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Burke : la revolución y los intelectuales

Castro Alfín, Demetrio

Abstract

Castro Alfín, Demetrio

Full text

Bu ke: la Re olución y los in elec uales Deme io CASTRO Uni e sidad Complu ense de Mad id Wo king Pape n.74 Ba celona 1993 Son a ias y bien conocidas las cosas que se pueden halla en las Re lec ions on he Re olu ion in F ance; en e o as, aquellas que cons i uyen su p incipal eje a gumen al: la e u ación del con enido del se món de PRICE, el a aque a los p incipios e oluciona ios y a quienes los sos ienen, el alega o en p o de la cons i ución b i ánica y del sis ema es ablecido... Tal ez la ob a sea, como sos u o MACKINTOSH en su espues a el «mani ies o de una con a e olución»; más dudoso es que el au o ue a an sólo, como p e endie a MARX en El Capi al, «un sico an e y un so is a», un «comple o y ulga bu gués» e ibuido po la oliga quía inglesa; y no hay duda de que Hen y Thomas BUCKLE ue más allá de lo disc e o cuando en su His o y o Ci iliza ion in England, y pa a hace cohe en e su in e p e ación libe al de Bu ke, conside ó las Re lec ions como p oduc o de un «es ado de comple a alucinación» de un « as o no in elec ual» p opio de los momen os e oluciona ios, p opicios a ocasiona desequilib ios men ales (1). Se puede coincidi con MACPHERSON en que Bu ke no ue, ni quiso se , un eó ico polí ico de p ime a ila, y que en sus esc i os no encuen an si io los emas más densos de la iloso ía polí ica (2), pa ece compa ido po o os es udiosos como H.C.MANSFIELD j ., uno de los edi o es de su epis ola io (3). Pe o no es menos cie o que sus esc i os es án llenos de una peculia sabidu ía polí ica, de agudas obse aciones en emezcladas en los a gumen os de la polémica: es lo que Pollock llamó la «di usa luz» de la sabidu ía de Bu ke (4). Tal capacidad analí ica y c í ica le empa en a ía con o o de los más sagaces es udiosos del enómeno e oluciona io, TOCQUEVILLE, siendo las ob as de uno y o o cons an e obje o de in e és en elación a uno de los más de e minan es ac o es del mundo polí ico mode no, la e olución. Bu ke abo da en las Re lec ions el análisis de los suje os e oluciona ios o de los ac o es de la Re olución, en sus conside aciones iniciales sob e lo ocu ido en F ancia, una ez asen ados los p incipios del o den cons i ucional b i ánico e impugnados los pun os de is a de PRICE; es, pues, una de las p ime as cues iones que le me ecen a ención. P ima acie, esos ac o es son, pa a él, los in eg an es de la ep esen ación del Te ce es ado en su conjun o, sin apenas excepciones. Una co po ación de cuyos in eg an es des aca como ca ac e ís ica dominan e y más signi ica i a el que ca ecie an de cualquie expe iencia p ác ica en los asun os de gobie no, indi iduos en e los cuales los mejo es se ían «sólo» homb es de eo ía (5). Es bien conocida la ese a de Bu ke a los p incipios abs ac os, su p e e encia po los hechos conc e os y las condiciones eales, que cons i uye una de las bases de su condena a la polí ica e oluciona ia y de de ensa del o den consue udina io inglés, y que es, igualmen e, una de las cons an es de su pensamien o polí ico. La si uación ancesa con i ma, a sus ojos, lo ace ado de su c i e io; una suma ia sociología de los componen es del Te ce o undamen a su pa ece sob e la inexpe iencia polí ica y la o ien ación especula i a que les ca ac e iza. La me a lec u a de la elación de quienes asumían la ep esen ación en los es ados gene ales de la mayo pa e de la población del país, dice habe le pues o ya sob e a iso de cuan o hab ía de ocu i (R, 130), al ad e i que un núme o acusadamen e al o de aquellos ep esen an es e an p o esionales de las leyes, y no ele an es magis ados, dis inguidos abogados o eminen es ju isconsul os, sino la clase de opa de la p o esión, sus componen es más