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De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso escolar y la exclusión educativa

Martos Ortega, José Manuel,Domingo Segovia, Jesús

Abstract

El objetivo de este artículo es evidenciar la necesidad de un análisis y comprensión específica, naturalizada y contextualizada del fracaso escolar y la exclusión educativa como realidades complejas. El “paradigma de exclusión”, como marco epistemológico, ayuda a tomar conciencia de las zonas y dinámicas de vulnerabilidad que rodean a los estudiantes con riesgos probables de exclusión educativa, rodeados de factores, condiciones y dinámicas escolares (aulas, centros y políticas autonómicas), sociales (familiares, entorno) y personales que intervienen, determinan y construyen progresivamente esta situación de riesgo. Para alcanzar esta comprensión el método biográfico narrativo nos dará acceso a la voz de los implicados en estos procesos complejos que han de ser estudiados por medio del estudio de caso.

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http://www.ugr.es/local/recfpro/rev151COL6.pdf DE LA EPIDERMIS AL CORAZÓN: LA BÚSQUEDA DE LA COMPRENSIÓN DEL FRACASO ESCOLAR Y LA EXCLUSIÓN EDUCATIVA From epidermis to heart: the search for understanding of school failure and educational exclusion VOL. 15, Nº 1 (2011) ISSN 1138-414X (edición papel) ISSN 1989-639X (edición electrónica) Fecha de recepción 22/12/2010 Fecha de ace p tación 17/03/2011 J osé Manuel M artos Ortega y Jesús Domingo Segovia* Grupo de Investigación FORCE y *Universidad de Granada E-mail: [email protected], [email protected] Resumen: El objetivo de este artículo es evidenciar la necesidad de un análisis y comprensión específica, naturalizada y contextualizada del fracaso escolar y la exclusión educativa como realidades complejas. El “paradigma de exclusión”, como marco epistemológico, ayuda a tomar conciencia de las zonas y dinámicas de vulnerabilidad que rodean a los estudiantes con riesgos probables de exclusión educativa, rodeados de factores, condiciones y dinámicas escolares (aulas, centros y políticas autonómicas), sociales (familiares, entorno) y personales que intervienen, determinan y construyen progresivamente esta situación de riesgo. Para alcanzar esta comprensión el método biográfico narrativo nos dará acceso a la voz de los implicados en estos procesos complejos que han de ser estudiados por medio del estudio de caso. Palabras clave: Fracaso escolar, exclusión educativa, estadísticas educativas, método biográficonarrativo, historias de vida, estudio de caso. De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 338 1. Introducción Si partimos de la omnipresencia de la exclusión en todos los espacios en los que discurre la vida del hombre, la escuela es también un ámbito en el que se hacen presentes una serie de situaciones que dejan al borde del camino a individuos y grupos de personas. En el paisaje del sistema educativo está presente el fracaso escolar consumado y una serie de situaciones que están en la frontera (absentismo, abandono, dificultades en las relaciones personales y académicas, bajos rendimientos, repeticiones, riesgos de no llegar a alcanzar la titulación obligatoria) y que generan dificultades entre los estudiantes. Esta situación también provoca malestar entre el profesorado debido a la pérdida del sentido de su trabajo y genera un sentido de impotencia ante un problema considerado, a veces, como connatural a la vida escolar. Frente a una forma de considerar y comprender el fracaso escolar como un producto final, culpabilizando al alumnado, desde la investigación educativa, de la mano de la sociología, se reivindica una nueva forma de mirar esta realidad compleja desde el “paradigma de exclusión”. La novedad de este marco epistemológico radica en afirmar que estas situaciones de riesgo y vulnerabilidad no son productos finales sino etapas de un proceso. El objetivo prioritario de este artículo es evidenciar la necesidad de un análisis y comprensión específica, naturalizada y contextualizada de las zonas y dinámicas de vulnerabilidad que rodean a los estudiantes con riesgos probables de exclusión educativa para determinar los factores, condiciones y dinámicas escolares (aulas, centros y políticas autonómicas), sociales (familiares, entorno) y personales que intervienen, determinan y construyen progresivamente esta situación de riesgo. Para alcanzar esta comprensión el método biográfico narrativo nos dará acceso a la voz de los implicados en estos procesos complejos, que han de ser estudiados por medio del