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Sindicalismo y reconstrucción de Catalunya

Miguelez Lobo, Faustino

Abstract

Miguelez Lobo, Faustino

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SINDICALISMO Y RECONSTRUCCION DE CATALUNYA Faus tino Miguélez Lobo (Uniuersidad Autónoma de Barcelona) Los estudiosos sociales están dedicando muy poca atención a 10s problemas del sindicalismo. (Sefial de marginalidad de éste? Demasiado simple la hipótesis, sobre todo cuando ni hay ni aparecen en perspectiva otras organizaciones y formas colectivas que pudieran sustituirlos. Estas páginas son una reflexión, breve y por via de hipótesis, del papel que 10s sindicatos pueden estar jugando en este periodo que hemos dado en llamar la transición. Reflexionar sobre el sindicalismo en Catalunya es referirse al papel que 10s sindicatos han jugado en la reconstrucción de la Catalunya actual; en primer lugar en la reconstrucción que ha sido; pero también en la reconstrucción que no ha sido, esto es, por que, desde la perspectiva de las fuerzas sociales obreras no tiene lugar el proyecto de la Catalunya que estaba en la cabeza y en el corazón de muchos catalanes, del millón, sin ir más lejos, que se manifestaba por el paseo de Gracia de Barcelona el 11 de septiembre de 1977. Al pensar en e1 sindicalismo catalán es necesario también tener la vista puesta en lo que pasa en otras nacionalidades históricas de España. En Euskacii existe un sindicato <(nacionalista>> de honda raigambre histórica, ELA-STV, que parece tener una representatividad considerable (es el primer0 en número de delegados). En Galicia también hay un sindicato, aunque muy joven, oriundo de 10s movimientos nacionalistas recientes y con una respetable presencia en lm centros industriales y urba- uPapers)>: Revista de Sociologia nos. Pero en Catalunya no es asi; han fracasado 10s esfuerzos, desde 10s más antiguos (SOCC) a 10s más recientes (fundación casi clandestina y vergonzante de la CSTC) por crear un sindicato ctnacionalistan catalán. No podemos referirnos al sindicalisrno en Catalunya sin tener en cuenta un factor por muchos aspectos determinante: la crisis económica. El discurrir de la economia y de la sociedad catalanas no es, por mucho que algunos así 10 crean, el de España en general, pero en pequeño. La crisis es especifica, como especificas siguen siendo otras variables politicas válidas para abordarla -por ejemplo, el peso económico y social de la pequeña empresa y del pequeño empresario-, ante 10 cua1 cabe preguntarse qué de peculiar ha aportado el sindicalisrno catalán en la lucha contra aquélla, hasta qué punto las solucjones globales a las que se llegaba para España podian o debian ser aplicadas en Catalunya sin matices, etcétera. LA PRIMERA TRRNSICI6N A la muerte de Franco el Movimiento Obrera en Catalunya presenta unas ciertas peculiaridades en relación con el Movimiento Obrero espaiid que convendria no perder de vista puesto que, en mi opinión, influyen sobre el comportamiento sindical no s610 en este periodo, sino también en 10s años' s~cesivos.~ Es un movimiento fuertemente unitari0 en lo sindical, a pesar de la pluralidad de orientaciones políticas que en su seno ha tenido desde la misma fundación o probabkmente por el10 y por la misma razón profundamente dialogante y tolerante. Las dos expresiones que entonces existen, CC00 y USO, estructuran las Candidaturas Unitarias y Democráticas para las elecciones del Sindicato Vertical en 1975, con gran éxito. Esa misma conciencia unitaria convertirh a la Comissió Obrera Nacional de Catalunya (CONC) en el principal abanderado del Congreso Sindical Constituyente que habria de reunir todas las tendencias y expresiones sindicales en un Único proyecto, propuesta que por diversos motivos, algunos extrasindicales y aun extraespañoles, no llegaria a cuajar, pero que seria el soporte de todos 10s intentos de acción sindical unitaria en 10s años sucesivos. 1. CSTC. Las siglas corresponden a Confederació Sindical dels Treballadors de Catalunya, surgida de un Congreso en que se unifican varios sindicatos minúsculos, muchos de elios de IocaIidad. El congreso se celebra el 20-VI-1983. 2. Peculiaridades que vienen desde mis atrás, de la configuración de las propias Comisiones Obreras, nacidas en Catalunya más de un acto de voluntad política que de las empresas. Sindicalisme y reconstrucción de Cataluiia Es también un MO extraordinariamente reivindicativo y con un alto nivel de lucha, desde la explosión de la SEAT en octubre de 1971. Luchas de empresa, de localidades o comarcas, de sectores, se suceden ininterrumpidamente dando a las acciones políticas y ciudadanas un soporte de fuerza incontestable. A pesar de ellcr las luchas y las movilizaciones asi como la organización obrera se mantienen hasta 1977 circunscritos a Barcelona y su cinturón, más el ValKs Occidental y Mataró, La industrialización de Tarragona, Lleida y Girona y de otros núcleos crecidos en 10s aiios sesenta quedaba bastante alejada de la influencia del Movimiento Obrero organizado. Este centralismo barcelonés introducirá en el sindicalismo de Catalunya elementos de dependencia o de olvido de las comarcas externas al cinturón. Hasta la muerte de Franc0 el movimiento sindical catalán habia estado bastante politizado y habia dejado poco margen a la lucha por la mejora cotidiana de las condiciones de trabajo. Cierto que desde 1973-1974 se habia desarrollado en ciertos núcleos de CCOO una importante preocupación por la negociación colectiva; pero aun asi seguia predominando la visión global del sindicato como instrumento de lucha política contra el franquismo y, desde octubre