Tejidos griegos o lo femenino en antítesis
Abstract
El tejido y el tejer, actividades que, en el mundo griego, parecen consustanciales a la existencia femenina, se convierten en referencias simbólicas. En la literatura, el telar representa una suerte de barrera entre el gineceo y el mundo exterior, y el tejido se constituye en lenguaje paralelo sobre la feminidad.
Full text
Enrahonar 26, 1996 25-39 Tejidos griegos o 10 femenino en antítesis* Ioanna Papadopoulou-Belmehdi Resumen El trjidu y el tejer, actividades que, cn el mundo griego, parrLen consustanciales a la existcncia femenina, se convierten en referencias sirnhhlicas. En la literatura, el telar representa una suerre de barrera cntre el ginecco y el rnundu exterior, y el tejido se constituye en lenguaje pardclu sobre la feminidad. Palabras clave: tejido, Grecia, muleres, oikor. Abstract. Greekfabric or rhefeminine in antith~ri< In the world of Ancienr Greece, hbric and weaving are inex~rlncabl~ linked to rhe exisrencc ofwomen anr takc on thr qualiry of symbolic referencc. In rhe literature, the loom represenrs a kind of barricr between the Gyn~e'rum and rhe outside wotld, thc fabric constitutirrg a parallel language on rhe subjcct of femininity. Key words: fabric, Greece, women, otkos. Sumario Discípulas de Arerm Obras de doncellas Atenea rejedora Ma&e dulce, mi tela / rcjcr no pucdo: /&dita ruave 1 ~ne vence, y dc mi amado I riento cl dnro' El resto de los grlcgos considera conveniente que lar muchachas lleven una vida tranquils y re dediquen a los trabalos de 13 lana' * Traduccidn dc Rosa Rius Gatell. 1. SAFO, fr. 104; trad. de FERIWIL, Juan. Lirirorgriegor arcaicoi. Barcelona: Sirmio, 1991 2. JENUFON.IE. La repriblicn de lor lacedemonior. I, 3-4: trad. augerida por la Dra. Montserrat Jufresa.
Safo y Jenofonte, he aquí dos textos yuxtapuestos, escogidos por su tonaiidad disonante, que sirven para inrrodncir la represenración griega del arte de tejer como cerreno metafórico privilegiado en el que se construye la presencia y la esencia de un femenino imaginario, lugar polarizado, de equilibrio precario, expresado a menudo en tirrriirios antitkticos. Transformado en discurso, el tejido dcja de ser una pintura naturalista de las labores edificantes del girrecco, réplica de la realidad cotidiana de 10s trabajos domésticos. Objeto literario o actividad ritual, el telar aparece como un espacio ~sexuadon, un lugar simbólico de la expresión y de la acción femeninas. Sola o entre sus congeneres, la rejedora imaginaria representa la feminidad encerrada sobre sí misma. Contrariarrieritr al vrstido, objeto favorito de intercarnbios, cl tclar rcprcsenta la parte mis profunda del oikor, una suerte de barrera simbólica entre el gineceo y el mundo exterior4. Esta rcclusión industriosa forma el centro de un código polisémico que lleva, según el contexto y el ginero literario, una carga distinta. En el discurso normativa de un Jenofonte -en el texto citado o en el Econbmicos el tejido se revela como un signo exterior de sabiduria y de capacidad de administrar el ozkos. En el contexto mitico y poktico, en cambio, la exterioridad cede su lugar a la identificación, y asi, investido de toda la polisemia de que goza la mujer como objeto literario, el tejido deviene parte integrante de 10s personajes femeninos, relato metonimico de sus pmsamientos y de sus destinos6. Este moda discreto de abordar 10 femenino constituye un terreno familiar para la literatura griega que, para hablar acerca de ello, rccurrc dc bucn grado a un lenguaje llcno de imágenes, en el que todo lo relacionado con la indumentaria -lanzadcras, cinturones, tejidosocupa un lugar preeminente7. Pensemos, por ejemplo, en Nausícaa, que en la Odirea es invitada por Atenea a ir al rio