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Papers 44, 1994 53-76 Sobre las necesidades sociales y culturales: entre la necesidad constatada y la necesidad construida. Una aproximación al debate de las necesidades a propósito de las lógicas productoras de equipamientos socioculturales Xan Bouzada Fernández Director del Instituto Galego de Estudios Comunitarios Universidad de Vigo. Departamento de Socioloxía. Vigo. Spain Resumen El contenido de este articulo ensaya una inmersi6n histórica y transversal en un concepto como el de necesidad que cuenta con unas ramificaciones constatablemente densas no s610 dentro del átnbito teórico de la sociologia sino también en el de la antropologia. En primer lugar analizaremos 10s planteamientos mantenidos al respecto desde diferentes aproximaciones. Las teorias de autores pioneros como Durkheim o Malinowski, 10s postulados delfincionalismo sistémico, las tesis de algunos de 10s más significativos miembros de la Escuela de Francfirt y 10s debates suscitados e inspirados por posiciones te6ri- cas con raíces en el pensamiento marxista. En segundo lugar analizaremos el concepto sociológico de necesidad realizando una lectura transversal basada en algunas de las contribuciones teóricas de 10s debates mis recientes y deteniéndonos de modo selectivo en las polémicas vividas actualmente en el campo de la sociologia de b necesia'ades y el trabajo social de comunidad. Por Último, intentaremos establecer un nexo que vincule la tradici6n de la teoria socio- 16gica y las nuevas perspectivas de la sociologia, teniendo en cuenta 10s problemas de orden práctico que se plantean tanto desde el átnbito del consumo y 10s equipamientos socioculturales, como desde la perspectiva de 10s movimientos sociales. (Autor) Palabras clave: sociologia teórica, trabajo social, comunidad. Abstract. On Social and Cultural ~Veedc The contents of this article attempt to offer a historical interdisciplinary analysis of the concept of necessity, which is not only very dense and productive within the sociological field, but also within the anthropological one. Firstly, we will analyse the contributions to this subject from different approximations. The theories of pioneering authors such as Durkheim or Malinowski, the postulates of sistemic functionalism, the theses of the most important members of the Frankfirt School and the debates arisen by the theoretical approximations rooted in marxist thought. Secondly, we will analyse the sociological concept of necessity giving an interdisciplinary perspective based on the theoretical contributions of most recent debates and making a profound selective study of the present controversy within sociology of necessity and local social work. Finally, we will try to establis11 a nexus between sociological tradition and the new sociological perspectives, bearing in mind the specific problems of a practica1 kind yielded
54 Papers 44,1994 Xan Bouzada Fernández by consumerism and sociocultural equipments, and also by the perspective of social movements. (Autor) Key words: theoretical sociology, social work, community. Entre la necesidad constatada y la necesidad construida El de las (mecesidades sociales)) es hoy uno de 10s conceptos clave de carácter sociológico que ha logrado mayor difusión y éxito en el ámbito de la sociologia aplicada, ilegando a alcanzar un uso común y una aceptación generalizada durante 10s últimos afios. La afirmación de las necesidades socioculturales se basaria en la supuesta existencia de unos hechos objetivos de carácter social y cultural vinculados a exigencias de naturaleza, y que disfrutarian asimismo de una condición invariable y mensurable. Estos conceptos han venido siendo utilizados de modo recurrente por técnicos y politicos como pretexto de cara a justificar, promover e implementar estudios, propuestas o políticas concretas en toda la diversa gama de iniciativas que implica a la sociedad y a la cultura. A pesar de que 10s autores clásicos de la sociologia habian iniciado una via de aproximación y asunción de esa idea clave generalmente signada por una razonable prudencia, la práctica de la disciplina ha ido facilitando posteriormente el que se derivase hacia un proceso de reificaci6n favorecido por la consolidación de posturas rutinarias y acriticas proclives al uso fetichizado de este concepto. El modo que ha tenido de manifestarse en el discurso práctico la culminación de esta arraigada hipótesis teórica nos ha inducido a rastrear en el curso del devenir del pensamiento sociológico un tema como éste que en cualquier caso, consideramos, puede seguir hallándose abierto aún hoy a posibles replanteamientos. Varias son las lineas que trazan el camino que va desde la detección rousseauniana de la necesidad natural a su más sólida cristalización en el discurso antropológico, en el psicosocial, y aún como veremos más adelante, en una relativa asunción de esta apoyatura conceptual por parte de la sociologia funcionalista. En el ámbito de la antropologia va a ser Bronislaw Malinowski, el antropólogo inglés de origen polaco, quien asuma la labor de radicalizar algunos elementos del funcionalisrno con vistas a buscar raices de necesidad en el modo de producirse 10s hechos sociales y culturales. En su opinión, La transparencia de 10s hechos sociales emerge justamente cuando éstos se adecúan y responden a las necesidades orgánicas del hombre, a las emociones y a 10s medios prácticos de satisfacer esas emociones (B. Malinowski, 1970: 70-74). Las necesidades básicas serian, en su opinión, aquellas condiciones ambientales y biológicas que deben cumplirse para la supervivencia del individuo y el grupo, considera Malinowslci este concepto como un recurso seminal preciso para realizar una primera aproximación al conocimiento de la conducta humana organizada. Este autor va a concretar el tránsito entre 10 natural y 10 cultu-
