Caso clínico : agresividad por dominancia
Abstract
De los perros que acuden a la consulta por trastornos de comportamiento, el problema más frecuente y preocupante es el de la agresividad. En este artículo se describe un caso de agresividad por dominancia en una perra mestiza de 2 años de edad. Este tipo de agresividad se manifiesta hacia las personas que conviven normalmente con el perro. Se trata de un caso estándar en el que se aporta un protocolo de diagnóstico y seguimiento a través de una amplia anamnesis y la elaboración de encuestas, así como un detallado programa de tratamiento.
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CASO CLÍNICO: AGRESIVIDAD POR DOMINANCIA. S. García-Belenguerl, J. Palacío-', A. Allepuz-, N. Fuentes! RESUMEN. De los perros que acuden a la consulta por trastornos de comportamiento, el problema más frecuente y preocupante es el de la agresividad. En este artículo se describe un caso de agresividad por dominancia en una perra mestiza de 2 años de edad. Este tipo de agresividad se manifiesta hacia las personas que conviven normalmente con el perro. Se trata de un caso estándar en el que se aporta un protocolo de diagnóstico y seguimiento a través de una amplia anamnesis y la elaboración de encuestas, así como un detallado programa de tratamiento. Palabras clave:. Agresividad; Comportamiento; Dominancia; Perro. INTRODUCCIÓN. La agresividad podemos definirla como una conducta amenazadora o peligrosa dirigida hacia uno o más individuos, que pueden ser personas u otros animales. Esta conducta se manifiesta a través de expresiones corporales y faciales que se acompañan de gruñidos, fruncir los belfos mostrando los dientes, intentos de morder dando un chasquido con los dientes o mordiscos. En este sentido conviene destacar que no es la mordedura la única expresión de esta conducta, aunque sea la que tiene una repercusión más importante sobre la salud pública. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la conducta agresiva es parte del comportamiento social de los cánidos, de manera que las interacciones agresivas son una forma de comunicación y relación entre ellos y con su entorno. El conocimiento de este comportamiento social nos permite diferenciar varios tipos de agresividad, 'lo cual es esencial para diagnosticar y determinar la peli1 Opto. Patología Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza. Miguel Servet, 17. 50013 Zaragoza. 2Área de Medicina y Cirugía Animal. CEU San Pablo-Veterinaria. Valencia. ABSTRACT. Out of all the dogs that are assisted in the consulting room because of problems in their behavior, the one which worries most and the commonest of all is aggression. In this article ít's described a case of dominant aggression in a two year oid mongrel. This type of aggression is normally projected on the owners of the animal. It's a standard case in which we give a protocol when suggesting the diagnosis, after that on observation through the results of a request, as well as a detailed treatment programo Key words: Aggression; Behavior; Dominance; Dog. grosidad del animal, indicar el tratamiento más adecuado en cada caso y, sobre todo, prevenir y evitar dicha conducta'ê'. Para clasificar la agresividad canina se pueden utilizar diferentes criterios, siendo uno de ellos el contexto en el que se desarrolla dicha conducta. Siguiendo este criterio se pueden diferenciar los tipos de agresividad que aparecen en la Tabla I. De todos ellos es sin duda la agresividad por dominancia la que tiene mayor incidencia. La agresividad por dominancia es un tipo de agresividad que se manifiesta hacia las personas que conviven normalmente con el perro, es decir, la família'ê'. Se observa con más frecuencia en machos y en los animales que han llegado a la pubertad, aunque este criterio no es absolutov-?'. El desarrollo de esta conducta, indeseable para las personas, está basado en el comportamiento social de los cánidos. Los perros son animales que pertenecen a grupos sociales formados por varios miembros, cada uno de los cuales ocupa un lugar determinado dentro de una jerarquía bastante 243
