scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Ciencia y valores : un reordenamiento de argumentos a favor de la ciencia social

Lizón Ramón, María Angeles

Abstract

Lizón Ramón, María Angeles

Full text

CIENCIA Y VALC)RES: UN REORDENAMIENTO DE ARGUMENTOS A FAVOR DE LA CIENCIA SOCIAL ' Angeles Lizón~ (Departamento de Sociologia (de la Universitat Aut6n'oma de Bdrctdona) Mucho se ha discutida hasta qué punto es necesaria e incluso posible la insistencia de Weber sobre la Wertfreiheit o <cimperativo fundamental de la irnparcialidad científica)> (1904:49) en las ciencias sociales o de la cultura. En efecto, el esclarecimiento de erjta cuestión ha ocupado la reflexión sociológica y filosófica al menos desde Weber (1904) hasta el 15 Congreso de Sociologia de Heidelberg (1964) para conmemorar el centenario de su nacimiento. Las cuestiones planteadas en torno a su propuesta <tdesvinculación valorativa)> o itindependencia axiológica,, (E7ertfreiheit) y la <crelación de valor)> o <<referencia a valores)> (Wertbeziebung), termino este último que emplea para subrayar aquellos criterios necesarios para la selección de datos flcticos en cualquier investigación socio-histórica, han llwado a múltiples reformulaciones de la relación entre ciencias sociales y juicios de valor.2 1. Este es un aparte de un trabajo más amplio sobre 10s debates del m6todo en sociología. Agradezco a Antoni Domknech Figueras, titular de Filosofia y Metodología de las Ciencias Sociales en la Universidad de B~ucelona, el haberme proporcionado materiale-s -suyos y ajenosasi como las conversaciones sobre el tema. Con toda seguridad éstas han contribuido a fijar mi propia posición al respecto. 2. Cf. Topitsch, E., <(Max Weber and Sociology Today),, pp. 8-26 en Stammer, O. (ed.), Max Weber and Sociology today (1965, alemán), Harper, Tortchbooks, N.Y., 1971. Parsons, T., ccValue-freedom and Objectivity~, pp. 27-58, en ibid. Iguelmente las &scusiones que siguen a la ponencia de Parsons a carga de Horkheimer, M.; von Wiese, L.; Albert, H.; Habermas, J. y Rossi, P., pp. 51-77. Ver también Albert, H.: ctCono59 Papers 31 (1989) (59-76) crPapers)): Revista de Sociologia La controversia, en efecto, ha producido tal cantidad de pronunciamientos, muchos de ellos oscuros y otros tantos autocorrectivos y autorrefutatorios,3 que se torna difícil el tratamiento del tema. Aquí me ceñiré a ordenar algunas ideas en torno a una simple constatación derivada de la revisión de tales debates: ni las ciencias naturales están stricto sensu libres de evaluaciones,4 tesis sobre la que ha faltado el énfasis apropiado entre científicos sociales, ni tampoc0 las ciencias sociales son necesariamente subjetivizantes y éticamente sesgadas, tesis sobre la que la literatura y práctica sociológica resulta inabarcable. En cualquier caso, la incidencia de 10s juicios de valor y prescriptives en la ciencia no es privativo del ámbito de las sociales; y en relación a estas últimas, puede afirmarse la posibilidad de un tratamiento objetivo de 10s valores. Ordenar algunos argumentos en torno a esta cuestión es el propósito de 10s sigiientes apartados. cirniento y decisión,, cap. I11 en su Tratado sobre la razón crítica (1968, alemh), Sur, B. A.; <<Social Science and Moral Philosophy,, pp. 385-409 en Bunge, M. (ed.), The critica1 Approach to Science and Philosophy. In honor of K. R. Popper; ~Theorie und Praxis. Max Weber und das problem der Wertfreiheit~, pp. 246 y SS. en Oldemeyer, E. (ed.), Die Philosophie und die Wissenschaften, Meisenheim, 1967; y junto con Topitsch, L. (eds.), Werturteilstreit, Damstadt, Wissenschaftliche Bibliothek, 1971. Rossi, P., uobjectivité scientifique et presuppositions axiologiques,, en Rev. Int. SC. Sociales, vol. XVIII, núm, 1, París, 1965. 