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¿Cuáles son las virtudes morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social

Idareta-Goldaracena, Francisco

Abstract

Según algunos estudios experimentales realizados en España (Martín, 2011; De la Red et al., 2018), las y los trabajadores sociales en España conocen el código deontológico, pero no lo utilizan. En este sentido, Banks (2021) señala que la ética de las virtudes puede ser universalmente más aceptable que el enfoque actualmente predominante basado en los principios y derechos. ¿Podrían las virtudes solucionar el desfase existente entre las declaraciones y las realizaciones de las trabajadoras sociales? Frente a la incoherencia existente entre la moral pensada y la moral vivida, Adela Cortina plantea la ethica cordis a través de la cual traslada la importancia de cultivar las virtudes morales. Por ello, el objetivo de este trabajo consiste en explicar brevemente la contribución de Adela Cortina en una primera parte y aproximarla al Trabajo Social en la segunda. Se ha utilizado una metodología histórico-sistemática, consistente en el análisis histórico-crítico de los conceptos de mayor relevancia filosófica en la obra de la autora, combinado con la sistematización que permite interpretar críticamente los contenidos, reordenarlos y reconstruirlos, descubriendo nuevas conexiones existentes entre diferentes elementos anteriormente aislados y facilitando y mejorando la comprensión de los nuevos sentidos y significados surgidos de la vinculación de todos ellos. La novedad de este artículo radica en que es la primera vez que se realiza la aproximación de la contribución de Adela Cortina al Trabajo Social y que se plantea la necesidad de un debate interno en la profesión en torno al sentido y significado que deberían tener en España las virtudes morales que conforman su identidad.

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Recibido: 06-03-2021 Revisado: 20-09-2021 Aceptado: 22-09-2021 Publicado: 30-09-2021 Cómo citar / How to cite: Idareta-Goldaracena, F. (2021). ¿Cuáles son las virtudes morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social. Trabajo Social Global – Global Social Work, 11, 86-104. https://dx.doi.org/10.30827/tsg-gsw.v11.20767 ISSN: 2013-6757 ¿CUÁLES SON LAS VIRTUDES MORALES PARA SER UNA BUENA TRABAJADORA SOCIAL? APROXIMACIÓN DE LA ETHICA CORDIS DE ADELA CORTINA AL TRABAJO SOCIAL WHAT ARE THE MORAL VIRTUES TO BE A GOOD SOCIAL WORKER? CONNECTING ADELA CORTINA’S ETHICA CORDIS TO SOCIAL WORK Francisco Idareta-Goldaracena 1 TRABAJO SOCIAL GLOBAL – GLOBAL SOCIAL WORK, Vol. 11 (2021) https://dx.doi.org/10.30827/tsg-gsw.v11.20767 1 Universidad Pública de Navarra (España). https://orcid.org/0000-0003-0325-5298 Correspondencia: Universidad Pública de Navarra. Campus de Arrosadía, Edf. Las Encinas, Despacho 2012. 31006 Pamplona (España). e-mail: [email protected] Idareta-Goldaracena / ¿Cuáles son las virtudes Morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social 87 Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 Resumen Según algunos estudios experimentales realizados en España (Martín, 2011; De la Red et al., 2018), las y los trabajadores sociales en España conocen el código deontológico, pero no lo utilizan. En este sentido, Banks (2021) señala que la ética de las virtudes puede ser universalmente más aceptable que el enfoque actualmente predominante basado en los principios y derechos. ¿Podrían las virtudes solucionar el desfase existente entre las declaraciones y las realizaciones de las trabajadoras sociales? Frente a la incoherencia existente entre la moral pensada y la moral vivida, Adela Cortina plantea la ethica cordis a través de la cual traslada la importancia de cultivar las virtudes morales. Por ello, el objetivo de este trabajo consiste en explicar brevemente la contribución de Adela Cortina en una primera parte y aproximarla al Trabajo Social en la segunda. Se ha utilizado una metodología histórico-sistemática, consistente en el análisis histórico-crítico de los conceptos de mayor relevancia filosófica en la obra de la autora, combinado con la sistematización que permite interpretar críticamente los contenidos, reordenarlos y reconstruirlos, descubriendo nuevas conexiones existentes entre diferentes