estudio de caso. 2. La realidad del fracaso escolar: de la frialdad del dato a la elocuencia del rostro Nada más complejo que describir la realidad que nos circunda debido a la variedad de factores y dinámicas que confluye en ella. La realidad escolar no escapa a esta complejidad: procesos de inclusión y exclusión educativa, entornos de vulnerabilidad o riesgo, dinámicas de desenganche, desafección o de éxito escolar, dinámicas contradictorias que conviven en un mismo ámbito o entorno. La realidad educativa no deja de ser contradictoria, y por qué no, interpelante sobre todo ante la realidad del fracaso escolar. Abstract: The aim of this paper is to demonstrate the need for a specific, naturalized and contextualized analysis and understanding of school failure and educational exclusion as complex realities. The "exclusion paradigm", as epistemological framework, helps to raise awareness of areas and dynamics of vulnerability that surround students under probable risk of educational exclusion. All their scholarly (classrooms, centers and regional policies), social (family, environment) and personal factors, conditions and dynamics involve, determine and gradually build this risk situation. In order to achieve his understanding, the biographical narrative method will give us access to the voice of those involved in these complex processes that must be studied through case study. Key words: School failure, educational exclusion, educational statistics, biographical-narrative approach, life histories, case study. De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 339 Las cifras educativas evidencian esta realidad contradictoria. Mientras que el progreso educativo de la población española en la última década ha sido grande hasta alcanzar la plena escolarización, de la mano del crecimiento económico, los índices tan altos de fracaso escolar no dejan de inquietar y preocupar, ya que no responden a los niveles de renta, al nivel de escolarización en Infantil y Primaria, y a los altos índices de estudiantes universitarios (Bolívar y López, 2009). La escuela, como realidad inserta en la sociedad actual, no escapa a un conjunto de nuevas dinámicas dualizadoras propias de las sociedades tecnificadas. Tal y como señala Tezanos (1999) no porque la economía crezca va a disminuir el número de excluidos; extrapolando esta afirmación al ámbito educativo, no porque se incrementen los niveles de escolarización disminuye el número de jóvenes en riesgo de exclusión, sino más bien se incrementa. “Paradojas del tiempo hace que, además, a medida que se pretende democratizar el sistema educativo y extender su escolaridad, mayor número de excluidos genera”(Bolívar y López, 2009, p. 52). Los datos del fracaso (índice de repetición de curso, absentismo escolar, tasa de idoneidad, porcentaje de población que alcanza el Graduado en ESO, abandono escolar temprano, resultados PISA) no dejan de ser inquietantes, generan desencanto, incertidumbre y un conjunto de interrogantes que abren la puerta a la reflexión sobre la misión y funciones de los sistemas educativos que no pueden considerar el fracaso escolar como un problema enquistado sin solución, y las dinámicas progresivas de exclusión educativa como un mal menor o el precio a pagar en aras a la democratización del acceso a la enseñanza. Linda Darling-Hammond en su obra de referencia “El derecho de aprender. Crear buenas escuelas para todos” presenta este desafío a la renovación educativa. Si durante el siglo XX existió un reto importante que consistía en proporcionar una escolarización mínima y una socialización básica a los ciudadanos que no tenían acceso a la educación, el siglo XXI, en su opinión, debería hacer frente a otro reto distinto que pasa por garantizar desde la escuela “a todos los estudiantes y en todas las comunidades el derecho genuino a aprender” (Darlin-Hammond, 2001, p. 42). El fracaso escolar y la exclusión, por tanto, no es una entelequia. El índice de fracaso escolar que recogen las cifras, aflora, frecuentemente como la punta del iceberg de un problema más profundo y complejo, que hace correr ríos de tinta y la proliferación de noticias sensacionalistas. Pero el dato, frio y objetivo, no puede hablar por sí mismo, no es todo lo elocuente que debería ser, ya que tanto en su obtención como en su interpretación no suele existir toda la transparencia que buscamos. Las cifras al leerlas ofrecen bases suficientes para una primera aproximación y para tomar conciencia de la existencia de esos rostros que dejan ver las marcas que producen en ellos una serie de procesos