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Las mujeres recuerdan. Género y memoria del exilio republicano en Francia (1939-1978)

Martínez Martínez, Alba

Abstract

En este artículo realiza un recorrido por la memoria de cuatro mujeres refugiadas en Francia tras la guerra civil española, con el objetivo de ver qué y cómo recuerdan las mujeres su experiencia del exilio. Se intenta demostrar que los escritos femeninos, especialmente aquellos de mujeres que no tuvieron una gran proyección política y/o cultural, pueden desestabilizar y, a su vez, complejizar el relato hegemónico de lucha, militancia y heroísmo masculino que tradicionalmente ha caracterizado a este episodio de nuestra historia contemporánea. Pensamos que a través de sus narraciones las mujeres construyeron subjetividades diversas en torno a la experiencia del exilio, que el género marcó sus vivencias y ello ha tenido un correlato en las prácticas del recuerdo al potenciar temáticas y enfoques que permiten observar otra forma de entender y vivir el exilio, sin perder de vista la pluralidad los mismos.

Full text

ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 Las mujeres recuerdan. Género y memoria del exilio republicano en Francia (1939-1978) Women remember. Gender and memory of the Spanish republican exile in France (1939-1978) Alba Martínez Martínez Universidad de Granada (España) Universidad de París 8 (Francia) [email protected] ORCID. 0000-0001-6083-1672 Recibido el 10 de abril de 2019 Aceptado el 27 de setiembre de 2019 [1134-6396(2019)26:2; 367-398] http://dx.doi.org/10.30827/arenal.v26i2.9236 RESUMEN En este artículo realiza un recorrido por la memoria de cuatro mujeres refugiadas en Francia tras la guerra civil española, con el objetivo de ver qué y cómo recuerdan las mujeres su experiencia del exilio. Se intenta demostrar que los escritos femeninos, especialmente aquellos de mujeres que no tuvieron una gran proyección política y/o cultural, pueden desestabilizar y, a su vez, complejizar el relato hegemónico de lucha, militancia y heroísmo masculino que tradicionalmente ha caracterizado a este episodio de nuestra historia contemporánea. Pensamos que a través de sus narraciones las mujeres construyeron subjetividades diversas en torno a la experiencia del exilio, que el género marcó sus vivencias y ello ha tenido un correlato en las prácticas del recuerdo al potenciar temáticas y enfoques que permiten observar otra forma de entender y vivir el exilio, sin perder de vista la pluralidad los mismos. Palabras clave: Género. Exilio republicano. Francia. Memoria. Identidades. ABSTRACT This paper aims to explore, through the memory of four refugee women in France after the Spanish Civil War, what and how women remember their experience of exile. We will try to demonstrate that the feminine narratives, especially those of women who did not have a political and / or cultural projection, can destabilize the hegemonic memory of struggle, militancy and masculine heroism that has traditionally characterized this episode of our history. We think that through their narrations, women constructed diverse indentities around the experience of exile, that gender crossed their experiences and it has had a correlation in the practices of memory by enhancing themes and approaches that allow us to observe another way of understanding and live the exile, without losing sight of their plurality. Key words: Gender. Republican exile. France. Memory. Identities. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 368 SUMARIO 1.— Introducción. 2.—A los combatientes de la libertad. Hablar de ellos: entre la admiración y la culpabilidad. 3.—Nuestras vecinas. Relaciones femeninas en espacios de excepción. 4.—Unas hacían media, otras cosían. El trabajo femenino: entre la supervivencia y la satisfacción. 5.—Que llegan los gendarmes. Relaciones de poder: resistencias y conciencia de refugiada política. 6.—Tienes que preparar la comida para tantos. Sexualidad, amor, desigualdad y rebeldía. 7.—Conclusiones. ENTREVISTADOR: Y tú, ¿Carmen?, ¿pasaste la frontera también andando? CARMEN: Uy, claro que la pasé andando. Éste [su compañero, Eduardo] se marchó por su lado y no se preocupó de mí. Lo primero, cómo he vivido mientras éste se marcha. Yo tengo que venir a Francia cuando salgo de la cárcel. Yo no tengo medios de vida más que siempre los mismos, nada más que ir a por cosas imposibles, como son alubias, patatas…EDUARDO: Sí, pero ya has hablado de eso antes. CARMEN: Sí, pero… salgo, otra vez las patatas, yo he cogido, ¿tu puedes creer que yo he llevado a San Sebastián 200 kg de patatas que estaban prohibidas? EDUARDO: Bueno Carmen, pero paso de frontera. CARMEN: Sí, pero es que para pasar la frontera hay que comer todavía. ENTREVISTADOR: ¿Cuánto tiempo pasa desde que sales de la cárcel hasta que pasas la frontera? CARMEN: Porque yo salgo de la cárcel y mi madre, la pobre, como no sabe ni leer ni escribir, como todo…. EDUARDO: Salió de la cárcel en septiembre y pasó la frontera en marzo del 48. CARMEN: Sí, para vivir y para vivir había que comer pues otra vez he ido a coger las patatas y no sabes dónde he ido, he ido, yo las compraba a 50 francos y se vendían en San Sebastián a 3 pesetas y 4 pesetas. EDUARDO: Pero Carmen, hombre, ¡vete al grano y no a las patatas! CARMEN: pero hombre, mi madre… EDUARDO: Pero Carmen, que de eso ya hemos hablado, que cómo has pasado la frontera, ¡coño! CARMEN: Bueno, no teníamos dinero, hay que empezar por eso…. y como no hay dinero hay que trabajar, y el único trabajo es eso. […] Yo, siempre a mis patatas y gano bien, gano dinero, y estoy esperando a dejarle a mi madre bastante dinero, y como ganaba mucho porque eso del comercio es horrible y cuando veo que puedo llegar a pagarme la salida desde San Sebastián, con mi prima. No me deshago de ella. Y yo venga patatas, venga patatas, y así es como pasé. EDUARDO: ¿Con las patatas? [riéndose] CARMEN: Hombre, con las patatas no, ¡con el dinero que me produjeron las patatas! Entonces pagué a dos contrabandistas hasta cierto sitio, que era el fin de la línea y allí me cogían 1. 1. Archivo BDIC. Signatura: KV 722/1/2/3: “Memorias de los republicanos españoles exiliados en Francia: Eduardo y Carmen Aparicio, París, 11 junio de 1996”. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 369 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 1.—Introducción El 11 de junio de 1996 el matrimonio conformado por Carmen Eixarch y Eduardo Aparicio rememoraba sus vivencias de guerra, posguerra y exilio. A menudo, su atropellado ejercicio retrospectivo daba lugar a escenas que, como la anterior, destilaban un amargo toque de humor. El traumático y a su vez heroico periplo de cruzar la frontera francesa de manera clandestina se redujo en la memoria de Carmen a unas “simples” y “vulgares” patatas. Pero es que para Carmen, más allá de las fechas y el momento preciso en que comenzó su exilio, había algo mucho más importante y verdaderamente heroico en aquella España de la autarquía que tanta hambre generó: garantizar el sustento de su madre antes de marchar y conseguir el dinero que le permitiría pagar su libertad. Tareas que lejos de formar parte del relato militante y mitificado del exilio republicano español, se encuentran en los cimientos de su historia. Las patatas de Carmen desestabilizaron la narración hegemónica de su compañero Eduardo y por ello pensamos que este extracto debía abrir este artículo. Porque hablar del exilio también es hablar de las patatas de Carmen y de su