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El principio de analogia en Leibniz

Orio de Miguel, Bernardino

Abstract

The metaphorical character of Leibniz's philosophical discourse is not mere chance. It stands upon a sound metaphysical foundation. The principle of analogy dominates his entire conception of the universe: the phenomenal order of things represents the metaphysical order of the spiritual substances. These epiritual units on their part again reflect one another analogically, so that in each and every one of these "monads", as Leibniz called them, we can find an echo of the whole universe. Deeply rooted in the theosophic-cabbalistic tradition of his time, Leibniz profusely develops throughout his works the hermetic principle that "what is above is like what is below and what is below is like what is above, so that perfect unity is achieved". With this background for reference we can understand the Leibnizian notion of universal harmony and the plasticity of expression in his metaphorical language.

Full text

En ahona 14, 1988, 33-61 El p incipio de analogía en Leibniz Be na dino O io de Miguel Lo que es a a iba es como lo que es á abajo, y 10 que es a abajo es como lo que es a a iba, pa a que se e i ique la pe ec a unidad. (Tabla de Esme alda) Mi g an p incipio de las cosas na u ales es el del A lequín Empe ado de la Luna, que siemp e, po odas pa es y en odas las cosas, odo es como aquí. (Leibniz a la eina So ía Ca lo a) Conoce la Na u aleza po Analogía (Leibniz a The eno ) ABSTRACT (The P incipie o analogy in Leibniz) The me apho ical cha ac e o Leibniz's philosophical discou se is no me e chance. I s ands upon a sound me aphysical ounda ion. The p inciple o analogy domina es his en i e concep ion o he uni e se: he phenomenal o de o hings ep esen s he me aphysical o de o he spi i ual subs ances. These epi i ual uni s on hei pa again e lec one ano he analogically, so ha in each and e e y one o hese «monads», as Leibniz called hem, we can ind an echo o he whole uni e se. Deeply oo ed in he heosophic-cabbalis ic adi ion o his ime, Leib- niz p o usely de elops h oughou his wo ks he he me ic p inciple ha "wha is abo e is like wha is below and wha is below is like wha is abo e, so ha pe ec uni y is achie edn. Wi h his backg ound o e e ence we can unde s and he Leibnizian no ion o uni e sal ha mony and he plas ici y o exp ession in his me apho ical language. Me p opongo, en es e b e e esc i o, llama la a ención sob e el pa icula ca ác e «analógico» del discu so ilosó ico de Leibniz, y bucea un poco en las azones me a ísicas que lo jus i ican. Todo lenguaje es me a ó ico desde el momen o en que su p opia na u aleza nos obliga a «deci » las cosas desde donde las cosas «no son» y, en de ini i a, a deci unas cosas po o as. Pe o el uni e so leibniziano es adicalmen e me a ó ico además en un sen ido pa icula es ic amen e e imológico: cada una de las subs ancias espi i uales que componen el uni e so «dice» y «exp esa» és e a su modo, y a la ez «es dicha» y ((exp esada)) po cada una de las ((o as)) subs ancias. Po su pa e, el mundo sensible cons i uye la exp esión ma e ial del «o den de coexis encia y codu ación de las subs ancias simples espi i uales)), de mane a que la exp esión me a ó ica que se e i ica en el o den espi i- ual de las subs ancias se ep oduce, ((po así deci lo)), en el mundo ex e io de los enómenos como en un isomo ismo me a ísico. Es o hace que de e minadas ó mulas lingüís icas u ilizadas cons an emen e po Leibniz, ales como pou ainsi di e, a peu p es comme, comme si, y me á o as como la del espejo, la de la ciudad, el es anque lleno de peces, el ebaño, el ejé ci o y o as mil, así como el cons an e sal o de unos ni eles on ológicos a o os, adquie an en el discu so ilosó ico de Leibniz un igo y una densidad me a ísica muy pa icula es, ausen es absolu amen e en odos los ilóso os de su época. Es e hecho nos obliga a lee a Leibniz desde pa áme os dis in os de los que u ilizamos, po ejemplo, en la lec u a de Desca es o Locke. Deseo p esen a aquí algunas ideas en es e sen ido, que desa olla é b e emen e en es pasos: p ime amen e se á el concep o leibniziano de la «A monía uni e sal)), del que se de i a la noción de subs ancia simple como «exp esión)> del uni e so, pa a comp ende así el ((lenguaje analógico)) del discu so ilosó ico de Leibniz. La a monía uni e sal Leibniz o muló desde jo en, y ue ma izando a lo la go de su dila ada ca e a, los cua o g andes p incipios lógicos del pensamien o y de la ealidad: el p incipio de con adicción, el p incipio de azón su icien e, el p incipio de la con inuidad y de la di isibilidad ac ualmen- e in ini a de la ma e ia, y el p incipio de los indisce nibles. Pe o es os cua o p incipios ue on descubie os po Leibniz den o de un «ma co e e encialn pa adigmá ico en el que se mo ió siemp e su pensamien o, y a la luz del cual debe se en endida oda su ayec o ia cien í ica y ilosó ica. Es a Wel anschauung leibniziana es, sin duda, la idea de la a monía uni e sal. Ya Kabi z hace muchos años, y an es que él Ri e , y más a de Mahnke, F iedmann y o os muchos se han ocupado de es a cues ión l. Leibniz cons i uye el úl imo eslabón, ya en los iempos mode nos y a eces con a co ien e, del p incipio he mé ico y eosó ico de la simpa ía o concomi ancia uni e sal de odas las cosas del uni e so. Esc ibe así en su época de Pa ís (1672-1676): Conside adas las cosas ec amen e, es ablezco como p incipio la a - monía de las cosa, es deci , que debe exis i cuan o mas de esencia sea posible. De aquí se sigue que hay más azón de se pa a la exis encia que pa a la no exis encia. Y que, si ue a posible, exis i ían odas las cosas 2. La a monia se de ine, pues, no sólo como el me o acue do de unas cosas con o as, sino como la máxima exigencia de in eligibilidad de las esencias posibles y la máxima exigencia de que exis a el máximo de esen- cias posibles, pues ales esencias ienden a la exis encia según su g ado de a monia, es deci , de in eligibilidad. Po eso hay más azón pa a la exis encia que pa a la no exis encia, pa a la a i mación que pa a la nega- ción. Exis e, pues, de hecho, lo que encie a más de se o de esencia, de acue do con el iejo p incipio pla ónico de ((10 mejo » como azón sup e- ma de ((10 que exis e». Ello nos obliga a no conside a aisladamen e una esencia o una ealidad cualquie a, sino a azona siemp e bajo la idea de la o alidad de las cosas. Debe á exis i , pues, una plu alidad de esencias dis in as en un conjun o bien o denado, donde cada cosa ocupe su luga . De aquí se sigue, con inúa Leibniz, que: ((exis i no es o a cosa que se a mónico)) 3. El uni e so se á así el conjun o de odas las esencias posi- bles composibles y, po an o, exis en es. Pe o, si debe exis i el máximo de se posible, debe habe se po odas W. KABITZ, Die Philosophie des jungen Leibniz, Heidelbe g 1909, Nachd uck de Ausgabe Heidelbe g, Olms Ve lag, Hildesheim, 1974, pp. 4-17; H. RITTER, Geschich e de Philosophie, Hambu g, 1853, Zwol e Teil, Sieben es Buch, Zwei es Kapi el, pp.3-4; 163-185; D. MAHNKE, Leibnizens Syn hese on Uni e salma hema ik und Indi idualme- haphysik, Halle 1925, acs. Neud uck, F ommann Ve lag, S u ga 1964, pp. 1-5; Id., Unendliche Spho e und Allmi elpunk , Halle 1937, acs. Neud . F ommann Ve lag, S u - ga 1966, pp. 16-19; G. FRIEDMANN, Leibniz e Spinoza, Gallima d, Pa ís 1944, pp. 30-33; R. HAASE. ((Leibniz und die Ha monikale T adi ion)), en S udia Leibniziana, supplem. 