elementos anteriormente aislados y facilitando y mejorando la comprensión de los nuevos sentidos y significados surgidos de la vinculación de todos ellos. La novedad de este artículo radica en que es la primera vez que se realiza la aproximación de la contribución de Adela Cortina al Trabajo Social y que se plantea la necesidad de un debate interno en la profesión en torno al sentido y significado que deberían tener en España las virtudes morales que conforman su identidad. Abstract According to some experimental studies carried out in Spain (Martín, 2011; De la Red et al., 2018), social workers in Spain know the deontological code but do not use it. In this respect, Banks (2021) indicates that the ethics of virtues may be universally more acceptable than the currently predominant approach based on principles and rights. Could virtues resolve the existing gap between the assertions and the actions of social workers? Faced with the current incoherence between ethical thought and ethical action, Adela Cortina proposes the ethica cordis through which she transmits the importance of encouraging ethical virtues. To do this, the aim of this work is to firstly briefly explain Adela Cortina’s contribution, then to link it to Social Work. A historical-systematic methodology has been employed, consisting of the historical-critical analysis of the concepts of major philosophical relevance in the author's work, combined with the systematization that allows to critically interpret the contents, reorder and reconstruct them, discovering new connections between different elements previously isolated and facilitating and improving the understanding of the new senses and meanings arising from the linking of all of them. The novelty of this article is that it is the first time Adela Cortina’s work has been linked to Social Work, and that the need for an internal debate within the profession is proposed, regarding the sense and significance that the ethical virtues that shape their identity should have in Spain. PC: Adela Cortina, Trabajo Social, ética de las virtudes KW: Adela Cortina, Social Work, Ethics of virtues 88 Trabajo Social Global – Global Social Work Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 1. Introducción Algunos de los escasos estudios empíricos sobre cuestiones éticas realizados en el ámbito del Trabajo Social muestran que el paternalismo - maternalismo y el principialismo son una lacra en la profesión (Pastor et al., 2017; Idareta, 2017, 2018). ¿Por qué las y los profesionales tendemos a prescindir de la decisión que la persona usuaria adopta sobre su vida cuando sabemos que esto es fundamental en el logro de sus aspiraciones, así como en su recuperación? ¿Por qué seguimos cumpliendo acríticamente con los principios éticos sin reparar críticamente en sus fundamentos ni en sus excepciones? Las y los profesionales del Trabajo Social en España son más utilitaristas, deontologistas y legalistas (Sobremonte et al., 2011) y, quizás por ello, continúan reduciendo la ética al cumplimiento acrítico de los deberes morales explicitados en nuestro código deontológico (Idareta, 2018). Pero ¿por qué esa tendencia al utilitarismo y al legalismo? Las y los profesionales manifiestan desasosiego e incertidumbre ante las dificultades para gestionar dilemas éticos y la aplicación del código deontológico (Verde y Cebolla, 2017; Banks, 2021). Y aunque el compromiso ético siga siendo su sello inconfundible y, en la mayoría de los casos, conozcan cuáles son las normas éticas y morales básicas de actuación, siguen considerándolas imposiciones externas a las que, en algunos casos, no logran encontrarle sentido ni significación (Idareta, 2018). Saben lo que tienen que hacer, pero el comportamiento final no es congruente con ese conocimiento. En definitiva, las y los profesionales del Trabajo Social saben qué es lo que deben hacer, pero no lo llevan a cabo o lo hacen parcialmente. La mayoría de los estudios concluyen que las y los profesionales del Trabajo Social conocen el código deontológico, pero que no lo tienen en cuenta en su ejercicio diario porque no le dan importancia al considerarlo innecesario (Taboada, 2009; Martín, 2011). Pero, ¿por qué lo consideran innecesario? Se relativiza su autoridad moral y se opta por otras alternativas (Martín, 2011; Idareta, 2018). El utilitarismo, el deontologismo, el legalismo, el paternalismo y el principialismo quizás tengan una raíz común en el Trabajo Social: la desconexión entre el acto moral (¿qué debemos hacer?) y el agente moral (¿cómo debemos ser?), entre el deber y la virtud. Adela Cortina identifica este desfase entre las declaraciones y las realizaciones, el abismo que se origina entre la moral pensada y la moral vivida y para solucionarlo propone la razón cordial que contempla el respeto a la dignidad humana y la compasión por la vulnerabilidad ajena como móviles del comportamiento moral de las personas, así como la necesidad de que cada sujeto se forje un buen carácter para cuando aquellos dejen de funcionar. Desde Idareta-Goldaracena / ¿Cuáles son las virtudes Morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social 89 Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 su perspectiva, el conocimiento de las normas no garantiza su cumplimiento porque la razón necesita conectar con nuestros sentimientos, con nuestras emociones, para conseguir que actuemos con la convicción necesaria. Según Cortina, la educación emocional y moral es fundamental para cultivar nuestros valores y evitar el analfabetismo moral y la ceguera emocional. Nos convenceremos gracias al desarrollo de nuestra capacidad de preferir, de valorar, de degustar, de estimar que instaura en nosotros la razón cordial. Es decir, no habrá convencimiento si no nos sentimos atraídos por valores como la compasión, la justicia o la bondad. Así, la razón cordial se erige sobre aquellos valores que nos hacen decantarnos por unas realidades y rechazar otras, que nos llevan a sentirnos atraídos por unas cosas y retraídos por otras. Valores cuya encarnación, como veremos, forjan nuestro carácter a través de cada una de nuestras elecciones, ya que “forjarse un buen carácter (…) es el mejor quehacer de las personas” (Cortina, 2007, p. 24). Para Cortina (2007) las virtudes son “cualidades que merecen aprobación” (p. 81), nos predisponen a obrar bien y orientan nuestras elecciones hacia la felicidad, mientras que los vicios serían “las que merecen reproche” (p. 81), nos predisponen a obrar mal y orientan hacia la desgracia. Por ello, para convencer de que deben cultivarse las primeras, Cortina (2007) indica que son felicitantes, es decir, que su práctica permite que los sujetos experimenten una felicidad “a la que ya no querrían renunciar” (p. 85). Las virtudes son actitudes que se adquieren a través de entrenamiento diario y que acaban formando parte de nuestra manera de ser y forjando nuestro carácter a través de las elecciones que, de forma intransferible, vamos tomando a cada instante. Para Cortina (2007), el carácter “es ese conjunto de predisposiciones, de hábitos, para obrar en un sentido u otro, que nos vamos forjando día a día, a golpe de elección. No tenemos más remedio que forjarnos uno (…) que sea bueno” (p. 23). Los valores y principios éticos deben orientar nuestra conducta, pero no siempre lo logran porque dicha conducta no es virtuosa. Como señala Cortina (2007), “saber elegir los mejores valores exige forjarse un buen carácter” (p. 133), ya que “los valores son cualidades reales de las personas (…) y precisamente porque lo son, los estimamos” (p. 138). Por su parte, Camps señala que es preferible hablar de virtudes antes que de valores, ya que éstos nombran principios abstractos, guían nuestra conducta y dan cuenta de algo que no es real, que es un desideratum. En este sentido, no olvidemos que un principio ético indica cómo se debe actuar, mientras que una virtud señala cómo se debe ser. La primera se conoce, mientras que la segunda se cultiva y se adquiere a través de la práctica y sólo así acaba formando parte de nuestra manera de ser, de nuestro carácter. Se puede cumplir 90 Trabajo Social Global – Global Social Work Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 con un principio de vez en cuando, mientras que una virtud se adquiere con el hábito. A la primera se denomina ética del acto o ética del deber, mientras que a la segunda ética del agente o ética de las virtudes. Ambas son complementarias (Cortina, 2007; Camps, 2007, 2015, 2021; Banks, 2012, 2018, 2021; Reamer, 2017). De hecho, gracias a la segunda se logra