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Implicaciones de la exposición a microplásticos en salud humana. Revisión bibliográfica

Delgado Fimia, Olga

Abstract

Medicina Mediomabiental. IBS- Granada. Universidad de Granada

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Máster en Avances en Radiología Diagnóstica y Terapéutica y Medicina Física -------------------------------------------------------------------------------- Trabajo Fin de Máster IMPLICACIONES DE LA EXPOSICIÓN A MICROPLÁSTICOS EN SALUD HUMANA Olga Delgado Fimia Tutora: Mariana F. Fernández Departamento de Radiología y Medicina Física Facultad de Medicina Universidad de Granada Granada, 2019 0 1 Índice Resumen ...................................................................................................................................... 2 Abstract ........................................................................................................................................ 3 1. Introducción ......................................................................................................................... 4 2. Objetivo .............................................................................................................................. 10 3. Material y Métodos ............................................................................................................ 11 3.1. Identificación y selección de datos..………..………………….……………...….11 3.2. Criterios de inclusión y exclusión.………………………………………………..11 3.3. Diagrama de flujo ……………………………………………...………………...12 4. Resultados .......................................................................................................................... 13 1.Exposición a microplásticos en el medio ambiente ..……...………….………….…13 1.1. Microplásticos en el Medio Acuático……………….……………………13 1.2. Microplásticos en el Aire ………………………………………………...15 1.3. Microplásticos en la Dieta …………………………………………….…16 2. Relación entre exposición a microplásticos y efectos adversos en salud…………..19 5. Discusión ............................................................................................................................ 22 6. Bibliografía......................................................................................................................... 26 2 Resumen Prácticamente todo lo que nos rodea incluye en su fabricación algún tipo de plástico, y el uso y consumo de estos elementos no ha dejado de aumentar en las últimas décadas. Además de contaminar, los plásticos no se reciclan adecuadamente, favoreciendo la degradación de los mismos y su paso a los seres vivos, especialmente a los de ecosistemas acuáticos, encontrándose en la mayoría de ellos partículas plásticas de diferentes tamaños (micro y/o nanoplásticos), que pueden pasar al ser humano a través de su ingesta. Se han cuantificado partículas de micro y nanoplásticos en diferentes entornos, organismos y productos destinados al consumo humano, por lo que todos estamos expuestos a estos contaminantes a través de diferentes vías de exposición (aire, agua y dieta). La evidencia de alteraciones producidas en los animales expuestos a microplásticos está documentada. Se sabe que atraviesan tejidos y órganos, desencadenando estrés oxidativo, inflamación y daño celular, así como respuestas inmunes localizadas, entre otros deterioros. Además, las partículas muy finas son capaces de atravesar las membranas celulares, la barrera hematoencefálica y la placenta. A estos efectos hay que añadir los causados por la exposición de los monómeros químicos que los constituyen, además de otros contaminantes químicos y biológicos agregados o adsorbidos durante su producción, o procedentes del medioambiente. La revisión bibliográfica realizada en el presente trabajo constata que aún no se disponen de suficientes estudios que demuestren la peligrosidad de estas partículas para la salud humana y hace falta realizar más estudios epidemiológicos con este objetivo. No obstante, en situaciones ocupacionales particulares donde la exposición a estos contaminantes es mayor sí parece existir un mayor riesgo de enfermedad. Mientras que estos estudios se llevan a cabo y se establecen las relaciones de causalidad, es necesario establecer un control más estricto de los mismos, además de implementar medidas para reducir su