scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Reseña de: Vázquez Gestal, Pablo. Una nueva majestad. Felipe V, Isabel de Farnesio y la identidad de la monarquía (1700-1729), Madrid, Fundación de Municipios Pablo de Olavide y Marcial Pons, 2013

Calvo Maturana, Antonio Juan

Full text

BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA 409 Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 VÁZQUEZ GESTAL, Pablo, Una nueva majestad. Felipe V, Isabel de Farnesio y la identidad de la monarquía (1700-1729), Madrid, Fundación de Municipios Pablo de Olavide y Marcial Pons, 2013, 408 págs. La repercusión de los estudios sobre la Corte del Antiguo Régimen ha desterrado buena parte de los prejuicios de la historiografía liberal decimonónica, que hizo de ella un nido de intrigas y frivolidades. Hoy día sabemos que, por el contrario, fue un fundamental centro de poder cuyo pulso marcaba el de todo el reino y que, más allá de lo anecdótico, es susceptible de ser estudiado desde el punto de vista político, cultural y social. Sin embargo, a pesar de esta asunción que ya nadie niega a nivel general, los historiadores seguimos cayendo en los viejos tópicos cuando nos enfrentamos a los casos particulares. Los estudios sobre la Corte no son incorporados a las interpretaciones de perspectiva de los diferentes reinados, más receptivas a los cambios políticos nominales, a los episodios bélicos y –con suerte– a ciertos procesos culturales. Esta carencia es más acusada cuando se trata de periodos de inflexión en los que la Corte cambió, y con ella la manera en el que un determinado monarca y sus sucesores representaron su majestad y ejercieron su potestad. Uno de estos casos especialmente significativos fue el de Felipe V, cuyo reinado marcó el devenir español en el siglo venidero. Conocemos bien el papel fundamental que el primer Borbón hispánico tuvo en la cohesión jurídica del territorio (criticada o ensalzada en muchos casos según la predisposición ideológica de cada autor) o en la modernización de la gestión administrativa pero, aunque existiesen reseñables estudios sobre la Corte de este monarca 1, no contábamos con un análisis global de la misma. Este vacío acaba de quedar solventemente paliado con el libro Una nueva majestad. Un trabajo que acierta a insertar a Felipe V en la Corte de su tiempo e interpreta con rigor cómo la personalidad del monarca y las circunstancias políticas de su tiempo transformaron la majestad del soberano y dieron lugar a «nuevas formas de sociabilidad y renovadas prácticas políticas en el vértice del poder» (p. 23). Con este planteamiento, Pablo Vázquez Gestal firma un clarivi1. Los trabajos publicados en el siglo XIX y buena parte del XX tienden a caer en los prejuicios liberales, misóginos y nacionalistas, si bien existen encomiables esfuerzos de recopilación documental como el de A. Baudrillart (1890). En las últimas décadas, la historiografía se ha desvinculado de dichos vicios y se han publicado destacables trabajos sobre la etiqueta y los cargos palatinos (A. Descalzo Lorenzo, C. Gómez-Centurión y J.A. Sánchez Belén), los rituales públicos (Mª.J. del Río Barredo), las redes clientelares (J.-P. Dedieu, C. Désos y R. Guerrero Elecalde), las manifestaciones artísticas cortesanas (B. Blasco Esquivias, Y. Bottineau, J.M. Morán Turina y J.L. Sancho Gaspar) y sobre personajes de peso como Orry (A. Dubet), Grimaldo (C. de Castro) o Isabel de Farnesio (Mª.Á. Pérez Samper, G. Fragnito, C. C. Noel y M. Simal López). 410 BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 dente estudio de las casi tres décadas en las que se modificó el modelo cortesano heredado de los Austrias y que marcaron la tendencia de la cultura política de los Borbones hispanos en el resto del siglo. Nos encontramos ante un ensayo magníficamente escrito, que se lee con gran facilidad gracias a la pluma suelta del autor, a su evidente esfuerzo por hacer el texto accesible al lector (algo que, desgraciadamente, no siempre se tiene en cuenta a la hora de escribir un libro de Historia) y a la acertada inclusión de deliciosas citas de personajes de la época (aunque quizá, de cara a una segunda edición, sería recomendable una traducción de las mismas para hacerlas accesibles un público menos políglota). Tras un introductorio estado de la cuestión en el que el autor vuelve a poner de manifiesto la vasta formación historiográfica ya demostrada en su primer libro 2, Una nueva majestad nos sitúa en los primeros años de Felipe d´Anjou en la corte de Luis XIV. Allí encontramos a un enfant de France quien, junto a sus hermanos y bajo la tutela de Fénelon, recibió una apreciable instrucción física, intelectual y religiosa, pero que fue mantenido al margen del día a día de la maquinaria cortesana de su abuelo y que, por tanto, recibió una «educación deficiente para ejercer el oficio de rey» (p. 79). Consciente de estas carencias, “El Rey Sol” siempre intentó rodear a su nieto de gente de su confianza. A pesar de los prejuicios extendidos por la historiografía nacionalista, Felipe V no implantó en la Corte española el ceremonial francés ni desplazó de los principales cargos cortesanos a los Grandes de España. El mismo viaje de Versalles a Madrid fue cuidadosamente diseñado para que el joven monarca interactuase con sus vasallos, y para que éstos lo percibiesen como un continuador de la herencia de Carlos II y no como un elemento de ruptura con la tradición austracista del