El punto de vista cosmopolita
Abstract
Lynch, Enrique
Full text
EL
PUNTO
DE
VISTA COSMOPOLITA
En ique
LYNCH
En una época no muy lejana la condición de
«his ó ico» se ese aba a las ges as de indi iduos
o pueblos. Los c i e ios que se ían pa a de e mi-
na si es e o aquel hecho debía se consag ado
po la his o ia no solían se muy cla os
y,
po lo
gene al, dependían del juicio
y
la azón de los
encedo es en una campaña, de la megalomanía
de un conduc o de pueblos o del pode de un
g upo social hegemónico. Hoy en día siguen exis-
iendo los g andes iun ado es, sigue habiendo
conduc o es de pueblos
y
clases dominan es, pe-
o jun o a la adicional his o ia ác ica que na a
las hazañas de és os, compues a po acciones mi-
li a es, polí icas, económicas
y
a ís icas, lo ecen
pequeñas his o ias, ol idos -delibe ados o no-
de la memo ia del mundo, his o ias de c eencias
y
men alidades, his o ias de ins i uciones o de
es ilos, de p ác icas, de écnicas
y
de sen i-
mien os'. Es a p oli e ación de discu sos so-
b e el pasado de la humanidad, además de en i-
quece nues o conocimien o his ó ico, ha eni-
do la i ud de ecompone la imagen de nues o
p esen e
y
no se hubiese p oducido si quienes
decidie on ompe con el pa adigma his o iog á-
ico decimonónico no hubie an con ado con un
c i e io nue o sob e qué es el «hecho his ó ico».
La nue a o ien ación de las in es igaciones
his ó icas
y
sociológicas que cada an o nos so -
p ende con en oques insóli os de hechos pasados
en iende dichos acon ecimien os de una mane a
di e en e de cuando se es udia la acción de los
hé oes o la his o ia polí ica de una nación,
y
qui-
zás en ello adique lo sus ancial de sus acie os.
Hace ein e años, Lé i-S auss, polemizando con
el Sa e me odólogo de la
C i zca
de
la Razón
Dialéc ica,
se plan eaba es a peculia idad del he-
cho his ó ico, el ca ác e siemp e p oblemá ico e
ine able de és e*, hacía juga con al ane ía su sa-
be e nológico cuando señalaba, con azón, que
lo e dade amen e complejo en el discu so de la
his o ia es á en pode es ipula qué es lo que
puede se a ado de <hecho». Apun aba, asimis-
mo, que una his o ia au én icamen e o al nos
pone an e el caos. Si el hecho his ó ico es lo que
ha pasado
ealmen e
-se p egun aba-, idón-
de ha pasado algo en ealidad? Cada ci cuns an-
1
Me emi o a los esbozos de una p og amá ica de la nue-
a his o iog a ía en la conocida ob a de Michel Foucaul ,
La
a queologiá del sabe ,
Siglo
XXI,
México,
1970.
2
C.
LEVI-STRAUSS,
Elpensamien o sal aje,
FCE, México,
197,
p.
372.
cia se esuel e en una in inidad de episodios me-
no es
y,
a la ez, se insc ibe en hecho de mayo
gene alidad. Cada ac o mundano, e olución,
mo imien o mig a o io, in e cambio come cial o
p oceso p oduc i o, po ejemplo, se acopla con
o os pa a o ma enómenos mac oci iliza o ios
más complejos; pe o, al mismo iempo, aduce
mo imien os psíquicos
y
ísicos, indi iduales
y
colec i os que, a su ez, se componen de uncio-
nes ce eb ales
y
ne iosas, p ocesos ho monales,
a ómicos, e cé e a. El his o iado o el simple ob-
se ado ienen que emon a se po abs acción
has a los hechos aba ca o ios o educi su campo
obse acional pa a cap a las mi íadas de hechos
cons i uyen es
y,
en cualquie a de sus dos mo i-
mien os al e na i os, e ospec i o- educ o o
p ospec i o-induc o
,
han de elegi , co a , e-
co a , dis ibui , des aca o desecha , o bien e-
duci , sob e un ondo de con inuidad que se sos-
iene apenas en la dimensión empo al que p o-
ee la c onología. La única
y
p incipal a ea del
his o iado consis e en log a la cohe encia en el
á ago de los acon ecimien os. Pa a ello se ale
de la pob e ayuda que le p es a el calenda io
y
de su sen ido ín imo de con inuidad que le pe -
mi e cons ui un uni e so co elacionado allí
donde no exis en en ealidad más que enóme-
nos discon inuos que, si pudie an o aliza se, se
neu aliza ían a sí mismos, haciendo que su p o-
duc o inal sea igual a ce o3. Conside ado desde
es a pe spec i a el conocimien o his ó ico se e
apoyado en una ilusión de con inuidad inspi a-
da, en odos los casos, po un c i e io pa icula .
Regulando la óp ica con que obse a los acon e-
cimien os es e c i e io descub e nue as conexio-
nes pa a hechos conocidos, desen eda secuencias
imp e is as, señala se ies de sucesos según o as
ligazones causales, en unción de 1a. ique a de
sus obse aciones, el alo
y
la can idad de sus
da os, la p ecisión de sus ins umen os de aba-
jo
y
la agilidad de su me odología
y,
desde lue-
go, la imaginación que aplique a su a ea. No
exis e, po consiguien e,
una
his o ia sino «his o-
ias», cuyo es udio a la ez que de e mina un
nue o campo, un obje o inusi ado, con iesa
siemp e el pun o de is a que las ha p oducido.
Toda his o ia, concluye Lé i-S auss, es siemp e
una
hi~ ona-pa a.
F en e a las implicaciones cla amen e ela i is-
as de la posición de Lé i-S auss, pod á obje a -
se que educi la cues ión del conocimien o his-
ó ico al p oblema de ma ca las coo denadas
p ecisas de un singula «pun o de is a»
y,
de es-
a o ma, mul iplica al in ini o las e siones po-
sibles de un mismo suceso no soluciona el p o-
blema que plan ea una eo ía de la his o ia sino
que lo complica. En el mismo momen o en que
nos inclinamos an e el subje i ismo adical que
la e nología a ibuye a la his o ia, condenamos a
és a a se expulsada de la «Tabla de las Ciencias»
y
aquella o gullosa in es idu a de
epis eme
que
los posi i is as quisie on condede le en el siglo
pasado se des anece
y
iene a se sus i uida po
la his o ia como
doxa,
me a opinión que an solo
dela a el pun o de is a que la emi e. Su alo
in ínseco, en onces, no esul a mayo que el del
habla, los mi os o las p ác icas sociales, signos de
la ma cha de una sociedad pe o ya no dominios
de sabe .