Sobre las necesidades sociales y culturales Papers 44, 1994 55 ral, a nivel de necesidades, en un esquema alternativo que situará en polos distintos 10s elementos respectivos a las necesidades básicas y a unos hipotéticos concomitantes culturales derivados de éstos. Este esquema incluiria entre las necesidades básicas a las de metabolisme, reproducción, bienestar corporal, sepridad, movimiento, crecimiento y salud. En el otro extremo y como derivación de 10s anteriores concretaria concomitantes culturales tales como: abasto, parentesco, abrigo, protección, actividades, ejercitación e higiene. Llegado a este punto, y a través de una particular e inercial analogia, consumar5 su propuesta a través de una discutible elección consistente en erigir un nuevo tip0 de necesidades culturales (Malinowski, 1970, p. 106, 1 19 y 127) que le permitirin abogar por el reconocimiento del poder prescriptivo y normativo del ilmperativo cultural consolidado. En el trayecto recorrido por nuestro autor vernos como éste va a optar por radicalizar un concepto como el de necesidad y hacerlo extensible al ámbito cultural sin percatarse de 10s riesgos fixistas y reificadores implícitos en una tal decisión. Como ejemplo de la proclividad de la psicologia social por la aceptación del recurso a la tesis de las necesidades, puede servirnos de referencia paradigmática la propuesta de Maslow por su amplitud asi como por su nivel de concreción al especificar este autor varios tipos de necesidades, precisando entre ellas: la necesidad fisiológica y existencial, la necesidad de seguridad, la necesidad de pertenencia y de amor, la necesidad de respeto y la necesidad, en fin, de autorrealización (Maslow, 1968). Por supuesto la sociologia tampoc0 se habia mantenido ajena a una aparente solución como la del recurso a la ccnecesidada que semejaba poder resolver problemas teóricos diversos. Más alin habria que indicar que el discurso elaborado al respecto por Malinowski habria radicalizado algunas propuestas teóricas que se hallaban latentes de manera mis genérica y anclar en el pensamiento durkheimiano. En Durkheim podemos rastrear en su apelación a la metáfora del funcionamiento orgánico una de las bases teóricas que servirán de soporte y pretex- to para la continuidad de este rccurso en manos del hncionalismo (Durkheim, 1982a: 416 y Durkheim, 1982b: 4 16). En todo caso este autor, en el curso de las primeras páginas introductorias del apartado especifico que dedica en ((El Suicidio)) a analizar el caso concreto del suicidio de tip0 anómico, elabora una propuesta interpretativa que se distanciará de cualquier esencialismo simple de carácter psicologista o biologista. Para Durkheim la sociedad contaria entre sus atributos con el de poder definir sus propias necesidades. Existirán unas exigencias que le resultarian inherentes y que a la vez serian diferentes de las de 10s individuos. Parafraseándolo diriamos que 10s actos que aquellas necesidades nos inspirarian no seguirian necesariamenre el mismo sentido de nuestras inclinaciones individuales dando lugar éstas, más bien, a privaciones y sacrificios de carácter divers0 (Durkheim, 1982b: 370, 262 y s.); pudiendo y debiendo estas coerciones funcionales ejercer sobre el actor social una recomendable influencia moral habida cuenta de que 10s individuos son proclives a incrementar de manera ilimitada sus exigencias de necesidad.
56 Papers 44, 1994 Xan Bouzada Fernández Cuando habla de necesidades, Durkheim precisa ciertas claves que nos apuntan la dirección en que se hallan algunos de 10s tipos a 10s que éste se refiere, asi nuestro autor distingue 10s requerimientos necesarios para que un organismo se mantenga vivo, al tiempo que se pregunta cómo fijar la cantidad de bienestar, de confort y de lujo que puede legitimamente perseguir un ser humano, afirmando que ni en la constitución orgánica, ni en la constitución psicológica del hombre se encuentra nada que marque un límite preciso a tales inclinaciones. Las necesidades sociales derivadas de las prácticas de consumo y las exigencias morales precisas al funcionamiento de la sociedad deberian, por tanto, hallar una fuente social legitima que las regulase. Esa legitimidad emanaria de una autoridad ante la que todos se inclinasen. Y acaso esa autoridad únicamente podria ser la sociedad misma, dado que solamente ella tiene la autoridad suficiente para declarar el derecho y marcar a las pasiones el punto más al16 del cual éstas no deben ir (Durkheim, 1982b: 264). La afirmación de la necesidad social como derivación de una exigencia moral apunta en Durkheim hacia una direcci6n claramente democrática y de vocación contingente, aproximándose en virtud de ello, y merced a un peculiar bucle, hacia unas lineas propositivas que no resultan contrarias a aquellas a las que nos abriremos a 10 largo de las últimas páginas de este articulo. En este sentido afirma Durkheim (1982d: 15): ((La necesidad con la que las categorías se nos imponen no es efecto de simples costumbres cuyo yugo podriamos sacudir esforzándonos un poco; no es por 10 demás una necesidad física o metafísica, ya que las categorias cambian en razón de tiempo y lugar, es un tip0 particular de necesidad moral que es a la vida intelectual 10 que la obligación moral es a la voluntada. El acuerdo entre 10s hombres seria la condición precisa para establecer esas ideas marco. Su poder regulador tajante y perentorio emanaria de su origen concertado (Durkheim, 1982d: 343). De esta manera, la moral, tras ser interiorizada como norma reguladora, pasaria a actuar a modo de soporte ético clave para fundamentar un modelo conductual que pudiese guiar las lógicas de 10s actores sociales concretos, siendo este el motivo en base al cual Durkheim va a considerar que el ciudadano ((si es respetuoso de la regla y dócil a la autoridad colectiva, es decir, si tiene una sana constitución moral, siente que no esta bien exigir másv (Durkheim, 1982b: 266). Estas ideas resumen en nuestra opinión 10s ejes fundamentales sobre 10s cuales gira y se fundamenta el pensamiento durkheimiano en 10 relativo a la cuestión de las necesidades '. 1. Quizh convenga reseñar aqui sumariamente que en el pensamiento de este autor hallamos diversas aperturas de enfoque de sólido fuste teórico que se distancian del habitual riesgo de reduccionisme implícit0 a algunas de las propuestas acerca de las necesidades aqui reseñadas. En este sentido remitimos al lector a una lectura a fondo de las citadas páginas de ((El suicidion; asi como de Durkheim, 1982d: 393 y 395: aUn espiritu culto prefiere no vivir antes que renunciar a 10s gozos de la inteligencia. Incluso desde el mero punto de vista material,
