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Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma : control y conquista del nordeste peninsular durante el período tardorepublicano

Ble Gimeno, Eduard

Abstract

Jornadas de Jóvenes en Investigación Arqueológica, JIA (3as : 5-7 de mayo 2010 : Universitat Autònoma de Barcelona). Sesión 3. Indicios arqueológicos de la vertebración del territorio y su poblamiento desde época ibérica hasta la Tardoantigüedad en la Península Ibérica.

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227 Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Rebut: 1 septembre 2010; Acceptat: 1 decembre 2010 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma: control y conquista del nordeste peninsular durante el período tardorepublicano Eduard Ble Gimeno Grup de Recerca d’Arqueologia Clàssica, Protohistòrica i Egípcia (GRACPE) Universitat de Barcelona (UB) [email protected] RESUMEN Con este trabajo pretendemos profundizar en el papel que jugó la artillería romana en los procesos de conquista y control del nordeste de la Península Ibérica durante el período tardorepublicano (218-45 a.C.). Para ello analizamos las evidencias arqueológicas más abundantes: los proyectiles. El estudio se centra en la datación y la contextualización histórica, con el fin de establecer su función y evolución. Palabras clave: Ejército romano, artillería antigua, pila catapultaria, lithoboloi. ABSTRACT With this paper we pretend to explain the role played by the Roman artillery in the processes of conquest and control of the northeastern area of the Iberian Peninsula during the Late Republican period (218 - 45 BC). For that reason, we analyze the most abundant archaeological evidences: the projectiles. The study puts dating and historical contextualisation into focus in order to establish their function and evolution Keywords: Roman army, ancient artillery, pila catapultaria, lithoboloi. RESUM Amb aquest treball pretenem aprofundir en el paper que va jugar l’artilleria romana en els processos de conquesta i control del nord-est de la Península Ibèrica durant el període tardorepublicà (218-45 aC). Per a això analitzem les evidències arqueològiques més abundants: els projectils. L’estudi es centra en la datació i la contextualització històrica, amb la fi d’establir la seva funció i evolució. Paraules Clau: Exèrcit romà, artilleria antiga, pila catapultaria, lithoboloi. Este trabajo se encuadra dentro de un proyecto de tesis que tiene como objetivo el análisis arqueológico de la presencia militar romana en el nordeste de la Península Ibérica, desde el desembarco de Gneo Cornelio Escipión en Emporion en 218 a.C., hasta las guerras civiles entre César y los partidarios de Pompeyo a mediados de siglo I a.C. Se trata de una primera aproximación al tema a partir de un tipo de armamento, los proyectiles de artillería, casi nunca estudiados hasta hoy, pero de los cuales disponemos de un número grande (según su testimonio media 60 cm de circunferencia y 17 cm de diámetro). En relación al lote de la catapulta, en sus diarios de excavación E. Gandia escribió que el hallazgo se produjo en una de las estancias anexas a la torre oriental de la muralla meridional de la neápolis griega, en concreto "a 17 metros desde la cara S. de la muralla griega lado Este de la puerta y a 8 desde la cara Este del muro que arranca desde el lado O de la puerta y va de S. a N." Así pues, el conjunto de armamento se encontraría almacenado en una sala que actuaría como arsenal o cuerpo de guardia. La mayoría de los proyectiles y la catapulta aparecieron dispersos sobre un pavimento, cubierto por un nivel de derrumbe con grandes bloques de piedra procedentes de los muros caídos de la habitación. Los restos aparecieron juntamente con los siguientes fragmentos de cerámica: "uno de clase saguntina (apelativo para la terra sigillata muy corriente a principios de siglo XX) con marca [SE] otro, encarnado formando escamas (seguramente un fragmento de paredes finas con barbotina) tres griegos fondo negro, uno ibero insignificante [...]".El hecho de que se documente un fragmento de terra sigillata nos sitúa cronológicamente, como mínimo, en un momento a partir de 40 a.C., constatación que rebaja en más de un siglo la datación que generalmente se le adjudicaba. El estrato de nivelación inferior no contenía ningún fragmento de sigillata, y en cambio, las cerámicas de importación se limitaban al barniz negro. Por tanto, en contraposición, se puede datar en época republicana. La datación de la construcción de la muralla (150 a.C.), en cambio, nos es útil como terminus post