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Textos y noticias sobre China

Espinar Moreno, Manuel

Abstract

HUM-165: Patrimonio, Cultura y Ciencia Medievales Manuel Espinar Moreno. Centro Documental del Marquesado del cenete Departamento de Historia Medieval

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MANUEL ESPINAR MORENO TEXTOS Y NOTICIAS SOBRE CHINA LIBROS EPCCM GRANADA, 2023 1 MANUEL ESPINAR MORENO TEXTOS Y NOTICIAS SOBRE CHINA LIBROS EPCCM GRANADA, 2023 2 3 MANUEL ESPINAR MORENO TEXTOS Y NOTICIAS SOBRTE CHINA LIBROSEPCCM Granada, 2023 4 Editor: Manuel Espinar Moreno ©HUM-165: Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales Primera edición: 2023 Textos y noticias sobre China © Manuel Espinar Moreno Diseño de cubierta: Manuel Espinar Moreno. Motivo de cubierta: Arco triunfal y mujeres chinas sacadas de internet. Maquetación: Manuel Espinar Moreno Anexo a la Revista: EPCCM. ISSN: 15753840, ISSN: e-2341-3549 Digibug http://hdl.handle. net /10481/ Edición del Grupo de Investigación HUM-165: Patrimonio, Cultura y Ciencias Medievales. Colaboración del Centro: “Manuel Espinar Moreno”, Centro Documental del Marquesado del Cenete. Departamento Historia Medieval y CCTTHH (Universidad de Granada) Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede realizarse con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos. www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. © 2018 DOAJ. The DOAJ site and its metadata are licensed under CC BY-SA 5 INDICE Presentación pág. 9 Funerales de los chinos pág. 11 Fiestas populares en la China pág. 12 Geografía histórica de la China pág. 16 El Templo pág.17 Los funerales. Bosquejo de costumbres chinas pág. 20 Junco, embarcación china pág. 31 Historia general de los viages pág. 35 Historia de las misiones. Misiones de la China pág. 36 Estudios de viajes. Las chinas pág. 46 Historia general de los viajes (Rubruck) pág. 54 El Lamanismo en la Tartaria y el Tibet pág. 56 Industrias. Artes. Fabricación de porcelana pág. 76 Usos y costumbres de los chinos pág. 80 Viajes. Segunda expedición comercial a ñas costas de la China pág. 111 El casamiento chino pág. 118 Misiones de la China y del Tong-King Pág. 121 Historia general de los viajes. Gerbillon 1688. I Viage pág. 127 Segundo viage de Gerbillon a Nipcheu, o Nerchinskoy, con los Embaxadores chinos, el año 1689. II Viage. pág. 127 La China pág. 128 China. Pekin pág. 132 Confucio pág. 137 Historia general de los viajes. Johnson, 1559 pág. 140 6 Ciencias naturales. Estado de las mismas en oriente, esto es, entre los chinos, indios, asirios, babilonios, medos y persas, egipcios, hebreos y fenicios, antes del siglo séptimo de la era cristiana pág, 142 Filología. Examen crítico de los sistemas de escritura pág. 146 El té pág. 153 Agricultura. El arroz. Su cultivo. Sus usos pág. 159 Agricultura. El arroz. Su cultivo, sus usos, II. Pág. 163 El gusano de la seda pág. 167 Literatura china. Tchin-Sing y Ju-Kiouan pág. 170 Un pueblo nómada. Costumbres Kalmucas pág. 177 Un día de un embajador en la China pág. 181 Historia general de los viajes. Ceremonias de los chinos pág. 183 Historia general de los viajes. Ceremonias y matrimonio de los chinos pág. 184 Historia general de los viajes. La Barbines, 1716 pág. 185 Historia general de los viajes. Costumbres y usos de los chinos pág. 186 Historia general de los viajes. Ceremonias fúnebres de los chinos pág. 188 Geografía histórica de los chinos pág. 189 Historia de la guerra de Tartaria pág. 191 Otras noticias de China pág. 199 De la descripción del reyno, y de los confines que tiene pág. 194 De la fertilidad deste reyno, y de las cosas, que produze pág. 196 Donde se prodigue de la fertilidad del reyno, y cosas que Produze pág. 198 7 De los admirables edificios que ay en este reyno, y de una grandísima muralla o, cerca que ay en él, de 500 leguas de largo pág. 199 Historia de la China. Fuentes de la Historia pág. 201 Los Mogoles pág. 209 De la Tartaria Oriental pág. 219 Primera provincia. Peking o Pecheli pág. 225 De las cosas que requiere tener una muger pág. 229 El reino de la China pág. 230 Crema de Cathay pág. 234 De otras particularidades del reyno de la Gran China pág. 236 Prosigue la grandeza del Imperio chinico pág. 239 Capitulo primero. Las misiones de la provincia agustiniana del Santisimo Nombre de Jesús entre los infieles pág. 246 Capitulo X pág. 258 Religión, sectas, creencias, maestros y otras cuestiones Chinas pág. 259 La China en las Tullerias pág. 311 Pekin. El palacio del Emperador de la China pág. 313 8 Fotos sacadas de internet 15 hacen los chinos consisten en tortas de varias clases, legumbres, frutas, dulces y en especial en batatas, que están bajo la proteccion especial de Tsentia. En cada Pagoda habita una divinidad de segundo órden, y segun la creencia general, el dia 25 del décimo mes estas divinidades suben al cielo para dar cuenta de sus trabajos á Djose-Vouck-Chi el principal de los dioses. Á los quince días deben estar concluidas todas sus relaciones, y entonces vuelven á descender á la tierra para cuidar de los negocios de este mundo. Durante su ausencia se reparan las Pagodas; se renuevan los utensilios del culto; se retocan las pinturas y en una palabra se hacen los mayores esfuerzos para recibir dignamente á los huespedes celestes protectores del pais. Si por desgracia los sacerdotes no cumpliesen exactamente sus deberes, el pueblo se persuadiría que las mayores calamidades serian las consecuencias inevitables. Para completar la relacion de las solemnidades del décimo mes, añadiremos que es la época en que los comerciantes cuyas especulaciones han tenido buen éxito, dirigen acciones de gracias y donativos á Tso-Pack-Sing, divinidad que tiene la mayor analogía con el Mercurio de los antiguos con la sola diferencía que no protege á los ladrones. La segunda y mejor cosecha de arroz se hace en el onceno mes dedicado al Dios Tay-Say que como la Ceres de los griegos protege las cosechas. Tortas hechas con arroz nuevo, y otros manjares en que predomina el arroz, son los presentes que se envían entre sí los amigos. La ceremonia religiosa que se celebra en esta estacion es estravagante. Se principia por llevar en ofrenda al templo grandes soperas ó barreños de arroz cocido, una parte del cual se derrama delante del ídolo. Hecho esto los sacerdotes se arman de bambús y azotan el aire con lo cual termina la ceremonia. Seguramente los chinos piensan que Tay-Say aprecia el bambú tanto como ellos: pues le representan con uno en la mano, y conduciendo con la otra una carreta tirada por un búfalo: solo lleva calzado en un pie. Los chinos creen que, si este Dios se les apareciese en sueños con sus atributos, seria señal cierta de mala cosecha. En ninguna de las fiestas descritas dejan los amigos de enviarse regalos. Los chinos son liberales, y por eso los ociosos tienen la costumbre de entrar en las tiendas. Solo para fumar y tomar té, marchándose sin comprar nada; es de advertir que en las tiendas chinas se ofrece té á cuantos entran. 16 Dan también limosnas más por costumbre que por caridad, y los mendigos tienen un modo particular de pedirla. Se presentan armados de bambús, y cuando no les dan mueven con ellos tal algazara, que es preciso darles algo para que callen y se marchen. El Correo de la moda. Periódico del bello sexo. Modas, literatura, bellas artes, teatros, etc. Fundado en 1º de Noviembre de 1851. Número 8, Febrero de 1852, año 2º, tomo 1º. Madrid, 1852, Biblioteca Nacional de España, pp. 122-126. GEOGRAFÍA HISTÓRICA DE LA CHINA Nada se parece a las ceremonias y etiquetas de los festines chinos, que siempre observan con escrupulosa atención, así los convidados, como los deños de su casa: siempre que se incurriese en la más mínima falta se obraría contra la política y decencia, y se ofendería a los demás. Las cartas mas sencillas y menos importantes que los particulares se escriben entre sí, están sujetas a tantas formalidades, que muchas veces hasta los mismos letrados hallan dificultades de que no puedne salir. En la China no se conocen las espectculos públicos, pewro sí hay compañías de cómicos de ambos sexos que representan en las casas donde los llaman y pagan. Sus dramas, si merecen este nombre, se reducen siempre a la relación de algunos sucesos, cuyo objeto es inspirar odio al vicio y amor a la virtud, y siempre interrumpen el dialogo con canciones, que las semejan a nuestras operas cómicas. Como quiera que nunca parecen las mugeres a la vista de los hombres, es fuerza que traten sus casamientos por el ministerio de algunas ancianas, que refieren las ventajas de la hermosura, talento y qualidades de las doncellas que quieren contraer matrimonio. Si esta relación agrada á los padres ó parientes del novio, se acepta la proposición, señala la novia el día de la boda, esta se mete dentro de una caxa cerrada, y la siguen los que llevan su dote; un criado de confianza lleva la llave custodiada y la entrega al marido, que espera a su esposa a la puerta de la casa. Muchas veces ha sucedido que un marido descontento vuelve a cerrar prontamente la caxa, y hace volver a la novia con toda su comitiva. Sus ceremonias funebres son aun mas particulares. Entonces es quando los Chinos ostentan todo el luxo posible. Los hijos suelen arruinarse para honrar las cenozas de sus padres. Hay pocos chinos que no tengan hecho de antemano su atahud, que siempre es de madera muy preciosa y rara. Otros mandan construir en vida magníficos mausoleos quando pueden, y no los han heredado de sus antepasados. Finalmente, este pueblo tan económico es sumamente pródigo y disipador en sus 17 pomposos funerales, y entonces el entierro de un rico es un espectáculo lleno de magnificencia y profusión. Nada diremos de la porcelana de los chinos que todo el mundo conoce, ni de su tinta tan estimada, ni de su papel tan bueno y fino, y cuyos pliegos son de extraordinario tamaño. Sobre la imprenta baste decir que esta nación la conoce de tiempo inmemorial, como también la pólvora y el uso de la brújula. La plata y cobre son las únicas materias de las monedas corrientes en la China. Aprecian el oro como las piedras preciosas en Europa, y se compran como un objeto de comercio. Los Europeos ganan mucho en sus negociaciones de esta especie, pues en la China está el oro con la plata en razón de 10 a 11 mientras que en Europa tiene la proporción de 15 a 1. No acuñan su moneda, y sun peso es lo que simplemente determina su valor. El embarazo grande del comercio está pues en el momento en que se han de verificar las pagas. J. de V. J. de V.:” Geografía histórica de la China”, Diario de Madrid. Del viernes 17 de febrero de 1792, numero 48, Con privilegio real. En la imprenta de Hilario Santos, Biblioteca Nacional de España, pp. 103-104. EL TEMPLO Sucedía lo que voy á referir en los tiempos modernísimos de la China, séptimo siglo de nuestra era, reinando la Emperatriz Vu. No incluyen los historiógrafos sinenses á esta dama en la lista de los Soberanos, alegando que Vu fué una usurpadora, ni más ni menos que la actual Emperatriz, que tanto preocupa á la Europa culta. Hija de un príncipe de Mingrelia, Vu fue llevada al gineceo de Tai-Sung con otras veinte doncellas nobles, encargadas de hacer el té y plegar, guardándolos en cajas de sándalo oriental, los ropajes de seda del Emperador. La reconocieron los eunucos; se cercioraron de que tenía el aliento sano, la dentadura completa, el cuerpo puro y gentil, y sabía trazar con el pincel los caracteres complicados del alfabeto, rasguear la guitarra y recitar de memoria las enseñanzas de la literata Panhoeipan, que ordenan á la mujer ser en su casa un eco y una sombra. Seguros ya de que Vu merecia el honor de divertir al glorioso Soberano, la vistieron de bordadas telas, la perfumaron con algalia, salpicaron de flores de cerezo su negra cabellera y la presentaron á Tai-Sung. Este apenas la miró; altos designios, planes heroicos, sabias máximas ocupaban su mente. Estaba disponiendo las instrucciones que había de dar al príncipe heredero Kao-Sung, entre las cuales figuraba este consejo: « 18 Reina sobre tí mismo y sujeta tus pasiones. » Y el príncipe heredero — asomado al balconcillo de un pabellón de bambú que adornaban placas de esmalte, y cuyo techo escamoso guarnecían campanillitas de plata, — vio pasar á la nueva esclava de su padre y la codició en su corazón de un modo insensato. Un mes más tarde, el Emperador bebió una taza de té, servida por Vu, donde fuerte dosis de opio ofrecía al mortal reposo eterno. Muerto el ilustre legislador y guerrero, Kao-Sung repudió á sus legítimas esposas, Emperatrices del Poniente y del Levante, y á su lado, en el trono, sentó á Vu, dándola el título de Reina celestial. Jamas se había cometido tan grave y escandalosa acción. La piedad filial es la virtud china por excelencia, y Confucio dice en el Y-King ó libro de los libros que el padre es al hijo lo que el sol al mundo. Pero habían pasado los tiempos en que el prestigio de la ley podía más que el respeto al Monarca, y nadie se atrevió á chistar. Solamente un literato — en aquel país los literatos llevaban la voz de la conciencia pública — tuvo valor para anunciar á Kao-Sung que los Espíritus ó manes de los antepasados tomarían venganza de la ofensa; por lo cual el literato fué esmeradamente cortado en diez mil pedacitos. Sin duda los Espíritus quisieron dejar bien al literato, pues Kao-Sung murió pronto, consumido por el incendio de sus venas. Sucedióle su hijo Chun-Sung; pero á los pocos días la Emperatriz le hizo sorprender en su lecho y trasladar en palanquín á una fortaleza fronteriza de las que defendía la Gran Muralla. Y apoderándose del Trono, dio rienda suelta á su soberbia infinita. Mandó construir un palacio desmesurado, y en él reunió servidumbre innumerable, entre la cual había bailarinas, atletas, astrólogos, arqueros muy diestros y palafreneros tártaros de suma habilidad. Todas las noches los jardines se iluminaban con millares de farolillos, y barcas empavesadas, de figura de dragones ó cisnes, llenas de músicos, con mesas dispuestas para el banquete, recorrían los estanques y lagos; en la más suntuosa de las embarcaciones, la Emperatriz, rodeada de su corte, se entregaba á los delirios de la orgía. Hasta tuvo el capricho de hacer un lago de vino rojo, y ver cómo se bañaban en él, ebrios ya, los cortesanos. En medio de estas locuras, Vu pensaba en agrandar su Imperio, y veteranos generales consiguieron para sus armas brillantes victorias. Los literatos, no queriendo ser aserrados ó cortados en diez mil trozos, cantaban la gloria de la excelsa Vu; y el Imperio entero, postrado á sus casi invisibles pies, la reverenciaba acobardado, pues las proscripciones habían hecho oscilar, al extremo de un bambú corvo, muchas y muy ilustres cabezas. Cualquiera pensaría que Vu, en tal esplendor de triunfo, no envidiaba á nadie en la tierra. Y sin embargo, á los tres años de reinar, dio marcadas señales de cansancio y hasta de melancolía, por lo cual los médicos y astrólogos de palacio se volvían 19 tarambas, pues la Emperatriz, encerrada en sus habitaciones, se negaba á ver á nadie, y hasta hubo días en que rehusaba el alimento. Mil versiones corrían acerca del padecimiento incomprensible de la Emperatriz, y es que nadie podía sospechar que Vu, la ambiciosa, la caprichosa, estaba perdidamente enamorada de un joven bonzo, sacerdote de Fo (á quien en la India llaman el Buda). Ni toda la ciencia del gran Confucio y de Lao-Seu, el filósofo de las blancas cejas, alcanzaría á explicar la secreta razón del enamoramiento y del sufrimiento de la Emperatriz. Así como se habían reclinado en los cojines de seda de su gabinete los esculturales hijos de Corea ó Kaolín (la tierra cuyo barro sirvió al Espíritu para modelar al primer hombre), los indianos del Himalaya, de negros ojos de gacela y dorada piel; los siberianos, de azules pupilas, y los montañeses Kirquizos, de arrogante apostura, nada más fácil para la celeste Emperatriz que prender al joven bonzo Hoay y encerrarle allí, entre jardines de arbustos enanos en flor, que convidan á la molicie. Mas no era eso lo que Vu deseaba. Había visto al bonzo en ocasión de hallarse ella pescando en un estanquito peces de colores. Al tirar de la cuerda y sacar un plateado cipurio de aletas de carmín, el budista, que pasaba con los ojos bajos, había alzado el rostro, exclamando severamente: « Mujer, ¿ por qué haces daño á los seres vivos é inocentes? Si quieres saciar tu crueldad, clávame el anzuelo á mí. » Y desde aquel instante, Vu veía siempre el grave rostro, la mirada intensa de fuego, la figura penitente del bonzo Hoay; y en memoria suya, á ningún ser viviente se hacía mal en el inmenso palacio. Vu comía frutas confitadas, legumbres cocidas, y las aves anidaban pacíficamente en el imbricado reborde de los pabellones de recreo. Un día, desesperada, Vu se hizo conducir al monasterio donde habitaba el bonzo, y arrojándose á sus pies, sin orgullo ni alarde de poderío, le explicó su mal y le pidió el remedio. «Yo sanaré si tú me guías; yo sanaré si tú estás á mi lado.» Hoay levantó del suelo á la Emperatriz celeste, y con palabras fraternales la calmó. «Empieza — la dijo —por elevar un templo á la luz y otro al cielo ..., y después llámame.» Vu erigió dos templos altísimos, que agotaron su tesoro; y terminadas las obras, avisó al bonzo, que, armado de una antorcha, incendió los maravillosos edificios. No quedó de allí más que ceniza. Después dijo á la consternada Emperatriz: «Ahora, mujer, eleva un templo más alto, más alto, dentro de tí, en tu corazón, al cielo y á la luz ... y cuando esté erigido vuélveme á llamar. » Vu ignoraba cómo podría arreglárselas para elevar un templo dentro de su corazón; no obstante, por instinto del querer, instinto infalible, adoptó una vida distinta de la anterior: abrió las prisiones, prohibió los suplicios, rebajó los impuestos, oyó las quejas justas, dio premios á la piedad filial, amparó la agricultura, y en su palacio estableció tal moralidad, que podrían ser de vidrio las paredes. El bonzo, satisfecho, venía 20 á visitarla todas las tardes, y cogidos de las manos, apaciblemente, conversaban sobre las cuatro virtudes sublimes y la liberación de la bienaventuranza final. Vu era dichosa, como en su vida lo había sido. Sin embargo, los veteranos generales, los eunucos directores de las fiestas, los ventrudos mandarines y hasta los literatos, envidiosos de la privanza de Hoay, al ver que ya no se ordenaban suplicios, conspiraron. Y Vu, aquella Emperatriz que, según el dicho del historiador padre Amiot, emprendió y ejecutó impunemente las cosas más extraordinarias y más opuestas al criterio y costumbres de la China, fue sorprendida en su pabellón y secretamente estrangulada, en castigo de haber concebido un amor diferente de otros amores, y de haber, á impulsos de ese extraño sentimiento, elevado en su corazón un templo muy alto al cielo y á la luz. EMILIA PARIDO BAZÁN. Emilia PARDO BAZÁN: “El Templo”, Almanaque de “El Imparcial” para 1901, Madrid, Romero, Impresor, Madrid, 1900, pp. 16-17. LOS FUNERALES. BOSQUEJO DE COSTUMBRES CHINAS2. Era el mes de Junio. El calor abrasador que la reverberación del sol produce en la inmensa llanura que rodea á Pekin, nos tenia aniquiladas y sin fuerzas para otra cosa más que para estar tendidos en sillas-camas, productos del Sur de China. Nuestras vestimentas eran por demás elementales, y el letargo que nos abrumaba no nos dejaba más fuerzas que las absolutamente indispensables para despedir á las moscas y mosquitos que sin cesar nos acosaban, así como para lamentarnos de los mil incalificables olores que se desprenden de las calles, en donde desde siglos se vienen acumulando sin número de todo genero de inmundicias, las cuales hacen que en verano y cuando las primeras lluvias han venido á remojarlas, despidan pestilentes emanaciones, acrecentadas por los rayos del sol, que convierten la capital de este vasto Imperio en el muladar más asqueroso, del que no es posible formarse la menor idea, á menos que el olfato tenga la desgracia do hacer de estos perniciosos perfumes fatal experiencia. Contribuía á nuestro sopor y á ese aniquilamiento, el desaliento que se ampara de cuantas personas se encuentran por primera vez ante la nada envidiable perspectiva de tener que pasar un tiempo indeterminado en este destierro, en donde el europeo, verdadera planta trasplantada 2 C. A. DE ESPAÑA: “Los funerales. Bosquejo de costumbres chinas”, en Revista de España. Undécimo año, Tomo LXI (Marzo y Abril), Madrid, 1878, pp. 484-497. Biblioteca Nacional de España. 21 en tierra contraria de todo punto á la que está acostumbrada á vivir y morir; donde todos los objetos se asocian á la repugnante novedad, la antítesis más completa, tanto en sus formas ulteriores, que en lo que naturalmente significan, de cuanto se está acostumbrado á ver y observar en el resto del mundo, sin que la costumbre de recorrerlo del Norte al Sud, y del Este al Oeste —que en nosotros es mucho— sea capaz de evitar la sorpresa desagradable que se experimenta. En ningún país del mundo, en efecto, es mayor la impresión que la que en este se recibe, y por muy acostumbrado que el europeo se encuentre á los cambios repentinos de hábitos y de costumbres, en ninguno son mayores, de seguro, los ataques de la nostalgia como lo son en China, siendo necesario toda la fuerza de la costumbre adquirida, ó los pocos años, para no sucumbir á un mal que tantas víctimas causa en nuestros compatriotas que emigran de Galicia, con la caída de la famosa paletilla, de que tanto hemos oído hablar en Andalucía con incredulidad grande, y sirva la pequeña digresión que antecede, aunque agena al bosquejo que pensamos trazar, para mejor hacer comprender todo el efecto que produjo en nosotros el cuadro que presenciamos. Dormitábamos, pues, embargadas nuestras almas por las sensaciones que dejamos apuntadas, cuando un ruido estrepitoso vino á sacarnos de nuestro letargo. Parecía que una legión de demonios acompañada de otra de marmitones, se habían dado cita no lejos del hogar que habitábamos. Estruendo de cacerolas y ruido de objetos de metal que se entrechocaban, acompañado de una especie de mugido que de animales feroces parecía, llenaban los aires, y entre ese infernal concierto sobresalía el eco chillón de ciertas campanillas, mezclando con atronadora voz, de vez en cuando, á esa algaravía, la ronca vibración de los jonjs chinos. Esa horrible cencerrada sólo moderaba su endemoniado estrépito, cuando una especie de campana se dejaba oír, y entonces en vez del estruendo que los objetos de metal producían, resonaban voces que entonaban ciertos cánticos, algo parecidos por su lenta monotonía al de los árabes cuando entonan versículos del Coran en sus reuniones de derviches giradores, volviendo á poco con nuevo vigor la reproducción de los discordantes sonidos que en un principio nos habían iniciado á las dulzuras de la música china. Como era natural, nos levantamos despavoridos, no por el temor, pero sí por el horrible efecto que en nuestros tímpanos esa abigarrada música producía, sin podernos dar cuenta de lo que todo eso significaba. Con gritos desaforados llamábamos á nuestro criado; — chino de los más feos y listos que hemos visto, — el cual, después de darle varias voces, concluyó por oir que le llamábamos. Llegó á nuestra presencia é inmediatamente empezó el interrogatorio que era consiguiente. Por él supimos que todo aquel fracaso significaba, que en la vecindad habla muerto un chino de gran cuenta, puesto que era el difunto nada menos que el preceptor del 22 Emperador, fallecido hacia un par de años, al cual su familia y deudos empezaban á tributarle las exequias religiosas á que su importancia y alta alcurnia le daban un derecho incontestable y jamás olvidado en China, llevándolo á cabo con el explendor que en tales ceremonias se acostumbran en todo el extremo Oriente, y en la forma que son propias á estos pueblos, cuya civilización en otros tiempos dio quizás el impulso que muchas de las nuestras aun conservan. Sabido es que desde tiempo inmemorial ninguna variación han sufrido, y que siendo la idea fundamental del Celeste Imperio el culto de los antepasados, semejante ideaba debido elevar á último grado las ceremonias religiosas. Resulta, en efecto, que el primer cuidado de los chinos es asegurar á sus parientes, á los ascendientes por lo menos, obsequios suntuosos y decente sepultura. Cuando la muerte viene á llevarse á un padre de familia, aunque esta quede sin recursos, encierran el cuerpo en un féretro; la familia vende ó toma prestado cuanto puede, y si eso no basta, el hijo se contrata en calidad de criado y trabajará para mejorar sus negocios á fin de que nada falte, aún cuando tenga que aguardar algunos años para que la ceremonia se verifique con el lujo que corresponde á la condición que el difunto en vida ocupaba. Obsérvase también en las familias de alta gerarquía, que el respeto hacia los parientes es tanto más profundo, cuanto los funerales se retardan, y como cada dia que se aplazan dá lugar á la percepción de cierto derecho de fisco, resulta que se considera la riqueza de la familia en relación al mayor tiempo que se somete á este impuesto voluntario3. (1) Desde tiempo inmemorial, los duelos en China han sido severos y prolongados, y se ve servir á los muertos, antes de conducirlos á su última morada, mesas cubiertas de manjares esquisitos (cuyos banquetes se celebran en la misma sala donde se halla expuesto el féretro de enormes dimensiones, que más arca ó inmenso cajón que caja de muerto parece, y á cuyo aposento concurren, á más de la familia y deudos, todos los amigos y allegados del difunto. La musica discordante que oíamos, así como los rugidos de fieras, campanillazos, golpes de jary y otras algazaras, eran producidos por el comienzo de las ceremonias religiosas y funerarias, á las que asisten bonzos de diferentes sectas, aun de aquellas á las que no pertenece el difunto, con objeto, sin duda, de evitar cualquiera equivocación que en seguir tal ó cual de ellas hubiera padecido el finado. ¡Qué admirable previsión! 3 (1) En el archipiélago indio este derecho asciende á 300 florines; así es que los funerales del capitán chino de Samarong costó la enorme cantidad de 400.000 rupias. 23 Todo ese ruido de instrumentos y cantos que se dejan oir en las casas mortuorias, tiene además por objeto poner en fuga á los malos espíritus que errantes andan alrededor de los cadáveres; y hé aquí por qué colocan también sobre los féretros figuras horribles, pues á pesar de todas esas precauciones, los malos genios continúan la persecución contra los muertos. Tienen también en cuenta otros enemigos menos problemáticos que los malos genios, tales como los ladrones y salteadores de las tumbas, á los cuales esperan ahuyentar con esas terribles figuras destinadas á llenarlos de religioso terror. En la suposición de que el fallecido pueda necesitar dinero en el otro mundo, también encierran en la tumba una especie de panecillos de plata por valor de muchos taels; pero modernas y prácticas alteraciones hacen que actualmente se contente la familia con sustituir el precioso metal con objetos de cartón, de la forma y apariencia de la plata sachi, en la problemática esperanza de que los muertos se contenten del papel-moneda, que tiene curso .entre los vivos. Otra de las cosas que complican los funerales de este pueblo, es la creencia de que los chinos no tienen una sola alma como los europeos, y. que, por el contrario, tres son las que habitan su perecedera figura, y que siendo distintos sus destinos, diferentes han de ser también los honores que se le tributen. Por eso es que al lado del catafalco se ven tres personas distintas, revestidas de trages teatrales que tienen la misión de representar las varias almas del difunto. Cada cual s« halla revestida de un trage diferente, representando la una, vestida de mujer, adornados los cabellos con flores y admirables bordados sobre sus vestidos de seda; el alma terrestre, la que habita el cuerpo de un animal más ó menos noble, á menos que no consiga encerrarla en la tableta funeraria con ayuda de ceremonias especiales. El segundo personage, revestido del trage que suponen que ha de usar el gran mandarín del infierno, representa el alma encargada de espiar las culpas del difunto, mientras que la tercera, por último, significa el alma victoriosa, la que habita en el cielo acompañada de los ángeles, los sábios y los dioses. ¿Cómo pues maravillarse del explendor del trage de un personage vestido de guerrero triunfador y cuya cabeza se halla adornada de dos plumas de faisan entrelazadas que tienen su asiento en el gorro que la cubre? La casa entera se adorna también con gran cuidado, cubriendo los patios de anchas esteras que forman toldos, bajo los cuales se ocultan de los ardores del sol, el sin número de personas que acuden á tributar los últimos honores al finado, y de noche los cantos y las músicas no discurren sino á intervalos cortos. Como la riqueza de la familia se considera en razón de lo que los funerales cuestan, ¿estos duran, cuando menos, tres semanas, por mediana que sea su riqueza, y por consiguiente figúrese el lector, cuya paciencia haya sido bastante para seguirnos 24 hasta esta parte de nuestro bosquejo, cuál no será la satisfacción que experimenta, durante todas estas noches, el desgraciado rincón de un muerto. De cuando en cuando crece el estruendo, aumenta el ronco mugir de las trompas, el campanilleo y el vibrar de los jons y tamboriles, y como esos desacordes sonidos vienen á perturbar el sueño, fácil es considerarse presa de una horrible pesadilla, ó como actor principal de una fantasmagórica ilusión de las relatadas por Offman. ¿Necesitamos insistir acerca de la energía con que dábamos á todos los demonios el difunto chino y sus singulares ceremonias? Ocioso nos parece acentuar la impresión que sentíamos, y como nunca es fácil sabor á punto fijo la menor de las cosas que suceden en China, ignorando el tiempo que tendríamos que estar sujetos á ese atroz tormento, habríamos concluido por cambiar la fórmula habitual de darnos los buenos dias, preguntándonos en cambio: ¿qué tal noche le ha dado á Vd. el muerto? Pero como todo tiene un término en este mundo, y que al fin se habia de dar sepultura á tan festejado difunto, una de las interminables noches que tanto habían soliviantado nuestro mísero sistema nervioso, aumentó el ruido, y por fin, temprano, á la siguiente mañana, vinieron á avisarnos que nuestro tormento tocaba á su término, pues se notaban preparativos que indicaban que por fin iban á llevarle á su última morada. Habíase, en efecto, erigido en frente de la puerta principal de la casa que habitaban, una especie de andas ó palanquín de colosales dimensiones, y propio para que en él cupiera el féretro que ha de trasportase. Las varas son de laca roja4 (l), y de unos treinta centímetros de circunferencia, sujetadas al cuerpo principal de esa especie de monumento por cordones también rojos, como lo son todos los atributos y la mayor parte de los adornos que contiene: de las varas salen varias flechas, donde están las hombreras para los conductores, que son numerosos, pues nunca bajan de 25 á 30, y aun 40 hombres, los que se necesitan para ponerlo en movimiento. El palanquín fúnebre que nos ocupa, necesitó muchas más para trasportarlo, gracias á sus colosales dimensiones, y no pecamos de exagerados al asegurar que 50 hombres de cada lado lo cargaban. Dentro de ese túmbulo ambulante se encuentra encerrado el féretro, propiamente hablando. La parte superior se halla adornada de una reluciente esfera, y los cuatro costados están cubiertos con lujosas cortinas de seda bordadas de oro, 4 (1) El color rojo es el consagrado por los ritos para todas las ceremonias de culto, casamientos y funerales. Roja es también la pintura de todos los templos y objetos religiosos. 31 el mismo criterio con que se aprecian nuestros usos y costumbres, como queda demostrado por el bosquejo que al correr de la pluma hemos trazado, sin más pretensión que la de encontrar algún solaz en las interminables horas que en ninguna parte como en la capital del Celeste Imperio son de interminable duración é inaguantable tedio. No por eso desconocemos cuán grande es nuestra osadía al atrevernos á publicarlas, pero confiamos en la bondad de los lectores de la REVISTA, para no dudar de que, si su aprobación no encuentra este humildísimo bosquejo, volverán la hoja, y tan amigos como antes quedaremos. C. A. DE ESPAÑA. Pekín y Mayo de 1877. 