12, 1972, pp. 123-134; W. SCHENEIDERS, ((Ha monia Uni e salis)), en S ud. Leibniz, Band 16, 1984, pp. 27-41; Id., ((Chaos und Kosmos)), en Leibniz, We k und Wi kung, IV In e na io- nale Leibniz-Kong ess, Vo age, Hanno e , 14-19 no . 1983, pp. 694-696; R.C. SLEIGH, «No es On Ha monyn, en Leibniz, We k und Wi kung, op. ci , pp. 716-723; K. PARK. L. FASTON, L. GALISON, ((Bacon, Galileo and Desca es on Imagina ion and Analogy)), en Isis, ol. 75, núm. 277, pp. 287-326. * A. RIVAUD, «Tex es Inédi s de Leibniz publiés pa M. I an Jagodinsky)), Re ue de Mé aphysique e de Mo ale, 1914, p. 97; éase ((De e um O igina ione Radicali)), en C.J. GERHARDT, Die Philosophischen Sch i en on C. W. Leibniz, Olms Ve lag, Hildesheim 1965, 7 ols., ol. VI1 , p. 303. (En adelan e, ci a é siemp e po las iniciales Ph, núme o de olumen y página). ' A. RIVAUD, op. ci ., p. 97 pa es. No puede habe acío ni en la se ie de las esencias, ni en el espacio ni en el iempo: De es e p incipio (la a monia) se sigue que no debe habe acío alguno ni en las o mas, ni en el luga , ni en el iempo, en an o sea posible 4. Hemos de abandona , pues, la concepción a omis a de la ma e ia -á omos y acío- pa a admi i lo lleno y, po an o, la di isibilidad ac ualmen e in ini a de los cue pos y el p incipio de con inuidad, y odo ello de i ado de la a monia. En un p ecioso diálogo i ulado Pacidius Philale hi, que Leibniz esc ibió du an e su a esía en ba co de Ingla e- a a Holanda al inal de su es ancia en Pa ís (1676), esume de es a o ma el p incipio de con inuidad como consecuencia de la a monía. Habla Pacidius (Leibniz): Se á p eciso conside a la a monía de la ma e ia, del iempo y del mo imien o. Así pues, mi opinión es la siguien e: no exis e ninguna po ción de ma e ia que no es é ac ualmen e di idida en muchas pa es, de mane a que no exis e cue po alguno an exiguo que no con enga un mundo de in ini as c ia u as. De mane a semejan e, no exis e ninguna pa e del iempo en el cual no se de algún cambio o mu ación pa a cualquie pa e o pun o del cue po. Así que ningún mo imien o pe ma- nece idén ico a sí mismo po un espacio o iempo, po pequeño que sea; de o ma que an o el cue po como el espacio o el iempo es án ac ual- men e di ididos has a el in ini o. No exis e momen o alguno del iempo que no se de ina ins an áneamen e, o en el que no se dé mu ación, es deci , que no sea el in del es ado an e io y el p incipio del nue o es ado en cualquie cue po; sin emba go, no po ello se ha de admi i que el cue po y el espacio se di iden en pun os, o el iempo en momen- os, po que los indi isibles no son pa es, sino ex emos de pa es; po lo an o, aunque odas las cosas se subdi idan, no se esuel en en mínimos j. Pe o si hemos de llega a la e dade a concepción de la unidad de la subs ancia, y hay que llega , pues «una subs ancia no es una, si no es unan -esc ibi á ené gicamen e Leibniz al pad e Fa della y a A nauld-, hemos de enuncia a odo a omismo ísico y a oda monadología basada en ca esianismos más o menos camu lados, como lo e an el sis ema de los pla ónicos de Camb idge como Cudwo h, H. Mo e o F . M. an Helmon , y no admi i más subs ancia que el ((á omo me a ísico)); y és e, en consecuencia, no puede se ísico ni ma emá ico, sino espi i ual. El o igen, lo que e dade amen e es, es lo uno; odo lo demás son compues- os, ag egados, o pu as idealidades, no subs ancias. Así como las líneas, A. RIVAUD, op. ci ., p. 99. L. COUTURAT, C. W. Leibniz. Opuscules e F agmen s Inedi s, Olms Ve lag, Wiesba- den 1966, p. 622-623. que son inconcebibles sin los pun os, pe o no educibles a ellos, ienen sus leyes que las gobie nan, dis in as de las leyes de los pun os, así ambién el uni e so ísico que emos y ocamos con los sen idos es un conjun o o denado de se es compues os, gobe nados po leyes p opias mecánicas, que no es á hecho de esos pun os me a ísicos simples e indes uc ibles de núme o ac ualmen e in ini o, ni es educible a ellos, pe o se ía inexis en e sin ellos, lo mismo que ellos es án des inados sabiamen e pa a él. No hay, pues, subs ancia simple que no ac úe en algún compues o, ni alma espi i- ual que no posea algún cue po aunque sea muy su il. Lo explica así Leibniz al pad e Fa della en 1690: El cue po no es subs ancia, sino ag egado de subs ancias, pues siem- p e es ul e io men e di isible y cualquie a de sus pa es con iene siemp e o a pa e has a el in ini o (...). Así pues, además del cue po y los cue pos es necesa io que se den las subs ancias, a las que compe e la e dade a unidad; pues si se dan a ias subs ancias, es necesa io que se de una e dade a subs ancia. 0, lo que es lo mismo, si se da una plu alidad de en es c eados, es necesa io que se dé algún en e c eado e dade amen e uno. Pues no es concebible que subsis a una plu alidad de en es, sin que se conciba p ime o un en e uno, al que necesa iamen e se e ie a la plu alidad. Po lo an o, si no se die an cie as subs ancias indi iduales, no se da ían cue pos eales, sino sólo apa iencias o enómenos, como ocu e con el a co i is, si se elimina odo undamen o de la composición. Mas no po ello se ha de deci que la subs ancia indi isible o ma pa e de la composición del cue po, sino que cons i uye más bien sólo su equisi o in e no esencial. Como el pun o que, aunque no es pa e composi i a de la línea sino algo he e ogéneo a ella, se equie e, sin emba go, pa a que la línea pueda se in eligible 6. Pe o, jen qué consis e la na u aleza de es as subs ancias simples e indi isibles, si ellas han de unda el mundo sensible de los ag egados o cue pos en el iempo y en el espacio sin o ma pa e de ellos? És e ue el p oblema cen al de odo el pensamien o del siglo XVII: cómo explica adecuadamen e la elación cue po-espí i u sin con undi los, pe o sin des- ui a la ez la « ealidad» de ambos. En la B e is Demons a io E o is Memo abilis Ca esii, del año 1686, Leibniz había p obado que el p inci- pio ca esiano de la conse ación de la can idad de mo imien o (m ) iolaba el axioma básico de la dinámica que a i ma la equi alencia en e la causa y el e ec o, de mane a que la simple ex ensión ine cia1 no puede explica ín eg amen e la acción del mó il. Debía exis i , pues, en los cue pos, una ue za in