ampliar el alcance de la primera, aplicando correctamente los principios de forma natural y espontánea. El problema es que la excelencia profesional se reduce a ser experto en un área de conocimiento, dejando de lado la importancia de la dimensión ética en el ejercicio profesional (Camps, 2007; Banks, 2021). Por todo ello, un buen profesional no es aquel que es experto en su materia, aquel que conoce y reconoce los valores y principios éticos de su profesión, aquel que los cumple acríticamente, sino aquel que los siente y encarna diariamente, aquel que tiene la disposición de actuar del mejor modo posible en cada momento para ayudar a la persona usuaria, aquel que sabe y quiere practicarlos con prudencia y que, por ello, tiene la capacidad de autorregularse. El profesional virtuoso no está pendiente de cumplir las normas: actúa bien de forma espontánea porque está acostumbrado a ser justo, amable, solidario, etc. Para ser un buen profesional no basta con poseer conocimientos técnicos o éticos que nos permitan conocer cómo debemos actuar: es fundamental desarrollar habilidades prácticas o disposiciones que se integren en nuestra forma de ser profesional y que nos permitan decidir prudentemente sabiendo aplicar la norma adecuadamente (Camps, 2007, 2021). Es crucial forjase un buen carácter y cultivar la virtud, es decir, la mejor disposición para lograr un fin, para realizar el bien o para realizar del mejor modo posible un acto (Gracia, 2017). Disposición “en la que intervienen tanto la razón como el sentimiento” (Camps, 2007, p. 8). No en vano, “el comportamiento moral brota del sentimiento, que obviamente necesita ser ordenado y gobernado por la razón, pero que sin emociones no funciona” (Camps, 2021, p. 84). De ese modo, nos aproximaremos a la excelencia conforme interioricemos esos hábitos y tratemos de mejorarlos a cada momento, convencidos de que es lo mejor para la persona usuaria y para sociedad en su conjunto. No es suficiente con conocer los principios: hemos de encarnarlos a diario, convencidos de su valor y de que debemos prestar una atención de la máxima calidad. En palabras de Cortina (2021), es necesario “ir encarnando aquellos valores positivos que acondicionan la esfera social (…) y las normas morales (no sólo legales) a las que es preciso atenerse” (p. 46). Esta sabiduría práctica no se especifica en ningún código y únicamente se puede adquirir con el ejercicio profesional. Como ya indicase Camps (2015), “la autonomía de cada decisión es una prerrogativa de la Idareta-Goldaracena / ¿Cuáles son las virtudes Morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social 91 Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 conciencia individual” (p. 6). Así, aunque la ética de las virtudes no nos garantice que la decisión adoptada sea la mejor, sí que nos exige que tenemos que ser responsables a cada instante y que debemos justificar nuestras decisiones con los mejores argumentos, alejándonos de dogmatismos. Por ello, el objetivo del presente trabajo consiste en aproximar la ética de la razón cordial de Adela Cortina al Trabajo Social. Para ello, en una primera parte explicaremos brevemente su ethica cordis y en una segunda parte aproximaremos su propuesta al Trabajo Social. 2. La ética de la razón cordial de Adela Cortina Uno de los problemas más acuciantes que identifica Cortina en su análisis de la situación actual de la ciudadanía es el abismo que surge entre las declaraciones y las realizaciones, entre la moral pensada y la moral vivida en la palabras de Aranguren, entre lo que decimos que vamos a hacer y lo que, finalmente, acabamos haciendo. En principio, todo apunta a que sabemos lo que hay que hacer, pero, cuando llega el momento, nuestro comportamiento poco o nada tiene que ver con el comportamiento que habíamos declarado o que conocíamos que era el más idóneo. Sabemos lo que es correcto, pero no lo llevamos a cabo. Para ello, Cortina complementa y completa su propuesta inicial de fundamentación de los mínimos morales basada en las aportaciones de Ortega, Zubiri y Aranguren (Cortina, 1986) con la razón cordial (Cortina, 2007, 2021). El primer planteamiento, de raigambre kantiana, adolecía del necesario reconocimiento que las emociones deben tener en la toma de decisiones éticas. De ese modo, con