que los abocan a una situación de vulnerabilidad y riesgo escolar. Pero tal y como afirma Perrenoud (2002), el fracaso escolar tiene otras muchas expresiones, además de las propiamente académicas, pues suele irradiarse en los ámbitos personales, afectivos, sociales y morales, tiene conexiones con las políticas educativas y sociales, con las medidas y soluciones estructurales y curriculares adoptadas por un centro, y con el quehacer profesional y las condiciones sociales y laborales que afectan al trabajo docente. Detrás de cada cifra hay una persona que en medio de unas circunstancias, espaciotemporales experimenta una quiebra que determinará su ser y su obrar en el futuro. El fracaso es una experiencia, un camino que se recorre rodeado de unas circunstancias determinadas. Según se avanza en él se proyecta y adquiere una visibilidad en el entramado social, institucional y personal que rodea la vida de quien lo experimenta (Escudero, 2005a). Por este motivo las cifras cobran valor cuando se hace una lectura contextualizada de las mismas, teniendo como clave de interpretación las condiciones que han rodeado la historia de De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 340 que son reflejos. Un dato académico tomado en abstracto tan solo nos indica la existencia de una realidad, es meramente descriptivo, sin embargo, un dato leído a partir de las condiciones personales, académicas, las medidas del centro, los programas seguidos para tal situación, cobra una nueva luz y significado y contribuye en la profundización de las raíces que generan ese fracaso (Martos, 2008). Las cifras reclaman la comprensión desde una epistemología y una ética que sea el umbral de la mejora. 3. El desafío epistemológico: desde el fracaso escolar como producto hacia la noción de exclusión educativa 3.1. El fracaso como producto: la certificación de la desigualdad Cada momento del desarrollo de los sistemas educativos ha llevado consigo una forma de interpretar la realidad del fracaso escolar. Tras el modelo de una escuela reproductora del orden social establecido, en el que cada persona nace en el lugar fijo e inmutable asignado en la sociedad y en el que sistemáticamente se excluía a los alumnos en razón de dos factores, su extracción social y su género, tras la Segunda Guerra Mundial aparece un nuevo paradigma de escolarización, la meritocracia, basado en las capacidades del sujeto para aprender. Se supera de este modo una selección en base a la clase social y al género (Littlewood, 1999) para introducir a edades tempranas los exámenes selectivos y academicistas como puerta a la enseñanza secundaria (Jiménez, Luengo y Táberner, 2009). ¿Desde qué óptica se contemplaba el fracaso en este nuevo paradigma? Desde una clave individualista en la que se psicologiza y se busca sus causas en la falta de recursos intelectuales, aptitudes o habilidades del sujeto necesarios para alcanzar el éxito académico. Desde este marco de comprensión se justifica la eliminación de candidatos o la orientación de los mismos hacia la formación profesional. El éxito o el fracaso se interpreta desde una dimensión unifactorial vinculada a las capacidades o al esfuerzo del alumno, en el que él es el responsable último del mismo. Con la llegada de la escuela inclusiva, a partir de la década de los setenta, por medio de políticas educativas comprensivas, apoyadas en la igualdad de oportunidades en el proceso, se trata de eliminar cualquier situación selectiva para el ingreso en la educación secundaria, con un currículum común para todos, adaptable a las necesidades educativas de los alumnos e implantando principios pedagógicos como la promoción continua, la eliminación de exámenes exclusores, adaptaciones curriculares, etc. (Sevilla, 2003). Una nueva lectura del fracaso se hace en este contexto, comprensible desde las teorías de Bourdieu de la autoexclusión. El fracaso “se explicará ahora por la falta de motivación del alumnado que no ha querido o no ha sabido aprovechar los recursos que el sistema le ha ofrecido, apareciendo una nueva estrategia de exclusión que trata de convencer al propio sujeto, por mediación de los propios profesores, de su propio fracaso, persuadiéndoles de que no poseen las características intelectuales requeridas, o que no demuestran las habilidades o competencias previamente establecidas, estrategia que, por otra parte, exime de toda responsabilidad al sistema educativo de dicho fracaso” (Jiménez, Luengo, Táberner, 2009, p. 30). Posteriormente, y desde una perspectiva neoliberal, el fracaso escolar se verá redimensionado desde la búsqueda