Nada está bien : sobre la vigencia de Marx
Abstract
Vilar Roca, Gerard
Full text
Enrahonar 23, 1995 133-136 Nada está bien: sobre la vigencia de Marx Gerard Vilar Universitat Autbnoma de Barcelona. Departament de Filosofia 08 193 Bellaterra (Barcelona). Spain Mucho tiempo hace ya que pudo anunciarse, y con sobrado fundamento, el final del marxismo, el final del marxismo entendido como una compleja e inestable unidad de una teoría filosófica y científica y de un movimiento político y social práctico que perseguía la transformación de la sociedad en una asociación de hombres y mujeres libres e iguales en la que la miseria, la explotación y la injusticia hubieran dejado de presidir las relaciones sociales para siempre. La crónica razonada de esta muerte del marxismo está por escribir, aunque sin duda se han escrito muchos materiales de análisis aprovechables para ello. Y tiene que ser ésta una tarea de ilustración y aprendizaje, si es que es cierto, como firmemente creo, que sólo aprendemos de nuestros errores. Eso quiere decir que debemos alejarnos de toda posición que demonice el marxismo o lo liquide en bloque para proclamar finales de la historia, edades postmodernas o triunfos definitivos del liberalismo. Los acontecimientos derivados del hundimiento de la URSS han demostrado la insustancialidad de semejantes planteamientos. Para que la experiencia del marxismo como movimiento teórico y práctico no se pierda -algo que no es imposible que ocurraes imprescindible la confrontación crítica y la interpretación. Algunos aíios atrás hice una modesta tentativa de participar racionalmente en este trabajo de elaboración intelectual de la experiencia teórica y práctica del marxismo1. Reformulando muy sucintamente lo que en ese pequeño trabajo sostenía, hay cuatro tesis fundamentales del núcleo de la tradición marxista clásica que no resultan hoy aceptables bajo ningún punto de vista, a saber: 1) Lajlosoja de la historia, esto es, la convicción metafísica de que la historia tiene un sentido y una lógica predeterminados frente a los cuales no tenemos otra opción que la de reconocer lo necesario; que la historia avanza siempre por su lado malo, esto es, la visión trágica de la historia, según la cual ésta progresa a través de la injusticia, la explotación, la alienación y la humillación, y, por fin, que este proceso anónimo en el que los individuos y su voluntad a 1. ((De Marx al postmarxisme,,. Saber, 14, 1987, p. 51-57. Reproducido en mi librito Individualisme, ?tira ipolítica, Barcelona: Edicions 62, 1992, p. 13-37.
134 Enrahonar 23, 1995 Gerard Vilar penas tienen papel alguno desemboca en la creación de un orden de libertad absoluta, el comunismo, estado de reconciliación de los hombres entre sí y de éstos con la naturaleza. La fe en esta filosofía de la historia es la razón de la inexistencia en el pensamiento marxista de una ética y de un pensamiento político autónomo. 2) La tesis de que existe un sujeto colectivo de la historia, el proletariado, encargado de la emancipación de la humanidad en su conjunto. 3) La defensa de la revolución como acto violento mediante el cual el poder de la clase dominante pasa al proletariado, los expropiadores son expropiados y se instituye una dictadura delproletariado que ha de ejercer su poder en orden a la abolición de las clases sociales y garantizar la transición al comunismo. 4) La idea de comurzismo, sociedad de libres productores asociados iguales y capaces de ser felices, en el que se habrá abolido el Estado sustituido por una simple administración de las cosas dado que, al tratarse de una sociedad de la abundancia en la que las fuentes de la riqueza social manarían ilimitadamente, habrían desaparecido los problemas de distribución de la misma. Estas son cuatro tesis que hay que declarar como en ruina total y que deben ser sustituidas por una ética y una filosofía más en consonancia con el núcleo normativo de los fines del marxismo: una sociedad de auténticos individuos autónomos, hombres y mujeres, libres e iguales, capaces de autorrealizarse en solidaridad. De ahí que, por lo pronto, de la tradición del marxismo sean rescatables varios elementos cuya validez nos permite sostener que las intenciones del marxismo pueden proseguirse por otros medios conceptuales y, convenientemente corregidas, afirmar que, si bien el marxismo no puede ser recuperado como una filosofía política creativa, el postmarxismo prolonga esa tradición más allá de sí misma, hecho que podemos observar en las reflexiones de teóricos como Habermas, Taylor, Castoriadis, van Parijs o Elster. Voy a enumerar en cinco puntos lo que creo todavía válido del marxismo para nosostros. Los dos primeros puntos son de carácter genérico, mientras los otros tres son más particulares. Por supuesto, se trata aquí de una mera enumeración con unas breves glosas de cuya absoluta ambigüedad soy consciente. 1. Valen del marxismo las ilusiones ético-politic&, es decir, aquel núcleo normativo presente en el pensamiento de Marx que él mismo había llamado en su juventud «el imperativo categórico de acabar con todas las situaciones en las que los seres humanos se hallan humillados, explotados y alienados)) en nombre de un concepto normativo de persona autónoma y sociedad justa implícitos en la noción de comunismo y en la crítica de la economía política. Las ilusiones, como fuerza crítica y vital, nos impulsan a no ser conformistas con lo dado, a la subversión y la transformación del mundo. Para quien tiene ilusiones ético-políticas nada está bien. Pero las ilusiones son también siempre irreales, imágenes de lo que no es ni será. La clara consciencia de esta segunda dimensión de las ilusiones aparece imprescindible para que los suefios de la razón no se conviertan en monstruos y para que no se vean reducidas a ilusiones perdidas.