presencia medioambiental, abordando este problema emergente bajo la perspectiva del “principio de precaución”. Algunos países ya han empezado a aplicar medidas regulatorias más estrictas sobre productos puntuales, pero aun claramente insuficientes al coste en salud que estos contaminantes están ya produciendo. Palabras clave: microplásticos, nanoplásticos, salud humana 3 Abstract Practically everything that surrounds us includes some type of plastic, most of this plastic is used to manufacture other things or is directly made of it. The use and consume of these elements are continuously increasing in the recent decades. In addition to pollution, plastics are not recycled properly, favoring their degradation and their passage to living beings, especially those who live in aquatic ecosystems in which plastic particles of different sizes (micro and / or nanoplastic) have been found, and it can pass to the human being through its intake. Micro and nanoplastic particles have been quantified in different environments, organisms and products destined for human consummation, promoting that we are all exposed to these pollutants through different exposure routes (air, water and alimentation). The evidence of alterations produced in animals which were exposed to microplastics is been documented. It is known that it goes through tissues and organs, triggering oxidative stress, inflammation and cell damage, as well as localized immune responses, among other impairments. In addition, this fine particles of plastic are able to cross the cell membranes, the blood-brain barrier and the placenta. To these effects it must be added those caused by the exposure of the chemical monomers that constitute them, furthermore to other chemical and biological contaminants added or adsorbed during their production, or those coming from the environment. This bibliographic review carried out confirms that there are still not enough studies that demonstrate the danger of these particles for human health and it is necessary to carry out more epidemiological studies with the same objective. However, in particular occupational situations where are bigger exposure to these pollutants it seems clear to have an increased risk of disease. While these studies are carrying out and are established by a causality relationships, it is necessary to set up a stricter control over them, in addition to implementing measures to reduce their environmental presence, and approaching this emerging problem from the perspective of a "principle of precaution". Some countries have already begun to apply stricter regulatory measures on specific products, but they are still insufficient comparing to the cost of health that these pollutants are already producing. Key words: microplastic, nanoplastic, human health 4 1. Introducción El plástico es un material polímero semisintético caracterizado por una gran versatilidad, fuerza, ligereza, estabilidad, facilidad de esterilización y propiedades de barrera, lo que justifica la elevada utilización que actualmente existe de este material en el mundo (PlasticEurope, 2018). Se estima que la producción mundial de plástico superó en 2017 los 350 millones de toneladas (PlasticEurope, 2018), y que más del 40% de esta cantidad se utilizaron como productos desechables (o de un solo uso), tales como envases, utensilios para alimentación y bolsas de basura, lo que a la postre justifica la desorbitada cantidad de residuos plásticos que hay hoy día en el planeta (PlasticEurope, 2016). Además, los plásticos se utilizan en edificación y construcciones, movilidad y transporte, dispositivos eléctricos y electrónicos, agricultura, atención sanitaria, entre otros muchos usos. Los residuos plásticos expuestos a la radiación ultravioleta (UV) del sol se fotodegradan, produciendo escisión de enlaces químicos de la matriz del polímero por el proceso de oxidación y provocando que el plástico se vuelva frágil (Barnes et al., 2009). La exposición al sol, en combinación con el viento, la acción de las olas (en ambientes marinos) y la abrasión, da lugar a que los residuos degradados de plástico se fragmenten, generando microy nanoplásticos (Arthur, 2009). Tanto unos como otros, van acumulándose y depositándose principalmente en ecosistemas acuáticos (ríos, mares y océanos), en sus aguas, fauna y sedimentos. No obstante, la