Sobre las necesidades sociales y culturales Papers 44, 1994 57 En el ámbito de la teoria sociológica va a ser George Simmel el que apunte en una dirección que hasta ese momento se habia visto relativamente relegada del horizonte teórico durkheimiano. Nos referimos en concreto a su disponibilidad para estimar y reflexionar, al nivel de análisis microsociológico, acerca de 10s mecanismos reguladores de 10s sistemas de necesidades levantando, en virtud de ello, acta de la voracidad consumista que en ese momento empezaba a evidenciarse en el sistema capitalista, el cua1 -en palabras de Simmel(1986: 126, 304 y 59; 1976: 576-577)- procuraria adivinar 10s deseos inexpresados o inconscientes del consumidor, sugiriendo o habituando a tste a otros que antes no tenia. Aunque, en su opinión, esta habilidad de la industria no impediria que 10s consumidores pudiesen influir e incluso reorientar, al menos en parte, el proceso productivo. Redunda en esta idea Simmel al afirmar, en un capitulo dedicado a analizar el fenómeno de la competencia, que la tensión antagónica en la que un competidor se halla frente a 10s demás competidores, afina en el comerciante la sensibilidad para percibir las inclinaciones del público y llega a dotarle de una especie de instinto adivinatorio para adelantarse a las mutaciones inminentes de sus gustos, modas e intereses2. Una reaiidad tebrica, la de las necesidades, que ai fraguar en hipótesis expuestas a variación como las planteadas por Vilfredo Pareto; o en la forma de juicios condicionales de necesidad, en la opinión de Max Weber (Pareto, 1980: 9; Weber, 1984: 33; Weber, 1985: 153 y 26), ha favorecido en gran medida el uso de nociones más abiertas entre las cuales conceptos como el de necesidad pasan a asumir en su caso una entidad meramente adjetiva e instrumental como un medio de apoyo útil para el planteamiento de hipótesis analiticas concretas, puntuales y de vocación limitada y contingente. La vinculación entre necesidad y sistema apuntada por Durkheim mantendrá globalmente su vigencia en el esquema Parsoniano (Parsons, 195 1: 42), mientras que en la escuela francesa Maurice Halbwachs, aún preservando una considerable dosis de rigidez y sin plantearse inicialmente rebatir 10s presupuestos esencialistas de carácter psicológico (Halbwachs, 1950a: 137 y 166; Halbwachs, 1950b: 12 l), tenderá a aceptar diferentes relativizaciones a las que estaria sujeta la jerarquia de las necesidades y entre las cuales resalta su progresiva decantación por dejar de hacer hincapié exclusivo en 10s aspectos orgánicos funcionales para aplicarse en un enfoque de tip0 culturalista que le permitiese captar con nnayor claridad el carácter relativo y abierto de éstas. todo aquell0 que va mis alli de 10 estrictamente necesario se escapa de toda determinación. El standzrd of lif;: la muestra típica de la existencia, como dicen 10s ingleses, el minimo por debajo del cua1 nos parece que no es aceptable descender, varia infinitamente según las condiciones, 10s ambientes y las circunstanciasn (Durkheim, 1976: 70). 2. Aprovechemos para constatar al respecto la mayor intuición de Simmel sobre las causas generadoras de las snecesidades de consumo)). Durkheim, en relación con este tema, había afirmado que (<Es la demanda la que debe suscitar la oferta; es ella la que debe poner en movimiento toda la maquinaria)) (Durkheim, 1982c: 170).
.-. 58 Papers 44, 1994 Xan Bouzada Fernández Dentro de la sociologia francesa dos autores: Raymond Ledrut y Paul Henry Chombart de Lauwe, y de manera particular el segundo, van a dar continuidad y en cierto modo a potenciar el discurso teórico de las necesidades. El urbanista Raymond Ledrut, en sintonia clara con el funcionalismo, asumirá inicialmente sus propuestas para abrirse a continuación a diversas matizaciones que intentan rehuir 10s riesgos estáticos y esencializadores que amenazan a esa linea de reflexión teórica3. Desde la sociologia qui& haya sido Paul Chombart de Lauwe aquél que con más ahinco se empleó en la tarea de postular una definición de ccnecesidad)), algo que él percibia como un concepto nuclear clave de transcendencia primordial para el desarrollo de la sociologia aplicada en la Francia de la posguerra. Su posición puede en gran medida resumirse en un intento por potenciar, trascendiéndolo, un concepto como el de ccnecesidad)), de Iábiles ecos psicoantropológicos, en base a otro, el de ccaspiracións, que resultaba más manejable y cuantificable en manos del sociólogo: ((Nosotros consideramos que la noción de necesidad debe ser completada inmediatamente con la noción de aspiración. En una población dada, son precisamente las aspiraciones aquellas que deben ser estudiadas y esto tanto si tienen un carácter manifiesto como latente))(Chombart de Lauwe, 1969: 263). Las lineas de pensamiento que en la sociologia buscan un apoyo mis o menos intens0 en el recurso al concepto de necesidad no se agotan en la propuesta de compromiso elaborada por Chombart de ~auwe~ que, todo hay que decirlo, es en gran medida la que parece seguir triunfando si echamos un vistazo hoy sobre el vigente hábito institucional de encargar ccestudios de necesidades)) sin plantearse en casi ningún caso, ni instituciones ni empresas de sociologia aplicada, el carácter final efectivo, supuesto o construido, de tales necesidades. En otras direcciones caminó aquella otra corriente que buscó apoyo en un discurso de raiz marxista (Heller, 1978: 31 y s.)5. Desde esta perspectiva quizás sea el trabajo de Agnes Heller acerca de las necesidades aquél que mejor ejemplifica esta linea y que, como en momentos sucediera a Chombart de Lauwe, se regala en la enumeración prolija de los, a su entender, distintos tipos de necesidades que resultan discernibles desde un univers0 que dice contar 3. ((La organización del espacio social en unidades colectivas de diversos niveles, coordinadas y jerarquizadas, se presenta como condición constante del orden y el funcionamiento que convienen a una sociedad urbanas[. . .I. nLa organización urbana [. . .] de ninguna manera puede reducirse a un sistema $0. La completa racionalidad, la racionalidad orgánica, no cierra el paso, perrnite que el futuro intervenga, 10 introduce en el presente. La ciudad no es un instrumento hecho de una vez por todas con vistas a una meta determinada. El ordenamiento urbano es una práctica colectiva del devenin) (Ledrut, 1974: 263 y 269). 4. En opinión de Jesús Leal la postura de Chombart adolece de un ostensible riesgo al resultar esta proclive a la conversión del concepto de necesidad-aspiración en un factor omnicompresivo sobre el que giraria toda la estructura de la sociedad u. Leal y optros, 1988: 23). 5. Habria que referirse aquí a algunas reflexiones teóricas que han hecho una inusual referencia a parentescos entre marxismo y funcionalismo o 10 que es parecido a ciertas proclividades funcionalistas del marxismo (Crozier y otros, 1977: 237 y Elster, 1990: 57 y s.).