humildes, menos p epa ados, más dedicados a la p ác ica u ina ia, mecánica e ins umen al del eje cicio p o esional; oscu os picaplei os de p o incia, oda una se ie de expe os en los i i an es li igios de aldea (R, 129-130). La moda psicológica y psicoanalí ica encon ó su aplicación a Bu ke en las ob as de O’B ien y, sob e odo, de K ammick (6), que no han esis ido demasiado bien el paso del iempo; pe o no deja de se suge en e p egun a se po qué alguien hijo de un abogado p o inciano y que se o mó él mismo pa a el o icio (aunque uese en Middle Temple), pa a dedica su ida a la polí ica ac i a en una asamblea de ep esen an es, descali icó con al inquina a sus pa iguales del o o lado del Canal. Sin duda Bu ke no se end ía a sí mismo po «abogado», sino po esc i o , pe o, como hab á ocasión de e , eso no cambia el ondo del asun o, esa au odes ucción en la imagen de o os. El adicalismo polí ico de es as gen es de leyes que cons i uye on la mayo ía de los ep esen an es del Te ce Es ado lo explica Bu ke po una doble y no muy cong uen e azón. Po una pa e, debido a una sue e de incapacidad congéni a pa a ob a con equilib io y disc eción en suje os al os de espe o a sí mismos, c ia u as de una si uación excepcional que ponía en sus manos un pode de cuyo uso y se idumb es nada conocían. E an, po o o lado, y como sus demás compañe os en los escaños a ibuidos al e ce b azo del eino, indi iduos sin elación di ec a con los «in e eses na u ales y del país», los inculados a la p opiedad e i o ial y que cons i uían pa a Bu ke, como es á de más de alla , el undamen o del in e és común y del equilib io polí ico. Al mismo iempo, la o a e ien e de la azón apun ada po Bu ke iene un ca ác e más mezquino. Aquellos homb es, po la misma na u aleza de las cosas, hab ían de an epone el p opio in e és al del Es ado, algo de lo que nada conocían —p ecisamen e po su des inculación de los in e eses e i o iales—; y así, no duda ían en segui y espalda cualquie p oyec o de e o ma que pudie a desemboca en una «li igious cons i u ion» (R, 131), un nue o o den que ab ie a amplio ma gen a las dispu as sus anciables an e los ibunales, que ampliase pa a los abogados las opo unidades de cob a minu as sus anciosas al ene se que di imi los li igios ine i ablemen e subsecuen es a las con ulsiones e oluciona ias. Se a a, po pa e de Bu ke, de un juicio de in enciones no del odo plausible y que se explica desde su conocido pesimismo sob e la na u aleza humana. No pa ece al a le azón, en cambio, en el o o aspec o de su obse ación. Los ep esen an es del Te ce Es ado, la mi ad de los elec os pa a la cons i ución de los Es ados Gene ales, y la mi ad de la Asamblea Nacional en que hab ían de ans o ma se después del 17 de junio de 1789, e an homb es sin expe iencia polí ica p ác ica en su ab umado a mayo ía, y con un conocimien o del mundo que pa a la mayo ía no iba más allá de los con ines del p opio luga . Cosas ambas que ambién podían p edica se de la ep esen ación del cle o, nu ida po cu as u ales a los que, en su pob eza, ampoco podía amilana en exceso la pe spec i a de cambios (R, 134). Unos y o os hab ían de aca a la di ección polí ica que los ya mencionados «homb es de eo ía», incluidos en las ilas del Te ce o (y ambién en meno núme o en las del cle o), quisie an impone al conjun o. De es e modo, los ac o es e oluciona ios, al como a mediados de 1790 podía pe cibi los Bu ke, o maban el compac o núcleo de la mayo ía de la asamblea pe o pa a se ejecu o es an sólo de una polí ica inspi ada en p incipios ep esen ados po los p opiamen e especulado es y doc ina ios y o jados en ins ancias ex e io es a la Asamblea y p e ias en el iempo. Uno de los aspec os más conocidos de la e u ación an i e oluciona ia de Bu ke, y de los más a endidos po algunas de las co ien es de pensamien o que en él se inspi