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Intersubjetividad transcendental y mundo social

Lopez Saenz, M. Carmen

Abstract

El tema de la intersubjetividad pone de relieve que las ciencias sociales necesitan a la filosofia, explica el origen de las relaciones sociales y ofrece una base para toda concepción de la subjetividad. La fenomenologia ha planteado esta cuestión desde sus raices; el solipsismo que se le atribuye es incompatible con el intento de Husserl de explicar la constitución del mundo por medio de la subjetividad transcendental. Husserl entendió la subjetividad transcendental como esencial a toda posible comunidad humana. Es decir, atribuye, a lo transcendental más importancia que a lo intersubjetivo. En este artículo examinamos la denominada egologia husserliana y afirmamos que ésta puede ser evitada si se aplica la dialéctica a la relacion Yo-Otro, si la fenomenologia deviene dialéctica. En sus últimos escritos Husserl habla de una comunidad monadológica y pasa a desarrollar una ontologia social en la cual la intersubjetividad --como razón constituyente- es una empresa sin fin. Su nuevo interés por la historia hace de su teoria de la intersubjetividad la clave de una sociedad utópica cuyo horizonte es la Lebenswelt. Merleau-Ponty desarrolló estos puntos que Husserl habia solo esbozado, y sin prestar atención al tema de la intersubjetividad, revalorizó el mundo social que el existencialismo habia negligido. A. Schiitz aplicó estas ideas e inauguró el pensamiento sociofenomenológico al precio de un abandono casi completo de la transcendentalidad, que se limitó a analizar desde el punto de vista de sus efectos. De este modo privó a la Lebenswelt de una dimensión fundamental, e hizo de la intersubjetividad la base de la realidad de sentido comun, asi como de las ciencias sociales. Los seguidores de Husserl contribuyeron a desarrollar la intersubjetividad de modo interpersonal y mundano. Husserl afirma que, además de todo esto, es necesario recuperar la dimensión transcendental como una estructura a priori de la sociedad y de las categorías que contribuyen a comprender al ser humano. (Autor).

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Intersubjetividad transcendental y mundo social Ma Carmen López Sáenz Universidad de la Rioja Resumen El tema de la intersubjetividad pone de relieve que las ciencias sociales necesitan a la filosofía, explica el origen de las relaciones sociales y ofrece una base para toda concepción de la subjetividad. La fenomenología ha planteado esta cuestión desde sus raíces; el solipsismo que se le atribuye es incompatible con el intento de Husserl de expliar la constitución del mundo por medio de la subjetividad transcendental. Husserl entendió la subjetividad transcendental como esencial a toda posible comunidad humana. Es decir, atribuyó a lo transcendental más importancia que a lo intersubjetivo. En este artículo examinamos la denominada egología husserliana y afirmamos que ésta puede ser evitada si se aplica la dialkctica a la relación Yo-Otro, si la fenomenología deviene dialéctica. En sus últimos escritos Husserl habla de una comunidad monadológica y pasa a desarrollar una ontología social en la cual la intersubjetividad -como razón constituyentees una empresa sin fin. Su nuevo interés por la historia hace de su teoría de la intersubjetividad la clave de una sociedad utópica cuyo horizonte es la Lebenswelt. Merleau-Ponty desarrolló estos puntos que Husserl había solo esbozado, y sin prestar atención al tema de la intersubjetividad. revalorizó el mundo social que el existencialismo había negligido. A. Schütz aplicó estas ideas e inauguró el pensamiento sociofenomenológico al precio de un abandono casi completo de la transcendentalidad, que se limitó a analizar desde el punto de vista de sus efectos. De este modo privó a la Lebenswelt de una dimensión fundamental, e hizo de la intersubjetividad la base de la realidad de sentido común, así como de las ciencias sociales. Los seguidores de Husserl contribuyeron a desarrollar la intersubjetividad de modo interpersonal y mundano. Husserl afirma que, además de todo esto, es necesario recuperar la dimensión transcendental como una estructura a priori de la sociedad y de las categorías que contribuyen a comprender al ser hurnano. (Autor) Palabras clave: Husserl, fen~menolo~ía, sujeto, relaciones humanas. Abstract. Transcendental subjectivity and social world The issue of intersubjectivity exposes that the social sciences stand in need of philosphy, explains the origin of social relations and provides a basis for any conception of subjectivity. 34 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen Mpa Sáenz Phenornenology has posed this question frorn its very roots and the Solipsisrn usudy attributed to it, is incompatible with Husserl's atternpt at explaining the constitution of the world by rneans of transcendental intersubjectivity. Husserl understood transcendental intersubjectivity as essential to any possible hurnan cornrnunity, that is, he granted [he transcendental more irnportance than the intersubjective. In the present article we consider the so considered Husserlian egology and affirrn that the latter can only be avoided if dialectics is applied to the relation I-Other, if phenornenology becornes dialectic. In his later writings, Husserl speak of a rnonadologic cornunity and sets forth to develop a social ontology in which intersubjectivity -1ike constituent reasonis an infinite endeavor. His new interest in history renders his theory of intersubjectivity more realistic and rnakes it a central part of a racional-utopic sociery whose horizon is the (~Lebenswelt,,. Merleau-Ponty developed these points unthought of by Husserl and, by dissolving any questions regarding intersubjectivity, he revalued the social world that existentialisrn had neglected. A. Schütz applied these ideas and inaugurated the sociophenornenology thought at the cost of a quasi-complete abandonrnent of transcendentality, which he only analized frorn the point of view of its effects. Thus, he deprived the ((Lebensweltn of a fundamental dirnension and made of intersubjectivity the basis of cornrnonsense reality as well as of the social sciences. Husserl's followers helped to develop intersubjectivity in an interpersonal and worldly guise. He affirrns that, in addition to it all, it is necessary to recover its transcendental dirnension as an a priori structure of society and al1 the categories that help to apprehend the human being (replexively)/(thought fully). Key words: Husserl, Phenomen~log~, subject, Human relations. Sumario El sentido de la intersubjetividad. La intersubjetividad y el estudio de la socie- Solipsisrno e intersubjetividad transcendad. dental. Algunas conclusiones. La intersubjetividad encarnada. El sentido de la intersubjetividad El problema de la intersubjetividad se plantea en un nivel interdisciplinar y su comprensión es ineludible para las ciencias humanas y sociales. Aunque no es estrictamente social, sino más bien presocial, la intersubjetividad posibilita cualquier relación social e incluso cualquier concepción de la subjetividad. Por tanto, es una categoría básica para desarrollar una sociología o una antropología conscientes de sus presupuestos y de sus conceptos. Algunos de los temas filosóficos más importantes como la constitución del tú y del nosotros, la relación entre individuo y sociedad o el valor intersubjetivo de nuestra experiencia del mundo en general, se hallan conectados con Inrersubietividad rranscendentd y mundo socid Enrahonar 22, 1994 35 esta problemática, la cual no sólo es relevante para cualquier teoría sociológica que se precie, sino