1 C. A. DE ESPAÑA: “Los funerales. Bosquejo de costumbres chinas”, en Revista de España. Undécimo año, Tomo LXI (Marzo y Abril), Madrid, 1878, pp. 484-497. Biblioteca Nacional de España. JUNCO, EMBARCACION CHINA. Hase juzgado á los Chinos con sobrada severidad; el no haber aparecido bajo un punto de vista muy favorable a los escritores que han tenido ocasión de observarlos en Canton, fuera sin duda causa de que se les rabajara en demasía. Es precisamente lo mismo que si se quisiera describir nuestro carácter nacional no emplenado para esa descripción mas materiales que los recogidos en el primero de nuestros puertos. Por lo demás, es en verdad extraordinario el que no sean los Chinos peores de lo que los encontramos en Canton, pues conocen muy bien la máxima en virtud de la cual sus autoridades gobiernan a los barbaros como animales y no como a indígenas. De donde se sigue que su conducta para con los extranjeros es del todo diferente de la que se guardan naturales con naturales. Son frecuentemente insolentes, arrogantes, y trapacistas cuando ni temor, ni interés les domina; y tal es entre ellos la fuerza de la opinión, que obligados por este ultimo a ceder delante de los extranjeros, tienen el mayor cuidado en que ninguno de sus compatriotas sea testigo de su bajeza. Hase visto a un mendigo arrodillarse para pedir limosna a los europeos, no creyendo ser visto, y abstenerse cuando pasaban chinos. Pasó largo tiempo antes de que los coulis, clase la mas ínfima de criados, consintieran en preceder por la noche á los europeos con una linterna en la mano, y mas largo tiempo necesitaron aun para resolverse, hasta mediante el oro, á llevarlos en silla de manos por las calles de .Macao. Ahora bien; es estraño que no tengan el menor escrúpulo en maltratar y engañar á esas desdichadas criaturas que vienen, 32 según dicho de su gobieruo, a aprovecharse de los beneficios de la civilización china! No debemos mas bien admirarnos de que en sus relaciones con nosotros hayan tenido muchas veces tanta probidad, tanta buena fe y generosidad! Las buenas cualidades del carácter de los Chinos, tales como la dulzura, la docilidad, la industria, andan siempre acompañadas de particulares vicios, como poca sinceridad, zelos y desconfianza. No creen cosa reprensible el usar de la astucia con los europeos de Cantón. E! conocimiento de sns verdaderos intereses hace á la mayor parte de los comerciantes de esta ciudad escrupulosos en el cumplimiento de sus empeños; mas fuera de esto, el demonio extranjero (que así nos llaman) les parece siempre' buena presa. El chino, en sus relaciones con el europeo aparenta ser sobre manera franco, y hasta perdiendo en el cambio miente, siendo asi que nunca podría decir mejor la verdad. Las importantes ventajas que poseen los chinos sobre los pueblos que les rodean les han infundido ese orgullo nacional que les induce á tratar á los europeos con ofensivo desden; y como consecuencia de ese mismo orgullo, tienen de su país, comparado con el resto de la tierra, una idea análoga á la que los antiguos astrólogos se formaran de la tierra comparada con el resto del universo. Le creen centro de un sistema, y le llaman la nación central. Una ley espresa prohíbe los efectos no sancionados por el uso; lo cual hace que estén tan poco dispuestos los chinos á adoptar las modas y utensilios estranjeros. Indudablemente alcanza la Europa una superioridad incontestable en punto á ciencias; pero á los ojos del chino que nada para el útil ve llegar de esa parte del mundo, que nunca oyera hablar sino de ahora poco de los diferentes estados de que se compone, y de las inmediatas guerras que estos sotienen entre sí; la comparación cede toda a favor de la China, con su vasto territorio, sus inmensas riquezas, sus centenares de millones de habitantes industriosos e ilustrados, y su paz no interrumpida por espacio de cerca de doscientos años. Bajo el aspecto físico los chinos son también superiores á sus vecinos; hase observado frecuentemente que no existen hombres mas bien formados. ni mas vigorosos, que los coulis ó mozos de cordel de Cantón. El peso que dos de ellos llevan fácilmente en las espaldas por medio de mambus, abrumaría a los individuos mas robustos de los otros países. Como marinos los ingleses les hacen completa justicia; pero con gran dificultad pueden ser habidos en razón á los numerosos obstáculos que se oponen á que sirvan al estranjero. Por lo demás, quedan los viajeros admirados al encontrar por primera vez en los mares de las Indias, las groseras y mal construidas embarcaciones que emplean todavía los 33 chinos para la navegación. La descripción que da Barrow, en sus viajes á la China, de los grandes buques mercantes, hoy dia en uso en ese pueblo singular, es la mejor y mas acabada, debiendo ser preferida á toda otra. Despues de haber sentado que los tales buques, vista su estraña forma, parecen poco á propósito para luchar con los tempestuosos mares de la China, añade las siguientes observaciones: "En general, la parte de la nave que sale del agua presenta el aspecto de la luna en su ultimo cuarto. La proa no es redondeada como la de los buques europeos; sino que, como la popa, ofrece una superficie llana y cuadrada. En cada lado de la proa hay pintado un grande ojo circular; los dos estremos de la nave se elevan á una altura prodigiosa de encima de la cubierta; unas tienen dos, otras tres, otras cuatro, mástiles, cada uno de los cuales consiste en una sola pieza de madera, sin que sea dado acortarlos cuando uno guste como los de los buques europeos. El diámetro del palo mayor de un buque chino de primer orden es igual al de un buque de guerra de ochenta cañones; dicho palo está clavado en medio de un macizo maderamen, teniendo cada uno de ellos atada una vela de estera, tendida sobre cañas de mambú. El capitan Elliot lia suministrado algunas noticias curiosas tocante á la construcción interior de las embarcaciones chinas. La sentina está dividida en diferentes compartimientos impermeables, como los costados de la nave; á veces cuenta una sola de estas basta sesenta cámaras, que como carecen de comunicación entre sí, aun cuando por una de ellas hiciera agua, y no fuese dable atajarla, se llenaria esa sola cavidad, sin que por eso dejara el buque de navegar con toda seguridad. Los chinos están poco adiestrados en el arte de la navegación. Está ya fuera de toda duda el que poseyeron la brújula mucho tiempo antes de que la conociera la Europa; sin embargo, no cuentan ningún otro instrumento digno de nota, y es muy dudoso que hayan jamás hecho uso de una carta marítima. No obstante, a pesar de la ignorancia de los marinos del celeste Imperio relativamente qa la latitud y a la longitud, a pesar de sus carencias de conocimientos astronómicos, y de las peligrosas tempestades que agitan frecuentemente el Océano; hanse siempre echado a la mar con toda confianza, y han llevado su comercio hasta Batavia, y aun hasya países mas lejanos. Las embarcaciones que hecen el tráfico de Batavia hacen sus cargamentos de té, parasoles barnizados, mahon, papel, e infinidad de artículos inferiores. Transportan al mismo tiempo numerodos emigrados; pues si bien el gobierno chino no autorizó la salida de sus súbditos oara irse a establecer en países extranjeros, muchas hanse puesto bajo la protección de las autoridades europeas en todas las colonias del Indostan. Los europeos se han formado una estraña idea de la fisonomía china, por las figuras representadas en las muestras de manufacturas procedentes de canton, y cuya mayor parte están trazadas en el estilo poco severo de la caricatura. De esas falsas nociones ha resultado que muchos han acogido en su mente una idea grotesca de un pueblo 34 grave, penador, razonable, y digno muy frecuentemente de servirles de modelo. Los chinos que no han sido espuestos a la influencia de la atmosfera tienen la tez tan bella como los españoles y los portugueses; pero es tal la acción del sol sobre su piel, que muchos de ellos que van medio desnudos, parece, cuando lo están enteramente que tengan la parte superior del cuerpo de asiático y la inferior de auropeo. Generalmente tienen buen sembrante hasta treinta años, pasados los cuales, la proeminencia de los huesos de sus mejillas dan a su fisonomía una espresion de dureza que ocultaba la juventud. Conocen los chinos el genero opuesto de belleza en los dos sexos; la mujer debe ser delicada y débil, el hombre, al contrario, robusto, no en la acepción que denota una gran fuerza muscular, sino en la que indica la corpulencia, la obesidad. Está bastante de moda en hombres y mujeres dejarse crecer las uñas de la mano izquierda, hasta alcanzar el aspecto de verdaderas garras. Como las uñas, cuando son largas, están más espestas a quebrarse, las defienden con pedacitos de manbú muy delgados. Pero el gusto de que puede uno menos darse cuenta es la mutilación del pie de las mujeres, mutilación por la cual se distinguen los chinos de los demás pueblos. Nada de positivo se conoce acerca del origen de esa costumbre, sábese únicamente que tuvo lugar hacia fines del siglo nono de nuestra era. El principio que dictara la moda de las uñas desmesuradamente largas sin duda sugiriera igualmente la de la mutilaión de los pies desde la mas ierna edad. Esta moda engendra la idea de exención de trabajo, pues todas las personas del bello sexo están impedidas a causa de la pequeñez de sus pies. Los chinos son muy aficionados al aire de sufrimiento y debilidad que da a las mujeres la mutilación; y comparan su marcha al verlas andar cojeando sobre sus talones, al columpio de un sauce ajitado por la brisa. Jamas la puerilidad y la honra de una gran parte de la raza humana se vieran tan patentes como en eaas modas tan variadas, y tan contrarias frecuentemente a las leyes de la naturaleza. Así, mientras que un pueblo magulla los pies de sus hijos, aplasta otro la cabeza de los suyos entre dos tablas; mientras admiramos en Europa la blancura de los dientes, liman el esmalte de los suyos los macayos, y los tiñen de negro, por la poderosísima razón de ser blancos los de los perros. El jefe de la Nueva Zelandia hace esculpir en la piel del rostro y de sus miembros el escudo de armas que le distingue, entre sus compatriotas, y es menos que nada el esquimal que no puede tener las mejillas agujereadas y ornadas con pedacitos de piedra. “Junco, embarcación china”, en Albúm Pintoresco Universal, adornado con exquisitas láminas intercaladas en el texto. Colección de artículos relativos a toda clase de ciencias y artes; parte recopilados de las obras europeas más acreditadas, y parte originales escritos por los principales escritores españoles, como son Don Pedro de Madrazo, Don Eugenio de Ochoa, Don Pedro Pidal, Don Patricio de la 35 Escosura, Don Antonio María Segovia (el Estudiante). Tomo Primero, Barcelona, 1842, pp. 82-83. Biblioteca Nacional de España. HISTORIA GENERAL DE LOS VIAGES Pero una hora despues, fueron llamados, y los Verdugos se prepararon a servirles de escolta. Espantado, dice La Barbines, de oir ya sus voces lúgubres, pregunté al Intrprete a que se dirigían estos preparativos. Respondió que el uso sejetaba a los delinquentes a presentarse delante de los Mandarines, entre los Executores de la justicia. No quise entrar; y hice declarar a los Jueces, que reclamamos las leyes del Imperio en favor de los Estrangeros; y que no habíamos ido a oir se sentencia, sino a pedir justicia. El Interprete les dio esta razón: y como no ignoraban la verdad del hecho, emprendieron aburirnos con diversos obstáculos. Nuestra delicadeza les pareció a propósito para favorecer este intento. Mandaron que compareciese ante ellos nuestro Piloto, como una formalidad necesaria a la información. Sabian que estando molido a golpes, no podía ser transportado fácilmente: pero nosotros continuamos pidiendo audiencia, con amenaza de ir a tocar el tambor del Gobernador si se nos negaba. Dos horas, se pasaron en estas disputas. En fin, sorprehendidos de nuestra firmeza, nos hicieron decir, que suprimirían la primera condición; pero que nos habíamos de presentar en la postura ordinaria de los Chinos; esto es, que les hablaríamos de rodillas; y que no exigían por ellos mismos esta misión, sino por el Sello del Emperador, que estaba expuesto en la Sala. Tambien despreciamos esta pretensión; y los Mandarines se reduxeron a convenir solamente en que no se nos daría asiento, ni se nos prepararía el Thé hasta despues de la Audiencia. Hallamoslos sentados debajo de un dosel de damasco azul, con flueco blanco, cada uno con una mesa delante. El Sello del Emperador, estaba efectivamente sobre otra mesa en lo interior de la Sala. Saludomoslos a la Francesa, y les pedimos justicia del insulto que el Pueblo había hecho a nuestra Nacion, en la persona d euno de nuestros Pilotos. Respondieron con un tomo muy grave, que el Piloto se hallaba acusado de haber querido visitar las mujeres en una calle extraviada; que el desorden no había tenido otra causa, y que no debíamos ignorar, que este delito era el mayor, de que un Estrangero pudiese hacerse reo en el Imperio. Nosotros no estábamos preparados para este artificio; pero no fue fácil destruirlo. Que apariencia había de que un hombre bastante rico, que no sabia la lengua del Pais, hubiese buscado mujeres tan lexos de la Factoria; sobre todo en una Ciudad, en que la misma conducta de los Habitantes debía inspirarnos desconfianza? Los mandarines fingiron no conocer la verdad de esta respuesta; y obstinándose sobre la misma acusación, nos hicieron valer su indulgencia; como un favot concedido a nuestra calidad de estrangeros. Perdimos la esperamza de alcanzar de ellos mas justicia: pero como nos bastaba 36 haber hecho conocer la inocencia del Piloto, les pedimos nuevas ordenes para nuestra seguridad, añadiendo, que era de temer, que la impunidad aumentase la insolencia del Pueblo. En fin, les declaramos con bastante altivez, que habiendo llevado a su Puerto el espíritu de par, que conviene al Comercio, no nos hallábamos dispuestos a sufrir insultos, y que les importaba no experimentarlo. La Barbines concluyo esta relación con dos consejos, de que podera también la importancia. 1. En la China, dice, se ha de manifestar tanta firmeza quanta se aposible, y nunca tolerar que los mandarines ofendan los Privilegios que el Emperador concdede a los Estrangeros. Su poder es limitado, y la menor quexa puede perderlos. 2. Nada se ha de omitir para imponer respeto al Pueblo; y como se paga mucho de las apariencias, no se debe omitor la magnificiencia en los vestidos ni el semblante grave y compuesto. La Barbines, 1716 “Historia general de los Viages”, Diario Noticioso Universal, Abril, Martes 13 de 1779, numero 79, fol. 159, Madrid, con privilegio del rey N. S., Imprenta del Diario, pp, 157-158. Biblioteca Nacional de España, HISTORIA DE LAS MISIONES. MISIONES DE LA CHINA. Las puertas de la China que por tanto tiempo permanecieron cerradas á los apóstoles de Europa, al fin han sido derribadas por las bayonetas extranjeras. Por esta brecha que se va ensanchando de dia en dia todas las naciones penetran, con sus miras de ambición, hasta e\ interior de aquel misterioso imperio: pero nosotros que estamos obligados á conocerlo mejor que nadie por nuestros recuerdos y nuestras esperanzas como cristianos, haremos á nuestro turno una reseña religiosa. Nuestras observaciones no se extenderán tanto sobre su nuevo destino, por ser Dios solo quien puede saber el secreto del porvenir, como en recopilar las santas tradiciones y seguir la historia del catolicismo en el Asia oriental, por las huellas que dejó impresas con sus beneficios y la sangre que ha derramado en aquellas comarcas. Así, lo pasado se anudará naturalmente á la época actual, y las primeras tareas del apostolado servirán para explicar las conquistas que aun espera conseguir. Este resumen histórico comprende tres partes. En la primera se manifiesta el origen de la misión china; en la segunda se hace mérito de las sabias predicaciones de los siglos XVII y XVIII; y la tercera es el conjunto de los sucesos contemporáneos. 37 ORIGEN DE LA MISIÓN EN LA CHINA Si recorremos la historia, hallaremos que el origen del cristianismo en la China tiene dos épocas. La una que es muy antigua, pero también muy contestada, remonta al tiempo de los Apóstoles en que santo Tomás fue, según dicen, el fundador de la iglesia china, del mismo modo que fue el padre de la iglesia indiana. Algunos escritores adhieren á esta opinión, quienes para explicar ciertas analogías entre nuestros ritos y los usos religiosos del celeste imperio, dicen que en el primer siglo de nuestra era, los chinos confundieron Fó con Jesucristo, y los sacerdotes siros con los brahmas del Indostan. Pero sin persistir mas en este dato histórico tan controvertido, pasaré á hechos mas recientes, los cuales prueban, mediante una fecha exacta y reconocida, la aparición de nuestra fe en la China, fuese que hubiese sido introducida entonces por primera vez, fuese que se hubiese renovado estableciéndola de nuevo. En el año 633 fue cuando se inauguró esta lejana misión. La prueba de este hecho, aunque enteramente olvidado, existia en medio del mismo imperio, hasta que por una feliz casualidad salió de las entrañas de la tierra, en donde hacía siglos que estaba oculta. Acaso nuestros lectores leerán con gusto la relación de este precioso descubrimiento. En 1623, en un pueblo del Chen-si, llamado Si-gan-fu, que habia sido en otro tiempo capital del imperio, unos trabajadores chinos que sacaban los escombros de un terreno para echar los cimientos de un edificio, hallaron una lápida de diez pies de largo y cinco de ancho, en la que habia grabada una cruz con una leyenda con caracteres medio nacionales y medio extranjeros. Este monumento fue recogido por orden de la autoridad y depositado en un templo de ídolos: los mandarines estaban bien distantes de creer que poniendo esta inscripción bajo la salvaguardia de los dioses, seria algún dia un documento justificativo para el Evangelio. Sucedió, pues, que habiéndose parado un europeo á descifrar aquel texto misterioso, vio con la sorpresa propia de un sabio que leyera en una tumba desconocida la historia de un reino que ya no existe, que la luz de la fe, introducida en la China en el siglo VII, habia brillado en ella durante largos años. Resumamos en breves palabras esta página suelta de los anales eclesiásticos que abraza un período de 146 años. 38 La inscripción dice así: «En el año 635 bajo el reinado de Tai-sung, fundador de la décimatercia dinastía, llegó á Tchang-ugan (hoy Si-gan-fu) un hombre de grande virtud, llamado 0-lo-pen, y sacerdote del Ta-sin (del imperio romano). Traia consigo las verdaderas Escrituras. Los principales personajes de la corte salieron á recibirle en la puerta oriental, y lo presentaron al soberano, quien le invitó á que tradujera en chino los santos libros en la biblioteca imperial. Tai-sung después de haber leido con maduro examen la doctrina que encerraban, y viendo que tenia la verdad por base, la perfección por objeto, y la paz por resultado, mandó que fuese anunciada á sus pueblos y se edificase en la capital una iglesia dedicándola á la nueva religión. Bajo los sucesores de Tai-sung, la fe se propagó rápidamente en las diez provincias del imperio; las ciudades se llenaron de templos; la prosperidad del Estado florecia á la par del Evangelio y las familias gozaban de una dicha sin igual. Entre tanto los bonzos y los letrados chinos, apoyados por la emperatriz Wucheou, atacaron al nuevo culto con mil calumnias. La cruz declina un instante bajo el peso de sus rencores; pero la poderosa mano de Lohan, jefe de los sacerdotes cristianos, la endereza y deja asegurada. Un nuevo emperador, el virtuoso Hivent-sung, viene en su ayuda; manda á Nimhué y á otros cuatro reyes que vayan en persona á visitar las iglesias, y protejan en ellas el culto divino. «Otro pontífice del Ta-sin apareció en Si-gan-fu el año 744. Su presentación en la corte fue la señal de los grandes favores que obtuvo. Desde aquel momento se celebró en palacio el santo sacrificio de la misa, y á la puerta de la iglesia se colgó un letrero que el príncipe escribió de propio puño, en honra del verdadero Dios, ínvítando al pueblo á que se asociara para rendirle sus justos homenajes. Todo el imperio humilló respetuosamente la cerviz ante la religión. El monumento de Si-gan-fu es del año 781, y termina con las siguientes palabras, por las cuales se ve el extenso dominio que tenia entonces la iglesia china: «En aquel tiempo, Nimxen, pontífice de la ley, gobernaba la multitud de cristianos que residían en la región oriental. » En aquel mismo año murió á la edad de ochenta y cinco años un príncipe que según parece fue el discípulo mas distinguido de los misioneros, del mismo modo que fue el hombre mas célebre de la dinastía de los Tang. En ninguna parte se encuentra escrito que haya sido cristiano, pero ello no obstante sus obras lo atestiguan. Helas aquí, según la misma inscripción de Si-gan-fu. « Kuotsey, primer presidente de la corte ministerial, rey de Fen-yam y generalísimo de las milicias del Norte, era las uñas del Estado y el ojo de los ejércitos. Velaba principalmente por la conservación 39 de las antiguas iglesias y el ensanche de su recinto; daba mayor elevación á los techos, mas suntuosidad á los pórticos, y embellecía los santuarios con los adornos mas exquisitos; de suerte que aquellos edificios se desplegaban como las alas de un faisán cuando va á tomar vuelo. Además de poner su persona y sus bienes al servicio de la religión cristiana, era incansable en el ejercicio de la caridad, y pródigo en hacer limosna. Daba de comer al hambriento, vestia al desnudo, socorría al enfermo y enterraba los muertos. Hasta ahora nunca se ha oido decir que tanta virtud se haya hallado ni aun entre los hombres mas religiosos. » — Tal es la pintura que la inscripción nos hace de Kuotsey, que es, sin poderlo dudar, la de un fervoroso cristiano. No haremos mas que añadir una palabra según el magnífico elogio que hace de él un historiador chino: « Este grande hombre, dice, fue protegido del cielo por sus virtudes, amado de los pueblos por sus buenas prendas, temido fuera por su valor, respetado dentro por su integridad incorruptible, y acompañado á la tumba por un sentimiento universal.... Todo el imperio se puso de luto, y este luto duró tres años, que era el que llevan los hijos por la muerte de un padre. » La primera aparición del cristianismo en la China principia y acaba con la inscripción de Si-gan-fu. Este brillante eslabón de una cadena que no se ha hallado todavía, es el único que ha podido adquirir la historia. Entre tanto que saliesen otros monumentos eclesiásticos de sus catacumbas, las cristiandades del Asia oriental permanecieron ocultas á nuestra vista durante el largo espacio de quinientos años, hasta que las primeras noticias de su existencia fueron comunicadas á Europa por las hordas formidables de Gengis-Khan. Nadie ignora que aquellos pueblos pastores, después de haberse amontonado largo tiempo como un nubarrón tempestuoso, se arrojaron en el siglo XIII sobre las naciones civilizadas, bajo las órdenes de un caudillo que queria convertir el universo en un dilatado desierto, destruyendo la mitad del mundo y precipitando la otra mitad en el terror. Era tan grande el espanto, que hasta en la corte de los francos la reina Blanca hizo oir, según dicen, á su valiente hijo este grito de alarma: «¡Qué siniestro clamor resuena allá en nuestras fronteras! ¡Ah, la irrupción de los tártaros nos amenaza con una total ruina, así como á nuestra santa Iglesia! » En efecto, las lanzas mongolas ya brillaban en las orillas del Adriático y amenazaban la intimidada Italia. Pero míentras los pueblos esperaban con estupor el terrible azote, que no habia fuerza humana que pudiese contener, y que los reyes se refugiaban en las islas del mar, solo el Pontífice Romano conservaba la esperanza de salvar la cristiandad inclinando la cerviz de estos nuevos sicambros al yugo de la civilización. ¡Pensamiento sublime de la fe, que apoyándose en ejemplos 40 recientes, podía aun renovar el prodigio de la conversión de los bárbaros dando al mismo tiempo á la afligida Europa sus feroces vencedores como hermanos y aliados! Por lo demás, esta esperanza estaba justificada por hechos tan ciertos como difíciles de explicar. Se sabia que aquellas hordas formidables tenian algún conocimiento de la fe; que la tribu imperial, la de los keraítas, habian tenido por jefe á un príncipe cristiano, el cual fue degollado por Gengis-Khan, que era su yerno; que la madre de este último habia profesado el Evangelio; que algunos de sus reyes estaban casados con cristianas, que eran quizás sus esclavas; que recientemente un apóstol, Simón el Siro, cuyo celo igualaba su ciencia, había vivido en la corte del gran Khan, quien le honraba con el título de padre; y finalmente que se habia notado con sorpresa que en muchas de sus banderas llevaban cruces dibujadas. A esto se agregaban algunas voces que daban lugar á creer que en el Asia superior existía un clero desconocido, y que aquella multitud de mongoles era una cosecha ya madura para el apostolado. Mientras que los príncipes cristianos veian atemorizados aquellas masas de bárbaros agrupados en la frontera á manera de unas olas que baten el último dique que suspende la irrupción fatal, la barca de Pedro se entrega á su furor con la esperanza que aquel flujo providencial que habia venido á buscarla hasta el centro de Europa, se llevaría la cruz en el reflujo, á los confines del mundo. En aquella época fue cuando se celebró el primer Concilio de Lyon. Inocencio IV decretó en él que se enviasen misioneros á la Tartaria, la cual era considerada por la China como una simple provincia de su vasto imperio, y para ello acudió á las órdenes de santo Domingo y san Francisco. Cuando el llamamiento del Pontífice se notificó en capítulo general, los religiosos se ofrecieron á porfía á desempeñar tan arriesgada misión. Los elegidos, envidiados por sus compañeros, recibieron sus abrazos como última despedida, y partieron besando sus credenciales como una prueba cierta de su martirio. Los dominicos se aventuraron en medio de las partidas mongolas que campaban en las embocaduras del Volga. Por ahora no seguiremos sus pasos en una misión que se halla todavía tan distante de la China. En cuanto á los franciscanos, después de cuatro meses de excursiones y peligros, llegaron en 1247 á la la tienda amarilla del Hijo del cielo. Allí asistieron á la instalación del emperador Gayuk; con cuatro mil embajadores y una multitud de emires, príncipes de la sangre y generales, cuyo lujo contrastaba con la sencillez de dos pobres religiosos, que se habian presentado en medio de aquellos feroces guerreros para anunciarles la ley de paz. 47 Una hija debe estar tan cerca de su madre, como su propia sombra. La modestia y el silencio, la dulzura y la timidez, son el verdadero adorno de su belleza. «Nada es vil en el interior de la casa para una muger juiciosa: la calceta y la aguja ocupan todo su tiempo de reposo, y se vanagloria, bien en preparar la comida, bien en asistir á un enfermo. A nada se niega; se presta á todo: tan pronta se manifiesta para pedir un consejo, como tímida para darle: su boca se cierra si ha de emplearse en algo que disminuya la gloria de los demás, ó aumente la suya. «Se rie y alegra á propósito, pero aun cuando esté entregada á la mayor alegría, su voz hace muy poco ruido: la de una joven debe hacer menos todavia; hablar alto es un defecto muy grande para ella. «Las perlas y las pedrerías, la seda y el oro con que se adorne, es un barniz trasparente que contribuye á demostrar mejor sus defectos: todos los siglos lo han dicho, el candor y la virtud son el adorno mas interesante de la muger. «Se adivina lo que será una joven en la casa de su esposo, viendo lo que es en la de su padre. »Una mirada orgullosa é imperiosa revela una gran soberbia en una joven. Mientras mas pretenda demostrar talento revelando los defectos de los otros, mas descubre un fatal secreto, el de un mal corazón.» ¡Qué lecciones tan sabias! ¡Qué consejos tan útiles! Temo una cosa: según la pintura que acabo de hacerte de la educación, o mas bien, de la falta de educación de mis pobres chinas, puede acaso que te las representes como mugeres desudas de imaginación, incapaces de comprender los bellos pensamientos y las buenas obras. Pero, no: no albergues respecto á ellas este sentimiento injusto, puesto que sabes bien, que no es en medio de los goces del mundo donde las facultades de la inteligencia se desarrollan mejor: para engrandecerse es preciso calma y el silencio del retiro. Entre las mugeres de la flor del Mediodía (este nombre dan los chinos á su país), entre estas mugeres, aquellas que tienen un poco de instrucción, comprenden como tú, que el mas precioso de los encantos del aislamiento es el estudio. 48 Retiradas en el aposento misterioso, no tienen necesidad de esperar otra cosa que llegar a la edad, en que los placeres del mundo ofrecen pocos atractivos á las mugeres, para buscar distracciones en la cultura de las letras. Esta es la recompensa merecida de las virtudes que ejercen; mas es preciso entender, que no trato hablar aqui sino de los talentos escogidos, de aquellos que se encuentran en todas partes, cualquiera que sea el obstáculo que las costumbres del pais opongan á su desarrollo. La China posee también sus Avellanedas, sus Carolinas Coronados; pero de todas las mugeres ilustres del celeste imperio, que se distinguen por una inteligencia superior, y por un gran talento literario, ciertamente la mas célebre es la sabia PanHoei-Pan. Su obra principal fue compuesta para edificación de las personas de su sexo; encierra una moral tan pura, tan santa, que se debía proponer por modelo, no solamente para las chinas, sino también para todas las mujeres del universo. Pan-Hoei-Pan nació en Fon-Song-Hien, ciudad de tercer orden de la provincia llamada Chen-Si. Su familia, que desde muchas generaciones contaba magistrados en el orden civil, y oficiales en el orden miliar, gozaba una mediana fortuna y una reputación de integridad, que la hacían marchar al par con las mas grandes del imperio. Desde su infancia Pan-HoeiPan, poseia las cualidades que en cierto tiempo debían labrar su dicha, y asegurar su celebridad. Se notaba en ella una aplicación infatigable en todos los trabajos que se la confiaban, un talento observador y penetrante, y sobre todo una sumisión llena de dulzura á la voluntad de sus padres. Los diferentes nombres que llevó antes de su matrimonio, forman el elogio de su talento y de su carácter. Primero se llamó Tehao que significa Esplendor del sol. Sus contestaciones prontas y agudas, pero dadas siempre con la timidez conveniente á su sexo y edad, la valieron este primer nombre de su infancia. Las palabras llenas de fuego; pero sin embargo, sensatas y de mucha razón de que se valia cuando daba cuenta de sus estudios, la escesiva limpieza de su vestido, y la modesta gracia de todo su aspecto, la grangearon en seguida el sobrenombre de Hoei-Pan, es decir, la que embellece la verdad con los encantos del tálento, y que todo lo dispone con orden. Por último, se la dio también el nombre de h'i (completa), para denotar que reunía la sabiduría á la hermosura. En vez de entregarse al juego, como las demás niñas de su edad, Pan Hoei-Pan sé retiraba al sitio mas apartado de la casa, lejos de la habitación de las mujeres. 49 Aquellas prolongadas ausencias causaron con frecuencia vivas inquietudes á su madre. Su padre, que tenia vehementes deseos de indagar la causa que la inspiraba tanto gusto a la soledad, la siguió un dia ocultamente á su desconocido retiro. Era este un cuarto próximo al de sus hermanos; allí la encantadora niña, acurrucada junto a la puerta que facilitaba la comunicación entre ambas habitaciones, escuchaba con avidez las lecciones que los sabios maestros daban á sus discípulos, y para conservar mejor lo que podía escapársela de la memoria, escribía con rapidez mientras que el profesor hablaba. Fácilmente puede comprenderse la sorpresa de su padre. Enagenado de admiración y de gozo se acercó a Hoei-Pan que al verle bajó la cabeza, se ruborizó y quedó confusa como si hubiese cometido alguna falta; pero aquel bondadoso padre la tranquilizó al punto y la prometió recompensar tanta afición al estudio. En efecto, algunos días después colocó á su lado una muger de mérito, para que la instruyese en las estensas nociones de la ciencia y de la literatura. Sin embargo, como la intención de los padres no era que su hija fuese una literata, pensaron bien pronto en elegirla un esposo digno de su nacimiento y de sus preciosas cualidades. Asi fue que en cuanto llegó a la edad de catorce años la casaron con un joven llamado TsaoChé-Chou, hijo de un célebre magistrado. Al entrar en aquella familia estraña Pan-Hoei Pan, deseosa de hacerse amar, manifestó la mayor dulzura, deferencia y tierna solicitud para con su suegra, y la mas estremada amabilidad y sumisión con su marido. El gobierno de la casa fue uno de sus primeros cuidados, y si dedicó algunos momentos á las letras fue únicamente por complacer al que había prometido obediencia y amor. Cuando llegó á ser madre, celosa de cumplir por sí sola los deberes que impone la naturaleza, fue la nodriza de sus hijos, y mas tarde cifró toda su ventura en consagrarse enteramente á su educación. En fin, Pan-Hoei-Pan había sabido merecer toda la ternura de su esposo, cuando le fue arrebatado por una muerte casi repentina. Inconsolable con tan cruel pérdida, se retiró á casa de su hermano Pan-Kou, en donde buscó alivio á su dolor cultivando las letras. Pan-Kou era historiógrafo del imperio. Las luces de su hermana le fueron de tan poderoso auxilio en las obras científicas que emprendió, que no se desdeñó de 50 asociarlas á sus trabajos. Como era justo y reconocido, no quería para si sólo una gloria de que pertenecía á Pan-Hoei-Pan una buena parte. Asi es, que cuando en el tribunal de los literatos leia una composición nueva, mandada por el emperador y escrita por Hoei-Pan, no dejaba de decir: «Ese articulo que tanto admiráis no es mío: pertenece enteramente á la pluma de mi hermana» De este modo, aunque vivía muy retirada, su fama se estendia ya hasta el palacio imperial. Una nueva desgracia vino á hacerla derramar lágrimas muy amargas. Perdió á su hermano, aquel compañero querido de sus estudios, aquel sncero amigo á cuyo lado pensaba terminar pacificamente su existencia. El desventurado Pan-Kou se comprometió en una conspiración contra la vida del soberano, y se ahorcó en su prisión. El emperador se afligió mucho por la pérdida de un sabio que debía ilustrar su reinado, y habiéndole hablado sus ministres del talento de Pan-Hoei-Pan, mandó á esta que concluyese las obras de su hermano, para que se presentasen al público, y fuesen recibidas con el respeto debido á los libros publicados por orden del gobierno. Para la pobre viuda fue tarea dulce y piadosa, el participar de la gloria de un hermano, á quien tan tiernamente había amado. La desempeñó con tan buen éxito, que el emperador para recompensarla la dio habitación en el palacio, y creó para ella la plaza de maestra de poesía de la emperatriz, que aunque muy joven todavía, se mostraba deseosa de saber. Para colmo de sus bondades, concedió á Pan HoeiPan la gracia de llevar el nombre de Tsao, que era e| de su marido, gracia de que se ven muy pocos ejemplares en China, en donde las mugeres conservan el nombre paterno. Ademas la condecoró con el título de Ta-K´ia, (muy grande en su familia), de manera que después ya no se la llamó mas que Tsao-Ta-Kia, que quiere decir: «la persona que llevando el nombre de Tsao, ha sido la mas grande en su familia.» Habiendo llegado á ser el oráculo de la corte en las cuestiones literarias, lejos de envanecerse Pan Hoei-Pan, fue cada vez mas modesta. Aunque poseía una erudición profunda, un gusto esquisito, una imaginación brillante, y en fin, todas las cualidades que constituyen un escritor de primer orden, quiso mas emplear sus talentos en hacer valer las obras de los otros, que componerlas por su propia gloria. La única que vio la luz pública con su nombre, durante su vida, se titula: Niu-KieTsi Pen ó los Siete capítulos de los deberes de la mujer. Aunque comprendió la utilidad de su obra, su natural timidez no la permitió publicarla sin someterla antes 51 á la crítica de un hombre superior. Confió, pues, su manuscrito á un sabio y grave personase llamado Mayoung. Habiendo leído este los siete capítulos, quedó tan admirado, que sin aguardar a que se imprimiesen sacó una copia por su misma mano, y mandó á su muger que se aprendiese de memoria aquella obra maestra, hecha, decía él, para conducir a la perfección á las personas de su sexo. Bien pronto los ministros, los magistrados y los literatos y agregados al servicio de la corte, imitaron su ejemplo y se apresuraron á copiar el precioso manuscrito, del cual se prometian sacar grandes ventajas para la paz y la felicidad de las familias; porque creían con razón, que teniendo de este modo las mugeres presente en el pensamiento aquella regla de su conducta, no podrían jamás separarse de ella. Pan-Hoei-Pan murió de edad de setenta años. Fue general la tristeza en el palacio, y queriendo la emperatriz dar una prueba evidente de su sentimiento, llevó luto por la que había mirado siempre como su madre. El emperador, para honrar dignamente su memoria, arregló por sí mismo la ceremonia de sus funerales, que se celebraron con estraordinaria magnificencia, y después de su muerte la confirmó el titulo glorioso de Ta-Kia, como un recuerdo de la belleza de su gloria y de su inmenso saber. Otra muger célebre, Ting-Chi, nuera de Hoei-Pan, hizo su elogio fúnebre, que nos ha sido conservado. Recogió todos los manuscritos de su ilustre suegra para darlos al público, ó mas bien a la inmortalidad. Iba á copiarte aquí algunos fragmentos del célebre libro de la ilustre escritora china, pero desisto de la idea por no dar mayor estension á esta carta y porque en realidad ¿á qué conduciría esto? ¿No tenemos nuestras madres, nuestras bondadosas madres? ¿No cifran toda su ambición en hacernos tan perfectas como podemos llegar á serlo? ¿Y qué sabias máximas hablarían mejor á nuestro corazón que sus tiernas observaciones y el ejemplo de sus dulces virtudes? No quiero concluir, mi querida amiga, sin decirte al menos algunas palabras acerca de una muger que no es menos ilustre que Pan-Hoei-Pan. Si la una asombró á los hombres por su inmenso talento, la otra se atrajo su admiración por su caridad evangélica. Quiero hablar de Cándida, una de las primeras chinas que se convirtieron á la religión cristiana. Su abuelo que se llamaba Sui, era un mandarín muy apreciado del emperador. Habiendo tenido la dicha de hacerse bautizar, tomó 52 el nombre del apóstol San Pablo, y en efecto, llegó á ser el verdadero apóstol de la fé en la China. Aunque entonces era el tiempo de las persecuciones, se vanagloriaba de profesar el catolicismo, aun en el centro del palacio imperial; y en varias ocasiones se declaró protector de los que acudían desde tan lejos, y arrostraban tan grandes peligros, para llevar la palabra de Jesucristo. Cuando murió el padre Juan de la Rocha, que le había bautizado, Pablo Sui, el letrado convertido, hizo que toda su familia vistiese luto como si hubiese perdido un pariente que le fuese muy querido. Otra vez el celo y la piedad de este santo varón se manifestaron de un modo muy notable. Habiéndole llevado un misionero una carta que el cardena1 Belarmino escribía á los fieles de Oriente, no quiso nunca recibirla sino después de ponerse el trage de su dignidad, y de prosternarse tres veces en tierra, como se hace ahora en presencia del emperador, porque le parecía un deber tributar á uno de los mayores dignatarios de la iglesia, los honores que con tanta prodigalidad se conceden a los soberanos de la tierra. El fervor de este grande mandarín, se perpetuó en su familia: su nieta Cándida, que desde su infancia había sido tocada por la gracia del Señor, quiso seguir sus huellas por el camino de la salvacion. Cuando aun no tenia mas que catorce años, perdió á su madre, muger piadosa que la habia dado la mas santa educación. En cuanto llegó á los diez y seis años, la casaron con un hombre de gran mérito llamado Hiu, pero que todavía vivía en las tinieblas de la idolatría. El deseo incesante de Cándida era la conversión de su marido, por manera que continuamente le hablaba de las bellezas de la religión cristiana. Su piedad era tan solida, tan ilustrada, y su dulzura y humildad tan perfectas, que movido por las virtudes de que era deudora á las luces de la fe, su marido pidió y recibió el bautismo. Viuda á la edad de treinta años, Cándida se consagro enteramente á la gloria del Señor. Sin tocar á los bienes de sus hijos encontró en sus ahorros y en el trabajo de sus manos, una suma suficiente para hacer construir treinta capillas en su país, y otrás nueve en diferentes provincias del imperio. Con arreglo al número se comprende muy bien cuan grande debia ser la sencillez de los lugares consagrados al culto divino. Candida tenia toda su felicidad en desempeñar la tarea que se habia impuesto en este mundo: en cuanto los cristianos, chinos ó europeos sometían á su recto juicio algún piadoso escrito, cuyas persuasivas instrucciones podían 53 enternecer e! corazón de los infieles, se apresuraba á hacerle imprimir á su costa, y después lo repartía secretamente por las casas de los gobernadores, letrados, y magistrados que todavía no habían abjurado sus errores. Basilio, hijo de esta generosa cristiana, fue nombrado gobernador de los apostaderos de marina. Prosiguiendo su noble objeto, quiso acompañarle á las diversas regiones adonde le llamaba su servicio. En donde quiera que encontraba la idolatría, la combatía animosamente, ya enviando misioneros á instruir y bautizar los idólatras, ya erigiendo capillas para la celebración de los oficios divinos, Candida no ignoraba que la miseria obliga con frecuencia á los pobres a abandonar sus hijos en el momento que nacen. Un alma como la suya no podia conocer el mal sín tratar de prevenir sus tristes efectos, por lo que se apresura a emplear el crédito de su hijo con el virey de Sou-Teheou para conseguir la autorización de fundar un establecimiento para recibir los niños espositos, y proporcionarles nodrizas. El virey no se opuso á esta buena obra, y se llevó á cabo el proyecto. Hay en China un gran numero de ciegos, la mayor parte de los atacados de esta cruel enfermedad, no tienen mas medios para subvenir a su subsistencia, que recorrer las calles y plazas públicas prediciendo el porvenir á un pueblo supersticioso. Llena de compasión por aquellos infelices, y horrorizada de las criminales preocupaciones que propagaban, Cándida pensó que podría conducirlos á dedicar á la gloria del Señor el tiempo que empleaban en perjudicar a los otros y a si mismos. Hizo que se la presentasen un gran número de ellos; primero socorrió su miseria; después los instruvó en la doctrina del cristianismo, y les mando que fuesen por la ciudad, reuniesen al pueblo y en vez de entretenerle con relaciones falsas, le enseñasen la ley de Dios, y le invitasen á convertirse. Algunos años antes de la muerte de esta santa muger, el emperador para manifestarla el aprecio que le inspiraban tan brillantes cualidades, la hizo dar el título de Chougin (persona casta), ademas la envió un magnifico vestido bordado de seda, guarnecido con láminas de plata, y un aderezo de perlas y pedrería. Cándida recibió con un profundo respeto y afectuoso reconocimiento el rico regalo de su soberano; se complació en ponérselo el dia de sus cumplealos, pero al dia siguiente quitó del vestido la plata y la pedrería de su aderezo para emplearlas en socorro de los pobres y en el adorno de los altares. Cuando llegó su última hora, vio acercarse aquel terrible momento que debía hacerla pasar á la eternidad, sin el menor témor, y recibió los Sacramentos con la fé mas viva y la ardiente esperanza de verse en el cielo eternamente unida al que tanto había amado y tan bien había servido en la tierra. La muerte de Cándida entristeció todos los corazones: los pobres la lloraron como á una madre, los nuevos cristianos como el modelo de todas las virtudes 54 evangélicas, y los misioneros como un apoyo seguro en las persecuciones que tenían que sufrir. Espero, amiga mía; que ahora le interesarás en la suerte de las pobres chinas; asi, cuando uno de los ministros de Dios vaya á reclamar la ofrenda para la infancia abandonada te apresurarás á ponerla en sus manos, no solo por dulcificar la suerte, de los desgraciados, me parece muy natural á tu corazón, sino también porque pensarás que tal vez te deban á ti la vida una Pan Hoei-Pan ó una Cándida. AGUSTINA MASON. Agustina MASON: Estudios de viajes. Las chinas”, en Museo de las familias, 25 de Octubre de 1849, Tomo VII pp. 226-229. Biblioteca Nacional de España. HISTORIA GENERAL DE LOS VIAGES (Rubruck) A principios de Enero, haviendo dicho Sergius, que havia de bautizar a Mangu el dia de la Epiphania, le rogó Rubruquis le dexase ver esta ceremonia. El Armenio se lo prometió: pero quando llegó el dia de la fiesta, se ocultó al Autor. No obstante, habiendo recibido orden Rubruquis de ir a la Corte a las seis de la tarde, le encontró, que bolvia acompañado de algunos sacerdotes, con la Cruz, el Evangelio, y el Incensario. Era uso de mangu, quando deba alguna fiesta, tener cerca de su persona Sacerdotes Nestorianos, Mahometanos, y Paganos, para bendecir su copa. Sergius dixo al Autor, que si el Khan empleba a otros sacerdotes, toda su inclinación era sin embargo a los Christianos; pero esto era falso, porque este Principe no tenia fee en ninguno. Seguian su Corte, añade el Autor, como las moscas siguen la miel, y se sostenían en ella por las predicciones que hacían en su favor. Al volver de la Corte, paso Rubruquis a casa del Monge Armenio, y le hizo avergonzar con sus reprensiones. Algunos Nestorianos no dexaron de asegurar, que el Khan havia recibido el Bautismo; pero respondió, que no lo creía, porque no lo havia visto. Los Tartaros habían dado a los Embiados Franceses camas, y leña, y les habían señalado un cabrito de seis en seis días, y una corta porción de mijo, dándoles las vasijas para cocer estos alimentos. Mangu les embio vestidos de piel; y siendo poco comoda su casa, los hizo alojar con el Monge Sergius. El 14 de Enero, Kotota-kateu, principal mujer del Khan, visito la Iglesia nestoriana con Baltu, su hijo primogénito, y sus demás hijos, seguida de un grande numero de 55 sus mujeres. Su primr acto de Religión fue prosternarse al mode de los nestorianos. Despues toco la Emperatriz con la mano derecha todas las estatuas, las adoró devotamente, y dio tiempo a que hiciese lo mismo su comitiva. Las sacerdotes cantaron algunos Hymnos, y presentaron incienso a la Emperatriz, que lo echo en el Incensario. Tuvieron el honor de incensarla, despues de lo qual hizo esta dseñora le quitasen todos los adornos, que le cubrían la cabeza. Rubruquis observo, que la tenia pelada, y también, que se traxo una vasija de plata; pero habiendo recibido orden de que se retirara, no supo si se havia bautizado. Mientras que llegaba a su habitación, vino el mismo Mangu a la Iglesia, en la que se puso un Trono de oro, y en el se sentó con la Emperatriz enfrente del Altar. Bolviose a llamar a los dos Embiados Franceses, quienes al llegar hicieron reverencia al Altar, y lo mismo al Khan. Hizoseles cantar un Hymno, y el Khan registró su Biblia, y Breviario, preguntando, que significaban las Imágenes? Retirado mangu, se quedó la Emperatriz, la que hizo algunos regalos a todos los Christianos, que habían asistido. Dio un Jaskar a Sergius, y otro al Arcediano; y haciendo traer un Nasik; esto es, una pieza de tela tan grande como una colcha, con un Bukran, los regaló a los Embiados; pero rehusando aceptarlos, los hizo dar a su Interprete, que vendió despues el Nasik en la Isla de Chypre, por la cantidad de ocho Sultanins, aunque havia perdido mucho de su valor en el transporte. Traxeronse licores, como Kosmos de arroz, y vino tinto semejante al de la Rochela. Tomando la Emperatriz una copa, se puso de rodillas para pedir la bendición de los sacerdotes, y bebio el licor mientras que cantaban himnos. Los Embiados rehusaron beber, pero se les hizo cantar. Despues que todos los Sacerdotes bebieron hasta embriagarse, se traxo un cabrito entero, y muchas carpas grandes, que se comieron al instante sin sal, ni pan. Al anochecer, estando también embriagada la Emperatriz, hizo la volviesen a llevar a Palacio en su galera. Baltu, hijo de esta Princesa, vino al dia siguiente a la Iglesia con las mismas ceremonias. Embriagó también a los Sacerdotes, pero no les dio de comer sino mijo tostado, sin distribuirles ningún regalo. Acercandose la Quaresma de los Nestorianos, vio Rubruquis un Señor Tartaro, nombrado Bulgay, Chanciller, y primer Secretario de Estado, ocupado en dar ordenes para la manutención de los Sacerdotes. Diario noticioso universal. Agosto, Lunes a 6 de 1770. Historia de los viajes, Rubruquis 1254, numero 3843, Con privilegio del rey, N. S., Madrid, Imprenta del Diario, pp. 6679-6680. Biblioteca Nacional de España. 