an, es el de la conspi ación ilosó ica de a eos y desc eídos (R, 185-186). T i ializada po e siones mos encas y polémicas, la a gumen ación de Bu ke queda descali icada po un gene alizado desc édi o que lle a a bo a sus p opios é minos, po lo que, al ez, no sea ocioso, epasa los. El au o da po cie a la exis encia de una liga conspi a i a de sedicen es ilóso os de la que, no obs an e, odo cuan o sabe es lo que po doquie se dice al espec o («I hea on all hands ha a cabal, calling i sel philosophic...»), o lo que es lo mismo, su in o mación es la del umo sin que haga e e encia a ningún es imonio o a e iguación conc e a. Puede, sin emba go, des aca algunas ca ac e ís icas peculia es de esa encubie a he mandad: en p ime é mino que es, e ec i amen e, una sociedad cons i uida y es able que ac úa conjun amen e, casi como «una acción en el Es ado». En segundo luga la dedicación común de sus componen es a las ac i idades in elec uales, de o ma que la suya es, an e odo, una conspi ación de ideas, cuya inalidad y obje i os no de alla, sin emba go, Bu ke. Finalmen e, se a a de una o ganización especí icamen e ancesa, sin que pueda halla se nada semejan e en el pano ama b i ánico. Ocu e que, casi un siglo a ás, había en Ingla e a un co o núme o de lib epensado es asimilables po sus opiniones y eo ías a los ilóso os anceses, pe o siemp e aisladamen e, sin llega a cons i ui nunca una acción homogénea y sin que hubie a, incluso, elación es able en e aquellos au o es. No se p i a de da sus nomb es en una elación encabezada po Bolingb oke y comple ada po An hony Collins, Thomas Chubb, Thomas Mo gan, Ma hew Tindal y Jonh Toland, a odos los cuales da, po sus días, ya como ol idados e incluso po escasamen e in luyen es en cualquie época («Who now eads Bolingb oke? Who e e ead him h ough?»). Se a a de un conjun o de au o es que i ie on en e el úl imo cua o del siglo XVII y mediados del siguien e (el más an iguo, Tindal había nacido en 1657 y el más jo en Chubb en 1679; el más longe o, Bolingb oke, un año mayo que Chubb, mu ió en 1751), y cuyas ob as se publica on básicamen e en el p ime e cio del XVIII. Homb es de o mación uni e si a ia, algunos de ellos —Tindal y Toland— con p o undas in luencias ca ólicas, desa olla on en sus esc i os, acusadamen e an icle icales, las bases del deísmo inglés. Son, sin duda, esc i o es cuya lec u a hab ía de ecuen a el jo en Bu ke, pe o a los que la di usión de la li e a u a « ilosó ica» ancesa en la segunda mi ad del siglo hubo de deja asnochados. No se ía ése el caso del izconde de Bolingb oke, cuya ob a edi ó en 1754, po los días en que Bu ke buscaba ab i se paso en la ida li e a ia, el poe a Da id Malle , y cuya ida de polí ico an i-hann e iano y exiliado le hizo mucho más conocido. El p opio Bu ke debu ó como au o en 1756 con una sá i a que pa odiaba, en e o as cosas, la idea de « eligión na u al» manejada po Bolingb oke. De cualquie mane a, la simple mención de es os au o es en el con ex o en el que Bu ke lo hace, y aunque sea p ecisamen e pa a ma ca las di e encias con lo que en F ancia ocu ie a, esul a incong uen e. Su ac i idad, su pe sonalidad, sus mismas p eocupaciones es án muy alejadas de las que pudie an ca ac e iza a la sec a ilosó ica. El p opósi o de esa sec a ilosó ica apa ece, po in, páginas adelan e cuando después de habe a ado de la incau ación de los bienes del cle o (o a de las cues iones esenciales de su lib o), e ela Bu ke cómo la liga que aho a adje i a de «li e a ia» enía aguado desde iempo a ás «algo así como un plan me ódico pa a des ui la eligión c is iana» (R, 211). Un plan a la go plazo cuya pieza esencial se ía el con ol de la opinión a a és de quienes la di igen; de ahí la ele ancia de la ama li e a ia, la impo ancia de quienes puedan sob esali en los dominios de la ciencia o de las le as. Los