Sobre las necesidades sociaies y culturales Papers 44, 1994 59 con su principal fuente de inspiración en la obra de Carlos Marx. Heller se asienta en primer lugar en la afirmación de la existencia de unas ccnecesidades naturales)) que en su opinión <(se refieren al mero mantenimiento de la vida humana (autoconservación) y son "naturalmente necesarias" simplemente porque sin su satisfacción el hombre no puede conservarse como ser natural)). Desde estas supuestas ccnecesidades naturales)) su discurso se enzarzará afanosamente en desplegar todo un esfuerzo de intens0 gradiente retórico que la conducirá a afirmar la existencia a su lado de ccnecesidades necesariasa, aquéllas surgidas históricamente y no dirigidas a la mera supervivencia, ccnecesidades libres)) de carácter individual y espiritual, llamadas a germinar con preferencia en el ((Reino de la libertadw. Junto a éstas, afirma Heller, existirán también unas ccnecesidades radicales)) que estarian llamadas, según ella, a acabar con el capitalismo y que han disfrutado como concepto de un cierto eco y reconocimiento en la última literatura sociológica de carácter critico. A todo este laborioso despliegue se le opuso, entre nosotros, actuando como intérprete de la obra de Marx, el filósofo Felipe Marzoa, negando pertinencia a cualquier discurso teórico que convirtiese en antropológica la hipotética asunción marxista de las necesidades, ccsegún un sentido de la palabra "necesidad -afirma Marzoaninguna necesidad es necesaria; todas son "libres" y "espirituales" y, según el otro sentido, las necesidades 10 son porque son necesarias, pero no en un sentido antropológico, sino en un sentido económico estructural)). En opinión de Marzoa si resulta, sin embargo, sintomática la disolución del concepto que lleva a cabo Marx a través de una de aqueiias expresiones a las que mis se ha recurrido para resumir y explicar su pensamiento, ((si es relevante -nos diceel hecho de que la fórmula 'R cada uno según sus necesidades" constituye la autoanulación del concepto mismo de necesidad)). De ahi, considera Marzoa, que 10s conceptos de necesidad no aparezcan en la obra de Marx como la semiiia de una tesis antropológica ambiciosa, sino que más bien ((10 que importa de ellos no es su contenido, sino una cierta función que tienen en el sistema)) 6. Si en el marxismo ha buscado inspiración una corriente afirmadora del discurso de las necesidades en el ámbito del marxismo de vocación critica, también hallarán acomodo autores como algunos de 10s ensayistas de la Escuela de Frankfurt, entre 10s cuales tanto Adorno y Horkheimer como Herbert Marcuse (Adorno, 1987; Marcuse, 198 1) recurrirán al manejo de ese concep- to. De manera particular se detendrá en el10 este último autor, quien 10 hará a partir de un discurso taxonómico y critico dirigido a cuestionar aquellas fal- 6. Sobre este tema como ya vimos se babria expresado Marx previamente, en linea con la interpretación de Marzoa, en su Miseria de La Filosofid, al criticar el antropologismo que 61 percibia en la valoración que Proudl.iom realizaba de la ~competenciaw como emanación de una supuesta necesidad humana de tal; (F. Martinez Manoa, 1983: 171-177). Quede dicho aquí, y tai y como nos precisa Leal, que la aportación del marxismo ha resultado clave al insistir en plantear ((las diferencias que se dan en las necesidades según la distinta inserción en el aparato productivo; es decir, según la pertenencia a clases sociales diferentesn U. Lea1 y otros, 1988: 24).
60 Papers 44, 1994 Xan Bouzada Ferndndez sas necesidades que en su opinión servirian de soporte y pretexto al funcionamiento general del sistema capitalista occidental. En una aproximación critica a 10s Estados Unidos de inicios de 10s aizos cincuenta, Marcuse, tratando sobre el tema de las necesidades sociales, constatar5 inicialmente la existencia de una linea divisoria establecible entre necesidades bhicas y falsas necesidades. Esa inicial ordenación que le conducirá a cuestionar el univers0 de las necesidades y satisfacciones en clave de simple verdad o mentira logrará hacerla compatible con la afirmación y el reconocimiento de la historicidad sustancial de esos asertos (Marcuse, 1981: 35, 36, 39 y 46). Tras su ambigua reducción de 10 natural a 10 histórico, habida cuenta de su no renuncia a la propuesta dicotórnica inicialmente establecida entre necesidades bhicas y falsas, Marcuse se dirigirá hacia el centro de sus preocupaciones teóricas con su discurso critico acerca de 10s modos manipuladores en base a 10s cuales -según élel sistema resuelve su relación con las necesidades. El sistema poseeria en este sentido la virtualidad de hacer de valores necesidades, creando de esa manera necesidades represivas. Ese proceso conversor se produciria merced a una dinámica sibilina de palo y zanahoria (Marcuse, 198 1 : 26 1 y 274), en virtud de la cual el sistema sabria hacer pasar el trigo mezclado con la cizaiía. De esta manera la sociedad industrial (Marcuse, 198 1 : 39), haciendo de 10 superflu0 necesidad, lograria ir incrustando el control social como un sutil aizadido y en virtud del reconocimiento de este proceso nuestro autor irá eliminando todo margen de maniobra al actor social, el cual se va a ver reducido a un unilateral estatuto de seducido y dominado. Esa situación facilitaria según, su posición, la reproducción fluida del sistema. Toda la gran máquina industrial y consumista no tendria dificultad excesiva en garantizar de ese rnodo su propia continuidad. Frente a este bloqueo aparente, Marcuse postula finalmente una frágil, paradójica y poc0 convincente hipótesis de resolución fundamentada precisamente en el recurso a una supuesta capacidad de respuesta del propio actor social (Marcuse, 1981: 274) para poder erigirse en protagonista de una redefinición cualitativa de las actuales necesidades sociales. No obstante cabria acaso decir, llegados a este punto, que más allá de las criticas a la tendenciosidad estructural y a las fragilidades que presenta el concepto socioantropológico de necesidad, éste ha logrado alcanzar y disfrutar de un considerable eco y presencia entre la literatura socioeconómica, la cual 10 ha utilizado y manejado a rnenudo como un argumento tensionador y reproductor de flujos sociales de signo diverso, 10 que ha conducido con frecuencia a que la critica a un concepto con presencia en el área de influencia del marxisrno se haya confundido y mezclado con su posible pertenencia al pensamiento fundador de Marx 7. 7. Vkase en este sentido: El marxismo, {(asurnió, sin reducirla, la idea de necesidad, secularizándola en el concepto económico de penuria. Qué es la idea de "necesidad natural" sino una idea moral dictada por la economia política, versión ética y filosófica de esa mala naturaleza de la que vimos hasta qué punto forma sistema con el postulado arbitrari0 de 10 económico. En el espejo de 10 económico la Naturaleza nos mira, en efecto, con 10s ojos de la necesidadn (Baudrillard, 1983: 59).