Nada está bien: sobre la vigencia de Mm Enrahonar 23, 1995 135 2. Vale del marxismo su racionalismo teórico y práctico, esto es, su defensa del conocimiento racional y la voluntad de regular racionalmente la sociedad. Naturalmente, me estoy refiriendo aquí, como en el anterior apartado, al marxismo crítico y no al marxismo dogmático, amoral y totalitario del que nada hay que rescatar. Con todo, es cierto que el racionalismo del marxismo crítico es considerablemente limitado. Para empezar encontramos en él un sobrepeso cientifista de lo teórico -creer que todo es cuestión de informacióii y conocimiento empíricoque hizo creer a muchos a pies juntillas que podía haber un (csocialismo científico)) y un paso de la ((utopía a la ciencia)). Pero las cuestiones de justicia o las cuestiones referentes a la vida buena para el hombre no son cuestiones que se puedan resolver científicamente de la misma manera que se resuelven las cuestiones de las ciencias empíricas. Del mismo modo, esa regulación racional de la vida social tampoco puede entenderse en un sentido técnico-pragmático, sino sólo en términos de una razón democrática. Si creemos que ya no hay un sujeto histórico colectivo privilegiado que tiene la razón y la verdad de su lado, entonces hay que aceptar la pluralidad de la razón y el descubrimiento de lo verdadero, lo justo, etc., como un proceso cooperativo con sus necesarios momentos de desacuerdo y lucha por el reconocimiento. 3. Del pensamiento marxista y de su visión de la historia y la sociedad creo que es rescatable la centralidad que otorga al conflicto como núcleo de Ia vida social. Sólo que esa visión debe desprenderse de toda idea de reconciliación, de unidad teórica última y de armonía social final. Las contradicciones sociales, las consecuencias no deseadas de la acción individual y colectiva, los conflictos de intereses, de valores y de visiones del mundo y la vida, el divorcio entre los individuos y la comunidad, entre la sociedad y la naturaleza, entre sexos y generaciones, entre etnias y naciones, etc., constituyen el motor y la realidad de todo orden social moderno. Toda pretensión de reducir teóricamente a una o unas pocas contradicciones ese todo complejo como verdad definitiva es dogmatismo y cualquier intento de reducirlas prácticamente es totalitarismo. 4. Marx inició una tradición de critica al capitalismo en tres frentes: en primer lugar, por su irracionalidad macroeconómica, esto es, por ser incapaz de extender la indudable racionalidad económica y técnica que impera a nivel micro de las empresas y los agentes económicos individuales al conjunto de la economía como las periódicas crisis del sistema ponen en evidencia; en segundo lugar, Marx criticó el capitalismo por ser injusto, es decir, por explotar a una parte considerable de la población en beneficio de unos pocos y, por consiguiente, por distribuir injustamente la riquaa social producida; por fin, Marx criticó el capitalismo por ser causante de distintas formas de alienación: por generar formas de falsa consciencia, por extrañar a los individuos entre sí, por someterlos a poderes sociales enajenados, por no permitir su autorrealización y privarlos de su capacidad de autodeteininación, por imponer el imperio del dinero y de las falsas necesidades. Mucha agua ha pasado bajo el puente
136 Enrahonar 23, 1995 Gerard Vilar desde los tiempos de Marx, pero creo firmemente que los frentes de crítica abiertos por Marx siguen totalmente abiertos. Cierto es que esa crítica al capitalismo, hoy más triunfante que nunca, no puede plantearse más que en términos inmanentes, sin la perspectiva trascendente, utópica y metafísica, de una sociedad reconciliada, pero esa es la condición de nuestra modernidad postmetafísica. 5. Para finalizar, creo que la noción marxista de unajloroja de la praxis es también algo a retener y cultivar, con las necesarias modificaciones y reconstrucciones. Filosofía de la praxis significa ante todo dos cosas: para empezar, una posición en la filosofía social en la que las actividades vitales humanas, entendidas como unidad de trabajo, creación y acción, se sitúan en el centro de lo social y constituyen el fundamento de la sociedad y de la existencia humana; por otro lado, además, filosofía de la praxis significa que el principal problema filosófico no es lo que sea el Ser o el Hombre, sino, en la medida que el hombre se hace, se trata de la posibilidad de la autoproducción racional del mismo y de sus condiciones de existencia que es a lo que Marx apuntaba en la famosa XI de sus Tesis sobre Feuerbach. El dominio del proceso de autoproducción del hombre y su existencia no es, sin embargo, un problema técnico, de ingeniería social o de cálculo racional de utilidades o estrategias de intereses, aún cuando todo ello pueda tener sin duda su importancia, sino que es fundamentalmente un problema ético y político. Y la ausencia de una ética y de una filosofía política democrática fueron las grandes deficiencias de los clásicos del marxismo, de Marx y Engels, de Lukács y Garmsci, de Rosa Luxemburg y de Trotsky, de Adorno y Horkheimer. Pero para superar estas deficiencias es preciso pensar la categoría de praxis de un modo más amplio, y no reducirla a trabajo o producción como tendencialmente hicieron todos esos clásicos. Ello implica un cambio de paradigma filosófico como el realizado por algunos postmarxistas como los anteriormente citados Castoriadis, Habermas o Taylor, en quienes podemos constatar sin vacilación la continuidad de la herencia cultural productiva del marxismo crítico.