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La Defensa de la Unión Europea : voluntades políticas y capacidades militares

Fatjó, Pedro; Colom Piella, Guillem

Abstract

Estudio sobre el presente y el futuro de la defensa de la Unión Europea a partir de un análisis de la evolución de la política europea de seguridad y defensa, desde sus inicios en la inmediata posguerra mundial hasta la actualidad y de una evaluación sobre los diversos aspectos de esta política, tomando en consideración especialmente algunas de las capacidades militares de las fuerzas terrestres que, según los autores, merecen más atención que la recibida hasta el momento. Frente a un panorama complejo e imprevisible marcado por las experiencias bélicas más recientes y en un probable escenario de futuro dominado por conflictos asimétricos, la UE debe, en el ámbito de la Estrategia Europea de Defensa y de la PESD, realizar un mayor esfuerzo para dotarse de una capacidad militar de acuerdo con la entidad de los posibles escenarios de conflicto en el cual se involucre en el futuro. En este contexto, los expertos concluyen este ensayo con una serie de recomendaciones y afirman que a pesar de que "los compromisos existentes para hacer de la Unión Europea un actor político con una cierta capacidad militar han sido incesantes desde Helsinki, la actitud errática de elaborar una pseudopolítica militar sin disponer de ningún concepto estratégico propio ni de una política de defensa que lo corrobore, ha sido uno de los mayores obstáculos para que la Unión sea valorada en un sistema internacional donde el poder y el interés son elementos básicos".

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LA DEFENSA DE LA UNIÓN EUROPEA Voluntades políticas y capacidades militares básicas Pedro Fatjó y Guillem Colom Serie: Seguridad y Defensa Número 5. La defensa de la Unión Europea. Voluntades políticas y capacidades militares básicas © Pedro Fatjó y Guillem Colom © Fundació CIDOB, de esta edición Edita: CIDOB edicions Elisabets, 12 08001 Barcelona Tel. 93 302 64 95 Fax. 93 302 21 18 E-mail: [email protected] URL: http://www.cidob.org Depósito legal: B-46799-2001 ISSN: 1696-9960 Imprime: Cargraphics S.A. Barcelona, diciembre de 2005 documentos 3 LA DEFENSA DE LA UNIÓN EUROPEA. VOLUNTADES POLÍTICAS Y CAPACIDADES MILITARES BÁSICAS Pedro Fatjó* y Guillem Colom* Diciembre de 2005 *Universitat Autònoma de Barcelona El objetivo de estas páginas es presentar una reflexión parcial sobre el presente y el futuro de la defensa de la Unión Europea. En la primera parte se analiza la evolución de la política europea de seguridad y defensa, desde sus primeros pasos en la inmediata posguerra hasta la actualidad. En la segunda parte, se evalúan diversos aspectos de la política de defensa de la UE, en especial de algunas de las capacidades militares de las fuerzas terrestres que, a juicio de los autores, merecen más atención de la que se les ha venido prestando hasta el momento. Introducción El fin de la Segunda Guerra Mundial reveló la imposibilidad de mantener el equilibrio en Europa: los estados occidentales percibían a la Unión Soviética como una amenaza para la paz y la estabilidad de la región, ya que el establecimiento de gobiernos comunistas en Europa Oriental, las demandas territoriales soviéticas y su apoyo a las guerrillas yugoslava y griega, fueron interpretados como los primeros pasos hacia una nueva guerra. Para la Unión Soviética, el control sobre Europa Oriental –especialmente sobre Polonia– era esencial, pues ésta constituía la pieza más importante de su perímetro de seguridad. Por otra parte, también se interesó por Oriente Medio al suponer que esta zona era la llave del mundo y un excelente punto de partida para una penetración en el norte de África y en el sur de Asia. Esta actitud presionó a Estados Unidos para que adoptara una política de firmeza cuyo primer paso fue el compromiso político con Grecia y Turquía. Esta acción representó la primera irrupción unilateral estadounidense en el Mediterráneo, y mostró tanto el colapso europeo como el principio de una estrategia periférica destinada a impedir la expansión rusa. 5 Los anteriores acontecimientos facilitaron que el Reino Unido y Francia firmaran en 1947 el Tratado de Dunkerque con el compromiso de establecer una defensa común frente a una posible agresión, ampliada un año después en el Tratado de Bruselas, que agrupaba a los firmantes del acuerdo anterior y los países del Benelux con el objetivo de defenderse colectivamente contra sus enemigos potenciales, grupo en el cual todavía estaba la derrotada Alemania. Este tratado se formalizó en la Unión Occidental, organización que poco después se convertiría en la Unión Europea Occidental (UEO) y que, unido al fracaso de la Comunidad Europea de Defensa (CED)1, conformaría la base de la futura Política Europea de Seguridad y Defensa (PESD) de la Unión Europea. En 1948, la Unión Occidental, Canadá y Estados Unidos empezaron las conversaciones para articular una respuesta a la amenaza soviética, que se materializaría un año después con el Tratado del Atlántico Norte, compromiso que completó y superó el sistema defensivo instituido por el Tratado de Bruselas y en el que se unieron Estados Unidos y Canadá con los componentes de la Unión Occidental, además de Dinamarca, Islandia, Italia, Noruega y Portugal. La delegación de la defensa europea en la OTAN La creación de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, institución dominada por el poder bélico estadounidense, proporcionó la cobertura de seguridad necesaria para que Europa pudiera recuperarse tanto económica como políticamente. Para llevar a cabo este objetivo, la estrategia de la OTAN se elaboró a partir de un doble condicionante: las necesidades defensivas de Europa Central y la adaptación al concepto estratégico estadounidense. Las necesidades defensivas europeas se fundamentaban en el gran desequilibrio existente entre las fuerzas convencionales occidentales y las soviéticas –encuadradas a partir de 1955 en el Pacto de Varsovia–, situación que forzó a la Pedro Fatjó y Guillem Colom 6 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa OTAN a optar por una disuasión basada en el empleo masivo de armas nucleares porque “… ofrecía una disuasión fuerte a un coste aceptable”2. Aunque esta estrategia, conocida como represalia masiva, satisfacía a los miembros europeos de la Alianza al vincular la seguridad europea al paraguas nuclear norteamericano, Estados Unidos nunca estuvo satisfecho con este compromiso. Estas divergencias dificultaron el establecimiento de una doctrina compartida por todos los socios y acabaron derivando en una nueva estrategia basada en los conceptos de defensa adelantada y respuesta flexible3. Sin embargo, fue esta misma coyuntura la que permitió que la renaciente Europa, tutelada por Francia, empezara a despertar de su letargo: los galos se retiraron de la estructura militar atlántica y las naciones más pequeñas minaron el poder absoluto estadounidense, contribuyendo así a aumentar el malestar existente en la Organización Atlántica y a buscar fórmulas alternativas bajo bandera europea. El difícil entramado institucional de la defensa europea Como ya se ha apuntado, el fracaso de las opciones defensivas europeas precipitó que la seguridad de Europa Occidental quedara en manos de la OTAN durante la mayor parte de la Guerra Fría, mientras que las recién creadas Comunidades Europeas4–la CECA, el EURATOM y la CEE– se ocupaban únicamente de la integración económica de la región. Sin embargo, a principios de la década de los setenta y coincidiendo con un período de distensión entre las dos potencias, en el seno de la Comunidad Económica Europea (CEE) se empezaron a crear los primeros instrumentos políticos de la futura Unión que, bajo el nombre de Cooperación Política Europea (CPE)5, empezaron a ser utilizados como elementos de política exterior, con una capacidad muy limitada al carecer de capacidades diplomáticas específicas y de obviar las dimensiones de la seguridad y la defensa. La defensa de la Unión Europea 7Número 5, 2005 En 1986, el Acta Única Europea (AUE) fue el primer acuerdo elaborado en el seno de las Comunidades Europeas que incluyó el concepto de seguridad6, aunque sólo vinculado a la dimensión económica, pues se suponía que la defensa, en especial la territorial, sería cuestión de la OTAN y/o de los ejércitos nacionales, además de la recién redescubierta UEO7. La desaparición del bloque oriental y la entrada en el orden internacional de la posguerra fría supuso una redefinición de las tareas a desarrollar por parte de las dos organizaciones defensivas presentes en Europa; éstas se ampliaron a otros ámbitos materiales, además de la estricta defensa territorial o la respuesta a un ataque exterior, y más allá de su espacio de actuación natural, Europa Occidental o el Atlántico Norte. Sin embargo, los instrumentos de la Comunidad Europea8permanecieron inalterados, ejemplificando la reducida capacidad de actuación de este órgano supranacional dada su institucionalización y la importancia de la dinámica intergubernamental9. El Tratado de Maastricht de 1991 dotó a la recién creada Unión Europea de una Política Exterior y de Seguridad Común (PESC)10 que desde el principio incluyó la posibilidad de “crear una política común de defensa que podría llevar a una defensa común” (artículo J.4 TUE). En esta coyuntura, la UEO sería el órgano ocupado de elaborar e implementar las decisiones con implicaciones en la defensa, convirtiéndose de esta forma en parte integral del desarrollo de la UE. En 1992 la Unión Europea creó las misiones Petersberg, que dotaron de contenido a la política de seguridad europea al cubrir la totalidad de operaciones militares y no-militares contenidas en los capítulos VI y VII de la Carta de las Naciones Unidas. Este tipo de operaciones de gestión de crisis englobaban desde acciones humanitarias y de evacuación de civiles hasta misiones de mantenimien- to o imposición de la paz. Sin embargo, la defensa colectiva de Europa frente a un hipotético ataque exterior continuaría siendo responsabilidad de la OTAN según el Artículo 5 del Tratado de Washington y el Artículo 5 del Tratado de Bruselas. Pedro Fatjó y Guillem Colom 8 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa El Tratado de Amsterdam introdujo pequeños cambios en el pilar de la seguridad y la defensa11, como la posibilidad de que la Unión Europea utilizara las capacidades de la UEO12 de manera automática y que, por vez primera, las misiones Petersberg se integraran en el seno de la Unión, expandiendo en consecuencia las capacidades de la PESC13. Sin embargo, por razones operativas y de voluntad política, la seguridad y la defensa continuaron siendo un tema secundario14. Estos grandes avances en la arquitectura institucional de la seguridad y la defensa europea no fueron articulados en una política de defensa real que guiara la presencia europea en el mundo y definiera las capacidades; y mucho menos en una política militar que administrara los recursos disponibles y actuara en consecuencia. Esta falta de voluntad política, unida a la crisis internacional que se estaba viviendo en los Balcanes, empujaron a los gobiernos británico y francés a reunirse en Saint Malô para