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El punto de vista cosmopolita

Lynch, Enrique

Abstract

Lynch, Enrique

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EL PUNTO DE VISTA COSMOPOLITA En ique LYNCH En una época no muy lejana la condición de «his ó ico» se ese aba a las ges as de indi iduos o pueblos. Los c i e ios que se ían pa a de e mi- na si es e o aquel hecho debía se consag ado po la his o ia no solían se muy cla os y, po lo gene al, dependían del juicio y la azón de los encedo es en una campaña, de la megalomanía de un conduc o de pueblos o del pode de un g upo social hegemónico. Hoy en día siguen exis- iendo los g andes iun ado es, sigue habiendo conduc o es de pueblos y clases dominan es, pe- o jun o a la adicional his o ia ác ica que na a las hazañas de és os, compues a po acciones mi- li a es, polí icas, económicas y a ís icas, lo ecen pequeñas his o ias, ol idos -delibe ados o no- de la memo ia del mundo, his o ias de c eencias y men alidades, his o ias de ins i uciones o de es ilos, de p ác icas, de écnicas y de sen i- mien os'. Es a p oli e ación de discu sos so- b e el pasado de la humanidad, además de en i- quece nues o conocimien o his ó ico, ha eni- do la i ud de ecompone la imagen de nues o p esen e y no se hubiese p oducido si quienes decidie on ompe con el pa adigma his o iog á- ico decimonónico no hubie an con ado con un c i e io nue o sob e qué es el «hecho his ó ico». La nue a o ien ación de las in es igaciones his ó icas y sociológicas que cada an o nos so - p ende con en oques insóli os de hechos pasados en iende dichos acon ecimien os de una mane a di e en e de cuando se es udia la acción de los hé oes o la his o ia polí ica de una nación, y qui- zás en ello adique lo sus ancial de sus acie os. Hace ein e años, Lé i-S auss, polemizando con el Sa e me odólogo de la C i zca de la Razón Dialéc ica, se plan eaba es a peculia idad del he- cho his ó ico, el ca ác e siemp e p oblemá ico e ine able de és e*, hacía juga con al ane ía su sa- be e nológico cuando señalaba, con azón, que lo e dade amen e complejo en el discu so de la his o ia es á en pode es ipula qué es lo que puede se a ado de <hecho». Apun aba, asimis- mo, que una his o ia au én icamen e o al nos pone an e el caos. Si el hecho his ó ico es lo que ha pasado ealmen e -se p egun aba-, idón- de ha pasado algo en ealidad? Cada ci cuns an- 1 Me emi o a los esbozos de una p og amá ica de la nue- a his o iog a ía en la conocida ob a de Michel Foucaul , La a queologiá del sabe , Siglo XXI, México, 1970. 2 C. LEVI-STRAUSS, Elpensamien o sal aje, FCE, México, 197, p. 372. cia se esuel e en una in inidad de episodios me- no es y, a la ez, se insc ibe en hecho de mayo gene alidad. Cada ac o mundano, e olución, mo imien o mig a o io, in e cambio come cial o p oceso p oduc i o, po ejemplo, se acopla con o os pa a o ma enómenos mac oci iliza o ios más complejos; pe o, al mismo iempo, aduce mo imien os psíquicos y ísicos, indi iduales y colec i os que, a su ez, se componen de uncio- nes ce eb ales y ne iosas, p ocesos ho monales, a ómicos, e cé e a. El his o iado o el simple ob- se ado ienen que emon a se po abs acción has a los hechos aba ca o ios o educi su campo obse acional pa a cap a las mi íadas de hechos cons i uyen es y, en cualquie a de sus dos mo i- mien os al e na i os, e ospec i o- educ o o p ospec i o-induc o , han de elegi , co a , e- co a , dis ibui , des aca o desecha , o bien e- duci , sob e un ondo de con inuidad que se sos- iene apenas en la dimensión empo al que p o- ee la c onología. La única y p incipal a ea del his o iado consis e en log a la cohe encia en el á ago de los acon ecimien os. Pa a ello se ale de la pob e ayuda que le p es a el calenda io y de su sen ido ín imo de con inuidad que le pe - mi e cons ui un uni e so co elacionado allí donde no exis en en ealidad más que enóme- nos discon inuos que, si pudie an o aliza se, se neu aliza ían a sí mismos, haciendo que su p o- duc o inal sea igual a ce o3. Conside ado desde es a pe spec i a el conocimien o his ó ico se e apoyado en una ilusión de con inuidad inspi a- da, en odos los casos, po un c i e io pa icula . Regulando la óp ica con que obse a los acon e- cimien os es e c i e io descub e nue as conexio- nes pa a hechos conocidos, desen eda secuencias imp e is as, señala se ies de sucesos según o as ligazones causales, en unción de 1a. ique a de sus obse aciones, el alo y la can idad de sus da os, la p ecisión de sus ins umen os de aba- jo y la agilidad de su me odología y, desde lue- go, la imaginación que aplique a su a ea. No exis e, po consiguien e, una his o ia sino «his o- ias», cuyo es udio a la ez que de e mina un nue o campo, un obje o inusi ado, con iesa siemp e el pun o de is a que las ha p oducido. Toda his o ia, concluye Lé i-S auss, es siemp e una hi~ ona-pa a. F en e a las implicaciones cla amen e ela i is- as de la posición de Lé i-S auss, pod á obje a - se que educi la cues ión del conocimien o his- ó ico al p oblema de ma ca las coo denadas p ecisas de un singula «pun o de is a» y, de es- a o ma, mul iplica al in ini o las e siones po- sibles de un mismo suceso no soluciona el p o- blema que plan ea una eo ía de la his o ia sino que