56 EL LAMANISMO EN LA TARTARIA Y ELT1BET. VIAJE POR LA TARTARIA, EL TIBET Y LA CHINA EN LOS ANOS 1844, 1845 y 1846, POR M. HUC, MISIONERO BE LA CONGREGACIÓN DE S. LÁZARO.— 2 TOMOS: PARÍS. A. fines de 1846, el señor Johnston, secretario del ministro británico en China, tuvo por compañero de yiaje en la travesía de Hong-kong á Ceilan á un misionero lazarista francés, llamado José Gabet, el cual se dirigía de la China á París con el objeto de hacer presente al gobierno, si las circunstancias eran favorables para ello, el mal tratamiento que él y otro misionero de su orden habían sufrido en Lhassa por parte de Ke-Shen, embajador del celeste imperio en la corte del Gran Lama. KeShen era el comisario imperial que en 1839 se opuso en Cantón al capitán inglés Elliot, y que á causa de la derrota que sufrieron las armas chinas cayó en desgracia, se le privó de sus bienes y fue condenado á muerte por el emperador. Sin embargo, poco después logró recobrar casi todos sus antiguos honores y crédito, y aun gran parte de sus riquezas que como veremos eran inmensas. El señor Johnston, creyó tan curiosa é interesante la narración del P. Gabet por ser la mas reciente y auténtica acerca del Tibet y de sus relaciones con la China, que anotó los puntos y sucesos principales de ella, y al volver á su puesto oficial presentó el manuscrito á Sir Jhon Davis, gobernador de Hong-kong, el cual en sus despachos remitió una copia á Lord Palmerston. Desde entonces nada mas volvió á oírse sobre este asunto, hasta que á últimos del año 1850 aparecieron en París los dos tomos que contienen las aventuras del P. Gabet y del P. Huc, compañero de aquel en todas ellas. Este último es el autor de la obra, y en verdad que otra mas interesante y entrenida pocas veces ha salido de la prensa francesa. No hay que esperar las cualidades de un Humboldt en un misionero; mas aunque esta narración no aumente los progresos de la ciencia, todavía debemos apreciar las noticias que nos da sobre países casi inaccesibles á los europeos, noticias por otra parte referidas en un estilo vivo, animado y festivo, que no pueden menos de agradar á toda clase de lectores. Hace ocho años el papa tuvo la idea de nombrar un vicario apostólico para la Tartaria del Mogol; y tratándose de saber la naturaleza y estension de este gigantesco vicariato, los señores Gabet y Huc, que residían un poco hacia el norte de la Gran Muralla en la Tartaria Oriental á principios de 1844, recibieron orden de su superior espiritual para que del mejor modo que pudieran atravesaran la Tartaria de Oriente á Occidente, trasladándose á Lhassa, capital del Tibet y Santa Sede del 63 modesta pared de tierra; en otras ocasiones vimos también esta famosa muralla reducida á su mas simple espresion y compuesta solamente de algunos montones de piedra9 (1).» Respecto de las fronteras terrestes del imperio chino hacia el Occidente, se observa que la autoridad del emperador en vez de cesar de repente va modificándose por grados. Existen en el Kan-Sou y en los confines de la provincia de Sse-Tchonan, varias poblaciones que se gobiernan por sí mismas con arreglo á leyes especiales; y todas ellas llevan la denominación de Tou-Sse, á la cual se añade el nombre de familia de su jefe ó soberano. Esto misino sucede hacia el Sudoeste en las orillas del Ava. En los confines del imperio hay algunas ciudades ó poblaciones llamadas Tou-Sse ó jurisdicciones naturales, donde los habitantes son mas ó menos independientes, existiendo una especie de autoridad dividida que sujeta á cada tribu á las órdenes de sus propios jefes. A un resultado muy semejante ha conducido la guerra de los chinos con los ingleses, habiéndose establecido un principio semejante por el tratado de los cinco puertos. Los subditos ingleses son enteramente independientes de las leyes chinas, y éstan gobernados por sus cónsules con arreglo á ordenanzas formadas por el gobernador y el consejo legislativo de Hóng-Kong, y aprobadas por el gobierno dé la metrópoli. De la pluralidad de estas jurisdicciones naturales se infiere que las leyes chinas respecto de los extranjeros son intolerables: á lo menos asi se ha visto en Cantón. Sería injusto no citar el siguiente pasage dé la obra de nuestros misioneros: «Nuestro huésped, chino de raza pura, queriendo darnos una prueba de su sagacidad nos preguntó sin vacilar si éramos ingleses, y para no dejar duda acerca de su pregunta añadió que entendía por Yng-Kie-ly los diablos marinos que hacían la guerra en Cantón. No somos ingleses; nosotros no somos diablos de ninguna especie, ni de mar ni de tierra. Un desocupado vino muy á propósito á destruir el mal efecto de esta pregunta intempestiva. —Muy poco entiendes, dijo al posadero, de rostros ni de figuras de hombres. ¿Cómo te se ha metido en la cabeza que estos son Yang-Kuei-Tse? ¿No sabes que los Yang-Kuei-Tse tienen los ojos azules y el pelo colorado?—- ¡Es cierto, no había reparado en ello. —No; seguramente no habías pensado en ello, añadimos nosotros; ¿crées que los monstruos marinos pueden vivir en tierra y andar á caballo como nosotros?— Justo, justo ; los YngKie-ly jamás salen del mar porque en tierra tiemblan y se mueren como los peces 9 (l) El P. Gerbillon nos dice que al otro lado del rio Amarillo, hacia un estremo occidental ó en casi la mitad de su total longitud, la muralla está en su mayor parte compuesta de una pared de tierra, de 15 pies de altura con algunas torres de ladrille, de largas en largas distancias. 64 que se sacan del agua. Se habló mucho de las costumbres y del carácter de los diablos marinos, y al cabo quedó completamente demostrado que nosotros no éramos de la misma raza » La obra de los misioneros franceses contiene la narración mas completa y minuciosa que hemos visto hasta ahora acerca del Lamanismo, y confirma la sorprendente semejanza que existe entre los ritos esterióres del Buddhismo y los de la iglesia católica. Ademas del celibato, los ayunos y las oraciones por los muertos, hay reliquias, agua bendita, incienso, luces, rosario, adoración de los santos, procesiones y hábitos monacales parecidos á los de las órdenes mendicantes; sin embargo nuestros buenos misioneros se dejan llevar de ciertas chanzas que mil veces se han repetido aplicándose á otro propósito Véase lo que dicen acerca de un rnonge del Buddhismo. «Este joven Lama de 24 años, era un mozo robusto y forzudo, cuyo rostro espeso indicaba el gran consumo de manteca que hacia en su estrecha celda: jamás le veíamos asomarse á la puerta sin pensar en aquel ratón de Lafontaine que por devoción se retiró á un queso de Holanda. En los monasterios de los Lamas todos están sujetos á la misma regla y á la misma disciplina; sin embargo, no todos los bienes son comunes, habiendo entre ellos algunos derechos esclusivos de propiedad. El P. Huc y su compañero pasaron varios meses en estos establecimientos. Ademas de su santidad, el supremo Lama de Lhassa, hay grandes Lamas que reciben de él su investidura; con referencia á uno de ellos dice el P. Huc: «Si la persona del gran Lama nos llamó poco la atención no nos sucedió lo mismo respecto de su traje, que era rigorosamente el de los obispos. Llevaba en la cabeza una mitra amarilla; en la mano derecha un largo báculo en forma de cruz y sobre los hombros un manto de tafetán, color violado, sujeto al pecho con un broche, y semejante en todo á una capa de coro.” Después el autor recapitula este punto como sigue: «La cruz, la mitra, la dalmática, la capa de coro ó pluvial que los grandes Lamas llevan en los viajes ó cuando ejecutan alguna ceremonia fuera del templo; el oficio á dos coros, la salmodia, los exorcismos, el incensario sostenido por cinco cadenas y que puede abrirse y cerrarse á voluntad; las bendiciones dadas por los Lamas estendiendo la mano derecha sobre las cabezas de los fieles; el rosario, el celibato eclesiástieo, los retiros espirituales, el culto de los santos, los ayunos, las 65 procesiones, las letanías, el agua bendita son otras tantas analogías que los buddhistas tienen con nosotros.» Los Lamas también hacen prodigios y milagros, algunos de los cuales cita el P. Huc, y los cita creyendo en ellos, si bien los atribuye á obra del demonio. «Una filosofía, dice, puramente humana rechazará como inciertos semejantes hechos, ó los atribuirá á engaños y trazas de los Lamas. Nosotros, misioneros católicos, creemos que el grande enemigo que engañó á nuestros primeros padres en el paraíso terrenal prosigue todavía en este mundo su sistema de mentira. El que tuvo poder para sostener en los aires á Simón el mago, puede hoy muy bien hablar á los hombres por boca de un niño á fin de conservar la fé de sus adoradores.» Después de diez y ocho meses de viajes y residencia durante el inmenso trayecto entre las cercanías de Pekin y Lhassa, los PP. Hue y Gabet llegaron á la capital del Tibet en un estado de cansancio y fatiga deplorable. La nevada cordillera de montes que atravesaron en la última parte de su camino la pasaron con una caravana que periódicamente se forma con el objeto de prestarse mutua protección contra los ladrones; y las miserias y privaciones que sufrieron, pusieron al P. Gabet al borde del sepulcro, á pesar de su juventud, pues ambos viajeros eran jóvenes, teniendo uno 32 y otro 37 años. Apenas instalados en su alojamiento, se vieron espuestos á trabajos no menos crueles aunque de otra especie. El embajador del emperador de la China que reside en la corte del supremo Lama, es allí como es en Roma un embajador austríaco aunque con una influencia mucho mayor y mucho mas exclusiva. Sus espías fueron los primeros en descubrir la llegada de los intrusos; y al fin no obstante las bondades y el favor con que les protegió el regente temporal del Tibet, consiguió que se les espulsara del pais. La narración de estos hechos es en estremo curiosa, y dá una idea de las verdaderas relaciones que existen entre Pekin y Lhassa, mucho mas exacta y completa que la que puede dar ninguna otra escrita hasta ahora. Ademas de las muchas y estrañas analogías que existen entre las ceremonias esteriores del lamanismo y del catolicismo, observa el P. Huc que Roma y Lhassa, el Papa y el supremo Lama, ofrecen también puntos de semejanza muy interesantes. El gobierno del Tibet es enteramente eclesiástico. El Talé ó Dalé-Lama es al mismo tiempo soberano temporal y espiritual; cuando muere, ó, como dicen los buddhistas, cuando trasmigra, se continúa su indestructible personificación en un niño, elegido por los grandes Lamas llamados Houlouktou, cuya categoría sacerdotal es la inmediatamente inferior á la del Lama supremo, y que por tanto pueden ser comparados con los cardenales. El actual Dalé-Lama no tiene mas que nueve años, y de los tres últimos predecesores suyos ninguno llegó á la mayor edad; 66 circunstancia que parece indicar su muerte violenta, y que efectivamente se atribuye á traición por parte del gobierno del Tibet, confiado ésclusivamente á manos de un funcionario llamado Nomekhan durante la menor edad del Gran Lama. Un partido opuesto á este Nomekhan pidió secretamente en 1844 la intervención del emperador de la China, que siempre está pronto á estender su influencia en todas ocasiones fuera de los límites de su imperio. La persona elegida para ir al Tibet como embajador y derrocar el poder mal adquirido del Nomekhan fue Ke-Shen, el mismo que cuatro años antes habia sido arruinado de resultas de sus negociaciones en Cantón, pero cuya energía y talentos eran todavía apreciados por el gobierno imperial. Al llegar á Lhassa, Ke-Shen, adoptó sus medidas de concierto con los contrarios del Nomekhan. Este alto funcionario fue preso, y para evitar el tormento, confesó por ñn que hnbia robado tres vidas al Gran Lama, ó en otros términos, que habia causado su trasmigración tres veces violentamente. Esta declaración firmada ó sellada por Ke-Shen fue enviada por un correo especial á Pekín. Tres meses después, dice el P. Huc, la capital del Tibet se hallaba en una espantosa agitación. Habíase fijado en el gran pórtico del palacio del Nomekhan y en las calles principales dé la ciudad un edicto imperial en tres idiomas, en papel amarillo y con orlas, representando los dragones alados. En este edicto, después de :altas consideraciones sobre los deberes de los reyes y de los soberanos grandes y pequeños; después de haber exortado á los potentados, monarcas, príncipes, magistrados y pueblos de los cuatro mares á caminar por la senda de la justicia y de la virtud, bajo la pena de merecer la cólera del cielo y la indignación del gran Khan, el emperador recordaba los crímenes del Nomekhan y lo condenaba á destierro perpetuo en las orillas del Saghalien-Oula, en lo interior de la Manchouria. Al final estaba la fórmula de estilo: temblad y obedeced.». La inusitada vista de un edicto imperial á las puertas del palacio del Gobierno, excitó una indignación general entre los habitantes de Lhassa. A media legua de distancia de esta capital hay un colegio de Lamas que contiene algunos miles de individuos; estos se armaron apresuradamente, y con las armas que hallaron á mano cayeron como una avalancha sobre la ciudad, profiriendo gritos de muerte contra Ke-Shen y los chinos. Tomaron por asalto la casa del embajador, pero no lo encontraron en ella; luego atacaron á sus parciales y sacrificaron varios á su furor; y por último, pusieron en libertad al Nomekhan, el cual sin embargo no tuvo alientos para aprovechar la ocasión. Tenia, dice el P. Huc, la cobarde energía de un asesino, pero no la audacia de un sedicioso. A la mañana siguiente los Lamas se agitaron de nuevo como un enjambre de abejas, y se precipitaron otra vez sobre Lhassa; pero Ke-Shen se habia aprovechado del respiro que le dejaron para adoptar sus medidas; una formidable barrera de tropas 67 chinas y nacionales les cerró el paso; y los Lamas, cuyo oficio no era pelear, volvieron á sus celdas y á sus libros, deseosos de evitar las consecuencias de su temeridad, y satisfechos de poderlo conseguir por su inmediato apartamiento de los negocios temporales. A los pocos dias el Nomekhan que había desperdiciado la única ocasión de salvarse, tomó «como un cordero,» el camino de Tartaria, mientras Ke-Shen, orgulloso de su triunfo, se manifestó dispuesto á extender los castigos á los que eran reputados cómplices en el delito. Sin embargo, los ministros del gobierno local pensaron que la influencia china habia hecho ya bastante, y el embajador tuvo la prudencia de ceder. El nuevo Nomekhan fue elegido entre los Lamas mas eminentes del pais; pero habiendo recaído la elecion en un joven de solos 18 años, se le nombró un,regente que fue el principal Khalon ó ministro. El primer cuidado de este regente fue procurar oponerse á la ambición. y á los usurpaciones del embajador chino que tan atrevidamente se habia aprovechado de la debilidad del gobierno del Tibet para usurpar sus facultades: y extender las pretensiones de su amo el emperador. Tal era el estado de las cosas cuando llegaron los dos misioneros, los cuales después de algunas semanas de residencia en Lhassa sin haber sido molestados, empezaban á lisonjearse de que no llamarían la atención. Hallábanse un día sentados en su casa, conversando con un Lama muy entendido en la ciencia budhíslica, cuando se les presentó un chino vestido.con elegancia, manifestando gran deseo de que le enseñasen las mercancías que llevaban. Los misioneros le contestaron que no eran mercaderes; pero él no quiso darse por satisfecho. En medio de la discusión llegó un segundo chino y luego un tercero, y al fin el número se aumentó hasta cinco, presentándose dos Lamas adornados de ricas bandas de seda, los cuales les hicieron una multitud de preguntas, dirigiendo de paso sus miradas á todas partes para examinar atentamente lo que contenía la habitación. Al fin se despidieron prometiendo volver y dejaron á nuestros misioneros muy alarmados pensando justamente que aquella visita, lejos de ser casual como pretendían sus nuevos amigos, parecía una medida concertada de antemano, y que estos tenían todas las apariencias de espías. Cuando acabaron de. comer, dos de los cinco que les habían visitado se les presentaron de nuevo anunciándoles que el regente deseaba verlos. Este joven debe venir también añadieron señalando al fiel criado tártaro Samdadchiemba que los miraba con no muy buenos ojos. Al recibir esta orden se encaminaron al palacio del regente, y después de haber atravesado un patio y varios corredores llenos de chinos y tibetinos entraron en una gran sala, al extremo de la cual estaba sentado el regente con las piernas cruzadas sobre un mullido cogin cubierto de una piel de tigre. Era hombre de unos cincuenta años, robusto, notablemente hermoso y de fisonomía 68 muy inteligente y benévola. Mandó sentar á los extranjeros á su derecha en un banco cubierto con un tapiz encarnado y tuvo con ellos la conversación siguiente: Luego que nos sentamos, el regéntese puso á mirarnos largo tiempo en silencio y con una atención minuciosa. Inclinaba la cabeza ya á la derecha, ya á la izquierda, examinándonos de un modo entre burlón y benévolo. Esta especie de pantomima nos pareció al fin tan ridicula que no pudimos menos de echarnos á reír. —Bueno, nos digimos uno á otro en francés, este amigo parece un buen hombre; el negoció se presenta bien.— Hola, dijo el regente-en tono muy afable ¿qué lengua habláis? No he entendido lo que habéis dicho •— Hablamos la lengua de nuestro pais.— Repetid en alta voz lo que habéis dicho en voz baja. —Hemos dicho: Ce monsieur parait assez bon enfant.— ¿Entendéis este idioma? dijo el regente volviéndose á los que estaban en pie detras de él. Estos se inclinaron y contestaron que no lo entendían.— Ya veis, nos dijo, que nadie entiende aquí la lengua de vuestro pais; traducid estas palabras en tibetino.— Decíamos, que la fisonomía del primer Khalon manifiesta mucha bondad.— Hola ¿pensáis que soy bueno? Pues sin embargo soy muy malo. ¿No es verdad que soy muy malo? preguntó volviéndose á sus dependientes? Estos se sonrieron y guardaron silencio.— Tenéis razón, continuó el regente, soy bueno porque la bondad es el deber de un Khalon; debo ser bueno para con mi pueblo y también para con los extranjeros. El regente aseguró á nuestros misioneros que tes habia enviado á llamar á consecuencia de las noticias contradictorias que circulaban acerca de ellos, pero sin la menor intención de molestarlos. Después de haber visto con sorpresa suya que pódian expresarse en caracteres escritos de Ghina, de Tartaria y del Tibet, y satisfecho respecto del objeto que les llevaba á la capital, les anunció que el embajador chino iba á interrogarlos, y les aconsejó que le contasen francamente su historia, añadiendo que necesitaban su protección, porque él era el que gobernaba el pais. Al marcharse el regente, el ruido del Gong anunció la llegada de Ke-Shen; la esperieneia de nuestros viajeros les anunciaba una entrevista menos agradable por esta parte; pero reunieron todo su valor, y como cristianos, misioneros y franceses determinaron no arrodillarse delante de nadie, mandando al mismo tiempo á su escudero y neófito Samdadehiemba que confesase su fé si llegaba el caso de ser necesario hacerlo. Ki-chan, aunque de edad de 60 años, nos pareció fuerte y vigoroso. Su fisonomía es sin duda la mas graciosa, noble y animada que hemos visto entre los chinos. Luego que le sacamos el sombrero haciéndole una cortesía del mejor modo que nos fue posible,—- Está bien, está bien, nos dijo: seguid vuestras costumbres. Me han dicho que os espresais correctamente en la lengua de Pekín; deseo hablar un instante con vosotros.— Cometemos muchas faltas al hablar, pero tu maravillosa 69 inteligencia sabrá suplir la oscuridad de nuestras palabras.— En verdad que eso es hablar pekinés puro; vosotros los franceses tenéis una gran facilidad para todas las ciencias; ¿no es verdad que sois franceses?— Sí, somos franceses.— Oh, ya conozco á los franceses; antes habia muchos en Pekín y yo solía ver algunos.— También has debido conocerlos en Cantón cuando eras comisario imperial.— Este recuerdo hizo fruncir el ceño á nuestro juez , el cual tomó entonces un abundante polvo de tabaco y le sorbió de muy mal humor10 (1).— Sí, es cierto, he visto muchos europeos en Cantón. ¿Sois de la religión del Señor del Cielo?— Sí, y somos también predicadores de esa religión.— Ya lo sé, ya lo sé; habéis venido aquí sin duda para predicarla.— No hemos tenido otro objeto.— ¿Habéis recorrido muchos paises?— Toda la China y toda la Tartaria. —¿Quién os ha dado hospitalidad en China?— No respondemos á preguntas de ese género.— ¿Y si yo os lo mando?— No podremos obedecer. (Aquí el juez despechado dio un gran golpe en la mesa con el puño cerrado).— Tú sabes, le dijimos, que los cristianos no tienen miedo; ¿porqué, pues, tratas de intimidarnos?— ¿Dónde habéis aprendido el chino?— En China.— ¿En qué parage?— En cada parte un poco.— ¿Y el tártaro le sabéis? ¿En dónde lo habéis aprendido?— En Mogolia, en la tierra de las yerbas. La firmeza de los PP. Huc y Gabet fue respetada por Kc-Shen, el cual sin embargo no trató con la misma ceremonia al tártaro Samdadchiemba, luego que supo que era subdito de China. Mandóle imperiosamente que se arrodillase y en esta actitud le hizo referir su historia, que hubiera comprometido mucho al desgraciado sirviente á no haber sido por sus relaciones con los dos misioneros. El carácter dc Ke-Shen aparece en toda esta narración bajo un aspecto bastante favorable. Usurpador é imperioso respecto del gobierno del Tibet, con arreglo á lo que él suponía ser su deber para con su soberano, su conducta personal para con los dos viajeros, manifestó que apreciaba debidamente el carácter europeo, apreciación que sin duda era el resultado de su esperieneia en Cantón. Lo avanzado dé la hora puso fin á la audiencia, y nuestros misioneros tuvieron enseguida una nueva entrevista seguidade una cena con su benévolo amigo el regente, cuya solicitud puede muy bien ser atribuida tanto á sus celos del embajador chino como á su simpatía hacia los extranjeros. En esta entrevista se presentó como intérprete, á causa de su conocimiento en el idioma chino, que era el mas familiar á los misioneros, cierto mahometano jefe de los musulmanes de Cachemira, residente en Lhassa. Este pequeño incidente muestra cuánto vá aumentándose la vecindad de las posesiones inglesas á la China, desde que Gholab Singh, gobernador de Cachemira, se hizo tributario y se obligó por un tratado con lord Hardinge á dar cada año una docena 10 (l) l.os chinos generalmente tienen el tabaco en polvo en una botellita y de allí lo toman; pero KeShen necesitaba probablemente mayor cantidad y tenia el polvo en un vaso de plata á su lado. 70 de chales finos y cierto número de ellos de pelo de cabra, en reconocimiento de la supremacía británica. La mayor causa de ansiedad para el regente y la circunstancia que podría haber comprometido mas á los misioneros, fue la posesión de mapas del pais que hubieran podido pasar por construidos por ellos mismos. Parece, según el P. Huc, que esta prevención contra los constructores de mapas se manifiesta desde la primera visita del inglés Moorcroft, que según los tibetinos se introdujo en Lhassa como natural de Cachemira, y que después de residir allí algunos años tomó el camino para Ladak, en cuyo viaje fue asesinado, habiéndose encontrado entre sus efectos mapas y dibujos ejecutados durante su residencia en el pais. La verdad sin embargo es, que este temor contra los autores de mapas viene de muy antiguo, a lo menos en China, donde la idea que se tiene vulgarmente de un inglés, es la de una especie de bipes implumis que recorre el pais haciendo mapas con la idea de preparar su conquista. Ki-Ying, el mas liberal de los chinos con quien han tratado los ingleses, estaba perpetuamente atormentado á consecuencia de la exploración que se hacia en la costa desde Hong-Kong a Shanghae, y siempre estaba haciendo reclamaciones al plenipotenciario británico sobre el asunto. En vano se protestaba que aquella exploración se dirigía á asegurar el comercio y la navegación de los mares; fue necesario cortar de una vez la discusión, diciendo que los comandantes de los buques debían obedecer las órdenes del gobierno. Nuestros misioneros tenían mapas del pais, pero no eran autógrafos, ni aun manuscritos. Hízose un grande escrutinio de sus efectos delante de Ke-Shen. Hemos tenido, dijeron los viajeros al embajador chino, hemos tenido una gran fortuna en encontrarte aquí; de otra manera nos hubiera sido imposible convencer á las autoridades del Tihet de que no habíamos hecho nosotros estos mapas; pero una persona de tu ilustración y tan entendida en las cosas de Europa, con facilidad conoce que estos mapas no son obra nuestra.— Ke-Shen se manifestó muy satisfecho con este cumplimiento.— Es evidente, dijo, que estos son mapas impresos. Mira, añadió volviéndose al regente, estos mapas no son obra de las personas que los tienen sino que están impresos en el pais de Francia. Tú no puedes conocerlo, pero yo estoy muy acostumbrado á distinguir los diversos objetos que vienen del Oeste. Este incidente fue muy útil á los misioneros y les libró del peligro que los amenazaba mas eficazmente que pudiera haberlos librado cualquier otro suceso. Desvanecido el temor del regente, los misioneros en vez de permanecer presos y con sus efectos embargados, volvieron casi en triunfo á su alojamiento. En estas circunstancias no parecía aventurado esperar que podrían residir en el país sin que 71 nadie les molestara, cosa que pareció mas probable cuando el regente les concedió una casa perteneciente al gobierno, donde establecieron una capilla y donde eran visitados por chinos y tibetinos; algunos de los cuales se manifestaban dispuestos á abrazar la religión católica. Ademas de la grande analogía que existe entre los ritos exteriores de esta religión y la de aquel pais, hay otras circunstancias que dan á los misioneros católicos grandes ventajas sobre los protestantes. El celibato de los clérigos católicos les pone en el caso de acometer empresas que no podrían llevar, á cabo los clérigos protestantes, ligados con los lazos de mujeres y familias. Cuando se nombra un misionero en Inglaterra, si es soltero, la perspectiva de un buen destino le induce generalmente á casarse y se fija en uno dé los puertos de China por toda su vida. Si muere prematuramente, como sucede muchas veces, los fondos de la sociedad que le envió á predicar quedan recargados con el mantenimiento de su familia, y así es que una gran parte de los caudales de las diversas sociedades se emplean en pensiones á viudas y huérfanos. En el intervalo de prosperidad que disfrutaron nuestros viajeros que pronto debia interrumpirse, tuvieron varias conversaciones interesantes con Ke-Shen, á quien atormentaban los recuerdos de Cantón. En una de ellas les dio una descripción gráfica y perfectamente exacta del poder absoluto del monarca chino: Nuestro emperador nos dice: esto es blanco, nosotros nos prosternamos y respondemos: sí, es blanco. Nos enseña en seguida el mismo objeto y nos dice: esto es negro, y nosotros nos prosternamos de nuevo y decimos: sí, es negro.— ¿Y si digéseis que un objeto no puede ser blanco y negro á un mismo tiempo? —Al que tuviera valor para decirlo, el emperador le contestaría tal vez que tenia razón; pero al misino tiempo le haría ahorcar ó decapitar. Sobre este punto Ke-Shen era grande autoridad porque ha sido uno de los consejeros privados del emperador. E1 P. Huc se persuade, tal vez naturalmente, de que el embajador chino en Lhassa concibió celos de los progresos que los misioneros hacían entre los habitantes, y determinó por lo mismo hacer que fueran espulsados del país; pero en su posición cualquier funcionario chino habría considerado tal medida como un acto de prudencia y de necesidad, pues que servia á un amo, que como acabamos de ver, trata con tan extremado despotismo á sus servidores aun teniendo estos la razón de su parte. El mismo Ke-Shen habia sido condenado ya una vez á muerte. Un dia, dicen los misioneros, el embajador Ki-Chan nos hizo llamar, y después de muchos halagos concluyó por decirnos que el Tibet era un pais muy frió y muy pobre para nosotros, y que era preciso que pensáramos en volver á nuestro reino de 72 Francia. Dirigiónos estas palabras con cierta especie de negligencia y abandono como si hubiera supuesto que no se podia hacer la menor objeción á ellas. Le preguntamos si hablando así pensaba darnos un consejo o una orden.