hablar del desarrollo, en el seno de la UE, de capacidades militares autónomas, complementadas por unas fuerzas militares creíbles para poder responder a crisis internacionales con cierta eficiencia15. En 1999, el Consejo Europeo de Colonia aceptó e hizo suya la declaración de Saint Malô al publicar una declaración que incluía por vez primera en un documento oficial los conceptos de prevención de conflictos y gestión de crisis relacionados con las misiones Petersberg, incluyendo aquellas funciones de la UEO que fueran necesarias para que la UE cumpliera con sus responsabilidades16. Esta nueva situación provocó la entrada en funcionamiento de la PESD y la creación, durante el Consejo Europeo de Helsinki, de los organismos necesarios para su funcionamiento17: un Comité Político y de Seguridad (COPS) encargado de la dirección estratégica y del control político de las operaciones militares, un Comité Militar con la misión con la misión de hacer las recomendaciones pertinentes al anterior y establecer las directivas que aplicará el Estado Mayor, órgano encargado de conducir las operaciones militares concretas. Por otro lado, también se publicará el Helsinki Headline Goal, el documento que conforma la hoja de ruta de las capacidades a desarrollar. La defensa de la Unión Europea 9Número 5, 2005 Todos los elementos anteriores constituyen las fuentes necesarias para entender qué tipo de operaciones militares podrá llevar a cabo la UE, siempre que existan la imprescindible voluntad política y un mínimo de capacidades militares. En primer lugar, la base material se asienta en la PESC y la PESD, complementada por la tipología de acciones previstas en las misiones Petersberg. En segundo lugar, los consejos europeos de Colonia, Helsinki, Feira y Niza sirven, junto a las acciones, posiciones o estrategias comunes relacionadas con la PESC, para desarrollar y detallar los supuestos que guían el artículo 17 del TUE referente a los objetivos de la defensa europea. Finalmente, el Nuevo Concepto Estratégico de la OTAN que, aunque no procede de la UE, muestra como las fuerzas europeas pueden ser utilizadas en operaciones de la Alianza Atlántica, pero sobre todo como sus capacidades pueden ser usadas en operaciones PESD. Las misiones Petersberg Las misiones Petersberg son operaciones de gestión de crisis que, según el Artículo 17.2 del TUE, pueden ser “misiones humanitarias y de rescate, misiones de mantenimiento de la paz y misiones en las que intervengan fuerzas para la gestión de crisis, incluidas las misiones de restablecimiento de la paz”. Sin embargo, lo cierto es que una interpretación laxa de este artículo podría justificar casi cualquier tipo de operación militar siempre que no se contravenga la Carta de las Naciones Unidas y con el único límite de la defensa colectiva de la Unión Europea, misión todavía encargada a la OTAN en virtud del Artículo 5 del Tratado de Washington. De todas formas, es muy importante apuntar que el borrador del Tratado Constitucional apuesta por una tipología de misiones más ambiciosa que el estándar Petersberg: Pedro Fatjó y Guillem Colom 10 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa “Agresiones de gran escala contra un Estado Miembro resultan hoy improbables. En cambio, Europa tiene que afrontar nuevas amenazas más diversas, menos visibles y menos previsibles […] La unión de estos diferentes elementos –el terrorismo empeñado en ejercer la máxima violencia, la disponibilidad de armas de destrucción masiva, la delincuencia organizada, el debilitamiento del sistema estatal y la privatización de la fuerza– nos colocaría, sin duda, frente a una amenaza muy radical”35. Este documento, adoptado en el Consejo Europeo de Tesalónica de junio de 2003 y aprobado en diciembre del mismo año, conforma una estrategia (o declaración de intenciones) adaptada a la particular situación de la Unión Europea en un sistema internacional cambiante y heterogéneo, con el objetivo de mantener su nivel en la arena global. “Nuestro concepto tradicional de autodefensa, hasta el final de la Guerra Fría, se basaba en el peligro de invasión. Con las nuevas amenazas, la primera línea de defensa estará a menudo en el extranjero. Las nuevas amenazas son dinámicas […] ninguna de las nuevas amenazas es meramente militar, ni puede atajarse únicamente con medios militares. Cada una de ellas requiere una combinación de instrumentos36”. La estrategia de seguridad europea prioriza sus objetivos en tres áreas básicas: combatir las amenazas que se ciernen sobre Europa, mejorar la seguridad en los países vecinos como parte integrante de la defensa europea37, y crear un orden internacional basado en un multilateralismo eficaz con el objetivo de desarrollar “una sociedad internacional más fuerte, con instituciones internacionales que funcionen adecuadamente y un orden internacional basado en el Derecho38”. Este documento propone, en consecuencia, que la Unión y sus Estados Miembros lleven a cabo sus objetivos de seguridad de forma multilateral, basando su actuación en el Derecho y en la Carta de las Naciones, dirigiéndose a las causas básicas de los conflictos como son la pobreza o el mal gobierno mediante medidas para reforzar el diálogo y la cooperación, actuando de manera preventiva. La defensa de la Unión Europea 17Número 5, 2005 Sin embargo, este multilateralismo, expresión del soft power que la Unión quiere exportar al mundo, no significa que desaparezca el recurso a la fuerza, sino que el documento incluye la posibilidad de llevar a cabo acciones preventivas –diferentes, evidentemente, a las previstas en la National Security Strategy de Estados Unidos– en determinados casos. Finalmente, el documento apunta que: “…la Unión Europea ha avanzado hacia una política exterior coherente y una gestión eficaz de las crisis […] Pero si queremos aportar una contribución que corresponda a nuestro potencial, debemos ser más activos, más coherentes y aumentar nuestras capacidades39”. Es por esta razón que si la Unión Europea quiere ser un actor de peso en el sistema internacional, necesita dotarse, además de los instrumentos civiles y diplomáticos, de una capacidad militar creíble40. En este punto, la Estrategia Europea de Seguridad es clara: “Al incrementar las capacidades en los diversos ámbitos, deberíamos pensar en ampliar la gama de las misiones. Entre éstas podrían figurar las operaciones conjuntas de desarme, el apoyo a los terceros países en la lucha contra el terrorismo y la reforma del sector de la seguridad”41. En este sentido, parece evidente que el Headline Goal 2010 será el catálogo de capacidades para estas nuevas fuerzas capaces de llevar a cabo nuevas misiones –operaciones conjuntas de desarme, apoyo antiterrorista a terceros países y la reforma del sector de la seguridad– además de las misiones Petersberg de gestión de crisis. De todas formas, la capacidad europea para intervenir de manera autónoma en operaciones de gestión de crisis –misiones que pueden ser de altísima intensidad– es muy limitada, de manera que sería importante desarrollar estrategias más conformes a las capacidades reales de la Unión Europea42. Sin embargo, es importante comentar que probablemente la mayoría de las operaciones que la Unión Europea llevará a cabo, se realizarían de manera conjunta con la OTAN o mediante la utilización de sus medios, ya que “los dispositivos permanentes UE-OTAN, en particular Berlín Plus, refuerzan la capacidad operativa de la UE y proveen el marco de la asociación estratégica entre ambas organizaciones en materia de gestión Pedro Fatjó y Guillem Colom 18 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa de crisis”43. Además, la creación de las NATO Response Force44 –unidades expedicionarias y modulares– constituirán un importante complemento a las Agrupaciones Tácticas de la Unión Europea, proporcionando una considerable capacidad de proyección en operaciones donde se necesite una capacidad militar significativa. Finalmente, a mediados de septiembre de 2004, se presentó un informe titulado A Human Security Doctrine for Europe con la finalidad de dilucidar algunos de los principios que deberían guiar la acción de la Unión Europea en situaciones de emergencia, especialmente cuando existe la posibilidad real de catástrofe humanitaria como fue el caso de Rwanda o los Balcanes. Como reza el documento, “Europa necesita fuerzas militares, pero éstas deben ser configuradas y utilizadas de forma diferente. Deben ser capaces de prevenir y contener la violencia en diferentes escenarios del planeta y de forma diferente a la clásica defensa territorial o las acciones convencionales45.” En consecuencia, apuesta por la creación de una fuerza que, compuesta por 15.000 efectivos entre militares, policías y civiles expertos en gestión de crisis, tengan como objetivo prioritario garantizar la seguridad de los no-combatientes que, en caso de conflicto, son siempre la parte más débil y perjudicada46. No hay duda de que esta nueva doctrina de seguridad humana es muy necesaria en el escenario estratégico actual, pues podría actuar como contrapeso a Estados Unidos47, cuya capacidad para realizar operaciones de altísima intensidad es evidente pero tiene serios problemas en acciones de pacificación y estabilización, como puede ser el caso de Irak, donde un limitado número de tropas deben ser capaces de controlar y sostener territorios hostiles durante un largo período de tiempo48. Sin embargo, esta fuerza de respuesta, que sería conocida como Human security response force, debe cooperar estrechamente con las unidades militares, pues éstas no sólo proporcionan una mayor capacidad disuasoria que estos grupos especializados en tareas pseudopoliciales, sino también una mayor capacidad combativa y resolutiva en caso de enfrentamiento. La defensa de la Unión Europea 19Número 5, 2005 Las misiones de la PCSD y sus características La línea de desarrollo seguido durante los últimos años por la PESD con referencia al análisis de la tipología de misiones que implican un uso destacado de instrumentos militares, nos conduce a una problemática a la que se debe prestar una especial atención. Como ya se ha señalado en páginas anteriores y se desprende de la documentación oficial que por el momento define la PESD, el núcleo duro de la misma se constituye en torno a las originariamente denominadas misiones Petersberg, complementadas y ampliadas por las apuntadas en la Estrategia Europea de Seguridad y las que queden incluidas en el Tratado Constitucional y que, en su conjunto, conformarán la PCSD49. Dejando por ahora de lado los matices que puedan introducirse, las misiones que se supone deberán ser capaces de afrontar con éxito las fuerzas armadas de los países miembros de la UE –siempre incardinadas en los marcos políticos antes mencionados– pueden sintetizarse en la tipología siguiente: – Misiones humanitarias y de rescate – Misiones de imposición de la paz – Misiones de restablecimiento de la paz – Misiones de mantenimiento de la paz – Misiones de gestión de crisis A partir de este catálogo de misiones50 se deben evaluar cuáles han de ser las capacidades de las fuerzas militares europeas implicadas y, en consecuencia, la adecuación o no de las capacidades realmente existentes a las mismas. En realidad, no se trata más que preguntarse si las capacidades