también para el esclarecimiento del sentido original de la propia fenomenología. A pesar de la frecuente acusación de solipsismo, la fenomenología es una de las corrientes que más ha investigado esta cuestión. Es cierto que, en sus orígenes, se interesa ante todo por el papel de la subjetividad, pero ésta no es autosuficiente, sino que implica a los otros sujetos y, a la inversa, la teoría de la intersubjetividad carecería de sentido si no estuviera basada en una fuerte teoría de la subjetividad. Al subrayar la importancia de la intencionalidad, del mundo de la vida y del cuerpo vivido, la fenomenología se evade del idealismo que generalmente se le atribuye y adopta la dialéctica circular entre sujeto y objeto como verdadero núcleo definitorio. Nosotros estamos convencidos de que sólo mediante esa dialéctica circular, inseparable de cualquier aproximación hermenéutica, puede comprenderse e interpretarse correctamente el sentido de los hechos humanos. Marx y Weber nos enseñaron que éstos no pueden explicarse recurriendo a un causalismo determinista, semejante al empleado por las ciencias naturales, sino mediante el análisis de las motivaciones individuales, de las intenciones colectivas y de sus múltip1e:s formas. Pensamos que la fenomenología no excluye, de entrada, ninguna de éstas y que el hecho de que conceda prioridad a unas, no significa que sea incompatible con el resto, sino todo lo contrario. La fenomenología tiene como objeto fundamental el mundo, entendido como conjunto de fenómenos originarios que están en la base de todo lo que se nos manifiesta. En ese mundo se halla incluido, naturalmente, el sujeto humano. La fenomenología penetra en él buscando la esencia de los modos de conocer y analizando cómo se nos presentan las cosas, porque los hechos son inseparables de las esencias. Además, la epojé fenomenológica nos ayuda a comprender el problema de la intersubjetividad, ya que posibilita nuestras vivencias, nuestras experiencias reflexivas, poniendo entre paréntesis la aproblematicidad del otro en la vida cotidiana y nos reconduce sin prejuicios hacia su origen y su verdadero sentido. Esto es lo que, en rigor, significa la consigna husserliana de ir a hs cosas mismas. Es cierto que la fenomenología se ha autodefinido como ciencia de la conciencia, pero ésta siempre es conciencia de y está inexorablemente ligada a sus objetos intencionales; incluso la fenomenología transcendental, considerada frecuentemente como disciplina eminentemente egológica, se inaugura justo cuando el ego filosófico llega a la comprensión última y universal de sí mismo, es decir, cuando son descubiertos el plano de la intersubjetividad transcendental y la constitución del mundo. Solipsismo e intersubjetividad transcendental A lo largo de toda su producción, de forma más o menos latente, E. Husserl (1859-1938) tuvo presente el problema de la intersubjetividad. 36 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen Lópa Sáenz Incluso si reflexionamos sobre su temprano interés por la lógica, descubrimos que ésta, en Formale und transzendentale Logik no es pura o formal, sino la fenomenología transcendental misma, entendida como tematización de la racionalidad humana. La razón lógica es sólo uno de los aspectos de ésta'. La lógica de Husserl no pretende sino llegar al nivel primitivo de la subjetividad intersubjetiva, que constituye todas las formas de racionalidad y cientificidad. No cabe duda de que el punto de partida de Husserl fue una verdad última, el ego transcendental, pero éste ego no estaba aislado, sino que formaba parte de una comunidad egológica que vivía en su mismo mundo y confería sentido universal (intersubjetivo) a la filosofía. El sujeto constituyente de Husserl no es un sujeto que crea el mundo de la nada, sino la conciencia donadora de sentido, o sea, la conciencia que pone en relación lo exterior con lo interior transformándoio en vivencia. Así entendido el ego, es lógico que, sólo a partir de su zutocomprensión, pueda desarrollarse la razón, sin olvidar que en ella están ya implicados los otros co-sujetos, ya que ego es también ser-para-sí, es decir, se refleja en los otros y toma conciencia de sí a través de ellos. Racionalidad e intersubjetividad son dos temas profundamente relacionados en la fenomenología husserliana. Es cierto que ésta atendió excesivamente al yo puro a expensas del yo personal y que, al caracterizar la subjetividad, concedió más atención a la conciencia que al ctierpo; sin embargo, Husserl se refirió a éste en numerosos pasajes y supo distinguir acertadamente entre Kovpery Leib. En definitiva, el yo puro no es un sujeto descarnado. En las Meditaciones cartesianas, por ejemplo, Husserl identifica al yo transcendental con el yo de la vida natural que se despierta y se interroga por sus propias modalidades, con el sujeto del Lebenswelt, que se convierte en espectador de sí mismo mientras continúa viviendo en el mundo. El yo transcendental es el yo empírico en la medida en que éste es consciente de ser para sí mismo el lugar último del ser y de la legitimación. La esfera transcendental remite, pues, al yo individual concreto. Aunque Husserl parte del yo, éste está indisolublemente ligado al mundo. Por lo tanto, la subjetividad fenomenológica rebasa el marco de la conciencia solipsista. El problema de la intersubjetividad se debe a que el ego transcendental no sólo constituye el mundo, sino también al otro, y no únicamente como un estado de su propia vida de conciencia, sino también como otro y justamente como siéndole extraño. Sin embargo, los otros tienen para el yo un sentido particular, distinto del que poseen los objetos: son co-sujetos que también constituyen el mundo2. 1. Cfr. Husserl, E. (1984). Logique Fovrnelle et loguzque transcendnntale. Paris: PUF, 1984~ p. 24. 2. Cfr. Husserl, E. Ideas I. México: FCE, 1985, p. 68. Intersubietividad transcendental y mundo social Enrahonar 22, 1994 37 Aun a pesar de ello, nos parece que el interés husserliano por la intersubjetividad es secundario o, al menos, derivado de su preocupación por la subjetividad constituyente. La fenomenología desarrollada rigurosa y sistemáticamente es idéntica a esta filosofía que abarca todo conocimiento genuino. Se divide en la fenomenología eidética (u ontología universal) como filosofía primera y en la filosofía segunda, la ciencia del universo de los facta o de la intersubjetividad transcendental que los encierra a rodos ellos sintéticamente. La filosofía primera es el universo del método para la segunda y en su fundamentación metódica está referida retrospectivamente a sí misma3. Aquí se dice claramente que la ciencia de la intersubjetividad transcendental es una filosofía segunda, derivada; pero, también podemos interpretar esta afirmación pensando que la filosofía primera de la que nos habla Husserl es tan sólo la propedéutica para el conocimiento de la intersubjetividad. Si recordamos que el eidos sólo puede captarse, fenomenológicamente hablando, en la experiencia vivida, podemos afirmar que esta segunda lectura es la correcta y que la intersubjetividad transcendental tiene, en Husserl, el mismo rango que la fenomenología eidética. Para llegar a la intersubjetividad transcendentai, Husserl practica una doble reducción, cuyo objetivo es reconducirtios a la existencia de otras subjetividades constituyentes. Husserl considerará siempre que la intersubjetividad transcendental es la esencia de toda comunidad humana posible, la verdadera comunidad existente y la única capaz de constituir la objetividad. Con frecuencia, la intersubjetividad transcendental se ha entendido como una simple subjetividad transcendental ampliada, y la objetividad como una mera yuxtaposición de experiencias individuales. Pero, jacaso se pueden pensar de otra manera?;Puede concebirse lo exterior al margen de lo interior, lo lejano sin partir de lo próximo? Independientemente de nuestra respuesta, en Husserl la intersubjetividad no es un simple agregado de individualidades, sino un nuevo Sujeto que las recoge y supera, una intersección de intencionalidades que hace del mundo algo constituido como único, objetivo y comprensible a través de la infinidad de experiencias constitutivas concordantes. En el primer tomo de Ideas (Ideen 1, 1913), Husserl opone a la realidad objetiva de las ciencias naturales (mundo de las apariencias) un mundo de las proto-ciencias, la Lebenswelt, como correlato de la totalidad abierta de las experiencias posibles4, de una comunidad intersubjetiva5. Introduce el concepto de intersubjetividad con ocasión de su análisis de la actitud natural. No 3. Husserl, E. (1990). El articulo de la Encyclopaedia Britannica. Universidad Nacional Autónoma de México, p. 79. 