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Los gobiernos con dinámicas coalicionales en Andalucía: estudio comparado de sus componentes y rendimientos políticos

Hernández Tristán, Mateo Javier

Abstract

Tesis Univ. Granada.

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PROGRAM A DE D OCTORADO E N CIENC IAS SOCIAL ES LOS GOBIERNOS CO N DINÁ MICAS C OALICIONALES EN ANDALU CÍA: ESTUDIO COMPARADO DE SUS COMPONENTES Y RE NDIMIENTOS POLÍTICOS AUTOR: MATEO JAVIER HERNÁNDEZ TRISTÁN DIRECTOR: ÁNGEL CAZORLA MARTÍN GRANADA, ENERO DE 2023 Editor: Universidad de Granada . Tesis Doctorales Autor : Mateo J avier Hernández Tristán ISBN: 978- 84 - 1117 - 843 -3 URI : https://hdl.handle.net/10481/81993 ii AGRADE CIMIEN TOS Cuando iniciaba la Licenciatura de Ciencias Polític as y de la Administrac ión en la Universidad de Granada y da ba mis primeros pasos por la Facultad, allá por el año 2008, nunca me hubiera im a ginado que quinc e años m ás tarde me iba a encontrar escribiendo la s últimas líneas de mi tesis doctoral. Tengo muc ho que agradecer a las personas que me han acompaña do en esta larga y, a veces, intermitente travesía. Sin vue stra ayuda, consejos, ánimo y aliento hubiera sido imposible recorrer este camino. A Juan Montabes y a Ángel C a zorla. Nunca os podr é agradecer lo suficiente vuestra incansable labor de guía en todos estos años. Me siento muy afortunado de haber sido vuestro doctorando, de la s experiencias y conocimientos aprendidos junto a vosotros. Lo vivido en esta etap a me ha he cho crecer como persona y siempre formará parte d e m í. Gracias también por el tiempo que habéis invertido en esta tesis. Han sido innumerables las reuniones, e- mails, llamadas o videoconferenc ias mantenidas sin las que hubiera sido im posible culminarla. Espe ro que la presente investigación pue da estar a la a ltura d e mi gran admiración hac ia vosotros. Nunca olvidaré esta experie ncia. A mi familia. Nadie mejor que vosotros sabéis que compaginar la tesis docto ra l con el trabajo también requiere sacrificios. Espero que todo el tiempo y esfuerzo realizado haya valido la p ena. Ahora sí os puedo da r re sp ue sta a la pregunta d e c uándo voy a depositar la tesis. Sin vuestra comprensión, cariño y ánimo todo hubiera sido mucho más difícil. Y a ti en esp e cial, Natalia, mi pil a r y com pa ñera de vid a. Perdón por el tiempo robado, las la rga s t ardes, noches y fin es de sem ana f re nte al ordenador. Gr acias por ayudarme a afrontar los obstáculos, por tu cariño, t us consejos y el empuje n e cesario para no desfallecer. Sin ti no hubiera sido posible realizar est a tesis doctoral, q ue también es tuya. iv RESUME N El objeto principal del p re sente t rabajo d e investigación se enmarca en el estudio de las dinámicas coa licionales ac ontecidas en el gobierno de la Junt a de Andalucía en el periodo 1996- 2018. La perspectiva de an á lisis para cada una de las experiencias andaluzas de gobiernos de coalición (1996-2000, 2000-2 004 y 2012-2015) y la colaboración parlamentaria con un ejecutivo en soli tar io (2015-2018) se analizan en profundidad. En concre to, una p rime ra dimensión se estudia desde la perspectiva del proceso políti c o , es decir, el contexto políti c o y económico que ha deparado y sobre el que se h a n desarrollado las experiencias coalicionales. De esta forma, se analiza el comportamiento elec toral e índices electora les, los actores políticos protagonistas, el reparto partidi sta del poder ejecutivo, la clasificación de los gobiernos de coalición, las relaciones int erpa rditistas e intrapartistas o la d escripción del adelanto electoral y ruptura de la experiencia coalicional si la hubiera, entre otros aspectos. Una segunda dimensión mi de , analiza y explica los rendimientos políticos, desde una perspectiva e lectoral, de las formaciones políti c as que han formado parte de la dinámica coalicional. Para complementar los resultados y conclusiones de las expe riencias coali cionale s andaluza s, se ha realizado también un análisis longitudinal de los componentes y rendimientos políticos de los gobiernos de coalición autonómicos acontecidos en España. La profundidad de análisis es menor a la efectuada con las experiencias andaluzas, ya que se ha centrado en analiz a r las características y rendimientos electorales d e este tipo de gobiernos acontecidos en el marco a utonómico en e l periodo 1980-2022. Con ambas aproximac io nes, la andaluza y la longitudinal del marco auto nómico español, se pretende dar respuesta a los objetivos e hipótesis planteados en la investigación. Éstos persiguen explicar los f ac tores que determinan la fo rmación de las experiencias coalicional es y dar re spuesta a si supone una ventaja o d esve ntaja, en términos e lectorales, formar parte de un gobierno de coalición, al igual que los factores y componentes que condicionan este rendimiento. Los objetivos e hipótesis de la investigación se sustentan teór icamente en un a amplia revisión bibliográ fica sobre los gobiernos de coalición, que abarcan entre otros a spectos, el a lcance del propio concepto, el e studio de las teor ías y componentes que e xplican su configura ción, la cl asifica ción de este ti po de ejecutivos, las negociaciones para s u formación y rendimie ntos políti c os v espera dos, la atribución de responsabilidad en contexto de pode r dividido o el rendimiento electoral d e ocupar el gobierno ( incumbency effect ) y sus variaciones en función del tipo de ejecutivo y otros fac tores. La metodología empleada para esta investigación ha consistido en a nálisis diferenciados para cada perspectiva, es d e cir, las experiencias coalicionales andaluzas y el estudio longitudinal de los gobiernos de coalición en el marco autonómico español (1980-2022). Amb as co mparten que se ha procedido el cálculo de los Rendimientos Electorales Netos (REN ) y R e lativos (RER) desde la perspectiva de los partidos políticos que han formado parte de los gobier nos de coalición y del conjunto del e jecutivo a partir de la sumatoria de los R EN. Además, para la p erspectiva andaluza, en los ba rómetros de opinión pública del Estudio Gene ral de Opinión Pública de A ndalucía (EGO PA), realizados por el Ce ntro de Análisis y Documentación Político y Electoral de Andalucía (CADPEA), y los elaborados sobre Andalucía por el Instituto de Estudios Socia les Avanzados (IESA), se ha aplicado la técnica de la reg re sión logística binaria. Respecto a la elección de las oleadas de los barómetros, se han seleccionado las que tempor almente se ajustan más al inicio y a l final de la legislatura en los que se h a d e sarrollado la dinámica coalicional objeto de estudio. Con esta selec ción y la aplicación de la técnica mencionada, donde la variable dependiente del modelo es la intención de voto para cada formación presente en la dinámica coalicional, se observa cómo los componentes del voto varían o permanecen entre los dos espacios temporales. De esta forma se determinan l as variables independientes qu e son significa tivas y la fuerza predictora que han d eter minado los rendimientos electorales de las formaciones qu e han participado en la s din ámicas coalicionales a ndaluzas. Para el análisis longitudina l de los gobier nos de coalición e n el marco autonómico español (1980-2022) ta mbién se realiza el análisis con las medidas descriptivas (frecuenc ias, la media aritmética, los valores máximos y m ínimos, la desviac ión típica y las tablas de contingencia) sobre los rendimientos electorales y los elementos determinantes de los gobiernos de coalición autonómicos. P or consiguiente, se abordan las ca racterísticas agr e gadas de este tipo de gobierno y los efectos de l incumbency effect en los gobiernos autonómicos. vi Con todo ello, las princip ales conclusiones qu e se desprende n de esta investigación son que for mar parte de un gobierno de coalición supone de forma ag re gada un desga ste electora l, aunqu e la intensidad de este efe cto dep ende de varias características, como la posición que ocupe la formación en el ejecutivo de coalición, la compatibilidad ideológica, la estabilidad del gobierno o e l partido polít ico, e ntre otros factores. Además, el análisis con cre to de las dinámic as coalicionales andaluzas también apunta que la atribución de responsabilidad de los electores actúa sobre el partido principal del gobierno de coalición. Otra característica para destacar es el d é bil efecto de las variables del voto económico en la explicación de los rendimientos electorales en dinámicas coalicionales, las cuales también est á n determinad a s por la adscripc ión política. Esta variable, m ediante la simpatía, se c onvierte en la principal que de te rmina el rendimiento electoral en l as dinámicas coalicionales. Con todo ello, y como era previsible, la variación de la signifi ca ción y la fu erza de lo s componentes d e l voto actúan como predictore s del rendimiento electoral de los partidos presentes en las dinámicas coalicionales a ndaluzas. viii ÍNDICE I. INTRODUCCIÓN .............................................................................................. 2 1. Presentac ión del objeto de estudio .................................................................... 7 2. Justificación de la investigación ................................................................ ........ 9 II. METODOLOGÍA ............................................................................................. 14 1. Antecede ntes ..................................................................................................... 14 2. Objetivos ............................................................................................................ 16 3. Hipótesis ............................................................................................................ 17 4. Estructura de la investigación ......................................................................... 18 4.1. Las bases de datos de la i nvestigac ión ................................................................ 18 4.1.1. Las bases de datos sobre los rendimientos electorales ....................................... 18 4.1.2. El análisis de los barómetros de opinión ............................................................ 26 4.1.2.1.Ficha técnica de los estudios de opinión: definición del universo a investigar, diseño y error muestral ....................................................................................... 30 5. Técnicas de análisis. .......................................................................................... 31 5.1. El análisis descriptivo en los rendimientos electora les y de las características de los gobiernos de coa lició n a utonómicos ............................................................. 31 5.2. El análisis de la re gresió n logística binar ia para los barómetros de opinión ...... 32 5.2.1. Operacionalización de las va riables ................................................................... 33 5.2.2. Preparación de las matrices de datos de los barómetros de opinión ................... 36 III. MARCO TEÓRICO .......................................................................................... 39 1. Los gobiernos de coalición ................................................................................ 39 2. La evolución de los estudios sobre coaliciones p olíticas. Teorías formales y multidimensionales ........................................................................................... 51 2.1. Las teorías formales ............................................................................................ 54 2.2. Las teorías multidimensionales ........................................................................... 58 3. Componentes que determinan la formación de un gobierno de coalició n ... 66 3.1. Marco jurídico e insti tucional ............................................................................. 66 3.2. Sistema electora l ................................................................................................. 68 3.3. Sistema de partidos ............................................................................................. 72 3.4. La ideología de los partidos políticos ................................................................. 73 3.5. Otros factores: la dim e nsión histórica, opinió n pública y cultura p olítica, condicionantes externos, temas de interé s y legiti midad de l sistema ................. 74 4. La clasificación de los gobiernos de coalición ................................................ 77 5. Los acuerdos de los gobiernos de c oalición: negociación y rendimiento esperado ................................................................................................ ............. 80 5.1. Consideraciones sobre las negociac iones ........................................................... 80 5.2. Los acuerdos de gobier no y la dist ribuc ión de los beneficios ( payoffs ) ............. 83 6. Rendición de cuentas ........................................................................................ 88 6.1. La clar ifi c ación de responsabilidades ................................................................. 89 6.2. La clar ifi c ación de responsabilidades dentro de un gobierno de coalición ........ 92 6.3. La informac ión y la ideología en la clarificación de responsabilidad ................ 95 7. El rendimiento elector al d e ocupar el gobierno (in c umbency effect) ........... 98 7.1. El rendimiento electoral en f unción del tipo de gobierno ................................. 102 7.2. El rendimiento electoral de los partidos políticos de un gobier no de coalición 105 7.3. Aproximación y cr ítica d e los estudios sobre los componentes del voto ......... 113 ix IV. LOS GOBIERNOS DE COALICIÓN DE LAS COMUNIDA DES AUTÓNOMAS Y SU RENDIMIENTO ELECTORAL .............................. 124 1. Marco normativo e institucional autonómico: los sistemas elec torales y procesos de investidura ................................................................................... 128 2. Breve descripción de la configuración partidista de los gobiernos de coalición autonómicos ..................................................................................... 133 3. Balance de las experiencias de los gobiernos de coalición en las comunidades autónomas de España: características y rendimientos electorales ( 1980 - 2022) .................................................................................................................. 147 3.1. Características agregadas de los gobie rnos de coalición en las comunidades autónomas ......................................................................................................... 147 3.2. Rendimientos elec torales agre gados de los gobiernos de coalición en las comunidades autónomas ................................................................................... 160 3.3. Rendimientos electorales agre gados de los partidos pol íticos que han participado en los gobiernos de c oalición en las comunidades autónomas .......................... 166 V. El CONTEXTO E L ECTORAL DE LOS GOBIERNOS DE COALICIÓN EN ANDALUCÍA: LOS R ESULTADOS ELECTORALES (1982-2018) ........ 179 1. El marco institucional en el desarrollo de las elec ciones autonómicas y el proceso de investidura: el siste ma electoral andalu z .................................... 180 2. Evolución de la ec onomí a , opinión pública y componentes ideológicos en los periodos con dinámica s coalicionale s en Andalucía ......................................... 184 2.1. Comportamiento estructural de la economía andaluza ...................................... 184 2.2. Evolución d e la economía andaluza en las legisl a turas con dinámicas coalicionales ................................ .......................................................................................... 189 2.3. La proyección sobre la o pinión pública de las dinámicas coalicionales .......... 198 3. El comportamiento electoral de los andaluces en el periodo autonómico: los momentos electorales ...................................................................................... 237 3.1. Las elecciones de primer, segundo y terce r orden en Anda lucía en el p eriodo autonómico (1982-2019). Una breve perspectiva ............................................. 240 3.2. Los momentos electorales en Andalucí a : los re sultados en las elecc iones andaluza s (1982- 2018) ...................................................................................... 247 3.2.1. Evolución de la participación electoral: el efecto de la concurrencia............... 247 3.2.2. Los resultados en las elecciones autonómicas en An dalucía (1982-2018) ....... 249 3.2.3. Evolución de los apoyos a los partidos políticos en las elecciones andaluzas (1982 - 2018) ................................................................................................................. 253 3.2.4. Resultados electorales por provincias (1982-2018) .......................................... 260 4. Las dimensiones del sistema de partidos en Andalucía (1982-2018) .......... 263 4.1. Fragmentación electora l .................................................................................... 264 4.2. Número efectivo de partidos ............................................................................. 265 4.3. Concentrac ión ................................................................................................... 267 4.4. Competitividad ................................................................................................. 268 4.5. Volatilidad ................................ ........................................................................ 269 VI. EL ANÁLISIS DE LOS COMPONENTES DEL VOTO EN LAS DINÁMICAS COALICIONAES EN ANDALUCÍA ................................ ... 277 1. Los componentes del voto en el gobier no de coali c ión del PSOE -A y PA (1996-2000) ....................................................................................................... 286 2. Los componentes del voto en el gobier no de coali c ión del PSOE -A y PA (2000-2004) ....................................................................................................... 298 x 3. Los componentes del voto en el gobier no de coali c ión del PSOE -A e IULV- CA (2012-2015) ................................................................................................ 309 4. Los componentes del voto en la dinámica coalicional PSOE-A y C´s (2015- 2018) ................................................................................................ ................. 319 5. Interpretación agregada de los modelos de regresión logística binaria sobre las dinámicas coalicionales en Andalucía ...................................................... 332 VII. ANÁLISIS DE L OS GOBIERNOS CON DINÁMICA S COALICIONALES EN ANDALUCÍA ............................................................................................ 341 1. Relaciones interpartidistas y proc esos electorales que configuran las dinámicas coaliciones en Andalucía ............................................................... 342 1.1. PSOE-A y PA (1996-2000) .............................................................................. 343 1.2. PSOE-A y PA (2000-2004) .............................................................................. 356 1.3. PSOE-A e IULV-CA (2012-2015) ................................................................... 365 1.4. PSOE-A y C´s (2015-2018) .............................................................................. 376 1.5. PP y C´s con el apoyo parlamentario de Vox (2019-2022) .............................. 387 2. Actores y proce sos en la configu r ación de las dinámicas coalicionales e n Andalucía: las negociaciones y los acuerdos ................................................ 398 2.1. El primer gobierno de coalición en Andalucía for mado por PSOE -A y PA (1996- 2000) ................................................................................................................. 399 2.2. El segundo gobierno de coalición for mado por PSOE-A y PA (2000-2004) ... 400 2.3. El gobierno de coalición entre PSOE-A e IULV-C A ( 2012-2015) .................. 401 2.4. El acuerdo de legislatura entre el PSOE -A y C´ s (2015-2018): la dinámica coalicional ......................................................................................................... 405 2.5. La confirmación del cambio político en Andalucía: el acue rdo de gobierno d el PP- A y C´s, con el apoyo parlamentario de Vox (2019-2022) ............................... 408 3. Las características de los gobiernos de coalición en Andalucía ................. 410 3.1. Composición de los gobiernos de c oalición en Andalucía ............................... 410 3.2. Clasificación de los gobiernos de coalición en Andalucía ............................... 413 VIII. LOS RENDIMIENTOS ELECTORALES DE LOS GOBIERNOS DE ANDALUCÍA CON DINÁMICAS COALICIONALES EN AN DALUCÍA ........................................................................................................................... 419 1. Análisis de los rendimientos elec torales por legisla turas en Andalucía ..... 420 1.1. Periodo 1996-2000 ............................................................................................ 421 1.2. Periodo 2000-2004 ............................................................................................ 422 1.3. Periodo 2012-2015 ............................................................................................ 423 1.4. Periodo 2015-2018 ............................................................................................ 425 2. Consideraciones parciales de las dinámicas coalicionales en Andalucía ... 428 IX. CONCLUSIONES ........................................................................................... 436 X. REFERENCIAS .............................................................................................. 459 ÍNDICE DE TABLAS ..................................................................................... 488 ÍNDICE DE GRÁFICOS ................................................................................ 494 ANEXOS .......................................................................................................... 498 5 las experiencias de gobie rnos de coalición, a pesar de que el primer gobie rno de coalición en el ejec utivo centra l haya tardado e n formalizarse más d e 40 años desde l a reinstauración de la democracia (Reniu, 2019) y tras la repetición electoral de los comicios de noviemb re de 2019. Es en contextos de dinámicas coalicionales, don de las relaciones entre los partidos políticos adquieren, más si ca be, un mayor grado de compete ncia electoral. A las habituales disputas entre formacion e s que se sitúan en el go bier no en solitario y en la opo sición hay que sumar las intenciones de las for maciones que integran una dinámic a coalicional de capitaliza r el rendimient o elec toral de su particip a ción en un ejecutivo compartido o de los apoyos parlamentarios q ue ofrecen al gobi erno, o lo que es lo mism o, l os support party (Strøm, 1984 y 1990a). Sin emba rgo, a pesar de la alta frecuencia de este tipo de gobie rnos, los estudios de ciencia p olítica sobre el comport amiento elec toral y las motivaciones del electora do en contextos de dinámica coalicional no s on muy abundantes, a pesar de que el comportamiento ele c toral en estos contextos supone un m ayor g ra do de incertidumbre y complejidad que en sistemas con una b aja fr agmentación y con gobie rnos for mados por un único partido (Hobolt y Karp, 2010). Adquiere incluso mayor importancia el acercamiento teórico y empírico al fenómeno coalicional en el contexto español, donde el sistema políti c o a todos los niveles ha incrementado la fragmentación electoral, númer o efectivo de partidos y gobiernos de coalición a partir de la s elec ciones europeas del 2014. Esto se ha producido como consecue ncia de la crisis del bipartidismo, e l inc remento de la volatilidad electoral o la reducc ión d el peso de las adscripciones partidistas, entre otros motivos. No obstante, los fenómenos coalicionales, como se profundiza en es ta investigación, no son una consecuencia exclusiva en el marco autonómico del incr emento de la fragmentación el ec toral experimentada en los últimos ciclos elec torales, sino que en la mayoría de las re giones hay experiencias de este tipo de gobierno desde los primeros años del periodo autonómico español, donde ha n sido muchas y diver sas las causas que han dado lugar a la c onfiguración de este tipo de ejecutivo. Con todo ello, el prese nte trabajo se inicia con d os capítulos en los que se detalla el objeto de la investigación, al igual que los mot ivos por los que se ha optado por este tem a , para proseguir con los detalles metodológicos con los que se articulan las distint a s 6 perspec tivas de análisis de los gobiernos de coal ición, sus rendimientos electorales y los componentes del voto para e l estudio del caso que los pueden explicar. Tras fijar las bases de la i nvestigación, en un tercer capítulo se aborda teóricamente el objeto de estudio. De est a forma, se inicia con la perspec tiva de los elementos definitorios de los gobiernos de coalición, al igual que las aproximaciones teóricas que t ratan de explicar las motivaciones de los partidos políticos para formalizar gobiernos c ompar tidos. Se prosigue con los elementos clasificatorios de ést os, contextos que propician o limi tan su desarrollo, e incluso los procesos de negociación de los actores políticos hasta su formalización. Finalmente, también se a borda la perspectiva de los re ndimi e ntos electorales de los gobiernos de coalición, donde para ello inicialmente se pone el énfasis en el fenómeno de la atribución de re sp onsabilidades a los ejecutivos ( accountability ) en func ión de su morfología para, a continuación, abordar teó ric amente el rendimiento polí tico desde la perspec tiva electoral que ti e nen los ejecutivos y los partidos políticos que lo integran. El cuarto capítulo aborda el primer nivel de análi sis de los gobiernos de coalición autonómicos en España en el periodo 1980 -2022 1 . La primera fase de este capítulo se aproxima a los elementos del sistema electoral y del proceso de investidura de las comunidades autónomas. S e guidamente, se analizan las principales caracter ísticas definitorias de los gobiernos de coalición para pro se guir con el estudio de l os rendimien tos electora l e s agrega dos desde la persp e ctiva d e los gobiernos de coalición, así como de las formaciones política s que las han integrado. El quinto c apítulo centra el estudio en el c ontexto y los rasgos electorales de los andaluce s, en especial en las elecciones autonómicas (1982-2018). Inicialmente se describen los elementos del sistema electoral andalu z y el proceso de investidura . En segundo lugar, se explican qué efectos ha tenido la gestión de las dinámicas coalicionales sobre la ciudadanía d esde la dimensión de la evolución de los principales indicadores económicos en los periodos de análisis y cuál es la percepción de la opinión públi c a acerca de su gestión. En último lugar, se presentan desde una perspecti va evolutiva las principales características del comportamiento electoral de los andaluces, tales como son la participación, el apoyo a 1 El análisis abar ca hasta las elecciones au tonómicas de Castilla y León del 13 de febrero de 20 22. 7 las formaciones polí tica s, la configuración d e los índices ele c torales y sus i mplicac iones en el sistema político andaluz. En e l sexto capítulo se lleva a cabo e l análisis estadístico de los componentes del voto para l as form a ciones polí tica s que han formado parte d e la dinámic a coalicional en Andalucía. Para ello, se rea liza un análisis longitudi na l individ ualizado y a gregado d e las variables, la intensidad y la r elac ión de c a usalidad que d e terminan el comportamiento electora l d e estas formaciones, así como su rendimiento electoral. Con el séptimo ca pítulo la investigación se int roduce en el segundo nivel de análisis y a la ve z el más profundo: el estudio de las cuatro dinámicas coalicionales configuradas en Andalucía (1996-2018). Para ello, se abordan las perspectivas de la configuración de las dinámicas coalicionales andaluzas (cont e xto, resultados el e cto rales, relaciones interpartidistas, etc.), los actores políticos que configuran los ejecutivos con responsabilidades c omp artidas y sus ca racterísticas . En el octavo capítulo se analiza en de t a lle cuáles han sido los re ndimientos electorales de las dinámicas coalic io na les en Andalucía mediante el cál c ulo del Re ndimiento Electoral Neto (REN) y el Rendimiento Elec toral Relativo (RER) de las form ac iones políticas. De igual forma, se realiz a el cálculo agregado d el conjunto del gobierno mediante la sumatoria de los rendimientos de l as formaciones integrantes. Además, se profundiza en las posibles causas que pueden explicar los rendimientos en cada una de las legislaturas para, finalmente, ofrecer una s consideracio ne s parciales que expliquen este fenómeno en Andalucía. Por último, y como cierre de la investigación , se exponen c uáles han sido las principales conclusiones alcanzadas, así como la respuesta a los principales objetivos e hipótesis planteadas. 1. Present ación del o bj eto de estud io El objeto principal de la presente investigación es analizar el f e nómeno de las dinámicas coalicionales en el marco autonómico de Andalucía. Son cuatro los periodos de análisis: los dos gobiernos de coalición del PSOE- A y P A (1996-2000 y 20 00-2004), los dos 8 ejecutivos del PSOE-A e I U LV - CA (2012-2015) 2 y la dinámica c oalicional de acue rdo parlamentario entre PSO E-A y C´s (2015-2018). El estudio de las dinámi ca s coalicionales andaluzas se realiza desde una p erspe c tiva amplia, relata ndo de forma detallada el contexto polí tico y electoral que favorece la formación de estos gobiernos, el proceso pa ra su configuración y materialización hasta el momento electoral que pone fin a dicha di námica co a licional. Posteriormente la investigación se centrará en cuáles han sido los r endimientos polí ticos desde una perspectiva electora l d e cada dinámi c a coalicional así como l os fa ctores que tratan de explicarlos. Esta última perspec tiva asume una posición central en la investigación , ya q ue además d e su cuantificación y descripción, pretende construir un modelo que permita conocer de forma cuantitativa cuáles son los componentes qu e d eterminan los r endimientos electora l e s en el marco de las dinámicas coalicionales acontecidas tras las elecciones autonó mica s andaluzas. Como principal novedad, el pr e sente t raba jo no solo estudia los gobie rnos de coalición de Andalucía, c omo un único actor político que se diferencia de los partidos que forman la oposición, sino que tam bién se introduce en el análisis individualizado de los partidos políticos que configuran el ejec utivo compartido. Con respecto al alcance del objeto de estudio, este trabajo también desarrolla un análisis agregado de los gobiernos de co a lición de sarrollados en todas la s comunidades autónomas desde las primeras elecciones autonómicas en 1980 hast a los comicios autonómicos de la comunidad de Castilla y León del 13 de febrero de 2022. Más de 40 a ños de análisis y 98 eje c utivos de coalición con los que se pretende o frecer u n balan c e actualiza do del fenómeno coalicional, sus característi c as, así como un estudio completo de los rendimientos electorales desde una perspectiva autonómica y partidista. 2 En este p eriodo hay dos ejecutivos con lo s mismos socios d e gobierno. El p rimero estuvo p residido por José Antonio Griñ án (mar zo 2012 a sep tiembre 2013) y el segundo por Su s ana Díaz Pacheco (septiemb re 2013 hasta el fin legislatura). 9 2. Justif icación de la investig ación El tema c e ntral elegido en esta investiga ción, los go bier nos de c oalición, encuentra su primera justificac ión en el i nter és por el estudio que la c iencia política ha mostrado por este tipo de gobiernos en su multitud de dim e nsiones, así como en el incremento de su frecuencia en los sistemas políticos parlamentarios como co nsec uencia, principalmente, del aumento de la f ra gmentación electoral que di ficulta la consecuc ión de mayoría absolutas. A este contexto político se le unen las estrategias de las formacio nes políticas, que optan por alcanzar acuerdos de gobierno para materializar gobiernos de coalición y conseguir formar parte del poder ejecutivo. Unido a ello, el interés por profundizar en el estudio de los rendimientos políti c os desde una perspectiva el ec toral de los gobiernos de coalición responde a un aspecto que la ciencia políti c a no ha explorado en profundid a d para este tipo de ejecuti vos. La presente investigación ofr e ce una perspectiva de cuál e s pueden ser los r endimientos electorales espera dos para un parti do que forma pa rte de una dinámica coalicional en base a las caracter ísticas de la misma o a la posición que adopte dicha formación, entre otras dimensiones. Esto es de especial interés para los partidos políti c os que se encuentran en la fase de toma de d ec isio ne s, de p artic ipar o no, y en qué condiciones, e n una dinámica coalicional, ya que el rendim iento electora l esperado es una de las variables a tener en cuenta por las élites de las fo rmaciones políticas a la hora d e formalizar un acuerdo c oalicional, junto a otras como la ob tención de cuotas de pod er o la influencia en el d e sarrollo de las políticas. El optar po r su estudio a nivel autonómico español re spond e a las n umerosas experiencias de ejecutivos de coalición que se han desarrollado en todas las comunidades autónomas (excepto Extr e madura) a la vez que en estos gobiernos han pa rticipado la gran mayoría de partidos políticos de especial r eleva ncia en dist intas circunstancias y posiciones. La justificación para profundizar en las cuatro experiencias d e dinámicas coalicionales en Andalucía reside en l a importancia política que t iene esta r e gión y capacidad de influencia sobre el conjunto de la política e statal, ya sea por su peso poblacional y territorial (primera en número de ha bitantes y segund a en kilómetro s cuadrados d e extensión), como por los actores políticos que han sido protagonistas en el s istema político a ndaluz. Ade más de ello, 10 las experiencias coalicionales andaluzas trasladan cara c terísticas, contextos políticos y electora l e s diferentes que, sin lugar a dud a, enriquecen el análisis, las c onc lusiones y su capacidad de trasl a ción a otros sistemas polí ticos. Finalmente, el que haya una larga tradición de estudio del comport amie nto electoral and a l uz favorece teórica y empíricamente la consecuc ión d e los objetivos planteados en la investigación. 