e na no ex ensa -po an o, simple y espi i ual-: la ue za i a, que es la que e dade amen e pe manece cons an e (m 2). Ca a al pad e Fa della, Venecia, ma zo 1960, p oposi io 111, en A. FOUCHER DE CAREIL, Nou elles Le es e Opuscules Inédi s de Leibniz, Pa ís 1857, pp. 319-320. C . ambién ca a a A nauld, ab il 1687, en Ph. 11, 98. En consecuencia, el ca esianismo no explicaba las leyes del mo imien o ni el sis ema del uni e so. No se ab ía, pues, pa a Leibniz, en el ho izon e concep ual de su iempo, más que la ieja adición espi i ual eosó ica, alquímica y caba- lís ica, en la que de jo en se había iniciado y que nunca abandonó, pe o que aho a, con las nue as he amien as concep uales p opo cionadas po las ma emá icas y la dinámica, o ecía a sus ojos la base más amplia de la anhelada Philosophia Pe ennis, a cuya cons ucción él podía apo a jus amen e el a mazón acional que necesi aba. Si Dios es espí i u, decía la adición eosó ica, oda subs ancia c eada ha de se lo. El espí i u gobie na el mundo; el espí i u es ida, y la ida - epi e ambién Leibniz incansablemen e- es á (( épandue pa ou )). Pe o, en onces, json la ma e ia y el espí i u una misma cosa? És a había sido la en ación en la que había caído la amplia y ambigua adición espi i ualis a y i alis a de la que Leibniz p ocedía. E a na u al, en e ec o, ampa a se en la idea de que los cue pos no ue an sino la exp esión ex e na del g ado de emb u eci- mien o, congelación u obscu ecimien o de los espi i us, que medi ía el g ado de alejamien o de és os espec o de Dios po el pecado. Pe o la noción de cona us ( ue za i a) y su exp esión ma emá ica median e el análisis de los in ini ésimos colocaba a Leibniz en condiciones de ompe el dilema ca esianismo e sus espi i ualismo. La esencia de los cue pos no consis e en la ex ensión. És a no es nunca de ini o ia de ninguna subs ancia, pues oda subs ancia ha de se una y, po an o, indi isible y espi i ual. Los cue pos no son, pues, subs ancias, sino ag egados de subs- ancias. No obs an e, los cue pos son una ealidad, no me os enóme- nos de las subs ancias o pu os espí i us congelados, como pensaban los eóso os. Po ello, Leibniz debió elabo a la noción de cue po como algo no subs ancial pe o eal, y dis in o de la subs ancia, y explica el espacio, el iempo y odo el uni e so enoménico desde el concep o adicional de ((pun o de is an, que ep esen a y es ep esen ado po cada subs ancia simple. Pa a ello, además, debió in oduci las nociones de ((exp esión del uni e so)), y de (( elación de coexis encia y de du ación de la subs ancias en e sí)) como undamen o de lo sensible, jun o con la doc ina de las pe cepciones conscien es y de las ((pequeñas pe cepciones)) que pe mi en explica la conciencia, la pe manencia del Yo, la ex ensión sensible, la du ación y, en gene al, el mundo mecánico como algo eal, con sus p opias leyes, pe o no subs ancial, lo cual e a la c uz y la pesadilla de la adición ilosó ica. Leibniz pa e así de la noción adicional de a monía uni e sal como concepción global del uni e so, y pasa po el concep o ambién adicio- nal -y cabalís ico- de la subs ancia como ((unidad)) (sólo lo uno es eal), pa a desemboca en la desc ipción de la subs ancia como «exp e- sión)) del uni e so. La subs ancia simple como ((exp esión)) del uni e so Pe o, ¿de qué mane a es á conec ado en el pensamien o leibniziano el p incipio de a monía, concomi ancia, conspi ación o simpa ía de odas las subs ancias con la a i mación de que cada una de ellas «exp esa» el uni e so? Leibniz ecu e aquí a la noción de uni~~e so in eligible. En e ec o, Leibniz e a he ede o, y a la ez c í ico, de la noción neopla ónica de uni e so in eligible, o conjun o de esencias posibles exis en es en la men e di ina y coe e nas con Dios, según hemos is o en el p ime ex o an es ci ado, donde Leibniz conec a a monía, esencias posibles y exis en- cias eales. Veamos cómo azona el ilóso o. En un ex enso comen a io al Ellucida ius cabalis icus de Geo ge Wach- e , que Leibniz esc ibió en e 1706 y 1710, p ecisa es os concep os en abie a polémica con Spinoza. Según és e, in e p e a Leibniz, Dios es la única causa de odas las cosas, no sólo en cuan o a su esencia, sino ambién en cuan o a su exis encia; es deci , Dios no sólo es causa de las cosas secundum ie i, sino ambién secundum esse. Leibniz eplica así: Las esencias pueden se concebidas en cie o modo sin Dios, pe o las exis encias dependen de Dios. La p opia ealidad de las esencias en cuan o que in luyen en las exis encias depende de Dios. Las esencias de las cosas son coe e nas con Dios. Y la p opia esencia de Dios incluye odas las demás esencias, de mane a que Dios no puede se pe ec amen- e concebido sin ellas. Pe o la exis encia no puede se concebida sin Dios, que es su úl ima azón 7. El e o de Syinoza, comen a Leibniz, es habe con undido la «espe- cie» con el ((indi iduo)): El axioma «a la esencia de una cosa pe enece aquello sin lo cual no puede se ni se á concebida)) debe se empleado en lo necesa io o espe- cies, no en los indi iduos o con ingen es. Pues los indi iduos no pueden se concebidos dis in amen e. De aquí que no engan conexión necesa ia con Dios, sino que son p oducidos lib emen e. Dios se inclinó hacia ellos ((de e mina a a ione, sed non necessi a us)) *. Animad e siones ad WACHTER'S «Ellucida ius Cabalis icus», 1707, edi ado po A. FOUCHER DE CAREIL, Ré u a ion Inédi e de Spinoza pa Leibniz, Mémoi e de, Pa is 1854, p. 24. A. FOUCHER DE CAREIL, op. ci , pp. 25-26; éase ambién p. 36. En e lo necesa io y lo o ui o -añade ené gicamen e Leibniz- es á lo lib e: El mundo es un e ec o de Dios, olun a io, sed ob a iones inclinan es seu p ae alen es 9. Ajus ando más los concep os, se pod ía incluso dis ingui dos es e as, o si se p e ie e, dos mundos in eligibles en Dios -esc ibe Leibniz en 1694 comen ando un pequeño lib o i ulado Sede Olam-: el mundo de las ideas simples, que es el mundo del en endimien o di ino, y el de los dec e os, es deci el de las ideas esolu i as o p oyec adas, que es el mundo de la olun ad di ina. Y es e mundo ejecu ado es el uni e so de la Na u aleza, compues o de dos einos: el de los espí i us que Dios gobie na como P íncipe, como una pe sona gobie na a o as pe sonas, y el de los cue pos, que gobie na como a qui ec o o maquinis a. Es os dos einos se pene an y se in e esponden p o undamen e sin que el uno pe ube las leyes del o o, ejecu ando cada uno de ellos lo que es á en el mundo ideal del Ve bo Di ino lo. De es a mane a, Dios, lib emen e median e los dec e- os esolu i os, «exp esa» en los dos einos de la na u aleza el uni e so de las esencias o ideas simples. Pe o lo p oducido, la subs ancia, el alma, no es una idea sino uen e de innume ables ideas. Pues posee, además de la idea p esen e, algo ac i o o p oducción de nue as ideas (...). El alma es, pues, algo i al que con iene ue za i a 'l. La necesidad que Leibniz expe imen a de dis ancia se de Spinoza le empuja a dis ingui las esencias de los exis en es pa a no con e i a és os en pu os modos de la Di inidad, no dis inguibles ealmen e de és a. Pe o las p emisas eó icas que ha es ablecido, p obablemen e co ec as -dis- inción en e esencia y exis encia-, no implican que la subs ancia o alma o en elequia haya de posee p ecisamen e aliquid i ale. Es a impo an e conclusión le iene a Leibniz po o os conduc os, y es impo an e ene lo bien en cuen a pa a comp ende su peculia modo de azona . Uno de esos conduc os es la demos ación de que en las leyes de la dinámica no es la can idad de mo imien o (m ) lo que se conse a, sino la ue za i a (m 2); según ello la sola ex ensión como de inición de los cue pos es insu icien e pa a explica la na u aleza: hay que pos ula aliquid plus. A. FOUCHER DE CAREIL, Op. ~i , p. 48. 