Catulo 16 : de traducción y traductores
Abstract
La traducción como equilibrio entre dos códigos lingüísticos.
Full text
CATULO 16: DE TRADUCCIÓN Y TRADUCTORES Manuel López Muñoz - Área de Filología Latina - Universidad de Almería I.La traducción como equilibrio entre dos códigos lingüísticos Decía Andrés Pociña, allá por 1986, que1: "Es preciso poner al alcance de los lectores españoles la oratoria latina: creemos que es una obligación nuestra, y en ello estaremos todos de acuerdo. También lo estaremos en el hecho de que debe de hacerse en traducciones, las mejores posibles." Él mismo afirma no querer extenderse en disquisiciones sobre la naturaleza del acto de traducir, y se remite al famoso aserto de Marouzeau2de que el indicio de una buena traducción es que permita hacer sobre el texto traducido un juicio de valor semejante al que se haría sobre el texto original. En otras palabras, se defiende la necesidad de que el traductor se convierta en una especie de mecanismo inteligente cuyo objetivo empieza siendo comprender correctamente el original y apreciar en su totalidad sus mecanismos estilísticos y correspondientes efectos estéticos para, tras una labor personal de versión a otro idioma, ser capaz de reproducir eso mismo en el lector de la traducción. De aquí puede colegirse cuán exigente resulta ser la tarea del traductor, al que se le exigen, fundamentalmente, tres virtudes: formación, competencia y humildad. Formación, para conocer y reconocer los elementos contextuales que influyen en el autor y su público y que moldean tanto la obra literaria como la percepción que de ella tienen emisor y receptor; competencia, para hacer un correcto uso de los recursos de la lengua contra la que se va a ejercer una traducción y, llegado el caso, para saber hasta qué punto forzarla; humildad, en fin, para asumir que el fruto de su trabajo debe ser su propia desaparición como traductor y la automática conversión del autor traducido en autor vernáculo. No resultará extraño, supongo, referirse a la traducción en tanto que actividad que se ejerce contra la lengua de destino. Es muy habitual recurrir al manido traduttore traditore y 1 Pociña, A., "La traducción castellana de la oratoria latina", Estudios Clásicos 90 (1986), p. 86. 2 Marouzeau, J. La traduction du Latin, Paris, 1963, p. 73. Catulo 16: de traducción y traductores
Catulo 16: de traducción y traductores señalar que el proceso de la traducción obliga a dejarse en el camino una parte más o menos señalada del conjunto de connotaciones e intertextualidad que prohijan a la obra literaria. Pero también deberíase recordar que no hay dos lenguas iguales, ni dos culturas semejantes, lo que obliga al traductor, a todo traductor, a cualquier traductor, a esgrimir su pluma (o su teclado) y a luchar contra las exigencias de la lengua en la que va a buscarle acomodo a un texto ajeno; es evidente que va a eliminar elementos del original, pero también que le va a introducir otros que no estaban ahí y que pueden, en un momento dado, llegar a ser tan extraños a una lengua como a la otra. Esto, y no otra cosa, es traducir: injertar un texto en otra literatura distinta… y confiar en que el fruto resultante sea apetecible. II.La traducción como parte de la historia del texto Lo expuesto nos lleva, a su vez, a postular que la traducción de un texto es parte de su historia misma, y a defender que es una práctica que necesita ser reemprendida cíclicamente. Si decían los postulados idealistas que cada generación está obligada a reescribir la Historia para plasmarse a sí misma en ella, perfectamente podemos también defender la obligación intelectual de que cada generación haga su propia lectura y traducción de las obras, de modo que así pueda considerarse parte de la cadena semiótica de la historia del texto mismo. Porque el texto que no recibe traducción desaparece del marco de referencia de una cultura, y tiene cada vez mayores posibilidades de morir como muere la literatura: ahogándose en el océano de inexistencia al que los antiguos llamaron Infierno. A estas alturas, quedará claro que se habla de traducción en referencia a la traducción literaria, no a la versión de textos técnicos ni a la necesidad de trasladar el contenido de lo dicho por alguien en un idioma al de otros u otros. Para hacer esto, para aprender a manejar un despertador fabricado en Taiwán, para entender qué ha opinado el Canciller alemán acerca de los acuerdos de la última cumbre de la Unión Europea, no hace falta que el traductor realice una suprema labor intelectiva, sino sólo una correcta sincronización del input y el output lingüísticos. Mal que bien, ya hay programas que vierten a nuestro idioma los manuales de uso, las páginas web… y mejor que lo harán a la vuelta de unos años, conforme vaya avanzando la aplicación de la lógica borrosa a estas tareas. Pero en esos 2
