Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador (1936-1953)
Abstract
Entre las décadas de 1930 y 1950 Misael Acosta Solís, miembro de la elite económica serrana y destacado geobotánico y forestal, lideró un proceso de institucionalización del conservacionismo en el Ecuador. Instituciones privadas y gubernamentales de corte conservacionista, exposiciones, libros y artículos, revistas científicas, estaciones de investigación forestal y agroecológica, leyes y políticas, congresos y encuentros, fueron algunos de sus legados. En este trabajo se revisan esos hechos en el contexto de la historia económica, social y ambiental del Ecuador. Asimismo, se sientan algunas premisas sobre las cuales continuar la construcción de la historia ambiental de esa nación.
Full text
Universitat Autònoma de Barcelona Centre d’Estudis d’Història de les Ciències Programa Interuniversitari de Doctorat en Història de les Ciències Treball de recerca Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador (1936-1953) presentat per: Nicolás Cuvi dirigit per: Dr. Agustí Nieto-Galan gener de 2005
2 Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador (1936-1953) Nicolás Cuvi CEHIC-UAB
3 ÍNDICE RESUMEN………………………………………………………………………………4 PRÓLOGO……………………………………………………………………………....6 Agradecimientos………………………………………………………………..18 Vocabulario ecuatoriano………………………………………………………..19 INTRODUCCIÓN……………………………………………………………………...20 La historia ambiental y la historia de la ciencia………………………………...23 El conservacionismo en la primera mitad del siglo XX………………………..28 La historia ambiental del Ecuador……………………………………………...36 Misael Acosta Solís…………………………………………………………….44 CAPÍTULO 1 Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940)…………………………………47 Estudiante y profesor en la Universidad Central..……………………………...56 Una revista sobre botánica y farmacognosia………………….………………..63 Últimos años en la Universidad Central y viaje a Esmeraldas..………………..71 CAPÍTULO 2 Ciencia y conservacionismo (1940-1943)……………………………………………...79 El Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales..……………………………….83 Agricultura y geobotánica en regiones secas………………….………………..90 Eucaliptos y otras especies introducidas..……………………………………....98 CAPÍTULO 3 Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948)……..……………………..104 La Estación Experimental Agrícola..………………………………………….111 La campaña conservacionista en los años de la quina………………………...113 Un discurso ante las elites sobre colonización y agricultura……………….....118 La posguerra en Estados Unidos y el Ecuador………………………………..126 Leyes conservacionistas……………………………………………………….134 CAPÍTULO 4 El conservacionismo institucionalizado (1949-1953)……..……………………….....138 El Departamento Forestal..…………………………………………………....145 Flora y otras publicaciones en los años del Departamento Forestal……….…159 La conservación institucionalizada ………………...........................................167 CONCLUSIONES Institucionalización del conservacionismo…………………………………....173 Misael Acosta Solís y el conservacionismo……………………… ………..…177 ¿Receptores o protagonistas?.............................................................................185 Epílogo: las puertas de la historia……………………………………………..190 BIBLIOGRAFÍA Obras de Acosta Solís………………………………………………………....193 Bibliografía………………….…………………………………………......…197
RESUMEN Entre las décadas de 1930 y 1950 Misael Acosta Solís lideró un proceso de institucionalización del conservacionismo en el Ecuador. Instituciones privadas y gubernamentales de corte conservacionista, exposiciones, libros y artículos, revistas científicas, estaciones de investigación forestal y agroecológica, leyes y políticas, congresos y encuentros, son algunos de sus legados. Miembro de la elite económica serrana y destacado geobotánico y forestal, supo aprovechar su autoridad científica para lograr la fundación del Departamento Forestal durante un gobierno que apuntó a modernizar el agro y abrir la frontera de las zonas cálidas (Galo Plaza, 1948-1952). Aunque los alcances del Departamento Forestal fueron limitados, significó un hito en la institucionalidad del tema en el Ecuador, como las demás instituciones y publicaciones que fundó. Sus argumentos para la conservación en la década de 1940 fueron sobre todo económicos: materias primas y manufacturados para la exportación, y leña y carbón para las ciudades eran sus objetivos. Pero también consideraba los valores estéticoséticos y ecológicos de la naturaleza, llegando a incorporar valores preservacionistas cada vez con mayor intensidad. He analizado las ideas de Acosta Solís a la luz de sus libros y artículos en revistas científicas, y he aprovechado además revistas y publicaciones científicas del período estudiado producidas mayormente en Quito. He construido el trabajo con ideas de las historiografías ambiental y de la ciencia, situado entre la academia y mi intención ecologista. Incluyo una introducción donde sitúo mi trabajo en el marco de la historia ambiental y mi intención de articularla con la historia de la ciencia. También presento una reseña del conservacionismo en la primera mitad del siglo XX, para situar el ambiente mundial en el momento. Concluyo la introducción con una aproximación a la historiografía ambiental en el Ecuador. Argumento que la historia del ambientalismo en el Ecuador debería ser revisada fijando con mayor cuidado las continuidades y rupturas entre las ideas de Acosta
5 Solís y otros científicos de su momento y las generaciones que irrumpieron en el panorama nacional en las décadas de 1970 y 1980. Sugiero la revisión, por ejemplo, de la historiografía sobre la protección de Galápagos y otras áreas protegidas. También sostengo la posibilidad (y la necesidad) de estudiar personajes como Acosta Solís, y las mismas ideas ambientalistas en países del sur, alejado del tradicional y colonial enfoque centro-periferia, que convierte a «protagonistas» de un movimiento mundial en «actores pasivos», epifenómenos de lo que ocurre en «otros lugares». Al final añado un epílogo de temas sobre los cuales considero necesario profundizar para un mejor conocimiento de las historias de la ciencia y ambiental en el Ecuador del siglo XX. Palabras clave: Ecuador, Misael Acosta Solís, historia del siglo XX, historia del conservacionismo, historia del ambientalismo, historia de la ecología, historia de la forestería, geobotánica.