3. A este propósito valdria revisar, por ejemplo, el caso de Gunnat Myrdal, clásico del tema. En su The political element in the development of economic theory, 1929, sustenta la posibilidad de una ciencia económica desinteresada, value-free u objetiva, para pasarse al polo contrario en su revisión del mismo texto (1953: p. vii de la edici6n inglesa de Routledge, Londres), argumentando la imposibiidad de una auencia^ social. Como abunda en Objetiuidgd en la investigación social (1969, inglés; traducción del Fondo de Cultura Econ6mica, México, 1972, p, 8): u... la ciencia social no es más que sentido común altamente sofisticado)>, acogiindose a 10 sumo al principio de explicitación weberiano (Weber, 1904: 47): u... 10s medios lógicos disponibles para protegernos de las desorientaciones son en general estos: desarrollar una conciencia total de las valoraciones que determinan realmente nuestra investigaci6n tdrica y pdctica, observar esas valoraciones desde nuestro punto de vista respecto de la relevancia, signiíicación y factibilidad en la sociedad estudiada, transformarlas en premisas específica~ de valor para la investigación, determinar el enfoque y definit 10s conceptos en términos de un conjunt0 de premisas de valor explícitatr~ente asentadaw (ibid., p. 9). 4. Para una crítica a la tesis de la exención de valores en ciencia, cf. Popper, K. R., ctFacts, standars and truth: A further criticism o£ relativism~, Addendum (1961) a su The open Society and its enemies, Routledge, Londres, 1962, 4a. ed., pp. 369396 (traducción castellana de Paidós); ctLa 1Ógica de las ciencias sociales,, Congr. Tübingen, pp. 101-120, en Adorno, Popper, Dahrendorf et al. (1969, alemán), Grijalbo, 1973. Agassi, J., ctEpistemology as an aid to sciencen, pp. 135 y SS., en The British Journal of Science, vol. X, 1959; Albert, H., 1967, op. cit.; 1968, op. cit.; 1978: Traktat über Rationale Praxis, J. C. B. Mohr (Pau1 Siebeck), Tübingen; asl como las distintas participaciones en Adorno, Popper, et al. (1969) ya citado. Ciencia y valores: un reordenamiento de argmtos a favor de la ciencia social 1. FINES Y PROPOSITOS DE LA CIE.NCIA En primer lugar, si bien la ciencia en cnanro tal afirma la objetividad de sus juicios y enunciados (contenidos), tanto las ciencias naturales como las sociales van asociadas a juicios de prefen:ncia, actos de valoración orientados a satisfacer ciertos desiderata (verdad, universalidad, simplicidad, univocidad, etc.). Las operaciones fundamentales de descripción, explicación, predicción teórica o previsión tecnológica lsuponen actos guiados por criterios, algunos de ellos incluso regidos por reglas metódicas referidas a operaciones conceptuales y empíricas que regulan las acciones y operacianes del científica. El lenguaje de toda ciencia .---social o naturalha de incluir, pues, enunciados valorativos que expresan estos juicios de preferencia. No obstante, dichos criterios epistémicos y metódicos no tienen por qué inñuir en el contenido objetivo e informativo de 10s resultados, aunque ciertamente regulan su obtención. En la discusión ciencia-valores, esto lleva a una primera distinción entre valoraciones en general y evaluaciones estrictarnente éticas. Como acaba de afirmarse, el lenguaje de la ciencia incluye juicios de preferencia o evaluativos, acumulados en las tradiciones científicas y sometidos a cribas específica~, muchas de ellas reguladas e institucionalizadas a través de la propia comunidad científica. Cabe, no obstante, apuntar al hecho de que el conjunt0 de 10s enunciados evaluativos (valoraciones y prescripciones) es necesariamente mis amplio que el de 10s juicios morales o éticos. En este último caso, 10s juicios éticos son s610 un suibconjunto de 10s juicios evaluativos. Ho perrnite una primera distinción analítica entre juicios ncléticos (criterios autorregulativos) incorporados al lenguaje de la ciencia -tanto social como naturaly juicios éticos (qu~e implican consideraciones persondes) que normaimente acompañan a la actividad científica, ya sea individual o institucionalmente organizada y regimentada.' Popper sistematiza esta diferencia e~~tableciendo la distinción entre valores estrictarnente cientificos, problemas concernientes a toda una familia de intereses regulativos vinculados a la validez y certeza, a la rele5. Para una crítica del lenguaje y el dualisnlo conocimiento/decisión, cf. Albert, 1968, op. cit., particuiarmente su capitulo 111; a este respecto ver 10s Útiles comentarios de Muguerza, J. a R. S. Rudner, aetica !? Ciencias sociales,, pp. 231-274 en Filosofia y ciencia en el pensamiento español contemporáneo: (1960-1970), Simposio de Ugica y Filosofia de la Ciencia, Ed. Tecnos, Madrid, 1971. El propio Rudner, aThe scientist qu~ scientist makes value judgements~, Philosophy of Science, 20.1, 1953; Stevenson, Ch. L., Ethics and Language, New Haven, 1944 y Bunge, M., Etica y Ciencia, Siglo XX eds., B. A., 1960. 