En compensación se ecupe a en la e sión de
Lé i-S auss aquel sen ido o igina io que oda ía
se esconde en la aíz g iega del é mino:
~o wc
,
que designa a ((aquél que es á allí pa a e »4, Lo
es imonial se impone en es a e sión a la
~lo oc-
la
de A is ó eles, na ación de los da os ob eni-
dos median e una in es igación, que die a luga
a la
his o za e um ges a um,
concepción que ha-
ce muchos siglos se impuso. En ealidad se a a
de pasa de la supues a obje i idad de las ges as
a la econocida subje i idad del es imonio com-
p ome ido. La his o ia esul a en onces «lo que
io ulano de al», «lo que a es iguó de es a o
aquella ci cuns ancia»
y,
en algún caso, «lo que
juzgó ace ca de ello»; especie de c ónica, alusión,
e e encia u obse ación e lexi a del pasado en
la que poco hay de ciencia incon aminada
y
mu-
cho de opinión, a despecho del igo
y
la minu-
ciosidad de sus mé odos heu ís icos.
Po o a pa e, es á cla o que es a in e p e a-
ción de la his o ia no puede se del ag ado de
quienes abogan po que el discu so his ó ico imi-
e la obje i idad de la ciencia na u al. Pe o ni si-
quie a sa is a á a Adam Scha , po ejemplo,
que a i mas que dicha equipa ación es deseable
4
En
M.
FOCCAULT,
La
e dady /as o masju~ídicas,
Ge-
disa, Ba celona, 1980, p. 40.
Véase
ADAM
SCHAFF,
His ona y e dad,
C í ica, Ba ce-
lona, 1976. En pa icula oda la e ce a pa e, que es á de-
dicada a analiza las condiciones pa a la obje i idad en la
his o ia.
(los ma xis as an en la ciencia na u al un c i e io
de cien i icidad pa a las ciencias humanas al que
sec e amen e aspi an), aunque sólo pueda esol-
e se en una obje i idad
sui gene i .
Cu iosa-
men e, son dignas de se a endidas las ibula-
ciones de Adam Scha en sus denodados in en-
os de de ende la posibilidad de una his o ia
«obje i a» (in e subje i a) apoyándose en ese ex-
año «condicionamien o social in olun a io»
que hace abla asa con los subje i ismos y jus i-
ica , al mismo iempo, las axa i as exigencias
de Lenin cuando eclamaba inequí ocamen e
que la his o ia debía « e leja los in e eses de la
clase
y
del Pa ido»6.
No, mucho más que es os malaba ismos de
dudosa consis encia eó ica impo a comp oba
que la cien i icidad del discu so his ó ico iene
que habé selas de algún modo con lo con ingen-
e, lo in ui i o, lo a bi a io, es deci con la na u-
aleza oluble
y
alaz del suje o cognoscen e,
y
emp ende el es udio de sus es imonios sin em-
plea siquie a el ecu so que Lé i-S auss ep o-
cha a Sa e
y,
con él, a cie a co ien e del ma e-
ialismo his ó ico, de que e con e i a los a i-
bulados, imp e isibles,
yos
en un
noso os
pa a
man ene i a la ilusión de la libe ad'.
Quisie a encuad a es e abajo en los ma cos
de una idea de la his o ia aco de con los nue os
en oques según los cuales la his o ia o bien su-
cumbe a la ela i idad de los pun os de is a o
bien se con en a con es udia la ía lógica de los
enunciados.
Me p opongo examina aquí un caso ípico de
comp ensión in encionada de la his o ia, según
los esbozos de una iloso ía de la his o ia en Im-
manuel Kan , pa a p oba cómo cie a epis emo-
logía puede escapa a su uni e so de discu so
y
p oyec a sob e la eo ía de la sociedad unos
lei -
mo i
que, en es e caso, se han con e ido en 1í-
mi es, pa ones de análisis o supues os gene ales
que an mucho más allá del con ex o pa a el cual
ue on concebidos. El examen del pun o de is a
kan iano de la his o ia enseña, so p enden e-
men e, que puede es ablece se una elación sig-
ni ica i a
y
e iden e en e la concepción de
la
his o ia como un de eni con sen ido
y
el su-
pues o de la pe ec ibilidad del mundo que e-
ma a en la espe anza siemp e ealimen ada de
6
C i.
A.
SCHAFF.
op.
ci .,
pp. 357-360
7
C.
LEVI.STRAUSS,
O).
ci .,
p. 380.
una sociedad mejo ,
y
po es e camino, en los
p incipios de una cie a polí ica.
En no iemb e de
1784,
Kan publicaba en la
Be linische Mona ssch z
un b e e opúsculo al
que segui ían o os de emas a ines con la iloso-
ía de la his o ia. En conjun o, es os esc i os que
p eanunciaban la madu ación de su é ica, no lle-
gan a con igu a un cue po de pensamien o
equi alen e a, po ejemplo, su iloso ía c í ica,
pe o ienen, como oda la ob a de Kan , una lu-
cidez
y
una elocuencia admi ables. El abajo en
cues ión lle aba el suges i o í ulo de
Idea de
una his o ia uni e sal desde el pun o de is a
cosmopoli a8
y
en él se con ienen odos los ele-
men os esenciales de la iloso ía de la his o ia de
Kan
y
los p incipios gene ales de su idea io polí-
ico, que expond ía en
La
Paz Pe pe ua
de
1795.
Po úl imo, es e esc i o conec a la iloso ía kan-
iana con la adición del pensamien o u ópico
en la medida en que, como in en a é demos a ,
nos da la e sión alemana del sueño de la azón
y
la idea de p og eso.