quem del inicio del uso de la catapulta, si entendemos que ésta tuvo que ser concebida forzosamente para ser instalada allí. De esta forma, aunque con cierta falta de precisión, disponeEstrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma significativo de ejemplares distribuidos por toda nuestra área de estudio. El objetivo es intentar analizar el proceso que propició su deposición en el registro arqueológico, y sobre todo contextualizar estas evidencias materiales con el conflicto armado que las generó. Eso nos permitirá plantear hipótesis sobre su función, ofensiva o defensiva, así como su cronología. En definitiva, el estudio de los materiales arqueológicos relacionados con la actividad del ejército romanorepublicano, y concretamente la presencia y distribución de un tipo de armamento específico, puede ser un elemento clave en el análisis del proceso de conquista y control del territorio del nordeste peninsular. El estudio se centrará en los proyectiles documentados en las ciudades de Emporion (l’Escala) y Tarraco, el castrum la Palma (l’Aldea), el castellum de Puigpelat, y los oppida ibéricos del Castellet de Banyoles (Tivissa) y Burriac (Cabrera de Mar), y combina la relectura de los diarios de excavación y la biografía de cada yacimiento, con el estudio directo de los materiales. RELACIÓN DE LOS PROYECTILES Ampurias Entre el 28 y el 30 de agosto de 1911, Emili Gandia localizó los restos de un capitulum de catapulta, juntamente con mil cuatrocientos seis glandes de plomo, cincuenta y cuatro puntas de pila catapultaria y un proyectil lítico. Actualmente se conservan treinta y siete proyectiles de catapulta en la sede del Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC) en Barcelona y diez más en Ampurias, aunque J. Brugada (1991: 23-36) documentó uno más. También se conserva un posible proyectil lítico, descubierto juntamente con la catapulta, pero que no parece corresponderse con el que cita E. Gandia, ya que ese era bastante más 228 mos de un primer marco cronológico que se extiende entre la segunda mitad de siglo II y la primera de siglo I a.C. en el que colocar su uso. Además de este conjunto, durante la excavación de la necrópolis de las Corts a finales de la década de 1920 aparecieron otros proyectiles. M. Almagro (1953: 276 y 378) hizo constar el hallazgo de dos piezas en la tumba 3 y otra en la tumba 156. Solo la última se conserva actualmente, y también solo ésta aparece en el trabajo de J. Brugada (1991: 5560). Su datación supone un grave problema, pues la vida de esta necrópolis se extiende a lo largo de los siglos II y I a.C, y ninguna de las dos tumbas dispone de más restos materiales que las propias puntas y una urna cineraria hecha a mano en el caso de la tumba 3. Por este motivo no es posible perfilar más la cronología a través de otras evidencias arqueológicas. El origen étnico de los individuos enterrados en las Corts ha sido ampliamente discutido. En este sentido, consideramos que el componente bélico de la necrópolis es un elemento clave para su comprensión, tal y como ya apuntaron J. Brugada (1991: 67-71) y posteriormente, G. García Jiménez (2006: 152154), para los que esta fue la necrópolis utilizada por los soldados romanos alojados en el praesidium establecido en Emporion. De hecho, es una de sus características principales, ya que se evidenciaron restos de armamento en hasta diez tumbas, mientras que son totalmente inexistentes en el resto de necrópolis ampuritanas. Desde nuestro punto de vista, y dada la complejidad y disparidad de evidencias arqueológicas, esta necrópolis se debería entender como el lugar de enterramiento de individuos de origen étnico diverso, sin entrar a adjudicarle una identidad concreta. Lo que es innegable es su carácter militar, con un número destacado de enterramientos de guerreros, ya fueran estos soldados itálicas o auxiliares indígenas. En cualquier caso, y teniendo en cuenta la cronología, serían tropas encuadradas dentro de las legiones romanas. Por otro lado, resulta interesante el hecho que los pila catapultaría constituyan el único ajuar encontrado en estos sepulcros. Descartamos de entrada que fueran las armas causantes de la muerte, pues en tal caso habrían sido quemadas junto al cuerpo del difunto y mostrarían algún tipo de evidencia de combustión. Esto nos conduce a pensar que se tratara de dos individuos encargados del uso de este tipo de máquina, de manera que los pila catapultaria se convertirían en un atributo, un elemento distintivo de estos personajes en el momento de su muerte. Si fuera así, se podría atribuir a ambas tumbas un carácter latino. No