxi BLOQUE III. LA ÓPERA CLÁSICA: EL P ABELLÓN DE LAS PEONÍAS 1. T ang Xianzu, su época y su obra . . . . . . . pág. 161 2. El ar gumento de la obra . . . . . . . . pág. 164 3. Los personajes de El Pabellón de las peonías . . . . . pág. 166 3.1. Los amantes: Du Liniang y Liu Mengmei . . . . pág. 167 3.2. Los padres: Du Bao y Zhen Shi . . . . . . pág. 169 3.3. El tutor: Chen Zuiliang . . . . . . . pág. 171 3.4. La monja taoísta: Chui Hong . . . . . . pág. 172 3.5. Los criados: Chunxiang, el Jorobado Guo y la T ortuga Costrosa . pág. 172 3.6. Otros personajes . . . . . . . . pág. 174 6 4. Los temas ar gumentales presentes en la obra . . . . . pág. 175 4.1. La tradición y el decoro . . . . . . . pág. 177 4.2. El matrimonio tradicional . . . . . . pág. 179 4.3. El canon de belleza femenina . . . . . . pág. 181 4.4. El papel de la mujer en la época Ming . . . . . pág. 183 4.5. La evocación del pasado T ang . . . . . . pág. 185 4.6. El tratamiento de los sueños y de la muerte . . . . pág. 186 4.7. La sexualidad . . . . . . . . pág. 189 4.8. Lo mágico y lo sobrenatural . . . . . . pág. 192 4.9. El trato a lo extranjero . . . . . . . pág. 195 4.10. Juegos de palabras . . . . . . . pág. 196 5. El tratamiento de la kinesia y la proxemia . . . . . . pág. 197 6. El uso de la vestimenta en El Pabellón de las Peonías . . . . pág. 199 7. La música en la obra . . . . . . . . pág. 200 BLOQUE IV . LA ÓPERA REV OLUCIONARIA: LA LINTERNA ROJA 1. La nueva estética revolucionaria . . . . . . . pág. 205 2. El ar gumento de la obra . . . . . . . . pág. 208 3. Los personajes de La linterna r oja . . . . . . . pág. 209 3.1. La abuela Li . . . . . . . . pág. 210 3.2. El guardagujas Li Y uhe o héroe revolucionario . . . . pág. 21 1 3.3. Li T iemei: la joven generación revolucionaria . . . . pág. 21 1 3.4. El antagonista Hatoyama . . . . . . . pág. 212 4. Los temas ar gumentales presentes en la obra . . . . . pág. 212 4.1. Las nuevas ideas revolucionarias: el evangelio revolucionario . . pág. 212 4.2. La nueva concepción de familia . . . . . . pág. 220 4.3. El papel de la mujer en la lucha obrera . . . . . pág. 222 4.4. La importancia de la misión . . . . . . pág. 223 4.5. La traición en La linterna r oja . . . . . . pág. 224 4.6. El significado de la muerte revolucionaria . . . . pág. 225 4.7. Alusión a hechos del pasado cercano . . . . . pág. 226 4.8. El trato a lo extranjero . . . . . . . pág. 227 4.9. Juegos de palabras . . . . . . . pág. 228 5. El tratamiento de la kinesia y la proxemia . . . . . . pág. 229 6. La caracterización visual de los personajes: maquillaje y vestimenta . . pág. 231 7. El espacio revolucionario en La linterna r oja . . . . . pág. 232 8. El nuevo planteamiento musical de la ópera revolucionaria . . . pág. 232 7 BLOQUE V . COMP ARACIÓN Y CONCLUSIONES 1. Sobre la autoría y el origen de las obras . . . . . . pág. 240 2. Sobre los hilos ar gumentales y sus temas derivados . . . . pág. 242 3. Sobre los personajes y sus atributos . . . . . . pág. 246 4. Sobre el tratamiento de la kinesia y la proxemia . . . . . pág. 249 5. Sobre el uso del maquillaje y la vestimenta . . . . . pág. 251 6. Sobre el espacio escénico, la concepción estética y la dimensión musical . pág. 252 7. Sobre la representabilidad, el mensaje y el propósito de las obras . . . pág. 254 8. Conclusiones finales . . . . . . . . pág. 256 BLOQUE VI. TRADUCCIÓN DE V ARIAS Y ANGBANXI 1. Libreto original de la ópera revolucionaria 红灯记 . . . . pág. 261 2. T raducción de La linterna r oja ( 红灯记 ) . . . . . . pág. 287 3. Libreto original de la ópera revolucionaria 沙家浜 . . . . pág. 325 4. T raducción de Shajiabang ( 沙家浜 ) . . . . . . pág. 349 5. Libreto original del ballet revolucionario 红⾊娘⼦军 . . . . pág. 393 6. T raducción de El destacamento r ojo femenino ( 红⾊娘⼦军 ) . . . pág. 407 7. Libreto original del ballet revolucionario ⽩⽑⼥ . . . . . pág. 445 8. T raducción de La chica del pelo blanco ( ⽩⽑⼥ ) . . . . . pág. 455 9. Libreto original de la sinfonía revolucionaria 沙家浜 . . . . pág. 463 BLOQUE VII. ADDENDAS Addenda I Mapa político de China . . . . . . pág. 479 Addenda II Dinastías de China . . . . . . . pág. 482 Addenda III Sóviets creados por el Partido Comunista y Lar ga Marcha . . pág. 486 Addenda IV Mapa político de China en 1945 . . . . . pág. 487 8 Addenda V El xiyuanzi tradicional . . . . . . . pág. 488 Addenda VI Principales roles de la operística . . . . . pág. 489 Addenda VII Principales movimientos kinésicos tradicionales . . . pág. 493 Addenda VIII Principales instrumentos musicales . . . . . pág. 495 Addenda IX V ariedades operísticas más importantes . . . . pág. 499 Addenda X Principales movimientos kinésicos revolucionarios . . . pág. 501 Addenda XI Carteles propagandísticos de las yangbanxi . . . . pág. 506 BLOQUE VIII. BIBLIOGRAFÍA Inventario bibliográfico . . . . . . . . pág. 51 1 9 Resumen La tesis se encuentra articulada en una serie de bloques que han sido concebidos por su uni- dad temática, conceptual o de contenido. El primer bloque pretende crear la base histórica sobre la que se asentará el resto de la tesis, es decir , es el encuadre de los hechos y acontecimientos políti- cos, históricos, sociales... que enmarcaron el periodo anterior y durante de la producción de la ópera revolucionaria. En este apartado entenderemos por qué sur gieron de esa manera, de la mano de quién y qué perseguía el gobierno con las obras. Además, en este marco situamos la trama de las óperas, citando personajes y acontecimientos reales que acabarían formando parte de algunas de las mismas. Este bloque comienza sucintamente con la caída de la dinastía Qing y los movimientos re- volucionarios que la provocaron. Le sigue un análisis detallado de la Primera República (1912-1949) con todos los conflictos internos que surgieron: la ocupación japonesa, el colonialismo, la relación del Partido Comunista Chino con el Guomindang, etc. A continuación se estudian los primeros años del comunismo en el territorio peninsular hasta el final de la Revolución Cultural (1976), periodo en el que la ópera revolucionaria decayó. De esta parte emanan todas las explica - ciones históricas que, por un lado, dieron lugar a esta nueva estética en la ópera y , por otro, al marco real de hechos y acontecimientos que alimentaron temáticamente las óperas. El segundo bloque se divide en tres partes diferenciadas. La primera parte es una aproxima- ción a la propia realidad de la ópera china desde la dinastía T ang hasta la época de la Revolución Cultural (cuando esas óperas fueron el clímax literario de la propaganda comunista), pasando por todas las diferentes épocas y dinastías (dinastías Song, Jin, Y uan, Ming, Qing y República de China). Aquí se ha prestado especial atención a lo ocurrido en cada una de las etapas, ya que en cada momento la ópera evolucionó y creció gracias a formas e influencias muy diversas. En la se- gunda parte podemos encontrar una explicación detallada de las particularidades que hacen que la ópera china sea como es y no de otra manera; aquí se han estudiado aspectos tan importantes como el espacio y el público, los diferentes roles de los personajes en la ópera, la kinesia, la proxemia, el maquillaje, el vestuario, la música, los elementos prosódicos, la escenografía o el atrezo, entre otros. Por ello, constituye una parte esencial de la tesis para realizar una comparación con la nueva estéti- ca comunista. En la tercera y última parte, se hace un breve —pero necesario— repaso de las tipo- logías más importantes de la ópera, se explican las variedades más importantes, los ritmos más uti- lizados, la aparición de nuevos formatos en el periodo republicano, entre otros. Este bloque dos de la tesis constituye el cuerpo teórico central en el que se basará el resto de los capítulos. El tercer bloque es un estudio profundo y detallado de la ópera tradicional a partir del texto de la época Ming, El pabellón de las peonías . En primer lugar , se hace una breve reflexión sobre el autor y su época, y luego se analiza el ar gumento de la obra. A continuación, se dedica una parte al estudio de todos los personajes: los amantes (Du Luniang y Liu Mengmei), los padres (Du Bao y Zhen Shi), el tutor (Chen Zuiliang), la monja taoísta (Chui Hong), los sirvientes (Chunxiang, el jo- robado Guo y la T ortuga costrosa) y , finalmente, otros personajes que aparecen y son importantes en la obra. T ras este análisis de los personajes, sus formas, sus atributos... se hace un análisis exhausti- vo sobre los temas predominantes en la trama de El pabellón de las peonías . En el texto hemos es- tudiado la tradición y el decoro, el matrimonio tradicional, el canon de belleza femenino, el papel de la mujer en la época Ming, la evocación del pasado T ang, el tratamiento de los sueños y la muerte, la sexualidad, la magia y lo sobrenatural, el tratamiento de los extranjeros y los juegos de palabras utilizados. Este estudio temático será muy importante en contraste con el de las óperas revoluciona- rias, donde los temas que aparecen son todos de carácter comunista revolucionario. Este capítulo también presta especial atención al tratamiento de la kinesia y la proxemia en la ópera tradicional y al uso del vestuario. Finalmente, el bloque se cierra con un estudio de la dimensión musical presente en El pabellón de las peonías y , por extensión, en la ópera tradicional. 11 El cuarto bloque —quizás el central de la tesis— aborda la tipología de la ópera revoluciona- ria, es decir , las características y detalles que hicieron de aquella lo que fue. Para ello, el estudio toma como ejemplo La linterna r oja , una obra maestra de la Revolución Cultural que reúne en sí misma todas y cada una de las claves que Jiang Qing —y su grupo— intentaron hacer con la ópera. T ras analizar brevemente el argumento de la obra, el capítulo profundiza en los personajes más des- tacados, entre los que sobresalen la abuela Li, el guardagujas Li Y uhe (o héroe revolucionario, en palabras de la época), Li T iemei (la joven generación revolucionaria) y el antagonista Hatoyama (la encarnación del mal; los invasores japoneses). Al igual que en el capítulo anterior , en éste se anali- zan los siguientes temas: las nuevas ideas revolucionarias (o el evangelio revolucionario), la nueva concepción de la familia, el papel de la mujer en la lucha obrera, la importancia de la misión, la traición en La linterna r oja , el significado de la muerte revolucionaria, las alusiones a aconteci- mientos del pasado cercano, el tratamiento de los extranjeros y , también, algunos juegos de palabras (que nada tendrían que ver con los difíciles del pasado). Esta parte ya muestra cómo los temas ac- tuales han cambiado y muchos de los que aparecían en la ópera tradicional simplemente han dejado de estar aquí. Asimismo, se estudiará la kinesia y la proxemia; el maquillaje y el vestuario de los personajes que aparecían, así como el espacio teatral. Por último, se hace una exposición del cambio musical introducido en la ópera comunista por eliminación, influencia extranjera y gustos comunis- tas. En el quinto bloque es donde asumimos el gran reto de hacer un estudio comparativo de am- bas obras, donde se compara punto por punto todo lo estudiado en la tesis en los capítulos anterio- res. Los puntos tratados aquí son, entre otros, sobre la autoría y el origen de las obras, sobre los hi- los argumentales, sobre los personajes y sus atributos, sobre el tratamiento de la kinesia y la proxe- mia, sobre el uso del maquillaje y el vestuario, sobre el espacio escénico, la concepción estética y la dimensión musical, sobre la representabilidad, el mensaje y la finalidad de las obras. Aquí el propó- sito es claro, además de la metodología de contraste utilizada entre la ópera tradicional y la revolu- cionaria, se trata de apuntalar por qué se hizo así, cómo se preparó para ser difundida como propa- ganda, qué elementos se utilizaron para llegar al público... Para ir desgranando todo y terminar en unas conclusiones finales que amalgamen la idea general de la tesis: efectivamente la ópera revolu- cionaria fue concebida como elemento propagandístico marxista-maoísta para adoctrinar a un pue- blo casi analfabeto. El sexto bloque es uno de los puntos fuertes del presente trabajo, pues se muestran una serie de obras de teatro inéditas traducidas al español; del cómputo total de las yangbanxi se han traduci- do para el presente estudio La linterna r oja ( 红灯记 ), Shajiabang ( 沙家浜 ), El destacamento r ojo femenino ( 红⾊娘⼦军 ) y La chica del pelo blanco ( ⽩⽑⼥ ), lo que constituye un acercamiento sin parangón a esta época de la historia operística china en español. El séptimo bloque de la tesis ha sido concebido como una especie de elementos añadidos que necesitaba introducir , pero que por su naturaleza no podían formar parte del cuerpo teórico central. Aquí los elementos adjuntos son un mapa político de China, las dinastías de China, los soviets crea- dos por el Partido Comunista y la Lar ga Marcha, un mapa político de China en 1945, los teatros tra- dicionales, los principales papeles de la ópera, los principales movimientos kinésicos tradicionales, los principales instrumentos musicales, las variedades de ópera más importantes, los principales movimientos kinésicos revolucionarios, los carteles propagandísticos, las obras revolucionarias ori- ginales y algunas de sus traducciones, entre otros. Debido al carácter eminentemente visual de la tesis, ha sido necesario incluir este capítulo de addendas donde se han añadido todos estos dibujos e ilustraciones, realizados en su totalidad a mano. El último bloque está orientado a or ganizar la amplia bibliografía necesaria para la tesis, a partir de los textos originales de la ópera revolucionaria, los estudios realizados sobre algunos te- mas, sobre la propaganda, la historia, la ópera… 12 Abstract The thesis has been explained in a series of blocks that have been taken according to their to- pic, concept or content. The first block intends to create the historical basis for supporting the rest of the thesis, i.e., it is portrayal of the political, or historical, and social events that marked the times prior to and during the production of the revolutionary opera. In this part we shall understand why did they take place like they did, by the hand of the one that was persecuted by the government. Moreover , in this framework we place the plot of the operas, quoting real characters and events that would end up becoming a part of some of the same. This block begins briefly with the fall of the Qing dynasty and the revolutionary moments that triggered it. What follows it a detailed analysis of the first republic (1912-1949) with all its internal conflicts that began appearing: the Japanese occu- pation, colonialism, the relations of the communist party with Guomindang, etc. Below we analyse the early years of communism in the peninsula till the end of the cultural revolution (1976), period in which the revolutionary opera died away . All the explanations come out of this part that on one hand made way for this aesthetic in opera and on the other hand the real framework of events that fed the operas with content. The second block is divided into three dif ferent parts. The first part is a closeness to the true reality of Chinese opera from T ang dynasty to the era of the cultural revolution (when these works were the literary climax of the communist propaganda), passing through all the different eras and dynasties (Song, Jin, Y uan, Ming, Qing, and the Republic of China). Here special attention is given to all that occurred in each one of the stages, given that in every time the opera evolved grew thanks to diverse forms and influences. In the second part we can find an elaborate explanation of particu- larities that make Chinese opera what it is and not something else; here important aspects like spa- ce, public, dif ferent roles of characters in the opera, kinesics, proxemics, makeup, dress, music, pro- sodic elements, scenography or props, among others. Thus, it constitutes an essential part of the the- sis in order to carry out a comparison with new communist aesthetic. In the third and the last part, a brief but necessary revision of the most important typology of opera is done, most important varie- ties and most used rhythms, the advent of new formats et al are explained. This second block of the thesis constitutes the central theoretical body upon which the rest of the chapters will be based. The third block is a deep and elaborate study of the traditional opera from the texts of the Ming era, The Peony Pavilion . First, a brief reflection on the author and his time, and then the ar - gument of the work is analysed. Next, a section is devoted to study of all the characters: lovers (Du Luniang and Liu Mengmei), parents (Du Bao and Zhen Shi), tutor (Chen Zuiliang), the T aoist nun (Chui Hong), the servants (Chunxiang, the hunchback Guo and the Crusty T urtle) and, finally , other characters that appear and are important in the work. After this analysis of the characters, their forms, their attributes... an exhaustive analysis is done on the predominant themes in the plot of The Peony Pavilion . In the text we have studied tradition and decorum, traditional marriage, the stan- dards of feminine beauty , the role of women in the Ming era, the evocation of the T ang past, the treatment of dreams and death, sexuality , magic and the supernatural, the treatment of foreigners and wordplay used. This thematic study will be very important in contrast to that of the revolutio- nary operas, where themes that appear are all of a revolutionary communist nature. This chapter also pays special attention to the treatment of kinesics and proxemics in traditional opera and the use of costumes. Finally , the block closes with a study of the musical dimension present in The Peony Pavilion and, by extension, in traditional opera. The fourth block —perhaps the central one of the theses— deals with the typology of revolu- tionary opera, which means, the characteristics and details that made it what it was. T o do this, the study takes as an example The Red Lantern, a masterpiece of the Cultural Revolution that brings together each and every one of the key changes that Jiang Qing—and his group—tried to do with the Opera. After briefly analysing the plot of the play , the chapter delves into outstanding charac- 13 ters, among which grandmother Li, switchman Li Y uhe (or revolutionary hero, in the words of the era), Li T iemei (the young revolutionary generation) and the antagonist Hatoyama (evil incarnate; the Japanese invaders) stand out. As in previous chapter , in this one the following topics are analy- sed: the new revolutionary ideas (or the revolutionary gospel), the new concept of the family , the role of women in the workers' struggle, the importance of the mission, the betrayal in The Red Lan- tern, the meaning of revolutionary death, allusions to events of the recent past, the treatment of fo- reigners and, also, some puns (which would have nothing to do with the dif ficult ones of the past). This part already shows how current themes have changed and many of those that appeared in tradi- tional opera have simply ceased to exist. Likewise, kinesics and proxemics, the makeup and costu- mes of the characters that appeared, as well as the theatrical space will be studied. Finally , an expo- sition of the musical change introduced in the communist opera by elimination, foreign influence and communist tastes is made. In the fifth block, we take on the great challenge of making a comparative study of both works, where everything is compared point by point with what we studied in the previous chapters in this thesis. The points that are dealt with here are, among others, about authorship and origin of the works, about the plot threads, about the characters and their attributes, about the treatment of kinesics and proxemics, on the use of makeup and costumes, on the scenic space, the conception aesthetics and the musical dimension, on the representability , the message and the purpose of the works. Here the purpose is clear , in addition to the contrasting methodology used between traditio- nal opera and revolutionary opera, it is about pointing out why it was done that way , how it was prepared to be spread as propaganda, what elements were used to reach the public... T o go on unra- velling everything and ending with some final conclusions that amalgamate the general idea of the thesis: indeed, revolutionary opera was conceived as a Marxist-Maoist propaganda element to in- doctrinate almost an illiterate lot of people. The sixth block is one of the strong points of the present work, as it shows a series of unpu- blished plays translated into Spanish; of the total count of yangbanxi , The Red Lantern ( 红灯记 ), Shajiabang ( 沙家浜 ), Red Detachment of W omen ( 红⾊娘⼦军 ) and The White-Hair ed Girl ( ⽩⽑ ⼥ ) have been translated for the present study , which constitutes an unparalleled approach to this period of Chinese opera history in Spanish. The seventh block of the thesis has been conceived as a kind of added element that needed to be presented, but which by its nature could not form part of the central body of theory . Here the at- tached items are a political map of China, the dynasties of China, the soviets created by the Com- munist Party and the Long March, a political map of China in 1945, traditional theatres, the main roles of the opera, the main traditional kinesics movements, the main musical instruments, the most important varieties of opera, the main revolutionary kinesics movements, the propaganda posters, the original works, revolutionary works, and some of their translations, among others. Due to the eminently visual aspect of the thesis, it has been necessary to include this chapter of addendum where all these drawings and illustrations, made entirely by hand are added. The last block is aimed at organising the extensive bibliography necessary for the thesis, star- ting from the original texts of revolutionary opera, studies carried out on some topics, about propa- ganda, history , opera… 14 Dir ectrices metodológicas fundamentales En el presente trabajo entenderemos la obra dramática como “una composición literaria en la que se representa una acción de la vida con sólo el diálogo de los personajes que en ella intervienen y sin que el autor hable o aparezca” (DRAE), por lo que este género literario —de claro carácter visionario o espectacular— establecerá una función constitutiva de espectáculo o representación, es decir , irá enfocado en último término a la función ante un público. Entenderemos también el teatro “como un proceso en el que los signos de una cultura, en la que cumplen una función específica, no se utilizan con su función original, sino como signos de signos para reflejar esa cultura en un doble sentido; el teatro retrata una cultura y presenta en esa imagen o copia la conciencia de sus miem- bros” (Fischer , 1999: 238). Y lo entenderemos también, en su dimensión más absoluta, como “un acontecimiento ontológico […] por su incisión en el tejido del tiempo-espacio y en la historia” (Du- batti, 201 1: 45). Y es, quizá, en esta última acepción donde el Partido Comunista Chino más aten- ción mostró, puesto que sus miembros asumieron el reto de crear , a través de las obras estudiadas en el presente trabajo, una nueva realidad político-social que la masa obrera, campesina y del ejército fuera capaz de dilucidar sin tener que pasar por horas de estudio de las obras marxistas y maoístas. Este género, el dramático, establece un desarrollo dialógico entre el autor y el espectador; este proceso semiológico se manifiesta en la dimensión autor -receptor , pero también en la dimensión receptor -autor , aunque a la postre el público, el espectador , lo que recibirá será una convergencia entre las formas del autor y del director (Bobes, 1997: 26). En el fondo, lo que el teatro persigue — y más aún el revolucionario— es “poner un mundo a existir , hacer nacer un nuevo ente, poner un acontecimiento y un objeto, o diversos objetos, a existir en el mundo” (Dubatti, 201 1: 79). Estas características tan específicas del teatro son las que dotan a este género de un halo de interés y com- plejidad que no tienen otros; si, además, añadimos el aliciente intelectual del teatro en otras culturas —específicamente aquí, de la cultura china— hace que los sistemas sémicos en estudio cobren un rédito sin precedentes, por lo que “permite transmitir una cantidad y densidad de información que no es posible transmitir con los medios más simples de una estructura puramente lingüística” (Nú- ñez, 1987: 62). Es de obligada reseña que la escritura de las obras operísticas revolucionadas estu- diadas no se corresponde al esfuerzo de autores concretos que quieren entablar una comunicación sémica con el espectador , pues ninguna de las yangbanxi están firmadas, sino que son resultado del esfuerzo de las cúpulas intelectuales del partido durante la Revolución Cultural. De esta manera, la comunicación autor -receptor cobra un nuevo cariz, pues no sólo se pretende entretener al público, al espectador , sino que todo el lenguaje sémico ha sido pensado para aleccionar a grandes masas de población analfabeta en los saberes básicos del marxismo: la lucha de clases como, por ejemplo, la establecida por las tres generaciones revolucionarias en La linterna r oja , la maldad de los antiguos terratenientes del Guomindang, verbi gratia , en las escenas de El destacamento r ojo femenino , las tropelías raciales imperialistas del invasor japonés presente en varias obras, las bondades del comu- nismo chino —que fleta un barco de ayuda alimenticia a países africanos revolucionarios en El puerto — o la fuerza de la unidad en la lucha revolucionaria en su ayuda a los norcoreanos contra el imperialismo americano en Incursión sorpr esa a los tigr es blancos . A lo lar go de estas páginas, intentaremos desgranar las directrices metodológicas que hemos seguido para hacer el análisis de las obras estudiadas y , más importante si cabe, de las obras tradu- cidas. Aunque en la cosmovisión eurocéntrica del género literario haya una clara línea de separación entre el teatro —de corte dialogado— y la ópera —de marcado carácter musical y cantado (Fischer , 1999: 253)—, esta división no puede aplicarse al mundo asiático, específicamente al chino, puesto que en toda obra dramática, la confluencia de ambas realidades discursivas se encuentran entremez- cladas y su uso, en multitud de ocasiones, refleja un estado sentimental, del alma del personaje, que el autor quiere resaltar de especial modo, es decir , quiere remarcar una faceta del carácter del perso- naje (Aristóteles, 2021: 48). Así, por ejemplo, cuando un personaje cante ciertos pasajes en las 15 yangbanxi u óperas revolucionarias estará manifestando que su estado emocional se encuentra alte- rado por algún motivo en particular o que su afección por alguien o algo ha sido sacada de la nor- malidad. Por tanto, podemos comenzar apuntando que en el drama chino entran en juego muchos más factores que la simple palabra (Bobes, 1997: 36), lo que sin duda marcará la forma en que se analizan las obras en los bloques III, IV y V . No debemos olvidar tampoco que este teatro revolu- cionario no es concebido como mero entretenimiento, si no que busca ser inspiración de unos idea- les que han de ser transmitidos entre el pueblo, en boca de Piscator “un teatro que, en vez de estar al servicio de las insípidas sutilezas de salón, y de la amena literatura, se dedicara a un arte inspirado en el anhelo de lo verdadero” (1990: 29), entendiendo verdadero como aquello a lo que sus escrito- res querían hacer referencia. Claros ejemplos de esta dimensión sémica extralingüística la podemos encontrar en la última escena de La linterna r oja donde el baile de los revolucionarios chinos, con sus movimientos kinésicos de encuadre y largos segundos de quietud ante el espectador , sólo tienen la finalidad de mostrar escenas heroicas de victoria y triunfo de estos nuevos ideales marxistas entre la masa china. Ejemplos también claros pueden ser observados en las escenas que tienen lugar en estancias japonesas donde la disminución de la iluminación, en espacios casi a oscuras, denotan ese secretismo autoritario de las ideas venidas del país nipón —para el ojo chino, el lenguaje sémico aquí está car gado de connotaciones yin de negatividad, energía pasiva u oscuridad de intenciones—, que se contrapondrán con escenas muy bien iluminadas y con un sol gobernando en lo alto dando a las escenas comunistas ese halo semidivino de claridad, con la idea sémica añadida de sol-revolu- ción, id est , el nuevo amanecer que viene de la mano del sol o del Partido Comunista. En este análisis semiológico de las obras —de un lado, El pabellón de las peonías en el blo- que III y , de otro, La linterna r oja en el bloque IV— atenderemos a todos los signos del teatro, ver- bales y no verbales, y , muy especialmente en las yangbanxi , a los signos escritos de carácter orien- tativo o instructivo, es decir , a las didascalias o acotaciones, pues en muchos casos el Partido Co- munista Chino puso especial cuidado en explicar en estas partes cómo debía representarse la obra para que la masa obrera o campesina entendiera lo que realmente querían que entendiesen y en la forma en que así lo querían. Del mismo modo, y siguiendo las aportaciones de Rossi-Landi al res- pecto de los signos no verbales (Bobes, 1997: 49), prestaremos una especial atención a las referen- cias del texto espectacular y a su representación escénica basada en estas acotaciones; de especial interés en el presente trabajo será, verbi gratia , el estudio de aquellos momentos escénicos en los que los personajes se colocan a modo de cuadro, de escena bélica heroica, ausentes de todo movi- miento pero con una clara dimensión propagandística o de mensaje hacia el pueblo espectador de las obras, intentando con ello dirigir el proceso de transducción por parte de los espectadores, que casi contraviene las definiciones tradicionales de teatro como literatura en movimiento (García, 2001: 28). Ejemplos también de este vocabulario espectacular sémico —y que aparece ricamente explicitado en las acotaciones— serán los movimientos del héroe Li Y uhe de La linterna r oja en los momentos en los que es acusado, detenido o torturado por los japoneses; a punto de entregar su vida por los ideales de la revolución, el protagonista saca fuerza de sus flaquezas y se sitúa ante el espec- tador como triunfante y quasiglorificado, algo que se aleja de la verosimilitud de una novela realis- ta, por ejemplo, pero que tiene su aceptación dentro del lenguaje teatral y es aceptado tanto como parte de la realidad que se crea en el escenario como por los espectadores que asisten a la represen- tación. En esta dimensión espectacular de la obra dramática china, veremos múltiples procesos de denotación, connotación y , más interesante para nosotros, de metaforización (Ortega, 1964: 461), puesto que la obra adquirirá “valores simbólicos de otros signos situados en una relación de identi- dad sémica” (Bobes, 1997: 78), otor gando a la representación una identidad propia difícil de enten- der ex nihilo para espectadores que no compartan la cosmovisión cultural, histórica y operística del pueblo chino, con toda su car ga deíctica, referencial, dialógica e informativa puesta en boca de sus 16 personajes, tanto en las obras tradicionales como en las revolucionarias. Es decir , lo complejo del estudio de una obra extranjera —más si cabe de género dramático, pues pone en juego un amplio abanico de referencias no verbales— es poder llegar a entender todas y cada una de las referencias que el autor quiere que el público entienda. Por ello, hemos prestado especial atención no sólo al texto literario, sino también al texto espectacular —plagado de didascalias y acotaciones sin las que su comprensión sería imposible (Núñez, 1988: 6)— y a versiones ya representadas del mismo de la época de la Revolución Cultural, para poder llegar así a una comprensión más certera de la dimen- sión proxémica, kinésica o paralingüística que el Partido quería transmitir , ya que “el sentido indi- vidual del texto es producido por el lector a partir de su conocimiento del mundo, del contexto total de los fenómenos culturales, es decir , de un conjunto de códigos heterogéneos, implícitos y no sis- temáticos” (Núñez, 1987: 65-66). Al mismo tiempo que entendemos que “la auténtica acotación es, además de impersonal, muda (no proferida), indecible, pura escritura sin posibilidad alguna de vo- calización; en definitiva, enunciación sin sujeto” (García, 2020: 49), pero a la vez tan importante en este tipo de óperas chinas debido a que sin estas notaciones de los componentes extraverbales y pa - raverbales muchas escenas no podrían ser representadas en la clave que el propio Partido exigía. Podemos citar aquí algunos ejemplos que iluminan de forma cristalina esta divergencia entre el len- guaje sémico occidental y oriental: cuando en la obra El pabellón de las peonías , la protagonista Du Liniang recorre un largo camino en busca de su fatum , hace una serie de movimientos en círculos concéntricos que poco simbolizan al ojo europeo, pero que para un asistente asiático al teatro deno- tan con suma claridad el recorrido de un lar go viaje. En el caso de La linterna r oja , cuando el espec- tador escucha de fondo la canción revolucionaria El este es r ojo y ve un fulgurante sol naciente identifica de forma automática las características tradicionales del yang aplicadas ahora a la ópera revolucionaria —siendo consciente de sus connotaciones intrínsecas de ener gía positiva y creadora, claridad, luz…— y puede asimilar que la escena que se presenta traerá la victoria a los héroes revo- lucionarios de las obras. Hemos seguido la idea, compartida por Barthes, de que “la representación teatral convierte en signo todo lo que pone en escena” (Bobes, 1997: 1 15) y , sobre todo hablando de las yangbanxi , esta fue una de las premisas que el Partido quería, puesto que nada es dejado al azar y nada sobre el es- cenario es fortuito o aleatorio, sino todo lo contrario. Estos signos dramáticos sobre el escenario fueron pensados y cambiados por los líderes comunistas una y otra vez hasta alcanzar la representa- ción y significación deseadas; entendiendo significación como “el resultado de un proceso complejo que establece una interacción de un formante con un sentido, un signo con su referente, a través de sus tópicos, su historia, sus posibles connotaciones sociales o personales” (Bobes, 1997: 130). No dejamos de lado, en ningún momento, el estudio de la palabra —tan importante en una cultura como la china— donde cada sinograma empleado ha sido minuciosamente elegido para significar lo que se busca significar sin incurrir en interpretaciones ulteriores por parte del público; así, la palabra o grupos de palabras elegidos se semantizan mediante signos paraverbales —como el cuerpo de la voz de los actores, su entonación o tono—, kinésicos y proxémicos. En primer lugar nos vemos obligados a señalar aquí someramente la decisión del Partido de desechar el antiguo y viejo chino abigarrado de siglos anteriores, dando paso a formas y expresiones claras, que todo asistente al tea - tro puede entender , aunque sea iletrado o, incluso, analfabeto. Otro ejemplo paradigmático es el empleo de palabras como ‘lobo’ o ‘demonio’ que, para nosotros no conllevan ningún significado más allá del intrínseco al propio significante, pero que para el espectador chino hacen una clara re- ferencia al invasor japonés, tanto por sus características físicas como históricas y por su relación violenta y destructiva con el pueblo chino. V emos también, no sólo en La linterna r oja , sino en to- das las yangbanxi , el uso reiterado del vocablo ‘presidente’ a veces sin ir ligado a ninguna aposi- ción; para la masa espectadora china el uso de este vocablo no presenta ningún oscurantismo se- 17 mántico, sino que de forma automática todos ligan rápidamente a la figura de Mao Zedong, sin que la presencia de otros presidentes en las zonas no comunistas chinas cree en ellos confusión. En las traducciones presentadas de las yangbanxi en el bloque VI, se ha prestado especial cui- dado a la hora de indicar si el personaje en cuestión está hablando o cantando, puesto que para el receptor primero de estas obras —el pueblo chino— marca un cambio sustancial de sentimientos, registros o emociones internas por el simple hecho de recitar , cantar o, llanamente, dialogar (Fis- cher , 1999: 232). Aunque para nosotros esto pueda escaparse de la comprensión dramática tradicio- nal es vital para un conocedor de la operística china, puesto que los matices de estas intervenciones son sémicos, es decir , están car gados de un significado y de unas características propias; no son for- tuitos. Así, las acotaciones y las diferentes formas de intervención por parte de los personajes en las obras chinas cumplen una doble función: por un lado, la referencial y primaria, es decir , situar al espectador en la escena que quiere representarse y cómo y , por otro, son portadoras per se de conte- nido sémico, pues muestran cómo se siente, qué busca o qué anhela este o aquel personaje concreto (Bobes, 1997: 176). Esto, además, es asociado a cierta musicalidad, ritmos y tonadas que encua- dran, presentan y acompañan la dicción de los personajes; “esto es lo que ocurre cuando la música acompaña a la acción o anuncia cierto tipo de acontecimientos, puesto que sigue fielmente el mo- vimiento narrativo, el curso de las acciones, su funcionalidad es enfática y redundante” (Núñez, 1995: 186) y sitúa al público en un ambiente expectante ante ciertos hechos que van a ocurrir en el escenario y , en otras ocasiones, esta música es la que llena esos huecos vacíos sin diálogo ni canto creando una atmósfera agradable o proclive que incite la llegada de otra escena. Aunque todos los personajes de La linterna r oja presentan estas características en sus intervenciones, quizá los para- digmas más claros sean los de T iemei y la abuela que cambian repetidamente entre el diálogo, la dicción y el canto en sus intervenciones; y , aún más, cambian el tipo de tonalidad de su canto cuan- do quieren mostrar diferentes tipos de sentimientos ante el espectador . En la escena en la que la abuela por fin narra a su nieta la historia familiar , ésta usa tonadas que sémicamente hacen al espec- tador ser partícipe de su profunda turbación interna; de otra parte, cuando hablan de los japoneses ambas hacen uso de tonadas y ritmos que aceleran y llenan de odio o temor el corazón de los espec- tadores. T eniendo en cuenta que en la ópera de Beijing tampoco hay un narrador que presente los he- chos, el Partido Comunista se cuidó mucho de poner en boca de los personajes de forma cristalina las definiciones de aquellos nuevos valores que estaban transmitiendo, explicándolos con sus pro- pias palabras o canciones y , sobre todo, mediante sus acciones. Esta unidad del discurso dialogado en el teatro es a lo que Krysinski denominó ‘autor semiótico’, id est , una suerte de narrador ideoló- gico pero sin presencia textual (Bobes, 1997: 191). Es el autor —o los autores, o la colectividad— de la obra el que adopta una determinada actitud ante un tema, en el cual ha de hallar su punto de fuga, sin contradicciones en ninguna de las partes del texto dramático o en las intervenciones de to- dos los personajes. En las obras tradicionales, como la analizada aquí El pabellón de las peonías , es quizá más difícil trazar una línea ideológica entre los personajes, pues después de todo cada uno responde a sus propios intereses e ideales, pero en las yangbanxi no ocurre de este modo en absolu- to. Si aunamos a todos los personajes revolucionarios podemos extraer una suerte de manual de buenas acciones del buen revolucionario: no hacen nada que contravenga al Partido, no actúan de forma independiente e irracional, no buscan su propio interés, antes bien miran mucho por el bie- nestar de la colectividad revolucionaria y siempre son obedientes —llegando en la mayoría de las obras a entregar su propia vida—. Así, en la ópera revolucionaria la presencia de este autor semióti- co es la suma de los caracteres heroicos, es decir , sumadas todas sus actuaciones e intervenciones el espectador podía extraer la enseñanza marxista que tanto anhelaba transmitir el Partido. A través de todos los signos dramáticos ocurridos sobre el escenario —tales como la distancia entre los personajes, su actitud personal o sus gestos—, la obra será portadora de una car ga ilocutiva 18 y perlocutiva que se manifestará en cada uno de los momentos concretos de la obra, mostrando su valor semiótico (Núñez, 1987: 63), junto con el lingüístico mismo, y que se apoyará en el contexto que circunda la representación, en las implicaciones expresadas por el autor y en las presuposicio- nes textuales que los asistentes a la representación son capaces de decodificar en un mensaje enten- dible. Este mensaje que el emisor de la obra quiere dar es doblemente complejo si se atiende, prime- ro, al proceso de transducción dramática (Bobes, 1997: 233) y , segundo, al carácter artístico, políti- co o propagandístico que se quiere transmitir con las yangbanxi . De este modo, el proceso de trans- ducción —y más aún de interpretación e interiorización de la obra dramática china— es altamente delicado para el extranjero que no presta atención a todos los signos no verbales sémicos presentes en el texto dramático, bien por omisión o por desconocimiento. Cuando el Partido, en boca de los personajes, pone sobre el escenario enunciados ilucotivos como ‘el invasor japonés es cruel' o ‘el espía del Guomindang busca minar la integridad del país’, el espectador de la función hace una lec- tura clara, es decir , le da un valor perlocutivo al enunciado que le llevará en última instancia, por ejemplo, a denunciar a posibles vecinos sospechosos de colaboracionismo o a miembros de su fami- lia desleales a los ideales marxista-maoístas. La presencia de este tipo de enunciados puebla todas y cada una de las yangbanxi estudiadas en el presente trabajo. Además, siguiendo esta idea expuesta en el párrafo pretérito, el espectador debe ser conscien- te en todo momento de que en el género dramático la historia no es narrada, sino vivida por unos personajes que encarnan o representan un argumento —en este caso, con un ideario estético-político concreto— a través de la palabra en perfecta simultaneidad con “otros signos quinésicos, mímicos, proxémicos, objetuales, etc., para informar de una historia, durante un tiempo limitado, a unos es- pectadores, cuya presencia convencionalmente se niega” (Bobes, 1997: 241). Esta negación sólo se produce en el género dramático y pone de manifiesto la importancia del espacio como categoría en la que la representación dramática se asienta y tiene su rasgo más propio: es la puerta a un mundo de ficción creado, en este caso rompiendo, incluso, las barreas de la cultura en común, la historia o las convenciones sociales. En las yangbanxi podemos ver la importancia que sus autores otor garon a este espacio, con sus encuadres, sus juegos de luz, sus perspectivas y el detallismo con el que cui- daron el utillaje, sabedores de la importancia del espacio como lugar semiótico en el cual todo lo representado adquiere sentido. Porque a la postre es en este encuentro entre los actores y el público donde se configura el espacio teatral, un encuentro que es obviado por ambas partes que pretenden no ser partícipes de la existencia de la otra (García, 2020: 95) y donde puede darse el juego mágico de la transmisión de ideas a través de una realidad que sólo existe en un momento concreto sobre el escenario, pero que los sentados allí presentes observan como si se tratara de un hecho real. Es cu- rioso que en El pabellón de las peonías podemos ver cómo algunos personajes rompen la cuarta pa- red y se dirigen directamente al público para señalar alguna desgracia personal o alguna decisión difícil que tienen que tomar , queriendo así hacer partícipes a los asistentes de su toma de decisiones. En cambio, en las yangbanxi este juego personaje-espectador está totalmente ausente y lo que ocu- rre sobre el escenario es una historia cerrada, que simula en todo momento su veracidad, por lo que no pone al argumento en relación con el espectador . Esto se debe al carácter lúdico de las obras tra- dicionales que, aun queriendo transmitir algunos valores importantes o cambios y reformas sociales, son conscientes de su dimensión de entretenimiento, mientras que la ópera revolucionaria es vista por el Partido como material de estudio, de ejemplo, por lo que la historia debe ser tomada en serio, con disciplina y como aliento que inspire a las masas obreras y campesinas a reflejar en su propia vida los actos que han visto en la historia que han presenciado sobre el escenario. T ras esta brevísima introducción de las características de la ópera de Beijing estudiadas en el trabajo actual, pasaremos ahora a hacer algunas aclaraciones de los elementos constitutivos del gé- nero dramático más importantes y de mayor relevancia. Atenderemos a la obra dramática, como ya lo hiciera Aristóteles con las representaciones griegas, como un todo que busca producir en el es- 19 pectador un efecto catártico (Bobes, 1997b: 9), mucho más si cabe en las yangbanxi . Así, nos acer- caremos a la obra dramática china, más allá del texto en sí que también será importante, en su fina- lidad intrínseca más acuciante, id est , la de adoctrinar al pueblo en estos o aquellos ideales; esta ca- racterística sería la finalidad social perseguida por el Partido. Siguiendo este análisis de los elemen- tos semiológicos del texto dramático hemos separado aquí, de una parte, el texto escrito, principal y literario del texto espectacular , secundario, funcional y no literario, observando aún así una compe- netración de ambos textos que aúnan los signos lingüísticos con los no lingüísticos, para conformar una unidad sólida sobre el escenario. El significado pleno del texto dramático se confiere así como la suma de estas dos dimensiones, el texto literario y el texto espectacular . Entenderemos por semiología “la investigación sobre los signos, todo estudio que tenga por objeto los signos del teatro, verbales y no-verbales, escritos o representados, en el texto literario y en el texto espectacular” (Bobes, 1997: 48) y será la definición que acompañe cualquier comentario sobre la obra dramática en el presente trabajo. Siguiendo las aportaciones de Bogatyrev sobre el es- tudio teatral atenderemos a la “la triple capacidad semántica de denotación (signo de objeto), con- notación (signo de signo) y metaforización (incluyendo también metonimia y sinécdoque como pro- cesos de sustitución y de interacción léxica o semántica)” (Bobes, 1997: 78). Es decir , sobre el es- cenario encontraremos elementos sémicos que son lo que realmente son, muestran lo que el espec- tador está viendo, como en el caso de La linterna r oja cuando aparecen sillas o mesas en la escena; de otra parte, los elementos constitutivos de la connotación o la metaforización, mucho más com- plejos en los textos dramáticos, muestran lo que el autor quiere expresar , no directamente, sino a través de signos de signos. Un claro ejemplo lo tenemos en el farolillo rojo que defiende la familia Li en todo momento, que es portador del signo de la esperanza, la libertad, la revolución o los nue- vos tiempos. Así, estos elementos no son signos de objetos, claros y fáciles de identificar por el ojo que atiende a la representación, sino que su significación sémica va más allá y los llamamos signos de signos. Así, en el texto espectacular —y también dentro del propio texto literario— encontramos un uso reiterado de elementos referenciales, deícticos sobre todo, que nos sitúan en las diferentes esce- nas y nos van llevando hacia donde los personajes quieren que miremos, prestemos atención o loca- licemos algún elemento físico reseñable. Algunos estudios destacan este uso característico del deíc- tico en el escenario, verbi gratia , “Honzl ha confirmado que un sistema deíctico propio y el reparto de la información entre los diferentes personajes que dialogan son los rasgos más destacados del discurso dramático en su representación escénica” (Honzl, 1976: 124 como se citó en Bobes, 1997: 79). De esta manera, entendemos por deixis —del griego δεῖξις deîxis ‘referencia’— todo “señala- miento a una persona, un lugar o un tiempo, o a una expresión lingüística mediante ciertos elemen- tos gramaticales” (DRAE). No podemos obviar que el texto literario está plagado de deícticos que señalan o aluden a objetos o símbolos que se encuentran presentes en el escenario y , que su uso, completa el valor semiótico de las óperas (Bobes, 1997b: 21). T odos estos elementos constitutivos del género dramático, aunque ahora los estamos desgranando para acercarnos a ellos de una forma más detenida, en la realidad de la representación conforman un continuum , un todo que no puede entenderse si no es en armonía. El lugar donde el espectador juega con los personajes, donde la magia de la transformación de lo representado en real ocurre, donde, a la postre, se realiza el espectáculo es el espacio teatral y nos informará de muchas características propias del drama chino, que se materializa en el escenario físi- co, pues “en tanto que se interprete un espacio en relación a la sociedad completa, puede conside- rársele como un signo de los valores e ideas vigentes en ella, si se interpreta en relación a institu- ciones, personas y grupos” (Fischer , 1999: 192). Entra también en juego el tiempo, un tiempo que no es lineal, real y absoluto, como el que ocurre o pasa en los relojes del espectador , sino que tiene sus propias reglas; pueden pasar días en las obras, o años incluso, mientras que para el espectador 20 apenas han pasado minutos. Esta aceptación del tiempo dramático como verosímil es crucial para entender las obras, para participar de lo ocurrido sobre el escenario; precisa de la cooperación del público, de su implicación. Como venimos viendo, todos los elementos teatrales están car gados de implicaciones semióticas, pues todo hecho, objeto o elemento sobre el escenario es, en sí mismo, un signo semiótico. El signo dramático es, por consiguiente, “cualquier objeto presente en el escenario que sirviera de expresión sensible a algo ausente, material o conceptual: todo lo que estaba en esce- na era representación de algo que estaba ausente, era un signo” (Bobes, 1997: 1 16). La extracción de un significado aplicable a su realidad por parte del espectador es lo que conocemos en semiolo- gía como significación, que no es sino una interacción que éste establece entre el signo y su referen- te bien a través del tópico, su historia o sus ulteriores connotaciones sociales o personales. En este proceso de relación signo-referente es donde el espectador puede llegar a la experiencia estética, la cual “consiste en una relación inmediata entre el sujeto y el objeto, un contacto directo, personal, sensible (no conceptual), subjetivo, no mediatizado por ningún apriorismo, ni siquiera el apriorismo del lenguaje, a través de cuyo sistema de categorías, estructuras, clasificaciones y etiquetas se filtra y encauza la mayor parte de nuestra experiencia” (Núñez, 1995: 181). Dentro de la semiología encontramos también todos los estudios referentes al cuerpo, a sus movimientos, a sus distancias… En este ámbito, hablaremos de la kinésica —también llamada kine- sia, del griego κίνησις ‘movimiento’— que se encar ga del estudio del significado de los gestos, las posturas y los movimientos corporales de los personajes sobre el escenario. Encontraremos también en el presente estudio la referencia al término proxémica o proxemia, que alude a cómo los persona- jes gestionan y estructuran el espacio que les circunda en sus interacciones con el público o con otros personajes, pues, por ejemplo, “las distancias consideradas oportunas en las culturas distintas difieren considerablemente” (Fischer , 1999: 125). T odos estos elementos dramáticas aportan signi- ficado semiótico a la representación teatral y serán cruciales a la hora de contrastar las obras La lin- terna r oja y El pabellón de las peonías . Como ya ejemplificamos ut supra el texto dramático atenderá al mensaje sémico desde la perspectiva de los actos locutivos, pero ¿qué entendemos como acto locutivo? El acto locutivo es la acción de emitir un mensaje, entendida de forma genérica en todo texto lingüístico, que pueda ser interpretable por el espectador u otro personaje. Éste es un acto complejo pues lleva parejo per se tres tipos de actos diferentes: el acto fónico, en primer lugar , es el acto de emitir ciertos sonidos re- conocibles para el público que, a su vez, lo estructurará en una serie cerrada y lógica de palabras gramaticalmente ordenadas, a lo que llamamos acto fático; estas palabras ordenadas en secuencias gramaticales y sintácticas acordes a la lengua en cuestión con un determinado sentido es conocido como acto rético. Una vez definido el acto locutivo y explicado en las tres dimensiones lingüísticas que articulan y ordenan el mensaje, es necesario atender a lo que el filósofo británico Austin llamó acto de habla, id est , la unidad básica de la comunicación lingüística y que se encuentra conformado por los actos locutivos, los actos ilocutivos y los perlocutivos. El primero, ya explicado, sería la di- mensión pragmática que todo enunciado encierra en sí mismo y que busca la realización de cual- quier acción, como podría ser una promesa, una aserción o una petición, entre otras. Cuando el mensaje aportado por el personaje tiene una intención determinada, busca producir en su interlocu- tor la realización de una función comunicativa concreta —como podría ser , por ejemplo, una pro - mesa— estamos ante los llamados actos ilocutivos. Por último, los actos perlocutivos son aquellos que podríamos entender como el efecto que el hablante produce en el oyente o interlocutor , es decir , la reacción que produce en su persona por lo dicho, como puede ser alterarle o convencerle de algo. Ejemplificando toda esta teoría pragmática, cuando Hatoyama dice a Li Y uhe que [pagarás muy caro tu insolencia si no me das lo que te pido] estamos ante el acto locutivo de lo que en sí se dice, prometiendo que va a ocurrir algo negativo si no hace lo que él dice (acto ilocutivo) con el fin últi- mo de provocar una respuesta en Li Y uhe para que le facilite la información (acto perlocutivo). 21 T odo este entramado de significados se encuentra inscrito en una ciencia mayor que se ha venido a llamar pragmática, es decir , la rama de la lingüística que pone en relación el contexto con los men- sajes propiamente lingüísticos y verbales a la hora de interpretar el significado. De este modo auto- res como Kristeva establecen que en contraposición al uso lingüístico dominante en otros tipologías textuales, el teatro presenta una dimensión pragmática que hace que el significado final deba ser interpretado con nuevas influencias y aportaciones de signos que cambian, modifican o restringen el significado puramente locutivo (Fischer , 1999: 530). Estos elementos semiológicos son los principales que estudiaremos y abordaremos en los es- tudios del bloque III, relativo a la operística tradicional china, y del bloque IV , enfocado eminente- mente al estudio de La literatura r oja y por añadidura a toda la ópera revolucionaria. No podemos dejar de señalar que el presente trabajo aborda el estudio del teatro como género literario —tradicional y revolucionario y sus comparaciones—, las ciencias políticas —en el sentido del mensaje implícito propagandístico de las obras y su estudio—, la historia —en tanto en cuanto que las obras están insertas en el siglo XX histórico y beben de él para nutrirse de ar gumentos y personajes— la lingüística, la semántica, la pragmática y la sinología —orientada en su perspectiva de traducción al español de las obras inéditas del bloque VI y de todos los elementos culturales que han sido citados para la comprensión total o parcial de pasajes o textos chinos—. Por lo tanto todo lo que abajo sigue tiene eminentemente un marcado carácter interdisciplinar , que el lector del pre- sente trabajo notará en todo momento. Muchas serán las partes que podrán ser mejoradas en el presente trabajo con vistas a estudios ulteriores y todo ha sido tratado desde la humildad no del conocimiento absoluto, sino desde la óp- tica de que todo puede mejorarse con la aportación y las ideas de nuevos estudiosos que se interesen por el apasionante tema de la operística revolucionaria china. En nuestro caso concreto hemos deci- dido llegar a cabo una investigación sobre las particularidades traductológicas de las óperas revolu- cionarias desde el punto de vista de la pragmática, la semiótica teatral y la traducción tras la defensa del presente trabajo y , quizá, en clave de trabajo postdoctoral. Del mismo modo, también estamos embarcados en la empresa de la publicación en español de un tomo que incluyera el cómputo total de las yangbanxi para que el lector de a pie, y mucho más el interesado en la sinología, pudiera acercarse por vez primera a estas interesantes e inéditas obras. Asimismo, nos haría una especial ilusión poder entrar en contacto con alguna compañía de teatro o el Instituto Confucio para poder llegar a representar alguna de las yangbanxi traducidas sobre escenarios españoles. “Si se pr egunta qué es el arte, entonces se dice: lo que eleva al hombr e, lo que le pr opor ciona mundos superior es, vida más alta, espiritualidad más libr e y sentimientos más pr ofundos; lo que le hace olvidar lo cotidiano, lo que le ensalza a las más altas cumbr es de la humanidad” (Piscator , 1990: 48) 22 Aclaración sobr e las notas a pie de página La aparición cuantiosa de las notas a pie de página en el presente trabajo responde a una obse- sión personal, en primer lugar , aclaratoria y , en segundo lugar , de precisión con el idioma chino, id est , hemos preferido hacer uso de los sinogramas en estas secciones y no en el cuerpo central de la tesis, que está compuesto casi íntegramente por grafías latinas. Así, a lo lar go de la tesis podrán en- contrarse varios tipos de notas: • de una parte, las que responden a la aclaración de algún dato concreto y específico —en cuyo caso aparecerá la referencia citada—; • de otra, las que hablan sobre la vida y obra de alguno de los autores, o personajes históricos, citados en el cuerpo de la tesis, pero que por su lejanía con el tema central de la ópera revolu- cionaria, no necesitan ser desarrollados en una zona de tanta importancia —en estos casos las fuentes son diversas y destacan, entre otras, los sitios de internet www .chinaknowledge.com, www .zo.uni-heidelber g.de/sinologie/index, https://baike.baidu.com, http://www .bjlsjng.com, entre otros—; • y , por último, aquellas notas que avanzan en una marcada línea lingüística y que son de carác- ter aclaratorio o explicativo sobre el significado de algunos términos en chino —en estos ca- sos, los recursos utilizados han sido el 教育部重編國語辭典修訂本 , o Diccionario r evisado de chino mandarín en http://dict.revised.moe.edu.tw/cbdic/, el 漢典 , o Diccionario de chino , en http://www .zdic.net/, el Corpus lingüístico de la Universidad de Beijing en http://ccl.pku.e- du.cn:8080/ccl_corpus/, el 句酷 , o Jukuu para las tradiciones al inglés, en http://www .jukuu.- com/, entre otros—. De igual modo la tesis se encuentra plagada de referencias internas entre diferentes notas; hay que recodar que las notas están or ganizadas en bloques, por lo que cuando se redirige alguna nota se aclara también el bloque donde hay que consultar dicha nota. Apuntes sobr e el visionado de las obras en Y outube De obligada mención nos parece el uso de la herramienta en la Red de Y outube, pues nos ha posibilitado visionar diferentes óperas tradicionales y revolucionarias en representaciones tangibles y reales; es decir , en el estudio, sobre todo, de la pragmática en las obras ha sido posible ver , estu- diar y fijarse de forma mucho más minuciosa en las representaciones que se encuentran presentes en la citada plataforma de vídeos digital. En el caso de El pabellón de las peonías , hemos hecho uso de https://www .youtube.com/ watch?v=T_2IyCrMgBg y los vídeos siguientes, que contienen una representación completa de cer- ca de veinte horas de la obra llevada a cabo por el Lincoln Center Festival, el Festival d'Automne à Paris, el Sydney Festival, y el Hong Kong Arts Festival. Se representó por vez primera en 1999 en Nueva Y ork y , durante varios años, estuvo recorriendo diferentes países del mundo llevando al es- pectador la obra en diferentes días, pues su representación completa es demasiado lar ga. En el año 2012 se volvió a retomar en la ciudad de Nueva Y ork su representación, resultado de la cual son los vídeos aquí presentados. En relación con las yangbanxi , el uso de Y outube ha constituido una herramienta fundamental, puesto que es rarísimo encontrar hoy en día compañías que aún se dediquen a la representación de estas piezas de la Revolución Cultural. Para La linterna r oja hemos utilizado la versión de 1970 grabada en Beijing, de la mano de los actores Gao Y uqian, Liu Changyu y Qian Haoliang (https:// www .youtube.com/watch?v=1uHhlPjDdls&t=2783s). El resto de obras revolucionarias —todas de la misma época que La linterna r oja — visiona- das para el presente trabajo es el que sigue a continuación: 23 Shajiabang con el actor protagonista W an Y iying (https://www .youtube.com/watch?v=GOQ- rrv9eQcg), Incursión sorpr esa a los T igr es Blancos con los actores Fang Rongxiang y Song Y uqing (https://www .youtube.com/watch?v=xZXHY vhj5s8), El puerto con la actuación principal de Li Changchun (https://www .youtube.com/watch? v=DHzYneO7Ols), La chica del pelo blanco , interpretada por Shanghai Ballet Chorus y Shanghai Ballet Orches- tra, y con la actuación de Chen Xieyang (https://www .youtube.com/watch?v=hV eBHpg3iwM), El destacamento r ojo femenino , de la mano de la actriz Du Jinfang (https://www .youtube.- com/watch?v=DfmlNv4ige8) y La conquista de la Montaña del T igr e , interpretada por Li Zhonglin, Ji Y uliang, W ang Baos- han, Shen Jinbo, Jiang Y ongnian y Liu Binkun (https://www .youtube.com/watch?v=GsLrndyc9- PU&list=PLuBJGbKItSJqieFuz7E0ahiHwcrOM58-q). 24 Agradecimientos En primer lugar he de agradecer aquí la incólume labor de dirección, guía y consejo que ha realizado Gabriel García-Noblejas, mi director de tesis. Durante el período en el que he desarrollado mi investigación doctoral siempre ha estado apoyándome y llevándome por los caminos necesarios para arribar a buen puerto este trabajo, acotándome los campos de estudio y los temas a seguir . Sin él hubiera sido un tiempo de investigación difuso y sin límites y metas claros. Por su profundo co- nocimiento, su inestimable ayuda y su paciencia, gracias. Asimismo no querría dejarme en el tintero a 杜楠茜 (Du Nanxi) que tanto me ha ayudado du- rante este tiempo con palabras, términos, interpretaciones y búsquedas relacionadas con los movi- mientos, los instrumentos, las variedades operísticas… y que tanto me ha enseñado sobre la repre- sentación teatral china, contemporánea y tradicional. Además, ha sido ella la que me ha ayudado a conseguir los libretos originales de la época de la Revolución Cultural aquí estudiados y que ahora tengo entre mis manos. T ambién a su hermano, que es todo un experto en lo que se refiere a ópera tradicional y que en multitud de ocasiones me ha brindado sus conocimientos de forma altruista. A nivel bibliográfico, el apoyo recibido por ! "# $% &'(' (Arkaprabha Panda), un buen amigo bengalí y profundo experto del idioma español, ha sido inestimable. Ha dedicado horas a ayudarme con la búsqueda de algunos ejemplares de difícil acceso y me ha enseñado que, en el mundo de la consulta, la paciencia es el arma principal. En las correcciones lingüísticas y estilísticas en inglés no puedo olvidar los consejos recibidos de un gran compañero de viaje de vida, el hispanista indio    (Madhuvan Rishiraj Sharma). Sin sus conocimientos en lengua inglesa formal me habría visto muchas veces seriamente comprometido. En lo tocante a la dimensión musical agradezco a los hermanos Juan y Adrián Guzmán —am- bos musicólogos— las directrices y explicaciones que tanto me han ayudado para poder entender la sinfonía revolucionaria, primero, y la dimensión musical por extensión en las óperas, después. T ambién querría agradecer a Javier Chércoles Blázquez el apoyo que me ha brindado durante estos lar gos meses, en los que a veces tenía ganas de desfallecer y de abandonar; él siempre tenía para mí las palabras de aliento necesarias para seguir adelante con mi investigación y , en general, con todo lo tocante al trabajo y al estudio. A Óscar de Baltodano y Pallais, vicepresidente de la Ernesto Car denal International Founda- tion , que durante estos largos meses en los que me he encontrado inmerso en el mundo de la consul- ta y lectura bibliográficas ha sabido estar siempre ahí con una palabra amiga o un gesto comprensi- vo. T ambién por compartir conmigo nuevas ideas y propuestas a nivel académico y dejarme entre- ver otras perspectivas sobre temas y problemas que yo creía irresolubles. Agradecer a la Universidad de Granada esta oportunidad de realizar mi sueño doctoral entre sus antiguos muros; los cursos de formación y la bibliografía facilitada, la atención administrativa, la cercanía con el estudiante… han hecho de esta experiencia de formación personal un tiempo que nunca olvidaré y del que siempre guardaré un tierno recuerdo. En general a todas las personas que durante esta andadura han sabido estar ahí conmigo, so- portando mis interminables peroratas sobre la propaganda, el comunismo chino o la ópera de Bei- jing. A todos mis familiares y amigos, especialmente a Jaime Guiance y Elena Briega, que siempre han estado cerca en este caminar que ha ocupado los últimos años de mi vida. No podría olvidarme de mi gran amigo ar gentino Mauro Javier Kaul con el que he aprendido tanto de literatura asiática y con el que he compartido tantas interminables e interesantes charlas al calor de un buen mate. Y , de forma muy cariñosa y entrañable, a 林志韜 (Lam Chito) por insuflarme el aliento final que tanto necesitaba para rematar esta odisea y poder llegar a buen puerto con ella. A todos ellos, muchas gracias. 25 BLOQUE I. ENCUADRE HISTÓRICO: LA PRIMERA MIT AD DEL SIGLO XX CHINO ENCUADRE HISTÓRICO En este primer bloque se pretende hacer un recorrido por la historiografía china que acabaría consolidando el poder comunista en el gobierno de Beijing. Se intentará ahondar en los procesos históricos revolucionarios —tan innatos al pueblo chino— que durante casi un siglo hicieron del país asiático ( cf. Addenda II ) una tierra de enfrentamientos, tanto bélicos como de ideales. Un siglo en el que pasaron del pensamiento tradicionalista confuciano al marxista revolucionario colectivis- ta; del modelo imperial de gobierno a una república de corte soviético, pasando por turbulentas épo- cas de señores de la guerra a modo casi feudal, que administraron su propia justicia y a veces utili- zaron sus propias leyes y moneda, al mar gen del gobierno central. Se expondrá un continuum histórico que sería el fundamento último para una de las creacio- nes literarias más importantes de las últimas décadas en China, la ópera revolucionaria. Una ópera que estuvo regida por parámetros que huían de la tradición literaria del país y cuya finalidad última fue la de entretener y aleccionar a un pueblo que literalmente se moría de hambre. La finalidad de este bloque es la de situar al lector en un escenario que, lejos de ser de índole solo nacional, mostra- ba al mundo las diferentes formas de entender el futuro: el comunismo o el capitalismo. Un recorri- do histórico que, a pesar de todo lo expuesto, tendría sus consecuencias postreras en ideas estéticas de un grupo reducido de pseudointelectuales que en su búsqueda de la belleza sacrificarían millones de vidas de entre sus propios compatriotas. Se muestran, así, a continuación los cimientos sobre los que se escribirían ocho obras modelo revolucionarias que lejos de ser ejemplos externos a su tiempo y espacio, supieron resumir el es- fuerzo de un pueblo por luchar , por anhelar mejoras, por buscar la perfección, pues como diría el propio presidente “la única forma de convencer es la persuasión, no la coacción” (Mao, 2021: 168). En el primer capítulo de este bloque se darán unas pinceladas para entender cómo el poder imperial empezó a tambalearse y las causas que causaron ese colapso; es un capítulo breve, pero fundamental para inferir que el Imperio del Centro, aunque cambiante durante más de dos mil años, estaba a punto de fracasar a consecuencia de las nuevas masas y los cambios sociales, que empeza- ban a demandar otro modelo gubernamental. El segundo capítulo está dedicado enteramente a exponer cómo se instauró el modelo republi- cano en China de manos del Guomindang, el Partido Nacionalista chino que aún hoy sigue presente en la isla de T aiwán ( cf. Addenda I ). En este capítulo distinguimos cinco epígrafes que van articu- lando estos 37 años de gobiernos inestables y de enfrentamientos internos. En primer lugar nos de- dicamos a explicar los primeros años de esta joven república, dirigida por la mano firme de Y uan Shikai, que también coqueteó con la vuelta al sistema imperial. T ras su muerte, nos adentramos en el segundo epígrafe que nos sitúa en los años en que la titularidad de la capital se encontraba en Beijing, donde se produjo el Movimiento del Cuatro de Mayo y , aún más importante para el presen- te trabajo, el nacimiento del Partido Comunista de China que actualmente ostenta el poder en el país. T ras estos años, la capital es movida hacia Nanjing, lo que queda explicado en el tercer epígra- fe de este capítulo, llamado La década de Nanjing, espacio donde se presentan las primeras políticas del Partido Comunista y la influencia que los japoneses empezaron a realizar en territorio peninsular chino. Este tema que desembocará en guerra y conquista, de grandes y ulteriores consecuencias para el pueblo chino, su historia, sus políticas y , también, su literatura revolucionaria queda plasmado en el epígrafe cuarto. Para terminar el capítulo, en el epígrafe cinco hablaremos y analizaremos la pe- culiar y difícil relación que el Guomindang y el Partido Comunista tuvieron a lo largo de estos años de guerra y enfrentamientos, hasta llegar a la expulsión total de aquel. El tercer capítulo comienza con la victoria del comunismo revolucionario chino y su instaura- ción como poder de facto en el país, id est , la República Popular de China. Este capítulo también está dividido en diferentes epígrafes que encuadran el momento histórico central para nosotros, pues es el momento en que las obras revolucionarias empiezan a tomar forma y acaban siendo escritas y producidas en masa por el Partido. En el primer epígrafe ahondaremos en cómo el Partido Comunis- 29 BLOQUE I ta pasó a ser el poder de iur e del país y cómo sus métodos y características intrínsecas pasarían a ser las de toda la nación asiática. En este primer momento tendremos que prestar especial atención al Movimiento de las Cien Flores y a los procesos de limpieza interna del movimiento revolucionario, como el Antiderechista. T ambién aquí nos interesaremos por los métodos y las ideas que el Partido intentó instaurar para educar a un país prácticamente analfabeto y en cómo se relacionó con las éli- tes intelectuales minoritarias. Para entender la producción literaria revolucionaria, necesitaremos acercarnos al epígrafe dos, donde se exponen las peculiares características que definieron al comu- nismo en China y su consecuencia más radical: el Gran Salto Adelante, que marcó en la memoria del pueblo chino una sombra que probablemente nunca pueda ser eliminada. T ras esta depuración del pueblo y de su educación, afrontaremos la tarea de acercarnos a la nueva élite intelectual sub- producto de todo lo ocurrido. El epígrafe último dentro de este capítulo será el que dibuje el marco de producción de las obras revolucionarias objeto de estudio del presente trabajo, esto es, la Revo- lución Cultural, donde se mostrarán los preliminares de la misma, su desarrollo, sus consecuencias y la participación de ciertos camaradas, como la esposa de Mao —la Dama Qing—, que tanto influ- yó en este período de la historiografía china en su producción literaria. 1. La caída del imperio Qing y las r evoluciones que lo abocaron Este capítulo ha sido concebido desde la prerrogativa de que China llevaba años, sino siglos, arrastrando una fuerte conciencia revolucionaria entre la masa de la población. Cuando el pueblo veía que el líder que gobernaba el país perdía el control del mismo, una masa concreta de la pobla- ción se alzaba en armas y cambiaba la casa gobernante. Por ello, todo lo expuesto en las siguientes páginas debe ser concebido como una continuación o devenir históricos, no como la irrupción re- pentina de los comunistas en el poder . En el año 1851 se alza en armas contra el imperio manchú el campesino sureño Hong Xiu- quan proclamándose así mismo como emperador celestial cristiano y estableciendo su capital en 1 Nanjing. La revolución T aiping (Chesneaux, 1976: 29), como se conoce a este movimiento del si 2 - glo XIX chino, tuvo un marcado carácter campesino y radical, señalando el comienzo de las gran- des revoluciones sociales de masas que asolarían el país durante el siglo siguiente. La manifestación violenta de este grupo venía a responder a un lar go período de carestía de productos básicos y em- pobrecimiento del campesinado que el país sufría desde finales del siglo XVIII (Brook, 1998: 93), hecho por el cual el descontento era generalizado y a Hong Xiuquan no le costó mucho encontrar adeptos entre los aldeanos del sur (Chesneaux, 1976: 30). A finales del siglo XVIII China contaba con una población estimada de 230 millones de habitantes, hecho que cambió en el momento del inicio de esta revolución, pues su población había ascendido a 394 millones. Este insólito creci- miento propició una profunda crisis de subsistencia entre el pueblo, unida a la difícil situación del campo y a la corrupción de las élites administradoras Qing (Brook, 1998: 97), una dinastía que el 洪秀全 (Hong Xiuquan) fue un revolucionario original de la provincia de Guangdong nacido en 1814 y muerto en 1 Nanjing en 1864 ingiriendo hierbas venenosas para escapar de las manos de los manchúes. Pertenecía a una sección histórica de la etnia Han conocida como 客家 ( kejia ) convertida al cristianismo por misioneros occidentales. Estableció un reino cristiano en China y se autoproclamó liberador del país en nombre de su hermano Jesucristo. Sus restos fueron desenterrados, quemados y esparcidos al viento para negar a su espíritu el descanso (Gernet, 2005: 484-485). 太平天国 (T aiping T ianguo) es el nombre con el que ha sido bautizada la primera gran revolución de masas en Chi 2 - na. Ocurrió entre 1851 y 1864 contra las fuerzas imperiales de la dinastía Qing a las que pretendía derrocar . Su finali- dad, asentada en el campesinado, era la de imponer un Reino Celestial cristiano en China despojando al demonio de su control actual del país (Gernet, 2005: 35-36). 30 ENCUADRE HISTÓRICO pueblo no olvidaba que no pertenecía a la mayoría han . El mensaje cristiano de igualdad y caridad 3 empezaba a arraigar en el sur del país y misioneros como Edwin Stevens ayudaron a que traduc 4 - ciones parciales de la Biblia protestante llegaran a las capas más descontentas del campesinado. Ínterin, plazas clave como Shanghai, Hong Kong y Xiamen habían sido tomadas por poten- cias extranjeras, lo que indignaba aún más a la población china. T odos estos componentes de forma conjunta propiciaron que el campesinado se uniera en masa y se pusiera a las órdenes de Hong Xiu- quan para marchar contra el norte, el cual aprovechó el revuelo y la inestabilidad generales para proclamarse Emperador celestial y hermano menor de Cristo (Birrel, en Mair et al. , 2001: 65), con lo que confería a su revuelta un halo de misticismo que lo acompañaría hasta su caída (Chesneaux, 1976: 31). La situación de gobierno de la dinastía Qing era desoladora y había empezado el inexo- rable camino hacia su declive final, lo que sin duda fue agravado por la insur gencia de este movi- miento radical, cristiano, igualitarista, feminista —entre otras medidas tomadas, optaron por prohi- bir la tradición de vendar los pies a las mujeres— y puritano. El movimiento se fue nutriendo de grupos de campesinos que en su marcha hacia el norte se iban adhiriendo a ellos, implantando en esas regiones comunas de corte colectivista y proclamando la ilegalidad de que hacendados ajenos al gobierno fueran propietarios de tierras. Cuando sus tropas llegaron a Nanjing, el movimiento ya contaba con unos dos millones de fieles seguidores y Hong vio el momento de reagruparse en la ciudad y preparar desde allí su ataque contra Beijing. La inestabilidad interna del propio movimiento llevó a que su líder orquestara una sangrienta pur ga en 1856 (Chesneaux, 1976: 35), que unida a sus fracasos en las campañas contra Beijing y la agresión que el movimiento realizó a ciertos intereses comerciales localizados en Shanghai, obligó a las potencias extranjeras a tomar cartas en el asunto y enfrentarse a sus tropas en Nanjing en con- junción con las tropas imperiales Qing, derrotando a sus huestes finalmente el 19 de julio de 1864 y poniendo fin al reino cristiano de China. En el marco de la Segunda Guerra del opio una alianza 5 internacional aplastaba a los rebeldes, mientras las represiones pronto se hicieron oír y más de cien mil rehenes fueron ajusticiados en público, lo que cerraba una década que había dejado, según di- versas fuentes, unos 25 millones de muertos. Las derrotas sufridas ex post por la propia dinastía Qing tras las Guerras del opio y las conce- siones que se vio obligada a realizar a potencias extranjeras, llevó a un nuevo enfrentamiento abier- Aunque no fuera así en los albores imperiales de China, en la actualidad el país se encuentra dividido en 56 minorías 3 que son las integradoras del pueblo chino. A ojos extranjeros es fácil pensar que el pueblo chino está conformado única y exclusivamente por un grupo cohesionado, pero la realidad es que las denominadas 民族 ( minzu ), o etnias, de las cua- les el grupo mayoritario hoy está integrado por la 汉族 ( hanzu ), o etnia han . Otra de las minorías más conocidas del país —por haber sido gobernante durante la última dinastía Qing— es la 满族 ( manzu ), tan conocida que incluso tiene romanización al castellano como manchú (Bender , en Mair et al. , 2001: 1033). Edwin Stevens fue un misionero protestante estadounidense nacido en 1802 y muerto a causa de unas fiebres intermi 4 - tentes que no cesaron en 1837 en Singapur . Su papel en la conversión de varios de los cabecillas de la revolución T ai- ping es incuestionable, insuflando la mecha del puritanismo, la igualdad y la colectivización de las riquezas entre los campesinos del sur de China. Las 鸦⽚战争 (Y apian zhanzheng), o Guerras del opio, fue un conflicto armado que enfrentó al Imperio Británico con 5 - tra el Imperio Chino durante el siglo XIX. La Primera Guerra del Opio se enmarcó históricamente entre 1839 y 1842 y la segunda entre 1856 y 1860, tomando en esta segunda parte activa también Francia de parte de los británicos. El asun- to que se disputaba era el control comercial e impositivo del mercado del opio en China e India, a lo aquel se negaba a que ocurriera en sus dominios. Como resultado China se vio obligada a firmar los T ratados desiguales, o 不平等条约 (Bu pingdeng tiaoyue) en chino, por los que perdía territorios soberanos que cedía a las potencias que habían salido victoriosas del conflicto, las cuales ahora también eran libres administradores del comercio en China (Sargent, en Mair et al. , 2001: 335). 