operativas de que disponen en la actualidad las fuerzas armadas de los países miembros de la UE se ajustan a lo que se espera que sean capaces de hacer, que es lo mismo que decir, y hay que subrayarlo, si existe un buen ajuste entre los objetivos políticos y estratégicos de la UE y los instrumentos militares que, en el terreno que les es propio, deben sustentarlos. Pedro Fatjó y Guillem Colom 20 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa Así, y en primer lugar, conviene analizar el significado “militar” de las misiones Petersberg, es decir, es necesario reflexionar sobre cuáles son las implicaciones en términos de posibles escenarios de conflictos y de las correspondientes fuerzas militares requeridas que supone el adecuado y eficaz cumplimiento de dichas misiones. La respuesta a este interrogante acabará condicionando otras dos variables relevantes, íntimamente relacionadas entre sí: las propias capacidades operacionales de las fuerzas de la UE y la estructura de las mismas. En una primera lectura cabría pensar que se trata de un conjunto de misiones de lo que comúnmente se define como “de baja intensidad”, es decir, misiones que demandarían un uso muy limitado de la fuerza, lo que a su vez implicaría unas capacidades militares restringidas y unas fuerzas de poca envergadura. En este supuesto, no estaría fuera de lugar el hablar de operaciones más a caballo de lo policial y de lo militar que de operaciones militares propiamente dichas. Si bien es cierto que Headline Goal Task Force apuntaba a un objetivo deseable de una fuerza de 100.000 efectivos con un apoyo de 400 aviones y un centenar de buques51, es también muy significativo que la reciente aprobación de la creación de grupos de intervención rápida, con 1.500 efectivos cada uno, que por su propia naturaleza –y por muy importante que sea su componente tecnológico– serán unidades ligeras con limitadas capacidades de combate, parece apuntar en la dirección antes citada: intervenciones limitadas y en situaciones de conflictos de baja intensidad52. Esta clase de unidades pueden resultar de extrema utilidad y eficacia en escenarios como el de Haití, por citar un ejemplo reciente, pero en conflictos como los que en su momento tuvieron lugar en la antigua Yugoslavia –en Bosnia-Herzegovina o, posteriormente, en Kosovo–, Rwanda o Somalia, resultarían claramente insuficientes, salvo que se asumiese un nivel de riesgo muy elevado para las tropas desplegadas. Sin embargo es factible avanzar en una definición más realista de los compromisos adquiridos por la UE con las misiones Petersberg y con las que se deriven de la Estrategia Europea de Seguridad, si atendemos a algunas de las aproximaciones doctrinales más recientes. La defensa de la Unión Europea 21Número 5, 2005 En este sentido, el ejemplo de la doctrina militar francesa es extremadamente útil, tanto por el esfuerzo realizado por los responsables militares galos en esta línea, como por el peso militar de la potencia francesa, sin olvidar las pretensiones de liderazgo en el seno de la UE de las que vienen haciendo gala los sucesivos gobiernos del Elíseo. Y tampoco conviene olvidar que Francia ha estado presente, con frecuencia como destacadísima impulsora, de todos los avances que han tenido lugar en la configuración de una política europea de seguridad y defensa. En el denominado Concept interarmées d’emploi des forces, de 1997, se diseña una tipología de los posibles conflictos en los que pueden verse involucradas las fuerzas armadas francesas. El modelo S-5, calificado como acción a favor de la paz y del derecho internacional, es caracterizado como “se situant en principe dans la gamme des interventions de faible intensité, ce type d’opérations qui se place dans un cadre juridique international peut, dans certaines circonstances, dériver vers un conflit régional”. Así se considera que puede incluir un amplio abanico de operaciones militares, que las amenazas presentes en este contexto pueden llegar a ser de gran variabilidad, desde ataques terroristas hasta acciones de guerra abierta, pasando por operaciones de guerrilla urbana. Significativamente, en estas hipótesis el conflicto pasaría a ser catalogado como de alta intensidad y requeriría un despliegue y utilización de medios militares y de sus correspondientes capacidades de combate igual o similar al de los conflictos de los modelos S-1 o S-453. En el documento posterior conocido como Doctrine interarmées d’emploi des forces en opération, publicado en el año 2000, el Estado Mayor de los Ejércitos ha perfilado todavía más el análisis en este campo. Los conflictos de baja intensidad son definidos como los que presentan una baja intensidad en el uso de la violencia y requieren un uso escaso o esporádico de la fuerza. Los de alta intensidad se caracterizarían como los que el nivel de violencia y el grado de empleo de la fuerza es particularmente importante, pero también como los que el bajo nivel de violencia y un grado reducido de empleo de la fuerza toman un carácter Pedro Fatjó y Guillem Colom 22 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa permanente. Las crisis son concebidas como situaciones en las que pueden sucederse fases de diferente intensidad, alternándose fase de alta violencia con otras de calma. Se considera que un conflicto calificado inicialmente de baja intensidad puede evolucionar hacia o presentar fases de gran violencia. En consecuencia, el despliegue de unidades militares debe prever todas las posibilidades, incluyendo el uso de armamento sofisticado de alta tecnología, aún en las crisis menos intensas. Las operaciones de gestión de crisis son susceptibles de requerir aspectos militares como los siguientes: destrucción total o parcial de los medios de combate del enemigo, retirada de las fuerzas contendientes hacia zonas previamente establecidas, aniquilación de toda posibilidad de fabricación de armas de destrucción masiva, neutralización de unidades específicas, desarme y desmovilización de combatientes, instauración de procesos de control de armamentos. Es evidente que para cubrir todas y cada una de estas actividades se necesitará el empleo de medios militares y, sobre todo, un uso variable de la fuerza, que, en algunos casos, podría llegar a ser de gran envergadura. De esta forma, ambos documentos coinciden en el mismo horizonte conceptual: las operaciones de gestión de crisis en cualquiera de sus posibles variantes y, en consecuencia, también las misiones tipo Petersberg, deben ser interpretadas como situaciones, que, con independencia de sus orígenes y del estado inicial, son susceptibles de derivar hacia conflictos armados de importantes dimensiones que hagan necesario el despliegue de unidades militares de gran entidad y dotadas de una notable capacidad de combate, incluso manteniéndola durante un prolongado período de tiempo. También en el Reino Unido se ha venido prestando una atención específica a esta clase de situaciones. En el documento oficial Design for Military Operations. The British Military Doctrine, editado en el año 1996, y en el capítulo dedicado a establecer los tipos de conflictos en que pudieran verse implicadas las fuerzas británicas, se mencionan tres posibles modelos de contextos: la llamada Guerra General, el Conflicto La defensa de la Unión Europea 23Número 5, 2005 Regional y, en tercer lugar, las operaciones englobadas en lo que se denomina Other Uses of Armed Forces, y que se consideran operaciones realizadas bajo el mandato de alguna organización internacional, como la ONU o la UE, en la forma de una coalición internacional y en las que los niveles de de fuerza estarán condicionados por la envergadura de la misión y las exigencias de rapidez en el despliegue. Significativamente, dentro de esta modalidad se incluyen la contrainsurgencia, incluyendo la lucha contra la subversión, el terrorismo y la insurrección armada54. No hace falta decir que estos últimos contextos bélicos difícilmente pueden ser definidos como operaciones de baja intensidad, especialmente si el nivel de violencia supera las acciones de carácter meramente episódico u ocasional. De manera más detallada en el manual de doctrina del Ejército de Tierra del Reino Unido, en su edición –todavía vigente– de junio de 199455, se detalla el contenido de las operaciones de apoyo a la paz, diferenciando entre las clasificadas como de mantenimiento de la paz o peacekeeping –que contarían con el acuerdo de las partes beligerantes– y las de fortalecimiento de la paz o peace enforcement –que no contarían con el acuerdo de las partes beligerantes–; los conflictos de Corea y del Congo –en 1950-53 y en 1960-64, respectivamente– son puestos como ejemplos de esta última categoría. Igualmente, y dentro de las operaciones de peace enforcement, se diferencia entre la imposición de sanciones y la intervención directa, siendo la guerra de Irak de 1991 una muestra de este concepto. Referente a las misiones de mantenimiento de la paz, la doctrina británica pone el acento en un uso mínimo y proporcionado de la fuerza, pero reconoce la necesidad de que las unidades desplegadas tengan en cuenta la posibilidad de una escalada en el conflicto y de su posible derivación hacia una operación de fortalecimiento de la paz. En un trabajo muy reciente, J. Mawdsley y G. Quille56 han elaborado una tipología de acciones de intervención exterior en función de sus posibles niveles de intensidad. De esta forma, la realización de tareas policia- Pedro Fatjó y Guillem Colom 24 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa les, la ayuda militar a la población civil, las operaciones de búsqueda y salvamento, la evacuación de civiles y la diplomacia con apoyo militar, son clasificadas como acciones militares de baja intensidad. Los despliegues por razones humanitarias y de apoyo en situaciones de desastres naturales y las acciones de mantenimiento de la paz se evalúan como de media intensidad. Por último, se consideran tareas militares de alta intensidad las operaciones de imposición de la paz y los conflictos regionales. En otro estudio igualmente muy reciente, N. Gnesotto57 expone cinco posibles escenarios de intervención militar por parte de la UE, y su análisis incluye hipótesis sobre la entidad de las fuerzas militares implicadas en cada uno de ellos. Dejando de lado la defensa del territorio –el supuesto más extremo puesto que implicaría una agresión directa a Estados Miembros de la UE, algo que está presente también en el tratado constitucional europeo, según el cual se puede firmar una cláusula de solidaridad que implicaría una respuesta común– los escenarios son los siguientes: operación de apoyo a la paz a larga escala, operación humanitaria de alta intensidad, conflicto regional en defensa de intereses estratégicos de Europa y, por último, operación de prevención frente a un ataque con armas de destrucción masiva (ADM). En el primer supuesto –operación de apoyo a la paz a larga escala–, el autor considera que la previsión sobre esta clase de misiones debe abarcar un abanico amplio, desde operaciones de modesta intensidad hasta despliegues a gran escala, con uso de plena capacidad de combate. Incluiría acciones preventivas que no han requerido el uso de la fuerza, como en Macedonia, pero también otras en las que sí ha sido obligado