Sobre las necesidades sociaies y culturaies Papers 44, 1994 61 El recurso al concepto de necesidad ha seguido hallando defensores en territorios distintos, asi como a partir de intenciones tarnbién diversas. Y esto tanto desde posiciones criticas respecto del sistema8 como desde aquellos otros que se reafirman en una rutina acritica reproductora de la sociedad. En general aquellos que han reflexionado sobre el urbanismo han tendido con naturalidad a acudir al concepto de necesidad como a uno de tantos recursos utilizables para aprehender las transformaciones producidas en la sociedad del modern0 b' ienestar. Unas necesidades que al ser cubiertas tienden a dejar un espacio disponible vacio para que otras nuevas las puedan sustituir (Ledrut, 1974: 189). Una ciudad eje del consumo, que se erige en medio informativo productor de unas necesidades que con urgida fluidez ella misma se apresta a satisfacer (Laborit, 1973: 144). Incluso aquellos que manifiestamente rechazan la hipótesis de la existencia de necesidades de carácter natural o esencial (Fourquet y otros, 1978: 34) se refieren de modo instrumental a conceptos próximos ccnecesidad ordinaria y cuantitativa) frente a ccnecesidades diíúsas y cualitativas)). Necesidades todas ellas que buscarian acomodo y realización en un flujo continuado generador de espacios equipamentales. En este contexto el carácter retórico de las necesidades mis sutiles ha ido haciéndose evidente para sociólogos y urbanistas al irse constatando en diversos trabajos de investigación como dificilmente podia resultar discernible cualquier consolidación social y conceptual de necesidades que fuesen mis allá de ciertos servicios minimos: cccon la excepción de las tiendas de comestibles y quizás de las escuelas primarias, son muy pocas las instalaciones cuya cercanía se considera necesaria~~. Las necesidades socioculturales resultan mucho más dificiles de vislumbrar (OCDE, 1989: 176), aunque parecen tender a hacerse evidentes a medida que se resuelven aquéllas de carácter mis primari0 (De Baecque, 1967: 11; Arent, 1972: 269). De todos modos, el concepto de necesidad ha tendido en general, y de modo genuino, a funcionar como un recurso, como un constructo intelectual, resultado de una situación dada y emanado desde un proyecto normativo (Coenen, 1970: 29). Proyecto normativo que hallaba aliados tanto en 8. ((11 faudrait élaborer une riche theorie des besoins fondamentaux, ce qui serait tres complexe certes, celle-ci ne saurait égaler ni la complexite de la vie humaine ni celle de la realité sociale, toutes deu infiniment variées. Et ce qui semble i certains un vice intrinstque de I'étude des besoins fondamentaux peut devenir une vertu: elle n'est pas seulement complexe, elle est chaotique. Et pourquoi pas? Peut-&tre devrait-elle rester chaotique pour servir de garde-fou contre une simplicite qui pouvrait devenir trop facilement la base de manipulations b~reaucrati~ues /capitalistes I intellectuels!~~. (Spizt, 1980: 127). Sirvanos esta cita de ejemplo de 10 que deseamos decir. 9. Keller, 1975: 172, y esto no s610 en el caso anglosajón, asi Ledrut (1974). en su estudio sobre la ciudad de Toulouse, nos dice en p. 190: ~Podemos afirmar que las necesidades prioritarias se refieren a 10s comercios de primera necesidad --en particular a 10s que expenden alimentos-, asi como a 10s establecimientos escolares de enseñanza primarias.
68 Pa~ers 44, 1994 Xan Bouzada Fernández De tal modo la realidad se ha mostrado remisa a 10s voluntariosos esfuerzos del planificador que habitualmente su desarrollo y su transformación se ha visto jalonada por una serie de constataciones paradójicas entre las cuales quizás una de las primeras que se nos revelaron y se nos han seguido evidenciando sea aquella de que la solidaridad y la socialidad comunitaria alumbra precisamente allí donde aprieta la escasez de recursos y la distancia limita con su aislamiento (Stacey, 1960: 105; Morris y otros. 1965: 120; Bidart, 1988: 637). Allí donde las demandas insatisfechas son mayores, las dinámicas solidaria~ y de apoyo mutuo tienden a multiplicarse. Sucede en este sentido que con frecuencia el equipamiento, declarándose a favor del desarrollo de 10 solidari0 y comunitario, se halla paradójicamente trabajando en una dirección contraria que vacia de contenidos a algunos de 10s factores motivadores tradicionales de la socialidad local, cuando no de la propia familia (Fourquet y otros, 1978). Una ciudad desvirtuada que en la medida en que se diluye en la jungla narcisa del asfalto genera una proyección reificada con su progresiva demanda de viviendas secundarias como evocación de un mundo rural perdido. Un mundo rural afiorado el cual se ver6 llamado aquí a funcionar como nicho de repliegue producido para conjurar una ausencia (Debord, 1976: 123). El movimiento subyacente a este proceso parece culminar una paradoja que habia sido puesta ya en evidencia por la lúcida intuición fundadora de Maciver cuando estimaba que a las comunidades para poder salvarse no les quedaba más remedio que desaparecer (Maciver, 19 17: 2 1 1). Acaso una desaparición que estaba llamada a disfrutar de una reaparición con ropajes y contenidos diferentes. La intuición barthesiana de que 10s delirios de hoy son a veces las verdades de mafiana19 no se halla muy distante de la constatación de W. I. Thomas cuando afirmaba que si la gente define una situación como real ésta será real en sus efectos. En 10s últimos afios y desde perspectivas teóricas no necesariamente coincidentes, se ha venido llamando la atención sobre la capacidad de 10s planteamientos previos teóricos e ideolÓgicos para producir e inducir realidad. Unos proyectos que al fin hijos de la cultura, valores y poderes que le dan soporte devienen útiles para canalizar socialmente las actividades, sirviendo asi a la institucionalización y dando lugar a través de ese recorrido a una continuada construcción social de 10 real2'. Aunque sin detenerse en esta via teórica con excesivo detenimiento, Pierre Bourdieu (Bourdieu, 1987: 29) capta con precisión y asume, aunque sin darle un valor absoluto, la verdad esencial de esa idea: ((Yo llego a decir que son las 19. Barthes, 1981: 36 aiQué cambio humano no ha sido formulado simbólicamente a través de una ficción? [. . .] No estamos hechos de repetición ni de formalismo, sino tejidos de la materia misma de nuestros sueíios)).(Duvignaud, 1990: 36). 20. En este sentido es paradigmática la conocida obra de Berger y Luckmann (1979); heredera del trabajo previo pionero de reajuste de 10s aportes fenomenológicos realizado por Schutz desde la Sociologia: A. Schutz, 1974a y 1974b.
