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Símbolo y logotipo de los Juegos Olímpicos de Barcelona'92

Trias i Folch, Josep M.

Abstract

Este texto ha sido publicado en el libro Jocs Olímpics, comunicació i intercanvis culturals: l'experiència dels últims quatre Jocs Olímpics d'estiu, que recoge las ponencias presentadas Simposio internacional celebrado en Barcelona del 3 al 5 de abril de 1991.

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La política en las olimpiadas de Berlín 1936 Enrique Asín Fernández El Centro de Estudios Olímpicos (CEO-UAB) publica trabajos en elaboración con el objetivo de facilitar su discusión científica. Su inclusión en esta colección no limita su posterior publicación por parte del autor, que conserva la integridad de sus derechos. Este trabajo no puede ser reproducido, ni integra ni parcialmente, sin el permiso del autor. Este trabajo fue presentado en la Asignatura “Olimpismo, Deporte y Cultura Contemporánea” impartida en la Universidad Autónoma de Barcelona durante el curso 1997-98. Ref. WP080 Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 2 Para referenciar este documento, podéis utilizar la siguiente referencia: Asín Fernández, Enrique (1998): La política en las olimpiadas de Berlín 1936 [artículo en línea]. Barcelona: Centre d’Estudis Olímpics UAB. [Consultado el: dd/mm/yy] <http://olympicstudies.uab.es/pdf/wp080_spa.pdf> [Fecha de publicación: 1998] Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 3 Índice de contenidos Introducción ......................................................................................................................................................... 5 Características del régimen nazi. La teoría de la supremacía aria ......................................................... 6 Las olimpiadas de 1936: organización, participación y resultados ........................................................ 8 La teoría frente a los resultados ..................................................................................................................... 13 La contradicción del régimen: Jesse Owens ............................................................................................... 14 La propaganda, entre el deporte y la política: Leni Riefenstahl y su "Olympia" .................................... 16 La Olimpiada Popular de Barcelona como respuesta ............................................................................... 18 Citas bibliográficas ............................................................................................................................................ 20 Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 4 Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 5 Introducción Cuando en 1931 Berlín fue designada ciudad anfitriona de la undécima edición de los Juegos Olímpicos de la era moderna, muy pocos debían suponer que cinco años más tarde la escena política alemana y europea se iba a encontrar extraordinariamente preocupada – por emplear un verbo suave – por la consagración de Adolf Hitler como máximo jerarca nazi del régimen nazi. Un año antes de la cita olímpica se habían producido una serie de iniciativas, especialmente en Estados Unidos, para organizar un boicot, y que en el caso estadounidense estuvieron a punto de tener éxito. Berlín'36 será recordado por el gigantismo y la perfección organizativa y, sobre todo, por el intento – afortunadamente fallido – de Hitler de emplearlo como un instrumento para comprobar en la práctica las teorías de la superioridad racial aria. En parte no fue así porque en la memoria colectiva quedará grabada para siempre la gesta de un atleta norteamericano negro que, con sus cuatro medallas de oro, abofeteó la orgullosa cara del nazismo en su propia casa: Jesse Owens. En Berlín se desmoronó en toda su fragilidad el hasta entonces precario equilibrio entre política y deporte. La época está asistiendo a la movilización y el manejo de las multitudes. Los noticiarios, el Movietone, el UFA o la LUCE nos llenan de imágenes de Nüremberg, de Roma o de Moscú, donde los hombres se pierden en su bosque de cabezas que ya no piensan por sí solas. Podios gigantescos sirven de pedestal a unos líderes que gesticulan, gritan y amenazan, satisfechos de ver las muchedumbres a sus pies, en fila y de uniforme. De la individualidad no va quedando ni rastro. Los países que "montan" son Italia y Alemania. Italia es ya un imperio tras la conquista de Abisinia, y el Negus está en tratos para pasar el primer verano de su exilio en la Costa Brava con