Ética y teología después de la muerte de Dios
Abstract
Muguerza, Javier
Full text
ÉTICA
Y
TEOLOGÍA DESPUES
DE
LA
MUERTE DE DIOS
Ja ie
MUGUERZA
El p o ano al que los aza es de la ida le
lle an a ocupa se del ema eligioso hab á
de p ocu a se pudo oso y e i a en odo
momen o la en ación del
s lp- ease
de sus
c eencias o inc eencias pe sonales. En es a
línea, pues, de sob iedad,
de nobis $lis silebi-
mas.
Pe o sucede que, en g acia a la a gu-
men ación que po mi pa e oy a a a de
desa olla , necesi a ía hace unas b e es,
b e ísimas, e e encias -con ío que no im-
púdicas- a mi p opia expe iencia del asun-
o, e e encias que, como digo, hab án de
se muy b e es
y
hechas a la ca e a: de
modo que, ya que no
s lp- ease,
ha emos
s eaking.
Po lo demás, y pa a anquilidad del lec-
o , añadi é que ales e e encias ni an si-
quie a hab án de se es ic amen e au obio-
g á icas sino ampliamen e his ó icas, es o
es, ex ensibles -así, al menos, lo supongo-
a buena pa e de la gen e de mi gene ación.
Se a a, en in, de lo siguien e. La gen e de
mi gene ación -la nacida, quie o deci , en
es e pais con la gue a ci il
y
educada po
an o en él du an e la pos gue a- no solía
cob a conciencia del enómeno eligioso
sino con ocasión de eso que an es se llamaba
«una c isis eligiosa)). No digo que con an e-
io idad a, o con independencia de, esas c i-
sis no cupie a ene i encias eligiosas. Pe o
dudo muy mucho que a las o mas de piedad
u ina ia a que se nos enía acos umb ados
les cuad ase el nomb e de ((conciencia del
enómeno eligioso)). De la eligión se co-
b aba conciencia comúnmen e -o, po lo
menos, en el mío y algunos o os casos que
conozco- cuando se la ponía en cues ión,
cuando nues a mane a inconscien e de i-
i la en aba en c isis, cuando -como am-
bién en onces se decía- «se pe día la e)).
Si le quisié amos echa g andilocuencia,
se pod ía deci que la p ime a no icia eha-
cien e que uno enía de Dios e a la no icia
de la ((mue e de Dios)), es o es, de su alle-
cimien o en la p opia conciencia indi idual.
Las p eocupaciones eó icas a que dicho
acon ecimien o p i ado die a luego luga
en cada cual enían poco que e , po cies-
con ado, con las que años más a de susci a-
ía en los miemb os de la gene ación si-
guien e la impo ación de la llamada (( eo-
logía de la mue e de Dios)). Cuando Vic o-
ia Camps publicó en e noso os, a inales
de los sesen a, su excelen e lib o sob e el
pa icula 1, España e a ya un país en ías de
desa ollo, es o es, un pais consumido de
((Coca-Cola)) ( ecue do que un conocido es-
c i u is a español, a quien le p egun a on
una ez qué opinaba de
los eólogos de la
mzle e de Dios,
espondía con e oz humo :
((Me saben a Coca-Cola))). Pe o no se me
ocul a que las compa aciones gene aciona-
les son an odiosas como cualesquie a o as
compa aciones. En consecuencia, me limi-
a é a eco da que, en la mía, las condicio-
nes socioeconómicas del pais no pe mi ían
desd ama iza la mue e de Dios en medida
pa eja a como -andando el iempo- com-
p obé que lo hacía el eólogo de la mue e
de Dios que mejo llegué a conoce . Es oy
pensando en esa a iedad un an o aguada
de neoposi i ismo y iloso ía analí ica que
e an los esc i os de Van Bu en, en uno de
los cuales2 se llegaba a deci que hoy ni si-
quie a en ende íamos el g i o nie zscheano
((¡Dios ha mue o!)) po que el p oblema e a
que la misma palab a <(Dios» había mue o.
En mi época -si se me pe mi e llama así a
los años de que hablo, cuando uno enía
quince o dieciséis-, la mue e de Dios no
e a p ecisamen e un p oblema semán ico.
Po el con a io, una de las salidas que se
nos o ecía, como posible solución de la c i-
sis eligiosa a que acabo de aludi , consis ía
en a a de en ende el g i o de Nie zsche
has a sus úl imas consecuencias, a. szbe , las
que Nie zsche deseaba que se ex aje an de
él.
Na u almen e, el Nie zsche del momen-
o no e a un Nie zsche legible en la cla e
ancesa hoy día en boga sino en alguna de
las cla es menos so is icadas del ((Nie zsche
en España)) de Sobejano (y, po supues o,
nues os neoni zscheanos, más de uno de
los cuales debía sin duda anda de calzón
co o en el colegio, no habían enido aún la
VICTORIA CAMPS,
LOS edlogos de la mue e de
Dios,
Ba celona, 1968.
PAUL VAN BURES,
The Sec la Meaning o he Gospel,
Lond es, 1963,
pág.
103 (hay ad. cas . de
J.
L. Lana y
D.
S.
Bus aman e, Ba celona, 1968).
opo unidad de hace oí su es imulan e VOZ).~
Pe o, de cualquie modo, Nie zsche podía
se en endido con la su icien e pe spicuidad
como pa a que las consecuencias de sus pa-
lab as esul asen odo lo escalo ian es que
Nie zsche p e endía. Pues, en de ini i a, e-
nuncia a Dios signi ica enuncia asimismo
a cualquie a de sus sucedáneos secula es,
incluida la ilusión de una posible no ma uni-
e sal de jus icia en un mundo i ido como
a ozmen e injus o. Y pa a acep a esa úl i-
ma enuncia sin cae en la desespe ación,
sob eponiéndose al nihilismo -como Nie s-
che se sob epuso o, más exac amen e, lo in-
en ó-, pa a log a al cosa, digo, hacía al-
a se ni zscheano. Y en es e pun o, ya se
sabe, se es nie zscheano o no se es. Si no se
e a nie zscheano, la salida en cues ión había
de desca a se como in iable.