de la excelencia y de los mejores resultados. Éste, por De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 341 tanto, se contemplará como un obstáculo para alcanzar la excelencia educativa y una amenaza para la calidad. “En este escenario, los escolares que no rindan, que no asistan al centro, que presenten problemas, etc, no interesa su permanencia en las aulas por la mala imagen que ofrecen al exterior y serán persuadidos, y en mucha ocasiones obligados, a que abandonen el centro, en una nueva modalidad de rechazo, más patente y contundente, que sintoniza con la naturaleza exclusora que caracteriza al sistema escolar desde sus orígenes” (Jiménez, Luengo y Táberner, 2009, p. 32). Al hilo de esta progresión de paradigmas educativos, ¿cómo se han interpretado los datos del fracaso escolar? Ante todo como un producto acabado, haciendo un uso de los mismo con un carácter eminentemente finalista, sin tener en cuenta los procesos que conducen al mismo. El fracaso, desde esta perspectiva de producto, es algo constatable, observable y experimentable, es decir, “supone algo que está ahí y que puede ser observado; una realidad construida y certificada de la escuela que adquiere rostro en algunos alumnos, precisamente en una primera etapa de su vida como personas que con toda seguridad va a dejar huellas en lo que venga después” (Escudero, 2005a, p. 83). En definitiva, y a lo largo de los distintos paradigmas que han configurado el sistema educativo y las políticas subyacentes, el fracaso escolar es la certificación de los procesos de desigualdad, que con distintos acentos se construyen en el seno del mismo. Desde este carácter finalista se priman tres claves de interpretación (Escudero, 2005b): a) La individualización: “fracasan los estudiantes y no el sistema”. b) La privatización: si un alumno no ha alcanzado los resultados esperados, él es el responsable exclusivo. c) La atribución de las culpas recae sobre las víctimas: se arguye la falta de capacidades, motivación, interés y esfuerzo. Diversos autores (Canario, 2000; Baker, 2002; Escudero, 2005ab) han señalado como la individualización y la privatización del fracaso escolar es un resultado manifiesto de la colonización de cierta racionalidad y lógica sociales y políticas que postulan un giro drástico del universo de valores que postuló la modernidad y el progreso económico para legitimar dinámicas de desigualdad como fruto y producto de la responsabilidad exclusiva del individuo. 3.2. Del fracaso escolar a la exclusión educativa: la complejidad de una realidad El concepto de exclusión educativa ofrece un punto de vista distinto y más rico que el ofrecido por el fracaso escolar, ya que aporta, desde el discurso de la exclusión, una perspectiva diferente para abordar las raíces del problema, el mosaico de factores que intervienen en él, las dinámicas y estructuras sociales que inciden en su génesis y desarrollo. Este prisma de análisis ha inspirado diversos estudios e informes en el contexto de la OCDE, adoptando así la “perspectiva de la exclusión educativa” (Klasen, 1999; Brynner, 2000; Ranson, 2000). Incluye categorías de análisis y modelos de comprensión que proceden, a su De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 342 vez, del llamado “paradigma de la exclusión” (Sen, 2001; Tezanos, 2001a; Castell, 2004; Subirats, 2003 y 2004; Karsz, 2004; Bauman, 2005). a) La exclusión educativa como privación de aprendizajes básicos Sen (2001) al referirse a la exclusión social, afirma que algún sujeto sufre de exclusión si, la falta de acceso y disfrute de algo esencial, le priva de la libertad conveniente para vivir una vida digna, una vida de calidad. Una persona excluida sería, entonces, la que “no es libre para acometer aquellas actividades importantes que cualquier persona desearía elegir” (Sen, 2001, p.10). De manera que, además de la pobreza material que representa ciertamente una privación de actividades relativas a la satisfacción de necesidades básicas, procede, asimismo, pensar también en la “pobreza vital”. Esto es, la falta de riqueza de vida humana, la exclusión de posibilidades y capacidades para vivirla con calidad y dignidad. La vida digna se relaciona, pues, con el conjunto genérico de los derechos de ciudadanía En el discurso sobre la educación, como un derecho esencial, hay una cuestión de suma importancia, la relativa a los aprendizajes que habrían de garantizarse y las restricciones y obstáculos que pueden existir para su logro. Nos referimos a aquellos aprendizajes de los que se privan a algunos sujetos o colectivos y que desencadenan