a lavar la ropa, ya que no será por mucho tielnpopartht!nos. 1.a limpieza de las ropas remite al matrimonio: la joven solicita a Alcinoo permiso para salir y vigilar el lavado dr 111s vestidos de su padre y de sus hermanos; ella sc ruborizaría si hablara a su querido padre acerca de la boda, dice el poeta, pero 61 10 ha comprendido todo.. . (vi 25-67). Las representaciones del tejido implica11 que la vida de una mujer no debe exceder el marco de su telar: cl tiernpo femenino aparece marcado por el soni- 3. GERNET. I.. AnthropoJVgjp d~ Ia Gr>m antipt. Parív, 1976, 200.203, 4. Sobre el ginccca, entendido como la parre mi$ interior de la casa, vease ZEITLIN, F, uCulric Models af rhe Female: Rites of Dionysus and Demetern. Arethwa, 15, 1-2 (1982). 143 y s. Sobre la ~nujrr qur artúa sola o con sus congeneres, como tema connorado negativamente, véase ibidem. 5. Sobre la esposa ejemplar dc Iscbmaco, dase MOSSE, Claudc. Lafi~zmr ddnr O Grirr untique. PaParis, 1983,34-38. 6. PAPADOPOGLOU-BF.LMEH~~. lnanna. L hrc dr 1'4ndorn. La Mythoio@e dx tirsage en Grke ancienrrr. Tcsis de doctorado. Paris, 1772. 7 A prupúsiru del lenguaje lleno de imigenes como gknero de discurso que se acribuye a las mujercr y que re urilira generaltnenre plrl desrribirlas, cf. IRIARTE, Ana. Lar rcdm ddenigma. Madrid, 1990. Sobre el hecho de llevar el ceiiidor y el acta de quit4rsclo como meti- [ora plra cl cambio de esrarus de la muler, vease SCHMI~I, P. ixAthéna Aparauria ct la ceinturen. AnnalerES.C. 32 (1977), 1059-1073,
do de la lanzadera8. Asi, en su aspecto normativa, esta actividad parece absorber simbólicamente la existencia femenina, hasta d punto de devenir consubstanciai a ella. Disconforme con esta operación de apérdida de sí,)', la filosofa Hiparquia, compafiera del cinico Crates, protagoniza una anécdota que ilustra elocuentemente 10s juegos de identidad y de antítesis en el ámbito del rejido. Con ocasión de un banquete, Teodoro ael Ateo* reprocha a la filósofa, que comparte la vida pública y mundana de Crates, el que haya abandonado la lanzadera inerte junto ai telar1", y acompafra, además, sus paiabras reprobarorias con un gesto dirigido direcramente a la feminidad de la filósofa, infligiéndole públicamenre un anamrma. Lo que el interlocutor impertinente ha percibido encajaría mejor, en efecto, con el tejido que con la filosofia. El c<riempo desrinado ai telar lo he gastado en el esrudion, replica, imperturbable, la filósofa". Como en la r~topla de Lisístrata, Hipacquia invierte, a su modo y en la vida real, la vieja fórmula homérica, qur resume en un reparto esquemático las funciones de ambos sexos: a IQs hombres laguerra a h mz@s lor ~abajos de la hna, tai como responde Hector a Andrómaca cuando esta le prodiga consejos militares (IliahVI, 492). Esta antítesis tiene una larga vida: varios siglos después de Homero otra uandr~rnaca,)'~, Aretafila de Cirene -cuyo nombre significa <<la que anla la vimd>-, uas liberar a la ciudad del tirano Nic6crates, fue invitada por sus conciudadanos a asumir un papel en la gestión de 10s asunros públicos. Pero la heroica liberadora declinó ese honor excepcional y recluy&ndose en el gineceo pas6 el resto de su vida en 10s telares (Plutarco, KrmAs L& mr.+w~, XE). Del mismo modo -si confiamos en la escasa información que conservamos acerca de elladebió de pasar su vida Erina, la poeta que falleci6 siendo muy joven y cuyos versos igualaban a 10s de Homero y Safo. Enamorada de la poesia, debia, sin embargo, por temor a su madre, dedicarse a las ocupaciones rexriles. El titulo de su poema, 1.a ruca, llcva la marca de ese tiempo femenino consagrado naturalmente ai trabajo de la lana. En su reconstrucción de 10s 6%- rnerltns del poema que han llegado hasta nosorros, M.L. Wesr recupera el trrna de la jovcn quevive con 10s ojos fijos en la rueca, y se queja de no haberse decidido a contraer marrimonio. La imagen de esta corta exisrencia dcdicada al telar es corroborada por un epigrama aridnimn de la Antologia Palatina: ~sus trescientos versos igualaban a Homero., aunque .por temor a su madre, tenia que dedicarse a la rucca y al celar, ella, la servidora de las musa^,>'^. 