Catulo 16: de traducción y traductores textos impera la necesidad de trasladar las ideas a la mayor velocidad y distancia posibles; en los literarios, lo que domina es la obligación de mover una entera constelación para que el observador pueda distinguir mejor el paso efímero de una estrella fugaz. ¿Y cómo haremos para mover esa galaxia? III.Modos de traducción En un primer momento, cabría la respuesta fácil y tentadora: lo ideal es que el lector de nuestra traducción comparta nuestra formación, gustos, conocimientos y preferencias, de modo que sólo sea necesario ofrecerle el texto vertido, sin más aditamentos. El problema de esta opción es que sólo podríamos traducir para nosotros mismos (lo que produce una tautología) y que, peor aún, ni siquiera para nosotros mismos podríamos traducir sin estar constantemente volviendo a empezar la tarea. La respuesta fácil nos lleva, por lo tanto, a la aporía. Una segunda posibilidad consistiría en intentar volcar en la traducción o, mejor, en la introducción de la traducción, todo el acervo de elementos que componen el sustrato de la obra original y compararlo con las coordenadas básicas que determinan, a juicio del traductor, el zeitgeist de los posibles lectores. Esto es, en parte, el mecanismo que se sigue en las grandes colecciones: un especialista describe al autor y lo enmarca en la Historia, en la trayectoria de un género literario, en su propio proceso de transmisión, pervivencia y fortuna posteriores, en el conjunto de estudios y traducciones que se le han venido dispensando. Cuanto más enjundiosa la introducción y menos mermada la competencia erudita del lector, menos falta hará recurrir a esa explícita confesión de impotencia que llamamos escolio, nota marginal, aclaración, nota o como queramos. La tercera posibilidad supone la desaparición de todo lo que no sea el texto traducido mismo: el traductor se limita, así, a intentar condensar sus esfuerzos en la traducción, y sólo en ella, y deja al lector que elabore sus propias conclusiones, y que se ocupe activamente de su propia formación buscando lo que necesite para entender aquello de lo que dude. La consecuencia evidente es que el lector tiene la absoluta libertad para formar su propio juicio sobre la obra y el autor traducidos, del mismo modo que el traductor asume el riesgo enorme de ser responsable absoluto de los resultados de su propio trabajo y de las 3
Catulo 16: de traducción y traductores repercusiones que su mayor o menor capacidad provoquen en el juicio sobre el texto y su autor. En cualquier caso, las tres posibilidades terminan pidiéndonos una clara selección en el receptor de la obra traducida: necesita tener una formación de una cierta consistencia para poder ejercer de destinatario de la obra. Pero esto nos lleva ineluctablemente a la fuente de todas las preguntas. IV.¿Para qué traducimos? Parte de las respuesta está ya implícita en algo que ha quedado dicho más arriba: traducimos para que el texto siga vivo; para que cada generación pueda incorporarlo en su propio marco de referencia; para que siga conservando su capacidad original de hacer que el lector piense sobre su forma y sus contenidos y, de resultas de esa actividad, le añada algo a su propia experiencia vital y lo pueda transmitir a sus descendientes. Aunque traduzcamos por placer, no es nunca una actividad gratuita, ni desinteresada, ni egoísta; es una contribución a nuestra propia cultura y, a su través, a la que será la de nuestros hijos. Así, podríamos decir que hay una traducción conservadora, o revolucionaria, o indiferente, o… La traducción se convierte en una manera de educar, bien sea proponiendo la apreciación de experiencias nuevas, o la afirmación de las ya existentes, o la negación de algunas. V.Un poema y tres traducciones: Catulo 16 Tomemos un ejemplo de todo lo dicho, por ver si así se entiende mejor el razonamiento. Para esto, bien puede servirnos un poema de Catulo, pero no uno cualquiera, sino el 16, del que se ofrecen el texto original y tres traducciones españolas: Catulo XVI: Pedicabo ego vos et irrumabo, Aureli pathice et cinaede Furi, qui me ex versiculis meis putastis, quod sunt molliculi, parum pudicum. Nam castum esse decet pium poetam ipsum, versiculos nihil necesse est; qui tum denique habent salem ac leporem, si sunt molliculi ac parum pudici, et quod pruriat incitare possunt, non dico pueris, sed his pilosis qui duros nequeunt movere lumbos. Vos, quod milia multa basiorum legistis, male me marem putatis? Pedicabo ego vos et irrumabo. 4