11 12 CAPÍTULO II. METO DOLOGÍA 1. Antecedente s 2. Objetiv os 3. Hip ótesis 4. Estructur a de la invest igación 4.1. L a s bases de datos de la investigac ión 4.1.1. Las base s de datos s obre los re ndimientos electorales 4.1.2. El an álisis de los baróme tros de o pinión 4.1.3. Fic ha técnica de los estudios d e opinión: definición del universo a investigar, d iseño y error m uestral 5. Técnicas de a nálisis 5.1. E l análisis descript ivo en los rendim ientos electorale s y d e las caracterís ticas de los g o biernos de coa lición autonómic os 5.2. E l análisis d e l a re g re sión logística binaria p ara los b ar ómetros de opinión 5.2.1. Operaciona lización de las var iables 5.2.2. Preparac ión de las m atrices de datos de l os barómetr os de opi nión 13 14 II. METODOLOGÍA 1. Antecedente s Con respecto a los antecedentes en el estudio sobre los gobiernos d e coalición en Andalucía no han sido muy abundantes. Hasta la fecha , los análisis sobre el caso andaluz de este tipo de ejecutivos desde e l punto de vist a individual se han centrado en expl icar el contexto políti c o y electora l que ha propiciado su formación, las negociaciones, motivaciones partidistas, y acuerdos para su fo rmaliz ación. Además, t ambién se han des crito las caracter ísticas d e los gobiernos de coalición, e l r eparto del poder pa rtidista en las consejerías y la administración perifé ric a e, incluso, los motivos de conflicto entre los socios del ejecutivo y el contexto en el que finalizan (Cámara, 1999; Montabes, 2000; Montabes y Delgado, 2013; Delgado y Robles, 2014; Ortega y Trijillo 2014; Torres y Trujillo 2015). Sin embar go, son mu cho más abundantes los estudios sobre el co mporta miento electora l de los andaluce s (Cazorla e t a l., 1984; Porras, 1984; Caz orla, 1988; Motabes, 1994, 1996, 2000 y 2010; Montabe s y Fernández-Llebrez, 1995; Ortega y Montabes, 2011; Pérez y Trujillo, 2013; Cazorla, 2014 ; Ortega y Trijillo, 2 014; Montabes y Trujillo, 2015; Montabes, 2015; P a niagua, 2015; Cazorla , 2016; Trujillo et a l., 2015; C orde ro et al., 2019; Montabes y Trujillo, 2019; Andreu y Romero Reche , 2019), en tre otros muchos ejemplos, aunque ninguno de ellos (en espe c ial los que coinciden con legislaturas andaluzas con dinámicas coalicionales) ha tomado como objeto c entral de investi ga ción los rendimientos e lectorales de los gobiernos de coalición o de los partidos polí ticos que lo configura n. T ampoco han abordado en profundidad qué variable s han condicionado los resultados electorales de los partidos polí tico s que formaban parte del ej e cutivo de coalición. Desde una perspectiva agregada, los gobiernos d e coalición de Andalucía, o minoritarios con apoyos parlamentarios, también ha n sido a nalizados junto al resto de casos de los ejecutivos autonómicos de este tipo en España desde las primeras elecciones al Parlamento del País Vasco y Cataluña en 1980. En este sentido, la mayoría de las obras (Cámara, 1999; Matas, 2000; Reniu; 2013; 2014; 2016 y 2018; Delgado y Robles, 2014; Delgado y Montabes, 2019) se han centra do en describir la frec uenc ia, composición y características de esta tipología de gobiernos a través de v a riables como el número de partidos e importancia de los 21 b) En determinadas legislaturas hay sucesivos go biernos formados por los mismos partidos. Esto se debe a que ponen fin y se inicia uno nuevo por e l cambio de presidente de l a misma formación (en l a mayoría de los casos por la dim isión del jefe del ejecutivo por discrepancias internas o por asunción de nuevas responsabilidades en la política estatal), ant e lo que se o pta por cuantificar el rendim iento electoral como uno solo, ya que comparte un mismo inter va lo electoral e iguales p a rtidos políticos que integran el ejecutivo de coalición. c) En tercer lugar , h ay otros ejecutivos d e coalición que du ra nte la legislatu ra sufren la salida de una o varias formaciones políticas, lo que formalmente, y siguiendo los criterios de Strøm (1990a), configura un nuevo ejecutivo. En estos casos, en los que varios partidos que formaban la coalición permane cen en el ejec utivo tras la crisis de gobierno se opta por cuantificar el ejecutivo de coalic ión que finaliza la legislatura, realizá ndos e los cálculos sobre la posición que ocupa cada for mac ión políti c a cuando se celebra n las elecc ion e s, ya sea dentro del gobierno (socio principal o secundario) o en la oposición. d) Un caso similar al anterior es que t ra s la crisis de un ejec utivo de coa lición únicamente permanezca en el gobierno un único partido y que además finaliza la legislatura. Al igual que en el caso anterior , se opta por contabilizar e n la posición de ejecutivo a la única formación que h a finali za do la legislatura en esta responsabilidad, mi e ntras que a las formaciones qu e han abandonado el e jecutivo o h an sido expulsados se contabili z ación e n el rol de la oposición 6 . e) De igual forma, también se puede en c ontrar con la circunstancia de qu e un gobierno de coalición es sustituido en una misma legisl a tura por un ejecutivo for mado por un único partido diferente a los que ini c ialmente formaban el gobierno de coalición, causado entre otros mot ivos, por la realización de una moci ón de censura. En este cas o, no se procederá a cuantificar e l rendimie nto de ningún e jecutivo de coalición en dicha legislatura. f) Otra posibilidad sería la de que un e jecutivo de coalición pase a e star fo rmado 6 E n este ca so excep tuamos los ca sos del gobierno de coalición entre PP y C´s en la Comunidad Madrid (2 019 - 2021) y en C astilla y León (201 9-2022) donde la formación liberal fu e expulsad a del ejecutivo a la vez que los presiden tes de ambas com u nidades autónom as convo ca ban las eleccion es, po r lo que en este caso sí se ha proced id o a ca lcular su rendimiento electoral dentro del gobierno de coalició n. 22 por un único partido, pero la causa haya sido que una o varias de las formaciones se han integrado formalmente en la otra presente en el ejecutivo. En este caso, sí se procederá al cálculo del rendimiento electoral del gobierno y de la fuerza políti ca que ha aglutinado al resto de fuerzas política s, a unque no sé podrá d e terminar qué formación política es la que presenta mayores beneficios o pé rdidas electorales. g) Otra de las opciones es que la form a lización d el gobierno de coalición no se realice en el inicio de la legislatura, sino que el acuerdo ent re las formaciones se alcance durante el desarrollo de ésta, lo que no impide el cálculo del rendimiento electoral del ejecutivo entre el period o de las elecciones siempre que el gobierno d e coalición ago te la legislatura. h) Los cambios en dos elecciones consecutivas de la fórmula para con curr ir (en solitario o alianza preelectoral) que eligen las formaciones políticas i mpide c alcular el rendimiento elec toral indivi dua l de cada partido, así como el del ejecutivo de coalición. Para una mejor comprensión de los casos mencio na dos y su tr aslac ión a las realidades coalicionales de cada comunidad autónoma, se ofrece a continuación una tabla resumen e n la que se especifica la causa de cada caso con región, los p artidos que int e gr an el ejecutivo, el periodo temporal del gobierno y la re percusión en e l cálculo que ello conlleva. 23 T abla 1. Resumen de las salvedades en el cálculo de los r endimientos de los gobiernos de coalición Caso Resumen Comunidad Aut ónoma, g obiernos y periodo Repercusión e n el cálculo REN/R ER a Legislatura en vigor Aragón con PSO E, CHA , Podemos y PAR (2 019 -a ct); Cantabria con PRC y PS OE (2019-act); C astilla y Le ón con PP y Vox (2 022-act); Catal uña con ERC y PdCAT (2021-act.) ; Islas Balear es con PSOE, MpM y P odemos (2019-act.); I slas Canarias co n PSOE, NC. , Podem os y ASG ( 2019 - act.); La Rioja con PSO E y Podem o s ( 2 0 19-act); Murcia con PP e I nd. (2021-conti núa); País V asco con PNV- PSE -EE (2020-act.); Navarra c on PSN, GBai y y Podemos (2019-act.); C omunidad Valenciana con PSOE, Compromís y Podemos (2 019 - act.) No se puede calcular b Cambio pres i d ente, pero cont inúa el ejecutivo co n los mismos part idos. Andalucía con PSOE e I U (2012-201 3); Cantabria c on CP (1983-1984); Cataluña c on PdCAT y ERC (2 018 - 2 0 20); Islas Canarias co n CDS-AI C - AP (1987-1988) No se calcula n es tos casos, ya que se hará sobre el eje cutivo de coalición que finaliza la legislatura con los mismos part idos. c Salida de uno o varios soci os y continúa e l gobierno coalición Cataluña co n CiU e ER C (1984-1987) ; Cataluña con PSC, ERC e ICV (2 003-2006); I slas Balear es co n PSOE, PSM, EU- V y UM ( 2007-2010); I sl as Can arias co n CDS-AI C-AP (1989- 1990); Murci a con PP y C´s (2019-20 21) ; País Vas co con PNV, EA y EE (1991-199 1); PNV, PS E y EE (19 91 -1993); PNV, PSE-EE y EA (199 4 - 1998). Sí se puede calcular, aunque se r ealiza sobre la posición q ue finalizan los partidos la l egislatura. d Salida de un/varios socios para configurar un gobierno en solitario de uno de los integrantes. Cantabria ( 1991-1992); I sl as B aleares (199 1 - 1994); I slas Canarias co n CC-PP (199 6-1999); I slas Canarias co n CC- PP (1999-2001); Islas Canarias con CC-P P (2003-2005); Islas Canarias co n CC-PSOE ( 2015-2017); Navarra con U PN y CDN (2007-20 09); Navarra con UPN y PSN (2011-2 012). Sí se puede calcular, aunque se r ealiza sobre la posición q ue finalizan los partidos la l egislatura. e Salida de uno o varios soci os del gobierno de coalición y es sust ituido por u n gobierno en solitario o de coalic ión de partidos d iferentes. Aragón con PA R y PP (1991-1993); Galicia con CP (1986- 1987); La Ri oja con AP y PRP (19 89 - 1990); Navar ra con PSN, CDN y EA (1995-19 96) No se puede calcular. f Integraci ón de uno o varios par tidos del gobierno en uno durante la legislatura Galicia co n AP y CdeG ( 89-91) Sí se puede calcular el rendimie nto del gobiern o, pero no se puede cuantificar el rendimien to individuali zado de cada formación, p or lo tanto, no es posibl e conocer q ué formación de l ejecutiv o cap ital iza las gana ncias o pérdidas el ectorales. g Gobierno d e coalición form a l izado tras el inicio legislatura Aragón con PP y PAR (12-15); Ast urias con PSOE e I U (0 8- 11); Castilla - La Manc ha con PSOE y Podemos (1 7-19) ; Murcia PP -I nd. ( 20 21 -c ontinúa) Sí se puede calcular. h Cambio en las fórmulas de concurrenci a electoral que impide el cálculo de la REN individual y agregada Cataluña co n CiU (2012- 2015) No se puede calcular. Fuente: Elab oración propia. 24 T abla 2. Número total d e gobiernos autonómicos y ejecutivos de coalición en las comunidades autónomas (1980-2022) Comunidades autónom as Gobiernos Gobiernos de Coalición % Gobiernos de coalición so bre el tota l Gobiernos de coalición cuantificable s REN/RER Andalucía 14 5 28,6 3 Aragó n 14 9 64,3 7 Asturias 13 2 15,4 2 Cantabria 15 10 66,7 8 Castilla y L eón 14 3 21,4 2 Castilla-La M ancha 12 1 8,3 1 Cataluña 17 16 94,1 11 Extrema dura 10 0 0,0 0 Galicia 15 5 33,3 4 Islas Baleare s 14 8 57,1 6 Islas Canarias 18 12 66,7 8 La Rioja 12 4 33,3 2 Madrid 14 1 7,1 1 Murcia 13 2 15,4 0 Navarr a 13 6 46,2 4 País Vasco 16 11 68,8 7 Comunidad Valenciana 12 3 25,0 2 Total 23 6 98 41, 5 68 Fuente: Elabor ació n propia a partir de Reniu (2014) y d atos recopilad os p or el Observ at o r io de Gobiernos de Coalición de E s paña (OGC): www. ub.edu/OGC/index _es _arch ivos/Datos.htm . Los distintos casos d e gobier n os de co alición por comunida des autónom as y sus características se encuen tran en el Anexo . - La construcción de la base de datos La investigación fo c aliza su objeto en el estudio de los gobiernos de coalición (98 casos), así como los parti dos políticos o coaliciones preelectorales que lo s int e gran ( 195), genera ndo para ello una base de datos. Además d e introducir en la base de datos propia los cálculos de los rendimi e ntos elec torales para cada caso (rendimiento electoral desde la perspec tiva de los gobi e rnos de coalición o de los partidos polí ticos que ha n formado p arte de este), se introducen otra s variables clásicas en el estudi o de los gobiernos de c oalición, cuyos valores son asignados por el investigador a partir de la observación de los casos y la atribución de los valores conforme a la realidad de los mismos . Las v a riables introdu cidas se ajustan a cada perspectiva analizada, es decir, a la de los gobiernos de coalición o a la de los partidos políticos que forman pa rte de este. A continuación, se muestran las tablas en las que s e recogen para cada perspectiva las va riables, el tipo y sus etiquetas en las bases de datos. 25 Tabla 3. Variables análisis desde la perspectiva de los gobiernos de c oalición N Variable Etiquet a Tipo 1 CCAA Comunida d Autónom a Nominal 2 REG_CCAA Régimen C omunidad Au tónoma Nominal 3 NUM_PAR T Número de partidos del gobiern o de coalici ón Ordinal 4 NOM_PART _1 Nombre del partido p olítico princi pal en el gobierno de coalición Nominal 5 NOM_PART _2 Nombre del partido p olítico secun dario en el gobierno de coalición Nominal 6 NOM_PART _3 Nombre del partido p olítico secun dario número 2 en el gobier no de coalic ión Nominal 7 NOM_PART _4 Nombre del partido p olítico secun dario número 3 en el go bierno de coal ición Nominal 8 FUER_PAR _GOB Fuerza parl amentaria d el gobiern o de coalición Nominal 9 IMPO_PAR T Importancia de los par tidos en el g obierno de coalición Nominal 10 MOM_COAL Momento que se coaliga n los part idos del gobierno de coalición Nominal 11 IDEO_PAR T_1 Ideología partidos de l gobierno de coalició n (clasificac ión 1) Nominal 12 IDEO_PAR T_2 Ideología partidos de l gobierno de c oalición (clasificac ión 2) Nominal 13 AMB_ORG Ámbito or ganizativo de los partid os en el gobierno de coalición Nominal 14 ESTAB_GO B_COA Estabilidad del gobier no de coalici ón Nominal 15 SEN_REN _GOB Sentido del r endimien to electoral del gobierno de coalición ( valores REN) Ordinal 16 VAL_REN _GOB Valores del rendimie nto electora l del gobiern o de coalición ( v a lores en REN agregados) Razón 17 SEN_REN _OPOS Sentido del r endimien to electoral de la oposición (valores REN) Ordinal 18 VAL_REN _OPOS Valores del rendimie nto electora l de la oposición ( v alores e n REN agre gados) Razón 19 POS_MÁS _ ALTA_ REN _ GOB Posición que ocupa el partido polític o con la REN más alt a en el go bierno de coal ición Ordinal 20 SEN_REN _PART_MÁS _ A LTA Sentido del r endimien to electoral del partido político c on la REN más b aj a en el gobi erno de coalición Ordinal 21 NOM_PART _ALTA_R EN_GOB Nombre del partido p olítico que tie ne la REN más alta en el gobiern o de coalición Nominal 22 PO S_MÁS _ BA J A_ R E N _ GOB Posición que ocupa el partido polític o con la REN más baja en el go bierno de c oalición Ordinal 23 SEN_REN _PART_MÁS _ BA J A Sentido del r endimien to electoral del partido político c on la REN más b aj a en el gobi erno de coalición Nominal 24 NOM_PART _BAJA_R EN_GOB Nombre del partido p olítico que tie ne la REN más baja en el gobiern o de coalici ón Nominal 25 COMP_SIMI L A R_PART_R E N _GOB_COA L Comportam iento simil ar o no en val ores REN d e los partid os políticos del gobiern o de co a lición Dicotómica 26 SEN_REN _TODOS_PAR T _G OB_C OAL Sentido del r endimien to de todos los partidos políticos e n gobierno d e coalición Ordinal Fuente: Elabor aci ó n p ro pia. N o ta: en la An exo se e ncu entran todos los elementos de las v ar iables recogid as en la tabla 3 . Ad emás de la variable, etiqueta y tipo, también se muestran las categorías y lo s v alores asociados. 26 Tabla 4. Variables análisis desde la perspectiva de los partidos políticos N Variable Etiqueta Tipo 1 CCAA Comunidad Autónoma Nominal 2 REG_CCAA Régimen Comunidad Autónoma Nominal 3 NOM_PART Nombre del partido político en el gobierno de coalición Nominal 4 POS_PAR_GOB_COA Posición que ocupa el partido político en el gobierno de coalición Ordinal 5 IDE_PART_IZ_DR Ideología del partido con político presencia gobierno de coalición (izquierda-derecha) Ordinal 6 IDE_PART_CEN_PER Ideología del partido político con presencia gobierno de coalición (centro-periferia) Nominal 7 AMB_OGR Ámbito organizativo de los partidos en el gobierno de coalición Nominal 8 IDEO_PART_GOB_1 Ideología de los partidos en el gobierno de coalición (clasificación 1) Nominal 9 IDEO_PART_GOB_2 Ideología de los partidos en el gobierno de coalición (clasificación 2) Nominal 10 AMB_ORG_PART Ámbito organizativo del partido político en el gobierno de coalición Nominal 11 REN_PART Rendimiento electoral del partido político con presencia gobierno de co a lición Ordinal 12 VAL_REN_ Valores del rendimiento electoral neto del partido político con presencia gobierno de coalición Razón 13 VAL_RER_ Valores del rendimiento electoral re lativo d el partido político con presencia gobierno de coalición Razón Fuente: Elabor aci ó n p ro pia. N o ta: en la An exo se e ncu entran todos los elementos de las v ar iables recogid as en la tabla 4 . Ad emás de la variable, etiqueta y tipo, también se muestran las categorías y lo s v alores asociados. 4.1.2. El análisis de los barómetros de opinión Los barómetros de opinión configur an la segunda base de datos utili z ada en esta investigación. Éstos son instrumentos de inv e stigación científica basados en la técnica cuantitativa de enc uesta, ampliamente uti liza dos en el análisis sociopolítico. Mediante la técnica de encuesta, se procede a la recopilación estandarizada de información en la que el investigador pregunta a los encuestados sob re los datos que desea obtener para, posteriormente, reunirlos y analizarlos de for ma agregada (Díaz, 2005). La principal diferencia en la técnica de encuesta con respecto al resto d e técnicas cuantitativas o cualitativas radica p rec i sa mente en la estandarizac ión. Tal y como exponen Fowle r y Manglione (1990), esta característica d e la encuesta supone que cada en trevistado ha sido expuesto a las mismas preguntas y ha tenido las mismas opciones de resp ue stas, por lo que las diferencias de los da tos obtenidos para cada individuo que engloba el e studio responden al reflejo de la diver sidad que e xperimentan los entrevistados y no a la diferencia en el proceso de captación de los datos. 27 Dentro de la técnica de encuesta, los b a rómetros de opinión son herramientas de recolección d e información que son d e esp ec ial utilidad en los estudios sociopolít icos por sus caracter ísticas (Bosch y Torrente, 1993; García e Ibáñez, 2003), entre las que desta c an qu e son periódicos, es decir, su realización y publicación se desarrolla cada cierto tiempo y de forma continuada. Además, los barómetros de opi nión contienen p re guntas y respuestas qu e, por sus ca racterísticas, los c onvierte en estudios exhaustivos en el objeto de investigación. De igual forma, el diseño d e la muestra es adecuado para m arc os complejos. El mantenimiento de las pregunt a s y respuestas a lo largo d el tiempo permite re a lizar un análisis longitudinal que permite trazar la ev olución de las variables a lo largo del ti e mpo. El diseño de las preguntas también permit e el análisis prospectivo y retrospectivos. Finalmente, los barómetros suelen estar ava lados o di rectame nte de sarrollados por administraciones, entidades públicas o centros de investigación. De entre los barómetros de opinión, en España el más importante e s el desa rrollado por el Ce ntro de Inve stigaciones Sociológicas (CIS). La periodicidad mensua l de sus barómetros, la tempora lidad de sus estudios, (se desarrollan desde el año 1979 7 ), junto a la trascendencia de sus resultados y la e volución de estos para los investigadores, como para el conjunto de l a sociedad, justifican e sta posición. En el marco andaluz, por similar e s motivos al CIS, el Estudio Genera l de Opinión de Andalucía (EGOPA) 8 ha sido el barómetro de opinión pública de mayor trayec toria y reconoc imiento entre los investigadores y la sociedad andaluza. Dispone de un histórico de publicación de forma ininterrumpida desde el año 2002 hasta el 2018 y una periodicid ad semestral que se realizaban habitualmente en los meses de noviembre/diciembre y de junio/julio. Junto al EGOPA, también se ha n desarrollado otros barómetros cuyo campo de estudio es la so cieda d andaluza, pero c on una menor se rie histórica. Han sido los desarrollados por el Institutos Sociales Avanzados (I ES A) desde el año 1996 al 2004 c on una periodic idad anual. Por otra parte , wl Observatorio de Política Autonómica (OPA) ofrecía un análisis comparado 7 El primer barómetro publicad o es del mes de junio 1979. Véase: https://www.ci s.es/cis/opencm/ES/11_ barometros/index.jsp 8 El EGOPA h a sido elab orado po r el Cen tro de An álisis y Docu mentación Po líti ca y Electoral d e An dalucía (CADPEA), ub icado en la Facultad d e Ciencias Políticas y So ciología de la Univer s idad de Granad a . 28 de las Comunidades Autónomas de Andalucía, Cataluña, Galicia y País Va sco, que se desarrolló en el periodo 2001 -2007. Finalmente, el Barómetro de Opini ón Públi c a de Andalucía (BOPA) 9 con una periodicidad trimestr al y c uya serie histórica se inicia e n julio de 2019. Debido al obj eto de estu dio de la presente investi ga ción, la metodología empleada ha de recurrir a dos bases de datos, en tanto que ninguno de los barómetros de opini ón pú blica alcanza por sí solo los periodos de análisis de investi ga ción. De esta forma, para analizar la primera experiencia de gobierno de coalic ión en Andalucía (1996 - 2000), se recurre al barómetro d el I ESA mientras que para e l resto de los casos (2000 -2004 10 ; 2012-2015; 2015 - 2018) se han e l e gido los barómetros del EGOPA. Ambos barómetros presentan un elevado númer o de variables que se ajustan a los objetivos de e studio de presente traba jo, motivo por e l cual se ha n s eleccionados éstos fre nte a los barómetros de l C I S mucho más limitados. A este conjunto de variables similares en todos los estudios, hay que aña dir que en cada uno ellos se suman componentes específicos que dan respuesta a r e alidades diferentes, e n función de c ada dinámica c oalicional e studiada 11 y que se ha optado por incluir en el aná lisis, ya que ofrecen nu e vas perspectivas explicativas del objeto de estudio, además de dar respuesta a nuevas percepciones c iudadanas que anteriormente no eran exploradas. Respecto a la elec ción de distintas o lea das de los baróme tros, se han seleccionado aquellas que temporalmente se ajustan más al inic io y al fin a l de la legislatura en las que se ha desarrollado la dinámica coalicional objeto de estudio. Ello permite observar cómo los componentes del voto varían o permanecen e ntre dos espacios temporales, el inicio y fin al de la legislatura. 9 Elabor ad o por la Fundación Centra depen die nte de la Junta de Andalucía. 10 Para este perio d o se ha optado por recurr ir a los barómetros del EGOPA en vez del IESA porque el primero ofrece una mejor periodicidad de los estudios y al igual que un m a yor número d e variables de in terés p ara el objeto investigación. 11 E jemplo de ello e s la v al o raci ón de la posición de C´s en la investidura como p residenta del gob ier no Susana Díaz en 2 015. 29 De esta forma, para el caso del gobierno de coalición del PS OE-A y PA (1996-2000) los estudios corr esponden a los del IESA en el pe riodo de 1996 y 1999. El segundo gobier no de coalición del PS OE-A y el PA (2000-2004) se corresponden con los barómetros EGOPA del otoño de 2002 y otoño de 2003. En relación c on la experie ncia del gobierno de coalición entre PSOE-A e IU (2012 -2015) , los b aróme tros EGOPA v era no 2012 e invierno 2 015. Finalmente, la dinámica coalicional de l PSOE-A y C´s (2015-2018) se corresponden c on los barómetros EGOPA de verano 2015 e invierno 2018. Tabla 5. fecha de realización de los barómetros de opinión sobre Andalucía Dinámica coalicional Elecciones inicio/final Estudio Fecha realización estudio PSOE- A y PA ( 1996-2000) 3 de marz o 1996 IESA 1996 Diciembre 1996 PSOE- A y PA ( 1996-2000) 12 de marzo 2000 IESA 1999 Abril 1999 PSOE- A y PA ( 2000-2004) 12 de marzo 2000 EGOPA otoño 2002 Entre el 4 y el 20 de n oviembre d el 2002 PSOE- A y PA ( 2000-2004) 14 de marzo 2004 EGOPA otoño 2003 Entre el 3 al 23 de dici embre de 2003. PSOE- A e IU (20 12-2015) 25 de marzo 2012 EGOPA verano 2012 Entre el 11 y el 29 de junio de 20 12 PSOE- A e IU (20 12-2015) 22 de marzo 2015 EGOPA invierno 2015 Entre el 08 y el 31 de enero de 20 15 PSOE- A y C´S (2 015-2018) 22 de marzo 2015 EGOPA verano 2015 Entre el 29 d e junio y el 18 de juli o de 2015 PSOE- A y C´S (2 015-2018) 2 de diciem bre 2018 EGOPA invierno 2018 Entre el 11 d e enero y el 1 de febrero de 2018 Fuente: IESA 199 6 y 1999; EGOPA otoñ o 2002, otoño 2003, verano 2012, invierno 2015, verano 2015 e inviern o 2018. Nota: Hay coincidencia en la fecha de las elecciones del 12 de marzo de 2000 y el 22 de marzo de 2015 porque en ambos casos su pone el f in de una dinámica coalicional y el inicio d e otra co mo consecu encia del resultad o electoral y las alianzas fo rmadas por los partidos políticos co n representación parlam entaria. El traba jo de campo fue de sarrollado mediante encuestas tele fónicas en los estudios de EGOPA y presenciales en los del IESA. C on respecto a las prime ra s, la ventaja de esta técnica frente a otras metodologías (García e Ibáñez, 2003; Díaz, 2007; López y Fa chelli, 2015) es la rapidez tanto p ara p ara la realización del trabaj o de campo como p ara la disponibi lidad inmediata de los datos. También permiten alcanzar lugar e s de difícil acceso o lejanos, la posibilidad de la centralización de la realización de las encuestas y por lo tant o un mayor control de las entrevistas (Sistema CATI 12 ). Finalmente destacan la mayor f iabilidad de los datos y el menor c oste que supone la realización del estudio. En re lación c on las encuestas de sarrolladas de forma pre sencial, como ventajas hay que mencionar que el d e sarrollo de la entrevista puede s er más larga y por lo tanto se puede obtener 12 Compu ter Assis ted Telep hone Interviewin g . 30 más información. De igual forma, el que sea presencial provoca que haya un alto grado de respuesta y que el e ncuestador pueda utilizar r epresentaciones, como tarjetas o dibujos, o que le sea más fácil realizar aclaraciones. También, como sucediera con la encuesta telefónica, permite disponer de la informac ión de forma inmediat a (López y Fache lli, 2015). 4.1.2.1. Ficha técnica de los estudios de opin ión: definición del un iver so a investigar, diseño y error muestral El universo objeto de estudio en todos los estudios del IESA y EGOPA corresponde a los mayores de 18 a ños residentes e n Andalucía. En los estudios de l IESA, la recogida de los d atos se re aliza medi ante encuestas presenc i a les en el domicilio. La afijación es proporcional resp e cto a los parámetros demográfic os de l a Comunidad Autónoma de An dalucía , pero no proporcional respecto a la provincia. El procedimiento del muestreo es bietápico, estratificado por conglomerados, con selección ale a toria de p untos muestrales y selección final de entrevistados mediante rutas aleatorias. Los estratos so n formados por la combinación de la distribución de la poblac ión en provincias y áreas e lectorales homogéneas, media nte la agregación de secciones censales. Se ha efectuado un reparto de las e ntrevistas por cuotas de sexo y grupos de edad. En el caso de los estudios de l EGOPA, el diseño muestral es a leatorio simple con afijación proporcional en función del t amaño poblacional provinci al. Las personas encuestadas se h an seleccionado siguiendo un procedimiento aleatorio sis temático de las bases telefónicas existentes, para seleccionar, por último, a los sujetos encuestados según un criterio de afijación proporcional a las cuotas de s exo y edad establecidas. La recogida de infor mación telefónica se ha lleva do a c abo mediante sistema CATI. A continuación, se muestra en la tabla el tam a ño de la muestra ya que no es el mismo en todos los estudios lo que re percute en ligeras diferencias en el error muestral. 37 38 CAPÍTULO I II. MARCO TEÓRICO 1. Los gobierno s de coalición 2. La evolución de los estudi os sobre co aliciones p o l íticas. Teorí as formales y m ultidimens ionales 2.1. Las teorías f ormales 2.2. Las teoría s multidime n s ionales 3. Componen tes que determinan la formación de un g o bierno de coalición 3.1. Marco jur ídico e institucional 3.2. Sistema elect oral 3.3. Sistema de partidos 3.4. La ideología de los partidos polít icos 3.5. Otros factores : la dimensi ón histórica, opin ión pública y cultura política , condiciona ntes externos, tema s de interés y legitimi dad del siste ma 4. La clasific ación de l os gobierno s de coal ición 5. Los acuerdos de los gobiernos de coalición: negoci ación y rendimient o espera do 5.1. Consideracio nes sobr e las negocia ciones 5.2. Los acuerd os de gobiern o y la distr ibución de l os benefici os (payof fs) 6. Rendición de cuentas 6.1. La clarificaci ón de re sponsabilid ades 6.2. La clarificaci ón de responsabil idades dentro d e un gobierno de coalici ón 6.3. La informaci ón y la ide ología en la clarific ación de re sponsabili dad 7. El rendimie nto elect o r a l de o cup a r e l g obierno ( incumbency effec t ) 7.1. El rendimien to elect oral en func ión del tipo de gobier no 7.2. El rendim iento elec toral de los partidos políticos de un gobierno de coalición 7.3. Aproximació n y crítica de los estudi os sobre los c omponent es del vo to 39 III. MARCO TEÓRI CO 1. Los g obiernos de c oalición La formación de los gobiernos de co a lición es una consecuencia de la racio na lización del parlamentarismo experimentado en los países durante el periodo de entreguerras y que tenía como objetivo aumentar la gobern a bilidad y la estabilidad de los ejecuti vos. Así, con la racionalización del parlamentarismo se procedió en los sistemas políti c os nacionales a regular los mec a nismos de investidura, moción d e censura, cuestión de confianza e incluso la disolución parlamentaria. Estos mecanismos no estaban definidos h a sta el momento debido al desarrollo del constitucionalismo liberal de impronta británica , que , con su superac ión mediante la racionalización del parlamentarismo , debía conduci r a la estabilidad gubernamenta l y a la configuración de mayorías para ello (Porras, 2016). La historia de las coaliciones c omienza con el famoso bloc des gauches q ue int e gró a toda la izquierda francesa tratando de alcanzar un estado prekeyne siano y democrático. Lo mismo ocurrió con las alia nzas liberal es – labo rista en e l Reino Unido que forjaron el conocido y transformador New Liberali sm o liberalismo social. De ti po similar fueron los acuerdos de la socialdemocracia y los partidos democrátic os de Alemania en los Parlamentos de los länder c on el objetivo de democratizar el sistema e lectoral persiano y la Constitución del Segundo Imperio (Robles, 2000). L as c ondiciones de excepc ionalidad qu e originó la Segunda Guerra Mundial favorecieron también los gobiernos de coalición en muchos países de Europa, al igual que la de bilidad de las prime ras democracias del viejo contine nte se superaron durante un cierto tiempo mediante coaliciones de gobierno, una práctica que fue común y co nsolidada como demuestran numerosas investigaciones como las d e Browne y Dreimanis (1982) B ogda no r (1983) o Müller y Strøm (2003) entre otros. En cuanto la frecuencia de los ejecutivos de coalición, Hobolt y Karp (2010) indica n , a partir d e los datos re cogidos de 479 e jecutivos en 17 países de la Europa Oc cidental en el periodo 1944-2009, que los gobiernos de coalición con fuerza pa rla mentaria mayoritaria son los más numerosos y que incluso llegaron a alcanzar el 80% en el periodo 2001-2003. Los 40 gobiernos formados por un único partido h an sido el segundo tipo de gobierno más común con unas cifras que ha n oscilado en to rno al 30% siendo más frecuentes en España, Sue c ia, Noruega y Dina marca. Finalmente, los gobiernos de c oalición minoritarios han oscilado en torno al 10% aunque ha habido periodos como los de 1944 -1946 y 1968-1970 donde su presenc i a era nula (Strøm, et al,. 2010). Estas cifras en 2010 no s olo eran comunes en E uropa Occidental, sino que también eran e xtensibles a los países miembros de la OCD E donde la frec uencia de los gobiernos de coalición estaba en to rno el 65 % (Armstrong y Duch, 2010; Vowles, 2010). Urquizu (2008) también apunta en esta l ínea al constatar que en el periodo 1945 – 2006 l os gobiernos d e coalición constituyen el 67,45% en 22 democrac ias parlamentarias de la OCD E. Otras investigaciones han apuntado a cifras similares de gobiernos de coalición desde la Segunda Guerra Mundial hasta el a ño 2010 (Martin y Vanberg, 2014; Matas, 2015) incrementándose incluso desde la primera década del siglo XXI el fenóm e no coa licional, tal y como analiza ampliamente la obra coordinada por Evans (2020) 13 , fiel reflejo de que el pluralismo político y su traslac ión a los gobiernos de c oalición lejos de r educirse, se expresa cada vez de una forma más intensa. Tal es así que, e n el año 2015, de los veintiocho países que componían la Unión Europea solo tres de ellos (Malta, Reino Unido y España) presentaban gobiernos con un único partido en e l poder (Sanz, 2016), escenario que en 2023 ha cambiado ligeramente ya que Chipre, Grec ia , Malta y P ortuga l 14 son los que tienen un gobierno en solitario de la Unión Europea mientras el re sto son de coalición (Ortiz , 2022). Esta cultura de gobi ernos de coalición en la mayoría de los países europeos se ve reforzada por e l “cinturón sanitario” que realiz a n las fuerz a s políticas tradicionales a l aumento del respaldo electoral d e los populismos o la ult ra derecha a la que habitualmente aíslan e impiden , medi ante coaliciones de gobierno que los exc luyen, su entrada en los gobiernos centrales com o en los niveles inferiores. Así, como demuestran los datos, en lo que respecta al caso eu rope o parece claro que las coaliciones gubernamentales no son ninguna exce pción, sino l a proyección política de la pluralidad de la sociedad. 13 Sobre los casos y la casuíst ica de los gob iern os de co alición en los países euro peos v éase el libro coordinado por Matt Ev ans: Coalition Governmen t as a Reflection of a N ation’s Politics a nd Society :A Compa rative Study of Parliamen tary Parties and Cabinets in 12 Countries bo ok cover. 14 Datos con sultados el 3 de enero d e 202 3. 41 Con respec to a la pre sen cia de los gobiernos de coalic ión fuera de Europ a hay que destacar el caso d e Israel que, desde su fundación en 1948, siempre ha ten ido un ejecutivo nacional d e coalición. En la zona g eográfic a de Am éric a, son menos comunes las experiencias d e coalición en estos países debido , fundamentalmen te, al sistema presidencialista que rigen los estados del territorio, cuyo sistema de elección del pre sidente se rea liza por voto directo de los electores o medi ante el Colegio Electoral (como sucede en Estados Unidos), lo que le dota de una legitimidad directa que le hace presc indir de la formación d e los gobiernos de coalición. Es por ello, que la elección d el presidente o jefe del ejecutivo no precisa d e la investidura de un P arlamento, lo que provoca q ue ni su mandato coincida con el de la Cámara ni ésta pueda censurarle salvo supuestos exc e pcionales como el impeachment (juicio político) (Lijphart, 1987). Así, en los sistemas presidencialistas estamos ante una legitimidad democrática dual, tal y como lo estableciera Linz (2010), consistente en que el Jefe del Estado, que ejerce la labor de pr e sidente, disp one de una vin culación directa con el electorado al ser votado en elecc ion e s específicas en la que se elige al máximo responsable del gobierno, y diferenciadas a las del parlamento. Igual sucede con los miembros elegidos para la Cámara de Representante s que también disponen de una vinculación directa con el electora do, pero diferenciada con la del presidente por lo que no puede n ejercer sobre él las labores de censura o destitución. Además, e sta legitimi da d democrática dual pued e d eparar una cohabitación entre el gobierno y el parlamento, es decir, qu e ambas instituciones están regidas por formaciones políticas dif e rentes (en el c aso del p arla mento en r efere ncia a la mayoría que controla la c á mara) lo qu e pued e suponer un a fuerte disputa inst itucional debido al sistema de checks and balance s . También el propio Linz (2010) indica que otra característica qu e hace menos proba ble la c onfiguración de gobiernos de c oalición ba jo el sistema de elec ciones presidenciales es el juego de suma cero donde el candidato victorios o gana todo el ejecutivo sin nece sidad de llegar a ningún acuerdo con otra fuerza polí tica i nde pendientemente de la ventaja elec toral obtenida, mientra s que el perde dor no obtiene ninguna cuota d e poder ni capacidad de interceder o de negociación. 42 Sin embargo, a pesar de todas estas características, sí ha habido casos d e go bier nos de coalición en América Latina 15 , y en especial en los prime ros periodos tras el restablec imiento de la democracia en los países sudamericanos como Chile o Brasil , o en elecciones presidenciales donde la formación ganadora ha estado integrada por una coalición preelectoral o donde la configuración de una cohabitación entre el parlamento y el ejecutivo se resolvió configurando un gobierno de coalición que e vitara e l bloqueo in stitucional. En cuanto a las experi e ncias de gobie rno de coalición en España, es te país ha experimentado durante el Sigl o XX periodos en los qu e fueron comunes la s coa liciones de gobierno en los últim os años de la monarquía co nstitucional, antes del Golpe de Estado de 1923, al igual que en el periodo de la S e gunda República en el cual la formación de los gobiernos de coalición fue la tónica ha bitual como fór mula de distribución del poder. Sin embargo, tras la r e st a uración d e la demo crac ia en 1977 han debido de pasar más de 40 años para tener un gobierno central de coalición. La ausencia d e este tipo de ejecutivos durante más de cuatro dé ca das se h a debido a que en las dist intas legislaturas en las que no ha habido mayoría absol uta de los partidos políticos que c onfiguraban el arco parlamentario se han impuesto las estrategias pactistas del apo yo parla mentario, principalmente por los partidos PANE, frente a la pretensión de obten er carteras ministeriales y entrar a formar parte del ej e cutivo centra l. Reniu ha explicado en profundidad este fenómeno en España en multitud de obras (Reniu, 2001; 2002 y 2013; Reniu y Bergman, 2001 ) incorporando al análisis la primera experiencia de coalición formada por PSOE y Podem os (Reniu, 2019) tras la repetic ión el e ctoral del 10 de noviembre de 2019 y cuya formalización del gobierno de coalición tuvo lugar el 13 de enero de 2020. A las estrategias parti distas como una de las causas del largo periodo hasta la formación de un gobierno de coalición en el gobierno central se deben su mar , entre otras variables, el comportamiento electora l de los españoles que h asta 2011 confiaron mayoritariamente en el bipartidismo en las elecciones generales al igual que en la mayoría de las comunidades autónomas. En gra n parte de este periodo previo a la configuración de l primer gobierno de coalición en España, en las el ecciones g e nerales se configuraron mayorías absolutas o amplias mayorías que a ún si n se r absolutas si s e encontraban cerca de 15 Par a p rofundizar en lo s estudios de los go biernos de coalición en Am érica Latin a leer obras de: (Garrido, 2003 ; Reniu y Alb ala, 2012 ; Armienta, 2016 ; Nievas, 2 016 ; Valadés, 2016). 