PRÓLOGO En el otoño de 2002, con una licenciatura en biología a cuestas, comencé mis estudios de historia de la ciencia en la Universitat Autòmoma de Barcelona. Cumplía así un anhelo cautivo durante años: aproximarme a la «otra cultura». Y fue durante el curso de historiografía que escuché por vez primera sobre la historia ambiental.1 Dada mi formación universitaria y mi ánimo ecologista comencé a pensar cómo conciliar tal disciplina con la historia de la ciencia; ¿cómo conciliar mi preocupación por el deterioro ambiental y sus posibles soluciones, y los estudios históricos, sociológicos y filosóficos de la ciencia? ¿y cómo situarla en el contexto que me interesaba, el Ecuador? Mi primera idea fue analizar las ideas de la naturaleza que tuvieron los científicos de aquel territorio en el siglo XX, y encajarlas en los acontecimientos socioeconómicos y el estado material del ambiente. Mi fuente fueron varias revistas científicas ecuatorianas publicadas entre 1940 y 1975. Tras la primera revisión fueron claras dos tendencias ―con sus matices― en cuanto a las visiones de la naturaleza. Por un lado, quienes la aprehendían como un espacio que debía ser dominado para completar la obra de dios, sin reparar en la sostenibilidad. Una visión tradicional, con muchas variantes, pero inconsciente de la agotación de los recursos. Y por el otro, un grupo que compartía tal imagen cartesiana-religiosa de la vida como una máquina y alentaba su dominación, pero al mismo tiempo introducía ideas conservacionistas con base en la agricultura y las ciencias naturales (en especial geobotánica y ecología) como la reforestación o el control de la erosión. Estos últimos tenían una figura visible a la cabeza: Misael Acosta Solís (1910-1994), de quien yo conocía su obra fitogeográfica ―aun vigente― pero no su faceta conservacionista. Este «descubrimiento» me sorprendió, por las lúcidas exposiciones de Acosta Solís sobre la deforestación o la erosión en el contexto ecuatoriano, pero también 1 En este trabajo entiendo «historia ambiental» como sinónimo de «historia ecológica», consciente de que hay quienes diferencian entre ambos. Para Arnold 2000, 11, por ejemplo, la primera trata del ser humano en relación con el entorno ―la naturaleza como su hábitat― mientras en la historia ecológica la gente es una parte más del sistema.
Prólogo 7 por su visión universal. Sabía que no eran las primeras «llamadas de alerta» hechas en el Ecuador y menos aun el mundo. Pero sí eran particulares en relación con sus contemporáneos en su contexto, en un momento que vivió el doble sufrimiento ambiental de recibir un callejón interandino sobreexplotado y presenciar la vertiginosa ampliación de la frontera en las tierras cálidas, costeras y amazónicas. Hasta conocer estos textos, pensaba que hasta las décadas de 1960 y especialmente las 1970 y 1980 no hubo una preocupación desde lo nacional por la conservación. Pero ahí tenía un científico, miembro de varias academias de ciencias,2 que había publicado más de 300 obras entre artículos y libros, miles de artículos periodísticos, había recibido varios premios nacionales e internacionales por su obra científica y divulgativa, fundado instituciones científicas y conservacionistas, trabajado en estaciones agrícolas de todo el país, fundado una finca agroecológica privada, fundado, dirigido y editado varias revistas científicas. Me cautivó enseguida. Pensé que en torno al geobotánico ambateño podía reconstruir la historia del conservacionismo y, de forma más amplia, del ambientalismo, especialmente en la Sierra centro-norte ecuatoriana. Era un personaje que anhelaba el progreso de la nación, miembro de la elite económica, destacado estudiante, con gran capacidad movilizadora para crear instituciones y redes de comunicación, deseoso de protagonismo, amante de la tierra y el excursionismo, apasionado por la ciencia, coleccionista, agricultor, forestador, polemista, y testigo de casi toda la «era de los extremos» y de la intensificación de la crisis ambiental. Así que tras constatar la ausencia de análisis históricos de sus ideas conservacionistas decidimos con el director de este trabajo dar un giro hacia el personaje, y presentar esta faceta inédita. Hubo varios motivos para emprender la investigación. En primer, casi no se ha escrito sobre Acosta Solís: apenas un extenso currículum, dos notas necrológicas y unas pocas páginas en enciclopedias, todas con estilos hagiográficos, de homenaje, insuficientes para conocer sus ideas.3 Acosta Solís debía ser situado en contexto y desde un enfoque alejado de la hagiografía (aunque desde ya debo confesar que ha sido difícil evitar encariñarme con el personaje, quizás por las fuentes utilizadas). En segundo lugar, es relevante investigar a un científico de un país donde prima la 2 Estados Unidos, Rusia y Francia se contaban entre las más prestigiosas. 3 Carrera 1992 es lo más completo; se trata de una lista de logros profesionales: membresías, instituciones y revistas fundadas, premios, publicaciones principales, artículos de prensa dedicados a su figura. Mediante estas listas se detalla la obra y algunos detalles de la vida de Acosta Solís, pero de forma desarticulada y sin considerar el contexto. No obstante sus visibles defectos, es una fuente primaria muy importante. Véase también Ortiz Crespo 1994, Astudillo Espinosa 1994, Pérez Pimentel 1997, Revelo 2004.