lo complica. En el mismo momen o en que nos inclinamos an e el subje i ismo adical que la e nología a ibuye a la his o ia, condenamos a és a a se expulsada de la «Tabla de las Ciencias» y aquella o gullosa in es idu a de epis eme que los posi i is as quisie on condede le en el siglo pasado se des anece y iene a se sus i uida po la his o ia como doxa, me a opinión que an solo dela a el pun o de is a que la emi e. Su alo in ínseco, en onces, no esul a mayo que el del habla, los mi os o las p ác icas sociales, signos de la ma cha de una sociedad pe o ya no dominios de sabe . En compensación se ecupe a en la e sión de Lé i-S auss aquel sen ido o igina io que oda ía se esconde en la aíz g iega del é mino: ~o wc , que designa a ((aquél que es á allí pa a e »4, Lo es imonial se impone en es a e sión a la ~lo oc- la de A is ó eles, na ación de los da os ob eni- dos median e una in es igación, que die a luga a la his o za e um ges a um, concepción que ha- ce muchos siglos se impuso. En ealidad se a a de pasa de la supues a obje i idad de las ges as a la econocida subje i idad del es imonio com- p ome ido. La his o ia esul a en onces «lo que io ulano de al», «lo que a es iguó de es a o aquella ci cuns ancia» y, en algún caso, «lo que juzgó ace ca de ello»; especie de c ónica, alusión, e e encia u obse ación e lexi a del pasado en la que poco hay de ciencia incon aminada y mu- cho de opinión, a despecho del igo y la minu- ciosidad de sus mé odos heu ís icos. Po o a pa e, es á cla o que es a in e p e a- ción de la his o ia no puede se del ag ado de quienes abogan po que el discu so his ó ico imi- e la obje i idad de la ciencia na u al. Pe o ni si- quie a sa is a á a Adam Scha , po ejemplo, que a i mas que dicha equipa ación es deseable 4 En M. FOCCAULT, La e dady /as o masju~ídicas, Ge- disa, Ba celona, 1980, p. 40. Véase ADAM SCHAFF, His ona y e dad, C í ica, Ba ce- lona, 1976. En pa icula oda la e ce a pa e, que es á de- dicada a analiza las condiciones pa a la obje i idad en la his o ia. (los ma xis as an en la ciencia na u al un c i e io de cien i icidad pa a las ciencias humanas al que sec e amen e aspi an), aunque sólo pueda esol- e se en una obje i idad sui gene i . Cu iosa- men e, son dignas de se a endidas las ibula- ciones de Adam Scha en sus denodados in en- os de de ende la posibilidad de una his o ia «obje i a» (in e subje i a) apoyándose en ese ex- año «condicionamien o social in olun a io» que hace abla asa con los subje i ismos y jus i- ica , al mismo iempo, las axa i as exigencias de Lenin cuando eclamaba inequí ocamen e que la his o ia debía « e leja los in e eses de la clase y del Pa ido»6. No, mucho más que es os malaba ismos de dudosa consis encia eó ica impo a comp oba que la cien i icidad del discu so his ó ico iene que habé selas de algún modo con lo con ingen- e, lo in ui i o, lo a bi a io, es deci con la na u- aleza oluble y alaz del suje o cognoscen e, y emp ende el es udio de sus es imonios sin em- plea siquie a el ecu so que Lé i-S auss ep o- cha a Sa e y, con él, a cie a co ien e del ma e- ialismo his ó ico, de que e con e i a los a i- bulados, imp e isibles, yos en un noso os pa a man ene i a la ilusión de la libe ad'. Quisie a encuad a es e abajo en los ma cos de una idea de la his o ia aco de con los nue os en oques según los cuales la his o ia o bien su- cumbe a la ela i idad de los pun os de is a o bien se con en a con es udia la ía lógica de los enunciados. Me p opongo examina aquí un caso ípico de comp ensión in encionada de la his o ia, según los esbozos de una iloso ía de la his o ia en Im- manuel Kan , pa a p oba cómo cie a epis emo- logía puede escapa a su uni e so de discu so y p oyec a sob e la eo ía de la sociedad unos lei - mo i que, en es e caso, se han con e ido en 1í- mi es, pa ones de análisis o supues os gene ales que an mucho más allá del con ex o pa a el cual ue on concebidos. El examen del pun o de is a kan iano de la his o ia enseña, so p enden e- men e, que puede es ablece se una elación sig- ni ica i a y e iden e en e la concepción de la his o ia como un de eni con sen ido y el su- pues o de la pe ec ibilidad del mundo que e- ma a en la espe anza siemp e ealimen ada de 6 C i. A. SCHAFF. op. ci ., pp. 357-360 7 C. LEVI.STRAUSS, O). ci ., p. 380. una sociedad mejo , y po es e camino, en los p incipios de una cie a polí ica. En no iemb e de 1784, Kan publicaba en la Be linische Mona ssch z un b e e opúsculo al que segui ían o os de emas a ines con la iloso- ía de la his o ia. En conjun o, es os esc i os que p eanunciaban la madu ación de su é ica, no lle- gan a con igu a un cue po de pensamien o equi alen e a, po ejemplo, su iloso ía c í ica, pe o ienen, como oda la ob a de Kan , una lu- cidez y una elocuencia admi ables. El abajo en cues ión lle aba el suges i o í ulo de Idea de una his o ia uni e sal desde el pun o de is a cosmopoli a8 y en él se con ienen odos los ele- men os esenciales de la iloso ía de la his o ia de Kan y los p incipios gene ales de su idea io polí- ico, que expond ía en La Paz Pe pe ua de 1795. Po úl imo, es e esc i o conec a la iloso ía kan- iana con la adición del pensamien o u ópico en la medida en que, como in en a é demos a , nos da la e sión alemana del