su inseparable sombrilla. Mussolini se pone en jarras y para estar en forma, cada día cansa a un caballo y a una mujer. En cuanto a Alemania... sus tropas ocupan Renania como si tal cosa; sus coches de carreras, Mercedes o Auto-Union, conducidos por Carracciola o Rosemeyer triunfan en Mónaco o en Nurburg Ring. Sólo Nuvolari es capaz de vencerles aquí, en Barcelona, por una rueda. El dirigible Hindenburg pasea por el mundo su balumba, con el emblema de la cruz gamada. Y hasta Schmeling derrota estrepitosamente al fenómeno Joe Louis. Y para nadie es un secreto, que el Reich tienen una aviación en la que el ingeniero Messerschmidt está poniendo a punto el caza más rápido del mundo. El alza del fascismo se suelda con el Eje Roma-Berlín. Fascismo y Antifascismo es el esquema simplista que se sirve a los europeos como plato del día. Entretanto, en Francia ha triunfado el Front Populaire y, para escándalo de la burguesía, los proletarios no quieren trabajar más de 40 horas a la semana lo cual, después de las vacaciones pagadas, es el colmo de las exigencias. En Gran Bretaña tampoco andan bien las cosas. El Príncipe de Gales, convertido en Eduardo VIII, desata una crisis dinástica renunciando al trono por el amor de una mujer que, además, consta en el escalafón de divorciadas. Como compensación, muy estimada por la tradición marinera del país, el "Queen Mary" ha recuperado para las islas la cinta azul de velocidad. De la Unión Soviética llega la noticia de las ejecuciones de Zinoviev y Kamenev, anuncio de la más espantosa de las purgas entre la vieja guardia bolchevique, mientras Trotsky, el judío errante, llega a México, última etapa de su exilio. Allí creerá hallarse a cubierto de los propósitos vengativos de Stalin. Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 6 En los Estados Unidos, la gente vuelve a depositar su confianza en Franklin Delano Roosevelt, que es reelegido como presidente por los que tienen por lema: "Brother, can you spare a dime?". A falta de otra cosa y superando el colapso de las exportaciones traído por la crisis, América exporta canciones. En la primavera de 1936 y antes de que llegase nuestra catástrofe nacional, España bailaba el "Top Hat", el "You are my lucky star", el "Picolino". Los cines se llenaban para ver "Una noche en la ópera", donde los hermanos Marx sorprendían con su gracia doblada al castellano; para ver "tiempos modernos" o "Sombrero de copa". Cierto es que también pasaban por taquilla para contemplar "Morena clara", pero eso quedaba sobretodo para quienes la lectura de los subtítulos de las películas americanas era un engorro o una imposibilidad. La verdad es que, entre antagonismos políticos y conflictos sociales, la vida en nuestro país todavía era bella, bonita y... barata. Una radio, a plazos, costaba 5 pesetas al mes. Y eso que, aquel año, la literatura española tuvo dos pérdidas irreparables: la de Valle-Inclán y la de Unamuno, la de éste, en plena Guerra Civil y en tristes circunstancias de soledad y aislamiento. Aquel año se retiraba del césped uno de los grandes mitos del balompié nacional: el españolista Ricardo Zamora. Al llegar el mes de Julio, España se dividió en dos. Y mientras los españoles nos enzarzábamos en la más brutal y fratricida de las guerras, aplicando sobre nuestra propia tierra – o dejando que otros los aplicaran – los últimos adelantos en el campo armamentístico para producir el mayor número de muertos y lágrimas, el mundo siguió su curso contemplando nuestra lucha con el talante de unos apostadores en una pelea de gallos. Tal y como estaba Europa, nuestro horror auguraba no ser más que el preludio de otro más general. Como así lo demuestran los más de cincuenta millones de muertos de la Segunda Guerra Mundial. No era preciso ser profeta para saber que, junto con esos muertos, murió una época y nació una nueva concepción del mundo. Por una de esas extrañas coincidencias, el "best-seller" de 1936 en Estados Unidos fue un novelón cuyo título era "Lo que el viento se llevó". (1) Características del régimen nazi: la teoría de la supremacía aria Treinta mil nazis alzaron al brazo para saludar a Adolf Hitler, su líder y nuevo Canciller y Reichsführer de Alemania, a su paso ante el palacio Luitpold, en Nüremberg, en la mañana del cinco de septiembre de 1933. El Congreso del Partido estaba reunido para oír la proclama del Führer, que les fue leída por Adolf Wagner, Gauletier de Baviera. El Führer había escrito que el modo de vida alemán había sido fijado para todo un milenio. En mayo de 1945, sin embargo, el III Reich pasaba al olvido: su