Catulo 16: de traducción y traductores Traducción de A. Ramírez de Verger "Os daré por el culo y me la mamaréis, mamón de Aurelio y marica de Furio, que me creisteis poco decente porque mis versos son ligeros. Que el poeta piadoso debe ser decente, pero de ninguna manera sus versos, pues sólo tienen sal y gracia, si son ligeros y poco decentes y si pueden incitar las cosquillas no digo de los jovencitos, sino de esos velludos incapaces de menear sus duros lomos. ¿Vosotros, porque leisteis muchos miles de besos, creéis que no soy hombre? Os daré por el culo y me la mamaréis." Traducción de L.A. de Villena "Os joderé y me la chuparéis, bujarrón Aurelio y marica Furio, que me habéis creido poco decente porque mis versos son voluptuosos. Pues el buen poeta debe ser casto, pero no sus versos que no lo necesitan. Que estos sólo tienen sal y encanto si son algo vluptuosos y poco púdicos y si pueden encender los ánimos, no diré yo de los muchachos, sino de esos velludos varones que no menean ya sus duros lomos. ¿Y vosotros, porque leísteis tantos miles de besos me juzgáis poco hombre? Os joderé y me la chuparéis." Traducción de J. Petit "Os daré a probar y os impondré mi virilidad, Aurelio bardaje y Furio marica, que por mis versos, porque son voluptuosos, me habéis creído poco decente. Pues el poeta bueno debe ser casto en su persona, pero no es necesario que lo sean sus versos, que después de todo sólo tienen sal y gracia si son algo voluptuosos y poco decentes y pueden levantar los ánimos no digo de los muchachos, sino de esos hombres de pelo en pecho que ya no pueden menear sus duros lomos. ¿Vosotros, porque habéis leído muchos miles de besos, me consideráis poco hombre? Pues os daré a probar y os impondré mi virilidad." 5
Catulo 16: de traducción y traductores Tanto Villena3como Petit4introducen pocas notas aclaratorias en sus respectivas ediciones; lo escueto de su formulación nos puede indicar, no obstante, dónde han considerado ellos que está el auténtico núcleo del poema. Así, escribe Petit: "Al parecer, Furio y Aurelio (cf. 11, 21, 23, 24, 26) se habrían permitido tachar de afeminada la poesía de Catulo; éste les replica insultándoles en términos violentos y defendiendo una peregrina teoría de que posteriormente habían de hacerse eco Ovidio, Trist. 2, 354, Marcial 1, 35, 3; 10, 11, etc., y Plinio el Joven, Epist. 4, 14, 4." Por su parte, Villena no nos ofrece ninguna aclaración al texto, aunque sí podemos rastrear su pensamiento en el siguiente párrafo de la introducción (p. 83): "…Para Catulo, las aventuras con muchachos son algo natural, también por tanto, lo es, que César o Mamurra o Talo las busquen. Ahora bien cuando les llama, indignado, cinaedus (marica) o pathicus (bardaje, bujarrón) alude más bien a un vicio por exceso que a una tacha moral. Es decir les reprocha su falta de gusto en esos amores, su vulgaridad, o la demasía indiscriminada con que se entregan a ellos. También puede referirse a que buscan relaciones no con muchachos, sino con hombres adultos, relación que, si tolerada, no era tan bien vista, ni gozaba de tanta tradición culta entre los antiguos como la pederastia. Pero en cualquier caso el insulto no se refiere a un mal moral (como hoy) sino a un exceso o a una desviación tenida como de menos gusto. La musa paídica imponía sus normas severas." Las aclaraciones que Ramírez de Verger5hace a este poema son de muy otra índole, y revelan la decisión del traductor de dirigirse a un tipo de lector más educado en los clásicos y con acaso mayor curiosidad científica. Comienza introduciendo el texto, sigue con su división estructural, añade notas para la comprensión de algunos versos en concreto y cierra el comentario con una breve bibliografía atinente. Reproduzco a continuación las tres primeras partes mencionadas6: "Poema de invectiva, que combina dos temas tocados en 14 A, 14 B y 15: poesía y sexo. En el ataque a Furio y Aurelio hay una defensa de su poesía ligera, elegante y refinada. Se divide en tres partes: 1-4, protestas y amenazas; 5-11, crítica literaria de su obra, y 12-14, nueva queja y amenaza de escarmiento. 