31 BLOQUE I to contra Japón en 1894 (Chesneaux, 1976: 51) para ejercer su control e influencia sobre la penín 6 - sula de Corea. El ejército chino fue a la batalla convencido de su superioridad y control de la situa- ción, pero en apenas unos meses Japón aplastó a las tropas Qing cambiando el balance de poder en Asia por vez primera en siglos. Como consecuencia de esta victoria nipona, el nacionalismo en el país empezó a tomar forma acabando por configurar las bases para el Imperio que algunos años después barrería todo el Pacífico (W ang, 2004: 19). Resultados inmediatos de este conflicto fueron la pérdida de la influencia china sobre Corea a favor de Japón, el desprestigio nacional e internacio- nal de la dinastía Qing y unos 35 mil soldados chinos muertos durante el enfrentamiento. China, abrumada por el superior y moderno Ejército Imperial japonés, se vio obligada a pedir la paz y dejó claro ante el mundo que su posición era frágil e inestable. De forma interna, lo ocurrido cristalizó en nuevos grupos revolucionarios e ideas que hablaban de nuevo de atacar a los manchúes pues su si- tuación era la idónea para que se produjera un traspaso de poder . V isto a priori parecía que la situación no podía ir a peor , pero el 20 de junio del año 1900 una or ganización secreta china, cansada y hastiada de la presencia extranjera en el país, asaltó la emba- jada alemana en Beijing, matando a su embajador —Clemens August von Ketteler — y desencade 7 - nando una serie de eventos sangrientos que volverían a sumir a China en luchas de desgaste y derro- tas militares. El levantamiento de los bóxers (Chesneaux, 1976: 54), como se conoció la revuelta, 8 fue ganando cada vez más adeptos, primero entre las clases desfavorecidas y , paulatinamente, entre las clases más acaudaladas y pudientes. Su casus belli era apoyar a la dinastía Qing, fortalecerla y deshacerse de los tejemanejes extranjeros en las políticas chinas, motivo por el cual sus objetivos fueron diplomáticos extranjeros y chinos conversos a religiones foráneas como el cristianismo. La emperatriz Cixi , regente de facto del Imperio Chino, vio en esta revuelta fanática una oportunidad 9 para relanzar la posición bélica del país ante el mundo y recuperar a la aristocracia hastiada que aún no había tomado parte en el conflicto. T ras un primer momento de recelos mutuos, deciden aunar fuerzas y luchar contra el invasor extranjero que acababa de conformar la Alianza de las ocho na- ciones, compuesta por Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia. T ras liberar la zona de embajadas, sita en la capital, la Alianza se dio al saqueo, las violaciones, la destrucción de inmuebles y los asesinatos indiscriminados. El 7 de septiembre de 1901 la emperatriz Cixi, asumiendo lo incontrolable de la situación, accedió a firmar el T ratado de Esta primera guerra sino-japonesa es conocida en chino como 甲午战争 (Jiawu zhanzheng) y enfrentó a los dos ejér 6 - citos en territorio coreano entre 1894 y 1895. El conflicto terminó con la firma del T ratado de Shimonoseki, conocido en chino como 马关条约 (Maguan T iaoyue), por el cual China cedía T aiwán y la protección de Corea a la nueva poten- cia emer gente asiática (Gernet, 2005: 529). El militar diplomático alemán Clemes August von Ketteler nació en 1853 en Münster y dedicó su vida a labores di 7 - plomáticas en China, Estados Unidos y México. A raíz de su asesinato en 1900 una coalición de naciones decidió inva- dir territorio chino para aplastar al levantamiento. El levantamiento de los bóxers, o en chino 义和团起义 (Y ihetuan qiyi), conocidos entre el pueblo como los ‘puños 8 íntegros y armoniosos’, fue una organización que durante un breve periodo de tiempo, a caballo entre los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, aterrorizaron la capital matando a unos 250 extranjeros, miles de chinos cristianos y varios miles de opositores. El término es una adaptación del inglés boxer , pues muchos de sus miembros habían prac- ticado artes marciales (Gernet, 2005: 549). La emperatriz 慈禧 (Cixi) nació en 1835 en Bejing y era la gobernadora en funciones del Imperio, pues Puyi ( cf. Blo 9 - que I. Nota 1 1 ) era demasiado pequeño para reinar dadas las circunstancias inestables de la nación. Fue regente de tres emperadores diferentes, por lo que sabía manejar los asuntos internos de palacio, políticas que intentó aplicar a nivel nacional. Fue una gran defensora de las tradiciones Qing y luchó vivamente para que el imperio y su dinastía manchú perdurasen. Desde sus inicios cercanos al trono, hizo todo lo posible por apartarlo de militares reformadores y mandari- nes aperturistas. Murió en 1908 dejando un país dividido entre los que anhelaban la modernización y los que frenética- mente ansiaban volver a los valores confucianos tradicionales (Gernet, 2005: 498). 32 ENCUADRE HISTÓRICO Xinchou que se negoció en la delegación española ubicada en Beijing, por el que la emperatriz y 10 su séquito recuperaban el control del país, debiendo pagar a las potencias extranjeras la cantidad de unos 350 millones de dólares actuales en plata, monto que liquidó en 1940. La realidad de esta pe- nalización fue la imposibilidad física y material de las potencias implicadas en controlar grandes regiones de China (García-Noblejas, 2009: 9), por falta de medios y equipamiento militar , motivo por el cual se negoció una cuantía monetaria. T ras la muerte de la emperatriz Cixi en 1908 es entronizado el último emperador Qing que conocería el país, conocido como Puyi y que no viviría ningún momento de estabilidad política. 11 La aceptación de las condiciones impuestas años atrás en la última rebelión trajo de forma pareja la implantación de fábricas, bancos, un despertar del desarrollo agrario y , como cabía esperar , las pri - meras ideas de republicanismo entre los intelectuales (Y ao, 2001: 312-312). La penuria agraria que se vivía en el país, casi de cortes feudales, propició un creciente descontento con la dinastía manchú que se vio combinado con la incapacidad por parte del gobierno de completar ciertas vías de ferro - carril tan necesarias para el desarrollo del país y su salto hacia la modernidad. Este clima de inesta- bilidad política se vio acrecentado con la explosión de varias bombas por parte de ciertas facciones conspirativas en la ciudad de Hankou a finales del año 1910, lo que rápido volvió a prender la me- cha de la revolución (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 288). El gobierno tardó en reaccionar y cuando lo hizo envió a Y uan Shikai a apaciguar el levantamiento, pero ya era demasiado tarde y 12 un grupo revolucionario presentó un programa de doce puntos al trono de Beijing que éste no pudo asumir . Como resultado de la falta de consenso entre las cuantiosas facciones que demandaban múl- tiples prerrogativas al gobierno, Y uan Shikai asumió el cargo de primer ministro Qing en un intento a la desesperada de contentar a todos. Fue en vano, puesto que el 30 de noviembre del año 191 1 se proclamó en Nanjing la República de China con Sun Zhongshan al frente como presidente 13 14 (Chesneaux, 1976: 65). Unos meses después, en febrero, el último emperador abdicaba del milena- El tratado de Xinchou, conocido en China como ⾟丑条约 (Xinchou tiaoyue), fue el acuerdo firmado el 7 de Sep 10 - tiembre de 1901 por la Alianza de las ocho naciones —Alemania, Austria-Hungría, Estados Unidos, Francia, Italia, Ja- pón, Reino Unido y Rusia— y el Imperio Chino encabezado por la emperatriz Cixi. España, como potencia neutral, or ganizó y moderó las negociaciones que tuvieron lugar en su embajada, motivo por el cual también recibió parte de las penalizaciones que fueron impuestas a China. El último emperador 溥仪 (Puyi) es uno de los personajes chinos del siglo XX que mejor representa la inestabilidad 11 de los poderes gubernamentales del país. En 1908, a la edad de dos años, fue proclamado emperador Qing de China, como representante de la minoría manchú ( cf. Bloque I. Nota 3 ); cargo que ostentó hasta la implantación de la Repúbli- ca en 1912. Con la invasión japonesa de Manchuria, volvió a ser proclamado emperador títere de ese territorio entre 1934 y 1945. Cuando el Partido Comunista tomó el poder en octubre de 1949, Puyi fue enviado a un campo de reeduca- ción y años después fue destinado como jardinero a la Ciudad Prohibida, palacio que le había visto nacer y ser empera- dor . Murió en 1967 en Beijing a la edad de 61 años (Gernet, 2005: 522). 袁世凯 (Y uan Shikai) nació en 1859 en la provincia de Henan y murió en 1916 en la capital del país, Beijing. Estuvo 12 siempre ligado a la influencia extranjera durante su papel como presidente del país, a manos de los cuales acabaría per- diendo T ibet y Mongolia. Sus intentos de implantar un sistema parlamentario fracasaron, por lo que a su muerte se vol- vió a vivir una gran inestabilidad política (Gernet, 2005: 522). La Revolución de Xinhai, o ⾟亥⾰命 (Xinhai Geming), también conocida como la Revolución de 191 1 fue la que 13 finalmente derrocó a la dinastía Qing y estableció un sistema parlamentario republicano en el país asiático. Fue bautiza- da así por la correspondencia del año occidental —191 1— con el año del calendario lunar de Xinhai. Gracias a los acuerdos que pronto alcanzaron Y uan Shikai ( cf. Bloque I. Nota 12 ), Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 ) y el grupo clandestino de la Liga Unida China ( cf. Bloque I. Nota 16 ) el derramamiento de sangre fue casi anecdótico y el propio niño emperador no opuso resistencia alguna. 孙中⼭ (Sun Zhongshan) también es conocido como 孙逸仙 (Sun Y ixian) o bajo su nombre romanizado en la época 14 a través del cantonés como Sun Y at-sen; preferimos utilizar en el presente trabajo Sun Zhongshan puesto que es el nom- bre por el que se le conoce en China y Japón. Nació en Guangdong en 1866 y murió en Beijing en 1925, bajo la bandera republicana. Fue uno de los políticos más eminentes de China de principios del siglo XX, formado en el extranjero y presidente efímero de la República de China en 191 1. Se enfrentó a multitud de oponentes, tanto externos como inter- nos, y vivió lar gas temporadas de su vida en el exilio (Gernet, 2005: 550). 33 BLOQUE I rio trono en parte por las presiones y amenazas que recibía de Y uan Shikai que acabó convirtiéndose en el presidente de la República. Como respuesta a estas maquinaciones ejercidas desde la capital, Sun Zhongshan or ganizó a ciertos grupos clandestinos en lo que vino a llamarse el Guomindang , 15 uno de los partidos que jugarían un importante papel en las décadas que estaban por venir . Ches- neaux, para finalizar el capítulo dedicado al tema, apunta que les paysans, qui avaient contribué si activement à la chute de l’Empir e, r estaient dans la dépendance à la fois des landlor ds et des agents de l’État, même si ceux-ci apparaissaient sous un nouveau nom. Cet échec, cette déception conduisit les paysans, après une période de déception, d’incertitude, de r etour aux formes ar chaïques de lutte, à r echer cher de nouvelles orientations. La frustration pr ovo- que dans la paysannerie par le caractèr e pr esque factice de la révolution de 191 1 est un des facteurs qui ont conduit à l’exploration des luttes agrair es entr e 1925 et 1950 (1976: 67-68). Este tipo de revueltas se habían sucedido en China desde el inicio de la implantación del sis- tema dinástico imperial, más de dos mil años atrás, y venían a confirmar el buen funcionamiento del pensamiento confuciano, pues la masa levantada en armas contra el corrupto gobierno reinante era remplazada por nuevos dirigentes que otor gaban legitimidad al poder y equilibrio en el manteni- miento del orden público (Graham, 2012: 14-15), pero esta vez existía una diferencia tangencial, ya que el trono imperial había quedado vacío. Por primera vez en la historia del pueblo chino la incer- tidumbre gubernamental era manifiesta y un largo camino se presentaba ante sus nuevos líderes, un camino que marcaría la historia de Asia y , a lar go plazo, la de todo el mundo. 2. La Primera República (1912-1949) En este segundo capítulo nos proponemos la tarea de relatar y ahondar en los hechos ocurri- dos desde el derrocamiento del último emperador Puyi ( cf. Bloque I. Nota 1 1 ) hasta la llegada al poder del Partido Comunista de China. El capítulo está organizado, a su vez, en cinco epígrafes di- ferentes que abordan distintos aspectos y tiempos de este convulso momento de la historiografía china. En un primer epígrafe nos adentraremos en la época en la que Y uan Shikai se hizo cargo del gobierno de la nación hasta su muerte, para relatar después los cuatro años de intrigas políticas que se llevarían a cabo en Beijing, haciendo especial hincapié en lo ocurrido durante el Movimiento del Cuatro de Mayo —que tanto marcaría a las futuras generaciones revolucionarias del país—; es en este momento cuando sur gen los primeros ideólogos comunistas chinos y se funda el Partido. En el segundo epígrafe, nos adentraremos en la llamada década de Nanjing, época que dibujaría el tablero de juego entre el Partido Comunista y el Guomindang en las siguientes décadas, pues es en este momento cuando ambos movimientos políticos crecen, maduran y se hacen fuertes; es también en esta coyuntura cuando la agresión japonesa tiene lugar en territorio chino. Este hecho, el del ataque nipón a China, es estudiado con más detenimiento en el epígrafe cuarto. Acaba el capítulo con la explicación, en el epígrafe quinto, de las luchas que llevarían al país a la guerra civil entre los dos bandos de los que venimos hablando, los comunistas y los nacionalistas. Bajo la denominación de Primera República se conoce al período de la historia de China que abarca desde la caída de la dinastía Qing hasta la subida al poder del Partido Comunista en 1949, una época de política turbulenta e intentos de implantar diferentes regímenes de gobierno, desde restauraciones monárquicas hasta complejos sistemas feudales de control del territorio. Destaca so- bre todo la lucha entre las diferentes facciones ideológicas por implantar sus pensamientos y siste- mas democráticos, o no, y la incursión de fuerzas extranjeras en territorio y política del país. Duran- El Partido Nacionalista Chino, o 中国国民党 (Zhongguo Guomindang), es en ocasiones conocido como Kuomintang 15 por las transcripciones realizadas a través del inglés. Fue fundado durante la Revolución de Xinhai ( cf. Bloque I. Nota 13 ) con miembros originarios de la Liga Unida China, entre los que destacaron Sun Zhongshan. En la actualidad tiene su sede en la ciudad de T aipei y es la oposición al gobierno de la isla, aunque vive en un statu quo de gran incertidum- bre con respecto a sus relaciones con la República Popular de China (Gernet, 2005: 557). 34 ENCUADRE HISTÓRICO te esta etapa los distintos mandatarios intentaron sacar a China del atraso industrial modernizando la economía y las instituciones en una tentativa de igualar a las potencias de su entorno, aliándose con algunos países en ocasiones y rechazando ayudas extranjeras en otros. 2.1. El gobierno de Y uan Shikai (1912-1916) La llegada al poder del general Qing Y uan Shikai supone la irrupción del dominio militar en el gobierno de China, lo que conlleva un aumento del poder de ciertos señores a lo lar go de todo el país. Cuando el 12 de febrero de 1912 el último emperador Puyi traspasó los poderes imperiales a manos de Y uan (Feuerwerker , en T witchett et Fairbank, 1983a: 208), todos los símbolos de integri- dad nacional desparecieron y la tradición histórica de casi dos mil años que había vertebrado el país desapareció de un plumazo, dejando todo el poder de la corona en manos de infinidad de facciones militares. Desde sus inicios se vivió entre sus filas un clima de fuerte resur gir nacionalista (W ang, 2004: 19), sensación política que no se calmó durante los años de su mandato. En realidad la acep- tación de su nombramiento, tanto por parte de los líderes imperiales como de los cabecillas revolu- cionarios, respondía más a una necesidad de calado inmediato; él representaba per se tanto las anti- guas tradiciones como la nueva ideología republicana, por lo que su mandato acortó la lucha entre facciones y ahorró sangre al país. Las tensiones entre las diferentes facciones nunca llegaron a li- marse y tanto es así que Y uan Shikai fue coaccionado para ir a jurar su cargo a Nanjing, lugar de fuerte presencia revolucionaria y bajo su control y administración, hecho que él mismo se negó a hacer permaneciendo en Beijing, marcando así una diferencia con todas las facciones existentes. Su precariedad gubernamental se dejó entrever de forma clara cuando los gobiernos regiona- les de T ibet y Mongolia empezaron a tomar decisiones unilaterales, lo que llevó finalmente a estas regiones a caer en manos extranjeras —el Imperio Británico asumió la protección tibetana y Rusia la de Mongolia— y escaparse de la administración de Beijing. Además, internamente todos los líde- res de la Liga Unida China no brindaron ninguna ayuda al primer gobierno republicano, por lo que 16 la tarea de administrar el país se convirtió en una guerra abierta en múltiples flancos. Con todo, Y uan promulgó una nueva Constitución que depositaba la soberanía en el pueblo y cimentaba su 17 poder en la figura de un Presidente, un Gabinete y un Cuerpo judicial, aunque la realidad fue que las élites Qing siguieren ostentando sus antiguos puestos de dominación (Feuerwerker , en T witchett et Fairbank, 1983a: 21 1) que simulaban más una organización quasifeudal al margen de la capital. De facto los albores republicanos de China estaban siendo una confederación de provincias en disputa presionadas por poderes extranjeros. El parlamento chino se conformó con cinco delegados prove- nientes de cada una de las provincias y sus ideologías y tendencias eran variadas: la Liga Unida China, miembros de la alta burguesía, reformistas constitucionales y oficiales del ejército confor- maban ese inestable grupo de gobierno cuyas metas más apremiantes eran la conformación de una segunda cámara que avalara y estabilizara la primera, la creación de asambleas de gobierno provin- Conocida en chino como 中国同盟会 (Zhongguo T ongmenghui), la Liga Unida China fue una sociedad secreta fun 16 - dada por Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 ), entre otros, en T okio en 1905 y cuyo objetivo último era hacerse con el control del país e implantar su idea de una nación avanzada cimentada en principios socialistas, republicanos y naciona- listas, expulsando a los manchúes del poder y haciendo resurgir los ideales del pueblo chino en una manifestación de igualdad ante los poderes judiciales y administrativos. Fue disuelta en verano de 1912 dando lugar al nacimiento del Guomindang ( cf. Bloque I. Nota 15 ), al cual se adscribieron muchos de sus miembros. La Constitución Pr ovisional de la República de China , como vino a llamarse el documento que entró en vigor el 1 1 17 de marzo de 1912 y que estuvo en vigor hasta 1946, fue conocida en chino como 中华民国临时约法 (Zhonghua min- guo linshi yuefa) habiendo sido dirigida su consecución por Sun Zhongshan. Durante todo ese convulso momento de la historia del país fue retirada, revisada, restablecida y corregida en multitud de ocasiones hasta que el 25 de diciembre de 1946, en Nanjing, se proclama la 中华民国宪法 (Zhonghua minguo xianfa) o Constitución de la República de China ratificada por el Guomindang y que, con algunas modificaciones y artículos adicionales añadidos a lo largo de estos últimos años, ha sobrevivido hasta hoy en la isla de T aiwán, depositaria —según algunas facciones aún activas— del gobierno original republicano. 35 BLOQUE I ciales y la reforma y reor ganización del ejército heredado de los Qing e incrementado cuantiosa- mente durante la época de la revolución. Durante estos primeros años republicanos, las insurreccio- nes militares, el bandidaje en muchas regiones del país y los levantamientos de campesinos y aldea- nos cansados de excesivos impuestos y abusivos jefes locales fueron el día a día de un gobierno que no terminaba de dar con las claves para gobernar este vasto país. T ras milenios de or ganización imperial, los albores del siglo XX se presentaban para el pue- blo chino como una posibilidad política sin parangón, por lo que docenas de nuevas formaciones políticas proliferaron por todo el territorio, al igual que un buen puñado de líderes emer gió para conducir al país a la modernización. De entre ellos se ha de destacar a Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 ), a Huang Xing y a Song Jiaoren , más apegados al poder establecido en Nanjing por lo 18 que nunca guardaron una estrecha línea de confianza y colaboración con el gobierno de Y uan Shi- kai, aun perteneciendo al mismo partido político y conformando el mismo gobierno. Aunque con todo, el Partido Nacionalista —como era conocido comúnmente el Guomindang— obtuvo unos re- sultados excelentes en las elecciones de invierno de 1912-1913, dejando al resto de partidos, incluso en coalición, sin posibilidades reales de ostentar ningún tipo de poder administrativo, más allá de vicepresidencias, tal fue el caso de Li Y uanhong . De obligada cita es el caso del intelectual cofun 19 - dador del Partido Democrático, Liang Qichao que, aun no habiendo llegado a asumir puestos de 20 gran responsabilidad en el gobierno republicano, sí que influyó en generaciones ulteriores de jóve- nes a través de sus escritos y reflexiones; el propio Mao Zedong sería uno de los jóvenes revolu 21 - cionarios que leería con entusiasmo la relación entre tradición china e influencia occidental que Liang dejó plasmada en sus textos —el propio Mao diría que “quien no ha investigado no tiene de- recho a hablar” (Mao, 2021: 250)— y que abogaba, entre otras medidas políticas, por el estableci- miento de una monarquía parlamentaria al modo de algunas potencias europeas, para aunar moder- nidad con tradición institucional. Estas ideas políticas le granjearían a la lar ga una profunda enemis- El político revolucionario 黄兴 (Huang Xing) llegó a ser comandante en jefe del ejército chino durante la primera 18 época de la joven República. Nació en 1874 y fue uno de los cofundadores del Guomindang, muriendo joven en Shang- hai en 1916. De otra parte, 宋敎仁 (Song Jiaoren) nació en 1882 y también cofundador del mismo partido; aunque no es un hecho demostrado se piensa que en 1913 fue asesinado a manos de un grupo mandado por el presidente del país, Y uan Shikai (Gernet, 2005: 551). 黎元洪 (Li Y uanhong) fue un militar y político militante del Partido Progresista chino ( 进步党 Jinbu dang) y que 19 llegó a ocupar la vicepresidencia del país entre 1912 y 1916. Nació en 1864 y murió a los 63 años en 1928 tras haber cursado estudios militares en Japón y organizado regimientos en China. Durante las turbulentas épocas iniciales del siglo XX en la que caudillos, jefes militares y políticos pugnaban por el poder en China, supo hacerse un hueco y osten- tar puestos de relativa importancia. 梁启超 (Liang Qichao), nacido en 1873 y muerto en 1929, fue un intelectual y político cofundador del Partido De 20 - mocrático, si bien nunca llegó a tener importantes cargos gubernamentales. De formación en tiempo imperial, se vio obligado a exiliarse en Japón por sus ideas revolucionarias en contra de los poderes dinásticos de corte feudal, donde acabó de conformar su ideario político occidentalizado (Gernet, 2005: 531). ⽑泽东 (Mao Zedong) es uno de los personajes más conocidos de la historia por haber ostentado el car go de Presi 21 - dente de la República Popular China tras su implantación en 1949. Nació en la provincia de Hunan en 1893 en el seno de una familia campesina y moriría en la capital del país en 1976. Uno de los cofundadores del Partido Comunista junto con Chen Duxiu, Zhou Enlai, Li Dazhao ( cf. Bloque I. Nota 41 ). Bajo su mando el Partido se hizo con el control del país, en el que impuso un régimen de corte autoritario que, con variaciones y reajustes, ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. A nivel ideológico, Mao aceptó los preceptos marxista-leninistas aplicados y adaptados a las característi- cas que China le exigía, sobre todo en lo que al campesinado —principal sector social del país en el momento— se re- fiere. Casi toda su vida, y también su liderato, estuvieron marcados por las continuas reinterpretaciones y reafirmacio- nes personales que le llevaron a cometer grandes errores de Estado con la muerte de millones de compatriotas (aún hoy el gobierno chino no ha asumido ninguna cifra, pero diferentes fuentes internacionales apuntan a que puede moverse entre 40 y 80 millones de muertes). Desarrolló en torno a su figura un fuerte culto a la personalidad que en algunos as- pectos ha sobrevivido hasta hoy . T ras su muerte, el Partido decidió publicar una serie de controvertidas decisiones maoístas con las que el nuevo ejecutivo no estaba de acuerdo, desautorizando así gran parte de sus políticas sociales y económicas, aunque nunca se ha puesto en duda su importancia histórica. 36 ENCUADRE HISTÓRICO tad con líderes del partido en auge, el Partido Comunista, que no veían con buenos ojos esta tenden- cia al conservacionismo institucional (Y oung, en T witchett et Fairbank, 1983a: 221). En torno a febrero de 1913 el panorama político nacional estaba dibujado a grandes rasgos: el Guomindang se había posicionado como el gran vencedor de los comicios y Y uan Shikai había lo- grado acaparar los apoyos suficientes para conformar gobierno en Beijing, lo que hizo que el resto de partidos y líderes políticos se vieran en la obligación de aceptar este desenlace electoral. Aque- llos que se manifestaron abiertamente en contra —como pudo ser el caso de Song Jiaoren— desapa- recieron en extrañas circunstancias y muertes rodeadas de ocultismo. El que sí vio mejorado su pro- grama de libertades básicas fue el colectivo femenino, puesto que por vez primera tuvo acceso a la educación, a la moda occidental, al divorcio y al voto, algo que el Partido Comunista también de- fendía (Mao, 2021: 322-3). Aún así, los diferentes partidos políticos seguían buscando su propio interés, como lo reflejó el propio presidente Y uan cuando afirmó qué “if the parties continue to maintain their own selfish ways and cuartel with each other without regard to the laws, the proclai - med republic will cease to exist” (Y oung, en T witchett et Fairbank, 1983a: 226). Unos meses des- pués, fuerzas rebeldes sureñas que abogaban por la reducción del poder presidencial se levantaron en armas contra Y uan, alegando que los créditos solicitados a los potencias extranjeras abocarían a China a una bancarrota general. En verano, tras unos meses de rebelión armada, por la falta de mu- nición, logística y suministros los rebeldes se vieron obligados a deponer las armas y huir al extran- jero, con lo que Y uan adquiría un poder casi absoluto sin necesidad de apoyar sus decisiones en el recién conformado Parlamento. T oda esta frenética actividad de aclaración del poder , llevaría a Y uan Shikai a intentar autoproclamarse emperador a finales de 1915, recabando apoyos entre los caudillos provinciales. Esta maniobra política sumió a China en un caos de poder que se alargaría durante más de una década en la que todos esos líderes locales y regionales se disputarían el poder territorial de China para su propio beneficio personal; a esta época se la conoció como la era de Los señores de la guerra . Uno de los motivos principales del alzamiento de estos poderes locales fue el 22 asesinato del líder político Song Jiaoren, que fue abatido a tiros en Shanghai en marzo de 1913. El Guomindang intentó or ganizarse militarmente en oposición a Beijing, pero ya era demasiado tarde, las fuerzas de Y uan estaban mejor pertrechadas y disponían del acceso a las conexiones ferroviarias que en un territorio tan grande hacía posible mover tropas y munición a una velocidad mucho ma- yor . De forma indudable, Y uan Shikai había logrado aplastar este conato de revuelta de 1913 por la ayuda de capital y apoyo extranjeros, aunque el coste había sido hipotecar al país por décadas, rega- lando grandes extensiones de territorio nacional —Mongolia a favor de Rusia y Tíbet para los britá- nicos— y enfrentando a múltiples facciones en conflictos que se prolongarían años. Además las ideas federalistas republicanas de los comienzos habían dado paso a una administración fuertemente centralizada (Y oung, en T witchett et Fairbank, 1983a: 236) con base en Beijing y totalmente contro- lada por Y uan, y las ideas liberales que habían fraguado las primeras oleadas de intelectuales habían caído en el olvido dejando paso a una realidad militarista y de corte casi dictatorial, lo que se empe- zó a radicalizar en el verano de 1913. Las instituciones se encontraban intervenidas por la presiden- cia, el ejército era fiel a Y uan y la centralización burocrática era un hecho, por lo que Y uan sólo tuvo que apretar algunos tornillos para todo el país estuviera bajo su control directo. Una de las piezas clave que debía regular era el control de las provincias, por lo que promulgó varias leyes que otor- gaban a los gobernadores civiles —nombrados por él mismo— más poder que los viejos oficiales militares. A priori todo marchaba tal cual Y uan deseaba, pero él mismo fue consciente de la inesta - La era de Los señores de la guerra o 军阀时代 (Junfa shidai) abarcó desde 1916 aproximadamente hasta su desapari 22 - ción en 1928, cuando los gobiernos nacionalistas regionales pierden el poder y el Guomindang se alza con una victoria general. Durante estos doce años, todo el territorio se encontró manejado por camarillas militares que luchaban y pacta- ban entre ellas al mar gen de las elecciones y la Constitución. 37 BLOQUE I bilidad de su sistema si no cambiaba los elementos que lo nutrían de recursos humanos, por lo que en 1914 modificó los exámenes nacionales —que se habían mantenido inalterados durante milenios (Shen, 2010: 14)—, eliminando gran parte de la carga confuciana de los mismos, dotándolos de una dimensión práctica, orientada a la dirección del Estado en la senda que él mismo quería marcar . Asimismo ordenó la persecución y la ejecución de los líderes más radicales del Guomindang, mu- chos de los cuales perecieron y otros tuvieron que huir , a Japón en su mayoría (Cheng, 2002: 552), saliendo el partido disuelto de tal ataque y considerado como or ganización rebelde. A mediados de 1914 el Parlamento había sido disuelto, la prensa había pasado a estar contro- lada por el poder central de Beijing, el comercio había sido puesto bajo nuevas regulaciones restric- tivas, la vigilancia policial había sido doblada y las oficinas postales del país habían sido reclutadas como informantes. El clima político aún se volvió más tenso por el desencadenamiento de la Prime- ra Guerra Mundial que dejó de alguna manera a China sin la mano occidental que había tenido hasta ahora, situación que aprovechó Japón para hacer una serie de demandas de derechos sobre los fe 23 - rrocarriles, las minas y las inversiones de ciertas partes de Shandong y de Manchuria ( cf. Addenda I ) que China se vio obligada a aceptar . Y uan vio aquí la oportunidad de investirse emperador (Y oung, en T witchett et Fairbank, 1983a: 248) para mantener la unidad del país y para legar a su familia un cargo de corte tradicional y hereditario, de los que tanta gala gustaba hacer . De entre las filas liberales y nacionalistas, pero también de entre sus colaboradores más cercanos, se alzaron vo- ces disidentes por todo el país en contra de esta autoentronización. Ante este movimiento imperia- lista, el sur de China —Y unnan al principio, Sichuan, Guizhou, Guanxi, Guandong y Zhejiang des- pués ( cf. Addenda I )— se levantó en armas contra Beijing solicitando que los principios republica- nos de la revolución fueran restaurados (Cheng, 2002: 552). La alianza de estos territorios sureños, más los miembros activos exiliados del Guomindang junto con algunos grupos de bandidos antiim- perialistas dieron lugar al nacimiento del Ejército Nacional de Protección , que en las óperas mode 24 - lo comunistas fue tantas veces protagonista de incursiones, desmanes o injusticias contra el pueblo. El 22 de marzo del año 1916, Y uan Shikai, siendo consciente de la alianza enemiga que se cernía sobre sus intentos imperiales, renunció al trono y anunció la vuelta a las formas republicanas (Y oung, en T witchett et Fairbank, 1983a: 253). Unos meses después, en junio, Y uan moría en Bei- jing, dejando tras de sí un país sumido en el caos administrativo y militar y dividido en facciones irreconciliables que poster garían sus luchas de poder durante décadas. 2.2. La República Constitucional de Beijing (1916-1928) A la muerte de Y uan Shikai, el panorama político chino vuelve a fragmentarse entre aquellos que abogan por la instauración de una monarquía parlamentaria —como es el caso de Liang Qichao ( cf. Bloque I. Nota 20 )— y aquellos otros que ven en la república el modelo que puede llevar a Chi- na a la modernidad —donde destacan figuras como Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 )—. Gra- cias a estas luchas sistémicas en el poder central del país a la muerte del presidente, pudo desarro- llarse un resur gimiento de algunas autoridades regionalistas militares que se extendieron en el tiem- Conocidas como Las 21 exigencias, en chino ⼆⼗⼀个条项 (Ershiyi ge tiao xiang), eran un listado de diferentes 23 imposiciones, agrupadas en cinco grandes bloques, que el imperio de Japón hizo al gobierno chino durante el mandato de Y uan Shikai. La firma final del documento, corregido y reducido en varias ocasiones a petición de Y uan, se produjo el 25 de mayo de 1915 otor gando a Japón el poder a largo plazo de ocupar y administrar ciertas regiones costeras de territorio peninsular chino. El Ejército Nacional de Protección, conocido en chino como 护国军 (Hu guo jun), fue establecido el 25 de diciembre 24 de 1915 por todos los líderes opositores a Y uan Shikai. Fue establecido con sede en Y unnan, por lo que quedaba lejos del radio de influencia de Beijing y del gobierno central. El nuevo ejército estuvo, desde los orígenes, subvencionado con fondos japoneses. Este grupo militar , junto con el aparato administrativo que lo nutría, fue disuelto en apenas un año, puesto que la muerte de Y uan hizo que la finalidad última del grupo dejara de tener sentido. De otra parte, el 北洋 军 (Beiyang jun), o Ejército de Beiyang, era la fuerza militar leal a Beijing; creado a finales del siglo XIX durante la dinastía Qing, estuvo en activo hasta su disolución total con la proclamación de la Nueva China en 1949. 38 ENCUADRE HISTÓRICO po casi hasta la implantación de la Nueva China. Es una época de difícil control administrativo y con perfiles políticos muy diversos y contradictorios: aquellos nacidos antes de 1870 habían sido eminentemente miembros de la Corte Qing, por lo que los cambios hacia una modernidad occiden- talizada les costaba trabajo; otros, en cambio, los nacidos en la década siguiente, habían estudiado en el extranjero, habían conocido las culturas japonesa y occidental y tenían una mentalidad abierta hacia modelos republicanos de gobierno y administración (García-Noblejas, 20009: 9); y , finalmen- te, el grupo de los nacidos después de la década de los 80, que serían los líderes, ideólogos e intelec- tuales del Movimiento del Cuatro de Mayo ( cf. Bloque I. 2.2.1. ) y los dirigentes del Partido Comu- nista (Nathan, en T witchett et Fairbank, 1983a: 260). Estas diferencias fundamentales de pensa- miento, se fundamentaron en el tipo de educación recibida, pues la generación mayor citada ut su- pra había basado sus estudios en textos confucianos, mientras que los posteriores no habían realiza- do sus estudios basándose en este tipo de pensamiento (Y ao, 2001: 56). Con todo, el gobierno durante este período no llevó a cabo nuevos intentos de asentar una Constitución, por lo que siguieron basando la legalidad del país en la Provisional ( cf. Bloque I. Nota 17 ) que no establecía unos límites claros de poder y mantenía el statu quo de sus miembros de for- ma equilibrada. De una parte, el Presidente era elegido por un periodo de cinco años y era la cabeza simbólica del Estado; de otra, el Gabinete —conformado por un equipo de ministros con diferentes intereses y metas— apoyaba al Presidente en la toma de decisiones; además, el Primer Ministro que no tenía unos poderes constitucionales claramente definidos, pero que en ocasiones, mediante maniobras y alianzas con el Gabinete, podía hacerse con el control legislativo del país; finalmente, el Parlamento —compuesto por dos cámaras— que tenía poderes tales como la investidura del Pre- sidente y del V icepresidente, el nombramiento de los miembros del Gabinete, la aprobación de los presupuestos o las declaraciones de guerra y los tratados, entre otros. Pero el panorama político na - cional era más complejo saliendo de la capital, puesto que en las provincias diferentes dirigentes — antiguos administradores Qing o militares regionales— clamaban por un poder descentralizado que recayera en sus propias manos. Así, muchos caciques regionales apoyaban a diferentes miembros del Gabinete o al Presidente para obtener de ellos favores políticos, que se traducirán en una mayor autonomía en sus respectivas regiones. Para agravar la situación general, el gobierno central tuvo que enfrentarse a dos problemas más: de un lado, el gobierno de Guangdong había reclamado la herencia republicana y abogaba por la implantación de la capital en el sur en base a una nueva Constitución respetando los valores revo- lucionarios; de otro, las potencias extranjeras habían establecido la unidad indisoluble de China, motivo por el cual cualquier tipo de ruptura de esa unidad sería entendida como una ofensa a Bei- jing y se procedería a una invasión armada para restaurar el orden —esto había quedado establecido tras lo ocurrido con los bóxers ( cf. Bloque I. 1. ) y había quedado fuertemente asegurado con las enormes deudas que China tenía que abonar a la banca internacional por los préstamos hechos años atrás para reconstruir el país—. En este clima de inestabilidad y desconfianza política comienza a asentarse una práctica que ha llegado hasta nuestros días, el fortalecimiento de relaciones de amis 25 - tad y de interés entre familiares y conocidos que posibilitan cualquier tipo de relación laboral, ad- ministrativa o personal. De esta manera, la banca —china e internacional—, los cuerpos armados provinciales, algunos sectores del Parlamento y algunos ministros eran los que manejaban de facto el país, pues eran sus decisiones las que incentivaban un tipo de políticas u otra y colocaban en el poder a unos líderes u otros dependiendo de sus intereses en el momento. Las relaciones, o 关系 ( guanxi ) en chino, son un tipo de relaciones e influencias personales que se establecen entre 25 personas y grupos y diseñan una amplia red que articula y dinamiza la sociedad china, incluso en la actualidad. Aunque comúnmente se traduce como ‘relaciones’, el término hace alusión a una realidad social mucho más amplia y compleja que establece el prestigio, el reconocimiento y el estatus social de una persona y cómo ésta se relaciona con otras ha- ciendo uso de aquellas tres características. 