— Uno y otro, contestó con frialdad. En vano dijeron que no eran subditos de China, y recusaron su autoridad sobre ellos en el Tibet; Ke-Shen terminó bruscamente la conferencia diciéndoles que se preparasen para salir del pais. Presentáronse luego á su amigo el regente, el cual, á ló menos por sus espresiones, pareció índicarles que su marcha no dependía absoluta y esclusivamente de la voluntad del embajador chino. La poca sinceridad habitual de los asiáticos les induce frecuentemente a decir todo lo que puede ser agradable á sus oyentes para evitar enfadosas discusiones. Es muy probable que el regente tuviera celos de la autoridad de Ke-Shen; pero no podemos convenir enteramente con el padre Huc en que la obediencia de los dos misioneros á la orden de destierro, fuese necesaria para no comprometer al regente, y ser tal vez la causa de funestas disensiones entre la China y el Tibel. Estamos por el contrario persuadidos de que por semejantes causas no puede ocurrir una guerra entre ambos países. Por lo demás, el P. Huc debe haberse ya convencido de que también se equivocó al suponer que el gobierno francés tomaría con calor su demanda. En nuestro candor, dice, nos figurábamos que el gobierno francés no vería con indiferencia la pretensión inaudita de la China, que se atreve a perseguir con sus ultrajes el cristianismo y el nombre francés, hasta entre los pueblos extranjeros y á mas de mil leguas de Pekin. China ha ejercido desde muy antiguo esa especie de poder ó influencia en países muy al occidente de Lhassa, y por tanto mucho mas distantes de la capital del imperio. Es cierto que en 1845 se estipuló entre Mr. de Lagrené, enviado francés, y Ki-Ying, que cesarían en China las persecuciones contra la religión católica, y Sír John Davís se apresuró á obtener para los protestantes los privilegios concedidos á los católicos. Pero en 1847, dos obispos católicos in partibus, que estaban en el interior del país, fueron inmediatamente espulsados y enviados a la costa, desde donde pasaron á Hong-Kong, indignados contra lo que creían ser una violación directa de las estipulaciones. Entonces el gobierno chino declaró que los privilegios de que se trataba se referían únicamente á los cinco puntos en que se tolera la residencia de los europeos; pero no se estendian hasta admitir en lo interior del imperio á los predicadores del cristianismo. Pero si los dos misioneros franceses debían salir de Lhassa, por lo menos debiera habérseles permitido hacerlo por el camino mejor y mas fácil. La frontera de Bengala no distaba mas de tres jornadas, y desde allí pudieran haber pasado á Calcuta; pero los temores del embajador chino habían dispuesto las cosas de otra 79 en su tesoro, y todos los señores procuran adquirirlos á cualquier precio; su figura se asemeja á la de un barril pequeño, son de una tierra transparente, muy fina y de un color blanco que tira á verde. No se sabe su origen; pero dicen que estos vasos se fabricaban antiguamente en una isla llamada Maurí, dependiente del Japón y situada en la cercanía de Jormosa. En les arrabales de Nan-King, capital de la China, hay una hermosa torre ó campanario de porcelana que escede á todo lo que el arte y la riqueza unidos han producido de mas curioso en la China. Este maravilloso edificio, está compuesto de nueve tramos, divididos en su parte esterior por otras tantas cornisas perfectamente trabajadas, y se suben cerca de ochocientas gradas para llegar al chapitel. Cada alto tiene cuatro ventanas, que corresponden á los cuatro vientos principales, y está adornado de una galería llena de ídolos y pinturas. La forma de la torre es octógona, y tiene cerca de cuarenta pies de circuito; esto es, que cada uno de los ocho lados es de cinco pies. Todas las partes de este bello monumento por dentro y fuera están guarnecidas de ladrillos de diversos colores, que imitan la porcelana, y enlazadas con tanto arte, que la obra entera parece de una pieza sola. De los ángulos de cada galería, penden multitud de campanillas que producen un sonido muy agradable cuando son agitadas por el viento: la cima de la torre si se ha de dar crédito á los chinos, es una piña de oro macizo, pero esto es absolutamente falso: toda la escultura es dorada, y el conjunto de la obra parece de mármol y piedra labrada. Los chinos la llaman la torre de porcelana: fué construida mas de cuatrocientos años hace, y es seguramente el edificio mas bien ideado, el mas sólido y el mas magnífico de todo el Oriente. Forma parte de un templo famoso edificado fuera de los muros de la ciudad, llamado el templo del agradecimiento, que un Emperador hizo edificar juntamente con la torre para un señor chino, que después de haberle servido bien en sus ejércitos, se retiró del mundo, y se hizo Bonzo por devoción. Para completar la magnificencia de tan bello monumento, se hallan todos sus alrededores empedrados de mármol blanquísimo; cosa que no es de estrañar en la China, porque se encuentran ciudades enteras. y caminos empedrados de él; lo que prueba la grande abundancia que tienen y y el poco aprecio que hacen de esta piedra; pues lo mas que suelen emplearla por su solidez, es en la construcción de puentes. En consecuencia de todo lo dicho sobre la porcelana china, es menester confesar que por mas que se ha trabajado en Europa para perfeccionarla, no se ha adelantado absolutamente nada y que es incomparable ni por su hermosura ni por su solidez la fabricada en Dresde, Madrid y Chantilly, con la de King-te-Ching; y no se atribuya esto á la grande imposibilidad de poder penetrar los europeos hasta lo interior de sus fábricas, pues aunque es verdad que en un principio no era permitido bajo ningún concepto, en el dia se entra libremente en las fábricas de Jo-Kien, si bien no sucede asi en las de King-te-Ching, lo que prueba claramente que no pende de la 80 diferencia en el modo de trabajarla, ni de la tierra, sino de las aguas: aunque podemos convenir en que no les hemos igualado en la blancura y finura de la materia, ni en la vivacidad y duración de los colores, en cambio, les escedemos infinitamente en la belleza, gracia, regularidad y perfección del diseño, como lo prueban las figuras que llamamos y tenemos por chinas, que no son sino europeas, pues ya he dicho que las que ellos fabrican son verdaderos monstruos, por su irregularidad artística. E. T. E. T.: “Industria. Artes. Fábricas de porcelana”, El Siglo Pintoresco. Periodico universal, Tomo II, Julio de 1846, pp.157-158. Biblioteca Nacional de España USOS Y COSTUMBRES DE LOS CHINOS Los usos y costumbres de los Chinos se desvian enteramente de cuanto vemos en los demás pueblos, y, hablando jeneralmente, estos hábitos han variado muy poco de los que tenian antiguamente; de manera que suele decirse que los Chinos son los mismos que eran cuatro mil años atrás. Habiéndoles inducido la buena opinión que tienen de sí mismos á sobreponerse á las demás naciones en ciencia, injenio, política y antigüedad, son mirados por aquellas como un pueblo idiota, bravio é indigno de ser apreciado é imitado fuera de los confines de su propia patria. No puede negarse sin embargo, según hemos observado, que esta nación fué sabia, prudente y política en otro tiempo, y que couceptuó adecuadamente cuanto corresponde al gobierno y leyes fundamentales formadas esclusivamente para el bien público, las cuales han sido constantemente respetadas y observadas por el pueblo. Todas las revoluciones acaecidas en aquella larga serie de siglos fueron de muy corta duración; y apenas podían los Chinos disponer de sí mismos, volvían á tomar su primitiva forma de gobierno y á ejercer sus antiguas costumbres. Este acatamiento á sus antiguas leyes se ha conservado hoy día, aun después de la última conquista que hicieron los Tártaros, pues habiendo acertado á hermanar el primer emperador de la actual dinastía á los súbditos tártaros con los Chinos, puede decirse que la Tartaria ha sido conquistada por la China. Esto no obstante, quisieron estos conquistadores introducir algún cambio en el pais; pero no pudieron lograrlo sino á viva fuerza y con la espada en la mano: muchos Chinos antepusieron el perder la vida al cortarse las alas del sombrero, como mandaron los conquistadores. Desde que los Chinos han consentido en tratar con los Europeos, han dado de mano á muchos de sus antiguos desatinos, bien que aferrados siempre en su soñada 81 superioridad y la creencia de que nadie les aventaja fuera de su país En su mano estaria el avalorar los conocimientos de nuestros artistas; pero, jeneralmente hablando, no quieren prohijar los usos europeos; los mismos jesuítas, que lograban el arrimo del emperador, consiguieron inducir con muchísimo trabajo a los arquitectos chinos á que les fabricasen una iglesia conforme al modelo que les vino de Europa. Tampoco ha podido nadie basta ahora persuadirles á que dejen la pésima construcción de sus embarcaciones, ateniéndose á los modelos que están de continuo presenciando; en una palabra, tienen á mengua el uniformarse en lo mas mínimo con los demás pueblos civilizados. Los Chinos se precian de ser mas finos y sociales que los demás hombres, pudiendo decirse que en este punto su opinión está muy bien fundada, pues es la nación cuyos habitantes tienen los modales mas afables y corteses. Rara vez tienen pleitos, y el venir á las manos es ajeno aun de la plebe. Cuando se encuentran dos carreteros en uua calle ó camino estrecho, lejos de encamorrarse y apalearse, acuden uno y otro con ahinco á salir del atolladero y se separan haciéndose recíprocas cortesías. Se dice sin embargo de los Chinos, que, si bien suaves y afables en sus modales, no dejan de ser algún tanto vengativos; no se lastiman al pronto con el agravio, mostrándose como insensibles, pero se esmeran en desquitarse en rodeándose coyuntura para desahogar su odio y su venganza. Acostumbrado este pueblo á la obediencia y rendimiento para con sus padres desde su mas tierna niñez, guarda naturalmente iguales miramientos con respecto á sus amos y señores; ama á los mandarines y adora al rey; pero si no es correspondido con igual fineza y cariño, se resiente al momento del yugo, y se arroja á sacudirlo cuanto antes, aunque sin murmurar: parece que este pueblo muda de condición en su estado de asonada y alboroto; se vuelve entonces quisquilloso é insolente, como se ha visto en las varias revoluciones que han acaecido en los últimos siglos en la China. Los Chinos son por naturaleza despejados, traviesos y amantes de la industria; las clases ínfimas son activas, laboriosas y de mucha habilidad en el comercio, pero muy interesadas, adoleciendo mas o menos de mala fe. Son comedidos, sobrios y circunspectos, con un rubor y recato tan común á los hombres como á las mujeres. Su compostura esterior es tal, que el viajero qne solo quiera juzgar por la apariencia, conceptúa que es la virtud el único móvil de sus acciones. La educación de los niños y las niñas está confiada á las mujeres, hasta que aquellos se hallan en estado de ir á la escuela, y las otras llegan á la edad de pubertad, y en todas las épocas bajo la dirección del padre. Los Chinos tienen un método eseeleote para educar á sus hijos, y las leyes no solo conceden á los padres una ilimitada 82 autoridad sobre aquellos, sino que los obligan á darles educación; y si algún hijo comete algún yerro y no tiene el padre la entereza suficiente para castigarlo, tiene que sujetarse él mismo á la pena merecida por el hijo. E1 libro de los Ritos, empezando por la educación física de los niños desde que nacen, tolera las nodrizas, pero impone á las madres grandísimas precauciones en la elección. Cuando cumplen los varones la edad de seis años, se les enseña la numeración mas obvia y los nombres de las principales partes del mundo; á los siete se les separa de sus hermanas, y no se les permite comer ni sentarse en su presencia; á los ocho se les enseñan los deberes de la sociedad, y á los diez les envian á las escuelas públicas, donde aprenden á leer, escribir y contar: llegados que son á los quince, les enseñan la música, y todas las cauciones son conceptuosas y morales. Pasada esta edad, se les permite entregarse a los ejercicios del cuerpo, y se amaestran en tirar el arco y cabalgar. A los veinte años, reciben el primer grado doctoral, si los juzgan dignos de obtenerlo, pudiendo usar ya entonces pellizas y vestidos de seda, en vez de los de algodón que llevahan anteriormente. Los Chinos tienen el método de poner a la vista de los niños los objetos cuyos nombres quieren que aprendan, como una mesa, una silla, etc. En cada aldea se encuentra un maestro para enseñar á la juventud las letras y las ciencias, de manera que hasta los escritores mas enemigos de los Chinos han tenido que confesar que hay en la China mayor número de personas que en Ejiropa que saben leer y escribir. Las personas pudientes que quieren dar mejor educación a sus hijos, tienen maestros particulares en sus casas para instruirlos, acompañarlos, enseñarles la historia, la lejislacion y labrar su corazón para la virtud. Estos profesores gozan de gran privanza en la China; su empleo es honorífico y pagado una mitad mas que en Europa; los discípulos profesan suma obediencia y acatamietrto á estos maestros, sin estrañar el verlos luego ascendidos á la jerarquía de vireyes. Cuando se hallan ya cabalmente instruidos los colejiales, van á examinarse á una ciudad de tercer orden, donde el gobierno envia un eomisionado para presidir los examenes; hay veces que el número de examinados asciende á seiscientos; pero después del primer examen, quedan reducidos á cuatrocientos, y estos reciben el norabre de Hien-Ming. El segundo examen se hace por el gobernador de una ciudad de primer órden, y de los cuatrocientos Hien Ming, solo salen aprobados á veces ciento, que toman el nombre de Fu-Ming. Pero no son estos los únicos exámenes a que deben sujetarse los estudiantes. Un comisionado venido de Pekin va recorriendo las provincias y hace dos exámenes en cada ciudad crecida, uno en la primavera y otro en el invierno, empleando tres años en el desempeño de su encargo. Todos los citados Fu-Ming deben presentarse a] mismo, para hacer alguna 83 composicion delante de él: se cela que nadie lleve libros, ni tenga el menor roce eon los examinadores. De los doscientos concurrentes se escojen quince que reciben el título de Sien-Tsay ó bachilleres; mas para obtener este grado, hay que hacer diez eomposieioaes, y no pueden eximirse mas que por luto ú enfermedad; este acto es taa arduo, que muchos prefieren comprar el grado Kien-Seng, que se logra mediante mil escudos, aunque nunca es tan honorífico como el otro. Estos titulares deben reunirse cada trienio en la capital de la provincia, para hacer oposiciones al título de Kiu Siu, presidiendo sus examenes dos mandarines enviados espresameote de Pekin. Esto es lo que se practica tocante á la educación literaria de la juventud. Los que se dedican á la milicia deben sufrir otros exámenes y adquirir títulos análogos a los literatos; deben saber tirar el arco, montar a caballo y dar muchas pruebas de brio y ajilidad. Poco queda ya que decir acerca de la educación de los jóvenes chinos; solo advertiremos que se pone mucho conato en inspirarles el amor al retiro, a la modestia y silicio. Si son ricos, les enseñan además 1a música y el recamo. El ceremonial de la China se puede conceptuar fundadamente un código de leyes invariables. Desde el primer personaje de las clases elevadas hasta el último individuo de las menesterosas, sabe cada cual el tratamiento que debe dar y recibir, los honores que debe tributar y que le son debidos, sin atreverse á alterar lo mas mínimo. Persuadido, el gobierno de que el esmero de los ciudadanos en la observancia de estos deberes mantiene la paz y el orden en el estado, procura, por cuantos medios tiene á su alcance, conservar y hacer respetar las consideraciones que corresponden á cada uno. El emperador, como dueño supremo, tiene derecho para exijir homenaje y sumisión de sns subditos, debiendo arrodillarse todos en su presencia; todo lo suyo se mira como sagrado, y cuando se le habla debe orillarse el lenguaje vulgar. De tan estremado redimiento al emperador procede el que naturalmente protesa el pueblo á los mandarines y superiores, quienes exijen de sus inferiores el misnp respeto que ellos están obligados á mostrar al emperador. Cuando se encuentra un plebeyo con un mandarín, al momento se cuadra, y tiene los brazos colgantes y la cabeza algo inclinada, y se guarda bien de saludarle. Cuando se trata después de hablar á un mandarín de alto grado, ó de presentarle un memorial, hay que ponerse de rodillas, hacer tres cortesías bajando la cabeza, y esponer la demanda en aquella postura; y si el suplicante es persona fina, le manda el mandarín levantar, y poniéndose un poco aparte, se espresa quedándose en pié. 84 Cuando se habla ante quien ocupa un empleo, exije la urbanidad que se ponga la mano delante de la boca y que se incline respetuosamente. Si se encuentran dos Chinos de igual condición, se bajan uno hacia otro dándose las manos por detrás y la estrechan con ahinco; pero siendo las personas de grado superior, se dan las manos por delante y las levantan y bajan una y muchas veces, inclinándose en estremo y repitiendo las palabras Tsin-Tsin, yo te saludo. Regularmente los mandarines sortean todo encuentro; pero cuando les es imposible, sale de su silla el mandarín inferior, ó se apea saludando cortésmente al otro. Mas sí los mandarines son de igual condición, quédanse en sus asientos y se saludan de paso, y si llega el caso de encontrarse los dos á pié, es entonces larguísimo el ceremonial, pues que exije la buena crianza el procurar no ser el primero en despedírse. Las visitas que se hacen á los gobernadores de la ciudad van siempre acompañadas de regalos, mas ó menos cuantiosos, á los que se añade una caja barnizada, con realce de flores de oro, y dividida interiormente en diez o doce casillas, llenas de varias confituras. En el segundo tomo del Du-Halde se leen las largas ceremonias que acompañan á esta visita. Cuando ha sobresalido un gobernador en justicia, celo y bondad, para darle un testimonio los letrados del país del aprecio jeneral que disfruta, mandan hacer un vestido compuesto de cuadritos de raso de varios colores que representan todas la naciones que gobierna, y el dia de su cumpleaños le presentan aquel don con gran ceremonia, al son de varios instrumentos de música. Después de haber demostrado el mandarín alguna dificultad en aceptarlo, declarando que no ha merecido tan sumo obsequio, cede á las súplicas del pueblo y se lo pone; pero no lleva este vestido mas que una vez, y se conserva preciosamente en la familia como un distintivo y blasón eminente. Una visita en la China es asunto de suma entidad, que requiere ciertos preliminares desconocidos en Europa. Cuando un Chino quiere hacer una visita á alguno, tiene que enviar un cumplimiento y el propio nombre contenido en un billete de papel encarnado y plegado, con un pedacíto triangular de papel dorado puesto en la última hoja. Sí se rehuia la visita, se devuelve el billete, y se hace saber al que lo envia, que no se tome la molestia de salir de la silla, enviándole un billete semejante; si después se recibe la visita y el que la hace es del mismo grado, es entonces eterno el ceremonial. En todos los patios que preceden á los aposentos, hay tres puertas, donde comunmente se disputa sobre nobleza, porque el que llega no quiere pasar por la 85 puerta de eumedio; pero es menester que finalmente consienta en ello, mientras que la persona que recibe la visita entra por una de las puertas laterales. Llegados los sujetos al aposento, después de haber hecho algunos cumplimientos para ofrecer una silla, se sientan al fin, manteniéndose tiesos con las manos en las rodillas, y con los pies puestos a igual distancia de la silla se están inmobles con ademan circunspecto. Los Chinos ofrecen siempre té en las visitas, pero no se sirven de él á nuestro modo; sino que ponen hojas de té en una taza de porcelana, y virtiendo en ella el agua hirviendo, la cubren y presentan la taza en una fuente ó especie de navecilla hecha de cobre. Se ha de tomar la taza con ambas manos, y beber poco á poco; si se echa azúcar, se vuelve á tapar para mover el té, porque los Chinos no usan cucharas. Abrévianse estas ceremonias cuando son de igual condecoración visitante y visitado; pero si uno de los dos es de mayor jerarquía, entonces se van redoblando sin término. Si se añade alguna dádiva á la visita, hay que hacer luego en el billete de visita una descripción de todos los regalos uno por uno, é irlos entregando á los criadas del amo de casa, quien los acepta todos o en parte, escribiendo en la nota lo que se retiene y lo que se devuelve; raras veces sucede que nada sea aceptado, por ser descortesía y aun agravio el rehusarlo todo. Hasta las cartas de los Chinos requieren allá ciertas formalidades por parte de las personas á quienes se escriben: si es á persona visible, se hace forzoso valerse de un papel blanco que tenga de diez á doce pliegues, empezando la carta en e1 segundo, y escribiendo la firma en el último; la letra mas ó menos abultada, las espresiones que se han de usar, la distancia que debe mediar entre los renglones, todos son puntos ya pautados, según la jerarquía del personaje á quien se escribe. Los ancianos ocupan siempre el lugar mas honorífico, que, si bien es la derecha para los Chinos,para los Tártagos es la íequierda. Hay que notar además que los Chinos, así como las demás naciones orientales, son tan ajenos de descubrirse la cabeza en señal de respeto, que se conceptúa un desacato el estar con la cabeza descubierta delante de los superiores, y por esta razón, dice Du-Halde, el papa dispensó á los misioneros el descubrirse la cabeza en sus iglesias. De lo dicho se deduce cuan empalagoso debe de ser aquel ceremonial que, especialmente entre los prohombres, se cumple puntualísímamente, pues el mas mínimo desvío se gradúa de culpa grave, por cuyo motivo cifran los Chinos parte de su educación en el estudio de las ceremonias; y hay muchos libros impresos para 86 facilitarlas, que despejan todo este sistema, apropiándolo adecuadamente para todos. Poco curiosos los Chinos de nuevas modas, se visten constantemente de la misma manera, y el nieto lleva los vestidos del abuelo, sin recelo de que se estrañen. Se dice que por espacio de cuatro mil años ha sido la misma la forma de los vestidos, y que el mayor obstáculo con que tropezaron los Tártaros conquistadores fué el de retraerlos de alguna antigua costumbre para introducir las suyas propias. Por este motivo muchos Chinos quisieron desamparar su patria, y hasta perder la vida, antes que dejar los usos de sus mayores. EL vestir de los Chinos es muy decente y apropiado al comedimiento y gravedad que suelen demostrar. Por consiguiente reprueban ellos altamente el vestir europeo. E1 oríjen de esta moda, que, según cuentan ellos, era la única que se habia usado desde la fundación de la monarquía hasta la conquista de los Tártaros, consistía en vestidbs largos y anchísimos, con unas mangas que arrastraban, y un sombreron descomunal, cuya forma variaba según la condición de la persona. González de Mendoza describe del modo siguiente los antiguos hábitos de la China: Los nobles y los principalesseñores se visten de seda de varios colores, y los plebeyos, de sarga o de tela de lino, de cuyos jéneros tienen mueha abundancia. Estos vestidos varian según, la estación y las diferentes jerarquías en que se subdividen ambas clases; así es que los nobles oriundos de sangre real Ilevan la túnica bordada de oro y plata hasta la cintura, y los de menor condición solo llevan algunas hileras de bordados. En invierno, la túnica es de pieles de varios animales, que abundan mucho en la China. Los solteros se distinguen de los casados en que llevan largos sombreros abocados sobre la frente con las alas muy altas. Pero desde que tuvieron que orillar esta antigua moda, el vestido de los hombres consiste generalmente en una larga túnica que les llega hasta los pies; es tan cumplida, que han de hacer unos cuantos pliegues en el pecho, reoojuendolus en el lado izquierdo con tres ó cuatro botones de oro, plata ó cualquier otro metal, según las facultades de cada cual. Las mangas son muy anchas y se recejen arbitrariamente, terminando en forma de herradura de manera que cubren toda la mano y no dejan ver mas que la estremidad de los dedos. La faja que sujeta esta túnica es de seda muy bien bordada y cuelga ordinariamente hasta la rodilla; a su estremo penden á veces un reloj, un cuchillo y una bolsa que contiene la pipa, el tabaco y dos instrumentos de madera que emplean para comer. Encima de este vestido, tanto los hombres como las mujeres llevan una especie de camisa de tafetán blanco, que ciñe casi todo el pecho, y va á caer con mucha gracia sobre el brazo 87 derecho. Llevan asimismo entrambos sexos pantalones anchos de lienzo o de seda que llegan hasta mas abajo de la pantorrilla, pero en invierno se usan de raso, y aun de ropas forradas de pieles en las provincias septentrionales. Sus calcetas son.de seda ó de nankin; suben mas que las botas, y tienen los estremos guarnecidos con una cinta de seda o de terciopelo. Las botas son de seda ó cuero, y llegan hasta las.pantorrillas; como son anchas, resultan muy cómodas para los Chinos, que se sirveu de ellas en lugar de bolsillos para poner los papeles y el abanico. La jente fina nunca sale sino con botass que son regularmente de raso i de otro tejido de seda, y aun de algodón, pero siempre teñidas; cuando viajan á caballo, lad llevan de cuero de vaca o de caballo, pero preparado de modo que da mucho de sí. El calzado de los Chinos en jeneral está bien hecho, y se ven algunos trabajados con mucho artificio. La suela es muy gruesa, constando de gruesos cartones reforzados por debajo del cuero, carecen de talón y tienen la pnnta vuelta hacia abajo, de manera que siendo necesario hacer entrar el pié con fuerza, no hay necesidad de enlazarlos, como que no cabe peligro de que el pié se salga de ellos: sin embargo estos zapatos son muy incómodos para quien no está acostumbrado á llevarlos, porque apiñan y estrujan los dedos. Los Chinos, que cuidaban mucho de sus cabellos antes que los conquistasen los Tártaros, se vieron precisados por los mismos á afeitarse la cabeza para acomodarse a sus usos, conservsndo solamente en el lado izquierdo uba guedeja de cabellos que se dejan crecer y colgar, batiendo de esta una larga trenza que ellos llaman Pen-Ze, o bien la arreglan como un moño doblándola debajo de los gorros o sombreris, que tienen regularmente la forma de una cantimplora. Estos sombreros, que dejan las orejas descubiertas, se mudan dos veces al año; los de verano son de finisima paja, forrados de raso y adornados exteriormente con una gruesa escarapela de seda encar nada, o de clines finísimas teñidas del mismo color, atados en la cima hilvanada de los mismos y que, colgando hasta la orilla, se esparrama cubriéndolos por todas partes y ondea al viento por su levedad: este adorno es permitido á todos los que quieren hacer uso de él. En la cumbre del sombrero llevan nn grueso botón de ámbar o de cristal, o de algnna otra materia luciente, según la jerarquía y el grado de las personas. Los sombreros de invierno están adornados de marta, de armiño, de pieles de anímales u otros ropajes de mas ó menos valor, segun las facultades de quien los lleva. Cuando los Chinos están en casa y cuando salen sin ceremonia, en lugar del gorro, llevan un gorrito dé seda bordado, y a veces adornado con una perla por delante. Cuando viajan en tiempo lluvioso, sus gorros y vestidos superiores están charolados con cierta especie de aceite que secándose verdea y los guarece de la Iluvia. Los pobres van con la cabeza del todo descnbierta ó llevan un lijero y pequeño gorrito que se asemeja un tanto á la corona de un sombrero nuestro, pero no es tan alta. En verano llevan los Chinos el cuello descubierto, pero en invierno se cubren con un collarín de piel, de seda ó de terciopelo. Véase la lámina. 88 La símarra ó camison es de piel dé carnero y es una zalea adornada de medías lunas hechas de la misma piel, pero de díferente color y cosidas a ignal distancia unas de otras. Saelen los cindadanos llevar este camisón por la mañana y tarde para guarecerse del frió; en lo restante del dia no llevan mas que el vestido de seda bordado que cubre otro de tela de lino blanco ó de tafetán, debajo del cual tienen anchos calzones de lino ó de seda para el invierno. En las provincias septentrionales solo se usan calzones de pieles. El gorro es de fieltro, de una especie muy común: cuando es nuevo, se parece en la forma al que llevan los mandarines, pero pierde luego la forma y se estropea cuando se ha llevado algún tiempo. El collete es de marta ó de piel de zorra. Las medias son de nankin, embutidas de algodón en el interior; los zapatos son igualmente de nankin con fuertes suelas de papel. Del lado derecho de la cintura cuelga un pedernal y una vaina de cuchillo, y sobre el izquierdo una bolsa llena de tabaco rapé ó de fumar. Las mujeres se visten de un modo bastante decente; parece que la modestia y los celos han inventado aquellos vestidos eon los cuales estáo enteramente cubiertas. Hay que confesar que, gracias á esta moda de vestir, las reglas de la decencia esterior están perfectamente guardadas por medio de los ejemplos y oonducta de cuantos blasonan de educación y urbanidad. Con todo, si bien no siempre escluye al vicio, encubre empero su brutalidad y aumenta el placer y la delicadeza de los deleites naturales. Los Chinos han precedido y sobrepujado en la práctica de esta virtud á las mas de las naciones. Léense empero en las antiguas crónicas de la China que la vanidad de las mujeres, cultivada por la educación, estimulada con la competencia y arrebadada con el ímpetu dé la ambición, ha producido prodijios de sutileza, de acicalamiento y de profusion, que parecerían increibles, si no los atestiguasen los monumentos mas auténticos. Hablase en ellos de telas tejidas de plumas tan finas que tenían la lijereza y flexibilidad de las sedas mas finas; de velos hechos con pequeñísimas perlas y con raices, cortezas y filamentos de marfil ensartados en la seda; de vestidos enteros recamados oon piedras preciosas y joyas ordinarias, con tanto primor, que representaban todas las gracias y el realce de la pintura. Las horquillas, collares y zarcillos estaban peregrinamente trabajados, y los diamantes, rubíes y perlas doblaban su valor. E1 coste de los brazaletes de la princesa Fang fue de setenta mil onzas de plata; y el precio de un Kin-Tía 6 sea tocador fué de diez mil onzas de oro. Este lujo escesivo de que hablan los historiadores, sirve de exordio a la narración de las calamidades, turbulencias, delitos y grandes revolacione» de que fué el preludio y la causa. El arriba dicbo Gonzalez de Mendoza nos describe de la manera siguiente los vestidos que antiguamente usaban las mujeres chinas: «Estas, nos dice, ansian 95 Los Chinos no hacen uso en su mesa de cuchillos ni de cucharas, sino de dos palitos agudos adornados de marfil o de plata, de unas nueve ó diez pulgadas de largo, de que se sirven en lugar de los tenedores, tomando con primor los trocitos de carne que se les ponen delante ya cortados, pues no se sacan á la mesa los pedazos enteros; y en cuanto á la sopa, se acercan á la boca la vasija que la contiene, y hacen entrar en ella el arroz apretándolo con los palitos: durante la comida se mudan varias veces los platos, y luego de bebido el té, se levantan los convidados, e ínterin se está disponiendo el ramillete, pasan á otra sala ó á un jardin, en cuyo rato comen los comediantes. Los postres se componen de frutas, dulces, jamones, ánades salados, que se han hecho cocer, ó por mejor decir, secar al sol, y finalmente de pececitos ó conchas. Las mismas ceremonias que han precedido a la comida anteceden igualmente al ramillete, y terminan colocándose todos en el lugar que ocupaban antes, se llevan tazas mayores, y el amo de casa brinda á todos para que empinen á sus anchuras, y él vuelve á dar el ejemplo, que regularmente siguen. Terminado el banquete, que principia al anochecer y acaba á media noche, se gratifica á los criados, y todos se vuelven á su casa encerrados en su silla de manos, y precedidos de varios siervos que llevan faroles de papel oloroso en que están escritos en letra abultada los dictados y á veces los nombres de sus señores: cualquiera que se atreviera á ir por las calles á tal deshora sin este resguardo quedaría arrestado por las guardias. Nadie se trascuerda de enviar un dia después un billete de gracias á quien dio la comida. Los Tártaros han introducido alguua leve alteración en las antiguas ceremonias: al principio solo se saludaba á la china, y en la actualidad se saluda á la china y á la tártara; y se usa hoy dia algún manjar desconocido antes de su dominación; debiendo añadir que los cocineros tártaros son mejores que los chinos. Todos los manjares de los Chinos tienen la forma de los guisados, siendo de sabor muy vario y picante, y menos costosos que los nuestros; algunas drogas y yerbas recias, combinadas en diferentes dosis, producen aquella variedad de saínetes; y saben asimismo cocinar una infinidad de salsas muy diversas entre si, tanto por la forma como por el gusto, con habas que crecen en su pais o que sacan de la provincia de Ciang-Tong, y con harina de arroz ó de trigo. La carne mas común y de que se hace mayor consumo es la de cerdo, que es lijera y sana: los jamones de la China son muy apreciados; y también se comen pollos, ánades, pescado, pero por maravilla vaca; el carnero es riquísimo y abunda en las 96 provincias septentrionales; pero en Quang-Tong se vende muy caro. La vaca es escelente en Wam-Pu. Los Tártaros suelen también alimentarse con carne de caballo, que cuesta aun mas cara que la de cerdo. Pero los manjares mas usados en los banquetes de los grandes y los que mas aprecian los convidados son los nidos de ciertos pájaros y los nervios de ciervo, que los Chinos hacen acartonar al sol y luego los revuelven con pimienta y nuez moscada, y cuando se han de guisar los ponen en infusión en agua de arroz para ablandarlos y en seguida los hacen hervir en caldo gordo de cabrito y los condimentan con muchos aromas. Los nidos de los pájaros son los que regularmente se encuentran en las grietas de las costas bravas de Tonquin, Java y Cochinchiua, en donde los fabrican ciertos pajarillos, cuyas plumas se asemejan á las de nuestras golondrinas ordinarias. Estos nidos se componen de los pececitos que cojen en el mar, de donde trasportan asimismo espuma que se bambolea sobre la haz del agua, con lo cual amasan las partes de sus nidos de la misma manera que lo hacen las golondrinas con el barro. Esta materia blanca y blanda, cuando fresca, contrae una solidez trasparente, y una especie de color verdoso cuando está seca. Luego que los pajaritos han desamparado sus nidos, la jente comarcana acude allá desatadamente y los derriba, cargando con ellos barcas enteras, lo que es un ramo de comercio muy lucrativo para aquellos parajes. Los apresados nidos se asemejan en figura y tamaño á la corteza de un grueso limón adobado, y tienen la propiedad de dar á los guisados en que se mezclan un gusto harto esquisito. Las manos del oso y los pies de otros varios animales feroces y las carne de los caballos bravos son alimentos muy apreciados, con los que regalan los ricos á sus convidados ea los grandes banquetes. Los mas de estos alimentos les vienen de Siam, Camboya y de Tartaria, y para atajar toda alteración los salan antes de trasportarlos. Las patas y las caderas se suelen conceptuar como las mas esquisitas; se desuellan para secarlas con drogas, y los conservan para hacer uso de ellos casi de la misma manera que los tendones de ciervo. Los habitantes de las provincias meridionales se suelen alimentar mas bien de afroz que de trigo, á pesar de que este renglón no escasea en la China, y aun lo cosechan colmadamente en algunos parajes. Después de molido el arroz y de haberlo reducido á su pureza y blancura, hacen con él panecillos, que por lo regalar se enhornan en una especie de vaso que los cuece en menos de un cuarto de hora y los enternece sobremanera. En la provincia de Ciang-Tong se forma con el trigo cierta especie de hogazas, en que á veces se nezclan algunas yerbas propias para escitar el apetito. 97 Entre el gran número de legumbres que oonsumen los Chinos en sus cocinas, la mas usual es una planta llamada Pe-Tshay, que es una especie de acelga que comen en gran cantidad fresca ó escabechada, y en jeneral son muy amigos de todo lo condimentado con vinagre; y de esta mimera guisan también los tallos jóvenes de bambú, el jenjimbre, las cebollas y una iafinidad de producciones. Tienen igualmente frutas confitadas con azucar, y sobre todo una comida que llaman Quan Tong Ta-Fu y Te-Fu-Fa, que son dos sustancias hechas con harina de habas: el TaFu, que se come fiúto, es mas apretado y sólido, y el Ta-Fu-Fa es líquido, y se come fresco y con jarabe de azúcar. A pesar de teuer los Chinos muchas uvas, especialmente en las provincias meridionales, y de muy buena calidad, con todo no fabrican vino, y siempre han sido muy rigurosos en abstenerse del zumo de la uva, hasta la última conquista que hicieron de ellos los Tártaros. Sin embargo de tiempo inmemorial habían sustituido los Chinos este con otros licores fuertes que embriagan, recocidos y destilados del arroz, trigo y otros granos, ó bien esprimidos de varias suertes de frutos, ó hechos del licor que destila de la palma ó de otros árboles del mismo jénero, cuando se barrenan ó se cortan en la.ocasión oportuna. Pero el vino, ó mejor, la cerveza que sacan de los dos primeros jéneros, está mucho mas en uso, y aunque es muy cierto que cada pais ó ciudad tenga su propio método de hacerlo, la práctica mas corriente es meter en infusión el arroz en una bueua porción de agua por espacio de unos treinta dias, y ponerla á hervir hasta tanto que el arroz queda deshecho: en cuyo caso sobreviene la fermentación, y el agua se cubre de una espuma lijera semejante á la de nuestro mosto, debajo de la que se encuentra el licor, que después vierten en vasijas de tierra bien barnizadas. De las heces que van quedando estraen un espíritu algo parecido a nuestros aguardientes, pero aun es mas fuerte, pues se inflama con suma facilidad; tiene empero un gusto desagradable: los Chinos, dice De-Guignes, lo beben caliente así como el vino y demás licores. La cerveza que se fabrica en Va-sie, ciudad de tercer orden en la provincia de KiangNan, se tiene en mucho aprecio y se atribuye su escelencia á la calidad de las aguas: con todo se usa en la corte principalmente la de Ciao-King, porque se conceptúa mucho mas sana; en fin corren aquellos vinos por toda la China, se apetecen especialmente en la capital, y no gastan otros los mandarines en sus mesas Los Chinos, ó por mejor decir, los Tártaros hacen uso de otro vino de que no se tiene idea eu Europa, y es el de cordero, que tiene mucha virtud, pero es de un olor desagradable: y lo mismo debe decirse de uua especie de aguardiente que se destila de la carne de carnero, y que el emperador Kiang-Hi bebía algunas veces. 98 En las diferentes provincias se hacen otros licores a la manera de cerveza, que sería por demás describir aquí; solo diremos que los licores que embriagau los usan los Chiuos y los Tártaros, pero nunca eu la cantidad y variedad que entre nosotros, y mucho menos las mujeres, que rara vez prueban liquidos mas líjeros que el té. Debemos añadir que esta es la principal bebida que los Chinos usan en sus banquetes, y siempre la beben caliente, puesto que su regla mas común es comer frío y beber caliente; lo que acostumbran hacer aun en las estaciones mas calorosas y tambien cuando tienen mucha sed, estando aguardando con mucha flema hasta tanto que baya hervido la bebida. La plebe vive pobrísimamente en la China, como en todos los demás países: sin embargo la carne de caballo es uno de los guisados que mas aprecian, y después de esta la de perro; pero la comen con mas parsimonia, y regularmente hervida con una buena porción de arroz y de yerbas, y no tienen el menor reparo en alimentarse hasta de gato, ratón, comadrejas, etc., que se venden comunmente por las calles. La excesiva población perjudica al desahogo de la generalidad. Los Chinos son algo desaliñados en el arreglo de sus estancias. Lo mismo debe decirse de los mas de sus mandarines; los que, habitando las casas del emperador, quien de un momento á otro puede enviarlos al gobierno de otra provincia, no tienen el mas mínimo afán por alhajarlas. Por lo demás, los Chinos solo reciben visitas en una sala destinada á este objeto, la que está colocada delante de todas, de suerte que los sujetos que son admitidos no pueden tener ninguna comunicación con los aposentos interiores. Los adornos de aquellas salas consisten en mesas, sillas de madera barnizada y cubiertas de una tela roja los días de gala, biombos, vasijas y platos de porcelana qne se llenan regularmente de toronjas, y grandes faroles que cuelgan del desván, cuyas formas varian al infinito. Los mas sencillos se componen de una redecilla de hilos de bambú cubiertos de papel ó de seda pintada con muchos colores; también los hay de marfil ó de hasta, que los Chinos saben fundir para fabricarlos muy grandes de una sola pieza, y en fin otros de mucho valor están de tal modo formados que, por medio del humo, dan movimiento á muchas figuras. Todos sus muebles están cubiertos jeneralmente de aquel hermoso barniz que en vano intentamos nosotros remedar, y es tan luciente que refleja los objetos como un espejo, y aun recibe un nuevo resplandor de las figuras de oro ú plata, ó de la variedad de los colores. Pero los muebles que mas aprecian ellos son los braseros y las vasijas en que se queman los olores y perfumes, de suerte que no conceptuarían una sala 6 gabinete estar completamente adornadas, si no estuviesen los espresados muebles, ó no 99 fuesen de un gusto y forma tan elegantes que llamasen la atención de las personas que los visitan12 ( i ). Si bien en todos tiempos han sido los Chinos amantísimos y aun delirantes tras los olores y perfumes, no es de estrañar, puesto que su pais se los suministra en gran cantidad y de toda especie; forman pastillas olorosas y ciertos palitos que son una especie de cirios, pero de color moreno, y cuando quieren perfumar los aposentos, plantan tres ó cuatro en una vasija llena de arena fina, y encendiendolos despiden un olor aromático; mas su luz es apagadiza, lo que importa poco, no estando destinados á eso, pues para alumbrar hacen uso de velas, cirios y aceite como los Europeos. No conocen los Chinos el uso ni la fabricación de nuestras hermosas tapicerías: las de que se sirven los mas ricos son de raso blanco, en el que están pintados pájaros, flores, paises, etc., y á veces están escritas con grandes caracteres algunas sentencias morales que regularmente son algo enigmáticas: algunos hermosean sus estancias con aquel papel que en otro tiempo se ansiaba en Europa, y con que nuestros señores no se desdeñaban de engalanar algunos cuartos de su aposento; y los mas pobres se contentan con hacerlas blanquear. Los Chinos jeneralmente á nadie dejan entrar en sus dormitorios, y es empeño arduo llegar á ellos: las camas de las personas opulentas están colgadas en el invierno de cortinas de doble raso, y en el estío de un simple velo blanco recamado de flores, pájaros y árboles: la madera de esas camas está pintada, dorada y adornada de esculturas, y por lo que hace á la forma, difieren poco de las nuestras; se añaden á ellas saquitos de olor, un abanico y dos prendederos de cobre para sostener las cortinas. El vulgo tiene en las camas cortinas de lienzo y rellenan los colchones únicamente de algodón. En las provincias septentrionales duermen en una cama de ladrillos, que es mas ó menos ancha, según el mayor ó menor número de la familia, y la calientan por medio de una hornilla colocada á un lado, cuyo vapor se exhala por un tubo que se eleva hasta mas arriba del techo. 