4. Cfr. Husserl, E. Ideas l. p. 45-47. 5. Cfr. Ibid,p.48. 38 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen López Sáenz hay duda de que en ella el yo está en relación continua con los objetos y con los otros hombres. Sin embargo, lo que no me explica esa actitud es la otredad, aquello que me hace ver a los otros como semejantes, pero no idénticos a mi yo, es decir, aquello que me conduce a verlos como otros. Husserl se percata de los problemas que puede engendrar el solipsismo y aclara que, aunque la subjetividad del yo es aquella por la que todo existe, el hecho primero y fundamental, hay un mundo común, un cogitatum en el que toma parte la alteridad. En Experiencia y Juicio (Efahrung und Urteil, obra esbozada definitivamente en 1930, publicada póstumamente en 1939), Husserl se percata de que si comprendemos el mundo del otro, si nos ponemos en su situación, tomamos conciencia de la alteridad, porque no nos limitamos a introyectar una individualidad en otra, sino que la elevamos a una universalidad superior, que va más allá de nuestra particularidad y de la del otro. En La crisis de las ciencias europeas y la fenomenologia transcendental, la intersubjetividad sigue jugando un papel secundario: es el horizonte sobre el que emerge la figura del yo y el complemento para justificar la objetividad de las cosas externas. Husserl todavía cree en la objetividad de la Verdad total y en su accesibilidad para la razón, la cual no existe en una conciencia solitaria, sino que es intencional y no puede desconectarse del mundo. La Racionalidad es la verdadera unidad en el seno de la dispersión, y Husserl alberga la esperanza de que habite en cada hombre, es decir, de que cada persona lleve en su interior un ego transcendental. Pero esto es sólo un deseo que no tiene por qué corresponder con la realidad. Mientras no se logre esa correspondencia, no se podrá hablar de una intersubjetividad auténtica. La utopía husserliana de una comunidad de egos transcendentales puede parecer excesivamente lejana, pero quizás sea la estructura básica que asegure un buen funcionamiento social. En Meditaciones cartesianas, pronunciadas en París, en 1929, Husserl aborda el problema de cómo puede constituirse la transcendencia del otro en la inmanencia del yo. Confía en que la aplicación de su método se prolongará en una fenomenologia de la intersubjetividzd transcendental, que estaría por encima de la subjetividad transcendental, aunque implicaría el análisis de ese nivel inferior. No obstante, la meta última de Husserl es alcanzar unajlosoja transcendental en general. Esto demuestra que la intersubjetividad transcendental acentúa lo transcendental y no lo intersubjetivo. Husserl no aspiraba a dar cuenta de la relación Yo-tú espiritual o de la relación cara-a-cara en el mundo ético. Se centró, a diferencia de lo que hizo después Schütz, en la dimensión transcendental de la intersubjetividad, no en sus dimensiones natural, psicológica o sociológica. Lo que realmente le preocupaba era la relación intersubjetiva en torno a la objetividad de un mundo común, y no las formas específicas que esa relación podía adoptar en sus diferentes concreciones. Incluso parece resolver el problema de la intersubjetividad presuponiendo la existencia de ese mundo común, cuando, en realidad, si cada conciencia constituyente es autosuficiente, debería haber mundos plurales. Intersubjerividad rranscendentai y mundo social Enrahonar 22, 1994 39 Husserl acuiíó el término intersubjetividud transcendental para referirse, no a las interrelaciones humanas fácticas, sino a la esencia de toda comunidad humana real o posible. Nosotros pensamos que esta meta ideal, perfectamente acorde con sus primeras definiciones de la fenomenología como ciencia eidética, fue la que empujó al filósofo a interesarse por el tema del otro y no, única ni prioritariamente, la necesidad de demostrar la objetividad del mundo. En la tercera de sus Meditaciones cartesianas, Husserl afirma que la intersubjetividad transcendental surge constitutivamente en mi6; es decir, mi ego fáctico, la intersubjetividad y el mundo cobran sentido y validez en el ego transcendental. Pero el ego no es únicamente constituyente, sino también constituido. La autoconstitución del ego transcendental no es la constitución de un objeto, sino la constitución genética de un sujeto puro a través de referencias objetivas a un mundo progresivaniente objetivado. El otro sujeto ha de cooperar en la constitución de un mundo común y ha de ser también constituido. Si bien desde el punto de vista transcendental, el yo precede a los otros, según la constitución empírica, los otros me anteceden. Para comprender la objetividad del mundo, Husserl necesitaba ampliar la subjetividad transcendental de forma que en la conciencia propia se constituyera un alter ego como análogo al ego y, al mismo tiempo, como extrano. De ello se derivan dos consecuencias: 1) Siendo el ego subjetividad absoluta, el otro será visto también como subjetividad absoluta; por tanto, jamás se dará en persona, sino indirectamente (por apresentación), ya que si se diera directamente no diferiría de la conciencia propia y se reduciría a un momento de mi ser. 2) Por otra parte, el descubrimiento analógico del otro es percibido y no deducido intelectualmente. Esta constitución del otro como presente viviente pone de manifiesto la diferencia entre el otro y las cosas. Estas nos son dadas en su presencia originaria, mientras que la subjetividad del otro se nos apresenta a través de su cuerpo. Pero incluso ese alter ego apresentado siempre se nos da unido al ego. Cuando Husserl descubre que el ego experimenta su propio Leib y la inmanencia de su cogito en el Leib, está en condiciones de explicar la constitución intersubjetiva, y es ésta la que hace posible la ciencia. Con el otro ego se me apresenta, además, su visión del mundo en una modificación analógica. En la quinta de sus Meditaciones cartesianas, Husserl nos dice que el otro es un ser constituido, porque, de lo contrario, carecería de sentido para mí. Constituir al otro es mostrar cómo el sentido yo, que nace con la toma de conciencia de mi existencia como núcleo de sentido, se comunica a los otros y me permite decir que ellos son también egos, aunque en un sentido derivado, segundo, porque el sentido yo se constituye primero en mí y para mí. No se trata, pues, de una filiación cronológica, sino de una filiación de sentido. Además, tanto la constitución del cuerpo ajeno, como la de su espíritu reenvía siempre al yo. Y, sin embargo, Husserl mantiene la transcendencia de los otros. 6. Cfr. Husserl, E. (1986). Meditaciones cartesianas. Madrid: Tecnos, p. 112. 