destrucción había costado cerca de cincuenta millones de muertos, incalculables pérdidas materiales y sufrimientos humanos de toda índole. (2) Del nazismo o movimiento nacionalsocialista podemos destacar su carácter marcadamente antiintelectual, ya que no se basaba en un conjunto de normas razonadas y coherentes (3). En lugar de ello Hitler subrayó, en su obra Mein Kampf, la importancia de lo que él denominaba Weltanschauung. Esta palabra, difícilmente traducible, viene a significar "una actitud ante la vida". Es la actitud global o "filosofía cotidiana" que la mayoría de nosotros tiene y que no está estrechamente basada en el pensamiento racional (4). Para reforzar esta idea el nazismo se apoya de una manera tendenciosa en Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 7 autores como Nietzche, el Conde de Gobineau y H.S. Chamberlain, todo ello bajo el prisma y la subjetividad de un mediocre intelectual y filósofo como Rosenberg. La desvirtualización es la nota predominante dentro del nazismo. Prueba de ello es que el propio nombre de nacionalsocialismo implica una mixtificación, pues nada tiene que ver con el nacionalismo o el socialismo, tal como estos son entendidos de ordinario. Y, si parte de las incumplidas promesas del primitivo programa del Partido, redactado en 1920, fueron socialistas, sólo tuvieron valor como medio para ganarse el apoyo de las masas. Los nazis fueron socialistas, únicamente en el sentido de que sus ambiciones presuponían el control político de la economía nacional. El igualitarismo y la supresión de la injusticia social eran fines humanitarios indignos de su atención. Tampoco el nacionalismo estaba concebido partiendo de categorías de fronteras preexistentes. Los nazis exaltaban el Volk o etnos, un pueblo de orígenes raciales puros que estaba unido místicamente en una primitiva comunidad de sangre y de tierra y que no reconocía fronteras artificiales: en gran parte, un concepto emocional en desacuerdo con las realidades políticas de la Europa de 1918. (5) El aspecto más característico de la weltanschauung era su insistencia en la raza, y la interpretación histórica de Rosenberg estaba estructurada a partir de categorías de una lucha interracial. La lucha que Rosenberg había creído percibir a lo largo de la historia, había tenido lugar entre la super-raza nórdica o aria y otras menores de la humanidad. La palabra "raza", utilizada sin un significado biológico preciso, y la espuria pretensión de descender de una pretendida raza superior aria, tienen, quizás, origen en el Conde de Gobinau con su obra "Desigualdad de las razas humanas", y Chamberlain con "Los fundamentos del siglo XIX". Rosenberg sostenía que la raza aria provenía del norte de Europa, donde se había expandido a Egipto, Persia, India, Grecia y Roma. Esta raza, la única apta para crear cultura, había remodelado las antiguas civilizaciones que florecían en aquellas áreas. El colapso de estas civilizaciones, sostenía, había obedecido a la degeneración provocada por la mezcla de los arios con las razas inferiores. En Europa, la caída del Imperio Romano había dejado tras de sí la confusión racial, y la lucha entre aquel y los arios teutónicos había engendrado cuanto había de valor en el arte moderno, la filosofía, la ciencia y las instituciones políticas. La Cristiandad estaba corrompida – Rosenberg era un virulento anticatólico – pero Cristo era ario y, cuanto merecía la pena conservar del Cristianismo era, al entender de Rosenberg reflejo de ideales arios. La filosofía en la que se basaba esta comprensión de la historia hacía a éste inatacable desde el punto de vista del autor. Rechazaba radicalmente la idea de una verdad absoluta, pretendiendo que su mensaje esencial persistiría "...aún si la totalidad de la prueba histórica tuviera que ser refutada punto por punto". Para él, todas las facultades mentales y morales eran raciales, por lo que los arios conocían intuitivamente cual era su verdad esencial. "Pensamos con nuestra sangre" era la respuesta a cualquier argumento convincente de crítica analítica, basado consistentemente en la evidencia de los hechos. Rosenberg caracterizaba "su" raza aria como rubia, de ojos azules, alta y de cráneo alargado. Entre sus características personales incluía el honor, el valor, el amor a la libertad y un espíritu de investigación científica. No obstante, los aspectos mentales y físicos no siempre correspondían y los límites exactos de la raza no quedaban demasiado claros. Una vez que los nazis se hicieron con el poder, la teoría fue ascendida al rango de antropología "científica", aunque ignorando determinados datos antropológicos, como el color de la piel y el cabello. La anti-raza y gran parte de la causa de lo que, para Rosenberg, era "degenerado", era la raza judía. La inhumana persecución de los judíos por parte de los nazis estaba Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 8 firmemente basada en su actitud ante la vida. El hecho de que fueran capaces de predicar un antisemitismo tan abierto antes de su subida al poder, indica cuan arraigado estaba este prejuicio social en la Europa Central. Lo verdaderamente patético en Rosenberg es la creencia en su teoría racial. Hitler, por el contrario, era consciente de que carecía de base científica, pero no ignoraba su valor como mito utilizable. En esta concepción de la raza, los arios constituían una parte tan solo de la misma nación alemana y su misión estaba en formar una elite con la función de hacer extensiva su Weltanschuung a la nación, dándole así un carácter ario. Este mítico concepto justificaba el derecho de los nazis a dirigir a los alemanes y el de los alemanes a dirigir a los eslavos. Esto implicaba, asimismo (lo que para Hitler era una norma natural inquebrantable), que no hubiera una igualdad entre razas o individuos humanos. (6) Unida a la idea de comunidad racial, iba la del Lebensraum, o espacio vital. Fue elaborada a partir de las ideas conocidas hacía tiempo en Europa y, fundamentalmente, pretendía una Alemania poderosa en la Europa Central y Oriental que se extendiera en tanto lo permitiera el poder militar. Rudolf Kjellen, un teórico político sueco, había estructurado el plan de expansión en una filosofía a la que llamó Geopolitik, nombre con el que la doctrina sería popularizada por los nazis. Es decir, en la práctica hay un problema, Rusia, que puede ser resuelto bien por una alianza en la que Alemania sea parte dominante o bien por la conquista. (7) Las Olimpiadas de 1936: organización, participación y resultados En el XXVIII Congreso del CIO celebrado en Berlín del 25 al 30 de mayo de 1930, se dieron a conocer las ciudades que buscaban la candidatura para la sede de los Juegos Olímpicos de la XI Olimpiada. Nada menos que once la pedían, de las cuales cuatro eran alemanas: Nüremberg, Colonia, Francfort y Berlín. Las restantes eran Alejandría, Budapest, Buenos Aires, Dublín, Helsinki, Roma y Barcelona. El interés radicaba en el cada día mayor prestigio que los Juegos daban a la ciudad que los albergaba, el cual también repercutía a toda la nación y su correspondiente afluencia de turismo. En 1929 Barcelona había celebrado con éxito su Exposición Universal, debido a lo cual la ciudad catalana atrajo poderosamente la atención por su capacidad organizativa. Este hecho unió las simpatías de los componentes del CIO, que vieron en ella una de las más dotadas para albergar el certamen olímpico. De momento, el XXXIX Congreso del CIO fue asignado a la ciudad española con el sano propósito de estudiar sus posibilidades sobre el terreno. Pero las fechas de ese Congreso, del 24 al 27 de abril de 1931, coincidieron con momentos delicados para el país. Debido a ello, a las sesiones de trabajo sólo asistieron diecinueve miembros internacionales y la decisión de concesión de los Juegos de la XI Olimpiada fue aplazada. Roma y Budapest habían retirado su candidatura y las otras ciudades, excepto Barcelona y Berlín, estaban en mala situación debido a causas diversas. Se decidió la votación por correspondencia y cuando el trece de mayo del mismo año el escrutinio se llevó a cabo en Lausana, los votos fueron favorables a Berlín por 43 a 16 de Barcelona y 8 abstenciones. Los hechos políticos nos quitaron la organización de unos juegos que casi teníamos concedidos. (8) Pero la misma elección de Berlín generó profundas disensiones en el ámbito internacional y las divergencias no tardaron en hacerse patentes. Durante la celebración de los Juegos de Los Ángeles el Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 9 ideólogo nazi Julius Streicher calificaba públicamente a las olimpiadas de "infamante festival dominado por los judíos". Hitler, nombrado canciller del Reich una semana después de la primera reunión del Comité Organizador, no tardó en inmiscuirse. A pesar de que Hindenburg fuera el jefe nominal del Reich, nadie dudaba de quien detentaba el poder: en marzo de 1933 Hitler recibía la visita del presidente y vicepresidente del Comité, quienes le explicaron los proyectos y solicitaron su colaboración. Las relaciones de Hitler con el Comité Organizador atravesaron un momento crítico cuando el primero exigió