12 (I) Debemot hacer menciou en este lugar de aqaellas celebres vasijas de los emperadores chinos, de piedra Ju, ó sea piedra preciosa, que el erudito profesor Hager cree idénticos con las famosas vasijas muvini de los emperadores romanos. Quien desee saber las calidades de esas vasijas que en tiempo de Augusto y de Nerón costaban un precio enorme, puede consultar la obra reciente de dicho profesor acerca de una piedra preciosa de Aaron. 100 Cuando amanece, la cama parece una especie de sofá, en el que se sienta y trabaja toda la familia. En esta misma hornilla cuece el populacho la carne, y calienta el té y el vino. Rarás veces se ven espejos en los cuartos de los Chinos, y los pocos que usan son jeneralmente de metal pulimentado, que, si bien tienen la propiedad de representar el objeto, se empaña este con cierto baño leve de amarillo. Los espresados espejos son muy gruesos, y de consiguiente pesados, y los guardan en cajas forradas de tela para resguardarlos de la humedad que altera con facilidad su tersura; con todo hay sujetos qae andan por las calles que tienen el arte de restituirlos con la mayor facilidad á su primitiva pulidez. Estos son los espejos que colocan generalmente las mujeres en su tocador: pero el emperador posee espejos y cristales de todas calidades, que le trajeron de Europa, en sn palacio fabricado á la europea en YaeugMing-Yueng. Los Chinos, ya es sabido que no se valen de relojes para medir el tiempo, sino que en todas las ciudades del imperio se ven dos torres, una llamada torre del tambor, y la otra torre de la campana, que sirven para distinguir las cinco vijilias de la noche, que son mas largas en invierno que en verano. La primera vijilia empieza con un golpe de tambor, que se repite á intervalos pausados hasta la segunda, la cual empieza con dos golpes, que se repiten del mismo modo hasta la tercera, aumentándose proporcionalmente el número en las vijilias siguientes. Al amanecer se puede saber á cualquier instante la hora que es: todo esto se lee en la relación de Magallanes y en las Memorias del P. Le-Compte. Navarrete nos refiere, en su descripción de la China, que los Chinos hacen unas pastillitas de perfumes de forma cónica que se encienden de noche, y ardiendo indican las horas como los relojes de agua. Observa Magallanes que dichas pastillas se componen de madera de sándalo ó de alguna otra olorosa reducida á polvo, de que se hace una especie de pasta que se pone después en las formas. Tienen la figura de un rótulo cónico, y vistas de lejos, se asemejan á una cuerda que va cercando un cono, cuya base tiene á veces dos ó tres palmos y aun mas de ancho, y á proporción de su tamaño, duran uno, dos y tres dias. Todas las pastillas de esta naturaleza tienen cinco señales que sirven para distinguir las cinco vijilias de la noche, y es puntualísimo este modo de medir el tiempo, sin ocasionar jamás yerro de consideración. Magallanes advierte que quien trata de levantarse á una hora determinada suspende un pesito de señal, y cuando la lumbre lo alcanza, cae el peso en una fuente de cobre colocada debajo, y se despiertan al ruido que resulta. Los despolvoreadores de plumas están muy en uso en la China. La índole, inclinaciones y recreos de una grande nación se perciben, dice Cibot, hasta en las cosillas ínfimas. En Europa, las mujeres y aun los hombres llaman á un criado para 101 hacersse dar un pañuelo, una caja de tabaco ó un libro que ellos mismos podrían tomar dando un paso mas, estendiendo la mano ó encorvándose un tantillo; pero en la China la jente fina de entrambos sexos toma sin titubear un despolvoreador, y ellos mismos sacuden el polvo que han visto encima de una mesa ó de cualquier otro mueble. Siendo una consecuencia de la educación de los Chinos el esmero que dedican al aseo, lo constituyeron parte de su instituto, y por esta razón hasta el despolvoreador se ha hecho un objeto de necesidad, y los inventaron de varias formas para servirse de ellos según los usos: el brillo del barniz, la finura de los bordados, el primor de las porcelanas y de todo lo de trabajo delicado que adornan los aposentos han obligado á los Chinos á idearlos finísimos para poder quitar de ellos el polvo sin correr peligro de deteriorarlos. La soledad de las mujeres en sus aposentos, la entrada en los gabinetes que conceden con dificultad los empleados y literatos, han introducido el uso de didichos plumeros, y luego la industria y el buen gusto, el antojo y la moda, el lujo y la molicie los han variado, engalanado y hermoseado de tantas maneras que se podrían hacer con ellos un objeto de decoración hasta para las salas del palacio imperial. Estos plumeros entran en el número de las dádivas que la etiqueta, el respeto y la amistad han redoblado tantísimo en la China; y desde que se han hecho un objeto de necesidad y de decoración en todas las casas, importa mucho al estado protejer este ramo de comercio y de industria. De aquí se deduce que es de su interés que los mangos que se les ponen, las plumas de que están compuestos, sean objetos de lujo, y que una raiz rara, por ejemplo, una rama de árbol de figura estraordinaria, las plumas de un pájaro exótico y peregrino vengan á ser objeto del deseo de un hombre rico que puede pagar su valor y novedad. Hay otro instrumento destinado para preservarse del polvo y las moscas, que denominan la cola de caballo, y consiste en un mango lijero, en el que están prendidas largas clines, y tienen los Chinos cierta gracia en el modo de bambolear esta especie de instrumentos, pasándolos de una mano á otra con cierto garbo y maestría. Los Chinos guarnecen sus ventanas para que tengan la suficiente trasparencia y dejen pasar libremente la luz y que estén de tal manera cerradas, que los pongan á cubierto de las intemperies de la estación. También se toman mucha molestia en la construcción de sus puertas, tanto por su posición como por sus formas: añadiremos solo que cuando no pueden evitar el inconveniente de tener las puertas una en frente de otra, ponen delante una especie de biombo de madera á fin de preservarlas de los espíritus malignos, oponiendo de este modo un obstáculo á su libre paso. 102 Por las leyes chinescas están vedados todos los juegos, mas no obstante son tan aficionados á ellos, que muchos quedan de todo punto arruinados. Siendo regularmente los niandarines, que fácilmente podrían dirijir al pueblo, los mas rematados en dicho vicio, usan de mucha tolerancia con sus inferiores, que, según Nieuhoff, Le-Compte y otros, en padeciendo algún azar cuantioso, se muestran capaces de perder hasta sus mujeres é hijos, pues les permiten las leyes disponer de ellos con plena libertad. Sus barajas, dice De-Guignes, son mas abultadas, pero menores que las nuestras y son largas y estrechas: los dados están esmeradamente señalados como los de Europa, y los Chinos los llevan siempre consigo, y hasta se encuentran cuchillos en cuyo mango están embutidos los dados. Cuando no tiene el pueblo naipes ni dados, recurre al Me-Tua, que es un juego de azar muy usado por los barqueros, y se ejecuta con los dedos: el puño cerrado vale por ninguno, y cada dedo vale por uno: el que es mano nombra cualquier número levantando la porción de dedos que mas le acomoda: por ejemplo, si pronuncia seis en como lo eran en otro tiempo á los Griegos y Romanos, y aun hoy día lo son en la Gran Bretaña. La destreza y el arrojo de un animal ufano como el gallo han estimulado el tesón y la codicia de los Chinos, y los han inducido á hacer otras pruebas que consisten en educar y amaestrar codornices, á pelear macho con macho, y azuzar un grillo contra otro. Ambos insectos en aquel reto, al par encolerizados, tienen por arena un cedazo de forma circular que se pone encima de una mesa, y se acometen con tantísimo encono, que en sus disparados encuentros suelen arrancarse algún miembro. Las apuestas que se hacen á la primera aparición de los campeones en la arena acerca del éxito de su riña acarrean por lo mas pérdidas cuantiosas, y por esta razón están prohibidos dichos juegos, como todos los otros. Hay juegos para todas las edades, y los mas comunes para la juventud tienen bastante semejanza con los de Europa. El primero es el rehilete, y los muchachuelos se ejercitan en detenerlo en el aire con el pié, codo y cabeza sin dejarlo caer. No es permitido poner en él la mano, y lo vuelven á levantar, con mas destreza que nosotros, con la raqueta. El segundo, es la peonza que se hace andar, jirar y dormir con un látigo, como se practica entre nosotros; el trompo, el tejo y la pelota sirven de diversión á las diferentes edades. El tercero es la cometa, cuyas formas son inufinitamente mas variadas y elegantes que las nuestras, toda vez que están elegantemente pintadas de varias maneras, representando, ora alguna deidad sostenida por las nubes, ora aves de rapiña, mariposas y otros objetos curiosos. La caza que solían acotar los señores en Europa, es casi un recreo igualmente feudal en la China: quien quiere tener la privativa hace encerrar mucha montería en su 103 parque; mas es no obstante permitido precaver el daño de las mieses con la muerte de los animales que van á talar los campos. La pesca es para los Chinos un ramo de granjería mas que de diversión; pescan tambien con las redes y con el arco, pero tienen otras varias maneras que nos son desconocidas, tal es, por ejemplo, lo que practican en ciertas provincias, valiéndose del pájaro Lu-Ve ó Leu-Tse, á quien se amaestra á la pesca de los peces, como se enseñan los perros á la caza. Al salir el sol se ven en los rios una gran porción de barquichuelos con muchos de estos pájaros colocados en la proa: cuando el barquero golpea reciamente el agua con los remos, se arrojan las aves á ella, y con los peces en la boca vuelven á su señor, quien pasándoles la mano por el cuello, les hace vomitar hasta los perecitos que se hablan engullido y quedan detenidos por un anillo colocado adrede para cerrarles la gola. Staunton nos caenta que los Ingleses, en su viaje á Ham-Ho-Fo, á la parte meridional del canal imperial, llegaron cerca del lugar donde él dice que el famoso pájaro pescador de la China, el Leu-Tse, está impuesto en el arte de ajenciar á su amo una cantidad de pescado. En un lago anchuroso, prosigue Staunton, situado al oriente del canal y cerca de su orilla, se ven miles de barcos destinados á pescar con el Leu-Tse. En cada canoa hay diez ó doce de aquellos pájaros que se zambullen á la señal del dueño: no se puede ver sin admiración los enormes pescados que dichas aves cojen y llevan en su pico, y los tienen tan amaestrados, que no hay necesidad de ponerles en el cuello anillo ni cordón para atajarles el tragadero de parte de la presa; y solo comen lo que les da el amo para estimularlas y alentarlas: la canoa de que se valen estos pescadores es en estremo lijera. Otro modo peregrino de pescar es el que emplean los habitantes de las riberas del lago We-Chaung-Hon, que separa la provincia de Ciang-Tung de la de Niang-Nan. En el estremo de una canoa está una tabla teñida de blanco, y le dan una inclinación que forma con el agua un ángulo de cerra de cuarenta y cinco grados, y cuando hace luna va jirando la barca de madera que los rayos de la luna bañan de cuajo la tabla jabelgada y le dan la apariencia del agua; entonces se arroja encima de ella el pescado como si fuese su elemento, y tirando repentinamente el pescador de una cuerda lo vuelca en la canoa. Es también muy graciosa la manera con que cojen los Chinos las aves acuáticas en el mismo lago: al efecto dejan bambolear en el agua vasijas vacías y calabazas para que se familiaricen las aves con dichos objetos: entonces entra un hombre en el lago con una vasija en la cabeza y va nadando pausadamente hacia un pájaro, y lo tira abajo sin hacer el mas mínimo ruido por no espantar a los otros, y continúa del mismo modo esta caza hasta tener lleno el saco. Este método, que tan estraordinarío 104 parece, es puntualmente el mismo que, según Ulloa, se practica en la América meridional. Los soldados se divierten en cojer el pescado con el arco y con la flecha, que atan al arco por medio de una cuerdecita, ya para no perderla, ya para valerse de ella é ir enhilando los peces con la misma. Esto es todo lo que hemos podido recojer acerca de Jas diversiones de los Chinos. Los ministros y principales señores de la corte no van á pié en la capital, y ellos solos tienen el derecho de hacerse llevar por dos ó mas hombres en literas cubiertas de paño verde; con todo no siempre se valen de ellas, sino que hacen uso de carretas pequeñas, parecidas á las de los particulares. Son estas de forma algo larga, redondas por encima, y forradas, tanto por dentro como por fuera, de paño burdo azul, y guarnecidas de almohadones negros. Muchos de estos carruajes están cerrados por delante, y tienen una puerta lateral; pero generalmente van abiertos; hay además en los dos lados sus viserillas para ir viendo lo que pasa por la calle: y la entrada sirve de pescante al conductor para desde allí gobernar el caballo. Dichos carruajes están hechos señando dos dedos, deben responder los otros jngadores y levantar cuatro dedos para componer con los dos dedos del primer jugador el número espresado. Los Clilnos están muy duchos en este juego y siempre gritan fuertemente: el que pierde tiene que beber vino ó aguardiente, y no cesa hasta que se encuentra de tal modo acalorado, que no distingue los dedos. En la lamina se ven algunas personas del vulgo que están jugando; la figura que tiene en la mano un instrumento de agricultura es un campesino; el otro que está sentado con un gorro negro es un barquero, que junto a sí tiene un Gong, instrumento musical. Aquel juego viene a ser el nuestro de la morra. Las personas de distincion juegan al ajedrez, juego antiguo cuyo inventor se ignora en la Cliina; tiene, como el nuestro, treinta y dos piezas; pero son diferentes de las nuestras, pues no tienen la reina, y en lugar de ocho peones, no hay mas que cinco, habiendo sustituido otras piezas. EI tablero se compone de 72 cuadritos, formados de nueve órdenes de líneas paralelas, y de otras ocho transversales; los Chinos no ponen las piezas en el vacio de los cuadritos, sino en los encuentros o angulos. A pesar de que ese juego es admirado en todas las naciones, todos los literatos lo censuran altamente, porque se malogra con el un tiempo que podría emplearse con utilidad. Tienen los Chinos otros varios juegos, como por ejemplo, el llamado el juego del Doctor, otro denominado el Dominó, y otra especie de tablero que contiene 364 cuadritos; cada jugador tiene un numero de damas blancas ó negras, y la ventaja de 111 VIAJES. SEGUNDA EXPEDICIÓN COMERCIAL A LAS COSTAS DE LA CHINA. Segunda espedicion comercial á las costas de la China13 (I). El monopolio ejercido en la China por la compañía de las Indias ha debido hasta ahora hacer gravitar sobre ella la responsabilidad de todas las contravenciones á las leyes o á los reglamentos del pais cometidas por los Ingleses. El viaje hecho en 1832 por las costas del nordeste del imperio, por el navio Amherst, bajo los auspicios de los ajentes superiores dle la compañía residente en Canton; viaje emprendido a la verdad en un interés puramente comercial, pero durante el cual le acaeció muchas veces entrar en los puertos y aun subir por los rios para penetrar en el interior de las tierras, a pesar de las órdenes y los esfuerzos de las autoridades locales, era una infracción harto evidente de la ley china para no justificar las serias inquietudes que se concibieran en Inglaterra sobre las consecuencias de una empresa al parecer muy imprudente. Los directores de la compañía, que debían evitar cuanto podía comprometer sus intereses respecto del gobierno chino, no creyeron deber aprobar esta espedicion cuyas consecuencias podían ser muy fatales. En efecto, indignado el gobierno chino de la audacia de los bárbaros (nombre que da á los Europeos), no ha tardado en poner en planta las leyes que les prohibian la entrada en cualquier puerto que no fuese el de Cantón. Han sido reprendidos, castigados, destituidos los almirantes y los mandarines que no habían desplegado bastante rigor en el ejercicio de su deber, 13 (I) Desde que el gobierno inglés ha autorizado á todos sus súbditos á comerciar con la China y los países situados allende el cabo de Buena Esperanza hasta el estrecho de Magallanes, son buscadas con la mayor dilijencia las noticias punitivas que se han podido adquirir acerca de esas comarcas; así es que en meuos de dos años se han emprendido dos viajes de esploraciones por las costas de la China para reconocer los obstaculos o las conveniencias que podrán retardar ó favorecer las especulacíones de los armadores en aquellas rejioues. Como el resultado de esos viajes no interesa solamente á la Inglaterra, sí que también á los comerciantes de todas las naciones, hemos pensado que era de nuestro deber el presentar un resumen sucinto de estas cspediciones. Está muy demostrado hoy dia que, a pesar de las rigurosas prohibiciones del gobierno chino, un buque estranjero bien equipado puede establecer relaciones comerciales con todos los puertos de mar de la China, sin temor ds ser incomodado por los mandarines y los oficiales superiores; y que por cada dia manifiesta el gobierno mismo menos tenacidad en su sistema restrictivo. Los armadores no solo podrán hacer cuantiosas ganancias en el comercio directo de la China con la Europa, sino que hasta el trasporte á cuenta de los mismos comerciantes chinos ó japoneses á las Filipinas, á Borneo, á Java, á Siam, etc, les ofrecerá ganancias considerables: al presente se ocupan en este trasporte dos mil juncas del porte de 1,000, 000 de toneladas; mas la maniobra tan lenta y tan costosa de esa especie de naves permitíria á los Europeos, gracias á nuestro sistema de navegación mucho mas perfecto, economizar la mitad del flete que paga en la actualidad el comerciante chino. 112 ó que no habían logrado espulsar á los Ingleses de los puertos en que se habían introducido, y se han remitido á todas las autoridades contra los extranjeros las órdenes mas rigurosas para lo sucesivo. ¡ Vanas precauciones dictadas por el miedo cuyo efecto han neutralizado el egoísmo y el interés privado! El resultado real del viaje del Amherst ha sido convencer á los que lo han hecho y á los que lo han autorizado, que ha llegado por fin el tiempo en que las naves estranjeras, armadas de cañones y con buenas tripulaciones y jefes decididos, pueden establecer relaciones comerciales en las costas y puertos de la China, con la certeza de ser acojidas por todas partes con entusiasmo por las poblaciones, sin tener nada que temer de parte de los ajentes del gobierno, los cuales en ningún caso han tenido valor para emplear la fuerza contra estranjeros que se hallaban en estado de resistir, y mucho menos estando la poblacion dispuesta á su favor. Los Ingleses están tan convencidos en la actualidad del poco riesgo que corre un buque armado que entre en cualquier puerto de la China, que apenas ha regresado el Amherst de su espedicion, ya se ocuparon en preparar otra. En su consecuencia, se ha dispuesto el navio indio la Sílfida, propiedad de algunos armadores, armado con 24 cañones y con una tripulación de ciento y veinte hombres, casi todos Lascares, y su competente número de marineros, todos Ingleses. Muchos de estos últimos, como así mismo algunos de los oficiales, acababan de hacer el viaje del Amherst, y estaban muy enterados de las malas pasadas á que está espuesto un buque estranjero, de parte de los mandarines, en los puertos, si manifiesta temor. La parte mas preciosa del cargamento consistía en opio, droga, que, aunque prohibida, no por eso deja de ser de uso jeneral en la China, componiéndose lo restante de paños ingleses y otros objetos no prohibidos. La Sllftda se encontró dispuesta á dar la vela en el mes de setiembre de 1832. Vamos á dar algunas noticias acerca de su v'iaje, sacadas de la relación que ha publicado uno de los oficiales de la espedicion, las cuales servirán para demostrar cuan fácil es, desplegando firmeza y prudencia, vencer los obstáculos que no dejan nunca de oponer las autoridades locales al buque que se atreve á entrar en un puerto de la China. La Silfida salió de Cantón á fines de setiembre. Contrariaron su marcha fuertes brisas del norte y del este, de modo que hasta un mes después no llegó á la altura del cabo Shantung; un mes después entró en una grande bahía en la costa habitada por los Tartaros-Mandchúes. Había allí algunas juncas chinas cuyos capitanes nos acojieron del modo mas atento. Habiendo sabido nuestra intención de ir hacia el norte, emplearon todos los medios para disuadirnos de esta empresa. Esos mares, decían, son muy peligrosos en invierno á causa de los fríos rigurosos que allí reinan y de los enormes hielos que en ellos se encuentran. Pero fuimos sordos á sus consejos, y nos pusimos otra vez á la vela para continuar nuestro viaje, pensando 113 que siempre nos seria fácil volver hacia el Sur, si encontrábamos hielos peligrosos ó un frió demasiado intenso. Pasamos por delante de Kac-chou, plaza de comercio considerable, donde nos hubiéramos detenido, si no nos hubiesen prevenido que la rada era muy mala y que había en ella muy poco fondo, y donde por consiguiente hubiéramos corrido no pocos peligros. Preferimos pues avanzar basta Kin-chou. Favorecidos por una brisa moderada, habíamos desplegado todas las velas, y la velocidad con que ibamos nos esperanzaba de que al cabo de pocos días veríamos la gran muralla, cuando de repente oímos el grito terrible: ¡ estamos encallados! En efecto, casi en el mismo instante sentimos estremecerse el buque violentamente. En vano se emplearon todos los esfuerzos de la tripulación para sacar al buque del bajío á que éramos arrastrados por el viento y la marea. Tuvimos que resignarnos á pasar la noche en esa peligrosa situación. En verdad que fué cruel, sobre todo para nuestros Lascares, que obligados á luchar contra un viento riguroso al cuat no estaban acostumbrados, tenian tan entorpecidos los miembros, que casi ninguno de ellos pudo emplearse en la maniobra del buque, de suerte que solo podíamos valernos de los pocos Ingleses que había á bordo. La situación de la Silfida se hacia por instantes mas crítica. El viento seguía soplando con violencia, y empezaban á rodear la nave grandes trozos de hielo. Los Lascares habían perdido toda su enerjía y se entregaban á la mas horrible desesperación. Nos decidimos á embarcar en la lancha á los mas enfermos y a diríjirlos á la costa, de la cual distábamos ocho ó diez leguas, para pedir socorro á sus habitantes y procurar salvar al menos los restos de la tripulación. La lancha, cargada de trece Lascares enfermos y de ocho Ingleses, no pudo llegar á la costa hasta la tarde. Habiendo desembarcado en una playa estéril, nos pusimos en camino, sosteniendo á los Lascares enfermos como mejor podíamos, con la esperanza de encontrar alguna casa habitada en la colina mas inmediata. Dimos luego con unos pescadores, quienes, compadecidos de nuestra situación, nos condujeron á sus cabanas, rogándonos entrásemos en ellas. Pusieron á los Lascares en sus camas sin que pareciesen estos calentarse. Entonces los pescadores encendieron fuego, y quemaron, para socorrer á sus semejantes, toda la provisión de madera que tenían en su choza. Cuando les manifestábamos nuestro agradecimiento por los cuidados que nos prodigaban: «Nos hemos encontrado muchas veces, respondían, en semejantes circunstancias, y por lo mismo podemos simpatizar con vosotros. Nuestras cabanas, nuestras lanchas, nuestros brazos están á vuestra disposición.» Salimos para hacerles ver el sitio en que estaba encallado nuestro buque, y entonces un habitante de una clase mas elevada nos dijo que cualquiera que fuese la buena voluntad de los pescadores, no podían socorrernos con sus personas y sus lanchas sin haber antes alcanzado el permiso de los mandarines. Esta necesidad de recurrir 114 á los mandarines, cuya escasa humanidad nos era bien conocida, desvaneció !a esperanza que teníamos de poder regresar al navio al dia siguiente para probar de sacarlo del banco en que estaba clavado, mientras que entre tanto podía ser destrozado por las olas ó hundirse en la arena, de modo que fuese ya imposible arrancarlo de allí. Esta idea nos causaba las mas vivas zozobras. Determinamos que al dia siguiente tres de nosotros al nacer el dia irian á Kae-chou, pequeña población que distaba tres ó cuatro leguas de allí, para solicitar el permiso de los mandarines. Las tres personas nombradas, entre las que se hallaba el que escribe estas líneas, se pusieron en camino á la hora señalada. Atravesamos campiñas muy fértiles habitadas por una población activa, y cuya aparente limpieza nos recordaba nuestra patria. Toda aquella comarca está habitada por colonos venidos de la China, y no se ve en ella ni un habitante tártaro. Kae-chou, á donde llegamos muy temprano, es el mercado principal de la Tartaría china, y salen de él mas de dos mil juncas cada año, cargadas de producciones del pais. Conducidos por un ájente de policía ante los mandarines á quienes habíamos de dirijir nuestra súplica, nos sujetaron á una especie de interrogatorio. Esplicamos en pocas palabras el incidente acaecido á nuestro navio, pero sin lograr hacerles comprender el peligro que corría. Uno de nosotros tuvo entonces la idea de llenar una jofaina de agua, y de colocar encima de esa agua una taza con la cual golpeaba vivamente el fondo de la jofaina: entonces uno de los mandarines escribió en un pedazo de papel: « Comprendemos vuestro peligro, y vendremos á socorreros.» Mandaron en efecto preparar una carreta, á la cual subimos y que nos condujo, acompañados de una escolta militar, á Ma-tou, que es el puerto de Kae-chou, donde el majistrado llamó á dos capitanes chinos, mandándoles que se preparasen para hacerse inmediatamente á la vela. Mas esta orden fué revocada al momento. Los mandarines habían resuelto, en una conferencia secreta, que no se nos daría auxilio sin una orden de los majistrados superiores. En vano reclamamos contra esa orden cruel; esos hombres, que nos veían desvalidos, no dieron oídos á nuestros ruegos: nos hicieron subir otra vez á la carreta, y fuimos conducidos, escoltados del mismo modo, al sitio en que habíamos dejado á nuestros compañeros de infortunio, á quienes encontramos igualmente inquietos sobre la suerte de nuestro navio y sobre el resultado de nuestra misión. Entregámonos juntos á las tristes reflexiones que nos inspiraba la repulsa de los mandarines, cuando uno de nosotros, después de haber subido á una colina desde donde podía ver el sitio en que estaba encallado el buque, vino hacía nosotros corriendo y manifestando grande alborozo con sus ademanes, y nosotros no esperimentamos menos satisfacción que él cuando nos dijo que había visto muy distintamente á la Sílfida fuera del banco donde la habíamos dejado, y que trataba anclada en un sitio en que no corría el menor peligro. 115 Los mandarines, que se habían quedado á nuestro lado después de nuestro regreso de Ma-tou, lejos de tomar parte en nuestra alegría, se manifestaron aterrorizados al oír esta noticia, temiendo sin duda que tuviésemos la idea de vengarnos de su conducta inhumana. Mas otros cuidados nos embargaban. Nos apresuramos á volver al navio, no dejando en tierra mas que á los Lascares enfermos á quienes nos proponíamos venir á buscar mas adelante. Llegamos al buque en la tarde del Iº. de diciembre, y allí supimos que la víspera anterior, habiendo aumentado el agua sobre el banco, la Silfida se había desencallado naturalmente, y que la tripulación había logrado sin grandes esfuerzos conducirla á un sitio mas profundo, donde habían echado el áncora para esperarnos. Al dia siguiente volvimos a tierra á buscar á los enfermos, y nos hicimos á la vela el 3 de diciembre, decididos á pasar á un mar y clima mas suaves. Las rejiones que abandonábamos eran demasiado frias para nuestros Lascares, y los hielos de que estaba cubierto el mar amenazaban reunirse y encerrarnos, de suerte que no hubieran podido sacarnos de allí los marineros ingleses que completaban la tripulación. El banco en que encalló la Silfida está situado á los 41° 34' de latitud norte, y á los 121° 48' de lonjitud al este del meridiano de Londres. El 11 de diciembre, habíamos descendido ya á la altura de la isla mas septentrional de las del grupo de Chu-san, punto de reconocimiento para las juncas que vienen del norte y que van á Vou-sung. Nos detuvimos algunos dias en su fondeadero, porque interesaba á nuestros Lascares y á nuestro comercio; pues, donde quiera que hacíamos escala, encontrábamos en las poblaciones, y á veces en los mismos mandarines, mucho anhelo en comprar nuestras mercancías. El opio sobre todo, aunque prohibido bajo las penas mas severas, nos lo compraban tanto los magistrados como los particulares. Acabábamos el 15 de diciembre de salir de la bahía, cuando vimos una junca china desarbolada y próxima á ir á pique. Parecía que otras juncas habian visto su situación; pero después de haberse acercado á ella, las vimos alejarse sin curarse de los infelices que habia á bordo, espuestos á perecer. Aprovechamos esta ocasión para probar á los Chinos qne aquellos á quienes trataban de bárbaros sabían volver bien por mal. En su consecuencia, enviamos nuestra lancha á la embarcación china, en la cual habia trece marineros. Como era imposible embarcar mas de cinco á la vez, tuvimos que hacer muchos viajes para salvar á todos aquellos desgraciados y una parte de sus provisiones. Habiendo entrado el 20 de diciembre en el rio de Vou-sung, escribimos al almirante comandante del apostadero militar, anunciándole que estaba á su disposición la tripulación china que habíamos salvado. No contestó á nuestra carta; mas algunos dias después, un cartelón colocado delante de la casa en que habitábamos dio á conocer á los habitantes que habíamos dado pruebas de una humanidad digna de elojios, salvando la tripulación de la junca, añadiendo en seguida el almirante que habíamos recibido por esa buena acción las gracias del gobierno, lo que era falso. 116 No sin dificultades habíamos entrado en aquel rio. Las autoridades locales habian empleado los ruegos y las amenazas para que renunciásemos á nuestro proyecto de detenernos en él. Al acercarnos habían apuntado contra nosotros los cañones de los fuertes colocados en ambas orillas. Mas era incontrastable nuestra resolitcion; y así apenas conocieron los mandarines que no desistiríamos, tuvimos la satisfacción de verles cambiar de repente de tono é invitarnos con urbanidad á que gobernásemos el buque de manera que pudiésemos evitar un banco en que habia tocado el Amherst cuando vino á ese puerto. Habíamos anclado un poco mas abajo del Vou-sung, y en nuestro pabellón se leía en grandes caracteres chinos lo siguiente: «Embarcación mercante de la India. ¡Ojalá el reino del Medio goce de prosperidad, y de paz las naciones! Donde quiera que reinan la virtud, la benevolencia y la justicia, acudirán los mercaderes para comerciar con los habitantes.» Y en el pabellón de la lancha habíamos escrito: »Relaciones amistosas entre todas las naciones. Todos los hombres comprendidos entre los cuatro mares son hermanos. ¿No es un motivo de gozo para nosotros la llegada de un amigo de un pais remoto?» Centenares de personas se paraban en la ribera para leer las inscripciones, y sus aclamaciones eran la prueba mas evidente del placer que esperimentaban al ver nuestros pabellones adornados de sentencias sacadas de su gran filósofo. Saltamos en tierra con la intención de dar noticia al almirante de lo que traíamos á bordo. Una multitud dé jente nos esperaba en la ribera, y nos hizo la mas cordial acojida. De todas partes se alzaba un grito incesante para pedirnos noticias del amigo Houheame; nombre con que designaban á Mr. Lindsay, capitán del Amherst. El almirante Kouang, á quien fuimos conducidos, era el mismo que mandaba cuando el viaje del Amherst, y como habia sido reprendido por su conducta en aquel entonces, nos recibió de pronto con mucha frialdad, bien que con una conmoción visible. Pero logramos inspirarle mas confianza; y aunque no quiso cargar con la responsabilidad de concedernos el permiso de comerciar con los habitantes, lo que hubiera sido de su parte una violación de la ley, pudimos juzgar por lo que nos dijo que no deseaba otra cosa que imitar al grande emperador, y suavizar las medidas que la ley prescribe, á favor de los estranjeros venidos de tan remotos países. En efecto, ninguna dificultad esperiuieutamos de parte suya, y algunos días después nos dejó remontar el rio y acercarnos a Shung-hee, sin oponerse en nada á nuestro movimiento. En nuestras entrevistas con los mandarines de You-sung, pudimos convencernos igualmente de la facilidad con que eludirían la ley en nuestro favor, con tal que les dejásemos tomar parte en los beneficios de nuestro comercio. No quiere decir esto 117 que quedasen muy satisfechos de nuestras visitas, pues podíamos conocer fácilmente que el principal motivo que les decidía á no molestarnos era el miedo que les infundíamos; pero en medio de la necesidad en que se creían de tolerar nuestra presencia, hacian de entrañas corazón, y se consolaban con la esperanza de los provechos personales que de ella pensaban sacar. Desde Shang-hee y Vou-sung, donde fuimos tratados por punto jeneral con mucho miramiento por las autoridades, y siempre coa la mas viva simpatía por las poblaciones, nos hicimos á la vela para Chapón, donde llegamos el 8 de enero de 1833. Esa plaza es el centro del comercio con el Japón, comercio cuyo principal artículo de importación es el cobre, y las grandes juncas japonesas qtie lo traen, se vuelven de retorno cargadas de diferentes objetos de las fábricas chinas. Tuvimos que alabar la conducta que con nosotros observaron los oficiales del gobierno, los cuales no pusieron la menor traba á nuestras relaciones con los habitantes, quienes por su parte se manifestaban tan finos como corteses. Nos franqueaban á porfía todas las casas, y á menudo nos convidaban á festines preparados para obsequiarnos. Tuvimos á bordo una visita de un mandarín mandchú, perteneciente á la casa imperial, y que aventajaba mucho á sus compatriotas, tanto por la elegancia de sus modales como por su talento, el cual examinó minuciosamente y con la mayor atención todo lo concerniente á la construcción y al armamento de la Sílfida. Nos prometió que haría al emperador una relación favorable para nosotros sobre las ventajas comerciales que pudiera sacar la China de sus relaciones con los pueblos de Europa, y añadió que haria todos los esfuerzos posibles para convencer al gobierno de que el único objeto de nuestro viaje era el comercio, lo que no había podido creer hasta entonces. Después de una larga permanencia en Cha-pon, nos hicimos á la vela y visitamos otros muchos puertos chinos, donde, después de algunas malas pasadas, logramos siempre hacernos dar entrada por los mandarines. Volvimos á fines de marzo, plenamente convencidos por nuestra propia esperiencia y por las observaciones que tuvimos ocision de hacer, de que los puertos de la China están abiertos á todo buque armado á la europea que tenga una tripulación decidida y un capitán y oficiales resueltos, pues presentándose con el solo objeto de comerciar, le prometemos desde ahora que se conciliará el aprecio de las poblaciones, y que logrará infundir respeto á los mandarines, que, por estupidez, por temor ó por bajeza, quisiesen poner obstáculos á sus comunicaciones. “Viajes. Segunda expedición comercial a las costas de la China”, en El Museo de las Familias, Tomo II, Imprenta de A. Vargues, Barcelona 1839, pp. 210-213. Biblioteca Nacional de España. 