Prólogo 8 idea de que hay «poca» ciencia, y que la buena ha sido construida por los extranjeros, en buena parte debido a la pobre memoria de la historia de la ciencia, en parte a que durante mucho tiempo la mayor cantidad de científicos reconocidos han sido extranjeros,4 en parte al menosprecio del valor científico de los saberes tradicionales americanos, especialmente los indígenas pero también los posteriores al mestizaje. Ello enlaza con una tercera razón: la necesidad de evidenciar la obra conservacionista de Acosta Solís. La visión tradicional del ambientalismo en el Ecuador ha transmitido la idea de que antes de la declaración de Galápagos como parque nacional en 1959, de la creación masiva de reservas estatales de biodiversidad en la década de 1970, y de la aparición de organizaciones privadas desde fines de la década de 1970, no existía ambientalismo en el país, o eran iniciativas aisladas.5 Sin duda desde 1970 se intensificó el ambientalismo en el Ecuador, situándose definitivamente como actor importante desde la década de 1980 con una presencia y capacidad movilizadora significativa, tal como sucedió en muchas otras naciones del globo.6 Cada vez hubo una mayor divulgación de la conservación de la naturaleza, con series de televisión muy recordadas como la de Jacques Costeau, entre otros medios, que sensibilizaron a generaciones que adquirieron «conciencia ecológica», 4 La Condamine, Humboldt, Darwin entre los más famosos, que obtuvieran el material, sus ideas y logros (la figura del globo terrestre, las bases de la ecología científica, y la selección natural como mecanismo de la evolución) tras visitar las tierras equinocciales. Y otros como Sodiro y Wolf, y los demás que arribaron en la segunda mitad del siglo XIX para transmitir sus saberes a los jóvenes estudiantes. Aun hoy los científicos extranjeros tienen amplio protagonismo y reconocimiento en la investigación en ciencias naturales, como muestran por ejemplo Galápagos, o los miembros extranjeros que ostentan altos cargos en las facultades de ciencias naturales, aunque la intensidad y densidad en general sea menor que antes. 5 Fernando Ortiz Crespo, biólogo más joven que Acosta Solís, narraba así la historia del ambientalismo: «El movimiento ambientalista en el Ecuador nació con la creación de la Fundación Natura, en 1978. Antes de esa fecha, pioneros como Misael Acosta Solís daban voces aisladas pero sin mayor eco social. Una masa crítica de expertos ambientales salió de las aulas del Departamento de Biología de la Universidad Católica a partir de los años 70, y los egresados y graduados de esta procedencia comenzaron a proyectarse en los ámbitos profesionales de Quito, con fuerza, en los 80 y 90.» Ortiz Crespo, sin fecha, «¿Tres lustros menos para salvar la Tierra?», en http://www.hoy.com.ec/libro2/borde/borde11.htm (descargado en noviembre de 2004). 6 El pensamiento y la labor de Acosta Solís, de círculos aristocráticos en el Ecuador, se amplió a las clases medias y cambió de carácter. Parte tuvieron que ver en ello el proceso de cambio del país, el ambiente internacional, la crisis en los movimientos políticos de la izquierda, un crecimiento del romanticismo por la crítica al proceso de modernización, desarrollo de la «cooperación internacional» que sostuvo grupos de intelectuales dedicados al tema, intensificación del movimiento campesino por la reforma agraria y luego el movimiento indígena, el neoromanticismo ecológico, entre otros cambios (agradezco a Pablo Ospina su comentario sobre este tema, destacando la necesidad de que las luces de Acosta Solís no oscurezcan las de sus estudiantes y sucesores en cuanto al conservacionismo.
Prólogo 9 que llevó a rezar a la naturaleza y a fundar instituciones para su conservación. Y la etiqueta «ecológico», como en el resto del mundo, se impuso como carta de presentación internacional, hasta su consolidación actual.7 Pero al reconocer que el «ambientalismo» (o mejor, una forma moderna de ambientalismo) aparece desde 1970 puede llevar, sin quererlo, a la apurada conclusión de que la preocupación por temas como la reforestación o la conservación de áreas y especies en peligro, o la insalubridad de las ciudades, entre otras, solo aparecieron desde ese momento, pues son actitudes asociadas con la palabra «ambientalismo». Idea que es, por lo demás y como muestro en este trabajo, equivocada, y por ello se convierte en peligrosa, pues refuerza que pesa más aun: que la iniciativa en países «subdesarrollados», «periféricos», «atrasados» responde siempre a intereses e ideas extranjeras. Ideas falsas como prueba Acosta Solís y las leyes, campañas de divulgación, medios de comunicación e instituciones gubernamentales y no gubernamentales conservacionistas que realizó. En este trabajo queda en evidencia, por ejemplo, que el camino para la declaración de Galápagos estaba bastante allanado antes de 1960 y que ideas «ambientalistas» ya circulaban especialmente en las urbes ecuatorianas, pero no cuajaron bien hasta fines de la década de 1940, cuando se crearon instituciones ad hoc dentro del Estado. Existió una influencia extranjera en relación con las ideas de conservacionistas, pero ésta puede ser rastreada siglos atrás de 1970, como en cualquier parte del mundo. Y hubo mucha originalidad para inventar, transformar, adaptar las ideas mundiales que circulaban por el globo. No se trata de oscurecer los trascendentales cambios históricos en la sociedad ecuatoriana o en el mundo respecto a los valores ambientales, intentando ocultar rupturas, sino dosificar la originalidad de la ruptura y entender las continuidades seleccionadas por el «nuevo ambientalismo». Querer ocultar el valor de la resistencias ecologistas actuales ―cuyo discurso por cierto en el siglo XXI parece completamente cooptado por sus supuestos opuestos―,8 sería caer en el mismo error que critico por la actitud ante Acosta Solís y el legado único que dejó con su biblioteca personal ―ahora desmembrada, parcialmente desaparecida― y su completísima obra geobotánica. Para reconstruir la historia del ambientalismo del territorio ecuatoriano por lo menos en tiempos republicanos ―siendo el conservacionismo una de sus facetas―, como se ha hecho en Estados Unidos o España, la biografía de sus protagonistas 7 La «educación ambiental» ya es parte del currículo educativo nacional (como lo es de muchas otras partes del globo) y la Constitución de la República reformada en 1998 acoge abiertamente el tema. 8 Véase por ejemplo Vallejo 2003.
Prólogo 16 ambientales no quiero negarlo.31 Después de todo, «los historiadores son también seres humanos, cada uno de ellos con su propia obsesión y su propia queja, y apuntará a los árboles que más le convenga en el bosque de interpretaciones en oferta».32 Creo que estas historias invitan a varias cuestiones. Por un lado a la movilización y «conciencia» ciudadana (incluye la academia y otros círculos intelectuales) al dotarle de argumentos para oponerse al statu quo en cuanto a prácticas ambientales globales. Y por el otro lado, puede, divulgado de la manera adecuada, invitar a reflexionar a grupos que ostentan poder político y económico, responsables y principales interesados en mantener el statu quo, en algunos casos por la ignorancia de la oportunidad ecológica, en otros porque son contingentes al neoliberalismo. Creo que estas narrativas pueden estallar el globo de la «crisis civilizatoria» que está ocurriendo.33 Estoy convencido que esta reflexión puede ayudar directamente en la formulación y ejecución de políticas y leyes, programas y proyectos, movimientos, instituciones, sociedades, tesis, media, materiales de divulgación, locales, nacionales y regionales que respondan a análisis críticos de procesos y no a coyunturas inmediatistas, como suele ser la regla. Estoy convencido que reconocer la importancia de figuras como Acosta Solís puede ayudar a reconocernos y lo que puede ser clave para el ambiente material, como dice Radkau, a «desenterrar» alternativas anteriormente viables y olvidadas al calor de las actuales controversias. Y finalmente como agrega el mismo Radkau, la capacidad comunicadora de la historia es ya un punto que justifica su realización.34 La vida de Acosta Solís, sus enseñanzas agroecológicas, su obra institucionalizadora de la ciencia y el conserva- 31 Por ejemplo Cronon 1993; González de Molina y Martínez Alier 1993, 2003, 11; Stine y Tarr 1994. Cronon 1993, 3, señala autores que, sin ser explícitamente políticos, no dejan de serlo. En el fondo, dice, «podemos tomar como un hecho que muchos sino la mayoría de historiadores ambientales aspiran a contribuir a la política ambiental contemporánea: quieren que sus historias sean útiles no solamente para entender el pasado, pero para ayudarnos a cambiar el futuro». De hecho, la pretensión de Worster de alejarse del útero político donde la disciplina habría surgido delata una contradicción discursiva, pues basta leer sus recomendaciones para crear la narrativa y la historia misma ―en cualquiera de sus trabajos metodológicos o epistemológicos― para deducir que el objetivo y el posicionamiento político son clave. Como afirma, «la historia ambiental debe tener algunas ideas que ofrecer al público, y tales ideas deben tener algo de convicción en ellas, así como razón y evidencia. El historiador debería dejar que la gente sepa lo que le preocupa e incitarla a que se preocupe también de ello.» (Worster 1993, viii). Historiadores como Radkau 1993, 140-142 invitan a mantener una posición intermedia, legible para ambas partes, pero a mi juicio esa es una arena peligrosa. En lugares como España, los primeros pasos de la disciplina también han estado marcados por un tono militante, de agitación, concienciación y difusión propio del movimiento ecologista (González de Molina y Martínez Alier 2001, 11). 32 Bowler 1998, 316-317. 33 González de Molina y Martínez Alier 1993, 11. 34 Radkau 1993, 142-143.