estabilidad de estos elementos hace que sean altamente resistentes a la degradación, pudiendo persistir en estos ambientes marinos durante cientos de años (Welden y Cowie, 2017). La mayoría de los autores clasifican actualmente a los residuos de microplásticos basándose principalmente en función de su tamaño. Así, se considera microplástico cuando los fragmentos de plástico alcanzan un tamaño inferior a 5mm de diámetro, mientras que se considera nanoplástico a los fragmentos que tienen un tamaño inferior a 100 nm, en al menos dos de sus dimensiones (Browne et al., 2015). Sin embargo, no existe una definición internacional estandarizada de micro y nanoplásticos, lo que dificulta la comparación de los resultados publicados por los diferentes autores. Es importante, no obstante, destacar que el 5 tamaño mayoritario de los microplásticos suspendidos en el agua del mar les permite ser fácilmente ingeridos por muchas especies marinas, ya que su rango de tamaño coincide con el tamaño de los huevos de peces y el placton, entre 2µm-10µm (Browne et al., 2008; Boerger et al., 2010). Microplásticos fue la “palabra del año” seleccionada por la Fundéu en el año 2018 (Fundéu, 2018). Según la RAE (Real Academia de la Lengua Española), el término microplástico designa pequeñas piezas de plástico, menores de cinco milímetros, según indica la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de los Estados Unidos, que, o bien se fabricaron con ese tamaño para ser empleadas en productos de limpieza e higiene, o bien son el resultado de la fragmentación de piezas de plástico mayores en su proceso de degradación. Los microplásticos se caracterizan, además, por poseer una superficie hidrófoba que les confiere gran capacidad para absorber y concentrar una gran cantidad de contaminantes ambientales, como por ejemplo compuestos orgánicos hidrófobos como los hidrocarburos aromáticos policíclicos, pesticidas organoclorados y bifenilos policlorados (Mato et al., 2001; Ogata et al., 2009). También pueden acumular metales pesados como el cadmio, zinz, níquel y plomo (Holmes et al., 2012; Rochman et al., 2014). Es por ello, que a los micropláticos se les consideran, también, vectores de estos contaminantes, muchos de ellos incluidos en el Convenio de Estocolmo (Bilcke, 2002). Estos contaminantes ambientales, una vez absorbidos por el microplástico, pueden liberarse al ser ingeridos por un ser vivo, transfiriéndose el (los) contaminantes a los tejidos circundantes (Browne et al., 2013; Rochman et al., 2013a). Una de las líneas de investigación actuales es la que trata de averiguar si este proceso de transferencia también ocurre en la población humana, a través de la ingesta de alimentos que contienen microplásticos e incluso si este proceso pudiera producirse por inhalación. Por su parte, los nanoplásticos se producen durante la fragmentación de las fibras sintéticas, principalmente durante el lavado de la ropa, aunque también por deterioro y fragmentación de algunos materiales plásticos, como por ejemplo el poliestireno expandido, mediante un proceso de abrasión mecánica acelerada (Costa et al., 2016). Por el tamaño que 6 poseen y la alta relación de área superficial-volumen, los nanoplásticos son muy vulnerables a la ingestión por parte de los organismos marinos como corales, fitoplancton y zooplancton (Barletta, 2011). Además de la clasificación por tamaño, los plásticos también pueden clasificarse como primarios o secundarios. Los plásticos primarios son subproductos de diferentes procesos industriales entre los que destacan los generados en forma de partículas generadas en la producción industrial que se liberan en las emisiones industriales, las generadas en el mantenimiento de diferentes materiales plásticos, o incluso por degradación de estos. También pueden generarse micro y nanopláticos por la liberación involuntaria de materia prima plástica intermedia (pellets, nurdles o lágrimas de sirena). Los plásticos primarios se añaden, también a diferentes productos de limpieza y cosméticos, como por ejemplo limpiadores faciales, limpiadores de manos, o pastas dentales, entre otros (Derraik, 2002), además de a líquidos de perforación utilizados para la exploración de petróleo y gas; utilizándose también como abrasivos industriales (Derraik, 2002). Se consideran, por otra parte, plásticos secundarios los fragmentos