agen es de la conspi ación an ic is iana p esen an, pa a Bu ke, un ana ismo ca ac e ís ico, un asgo de conduc a común y peculia que es la in ole ancia; po ello «hablan con a los ailes con espí i u de aile» (R, 212) y hacen ala de de un celo p oseli is a equipa able al de cualquie in ansigen e undamen alis a eligioso. La equipa ación cons i uye un ecu so ei e ado en el ex o de Bu ke —po ejemplo, pa angonando a los «nue os aná icos del pode popula a bi a io» con los an iguos aná icos del pode moná quico a bi a io (R, 111)—, y median e la cual iden i ica a los e oluciona ios con las igu as, p incipios y modos de p ocede que ellos condenan y pe siguen. No es sólo una o ma de desau o iza su iloso ía, sino ambién un modo de si ua se en equilib ado é mino medio de mode ación, que en es e caso le pe mi e adop a una posición especialmen e au o izada pa a denuncia el complo de la sec a. Al celo in ansigen e acompaña en el p ocede de los con abulados el a do sec a io, un ob a iolen o y pe e so, sin p eceden es, que no pe dona medio pa a desac edi a a odos cuan os no pa icipen de sus ines (R, 212-213). Y el ins umen o pa a ello es el «monopolio li e a io»; con es a exp esión Bu ke da cuen a de un enómeno de ascenden al impo ancia sob e enido en g an pa e de Eu opa a lo la go del siglo XVIII, el c ecimien o de la opinión pública y la signi icación pa a su desa ollo y o ien ación de los esc i o es e in elec uales: «Los esc i o es, especialmen e cuando ac úan de consuno, y con una única di ección, ienen g an in luencia sob e el espí i u público» (R, 213). Y la opinión es un medio indi ec o, un p oceso más la go pa a alcanza de e minados designios (R, 212). En suma, epa a en la apa ición de ac o es polí icos nue os, di ícilmen e enma cables en los lími es del sis ema de pode del An iguo Régimen, los in elec uales, o, mejo , lo que la e minología de la época, y de ella se ale Bu ke, designa como «homb es de le as». Lo peculia del nue o ipo social no es, cla o es á, su dedicación a la pluma y a las ideas, sino la independencia ma e ial y social que el c ecimien o de la demanda li e a ia, el aba a amien o de los cos es edi o iales y la di usión de los pe iódicos le pe mi en alcanza . El esc i o del An iguo Régimen que no e a noble o clé igo, y ca ecía de en as p opias, enía o que sos ene se po medio de una p o esión libe al o inculada a la enseñanza, o bien some e se a los impe a i os del mecenazgo, sin que una y o a posibilidad uesen, desde luego, excluyen es. Cuando el siglo XVIII acaba el esc i o « i e de su o icio; és e es el cambio» (7). Quizá más; ha c eado el o icio, lo ha hecho socialmen e acep able y digno po lo menos en aquellos de sus más escla ecidos y a amados ep esen an es. Hacía iempo que los a is óc a as ilus ados gus aban de odea se de ingenios li e a ios, luci los en sus salones y sen a los en su mesa. Pe o la ocupación de los mismos espacios no bas aba pa a sal a las dis ancias sociales. Tes imonio de ello, el conocido lance en e el solici ado Vol ai e, en la cumb e del éxi o li e a io as el es eno de Edipo, y el caballe o de Rohan-Chabo que encomendó a sus c iados da de palos al plebeyo con el que nunca acep a ía ba i se, mien as los duques de Sully, an i iones del esc i o y en cuyos zaguanes se desa olló el inciden e, se esis ie on a ampa a sus demandas de epa ación. Más: la con umacia de Vol ai e en busca la le lle ó a la Bas illa y al exilio inglés. Allí esc ibi ía sus Ca as Filosó icas, algunas de las cuales (po ejemplo la igesimo e ce a y la igesimocua a) se ocupan de cosas ales como «la conside ación debida a los homb es de le as» o «las ins i uciones que, a uno y o o lado del Canal acogían sus ac i idades». Vol ai e apun a allí cómo, al conclui el p ime e cio del siglo, mien as los esc i o es se deben en F ancia undamen almen e