Caso clínico: agresividad por dominancia. S. Garcia-Belenguer et a/. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales (Avepa) Vol. 19, n° 3, 1999. lineal, que se establece a través de interacciones dos a dos(2,6).Así, en estado de libertad se observa que son animales de manada y que en éstas siempre existe un "líder" o jefe. Una vez establecidas las relaciones de dominancia y subordinación, éstas son relativamente estables y las propias posturas de dominancia o sumisión tienden a mantenerlas (Tabla 11)(8,9).En el seno familiar el perro interaccionará con los diferentes miembros de la familia para establecer su posición dentro de ese orden jerárquico., En ocasiones, se observan posturas ambivalentes a las que contribuyen el miedo o la ansiedad, sobre todo cuando el problema se alarga en el üernpo'l'". Lo que sucede con un perro que presenta agresividad por dominancia es que ningún miembro de la familia, o sólo alguno, es socialmente superior a él. El papel de líder otorga el privilegio de tener prioridad ante los recursos, por lo que el perro manifestará una conducta agresiva únicamente cuando se entre en competencia con él por algún recurso (comida, lugar de descanso, objetos, etc.) o cuando la persona haga algo que el perro perciba como un gesto de dominancia (contacto visual sostenido, presión sobre la parte superior de la cabeza, castigo, etc.)(8,9,lO,1l).Por ello, es frecuente que el propietario describa a su animal de compañía como un perro cariñoso con la familia y con otras personas, exceptuando determinadas situaciones. CASO CLÍNICO. Perra mestiza, entera, de dos años de edad y 10 kg de peso, a la que los propietarios describen de carácter nervioso, poco cariñosa en general y miedosa con extraños a los que suele ladrar si vienen a casa y evitar fuera de ella. La visita a la consulta estaba motivada porque últimamente había mordido a todos los miembros de la familia en diferentes ocasiones y le estaban cogiendo miedo, hasta el punto de que empezaban a plantearse el sacrificio de la perra. La familia estaba compuesta por 3 personas adultas que habían sido mordidas en ocasiones como al ponerle el collar para salir a la calle, darle una medicación, bajarla del sofá, sacarla de una habitación o, simplemente, al acariciarla. Las mordeduras se habían dirigido siempre a manos, antebrazos o tobillos, y llegaban sólo a marcar los dientes y a soltar inmediatamente. La postura de la perra en el desarrollo de la conducta agresiva Tabla I. Tipos de agresividad en función del contexto en el que se desarrollanIZ,8,9, 11), Con causa orgánica Por dominancia Por miedo Territorial o protectora Posesiva Predadora Maternal Redirigida Por el juego Intraespecifica Aprendida Tabla Il. Posturas dominantes y sumísasê-?'. Posturas dominantes - Cola levantada - Orejas erectas y dirigidas hacia delante - Contacto visual sostenido - Belfos fruncidos - Cabeza elevada - Posición erguida - Erizamiento del pelo - Postura vigilante - Patas sobre cuello o cuerpo del subordinado - Sujeción del hocico o del cuello del subordinado - Acoso o derribo - Monta Comportamientos sumisos - Cola recogida - Orejas dirigidas hacia atrás - Extremidades flexionadas - Postura de decúbito lateral o dorsal - Micción sumisa era claramente dominante, aunque a menudo seguida, según los propietarios, de una reacción de culpabilidad ya que tendía a encogerse y esconderse. La perra había sido adoptada cuando tenía un mes de edad y la conducta agresiva había empezado aproximadamente a partir del primer celo, aunque había ido agravándose con el tiempo. Al principio la castigaban riñéndola en voz alta, amenazándola con un gesto o, a veces, pegándole con un periódico, pero vieron que era peor, por lo que últimamente habían optado por dejarle hacer lo que quisiera y ante el mínimo gruñido se retiraban. Así evitaban que les mordiera, No habían intentado otro tipo de soluciones, En la anamnesis se recogieron otros datos de interés como la pauta de alimentación, que consistía en pienso dos veces al día, además de restos de comida y extras siempre que la perra lo pedía. También comentaron que les costaba mucho sacarla a la calle, sobre todo cuando había jaleo, por ejemplo si coincidía con los horarios de salida y entrada de colegios y, de cualquier manera, en cuanto había hecho sus necesidades, tiraba 244
Caso clínico: agresividad por dominancia. S. Garcia-Belenguer et al. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales (Avepe) Vol. 19, n" 3, 1999. Tabla III. Encuesta realizada a los propietarios, basada en Dodman et al. (1996). Propietario: Fecha: Puntuación: Datos del perro. Nombre: Edad: Raza: Sexo: SITUAcIONES GRUÑE ENSEÑA DIENTES INTENTA MORDER MUERDE Tocar la comida al perro cuando come Pasar al lado del perro mientras come Añadirle comida mientras come Quitarle un hueso Pasar a su lado cuando tiene un hueso Quitarle un objeto que ha robado Despertar al perro tocándolo Tocarlo mientras descansa Impedirle ir a algún sitio Retirarle de algún sitio cogiéndole por el collar Sacarlo de una habitación Bajarlo del sofá Chocar o tropezar con el perro accidentalmente Cogerlo en brazos Acariciar al perro Tocarle o manipularle la cara o la boca Tocarle las patas Cepillarlo