6. Popper, K. R., op. cit., en Adorno, Poper et al. (1969, alemán), La disputa del positivisme en la sociologia alemana, Grijalbo, 1973. <(Papers>>: Revista de Sociologia vancia, simplicidad, sistematicidad (el <tinterés científico por la verdad)>), por un lado, y valores e intereses extracientificos que concurren en el hacerse de la ciencia, por otro (1969: 93). Con ello, más que exigir o pautar la desvinculación valorativa, 10 que hace es establecer la diferencia entre distintas esferas de valor y atribuirles diferentes ámbitos de incidencia (ibid.: 11 1). Así, se puede sostener que, por una parte, la objetividad en ciencia no es asunto de ética personal (la objetividad de la ciencia no depende de la objetividad del cientííico: 109), sino que es un asunto (de la comunidad científica) de crítica objetiva recíproca (110); y, por otra, afirmar que es imposible erradicar 10s valores extracientíficos del quehacer de la ciencia. Privado de estos valores, el científico, como cualquier otro hombre carente de ellos, se empobrecería: <(El científico, objetivo y "libre de valores" no es el científico ideal. Sin pasión la cosa no marcha, ni siquiera en la ciencia pura)> (1 11). <tDescaracterizaciÓn)> y <tobjetividad)> científica no tienen nada en común, como diria Weber (1904:49). La Wertfreiheit se interpreta así como un criteri0 metódico que, en tanto tal, conlleva una función normativa limitada por sus propios principios autorregulativos. La exención de valor hace referencia a criterios 1ógicos, epistémicos y prácticos que validan y confirman 10s enunciados o sistemas de enunciados de naturaleza cognitivo-informativa, en tanto resultados del trabajo conceptual sistemático sobre la realidad (ciencia producida). Este comportarniento humano <(desinteresado)> se sustenta sobre <(determinados estándares)> y se <(aproxima a determinados idealess, por 10 que considera sus productos como <tválidos, fácticamente dependientes del hecho de que idealizan determinadas condiciones cuya no existencia tendría como consecuencia un curso distinto de esta actividad y, en general, otros resultadosu? Habría que precisar algo más algunas cuestiones referentes a 10s valores científicos o acriterios internos)> autorregulativos. Los enunciados y sistemas de enunciados de la ciencia empírica son asertorios e informativos. Afirman algo sobre cosas, informan sobre cosas. Su coherencia interna y su correspondencia externa (elementos de juicio sintácticos y semánticos) permiten evaluar 10s grados de certeza y la pertinencia informativa de 10s mismos. Su grado de objetividad, en este sentido, depende de reglas Mgicodeductivas y criterios de validación fáctica o contrastación, No obstante, es evidente que, so pena de circularidad viciosa, las tesis (o 10s sistemas de tesis), aceptadas por aplicación de criterios epistémicos específicos conside7. Albert, 1968, op. cit., particularmente, pp. 94 y SS,, donde formula su posición frente a la cuestión de exención de valores. Cf. también su 1967 en Oldemeyer (ed.), OP. cit. Ciencia y valores: un reordenamiento de argumentos a favor de la ciencia socid I rados apropiados, no pueden ser evaluadas como productos construidos (o, tesis fácticas) sólo en función de aquellos mismos criterios que llevan a su consecución. La elección entre dos hip6tesis diferentes (igualmente verdaderas o plausibles) sobre (x), que utilizan 10s rnismos criterios epistémi* cos (y), no puede realizarse s610 en función de (y)? La introducción de ciertos criterios prácticos (potencia informaiiva, control aplicativo y eficacia práctica) constituye una segunda categoria de controles racionales sobre los productos científicos. La <tbondad>> epistémica de las tesis aceptadas viene también así justifiL cada por referencia a ciertos criterios