obstante, este hecho permanece totalmente indemostrable a día de hoy. A los proyectiles ya mencionados debemos añadir otro aparecido en la escombrera de la necrópolis Martí, y documentado por J. Brugada (1991: 49-50). Si nos centramos en su datación, la información disponible es muy reducida. Los niveles en que se encontró el proyectil son posteriores al uso de este espacio como necrópolis, y se datan entorno de los siglos II – y a.C. No obstante, resulta interesante la mención que hace M. Almagro (1947: 321-322) al hallazgo de un tesoro monetario formado por siete ases, tres de ellos romanos y los otros cuatro de Indika, y que se puede situar sin problemas en la primera mitad del siglo II a.C. Finalmente, disponemos de tres dardos más procedentes de la excavación del parking de los años 80. Uno apareció en el interior de un gran edificio que perdura durante todo el siglo II a.C., depositado encima de uno de los Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma 229 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 una distancia similar del trazado ideal de la muralla occidental. En consecuencia, podríamos suponer que todos ellos fueron disparados des de las murallas, hecho que constituiría la evidencia de la puesta en practica de artillería defensiva, y sobretodo, la primera ocasión en que se podría establecer arqueológicamente un vinculo entre una catapulta y los proyectiles que disparó. En definitiva, vemos como todas las evidencias (exceptuando las dos últimas) se sitúan en una horquilla cronológica que va de mediados de siglo II a.C. al final de la república, aproximadamente la misma duración que hemos atribuido a la vida útil potencial de la catapulta. Así pues, podemos afirmar que durante este período la muralla dispondría de un sistema defensivo complejo dotado de artillería (como mínimo de catapultae). Realmente, no tenemos ninguna evidencia de la presencia de artillería en el resto de tramos de muralla, pero la lógica nos permite suponer que se habría cubierto todo el perímetro con maquinas similares. La misma lógica nos dice que estas habrían estado en uso desde su construcción o reforma, realizada a mediados de siglo II a.C., con clara influencia de la poliorcética propia del mundo helenístico hasta la unificación de la neápolis griega con la ciudad romana. En este momento situado en torno al reinado de Augusto, buena parte de las murallas habrían sido derrumbadas para hacer efectiva la unió. Al mismo tiempo, el establecimiento de la pax augusta arrebataría a las murallas de las ciudades gran parte de su utilidad defensiva, quedando simplemente como símbolos de poder. Esto habría podido implicar la retirada de las maquinas de guerra y su almacenamiento en espacios habilitados. En definitiva, este hecho explicaría porqué se encontró una catapulta de tipología claramente republicana en niveles con materiales ya imperiales. pavimentos de opus signinum que se documentaron en este ámbito. Los otros dos, en cambio, se localizaron en una necrópolis griega de los siglos IV y III a.C. En concreto aparecieron una posible incineración documentada a partir de una gran mancha de ceniza (Sanmartí y Nola, 1983-1984: 123). Personalmente pensamos que esta atribución presenta serios problemas, ya que ambos proyectiles son tipológicamente muy similares al resto, claramente romanos. Además, el hecho de que hasta ahora no se tenga conocimiento en la península de ninguna evidencia de artillería previa a la segunda guerra púnica lo hace improbable. Aún así, es obvio que cualquier presunción histórica es susceptible de ser rebatida por la evidencia arqueológica, y en este sentido, el yacimiento griego de Ampurias parece ser el más favorable. En el caso que los proyectiles datasen realmente de este período, serían los restos de artillería más antiguos documentados en la península. En favor de esta posibilidad, hemos de tener en cuenta que la fase de la muralla previa a las reformas del 150 a.C., datada del siglo IV a.C., presentaba evidencias de un amplio conocimiento poliorcético, con la construcción de un gran bastión en el ángulo suroeste de la muralla que protegía el acceso a la ciudad a través de una entrada en codo. Las grandes dimensiones de esta estructura y su posición destacada respecto al lienzo de la muralla son coherentes con la presencia de maquinas de artillería en su interior. De todos modos, la situación de estos proyectiles resulta muy interesante, a poco más de 60 metros de la puerta de la muralla meridional del siglo II a.C. y a menos de 100 del bastión de la fase anterior, y en el caso del primero, en relación con un nivel de