de 1975, contra 10s grupos y 10s intereses que querían perpetuar el régimen. Esta visión, mis socio-política de si misma y de su actividad, contradistinguirá a las Comisiones Obreras catalanas, no s610 de 10s demás sindicatos, sino aún de sus homólogos a nivel del Estado. Al iniciarse el conflictivor invierno 1975-76 existen en Catalunya dos únicas fuerzas sociales obrenas con cierta presencia: CCOO y USO. Hay militantes de UGT y CNT, aunque escasos y dispersos como 10 habian estado en 10s 15 aiios anteriores. Pero también hay núcleos, importantes en algunas empresas, que no tienen una definición tan precisa; se sienten, genéricamente, del Movimier~to Obrero. Sin embargo, a 10 largo de 1976 y 1977 tiene lugar no s610 la constitución, sino un sorprendente crecimiento de UGT y de CNT'. En el primer caso interviene la memoria histórica y, también, la influencia del PSOE en un espacio políticosocial catalán una vez que se produce la coalición PSOE-PSC para las primeras elecciones políticas, como asimismo la amplia plataforma que la UGT tiene en 10s medios de comunicación -sobre todo en aquellos interesados en hundir la posibilidad de un sindicalismo unitari0 hegemonizado por CCOOy el ambiente: de apertura y tolerancia política con el que partidos y sindicatos de más tradición y lucha antifranquista reciben a 10s recién Ilegados, 10 que, en el caso de la UGT, comporta librarse, en parte, de una cierta acusación histhrica de poca sensibilidad catalani~ta.~ La CNT, 3. Muestia de eiio es ei acto iiamado ctLas terceras vfas sindicales*, ceiebrado en 10s <<Papers)>: Revista de Sociologia aparte también el efecto de la memoria histórica de la potente CNT catalana, se nutre de un cierto descontento y desencanto de un sector de la izquierda catalana, antipartido y antiorganización, y adquiere una notoriedad no despreciable en algunas luchas de 1976 a 1978, aprovechando las concesiones políticas que las demás centrales van haciendo, derivadas del compromiso de colaborar en la construcción del nuevo estado democrático. Una profunda crisis interna la llevará mis tarde a la marginalidad, posiblemente por empeñarse en mantener formas de acción sindical que hoy 10s trabajadores ya no aceptan. No cabe duda, y menos aún en Catalunya, de Ya hegemonia de CCOO a la salida del franquismo en el Movimiento Obrero, debido a su tradición de lucha contra el régimen. Esa hegemonia se seguia manteniendo en 10s años de la primera transición a nivel de movilizaciones y grandes luchas sobre objetivos generales: libertad sindical, amnistia, paro, reforma política, Estatuto de 10s Trabajadores y un largo etcétera. CCOO consigue importantes participaciones de masas. Pero no necesariamente era única ni tan eficaz en la organización efectiva, asentada en todos 10s sitios, en el trabajo sindical cotidiano a todos 10s niveles. Por ello no era el Único punto de referencia de 10s trabajadores en relación con la solución de los problemas concretos y por eso la UGT se llev6 en un principio una parte importante de la afiliación -aunque muchos menos cuadros sindicalesque parecia natural que, por la reciente historia, hubiese ido a parar a CCOO. Quizá las mismas propuestas de unidad sindical que hacía CCOO -y sin duda era la organización más legitimada para hacerlasresultaban realizadas desde una perspectiva en exceso global, política y programática y menos desde el terreno sindical diario. Perspectiva ésta que, más tarde, con ocasión de la unidad de acción, sufriria una profunda corrección también por parte de CCOO. LA IMPLANTACION DE LAS CENTRALES OBRERAS EN CATALUNYA La primera ola afiliativa sindical en Catalunya tiene lugar en dos fases. La primera transcurre desde 10s primeros meses de 1976, cuando algunas centrales vuelven del exilio o salen de la clandestinidad sumándose a las primeros meses de 1976, que recibe ese nombre por aparente similitud a <<Les terceres vies a Europa,. Al& sindicato, como la UGT, utiliza esa plataforma pública, sin que hubiese tenido, casi, actividad anterior. Sindicalisme y reconstrucción de Cataluña ya existentes, hasta el momaito de la legalización formal de las organizaciones obreras en abril de 1977. Es una implantación lenta y difícil. No hay locales sindicales visibles o son inadecuados. Existe una continua represión sobre algunas actividades, sobre todo contra la CONC. Por un lado las luchas obreras y populares del invierno de 1976 favorecen un mayor acercamiento de 10s trabajadores así como una más amplia salida pública de las organizaciones obreras. Hay que señalar que en Catalunya esto irltimo se da en mayor medicla debido a la mayor tolerancia --con las excepciones ya señaladasque 10s gobiemos Arias-Fraga y el primera de Suárez se ven obligados a mantener ante la política doméstica ~atalana.~ Por otro, la adhesión sindical es frenada por la represión que aún ejercen gobernador civil y fuerzas de orden públic0 sobre actividades que tengan por escenari0 la calle, así como por el miedo de 10s trabajadores menos politizados a dar su nombre abiertarnente a una organización no legal. La segunda fase tiene lugar entre la legalización de las centrales obreras y las primeras elecciones sinclicales de la primavera-verano de 1978. En relación con la fase anterior, se da una afiliación muy importante en Catalunya. Diversos factores la facilitan: el cierre de los sindicatos oficiales; el paso de muchos abogados laboralistas a colaborar con las Centrales, con 10 que éstas comienzan a tener una imagen solvente ante 10s problemas cotidianos del trabajo; el triunfo de la izquierda en las elecciones políticas de 1977, aunque hay que señalar que no se registra, ni mucho menos, un mimetismo entre opción sindical y voto polític0 o viceversa; la perspectiva de salida de la crisis en posiciones de avance para bs trabajadores que parecían significar 10s Pactos de la Moncloa o, al menos, la propaganda que se hacfa de 10s mismos. No tenemos suficientes estudios de afiliación sindical en Catalunya hacia el final de ese período. Existe únicamente un estudio realizado por encargo de la CONC para su I Congre~o.