de plástico más grandes que aparecen tanto en hábitats marinos como terrestres (Thompson et al., 2004; Ryan et al., 2009). Los compuestos químicos mayoritarios utilizados en la fabricación de los principales tipos de plásticos disponibles en el comercio europeo son el polietileno (PE) en forma de baja densidad (LDPE; bolsas de basura, film) o de alta densidad (HDPE; bolsas de compra, tapas de botella), el polipropileno (PP; cubas rígidas, pajitas), el policloruro de vinilo (PVC; tubos, marcos de puertas y ventanas), y el poliestireno (PS); ollas para alimentos, juguetes, EPS; poliestireno expandido, embalaje, aislamiento), ambos rígidos, el tereftalato de polietileno (PET; botellas, bandejas de alimentos) y el poliuretano (PU) (Figura 1). Algunos trabajos indican que en las profundidades marinas los contaminantes plásticos más abundantes son el polipropileno y el polietileno (Rios et al., 2007). 7 Figura 1. Plásticos de uso común: Polietileno (PE), polipropileno (PP), policloruro de vinilo (PVC), poliestireno (PS), poliuretano (PU) y tereftalato de polietileno (PET). Otros componentes químicos también utilizados en la fabricación del plástico son bisfenoles y phthalatos (principalmente en aquellos bajo el símbolo del número 7, entre otros). Entre los bisfenoles, uno de los compuestos más usados como monómero del policarbonato es el compuesto bisfenol A (BPA, 4,4'-isopropilidendifenol), una de las sustancias químicas con mayor volumen de producción, que se emplea también en la fabricación de las resinas epoxi, utilizadas para los revestimientos internos de latas de alimentos y bebidas, entre otros usos. El BPA es una sustancia química, disruptora endocrina (EDC), bien conocida por su capacidad de unirse a receptores hormonales, como por ejemplo el receptor de estrógeno nuclear (ER) (Wetherill et al., 2007; Pouzaud et al., 2018), lo que le permite modificar su expresión génica (Chianese et al., 2018); aunque también puede unirse a otras familias de receptores de membrana (Alonso-Magdalena et al., 2012), e incluso inducir actividades anti-androgénicas in vitro (Molina-Molina et al., 2013). 14 de Alemania (Mintenig et al., 2019). Los autores analizaron muestras de agua, antes y después de su purificación, detectándose un promedio de 0,7 microplásticos/m3, lo que supone una contaminación extremadamente baja. Estos resultados, sin embargo, no se pueden extrapolar a todas las aguas subterráneas o a su contaminación. También se ha investigado la presencia de microplásticos en humedales naturales intermareales; en concreto, el Estuario del Tejo, Portugal (Lourenço et al., 2017). Los autores encontraron, en todas las muestras de sedimentos analizadas, presencia de microfibras, aunque no hicieron distinción si las microfibras eran plásticas o no, ni tampoco determinaron su composición. Sin embargo, los autores comprobaron que en todos los macroinvertebrados bentónicos y aves se encontraban los mismos polímeros plásticos que se encontraban en el sedimento. Mientras que las especies de agua salada han sido moderadamente estudiadas hasta la fecha, las especies de agua dulce acaban de emerger en esta área de investigación, como se refleja en el trabajo de Lei et al., 2019. Lei y colaboradores investigaron la tasa de detección de microplásticos en ciertos organismos de agua dulce, comprobando, por ejemplo, que en la especie Gambusia holbrooki la presencia de microplásticos era directamente proporcional al tamaño y peso de esta especie, y que este fenómeno parecía similar en otras especies acuáticas (peces y renacuajos) (Peters y Bratton, 2016; Hu et al., 2018). Los autores comprobaron también que el género podría jugar un papel importante en la absorción de los microplásticos, con mayor presencia de microplásticos en las hembras respecto a los machos(Su et al., 2019), aunque los resultados podrían deberse a que las hembras de este pez son más grandes en peso y en tamaño que los machos. 