1 Los términos sexuales no admiten dudas. Pedicare es penem in anum inserere e irrumare es mentulam alicui sugendam præbere… 2 Pathicus y cinædus se aplican en las relaciones homoosexuales a los que desempeñan los papeles pasivos en la irrumación y la pedicación, respectivamente…" Existen otras referencias a este poema, entre las que podemos citar la siguiente, tomada de un precioso ensayo de T.P. Wiseman sobre Catulo y su mundo7: 3 Villena, Luis Antonio de, Catulo, Barcelona, Júcar, 1979, pp. 133-134. 4 Petit, Juan, Poesías de Catulo, Barcelona, Los libros de la frontera, 1974, p. 54. 5Ramírez de Verger, A., Catulo. Poesías, Madrid, Alianza Editorial, pp. 59 (traducción) y 146 (comentario). 6 op.cit., p. 146. 7Wiseman, T.P., Catullus & His World. A Reappraisal, Cambridge, Cambridge University Press, 1998, pp. 123-124. 6
Catulo 16: de traducción y traductores "…Take for instance poem 16, against the lean and treacherous pederasts Aurelius and Furius. They derided him for writing love-poems in which nothing beyond kissing was involved; that sort of thing, they said, wouldn't excite anyone but beardless boys. Waiting such soft stuff, Catullus must be soft himself, and sexually effemitate. Catullus threatens to prove his masculinity on them in person, and argues that 'soft' poems that play on the emotions can be as stimulating as sexually explicit descriptions. 'Pedicabo ego vos et irrumabo…': the very obscenity betrays the underlying conflict of attitudes; only thus could Catullus get his message through to sensibilities so much cruder than his own. What Aurelius saw as a high-class bit of tail was to Catullus something chaste and innocent, to be cherished and protected." En otras palabras, Petit y Ramírez de Verger hacen especial hincapié en la cuestión literaria que subyace al texto, mientras que Villena entiende que debe ser otra cosa lo que se destaque y, de este modo, más que explicar al poeta, justifica su postura. Si nos fijamos, lo que Catulo hace con estos hendecasílabos es una típica balandronada, sólo que con un sustrato bastante más complejo, ya que incluso se vincula literariamente con el subgénero de la invectiva, caracterizado por la intensidad de la expresión, así como por una agresividad verbal que en nuestros días resulta simplemente impensable en un texto escrito. De otro lado, podemos ver que la lectura de las traducciones propuestas nos señala que Catulo está irritado por una cuestión básicamente formulable en términos de teoría literaria, a saber, si el estilo es o no es el hombre8. Del modo en el que nos lo plantea el texto de Villena, resulta que Furio y Aurelio han deducido que Catulo es 'poco decente' y 'poco hombre' porque sus versos son 'voluptuosos'. La pregunta es: ¿qué puede haber de indecencia o afeminamiento en ser dado a los placeres sensuales o en inducirlos? Al fin y al cabo, ésas son las acepciones que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia para el adjetivo en cuestión. Extraño suena que de la voluptuosidad se pase a la nota de poca hombría, y de esta a una respuesta aún menos entendible: como dices que soy hombre sólo de nombre, te voy a... La verdad es que esta traducción nos provoca dudas y, sobre todo, disonancias. Ahora bien, hay que reconocer que esta versión de Catulo es hija de su tiempo y de su autor, y que no es, en modo alguno, inocente. Aparece en una antología catuliana (implica selección previa del material) publicada en 1979 (aunque la Introducción está fechada tres 8cf. Ramírez de Verger, op.cit., pp. 23-24: "El ciclo de Furio y Aurelio se relaciona con el de Juvencio. A ellos dedica las poesías 11, 15, 16, 21, 23, 24 y 26. El poema 11, el de la despedida definitiva a Lesbia, sorprende por su tono sincero, pero yo no descartaría la ironía. Las poesías 15, 21 y 24 tienen que ver con la rivalidad de Aurelio y Furio en el amor de Juvencio; Catulo no ahorraba «piropos» con los que se interponían en sus amores, fuera Lesbia o Juvencio. La pieza 16 es una dura crítica contra la equivocada interpretación que hicieron de la poesía catuliana; no entendieron la gracia y el encanto del nuevo tipo de poesía de Catulo…" 7