43 este estadio (176 diputados) que eran sorteadas mediante acuerdos de investidura o de legislatura con diversas fuerzas políticas pe ro qu e no se materializ aban con la formación de gobiernos de coalición. Así, en el periodo 1977 -2011 solo tras las elecciones generales de 1996 José María Aznar tuvo más dificultad para alcanzar los apoyos suficientes. Tras las elecc ion e s de 2011, con la crisis d e l bipartidismo y el surgimiento de nuevas fuerzas políticas que consolidan su fu e rza en el en el p e riodo electoral 2015 -2019 se intensifica el aumento de la f ra gmentación electoral y el número efectivo de partidos en las Cortes Generales, lo que tras la repetición electoral del 10 de noviemb re de 2019 provoca la formalización del primer gobier no de coalición entre las fuerzas pr ogre sistas del PSOE y Podemos (Reniu, 2019). El diseño inst itucional fraguado en la transición e spa ñola c uyo objetivo era e l dotar de fuertes atribuciones y estabilidad al ejecutivo ta mpoco ha favorecido la formación de gobiernos de coa lición en el eje c utivo central. Entre otros factores, destacan las caracter ísticas del sis tema electoral qu e ofrece unos altos niveles de desproporcionalidad (Moreno y Oñate, 2004) que lo lleva n a ser calificado como mayoritario atenuado (Montero y Vallès, 1992; Oñate y Ocaña , 1999). A ello, se unen otros mecanismos inst itucionale s como el proceso de investidura que no requi e re de mayor ía absoluta en s egunda votación , l a moción de censura c onstructiva, la capacidad de nombramiento del presidente del Gobier no de cargos d e l gobierno (Richardet al,. 2004; Field y Hamann, 2008 ) o las mayorías requeridas para la aprobación de leye s en las Cortes Generales (Ts e belis, 2002). La ausencia de ejecutiv o de coalición a nivel estatal durante tanto tiempo no ha impedido que el ordenamiento jurídico español no esté adaptado a esta forma de gobierno, tal y como expone a mpliamente García (2016 ) en su análisis de cómo se ins erta un gobierno de c oalición en el model o de constitucional y legal medi ante los principios del gobierno de dirección presidenc ial, c olegial y departa mental. Si la Cons ti tución Española y demás norma tiva estatal dan cabida y respaldo jurídico a las ac ciones de l gobierno estata l, en los niveles autonómicos y locales son los Estatutos de Autonomía de c ada r e gió n o la Ley Regulador a de las B a ses del Régimen Local 16 , entre otra legislación, la que sustenta jurídicamente los gobiernos de coalición en estos niveles cuyas 16 La Ley 7/1985, de 2 d e abril, Regu ladora de las Bases del Rég imen L ocal, es la del mar co del funcionam ient o de las entid ades locales. 44 experiencias de gobierno han sido multitudinarias y que han a fectado a todos los gobierno s regionales (excepto al de Extremadura), diput a ciones provinciales y la inm ensa mayor ía de los muni c ipios que ha implicado en la formación de coaliciones con la presencia de la ma yoría de los partidos polí ticos sin exc epción de ideología o de ámbito organizativo. - Concepto de gobierno de c oalición Los gobiernos de coalic ión son una forma de ejec utivo que se de sarrollan mayoritariamente en los sistemas parlamentarios en contextos en los que ningún partido obtiene por sí solo la m ayoría absoluta del parlamento. En este escenario se activan los mecanismos de la dinámica co a licional en la bús queda d e gobiernos que estén r e spaldados parlamentariamente por u na mayoría suficiente para superar e l procedimiento de investidura y de igual forma disponer de los apoyos parlamentarios suficientes para desarrollar su agenda legislativa y de políticas públicas (Reniu, 2001). En relación con el con c epto de gobierno de coalición, é ste tiene un amplio alcance. Tal es así, que de una manera extensa autores como Lane y Ersson (19 98) afi rma ban en referenc ia a este tipo de ejecutivos que desde una pe rspe ctiva teó ric a el conce pto de coalición es aplicables a todos los gobiernos, ya que incluso un ejecutivo formado por un único partido puede considerarse como una coa lición consigo m ismo. En este mismo sentido, Robles (2000 ) también define una coalición política desde una perspec tiva amplia, al ca l ific arla como una ope ración matemática de integra ción sin la cual ningún sistema polí tic o democr ático pu ede crearse y mantenerse, tanto si gobierna un s olo partido mayoritario, dominante o hegemónico (que lógicamente no sería uniforme), c omo si gobierna una coalición de partidos o grupos políticos de e strecha confianza. Profundizando en el concepto de gobier no de co alición, Núñez (2016 ) ac ota más el concepto limitándolo a aque llos ejecutivos formados por miembros que provienen de partidos políticos o formaciones sociales establ es y resultantes d el acuerdo entre estas fuerzas polí tic as. Pero v a más allá, y especifica q ue estas organizaciones deben c ontar con una estructura organizativa desarrollada, formada por un amplio número de integrantes, y 45 que a la vez estas formac i one s tengan representación electoral grac ias a un sufragio amplio 17 que configure el sistema de partidos y el apoyo ciudadano de estos. La incorporación de estas últimas condiciones (e structura, sistema d e partidos y sufragio) las desarrolla para excluir a aquellos gobiernos que aunque estu viera n form a dos por varios partidos políticos no fuera el resultado de elecciones libres, en las que no puedan votar el conjunto de la poblac ión, donde no haya un pa rlamentarismo consolidado o incluso que los partidos o facc iones no dispong a n de una estru ctura o base soc ial, sino que su repre s e ntación s ea cons ecuenc ia d e que los com icios no se desarrollan en un marco de competitividad y respeto de las reglas de la de mocracia. Así, en la evolución del concepto lo que comúnmente se acepta e n sistemas democrátic os es que un gobierno de coalición , desde una perspectiva estricta , se entiende que son aquellos ejecutivos que están int e grados por miembros de más de un partido político, es decir, un gobierno donde hay minist ros (u otras responsabilidades en función del nivel del gobierno) que p roce den de dist intas formaciones políticas y con independencia de si estas formaciones se han enfrentado o no en las elecciones (Matas, 2000; Hobolt y Karp, 2010; Matas, 2021). Esta coalición pue de establecerse entre distintas fuerzas políti c as, ya sea en e l marco electoral (mediante una coalición prelect ora l), o e n el parlamen to mediante un acuerdo de gobierno entr e formaciones con re presentación parlamentaria tras los comicios y previo a la formac ión del gobierno (Román y Ferri , 2003). Así pues, no se incluye de ntro de esta definición a l os gobiernos formados po r un único partido político (monocolores) que como consecuencia de qu e no tienen el respaldo de la mayoría en el cámara de representación parl a mentaria acude a otras formaciones para recibir el apoyo parlamentario de estos partidos políticos para cons eguir superar l a investidura, el desarrollo de una agenda política y legislat iva a travé s de lo que se denomina un pacto de legislatura, o mediante a cuerdos puntuales (ac uerdos ad hoc ) sobre una de terminada acción parlamentaria (Matas, 20 00 y 2021) . Estas formaciones que prestan el apoyo parlamentario a un ejecutivo, pero sin formar parte de este, son los denominados support party como fueron definidos por Strøm (1984 y 1990b). 17 El au tor emple a el conce pt o de “ sufragio amplio ” y no univ ersal, en v irtud de que la utilizació n de este concep to, h asta b ien avanzado el siglo XX, no incluía el voto femenin o . En España no f ue hasta las elecciones legislativas de 1 933 cuando la mujer p udo eje rcer el d e recho al vo to. 46 Los support party asumen un p ape l muy re leva nte en contextos d e mi noría parlamentaria del gobier no y en la que esta formación opta, por difere ntes motivos , por no formar parte del gobiern o de coalición considerando que dispone de una mayor utilidad y ventaja en la consecución de sus objetivos manteniéndose fuera d el ejecutivo, pero apoyándolo parlamentariamente. A cambio, lo normalizado es alc a nzar ac uerdos polí ticos con el partido o partido s que formen el ejecutivo mediante los cuales el support party condiciona la agenda políti c a y legisl a tiva del e jecutivo gra cias a la posición e stratégica que asume para la e stabilidad del gobierno e impedir su censura. Con esta opción se abre una vía de espacios de cooperación interpartidista en el marco p arlamentario en ve z de en el seno de un gobierno compar tido ( Reniu, 2016). Pero la definición de gobiernos de coalición en f orma to estricto tiene má s derivadas en función de circunstancias como el apoyo parlamentario que tengan el ejecutivo de coalición, su fu e rza parlamentaria, la vinculación ideológica de los p artidos que form a n la coalición, etc. En este sentido, en el marco del desarrollo de las teorías formales o multidimensionales que se expondrán a continuación, autores como Riker (1962), Axelrod (1970) y De Swaan (1973), entre otros muchos, avanza n en e ste concepto cuyas principales aproximaciones son la coalición ganadora, l as coalic iones mínim a s ganadoras, las coaliciones mí nimas gan a doras conectadas, coaliciones sobredimensionadas o los gobiernos de c oalición minoritarios. En todas ellas, destaca la varia ble del tamaño de la coalición, eje central que condiciona estos últimos c onceptos y que es entendida como el númer o de partidos y la magnitud del grupo parlamentario de cada uno de ellos que configura n el gobierno de coalición (Volden y Carrubba , 2004) . Con todo ello, Riker (1962) define co a lición ganadora como aquel gobi e rno en el que los partidos políticos que lo for man tienen el apoyo mayoritario del pa rlamento , es decir, el número de miembros de la cámara adscritos a l a s formaciones políticas que forman el gobierno de coalición supera más de la mitad de la cámara representativa. Lijph a rt (1987) también definió el conc epto de coaliciones ganadoras en los mismos térmi nos. Partie ndo de esta base del control mayoritario de la cá mara y del objetivo de maximiza r las cuotas de poder mediante la consecución de alianzas con el mínimo número de pa rtidos p olíticos, Riker (1962) también apunta hacia el concepto de coaliciones mí nimas ganadora s ( minimal winning coalitional) es decir, aquellas que están formadas por partidos que, junt os, controlan la mayoría absoluta de lo s escaños p arla mentarios pero que deja de ser coa lición ganadora 53 En relación con la escuela americana, la teo ría d e juegos abrió un enorm e campo de posibilidad es en las ciencias social e s que supu so que s e incorporara para estudiar el comportamiento de los actores también en el estudio sobre las coaliciones po líticas. Así, esta teoría formulada en 1944 fue adaptada al estudio de las coaliciones polí tica s por Riker (1962) aplicando los modelos matemáticos a la teoría de juegos para alcanzar una capacidad predictiva sobre l a formación de gobiernos en sistemas parlamentarios. En la escuela americana también tuvo lugar el inicio de la teoría sociopsico lógica formulada por Ca plow (1956) en el estudio de las coa liciones en los grupos pequeños. Continuó en esta línea Gamson (1961b) y Chertkoopf (1967), avanzando todos ellos en la explicación d e las posibl es combinaciones coalicionales cuando las relaciones personales son estrechas en un contexto de un número r e ducido de votantes que tienen una convivencia diaria, donde asumen una gran importancia el lid e razgo. F inalmente, la otra tendencia originaria encuadrada dentro de la escuela americana es la teoría económica o de elección racional (Downs, 1957). A partir de estas cua tro grandes teorías diferenciadas tanto por el enfoque geográfico como los asuntos c laves a la hora de a frontar los estudios de las coaliciones, en la década de los ochenta y nov enta existe un acercamiento progresivo de las di stintas e scue las, convergiendo en las teorías sobre la formación d e c oalic iones gubern a mentales configurando dos grandes tendencias: las teorías formales y la teoría multidimensional. De modo resumido, y antes de analizar con detenimiento cada una de e llas, como apunta R e niu (2015) las teorías formales (de tradición americana) , fueron la s primeras en formularse y trasladan la idea principal de reducir e l proceso de formación de gobiernos de coalición a un tipo de caso específic o de int e racción social, y que, de manera deductiva, deriva proposiciones teóricas fund a mentadas en un conjunto finito de supu e stos en los que todas las opciones de gobierno son posibles y deseables. Por otra parte, la teoría multidimensional, más conec tadas con la tradición europea, tratan de superar la explicación motivacional que apuntan las teorías formales, apuntando que las formaciones políticas no responden úni camente a las posibilidades finitas de coaliciones con los d istintos partidos políticos para alcanzar la mayoría parlamentaria, sino que hay otras muchas más motivaciones y variables que condicionará n la compatibilidad coalicional entre los actores políticos. 54 2.1. Las teorías formales Como se ha mencionado anteriormente, l a s teorías for males sienta n sus bases sobre la teoría de juegos y destacan como autore s más referentes G amson (1961b) Riker (1962), D e Swaan (1973) o Shepsle (1979 ), entre otros. La s teorías formales consideran que los gobiernos de co alición mínima ganadora son l os ópti mos para la a c ción políti c a del gobierno, la estabilidad, coordinación, cohesión interna o re pa rto de poder. Con respeto a la aplicación de la parte del mínim o tamaño ( mínimum size) que se desprende de este concepto, Gamson (1961b) apuesta por tomar en considerac ión el mí nimo de partidos posible ya que conlleva que el proceso de n e gociación y fo rma ción d e los a cue rdos s erá más sencillo. De lo contrario, estos procesos se irán dificultando confo rme más partidos se incorporen . P or otro lado, Leiserson (1968) apue sta por tomar c omo referencia el número de escaños que aporta c a da partido e n el respaldo parlamentario al ej ec utivo de coalición pa ra determinar cómo será la distribución de las parcelas de poder del gobierno, criterio que es comúnmente aceptado. Antes de proseguir con la s teorías formales, hay qu e clarificar ot ras de l a s premisas de esta teor ía: el comportamiento de los a ctores que interviene n en una coalición lo hacen con criterios racionales (Riker, 1962) lo que implica que los actores políti c os pretenden la maximización de la utilidad esperada en términos de cálculo de be neficios con su pr e sencia y labor política en una co alic ión ganadora. De esta forma, desde la s teorías formale s se apunta hacia la configurac ión de una coalición mínima gan a dor a como la d e seable ya que se deb e de pres cindir de todos los actores políticos que no sean necesarios par a garantizar una c ómoda acció n gubernamenta l, que puedan complic ar la negociación sobre la acción de gobierno y que, además, conllevaría la ocupación inn ece saria de par c elas d e poder en el gobierno de coalición. Este principio trasladado a los términos de la aritmética parlamentaria se traduce en que los procesos de negociac ión de los gobiernos de coalición no deben de estar formados por más partidos de los necesa rios para que la suma de sus repre sentantes parlamentarios llegue a la mayoría absoluta pa ra garantizar con ello tanto la investidura, el respaldo p arla mentario al gobierno y la maximización del benefic io. En este sentido, para las teorías formales cuando se menciona los b e neficios ( payoffs ) de la participación en el ejecutivo lo h ace n en los términos apuntados por Rike (1962) y De 55 Swaan (1973), es decir, beneficios que se traducen en número de carteras m inisteriale s y de cargos gubernamentales que pueden conseguir cada partido ( office seekers) o, influir sobre las políticas que se van a im pulsar desde el ejecutivo de coa lición (polic y seek ers ). Profundizando en ambos términos, se ap re cia c ómo están altamente ligados a minimal winning coalitional. Es decir, el office seeking theories parte de la suposición según la c ual el comportamiento d e l os partidos políticos en la negociación de un gobierno de coalición está determinado por e l n úmer o máximo de cargos que pueden conseguir , que normalmente se identifica con el número de c a rteras de gobi erno, considerados como una recompensa constante a re partir entre los pa rtidos gubernamentales. Por lo tanto, si se p arte de la b ase de que el númer o de cargos no es infinito, c uanto menos pa rtido haya en el e jecutivo más cuota de poder le corresponde a cada uno. De igual forma, desde la policy se e kers theorie s se pone el foco en las políticas y medi da s que se impulsan de sde un gobierno en base a la ideología de los socios y de las medidas transversales a todas las ca rteras y dentro de cada área de gestión acordadas por la s formaciones que integran eje c utivo de coalición. Como sucedía con los office seek ers , cuanto menor sea el número de partidos que forman el gobierno de coalición mayor será c a pacidad des a rrollar las políticas impulsadas por un partido polí tic o desde el gobierno con una base ideológica (Matas, 2015). De esta forma , el office seekers y policy seekers se convierten en la ba se moti va cional sobre la que se sustenta el comportamiento partidista. Partiendo de estas premisas, las teorías formales presentan otros axiomas co mo el que los partidos políti c os se comportan como actores unitarios que a ctúan de forma sólida, sin fisuras e independiente s unos de otros a l a hora de adopta r su decisi ón sobre la gobernabilidad de un ejecutivo. Las d e cisiones que se toman dentro de un pa rtido político se hacen de forma interna y mediante negociación intrapartidista a partir de los mecanismos estipulados por cada fo rma ción po lítica en función de su carácter más centrali z ado o asambleario. Lo importante, para las teorías formales, no es conocer el proceso de la tom a de dec isión de una formación político sino ser conscientes de que la d e cisión adoptada se va a llevar a cabo de forma unitaria y sin fisuras (Laver y Schofield, 1998). Otro de los elementos que refuerza la consideración unitaria de los partidos políticos es la e xistencia generalizada e n la mayor ía de los pa íses de los altos niveles de disciplina de voto, donde a partir del p roc eso de formación de l a decisión de cada partid o político desde 56 las más a ltas estructuras del partido se dan las indicaciones a los integrantes parlamentarios de una formación sobre la indi c ación del voto. La disciplina de voto es una práctica habitual, aunque en d e terminados sistemas políticos, como el espa ñol, esté prohibido formalmente por la Const itución Española y dote la posesión d el escaño al represente que no podrá ser apartado de su puesto más allá de la inha bilitación polí tica o por renuncia. Sin embargo, y reconociendo que hay casos d e e scisiones, indisciplina de voto o comportamientos tránsfugas, hay que apuntar que las élites políticas buscan mantenerse en el poder y para ello necesitan el apoyo de los militantes y las estructuras de poder al igual que el apoyo de la b ase so cial que respalda el pa rtido, por lo que tendrán en cuenta su opinión y la unidad interna d e la f ormac ión política e n la to ma de decisiones (Lue bbert, 1986; Maor, 1990 y 1995; Laver y Schepsle 1990b ). La perspectiva de las teorías formales establece una difere ncia entre un modelo rígido de partido y otro que reconoce a las facciones, do nde en el p rimero apuesta por posiciones políticas y coalicionales simples y de negociaciones bilaterales entre los líderes de los partidos potenciales de la coalición, mientras que en la posición menos rígi da se inclina por la variedad de las posiciones polí tica s que r esp onda n a los grupos de cada partido, preferenc ias de coal iciones más he terogéneas y fina lmente un proceso de negociación multilateral donde los líderes de cada facción también asumen la responsabilidad y el protagonismo en los acuerdos (Reniu 2001 y 2015). El carácter unitario de los partidos políticos bajo esta la perspectiva de las teorías formales, aunque no sea de un a manera estricta , está garantizada po r un doble motivo: la decisión de los líderes sobre la posibilidad de forma r parte de un gobierno de coalición, como decisiones de especial calado, va a buscar el apoyo mayoritario de las bases y estructuras del partido, consentimiento, en especial para estos últim os, que además se traduce en recompensas políticas en tér minos de espacios de pode r dentro del partido o e n el ejecutivo, ya sea en las cúpula de las c artera s ministeriales como e n los niveles inferiores del gobier no . A ello, hay que añadir que las élites persiguen mantener su posición dentr o de un partido, por lo que tratará n de satisfacer a sus seguidores pa ra evitar el desontento, las escisiones, revueltas o inc luso los de stituciones del control del partido (Rerniu, 2001). 57 Otro de los principios de las teorías fo rmales se c iñe al punto efectivo del respaldo parlamentario de los gobiernos de coalición. Tr a dicionalmente los teóricos formales de las coaliciones políti c as han asumido que s olo pu ede ser gan a dora aquella coalici ón que posea el control de la mayoría absoluta de la cámara r eprese ntativa (Axelrod, 1 970; De Swaan, 1973; Dodd, 1976; Franklin y Ma ckie, 1984). Sin embargo, en mul titud de países y niveles de gobierno hay exp eriencias en los que los gobiernos de coalición son m inoritarios o que incluso e stán sobredimensionado rompiendo con e l principio de minimal size descrito anteriormente , lo que ha obligado a esta teoría a reformular cuál es el punto efectivo de apoyo parlamentario desde un aspecto más ampli o al de la mayoría absoluta. Así, esta teoría supera esta realidad empírica apuntando al marco l ega l de c a da sis tema , unido a la capacidad de conformar alianzas de las formaciones polí ticas. De esta forma, se ría p osible establecer ese r espa ldo en una m a yoría simple tan amplia que permita tanto la investi dura del presidente, y su consigui e nte formación del gobierno, el respaldo a la actividad del ejecutivo en el gobierno mediante la configuración de apoyos parlamentarios de partidos fuera d el gobierno cuando fuera necesario y un respaldo parlamentario suficiente que impida que mayorías alternativas se unan para impulsar una moción de censura. Finalmente, otra de las di mensione s que inco rpora las teorías fo rmales es que a quellas posibilidades de acuerdos entre partidos políticos que se convi e rtan en una coalición vencedora representan una opción r e al. Este p rincipio deriva dir e ctamente de la aplicación de la teo ría de los juego s al campo de la ciencia polí tica . Así, a partir de los trabajos de Gamson (1961b) y Riker (1962) se intentará predecir la form ac ión de gobi ernos utilizando la base conceptual de la t eoría d e juegos, en esp ec ial los juegos de n-person a s, elabo ra da por Neumann y Morgenst e rn (1944) erigiéndos e como una p e rspectiva for mal que podía se r contrastada empíricamente. Esta perspectiva se centr a en la identific ac ión d e un conjunto finito de c oa liciones políticas que constituye e l conjunto solución del juego, donde las posibilidades de la configuración de un go bierno de coalición se limi tar án a la consecución de la mayoría efec tiva y de que el ejecutivo esté formado por el mínimo númer o de partidos posibles . De este modo se fijarán como posibles alianzas entre las formaciones políticas únicamente las que reúnan dichos requisitos (Riker, 1962) pero sin entrar a valorar otr a s variables de compatibilidad entre las formaciones política s. 58 Sin embargo, esta opción se ha demostrado inefica z y poco útil a la hor a de c onfigurar las posi bilidade s reales de tejer las alianzas pa rtidistas para la for mación de los gobiernos de coalición. Esto se d e be a que, en primer lug a r, la aplicación de la teoría d e juegos ofrece demasiadas opc ion e s, y, en segundo lugar, mu c has de ellas se constatan que son imposibles de aplicar en la práctica debido a la animadversión o im posibilidad de ll e gar a acuerdos entre determinada s formaciones políti c as por motivos ideológicos, históricos, etc., es decir, aspectos limi tador es a la hora de configurar opci one s de coaliciones. Por lo tanto, se hace necesario tomar en consi dera ción más variables más allá de la representación numérica de cada p a rtido en el parlamento a la hora de fijar las posibilidades pragmáticas de configuración de coaliciones. 2.2. Las teorías multidimensionales Las teorías mul tidimensionales tienen su orig e n en la respuesta al déficit que planteaban las teorías for male s y a su escasa capacidad que most ra ban par a representar las motivaciones rea les de los partidos políticos en la c onfiguración de los gobier nos de coalición. Para los autores de las teorías multi dime nsionales , las teorías formales sim plifica n en exceso la realidad d e las dinámica s coaliciones al no tener en consideración e l entramado de variables, circ unstancias y contextos que condicionan las orientac i one s y toma de decisiones de los partidos políticos, que va más allá de la ocupación de las responsabili da des del gobierno o la e jecuci ón de políticas públicas. En este s entido, como apuntan los estudios empíricos de Lijphart (1987) en la conformación de las coaliciones de gobierno, las motivaciones de los partidos políticos no se limitan únicamente a l a consecución de cuotas de poder y a l tamaño parlamenta rio de los partidos para alcanzar e l punto efectivo, sino que las formaciones polít ica s buscan un mínimo de cohere ncia y compatibilidad ideológica para el desarrollo del poder ejec utivo, aunque también indica que hay otras variables a t ener en cuenta en l as estrategias partidistas como los rendimientos políticos espera dos o la viabilidad del gobierno. De esta form a las teorías multidim e nsionales, do nde sus principales expo nentes son Axelrod (1970), Taylor (1972), Dodd (1976), Strøm (1984 y 1990b), Pridham (1986) , Bergman (1995) y Laver y Shofield (1998), entre otros, abogan por da r una respuesta m ás 59 compleja que s e basa en la interacción de un ampli o conjunto de variables superando las explicaciones sim plistas de las teorías formales. Además, la teoría multidimensional considera que el análisis de estas variables debe realizarse durante todo el periodo del gobierno y no solo en el momento de la n e g oc iación y la formación de l os ejecutivos de coalición, tal y como def e ndían las teorías formales que abogaban por un a dimensión más estática. De esta forma la configuración de los gobiernos de coalición y su permane ncia e n el tiempo es un p roc eso permanente y sujeto a cambios donde el ti e mpo es una cuestión esencial para explicar las motivaciones y el comportamiento de las formaciones polí tica s, no solo en el se ntido históric o sino muy especialmente e n la dinámica de las relac iones interpartidistas dentro del gobierno de coalición, el desarrollo de las políti c as públicas, el cumplimiento de lo a cordado y le evaluación qu e hace el electorado de la acción del gobierno de coalición (Re niu, 201 5). Además, otras de las diferencias ent re ambas teorías es que la mul ti dimensi onal utiliza una aproximación induct iva en un intento de relacionar teor ía y práctica a partir del estudio de casos particulares, pr etendiendo así establecer comportamientos generales. Así pues, se considera esencial la construcción de un marco inductivo y multidisciplinar, situa ndo en el contexto de los sistemas de partidos en los que opera n los actores c oalicionales y que asigna distintos role s a los partidos políti c os. La principal ventaja de esta perspectiva inductiva e s la posibilidad de poder c onstruir desde la re a lidad política generalizaciones más fáciles de adaptar que las defendidas por las teorías f ormales (Matas, 2000). De igual forma, otra de las principales diferencias que presenta esta teorí a con respec to a las formales es que circunscribe el análisis a todas las dinámicas coalicionales y no s olo a la for mación de las coaliciones constituidas formalmente, tal y como h acían las teorías formales. De esta forma las teorías multidimensionales incluyen en sus análisis a los gobiernos minoritarios que son apoyados por las alianzas parlamentarios sin formar parte de le ejecutivo, es decir, los support parties (Strøm 1984 y 1990b). Con todo, la obra coordinada por Pridham (1986) sintetiza las aportaciones de la teoría multidimensional desde las aproximaciones teóricas y estudios de autores de referenc ia como Duverger (1964), Groennings, Kelley y Leiserson (1970) y Dodd (1976) con el objetivo de aplica r esta nueva perspectiva al estudio de los sistemas polític os europeos y 60 enumerar las claves o di mensiones desde las que se explica el fenómeno coalicional, de las que destacan los siguientes aspec tos: a) Dimensión histórica La dimensión hist óric a se centra en la caracterización t e mporal del fenómeno coalicional, es decir, lo s partidos políticos a la hora de d e terminar su comportamiento coalicional se ven influenciados por los comportamientos y efectos de las experiencias anteriore s, ya sean propias o la de otros partidos. Pero e sta perspectiva no solo se remonta a las experiencias pasadas, sino que introduce las perspectivas futuras d e los p artidos políticos en un tér mino amplio (políticas públicas, estabilidad del ejecutivo, rendimi e nto electoral, etc.) a partir de la experie nc ia acumulada. A los primeros trabajos sobre la es tabilidad y supervivencia d e los gobiernos de coalición de S a nders y H erma n (1977) y Warwick (1979) se han incorporado posteriormente una amplia bibliografía s obre el estudio desde la perspectiva histórica de los gobiernos de coalición de otros muchos autore s, aunque el referente en e sta dimensión es Mitchell (1995) que es el primero en disce rnir cuáles son las eta pa s a las que se enfrenta un gobierno de coalición: identificac ión del contexto histórico, análisis de los programas políticos y las estrategias de los partidos polí ticos. La relevancia de las aportaciones de Mit che ll también se encuentra en que introduce los límites y efe ctos que tienen las de c isiones que se adoptan dentro de los partidos, tanto con los factores o acontecimientos sobrevenidos como con las perce pciones de los parti dos hacia las perspectivas que va a tener lugar en el electora do la gestión del gobierno de coalición. b) Dimensión institucional Esta perspectiva centra el foco del análisis en cómo las carac terísti c as d e l sis tema político-institucional son proclives a la formación de los gobiernos de coalición, o sin embargo pone limitaciones a su constitución. De esta forma, es el marco jurídico- institucional de cada sistema político el que determina las reglas d e juegos para la concurrencia el e ctoral, el sistema de acc eso al poder, las relac iones entre gobierno y oposición, los elementos del control al ejecutivo y capa cidad de revocación del pode r, la toma de decisiones, etc. Es decir, las reglas de juego de las que se dota el propi o sistema 61 político incorporado a partir del racionalismo pa rla mentario para llevar a cabo de forma eficaz la gobernabilidad de un Estado en todos los nivele s y cuyas caracterí sticas acentúan o limitan la capac idad para alcanzar acuerdos de coalición entre las formaciones políticas. Más adelante , en la fase de los componentes institucionales que condicionan la formación de un gobierno de coalición, se profundizará cómo en virtud de la configuración de c ada uno de e stos elementos se determina d e una forma u otr a la formación de los gobiernos de coalición. Sin embargo, en este momento de la inves tigac ión sí es imprescindible destacar que son los acuerdos suscritos entre los pa rtidos que forman los gobiernos de coalic ión los que actúan co mo el principal mec anismo institucional dirigido a asegurar la existen c ia y l a durabilidad de la coa li c ión mediante la imposición de diversos niveles de discipl ina coalicional en las vot ac iones parlamentarias, protocolos de comunicación, de gestió n de crisis , comunicación interna, estrategias para la obtención del apoyo del electorado y de la militancia, etc. (Strøm y Müller, 1998). Esta misma dimensión r econoce que los acuerdos de gobierno por muy a mplios que sean no son capaces de discernir en el inicio de la legislatura todas las contingencias y circunstanc i a s que van a aparecer durante el periodo del gobierno de coa lición. De igual modo, indica que la complejidad de los acuerdos está ligada por lo general al tamaño del gobierno de coalición, e n el sentido de que a menor número de p artidos que forman la coalición (coalición mínima venc e dora) los acuerdos serán más s encillos que los fo rma dos por las coaliciones sobredimensionadas (Strøm y Müll e r, 1998) en la mi sma lí ne a de lo apuntado por otros autores como Gamson (1961b). c) La d i mensión motivacional Las teorías multi dimensiona les amplían considerablemente las motivaci ones que tienen los partidos políticos para ll e var a cabo di námica s coalicionales, que únicamente s e circunscribía n en las teor ías formales a la obtención del poder representado en el número de carteras ministeriales ( of fice seekers ) y las políti cas públicas qu e se imp ulsan desde el gobierno de coalición ( policy seekers ). Las teorías multidimensionales superan esta re ducción de l a s motivaciones partiendo de la base d e l reconocimiento de la dificultad de evaluar cuáles son las estimulaciones que 62 llevan, o no, a una formación política a entrar a formar parte de un gobierno de coalición. Reconoce esta dimensión que a pesar de que haya motivaciones generalizadas aplica ble a la mayoría de los casos, sin embargo, existen otras más específicas que deberían identificarse a pa rtir del estudio de los casos concretos. Además, a dife rencia d e las teorías formales que partían de objetivos a co rto plazo para optar por la ocupación de los cargos en el poder o influencia en las política s , las teoría s multidimensionales incorporan también la perspec tiva de medio y largo plaz o e n el aná lisis que realizan los partidos políticos. En e ste sentido, el princ ipal refere nte en e l estudio de las mot ivac iones de los partidos en las dinámicas coalicionales es B e rgman (1995) que establece que las élites de los partidos políticos valoran la formación coalicional y con qu é socios desde una p erspectiva estratégica en cua tro grandes áreas : la obtención de cargos en el ejecutivo; el desarrollo de políticas públicas vinculadas al ideario del partido desde el gobierno de coalición; cuál va a ser el rendimiento electora l de la presencia del partido en el ejecutivo de coalición, y qué repercusión va a tener en el ámbito cohesión interna (intr a partidista) el f ormar part e de la coalición. A partir del a nálisis de estas cuatro variables y el p eso que cada d irec ción política le quiera otorga r a cada una, la formación se decantará por formar o no pa rte de la coa lición de gobierno. Si los partidos políti c os optan por evaluar l as ve ntaja s y desventajas de formar parte de un gobierno de coalición en función de unos obj etivos y por lo tanto decidir qué estrategia adoptar, cabe preguntar q ué herramie nta o sistema uti liza r para adoptar esta dec isión a partir de los cuatros objetivos enumerados por Bergman (1995). El autor propone que ese análisis se rea lice a partir de un modelo de operacionalización que recoja cada u no de los cuatro objetivos anteriormente mencionados y mediante una escala o rdinal de beneficios y pérdidas, con tres categorías en cada una de ell a s , y asignándole un valor de utilidades espera das (+3 ganancias significativas, +2 ganancias moderadas +1 ganancias, 0 consecue ncias insignific antes, – 1 pérdidas escasas, – 2 pérdidas moderadas – 3 pérdidas significativas). Ba jo e ste e squema el conjunto de l os c uatro objetivos puede obtener valor e s entre los interva los máxi mos de + 12 y -12. De esta forma, el análisis de los partidos en función de lo cuatros objetivo se trasladará en forma de respue sta a las c uestiones d e si es beneficios o o no, y en qué magnitud, formar parte d el gobierno en fu nc ión de la c apacidad de influir en las políticas del ejecutivo , qué 69 En esta misma línea de d otar de esp ec ial relevancia a los sistemas e lectorales destacan autores de referencia como Sartori (1994) que sit úan al sistema electoral como una parte esencial d el sis tema político al condicionar la confi gurac ión d e éste o Lijphart (1994) que va más allá al sostene r que el sistema e lectoral es el elemento más im porta nte de la democracia repre s e ntativa. De igual modo, como defiende Nohlen (2004) la c onfiguración de los sistemas electorales tiene consecuencias sobre el comportamiento y los resultados electora l e s lo que deriva en que influye en l a confor m a ción del sistema de partid os, distribución del poder, al igual que en la configuración y permane ncia de los gobi e rnos. Por lo tanto, los sistemas electora les son imprescindibles en la configuración de los sistemas de partidos, por lo que también son determinantes a la hora de la formación de dinámicas coalicionales. Y es que las reglas del juego electoral y los resultados electorales obtenidos re percuten e n la estra tegia de los partido s políticos desde la perspectiva temporal, donde pued e n optar por entrar en el gobierno de co a lición o, en cambio, pref e rir espe rar una nueva contienda antes de asumir r esponsabilida des de gobierno porque pueden apreciar que sus posiciones electorales y su peso parlamentario se rá mayor y/o que s e rá más fructífera su alianza de gobi erno en un contexto diferente de fu erza s parlamentarias. En e ste sentido, para Strøm (1984 y 1990b) los partidos pueden preferir no formar pa rte de una co a lición ganadora si se perciben que las siguientes elecciones se presentan competitivas, con un alto nivel de volatilidad electora l y decisivas para la formación de gobierno. Antes de entrar a discernir cómo afec ta los princ ipales eleme ntos de los sistemas electora l e s en la c onfiguración del sistema de partidos, hay que destacar que los dos principios de representación de los sistemas electora les (mayoritario y proporcional) tienen un efecto directo en las posibilidades de la formación de gobiernos de coalición. De este modo, mientras que los mayoritarios persiguen l a configuración de un p arlamento con una amplia mayor ía de una fo rmac ión política que se traduz ca en un gobierno monocolor, por el contrario, el proporcional busca r eprodu cir en el parlamento, de la forma más fiel posible , los grupos que configuran la pobl a ción (Nohlen, 2004). Este último sistema por lo t anto ofrecerá un parlamento más fragmentado dond e será más complicado que una form a ción política alcance en solitario la mayoría necesaria p ara superar el proceso de investidura y el respaldo del parlamento en la acción de g obierno, p or lo que es más propensa a l a fo rmación de gobiernos de coalición. 