al Es ado y su sis ema de academias, sinecu as y pensiones, en Ingla e a buscan an e odo el econocimien o de la sociedad. Dos equisi os hacían posible ese es ado de cosas: un o denamien o ole an e en el con ol de los esc i os y un me cado en c ecimien o; sólo así pudo pobla se G ub S ee , el espacio u bano londinense de edi o es y esc i o es de o una del que salían pe iódicos, pan le os y lib os en busca del a o del público. Se a a de un enómeno sin pa alelo posible en Eu opa en el que cualquie co ejo mos a á, an es que nada, su singula idad. Cie o que en la Holanda que acogió a los hugono es anceses ex añados, se desa olló una indus ia edi o ial y un mundillo de au o es y aduc o es de li e a u a he e odoxa en lengua ancesa, y que, a anzado el siglo, las p ensas de los países ecinos de F ancia, y Suiza en pa icula , p oduje on sin descanso í ulos de la li e a u a « ilosó ica» que aho ma ía, al menos en pa e, la men alidad e oluciona ia (8). Pe o el sis ema de censu a y los con oles g emiales ha ían de la indus ia edi o ial ancesa algo ígido y débil cuya p oducción p incipal se ci aba en las publicaciones piadosas y a cuyo ampa o di ícilmen e pod ían consolida se los esc i o es como g upo au ónomo. Aun así llegó a agua se lo que GOULDNER llama ía «la nue a clase» (9), en de ini i a una eli e dedicada a p opo ciona dis acción y opinión a una masa c ecien emen e a aída po ella; y ambién una mino ía que se con igu a como agen e y bene icia ia del p oceso de cambio e oluciona io. Esa mino ía, la de las «gens de le es», que se en a sí mismas y se hacen e como ocadas de un cie o espí i u di ino, como in é p e es de lo al o, como in es idas de au o idad su icien e y especial pa a juzga a los g andes y los eyes, o como conseje os de los pode osos y guías de la opinión, enía en F ancia cie o abolengo que pod ía emon a se al siglo XVII, como señala a BENICHOU. A lo la go de la cen u ia siguien e esa au ope cepción e oluciona ía en el sen ido de, sin abandona el ya consag ado papel de censo mo al, con e i se en abande ado del bien público, bienhecho y po ado del p og eso de las luces (10). La oma de conciencia y la c ecien e p oyección social no supond ían, sin emba go, una inmedia a eclasi icación social. Los esc i o es e an una ca ego ía ex aña y ma ginal, con y sin pe sonalidad pública acep ada; aga y conc e a al mismo iempo (11). Una ca ego ía luc uan e e ines able, que aspi a a mayo econocimien o público y mayo au o idad social de la que ealmen e puede dis u a . William GODWIN, quien en el con ex o inglés puede pe soni ica muy bien las p e ensiones del homb e de le as a eje ce una unción a bi al sob e los p incipios mo ales, p opo ciona en dos pasajes de La jus icia polí ica un ejemplo ilus a i o de esa ambigüedad del in elec ual de la Ilus ación: mien as lamen a cómo «la iqueza, po los sen imien os de se idumb e y dependencia que p oduce, hace del homb e ico el p incipal obje o de conside ación y de e encia», se cong a ula ambién al ad e i que «hoy en día, en e los ci ilizados y bien in o mados, un homb e de educidos ing esos pe o de g andes capacidades in elec uales y pensamien o i me y i uoso es cons an emen e ecibido con a ención y conside ación» (12). La ida de Godwin, du an e las dos úl imas décadas del XVIII especialmen e, es odo un a que ipo del habi an e de G ub S ee , de las elaciones en e quienes ecuen aban aquellos cí culos y de sus ambiciones y limi aciones. También de la cons an e a acción de la polí ica sob e ellos, pe o sin duda no has a el ex emo que daba a en ende TOCQUEVILLE, pa a quien los in elec uales ingleses «in e enían dia iamen e en los asun os públicos» (13). Ése pudie a se el caso del p opio Bu ke, ya que si no su inicial ca e a li e a ia no hubie a desembocado en su condición de polí ico p o esional, y pa a Bu ke y los