Análisis experimental de los déficits motivacionales y cognitivos del "Learned Helplessness" en una muestra de adolescentes no depresivos
Abstract
En este trabajo se analizan los deficits motivacionales y cognitivos del learned helplessness en función de las expectativas de autoeficacia, expectativas de contingencia de respuesta-resultado, locus de control y sexo de los sujetos en una muestra de 274 adolescentes no depresivos. Los resultados indican que los déficits motivacionales solo se presentan en el grupo de baja expectativa de autoeficacia y alta expectativa de contingencia de respuesta-resultado. No se detectaron déficits cognitivos en ninguno de los grupos.
Full text
Cuadernos de Psicología, 1984,11, 7.34 ANÁLISIS EXPERIMENTAL DE LOS DEFICITS MOTIVACIONALES Y COGNITIVOS DEL ((LEARNED HELPLESSNESS)) EN UNA MUESTRA DE ADOLESCENTES NO DEPRESIVOS A. POLAINO-LORENTE" D.A.G. VILLAMISAR*" RESUMEN En este trabajo se analizan los depcits motiuacionales y cognitiuos del learned helplessness en jünción de las expectativas de autoeficacia, expectativas de contingencia de respuesta-resultado, locus de control y sexo de los sujetos en una muestra de 274 adolescentes no depresivos. Los resultados indican que los déficits motivacionales solo se presentan en el grupo de baja expectativa de autoejcacia y alta expectativa de contingencia de respuesta-resultado. No se detectaron déficits cognitiuos en ninguno de los grupos. ABSTRACT Within the present papel the authors analyse the motiuational and cognitiue deJcits of the model of learned heiplessness f7om the expectations of self-eflcacy, expectations of response-outcome contingency, locus of control, and sex of the subjets; using a sample of274 non depressed teenapers. The results suggest that the motivational deficits are only present within the group that shows low expectations ofself-eflcacy and high expectations of response-outcome contingency. The cognitiue deficits were not found in either ofthe groups. " Departamento de Psicopatología. Universidad Complutense de Madrid. "" Departamento de Psicología Fisiológica. Universidad de Santiago de Compostela.
La depresión clínica es, sin duda alguna, una de las manifestaciones psicopatológicas de más alta incidencia en la actualidad. A pesar de los notables avances que se han producido tanto en el diagnóstico como en el tratamiento, existen importantes dificultades para construir modelos que expliquen los distintos subtipos de depresión. Coincidimos con el principio ya bastante generalizado de que el estudio de la depresión debe ser abordado desde una perspectiva multidisciplinar que comprenda criterios clínicos, bioquímicos, electroencefalográficos (potenciales evocados), conductuales y cognitivos (POLAINO-LORENTE, 198 1, 1983, 1984). Encuadrado en la vertiente cognitiva, el modelo de learned helplessness (a partir de ahora, L.H.), aunque de reciente aparición, ha generado ya un volumen considerable de investigaciones de indudable trascendencia para la etiología e intervención terapéutica de los desórdenes depresivos. Formulado originariamente por Seligman (1 975), fue muy pronto reformulado por Abramson et al. (1978) y pretende ser un modelo explicativo de la depresión reactiva en sujetos humanos, dada la similitud de síntomas entre estos y los animales de laboratorio sometidos a las condiciones del L.H. En el presente trabajo, nos atendremos exclusivamente a las diferencias individuales que se puedan apreciar en déficits motivacionales y cognitivos, en función de determinadas expectativas y del sexo de los sujetos. BREVE REVISIÓN CRITICA SOBRE LOS DÉFICITS MOTIVACIONALES Y COGNITIVOS La pretensión de analizar los déficits del L.H. de forma aislada que ofi-ecemos a continuación nace de la toma en consideración de las condiciones que, segun Alloy y Abramson (19801, son necesarias para una prueba definitiva del L.H. Dkficit motivacional El déficit motivacional refleja una notable reducción del impulso para iniciar respuestas voluntarias en la fase test. Numerosos experimentos realizados con sujetos humanos y animales probaron la presencia del citado déficit (cJ revisiones de MILLER y NORMAN, 197 9; POLAINO-LORENTE y VÁZQUEZ, 1 982; POLAINO.LORENTE, 1983; VILLAMISAR, 1983).