Prólogo 17 cionismo, su tenacidad y permanente espíritu crítico, su campaña reforestadora y experimentos agroecológicos, su trascendencia internacional, y especialmente el saber que hubo personas como él, son enseñanzas importantes para el mundo contemporáneo. Como historiador, al hacerlo siento que cumplo con mi responsabilidad social.35 Pero no solo son intenciones políticas: también espero contribuir a la academia con conocimiento en forma de historia y con una propuesta para estudiar historias de la ciencia y ambiental. De hecho, pese a mi entusiasmo, quizás este trabajo finalmente tenga más de esto que de lo anterior. Acosta Solís dejó intensas crónicas de la exuberancia de bosques y de zonas degradadas o en proceso de estarlo. No es necesario remontarse a narraciones del siglo XIX o antes para conocer el estado prístino de algunas regiones. El cambio ambiental puede ser muy rápido y entenderlo es vital. El modelo noratlántico que domina el pensamiento científico mundial ha sido en reiteradas ocasiones la punta de lanza de la colonialidad y la inequidad. Una nueva historia debe dirigirse a su corazón para removerlo desde su núcleo. Agroecología para la seguridad alimentaria, energía renovable, demografía, son algunos campos donde el conocimiento puede revertir el estado del mundo y, de paso, solucionar la crisis ecológica y civilizatoria. Esa es, vista desde cerca, mi moral. Y es desde esa perspectiva que creo mi narración de un pasado científico reciente puede ser útil. Si es en la relación humanidad-naturaleza donde se construye el futuro de ambas,36 quisiera que mi discurso ―como mi vida cotidiana― tenga algo que ver en ello. En todos los capítulos, la secuencia es, en la medida de lo posible, cronológica. Sin embargo, temas de particular interés, como libros, artículos, ideas o situaciones clave ocupan acápites separados. Cuando es posible presento datos sobre el estado del ambiente «material»; considero que sin tales alusiones este trabajo sobre la construcción de la naturaleza en las ideas de un científico conservacionista quedaría incompleto. 35 Gallini 2002 dice que: «Hacer historia ambiental en América Latina significa entonces trabajar para que las valoraciones que la sociedad contemporánea exprese y las medidas que tome acerca del medio ambiente tengan perspectiva histórica y sean concientes del marco de larga duración en el cual el problema ambiental, sus valoraciones y las decisiones al respecto están encajados.» Una exposición más detallada del papel político de la historia ambiental en la actual Latinoamérica consta en Castro Herrera 2000. 36 McEvoy 1993, 191.
Prólogo 18 Agradecimientos He contado con varias ayudas: económicas, académicas y personales. En la Universitat Autònoma de Barcelona el contacto con dos profesores ha sido clave. En primer lugar con Agustí Nieto-Galan, a quien no solo debo reconocer el haberme introducido a la idea de historia ambiental, sino especialmente el haber aceptado dirigir una investigación sobre un contexto geográfico distante. Debo agradecer que su conocimiento sobre el tema ambiental y cómo se articula con la ciencia y la tecnología hayan sido más que suficientes para dialogar sobre el texto que presento, más allá de cualquier consideración geográfica. Y en segundo lugar, el contacto con Xavier Roqué Rodríguez, profesor de historia de la física y las matemáticas. A él debo aprendizajes sobre historiografía y sobre la ciencia en el siglo XX, y su apoyo como director del Centre d’Estudis d’Història de les Ciències de la UAB. De igual manera, debo agradecer el enriquecedor contacto con mis compañeros y compañeras y demás profesores del programa de doctorado, de varias regiones de origen, dentro y fuera de las aulas. Son por ahora mi única versión de una comunidad de historiadores de la ciencia, situada en la periferia del centro y en el centro de la periferia. El Ministerio de Educación de España me otorgó una ayuda de movilidad en el curso 2002-2003. Y posteriormente he recibido la beca MAE-AECI del Ministerio de Asuntos Exteriores y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Finalmente, agradezco a mi compañera Paz, con quien hemos transitado estos años en Catalunya, y se lo dedico a mi hijo Lorenzo, que en el otoño de 2003 comenzó su vida siendo una célula, justo cuando este trabajo también tenía solo una oración: su título. Ciutat Vella y La Floresta, Barcelona, otoño de 2004
Prólogo 19 Vocabulario ecuatoriano Como este trabajo es sobre un contexto geográfico bastante distante al sitio donde es presentado, presento la definición de algunos términos. Por la misma razón he incluido un mapa que ilustra las cuatro regiones naturales (Amazonía, Sierra, Costa y Galápagos), la división territorial según provincias, algunas capitales provinciales y otras localidades, y algunos ríos y montañas. En el mapa está la línea férrea, hoy en desuso, que vertebró la sociedad, la economía, y la transformación del ambiente durante los años estudiados. Amazonía: Región que va aproximadamente desde los 1.300 metros de altitud en la cordillera oriental, hacia la llanura amazónica, en las fronteras con Perú y Colombia. Se la conoce nacionalmente como «el Oriente». ambateño: de Ambato, ciudad natal de Misael Acosta Solís, en la Sierra central. Costa: Región que va aproximadamente desde los 1.300 metros de altitud en la cordillera occidental, hasta el Océano Pacífico. costeño: persona de la Costa, o relativo a la Costa serrano: de la Sierra. Sierra: Las partes más elevadas de la cordillera de los Andes entre la Costa y la Amazonía, correspondiente a los territorios sobre aproximadamente los 1.300 metros de altitud. Presenta un extenso «callejón interandino» franqueado por dos cordilleras volcánicas que desde altitudes de más de 6.000 metros se extienden hacia las llanuras cálidas.