Catulo 16: de traducción y traductores años antes) por un joven poeta, deseoso de hacerse un hueco, y está dedicada a otro, más consolidado, de nombre Francisco Brines. Precede a la selección un estudio introductorio harto más amplio que los textos mismos (como si entender el entorno del poeta fuera más importante que los versos mismos), centrado en las siguientes cuestiones: la vida de Catulo en Verona; Lesbia; los usos, erótica y costumbres en la Roma de Catulo; el 'liber' catuliano; la 'poesía menor', de Safó a Catulo; la musa pederástica; la poesía narrativo-alejandrina; los personajes literarios en los poemas de Catulo; la transmisión del texto; la continuidad del autor, y un homenaje literario del antólogo. Desde el punto de vista estrictamente filológico, podríamos decir que a esta Introducción le faltaría un panorama general de la lírica romana, una mayor atención a la influencia de Catulo en la posteridad (tanto romana como moderna), una presentación más seria del contexto político de la Roma de Catulo (sobre todo, si tenemos en cuenta que por sus versos se pasean César y sus amigos, y Cicerón, y Clodio…), una descripción e sus recursos estilísticos, una relación de formas métricas ('conspectus metrorum'), una disertación algo más enjundiosa acerca de los colegas de Catulo, aquellos a los que Cicerón motejó de 'modernistas' ('neotéricos' se nos ha enseñado a llamarlos, como si el nevterikoi griego que usa el Arpinate careciera de traducción) o, más afinadamente, novísimos. Por otro lado, vemos que la Introducción tiene una estructura un tanto confusa: es difícil entender que se le dedique más atención a la erótica y pederástica romana que a la propia Lesbia, por ejemplo. Todo esto nos indica que Villena no ha querido hacer un trabajo típicamente filológico, sino otra cosa diferente. Un poema como el aquí citado tiene que llamar forzosamente la atención, máxime si fue escrito por alguien considerado poeta amoroso, y no poco si aparece publicado en una España (la de finales de los años setenta) en la que la sexualidad, cualquier tipo de manifestación abierta de sexualidad, y no digamos nada de la homosexualidad, sigue siendo una asignatura pendiente; una España, en fin, para la que una especie de Lady Godiva amazona sobre un albo corcel se convierte en alegoría de sueños nunca antes expresados. En ese contexto, el poema 16 de Catulo es rompedor: rompe con el estereotipo del poeta; rompe con la equiparación de clásicos y seriedad; rompe con toda una tradición de decoro en la literatura; incluso rompe con las antologías de la generación poética anterior y nos grita que vienen aires novísimos a nuestra literatura, llenos del yo y de una sentimentalidad 8
Catulo 16: de traducción y traductores distinta y nueva. En este caso, la aparición de un poema de este tenor está, a las claras, situado en la línea de una traducción del tipo revolucionario, toda vez que tiende a proponer nuevas ideas, por ver si se aclimatan en el panorama literario de la época de esa traduccíon. La traducción de Juan Petit es también analizable desde la perspectiva de su propia época de redacción: él mismo y J. Vergés son los responsables de la versión catalana de las poesías de Catulo publicada por la Fundació Bernat Metge en 1928; treinta años después, en 1950, da a la luz su Catulo castellano, que será el que se maneja aquí bajo la reedición de El Bardo. Así se entiende, también, el ímprobo esfuerzo eufemístico que impregna el texto: 'dar a probar', 'imponer la virilidad', 'levantar los ánimos'… ¿Son traiciones al texto original o son necesidades que tiene el texto para poder atravesar una época de recato lingüístico? ¿Son autocensuras del traductor o intervenciones censoriales conscientes de otras instancias? Creo que la respuesta no es relevante para lo que aquí tratamos, ya que, en cualquier caso, la virtud de esta traducción es que le permite al original catuliano seguir transmitiéndose a través de los tiempos y ofreciéndose para la lectura y reelaboración. De esta cuestión del eufemismo nos habla Ramírez de Verger cuando indica9: "He intentado recoger las diferentes tonalidades de las poesías de Catulo y no he dudado en evitar los eufemismos de casi todas las traducciones al uso. La censura en la traducción constituiría una traición más al propio Catulo (cf. 16.3-6) y un insulto a los lectores." VI.Entender el poema en su contexto Pero volvamos ahora al texto, porque Catulo nos está hablando de cuestiones distintas… o quizá no tanto, si nos paramos a pensarlo un poco. 9 op.cit., p. 41. 9