sueño de la azón y la idea de p og eso. Si nos dejamos lle a po los sen idos que e o- ca la palab a «cosmopoli a», más allá de la desig- nación di ec a, que apun a a la imposible alian- za de la ciudad y el mundo, di ícilmen e as- pond emos los es echós má genes impues os po el léxico usual. Según el dicciona io, cosmo- poli a es aquel que ha isi ado muchos países; es el iaje o in a igable, la u be poblada po una mul i ud de azas y comunidades ex añas, es el indi iduo mundano que odo -o casi odo- lo sabe o lo ha expe imen ado. Po úl imo, hay ambién esa endencia sociocul u al de cie os g upos sociales que inmedia amen e asociamos con el «cosmopoli ismo» y que es ca ac e ís ica de los asgos occiden ales más «ci ilizados». Sin emba go, no es és e el cosmopoli ismo que nos in e esa y, en alguna medida, muy poco iene que e con el que Kan enía in men e al esc ibi su opúsuculo. No es una no a de socie- dad o «de la sociedad» y ampoco se a a de una cos umb e, una pau a social o un esp i que pue- da e i ica se en cie os hábi os. Se a a, en i- go , de un pun o de is a, una pe spec i a desde la que se en iende e in e p e a la his o ia de la humanidad. Si he de exp esa me con oda p eci- sión di é que es el pun o de is a ilosó ico que, 8 En 1. KANT. Filoso jz de la his oniz, FCE, México, 1979, PP. 39-67. según Kan , nos pe mi e hace de la his o ia un discu so acional y azonable. Es á cla o, pues, que el p opósi o de Kan no consis e en es able- ce cómo es posible la his o ia en an o de eni de los acon ecimien os sino cómo ese de eni se hace in eligible pa a noso os, lo que supone es- ablece cómo y en qué medida el discu so de la his o ia es pe meable a las leyes de la azón. Se a a, en p ime luga , de una cues ión epis emológica a la que se alude ya desde el í u- lo, pe o al mismo iempo implica una ma e ia de mayo alcance. Kan no sólo a a á de una cla e pa a la comp ensión y ac u a acional de la his- o ia sino que, po añadidu a, esboza á una e- p esen ación de la his o ia uni e sal. En cie a medida, lo que nos dice Kan en sus ensayos so- b e la his o ia es que la o ma bajo la cual nece- sa iamen e nos ep esen amos el de eni his ó i- co dic a la cla e pa a la cap ación de su sen ido y alo úl imo en cuan o es acional. En la iloso ía de la his o ia kan iana hay, pues, una Idea de la His o ia y, pa alelamen e a ella, una idea -con minúsculas- de la his o ia, las cuales, hábil- men e combinadas de e minan el pun o de is a de la mode nidad con espec o al de eni de la sociedad. Es e pun o de is a, el pun o de is a cosmopoli a, hab á de ene una p o unda in- luencia en la adición del idealismo alemán y, a a és de és e, en el pensamin o social y polí ico del úl imo siglo. E/ sen ido de la his o ia El p ime g an p oblema que plan ea Kan en el opúsculo iene que e con la necesidad de a ibui un sen ido al de emo de la his o ia. No podemos de e mina con exac i ud,. a p ime a is a, si lo que Kan señala como necesidad es p opio del obje o o de quien se de iene a exami- na lo. Es deci , si es un equisi o del p oceso his- ó ico o una condición de posibilidad de la in e- lección de dicho p oceso. Es, en cie o modo, un equisi o de las cosas examinadas en an o que, si no se impone una o ma de cohe encia a la lib e mani es ación de los acon ecimien os que egis- a la conciencia ingenua, la ep esen ación de los hechos esul a un caos. Dice Kan que si no conside amos las acciones de los homb es «con a eglo a un plan», como si o ma an pa e de un p og ama o p oyec o de alguna especie, no po- d emos comp ende las po el solo hecho de que no se emos capaces de dis ingui p opósi o acio- nal alguno en ellas. La simple obse ación de los hechos que p oducen los homb es con su con- duc a no bas a pa a comp ende el de eni po - que si bien los indi iduos son obje o del de e - minismo na u al igual que las especies animales, su na u aleza no ins in i a -el hecho de que se mue en según los consejos de la azón- los hace adicalmen e imp edecibles. De modo que el plan en el que se insc iben los ac os de los homb es no esul a en onces un e- quisi o de las acciones mismas cuan o de la con- ciencia que las obse a. Epis emológicamen e, no se a a de halla lo en la conduc a obse ada -un p opósi o que, po o a pa e, es i ealiza- ble, acla a Kan - sino de supone lo en la ins- ancia de e minan e de és as. En o as palab as, como no es posible deduci plan alguno de las c ia u as que son los homb es, Kan in ie e el plan de la Mad e Na u aleza, bajo cuyos desig- nios es as c ia u as ac úan. La in e encia no es descabellada, nos dice; ahí es án las endencias a la homogeneización, las con e gencias y la egu- la idad que cabe descub i en los da os es adís i- cos a que pueden ansc ibi se cie os enómenos sociales (los ma imonios, po ejemplo) que, is- os desde la pe spec i a de los pa icipan es, pa- ecen absolu amen e lib es. Según es os egis- os, el sen ido de la his o ia apa ece ía expues o c íp icamen e en una sue e de in ención ocul a de la Na u aleza, cuya di eccionalidad y espí i u hay que desen aña a pa i de la plu alidad de si uaciones, ac os y ci cuns ancias que in e ie- nen en la ac i idad social de los homb es. En de- ini i a, Kan de iende un cie o p o idencialis- mo como as ondo de la his