No obstante, numerosos trabajos han cuestionado los anteriores hallazgos, atentando por ello contra los principios esenciales de la teoría. Así, en algunos experimentos, en vez de producirse los efectos anteriormente señalados, sucedía más bien lo contrario: los sujetos rendían mejor en la fase de tratamiento (BENSON y KENNELLY, 19 7 6; COHEN, ROTHBART y PHILLIPS, 19 7 6; COLE y COYNE, 19 7 7; DOUGLAS y ANISMAN, 19 7 5; HANUSA y SCHULTZ, 1 9 7 7 ; HIROTO y SELIGMAN, 1 9 7 5; JONES, NATION y MASSAD, 1 9 7 7 ; GATCHEL y PROCTOR, 19 7 6; KLEIN, FENCIL-MORSE y SELIGMAN, 1 9 7 6; TENNEN y ELLER, 197 7; ROTH y KUBAL, 1975; WORTMAN et al., 197 6; WILLIAMS y TEASDALE, 1982). Desde distintas vertientes se ha intentado explicar este efecto de facilitación. Por ejemplo, para autores como Rachman (1 9 7 9), Riperre (1 9 7 6, 197 7a, 197 7131, etc., el efecto puede ser debido a un sentimiento de heroicidad (helpfulness) que invade al sujeto. Otros entienden que la mejora experimentada se puede aplicar mediante el modelo de reactancia psicológica (BAUM y GATCHEL, 1981; BREHM, 1966; BREHEM et al., 1966; BREHEM y BREHM, 1981; WRIGHT Y BREHM, 1982). Explíquese como se explique, 10 cierto es que el hallazgo supone un fuerte cuestionamiento de la Teoría del L.H. Varios estudios probaron la existencia del L.H. ((apetitivon, demostrando con ello que la responsabilidad directa de los déficits motivacionales reside en la incontrolabilidad, pero no en la aversividad de los resultados (COHEN, 1 9 7 6; EISENBERG et al., 1 9 7 4; GRIFFITH, 1 9 7 7; O'ROURQUE, TRYON y RAPS, 1980; OAKES y CURTIS, 1982, Experimento 1, grupo PN; Experimento 2, grupos NCT y NCNT; TENNEN et.al., 198213, Experimento 1, grupo NC-R; Experimento 2, grupo NC-E). Finalmente, una serie de trabajos pone un duro cerco a la teoría al probar que los déficits se producen con independencia de las percepciones y/o atribuciones de los sujetos (OAKES y CURTIS, 1982; TENNEN et al., 1982a, 1982b). Déficit cognitivo De forma semejante, el déficit cognitivo, que consiste en la dificultad para percibir la relación entre respuestas y resultados en la fase test cuando tal contingencia existe, ha sido cuestionado recientemente. Las creencias de la gente en torno al control que tiene sobre los diversos aconteceres referentes a su vida fueron un campo de investigación muy
10 CUADERNOS DE PSICOLOG~A fructífero en los últimos años (ARNKOFF y MAHONEY, 1979; DE CHARMS, 1968, 1976, 1981; GILMOR, 1979; LEFCOURT, 1966, 1972, 1976, 1981; PERLMUTER y MONTY, 1979; PHARES, 1973, 1976, 1978; ROTTER, 1966, 1975; STRICKLAND, 197 7; WEISZ y STIPEK, 1982; WRIGHT y BREHM, 1982). Una línea de trabajo relacionada con este ámbito es el estudio de la relación entre juicios subjetivos en torno a contingencias entre acciones y resultados y las contingencias objetivas (ALLAN y JENKINS, 1980; JENKINS y WARD, 1965; LANGER, 1975, 197 7; NISBET y ROSS, 1980; WARD y JENKINS, 1965). La pregunta básica que se formula en este tipo de cuestiones es la siguiente: iqué exactitud muestra un sujeto al juzgar el control que tiene sobre las contingencias de los sucesos? Una revisión de los principales trabajos que han afrontado esta cuestión sugiere que los sujetos depresivos son mucho más exactos en sus percepciones y juicios de contingencia que los sujetos normales; estos últimos cometen fiecuentemente errores y distorsiones en sus juicios, entendiendo que tienen más control del que realmente tienen (ABRAMSON, ALLOY y ROSSOFF, 198 1; ALLOY y ABRAMSON, 1979, 1982; ALLOY, ABRAMSON y VISCUI, 198 1; CROCKER, 198 1; DE MONBREUM y CRAIHEAD, 19 7 5; GOLIN, TER. RELL Y JOHNSON, 197 7; GOLIN, TERRELL, WEITZ Y DROST, 1979; LEWINSON et al., 1980; MUKHERJI y ABRAMSON (en prensa); ROZENSKY, REHEM, PRY y ROTH, 1977). En otros términos, lo probado por estos estudios es que