~ Según el mismo, realizado contrastando y depurando la cotización de 10s últimos meses, la CONC cuenta con unos 400.000 afiliados, 10 que equivale al 21,8 por ciento de CC00 en toda España, según datos que aporta V. Pérez Díaz en un estudio por encuesta realizado por esas mismas fechas? En el supuesto que las demás centrales catalanas tuvieran en Catalunya porcentajes similares en relación con sus homólogas espafiolas, la afiliación en Catalunya habría alcanzado 4. <<Les terceres vies a Europa)~, celebradas *antes de la muerte de Franco, habían sido el acto de presentación de 10s partidos catalanes antifranquistas. 5. <<La diación a la CONC. Junio de 1978,. Estudio realizado por Faustino Miguélez y equipo. 6. V. Pérez Dlaz. Clase Obrera, partidos y sindicatos. Fundación del INI, Madrid, 1979. cupapersa: Revista de Sociologia la no despreciable tasa del 45 por ciento de 10s asalariados en 1978. La propia estructura ocupacional catalana favorece la elevación de la tasa de sindicación. En efecto, una de las grandes debilidades del sindicalismo en España en general, la baja sindicación de 10s no manuales, empleados, técnicos y funcionarios, vendria compensada en Catalunya, al existir aquí la más alta concentración de obreros manuales no s610 de España sino también de Europa y además darse una ulterior concentración de la sindicación, debido a la tradición de lucha de 10s años del franquismo, en el textil, el metal y la construcción que, en Catalunya, abarcan el 60 por ciento de 10s asalariados. Pero, cabe preguntarse, hasta qui punto se puede hablar de una afiliación consolidada, de una implantación de las centrales obreras. Los indicio~ señalan más bien un fenómeno comparable a una <(avalancha)> que dos o tres años después ha perdido considerable fuerza. Las razones del auge inicial son diversas: el simple deseo de tener un instrumento de amparo en las reivindicaciones laborales, a veces entendido muy individualizadamente, porque esa había sido la práctica anterior, y que atiende poc0 a 10s principios de solidaridad y cooperación básicos del sindicalismo de clase; la adhesión ideológica a una organización que se cree es garantia de cambio revolucionario; la búsqueda de instrumentos de lucha común y solidaria. Pero esa avalancha no se consolida, a tenor de 10s datos que hoy dejan entrever, muy incompletamente, 10s sindicatos. Existen, a mi entender, cuatro tipa de factores que explicarían en Catalunya, y en ~cierta medida en toda España, 10 que se ha dado en Uamar la desafiliación, d desánimo o el desencanto sindical, factores que, a su vez, pueden servirnos para entender ciertas características del sindicalismo catalán hoy y para hipotetizar algunas perspectivas. Está en primer lugar la propia crisis económica. Partida y sindicatos l~abían ido señalando el marco democrático en general -y 10s sindicatos Ja legalización de ellos mismos y su estabilidadcomo elemento clave para encontrar soluciones a la grave crisis económica. Y ciertamente es en democracia como se pueden resolver, más satisfactoriamente para todos, las crisis. Pero en una explicación simplificada en exceso la democracia se había convertido en panacea de todo, generando expeaativas casi 4tmilenaristaw, imagen que entra en quiebra al seguir aumentando el paro y deteriorándose el nivel de vida en ocasiones hasta con planes a 10s que panidos y sindicatos obreros habían dado su consenso. Como consecuencia, no s610 se ha generado desencanto, sino también posturas más individualista~, corporativas o localistas que chocaban contra la visión más global del sindicato. Tal visión global, por otro lado y como la otra cara de la moneda, ha sido relativa, puesto que la cultura sindical dominante ha Sindicalisme y reconstrucción de Cataluiia continuado dirigiéndose a la fábrica y al trabajador ocupado, dedicando atención insuficiente hasta hace bien poco a 10s parados, a 10s trabajadores irregulares (sumergidos, eventuales, a tiempo parcial, etc ...) además de a 10s técnicos. Pero paradójicarnente la crisis ha ido minando, a través del paro, la base afiliativa tradicional, es decir, 10s manuales. Hay, luego, un factor política. En su mayoría, las centrales obreras han jugado un papel relevante en la consolidación del actual régimen polític~ democrático. Pero ello ha comportado, de facto, un cierto enfeudamiento a 10s partida de izquierda, principalmente socialistas y comunistas. Se ha renunciado a veces a un análisis y actuación propios, desde las propias posiciones sindicales, lo que ha sido la causa de más de un bandazo en la estrategia sindical que ha dejado perplejos a muchos trabajadores y quemado no pocos cuadros sindicales intermedios incapaces de explicar los súbitos cambios o lealtades a sus compafieros de trabajo. También hay que hacer referencia a la escasez de medios para proceder a la actividad sindical. Los últimos gobierrlos franquistas y 10s gobiernos de UCD quisieron debilitar a los sindicatos privándolos de unos medios materiales que en rigor eran de 10s trabajadores -el patrimoni0 acumuladcy para hacer uso de 10s cuales 10s mis legitimados eran 10s sindicatos obreros representativos. Pero ni siquiera el gobierno socialista parece tener