prácticos, idea que está en fundamento del pragmatismo metodológico moderno. En su Sistematización Cognoscitiu~, Rescher (109 y 116-117) hace referencia al éxito de las predicciones y aplicaciones y a la eficacia de las tesis asertadas. Las teorías empíricas no están interesadas, o al menos no simplemente, en la construcción de mode10s o sistemas conceptuales consistentes. fil pretender un conocimiento fáctico, 10s esfuerzos científicos se orientan a la búsqueda o acopio de información correcta sobre el mundo (la reducción de la ignorancia de la que habla Popper: ibid., 101 y SS.), por 10 que su progreso se puede visuaIizar como el creciente acúmulo de información teóricamente sistematizada que lleva a la progresiva solución de problemas y al control tanto cognoscitivo cuanto fisico de 10s mismos (Rescher, 1978:). Veamos ahora: la introducción de estos criterios prácticos, (no plantea una discordancia de objetivos? (Altera o no la supuesta <tobjetividad)> de 10s contenidos de la ciencia? Por supuesto que 10s distintos objetivos no han de ser necesariamente coincidentes, ni tampoc0 han de concurrir en el mismo grado (como diria Pareto, una teoria puede, por ejemplo, ser verdadera sin ser útil, y útil sin ser verdadera)~, y est6 claro, también que las distintas corrientes de pensarniento han propuesto diferentes objetivos a la cienaa. Pero esta es una cuestión que aquí se dejará de lado. Lo que se pretende drmar es algo mis especifico y tiene relación con el segundo interrogante. Si la objetividad de una tesis fáctica (y, en general, del conocimiento cientifico) viene garantizada por el método de construcción utilizado para su aserción (cf. Popper, 1969:110), la justificación de este método de construcción (o de 10s criterios de procedimiento sistemático y contrastable) se evalúa mediante criterios prácticos y a partir de la efectiva adecuación 8. Rescher, N., 1979 (inglés), Siglo XXI eds., México, 1981, en su argumentación a favor de la introducción de estos muevos criterios pragmáticos (criteri0 de eficacia); 1 apela al ctargumento de la meda>> de Montaigne :y a su requerimiento de un instrument judicatoire o método de decisión adicionai. Ver capitulo IV, particularmente, pp. 106-109. i .<<Papers)>: Revista de Sociologia de sus resultados o de la eficaz resolución de 10s problemas que se plantea. En la versión pragmática, la legitimación de 10s contenidos de la ciencia {controles teóricos y controles operativos de aplicación) se justifica o valiIda, en última instancia, en el ámbito de sus aplicaciones (Rescher, 1979: 106-109). Estos criterios evaluativos (epistémicos y prácticos) constituyen mecanismos operativos internos de legitimación de las tesis fácticas y --en tanto principios regulatives de validez y pertinencia cognoscitiva de la cienciano evalúan o justifican el uso o la utilización de sus predicciones o previsiones ni de sus propias derivaciones (aplicaciones) tecnológicas. Son criterios a~torre~ulativos internos y según ellos sólo se confiere <tbondad)> epistémica a las teorizaciones científicas. 2. CIENCIA Y ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD Si 10 afirmado acerca de las valoraciones epistémicas y pdcticas que sustentan 10s objetivos y logros de la ciencia admite la incorporación del principio de objetividad critica en su concepción metodológica de 10s contextos validatorios de teorías (productos científicos), ell0 no justifica su simple extrapolación a 10s demás contextos de la ciencia. Una cosa son las razones que sustentan una teoria, otra el proceso de investigación y construcción de teorias y, aún otra más, la aplicación tecnológica de sus derivaciones. Por su parte, la ciencia, además de un lenguaje o sistema conceptual Wen construido y validado, es una compleja actividad humana y, en tanto artefacto construido por hombres, esta no puede agotarse en su propio contenido. Por 10 que una consideración sobre las evaluaciones (valores y normas) en ciencia plantea, al menos en principio, una d&ciÓn y una vinculación diferentes ya sea que 10s juicios evaluativos se refieran al dominio de 10s productos o tesis fácticas sustentadas (la legitimación