Si nos dejamos lle a po los sen idos que e o-
ca la palab a «cosmopoli a», más allá de la desig-
nación di ec a, que apun a a la imposible alian-
za de la ciudad
y
el mundo, di ícilmen e as-
pond emos los es echós má genes impues os
po el léxico usual. Según el dicciona io, cosmo-
poli a es aquel que ha isi ado muchos países; es
el iaje o in a igable, la u be poblada po una
mul i ud de azas
y
comunidades ex añas, es el
indi iduo mundano que odo -o casi odo- lo
sabe o lo ha expe imen ado. Po úl imo, hay
ambién esa endencia sociocul u al de cie os
g upos sociales que inmedia amen e asociamos
con el «cosmopoli ismo»
y
que es ca ac e ís ica de
los asgos occiden ales más «ci ilizados».
Sin emba go, no es és e el cosmopoli ismo
que nos in e esa
y,
en alguna medida, muy poco
iene que e con el que Kan enía
in men e
al
esc ibi su opúsuculo. No es una no a de socie-
dad o «de la sociedad»
y
ampoco se a a de una
cos umb e, una pau a social o un
esp i
que pue-
da e i ica se en cie os hábi os. Se a a, en i-
go , de un pun o de is a, una pe spec i a desde
la que se en iende e in e p e a la his o ia de la
humanidad. Si he de exp esa me con oda p eci-
sión di é que es el pun o de is a ilosó ico que,
8
En
1.
KANT.
Filoso jz
de
la his oniz,
FCE,
México,
1979,
PP.
39-67.
según Kan , nos pe mi e hace de la his o ia un
discu so acional
y
azonable. Es á cla o, pues,
que el p opósi o de Kan no consis e en es able-
ce cómo es posible la his o ia en an o de eni
de los acon ecimien os sino cómo ese de eni se
hace in eligible pa a noso os, lo que supone es-
ablece cómo
y
en qué medida el discu so de la
his o ia es pe meable a las leyes de la azón.
Se a a, en p ime luga , de una cues ión
epis emológica a la que se alude ya desde el í u-
lo, pe o al mismo iempo implica una ma e ia de
mayo alcance. Kan no sólo a a á de una
cla e
pa a la comp ensión
y
ac u a acional de la his-
o ia sino que, po añadidu a, esboza á una
e-
p esen ación
de la his o ia uni e sal. En cie a
medida, lo que nos dice Kan en sus ensayos so-
b e la his o ia es que la o ma bajo la cual nece-
sa iamen e nos ep esen amos el de eni his ó i-
co dic a la cla e pa a la cap ación de su sen ido
y
alo úl imo en cuan o es acional. En la iloso ía
de la his o ia kan iana hay, pues, una Idea de la
His o ia
y,
pa alelamen e a ella, una
idea
-con
minúsculas- de la his o ia, las cuales, hábil-
men e combinadas de e minan el pun o de is a
de la mode nidad con espec o al de eni de la
sociedad. Es e pun o de is a, el pun o de is a
cosmopoli a, hab á de ene una p o unda in-
luencia en la adición del idealismo alemán
y,
a
a és de és e, en el pensamin o social
y
polí ico
del úl imo siglo.
E/
sen ido de
la
his o ia
El p ime g an p oblema que plan ea Kan en
el opúsculo iene que e con la necesidad de
a ibui un
sen ido
al de emo de la his o ia. No
podemos de e mina con exac i ud,. a p ime a
is a, si lo que Kan señala como necesidad es
p opio del obje o o de quien se de iene a exami-
na lo. Es deci , si es un equisi o del p oceso his-
ó ico o una condición de posibilidad de la in e-
lección de dicho p oceso. Es, en cie o modo, un
equisi o de las cosas examinadas en an o que, si
no se impone una o ma de cohe encia a la lib e
mani es ación de los acon ecimien os que egis-
a la conciencia ingenua, la ep esen ación de
los hechos esul a un caos. Dice Kan que si no
conside amos las acciones de los homb es «con
a eglo a un plan»,
como si
o ma an pa e de un
p og ama o p oyec o de alguna especie, no po-
d emos comp ende las po el solo hecho de que
no se emos capaces de dis ingui p opósi o acio-
nal alguno en ellas. La simple obse ación de los
hechos que p oducen los homb es con su con-
duc a no bas a pa a comp ende el de eni po -
que si bien los indi iduos son obje o del de e -
minismo na u al igual que las especies animales,
su na u aleza no ins in i a -el hecho de que se
mue en según los consejos de la azón- los hace
adicalmen e imp edecibles.
De modo que el plan en el que se insc iben los
ac os de los homb es no esul a en onces un e-
quisi o de las acciones mismas cuan o de la con-
ciencia que las obse a. Epis emológicamen e,
no se a a de halla lo en la conduc a obse ada
-un p opósi o que, po o a pa e, es i ealiza-
ble, acla a Kan - sino de
supone lo
en la ins-
ancia de e minan e de és as. En o as palab as,
como no es posible deduci plan alguno de las
c ia u as que son los homb es, Kan in ie e el
plan de la Mad e Na u aleza, bajo cuyos desig-
nios es as c ia u as ac úan. La in e encia no es
descabellada, nos dice; ahí es án las endencias a
la homogeneización, las con e gencias
y
la egu-
la idad que cabe descub i en los da os es adís i-
cos
a
que pueden ansc ibi se cie os enómenos
sociales (los ma imonios, po ejemplo) que, is-
os desde la pe spec i a de los pa icipan es, pa-
ecen absolu amen e lib es. Según es os egis-
os, el sen ido de la his o ia apa ece ía expues o
c íp icamen e en una sue e de
in ención
ocul a
de la Na u aleza, cuya di eccionalidad
y
espí i u
hay que desen aña a pa i de la plu alidad de
si uaciones, ac os
y
ci cuns ancias que in e ie-
nen en la ac i idad social de los homb es. En de-
ini i a, Kan de iende un cie o p o idencialis-
mo como as ondo de la his o ia.