Sobre las necesidades sociales y culturaies Papers 44, 1994 69 estructuras simbólicas las que producen las estructuras sociales [. . .] 10 que si es seguro es que, dentro de ciertos limites, las estructuras simbólicas tienen un poder extraordinari0 de constitución [. . .] que hemos en gran medida subestimado)). Llegando Bourdieu a afirmar, al preguntarse acerca de este poder, ((si acaso las estructuras sociales de hoy no son las estructuras simbólicas de ayer y si, por ejemplo, la clase tal como la constatamos no es en una cierta medida el producto del ccefecto de teoria)) ejercido por la obra de Marx. La idea que subyace al efecto de teoria y la afirmación de Berger y Luckrnan de que cclas ideas pueden realizarse en la historia)), no parecen caminar a excesiva distancia lógica la una de la otra (Berger y otros, 1979: 163). Acerca de este tip0 de hipótesis la sociologia e incluso la pedagogia21, habian venido llamando la atención sin que se hubiese producido hasta estos aiíos mis recientes una asunción generalizada del potencial prescriptivo del conocirniento.Evidentemente las proposiciones son susceptibles de hilvanar efectos reales, como ya habia afirmado W.I. Thomas, en la medida en que sean capaces de conseguir servir de modelo y referencia para 10s comportamientos sociales (Bateson, 1984: 80). De ahi por 10 tanto la importancia que presentan en nuestras sociedades las dinámicas de consenso negociador, asi como aquellas de carácter connivente que se generan en torno a las iniciativas y proyectos sociopoliticos y socioculturales. En ese proceso el sistema social dominante, y más concretamente 10s estados del bienestar, acabarán por precisar del recurso a las ccnecesidadesn en tanto que inspiración y en tanto que factores desencadenantes también de las politicas culturales (Gaudibert, 1972: 21). En sus entornos las ideologias al uso se encargarán de hacer deseables a 10s individuos las que en principio resultan ser, fundamentalmente, necesidades del propio sistema (Ibáfiez, 1986: 33). Emergiendo asi una sociedad que alcanzará su lógica reproductora última no s610 merced a la satisfactoria cudminación de la producción y venta de sus mercancias, sino, y ya al filo del cambio de siglo, en la exigencia de producir a esa misma sociedad encargada de adquirirlas (Barel, 1984: 63). De este modo se produce y reproduce todo un ciclo que, al saber reducir a medidas contables y a objetivos concretos la problemática social y las formas de realización del individuo, consigue generar una dinámica llarnada a perdurar como si de un proceso continuo e ilimitado se tratase. Asi, se favorece la emergencia de rutinas sistémicas que al ejercer en la de~redación de 10s repliegues utópicos consigan, al fagocitarlos, abrevar ellas mismas en la fuente de la eterna juventud. Teniendo esto lugar además en un contexto social que nunca como hoy disfrutó de la capacidad fulgurante de demandar y producir lineas innovadoras que le permitan intervenir sobre y ~roducir 10 social (Augustin, 1987: 183-200). No obstante, más allá de 10 dicho y en la arena de 10 social, ni por activa ni por pasiva, resulta todo reducible a 10s imperativos de 10 previamente prescri- 21. V6ase en este sentido Merton, 1964: 505 y s. En el caso de la pedagogia, sima aquí de ejernplo el conocido ~Efecto Pigrnaliónn de Rosenthal.