la razón cordial se trata de superar el abismo entre las declaraciones y las realizaciones, entre lo que decimos que vamos a hacer y lo que acabamos haciendo. La ética de la razón cordial, a diferencia de la ética mínima, tiene en cuenta la alteridad a la hora de fundamentar el comportamiento moral. Cortina considera que el ser humano es vulnerable y que necesita de las demás personas para vivir con dignidad. De ahí que indique que, desde nuestro nacimiento, estemos vinculados a todos nuestros congéneres y que esta ligatio sea la que genera la ob-ligatio u obligación: todos somos seres humanos con dignidad y esta fraternidad exige responsabilidad de unos para con otros (Cortina, 2001). Como ella explica, esta obligación puede considerarse un deber o un regalo. En el primer caso, es una respuesta a la exigencia del otro, mientras que en el segundo caso el sujeto decide responder al otro por el vínculo fraternal que le une a él: 92 Trabajo Social Global – Global Social Work Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 estamos ligados unos a otros de forma indisoluble y, por tanto ob-ligados, aun sin sanciones externas, aun sin mandatos externos, sino desde lo hondo, desde lo profundo. Es en lo profundo donde se descubre esa enigmática ligadura, el secreto de la felicidad. De ella brota el mundo de las obligaciones que no pueden exigirse, sino compartirse graciosamente, el mundo del don y del regalo, del consuelo (…), de la esperanza (Cortina, 2007, p. 263). Para Cortina, la cordialidad es el vínculo que se genera al reconocer a los demás como miembros de una misma hermandad, siendo por ello un reconocimiento “no sólo lógico, sino también compasivo” (Cortina, 2007, p. 51) y fuente de la obligación moral. Cortina (2007), siguiendo a Kant, señala que para que el sujeto pueda albergar un sentimiento de obligación se tienen que dar unas “prenociones estéticas para la disponibilidad del ánimo a los conceptos del deber” (p. 120). Se refiere a las dimensiones básicas de la sensibilidad que nos predisponen a cumplir con el deber moral (conciencia moral, sentimiento moral, respeto por sí mismo y amor al prójimo). Según Cortina, la compasión es el motor del sentido de justicia y recurre a la afirmación de Marcuse a Habermas en la que aquel le reconocía a este que había descubierto que nuestros juicios valorativos más elementales se fundaban en la compasión, es decir, en el sentimiento por el dolor de los otros (Cortina, 2007). El vínculo compasivo brota del corazón del ser humano. Por ello, cuando los sujetos comprenden este vínculo de hermandad con el otro, sienten la obligación de responder: por la propia exigencia que les genera el vínculo o porque se sienten en deuda con el otro. De ese modo, el móvil moral es el reconocimiento de ese vínculo que surge del convencimiento de que todos somos seres humanos, vulnerables y con dignidad. En este sentido, Cortina (2007) tiene en cuenta a la alteridad en la toma de decisiones éticas, mientras que en su propuesta anterior (1986) el fundamento del comportamiento moral radicaba en la conciencia de cada sujeto. Cuando los sujetos se reconocen iguales en dignidad, vulnerables y como fines en sí mismos, no les preocupa únicamente cómo deben actuar, sino cómo creen ellos que los otros deben ser o cómo creen los demás que deberíamos actuar nosotros. La alteridad es fundamental a la hora de explicar nuestro comportamiento moral. Por ello, según Cortina, los móviles morales, es decir, las fuentes de la obligación moral, se originan por respeto a la dignidad o la grandeza del otro, así como por compasión frente a la desgracia que el otro esté padeciendo. Surge pues el sentimiento de respeto al tener en cuenta la dignidad propia y la ajena, así como la compasión al considerar la vulnerabilidad Idareta-Goldaracena / ¿Cuáles son las virtudes Morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social 93 Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 propia y la ajena (Cortina, 2007, 2021). De ese modo, se establece un doble vínculo: por una parte, del sujeto consigo mismo al tener la capacidad de auto-obligarse y, por otra, del sujeto con los demás, al obligarse a cumplir leyes que querría hacer extensivas a toda la humanidad. No es, por tanto, una obligación legal que hay que