Arreglarle las uñas Bañarlo o secarlo con toalla Quitarle o ponerle el collar Ponerle el bozal Tener al perro con bozal Mirarle fijamente a los ojos Darle una reprimenda en voz alta Amenazarle con algún gesto Castigarle físicamente con algún objeto o con la mano Darle una medicación Llevarle en un transportin o jaula Hacer que responda a una orden mucho para volver a casa. Así que la sacaban sólo 2 o 3 veces al día y, en cuanto la perra tiraba para irse a casa, volvían inmediatamente. Algún día se había orinado en el rellano de la escalera y, al reñirla, les había gruñido y fruncido los belfos, pero, según los propietarios, sabiendo que había hecho mal porque bajaba como encogida a la calle. Dormía en una alfombra para ella o en un sofá. De ambas cosas se había apropiado y era imposible tocarlas en su presencia. Desde siempre la habían dejado subirse a camas y sofás. En cuanto a la obediencia, era ocasional y sólo si había recompensa de por medio. En el transcurso de la anamnesis se solicitó a los dos propietarios que acompañaban a la perra que rellenaran una encuesta cada uno (Tabla III). En esta encuesta se plantean 30 situaciones en las que el propietario puede encontrarse habitualmente con el perro y en las que tiene que indicar con una cruz si el perro en esas situaciones gruñe, enseña los dientes, intenta morder o muerde. A estas conductas se les da un valor de 1, 2, 3 y 4 respectivamente y al final se suman los puntos obtenidos. En este caso los propietarios sacaron 31 y 37 puntos respectivamente. Esta encuesta es una herramienta muy útil para apoyar el diagnóstico de un problema de agresividad por dominancia y poner de manifiesto la gravedad del mismo, pudiendo considerar la aparición de más de 5 puntos, según algunos autores'v, como una evidencia de la existencia de este problema. En la consulta, se observó cómo gruñía al cogerla la propietaria para subirla a la mesa y se procedió a ponerle un bozal para evitar riesgos mientras se realizaba una exploración general durante la cual no manifestó signos de agresividad. El resultado de la exploración fue normal. También se practicó una exploración neurológica y no se observó alteración alguna. No creyendo necesaria la realización de otras pruebas complementarias, 245
Caso clínico: agresividad por dominancia. S. García-Belenquer et al. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales (Avepa) Vol. 19, n" 3, 1999. con todos los datos obtenidos se diagnosticó un problema de agresividad por dominancia y se inició un tratamiento. El tratamiento consistió en una terapia de conducta, la cual se entregó por escrito a los propietarios, y en una terapia farmacológica que consistió en la administración de clorhidrato de fluoxetina a una dosis de 1 mg/kg cada 24 horas durante 8 semanas. El objetivo de la terapia de conducta es modificar la estructura social que ha definido el perro, rebajándolo al nivel inferior y situando a los miembros de la familia en un papel de liderazgo, evitando la posible agresión. Para que el tratamiento sea eficaz es imprescindible la colaboración de todos los miembros de la familia, que deben comprometerse a seguir el siguiente "Programa de Modificación de la Conducta": 1Garantizarla seguridad de las personas. Evitar los enfrentamientos' con el perro, eludiendo situaciones conflictivas como molestarle mientras descansa o come, o juegos que se asemejen a una lucha. Debe valorarse en todo momento el riesgo de que el perro muerda y, si este riesgo existe, abandonar la maniobra en ese momento. 2Nunca castigar físicamente al perro. No hay que pegar al perro en ningún momento. Con ello, lo único que se consigue es incrementar su agresividad, ya que el perro dominante hará prevalecer su situación privilegiada. El único castigo que debe emplearse con él es la ignorancia y la indiferencia. 3Ignorar al perro cuando muestre comportamientos dominantes. Durante las dos primeras semanas de terapia se ignorará al perro en todos sus acercamientos, amistosos o no, para evitar entrar en conflicto con él. Superadas estas dos semanas se le empezará a hacer caso, pero únicamente a iniciativa del propietario ysiempre teniendo presente que deberá ignorarse o evitarse todo comportamiento dominante. Son comportamientos dominantes: • Subirse a posiciones elevadas o privilegiadas como los sofás y las camas (el perro debe descansar en el suelo, sobre una alfombra o cesta apropiada para él). • Apropiarse de objetos (los propietarios deben coger, limpiar o retirar las pertenencias del perro constantemente y siempre que quieran). • Apropiarse de lugares de la casa a los que no deja acceder a los propietarios y de los que no se