INTRODUCCIÓN En la segunda mitad del siglo XX cobraron fuerza las voces que, desde varias regiones, disciplinas académicas, movimientos sociales e instituciones, sugerían que ante la crisis ambiental global se requería replantear el ethos dominante en el mundo. No solo era la bomba atómica, sino los pesticidas, la contaminación, la destrucción de las fuentes de agua y selvas. Antes se había insinuado asuntos similares, pero el impacto de aquellas voces no es comparable con el originado a partir de la década de 1960, por la dimensión global del movimiento. Tras la Segunda Guerra Mundial comenzó una segunda y más intensa ola del ambientalismo con el soporte público.1 Entonces, aunque muchas personas no quisieran asumir la responsabilidad de los daños ambientales, estaba claro que ya no podían despreocuparse de éstos.2 Fue en las décadas de 1960 y 1970 que apareció la historia ambiental, narrativa que buscaba nutrirse de diversos campos del conocimiento e integrarlos. El momen- to era propicio para el nacimiento de disciplinas de minorías tradicionalmente excluidas; por entonces también aparecieron las historias de mujeres, género, negros, chicanos, indios, gay y lesbianas, y la nueva historia social.3 Tiene precedentes en la historia agraria, del higienismo y las epidemias, de los cambios poblacionales, la energía, el clima, los bosques.4 De hecho, mucho material 1 Guha 2000, 3-4. Sobre el pesimismo ambiental de la posguerra véase también Marx 1992. 2 Worster 1988a, 5. Según González de Molina y Martínez Alier 1993, 11, «no es la primera vez que el género humano se enfrenta a graves crisis ambientales, pero es la primera que se extiende, en una dimensión planetaria, la percepción de una crisis ecológica.». Una consecuencia esperada si se considera que, si bien «no ha habido ninguna civilización ecológicamente inocente» (Deléage s.i. citado en: Martínez Alier 1993a, 44), también lo es que ninguna civilización ha depredado como la actual. Como es cierto que entre los siglos XIX y XX la cantidad de personas aumentó mucho. 3 Cronon 1993, 2. Sobre los antecedentes de la historia ambiental véase en castellano Galli- ni 2002 o Meléndez Dobles 2002. 4 Obras pioneras han sido, en Estados Unidos, las historias de frontera de Samuel Hays, o los trabajos geográficos de Carl O. Sauer, o los de Lewis Mumford. Y en Francia las de geógrafos e historiadores asociados con los Annales (revista fundada en 1929), interesados en incorporar el ambiente para explicar la historia de las sociedades, como Lucien Febvre (interesado en la base ambiental de la sociedad), Fernand Braudel con su estudio sobre las sociedades mediterráneas publicado en 1946, o Emanuel LeRoy. Ciertos historiadores
Introducción 21 ha estado listo durante generaciones y ahora se lo está reorganizando.5 Pero como hasta la década de 1970 no se había acuñado el término «ambiental» o «ecológico» a continuación de la palabra «historia», es cierto que «hablar de historia ambiental antes de la aparición del concepto puede ser un anacronismo.»6 En todo caso, hay quienes señalan que, dada la apuesta por la interdisciplinariedad, «la etiqueta ‘ambiental’ o ‘ecológica’ desaparecerá en cuanto los historiadores asuman la importancia explicativa de las variables ambientales y los científicos reconozcan la utilidad del pasado en el diseño de soluciones para el presente.»7 En muchos sentidos, la disciplina es un nuevo vestido para viejos planteamientos como la historia total de los Annales, y también, en parte, una reconfiguración de la ecología humana, dedicada a estudiar a la especie humana como integrante de la biosfera.8 Pero con sus particularidades. En primer lugar, la naturaleza adquiere categoría histórica: se convierte en protagonista y no únicamente escenario. Se trata «de hacer —y no sólo de escribir— una historia planetaria capaz de ir más allá de la tendencia, hoy dominante, a considerar a la biosfera como un mero contexto para el desarrollo de relaciones económicas y políticas entre las sociedades humanas.»9 Y en segundo lugar, la crisis ambiental no tiene precedentes y es necesario entender en qué momento se han construido las ideas y ejecutado las acciones que la han desencadenado, y cuestionar si responde al «natural desarrollo humano».10 Desde su formalización, muchas publicaciones, tesis, congresos, asociaciones y postgrados han visto la luz bajo el cobijo de la historia ambiental.11 Y por supuesto, la aparición masiva de publicaciones ha evolucionado conjuntamente con la necesidad de articular un discurso metodológico que justifique la necesidad de una nueva marxistas también debatieron la relación entre ambiente y estructura social (Martínez Alier 1993a, 19). 5 Worster 1988b, 292. 6 Camus 2001, 30. 7 González de Molina y Martínez Alier 2001, 19. 8 Funes Monzote 2003 señala que el estudio de las relaciones sociedad-ambiente «estuvieron integradas en la tradición enciclopedista y erudita de los siglo XVIII y XIX.» 9 Castro Herrera 2002, 92. Esta idea es sostenida por autores como Worster 1990, McEvoy 1993, 190; Sieferle 2001, 38; Arnold 2000, 9. Pensar la naturaleza como actora parece «natural» si se considera que ningún cronista puede hablar de una sociedad sin vincularla con la naturaleza (Brailovsky y Foguelman 1993, 11). 10 Pérez 1995, 19, señala que en muchas ocasiones, incluso dentro de estudios de historia ambiental, el «normal desarrollo humano» ni siquiera es problematizado, por ejemplo en Environmental history de Ian G. Simmons (1993). De todas maneras, la problemática es tan vasta que no hay unanimidad en torno a qué estudia la historia ambiental (Camus 2001, 12). 11 Entre las revistas se cuentan Environmental history y Environment and history, y cada vez hay más investigaciones; solo en la UAB, por ejemplo, he detectado dos tesinas sobre Suramérica (Guerrero 2000, Folchi 2003).