Sin emba go, su posición es algo más que p o-
idencialis a. Pa a en ende la en su jus o alo es
p eciso p oyec a se unos años
(1790),
al ex o de
la
C i ica del Juicio,
en pa icula a su segunda
pa es. Allí Kan expone su doc ina del juicio
eleológico
y
dice que la causalidad na u al, aun
cuando sea de e minan e pa a la e olución de los
obje os na u ales, no bas a pa a undamen a el
conocimien o de és os. Pa a un conocimein o a-
cional de la na u aleza
-y
de las acciones de los
homb es en an o o man pa e de la na u ale-
9
1.
KANT,
C i ica
delJuiczb,
aducción de Manuel Ga -
cía Mo en e,
Ed.
Po úa, México,
1978.
za- es p eciso que la acul ad de juzga enlace
cie os obje os del en endimien o con
inalida-
des,
que p opo ciona la azón. El juicio eleoló-
gico lle a a cabo ales enlaces
y
pe mi e po ello
«en ende » acionalmen e los enómenos. Es e
juicio, acla a Kan en a ias secciones de la
C i i-
ca del Juicio,
no es cons i u i o de los obje os
-como lo es la causalidad na u al-, no es de-
e minan e sino an sólo e lexi o. Cumple po
ello una unción me amen e egula i a, es deci ,
si e pa a o dena de acue do con un in acional
los da os que la expe iencia ae a la conciencia.
El in que p opone el juicio eleológico cons i u-
ye la unidad ideal que o dena la mul iplicidad
y
he e ogeneidad de los enómenos his ó icos. Po
e ec o de es e in p opues o po la acul ad de
juzga aplicada a la his o ia, los sucesos no se nos
apa ecen solamen e ligados po su conexión cau-
sal o c onológica, sino además po una ama sig-
ni ica i a. Po la causalidad
y
la c onología Ilega-
emos a «sabe » de ellos, pe o sólo end án sen i-
do pa a noso os, sólo pod emos
conoce los,
si
los o denamos con espec o a un in. En al caso
y
p ecisamen e po que cons i uyen una ama
signi ica i a pueden des aca se del conjun o de.
los hechos causales.
En é minos gene ales, el pun o de is a cos-
mopoli a se elaciona ía de hecho con un
elos,
pe o no cabe supone que es e
elos
se limi e a la
me a ope ación de la azón pa a o dena los da-
os del en endimien o. El
sen ido
y
la inalzdád
de e minan ambos el concep o «his o ia», lo
cons i uyen, de al modo que hab á «his o ia»
donde nos si uemos con nues as e lexiones, pe-
o no sólo -como bien apun a Cassi e lQ- en el
plano de los simples acaecimien os sino ambién
en el plano de los ac os. El
elos
ac úa como una
unidad ideal dado a de sen ido;
y
és a, su un-
ción de «da sen ido» a los hechos causales des a-
cando
así
lo his ó ico del de eni na u al, consis-
e en imp imi una cie a e icidad al p oceso. El
elos
inmanen e que hay que desen aña de los
acon ecimien os es en sí mismo una me a é ica
que sólo se nos mani ies a en la medida en que
pa icipemos del p oyec o que sin e iza. Kan
siemp e se e ie e a una conciencia que juzga en
su ida p ác ica según el iejo
mo d'o d e
que
de iende la sup emacía de la azón p ác ica sob e
10
E.
CASSIRER.
Kan ,
ida
y
doc nha,
FCE,
México,
1978,
pp.
268
y
269.
la azón eó ica. En es a opo unidad sugie e que
llega emos a comp ende el sen ido de la his o-
ia, a cap a la inalidad que de e mina sus acon-
ecimien os, en la medida en que colabo emos
con el sano, el saludable plan de la na u aleza''.
La iloso ía kan iana de la his o ia iene a un-
da , pues, una polí ica
sui geneni.
Comp ende
la inalidad é ica que anima el p oceso his ó ico
es una ob a de bien público, un ges o encomia-
ble de gen es ci ilizadas. Poco impo a que, po
el momen o, subsis a en el mundo la maldad
y
la injus icia. Cuando los indi iduos comp endan
que han de hace suyos los saludables p opósi os
de la na u aleza, el mundo acional se hab á im-
pues o. Mien as an o, la na u aleza se las a e-
gla pa a conduci a la humanidad, paso a paso,
po medio de «as u as a imañas», po el dolo o-
so camino de la sal ación, cumpliendo es adios
cada ez más pe ec os, has a que un día sea po-
sible alcanza un cuad o de con i encia que haga
inú iles las gue as.
El p oceso his ó ico es, pues, el p oceso de ea-
lización de un ideal mo al, la libe ad, que a
cumpliéndose ineluc ablemen e, supe ando c a-
pas cada ez más pe ec as
y
que algún día ema-
a á -Kan lo piensa pa a el siglo siguien e al
suyo- en un «es ado uni e sal cosmopoli a» del
que hab án sido des e ados los en en amien os
y
las injus icias. Po el momen o bas a ene p e-
sen e que el cosmopoli ismo kan iano no se e-
duce a una compleja ope ación epis emológica
ealizada como un me o eje cicio de su ileza.
Hay de ás de sus ilig anas eó icas una polí ica:
cub i , en la concepción de la his o ia del Ilumi-
nismo, despojada de ines -es á cla o que no ha-
b á Dios, ni espe a mesiánica, ni pecados edi-
midos en la his o ia u u a de la sociedad bu -
guesa-, el ideal mo al que an año suminis aba
la eligión
y
que la azón ilus ada ha eliminado
sin sus i ui lo. El
elos
que pos ula Kan pa a los
p ocesos, núcleo del sen ido de la his o ia, iene
a sa is ace además de su unción c í ica el papel
de lo sag ado en una his o ia que es á en p oceso
de de ini i a secula ización.
¿Cómo es posible que los homb es descub an
en su acciona la me a hacia la que se encaminan
sus acciones? El pun o de is a cosmopoli a ense-
ña que a los homb es no se les e ela la inalidad
en la que ema an sus acciones sino cuando en-
11
Ibídem,
p. 267.
ienden dichas acciones desde una cie a é ica.
En úl ima ins ancia, es á cla o pa a Kan que esa
inalidad a la que apun an los homb es es, en el
ondo
y
desde la pe spec i a de la especie huma-
na,
buena.