el empleo de la violencia, como en Bosnia, Kosovo o Afganistán. Las exigencias militares estarían centradas en unidades de infantería ligera, de operaciones especiales y el correspondiente apoyo aéreo y el despliegue podría ser a largo plazo (30.000 efectivos durante al menos tres años). Las operaciones humanitarias de alta intensidad estarían dirigidas a evitar genocidios, guerras civiles o actividades criminales a larga escala; incluirían intervenciones antiterroristas y antiguerrilla, estas últimas en La defensa de la Unión Europea 25Número 5, 2005 ámbitos rurales, por ejemplo, y exigirían unidades de élite y de operaciones especiales, con apoyo aéreo directo (helicópteros artillados y aviones de ataque)58. El denominado conflicto regional en defensa de intereses estratégicos de la UE –como el suministro energético– supondría la utilización de unidades blindadas, mecanizadas y aerotransportables, apoyo aéreo de todo tipo y unidades navales con capacidad de ataque a tierra y antiaérea. Por último, la prevención frente a ataque con ADM implicaría operaciones de contrainsurgencia en terrenos muy variados (montañosos, urbanos, rurales), control de aeropuertos y de líneas de comunicación, apoyo humanitario y operaciones psicológicas, y podría realizarse también con unidades ligeras, contando con los imprescindibles apoyos aéreos y navales. También en Estados Unidos se viene dedicando una atención creciente a esta problemática, aunque más centrada en el concepto de “guerra asimétrica” y en sus implicaciones en términos tanto de capacidad operativa de las fuerzas armadas estadounidenses, como de adquisición de sistemas de armas, transformación de las estructuras militares y elaboraciones doctrinales. Sin entrar a fondo en la visión imperante al otro lado del Atlántico, que no es el objeto de este trabajo, sí que es conveniente resaltar que la percepción imperante, con los matices inevitables según los autores consultados, pone el acento en la incertidumbre como el marco más probable en que se verán obligadas a operar las unidades militares de Estados Unidos. Cada vez será más improbable afrontar situaciones de guerra convencional, porque seguramente los escenarios de conflicto tenderán a presentarse más bien como un “flujo” cambiante de situaciones de violencia, en el que se sucedan o coexistan formas de combate distintas: guerra convencional con fuerzas regulares; acciones de guerrilla rural y, en mucha mayor medida, urbana; ataques terroristas, tanto selectivos como de alcance masivo, incluso con armas de destrucción masiva; movilizaciones de masas, con mayor o menor grado de violencia; toma de rehenes, y otras formas de violencia organizada. Igualmente, los actores de estas modalidades de conflicto serán, alterna- Pedro Fatjó y Guillem Colom 26 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa transporte. La movilidad táctica, en cambio, tenderá a ser media, si se cuentan con suficientes helicópteros, o baja, si han de moverse a pie71. Pero en agudo contraste con las unidades blindadas y mecanizadas, estas fuerzas ligeras presentan unos valores de potencia de fuego y protección realmente bajos, siendo muy vulnerables a la acción armada del adversario, aun en el caso de que éste disponga sólo de armamento ligero72. Sin embargo, existe un tercer modelo de unidad que además, en los últimos tiempos, está experimentando una indudable expansión en diversos ejércitos europeos73 e incluso en el de Estados Unidos74. Nos referimos a unidades blindadas medias o motorizadas, es decir, unidades de infantería a bordo de vehículos blindados de ruedas. Esta clase de fuerzas ofrecen altos valores en movilidad, en cualquiera de sus variantes, menor o similar potencia de fuego que una unidad pesada clásica75, pero superior a una unidad ligera y mayor protección que ésta, si bien inferior al de una unidad pesada. Además, el desarrollo tecnológico en nuevos sistemas de armas, como aviones no tripulados, medios de mando, control y comunicaciones, equipos de reconocimiento, vigilancia, obtención, procesamiento y distribución de información, armas guiadas de lanzamiento terrestre, helicópteros de ataque y reconocimiento armado, radares de exploración de campo de batalla, sistemas de visión y localización ópticos y electrónicos todo tiempo, etc. pueden proporcionar a esta clase de unidades una capacidad muy por encima de lo que indicaría su naturaleza “media”. Capacidades Unidades Unidades Unidades pesadas ligeras medias (ruedas) Potencia de fuego Alta Baja Alta-media Protección Alta Baja Media-baja Movilidad Estratégica Baja Alta Alta-media Movilidad Operacional Media Media-baja Alta-media Movilidad Táctica Alta Media-baja Alta-media La defensa de la Unión Europea 33Número 5, 2005 Como puede verse en el cuadro, ningún modelo de unidad ofrece los máximos valores en todos los vectores, algo que, de todas formas, no debería causar sorpresa alguna, puesto que no es posible constituir una unidad de esta naturaleza que se adapte a todos los escenarios bélicos posibles y probablemente tampoco tiene sentido hacerlo. De todas formas, conviene tener en cuenta la evolución que en los últimos tiempos está teniendo lugar en el ámbito de los vehículos blindados. En este sentido cabe constatar que si por un lado, desde el campo político-estratégico, se está poniendo el acento en la capacidad de proyección como cualidad más preciada –lo que implica la disposición de materiales ligeros aerotransportables–, por otro, desde el campo de la industria de vehículos blindados y de las demandas de las propias fuerzas armadas, más bien parece que van en dirección contraria, es decir, hacia vehículos mejor protegidos y, en consecuencia, más pesados y menos proyectables por vía aérea. En el caso de los vehículos blindados de cadenas, dejando de lado los carros de combate y centrándonos en los vehículos de transporte de personal y de combate de infantería, se constata una clara tendencia en la dirección de vehículos dotados de mayor blindaje y peso en combate. Así, el M2/3 Bradley norteamericano, que en su versión original pesaba algo más de 22 t, en su última versión, la A3, alcanza las 30 t. El británico Warrior ha pasado de las 24 t iniciales a también cerca de 30 t en los últimos modelos modernizados. El recientemente entrado en servicio en el Ejército de Tierra español, Pizarro, se sitúa en las 28 t, sin contar el peso del blindaje reactivo con que puede ir equipado opcionalmente. Como último ejemplo, el futuro VCI alemán, denominado Puma, con entrada en servicio prevista para el año 2010 y cuyos primeros prototipos fueron presentados en 2004, tendrá un peso en combate de 31,5 t en su versión básica, pero llegará a las 43 t en la versión dotada de mayor protección76. En el campo de los vehículos blindados de ruedas, la alternativa que mejor se adaptaría a las exigencias de capacidad de proyección tan caras Pedro Fatjó y Guillem Colom 34 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa a los analistas europeos, el panorama no es diferente. Si modelos surgidos a finales de los años setenta o principios de los ochenta, se movían en unos pesos del orden de las 14-15 t, como el VAB francés o el BMR- 600 español (vehículos de seis ruedas o 6x6), el Stryker norteamericano, que está saliendo ahora de las cadenas de montaje, está por encima de las 22 t en la versión básica de transporte blindado de personal, dotada con blindaje adicional. Pero es que en los nuevos proyectos que se encuentran en estado más avanzado de desarrollo, la tendencia hacia vehículos de 8 ó 10 ruedas (8x8 y 10x10) y pesos todavía superiores se presenta como irrefrenable: el VBCI galo, cuyo primer lote de 50 unidades ya ha sido encargado, presentará un peso, siempre en su variante básica, de 24 t y el germano Boxer no bajará de las 25 t, aunque podrá alcanzar pesos máximos de hasta 33 t77. Las razones de este proceso de “engorde” de los blindados de infantería, con independencia de que se trate de vehículos de cadenas o de ruedas, no es otro que el esfuerzo por mejorar sustancialmente los niveles de protección. Esfuerzo que se deriva de la experiencia adquirida por los ejércitos europeos y norteamericano a partir de la intervención en conflictos armados a lo largo de la última década, y tanto en conflictos de baja intensidad como de alta intensidad. En términos generales, puede afirmarse que la generación precedente de vehículos blindados de infantería no ofrecía una protección satisfactoria a sus ocupantes, ni siquiera ante el fuego de armas ligeras. Aunque teóricamente diseñados para resistir el impacto de proyectiles de armas automáticas de pequeño calibre, siendo el 7,62 mm, el más representativo, algunos de estos modelos eran vulnerables al fuego de esta clase de armas cuando se disparaba a corta distancia, en especial contra los laterales del vehículo78. Igualmente, eran aún más vulnerables al impacto de proyectiles más pesados, de 12,7 o 14,5 mm y, sobre todo, al de proyectiles de carga hueca de los lanzacohetes anticarro79. Dado el bajo coste de adquisición de esta última clase de armas, la sencilla instrucción que requieren y su fácil manejo, se encuentran muy extendidas en manos de toda clase de La defensa de la Unión Europea 35Número 5, 2005 grupos irregulares y de ejércitos de países no desarrollados, por pobres que éstos sean. Constituyen, sin duda, la principal amenaza a la que tendrían que hacer frente las tropas europeas en cualquier conflicto de baja intensidad en el que lleguen a intervenir. Es por esta razón que el esfuerzo de los fabricantes se está centrando en la mejora de la protección de los vehículos, con objeto de hacerlos resistentes a esta clase de proyectiles, al menos de hasta 14,5 mm y también a las cargas huecas, por medio de la instalación, fija o desmontable, de blindajes espaciados o reactivos, pero el aumento de peso es algo inevitable si se desea obtener esos niveles de protección. Lo contrario es aceptar unos márgenes de riesgo más elevados para las tropas que los utilizan, lo que sería contradictorio con la idea de las “cero bajas” vigente en la cultura política europea. Siguiendo con esta línea de argumentación, es igualmente muy habitual entre los analistas, o una buena parte de ellos, la idea de que el carro de combate, al menos tal como lo conocemos en la actualidad, ha quedado o está quedando desfasado, sobre todo porque el muy elevado peso de los modelos en servicio plantea serios problemas logísticos y de transporte a larga distancia, haciendo prácticamente imposible su proyección por vía aérea80. Así mismo, se aduce que son inadecuados para operaciones de baja intensidad, puesto que presentarían un exceso de capacidad de combate para esta tipología de misiones81. Si bien es cierto que su elevado peso conlleva los problemas mencionados, también es cierto que es el resultado del alto grado de protección con que están equipados, lo que les hace casi invulnerables a una amplia gama de armas, incluyendo los proyectiles pesados perforantes de energía cinética y los de carga hueca. La decisión sobre su despliegue está en relación, de nuevo, con el nivel de protección con que se quiera dotar a las unidades de intervención. En este sentido, es significativo que la mayor parte de los países que desplegaron unidades terrestres en Bosnia