la destitución de dos de sus miembros, uno de ellos el presidente, Theodor Lewald, por ser de ascendencia judía. El mayor Comité Olímpico Internacional tomó cartas en el asunto. Su presidente, el conde de Baillet-Latour, a quien no le fue fácil obtener audiencia, le amenazó con cambiar las sedes de los Juegos de verano y de invierno (que debían celebrarse en Garmisch-Partenkirchen, al sur de Alemania) si tales destituciones tenían lugar. Baillet-Latour solicitó asimismo del Führer garantías de igualdad para con los judíos alemanes. Hitler transigió de palabra: ya había comprendido que los Juegos podrían convertirse en una magnífica plataforma propagandística y no estaba dispuesto a dejar escapar la oportunidad de utilizarlos. Pero sus promesas no serían más que papel mojado. Hubo momentos, de todos modos, en que Hitler parecía dispuesto a desautorizar la celebración de los Juegos Olímpicos en Alemania. Las tensiones se reproducían a nivel internacional. El Comité nacional de Estados Unidos vivió una enconada lucha. Algunos de sus miembros, encabezados por Avery Brundage, quien más tarde alcanzaría el máximo cargo en el Comité Olímpico Internacional, fueron los responsables de que el boicot que pretendía Ernst Lee Jahncke no triunfara (9). Brundage fue el responsable de conseguir una mayor importancia deportiva a las olimpiadas de Hitler. Los representantes españoles que debían partir de Barcelona, el 24 de julio, no llegaron a hacerlo. El equipo de hípica, que ya se encontraba en Berlín, fue obligado a regresar. (10) A pesar del clima enrarecido que rodeó la celebración de los Juegos, éstos alcanzaron unas proporciones de grandeza y solemnidad nunca vistas hasta entonces. La ceremonia inaugural constituyó sólo un botón de muestra. Por primera vez la antorcha olímpica, de diseño innovador, había sido encendida en Olimpia, en el propio Templo de Zeus, por el sacerdote de la Acrópolis, y transportada hasta Berlín por unos 3000 relevistas. Los atletas atravesaron Grecia, Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia en nueve días. La antorcha llegó al estadio en medio de una inmensa manifestación paramilitar cuidadosamente organizada. El imponente estadio de Grünewald, con capacidad para 110.000 espectadores, un aforo inigualado hasta entonces, presentaba un lleno completo en aquella tarde calurosa del 1 de agosto de 1936. El lleno iba a ser una de las características dominantes de los Juegos que contaron con una afluencia masiva y constante de espectadores. Hitler, que había hecho su entrada por la Puerta del Maratón a los sones del himno nacional Deutschland Über Alles, presenció la llegada de la llama olímpica y el posterior desfile de los Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 16 La propaganda, entre el deporte y la política. Leni Riefenstahl y su "Olympia" Leni Riefenstahl, nacida en Berlín el 22 de agosto de 1902, fue una de las grandes responsables de que los Juegos Olímpicos berlineses tuvieran tanta trascendencia popular. Leni – nacida Elene Bertha Amalie Riefenstahl – había surcado otras vías profesionales antes de convertirse en la realizadorainsignia de la filmografía nazi. Tras estudiar pintura y ballet en su ciudad natal, Riefenstahl entró en el mundo del cine alemán a mediados del decenio de los 20, protagonizando invariablemente el papel de joven, atlética y rubia, en las llamadas " películas de montaña", un infumable género pastoril que tuvo en su director Arnold Franck a su máximo representante. De su experiencia ante la cámara, Riefenstahl acabó poniéndose tras de ella y, con una sorprendente capacidad para asimilar las reglas de oro del lenguaje cinematográfico, dirigió su primera película en 1931, "La luz azul" (también conocida por "El monte de los muertos"), en donde además se desdobló para ejercer las funciones de editora, productora y actriz. La cinta en cuestión, según cuentan los tratadistas, le abrió las puertas para empresas mayores. Por una parte, ya convertida en la voz cantante de la "nueva" cinematografía del III Reich (La opinión de Goebbels, ministro de propaganda, era que "el filme alemán tiene por objeto la conquista del mundo y convertirse en la vanguardia de las tropas nazis"), en darle el adecuado fasto cinematográfico a la convención del Partido Nacionalista de Nüremberg, en 1934. El producto resultante, "El triunfo de la voluntad" era, según palabras de René Jeanne y Charles Ford, "una especie de feria wagneriana en un Walhala popular, pero cuya grandeza era innegable". Después le vendría el encargo de poner en celuloide lo que los jerarcas