que con él se sen aban en los Comunes o ecuen aban los aledaños del pode no cabía con usión; la di isión del abajo en e in elec uales y polí icos es aba cla a. Él mismo lo puso de elie e a aíz de la c isis de Wilkies en Though s on he Cause o he P esen Discon en s: «Es ocupación del ilóso o especula i o señala al gobie no ines adecuados. Es ocupación del polí ico, que es el ilóso o en acción, descub i medios adecuados pa a esos ines y emplea los consecuen emen e» (14). La dis inción en e ilóso o especula i o y ilóso o ac i o o polí ico que desliza Bu ke — ein e años an es de e lexiona sob e la Re olución F ancesa— da alguna cla e sob e las azones de su p e ención an e los in elec uales conspi ado es p e- e oluciona ios. Lo que epudia en ellos no es sólo el p opósi o de su conju a an ic is iana, sino la up u a de las bien delimi adas es e as de la especulación y la acción, la con usión de los campos y de las ac i idades, la p e ensión de los especula i os de ac ua en el e eno p ác ico p opio de los polí icos. A ese e eno, pa a ellos igno o, lle a ían la abs acción y el undamen alismo de la polí ica li e a ia. Es e en oque de Bu ke hab ía de ene no able acep ación pos e io . Lo sigue plenamen e TOCQUEVILLE. Pa a él, «es a ci cuns ancia, an nue a en la his o ia, de la o al educación de un g an pueblo hecha en e amen e po gen es de le as, ue quizá lo que más con ibuyó a da a la e olución ancesa su ca ác e p opio y a hace sali de ella lo que aho a emos» (15). Es deci , la inclinación hacia las eo ías gene ales, a los sis emas acabados de legislación, a la o den no ma i a simé ica y al desp ecio po los hechos; la con ianza en la eo ía, el a án de no edad, el deseo de emoza de una ez y comple as odas las ins i uciones sociales de acue do con una lógica geomé ica. Habla Bu ke po la pluma del ancés, quien añade: «has a el lenguaje polí ico adqui ió algo del que hablaban los esc i o es; se llenó de exp esiones gene ales, de é minos abs ac os (...) es e es ilo pene ó en odas las clases y llegó con singula acilidad has a las más bajas» (16). Los lími es de exclusi idad polí ica empeza on a di umina se, en e ec o, con la gene alización de un lenguaje que e a de los homb es de le as y no de los « ilóso os p ác icos» y que i ía haciéndose de dominio común. Igualmen e se descub e la in luencia del en oque de Bu ke en el a amien o sociologizan e del enómeno del jacobinismo y de su inmedia o p eceden e, las sociedades de pensamien o, de COCHIN. Pa a es e au o , an o iempo p e e ido, lo ca ac e ís ico de aquellas sociedades, ac i as po oda F ancia en el medio siglo an e io a la Re olución, ue el adical alejamien o de la ealidad que, pa a sumi se en un uni e so de abs acciones e ideas pu as, p ac ica on sus in eg an es; una p ác ica de la palab a pa a a a de la Libe ad y no de las conc e as libe ades ancesas, del Homb e y no de las mise ias y g andezas de los homb es. La ma iz, en suma del homo ideologicus e sado en con e sa (cause ) y no en ac ua y hecho a ep esen a se en el mundo po medio de educcionismos y pola izaciones: e dad-e o , i ud-co upción, azón-p ejuicio. Un espécimen humano ambién ca ac e ís ico el del homo ideologicus: suje os medioc es en los que la anidad y el escep icismo se conjugan con la igno ancia y la inexpe iencia, y que, sin emba go llega ía a impone du an e el úl imo cua o de siglo una especie de e o in elec ual y li e a io en el que, con la guillo ina de la di amación y la in amia, segó las cabezas de la ama y el p es igio cul u al de aquellos a los que condenaba an e el ibunal de la opinión pública (17). El sec o social de los in elec uales, los habi uales de las academias p o inciales y de las sociedades de pensamien o que Cochin iden i ica, apa ecen ca ac e izados, sin emba go, po su ac i ud esencialmen e especula i a, dis