amortización. El pilum catapultarium encontrado en la escombrera Martí también se encuentra a 230 Otra opción más atrevida podría ser la de interpretar el derrumbe de la habitación como un nivel de destrucción. Esto, ligado al hallazgo de proyectiles en áreas próximas a las murallas como la escombrera Martí o el parking, podría atribuirse a algún tipo de combate. La presencia de cerámica de terra sigillata en estos niveles, por otro lado, nos obligaría a situar este evento en relación con las guerras civiles cesarianas, único conflicto posible por cronología. De hecho, sabemos que las tropas cesarianas asediaron la ciudad de Massalia el 49 a.C. (Caes. Civ. 2.1-16), por lo que no sería descabellado sugerir un ataque contra su colonia cuando penetraron en la Península Ibérica. Además, sabemos que tropas pompeyanas acampaban en la ciudad y que se encontraba ya bajo su órbita en el 77 a.C. Aún así, la inexistencia de más evidencias arqueológicas de destrucción en la neápolis hacen imposible afirmarlo con seguridad. Tarragona Entre otoño de 1990 y primavera de 1991, durante una excavación arqueológica de urgencia en la plaza dels Àngels de Tarragona se localizaron cinco pila catapultaria. Desgraciadamente, no aparecen en el inventario de la memoria de excavación ni en la posterior publicación, tampoco consta su deposito en el Museu Nacional d’Arqueologia de Tarragona, y evidentemente ha resultado imposible encontrarlos. Esta intervención tuvo como resultado la localización de niveles arqueológicos de época republicana, previos a las reformas que se llevaron a cabo para construir el Foro Provincial. Aunque el registro estratigráfico fue exhaustivo, desconocemos en que UE aparecieron los proyectiles. Solo sabemos que aparecieron en los estratos inferiores, directamente sobre la roca natural (Güell, 1993). Lo que sí resulta interesante es el lugar en que aparecieron los proyectiles, muy próximo a la muralla republicana, y por lo que parece, también a una antigua puerta de la ciudad, actualmente desaparecida, que se situaría entre las calles Portella y Passeig de Sant Antoni, solo a unos 30 m. de la excavación (Martín y Rovira, 2009: 16). En función de esta posición, podríamos plantearnos que se tratase de otro ámbito que actuaba como arsenal, tal y como sucedía en el caso de Ampurias. En él, se habrían almacenado proyectiles para las catapultae que seguramente estarían desplegadas en las murallas, protegiendo este tipo de acceso. Por tanto, si queremos proponer una cronología para los proyectiles, hemos de relacionarlos con la fecha de construcción de la muralla. De hecho, se atribuye a la muralla dos fases constructivas diferenciadas. La primera, coincidiría con la fosilización en piedra del primitivo praesidium, hacia principios de siglo II a.C., o incluso a finales de siglo III a.C. (Járrega, 2004: 26-29). Mientras que la segunda se data entorno del tercer cuarto de siglo II a.C. (Járrega, 2004: 29-33). Los proyectiles se vincularían a esta segunda fase, que destaca por no disponer de torres, y se corresponde con el resto de lienzo de muralla que se conserven hoy en día. El tramo de muralla en el que se localizaron. Por otro lado, durante las excavaciones de la muralla antigua se documentaron dos troneras en la torre de Minerva, una en el lado occidental y la otra en el occidental (Hauschild, 1984-1985: 20-21). Ambas fueron interpretadas como orificios para artillería, basándose en la altura del parapeto, a 0,76 m. sobre el antiguo suelo de la torre. El desplazamiento de la base de un pilar respecto al centro de la torre se explicaría por la necesidad de colocar dos maquinas. Así pues, vemos como también en el caso de Tarragona hay suficientes evidencias para afirmar que la muralla de la Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 231 ciudad habría dispuesto de catapultae desde el tercer cuarto de siglo II a.C., y posiblemente incluso antes. Desconocemos si el praesidium que se instaló previamente durante la segunda guerra púnica también dispondría, pero parece que tan pronto como las murallas se construyeron en piedra, se acondicionaron para acoger máquinas de artillería. La Palma Desde el año 2006 se llevan a cabo prospecciones en el yacimiento de la Palma, un campamento romano de campaña. Como resultado se han documentado abundantes proyectiles de honda, un pilum y lo que parece un dardo de catapulta. El proyectil apareció durante la prospección de 2008, aún así, la anchura del tubo es sensiblemente inferior al del resto y su forma general es más alargada, por lo que no podemos asegurar su atribución como pilum catapultarium. El yacimiento