en ciertas situaciones los sujetos depresivos tienen menos probabilidad que los sujetos normales de manifestar una ilusión de control (LANGER, 1975) y juzgar acontecimientos de naturaleza incontrolable como si realmente fueran controlables. Por ejemplo, Alloy y Abramson (1 979, 198 1) probaron, en contra de la Teoría del L.H., que los estudiantes depresivos eran más exactos al juzgar el control que poseían sobre las consecuencias que los sujetos normales, tanto en problemas en que sus respuestas no controlciban las consecuencias como en aquellos en que sí las controlaban. Paralelamente, Abramson, Alloy y Rossoff (1 98 1) probaron que los estudiantes depresivos subestimaron el grado de control cuando fue necesaria una hipótesis compleja para alcanzar la máxima objetividad de la respuesta y fueron más acertados cuando no se les exigía que generasen tales hipótesis complejas. Ello es congruente con el argumento que sostiene que las personas depresivas tienen mayor probabilidad que las no depresivas para formular hipótesis complejas que establezcan contingencias entre acciones
y resultados y, consecuentemente, tienen una probabilidad menor de emitir la respuesta adecuada a la consecuencia y experimentar la contingencia. Creemos que en la actualidad no hay un conocimiento preciso sobre l cuál es la dirección causal entre afecto depresivo y exactitud en el juicio de l control. Una hipótesis plausible es que el estado depresivo lleva al sujeto a ser más exacto en sus juicios que los sujetos normales, quienes tal vez para proteger su autoestima son muy propensos a sucumbir en una ilusión de control. La hipótesis alternativa es que, posiblemente, las personas que tienen tendencia a ser muy precisas en sus autoevaluaciones son más vulnerables hacia la depresión que las personas que provocan abundantes sesgos a su favor en tales situaciones experimentales. Finalmente, pudiera ser que una tercera variable, el estilo atribucional, fuera la responsable tanto de la vulnerabilidad a los estados depresivos como de la exactitud de los juicios sobre la eficacia de las respuestas (ABRAMSON y MARTIN, 1981; ALLoY et al., 1980; BLANEY et al., 1980; CUTRONA, 1983; GOLIN et al., 198 1; HAMILTON y ABRAMSON, 1983; HAMMEN y DE MAYO, 1982; METALSKY y ABRAMSON, 1980; METALSKY et al., 1982; MUKHERJI et al., (en prensa); PETERSON et al., 1 982; PETERSON et al., 1983; RAPS et al., 1 980; RAPS et al., 1 982; SELIGMHN et al., 19 7 9). Los estudios sobre realismo depresivo y distorsión no depresiva hasta aquí revisados examinaron, exclusivamente, los juicios de los sujetos en situaciones relevantes al self(yo). Falta por comprobar si estas distorsiones y exactitudes se mantienen cuando los sujetos emiten juicios en torno a los otros (TABACHNIK et al., 1983; MARTIN et al., 1984). Tabachnik et al. (1983) partiendo del efecto del falso consenso (ROSS, GREENE y HOUSE, 1977) propusieron a sujetos depresivos y no depresivos juzgar una serie de atributos (relevantes a la depresión y neutros) como propios de ellos mismos y, a la vez, de sus propios compañeros, y también la exactitud con que percibían esos atributos en los demás. Los resultados indican que: a) los sujetos depresivos mostraron un falso consenso, menor que los sujetos no depresivos, es decir, se perciben distintos a los demás en todos los atributos y b) los sujetos no depresivos fueron más exactos que los sujetos depresivos al juzgar el porcentaje de compañeros que fueron caracterizados por tal atributo. Creemos que merece la pena destacar dos hechos importantes de este trabajo: en primer lugar, que no toda la gente tiene tendencia a mostrar un falso consenso, tal como Ross et al. suponían; en segundo término, que el realismo depresivo en juicios en torno al yo puede no cumplirse cuando se trata de juicios en torno a los demás.