Introducción 22 disciplina, y de caracterizar sus objetivos fundamentales.12 Han surgido enfoques diversos y detractores. En ese sentido, su surgimiento puede ser comparado con el de la historia de la ciencia, o de la tecnología, con la particularidad de que nació de un propósito moral, con fuertes objetivos políticos detrás. Dicho esto, cabe anotar que la historia ambiental no pretende deslegitimar la tradicional historia económica y social, pero sí mostrar que la explicación de la crisis ecológica no responde únicamente a, ni puede ser explicada solamente en función de, cifras macroeconómicas y conflictos sociales.13 Se trata de «una nueva manera de entender la evolución de los seres humanos que implica un cambio radical de enfoque. Aspira sobre todo a ecologizar la historia.»14 En otras palabras: «Este replanteamiento crítico debe partir de un cambio epistemológico que restituya la unidad que nunca debió perderse entre el género humano y la naturaleza.» La reivindicación es, según González de Molina y Martínez Alier, por el: ...principio de coevolución social y ecológica a partir del cual edificar un nuevo discurso historiográfico más acorde con los tiempos. Un discurso menos optimista, más prudente con la evolución humana, donde el curso evolutivo no siempre fuera positivo; un discurso apoyado en nuevos valores, no únicamente el bienestar material o la cuantía de los bienes de consumo; un discurso más complejo, donde el objetivo no fuese el crecimiento económico sino la sustentabilidad.15 En definitiva, es una invitación a aprehender la relación humanidad-ambiente de forma holística, atendiendo al mutuo influjo, observando el carácter inseparable de los sistemas sociales y ecológicos (sin caer en determinismos), pues «la dinámica de las sociedades difícilmente puede explicarse sólo en función de las leyes de la Ecología y de la Termodinámica, ello es tan absurdo como pensar que pueden explicarse sin su influencia».16 No solo se pregunta por la influencia del medio en las 12 Nieto-Galan 1999, 5; 2004. Floréz 1998 analiza brevemente las preocupaciones de las tradiciones nacionales inglesa, francesa, estadounidense, australiana, sueca y china, y luego la latinoamericana. Véase también Sutter 2003. 13 En el caso de la historia económica, obliga a reconsiderar su forma de construir las contabilidades y los indicadores económicos, «internalizando» las «externalidades», por ejemplo el uso del agua, energía solar acumulada por la fotosíntesis, contaminación del aire, etc. (Martínez Alier 1993a, 26-27). 14 González de Molina 1993, 7. 15 González de Molina y Martínez Alier 2001, 9, 12. 16 González de Molina y Martínez Alier 1993, 15. Otros autores insinúan que no cabe prestar tanta atención a la influencia del ambiente en las personas, viéndolo como entidad autónoma, sino más bien dirigir la mirada al cambio ocasionado por las personas (por ejemplo McNeill 2003, 27).
Introducción 23 personas, sino de éstas en su entorno, preocupación que nace de la necesidad de encontrar «precedentes» de la crisis ecológica actual,17 por lo que a veces el resultado son historias pasionales y apocalípticas, inadecuadas para interpretar adecuadamente la historia aunque útiles para el movimiento ambientalista.18 En cuanto al método, en 1988 Worster propuso un programa de investigación que ha sido bien acogido quizás por su amplitud. Se trata de abordar el tema desde tres niveles.19 En primer lugar, el estudio de la naturaleza sin influencia humana. En segundo lugar, el estudio de las interacciones humanidad-ambiente y cómo se han modificado entre sí (un nivel material si se quiere). Y en tercer lugar la investigación de las visiones sobre el ambiente, es decir, un nivel más subjetivo en el se «presta especial atención al conjunto de ideas y representaciones que toda sociedad tiene sobre la naturaleza, ya que sus componentes actúan y se relacionan con el medio ambiente a partir de ellas. Legitiman o favorecen el comportamiento antrópico o por el contrario lo limitan o moderan.»20 Los tres niveles no son excluyentes, pero sí una guía para construir las narrativas y planear las investigaciones, aunque existan posiciones diferentes, o incluso enfrentadas.21 La historia ambiental y la historia de la ciencia Haber escogido un científico como protagonista de esta investigación responde en parte a mi interés por tender puentes entre las historias ambiental y de la ciencia. Los puntos de confluencia de ambas son aparentemente evidentes, pues como anota Martínez Alier, por la diversidad de representaciones que se hace cada cultura sobre su ambiente y sus relaciones con éste, «no se puede hacer historia ecológica sin 17 Sieferle 2001, 35. Véase también Arnold 2000, 16-41. 18 Por ejemplo Ponting 1992, Clapp 1994, McNeill 2003. 19 Worster 1988b, 293. Es seguido, por ejemplo, por González de Molina y Martínez Alier 1993, 17. 20 González de Molina 1993, 63. Hay personas que han propuesto definiciones más concretas. Radkau 1993, 121, por ejemplo, limita el ámbito de estudio a las interrelaciones, y nada explicita sobre las subjetividades. 21 Véase en González de Molina y Martínez Alier 1993, 14; y también Meléndez Dobles 2002, quien señala concretamente la propuesta de Carolyn Merchant de agregar un nivel correspondiente a la reproducción y género (en Merchant 1990), y la de Ilmo Massa quien divide el tercer nivel en dos categorías: políticas ambientales y toma de decisión en la sociedad en general (que incluye valores, ideologías e intereses de quienes toman decisiones) y el estudio de la historia mental e intelectual, de la historia de la conciencia ambiental, el esquema humano del entorno y sus recursos naturales. Meléndez Dobles está en desacuerdo con ambas propuestas pues considera que son parte de los tres niveles de Worster.