Po eso es que cuando el p ocede de
los homb es que hacen la his o ia llega a insc i-
bi se en una doc ina del debe , se en iende la
sabidu ía de Dios, el luga de la humanidad en
el mundo
y
el «sen ido» de la exis encial2. Toda
la his o ia cob a «sen ido»
y
se despejan así los
siemp e p esen es emo es me a ísicos. El suje o
kan iano
debe en ende que odo es pa a bien,
de lo con a io no pod ía sob e i i a la g a ui-
dad
y
absu do de su exis encia. En cie os aspec-
os, es a solapada decla ación de op imismo
o zoso13 ecue da los ecu si os a gumen os me-
die ales pa a undamen a una conduc a buena
y
comba i de paso la des iación pesimis a. Un
mismo a gumen o se di undía en las
quodlibe a-
les:
«Ha de habe una conduc a buena, cla a-
men e dis in a de o a mala. El Día del Juicio
unos se án condenados
y
o os ecompensados.
Si odos, sin excepción, uésemos a se cas iga-
dos, ¿qué sen ido hubie a enido que inié amos
al mundo?» La é ica c is iana se empa en a sec e-
amen e con el p oblema de la exis encia: pues o
que una exis encia sin sen ido es inimaginable,
necesa iamen e ha de habe una conduc a buena
dis in a de o a mala, una inequí oca di e encia
en e ép obos
y
elegidos.
Es e ema c is iano subyace en el cosmopoli is-
mo de Kan bajo o as o mas. Pa a Kan el
homb e iene, a despecho de la iolencia
y
la in-
jus icia que obse a a dia io, una imp esión, la
ín ima sospecha de que ésa, su acción, que epo-
sa en la pu eza de su in ención, no es ana,
y
que sus esul ados se án álidos espeao de la a-
zón
y
la mo al'*. Pe o pa a que esa imp esión se
ea co obo ada o supe e, al menos, las pu as ex-
pec a i as de la conciencia ingenua, es p eciso
que no sólo la acción indi idual sino ambién la
his o ia a la que és a con ibuye enga un sen ido
que, según las eglas del juicio, ha de se le sumi-
nis ado po su inalidad.
Y
como es a inalidad
es acional
y
é ica, así ambién ha de se
y
consi-
12
J.
LACROIX,
Kan ,
Sudame icana, Buenos Ai es, 1969,
p.
84.
13
Véase cómo alude a ella en
El in de odas las cosas,
en
KANT.
Filoso h de la kis ona,
op.
ci .,
p.
125.
14
E,
WEIL,
<His oi e e poli ique., en
P oblemes kan-
iens?,
V in, Pa ís, 1970, p. 113.
de a se la his o ia. El pun o de is a cosmopoli-
a, como sín esis de la iloso ía kan iana de la
his o ia, enseña cómo se ealiza esa conexión en-
e la é ica
y
la eleología de la his o ia: más que
una educción de la segunda po la p ime a, la
é ica
hace posible
a la eología15.
Al co ona oda la his o ia de la humanidad
con un p oyec o global de biena en u anza
y
ha-
ce de la espe a de la libe ad la sín esis idealiza-
da del u u o del mundo, Kan , como bien ob-
se a Collingwoodl6, se insc ibe en el e dade o
es ilo de la Ilus ación, des acándose del oman-
icismo ep esen ado en es a ma e ia po las
Ideas pa a la &so
?á
de la his o ia de
La
huma-
nidad
de He de
.
Los dos ácidos comen a ios pu-
blicados po Kan en la
Allgemeine Li e a u zei-
ung
de Jena en 1785'7 deplo an no sólo el es ilo
y
la me odología empleada po He de lg sino el
que no haya sabido pe cibi en la mul iplicidad
de la his o ia del mundo
y
sus ci ilizaciones la
unidad abs ac a de un pos ulado é ico que o -
dena ales mani es aciones bajo un único
y
om-
nicomp ensi o sen ido.
La eo iá del con lic o
La pos ulación de una me a é ica debe sal a ,
sin emba go, un obs áculo que desde Kan ha si-
do común a odas las eleologías de la his o ia. Si
bien puede ene se como álida la a i mación de
que el de eni de la sociedad demues a una
p og esión de las condiciones de ida hacia suce-
1,
El pun o de is a cosmopoli a di ie e de las demás
i-
loso ías de la his o ia en que ya no in e esa, como en Hegel,
que la eleología si a pa a econs i ui una unidad o igina-
ia, la del Todo, que ha sido descompues a.
Y
ampoco im-
po an -o sí, pe o como señala Kan muy secunda iamen-
e- los usos p o é icos, an icipa o ios de és a. In e esa la
na u aleza mo al de la expec a i a u ópica, el hecho de que
el es ado uni e sal cosmopoli a con igu a, además de una
condición idealizada, una nue a o ma de la G acia, o sea,
de es a lib es de pecado.
16
R.G.
COLLINGWOOD,
Idea de la
his o ia,
FCE,
Méxi-
co, 1977. p. 98.
17
He u ilizado
blicada po Aubie la e sión ancesa de es os esc i os, pu-
,
Pa ís, 1947, con el í uloLaphilosophie
de l'hlcioi e, pp. 95-1
26.
18
Dice Kan al espec o: «no se sabe si el háli o poé ico
que anima la exp esión no se desliza a eces en la iloso ía
del au o ; o si, po momen os, los sinónimos ocupan el lu-
ga de las explicaciones
y
las alego ías sus i uyen a las e da-
des».
1.
KANT,
op. ci . p. 118.
si as e apas de pe eccionamien o, ello no impli-
ca que la condición ac ual, la nues a, igual que
la de Kan , sea me ecedo a de elogios. En el caso
de la época kan iana, las gue as eu opeas, los
episodios p e ios e inmedia amen e pos e io es a
la Re olución F ancesa, no hacían sino co obo a
las obse aciones
y
p onós icos más pesimis as.
La iolencia en las elaciones en e los es ados,
el males a social
y
polí ico
y
la e iden e ecu en-
cia del enómeno en la his o ia de Occiden e
cons i uían p uebas insoslayables de que, cual-
quie a que uese la espe anza de la humanidad,
su p esen e es aba ca gado de con lic os.