8. Para el carito de la lanradera, que "hala el alba, vCanse las epigramas votivor de la Antolopá PaIutina (VI, 160, 174 y 247). 9. LE DOEUPF, Mi~hlle. Limaginairephi~roph~quc. Paris, 1980, 137. 10. Sc traca de hecho de una cita dc las Bs~anrer (1236) de Errnii'inES. 11. Dlti(;i~~s LAERCIO, Edar de 1oifild1of.1 ilusnei, VI, 97-98. 12. El ~lu~nbrr significa litenlmcnte .la que conlbarr a 10s hombres,). 13. AnrobKid Palntina, 9.190; trad. sugerida por la Dra. Monrscrrat Jufresa. M.L. WEST (DE 25, 1977, 95-1 19) considera que a causa de ru ocupación forzada en el telar, aresriguada por la rradición, Erina no hzbria tenido el ricmpo de escribir un poema ran bello, cuyo autor seria, por tanto, un hombre. M. AK-CHUR rechaza pertinenrcrnrnte este razonamien- to al cornar la imagen del rejido como una cozrvenridn lireraria, aThe Torroisc and rhe Mirror: Erinna PS1 10908, Ch~ial WorU 74,2 (oct. de 1980)> 53-65.
He aquí un destino de muchacha que encierra su juventud en la actividad repetitiva del gineceo: a esar de su sofisticación, la historia de Erina -fic- 74 ción o reaiidad biogrdfica - remite a una tradición establecida mucho antcs de La rueca: aqutlla que asocia íntimamente 10s trahajos del telar y la virginidad, ya que el tejer es un mabajo femeninu siri duda, pcro, en el imaginaria mftico, es sobre todu un trabajo de don~ella'~~~. Discípulas de Atenea Ln grterra a 10s hombres y el tejido n las mujeres.. . Existe una figura, divina, que reiine estas dos esferas de actividad cmblemáticas de ambos sexos: se rrata de Atmea, Pnrtbénos Tejedora y Guerrera. Su rueca, al igual que su lanza, expresan la idea de una virgirridad inviolable, que correspondc a la edad femenina ind~rnita'~: fix ella quicn cnseñó a las tiernas virgenes las espléndidas labores, ella, a quien no le agradan las acciones de la muy iurea Afrodita17. El arte de tejer es el atributo incontestable de Atenea y de ahi deriva su frecuente asociación a la virginidad. En efecto, el estado virginal se representa a menudo a rravés de la imagen del telar. En el Iún dr Eurípidcs, Creíisa llama a 10s pahales que le han perrni~ido reconocer al hiju qur ancaho abandonó, $a~fJÉvevwa, *obra dt: ~ir~en.'~. Ifigcnia, convertida ya cn sacerdorisa de Arterllis en la l'áurica, escucha la evocación que Orestes hacc de su pasado de muchacha mcdiante el recuerdo de la bella tela que ella tejía cuando residia alin en el palacio patern0 (81 1 y SS.). En el Epitalamio de Helena, Tcócrito representa a las compañeras de la joven evocando con añnranza ance su cimara nupcial el telar virginal que con tanto primor mancjaha Hrlena (vv. 32-34). Pues toda muchacha, como discipula que es de Atenea, deberá abandonar un dia cse lugar de iniciación negativa que es el telar virginal y aceprar casarse, siendo el incesantc tcjer sehai de estado incompleta y de desgracia. Tcjidos interminables, abandonados e inacabados.. ., el modelo más representativo de esta temárica es, evidentemente, Penélope, la tejedora mis famosa y a la vez más oscura de la mitologia griega. Su obra s un ejemplo de escrituta codificada, ya que en 10s relatos sobre la tela se hallan inscritos 10s ternas mis importantes de la Odisea: matrimonio-muerte, memoria-olvido y astucia. Al condensar alrededor de la reina de Ítaca rodo un hbiro de la acci611 del poema, Homcro se sime principalmente de la actividad textil para expresar la función y el pensamirntu de Penélopc. Como muestra clararncntc cl primer relato sobre 14. ARTHWR, M., op. cir. 15. I.OMIX, Nicolc. Lei enfinir d'Athlna. Paris, 1981, 187. 16, aCuando un porta dicc que una jovcn no csti domada (&Bp+5 ir6p11ro3, cntiende que no está aada~. CALAME, C LPI C~OPUIS hjeuvesf;Ik~ m tipice BTC~~IQUP, I. Roma, 1977.413, n. 123. 17. Himno homirico a Ajodir~, 9-15. 18 Viase infra.