O a salida al e na i a podía, po cie o,
consis i en la esuel a negación de la mue -
e de Dios. Y, pues os a man ene a Dios
con ida, la opción más a ayen e e a a no
duda lo la opción po el Dios adicalmen e
ascenden e de la Re elación. Po aquellos
años, uno no conocía la ob a del llamado
((p ime
Ba h)) -el Ba h de ((La Epís ola a
los Romanos))- sino a a és de las e sio-
nes que de ella daba en e noso os A angu-
en4, pe o -aunque c í icas
-
esas e sio-
nes e an lo su icien emen e ieles como pa a
pe mi i ap ecia la p o unda cohe encia in-
e na de semejan e concepción eológica. Si
Dios exis ía, pa ecía plausible supone que
no u ie a que e en absolu o con el ídolo
que la eligión había hecho de él. Como
ambién es aba cla o que la iloso ía poco
pod ía deci ace ca de Dios y que, de modo
muy pa icula , nada cabía espe a en al
'
Que cons e que sólo accedo a habla de ((neo-
nie zscheanos)) en g acia a la cos umb e admi ida, pues
el p e ijo ((neo» siemp e me ae a la men e lo que
O ega decía de los
neoismos,
a sabe , que son como ((la
Sunnami a de algún dec épi o Da id)), lo que no p eci-
so deci que no c eo que sea el caso
de
nues os neo-
nie zscheanos.
El p ime A angu en ambién, en lib os ales como
Ca olicismo yp o es an ismo como o mas de exis encia,
del que
él mismo ecoge que es ((pa a muchos el más impo -
an e que yo he esc i o))
(JosÉ
LUIS
L.
ARANGUREN,
Ob ns,
Mad id,
1965,
pág.
25).
sen ido de ese engend o escolás ico que
acos umb a a p esen a se como eología na-
u al. Dios end ía que se absolu amen e
inconmesu able con el pensamien o huma-
no e incluso con oda expe iencia humana
que no sea la de la pa adoja, la con adic-
ción o el absu do. En cuan o a la injus icia
del mundo a que se hacía an es mención,
encajaba ambién cohe en emen e den o
de es e cuad o de conjun o: a sabe , como
una p ueba más del abismo insondable que
sepa a al homb e de Dios. El único incon-
enien e pa a acep a al cuad o de conjun-
o e a que, a al e ec o, se p ecisaba ene e.
Y la e, ya se sabe, se iene o no se iene. Si
no se la enía, ampoco es a salida podía
con a como iable.
La suma ia econs ucción his ó ica que
he esbozado en los pá a os p eceden es
acaso adolezca de esa i emisible idealiza-
ción que en la his o iog a ía con empo á-
nea (po ejemplo, la de la ciencia) ca ac e i-
za a las mal amadas (( econs ucciones a-
cionales)). Pa a exp esa lo con alguna benig
nidad, ales econs ucciones acionales no
pasan con ecuencia de acionalizaciones
pe geñadas al hilo de las obsesiones in elec-
uales del his o iado de u no.
Y,
po más
que es e úl imo coincida en nues o caso
con el suje o his o iado, ni an siquie a c eo
que quepa deci que aquellas obsesiones le
ue an po aquél en onces explíci amen e
coscien es. Mas comoquie a que ello sea, y
sin necesidad de es a le d ama ismo, la si-
uación pod ía asimismo se desc i a -más
impe sonalmen e- en é minos p eba -
hianos y p enie zscheanos. Pues, en e ec o,
el d ama de la
mue e
de
Dios
no es en úl ima
ins ancia sino un d ama ilus ado, es o es,
un d ama cuyo p ime ac o end ía a e-
mon a se a la Ilus ación. La doble i encia
que, a la ez en e a Ba h
y
en e a Nie zs-
che, puede lle a a cons a a an o la mue e
de Dios como la insa is acción an e ese hecho
se deja ía ambién econs ui a pa i de
ella, siemp e que la Ilus ación se conciba
como un enómeno lo su icien emen e com-
plejo como pa a pe mi i nos conside a he-
encia suya an o al posi i ismo como el o-
man icismo: en el ((lenguaje bien hecho))
que es la ciencia mode na no hay luga pa a
la mención de Dios, cons a ación que en
modo alguno amengua -ni end ía po qué
hace lo (más bien acaso lo con a io)- la
insa is acción de i i en un mundo que po-
d ía sin empacho se desc i o con un «mun-
do mal hecho)). Si en endemos la azón ilus-
ada en el sen ido que se acaba de p opone ,
an
ilus ada se ía la p ime a cons a ación
como
la insa is acción subsiguien e.
Y
algo de
ese doble mo i o, o de ese doble compo-
nen e, cab ia sin duda as ea en los p o-
nunciamien os ace ca de la cues ión de ese
ilus ado ípico que ue el Ma x c í ico de la
eligión. El Ma x que ya en su esis sob e
Epicu o había esc i o que «el país de la a-
zón es pa a Dios lo mismo que un país dado
pa a los dioses de o as comunidades, a sa-
be , un e i o io en el que aquél ha dejado
de exis i )) es cie amen e el mismo Ma x
que en la c í ica de la Filoso ía hegeliana del
De echo, y sin pe juicio de conside a a la
eligión como na có ico, esc ibió que ((la
eligión es el suspi o de la c ia u a op imi-
da, el sen imien o de un mundo sin co a-
zón, el espí i u de las si uaciones que ca e-
cen de él)).