demasiada prisa por resolver este problema. Ni 10s partidos obreros, desde la oposición, habían hecho grandes esfuerzos para que esa injusticia se subsanara. Sin medios económicos, 10s sindicatos han podido cumplir escasamente con uno de sus objetivos: la prestación de servicios, laborales y extralaborales, que, aparte la negociación colectiva, realizan todos 10s sindicatos del mundo. ]?or ell0 muchos trabajadores han dejado de cotizar. Por Último, y quizá 10 más importante, conviene reflexionar sobre ciertas peculiaridades de la pérdida de afiliación. A pesar de que no existen investigaciones completas, que serían de desear, hay bastantes indicios, basados en informes de 10s ~sindicatos, y principalmente de la CONC,' que permiten señalar que la máxima pérdida de aíiliación, a veces la pérdida total, bien por via de desot:upación, por presiones patronales, por insuficiente claridad de la eficacia práctica del sindicato frente a las condiciones de trabajo o por pérdida de puentes militantes entre la empresa y el sindicat~, tiende a darse principalmente en la pequeña empresa. A el10 habría que agregar que la tasa de sindicación en 1978 se ordenaba en Catalunya, se& el tamaño de empresa, de la siguiente manera: empresas medianas en primer lugar, seguidas de mediano-grandes y pequeñas en última posi7. CONC. Informes de organización de 10s aiios 1981 y 1982. <<Papers,>: Revista de Sociologia ciÓn,8 10 que se explica por ia tradición de la empresa mediana y del trabaio sindical en la misma. Si descontáramos, en hipótesis, 10s trabajadores de la pequeña empresa y 10s marginales de diverso tipo, además de 10s no manuales, podríamos concluir que se da, a pesar de la baja de 10s últimos afios, una aíiliación aún notable en un {(sector central manual de medianogran empresa, que es donde tiene efectividad la negociación colectiva y donde presumiblemente se aplican sus acuerdos, donde el sindicato puede ser un instrumento de defensa y donde 10s derechos sindicales son realmente reconocidos. Sector central manual que, por otro lado, la crisis está socavando peligrosamente y que la nueva política de flexibilización del mercado puede debilitar aún mis. Este socavamiento se nota en muchas grandes empresas afectadas por la crisis, por ejemplo en el Metal, en las que se ha dado una baja de afiliación espectacular. La crisis genera posturas individualistas y a veces miedo a estar en unos sindicatos que, en Último término, son bastante débiles. En diversas ocasiones nos hemos referido a la representatividad, indicador, por supuesto, de implantación, y en la que nos vamos a detener ahora examinándola básicamente desde uno de sus aspectos, 10s resultados electerales. En términos globales s610 dos sindicados, CCOO y UGT, parecen tener una representatividad consistente, mientras que USO, con relevancia en anteriores convocatorias, parece haberse hundido en 1982, en consecuencia con su total crisis interna, salvándose s610 en Enseñanza, gracias a su vinculación con la FSIE, un sindicato corporativo, y en algunas comarcas como Baix Camp y Conca de Barber&, donde, presumiblemente, el prestigio de determinados delegados y dirigentes locales está por encima de las crisis de la central. A efectos de un análisis de la evolución del fenómeno, parece oportuno no contemplar 10s datos de 1978, por varios motivos metodológicos: criterios diferentes en la elección de delegados, variando, sobre todo, según el tamaño de empresa, al existir en 1980 ya una normativa diferente; tlificultad en la adscripción sindical de muchos ddegados; insuficiente contrastación provincializada de 10s datos por parte de la fuente, el Ministerio de Trabajo. Si nos ceñimos, pues, a las dos últimas convocatorias, CCOO y UGT mantienen una distancia similar -alrededor de 10 puntos a favor de la primeraaunque UGT tellderia a acortar distancias, manteniendo ambas un crecimiento en términos relativos, aunque disminuyen en número absolut0 de delegados. Estos datos contrastan con 10 que sucede a nivel estatal, donde la distancia era mínima a favor de 8. Gabinete Técnico de CCOO. Encuesta a 10s participantes en el Primer Congreso de la CONC, junio de 1978. Publicada, en parte, en <(Lluita Obrera,,, julio 1978. Sindicalisme y reconstrucción de Cataluiia CCOO en 1980 y 10 es a favor de UGT en 1982. Quizá las razones hayan de buscarse parcialmente en la mis fuerte irnplantación histórica de CC00 en Catalunya y en una más consistente consolidación de CCOO hasta 1981 y que todavía influye en las elecciones sindicales. CCOO es más fuerte en las comarcas urbano-industrializadas antiguas y en algunas de reciente industrialización, corno Tarragon2s y Segrih, o en las de máxima concentración del proletariadw agrícola. UGT, a su vez, en comarcas en que la industrialización es mis reciente o donde la estructura social tiene todavía un fuerte peso pequeñocampesino o servicial reciente. Por ramos, CCOO se impone en casi todos 10s ramos, tanto de antigua tradición como recientes, con excepción del Comercio y la Hosteleria. CC00 sigue teniendo más influencia allí donde existe más tradición de Movimiento Sindical, mayor tradición de participación obrera y mayor manualidad. UGT iduye más en 10s colectivm que se acercan actualrnente al sindicalisme. Los técnicos son, de todos modos, un caso aparte. En dicho colectivo hay que significar muy baja participación electoral y si bien UGT mantiene una cierta ventaja sobre CCOO, ambas juntas ni siquiera obtienen un número sustancioso de delegados. Pero mucho menos 10s delegados van a parar al Sindicat de Quadres de Catalunya, que saca un porcentaje absolutamente insignificante, ni a otros