Introducción 24 hacer historia social de la ciencia y de la tecnología».22 La ciencia ha sido crucial para incidir en el ambiente, y con mayor intensidad en el siglo XX. Sin embargo conviene intentar afinar y preguntarse: ¿dónde confluyen sus comunidades intelectuales? ¿qué preguntas comparten ambas prácticas intelectuales? ¿qué debates de la moderna historia de la ciencia pueden aportar a la historia ambiental y viceversa? Hay que indagar en sus líneas de investigación y también suponer nuevos caminos. Los profesores de historia de la ciencia, como los de historia ambiental, dividen su tiempo entre las facultades de ciencias y humanidades, usan complejas fórmulas y teorías sociales para sus narrativas. La interdisciplinariedad aparece como un requisito de ambas,23 pues el reto es precisamente «comprender la interacción de sistemas naturales y socioculturales».24 Los científicos son un actor con quien deben dialogar permanentemente. Worster menciona que los historiadores ambientales necesitan científicos para aprehender, con los ojos de la ciencia ―y en particular la ecología, que es la ciencia que prefieren para narrar el impacto de la humanidad sobre el paisaje― las causas y efectos materiales de la crisis ambiental, de la misma forma que los científicos necesitan historiadores que les expliquen desde una perspectiva cultural e histórica tal crisis.25 Ambas historias, pero especialmente la ambiental, requieren desautorizar las correas de la compartimentalización y profesionalización del conocimiento y acercarse a los saberes científicos y entre sí, aunque ello aun deba concretarse pues como Dann y Mitman advirtieron en 1997, entre los historiadores ambientales y los de la biología, estaba lejos de ocurrir en la práctica.26 De cualquier modo, parece evidente que el mayor acercamiento es en torno a la ecología: a la historia de la ciencia le interesa en tanto disciplina científica y a la historia ambiental porque sus exponentes e ideas han influido profundamente en la naturaleza material y pensada. 22 Martínez Alier 1993a, 23. 23 González de Molina y Martínez Alier 2001, 9. 24 Sieferle 2001, 38. Más de un historiador comparte tal preocupación por integrar los aspectos materiales y culturales del cambio histórico (por ejemplo Arnold 2000, 14). 25 Worster 1996. 26 Al referirse a la «fertilización cruzada» entre historiadores ambientales, historiadores de la biología y biólogos, Dann y Mitman 1997, 302, escribieron: «...historians know little, from the perspective of bodily knowledge, about the real work that gets done by biologist in the field, similarly, biologists often fail to appreciate the real work of hours spent by historians in cramped and dusty archives [...] the relationship among academics resembles more the tower of Babel than true community. If we really seek to shatter the science/humanities and nature/culture dichotomies that paralyze action, we need to spend a lot more time living, working and playing in each other’s fields. »
Introducción 25 En su forma más actual, las historias de la ciencia y ambiental también coinciden en el lugar epistemológico para abordar la historia. Entender que las ideas científicas están integradas con otros factores culturales es un discurso compartido.27 Dann y Mitman han señalado puntos de coincidencia entre los temas de investigación que podrían ser explorados por las historias ambiental y de la ecología: el impacto de los medios de comunicación, el turismo, y/o la investigación biológica en ciertos sitios; la relación entre el trabajo humano y la naturaleza mediado por máquinas; o cómo la construcción de la naturaleza ha afectado la forma en que se han abordado las investigaciones biológicas;28 o la relación entre prácticas espirituales y ecología, pensando en ésta última inclusive como nueva religión; o la historia de la restauración ecológica que nada tiene de novedoso aunque pareciera reinventada cada momento, fijándose en su impacto social (en el caso de los proyectos emprendidos por Acosta Solís, es un tema pendiente). También señalan que ambas historias podrían confluir si buscan la pluralidad de la naturaleza, tal como la biología y la historia la investigan, y que el acercamiento entre ecología, biología e historia también puede evitar el endiosamiento de los biólogos por parte de los historiadores ambientales, al reconocer que éstos han participado en la transformación de la naturaleza, material e ideal. El reto sería evitar, al mismo tiempo, considerar la biología como la voz autorizada de la naturaleza, o adherirse al relativismo puro en sus formas más recientes. Para estos autores la historia y la ecología comparten su búsqueda de orden, y por ello no sorprende que ambas prácticas hayan sido influenciadas y recibido corrientes de pensamiento relacionadas con el caos y la contingencia.29 Pero hay más temas concretos que analiza la moderna historia de la ciencia y que son relevantes para la historia ambiental. En cuanto a la historia social de la ciencia, estudios sobre los mecanismos de legitimación pública de la ciencia y la tecnología, o la justificación de la explotación de los recursos naturales tienen mucho que aportar a la historia ambiental.30 Por ejemplo, en sociedades donde la tecnología es vista de forma dual en su relación con el ambiente (lo transforma pero también lo puede remediar),31 la historia ambiental accede a información que es 27 Cronon 1993, 14-16; Golinsky 1998. 28 Al respecto, el ecólogo Ramon Margalef 1968 citado en: Deléage 1991, 111, ha mencionado cómo los ecólogos reflejan las propiedades de los ecosistemas en los cuales han crecido y se han convertido en adultos. 29 Dann y Mitman 1997. 30 Nieto-Galan 1999, 8, 2004 31 Stine y Tarr 1994.
Introducción 32 Apareció una elite de forestales, entre éstos Pinchot que veía en los bosques servicios económicos y mercancías, en forma de madera, pulpa o pastos y para quien los valores estético y ecológico no eran significativos. También manejaba el principio de la equidad, porque creía que eso era más eficiente. Y también aparecieron los «preservacionistas», con la figura de John Muir del Sierra Club fundado en 1892, y que tenían más consideraciones estéticas que económicas.51 Los primeros parques nacionales fueron creados antes, en 1872, pero en 1916 se implantó una administración centralizada para su manejo.52 Pinchot era contrario a los parques. T. Roosevelt primero (1901-1909) y su primo Franklin Roosevelt después (en la década de 1930), fueron como Cárdenas en México: impulsaron la conservación para evitar pérdidas financieras inmediatas y futuras; compartían la creencia de que conservar era de interés público.53 T. Roosevelt era utilitarista y patriota, pero sus intereses por mantener espacios arbolados tenían una base diferente: era cazador y deseaba que sus amigos tuvieran espacios donde disparar a osos, venados y otros animales.54 Pero fue abogado supremo de la explotación científica en los Estados Unidos de principios de siglo, creó el Servicio Forestal, y en 1909 auspició la primera conferencia continental sobre conservación de los recursos naturales. Pero fue imposible resistir las demandas del sector privado (como en México);55 en la década de 1920 los valores del capitalismo fueron mayores que los de la equidad, y la orientación se dio hacia la productividad. Muchas iniciativas fueron dejadas hasta que la crisis de 1929 y la ecológica del Dust Bowl les dieron nuevo impulso, con F. Roosevelt a la cabeza, cuando el planeamiento se volvió esencial. También cambiaron algunos valores respecto a la naturaleza: por ejemplo en las actitudes hacia tradicionales «plagas» como lobos, que pasaron a ser protegidas. Conservacionistas de principios de siglo les hicieron la guerra (para manejar científicamente la producción de ganado) y luego otros conservacionistas las protegían, en un debate en el que la ciencia daba a todos razón. Así de amplio era el abanico, que originó lo que en última instancia era un debate moral sobre la posición del ser humano en el mundo.56 Conservacionistas y preservacionistas, en un territorio vasto que combinaba zonas prístinas con otras intervenidas, dieron pasos decididos. La nación acogía ambas. La idea de un espacio creado por dios para ser aprovechado 51 Hays 1994, 151-161; Bowler 1998, 232. 52 Acot 1990, 182. 53 Simonian 1999, 109. 54 Bowler 1998, 232; Worster 1994, 270. 55 Bowler 1998, 370-371. 56 Worster 1994, 261, 265, 275-276.