Diferencias individuales Según Abramson et al. (1978), el determinante principal de los déficits del L.H. es la expectativa de incontrolabilidad. La atribución solo predice la aparición de la citada expectativa. Sin embargo, a lo largo de la corta historia del L.H., la expectativa de futura incontrolabilidad siempre se consideró como una condición sujciente pero no totalmente necesaria para la génesis de un L.H. Las personas pueden evidenciar esos déficits por razones muy ajenas a las especificadas en el modelo: ansiedad, egoísmo, frustración, percepciones, esquemas previos, expectativas muy consolidadas en torno a las contingencias ambientales, etc. Es fácil deducir que la interacción de estas variables con otras propias del setting experimental (valor y frecuencia del resultado, por ejemplo) afec. tará de forma muy influyente a los procesos de atención, memoria y categorización de los sujetos, y determinará el grado en que la independencia de respuesta-resultado es percibida como tal. Entendemos que es de capital importancia la consideración de las citadas variables para descubrir cuál es su contribución real a la génesis del L.H. Por tal motivo haremos a continuación una breve revisión de cada una de ellas. Expectativas de autoeJZcacia La Teoría de la Autoeficacia (BANDURA, 197 7, 197 8, 1980, 198 1, 1982a, 1982b, 1983; BANDuRA et al., 1977a, 1977b, 1980, 1981, 1982) distingue entre dos tipos de expectativas: expectativas de autoeficacia y expectativas de resultado. Las expectativas de autoeficacia representan la concepción que un individuo tiene de su capacidad potencial para realizar una determinada conducta X. Las expectativas de resultado representan la estimación de la probabilidad subjetiva de que de la realización de la conducta X se obtendrá un determinado resultado Y. Ambas expectativas pueden variar en magnitud, fuerza y generalidad. Una breve revisión de los estudios sobre la autoeficacia (VILLAMISAR, 1983) nos permitió destacar tres aspectos muy relevantes. En primer término, se ha confundido muy frecuentemente ambos tipos de expectativas. En segundo término, que no hay consenso en torno al contenido del ((resultado)). Y finalmente, los escasísimos estudios que relacionan la Teoría de la Autoeficacia con la Teoría del L.H., a pesar de la referencia explícita que a ello hacen los autores de ambas teorías. Así, por ejemplo, según
ANÁLISIS DE LOS DÉFICITS DEL ((LEARNED HELPLESSNESS)) 13 Abramson et al. (1978) la Teoría reformulada se relaciona con la Teoría de la Autoeficacia de la siguiente forma: el L.H. de tipo personal implica una baja expectativa de autoeficacia y una alta expectativa de contingencia de respuesta-resultado, mientras que el L.H. de tipo universal implica una baja expectativa de resultado. Pues bien, probar hasta qué punto se cumple tal predicción es uno de los objetivos esenciales del presente trabajo. Expectativas de locus de control El análisis teórico de las expectativas de locus de control es una empresa dificil de emprender, dada la complejidad que en sí entraña el -constructo. No obstante, tal dificultad es sanable gracias a varias revisiones realizadas que facilitan enormemente el trabajo (GILMOR, 19 7 9; JOE, 19 7 1; LEFCOURT, 1966, 1972, 1976, 1981; PHARES, 1973, 1976, 1978; PROCIUKy LUISIER, 1975; ROTTER, 19 7 5; STRICKLAND, 19 7 7; THOROP y MCDONALD, 19 7 1 ; WEISZ y STIPECK, 1982). A pesar de la densidad de los trabajos precedentes, es sumamente dificil tener una idea clara de lo que es el constructo, pues hay problemas en cuanto a conceptualización (GREGORY, 198 1; ZUROFF, 19801, de qué escalas son las más apropiadas para su medida (WEISZ y STIPECK, 1982) y