70 Papers 44, 1994 Xan Bouzada Fernindez to. Los hibitos no s610 son promovidos por decisiones vinculantes, tambitn el medio social es cuenco en el que se aproximan o diversifican 10s grupos sociales y sus posibles modos de actuar al amparo de sus voluntades (Diem, 1978: 8 1-82; Gryspeert, 1974: 163). Los conocidos procesos de complejizaci6n sociol6gica que han caracterizado la evoluci6n de las modernas sociedades norteíías no se han hallado tampoc~ ausentes de 10s modos de producirse en ellas la gesti6n del consenso. Las politicas culturales, y* más en particular las de equipamentaci6n sociocultural, pueden en gran med~da servir de ejemplificaci6n a esta dinimicaZ2. Si uno de 10s procesos centrales que han servido de estimulo al mantenimiento y reproducci6n de nuestra última sociedad moderna ha sido el de la posible autoinserci6n de 10s ciudadanos en las dinimicas de movilidad social; la promoci6n que desde el imbito de la cultura se ha efectuado de este espacio como recurso laboral ha sido una de las manifestaciones a travts de las cuales se ha hecho ostensible y posible esa nueva forma de integraci6n. En torno a 10s equipamientos socioculturales, a su demanda y producci6n, existe en muchos casos el riesgo de que se mantenga y generalice una dinimica clientelar subsidiaria de corporativisrnos profesionales, y de asociaciones que se limite a concretar demandas en funci6n de las expectativas y predispo- ' siciones de unos politicos locales afectos al ejercicio rutinari0 del electoralismo populista (Gaullier, 1982: 221). Esta situaci6n contribuiria a generar y a afianzar un sesgado modelo de sociedad gestionaria que actuaria ignorando la delicada y creciente distancia existente hoy entre aquellos que se hallan implicados y que disfrutan de la capacidad de ejercer funciones de control y aquellos otros compelidos a sobrevivir en 10s margenes. En este sentido, la actual y progresiva sociedad de tip0 dual que vemos avanzar entre nosotros se presenta como un frigi1 caldo de cultivo abonado para evidenciar 10s riesgos de este tip0 de escisi6n. De manera simulthea, esta sociedad va a ir configurando toda una compleja red que conduciri a la multiplicaci6n consecuente de las formas de dependencia, asi como a la congelaci6n y rutinizaci6n democritica (Foucault, 1983: 53), pudiendo derivar esta situaci6n de superproteccibn y de aparente privilegio hacia diversas formas de ineficacia y bloqueo (Baudrillard, 1987: 65). La paranoia norteíía, el ccsindrome suizo)), el temor xenof6bico a la eclosi6n invasora de un sur precario, parece hallarse ejerciendo hoy en 10s umbrales de una peculiar decadence acaso llamada a cuestionar algunos de 10s cimientos sutilmente patriardes, autoritarios y consumistas que han venido disfrutando de una particular vigencia en la gtnesis reciente de las actuales sociedades occidentales. Una vez rebasada ya hoy la propuesta funcionalistaZ3, probablemente la única alternativa a una situaci6n como la actual, que en gran medida coarta y 22. Vkase Segura Sanz y otros (1988: 88) acerca de la capacidad generadora de empleo de que disfrutan 10s equipamientos en general. 23, aHoy dia 10s presupuestos del funcionalismo estdn culturalmente superados y nadie discute el cardcter hist6rico y socialmente contingente de las necesidades, reconociCndose su
Sobre las necesidades sociales y culrurales Pa~ers 44, 1994 71 condiciona la posibilidad dem.ocrática de definir necesidades, sea aquélla que circule en dirección a replantear 10s modos habituales de producirse las claves sociales que sirven para concretar en cada momento 10 que resulta más conveniente para el bienestar de la comunidad. Parece claro que en el rnomento actual las opiniones más autorizadas de entre aquellas que se han aproximado a reflexionar sobre la cuestión de las necesidades han levantado acta del constatado declive -al menos desde una perspectiva sociológicade aquel enfoque que habria tendido sesgadamente a privilegiar la autoridad coercitiva y la rigidez de una estructura amparadora basada en la hipotética existencia de un sistema cerrado de necesidades. Quizás ese progresivo cuestionamiento, en gran medida paralelo a la recuperación del protagonismo de 10s actores sociales, no le resulte del todo ajeno a una etapa como la actual caracterizada por un repliegue individualista que ha sido germinado, en gran rnedida, al cobijo de una sociedad en la cua1 la progresión en 10s ratios educativos medios de la población y el desarrollo de la capacidad de intervenir activamente en 10s movimientos sociales ha facilitado la convergencia entre 10 expresivo y 10 instrumental, al tiempo que ha favorecido también la derivación progresiva hacia esquemas de valores de tip0 postmateriali~ta~~. Esta particular coyuntura puede hallarse relacionada, tras su aparente atonia, con la simultánea presencia de flujos de libertad profundos25 que aspiran a la resolución de la ruptura actualmente vivida entre la atomización individualista y la dificultad de la empresa colectiva y comunitaria. En estas circunstancias el lpropio ejercicio de la libertad2' va a ir adquiriendo cada vez más una dimensión nueva de complejidad al insertarse éste como una práctica viable en contextos sociales que disfrutan cada vez de una mayor interdependencia a nivel estructural. Simultáneamente, este ejercicio puede disfrutar hoy también de posibilidades mayores debido a que la confluencia progresiva de las tendencias en apariencia contradictorias de ascetisme y narcisismo, caracteristicas de nuestra última modernidad, surgen como indicadores paradójicos del potencial modern0 de individuación y libertad. En ese contexto libertad y comunidad no habrian de conjugarse necesariamente como valores ajenos y polarizados, pudiendo mostrarse en ellos la libertad como un indicio de cara a la posibilidad de definir fines comunes y cooperativos amparados en la voluntad de actores que deciden libremente. Posibilidad esta que nos permitiria avanzar hacia una concepción de la comudiversidad interdase y su fuerte delpendencia de la variedad de modos de organización socials (Lea1 y otros, 1988: 70). Una superación ésta que presenta aspectos mis genéricos en la dificultad intrínseca del funcionalismo para poder dar cuenta de la complejización progresiva de las sociedades tardomodernas (Rodríguez Ibáñez, 1989: 167). 24. Inglehart, 199 1: 101 y 42 1: aLa libertad podria definirse como aquella estructura social que fuerza en 10s hombres una resolución innovadora de 10s probiemas de su vida, sin menoscabar ni sus facultades ni su dignidad humana)) (Giner, 1987: 280). 25. Véase asimismo, Maffesoli, 1988 y Duvignaud, 1990: 44-5. 26. Giner, 1987: 123.