70 Afianza ndo esta idea d e los sistemas proporcionales y su vinculación con los ejecutivos de coalición, Sanz (2016) apunta que está a mpliamente demostrado en la ciencia política que los gobiernos de co alic ión son característicos de los sistemas parlamentarios y, en particular, de aquellos con modelos electorales proporcionale s. En este sentido incide que cuantos más elementos proporcionales dispo nga un sis tema electoral, es decir, nos acerquemos a la idea d e “ un hombre, un voto (que va lga lo mismo) ” (p.106), más difícil será que en e l parlamento una única formación política alca nce a mayoría suficiente para conseguir la configurar un gobierno sin la participación de otras formaciones políticas. Son muchos los ejemplos que permiten establecer una relación entre el sistema electora l p ropor cional y sistemas políticos multipartidistas (Duverger, 1954 ; Ordeshook y Shvetsova, 1994; Cox, 1997) al igual que estos favorecen l a configuración de gobiernos de coalición (Austen-Smith y Banks, 1988). En este sentido Ma tas (2015) detall a cómo países como Israel, Alemania y Bélgica han exp e rimentado un gran número de c asos de gobierno de coalición debido a las característica s d e l sistema electoral que es claramente proporcional, o como el sis tema electora l mayoritario de Reino Unido , por ejemplo, ha propiciado que desde la S e gunda Guerra Mundi a l hasta la actualidad únicamente haya habido una experiencia de gobierno de coalición, que fue el formado en 2010 por conservadores y liberales y pre sidido por el tories Da vid Cameron. En el análisis de los sistemas electorales es fundamental analizar con mayor profundidad sus tr es principales e lementos (la fórmula electoral, la circunscripción y la barrera mínima legal) para disce rnir cómo facilitan o dificultan la formación de grandes mayorías parlam e ntarias y guberna mental es. De entrada, se puede afirmar que una fórmula electora l cl a ramente proporcional (en la que la atribución de escaños, al menos de una forma aproximada, d e pende del porcentaje de voto de las candidaturas) junto con una circunscripción electoral única (con una elevada magnitud, es decir, en la que se elijan un número e levado de representantes) y una ba rrera mínima o lega l baja (o sin barrera), pue de provocar una gr a n fr a gmentación parl a mentaria, dificulta la obtención de g ra ndes mayorías parlamentarias y, por consiguiente, favorece la prese ncia de gobiernos de coalición (Blais, et al,. 2006). En cambio, una fórmula electoral mayoritaria (donde la c andidatura vencedora obtiene todos los esca ños) con circunscripciones uninominales y una alta barr era electoral puede facilit a r la obtenci ón de grandes m ayorías parlamentarias y obstaculizar la cr e ación de gobiernos de coalic ió n. A pesar d e ello, en el primer supuesto puede haber gobie rnos 71 monocolores y en e l segundo gobierno de coalición, ya que estos elementos de los sistemas electora l e s lo que provocan es la generación de tendencias. Si se profundiza más sobre cada uno de los elementos del sis tema electoral se observ a que también hay una relación directa e ntre la magnitud de la circunscripción y su efecto en el sistema elec toral siempre que sea propo rc io na l (Ma as, 1986). C omo es sabido en las uninominales no hay pro porc ionalidad posible mi e ntras qu e, en las plurin ominales, en las que se eligen dos o más representantes, es necesario conocer el número ya que cuanto más grande s e a habrá una mayor tendencia a l a propo rc ionalidad del sistema electoral siempr e que la fórmula electoral lo permi ta . Otra cuestión relacionada con la circunscripción son los criterios que se u tilizan para diseñarlas y fija r su magnitud , es decir, si son c rite rios territoriales o poblacionales. La proporcionalidad está me jor garantiz ada si la dist ri bución de escaños entr e circunscripciones se re aliza en función de la población, puesto que así se evita que a unas circunsc ripciones se les asigne más escaños o menos de los que les corre sponderían atendiendo a su volumen demográfic o. En cuanto a las ba rr eras mínimas o legales, e s d ecir, si el sistema exige un porce ntaje mínimo de votos a los partidos para participar en la dist ribuc ión de los escaños, hay que señalar que cua nto más bajas sean estas barrer as más fa cilidades tendrán los pa rtidos pequeños para obtener representación parlamentaria y por lo tanto existiría una mayor tendencia a la fragmentación. Otro aspecto vincula do al sistema elec toral son lo s intervalos que legalmente debe d e haber entr e elecciones que no son los mismo en cada país e incluso puede haber variación entre los distintos nivele s del sistema. El aumento del int e rvalo entre elecciones puede favorecer el acu e rdo gu berna mental de colaboración entre p artidos, mientras que si el intervalo es más co rto l os partidos pueden opta r por evitar acuerdos y esperar a obtener mejores resultados e n unas nuevas elecciones (Mell ors, et al.,1986) . 72 3.3. Sistema de partidos Como continuación de los sis tema s e lectorales, los sistemas de partidos, de rivados de la aplicación de los e lementos e lectorales y del co mportamiento electoral de los ciudadanos , asumen también un papel funda mental en e l a nálisis de las dinámica s coa licionales a la ho ra de condicionar el tipo de gobierno que se configura y su estabilidad. Como una primera aproximación, hay que indicar que los sistemas de partidos multipartidista favorece n la configuración do gobiernos en los que los partidos comparten el poder. En cambio, en los sistemas bipartidista o d e partido predominante no es habitual la formación de gobiernos de coalición, s a lvo en casos muy excepcionales. En este s entido Li jphart (1987 y 2012 ) ha evidenciado a t ravé s de sus estudios que existe una fuerte r e lación entre los sistemas de partidos y el tipo de gabinete que habitualme nte se ha formado en las democracias estudiadas. Así, Lijphart señala que a medida que aumenta el número efec tivo de partidos parlamentarios la presencia de los gobiernos mínimos ganadores y de un único partido disminuye. Más allá de esta panorámica general, S a rtori (1980) a partir de su tipología de sis tema s de partidos (sistema de partidos predominante, bipartidista, de pluralismo moderado o limitado y pluralismo polariza do o extremo) concluye que los sistemas de partidos más competitivos (como el sistema de partidos plur alismo limitado, y sobre to do el extremo) facilitan mucho más la formación de gobiernos de coalición que los menos competitivos (sistema de partido predominante o sistema de partido bipartidista). Mientras que en estos últimos (sistema de partido predomina nte o sistema bipartidista) no es habitual la formación de gobiernos de coalición debido a que una f ormac ión suele obtener la mayoría absoluta, en los sistemas con pluralismo limitado (con tres, cu a tro, o cinco partidos importantes e n el parla mento) por e l c ontrario es muy poco fr ecuente que un partido consiga la mayoría absoluta lo que provoca rá que se acentúe n las dinámicas coaliciones par a conseguir un ejecutivo estable, cos a que de no producirse pr ovoca rá que los ejecutivos será n débiles e inestables se gún Sartori. En este último sistema (pluralismo limitado) normalmente hay una estructura bipolar, pero a diferencia de lo que ocurre en e l caso del bipartidism o, hay dos coaliciones de 73 gobierno alternativas y no de dos partidos alte rna tivos. Si las coaliciones alternativas están ideológicamente bien delim itada s y formadas por partidos distintos la negociac ión es más fácil ya que las alternativas están bien definidas. En este s entido, será más probable que gobierne aquella opción coalicional ideológica que tenga más apoyos parlamentarios. En lo relativo a los sistemas de partidos caracteri z ados por el pluralismo polarizado o extremo (de cinco, seis, o más partidos im porta ntes en el parlamento), tampoco suele ser habitual que haya partidos que obtengan la mayoría absoluta de los escaños. Sin embargo, en este escenario no s e e stá ante una estructura bi polar, sino mul tipolar y, en consecuencia, no hay dos posibles coaliciones alternativas, sino que a menudo hay más. Este contexto conlleva una negociación más c ompleja, con una estrategia que d ebe combi nar la aritmética parlamentaria y la ideología, y que genera una ma yor proliferación de gobi ernos de coalición y con un mayor númer o de formaciones políticas en el gobierno. 3.4. La ideología de los partidos políticos La nego ciac ión para la f orma ción de un gobierno de co a lición requiere a c ordar una acción d e gobierno bajo las base s de una concordancia ideológica entre los integra ntes (Matas, 2021). La ubicación de los partidos po líticos dentro de los ejes ideológic os, c omo izquierda- derecha, centro-periferia o el r e ligioso, entre otros, generan relaciones de competencia electoral y de incompatibilidad o compatibilidad que los lleva a tener una predisposición a alcanzar un acue rdo de gobierno (Matas, 2015) . De esta forma, hay que identificar que hay partid os que por su extremismo ideológico e incompatibilidad c on el re sto de formaciones están aislados en el proce so ne gociador (partidos antisistema) aunque tenga un gran peso aritmético. Para Sartori (1980) este tipo de formaciones tienen una ideología que se opone y que incluso mina la legitimidad del sistema político, aunque no sean necesariamente partidos revolucionarios. Rec haz an compartir gobierno con cua lquier otra formación política , lo que únicam e nte le posibilita a gobernar si obtiene la mayoría suficiente en solitario. A estos, se suman los partidos situados en los extremos del espectro ide ológico que no entran a formar pa rte de las dinámicas co alicionale s no por su autoexclusión, sino por su incompa tibilidad ideológica con el resto de las formaciones se lo impide. 74 Sin embargo, las f orma ciones mejor situadas ideológicamente, d ebido a su moderación y compatibilidad, para formar parte de un gobierno de coalición son l os denominados partidos pivotes que pueden llegar a ser imprescindibles en cua lquier p roceso negociador por su posición central y compatible con la mayo ría de las opcion es polít icas (Daalder y Mairs, 1983). En esta dimensión el tamaño de las for maciones pasa a un segundo nivel, ya que los peque ños, pero muy conectados a otros partidos presentan un fu e rte potencial de coalición y son ellos los que en contextos de sistemas pluralistas suelen decid ir el establecimiento de la alianza y posiblemente sean ellos los grandes vencedores en e l repa rto de los benefic ios. Los partidos pivotes, también denominados partidos bisagra, tienen la clave de prácticamente todas las posibles coalici one s gubernamentales. Su larga pr ese ncia en el gobierno con unos u otros socios de coalición permite garantizar un a continuidad de las políticas gubernamentales. Además, suelen tener una actitud muy pragmática en la negociac ión pa ra la formación de g obiernos de coalic ión centrando su estrategia en conseguir p a rcelas d e po de r o condicionar las políti c as y dejando en un segundo término los aspectos ideológicos. Con todo ello, la dimensión ideológica es un facto r es c lave en el proceso negociador de las dinámicas coalicionale s ya que delimita en gra n medida las opciones para la formación de los gobiernos de coalición, en contra de lo defendido por las teorías formales donde toda opción de gobierno es una opción re al. Con todo ello, en el factor de la ideología vienen a refutar lo apuntado po r Pridham (1986) en lo relativo a que las opciones que son aritméticamente posible no son necesariamente f ac tibles desde el punto de vista político y aquello que es política mente deseable no es siempre aritméticamente posible . 3.5. Otros factores : la dimensión histórica, op inión pública y cultura polí tic a , condicionantes externos, temas de interé s y legit imidad del sistema La historia política de un país o sistema político re gional influye decisivamente en la conformación de un determinado sistema polí tic o, sistema de partidos o en las relac iones entre las formaciones y s us lí de res, entre otras cuestiones, lo que implica direc tamente en las dinámic as coalicionales (Matas 2000 y 2021 ). L as formaciones políticas en el pro ce so de negociac ión obs e rvan cuáles han sido las experien cias a nteriores de gobiernos de coalición, cómo se han desarrollado y qué re ndimiento electo ra l ha supuesto para las f ormac iones que 75 han participado en ellas, para valorar entre otras muchas variables sí es pertinente acceder a la dinámica coa licional y bajo qué fórmula. En relación con la dim e nsión de la cultura política y la opinión pública, ambas altamente ligadas, son también importantes a la hora de condicionar la configuración de los gobiernos de coalición. Si bien e s cierto que la opinión pública es dinámica y cambiante, no es menos cierto que las formaciones políticas observan constantemente e l pulso social a través de los e studios de opinión para re d efinir sus estrategias, en contextos e n el que uno de los temas de campaña sea los acuerdos poste lectorales, como cu ando los c omicios ya han tenido lugar y se están teji e ndo las posibles alianzas co alic ionales p ara la e lec ción d el jefe del ejecutivo y la c onfiguración de los gobiernos de coalición. Un e jemplo de estudios sobre la opinión pública del pacto es el análisis realizado por Vázquez y Delgado (2013), donde a partir de l a observación de dive rsa s encuestas d e elecc ion e s generales, catalanas y andaluzas entre los años 2000 -2012 los resultados mostraban que los ciudadanos eran recelosos, sino contrarios, a la fórmula coalicional. La experiencia d e las coaliciones entre partidos políti c os y grupos parlamentarios durante los procesos de formación y ejercicio del gobierno, en sus diferentes ámbitos territoriales, despertaban enormes críticas entre los ciudad a nos. En general, quienes no apuestan por las dinámicas coalicionales lo hacen a favor de dejar gobernar al partido más votado, aunque éstos no gocen de mayo ría sóli da . Consideran má s acertado el gobierno e n solitario de un partido que una alianza. Para ellos, las coaliciones suelen de sembocar inel udiblemente en la falta de honestidad o de eficacia, al tiempo que suelen contribuir a una mayor inestabilidad. Si lugar a dudas, esta apreciac ión por part e de quienes rechazan las coalici ones es debido al histórico e stigma de la e scasez de la cultura del pacto en Esp aña y la opción consecuente de “cuanto más poder, mejor”. Las repeticiones electorales de los años 2015, 2016 y 2019 de nuevo volvier on a poner en la ag e nda política y e n la opinión pública las necesidades de reformar legislativas o apostar por los a c uerdos entre partidos para sobre pasa r los p roc esos fallid os de investidura y los bloqueos que abocaron al país a repetir en dos ocasiones las elecciones generales. En este sentido, el Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de septiembre de 2019 (Estudio n.º 3261) preguntó cuál era la posible solución al riesgo de bloqueo político que se generó tras la in vestidura fallida de julio de 2019 y que podría r e petirse tras las 76 elecc ion e s de noviembre (pregunta 24a ). En este caso, las dos opciones posibles de respuesta fueron “introducir las reformas legales necesarias para evitarlo” y “propiciar una cul tur a de pactos y acuerdos entre los partidos políticos y los lídere s”. Con car á cter mayoritario los encuestados a postaron por la cultura de pactos y acuerdos (53,1%), frente a solo una tercera parte f avora ble a introducir reformas legales (37,8%) (Reniu, 2019). De esta forma pa re ce que se ha experimentado en España un viraje de l a opinión pública más proclive a apoyar dinámicas coalicionales en contextos en los que sean posibles frente a otra s medidas c omo las refor m a s legales. Con respecto a la cultura política, que es c a mbiante, pero en menor medida que la opinión pública, hace referencia a las orient a ciones psicológicas frente a los objetos polí ticos y en e l c aso de esta investigación, ha cia los gobiernos de coa lición. En la fo rma ción de una determinada cultura política son fundamentales los proce sos de socializ a ción políti c a y los agentes que los protago niza n, ya que transmiten normas y valores social e s que ayudan a interiorizar una d eter mi na da realidad polí tica , que puede influi r tambié n en un posible rechazo o aceptación de los gobiernos de coalic ión. Por consiguiente, el p oso de la cultura política pue de incidir sobre los crite rios utilizados por los partidos a cerca de la ne cesidad y la oportunidad d e la formación de un gobierno d e coalición entre dete rmina dos partidos y, en definitiva, puede impulsar o frenar la motivación de los partidos en la formación de gobiernos de coalición (Matas, 2015). En re lación con los fa ct ores externos , se alud en a todas aquellas circ unstancias o elementos de presión que, a pesar de situarse fuera de la dinámica de relación de los pa rtidos políticos (vertical u horizontal) pueden influir e n l a formación de los gobiernos de coalición, disuadir de la creación o incidir en el mantenimiento o disolución de los mismos. Ent r e otros ejemplos, se sit úan actores o circunstancias como los medios de comunicación, lobbi e s, la economía, los gobiernos extranjeros, con flic tos interna cionales, conflictos diplomáticos, etc. En este sentido hay autores (Calzolaio, 1982; Pridham, 1986) que ponen el énfasis en que los factores externos son ca paces de ha c er c a er un gobier no de coalición o i ncluso evitar qu e se for me. Sin e mbargo, hay otros como Lupia y Strøm (1995) que consideran que las crisis de los gobiernos de coalición nunca son una respuesta automática a factores externos, sino que siempre hay otros elementos explicativos determinantes y que los externos solo pued en impulsar la toma de dec is iones e n un sentido u otro. 77 Otro de los factores, liga do a la dimensión motivacional de los p artidos polít icos, son los temas de inte ré s que para las formaciones y la opinión pública condicionan l a configuración de los gob iernos de coalición. C uestiones como el terroris mo, la inflación, desequilibrios económicos o cuestiones int e rnacionales son puntos del orden del día en las negociac ion e s, a los que se suman otros como son los problemas sociales para partidos so cialdemócratas, la liberta d de mercado para los partidos libera les o la a utonomía y autogobiernos para los partidos nacionalistas. En torno a estos temas concretos giran las discusiones en las negoc i a ciones (Robles, 2000). Finalmente, en contextos políticos constitutivos o de crisis del sistema las formaciones políticas apuestan por dotarlo de una fuerte legiti midad con el respaldo m a yoritario d e los partidos políticos que s e puede materi a lizar con la formación de gobiernos de coalición (incluso sobredimensionados u overszed) con el objetivo de alcanza r un gran respaldo partidista y social sobre los acuerdos iniciales q ue sustenten el sistema político, el texto constitucional o las política s de estado (Robles, 20 00; Matas, 2021). 4. La cla sificación d e los gobie rnos de c oalición Los gobiernos de co a lición son susceptibles de ser cl asifica dos a partir de las caracter ísticas que deter minan su configuración, duración en el tiempo, equilibrios de composición, e tc. Autores como Riker (1962), Leiserson (1970), Laver y Schofie ld (1998), Laver (1998), Reniu (2004) o Matas (2000 y 20 15) entre otros, h a n esta blec ido dist intas clasificaciones y categorías en la determinación de los gobiernos de coalición, aunque la mayoría coincide n en fija r las siguientes 7 va riables que se exponen a continuación : a) Según el número de partidos : el criterio num éric o de los pa rtidos que forman pa rte de un gob ier no de coalición suele centralizar la atención no s olo de los académicos sino también de los medios de comunic ación. Este indica dor además de cifrar el número de partidos pr e sentes en el gobierno d e coalición también apunta hacia el número d e actores que p a rticipan en el proce so de negociación, en el desarr ollo de la a cción del gobierno y en la distribución de las parcelas de poder. Teniendo en cuenta que únicamente se contabili za a los partidos que están dentro del gobierno , y que por lo tanto se excluye a aquellas formac iones que ofr ecen apoyo parlamentario, pero sin adoptar la responsabilidad 78 ejecutiva, la c lasificación es la siguiente: bipartito (formado por dos p artidos), tripartito (formado por t re s), o multi pa rtito (más de tres partidos). b) Según la fuerz a parlamentaria del gobier no: esta clasificación se fija en el grado del sostén o apoyo parlamentario que representan los partidos polí ticos que integ ra n el gobierno de coa lició n estableciendo el punto efectivo en la mayoría absoluta del parlamento. Así, los gobiernos de coalición se dividen en dos grandes categorías , desde mayor a menor amplitud parlamentaria: mayoritario cuando la suma de los diputados de los partidos que forman el gobierno alcanza la mayoría absoluta del parlamento y minoritarios, cuando estas formaciones no alc a nzan este punto. En el prime r grupo (ma yoritario), a su vez se pue den establecer tres subcategorías: coa lición sobredimensionada, coalición mínima ganadora y coalición minoritaria, conceptos todos ellos que ya han sido explicados anteriormente. c) Según la importancia de los partidos : esta categoría establece la corre l a ción de fuerzas entre los diferentes partidos que forman parte de un gobierno de coalición. El parámetr o m á s utilizado para este ti po de análisis es la diferencia existente entre el número de diput a dos de cada uno de los grup os parlamen tarios que sosti e nen y forman parte del ejecutivo de coalición . Así, en función de la importancia de los partidos , los gobiernos de coalición son equilibrados, en aq uellos ca sos donde los partidos políticos aportan un número similar d e parlamentarios para sostener al ejecutivo, o desequilibrados , cuando los partidos apor t a n un número muy dispar de parlamentarios. d) Según el momento en el que se coaligan : esta categoría ha c e referencia a en qué espacio temporal se h an re a lizado los acuerdos coa licionales, ofreciendo tre s categorías: coalición preelectoral, cuando los partidos han concurrido juntos a las elec ciones; coalición postelectoral, c uando las formaciones políticas concurrieron de forma autónoma a las elecc ion e s y ha sido tras la celeb rac ión de éstas cuando han alcanzado lo s ac uerdos para formar los gobier nos de c oa lición; mixto, cuando en un gobierno de c oalición se dan ambas circunstanc i a s por los partidos políticos que lo integran. Por normal genera l, los gobiernos de coalición son mayoritariamente postelectorales, fruto de las negociaciones interpartidista tras las elecciones, aunque ha habido casos e n España donde ha habido alianzas preelec torales durante un largo periodo como por ejemplo 85 entrar a formar parte d e l gobierno d e coalición o para un acuerdo d e legi slatura será más valioso y por lo tanto obtendr á un mayor reparto de beneficio del que le corresponde en función del peso de su g rupo parla mentario. Además, no por ser obvio y haber sido apuntado por las teor ías formales, no hay que dejar de mencionar que la c uantificación de las r ecompensas obtenidas para cada formación depende del número d e partidos que se involucren en e l gobierno. Es decir, a mayor número de socios la recompensa e n la dist ribuc ión del número de á rea s de gestión, como las políticas de gobierno acordadas y afines a cada formación ser án menores y mucho más matizadas y ambiguas. Por lo tanto, es de esperar que los bene ficios serán máximos para los partidos integrantes de la co a lición si ésta es mínima y con máxima homogeneidad i deológic a (Budge y Laver, 1990). El contenido de los acuerdos alcanz ados entre las formaciones políticas se plasma en los denominados acuerdos de gobie rno, documentos resultantes de las negociaciones que vinculan a los socios coalicionales en materias como las líneas de actuación, políticas públicas a de s a rrollar, normas de funcionamiento interno, reparto de pod er, etc. Es decir, acuerdan e l e scenario, las reglas de la cooperación y gobe rnabilidad conjunta (Müller et al., 2008) para reduc ir los efectos neg ativos y maxi mizar las recompensas e speradas (Jov é , 2013). Una vez alcanzado el acuerdo entre los partidos políticos , éste se suele forma lizar mediante una rúbr ica públi c a para su posterior conocimiento público. Los principales compromisos asumidos por las formac ion e s coal igada s y trasladados a la opinión públi c a además de constituir un elemento de interés para la ciudadanía, permite multiplicar los elementos de control de qué medidas se están poniendo en marcha y si éstas estaban en el marco del acuerdo de go bierno de coalición. Además, se introduce un elemento de control interno entre los socios del gobierno para hace r c ump lir lo acordado entre las partes (Porras, 2016) minimizando e l riesgo de la inacción de l go bierno conforme a lo acordado. Respecto las áreas claves en la dis tribución de los beneficios (payoffs) en un gobierno de coalición suelen establecerse cincos aspectos claves: a) Número de las carteras gobierno: la dist ribuc ión de los máximos responsables de carteras ministeriales o áre as de responsabilidad en niveles inferiores 86 (comunidades autónomas, municipios, diputaciones, etc.) es la fo rma más visible de distribución de parcelas de poder que obtiene ca da formación política en el proceso de la negociac ión d el gobierno de co a lición que final mente se constituye (Browne y Franklin, 1973). Como se ha apu ntado anteriormente, el número de c arteras suel e respo nder al porcentaje del apoyo parlamentario que aportar cada formación política al ejecutivo de coalición, aunque puede ha ber distorsiones. b) Me dias políticas acor dadas: configur a una sínt e sis de las ac ciones política s concertadas entre los socios de la coalición o di námica coalicional. S ue le configurarse a partir de la base del prog ra ma electoral de los diferentes pa rtidos coaligados, deter minando finalmente unos contenidos prioritarios que , surgidos de l proceso de negociación, ac abarán vinculando a las partes. Estas medidas se pueden agrupar en tres categorías en función del alcance de estas: poca s y muy se leccionada s, va riedad de políticas y un programa amplio de políticas (Müller et al., 2008) . Además, las medidas no suelen ser únicamente una amalgama de acciones de c ada partido, sino que todas se articulan en cohere ncia e n un proyecto común a partir de un diagnóstico compar tido de las necesidades, retos y estrategias comunes del nuevo gobierno de coalición (Porras, 2016). c) Áreas d e responsabilidad : para un correcto análisis no solo es necesario conocer el número de d e partamentos que dirige cada uno de los partidos que forman la coalición, sino también hay que pon er el foco en las ár e as y materias de gestión que son asignados a cada partido , cuá l es su relevancia políti c a, transcendencia para la opinión pública y la exposición mediática. Además, en aquellos gobiernos de coalición que esté establecida la figura del portavoz adquiere relevancia qué formación políti c a asume esta responsabilidad y cu ál es el per fil de éste. Ello es debido a que asu me un especial protagonismo, ya que ent re otr a s funciones ofici aliza la voz del gobierno, es el encargado de informar p eriódic amente o a ctúa de canalizador de la información ant e los medios de comunicación (Spragens, 2003; Pizzolante, 2004; Arce o, 2012; Can el, 2018). d) Pre supuesto de las áreas de gob ier no: los recursos de los que dispone un ministerio o área inferior de gestión es otro indicador que se puede e stable cer en los beneficios de la negociación (Matas, 2021). S in embargo, hay que tener en cuenta que no siempre hay una relación directa entre el presupuesto que gestiona un departamento y la importancia de éste, sobre todo en aquellos países en que las comp etencias del gobierno 87 central estén cedidas a los nivele s inferiores. Para cuantificar el presupuesto entre los departamentos también se suele tomar en consideración la fuerza parlamentaria, aunque aquí es más difícil su estricta aplicac ión. e) Capacidad de nombramiento de cargos políticos: además del número de máximos responsables d e las áreas del gobierno , el ámbito c ompetencial , o su capacidad presupuestar i a , otro asunto de interés en el reparto de los beneficios es la capacidad de nombramiento de los cargos polí tic os, ya sea en la estruct ura inferior del departamento del gobierno (secre ta rio de estado, director ge neral, etc.), la a dministración periférica o los cargos en entidades o e mpre sas públi c as de la administración. C omo norma general, los gobiernos de co a lición tiende n a provocar un c re cimiento de la estructura a dministrativa ya que los partidos desean abarcar el máximo de áreas de influ enc ia. Estos cargos son los denominados sottogoverno 22 (Reniu, 2016). f) El impulso de las políticas gubernamentales: supone el reparto y e l establecimiento en los ó rga nos de coordinac ión de quién asume el protagonismo en el impulso ordinario o extraordinario de las medidas polí tica s del ejecutivo de coalición (Matas y Ridao, 2013). En este sentido, tan importante es fi jar en el acuerdo de gobierno de coalición qué medidas se van a realizar como quién y desde q ué área competencial se v an a desarrollar. Este elemento del reparto ti e ne especial interés p a ra traslado de la acción d el gobierno a la opinión pública con el objetivo de rentabilizar electoralmente las medidas del departamento en la siguiente cita c on la s urna s. Con la finalización de las negociac iones de la configuración del acuerdo de coalición y la plasmación de un documento no se da por concluido el entendimiento entre las formaciones. Y es que por muy detallado que se a el acuerdo, nunca se rá posible recoger todas las alterna tivas y escena rios que se van a d e sarrollar durante el gobierno compartido (Jové, 2013). Por este motivo es fundamental la articulación de c a uces d e comunicación constante entre los socios 23 para garantizar la p ermanenc ia del acuerdo, estabilidad del 22 Reniu (20 16) se refiere a sottogo verno como a los niveles d e designación política de las Administracio nes públicas, más allá de los titulares de los ministerios o consejerías, y que a menudo so n terreno abonado para la inflación injustificada de cargos de libre designación política. 23 Par a p rofundizar en los cau c es de coordinació n en tre g obi erno s d e coalición véase (Matas y Ridao, 2013 ; Matas, 202 1). 88 gobierno, resolución de aquellas cuestiones no planteadas en el ac uerdo o l as crisis interna s o externas al ejec utivo (R eniu, 2016). 6. Rendic ión de cuent as Prosiguiendo con el estudio teórico de los gobiernos de coalición, es de vital importancia estudiar cómo se comportan en el proceso de rendición de c uenta s, de especial interés por las características d e división de l poder entre dos o más partidos político s de este tipo de ejecutivos. Desde una perspectiva g ene ral, el concepto de rendición de cuentas (o accountability ) se re fie re al control ciudadano o institucional sobre la acción polí tica , en particular sobre los actores que tienen la respons abilidad de g obier no. Se estaría por tanto ante una acción de transparencia, c ontrol y justificación del poder ejecutivo que no depende de la volunta d política del mismo sino a la que están obli ga dos a re alizar debido a los mecanismos legales que lo garantizan (Schedler, 1999 ; Pruzzotti, 2007; S c hedler, 2008; Hernández y Arc iniegas, 2011; Ríos et al., 2014) . De esta forma, para poder efectivamente realizar este control político , además de la dación de cuentas voluntaria del ejecutivo, es imprescindible que la a ccountability cue nte con mecanismos de sanción que dependerá del tipo de control que se ejerza y que los autores han clasific ado en tr e s: rendi c ión de cuentas horizontal, vertica l y so c ial (o societal). La primera de ellas, la horizontal (O'Donnell, 19 98 y 2004), hace referencias a las instituciones del Estado con potestades recogidas e n el ordenamiento jurídico pa ra controlar la acción del gobie rno, ya se a mediante las accione s ordinarias u extraordinarias que incluso pueden ll e gar hasta la d e stitución del ejecutivo mediante el impeac hment o la moción de censura . Se e staría, por lo tanto, ant e las actu a ciones que realizan los partido s polí ticos en su labor de control y fiscali z ación al ejecutivo a los que se sumaría l as realizadas por ot ra s instituciones que configu ra n el Estado e n el c ontrol gubernamental c omo so n los tribunales, el Defensor del Pueblo, los parlamentos, gobiernos de otro nivel, etc. Estos meca nismos, además de desarrollar un papel de “ checks and balances ” de control mutuo de los poderes, vital en los sistemas d e mocráticos, adquieren un rol más importante en contextos de sistemas parlamentarios en los que el gobierno no dispo ne de una m ayoría en la cámara de repre s e ntantes y es este órgano el que activa o decide sobre determinados mecanismo s. 89 A e sta dimensión, se sumar ía la re ndición de cuentas enfocada en la c apacidad de los votantes para recompen sa r o castigar a los partidos polí ticos que han ejercido las responsabilidades por su desempeño e n el cargo. Consistiría por lo tanto en una persp ec tiva que pondría el foco en la eva luación del pasado más que de las expectativas sobre el futuro y en la elección de los candidatos (Maravall, 2010) . En esta misma línea, Cheibub y Przeworski (1999) d e finen la rendición de cuentas como el mecanismo retrospectivo mediante el cua l los ciudadanos juzgan la labor d e los responsables políticos por los efe ctos que tiene n sus a ctuaciones . Key (1966) y Riker (1982) apuntan en la capacidad de los votantes para evaluar desde una perspectiva re trospec tiva la gestión y sancion ar a los gobiernos media nte las elecciones c on su destitución propic iando un resultado decisivo cuando así lo consideren. Esta concepción de a c countabili ty es la se viene a denominar como vertical (Schmitter y Ter ry, 1991; Powell, 2004), es decir, enfocan las elecciones como el mecanismo del que se dotan las sociedades d emocrática s para, ad e más de elegir a sus repre s e ntantes, control a r mediante la sanción o el premio la acción de quienes han ocupado las responsabilidades de gobierno. Aunque la acción del voto en las de mocracias representativas no sea continua durante todo el mandato, sino que se traslada al final de la legisl a tura, ello no provoca que este control electoral s ea obviado por el gobernante durante la p arte ini c ial o intermedia del periodo de gestión, ya q ue si los que asumen responsabili da des de gobi e rno quie ren s er reelegidos en las siguientes elecciones deberá n realizar durante el periodo de gestión acci ones que sean consideradas positivas por los electores (Hernández, 2006). Finalmente también se encuentra la accountability social o soci etal (Smul ovitz y Peruzzotti, 2000), es de cir, los mecanismos de control ciudadano que va n más allá de la participación en l a s elecciones y que pone el acento en las actuaciones realizadas por la sociedad civil, tales como movili z aciones ciudadanas, d enunc ias ante los medios de comunicación, recogida de firmas, manifestaciones etc., que se desarrollan como acciones para sancionar a c tuaciones del pod er ejecutivo q ue consideran injustas, ilegales o falta de ética. 