40 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen López Sáenz Está claro que, para él, éstos sólo son comprensibles como otros yoes. El reduccionismo al ego sólo podría evitarse si se consiguiera efectivamente mantener la tensión entre ambos elementos, es decir. si se lograra vivir esta relación como una verdadera dialéctica. No conocemos el ser original del otro, sino tan sólo su ser-para-nosotros. Por eso, la fenomenología husserliana de la intersubjetividad parte de la alteridad egológica del otro al que ya encontramos en la actitud natural. Ese encuentro irreflexivo no basta, sino que ha de descubrirse y justificarse para que sea plenamente comprendido. Experimento lo extrano gracias a una estructura que Husserl denomina Paarung7: la aprehensión de un elemento presentante de un par evoca siempre al elemento apresentado,.~ esto acontece en las síntesis pasivas de la conciencia que denominamos asociación. La analogía del otro no es, pues, del orden del razonamiento, no es la conclusión de la similitud de las experiencias vividas enraízadas en la semejanza de las expresiones corporales, sino que funciona en el plano de las génesis pasivas, esas por las que comprendemos una realidad nueva por su afinidad con una realidad ya conocida. Este es el núcleo de la doctrina de la EinJuhlung de Husserl y la base del autofantaseamiento ejercido por el yo para ocupar los allis de los otros. Un yo en condicional (y no en indicativo) es, de algún modo, otro yo sin serlo del todo. Sobre la base pasiva de la Paarung se eleva la Fremdefahrung activa. Ahora bien, si el otro no se nos da tras un razonamiento por analogía, tampoco se ofrece a nuestra intencionalidad, como hemos visto, de forma directa, sino indirecta o mediata. Esto se sigue del hecho -ya comentadode que la intersubjetividad, para Husserl, no es algo originario, sino constituido. ¿Cómo evitar, entonces, todo rastro de solipsismo? A nuestro modo de ver, su eliminación completa resulta imposible. Husserl insiste en que el otro no es un fenómeno, sino que se me da de manera irreductiblemente mediata. Esto significa que la experiencia del otro es una indicación, un índice, pero no lo que indica. La verdadera realidad del otro siempre permanecerá ocuIta. Por otro lado, Husserl introduce -en esta quinta Meditaciónuna nueva reducción al objeto de poner entre paréntesis todo sentido intersubjetivo: la de la experiencia transcendental a la esfera de propiedad (Eigenheitssphare). Con ella mostrará que los otros se constituyen, en efecto, en la propia subjetividad transcendental. Esta reducción exige que consideremos nuestra experiencia independientemente del sentido inrersubjetivo, cuando es justamente él quien constituye esa experiencia. Una vez explicado que en mi yo se constituye apresentativamente el otro yo, Husserl afirma que la misma relación tiene lugar a la inversa. Además, no apercibo al otro como un simple duplicado de mí mismo, sino con los modos espaciales de aparición iguales a los que yo tendría si ocupara su lugar. Incluso soy capaz de apercibir apresentativamente al otro como el yo de un mundo 7. Cfr. Ibid., p. 148. Inrersubietividad transcendenral y mundo social Enrahonar 22, 1994 41 primordial, es decir, como el yo corporal que experimenta las cosas desde su aqui absoluto. El conocimiento de los otros y de su vida interior no se pierde al efectuar la reducción fenomenológica, sino todo lo contrario: ahora cada uno de ellos se me revela como ego transcendental, capaz de practicar también la reducción y de mantener intacta la vida de su flujo de conciencia que está dirigido al mismo mundo de la vida. Pero, ¿el ego transcendental de Husserl no será un término incapaz de ponerse en plural? ¿La intersubjetividad tiene lugar entre egos transcendentales o entre personas? ¿La intersubjetividad y la socialidad no pertenecerán exclusivamente a la esfera mundana de nuestro mundo de la vida? Husserl, desde luego, insiste en la transcendentalidad de la intersubjetividad. Desde ese punto de vista constituyente, el ego es la mónada primigenia. A partir de él, se constituyen los otros, rio como simples seres enfrentados corporalmente a mí, sino como sujetos psicofísicss que forman conscientemente una comunidad humana. Esta comunidad es la intersubjetividad transcendental, porque se constituye puramente en mí, en el ego que reflexiona, a partir de las fuentes de mi intencionalidad, pero, a la vez, es construida como la misma en cada uno de los egos -coristituidos a la vez en la modificación otrosólo que con otro modo subjetivc, de aparición y llevando en sí el mismo mundo objetivo. Da la impresión de que en Meditaciones cartesianas, Husserl entienda la intersubjetividad básicamente como constitución de unapluralidad de conciencias monádicas en el seno de mi propia conciencia. Esta posee absoluta prioridad. Por eso se produce la paradólica situación de que, desde el momen- to en que el otro es sujeto y constituye la síntesis de todo lo objetivo, su entidad se me escapa. Esto es así porque sólo el ego transcendental tiene una existencia apodíctica; la existencia del mundo es presuntiva. ,Qué tipo de existencia corresponde al otro? Únicamente si se revela como ego transcendental gozará de existencia apodíctica. Pero resulta que, en Husserl, el ego transcendental de los otros se constituye en el mío. El dilema al que se enfrenta es cómo hacer compatibles el respeto a ia alteridad del otro y el enraizamiento de su transcendencia en la experiencia primordial del sujeto. Si ambas premisas fueran -como cree Husserlcompatibles, se superaría el solipsismo sin renunciar a la egología. Y, en efecto, por un lado, la teoría cle la intersubjetividad de Husserl refuta la acusación de solipsismo (ya que explicita el sentido del otro que se halla implícitamente contenido en el concepto mismo de objetividad, un sentido que exige que el otro sea un sujeto real); pero, por otro, la meta que se propone el filósofo en Meditaciones cartesiclnas sigue estando presa en las redes del solipsismo, porque pretende comprender la experiencia que ei yo tiene del otro y no acceder al otro en sí mismo. Si consideramos que el otro se constituye en el interior de mi conciencia en virtud de la percepción analógica, eliminamos su autonomía en la organización del sentido; si reducimos al otro a una entidad transcendente, su mis- 48 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen Lópa Sáenz La existencia -categoría fundamental de la fenomenología existencialconsiste en estar-en-el-mundo-y-con-los-ottos. Esto quiere decir que mi existencia implica, sin más, la de los otros objetos y sujetos. Además, la ek-sisten- cia se define como salir de sí, como transcendencia inmanente al mundo, al mundo intersubjetivo o mundo de las coexistencias situadas en el único universo existente. A diferencia de Husserl, la subjetividad presupone la intersubjetividad o, mejor, lo que hay es dialéctica entre individuo y sociedad. Merleau-Ponty la afirma abiertamente, y así presta carne y concreción a la intersubjetividad husserliana. La fundación de la intersubjetividad en Husserl estaba condicionada por el primado del dominio transcendental sobre el natural. En cambio, Merleau- Ponty busca la intersubjetividad en la percepción del otro más que en sus condiciones transcendentales de posibilidad, porque la percepción no es, para él, aprehensión de un objeto por un sujeto, sino que, en ella, el cuerpo aprehende la significación de los fenómenos que forman su mundo. Además, Merleau-Ponty reconoce la importancia del lenguaje para el esclarecimiento de este problema: la palabra prolonga y transforma la muda relación con el otro. Sin embargo, está de acuerdo con Husserl en que