anciada de oda acción y no en ados de ans o ma se en los « ilóso os ac i os» bu keanos. Pe o en los meses an e io es a la Re olución, al ab i se el p oceso de elección de ep esen an es a los Es ados Gene ales, se pond ía en ma cha la ocupación del pode polí ico po el pa ido ilosó ico. Cochin no pa icipa de la c eencia en la osca esis del complo ; pa a él, que pa e de una educ i a iden i icación en e Te ce Es ado, o sus ep esen an es, y pa ido ideológico o in elec ual, lo que se p oduci ía se ía una conca enación casi mecánica de acon ecimien os susci ada po la ac uación independien e pe o encaminada a análogos obje i os po pa e de las mino ías p esen es en las sociedades de pensamien o. Su complo es el del es ilo o ác ica «masónica» del cí culo in e io que o ganiza y p epa a de an emano oda decisión p ede e minándola: «se o ma así de ella misma, en el seno de la g an sociedad, o a más pequeña, pe o más ac i a y más unida, que no end á di icul ad en di igi a la g ande a su an ojo» (18). No hay que segui a Cochin en o os aspec os de su análisis; bas e deja cons ancia de su analogía con Bu ke; ambién pa a él los in elec uales llegados a la polí ica son suje os al os de sen ido de la ealidad y de conocimien o de lo conc e o, dispues os a acome e ans o maciones adicales en nomb e de p incipios abs ac os a los que las p opias ealidades hab án de educi se. Y dispues os ambién a in iga y a o ganiza se. Po qué da cabida Bu ke al supues o de la conspi ación, del plan an ic is iano, en su análisis de la Re olución es di ícil de de e mina , y cons i uye, no obs an e, un pun o capi al de odo su esquema. No es, en cualquie caso una idea ni o iginal ni insóli a en el pensamien o de Bu ke. No e a o iginal po que la especulación sob e las maquinaciones incon esables y más o menos e osímiles pa a a uina al con a io y ob ene el éxi o p opio e a, de mucho iempo a ás, un luga común en la pan le ís ica polémica de ca ólicos y p o es an es. No ue, ampoco, exclusi a de los au o es con a e oluciona ios, pues los pa ida ios de la Re olución ha ían de la eo ía del complo a is oc á ico o de la conju a de las mona quías eu opeas uno de los caballos de ba alla más usuales de la p opaganda que quiso jus i ica los excesos de la polí ica jacobina. Y, sob e odo, no e a inédi a en la o ma que Bu ke u o de en ende la polí ica. Polí ico elegado de modo casi pe manen e a la oposición endió a explica el alejamien o del pode que su ie a su acción en azón de la u bia colusión en e la co ona y los in e eses que ep esen aban la «co upción»; en el c ecimien o de los gas os de la co ona o el inc emen o de la lis a ci il io una amenaza del pa ido de la co e y un ins umen o pa a, ans o mado en pensiones y sinecu as, co ompe la independencia de los pa lamen a ios. Pe o cie amen e se a a de dimensiones muy dis in as de conspi ación. La cen alidad y la capacidad de sub e sión que a ibuye al plan an ic is iano en los sucesos de F ancia se explica desde la misma magni ud del acon ecimien o e oluciona io; in e p e a lo como e ec o de un plan, que supone una olun ad di ec iz y unos medios ex ao dina ios e a un modo de explica lo inexplicable, sob e odo cuando no se omaban en conside ación azones p o undas de descon en o o desequilib io social e ins i ucional. Como oda eo ía conspi a i a cons i uye una o ma p ima ia y has a deli an e o pa anoica de acionaliza lo excepcional e imp esionan e. Ac uaba pa a demos a que la e olución no e a una a alidad inexo able, sino un acon ecimien o con ingen e cuyos e ec os, conocidas las causas, se podían neu aliza . La o mulación clásica de la esis conspi a i a se debió, como se sabe, al aba e Ba uel y sus Mémoi es pou se i à l´his oi e du jacobinisme, publicadas en e 1797 y 1798, en las que aúna conspi ación ilosó ica e in iga masónica. La esis que sos iene no