se data de la segunda guerra púnica a partir de la cerámica y sobre todo de la numismática. Las fuentes históricas, además, sitúan un campamento militar en la desembocadura del Ebro, a partir de la derrota de los hermanos Escipiones (211 a.C.), en el que los sucesivos generales ordenan la concentración de tropas después de la parada invernal (Noguera, 2008). Puigpelat En el año 2009, como resultado de una intervención arqueológica de urgencia en el municipio de Puigpelat se identificó un castellum romano. Su carácter militar se deduce por el tipo de arquitectura, con un sistema de defensa complejo, y por el hallazgo de diversos restos de armamento y otros materiales relacionados con tropas romanas, entre los cuales, tres posibles proyectiles de artillería líticos (Díaz, 2009: 39-58). Los lithoboloi aparecieron en niveles con diferentes cronologías. Uno de ellos apareció en los niveles de construcción de la segunda fase del castellum, concretamente en el relleno de un recorte del terreno paralelo a los muros de la fortificación, que habría funcionado como fossa del primer recinto. La construcción del nuevo edificio se sitúa a principios de siglo I a.C. Aún así, también se documentan materiales anteriores, de entre finales del siglo III y principios del II a.C., cuando se podría situar el inicio de su ocupación con la construcción del primer edificio. Eso nos permitiría aventurar la presencia de artillería en el castellum desde algún momento anterior al siglo II a.C. Los otros dos proyectiles se localizaron en los niveles de destrucción del castellum, pero desconocemos en que punto del yacimiento. El abandono se data poco antes del cambio de era, en torno a 10 a.C. (Díaz, 2009: 85-89 y 110115). El Castellet de Banyoles Durante las excavaciones de las torres pentagonales del yacimiento del Castellet de Banyoles se hallo un nuevo lote de proyectiles de artillería. A través de los diarios de su director sabemos que aparecieron: “pedres de mà i de fona, glans de plom, dards de ferro projectils grossos de pedra arrodonits”. No se especifica su numero, pero sí las medidas de los proyectiles de ballista. Los materiales fueron depositados en la sede del MAC en Barcelona, y constan como tal en el registro de entrada. Desgraciadamente, en la actualidad no se conserva ningún resto. Donde si que apareció una punta de pilum catapultarium ha sido en el Museu d’Arqueologia Salvador Vilaseca de Reus. La pieza corresponde a un hallazgo independiente, procedente de las campañas de excavación de los años 1946 y 1947 en un sector al suroeste de la torre sur (Vilaseca, et al 1949: lam. XXXV, fig. 1). Desconocemos en que ámbito se encontró, pero sabemos que en el área se documentaEstrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería romaxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 232 ron extensos niveles de ceniza. De hecho, la constatación generalizada de estos niveles de cenizas en todo el yacimiento, juntamente con el hallazgo de numerosos tesoros ocultos, hizo pensar desde el inicio en un saqueo y posterior incendio del poblado (Serra-Ràfols, 1965). El reciente reestudio de los materiales cerámicos ha permitido proponer una datación en torno del 200 a.C. (Asenso et al., 1996). Además, las últimas campañas arqueológicas siguen documentando los mismos niveles de ceniza en un nuevo sector, muy alejado dels anterior, demostrando así su omnipresencia (Asenso et al., 2005). A esto se suma la constatación de un campamento militar romano delante del poblado, justo al otro lado del istmo, datado de principios de siglo II a.C. (Noguera, 2008: 40-46). Sin embargo, algunos autores han defendido un amplio conocimiento poliorcético por parte de las élites indígenas, usando como prueba las torres pentagonales, y en general el sistema defensivo del Castellet de Banyoles, (Gràcia, 2000). Esto ha servido para plantear que este tipo de torre incluiría la disposición de artillería en su interior, y por tanto, los proyectiles pertenecerían a la comunidad ibérica (Moret, 2008). En nuestro caso, estamos de acuerdo con F. Quesada (2001: 147-149) cuando afirma la inexistencia de evidencias históricas o arqueológicas para defender el uso de la artillería antes de la llegada de los romanos. Además, en el caso de los proyectiles de ballista, su peso hace imposible plantear la disposición de máquinas de ese calibre dentro de las torres, y menos aún en los pasos de ronda de las murallas (sería necesaria una maquina de 5,075 m de largo x 3,365 m de ancho, mientras que la habitación interior de las torres mide poco más de 4 m de lado). En definitiva, creemos que en el