39 BLOQUE I En un primer momento, la fe en los valores republicanos hizo que los políticos creyeran en el sistema que ellos mismos estaban ayudando a diseñar , pero con el paso de los meses pronto se die- ron cuenta de lo fácil que resultaba la compra de votos, sobre todo en las zonas más pobres y entre los sectores más desfavorecidos, que malvendían sus papeletas por un puñado de yuanes. Así, apa- reció una nueva forma de control gubernamental, id est , las camarillas militares, unas agrupaciones de elementos militares que se aliaban o atacaban en pos de sus intereses en el momento y que du- rante esta década manejaron la política del país, debilitando las instituciones y empequeñeciendo el poder internacional de China. T res camarillas sobresalieron sobre el resto, a saber , la Camarilla de Anhui, la Camarilla de Zhili y , por último, la Camarilla de Fengtian . Las luchas que establecieron 26 entre ellas —inmiscuyendo a potencias y banca extranjeras— estas tres camarillas harían que toda la década estuviera marcada por la inestabilidad, hecho que el resto del mundo aprovechó y también Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 ) que proclamó otra república en el sur con capital en Guangzhou ( cf. Addenda I ). De esta manera cuatro grandes bloques político-militares articularon este período sucediéndose o solapándose en el poder y cuya finalidad última —sobre todo de las camarillas— era la de controlar Beijing, no como medio para gobernar China, sino como baluarte de expresar la supremacía sobre el resto de facciones. Por su parte, el Guomindang con Sun Zhongshan a la cabeza en el sur , empezó a vender la idea entre las clases acomodadas de que China necesitaba un gobierno fuerte, nacionalista, de partido único —idea que compartirían con el Partido Comunista (Schurmann, 1968: 139)— que velara por los intereses nacionales más allá de los regio- nales, motivo por el cual los apoyos populares y la simpatía hacia el sur fueron ganando con el transcurrir de los años y un número cada vez mayor de adeptos empezó a ver esta salida como la que realmente el país necesitaba. T odo este periodo de alianzas militares regionales pudo tener lugar gracias al guanxi ( cf. Blo- que I. Nota 25 ), pues las lealtades personales y los ejércitos personales se fundamentaban en estas estrechas relaciones que generales, tenientes y coroneles valoraban por encima de todo. El incre- mento de estos ejércitos personales creció a principios del siglo XX por la falta de otro tipo de ocu- paciones y nos apuntan Nathan en T witchett et Fairbank que “the number under arms grew throug- hout the warlord period from about half a million in 1916 to two million or more in 1928” (1983a: 260). En la ópera revolucionaria encontraremos en múltiples ocasiones a este tipo de ejércitos loca- les —como en el caso de El destacamento r ojo de mujer es ( cf. Bloque II. Nota 124 ), donde el ejérci- to de un señor local aparece caricaturizado como destructivo, sin piedad y malvado (King et al. , 2010: 189)—. Algunos de estos señores de la guerra fueron conocidos por sus reformas progresis- tas, tales como la erradicación del vendaje de pies en mujeres, la reforma e inclusión sanitaria de barrios pobres o la propuesta de estudios becados para estudiantes poco favorecidos. La forma de mantener todo el sistema en pie fue la de intervenir ciertos sectores y monopolizarlos por la admi- nistración, exempli gratia , la harina, el fósforo, la sal u otros productos básicos, como pudo ser también el control de los trenes que atravesaban los territorios bajo su dominio, lo que garantizaba un buen suministro de impuestos. En algunas provincias los señores de la guerra llegaron incluso a imprimir moneda propia para las transacciones internas. Se puede ver en todo este proceso que estos señores funcionaban más como hombres de negocios que intentaban, no solo hacer crecer su fortuna L a 军阀皖系 (Junfa wanxi) —o Camarilla de Anhui— debe su nombre a la calle de Beijing donde se encontraba su 26 sede, aunque muchos de sus generales también provenían de esa provincia, incluyendo su fundador 段祺瑞 (Duan Qi- rui). Fue la primera en organizarse y por eso controló el país entre 1916 y 1920. La 直⾪系军阀 (Zhili xi junfa) —o Camarilla de Zhili— recibe su nombre de la provincia, ahora llamada Hebei; esta camarilla siempre se encontró en fuer- te lucha contra la de Anhui a causa de las disputas de su fundador , 冯国璋 (Feng Guozhang), con el de aquella. Ostenta- ron el poder nacional entre 1920 y 1924. La 奉系军阀 (Feng xi junfa) —o Camarilla de Fengtian—, llamada así por la provincia de la que venían la mayoría de sus generales, que hoy es Liaoning. 张作霖 (Zhang Zuolin) fue su general más destacado y un férreo aliado de Japón, el cual acabaría siendo asesinado por el país nipón en 1928. El poder de esta ca- marilla militar se extendió desde su toma de Beijing en 1924 hasta el final de este inestable período en 1928. 40 ENCUADRE HISTÓRICO personal, sino crear tras de sí una infraestructura que pudiera rivalizar con otras provincias, lo que a la lar ga conllevaba conflictos armados con regiones limítrofes o provincias rivales (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 10) —se estima que durante este período de doce años, China sufrió más de cien conflictos armados, desde pequeñas reyertas locales a grandes guerras entre poderosos seño- res que enfrentaron a varias provincias—. Esta situación interna fue aprovechada por las potencias extranjeras que minaron los recursos del país, prestaron dinero a los señores a altísimos intereses e intervinieron en múltiples ocasiones las políticas económicas y arancelarias del país, aunque en nin- gún momento de este período hubo intervenciones militares extranjeras en territorio chino. Gr osso modo para entender este período de inestabilidad, citar que durante estos doce años hubo ocho presidencias y una breve restauración de la monarquía manchú —durante unos pocos días de julio de 1917 Puyi fue restituido en su car go como emperador—, sin contar los innumera- bles señores de la guerra, caudillos regionales o caciques locales, todos y cada uno de ellos con in- tereses y objetivos propios y diferentes del resto. Esta frenética actividad de lucha interna conlleva- ría que los sectores más olvidados de la sociedad se vieran obligados a alistarse a estos ejércitos lo- calistas, aunque los menos afortunados estaban condenados a las penurias del hambre y al olvido gubernamental, incluso grandes marchas de migrantes internos huyendo de los conflictos, hechos que se reflejarían en las obras operísticas posteriores de propaganda comunista ( cf. Bloque II. 1.7.2. ). Curiosamente la desunión interna y el desorden gubernamental fueron esenciales para que una nueva diversidad intelectual floreciera a lo lar go y ancho de todo el territorio (Sheridan, en T witchett et Fairbank, 1983a: 320). La fundación del Partido Comunista en 1921 (Creel, 1976: 293) y la reor ganización del Guomindang en 1924 tienen lugar , en parte, gracias a este florecer intelec- tual que marcará las décadas venideras del país (Anderson, 1990: 27), no sin haber atravesado una sangrienta época de luchas intestinas. 2.2.1. El Movimiento del Cuatr o de Mayo Como consecuencia de las incursiones territoriales extranjeras y el influjo del cientifismo eu- ropeo en China, el siglo XX se inicia en el país con un gran número de estudiantes que cursan estu- dios en el extranjero (García-Noblejas, 20009: 9); con el tiempo estos estudiantes de intercambio volverán a China y reclamarán su puesto como los intelectuales del momento expertos en historia mundial, geografía, política y , sobre todo, derecho. De este nutrido grupo de jóvenes surgirá un mo- vimiento, venido a llamar Nueva Cultura , que intentó aunar tradición e influencia extranjera y 27 que, también, intentó eliminar de la cultura china los elementos feudales más antiguos y que eran depositarios de negativos legados o prácticas (Cheng, 2002: 552). En principio, muchos intelectua- les intentaron eliminar el legado confuciano de entre las mentes del pueblo (W ang, 2004: 18), traba- jo que se presentó imposible, pues el país había vivido en base a esos principios durante miles de años (Y ao, 2001: 306); de entre este grupo destacaron los republicanos del 1 1 y los futuros marxis - tas y socialistas que controlarían después el país. De otra parte, un grupo diferente de intelectuales abogaban por la reinterpretación de los textos clásicos, adaptándolos a los nuevos tiempos y conser- vando las cargas históricas de las que el pueblo chino era depositario, los llamados neo-tradiciona- listas. Pronto el país vio cómo brotaban, de forma paralela a su surgimiento en Europa, grupos orga - nizados de anarquistas, cuyo sello de identidad también fueron los ataques terroristas inspirados por el movimiento revolucionario ruso (Furth, en T witchett et Fairbank, 1983a: 378) y que impregnó 新⽂化运动 (Xin wenhua yundong), o Movimiento por la Nueva Cultura, surge a principios del siglo XX en todo el 27 territorio chino y persigue derrocar viejas ideas tradicionalistas en pos del cientificismo y la democracia occidentales. Sus principales representantes estaban estrechamente ligados a la publicación de la revista Nueva Juventud ( cf. Bloque I. Nota 32 ) e intentaron eliminar los prejuicios y valores confucianos, lo que a la larga originaría el llamado Movimiento del Cuatro de Mayo. 41 BLOQUE I fuertemente a ciertos sectores que anhelaban desesperadamente el derrocamiento de la antiquísima institución imperial de Beijing. Del contacto con los radicales franceses y japoneses sur girían —en torno al verano de 1907— dos fuertes y radicales grupos de acción anarco-comunista que entrarían en contacto y llevarían a cabo acciones en China. El Grupo de París pronto se autoproclamó como el abanderado del progreso y de los avances de la civilización industrial propugnando el racionalis- mo científico en la cultura y el pacifismo en la política, lo que reflejaron en una suerte de revista quasisecreta en sus orígenes a la que llamaron Nuevo Siglo . De otra parte, el Grupo de T okio, que 28 propugnaba una lucha de carácter más agrario, también hizo lo propio con la publicación del perió- dico Moralidad Natural que reflejaba, en cambio, una visión más humanista, respetando ciertos 29 criterios taoístas y budistas intrínsecos ya a la historia del propio país e introduciendo una fuerte reforma feminista de la que carecía su análoga francesa (W ang, 2004: 29). Llegaron incluso a aseve- rar que tanto Estados Unidos como Europa solo disfrutaban de una pseudocivilización, pues el cul- men de la humanidad desarrollada no podía ser sino una suerte de utopía agraria de corte autárquico or ganizada en comunas diseminadas por el país donde ninguna fuera dependiente de otras y las in- terferencias fueran mínimas (W ang, 2004: 18). Esta revista ganó notoriedad por ser la primera que publicó en mandarín el Manifiesto Comunista . Ambos grupos anarquistas, que casi desde sus oríge- nes se habían definido como internacionalistas, pronto empezaron a focalizar su atención en pro- blemas internos de carácter binario que asolaban el país: ricos contra pobres, burócratas contra campesinos, educados contra ignorantes, ciudades contra pueblos y hombres contra mujeres (Furth, en T witchett et Fairbank, 1983a: 383) en un intento de atender las demandas que sus propios lecto- res les hacían desde el país. Después de lar gos debates sobre el futuro del país, los movimientos anarquistas concluyeron que el problema principal era el tradicionalismo confuciano que asentaba toda la realidad social en la familia (Y ao, 2001: 227), por lo que pensaban que había que eliminar todos los límites estableci- dos durante milenios en el ámbito familiar , así “for the anarchists the symbolism of boundaries dis- solved became a way of suggesting a possible human happiness transcending social utopia” (Furth, en T witchett et Fairbank, 1983a: 388). En el trasfondo último de toda esta búsqueda se encontraba el anhelo sui generis de encontrar el individualismo en una población que no había oído hablar ni tan siquiera de él y que, además, amalgamaba a taoístas, budistas, confucianos, cristianos, etc. (Gar- cía-Noblejas et al. , 2003: 14), lo que hacía aún más compleja la tarea de aunar a todo el pueblo chino bajo las mismas demandas y búsquedas comunes de caminos hacia el futuro. Para entender el clima que se fue fraguando desde 191 1 y que desembocaría en los sucesos de mayo del 19 (Rohsenow , en Mair et al. , 2001: 156) es necesario también conocer al Partido Socia- lista Chino fundado por Jiang Kanghu en 191 1 bajo el amparo de la nueva República, aunque 30 siempre estuvo muy enfrentado a los poderes gubernamentales por su implicación directa en revuel- La revista fue llamada 新世纪周报 (Xin shiji zhoubao) y tenía una tirada semanal que incluía artículos en francés, 28 chino, japonés y esperanto —lengua de moda en el momento por su desapego de las raíces tradicionales de cada re- gión—. En ella colaboraron un nutrido grupo de estudiantes chinos que realizaban algún curso, asignatura o carrera de intercambio en el país galo y que pronto se empaparon del ambiente y lo trasladaron a su realidad. 天义 (T ian yi) fue la revista que el grupo de T okio se encargó de editar desde el verano de 1907 y que tenía fuertes 29 raíces feministas. El pensamiento que intentó proyectar fue mucho más de fusión que su homóloga francesa, puesto que sus editores nunca intentaron la reforma total de la sociedad mediante la eliminación de lo existente, sino que abogaron más por una fusión de tipo conveniente para el futuro del país. El 中国社会党 (Zhongguo shehuidang), fundado por 江亢虎 (Jiang Kanghu), el 5 de noviembre de 191 1 fue disuelto 30 varias veces por su implicación con atentados contra figuras dirigentes del sur del país. Llegó a contar con más de me- dio millón de afiliados al finalizar su primer año de existencia y pasó a la historia del país por ser el primer movimiento político chino que añadió el término ‘partido’ a su formación. Algunos de los miembros cofundadores pasarían con pos- terioridad a engrosar las filas del Partido Comunista. En 1925 fue reorganizado y se convirtió en el Nuevo Partido So - cialdemócrata de China que pasaría a T aiwán, lugar donde actualmente reside y presenta candidaturas electorales. 42 ENCUADRE HISTÓRICO tas y atentados. Intentaron luchar contra las jerarquías sociales y , sobre este tema, presentaron algu- nas propuestas en la Segunda Internacional de la que formaban parte. Se separaba ideológicamen 31 - te de anarquistas y comunistas, sobre todo, en las líneas de producción, que aquellos atribuían to- talmente a poderes públicos (Creel, 1976: 13), mientras que los socialistas solo abogaban por la consecución de buenas condiciones de trabajo para los obreros, sin reparar tanto en el origen priva- do, o no, de las fábricas. En lo que todos parecieron mostrar unanimidad fue en la idea radical de disolver la familia y las jerarquías y ordenamientos sociales confucianos (Huang, 2014: 7). Además, el partido de Kanghu —al igual que el Grupo de T okio— intentó siempre propugnar la completa emancipación de la mujer en todos los aspectos de la sociedad. A la lar ga el Partido Socialista —y sobre todo sus jóvenes filas— abogaría por una línea más propagandística y de experimentación social que de innovación doctrinal socialista para las peculiaridades del país (Furth, en T witchett et Fairbank, 1983a: 395). En el fondo de todo este entramado de organizaciones y partidos políticos se puede entrever la necesidad de todos y cada uno de ellos de marcar el ritmo sobre los demás; lo que para anarquistas eran ‘límites sociales’ para comunistas era ‘lucha de clases’ y , en cambio, los socialistas abogaban por la terminología ‘familias de corte confuciano’. Pretendían, así, crear un camino —que como es sabido fue ganado in fine por el Partido Comunista— que alentara una nueva realidad social a través de la palabra y que con ello se pudiera amalgamar a toda esta inconexa sociedad que se encontraba en los albores de un nuevo comienzo histórico (W ang, 2004: 28). Como nos señala Furth, en T witchett et Fairbank “in September 1915 a magazine, New Y outh , was founded in Shanghai under the editorship of Chen Duxiu, a well-known radical and 32 professor of the humanities” (1983a: 396). Con la fundación de la revista (T ang, 1993: 2), los estu- diosos determinan el inicio del Movimiento por la Nueva Cultura ( cf. Bloque I. Nota 27 ) que, ab initio , reunía todos los pensamientos e ideologías de izquierdas —los más representantes de los mismos expuestos arriba— presentes en el país, aunque con el tiempo fuera virando hacia una co- munión más estrecha con el Partido Comunista. La motivación inicial de la publicación era amparar a todos los intelectuales que habían estado silenciados durante los Qing y que ahora, bajo la nueva República, podían expresar libremente sus ideas sobre temas históricos, políticos, sociales o cultura- les (Anderson, 1990: 30). Esta élite intelectual quería que la siguiente generación se viera educada al margen del ambiente imperial y que ciencia, democracia, revolución, juventud y feminismo fue- ran pilares básicos en su nueva cosmovisión (T ang, 1993: 5). Al finalizar la Primera Guerra Mun- dial —y sin dejar de prestar atención a lo que estaba aconteciendo en Rusia—, la revista se redefi - nió como comunista, por lo que muchos de los intelectuales iniciales se vieron obligados a desvin- cularse del movimiento. La Segunda Internacional era una suerte de organización obrera europea con aspiraciones internacionalistas que 31 amalgamaba a partidos socialistas y laboristas. Aunque fue disuelta en alguna ocasión y restablecida, su fundación ori- ginal data de 1889 y se caracterizó por no contar con un Consejo General que la dirigiera, sino que cada partido miem- bro de la misma era libre de proponer y aplicar ideas y políticas de actuación propias. Se celebraron un total de diez congresos internacionales, siendo 1920 el último de ellos, dándose también por extinta la propia or ganización. La revista Nueva Juventud , llamada en chino 新⾭年 (Xin qing nian), fue fundada por 陈独秀 (Chen Duxiu) en 1915 32 y se mantuvo activa hasta 1926. La sede de la revista, aunque se estableció en Shanghai, con el tiempo fue trasladada a Beijing y pronto se puso a la cabeza de los movimientos que propugnaban el uso del chino vernáculo ( cf. Bloque I. Nota 35 ), alejado de la artificiosidad en las nuevas composiciones literarias. La revista tenía una ideología marxista, muy influenciada por los intelectuales rusos, y acabaría uniéndose indisolublemente al Partido Comunista. Su fundador , de ideología trotskista, sería también partícipe de la fundación del Partido Comunista, del que incluso llegaría a ser Secre- tario General. Fue uno de los cabecillas de la Revolución de Xinhai ( cf. Bloque I. Nota 13 ) y un fuerte opositor a la con- tinuidad de la dinastía Qing. Moriría en el año 1942 a la edad de 62 años (Hartman, en Mair et al. , 2001: 480). 43 BLOQUE I T oda esta efervescencia de ideas acabaría por plasmarse de forma tangible en una manifesta- ción estudiantil el 4 de mayo de 1919 en la famosa plaza de T ian’anmen. Una parte importante de 33 los asistentes eran estudiantes de la Universidad de Beijing que in illo tempor e estaba en manos de diferentes agentes revolucionarios, entre los que destacaban Cai Y uanpei , el rector de la institución 34 que propugnaba una reforma visceral de las instituciones de enseñanza para asemejarlas al modo europeo, la implantación del baihua en la educación y la revisión del feminismo (Ebrey , 1993: 35 756) para liberar a la mujer china de años de confucianismo (W ang, 2004: 36). Otro de los intelec- tuales que se encontraban en la esfera de pensamiento de la Universidad fue Hu Shi (Chen, en 36 Mair et al. , 2001: 852), profesor que retornaba al país tras años de estudios en Columbia (Schwartz, en T witchett et Fairbank, 1983a: 406) y que con el tiempo también ocuparía la rectoría de la univer- sidad. Ambos intelectuales alentaron al estudiantado para que se manifestaran contra el creciente dominio militar del país por parte de los Señores de la guerra, la creciente amenaza japonesa y los insultos internacionales sobre territorio chino que potencias extranjeras, como Gran Bretaña, Fran- cia o Italia, estaban realizando sobre el país. Además fueron capaces de darle al movimiento un ca- riz de nacionalismo chino, que tan dañado estaba desde la caída de la última dinastía (W ang, 2004: 21). La figura más destacada de este movimiento fue el literato Lu Xun que hoy en día está consi 37 - derado como el padre de la literatura china moderna (Anderson, 1990: 2), estudiado aún hoy en el país por sus fuertes y estrechos vínculos con el Partido Comunista. Se preocupó de forma especial por el futuro del pueblo chino y su lugar en la historia en una época de gran convulsión política, lu- chando contra lo que él denominó ‘mentalidad esclava’ del pueblo chino (W ang, 2004: 32-33), muy influido por la heroicidad nietzscheana. Con todo, unos 3000 estudiantes se manifestaron en la plaza de T ian’anmen en lo que empezó siendo una marcha pacífica, sofocada por las fuerzas del gobierno republicano, lo que hizo que prendiera la mecha en otros puntos del país. Se calcula que en unas 200 localidades, estudiantes re- volucionarios se echaron a las calles para hermanarse con lo ocurrido en la capital y unas 40 fábri- cas de todo el país cerraron sus puertas y congelaron su producción (Schwartz, en T witchett et Fa i r - bank, 1983a: 407). Lo novedoso de esta masiva protesta fue la participación femenina activa en to- dos los actos convocados a lo lar go del país (Chen, en Mair et al. , 2001: 860) en un alarde de bús- Este movimiento será en China conocido como 五四运动 (W u Si Y undong) puesto que surgiría en el mes quinto ( 五 ) 33 y el día cuatro ( 四 ), ya que el orden que ofrece el mandarín para las fechas sitúa primero el año, después el mes y deja para el final el día, de manera opuesta al español. El rector de la Universidad de Beijing 蔡元培 (Cai Y uanpei) nació en 1868 en la provincia de Zhejiang y murió a los 34 72 años en la todavía colonia británica de Hong Kong. Fue también miembro fundador de diversas academias, entre las que destaca la Academia Sinica y promotor del pensamiento revolucionario europeo, especialmente de corrientes anar- quistas ligadas a París (Gernet, 2005: 571). Lo que ha venido a traducirse al español como ‘chino vernáculo’ proviene de la expresión del nuevo sistema lingüís 35 - tico ⽩话 ( baihua ), que los intelectuales del Movimiento Cuatro de Mayo crearon y que si se tradujera literalmente sería ‘habla clara’. Se oponía así al ⽂⾔ ( wenyan ) que venía siendo el sistema tradicional y clásico que se empleaba en la escritura y que se encontraba muy lejos del idioma hablado en la calle por la población media. Su implantación fue rela- tivamente temprana en la educación básica y media (en 1921 el Ministerio de Educación la decretó oficial), aunque tar - dó algo más en universidades y escuelas superiores (Anderson, 1990: 61). 胡适 (Hu Shi) es uno de los nombres que en la actualidad más resuenan cuando se estudian los orígenes del baihua 36 ( cf. Bloque I. Nota 35 ) y su implantación en la educación. Nació en 1891 en la provincia de Jiangsu y murió en T aiwán en 1962. Llegó también a ocupar el rectorado de la Universidad de Beijing e incluso fue nominado al Nobel de Literatu- ra. Estudió filosofía occidental en la Universidad de Columbia, donde empezó su contacto con las ideas revolucionarias (W ang, 2004: 31). 鲁迅 (Lu Xun) nació en Zhejiang en 1881 y murió de tuberculosis en Shanghai a la edad de 55 años. Fue miembro de 37 la Liga de escritores de izquierdas ( cf. Bloque II. Nota 72 ) y muy cercano al ideario comunista. Como escritor fue el máximo defensor de la implantación del baihua y de la ruptura con el ideario confuciano tradicional de familia y socie- dad (Gernet, 2005: 572). 44 ENCUADRE HISTÓRICO queda del nacionalismo chino perdido que, si bien no tuvo unos resultados claros a corto plazo, marcaron el devenir histórico del país cuya culminación final ocurría en 1949 (Y ao, 2001: 316). Lo que sí consiguió la revuelta fue acercar a las zonas urbanas la influencia literaria y cinema- tográfica occidental, liberalizar los medios de comunicación impresa (Ebrey , 1993: 753) y hacer que ciertos sectores de la población de las ciudades se inmiscuyeran de una manera más real y directa en los asuntos políticos del país, aunque no hay que olvidar que la gran masa de la población seguía inmersa en antiquísimas prácticas familiares y sociales alejadas de los núcleos urbanos revoluciona- rios (Cheng, 2002: 553). Una de las grandes aportaciones del movimiento fue, sin lugar a dudas, el cambio de la interpretación histórica que ya no se dejaba en manos del Dao sino que ahora cobra 38 - ba carices científicos y evolucionistas en manos de agentes humanos que podían moldear un nuevo futuro. En base a los preceptos del Dao todo lo que existía conformaba un orden cósmico inalterable que debía ser respetado, estudiado y valorado per se sin poder ser este alterado en modo alguno (Creel, 1976: 131) y lo que vino a romper este movimiento estudiantil fue esa quietud del orden de las cosas en el país. La idea última del movimiento era romper todas las estructuras impuestas en el pasado y que, a su entender , frenaban la apertura del país hacia el futuro (W ang, 2004: 37). Es en esta idea con base de ruptura con el pasado donde encontramos todo el meollo de la cuestión que acabaría por plasmarse en el 49 con la proclamación de la Nueva China y de los nuevos cánones literarios plasmados en todas las artes, particularmente en la operística (Chen, en Mair et al. , 2001: 874). 2.2.2. Los inicios del comunismo chino y el Primer Fr ente Unido En los orígenes del movimiento revolucionario es de obligada mención dos términos chinos que se encuentran estrechamente ligados a la dimensión política y cultural en el país. Por un lado, encontramos la expresión gailiang y , por otra, la combinación de sinogramas weixin (Schurmann, 39 1968: 61). Ambos términos fueron reiteradamente usados por los intelectuales republicanos desde los albores de la época postimperial china, aunque con el transcurrir de los años los movimientos marxistas y comunistas fueron apropiándose de ellos en beneficio propio (T ang, 1993: 20). La idea que se quería transmitir era que lo nuevo, lo social, lo justo debía imponerse sobre los antiguos va- lores de corte confuciano —de los que venimos hablando— que inundaban todos los aspectos de la vida civil, política y social de país (King et al. , 2010: 15). De todas las consecuencias revoluciona- rias que se pueden extraer de los años posteriores al Cuatro de Mayo, la realidad es que el proleta- riado en China era minúsculo —por no decir inexistente— y a penas un puñado de intelectuales y escritores tenían orígenes obreros. Como ya se señaló ut supra los principales focos de irradiación de ideología marxista hacia China fueron los núcleos de estudiantes de Francia y de Japón, por lo que las primeras ideas de esta nueva corriente fueron traducciones e interpretaciones de obras y escritos de estos dos países al chino. Los primeros lugares geográficos del país en los que podemos encontrar movimientos inte- lectuales de izquierdas son la Universidad de Beijing, la Universidad de Shanghai, la Universidad Zhonghua de W uhan, la ciudad de Changsha —lugar del que surgiría la figura del que luego sería el presidente del Partido, Mao ( cf. Bloque I. Nota 21 )—, la ciudad sureña de Guangdong y Chengdu ( cf. Addenda I ). En todos estos lugares del país empezaron a surgir en época republicana los prime- ros atisbos de movimientos marxista-leninistas que, con el tiempo, acabarían conformando el núcleo E l 道 ( dao ) se podría traducir como ‘vía’ o ‘camino’, incluso como ‘doctrina’, y hace referencia a la esencia funda 38 - mental del universo y del hombre que distintas filosofías chinas —como el confucianismo, el taoísmo o el budismo, entre otras— predicaban como el orden natural de todas las cosas. Suele usarse en español bajo la escritura T ao por su similitud fonética con la sorda (Y ao, 2001: 177). El término 改良 ( gailiang ) hace más referencia a la idea de ‘mejora’ o ‘reforma’, mientras que el término mandarín 39 维新 ( weixin ) se refiere más a ‘modernización’. 45 BLOQUE I fundacional del Partido Comunista (Schurmann, 1968: 26). La crisis política y social que estaba su- friendo el país tras la caída de la dinastía manchú creó el caldo de cultivo perfecto para exponer ante el pueblo la realidad de la lucha de clases y la opresión, pues Señores de la guerra y terratenientes a lo lar go y ancho del territorio se disputaban diferentes porciones del gran pastel que representaba la administración y el poder de China (Ebrey , 1993: 956). Además, las agresiones extranjeras al país ponían sobre la mesa la necesidad apremiante de que una fuerza nacionalista y cohesionada tomara las riendas de un país que parecía al borde del abismo. Así en julio de 1921 se funda en la ciudad de Shanghai el Partido Comunista que suele 40 acompañarse en sus traducciones de los complementos del nombre ‘chino’ o ‘de China’. Aunque analizar los pormenores de su fundación sería demasiado extenso y casi daría para otro trabajo de investigación por su complejidad y la extensión de territorio y personajes a analizar , se puede con- cluir que entre las cabezas fundacionales más sobresalientes destacaron Chen Duxiu, Zhou Enlai, Li Dazhao , y Mao Zedong ( cf. Bloque I. Nota 21 ), este último es más celebre de entre ellos por llegar 41 a ocupar su presidencia y haber gobernado tras la implantación de la Nueva China. En las claves fundacionales del movimiento “the suffering of the working people, […] the outcome of imperia- lists, capitalists and landlord exploitation, and their monopoly of state power” (Schwartz, en T wit- chett et Fairbank, 1983a: 513) figuraron como las más apremiantes y que serían las primeras en ser solventadas en caso de hacerse con el poder . Desde los inicios, el Partido se organizó sistemática y secretamente desde las diferentes células dispersas por el país conectadas con un poder centralizado claro que buscaba la forma de liderar a las masas de obreros, campesinos y soldados para la causa revolucionaria (Creel, 1976: 14). Un año después, en mayo de 1922, en el Segundo Congreso el Partido se reafirmó como el único que buscaba la eliminación de la lucha de clases mediante la re- volución y la conformación de sedes provinciales que regularmente pasaban y recibían información y órdenes de la cúpula del Comité central (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 222). T res años después, ya contaban con más de 20.000 afiliados entre los que ahora también había mujeres y un número alto de soldados que no paró de crecer hasta que en 1927 se vieron obligados a establecer El 中国共产党 (Zhongguo Gongchandang), o Partido Comunista Chino, es hoy en día una de las organizaciones hu 40 - manas de mayor repercusión y afiliación de toda la historia, contando con casi 100 millones de afiliados. Con todo, pese a lo grandioso de sus cifras no representa más que apenas un 5% del total de la población del país, por lo que constituye una suerte de élite gobernante cerrada en sí misma y , que en ocasiones, podría equipararse a los mandarines y funciona- rios imperiales contra los que originalmente pretendían establecer batalla. Muchos estudiosos sostienen hoy que el tras- paso de poderes que se produjera —no sin turbulencias— desde los últimos Qing hasta los actuales comunistas no ha sido sino un cambio dinástico más en el devenir histórico del país; cambiaron a sus funcionarios, el nombre de sus insti- tuciones y las fiestas y tradiciones, pero en el fondo conservaron la organización del poder unipersonal, el culto a la persona, la élite gobernante, entre otros. 陈独秀 (Chen Duxiu) nació en Anhui en 1880 y moriría en la provincia de Sichuan a la edad de 62 años. Es conside 41 - rado como uno de los padres fundadores del Partido Comunista. Fue también cofundador de la revista Nueva Juventud que acogería tanto contenido ideológico del movimiento a lo largo de los años. Fue nombrado secretario general del Partido in absentia pues no pudo asistir al acto fundacional y siempre estuvo bajo los mandatos y directrices de Moscú. 周恩来 (Zhou Enlai) nació en 1898 en la provincia de Jiangsu y participó en revueltas en París, donde estuvo estrecha- mente ligado al Partido Comunista Francés, para acabar muriendo en Beijing en 1976. Siempre estuvo ligado al movi- miento revolucionario comunista y tomó parte en las revueltas del Cuatro de Mayo. Se adhirió a la Lar ga Marcha, junto a Mao Zedong, lo que le convertiría en un hombre de peso dentro de la política organizativa del Partido. Ocupó diferen- tes car gos dentro de la organización del Partido —fue vicepresidente del mismo en varias ocasiones— y también de índole gubernamental, fue el Primer Ministro de la República Popular China de la historia. 李⼤钊 (Li Dazhao) nació en 1889 y fue muerto por ahorcamiento en 1927 a manos de agentes del Guomindang por su filiación roja. Fue un inte- lectual formado en Japón, a diferencia de sus compañeros, y sí que provenía de una familia con orígenes campesinos. Durante su trabajo como bibliotecario en la Universidad de Beijing estuvo a car go del joven Mao Zedong ( cf. Bloque I. Nota 21 ) con el que nunca llegó a entablar una profunda y verdadera amistad (Gernet, 2005: 563). 46 ENCUADRE HISTÓRICO un Politburó que regulara todos los aspectos del Partido (Schurmann, 1968: 146). Conformada la 42 or ganización política al modo ruso —cuyo principal objetivo a largo plazo era perpetuar en el poder a los fundadores y a sus leales—, recibieron durante los siguientes años gran número de afiliaciones de la pequeña bur guesía que daría consistencia y autoridad al Partido frente a sus adversarios, na- cionales e internacionales, confiriendo al movimiento un halo de legitimidad y financiación en mu- chos casos. Uno de los principales adversarios políticos ab initio con el que tuvo que lidiar el incipiente Partido Comunista fue la formación política que representaba Sun Zhongshan ( cf. Bloque I. Nota 14 ), esto es, el Guomindang, que por otro lado también era un partido revolucionario que alber gaba muchas y diversas ramas en su interior . Las diferencias entre ambos partidos eran notorias y , aunque los objetivos finales de liberar al país podían ser similares, los caminos para alcanzarlos distaban mucho de llegar al entendimiento, pero la inestable situación del país con los Señores de la guerra ( cf. Bloque I. Nota 22 ) disputándose el poder obligó a todos a hacer un esfuerzo de acercamiento y lucha conjunta. De esta voluntad bilateral sur giría el Primer Frente Unido que se materializaría en 43 1924, con la intención del grupo de Zhongshan de controlar el crecimiento comunista y con la meta de estos de infiltrarse en las filas nacionalistas con la misión de convertir más seguidores a la causa revolucionaria roja. Desde Moscú siempre se intentó que la fusión de ambos movimientos revolu- cionarios fuera total y única y se unieran bajo un sólo mando, algo que nunca llegaría a materiali- zarse —no dejemos de lado la implicación que el Guomindang tenía con la gran bur guesía y las facciones más de derechas que fueron sur giendo en sus filas (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 39)—. La meta que los comunistas se habían fijado se estaba materializando y en torno a mayo de 1927 contaban con 60.000 miembros (Schwartz, en T witchett et Fairbank, 1983a: 522) que se ex- tendían por todos los rincones del país y estaban supeditados a las decisiones tomadas por el Polit- buró. El idilio amoroso entre ambos tocó a su fin en 1926, cuando el ala más derechista del Guo - mindang, con Jiang Jieshi a la cabeza, inició la Expedición del Norte cuyo objetivo último era la 44 unificación de todo el país erradicando la presencia de los señores de la guerra y poniendo a todos los líderes locales bajo el gobierno revolucionario. Algunos de los caudillos fueron eliminados, pero otros —viendo la precaria situación de sus propios intereses— juraron lealtad al gobierno y se adhi- rieron a la Constitución y a sus principios. En contra de todas las directrices que los enviados espe- ciales moscovitas hicieron a ambos bandos, ciertos elementos comunistas capturaron la ciudad de Shanghai para su causa. Contra todo pronóstico Jiang Jieshi cercó la ciudad, la atacó ferozmente y ordenó matar a todos los elementos izquierdistas que habían obrado contra el gobierno central, El archiconocido préstamo politburó ha pasado a casi todos los idiomas occidentales por la influencia que tuvo la 42 Unión Soviética en asuntos políticos tras la implantación del comunismo en la antigua Rusia de los zares. La palabra es una contracción del ruso politícheskoye biuró , esto es, ’oficina política’. En chino se le conoce como 中国共产党中央 委员会政治局 (Zhongguo Gongchandang Zhongyang W eiyuanhui Zhengzhiju) y está formado en la actualidad por 25 miembros —número que ha variado en la historia, llegando a un máximo de 29 en algunas ocasiones—, de los cuales entre 5 y 9 conforman el Comité Permanente que tiene el máximo poder ejecutivo en el país. 