118 EL CASAMIENTO CHINO La clasificación que se ha hecho de los casamientos en matrimonios de razón é inclinación no cuadra absolutamente á los Chinos, porque jeneralmente los esposos no se ven por primera vez hasta que están ligados irrevocablemente por los vínculos matrímoniales. En Europa ha habido familias ilustres que han ajustado el enlace de sus hijos cuando estos estaban aun en la cuna ; pero los Chinos van aun mas lejos y asi es que no es nada estrañoy así es que no es nada estraño el casar los niños aun antes de nacer. Dos mujeres en cinta tratan del casamiento de los hijos que llevan en su seno, y en prueba de su fe se entregan prendas en fianza, siendo de advertir que estos contratos son indisolubles, a menos que los dos niños sean de un mismo sexo, o por ser leproso uno de ellos. Es verdad que estos casos, aunque suceden, son muy raros, y por lo jeneral el cuidado de ajustar los casamientos se deja á los corredores y ajentes de matrimonios, porque esta industria, que está aun en su infancia entre nosotros, se halla en un estado muy floreciente en la China, donde se ejerce por la acción simultanea de ambos sexos. Cuando estos corredores y corredoras han encontrado lo que mutuamente les conviene, y cuando los padres han adherido á sus proposiciones, se procede, en el dia fijado por la novia, á la celebración del desposorio. Consiste esta ceremonia en un cambio de regalos, que los corredores y corredoras llevan en canastillos á casa de los novios. Los canastos ofrecidos á la novia deben contener, el uno frutos y dinero puesto en pilas en los cuatro ángulos, el otro un jamon fresco del peso de doce libras, poco mas ó menos, y el tercero cierta porción de fideos. Luego que el estrépito de los cohetes anuncia á los vecinos la llegada de los portadores de los regalos, sé presenta la novia á la entrada de una estancia alumbrada con velas encarnadas, y tomando los presentes, distribuye tajadas de jamón á todos los circunstantes. Entretanto pasa igual escena en casa del novio á quien envian también regalos, que consisten principalmente en frutos distribuidos en diez y seis paquetes, y ademas su futura suegra le envia por su parte algunos presentes, y particularmente pepitas de calabaza secadas al sol. Estas pepitas á la verdad le cuestan algo caras, pues el uso requiere que el padre del novio dé cierta cantidad de dinero por ellas, la cual se considera como el precio de la mujer que se le va á entregar. Esta suma, que viene á ser poco mas ó menos'de mil reales, se paga con tanto rigor, que no se entrega la novia á su prometido hasta que haya hecho efectiva su deuda de un modo íntegro y completo. Cumplidas estas formalidades, los corredores consultan á los astrólogos para escojer un dia propicio para la boda; y aunque el agüero sea favorable, siempre van provistos de un pedazo de cerdo fresco para echarlo al demonio, que representan bajo la forma de un tigre, á fin de 119 que, distraído y entretenido este con el cebo de la carne, se trascuerde de los esposos y no esparza sobre ellos su mahgno influjo. En el dia prefijado, empieza á ataviarse la novia, poniéndose un sombreron inmenso que, en forma de canastillo que le envuelve toda la cabeza, le tapa la cara y le cae circularmeute hasta la cintura; la encierran después en una silla de manos muy bien tapada, porque el objeto principal es que no vea ni sea vista. El acompañamiento, cuya marcha y ceremonias arreglan los corredores, se mueve después lentamente con un lúgubre aparato; la etiqueta exije que todos los que acompañan á la novia prorumpan en sollozos con toda la fuerza de sus pulmones. Cuando se acerca la procesión á la casa del novio, se adelanta un correo para anunciarla, gritando desaforadamente: ¡Hela aquí! ¡hela aquí! Suena entonces el estrépito de los cohetes y clarines, serenata de toda solemnidad en la China, y el novio corre a encerrarse en su estancia. Los corredores, á quienes debe recibir con estrañeza y aun con mucha indiferencia, como si no supiese lo que quieren, van a buscarle poco después y le conducen á la silla de manos: aquí es donde debe demostrar gran sensación, abre la portezuela temblando, hace bajar á la novia y la coloca en la mesa, donde él también toma asiento en frente de ella. Después del convite, se retiran los esposos á una sala, donde quedan solos, y aquel momento es el mas solemne para el marido, pues que entonces es cuando puede levantar el misterioso velo, contemplar las facciones de su esposa, y juzgar si la suerte le ha servido bien ó mal. Pero sean las que fueren estas impresiones, las guarda para sí, y no deja entrever á su mujer mas que una halagüeña satisfacción. Luego que el recien casado ha terminado sus esploraciones, todos los convidados son admitidos alternativamente a hacer su examen y dar su voto sobre la novia con suma franqueza; y la misma etiqueta que obliga al marido á disimular, les autoriza a ellos para hablar con absoluta libertad. Rara vez deja de abusarse de este permiso, y no faltan mujeres que, resentidas de la censura que padecieron ellas mismas en igual caso, vayan á desagraviarse en tales ocasiones. Durante el rato que se emplea en este examen, la víctima que representa la lámina, está condenada á un profundo silencio y una estoica impasibilidad, por mas pesadas y amargas que sean las chanzas y las sátiras que la dirijan. ¡ Cuántas enemistades orijinan estas odiosas ceremonias, y cuántas notas apunta la recien casada para tomar á su tiempo el debido desquite! Las otras ceremonias nupciales, qne no dejan de ejecutarse con la misma gravedad en medio de la cencerrada de músicos y las danzas de los titiriteros, no ofrecen nada mas pesado, como no sea el cuidado que tienen los esposos de ocultar sus vestidos al desnudarse, porque los convidados andan al acecho para hurtárselos, y no devolverlos sino mediante una retribución. El uso, al autorizar este derecho en los 120 convidados, es la única compensación que les concede de los precios que tienen que pagar por cada presente que los esposos les ofrecen, los cuales están determinados por una tarifa inflexible. Aunque las solemnidades nupciales son muy fastidiosas para los convidados, se tiene á suma honra el asistir á una boda, y nadie puede presentarse en ella, si no ha sido convidado con las formalidades debidas, esto es, por medio de un pliego de pajiel encarnado, cuyos pliegues están combinados de manera que presemntan una docena de páginas en blanco. En estos casamientos chinos no interviene en lo más minimo ninguna consagración d eleyes divinas ni humanas; apenas los acompañan algunas ideas supersticiosas. Ningún sentimiento de orden elevado se nota en la celebración de uno de los retos mas importantes de la vida. El casamiento en China no es mas que una especulación para los corredores, los padres., parientes, convidados y para los mismos esposos, en la que cada cual procura dar poco y recibir mucho. Asi es que en este dia aciago, la mujer china, vendida y comprada vilmente como una mercancía, empieza una vida de esclavitud y miseria, a la cual se sustrae muy a menudo por medio del suicidio. “El casamiento chino”, en El Museo de las Familias, Tomo II, Imprenta de A. Vargues, Barcelona 1839, pp. 237-239. Biblioteca Nacional de España. 127 HISTORIA GENERAL DE LOS VIAGES. GERBILLON 1688. I Viage. Van vestidos de un mal lienzo forrado de lana; y aun muchos no tienen oara cubrirse mas que pieles de carnero secas al Sol; y sus hijos van del todo desnudos. Es difícil juzgar, como un País, que al parfecer está desproveido de forrage, pueden criar tan grande numero de camellos, cavallos, bacas, y carneros; y como pueden vivir ellos en medio de estos arenales calidos, en donde sus hijos, y muchas de sus mugeres van continuamente a pies descalzos. Los niñis tienen el cutis tostado del Sol: y losw hombres parecen vivos, y vigorosos. Los Misioneros vieron un grande numero de ellos de ambos sexos, que venían al Campo a hacer trueques de sus ganados por lienzo, tabaco, y the. Algunos regalaron a Kiw-kyew dos, o tres carneros, por los quales les hizo dar tabaco, y otras cosas de su gusto. Sus principales mugeres le presentaron también the. Iban vestidas con mucha modestia, y llevaban un ropaje, que les llegaba desde el cuello hasta los pies. Tambien llevaban gorros como los hombres; pero eran en extremo feas. El dia 9 de Julio supieron los Embaxadores en el Campo, que el rey de los Fluths havia entrado en el Pais de los Kalkas, y qu4e el terror de sus Armas havia hecho huir al Gran lama, hermano del Emperador de los Kalkas, quien se havia retirado hacia las fronteras de la China. A cada instante se encontraban en el camino tropas de Tartaros fugitivos. El 23 un Mandarin, que havia sido hecho prisionero por los Eluths, contó, que su Khan no tenia mas de quatro, o cinco mil hombres de Cavalleria; que havia desolado el distrito en que el Khan de los Kalkas tenia su Corte; quemado el Templo del Gran Lama, y todo lo que no havia podido llevarse; embiado destacamentos para desolar las demás partes del país; y que havia vuelto a sus estados por las causas que ya se han referido. II SEGUNDO VIAGE DE GERBILLOS A NIPCHEU, o Nerchinskoy, con los Embaxadores Chinos, el año de 1689. GERBILLON 1689. Ii Viage. El dia 27 de Abril de 1689, fueron Pereyra, y Gerbillon a la Casa de Campo del Emperador, nombrada Chang-chun.yun, para informarse de la salud de este Monarca; y haviendoles aconsejado Chau-lau-ya, ofreciesen sus servicios para 128 acompañar a los Embaxadores, que debían hacer el viaje de Tartaria, siguieron este consejo, y fueron admitidas sus ofertas. El dia 23 de mayo llego a Peking un Embiado de los Plenipotenciarios Rusos de Selingha, con una comitiva de setenta personas, y una Carta latina para los Ministros del Emperador, en la qual suplicaban a S. M. Imperial, señalase un lugar en la frontera para las conferencias, y dixese el tiempo en que podría ir a el sus Diputados con los de la Rusia. Los Ministros Chinos respondieron por escrito, que S. M. señalaba a Nipcheu, que es el nombre Chino, o Nerchinskoy, que es el que dan los Moscovitas a esta Plaza, Ciudad situada al Nord Ouest de Yaksa, para lugar de las Conferencias, y que sus Diputados saldrían el dia 13 de Junio. El 5 de este mes hizo el Embiado Ruso una visita a los dos Misioneros, con el permiso espreso del Emperador, y fue conducido por un Mandarin. El Embiado era un hombre de buene presencia, que mientras havia eatado en Peking, havia cobado grande reputación de talento, y juicio, la que mantuvo en la conversación que tuvo con los Misioneros. Estos lo tuvierton por Ingles, u Holandes, porque no tenia el acento de Moscovita. Entendia bien los caracteres Romanos, y leia con facilidad la Lengua Francesa. El Emperador no quiso que Pereyra, ni Gerbillon le volviesen la visita, y solo lo concedio a otros dos Misioneros, Suarez, y Bouvet, quienes le embiaron a su vuelta un regalo de fruta, y vino. “Historia general de los viajes. I y II. Gerbillon, 1688 y 1689”, Diario Noticioso Universal, Enero, Miércoles a 30 de 1771. Numero 4076, Con privilegio del rey N. S. Madrid, imprenta del Diario, pp. 6965-6966. Biblioteca Nacional de España. LA CHINA Gobierno.— Venalidad de empleos.— Desórdenes en la administracion.— Tribunales. — Mandarines.— Militares.— Letrados.— Sacerdotes.— Labradores— Artesanos.— Comerciantes. — Profesiones infames. — Privilegios de los mandarines.— Sux exarciones.— Rasgo atrevido de un viajero ingles. Algunos escritores han alabado con sencillez á los Chinos, pintándolos cómo un pueblo de sabios, gobernado por leyes perfectas y humanos é íntegros magistrados. Varios europeos que han vivido mucho tiempo en la China, y otros que han atravesado ese vasto imperio en toda su extensiou, han visto con frecuencia al fuerte opresor del débil, á todo hombre que ha recibido parte de autoridad servirse de ella para vejar, molestar y hollar al pueblo. 129 El Emperador ejerce el poder mas absoluto, puede derogar las leyes, establecer otras y hacerlas de nuevo. El respeto que se le tributa llega á la adoración, la desobedíencia á sus órdenes es un delito imperdonable: muy raras veces se muestra al público, y cuando lo verifica es rodeado del aparato mas ostentoso é imponente; todos á su paso se prosternan: y toma los títulos de Hijo del cielo, y único Gobernador del mundo. El.Emperador envia secretamente varios comisionados para que examinen la conducta dé los magistrados; pero con frecuencia los mismos comisionados no se resisten á la corrupción y al cohecho. Cualquiera que tenga que hacer alguna queja no puede dirigirse directamente al Emperador, sino que le es fuerza recurrir á los ministros y oficiales de palacio, y como todos esos personajes están unidos por un mismo interés, el suplicante ve defraudada su esperanza de obtener justicia. Los empleados por lo común han pagado su nombramiento á los nnnistros, y el primer cuidado es reembolsar estos adelantos. Conocen perfectamente el arte de eludir las leyes que prohiben á los agentes del poder recibir presentes. Las órdenes del soberano son mal ejecutadas, y la vigilancia recíproca de sus mandatarios es quimérica muy á menudo. Alguna vez los culpables son destituidos, puestos entre cadenas, y sus bienes confiscados, pero estos castigos, aunque anunciados en la Gareta oficiat de Pekin, están muy lejos de remediar el daño. Las malversaciones y monopolios solo se suspenden por algún tiempo; pues se ha visto á los mismos empleados caidos en desgracia entrar de nuevo en el goce del favor, y gobernar otras provincias donde rehacen su fortuna. Por lo demas, sucede en la China lo mismo que en otros países: las leyes son en sí buenas, ha dicho un misionero, solo falta que sean mejor observadas. El Consejo ordinario del Emperador está compuesto de colaos ó ministros. Seis tribunales ó departamentos están encargados de la administracion del Imperio, Otro departamento se ocupa en los asuntos concernientes á los príncipes de la sangre y familia imperial. Los miembros de los grandes tribunales son la mitad Mandekona y la otra mitad Chinos. Independientemente de los seis tribunales arriba dichos, hay otro de censores públicos, cuyos miembros gozan, en unión con los presidentes de los demás, del derecho de dirigir manifiestos al Emperador. 130 Los Euripeos dan el nombre de Mandarines, de la palabra mandar, a todos los funcionarios públicos de la China, tanto civiles como militares: su nombre chino es konan. El hijo en la China hereda los bienes del padre, mas no sus dignidades. Los descendientes de la familia reinante ocupan el rango de príncipes, disfrutan de sus rentas, pero no ejercen ningún poder. Es considerado noble cualquiera que sea ó haya sido mandarín , ó haya obtenido alguna graduación, ó recibido título honorífico del Emperador, los que se conceden hasta á los antepasados de las personas que el soberano quiere honrar; pero este título no se trasmite á los hijos. Los bienes se dividen entre estos por partes iguales. Solo la familia de Confucio tiene un título de honor que pasa al descendiente directo. Se cuentan siete clases de ciudadanos: mandarines, militares, letrados, sacerdotes, labradores, artesanos y comerciantes. Cualquiera que haya seguido el curso de los estudios necesarios, tomando sus grados, puede llegar á obtener los enipleos ordinarios, pero en cuanto á los de mayor importancia, se requiere talento, crédito y servicios para alcanzarlos. Los mandarines .se eligen de entre lus letrados. Los sacerdotes son muy numerosos, y saben sacar buen partido de la propensión de los Chinos á la supersticion; poseen muchas casas y haciendas. Aunque la clase de los labradores sea la mas protegida del Gobierno, es la que tiene menos bienes de fortuna. Los lacayos son todos ó propietarios ó arrendadores. Los comerciantes disfrutan muy poca cunsideracion, y hasta son mirados con menosprecio los que salen de su patria. Muy raras veces ejerce un hijo el oficio de su padre, á no ser obligado de la necesidad. Apenas el chino empieza á tener dinero, se dedica al comercio; si adquiere mas riquezas, trata de procurarse un pequeño empleo repartiendo con oportunidad los regalos, para gozar tranquilo de sus bienes; puesto que á los agentes del gobierno les hace sombra el particular que hace ostentación de su opulencia. Los cómicos y agentes de disolución son reputados infames, y no pueden ser admitidos á exámenes para graduarse de mandarines: los verdugos y carceleros son mirados de mal ojo; pero pueden abandonar su oficio cuando tienen con que vivir. A los mandarines soló se les habla de rodillas, á menos que el que habla desempeñe 131 un empleo que le dispense. Ningún mandarín visita jamás los lugares de su jurisdiccion sin ir acompañado de inmenso y hasta formidable cortejo. A su aproximación todos deben retirarse, y aguardar respetuosamente con la cabeza derecha y los brazos pendientes á que ellos hayan pasado. El séquito de un mandarin es numeroso, pero mal pagado y vestido. El mismo mandarín solo cobra mediano sueldo, por lo que trata de sacar del pueblo cuanto necesita para su conducta dispendiosa. El gobierno publicó varios reglamentos muy discretos, para mantener en el deber á sus agentes; pero los cumplen tan mal, que según un proverbio chinesco el Emperador suelta tantos lobos y ladrones cuantos son los mandarines. La graduacion de los mandarines determina su vestido: y ningún particular se atreve á llevar bordados de oro, pues á ellos solos pertenecen tales adornos. El Emperador, sus hijos y los príncipes de primer orden llevan dragones bordados en el vestido, que solo difieren por el número de garras. Los grandes personajes del Imperio y los mandarines se conocen por el vestido, por la placa bordada, por el cinturon y pnr el botón puesto en la cima del gorro. El gorro de los mandarines está cubicrto de una especie de moño encarnado: el collar es distintivo de los grandes mandarines: la pluma de pavo que ponen en el gorro es condecoración honorífica que concede por su mano el mismo Emperador. Mr. De Laplace, oficial de la marina francesa, refiere en su viaje al rededor del mundo un rasgo atrevido de cierto comerciante inglés, que presenta á la vez un ejemplo de la insolencia de los mandarines, y del orgullo británico. Dicho inglés, llamado dc improviso á la ciudad de Macao para asuntos de la mayor importancia, vióse obligado, siguiendo la multitud de canales de la China, á detenerse en una aldea, donde residia un mandarin quien debia revisar sus papeles y cobrar cierto derecho de pasaje. El comerciante le manifestó que el menor retardo podía causarle perjuicios de ta mayor consideración; no obstante, el mandarín se rehusaba á firmar el pase so pretexto de qu e estaba descansando y no tenía tiempo. Despues de varias tentativas inútiles, impaciente el inglés, salta á tierra, fuerza la entrada de la casa del mandarín, y le encuentra blandamente tendido en su divan fumando opio. El reverendo magistrado, tan rudamente interrumpido en medio de su éxtasis, se levanta furioso, amenazando con grosero tono ul importuno, pero la robusta mano del inglés le sopla un recio bofetón que lo tendió por el suelo rodeado de los fragmentos de la preciosa pipa Durante el tumulto el inglés volvió á embarcarse, prosiguió su marcha y llegó por fin á su destino, donde esperó con 132 seguridad el resultado de las gestiones del mandarín. En efecto, llegaron quejas al vírey, quien despues de una amplía información, y oidos los testigos, pidió á la factoría inglesa que le fuese entregado aquel temerario. Pero habiéndose por medio de nuevas declaraciones probado que el mandarín fumaba opio, y que se hallaba probablemente en estado de embriaguez cuando se cometió el delito, el asunto mudó de aspecto. El mandarin recibió buena porción de bastonazos y fué destituido de su dignidad. Sin esta dichosa terminación del negocio, el viajero .se hubiera visto obligado á abandonar para siempre la China; ó á permanecer por mucho tiempo bajo de cerrojos, á mas de pagar una crecida multa. “La China”, Albun Pintoresco Universal, Adornado con exquisitas laminas intercaladas en el texto. Colección de artículos relativos a toda clase de ciencias y artes; parte recopilados de las obras europeas mas acreditadas, y parte originales escritos por los principales escritores españoles, como son: Don Pedro de madrazo, Don Eugenio de Ochoa, Don Pedro Pidal, Don Patricio de la Escosura, Don Antonio María Segovia (el estudiante). Tomo Segundo. B arcelona, 1842, pp. 208-211. Biblioteca Nacional de España. CHINA.— PEKIN SUMARIO. Entrada del embajador inglés lord Macartney a Pekin.- Admiración de sus habitantes.- Sillas de mano para las señoras chinas.- Profusion de pinturas y dorados en las habitaciones.- Falta de ventanas.- Excesivo consumo de hielo.- Palacios chinescos.- Espanto causado por un eclipse de luna.- Estructura de las murallas de Pekin y de la gran muralla de la China.- Las Vespasianas de pekin.- Comercio de materias estercorales.- Exposición en las tiendas y gran comercio de féretros de lujo.- Tumultuoso movimiento de la ciudad. HEMOS presentado ya á nuestros lectores algunas particularidades de la nación chinesca, y volvemos hoy al mismo asunto. La oposicion que hay entre nuestros usos y los que reinan en esa porcion del Asia es suficiente para dar el mayor atractivo á nuestras descripciones; y además, los esfuerzos hechos durante tanto tienipo por los misioneros á fin de introducir en aquellos pueblos las creencias y artes europeas, esfuerzos contrariados pero no perdidos, añaden muchos grados al interés que su estudio inspira. Hoy llevaremos pues nuestros lectores á Pekín, capital del celeste Imperio. La relacion de un viaje á la China á fines del siglo pasado hecha por el embajador inglés lord .Macartney, contiene tocante á esa Ciudad pormenores muy curiosos, que vamos en parte á reproducir. 133 «Sabíase ya en Pekín, dice el Autor de la relación, el día en que debía llegar la embajada. Estaba cubíerto de gente el camíno hasta á una gran distancia de la Ciudad; pues todos querian ver á unos extranjeros sobre que se habían difundido los mas maravillosos rumores. Apenas el cansancio ó el mismo tropel nos oblígaba a pararnos, al momcnlo nos hallábamos rodeados de curiosos. Unos tocaban nuestros vestidos; otros quedaban admirados del color de nuestras manos, y nosotros solo podíamos calmar su sorpresa quitándonos los guantes que les parecían una cosa muy ridicula. Algunos creian que no teníamos barba: en una palabra todas nuestras cosas eran nuevas para 1os Chinos, y nuestros coches hacían el oficio de cámaras ópticas cuyos espectadores por turno se acercaban á mirar por los cristales. Los arrabales, que por la parte por donde nosotros entramos solo pueden atravesarse haciendo una hora de camino; y el aumento sucesivo del concurso de gente á pie, á caballo y en coches, eran anuncio de una de las mas grandes ciudades del mundo. Pekín está circuido de fuertes y altas murallas, cuyas espaciosas puertas ofrecen desde lejos una ímponente perspectiva. Apenas nos hallamos en el interior de la Ciudad, que nos pareció insufrible el afan de la muchedumbre que acudía de todas partes; y los golpes que los soldados que nos acompañaban iban repartiendo, y que no aprobabamos, con trabajo pudieron franquearnos el paso. Lo primero que me llamó la atención fué la multitud de sillas de mano, llevadas algunas hasta por veinte hombres, y seguidas de igual número de criados. Es imposible describir la multitud y variedad de colores, ropajes, cintas y otros adornos, de que estaban recargadas dichas sillas; de modo que lo que falta con respecto al buen gusto, lo sustituye la ríqueza y suntuosidad. Luego quedé sorprendido al ver el sin numero de pinturas y dorados que adornan el exterior de las casas; mis ojos se cansaron de mirar las grandes letras doradas de las muestras de las tiendas; los dorados de las puertas y balaustradas, los colores vivos con ellos mezclados, y el número infinito y variedad de faroles de papel que colgaban en todas partes. Las calles de Pekin son anchas y sin enlosado. Rieganlas con esmero en verano, pero esto no impide que se levante una nube de polvo. Las casas no tienen pisos, con poquisimas excepciones, pero se ven muchos balcones y galerías; la parte anterior carece de ventanas, y está ocupada por negociantes ó artesanos. Solo tienen una puerta de entrada, y desde la calle es imposible ver el interior de las habitacíones; los tejados son cuadrados con los ángulos muy salidos, agudos, y encorvados hacia arriba. Las tejas son cocidas y de color ceniciento; bien que hay casas cuyo techo está del todo barnizado de un color amaríllo muy brillante. 134 Había léido no sé donde que nó se veian mujeres por las calles de Pekin, pero no es así; pues vimos muchas, así en las calles como en los balcones, no solo mujeres de clase inferior, si no señoras muy bien vestidas y hermosas. Los Chinos son aficionados á tener en sus jardines peñas artificiales, montañuelas, grupos de árboles plantados al acaso, corrientes de agua, y sitios umbrosos y solitarios. Excepto el edificio principal, todo lo demas estaba descuidado y medio arruinado en la quinta a que fuimos conducidos. Guarnecian varios cuadros algunas estancias, los cuales por la perfecta imitación de los objetos representados y viveza de colores cautivaron la admiración de los inteligentes. Las casas situadas al lado de lo que nosotros habitábamos casi eran inhabitables. Hubiéramos tenido que sufrir mucho á causa del calor excesivo, si no nos hubiesen procurado tanto en dicha casa de campo como en la misma ciudad de Pekin, y hasta en Tartaría, una gran cantidad de hielo, del que hacen los Chinos grande consumo durante el estío. Los palacios chinescos son muy diferentes de los europeos. El que está destinado para deponer los regalos dirigidos al Emperador, se levanta en medio de un patio, y consiste en un edificio de unos 90 pies de largo, sobre 40 de ancho. Su exterior es muy reluciente : vénse en él flores y dragones esculpidos, dorados, y en parte cubíertos con una redecilla de alambres para impedir que aniden allí las golondrinas. Desde lejos no puede sostener la vista el brillo de este edificio; pero á medida que uno se va acercando, van descubriéndose las esculturas y dorados de mal gusto. El salón está enladrillado de mármol blanco. Levántase en medio un trono, cuyas gradas estan rodeadas de una balaustrada de madera, de un rojo oscuro y hermosamente esculpida: en ambos lados del trono se ven dos abanicos de pluma de exquisito trabajo, Encima se lee en gruesas letras doradas: Teschina ta Quaam min, que significa: «La verdaderamente grande y resplandeciente luz”. Está el trono cubierto de un paño amarillo, y tapiza el pavimento una colorada alfomhra. Vense en el salón relojes, cuadros y varias obras maestras de las artes chinescas. Las ventanas están solo guarnecidas de papel blanco de Corea; sin embargo, como el tejado es muy saledizo, estan á cubierto de la lluvia. La tienda ó cubierta del edificio está sostenida por grandes columnas de madera, pintadas de encarnado y barnizadas. A la entrada del palacio hay dos estatuas colosales de bronce, las que representan los dragones de cinco garras que forman las armas de su Majestad Imperial. Mientras permanecimos en esta residenciá tuvo lugar un eclipse de luna. Apenas empezó á notarse, que oímos grande algazara y estrepito en una ciudad cei'cana 135 llamada Kamchan-ken, las campanillas, bacías, citólas, y una especie de. caja de tambor amedrentaron al dragon que tenía ya la luna entre los dientes, y al punto la soltó. Un sabio inglés, Barrow, adjunto á la embajada de lord Macartney, dice en otra relación de este mismo viaje no haber visto cañones ni en los muros ni en los baluartes de Pekin; pero en .su defecto los ha visto representados en pintura encima de las piiertas que guarnecen las troneras de las torres de muchos pisos que dominan esas fortificacioncs de burla. Añade Barrow que el famoso baluarte que forma el límite de la Tartaria, y las fortificaciones de todas las murallas de la China, estan constreñidas lo mismo que las de Pekin, esto es, se hallan fuera del terreno y estan formadas de tierra maciza y revestidas por la parte interior y por la exterior de paredes de piedra y guijarros. Según dice el mismo viajero, el primer aspecto de la capital de la China no inspira dé ella muy elevada idea ni crece la admiración aunque mas detenidamente se haya examinado. Cuando uno se aproxima á las ciudades de Europa, chocan desde luego la vista con la mayor variedad de objetos: descríbrense torres, campanarios, cupulas, y otros edificios publicos, que se levantan por cima de una infinita multitud de casas. La imaginación se adelanta á adivinar su carácter, forma y destino. En Pekin, muy al contrario, ni una chimenea siquiera se eleva sobre el tejado de las casas, cuya altura es igual en todas ellas. Dichas casas bajas y alineadas con esmero, recuerdan por su aspecto y regularidad de situación, la imagen de un vasto acampamento; y esta semejanza fuera aun mas exacta si los tejados, en vez de ser verdes, azules, ó colorados, estuviesen pintados de blanco. Cada casa tiene una especie de terrado ó balcon con una balaustrada, y en él cultivan flores y arbustos. No puede gloriarse Pekin como París y Londres de tener cómodas cloacas que arrastren el fango é inmundicia; pero goza de una ventaja importante que tienen muy pocas ciudades de Europa. Nunca en las calles de Pekin se ven eserementos, ni suciedades repugnantes á la vista y ofensivas al olfato. Sin emiiargo, semejante limpieza mas bien debe atribuirse al alto precio de las materias estercorales que á la vigilancia y cuidados de la policía. Cada familia tiene una gran tinaja en la que recoge cuanto puede servir para estercolar las tierras, y cuando está llena, fácilmente se halla comprador que la toma por dinero ó á cambio de frutas ó legumbres. Ese líquido estiércol, llévanlo al campo los labradores, dentro de carretones de una sola rueda, los que dejan inequivocas huellas de su paso, señales que hieren el olfato mucho antes que la vista pueda percibirlas. Semejante hediondez infecta las calles, casas y vencindario todo de la noble Capital. 136 En ella lo que mas estraño parece al viajero es ver que entre objetos puestos en ostentación en las tiendas, figuran en primer termino y en gran numero féretros de varios precios, adornadns con sumo esmero. Dichos atahudes tienen doble volumen que los mas grandes de Europa, aunque las tablas que los forman tienen solo tres pulgadas de espesor. El lujo de las andas en que los llevan corresponde á su magnificencia, y solo le iguala la pompa de los coches que sirven pára los matrimonios. Unos y otros están adornados con suntuosos doseles. La mayor parte de las calles de Pekin están de tal suerte obstruidas por las muestras de los negociantes y tiendas ambnlantes, que dejan solo un estrecho paso en el medio; y por este circula de continuo un flujo rápido de mandarines, soldados, viajeros, camellos, hombres que arrastran carretoncillos, séquitos de entierros ó de bodas, que lloran, cantan, rien, y aullan á un tiempo y dan á esa gran ciudad cierta fisonomía de las mas estrañas. “China. Pekin”, Albun Pintoresco Universal, Adornado con exquisitas laminas intercaladas en el texto. Colección de artículos relativos a toda clase de ciencias y artes; parte recopilados de las obras europeas mas acreditadas, y parte originales escritos por los principales escritores españoles, como son: Don Pedro de madrazo, Don Eugenio de Ochoa, Don Pedro Pidal, Don Patricio de la Escosura, Don Antonio María Segovia (el estudiante). Tomo Segundo. Barcelona, 1842, pp. 234-236. Biblioteca Nacional de España. 143 fueran fecundadas por la perseverancia de la raza China, esa tal vez se hallara hoy en la primera linea de las naciones civilizadas. Conservan los Chinos unos antiquísimos manuscritos llamados por ellos King, los cuales contienen los secretos de su civilización. Según esos libros las primeras invenciones útiles al hombre, fechan del reinado de Chin-Noung, labrador divino que 3,218 años A. de J.-C. sucedió á Fou-Hi y enseñó á sus pueblos el uso del arado, á cultivar los campos, á utilizar el trigo como alimento, y á extraer la sal del agua del mar. Atribúyenle también la invención de la medicina, la clasificación de todaslas plantas, el descubrimiento de las propriedades peculiares á cada una de ellas; y, por último, la medición de la figura de la tierra, cuyas dimensiones halló ser de 900,000 li de Este á Oeste y 850,000 de Norte á Sud. Es notable la relación entre esos dos guarismos, porque de ella puede deducirse el aplanamiento de los polos, hecho científico, al parecer, de muy antiguo conocido entre los Chinos. Encuéntranse en sus anales pormenores muy interesantes sobre sus relaciones con los vecinos pueblos. Reinando Hoang-Ti (2785 A. de J. C.) llegó á la China un estrangero montado en un ciervo blanco, y como en tributo ofreció á su Monarca una copa y algunas pieles; luego ciertos hombres, llamados Youé-Yéon, que tenian corto el cabello y pintado el cuerpo, llevaron del Este cajas llenas de pieles y pescados, espadas cortas y rodelas ó escudos, y del Sud perlas, conchas, tortugas, colmillos de elefante, plumas de pavos reales, pájaros y perros pequeños. Según los antiguos libros de los Chinos, montaba Hoang-Ti, una especie de carro que en cualquier sentido que se le colocara señalaba siempre el norte, es decir, descubrió la brújula. Asegúrase también que el mismo principe introdujo en sus dominios el sistema decimal para la división del territorio y todas las medidas lineales; que fundó el primero de los colegios astronómicos que se ha ocupado en observar los astros y fenómenos celestes, y que por fin inventó el ciclo ó periodo que mas tarde introdujo Meton entre los griegos. Reinando el mismo, se formó sobre cálculos muy exactos, un calendario que servia para determinar el orden dé los trabajos agrarios; y se hicieron muchas observaciones relativas á los eclipses, usando en ellas la clepsidra ó reloj de agua. En el libro Chou-King se hace mención de un eclipse de sol occurido en 2,155, tercer año del reinado de Tchoung-Kang. Yao (2357 años A de J . C.) fué también muy dado á la astronomía y con admiración se ve que ya en su tiempo conocían el cielo perfectamente los sabios chinos. Hablando del anteriormente citado, dice Yu, (reinó 2200 años A de J. C), que se le debe el arte de cultivar las tierras vírgenes, es decir, las que en el desierto se conquistaban; y el Chi-King trata de la cultura general, que consistía en la del trigo, arroz, panizo, mijo negro, cáñamo, guisantes, habas y algodón. Ya en la misma 144 época no se dejaba la agricultura á merced del labrador, como entre nosotros acontece, sino que el gobierno velaba sobre ella. Chun, asociado al imperio por Yao, nombró director dé la agricultura á Heou-Tsi y al darle la investidura de tal, le dijo: « Vos que conocéis las necesidades del pueblo, enseñadle á cultivar las cien especies de granos, según las estaciones lo requieren.» Heou-Tsi, en efecto, introdujo en la China nuevos géneros de cultivo y perfeccionó los métodos á él anteriores. En los antiguos tratados de astronomía se hace mención con frecuencia de la esfera de Chun, conforme en todo al sistema de Tolomeo. Hay en la China un herbario cuya formación se atribuye á Chin-Noung, y una obra de historia natural, titulada Chan-Hai-King, escrita, según se dice, por Yu y que, aun cuando no tenga realmente tanta antigüedad, es por lo menos muy anterior á todas las que en Europa conocemos. El estilo de la obra últimamente citada, es tan sencillo como el del King; y en sus doscientos sesenta volúmenes se encuentra la descripción, algunas veces exacta, siempre pintoresca, y en ocasiones fabulosa, de todos los tres reinos, mineral, vegetal y animal. Según las apariencias se ocuparon los Chinos en el estudio de la anatomía desde la mas remota antigüedad: al menos así puede inferirse, pues que llaman medicina moderna al sistema médico adoptado doscientos años antes de nuestra era. Graves son los errores que contienen sus antiguos libros de anatomía, mas con todo eso se advierte en ellos cierto espíritu de minuciosa observación; y el gobierno de aquel país, que constantemente intervino en los progresos dé las ciencias, parece haberse interesado singularmente en los de la medicina. En prueba de esto último citaremos al Gobernador de cierta provincia de la China que, muchos siglos antes de nuestra era, habiendo condenado a unos bandidos que habían abierto el vientre á varias mugeres y niños á morir de igual manera, para que el público escarmiento fuera al mismo tiempo útil á las ciencias, diputó pintores que copiaran las visceras de los criminales y médicos que guiasen la cuchilla del verdugo. Conocen los Chinos de muy antiguo la circulación de la sangre: largo tiempo hace que tienen calculada la rapidez de la progresión de la misma en las arterias á cada pulsación, con las variaciones que esta experimenta según las estaciones, la edad, el sexo, el temperamento, el método de vida, etc., etc., si bien todo mezclado con fábulas y maravillas; y además han escrito gran número de tratados sobre el pulso que, en su opinión, ha sido siempre el mas seguro diagnóstico de las enfermedades. El rha-tehin, introducido después en Europa con el nombre de accupuntura, es uno de los medios curativos que mas tiempo hace se emplean en la China; y de él se habla ya en el libro de los Tcheou, muchos siglos antes del incendio de los King. 145 Como los libros de anatomía, de fisiología y de medicina fueron exceptuados de la proscripción decretada por Tsing-Chi-Hoang-Ti, que (221 años A de J. C.) hizo quemar los demás libros y perseguir á los escritores, las observaciones en los primeros consignadas cuentan mas de veinte siglos de fecha. Ignoramos la época en que empezó á cultivarse el Té en la China, pero debe ser muy antigua, pues ya en el séptimo siglo de nuestra era tan general se habia hecho el uso de aquel vegetal en todo el imperio, que el emperador Té-tsong impuso sobre él una contribución, cuyo producto destinó á sufragar los gastos de los pósitos ó graneros públicos y á la manutención de su ejército. Está demostrado históricamente que el arte de beneficiar los gusanos de seda, insecto desconocido en el Occidente hasta los tiempos de Plinio el naturalista, se practicó en la China hace mas de cuatro mil años. Este descubrimiento se atribuye á una de las mugeres del emperador Hoang-Ti, llamado Si-Ling. Los gusanos de seda salvages que habitan el árbol llamado por los misioneros Fagara ó pimentero de la China, en el fresno y en las encinas, fueron largo tiempo los alli conocidos, porque son los menos delicados. No se sabe cuando comenzó á criarse artificialmente el bombix-mori; y si solo conocemos un decreto de 1456, que determina la cantidad de seda con que ha de contribuir cada uno de los cantones. El método científico de los Chinos es positivo: ante lo impossible, en su concepto, se detienen siempre; y sus teorías, aunque sujetas á la influencia de algunas preocupaciones, tienen constantemente cierta tendencia material y positiva. La filosofía China, esencialmente panteista, se encierra toda en el Y-King ó libro de la unidad, cuyo comentador mas moderno es Koen-Fu-Tse (550 años A de J. C. ). Redúcese la tal filosofía á considerar que un ser abstracto á quien llaman Mónade (compuesto de un solo término), combinado consigo mismo para producir la substancia Dyade ( compuesta de dos términos ó elementos) y con esta para engendrar la Tryade (de tres términos ó elementos), es la causa generadora de todos los fenómenos que observamos en el universo. En resumen, todo el libro á que aludimos es una especie de juego de números, cuyas infinitas combinaciones tienen por base dos principios, á saber : Yang que significa luz y movimiento, é Yn, obscuridad y reposo; y por ley y regulador á Tao ó la razon, lo que nos recuerda lo absoluto de nuestros modernos filósofos. Cuando Leibnitz inventó los entes mónades no sospechaba, sin duda, que el YKing, escrito 2,500 años antes de su época, contiene gran parte de su sistema. 