Pues o que, como se echa á de e en lo
que sigue, el obje i o de mi abajo no es
o o en apa iencia que suge i una con on-
ación de las posiciones de E ns Bloch
y
Max Ho kheime -o, más a g andes asgos,
de sus alan es espec i os- an e la si ua-
ción espi i ual de nues o iempo, alguien
pod ía pensa que aigo a Ma x a colación a
la mane a de un pie o zado con el in de
acili a me el come ido. Así es en cie o
modo, pues o que an o Bloch como Ho k-
heime se dejan inse a en una adición
que en un amplio sen ido cab ia e ique a
como ma xis a. Pe o me emo que la cosa
sea un an o más compleja. Pues lo que po
lo p on o hab ía hecho Bloch -dejemos a
un lado, po el momen o, a Ho kheime -
es einse a a Ma x en una adición más
as a. Una adición, a sabe , que apun a a
una e ce a al e na i a en elación con el
p oblema de la mue e de Dios, al e na i a
és a dis in a del a eísmo (aunque pueda pe -
ec amen e se asimilada en é minos a eos)
y del ideísmo (aunque esul e ácil den o
de ella sus i ui la e po o o géne o de i -
ud eologal). Pa a deci lo en dos palab as,
la doble i encia de la cons a ación de la
mue e de Dios y de la insa is acción an e
al hecho pod ía aho a compendia se en algo
así como la sensación de que Dios ha mue -
o sin acaba de comple a su ob a, co es-
pondiendo al homb e -si a alguien pod ía
co esponde le- la a ea de comple a la.
En opinión de Kolakowski, es de esa sen-
sación de la que se alimen a lo que él mismo
ha llamado -con exp esión que desde en-
onces se ha hecho céleb e- <<el mi o de la
au oiden idad humana)). En su p ime a p e-
sen ación de dicho mi o5, el mi o en cues-
ión e a an e odo p esen ado como un mi o
polí ico: el mi o de la unidad de la sociedad
ci il y la sociedad polí ica en el pensamien o
socialis a, es o es, el mi o de la u u a iden i-
icación del homb e como indii iduo
y
el
homb e como ciudadano en una sociedad
en que se hubie an abolido los obs áculos
que impiden supe a esa dico omía (como
se sabe, esos obs áculos se dejan esumi en
la exis encia-de un Es ado pa a el que los in-
di iduos se ían me os sopo es de elacio-
nes de p oducción, un Es ado que in e pone
en e esos indi iduos
y
los medios de p o-
ducción el hecho de la p opiedad y las con-
secuencias sociales de la misma, un Es ado
que sanciona, en in, la di isión de la socie-
dad en clases, e c., e c., e c.). Aho a bien,
como el p opio Kolakowski se ha cuidado
de pone de elie e con pos e io idad -es-
pecialmen e en su úl ima y oluminosa (y,
odo hay que deci lo, i acunda) his o ia del
ma xismo6- aquel mi o no es sino una pa -
icula ización de un mi o me a ísico: ((el mi o
de la iden idad suje o-obje o)). En nues o
caso -es o es, en el caso de Ma x-, la iden-
idad en e el suje o
y
el obje o del p oceso
LESZEK KOLAKOWSKI,
((The My h o Sel -Iden i y
o
Ma i»
(hay ad. cas . de
J.
Al a ez,
Cuade zos Teo ema,
Valencia, 1976), en
L. KOLAKOWSKI
-
S.
HAAIPSHIRE
(eds.),
The
Socialis Idea.
A
Reapp aisal,
Lond es, 1974.
L. KOLAKOWSKI,
Main Cu en s o Ma xi n,
3
ols.,
Ox o d, 1978 (hay aducción cas ellana en p epa a-
ción, debida a mi an iguo alumno de la Uni e sidad de
Bella e a Jo ge Vigil, de quien espe o asimismo e
p on o publicado su in eligen e abajo de licencia u-
a «Kolakowski y el p oblema de la au oiden idad hu-
mana en la adición ma xis a))).
his ó ico, en i ud de la cual los homb es
acaba ían econociendo que las leyes socia-
les (económicas, po ejemplo) a las que p e-
sumiblemen e se hallan some idos son en
de ini i a c eación suya y pueden se modi-
icadas po sus p o agonis as, con lo que
-al iempo que se alcanza la o al anspa-
encia de nues o conocimien o de las ela-
ciones sociales- se supe a ía de pasada la
adicional an inomia en e la libe ad de
los agen es his ó icos y la supues a necesi-
dad del cu so mismo de la his o ia. Es o es,
se ha ía posible la Re olución (sub ayemos
que es en es e pun o donde la impe u ba-
ble son isa escép ica con que cuen a su his-
o ia Kolakowski se ueca en una mueca de
desdén pa a da , inalmen e, ienda suel a a
la i acundia).'
Y
como po lo demás es asi-
mismo bien sabido, el mi o ma xiano de la
iden idad no es a su ez sino una ap opia-
ción de Hegel, es o es, la educción an o-
pológica de una e sión del mismo -como
la hegeliana- en la que esplandecen sus
o ígenes eológicos: Dios, más bien que el
homb e, se ía el au én ico suje o de la his o-
ia, necesi ando de sus obje i aciones -y,
muy conc e amen e, de esa obje i ación lla-
mada «homb e))- pa a au oconoce se en
su despliegue his ó ico. Es e doble p oceso
de humanización de Dios y di inización del
homb e -lo que Kolakowski bau iza como
((dialéc ica de la au olimi ación de Dios y la
no-au oiden idad del homb e»- e a mone-
da acuñada en el mis icismo nó dico de los
siglos XVII y XVIII (el caso de Angelus Sile-
sius) y puede as ea se, con di e sas modu-
laciones, en las eleidades pan eís as del neo-
pla onismo c is iano medie al (desde E iu-
gena a E~kha )~. Un con ex o, po cie o,
no del odo ajeno al p opio a amien o he-
'
Valga como mues a un bo ón de esa i acundia
que en ocasiones lle a a Kolakowski a nega se ((analí i-
camen e)) a en ende a sus colegas: donde, con un poco
de ca idad hacia la p osa de la ((Dialéc ica nega i a)) de
Ado no, al ez hab ía podido cap a más de una a ini-
dad en e sus espec i as c í icas de la iden idad, Kola-
kowski sencillamen e se limi a a hojea aquella ob a
con desgana pa a pasa a despacha la como «un mode-
lo de imbombancia p o eso a1 as de la que se ocul a
su pob eza de pensamien o)).