y, posteriormente, en Kosovo, incluían carros de combate, aunque fuese en número limitado, puesto que proporcionan una notable capacidad “disuasoria” frente a posi- Pedro Fatjó y Guillem Colom 36 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa bles ataques; su mera presencia puede marcar la diferencia entre que una unidad de infantería sea o no objeto de una agresión armada82. Además, y desmintiendo incluso la experiencia histórica acumulada, han acreditado su eficacia en los combates en zonas urbanas, siempre que sean empleados en combinación con otra clase de unidades: en la toma de Basora por las unidades británicas, los carros demostraron su gran utilidad en la lucha urbana, sobre todo en funciones de apoyo de fuego directo a la infantería, lo que de paso minimizaba los daños colaterales y, muy especialmente, las destrucciones materiales en el caso urbano83. Sí es cierto que Europa salió de la Guerra Fría con un parque de carros de combate a todas luces excesivo para las actuales necesidades defensivas de la UE y, de manera muy especial, para las que se derivan de las misiones Petersberg e intervenciones de naturaleza similar. La disminución del número de carros es una necesidad ineludible y así se explican las importantes reducciones que han tenido o están teniendo lugar en muchos países europeos84. La alternativa al tanque en la forma de vehículos blindados de ruedas dotados de piezas del calibre de 105 mm ó 120 mm, conocidos como vehículos de reconocimiento y combate, no deja de presentar el mismo problema que los vehículos blindados de infantería, es decir, un peso creciente. El AMX-10RC francés, entrado en servicio a principios de la década de los ochenta, pesaba algo menos de 17 t; el Centauro italiano, una década posterior, se sitúa en las 25 t y es posible que futuros modelos alcancen o superen las 30 t. Además, pese a las mejoras en potencia de fuego de este tipo de vehículos, su protección sigue estando muy por debajo de la de los carros de combate y no es recomendable utilizarlos como sucedáneos de éstos85. De lo expuesto hasta el momento sobre la evolución de los vehículos blindados de infantería y de reconocimiento y combate, incluyendo las versiones de ruedas, se concluye que en un futuro próximo la capacidad de proyección por vía aérea de unidades equipadas con esta clase de materiales tenderá a resentirse, dado el peso y dimensiones de las últi- La defensa de la Unión Europea 37Número 5, 2005 mas versiones en servicio y el problema se agudizará todavía más cuando se entreguen los modelos actualmente en desarrollo. Es conveniente no perder de vista que incluso en la actualidad la proyección de una unidad motorizada ligera exige un despliegue de medios aéreos de notabilísimas dimensiones. Con independencia de lo que puedan afirmar los defensores de la “proyectabilidad”, la experiencia no autoriza a mostrar demasiado entusiasmo en favor de esta supuesta panacea. Por ejemplo, el Ejército de los Estados Unidos ha tenido ocasión de verificar por sí mismo las grandes diferencias que se presentan entre los plazos y medios previstos y la realidad de los despliegues86. Y si bien es verdad que en el caso europeo la esperada entrada en servicio de los nuevos aviones de transporte A-400M supondrá un notable refuerzo de la capacidad de proyección aérea87, es igualmente cierto que en absoluto representa una solución global para el problema del transporte a larga distancia de esta clase de unidades, al tener que afrontar la carga de vehículos cada vez más pesados, lo que se traducirá en una reducción de su capacidad de carga medida en número de vehículos embarcados por avión y viaje88. Si además tenemos en cuenta la posibilidad de que en algunas situaciones de conflicto puede llegar a ser conveniente asignar materiales pesados a las unidades ligeras, como carros de combate o vehículos blindados de cadenas, las dimensiones del problema se harán mayores y los medios aéreos serán claramente insuficientes. De ahí que el transporte marítimo seguirá siendo el medio de desplazamiento más adecuado, aunque ello exija asumir unos plazos de despliegue superiores. Se trata de elegir entre la velocidad de despliegue y la seguridad de las unidades desplazadas: cuanto menor sea el tiempo de transporte exigido, mayor será el protagonismo de las unidades ligeras (sin blindados) y también mayor será el umbral de riesgo que habrán de asumir; cuanto menores sean las presiones sobre la velocidad de despliegue, mayores serán las posibilidades de asignar material blindado a las unidades desplazadas y menor su vulnerabilidad en el teatro de operaciones89. Pedro Fatjó y Guillem Colom 38 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa La capacidad de transporte marítimo reside en tres vectores fundamentales: los navíos anfibios con que cuentan en sus armadas algunos países europeos para el despliegue de sus respectivas unidades de infantería de marina (Reino Unido, Francia, España, Italia, Holanda): los buques auxiliares de transporte de que se dota algún país –como el Reino Unido con su denominada flota auxiliar– y, por último, los buques civiles de carga, sobre todo los conocidos como Roll-On, Roll-Off o RO-RO, que pueden ser alquilados a las compañías propietarias para su utilización militar en caso de necesidad. En el supuesto de navíos civiles lo más adecuado es tener establecidos acuerdos previos que faciliten la disponibilidad de dichos navíos en el momento que se requieran, evitando de este modo retrasos en los tiempos de despliegue. Pero hasta el momento los acuerdos de esta clase son responsabilidad exclusiva de cada Estado Miembro de la UE, si bien existen recomendaciones sobre la conveniencia de preverlos. De todas formas, lo más eficiente sería dotar a la UE de algún organismo responsable de la organización y gestión del transporte marítimo estratégico, centralizando los esfuerzos nacionales dispersos que imperan hasta el momento. Tanto los analistas de defensa que asesoran a las autoridades políticas de la UE y éstas mismas, deberían ser muy conscientes de que esta clase de cuestiones, en apariencia de carácter técnico, tienen un profundo trasfondo de naturaleza política. La apuesta por unidades ligeras, es decir, capaces de proyectarse con rapidez hacia lejanos escenarios de conflicto, pero débilmente protegidas y con una potencia de fuego muy limitada, supone aceptar un abanico de opciones muy restringido. Es posible afirmar que si la PESD y la Estrategia Europea de Seguridad acaban articulándose, en su vertiente militar, en unidades de estas características, la UE se coloca a sí misma ante únicamente tres opciones alternativas. En la primera de ellas, la capacidad de intervención exterior de la UE quedaría restringida a actuaciones en escenarios de conflicto de baja o muy baja intensidad, en los que se presuma de encontrar una escasa o La defensa de la Unión Europea 39Número 5, 2005 casi nula resistencia armada90. Sin negar la importancia de las intervenciones de estas dimensiones para el mantenimiento de la paz y de la estabilidad internacionales, en especial en las áreas de mayor interés estratégico para la UE, debe quedar claro que se renuncia a estar presentes en situaciones de conflicto que supongan un mayor nivel de riesgo, con todas las repercusiones políticas que en términos de influencia exterior se deriven, entre ellas la renuncia a un protagonismo acorde no sólo con el peso económico y demográfico de la UE, sino también con las aspiraciones de liderazgo político mundial en las que tanto se prodigan los máximos responsables de la PESC y de la PESD. La segunda opción no puede ser otra que la de asumir unos niveles de riesgo muy elevados para las unidades desplegadas. Si se produce una discordancia entre los objetivos políticos y los medios militares puestos a su servicio –como sucedería si se realiza alguna intervención, con esta clase de unidades, en conflictos de media o alta intensidad o de baja intensidad pero que se deslizaran hacia los anteriores– el resultado no puede ser otro que un potencial de bajas propias muy elevado, bien sea por la solidez de la oposición violenta a la intervención europea o por el alargamiento temporal del conflicto. En cualquier caso, sobran comentarios sobre el coste político interno para los gobiernos implicados, dada la acreditada volubilidad de la opinión pública en muchos países europeos y su aversión a aceptar niveles de violencia significativos para sus ejércitos. Por último, la tercera opción ya ha sido probada en situación real. Nos referimos a la experiencia de Kosovo en 1999. La resistencia de los principales gobiernos europeos de la OTAN a realizar una intervención por tierra –que implicaba inevitablemente un umbral de riesgo muy elevado– se acabó traduciendo en el recurso a una intensa campaña de bombardeos aéreos, cuyos resultados no dejaron de ser paradójicos: si bien es cierto que se obligó finalmente al Gobierno serbio a suspender y renunciar a sus planes de limpieza étnica, también es verdad que ello se logró a costa de causar graves daños a la infraestructura de uso civil Pedro Fatjó y Guillem Colom 40 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa de Serbia y de que la gran mayoría de las víctimas de los ataques aéreos acabasen siendo civiles, ya que los daños sufridos por las fuerzas regulares y las milicias serbias fueron más bien de muy escasa entidad91. En este supuesto y habiéndose equipado la UE con un instrumento militar inadecuado para conflictos de cierta envergadura, el poder aéreo acabaría siendo la alternativa a emplear, dándose de esta manera la contradicción entre la naturaleza humanitaria o de pacificación de la intervención y los daños humanos, civiles sobre todo, y materiales que inevitablemente acarrearía cualquier campaña de bombardeos aéreos. Sin olvidar el coste político de una operación de este tipo, tanto en el ámbi- to internacional como en el interior de los estados implicados. De estas últimas hipótesis y de todo lo expuesto en páginas anteriores, se desprende que la UE debería apostar por un “músculo” militar que no estuviese centrado únicamente en la capacidad de proyección o de despliegue rápido. Si bien no cabe duda alguna sobre la necesidad de unidades ligeras proyectables por vía aérea, tampoco deberían albergarse dudas acerca de la conveniencia de disponer de unidades medias, es decir, blindadas ligeras o motorizadas –según la denominación utilizada en cada Ejército– capaces de proporcionar mayores niveles de protección y de potencia de fuego en caso de que la situación así lo requiriese. Aun en el supuesto de que ello supusiese un alargamiento de los plazos de despliegue (bien porque se requiriese un mayor número de viajes por avión, bien porque fuese más adecuado utilizar medios navales), la opción por esta clase de unidades ofrece mayores garantías de supervivencia para las tropas y una superior capacidad de resolución. Este modelo, en el que tanto las unidades ligeras como las medias adquirirían un gran protagonismo, exigiría sin embargo un esfuerzo de reorganización en la mayoría de los ejércitos europeos. Un esfuerzo que si bien está en marcha en varios casos, todavía está lejos de consolidarse, dado que la estructura imperante aún es mayoritariamente una herencia de los tiempos de la