nazis intuían arrollador triunfo ario en los Juegos Olímpicos de Berlín. Con una tarea admirablemente bien realizada desde el punto de vista profesional, Leni Riefenstahl sufrió un lógico periodo de ostracismo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Encarcelada en primer lugar por los franceses y posteriormente por las tropas norteamericanas, la cineasta germana pasó casi cuatro años en prisiones y campos de detención. En 1952 volvió a la tarea profesional tras haber sido declarada oficialmente "limpia" de complicidad con los crímenes de guerra nazis. Ello le permitió poner punto final a la polémica producción "Tiefland", interrumpida por los rigores bélicos. Más tarde le propusieron filmar la película de los Juegos Olímpicos de Helsinki de 1952 y de los Juegos Olímpicos de Oslo, pero no aceptó porque sabía que no podría superar su película. (25) De mentalidad absolutamente coherente, Riefenstahl se retiró del ajetreo mundano (cuyo resultado fueron unas largas estancias en tierras africanas, producto de las cuales realizó un libro de fotografías de temática negroide - quién se lo iba a decir -, "Die Nuba", publicado en 1973). En los últimos años, Leni Riefenstahl volvió a su actividad primigenia de fotógrafa (cubrió los Juegos Olímpicos de Munich de 1972 para el dominical "The Sunday Times" bajo el seudónimo de Helene Jacob). En 1977 participó en un proyecto cinematográfico japonés para la TV Man-Unión de Tokio, donde se reunieron atletas participantes en los Juegos Olímpicos de Berlín, como Salminen, Murakoso, Schilgen (el portador de la antorcha que encendió el fuego olímpico), Sietas, Hamaro, Kitei Son... (26). Publicó en 1987 un farragoso volumen autobiográfico – 912 páginas –. En él, la beldad acartonada del sueño nazi reconocía la enorme fascinación que sobre ella ejerció Adolfo Hitler y su falta de remordimiento por los crímenes de su época. El epitafio argumentado: "Deutschland über alles" (Alemania anda por encima Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 17 de todo). So obra más famosa fue sin duda alguna el filme oficial de los Juegos, "Olympia". Puede que tenga un aspecto paradeportivo del festejo que debe suponer toda cita olímpica. En el caso berlinés, sin embargo, adquirió su propia carta de naturaleza, por cuanto que se concibió como el medio más idóneo para muestra al mundo la higiénica grandeza de la raza aria. No obstante, lo grotesco de algunas de sus secuencias – que iban como anillo al dedo a las perversas concepciones depuradoras de Josef Goebbels –, la película rezumaba casi por sus cuatro costados una gran valía fílmica. Incluso como anécdota, Leni revela que se enamoró de un atleta durante la filmación de la película, Glenn Morris, pero que no se atrevió a decírselo. (27) Riefenstahl contó para la ocasión con la desbordada generosidad del Ministerio de Propaganda, que quería aplicar al pie de la letra, la máxima de Goebbels, según la cual, lo que necesitaba el cine alemán era "muchos acorazados "Potemkin"". Para alcanzar su objetivo (y lo alcanzaría, ya que "Olympìa" o "Los dioses del estadio" – título significativo con el que se estrenó en algunos países – es la película oficial por excelencia de todos los Juegos Olímpicos), la directora alemana dispuso de gran número de cámaras, se rodeó de un selecto grupo de operadores – Hans Ertil, entre ellos – y le dieron dos años para montar más de cuatro mil metros de negativo. Las dos partes en que se dividía la película ("Fest der Völker" – La Fiesta de los Pueblos – y "Fest der Schön" – La Fiesta de la Belleza –), son una excelente muestra de grandiosidad, belleza, rigor, valor documental y evidente apología del régimen nazi, reforzado todo ello por la alta calidad de la música grabada en estudio y por los efectos sonoros, que dan el contrapunto adecuado a las espectaculares imágenes. La estética de los primeros fotogramas de "Olympia", basada en musculosos cuerpos desnudos de muchachos muy jóvenes, causó impresión entre el público de la época. Otra de las escenas que tuvo un gran impacto fue el polémico desnudo de la atleta norteamericana Helen Stephens ante los jueces y ante sus acusadores polacos. Riefenstahl perpetuo el momento con gran tacto en un largo y difuminado plano, escamoteado en las versiones para latinos. Con todas las connotaciones implícitas, "Olympia" fue la mejor realización cinematográfica – junto con "El triunfo de la voluntad" – durante el turbulento periodo hitleriano. (28) Entre sus admiradores podemos destacar a Román Gubern, Néstor Almendros, Pere Gimferrer, Jonas Mekas, Fassbinder (quien quiso colaborar profesionalmente con ella) o Coppola, por no citar al Chaplin que telegrafió a la autora felicitándola por "La luz azul" y que a continuación vestiría a la Paulette Goddard de sus "Tiempos modernos" como la protagonista de aquel film. (29) Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 18 La Olimpiada Popular de Barcelona como respuesta La Olimpiada Popular de Barcelona – organizada por el movimiento de deporte popular catalán, con el apoyo de la Generalitat i de múltiples instituciones deportivas internacionales – tenía como objetivo fundamental devolver el verdadero espíritu olímpico bajo el signo de la paz y la solidaridad de las naciones, que en aquellos momentos se estaba cuestionando en la preparación de los Juegos Olímpicos de Berlín por parte del régimen nazi y con la conformidad del CIO. La Olimpiada de Barcelona, por tanto, tomaba unas dimensiones auténticamente antifascistas, en el sí de una Europa cada vez más inquieta y temerosa del estallido de un conflicto universal. (30) La Olimpiada de Barcelona, contaba con el apoyo del mundo deportivo tanto catalán como español e internacional, que conectaba con una tradición obrera y/o republicana, dependiendo de cada caso. No es verdad, por tanto, que fuese un montaje de grupos políticos que instrumentalizasen a los deportistas, sino que en todo caso el activismo anterior de los deportistas con sensibilidad izquierdista les había llevado a participar en la Olimpiada Popular. Evidentemente, otros deportistas, no sólo neutrales sino con otras ideas políticas no se sentían atraídos por lo que significaba la celebración de Barcelona. Éstos, participaron en Berlín, con mayor o menor adhesión a lo que significaban esos juegos. En cualquier caso, lo que decía todo el mundo, el no politizar el deporte nadie lo cumplía. (31) El apoyo a este acontecimiento provenía claramente de la izquierda, por lo que la respuesta del mundo deportivo fue muy variada. Las federaciones, tanto de aquí como de fuera, reaccionaron de diferentes formas, desde las que permitían la participación de sus atletas y/o equipos hasta las que se movían entre las no autorizaciones, las posibles sanciones o la prohibición expresa. El total de federaciones representadas en la olimpiada fue de 10 internacionales, 8 españolas y 6 catalanas. (32) Entre los medios de comunicación existía también disparidad de opiniones, desde el apoyo incondicional expresado por "El mundo deportivo" hasta la crítica de "La veu de Catalunya" o la burla de "Xut". (33) La Olimpiada, por sus características de réplica a la Olimpiada de Berlín y por los problemas que este hecho le comportaba en la política interna, se veía en la necesidad de asegurar una importante participación extranjera. La participación de bastantes países en las actividades deportivas forma parte de los valores olímpicos y es, por tanto, una necesidad ineludible. Por otro lado, la oposición interna a este acontecimiento, tanto de sectores deportivos como políticos conservadores, tildaba a la olimpiada de ser unos juegos de estar por casa. Todo ello hizo que el COOP (Comité Organizador de la Olimpiada Popular) desplegase una importante actividad a fin y efecto de conseguir el máximo de representaciones nacionales y que cada vez que conseguía un éxito con una nueva inscripción lo proclamase a los cuatro vientos, y es lógico que lo hiciese porque las federaciones oficiales ponían muchos impedimentos en sus reglamentos. (34) Las representaciones nacionales supusieron un total de 23 delegaciones, entre los que destacan Estados Unidos, Francia, Suiza, Inglaterra y representaciones de los atletas judíos emigrados, de Alsacia, Euskadi, Galicia y Cataluña. El total de atletas inscritos fue de 6000 siendo la delegación extranjera más numerosa la de Francia con 1500 atletas (500 de federaciones oficiales). De Suiza participaron 200 atletas, de Bélgica, Holanda e Inglaterra 50, de Canadá 6,... (35) Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 19 El cariz alternativo de la olimpiada, lejano del CIO pero diferenciado de las Olimpiadas Obreras, posibilitó una nueva fórmula de vehicular la participación de los atletas. Ya sabemos que según la Carta Olímpica, los atletas acuden de manera individual y no como representantes de países. Aún así, también es bien cierto que en la práctica este principio nunca es respetado y en muchas ocasiones las competiciones deportivas sirven para librar auténticas batallas entre países en el estadio, y son utilizadas como símbolos de supremacía de un país, de un sistema político o una raza. Ante