6.1. La clarificación de re sp onsabilida des La clarificación de la responsabilidad desarrolla un papel fundamental en la accountability ya que par a que la rendición de cuentas por los ciudad a nos s e realice de forma 90 correcta (en especial en la accountability vertical) e s imprescindible qu e conozcan qué actor político es el responsable de las acciones. D e esta forma, los autor e s plantean un a problemática en la asign ac ión de r e sponsabilidades en contextos donde la distribución del poder no está clara (Pow ell y Whitten, 1993; Powel, 2000; Nadeu et al., 2002; Bengtsson, 2004). Estas situaciones suponen un gran impedi mento para la rendición de cue nt a s, ya que como apunta Powel (200 0) si los ciudadanos en una democracia no pued en identificar con claridad a los responsables políticos no podrán utilizar las elecciones para responsabilizar los de su acc ión, po r lo que la capacidad de rendición de cuentas estará distorsionada. Cuando se indica que el poder está divi dido los autores hacen referencia tanto a la división entre las instituciones como dentro del poder ejecutivo, es decir, los gobiernos de coalición, donde en estos últimos es mucho más complejo asignar la responsabilidad que e n los gobiernos formados por un único partido (Lewis-Beck, 1990; Rosenstone, 1995; Narud,1996). En este sentido, en contextos de poder dividido los electores tienen una gran dificultad para asignar r e sponsabilidades como se ha debatido ampliamente por diversos autores (Lewis-Beck, 19 86 y 1990 ; Powell y Whitten, 1993; Mershon, 1996; Bosch et al. , 1999; Prze worski et al., 1999; W hitten y Palmer, 1999; And erson, 200 0; Powel, 2000; Mershon, 2002; Nadeu et al., 2002 ; S trøm et al., 2003; Bengtsson, 2004). Sin embargo, otros sí apuestan por establecer crite rios que permiten a los ciudadanos asignar responsabilidades a pe sar de que el poder esté dividido (Samuels, 2004 ; Bengtsson, 2004 ; Duch y Stevenson, 2008b ; Urquizu, 2008 ; F isher y Hobolt, 2010) . En esta disyunti va de l a capacidad de asignación de responsabilidades, ta mbién hay que apuntar que la hipótesis de la claridad de la responsabilidad d e sde el modelo racional atribuye a los ciudadanos (Downs, 1957) la capacidad de evalu a r con cla rida d la gestión política o ec onómico de un gobierno, y en base a ello pr emiarlo o castigarlo en las citas electora l e s. S in embargo, para Jaime y Sáez (2007) esto no siempre es así, ya que el elector en todas las oc a siones no dispone de toda la inform ac ión necesaria ni la capacidad de atribuir correctamente la responsabilidad de la gestión ya que existen factores que dificultan la perce pción y la correcta atribución de responsabilidad de los votantes que incluso pueden llegar a inhabilitarlo para responsabilizar al gobierno de la sit ua ción económica del país y de los cambios que ha experimentado la economía particular o familiar. 91 La clarificación de la res ponsa bilidad en función de si se están ante un gobierno de partido único o de coalición y cuál es la morfología de este últ imo no responde a todas las variables p ara tener en cuenta, sino que ti e nen lugar otros esce narios de p oder institucional dividido como son los minority governments , b icame ral opposition (Powell y Whitten, 1993) o los niveles inferiores del gobierno. Así para Powel y Whitten (1993) los gobi e rnos m inoritarios al no tener un a mayoría parlamentaria y al no s er sustituidos porque el resto de los partidos no ti e nen la capacidad de articular una alternativa de gobierno, producen una elevada distorsión de la rendición de cuentas. Esto es debido a que en este contexto el gobierno minoritario pu ede achacar a la oposición que no aprue b e sus medidas gubernamentales planteadas al parlamento ya que son rechaza da o blocked por la mayoría parlamentaria que no apoya al gobierno. En este sentido, la responsabilidad de los efectos negativos de las políticas será compartida, posi c ionando al ciudadano en la disyunti va de qué a c tor es el r e sponsable del fracaso d e l as políticas. Con respec to a la responsabi lidad y a sus rendimientos políticos en gobiernos minoritarios, estudios de a utores re fere ntes como Rose y Mackie (1983), Strøm (1990b), Paldam (1991) o P owe l (2000) apuntar on que este tipo de gobiernos (los mi norita rios) desarrollaron una pérdida electoral más leve que los gobier nos mayoritarios 24 , lo que confirmaría que el elector reparte las responsabilidades entre el gobierno y aquellos que bloquean su ac ción, incluso sanc ionado en un a mayor medida a aquellos que a pesar de no ostentar for malmente la responsabilidad de l eje cutivo sí bloquean o impiden la puesta en marcha de medidas. En el caso de bicameral opposition como elemento de división de poder se configura principalmente en países con sistemas federados como son los EE. UU . o Alemania donde en su sistema políti c o hay una s egunda c ámara fuerte y con importantes atribuciones legislativas y normativa s como son el S e nado y el B unde stag respectiva mente. Así, en casos en los que haya una cohabitación, es decir, la mayoría de la cámara no es té en manos del partido que preside el gobierno o incluso hay una m a yoría diferenciada entre las dos cámaras, la atribución de responsabilidades también será difícil para el ciudadano. Otros de los factores que limitan la atribu ción de la responsabilidad es el desconocimiento que parte de la opinión públi c a tiene sobre las competenc ias que asumen 24 En el estu dio comparado de Powel (2000) los gobiernos minoritarios retr ocederían poco más del 1% mientras q ue los mayoritarios lo hacía en más del 4,5%. 92 los gobier nos ce ntrales, regionales o municipales (Font, 1999). Esta sit u ación se acentúa aún más en los casos de dinámicas coalicionales ya que el ciudadano deberá conocer también qué partido gestiona determinadas áreas e incluso quién es el respons a ble polí tico a l frente de las mismas. Como último e lemento de dist orsión de la rendición de cuentas, se recurre a los temas o áre as de gestión. Los gobiernos en su conjunto r ecurren a los factores int e rnos y externos del ejecutivo p a ra t ra tar de derivar sus responsabil idade s en aqu ella s cir cunstancias y bajo aquellos enfoques que les sean más acordes a sus intereses. En este sentido, habrá factores exógenos que escapa n al control del gobierno como por e jemplo el terrorismo, c risis económicas globales o un a pandemia sanitaria entre otros, sobr e los que los gobiernos tienen nula o escasa capacidad de decidir y por la que los electores as ignar án menos responsabilidades. Por otro lado, sí hay políticas o consecuencias achacables al gobierno directamente, como son la lucha contra la corrupción, educación, sanidad, infraestructuras, etc., que sí se le atribuirá de forma más dir ec ta a los responsables políticos. En suma, la responsabilidad es una c ue stión de grado y depende de las políticas (Sánchez-Cuenca y Barreiro, 2000). Finalmente, en contraposición a estas dificultades en la rendición de cuentas indi c adas, Urquizu (2008) señal a que estos elementos de división del poder no generan proble mas de claridad en la rendición de cuentas en todos los cas os, sino que incluso su combinación puede mejora la ya qu e propici an que haya más acto res polí ticos que emiten información a los electore s. 6.2. La clarificación de responsabilidades dentro d e un gobier no de coalición Si ya es complejo atribuir la responsabilidad en sistemas de poder dividido por los elementos de control característico de las democracias, esta accountability es aún más difícil cuando este poder se divide entre dos o más partidos también dentro de l go bierno, es decir, lo s gobiernos de coalición. Y es que mientras los gobier nos con mayoría parlamentaria y formados únicamente por un partido se les puede atribuir con facilidad los éxitos o fraca sos de sus políticas, la atribu c ión de responsabilidad es más compleja cuando la gestión en el gobierno ha sido compar tida (F ont, 1999). 93 En este sentido, como apuntan a utores como Maravall (2010), Fisher y Hobolt (2010) o Vowles (2010) mientras que gobier nos de un único partido es mucho má s fácil de atribuir la responsabilidad por la autonomía de la que disponen para el desarr ollo de sus polí tica s , los gobiernos de coalición tienen una mayor dificultad en la atribuc ión de responsabilidades por sus carac terísticas y morfología. Tal es la mayor dificultad a la que se enfrentan los gobiernos de coalic ión en la atribución de responsabilidades y rendición de cuentas que los cambios en los índices e c onómicos y de bien e star como consecuencia de su gestión tienen una menor incidencia en los rendimientos políticos (re compensas o ca stigos e lectoral es ) qu e en los gobiernos formados por un único partido donde sí hay un mayor relación estadística entr e la evolución de los indicadores y el rendimiento político (Le wis-Beck 1986 y 1990; Powell y Whitten, 1993; Mershon 1996 y 2002; Whitten y Palmer, 1999; Powel, 2000 ; Anderson, 2000; Strøm et al., 2003; Bengtsson, 2004). En el caso de las coaliciones donde varios partidos comparten el poder ¿Cómo se identifica con clar idad qué parte d e l e jecutivo e s el re sponsable d e las políticas? ¿Y cómo se traslada ello al cómputo de los rendimientos elec torales o e lectoral payoffs ? Con el objetivo de resolver la primera pregunta y como ya se ha a puntado, las coa liciones dificultan en gran medida la capacidad de los electores para asig na r claramente la respo nsabilidad de los actores dentro del ejecutivo, pero, sin embargo, sí hay circunsta ncias en los que la morfología y características de los ejecutivos ayuda al elector a clarificar sus percepciones sobre las responsabilidades. Así, c omo primera variable está el tamaño de los partidos que c omponen la coalición, afirmando que cuando en la coalición hay un partido que además de presidi r e l gobierno asume la may oría de las c a rteras es más sencillo que los electores atribuyan principalmente la re sponsabilidad a esta formación fre nte a l resto de integrantes el ejec utivo (Fisher y Hobolt, 201 0) . Anderson (2000) también vincula la at ribución de l a responsabilidad al partido más grande de la coalición mientras qu e Duch y Stevenson (2008b) lo vinculará a la formación política que t enga más á re as d e gestión en el gobierno de coalición. Sobre el tamaño y su composición, otra variante es la introducida p or Duch y Stevenson (2005 y 2008 b) al considerar que en l os gobiernos de coalición donde hay a un reparto d e carteras m ás equitativo repercuten en un debilitamiento de la atribución de responsabilidades, no porque los e lectores no puedan atribuir responsabilidades sino porque 94 el voto económico retrospectivo se ve debilitado asumiendo un mayor protagonismo los factores exóge nos a l gobierno. Reforza do la ide a de la atribución de la responsabi lidad a l jefe del ejecutivo , Samuels (2004) realiza un e studio sobre veintitrés sis tema s democráticos presidenciales concluyendo que en estos contextos los c astigos o recompensas del electora do en el voto retrospe ctivo se centra principalmente en la labor de presidente d el gobierno frente a la p osición adoptad a por las cámaras legislativas donde la atribución de responsabilidades que f ija el electorado es baja con respecto al estado de la econom ía. Prosigue el autor ( Samuels, 2004) especificando tres fac tore s que explican la claridad de la atribuc ión de la r e s ponsabilidad en estos contextos: la primera de ellas indica que de pende rá d e la oferta electoral y de si las fuerzas políticas tienen capacidad de competir electoralmente con el partido, o los partidos que a poyan al gobier no; las segunda apunt a hacia si los gobiernos llevan a cabo estrategias para tr atar de ocular información sobre su re spo nsa bilidad en aquellos temas que les son negativos. Finalmente, si el presidente no se presenta a la reelección y no hay un vínculo fuerte p ara la opinión pública con e l sucesor de su pa rtido, también c ondiciona la atribución de la responsabilidad. Fisher y Hobolt (2010) también centran la atribu c ión de responsabilidades sobre el primer ministro, desposeyendo de cualquier atribu ción a los soc ios se cundarios. A pa rtir de su propio estudio 25 confirmaron las dif ere ncias del voto retrospectivo dentro de las coaliciones sigui e ndo la línea de la vincula c ión má s fuerte con al partido del primer minist ro que con los otros miembros de las coaliciones como apuntaba Duch y Stevenson (2008b). Fisher y Hobolt (2010) tambi é n inciden en que la capacidad para atribuir la responsabilida d al jefe del ejecutivo no siempre es igual . En a que llos contextos determinados por los elementos institucionales donde hay una mayor c laridad sobre la labor del jef e del e jecutivo hay una alta traslación en la atribución de responsabilidades. Pero la claridad en la atribución de responsabilidades no solo depende de l a morfología del gobierno de c oalición, sino también del s istema de partidos en e l que se desarr olla. Esta idea, incorporada por Anderson (2000) y Bengtsson (2004), tiene su explicación en que dependiendo del núme ro de partidos relevantes qu e conformen el sistema d e partidos influirá 25 Cuya base se sustenta en la captación d e datos mediante las encuestas del Second Module of the Compa r ative Study of Electoral Systems (C omparative Study of Electo ral Systems, 2007) . 101 Es por ello, que también es fundamental abordar te órica mente y con estudio s empíricos el análisis de por qué el electorado ofrece un beneficio o castigo electora l difere nte ( en los casos que así sea) a los p a rtidos integrantes d e un gobierno de coalición . E s decir, po r qué un partido es beneficiado y otro penaliza do cuando es el gobierno en su conjunto el que aplica las medidas y el que se somete al control ciudadano mediante el accountability vertical. De igual for m a , es interesante cono c er las respuestas teóricas a los casos e n los que las for maciones políticas de una dinámica coalicional tienen una orie ntación elec toral en e l mismo sentido, pero sin embargo con importante diferencia de intensidades. En e ste sentido, y tal y c omo apuntaban las teorías multidimensionales que fijaban las expectativas de beneficio s y costes electore s como una de las motivaciones de los partidos políticos a la hora de entra r o no a forma r parte de una dinámica coalicion a l, el análisis de las expectativas de los rendimientos políticos en el momento de la toma de decisión de entrar a formar parte, o no, d e un gobierno de co a lición, al igual que las p recepciones a través de los estudios de opinión durante el desarrollo d e la legisl a tura, se convertirán también en puntos constantes d e an álisis po r las formaciones que integran las din á micas coalicionales que pueden t ensar la relación entre las formaci one s políticas o incluso dar por roto el gobierno de coalición en el caso de que las expectativas electorales del conjunto o de una parte d e las formaciones políticas sea n ega tiva . Por lo tanto, este efecto n o s olo habr á qu e tenerlo en cuenta en el proce so negociador de los gobiernos de coalición, s ino que también será obs erva do con inter é s por los partidos políticos en su conjunto (líderes, estructura y bases) que participan de las dinámica s coalicionales. Pero antes de abordar los modelos teóricos, es imprescindible indi c ar cómo se operac ion a liza este re ndim iento político. Para medir el incum bency effect hay dos indicadores que cuantifican el g ra do d e ganancia y pérdida en términos netos y relativos Así, el rendimiento elec toral neto (REN) se obtiene a partir de la dif e rencia en el porcentaje de votos obtenidos por cada partido presente en el g obier no respecto a la convocatoria que ha puesto fin a la legislatura. En est a medición si se o btiene r esultados positi vos signi fic ará que ha habido un progreso electoral mientras que si los resultados son nega ti vos el efecto de gobernar habrá sido un r e troceso en los resultados electorales . Es una fórmula similar a la volatilidad electoral, aun que en el caso de la rentabil idad electora l se manti ene la orientación de la diferencia (Reniu, 2004 y 2018). Sin calificarlo como rendimiento elec toral neto, Alonso (2008) realiza una definic ión similar. 102 Por otra parte , el rendimi ento ele ctoral relativo (RER ): Es el peso, en términos p orc entuales, qu e suponen en los respectivos REN para cada uno de los pa rtidos. Se obtiene calculando el porcentaje de ganancia o p é rdida que repre s e nta el REN respecto a los apoyos electorales logr ados en la anterior convocatoria electoral, de forma que se relativizan l os valores REN y permiten evaluar mejor e l impacto que tengan sobre la for tuna electoral de los partidos (Reniu, 2004, p. 46). 7.1. El rendimiento electoral en función del tipo de gobierno A pesar de las ventajas teóricas que supone afron tar unas elecciones desd e el cargo público, los estudios empíricos ofrecen diferente s visiones. Por ejemplo, Rose y Mackie (1983) tras a nalizar la experiencia de las democracias occidentales, llegaron a la conclusión de que estar presente en gobierno supone un desgaste para el partido que lo oc upa lo que se traduce en pérdida elec toral de estas formaciones en la siguiente cita electo ral. En la misma línea , Strøm (1985b, 1990a y 1990b) tras analizar 15 democracias y recurrir a otras investigaciones, concluye que l os gobiernos de coalición, en promedio, pierden más votos que la mayoría de los gabinetes de partido único. Tal y c omo demuestran sus trabajos en los que concluye que los partidos que han gobe rna do en coalición retroceden una media del 4,5% en Eur opa, algo más que los que lo han hecho con gobiernos monocolor mayoritarios 3% y bastante más que quiene s han g obe rnado en minoría 1,3%. De est a fo rma Strøm id entifica el negative incumbenc y effect en los partidos con responsabilidad de gobi e rno, explic a do porque los electores juzgan con más dureza al gobernante que a los part idos opositores debido a que es más sencillo constatar el nivel de cumplimiento de las promesas electorales d e los gobernantes durante el periodo de g estión. Bajo esta perspectiva, el negative incumbency effect se convertiría en un factor determinante en favorecer la altern a ncia en los gobiernos en sis tema s democ rá ticas co mo consecuencia del desgaste e l e ctoral que le supone la responsabilidad de la gestión (Font, 1999). 103 En la parte positiva del rendimiento electoral, es decir, el voto aumentará como consecue ncia d e qu e un p artido esté en el poder , es aplicada en m ayor medid a para el sistema política americano (Cronin, 1980; Polsby y Wilda vsky, 1980). Entre otros estudios que han corroborado esta t eoría, destaca el de Campbell (2008) que apunta qu e las elecciones presidenciales de los Esta dos Unidos en el periodo 1868 a 2004 dos tercios de los veintidós presidentes que opt aron a la reelección fueron fi na lmente reelegidos con más de 53% del voto popular, cifra consid era ble en un sistema bipa rtidista como es el norte americano. Otros estudios de la políti c a americana sobre otros n iveles de cargos públic os (congre sistas, senadore s y alcaldes) ta mbién refuerzan los datos de la ventaja electoral para que aquellos que optan a se r elegidos desde la reelección (A nderson y Glomm, 1992; L ee , 2008; Ferre ira y Gyourko, 2009). Si se introduc e la perspectiva de los rendimientos entre los tipos de gobier no , Powell (2000) llega a la conclusión de que los gobiernos mayoritarios y de partido único pierden más votos que los ejecutivos minoritarios y de coalición . En esta misma línea, Rosenstone (1995) afirma que los votantes son más propensos a castigar a los gobiernos mayor itarios de un solo partido que los partidos que gobiernan en coalición con otros. La investigación de Alonso (2008) también i ncide en el mismo sentido, al afirmar que tanto los par tidos que gobiern an en solitario como en coalición experimentan un retroce so el e ctoral de media, pero es mucho más acentuado en el primero que en el segundo, tal y como apuntan otras investigaciones (King et al., 1990; Alt y King, 1994; Diermeier y Stevens on, 1999; Sáez, 2002b). La autora (A lonso, 2008) afirma que esto se debe a que la vinculación que tiene e l elector entre promesas e lec torales y ejecución de éstas es más débil en l os gobiernos de coalición que e n los formados por un único partido, confor me a lo apuntando anteriormente con respecto a la atribuc ión de r e sponsabilidades. Por ello, los electores en contextos de gobiernos de coalición tienen más difícil atribuir hasta dónde ll e gan la responsabilidad de los actores políticos que ejercen el pode r, por lo que ello contribuye a que el elector renuncie a decidir su voto en función del análisis retrospectivo y lo decida en base a su adscripción política. Sin embargo, U rquizu ( 2008) afi rma qu e son los gobiernos d e co a lici ón los que experimentan una mayor pérdida electoral que otros tipos de gobiernos, a la vez que son los gobiernos minoritarios d e un solo partido los qu e pierden m enos votos. Lo que sí coincide 104 el análisis de Urquizu (2008) con Powel (2000) es que los gobi e rnos mayo ritarios tiende n a perder más votos que los gobiernos minoritarios. Desde la perspectiva d el apoyo electoral a los ejecutivos , Maravall (2007 y 2010) apunta que los gobiernos formados por un único partido disponen de un menor apoyo electora l que los ejecutivos de coalición, una consecuencia de que estos últimos requieran de más partidos políticos para su formación. De igual forma, indica que el electorado de los gobiernos de coalición es más estable que los que apoyan a los formados por un único partido como también defienden otros autore s (Powell, 2000; Barre iro, 2008; Urquizu, 2008), pero contradice a la apunt a do anteriormente por Strøm (1990 b). Igualmente, para Maravall (2010) la salida de los partidos de un ejecutivo se produce en retrocesos electorales más ac e ntuadas en los g obiernos en solitario que en ej e cutivos de coalición. El autor tambié n apunta qu e , si se compa ra los rendimientos electorales del partido del presidente del ejecutivo de uno en solitario y otro en coalición, las formaciones de los presidentes en coaliciones experimentaron un a menor pérdida que los gobi e rnos de un solo partido. Otra vía es la apuntada p or Remmer (1991) el cuál atribuye la rentabilidad electoral no tanto al propio hecho de ocupar o no l a s responsabilidades del gobierno, sino a los fac tores como la e volución del emple o, P I B, inflación, crisis políticas o prof undas transformaciones sociales cuyo efec to s e le atribuye al gobierno. Ante esta disparidad de enfoques de los re ndimientos electorales, lo que sí pa rece una tendencia en los estudios es en una diferenc iaci ón entre las experiencias de gobierno en Europa, donde predomina el retroceso electoral para para los p a rtidos que ocupan el gobierno, y en Estados U nidos, donde sucede justa mente lo contrario y dond e hay evidencias a favor del incumbe ncy effect. Para explicar la divergencia de l comportamiento del incumbency e ffect entre Europa y Estado Unidos, se pu ede poner el acento en el factor diferencial q ue con mu cha s probabilidades resulta c lave para entend e rlo: la desigual importancia del partido, su ideología y su imagen glo ba l frente al rol del candidato. Así, en el entorno europeo el p a rtido 105 político asume un papel especialmente relevante . Aún las formaciones políticas están ampliamente ligadas a de termina das bases sociales y espectro ideológico (Font , 1999). Sin embargo, como apunta Colom é (2017), “los partidos políticos han perdido una parte funda mental de su naturaleza original, de su existencia de su vida de modo tradiciona l -la vida militante, el debate interno-, para ser en gran medida transmutad os por los medios de comunicación como intermediarios naturales entre los dirigentes y los electorales- ciudadanos” (p.29). L a comunicación políti c a moderna pone en fo c o sobre los líderes políticos, que pasan a ser el centro d e la estrategia, posponi e ndo a un segundo plano las dimensiones ideológicas de las or ganizaciones, en e special en los partidos catch-all. Aun así, e n los países europe os el partido que no está en el gobier no ti e ne un nivel de conocimiento y de apoyo c onsiderable en la socie da d por lo que los elector es al a tribuir los efec tos negativos de la polí tica del gobierno o d el fracaso de las expectativas ins atisfechas tienen fác il orientar sus expectativas a l partido de la oposición, un actor reconocible y probablemente con e xperiencia de gobierno. P or el c ontrario, en EE.UU. el pertenecer a uno u otro partido es menos s ignificativo ya que es más ese ncial el nivel de conocimiento de los candidatos y sus atributos proyectables a la opinión pública , cuestión que es más sencilla trasladar gr a cias a la visibilidad que otorga el ocupar un cargo lo que facilita la reelección (Font, 1999) . 7.2. El rendimiento electoral de los p ar tidos políticos d e un gobierno de coalición En los gobiernos de co a lición también hay difere ntes teorías que se aproximan a las causas de los avances o retrocesos electorales de las coaliciones. En primer lugar, en función de quién ocupe la presidencia del gobierno, los estudios compara tivos de Duch y Stevenson (2008b) observan que el partido que sustenta al jefe d e l ejecutivo tiene una rentabilidad electora l mayor que la del socio secundario . De igual forma, afirma que los partidos secundarios del gabinete tienen una pe or rentabili da d que la de los partidos de la oposición. Sanz (2016) también defiende que los pa rtidos secundarios de la coalició n son más propensos a r e ducir su a poyo elec toral que el pa rtido principal del ejecutivo , como también 106 apuntaba Duch y Stevenson (2008b) . Sanz (2016) considera que la causa de que los socios secundarios sean los que reciban un mayor castigo electoral que el que lider a el ejecutivo de coalición se deb e a que su menor peso político les provoca variar en mayor medida su posición política inicial con respec to a su electora do a l entrar a formar parte de un gobierno de coalición. Así, el mayor retroceso electoral para los socios secundarios se debe principalmente a dos motivos: si el elector apuesta por la continuidad del gobierno focalizará el apoyo principalmente e n el p artido que sustenta el lideraz go del e j e cutivo compar tido. En segundo lugar, si hay un rechazo de los electores a la acción del gobier no, el apoyo del electora do qu e originariamente apoyaba al soci o secundario se d e splazará d e sde est a fo rmación a otros partidos minoritarios o hacia el partido de la alternancia en el poder . En la posición contraria está la defe ndida por N a rud y Valen (1998) que afirman que los partidos con más peso parlamentario y que po r lo tanto son los que obtendrán mayo re s cuotas de poder en el gobierno de coalición, son los que soportan un mayor retroceso electora l en tanto en cuanto son apreciados p or los ciudadanos com o los mayores responsables de las políticas desarr olladas por el ejecutivo. En esta mis ma línea a punta Urquizi (2008) que indica que los partidos políti c os que asumen la función del primer ministro en los gobiernos de coalición sufren ma yore s pérdid a s electo ra les que sus socios secundarios, contradiciendo lo anteriormente apuntado por Duch y Stev enson (2008b) y Sanz (2016). Wilkin, Haller y Norpoth (1997) apuestan po r la atribuc ión de responsabilidades al principal titular del ejecutivo que se rá quien se vea rec ompensado o castigado en func ión de los fa ctores e xternos. Al i gual que suce diera en los gobiernos monocolore s, Remmer (1991) también aplica su teor ía sobre el bene ficio o re troc eso electora l no al hecho de for mar parte de un gobie rno de co a lición ni a la posición qu e se ocup a en este sino la concurrencia de factores exter nos. Por otro lado, Anderson (1995a y 2000) opta por una asignación de los beneficios o pérdidas electorales d ependiendo de los temas objeto de preocupación de l a ciudadanía y po r la credibilidad históric a d e los partidos frente a ell os. De esta forma no asu me la relevancia de quién ocupa el p uesto del líder del ejecutivo, sino qué partidos asumen áreas de gestión que son de especial interés para el electorado como la economía, empleo, educación, sanidad, etc., qué valo ra ción hacen los ciudadanos de los re sponsables que están al frente de estas 107 carteras al igual que la tra ye ctoria del partido al frente de ella, y a su vez cuáles de esos tem as condicionan el voto de los ciudadanos, ya sea por una crisis económica, soc ial, sanitaria, etc. De igual fo rma , pone el énfasis de la atribución de la resp onsabilidad e n el tamaño del partido, es dec ir, el núme ro de áreas de gestión que tiene un partido de nt ro del ejec utivo . La ideología de los socios del gobie rno de coalición t ambién condiciona su rentabilidad política en los gobiernos de coalición. Narud (1995 y 1996) afirma que los partidos refere ntes en los polos ideológicos (conservadores y s ocialdemócratas) experimentan en mayor medida un retroceso electoral en las coaliciones heterogé neas ideológicas que las homogé neas. Esto es debido a las concesiones ideológicas que se realizan en los gobiernos heterogéneos durante la a cción del ejec utivo de c oalición como consecue ncia de adoptar medidas con formaciones políticas de otro bloque ideológico , las cuales además de ser elementos de c rítica s por la oposición no son ap robadas por su propia base social, la cual espera que el partido manteng a la identidad a pesar de int e grarse en un gobierno de coalición. Es ta contradicción en las medidas con los postulados ideológicos por el contrario no se experimenta en los gobiernos d e coalición homogéneos ideológicamente. Serán los partidos polí tic os incapaces de mant ener su identidad distintiva en un a coalición de gobier no los que se verán pena lizados con un mayor retroc eso electora l, ya que los votantes prefieren las formaciones qu e adopten posturas ideológicas fu ertes, marco sob re el que evaluarán qué partidos políticos son los mejores en determinadas áreas temáticas (Rabinowitz y Macdonald, 1989; Listhaug et al., 1990; MacDonald et al., 1991). Para conservar su respa ldo social y electoral en un gobierno de coalición la estrategia que deberían seguir las formaciones políticas es la de mantener una visibilidad simbólica ante el electora do y difundir la r esponsabilidad política d e sus áreas de gest ión (Powell y Whitten, 1993). Por el contrario, los partidos pivot e s o de centro, con un perfil ideológico menos definido y de carácter m ás pragmático no se atribuye su avance o ret roc eso electoral a la cesión de políticas e n la acción del gobierno coalici ona l (Narud, 1996). Reforza ndo la consid e ración de la identidad ideol ógica como clave para explicar los avances y retrocesos e lec tora les en un gobierno de coalición, Narud (1996) incide sobre las área s de gestión clásicas que se le atribuye a cada ideología políti c a. Así, tradicionalmente los gobiernos de izquierdas se han inclinado por reforzar el papel del Estado y el sector público, al igual que aumentar el gasto público, configura ndo una b a se electoral d e clase 108 trabajadora y media-baja . Los gobiernos de derechas, por el contrario, se han preocupado más por el papel de la de la empresa privada para estimular la economía configurando un respaldo electoral procedente de la clase media-alta. En base a estos axiomas, lo s votantes de cada ideología política evaluará n a los gobiernos de izquierdas e n función a los datos del desempleo y la apuesta por las políticas sociales, mientras que los electores adscritos a la ideología de la dere cha f ijará n su evaluac ión en función a la evolución de la inflación y la economía. Ot ra perspectiva para la atribución de los rendimientos electorales se circu nscribe en función de las fórmulas p a ra la adoptación de las d ecisiones dentro d e l gobierno de coalición (Laver y Shepsle, 1994; Hallerberg y Von Hagen, 1999; Hallerberg, 2004; Mülle r y Strøm , 2008) que de forma resu mida se formaliza en dos modelos : cada ministerio dispone de una autonomía para la toma de decisiones (Laver y Shepsle, 1990a y 1996) y el modelo opuesto , que implica el acuerdo y consentimiento de los miembros del gobierno en las decisiones (Tsebelis, 1995 y 2002). Falcó (2011) en un estudio con datos de quince países de Europa Occidenta l en el periodo de aná lisis 1944-2005 afirma que en aquellas coa li c iones en la que las tomas de decisiones se realizan de una forma más col e giada son las q ue experimentan una mayor diferenc ia en e l rendimiento electoral entre los socios del gobierno. El voto e stratégico (Sartori, 1994) t ambién supone un fac tor condicionante en los rendimientos e lectorales (Hobolt y Karp, 2010) y a que los electore s pueden orientar su voto en función de l a inform ac ión disponible sobre futuras coaliciones y sus preferencias de configuración (Pappi y Thurner, 2002; Aldrich et al., 2004; B lais et al., 2006; Gschwend, 2007; Meffert y Gschwe nd, 2007; Bargsted y K edar, 2009; Brian y Mo rton, 2010). D esde esta perspectiva, los electores estarían dispuesto s a votar a una opción diferente de la preferida inicialment e con el objetivo de optimizar las posibilidades de que su coalición de gobierno pre ferida sea la que se forme tra s las e lec c iones. De esta forma, los electorales no afrontar í a n las e lecciones desde una perspectiva de rendición de cue ntas r etrospectiva, sino que votarían en función de sus pre ferencias a la hora de la configuración de los gobiernos de coalición. Esto supondría que los votantes usan estas expe ctativas rac i ona les sobre la formación de coa liciones para maximizar las utilidades esperadas en la configuración del gobierno de coalición (M arsh, 2010; Meffert y Gsc hwe ndb, 2010; Bowlera, et al,. 2010). S in embargo, esta priorización por parte del votant e de las alternativas en la configuración de sus preferencias en los gobiernos de coalición es compleja ya que en la mayoría de los 109 sistemas electorales los votante s únicamente pued e n votar por un partido individual, no por una coalición específica (Hobolt y Karp, 2010). Alonso (2008) indica que el rendimiento electoral de los gobiernos de coalición también se d eter mina en función de l ámbito organizativo de los partidos qu e lo con figur an , al afirmar que las formaciones PANE tienen un rendimiento electoral mej or que los PAE, conclusión a la que también llegan Aguilar y Sánchez-Cu enc a (2007), sen tido que tambié n se repite en las coaliciones mi xtas. Esto se debe a que para los el ec tores de lo s partidos PAE , que por su propia natur alez a son partidos de clase o que representan a un a i de ología política, tienen más fá cil juzgar hasta qué punto estos partidos han defendido sus intere ses evalu a ndo indicadores reconocibles, c omo son los de carácter económico o social. S in embargo, los ciudadanos que apuestan electoralmente po r formaciones PAN E tienen más complejo evaluar su acción política en func ión de intere ses relacionados con la identidad nacional, ética o cultura l de los indivi duos. Una de las variables sobre las que se más se ha estudiado el rendimiento el e ctoral en los gobiernos de coalición es la evolución de la e conomía. Autores c omo Duch y Stevenson (2008b) o Fisher y Hobolt (2010) afirman que la gananc ia o pérdida del pa rtido que ocupa la presidencia del gobiern o se explica en función de la evolución de los indicadores económicos. Es decir, si son positi vos los da tos ma croeconómicos el partido del que for ma parte el jef e del ejec utivo se verá recompensa do electoralmente y será ca sti ga do si las c ifras son negativ as . Esta persp e ctiva está ligad a a la ide a ampliamente respaldada por la ciencia política que afirma que un aumento de los indicadores económic os garantiza el apoyo electora l para e l partido o partidos que forman el ejecutivo (Fere john, 1986; Persson y Tabellini, 2000; Adsera, et al, 2003; Przeworski, 2003) , aunque de igu a l forma si los resultados ec onómicos son negativos los electores sancionarán al gobiern o y promoverán con su voto en las urn a s su sal ida del pod e r. En esta rel a ción de economía y r e compensa electora l, Stokes (1996) i ndica una salvedad: una evolución nega tiva de la economía puede producir una recompensa electoral favorable cuando los electores perciban que l a s expectativas son positivas y al revés, es decir, unos datos favorables pueden desembocar en producir un ret roc eso electoral cuando los ciudadanos observan que las expectativas son negativas. 110 Otra perspectiva es que a mayor número de partidos que configuren el g obierno de coalición menos fuerte será la evolución económica como factor explicativo del r e ndimiento electora l de los partidos componentes del gobierno de coalición (Lewis-Beck (1986 y 1990; Powell y Whitten, 1993; Mershon, 1996; Bosch et al., 1999; (Przewors ki et al., 1999; Whitten y Palmer, 1999; Anderson, 2000; Powel, 2000; Mershon, 2002; Nadeu et al., 2002; Strøm, et al, 2003; Bengtsson, 2004). Urquizu (2008) contraviene esta teoría. Comprueba en su investigación de accountability para los ejecutivos en veintidós democracias parlamentarias d e la OCDE entre 1945 y 2006 que en l os gobiernos de coalición sí hay intensas relaciones entr e los rendimientos electorales del partido y los indic a dores económicos, aunque solo para el partido líder del ejecutivo . Es más, afirma qu e es ta relación es más intens a en los partidos que lidera n los gobie rnos de coalición que en la formación polí tica de un ejec utivo en solitario. Además, en la investigación no encontró relación estadística significativa e ntre los indicadores económicos y los benefic ios o pérdidas elec torales de los pa rtidos secundarios, al igual que tampoco con los que a sumen las áreas de vicepresidente, ministro de Financias y Economía, o el de Educac ión y Salud. Por otra parte, Maravall (2010) apunta que la rela c ión directa entre la evolución de la economía y los r e ndimientos electorales es li mitada en su alcance. El autor en sus estudios con datos agrega dos d e diversos países y décadas llega a la conclusión de que la permanencia o no del partido e n el poder que sustenta al j efe del ej e cutivo está i nflue nciada s olo ligeramente por las condiciones económicas independientemente de si el ejecutivo es de coalición o formado por un único partido, lo que viene a confirmar el límite del alcance de la responsabilida d econó mica en las democracias (Che ibub y Przeworski, 1999). Con respecto a las principales magnitudes que pueden c ondicionar el rendimiento electora l, la literatura sobre el voto e conómico ha subrayado la importancia del crecimiento económico, medido en el Producto Interior Bruto, como explicación del comportamiento electora l (Lewis-Be c k 1988; Norpoth, et al,. 