KOLAKOWSKI,
01.
ci .,
ol.
1,
pag~.
21-32.
geliano de la mue e de Dios -es o es, a la
peculia in e p e ación hegeliana del «Dios
ha mue o)) de Lu e o e e ido a la mue e
de C is o- ni, en gene al, a la no menos
peculia dialéc ica Vie nes San o-Domingo
de Resu ección de un bien conocido paso
de la ob a p ime iza de Hegel.
Sin duda odo ello me ece se enido muy
en cuen a a la ho a de ap oxima nos a un
in en o como el de Bloch, que alguna ez ha
podido se desc i o como el in en a de po-
ne de cabeza a la dialéc ica ma xis a al
y
como Ma x puso sob e sus pies a la de Hegel.
Po mi pa e yo he hablado de « einse ción))
del ma xismo en una adición más as a, de
la que el pensamien o de Hegel o ma in-
cues ionablemen e pa e, pe o no necesi o
aquí hace mía la genealogía del de Bloch
que aza Kolakowski a la ho a de p esen a -
le como mues a a que ípica del
mi o
de
la
iden idadg.
Esa genealogía puede se discu i-
ble po unila e al: el neopla onismo c is ia-
no emi e en úl ima ins ancia al neopla o-
nismo a secas, como és e lo hace al pu o
y
simple pla onismo. Pe o, sin con a aho a
con que Bloch es de p0. sí bas an e más a is-
o élico que pla ónico, los especialis as en
Bloch pod ían acaso p o es a de que aque-
llas uen es no alcanzan a da cuen a de un
pensamien o como el suyo, que debe an o
o más a la adición judía que a la g iega.
Apa e de la p e e encia -en cualquie caso,
ma izada- po P ome eo sob e Job, Bloch
end ía que ep ocha a la adición g iega
-ma cada po la anámnesis- la ci cuns an-
cia, an decisi a pa a él, de que no deje luga
pa a o o ipo de p o ecías que la p o ecía
de lo ineluc able (con la excepción ecuen-
emen e eco dada de Casand a, pa a la que
-al igual que pa a los heb eos- la p o ecía
cons i uía una llamada a la acción más bien
que a la acep ación de lo que no es á en
nues as manos e i a que acon ezca). Ca-
moquie a que ello sea, uno se halla a cien
leguas de pode se conside a especialis a en
Bloch. Pe o no es necesa io, epi o, com-
pa i la genealogía que Kolakowski le a i-
buye, así como ampoco su c í ica de Blach
Op.
ci .,
ol.
111,
págs. 421-49.
-no ablemen e injus a en mi opinión, pe o
en la que aquí no me es dado de ene me1'-,
pa a aco da con él que Bloch es, si lo hay,
un campeón de la iloso a de la iden idad. Una
iloso ía de la iden idad, po lo demás, adi-
calmen e dis in a de la de Hegel, e incluso
de la de Ma x, en po lo menos un pun o
c ucial. Voy a a a de expone sucin a-
men e, pa a nues os e ec os, en qué consis-
e esa iloso ía de la iden idad.
Y
con al in
hab é de limi a me a indica dónde es iba,
según c eo, aquella di e encia adical.
A mi modo de e , al di e encia hay que
busca la en el én asis é ico de la iloso ía de
Bloch, én asis del que no hay as o en la de
Hegel y ni siquie a se halla su icien emen e
ecalcado -aun cuando la cues ión sea, cie -
amen e, dispu able- en la de Ma x. Hegel
no aciló en educi la é ica -lo que llama a
((e icidad)), o é ica obje i a a ue de públi-
ca, en cuan o di e en e de la simple ((mo ali-
dad» p i ada o subje i a- a un capí ulo de
su Filoso ía del De echo, en lo que bien pu-
die a in e p e a se como un in en o de e-
conduci nues a a ención desde el ensueño
de las no mas mo ales a la c uda ac icidad
de lo legal.
Y
una imp esión po el es ilo se
desp ende del a amien o hegeliano del
p oblema de la acionalida$l, es o es, del pa-
pel asignado po Hegel a la azón en la ilo-
so ía. Ningún ilóso o sensa o deja ía de e-
conoce que en e la acionalidad de que
ala dean sus p opias e lexiones y la del
mundo ci cundan e media una dis ancia que
en ocasiones -es o es, casi siemp e- po-
d ía se abismal. Pa a Hegel, empe o, la p e-
endida sensa ez de ales ilóso os descansa-
ía sin más en la mayo de las insensa eces, la
insensa ez, a sabe , de nega se a concen a
sus e lexiones en la sólida ealidad de lo
que ((es)), nega i a que es a su ez la que les
mue e jus amen e a concen a las en la an-
asmagó ica idealidad de lo que «debe se )).
lo
Ibid.,
págs.
445
y
55.
l1
Pues o que el cando oso in en o de en ende
lo
que Hegel que ía deci en algunos pasajes de mi lib o
La
azón
sin
espe anza,
Mad id, 1977, pa ece habe me
conquis ado una inme ecida epu ación como ((hege-
liana))
en cie os ambien es, con ío en que los pá a-
os que siguen con ibuyan a ali ia me de ese peso.
Po ese camino, piensa Hegel, la iloso ía
es a ía a almen e condenada a ol ida se del
mundo
y
a pe de se en el eino de los bue-
nos deseos. Pe o la misión del ilóso o no
consis e en emped a el in ie no con sus in-
enciones más o menos piadosas sino en le-
an a ac a sin piedad de la ac uación de la
azón allí donde és a ac úe, aunque sea en el
in ie no.