la intersubjetividad se constituye antes del lenguaje, es la predisposición a éste y se proyecta a través de la historia y la cultura. No cabe duda, sin embargo, de que el lenguaje es la operación gracias a la cual el pensamiento adquiere valor intetsubjetivo y el otro se convierte en alter ego, se hace plenamente significativo. En Merleau-Ponty, como en Husserl, persiste la tensión entre la mismidad y la otredad del alter ego, pero aquél esquiva el solipsismo de Husserl afirmando que lo construido no es el otro, sino justamente el solus +se, el cual no es un dato de nuestra experiencia. El problema de la primacía desaparece, porque el yo y el otro se originan conjuntamente a partir de la carne. Así pues, estamos siempre en lo social. El Lebenswelt es nuestro horizonte común y no podemos hacer abstracción de él. Lo que presta unidad a mi cuerpo es lo que me enlaza con el cuerpo de los otros y da carne a nuestra comunidad. El otro y yo, soledad y comunicación son momentos de un único fenómeno. Merleau-Ponty rechaza la solución que Husserl propone al problema de la intersubjetividad en la V de sus Meditaciones cartesianas, ya que la analogía no basta para concebir al yo como alter ego, como conciencia constituyente y no simplemente como un cogito que tenga que adivinarse. Husserl comparte todavía el prejuicio cartesiano del cogito, la noción de un ego apodíctico, de un espectador transcendental. En cambio, el otro, para Merleau-Ponty es un cuerpo cognoscente como el mío. El objeto y el propio cuerpo no son ya +omo indicaba el último Husserlhilos conductores a través de los cuales la conciencia se autodescubre, sino el único modo que tiene el ego de actualizarse. Es remarcable, asimismo, la crítica que Merleau-Ponty dirige a la doctrina sartriana del alter ego. Aunque ésta, como la de Husserl y la de Merleau-Ponty, Intersubietividad rranscendentai v mundo sociai Enrahonar 22. 1994 49 se basa en la corporalidad del otro, Sartre considera -a diferencia de estos otros pensadoresque primero captamos al otro como ser existente y después como cuerpo. Está de acuerdo con ambos autores en que es innecesario demostrar la existencia del otro, porque ésta se basa eni una comprensión preontológica. Pero el otro de Sartre, siguiendo a Hegel, es, ante todo, un no-yo. Sartre subraya la oposición entre yo y otro, y denomina a esta situación insalvable la separación ontológica del uno y del otro. Afirma que es imposible establecer una relación con otro sujeto sin objetivarlo, y que sólo podemos conocer como totalidad coextensa dentro del mundo al otro como objeto. Por tanto, la relación entre un yo-sujeto y un otro-sujeto es imposible: o bien yo soy el sujeto y el otro el objeto o viceversa13; el otro-sujeto nunca puede ser obje- to de ningún tipo de conocimiento; en definitiva, no puede darse interacción mutua en libertad. La teoría sartreana concede primacía a la mirada objetivadora, pero su análisis de ésta no garantiza la posibilidad de una verdadera intersubjetividad y tampoco de una auténtica subjetividad, ya que la subjetividad real es posible en el contexto de la intersubjetividad, porque yo necesito al otro para que interactúe con mi propio cuerpo. La filosofía dualista de Sartre no pndía dar cumplida cuenta del hecho intersubjetivo. En su dialéctica, vence lla oposición. En cambio, en la intersubjetividad transcendental de Husserl, era la interacción entre egos transcendentales la que abría el mundo. Pero seguía sin explicarnos de manera convincente qué relación hay entre el ego transcendental y el ego empírico. Merleau-Ponty pretende superar el dualismo sartreano del en-sí y del para-sí y el husserliano, al que acabamos de hacer alusión, mediante la percepción del otro, en la cual el en-sí se halla unido intencionalmente al para-sí. Considera que el defecto de la teoría sartreana radica en su concepción de la conciencia como algo absoluto. El sujeto merleau-pontyano, en cambio, es comportamiento, y éste es intencional, se dirige siempre hacia los ctros. Al definir al sujeto como comportamiento y entender éste como un nuevo género de ser (ni ser en si ni ser para so, Merleau-Ponty evita la comprensión del yo y del otro como objetos. Ambos forman una estructura dialéctica circular, porque su ser es relación y provienen de ,dgo más común y originario: la carne, cuya propiedad es la reversibilidad. De este modo, el filósofo se sitúa más allá del dualismo yo-otro y se adentra en el Irleinander de los otros en nosotros y del nosotros en ellos, es decir, en la comunidad fenomenológica, en la historia sedimentada que encierra el sentido de la experiencia humana individual y colectiva. La carne es ese tejido elemental, esa estructura metafísica en la que se entretejen los unos con los otros. Ella comprende la presencia y las ausencias que ésta evoca, lo visible y su otra cara: lo invisible; es una especie de apeiron. La comunidad fenomenológica merleau-pontyana se entiende, como la husserliana, como una idea regulativa o como el horizonte de una tarea infinita. Hay algo que precede a la intersubjetividad, pero que no puede distinguirse de ella; 13. Cfr. Sarrre, J.P. (1984). Elsevy la nada. Madrid: Alianza, p. 430. 50 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen López Sáenz en ese nivel, no hay individuación ni distinción numérica. La constitución del otro no sigue a la constitución del cuer o, sino que el otro y mi cuerpo nacen l' conjuntamente en ese éxtasis original1 que sería la Carne. Con el concepto de Chaiv, Merleau-Ponty nos recuerda que lo que hay es un Ser Salvaje que se define por la relación, por la adherencia, el entrelazamiento, el contacto, un ser en dehiscencia que excluye la observación externa y también la fusión, ya que la distancia que nos separa es, al mismo tiempo, la que nos aproxima a él. Puesto que lo verdaderamente existente es ese Ser Vertical, no soy yo el que constituyo al otro frente a mí, sino que el otro está ya ahí conmigo y el ego se conquista gracias a él. Hoy que se afirma la muerte del sujeto y el pensamiento objetivista dominante busca el ser sublimando los entes, concibiéndolo como un gran objeto; hoy que se entiende la presencia como algo dado ante mí (Vorhandenheit), la transcendecia del sujeto hacia el otro se ve como un enigma. En cambio, Merleau-Ponty renuncia a construir la unión del yo y del otro, a poner ante nosotros un ser frontal y se limita a describir la estructura por la que el Ser se desdobla continuamente en fuera y dentro, visible e invisible. La dialéctica circular de la inmanencia en la transcendencia define, pues, la teoría merleau-pontyana de la intersubjetividad; una dialéctica ambigua, quizás, pero adecuada para dar cuenta de nuestra realidad interpersonal. No cabe duda de que hay un narcisismo fundamental en toda visión y en toda relación con el otro; esto se debe a la especularidad de la carne, pero no conduce al solipsismo de reconocerse en el espectáculo contemplado. Merleau- Ponty estableció un sentido más profundo de narcisismo que consistía en sentirse mirado por las cosas, en transformar la mirada como actividad subjetiva en pasividad ontológica. La visión carece entonces de autor identificable y se convierte en visibilidad general, en Carne que asegura la homogeneidad del vidente y de lo visible. Esto no se puede confundir con el hilozoísmo: no se pasa del ser del sujeto al ser del mundo por inducción generalizada, sino que el ser del sujeto es una variante del ser universal del mundo. No cabe duda de que Merleau-Ponty debe mucho a Husserl, pero, frente a él, no hace del otro un simple problema de conocimiento, sino una existencia exterior, un ser-en-el-mundo. Él fue capaz, además, de explicitar la intención husserliana de relacionar la filosofía con la sociología. Estamos de acuerdo con él en que una sociología que pretenda comprender, ha de tener presente la filosofía, porque el mundo social no es una cosa, sino una de las muchas dimensiones irreductibles de nuestra existencia: Todo sociólogo hace filosofía cuando no se limita a anotar hechos, sino que intenta comprenderlos para interpretarloslj. 