1991; Powell y Whitten 1993; Whitten y Palmer 1999; Barreiro 2008). Sin embargo, los datos mostraron a Maravall (2010) que el crec imiento de l PI B tuvo una influencia li mitada , reduciendo el rie sgo de que el partido del primer mi nistro perdiera el cargo s olo si el gobierno era una co a lición, efecto que no se aprec i a ba en los gobiernos formados por un solo p artido. Por el contrario, e l desempleo y la 117 El otro enfoque es el vot o prospectivo (Key, 196 1; Kramer , 1971; Kuklin ski y West, 1981; Lewis-Beck y Skalaban, 1989) que determi na que los electore s votan en función de las perspec tivas de gestión futura, es decir, que orientarán su voto en base a qué partido o líder considere que mejor gestionará los asuntos económicos. El objetivo de cualquier votante racional es maximiza r la uti lida d esperada Downs (1957), eligiendo a l mejor partido político y candidato (Kuklinski y West, 1981; Lewis-Beck y Skal aban, 1 989; Price y Sanders, 1995) con características personales como la integridad, las preferencias compartidas, la experiencia o la habilidad e ntre otros atributos (Fearon, 1999; Besley, 2005; Duch y Stevenson, 2008a). Cuando la información disponible es im pe rfecta, el votante rac ion a l utilizará la información d el pas a do para formular sus expectativas c on el fin de minimizar el riesgo d e su elección (Jaime y Sáez , 2007), apoyándose en su percepción de los antecedentes ocurridos en las responsabilidades partidistas que h an tenido tanto en el gobierno como en la oposición, utilizando por lo tanto el pasa do para proy ec tar e l futuro (Lewis - Beck, 199 0; Uslaner, 1989; Bratton, 1994; Lanoue, 1994; Keech, 1995). Otra de las opciones es to mar la decisión electora l en función de las perspectivas futuras sin la necesidad expresa de recurrir a las experiencias pas ada s, b asa ndo su decisión en los mensajes recibidos en las c ampaña s electora l e s u otras fuentes de información (Kuklinski y W est, 1981; Abramowitz, 1985). La se gunda dimensión que ofrece el voto ec onómico es la afec tación de la economía, es decir, si el elector vota en función de su sit ua ción personal (egotrópico) o en función de la marcha de la economía en general (sociotrópico). En este sentido, el voto egotrópico establece que son las condiciones económicas personales o familiares las que determinan la evaluac ión que re aliza el ciudada no sobre la gestión económica del gobierno y, por lo tanto, esta situación es la que condiciona su comportamiento político (N annestad y Paldam, 1997). En el lado contrario, el voto sociotrópico centra la evaluación de la gestión económica del gobierno no desde la perspectiva personal, sino desde la situación general de la e conomía y en base a la evolución de los principales indicadore s macroeconómicos, los cuales será n los que condicionen el comportamiento político (Kiewiet, 1981). Como se puede a preciar, en el modelo económic o asume especial relevancia la capacidad que tien e n los ciudadanos para una co rr ecta atribución de responsabilidades y accountability vertical . E sta hipótesis requiere un alto nivel de conocimiento e infor mación 118 política para tener un am plio conocimiento de los temas (en especial de la evolución de la economía) e identificar c orr ectamente qu é actores políticos son responsables de cada asunto público. Sin embargo, como se ha apuntado ant e riormente hay multitud de factores que impiden que los ciudadanos puedan conocer con exactitud la atribuc ión de responsabilida d, rompiendo así con la hipótesis de que los ciudada nos , como sere s racionales están tot a lmente informados, tienen una a l ta claridad en las atribuciones de responsabilidad y conocen cuáles son bene ficios e sp e rados de su elección (Anderson, 2000; Bengtsson, 2004; S a muels, 2004; Jaime y Sáez, 2007) . - Críticas a los componente s del voto La teoría del voto racional y en especial su varia nte del voto económico también han sido objeto de crítica y revisión debido a que tampoco es capaz d e expli ca r por sí sola la motivación partidista de los e lectores. En este sentido autore s como Maravall y P rze worski (1999) consideran que a pesar de que los electores consiguieran evaluar con precisión la situación económica, co mo apunta la teoría del modelo racional (Downs, 1957) , sin embargo, no actúan electoralmente conforme a esta evaluación ya que consiguen articular razone s p ara motivar u n compartimento e lectoral contrario a la evaluación e conómica realiza da. Es d e cir, los electores son capaces d e decidir primero qué opción electoral depositar en las urnas y luego buscar los racionamientos económicos para sostener esta decisión. En este sentido, entre las motivaciones que introduce n la disociación (Maravall y Przeworski, 1999; Maravall, 2010) entre cómo los ciudadanos ev a lúan la economía y el comportamiento electora l, están las de considerar que las reformas económicas emprendidas por los gobiernos provocan dificultades a corto o medio plazo pero que sin embargo son necesarias y suponen un futuro ec onómico mejor, o que los gobiernos no son las causas de la sit ua ción económica y a que se debe a agentes externos. De este modo se puede explicar que en contexto d e dificul tades y crisis económicas hay gobiernos que consiguen mantenerse electora lmente, o viceversas, que en un ciclo económico positivo haya gobiernos que pierdan el poder como consecuencia de qu e incumple n sus promesas electorales, retrasan las reformas necesaria s o ha n estado en e l poder durante mucho tiempo. 119 Más allá de todo ello, de nuevo las motivaciones electora l e s desde la perspectiva del voto ec onómico no se puede a islar de variables como la adscripc ión y lealtades partidista e ideológicas que configuran en el ciudadanos creencias y compromisos (Harrington, 1993; Converse, 1969) perdurables en el tiempo que también moldea n sus razonamientos para su elecc ión p a rtidista, más aún en sistemas políticos , como el español, dond e hay una fu e rte vinculación partidista (Marava ll y Przeworski, 1999) . Prosiguiendo con teorías que ponen e n cue stión l os postulados del modelo de l voto ra cional, está la teoría de la asimetría del voto económico (Bloom y P ric e, 1975) que defiende que h ay un mayor retroceso ele c toral para los partidos c on responsabilidad de gobierno en contextos de crisis económicas que ventajas electorales para los partidos en el ejecutivo en situaciones de crecimiento económico , hipótesis que sido contrastada por autores como Nannestad y Paldam (1997), Belluc ci y Lewis- Beck (2011). Sin embargo, e n el caso esp añol los estu dios sobre la influencia del voto económico en las elecciones genera l e s de 1996, 2000 y 2011 (Fraile, 2002; Mora 2017; Mora y Moreno, 2019) apuntan a que primó en mayor med ida el beneficio el ectora l para el partido en el gobierno en contextos favorables económicos, como en el caso de las elecciones generales de 2000, frente al desgaste en sit uaciones de crisis e conómica (e lecciones genera les de 1996 y 2011), donde el retroceso electoral también se debió a otras circ unstancias como la corrupción y el desgaste de los gobier nos socialistas, para las elecciones de 1996, o la crisis de reputación y confianza en la gestión social hacia el gobierno d e José Luis Rodrígue z Zapatero un ido a la crisis en el sistema de representación política que deparó en el surgimiento del movimiento del 15M para los comic io s de 2011. Más allá de las motivaciones del voto que ofrecen teorías clásicas y sus críticas, las explicaciones de la ciencia política sobre el comportamiento electoral no se limitan a éstas, sino que también hay nue vas perspectivas encu a dradas en los modelos alternativos que ofrecen nuevas explicaciones y motivaciones para la ac ción electoral de los indivi duos , dejando en un s egundo plano los atajos cognitivos de los grupos sociales, la ideología o la elecc ión racional. Entre otros modelos , destacan los de acción razonada ( Ajzen y Fishbein , 1980; Ajzen, 1991), el issue voting o voto temático (Evans, 2003; Antunes, 2010), las consideraciones actitudinales de los electores e n torno a al grado de sati sfa cción con el funcionamiento del sistema de mocrático, el nivel de confianza en los partidos políticos y en 120 las inst ituc iones públicas (De lgado y Caz orla, 2017) o la vinculación de l as emociones y decisión del voto. Los estudios sobre esta última perspectiva no solo se han centrado en romper la dicotomía entre emoción y razón, sino se a firman que la pr imera complementa a la segunda (Elster, 1999a, 1999b), a la vez que las emociones son socialmente construidas (Turner y Stets, 2005; Clarke et al . , 2006) y ti e nen un carácter cognitivo (Schachter y Singer, 1962; Lazarus, 1977; Marcus et al., 2000 ). De esta forma, las emociones están presentes en los comportamientos electorales como en cualquier otra conducta human a (Kahneman, 2016), desarrolla ndo un p a pel importante en el proc e so de la configuración del comportamiento político en general y en el electoral en partic ular, sobrepasando de esta forma los componentes clásic os e xpli c ativos del voto (Jaráiz et al,. 2020). Ante tan amalgama de factores explicativos del voto, cada vez es más frec uente encontrar bibl iogra fía que rompa con la e stanqueidad entre las teor ías para pasar a afrontar el estudio del comportamiento electoral de fo rma int e gradora, t eniendo en cuenta la pluralidad de v aria bles, d e fendiendo la multilateralidad del voto (Kramer, 19 71; Lewis-Beck 1990; Alvarez y Nagle, 1 995; Whitten y Palmer 19 96 ; Sáez, 2002a ; Anduiz a y Bosch 2007). A este propósito ayuda mucho las nuevas téc nicas y software de análisis de datos, que permiten poner a prueba los modelos estadísticos donde se incluyen diversidad de variable s en el estudio de los com ponentes del voto . Está siendo cada v e z más habitual recurrir a la explicación multivariable del comportamiento electoral utilizando el método de las ecuaciones estructurales (Soares y Rivera, 2012; C a zorla, 2014; Jará iz y Barreiro, 2015; Rivera y Jaráiz, 2016; Delgado y Cazorla ; 2017). 121 122 CAPÍTULO IV. L OS GOBIERNO S DE COALICIÓN DE LAS COMUNID ADES AUT ÓNOMAS Y SU RENDIMIEN TO ELECTORAL 1. Marco normativo e institucion al aut onómico: los sistem as e lectorales y procesos de invest idura 2. Breve descr ipción de la configurac ión partidist a de los gobierno s de coalición autonómic os 3. Balance de las exp eriencias de los gobiernos de coalición en l a s comunidades autónomas de Es p a ñ a : car acterística s y ren di m iento s electorales ( 1980-2022) 3.1. Carac terísticas a gregadas de los gobiernos de coalición en las comunida des autóno mas 3.2. Rendimie ntos elector al e s agre gados de los gobiernos de coalición en las comunida des autóno mas 3.3. Rendimie ntos ele ctorale s agrega dos de los partidos polític os que h a n participa do en lo s gobierno s de coalici ón en las comun idades au tónomas 123 124 IV. LOS GOBIERNOS DE COALICIÓN DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS Y S U RENDIMIENTO ELECTORAL En el sistema polí tico español las comunidades autónomas forman un nivel de gobierno y de represe nt a ción fundamental en la or ganización política y estructura del Estado español. Las comunidades autónomas disponen de las a tribuciones pa ra el d esa rrollo de sus competencias a la vez qu e los pa rlamentos autonómicos e jercen su potestad legislativa para la aprobación normativa en el marco de sus compete ncias. Estas cámaras, ór ganos de repre s e ntación d e la voluntad de los ciudadanos de región, son las encar g a das también de elegir al presidente del gobierno autonómico y ejercer la labor de control al gobierno regional, entre otras importantes funciones. Este nivel de gobi erno, el autonómico, cu enta con un importante ámbito competencial 27 para la p restación de s e rvicios públicos para los ciudadanos, tales como la educación, sanidad, polí ticas sociales, obras pú blica s, ordenación del territorio, aguas interiores, etc. Es trascendental el desarrollo de estos ejecutivos para el sistema político como para e l diseño e impleme ntac ión de las políticas públi c as que afectan a los ciudadanos. Además, el Estado de las autonomías e spañol ha generado e n los electores un proceso de identidad vinculado a las regiones, lo que en determinada s comunidades autónomas también ha producido un proceso de identidad nacional. Ambas dimensiones han derivado en la configurac ión gran número de partidos de ámbito no estata l (P ANE) y el establecimiento de sistemas políticos regionales (Rivera, e t al,. 2019). Este tipo de formaciones, tienen el mayor peso pa rlamentario e n las c omuni da des d el régimen histórico d e C ataluña y P a ís V asco. En el resto de l as regiones su im porta ncia es más reduc id a , en especial en las elecciones gen era les. La relación entre las formaciones P AE y P ANE en cada territorio ha sido la de competir electora lment e en la mayoría de las 27 El marco regulador de las competencias de las co munidades autónomas está establecido en artícu lo 148 d e la Constitución Españo la. Posteriormen te se han aprobado mu ltit ud de leyes y Estatutos d e Au tonomía en las Cortes Gener ales que han ido av anzando hac ia el Estado d e las autonom ías y en las trasfe rencias de competen cias a éstas. 125 ocasiones. Sin embar go, también ha habido experie ncias de colaboración que consistían en varias fórmulas: alianzas electorales y de otra índol e, la renuncia de la formación P AE a tener presenc i a en el territorio en fa vor de P ANE con e l que ti e nen un a cuerdo , o incluso la formación P ANE renunciar a pre sentarse en las elecciones generales y most rar el apoyo en estos comicios al partido con el que tienen la colaborac ión (B arrio, et a l., 20 18) Como se observará a continuación, estos partidos políticos han sido signi fic ativos en la gran mayoría de las regiones, cuando no protag onistas en el lideraz go d e los ej ec utivos, también de coa lición, en especial en las Comunidades históricas. Centrados en los casos de los gobiernos de coalición, el presente capítulo analiza desde una perspectiva longitudi nal todas las experiencias de ejecutivos de coalición que ha ha bido en el sis tema autonómico e spañol d esde las primer a s e lecciones autonómicas celebradas en el año 1980 (elecc iones a l Parlamento del P a ís V asco del 9 de marzo) hasta los comicios de segundo orde n del 13 de febrero de mayo de 2022 en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. El objetivo es el de ofrecer una panorámica genera l d e las características de todos los gobiernos de coalición en las comunidades autónomas, como la de cua ntificar y ana lizar sus rendimientos electoral es , uno de los elementos fundamentales que los partidos políti c os tienen en cue nta a la ho ra de optar y en qué c ondiciones a formar ac uerdos de gobiernos de coalición. De los 236 gobiernos autonómicos formados en el periodo de an á lisis (1980 - actualidad), un total de 98 han sido de coalición o lo que es lo mismo, un 41,5% del total. Como se puede observar en la tabla 2, en los más de cuarenta años de desarrollo de ejecutivos autonómicos los ejecutivos de coa lición han propiciado un mapa desigual en relac ión con e l número de ejecutivos de estas caracter ísticas configurado en cada región. D e esta forma, hay comunidades autónomas con un alto po rce ntaje de ejecutivos de coalición s obre el total de los gobiernos formalizados, como es el caso de Cataluña, País V asc o, Islas Ca narias, Cantabria, Aragón o las Islas B a leares, supe ra ndo todos ellos ampliamente el 50% . En el lado contrario hay regiones en las que no ha habido ninguna experiencia de gobierno de coalición, como Extre madura, o en las que el nivel de casos es muy bajo, co mo ha sucedido en Castilla-La Mancha, Madrid, Asturias, Castilla y León o Murcia, todos ellos por debajo del 20%. El resto de las regiones se sitúan e ntre 3 y 6 experiencias de este tipo gobier no. Ta l diferencia de experiencias de gobiernos de coalición en las comunidad e s autónomas, se debe, 126 entre otra s c ausas, al sistemas de partidos configurado en cada región, donde se aprecia que en aquellos que se caracterizan por ausencias de mayorías absolutas, alta fragmentación electora l, elevado númer o de partidos con representación parlamentaria , y que entre ellos haya for m a ciones de ámbito regional (P ANE) con una importancia significativa, propicia la alta configuración de gobiernos de coalición. Sin embar g o, los sistemas con un fuerte bipartidismo y con un es c aso o nulo peso p arla mentario de los partidos P ANE ofrecen bajos niveles de gobiernos de c oalic ión. T abla 2. Número total d e gobiernos autonómicos y ejec utivos de coalición en las comunidades autónomas (1980-2022) Comunidades autónom as Gobiernos Gobiernos de Coalición % Gobiernos de coalición so bre el tota l Gobiernos de coalición cuantificable REN/RER 28 Andalucía 14 5 28,6 3 Aragó n 14 9 64,3 7 Asturias 13 2 15,4 2 Cantabria 15 10 66,7 8 Castilla y L eón 14 3 21,4 2 Castilla-La M ancha 12 1 8,3 1 Cataluña 17 16 94,1 11 Extrema dura 10 0 0,0 0 Galicia 15 5 33,3 4 Islas Baleare s 14 8 57,1 6 Islas Canarias 18 12 66,7 8 La Rioja 12 4 33,3 2 Madrid 14 1 7,1 1 Murcia 13 2 15,4 0 Navarr a 13 6 46,2 4 País Vasco 16 11 68,8 7 Comunidad Valenciana 12 3 25,0 2 Total 236 98 41, 5 68 Fuente: Elaboración propia a partir d e Reniu (20 14) y dato s recopilad os p or el Observatorio de Gobiernos de Coalición d e Esp a ñ a ( OGC) : www. ub.edu/OGC/ind ex_es _arch ivos/Datos.htm . Lo s distintos casos de gobier n os de co alición por comunida des autónom as y sus características se encuen tran en el Anexo . 28 La difer encia numér ica de esta colu mna con la posterior (g obiernos d e coalición) se explica por vario s motivo s : h ay g o biern os que no se pued e cu antificar su REN/RER deb ido a q ue to davía están en ejercicio y sólo se podrá h acer cuando tengan lug ar las siguientes elecciones que pongan fin a la leg is latura. Adem ás, en determ inadas legislaturas hay su cesivos gobiernos formados por los mismos partidos pero q ue ponen fin y se inicia uno nuevo por el cambio del p residente ante lo que se o pta po r cuantificarlo como uno solo ya que compar te un mismo interv al o electoral y los mismos partido s p olíticos. También se da el caso de gobierno s de coalición que exp e rimentan u na salida del ejecutivo de una formac i ó n política an tes de que finalice la legislatura, lo q ue formalmente y siguiend o los criterios de Strøm (1990a) configura un nuevo ejecutivo, p or lo que se o pta p o r cuan tificar ú nicamente el ejec utiv o de c oalición qu e fi naliza la leg islatura. 133 establece n dos m ese s d esde la primera votación o tras la constitución del parlamento. En el caso de la Comunidad Foral d e Navarra es de tres meses desde la celebración de l as elecc ion e s, y en País Vasco son sesenta días, p ero desde la fecha de la convocatoria de investidura. Finalmente, Castilla-La Mancha no rec oge la disol ución automática, sino que, si no se logra las mayorías necesa rias para la investidura, es proclamado de forma automática el c andidato de l partido que hubier a obtenido más escaños. Esta fór mula era también la que tenía Anda lucía ha sta la r efor ma de l Estatuto de Autonomía de 2007 y la Comunidad F oral de Navarra hasta la Modi fica ción Ley Orgánica 1/2001 de 26 de marzo. 2. Breve descr ipción de la configu ración partidist a de los gobierno s de coalición auton ómicos Como se ha mencionado anteriormente, de los 236 gobiernos autonómicos formados en el periodo de aná lisis (1980-2022), 98 han sido de coalición. Lo que se pretende en este epígrafe es describir de f orma r esumida por comu nidade s autónomas qué formaciones han configurado estos ej e cutivos y algunas características d e esp e cial relevancia para comprender el fe nómeno coa licional en este nivel de gobierno. En Andalucía de los 14 ejecutivos configurados en las 11 legislaturas, han sido un total de cincos los gobie rnos de coalición desarrollados en esta Comunidad Autónoma. Los dos primeros fueron consecutivos (1996 -2000 y 2000-2004) y compartieron los mi smos socios de gobierno, estuvieron liderados por el presid ente socialista Manuel Chaves y tuvi e ron como socio secundario al PA. Hubo que esperar ocho años para que en Andalucía volviera a haber un g obierno de coalición, en este caso también presido por un socialista en la figura de José Antonio Griñán teniendo como socio del ejecutivo a IU LV - CA (2012-2013). Sin embargo, con la dim isión del presidente G riñán se inicia un nuevo gobierno de coalición con los mismos socios y que en este caso preside la socialista Susana Díaz ( 2013 - 2015), que finaliza con el adelanto elec toral en mar zo de 2 015. Finalmente, el qui nto gobier no de coalición ha sido el presi dido desde enero de 2019 por el popular Juan Manuel Moreno y con C´s como socio hasta julio de 2022. 134 En el caso de Aragón, el sistema de partidos de la región ha estado caracteriza do, entre otros aspectos, por la ausencia de mayorías absolutas 33 y por la posi ción central de Partido Aragonés Regionalista ( PAR) 34 , que como partido bisagra ha permitido generar mayo rías gubernamenta l e s tanto con el PP , el PSOE y otras formaciones políticas. Además, ha sido el pa rtido que más v eces ha estado en las responsabil idade s de gobie rno, ya que ha formado parte de todos los gobi ernos de coalición excepto el configurado tras las ele c ciones autonómicas de 2015, donde la coalición del PS OE fue con el CHA. La aus enc ia de mayorías absolutas en Aragón ha propiciado la cultura del pacto de las fu e rzas polí tica s de esta comunidad en la búsque da de acuerdos de investidura y de gobierno. Así, desde las elecc ion e s autonómicas de 1983 ha habido en Aragón 14 ejecutivos de los que en su gran mayoría (9 ) han estado formados por gobiernos de c oalición, pasando así Aragón a ser una de las comunidade s a utónomas que más experiencias de gobiernos de coalición ha tenido. Las experiencias de gobiernos de coalición en esta región se inician en la II Legislatura 1989-1991 35 entre el PAR y PP, con Hipólito Gómez como presidente (PAR). En la III Legislatura 1991 -1993 36 se repite la exp e riencia entre ambas formaciones c on la presidencia de Emilio Eiroa, también del Partido Regionalista, a unque no finaliza la legislatura por una moción de censura impulsada por el PSOE, que ac a ba la legislatur a c on un gobierno monocolor. En la V L egislatura (1995 -1999) d e nuevo hubo un gobier no d e coalición entre PP y PAR, ostentado por primera vez por el P artido Popular y con la presidencia del Gobierno de Aragón en la figura d e Santiago Lanzuela. Posteriormente se abre un ci c lo de tres legislaturas (1999 -2003; 2003-2007 y 2007-2011) e n la que los a cuerdos entre P SOE y PAR vuelven a llevar al primero a la presidenc ia de la mano del socialista Marcelino Iglesias. Tras un año de gobierno en solitario de María Fernández (PP) (2011-2012) , vuelve a haber un gobierno de coalición (2012 -2015) entre P P y PAR con la misma líder del ejecutivo. De nuevo e l PSOE re cupera la presidencia de Aragón en la Legislatura 2015-2 019 en la que el 33 Esta circunstancia, que n unca haya habido mayoría absoluta, solo ha produ cid o además de Aragón en Canarias, Nav arra y País Vasco. 34 El Partido Aragonés Regionalista cambió a la denominación de Partido Aragonés en 1990. 35 En los dos primeros años de la II Legislatura (1987 -1989) el PAR go bernó en solitario solo co n 1 9 dip utados, lo que dificultó el apoyo parlamentario al ejecu tivo y l o mot ivó a buscar una alian za con o tro partido político en 1989 (en este caso AP que tenía 12 d iputados). E ste partido tamb ién form ó p arte del Gobierno con dos consejerías ( de lasocho q ue formaban el ejecu ti v o). 36 Es desalojado de la presidencia de la Com unidad Autónoma como consecuencia de un a m oción de censura presentad a por el PSOE e IU gracias al v oto de Emilio Gomáriz, el cual p erten eció al grupo parlamentario del PP d e las Cortes de Aragón hasta el día 24 de noviembre d e 1992 , fecha en la que lo aban donó p ara pasar al grupo mixto. En septiembre de 1993 es elegido p residente José Marcos Ber gés (PSOE) que lo será hasta que finalice la L egislatura (1995). 135 PSOE gobernó con el CHA (es la primera ve z q ue este partido forma parte del ejecuti vo) con apoyos parl a mentarios de Podemos e IU , ba jo la presidencia d e Francisco Javier Lambán. Finalmente, en l a Legislatura 2019- ac tualidad ha formado un gobie rno de coalición cuatripartito con PSOE, Podemos, PAR y CHA y el apoyo pa rlamentario de I U 37 . En relación con el Principado de Asturias ha h abido un total de 13 ejecutivos, de los que en solo dos oca sion e s ha habido un gobierno de coa lición . Llama la atención el bajo número de experiencias de coalición en el Principado de Asturias a pesar de que de las 11 elecc ion e s autonómicas que ha habido en tan solo dos (1983 y 1999) un partido ha alcanzado la mayoría absoluta, fija da en 23 diputados, y en ambos casos fue cosechada por el PSOE. La primera experiencia de gobierno de coalición tiene luga r en el p eriodo 2003-2007 formado por PSOE e IU con Vicente Álvarez co mo presidente (PSOE) y la segunda en la siguiente legislatura, aun que el ejecutivo de co alición no se formó h a sta novi embre de 2008 38 y finalizó cuando se dio por concluida la legislatura. El retorno de la formación del gobierno de coalición se produce año y medio después de que, en juni o de 2007, tras las elecciones, fracasaran las negociaciones 39 entre IU y el P SOE para reeditar el gobierno d e coalición qu e dirigió Asturias en la Legislatura 2003 - 2007. Durante este periodo previo al acue rdo (julio 2007 – noviembre 2008) fueron varias las confrontaciones públicas entre ambas formaciones e incluso IU votó en contra, junto al PP, de los presupuestos de 2008 provocando que no se aprobaran 40 . Hasta la fecha en la Com unidad Autónoma d e Ca ntabria ha h abido quince gobiernos autonómicos de los cua les 10 han sido ejecutivos de coalición. Como demuestran las cifras del número alto de ejec uti vos en el actual periodo democrático (15 en 1 1 elecciones d esde 1983 hasta 2019) éstos se han caracterizado -sobre todo en el espacio temporal de 1983 hasta 1995- por una alta inestabilidad motivada po r l a presentación de mociones de ce nsu ra , escisiones de partidos, gobiernos de con ce ntración, dimisiones de presidentes, divi sión de los grupos parlamentarios e incluso la conde na a prisión e inhabilitación para car go púb lico de un presidente de la región . Con re specto a los gobiernos de c oalición, tal y como sucede en otras regiones (como en Aragón, Canarias, Cataluña, País V asco, Navarra, e tc.) ha tenido 37 Véase: https://www.elco nfidencial.com /espana/2019 - 07 - 30/jav ier-lamban-investidur a-aragon-podemo s- acuerd o -ped r o-san chez_2151919/ 38 Véase: https://elpais.co m/diario/200 8/ 11/28 /espana/1227826810_8502 1 5.html 39 Véase: https://elpais.co m/diario/200 7/ 07/01 /espana/1183240805_8502 1 5.html 40 Véase: https://elpais.co m/diario/200 7/ 12/15 /espana/1197673207_8502 1 5.htm l 136 una gran importancia el partido de á mbito r egional, e n este caso el Partido R e gionalista de Cantabria (PRC). Debid o a su posición de centralidad o partido pivote ha sido capaz de actuar d e bisagra p ara fa vore cer la fo rma ción de gobiernos de co a lición a un lado y a otro del espectro ideológico, principalmente a pa rtir d e 1995, for mando parte de siete ejecutivos de coalición. En relación con los 10 gobiernos de coalición (Ridao, 2014), las primeras experiencias tuvieron lugar en la primer a legislatura (1983-1 987) donde hubo dos gobiernos de estas caracter ísticas formados por AP , PDP y UL que co ncurrieron conjuntamente bajo el nombre de Coalición Popular . En este periodo hubo dos presid entes: José Antoni o Rodríguez que dimite el 2 de marzo de 1984 por discrepancias internas y es sustituido por Ángel Díaz de Entresotos, de AP , para ser investido el 18 de marzo de 1984. En la Legis latura II (1987 - 1991) se da lugar a un gobierno de coalición (1990-1991) entre PSOE, PP , PRD y CDS con la presidencia del socialista Jaime Blanco. Este excepcional gobierno autodenominad o “de gestión” tiene como objetivo pasar página a la época de inestabilidad que c a racterizó los tres primeros años de l e gislatura gen e rada por la crisis interna del PP que provocó la escisión con la formación UPC A que li de raba el entonces presidente de la región, Juan Hor maechea. T ras las elecciones de 1991, PP y UPCA llegan a un acuerdo pa ra formar un gobierno configurando un ejec utiv o que dura unos pocos m ese s (1991 - 1992) hasta la salida del PP del ejecutivo e intento de poner una moción de censura a Juan Hormaechea, por entre otros motivos, incumpli r el acue rdo de int e gración de ambas fuerzas políti c as en el PP . En la Legislatura IV (1995-1999) y Legislatura V (1999 -2003) se producen am bos acuerdos de gobierno entre el PP y el P RC donde el PP asume la pre sidencia del gobierno con José Joaquín Martínez. En la VI Le gislatura (2003-2007), VII (2007-201 1), IX (2015-2019) y X (2019- actualidad) ha habido gobiernos de coalición entre el PRC y el PSOE donde siempr e ha sido Miguel Ánge l Revilla (PRC) el presidente , a pesar de que en la legislatura VI el PSOE con 13 escaños tuviera más f uerz a pa rlame ntar ia que el PRC (8). La Comunidad Autónoma de Castilla y León se e nc uadra en el grupo de re giones c on un muy bajo número de gobiernos de co a lición. Así, del total de 14 go biernos que han configurado el sistema político autonómico desde 1983 , tan solo tres han s ido de coalición . El primer ejecutivo de coalición es el compuesto por PP y CDS en el intervalo 1989 -1991 presidido por Jesús Posad as (PP) tras la dimisión como presidente de la región de José Ma ría Aznar p ara li de rar el PP a nivel nacional. El segundo es el que d esarrollaron P P y C´s (2019 - 137 2021) presidido por el popular Alfonso F e rnández y que finaliz a abruptamente tras el adelanto electoral y la expulsión en diciembre de 2021 de C´s del ejecutiv o argumentando su traición por pact a r los pre supuestos con la oposición y la posi bilidad de q ue apoyaran un a moción de censura impulsada por e l PSOE 41 . Tr as l os comicios de fe brero de 2022 se form a un nuevo gobierno de coalición liderado también por Mañueco, pero en esta oc asión el socio de gobierno es Vox, pr imera ocasión en la que esta fuerz a política asume la re sponsabili da d de gobierno en el marc o autonómico. Castilla - La Mancha es una Comunidad Autónoma que se ha caracterizado por un sistema de pa rtidos con un fue rte bipa rtidismo que ha provoc a do que solo en una oc asión un partido político no haya conseguido la mayoría absoluta, lo que a la postre s e convirtió en la única vez en la que se h a recurrido a la formación de un gobierno d e coalici ón. Sin embar go, no fuera hasta la mitad de la legislatura cuando se materializó. Este gobierno estuvo formado por PSOE y Podemos (2017-2019) donde el presidente fue Emiliano García (PSOE) . Para contextualizarlo, es necesario retrotraerse al acuerdo de investidura ent re PSOE y Podemos 42 (16 de junio de 2015) en el que Podemos acordaba el apoyo de sus tres diputados a la investidura del Emiliano García Pa ge y por am bas parte s se asumía el compromiso de ejecutar a lo lar go de la legislatura 13 grandes reformas, a cuerdos o leyes. En este acuerdo no se menciona el apoyo a los presupuestos de la región y no se contemplaba la incorporación de Podemos a l e jecutivo. Con la aprobac ión de los presupuestos de 2017 tuvo lugar la primera gran crisis entre los socios de investidura , ya que Podemos y PP tumbaron las cuentas del ejec utivo aut onómico el 7 de abril de 2017. El nivel de tensión entre el PSOE y Podemos fue tal que el líder esta esta formación en Castill a - La Manc ha y portavoz parlamentario llegó a acusar el gobierno de “haber a c t u a do co n p r á ct i c a s a n ti d e mo c r át i c a s d e e s ti l o q u e r a y a n e n l o m a f i o so ” 43 . F i n a lm e n t e, e n a g o st o d e e s e m i sm o a ñ o, a m b a s f o r m a ci o n e s al c an z a r o n u n a c u e rd o d e g o b i e rn o p o r e l q u e P o d e m os e n t r a a f o r ma r p a r t e d e l e j e c ut i v o , c o n l a s c a r ac t e r ís t i c as m e n c i on a d a s a n t e r i o r m en t e 41 Véase: https://www.la sexta.com/no ticias/ nacio nal/manueco- disuelve-cortes-con v oca- e lecciones- castill a- leon- 13 - febrero_2021122061c03d32ea1 6 b8000 1 9734f2 42 Véase: Acu erdo para el apoyo del Grupo Parlamen tario de Podemos -CLM a la investidura de D. Emiliano García Page como Presiden te de la Junta de Comu nidades de Castilla La Mancha: http://cdn 27.hiberus.com/uploads/do cumentos/2015/06/18 /d ocum entos_acuerdopsoepodemosclmg enerico_4 cec225 5 .pdf 43 Véase: https://www.ab c.es/espana/ca s tilla - la -manch a/toledo/abci - pp -y-podemo s-tumban-p r esupuestos - junta-2 0 17040 7 1329_ n oticia.htm l 138 Cataluña es la Comunidad Autónoma con más gobiernos de coalición, con 16 de un total de 17 ejecutivos configurados en el periodo autonómico. Únicamente la crisis interna de C iU en 2015 provocó que hubiera un breve periodo de tiempo en el que el ejecutivo estuviera formado por un único partido político. L a s experiencias de gobierno en coalición se dividen en tres grandes periodos. La primera etapa se encuadra en los gobiernos formados por Conver g e ncia i Uni ó, es d e cir , CDC- UDC que durante el p eriodo 1980-2003 se conformar on sucesivame nte bajo la presidencia de Jordi Pujol. En este int e rvalo hay una salvedad, que es la c oalición formada entr e ambas f ormaciones a la que se s umó ERC como socio minoritario en el s e gundo gobierno de coalición (1984-1987), aunque la formación independista de izquierdas abandonó el ejecutivo antes d e que f inalizara la legisl a tura, configurándose en e l peri odo final un nue vo gobierno de CiU (1987-1988). Con la pérdida del poder de CiU en 2003 se abre una etapa de siete años con tres gobiernos de coalición formados por PSC , ICV y ERC 44 y que estuvieron presididos por los socialistas Pascual Maragal (2003-2006) y José Montilla (2006-2010). En el 2010 se inicia de nuevo un a et apa d e gobiernos en l a que Ci U vuelve al poder auto nómico con dos ejecutivos presididos po r Artur Más (2010-2012 y 2012-2015) donde la ruptura de estas formaciones polí tic as c omo conse cuencia de las diferentes posiciones con respecto al independentismo 45 y el vet o de la CUP a Artus Mas provoca que se forme un nuevo gobierno de co alición entre PdCAT y ERC (2016 -2017) presidido por Carles Puigdemont. La declaración unil a teral de la independencia del Parlamento de Cataluña, la aplicación artículo 155 de la Constitución E spañola y la convocatori a de nu e vas elecciones en 2017 dio como resultado la redi c ión de la coalición entre JuntsxCat y ERC (2017 -2020) con Quim Torra como presidente. Su inhabilitación e n septiembre de 2020 46 dio paso a un nue vo gobierno (2020-2021) con los mismos socios, pero asumiendo la presidencia Pere Ar agonès de ERC. 44 ERC aband ona el gobierno de coalició n de 2003 -2006 a pocos meses de que acabara la legislatura. 