联俄容共 (Lian E Rong Gong) es el nombre por el que se conoce al primer intento —fallido a la larga con terribles 43 consecuencias para ambos— de coalición de lucha conjunta del Guomindang y el Partido Comunista. Aunque sólo duró unos dos años, llegaron a conformar un ejército conjunto conocido 国民⾰命军 (Guomin geming jun), o Ejército Na- cional Revolucionario, en el que durante algún tiempo tanto nacionalistas como comunistas lucharon codo con codo por la causa del país. 蒋介⽯ (Jiang Jieshi), conocido por la occidentalización cristiana de su nombre Chiang Kai-shek, fue el sucesor de 44 Sun Zhongshan en el Guomindang y presidente del país desde 1927 en Nanjing, desde donde tuvo que huir para refu- giarse en la isla de T aiwán tras la victoria de los comunistas en territorio continental. Nació en la provincia de Zhejiang en 1887 y falleció a los 87 años en T aiwán. Su gobierno autoritario de la isla siempre mantuvo la esperanza de la caída del comunismo en el continente y su vuelta como legítimo gobernante del país. Era el representante del ala más dere- chista dentro del Guomindang, conocida como la facción de Nanjing (Gernet, 2005: 555). 47 BLOQUE I desatando así una encarnizada guerra civil entre ambos bandos que no pararía hasta la invasión ja- ponesa de 1937. Las maniobras políticas y militares de Jiang Jieshi cambiarían el devenir de la his- toria dando comienzo a la llamada década de Nanjing, de la que hablaremos más abajo. 2.3. La década de Nanjing (1927-1937) T ras una serie de revueltas or ganizadas por diferentes mafias en Shanghai, más la toma de ciertos puestos clave en el gobierno de la ciudad por los comunistas, el 18 de abril de 1927 Jiang Jieshi inaugura nuevo gobierno republicano nacionalista con sede en la ciudad de Nanjing , ha 45 - biendo erradicado todo foco de resistencia en el país. Por vez primera en muchos años parece que el gobierno chino por fin controla la mayoría de las facciones y es dueño y señor del ejecutivo nacio - nal: los Señores de la guerra han sido doblegados, Gran Bretaña ha cedido varias plazas coloniales y los comunistas están proscritos. Además lato sensu Jiang se cree el único líder del Guomindang, pues la muerte de Zhongshan había ocurrido en 1925, por lo que la oposición interna más moderada parece haber dejado de existir , aunque comienza a aflorar una rama izquierdista que empieza a mi - rar con buenos ojos al Partido Comunista y que está acuartelada en la ya desaparecida ciudad de Hankou . En unos meses, y no sin estar exento de intrigas y traiciones, Jiang acaba controlando el 46 gobierno, el ejército y su propio partido (T ang, 1993: 32), lo que lo lleva a convertir al país en un estado militarizado de corte dictatorial, política personal que no le abandonaría hasta su muerte. Con todo, su partido era sin lugar a ninguna duda el mayor del país, pues en su seno —como veni- mos viendo— aglutinaba a elementos de todas las ideologías políticas, unidos sólo bajo el emblema de la renovación del país —en 1929 contaba ya con cerca de 630.000 afiliados (Eastman, en T wit- chett et Fairbank, 1983b: 1 18)—. En contra de lo que la historia parezca enseñarnos, el Guomindang contaba con el beneplácito de Moscú —que ardía en deseos de que se produjera una fusión pacífica de este con el Partido Co- munista— y su or ganización interna empieza a parecerse mucho a la soviética, aunque nunca llega- ron a las masas como sí lo harían los seguidores de Mao, en gran medida por la forma tan cercana de conectar con las clases bajas gracias a la ópera (King et al. , 2010: 190). Quizá amparado en esta seguridad, Jiang empieza su pur ga personal contra sus antiguos aliados comunistas para convertir a China en un país de partido único, acto que acompañó con una férrea censura de los medios en pa- pel que la izquierda imprimía y repartía entre los campesinos, trabajadores y soldados, además de intentar alentar en sus filas más jóvenes el ideal revolucionario que tanto había promulgado Zhongshan, ahora al servicio de la propaganda del Partido Comunista que ya empezaba a infiltrarse en academias y universidades de todo el territorio bajo su control (T ang, 1993: 51). V iendo que las facciones izquierdistas de su partido empezaban a ver con malos ojos estas políticas, ordenó de forma sistemática la represión de toda disidencia en su formación o en el ejército y no toleró ningún acto de insubordinación o cuestionamiento de las órdenes recibidas desde Nanjing —llegando en algunas ocasiones al asesinato—; todo parecía indicar que su movimiento se asentaba y se consoli- daba en el poder . Durante los próximos años dedicaría todo su empeño en acabar con el poder de los viejos reductos de los Señores de la guerra que a veces mostraban rebeldía y se levantaban contra Nanjing en pequeñas y diseminadas guerras civiles o en abusos de poder como podemos ver refle- 南京 (Nanjing), cuyo primer sinograma significa ‘sur ’ y el segundo ‘capital’ fue declarada nueva capital del país; 45 motivo por el cual cuando toman 北京 (Beijing) en 1928, cuyo primer sinograma significa ‘norte’, el nuevo gobierno — establecido ya en la capital del sur— decide cambiar el nombre de la ciudad por 北平 (Beiping), en cuyo caso el carác- ter segundo representa la idea de ‘paz’; así el problema semántico de ‘capital’ queda resuelto fuera de Beijing. La ciudad de 汉⼜ (Hankou), junto con W uchang y Hanyang, se unirían en 1949 para dar lugar a la actual ciudad de 46 武汉 (W uhan), capital de la provincia de Hubei ( cf. Addenda I ). Es uno de los principales puertos comerciales del sur y , durante décadas, estuvo repartida entre poderes coloniales de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Rusia y Japón. Fue una de las plazas coloniales que Gran Bretaña abandonó con la llegada al poder de Jiang Jieshi. 48 ENCUADRE HISTÓRICO jado en E l destacamento r ojo femenino ( cf. Bloque II. Nota 124 et Bloque 2. 1.7.2 ) donde el perso- naje Nan Batian encarna a este grupo de caciques regionales que, aun estando en contra del poder comunista, no se muestra tampoco favorable al control del Guomindang en su región. T odo este clima de enfrentamientos internos del Guomindang y del Partido Comunistas se ve- rían frenados en seco tras el hecho ocurrido el 18 de Septiembre de 1931 (Eastman, en T witchett et Fairbank, 1983b: 129), cuando las tropas imperiales japonesas invaden la región de Manchuria , al 47 norte del país. Este hecho, que a simple vista puede parecer negativo para el país, fue el detonante decisivo que consolidaría en el poder a Jiang hasta 1949, pues le confirió la excusa nacionalista de unidad y esfuerzo unido que tanto había ansiado en los últimos años (T ang, 1993: 41). Ahora todo su partido —con todas las facciones políticas presentes— aceptaban su liderazgo en la lucha que se avecinaba contra el invasor nipón. Desde ese momento focalizó sus ener gías —quizá de forma in- consciente— en diluir la separación real existente entre Estado y partido, llegando a un punto en el que el propio gobierno era el Estado (Idema, en Mair et al. , 2001: 825), quizá con la idea —que años después también tendría el comunismo— de que el pueblo chino aún no estaba preparado para autogobernarse. Para asegurarse de un buen funcionamiento de todo el aparato gubernamental, el gobierno de Nanjing estableció la triple división histórica montesquieuana, pero tuvo la habilidad de añadir dos ramas más que el francés no supo —o no quiso— ver , a saber , un ór gano independiente para el con- trol de los exámenes nacionales y otro ór gano encar gado de la vigilancia de la moral y la política del país (Y ao, 2001: 195). El primero —que aún hoy se conserva, pues ni el comunismo fue capaz de eliminar el ancestral sistema de exámenes imperial (Brook, 1998: 97)— puede entenderse e in- cluso justificarse en un país de tal magnitud para el logro de plazas públicas. Quizá el mayor pro- blema a una supuesta democracia de esta década fuese ese segundo ór gano de control, pues en realidad fue utilizado como método de persecución política, además amparado por el Estado. Con la consigna de ‘comunista’ fueron detenidos, torturados y hechos desaparecer cientos —quizá miles— de chinos en pos de erradicar el mal rojo del país. Contra este hecho consumado se pueden observar en los escritos propagandísticos comunistas y en sus obras operísticas gran cantidad de alusiones y denuncias; denuncias que el comunismo encumbró y ensalzó hasta la heroicidad para probar que estaban siendo perseguidos y exterminados, en palabras del propio dirigente comunista “miles y mi- les de mártires han ofrendado heroicamente su vida en aras de los intereses del pueblo. ¡Mantenga - mos en alto su bandera y avancemos por el camino teñido con su sangre! (Mao, 2021: 200). V olve - mos a ver aquí el genio humano, cómo un hecho en apariencia destructivo puede ser empleado como un arma, en este caso para ganar adeptos y llegar a más personas que cada vez veían con me- jores ojos la idea de revolución maoísta. Incluso se decidió en 1930 prohibir todas las organizacio - nes estudiantiles que no fueran previamente aprobadas por ese nuevo ór gano de poder estatal, por lo que el Movimiento de Mayo, su espíritu y la juventud que lo secundó se vieron traicionados por el Guomindang (Eastman, en T witchett et Fairbank, 1983b: 137-138), por lo que decidieron manifes- tarse y protestar —tal y como lo venían haciendo desde mediados del siglo XIX ( cf. Bloque I. 1. )—, pero esta vez fueron encarcelados y muchos de ellos nunca más volvieron a sus facultades (Chen, en Mair et al. , 2001: 863). Esta fue una de las mejores campañas de propaganda que tuvo en su ha- ber el Partido Comunista, cientos de jóvenes cambiaban sus afiliaciones y esperanzas dejando atrás a un partido que los había defraudado en el seno mismo de sus creencias: la revolución. Esta región del norte del país, limítrofe con Mongolia, siempre había estado en disputa entre China, Rusia y Japón, 47 llegando a producir altercados entre estos dos últimos en diferentes ocasiones. La región es conquistada por Japón en 1931 y un año después se establece el estado títere de 满洲国 (Manzhouguo) tras un supuesto ataque terrorista a una línea de ferrocarriles japoneses que administraba la zona —conocido este evento como Incidente de Mukden—. Para legitimar su poder nombran al ya depuesto emperador Puyi nuevo emperador de la zona, aunque nunca llegó a ostentar ningún poder real. Este estado títere se mantendría en vigor hasta 1945, año que en que pasaría a manos soviéticas que, tras muchas deliberaciones y concesiones, acabaría cediéndolo a China un año después ( cf. Addenda I ). 49 BLOQUE I Durante todo este tiempo se produjo en el país un hecho que aún sigue siendo extraordinario, algo que se ha intentado explicar por muchos historiadores y estudiosos y que todavía parece mate- rial propagandístico y no real. Con la declaración de guerra hecha por Jiang sobre los comunistas, obligaron a estos a retirarse como fuerza política y movimiento dentro del mismo país, una suerte de guerra civil que no enfrentaba bandos o territorios sino partidos políticos —ambos revoluciona- rios y con metas parecidas— en un mismo territorio, creando un halo heroico casi místico en los que resistieron del que no dudarían años después hacer uso, hecho del que se hablará con mayor de- tenimiento en el epígrafe ut infra . Aun con todo, a finales de 1936 un clima de optimismo y aparente unidad sumió a China en un nuevo proceso interno que a todas luces parecía que ya se asentaba y ganaba solera en el pano- rama nacional, y apoyado en esto comenzó a preparar una guerra de resistencia contra la agresión sufrida años atrás por la toma manu militari del norte del país (Chen, en Mair et al. , 2001: 862). La desastrosa economía que se venía arrastrando desde principios de la década parecía ahora que remi- tía y el pueblo volvía a hacer acopio de un único patriotismo en pos de expulsar al enemigo invasor , hecho que podemos ver reflejado en algunos titulares de periódicos de la época que rezaban “in the period of the last few months, the people’ s confidence seems as thouhg it were revived from the dead” (Eastman, en T witchett et Fairbank, 1983b: 162). Así, Jiang intentó enviar tropas para aniqui- lar a los apenas 30.000 combatientes comunistas que se encontraban vagando por el país y que él veía como el último foco de resistencia a contener , pero sus soldados manifestaron su desconformi- dad puesto que para ellos el enemigo real —además, ya desde hace seis años en territorio nacio- nal— eran los japoneses. Para solventar el problema, el propio Jiang voló a Xi’an —ciudad donde las tropas de Mao se encontraban acuarteladas— y para su sorpresa fue puesto bajo arresto por sus propios oficiales, siendo solo liberado dos semanas después cuando prometió verbalmente que deja- ría el peligro comunista hasta que el problema japonés fuera resuelto. 2.3.1. El movimiento comunista y sus políticas A finales del 27 la importancia de la Internacional Comunista había decaído —llegaría a con- vertirse en un simple órgano de propaganda de Stalin—, el trágico final del Primer Frente Unido junto a los nacionalistas y las rencillas por el liderazgo interno del movimiento abocaron al Partido Comunista a su casi total desaparición. En abril de ese año, apenas contaban con 60.000 afiliados y a finales del mismo no llegaban a 10.000 por lo que la situación real de lucha era insostenible a to- das luces. La consolidación del Partido aún parecía imposible y se hicieron varias intentonas de co- locar figuras más afines a los núcleos urbanos, a las áreas rurales o a la rama intelectual, pero todos los esfuerzos fueron en vano pues o no duraban mucho en el cargo o agentes del Guomindang aca- baban con ellos. Durante estos duros años, el Partido consiguió reestructurar su organización com- binando el liderazgo con las juventudes y las masas de trabajadores y campesinos creando un cuer- po cohesionado con influencias bolcheviques soviéticas mucho más fácil y manejable de gobernar (Schurmann, 1968: 1 10). Durante esta década la migración desde la zona rural hacia las ciudades es un hecho consu- mado y el Partido Comunista, consciente de este movimiento, pronto pone los medios para empezar a reclutar entre las filas de campesinos, que llegaban hastiados por la falta de recursos y tierra. Es en esta coyuntura cuando la figura de Mao se alza sobre el resto y en 1931 —habiendo reorganizado el Partido en núcleos soviéticos— se proclama Presidente del movimiento en todo el país (Schurmann, 1968: 29-30), hecho que no terminaría de aunar a todos los miembros, pues las diferentes opiniones sobre cómo llevar a cabo la lucha revolucionaria fragmentó, ya desde los inicios, a la cúpula comu- nista. Un punto en el que todas las partes parecen estar de acuerdo es la organización piramidal de la sociedad, en la cual el Ejército Rojo pronto jugaría un papel básico en la or ganización de las ma- 50 ENCUADRE HISTÓRICO sas (Schurmann, 1968: 12), de los territorios bajo dominio comunista o de la nueva labor de la mu- jer en la lucha, tras la caída del Primer Frente Unido ( cf. Bloque I. 2.2.2. ). Desde finales de 1927 se vinieron arrastrando en todo el territorio una serie de malas cosechas que provocaron hambrunas generalizadas, lo que sin duda hizo aumentar las filas comunistas de gran número de nuevos adeptos, aunque estos —como se demostraría más tarde— no estaban listos para la lucha; su falta de disciplina y entrenamiento arrastraría al Partido a una serie de derrotas en los albores del movimiento en su intento por hacerse de núcleos urbanos e industriales. En este pri- mer estadio, el movimiento abogó por el establecimiento de sóviets (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 55)—imitando el modus operandi ruso— en las zonas rurales del país ( cf. Addenda III ). Así, el Partido se aseguró unas zonas en las que, mediante la confiscación y la distribución de la tierra, pudo establecer bases de formación bélica y estratégica con fondos suficientes para hacer realidad su lucha revolucionaria (Ch’en, en T witchett et Fairbank, 1983b: 189), que se asentaba ya en más de 300 regiones distribuidas por todo el país. Desde principios de 1930 las políticas del Partido focali- zaron su acción en la confiscación de los latifundios de los grandes terratenientes y de los campesi- nos ricos, ipso facto el movimiento empezó a gozar de cierta autonomía económica al comenzar a or ganizar a pequeña escala un mercado de productos entre sus zonas de influencia (Chen, en Mair et al. , 2001: 864). De forma paralela a la or ganización de la tierra, Mao y su gabinete comenzaron a darle forma al desbarato Ejército Rojo (Mao, 2021: 1 14), que empezó a ver crecer sus huestes con la incorpora- ción de oficiales descontentos y mal pagados del Guomindang que paulatinamente fueron pidiendo adherirse al bando comunista, aunque no militaran en las listas del Partido. En torno a 1934 un 28% del total de las tropas no estaban afiliados al Partido (Ch’en, en T witchett et Fairbank, 1983b: 197), sino que solo ofrecían sus servicios o por ideales de mejora, por descontento con otros bandos o por el sustento diario de víveres. Asimismo, se decidió el establecimiento de comisarios políticos que velaran por las buenas formas comunistas y revolucionarias entre los soldados —figura política que veremos aparecer de forma recurrente en las óperas revolucionarias—, consiguiendo de esta manera que desde sus inicios el Ejército Rojo fuera la mano armada del Partido con el apoyo de las masas, el férreo liderazgo de Li Lisan y el beneplácito de los 28 bolcheviques . El cambio de estrategia 48 49 militar se materializaría con la toma de Changsha ( cf. Addenda I ) en 1930, lo que asentaría —al menos de momento— el liderazgo militar de Li a las órdenes directas de Mao, comenzando así el periplo urbano del movimiento, que se vería apoyado de forma masiva por la población tras la toma de Shanghai por parte japonesa en enero de 1932, agresión que no frenó los ataques que durante los últimos meses el gobierno de Jiang hacía de forma reiterada sobre las bases comunistas con el fin último de hacerlas desaparecer . Al mismo tiempo, Jiang or ganizó una serie de medidas de estrangu- lamiento de los sóviets con el fin de aislarlos comercialmente cortando sus líneas de suministros, construyendo nuevas rutas para sus ejércitos y cercando posiciones estratégicas revolucionarias que, junto con las refriegas de los japoneses, provocaron la retirada y el abandono de varios soviets revo- lucionarios, causando de forma ulterior la Lar ga Marcha ( cf. Addenda III ) que obligaría al Ejército 李⽴三 (Li Lisan), nacido en Hunan en 1899, fue uno de los máximos exponentes comunistas en las primeras décadas 48 del movimiento. Estudió en Changsha, donde conoció a Mao ( cf. Bloque I. Nota 21 ) y empezó a acercarse a las ideas revolucionarias. Estudió también en Francia, lugar donde finalmente decidió adherirse al Partido Comunista Chino del que formaría parte de la cúpula en varios puestos sindicales, organizativos y militares. En 1967, tras años de encarcela- mientos y torturas por acusaciones de traición al Partido, Li se suicida en Beijing. El grupo de los 28 bolcheviques ( ⼆⼗⼋个半布尔什维克 Ershiba ge ban bu’ersheweike, en chino) fue un grupo que 49 dominó la esfera política e ideológica del Partido Comunista Chino en los primeros años de la década de los 30 y que estaban caracterizados por haber estudiado todos ellos en Moscú los años precedentes. A mediados de la década, Mao decide convocar una reunión donde se discutió el liderazgo de este grupo de influencia moscovita, dando como resulta- do final el poder absoluto a aquel y relegando al grupo a una suerte de cámara consultiva sin poder efectivo real. Es en este momento cuando las líneas chinas se muestran claramente al mar gen de las decisiones de Moscú. 51 BLOQUE I Rojo a una huida cruzando todo el interior del país hasta llegar a la ciudad de Y an’an, donde se re- or ganizarían y darían lugar al nuevo ideario revolucionario (T ang, 1993: 76). La or ganización ini- cial del Partido Comunista bajo un triunvirato encabezado por Mao, Zhou Enlai ( cf. Bloque I. Nota 41 ) y W ang Jiaxiang queda abolida en parte gracias a la Lar ga Marcha, que pone de relieve lo di 50 - fícil de aunar diferentes opiniones a la hora de tomar rápidas y decisivas decisiones estratégicas, militares y de gobierno (Schurmann, 1968: 108). Durante estos años, es reseñable la casi inexistencia de literatura bélica por el blando blanco, id est , los nacionalistas. Mientras que el bando revolucionario pronto fue consciente de la eficacia de la propaganda, la literatura y , sobre todo, la ópera para cultivar en sus ideales a las masas (T ang, 1993: 50), los nacionalistas poco hicieron por intentar llevar a la gran masa sus ideales también — aunque diferentes— revolucionarios. Este hecho, en principio carente de significación, tomaría un cariz de importancias copernicanas en el apoyo popular que terminaría con la implantación de la Nueva China en 1949. En cambio, algo que intentaría desde el principio el gobierno de Jiang sería desmantelar las redes de conocimiento, de literatura y de propaganda de las líneas revolucionarias, mediante el espionaje, la detención o la deportación a zonas de organización en sóviets. En torno a junio de 1931 casi 25.000 miembros del Partido Comunista fueron arrestados, interrogados y algu- nos asesinados por el gobierno de Nanjing (Ch’en, en T witchett et Fairbank, 1983b: 218). Mientras el territorio chino estaba siendo invadido por el Ejército Imperial Japonés, el Partido Comunista y el Guomindang iniciaban una guerra de desgaste semiclandestina entre ellos para hacerse con el poder único del gobierno. 2.3.2. La agr esión japonesa de 1937 y el Segundo Fr ente Unido Los soldados de la Larga Marcha llegaron a Y an’an en octubre de 1935, organizando en esta pequeña ciudad la capital del sóviet de Shaanxi ( cf. Addenda I ), provincia a la cual el gobierno de Nanjing pronto enviaría tropas con el fin de eliminar a los bandidos revolucionarios del mapa. Po- cos fueron los que vislumbraron el sombrío futuro que los japoneses arrastrarían al continente; uno de ellos fue Zhou Enlai que ya en 1934 habló en varios discursos de la necesidad de formar de nue- vo un frente común que encarara la amenaza foránea que acarrearía la llegada de un nuevo capita- lismo y la pervivencia del feudalismo (Ch’en, en T witchett et Fairbank, 1983b: 221). El problema que en ambos bandos se veía era de orden temporal: si la unión requerida para expulsar al invasor era de carácter temporal, sería inevitable una lucha fratricida entre el Partido Comunista y el Guo- mindang tras la salida de los japoneses; por otra parte, si la unión era definitiva y creada a lar go pla- zo, ambos partidos deberían redefinir sus metas y proyectos de futuro para poder vivir y gobernar en armonía bajo el mismo territorio con reglas comunes a ambos y elecciones democráticas que es- tablecieran quién, cuándo y dónde gobernaría cada facción. Para mayor agravio de la situación, el único país verdaderamente dispuesto a ayudar a la causa china era Rusia, y esta no se decantaba de forma clara por ninguno de los dos grandes partidos, sino que jugaba a alentar a ambos en la lucha anticapitalista. El incremento propagandístico del nacionalismo chino contra el invasor japonés por parte de Partido Comunista tampoco ayudó a mejorar la situación, pues muchos que antes veían con buenos ojos a los nacionalistas ahora volcaban su atención hacia los revolucionarios que parecían más decididos a defender China, incluso desde las instancias literarias revolucionarias que legaron a acuñar el eslogan “take literature to the countryside; take literature to the army” (T ang, 1993: 43). 王稼祥 (W ang Jiaxiang) nació en Anhui en 1905, miembro original del triunvirato que dirigió al Partido Comunista 50 en sus orígenes, aunque quizá sea el menos conocido de los tres pues tras la toma del poder por parte de los revolucio- narios fue enviado a Rusia como embajador , estando la mayor parte de su vida en el extranjero. Perteneció al grupo de los 28 bolcheviques, del que supo desligarse tras su caída para permanecer junto a Mao y Zhou Enlai en el poder . Falle - ció en Beijing en 1974. 52 ENCUADRE HISTÓRICO El 12 de diciembre de 1936 el país tembló ante la noticia de que Jiang había sido secuestrado en la ciudad de Xi’an, poniendo en peligro toda la posible unión de las facciones chinas antijapone- sas. El autor del arresto fue el joven Zhang Xueliang , perteneciente a las filas nacionalistas, pero 51 que ansiaba una gran coalición de fuerzas con los comunistas a fin de expulsar al agresor . Este he- cho —conocido como el Incidente de Xi’an— provocó que todas las facciones antijaponesas vieran la ur gencia real de crear un cuerpo común de lucha. T ras una serie de entrevistas entre Zhou Enlai y Jiang Jieshi, ambos partidos acordaron limar sus políticas más extremas e identitarias en pos de una posible unión temporal de sus fuerzas, dejando así el futuro abierto tras la expulsión —si había éxi- to— de los japoneses. Los revolucionarios acordaron mitigar sus posturas de redistribución de la tierra durante las campañas contra los nipones (Mao, 2021: 148) y pospondrían sus políticas agra- rias sine die , exigiendo sólo como medida temporal el reparto equitativo de grano entre campesinos, trabajadores y ejército. Mao era consciente de que con su inferioridad de fuerzas, sólo era posible una victoria total con el apoyo de las masas (Schurmann, 1968: 317), hecho por el cual intentó con- tentarlas desde el principio de la lucha. Con todo, el Segundo Frente Unido nació en abril de 1937, apenas tres meses antes del estallido de la guerra sinojaponesa (Ch’en, en T witchett et Fairbank, 1983b: 229). T ras el citado Incidente de Xi’an se produce una amnistía gubernamental de todos los comunistas, hecho que favorece que en la isla de Hainan ( cf. Addenda I ) los mandos revolucionarios vuelvan a la lucha, lo que será el nudo argumental de El destacamento r ojo femenino ( cf. Bloque II. Nota 124 ) que desembocará en el control total de la isla por parte de las tropas comunistas ya desde la década de 1930. El 7 de julio de 1937 un soldado japonés extraviado de su pelotón a las afueras de Beijing hizo que se produjeran una serie de tiroteos que irían creciendo en intensidad hasta desencadenar un enfrentamiento abierto entre las fuerzas chinas y las imperiales japonesas. La falta de una diploma- cia clara entre los países implicados produjo la toma de la ciudad y la retirada de las tropas naciona- listas de la zona iniciando así una guerra abierta. Conocido como el Incidente del Puente de Marco Polo ha sido visto por muchos historiadores como un pretexto nipón para empezar de forma semi 52 - velada un enfrentamiento con China con el fin de anexionarse nuevos territorios que tan necesarios le eran a Japón para llevar a cabo sus ideas imperialistas en zona continental (Chen, en Mair et al. , 2001: 864), pues el aislamiento internacional del país hacía necesario nuevas tierras de cultivo y expansión industrial. 2.4. China durante la guerra sinojaponesa (1937-1945) En este epígrafe ahondaremos en uno de los episodios bélicos que aún hoy el pueblo chino recuerda con más resignación. La orden militar desde T okio de extenderse por territorio peninsular en un afán expansionista de corte imperialista desembocará en una de las guerras de desgaste entre Japón y China más crueles del siglo XX. En este panorama bélico, en el norte del país, en la provin- cia de Heilongjiang ( cf. Addenda I ), en una pequeña localidad llamada Hulin es donde se desarrolla- El joven 张学良 (Zhang Xueliang), nacido en Liaoning en 1901, fue uno de los señores de la guerra que acabó por 51 unirse al gobierno de Jiang Jieshi, pero que nunca vio con buenos ojos las dilatadas negociaciones entre nacionalistas y comunistas con el enemigo ad portas . Es una figura que hoy sigue siendo muy discutida, pues pasó la mitad de su vida bajo arresto en T aiwán por la traición a su gobierno, perteneciendo al mismo. Asimismo, los comunistas lo honran por su decidida labor de crear un frente común, aún sin ser revolucionario. Es una suerte de traidor en casa y héroe entre los enemigos. Murió en Hawai en 2001 a la edad de 100 años (Gernet, 2005: 558 et 562). En chino este incidente es conocido como 七七事变 (Qiqi shibian) o ‘Incidente del siete de julio’ por las fechas en 52 las que tuvo lugar el tiroteo. Al igual que ocurriera en Europa con el anuncio de la Alemania nazi de que ciertos puestos fronterizos habían sido atacados por el Ejército polaco, el bélico Japón de los años 30 utilizó este pretexto para lanzar una gran ofensiva sobre el territorio chino con el fin de consolidar sus intereses económicos y de negocios en zona con- tinental. 53 BLOQUE I rá una fuerte lucha clandestina de agentes comunistas secretos, que dará como resultado la creación de la ópera revolucionaria La linterna r oja ( cf. Bloque II. Nota 131 ). Desde inicios de siglo los japoneses tenían tropas apostadas en el norte del territorio chino, a unos 15 kilómetros de Beijing por lo que las maniobras en la zona eran comunes. Cuando Japón acusó a China de haber comenzando a disparar a uno de sus soldados perdidos en una de esas ma- niobras, junto con las tensiones que se venían respirando desde hace años entre ambos países, el ta- blero de la guerra estaba dispuesto para comenzar la partida. El día 25 de julio, Japón, en respuesta al incidente ocurrido con uno de sus soldados, anunciaba un ataque inminente contra las tropas na- cionalistas con la finalidad de restaurar la paz en Manchuria, a lo que Jiang Jieshi respondió con una importante movilización en la zona. A finales de ese mismo año, la capital Nanjing caía definitiva- mente en manos niponas produciéndose uno de los acontecimientos más deleznables en la historio- grafía china de toda la primera mitad del siglo XX, la masacre de Nanjing . Pronto las proclamas 53 japonesas llamaron a los territorios ocupados al reconocimiento de Manchuria como Estado sobe- rano, aliado de Japón, y a la lucha contra el comunismo en territorios continentales. En estos mo- mentos en que la provincia de Jiangsu ( cf. Addenda I ) está bajo dominio japonés se produce el he- cho histórico que dará lugar al argumento de la ópera Shajiabang ( cf. Bloque II. Nota 129 ) liberan- do un poblado crucial en su paso hacia Nanjing que los comunistas necesitaban para asegurar las líneas de suministros (Chen, en Mair et al. , 2001: 874). Con motivo de la caída de Beijing, Shanghai y Nanjing, el gobierno nacionalista en coalición con los comunistas movieron la capital a Chongqing, hecho por el cual los japoneses decidieron atacar W uhan, llave para la toma de la nueva capital, lo cual se consumaría en octubre de 1938 junto con la toma de Guangdong. China parecía encontrarse sola, pues Francia y Gran Bretaña callaron ante la ofensiva nipona ofreciendo Checoslovaquia a Hitler con el fin de apaciguar al gobierno ale- mán; solo Rusia parecía dispuesta a ofrecer alguna ayuda, hecho del que los comunistas tomarían ventaja pues con cada retirada del gobierno nacionalista crecía su influencia y radio de acción. Aun- que parezca extraño el rearme que el ejército nacionalista llevó a cabo durante los meses siguientes a julio de 1937 fue esencialmente de material bélico alemán (Eastman, en T witchett et Fairbank, 1983b: 558), aunque el entrenamiento de las tropas distaba mucho del que tenían las japonesas o las europeas. Con la excusa de la guerra, Jiang Jieshi estableció un régimen casi totalitario con él a la cabeza de prácticamente la totalidad de las instituciones civiles, administrativas y militares, creando una suerte de parlamento sin poderes de facto en el que los comunistas ocuparon unos 50 asientos, frente a los 80 de los nacionalistas y 70 de otros muchos partidos independientes, cuya misión fue de carácter consultivo. Uno de los primeros movimientos políticos de Jiang en estos comienzos bélicos fue el trasla- do de la mayor parte de la emer gente industria china hacia las zonas libres de la ocupación japone- sa, con el fin de poder suministrar al ejército y mantener a la población civil ocupada. La educación china se vio seriamente afectada, pues la mayor parte de las universidades en territorio ocupado fue- ron bombardeadas o reutilizadas como edificios militares y gran parte de los estudiantes se vieron obligados a enrolarse en el ejército nacionalista o en las guerrillas comunistas. Japón pensaba que tras la toma de las ciudades más importantes, el gobierno nacionalista capitularía ante la superiori- dad de sus fuerzas, pero pronto descubrió que estaban determinados a seguir con la lucha, por lo que la estrategia nipona cambió y ahora buscaban ahogar el régimen de Chongqing cortando sus vías de abastecimiento y ayuda exterior , política que tampoco consiguieron pues se hizo imposible Conocida en chino como 南京⼤屠杀 (Nanjing da tusha), la Masacre de Nanjing —o V iolación de Nanjing en otras 53 fuentes— hace referencia a los crímenes cometidos por el Ejército Imperial Japonés en la capital nacionalista el 13 de diciembre de 1937. El hecho aún hoy sigue siendo un tema caliente en Japón, pues son muchos los que opinan que el alcance real de este evento fue exagerado tras la victoria aliada de la Segunda Guerra Mundial. Fuentes chinas hablan de un total de 300.000 muertos en los días cercanos a la toma de la ciudad entre refriegas, violación de civiles y matan- zas. 54 ENCUADRE HISTÓRICO controlar miles de kilómetros de frontera entre las zonas ocupadas y las que no lo estaban —en una de estas zonas se desarrollará, verbi gratia , el ar gumento de La linterna r oja ( cf. Bloque II. Nota 131 )—. La reunificación de las tropas se produjo con la creación del Ejército Central que amalgamó a las diferentes fuerzas provinciales bajo el liderazgo de Jiang Jeshi, en cuyas cabezas provinciales se dispusieron generales formados en tiempos nacionalistas por lo que la lealtad era indiscutible. Algunos de los ejércitos locales que no se unieron a esta coalición nacionalista acabaron siendo em- pleados como tropas auxiliares títeres del Ejército Imperial, muchas de las cuales también nutrieron de temática a las óperas de producción comunista (Chen, en Mair et al. , 2001: 863-864), pues en la mayoría de ocasiones eran contratadas por los japoneses para eliminar focos de resistencia revolu- cionaria. Por la falta de medios y el robo de muchos de sus generales, los soldados del gobierno estaban mal nutridos y solían sufrir enfermedades como disentería, malaria o sarna y muchos de ellos mu- rieron sin llegar a entrar en combate debido a estos motivos. Para empeorar aún más la situación, la media de atención médica era de un médico cada 1.700 soldados, hecho que hacía imposible un tra- tamiento real de las tropas. Una terrible inflación monetaria vino a deteriorar el menoscabado go- bierno nacional que a finales de 1944 no podía ya resistir el ratio de subida de los precios de mu- chos productos que en algunos lugares se habían incrementando un 1400% (Eastman, en T witchett et Fairbank, 1983b: 587). La industrialización, que había comenzado como un auténtico boom en las zonas bajo control gubernamental por los préstamos a bajo interés, cayó en picado hacia la etapa final de la ocupación, pues la mayoría de las rutas comerciales habían sido cortadas por el Ejército Imperial. El gobierno trató de fijar los precios de los productos de primer orden e imprimir papel moneda para salvaguardar la situación, ambas medidas a lar go plazo se mostraron, no solo inefica- ces, sino contraproducentes para la economía en zona no ocupada. Con la escalada de poder del Par- tido Comunista, el menoscabo gubernamental y la inflación, el gobierno de Jiang Jieshi acabó por redefinirse aún más conservador y represivo, lo que conllevó un descontento aún mayor de la po- blación. Con la formación del Segundo Frente Unido, el Partido Comunista se comprometió a disolver los sóviets que había fundado por todo el territorio y a renombrar a sus tropas con el fin de eliminar el término Ejército Rojo en pos de T ropas Comunistas bajo el mandato del Ejército Central de Jiang Jieshi. A cambio el gobierno de este último levantó las barreras censoras en varias ciudades del país con el fin de que los comunistas pudieran publicar sus panfletos y periódicos —pues la propaganda era una de las más importantes armas del ejército revolucionario (Mao, 2021: 1 14)—, además de dejar en libertad a multitud de presos políticos desde los altercados de Shanghai años atrás. En los meses siguientes el Octavo Ejército de Ruta y el Nuevo Cuarto Ejército fueron conformados como 54 las fuerzas principales del bloque comunista —engrosando sus filas los supervivientes de la Larga Marcha—, ambos protagonistas de varias de las ocho óperas revolucionarias (Chen, en Mair et al. , 2001: 846), entre las que destaca Shajiabang ( cf. Bloque II. Nota 129 ). Mao decide apoyar de este modo la lucha conjunta, aunque anuncia que el final de la revolución solo llegará con la victoria úl- tima, por lo que trazar una estrategia a lar go plazo es necesario en dos corrientes, de una parte “an urban revolutionary strategy based on workers, intellectuals, students, and some sections of the bour geoisie” y , de otra, “a rural revolution based on the peasantry” (V an Slyke, en T witchett et Fa ir - bank, 1983b: 616). Las acciones bélicas llevadas a cabo por el Partido Comunista tenían su centro neurálgico en Y an’an desde las órdenes, las labores de propaganda y la formación de los nuevos re- clutas; se llevaban a cabo lejos de las influencias del Partido Nacionalista ( cf. Addenda IV ). En chino son conocidos como 新四军 (Xin si Jun) y ⼋路军 (Ba lu Jun), ambos fueron or ganizados en 1937 y su 54 tamaño no dejó de crecer durante los años siguientes hasta convertirse en verdaderos ejércitos nacionales. En su funda- ción no llegaban a albergar ni 30.000 combatientes y a finales de la Segunda Guerra Mundial casi poseían un millón y medio de efectivos. 