de si considerarlo un constructo unidimensional o multidimensional (ABRAMOWITZ, 19 7 3; COLLINS, 1 9 7 4; LEFCOURT et al., 1 9 7 9; LEVENSON, 1972, 1973, 1974, 1981; MIREL, 1970; PAULHUS y CHRISTY, 1981; PELECHANO y BAGUENA, 1983a, 198313; REID y WARE, 1973; ROTTER, 1966; WALLSTON et al., 19 7 6, 19 7 8). A raíz de la revisión realizada, nos inclinamos por una conceptualización del lugar de control desde una perspectiva multidimensional, referida a las fuentes de control y que, además, sea específica para cada situación. Por otra parte, desde hace aproximadamente una década se viene investigando la posible relación entre locus de control y L.H. (HIROTO, 1974). Concretamente, este autor encontró cierta relación entre locus de control externo y L.H, Desde una perspectiva cognitivo-comportamental, entendemos que esta relación está en una línea de difícil justificación, puesto que un sujeto en situación de L.H. cree que no hay ninguna relación entre su conducta y los resultados: Sus respuestas, entonces, no son eficaces para alcanzar los resultados apetecidos. Por el contrario, un sujeto con una orientación de locus de control externo cree que él dispone de una serie de respuestas competentes, válidas; pero la suerte, el azar u otros factores logran que estas respuestas no sean contingentes con los resultados.
14 CUADERNOS DE PSICOLOG~A Paralelamente a lo anterior, una serie de autores probaron que los sujetos de locus de control externo tienen puntuaciones más altas en autoinformes de la depresión que los sujetos de locus de control interno (ABRAMOWITZ, 1 969; CALHOUM ft al., 1 9 7 4; EMMELKAMP et al., 1 9 7 5; GROSS y MOROSCo, 1 9 7 O; O'LEARY et al., 1 9 7 4; PROCIUK et al., 1 9 7 6). También hay hallazgos en sentido contrario (por ejemplo, GOZALI y SLOAN, 197 1; LOGSDON et al., 1 9 7 8; PITTMAN y PIT~MAN, 1 9 7 9). Por añadidura, algunos trabajos descubrieron que los ítems que se relacionan con el lugar de control externo correlacionan más alto con los ítems de la depresión que los ítems de lugar de control interno, lo cual empaña un poco la posible e incierta relación entre lugar de control externo y depresión (HAIKEN y BAuCOM, 1982; EVANS y WANTY, 1979; LAMONT, 1972a, 1972b). Todo lo cual confirma aún más la línea argumenta1 que sostiene que no hay razones sólidas para establecer una relación positiva entre L.H. o despresión y locus de control externo. Sexo de los sujetos Hay diversos estudios que señalan que las chicas se desamparan más que los chicos (DIENER y DWECK, 1978, 1980; DWECK, 1975; DWECK y BEPPu. CI, 1973; DWECK y GILLARD, 1975; DWECK y BUSCH, ,197 6; DWECK et al., 1980; DwECK y LICHT, 1980). Recientemente también, se descubrió que la identidad del rol sexual puede jugar un importante papel en estas diferencias (BAUCOM, DANKER-BROWN, 197 9; BAUCOM, DANKER-BROWN, 198 1 ; BAUCOM, 1983; RAY y BRISTOW, 197 8). La mayor vulnerabilidad del sexo femenino también es patente en la depresión (KANDELL y DAVIES, 1982; KASHANI, 1981d; KUPERMAN y STEWARD, 19 7 9; WEIS y KLERMAN, 19 7 9). Por todo ello, cabe esperar que en la presente investigación se presenten los déficits del L.H. en mayor proporción entre los sujetos de sexo femenino. Edad Son muy escasos los estudios en los que se tuvieran en cuenta posibles diferencias individuales en cuanto a la edad. El presente trabajo es un intento de analizar el fenómeno del L.H. en adolescentes, dado el gran interés que está tomando actualmente el estudio de la depresión en la infancia y adolescencia (ACHENBACH, 1 9 7 8; ANTHONY, 1 9 7 9; BEMPORAD, 1 98 2; CARL-