15 Tabla 1. Una comparación global de microplásticos en biota de agua dulce Del artículo: Microplastics biomonitoring in Australian urban wetlands using acommon noxiousfish (Gambusia holbrooki) (Su et al., 2019) También se ha medido la presencia de microplásticos en fuentes de agua potable, lo que representa una forma de exposición humana a estos contaminantes, en particular si las partículas de plástico pasan a través de los sistemas de filtración del tratamiento de aguas, estimándose que la exposición diaria a estas partículas podían oscilar entre 50.000 y casi 15 millones de partículas (Mason et al., 2016). La presencia mayoritaria de estos contaminantes en los ecosistemas acuáticos sugiere que estas especies residentes en estos ambientes serían vulnerables a la contaminación por microplásticos. En este sentido varios trabajos recientes muestran desechos de plástico en el intestino de la mayoría de peces analizados, con una mayor presencia en las especies salvajes frente a los peces de piscifactorías, siendo los peces de agua dulce más vulnerables a la contaminación (Liboiron et al., 2016; Hermsen et al., 2017; Pazos et al., 2017). 1.2) Miroplásticos en el Aire Los microplásticos están también presentes, tanto en el aire exterior como en el aire interior, en concentraciones que van desde 0,3 a 1,5 fibras/m3 o desde 1 a 60 fibras/m3, según los trabajos consultados (Dris et al., 2017). Debido al pequeño tamaño de estos elementos, junto con su relativamente baja densidad, los microplásticos son fácilmente transportados por el viento y pueden persistir en la atmósfera durante largos períodos de tiempo (Dris et al., 16 2016). Estas características facilitan que los microplásticos atmosféricos suspendidos puedan ser inhalados potencialmente por los animales, y por el hombre, a través de la actividad respiratoria, lo que supondría un peligro potencial para su salud (Prata, 2018). En el aire, los microplásticos se pueden depositarse en las flores y el follaje, donde podrían incorporarse con el polen y ser transportados por las abejas a la colmena. Algunos autores por ejemplo han encontrado fibras y/o nanoplásticos en las flores y en la miel (Liebezeit y Liebezeit, 2014). También se han encontrado fibras plásticas en la lluvia y en el aire atmosférico, con una deposición de hasta 355 partículas/m2/día, en áreas urbanas (Dris et al., 2015, 2016). La exposición a concentraciones más altas parece ocurrir en ambientes interiores, probablemente debido a fuentes y factores involucrados en la dispersión de partículas (Prata, 2018). En ambiente doméstico aún no se han cuantificado cifras de exposición, pero si en lugares de trabajo de procesamiento textil, encontrándose entre 500.000800.000 partículas/m3 de diferentes composiciones (nylon, cloruro de vinilo y poliéster) (Bahners et al., 1994). El riesgo de exposición a microplásticos a través del aire es mayor en ambientes con mayor presencia de estos elementos. En este sentido, Pauly y colaboradores, indican que el 87% de los pulmones de los trabajadores de una fábrica textil contenían fibras plásticas y de algodón (Pauly et al., 1998). El tamaño reducido de estas fibras, tanto de micro, como de nanoplásticos, facilita la penetración y persistencia dentro de los pulmones (Gasperi et al., 2018; Prata, 2018). 1.3) Microplásticos en la Dieta En junio de 2017 se publicó en Horizon, un informe técnico en el que se resumía el ejercicio de consulta realizado en 2016 sobre temas de investigación prioritarios. En él se identificaban cinco temas preferentes en el área de seguridad alimentaria, y en primer lugar se encontraba la presencia de partículas microplásticas y nanoplásticas en los alimentos (EFSA, 2016). La presencia de estas partículas en los alimentos es, por tanto, uno de los potenciales riesgos identificados en la Unión Europea, aunque aún se desconoce su toxicidad y toxicocinética (EFSA, 2016). 17 El número estudios publicados sobre contaminación de microplásticos en diferentes especies animales, comestibles y no comestibles, no ha dejado de crecer desde el año 2010 (Tabla 2). La mayoría de los estudios se han centrado en el análisis de peces y mamíferos marinos (delfines, lobos marinos o focas), aunque también se han investigado algunos bivalvos, como por ejemplo mejillones, ostras y vieiras. Los trabajos también incluyen algunas aves marinas (cormoranes, gaviotas o frailecillos), y otras especies menores como dragonet, kill que son un pequeño orden de crustáceos, tremátodos y mosquitos. Son pocos, sin embargo, los trabajos en otras especias animales terrestres [como por ejemplo un estudio sobre la contaminación microplástica en la carne de las mollejas de pollo (Huerta Lwanga et al., 2017). El principal resultado de las publicaciones consultadas es que