caso del Castellet de Banyoles nos encontramos delante de los vestigios de un sitio culminado por asalto (longuinqua oppugnatio), que evidentemente habría sido la causa de la destrucción del poblado. Ésta se dataría en torno del 200 a.C., en algún momento situado entre el inicio de la segunda guerra púnica (218 a.C.) y el final de las revueltas indígenas que se sucedieron en el NE peninsular (183 a.C.). En todo caso, creemos que es necesario descartar el uso de la artillería de torsión en esta cronología por parte de las comunidades ibéricas. Burriac Durante las campañas de excavación del yacimiento de Burriac de 1969-70 y 1970-71, J. Barberà y R. Pascual descubrieron dos nuevas puntas de proyectil de catapulta. Aún así, los atribuyeron a pila convencionales y su atribución correcta se produjo a raíz de un reestudio posterior de los materiales (Álvarez y Cubero, 1999: 133, nota 18). Las piezas fueron depositadas en el MAC, donde se permanecen hoy en día en un estado muy degradado. Uno de los proyectiles apareció dentro del llamado "edificio público", sector que se encuentra junto a la muralla oriental del poblado, concretamente en un estrato de colmatación de una estructura posterior que se construyo encima. Esta habitación se interpreta como un espacio de vivienda, ya que se documento un nivel de uso relacionado con un hogar. Su construcción se sitúa en la segunda mitad de siglo II a.C., mientras que su amortización se data en torno del primer tercio de siglo I a.C. El otro se encontró en un almacén de dolia situado en el lado meridional del yacimiento, bastante alejado del anterior, concretamente en una habitación anexa al almacén. Su cronología responde a unos esquemas similares, con un uso que va de la segunda mitad de siglo II a.C, al segundo Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería romaxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx 233 cuarto de siglo I a.C. Es necesario remarcar que se localizó una capa de ceniza que podría indicar un abandono repentino (Barberà y Pascual, 1979-1980: 208-236; Zamora, 20062007: 88-111). Así pues, ambos edificios pertenecen a una de las últimas fases del poblado, y durante la cual se inician una serie de reformas y ampliaciones por todo el yacimiento. Destaca la construcción de la nueva puerta meridional, relativamente cercana al almacén de dolia y edificada en un aparejo próximo al opus quadratum, y de nuevas viviendas incluso en espacios que hasta entonces se habían mantenido libres. Esto nos indica un crecimiento del área edificada, probablemente relacionado con la aparición de un nuevo barrio extramuros en la ladera de la montaña, la zona de Ca l’Arnau-Can Mateu. Aquí se ha localizado un conjunto de casas de fuerte influencia latina: presencia de tegulae, pavimentos de opus signinum y una cloaca, además de un alto porcentaje de importaciones itálicas. Incluso se han documentado unas termas, edificio que implica la presencia de población romana conviviendo con los indígenas (Martín, 2004). En consecuencia, creemos que en este caso la existencia de artillería en un asentamiento indígena debe relacionarse con una presencia menos agresiva y más permanente del ejército romano. Su función, por tanto, sería únicamente defensiva, hecho que explicaría su proximidad a las murallas y debería interpretarse en clave de almacenamiento, como en los casos Ampurias y Tarragona. La similitud es mayor si tenemos en cuenta que la instalación de estas máquinas coincide con reformas en las murallas. CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA Esta distribución diversificada a nivel geográfico y funcional responde a cambios en el uso que se dio a la artillería, y que a su vez, son un reflejo de las políticas romanas en este territorio. Así pues, para analizar la evolución de su papel, hemos integrado los datos arqueológicos procedentes del estudio de los proyectiles en el conjunto de información histórica existente para el período republicano. Este análisis incluye, por un lado, otos yacimientos con un mayor o menor carácter militar que no han presentado hasta ahora ningún resto de proyectiles de artillería, ya sean asentamientos romanos o indígenas. Por el otro, también se han tenido en cuenta yacimientos externos al área de estudio que sí presenten evidencias de proyectiles de artillería. Como resultado, hemos dividido el período en tres fases en función del distinto uso que se dio a la artillería. La conquista del NE peninsular (218-183 a.C.) La primera constancia del uso de la artillería en la península la encontramos durante la toma de Sagunto por Aníbal el 219 a.C. (Liv. 