146 Al occidente del imperio celeste y ya en los primeros tiempos que la historia recuerda, nos encontramos con los naturales del Indostán, que probablemente son anteriores á los Chinos mismos, pero que por falta de monumentos que acrediten su derecho tienen que ceder el paso á los últimos. La división del pueblo del Indostán en castas distintas é independientes entre si es causa, sin duda, de que en él no se desarrollasen las ciencias con la intensidad y robustez que entre sus vecinos; y las formas místicas de su religión, abstrayéndole de la vida positiva para sumirle en la melancolía de la contemplación, absorviéron todas sus facultades mentales, produciendo composiciones en las cuales la obscuridad del pensamiento y lo vago de la expresión luchan como á porfía. Carlos DE ORBIGNI: “Ciencias Naturales. Estado de las mismas en Oriente, esto es entre los Chinos, Indios, Asirios, Babilonios, Medos y Persas, Egipcios, Hebreos y Fenicios, antes del siglo séptimo de la era”, Revista enciclopédica de la civilización europea. Tomo tercero, marzo 1843, Paris, 1843, pp. 110-132. FILOLOGÍA. EXAMEN CRÍTICO DE LOS SISTEMAS DE ESCRITURA. Nada mas general que la vulgarísima opinión de que las dificultades de la lectura y escritura ideográfica son casi superiores á las fuerzas humanas, por el asombroso número de caracteres de su mal llamado alfabeto. Probar, ó por lo menos procurar probar, que tal opinión es infundadísima; que el supuesto alfabeto ideográfico de los chinos no es ni puede ser tal alfabeto, sino el diccionario de su lengua (que ni en China ni en Europa, ni en ningún pais conocido ni por conocer es necesario saber de punta á punta para leer y escribir con perfección,) y que por consiguiente las tales supuestas dificultades, no solo no pueden existir, sino que, muy por el contrario, la lectura á lo menos, debe ser y será extremadamente menos difícil que entre nosotros, y sobre todo mas inseparablemente ligada á la inteligencia del lector, es el único fin que nos proponemos en este artículo. Si ya que no nos sea posiblellevar la convicción á todas las inteligencias, les proporcionamos al menos con su lectura un rato de instructivo solaz, nos daremos por satisfechos del resultado de nuestra tarea. No hay sino dos sistemas conocidos de escritura; el fonográfico, dividido en dos ramas, esta es, silábica y alfabética; y el ideográfico, dividido en otras dos, que son la ideográfica propia, y la simbólica ó geroglifica. El fonográfico de la rama silábica, se usa únicamente en el Japón: el fonográfico de la rama alfabética, se usa en todas las naciones de origen caucasiano. El 147 ideográfico propio, solo se conoce en la China. El ideográfico de la rama geroglífica, se usó en el antiguo Egipto, y en América entre los mejicanos y peruanos. El ídeográfico-propío, se compone de signos representativos, de ideas elementales, que combinándose, se modifican hasta un estremo maravilloso, haciéndose capaces de todas las formas del pensamiento. El ideográfico de la rama geroglífica, se compone casi en totalidad, de signos representativos de multitud de alegorías que se modifican igualmente por la combinacion; pero que no representan el pensamiento con fidelidad ni con facilidad. El fonográfico de la rama silábica, se compone de signos representativos, de articulaciones orales perfectas, que combinándose convenientemente, representan la palabra oral: y el fonográfico de la rama alfabética, se compone por último, de signos representativos, de sonidos orgánicos llamados letras vocales, y de articulaciones llamadas letras consonantes, con los que se forma la articulación oral. El númelro de signos del sistema ideográfico propio, se hace subir en China á la asombrosa cifra de 60.000, de los cuales basta el conocimiento de una trigésima parte para satisbcer bien y cumplidamente las necesidades ordinarias de la escritura, no siendo los demás sino de pura erudición, como nuestras palabras cultas y otras de raro uso, que no conoce ni usa el pueblo. En el sistema geroglífico, el número de signos es ilimitado, y no está sujeto á reglas tan invariables. En el fonográfico silábico, el número de signos es igual al de articulaciones ó sílabas de la lengua, las cuales pueden calcularse en un millar próximamente, de modo que su alfabeto consta de mil signos. En el fonográfico alfabético no pasa de treinta. Pero en lo que se distingue mas principalmente entre sí los dos enunciados sistemas de escritura, ideográfico y fonográfico, es en que como el primero representa ideas totales susceptibles de diferentes formas de espresion, y el segundo solo articulaciones y sonidos de invariable forma, se sigue naturalmente de ello, que la interpretación ó lectura de un escrito fonográfico, se verifica siempre con unas mismas palabras, y una misma construcción gramatical; mientras que la de un escrito ideográfico, no exigiendo palabras constantes, ni construcción gramatical constante, sino en corto número de casos, lo interpreta el lector con las construcciones y palabras que primero se presentan á su juicio, atento únicamente al fondo de las ideas que lee, no á la forma en que ha de leerlos, ni á las palabras con que ha de expresarlas. Sigúese, pues, de lo expuesto que, necesariamente, diferentes lectores de un mismo escrito ideográfico, variarán mas ó menos en las palabras y en la construcción gramatical que empleen; pero estarán conformes en el fondo las ideas leidas, 148 mientras que por el contrario, diferentes lectores de un escrito fonográfico, no variarán una palabra, ni un giro, ni una entonación; pero podrán diferir, sin embargo, en la inteligencia del fondo del asunto, como sucede con frecuencia. Es decir, que la escritura ideográfica, representa principalmente el fondo, ó esencia, no la forma oral; mientras que la fonográfica, no tanto representa el fondo como la forma, por cuanto parece que esta envuelve á aquel, lo cual no es absolutamente cierto. La consecuencia inevitable y legítima de todo lo enunciado, es que la escritura ideográfica no puede ser leida sin ser entendida á la propia vez, por cuanto no dándose al lector el signo oral de la idea, tiene él que hallarlo por necesidad, y esto no puede hacerse sin haber entendido la representada; empero la escritura fonográfica, no estando sujeta á esta dificultad, puede ser leida sin ser entendida, como sucede á nuestros niños y gente ignorante que leen, pero no entienden; por cuanto lo que se les enseña, al enseñarles á leer, no es á interpretar signos de ideas, sino de meros sonidos y meras articulaciones, no poco semejantes á las dé la música vocal, puesto que solo se refieren a las actitudes de los órganos orales para la formación y emisión de la palabra, cosa harto diferente de las ideas propiamente dichas que componen el pensamiento escrito. Otra diferencia eminentemente notable entre un sistema y otro es, que mientras según el fonográfico, toda alteración en el lenguaje pasa á la escritura y se consigna en ella, según el ideográfico, puede cambiar el lenguaje completamente, sin cambiar la escritura ni siquiera un solo tilde, y aun sin advertirlo; siguiéndose de aquí, que no solo puede servir á diferentes lenguas sino también á individuos de diferentes lenguas, como una escritura universal16. (1) 16 (I) Desde mucho antes de Desiuil-Tracy, viene trabajándose con mas ó menos entusiasmo en la formación de una lengua universal, para el exclusivo uso de los sabios y de las relaciones internaciunales de las naciones cultas. Hánse presentado hasta hoy diferentes proyectos en este sentido, ideográficos unos y alfabéticos otros; pero es preciso desengañarse de que, o no habrá nunca lengua universal, ó necesariamente tendrá que ser Ideográfica, porque desde el momento que tenga la menor conexion con el lenguaje hablado, quedará sujeta á las innumerables alteraciones que no puede menos de recibir de las diferentes y numerosas pronunciaciones de cada país, y aumentándose diariamente por esta causa su falta de pureza, antes de medio siglo se convertiría en una jerga espantosa que no entenderían ni aun sus mismos autores. Hasta ahora los mas importantes de estos proyectos, son precisamente debidos á dos españoles, D. Sinibaldo de Mas y de Sans, y D. Bonifacio Sotos Ochando: el del primero en signos ideográficos escritos sobre un rayado como la música: el del segundo, escrito con caracteres usuales. De este último ha venido hablándose mucho hasta hace poco tiempo, y hasta se ha esplicado en el Ateneo de Madrid; pero ni uno ni otro tienen condiciones de viabilidad. El del señor Sotos Ochando, por su impropia cualidad del alfabético que queda dicha 149 El orgullo europeo no confesará nunca de buen grado la eminentísima superioridad de la escritura ideográfica de los chinos, sobre la fonográfica-alfabética usada por nosotros; pero contra la incontestable evidencia de los hechos, no cabe cuestión. Nuestro sistema de escritura no ofrece ninguna garantía de que el lector haya de entender perfectamente el asunto leido, pues que solo conduce á que articule los signos fonéticos, sean de su lengua propia, sean de otra cualquiera, muerta o viva, que conozca ó que ignore: mientras que la escritura ideográfica, por el contrario, está basada precisamente sobre esta misma garantía que en las alfabéticas se echa de menos, y que á pesar de la ponderada ventaja de su corto número de signos, la constituye tan inferior, en lo único que la escritura tiene de esencial, que es la perfecta inteligencia de lo que se escribe. Acúsase á la escritura ideográfíca de una dificultad casi superior a las humanas fuerzas; y verdaderamente es mas que regular el que nada tenga de fácil el aprendizaje de tan gran número de signos. Esto no puede cuestionarse; pero lo cierto es (según el autorizado testimonio de nuestro Cónsul general en Cantón hasta hace pocos años, el ilustrado filólogo literato y orientalista , D. Sinibaldo de Mas y de Sans) que en China es mas difícil que en Europa encontrar un hombre de pueblo que no sepa leer el Código penal, cuyo número de signos no baja de 6,000; de lo cual se deduce que la dificultad de la lectura no debe ser tanta como á nosotros nos parece. Pero hay mas aun. Leer no es hablar lo escrito sino entenderlo; por consiguiente, nuestros niños de escuela y nuestras gentes ignorantes, que tienen necesidad de que se les explique lo que leen, no saben leer, por mas que articulen bien las letras; y como el leer, propiamente dicho, no se consigue sino en fuerza y fuerza de tiempo, y en la proporción misma en que se adelanta en el lenguaje oral, conociendo bien las ideas representadas por las palabras escritas, se sigue que la dificultad de leer bien es tanta en un sistema como en otro, y que, por consiguiente, la pretendida sencillez del sistema fonográfico, respecto al ideográfico, es pura ilusión, pura apariencia, pura mentira, toda vez que en ambos hay necesidad de aguardar al tiempo, y al mayor grado de conocimientos en el lenguaje. Además de esto, para leer con perfección es preciso prescindir absolutamente de las letras y de las sílabas que constituyen la palabra escrita, considerándola como compuesta de un solo signo gráfico; y no hay lector perfecto, hasta que la vista y la inteligencia se acostumbran á esta rapidez de percepción, lo cual es sin disputa, y combatida, y el del señor de Mas y de Sans porque á pesar de ser ideográfico, tiene necesidad de servirse del alfabeto vulgar, para espresar los nombres propios de todas clases, y otros muchos comunes que no caben en el cuadro. analítico de las ideas elementales. 150 venir á parar á la ideografía, reduciéndose toda la diferencia á simple cuestión de anterioridad ó posterioridad. Es decir, que la ideografía principia por donde la fonografía concluye, que es haciéndose ideográfica pera ser espedita, y para dejar de ser penosa. Sin considerar que lo que llamamos tan equivocadamente alfabeto chino no es tal alfabeto, sino el diccionario de su lengua, nos admiramos del considerable número de signos de que se compone, y nos preguntamos, ¿es posible aprenderlos todos? Pero debiéramos tener presente que los diccionarios de nuestras lenguas europeas, están muy lejos de ser menores; y que así cual nosotros no tenemos necesidad de conocer todas las palabras del diccionario, bastándonos un cierto número para ocurrir á las necesidades ordinarias de nuestra posición, consultando las restantes cuando la necesidad nos obliga á ello, del mismo modo los chinos, no tienen tampoco necesidad de conocer todos los signos de su diccionario, sino los de mas frecuente uso en cada estado ó condición, ni mas ni menos que lo que nos pasa á nosotros con las palabras de nuestra lengua vulgar17. (1) 17 (1) véase lo que acerca ds esto dice eI R. P. Lamy, del oratorio de San Felipe Neri, en su excelente obra L´Art de parler. «Es tan estraordinaria la sencillez de la Gramática chiua, que según lo refiere Wallon y Alvarez Semedo, solo tienen los chinos 320 palabras radicales, todas monosílabas. Tienen tambien además cinco entonaciones distintas para pronunciarlas, según las cualed, una misma palabra puede slgniflcar cinco diferentes cosas, de modo que las 320 raices multiplicadas por las cinco entonaciones, se elevan á 1.630 componentes de todas las demás cuyos significados no son otra cosa que modificaciones de las ideas elementales de que están formadas. Y como estas son en corto número y basta conocerlas para entender también sus combinaciones, sean las que fueren, se sigue naturalmente una facilidad admirable para aprender la lengua, que tan complicada y difícil parece al principio. La dificultad principal está, en que como no tienen letras representativas de la voz, cada idea o palabra está representada por un signo gráfico, cuyo número no baja de 60.000: pero compuesto de tanto número de trazos elementales como raices ideológicas, paralelamente á lo que sucede con aquellas: así es, que para saber escribir no hay necesidad de tener tampoco en la memoria todos los signos compuestos, seria imposible, sino los elementales solamente, y las reglas de combinarlos. En cuanto á su gramática, basta decir qtie no tienen género ni caso, ni conjugacion; porque tampoco tienen verbos propiamente dichos, sino nombres significativos de acción, que acompañados del pronombre sujeto de ella, hacen funciones verbales con la facilidad y claridad mas asombrosa, v. g. yo, amor; tú, sueño: aquel, muerto, etc. Los tiempos y los modos, como los números gramaticales, y la distinción de activo y pasivo lo expresan todo por simples y partículas, aun algunas veces segun la colocación que se diere á las palabras, ademas de esto, sus adverbios y preposiciones son nombres sustantivos de relación , y todo esto explica claramente, el por que ese singular Idioma, ofrecido á las Imaginaciones europeas como el laberinto mas difícil imaginable, no solamente no es difícil para los chinos, cuya instrucción primaria es mucho mas general que en Europa, sino ni aun á los mismos europeos mayores de edad, que se establecen en sus puertos. 151 Las personas ilustradas, en China como aquí, conocen el idioma mucho mejor que las ignorantes; pero estas nunca lo son hasta tal punto que no conozcan bien las cuatro ó cinco mil palabras de que tienen necesidad para entender y darse á entender en las necesidades ordinarias de la vida; y si no nos estrañamos de saber nosotros mismos, según nuestra particular instrucción, cuatro, seis, ocho ó diez mil voces, de nuestro propio idioma, y tal vez otras tantas de otra ú otras lenguas diferentes, o acaso mas aun, no vemos la razón de que un chino no pueda conocer del mismo modo igual niimero de signos gráficos, sin que nos parezca una maravilla, ó lo que aun es peor, sin arrancar á nuestro preocupado criterio, la bien poco razonable espresion de costumbre: ¡imposible! ¡no puede ser! Se dirá que la memoria de los signos orales depende del oido, y la de los signos gráficos depende de la vista; pero ¿de dónde consta que la memoria de los objetos visibles sea menos poderosa que la memoria de los sonidos? Además de que, las palabras escritas en nuestros diccionarios, ¿qué son para el buen lector que no bien las advierte, cuando con la rapidez del rayo las pronuncia sin titubear, y sin necesidad de descomponerlas ni deletrearlas, sino signos tan ideográficos como los del diccionario chino? Luego la ideografía es el limite y perfección de la fonografía, y no hay razón para reprocharla. El encadenamiento de letras y sílabas, aun entre nosotros, no existe ni puede existir sino para los niños y los ignorantes, á cuya torpeza sirve como de andador y auxiliar. La lectura, por tanto, no llega á der perfecta, ni siquiera comprensible, ni siquiera tolerable hasta que de abstracción en abstracción, se conviette en ideográfica. Luego, ¿cómo dejar de convenir, en que el sisteoia fonográfico, así silábico como alfabético, y tal vez mas este que aquel, es casi tan inferior al ideográfico eomo las tinieblas ala luz? ¿Ni qué punto de comparación puede hacerse entre ese maravilloso resto, é irrecusable testimonio de la eminente sabiduría primitiva del género humano, virgen y pura inspiración de Dios, y nuestros monstruosos sistemas alfabéticos, arlequines absurdos, compuestos por la casualidad mas que por la ciencia, y verdaderos símiles de la confusión de Babel? No nos hagamos ilusiones. Aunque la escritura fonográfica no tuviese mas defecto que el inevitable y perturbador influjo que el lenguaje oral ofrece sobre ella, incesantemente alterándola, desnaturalizándola y trasformándola de siglo en siglo, esto seria sobrado para que no pudiese sufrir parangón con las excelencias de la ideográfica-propia, independiente hasta tal punto de todo influjo oral, que como ya hemos dicho, puede suceder muy bien que la lengua cambie ó se transforme, sin que la escritura se dé cuenta de ello. Y este importantísimo carácter de perpetuidad 152 é inalterabilidad que tan soberanamente la distingue, unido á la segura garantía de inteligencia que ofrece el lector; á la imposibilidad de ser interpretada de una manera errónea; á su aptitud admirable para el estudio de las ciencias sublimes, y para escritura universal de todos los hombres, obstinarse en negar superioridad inmensa sobre el sistema fonográfico, es negar la luz. Convendremos en que, tanto para los sabios como para los ignorantes, la enseñanza de la lectura y escritura alfabética sea infinitamente mas expedita que la ideográfica, aunque también en esta parte pueda haber su mas y su menos, y sea mas la dificultad aparente que la positiva. Acaso no estemos muy distantes, tampoco, de convenir en que la escritura alfabética sea mas accesible que la ideográfica á las inteligencias poco ilustradas ó poco cultivadas todavía; pero la ventaja inmensísima que tiene esta sobre aquella de no permitir discordancia de significación en las interpretaciones, mientras que la alfabética las admite tan enormes y tan numerosas en multitud de casos, nos la harán parecer y considerar siempre inmensamente superior. Para debilitar la fuerza de nuestros razonamientos, se nos preguntará tal vez, ¿conocéis la escritura china? Y si no la conocéis, ¿cómo no os ruborizáis de hablar de lo que estáis tan ignorante como nosotros? En verdad, no conocemos la escritura china: pero como la razón dirigida convenientemente no puede engañarse, nos basta conocer la naturaleza de los signos ideográficos, para de deducción en deducción, conocer las excelencias de su superioridad innegable sobre los signos alfabéticos. Ni, ¿cómo estaría el mundo si el hombre no pudiese juzgar sino de aquellas pocas cosas que están bajo la jurisdicción de sus sentidos? ¿Cuándo, por caminos semejantes, hubiese sido creada la ciencia astronómica, ni la meteorología, ni la geología, ni la psicología, ni muchísimos puntos de la física y de las matemáticas, ni encontrado Newton la gravitación universal, ni Galileo el sistema del universo, ni Colon el Nuevo-Mundo? Ni ¿para qué nos hubiese concedido Dios las facultades superiores de la inteligencia, sino para descubrir, por inducción unas veces, y por deducción otras18 (1), según los casos, no solo lo que está fuera de la jurisdicción 18 (1) Todo lo que podemos conocer es causa o efecto. Pues bien: conocido un efecto, su causa productriz se descubre naturalmente por una serie de inducciones; y al contrario, conocida una causa, su efecto natural se descubre análogamente por una serie de deducciones de modo que las operaciones de la Inteligencia en la investigacion y descubrimiento de la -verdad, no son mas que dos: inducir y deducir, y ellas solas bastan, á todas las necesidades de la inteligencia. Esto no es enmendar la plana á los lógicos, líbrenos Dios de tal locura. Es pnra y simplemente, decir nuestra personal opinión. 255 »Pero bendito sea Dios —dice el P. Rada— que Él amansa los leones cuando es servido, y no dejó salir a los chinos con sus malas intenciones, según nos decían algunos de ellos que se condolían y lloraban por nosotros, ni a los zambales permitió nos enojasen en la menor cosa del mundo; antes hallamos entre ellos padre que nos amparase41 (1). »En esta aflicción y miserable estado —continúa el P. Gaspar— quedaron los PP. Fr. Martín de Rada y Fr. Agustín de Alburquerque, sin volver en sí por muy largo tiempo; pero recobrados los sentidos, y expuestos a las inclemencias del cielo, estuvieron un día sin comer ni beber, padeciendo continuos dolores; entre ellos estaban dando gracias a Dios, que tanto los regalaba concediéndoles padecer en aquellos crueles azotes alguna gota del amargo cáliz de su pasión.» Pero Dios no permitió que perecieran en estas soledades. El Sargento Mayor, Juan Morones «los desató, recogió y curó», llevándolos luego a la ciudad de Manila42 (2). Los Venerables Rada y Alburquerque fueron, según lo dicho, las primicias sacrificadas en aras de la fe por las hordas infieles que aun pueblan los campos de Chinchew. ¡Con tales auspicios queda iniciado el primer período de los mártires españoles en el Imperio chino! Apenas habían logrado penetrar en él los heroicos 41 (1) Carta citada. En ésta nada se dice de los azotes ni atropellos de que hacen mención nuestros cronistas. A qué haya obedecido el relato de las atrocidades que describen aun los historiadores no agustinos lo ignoramos, y sólo nos consta que los dos religiosos estuvieran a merced de las zambales. Si reproducimos el hecho es porque de la tradición, muy fundada, no puede dudarse. 42 (2) Véase a continuación lo que escribe el P. Juan F. de San Antonio: "Viendo ya (D. Francisco de Sande) todas estas Islas Filipinas conquistadas, tiró los cordeles hacia el grande bárbaro Imperio de la China, con una Embajada en que fueron por Embajadores dos Padres de San Agnstin, Fr. Martín de Bada y Fr. Agustin de Alburquerque, para probar si con esta politica extranjera de buscar el trato y comercio con la China, se podía lograr el dilatar en aquel reino la fe católica. Salieron en el año de 1576 los Capitanes chinos que los llevaban, al parecer con benevolencia, pero en la realidad con traidora falacia, originada de la falta de correspondencia que en el Gobernador experimentaron los chinos; pues juzgó que bastaba, para conquistar sus voluntades, la dulzura y agrado de sus cortesanas palabras; y ellos esperaban los agasajos en las obras. No sé si se podrá condenar esta miseria con la falta de conocimiento de una nación tan codiciosa; pero siempre se debe alabar la gratitud en la misma línea de fuerza, y las palabras eran de diversa línea de los regalos, que el Gobernador había recibido de su mano propia. Con esta ponzoña salieron los Capitanes de Manila; y en el puerto de Bolinao, la vomitaron con tanta rabia, que a tres criados que llevaban los religiosos los quitaron inhumanamente las vidas, dejaron en agonia de muerte, a crueles azotes, al Intérprete chino que llevaban; y a los dos religiosos, puestos en carnes vivas, les dieron tan cruel disciplina, que les hicieron un lastimoso espectáculo de llagas, en que se cebó tanto la bárbara fiereza, que los crueles verdugos se remudaban para que nunca faltase en el azote el impulso de la valentía. Por más crueldad les dejaron con vida, para que su mismo dolor y desamparo lentamente se la quitaran». Chronicas de la Apostólica Provincia de S. Gregorio, Papa, el Magno, Doctor de la Iglesia: de Religiosos Descalzos de N. P. S. Francisco, etc. 256 hijos de San Agustín, cuando las manos del tirano se hallaban ya teñidas con la sangre inocente de los que, pocos meses antes, habían solicitado del Virrey de Ancheo «poder enseñar la Religión verdadera, única que podría hacerlos felices». Desde entonces en la historia de las Misiones de China regístranse hechos tan gloriosos, que bastarían por sí solos para demostrar la divinidad del Cristianismo. Parece que el mismo Dios se ha complacido en suscitar allí persecuciones no interrumpidas, para hacernos comprender lo que significa el espíritu evangélico, la virilidad y grandeza de la Religión, la constancia de los mártires, semilla de apóstoles y fervorosos creyentes, y el más terrible anatema lanzado contra el ateísmo y la malhadada indiferencia de nuestra sociedad envilecida. Sin negar que el carácter, costumbres y apego a las tradiciones constituían uno de los mayores obstáculos para la propagación del Cristianismo en los pueblos chinos, sin embargo, hubiera sido un hecho la creación de las misiones, que con tan decidido empeño perseguía la Provincia de Filipinas, de no haber encontrado dificultades muy ajenas á la oposición tradicional de los habitantes de aquel inmenso territorio. Convento de Macao En el último tercio del siglo XVI se fundo el histórico convento de Macao, base de operaciones, llamémosle así, para los Misioneros de China. Era necesario garantir de algún modo la permanencia de los agustinos en el continente asiático, y la nueva fundación les servía como sitio de refugio, donde pudieran disfrutar de relativa calma, caso de surgir alguna de las persecuciones tan frecuentes en aquellos países. Pero hase de advertir que cuando el egoísmo, la ambición y el falso celo entran como móvil de las acciones humanas, todo se derrumba y todo cede al formidable peso del exclusivismo, incompatible con la caridad, que es el verdadero y único sostén de la vida evangélica. Los hijos de nuestra Apostólica Provincia, que tan copiosos frutos pudieran recoger en las extensas comarcas de Cantón y en otras provincias del Imperio chino, fueron inicuamente despojados de sus derechos y obligóseles a regresar a Manila, llenos sus corazones de amargura, al serles conocidas las causas que motivaron su prematuro regreso. De aquellas maquinaciones encaminadas a impedir la acción benéfica de nuestros religiosos, siguióse la entrega del convento de Macao a la Congregación Agustiniana de la India Oriental. Los enormes sacrificios de la Provincia de Filipinas resultaron prácticamente inútiles. El convento e iglesia a que aludimos, verdaderas joyas del arte cristiano en el Extremo Oriente, fueron 257 aceptados por la Orden en 1586, y en el año de 1596 quedaron ya en poder de los portugueses. Que los propósitos de nuestros Prelados al construir y establecer aquel convnto fueran la propagación del Santo Evangelio en la China no puede dudarse. En Marzo de 1584 según los libros oficiales de la Provincia «se hizo junta de Definitorio en este convento de San Pablo de Manila en la cual se determinó que convenía se ampliase nuestra Orden, y como nuesto fin principal a lo que venimos a estas Islas es el reparto de la tierra firme de China en la cual siempre hemos deseado y procurado fundar, y así se determinó que fuese el P. Fr. Juan de Quiñones, Definidor, al Reyno de Siam y que, por consiguiente, fundase casa en Macau, población portuguesa en China y se reservó el nombramiento de quien iría a China para el capítulo próximo venidero, etc.» Fué convocado aquel Definitorio por el P. Fr. Francisco Manrique, Vicario Provincial y futuro superior de Macao, y asistieron los PP. Fr. Diego de Espinar y Fr. Juan de Quiñones43 (1). Oposición al establecimiento de misiones en China Años después trataron de proseguir esta gran obra así los religiosos de nuestra Orden como los de las otras que trabajaban con gran fruto en Filipinas; mas el proyecto dejó de llevarse a la realidad por la oposición de los que creían no ser conveniente la existencia de Misioneros que no pertenecieran a una misma Congregación o Instituto religioso. En el año de 1587, el P. Francisco Manrique44 (2), Prior de nuestro Convento de Macao y Vicario Provincial de la Orden en China, juntamente con el P. Martín Ignacio de Loyola, Comisario de los PP. Franciscanos descalzos, «entrambos juntos y todos los demás religiosos aquí estantes en la ciudad de Macao», escribió una respetuosa carta al Rey, en la que unos y otros le manifestaban cómo habían procurado ponerse en comunicación con los chinos de aquella ciudad, de igual manera que con los de Cantón, sin que los Padres Teatinos se lo permitieran, fundándose en razones que no tenían base alguna. «Aquí no sólo no se escandalizan los chinos de las demás Ordenes, como somos nosotros, y cualesquiera que fuesen serían recibidos si les dejasen poco a poco entrar con ellos (PP. Teatinos); porque en su casa y templos nos recibe a . . . ; empero estamos tan coartados que, aunque nos dispongamos todo lo que es en nosotros, y se procura aprender la lengua y escritura, sirve de poco, porque ningún Portugués ni Capitán nos osa llevar, y nos han notificado una provisión del Virrrey de la India, que dice 43 (1) Lib. I de Gobierno, fol. 45. 44 (2) El P. Manrique llegó con otro a Macao en 1º de Noviembre de 1586; asi lo dice él mismo en carta dirigida a Felipe II en 1.° de Marzo de 1588. En el Capítulo Provincial de 1587 fué recibido como de la Provincia el Convento de aquella ciudad. 258 que V. Majd lo tiene por bien, que no entren allá en la China ni en el Japón, si no fueran los Padres de la Compañía, y persuaden los dichos Padres que es en perjuicio de la cristiandad entrar allá nadie»45 (1). El establecimiento definitivo de las suspiradas Misiones no se logró hasta el segundo tercio del siglo XVII. Bernardo MARTINEZ, Agustino: Historia de las misiones agustinianas en China, con las licencias necesarias, Madrid, 1918, pp. 1-18. Biblioteca Nacional de España, ms. 69944. R. 367362. Capitulo X La China esta muy poblada, y se divide en Ciudades de varias clases, las mayores se llaman Fu, las menos principales Chiu, y las otras Hiem. Hay en las 15 provincias 155 ciudades de primera clase, muy principales, y grandes, 1312 de las menos importantes, y 2357 Ciudades Militares, o Plazas fortificadas, y de Guerra, fuera de inumerables Castillos, y Aldeas. Relaciones bien autenticas dicen, que se hallan en China mas de 60 millones de hombres, como dice Chevigni. Y según Cuplet, y otros llegaran a 200 millones las almas que ay en China. Y por esto quando entraron los Portugueses la primera vez, admirados de tanta mucgedumbre de gente, preguntaban si las mugeres parian cada vez nueve, u diez hijos. Nace esta muchedumbre, assi de ser los Ayres muy puros, con que viven los Naturales mucho tiempo como también de permitirse la Polygamia; apenas ay noticia de que aya habido allí peste, ni las Guerras son tamn sangrientes, ni tan continuas, como en Europa, que son dos fatales cuchillos, que consumen el genero humano. Por esto a poca esterilidad se sigue una grandissima hambre, los padres arrojan a los hijos por Esclavas, y aun si haver hambre suelen arrojar los hijos en los campos, por la mucha gente que ay, y a Navarrete le hicieron creer, que havia año, que habían perecido 60 U personas a las uñas de los Tygres. El que le emboco la noticia a que tenia tan grandes uñas, como el tragaderas. La tierra parece un hermosssimo Jardin, toda llena de Rios, que la riegan, refrescan, y fertilizan: los Montes están ta labrados, y cultivados, que en muchas partes representan un bello anfiteatro. En los ríos hacen zanjas, y canales, para que se comunique el agua a todas partes, y por varios Puentes se comuinica la gente con facilidad: la Campaña se puede andar por agua, y por tierra en diversas partes del reyno, con gran conveniencia de los naturales: los caminos de China son generalmente llanos, anchos, y derechos, y ay muchos empedrados, y si ay 45 (1) Arch. Gral. de Indias. Sevilla. Est. 68, Caj. 1.º, Leg. 37. 259 montañas, o peñascos que estorben la igualdad, los allanan, i ponen Puentes, y los cuidan de suerte, como si fueran calles publicas de una Ciudad. En China se suelen padecer grandes temblores de tierra, inundaciones, fuegos, y hambres. El año de 1730 hicieron los temblores horribles estragos. El de 1743 huvo una inundación, en que perecieron muchas almas, y en una Carta escrita por un Missinero de Pekin el año de 1745 he visto que fueron tan excesivos los calores de estos dos últimos años, que causo un genero de epidemia, que solo en Pekin murieron 100 U hombres, y 7 U de repente en las calles, y Plazas; pero no murió ninguno de quantos tomaron la pepita de carbalogan, o de san Ignacio de Philipinas, por lo que la solicitaban a qualquier precio. Casi todas las Ciudades tienen a la parte de fuera de las Murallas una, o dos Torres magnificas, y muchos Arcos Triunfales, dedicados a los que han hecho algún servicio señalado a la Patria. Las casas son generalmente baxas, fuera de algunos Palacios; pero nunca su Arquetectura llega, ni al primot, ni a la magnificiencia de la nuestra. Con facilidad saben el Vecindario de cada Ciudad, pues ay gente Diputada para esto, y cada uno pone en su casa el numero de almas que la habitan. Las calles son reguarmente largas, anchas, iguales, y derechas, apoenas ay Ciudad en que no aya un Colegio de Confucio, celebre, y antiguo Philosopho de china, donde las Maestros enseñan su doctrina a gran numero de Estudiantes. Nacio Confout see, que nosotros llamos Confucio, en una Aldea de Lu, o Xantung, 551 años antes de christo, murió de 73 años, y es muy venerado en todo aquel vasto Imperio: han declarado supersticioso su culto Clemente XI y Benedito XIV. Pedro MURILLO VELARDE, S. J.: Geographia Histórica. Tomo VII. De Persia, del Mogol, de la India, y sus reynos, de la China, de la Grande Tartaria, y de las Islas de la India, y del Japon. La escrivia el P. Pedro Murillo Velarde, de la Compañía de Jesús. Con privilegio, y las licencias necesarias, Madrid, 1752, pp. 131133 RELIGIÓN, SECTAS, CREENCIAS, MAESTROS Y OTRAS CUESTIONES CHINAS. No puede decirse que los chinos son descreídos. Al contrario, poca gente habrá en el mundo que crea en más cosas que los chinos, por que además de varias escuelas filosóficas y teosogónicas, con miríadas de teorías y de dioses, son tan fáciles para la tradición y tan asequibles á las supersticiones generales, vengan de donde vinieren, que los consideramos capaces de creer en los dioses y en los ídolos de la humanidad entera, al mismo tiempo. 260 Sin embargo, los hombres ilustrados (y hay muchos en China) se diferencian notablemente de la muchedumbre del pueblo. Para la gente cultivada, no hay más que tres religiones: el Confucianismo, el Budhismo y el Taoismo. Las demás sectas, consisten en meras supersticiones del pueblo. El Confucianismo ó la religión de los letrados, tiene por autor á Confucio y por primer apóstol á Mencio: el Taoismo fué inventado por Lao-Zu: y el Budhismo ó secta de los ídolos de la India, vino del Indostan, siendo su autor el Sackia-Muni ó Budha. Aunque el Confucionismo no tiene profundidad filosófica y es solo un resumen de los autores antiguos, mal hecho y desordenado, los emperadores y mandarines lo protejen por encima de todo, haciendo de la religión una bandera política, sustentada por los doctores y letrados, á quienes gustan sobre manera las enrevesadas razones de Confucio. Su parte mágica halaga al pueblo .y el gobierno tiene interés en su propagación. El chino sabio ó el tártaro de las Universidades cree, en todo lo que Confucio legó á China como doctrina y fé y sabe de memoria el Tahio ó los Grandes Estudios compuesto por Kung-fu-zu y su discípulo Thseng zu con el fin de que «aquellos que comienzan á iniciarse en las ciencias morales y políticas, se sirvan de estos estudios, como de una puerta para penetrar en el sentido de la sabiduría». Y añade el Doctor Thseng-Zu que es de quien tomamos estas noticias: «debe observarse que los hombres de la antigüedad, que hacían sus estudios de un modo metódico, tenían por base únicamente el contenido de este libro, por lo cual los que quieran aprender el Lun-yu y el Meng-Zu46 (i) deben comenzar sus lecciones por el Ta-hio por que de lo contrario pueden extraviarse». 