sindicatos corporativos. Los técnicos no se sindican ni votan a 10s sindicatos obreros, pero mucho menos a 10s corporativos. Sencillamlente quedan al margen, probablemente porque 10s técnicos en la empresa mediana catalana tienden a tener una fuerte identificación con la empresa. A retener también que un 22 por ciento de 10s delegados son noafiliados, contra el 12 por ciento en España. ~Qué significado tiene ese relevante presencia de no afiliados? Los no afiiiados son un colectivo bastante heterogéneo: hay delegados sirnplemente puestos por la empresa para frenar a 10s sindicatos; pero existe también una <tsindicación independiente)> donde no se dan condicio111:s objetivas o subjetivas para la presencia de las centrales; tampoc0 hay que olvidar que muchos de estos delegados responden a las tendencias asamblearias y de participación, sin necesidad de adscripción sindical concreta, desarrolladas hasta bien entrados 10s afios setenta. Por tanto, no está dicho que 10s no-afiliados sean a-sindicales o antisindicales y prueba de el10 es la colaboración que a menudo se establece en el Comité con 10s delegados de centrales. Es, por tanto, muy probable que ese coleaivo siga teniendo en el futuro una presencia notable, porque el delegado y el Comité siglen teniendo una vertiente unitaria, por encima de las Centrales, que atrae a ciertos trabajadores. Pero las elecciones sindicales manifiestan otro aspecto muy importante de la implantación de las centrales sindicales. Una tras otra, las tres con- <<Papers*: Revista de Sociologia e iniciando conversaciones tripartitas para un acuerdo que haga frente al desempleo. Así se llega a firmar el ANE, el 9 de junio de 1981, con validez hasta el 31 de diciembre de 1982. Lo sustancial del acuerdo es que, a cambio de una nueva moderación salarial, el Gobierno se compromete a poner los medios en política económica de manera que no disminuya la población ocupada, creándose 350.000 puestos de trabajo (que es la cifra prevista de destrucción de empleos). Hay otras cuestiones, que no dejan de ser importantes, pero que son básicamente paliativos a la situación dramática de muchos parados. El ANE es un acuerdo de dos protagonistas de primera línea y de dos segundas figuras. Los dos primeros son el Gobierno y CCOO. Los dos segundos la CEOE y la UGT. El Gobierno quiere salvarse a toda costa; por ello promete alegremente procurar la creación de esos 350.000 puestos de trabajo. CC00 cree que no hay mis salida que un acuerdo en la línea de su acariciado plan de solidaridad, 10 que, por añadidura, la sacar6 del aislamiento político a que ha sido reducida en la negociación anterior, cuestión importante para muchos dirigentes sindicales, que dicen que <(un Sindicato que no firma Convenios no tiene razón de ser>>, equivocando 10s fines con 10s medios. Cambiar empleo por moderación salarial resulta sindicalmente aceptable en tiempos de crisis. Por el contrario, la CEOE y la UGT van a la firma bajo la tremenda praión política del 23 de febrero, como, por lo demás, todas las organizaciones sociales y políticas 10 esthn. I,a CEOE siempre ver6 en el ANE menos de 10 que le habría dado una segunda edici6n de sus acuerdos con la UGT y 10 mirar6 con profunda desconfianza. La UGT intentar6 sacar el mejor partido político de la situación, señalando que el ANE ha asumido muchas cosas del tan, por algunos, denostado AMI, 10 que parece ser verdad. Pero en Catalunya la firma del ANE inicia la crisis del principal sindicato, la CONC, que manifiesta una oposición casi unánime a la firma del acuerdo -10 cua1 divide el I1 Congreso Confederal de CCOO, que tiene lugar en 10s mismos días de la firma y, además, en Barcelona, hasta e1 punto que por primera vez en la historia de CCOO se presentan listas alternativas por militantes de la misma corriente política para la dirección del sindicatoargumentando que en el acuerdo no hay ningún instrumento ni medida que permita controlar la contrapartida que se da a la moderación salarial, la creación de puestss de trabajo. El debate del ANE sefiala ya dos enfoques a la crisis en el seno de CCOO: uno mis conciliador, que concibe la crisis como un mal que afecta a todos y que requiere, por tanto, corresponsabilización en las soluciones; otro más radical, que se refleja en 10s textos del Congreso de la CONC de 1980 y que defienden la mayoría de 10s delegados catalanes y algunos núcleos importantes de otras zonas en el Congreso Confederal de 1981, que concibe la crisis en parte como es- Sindicalisme y reconstrucción de Cataluiia trategia del capital y que por tanto han de pagar 10s capitalistas y que pone el acento en la defensa acérrima del salario y de 10s puestos de trabajo como condición para recuperar la fuerza de imponer acuerdos favorables para 10s trabajadores. Esta división, que permite a 10s primeros un más fácil acercamiento a UGT, que será la base de la unidad posterior, existe ya antes de que tenga lugar el rompimiento político en el PSUC, el partido con mayor incidencia en la CONC. Es importante segalar esto, porque el rompimiento trasladará estas posiciones también al interior de la CONC a mediados de 1982, inaugurindose una dinsimica notablemente supeditada a la política de 10s diferentes partidos. Pero quizás arnbas posiciones hayan Uevado el debate muy en exclusiva a los principios, olvidando la realidad concreta de Catalunya en la crisis. Nuevamente, pues, la falta de análisis y actuación autónomas ha supuesto una <~desnacionalización sindical. Con 10s nuevos acontecimientos vuelve a dominar la idea de que la crisis tiene unos rasgos generales y que, por tanto, las estrategias estatales bastan. Se da