La crisis de 1898 en la medicina. Presentación
Abstract
Este número monográfico de Dynamis recoge las ponencias presentadas a las Jornadas que, con el título «La crisis de 1898 y la medicina., se celebraron en Sevilla los días 19 y 20 de diciembre de 1997. La reunión fue convocada por la Unidad docente de Historia de la Medicina del Departamento de Ciencias Socio-Sanitarias de la Universidad ~ i s ~ a l e nys efu eron financiadas por el Ministerio de Educación y Ciencia (Dirección General de Investigación Científica y Técnica) y por el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y Extensión Cultural de la mencionada Universidad.
Full text
La crisis de 1898 en la medicina. Presentación JUAN L. CARRILLO (*) Este número monográfico de Dynamis recoge las ponencias presentadas a las Jornadas que, con el título «La crisis de 1898 y la medicina., se celebraron en Sevilla los días 19 y 20 de diciembre de 1997. La reunión fue convocada por la Unidad docente de Historia de la Medicina del Departamento de Ciencias Socio-Sanitarias de la Universidad ~is~alense y fueron financiadas por el Ministerio de Educación y Ciencia (Dirección General de Investigación Científica y Técnica) y por el Vicerrectorado de Relaciones Institucionales y Extensión Cultural de la mencionada Universidad. La idea de dedicar el volumen 18 (1998) de la revista Dynamis a un monográfico destinado a explorar las relaciones entre la crisis del 98 y la medicina surgió en 1994 en el marco de una línea editorial de dicha revista y dos años más tarde, en enero de 1997, el Consejo Editorial sugirió la idea de vincular los volúmenes monográficos previstos para los próximos años, a la celebración de reuniones específicas que proporcionaran un ámbito previo de reflexión y debate. Dado que se me había encargado la preparación de aquel monográfico, asumí igualmente la responsabilidad de organizar unas Jornadas a celebrar a finales de 1997. Ni las Jornadas ni la publicación resultante de las mismas pretenden explorar todos los campos posibles de la relación 1898/Medicina. Partiendo de una realidad, la de un conjunto (de historiadores de la medicina cuya actividad investigadora ha estado centrada en la medici- (*) Catedrático de Historia de la Ciencia. Unidad docente de Historia de la Medicina. Departamento de Ciencias Socio-Sanitarias de la Universidad de Sevilla. Avda. Sánchez, Pizjuán, s/n. 41009 Sevilla. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1998, 18, 21-23.
22 JUAN L. CARRILLO na española del tránsito de los siglos XIX al XX, se diseñaron cuatro grandes áreas temáticas y que constituyeron el contenido de las Jornadas (Regeneracionismo y ciudad; Regeneracionismo e instrucción sanitaria; Regeneracionismo y nuevas instituciones; y Regeneracionismo e ideología), cada una de ellas estructuradas por dos o tres ponencias previamente encargadas y por diversas comunicaciones. Por otra parte utilizamos 1898 como un elemento de referencia porque es sabido que una crisis tan compleja y plural como la vivida en aquel año tuvo unos orígenes que se remontan al menos a toda la década anterior. Parece existir un cierto grado de consenso en reración con lo que significó el «desastre. de 1898. Hoy nadie piensa que fuera el punto de arranque de un proceso de toma de conciencia sobre la situación política, económica, cultural o científica del país, sino más bien todo lo contrario. Cierto que la derrota militar en Cuba y la pérdida de la colonia fue ala gota que colmó1e-k vaso», pero se trataba de un vaso repleto cuando tales acontecimientos ocurrieron. Las protestas y la reflexión crítica habían comenzado una década antes, en forma de un ambigüo e incluso contradictorio movimiento regeneracionista y que por sus propias características era de dificil articulación política. La necesidad de «regenerar» el país y subsiguientemente las propuestas «regeneradoras» tuvieron como punto de partida la extensión de un cierto grado de pesimismo antropológico y social. En cierto modo ello fue un préstamo desde el campo de la biología y la medicina al terreno de la organización social: ésta se comportaría como un organismo vivo y al igual que aquellos podía «degenerar». El cuestionable «degeneracionismo» tuvo unas amplias implicaciones políticas y culturales y la regeneración se instaló como un elemento sustantivo de la mentalidad colectiva y en tal sentido es cuando el problema adquiere, por su complejidad y diversidad, unas dimensiones considerables. Y es que cada cual entendió tanto las causas de la «degeneración» social, como las vías de «regeneración» de forma plural y en ese momento la palabra «regeneración» adquiere una condición casi mágica con fácil acomodo de su uso. Todo podía degenerar: la política, la economía, la cultura, la escuela, la administración, las ciudades, los valores estéticos o religiosos, etc. Y todo debía regenerarse. Pero la pluralidad de las respuestas, a veces DYNAMZS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1998, 18, 21-23.
La crisis de 1898 en la medicina. Presentación 2 3 tan contradictorias, complicaban las soluciones. Sectores sociales pensaron que la situación era debida a «un castigo divino» por la pérdida de la unidad de los católicos; para otros la carencia de una ciencia con la que dar respuesta a los problemas. La enfermedad y la muerte fueron considerados por muchos como la causa de la degeneración; para otros los bajos niveles de consumo. La precaria revolución industrial o todo lo contrario, la «fiebre del industrialismo». Consecuentemente con el diagnóstico etiológico, las soluciones: ciudades saludables que facilitaran la regeneración del hombre y espacios urbanos atractivos para esa burguesía ociosa y adinerada; extensión de la higiene, en tanto que Corpus doctrinal regenerador, a todos los niveles y ámbitos del sistema educativo; creación de nuevas instituciones desde la que se pretende aportar soluciones a <<los males del país» y ser al mismo tiempo los nuevos «buques insignias» de la sociedad española. A la hora de analizar este complejo mundo español del tránsito del XIX al XX tal vez no debiera omitirse el penetrar en el campo de lo intencional separando claramente, en la medida que las fuentes lo permitan, lo aparente (justificaciones, argumentos) de lo real (las intenciones por las cuales luchan, con más o menos legitimidad, las personas o grupos humanos). Olvidarse de este campo es, con intención o sin ella, mutilar la compleja realidad histórica. DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 1998, 18, 21-23.