de la ctciencia hecha>>), o al ámbito de las acciones vinculadas al proceso mismo de producción de ciencia, al proceso de su confección y al de su utilización o aplicación, respectivamente. Son varias las acciones que concurren en el trabajo científic0 y que pueden vincularse a 10s enunciados o sistemas de enunciados que sustenta la ciencia: la elección de problemas, la preferencia de lineas de investigación, la selección de resultados, la determinación de mtas de hallazgos, la publicidad de sus conclusiones, la puesta a pmeba o experimentaciótz, todas ellas son acciones que concurren en el hacerse de la ciencia, acciones vincu- Ciencia y valores: un reordenamiento de argumentos a favor de la ciencia social ladas a la descripción o explicación científicas y a las aplicaciones derivables de las sistematizaciones teóricas. ~Qué decir, pues, de estas acciones vinculada~ a la ciencia? Al igual que cualquier otro tipo de comportamiento, estas acciones vinculadas a la ciencia son atribuibles a agentes particulares (individuos o grupos) y vienen regidas por criterios prácr'icos. Como desde Max Weber y su noción de <tética de la responsabilidadn han afirmado tantos otros autores, aquí el compromiso ético no es tanto un hecho cuanto un deber. Puesto que en la acción se da siempre una intención, cualquier acción que a alguien resulte contraria a sus principios y valores es nociva (contraria a tales valores) asi se haga en aras de la ciencia pura. El propósito (fin) explícito que están llamadas a satisfacer dichas acciones pasa a ser constitutivo de las mismas. Por esta razón pueden (y deben) ser examinadas normativa e intencionalmente como cualquier otro tipo de comportamiento o acción. Y es aquí, precisamente, donde se p1anr:ea a quienes ejercen la ciencia (al actor social), a titulo personal o colectivo, el problema de la opción moral. Los juicios evaluativos propiamente: éticos en materia de ciencia (social o no) -tal es la sugestiva tesis de Amartya Sen en Accounts, Actions and Values-9 conciernen vzecesariamente a las actividades relacionadas con la ciencia y no (o al menos no necesariamente) a sus productos. Así, una cosa es, por ejemplo, el juicio evaluativo de pertinencia informativa aplicable a las tesis fácticas, relacionado a lc~ que Amartya Sen llama su interés de uso informativo, y, otra, el juicio valorativo de las acciones vinculadas a la construcción y aplicación de la ciencia. gstas (las acciones vinculadas al producto científico) quedan intrínsecamente supeditadas al interés de uso de la información para todas las partes interesadas (promotores, financiadores, investigadores y receptores), e inclu~en propósitos y valores prácticos, requerimientos individuales y sociales no-teóricos que escapan al propósito sistemático e informativo de 10s contenidos científicos. En tanto incorporan la intencionalidad y prop6sito de sus gLstores, las acciones vinculadas a la ciencia teórica y sobre todo a sus aplicaciones, directa o indirectamente afectan a todas las partes involucradas en su utilización y, ésta, ciertamente, no sirve a todos por igual.1° En este sentido, la 9. En realidad, esta es la tesis del racionalisme critico. Cf., por ejemplo, Albert, 1968. La referencia de A. S. en pp. 87-107 de Lloyd, Ch. (ed.), Social Theory and Political practice, Walfson College Lectures, 1981, Claredon Press, Oxford. 10. Jugando con la idea de teorias interesantes para fines de conocimiento que expresa en su noción de use interest, en tanto referida a tesis fácticas y a acciones vinculadas a ellas, Amartya Sen establece la diferencia entre el use-interest relative (atinente a la evaluación de 10s enunciados y sistemas de enunciados pivotados sobre sus propios contenidos cognitivo-informativos) para 10s distintos grupos interesados en la <(Papers,: Revista de Sociologia creciente aplicación tecnológica derivada de la ciencia teórica moderna ha explicitado la pérdida de equilibri0 entre el riesgo teórico de refutación (que atañe a la ética del conocimiento) y el riesgo práctico (que implica a la ética de la responsabilidad). Con el10 se plantean cada vez más (y más graves) problemas estrictamente