SON y CANTWELL, 1980a, 1980b; COSTELLO, 1980; CYTRYN y MCNEW, 1972; CYTRYN et al., 1980; LEFKOWITZ y BuRTON, 197 8; LEFKOWITZ, 1980; PHILLIPS, 1979, 1980; PHILLIPS y FRIEDLANDER, 1982; PUIG.ANTICH, 1982). En conclusión, lo que pretendemos lograr en la presente,-investigación es: - Comprobar experimentalmente la relación establecida por Abramson et al. (1978) entre la Teoría reformulada del L.H. y la Teoría de la Autoeficacia de Bandura (197 7), en cuanto a los déficits motivacionales y cognitivos. - Averiguar las posibles diferencias individuales en cuanto al sexo y locus de control en los déficits citados. Sujetos Participaron en el experimento 274 sujetos de ambos sexos (144 varones, 130 mujeres) con una media de edad de 14.2 años. Todos eran estudiantes de 8.0 de EGB en diversos centros públicos de la provincia de la Coruña. Cuestionarios a) Cuestionarios preexperimentales. Con la finalidad de controlar el efecto de determinadas variables extrañas, aplicamos una serie de cuestionarios preexperimentales procurando que los grupos seleccionados no diferieran entre sí en cuanto a las variables indicadas. Los cuestionarios aplicados fueron: Inteligencia general (Test D-48, ANSTEY, 1979), M.A.E. (PELE. CHANO, 1975), Cuestionario de Depresión Infantil (traducción del Cuestionario de Beck, por Rodríguez Sacristán y Cardose), EPQJ (EYSENCK, 19781, Cuestionario de Autoestima de Rosenberg (1 9651, Cuestionario de Locus de Control en Solución de Problemas (LOCSP, VILLAMISAR, 1983) y Cuestionario de Autoeficacia en Solución de Problemas (AE-SP, VILLAMBAR, 1983). Estos dos dtimos cuestionarios son una adaptación de los cuestionarios utilizados por Palenzuela (1 982). b) Cuestionario-control. A lo largo de la investigación utilizamos una serie de cuestionarios-control para analizar el estado de determinadas variables. Estos cuestionarios fueron los siguientes:
22 CUADERNOS DE PSICOLOG~A ducían independientemente de las percepciones y10 cogniciones de los sujetos (OAKES y CURTIS, 1982; TENNEN et al., 1982a, 1982b). Entendemos que la metodología experimental utilizada en el presente estudio (no acometida hasta el presente, que sepamos, por ningún otro) hace que los resultados aquí alcanzados sean difícilmente comparables con los logrados por la literatura precedente aquí revisada. No obstante, vamos a comentar, aunque brevemente, algunas de las notas más sobresalientes que a nuestro entender se desprenden de estos resultados. Nos gustaría comentar, en primer lugar, que el paralelismo establecido por Abramson et al. (1978) entre la Teoría de la Autoeficacia de ~andura y la Teoría reformulada de learned helplessness no se manifiesta en este trabajo al menos por lo que a déficits motivacionales se refiere, pues solo se ha hallado diferencias significativas entre los grupos de baja autoeficacia vs. alta expectativa de contingencia de respuesta-resultado y los restantes grupos con una probabilidad de p<05; y ello es congruente solo con la comparación establecida entre desvalimiento personal y la Teoría de la Autoeficacia pero no con el desvalimiento universal, pues este exigiría que el grupo de baja autoeficacia vs baja expectativa de contingencia de respuestaresultado fuera significativamente diferente respecto a los restantes grupos. El que no se haya detectado ningún grupo que mostrase efectos de facilitación a niveles significativos contradice los hallazgos que se han logrado en este sentido y que aquí hemos revisado. En contra de lo esperado, no se han hallado diferencias significativas en cuanto a la variable sexo de los sujetos. Ello no deja de ser sorprendente, dada la gran cantidad de estudios que presentan a las mujeres como mucho más vulnerables que los hombres a sufrir una depresión o a sucumbir a