o ia. Sin emba go, su posición es algo más que p o- idencialis a. Pa a en ende la en su jus o alo es p eciso p oyec a se unos años (1790), al ex o de la C i ica del Juicio, en pa icula a su segunda pa es. Allí Kan expone su doc ina del juicio eleológico y dice que la causalidad na u al, aun cuando sea de e minan e pa a la e olución de los obje os na u ales, no bas a pa a undamen a el conocimien o de és os. Pa a un conocimein o a- cional de la na u aleza -y de las acciones de los homb es en an o o man pa e de la na u ale- 9 1. KANT, C i ica delJuiczb, aducción de Manuel Ga - cía Mo en e, Ed. Po úa, México, 1978. za- es p eciso que la acul ad de juzga enlace cie os obje os del en endimien o con inalida- des, que p opo ciona la azón. El juicio eleoló- gico lle a a cabo ales enlaces y pe mi e po ello «en ende » acionalmen e los enómenos. Es e juicio, acla a Kan en a ias secciones de la C i i- ca del Juicio, no es cons i u i o de los obje os -como lo es la causalidad na u al-, no es de- e minan e sino an sólo e lexi o. Cumple po ello una unción me amen e egula i a, es deci , si e pa a o dena de acue do con un in acional los da os que la expe iencia ae a la conciencia. El in que p opone el juicio eleológico cons i u- ye la unidad ideal que o dena la mul iplicidad y he e ogeneidad de los enómenos his ó icos. Po e ec o de es e in p opues o po la acul ad de juzga aplicada a la his o ia, los sucesos no se nos apa ecen solamen e ligados po su conexión cau- sal o c onológica, sino además po una ama sig- ni ica i a. Po la causalidad y la c onología Ilega- emos a «sabe » de ellos, pe o sólo end án sen i- do pa a noso os, sólo pod emos conoce los, si los o denamos con espec o a un in. En al caso y p ecisamen e po que cons i uyen una ama signi ica i a pueden des aca se del conjun o de. los hechos causales. En é minos gene ales, el pun o de is a cos- mopoli a se elaciona ía de hecho con un elos, pe o no cabe supone que es e elos se limi e a la me a ope ación de la azón pa a o dena los da- os del en endimien o. El sen ido y la inalzdád de e minan ambos el concep o «his o ia», lo cons i uyen, de al modo que hab á «his o ia» donde nos si uemos con nues as e lexiones, pe- o no sólo -como bien apun a Cassi e lQ- en el plano de los simples acaecimien os sino ambién en el plano de los ac os. El elos ac úa como una unidad ideal dado a de sen ido; y és a, su un- ción de «da sen ido» a los hechos causales des a- cando así lo his ó ico del de eni na u al, consis- e en imp imi una cie a e icidad al p oceso. El elos inmanen e que hay que desen aña de los acon ecimien os es en sí mismo una me a é ica que sólo se nos mani ies a en la medida en que pa icipemos del p oyec o que sin e iza. Kan siemp e se e ie e a una conciencia que juzga en su ida p ác ica según el iejo mo d'o d e que de iende la sup emacía de la azón p ác ica sob e 10 E. CASSIRER. Kan , ida y doc nha, FCE, México, 1978, pp. 268 y 269. la azón eó ica. En es a opo unidad sugie e que llega emos a comp ende el sen ido de la his o- ia, a cap a la inalidad que de e mina sus acon- ecimien os, en la medida en que colabo emos con el sano, el saludable plan de la na u aleza''. La iloso ía kan iana de la his o ia iene a un- da , pues, una polí ica sui geneni. Comp ende la inalidad é ica que anima el p oceso his ó ico es una ob a de bien público, un ges o encomia- ble de gen es ci ilizadas. Poco impo a que, po el momen o, subsis a en el mundo la maldad y la injus icia. Cuando los indi iduos comp endan que han de hace suyos los saludables p opósi os de la na u aleza, el mundo acional se hab á im- pues o. Mien as an o, la na u aleza se las a e- gla pa a conduci a la humanidad, paso a paso, po medio de «as u as a imañas», po el dolo o- so camino de la sal ación, cumpliendo es adios cada ez más pe ec os, has a que un día sea po- sible alcanza un cuad o de con i encia que haga inú iles las gue as. El p oceso his ó ico es, pues, el p oceso de ea- lización de un ideal mo al, la libe ad, que a cumpliéndose ineluc ablemen e, supe ando c a- pas cada ez más pe ec as y que algún día ema- a á -Kan lo piensa pa a el siglo siguien e al suyo- en un «es ado uni e sal cosmopoli a» del que hab án sido des e ados los en en amien os y las injus icias. Po el momen o bas a ene p e- sen e que el cosmopoli ismo kan iano no se e- duce a una compleja ope ación epis emológica ealizada como un me o eje cicio de su ileza. Hay de ás de sus ilig anas eó icas una polí ica: cub i , en la concepción de la his o ia del Ilumi- nismo, despojada de ines -es á cla o que no ha- b á Dios, ni espe a mesiánica, ni pecados edi- midos en la his o ia u u a de la sociedad bu - guesa-, el ideal mo al que an año suminis aba la eligión y que la azón ilus ada ha eliminado sin sus i ui lo. El elos que pos ula Kan pa a los p ocesos, núcleo del sen ido de la his o ia, iene a sa is ace además de su unción c í ica el papel de lo sag ado en una his o ia que es á en p oceso de de ini i a secula ización. ¿Cómo es posible que los homb es descub an en su acciona la me a hacia la que se encaminan sus acciones? El pun o de is a cosmopoli a ense- ña que a los homb es no se les e ela la inalidad en la que ema an sus acciones sino cuando en- 11 Ibídem, p. 267. ienden