insistencia por rememorarlas, lo que nos obliga a preguntarnos cómo recuerdan las mujeres su destierro en Francia y a evidenciar el potencial desestabilizador de sus evocaciones. Adentrarse en el terreno de la memoria del exilio republicano no es una tarea fácil. Especialmente porque no existe una memoria en singular, sino múltiples memorias, como existieron múltiples formas de vivir y de entender el exilio que siguió a la guerra civil española 2. El exponencial crecimiento de testimonios escritos y orales a lo largo de los últimos años ha evidenciado esta pluralidad, pero también el marcado carácter “político, militante y de resistencia” de la memoria colectiva del exilio republicano 3. Una memoria colectiva hegemónica que no sólo ha puesto el foco en las acciones, debates y desencuentros políticos que se dieron durante aquellos años, sino también en unos protagonistas, varones, que coparon y dotaron de significado todos sus espacios y acontecimientos. Aunque los testimonios femeninos y los estudios sobre sus experiencias siguen conformando una mínima parte del corpus memorialístico e historiográfico del exilio republicano, cada vez se le va prestando más atención a la palabra, los espacios y las acciones femeninas durante los años del destierro. Ello nos permite acceder a una historia y una memoria más compleja, rica y con matices, que si2. Sobre memoria y exilio, véase entre otros: NAHARRO, J. María: “Memorias, ¿qué memorias?”, Migraciones y exilios, 5 (2004), pp. 9-14, y más recientemente: ÍD: Entre alambradas y exilios. Sangrías de las Españas y terapias de Vichy. Madrid, Biblioteca Nueva, 2017. 3. LABOIRE, Pierre y AMALRIC, Jean-Pierre: “Vaivén de las memorias: la significación del exilio se construye” en ALTED, Alicia y DOMERGUE, Lucienne: El exilio republicano español en Toulouse (1939-1999). Madrid, UNED y Presses Universitaires du Mirail, 2003, p. 23. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 370 túa a las mujeres más allá del paradigma de la victimización 4 y el calificativo de “acompañantes de” que tradicionalmente las ha designado 5. Fruto de la voluntad de recordar y formar parte del “relato” del exilio, las mujeres han ido paulatinamente convirtiéndose en “agentes de la memoria” 6. Como ha señalado Joan Scott: “escribirse uno mismo en el relato que es escenificado pasa a ser, así, una forma de escribirse en la historia” 7. Comenzaron las exiliadas más destacadas desde el punto de vista político, como Federica Monstseny, Dolores Ibarruri o Victoria Kent, y a sus memorias se fueron sumando un conjunto cada vez más nutrido de evocaciones femeninas. Las mujeres “corrientes” —seres “ordinarios que salen de lo ordinario”, como se calificaría la refugiada Ana Delso 8—, fueron perdiendo el miedo y la vergüenza a que sus relatos carecieran de interés general. Los estudios de Shirley Mangini, Susana Tavera, Josebe Martínez, Pilar Domínguez y Mónica Moreno, entre otros 9, son un ejemplo de la profusión de 4. Irene Murillo habla del “paradigma de la victimización” para referirse a la tradicional imagen que se ha proyectado de los españoles de a pie durante el franquismo como “meros depositarios de la represión”. MURILLO ACED, Irene: Exigiendo el derecho a tener derechos: ciudadanía y género como prácticas de negociación y resistencia: el caso de Aragón, 1936-1945. Tesis defendida en la Universidad de Zaragoza, 2016, p. 14. 5. Véase: DOMÍNGUEZ, Pilar, De ciudadanas a exiliadas. Un estudio sobre las republicanas españolas en México. Madrid, Cinca, 2009; YUSTA, Mercedes: Madres coraje contra Franco. Madrid, Cátedra, 2009; ALTED, Alicia: “El exilio republicano español de 1939 desde una perspectiva de las mujeres”. Arenal, 4-2 (1997), 223-238; MIRA, Alicia y MORENO, Mónica: “Españolas exiliadas y emigrantes: encuentros y desencuentros en Francia”. Les Cahiers de Framespa, 5 (2010); MORENO, Mónica: “L’exil au féminin: Républicaines et antifranquistes en France”. En VARGAS, Bruno: La Seconde Républicque Espagnole en exil en France (1939-1977). Albi, Presses Universitaires de Champollion, 2008, 163-181. MAUGENDRE, Maëlle, Les réfugiées espagnoles en France (19391942): des femmes entre assujettissements et résistances. Tesis doctoral, Université Toulouse le Mirail-Toulouse II, 2013; RAMOS, M.ª Dolores, LEÓN, Milagros, ÓRTEGA, Víctor J., y BLANCO, Sergio (coords.): Mujeres iberoamericanas y derechos humanos. Experiencias feministas, acción política y exilios. Sevilla, Athenaica, 2016. Asimismo, véase el estado de la cuestión que elabora MORENO, Mónica: “Las exiliadas, de acompañantes a protagonistas”. Ayer, 81, 2011, 265-281. 6. MURILLO, Irene: “Dignidad, supervivencia y luto. Agencia y resistencias de mujeres aragonesas de guerra y posguerra”. En YUSTA, Mercedes y PEIRÓ, Ignacio (coords.), Heterodoxas, guerrilleras y ciudadanas. Resistencias femeninas en la España moderna y contemporánea. Madrid, Institución Fernando el Católico, 2015, p. 151. 7. SCOTT, Joan W.: “El eco de la fantasía: la historia y la construcción de la identidad”. Ayer, 62 (2006), p. 120. 8. Cita en el prefacio escrito por Martha ACKELSBERG en las memorias de DELSO, Ana: Trescientos hombres y yo. Estampas de una revolución. Madrid, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorezo, 1998, p. 17. 9. MANGINI, Shirley: Recuerdos de la resistencia. La voz de las mujeres de la Guerra Civil española, Península, Barcelona, 1997; TAVERA, Susana: “La memoria de las vencidas: política, género y exilio en la experiencia republicana”. Ayer, 60-4 (2005), 197-224; MARTÍNEZ, Josebe: Exiliadas. Escritoras, Guerra civil y memoria. Madrid, Montesinos, 2007; DOMINGUEZ, Pilar: “Ellas nos cuentan. Los relatos de vida en la historia del exilio republicano en México”. En LLONA, LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 371 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 investigaciones que han reparado en la configuración de la memoria femenina del exilio. Al respecto Josebe Martínez plantea que las memorias femeninas prestan más atención a los episodios personales y privados, a diferencia de las de sus homólogos masculinos, cuya faceta pública y política coparía gran parte del relato. Sin embargo, Mónica Moreno y Alicia Mira consideran que, en realidad, “la vida y la política [fueron] dos caras de la misma moneda” para las mujeres exiliadas españolas, intentando con ello “matizar la identificación estereotipada entre memorias masculinas, que se centran solo en la vida pública, y memorias femeninas que únicamente describen sentimientos y hechos de vida familiar”. 