éticos al colectivo cientffico. Aunque es evidente que la cuestión alcanza relevancia en las dos últimas décadas, la preocupación por 10s problemas morales de la ciencia no es, precisamente, un fenómeno reciente. Es verdad que, en términos generales, 10s filósofos y científicos de orientación analítica soslayaron las cuestiones éticas por considerarlas inabordables desde la perspectiva lógica de la ética del conocimiento. Pero el interés por 10s problemas de la conducta ética de la ciencia está ya presente a principios de siglo, claramente a partir de la crisis de conciencia que sigue a la primera conñagración mundial. Está por demás decir que las dificultades de concordancia entre la ética del conocimiento y la ética de la responsabilidad, entre conocimiento y consecuencias prácticas del conocimiento, quedan cada vez más explicitadas en nuestra cultura científica de finales de siglo. No obstante, dada la intención específica de este ejercicio, dejaré de lado esta importante cuestión" señainformación, y el euerything considered vinculado necesariamente a la evaluación de las acciones que acompañan a la ciencia. La ilustración que ofrece (pp. 104-106) para establecer la diferente naturaleza de estas dos evaluaciones (la de las tesis ficticas, por una parte, y la de las acciones conexas, por otra) resulta clarificadora. Tomando un programa de la BBC sobre muerte cerebral y utilización clííca de Órganos, emitido en octubre de 1980, y prescindiendo del aspecto técnico (que escapa tanto a su como a nuestro tema), combina el criteri0 de use interest sobre las dos coordenadas bbicas de su trabajo. Respecto a la tesis fáctica (informe, descripción, etc,), el juicio evaluativo (acerca de su 'bondad' o no) tiene relación con los diferentes intereses de uso que sirve. En el caso mencionado, el reporte sirve bien 10s intereses informativos de 10s midicos especialistas que a partir de entonces tomarán las precauciones dícas y legales pertinentes. Sirve, en cambio, mal a 10s potenciales donantes de Órganos, innecesariamente atemorizados ante la información; y, simpIemente deja fuera del interés informativo a grupos directamente afectados (el de 10s enfermos renales en espera de transplante) cuyo interés práctico es la obtención de Órganos. Tomando en consideración todos 10s aspectos, e incluyendo a todos 10s grupos afectados por el informe, cabe preguntarse si la acción de darle publicidad puede evaluarse como 'buena', aunque la información en sí sea correcta. El ejemplo resulta quizá demasiado senciiio (todos 10s que utiliza en este ensayo 10 son), pero sirve para iluminar la tesis básica: <(Moral judgernents in the fields of science -social and naturaldirectly concern actions, not accounts)>, p. 107. 11. Cf. Albert, 1968: ctRacionalidad y Compromiso)>, pp. 9 y SS. Para una reciente exposición que abunda en el tema y hace referencia directa a la contraposición entre ética del conocimiento y ética de la responsabilidad, cf. A. Domknech F., <La ciencia moderna, 10s peligros antropogénicos y la racionalidad de la política de la ciencia y de la ticnica,, pp. 9-52, en Arbor, núm. 481, enero, 1986. Ciencia y valores: un reordenamiento de argumentos a favor de la ciencia social lando, en cambio, que el10 no tiene por qué llevar a la confusión de planos. Como en términos bastante felices enunciabra M. Sacristán (1981): <(. . . precisamente la peligrosidad o "maldad" prácti~ca de la ciencia contemporánea es función de su bondad epistemolÓgica.>> l2 La posibilidad aplicativa de la ciencia teórica (sus posibles derivaciones tec~~ológicas) es a 10 sumo una condición de su valor epistemológico (aplicabilidad en principio), y ha de distinguirse de su uso o aplicación efectivos. L,a aplicación de la ciencia empírica teórica y de sus derivaciones implica, además, una decisión o un propósito extracientíficos y constituye una acción (individual o colectiva) sobreañadida a la de su <tbuena)> confección. Habria que establecer, pues, una distinción entre, por una parte, la exactitud de una teorización cientifica, su valor cognitivo-informativo y bondad epistemológica y, por otra, la aptitud o propiedad (no-contradictoriedad