21.7-12; App. Hisp. 2.10). Aún así, su uso en manos romanas no esta tan claro, sobre todo en la primera fase de la segunda guerra púnica. Si el proyectil de la Palma se confirmase como pilum catapultarium, resultaría la evidencia arqueológica más antigua de artillería romana. Al mismo tiempo, esto implicaría que los hermanos Escipiones habían llevado consigo algunas máquinas cuando embarcaron, o que las habían obtenido a través de sus aliados griegos o a través de los sucesivos saqueos de los campamentos cartagineses: en Kesse el 218 a.C., en las bocas del Ebro el 217 a.C. o en Hibera el 216 a.C. Sea lo que fuera, deberíamos asumir que el bando romano disponía de artillería desde el comienzo del conflicto. Otra prueba la encontramos en el yacimiento del Tossal de Manises, donde se ha documentado un conjunto de hasta cincuenta y Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma 234 cuatro proyectiles de ballista. Siete de ellos aparecieron en los niveles de derrumbe de una de las torres, datado a finales del III a.C. y están hechos con una piedra volcánica idéntica a la que se encuentra en afloramientos cercanos a Cartagena. Esto ha permitido plantear que provendrían del arsenal de la capital púnica, y que sus artilleros serian los propios cartagineses. El resto no disponen de una datación fiable, pero al ser más pesados podemos suponer que fueron disparados por un ejército atacante (Olcina, 2009: 74). Aún así, las fuentes no mencionan en ninguna ocasión el uso de artillería por parte de los romanos antes de la captura de Cartagena en 209 a.C., ni tan siquiera durante su asedio, uno de los episodios más bien descritos de la guerra. En contraposición, sabemos que durante el mismo período el ejército romano sí usaba artillería en otros escenarios, como Sicilia, por ejemplo durante el asedio de Siracusa, entre el 213-211 a.C. (Liv. (24.33.924.34.6; Plb. 8.4.2). Esto nos lleva a inclinarnos por la posibilidad de que el ejército romano destacado a la Península Ibérica no tuviera artillería durante esta primera etapa de la guerra. De todas formas, a partir del 209 a.C. su uso ya es seguro. Sabemos que cuando Escipión hijo capturó Cartagena, se apoderó de un arsenal. que incluía: 120 catapultae de tipo grande, y 281 de las pequeñas, 23 ballistae grandes, y 52 pequeñas, y un nombre extenso de scorpia grandes y pequeños" (Liv. 26.47). La variedad del armamento y sobre todo su elevada cantidad nos muestran el potencial de artillería de que disponía Cartago hasta entonces, y que seria aprovechada por los romanos. Esto nos lleva a plantear-nos si los dos principales castra durante el conflicto, Emporion y Tarraco, también disponían de artillería durante este período. En ambos emplazamientos, hubo un cierto nombre de tropas acantonadas, y jugaban un papel determinante en la estrategia romana. Por este motivo, su defensa tenia que ser vital. Además, se documentan restos de artillería vinculados a los sistemas defensivos posteriores, fosilizaciones en piedra del trazado de los muros originales. Por tanto, no descartamos la posibilidad que su presencia en estos dos yacimientos pueda retrasarse hasta la segunda guerra púnica. Además de estos tres puntos, se ha defendido la existencia de una red de guarniciones (praesidia) instaladas en los principales oppida ibéricos de la costa, para mantener el control de este área (Olesti, 2006: 120-122). Otros, más escépticos, no creen que se trate de un tipo de guerra estática. El uso de praesidia, un sistema muy costoso en efectivos, se limitaría a necesidades de tipo logístico y de control de las comunicaciones entre el núcleo principal de las fuerzas, el centro de poder y las fuentes de suministros (Cadiou, 2003). Aún así, sí coinciden en defender una cierta estructura que asegurase las líneas romanas entre Emporion y Tarraco, y entre ésta y el Ebro. Esto nos obliga a tener en cuenta Burriac, un punto intermedio clave entre las dos ciudades, y. que podría formar parte de esta red junto con otros yacimientos como el Castell de Palamós, Darró o Alorda Park. Su papel de centro de control secundario hace muy probable la presencia de tropas romanas de forma constante. Con el fin de los combates en este territorio y la retirada de buena parte de las tropas romanas de la península, las comunidades ibéricas intentan volver a la situación anterior a la guerra levantándose en sucesivas ocasiones contra el poder romano. La mayor revuelta se inicia a partir de 197 a.C., poniendo en pie de guerra a la mayoría de las tribus y en grave Estrat Crític 5.Vol.1 (2011): 227-241 Los pila catapultaria como evidencia de la artillería roma 235