la contaminación por microplásticos en las especies estudiadas es un hecho, ya que su presencia se ha descrito en más de 690 especies, principalmente marinas, 200 de las cuales son comestibles (Carbery et al., 2018) (Tabla 2). Tabla 2. Estudios publicados sobre contaminación de microplásticos en especies animales Del artículo: Review of microand nanoplastic contamination in the food chain (Toussaint et al., 2019) La preocupación por estos resultados ha hecho que diferentes administraciones hayan elaborado informes recopilando la información disponible. Así por ejemplo, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) publicó recientemente, en 2016, un informe sobre 18 la presencia de microplásticos y nanoplásticos en los alimentos, centrándose en los productos del mar (EFSA, 2016), especialmente indicando la presencia de microplásticos en especies que se consumen al completo, como los bivalvos o los pequeños peces. El informe detallaba que los bivalvos, camarones y peces pueden alcanzar concentraciones promedio de 0,2 a 0,4 micropartículas/g, 0,75 partículas/g y 1-7 partículas/g, respectivamente. Estas concentraciones son similares a las descritas por Browne et al., 2008, en el que se demuestra la acumulación de microesferas de poliestireno (3 y 10µm) en el intestino de M. edulis, y su traslocación al sistema circulatorio (Browne et al., 2008). Por otro lado, también se han identificado microplásticos en otros alimentos, como la miel y el azúcar, encontrándose tanto microfibras (40µm de longitud) como micropartículas (10-20 µm) (Liebezeit y Liebezeit, 2013), con un promedio de 174 fibras y 8 partículas/kg, en la miel, y de 217 fibras y 32 partículas/kg, en el azúcar. La contaminación de la miel sugiere que dichos contaminantes podrían provenir del aire o de las precipitaciones. También se han identificado microplásticos en 15 marcas de sal marina, con concentraciones de hasta 681 microplásticos/kg. El PET fue el tipo de plástico más común encontrado seguido por el PE (Yang et al., 2015), fundamentalmente por la utilización de las aguas costeras para producción de sal marina, aunque también cabe la posibilidad añadida de la deposición atmosférica. 2) Relación entre exposición a microplásticos y efectos adversos en salud La exposición a microplásticos puede afectar a los seres vivos de diversas formas, bien por efectos mecánicos después de su ingesta, o bien por la liberación/exposición de los monómeros químicos que lo constituyen, además de otros compuestos químicos agregados durante su producción de plástico, junto con otros contaminantes absorbidos procedentes del medioambiente, incluidos algunos metales pesados y compuestos orgánicos persistentes, como PCBs y DDT (Wright y Kelly, 2017). A esto se añade la posibilidad de transmisión a lo largo de la cadena trófica (Figura 2) (Ecologistas en acción, 2017). 19 Figura 2: Cadena trófica de ingestión de microplásticos. Del artículo: Basuras marinas, plásticos y microplásticos. Orígenes, impactos y consecuencias de una amenaza global (Ecologistas en acción, 2017) Las partículas microplásticas de menos de 130 μm de diámetro, una vez ingeridas por los seres vivos, tienen el potencial de translocarse a distintos tejidos, desencadenando una respuesta inmune localizada. Diferentes trabajos experimentales con ratas muestran la translocación de estas partículas desde la cavidad intestinal a la linfa y al sistema circulatorio (Hussain et al., 2001). Además, las partículas muy finas son capaces de atravesar las membranas celulares, la barrera hematoencefálica y la placenta, con efectos documentados que incluyen el estrés oxidativo, el daño celular, la inflamación, entre otros deterioros (Tabla 3) (Vethaak y Leslie, 2016). En este sentido, varios complejos de nanopartículas se han diseñado como agentes de transporte de fármacos (Kulkarni y Feng, 2013; Nance, 2017). Por lo tanto, parece aceptable que estas nanopartículas podrían afectar al SNC, e incluso producir cambios de comportamiento de los seres vivos expuestos (Cedervall et al., 2012; Mattsson et al., 2017). 