Y
la azón ac úa ni más ni menos
que en la ealidad, has a el pun o de iden i i-
ca se con es a úl ima. De donde hab á que
conclui que el ilóso o no es sino el no a io
llamado a da e de que, en e ec o, odo lo
eal es acional. A la is a de semejan e con-
clusión, es di ícil sus ae se a la sospecha de
que lo que Hegel p opugna no sea sino la
con o mis a esignación con lo que hay: des-
de un pun o de is a é ico, el indi iduo se
halla ía siemp e ine me an e la sup emacía
del acon ece his ó ico; del acie o o desa-
cie o de sus omas de decisión mo ales sólo
cab ía juzga as de emi i aquél su juicio
sob e el éxi o o el acaso de las mismas; con
lo que la his o ia siemp e culmina ía en un
<<¡Ay de los encidos!)), pues la azón es a ía
siemp e de pa e de los encedo es. Pe o,
pa a hace jus icia a Hegel, hab ía que e-
co da que al ase o de que « odo lo eal es
acional)) an eponía el ase o de que (( odo
lo acional es eal)), lo que -sin deja de e-
concilia nos con cualquie pasado- pa ece
al menos en eab i una pue a al u u o,
es o es, a la u u a posibilidad de que la
iden idad del mundo
y
la azón no sea maña-
na an espan osa como hoy.
Y
cuan o acaba
de deci se de Hegel pod ía se dicha, a o -
io i, a p opósi o de Ma x. Pues, cualquie
cosa que sea lo que suceda con Hegel, en
Ma x no hay, desde luego, bendición del pa-
sado ni inhibición an e el u u o, así como
ampoco con o midad pa a con el p esen e.
Como alguna ez se ha señalado, el econo-
cimien o de la ine i abilidad del pasado his-
ó ico no a anca del ma xismo el aplauso
mo al sino, po el con a io, la p o es a con-
a su b u al inhumanidad; y, de análoga ma-
ne a, ambién ha sido señalado que el ma -
xismo no conduce a la ene ación sino a la
acción enden e a ans o ma la his o ia en
un p oceso de emancipación. Aho a bien, lo
que en Hegel ha ía imposible la é ica es sen-
cillamen e el hecho de que ni an siquie a
cabe acusa le de incu i en la amosa alacia
na u alis a, es o es, de a a de ex ae el
debe se a pa i del se . Lo que ocu e es,
más bien, que semejan e dis inción ca ece
de luga en su sis ema, den o del cual el
mundo es como debe se y lo que debe se
no es o a cosa que la ealidad al como es12.
Y
en cuan o a Ma x, a quien p obablemen e
hubie a epelido es a úl ima ó mula, hay
indicios acionales pa a pensa que no eía
con malos ojos aquella indis inción y has a
se inclinaba a celeb a la como una impo -
an e conquis a ilosó ica. Pues bien, la ma-
yo no edad de la con ibución de Bloch a la
adición ma xis a -y yo me a e e ía a de-
ci que su con ibución no sólo más no e-
dosa, sino ambién la más impo an e-
consis e, en mi opinión, en habe hecho po-
sible den o de ella la undamen ación de
una é ica.
En nues o pais con amos hoy, lo que
hay que celeb a como me ece, con una nu-
ida colección de conspicuos blochianos13,
más de uno de los cuales pudie a disen i de
l2
Aun si con una amplia di e sidad de ma ices
(iy
en iloso ía los ma ices lo son odo!), me sa is ace com-
p oba que mi pun o de is a a es e espec o coincide
con e1 mucho más ma izado de
AMELIA
VALCÁRCEL, «Los
p oblemas de Hegel con la é ica (Una e sión anac ó-
nic? del
Es-Debe))),
a publica en las
Ac as de la
1
Semana
de E ica e Hi o le de la E ica de la
UNED
en Homenaje al
P o& A angz en,
Mad id, en p ensa.
l3
A la ciclópea aducción en cu so de
Elp incipio
espe a zza
en a ios olúmenes, Mad id,
1777
y
SS.,
debi-
da al P o . González Vicén, hab ía que añadi -sin la
meno p e ensión de exhaus i idad po mi pa e- los
lib os de JUSTO PÉREZ
DEL
CORRAL,
El ma xismo
cálido:
E ns Blocb,
Mad id,
1777
y
JOSÉ
MARÍA G. G~MEZ-HERAS,
Sociedad
y
U opia en E ns Blocb,
Salamanca,
1777,
así
como los abajos de NEMESIO GONZÁLEZ CA%~INERO,
((E ns Bloch)),
G ego ianum,
54, 1773,
págs.
131-76;
JosE ANTOXIO GIMBERVAT, «In oducción a E ns Bloch,
un ilóso o ma xis a)),
Sis ema,
20, 1777,
págs.
53-66
JUAN ALFARO, ((Espe anza ma xis a
y
espe anza c is ia-
na)), en Va ios,
An opologzá
y
eologia,
Mad id,
1778,
págs.
83-124;
y
FELIPE GONZÁLEZ VICÉN, «E ns Bloch
y
el De echo na u al)),
Sis ema,
27, 1778,
págs.
45-55.
Po
mi pa e, que ía inclui en es e censo la esis doc o al
inédi a sob e Bloch de José Manuel Udina, Ba celona,
1976.
Y
no pod ía deja de e e i me a la
An opología de
la espe anza,
Mad id,
1778,
de PEDRO LA~N
ENTRALGO,
quien en
La espe a
y
la espe anza,
2.P
ed., Mad id,
1758,
ue el p ime o en habla de Bloch en e noso os.
es o que acabo de deci . Po lo que a mi es-
pec a, sólo me es dado o ece en apoyo de
esa opinión una imp esión basada en mi ex-
pe iencia como lec o de Bloch.