10 Recientemente, desde enfoques posmodernistas se ha planteado que hablar de “memorias femeninas” no haría sino alimentar el sistema de opresión patriarcal y binario, y con ello olvidar otros “ejes identitarios de diferencia” como la raza, la clase, la etnia y la sexualidad. Sin embargo, a su vez reconocen que las evocaciones femeninas pueden constituirse como relatos potencialmente contrahegemónicos dependiendo del contexto y de las “condiciones históricas de posibilidad” 11. En este contexto teórico e historiográfico, el presente trabajo parte del reconocimiento de la pluralidad existente en la manera de articular los recuerdos del exilio por parte de las mujeres. Sus enfoques cambian en función de las edades, las clases, los grados de politización y la proyección política y/o cultural que tuvieran durante aquellos años y el momento en que escribieron sus memorias. Sin embargo, los recuerdos de Dolores Ibárruri y Federica Montseny —por poner dos ejemplos de mujeres destacadas— poco tienen que ver con los de cientos de mujeres de a pie que, con un mayor o menor grado de politización, vivieron el exilio a la sombra de los grandes nombres y, en no pocos casos, de su maridos. Por tanto, lejos de caer en esencialismos, hablamos de memorias de mujeres exiliadas y nos preguntamos cómo recuerdan su exilio porque también la memoria está marcada por el género, y sostener lo contrario podría ocultar discriminaciones e invisibilizaciones y, de nuevo, potenciar masculinidades hegemónicas 12. Elisabeth Jelin sostiene que “en la medida en que la socialización de género implica prestar más atención a ciertos campos sociales y culturales que a otros y definir las identidades ancladas en ciertas actividades más que en otras (trabajo o familia, por ejemplo), es de esperar un correlato en las prácticas del recuerdo y de la memoria Miren: Entreverse. Teoría y metodología práctica de las fuentes orales. Bilbao, Universidad de País Vasco, 2012, pp. 161-186; MORENO, Mónica y MIRA, Alicia: “Entre el compromiso y la privacidad. Memorias de guerra y exilio de mujeres y hombres”. Espacio, tiempo y forma, 21 (2009), 249-266; SIMÓN, Paula: Por los caminos de la palabra. Exilio Republicano español y campos de concentración franceses: una historia del testimonio. Tesis doctoral Universidad Autónoma de Barcelona, 2011. 10. MORENO, Mónica y MIRA, Alicia: “Entre el compromiso…”, op. cit., pp. 251 y 266. 11. Véase: TRONCOSO, Leyla Elena y PIPER, Isabel: “Género y memoria: articulaciones críticas y femenistas”. Athenea Digital, 15-1 (2015), 75-90. Citas en las pp. 76, 72 y 85 respectivamente. 12. Ibid., p. 77. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 372 narrativa” 13. Para el caso que nos ocupa, la mayoría de las mujeres que llegaron al exilio francés no lo hicieron a causa de sus responsabilidades políticas propias sino como esposas, hijas y madres, de manera que los efectos del destierro fueron distintos a los exilios vinculados a razones políticas 14. Además, una vez en Francia la propia política de acogida que emprendió el gobierno francés estuvo marcada por criterios de género: mujeres y hombres fueron separados en los controles fronterizos y llevados a distintos campos de concentración y refugios improvisados, no recibieron el mismo trato ni se les permitió desempeñar los mismos trabajos 15. De manera que, si bien la interseccionalidad —clase, raza, sexualidad, etc.— es clave para entender la complejidad que atraviesa al sujeto, el género tuvo un peso considerable en la experiencia femenina del exilio y, por tanto, en la narración del mismo. Ello convierte los recuerdos de las mujeres en relatos capaces de problematizar la memoria hegemónica de este episodio de nuestra historia, sin perder de vista las contradicciones que contienen por los mismos criterios de género. Siendo conscientes de la complejidad teórica que este tema entraña y los múltiples enfoques desde los que puede abordarse, intentaremos analizar también sus paradojas y tensiones. Trabajamos con cuatro memorias de mujeres, escritas y publicadas en el periodo que va desde los años setenta a la actualidad 16. Un contexto en el que han proliferado los testimonios femeninos del exilio debido al nacimiento de la historia de las mujeres en España, el inicio del proceso de recuperación de la memoria histórica a finales de los noventa y, también, al cambio que el estatuto de testigo ha experimentado en estos últimos años 17. Nos basamos en las biografías de cuatro mujeres. Remedios Oliva, natural de Barcelona, llegó a Francia en 1939 a la edad de 21 años. Junto a sus padres y su marido pasó por distintos campos de concentración y refugios del sur del país. Sus 13. JELIN, Elisabeth: Los trabajos de la memoria, Madrid, Siglo XXI, 2002, p. 107. Véase también CUESTA, Josefina: “De la memoria a la historia”. En ALTED, Alicia (coord.): Entre el pasado y el presente. Historia y Memoria. Madrid, UNED, 1996, p. 69, y LLONA, Miren: “Historia oral. La exploración de las identidades a través de las historias de vida”. En LLONA, Miren: Entreverse…, op. cit., p. 28; PALETSCHECK, Sylvia and SCHRAUT, Sylvia (eds.): The Gender of Memory. Cultures of Remembrance in Nineteenth-and Twentieth-Century Europe. Campus Verlag, Frankfurt, 2008, pp. 267-287. 14. Se calcula que las mujeres representaron un 41,2% de la emigración republicana en edad adulta (DOMINGUEZ, Pilar: “Ellas nos cuentan…”, op. cit., p. 163); JELIN, Elisabeth, Los trabajos…, op. cit., pp. 105-106. 15. Tesis desarrollada en el estudio de MAUGENDRE, Maëlle, Les réfugiées…, op. cit. 16. DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit.; OLIVA, Remedios: Éxodo. Del campo de Argelès a la maternidad de Elna. Barcelona, Viena Ediciones, 2006; MUÑOZ, Francisca: Memorias del exilio. Barcelona, Viena Ediciones, 2006; SENDER, Rosalía: Nos quitaron la miel. Memorias de una luchadora antifranquista. Valencia, Universidad de Valencia, 2004. Francisca Muñoz comenzó a escribir sus memorias a finales de los setenta, Rosalía Sender en el 2002, y desconocemos esta información en el caso de Ana Delso y Remedios Oliva. 17. Véase, SIMÓN, Paula: Por los caminos…, op. cit., pp. 382-383. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 373 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 memorias fueron publicadas en 2006. Francisca Muñoz, natural de Ceuta, cruzó la frontera en enero de 1939 a la edad de 13 años junto a su madre y su hermano. Como Remedios, fue internada en refugios y campos, y ha vivido en Francia el resto de su vida. Escribió sus memorias como trabajo de tesina para la Licenciatura de Filología Española en la Universidad de Toulouse-Le Mirail y fueron publicadas en 2006. Ana Delso es nuestra tercera protagonista. Natural de Andújar (Jaén), pero criada en Madrid, llegó a Francia cuando tenía 17 años y una fuerte personalidad política de ideología anarcosindicalista. Se publicaron sus memorias en 1998. Finalmente Rosalía Sender, natural de Huesca. Era la más joven de las cuatro en 1939. Cruzó la frontera a la edad de 6 años junto a su familia. En Francia desarrolló una notable conciencia política comunista y en 1967 volvió a España, donde continuó su militancia vinculada al PCE y luchó activamente en reivindicación de los derechos de las mujeres. Sus memorias fueron publicadas en 2004. 18 La elección de este corpus se justifica de varias maneras. De un lado, hemos querido que fueran testimonios escritos y no orales por el grado mayor de reflexión, elaboración y articulación que éstos requieren. Pensamos que es especialmente a través de ese ejercicio de escritura e invocación cuando se construyen las identidades y subjetividades que pretendemos explorar 19. Asimismo, hemos elegido unas memorias que fueron publicadas en un lapso de tiempo corto y por tanto se enmarcan en un contexto histórico, político y cultural similar. De otro lado, nos interesaba que fueran mujeres que recordaran el cruce de frontera —momento constitutivo de su identidad como refugiadas—, que fueran relativamente anónimas y, a su vez, nos permitieran conjugar narrativas más politizadas (como las de Ana Delso y Rosalía Sender) con aquellas más centradas en la vida afectiva y familiar (las de Remedios Oliva y Francisca Muñoz). Sus recuerdos, plurales y de una gran riqueza historiográfica, nos acompañan a lo largo de las siguientes páginas con el objetivo de demostrar su potencial contrahegemónico, la influencia del género en la práctica narrativa y cómo a través de sus relatos las mujeres construyeron subjetividades en torno a la experiencia del exilio. Para ello, articulamos este estudio en torno a cinco ejes de análisis. En primer lugar nos acercamos a la manera en que estas mujeres exaltan y a su vez mitifican la imagen de combatiente español. En segundo lugar, analizamos sus recuerdos sobre las mujeres que compartieron su misma suerte, contemplando la proyección que hacen de las demás exiliadas y la pluralidad de identidades femeninas que emergen de ellos. Las evocaciones acerca del trabajo femenino, 18. Sobre la importancia del método biográfico para explorar la vida de las mujeres y las formas en que negocian sus condiciones de existencia, véase: BORDERÍAS, Cristina: “Subjetividad y cambio social en las historias de vida de mujeres: notas sobre el método biográfico”. Arenal, 4-2 (1997), pp. 177-195. 