72 Papers 44, 1994 Xan Bouzada Fernindez nidad como aquel espacio en el cual pudiesen ser valoradas, asumidas y respetadas las opciones y exigencias individuales. Desde ese acto de libertad seria establecible una dinámica diferente capaz de definir necesidades sociales y culturales en ámbitos concretos que tuviesen en cuenta la génesis contingente de 10s hábitos y las virtualidades de la cultura popular, con engarce en su memoria y que fuese consciente de la vitalidad sociocultural que yace en unos limites y fronteras portadoras de un fuerte potencial de experimentación y ~reatividad~~. Esta alternativa es susceptible de ser ensayada en la forma de un proceso dialógico establecido en contextos cooperativos democráticos basados en una proyección asentada en valores compartidos y con un apoyo en una actitud generalizada y positiva de ccegoismo maduro),28. En este sentido, el tema de la construcción social de las necesidades resulta inseparable de la cuestión de 10s contextos y lógicas que vinculan la realidad sistémica con el mundo de la vida. Asumido el relegamiento de un enfoque de las necesidades sesgado exclusivamente hacia una perspectiva funcional y estructural, parece posible empezar a afrontar hoy un modelo abierto que permita la incorporación de comunidades de reflexión y diálogo multipolares y complejas desde las cuales 10s actores sociales intervengan activamente para definir el carácter y el alcance de las que asuman como sus propias ne~esidades~~. 27. Seguimos aqui a Giroux en su afirmación de la cultura -ciudadania cultural- ({como un emplazamiento de 10s limites múltiples y heterogéneos donde las distintas historias, Ienguajes, experiencias y voces se entremezclan con distintas relaciones de poder y privilegio)) (Giroux y otros, 1992: 153). 28. Sobre esto véase (Axelrod, 1986); asimismo Barcellona, 1992: Este ámbito fronterizo, en el caso gallego, remite fundamentalmente a toda la gama de virtualidades latentes en la resolución positiva y fecundadora del posible encuentro entre la cultura popular tradicional, 10s elementos de la cultura moderna y todas las potencialidades inherentes a la cultura ilustrada y a la ciencia. No s610 se trata de aceptar la voz popular, sino de potenciar y experimentar sus virtualidades. 29. En relación con esto resulta pertinente traer aqui a colación algunas apreciaciones de (Boudon) Boudon (1986: 119, 122, 157); en cuyo trabajo, y a propósito de la hipótesis dialÓgico-comunitaria de Habermas, se incluyen interesantes aportaciones criticas que a nuestro modo de ver son útiles de cara a la implementación de experiencias prácticas concretas como las que aqui proponemos, ajenas por cierto a todo fin maximalista de comunicación pura y muy apegadas a la arena de las dificultades sobre las que camina toda alternativa de este tipo. Boudon incluye en su critica aspectos clarificadores relativos a la dificultad concreta de generar espacios de comunicación ideales, aunque nos parece resultar en exceso inflexible cuando centra su atención en la dificultad de extender formulaciones democráticas más abiertas a contextos en 10s que intervengan criterios técnicos de autoridad. Su posición parece obviar la capacidad a menudo demostrada de 10s actores sociales para discernir ante situaciones concretas aquello que es interpretable y opinable de aquello otro que precisa de ser sometido al peritaje (o peritajes) previo de 10s ticnicos. Pertinente, sino necesaria, resulta sin embargo la crítica de Boudon a tenor de un planteamiento como el de Habermas en el cual 10s aspectos teóricos de carácter filosófico y moral prevalecen de modo claro sobre las problemáticas mis concretas que interesan al sociólogo. Dicho esto, y en relación con 10 apuntado mis arriba, queremos también dejar claro que nuestro esbozo alternativo, mis que a resolver ningún problema, si a algo aspira es precisamente a 10 contrario, es decir, a la posibilidad de poner sobre el tapete un problema, el cual, por otra parte, no tiene mucho de nuevo.
Sobre las necesidades sociales y culturales Papers 44, 1994 73 Esta alternativa dialógica y comunitaria, frente a 10s modos habituales de ser establecidas las necesidades, parece demandar mecanismos generadores especifico~, siendo sin duda uno de ellos la producción de espacios de convergencia de 10 técnico y 10 social que faciliten la incorporación progresiva de instrumentos de investigación participativa y la conversión de 10s vecinos en ciudadanos capaces de intervenir en la toma de decisiones que les afectan. Para el logro de este objetivo resulta un útil apoyo instrumental la generalización aquilatada y efectiva de fórmulas como el forum comunitario, la contrastación evaluada por parte de miembros de la comunidad de 10s resultados de otras experiencias equipamentales de referencia al lado de la facilitación de canales de observación, participación y discusión democráticos que promuevan modos originales y rigurosos de decidir las prioridades de necesidad. Estos recursos van a resultar tanto más motivadores cuanto más concretos y locales sean, pudiendo hallar inspiración y apoyo en aquellas lineas de propuesta que con voluntad experimental ensayen intercambios posibles entre comunidad y cultura, o entre memoria, tradición y cultura ilustrada y aún en las potencialidades de mestizaje intercultural susceptible de aflorar en aquellas situaciones caracterizadas por su diversidad étnica y social. Este itinerari0 de trabajo sobre 10s modos de definirse y concretarse las necesidades sociales y culturales camina en paralelo con aquellos planteamientos que se muestran favorables al avance de la democracia, abiertos a la horizontalidad y proclives a que la producción de decisiones no se sustente con exclusividad en validaciones cctécnicas)) procurando vias originales que puedan ser elaboradas y contrastadas también con el concurso de personas a las cuales no les sean exigidas credenciales excluyentes. Este enfoque supone que las cuestiones de ciudadania y democracia se abran hacia una perspectiva emancipadora que promueva la responsabilidad social de la base comunitaria frente al predominio habitual de 10s modelos que optan por primar la capacidad de decisión de las élites tecnopoliticas. Bibliografia ADORNO, T. W. y otros (1 987). Dialéctica del Iluminismo. Buenos Aires: Sudamericana. ARENDT, H. (1972). La crise de la culture: Huit exercites depenséepolitique. Paris: Gallimard. AUGUSTIN, Jean-Pierre y otros (I 987). ((Les équipements des jeunes: la fin des illusionsr). Les cahiers de 11Animation, 61-62, p. 183-200. AXELROD, R. (1986). La Evolución de la Cooperación. Madrid: Alianza. BARCELLONA, P. (1 992). Po~tmodernidad~ Comunidad: el regreso de la vinculación social. Madrid: Trotta. BAREL, Yves (1 984). La société du vide. Paris: Seuil. BARTHES, R. (1981). Críticay verdad. México: Ed. Siglo XXI. BATESON, G. y otros (1984). Comunicación la matriz social de la Psiquiatria. Barcelona: Paidos. BAUDRILLARD, J. (1 983). El espejo de la producción. México: Gedisa. - (1987). América. Barcelona: Anagrama.
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