'O ((Su un pe i li e i ulé Sede Olam, publié en i on 1693 ou 1694)>, Leibniz' Hand- sch i en, ol. 1 (Theol.), V. 2d, o1.22 y 22 , en el Leibniz-A chi de la Landesbiblio hek Hanno e . El ex o ue publicado po A. FOUCHER DE CAREIL, Leibniz. La Philosophie JuiLe e la Cabale, Pa ís 1861, pp. 49-54. Sede Olam es, en e ec o, un peque io lib o edac ado po P. Buchius y que con iene algunas de las ideas eológicas y ilosó icas del eóso o belga F ancisco Me cu io an Helmon , con quien Leibniz man u o es echa ela- ción pe sonal e in elec ual. " A. FOUCHER DE CAREIL, Ré u a ion, p. 46; c . ambién p. 28. Pe o, po o a pa e, es e descub imien o, del que Leibniz se sen ía an o gulloso, ab ía pa a él la posibilidad inaudi a de supe a a la ez el a is o elismo de la Escuela y el ca esianismo, y conec a con el espi i ua- lismo de la adición eosó ica, sin des ui no obs an e la ealidad de lo sensible: es necesa io un p incipio me a ísico que dé azón de los enóme- nos de la na u aleza. El espinosismo y el ca esianismo conducen ambos al na u alismo, es deci , al a eísmo. Sólo el espi i ualismo i alis a acio- nalmen e o mulado es capaz de explica las leyes de la na u aleza. Po eso, sen encia la cues ión de la siguien e mane a: Dice Spinoza (E h. P. 1, p op. 16) que de la necesidad de la na u aleza di ina deben segui se en una in inidad de modos una in inidad de cosas (es deci , odo lo que puede cae bajo un en endimien o in ini o). Opi- nión alsísima, y és e es el mismo e o que insinuó Desca es, a sabe , que la ma e ia puede ecibi sucesi amen e odas las o mas. Spinoza comienza donde e mina Desca es: en el na u alismo 12. No quedaba, pues, más que el espi i ualismo, co igiendo na u almen- e la con usión cue po-espí i u. És e es el p oyec o de Leibniz. Cómo el espi i ualismo de la adición eosó ica e a i alis a o pam- psiquis a, y cómo la Monadología de Leibniz es ambién i alis a, es un ema en el que aho a no con iene en a po azones me odológicas. Re engamos solamen e de lo dicho has a aquí lo siguien e: las esencias son en la medida de su ((g ado de in eligibilidad)), y és e es la azón de que Dios se de e mine lib emen e a hace las exis en es; cada subs ancia c eada es, pues, la aducción o exp esión o ep esen ación indi idual del luga que ocupa en el uni e so in eligible en la men e de Dios. Pe o Leibniz se ap es a a saca de aquí una se ie de consecuencias impo an es. Veamos. Como cada luga ideal en la a monía uni e sal es i epe ible, Único, se sigue que cada subs ancia ambién lo es, y po lo an o se indi idualiza po dicho luga , po su «pun o de is a)), y se di e encia de odas las demás subs ancias más que solo nume o de i ado de la especie; no hay, pues, especies, sino indi iduos. És e es, y no o a cosa, el amoso p incipio leibniziano de los indisce nibles, que Leibniz c ee encon a incluso en san o Tomás de Aquino 13. Po o a pa e, si cada subs ancia es un pun o de is a de odo el uni e so, se sigue que pod á habe -en la medida en que sean en e sí composibles- an as subs ancias como posibles pun os de is a, es deci , in ini as: és e es el p incipio de con inuidad. De odo ello se desp ende que lo que cada subs ancia es y se á, hace o ha á, nace de su p opio in e io , de su p opia espon aneidad, de su p opia na u aleza ep esen a i a, de mane a que el l2 A. FOUCHER DE CAREIL, A. Ré u a ion, pp. 47-48. l3 Ca a a A nauld, 14 de julio de 1686, Ph. 11, p. 54. La conjunción causal enim no puede signi ica aquí el undamen o o azón lógica de la espon aneidad de la subs ancia indi idual, algo así como si Leibniz hubie a llegado a concebi el as o uni e so de la a mo- nía de las subs ancias desde el análisis lógico de las p oposiciones analí i- cas. Más bien las p oposiciones analí icas «mues an», «son es imonio)) o ejemplos o o mulaciones lingüís icas isomó icas con una ealidad on ológica. És a es, c eo, la única in e p e ación cohe en e con el discu so que Leibniz iene haciendo a su co esponsal sob e el uni e so in eligible, como lo con i man las palab as que añade a con inuación: Pues, si yo no hicie a es e iaje, hab ía una alsedad que des ui ía mi noción indi idual o comple a, o sea, lo que Dios concibe o concebía de mí an es incluso de decidi c ea me; pues es a noción encie a sub a io- ne possibili a is las exis encias o e dades de hecho o dec e os de Dios, de las que dependen los hechos 30. La di e encia en e una ((subs ancia indi idual)) y su ((noción)), es deci , la di e encia en e el ni el on ológico y el lógico-lingüís ico de la ealidad, no p eocupa a Leibniz, es i ele an e o, mejo , inexis en e. No es, po lo an o, un p oblema a e igua cuál de los dos es an es, o quién depende de quién; ambas son o mas dis in as de exp esa una misma ealidad: la a monía y la coexis encia de las subs ancias indi iduales. Lo que p eocupa al ilóso o es deja bien cla o que la subs ancia indi idual Leibniz o, lo que es lo mismo, la noción indi idual «Leibniz» se indi i- dualiza po sí misma, po el luga único e i epe ible que ocupa en la a monía del uni e so in eligible, y que po lo an o es la misma la que es u o p ime o en Pa ís y luego es á en Alemania. Mas, pa a pode explica es a con inuidad y hace la compa ible con el concep o de unidad de oda subs ancia, no enemos más emedio que admi i que cada subs- ancia lle a en sí, desde su c eación, odo lo que le ha de ocu i : de lo con a io, no se ía una y la misma. Y si lo que ha de ocu i le se á un ac o lib e, end emos que a i ma que en la noción de al subs ancia indi idual, al se pensada como posible, han de queda incluidos ambién como posibles odos los dec e os lib es de Dios al decidi c ea la. De ahí que incluya en su noción odo lo que en cualquie momen o hubie a de ocu i le. Pe o obsé ese aho a la apa en e ci cula idad del a gumen o leibnizia- no: la noción de la subs ancia indi idual Leibniz debe se comple a y ence a odo lo que le ocu a en el iempo ...; y, po lo an o, el hecho de que