19. Seguimos particularmente lo planteado por SCOTT, Joan W.: “El eco de la fantasía...”, op. cit. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 374 tanto formal como informal, es la temática del tercer apartado. En cuarto lugar reflexionamos sobre sus formas de recordar las relaciones de poder, especialmente las mantenidas entre ellas y el Estado francés. Y por último dedicamos unas páginas a abordar la huella profunda y recurrente que la sexualidad, el amor, la evidencia de las desigualdades y la fuerza de las rebeldías dejaron en las memorias. Finalizamos con unas conclusiones de lo anteriormente abordado. 2.— A los combatientes de la libertad. Hablar de ellos: entre la admiración y la culpabilidad Levanto mi copa a la salud de los trescientos hombres de la 539.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros. A los combatientes de la libertad durante la Guerra Civil 20. Cuando las mujeres rememoran sus experiencias de guerra y exilio están a su vez reivindicando su lugar en la memoria colectiva. Lo hacen desde sus propias vivencias, percepciones y emociones, pero también desde un paradigma androcéntrico con el que lidian constantemente. Esta tensión está presente en su relato. Su admiración y reconocimiento hacia los hombres exiliados se evidencia de distintas formas en las memorias trabajadas: desde la exaltación de su valentía y compromiso con la libertad, pasando por su educación, respeto y paternalismo, hasta la insistencia y protesta por sus pésimas condiciones de vida y el maltrato psicológico que suponía haber perdido la guerra. Pensamos que se trata con ello de mitigar, en cierta medida, la “osadía” de hablar de ellas. El título de las memorias de Ana Delso, Trescientos hombres y yo, refleja el peso que la autora confiere en su relato a la figura masculina. Ello no sorprende si tenemos en cuenta que estuvo meses escondida entre la 539.ª Compañía de Trabajadores Extranjeros (CTE) 21 en la que se encontraba su compañero Dioni Delso, cuyo itinerario por la Francia de Vichy siguió hasta que la Compañía fue disuelta a finales de 1941. A pesar de haber pasado previamente por el campo de concentración de Argelés-sur-Mer y haber participado en la Resistencia contra los nazis, el año que Ana pasó junto a estos trescientos hombres enmarca la mayor parte de sus recuerdos. Es esa la evocación a través de la que construye toda su memoria, en ello reside la excepcionalidad de su relato y ella, consciente, lo potencia. Aunque al desmenuzar sus recuerdos observamos que su vida cotidiana en esa Compañía no estuvo marcada por la presencia exclusiva de hombres, pues por 20. DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., p. 134. 21. Sobre las Compañías de Trabajadores Extranjeras, véase: TUBAN, Grégory: Camps d’étrangers. Le contrôle des réfugiés venus d’Espagne (1939-1944). Paris, Nouveau Monde, 2018, pp. 125-137. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 375 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ella pasaron mujeres que dejaron una huella profunda en su memoria, el ritmo de su escrito no duda en hacer paréntesis para dedicarles unas palabras de admiración y reconocimiento: Me preguntaréis: ¿Trescientos hombres? Y yo responderé: No, trescientos hidalgos, según las reglas del honor y del quijotismo, tan queridas por todo español que se precie. Se trataba de hombres con una conciencia social fuertemente desarrollada. […] Eran un puñado de hombres vencidos a los que se persistía en describir como “rojos criminales” y a los que se calificaba con todos los adjetivos posibles e imaginables 22. Sus palabras quieren contrarrestar la “leyenda negra” de los “rojos” como abusadores de mujeres que se encargó de transmitir el franquismo, pero también se sitúan en el marco de una conciencia obrera de la dignidad masculina que lleva a Ana Delso a poner en valor no sólo el heroísmo y el compromiso político de aquellos refugiados, sino también el respeto, solidaridad y cortesía que mostraron con ella durante el tiempo que estuvo escondida. Valores muy presentes en las culturas obreras de los años 30 23: Nunca, ninguno de ellos intentó abusar de mi situación de fugitiva. Me escondieron y compartieron conmigo la escasa comida […]. Nunca, ninguno de ellos intentó forzar la puerta del vagón adonde me retiraba cuando caía la noche, ni aprovecharse de la oscuridad que reinaba 24. En esta misma línea, el texto de Rosalía Sender también abre un paréntesis para homenajear a los hombres al inicio de sus memorias. En este caso sus palabras van para las Brigadas Internacionales 25. Así, la alusión a la valentía, compromiso y condiciones de vida de los hombres en el exilio se manifestaría como un subterfugio para poder seguir con la narración de sus experiencias propias. Ello se hace más evidente cuando al contar el pésimo estado de sus espacios de habitabilidad durante los primeros años de exilio en Francia siente la constante necesidad de mencionar que “ellos estaban peor”: A los hombres los aparcaron sin más en las playas catalanas francesas, y los pobres, con mantas y palos, se fabricaron tiendas de fortuna para luchar contra el frío. Eran prisioneros vigilados y muchos murieron de frío y de enfermedades tras haberse salvado de las balas fascistas. […] A pesar de nuestra situación 22. DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., p. 60. 23. ARESTI, Nerea: Médicos, Donjuanes y Mujeres Modernas. Los ideales de masculinidad y feminidad en el primer tercio del siglo XX. Bilbao, Universidad de País Vasco, 2001, pp. 227-235. 24. Ibid., p. 60. 25. SENDER, Rosalía: Nos quitaron…, op. cit., p. 20. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 382 cada una hasta llegar a Francia. “Me contaba todas sus penas (que eran muchas)”, escribe Francisca al recordar a una andaluza cinco o seis años mayor que ella 49. Esto nos permite observar el interés de las escritoras por nombrar a otras mujeres que corrieron la misma suerte, por reconocerse dentro de una experiencia claramente colectiva y por construir así una memoria común. Y nos muestra cómo a pesar de sus diferencias culturales, generacionales, políticas y sociales, las vivencias que, como mujeres, tuvieron de la guerra y el exilio, fueron el vector de unión entre todas ellas 50. El exilio propició estos encuentros y ellos son, como ponen de relieve las memorias, parte constitutiva de la subjetividad de la exiliada 51, lo que podría poner en cuestión el estado constante de rivalidad partidista e ideológica que tradicionalmente ha caracterizado a la narrativa sobre el exilio. Las identidades femeninas que emergen de estos recuerdos son múltiples, pero destacan la de la mujer superviviente, politizada, trasgresora y cuidadora. Perfiles complementarios que reflejan las distintas formas de ser mujer en el exilio, así como el papel activo que nuestras protagonistas quisieron conferirles a las mujeres en su relato. Si ellas, al escribir, entraban a formar parte de la memoria colectiva del destierro republicano, no lo harían solas 52. 