El p ocedimien o ideado po Kan pa a da
una explicación a es e enómeno es ingenioso.
A i ma Kan que las disposiciones na u ales que
apun an al uso de la azón es án llamadas a desa-
olla se en la especie
y
no en los indi iduos. Su
pleno desa ollo es, como hemos is o, un p o-
pósi o e iden e de la Na u aleza, pe o como los
indi iduos se mues an dominados po sus ins-
in os
y
sus pasiones más incon olables, dice
Kan que la na u aleza ha ideado un as u o a -
did pa a ale se de las peculia es debilidades hu-
manas, pone las a su se icio
y
log a sus p opó-
si os. Ha do ado al homb e de una
insociable so-
ciabilidad (ungessellige Gesselligkei ),
es deci
de una doble endencia a la asociación
y
al echa-
zo de oda comunidad en e indi iduos. Los
homb es necesi an i i en sociedad pa a el log o
de sus ines como especie, pe o an p on o como
se asocian a sus semejan es, la lib e mani es a-
ción de sus disposiciones, acica eada po las a o-
ables condiciones que su gen de la asociación,
los lle a a in en a ompe la comunidad que con
an o es ue zo ha . cons uido. En es a doble na-
u aleza ha de halla se el o igen de los en en a-
mien os
y
con lic os que ca ac e izan a la ida co-
muni a ia
y
que lle an a habla de un
an agonis-
mo
uni e sal. ¿Cuál puede se el obje i o que
pe sigue la na u aleza con es os en en amien-
os? Que se desa ollen odas las disposiciones
y
acul ades de los homb es alen adas po el deseo
de supe a a los con incan es
y
compe ido es en
cada caso. Los an agonismos ele an al homb e
del es ado de na u aleza al es ado de cul u a
y,
en es e sen ido, se con ie en en un ac o del
p og eso de la ci ilización.
La
insociable sociabiLidad
nos p esen a una
e sión posi i a de la gue a. Kan ,
y
después de
él, a pa i de la Res au ación, odas las iloso ías
de la his o ia que en el de eni como un p og e-
so que se desen uel e según unas leyes in eligi-
bles, abandonan odo juicio c í ico de la gue a
pa a, en alguna medida, jus i ica la
y
ex ende
su a al a odos sus e ec os: la de as ación, el ge-
nocidio, la iolencia po encima de los códigos
y
las con enciones, e cé e a.
Y
lo hacen po dos ca-
minos, a i mando que es un mal que subyace a
los hechos, un mal apa en e; o si no, sos eniendo
que se a a de un mal necesa io, el I'mi e de una
se ie conca enada de acon ecimien os. Ambas
e ien es co esponden a o os an os modelos
(p o idencialis a
y
inalis a) de la his o ia. El cos-
mopoli ismo kan iano iene, en e dad, algo de
ambas. Como bien señala Bobbio19, la eleología
de Kan consien e el con lic o, el en en amien-
o, los an agonismos gene alizados, la gue a,
como un mal necesa io en un doble sen ido: co-
mo ine i able po que se unda en disposiciones
na u ales (belicismo na u alis a);
y
como saluda-
ble po que con ibuye al p og eso de la ci iliza-
ción (belicismo
ideológico-mis i icado ).
En am-
bos casos, po consiguien e, la gue a es p esen-
ada como un mal jus z icado que se insc ibe a
los p ocesos necesa ios p og esi os (no eg e-
si os). Es un bien, aunque -cla o es á- un
bien-medio pa a un bien- in.
El pun o de is a cosmopoli a expone la gue-
a como el e dade o mo o del p oceso his ó i-
co en una au én ica an icipación de aquella « io-
lencia pa e a de la his o ia» de Ka l Ma x que
hab ía de inspi a a an os e oluciona ios del si-
glo
XX.
Es, como igu a del discu so, la al e na-
i a p usiana al oman icismo ousseauniano que
eía en la elicidad, en la búsqueda de la elici-
dad, la expec a i a gene al de la humanidad
y
uen e de inspi ación
y
mo i aciones de las accio-
nes his ó icas. Si los homb es sólo desea an la e-
licidad, dice Kan , la humanidad jamás hubie a
dejado aquella A cadia o igina ia de la que di-
cen los mi os que p o iene, pe o los homb es no
se ían más que unos campesinos emb u ecidos e
igno an es20. La gue a puede se , ambién, una
19
N.
BOBBIO,
Ilp oblema dellague a e le ie dellapa-
ce,
11 Mulino, Bolonia, 1979, pp. 61-70.
20
Hegel e o na con su habi ual suges ión es a e sión
desca nada e implacable de la his o ia:
«(.
..)
la his o ia no
es el e eno pa a la elicidad. Las épocas de elicidad son en
ella hojas acías.
(..
.)
Los indi iduos de impo ancia en la-
his o ia uni e sal que han pe seguido ales ines se han sa-
is echo, sin duda, pe o no han que ido se elices».
Leccio-
máquina gene ado a de cul u a, una pasión na-
cional, como pa a Fede ico el G ande. En el su-
plemen o p ime o del p oyec o de la Paz
Pe pe uazl, i ulado «Sob e la ga an ía de la paz
pe pe ua», Kan ensaya una in e p e ación de
co e e nológico con espec o al p oceso ci iliza-
o io: la in ención de la na u aleza equie e de la
gue a pa a log a ins au a el es ado .uni e sal
cosmopoli a, condición de de echo que pe mi i-
á a sus miemb os goza de una «paz pe pe ua».
En e los muchos saldos posi i os de la gue a,
Kan des aca el que si a pa a pobla la Tie a,
inco po ando así e i o ios inhóspi os a la ci ili-
zación a consecuencia de las mig aciones o zosas
que imponen los en en amien os que obligan a
dispe sa los núcleos humanos
y
mul iplican las
especies na u ales.