la tela, que abunda en expresiones de la función intelectualL9, la asrura obra es una manifestación de un espíritu sin igual, que distingue a Penélope de las demás mujeres (ii 118-122). En efecto, el insidioso tejido da cuenta de una memoria tenaz y una astucia excepcional que han marcado el riernpo de Itaca2". Esa obra insólita curnple una imporrante función poética, ya que su duración coincide exactamenre con la presencia de 10s pretendientes en la vida de Penélope2'. Así, ante las presiones para que se case de nuevo, la reina replica: +venes prerendientes míos! Ya que ha muerro el divino Odiseo, aguardad, para instar mis bodas, que acabe esre lienzo -no sea que se me pierdan inútilrnente 10s hilos-, a fin de que tenga sudario el héroe Laertes,, (ii 96-99). Noches y días se suceden y La obra no se concluye ya que, como han comprendido in txtremis 10s pretendientes, no se rrata de un tejido funerario. Para contrarrestar la presión de su entorno Penélope se sirve de su telar como si fuese una rnuchacha, aconsagrada a 10s rrabajos de Atenear. Los versos que .desenmascaran,, la estratagema de la reina ante la asarnblea de ftaca cobtan todo su sentido al confrontarse con la descripción del tejido virginal --cuya protectora es Atenearealizada en el Himno homhiro a Afodita: la obra de Penilope emana de un pensamiento orientado hacia 10s dones de Atenea: las labores espléndidas, el espíritu virtuoso, las asruci as... (ii 116-1 17). Para resumir la actitud de la reina, Antínoo se sirve de un juego de palabras: la fijación en 10s pensamientos y los trabajos de Atenea confieren a Penelope la falsa apariencia de una virgen; y en este sentido el escoliasta interpreta el subterfugi0 de Penélope. Así, mientras el telar est6 montado, no se autorizará el matrimonioz2. En este modo de constituir el personaje mediante un desplazarniento, el tejido sirve para dibujar lo femenino en antítesis, utilizando así un rasgo mis general de la poitica de la Odisea: las apariciones y las intervenciones de Penélope en la acción están marcadas por el signo de la discordia o del de~acuerdo'~. Y esro a partir ya de la primera rapsodia, donde la esposa de Ulises aparece presa de malestar en mitad de un banquete en el que sus prerendientes y su hijo se deleitan escuchando al aedo real de ftaca, Femio, quien canta el desastre de 10s aqueos, privados para siempre de su regreso debido a la cólera de Arenea. Ai resonar en el palacio de Ulises, ausente desde bace tiempo, ese canto Iuctuoso resulta nefasto. Penélope intenta derenerlo pero tropieza con la reacción de Telémaco, que replica a su madre por querer introducirse en el rerreno del 19. i¡, 92, 93, 116, 117, 121, 122 y 124. 20. Sobre la espera de Penilope, véase PAPADOPOULOIJ-BELMEHDI, loanna. ciLr chant de PénClopen. Autrement (serie Mutariom), eneer 1994, 107-1 17. 21. Compirense ii 89-90 y xiii 377-378. Sabre cl problema de la duraci6n exacta de la pv~laeiu de Penélopc, cf. HEUBECK, A., WET, S. y HAINSWORTH, J.B. A Commrntury on Homcrj Odyrrry. Oxford, 1990, vol. I, 136.137. En la presenre craducción se citará la Odk de acuerdo con la vcrsión de SEGALA, Lluis. Barcelona: Edicioncr B, 1990, inrroducción y notas de MIRALLES, Carles. 22 hcolio al veno ii 97. 23. Como rchala LORD, A.B. The Singrr of Tah. Cambridge Mass., 1960, 172-173.