14. Cfr. Merleau-Ponty, M. (1960). Signes. París: Gallimard, p. 220. 15. Cfr. Merleau-Ponty, M. Signes, p. 127. Intersubietividad rranscendental y mundo social Enrahonar 22, 1994 51 La filosofía suministra a la sociología (y a la ciencia, en general) una experiencia global para que no pierda de vista sus verdaderos objetivos. A su vez, la filosofía no puede renunciar a juzgar el presente si no quiere perder su sentido. La filosofía y la sociología no se definen por unos campos de estudio que les sean propios; únicamente hablan del mundo, de los hombres y de sus obras. La sociología comprensiva necesita, pues, filosofía, y el fundamento de toda comprensión es para Merleau-Ponty lo social originario. Merleau-Ponty nunca hizo de la sociedad una mera colección de entidades monádicas, sino una estructura fundamental de la experiencia, un campo permanente para cualquier acción. La intersubjetividad y el estudio de la sociedad Algunos sociólogos contemporáneos han comprendido la importancia de esta interrelación y han asumido los estudios fenomenológicos aplicándolos a la sociología. El iniciador de esta tarea fue Alfred Schütz (1899-1959), un hombre de amplia formación social y filosófica cuya extensa obra constituye una valiosa aportación para la teoría sociológica. Su producción ejemplifica lo fructífera que resulta la fenomenología para la sociología comprensiva a la que aspiraba Weber. Comprender el mundo social significa, según Schütz, entender el modo como los hombres definen su situación. Dejnir quiere decir actuar, porque interpretar el mundo es un modo primordial de actuar sobre él. De este modo, Schütz completó la fenomenología husserliana con la sociología de la acción y la comprensión de N[ax Weber, e intentó hacer compatibles la neutralidad valorativa weberiana y la aprehensión del sentido de los comportamientos por la fenomenología. Además demostró que la fenomenología no es un método idealizante y solipsista, sino que, por el contrario, resulta imprescindible para estudiar comprensivamente la realidad social y no tiene por qué desvincularse de los procedimientos empíricos. Hizo un empleo selectivo del método fenomenológico consistente en abandonar la fenomenol~~ía transcendental y ocuparse únicamente de la psicología eidética. De este. modo, invirtió el orden de prioridades establecido por Husserl. Schütz estaba convencido de que sólo si la fen~menolo~ía abandonaba el camino de la constitución transcendental y se transformaba en fenomenología de la actitud natural, sería útil a la sociología. Para Schütz, el ámbito de sentido prioritario es el mundo de la vida. Los otros ámbitos finitos de sentido sólo son modificaciones suyas. El conocimiento predominante en dicho mundo es la actitud natural. En la construcción de este conocimiento y de aquel mundo participa toda la sociedad. Esto supone que no hay, ni mucho menos, un único sujeto constituyente. Schütz especifica, mejor que Husserl, que no hay separación radical entre la Lebenswelt y la ciencia, porque no son dos regiones ontológicas diferentes, sino dos niveles epistemológicos que no se excluyen. Podríamos decir que Husserl se encuentra con la Lebenswelt como reducto último, una vez que ha 52 Enrahonar 22, 1994 lMa Carmen López Sáenz practicado la reducción, mientras que Schütz lo toma como punto de partida de todo saber y de todo ser; si la ontología husserliana de la Lebenswelt como mundo social parte del yo, la de Schütz concede primacía a la dimensión del nosotros. De este modo, lleva a cabo una aproximación interdisciplinar a la sociedad (que abraza elementos antropológicos, históricos, psicológicos, filosóficos, sociológicos, culturales, etc.) sin precedentes. Al igual que Husserl y Merleau-Ponty, Schütz se preocupó por demostrar que la ciencia no es más que uno de los múltiples modos de conocimiento con los que contamos y, además, uno que presenta tantos inconvenientes como el conocimiento de sentido común. En su opinión, la Lebenswelt no era un concepto meramente filosófico, y las nociones descubiertas por la fenomenología poseían un amplio ámbito de aplicabilidad. No obstante, llegó a estas conclusiones a costa de simplificar en exceso el significado de la Lebenswelt y de reducir los otros ámbitos finitos de sentido a meras modificaciones suyas. Además Schütz abandona casi por completo la transcendentalidad de la subjetividad y de la intersubjetividad. Esto hace que su Lebenswelt, esencialmente intersubjetivo, carezca de una dimensión fundamental. Pensaba, como Husserl, que en ese mundo no se da únicamente un conocimiento pasivo, sino que predominan las tipificaciones, dado que el conocimiento es social, es decir, se construye, se adquiere y se distribuye socialmente. Por otra parte, la objetividad del mundo procede, según Schütz, de una idealización socialmente compartida: la de la reciprocidad de perspectivas propia del sentido común. En su afán empírico, Schütz desvirtuó el alcance que el problema de la objetividad tenía en Husserl. Éste pretendía precisamente comprender esta tesis que solía obviarse en la vida diaria. También el conocimiento de la intersubjetividad es resultado de un proceso de socialización. Las relaciones sociales (mediatas o inmediatas) están, en gran parte, institucionalizadas y moldeadas por contextos de significado socialmente objetivados en el habla y en las instituciones. Éste es un hecho apenas discutible, pero lo que preocupa a Schütz es cómo experimentamos subjetivamente, en nuestras situaciones biográficas este a priori social dado. La respuesta de Schütz es que lo hacemos mediante distintos procesos de tipificación y que éstos amplían el sentido de la intencionalidad haciéndola recaer en una subjetividad forzosamente intersubjetiva. La tipificación constituye, así, el mundo social y posibilita la realización del yo porque sirve como lazo de unión entre él y la sociedad. El mundo intersubjetivo es un conjunto de construcciones y tipificaciones. En general, presuponemos que los diversos esquemas aperceptuales, apresentacionales, referenciales, etc., aceptados como típicamente significativos por mi ambiente social, lo son también para mi situación biográfica única y para la de mi semejante en el mundo de la vida cotidiana. Esto indica que normalmente nuestra apercepción de objetos está piada por el sistema de significatividades típicas vigente en nuestro ambiente social, y que debe surgir un motivo particular en la situación biográfica personal de cada uno de nosotros para despertar nuestro interés por la unicidad y atipicidad de un objeto. Cuanto Intersubietividad rranscendenral y mundo social Enrahonar 22,1994 53 más anónimo es el otro, tanto menor es la zona de significatividades intrínsecas compartidas y tanto mayor la zona de las significatividades impuestas. Además, ambos presuponemos el modo típico de nuestro ambiente sociocultural por el cual los objetos son aprehendidos apresentacionalmente, es decir, representando algo y despertando referencias apresentacionales. Suponemos que el otro aplicará el mismo esquema apresentacional que yo a las referencias apresentacionales que intervienen en la comunicación. El mundo de la vida se halla, pues, impregnado de referencias apresentacionales que son simplemente presupuestas y entre las cuales llevamos a cabo