20 Tabla 3. Estudios de exposición a microplásticos en organismos marinos [Ps:poliestireno, Pe: polietileno, uPVC: cloruro de polivinilo no plastificado, PVC: cloruro de polivinilo, HDPE: polietileno de alta densidad, PP: polipropileno, y SW: agua de mar] Del artículo: Trophic transfer of microplastics and mixed contaminants in the marine foodweb and implications for human health (Carbery et al., 2018) La exposición a microplásticos se ha relacionado también con una reducción de la fotosíntesis y del crecimiento de microalgas (Sjollema et al., 2016), así como con diversos efectos adversos en la actividad trófica del zooplancton (Setälä et al., 2014) y de la arenícola marina (Besseling et al., 2013), y con alteraciones en branquias, estómago y hepatopáncreas (Brennecke et al., 2015), además de alteraciones histológicas y en otros biomarcadores (Karami et al., 2016). Así, algunos estudios han observado modificaciones en parámetros bioquímicos y hematológicos utilizados como bioindicadores, y empleados en la evaluación del impacto de estos contaminantes ambientales (Osman et al., 2018; Sayed y Authman, 2018; Sayed y Soliman, 2018; Fazio, 2019). La disfunción reproductiva (reducción de la fecundidad, y de la supervivencia de la descendencia) también se ha relacionado con la contaminación de nano y microplásticos en los ecosistemas marinos (Chae y An, 2017). Una vez que los microplásticos están incorporados en el intestino, pueden liberar monómeros constituyentes, así como aditivos y toxinas absorbidas, que pueden causar daños fisiológicos que van desde estrés oxidativo hasta carcinogénesis (Wang et al., 2018). Estudios 21 in vitro con exposición a microplásticos muestran daños por estrés oxidativo en diversas líneas celulares humanas epiteliales y cerebrales, lo que favorecería efectos localizados en el sistema inmunológico y aumentaría la inflamación intestinal tras la ingestión de estos contaminantes (Schirinzi et al., 2017). Por otra parte, los desechos plásticos marinos parecen proporcionar un nicho de protección para patógenos y microrganismos absorbidos, lo que se ha denominado “platisfera” y se ha propuesto como un vector para diseminar la proliferación de algas nocivas y organismos indicadores fecales (Keswani et al., 2016). La combinación de agentes microbianos y químicos sobre el plástico aumentaría el riesgo para los consumidores si los peces, los crustáceos o los mariscos se contaminan y luego se consumen (Waring et al., 2018). A pesar de la evidencia científica que ha permitido cuantificar partículas de micro y nanoplásticos en diferentes entornos, organismos y productos destinados al consumo humano, aún no se disponen de suficientes estudios que demuestren la peligrosidad de estas partículas en salud humana. No obstante, en situaciones ocupacionales particulares donde la exposición a estos contaminantes en mayor, sí que parece existir una mayor evidencia. Así, por ejemplo, en trabajadores de fábricas de productos textiles sintéticos, se observa una mayor incidencia de cáncer después de 10 a 20 años de trabajo/exposición y el riesgo está asociado con la intensidad, la duración y el tiempo transcurrido desde que comienza la exposición (o el trabajo) (Acquavela et al., 1988; Vobecky et al., 1984). Trabajadores de fábricas de PVC mostraron también un mayor riesgo de cáncer de pulmón (OR 1,20; IC95%: 1.1–1.3), a mayor exposición, edad y años en el trabajo (Mastrangelo, 2003). De hecho, se detectan fibras de plástico en el 87% de las biopsias de pulmón que podrían ser las responsables de procesos inflamatorios, y finalmente del cáncer de pulmón (Pauly et al., 1998). Los efectos adversos se atribuyen principalmente, a la irritación crónica y la inflamación ocasionada por la inhalación de las partículas de microplásticos, que pueden promover también daño al ADN causados bien por acción directa o por indirecta (estrés oxidativo, además de citotoxicidad, e inflamación y alteración del sistema inmune, con liberación de citoquinas, proteasas y especies reactivas de oxígeno, además de promoción de otros mediadores proinflamatorios que promueven la 22 angiogénesis y la mutagénesis, favoreciendo la formación y progresión de células malignas), incluso a bajas concentraciones crónicas (Valavanidis et al., 2013). Como se ha mencionado en la introducción, los microplásticos pueden actuar como vectores de transporte de compuestos químicos, por un lado, como de compuestos directamente relacionados a su fabricación, o incluidos para conferirle ciertas propiedades. Entre los aditivos, lo más conocidos y estudiados son los ftalatos, que los hacen más maleables, o el bisfenol