Pe o no odo son a gumen os ideológicos en la
de ensa kan iana de la gue a. El g an ecu so e-
ó ico de Kan en e a la pa adoja de la c eación
-si el in úl imo del homb e en el mundo es
cons i ui un uni e so acional
y
mo almen e
jus o, ¿po qué azón quiso la Na u aleza que
semejan e a ea quedase en manos de un se
apasionado
y
b u al?- explicando que el an a-
gonismo que ca ac e iza a las elaciones sociales
no es más que un as u o a did de la Na u aleza
pa a que se desa ollen plenamen e odas las a-
cul ades acionales, no es su icien e pa a unda
con solidez el inalismo de la esis cen al, pe o
bas a pa a mos a con cla idad que el p incipal
p oblema de la his o ia no es el me a ísico «hacia
dónde amos» sino el muy conc e o, co idiano
y
u gen e «po qué peleamos». La g an i ud de
Kan
y
la de sus he ede os con esos o in olun a-
ios es habe pues o de elie e que siemp e es ne-
cesa ia una eo ía del con lic o cuando se es udia
la sociedad;
y,
que la p opues a, en e iluso ia
y
ilis ea, del uncionalismo sociológico, no es más
que un sueño de an os de la ecnoc acia.
En el p incipio del an agonismo uni e sal de
Kan , una sue e de ley new oniana del p oceso
ci iliza o io que eapa ece á ecu en emen e
bajo dis in as o mas en e los ilóso os del siglo
XIX,
en Hegel
y
Sain Simon
y,
a a és de ellos,
en Ma x, quien lo con ie e con la noción de lu-
nes de iloso k de la
his o ia,
Re is a de Occiden e, Ma-
d id, 1974, p.
88.
21
U ilizo la e sión de
F.
Ri e a Pas o publicada po
Ed. Po úa, México, 1977.
cha de clases ele ada -a la mane a cosmopoli-
a- a la condición de cla e / ep esen ación de la
his o ia, en es e p incipio, digo, se expone una
endencia a la indi iduación que co e a la pa
con o a: la necesidad de
socializa
la exis encia
indi idual. En la
ungessellige Gesselligkei
es á
sin e izada la doble na u aleza (doble
y
con a-
dic o ia, que no dialéc ica) del homb e mode -
no. Al ena bola su olun ad p opia, desa iando
cualquie impe a i o comuni a io, el indi iduo
se e a apado en la necesidad de des aca dicha
olun ad imponiéndosela a los demás indi i-
duos: pa a de ende su indi idualidad, pa a
consolida la o simplemen e pa a hace de ella el
o igen
y
undamen o de su exis encia, el homb e
mode no se e impulsado a la acción social**. El
con lic o de que a a la eo ía kan iana del an a-
gonismo iene pues mayo es implicaciones que
la gue a. En es e con lic o in e io hay una
uen e de innume ables ibulaciones psíquicas
y,
como es e iden e, el emb ión de una
olun ad
de pode
que equie e impe iosamen e se sa is-
echa. Cons i uye además, en su e sión cosmo-
poli a
y
kan iana el es imonio de un ance que
a as a la mode nidad desde sus o ígenes, que
aún no ha sido esuel o
y
que alimen a la expec-
a i a indi idual
y
colec i a de e lo solucionado
en un u u o, en o a o mación social, o a so-
ciedad que los indi iduos diseñan según un háli-
o de u opía de signo desconocido.
En elación con es a huida hacia la u opía
ambién ienen que e los eó icos del p og eso
de la escuela alemana, encabezados po el cos-
mopoli a Kan . Su apo ación in oduce un cambio
impo an e espec o de la e sión adicional,
a ibuible a Tu go , Rousseau
y
Condo ce . Pa a
los iluminis as alemanes, la de e minación lisa
y
llana de las e apas de la e olución, esul a i ele-
an e en e a la cues ión del
p og eso mo al23.
Como hemos is o en elación con la eleología
de la his o ia según Kan , la inalidad hacia la
que se encamina el p oceso es capaz de da sen i-
do a las e apas conca enadas que la p ecedie on
p ecisamen e po que es
é zcamen e supe io
a és-
22
MANUEL
FRANK
y
FRITZIE.
U opian hough in he
Wes e n Wo ld,
Ha a d, Ha a d Uni e si y P ess,
1979,
p.
527.
23
C 7.
K.
BOCK.
lheo ies o p og ess, de elopmen
and e olu ion~ en
T.
BOTOMORE,
y
R.
NISBET,
(Eds.)
A
His o?y o So~iologi~al AnalysM,
Nue a
Yo k,
Basic Books,
1978.
as. El cosmopoli ismo de dis in as e ien es
y
épocas p oclama: a ancemos, el u u o es en u-
oso, el u u o es
bueno.
El «es ado uni e sal cos-
mopoli a» de Kan eapa ece con unas conno a-
ciones más abs ac as en el «espí i u econciliado
con el mundo» de Hegel, en el ma xis a « eino
de la libe ad»
y,
cuando ya no se sus en a es e
op imismo inexplicable an e el llamado «socialis-
mo eal», aún sob e i e el iejo ecu so, como
«p incipio espe anza» en el Bloch hegeliano,
ma xis a
y
-malg é lai-
eólogo del ma e ialis-
mo his ó ico.
U opíia y cosmopoli ismo
La eleología kan iana de la his o ia ema a,
como hemos is o, en una igu a de co e u ópi-
co, culmina con una aspi ación que es ambién
el « undado)> deseo de que se ealicen odas las dis-
posiciones acionales con que la Na u aleza do-
ó
al homb e. Kan llama a es a igu a
es ado
uni e sal cosmopoli a (Foedus Amp by c y onumj,
ede ación de naciones, es ado de es ados que
con igu a una po encia unida polí icamen e
y
ju ídicamen e. Piensa es a con ede ación como
un en e sup anacional capaz de decisión
y
con
au o idad su icien e pa a au o egula se (Kan
habla li e almen e de un
au óma a),
impone se
sob e los es ados miemb os e impedi las gue as
de igual modo que el Es ado-nación impuso la
con i encia a los indi iduos. El o den desplega-
do po la acción ci iliza o ia, egulado a, dis i-
bu i a
y
ole an e de al es ado uni e sal cosmo-
poli a, supone Kan que sen a á las condiciones
de ini i as pa a una paz pe pe ua, pa a la desa-
pa ición de las con lag aciones
y
pa a el iun o
de la azón en el mundo.