nuestras actividades prácticas. Todas esi-as referencias apresentacionales pertenecen al ámbito finito de sentido llamado realidad de kz vida cotidiana, aunque constituyen medios de abordar experiencias de transcendencias. Por eso, afirma Schütz que es el sentido de nuestras experiencias y no la estructura ontológica de los objetos lo que constituye la realidadlb. Efectivamente, no podemos negar que la mayor parte de nuestro conocimiento deriva de la sociedad y es aprobado dentro de un grupo social determinado. El pensamiento de sentido común experimenta el mundo social en dos niveles de referencias apresentacionales: Por un lado, aprehendemos a nuestros semejantes individuales como realidades del mundo de la vida cotidiana. Ellos están a nuestro alcance y compartimos con ellos un ambiente comprehensivo común. Los captamos de manera analógica, mediante el sistema de referencias apresentacionales antes descrito; en este sentido, el mundo del otro transciende el mío, pero se trata de una transcendencia inmanente que está todavía dentro de la realidad de nuestra vida cotidiana. Por otro lado, las colectividades sociales son construcciones del pensamiento de sentido común y sólo podemos aprehender sus significados simbólicamente. Los símbolos que las apresentan pertenecen a la realidad eminente y motivan nuestras acciones dentro de ella. Interpretamos las acciones de los oicros en términos de tipos. Éstos guardan relación con el eidos, pero Schütz despoja a las esencias de todo contenido metafísico y concreta la intencionalidad en el interés. No obstante, no clarifica la diferencia entre los procesos de conocimiento activos y pasivos. Para Schütz, como para la sociofenomenología en general, la intersubjetividad es un genuino fenómeno que fundamenta, tanto a la realidad de sentido común, como a las ciencias sociales. La explicación que hace Schütz de este concepto está basada, como la teoría de I-lusserl y la de Merleau-Ponty, en la corporalidad humana y en la empatía, pero, ante todo, en el hecho de que vivimos y envejecemos juntos y tenemos una experiencia antepredicativa del tú. La verdadera relación social es, para Schütz, la relación nosotros,.es decir, una relación de reciprocidad intencional, de comprensión mutua en un entorno comunicativo común. A cada tipo de las relaciones sociales derivadas de ella le corresponde una perspectiva particular del tiempo que deriva del pre- 16. Cfr. Schütz, A. (1974). Elproblema de la reizlidndsocial. Buenos Aires: Amorrortu, p. 290. 54 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen López Sáenz sente vivido. La transición desde la relación social directa hacia la relación social indirecta está marcada por una serie de vivencias decrecientes. La esencia de la intersubjetividad es la simultaneidad temporal. De este modo, la intersubjetividad queda limitada a las relaciones cara a cara; las otras relaciones sólo son derivadas e indirectas, ya que producen continuamente patrones de anonimato creciente. En una relación cara a cara aprehendemos directamente (sin ningún tipo de razonamiento) la presencia de los otros, pero Schütz no define en qué consiste dicha presencia. Esto puede deberse a su convicción de que el conocimiento de sentido común es suficiente para entenderse con los otros. A esta experiencia inmediata del otro se suma una experiencia mediata de la realidad social, ya que ésta deriva de y presupone a aquélla. Esto significa que la intersubjetividad es una estructura previa a la sociedad. Pero Schütz no se contenta con aceptar la experiencia aproblemática que tenemos de los otros en la vida cotidiana, sino que además desea aclarar por qué podemos hablar de un otro en general y qué sentido atribuimos a ese semejante que, a la vez, es un otro. La situación intersubjetiva es nuestra situación fáctica y posibilita nuestras relaciones con los otros, nuestro mundo cultural y hasta nuestra autocomprensión. Siguiendo a Husserl, Schütz se propone tematizar la intersubjetividad como paso previo para desarrollar una fenomenología de la actitud natural; acepta además la idea husserliana de la constitución, su definición de los objetos como identidades intersubjetivas y la teoría de la empatía. Aunque el flujo vivencia1 del otro es un continuo, el yo aprehende de él segmentos discontinuos, trazos. La autointerpretación tiene siempre como dato preliminar la duración propia en su continuidad, mientras que la comprensión del otro, la duración extraña es dada sólo como segmento discontinuo. De lo contrario, el observador y el observado serían idénticos. El núcleo del fenómeno intersubjetivo es, entonces, el entrelazamiento de las diferentes dimensiones temporales. A primera vista, tal núcleo parece poco consistente. Aunque los análisis schützianos son interesantísimos tanto para la filosofía como para la sociología, hay que reconocer que hacen derivar la interacción social de una experiencia pre-conceptual y, de este modo, banalizan la interpretación filosófica o sociológica de la intersubjetividad. Lo que pretende Schütz es sociologizar el ego transcendental: comenzar por la experiencia de la conciencia intencional del otro, es decir, por la orientación hacia el otro en la que se parte de su existencia como una persona humana concreta y no como un otro transcendental. De este modo, abandona la teoría de la constitución transcendental husserliana. Nosotros creemos que no se puede prescindir de ella, ya que tiene un gran interés para las ciencias humanas, porque analiza la génesis del sentido y del reconocimiento del significado. Si dejamos de lado estos problemas, resulta inexplicable la comunicación. Schütz tiene razón al decir que la tesis que afirma la existencia del mundo y de los otros es fruto del punto de vista natural, pero parece olvidar que éste, a su vez, está marcado por la reflexión y por algún grado de constitución del sentido. Intersubjetividad transcendentai y mundo socia Enrahonar 22, 1994 55 Si la experiencia del otro es inmediata, la del mundo social no lo es", ya que deriva de aquélla. La acción social es, ante todo, interacción social, se asienta en un mundo intersubjetivo y se orienta hacia los otros. La forma más concreta de interacción social, según Schütz, es la comunicación, la cual presupone la idealización de la congruencia de los sistemas de relevancia. Estamos de acuerdo con él en el carácter original de la intersubjetividad con respecto a la comunicación. La comunidad se asienta sobre bases que van más allá de la mera comunicación. Ésta, una vez establecida sobre dichos cimientos, se convierte en dimensión constitutiva de la propia sociedad. Schütz hace suya la teoría husserliana de la a-presentación para explicar nuestro acceso al otro en general como entidad psicofísica, pero subraya continuamente que el otro concreto se experimenta desde un primer rriomento como un prójimo y no como un cuerpo. Es evidente que acierta en algunas de sus críticas a Husserl. Así, por ejemplo, sefiala que la comunidad de mónadas husserliana esta definida de una manera vaga y no se sabe si es, verdaderamente, una comunidad de hombres; además opina que la sociedad es, para Husserl, una personalidad de orden superior y que reduce al otro a un sujeto análogo. Parece más lógico pensar que las construcciones y definiciones de la realidad no son constituidas por el yo, sino negociadas entre todos los participantes en la interacción social. Pero también es cierto que la teoría de la intersubjetividad de Schütz se asienta en la de Husserl, sólo que aquélla cuenta con matices psicologistas y sociológicos. Por citar un ejemplo, Schütz continúa utilizando la analogía; por otro lado, su tesis general del alter ego implica que la