45 La tensión p olítica catalana como consecuen cia d el proceso ind epe nden tista d el gobiern o de la Gen e ralitat, en espec ial de CDC, ter minó por romper la f ederación (CiU) en ju nio de 2 0 15. Las po s iciones cada vez m ás independ is tas y rup t u ristas con el E s tado de CDC acen tuadas desde el año 201 2 confron t ab a co n la posición más auto nomista y de diálogo con el Estado de UDC . Esta formación , bajo la figura de Durán Lleida, seg uí a defen diendo el acuerdo par a permanecer dentro d el país. Con to d o ello, la tensión en tre a mbas p osiciones se tornó en la r upt ura de la fed eración el 18 de junio de 201 5 cuan do uno s pocos días an tes las bases de UDC rechazar o n el plan indep en dentista de CDC a la vez q ue esta form ació n había acord a d o una ho ja de ru ta co mún con ERC par a alcanzar la indepen dencia de Cataluña y concurrir con j u ntamente en las siguien tes eleccion es bajo la fór m ula de Junts p er Sí (Jx Sí ). De esta fo rma finalizaba más d e 35 años d e colaboración entre ambas formac io nes. 46 Véase: h ttps://elpais.com/espan a/2020- 09 - 28/el- tr ibunal-supr emo-confirma- la -in habilitacion - de -quim- torra.h tml 139 Finalmente, tras las ele c ciones de l 14 de febrero de 2021 se ha formado un nuevo ejecutivo compartido que continúa presido por Pere Aragonés (ERC) y con el mismo s ocio de gobierno (JxCAT). Con respecto a los gobi ernos de co a lición que ha habido en Galicia (Má rquez, 2014) , de los 15 e jecutivos, c inco han sido de coalición. El prime ro de ellos, presidido por Ge rardo Fernández (AP), se configuró en 1983 e ntre Alianza Popular y e l Grupo Parlamentari o Independiente , g rupo formado por 12 diputados provenientes de la extinta UCD. La segunda experiencia tuvo lugar en la siguiente legislatura, en esta ocasión las fuerzas del centro- derec ha acudieron a los comicios con la coalición prelectoral denominada Coalición Popular formada por AP , PDP (Partido Demócrata Popular) , PL (Partido Liberal) y C de G (Centristas de Galicia) . Sin embargo, los parlamentarios de CdeG tras tres votaciones de investidura e n los que no dan el apoyo al candidato de AP decid ieron abstenerse para facilitar el gobierno de Gerardo F e rnández ( AP) con PD P y P L. La tercera experiencia d e coalición t uvo su origen en la inestabilidad y crisis interna de AP motivada por el descontento por la gestión del presidente Gerardo Fernández q ue incluso provo có la dim isión de gran parte d e los consejeros de AP . Esta crisis supuso también un cambio en la configura ción de los grupos parlamentarios, ya que cinco de los 1 1 parlamentarios de Coalición Galega ( CG ) abandonaron las filas para formar el P a rtido Nacionalista Galego (PNG). Con todo ello, y para poner fin a la inesta bilidad, el 23 de septiembre de 1987 el PSdG -PSOE presenta una moción de c ensura con e l respaldo de PNG y CG, que for marían parte del e jec utivo, moción que también fue apoyada por PS G- EG aunque no f orma ría pa rte del gobi erno. Con todo ello, este ejec utivo de coalición presidido por Fernando González finalizará la legislatura. T ras una convulsa segunda legislatura, las elecciones de 1989 depararon u na ajustada mayoría absoluta pa ra el Partido Popular (asum ió este nuevo nombre en 1989) que concurrió en coalición con Centristas de G a licia (CdeG), for mac ión que tenía cuat ro d iputa dos. De esta forma, Manu el F ra g a se convertía en el tercer presidente del periodo autonómico c on un gobierno de coalición con el CdeG. A partir de 1991 se produce la int e gración de CdeG en el Partido Popular , por lo que se fija en esta fecha el final de la cuarta experiencia de gobierno de coalición. F inalmente , hubo que esperar hasta la séptima le gislatura que se iniciaba con las elecc iones de 2005 p ara volver a conocer otra experiencia de gobierno de coalición en Galicia. La pérdida por un escaño de la mayoría absoluta del Partido Po pular de Manuel Fraga abrió el escenario al acuerdo entre el PS dG - PSOE y el Bloque Nacionalista Gallego 140 (BNG) que y a venían e xpe rimentando pactos en el marco lo c al. El acu erdo entre ambas formaciones alza a la pr esidencia al socialista Emilio Pérez e n un gobierno de coa lición con el BNG que acabará la legislatura. La Comunidad Autónoma de las Islas Baleares se ha caracterizado en las 10 elecciones que ha habido hasta 2019 por tener un sistema de partidos con una alta fragmentación electora l y un alto número efectivo de partidos. Esto explica que, en solo dos ocasiones, (elecciones de 1995 y 201 1), una formación pol ítica (en ambas ocasiones el PP) haya cosecha do mayoría abs oluta. Esta circunstancia justifica que en este periodo (1983- actualidad) haya ha bido un tot a l de 14 gobiernos de los cuales ocho han sido de coalición. El primero de ellos fu e en la primera legislatura con la coalición preelectoral “Coalición P opular ” formada por AP , PD y UL y cuyo gobierno fue pres idido por Gabriel Cañellas (AP). El segundo ejecutivo de coalición tuvo lugar en la segunda l e gislatura (198 7- 1991) y lo formaron AP y PL que concurr ieron en la mi sma candidatura electoral, más UM y de nuevo el presidente fue Gabriel Cañellas (A P). En la Legislatura II I (1991 -1995) se repite la experienci a del gobierno de coalición en tre P P y UM, partidos que co ncurrieron conjuntamente. Sin embar go, desde el año 199 2 las crisis internas de UM provocaron cambios en los cons e jeros de esta formación hasta que en 1994 esta for mac ión decidiera romper el ac uerdo d e gobierno c on los populares, por lo que se dio fin al g obierno de coalición pasando a un ejecutivo monocolor del PP hasta el final de la le gislatura . T ras la mayoría absoluta del P P en las elecciones de 1995, en la quinta legislatura (1999-2003) se produce la alternancia en el ejecutivo con un gobierno de coalición formado por PS OE, PSM y EU-V , con el apoyo p arlamenta rio d e los diputados de UM, en el d enominado “Pacto de Progreso” y cuyo ejecutivo estuvo presidido por el socialista F ra ncesc Anti ch. Mientras que la siguiente legislatura (V I) de nuevo hubo gobierno monocolor de l PP , en la legislatura VII volvió a repetirse la fórmula del Pacto del P rogr eso con el gobierno de coalición y Franc esc Antich (PSOE) c omo p residente, pero en esta ocas ión UM sí formó parte d e l e jecutivo. Sin embar go, UM abandonó el ejecutivo en febrero de 2010 debido a los casos de corrupc ión que a solaban a los máximos dirigentes del partido, diputados e incluso al consejer o de T urismo. P or lo tanto, y como consecuencia del cambio de los integ ra ntes de los partidos que forman el ejecutivo, desde febrero de 2010 ha sta junio de 201 1 hubo otro ejecutivo de coalición sin UM y con el resto de los socios (PSOE, PSM y EU-V). 141 Finalmente, tra s otro gobier no monocolor del PP en la octava legislatura, tras las elecc ion e s de 2015 se abr ió un periodo de dos legisl a turas (2015 - 2019 y 2019 - actualidad) en la que volvió a haber un gobier no de coalición pre sidido por la socialista Francesca Lluc Armengol. T ras los comicios de 2015 el socio del ejecutivo fue Més per Mallorca, formación a la que se suma Podemos en la legisla tura (2019-actualidad). Las Islas Canarias es un a Comunidad Autónoma que se sitúa en la f ra nja alta de las regiones con más f recuencia de gobiernos (también de coalición) y a la vez mayor inestabilidad de los ejecutivos. T al es así, que en las 10 legislaturas desde 1983 hasta la actualidad, ha habido 10 presidente s y 18 ej ec utiv os de los cuales 12 ha n sido de coalición. Esta alta inestabilidad y número de gobiernos de coaliciones se deb e a múltiples fa ctores como el marco legal, el sistema de partidos en los dist intos ámbitos isle ños, el equilibrio político entre islas, o la política de pactos, entre otras c ausas (García y B áez, 2014 ; Ferri et al., 2019). Los gobiernos de coalición en las Islas Canarias se iniciaron en la II Legislatura (1987 - 1991) donde tuvieron lugar tres ejecutivos de co alición presididos por el CDS. Los dos primeros formados por CDS-AIC-AP con el apoyo parla mentario de AHÍ. El primero fu e presidido por Fernando Fernández desde julio 1987 a diciembre 1988, y el segundo por Lorenzo Olarte desde 1988 hasta 1990. Hay un tercer gobierno que se formó tras la expulsión de AP del ejecutivo c on el mismo pre sidente hasta el final de la legislatura . En la III Legislatura (1991-1995) hubo dos gobier nos de co alición. El primero liderado por Jerónimo Saavedra (PSC-PSOE) que formaba gobierno junto a AIC y el apoyo parlamentario de AHI que duró hasta 1993, cuando una moción de censura aúpa a Manuel Hermoso (AIC) como presidente de la región en un gobierno conformado ade más por CCN e ICAN co n e l apoyo parlamentario de AHI. En la IV Le gislatura (1995 -1999) tras un año de gobierno e n solitario de CC, se forma un gobierno de coalición (1996- 1999) for mado por CC y PP con el apoyo parlamentario de AH I, que continúa presidiendo Manuel Hermoso, ahor a bajo las filas de CC. En la V Legislatur a (19 99-2003) hubo solo un gobierno de co alición e ntre CC -PP (1999-2001) pr e sidido por Román Rodríguez (CC), ejecutivo que dejó d e ser de co a lición 142 en el momento que el PP abandonó el gobierno 47 , pero siguió prest a ndo el apoyo parlamentario junto a A HI . En la VI Legislatura (2003 -2007) volvió a repetirse durante los dos primeros años la fórmula de coalición entre CC y PP presidido por Adán Martín (CC), hasta que el PP volvió a a bandonar el ejecutivo, que p asa desd e este momento a estar apoyado en el Parlamento por PSC -PSOE y AHI. La misma situación, por tercera vez consecutiva, suced ió en la VII Legislatura (200 7-201 1). T ras los tres p rimeros a ños de presidencia de Paulino Rivero (CC) junto al P P , en el último año, de nuevo los popular es rompieron el pac to de gobierno 48 tras apoyar e sta formación los Presupuestos Gene rales del Estado en el Co ngre so de los Diputados. La últi ma etapa de la l egislatura (noviembre de 2010 hasta mayo de 201 1) CC recib ió el apoyo parlamentario de PSC-PS OE y AHI. En la VII Legislatura (201 1-2015) y IX (2015-2019) se inició una etapa en la que se mantuvieron los gobiernos de coalición entre PSC -PSOE y CC, el primero pre sidido por Paulino Rivero (CC) y el segundo por Fernando C lavijo (CC ), aunque a mitad de legislatura expulsó del gobierno al PSC-PSOE, lo que prov oca ría que C C gob e rnara en minoría h asta las elecciones de mayo d e 2019 gracias al apoyo ext e rno del PP y de la Agrupación Socialista Gomera. Finalmente, en la X Legislatura (2019 -actualidad) h ay un gobierno de coalición presidido por Ángel Víctor T orres (PSC -PSOE), NC, P ode mos y ASG que desplazó a Coalición Canaria fuera del ejecutivo 26 años después. Los gobiernos de la Comuni da d Autónoma de La Rioj a se han caracterizado en su mayoría por estar for mado s por un único partido y e n gran parte de ellos con el re spaldo de la mayoría absoluta del Parlamento de la región (hasta 1999 denominada Diputación General 49 ). Así, de los 12 gobier nos for mados en l a Comunidad Autónoma , cuatro han sido de c oalición, aunque do s de ellos por un periodo de solo un año aproximadamente . El primero de ellos tuvolugar en el marco de la II Legislatura (1987 - 1991) ya que tras no conseguir ningún partid o la mayoría absoluta en las elecciones de 198 7, AP que qu e dó segundo, alcanzó un acuerdo de investidura con el PRP y el CDS se abstuvo. Así, la presidencia del gobierno monocolor estaba en manos del AP con Joaquín Espert aunque sí se incorporaron car gos del PR P en los niveles inferiores de algunas consejer ías. N o es hasta 47 Véase: https://ww w.elmundo . es/elmundo /2001/01/22/espana/980189 779.html 48 Véase: https://elpais.co m/diario/201 0/ 10/20 /espana/1287525612_8502 1 5.html 49 Modif icación introducida e n la Ley Orgánica 2/199 9, de 7 d e ener o, de reforma de la Ley Orgánica 3/1 9 82, de Estatuto de Autonomía de La Rioja. 245 Gráfico 63. Resultados medios de los partidos políticos por periodos en las elecc iones celebradas e n Andalucía Fuente: E laboración propia. Datos en porcentaje . Con respecto a I U en una primera fase de este periodo (2009-2014) experimentó un incremento de su apoyo electora l como conse c uencia del desgaste y trans vase de votos que recibe desde el PSOE. Sin embargo, desde la obtención de su m ejor resultado hasta la formalización d e su coalición con Podemos, sufre un constante de c recimiento en sus apoyos electorales como consecue ncia d e la aparición con fuerza de Podemos que ya lo superó con claridad en las elecciones andaluzas y generales de 2015. En adelante concurr ió en coalición c on esta formación en los distintos comicios a exc epción de las elecc ion e s muni c ipales 2015, en las que Pode mos decid ió no presentarse, y la s municipales de 2019, en las que como consecuencia de la imposibil idad de adoptar un acuerdo gene ral en todo el territorio de Andalucía provocó que en muchas localidades se presenten por separado. Con respecto al Partido Andalucista en este periodo continúa la tendencia de pérdid a ele ctoral que ya s e intensificó en la anterior fase, lo que finalmente provocara su desaparición en 2015, concurriendo por última vez a las elecciones andaluza s d e ese mismo año cosechando un 1,5%. 0 10 20 30 40 50 60 70 PSOE-A PC/IULV-CA AP /P P-A PS A/PA Pod./U.P/A. A C´s Vox Part. 50,7 11,6 20,7 6,5 67,7 44,8 11,1 34,5 5,2 68,5 35,5 8,3 29,9 2,6 13,4 1 0,9 7,2 61 Media 1 982-1991 Media 1993 -2008 Media 2009-2019 246 Finalmente, con respecto a los nuevos partidos que surgen en este periodo y que han obtenido representación en las distint a s cá mar as, Andalucía no fu e ajeno a l as novedades en e l comportamiento electora l qu e suc e día en el resto del p a ís. De esta forma, tanto Podemos como C´s empezaron a aumentar consi de rablemente su apoyo electoral a partir de l as elecciones andaluzas de 2015. En relación con Podemos y las coaliciones que ha protagoni z ado con IU y otras formaciones obt uvier on su mejor result a do en las elecc ion e s generales de 2016, cita a pa rtir de la que iniciaron un pa ulatino decrecimiento de los apoyos elec torales e n Andalucía. C´ s, sin embar go, experimentó un aumento electoral más sost e nido en el tiempo hasta alcanzar su máxim o hist óric o en las elecciones andaluzas de 2018 con el 18, 3%, cifra con la que a demás c onsiguió superar a Adelante Andalucía (la coalición electoral de Podemos e IU) cose chando la tercera posición. Este apoyo electoral lo mant uvo en las siguientes elecciones (g e nerales de a bril d e 20 19) donde con un 17,7 % ad e más se convirtió en la segund a fuerza polít ica en Andalucía al superar al Partido P opular por 5 décimas. A partir de esta cita electoral esta formación experiment ó un re troceso en las siguientes tre s elecciones hasta situarse en el 8,1% e n las elecciones generales del 20 d e noviembre de 2019. Con respecto a la formación Vox a pesar de haberse presentado a todas las elecc ion e s desde las andaluzas de 2015, en ésta y en las dos siguientes (generales de 2015 y 2016) obtuvo unos pob res resultados que no alcanzaron el 0,5%. S in embargo, es en las elecc ion e s and aluza s d e 2018 cuando consiguió por primera vez representación en una cámara legislativa al al ca nzar c asi un 11%. D e sde entonces, experimentó un ligero incremento en las eleccio ne s generales de abril de 2019, pade nciendo un fuerte re troceso en las elecciones municip a les (4,4%) en las que, debido a su baja p re sencia en el territorio al no presentarse en todos los municipios. Finalmente alcan zó su máximo hi stórico en los comicios genera les de noviembre de 2019 en las que con un 20,4% alcanzó la tercera posición a solo 18 décimas del Partido Popular. 247 3.2. Los momentos elector al e s en Andalucía: l os resultados en las elecc iones andalu zas (1982-2018) 3.2.1. Evolución de la partic ipación electoral: el efecto de la concurrencia Los andaluces han most ra do un alto niv el de compromiso político con su movilización en las elecciones andaluzas con un a participación media del 67% e n las 11 elecc ion e s de segundo orden hast a el año 2018. Sin embargo, l a participación ha experimentado importantes diferencias en función del año de la cita electoral, su competitividad o concurrencia, entre otras varia bles. Llama la at enc ión que la mayor diferencia entre el mínim o (1990) y el máximo (1996), de 23,2 puntos porcentuales, fuera en dos elecciones en las que tra nscurrió un corto periodo de tiempo. Gráfico 64. Participación elector al en elecciones autonóm icas e n Andalucía (1982- 2018) Fuente: Mon tabes y Trujillo, 2 015. Actu alizado con el dato de p a rticipación d e 2018. Datos en porcen taje. Los colores varían en función d e la concur re ncia electoral: en v erde, elecciones en solitario; en rojo, elecciones co ncurrentes autonó mica s+gener ales; y en azu l, eleccio nes concu r rentes au tonómicas+europeas. 66,3 70,6 54,8 68,3 78 68,7 74,7 72,7 60,9 63,9 58,7 1982 1986 1990 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 248 La c apacidad del presidente de la Junta de Andalucía de adelantar las elecciones a partir de 1994 ha permitido que, de las 11 elecc io ne s celebradas hasta 2018 , las de 1982, 1990, 2012, 2015 y 2018 se hayan desarrollado de for ma solitaria, mientras que el resto de los comicios han s ido concurrenciales, ya sean con l as elecciones gen e rales (1986,1996, 2000, 2004 y 2008) o con las e lecciones europeas (1994). El fenómeno de la concurrencia electoral ha sido analizado teóric a mente y su repercusión sobre el caso andaluz po r autores como Mont a bes (1996), G arcía (2014), o Trujillo, Ortega y Mont abes (2015 ) entre otros . En Andalucía, ha sido un elemento determinante que h a provocado que los mayores índi c es de participación en las elecciones andaluza s hayan tenido lugar cuando ha habido concurrencia de las elecciones a ndaluzas con elecciones de primer orde n, es decir, con los comicios ge nerales. De esta forma, e l mayor porce ntaje d e participación de todo el histórico ha sido e n las elecciones and aluza s concurre nciales con las ge nerales de 1996, con e l 77,9%, qu e coincidieron con dos elementos polí ticos trascende ntales: en el marco estatal gan ó por primera vez el Partido Popular y , tras 12 años de gobiernos presididos Felipe González, José María Aznar se convierte en presidente de España. En el marco andaluz, estas elecc ion e s vienen precedidas de un ad elanto electoral provocado por la llamada “legislatura de la pinz a” . Tras las elecciones and a luzas de 1994 en la que el PSOE -A no consiguió la mayoría absoluta por primera vez , ta mpoco fue capaz de alcanzar a cuerdos con e l resto de los partidos con r e presentación. A partir d e la estrategia de bloqueo parlamentario de sarrollada por PP -A e I ULV-CA en la legisl a tura, el presidente anda luz adelantó las elecciones andaluzas e n 1996, hac ién dolas coincidir con las genera les de ese mismo año. En la parte de m enor pa rtic ipación, desta c an l as elecciones del año 1990 con un 55,3%, caracterizadas po r una competitividad muy baja y una posición hegemónica del PSOE- A que consigu ió más de 50,2% de los v otos. En este rango de participación, también se sitúan los comicios c elebrados en 201 8, con un 58,7%, a pesar del incremento de la competitividad y la alternanc i a en el pode r. La participación en los comicios de 2012 y 2015 puede considerarse confor me a l o esperable en elecciones típicas de s e gundo orden (Trujillo y Montabes, 2019) aunque destaca la constante reducción que culmina con el proceso de 2018. 249 La participación de los andaluces ha s eguido el patrón general constatado en la mayoría de los sistemas políticos en relación a qu e los ciudada nos suelen partic ipar más en aquellas e lecciones en las que tie nen la percepción de que las políticas que se dec iden les afecten en mayor me dida. De esta forma, h a y una clara dif ere ncia en la participac ión entre las elecciones de primer grado (elecciones ge ne rales), de segundo grado (elec ciones autonómicas) o las de tercer grado (elecciones municipales y europeas) donde en esta últimas son las que experimentan una menor participación. Así, en contexto con c urrenciales s e ha demostrado en Andalucía qu e cuando los ciudadanos están llamados a vota r simultáneamente en las elecciones d e pri mer y s egundo grado, el incr emento que se suscita e n las primeras lleva al elec tor a depositar también su voto con una mayor intensidad en la urna de las e lecciones autonómicas en comparación con aquellas ocasiones en las que s olo está llamado a votar para las elecciones autonómicas. Finalmente, si se analiza la evolución de la participación de las elecciones an da luzas con el apoyo partidista descrito en el apartado anterior, se pone de m anifiesto que el PSOE-A ha sido el g ra n beneficiado de las movili zac iones del elec torado, en especial e n las elecciones de 1982, 1996, 2004 y 2008. C on el pa ulatino decreci miento de la participación de sde las elecc iones de 2012 también se experimenta una importante reducc ión de los apoyos al PSOE-A, que como se profundizará a continuación se explica por la desmovilizac ión d e l electorado y el transvase a otras formaciones políticas. 1.2.2. Los resultados en las elec ciones autonómicas en And al ucía (1982 - 2018) Como se puede observ a r en el histórico d e los resultados en las elecciones andaluza s, todos los comicios hasta 2018 fuero n ganados por el PSOE- A, excepto las elecc ion e s de 2012 , en l as que por p rimera ve z se produjo la alternancia electoral con la victoria del PP-A. Sin embargo, a pesar de esta constante en la mayor pa rte del periodo autonómico, el comportami e nto electoral de los anda luce s en este tipo de elecciones ha experimentado importantes cambios en re lación con el nivel de partici pación, apoyo 250 ofrec ido a los partidos polí ticos, e l número de partidos en el Parla mento de Andalucía o la competencia electoral, entre otras variables. Características, entre otras, q ue definen el tipo de sistema de partidos en el que s e desarrolla la a ctividad políti c a and a luza y que se pueden dividir en tr e s etapas claramente dif ere nciadas: sistema de partido dominante (1982-1990), incremento de la co mpete ncia electoral y consolidación del bipartidismo (1994-2012) y la ruptura del bip a rtidismo e incremento de la fragmentación electoral (2015-2018). Esta segmentación de los periodos parte del análisis realizado por Mont a bes (2010) y que posteriormente se h an ido completando con otr as obras (C a zorla, 2014; Montabes y Trujillo, 2015 ; Trujillo y Montabes, 2019). Tabla 47. Porcentaje de voto y escaños en las elec ciones andaluzas (1982-2018) Fuente: Elabor aci ón propia a par tir del Sistema de Info r mación Electo ral de la Junta de Andalu cía. Datos en po rce ntaje % y n úmer o de escaños entre p aré ntesis. 1982 1986 1990 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 PSOE-A 52,6 (66) 47,2 (60) 50,1 (62) 38,7 (45) 44,1 (52) 44,3 (52) 50,4 (61) 48,4 (56) 39,6 (47) 35,4 (47) 28,0 (33) PP -A 17,0 (17) 22,3 (28) 22,4 (26) 34,4 (41) 34,0 (40) 38,0 (46) 31,8 (37) 38,5 (47) 40,7 (50) 26,8 (33) 20,8 (26) IU 8, 5 (8) 17,9 (19) 12,8 (11) 19,1 (20) 14,0 (13) 8,1 (6) 7,5 (6) 7,1 (6) 11,4 (12) 6,9 (5) PA 5,8 (3) 5,9 (2) 10,9 (10) 5,8 (3) 6,7 (4) 7,4 (5) 6,2 (5) 2,8 (0) 2,5 (0) 1,5 (0) UCD 13,1 (2) UPYD 0,6 (0) 3,4 (0) 1,9 (0) 0,2 (0) C´S 9,3 (9) 18,3 (21) Podemos 14,8 (15) Adelante Andalucía 16,2 (17) VOX 0,5 (0) 11,0 (12) Otros 2,9 6,8 4,4 1,1 0,6 0,7 4,2 2,7 2,7 3,3 5,7 Part. 66,3 70,6 54,8 68,3 77,9 68,7 74,7 72,7 60,8 63,9 58,7 251 Gráfico 65. Evolución de los re sultados en elecciones autonómicas andaluzas (1982- 2018) Fuente: Elab oración propia a partir de los resu ltad os electorales . Datos en po rcentaje. - Sistema de partido dominante (1982-1990): desde las elecciones de 1982 hasta las de 1990, el PSOE-A presentó las característica s de un partido hegemónico con niveles de apoyo electoral en las tres primeras citas andaluzas incluso superior al 50% (1982 y 1990) lo que propició amplias mayorías absolutas . Es en este periodo cuando ha conseguido su mejor result a do de todo el histórico en las elecciones de 1982 con el 52, 6 % y 66 parla mentarios. Solo en una oc asión más (20 04) ha cosechado un apoyo supe rior al 50%. Además, e n el inicio de esta etapa no se vislumbra una alternativa clara e ntre el resto de las formaciones políticas, aunque ya en las elecciones de 1990 queda ba patente que el PP-A no solo se ha convertido en el p a rtido referente del ej e ideológico de la derec ha (tras la desaparición del tablero político de UCD) sino que lide ra la oposición con casi 10 puntos de diferencia con respecto al r e sto de las fuerzas polí ti cas. Los otros partidos políti c os con permanencia en el tiemp o y presencia en el Parlamento de Andalucía (PCE/IU-LV CA y PS A/ P A ) experimentaron al final de es te periodo un acerca miento del apoyo electoral con un 12% de apoyo el primero y el 10% la segunda, máximo histórico de los anda lucistas en todas las elecciones. S in emba rgo, en las dos 0,0 10,0 20,0 30,0 40,0 50,0 60,0 70,0 80,0 90,0 1982 1986 1 990 1994 1996 2 000 2004 2008 2 012 2015 2018 PSOE-A PP-A IUL V-CA PA UPyD C´s Podemos/AA Vox Otros Participación 252 elecc ion e s anteriores, p ero en especial en las de 1986, la diferencia entre ambas formaciones era mu c ho más acentuada. - Incremento de la competencia electoral y co nsolidación del bipartidismo (1994-2012): e l segundo periodo se enmarca e ntre 1994 y 2012 donde pa ulatinamente se va ace ntuando el bipartidismo imperfecto en los dos partidos refere nt es de cada bloque ideológico llegando a ag lutinar entre el 80% y 9 0% del apoyo el e ctoral, alcanzado la mayor cifra en las elecciones de 2008. PSOE -A y P P-A han m antenido una cierta estabilidad en su apoyo electoral, aunque el primero ha sufrido un fu e rte retroceso en las dos primeras elecciones de esta fase (1994 y 1996) motivada, en parte , por la crisis económica que sufr e el país y el desg a ste electoral de los años e n el gobierno tanto en el Gobierno de Esp a ña com o en la Junta de And alucía. El Partido Popular se afianzó como clara alternativa de gobierno, con una subida paulatina , excepto en las elecciones d e 2004 81 , hasta que en el año 2012 ganó po r prime ra vez las elecciones al Parlamento andaluz. Esta vic toria en las elecciones andaluzas del del Partido Popular vino pre cedido de su victoria en las elecciones municipale s y generales de 2011. El resto de las formaciones descendieron paulatinamente su apoyo electoral en este periodo. El Partido Andal uc ista, uno de los actores polí ticos principales en la consecución de la autonomía, única formación d e ámbito n o estatal (PANE) con representación parlamentaria y que ha formado parte del gobierno de la Junta de Andalucía en dos ocasiones, deja de t ene r representación parlamentaria a partir de las elecciones de 2008. Ello provocaría lo comici os de 2008 y 2012 hubiera por primera v e z solo tres formac iones políticas con representación en el Parlamento de Andalucía, a lo que ha y que aña dir que IULV-CA consig uiera en 2012 parar la reducción del apoyo electoral que venía cosecha ndo desde las elecciones de 1996. Este cambio de tende ncia se debió a la captac ión d e electorado socialista. - Ruptura del bipartidismo e inc remento de la fr agmentación elector al (2015 - 2018): el tercer p eriodo engloba las dos últim a s elecciones autonómicas (2015 y 2018). Si bien las elecciones de 2012 mostraron ya algunos indicios de cambio, la irrupc ión de 81 Las eleccion es andaluzas de 2004 fuer o n concurren ciales con las generales, lo qu e también le supuso un desgaste elector al por la g estión de la cr is is p or p arte del Gobier no d e España de lo s atentado s del 11 de marzo de 2004 o la guerra de I rak. 253 Podemos y Ciudadanos con un volumen importante de apoyos y escaños en el P a rlamento andaluz en 2015 alteró de forma significativa el tablero polí tico autonómico conocid o hasta la fecha. S e incrementó la fragmentación y el número de pa rtidos con p eso relevant e en la cámara, des ce ndió el volumen de apoyos que las dos principales fuerza s habían concentrado hasta alcan za r l as cifras más baj as del hist óric o y, entre 20 12 y 2015 se produjo una volatilidad récord en la serie hist óric a que en su mayoría mostraba signo s de carácter interbloques (M ontabes y Tr ujillo, 2015). Los resultados d e las ele c ciones d e 2018 lo úni co que hicie ron fue incidir en l a agudizac ión de los indicadores de l as elecciones de 2015, dando entrada además en el Parlamento de Andalucía y con mucha fuerza (12 escaños y un 11%) a un partido ubicado ideológicamente en l a ext re ma derecha (Vox), que a demás en l a s elecciones andaluza s d e 2015 solo había obtenido un 0,5% d e los votos. La presencia de Vox en un parlamento supuso la vuelta de la extrema derecha al sistema parlamentario español, ya que desde el escaño obtenido por Fuerza Nuev a en las elecciones genera l e s de 1979 a través de la coalición Unión N a cional, ninguna formación situada ideológicamente en este espectro ideológico había obtenido esca ño en una instancia parlamentaria autonómica o superior en España (Trujillo y Montabes, 2019). Al igual que sucediera en Andalucía con las elec c iones autonómicas de 2 015, con las elecciones de 2018 se iniciaba un nuevo ciclo electoral en España que profundizaría la fragmentación electoral y el número efectivo de partidos con la introducción de Vox en todos los niveles d el sistema político español en las sigui e ntes elecciones generales, autonómicas, municipales y e uropeas celebradas en 2019. Con todo, utilizando los términos de Sartori, en A ndalucía s e consolidaría el tránsito de un modelo de bipartidismo imperfecto a otro de plur alismo moderado (Montabes y Trujillo, 2015) ini c iado con las elecc ion e s de 2015. 3.2.3. Evolución de los apoyos a los partidos políticos en las elecciones andaluzas (1982-2018) Tras el análisis agregado del conjunto de las elecciones andaluzas y las prin cipale s etapas qu e han caracterizado el sis tema político andaluz, a continuación, se realiza un 254 análisis individualizado de la evolución electoral que han exp e rimentado los partid os políticos con repre sentaci ón pa rlamentaria en el periodo autonómico hasta 2 018. a) PSOE-A Gráfico 66. Evolución del apoyo elec toral al PSOE -A en las elecc iones an daluzas (1982-2018) Fuente: Elab oración propia. Datos en p orcentaje. El PS OE- A ha sido el pa rtido polí tico que ha goberna do de manera interrumpida desde los inic ios de la autonomía hasta las elecciones de 2018, donde fue d e salojado del poder a p esar de ganar la s elecciones d el 2 de dici embre de 2018. Ha sido la formación que ha g ana do todas la s elecciones autonómica s, excepto la cita ele c to ra l de 2012, cosecha ndo de media el 43,5% de los votos e n todo el periodo. El apoyo al partido social ist a en las elecc iones autonómicas ha sufrido importa ntes variaciones que le han hecho pasar de su máximo histórico en las elec cione s de 1982 de l 52,6% a su peor resultado en las elec ciones de 20 18 con el 2 8%, perdiendo ca si la mitad de los apoyos desde las primeras ele c ciones. Este decrecimiento no ha sido c onstante e n el tiempo, sino que ha experimentado dos fases de forma a c entuada: las elecc iones de 1994 en las que el PSOE-A redujo su apoyo en casi 12 puntos y 17 diputados con respecto a las anteriores elecciones (1990 ), perdiendo por p rimera vez la mayoría absoluta, y una segunda fa s e que se inicia en las elecciones de 2012 y que continuó en las dos siguientes 52,6 47,2 50,1 38,7 44,1 44,3 50,4 48,4 39,6 35,4 28,0 43,5 25,0 30,0 35,0 40,0 45,0 50,0 55,0 1982 1986 1 990 1994 1996 2 000 2004 2008 2 012 2015 2018 PSOE-A M edia 261 Tabla 48. Porcentaje medio de voto a partidos en las elecciones al Par l amento de Andalucía (1982-2018). Resultados por provincias Almería Cádiz Córdoba Granada Huelva Jáen Málaga Sevilla Media 84 PSOE-A 41 41,1 40,7 42,7 47,9 47,3 40,3 51,2 43,5 PP -A 37 27,8 28,9 33 28,3 31,2 31,8 25,7 29,7 IULV- CA 7,4 9,7 16,5 10,2 9,4 9,8 12,3 10,6 10,8 PA 3,3 9,1 5 3,3 4,9 3,4 5 6,2 5,1 Podemos/AA 10,3 19 15,1 14,5 13,7 11,6 15,4 17,7 14,7 C´S 12,9 15,7 12,2 14 11,7 11 15,8 13,5 13,3 V ox 8,6 5,8 4,8 5,9 4,3 4,5 5,9 5,7 5,7 Fuente: Elab oración propia. Datos en % y número de diputados en tre paréntesis . De este segundo grupo, destaca que la provincia de Almería en términos medios solo supera en po c o más de cuatro puntos al Partido Popular, siendo con diferencia la provincia en la que en términos medios se sitúan más cerca. En el lado contrario, la provincia que presenta una mayor diferencia entre el PSOE -A y el PP-A es la de Sevilla, donde los socialistas (51,3%) doblan a los populares (25,7%). En lo que se refiere al Partido P opular de Andalucía se obs e rva que en todas las provincias ocupa la segunda posición, al igual que su apoyo medio (29,7 % ) que lo sitúa a más d e 13 puntos del PSOE - A y a una dist ancia considerable del re sto de fuerzas políticas, diferencia de casi 15 puntos con Podemos/Adelante Andalu cía, que se ve incrementada con C´ s en casi el 17%. P or pro vincia s, el PP - A obtiene sus mejores resultados en Almería (37%), Granada (33,1%), Málaga (31,8%) y Jaén ( 31,2%). En el resto de las provincias el a poyo medio se sitúa por de bajo del 30%, destacando que en la provincia de Sevilla e s donde esta formación obtiene un menor resultado (25, 7% ). Con respecto a Izquierda Unida 85 con una cifra de apoyo medio del 10,8% obtiene sus mejores resultados en la provincia de Córdoba (16,5%), principal caladero de votos con una importante diferencia con respecto a l resto de provincias. Le siguen en apoyo 84 Media del apoyo elector al de las fo r maciones políticas con respecto al resultado to tal e n el con ju nto de la comu nidad. 85 En las elec ciones de 201 8 se presenta en coalición con Adelante And alucía, por lo qu e su p eriodo de análisis es desde 1 982-201 5 262 Málaga, Granada y Sevilla, todas ellas por encima del 10%. Sin embargo, la provincia donde esta provincia pre s e nta un menor respaldo electoral es Almería con el 7,4%. El Partido Andalucista es la última formación que ha tenido una presencia continuada en todas las provincias y elec ciones hasta la cita e lectoral del 2015 86 . Obtiene un apoyo medio del 5,1 %, siendo en Cádiz dond e cosecha un respaldo más pronunciado con un 9,1% de respaldo medio e n esta provincia. Almería y Grana da son las provincias donde es más debido su apoyo elec toral. Finalmente, con respect o a las tres formaciones restante s que apare ce en el panorama político a partir de 2015 , indicar que Podemos/Adelante Andalucía obtiene un apoyo medio del 14,7%, alcanzando sus mejores r e sultados en las provincias de Cádiz, Sevilla y Córdoba. Por el contra rio, sus peores resultados los cosecha en Almería y Jaén. Comportamiento similar en términos medios consigue C´s c on un 13,3% del apoyo, obteniendo mejor es resultados e n Málaga y Cádiz, y sus peores e n Jaén y Córdoba. Con respec to a Vox , formació n que también ha conc urrido a las elecciones andal uz as en 2015 y 2018, aunque en las pri meras obtuvo un 0,5% y e n las segunda s e xperimentó un fuerte ascenso del 11%, ha obtenido un a poyo medio de l 5,7%, siendo Almer ía la provincia en la que su respaldo medio es mayor, c on el 8,6%. Si se profundiza en el análisis y la evolución dentro de cada provincia, se observa que en el conjunto de ellas presenta una sincroniza c ión en las tend e ncias de los resultados (Cazorla, 2014) dond e el Partido S oc ialista obtiene amplios apoyos situándose siempre en primera posición, salvo algunas excepciones. Esta situación no ha sido siempre así en las provincias de Alme ría y Málaga donde desde las elecciones de 19 94 se ha ido produciendo la alternancia en las victo rias entre el PSOE -A y el PP-A, situación que s e ha estabilizado a favor del PP en la provincia de Almería desde el año 2008. En el contexto de amplio retroceso electoral que sufrió el PSOE-A en las elecciones andaluzas de 1994, en Grana da el PP -A se situó por primera y única vez en esta provincia p or encima del PSOE-A, aunque con un resultado muy pequeña de s olo 7 décimas a favor de los populares. 86 En las elecc iones de 2015 se presen tó en todas las prov i n cias excepto en Alm ería. 263 Con respecto a los otros dos partidos con una mayor permanencia en el histórico electora l a ndaluz también se han mantenido una tendencia estable, ya que IU siempre h a permanecido en té rminos agregados y en las mayo ría s de las ocasiones en las provincias por delante de l PA. Esta tendencia se rompe en do s provincias, e n C á diz donde el P A se sitúa por encima d e IU LV - CA en las elecciones del 1990,1996, 2000 y 2 004. También, aunque en una única ocasión, en la provinci a de Huelva el PA se situó p or de la nte de IULV-CA e n l a s elecciones de 2004. Finalmente, en Podemos/Adelante Andalucía, C´s y Vox se observa una tóni c a genera l que se comparte en la mayoría de las provincias. Mientras que en las elecc iones de 2015 Podemos s e sitúa por d elante de C´s y do nde Vox e s residual, e n los comicios de 2018 C´s asume el lide razgo de este bloque, Adelante Andalucía desciende a la segunda posición y Vox sube fuertemente , pero no lo insuficiente para sobrepas a r al resto de formaciones políticas. Esta tende ncia descrita se mantiene en todas las provincias en las elecc ion e s de 2015 mien tra s que en las elecciones de 2018 se rompe en tres provincias: en Almer ía es Vox el pa rtido que s e sitúa como primero de este bloque, seguido muy de cerca de C´s (a 0,7%) y ya a más de 7 puntos AA. En las provincias de Córdoba y Sevilla se mantienen los equilibrios posicionales de los comicios anteriores, es d ecir, Adel a nte Andalucía e n primera po sición, seguido de C´s y de Vox. 4. Las dimensiones del sistema de partidos en Andalucía (1982-201 8) Los índices electorales de un sistema político des arrollan un papel fundam e ntal en el estudio de las dimensiones de estos sistemas , a la ve z que son también especialmente útiles para su comparación con otros sistemas o el estudio de la evolución de este desde una perspectiva longitudinal. De esta forma, los índices desarrollados por un importante número de especialistas se configuran como mecanism os para medir las di mensiones de los sistemas de partidos mediante el cálculo matemático de los índices a partir de los resultados elec torales qu e han deparado los diversos comicios (Ocaña y Oñate, 1999). 