Y
econoz-
co abie amen e que esa lec u a puede muy
bien habe pecado de ap esu ada y de dis-
pe sa,
y
es de eme que de supe icial. Pe o
la é ica de Bloch es lo que más me ha imp e-
sionado de su ob a y lo que si ua ía a la base
de oda ella, incluida su on ología y no al
e és. Lejos de bo a la dis inción en e el
se y el debe se y, po supues o, de ex ae
al debe se a pa i del se , lo que hay más
bien en Bloch son suge encias ace ca de
cómo el se pod ía se ex aído -o c eado-
a pa i del debe se . Esa ensión en e uno
y o o me pa ece más decisi a pa a su on o-
logía del uno se oda ía» -la on ología del
Noch-Nich -Sein que ab e paso a lo posible en
el co azón mismo de la ealidad- que la
eo ía de la ma e ia en la que el p opio Bloch
a a de hace la sus en a (a mí pe sonal-
men e engo que con esa que esa eo ía
casi o ganicis a de la ma e ia me p oduce un
e ec o an deplo able en el conjun o de la
iloso ía de Bloch como el de la Dialéc ica
de la Na u aleza de Engels en el conjun o
del ma xismo clásico).
Y
la misma ensión
pod ía pone
a
sal o a la eo ía co ela i a
de lo Noch-Nich -Bewuss es o ((aún no cons-
cien e» -la eo ía del conocimien o an ici-
pa o io con enido en los sueños de un mun-
do mejo - de la objeción, que le di ige en-
e o os Kolakowski, de no habe dis ingui-
do en e la p edicción del u u o (como en
el caso, po ejemplo, de la p ognosis cien í-
ica) y la c eación del mismo (que se ía lo
que, en de ini i a, se pe sigue con un p s-
g ama polí ico de acción). Pa a mi, en cual-
quie caso, es á bien cla o que «la azón))
que, según Bloch, ((no puede p ospe a sin
espe anza)) (de la misma mane a que es a ú1-
ima no pod ía exp esa se sin azón) no es
o a que la azón p ác ica, a la que ni los con-
dicionamien os bu gueses de su o igina ia
o mulación kan iana pudie on despoja
-como Bloch nos ecue de- delpá hos u ó-
pico.
Y
ello es así po que la azón p ác ica
-((que no capi ula sin más en e a lo dado»-
es, en cualquie época
y
luga , el ehículo de
aquellos con enidos deside a i os ((que, dada
una su icien e undamen alidad, implican el
con enido adical de oda la lucha humana
de libe ación))
y
a los que su e en ual impo-
sibilidad de ealización no pod ía en ningún
caso desmen i , es o es, p i a los de alo :
((La ase de que an o peo pa a los hechos,
si una eo ía no coincide con ellos; es a p o-
posición an insos enible en el campo de
odos los concep os no-no ma i os, es, sin
emba go, sos enible y nada g o esca en el
campo de un debe -se conc e o
y
p og esi-
o))14. De ahí que Bloch no despe dicia a
nunca la ocasión de g i a «Es lebe die p ak-
ische Ve nun !)). ¿Qué aducción end ía,
pues, odo ello desde el pun o de is a eo-
lógico que aquí nos in e esa? En el ex o de
la C í ica de Ma x a la Filoso ía hegeliana
del De echo que ci ábamos al comienzo, al
igual que en una bien conocida ca a de Ma x
a Ruge, Ma x había suge ido que la eligión
e a ((el iejo sueño de algo que hay que
ele a a conciencia pa a pode lo posee
ealmen e)). Lo que in en a hace Bloch no
es o a cosa que aplica se a la ealización de
es a suge encia de Ma x, es o es, a la ans-
o mación de la espe anza ul a e ena de la
ensoñación eligiosa en u opía conc e a-
men e in amundana con una posibilidad
eal de pues a en p ác ica escla ecida me -
ced a la azón: la ans o mación, pa a deci -
lo con su gi o a o i o, de laspes en doc a spes.
El obje i o de la eligión coincidi ía en al
caso con la lucha po la emancipación hu-
mana, pues an o una como la o a pe segui-
ían la e adicación del mal en es e mundo,
en endiendo po mal la exis encia de lo que
no debie a exis i o la inexis encia de lo que
debie a exis i . Pe o lo que en de ini i a
eme ge ía de es e p oceso no se ía la en o-
nización del Reino de Dios sob e la Tie a
sino su enseño eamien o po el homb e:
Dios, o su necesidad, i ía eclipsándose
-mu iendo- a medida que el homb e ue-
a p og esi amen e ocupando el ho izon e,
a medida que sus posibilidades ue an c e-
ciendo
y
con i iéndose en ealidad. Nada
de ex año iene, pues, que Bloch alo e an
l4
ERNST BLOCH,
Das P inzip Ho nung,
2
ols., F ank-
u am Main, 1959, ol.
11,
pág.
1024
( ad. de Gonzá-
lez Vicén, ol.
11,
págs. 457-8).
posi i amen e la palab a de la se pien e en
el pa aíso: E i is sicu deus, ((se éis como
Dios))lS. E1 e dade o pecado o iginal ha-
b ía, en e ec o, consis ido en no habe he-
cho su icien emen e caso de su p omesa.
Y
la edención inal de ese pecado an sólo se
consegui á el día que se alcance la iden idad
esencial del homb e con Dios.
Con ello e o namos, pa a conclui con
Bloch, al p oblema de la iloso ía de la iden-
idad. En una b e e con o e sia c uzada
en e Bloch
y
Kolakowski hace unos quince
años16, el segundo p egun aba al p ime o si
la u opla ma xis a -concebida como la esen-
cia del pensamien o e oluciona io- no e a
esca ológica, es o es, no culminaba con la con-
clusión del p oceso his ó ico (con lo que
end ía a pa ece se a la doc ina omis a
según la cual odo se mue e en la'na u aleza
po que odo iende al eposo). Pe o si es a-
mos con encidos de que amos hacia el in
de la his o ia, en onces sólo es an a eas
apologé icas.
Y
el único modo de e i a se-
mejan e ebajamien o de la ideología al ni-
el de la pu a apología end ía que consis i
en la adopción de un pun o de is a an ies-
ca ológico, es o es, en la concepción de la
his o ia como un p oceso inconcluso e incon-
cl lible17 en el que la ensión que anima el
mo imien o no se ago e, lle ándolo a la pa-
alización de ini i a. La espues a de Bloch
me pa ece sumamen e in e esan e po lo
que iene de e elado a ace ca de su p opio
"
E.