canto y del discursoz4, don de Zeus, placer y prerrogativa de 10s hombres. Ulises ha fallecido como tantos otros: por lo tanto, ella dcbe regresat a los trabajos de la rucca y del telarz5. La antítesis entre el discurso y el tejido queda claramente dibujada en las palabras dcl joven Telémaco. Se tram de mostrar ahora 10s limites de la acción de Fendope, puesto que ella no intervendrá en el desarrollo de 10s acontecimientos a través de la enunciación directa de su pensamiento,,sino mediante una desviación. Sin embargo, quitade la palabra a la reina de Itaca y enviarla a sr~s estancias, es algo que entra en contradicci6n con la imagen de otras grandes damas homéricas, Helena o Arete, que no son excluidas del banquete y que toman sin recato la palabra. Pero aquí se trata de una situación muy distinta, ya que Penélope aparece en el texto odiseico como una figura-ambigua, al cuestionarse su estatus de esposa.. . Ulises ha mucrto, creen cn Iraca. Así, por obra de un interesarrte formalisme poético, Pcnélope, al ser solicitada en matrimorrio adopta 10s rasgos de una virgen. Por este motivo desciende de sus aposcntos con el rostro velado y acompafiada siempre de dos sirvientas"; por cllo mismo transforma su obra en un tejido intrrrnitlable, rasgo que el imaginari~ griego asimila al rechazo o 2 la itnposibilidad del matrimonio, a la prolongacibn excrsiva de la virginidad. La tcla explicitada a travis del juego de palabras de Antínoo uhraya a las mil maravillas la esencia poética de Penélope, esa distancia constante entre el ser y el parecer, que le permite dominar insidiosamente <la otra miradr del pocrxra, la Odisca de la ansencia de Ulises. Así, la palabra y la guerra corresponderían a 10s hombres y el tejido, a las mujeres. La oposición, tan antigua como la Iliada (VI 492), se observa en otros grandes textos dc la literatura griega pertenecientes a gineros literarios muy distintos. Si en la IIía& la reprimenda de Héctor tiene como resultado el alejamiento de Andrómaca de 10s asuntos pilblicos, en la Odisea enviar a k~lklope a su laborioso retiro, corno hace Tel6mac0, constituye una h:rmosa argucia textual, ya que, sin dejar de salvar laa apariencias, la reina de ltaca transgrede el proverbial reparto de papeles. Algunos siglos después, Lisísrrara dir6 en voz muy alta todo 10 que Penélope 1 disimula a travis dc un ienguaje lieno dc astucia: hay que utilizar medios puramcntc femeninos para influir sobre 10s asuntos de 10s hornl~rrs. I'enélope y Lisístrata representan una lógica similar, la de suslraerse a rodo inrercambio, I mostrarse <findisponiblesx sexualmrnte a fin de modificar cl curso de 10s acontecimientos que cstán fuera de su alcance. Entre Homero y AristÓFanes se escahlece la rnisma operaci6n simbólica; al colocar a las mujeres arenienses bajo la i : 24. El tirmino cmplcado es pfloi; según el anilisis de MARTIN, R.P. (Th I*r~~pugc ofHcrorr. Ithaca, 1989) este termino no designa ~im~lemente la palabn, rino el discurso largn y dcra- Iladu, qur prnrienc dc un persona,= invesrido de auroridad. 25 Vease Odiira, i, 345-359. A propósito dc csce pasaje frecuentemente romentado, Ienre P~!ccr, P. Odyrrrrrr Palytropor Ithaca, 1987, li15 y ss. 26 Vtasr NAGLLK, M., Sponrnnrity on$rr,dition. A Srudj in thc OrainrtofHomer, Berkeley, 1974, 71 yss.