46 (1) Meng-Zu (Mencio) nació trescientos años después de Confucio, no lejos del lugar y patria de este, en una pequeña aldea de Xang-Tuhg. Tiene allí su templo, con espacioso patio poblado de árboles frondosos y antiquísimos cipreses. En el fondo del templo está su estatua, con un letrero de oro que dice: "Este es Meng-Zu, segundo en santidad en este Imperio." Su familia, conservada en linea recta, tuvo por donación del tártaro el señorío y vasallaje de aquella tierra. Su obra de moral y religión lleva por titulo su propio nombre. Esta escrita á la manera del Lun-Yu en diálogos llenos de gracia y agudezas. 261 La primera verdad del Ta-hio, que es como el programa de sus enseñanzas, no puede contener más profundidad filosófica. Comienza el libro diciendo: «La ley del gran estudio, (Ta-hio) ó de la filosofía práctica, consiste en desenvolver y aclarar el principio luminoso de la razón, que nosotros hemos recibido del cielo, para reformar á los hombres y hacerles comprender que su destino definitivo, depende de la perfección ó del soberano bien». Contiene el Ta-hio diez capítulos y está escrito en 1546 caracteres. Según pues Confucio, el hombre tiene su origen en el cielo; y no existe uno solo, que no esté dotado de sentimientos de caridad ó humanidad (en chino es sinónimo) de justicia, de continencia y de sabiduría. Aunque todos los humanos poseen estas mismas condiciones naturales y constitutivas, que se reciben al nacer, hay algunos Se Vanagloria en estilo vivo y petulante, de ser él. El que ha expuesto mejor, la doctrina de Confucio por el que sentía la mayor admiración, hasta el punto de exclamar. "¡Desde que existen hombres, no ha habido ninguno como Confucio!" A imitación de su maestro, viajó Mencio con sus discípulos, por los diversos estados y provincias de China, llegándose á las cortes de los magnates y príncipes con los cuales filosofaba. Su política era hacer la felicidad de los chinos y de todos los seres. Entre los casos memorables que refieren de él, uno fué el que sigue: Tenia el Emperador LeangVuang unos bosques de legua y media de circuito. Murmuraba de ello Meng-Zu, llegó la censura á oidos del Emperador, lo trajo á su presencia y le preguntó: —¿Maestro honrado y venerable, es verdad que lleváis mal y murmuráis que mis bosques y huertas ocupen tanta tierra? —Si señor, respondió Meng-Zu. (Si habiendo negado, le probasen luego haberlo dicho, lo hubiesen descabezado.) —Pues yo sé, añadió el Emperador, que los que tuvo VuenVuang, ocupaban más de tres leguas de tierra y nadie murmuraba. Respondió Meng-Zu. —Los bosques da Vuen-Vuang eran tan grandes como afirma V. M., no obstante eran pequeños; los que V. M. tiene, son la mitad menos, y son grandes, con que hay razón para murmurar y decir mal de estos y no la hay para sentir mal de aquellos. —¿Cómo se entiende esto? preguntó el Emperador. —Aunque aquellas huertas, dijo el maestro, ocupaban tanta tierra, tenían francas y libres las puertas, y los vasallos licencia para pescar en los estanques, cortar leña, cojer fruta, y aprovecharse de la caza. Los de V. M. aunque ocupan menos tierra, tienen las puertas cerradas y puesto ley que pena de muerte, á todo el que cace, pesque, corte leña ó coja fruta. Siendo V. M. padre del pueblo ¿cómo arma lazos para que sus hijos pierdan la vida? Para apreciar mejor esta contestación, preciso es tener en cuenta que entonces reinaba en China la más horrible tiranía. M. Abel Remusat ha dicho "que el estilo de Meng-Zu es menos elevado y menos conciso que el del príncipe de las letras chinas pero es más notable, florido y elegante." Su manera de argumentar, recuerda mucho la ironía de Sócrates, aunque es más terrible, para deducir las consecuencias absurdas. 262 que no tienen la facultad de cultivarlas, ni de dirigirlas. Por eso, no todos son iguales. «Existen hombres dotados, dice el Ta-hio, de una gran perspicacia, una inteligencia penetrante, un conocimiento natural, una sabiduría profunda; y estos, pueden desarrollar cuanto la naturaleza les dio, y al hacerlo, se distinguen en medio de la muchedumbre que los rodea. No cabe duda, que por esto el cielo les ha confiado el mandato de ser los jefes y protutores de generaciones infinitas, les ha encargado de la misión de gobernarlas é instruirlas, con objeto de que vuelvan á la pureza primitiva, recibida por el nacimiento.»47 (1) Algunos siglos después, esta misma idea germinó en Grecia, en la cabeza de Aristóteles, en aquel cerebro formado por la sacra Olimpia, para enseñanza de Alejandro Magno y de todos los hombres. De este modo, por las misteriosas leyes de la historia, encuentran las ciencias el camino de las almas, cuando aún la industria humana, no ha hallado vías de comunicación, ni en el agua, ni en la tierra. Concluido el estudio del Ta-hio, viene el del Thung-Yung ó la invariabilidad en el medio; esto es, la línea recta y la única norma de conducta para la vida, que es la razón: consta este libro de treinta y tres capítulos, llenos de sana doctrina y alta filosofía: el Lun-yu ó entretenimientos filosóficos, son diálogos casi en estilo socrático, sobre todas las altas concepciones, que después se llamaron categorías. Sus veinte capítulos, son asombro del gusto y encanto de la imaginación, lo mismo que los de Mencio (Meng-Zu) cuyas declaraciones puede ponerse al lado, más no encima, de los pensamientos de los filósofos griegos; esos grandes maestros de la humanidad, aunque más tardíos y menos complejos que los chinos. 47 (I) Ta-hio, prefacio. 263 Adoctrinada la juventud por tales pensadores, no es extraño que el orgullo nacional, les haya erigido en el fondo de su corazón un altar; y que Confucio y Mencio adquieran la categoría de divinidades48, (i) 48 (1) Kung-fu-zu es el oráculo mayor de China y es más celebrado y aplaudido que S. Pablo en la Iglesia Católica. Se han escrito muchos libros y comentarios á sus doctrinas y existen muchos libros dedicados á su vida, milagros y predicación, llenos de estampas alusivas. El P. Trigaucio en el libro 1.° cap. 5 pone el nacimiento de este hombre en 551 años, antes de la Encarnación de Nuestro Señor Jesucristo. Otros jesuítas afirman, que fué en el año 645; y esto es lo más probable, si se atiende á la fecha que existe en su templo. La primera estampa del libro de su vida y milagros, representa un árbol grande, hermoso y lozano, cuyas ramas extendidas á todas partes, están pobladas de estrellas en vez de hojas: A la sombra y pié de este árbol hay una imagen de Confucio: tiene las manos sobre el pecho y en la cabeza un lobanillo más que mediano. La letra dice: Elogios del Santísimo Maestro, nuestro antecesor, cuyas virtudes fueron suficientes de sacar á luz, bien expurgadas, explicadas y purificadas las doctrinas antiguas del cielo y tierra; doctrina que laurean y coronan los antiguos y modernos, que dieron leyes á los siglos venideros. La segunda estampa, tiene pintada una vieja aldeana, la cual está debajo de otro árbol estrellado en la misma forma y modo que el anterior; su disposición es ofrecer perfumes en un pebetero que hay sobre un altar. Está allí una criada con una cajilla en la mano y dos niños que la acompañan. La explicación es esta: Descripción de la rogativa en el monte llamado Ni. La Santa Madre Yuen-Xi hizo oración y tuvo rogativa en el monte Ni-Kiu; cuando subía al monte, se levantaban en alto y se encrespaban las hojas de los árboles y plantas; cuando bajaba, se inclinaban á la tierra; lo primero en señal de alegría y regocijo; lo segundo, significaba obsequio y veneración. Concibió y su preñez fué de once meses. Nació de ella el Confucio: sobre la cabeza sacó un mogote ó lobanillo de la figura de aquel monte; por esta causa le dieron de apodo el nombre de la montaña y le llamaron Ni-Kiu. La tercera estampa, representa un unicornio, que está echando por la boca un libro, en presencia de una mujer. La letra lo declara así: Poco antes de nacer el Filósofo y gran Maestro Confucio, apareció á su madre Yuen-Xi un maravilloso y extraordinario unicornio, el cual en su presencia, arrojó un libro pequeño, como de alabastro, en que estaban estas palabras: Hijo de pureza, y de rara perfección, que descendiendo de humilde prosapia, vendrá á ser un raro varón y religiosísimo príncipe. La cuarta estampa es de dos maravillosas serpientes, y cuatro venerables ancianos. En la empresa se lee: Nació el Confucio después de entrada la noche, y al tiempo del nacer, se vieron dos raras serpientes en el aposento de su madre; bajaron de lo alto, cinco venerables viejos, que fueron cinco claras y resplandecientes estrellas. La quinta estampa es de músicos del ciclo. Se explica. Ln el aposento donde nació el Confucio, se oyeron concertadas músicas, y en ei aire cantos celestiales, cuyos voces decían: que el mismo cielo se congratulaba y festejaba de ver nacido un hijo Santo y por tanto celebraba su nacimiento con músicas venidas de lo alto. Habiendo ya nucido el niño añade, se vieron cosas raras en su aposento, y sobre su pecho había cinco letras que decían: Este niño, pondrá en paz la tierra, con las buenas leyes que dará y establecerá en ella. La sexta estampa es de su infancia, y dice; que teniendo solos seis años, se portaba con los otros niños tan modestamente, y con tanto seso y gravedad, como si fuera de sesenta y que cuando aquéllos se entretenían en juegos de su edad, él con semblante religioso, se ocupaba en componer altaritos. De la estatura y traza de este Filósofo dicen, que fue alto y corpulento, de aspecto grave y muy humilde de corazón, obras y palabras; sus ojos perspicaces, tan claros que parecían dos luceros; tan advertido en sus acciones, que parece lo sabía todo. 264 Los mismos libros religiosos no van en zaga á los filosóficos; y su alta concepción del mundo, de Dios, uno y trino, y del cielo, son tales y de tan sin igual importancia, que pueden copiarse á manos llenas, sin que la piedad de ningún cristiano se lastime ni avergüenze. Más tales agudezas y estudios, están en China reservadas á las dignidades y á los hombres de gran posición, á la gente que puede comprender los ciento veinte mil signos clásicos, de que se compone la lengua sabia, el chino llamado mandarín; sin duda, por que solo á los principales les es fácil aplicarse á su estudio y conocimiento. Pero el chino pobre, el ciudadano de la masa del pueblo, tiene de Confucio ideas muy extrañas: en su concepto una virgen purísima, Yuen-Xi, lo concibió de un rayo de sol, que los cielos dirigieron sobre ella con tal objeto. No hay á que decir que este filósofo sufrió persecuciones y acabó malamente su vida, pero su hálito flota en los aires, persiguiendo á los malos espíritus. La secta de los letrados, tiene quizá menos trascendencia que el taoismo y el bhudismo; pero como es simbólica, adquirió prestigio entre la muchedumbre. Siempre la gente inculta ha dado mucha importancia á los números, figuras, palabras metafóricas, par é impar, rayas cortadas puntos blancos y negros, figuras redondas y cuadradas y otros términos y lugares de la magia. A los 60 años de edad, habiendo gobernado con mucha prudencia, y rectitud algunas provincias, dejados todos los oíicios por ver que el gobierno andaba malo, pobre y despreciado, discurría por todo el Imperio predicando á todos la virtud y rectitud natural; en partes le maltrataban, en partes le injuriaban; lo cual todo llevaba con mansedumbre y igualdad de ánimo y aun dicen de él, que cuando más despreciado se veía, estaba más alegre; y cuando le echaban de algún pueblo, se ponía á la sombra de algún árbol á tocar muy risueño una guitarrilla que llevaba consigo. Una de las últimas estampas dice; que á los 71 años, teniendo ya explicadas y aclaradas las doctrinas chínicas, se recogió á su casa, donde vivió ejercitándose en ayunos y oraciones y limosnas. Puesto un día de rodillas levantado el rostro al cielo, por la parte del Norte, vio que se descolgaba de lo alto un arco-iris, el cual puso en sus manos un escrito, esculpido en materia que parecía finísimo oro, y muy transparente, pero no explica lo que estaba escrito. Murió á los setenta y tres años y está sepultado en el propio lugar donde nació. Dejó un hijo y se conserva en línea recta de varón descendencia dé este gran filósofo. La autoridad de la doctrina de este maestro es grande, lo tienen por santo y no faltan Misioneros que hacen profeta á este homnre, pero otros lo niegan (Entresacado del Tratado de lo político y Moral del Confucio de Fr. Domingo Fernandez. 271 La base de todo su sistema «obra bien y serás salvo» se ha perdido entre las palmeras arecas, las latanias y los lotos que decoran los patios de sus templos; y los antiguos ayunos, abstinencias y maceraciones, para conseguir que el espíritu abandonase las ruindades del cuerpo, solo puede alcanzar el Nirvana, y, el rey de los reyes, ves tienen un remedo en la vida de los bonzorios, en donde las lamas que rezan palabras para ellos desconocidas50 (i) no saben ni prescindir del mosquitero51. Aparte de estas opiniones, hay un sin número de datos, que permiten creer en la extraordinaria virtud de los lamas y bonzos sobre todo en Calcuta y en el Thibet, en donde únicamente se alimentan de té y puches de harina, de cebada ó un puñado de arroz; haciendo una vida de rezos, abstracciones y profundos estudios de filosofía. Claro es, que en China los bonzos tienen una vida libre, entran y salen en los bonzorios á horas descompasadas, van solos por las calles y ejercen la cabala y la taumaturgia. Nosotros los hemos visto en los champanes de las flores, en el río Chu Kiang, en Cantón, pasando la noche en vela, al lado de las cantatrices y bailadoras, que son el atractivo de la fiesta y entreverando los cánticos religiosos, con trozos de puerco asado y sendas libaciones. En el Thibet y Calcuta la tonsura, mejor dicho el chamusqueo de la cabellera, no se recibe sino después de muchos años de iniciación y estudio; pero, en China, es cuestión de dinero nada más, y con un año de noviciado para aprender las ceremonias y los ritos litúrgicos salen del paso. 50 (1) Debian rezar en sánscrito, lengua sagrada, pero como resulta desconocida casi para la totalidad de los bonzos y las oraciones tienen tan estravagantes construcciones como puede verse por la copia, acaba el murmullo por hacerse insoportable. Sarva tathagatá schamam samavasantu buddhy'á buddhyá siddhyá'bodhaya vibodhayá mochaya vimochaya sodhaya sodhaya visodhaya visodhaya samantam mochaya samanta, etc. Que traducido significa: "Que todos los tathagatos (Buddhas) bajen sobre mí, que todos me enseñen, que todos me instruyan y que todos me concedan el don de la inteligencia, que me lo concedan, concedan, completamente concedan, y me llenen de conocimiento, que me purifiquen, purifiquen, completamente me purifiquen que concedan á todos los seres vivientes este conocimiento etc." El sonsonete de la oración, lo suelen acompañar por vía de contrapunto, dando mazazos alternativamente en un bombo de madera y en otro de hierro. 51 (2) El P. Paulino Bassó que los ha visto rezar en el bonzorio célebre de Koun-Boun escribe: Pero es muy extraño el modo con que ejercen sus meditaciones y rezan, pues no se crea, que pasan la noche y el día arrodillados ó en alguna otra postura incómoda, ni tampoco en algún lugar público donde puedan ser vistos de todos: nada de eso. Lo que hacen es estarse muy sentados en cuclillas (postura comodísima para los orientales) al modo de Budha, en unas camas cuadradas construidas al modo de nichos con su pabellón y todo, á fin de librarse de los mosquitos. 272 Una vez quemado el pelo, son libres; tienen asegurada la pitanza en el bonzorio y van de convento en convento ejerciendo por el camino, de un modo oneroso, su oficio sacerdotal. La secta de Foe cree además que la religión es una escala que va desde la inquietud ó sea el infierno, en que nos meten continuamente nuestro entendimiento, voluntad y apetito, al paraíso ó quietud, al reposo absoluto llamado Nirvana. Ser Foe es no ser nada, es nihilizarse, volver al vacuo. En esta vida mundanal, en este infierno, hay ocho clases de tormentos que son: vida, vejez, enfermedad, miserias, calamidades, pobreza, tristeza y muerte. Para salir de estos infiernos hay que dirigir el rumbo hacia la nada, al puerto del no ser. Los cuatro filósofos de la secta determinan los cuatro grados que hay que subir Xing-Vuen el que cree por revelación interior y tiene la obligación de permanecer en pié delante de la imagen del Xe-Kia, hasta que concluido el periodo de catecumenado, sepa de un modo positivo que todo es nada: Vuen-Kio se llama el segundo, esta el hombre en pié en actitud de caminar, pero lo hace por discurso y meditación; vá al aniquilamiento total con premeditación y lógica, A los iniciandos en esta categoría se les llama Lo-Hoan que equivale á decir meditantes ó contemplativos. El tercer grado se llama Pu-Sa, consumatum est, acabado en su desarrollo: ya no discurre, ni piensa en la nada, sino que convence de su creencia á la multitud, enseña á los hombres, teniendo enchidas de misericordia sus propias entrañas. Llegados á este perfección se les pinta sentados al lado del Xe-Kia, la cabeza inclinada y sendos rosarios en las manos. El cuarto grado es Foe, esto es, ídolo consumadísimo, la perfección ideal; estos tales ya no se ocupan en cosas exteriores, son iguales al primer principio, al aire sutil y tenue, puesto en quietud, al Nirvana que constituye la absoluta felicidad de no existir, ni ser. Pi-Ki sabio de la secta dice: Yo recibí el ser del medio incorpóreo ó de la nada, de la materia primera: así como todas las cosas salieron de él, salió también el hombre; el alma y entendimiento de suyo son nada; el mal y el bien también son nada, no tienen lugar donde estar. Para Xi-Ki otro filósofo, el caos produjo una naturaleza blanca, sin sustancia, perfectamente incorpórea: de ahí saca la consecuencia de que todas las cosas son aparentes no reales, solo tienen la figura exterior y constituyen un perpetuo engaño de nuestros sentidos. Las buenas y las malas obras no son nada, el cuerpo es nada, el alma es como un viento sutil, etéreo é impalpable. 273 Como los errores de la humanidad se repiten en el trascurso de los tiempos, esta doctrina saltó de la India á Grecia, sin que la llevasen de lastre las naves de Alejandro de Macedonia, mandadas por Nearco: así pudo Tales de Mileto afirmar, que todo procedía de la primera causa que era el agua; Diogenes convino en que el primer principio era el aire; y Heraclio aseguró que era el fuego; que en todos los pueblos ha sido evidente demostración, esplicar lo ideal por lo tenue. Pasemos al estudio de la religión del Too. Lao-Zu, fundador del taoismo, degenerado por mal de sus discípulos en una secta mágica, vino al mundo cumplidos los 73 años y tan canoso que parecía un ídolo de plata. Su madre lo parió por un hijar y murió de sobreparto; costumbre esta en China común á toda madre de ídolo52, (i) Como nació tan viejo, el chino, le llama LaoTszu, esto es, hijo viejo. Algunos autores le llaman también Lao-Tszé, siguiendo la ortografía mandarina; otros le apellidan Lau-Kun, esto es, príncipe viejo. Varios discípulos le designan con los apodos de Li, por el lugar de su nacimiento, y Gni y Peh-Yang según afirma el P. Sainz, en su carta introducción, al libro de LaoTszé. De este se afirma, que fué fundador de la religión llamada Tao-Kao, aunque en realidad lo que de él nos queda, más es un gran tratado político-moral que la piedra angular de una religión. La grandeza de los pensamientos que encierran sus enseñanzas, han sido sin duda la causa de que admirados los hombres de tanta ciencia y profundidad, le hayan elevado á la categoría de dios. Fué historiador ó cronista de la dinastía Chow, al terminar el siglo VI antes de Jesucristo; aunque según otros, vivió en el siglo XV antes de la era cristiana. Su doctrina basada en la abstracción de todo lo real, su prestigio y notoriedad llamaron la atención del filósofo Confucio, el cual, con mucho boato y explendor, se dirigió á Ho-nan-fo, capital entonces de la monarquía, con objeto de celebrar una 52 (1) Solo á título de fábulas ponemos estas narraciones extravagantes como comprenderá el lector. 274 conferencia y escuchar de los propios labios del autor, su renombrada doctrina. La entrevista la refiere uno de los discípulos de Lao-Tszé llamado Chwang-Zu (SuMa-Kien) pero la niegan los confucianos y se comprende, por que no favorece mucho á su maestro. Confucio preguntó á Lao-Zu, que entendía por el Tao: á lo que el gran filósofo respondió: —Si se tuviera presente, que quién habla peca por exceso de argumentación, y que quién oye se confunde por la mucha charla, nunca dejara de entenderse el Tao. —Yo alabo dijo Confucio á los antiguos príncipes Yao, Soun, Sching-Tang, Weu, Wei, Cheu-Kong para que sean imitados, pues lo merecen por sus virtudes. —Los hombres de quién hablas, contestó Lao-Zu, con sus huesos se han convertido en polvo: apenas si quedan sus palabras. Y reparando el lujo y la ostentación del séquito de Confucio dijo: —Con todo, si el sabio tiene ocasión monte en coche y tome un oficio público; sino aprovecha la ocasión, pasará la vida como un manojo de yerba seca, que el viento voltea sin cesar por encima de la arena. Arroja de tí esos aires altivos y utópicos deseos, esas maneras lujosas y soberbios ademanes, ese extravagante artificio y ridículas ideas. Nada de eso puede aprovecharte. Quedó Confucio avergonzado y triste; pero reponiéndose en breves momentos, quiso salir de aquel aprieto, pidiendo á Lao-Zu su libro Tao-te-King, para meditarlo unos veinte años; mas el anciano replicó: — Si mi libro se ofreciera á los hombres, no habría príncipe que no lo tuviera, porque sus subditos no dejarían de llevárselo. Si fuese presentado á los hombres, estos á su vez lo entregarían á sus parientes; si el libro fuese anunciado, todos se alegrarían de dar la noticia á sus hermanos: y si fuese entregado á los hombres ¿estos no lo trasmitirían á sus hijos? ¿Cómo pues habiendo sucedido esto con mi libro, no has podido obtenerlo hasta ahora? ¿Quieres saber el motivo? Pues te lo diré; porque eres incapaz de retenerlo en tu corazón. Al salir Confucio de esta entrevista, dudoso y desconfiado, dijo á sus discípulos: —Conozco que las aves, pueden volar y los peces nadar y las fieras correr. 275 Con todo, los fieras son cogidas en lazos y los peces con anzuelos y á los aves se las hiere con flechas. Más ahí está el dragón: yo no sé decir como se remonta en los aires y penetra las nubes, y se presenta en los cielos. Hoy he visto á Lao-Zu solo puedo compararle al dragón. No pararon aquí las reprimendas; pues en otra ocasión, en que Confucio exponía sus méritos propios, diciendo: —Yo he publicado, el libro de las Odas, el de la Historia, el de los Ritos, un tratado de Música y el libro de las Mutaciones: he compuesto la crónica de Primavera y Otoño, he leido las máximas de los antiguos Reyes, he ilustrado los expléndidos hechos de los sabios y a pesar de eso, nadie se digna emplearme. ¡Verdaderamente veo, que es difícil persuadir á los hombres! Lao-Zu, contestó: —Las seis artes liberales, son herencia de los reyes de la antigüedad. Lo que escribes, no es otra cosa, que olvidados ejemplos; y todo lo que haces, no es más que andar sobre las huellas de lo pasado, sin producir nada nuevo. Quedó Confucio anonadado sin atreverse á pronunciar en tres días una sola palabra53, (i) —A su voz decía, mi boca estaba abierta alargábase hacia fuera mi lengua, y mi alma se sumerjía en un mar de pena. Otra leyenda, más ó menos histórica, afirma que después de largos trabajos prestados por Lao-Zu, á la disnastia Chou, agotados sus recursos políticos para contrarestar las revueltas y asonadas del imperio, determinó abandonar las vanidades del mundo y retirarse al desierto, para perfeccionarse en la virtud. Marchó en dirección del Occidente y cuando llegó al último límite de China, el Gobernador Yin-Hi jefe de la muralla, le salió al encuentro y le suplicó con lágrimas en los ojos, que dejase escritos sus pensamientos é ideas antes de abandonar el mundo. Accedió el sabio, y, escribió en dos secciones, la doctrina del Tao y Tiec, dio el libro ó un mandarín llamado Han-Kuh-Kwan y desapareció de entre los mortales, sin que su muerte dejase rastro. 53 (1) Chínese Classics. Legge Tomo 1. 276 Como hace notar el P. Evaristo F. Arias, en su notable libro de Los mártires dominicos, la escritura sínica actual, no se introdujo en el Imperio hasta 221 años antes de J . C ; y por lo tanto, el libro primitivo de Lao-Zu no pudo ser escrito sino en letras cuneiformes, pérsicas ó asirías ó en otros caracteres desconocidos. Por lo tanto, el libro descubierto el año 574 en una sepultura, que es el que hoy conocemos, no debe ser sino una mera copia hecha por algún discípulo ó doctor taoista, de los que vivieron después del Emperador Shi-Hwang-ti54. (1) El libro de Lao-Zu ha sido traducido al francés por M. Estanislao Julien: al inglés por R. J . Colmers: al alemán por V. Von Strauss; y al español, por el obispo Sr. Masot lo cual prueba la importancia y la fama que ha adquirido. Tao-Te-King que es su nombre, significa, regla de la razón suprema y de la virtud ó mejor aún, siguiendo á su traductor Fr. Salvador Masot, regla inmutable de la razón y de la virtud, ya que la palabra Tao equivale á camino, decir, regla, doctrina; la palabra te significa virtud y King vale tanto como inmutable. Es, sin genero alguno de duda, el mejor libro del Oriente; a pesar de la ambigüedad de sus palabras y sentencias, se ve á través de cada letra alentar el espíritu de un gran filósofo precusor de todos los demás sobre la tierra y capaz de comprender, un Dios perfecto, único, grande... Pero oigamos las palabras de Lao-Zu. «El tao que puede ser comprendido no es el eterno Tao: el nombre que puede ser expresado, no es su eterno nombre. No puede nombrársele como principio del cielo y de la tierra: se le da un nombre como madre del universo. No permite se vea su admirable naturaleza, mas quiere se contemple su exteriorización; estos dos conceptos proceden igualmente, pero tienen diferente nombre; ambos son abismo y abismo insondable, conducto de todas las maravillas.» El capítulo 14 dice: «Mírasele y no se le vé se llama Y: escúchasele y no se le oye; se llama Hi: procuras cojerle y no le puedes alcanzar; se llama Wei. Estos tres no pueden comprenderse, pues que juntos forman uno. Hacia arriba no puedes distinguir su claridad, hacia abajo tampoco puedes penetrar su oscuridad: es como una línea sin fin, imposible de nombrarse. No hay ser á que queda reducirse. Por esto se dice, que es figura de lo que no tiene figura y forma de lo que no existe. Es inasequible; sálesle al encuentro y no encuentras su frente; corres tras él y no percibes sus pisadas. Sigue 54 (1) Middle King-dom tomo 2.° 277 las huellas de los antiguos, las cuales conducirán tus pasos hasta que conozcas su origen. Esta es la regla del Tao.» Da pena ver el esfuerzo que hacen algunos misioneros, para arreglar la historia china de manera, que resulte que Lao-Zu no vivió mil cuatrocientos y siete años antes de J. C, y, compadecer esta trinidad, proclamada en el seno del celeste Imperio, con las enseñanzas dé la Biblia posterior á estos átribos de los filósofos sínicos. ¿Y todo para que? ¿Acaso se resienten las creencias católicas porque haya habido filósofos antes de que el Salvador diese al mundo, desde el Gólgotha, la única fórmula de la vida? No y mil veces no; cuanto más engrandecemos á los sabios, cuanto más ensalzamos sus escritos, tanto más han de notarse sus deficiencias, si se comparan con la Ley eterna predicada por Jesucristo: Brhama, Bhuda, el Tao, Daivas, Theos y Deus, no harán nunca sombra al Dios del Calvario, á quién la hiél de los verdugos no puede impedir que de su boca mane la miel de la caridad universal, de la eterna providencia, del perdón y el olvido. Si algunos genios lograron adivinar parte de su creencia, la totalidad, la relación exacta, entre el hombre finito y el Ser Supremo infinito, solo está en los predicaciones de Jesucristo, por que él es la eterna verdad, la perdurable misericordia y la justica sin fin, ego sum qui sum et qui futurus sum. Bien dice Lao-Zu en el capítulo 23: «Raro es lo que es fijo y permanente entre los hombres. Los grandes huracanes no suelen durar una mañana, ni los grandes aguaceros un dia entero. Con todo, estos meteoros son producidos por el cielo y la tierra. Si lo que es efecto del cielo y de la tierra todavía no es duradero ¿Cuánto menos, lo que es producido por los hombres? Por esto no hay mejor camino que conformarse en todo con el Tao. Quién posee al Tao se identifica con el Tao y quién posee la virtud se identifica con la virtud; más quién llega á perder una y otra, hasta llegua á encontrarse tranquilo en su perdición. El Tao como que se goza con los que se identifican con él; y la virtud se goza también con los virtuosos. Hasta la perdición se goza con sus hijos. No creen lo suficiente y hasta hay quién no cree en nada. Estas palabras no las hubiera desechado Boussuet, ni ningún gran escritor cristiano; y á poder, las hubiese puesto linda glosa, Fray Luis de Granada. 278 Cuando nuestros misioneros, penetraron por primera vez en la nebulosa Sericana, quedaron asombrados de la filosofía sínica: algunos que tenían más fé que instrucción, pidieron mil veces que el Espíritu Santo bajase en forma de luz hasta su cerebro con objeto de iluminarle; de tal manera les confundían los razonamientos de los doctores tavistas. El Dios de Lao-Zu, infinito, perfecto, generador de todo bien, principio y fin del universo, era su mismo Dios; y no podían explicarse, como los chinos comprendían y explicaban, el misterio de la Santísima Trinidad. En su sincera admiración, llegaron á suponer mil anacronismos y á poner en LaoZu todo género de cualidades. Hasta han negado que en el Tao-Te-King se hable de ritos y de sacrificios. Sin embargo nada más cierto. He aquí lo que se lee en el capítulo 54. «Quién sabe bien plantar, no verá su planta arrancada, y quién sabe bien cojer, no se verá privado de lo que ha cogido. Por esto sus hijos y sus nietos, sacrificarán sin fin.» Se nos figura que este precepto litúrgico, es por lo menos tan categórico, como la explicación de la Trinidad que en último resultado estaba tomada del Budhismo55. (1) He ahí que en las palabras sus hijos y sus nietos sacrificarán sin fin, están en germen todas las exageraciones litúrgicas de los discípulos, que olvidados del texto de TaoTe-King56 (2) se arrojan al fuego, seguros de salir ilesos el día 30 de la 3ª a luna (Abril y Mayo) sin que su fé los salve; pues hasta de ahora, cuantos atravesaron las llamas salieron con quemaduras. 55 (1) En los templos de Budha se ven en una peana tres imágenes muy parecidas entre si; la del centro se llama Ámithaba, la de la izquierda Avalohtesrhana, hijo de aquel y la de la derecha Mahastamapratha, discípulo. Otros lo interpretan diciendo que remedan la tres fases del Sa-Kia: Budha Dharma y Shangha. Ó sea Budha pasado, Budhá presente y Budha futuro. Los chinos le llaman Sam-Pao. 56 (2) Doolitte. Social life of Chinesse. 279 Todo miraje y espejismo desaparece cuando se vé que la doctrina del Tao ha copiado de los bramhanes, el Nirvana; esto es, la aniquilación. Más como esto sería algo y ellos proceden por antítesis, niegan los taoistas que el Nirvana tenga objeto real. El alma, en el Nirvana, no se sabe si tiene vida ó muerte, si es ó no eterna, si está aniquilada ó no lo está. La raiz cuadrua del no ser. Esta incongruencia le hizo exclamar á César Cantú con inimitable gracia. Véase aquí pues una extraña paradoja: una religión de caridad y civilizadora, que no tiene Dios; que descansa en la sencilla palabra de un hombre, el cual predica, la nada. No faltan adeptos de Lao-Zu entre los sinólogos europeos, que por no enturbiar la fama del maestro afirman sin datos, que estas perturbaciones de de la doctrina del Tao, se deben á sus discípulos, á los ocho inmortales, los cuales violentaron los textos y las enseñanzas, acabando por vestir á los chinos, el ropaje de Budha. ¿Quienes fueron y que hicieron esos ocho inmortales? Chung-Li-Kuan reveló la fórmula mística de la longevidad; Ckang-Kwoh fué solitario, místico y areoámbulo; Lu-Tung-Piu, magistrado y creyente conocedor de la fórmula secreta de la alquimia y del elixir de larga vida; Tsao-Kwoh-Kiu el volador hermano de la Emperatriz Tsao-How; Li-Tiech-Kway que subía al cielo para instruirse y bajaba á la tierra, cuando iba á terminar su aliento material, con objeto de enseñar á los hombres; Han-Siang Tszé á quién sus estudios profundos y trascendentales llevaron hasta el árbol sagrado de los genios; LauTsai-Ho, de sexo indefinido, verdadero ó verdadera asceta, que se burló de las grandezas humanas cantando al son de su guitarra el desprecio á los placeres, y la hija de Ho-Tai, HoSieng-Ku, virgen perpetua que adquirió la ciencia de la inmortalidad tomando medicinas; estos son los que han prostituido el taoismo, unos marchándose al desierto para predicar filosofía á las piedras y matojos; y otros, buscando en la química el secreto del oro, la alquimia, la piedra filosofal, el lapis filosophorum, el secreto de la vida, el Kin-Tau chino. Trescientos años antes de J. C , todos los doctores taoistas se dedicaban á explicar el místico significado de las dos veces Kin-Tau57 (i) que no es otro, que el secreto mágico de la trasmutación de todas las sustancias, en metales. Mesmer y Raimundo Lulio los siguieron en este camino. 57 (1) Dr. J. Ed-Kins. Phases in the develop, of Taoisme. 280 [Filósofos europeos, los chinos fueron magos antes que vosotros! ¡Qué golpe para la raza caucásica, tener que confesar que la chusma amarilla del Celeste Imperio, la ha precedido en el error! Sin embargo, declaremos que nuestros alquimistas, sino produjeron oro engendraron la química; mientras que los chinos, se detuvieron torpemente, en la base de todas las recetas mágicas, que ellos llaman Tau Sha y nosotros con más modestia cinabrio ó sulfuro rojo de mercurio. Al Dios de Lao-Zu, infinito, inmutable, aquella línea sin fin que no tiene nombre, sus discípulos lo hicieron igual al oro y acabó en cinabrio; la base de todo, no fué sino la base de elixires; la piedra angular del Universo, quedó en lapis filosophorum. ¡Un Dios convertido en menjurje!; ¡una piedra que es Dios! ¡Si Lao-Zu resucitara, buena paliza propinaría á los doctores taoistas! Pasemos á estudiar la autenticidad de los libros. Al ver en las ciudades de China, grandes bibliotecas que ocupan edificios enteros, cree el literato, el erudito, el bibliófilo, que como nación esencialmente tradicional, tendrá una inmensa riqueza en libros antiguos. Desgraciadamente no es así, los libros antiguos no existen: cuanto escribieron las veinte generaciones de letrados, que hubo en el Celeste Imperio antes de la era vulgar, se ha perdido, y, apenas se conserva algún fragmento de dudosa autenticidad. Buenos é importantes debían de ser estos libros venerandos, dada la admiración que les profesó el siglo de Confucio; pero el hecho de su destrucción, reconocido por los mismos doctores chinos, es rigurosamente exacto. Omar quemó la biblioteca famosa de Alejandría, Tsing-Si-Huang más grande en su barbarie, quemó todas las bibliotecas del Imperio. Fué este Tsing Si-Huang, el monarca fundador de la cuarta dinastía, el que con mano férrea acabó las guerras intestinas, haciendo de China una sola nación, el que construyó la gran muralla asombro del mundo. Algunos confucianos creen que esta medida fue política y se debió al genio hábil de Li-Tsu, primer Ministro del nuevo Emperador, que vio en los escritos antiguos, un peligro para la naciente monarquía; otros, atribuyen tan enorme atrocidad al ánimo extravagante del Emperador, que era tan buen soldado como romo de ingenio. 287 se queman en hogueras y braserillos, papel moneda, monigotes de cartón, longnang y lin-coc. En el resto del año, se tiene la precaución de no edificar mas alto que las murallas de la villa ó ciudad, pues el espíritu, tiene tendencia á acometer todo lo eminente; se ponen tazas de arroz en las puertas y ventanas y se plantan bambúes, cuyos elegantes tirsos coronados de verdes y perennes hojas, tienen la rara virtud de ahuyentar á los malos espíritus. Para burlarlos, conviene simular por medio de papel ó de pintura, una puerta ó una ventana en el muro liso. De este modo, al divisarla en sus revuelos y giros, la banda volátil se arroja á ella y da de hocicos contra el tabique, lo que le hace huir y esconderse por mucho tiempo. Con esto y ser devotísimo del dragón pentadijito, que es como el emblema del cielo y del imperio ó sea el mismo Emperador en persona, y, poner en el portal de la casa, la inscripción de: «Que las cinco felicidades pasen por esta puerta» puede uno descansar sin temor á los espíritus. Por mas, que las cinco felicidades raras veces traspasan los umbrales de los chinos; pues no es tan fácil tener mucho dinero, mucha salud, muchos honores, muchos hijos y muchos años de vida. ¡Ah; el dragón tiene á menudo bien negras partidas!, en cuyo caso, hay que acudir al templo y después de avisar al ídolo por medio de un cachiporrazo en el bombo de metal, que esta á la entrada, que un pobre chino necesitado le viene á visitar, se compran pebetes y banderitas y papel de estaño y cobre; se depositan en el altar del dios, se le hacen dos cortesías y se le manifiesta con sin igual franqueza, el aprieto en que se está y el favor y ayuda que se espera. El rezo suele tener esta traza «ídolo Xoang-ti ya ves lo apurado que estoy (así de tu) sin dinero, ni arroz que dar á los infelices de mis hijos, socórreme con algo que yo te prometo seis candelas amarillas, para mañana.» A veces se acude al engaño; y se le ofrece á la divinidad, un regalo mayor en precio, que la merced que se espera. Entonces se aguarda la respuesta del ídolo, que todo pintarrajeado de amarillo y azul con golpes dorados, está en la hornacina, sonriendo con la inocencia de que es capaz un fano de madera. Como no habla, el religioso chino, se acerca al altar haciendo cortesías, coje dos raices de bambú ó dos tablillas cóncavo-convexas, las [Document text truncated for crawler view.]