reino. El pleno acomodo de Felipe a la etiqueta palatina debió despertar el entusiasmo de la alta nobleza, confiada en poder reproducir durante el nuevo reinado la influencia que había tenido en el anterior. Por el contrario, transcurridos los primeros meses, Felipe, sin modificar significativamente la etiqueta de palacio, la adulteró con su comportamiento hasta el punto de vaciarla de contenido y significado, desproveyendo así a los grandes del monopolio sobre la privacidad del rey y quitándoles su espacio de poder, lo que fomentó no pocas deserciones al bando austracista durante la Guerra de Sucesión. También resultó engañosa la intensa actividad inicial del soberano, capaz de despachar sobre los asuntos de Estado y de marchar junto a sus ejércitos, aparentando ser «un nuevo Luis XIV (…) un renovado roi-machine capaz de soportar todas las exigencias que demandaba la representación de su recién adquirida majestad» (p. 99). Pero la realidad resultó ser distinta, sus famosas 2. Pablo Vázquez Gestal, El espacio del poder. La corte en la historiografía modernista española y europea, Madrid, Universidad de Valladolid, 2005. BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA 411 Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 “melancolías” y su desinterés por sacrificar su intimidad en aras del gobierno diario de su reino y de la representación de su majestad hicieron que el sistema cortesano estuviese varias veces (véase, por ejemplo, “el caso del banquillo”) al borde del colapso. Lejos de cumplir con el ideal del monarca que –aunque se deja aconsejar– gobierna independientemente, Felipe V se apoyó en diversos personajes (validos y confesores) y facciones (españoles, franceses, italianos…). De todas estas figuras, las más llamativas son las de sus dos consortes: María Gabriela de Saboya e Isabel de Farnesio. Lejos de aferrarse a las manidas historietas misóginas de un rey sometido por sus mujeres, el autor analiza cómo los vínculos personales del soberano con sus consortes se tradujeron en la dinámica cortesana. Así, la costumbre de Felipe de dormir en el cuarto de la reina y de despachar allí con los secretarios de Estado hizo que el puesto de camarera mayor (ejercido, durante su valimiento, por la princesa de los Ursinos), fuese uno de los más influyentes del reino, y que de poco sirviese a los grandes el servicio en la cámara del rey cuando no les garantizaba el acceso a la persona del monarca. Junto a Felipe V, la otra gran protagonista de Una nueva majestad es Isabel de Farnesio. A contracorriente de todos los clichés que ha venido arrastrando esta reina, el autor desmiente su supuesta poca formación intelectual, la pretendida explicación del irredentismo mediterráneo de Felipe V según sus deseos maternales y el hipotético dominio absoluto que ejercía sobre su esposo. Vázquez Gestal no niega la enorme influencia de la parmesana en los asuntos de Estado, pero hace un esfuerzo intelectual por explicar dicha ascendencia política de una forma rigurosa y científica. Isabel de Farnesio monopolizó el espacio y el tiempo del monarca, participó en el gobierno (despachó junto al monarca, protagonizó audiencias y recibió a embajadores) y fue capaz de crear una nutrida red clientelar. Gracias a su hábil manejo de las posibilidades que le ofrecía la Corte, incrementó exponencialmente la potestas de la consorte regia, convirtiéndose en un ejemplo a seguir por las posteriores reinas del dieciocho español, siendo quizás la influyente María Luisa de Parma la culminación del modelo. Especialmente sugestivas son las páginas dedicadas al desarrollo de las emociones y la privacidad regias. Si Luis XIV había sincronizado su vida cotidiana, desde el lever hasta el coucher, con el ceremonial cortesano, Felipe V y su segunda esposa fomentaron la intimidad de una serie de sentimientos que escogieron vivir de manera individual, sustrayendo el desempeño de la religiosidad, la paternidad y la vida conyugal a los ojos de sus vasallos. Los reyes, hijos de la nueva conciencia europea descrita por Hazard, crearon «un ambiente doméstico en el que poder expresar sus emociones y sentimientos sin las convenciones impuestas por su estatus social» (p. 239), asumiendo los costes que esta actitud tenía para las tradicionales obligaciones de la majestad. Por eso, el autor considera verídicos los motivos estrictamente personales que el propio Felipe V dio para su abdicación de 1724, definiendo el palacio de la 412 BIBLIOGRAFÍA HISTÓRICA Chronica Nova, 39, 2013, 365-412 Granja como «libro en piedra» en cuyos planos se pueden leer las aspiraciones espirituales de la pareja real durante su breve retiro, pronto frustrado por la muerte de Luis I. Aunque la narración de la obra se detiene en 1729, su recorrido es mucho más largo. Las propias conclusiones plantean la repercusión que la nueva majestad gestada en las tres primeras décadas del XVIII tuvo en el resto del siglo. La pérdida de influencia de la alta nobleza (en 1794, el conde de Teba culparía a Felipe V del declive de los Grandes), el auge de la casta administrativa de las secretarías (Grimaldo, Patiño…), el declive del modelo cortesano frente al auge del Estado y el innegable protagonismo de las consortes reales son fenómenos a seguir en los reinados sucesivos, y que invitan a pensar en la publicación de monografías similares que estudien a los monarcas sucesivos, e incluso en un análisis global de todo el XVIII. Antonio Calvo Maturana