medios-fines) de la(s) acción(es) vinculada(s) a la ciencia. En el primer sentido resulta cuestionable -al menos en principio y cualquiera que sean las especificidades técnico-metódicas tle cada una de ellasque el científico de la naturaleza esté más libre de elementos evaluativos que el científico social. Para ambos resulta inevitable la presencia de criterios metodológicos (lógicos, epistémicos, fácticos y pragmáticos) en ciencia. Y si según 10s estándares admitidos y ya clásico:; de la metodologia científica la presencia de estas evaluaciones no-éticas en la ciencia <(hecha>> deja intacta la <tobjetividad>> de las hipótesis y teorías de las ciencias naturales, la {(cientificidad~ de las hipótesis sociológicas no tendría por qué verse sobrecargada, o al menos no en este sentido. En ambos camps resulta evidente la ineludible importancia del recurso a la 1ógic:a y la experiencia, y en ambos casos 10s científicos se hallan reducidos -ien tanto talesa la exactitud y eficacia de sus informaciones (ética del conocimiento). Respecto a la segunda cuestión, actividad cientifica y conducta moral no son independientes (ética de la responsabilidad) y ello, por supuesto, tampoc0 es exclusivo de las ciencias sociales. 3. CIENCIA SOCIAL Y VALORES Una vez admitido que la praxis de la ciencia no está libre de valoraciones éticas, habría que señalar que una cosa es la evaluación de las accio12. *La relación entre la sociedad y la natut:aleza en la filosofia de las ciencias social es^ (Un esquema a discusión). Comunicación presentada en el Congreso Mexicano de Filosofia (Guanajuato, diciembre 1981), en Mientras tanto, núm. 10, diciembre 1981. .<(Papers)>: Revista de Sociologia las <tindividuacionesa o delimitaciones desde las varias ctorientaciones de +valor)> admiten la diferencia de ángulos de apreciación o distintos <(puntos de abordaje)> posibles de valoración (1906: 131-132). Su admisión, por consiguiente, fundamenta el pluralisrno teórico de la sociologia (p. 145). Weber extiende explícitamente la crítica Iógica a 10s valores en tanto #objeto de las ciencias de la cultura, pero su función en relación con 10s juicios de valor como medios de conocimiento queda críticamente irresuelta. Su posición es expuesta en la polémica con E. Meyer (1906: 111): <<El análisis causal no proporciona absolutamente ningún juicio de valor, y el juicio de valor no es, en absoluto, una explicación causa1.n Y continúa elucidando la tesis más adelante: <tLo cua1 no significa, por cierto, que la consideración causal de su génesis no pueda resultar esencial para posibilitar " psicológicamente" la " comprensión" de la significación de un valor)> (ibid., n. 6). Mientras, según esta afirmación, el juicio en torno a la validez de un valor, como ya se ha expresado, no es asunto de la critica técnica, 10s juicios de valor u <torientaciones de valor)> se encuentran en el origen de las hipótesis científicas, pero escapan a la critica. Tales puntos de partida se presentan como irrefutables fácticamente. En la propuesta weberiana 10s presupuestos últimos de valor escapan al análisis critico y quedan inmunizados contra 10s criterios de contrastación, contrafacticidad, comparabilidad y eficacia, por ejernplo. Operan, al modo axiomático, como principio~ indemostrables que el mismo Weber tiene la tentación de elevar a la categoria de convicciones de fe 26 entre las que hay que optar sin recurrir a la ciencia (1906: 131-132). Su solución critica en torno al problema de 10s valores es, por 10 tanto, parcial. Ello queda bien expresado en (1906: 104): <tSÓlo limitando y resolviendo problemas concretos se fundaron las ciencias, y s610 asi desarrollaron su método (. . .) cuando a consecuencia de desplazamientos notables lde "puntos de vista", a partir de 10s cuales cierta materia se vuelve objeto de exposici6n, surge la idea de que esos "puntos de vista" nuevos exigen también una revisión de las formas lógicas dentro de las cuales se movia el "cultivo" consagrado, 10 que arroja incertidumbre sobre la "esencia" de la propia labor.)