un giro centralizador ilrlportarlte no sóo en las políticas ante la crisis, sino en la organización de las propias fuerzas sociales y, específicamente, de 10s sindicatos catalanes, que van perdiendo rasgos nacionales en su organización y en su funcionamiento. Los grandes sindicatos acaban aceptando la idea de que la moderación salarial es el secreto para salir de la crisis -a pesar de que desde 1978 la moderación salarial ha ido acompaiíada con extraordinari0 aumento del paro por destrucción de puestos de trabajoe, implícitamente, aunque mucho mis UGT que CCOO, que es necesario reducir la conflictividad social con el mismo fin; de ahf la importancia de 10s acuerdos al mis alto nivel. Si d ANE parece haber coincidida con una cierta desaceleración en la destrucción de puestos de trabajo -habria que estudiar a fondo qué relación hay entre una y otra realidad-, ciertamente no de la magnitud prevista como para mantener la znisma oferta de trabajo que en junio de 1981, su cariz más bien político se demuestra en la negativa a una segunda edición por el Gobierno y tocias las fuerzas sociales, excepto CCOO, que insistia, a finales de 1982, en nuevas negociaciones a tres bandas. Y ciertamente no parece que haya otra salida que no sea el resultado de acuerdos entre Gobierno, patronal y sindicatos que diseñe la política económica, máxime cuando el Gobierno es socialista. Mecanismo necesario que no prejuzga, y menos sustituye, 10s contenidos de dicho acuerdo que deben ser calibrados en sí mismos. Lo que tiene lugar, por el contrario, a principios de 1983, es un Acuerdo Marco de Negociacióri, el AI-83, donde 10s sindicatos sostienen la necesidad de mantener el poder adquisitivo de 10s salarim, quizás alentados porque esa misma exigencia se daba en el programa del partido vencedor del 28 de octubre, el PSOE. La banda en que puede <cRapers,: Revista de Sociologia oscilar la negociación, 9,5-12,5, ante una inflación prevista del 12 por ciento, permite teóricamente dicho mantenimiento. Pero es presumible que la patronal confia en que no sea así por la debilidad de 10s sindicatos. A cambio, aquélla obtiene una ventaja nada despreciable, el consagrar en un acuerdo marco una práctica presumiblemente muy generalizada: descolgarse de lo pactado cuando la situación económica de la empresa no es boyante, cosa absolutamente incontrolable con el marco jurídic0 de las sociedades anónimas existente. Giros imprevistos, falta de atención a la realidad catalana de la crisis, falta de participación de 10s trabajadores en la discusión de las posibles salidas, he aquí 10s rasgos principales, junta con la aceptación de las tesis de moderación salaria1 y social, que definen la actuación sindical ante la crisis. La sensación dominante entre 10s trabajadores es que, a pesar de haber firmado muchos acuerdos, 10s sindicatos han jugado más bien de comparsa. EL SINDICALISMO EN LA CONSTRUCCION DEMOCRATICA La intervención de 10s trabajadores en la política, a través de sus organizaciones, es una posición mantenida por el movimiento obrero espaiíol en el período del franquismo. Es obvio, pues, que 10s sindicatos hayan sido , proclives a jugar un papel en la construcción del nuevo estado -en algún caso entendiendo la presencia política como una característica del sindicalismo modern* y las acusaciones de politización que a veces se les dirigen responden, más bien, a una concepción estrecha y anticuada de 10s sujetos políticos. i Pero 10s sindicatos son el <(pariente pobren de la transición política. Suárez no s610 congela las libertades sindicales hasta pocas semanas antes I I de las elecciones políticas, sino que mantiene represiones y discriminaciones y, sobre todo, la existencia de la institución del régimen anterior, la ~ OSE, alargada luego durante un tiempo ah en 10s AISSP, que conservan facultades que deberían tener 10s sindicatos, particularmente en 10 referente a la negociación. De modo que hasta 1979 no se puede hablar de normalización sindical y para entonces muchas cosas ya están decididas. Los reformistas no logran crear su sindicato, a pesar de contar con todo el aparato de 10s sindicatos franquistas, porque les falta 10 esencial, 10s obreros, pero sí logran obstaculizar la normal consolidación de 10s sindicatos obreros democráticos. En Catalunya la estrategia obstaculizadora dura más tiempo y aunque Sindicalisme y reconstrucción de Cataluiia mis matizadamente es continuada por el primer gobierno de la Generalitat que sale de las urnas en 1980. En efecto, ni en la elaboración de 10s presupuestos ni en la política económica en general el gobierno de la Generalitat ha hecho concesiones ni siquiera a consultas con 10s sindicatos. El Consell de Treball ha desarrollado una vida mortecina, boicoteado por el Foment Nacional y visto con el recelo por el Gobierno catalán. Tanto patronal como Gobierno autónomol han rehusado toda seria reivindicación de un marco de relaciones autónomo, manifestándose aquí una subordinación extrema del gobierno y de la patronal catalanas que es el reflejo de la subordinación de la burguesía catalana, como no se ha dado, por ejemplo, en el caso vasco. Todas estas debilidades y dificultades sindicales o políticas han incidido en el papel que los sindicatos catalanes han jugado en la sociedad y en la política. Como se ha sefialado anteriormente, 10s sindicatos han sido piezas importantes en la credibilidad y t:n la consolidación del actual sistema polític~. Pero este papel no ha estado exento de crisis y de contradicciones. Para un sector quizás importante de trabajadores catalanes 10s sindicatos han aparecido también como respons,ables del recorte que, sobre