55 BLOQUE I Allí el Partido tomó cuerpo y su organización se asentó de forma jerárquica en torno a la figu- ra del ya indiscutible presidente Mao Zedong (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 56). Bajo su autoridad se encontraba el Politburó, el Comité Permanente y el Comité Central (Schurmann, 1968: 140). T ras estos or ganismos, existían una serie de Departamentos clave del Comité Central que in- cluían el de Propaganda, el de Asuntos militares, el de Asuntos sociales, el de la Mujer , la Juventud o el de Prensa, entre otros. Finalmente, el Partido llegaba a todos los rincones del país con las Ofi- cinas regionales y con los Comités de nivel inferior que estaban en los condados, los pueblos y los distritos. A nivel militar or ganizaron a sus tropas en dos tipos, la primera denominada Fuerzas loca- les y , la segunda, Milicia (Schurmann, 1968: 51). Esta segunda más orientada a or ganizar a la po 55 - blación civil en edad de combatir y a reclutarla en momentos de extrema necesidad, de carácter me- nos profesional y peor equipada que las fuerzas locales, en muchas ocasiones con aperos de labran- za como armas. Para la formación de los nuevos miembros, se estableció en Y an’an la Universidad Militar y Política Antijaponesa que constituyó uno de los logros del movimiento revolucionario en 56 sus inicios y que era de matriculación obligatoria para todos los miembros del Partido, soldados y activistas cuya finalidad era erradicar el analfabetismo en las filas comunistas (Anderson, 1990: 72). La parte propagandística quedó al car go del Periódico de Liberación y el Periódico de la Nueva China , ambos censurados en muchas ocasiones por el gobierno de Jiang Jieshi; los periódicos pre 57 - sentaban reportajes tanto nacionales como extranjeros, puntos clave o decisiones del Partido Comu- nista, algunos documentos y , sobre todo, propaganda de adhesión al movimiento (Chen, en Mair et al. , 2001: 846). De forma paralela a la creación de los ejércitos nacionales y revolucionarios, en muchos luga- res del país comenzaron a organizarse grupos paramilitares para proteger los lugares a los que aque- llos no podían llegar; así sur gieron grupos de milicia llamados mintuan , bandas entrenadas de gue- rrilleros bajo la denominación de tuanlian y asociaciones comunitarias conocidas con el nombre de lianzhuanghui a las que los aldeanos en muchas ocasiones se unían a cambio de favores de los se 58 - ñores del lugar . Muchas de estas organizaciones tendrán su papel en las óperas revolucionarias, pues en muchos casos los comunistas no solo tuvieron que enfrentarse a los japoneses, sino también a estas fuerzas a las que ellos denominaban terratenientes u opresores (Rohsenow , en Mair et al. , 2001: 157). Lato sensu en muchas localidades del país era posible encontrar focos comunistas, na- cionalistas, milicias locales, grupos de bandidos y fuerzas títeres aliadas a Japón luchando entre ellos, por lo que la situación era realmente confusa en muchos momentos. Desde diciembre de 1939, las relaciones entre el Guomindang y el Partido Comunista comen- zaron a tensarse a consecuencia de las conquistas y la expansión de la influencia de este segundo que aquel no veía con buenos ojos. Por su parte, los comunistas temían que por el desgaste de los últimos años los nacionalistas acabaran firmando la paz con los japoneses a cambio de respetar los actuales territorios que cada cual poesía. Las tensiones fueron creciendo hasta desembocar , a finales de 1940, en una serie de campañas desastrosas al norte del país que causaran miles de bajas en am- En chino, por orden de aparición ut supra 地⽅军 (difang jun) y 明兵 (ming bing). 55 L a 中国⼈民抗⽇军事政治⼤学 (Zhongguo Renmin Kangri Junshi Zhengzhi Daxue), conocida comúnmente como 56 抗⼤ (Kangda), fue establecida en la ciudad de Y an’an en 1931 y estuvo operativa hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. Fue conocida al principio como la Universidad del Ejército Rojo, pero ante la obligación de abandonar ese término por parte de los revolucionarios, cambiaron el nombre. Entre sus alumnos figuraban los campesinos adheridos al movimiento, los soldados iletrados y algunos trabajadores. El primero 解放⽇报 (Jiefang Ribao) fue inaugurado en Y an’an y , tras la victoria comunista en 1949, trasladó su sede 57 a Shanghai. El segundo, llamado 新华⽇报 (Xinhua Ribao) fue fundado por Zhou Enlai ( cf. Bloque I. Nota 41 ) en 1937 y es actualmente uno de los medios de comunicación más grande el país asiático, dependiente directo del Comité Cen- tral del Partido. Según el orden de aparición arriba 民团 ( mintuan ), 团练 ( tuanlian ) y 联庄会 ( lianzhuanghui ). 58 56 ENCUADRE HISTÓRICO bos ejércitos, motivo por el cual Jiang Jieshi decidió disolver públicamente el Nuevo Cuarto Ejérci- to por insubordinación (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 155). Como consecuencia a este 59 incidente, el Segundo Frente Unido quedó disuelto y los ejércitos —antes unidos en la lucha antija- ponesa— deciden tomar sus propios caminos y resuelven de forma unilateral cuáles serán los si- guientes pasos y tácticas a seguir . Con todas las facciones y grupos paramilitares organizados en el país, son muchos los estudiosos que han llamado a este período de guerra civil, pues aunque el enemigo común —excepto para los filojaponeses— era el invasor extranjero, la realidad es que en- tre los propios chinos se llevó a cabo una lucha ideológica para llevar a buen puerto sus propios proyectos políticos. Muchas de las óperas realizadas en el bando comunista se desarrollan en este período de intensa lucha entre los diferentes bandos (T ang, 1993: 41), pues fue la época más heroica de sus actos y decisiones estratégicas, dando lugar a las historias más épicas de las incursiones de las guerrillas comunistas. En este momento histórico es donde se sitúa La linterna r oja ( cf. Bloque II. Nota 131 ) cuyo argumento se fundamenta en las refriegas de comunistas contra japoneses en la zona norte del país donde se encuentran las tropas comunistas intentando luchar contra las fuerzas de ocupación japonesas. In illo tempor e el Ejército Imperial está tratando de consolidar sus posesiones, sobre todo en el títere reino de Manchuria y las zonas colindantes al mismo, ya que las incursiones comunistas — rápidas y efectivas— llevaban ya meses cargando contra infraestructuras japonesas, sobre todo, fe- rrocarriles y arsenales militares. T erratenientes, prestamistas y grupos de bandidos encontraron entre las tropas japonesas el caldo de cultivo perfecto para ver sus negocios prosperar , por lo que colabo- raron con el enemigo o se convirtieron en informantes; este hecho se encuentra asimismo reflejado en las óperas revolucionarias, pues en muchas ocasiones aparecen caracterizados como personajes siniestros en contra de los intereses de su propio país en pos de su propio enriquecimiento. Con la ruptura de nacionalistas y comunistas, estos últimos ven cortado el grifo de sus ingresos estatales por lo que se ven abocados a acelerar sus políticas de redistribución agraria requisando más y más propiedades a los grandes propietarios y confiscando muchas de sus posesiones (T eiwes, en Mac- Farquhar et al ., 201 1: 34), lo que posibilitó a lar go plazo todas sus campañas. Algo que tiende a olvidarse de la figura de Mao era su casi total desconocimiento de las ideas revolucionarias antes de este período, pues conocía el movimiento por amistades o superficiales lec- turas previas a la Larga Marcha. Es en este período cuando, estando en la base de Y an’an y una vez inaugurada la universidad, Mao —junto con otros compañeros revolucionarios— decide sentarse a estudiar , comprender y acaparar las ideas marxistas y leninistas (Huang, 2014: 6), que hasta enton- ces conocía sólo a modo de eslóganes o propaganda. Es en este momento cuando el dirigente chino se hace plenamente consciente de la inaplicabilidad de los preceptos leninistas en tierras chinas y de la necesidad de crear una revolución al estilo chino, con características y peculiaridades propias (Schurmann, 1968: 31). De igual modo, se endurece en la idea de que los intelectuales —necesarios para el movimiento— deben estar supeditados al poder político y no al revés (Creel, 1976: 15), pues de otro modo perderán el tiempo en eternas discusiones de forma sin atajar los problemas de raíz. En este sentido, el período de lucha antijaponesa es más rico y productivo en el bando comunista, pues supieron aprovecharlo para formarse intelectualmente y formar a sus hombres militarmente, mientras que el bando nacionalista se perdió en una relativa inactividad que años después pagarían muy cara. Este hecho es conocido como Incidente del Nuevo Cuarto Ejército, en chino 新四軍事件 (Xinsijun shijian), también 59 Incidente de Anhui del sur o 皖南事变 (W annan shibian), se materializó en enero de 1940 y aún hoy entre los bandos históricos de China se sigue viendo como una traición nacionalista —por el bando comunista— o una insubordinación comunista —por los supervivientes de los nacionalistas residentes aún en T aiwán—. 57 BLOQUE I En abril de 1944 Japón lanzó de forma desesperada la Operación Ichigo que tenían como 60 objetivo pacificar sus posesiones desde Corea hasta V ietnam. La operación tuvo una duración apro- ximada de seis meses y supuso una victoria temporal para el Ejército Imperial pues aseguró sus po- sesiones en el continente y logró destruir los puestos de avanzada americanos en dichos lugares y produjo el menoscabo de las fuerzas nacionalistas, aunque poco afectó a las tropas comunistas que de facto no sufrieron grandes pérdidas por la ofensiva, lo que vino a aumentar la preeminencia revo- lucionaria maoísta sobre el resto de fuerzas chinas. El resultado más patente de esta ofensiva fue el incremento de las fuerzas chinas títeres de los japoneses, pues a finales de 1944 casi dos millones de chinos luchaban en fuerzas projaponesas (V an Slyke, en T witchett et Fairbank, 1983b: 708); aunque curiosamente el número de afiliaciones al Partido Comunista no dejó de crecer durante toda la cam- paña y en 1945, al término de la guerra, era casi un millón y medio el número de miembros civiles con los que contaba el movimiento. Mao llegó a informar de que our party is not yet sufficiently str ong, not yet sufficiently united or consolidated, and so cannot yet take on gr eater r esponsibility than we now carry . Fr om now on, the pr oblem is further to expand and consolidate our parte, our army , and our base ar eas in the continued pr osecution of the war of r esis- tance; this is the firs indispensable item in our ideological and material pr eparation for the gigantic work of the futur e” (Mao, 1944 como se citó en V an Slyke, en T witchett et Fairbank, 1983b: 710). Como se puede colegir de las palabras del presidente, los planes revolucionarios iban más allá de la necesidad de la victoria antijaponesa y ya estaban preparando el terreno para una victoria ab- soluta y total en todo el país, pues estaban decididos a llevar la lucha de clases hasta sus últimas consecuencias (T ang, 1993: 76). Cuando el 7 de diciembre de 1941, Japón ataca la base estadouni- dense de Pearl Harbor , un nuevo actor entra en escena: los Estados Unidos, lo que ocasionaría un cambio de rumbo en el devenir de la guerra y el futuro de los comunistas chinos. En un principio tanto la Unión Soviética como los Estados Unidos habían rehusado inmiscuirse en la política interna de China, alegando que los asuntos chinos no influirían en la victoria en la guerra del Pacífico, aun- que según iban pasando los últimos meses del conflicto las posturas amistosas de Mao y Zhou Enlai hacia W ashington hicieron que comenzaran a firmar acuerdos y recibir equipamiento militar esta - dounidense; además, la Unión Soviética jamás llegó a reconocer al Partido Comunista de China como el verdadero proveedor de la ideología revolucionaria bolchevique, por lo que no obtuvieron apoyo en este sentido de la parte rusa. T ras la Conferencia de Y alta , las potencias ahora regidoras 61 del mundo se comprometieron a no inmiscuirse en los asuntos chinos, algo que Jiang Jieshi llevaba buscando desde meses atrás; sin embar go, esta decisión personal del líder nacionalista sería la ruina de su partido. Cuando la guerra acabó el 14 de agosto de 1945 el Partido Nacionalista estaba casi al borde del colapso y su debilidad era patente en casi todas sus ramas, algo que el Partido Comunista no obviaría en los meses venideros. A meses de finalizar la guerra contra el invasor nipón, una avanzadilla de soldados y reportares revolucionarios encuentran una cueva en el noroeste del país con una mujer de pelo canoso (Chen, en Mair et al. , 2001: 864-865) que había sobrevivido a los lar gos y amar gos años de ocupación, dando lugar a la leyenda que sería la base ar gumental para La chica del pelo blanco ( cf. Bloque II. Nota 125 ). La operación es conocida bajo el nombre ⼀号作戦 (Y i hao zuozhan) que podría traducirse como ‘Operación número 60 uno’, fue lanzada por el Ejército Imperial el 19 de abril de 1944 con la finalidad de intentar pacificar toda la zona conti- nental bajo su dominio con la destrucción de bases aéreas americanas en territorio asiático y puntos clave de la reta- guardia china. En términos absolutos, en menos de seis meses, la ofensiva supuso una victoria nipona que a largo plazo —por la pérdida de territorios en el Pacífico—no tendría una repercusión real sobre el resultado final de la guerra. La Conferencia de Y alta fue una serie de reuniones que los líderes de Estados Unidos —Franklin D. Roosevelt—, la 61 Unión Soviética —Iosif Stalin— y Gran Bretaña —W iston Churchill— mantuvieron en la citada ciudad de la región rusa de Crimea entre los días 4 al 1 1 de febrero de 1945. En ella se discutieron los pormenores del reparto y reedifica- ción de los territorios conquistados durante la guerra y las políticas a seguir en los años siguientes. Muchos estudiosos señalan esta fecha como el inicio de la Guerra Fría. 58 ENCUADRE HISTÓRICO 2.5. El conflicto entr e el Guomindang y el Partido Comunista (1946-1949) La guerra contra el invasor japonés ha terminado, pero China aún está lejos de deponer las armas; un nuevo conflicto se extenderá por todo el territorio durante los próximos tres años, pero en este momento las batallas se establecen entre los poderes más importantes internos. De un lado, el Partido Comunista, que se encuentra resuelto a obtener una victoria total, y , de otro, el Guomin- dang, que ve día a día cómo sus posesiones van menguando con el avance de aquel. En la zona no- reste del país ( cf. Addenda I ), la huída de los japoneses ha dejado en manos de líderes locales y bandidos el control del territorio. Mao decide tomar el control de estas zonas e infiltra a una serie de agentes entre los grupos delincuentes, sur giendo la figura histórica de Y ang Zirong que acabará dando lugar a la escritura de la ópera revolucionaria La conquista de la Montaña del T igr e ( cf. Blo- que II. Nota 123 ), cuyo ar gumento se basa en la victoria que los comunistas obtuvieron sobre los bandidos de esas zonas montañosas del país. El mismo día que Japón anunció oficialmente su rendición, Jiang Jieshi invitó a Mao Zedong a que visitara la capital provisional nacionalista —Chongqing ( cf. Addenda IV )— para discutir cier- tos temas de política interna concerniente a los meses y años venideros, junto al embajador estadou- nidense que actuaría en calidad de mediador . Según los registros estadounidenses en la negociación ambos mandatarios hablaron sobre democratización, unificación de las fuerzas militares y la recon- ciliación política de ambas fuerzas (Pepper , en T witchett et Fairbank, 1983b: 724) con el fin último de elaborar una nueva Constitución para el país. Para asegurar el final de los enfrentamientos, el gobierno de W ashington mandó un efectivo de 53.000 soldados a las cercanías de Beijing, en zona comunista, con órdenes claras de no involucrarse en enfrentamientos internos entre el Guomindang y el Partido Comunista. Como uno de los acuerdos firmados en Y alta, la Unión Soviética entró en guerra contra Japón el 9 de agosto de 1945, hecho por el cual tropas soviéticas cruzaron la frontera china en dirección a Manchuria para ayudar en la eliminación de los últimos reductos japoneses. Según las tropas niponas iban abandonando el territorio del estado títere de Manchuria, dejaron tras de sí todo el equipamiento militar y tecnológico usado durante los años de ocupación; equipamiento que cayó en manos comunistas que, junto con el que ya habían recibido en los últimos años de ma- nos estadounidenses, hacían de la superioridad revolucionaria una fuerza a tener en cuenta (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 21). Las tropas soviéticas acabarían —tras varias prórrogas pedidas desde el Kremlin— abandonado territorio del norte de China en mayo de 1946. Las negociaciones de Chongqing en un principio dieron resultados positivos y el alto el fuego fue anunciado en enero de 1946 entre los dos partidos continentales, con la mediación de figuras diplomáticas venidas desde Estados Unidos. Pero las tensiones en el norte —bajo dominio comunis- ta— por su negativa a reducir el número de sus efectivos militares y abandonar plazas clave hizo que el gobierno nacionalista rechazara las prerrogativas de supuesta paz maoístas y comenzara una época de intrigas y desconfianzas que acabaría por explotar el 6 de enero de 1947, cuando las nego- ciaciones bilaterales cesaron por ambas partes, lo que motivó una ofensiva a gran escala a las zonas de dominio maoísta en torno a junio de ese mismo año. El Partido Comunista comenzó a engrasar su máquina de propaganda (Mao, 2021: 153) que ahora ya no solo se dirigía contra el Guomindang, sino también contra sus supuestos aliados estadounidenses que habían hecho un desembolso de casi mil millones de dólares en calidad de préstamo para la reconstrucción de las infraestructuras civiles destruidas por los japoneses (Pepper , en T witchett et Fairbank, 1983b: 736); dinero que el gobierno utilizaría ad nutum para rearmarse militarmente. De forma inesperada, la opinión internacional se estaba posicionando en contra del Guomindang y cada vez más se veía con mejores ojos las actua- ciones comedidas y racionales que parecía que estaban tomando los seguidores de Mao; imagen que se había visto reforzada por el carácter autoritario que había caracterizado a Jiang Jieshi en los últi- mos años de su férreo mandato. Como se ha apuntado ut supra , durante estos meses en la zona no- reste del país tiene lugar un enfrentamiento entre las tropas revolucionarias y las imperiales japone- 59 BLOQUE I sas, lo que da lugar al ar gumento de la ópera La conquista de la montaña del tigr e ( cf. Bloque II. Nota 123 ), tomando hechos y personajes históricos reales para conformar la obra de ficción (Chen, en Mair et al. , 2001: 874). Además, desde el final de la guerra las células comunistas comenzaron a alentar a muchos obreros y trabajadores para ir a la huelga y en 1947 solo en Shanghai se registraron un total de 2.538 —diez años antes apenas llegaban a 250 anuales— (Pepper , en T witchett et Fairbank, 1983b: 742). El gobierno nacionalista achacaba este notabilísimo incremento a la infiltración de grupos re- volucionarios —hecho que no puede ser descartado—, pero la realidad es que los préstamos inter- nacionales con los que el gobierno se había endeudado tenían como misión la ayuda a la zonas da- ñadas por la invasión y a sus habitantes, algo que jamás ocurrió. Además la opinión pública interna cada vez veía con peores ojos a los estadounidenses apostados en el país, suceso que se agravó con la violación de varias estudiantes por parte de marines estadounidenses. El Guomindang aseguró que todas esas habladurías eran producto de la propaganda comunista, excusa que utilizó para la elaboración de listas negras de individuos revolucionarios que debían ser eliminados. Con el avance de las columnas comunistas sus zonas fueron librándose de todo tipo de opre - siones, a saber , tiranos locales, bajos salarios, corrupción, impuestos impagados, espías, bandidos, ladrones e incluso el rapto de mujeres (Pepper , en T witchett et Fairbank, 1983b: 751). Con todo ello, fueron consiguiendo el apoyo de los campesinos, que veían en ellos seguridad y estabilidad, lo que conllevaría un apoyo casi masivo de estas zonas hacia el movimiento revolucionario que —en conjunto con la reforma y el reparto de las tierras— irían afianzando su poder . Este hecho no lo tuvo muy en cuenta Jiang Jieshi cuando decidió que la única manera viable de eliminar el movi- miento comunista (T ang, 1993: 32) era mediante la acción bélica, lo que culminó en julio de 1946 con una ofensiva general sobre los puestos del norte del país ( cf. Addenda IV ). En el primer año de la guerra, los nacionalistas consiguieron llegar hasta Beijing y tomar varias plazas fuertes a lo lar go de todo el corredor norte. Es en este momento cuando las tropas comunistas son renombradas como Ejército Popular de Liberación . Durante este primer año de guerra, todo parecía vaticinar que la 62 victoria pertenecería al bando nacionalista pues sus conquistas no frenaron durante meses, por lo que Mao decidió retomar la guerra de guerrillas que tantas victorias le había acarreado durante la invasión japonesa (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 155). Además, el Partido Comunista —en parte gracias a sus repartos de la tierras— contaba con el apoyo popular y su férrea determinación y espíritu hicieron que las tropas se encontraran mucho más motivadas para la lucha; en cambio, en el bando del Guomindang muchos estaban desilusionados y asqueados con la corrupción e ineptitud de sus oficiales, motivo que culminó con la alianza de varias secciones descontentas del ejército que se pasarían al bando comunista en las regiones de Jiangsu y Shandong principalmente. T ras el verano de 1947, los comunistas decidieron llevar la iniciativa y se lanzaron hacia la provincia de Hunan tomando de forma relativamente fácil todo núcleo poblacional a su paso, inten- tando desplazar así el frente del norte al centro del país. Pronto comprendieron que las pérdidas na- cionalistas hacían muy difícil reor ganizar sus tropas, por lo que los generales comunistas decidieron empezar una táctica de ataques simultáneos sobre varios objetivos, algo que el gobierno ni se espe- raba ni supo repeler . Para mayo de 1948, todo el norte de China era ya conocido como el Área Libe- rada (Chen, en Mair et al. , 2001: 864) y una capital provisional en Shijiazhuang —capital de Hebei ( cf. Addenda I )— fue establecida como sede del gobierno comunista. Según el poder comunista cre - cía, las filas nacionalistas menguaban sin freno y Jiang se encontraba en un callejón sin salida del En chino es conocido como 中国⼈民解放军 (Zhongguo Renmin Jiefangjun), establecido en 1927 y llamado así fi 62 - nalmente en julio de 1946. La estructura actual sigue respetando varios preceptos de la época revolucionaria y tanto es así que, aun existiendo un Ministerio de Defensa, el ejército no se encuentra supeditado a él. El grupo no se encuentra bajo el Estado, sino que responde directamente al Partido Comunista, por lo no se puede ver a este como un ejército nacional al uso. 60 ENCUADRE HISTÓRICO que ya parecía no poder salir . Para esa época Jiang en persona se puso al frente de los operativos militares, pero la realidad es que era demasiado tarde y sólo le restaba ver el fracaso de todos sus ejércitos, que iban siendo apresados en arrinconados escenarios bélicos para ser atacados una y otra vez por movimientos de guerrilla comunistas. En enero de 1949, los comunistas enviaron emisarios al ya residual gobierno del Guomindang invitándoles a firmar la paz con la demanda de declarar a Jiang Jieshi criminal de guerra y al gobierno nacionalista, abolido, condiciones que eminentemente fueron rechazadas por este. Una a una la totalidad de las posesiones nacionalistas fueron cayendo bajo manos revolucionarias y el ya casi honorífico presidente ordenó una retirada táctica de sus fuerzas aéreas hacia las bases apostadas en T aiwan con apoyo estadounidense. La idea original era reor ganizar sus fuerzas en las islas ante la inevitable T ercera Guerra Mundial entre los Estados Uni- dos y la Unión Soviética para volver a atacar a los comunistas (Pepper , en T witchett et Fairbank, 1983b: 784); algo que a la lar ga se demostraría como irreal. Mientras tanto, durante el verano de 1949 todo el sur estaba ya en manos de las tropas maoís- tas que recorrían y asimilaban territorios ya casi sin confrontación ni oposición. T ras cambiar la ca- pital nacionalista de Chongqing a Chengdu a principios de año, Jiang se vio obligado a establecerla de forma definitiva el 9 de diciembre a T aiwan, lo que hizo que más de dos millones de simpatizan- tes se movieran hacia la isla, además de medio millón de efectivos militares terrestres. El 1 de octu- bre de 1949, Mao Zedong “officially proclaimed the founding of the People’ s Republic ” (Pepper , 63 en T witchett et Fairbank, 1983b: 785), a lo que Estados Unidos —y casi la totalidad del mundo— no supo qué responder . 3. La República Popular (desde 1949 hasta 1976) En este tercer capítulo del bloque primero el poder comunista se ha asentado en todo el terri- torio chino; el Partido Comunista, con Mao a la cabeza, es el dueño absoluto e indiscutible de todos los territorios otrora imperiales. Es en este marco donde empieza a gestarse una nueva sensibilidad estética entre las filas de los intelectuales comunistas que ven en la ópera la mejor arma propagan- dística para aleccionar a las masas en los ideales revolucionarios; a la vez son conscientes de que la ópera es el género más consumido por las masas iletradas del país, pues no precisa de saber leer . T odo el capítulo está dividido en tres grandes epígrafes que vertebran los inicios del comunismo en China. El primer epígrafe aborda la consolidación del maoísmo en el poder; en él se señalan varios movimientos clave para entender sus inicios, el Movimiento de las Cien Flores, donde Mao tuvo la idea de un conato de consulta democrática y su resultado último, la limpieza de las filas derechistas del Partido. T ambién se abordará el primer intento de educación de la gran masa campesina y obrera de todo el país por parte de los comunistas y de cómo estos intentaron lidiar con los pocos intelec- tuales cultos presentes en China en ese momento. En el segundo epígrafe nos proponemos la tarea de exponer cómo el comunismo chino tuvo que adaptarse a su realidad, abandonar los preceptos rusos y ser consciente de su nueva verdad en una sociedad totalmente distinta a la rusa. Resultado de estas políticas de reestructuración nacional y de reinterpretación del marxismo, surgirá el Gran Salto Adelante, que también será objeto de estudio aquí. T ambién se abordará el nuevo enfoque que el Partido hizo de la educación en esta etapa post-soviética y con los intelectuales supervivientes de años pasados. El último epígrafe será el marco donde situemos la producción escrita de las óperas revolucionarias en todo el entramado político del momento, la Revolución Cultural, acercándonos a cómo esta corriente de depuración dentro de la revolución misma marcó de forma imborrable a las generaciones futuras del país. La República Popular de China —nombre que aún hoy sigue ostentando— es conocida oficialmente como 中华⼈民 63 共和国 (Zhonghua Renmin Gongheguo), aunque en la realidad se sigue utilizando el nombre histórico de la misma 中 国 (Zhongguo), esto es, China. 61 BLOQUE I Este periodo de la historiografía china abarca desde la implantación de la República Popular de China hasta la actualidad (MacFarquhar et al ., 201 1: 1). T odas las políticas que los líderes comu- nistas llevaron a la práctica en la joven nación revolucionaria son las que en la actualidad dan sus frutos en un mundo globalizado de libre mercado en el que China lleva cada vez más una voz can- tante; ya en esos momentos Mao vaticinaría que “[…] para el año 2001, a comienzos del siglo XXI, China habrá experimentado cambios aún mayores. Será un poderoso país industrial socialista” (Mao, 2021: 197). Es difícil comprender cómo un país que optó en sus primeros años por la colecti- vización agraria y la confiscación y estabilización de la industria privada del país compita, apenas unas décadas después, por el dominio del comercio mundial con la Unión Europea o Estados Uni- dos. En los epígrafes siguientes se hará un recorrido, sobre todo, por los primeros años de mandato revolucionario intentando explicar el caldo del cultivo histórico, social y político en el que se gesta- ron las obras revolucionarias de mayor influencia propagandística. 3.1. La consolidación del poder comunista (1949-1957) T ras décadas de luchas y poderes fraccionados, por fin —tras la proclamación de la República Popular el 1 de octubre de 1949— China tiene un gobierno unido y un territorio que se guía bajo los mismos preceptos y gobernantes, todo encabezado y dirigido por Mao y su camarilla cercana. Des- de la proclamación, los preceptos soviéticos de corte leninista fueron los adoptados por el Partido Comunista Chino en sus políticas internas (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 9), lo que “provi- ded patterns of state or ganization, an urban-oriented developmental strategy , modern military tech- niques, and policies and methods in a wide variety of specialized areas” (T eiwes, en Roderick et Fairbank, 1987: 64). Para mediados de 1950 las reformas de la tierra iniciadas durante la ocupación japonesa se dieron por concluidas y se empezaron a dar los primeros pasos hacia la colectivización, aunque aún quedaban reductos de bandidos —antiguos soldados del Guomindang dispersados por todo el territorio— que ponían en peligro la estabilidad económica que el Partido buscaba. Con su rápida e inesperada victoria, los líderes comunistas pronto se dieron cuenta de que había que incre- mentar las filas del Partido con el fin de poder controlar toda la geografía del país, llegando a casi seis millones de afiliaciones a finales de 1950 ( Ídem , 1987: 72), muchas de las cuales ni siquiera poseían conocimientos básicos en marxismo. Mientras el Partido intentaba organizarse para atender a un país de tales dimensiones, durante los primeros años de la República, el control y la organiza- ción quedaron en manos de intelectuales y jóvenes entusiastas que no pertenecían al movimiento revolucionario (Mao, 2021: 316), pero que veían con buenos ojos las políticas iniciales propuestas desde Beijing. La meta principal era erradicar el desempleo y la inflación que se venían arrastrando desde años atrás por las políticas de los nacionalistas desde el inicio del enfrentamiento contra Ja- pón. Aunque en un primer estadio del gobierno revolucionario los militares organizaron la seguri- dad en las zonas remotas y rurales del país, el gobierno central tenía la intención de tan pronto como fuera posible pasarlas a manos civiles, tan temprano como la situación lo permitiese (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 29). La situación requería —con ayuda soviética— que las fuerzas naval y aérea fueran totalmente creadas casi desde cero y la profesionalización del ejército era ya un he- cho consumado. Durante los primeros meses de gobierno revolucionario, Mao comenzó a concen- trar todos los poderes ad nutum en Beijing, creando desde los orígenes un poder centralizado que otor gaba pocas libertades de movimiento a las diferentes regiones del país (Leiberthal, en MacFar- quhar et al ., 201 1: 141). A mitad de 1950, desde la capital, la nueva reforma agraria de confiscación y colectivización fue promulgada con efecto para todo el territorio, lo que dejaba el segundo paso listo para ser ejecutado: la industrialización del país, por lo que se llevó a cabo “in April 1951 the First National Control W ork Conference was held in Peking” (Schurmann, 1968: 319). Este periodo se caracterizó por la subida al poder rural de campesinos medios que hicieron de la humillación de 62 ENCUADRE HISTÓRICO los antiguos propietarios ricos de la tierra un modo de diversión muy popular en algunas zonas del país (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 59) y contra antiguos miembros del Guomindang (Ebrey , 1993: 956). Así, los beneficios de los campesinos bajos subieron considerablemente durante estos primeros años de programas revolucionarios y los medios vieron mejorada su calidad de vida al ac- ceder a puestos políticos; de los altos, algunos de ellos fueron asesinados públicamente. En estos entornos la propaganda comunista fue crucial para llegar a todas las capas rurales mostrando a los campesinos el programa del Partido Comunista. Mientras tanto el modus operandi en la ciudad fue la búsqueda incansable de elementos anti- rrevolucionarios que podían poner en peligro la victoria comunista ; destacaron, sobre todo, las 64 pur gas contra la burguesía urbana no afín al nuevo régimen y contra los intelectuales aún dudosos (T ang, 1993: 25). Se llevaron a cabo juicios sumarios en público en contra de algunos de estos disi - dentes que crearon un ambiente de desconfianza generalizado en todo el país; un sentimiento que no se perdería hasta la muerte de Mao y que muchos utilizarían para su propio ascenso personal . Se 65 calcula que durante estos primeros años de asentamiento del poder comunista, “on the order of se- veral hundred thousand” de personas cometieron suicido (T eiwes, en Roderick et Fairbank, 1987: 88) por miedo a ser apresados por las milicias urbanas (Ebrey , 1993: 956). En la actualidad, muchos estudiosos apuntan a que esta escalada de terror coincidió con la entrada en la Guerra de Corea de 1950 (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 37), pues los estadounidenses se encontraban cerca y 66 el círculo maoísta vio necesario un recrudecimiento de la vigilancia y el control internos. A pesar de que todos estos movimientos generaron una caída en picado de muchos sectores económicos en ciudades como Shanghai, T ianjin o Chongqing otorgaron al Partido un control ya indiscutible de todos los aspectos sociales de la realidad china. En esta extraña etapa de la historia del país asiático en la que se involucra de forma activa en la Guerra de Corea se basa la ópera Incursión sorpr esa a los tigr es blancos ( cf. Bloque II. Nota 128 ) en la que podemos ver a los héroes revolucionarios sal- vando al pueblo de las manos de otro nuevo ejército enemigo que viene a violar y robar (Chen, en Mair et al. , 2001: 874). La obra, que presenta una gran influencia musical de estilos coreanos, pre- senta a una joven local revolucionaria que ayuda a las tropas chinas a encontrar los puntos flacos del cuartel americano, provocando en última instancia la victoria del Ejército Popular de Liberación que cede su control a Corea del Norte, con lo que el poder revolucionario quedar restaurado. L a 三反五反 (san fan wu fan), o Campaña T res Anti y Campaña Cinco Anti, fueron movimientos revolucionarios de 64 limpieza antirrevolucionaria instigados por Mao al principio de la década de los 50. La primera se focalizó en la lucha contra la corrupción, o ( 反贪污 fan tanwu), los residuos, o ( 反浪费 fan langfei) y la burocracia, o ( 反官僚主义 fan guanliao zhuyi) y buscó la eliminación de viejos elementos del Guomindang y miembros del Partido Comunista dudo- sos en su lealtad. La segunda campaña fue orientada a focos capitalistas y bajo esa consigna de lucha decenas de miles de ciudadanos desaparecieron; se centró en la lucha contra el soborno, o ( 反⾏贿 fan xinghui), el robo de propiedad estatal, o ( 反盗骗国家财产 fan dao pian guojia caichan), la evasión de impuestos, o ( 反偷税漏税 fan toushui loushui), también luchó contra la falsificación en los contratos del gobierno, o ( 反偷⼯减料 fan tougongjianliao), y el robo de inteligencia económica estatal ( 反盗窃国家经济情报 fan dooqie guojia jingji qingbao) (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 428) T al fue el caso de ⾼岗 (Gao Gang) nacido en la provincia de Shaanxi en 1905, de familia humilde y de orígenes casi 65 analfabetos. Con la llegada de las purgas orquestadas desde Beijing por Mao, vio la oportunidad de aprovecharse de la situación en su propio beneficio y pasar por encima de importantes figuras como Zhou Enlai para acercarse al círculo más personal del Presidente. T ras ser descubierto por otros miembros del partido, fue forzado a quitarse la vida en 1954. La Guerra de Corea fue un conflicto militar ocurrido en la península del mismo nombre entre 1950 y 1953 que en 66 - frentó a las dos formas de ver el mundo imperantes tras la Segunda Guerra Mundial: el comunismo al norte —con el apoyo de la Unión Soviética y China— y el capitalismo al sur —con la ayuda de los Estados Unidos—. Fue uno de los episodios iniciales de la Guerra Fría y dejó tras de sí más de 3 millones de muertos. El 25 de junio de 1950, de forma unilateral, la zona norte decidió traspasar los límites del paralelo 38 y atacar el sur , por lo que la guerra fue incontrola- ble. En 1953 todo cedió tras un armisticio firmado por ambas partes, creando una zona desmilitarizada en torno a dicho paralelo entre los dos países (Gernet, 2005: 180). 