> No obstante, en la resolución del problema de 10s presu26, Con la evidencia histórica de la existencia de distintas tomas de posición (no hay que olvidar que Weber configura su posición dentro de las controversias de la 'Verein fiir Sozialpolitik: cf. Dahrendorf, 1961 [alemán], <(Values and Social Sciences,, cap. I en sus Essays in the Theovy of Society, Londres, RKP, 1968), Weber no podia encontrar ctniguna autoridad racionab a la que pudiera referirse para legitimar la suya como la única posición razonable (cf. el comentari0 de Albert, 1968, p. 106 y, en general, todo $el tratamiento del tema que hace en <<El modelo clásico de la racionaiidad y la discusión sobre el valor*, 111, pp. 102 y SS.). Ciencia y valores: un reordenamiento de argumentos a favor de la ciencia social puestos últimos de valor, no cabe duda de que Weber opta por la <tcertidurabrea. Su solución al problema de la heterogeneidad y multiplicidad de <(puntos de vista)> orientados a 10s valores (10 que 61 llama la <tdimensión subjetiva)> de las ciencias de la cultura: ibid.) acaba en la aceptación de su inmunidad crítica. Cerrados a la relativización crítica, estos presupuestos últimos de valor se tornan irracionales. Ello le ha valido lecturas diferenciada~ de positivistas y hermenéuticos y extendido su ámbito de influen- .cia;n no obstante, también ha constituido uno de sus flancos más sensibles a la crítica? La historia de la ciencia señala reiteradiamente cómo la coexistencia de varias teorizaciones diferenciadas sobre un Único objeto no es ella misma problemática, al menos no cuando puede resolverse críticamente. El problema central, pues, en el planteamiento weberiano -digámoslo de nueve es que, mientras extiende la crítica l15gica a 10s juicios (valorativos) de hecho, inmuniza de la misma tales juicios en tanto puntos de partida o medios de conocimiento. El pluralismo incontrolado en socio1og:ía viene reforzado por lo que Amartya Sen (1981) denomina la multiplicidad de <tintereses de uso)> 28formativa de 10s diagnósticos, pron6sticos, previsiones, descripciones o teorizaciones en general de la sociología moderna. A diferencia de 10 que ocurre en las ciencias naturales, que en relación al interés informativo de sus tesis fácticas alcanzan una gran homogeneidad, las ciencias sociales no logran la uniformidad de sus pautas y evaluaciones (sus propios estándares) y quedan a merced de la demanda. ],a no-uniformidad de intereses informativos, que en sí misma no es incompatible con la objetividad de las aserciones fácticas, se sustenta s610 parcialmente en el problema anterior puesto que tiene su propia pragmática. No obstante, vale considerar que tal multiplicidad de intereses informativos lla operado como mecanisrao de feed back y ha permitido <(funcionar)> a la s;ociología sin acabar de resolver sus problemas de fondo. De aquí quizá la sobreproducción sociográfica y la persistente tendencia a la <tregionalización,> de las microteorías, indiscriminada~ y subvencionadas, de las que habla L. S. Warshay refiriéndose a la sociología norteamericana (o no). 27. Ibid. 28. Para una revisión de las distintas críticas a M. Weber, cf. Guenther Roth, ctPolitical critiques of Max Weber. Snme implications for political sociology~, en American Sociological Review, vol. 30, 1965, pp. 213 y SS. 29. Warshay, L. H., The curwent state of sociological theory: A critica1 interpretation, N.Y., McKay, 1975. Todas las citas de Max Weber corresponden a la edición castellana de Amortortu, B. A., 1973, 1978: Ensayos sobre metodologia socioldgica. <(Papers)>: Revista de Sociologia Se puede observar, sin embargo, que ambos problemas, aunque vinculados a la naturaleza específica del objeto sociológico, tienen más bien relación con la no-propiedad o no-resolución de criterios epistémicos y heurísticos congruentes con el análisis critico y con la emergencia de la decisión en el campo del conocimiento y de la praxis científica. En ninguno de 10s dos casos sirven realmente para argumentar contra la objetividad de 10s resultados cognitivo-informativos de la crítica técnica aplicada a valores. En todo caso, estos problemas señalan su límite de desarrollo y el escollo adicional de su inmediata operatividad práctica. Bellaterra, noviembre de 1988