esta obviedad la Olimpiada Popular planteó diferentes formas de participación por lo que respecta a la adscripción territorial. Se establecieron tres categorías: nacional, regional y local. De esta manera, las delegaciones nacionales podían mandar en cada deporte tres representaciones y se entendía que así la olimpiada no sería sólo una competición entre estados, sino que dejaba la puerta abierta a que equipos no estatales participasen en las pruebas, como por ejemplo Alsacia y Lorena, o el Marruecos bajo dominio francés y el Marruecos español. En este sentido, pues, el COOP introducía sobre todo en los deportes de equipo, un sistema de delegaciones que rompía el monopolio estatal. Finalmente, a través de las representaciones locales, recuperaba la idea ciudadana del olimpismo griego, en que los participantes lo eran representando ciudades. (36) Referente a las modalidades deportivas podemos destacar que el total era de 16, con deportes como fútbol, tenis, baloncesto, boxeo, atletismo, lucha, pelota vasca, ajedrez,... (37) La Olimpiada basaba todos sus actos en las subvenciones concretadas del Gobierno francés (600.000 francos), Gobierno español (400.000 pesetas) y Generalitat (100.000 pesetas). (38) Aún así, la infraestructura fue insuficiente (39) para albergar a los casi 20.000 visitantes. El alzamiento militar que se inició en Barcelona el mismo día que se preveía para la inauguración de la Olimpiada Popular, frustró el proyecto que el movimiento de deporte popular catalán había concebido; el nuevo orden revolucionario que se estableció y las necesidades propias del conflicto bélico pusieron fin a Barcelona'36, justo unas horas antes de iniciarse. (40) Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 20 Citas bibliográficas (1) VARIOS AUTORES, (1987), Crónica del siglo XX, Esplugues de Llobregat: Plaza & Janés D.L. (2) J. GONZALEZ PUEYO, (1964), El nazismo 1918-1945. Pág. 9. (3) J. GONZALEZ PUEYO, obra citada. Pág. 9. (4) J. GONZALEZ PUEYO, obra citada. Pág. 10. (5) J. GONZALEZ PUEYO, obra citada. Pág. 11. (6) J. GONZALEZ PUEYO, obra citada. Pág.14. (7) J. GONZALEZ PUEYO, obra citada. Pág.17. (8) JUAN-GABRIEL THARRATS, (1972), Los Juegos Olímpicos, (Tomo II), Madrid; Ibérico Europea de Ediciones. Pág. 501-502. (9) VARIOS AUTORES, (1986), Gloria olímpica. Historia de los Juegos, Barcelona: El Periódico. Pág. 87. (10) VARIOS AUTORES, (1987), Olimpiadas, Madrid: Cultural, S.A. Pág. 25-27. (11) VARIOS AUTORES, (1987), Olimpiadas, Madrid: Cultural, S.A. Pág. 27. (12) FRANCISCO YAGÜE, (1992), Historias de las Olimpiadas, Barcelona: Plaza & Janés/Cambio 16. Pág. 199. (13) FRANCISCO YAGÜE, obra citada. Pág. 200. (14) FRANCISCO YAGÜE, obra citada. Pág. 201-203. (15) FRANCISCO YAGÜE, obra citada. Pág. 203. (16) FRANCISCO YAGÜE, obra citada. Pág. 204. (17) FRANCISCO YAGÜE, obra citada. Pág. 205. (18) JUAN-GABRIEL THARRATS, obra citada. Pág. 525. (19) JUAN-GABRIEL THARRATS, obra citada. Pág. 534. (20) VARIOS AUTORES, (1986), Gloria olímpica. Historia de los Juegos, Barcelona: El Periódico. Pág. 85. (21) JUAN. A. RUIGÓMEZ, (1972), Los fabulosos Juegos Olímpicos, Bilbao: Ed. Mensajero. Pág 134-135. (22) GUILLERMO SÁNCHEZ, Historia de los Juegos Olímpicos, Barcelona: Sport. Pág. 47. (23) GUILLERMO SÁNCHEZ, Historia de los Juegos Olímpicos, Barcelona: Sport. Pág. 47. (24) VARIOS AUTORES, Historia y personajes de los JJ.OO. (1896-1984), Barcelona: El mundo deportivo. Entrega 28. (25) LENI RIEFENSTAHL, (1987), Memorias Leni Riefenstahl. Barcelona (1991): Editorial Lumen. Pág. 327-328. (26) LENI RIEFENSTAHL, obra citada. Pág. 577-578. (27) LENI RIEFENSTAHL, obra citada. Pág. 187. (28) LENI RIEFENSTAHL, obra citada. Pág. 175-187. (29) LENI RIEFENSTAHL, obra citada. Pág. 6. (30) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, (1990), L'altra Olimpiada, Barcelona'36. Badalona: Llibres de l'índex, S.A. Pág. 13. (31) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 169. (32) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 155-171. (33) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 166. (34) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 181-182 (35) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 185. (36) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 183. (37) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 188. (38) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 174. (39) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 175-176. Enrique Asín Fernández – La política de las olimpiadas de Berlín 1936 21 (40) XAVIER PUJADAS, CARLES SANTACANA, obra citada. Pág. 214.