Tcjidnr gricgns o lo frrncn~no et) rntiir~ir Enrahonar 26. 11116 11 protección de la diosa puliada, lejns de rodo intcrcambio conyugal, el poeta cótilicu las convierre en virgencs: nhuéspedes de Atenea, las mujeres 10 son hajo el signo dc la pureza.. . en la ACI-ópolis y para las nec~sidades de la causa dc Atiodita, las mujeres de Atcnas se convierten dc nucvo en don cella^.^'. Encerradas en la cir~dadela, Último refugio del pueblo en momenros dr agre^. sián, las compañcras de Lisistrara realizan una vuelta atrh 11rili7ando rodos 10s atributos de Atenea: son castas, la guerra se rransforma cn ~asunto suyoa y son, evidenrementr, tejedoras. Enrre ellas y bajo el patronazgo de Atenea, la3 ucupantes de la Acrópoiis anuncian su proyecto de trabajar la lana, con arre y pacicncia, no para tejer la rirvlia (630), u)mo remen 10s ancianos agrupados alrededor de 10s propilros, sino para mostrar a 10s hombres que puede gobertrarse la cir~dad del mismo modo que se trabaja la lana, sitvi6ndose del rejido no s610 como ejemplo de orden, sino tat11bi6n cnmo metifora del modo Femenino de ser y de petlsar. Laguerrn n la mfljPres.. ., el tejido a los honrbrrr; el uso cJrnico de este verso de la Iliada no se agota en ulla silllple irivrrsihn, dirigida a ridiculizar al comisario que llega para so61car la revuelra, imponiCndole silencio (529 y s~.), que es el 1~1hrno ideal femeninoZ8. Arrnadas con sus husos (567), las tcjednras chmicas intcntan modificar el curso de 10s acorltecimientos urilirando únicamente sus atributos femetlit~us, y de ahi el amplio dcsarrollo del empleo paradigmitico de la rrteca y el telar (567-586). Se podria vislurnbrar, a partir de esre momenro, detrás de la ciudad utópica dc Lisísrrara, la Iraca no mcnos utópica de Penélope y decir que esre pasaje de Aristbfanes hunde sus raíces en un simbcilicn st~rilrnenre elaborado por el poeta de la Odiierr; lus atmienses, piensa Lisistrata, no son verdaderos hombres2', ya no esrin en condiciones de dirigir la ciudad; ocurre In mismo con 10s prctcndientes de Penélope, que rrprrsentan un mundo a la deriva, un vacio dc poder culmado por lns proyectos oscuros de la rcina tejedora. Aunque hayarl huidn del gineceo las tcjcdoras cómicas no dejan de ocupar un espacio reservado que, durante el tiempo de utla revurlta imaginaria, excluyc a 10s hombrcs. Ahora bien, tudo Io que quieren -afirman- es cornportarse pruderltrmenre, como doncellas (473), refiriéndose, por otra yarte, a 10s rituales que marcaron su adolescenciaJ", con la irltencicin de demosrrar su vinculo con la ciudad y llacecer respetar s11 palabra. EL tema del tcjido se inregra bien en esta Ihgica de regresión, nutrida de frecuentes alusiones al ritual: cncerradas en la Acrápolis y anunciando la preparació11 simhhlica de un manto para cl pueblo (586), las tejedoras, por un momento castas y recluidas, evocan a 135 Arr6furas, la jávenes que cada año duranre las Chalkeia acolucan en 27. LORAUX, NLCOIC, UP. cit., 173-175, 28. ARISTOTELES, Politica, 1, 1260 a 30 (cita dc Sófocies); Sasa. (;iulia, LP coljs virenal. Paris, 1187.77 vi< - . - . , . . , --. 21. Vke rambiin Lm rermqfirinr, R1 9-829. ?O. W. 641.647; como subraya ZEITLIN, F. Op. 'il., 150, las rnujeres nr rificrrn aquí ilnicanlentc a iltual~s de doncellar;.