deja sacar (si esto sucede se evitará el acceso del perro a dichos lugares tapándolos, convirtiéndolos en lugares de paso, etc.). • No dejarse acariciar o exigir caricias de la familia cuando le apetecen (las caricias deben ser proporcionadas a iniciativa del propietario, aprovechando la obediencia a órdenes). • Defender o exigir su comida (el perro debe comer a su hora, preferiblemente el último, cuando la familia haya terminado). • Pedir comida cuando comen los propietarios (deben evitarse absolutamente todos los extras). • Pasar el primero por las puertas (son los individuos dominantes los que pasan siempre primero). • Marcar el itinerario del paseo (es el propietario quien debe decidir dónde quiere ir). En este caso se aconsejó además cambiar el horario de salidas, buscando los momentos de más tranquilidad en la calle. En los casos en los que el perro dominante tira mucho por la calle se pueden utilizar collares como el Gentle Leader", aunque en este caso no fue necesario. • Subirse encima de los miembros de la familia o exigir que se le coja en brazos (si se sube encima, hay que retirarse, y si se le coge, debe ser siempre a iniciativa del propietario). 4Reforzar los comportamientos sumisos. La recompensa inmediata de una buena conducta (comportamiento sumiso) va a reforzar dicha conducta. La recompensa puede ser: una galleta, unas caricias o simplemente decirle "muy bien" en un tono alegre y cariñoso. Para que el perro asocie la conducta con la recompensa ésta debe ser proporcionada de forma inmediata. Son comportamientos sumisos: • Obedecer órdenes. • Echarse sobre la espalda o de lado. • Dejarse bajar la cabeza presionando el hocico. • Dejar ejercer una ligera presión sobre el esternón cuando está tumbado. • Desviar la mirada cuando se le mira. Las recompensas se utilizarán únicamente para premiar estos comportamientos y en ningún momento se le darán "caprichos" (premios) sin motivo, y menos si el perro lo exige. 5Reforzar la obediencia La obediencia es la mejor forma de reforzar el liderazgo del propietario, asegurarse el control 246
Caso clínico: agresividad por dominancia. S. García-Belenguer et al. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales (Avepa) Vol. 19, nO 3, 1999. sobre el perro y conseguir, además, que el perro esté relajado. Obedecer una orden es incompatible con desarrollar una conducta indeseable. Mientras el perro está obedeciendo, está pendiente exclusivamente de su propietario, quien para él es su jefe o líder. El perro necesita un líder con el que se encuentre seguro y tranquilo. Al principio es conveniente hacer 2-3 sesiones de obediencia al día, practicando una orden, como, por ejemplo, "siéntate". Estas sesiones deberán tener una duración de 5-10 minutos como máximo. Posteriormente se practicará la orden en cualquier momento del día y siempre que el perro vaya a tener acceso a un recurso, como, por ejemplo, antes de ponerle la comida o antes de hacerle una caricia. Se realizaron revisiones del caso cada 2 semanas hasta las 10 semanas. Posteriormente se hicieron revisiones mensuales durante 3 meses más. En cada visita se revisaba punto por punto todo el protocolo de tratamiento y se comprobaban los avances en la obediencia. En la primera revisión los propietarios no estaban muy contentos porque estaba muy pesada y no paraba de reclamar atención, comida, etc., aunque, al menos, no se había producido ninguna mordedura. A los dos meses se repitió la encuesta (Tabla III)y se observó ya una reducción notable del número de situaciones en las que la perra manifestaba comportamiento agresivo. A partir de ahí, se procedió a retirar la fluoxetina pero, no obstante, se continuó revisando el caso para comprobar que no reaparecía la conducta agresiva. DISCUSIÓN. La agresividad por dominancia supone alrededor del 60% de los casos de agresividad en la especie canina, suponiendo éstos a su vez el 50% de los casos que acuden a la consulta con problemas de comportamiento'f . El diagnóstico correcto de un problema de agresividad, identificando el tipo y las características de la misma, es esencial para decidir el tratamiento más adecuado. En este sentido, antes de iniciar el tratamiento es necesario plantearse algunos condicionantes como el tamaño del perro, la peligrosidad del ataque, la presencia de niños y/o ancianos en la familia, el tiempo de persistencia del problema, su complicación con otros problemas de comportamiento u orgánicos y la capacidad de los propietarios para llevar a cabo el programa de tratamiento'ê'. Como se indica en el protocolo, el primer objetivo de la terapia debe ser siempre garantizar la seguridad de las personas y, si esto