procesos de exclusión, marginación y separación. El paradigma de exclusión es el marco propicio para plantear la cuestión de cuáles son los aprendizajes básicos que la educación obligatoria debe garantizar y de los cuales nadie puede ser privado. Se han utilizado diversos términos para denominar estos aprendizajes irrenunciables: “salario cultural mínimo” (Perrenoud, 1990), “una renta cultural básica de la ciudadanía”, “renta o salario básico” (Tezanos, 2003), o una “educación básica de calidad para todos” (Torres, 2000). En el contexto de la UNESCO, y gracias al programa “Educación para todos” (UNESCO, 2004), se viene insistiendo en la necesidad de asegurar unos aprendizajes básicos, y en el marco de la Unión Europea desde el proyecto DeSeCo de la OCDE (2002) por medio de las competencias clave que deberían desarrollarse en la educación obligatoria (Eurídice, 2002). Por tanto la exclusión educativa haría referencia a la privación de aquellos aprendizajes básicos que son indispensables en la educación obligatoria. En ellos se incluyen tanto conocimientos como capacidades que han de ser utilizados correctamente para obtener logros concretos, aspectos relacionados no sólo con el desarrollo de las dimensiones cognitivas de la personalidad de los alumnos, sino también aquellas otras que expresamente se refieren a su desarrollo personal y social. El conjunto de todos esos aprendizajes es lo que bien podríamos incluir bajo la idea, hoy tan extendida, de una educación de la ciudadanía democrática: la apuesta por una educación inclusiva sería la mejor defensa de ella, la exclusión, por el contrario, representaría su cercenamiento y vulneración (Escudero, 2006). b) La exclusión educativa como proceso dinámico El carácter procesual y dinámico está inserto en la misma estructura ontológica del acontecimiento humano. Lo propio del hombre es hacerse, construirse a lo largo del curso de su existencia. Esta riqueza dinámica no puede oscurecerse a la hora de conceptualizar las dimensiones específicas que determinan el acontecimiento humano; con frecuencia las De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 343 categorías que se utilizan para describir las situaciones de fragilidad por las que transita el ser humano, son totalizadoras, ya que presentan la realidad de la quiebra como algo final o un producto acabado. Es el caso de los conceptos de “pobreza” o “fracaso”, que dejan en la penumbra la realidad del proceso y las etapas por las que ha discurrido. La noción de exclusión social o exclusión educativa ofrecen un marco de comprensión más amplio, un horizonte epistemológico, en el que los procesos son tan fundamentales como el producto, ya que, hacen al individuo, sumido en su historia, y transita por ellos recorriendo un camino de ida y de vuelta continuamente. Tal y como afirma Dubet (1996, p. 497), “la exclusión no es tanto un estado sino un proceso” por el que discurre ininterrumpidamente el individuo. Desde el ámbito de la investigación sociológica francesa el concepto de “déclassement” ofreció, en su momento, un excelente marco conceptual para el tratamiento de la exclusión social como un proceso temporal y dinámico en el que la persona recorre una senda de degradación en todas las dimensiones de su existencia (Littlewood, Herkommer y Koch, 2005). También la aportación de Dubard (2000) es iluminadora a este respecto al contemplar la exclusión incardinada en los procesos de construcción y crisis de la identidad. El ser humano, como ser perfectible e inacabado, diariamente ha de empeñarse, a veces inconscientemente, en la construcción de su identidad personal en todas sus dimensiones. Esta tarea está en la base de toda la variedad de experiencias que conforman el día a día de una persona, ya que nunca conseguimos situarnos con coherencia, equilibrio, dignidad e integridad en el propio medio físico, social, afectivo, cognitivo y actitudinal, pues las circunstancias varían continuamente Pero este itinerario personal de construcción de la identidad personal no es un camino homogéneo ni similar en todas sus etapas. Existen momentos de reajuste que sitúan al individuo en una situación de vulnerabilidad y fragilidad que pueden desencadenar un proceso de exclusión y autoexclusión progresivo. Cualquiera de estos acontecimientos trunca el cauce normal de una trayectoria personal y comienza a introducir al individuo en las aguas pantanosas de la crisis. que le empuja a toparse de lleno con la encrucijada de caminos que según se opte por uno u otro pueden conducirlo a la exclusión (Dubard, 2000a). El “paradigma de