corriente de pensamiento del otro muestra la misma estructura fundamental que mi propia conciencia, es decir, conozco al otro como un existente que tiene actitudes similares a las mías. Por referencia al Mí obtenemos el sentido de ser Nosotros; del mismo modo, por referencia al Nosotros, percibo claramente que yo soy, que los otros están fuera como Tús; por referencia al Tú, ligado al Nosotros y al Mí, se constituye el Ellos. De la tesis de la reciprocidad de perspectivas y de la tesis general de la existencia del alter ego, se deriva la reciprocidad de nuestras motivaciones y la interacción social. En este sentido, la teoría de la intersubjetividad de Schütz cae en una especie de psicologismo mitigado, porque confunde el mundo original de la experiencia con el mundo de la vida cotidiana o mundo de las interpretaciones del sentido comíin18. Como hemos repetido, Schütz nos dice que la intersubjetividad se origina en la rehción nosotros: sin embargo, no explica cómo sería posible una auténtica relación de este tipo, no quiere hacer incursiones en la ética. En cambio Husserl acepta esta tarea con toda su radicalidad; el método fenomenológico así lo exige ya que nos conduce a reconocer intencionalmente, en su integridad, 17. Cfr. Schütz, A. (1974). Tbe structures of the Life- World. London: Heinemann, p. 62. 18. Cfr. Hindess, H. (1 977). Pbenomenoloby and methodolua in the social sciences. University Harvesrer Press, p. 63. 56 Enrahonar 22, 1994 Ma Carmen LÓD~z Sáenz la personalidad de los otros, y a exigir ser, a la vez, ser reconocidos por ellos. El descubrimiento de este nudo interpersonal es un motivo ejemplar utilizado en la investigación moderna de las fuentes de la vida moral. En definitiva, con Schütz, la sociología cobra un status propio cuyo obje- to es la aprehensión empírica de las relaciones de los mundos sociales de la vida entrelazados entre sí; éstos preestructuran el ámbito objetual. La realidad social se entiende ahora como compendio de los sucesos que tienen lugar en el plano de la intersubjetividad, ignorado -aunque irremediablemente presupuesto- por el positivismo. La función del científico social consiste, según Schütz, en la explicación de cómo llega a producirse la comprensión mutua. No creemos que la sociofenomenología sea, como tantas veces se ha dicho, una corriente sociológica individualista, porque su intención es claramente antirreduccionista y dialéctica. Schütz no aceptó acríticamente las doctrinas de Husserl, sino que empleó la fenomenología como marco metodológico sobre el que asentar sus descubrimientos. Acusó a Husserl de no prestar atención a los problemas concretos de la sociedad, pero, a la vez, nosotros podríamos acusar a Schütz de no estudiar la estructura transcendental y noética y limitarse a sus efectos. Quizás los defectos de Schütz radican en su conexión de la teoría del significado con una teoría ingenua de la reflexión, que afirma que para que el proceso mental tienda a un significado debe ser un acto, un proceso intencional activo. Nosotros pensamos que una adecuada concepción de la intencionalidad debe incluir una comprensión de los procesos mentales (incluso los procesos pasivos) como intencionales, como constituyentes de sentido; de esta forma, la teoría del significado no queda limitada únicamente a los procesos activos. Esto puede ser una consecuencia de la concepción schütziana de la percepción y la reflexión como actividades simplemente pasivas. Por otro lado, Schütz afirma que Husserl se limitó a explicar la constitución de los otros en la esfera primordial; de ahí su recurso a la analogía y la consiguiente transformación del otro en un mero sujeto análogo. Schütz abandona, pues, la esfera transcendental y se afinca en el mundo de la vida, pero tampoco consigue comprender adecuadamente el problema de la intersubjetividad; lo único que hace es aplicar los conceptos husserlianos al mundo del sentido común. En nuestra opinión, la intersubjetividad transcendental, como estructura básica de la sociedad, de la humanidad y de las categorías que sirven para aprehender al hombre reflexivamente, no está vacía de sentido e incluso puede resultar operativa. Habermas emprende una interesante valoración de la teoría fenomenológica de la intersubjetividad, y afirma que Schütz, como Husserl, se quedó en una simple generalización de la propia experiencia19. Schütz se propuso hacer una ontología del mundo de la vida y no un análisis constitutivo transcendental, para clarificar las relaciones esenciales de la intersubjetividad y, consi- 19. Cfr. Habermas, J. (1988). La Lógica de las ciencias sociales. Madrid: Tecnos, p. 198. Intersubjetividad transcendental y mundo social Enrahonar 22, 1994 57 guientemente, la base de toda ciencia social. Nosotros nos preguntamos si ambos proyectos no se reducen a lo mismo. También Husserl aspiraba a una ontología de este tipo, y su fenomenología transcendental, en el fondo, le condujo al apriori del mundo de la vida. Schütz buscó en Husserl lo que le convenía e ignoró algunas de sus últimas producciones. A diferencia de él, Schütz se centró en el mundo de la vida cotidiana, en lugar de analizar las estructuras constitutivas del mundo social. Sin embargo, no definió claramente en qui! consistía la comprensión y cuál era la diferencia entre la comprensión del mundo de la vida cotidiana y la comprensión sociológica. En suma, Schütz y la sociofenomenología han tenido el mérito de definir y aplicar la metodología comprensiva a las ciencias sociales, de entender la comprensión como análisis fenomenológico del sentido y de prestar dinamicidad a la fenomenología aplicándole la dialéctica. Algunas conclusiones Como Schütz, estamos convencidos dle que los problemas esenciales de las ciencias sociales arrancan de la fenomenología y de la interrelación entre la filosofía y la sociología. Los análisis fenomenológicos de las múltiples esferas que componen el mundo social pueden suministrar indicadores empíricos de conceptos previamente construidos. Al mismo tiempo, elementos como stock de conocimiento, contexto motivacional, interés, sentido, etc., deben facilitar la puesta al día y la renovación de nuestros indicadores. Elucidar las reglas de correspondencia entre términos teóricos y empíricos es una tarea sociológica aún no desarrollada. La fenomenología nos abre a un programa de investigación útil para hacer aflorar la base semántica de toda conceptualización sociológica. Aunque la fenomenología es, por antonomasia, la fenomenología de Husserl, una teoría transcendental, que va más allá de la metodología para ser fenomenología ontológica, ha dado frutos -como hemos podido comprobarmúltiples y diversos, y aplicaciones distintas y variadas. La teoría de la intersubjetividad transcendental de Husserl es, ante todo, una invitación a proseguir y reconstruir su camino, por eso continuamos planteándonos preguntas desde el horizonte fenomenológico. En primer lugar, podríamos cuestionar la prioridad que la fenomenología concede a la presencia, y la asociación de ésta con la yoidad. El alter ego jes una representación o una presencia? En nuestra opinión es una presencia original (no derivada), que esconde un fondo apresentado, un cierto misterio. Para que éste se me abra, es preciso que le interrogue. El descubrimiento fenomenológico de la subjetividad y la intersubjetividad conducirán a superar todo tipo de objetivismo. En contra de éste, Husserl evitó convertir la sociedad en una abstracción frente al individuo. La duda que tenemos es si efectivamente lo consiguió. Husserl no logró concretar el sentido de la intersubjetividad, pero de ahí no podemos concluir que ésta sea un concepto vacío o un sistema que se impo-