63 BLOQUE I A mediados de 1953 la cúpula del Partido anunció su intención de comenzar una transición hacia el socialismo imitando a su hermano mayor , la Unión Soviética; lo que para muchos tomaría un tiempo total de 15 años según estimaciones hechas desde Beijing, ya que en esa época más del 75% de la industria pesada y el 40% de la industria ligera (T eiwes, en Roderick et Fairbank, 1987: 93) se encontraba ya en manos del Estado. La idea era sencilla, imitando el milagro estalinista eco- nómico, querían implantar una gran industria nacional y una producción agraria colectivizada, bases que darían sur gimiento a la gran y reformada economía china (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 384). Los intelectuales que habían sido formados años atrás en Moscú fueron reclutados de todos los rincones del país y llevados a Beijing para poner en funcionamiento el nuevo plan de desarrollo. Además, en septiembre de 1954 un nuevo proyecto de Constitución era aprobado (T eiwes, en 67 MacFarquhar et al ., 201 1: 50), puesto que las exigencias y el ordenamiento jurisdiccional de todo el país estaba cambiando y el país necesitaba acomodarse a la nueva realidad; sería la primera realidad jurídica que ampararía el nuevo Estado. T ambién se copió del modelo soviético la centralización total administrativa de la economía estatal en un modelo vertical or ganizado en base a poderes mi- nisteriales controlados por Comités del Partido. La policía también fue reorganizada a nivel estatal, pues aún quedaban restos de los poderes locales dispares de una a otra parte del país; se copiaron or ganización y jerarquía del modelo ruso, también en lo que a las Cortes y a los procuradores civiles se refería y se buscó la profesionalización de todos estos nuevos cuerpos del Estado (Schurmann, 1968: 33). En el mismo año citado en el párrafo anterior tuvo lugar uno de los hechos políticos más rele - vantes del Partido Comunista de China tras la instauración de la República Popular: el plan quin- quenal de 1953 (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 88). T res años después, a nivel agrario, 68 el plan había sido todo un logro que había comenzando a transformar la sociedad y las instituciones del país, otor gando a ojos del pueblo el tan ansiado beneplácito que el Partido necesitaba. Aún así, los ratios de mejora en la producción y desarrollo industrial no parecían despuntar y durante años China no vivió realmente una industrialización al modo soviético. Pero con todo, Mao no estaba satisfecho con la velocidad del desarrollo de las mejoras agrícolas, por lo que ordenó al Comité im- plementar un plan a lar go plazo de doce años para alcanzar una productividad sin parangón durante ese tiempo, con lo que pretendía obtener un 140% de incremento en la producción del grano (T ei- wes, en Roderick et Fairbank, 1987: 121), motivo por el cual pronunciaría aquellas famosas pala- bras: “more, faster , better , and more economical” (Ídem, 1987: 122). A finales de 1956, las líneas marxistas básicas del movimiento revolucionario chino en cuanto a producción, industria y or gani- zación estatal estaban trazadas (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 56). Conocidas como 中华⼈民共和国宪法 (Zhonghua Renmin Gongheguo Xianfa), las Constituciones de China que han 67 visto la luz tras el triunfo de la revolución han sido cuatro en total: la primera de 1954, la de 1975, la de 1978 y la que actualmente se encuentra en vigor de 1982. Aún así han sufrido diversas modificaciones y adaptaciones a tenor de los tiempos que han ido cambiando. En la actualidad está formada por 138 artículos divididos en cuatro capítulos: Princi- pios generales, Los derechos y deberes fundamentales de los ciudadanos, La estructura del estado y La bandera nacio- nal, el himno nacional, el emblema nacional y la capital. El texto coloca al Partido Comunista como único poder ejecu- tivo real en el país y supedita el ejército al pueblo, no al Estado. Uno de los derechos que la Constitución no ampara es el derecho a la huelga, pues esta no daña solo al Estado, sino también a los intereses de los propios obreros. Conocidos como 五年计划 (W unian Jihua), los planes quinquenales de corte soviético, fueron introducidos por vez 68 primera en 1953 en el país. La finalidad de estos planes —ahora llamadas directrices— es la de desarrollar puntos con- cretos de la economía del país durante el periódico explicitado. Desde su aparición ha habido un total de 13 planes y es la Asamblea Popular Nacional la encar gada de instaurarlos en la sociedad y ponerlos en funcionamiento durante los próximos cinco años. Los últimos planes han intentado equilibrar el desigual reparto de riqueza en el país fortaleciendo y aumentado la clase media y la protección del medio ambiente para que llegado el 2049 se puedan materializar los sueños y aspiraciones anheladas por los fundadores del país. Una de las medidas implementadas más fuertes en los úl- timos planes es el deseo del Partido que el mercado interno sea el pilar fundamental de la economía china, sin dejar por ello de lado una circulación dual. 64 ENCUADRE HISTÓRICO En septiembre de ese mismo año, se celebraría en Beijing el VIII Congreso del Partido que trataría como líneas maestras el cumplimiento de los objetivos esenciales de desarrollo económico del país y la ruptura abierta con la Unión Soviética (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 73), pues ya era evidente que las tensiones entre ambos gobiernos y la imposibilidad de aplicar las medidas rusas en territorio chino habían creado una brecha insalvable entre Moscú y Beijing. Fruto de este congreso también se intensifica la educación política de los oficiales obreros, se enfatizan los rasgos y títulos en los diferentes escalafones de mando y se naturalizan las relaciones entre oficiales y tra- bajadores (Schurmann, 1968: 8). A estas alturas de la historiografía revolucionaria china, el Partido cuenta con casi 1 1 millones de miembros que están ya presentes en todos los aspectos de la vida, sociales, económicos y políticos (Schurmann, 1968: 128). El Congreso también reforzó la autoridad del Comité Central y del Politburó (Schurmann, 1968: 140) —lo que vino a fortalecer la burocracia del país de la que tanto habían repudiado durante la lucha revolucionaria en tiempos imperiales y del Guomindang— y nombró secretario general a Deng Xiaoping (MacFarquhar et Schoenhals, 69 2009: 535). 3.1.1. El Movimiento de las Cien Flor es y el Movimiento Antider echista El Movimiento de las Cien Flores hace referencia a un momento de la historia del país, 70 cuando Mao llamó a los intelectuales y estudiantes a participar en un debate de índole político-eco- nómica para conocer la opinión pública y valerse de ella en el ejercicio de su gobierno en los años venideros (Ebrey , 1993: 956). El resultado de la consulta no fue muy satisfactorio para el Presiden- te, lo que acarrearía graves consecuencias para el pueblo. Una parte del Partido estaba cansada de que desde Beijing se alentara una y otra vez la idea de seguir modelos soviéticos en lugar de comenzar a implementar medidas de raigambre nacional; de otra parte, muchos miembros estaban empezando a poner en cuestión la burocratización del go- bierno. Algunos sectores de la población mostraron su rechazo al creciente sectarismo que estaba sufriendo el país al colocar en una posición privilegiada a las personas pertenecientes al Partido, mientras que los demás ciudadanos parecían quedar relegados de facto a un segundo plano en la po- lítica y la sociedad del momento. T odo este movimiento de participación ciudadana se dio entre los años 1956 y 1957, al mismo tiempo que en Polonia y Hungría se producían serias revueltas, por lo que Mao y el Politburó comenzaron a ver con ojos temerarios su experimento democrático (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 79). Lo que debía ser una consulta en la que los logros comunistas se- rían realzados, fue tomado por la intelligentsia china como un verdadero encuentro donde debatir el futuro y el devenir de la nación. Aún hoy muchos estudiosos no se ponen de acuerdo a la hora de legitimar todas estas opciones, pues muchos piensan que parte del aparato propagandístico del pro- pio Partido manipuló a ciertos sectores intelectuales para mostrar su rechazo a las medidas maoís- tas, pues ellos mismos no se atrevían a hacerlo directamente. A principios del verano de 1957, millones de cartas provenientes de todos los rincones del país llegaban a Beijing con propuestas de gobierno, críticas a las medidas hasta ahora tomadas, 邓⼩平 (Deng Xiaoping) nació en Sichuan en 1904 y moriría en la capital china en 1997. T ras la muerte de Mao Ze 69 - dong fue el encargado de dirigir al país hacia la apertura económica que lo situaría en la vanguardia de la economía mundial de la que hoy todos somos conocedores. Cursó estudios en la Unión Soviética y en Francia y por sus ideas aperturistas fue tachado de derechista durante la Revolución Cultural. Su ideología política del socialismo con caracte- rísticas chinas quedaría plasmada en la actual Constitución del país (Gernet, 2005: 591 et 594). El movimiento es conocido en chino como 百花运动 (Baihua yundong) y toma su nombre de la famosa frase pro 70 - nunciada por Mao: “ permitir que cien flor es flor ezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de pr omover el pr ogr eso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista flor eciente en nuestra tierra ”. Esta frase que a primera vista puede parecer de una implicación democrática profunda, conllevó una total decepción para el presi- dente, que sólo recibió críticas a casi la totalidad de sus políticas. Mao quedó tan defraudado con este pequeño experi- mento democrático que jamás en toda su vida volvería a hacer ninguna consulta popular , para no tener que enfrentarse a tan grande escarnio público. 65 BLOQUE I nuevas consigas políticas o llamadas de atención por desviaciones ideológicas de las líneas marxis- tas. Muchos de los dirigentes comunistas —incluidos el propio Mao— fueron duramente criticados, llegándose incluso a pintar murales por todo Beijing con las críticas y repulsas. A finales de julio de ese mismo año, Mao se dirigió al Politburó y anunció que el contenido de las cartas rozaba ya en muchos casos la liberalidad y la búsqueda dañina de minar la autoridad del gobierno, por lo que la situación debía ser controlada de inmediato (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 84-85). El error básico del mandatario radicó en su firme creencia en que la mayoría de los intelectuales del país apoyaba su movimiento de lucha de clases y que las críticas que recibirían cumplirían con su propó- sito, id est , ayudar al gobierno a encauzarse en los años venideros: sería la última vez que el líder chino pecaría de ingenuo ante las masas y los intelectuales. En respuesta a estos conatos de disturbios de las clases cultas, el Partido empezó a llevar a cabo una serie de campañas políticas con el fin último de perseguir a los intelectuales que podían haber incurrido en ideologías de derechas, fue el llamado Movimiento Antiderechista (T eiwes, en 71 MacFarquhar et al ., 201 1: 82). Durante los años siguientes periódicos, grupos sindicales, personali- dades de renombre, intelectuales y estudiantes fueron examinados con lupa para ver si en sus accio- nes, escritos o estilos de vida podían atisbarse elementos derechistas o capitalistas. La campaña lle- vada a cabo por el gobierno tuvo un claro carácter defensivo y buscó, desde su instauración, restau- rar el dominio del Partido sobre todos los aspectos de la vida del país (Schurmann, 1968: 91). Los grupos que más sufrieron estos ataques fueron los partidos minoritarios que aún existían en el país y que casi en su totalidad fueron acusados de tendencias derechistas. El impacto que estas políticas supusieron en el país fue devastador y se calcula que altogether some 550,000 wer e labeled ‘rightist,’ the psychological pr essur es of struggle sessions r e- sulted in a significant number of suicides, and r eform thr ough labor was appar ently meted out on a lar ge scale. In the post-Mao period the severity of the campaign has been r egar ded as a major mis- take of ‘enlar ging the scope of class struggle’ with per haps 98 per cent of all ‘rightists’ labels wr on- gly applied (Liao Kai-lung, 1981 como se citó en T eiwes, en Roderick et Fairbank, 1987: 139). Aun con todo, Mao se cuidó mucho de no atentar contra los intereses de los intelectuales más preeminentes del país que necesitaba para llevar a cabo la implantación de sus medidas; solo utilizó este movimiento para limpiar de disidentes el espectro intelectual del país. Por su parte, Mao al final de todo vio el proceso como un evento positivo, puesto que gracias a él tuvo la excusa perfecta para quitarse de en medio a la disidencia que no apoyaba sus políticas; muchos estudiosos ven aquí el pretexto real de convocar el Movimiento de las Cien Flores con el fin de encontrar , etiquetar y erra- dicar a los disidentes (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 83); aunque no es un un hecho contras- tado y el tema no es muy estudiado aún dentro del país. 3.1.2. La educación en los albor es de la República Popular La abolición en 1905 del tradicional sistema confuciano de exámenes rompió el statu quo que durante generaciones había equilibrado el acceso a poderes administrativos imperiales (Mair , en Mair et al. , 2001: 1). T ras ello se intentó establecer un nuevo sistema escolar basado en currículos occidentales, tarea que llevó décadas de implantación con asignaturas como ciencias, matemáticas, historia o geografía (Schurmann, 1968: 52). Así, una parte de la educación fue heredada de las for- mas propias republicanas bajo la administración nacionalista anterior a la victoria comunista, que El Movimiento Antiderechista o 反右派运动 (Fan Y oupai Y undong) tuvo lugar en 1957 y duró durante los siguientes 71 dos o tres años; su finalidad era la de encontrar , etiquetar y erradicar del espectro cultural del país a los posibles disiden- tes intelectuales que no fueran afines totales a las políticas estatales. La limpieza tuvo lugar dentro y fuera del Partido Comunista, siendo difícil estipular dónde se manifestó de forma más virulenta, pues no respetó ni siquiera a los miem- bros comunistas. Las penas iban desde el leve desviacionismo con pequeñas estancias en la cárcel, hasta la necesidad de reeducación o, incluso, la muerte en los casos más incorregibles. En 1976 Deng Xiaoping revocó muchas de esas penas y hoy este sigue siendo un tema tabú dentro del país. 66 ENCUADRE HISTÓRICO aun habiendo conseguido altos ratios de alfabetización estaban muy lejos de que incluso la mitad del país fuera capaz de leer y escribir en su lengua materna. Además, algunos profesores ancianos en zonas rurales siguieron utilizando textos confucianos al dictar sus lecciones pues era el sistema al que estaban acostumbrados y , ni siquiera la República, fue capaz de eliminar esta práctica. De esta manera, la élite urbana recibía una educación occidentalizada y moderna en detrimento de la pobla- ción empobrecida rural. Con todo, se estipula que en la década de los 20 apenas el 21% de los niños en edad escolar fueron a la escuela (Pepper , en Roderick et Fairbank, 1987: 192) y el porcentaje va disminuyendo cuanto más altos son los cursos referidos, siendo casi inexistente en la universidad. Los grupos académicos maoístas reunidos en Y an’an pronto se dan cuenta de que las masas prefieren los antiguos sistemas de enseñanza, huyendo de los nuevos métodos occidentales de clases y currículos; esto llevó a los intelectuales comunistas del momento a una profunda reflexión sobre la elección del sistema de enseñanza entre los suyos. Con la experiencia ganada durante la ocupa- ción japonesa, el sistema fue conformándose con ciertos rasgos de inspiración occidental y funda- mentándose sobre pilares rurales, sobre todo, en lo que se refería a la educación primaria. Como resultado de estas políticas de mixtura sur girían las minbangongzhu que eran una suerte de escue 72 - las organizadas por el pueblo con parte de subvención de la administración, en este caso de los co- munistas. Se vio que algunos de los libros confucianos usados estaban totalmente desfasados, por lo que se respetaron a nivel literario o histórico, pero se descartaron a la hora de enseñar nuevas asig- naturas encaminadas al desarrollo del país y del ciudadano a lar go plazo (MacFarquhar et Schoen- hals, 2009: 24). Una tercera vía fue la marcada por la influencia de la Unión Soviética sobre modelos educati- vos chinos y muy basada además en resultados productivos ligados a la industria y a la agricultura —camino marcado por el propio Stalin—. Este modelo iba más orientado a niveles superiores uni- versitarios de educación y , durante algún tiempo, estuvo vigente en la zona comunista, aunque con el tiempo —y la victoria en 1949— modelos británicos o estadounidenses tendieron a imponerse sobre los rusos, menos orientados a los trabajos técnicos que tanto necesitaba China para su cons- trucción económica (Fei, 2002: 1 18). Es de obligada mención que casi la totalidad de la intelectua- lidad comunista se formó en modelos rusos, o bien en el propio Moscú, o bien a través de progra- mas llegados de la Unión Soviética durante la ocupación japonesa; se estima que en torno a 38.000 estudiantes chinos realizaron algún tipo de curso o estudio en Moscú durante este periodo (Pepper , en Roderick et Fairbank, 1987: 201) y más de 1.500 libros fueron traducidos al chino desde la len- gua rusa, sobre todo, en los campos de la química, la física y las matemáticas. T ras la victoria de las tropas comunistas, el Politburó decide que el mejor sistema que puede guiar a China a nivel educativo es su propia experiencia durante la guerra, sin olvidar la influencia y experiencia soviéticas en todas las ramas (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 101). En torno a 1950 comienza la reor ganización educativa nacional, llevando un esfuerzo doble en las ciudades costeras, que tendían por naturaleza a un liberalismo democrático lejano de los postulados esencia- les de Marx, Engels, Lenin, Stalin o Mao. En las zonas rurales, en cambio, fue un proceso que se asimiló con relativa facilidad y rapidez y que pronto comenzó a dar sus frutos entre los jóvenes — ahora también de sexo femenino (Chen, en Mair et al. , 2001: 865)—, pues de las zonas rurales sa- lían hijos de campesinos instruidos que se dirigían a las ciudades para cursar estudios de secundaria. Con la llegada del Primer plan quinquenal y su búsqueda de la estandarización y normalización en todas las ramas, la educación en el país vivió unos años de crecimiento y consolidación sin prece- dentes en toda su historiografía (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 88), que junto con el sur - gimiento de las granjas cooperativas agrícolas estaban empezando a dar un fuerte empaque al siste- Las escuelas 民办公助 ( min ban gong zhu ) fueron un intento bastante exitoso por parte de los intelectuales comunis 72 - tas de mezclar un sistema popular dirigido por y para los campesinos y , al mismo tiempo, con ciertas subvenciones esta- tales que hacían posible su sostenimiento económico. 67 BLOQUE I ma ideado por el nuevo gobierno de Beijing. La meta final de que toda la población fuera alfabeti- zada estaba aun lejos, pero se estaban dando los primeros pasos en la buena dirección para que ello ocurriera y se estaba basando todo en principios de experiencia propia china (García-Noblejas et al . 2021: 31). Al igual que en todos los campos de la vida en el país, el Partido Comunista había logra- do imponer un sistema en el que a largo plazo él sería el único gerente de la educación, la ciencia y la administración en el país. 3.1.3. La intelectualidad en la primera época comunista A lo lar go de la época imperial, y de igual manera durante la República, los intelectuales chi- nos se veían a sí mismos como el ór gano encar gado de juzgar moralmente las acciones llevadas a cabo por el gobierno (Creel, 1976: 282), utilizando sus escritos para poner sobre la mesa los pro- blemas que acarreaban las decisiones desde las instituciones. En algunos períodos existía más liber- tad y , en otros en cambio, los intelectuales tenían que hacer uso de su ingenio para llevar a cabo sus críticas. Durante la primera mitad del siglo XX el género más usado para llevar a cabo estas críticas fue el zawen , es decir , el ensayo, donde los autores disertaban sobre historia, literatura, filosofía, 73 arte y , sobre todo, teatro. A modo de nuestros cafés literarios, surge en China en la época final de los Ming el denominado qingyi que es una suerte de discusión oral que suele tratar temas de índole 74 política, económica o literaria y cuya finalidad es dar solución intelectual a los mismos. Fueron muy importante durante los primeros años comunistas en el país este tipo de discusiones públicas, aun- que en la actualidad —y sobre todo tras la Revolución Cultural— este género casi ha desaparecido. Las primeras movilizaciones intelectuales que el Partido realiza entre los escritores chinos se corresponden ( cf. Bloque II. 1.6.1. ) con los intentos comunistas de monopolizar el teatro y la ópera en beneficio propio para la conversión general de las masas a la causa revolucionaria (Chen, en Mair et al. , 2001: 846). Aquí la meta a conseguir era superar al Guomindang en medios propagan- dísticos que supieran llegar a un público analfabeto, pero ávido de consumir representaciones teatra- les. T ras esta etapa, en el foro de Y an’an ( cf. Bloque II. 1.6.3. ) muchos de los intelectuales y pensa- dores se adhieren a la causa revolucionaria con la idea de sacar al país de esa situación caótica en la que la guerra lo había sumido (Anderson, 1990: 72), aunque el espíritu confuciano aún está muy presente en el sueño de futuro de estos escritores. T odos asumen que para conseguir avanzar es ne- cesario cambiar ciertos ideales del pasado y , tomando las propias palabras de Mao, surge un movi- miento de corrección denominado zhengfeng (Levi, 2005: 13), fruto de las conversaciones en Y a 75 - n’an. A la larga este espíritu reformador incurrió en la manipulación sistemática de ciertos eventos históricos, políticos o literarios que nunca tuvieron lugar de la manera y forma en que eran contados por los intelectuales cercanos al círculo maoísta. T ras esta reunión en la provincia de Shaanxi, los intelectuales comienzan a car gar sus zawen contra los altos car gos del Guomindang, sus políticas y corruptelas. Aunque estos textos tienen una gran relevancia histórica, la realidad es que fueron leí- dos por una gran minoría de coetáneos, ya que casi la totalidad del país era analfabeta y , además, eran textos de un lenguaje abigarrado y , en algunos casos, de terminología neoconfuciana que hacía muy difícil su comprensión. Por este motivo, Mao nunca gustó de estos escritores y desde el cierre del Foro la persecución de escritores de zawen opuestos al movimiento fue sistemática. T al fue el El género chino 杂⽂ ( zawen ) aún hoy se sigue usando al modo occidental, comparable a nuestro ensayo. 73 E l 请议 ( qingyi ), que bien podría ser parangonable a nuestras tertulias del XIX y principios del XX, puede traducirse 74 como ‘discusión pura’ donde los intelectuales expresan de forma abierta sus puntos de vista, reflexiones y posibles so- luciones a problemas apremiantes en ese momento en el país. 整风运动 (Zhengfeng yundong) hace alusión al movimiento iniciado en el foro de Y an’an, orquestado por el propio 75 Mao y ratificado por todos los presentes de corregir la estilística y formas tradicionales chinas en pos de alcanzar el modelo marxista que tanto anhelaba el Partido (Anderson, 1990: 72). 68 ENCUADRE HISTÓRICO caso del escritor Xiao Jun que durante años publicó artículos y ensayos procomunistas de alabanza 76 hacia el movimiento y hacia el propio Mao, incluso llegó a intervenir en su favor en el Foro. Fue un conocido escritor antijaponés que siempre buscó el equilibrio entre unos valores tradicionales y la irrupción de la Nueva Literatura revolucionaria (T ang, 1993: 19), pero en 1957 fue acusado de de- rechista y enviado a una mina de carbón a trabajar , cerrando así su etapa como escritor . Un caso si- milar ocurrió con Hu Feng que por sus contrariedades de opinión a las acciones llevadas a cabo 77 por el séquito maoísta en Y an’an estuvo detenido durante veinticuatro años hasta su liberación en 1979 por Deng Xiaoping. Con la llegada del Primer plan quinquenal los intelectuales vieron cómo el comunismo había venido para quedarse y no parecía ser algo transitorio y el mandato maoísta de reescribir obras clá- sicas chinas reinterpretándolas en base a una lucha sucinta de clases en las que el poder feudal oprimía desde siempre a las clases obrera y campesina fue desobedecido por algunos escritores que no vieron el término de su carrera intelectual en buen puerto. Aunque se intentó hacer una consulta a todo el país —especialmente a los intelectuales ( cf. Bloque I. 3.1.1. )—, muchos ven en estos mo- vimientos del gobierno actos concretos para localizar y etiquetar a disidentes políticos, más que una búsqueda real y sincera de opinión entre los pensadores contemporáneos a Mao (T eiwes, en Mac- Farquhar et al ., 201 1: 84-85). Y a los soviéticos habían aprendido lo improductivo que era para sus planes la consulta a los intelectuales y los chinos, ahora también curados de este trance, sabían que la clase de pensadores del país —que el Partido calculaba en unos 3.840.000 intelectuales (Schur- mann, 1968: 93)— no podía ser utilizada para sus planes a lar go plazo de socializar el país. T odas las políticas de aparente libertad de opinión y crítica se vieron truncadas desde 1957, cuando Mao endureció su discurso contra cualquier pensador —interno a su Partido o externo— que no comul- gara con las líneas generales de pensamiento del movimiento tanto en lo tocante a creación literaria como a pensamiento crítico y reflexivo del mismo. Mao se convenció de que durante décadas de exposición al pensamiento liberal occidental las élites intelectuales habían sido infectadas con el mal derechista, algo que se decidió a erradicar por completo en los años siguientes. 3.2. El socialismo con características chinas (1958-1965) El año de 1958 constituye uno de los hitos en el programa comunista en China, pues los pri- meros resultados económicos han visto sus frutos, la industria —aunque a pasos lentos— parece que va empezando a despegar y los intelectuales contrarios al movimiento han sido silenciados (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 95); este año marca así el comienzo de un cambio de rumbo en las políticas y decisiones del gobierno, que ya no necesita mirar a los soviéticos y se ve con capacidad suficiente para volar en solitario. El Politburó, con Mao a la cabeza, verá en los pró- ximos ocho años la culminación de todas sus teorías revolucionarias llevadas a la práctica y la con- firmación de su poder en todos los aspectos y dimensiones posibles del país. Sin rechazo intelectual al que enfrentarse, es este el momento en el que todas las óperas revolucionarias serán escritas, re- presentadas en los escenarios y , en algunos casos, llevadas a la gran pantalla. Sin duda el ambiente que se respira en las altas esferas en Beijing es de gozo y satisfacción totales, motivo por el cual El intelectual 萧 军 (Xiao Jun), de etnia manchú, nació en Liaoning en 1907 y dedicó casi la totalidad de su vida inte 76 - lectual al desarrollo de las ideas revolucionarias en el país. Perteneció a la Liga de escritores de izquierdas y colaboró como ponente inaugural en el Foro de Y an’an, defendiendo la simplificación del chino y el establecimiento de una Nue- va Literatura. Durante el Movimiento Antiderechista fue acusado falsamente y enviado a una mina a trabajar . A su vuel- ta intentó no relacionarse jamás con movimientos intelectuales, muriendo en Beijing en 1988. El escritor 胡风 (Hu Feng), nacido en Hubei en 1902, dedicó la mayor parte de sus inicios como intelectual a la teoría 77 de la literatura y del arte; perteneció a la Liga de escritores de izquierdas y se mostró muy crítico con el intento de con- trol de las artes que se extrajo como conclusión del Foro de Y an’an, llegando a escribir varios zawen contrarios al mis- mo en los que criticaba abiertamente a Mao y a su desconocimiento real de las artes. Fue detenido por derechista y cumplió condena hasta 1979, cuando fue liberado. Nunca se recuperó de aquello y se suicidó en 1985. 69 BLOQUE I Mao y sus correligionarios empiezan a urdir un plan de dimensiones casi faraónicas que marcará, como nunca antes había ocurrido, al país. Durante este oscuro pasaje de la historiografía china, el país, sumido en hambrunas y calami- dades en todos sus rincones, fleta barcos provistos de mercancías para subvencionar la revolución en el continente africano, intentando demostrar al mundo que están listos para empezar a exportar extramuros la idea revolucionaria. El puerto de Shanghai será uno de los núcleos de salida de mate- riales de guerra y de alimentación, hecho que será la base argumental de El puerto ( cf. Bloque II. Nota 127 ), ópera revolucionaria basada en un car gamento con dirección al continente negro que casi ve fracasada su partida por la acción de varios antirrevolucionarios, aunque al final todo es conseguido por la masa de car gadores y el barco puedo partir (Chen, en Mair et al. , 2001: 871). Un grupo de antirrevolucionarios, engañando con el parte metereológico y escondiendo la llegada de un tifón que pondrá en peligro la supervivencia del grano, intenta llenar el barco de trigo sintético para desprestigiar al país en los círculos internacionales. Finalmente, agentes leales al gobierno revolu- cionario de Beijing consiguen desenmascarar a estos bandidos, solucionar el problema del grano, y el barco puede partir a la hora prevista con el cargamento correcto. Es el intento de un gobierno de legitimar su poder frente a un público que demanda aceptación internacional, a la vez que la cone- xión con ese mundo exterior empieza a desaparecer . 3.2.1. El Gran Salto Adelante de 1958 En el verano de 1958, tomando como base los logros alcanzados gracias al Primer plan quin- quenal, el Politburó comienza a tomar las primeras medidas para desarrollar una estrategia política, social y económica que pasó a la historia con el nombre de Gran Salto Adelante (Huang, 2014: 78 17), tan desconocido en la cultura occidental y de un impacto tan capital en la sociedad china. Mu- chos estudios opinan que, una vez iniciado, fue imposible de parar pues la distribución del Partido desde el Politburó a los comités de las pequeñas aldeas hizo de su propagación una mecha imbatible (Schurmann, 1968: 101), pero para entender en profundidad esta época es necesario prestar atención a diferentes aspectos que fueron clave en el desarrollo, aplicación y resultados del Salto. La idea última era clara, China debía situarse a la cabeza de los países industrializados, espe- cíficamente en cuanto a la industria pesada se refería, por lo cual el país entero (King et al. , 2010: 5) —entre ellos la producción agrícola— debían servir a tal fin, tomando como modelo programas de corte estalinista. El primer problema con el que no parece que contó el Politburó a ese respecto fue que la elaboración de productos básicos en las zonas rurales chinas en 1957 no era ni la mitad que en la Unión Soviética en 1927 (Leiberthal, en Roderick et Fairbank, 1987: 299), que en algunos ca- sos no llegaba ni para cubrir necesidades alimenticias, cuanto ni más para invertir el sobrante en el desarrollo de la industrialización. Lo más curioso es que —en contraposición con lo que ocurría en Moscú— el Politburó chino estaba compuesto por más del 70% de miembros de procedencia rural y no urbana como en el caso soviético (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 1 17). Muchos estu- diosos ven en esta premisa una razón más para el atrevimiento del gobierno, pues sobreestimaron el poder de aguante y supervivencia de sus campesinos (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 66). Desde Beijing se instó a los agricultores y campesinos a incrementar la producción agrícola bajo lemas y consignas del movimiento por el desarrollo del país, sin incentivos económicos ni remanen- te de grano para mercadear con él; el fracaso fue manifiesto y su ideólogo más acérrimo — Chen En chino es conocida como ⼤ 跃 进 (Da yue jin) que colectivizó de forma total y absoluta el país y su mano de obra y 78 prohibió sin cortapisas el cultivo privado de la tierra. No hay datos fiables del gobierno chino al respecto —y otras fuen- tes no tienen acceso total a las cifras—, pero se estima que supuso la muerte de unos 40 millones de personas por inani- ción en todo el país. Años después, el propio Partido Comunista reconoció públicamente que las políticas llevadas a cabo durante esos años por Mao Zedong no constituían la correcta ideología del movimiento y que habían sido plantea - das en clave errónea. 70 ENCUADRE HISTÓRICO Y un — fue expulsado del consejo que Mao tenía conformado para los asuntos económicos del Sal 79 - to (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 94). Durante meses siguió asegurando que se produci- ría un equilibrio natural entre los diferentes sectores, regulándose unos para compensar otros, evi- tando así el colapso económico y pudiendo alimentar a toda la población y , a la vez, desarrollando la industria pesada, sin mayores padecimientos para el pueblo. Obviamente, en el momento no hubo oposición de ninguna clase por parte de los contrarios a estas medidas, simplemente porque no ha- bía opositores en las calles. En los inicios del Salto las or ganizaciones colectivistas agrarias eran inmensas y se intentó amalgamar en ella a cientos o miles de campesinos, pero con el paso de los meses se vio como una imposibilidad administrativa lo que acarreó su ulterior subdivisión. Ligado a este proceso de frag- mentación agraria surgió a nivel social una estratificación que afectó a la totalidad de los aspectos de la vida civil del país. T odo combinado resultó el mejor caldo de cultivo para implementar las medidas básicas del Gran Salto Adelante que se fundamentó en torno a cuatro ejes principales de actuación (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 36); en primer lugar , la movilización de la pobla- ción en paro hacia las zonas rurales con el fin de conseguir máximos históricos en la producción de grano que pudieran alimentar al país y vender el sobrante para subvencionar la industria; en segun- do lugar , desarrollar los demás sectores productivos del país con el fin de conseguir las ansiadas metas industriales; en tercer lugar , creación de nuevos sectores productivos industriales sin olvidar los antiguos, es decir , invertir lo suficiente en las instalaciones existentes para estar a la altura de las expectativas; y por último, implementar las medidas necesarias en todos los campos para que todo el proceso anterior resultara lo más rápido y barato posible (King et al. , 2010: 4). A finales de 1958 los datos que Beijing recibía de cada rincón del país eran inmejorables, pronto ellos mismos se die- ron cuenta de que las cifras no eran reales, puesto que los propios líderes locales maquillaban los números para sorprender al gobierno central (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 134). Líderes comunistas como Liu Shaoqi pronto vieron que las políticas llevadas a cabo por 80 Mao durante estos últimos años de esfuerzo revolucionario llevarían a un cambio de dirección en el gobierno del país, por lo que supo mantenerse en una privilegiada segunda línea. Muchos son los que aseguran que durante estos meses, Liu Shaoqi vería la presidencia del país como una opción muy factible tras la baja popularidad de las medidas llevadas a cabo por Mao y sus más acérrimos seguidores. Además, no se mostró muy convencido con el plan paralelo al Salto de desarrollar ar- mamento nuclear propio, puesto que la situación de hambrunas generalizadas en todo el país era ya un hecho consumado innegable (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 1 10), lo que se materiali- zó con revueltas en la primavera de 1959 en la zona tibetana y la huida del Dalai Lama hacia India —hecho que aún no se ha resuelto— ( cf. Addenda I ). Para mediados de julio de ese mismo año todo conato de rebelión había sido aplastado manu militari por el Ejército de Liberación Popular (Lei- berthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 89). Con la creciente ola de descontento entre las propias filas comunistas se celebró, durante el verano de 1959, una conferencia que tuvo lugar en la ciudad de 陈 云 (Chen Y un), nacido en Shanghai en 1905 y muerto en Beijing en 1995, fue uno de los ideólogos más destacados 79 de las lecturas tan positivas que se hicieron de las cifras del Primer plan quinquenal, alentando al propio Mao a lanzarse a la aventura de la colectivización total. Lo más curioso de todo es que no tenía formación universitaria de ningún tipo —a excepción de sus estudios autodidactas de marxismo— para afirmar tales postulados económicos. 刘少奇 (Liu Shaoqi), nacido en Hunan en 1898, fue uno de los políticos chinos más inteligentes y astutos de todo el 80 siglo XX, que supo estar en prácticamente la totalidad de los gobiernos revolucionarios iniciales, aunque su popularidad decayó durante la Revolución Cultural donde fue acusado de capitalista y traición a la patria. T ras la primera presiden- cia de Mao, Shaoqi presidió el Politburó desde 1959 hasta 1968. Murió en Henan en 1969 y muchos aseguran que por culpa de los malos tratos sufridos en prisión. T ras la llegada al poder de Deng Xiaoping su figura fue recuperada de los anales olvidados y restaurada como una preeminencia del comunismo chino (Gernet, 2005: 591). 71 BLOQUE I Lushan (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 104), en la provincia de Jiangxi. Muchos de los 81 líderes históricos del ejército hablaron en la Conferencia y pidieron a Mao que no se maquillasen las cifras reales de lo que estaba suponiendo a todos los niveles la implantación del Gran Salto Adelan- te, pero no recibieron una buena acogida y casi todos fueron tachados de derechistas o capitalistas —y en algunos casos de extremistas de izquierdas—, entre los que destacó Peng Dehui (Leibert 82 - hal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 101). Casi la totalidad de los que osaron oponerse a las medidas del Salto desaparecieron en los meses siguientes del espectro político de Beijing; una vez más, Mao salió fortalecido de este encuentro y sus políticas fueron plasmadas casi al detalle por todos sus se- guidores, temerosos ahora de ser pur gados por expresar abiertamente su verdadera opinión (Schur- mann, 1968: 108). T oda esta acumulación de poder en una sola persona llevaría al país a otro de sus grandes dramas, que se produciría como una segunda revolución en un país en el que la revolución ya estaba en el poder (Leiberthal, en Roderick et Fairbank, 1987: 320). En enero de 1962 se celebró en Beijing la Conferencia de los 7000 cuadros (Leiberthal, en 83 MacFarquhar et al ., 201 1: 1 19), llamada así por el número de funcionarios del Partido que asistieron al encuentro para analizar los pormenores del fracaso del Gran Salto Adelante. Durante la misma, una de las decisiones más importantes tomadas fue la de reunir en el eje central del poder a Liu Shaoqi, a Deng Xiaoping y a Lin Biao y desplazar —al menos virtualmente— la figura de Mao, 84 colocándolo en un segundo plano de la política doméstica y situando a aquel primero como presi- dente del país. Durante el encuentro se puso de manifiesto que la mayoría de esos 7000 cuadros —o líderes regionales, entendidos como “the ‘modal personality’ in Communist China […], the revolu- tionary leader in or ganisation. He is young, not old; he is a leader , not a conciliator; he operates in the public realm, not in the private” (Schurmann, 1968: 8)— habían desoído sistemáticamente las cifras reales de producción de grano y acero durante los años más duros del Salto ignorando un po- sible desastre ulterior , como después ocurriría. Sin embar go, la conclusión final recayó en la bizarra idea de que todo había sido por seguir los preceptos marxistas demasiado al pie de la letra, acercán- La Conferencia de Lushan, o 庐 ⼭会议 (Lushan huiyi) bajo su nomenclatura en chino, fue una reunión de urgencia 81 convocada por Mao Zedong que reunió en la provincia de Jiangxi a todos los líderes del Partido Comunista Chino y cuyo principal punto del día fue el debate del Gran Salto Adelante. T uvo lugar durante los meses de julio y agosto del año 1959 y en ella se hostigó una creciente reticencia interna contra algunos miembros del Partido que fueron cayendo en desgracia por oponerse abiertamente a los planes de Mao. En ella Mao aseveró que, al igual otros líderes comunistas anteriores a él, podía tener errores en la aplicación de las teorías marxistas en el programa chino (Gernet, 2005: 632). 彭德怀 (Peng Dehuai), nacido en Hunan en 1898, fue uno de los miembros históricos del Ejército de Liberación Po 82 - pular y ministro de Defensa hasta 1959, año en que se celebró la Conferencia de Lushan. Destacó en sus combates de liberación contra la ocupación japonesa y en sus tácticas de guerrilla aplicadas a la lucha contra el Guomindang y la recuperación de los territorios perdidos por Corea del Norte durante la Guerra de Corea. Antes de pertenecer a la rama militar del Partido, realizó trabajos como minero y obrero en varias partes del país hasta llegar a ocupar uno de los car - gos más altos dentro del aparato del ejército. En 1966, en el inicio de la Revolución Cultural, fue apresado por los Guardias Rojos y golpeado hasta producirle graves daños físicos de los que nunca se repondría. T ras esto fue puesto bajo arresto domiciliario en Chengdu donde moriría en 1974. Con la llegada al poder de Deng Xiaoping su figura fue restaurada como uno de los pilares básicos en la conquista del poder revolucionario en China (T eiwes, en MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 67). En chino es conocida como 七 千 ⼈⼤会 (Qiqian ren dahui) y es célebre así en español probablemente por su traduc 83 - ción directa del inglés cadr es , término que hace alusión a un efectivo del ejército. Durante su celebración se culpó a los radicales de izquierdas del fracaso del Gran Salto Adelante. En la conferencia se volvió a recordar a sus asistentes que el Partido Comunista Chino debía tender al centralismo democrático que siempre había inspirado sus acciones. La Confe- rencia supuso la retirada temporal de Mao de las primeras filas del gobierno (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 1 19). 