el telarn la otra tela panatenáica, el pPph de Atenea. Antes de convertirse en vela de la nave panatenáica, ofrenda de roda la ciudad a su pollada, y mientras se teje, el pe'plos no s610 está reservado a las mujeres, sino que rcquiere cada vez un comicnzo solemne que se centra en dos jóvenes recluidas, hecho que indica una exigencia de pureza3'. De este modo, en el transcurs0 de una representación, las tejedoras subversivas se retrotraen simhólicamente a una edad y a un servicio religioso claramente incompatibles con la sexualidad, a fi11 de intensificar la tensiór~ etitre su estatus real y su regresion militanre. Obra de mujer y obra de virgen, la acrividad tcxtil, rr resetltación de un lurar dondc br rxcluye momentineamente el intercambioPz, se subordina a la temática mis amplia de la capacidad dc rcgrcsión de la mujer, ilustrada en el ámbito divino por Perséfone, que periódicamente vuelve a convertirse en KorP, y por la misma diosa del matrimonio, Hera, quien -según un logosritual argivo calificado de zindeciblem por Pausanias (11, 38, 2-3)- rccupcra cada aho s11 virginidad desputs dc baharse en la fuente Kanatl7or. La primera de las mujeres, Pandora, no es totalmente ajena a ese esquema; yuvrj scaeQivos, sse ssr original y emblemático hace gala de una ~raturaleza fcnlenina siempre surccplible dc rechazo, de replegarse sobre si, hecho representadn, como cn cl caso de Penélnpe n de la? mujcrcs cn la Lisirtrata, como una vuelta hacia la autarcla de la edad virginal, hacia esa edad que la lengua griega califica de <indómitan. Es precisamente esta 1ógica la que prevalece en la elaboración imaginaria del tejido, arte que Pandora recibió de Atenea en el momento mismo de su creación3". Por ello, desde Penélope a Lisístrata, pasando por Deyanira, Aedón y las minia de^'^, en vano buscarrrnos a la cejedora paradigmática dt. Jenofonce. El tejido de Aedón exprcsa una situación de antagonisme y dc rcpliegue, es el signo precursor dc la disolución de su matrimonio con P~litecno'~; las Miniades conocerán un destino trágico al distinguitse de las otras mujeres por su excesivo apego a los trabajos del telar y su rechazo a honrar a Dioniso3'; Deyanira en Las haquiniai concentra su deseo frustrado por Hrraclrs en la confección de una tímica que irnpregnará de filtros eróticos; ahora bien, en varias ocasiones (103, 206) esta tejedora amorosa, esposa y madre desde hace 31. ZEITLIN, F., OP. cit, 151-153. 32. Véanse las reflexiones de REDFIELD, J. (*Notes on rhe Grcek wedding., A?erh~~sa, 15, 1-2 (1982), 174-195) sobre el tejido como iproducci6n asexual>>. 33. Sabrc rl sinragma prablemático (Teogonia, 513-514), véase LOKAUX, Nicole, op. cir., 87-88. 34. HEslono. Lnr *abnioi v lm días, 63-64. 283-287. 36. Según la verrión de ANTONINUS LIRERAIIS. Izzt mctdmoq%rir, XI. 37. Obsélvese la ambigüedad del esrarus de las Miniades; a ycszr de la exisrcncia de un hijo, Antoninus Liberalis las denomina bordi y lar rirúa en la car* de ru padrp En 11 vrrsión de Ovidia (Mrramarfijir, IV) no se menciona al hijo y nada indica que esruvierarl caradas, cf. KAMBITSIS, ].S. Minirzdtsy Proitidez(en griego). Jannina, 1975, 52-53.