no es posible, el tratamiento más indicado será el sacrificio del animal. No siempre es recomendable forzar a un animal con agresividad por dominancia a adoptar posturas de sumisión, puesto que en algunas ocasiones ello podría ser peligroso para los propietarios. La agresividad por dominancia tiene buen pronóstico siempre y cuando se tengan a favor los condicionantes que se acaban de indicar, como en el caso que nos ocupa, que se trataba de una hembra joven, de pequeño tamaño, y unos propietarios adultos y muy interesados en solucionar el problema. El programa de tratamiento aplicado en este caso estuvo basado en los protocolos utilizados por Hart y Hart (1985), Askew (1996), Overall (1997) y Landsberg et al. (1998), y podría servir de base para el tratamiento de la agresividad por dominancia, adaptándolo a cada caso concreto con sus particularidades. La encuesta que se aporta como apoyo al diagnóstico de la agresividad por dominancia, y sobre todo, como elemento objetivo de control sobre la efectividad de tratamiento está basada en una encuesta propuesta por Dodman et al. (1996) con algunas modificaciones. Su cumplimentación es muy sencilla y aporta un argumento muy útil para el clínico y para el propietario a la hora de precisar la gravedad del problema y hacer un seguimiento del mismo, ya que permite evidenciar la mejora de la conducta de forma objetiva. Nunca debe utilizarse como un elemento único de diagnóstico. No hay que olvidar que la agresividad por dominancia puede acompañarse de otros tipos de agresividad como la territorial, por miedo, predatoria, etc. (U), que deberán identificarse también en la anamnesis complementaría a la encuesta. El éxito del tratamiento depende del cumplimiento riguroso del protocolo terapéutico. Por ello, el interés y la participación de los propietarios en la terapia es esencial. En la mayoría de los casos de dominancia se observa cómo el propietario, sin saberlo, ha estado reforzando la conducta no deseada del perro, al no ser capaz de reconocer los comportamientos dominantes del mismo. Los propietarios deben ser informados de estos comportamientos y deben saber que son utilizados por el perro para testar el estatus social de otros perros, y son utilizados también del mismo modo con ellos. A menudo, los cambios de comportamiento que 247
Caso clínico: agresividad por dominancia. S. García-Belenguer et al. Clínica Veterinaria de Pequeños Animales (Avepa) Vol. 19, n'' 3, 1999. se exigen en el protocolo de modificación de la conducta son difíciles de soportar por parte del perro y de los propietarios. El perro dominante está acostumbrado a conseguir todo lo que quiere y, de repente, se encuentra con que nadie le presta atención, por lo que se pone muy ansioso y los propietarios lo pasan muy mal. Por ello, en la mayoría de los casos es necesaria la utilización de fármacos que ayuden a controlar la ansiedad y la agresividad. En el caso clínico que se describe se utilizó la fluoxetina por su especificidad de acción, BIBLIOGRAFÍA. 1. Askew HR. Treatement of behavior problems in dogs and cats. Blackwell Science 1996. 2. Beaver BV. Canine behavior: A guide for veterinarians, WB Saunders Ca 1999. 3. Borchelt PL, Voith VL. Dominance agresion in dogs. Comp Cont Educ Pract Vets 1986;8:36-44. 4. Dodman NH, Donnelly R, Shuster L, Mertens P, Rand W, Miczek K. Use of f1uoxetina to treat dominance aggression in dogs. JAVMA 1996;209: 1585-1587. 5. Dodman NH, Shuster L. Psycchopharmacology of Animal Behavior Disorders. Blackwell Science 1997. ili 248 sus escasos efectos secundarios y su precio asequible al tratarse de un perro de tamaño pequeño. La fluoxetina es un inhibidor selectiva de la recaptación de serotonina a nivel de la membrana presinápica, lo que hace que actúe como modulador de la respuesta agresiva(5).Existen otros fármacos alternativos a la fluoxetina para el tratamiento de la agresividad por dominancia, como los antidepresivos tricíclicos, menos específicos, o los progestágenos, con numerosos efectos secundarios(5,8,1 O). 6. Feddersen-Petersen DU. Comportamiento social de lobos y perros: diferencias y similitudes. Consulta 1998;6:7-15. 7. Hart BL, Hart LA. Canine and Feline Behavioral Therapy, Lea & Febiger. Baltimore, 1985. 8. Landsberg G, Hunthausen W, Ackerman L. Manual de problemas de conducta del perro y gato. Acribia, Zaragoza, 1998. 9. Manteca X. Etologia clínica veterinaria del perro y el gato. Multimédica. Barcelona, 1996:228. 10.Overall K. Clinical behavioral medicine for small animals. Mosby. St. Louis, 1997. 11. Reisner IR. Agresión canina:neurobiología, comportamiento y tratamiento. Friskies Veterinary International 1999;11: 15-25.