exclusión” no olvida ese proceso dinámico, al que los autores anteriormente reseñados hacen referencia desde el plano de la construcción de la identidad, para explicar los fenómenos de exclusión Desde el ámbito de la sociología son muy iluminadoras las propuestas de Castell (1998) que distingue en el seno de la sociedad de bienestar, junto a las situaciones fuertes de exclusión, un conjunto de “zonas de vulnerabilidad” que suponen una situación de riesgo para el individuo (desempleo de larga duración, privación de una vivienda o malas condiciones de vida, etc.). Así surge un nuevo concepto en este ámbito, el de vulnerabilidad, para referirse a una situación que afecta a alguien que aun estando “integrado dentro”, está seriamente expuesto a ser “echado fuera”. De acuerdo a este criterio el autor distingue tres “zonas de la vida social”: una zona de integración (en la que habitan individuos con un trabajo estable y con unas fuertes redes de sustento social); una de vulnerabilidad (en la que se integran sujetos en situación de precariedad e inestabilidad laboral y que arrastran un déficit en sus relaciones sociales); y una tercera, de exclusión (en la que se encuentran los sujetos más vulnerables). Tezanos (2001b, p. 47-48), por su parte, haciendo suyo este enfoque procesual y multifuncional de la exclusión distingue cuatro zonas fundamentales en el proceso y que, en De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 344 función de las posibles combinaciones, pueden dar lugar a distintas modalidades o itinerarios personales o grupales de exclusión-inclusión: integración, vulnerabilidad, asistencia y exclusión. A estas tres zonas añade una cuarta (Tezanos, 2001ª, p.178-180) que denomina de “autoexclusión” de los privilegiados. Este carácter dinámico, a juicio de Tezanos, está profundamente vinculado con los factores que intervienen en estas zonas: situación laboral, ámbito donde se produce la actividad productiva, la situación relacional existente en la familia y otras redes sociales, los sentimientos subyacentes, las actitudes básicas de las personas, los principales factores de riesgo que pueden llevar a los individuos desde zonas de integración a espacios próximos a la exclusión y las posibles medidas compensatorias que pueden prevenir los riesgos de vulnerabilidad y exclusión. El entramado de estos factores relacionales son las que condicionan la posible transición de las personas de una a otra zona como un continuum. La consideración de estas “zonas de vulnerabilidad” o “zonas de riesgo”, desde la perspectiva del “paradigma de exclusión”, ofrece un nuevo marco para la investigación educativa en el campo de la exclusión. En primer lugar permite apartar del lenguaje los términos totalizadores vinculados al “fracaso escolar”, no con la intencionalidad de ignorar su presencia en el sistema educativo o edulcorar sus efectos, sino con la intencionalidad de integrarlos en un marco más amplio de reflexión en el horizonte de la ciudadanía social y la privación de los aprendizajes básicos necesarios para insertarse en el entramado social. El estudio realizado por Martínez, Escudero, García y otros (2004) evidenciaron las potencialidades que encierra acercarse a la realidad del riesgo escolar sobre el continuum entre integración y exclusión, como fenómeno acumulativo, estructural y dinámicamente construido y no como un acontecimiento ahistórico y terminal (Ranson, 2000). En ese estudio los investigadores establecieron diversas zonas que acogen desde alumnos que van aceptablemente bien en sus estudios, a estudiantes en riesgo de no lograr los aprendizajes básicos fijados para una etapa, hasta los que han abandonado el sistema sin lograr los aprendizajes considerados como necesarios. Domingo y Miñan (2001) trasladan estas zonas de integración escolar y de riesgo de sufrir procesos de exclusión al ámbito escolar. A través de esas zonas de vulnerabilidad o riesgo transitan alumnos en situaciones educativas diversas: alumnos que encuentran dificultades de aprendizaje y comienzan a vivir sus primeros desenganches del estudio; alumnos con absentismo; alumnos con dificultades severas para lograr los objetivos de una etapa y pasar a la siguiente y siguen alguna medida específica, como es el caso de la Compensatoria; alumnos que han abandonado la escuela, han desaparecido del sistema, se les ignora, o está siendo atendidos por alguna medida fuera del sistema reglado; y alumnos que siguen los Programas de Garantía Social. El reconocimiento de ese continuo entre la inclusión y la exclusión, el no mirar el fracaso y la exclusión educativa