BLOCK,
A heismus
im
Ch is en um,
F ank u ,
1968, págs. 68 y
SS.
l6
Véase
M.
de GANDILLAC, L. GOLDMANN y JEAN
PIAGET (eds.),
En e iens su les no ions de genése e de s i c-
u e,
Pa ís-La Haya, 1965 (hay ad. cas . de
F.
Mazía,
Buenos Ai es, 19691, págs. 234 y SS.
I7
El segundo adje i o es, en de ini i a, el decisi o,
pues -como opo unamen e nos ecue da José An o-
nio Gimbe na - Bloch concibe la his o ia ((como un
sis ema abie o y no como un e lejo de la pa enogé-
nesis del
Lagos)),
pe o no es menos cie o que según él
((pa a que la u opía del in no sea una g an a sa debe á
se alcanzada alguna ez))
(op ci .,
pág. 65). Po lo de-
más, ambién es opo uno que ecoja aquí una comuni-
cación pe sonal de And és To nos, quien me hace ob-
se a que los eólogos con empo áneos ienden a su-
b aya en la esca ología su índole imp e isible, ese -
ando pa a la esca ología de inible el é mino (capo-
calíp ica)).
pensamien o. Bloch se decla a, en p incipio,
de acue do con Kolakowski, cuya p oposi-
ción -dice- no ha ía o a cosa que supe a
un ma xismo des alo izado (la in e p e a-
ción del ma xismo, supongamos, po pa e
de quienes -como Lowi h- sólo e ían en
él una esca ología secula izada). Si, en e ec-
o, nos encaminamos hacia un é~cha on, hacia
un é mino de ini i amen e es able, siem-
p e se co e á el iesgo de c ee que ya he-
mos llegado y pisamos e eno i me (sea
con ocasión de la Re olución de Oc ub e o
cualquie o a)
y
-siguiendo po esa ía-
siemp e cab á el pelig o de incu i en la
apología del p esen e ( an o da pa a el caso
que se a e del Es ado p usiano como del
es alinis a). Bloch concede odo es o, pe o
se esis e a admi i po o a pa e la idea de
una ap oximación inde inida o un es ue zo
incesan e según el modelo de la ase de
Lessing: ((Si Dios u ie a en su mano de e-
cha la endencia a la e dad y en la izquie da
la e dad misma, y si yo pudie a elegi en e
las dos, le di ía a Dios: ¡Seño , dame la en-
dencia a la e dad, pues la e dad es á hecha
sólo pa a Ti!». Pa a Bloch, es a úl ima se ía
una ac i ud ípicamen e ((p o es an e)), pe o
ambién ípicamen e bu guesa: la ac i ud
insaciable del Faus o de Goe he -que se
es ue za siemp e más y cons an emen e se
ele a en sus aspi aciones hacia es e as más
al as-, ac i ud que Bloch con as a con la
ac i ud «ca ólica» de la Di ina Comedia,
donde -en el úl imo can o del Pa aiso-
Ban e llega a la osa celes ial y en ese pun o
cesa oda aspi ación. En cuan o a
él
como
ma xis a -ni ca ólico, pues, ni p o es an-
e-, sos iene que ha de habe un e ium quid
en e el mo imien o con inuo y la pa álisis
del de eni . Pe o la e dad es que no lo
explici a allí ni, que yo sepa, en ninguna
o a pa e de su ob ala. De Bloch me esul a
muy a ac i a,
y
así lo he hecho cons a al-
guna ez, su oposición a oda concepción de
la acionalidad que -como la hegeliana, en-
e o as- únicamen e sea capaz de ope a
pos e en um, pues de esa oposición esul a a
ls
Remi o, en cualquie caso, al lib o de
HANs
HEINZ
HOLZ,
LO~OS spe ma ikos. E ns Blochs Philosophie de un e -
igen Wel ,
Da ms ad -Neuwied, 1975.
su ez una concepción de la acionalidad
que la ace ca conside ablemen e a la imagi-
nación y la con ie e a ella misma en e o-
luciona ia: la azón se ía e1 modo, undado
en la espe anza, como e1 homb e expe i-
men a an e e en lm la no edad (lo no um),
es o es, se ía la uen e p imo dial de eno a-
ción mo al y polí ica. Pe o Bloch, en el on-
do, se esis e a conside a a la his o ia como
un p oceso sin in, en la doble acepción de
sin acabamien o y sin sen ido, pues eso en
su opinión o na ía ana la espe anza de un
ul imum, de una me a inal -la Heimn de
Iden i a , la ((pa ia de la iden idad))- en la
que el homb e ea colmada su sed de libe -
ad y de jus icia, alcanzando así la pleni ud19.
Y lo cie o es que una espe anza de ese
gé-
ne o con inúa me eciendo, según, pienso, e1
cali ica i o de esca ológica.
T as de habe me ex endido en el caso de
Bloch, emo que sea compa a i amen e e-
ducida la ex ensión que aho a puede dedi-
ca al de Ho kheime (1s que -a la is a, en
cualquie caso, de la que a eniendo ya es e
a ículo- supongo que hab á de se leído
con más ali io que 'emo ). Pa si ello me
si ie a de desca go, hay que deci que el
desigual epa o de a enci6n p es ada a uno
y
a o o no ca ece ía de alguna jus i icación.
Pues, e iden emen e, no son lo mismo las
mil quinien as y pico páginas
de
((El p inci-
pio Espe anza)) (po no habla del es o de la
ob a de Bloch -p ác icamen e oda ella-
ele an e pa a nues o p oposi o) que las
cincuen a páginas escasas de unas decla a-
ciones de Ho kheime , e1 úl imo Ho khei-
me , apa ecidas bajo el í ulo de «El anhelo
de lo o almen e O o))2Q. Ello no obs an e,
y an es de p osegui , me ap esu o a ad e i
que no c eo que la agudeza iloso ica se mida
po el núme o de páginas. Y, pa a que nin-
gún lec o se o enda po que me c ea obliga-
''
Además de la imp esionan e quin a y úl ima pa -
e de
Das P inzlp Ho nung,
6ase p ác icamen e el es o
de su ob a, desde
Geis de U opie,
2.a
ed., F ank u ,
1964, a
Expe ime z um mundi,
F ank u , 1975.