dichas acciones desde una cie a é ica. En úl ima ins ancia, es á cla o pa a Kan que esa inalidad a la que apun an los homb es es, en el ondo y desde la pe spec i a de la especie huma- na, buena. Po eso es que cuando el p ocede de los homb es que hacen la his o ia llega a insc i- bi se en una doc ina del debe , se en iende la sabidu ía de Dios, el luga de la humanidad en el mundo y el «sen ido» de la exis encial2. Toda la his o ia cob a «sen ido» y se despejan así los siemp e p esen es emo es me a ísicos. El suje o kan iano debe en ende que odo es pa a bien, de lo con a io no pod ía sob e i i a la g a ui- dad y absu do de su exis encia. En cie os aspec- os, es a solapada decla ación de op imismo o zoso13 ecue da los ecu si os a gumen os me- die ales pa a undamen a una conduc a buena y comba i de paso la des iación pesimis a. Un mismo a gumen o se di undía en las quodlibe a- les: «Ha de habe una conduc a buena, cla a- men e dis in a de o a mala. El Día del Juicio unos se án condenados y o os ecompensados. Si odos, sin excepción, uésemos a se cas iga- dos, ¿qué sen ido hubie a enido que inié amos al mundo?» La é ica c is iana se empa en a sec e- amen e con el p oblema de la exis encia: pues o que una exis encia sin sen ido es inimaginable, necesa iamen e ha de habe una conduc a buena dis in a de o a mala, una inequí oca di e encia en e ép obos y elegidos. Es e ema c is iano subyace en el cosmopoli is- mo de Kan bajo o as o mas. Pa a Kan el homb e iene, a despecho de la iolencia y la in- jus icia que obse a a dia io, una imp esión, la ín ima sospecha de que ésa, su acción, que epo- sa en la pu eza de su in ención, no es ana, y que sus esul ados se án álidos espeao de la a- zón y la mo al'*. Pe o pa a que esa imp esión se ea co obo ada o supe e, al menos, las pu as ex- pec a i as de la conciencia ingenua, es p eciso que no sólo la acción indi idual sino ambién la his o ia a la que és a con ibuye enga un sen ido que, según las eglas del juicio, ha de se le sumi- nis ado po su inalidad. Y como es a inalidad es acional y é ica, así ambién ha de se y consi- 12 J. LACROIX, Kan , Sudame icana, Buenos Ai es, 1969, p. 84. 13 Véase cómo alude a ella en El in de odas las cosas, en KANT. Filoso h de la kis ona, op. ci ., p. 125. 14 E, WEIL, <His oi e e poli ique., en P oblemes kan- iens?, V in, Pa ís, 1970, p. 113. de a se la his o ia. El pun o de is a cosmopoli- a, como sín esis de la iloso ía kan iana de la his o ia, enseña cómo se ealiza esa conexión en- e la é ica y la eleología de la his o ia: más que una educción de la segunda po la p ime a, la é ica hace posible a la eología15. Al co ona oda la his o ia de la humanidad con un p oyec o global de biena en u anza y ha- ce de la espe a de la libe ad la sín esis idealiza- da del u u o del mundo, Kan , como bien ob- se a Collingwoodl6, se insc ibe en el e dade o es ilo de la Ilus ación, des acándose del oman- icismo ep esen ado en es a ma e ia po las Ideas pa a la &so ?á de la his o ia de La huma- nidad de He de . Los dos ácidos comen a ios pu- blicados po Kan en la Allgemeine Li e a u zei- ung de Jena en 1785'7 deplo an no sólo el es ilo y la me odología empleada po He de lg sino el que no haya sabido pe cibi en la mul iplicidad de la his o ia del mundo y sus ci ilizaciones la unidad abs ac a de un pos ulado é ico que o - dena ales mani es aciones bajo un único y om- nicomp ensi o sen ido. La eo iá del con lic o La pos ulación de una me a é ica debe sal a , sin emba go, un obs áculo que desde Kan ha si- do común a odas las eleologías de la his o ia. Si bien puede ene se como álida la a i mación de que el de eni de la sociedad demues a una p og esión de las condiciones de ida hacia suce- 1, El pun o de is a cosmopoli a di ie e de las demás i- loso ías de la his o ia en que ya no in e esa, como en Hegel, que la eleología si a pa a econs i ui una unidad o igina- ia, la del Todo, que ha sido descompues a. Y ampoco im- po an -o sí, pe o como señala Kan muy secunda iamen- e- los usos p o é icos, an icipa o ios de és a. In e esa la na u aleza mo al de la expec a i a u ópica, el hecho de que el es ado uni e sal cosmopoli a con igu a, además de una condición idealizada, una nue a o ma de la G acia, o sea, de es a lib es de pecado. 16 R.G. COLLINGWOOD, Idea de la his o ia, FCE, Méxi- co, 1977. p. 98. 17 He u ilizado blicada po Aubie la e sión ancesa de es os esc i os, pu- , Pa ís, 1947, con el í uloLaphilosophie de l'hlcioi e, pp. 95-1 26. 18 Dice Kan al espec o: «no se sabe si el háli o poé ico que anima la exp esión no se desliza a eces en la iloso ía del au o ; o si, po momen os, los sinónimos ocupan el lu- ga de las explicaciones y las alego ías sus i uyen a las e da- des». 