ha á un iaje a Pa ís. Pe o, si no lo hubie a hecho, se ía incomple a y, po lo an o, alsa. Luego en la noción «Leibniz» es á incluido que ha ía lib emen e el iaje a Pa ís. Pa ece ue a de luga a ibui a Leibniz 30 Ibid., p. 52. an bu da de inición ci cula : la subs ancia indi idual debe se comple a, es deci , e dade a; y pa a ello ha de inclui en sí odos sus posibles p edicados o acon ecimien os; po que de lo con a io no se ía comple a y e dade a, sino incomple a y, po an o, alsa. Lo que ocu e, en mi opinión, es que el concep o de e dad que maneja Leibniz aquí - e dad analí ica- y su co espondien e p oposición analí ica (p aedica um ines subjec o) no es o a cosa sino la exp esión lógico-lingüís ica de la a monia p ees ablecida, que es la que exige el concep o de noción comple a, es deci , subs ancia una o hecha de una ez po odas: de ahí la equi alencia en e subs ancia indi idual, noción comple a, noción e dade a y ((10 que Dios concibe)). Po eso cada subs ancia -o cada noción e dade a- es una ep esen ación comple a, a su modo y desde su luga o pun o de is a, de odo el uni e so. Exis e así una necesa ia co espondencia biuní- oca o equipo en e en e el uni e so de la ealidad y el uni e so del lenguaje. Po eso el é mino «demons ación» u ilizado po Leibniz en es os con ex os signi ica ((mos a es o po aquello)), ((hace e es o desde aquello)), y no ((deduci es o de aquello)): la mejo mues a -p ue- ba analógica- de que la subs ancia indi idual encie a en sí odos sus posibles acon ecimien os, la encon amos en el hecho de que en oda p oposición e dade a la noción del suje o encie a la noción de cualquie posible p edicado, pues an o en un caso como en o o debe habe algún undamen o de la conexión de los é minos, que debe encon a se en sus nociones. Y al conexión es, en de ini i a, el luga ep esen a i o que cada subs ancia ocupa en la a monia uni e sal y que se mani ies a en odos los ó denes del se . He aquí el esumen que hace Leibniz: En in, ya he dado una azón decisi a, que pa a mí es como una demons sción: y es que siemp e, en oda p oposición a i ma i a, e - dade a, necesa ia o con ingen e, uni e sal o pa icula , la noción del p edicado es á comp endida en cie a mane a en la del suje o, p aedica- um ines subjec o; pues, si es o no es así, yo ya no sé qué es la e dad. Así pues, yo no pido aquí más conexión que la que se encuen a a pa e ei en e los é minos de una p oposición e dade a, y es sólo en es e sen ido en el que digo que la noción de la subs ancia indi idual encie a odos sus acon ecimien os y odas sus de e minaciones, incluso las que ulga men e llamamos ex ínsecas (es deci , las que no le pe e- necen más que en i ud de la conexión gene al de las cosas y de lo que en ella exp esa odo el uni e so a su mane a), pues es necesa io que haya siemp e algún undamen o de la conexión de los é minos de una p oposición, que debe encon a se en sus nociones 3'. Es deci , que, de la misma mane a que pa a que una p oposición sea e dade a es necesa io que haya alguna conexión en e la noción del p edicado y la del suje o y, po an o, aquélla ha de es a de alguna " Ibid., pp. 56-57 mane a incluida en és a, así ambién pa a que una subs ancia indi idual sea una, e dade a y comple a, debe ene siemp e conexión con odo lo que en el u u o le ocu i á y, po an o, ha de ene lo ya desde siemp e incluido en ella. Así, el luga que ocupa cada esencia posible en el uni e so in eligible es ((exp esado)) median e el pun o de is a de cada subs ancia indi idual, la cual, pa a se una y comple a, debe saca de sí misma -es deci , de su pun o de is a o si us- odo lo que le ocu i á; lo cual sólo puede da se cuando lo que le ocu a no sea sino el desen ol imien o del o den de coexis encia con el es o de las subs ancias indi iduales, la a monía uni e sal 32. És e es el sen ido ue e del concep o de analogia leibniziana: una subs ancia se dice y se exp esa po o a, pues cada una es una ((concen- ación del uni e so)) en a monía 33. El lenguaje analógico de Leibniz No c eo necesa io en a aquí en más p ecisiones. Lo dicho puede bas a pa a que se ab a a los ojos del lec o un nue o ho izon e de lec u a del imp e isible genio de Leibniz. Ya Cassi e ad i ió que el p incipio de analogia es una ley me a ísica del leibnizianismo 34, y úl imamen e Be - nha d S icke se ha ocupado de la analogía en el es udio leibniziano de la na u aleza 35, pe o en es e e eno es á casi odo po hace , a pesa de la ingen e p oducción bibliog á ica ya exis en e sob e el ilóso o. Ya he dicho más a ás que la analogía es una exp esión de la a monía uni e sal, pe o la inc eíble osadía con que Leibniz aspasa odos los ni eles y la o az u ilización (que algunos han llamado ((sinc e is a))) que el ilóso o hace de odos los ma e iales a su alcance nos obliga a p egun a nos dónde es á si uada la mónada Leibniz y cuál es su pun o de is a, si que emos en ende su lenguaje. En mi opinión, Leibniz es á inme so en lo que agamen e llamamos (( adición eosó ico-cabalís ica», y su p oyec o i al 32 Esc i o a Cla ke, núm. 91, Ph. VII, 412. 33 Éclai cisse nen des Di icul és que M . Bayle a ou ées dans le Sys e ne Nou eau de I'union de I'ü ne e! du co ps, 1698, Ph. IV, p. 518. C . ambién Ex ai du Dic ionnai e de M . Bayle, A . Ro a ius, 1702, Ph. IV, pp. 524, 553, 562. Conside o innecesa io mul ipli- ca las e e encias que Leibniz hace cons an emen e al concep o y al análisis de la (( ep esen- ación)). Puede lee se en cualquie a de sus páginas de la co espondencia con A nauld, con Fouche , en el Discu so de Me a ísica y en la polémica con Bayle con ocasión de la publicación del Dic ionnai e His o ique de és e úl imo en 1701-1702. 34 E. CASSIRER. Leibniz' Sys e n in seinen Wissenscha lichen G undlagen, 1902, Olms Ve lag, Hildesheim 1962, p. 398. 35 Be nha d STICKER, ((Na u am Cognosci pe Analogiam. Das P inzip de Analogie in de Na u o schung bei Leibnizn, en el ol. E ah ung und E kenn nis, Ve lag Ge s enbe g, Hildesheim 1976. e in elec ual consis ió en in oduci o den, cla idad y azón en es a co ien- e uni e sal de pensamien o que él llamaba Philosophia Pe ennis. En es e sen ido espe o pode o ece algunas cosas en una esis que p esen a é en b e e. Po el momen o, y pa a e mina es a b e e p esen ación de las pi ue- as analógicas de Leibniz, nada mejo que deja le habla a él mismo con el mínimo de mediación po nues a pa e. Desde el De P incipio Indi idui del año 1663, has a la Monadologia y los P incipios de la Na u aleza y de la G acia, esc i os en íspe as de su mue e, oda la ab umado a ob a de Leibniz es á a a esada de pa e a pa e po la analogía y la unidad on ológica del uni e so, de la que él hace uso lingüís ico en odo momen o. Copia é sólo algunos ejemplos, ogando al lec o obse e cuidadosamen e las o mulaciones compa a i- as, causales y consecu i as del discu so de Leibniz. a) En múl