MAX
HORKHEIMBR,
Die Sehnsuch nach denz ganz An-
de en,
ed. H. Gumnis , Hambu go, 1970 (hay ad. cas .
de And és O iz-Osés en
A.
O iz-Os&. ed.,
A ln bzísq ie-
da del sen ida,
Salamanca, 1976).
do a hace una ad e encia así, añadi é que
lo hago simplemen e pa a p e eni que se
ome mi desigual epa o de a ención como
indicio de un desigual epa o de es ima in-
elec ual. Digo es o, de nue o, po que no es
in ecuen e que en las compa aciones en e
Bloch y Ho kheime sea el segundo el que
salga malpa ado, aunque no ue a más que
po el indudablemen e supe io encan o de
la igu a del p ime o. A la gen e suelen cae -
le más simpá icas incluso las equi ocacio-
nes de Bloch (como su adhesión al S alin de
los años ein a, indulgen emen e disculpada
como u o de la pasión del comp omiso
polí ico, además, cla o, de expiada po su
p opia mili ancia an ies alinis a ul e io ) que
los acie os de Ho kheime (cuya c í ica de
los e o es del mo imien o socialis a con-
empo áneo lle a ían el sello de ialdad
y
dis anciamien o del polí icamen e incom-
p ome ido que p e endie a si ua se
au dessus
de la melée)21.
Po lo que a mí concie ne, me
gus a ía pode plan ea las cosas en o os
é minos. La elección en e la obnubilación
del p og esis a y la lucidez del eacciona io
es p obablemen e cues ión de empe amen-
o, de la misma mane a que el p edominio
de uno u o o ipo de sensibilidad en el am-
bien e se á p obablemen e asun o de co-
yun u a his ó ica.
Y
la e dad es que no sé
muy bien en qué medida las opiniones ilo-
só icas, ine i ablemen e sa u adas de juicios
de alo , se pod án sus ae a esos ac o es.
En cuan o a las mías, las que ía p esen a
como lo que son, a sabe , como opiniones,
opiniones que -en an o ilosó icas- al
ez, no sé, no se eduzcan a decla aciones de
simpa ía o an ipa ía.
Amici Bloch e Ho khei-
me , sed magis amica philosophia
(que, po su-
pues o, no es lo mismo que
e i as).
Pa a empeza po ahí, el ema de la azón
p ác ica le ha in e esado a Ho khei ne -como,
en gene al, a los eó icos c í icos de la Es-
cuela de F ank u , algunos de ellos ligados
21
C ., po ejemplo, los abajos de DICK HOWARD,
((E ns Rloch, unse Zei genosse)), en Va ios,
E ns
Blochs Wi kung,
F ank u , 1975, págs. 435-60,
y
«Ma -
xisme e philosophie conc e e. Si ua ion de Bloch)), en
G.
Raule (ed.),
U opie-Ma xis ne selon E ns Bloch,
Pa ís,
1976, págs. 35-56.
a Bloch po una es echa elación de amis-
ad- desde una pe spec i a a ín a la de es e
úl imo. Dicha azón end ía que se una a-
zón emancipa o ia, es o es, un ipo de azón
o de eje cicio de la acionalidad pues o al
se icio de la libe ación humana. Pe o mien-
as que Bloch -sin exclui , cie amen e, la
posibilidad de su aniquilación, de la que Aus-
chwi z hab ía cons i uido un ágico p e-
nuncio- augu a a esa azón un op imis a
po eni
y
has a una apo eosis, los ank-
u ianos -y, po lo p on o, Ho kheime -
se inclinan más bien a cons a a con pesi-
mismo su acaso en nues o mundo de hoy.
La azón p ác ica esponde a lo que en la
ipología de Max Webe se llama ía
We a-
ionali a ,
es o es, aquella acionalidad que
end ía la misión de ponde a alo a i a-
men e los ines úl imos de nues os ac os.
Pe o en nues o mundo de hoy -el mundo
de las sociedades indus iales, a anzadas o
no- nadie encomienda a la azón, sino a la
ue za o cualquie o a ins ancia i acional,
esa ponde ación. Pa a deci lo con el í ulo
de una ob a de Ho kheime , hoy asis imos
al eclipse de ese ipo de azón, lo que es
an o como deci que asis imos al eclipse de
la é ica. En su luga , la única acionalidad
que goza ía hoy de c édi o uni e sal es la
llamada po Max Webe
Zweck a ionali a ,
es o es, la acionalidad a cuyo ca go co e la
de e minación de aquellos ines que no son
sino medios pa a la consecución de o os
ines pe o que exp esamen e deja a un lado
la conside ación de oda inalidad úl ima.
A esa azón, que no es o a que la acionali-
dad ins au ada po la ciencia y la écnica
mode nas, la llama á Ho kheime (( azón
ins umen al)). (((El eclipse de la azón)), que
an es ci aba po el í ulo de su o igina ia
e sión inglesa, se adujo al alemán p ecisa-
men e con el í ulo de ((Pa a una c í ica de la
azón ins umen al»)22. La plasmación ilo-
só ica de esa men alidad que ha pe mi ido la
22
M.
HORKHEIMER,
Ecl@se o Reason,
N. Yo k, 1947
(hay ad. cas . de H.
A.
Mu ena
y
D.
J.
Vogelmann,
Buenos Ai es, 1969), ecogida como p ime a pa e en
M. Ho kheime ,
Zu K i ik de ins u nen ellen Ve nun ,
ed.
Al ed Schmid , F ank u , 1967.