Guerra Fría, como lo muestra la auténti- La defensa de la Unión Europea 41Número 5, 2005 ca inflación de unidades pesadas que caracteriza a muchos ejércitos de la UE. Como se muestra en el Anexo 4, los 13 principales países europeos en términos de tamaño de sus fuerzas armadas, reúnen un total de 70 unidades pesadas de entidad brigada –acorazadas y mecanizadas– por sólo 24 unidades medias y ligeras, aunque en este último grupo predominan claramente las segundas. En resumen, unas fuerzas con menos unidades pesadas y más unidades medias sería la dirección que se debería tomar. No se trataría tanto de crear nuevas brigadas medias sino más bien de reconvertir una parte de las pesadas, ahora dotadas sobre todo con vehículos de cadenas, en unidades blindadas con vehículos de ruedas. Tampoco sería realista eliminar o reducir excesivamente las brigadas pesadas, ya que pueden resultar imprescindibles en determinados despliegues, sea constituyendo agrupaciones por sí mismas, sea como refuerzos agregados a unidades medias o ligeras si así lo demandan las circunstancias. Continuando en esta línea de análisis resulta imprescindible hacer referencia a las fuerzas de infantería de marina. La larga experiencia norteamericana de intervenciones de toda naturaleza en el exterior a lo largo de las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial han demostrado, de forma reiterada, que el Cuerpo de Marines –denominación oficial de la infantería de marina en Estados Unidos– es el componente de sus fuerzas armadas más capacitado para cualquier estrategia de “proyección”. Si bien no tiene sentido entrar en comparaciones entre la capacidad anfibia norteamericana y la europea, sí que es conveniente no perder de vista las posibilidades que ofrece una adecuada capacidad anfibia en el contexto de una estrategia basada en la proyección de fuerza a larga distancia. La llamada Iniciativa Anfibia Europea va precisamente en esta dirección. Teóricamente se trata de disponer de una fuerza anfibia de entidad brigada, dotada de medios navales y aéreos de desembarco, capaz de alcanzar los objetivos asignados por sus propios medios, sin necesidad de recurrir a instalaciones portuarias y aeroportuarias. Pedro Fatjó y Guillem Colom 42 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa la alta tecnología se verá notablemente erosionada. Y en estas situaciones, para el tradicional pelotón de fusileros, un vehículo blindado, un carro de combate, una batería de morteros o un todo terreno protegido pueden ser mucho más decisivos que un satélite o un ordenador. Conclusiones Los compromisos existentes para hacer de la Unión Europea un actor político con una cierta capacidad militar han sido incesantes desde Helsinki. Sin embargo, la actitud errática de elaborar una pseudopolítica militar sin poseer ningún concepto estratégico propio ni una política de defensa que lo corrobore ha sido uno de los mayores escollos para que la Unión sea tenida en cuenta en un sistema internacional donde el poder y el interés son elementos básicos. A día de hoy, la Unión Europea todavía cojea; avanza rápidamente en el establecimiento de un entramado institucional mientras que en la creación de capacidades va mucho más lenta. Esta disparidad entre lo escrito y lo real sólo se puede explicar porque los estados han carecido hasta hoy de una verdadera voluntad política. La Estrategia Europea de Seguridad y el Headline Goal 2010, aunque no del todo satisfactorias por las razones esgrimidas en este trabajo, permiten creer que a medio plazo, Europa tendrá una cierta capacidad autónoma de actuación en este sistema internacional tan heterogéneo y cambiante. Sin embargo, cabe decir que ésta nunca se podrá comparar con Estados Unidos, nación con una responsabilidad e intereses globales y que sigue reconociendo el recurso a la fuerza como la última razón del poder en el escenario internacional. A pesar de correr el riesgo de parecer prescriptivos, sería interesante que los estrategas se preguntaran, en el momento de elaborar sus catálogos de capacidades, cómo tienen que ser las futuras fuerzas europeas. En este sentido, sería interesante tener en cuenta los puntos siguientes: La defensa de la Unión Europea 49Número 5, 2005 1. La tipología de misiones que la Unión Europea podrá llevar a cabo con sus propios medios –o con medios de la OTAN– requerirá el mantenimiento de un equilibrio entre unidades ligeras, medias y pesadas con el objetivo de hacer frente a cualquier eventualidad. E igualmente, es imprescindible el equilibrio en las capacidades de combate y no caer en el error de que el horizonte militar europeo se limitará a intervenciones en conflictos de baja o muy baja intensidad. 2. Las autoridades políticas y militares de la UE deberían impulsar un proceso de transformación de los ejércitos de Tierra de los países miembros que fuese más allá de la adquisición de nuevas tecnologías y capacidades, y que también supusiese un cambio en las estructuras operativas, en la dirección de reducir el número de unidades pesadas y potenciar las unidades medias. 3. La tan idolatrada capacidad de proyección no debe identificarse únicamente con la disposición de unidades ligeras dotadas de gran movilidad estratégica pero con una limitada movilidad táctica, además de una escasa protección y potencia de fuego. Una apuesta excesiva por esta clase de unidades puede hipotecar la capacidad futura de acción política y militar de la UE. Además, esta capacidad de proyección no puede entenderse tampoco y únicamente como la capacidad de transporte aéreo. El transporte marítimo seguirá siendo un componente esencial, sobre todo si existen, en el inventario de capacidades, buques anfibios que no requieran instalaciones portuarias para el despliegue de las unidades. 4. La UE debería poner en marcha, de manera paulatina, el proceso de creación de unidades militares europeas integradas, cuya financiación –al menos, parcial– debería sostenerse con un Fondo Común Europeo de Defensa. En este sentido, y dadas las capacidades operativas que ofrece, una Fuerza Anfibia Europea que integrase contingentes de infanterías de Marina de España, Italia y Francia, debería ser una prioridad, que tendría el valor añadido de proporcionar mayor credibilidad a la Estrategia Europea de Seguridad y Defensa. Pedro Fatjó y Guillem Colom 50 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa 5. El poder aéreo dista de ser la panacea que solucione cualquier conflicto. Sus resultados en contextos de guerra asimétrica son menores de lo esperado y, además, su utilización en territorios distantes y con escasas infraestructuras plantea graves problemas de despliegue. Igualmente, la apuesta europea y también estadounidense, por dotarse de aviones muy avanzados –pero muy costosos y que necesitan un profuso mantenimiento y grandes instalaciones– puede ser un obstáculo para su despliegue, dificultando el apoyo de fuego necesario para las unidades terrestres del teatro de operaciones. 6. La UE debería prestar más atención a la elaboración de una doctrina militar europea unificada o al conjunto de doctrinas militares. Los costes de un esfuerzo en esta línea son modestos y sus ventajas muy importantes. No es posible alcanzar la posición de actor internacional relevante sin que, entre otras cosas, la comunidad militar europea no comparta plenamente un mismo pensamiento militar. 7. Es necesario que exista una mayor concordancia entre las decisiones de naturaleza política y las capacidades de las fuerzas armadas. En este sentido, es conveniente tener presente que las fuerzas armadas no pueden especializarse sólo en determinados tipos de misiones, por mucho que en estos momentos pueda parecer las más necesarias o adecuadas a las capacidades disponibles. La incapacidad humana para predecir el futuro debería aconsejar el desarrollo de unas capacidades equilibradas susceptibles de ser utilizadas en cualquier escenario, incluyendo los más tradicionales de defensa del territorio o de combate contra fuerzas convencionales. 8. Las autoridades políticas de la UE deberían hacer un mayor esfuerzo en educación de la opinión pública europea. Es un grave error plantear el gasto militar como un competidor del gasto que se deriva del mantenimiento del Estado del bienestar –un logro irrenunciable para la mayoría de los ciudadanos de la UE–. El gasto militar, en tanto proporciona seguridad a la UE, es de hecho una de las condiciones más relevantes para garantizar la supervivencia del nivel de bienestar de que gozamos los europeos, así como de las libertades de La defensa de la Unión Europea 51Número 5, 2005 que disfrutamos. Igualmente, no es realista proyectar la falsa imagen de un mundo sin amenazas ni riesgos, o en que unas y otras son evitables sólo por medios diplomáticos, económicos, culturales o policiales. Entre el Marte norteamericano –cuyas actitudes pueden ser reflejo de una visión no tanto más realista sino distorsionada de la realidad mundial– y la Venus europea –instalada en la percepción, también distorsionada, de que vivimos en el mejor de los mundos posibles y que las amenazas son y serán siempre de bajo perfil– se hace imprescindible una visión más matizada y afinada de la realidad internacional, que sin renunciar a las virtudes del “poder blando” no olvide tampoco la conveniencia de contar con el “poder duro”, no sea que las futuras generaciones de europeos lleguen a reprocharnos el haber olvidado alguna de las lecciones más elementales de la historia de la humanidad. 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Por otro lado, el Artículo 17.3 abre la puerta para que los miembros de la UE participen –sin ser miembros de la UEO– en igualdad de condiciones a la hora de planificar o de tomar decisiones para implementar las misiones Petersberg. De todas formas, es interesante comentar que mientras el Artículo J.4.1 del Tratado de Maastricht afirma que la PESC “abarcará todas las cuestiones relativas a la seguridad de la Unión Europea, incluida la definición, en el futuro, de una política de defensa común, que pudiera conducir en su momento a una defensa común”, el Tratado de Amsterdam añade, “siempre que el Consejo Europeo así lo decida” (Art. 17.1), aplazando una vez más el tema de la definición de una defensa común. 12. El Tratado de Amsterdam define a la UEO como parte integrante del desarrollo de la Unión Europea, a la vez que apunta que puede servirse de ésta para elaborar e implementar las decisiones relativas a las misiones Petersberg (Art. 17.3). 13. De todas formas, la OTAN continua siendo –a través del Artículo 5 del Tratado de Washington– la encargada de la defensa colectiva en sentido estricto. Además, suponiendo que la UE fuera capaz de cubrir los objetivos descritos en Colonia y Helsinki, en principio sólo implementaría misiones Petersberg. 