1. KANT, op. ci . p. 118. si as e apas de pe eccionamien o, ello no impli- ca que la condición ac ual, la nues a, igual que la de Kan , sea me ecedo a de elogios. En el caso de la época kan iana, las gue as eu opeas, los episodios p e ios e inmedia amen e pos e io es a la Re olución F ancesa, no hacían sino co obo a las obse aciones y p onós icos más pesimis as. La iolencia en las elaciones en e los es ados, el males a social y polí ico y la e iden e ecu en- cia del enómeno en la his o ia de Occiden e cons i uían p uebas insoslayables de que, cual- quie a que uese la espe anza de la humanidad, su p esen e es aba ca gado de con lic os. El p ocedimien o ideado po Kan pa a da una explicación a es e enómeno es ingenioso. A i ma Kan que las disposiciones na u ales que apun an al uso de la azón es án llamadas a desa- olla se en la especie y no en los indi iduos. Su pleno desa ollo es, como hemos is o, un p o- pósi o e iden e de la Na u aleza, pe o como los indi iduos se mues an dominados po sus ins- in os y sus pasiones más incon olables, dice Kan que la na u aleza ha ideado un as u o a - did pa a ale se de las peculia es debilidades hu- manas, pone las a su se icio y log a sus p opó- si os. Ha do ado al homb e de una insociable so- ciabilidad (ungessellige Gesselligkei ), es deci de una doble endencia a la asociación y al echa- zo de oda comunidad en e indi iduos. Los homb es necesi an i i en sociedad pa a el log o de sus ines como especie, pe o an p on o como se asocian a sus semejan es, la lib e mani es a- ción de sus disposiciones, acica eada po las a o- ables condiciones que su gen de la asociación, los lle a a in en a ompe la comunidad que con an o es ue zo ha . cons uido. En es a doble na- u aleza ha de halla se el o igen de los en en a- mien os y con lic os que ca ac e izan a la ida co- muni a ia y que lle an a habla de un an agonis- mo uni e sal. ¿Cuál puede se el obje i o que pe sigue la na u aleza con es os en en amien- os? Que se desa ollen odas las disposiciones y acul ades de los homb es alen adas po el deseo de supe a a los con incan es y compe ido es en cada caso. Los an agonismos ele an al homb e del es ado de na u aleza al es ado de cul u a y, en es e sen ido, se con ie en en un ac o del p og eso de la ci ilización. La insociable sociabiLidad nos p esen a una e sión posi i a de la gue a. Kan , y después de él, a pa i de la Res au ación, odas las iloso ías de la his o ia que en el de eni como un p og e- so que se desen uel e según unas leyes in eligi- bles, abandonan odo juicio c í ico de la gue a pa a, en alguna medida, jus i ica la y ex ende su a al a odos sus e ec os: la de as ación, el ge- nocidio, la iolencia po encima de los códigos y las con enciones, e cé e a. Y lo hacen po dos ca- minos, a i mando que es un mal que subyace a los hechos, un mal apa en e; o si no, sos eniendo que se a a de un mal necesa io, el I'mi e de una se ie conca enada de acon ecimien os. Ambas e ien es co esponden a o os an os modelos (p o idencialis a y inalis a) de la his o ia. El cos- mopoli ismo kan iano iene, en e dad, algo de ambas. Como bien señala Bobbio19, la eleología de Kan consien e el con lic o, el en en amien- o, los an agonismos gene alizados, la gue a, como un mal necesa io en un doble sen ido: co- mo ine i able po que se unda en disposiciones na u ales (belicismo na u alis a); y como saluda- ble po que con ibuye al p og eso de la ci iliza- ción (belicismo ideológico-mis i icado ). En am- bos casos, po consiguien e, la gue a es p esen- ada como un mal jus z icado que se insc ibe a los p ocesos necesa ios p og esi os (no eg e- si os). Es un bien, aunque -cla o es á- un bien-medio pa a un bien- in. El pun o de is a cosmopoli a expone la gue- a como el e dade o mo o del p oceso his ó i- co en una au én ica an icipación de aquella « io- lencia pa e a de la his o ia» de Ka l Ma x que hab ía de inspi a a an os e oluciona ios del si- glo XX. Es, como igu a del discu so, la al e na- i a p usiana al oman icismo ousseauniano que eía en la elicidad, en la búsqueda de la elici- dad, la expec a i a gene al de la humanidad y uen e de inspi ación y mo i aciones de las accio- nes his ó icas. Si los homb es sólo desea an la e- licidad, dice Kan , la humanidad jamás hubie a dejado aquella A cadia o igina ia de la que di- cen los mi os que p o iene, pe o los homb es no se ían más que unos campesinos emb u ecidos e igno an es20. La gue a puede se , ambién, una 19 N. BOBBIO, Ilp oblema dellague a e le ie dellapa- ce, 11 Mulino, Bolonia, 1979, pp. 61-70. 20 Hegel e o na con su habi ual suges ión es a e sión desca nada e implacable de la his o ia: «(. ..) la his o ia no es el e eno pa a la elicidad. Las épocas de elicidad son en ella hojas acías. (.. .) Los indi iduos de impo ancia en la- his o ia uni e sal que han pe seguido ales ines se han sa- is echo, sin duda, pe o no han que ido se elices». Leccio- máquina gene ado a de cul u a, una pasión na- cional, como pa a Fede ico el G ande. En el su- plemen o p ime o del p oyec o de la Paz Pe pe uazl, i ulado «Sob e la ga an ía de la paz pe pe ua», Kan ensaya una in e p e ación de co e e nológico con espec o al p oceso ci iliza- o io: la in ención de la na u aleza equie e de la gue a pa a log a ins au a el es ado .uni e sal cosmopoli a, condición de de echo que pe mi i- á a sus miemb os goza de una «paz pe pe ua». En e los muchos saldos posi i os de la gue a, Kan des aca el que si a pa a pobla la Tie a, inco po ando así e i o ios inhóspi os a la ci ili- zación a consecuencia de las mig aciones o zosas que imponen los en en amien os que obligan a dispe sa los núcleos humanos y mul iplican las especies na u ales. Pe o no odo son a gumen os ideológicos en la de ensa kan iana de la gue a. El g an ecu so e- ó ico de Kan en e a la pa adoja de la c eación -si el in úl imo del homb e en el mundo es cons i ui un uni e so acional y mo almen e jus o, ¿po qué azón quiso la Na u aleza que semejan e a ea quedase en manos de un se apasionado y b u al?