La expec a i a de una paz e e na iene una la -
ga adición en Occiden e. Su o igen se emon a
a las cul u as g eco omana
y
heb ea
y,
como
consigna, eapa ece con ocasión del «g an mie-
do» del año 1000, lle ada en boca de los pa ida-
ios del mo imien o po la Paz
y
la T egua de
Dios a odos los con ines de la c is iandad. Se la
menciona en las ob as de Dubois
y
Raimundo
Lullo, quienes e lejan en sus esc i os los espo á-
dicos es ue zos po impone la paz en el mundo
eudal. Como ema eapa ece en los
De O bis
Te ae Conco a'za LZb i Qua uo
de Guillaume
Pos e1 (1544), en
Le Nou eau Cynée
de Emé ic
C ucé (1623)
y
en el P ojec pou end e lapaix
pe pé uelle (1
7
13) del Abbé de Sai~~ -Pie e*~.
Es e úl imo pa ece se que sedujo a Rousseau,
quien le dedicó un comen a io exegé ico que ue
el que inalmen e e omó Kan igno ando
-po que no podía deja de conoce la- la bu la
implacable que hizo de él Vol ai e en su Rescn;b-
o del Empe ado de la China, de 176 125, sub a-
yando el ono p esun uoso, en e ingenuo e ig-
no an e (jnada menos que acaba con las gue-
as!)
y
su inocul able eu ocen ismo. Muy lejos
de la so na ol e iana -po lo demás, anca-
men e desopilan e- Kan habla con espe o de
sus an eceso es, elogia el que hubie an sabido
concebi la idea de una paz pe pe ua
y
p opone,
a su ez, que como al sea supues a como in en-
ción úl ima de la Na u aleza, esg imiendo pa a
ello unas azones que ale la pena examina con
de alle.
Dejando de lado las implicaciones de o den
polí ico que iene el p oyec o de la paz pe pe ua,
coinciden es con el idea io libe al kan iano, el
es ado uni e sal cosmopoli a se en iende como la
ealización de aquel ideal é ico que daba sen ido
a la his o ia. Su e icidad iene a se la suma del
p oceso ci iliza o io, una sue e de non plus ul-
a en el que el homb e alcanza -po que el ha-
be sup imido de ini i amen e las gue as lo ha-
ce lib e po siemp e- la libe aden la que se e-
sume su esencia más ín ima.
La imposición de conno aciones é icas a la me-
a del de eni de la sociedad no end ía mayo
impo ancia en es a iloso ía de la his o ia, si no
uese que in oduce, imbuida po ese ca ac e ís-
ico op imismo de las Luces, un cambio sus an-
cial en la e e encia
y
elación de la u opía en Oc-
ciden e. Según se ha is o, la elicidad ha queda-
do desca ada como me a inal de la his o ia: la
aspi ación, el anhelo de elicidad no es ni puede
se , de acue do con los p incipios kan ianos, un
ac o de p og eso sino un elemen o apun alado
del s a u quo
y
un acica e pa a el hedonismo de
los indi iduos. En el inal de la his o ia ha de ha-
be un ideal é ico que, p ecisamen e po que es
é ico, supone un plus de de e minación po en-
cima del que co esponde al homb e po se pa -
e del o den de la Na u aleza. ¿Cómo se lle a a
24
C i.
F.
y
F.
MANUEL,
op. ci .
59.
23
En
Vol ai e,
Opúsculos sa ín¿os
y
ilosó icos,
Al agua-
a, Mad id,
1979,
pp.
246-248.
cabo es a de e minación po la inalidad, es a
« e ode e minación» de los homb es en la his o-
ia? En úl ima ins ancia, dice Kan , po la ía de
una in e ención del indi iduo en la his o ia.
Como bien obse a Weil26, «el homb e es á mo-
almen e obligado a hace del in de la Na u ale-
za su p opio in
(.
.
.)
Pa a ello, la mo al pu a de-
be supe a los lími es de la indi idualidad», un
paso que Kan c ee esuel o en la o mulación
del céleb e impe a i o ca egó ico. Lo que sucede
es que es a pe spec i a cosmopoli a de la his o-
ia, en la que el «comp omiso» indi idual con
una me a é ica se cons i uye en au én ico se so-
cial espec o de una p ác ica his ó ica, po así de-
ci lo, ha acabado po modela a su imagen
y
se-
mejanza la polí ica en la época mode na aicio-
nando, en de ini i a, la p udencia
y
se enidad
que an ca as e an a Immanuel Kan . En la no a
5
de El con izc o de las acul ades27 Kan comen-
a el ca ác e no p ác ico de las u opías polí icas
clásicas, las de Pla ón, Mo o, Ha ing on
y
la Se-
e ambia de Allais
y
dice que «dulce cosa es ima-
gina se cons i uciones polí icas que se co espon-
dan con las exigencias de la azón (especialmen e
en lo que se e ie e a la jus icia); pe o exo bi an-
e p opone las en se io
y
punible inci a al pue-
blo a que de ogue la exis en e». Se ei indica
así el papel Iúdico de las u opías, en endidas co-
mo juegos de la imaginación o concebidas como
modelos ideales a pa i de los da os del p esen-
e, con un espí i u c í ico que no es sub e si o;
y
se dis ingue cla amen e ese papel de una polí i-
ca: Kan llega al pun o de menciona de modo
explíci o «el abo o de la epública despó ica de
C omwell. Pe o el igo de la exposición le juega
una mala pasada: el indi iduo es á, según Kan ,
«obligado» a hace del ideal de la humanidad el
suyo p opio, es á impelido po la Na u aleza
a
ealiza su esencia, la libe ad, es deci es á mo-
almen e comp ome ido con la u opía. Hay aquí
el es imonio de un i aje en elación con la so-
ciedad de impo ancia capi al pa a los siglos u-
u os. El es ado uni e sal cosmopoli a no es más
que una hipó esis, pe o es p ecisamen e po ello,
po que se a a de una hipó esis pensable, que
se con ie e en un debe , una egla de acción
obliga o ia en cuan o somos capaces de o mu-
26
E.
WEIL.~~.
ci .
p.
116.
27
C 7.
1.
QNT,
Filoso j?
de
la
his o ia,
op. ci .,
p.
122.