como un producto final y misterioso, del que el alumno es el artífice del mismo, posee consecuencias importantes para la investigación educativa. Ésta se ha de acercar a estas realidades con el convencimiento de que éstas se inscriben en unas dinámicas de procesos, en unas trayectorias históricas y acumulativas (Ranson, 2000; Castell, 2004). La realidad cotidiana del acontecimiento así lo evidencia: “La exclusión no ocurre de la noche a la mañana. Así, se pasa por unas primeras dificultades de adaptación, que va produciendo –cada vez más reiteradasvivencias de pequeños fracasos cotidianos, que acrecientan el desinterés, generando alumnos no visibles (perdidos en la masa, ignorados y pasotas) o la escalada de situaciones disruptivas, absentismo o abandonos. Sólo en De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 345 los últimos estadios estalla la alarma profesional y se actúa coercitivamente o terapéuticamente o se generan procesos de resignación y de malestar docente. Reconocer esta situación implica también ofrecer una panorámica de efectos y analizadores que permiten permanecer alerta, ve qué va ocurriendo, analizar detenidamente situaciones y debatir y consensuar intervenciones, para prevenir, cortar y endentecer el proceso y reaccionar, a tiempo, con medidas correctoras” (Domingo, 2005b, p. 328) c) La exclusión educativa como acontecimiento multifactorial Otra de las aportaciones que el “paradigma de exclusión” ofrece al estudio de la desigualdad social y educativa es el hecho de considerar la multitud de factores que concurren en ella. El acontecimiento del proceso de la exclusión no solo está rodeado de una complejidad de factores contextuales, sino que revisten una gran complejidad interna. Afirmar la naturaleza procesual y dinámica lleva aneja la necesidad de afirmar que en estos procesos intervienen muchas variables. Afirma Tezanos (2001b, p. 40) a este respecto: “La realidad es mucho más compleja, existiendo diferentes grados de exclusión e itinerarios que van desde un alto grado de integración social hasta la más completa de las exclusiones. De igual manera, el camino que conduce de la integración a la exclusión se puede recorrer en mayor o menor grado en función de un número considerable de variables, de forma que las combinaciones sociales son muy numerosas y pueden dar lugar a trayectorias finales distintas en individuos que parten de similares condiciones iniciales” Distintos autores han intentado ofrecer un mapa no exhaustivo, debido al complejo entramado que encierra, de los distintos factores que intervienen en los procesos de exclusión. Así Littlewood, Herkommer y Koch, (2005: 32) enumeran una serie de dimensiones que consideran determinantes en los procesos de exclusión: la exclusión del mercado laboral; la exclusión económica, la exclusión cultural, la exclusión por aislamiento, la exclusión espacial, la exclusión institucional. Tezanos (2001b: 41) distingue cinco grupos de factores de riesgo en el marco del dinamismo de los procesos de exclusión: factores laborales, económicos, culturales, personales, y sociales. A la vista de estas aportaciones podemos señalar que el acceso a la realidad de la exclusión educativa para comprenderla en profundidad ha de situar la mirada sobre un buen conjunto de factores y estructuras, relaciones y dinámicas. De nuevo es necesario recurrir a los estudios de niveles múltiples (Marchesi, 2004) que reclaman de nuevo una perspectiva ecológica (Hixzon y Tinzman, 1990; Perrenoud, 1992; 2002; Rossi y Montgomery, 1994; Martínez, Escudero, García y otros, 2004). Escudero (2005b) ofrece, a modo de sinopsis una relación de los factores múltiples que se han de tener en cuenta a la hora de abordar una investigación en ámbitos de vulnerabilidad o riesgo de exclusión: aspectos personales y sociales de los estudiantes; características familiares; influencia del grupo de iguales; características de la comunidad de residencia; y entorno escolar. De aquí que se reclame una perspectiva epistemológica holística, en la que se tenga en cuenta las distintas influencias y conexiones que se dan entre los distintos elementos que conforman la vida de una persona. De la epidermis al corazón: La búsqueda de la comprensión del fracaso… 352 Escudero, J.M. (2009). Fracaso escolar y exclusión educativa. Editorial. Profesorado, revista de currículum y formación del profesorado 13 (3). Disponible en: http://www.ugr.es/~recfpro/rev133ed.pdf Escudero, J.M. (2005a). Fracaso escolar, exclusión educativa ¿de qué se excluye y cómo?. 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