264 Con ello, se exponen a continuación los prin cipales índices electorales, su interpretación y su evolución para el sistema político andaluz, a partir de l os resultados de las once el e cciones autonómicas celebradas hasta el año 2018, y mediante los cuales se analizará n las principa les dime nsiones y su evolución a la largo de estos años. 4.1. Fragmentación electoral Este indicador 87 informa acerca de la medida en la que el poder político se halla disperso o conc entrado, esto es, p ermite saber el número de partidos qu e compi ten en el seno de un sistema de partidos. Su valor oscila entre 0 cuyo extremo indica un sistema monopartidista en el cual todos los votantes hubieran votado al mismo partido y 1 para un sistema de fragmentación ilimit a da en el que hubiera multitud de fuerzas políticas (Cazorla y Estévez, 2019). Tabla 49. Evolución de la fragmentación elec toral para las elec ciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: Cazo rla y Estévez, 20 19. Los datos de la serie andaluza muestran dos etapas bien diferenciadas. La primera de ellas comprendida entre el año 1982 y 2012 donde el índice de la fragmentación electora l se sitúa en valo re s cercanos a l 0,65. Esto indica que , aunque no se e sté ante un sistema concentrado en d os únicos partidos (bipartidista), sin embar go, se experimentaba una fr agmentación electora l moderada. El punto más bajo de este periodo se sitúa e n las elecc ion e s de 2008, las cuales fueron las que concentraron en mayor medida el apoyo a las dos principales formaciones políticas (PSOE y PP). En el segundo periodo que concentra las dos últimas elecciones analizadas (2015-2018) se aprecia cómo sube en más de una décima este índi c e, lo qu e indica que h a aumentado d e forma co nsidera ble la fragmentación electoral, situándose el nivel más alto de todo el hist óric o en las elecciones de 2018 con el valor de 0 ,81. 87 Rae (19 71) fija la siguiente f órmula par a su cálculo : Fe = 1 - (A2 + B 2 + C2 + .. .. + n2) 1982 1986 1900 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 Media Fe 0,67 0,69 0,68 0,69 0,67 0,65 0,64 0,61 0,66 0,77 0,81 0,68 265 Gráfico 71. Evolución de la fr agmentación electoral para las elecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: E laboración propia se gún dat os de Cazorla y Estévez (2019). 4.2. Número efectivo de partidos El número efec tivo de partidos (NEP 88 ) es un indi cador que señala el número de formaciones que compiten electoralmente, considerando su magnitud re lativa (Ca zorla, y Estévez, 2019). Hay una correlación directa con la fragmentación que se traduce en que cuanto mayor es el índic e de f ra gmentación ele c t ora l hay más partidos con capacidad política y viceversa. 88 Este índice f ue formulad o por Laakso y Ta ageper a (1979) y posteriormen te reformulado por Taagepera y Shug art (1993), propon ie n d o la sigu iente fórmula para su cálculo : Nep= 1 / (A2 + B2 + C2 + .. .. + n2 ) 0,67 0,69 0 ,68 0,69 0,67 0,65 0 ,64 0,61 0,66 0,77 0,81 0,68 0,55 0,60 0,65 0,70 0,75 0,80 0,85 1982 1986 1 900 1994 1996 2000 2 004 2008 2012 2015 2 018 Fe Media 266 Tabla 50. Evolución del número efectivo de partidos p ara las e lecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 1982 1986 1900 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 Media Nep 3 3,3 3,1 3,2 3 2,8 2,7 2,6 3 4,3 5,2 3, 3 Fuente: Estév ez y Cazorla (2019) . Gráfico 72. Evolución del número efe ctivo de partidos para las elecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: Elab oración propia según d at o s de Cazorla y Estévez (2 019). Como sucediera c on la fragmentación electoral, se vuelven a apreciar dos periodos de e volución del índi c e clara mente diferenc i a dos. En el primero (1982-2012) se observa cómo oscila entre 3,2 y 2,6 siendo los años donde este índice es menor en las elecciones donde se acentúa la concentración del voto en el P SOE-A y PP-A, es decir, entre el periodo 2000 a 2008, coincidiendo que el res to de las formac iones polí tica s con repre s e ntación parlament aria pierden peso elec toral y, por lo tanto , relevanc ia políti c a. En el 2008, dond e se al ca nza el menor dato de todo el histórico, el P A ya no obtiene repre s e ntación parlamentaria y las dos formaciones que protagonizan el bipartidismo e n el sistema político andaluz llegan a con c entrar c a si el 90% del voto (86,9%) siendo el máximo de todo el histórico. Como es previsible, con el surgimiento de los nuevos 3,0 3,2 3 ,1 3,2 3,0 2,8 2, 7 2,6 3,0 4,3 5,2 3,3 2,0 2,5 3,0 3,5 4,0 4,5 5,0 5,5 1982 198 6 1900 199 4 1996 200 0 2004 2008 2 012 2015 2 018 Nep Med ia 267 partidos en las elecciones de 2015 y la reducción d el apoyo al bipartidismo , se incrementa este índice pasando a 4,3 y ampliándose al 5,2 en las elecciones de 2018, sit uá ndose en la cifra más alta de to do el histórico . Tras ambas citas elec torales son cinco las formaciones políticas con representación parlamentaria, hecho que no se repetía desde las primeras elecc iones auto nómicas. 4.3. Concentrac ión Tabla 51. Evolución de la concentr ación partidista para las elecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 1982 1986 1900 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 Media Ce 69,5 69,2 71,8 73,1 78,0 82,3 82,2 86,9 80,2 62,2 48,6 73,1 Fuente: Cazor la y Estévez, 2019. La concentración elector a l indica cuá l es el nivel de apoyo electoral que tiene la suma de las dos primeras fuerzas políti c as en cada elección, delimitando el marco de gobernabilidad en un sistema político (Cazorla y Estévez, 2019). En esta oca sión se vuelve a apreciar dos te ndenc ias. Desde las pri mera s el ec ciones autonó micas de 1982 hasta las celebradas en 2008 se observa un paulatino ascenso del apoyo hacia las dos primeras fuerzas políti c as debido a que se consolida y aumenta el apoyo al PSOE -A y a l PP -A a costa del PC A/I U LV-CA y del P A. El punto más alto de la concentración electoral tiene lugar en los comicios de 2008 donde PP y P SOE conce nt ra n el 86,9 % de los votos. Es a partir de 2012 cuando se inicia el segundo p eriodo c on un c onstante decrecimie nto del apoyo a las dos principales fu e rzas políticas (que en todas las oc asiones ha sido el PSOE-A y PP -A) como consecuencia tanto de la crisis electora l y de confi a nza hacia el bipartidismo como del auge de nuevas formacion e s polí tica s. La cifra más baja se sitúa en las elecciones de 2018 con e l 48,7%, es decir, menos de la mitad de los elec tores que acudieron a las urna s han votado a estas dos formaciones políticas en estas elecciones. 268 Gráfico 73. Evolución de la conce ntración partidista para las elec ciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: Elab oración propia según d at o s de Cazorla y Estévez (2 019). 4.4. Competitividad Tabla 52. Evolución de la competitividad electoral para las e lecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 1982 1986 1900 1994 1996 2000 2004 2008 2012 2015 2018 Media C om 39,5 24,8 27,4 4,1 9,8 6,1 18,6 9,9 1,2 8,6 7,2 14,2 Fuente: Cazo rla y Estévez, 2019. El siguiente indi c ador señala la competitividad e lectoral, es d ec ir, la dife re nc ia que hay entre la primera y s e gunda fuer z a política. Así, cuando m enor s ea el índice má s competencia electoral hay por la victoria en l as elecciones (E stévez y Caz orla, 2019). En este sentido, se observa cl a ramente que en las elecciones comprendidas entre 1982 y 1990 hay una clara hegemonía del PS OE-A, ya que la diferencia entre esta formación y la segunda (AP) e s muy grande. A partir del año 1994 el índice de la competitividad refle ja un im porta nte incremento de la competencia electoral en las sucesivas elecciones, ya que la diferencia entre el pri mero y el segundo se re duc e hasta el 4,1%, s egundo valor más bajo de todo el hist óric o, solo superado por el del año 2012 que fue de sol o 1,1%, que coincide con la única victoria que el PP -A ha tenido en las elecc iones andaluzas. Con la 69,5 6 9,2 71,8 73,1 78,0 82,3 8 2,2 86,9 80,2 62,2 48,6 73,1 40,0 45,0 50,0 55,0 60,0 65,0 70,0 75,0 80,0 85,0 90,0 1982 1986 1 9 00 1994 1 9 96 2000 2 0 04 2008 2 0 12 2 0 15 2018 Ce Media 269 aparición d e los nuevos partidos e n las dos últimas elecciones (2015 y 2018) no ha supuesto un cambio drástico en este índice con el 8,7% y 7,2% respectivamente. Gráfico 74. Evolución de la competitividad elector al para las elecciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: Elab oración propia según d at o s de Cazorla y Estévez (2 019). 4.5. Volatilidad Los índice s de la volatili dad pe rmiten visualiza r en qué gra do ha habido un c ambio del comportamiento electoral entre dos elecciones consecutivas desde varias perspec tivas: desde una forma agregada de todos los partidos (Vta 89 ), entre dos bloques ideológicos antagónicos, en este caso de i zquierda y de re cha (Ve- eb) y dentro de los partidos que configuran cada uno de los bloqu es (Ve -ib) (Cazorla y E stévez , 2019) . Además, a través de esta medición es posible visualizar el grado en el que el sistema de partidos e stá o no cristalizado, e s decir, si son estables las dim e nsiones que los han caracter i z ado. 89 El cálculo lo f ormu la Pedersen (1983) 𝑉𝑇 = | A1 − A2 | +| B1 − B2 |+| n1 − n2 | 2 39,5 24,8 27,4 4,1 9,8 6,1 18,6 9,9 1,2 8,6 7,2 14, 3 0 5 10 15 20 25 30 35 40 45 1982 1986 1 900 1994 1996 2 000 2004 2008 2012 2 015 2018 Com Media 270 En relación con cómo se interpretan los índices d e la volatilidad, que siempre se exponen en términos abs olutos, hay que indic ar que c uantos más mayores son los valores resultantes supone que ha habido un mayor cambio de la orientación del voto de los electore s entre dos e lecciones consecutivas y viceversa. Tabla 53. Evolución de la volatilidad para las ele cciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 82 - 86 86 - 90 90 - 94 94 - 96 96 - 00 00 - 04 04 - 08 02 - 12 12 - 15 15 - 18 Media Vta 15,5 6,9 18,0 5,9 5,5 7,2 6,6 9,2 24,6 21,0 12,0 Veb 4,1 2,3 7,8 0,2 4,8 6,0 4,6 3,4 5,4 13,3 5,2 Vib 11,3 4,6 10,2 5,5 0,7 1,3 2,0 8,8 19,3 7,0 6,8 Fuente: Cazor la y Estévez, 2019. Gráfico 75. Evolución de la volatilidad para las elec ciones en el Parlamento de Andalucía en el periodo 1982-2018 Fuente: Elab oración propia según d at o s de Cazorla y Estévez (2 019). La volatilidad electoral agregada en las elecciones al Parlamento andaluz en las 11 elecc ion e s ha presentado variaciones significativas que ha respondido a los dist into s procesos que h a experimentado e l sistema político andaluz. De esta forma, la volatilidad entre las dos primeras elecciones con 15,5 supon e un valor relativamente alto de todo el 15,5 6,9 18,0 5,9 5,5 7,2 6,6 9,2 24,6 21,0 11,3 4,6 10,2 5,7 0,7 1,3 2, 0 5,8 19, 3 7,0 0,0 5,0 10,0 15,0 20,0 25,0 30,0 82-86 86-9 0 90-94 94-9 6 96-00 00-04 0 4-08 08-12 1 2-15 15-18 Vta Veb Vib 277 VI. EL ANÁLI SIS DE LOS COMPONENTES DEL VOTO EN LAS DIN ÁMICAS COALI CIONAES EN ANDALUCÍA La parte centra l de la investigación sobre los rendimientos electora les de los gobiernos con dinámicas coalicionales en Andalucía y la explicación de sus causas radica analíticamente en el estudio de los componentes del voto de los partidos que han formado parte de la dinámica coalicional en e sta Comunidad Autónoma. Para ello, no solo se va a abordar en exclusiva el enfoque teórico de la valoración del ejecutivo y de sus líderes como uno de los princi pales factores explicativ os del voto para las formaciones que integran la dinámic a coalicional, y, por lo tanto, de su rendimiento electoral, sino que también se proce de a re alizar un estudio comple to con los componentes c lásicos del voto para obten er una p erce pción más amplia y poder estudiar con una mayor pers pectiva el alcance de la hipótesis planteada . Con este objetivo, se ha p roce dido a testa r los modelos clásicos d e l comportamiento electora l en el modelo de regresión logística binaria, en dos espacios temporales definidos, en el inicio y final de la legislatur a , utilizando para ello los estudios demoscópicos disponibles que más se ajustaban temporalmente. C on est a perspectiva temporal se podrá apreciar cómo la responsabilidad de compartir gobierno de coalic ión o el a poyo parlamenta rio ha varia do y en qué términos las variables pre dictoras del voto y cómo ello ha podido repercutir e n el rendimiento electoral. Los resultados se presentan de la siguiente forma: en primer lugar, se r ealiza la regre sión logísti c a binari a sobre los partidos que p a rticipan en l as dinámic as coalicionales en el inicio y final de la legislatura. A continuación, se explica cada uno de los análisis realiza dos de forma individualizada para finalizar el estudio de la legislatura desde una perspec tiva global de los partidos políticos y los dos momentos temporale s indi c ados. Una vez cometido el estudio de las cuatro dinámicas coalicionales, se realiza una interpretación agregada de todos los modelos de regresión logísti c a binaria sobre las dinámicas coalicionales en Andalucía a partir de un diagrama de colores que permite 278 visualizar d e una forma más clara qué componentes han determinado los rendimientos electora l e s en todos los casos analizados. En relación con las v ariables que configuran el modelo de la regresión logísti ca binaria, ya ha n sido expuestas y explica das en el capítulo de metodología. De esta forma, las variables dependientes son la intención del voto a los partidos que han formado el gobierno de coalición (PSOE -A, P A e IULV-CA) o que han ofrecido el apoyo parlamentario al ejec utiv o a ndaluz (C´s). Con respecto a l as variables independientes, a con tinuac ión, se muestran las tablas de las variables predictoras para cada modelo, su codificación y los valores asignados. En estos últimos radica la importancia para poder expli c ar e l sentido de la relac ión de la variable independiente con la dependiente. De ig ual forma se indica que para aque llas variables cualitativas qu e se incluyen en el modelo de la regresión tambi é n se han genera do variabl e s dummy . 279 Tabla 55. Codificación de las variables independientes del modelo de voto sociológico Variable Codificació n Valores Sexo Hombr e 1 Mujer 2 Edad 18 -29 año s 1 30 a 49 años 2 50 a 64 años 3 65 o m ás años 4 Tamaño de hábitat Menos d e 5.000 hab, 1 Entre 5 . 000 y 2 0 .000 hab. 2 Más de 20 .000 hab. 3 Nivel de estudios Sin estudios/pr imarios sin completar 1 Estudios pr imarios completos 2 Estudios secun darios 3 Estudios un iversitarios 4 Otros estudio s 5 Religiosidad Católico pr acticante 1 Católico no practicante 2 Creyente d e otra religión 3 Indifer e nte 4 Ateo 5 Clase social Alta 1 Media- alta 2 Media 3 Media- baja 4 Baja 5 Situación labo ral recodifica da Trabaja 1 Jubilado /Pensionista 2 Parado (Ha trabajado) 3 Parado (1e r emp leo) 4 Estudiante 5 Trabaja en el hogar 6 Fuente: elaborac ió n propia. No ta: la v ariable del tamaño de hábitat n o está presen te en los siguientes estudios: IESA (1996), E GOPA (2015 y 2018). L a clase social n o está en el EGOPA 2003 . Las dem ás variables si se en cuentran en el resto de los estudio s. E n todas las var i ab les también están los siguientes valores (9 9=NS/NC). 280 Tabla 56. Codificación de las variables independientes del modelo de voto ideológico Variable Codificació n Valores Autoposicionam iento ideológico (Izq- Der) 0 extrema izquier da – 10 extrema derech a 0- 10 Escala naciona lis ta 0 indep e nden tis ta – 1 0 cen trali sta 0- 10 Identidad regiona l Me siento ú nicamente español 1 Me siento m ás español que andaluz 2 Me siento tan español que andaluz 3 Me siento m ás andaluz que es p añol 4 Me siento ú nicamente andaluz 5 Otras respuestas 6 Sentimiento hacia la política Entusiasmo 1 Compro miso 2 Interés 3 Indifer e ncia 4 Aburr imiento 5 Desconfian za 6 Irritación 7 Valora ción democracia Muy satisfech o 1 Bastante satisfech o 2 Poco satisfech o 3 Nada satisfech o 4 Simpatía partido PSOE 1 PP 2 IU 3 PA 4 Ciudadan os 5 Podemo s 6 UPYD 7 Los Verd es/Equo 8 Otro 9 Fuente: elab oración prop ia. Nota: la variable escala n acionalista no está p resente en los siguientes estudios: IESA ( 1996 y 199 9 ), EGOPA (20 0 2 y 2012). La id entidad regio nal y la valoración de la democr acia no están in cluido en los sigu ientes estudio s : IESA 1999 y EGOPA 2012 . La simp atía hacia la política no está únicam ente en el IESA 1 999. La var iable simpatía política no está pr esente en el estudio 19 9 6, por lo que para ese per iodo (1996 -2000) se ha sustituido esa var iable p or partido político que genera más confianza. La s demás var iables si se encuentran en el resto de los estu dios . En todas las variables tam bién están los siguien tes valores (99 =NS/N C). 281 Tabla 57. Codificación de las variables independientes del modelo de voto r acional Variable Codificació n Valores Valora ción situación personal Muy b ien 5 Bien 4 Ni bien n i mal 3 Mal 2 Muy m al 1 Valora ción situación política de Andalucía Muy b ue na 5 Buena 4 Regula 3 Mala 2 Muy m ala 1 Valora ción de la gestión del Gobierno de Andalucía simple Desaprueb a 1 Aprueb a 2 Valora ción de la gestión del gobierno de Andalucía Muy b ue no 5 Bastante buen o 4 Ni buen o ni malo , 3 Bastante malo 2 Muy m alo 1 Primer problema en Andalucía El desemp leo 1 La march a de la economía 2 La política y corrupción, 3 Educació n 4 Vivienda 5 Sanidad 6 Desigualdad social 1 Valora ción oposición PP -A Muy b ue na 5 Bastante buen a 4 Ni buen a ni mala 3 Bastante mala 2 Muy m ala 1 Valora ción oposición IULV- CA Muy b ue na 5 Bastante buen a 4 Ni buen a ni mala 3 Bastante mala 2 Muy m ala 1 Valora ción oposición C´s Muy b ue na 5 Bastante buen a 4 Ni buen a ni mala 3 Bastante mala 2 Muy m ala 1 Valora ción oposición Podemos Muy b ue na 5 Bastante buen a 4 Ni buen a ni mala 3 Bastante mala 2 Muy m ala 1 Partido má s capacitado para gobernar en Andalucía PP 1 PSOE 2 IU 3 PA 4 UPYD 5 Ciudadan os 6 Podemo s 7 Equo /Los Ve rdes 8 282 Otro 9 Ningun o 10 Valora ción gobierno coalición PSOE-A e IUL V- CA Muy b ien 5 Bien 4 Regular 3 Mal 2 Muy m al 1 Valora ción de IU com o socio en el gobierno de coalición junta recodifica do Muy b ien 5 Bien 4 Regular 3 Mal 2 Muy m al 1 Valora ción del gobierno de coalición P SOE-A y PA Más bien p ositiva 2 Más bien n egativa 1 Valora ción apoyo C´s a la investidura de Susana Díaz Muy p ositivamente 5 Positivamente 4 Ni positivo, ni negativo 3 Negativam ente 2 Muy n egativamente 1 Fuente: elabor ación propia. Nota: la variable de valoración de la situación person al no está presente en los do s estudios d el IESA (1 996-1999). Con resp ecto a las variables d e la valo raci ón d e la oposició n, la del PP no está en el estudio EGOPA 2 002, l a de IU solo está p resente en los dos estudios del IESA (1996 -1999) y en el último d el EGOPA (2018). En r elación con la oposición de Po dem os y de C´s ú nicamente están en el EGOPA de 2 0 18. Tanto la v aria ble valoración de I U como socio en el Gobierno de coalición Junta de Andalucía como la valoración d el apoyo de C´s a la investidur a d e Susana Díaz están en el estudio del E GOPA 2015. La v al oración del Go bierno de coalición PSOE-A y PA únicam ente está en el estudio del IESA 1 996. En relación con la variab le del partido más cap acitado para gobern ar An dalucía, solo está pr esente en el IESA 1 9 96 y EGOP A 2015 . La valor ació n del gobierno simp le (a prueba/d esapr ueba) ún icamente está presen t e en los estudios IESA 1996 y 199 9 , mientr as que la v al oración de la gestión del Gobierno de Andalucía (con las cinco categor ías) se en cuentra exclusivamente en todos los estudios del EGOP A. En todas las variables también están los sigu ientes valores (9 9=NS/N C). 283 Tabla 58. Codificación de las variables independientes del modelo de voto económico Variable Codificació n Valores Situación eco nómica de Andalucía Muy b ue na 5 Buena 4 Regular 3 Mala 2 Muy mala 1 Valora ción propuestas económ icas PP-A Muy b ue na 5 Buena 4 Regular 3 Mala 2 Muy m ala 1 Valora ción propuestas económ icas Podemos Muy b ue na 5 Buena 4 Regular 3 Mala 2 Muy m ala 1 Valora ción propuestas económ icas C´s Muy b ue na 5 Buena 4 Regular 3 Mala 2 Muy m ala 1 Valora ción propuestas económ icas IULV- CA Muy b ue na 5 Buena 4 Regular 3 Mala 2 Muy m ala 1 Valora ción política económica del gobierno andaluz ayudar mejo r ar econom ía Mucho 4 Bastante 3 Poco 2 Nada 1 Fuente: elab oración prop ia. Nota: la v aloración de las propuestas econ ómicas d e los par t id os de la opo sición solo está r ec ogida en los dos últimos estudios del EGOPA (2015 y 2018) mientras que la v aloración p olí tica econ ómica del Gobierno Andaluz ayudar me jorar eco n omía solo está en el último (EGO PA 201 8). E n todas las v ariables también están los siguie ntes valores ( 99=NS/NC). 284 Tabla 59. Codificación de las variables independientes del modelo de voto económico Variable Codificació n Valores Conocim iento presidente Junta de Andalucía Sí cono ce 1 No con oce 2 Valora ción presidente Junta de Andalucía 0 muy negativ a – 10 muy positiva 0- 10 Conocim iento líder partido secundario ejecutiv o andaluz (socio gobierno/support pa rty) Sí cono ce 1 No con oce 2 Valora ción líder partido secundario ejecutivo andaluz 0 muy negativ a – 10 muy positiva 0- 10 Conocim iento líderes oposición de Andalucía Sí cono ce 1 No con oce 2 Valora ción líderes oposición de Andalucía 0 muy negativ a – 10 muy positiva 0- 10 Fuente: elaboración propia Nota: En todas las variables t ambién están los siguientes valor es (99=NS/NC). Antes de proceder a exp one r los resultados y análisis de los modelos de regre sión logística binaria, es importante explicar brevemente el significado de l os principales indicadores qu e se van a exponer a continuación. En relación con los indicadores que mi den la validez del modelo, se encuentran (Agu a yo y Lora, 2007; Mías y Tornimbeni, 2021): - -2 Log de la verosimilitud: mide hasta qué punto un modelo se ajusta bien a los datos. Cuanto más pequeño sea el valor , mejor será el ajuste. - R cuadrado de Nagelkerke: valor entre 0-1 qu e explica en qué porcentaje las variables independientes explican la variable dependiente. Cuanto más elevado es este valor, mayor c apacidad explicativa tienen las varia bles independientes. De esta forma , la prueba d e Nagelkerke p e rmite observ a r la magn itud o el porc e ntaje de cambios en la variable d e pendiente, consecuencia de la presencia de l a s variables independientes seleccionadas. - Coefic ientes d e Hosmer y Lemeshow: prueba de bondad que determina si el modelo propuesto puede explicar lo que se obs e rva, al evaluar l a distancia entre lo observado y lo espe rado. Lo desea ble es que el valor se a mayor a 0,05, lo q ue significará que no hay diferenc i a s significativas entre lo que se predice y lo observado. 285 En referencia a la explicación de la c a usalidad y fuerza que los componentes del voto (varia bles independientes) efectúan sobre la int e nción de voto a u na formación política con pr e sencia e n la dinámica coalicional (variable dependiente), destacan los siguientes indicadores: - Sig 90 : su v alor e xpresa el nivel de ca usalidad de la variable ind epe ndiente con la dependiente. - Exp (B) 91 : su valor representa el número de v e ces en los que se incrementa la probabilidad de que la variable dependiente ten ga lugar en función de si aumenta o desciende el valor de l a variable dependiente. - B 92 : expresa el sentido de la causalidad entre la variab le ind ependiente y dependiente. 90 Sign ificación. Aunque hab it ualm ente se determin a el valor igual o menor que 0,05 para establecer determin ar qu e una var ia ble es significativa, en esta investigació n se ha optado por incrementar esta cifra hasta el 0,1 c on el objetivo de enriqu ecer los componentes predic tivos del voto en dinámicas coalicion ales. 91 Exponen cial de beta. 92 Beta. 286 1. Los compone ntes del vo t o en el gobierno de coalición del PSOE-A y P A (1996-200 0) Tabla 60. Modelo de regresión logística binaria para e l voto al PSOE -A en Andalucía en 1996 B Error Estándar Wald Gl Sig. Exp(B) Autoposicionamiento ideológico (izq-der) -0,185 0,081 5,275 1 0,022 0,831 Partido inspira más confianza: PP -1,619 0,777 4,341 1 0,037 0,198 Partido inspira más confianza: PSOE 1,931 0,312 38,395 1 0,000 6,894 Partido inspira más confianza: IU -0,844 0,428 3,878 1 0,049 0,430 Valoración del presidente de la Junta de Andalucía (Manuel Chaves) 0,297 0,069 18,291 1 0,000 1,345 Valoración líder PA en el gobierno andaluz (Antonio Ortega) -0,233 0,071 10,838 1 0,001 0,792 Partido más capacitado para gobernar: PSOE 1,633 0,301 29,477 1 0,000 5,118 Valoración de la oposición del PP -0,448 0,156 8,236 1 0,004 0,638 Constante -3,585 0,819 19,178 1 0,000 0,028 Pseudo R 2 0,718 2log de la verosimilitud 0,718 Coeficientes de Hosmer y Lemeshow 0,105 Porcentaje global 89,7 Fuente: elaborac ión propia a partir de la b ase de datos d el I ESA, estudio del 1996. Mo d elo de regresión logística binaria, mét odo introducir, s obre la variable d e intención d e voto al PSOE - A. Nota: el Pseudo R 2 utilizado e interpretado es el R 2 de Nagelk er ke. Para los componentes del voto el PSOE - A en el inicio de la legislatura 1996 -2000, la evaluación de ajuste del modelo para la validez de los componentes del voto para los socialistas andaluces presenta el R cuadrado corregida (Nagelkerke) de 71,8%, es de c ir , el porcentaje de variación en la variable del voto al PS OE-A que se puede explicar por las variables independientes que contempla e l mod e lo. La opción para evaluar la bondad del ajuste del modelo construido a t ra vés del test de Hosmer-Lemeshow h a resultado s er buena, ya que ofrece una elevada coincidencia 293 A nivel global, se puede observar qu e, por el número de componentes significativos y su tipología, hay un cierto equilibro entre l as variables independientes de los modelos ideológicos, las de elección racional y las referentes a los liderazgos. En una pos ición más relegada qued a n las variables sociodemográficas h a sta suponer que ninguna de ellas sea significativa para amb a s formaciones en la anu a lidad 1996. En cuanto al odds ratio de cada variable significativa sí hay importantes diferencias qu e sitúan a u nas por en c imas de otras en cuanto a la f uerz a predictora sobre la variable dep endiente de intención de voto para el P SOE-A y el PA. De est a forma, en el b loque del modelo ideológico, destacan por encima d e l resto la variable del partido q ue genera más con fianza para c ada formación. En relación con el bloque de los modelos de elecc ión racional, la valoración de la gestión del gobierno andaluz, oposición o partido más capacitado para gobernar , la últim a destaca en la anu a lidad de 1996, en la única presente. Finalmente, en esta primera perspec tiva hay que destacar también el refuerzo p ositivo que supone para c ada form ac ión la valoración de sus líd e res y su permanencia en el tiempo, aunque c on una fuerza moderada. Antes de profundizar en los componentes para c ada formación, hay que recordar que esta legislatura se ha desarrollado en un co ntexto político y económico positivo, produciéndose un cambio de ciclo en ambas perspectivas con respecto a la anterior legislatura. Andalucía, en la misma línea que el conjunto del país, experimenta en este periodo, y sobre todo a partir del año 1998, un crecimiento económico y una reducción importante del desempleo. Además, como muestran los diferentes estudios de opinión analizados, las v alora ciones de los andaluces sobre la sit uac ión política y económica de Andalucía fue mejor a ndo paulatinamente conforme avanzaba la legislatu ra . A ello se suma que, en la percepción de la gestión del ejecutivo, son más los ciudada nos que la aprueba n frente a los que la de saprueban. El PSOE-A se situaba como el pa rtido que más confianza generaba y la v alora ción d el presidente d el ejecutivo se fijaba en todo el periodo como la mejor frente al resto de lí de res andaluces. Por el contrario, la valoración del líder del PA se ubicaba en ter c era posición, por encima del líder d e IULV -CA, mientras que 294 esta últim a for mación sobrepasa ba a los andalucistas en el nivel d e confianza qu e genera ba el partido, si tuándose por lo tanto en cuarto y último lugar. Ya profundizando en los modelos explicativos para la fuerza mayoritaria y que preside el ejecutivo de coalición, en el PS OE-A destaca la aus e ncia de variables significativas contextual e s (políticas o económicas) y que para la anualidad 1996 no se activara la valoración del gobierno de la Junta d e Andalucía. Ello llama poderosamente la atención, en tanto en cuanto estas son variables que sueles ser significativas y refue rzan el voto para los partidos que lideran los ejecutivos (S teve nson, 2008; Fisher y Hobolt, 2010). Son variable que están influenciadas por la adsc ripción partidista, por lo que é sta es utilizada como atajo c ognitivo para la valoració n que realiza el e jecutivo (Sáez , 2002 a ; Sulmont 2010). Sin embargo, en e l final de la legislatura la v a loración del ejecutivo andaluz se sitúa como la segunda en fuerza predictora según su odds ratio , coincidiendo con las mejor es cotas de valoración del e jecutivo que re c ogen el ba rómetro de opinión y a la vez la mayor dife rencia con e ntre quienes aprueban y desaprueban la labor del gobierno andaluz. Además de estas ausencias, hay que sumar la casi inexistente presencia de las variables sociodemográficas. En el caso del P S OE-A solo se activa en e l fina l de la legislatura el nivel de estudios, contradiciendo los postulados de la Escuela de Columbia que apunta a la importancia de estas va riables en la forma ción de las bases e lectorales de las formaciones políticas (Lazarsfe ld et al., 1944; Berelson et al., 1954). Las que sí tienen un a gr an importancia predictora en el voto p a ra el PSOE -A son las variables del compon ente ideológico, que son las que explican con ma yor fuerza el voto a los socialistas, multiplicando en la anualidad de 1996 por más d e 6 veces la probabilidad de voto . Este valor se incrementa h a sta 14 en el final del periodo. Este importante avance tiene su principal r azón en que en el final del periodo no está p rese nte en el estudio la vari a ble “partido más capacitado para gobernar”, qu e , aun que pueda ser catalogado c omo un componente de elección racional, sin lugar a duda su percepción se ve influenciada por los atajos cognitivos que ofre cen a los ciudadanos sus posiciones ideológicas y adscripciones partidistas. 295 Hay que destacar también la incidencia inversa respecto al voto al PSOE- A con la variable del partido que inspira más confianza de IU y PP, que se repite en el inicio y final de la legislatura. En relaci ón con el PP no llama la atención, ya que es la form ac ión situada en las posi c iones contrarias ideológicamente y que defiende posi c iones opuestas en muchos temas como la f isca lidad, economía, ser vicios públicos, derechos sociales, etc. Sin embargo, sí e s de de stacar que para el ca so de IU sí sea signi fic ativa, ya que esta formación y el PSOE-A son formac iones limí trofes ideológicamente en e l espectro d e la izquierda. Sin embargo, la explicación se en cue ntra en las malas relaciones que ambas formaciones tienen en el marco de la política andaluz a tras las deterioradas relac iones experimentadas en la anterior legislatura 1994-19 96, en la denominada la “Legislatura de la pinza” en la que, tras las elecciones autonómicas del año 1996, IULV-C A no acc edió a fa cilitar la investidura del pre sidente socialista. Aún con ello, en el final del pe riodo la incidencia inversa h a perdido considerableme nte su fuerza con respecto al inicio de l a legislatura, justo al contrario de lo que suc ede c on el Partido Popular. De igual forma, es comprensible que l a labor de oposi c ión del P P-A actuara como r efuerz o in verso para el año 1996. Sin embargo, esta variable no se activa para e l final del periodo, mientras sí lo hace la va loración del l íder de l PP -A, que únicamente ocurre en el año 1999 y por supuesto con una relación inversa. Para concluir, además de la significación y refuerzo positi vo del lí de r del ejecutivo, es importante menc ionar que su fuerza sea ligeram ente inferior en el año 1999 que, al inicio de la legislatura, a pesar del aumento d e su v alorac ión al final del periodo. De igual forma, destaca que la significación d el único líder regional de otra fo rma ción en el año 1996 sea Antonio Ortega y con una incidencia inve rsa , cuando era consejero de l PA en el gobierno de coalición. En lo que respec ta a los componentes del voto para el socio secundario del g obier no de coalición, e l PA, sin luga r a duda el componente ideológico es e l que actúa con mayor fuerza, y dentro de esta la variable la única significativa es la adscripción política mediante el partido que inspira más confianza. Este componente para la f ormac ión del PA, como es de esperar, actúa con una relación directa que llega a multiplicar por 24 la probabilidad de voto a los andalucistas, valor que casi se duplica en el final de la 296 legislatura, hasta alcanzar e l odds ratio de l 40,3. Al igual que sucedier a con e l PSOE - A, este importante aumento con respec to al inicio de la legislatura tiene su explicaci ón en que el al final del periodo el estudio no cont e mpla la variable del partido más capacitado para gobernar, que en el 1996 ya e ra la segunda variable con mayor odds ratio con un efec to multiplicador de la probabilidad de voto de 5,1. Además, en este g rupo de variables también está presente el componente del partido inspira más confianza: PSOE-A pero con una relación inversa . Aunqu e p ueda llamar la atención por se r socio de gobierno, en realida d no es anormal, y a que en el final de la legislatura los g obier nos de coalición suele ser h abitual la divergencia de posturas para ofrecer ofe rta s electora les diferenciadas en la s elecciones . A ello se suma que determinada s voces dentro del PA abogaban por no repetir el acuerdo con los socialistas en la siguiente legislatura. La ausencia del autoposicionamiento ideológico en la escala de izquie rda-derecha como componente significativo no es de extrañar, ya que esta form a ción no sitúa este cleavage como eje principal de su discurso político y de adscripción polít ica. Sin embargo, sí llama la atención que el componente de identidad regional no fuera significativo para los andalucistas, cuando éste sí es un eje central en el dis curso político de los andalucistas. En relación con los componentes re feridos a l modelo de ra c ional, es llamativo que la buena percepción de la economía y polí tica de los andaluces, de la gestión del gobierno regional y los datos ma croeconómic os no supusiera para esta formac ión la activación d e estas variables, ni tan s iquie ra la de la v a loración del gobierno andaluz o la d e la valoración del cons e jero del PA de mayor rango en el ejecutivo, Antonio Ortega. S in embargo, sí se h a activa do la atribución del PA como el partido más capacitado para gobernar, influenciado p or el componente ideoló gico de adscripción p artidista, al igual que la valor a ción de la oposición de IU con un sentido positivo. Este último hecho, a priori poco comprensible, puede tener su explic ac ión en que la oposición de IU se centrara en la labor que realizan tanto el presidente del gobierno como los consejeros del gobierno andaluz a ds c ritos al PSOE-A. 297 En relación con los componentes de liderazgo, además de la so rpre ndente no significación de la v ariable valorativa de la labor del consejero Antonio Ortega en el ejecutivo andaluz y el re fuerzo positivo que supone la valora ción del líder parla mentario del PA, Pedro Pacheco, llama tambié n la atención que el refuerzo positivo que supone la valoración del líder del PP -A en 1996, Javier Arenas, al igual que su fuerza predictiva, y a que era ligeramente inferior a la del líder del PA. P a ra encontrar una explicación a ello, es nece sario recordar que, en este p eriodo, aunque el PA gobernara en coalición con el PSOE-A en el gobierno de la Junta de Andalucía , sin embargo, en el marc o local fue ron numerosos los acuerdos e ntre e l PA y e l PP, como por ejemplo los del Ayuntamiento de Sevilla que llevó al andalucista, Alejandro Rojas, a ser alcalde en el periodo 1991 -1995 o teniente de alc a lde desd e 1995 a 1999, con la popular S oleda d Bec e rril como alcaldesa. 298 2. Los compone ntes del vo t o en el gobierno de coalic ión del PSOE-A y P A (2000-200 4) Tabla 65. Modelo de regresión logística binaria para e l voto al PSOE -A en Andalucía en 2002 B Error Estándar Wald Gl Sig. Exp(B) Nivel de estudios: estudios secundarios 0,365 0,131 7,824 1 0,005 1,441 Religiosidad: católico no practicante 0,312 0,136 5,299 1 0,021 1,366 Ocupación laboral: estudiante -0,511 0,247 4,259 1 0,039 0,600 Simpatía: PSOE 3,570 0,137 674,750 1 0,000 35,502 Simpatía: PP -1,058 0,237 19,912 1 0,000 0,347 Simpatía: PA -1,724 0,601 8,240 1 0,004 0,178 Valoración de la gestión del gobierno de la Junta de Andalucía 0,349 0,080 19,067 1 0,000 1,418 Valoración presidente Junta de Andalucía (Manuel Chaves) 0,244 0,031 60,361 1 0,000 1,276 Valoración líder PP- A (Teófila Martínez) -0,142 0,155 0,843 1 0,035 0,868 Constante -2,351 0,414 32,187 1 0,000 0,095 Pseudo R 2 0,727 2log de la verosimilitud 1771,699 Coeficientes de Hosmer y Lemeshow 0,356 Porcentaje global 89,9 Fuente: elab oración propia a partir del estudio del EGOPA otoño 2002 . Mod elo de regresión logística binaria, método introducir, sobre la var ia ble de in tenci ón de voto al PSOE -A. Nota: el Pseudo R 2 u tili zado e interp retado es el R 2 de Nagelker ke. Respecto a la evaluación de ajuste del modelo pa ra la validez de los componentes del voto para el PSOE -A en el tramo intermedio de la legisl a tura 200 2 - 2004, el R cuadra do corregida (Nagelkerke) es del 75,4%, es decir, e l porcentaje de v ariac ión en la variable del voto a P SOE-A que se puede explicar por las va riables inde pe ndientes que contempla el modelo. La opción para evaluar la bondad del ajuste del modelo construido a t ra vés del test de Hosmer-Lemeshow h a resultado s e r bue na , ya que ofr e ce una elevada coincidencia entre los valores observados y esperados en la tab la de contingencia p a ra la prueba y el test Chi cuadrado que con tra sta ambas distribuciones no muestra significación estadística. [Document text truncated for crawler view.]