las expectativas mayoritariamente generadas, ha supuesto el Estatut y, en suma, la definitiva configuración del Estado de las autonomias. Muchos habian creído que la consolidación de la demoaacia se produciría de otra manera: como una república federal, socialmente avanzada, en la que las nacionalidades históricas ejercerian el derecho de autodeterminación. Formulado hoy así, parece de política-ficción, pero ésas eran las expectativas de mucha gente. La correlación de fuerzas existente posiblemente obligó a 10s sindicatos a jugar el papel realista de explicar ciertas cosas; el amargo recuerdo de la guerra civil y de las épocas sangrientas del régimen franquista se encargó de 10 demás. La precaución fue la norma, como se pudo ver claramente la noche en que 10s golpistas ocuparon el Congreso en febrero de 1981, y 10 fue hasta tal punto que ni siquiera se han registrado manifestaciones vehementes contra el terrorismo. El movimiento sindical nnoderno ha sido una pieza notable en la reconstrucción de Catalunya que ha tenido lugar. Cuando la CONC firma con otras organizaciones y entidades la constitución de la Assemblea de Catalunya el 7 de octubre de 1971 lleva ya tras sí una historia no despreciable de lucha por las libertades r~acionales: represiones por la celebración del 11 de septiembre, integracidn política de 10s inmigrantes en la especificidad de Catalunya, explicación paciente y continuada a las CC00 de otras zonas y a 10s trabajadores de que no es incompatible la lucha por las libertades nacionales con la lucha por la liberación de la clase ni con la necesaria solidaridad entre todos 10s trabajadores de España. Si hasta el pre- <<Papens)>: Revista de Sociologia sente, y dejadas de lado ciertas tensiones a menudo provocadas por la política cerrada y chovinista de algunos de 10s políticos que actualmente la gobiernan, en Catalunya no ha habido una división de sus habitantes por el origen, ello es debido en gran parte al movimiento obrero y a sus organizaciones, algunas de las cuales buscan, desde hace tiempo, defender 10s intereses de una clase que creen, al mismo tiempo, catalana y española. Si bien hasta la muerte de Franca CCOO es la única corriente sindical con representatividad, que plantea en un plano relevante el tema nacional, desde 1976 también otras corrientes 10 asumen, al principio con reticencia, luego con más fuerza, de 10 que puede ser un buen indicador el rnitin que, en el ámbito de 10 que se llamó el <(Congrés de la Cultura Catalana)>, celebran CCOO, USO, UGT y SOC en abril de 1977 en el Palacio de 10s Deportes de Barcelona. Es un acto de reivindicación nacional y por la autodeterminación, si bien las reivindicaciones nacionales son vistas como un aspecta y desde la perspectiva de la lucha de clases. Queda claro que no hay un solo nacionalismo y que la reconstrucción nacional de Catalunya puede seguir diversos caminos, debiendo jugar 10s trabajadores su papel para que sea de una manera y no de otra. Cierto que, por parte de casi todos 10s sindicatos, 10s aspectos cultural-lingiiisticos del tema nacional quedan a menudo en segundo termino y tampoc0 10s sindicatos son capaces de evitar tensiones, pero en esto han de ser calibrada~ las responsabilidades de muchos otros factores sociales. Los sindicatos mayoritarios catalanes, y más CCOO por su pasado, han tenido que soportar en su interior una doble tensión: por un lado la tensión de las reivindicaciones nacionales y la necesidad de hacerlas no contradictorias con 10s intereses económicos y sociales de 10s trabajadores catalanes; por otro mantener la solidaridad y 10s lazos con 10s trabajadores de 10s demás pueblos de España a nivel no retórico sino real, cuando la comprensión que en las direcciones centrales de 10s sindicatos ha existido hacia las reivindicaciones nacionales ha sido, a menudo, abstracta o retórica. Estas contradicciones han estallado en más de una ocasión, sobre todo en el caso de CCOO, principalrnente al ir definiéndose una estrategia mis radical y más catalana en la CONC, a partir de 1979. En sus estatutos de 1980, articulo 2, la CONC señala: <(Las Comisiones Obreras de Catalunya.. . en base a 10s principios de federalismo y de democracia sindical, deciden con plena autonomia su programa, sus estructuras organizativas, acción sindical y formación, asi como la gestión económica y patrimonial)>.. . <(se federan voluntariamente en la Confederación Sindical de las Comisie nes Obreras de Espafia)>. Estas afirmaciones presagiaban contradicciones con 10 que se aprobaria sobre las <testructuras territoriales)> de CCOO en el Congreso Confederal de un año mis tarde, principalmente en 10 referente Sindicalisme y reconstrucci6n de Cataiuña a la autonomía: <{Las confederaciones de nacionalidad y uniones regionales agrupadas en la Confederación aceptan SLIS estatutos y programa, así como la política sindical de la Confederación aprobada por su Congreso y Consejo.. . deberán adaptar sus estatutos a lo que establezcan 10s estatutos confederales en aquellos aspectos que puedan ser contradictorios.)