4.— Unas hacían media, otras cosían. El trabajo femenino: entre la supervivencia y la satisfacción El trabajo de las mujeres en el exilio fue fundamental para garantizar la supervivencia propia y del grupo familiar. Durante los meses de internamiento en campos y refugios se encargaron de satisfacer las necesidades más básicas del colectivo de refugiados. Además, no dudaron en buscar un trabajo remunerado para que su salario se tradujera en una mejora material, dejar de estar bajo la tutela del Estado francés, salir de los campos y ser, en definitiva, algo más dueñas de 49. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 36. 50. Pilar DOMÍNGUEZ subraya que a pesar de las diferentes trayectorias de las mujeres exiliadas, esta nueva experiencia del exilio les “dará un marco de referencia común que en España no tenían” (“Ellas nos cuentan…”, op. cit., p. 178). 51. Véase por ejemplo, MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 52-56; DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., pp. 109 y 65-68; OLIVA, Remedios: Éxodo…, op. cit., p. 97. 52. “Se dice a menudo que las mujeres tienen ‘dificultad’ para contar la propia vida en primera persona, remitiendo este hecho a la escasa individualización de sus prácticas. No obstante al hablar sobre los otros están hablado de su propia vida, no solo como reflejo de su propia situación estructural sino porque a través de ello es como nos hablan de su papel en la historia colectiva. Y tienen que contar su propia vida en relación a otras porque lo realizado no se puede valorar nunca en términos individuales, mucho menos en el caso de las mujeres cuya existencia se halla mucho menos individualizada que la masculina” (BORDERÍAS, Cristina: “Subjetividad…”, op. cit., p. 195). LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 383 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 su porvenir 53. Ambos trabajos (formal e informal) tienen un peso similar en las memorias trabajadas y, la mayoría de las veces, la línea de separación entre ellos es muy fina. El tipo de trabajo desempeñado en uno y otro caso es a menudo el mismo, y además, el trabajo asalariado no parece ser —a priori— sinónimo de una suerte de emancipación femenina sino fruto de la mera necesidad de sobrevivir. 54 La relación de las mujeres y el trabajo en el contexto del exilio francés fue, cuanto menos, difícil. Para desempeñar las labores consideradas históricamente como “propias” de su sexo —más necesarias que nunca en aquel contexto— apenas tuvieron mecanismos ni margen de actuación en aquellos espacios de reclusión: escasa comida para administrar, espacios comunes sin intimidad, insuficiente indumentaria, falta de medicamentos y una miseria emocional que acompañó siempre de cerca a la material. A ello se unía que las perspectivas de conseguir un trabajo remunerado no fueron mucho mejores. A ojos del Estado francés las mujeres fueron, en mayor medida que los hombres, “extranjeros indigentes”, pues como ha explicado Maëlle Maugendre, la mano de obra femenina fue mucho menos requerida que la masculina, por ser mujeres y por tener, en la mayoría de los casos, a familiares —hijos pequeños normalmente— a su cargo. Esto las convertía en “bocas inútiles” dependientes del Estado francés quien, atendiendo a la lógica patriarcal y androcéntrica, las mantuvo internadas en los campos a la espera de que un varón de la familia hubiera conseguido un trabajo y las “reclamara” 55. Si bien tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial las mujeres extranjeras y, particularmente, las refugiadas españolas, comenzaron a ser contratadas en la industria y la agricultura 56, siguieron siendo muchas las dependientes de la Administración francesa, primero, y del varón, después. Esto hizo que las viudas, solteras o aquellas cuyo marido se encontraba en España, corrieran el peligro de ser repatriadas o se vieran obligadas a tomar esta opción 57. Ello las llevó a pedir encarecidamente un 53. Sobre el trabajo femenino en el exilio véase: MAUGENDRE, Maëlle: Les réfugiées…, op. cit., pp. 455-518; Para el caso de México: DOMÍNGUEZ, Pilar: De ciudadanas…, op. cit., pp. 131-168. 54. Sobre la importancia de problematizar el trabajo femenino desde una perspectiva de género, véase BORDERÍAS, Cristina; CARRASCO, Cristina y ALEMANY, Carme: Las mujeres y el trabajo. Rupturas conceptuales. Barcelona, Icaria, 1994. Sobre la relación entre las españolas —exiliadas y emigrantes— en Francia (1939-1975) y el trabajo formal e informal, véase: NEGRETE, Rocío: “No tenía pretensiones, solo quería trabajar. Españolas en Francia, servicio doméstico y empleo informal (1939-1975)”. Cahiers de civilisation espagnole contemporaine, 21 (2008). 55. La autora habla de la “paradoja del internamiento de indigentes” (MAUGENDRE, Maëlle: Les réfugiées…, op. cit., pp. 299-301, cit. p. 300). 56. Y solo una vez que fueron empleados los hombres y mujeres nacionales, y los hombres extranjeros. 57. MAUGENDRE, Maëlle: Les réfugiées…, op. cit., pp. 484-490. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 384 empleo remunerado a los organismos de ayuda y a enfatizar a través de la correspondencia con ellos su perfil de “mujeres trabajadoras” 58. Una vez que consiguieron ser empleadas, los trabajos se caracterizaron por la precariedad, el abuso —económico y no pocas veces sexual 59— y la inestabilidad. Cuando pasaron los años más difíciles, cuando los exiliados/as tenían ya sus hogares y fueron perdiendo la esperanza de volver a España pronto, no pocas mujeres siguieron desempeñando un trabajo remunerado a la vez que se dedicaban al trabajo familiar 60. De ahí el peso del trabajo femenino en los relatos analizados. La identidad de mujer trabajadora, valiente y resolutiva, tanto para autorepresentarse como para representar a las demás, es transversal a las cuatro memorias. Francisca Muñoz pasó el invierno de 1940 en el campo de concentración de Pont la Dame, en los Altos Alpes. Hacía frío y no había estufas, ni “existía más combustible que la leña para la cocina sobre la cual velaban los cocineros” 61. Ello hizo que un grupo de mujeres, entre las que se encontraba su madre y ella, pidieran permiso para ir al monte a coger leña. Aquellas mujeres, de distintas edades y constitución física, cargaron con varios kilos de leña por “senderos escarpados” durante horas; imagen que Francisca conservó en la retina, y con un sentimiento de admiración y agradecimiento, plasmó en sus memorias: ¿Cómo conseguía la endeble Catalina andar tan garbosa con semejante carga en la cabeza? ¿Y mi madre, y María con aquellos brazos tan tremendos? Vicenta y Pilar, con otros más modestos, charlaban y bromeaban en la zaga. Anita peleaba con su carga cuyas ramas pugnaban por desbandarse. Yo, no sabiendo ya de qué modo llevar la mía, llegué con ella sobre los arañados antebrazos. […] y, desde entonces, como los hombres primitivos, organizamos la vida de la comunidad alrededor del fuego 62. La fascinación con la que nos presenta a las mujeres denota su interés por convertirlas en garantes de la supervivencia colectiva. Una imagen de mujeres fuertes, capaces de asumir las tareas tradicionalmente masculinas. Una representa58. Véanse, por ejemplo: Archives Nationales. 