14. Es importante apuntar que el Tratado de Amsterdam sigue con la brecha existente entre británicos, franceses y alemanes, ampliada después de la propuesta de la OTAN de fomentar en su seno la Identidad Europea de Seguridad y Defensa (IESD). Es por esta razón que la redacción definitiva del Tratado es ambigua, cosa que no impide que existan novedades interesantes como la “definición progresiva” de la política de defensa común, la posibilidad de que el Consejo pueda tomar decisiones en esta dirección sin que ello exija una nueva reforma del Tratado (Artículo 17 del TUE modificado). Además, se recogen explícitamente las misiones Petersberg como propias de la UE –no sólo de la UEO o de la OTAN– y se apunta a la posibilidad de integrar definitivamente la UE y la UEO. La defensa de la Unión Europea 65Número 5, 2005 15. En la cumbre de Saint Malô, ambos gobiernos acordaron dar un nuevo impulso a la IESD en el sentido de apostar por una capacidad autónoma de acción, apoyada sobre fuerzas militares creíbles, con los medios precisos, dispuestos a ser utilizados a fin de responder a las crisis internacionales, facilitando la adopción de unos acuerdos más amplios en los consejos de Colonia y Helsinki. Es necesario recordar que la IESD –patrocinada por Estados Unidos bajo el concepto más amplio de las Fuerzas Operativas Combinadas Conjuntas (FOCC)– puede representar una referencia para ir progresando en la asunción de capacidades propias en campos tan importantes como el mando, control, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia y reconocimiento (C4ISR), el transporte estratégico o el apoyo logístico al combate. De todas formas, es básico apuntar que si “…Europa se contenta en crecer al amparo de la IESD está condenada a prolongar su ostracismo en lo que concierne a las grandes decisiones. La alternativa esgrimible pasa por la generación de esos multiplicadores de fuerza desde Europa, de acuerdo con lo requerido por su propio concepto estratégico”, J. Baqués, (2002a, p. 146). 16. En este sentido, la Cumbre de Colonia de 1999 sentó las bases para la creación de una defensa europea real y basada en los siguientes objetivos: en primer lugar, la creación de una capacidad autónoma de acción, con fuerzas militares creíbles y sin perjuicio de la OTAN; en segundo lugar, dotarse de los medios militares necesarios que le permitieran reaccionar ante aquellas crisis de interés europeo y finalmente, la integración de la UEO en la Unión Europea. 17. Para una información más detallada de los todos los organismos que guían la PESD, el artículo de Missiroli (2001) es de gran ayuda (http://www.iss-eu.org/esdp/08- bodies.pdf). 18. Es interesante destacar que, según M. Ortega (2001, p. 108), “In sum, the texts of European Councils are useful, since they give a fairly precise idea of the nature and capability of the force, but as far as its employment is concerned, generic reference to the Petersberg missions, and to crisis prevention and military crisis management, leaves open the question whether crises are manager with or without the consent of the status concerned, and with or without a Security Council mandate.” 19. Tanto la Unión Europea como sus Estados Miembros siempre han reconocido la potestad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para el mantenimiento Pedro Fatjó y Guillem Colom 66 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa de la paz y la seguridad internacionales, razón por la cual las operaciones llevadas a cabo por la UE deben tener, en principio, un mandato del Consejo de Seguridad. Aunque algunos estados han insistido en que la UE tiene que tener una autorización anterior del Consejo de Seguridad antes de cualquier intervención armada, otros miembros insisten en que no es necesaria una subordinación explícita. Esto significa que, además de las operaciones autorizadas por el Consejo de Seguridad, las fuerzas europeas pueden llevar a cabo operaciones militares sin que exista un mandato, opción que queda reducida a misiones humanitarias o acordadas por unanimidad. En cualquier caso, las operaciones militares deben ser conducidas en conformidad con la Carta de las Naciones Unidas. 20. Sin embargo, aunque se supone que las fuerzas de la Unión Europea serán utilizadas en la región europea y las inmediatamente limítrofes, las fuerzas europeas podrán igualmente llevar a cabo operaciones en cualquier lugar del mundo. 21. “Future military action by EU will thus depend on a number of complex variables internal to the Union, but also external factors, that is to say dependent on the way international relations develop, stability in the European region and continuity in the principles of collective intervention and limited intervention.”, M. Ortega (2001, p. 112). 22. M. Álvarez, (2004, pp. 6-7). 23. Esta cláusula, vinculante en un principio para todos los países de la UE, tiene dos límites reales: por un lado, los compromisos adquiridos en el marco de la OTAN, base de la defensa colectiva de las naciones que forman parte de la Alianza según el Artículo 5 del Tratado de Washington; y por otro, la libertad de cada Estado Miembro para ayudar y asistir al Estado víctima de la agresión. Estos límites permiten compatibilizar en el seno de la Unión a los estados que forman parte de la relación transatlántica y a las naciones tradicionalmente neutrales. 24. Esta agencia responde al compromiso de los Estados Miembros de mejorar sus capacidades militares. Sin embargo, sus competencias se limitan al asesoramiento, diagnóstico y fomento de medidas para superar estas carencias. Paralelamente, su competencia para actuar sobre la base industrial y tecnológica del sector militar es sensiblemente limitada, subordinada al juicio de necesidad realizado por los países miembros. La defensa de la Unión Europea 67Número 5, 2005 25. El Helsinki Headline Goal prevé que estas fuerzas podrán efectuar operaciones militares de cierta entidad al explicitar la posibilidad de gestionar una crisis manteniendo una fuerza de entidad Cuerpo de Ejército mientras se mantiene la capacidad para conducir otra operación a pequeña escala. Paralelamente, estas fuerzas deben ser capaces de efectuar una larga operación militar, simultánea con otra más limitada. 26. En el caso de la OTAN, la mayoría de fuerzas nacionales permanecen en tiempo de paz bajo mando nacional, aunque algunas están asignadas a los mandos de la Alianza. El resto de unidades pueden estar reservadas a las operaciones OTAN o no ser objeto de ningún tipo de adscripción. Esta situación mucho más efectiva y rápida de utilizar en caso de conflicto choca con la propuesta europea, mucho más difícil de implementar al depender de los intereses políticos de los Estados miembros. 27. El análisis del Helsinki Headline Goal Catalogue –que especifica los requerimientos operacionales para las misiones Petersberg– y el Force Catalogue –que muestra las capacidades nacionales– reveló considerables carencias en los compromisos de fuerza nacionales. Entre 38 carencias de capacidades identificadas en el Helsinki Progress Catalogue, 21 de las cuales fueron consideradas como significativas. 28 El documento puede consultarse en: http://www.europarl.eu.int/summits/pdf/lae2.es.pdf 29. El European Capabilities Action Plan se basó en cuatro principios: (1) el aumento de la efectividad y la eficiencia de los proyectos militares europeos mediante la mejora de la cooperación entre estados o grupos de estados; (2) la necesidad de cooperar mediante compromisos voluntarios; (3) una estrecha coordinación entre los miembros de la UE y la OTAN, y (4) la visibilidad y transparencia del ECAP con el objetivo de implicar a la ciudadanía en general en todo aquello relacionado con la defensa europea. 30. Para más información, puede consultarse la declaración sobre las capacidades militares de la Unión Europea (19 de Mayo de 2003) www.ue.eu.int/uedocs/cmsUpload /Declaration%20on%20EU%20Military%20Capabilities%20May%202003.pdf 31. B. Schmitt, (2003, p. 4). 32. La decisión de crear se tomó en la Cumbre de Praga de 2002, como parte del Compromiso de Capacidades de Praga y se crearon en junio del año siguiente. Las NRF Pedro Fatjó y Guillem Colom 68 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa tienen como objetivo proporcionar a la Alianza Atlántica la capacidad de proyectar su fuerza en respuesta a una eventual crisis que pueda desatarse en cualquier parte del planeta. Estas fuerzas estarán compuestas por 21.000 efectivos y deberán ser capaces de desplegar una unidad del tamaño de una brigada y una fuerza naval, a la vez que deberán contar con un apoyo aéreo capaz de realizar 200 salidas dirias. Deben tener capacidad para desplegar una unidad avanzada en 72 horas, mientras proporciona la base para un despliegue posterior, cuyo plazo podría variar entre 7 y 30 días. 33. En este sentido, “…interoperability but also deployability and sustainability will be at the core of Member States efforts and will be the driving factors of this goal 2010. The Union will thus need forces, which are more flexible, mobile and interoperable, making better use of available resources by pooling and sharing assets, where appropriate, and increasing the responsiveness of multinational forces.” (Headline Goal 2010, p. 2). 34. El Headline Goal 2010 explicita la necesidad de que los Estados Miembros mejoren la interoperatividad entre sus sistemas, la proyectabilidad y la sostenibilidad de las fuerzas, por lo que el Consejo Europeo ha reconocido la necesidad de avanzar en las capacidades de transporte estratégico, reabastecimiento en vuelo y medios militares de última generación, proyectos abordados por el ECAP. Respecto a los sistemas C3I, la UE afirma la necesidad de crear capacidades de inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento propias, así como el desarrollo de una política espacial europea. 35. J. Solana (2003, p. 7). 36. Ibid. (p. 13-14). 37. Es interesante comentar que, en relación a este objetivo estratégico, el documento apunta a que Europa necesita adelantar su línea defensiva mediante la aplicación de una estrategia preventiva con el objetivo de evitar el deterioro de situaciones que, potencialmente conflictivas, puedan representar graves amenazas a la seguridad de Europa. Sin embargo, el documento no cita en ningún momento el concepto de ataque preventivo presente en la National Security Strategy., 38. Ibid. (p. 17). Según J. Mawdsley y G. Quille (2004, p. 8-14), para llevar a cabo los objetivos estratégicos presentes en el llamado documento Solana –extensión de la zona de seguridad a la periferia europea, la ayuda a la emergencia de un La defensa de la Unión Europea 69Número 5, 2005 orden internacional estable y búsqueda de medidas efectivas para las nuevas y viejas amenazas– las contramedidas que tienen que llevarse a cabo: “…whether applied to new or old threats, these countermeasures have certain common elements; recognizing that the first line of defence lies beyond EU frontiers; acknowledging that inaction is not an option; understanding that a military response is not always appropriate but might form one element of a combined response. In this way, the EU can engage in the systematic political engagement of prevention”; J. Mawdsley y G. Quille, (2004, p. 13). 39. J. Solana (2003, p. 21). 40. En relación con el desarrollo de unas capacidades creíbles, el documento apunta que: “…para que nuestros ejércitos se conviertan en fuerzas móviles más flexibles, capaces de hacer frente a las nuevas amenazas, serán necesarios mayores recursos para la defensa y un uso más eficaz de dichos recursos.” Ibid. (p. 22). La elección de estas palabras –fuerzas móviles, flexibles y adaptadas a nuevas amenazas– no es causal, sino que implica la adopción por parte de los estrategas europeos de los supuestos que guían la Revolución en los Asuntos Militares (RMA), concepto acuñado en Estados Unidos para describir las grandes transformaciones en el ámbito de la defensa que actualmente están teniendo lugar a causa de la aplicación de tecnologías que, combinadas con cambios doctrinales y organizacionales, aspiran a revolucionar la forma de hacer la guerra. 