los efectos de la incontrolabilidad objetiva. Posiblemente, variables ligadas al desarrollo y a la naturaleza específica de las tareas justifiquen, en parte, estos hallazgos. Por último, tampoco se aprecian diferencias significativas en cuanto a la orientación del locus de control de los sujetos. Ello, aun contradiciendo a determinados autores tal como señalamos en la introducción, está en la línea de lo previsto por nosotros. En resumidas cuentas, y por lo que a déficits motivacionales se refiere, los resultados de la presente investigación apoyan la comparación establecida por Abramson et al. entre desvalimiento personal y la Teoría de la Autoeficacia, pero no se confirma tal semejanza con respecto al desvalimiento universal. El locus de control y el sexo, de los sujetos no ejercen ningún poder diferencial sobre la génesis de los citados déficits.
En cuanto a los déficits cognitivos, no se han apreciado diferencias significativas entre los diversos grupos. Nos gustaría destacar al respecto que en el presente estudio se ha trabajado con sujetos normales en cuanto al nivel de depresión, y lo que nosotros esperábamos era que los sujetos desvalidos fueran más realistas en sus apreciaciones del control de contingencia que los restantes sujetos, de acuerdo con las formulaciones más recientes en la literatura (ABRAMSON et al., 198 1; ALLOY y ABRAMSON, 1979, 1982; ALLOY et al., 198 1; CROKER, 198 1). Los anteriores trabajos señalan que los sujetos normales tienen tendencia a cometer más errores en sus apreciaciones de los juicios de contingencia. Aunque, como vimos, Tabachnik et al. (1982) demostraron que cuando se trata de juzgar el porcentaje de sujetos que tienen una serie de atributos relevantes a la depresión, los sujetos normales son más precisos que los sujetos depresivos en sus predicciones. Lo que nos da a entender que el realismo manifestado por los sujetos depresivos, cuando se trata de juicios en los que está implicada la propia persona, parece no mantenerse cuando se trata de juicios en torno a las demás personas significativas para el sujeto. El que no se hayan detectado diferencias significativas puede tener, a nuestro modo de ver, dos explicaciones. En primer lugar, como queda dicho, puede ser debido a que la muestra utilizada por nosotros estaba compuesta exclusivamente por sujetos normales, y es muy probable que el deterioro sufrido por estos sujetos, después de haber sido sometidos a una prueba de incontrolabilidad y fracaso contingente, no sea lo suficientemente intenso para que se puedan establecer diferencias significativas entre los diversos grupos. En segundo lugar, puede ser debido a que las contingencias del problema sean fáciles de detectar y, por tanto, todos los sujetos sean bastante exactos en sus predicciones, y por consiguiente, no se haya podido probar tanto el realismo depresivo como la ilusión de control que caracteriza, según la literatura, a los sujetos depresivos y a los sujetos normales, respectivamente. Concluyendo, diremos que el presente trabajo es una aportación más a los ya disponibles, pero con unas notas específicas que obligan a considerarlo de forma singular; la incidencia de las diferencias individuales, la toma en consideración tanto de los antecedentes (expectativas) como de los consecuentes (atribuciones y estilos atribucionales), el análisis de los déficits motivacionales y cognitivos de forma aislada -diseñando en cada caso estrategias específicas para su cuantificaciónhacen posible que las conclusiones derivadas de este trabajo puedan ser tomadas como punto de referencia de futuras investigaciones.
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