A, o los retardantes de la llama. Se ha confirmado que estos aditivos se concentran en polímeros de plástico como PVC, polietileno o poliestireno. Se han hallado partículas en el océano que albergan estas partículas en cantidades notables, siendo así un peligro ambiental para el medioambiente y la biota (Koelmans, 2015; Koelmans et al., 2016). Algunos de estos aditivos, además, pueden alterar procesos biológicos de importancia y ocasionar efectos como disruptores endocrinos, originando efectos dañinos en la movilidad, reproducción y sistema inmune, e incluso producir cancer (Koelmans, 2015; Koelmans et al., 2016). Por otra parte, entre los vectores destacan los metales pesados y contaminantes orgánicos hidrófobos que se adsorben en ellos, como es el cobre, zincz, plomo, bifenilos policlorados (PCBs), hidrocarburos aromáticos policíclicos (PAHs), etc (Ashton et al., 2010; Andrady, 2011; Cole et al., 2011; Rochman, 2015; Anderson et al., 2016; Brennecke et al., 2016). Los efectos adversos de muchos de estos contaminantes “añadidos” están ampliamente documentados. 5. Discusión Prácticamente todo lo que nos rodea incluye en su fabricación algún tipo de plástico, y el uso y consumo de estos elementos no ha dejado de aumentar en las últimas décadas. Según estimaciones de diferentes organizaciones no gubernamentales (ONG), como la ONG Amigos de la Tierra, o EFE verde, se prevén que en el año 2050 haya más plástico que peces en el mar, si continuase la producción de plásticos actual. Además de contaminar, los plásticos no se reciclan de la manera adecuada, favoreciendo la degradación de los mismos y su transferencia 23 a los seres vivos, especialmente a las especies de ecosistemas acuáticos. La presencia de microplásticos en el aire, el agua y las especies animales implica la exposición de la población a estos contaminantes a través de estas diferentes vías de exposición. Numerosos de los estudios revisados se han centrado en el hábitat marino, comprobándose numerosos efectos adversos en especies acuáticas (peces y crustáceos) expuestas a microplásticos, en las que se han evidenciado cambios en la natación, reproducción, e incluso en el metabolismo de estos animales, a través de diferentes mecanismos de acción. Es plausible, por tanto, pensar en la posibilidad de extrapolar lo que sucede en estos animales a otros seres vivos o al hombre. Sin embargo, la evidencia científica referida a la población humana y a su vulnerabilidad frente a los microplásticos es aún escasa, haciéndose necesarios más estudios enfocados a investigar como principal objetivo los efectos adversos en la salud humana de la exposición a estos contaminantes. El problema principal, es que la exposición a microplásticos es un área de conocimiento muy reciente cuyo comienzo se ha centrado en la observación de enormes masas de residuos de plástico en distintas áreas del planeta, seguido por su interés con su la posible afectación que este hecho podía causar en el medio ambiente. Entre las incógnitas aún por resolver están la necesidad de evaluar las acciones mecánicas derivadas de la exposición tras la ingesta de microplástcos en el intestino. Asimismo, habría que estudiar la vida media de los microplásticos dentro del tracto gastrointestinal, lo que probabalemente dependerá de sus características, como de las del organismo (y su microbiota). Este marco complejo en el que se combinan la presencia de encimas gástricos, las diferentes condiciones fisiológicas de temperatura y pH que se dan dentro de los distintos tractos digestivos, que dependerán del tipo de organismo que se estudie, habrá que tenerlas en cuenta (Bakir et al., 2016). Otra de las partes fundamentales a investigar es si el hecho de que los plásticos actúen como vectores de diferentes contaminantes ambientales, de demostrada toxicidad en los organismos vivos, sea el elemento más significativo a tener en cuenta, en comparación con la 30 Kosuth M, Waattenberg EV, Manson SA, Tyree C, Morrison D [Internet]. Synthetic Polymer Contaminating Global Drinking Water. Disponible en: https://orbmedia.org/stories/invisibles_final_report Kulkarni SA, Feng S-S. Effects of Particle Size and Surface Modification on Cellular Uptake and Biodistribution of Polymeric Nanoparticles for Drug Delivery. Pharm Res. 2013;30(10):251222. 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