- explicando que el an a- gonismo que ca ac e iza a las elaciones sociales no es más que un as u o a did de la Na u aleza pa a que se desa ollen plenamen e odas las a- cul ades acionales, no es su icien e pa a unda con solidez el inalismo de la esis cen al, pe o bas a pa a mos a con cla idad que el p incipal p oblema de la his o ia no es el me a ísico «hacia dónde amos» sino el muy conc e o, co idiano y u gen e «po qué peleamos». La g an i ud de Kan y la de sus he ede os con esos o in olun a- ios es habe pues o de elie e que siemp e es ne- cesa ia una eo ía del con lic o cuando se es udia la sociedad; y, que la p opues a, en e iluso ia y ilis ea, del uncionalismo sociológico, no es más que un sueño de an os de la ecnoc acia. En el p incipio del an agonismo uni e sal de Kan , una sue e de ley new oniana del p oceso ci iliza o io que eapa ece á ecu en emen e bajo dis in as o mas en e los ilóso os del siglo XIX, en Hegel y Sain Simon y, a a és de ellos, en Ma x, quien lo con ie e con la noción de lu- nes de iloso k de la his o ia, Re is a de Occiden e, Ma- d id, 1974, p. 88. 21 U ilizo la e sión de F. Ri e a Pas o publicada po Ed. Po úa, México, 1977. cha de clases ele ada -a la mane a cosmopoli- a- a la condición de cla e / ep esen ación de la his o ia, en es e p incipio, digo, se expone una endencia a la indi iduación que co e a la pa con o a: la necesidad de socializa la exis encia indi idual. En la ungessellige Gesselligkei es á sin e izada la doble na u aleza (doble y con a- dic o ia, que no dialéc ica) del homb e mode - no. Al ena bola su olun ad p opia, desa iando cualquie impe a i o comuni a io, el indi iduo se e a apado en la necesidad de des aca dicha olun ad imponiéndosela a los demás indi i- duos: pa a de ende su indi idualidad, pa a consolida la o simplemen e pa a hace de ella el o igen y undamen o de su exis encia, el homb e mode no se e impulsado a la acción social**. El con lic o de que a a la eo ía kan iana del an a- gonismo iene pues mayo es implicaciones que la gue a. En es e con lic o in e io hay una uen e de innume ables ibulaciones psíquicas y, como es e iden e, el emb ión de una olun ad de pode que equie e impe iosamen e se sa is- echa. Cons i uye además, en su e sión cosmo- poli a y kan iana el es imonio de un ance que a as a la mode nidad desde sus o ígenes, que aún no ha sido esuel o y que alimen a la expec- a i a indi idual y colec i a de e lo solucionado en un u u o, en o a o mación social, o a so- ciedad que los indi iduos diseñan según un háli- o de u opía de signo desconocido. En elación con es a huida hacia la u opía ambién ienen que e los eó icos del p og eso de la escuela alemana, encabezados po el cos- mopoli a Kan . Su apo ación in oduce un cambio impo an e espec o de la e sión adicional, a ibuible a Tu go , Rousseau y Condo ce . Pa a los iluminis as alemanes, la de e minación lisa y llana de las e apas de la e olución, esul a i ele- an e en e a la cues ión del p og eso mo al23. Como hemos is o en elación con la eleología de la his o ia según Kan , la inalidad hacia la que se encamina el p oceso es capaz de da sen i- do a las e apas conca enadas que la p ecedie on p ecisamen e po que es é zcamen e supe io a és- 22 MANUEL FRANK y FRITZIE. U opian hough in he Wes e n Wo ld, Ha a d, Ha a d Uni e si y P ess, 1979, p. 527. 23 C 7. K. BOCK. lheo ies o p og ess, de elopmen and e olu ion~ en T. BOTOMORE, y R. NISBET, (Eds.) A His o?y o So~iologi~al AnalysM, Nue a Yo k, Basic Books, 1978. as. El cosmopoli ismo de dis in as e ien es y épocas p oclama: a ancemos, el u u o es en u- oso, el u u o es bueno. El «es ado uni e sal cos- mopoli a» de Kan eapa ece con unas conno a- ciones más abs ac as en el «espí i u econciliado con el mundo» de Hegel, en el ma xis a « eino de la libe ad» y, cuando ya no se sus en a es e op imismo inexplicable an e el llamado «socialis- mo eal», aún sob e i e el iejo ecu so, como «p incipio espe anza» en el Bloch hegeliano, ma xis a y -malg é lai- eólogo del ma e ialis- mo his ó ico. U opíia y cosmopoli ismo La eleología kan iana de la his o ia ema a, como hemos is o, en una igu a de co e u ópi- co, culmina con una aspi ación que es ambién el « undado)> deseo de que se ealicen odas las dis- posiciones acionales con que la Na u aleza do- ó al homb e. Kan llama a es a igu a es ado uni e sal cosmopoli a (Foedus Amp by c y onumj, ede ación de naciones, es ado de es ados que con igu a una po encia unida polí icamen e y ju ídicamen e. Piensa es a con ede ación como un en e sup anacional capaz de decisión y con au o idad su icien e pa a au o egula se (Kan habla li e almen e de un au óma a), impone se sob e los es ados miemb os e impedi las gue as de igual modo que el Es ado-nación impuso la con i encia a los indi iduos. El o den desplega- do po la acción ci iliza o ia, egulado a, dis i- bu i a y ole an e de al es ado uni e sal cosmo- poli a, supone Kan que sen a á las condiciones de ini i as pa a una paz pe pe ua, pa a la desa- pa ición de las con lag aciones