cumplir porque no hay más remedio, sino que es una obligación moral que se realiza por convencimiento (Cortina, 2007). Es gracias a la simpatía que pasamos de la obligación natural a la obligación moral, ya que la simpatía es un “sentimiento humanitario (…) que nos induce a solidarizarnos con los damnificados y a repudiar las conductas dañinas” (Cortina, 2007, p. 85). Como la propia Cortina reconoce, la “autonomía obliga” (2007, pp. 101 y ss.) ya que las personas tienen la capacidad de darse leyes a sí mismas y de decidir por aquellas que sean universalizables. Todo ello porque han reconocido la humanidad en sí mismas y en los demás y porque el incumplimiento de esta obligación traería consigo la degradación de dicha humanidad. Para Cortina, poder darnos leyes y optar por aquellas que sean expresivas de la humanidad es lo que nos hace ser personas y, prescindir de ello, nos deshumaniza. Cortina entiende que “ser persona consiste en saberse ligadas a esas leyes que mandan no sólo para ellas, sino también para todo ser racional y, en consecuencia, saberse obligadas a actuar según ellas” (2007, p. 118). Por ello, para la autora “la conciencia moral es entonces conciencia de deberes que mandan universal y necesariamente porque justamente es ese tipo de deberes el que alcanza a la humanidad en cuanto a tal” (Cortina, 2007, p. 118). La razón es la que da leyes y la que, por ende, vincula a las personas consigo mismas y con las demás. Primero, porque esta razón cordial se torna vínculo comunicativo donde las personas que forman parte del diálogo se reconocen en igualdad de condiciones como interlocutores válidos y, de ese modo, vinculadas. Ese reconocimiento recíproco vincula a los sujetos, siendo la fuente de la obligación moral de los mismos. Un reconocimiento cuyo origen sitúa Cortina (2001) en la alianza que establece Dios con su pueblo y que consiste en el compromiso que adquieren los sujetos para con sus congéneres al sentirse vinculados desde el origen como miembros de una hermandad. Cuando se incumple la ley que surge de ese vínculo, de ese reconocimiento recíproco, la persona se degrada, se deshumaniza, porque rechaza eso que le hace ser persona: incumple las obligaciones que surgen del reconocimiento recíproco de los sujetos como iguales en dignidad. Al considerar al otro en la fundamentación del comportamiento moral, el sujeto toma conciencia de que los derechos ajenos se encuentran vinculados con su deber propio. Aunque, para Cortina, no se trata únicamente de defender o reclamar derechos, sino de 94 Trabajo Social Global – Global Social Work Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 intervenir de corazón para asumir responsabilidades. Cuando el sujeto valora verdaderamente a los demás seres humanos, acaba sintiéndose responsable de ellos. Una responsabilidad que no entiende únicamente del sujeto para consigo mismo, sino de éste para con la vida de las demás personas y, siguiendo a Hans Jonas, incluso para con las de generaciones futuras. Nos sentimos responsables y el sentimiento moral que activa esta responsabilidad es para Cortina la compasión. Es decir, no sólo estamos vinculados a los demás como participantes en un diálogo, sino que nos sentimos y reconocemos como pertenecientes a una misma hermandad. Estos dos sentidos son complementarios puesto que para poder dialogar es imprescindible reconocerse como personas con igual dignidad. Por ello, Cortina señala que “es la compasión el sentimiento que urge a preocuparse por la justicia. (…) Descubrir ese vínculo, esa ligatio, lleva a la ob-ligación, más originaria que el deber, de com-padecer el sufrimiento y el gozo” (Cortina, 2007, p. 215). La solidaridad, también entendida como fraternidad o reconocimiento recíproco, es la pieza clave que articula la libertad y la igualdad en la propuesta de Cortina (2007, 2021). Pero es una solidaridad que no se puede rechazar porque se corre el riesgo de degradar la humanidad de cada sujeto. Si rechazamos el vínculo, corremos el riesgo de deshumanizarnos. De ahí que este vínculo sea más obligatorio que voluntario (Sánchez, 2015). Las personas no pueden desarrollarse moralmente si no es en relación con las demás, si no es con el reconocimiento y la estima de las demás. Somos sociales porque somos vulnerables y nos