iples ocasiones Leibniz o muló explíci amen e el p incipio de analogía con una iqueza de ma ices admi able y con e ocaciones his ó icas muy signi ica i as. En la Hypo hesis Physica No a del año 1671, Leibniz ecoge la adi- ción eosó ica del mac o-mic ocosmos, y la de inición ecu si a del uni- e so has a lo in ini amen e pequeño de los ((mundos incluidos en o os mundos)), doc inas que desa olla á « acionalmen e» a lo la go de oda su ida. Tal concepción del mundo iene un undamen o on ológico que es la uni o midad y la con inuidad de las leyes de la na u aleza, de las que de i a la u ilización analógica de odos sus elemen os: Con iene sabe , como ya obse a on aquellos p ecla os mic óg a os Ki che y Hook, que la mayo ía de las cosas que noso os obse amos en los enómenos g andes, algún lince lo ap ehende á en p opo ción en lo pequeño, y si se sigue el p oceso has a el in ini o, lo cual es cie a- men e posible pues el con inuo es in ini amen e di isible, cualquie á o- mo se á como un cie o mundo de especies in ini as, y se da án mundos incluidos en o os mundos has a el in ini o 36. La P o ogea, esc i a po Leibniz en 1691, es desg aciadamen e una de las ob as menos conocidas del ilóso o, y, sin emba go, posee, aunque el ema no lo pa ezca, un eno me in e és ilosó ico. En ella se plan ea nada menos que la hipó esis de la analogía como (( undamen o de la e dad)): pues o que las pied as que salen de las manos de la na u aleza no hablan ni pe mi en conoce su o igen, se p egun a Leibniz si no pod emos encon- a alguna si uación de o igen análogo en la ida y en la p oducción de las ob as de los homb es. Es a p egun a emi e a o a impo an e cues ión 36 ((Hypo hesis Physica No a: Theo ia Mo us Conc e i)), núm. 43, Ph. IV, p. 20!; éase ambién núm. 44. de la que ya se había ocupado la adición eosó ico-alquímica: jexis e lími e o sepa ación en e las ob as de la na u aleza y las ob as del a e? De la misma mane a que desde Keple hemos conocido la homogeneidad de las leyes de los cue pos celes es y los cue pos e es es, así ambién exis e la con inuidad en odas las ob as de la na u aleza. ((Neque enim aliud es Na u a quam A s quaedam Magna)), a i ma Leibniz haciendo una explíci a e e encia a la me a ísica alquímica. Y es o es así -comen a S icke 37- po que Leibniz es aba con encido de la unidad de odas las cosas na u ales y de su cla i icación uni a ia. Leamos es e bello agmen o de la P o ogea: C eo que ha á una buena cosa quien elacione con cuidado los p o- duc os de la na u aleza ex aídos del subsuelo con las p oducciones de los labo a o ios (así llamamos a las o icinas de los químicos), pues o que apa ece con ecuencia una admi able semejanza en e las cosas na u ales y las a i iciales. Po que, aunque el iquísimo pad e de las cosas iene pode pa a asigna múl iples causas a una misma cosa, p e ie e sin emba go la cons ancia en la a iedad. Cosa g ande es, pa a el conocimien o de las cosas, consegui una única azón de su p oduc- ción: lo mismo que los geóme as de i an de un único modo de desc ibi una igu a odas sus p opiedades. Po o a pa e, cuando apa ecen ins umen os y en ases elacionados, ales como uego con azu es, aguas con sales, y clases de ie as y pied as, que son comunes a nues- as o icinas y a las de la na u aleza, es más segu o asigna un o igen semejan e a cue pos elacionados en e sí que imagina a p io i un o igen di e so sin ningún expe imen o. Pues la na u aleza no es o a cosa que un g an a e: no siemp e se dis inguen pe ec amen e las cosas na u ales de las a i iciales; y poco impo a que una misma cosa pueda se descubie a en la agua po un Dédalo Vulcano o la saque a la luz un can e o de las en añas de la ie a 38. El pe íodo que a de 1700 a 1710 cons i uye la época más eliz de la ida de Leibniz. Uni e salmen e econocido como ilóso o y cien í ico, mimado y ene ado po la eina So ía Ca lo a de P usia, Leibniz edac a en es a época alguno de los esc i os más p ecisos y ajus ados de su inago able p oducción. La Teodicea, los Nue os ensayos, las Conside a- ciones sob e el Espí i u Uni e sal Único, las Conside aciones sob e las na u alezas plás icas, la admi able co espondencia con lady Masham y con la p opia So ía Ca lo a, que ue la inspi ado a de casi odos es os esc i os. Leibniz o mula con más p ecisión que nunca el p incipio de analogía, y nos o ece las sín esis más pe ec as de la Philosophia Pe en- nis que jamás salie an de su pluma. 37 <<Hypo hesis Physica No a)), Ph. IV, pp. 160-163. 38 <<G.G. Leibnizii PROTOGAEA si e de P ima acie Tellu is e an iquissimae his o iae es igiis in ipsis na u ae monumen is disse a io, es schedis manusc ip is i i illus is in lucem edi a a Ch is iano Ludo ico Schedio)), en L.G.G. DUTENS, Leibnizii Ope a Omnia, Gineb a 1768, pa . IX, ol. 11, 2, p. 209. Lady Masham e a hija del pla ónico de Camb idge Ralph Cudwo h, con quien Leibniz man u o la polémica sob e las na u alezas plás icas. En casa de lady Masham se alojó Locke en sus úl imos iempos, y en ella mu ió (1704), siendo la dama inglesa, jun o con el diplomá ico Bu ne de Kenney, la in e media ia en e Leibniz y Locke. Tu o, pues, buen cuida- do el ilóso o de ma iza , co egi y eesc ibi sus ca as con la máxima p ecisión. En mayo de 1704 esc ibe Leibniz a lady Masham: Como yo es oy o almen e po el p incipio de uni o midad que c eo que la na u aleza obse a en el ondo de las cosas al mismo iempo que a ía en sus mane as, g ados y pe ecciones, oda mi hipó esis iene a econoce , en las subs ancias alejadas de nues a is a y obse ación, una sue e de p opo cionalidad espec o de las que es án a nues o alcance. Así, dando po sen ado aho a que hay en noso os un se simple do ado de acción y pe cepción, concluyo que la na u aleza es a- ía poco o denada si es a pa ícula de ma e ia que hace nues os cue pos es u ie a sola, do ada de lo que la hicie a in ini amen e di e en e del es o (incluso en ísica) y comple amen e he e ogénea espec o a odos los o os cue pos conocidos. Es o me pe mi e juzga que hay po odas pa es ales se es ac i os en la ma e ia, y que no exis e más di e encia que en la mane a de la pe cepción (.. .). Mas pa a conse a la analogía an o del u u o o pasado como de los o os cue pos con lo que noso os expe imen amos en el p esen e en los nues os, yo sos engo que no sólo es as almas o en elequias ienen odas ellas una clase de cue po o gánico con ellas p opo cionado a sus pe cep- ciones, sino que lo end án siemp e y siemp e lo han enido, mien as han exis ido: de sue e que no sólo se conse a el alma, sino incluso el animal mismo (o lo que el animal iene de analogía con el alma, pa a no dispu a de nomb es), y que así la gene ación y la mue e no pueden se más que desen ol imien os y en ol imien os, de lo que la na u aleza nos da isiblemen e algunas mues as según es su cos umb e, pa a ayu- da nos a adi ina lo que ocul a (...). Es o me hace opina ambién que no hay espí i us en e amen e sepa ados de la ma e ia, a excepción del p ime o y sobe ano Se , y que los genios (espí i us supe io es), po ma a illosos que puedan se , es án siemp e acompañados de cue pos dignos de ellos. Lo que debe deci se ambién de las almas sepa adas de es e cue po g ose o. De aquí pod á us ed e , Seño a, que odo es o no es más que supone que po odas pa es y siemp e odo es como en e noso os y en el p esen e (excep uando lo sob ena u al), siendo sólo los g ados de pe ección lo que a ía; y dejo a su juicio opina si puede habe una hipó esis más simple, po lo menos, o más in eligible 39. Como e a su cos umb e, Leibniz da cuen a a So ía Ca lo a de la la ga ca a en iada a lady Masham. en la que le explico -dice- que mi g an p incipio de las cosas na u ales es el del A lequín Empe ado de la Luna (...), y es que siemp e 39 Te ce a ca a de Leibniz a lady Masham. Hanno e , mayo 1704, Ph. 111, pp. 339-340. y po odas pa es y en odas las cosas odo es como aquí. Es deci , que la na u aleza es uni o me en el ondo de las cosas, aunque haya a ie- dad en más y en menos y en los g ados de pe ección 40. Y en el esumen inal de las Conside aciones sob e los p incipios de ida y sob e las na u alezas plás icas ma iza así: An es de e mina se á quizás bueno esal a , en e o as en ajas de mi sis ema, la de la uni e salidad de las eglas que yo empleo, y que no su en excepción en una iloso ía gene al, lo que no ocu e en los demás sis emas. Po ejemplo, ya he dicho que las leyes mecánicas no son jamás ioladas en los mo imien os na u ales; que se conse a siemp e la mis- ma ue za y la misma di ección; que odo se ob a en las almas como si no hubie a cue pos, y que odo se ob a en los cue pos como si no hubie a almas; que no hay pa e de espacio que no es e llena; que no hay pa e de la ma e ia que no es e ac ualmen e di idida y no con enga cue pos o gánicos; que hay ambién almas po odas pa es como hay cue pos po odas pa es; que las almas e incluso los animales subsis en siemp e; que los cue pos o gánicos no es án jamás sin almas y que las almas no es án jamás sepa adas de odo cue po o gánico; aunque es cie o, no obs an e, que no hay po ción de ma e ia de la que se pueda deci que es á siemp e a ec ada de la misma alma. No admi o, pues, que haya almas en e amen e sepa adas po na u aleza, ni que haya espí i us c eados en e amen e desp endidos de odo cue po, en lo que sigo la opinión de muchos an iguos Pad es de la Iglesia. Sólo Dios es á po encima de oda ma e ia, pues o que es su au o ; pe o las c ia u as lib es o libe adas es a ían apa adas de la unión uni e sal y se ían como de- se o as del o den gene al. Es a uni e salidad de las eglas es á jus i ica- da po una g an can idad de explicaciones, pues o que la uni o midad que yo c eo obse a en oda la na u aleza hace que po odo, en odo iempo y en odo luga se pueda deci que odo es como aquí, según g ados de amaño y de pe cepción; y que así las cosas más alejadas y las más ocul as se explican pe ec amen e po la analogía de lo que es isible y p óximo a noso os 41. El p incipio he mé ico-alquímico ((lo que es á a iba es como lo que es á abajo, y lo que es á abajo es como lo que es á a iba, pa a que se ealice la pe ec a unidad)), que había sido alimen o espi i ual y pun o de a anque de la especulación eosó ica, que encon amos o mulado en la Tabla de Esme alda medie al, y al que no ue ajena - éase Koy é y Kuhn- la o mulación de las Leyes de Keple , ecibe en Leibniz su exp esión sis emá ica con la inco po ación de los descub imien os ma e- má icos (cálculo di e encial o in eg al), con las leyes de la dinámica ( ue - za i a y concep o de cona us), y con los descub imien os biológicos en o no a la exis encia y e olución de los mic oo ganismos (Leeuwenhoek). Po eso Leibniz e mina siemp e sus esúmenes anunciando la u ilización 40 Ca a del 8 de mayo de 1704 a So ía Ca lo a, Ph. 111, p. 343 4' Ph. VI, pp. 545-546. uni e sal de la analogía, aun a cos a de aden a se lógicamen e en eo ías an poco <<mode nas» como la del cue po su il, la de la no exis encia de almas sepa adas de alguna ma e ia, la negación del nacimien o y de la mue e, e incluso un cie o g ado de ansmig ación de las almas, a pesa de la epugnancia na u al que expe imen aba espec o a es a eo ía en la que los eóso os, sus amigos, no habían enido más emedio que cae . Pa a no ala ga demasiado es e esc i o, ecomiendo la lec u a de los siguien es pasajes de los Nue os Ensayos: P e acio (Ph. V, 50-52); Lib o 1, cap. 1 (Ph. V, 63-66); Lib o 11, cap. 27, pa . 8 (Ph. V, 216-217); Lib o 11, cap. 27, pa . 15 (Ph. V, 222-223), donde se descub i á has a qué ex emos lle ó Leibniz las consecuencias del p incipio de analogía y su con encimien o de habe llegado con él al cen o mismo de la Philo- sophia Pe ennis. b) Después de e cómo y desde qué pe spec i as « o mula» Leibniz el p incipio de analogía, de engámonos un momen o en e cómo lo usa. Los pasajes son innume ables y las si uaciones de lo más a iado. Me limi a é sólo a un ejemplo poco conocido, pe o muy signi ica i o, del es ilo analógico de Leibniz. Se a a de una ca a que Leibniz esc ibe a la duquesa So ía el 28 de oc ub e (4 de no iemb e) de 1696. El 2 de agos o de aquel año, la duquesa de O leans esc ibe desde Po Roya1 a su ía, la duquesa So ía, una ca a ace ca de la inmo alidad del alma según las doc inas del amoso eóso o belga F ancisco Me cu io an Helmon , amigo de ambas amilias y de Leibniz. So ía, como e a su cos umb e, pasa la ca a a Leibniz, y és e se en ega a una inago able ac i idad li e a ia, casi eb il, edac ando ca as, comen a ios, in o mes, de los que la ca a que nos ocupa es el úl imo y como el esumen de la se ie. Leibniz edac ó un p ime bo ado de la ca a en alemán, que luego adujo él mismo al ancés, pa a que, al se en iado a la duquesa de O leans, es a pudie a da la a conoce en F ancia. Pe o luego esc ibió una segunda edacción un poco más b e e, que es la que ealmen e en ió a la duquesa So ía. Voy a ep oduci casi en su in eg idad el p ime bo ado , según la ansc ipción hecha po los edi o es de los Sam liche Sch i en, en cuyo olumen 13, se ie 1, apa ece á. Ag adezco al doc- o Heinekamp, di ec o del Leibniz-A chi de Hanno e , su siemp e ge- ne osa amabilidad po la o ocopia y o os ma e iales que puso a mi disposición. La ca a es una aplicación pe ec a del p incipio de analogía, y se comen a po sí sola. Desde la uni o midad y uni e salidad de las eglas de la na u aleza exp esadas en la unidad y el in ini o, Leibniz eco e, median e su pa icula uso lingüís ico de las compa aciones y las conjun- ciones consecu i as y causales, odos los ó denes del se , desde la ísica has a la ma emá ica, la me a ísica y la psicología. Me limi a é a señala algunas obse aciones a pie de página, pa a no in e umpi el discu so de Leibniz: A Madame la Elec o a 42. Me aleg a in ini amen e la ap obación que una de las más g andes p incesas o o ga a algunas medi aciones que yo había esbozado en un pequeño esc i o alemán 43. Es o me con i ma mucho más que si ein e doc o es la hubie an i mado. Admi o, no obs an e, cómo una p incesa ocupada en el g an mundo en el que es an impo an e haya podido en a en pensamien os an abs ac os y que pa ecen casi un discu so semejan e al de los quie is as. Es o es posee cie amen e un espí i u uni e sal. La e dad, con se poco apa en e, iene la en aja de encon- a cabida en las almas ele adas. El seño A nauld, g an espí i u de o o es ilo y a iliado al ca esianismo, habiendo conocido algunas cosas de mis opiniones sob e la comunicación al landg a e E nes o, y habién- dolas omado supe icialmen e como ocu e con ecuencia, las a acó. Pe o, as una acla ación que ecibió a a és de es e p íncipe, me esc ibió una ca a exp esamen e pa a e ac a se, cosa bien a a en un g an doc o y je e de pa ido, y me con esó que había cosas en mi espues a que le habían dejado so p endido. Toda ía le ocu ió más a un excelen e ilóso o y ma emá ico i aliano que conocí de pasada en mi iaje, ya que me asegu ó que yo le había cambiado de un golpe odo su sis ema de iloso ía, y en la ac ualidad abaja en una ob a en la que desa olla es as nociones "". De odo es o me encuen o muy sa is echo, a pesa de que es oy demasiado ocupado pa a desa olla po mí mismo las semillas de odos los pensamien os que he concebido; y la misma elicidad se me p oduce en las ma emá icas al da a o os la ocasión de pe ecciona la ciencia. Pues, habiendo encon ado algunos nue os a i- icios en el a e de azona ma emá icamen e, o de con a , como dice el seño Helmon ; y habiendo publicado pequeños bo ado es, odo es o ha gus ado an o a algunos excelen es espí i us, an o en F ancia como en Ingla e a, que han decidido abaja en ello, sob e lo que el seño Ma ques de 1'Hospi al acaba de publica exp esamen e un lib o, donde me hace un hono que no me ezco. Es a mane a de con a que yo he p opues o es á undada sob e el 42 El bo ado que ep oduzco es á oda ía inédi o en el momen o en que edac o es e esc i o. Se encuen a en Leibniz B ie wechsel (LBR), ca pe a 389, ol. 62-70 de la Landesbi- blio hek, Hanno e , y, como ya he dicho, apa ece á en Reihe 1, Band 13 de los Sa n liche Sch i en und B ie e. El segundo bo ado , que ue la ca a de ini i a, ue publicado po O. KLOPP, Co espondance de Leibniz a ec /'Elec ice Sophie, ol. 11, pp. 14-18; y más a de ep oducida, algo mu ilada, po Ph. VII, pp. 541-544. 43 Se e ie e Leibniz a uno de los p ime os comen a ios que edac ó con ocasión de la ca a de la duquesa de O leans de 2 de agos o de 1696. El ex o empieza con las palab as: <<Es is nich ohne ... », y se encuen a aun inédi o en Leibniz' Handsch i en (LH) IV (Philos.), 111, 8c, ol. 7-8; y en LBR, 389, ol. 1-6. " Se a a del pad e Fa della, p o eso de ma emá icas en Padua, con quien Leibniz man u o una impo an e co espondencia en e 1690-1696, edi ada po A. FOUCHER DE CAREIL, Nou elle~ Le es e Opuscules Inédi es de Leibniz, Pa ís 1857, pp. 317-328. En es as ca as exp esa Leibniz algunas de sus más p ecisas o mulaciones elacionadas con la ma emá ica y la me a ísica, que pod íamos habe omado pa a ejempli ica el p incipio de analogía u ilizado po Leibniz. in ini o 45. Y es una cosa admi able que se pueda calcula con el in ini o como con ichas y que, a pesa de odo, nues os ilóso os y ma emá i- cos apenas hayan caído en la cuen a de cómo el in ini o es á mezclado en odo. Pues no hay go a de agua ni mo a de pol o ni á omo que no con enga un mundo, una in inidad de c ia u as. Además, el uni e so odo en e o, aunque no iene lími es, es sin emba go odo de una pieza, como el agua de un g an aso; y así como en un aso lleno de agua, po g ande que sea, el meno mo imien o se ex iende has a los bo des aun- que sea insensible po la dis ancia, así ambién en es e g an aso del uni e so que no iene lími e es p eciso que el más pequeño mo imien o se ex ienda y se dila e has a el in ini o. Es a misma p opagación in ini a iene luga no sólo espec o de los luga es, sino ambién espec o de los iempos. Pues odo mo imien o que se p oduce en el p esen e, po débil que sea, se conse a pa a oda la e e nidad, sin que jamás pueda se des uido na u almen e. Todo lo más que puede ocu i le es que, es an- do mezclado con una in inidad de o os mo imien os que ambién se conse an como él, se haga insensible. Lo que hace que haya apa iencia de eposo, aunque en ealidad nada eposa jamás en e amen e: es La composición de dos mo imien os con a ios lo que hace que las cosas pa ezcan eposa . Si un ba co se mo ie a sob e el Sena de o ien e a occiden e, y un homb e se mo ie a den o del ba co en sen ido con a io con una elocidad exac amen e igual a la del ba co, el homb e pa ece ía es a en eposo en aquel momen o a quien lo ie a desde el ío. Así pues, jamás una acción es con a ia a o a, ni incompa ible con ella. Es a e e na conse ación de odas las acciones hace no solamen e que odas las almas subsis an, sino además que odas sus imp esiones pe - manezcan y que nada se des anezca en absolu o: lo que hace que noso- os no ol idemos nada en e amen e, aunque no podamos es a siemp e pensando en odo, po que la mul i ud de los nue os pensamien os en- uel e y ocul a los an iguos, que no dejan de esuci a a eces según las ocasiones nos puedan hace los eco da . La mue e misma no es o a cosa que una disminución y un ecogimien o po el cual un animal es simplemiw e educido a olumen pequeño y despojado de los añadidos que el nacimien o y el alimen o le han dado: po eso la mue e no puede des ui los asgos de las acciones pasadas, y, cuando el animal ue a educido a la pequeñez de un á omo, es e á omo no deja ía de se una especie de mundo y de ep esen a lo odo ecu si amen e. La di e encia es á solamen e en que en onces las pe cepciones pueden se menos dis- in as, casi como en el sueño. Pe o odo iene su o den y sus pe íodos; es necesa io que a odo sueño le siga su despe a , y, es ando la na u a- leza oda ella egulada po un o den ma a illoso, no hay que duda de que al despe a se p oduzca pa a hace mo i y pe ecciona a aquellos mismos que se despie an. De mane a pa ecida a como nues o sueño isible si e pa a la diges ión y las ue zas, así ambién el o den de la na u aleza es á des inado a lle a las cosas a su madu ez. Es e dad que 45 En el segundo bo ado dice Leibniz con más p ecisión: ((Mis medi aciones undamen- ales gi an en o no a dos cosas, a sabe , la unidad y el in ini o. Las almas son unidades, y los cue pos son mul i udes, pe o in ini as, de mane a que el más mínimo g ano de pol o con iene un mundo de una in inidad de c ia u as. Los mic oscopios han mos ado a nues os ojos más de un millón de animales i os en una go a de agua)). Ph. VII, p. 542.