y pa a el iun o de la azón en el mundo. La expec a i a de una paz e e na iene una la - ga adición en Occiden e. Su o igen se emon a a las cul u as g eco omana y heb ea y, como consigna, eapa ece con ocasión del «g an mie- do» del año 1000, lle ada en boca de los pa ida- ios del mo imien o po la Paz y la T egua de Dios a odos los con ines de la c is iandad. Se la menciona en las ob as de Dubois y Raimundo Lullo, quienes e lejan en sus esc i os los espo á- dicos es ue zos po impone la paz en el mundo eudal. Como ema eapa ece en los De O bis Te ae Conco a'za LZb i Qua uo de Guillaume Pos e1 (1544), en Le Nou eau Cynée de Emé ic C ucé (1623) y en el P ojec pou end e lapaix pe pé uelle (1 7 13) del Abbé de Sai~~ -Pie e*~. Es e úl imo pa ece se que sedujo a Rousseau, quien le dedicó un comen a io exegé ico que ue el que inalmen e e omó Kan igno ando -po que no podía deja de conoce la- la bu la implacable que hizo de él Vol ai e en su Rescn;b- o del Empe ado de la China, de 176 125, sub a- yando el ono p esun uoso, en e ingenuo e ig- no an e (jnada menos que acaba con las gue- as!) y su inocul able eu ocen ismo. Muy lejos de la so na ol e iana -po lo demás, anca- men e desopilan e- Kan habla con espe o de sus an eceso es, elogia el que hubie an sabido concebi la idea de una paz pe pe ua y p opone, a su ez, que como al sea supues a como in en- ción úl ima de la Na u aleza, esg imiendo pa a ello unas azones que ale la pena examina con de alle. Dejando de lado las implicaciones de o den polí ico que iene el p oyec o de la paz pe pe ua, coinciden es con el idea io libe al kan iano, el es ado uni e sal cosmopoli a se en iende como la ealización de aquel ideal é ico que daba sen ido a la his o ia. Su e icidad iene a se la suma del p oceso ci iliza o io, una sue e de non plus ul- a en el que el homb e alcanza -po que el ha- be sup imido de ini i amen e las gue as lo ha- ce lib e po siemp e- la libe aden la que se e- sume su esencia más ín ima. La imposición de conno aciones é icas a la me- a del de eni de la sociedad no end ía mayo impo ancia en es a iloso ía de la his o ia, si no uese que in oduce, imbuida po ese ca ac e ís- ico op imismo de las Luces, un cambio sus an- cial en la e e encia y elación de la u opía en Oc- ciden e. Según se ha is o, la elicidad ha queda- do desca ada como me a inal de la his o ia: la aspi ación, el anhelo de elicidad no es ni puede se , de acue do con los p incipios kan ianos, un ac o de p og eso sino un elemen o apun alado del s a u quo y un acica e pa a el hedonismo de los indi iduos. En el inal de la his o ia ha de ha- be un ideal é ico que, p ecisamen e po que es é ico, supone un plus de de e minación po en- cima del que co esponde al homb e po se pa - e del o den de la Na u aleza. ¿Cómo se lle a a 24 C i. F. y F. MANUEL, op. ci . 59. 23 En Vol ai e, Opúsculos sa ín¿os y ilosó icos, Al agua- a, Mad id, 1979, pp. 246-248. cabo es a de e minación po la inalidad, es a « e ode e minación» de los homb es en la his o- ia? En úl ima ins ancia, dice Kan , po la ía de una in e ención del indi iduo en la his o ia. Como bien obse a Weil26, «el homb e es á mo- almen e obligado a hace del in de la Na u ale- za su p opio in (. . .) Pa a ello, la mo al pu a de- be supe a los lími es de la indi idualidad», un paso que Kan c ee esuel o en la o mulación del céleb e impe a i o ca egó ico. Lo que sucede es que es a pe spec i a cosmopoli a de la his o- ia, en la que el «comp omiso» indi idual con una me a é ica se cons i uye en au én ico se so- cial espec o de una p ác ica his ó ica, po así de- ci lo, ha acabado po modela a su imagen y se- mejanza la polí ica en la época mode na aicio- nando, en de ini i a, la p udencia y se enidad que an ca as e an a Immanuel Kan . En la no a 5 de El con izc o de las acul ades27 Kan comen- a el ca ác e no p ác ico de las u opías polí icas clásicas, las de Pla ón, Mo o, Ha ing on y la Se- e ambia de Allais y dice que «dulce cosa es ima- gina se cons i uciones polí icas que se co espon- dan con las exigencias de la azón (especialmen e en lo que se e ie e a la jus icia); pe o exo bi an- e p opone las en se io y punible inci a al pue- blo a que de ogue la exis en e». Se ei indica así el papel Iúdico de las u opías, en endidas co- mo juegos de la imaginación o concebidas como modelos ideales a pa i de los da os del p esen- e, con un espí i u c í ico que no es sub e si o; y se dis ingue cla amen e ese papel de una polí i- ca: Kan llega al pun o de menciona de modo explíci o «el abo o de la epública despó ica de C omwell. Pe o el igo de la exposición le juega una mala pasada: el indi iduo es á, según Kan , «obligado» a hace del ideal de la humanidad el suyo p opio, es á impelido po la Na u aleza a ealiza su esencia, la libe ad, es deci es á mo- almen e comp ome ido con la u opía. Hay aquí el es imonio de un i aje en elación con la so- ciedad de impo ancia capi al pa a los siglos u- u os. El es ado uni e sal cosmopoli a no es más que una hipó esis, pe o es p ecisamen e po ello, po que se a a de una hipó esis pensable, que se con ie e en un debe , una egla de acción obliga o ia en cuan o somos capaces de o mu- 26 E. WEIL.~~. ci . p. 116. 27 C 7. 1. QNT, Filoso j? de la his o ia, op. ci ., p. 122.