preocupamos de la justicia porque necesitamos protección: “es la vulnerabilidad la que nos exige forjarnos un carácter cultivando las virtudes” (Cortina, 2021, p. 32). Aislado, el ser humano se degrada y deshumaniza. Para evitarlo, Cortina (2007) propone la solidaridad, la fraternidad, el reconocimiento recíproco, así como la importancia de la conciencia de interdependencia o compasión, ya que “quien carece de compasión no puede captar el sufrimiento de otros” (p. 87). Efectivamente, para Cortina, el comportamiento moral se origina por respeto (a la dignidad humana, a la grandeza, a la vulnerabilidad de las personas), así como por la compasión (frente a la desgracia ajena). Respeto y compasión son, por tanto, los dos móvil morales identificados por la autora. Pero ¿qué se puede hacer cuando estos no funcionan? ¿Qué se puede hacer cuando no respetamos la dignidad, la grandeza o la vulnerabilidad humana? ¿qué sucede cuando no nos compadecemos de la desgracia ajena? Que debemos educar el carácter. Sin educar nuestros sentimientos, no podremos disfrutar de una vida plena, ya que “las emociones son antenas que nos permiten conectar con países desconocidos (…). La ceguera emocional produce ese analfabetismo emocional sin el que la vida ética es Idareta-Goldaracena / ¿Cuáles son las virtudes Morales para ser una buena trabajadora social? Aproximación de la ethica cordis de Adela Cortina al Trabajo Social 101 Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 en el corazón de la justicia y “exige siempre ir más allá del cálculo y la prudencia” (p. 261). Además, la sabiduría cordial de Cortina amplía el alcance de la sabiduría práctica profesional de Banks, ya que, a nuestro entender, logra armonizar mejor la razón y la emoción en el ámbito profesional, sin dejar de ser una motivación para actuar bien y lograr buenos fines: “la cordura (…) hunde sus raíces en el corazón. (…) [Por ello, hay que] buscar vivir bien en el marco de la justicia compasiva” (Cortina, 2007, p. 214). Debemos convencernos de que ser un buen profesional del Trabajo Social no consiste únicamente en cumplir con unos principios éticos, sino en encarnar una serie de virtudes que constituyen la identidad moral de cualquier profesional convencido para el cual el cumplimiento de los principios morales le resulta natural y espontáneo. En este sentido, la ethica cordis combina la ética del deber con la ética de las virtudes. De ese modo, los principios éticos propuestos por Cortina (2007) (no instrumentalizar, empoderar, hacer partícipes en el diálogo a las personas afectadas por las normas, redistribuir las cargas y los beneficios, etc.), se transforman en hábitos que se despliegan en cada elección que realizamos, en cada decisión que tomamos. Por lo tanto, la clave no se encuentra en cumplir las normas en alguna ocasión y olvidarlas el resto del tiempo, sino en cultivar aquellas cualidades que nos hacen ser excelentes profesionales del Trabajo Social a cada momento. Para ello, proponemos ahondar en el sentido que tienen para el Trabajo Social aquellas virtudes que, como la cordura, enriquecen y caracterizan nuestra identidad profesional y nos permiten adaptarnos cada vez mejor a diferentes y cambiantes contextos con prudencia, pero sin perder de vista la justicia social. Sirva esta aportación como punto de partida para el inicio de un diálogo intraprofesional serio, profundo y fraterno sobre las virtudes morales que forjan el carácter de las y los profesionales excelentes del Trabajo Social en España. Referencias bibliográficas Arenal, C. (1863). El visitador del pobre. Imprenta de Tejado. Arenal, C. (1891). El visitador del preso. Victoriano Suárez. Banks, S. (2012). Ethics and Values in Social Work. Palgrave Macmillan. Banks, S. (2016). Professional integrity. En R. Hugman & J. Carter (Eds.), Rethinking values and ethics in social work (pp. 49-63). Palgrave Macmillan. 102 Trabajo Social Global – Global Social Work Trabajo Social Global – Global Social Work, Vol 11 (2021), 86-104 Banks, S. (2018). Practising professional ethical wisdom: The role of “ethics work” in the social welfare field. En D. Carr (Ed.), Cultivating moral character and virtue in professional practices (pp. 55-69). Routledge. Banks, S. (2021). 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