41. Ibid. (p. 23). 42. C.García (2004). 43. J. Solana (2003, p. 23). 44. Este tipo de fuerzas recoge el espíritu de la Revolución en los Asuntos Militares al crear unas unidades de alta disponibilidad, proyectables, flexibles y tecnológicamente avanzadas y capaces de llevar a cabo operaciones conjuntas en el transcurso de misiones multinacionales. 45. “Europe needs military forces but they need to be configured and used in quite new ways. They need to be able to prevent and contain violence in different parts of the world in ways that are quite different from classic defence and war-fighting”, VV.AA., (2004c, p. 7). Pedro Fatjó y Guillem Colom 70 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa 46. En este sentido, es de destacar que ciertos analistas apuntan que el genocidio de Rwanda podría haberse evitado con una presencia militar extranjera de sólo 2.500 efectivos convenientemente preparados para realizar una acción de gestión de crisis con un cierto nivel de violencia, S.D. Feil, (1988). 47. Esta idea está recogida en el trabajo de J. White y J. Deutch (2003), en el que defienden que Estados Unidos, dadas sus capacidades militares, podría especializarse en operaciones de alta intensidad mientras que sus aliados y socios podrían encargarse de acciones de baja intensidad. 48. F. Kagan (2003, p. 3-27). 49. Es imprescindible no olvidar que la OTAN también está inmersa en un proceso de transformación que, entre otras cosas, supone un cambio en las misiones a realizar y en las capacidades militares necesarias; OTAN, (2004d). 50. Véase una valoración general de esta clase de misiones en M. Ortega, (2003). 51. Dicha fuerza se basaría en las fuerzas de maniobra de los mismos países europeos, unidades que a su vez están encuadradas en las fuerzas de reacción rápida de la OTAN y son el núcleo duro de las fuerzas armadas de cada Estado; por ejemplo, en el caso español se trataría de la división mecanizada Brunete. 52. Las Agrupaciones Tácticas de intervención rápida de la UE, están basadas en las Nato Response Force (NRF) de la Alianza Atlántica y son unidades multinacionales interarmas de aproximadamente 1.500 efectivos y capaces de proyectarse rápidamente en respuesta a una eventual crisis, sea mediante una fuerza autónoma o como parte de una operación más extensa. Incluso es posible conjeturar que la creación de estos grupos responde en realidad al deseo de que la UE no llegue a implicarse en conflictos de cierta envergadura que requieran el despliegue de unidades militares de mayor tamaño y capacidad de combate, más todavía cuando el observador tiene la impresión de que la prioridad que se da a estas nuevas unidades puede justificar la postergación de la creación efectiva de la fuerza propuesta en el Headline Goal Task Force. Sobre estos grupos de combate, G. Quille, (2004). 53. El escenario S-1 es un conflicto regional que no supone una amenaza a los intereses vitales de Francia y que pudiendo tener lugar en cualquier parte del globo, será más probable en Europa, el área mediterránea y el Próximo y Medio Oriente; la amenaza La defensa de la Unión Europea 71Número 5, 2005 será de tipo convencional pero con capacidades equivalentes a las de las fuerzas francesas. El escenario S-4 implica la puesta en marcha de acuerdos de defensa con terceros países, su probabilidad de producirse es alta y se afirma que generalmente irá acompañada de la evacuación de los residentes franceses o extranjeros; se evalúa como un escenario en que la amenaza provendrá de fuerzas de capacidades militares reducidas, pero que en ciertas regiones pueden contar con armas y equipos modernos y, además, las unidades desplegadas deberán actuar en un contexto de disolución política y socio-económica. Etat-Major des Armées, (1997), s.n. 54. The Chief of the General Staff, (1996), s.n. 55. The Chief of the General Staff, (1994), s.n. 56. J. Mawdsley, y G. Quille, (2004). 57. N. Gnesotto, (2004). 58. Las Unidades de Operaciones Especiales acostumbran a ser imprescindibles en todos los teatros de operaciones, entre otras razones por su capacidad para obtener información sobre el terreno. Muestra de la importancia que están alcanzando es el ejemplo alemán, en que se ha procedido a su concentración con la creación de una división de infantería especializada en esta clase de operaciones; J. Erbe, (2004). 59. La literatura sobre la temática de la guerra asimétrica es tan extensa que aquí sólo podemos citar algunas referencias de aconsejable consulta: R.W. Barnett, (2003); V.J. Goulding, (2000); C.S. Gray, (2002); S. Metz, (2001); W.R. Schilling, (2002). Desde la perspectiva europea pueden consultarse: B. Courmont y D. Ribnikar, (2002) y L. Murawiec, (2000). 60. La intervención de la OTAN en Kosovo en 1999, operación “Allied Force”, constituye una buena muestra de ello. Las operaciones aéreas se iniciaron el 24 de marzo y concluyeron el 10 de junio; fueron necesarios 79 días de bombardeos aéreos para que el Gobierno de Milosevic suspendiese la limpieza étnica y aceptase el despliegue de unidades terrestres de la Alianza Atlántica. 61. De todas formas, todavía está por ver si realmente se van alcanzar dichos objetivos; una aproximación realista del proceso en C. García, (2004). 62. Buenos ejemplos de dicho esfuerzo de identificación de las “lagunas” en las capacidades militares europeas y en propuestas de mejora han sido las aportaciones de Pedro Fatjó y Guillem Colom 72 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa la asamblea de la UEO: A. Meale, (2001); S. Rapson, (2000); J. Díaz de Mera, (2002); A. Wilkinson, (2001) y (2003). 63. Acerca del problema de las “cero bajas” es interesante la comparación que entre Estados Unidos y Francia realizan P. Combelles-Siegel y F. Géré, (2003). También es necesaria la reflexión sobre las implicaciones estratégicas y tecnológicas de dicha cuestión en J. Record, (2000). 64. El Eurocuerpo, constituido en 1992, estaba integrado originariamente por tres brigadas acorazadas, seis brigadas mecanizadas y la brigada franco-alemana, además de otras unidades de apoyo y servicios. En diciembre de 1999 se decidió, en una reunión de los Estados Miembros en Luxemburgo, su conversión en Cuerpo de Reacción Rápida, proceso todavía en curso de realización. 65. En estas páginas no entraremos en este último punto, que por sí solo requeriría un estudio específico y detallado. 66. Consideramos imprescindible, en todos los casos, la protección frente a la amenaza del uso de ADM (nuclear, química, biológica y radiológica), con independencia de la entidad y estructura de las unidades desplegadas. Por tanto, aquí nos referiremos a la protección contra armamento convencional, que no hace falta decir que es el más extendido en todo el mundo. 67. Movilidad estratégica: capacidad de alcanzar el territorio en donde se encuentra el teatro de operaciones; movilidad operacional: capacidad para desplazarse desde los centros de desembarco (puertos y aeropuertos) hasta el teatro de operaciones; movilidad táctica: capacidad para desplazarse en el interior del teatro de operaciones o zona de despliegue efectivo de las unidades. 68. Normalmente cuentan con carros de combate pesados, vehículos de combate de infantería y transportes blindados sobre cadenas, artillería pesada remolcada y autopropulsada, además de unidades de defensa antiaérea, de ingenieros (también con material pesado), etc. 69. Una unidad de esta clase puede llegar siempre por sus propios medios, aunque dependiendo de la distancia que separe los puntos de desembarco de las zonas de despliegue y del estado de las vías de comunicación, lo hará utilizando camiones góndola o en sus mismos vehículos blindados. 70. La mayoría de los vehículos y materiales que integran esta clase de unidades no La defensa de la Unión Europea 73Número 5, 2005 suelen ser aerotransportables y sólo son “proyectables” por vía marítima, lo que obviamente ralentiza los plazos de despliegue. 71. Ningún país europeo que cuente con unidades de esta clase dispone de un número suficiente de máquinas como para desplazar más de uno o dos batallones al comple- to en una sola oleada, salvo que asignase para esta misión la totalidad o la mayor parte de su parque de helicópteros. Además, no debe olvidarse, a efectos de movilidad, que los helicópteros deberán ser transportados en aviones de carga hasta el teatro de operaciones, cuando sea factible, o a las zonas de desembarco, en caso contrario, y desde éstas desplazarse por sus propios medios hasta dicho teatro. 72. Sirva de ejemplo el análisis de las capacidades de las unidades paracaidistas en: S. Fontenla Ballesta, (2004). 73. El Reino Unido está optando por crear y potenciar unidades “medias” de estas características como una opción más adecuada a los conflictos que se presenten en un futuro previsible, Ministry of Defence (2003, p. 12-13). 74. En el caso estadounidense nos referimos, en primer lugar, a las seis brigadas de combate de infantería, más conocidas como “brigadas Stryker” o Stryker Brigade Combat Teams (SBCT) –por el nombre del vehículo blindado que las caracteriza–, que están en avanzado proceso de constitución y que alguna ya ha sido desplegada en Irak durante los últimos meses. Sobre las posibilidades de estas unidades, véase A. Vick, D. Orletsky, B. Pirnie y S. Jones (2002), y una evaluación reciente de la actuación de estas unidades en Irak: VV.AA. (2005) y R. Thornton (2004). Además, en segundo lugar, el Ejército norteamericano está desarrollando un conjunto de tecnologías, conocidas con el nombre de Future Combat System, en el horizonte del año 2020, que deberá dar lugar a un nuevo modelo de unidades, llamadas “Unidades de Acción”, de entidad brigada, que en número de 43 a 48 “unidades” sustituirán a las 33 brigadas existentes en la actualidad; se tratará de brigadas medias motorizadas, con una alta dotación en tecnología avanzada, de naturaleza modular, con la que se podrán constituir, en caso necesario, divisiones ad hoc. Serán unidades medias, con una potencia de fuego equiparable a la de una unidad pesada actual, dotadas de alta movilidad estratégica, operacional y táctica y con una gran capacidad de supervivencia. Véase una síntesis de estas futuras brigadas en Army Landpower Working Group Pedro Fatjó y Guillem Colom 74 Documentos CIDOB, Seguridad y Defensa 109. Cuenta con otras dos brigadas de infantería mecanizada en cuadro. 110. Una de las brigadas está clasificada como brigada de intervención rápida, pero su composición es idéntica a una brigada mecanizada ordinaria. 111. Una de las brigadas está clasificada como de intervención rápida, pero tiene una estructura similar a una unidad de infantería mecanizada. 112. Parte de las brigadas están agrupadas en una división blindada y en tres divisiones mecanizadas; dado el proceso de reorganización y modernización a los estándares OTAN, hemos calculado dos brigadas por división. La defensa de la Unión Europea 81Número 5, 2005