mucho tiempo, aparece como una nymphé, que vuelve al unlbral del matrimoni~~~. Incluso a propósito de las tejedoras casadas, el miro no convierte el tejido en una actividad domestica ed~ficante, sino en un lugar fantasmagórico donde siempre está a punto de revivir ese aspecto indómito de la mujer, la parthénor en la gyné. Atenea tejedora Por su consubstancialidad entre agente y accidn, el arte de tejer refleja, aunque sea a moda de antítesis latente, la dualidad de la naturaleza femenina. <<El resto de los griegos -nos recuerda Jenofonte considera conveniente que las muchachas lleven ulla vida tranquils y se dediquen a las trabajos de la lanaj9. Efectivamenre, en la Grecia antigua, como en otras partes4", la vida de la mujer consagrada al trabajo oculta el reverso inquietante de la ociosidad vinculada al placer. En varias ocasiones el miro implica una tcndencia a esta polarización, que coloca en un lado a la mujer como servidora de Atenea y en el otro a la amante consagrada a las actividades de Afrodita. El juego de exclusiones comienza en el Himno homl'rico a Ahdita. AAtenea <,no le agradan las acciones de la muy Aurea Afroditan sina que le atrae socuparse de espléndidas labores [...I. Fue ella también la que les ensefió a las doncellas de piel delicada, en sus aposenros, esplkndidas labores, inspirándoselas en el Animo a cada unas4'. La relación problemática entre el trabajo femenino y 10s placeres de Afrodita queda claramente reflejada en una versión del miro de Tlresias tefcrida por Eustacio y atribuida a Sósrrato. Tiresias, elegido como juez en un concurso de belleza entre Afrodita y las Cárites, concede el premio a estas últimas; Afrodira se enfurece y castiga a Tiresias transformándolo en una vie.a hilandera, cre- 1 .. yendo asi habe~lo privado definirivamente dcl lacer sexual4 . El telldo protegido por Atenea es <<un ejercicio de virginidad>&, que soporta mal la presencia de Afrodita, como lo canta bellamente Safo: eMadre dulce, mi tela 1 tejer no puedo: 1 Afrodita suave I me vence, y de mi amado 1 siento el deseo,,". 38. Louux, Nicole. Leiexpi~i~ilcei de Tireiiaj. Paris, 1989, 52-53. 39. JENOFONTE. La repúbiica de loi inc<áemonior, I, 3-4; trad. indicada en la n. 2. 40. Esto es 10 que constata, por ejemplo, Y. VERVIER a propósito de la Francia rural: i<.. la labor es una obligaci6n y riene un valor moral: manrenerre tranquil= y tener los dedos ocuoadosn iFncnm dcdire. &cons dc &re. Paris. 1979. 172: véase tarnbién 256). Sobre la irn~ar- 111, vol. Xi, 3 (1981),'580 y SS. 41. HImno homPrico a Afidica, 9-15: rrad. de BE~AB~, Albcrro. Hknoi homéricos. La rbatracomiomaquim,. Madrid: Gredos, 1978. 42. BMSSON, L. LC mythe de Tirisiai. Leyde, 1976, 91. Eustacio, comentaria a x 494. Sobre el personaje de Shmtraro d BRISSON, L. Ibídern, 78 n. 1. 43. Véarc, por ejempio, EURiPIDES. Idn, 1425. 44. SUO, fr. 104; rrad. indicada en la n. 1. La mirma antítesis será ceperida en cicrros epigramas votivos de la Anrologíapu&ri~a (VI, 283 y 285).