> (Estat. articulo 14,6. Congreso Confederal 1981 .) Más graves que sobre el papel, las contradicciones se han presentada en la actuación sindical y en e1 plano organizativo, resolviéndose, con frecuencia, desde mediados de 1981, a través de la solución administrativista, no del debate. Pero las relaciones entre la CONC y CC00 de España o entre UGT y UGT de Catalunya no constituyen el fondo de la cuestión. Éste est6 en el modelo autonómico que han acabado aceptando o impulsando 10s partidos y organizaciones obreras: una descentralización administrativa avanzada pero no una real autonomía política. Si ella es así, no tienen sentido fuerzas sociales y politicas realmente autónomas, especialmente si van a tener un programa y una organización propios. Aun en las fuerzas sociales y politicas obreras sigue predominando el centralismo, lo que trasluce en las relaciones con sus fuerzas hermanas de las autonomias. Conviene, antes de acabar este apartado, hacer una referencia a las relaciones partidos-sindicatos. Cuando se inicia la transición, uno de 10s capitales más importantes con que cuentan 10s demócratas es el Movimienta Obrero. Y 10s partidos obreros sienten la tentación de utilizarlo para fines partidistas y, a veces, no dudan en hacerlo. En Catalunya esto tiene característica~ peculiares. En el caso de la UGT, el diverso origen político de la dirección de las organizaciones --PSOE en el caso de la UGT, con ciertos tintes de desconfianza en el catalanismo, PSC y catalanismo arraigado en el caso del partido socialista catalánha diiicultado siempre las relaciones manteniendo una indeperidencia por pasiva que, ciertamente, no se ha dado con respecto a la UGT y el PSOE estatales. Las iniciativas de ámbit0 catalán de la UGT han sido muy contadas y cuando se han dado no han pasado del papel. Por lc~ que respecta a la CONC, las cosas han sido mucho más complejas. Como organización en que han confluido siempre diversas ideologías politicas, pero mis fuerte que el mayor de 10s partidos que la apoyan, el PSUC, es capaz de elaborar su propia política enfrentándose al PCE después de una primera interferencia de éste. Tan verdad es ell0 que en el PSUC se llegan a valorar las relaciones con el sindicato hablando de subordinación del partido a aquél. De cualquier modo el mantenimiento de su independer~cia le cuesta al sindicato enfrentamientos con 10s partidos que le dan su apoyo. Pero tal independencia entra en crisis desde el momento en que se rompe el PSUC, desgajándose de 61 el PCC, ctPtapers,: Revista de Sociologia en 1982. Desde aquel momento, y por más que el sindicato ha reafirmado pública y solemnemente su independencia," la definición de la estrategia del sindicato y su mismo funcionamiento diario han estado muy presionados por las exigencias de 10s partidoe, particularmente 10s dos mencionados. Fenómeno explicable, si se tiene en cuenta que ambos partidos comunistas tienen hoy su principal y casi exclusivo punto de apoyo en el área del movimiento obrero, lo que les lleva a pensar que el área de influencia comunista quedar6 para quien se quede con el sindicato. Una visión mecanicista que puede encontrar el sindicato convertido en tierra quemada. SINDICALISMO Y SOCIEDAD A pesar de todas las dificultades y contradicciones, retrasos y debilidades, el movimiento obrero y sindical aun tiene más posibilidades de transEormación que cualquier otra organización e institución tradicional, porque en su base está en contacto con problemas claves. Como en el pasado, puede seguir siendo el punto nodal en la corhguración de un blque social popular y nacional capaz de reconstruir Catalunya con signos inequívocos de progreso económico y social. Pero para que el10 sea así posiblemente se requiere una mayor independencia en sus análisis, formulaciones y estrategia. Como también la búsqueda de un equilibri0 entre la fidelidad nacional y la solidaridad con el resto de pueblos de España. Tienen que acercarse a la pequeña empresa, dado el enfeudamiento del Foment a la CEOE y su desnacionalización. Sin embargo, las organizaciones obreras tienen que abrirse a nuevos colectivos, modernizarse organizativamente, salir de las reivindicaciones exclusivamente ligadas al puesto de trabajo y abarcar nuevos aspectos de la vida moderna. ¿Se romperá, así, la tradicional división de tareas entre sindicatos y partidos? ¿Y quién dice que no deba romperse, a la búsqueda de nuevas formas colectivas de acción y representación de 10 que empieza a ser una estructura social bastante diversa de la existente en el pasado con nuevas aspiraciones e inquietudes de las personas? Nuevas formas de participación, de democracia, de hacer colectivo, parecen ser la única salida a una sociedad en la que la delegación de la representatividad puede estar amenazando con burocratizar totalmente nuestras vidas. 13. La independencia del Sindicato. <<Lluita Obrera), especial, octubre 1982. Implantación sindical, según elecciones. Catalunya - España 1978 1980 1982 Catalunya España Catalunya España Catalunya España Empresas 13.820 61.850 10.743 52.664 7.680 53.601 Trabajadores 687.602 3.892.969 701.646 3.365.000 553.353 2.985.000 Delegados 45.362 193.112 32.344 164.617 25.285 140.770 CC00 19.019 66.540 11.633 50.817 9.698 47.016 (42,O j (34,451 {JJ,~) (30,86) (38,3) !33,40) fic n\ UGT 7.791 41.897 8.185 48.194 7.659 51.672 (17,l) (21,691 (25,j) 329,24) (302) (36,701 USO 1.333 7.474 2.461 14.296 964 6.527 E (L91 (3,871 (7,6) (8,681 (3,s) (4,641 @ No afiliados 15.006" 58.725" 8.497"" 43.553"" 5.560""" 17.024*** (33,11 (30,401 (26,2) (26,451 (21,9) (12,O) O W * Bajo .no afiliadosestán comprendidos, en 1978, tanto aquellos de 10s que no consta afiliació. -puesto que muchos trabajadores 8 aun no se atreven a adjuntar su nombre a unas siglascomo 10s propiamente no afiliados e independientes. ** Comprende no-afiliados y algunos varios (aunque excluyendo ELA-STV, ING, CSUT y SU). E! *** Por primera vez 10s no afiliados e independientes aparecen bastante depurados estadisticamente. E! Fuentes: Para 1978. Ministerio de Trabajo, a través de sus delegacions provinciales; para 1980. Catalunya. Generalitat; EsE; paña. Ministerio de Trabajo; para 1982. Catalunya. IMAC (transferido). España. IMAC. B