20010221/4. Carpeta 167 Aveyron. Carta de Pilar Palmer, 2-3-1940; Carpeta 147 Yonne. Carta de María Sanz, 25-3-40; Carpeta 164 Aisne. Carta de Nadia Delaval, 7-11-39. 59. Sobre los abusos sexuales, véase: MAUGENDRE, Maëlle: Les réfugiées…, op. cit., pp. 500-501 y MARTÍNEZ, Alba: “El otro exilio: memorias y vida cotidiana de las mujeres en el destierro republicano en Francia”. Kamchatka, 8 (2016), 61-91, p. 70. 60. Para el caso de México, véase: DOMÍNGUEZ, Pilar: De ciudadanas…, op. cit., pp. 131168. Puesto que las condiciones de vida que tuvieron los exiliados/as en México fueron mejores que las que tuvieron en Francia, pensamos que este fenómeno se dio, quizás, en mayor medida en este último país. 61. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 91. 62. Ibid., p. 92. Una evocación muy similar la encontramos en DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., p. 104. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 385 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ción de las mujeres refugiadas alejada del estereotipo de “mujer débil”, “víctima” y “dependiente” que circulaba en los imaginarios de muchos franceses y hombres españoles 63. Además del calor, había que administrar la ropa usada que les llegaba (“unas hacían media, otras cosían —o descosían—, mi madre recortaba piezas y preparaba pruebas, otras hilvanaban…” 64) y la escasa comida de que disponían. En definitiva, hacer del campo un “hogar”: Las mujeres del campo hacían, por turnos, tareas de pinche para la cocina, por ejemplo, pelar patatas. […] De ese modo, aquella noche cenamos patatas asadas, calentitas, mantecosas…a voluntad. Con tan grato motivo, se tomó, unánimemente, la decisión de constituir una pequeña reserva para los días difíciles. Nos dedicaríamos a pelar patatas aunque no fuese nuestro turno, pero no con frecuencia excesiva: más valía no despertar sospechas en los señores Pavo [los cocineros], que no eran más tontos que otros cualquiera. El detalle con el que Francisca habla de las tareas cotidianas de las mujeres en el campo nos hace pensar que aquellas labores, que quizás hubieran pasado desapercibidas en cualquier otro contexto, allí adquirieron la propiedad de una verdadera hazaña. La necesidad de recrear un contexto lo más parecido posible a un hogar, íntimo, caliente, donde las necesidades más básicas fueran satisfechas, debió ser constante entre todas aquellas mujeres. La visibilización y exaltación de este tipo de tareas nos ayuda a comprender la “pluriformidad de conocimientos, capacidades y cualificaciones desarrolladas por el trabajo doméstico”, su papel central en el “funcionamiento de los estados de bienestar” y su contribución en los contextos bélicos o postbélicos. Como ha señalado Cristina Borderías, “frente a la irracionalidad [que tradicionalmente ha caracterizado al trabajo doméstico o familiar, se evidencia] la existencia de una racionalidad, una lógica y una cultura del trabajo fundamentada en valores distintos a los que prevalecen en el mercado: la atención a las necesidades por encima de las lógicas productivistas” 65. La consecución de un trabajo remunerado llegó a garantizar la libertad de las mujeres que se encontraban internadas en refugios y campos. De ahí su obsesión por conseguir uno, y por proyectar en sus memorias el perfil de “mujer trabajadora” que aquel contexto las obligó a desarrollar y potenciar. En este sentido, Remedios Oliva recuerda la envidia que sentía cuando, estando internada en el campo de Saint Cyprien, veía a algunos salir con sus maletas, felices, por haber conseguido un contrato de trabajo. Desde entonces supo que esa podía ser la solución a sus 63. MAUGENDRE, Maëlle: Les réfugiées…, op. cit., pp. 57-61. 64. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 93. 65. Todas las citas de este párrafo en BORDERÍAS, Cristina: “Repensar el trabajo de las mujeres”, en internet, sin paginar. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 386 problemas y desarrolló ingenio, estrategias y actitud para poder conseguir uno lo antes posible: Cada mañana, mujeres y niños acompañados por un gendarme iban a buscar leche en un pueblo cercano. Cuando lo supe, me pareció que nuestra situación iba a resolverse: yo podría hablar con la gente del pueblo, proponerles coser ropa o remendar; no tenía pretensiones, sólo quería trabajar... 66 En este extracto observamos la contradicción de Remedios al hablar del trabajo remunerado femenino. Por un lado muestra la audacia de aprovechar su salida del campo para vender su mano de obra, pero rápidamente la matiza (“no tenía pretensiones”) al recalcar que era una cuestión de mera necesidad. Ella, como casi todas las mujeres de su época, había interiorizado que las pretensiones, las ambiciones… no eran propias de las mujeres y, si bien en la práctica podían saltarse el discurso de género hegemónico, en la teoría había que justificar tal alteración. Como señala Ronald Fraser, “cada individuo busca representarse como un ser coherente precisamente porque no ha podido serlo” 67, es decir, la narración debe de tener una correlación con los estereotipos y los imaginarios propios y colectivos del momento en que se rememora: de un lado la mujer inteligente, estratega y capaz, más propia del imaginario del siglo XXI, momento en que Remedios escribió sus memorias, y de otro, la mujer humilde y, ante todo, sacrificada por su familia, más acorde a la identidad femenina hegemónica de los años 40 del siglo pasado. 68 Esto nos muestra que los sujetos no son estables y no prexisten a su invocación, sino que se construyen en el momento de reflexionar sobre la experiencia pasada. Tras la salida de los campos muchas mujeres españolas “tuvieron” que seguir trabajando por un salario, además de mantener las labores domésticas y familiares. El nivel de vida de las familias de refugiados españoles en la Francia de posguerra era muy humilde, rozando a veces la pobreza 69. Así, las memorias trabajadas plantean el empleo femenino de estos años como algo de lo que sacaba beneficio 66. OLIVA, Remedios: Éxodo…, op. cit., p. 50. 67. FRASER, Ronald: “Historia oral, historia social”. Historia social, 17 (1993), 131-139, cit. en p. 133. 68. ARESTI, Nerea: “Ideales y expectativas: la evolución de las relaciones de género en el primer tercio del siglo XX”. Gerónimo de Uztariz, 21 (2005), pp. 67-80; Mercedes Yusta analiza cómo las mujeres exiliadas de la Unión de Mujeres Españolas en Francia potenciaron una identidad femenina antifranquista basada en atributos históricamente femeninos como la maternidad y el pacifismo (YUSTA, Mercedes: “Identidades múltiples del exilio femenino: la unión de mujeres españolas en Francia”. LLOMBART, María (ed.): Identidades de España en Francia. Granada, Comares (2012), 91-113) 69. La serie “expedientes de damnificados” del fondo de Solidaridad Democrática Española, depositado en el Archivo de la Fundación Francisco Largo Caballero, es muy elocuente al respecto. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 387 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 toda la familia, no solo las propias mujeres 70: “¡Qué hubiese sido de nosotros sin el trabajo de mi madre!”, escribe Francisca Muñoz. La admiración que le profesa está presente a lo largo de todo su testimonio: Apenas instalados, mi madre buscó empleo y lo encontró rápidamente. Muchos talleres de la ciudad trabajaban para el ejército y necesitaban obreras para la confección de uniformes. Yo la había acompañado. —Avez-vous travaillé dans la confection? Me extrañó mucho oír una respuesta afirmativa. —Alor, je suppose que vous savez piquer sur une machine électrique, comme celle-là? Sin dudar un momento, mi madre asintió. Pensé que no había entendido bien. —Dice que si sabes coser en una máquina eléctrica de esas grandes. —Ya lo sé. —¡Pero has dicho que sí y no es verdad! —¡Tú te callas! Mi madre tenía razón. No se cómo lo hizo, pero sabía. La prueba es que poco tiempo después nos anunció que había batido el récord de rendimiento en el taller 71. Los recuerdos de Francisca evidencian una clara inversión de roles entre sus padres. Tras ser separadas del padre, su madre actuó de cabeza de familia y su salario fue el que se mantuvo casi de manera permanente ante las dificultades que el padre tuvo en sus diferentes trabajos (“mi madre iba a ganar, durante largos años, la subsistencia de la familia” 72). Así, el sujeto activo por excelencia fue su madre y no su padre, lo que la erige como un referente a imitar por su hija, quien también terminó ejerciendo de modista. Una elección, a ojos del lector, coherente y acorde a la admiración y el orgullo que siente por ella, pero que, sin embargo, se encarga de matizar desde el presente cuando escribe: “No era exactamente a lo que hubiese soñado dedicarme pero admití que otras habían tenido menos suerte. Algunas familias refugiadas se vieron en la obligación de poner a servir a sus hijas” 73. Recordemos que Francisca Muñoz escribe estas memorias en un contexto y para un público académico e intelectual en los años setenta, momento álgido del movimiento feminista en Francia. Las identidades femeninas trasgresoras que circulaban y se veneraban estaban relacionadas con otros tipos de trabajo, no con aquellos que históricamente habían estado vinculados a las mujeres, como la costura. Su rechazo implícito bien puede encontrar una explicación en este escenario. Al fin y al cabo, son estas pequeñas matizaciones las que nos muestran las 70. DOMÍNGUEZ, Pilar: De ciudadanas…, op. cit., p. 144. 71. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 118. 72. Ibid., p. 124. 73. Ibid., p. 133. La cursiva es nuestra. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 388 ambivalencias de los “lineales” ejercicios retrospectivos y, en definitiva, el cambio sustancial que sufren las identidades de género con el paso del tiempo. Así, entre el trabajo familiar y el trabajo asalariado se desarrolló gran parte del itinerario vital de las mujeres en el exilio. Para muchas esto cambió significativamente sus vidas, ya que buena parte de ellas no había desempeñado antes empleos remunerados. ¿Fue por ello el exilio un contexto favorable a la emancipación femenina?, ¿la necesidad inicial de sobrevivir que motivó el desempeño de trabajos asalariados se tradujo años después en autonomía y liberación femenina? Si bien no podemos contestar de forma inequívoca, los estudios sobre el doble trabajo de las mujeres han constatado que esa gestión de exigencias, esferas, valores y lógicas contrapuestas entre lo profesional y lo familiar, “da lugar al malestar de la emancipación y provoca una relación de ambivalencia/ambigüedad en la construcción identitaria de las mujeres” 74. Pensamos que los recuerdos de Rosalía Sender son un buen ejemplo de ello. “Malestar” que años después, y siguiendo la lógica de la narración coherente, la habría llevado a consagrar parte de su vida a la causa feminista en España: Encontré cerca de casa un trabajo de contable en una auditoría, lo que me permitía ocuparme de mi nene, llevarlo a la guardería, salir zumbando a la oficina, volverlo a recuperar, darle de comer, volverlo a llevar, regresar a la oficina para volver otra vez a por él corriendo al final de la tarde. […] Me sentía agotada. Además de la jornada de oficina, estaban los niños, las compras diarias que la falta de nevera exigían, la limpieza de la casa, las comidas, la colada, la plancha. Por si fuera poco, me encargaron un trabajo para el Partido 75. 5.— Que llegan los gendarmes. Relaciones de poder: resistencias y conciencia de refugiada política El paso de la situación de ciudadanos a la de parias fue manifiesto en Le Perthus, cuando surgieron los primeros uniformes extranjeros aullando órdenes en un francés que no era exactamente el de mis libros. Avancez, allez, allez, hop! […] 76 El paso fronterizo de Le Perthus fue atravesado por miles de refugiadas y refugiados españoles entre enero y marzo de 1939. El recuerdo del penoso y caótico cruce y aquellas primeras palabras que escucharon en idioma extranjero (allez, 74. BORDERÍAS, Cristina: “Repensar el trabajo de las mujeres”. Consultado en internet, sin publicar y sin paginar. 75. SENDER, Rosalía: Nos quitaron…, op. cit., pp. 66-67. 76. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 19. LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 389 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 allez!), constituye uno de esos “enclaves” sobre los que se ha construido la memoria del exilio. Una evocación recurrente que de una forma u otra está presente en la inmensa mayoría de los testimonios recuperados 77. Nuestras protagonistas también recurren a este enclave para construir sus relatos y con ello evidencian el nacimiento de unas nuevas relaciones de poder que marcaron el resto de sus vidas y de sus recuerdos. “Todo poder implica una estrategia de lucha” escribió Michel Foucault a finales de los años 80 78. Y efectivamente las mujeres lucharon de muy distintas formas para alterar en algún grado las condiciones de vida que les habían impuesto: reclusión en campos de concentración y refugios, falta de alimentos e higiene, separación de los seres queridos, y un férreo control social materializado en constantes trámites burocráticos. El sentimiento de pérdida de dignidad está muy presente en las memorias estudiadas: “Nos daba la impresión de ser clasificados como los corderos de un rebaño: machos, hembras y crías” 79, recuerda Remedios; “no estábamos en nuestra tierra, en todas partes éramos refugiados, unos parias” 80, reflexiona Rosalía. Ante esta vejación constante, había que buscar fórmulas para sobrevivir emocionalmente, rebelarse y reafirmar su dignidad. Se podía resistir con gestos sutiles, como el que nos relata Francisca: Viniendo del exterior, las muestras de amistad eran poco frecuentes y el saludo al tren llegó a ser la principal distracción de cada día. Al primer silbido, todos los críos del campo —y también los mayores— estábamos frente a la vía, puño levantado, mientras una fila de cabezas curiosas salía por las ventanillas. Los gendarmes se enfadaron. —Arrêtez! C’est interdit! —Il est interdit de saluer? — preguntó Anita con tono cándido. —Il est interdit de lever le poing!!! — contestó furioso el gendarme. ¡Cómo íbamos a darnos por vencidos! Anita pasó la consigna; a la mañana siguiente, corrimos a las alambradas y al paso del tren agarramos la fila de alambre que se encontraba por encima de nuestra cabeza. El efecto era el mismo pero los gendarmes no pudieron decir nada. Como no estaba prohibido apoyarse en el cercado… 81 77. LLONA, Miren: “Historia oral…, op. cit., p. 50; RODRÍGUEZ, Sofía, Memorias de Los Nadie. Una historia oral del campo andaluz (1914-1959). Sevilla, Centro de Estudios Andaluces, 2015, p. 324. 78. FOUCAULT, Michel: “El sujeto y el poder”. Revista Mexicana de Sociología, 50-3 (1988), 3-20, p. 19. 79. OLIVA, Remedios: Éxodo…, op. cit., p. 77. 80. SENDER, Rosalía: Nos quitaron…, op. cit., p. 22. 81. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., pp. 76-77. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 390 También tuvieron lugar actos de rebeldía y contestación más directa, como los intentos de evasión que protagonizó Ana Delso 82 o la protesta colectiva a la que Francisca dedica un capítulo entero de sus memorias. En él se evidencia la manera en que las mujeres hicieron uso de sus propias condiciones de opresión 83, en este caso las de género, para enfrentarse a los gendarmes que habían maltratado y detenido a un joven refugiado del campo. Decidieron manifestarse todas frente a la gendarmería a pesar de que estaban siendo apuntadas con fusiles porque “la vida de un refugiado no tenía mucho valor, pero abrir fuego sobre un grupo de mujeres, niños y ancianos era poco glorioso y habría podido causarles problemas” 84. Revueltas de estas características son frecuentes entre los informes que generaron los organismos de ayuda a los refugiados acerca del estado de los campos y refugios de civiles 85. Las mujeres crearon una “subcultura de la resistencia” que no fue sino “producto de la solidaridad entre subordinados” 86, que las hizo trascender de la condición de “acompañantes de” y de la imagen de apatía que se proyectó de ellas a la de “sujetos políticos” 87. Estas resistencias y las relaciones de poder tan fuertes que se dieron en los espacios de reclusión pudieron constituir el inicio de la construcción de la identidad de “refugiada política” que, si bien en un principio fue sinónimo de “parias”, llegó a resignificarse entre los propios exiliados como sinónimo de orgullo y reivindicación política, como demuestran, al escribir, nuestras cuatro protagonistas. El recuerdo de las relaciones de poder también es evocado al señalar el control burocrático que sufrieron durante décadas. Hasta 1945, fecha en que la mayoría de los refugiados fueron reconocidos oficialmente como tales, sus vidas transitaron en una inestabilidad legal que los hacía constantemente dependientes de la Administración francesa 88. “Los gendarmes venían a menudo a ver si teníamos los carnés. 82. DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., p. 57. 83. MURILLO, Irene, “Dignidad…”, op. cit., p. 170. Precisamente, Cristina BORDERÍAS ha subrayado la gran utilidad de la biografía como método “de exploración de las formas en que las mujeres, dentro de contextos y constricciones específicas, se apropian de sus condiciones de existencia y crean, a partir de ellas, nuevas posibilidades y estrategias de cambio” (BORDERÍAS, Cristina: “Subjetividad…, op. cit., p. 181). 84. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., pp. 80-81. La cursiva es nuestra. 85. Por ejemplo, AN. 20010221/4. Carpeta 384 Isere. Informe sobre el campo de refugiados españoles de Grenoble, 20-03-1939. 86. SCOTT, James C.: Los dominados y el arte de la resistencia. México D. F., Txalaparta, 2003, pp. 174-175. 87. MURILLO, Irene: En defensa de mi hogar y de mi pan. Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 2013, p. 165. 88. Sobre esta inestabilidad legal, DÁVILA, Claudia: “El tratamiento jurídico-administrativo a los refugiados de la guerra civil española en Francia y México: un estudio comparativo”, Secuencia, 69 (2007), pp. 115-136; ANGOUSTURES, Aline: “L’exil espagnol et le statu de réfugié”, Actas del coloquio Les réfugiés en France et en Europe. Quarante ans d’application de la Convention de Genève, 1952-1992. Paris, Office Français de Protection des Réfugies et Apatrides, 1994, pp. 187- LAS MUJERES RECUERDAN. GÉNERO Y MEMORIA DEL EXILIO REPUBLICANO... 391 ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 Verles era una pesadilla. Una vez, dijeron que si no teníamos la documentación al otro día, a las nueve, nos llevarían en el acto a un campo” 89, recuerda con temor Remedios. Similar evocación proyecta Francisca, para la que aquel control era sinónimo de humillación: “Papiers! Era la palabra fatídica, la que le hacía a uno sentirse como si hubiese cometido un delito” 90. Además, los procesos de categorización e identificación no fueron iguales para hombres y para mujeres. El género fue un elemento constitutivo de esa nueva identidad legal. Las mujeres casadas tuvieron menos problemas administrativos. Así, su relación con el varón fue la vinculante desde el punto de vista legal, no sus propias trayectorias laborales y políticas 91. Ana Delso rememora las dificultades de las mujeres solteras durante los años de guerra para adquirir ayudas y ser reconocidas legamente como refugiadas, lo que las llevó a burlar las normas para encajar en los cánones sociales establecidos: Para las mujeres la vida no va a ser tampoco fácil. Se nos concede a cada una una asignación militar diaria de siete francos, suma apenas para mal comer durante los primeros quince días del mes. Para poder obtener la asignación, no obstante, es preciso estar casada. Por lo tanto, se improvisan las parejas, a lo que se prestan los hombres de buena gana. […] De un día para otro, todas somos señoras casadas. […] ¡De qué forma nos impone la sociedad sus normas y obliga a la gente al disimulo para poder sobrevivir! ¡Representamos con éxito la comedia del azar para honra de las instituciones y de las normas de la moral hipócrita! 92 Su recuerdo plantea una problemática nueva en la memoria del exilio, y es el peso que los criterios de género tuvieron en el devenir administrativo, legal y social de las mujeres refugiadas, especialmente de aquellas susceptibles de alterar, con sus formas de vida, el orden social establecido. De nuevo Ana expone de manera 207; PIGENET, Phryné, “Papiers! les forces de l’ordre et les réfugiés espagnols (1939-1945)”. En BLANC-CHALÉARD, Marie-Claude (dir.): Police et migrants: France 1667-1939. Presses universitaires de Rennes, Rennes, 2001. Disponible en Internet: http://books.openedition.org/pur/21052. 89. OLIVA, Remedios: Éxodo…, op. cit., p. 133. 90. MUÑOZ, Francisca: Memorias…, op. cit., p. 123. 91. Me remito a: MARTÍNEZ, Alba: “Pour quelles raisons avez vous quitté l’Espagne? De represaliadas a refugiadas políticas en la Francia de los años 40 y 50”. Historia Contemporánea, 59 (2019), 277-314. Sobre las dificultades para conseguir el estatuto de refugiada en el siglo XIX y en la actualidad, véase: DIAZ, Delphine: “Femmes en exil, femmes réfugiées dans la France du premier XIX siécle. Vers la difficile reconnaissance d’un statut”. En BEAUPRÉ, Nicolas y RANCE, Karine (dirs.): Arrachés et Déplacés. Réfugiés politiques, prisonniers de guerre et déportés, 1789-1918. Presses Universitaires Blaise Pascal, 2016, pp. 47-62; FREEDMAN, Jane, “Genre et migration forcée: les femmes exilées en Europe”. Les cahiers du CEDREF, 16, 2008. Disponible en Internet: http://cedref.revues.org/584. 92. DELSO, Ana: Trescientos…, op. cit., pp. 101-102. ARENAL, 26:2; julio-diciembre 2019, 367-398 ALBA MARTÍNEZ MARTÍNEZ 398 PASSERINI, Luisa: Memoria y utopía: la primacía de la intersubjetividad. Valencia, Universidad de Valencia, 2006. SCOTT, Joan W.: “El eco de la fantasía: la historia y la construcción de la identidad”. Ayer, 62, 2006. SENDER, Rosalía: Nos quitaron la miel. Memorias de una luchadora antifranquista. Valencia, Universidad de Valencia, 2004. SIMÓN, Paula: Por los caminos de la palabra. Exilio Republicano español y campos de concentración franceses: una historia del testimonio. Tesis doctoral, Universidad Autónoma de Barcelona, 2011. TAVERA, Susana: “La memoria de las vencidas: política, género y exilio en la experiencia republicana”. 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