林彪 (Lin Biao), nacido en Hubei en 1907, fue miembro del Ejército Popular de Liberación y , a diferencia de otros 84 miembros del Politburó, sí había cursado estudios antes de su adhesión al Partido Comunista. T ras la caída en desgracia de Peng Dehuai ( cf. Bloque I. Nota 82 ), Lin Biao ocupó sus cargos al frente del Ministerio de Defensa y del Ejército. Fue una figura muy ligada al maoísmo hasta su caída en desgracia también en 1970; un año después murió misteriosa- mente mientras sobrevolaba la provincia de Mongolia con dirección a la Unión Soviética donde pensaba exiliarse junto con su familia (Gernet, 2005: 589-590). 72 ENCUADRE HISTÓRICO dose peligrosamente al radicalismo izquierdista y abandonando los preceptos de centrismo demo- crático que debían caracterizar al Partido. La realidad actual es que casi la totalidad de los docu- mentos utilizados durante la Conferencia siguen siendo material clasificado por el Gobierno de Bei- jing (Leiberthal, en Roderick et Fairbank, 1987: 328) por lo que resulta una tarea imposible acercar- se al estudio de los mismos desde cualquier óptica. La desmoralización generada durante este oscuro episodio de la colectivización agraria de China, llevó a ciertos sectores del gobierno a centrar sus esfuerzos en las vías de escape de las que disponían para hacer más llevadero el día a día a sus conciudadanos y vieron en la ópera la mejor herramienta propagandística y lúdica concebida a tal efecto (Chen, en Mair et al. , 2001: 845). 3.2.2. Un nuevo enfoque en la educación Durante todo el proceso de maduración de la identidad socialista china, el gobierno de Beijing se vio cabalgando entre el tradicionalismo confuciano, el modelo soviético que parecía omnipresen- te en todo el ámbito de la izquierda mundial y el modernismo que inspiraba en ellos mismos las ideas marxistas que tanto anhelaban poner en marcha (Chen, en Mair et al. , 2001: 868). T odas sus políticas se movieron en estos tres soportes, pero especialmente crucial fue en el ámbito educativo, pues este irradiaría como una candela a los demás campos del saber , la técnica y el trabajo. Uno de los primeros preceptos que estaban determinados a eliminar era la distinción bur guesa que durante décadas se había hecho de “the separation of mental and manual labor” (Pepper , en Roderick et Fairbank, 1987: 400) por parecerles artificiosa e irreal, pues para el ideario marxista ambos concep- tos caminaban de la mano. Por este motivo, a la hora de elegir al profesorado tuvieron muy en cuen- ta sus cualidades políticas, su nivel de conocimientos y sus habilidades prácticas; cualquier profesor que se preciase revolucionario no podía carecer de ninguno de estos ejes. La meta educativa que Beijing había fijado —ligadas al Gran Salto Adelante— era la elimina- ción total del analfabetismo (Rohsenow , en Mair et al. , 2001: 149) en un período máximo de cinco años para la educación básica en escuelas; y de un máximo de quince años para la mejora sustancial de la educación superior . Uno de los primeros pilares que intentaron establecer fueron las escuelas de formación profesional a inspiración soviética, con la idea de poner a trabajar a los estudiantes tan pronto como fuera posible a fin de seguir con el plan de incrementar la productividad en todos los aspectos de la economía (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 95-96). Durante esta época las escuelas del tipo minban ( cf. Bloque I. Nota 72 ) sur gidas durante la etapa anterior fueron exportadas a las ciudades y a la educación secundaria, por su bajo coste y la facilidad de implementación, pues parte de la actividad era gestionada por los propios padres sin coste adicional para el gobierno. Se establecieron también algunas universidades que intentaron ser modelos marxistas que integraban los estudios con vacaciones durante las cuales los estudiantes se desplazaban a las comunas para trabajar con los campesinos; esta tipología educativa estuvo presente en algunos centros hasta el final de la Revolución Cultural, tal fue el caso de la Universidad Comunista del T rabajo de Jiangxi 85 que se mantuvo activa hasta 1980. Este tipo de or ganismos intentaron eliminar la complejidad bur- guesa de sus currículos simplificando el contenido docente que provenía de la Unión Soviética: va- rios profesores de química, que visitaron dicha universidad años después, se escandalizaron al ver las traducciones que habían hecho de sus manuales “burgueses”; en palabras del visitante los profe- sores de estas instituciones simplemente no enseñaban química a sus alumnos, sino una suerte de L a 江 西 共产主义 劳 动⼤学 (Jiangxi Gongchan zhuyi laodong daxue), cuya traducción sería Universidad Comunista 85 del T rabajo de Jiangxi, fue fundada en 1958 y abrió facultades y campus por todo el país que pertenecían a la misma. En su momento de mayor apogeo llegó a contar con casi 12.000 estudiantes matriculados que realizaban sus estudios du- rante el año escolar y que durante los períodos de vacaciones no lectivos iban al campo a trabajar . Sus campos de inves - tigación se centraron sobre todo en la mejora del grano y de ciertos productos agrícolas para aumentar la producción que le solicitaban desde Beijing para el Gran Salto Adelante. T odavía hoy en los colegios se estudia este modelo como un hito en la consecución de los objetivos revolucionarios educativos. La institución cerró sus puertas en 1980. 73 BLOQUE I catecismo simplificado que debía funcionar por revolucionario (Pepper , en Roderick et Fairbank, 1987: 410). Los intentos de conseguir todo el desarrollo y el avance educativo en tan pocos años hizo que una vez más —como ya ocurriera con las cifras de producción de grano— los delegados del Partido en las zonas más remotas del país maquillaran los datos en pos de conseguir alabanzas desde la capital. T odo este panorama de pseudocientifismo hizo que durante muchos años no se viviera en el país un verdadero avance tecnológico en muchos campos, pues la realidad reflejó que los cifras arregladas en los informes no podían hacer que los alumnos francamente tuvieran los conocimientos necesarios para transmitirlos o para implementarlos en políticas concretas de desarrollo (Huang, 2014: 3). En realidad toda esta problemática no fue orquestada por ninguna sección del gobierno, puesto que cada oficina, cada comité o sección del Partido contribuyó a crear la gran bola de false- dades que desembocaría en los resultados factibles del Gran Salto Adelante; en realidad no hay cul- pables últimos, puesto que de forma individual nadie hizo nada erróneo, sino que la suma de todo fue lo que acarreó la hambruna y la muerte en última instancia (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 1 10). Aunque el Politburó se negó durante años a aceptarlo, el concepto de universidades combinadas con trabajo manual a la lar ga fue un fiasco, ya que no aportaron nada reseñable al nivel de producción, más allá de la propia experiencia vivida por los estudiantes de pasar un tiempo reali- zando labores agrícolas. Ínterin mucho de los adolescentes en edad de ir a la escuela secundaria veían estos sueños frustrados por la necesidad de trabajar en las comunas para recibir algunas racio- nes extra de comida y evitar así que su familia muriera de inanición (Pepper , en Roderick et F a i r - bank, 1987: 419). En cambio el modelo occidental —que pasó a China a través de programas sovié- ticos— sobrevivió al Salto y ofreció mejores resultados entre los estudiantes, que se dedicaban por entero al estudio sin interferencias propagandísticas de labores manuales en las comunas. De estas escuelas de corte menos revolucionario sur gieron la mayoría de los estudiantes universitarios que nutrirían al país de técnicos, científicos y profesionales dos década después, tras la Revolución Cul- tural. T odo esto no se tendría en cuenta años después cuando Mao hiciera el llamamiento a la juven- tud para realizar una segunda revolución interna que con la excusa de la defensa de una cultura po- pular libre de burguesismos erradicaría los pocos logros conseguidos en el campo educativo durante estos años (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 157). El Partido Comunista, aun con todos sus intentos de educar a la juventud, nunca había logrado grandes éxitos en el campo de la propaganda entre los más jóvenes, por lo que en este momento se intensificaron las campañas de afiliación a la Liga de jóvenes comunistas que veían recompensada 86 su membresía con ayudas para el ingreso en estudios universitarios. Con todo, a principio de la dé- cada de los 60 apenas el 30% de los jóvenes en la Educación Secundaria eran activos políticamente (Pepper , en Roderick et Fairbank, 1987: 428) al modo que el Partido esperaba. 3.2.3. La intelectualidad en la nueva fase r evolucionaria Este período en la historiografía comunista china se centró sobre todo en hacer del grupo de intelectuales del país una fuerza roja y especializada que supiera culminar los deseos de Mao de conseguir las metas del Gran Salto Adelante. Se hizo mucho hincapié en eliminar elementos bur - gueses como el individualismo o el liberalismo de la producción artística y literaria de país (Schur- mann, 1968: 49-50). La meta era conseguir que todo el país tuviera habilidades manuales, por lo Paradójicamente la 中国共产主义 青 年团 (Zhongguo gongchan zhuyi qingnian tuan), o la Liga de jóvenes comunis 86 - tas, es una organización que aún hoy sigue existiendo en el país. Fue fundada en los albores de la revolución, en el año 1922 y en la actualidad cuenta con casi 85 millones de miembros, comprendiendo a jóvenes de entre 12 y 20 años entre sus filas. La Liga depende directamente del Comité Central, único or ganismo al que rinde cuentas. Es posible aún ver a los niños a la salida del colegio con un pañuelo rojo anudado al cuello, símbolo de su pertenencia a la organización. Los padres afilian a sus hijos con la esperanza de que consigan puestos de estudio en mejores centros educativos o universi- dades tras la Educación Primaria. 74 ENCUADRE HISTÓRICO que muchos pensadores y estudiantes destacados eran enviados a zonas rurales para que conociesen la realidad de la masa campesina y se mezclaran con ella (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1:33). Muchos dentro del Partido abogaban por mostrar a los intelectuales las bondades del sistema socia- lista con el fin de que ellos mismos abrazaran la nueva ideología convencidos de los progresos que juntos podían conseguir; esta actitud nunca funcionó. La necesidad más apremiante del Partido era la de ponerse de su lado a los científicos y técnicos del país, pues necesitaban su ayuda para que el país no descarrilara con el Salto, por lo que al inicio de este período el ambiente parecía caminar en tonos de relajación con respecto al dejar hacer de los intelectuales (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 81). En este ambiente de relajación, muchos empezaron a escribir zawen ( cf. Bloque I. Nota 73 ) que criticaban políticas concretas de Beijing, el propio culto a la persona de Mao (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 29) o la pasajera memoria que tenía el pueblo para olvidar todas las calamidades que había sufrido a manos de los comunistas. El Departamento de Propaganda se mostró muy de- silusionado con el tono en que muchos escritores llevaban a cabo sus críticas, junto con el uso de caracteres antiguos y difíciles que suponían un reto para muchos de los comunistas de Beijing. Además, se comenzó a poner durante estos años de moda la reescritura de algunas obras clásicas en clave de crítica a los tiempos presentes, hecho que tampoco gustó al Politburó que vio aquí un ata- que frontal y directo. El ambiente de relajación general sobre la producción intelectual del país cambió hacia finales de de 1962 (Goldman, en Roderick et Fairbank, 1987: 450), cuando Mao — rememorando el aniversario por el Foro de Y an’an ( cf. Bloque II. 1.6.3. )— anunció que debía esta- blecerse un control más serio sobre la actividad intelectual del país. El Departamento de Propagan- da anunció que cualquier obra que se preciara debía tratar el tema de la lucha de clases (Schurmann, 1968: 90), directa o indirectamente, basándose en los postulados de Marx y Engels que articulaban la razón de ser del Estado y otor gaban la base teórica para el proceso del Salto en el que se encon- traba inmerso el país. Sur ge en este momento una ruptura entre la clase intelectual del país: por un lado aquellos que comparten ideas con el régimen y que ven en la literatura y el arte una forma de expresión del rea- lismo socialista que hay que poner en funcionamiento —con formas y lenguaje sencillos cercano a las masas— para llegar a la clase campesina y obrera (T ang, 1993: 65) y , por otro lado, aquellos que abogan por una libertad total de la creatividad humana, no sujeta al momento o al gobierno, sino que dependa enteramente del autor y sus circunstancias, al modo que pudo entenderlo Ortega y Gasset. El grupo más cercano a Mao ( cf. Bloque I. 3.3.1. ) abogó por una reforma total de las formas y estilos tradicionales en pos de una literatura al servicio de la revolución, especialmente de las formas operísticas, pues era el género más consumido por las masas chinas. En el año 63 Mao de- claró frente al Departamento de Propaganda que había encontrado pr oblems abound in all forms of arts… In many departments very little has been achieved so far in socialist transformation. The ‘dead’ still dominance… The social and economic base has changed, but the arts as part of the superstructur e which serve this base, still r emain a serious pr oblem. Her e we should pr oceed with investigation and study and attend to this matter in earnest. Isn’ t it absur d that many Communist ar e enthusiastic about pr omoting feudal and capitalist art, but not socialist art? (Mao, 1964 como se citó en Goldman, en Roderick et Fairbank, 1987: 450). Desde ese día la visión del arte — especialmente de la operística y producción teatral en el país— se vio como prioridad a reformar para mejorar el devenir socialista el país, pues como el propio Mao apuntara “la literatura y el arte proletarios son parte de la causa de la revolución prole- taria en su conjunto; son, como decía Lenin, engranajes y tornillos del mecanismo general de la re- volución” (Mao, 2021: 325). Si se piensa con detenimiento todos los años posteriores estuvieron basados en principios estéticos, no puramente políticos o de gobierno. El grupo que circundaba a Mao basó políticas estatales y planes gubernamentales en fundamentos simplemente estéticos. In- 75 BLOQUE I cluso durante los meses más duros de la Revolución Cultural muchas de las proclamas y vítores es- taban basados en eslóganes de contenido estético o artístico; en el fondo era la búsqueda de una nueva plasticidad que casara perfectamente con los ideales de la revolución (King et al. , 2010: 21 1). Es en este momento cuando los personajes, los escenarios, los diálogos que darán forma a la ópera revolucionaria se materializan; fue el esfuerzo de un grupo de miembros del Partido que comulga- ban con las ideas estéticas propugnadas por Mao veinte años atrás en el Foro de Y an’an ( cf. Bloque II. 1.6.3. ). De igual modo, se materializa este gusto en la producción de películas por parte del De- partamento de Propaganda, tal es el caso de La tienda de la familia Lin de 1959 que intenta pintar 87 una escena bastante típica en los años 30 en el país: familias asfixiadas por préstamos que no pue- den pagar por los altos intereses que han contraído con la burguesía despreocupada por los proble- mas del pueblo (T ang, 1993: 323). Se inaugura así en este período una nueva forma de hacer políticas de control de los intelec- tuales; se ha dado el salto definitivo desde la acusación de derechistas que sufrieron años atrás, al aleccionamiento por parte del gobierno de cómo se debe hacer el Nuevo Arte, que deberá basarse en el reflejo de la lucha de clases y la transformación de las conciencias obreras y campesinas. 3.3. Una r evolución dentro de la r evolución (1966-1976) Como gran parte de los líderes comunistas del siglo XX, hubo un momento en el gobierno de Mao Zedong que comenzó a ver espías y antiguos camaradas de Partido como posibles traidores dispuestos a todo para arrebatar de sus manos el poder que durante décadas había amalgamado en torno a su persona. El estrepitoso fracaso de su idea de movilizar a toda la sociedad para convertir en un tiempo récord la agraria y atrasada China en potencia industrial comunista y los rumores de una grave enfermedad influyeron en el debilitamiento de la figura de su persona como líder indiscu- tible, tanto dentro como fuera del Partido. Su respuesta —lejos de ser comedida y acorde a su edad como era de esperar— fue una reaparición en público el 16 de julio de 1966 rodeado de jóvenes es- tudiantes a los que llamaba a una nueva revolución en su nombre, la Revolución Cultural (Ebrey , 88 1993: 939). T odo lo acaecido en esta década de la historia del país marcaría de forma indeleble a las pró- ximas generaciones de chinos, tanto en lo estético, lo estatal y en una dimensión puramente perso- nal, pues los hechos que poblaron el decenio no podrían ser jamás olvidados. T odavía hoy analistas políticos, historiadores, economistas y estudiosos de casi todas las ramas se afanan en intentar escla- recer lo que ocurrió durante estos diez años. La magnitud de las operaciones gubernamentales, la implicación de tantas personas en todo el país, los profundos procesos de cambio que el país inició fueron tan radicales que aún hoy son temas controvertidos para la propia China. Y es en este clima de agitación social y política, cuando el gobierno se afana por implantar una nueva estética teatral que divierte a los miembros comunistas por todo el país, puebla de héroes los canales de radio, de panfletos operísticos las calles y alienta a todos los ciudadanos chinos a buscar en esos ideales esté- ticos la meta de sus sueños personales. La película de 林 家 铺⼦ (Linjia puzi) de 1959 es una adaptación de una novela de 茅盾 (Mao Dun) que fue adaptada 87 a la gran pantalla por 夏衍 (Xia Y an). La historia se sitúa en los años 30, durante la ocupación japonesa, en una pequeña botica de la provincia de Zhejiang agobiada por las deudas y las presiones contraídas con el Guomindang. La película intenta mostrar la corrupción que se está dando en el país a todos los niveles por el pago de intereses como consecuen - cia del sistema capitalista que asfixia. L a ⽆ 产 阶级 ⽂化⼤⾰命 (W uchan jieji wenhua dageming), o Revolución Cultural en español, ha sido uno de los 88 momentos más convulsos y trágicos de la China moderna que ha sufrido el país. T oma como inicio el año 1966 donde el por aquel entonces presidente Mao hace un llamado a la ciudadanía para luchar contra aquellos elementos políticos, culturales e históricos que de alguna manera chocan con la idea de revolución, lo que llevó a ciertos sectores de la po - blación a una locura de acción tal que sumió al país en el hambre, el atraso y las persecuciones indiscriminadas. Aún hoy no se sabe muy bien la cantidad total de muertos que supuso este movimiento para el país. La Revolución Cultural llegó a su fin con la muerte de Mao en 1976. 76 ENCUADRE HISTÓRICO 3.3.1. Jiang Qing y la Banda de los Cuatr o Una de las figuras más destacables de esta oscura etapa de la revolución en China es la que fuera la última esposa de Mao, la señora Jiang Qing (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 89 132). Desde su irrupción en la política nacional, Qing supo relacionarse extremadamente bien y una de sus primeras amistades en la cúpula del Politburó fue Lin Biao ( cf. Bloque I. Nota 84 ) con el que creó un vínculo que asegurara su inclinación por las artes y el tema de las óperas producidas bajo su supervisión, pues visitó ella misma muchos cuarteles del ejército y conoció de primera mano las historias que luego cobrarían vida en sus producciones (King et al. , 2010: 190). Se podría decir que la estrategia de ambos fue un win-win a niveles de ambiciones políticas personales, pues se apoya- ron mutuamente frente al nexo común de unión, Mao. La relación de esta mujer con el Presidente comenzó durante la celebración del Foro de Y an’an ( cf. Bloque II. 1.6.3. ), donde se dirigió a él por su inclinación hacia las artes. Allí se hizo ver a los ojos de Mao, el cual abandonó a la mujer que le había acompañado durante la Lar ga Marcha para poder casarse con Jiang Qing (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 157-158). Fue durante el Foro que Qing propuso a Mao la idea de la creación de un repertorio de óperas revolucionarias que rompieran con la tradición hasta entonces vigente y que se convirtieran en la piedra angular que todo dramaturgo debería consultar para las producciones futuras (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 132): la idea cautivó a Mao. Pronto comenzó a actuar como una conseje- ra informal del Presidente, aunque nunca ocuparía ningún cargo político oficial a ojos del pueblo. Sus ideas sobre el resur gimiento de la ópera comenzaron a cobrar forma durante los primeros años del asentamiento en el poder de los comunistas ( cf. Bloque I. 3.1. ) y adquirieron mucha importancia durante el Gran Salto Adelante ( cf. Bloque I. 3.2.1. ), pues se vieron como una vía de escape para dar al pueblo panem et cir censes que distrajera sus problemas y acallara a las masas. Desde mediados de 1962, el poder de Qing ya era evidente entre todos los miembros del Politburó “but Qing’ s posi- tion paper did not become official policy until My 1966, when a considerably revised draft of it be- came one of the basic documents that led to the Cultural Revolution” (Leiberthal, en Roderick et Fairbank, 1987: 343). Pronto apareció en la órbita de Qing otro personaje que marcaría la producción operística en los siguientes años, el alcalde de Shanghai Zhang Chunqiao , un fervoroso creyente en la funciona 90 - lidad práctica a largo plazo del Gran Salto Adelante. Zhang era miembro del Politburó y aún en 1962 —conociendo la enver gadura real del programa— siguió apoyando la idea maoísta del Salto. En reuniones que mantuvo de forma asidua con Qing manifestó su entusiasmo por la idea de conce- bir una ópera dirigida, sobre todo, a jóvenes nacidos en la década de los 40 y cuyo pensamiento aún era moldeable hacia una revolución dentro de la revolución (T ang, 1993: 466). Durante toda su ca- rrera se mostró favorable a ayudar a obreros que en su tiempo libre escribían obras de teatro, antes que a favorecer a dramaturgos profesionales contagiados de los gustos bur gueses (T ang, 1993: 57). Compartía con Qing el gusto por los héroes populares surgidos en la década de los 40 de entre el pueblo o entre las filas de algún pelotón en alguna leyenda bélica durante la guerra sinojaponesa ( cf. Bloque I. 2.4. ) o durante la lucha contra el Guomindang ( cf. Bloque I. 2.5. ). La esposa de Mao se mostró tan entusiasmada con su ayuda que llegó a decir que el Ministerio de Cultura se estaba con- 江 青 (Jiang Qing), también conocida como Madame Mao, nació en 1914 y murió en 1991. Fue una de las personas 89 más poderosas durante los últimos años de Mao y consolidó su poder en la llamada Banda de los cuatro ( cf. Bloque I. Nota 90 ) controlando toda la producción artística y cultural de China durante la Revolución Cultural. Formó parte del Politburó del Partido Comunista desde 1969 y fue la cuarta esposa del presidente Mao. Casi todos los estudiosos actua- les reconocen que Jiang Qing fue probablemente la persona que controló el país en los últimos años de la vida de Mao (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 131). Conocida como 四⼈ 帮 (si ren bang), literalmente ‘la Banda de los Cuatro’ estuvo conformada por la esposa de Mao 90 江 青 (Jiang Qing), el político y alcalde de Shanghai 张 春桥 (Zhang Chunqiao), el crítico literario 姚 ⽂元 (Y ao W en- yuan) y el joven Guardia Rojo 王洪⽂ (W ang Hongwen). 77 BLOQUE I virtiendo en “ministry of emperors and princes, generals and ministers, gifted scholars and beau- ties” (Leiberthal, en Roderick et Fairbank, 1987: 345). Se conocieron personalmente en Shanghai durante una estancia que Qing hizo durante una pequeña enfermedad que padeció y se retiró para reposar en la ciudad. Durante estas semanas de reposo, Qing también conoció a Y ao W enyuan —un crítico literario del aparato propagandístico del gobierno— y a W ang Hongwen ( cf. Bloque I. Nota 90 ); sin haberlo pretendido la Banda de los Cuatro había quedado conformada. A raíz de ese primer encuentro, la dama Qing comenzó a trabajar en el entorno inmediato de Mao proponiéndole una nueva revolución de la Nueva Literatura con el fin de acercarla aún más a los ideales marxistas, extendiéndola a todos los niveles de la cultura china (Anderson, 1990: 73). Es en este momento cuando el Departamento de Propaganda empieza a tender puentes a Qing y a escu- char atentamente sus ideas, que estaban empezando a materializarse en realidades, hasta que en ju- lio de 1964 —apenas dos años antes de desatarse la Revolución Cultural— se celebra en Shanghai el Festival de Ópera de Beijing de temas contemporáneos ( cf. Bloque II. 1.7.2. ) donde se presentan las ocho obras modelo (Chen, en Mair et al. , 2001: 868). Mao quedó tan impresionado por las obras que dio carta blanca a la Banda de los Cuatro para iniciar la reforma cultural en todos los ámbitos del pueblo chino (Chen, en Mair et al. , 2001: 848). Entra en escena en ese momento, a petición per- sonal de Mao, el histórico revolucionario Kang Sheng encargado del Servicio Secreto y de la Se 91 - guridad del Partido durante todo el mandato de Mao. Su trabajo consistía en otorgar los medios ne- cesarios y la seguridad adecuada a la Banda para llevar a cabo su tarea de remodelar la cultura chi- na, empezando a estar en los primeros puntos del día de la agenda del Politburó (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 133). Entre sus primeras tareas de revisión estuvo la de releer bajo los ojos de esta nueva censura revolucionaria la obra La destitución de Hai Rui publicada en 1961 por W u Han y que muchos 92 historiadores sitúan como el pretexto que la Banda utilizó para articular y acabar desatando la Revo- lución Cultural. El primero en hacer una lectura paralela de esta obra con el caso de Peng Dehui ( cf. Bloque I. Nota 82 ) fue el joven W ang Hongwen, aunque pronto la Banda al completo apoyó esta lectura entrelíneas de la obra y fue censurada (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 68). La Banda pronto trasladó a Mao la ur gencia de volver a hacer una relectura de muchas de las obras publicadas durante esos años con el objeto de encontrar elementos contrarrevolucionarios de intelectuales que estaban tan infiltrados en el Partido que era imposible reconocerlos sin un estudio pormenorizado caso a caso: la gran pur ga de la Revolución Cultural ya tenía su base teórica. 3.3.2. La Revolución Cultural La Banda de los Cuatro, Kang Sheng y Mao se convencieron de que había un mal instalado en las bases mismas del poder político, una fuerza anticomunista que intentaba demoler todo aquello por lo que habían luchado desde los inicios de la revolución (Harding, en har et al ., 201 1: 154). Por este motivo en agosto de 1962, Mao ordenó la disolución temporal de los Comités del pueblo y el 康⽣ (Kang Sheng) nació en Shandong en 1898 y murió en Beijing en 1975 a consecuencia de un cáncer de vejiga. 91 Sheng nació en el seno de una familia de terratenientes, aunque en 1925 ya militaba entre las filas del Partido. Participó en el levantamiento de Shanghai dos años más tarde donde tantos comunistas perdieron la vida a manos de Jiang Jieshi, pero él logró escapar . Por su seguridad, su seriedad y compostura fue enviado a la Unión Soviética para estudiar y for- marse en técnicas de espionaje y seguridad. A su vuelta siempre se mantuvo fiel a Mao en las sombras, orquestando las pur gas de elementos derechistas de Partido. Muchos estudiosos piensan que el motivo principal para haber estado siem- pre en un segundo plano fue su adicción al opio, por lo que fue expulsado del Partido de forma póstuma. El historiador 吴晗 (W u Han), especialista en la dinastía Ming, nació en Zhejiang en 1909 y desde sus orígenes como 92 investigador tuvo muchas fricciones con el Partido Comunista por sus textos, aunque era miembro afiliado. En 1961 publicó 海 瑞 罢 官 (Hai Rui baguan), o La destitución de Hai Rui , obra a la que se le culpó de un paralelismo entre un oficial de la dinastía Ming y el caso de Peng Dehui ( cf. Bloque I. Nota 82 ). W u Han fue el primer represaliado por la Revolución Cultural, aunque tristemente no sería el último. Fue apresado y murió en 1969 por causas que aún no han sido desclasificadas. 78 ENCUADRE HISTÓRICO establecimiento de una jerarquía temporal de gobierno con el fin de fortalecer las instituciones con nuevos miembros fieles a su persona (T eiwes, en MacFarquhar et al ., 201 1: 24). A los antiguos diri- gentes se les acusó de corrupción —tanto política como económica— y para el primer tercio de 1964 todos los car gos importantes del país habían sido modificados y una lista de tareas a efectuar para luchar contra el mal de la corrupción fue redactada por el propio Mao. A todo este proceso se le llamó en un principio desde Beijing la ‘rectificación’, dando idea de un acto de revisión o reordena- ción de ciertas políticas estatales, aunque en la realidad estaba preparando el terreno para un lavado de cerebro colectivo entre los más jóvenes —ahora al car go de todos los puestos estatales— que por su edad no recordaban los duros años del Gran Salto Adelante. Durante todo este proceso, Mao ja- más se sintió a solas, pues en todo momento su Banda y su fiel Kang estuvieron a su lado (Leibert- hal, en Roderick et Fairbank, 1987: 351). En 1960, cuando Mao virtualmente se retiró de la presidencia y dejó el país en manos de Lin Biao (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 155), muchos miembros del Politburó vieron como un nuevo período de la historiografía china daba comienzo y experimentos como el Gran Salto Adelan- te quedaban en la memoria de una época oscura ya superada. Pero las sospechas de Mao hacia Biao fueron creciendo durante los próximos tres años, y en torno a 1964 Mao estaba listo para volver a la primera línea de la política nacional, ahora respaldado por su grupo cultural de confianza. Aún se sigue cuestionando si el verdadero impulsor de la Revolución Cultural fue el propio Mao en sus años finales, algo aquejado de pérdida parcial de entendimiento para entrever la realidad del mo- mento, o si en realidad fue Qing quien orquestó todo manejando a su antojo al Presidente. En los últimos años de su vida, el recelo de Mao por la pérdida de los ideales revolucionarios y la continua intriga en la que vivía sobre el espionaje y la manipulación soviética de su país fueron también in- centivos que motivaran la gran pur ga de los años sesenta, que además respaldó reiteradamente con la lectura incansable de textos marxistas y de políticas económicas fallidas estalinistas (Leiberthal, en MacFarquhar et al ., 201 1: 91). Los grandes problemas que centraban la política de Beijing en 1964 era la colectivización del campo, la escolarización de las zonas rurales, la carrera nuclear , el problema de la profesionaliza- ción de los científicos universitarios y la ruptura con Moscú, pero paradójicamente quien llevó a cabo la pur ga fue el único grupo de jóvenes que estaba al margen de toda esta problemática, la ju- ventud urbana bien escolarizada, los que acabarían formando parte de los Guardias Rojos (Har 93 - ding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 161). Aún hoy los comunistas chinos —y los que nunca han te- nido vínculos con el Partido— no son capaces de analizar de forma clara qué elementos eran los perseguidos principales durante esta década, pues los ataques —a diferencia de purgas anteriores contra derechistas, izquierdistas u otros sectores de la población— no tenían una victimología defi- nida (Courtois et al. , 1998: 828). En los primeros meses, los Guardias Rojos tuvieron como objetivo aparente a ciertas masas intelectuales de las ciudades, pero con el avance de las humillaciones pú- blicas —y en algunos casos los asesinatos o matanzas— comienza a darse una etapa de aparente lucha entre facciones de Guardias con el fin de hacerse con el poder en las calles (King et al. , 2010: 179), para acabar siendo brutalmente reprimidos por el Ejército al final de la vida de Mao. Al final de esta Revolución, con Lin Biao desaparecido (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 479), Zhou En- lai y Mao Zedong muertos, la Banda de los Cuatro intenta reorientar la situación, pero ya es dema- En chino son conocidos como 红卫 兵 (Hong wei bing) y aún hoy en el país pronunciar su nombre crea ciertos mo 93 - mentos de tensión entre los presentes. Estas masas populares de estudiantes de secundaria y universitarios fueron movi- lizados entre 1966 y 1968 por todo el territorio chino en nombre de Mao para hacer la nueva revolución. No se les ha podido culpar de ningún crimen pues no eran ni un grupo oficial ni tenían una figura de liderazgo, sino que eran peque- ños comandos que actuaban por cuenta propia en nombre de la revolución. Muchos estudiosos en el presente intentan vincular la creación aparentemente espontánea de estos grupos con células de espionaje de Kang Sheng ( cf. Bloque I. Nota 91 ). 79 BLOQUE I siado tarde, la situación está descontrolada y ellos mismos acabarán siendo víctimas de las pur gas internas del Partido (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 561). La generación escogida por Mao para conformar los Guardias Rojos fue la “primera genera- ción completamente educada después de la Revolución de 1949, [y] es al mismo tiempo demasiado joven y demasiado urbana para saber nada de los horrores del Gran Salto Adelante” (Courtois et al. , 1998: 833) y , además, era una generación que veía con buenos ojos la implantación de campos de reeducación y trabajo, conocidos como laogai . Una generación que compartía la frustración de 94 encontrarse en un momento de la historia de su país en el que no podían ascender políticamente de forma rauda al encontrarse el país en paz y aprovecharon la tesitura histórica para hacerse un hueco en el Partido (King et al. , 2010: 9). En muchas ocasiones las detenciones se efectuaban en el propio entorno familiar , pues los padres eran acusados por sus hijos de contrarrevolucionarios o traidores. Sería absurdo pensar que detrás de cada vejación o humillación se encontraba la Banda o el propio Mao; es posible que ciertos hechos acaecidos, verbi gratia , como le sucedería a la familia de Liu Shaoqi ( cf. Bloque I. Nota 80 ) fueran orquestados en el entorno de Mao, pero el resto fueron repre- salias vecinales que tomaron los permisos de Beijing para aplicar su propia ley cobrando favores o aplicando castigos por reyertas o problemas pasados (MacFarquhar et Schoenhals, 2009: 392). Establecer a nivel social la llama que prendió la mecha es difícil de definir , pero parece acep- tado de forma general que el 1 de junio de 1966 fue leído un comunicado en la radio de todo el país de un profesor de la Universidad de Beijing, el centro educativo más prestigioso del país, que lla - maba a lucha revolucionaria a los jóvenes (Harding, en MacFarquhar et al ., 201 1: 173). El anuncio radiofónico estaba basado en un dazibao que días antes fue colgado en los muros de la propia uni 95 - versidad, lugar donde los estudiantes comienzan a or ganizarse satirizando al ya depuesto Peng Dehuai. La brutalidad verbal con la que se manifiestan los dazibao en estas semanas es demoledora, y en algunos lugares de Beijing se puede leer “los antimaoístas son ratas que corren por las calles, matadlas, matadlas” (Ber gère, 1987 como se citó en Courtois et al. , 1998: 838). Entre la juventud un sentimiento de verdadero y profundo culto a Mao infecta las calles y el Libr o Rojo se honra 96 como la Biblia del país, convirtiendo la Revolución Cultural en un movimiento pseudorreligioso del que aún hoy no se han estudiado sus connotaciones sociológicas más recónditas (King et al. , 2010: 5). Los Guardias Rojos recorren el país eliminando a su paso a intelectuales, sus libros, pinturas, porcelana, bibliotecas, museos y edificios culturales, pero el Politburó guarda silencio cuando no llama a la policía regular a proveer informes a los Guardias para facilitar sus pesquisas contrarrevo- lucionarias (Ebrey , 1993: 939). Escritores, dramaturgos y profesores de todos los niveles ven eliminadas sus investigaciones, sus manuscritos y sus trabajos; algunos son apaleados, otros puestos en prisión o bajo arresto domi- Los 劳 改 ( laogai ), o Campos de reeducación por el trabajo, se establecieron en la década de 1950 en cada rincón del 94 país, a modo de comunas obligatorias, pero fue en la Revolución Cultural cuando tomaron una fuerza sin precedentes. Muchos de estos presos fueron liberados bajo la presidencia de Deng Xiaoping en la década de los 80. Aunque oficial- mente en 2005 se cerraron los últimos laogai del país, existen en la actualidad en las regiones de Qinghai y Tíbet cárce- les con fábricas y planes de reintegración en la sociedad a través de labores manuales que no son sino versiones mejora- das; muchos de los productos fabricados en esas cárceles son vendidos en países occidentales hoy en día. Los ⼤ 字 报 ( dazibao ) son una especie de panfletos de gran tamaño que son pegados en lugares públicos con consig 95 - nas políticas, noticias o anuncios de eventos; aún hoy siguen siendo de uso muy extendido en todo el país. Los dazibao de proclamas comunistas y revolucionarios se pusieron de moda durante la Revolución Cultural, pero su origen se re- monta a la dinastía Qing —algunos aseguran que Ming—, donde algunos intelectuales descontentos escribían manifies- tos en contra de los poderes imperiales. La República también los usó en sus primeros intentos de alfabetización del país; hoy es común verlos de fondo rojo y grandes caracteres amarillos, jugando con los colores revolucionarios. E l ⽑主 席语录 (Moo zhixi yulu), o Libr o Rojo de Mao , fue publicado en 1964 y es una suerte de recopilación de 96 frases, intervenciones, citas y pequeños discursos del Presidente del país. En algunos sectores del país se le sigue cono- ciendo como el T esor o Rojo y es de obligada lectura para los miembros de la Liga de jóvenes comunistas. Sólo la Biblia lo supera en número de impresiones, con más de 900 millones de ejemplares en decenas de idiomas. 80 [Document text truncated for crawler view.]