Introducción 33 por la ciencia convivía con la de un espacio creado por dios como santuario. Y ello pensar en una dicotomía tiene sentido apenas en figuras individuales radicalizadas por la historiografía (como Muir o Pinchot). Otra figura fue Aldo Leopold. Conservacionista-utilitarista de ideas similares a Pinchot en sus inicios, fue moderando su posición y cambiando sus valores hacia la naturaleza, hasta convertirse en líder de nuevos valores ecologistas, aunque nunca abandonó del todo su visión economicista. En sus últimos años combinó metáforas organicistas con mecanicistas, queriendo conciliarlas, en el momento de cambio de un enfoque utilitario a uno ecológico de la conservación.57 El conservacionismo ruso y soviético también es interesante. Allí, más que en Estados Unidos y México, la ecología tuvo un papel preponderante para la toma de decisiones conservacionistas, especialmente entre la revolución bolchevique y el ascenso de Stalin. Como en los casos anteriores, el movimiento incluyó múltiples aproximaciones y posiciones, que Weiner ha dividido en utilitaria, cultural-estética- ética y científica (siendo ésta última una basada puramente en la ciencia de la ecología). Como en Estados Unidos, los primeros pasos habrían sido dados por una elite de cazadores, pero también hubo biólogos que hacia 1911 ya fundaron una comisión permanente, al interior de la Sociedad Geográfica de Rusia, dedicada a la conservación. Y se fundó una sociedad de naturalistas dedicada a la protección de la naturaleza. Lenin ―como los primos Roosevelt― dio apoyo al conservacionismo, que en la década de 1920 ya estaba bastante institucionalizado. Primaba el enfoque utilitario y la ciencia como guía de buenas prácticas; los científicos, a diferencia de Estados Unidos, habrían estado convencidos de su rol social como líderes de la sociedad. En 1924 se fundó la Sociedad para la Conservación de toda Rusia que publicó «Conservación», medio de amplia difusión Un cambio en el gobierno (Stalin) dejó al garete estas iniciativas. Stalin era productivista al máximo y los conservacionistas fueron acusados de mantener un discurso burgués (¡precisamente lo opuesto que en Estados Unidos, donde se les acusó de comunistas!). Lysenko, conocido por su intento de fundar una nueva genética, fue uno de los principales opositores.58 Hubo otros casos. En Australia, por ejemplo, ocurrió una masiva erosión del suelo en la década de 1930, que llevó a que entre finales de esa década y la de 1950 57 Worster 1994, 270-274, 282-290. 58 Weiner 1988.
Introducción 34 se crearan instituciones dedicadas a la conservación del suelo.59 Y en Cuba también se decretó en la década de 1920 leyes de contenido conservacionista, y a comienzos de la década siguiente se creó la Escuela Forestal, desde donde se hizo una intensa divulgación en ese sentido.60 En el Plan Forestal del franquismo de 1940 se planteó la repoblación de casi seis millones de hectáreas en cien años, obra que llevó a Naciones Unidas a celebrar en Madrid el VI Congreso Forestal Mundial en 1966.61 Es necesario darse cuenta que no había personas aisladas. A la vuelta del siglo XX se comenzaba a cosechar, en forma de congresos y fundación de instituciones, la preocupación por la conservación de la naturaleza arrastrada de siglos atrás, como el XIX, con los parques en Estados Unidos, acuerdos de protección de focas en Behring o de protección de aves beneficiosas para la agricultura (París 1883 y 1895 respectivamente), instituciones británicas para conservar la fauna, especialmente aves y piezas de caza, el National Trust fundado en 1895, o la creación de reservas para la protección de las aves o de ciertas bellezas naturales, «común en Gran Bretaña».62 En la primera mitad del siglo XX hubo mucha actividad en torno al cuidado de los recursos naturales, que en la posguerra se convertiría en el gran movimiento mundial que es ahora el ambientalismo. Del siglo XIX se heredaban ideas y ejecuciones, como los primeros parques nacionales en Estados Unidos (Yellowstone, 1872), Nueva Zelanda (1884 -1887?) y Australia (1898). En 1909 ocurría en París el Congreso Internacional para la Protección de los Paisajes y poco antes, en 1900, había sucedido la primera Convención para la Preservación de los Animales Silvestres, Pájaros y Peces de África, cuyas decisiones influenciaron la organización de reservas de caza. En 1913 se reunió en Berna la primera conferencia de protección de flora y fauna con representación de 19 países, que designó una comisión consultiva permanente; convocado por la Liga Suiza para la Protección de la Naturaleza, muchos de sus impulsores eran geógrafos y botánicos preocupados por la destrucción de la naturaleza, por lo que desde 1910 un comité provisional ya se había reunido en Basilea.63 «Allí se presentó lo realizado en diferentes países que habían comenzado políticas de conservación» y había científicos como Hugo Conwentz que presentaron una serie de reservas en Alemania donde existía desde 1906 un 59 Robin 1998, 192. 60 Valero González 2003, 7. 61 Bauer 1991, 49 citado en: Fernández Pérez 1999, 22. 62 Acot 1990, 182; Bowler 1998, 232-233; Casado de Otaola 2000a; Anónimo, sin fecha, «History», en http://www.nationaltrust.org.uk/main/nationaltrust/history.html (descargado en mayo de 2004). 63 Acot 1990, 182-187.
Introducción 35 organismo estatal con este fin.64 En España la Ley de Parques Nacionales se aprobó en 1916, como fruto del trabajo de Pedro Pidal y al apoyo que tenía de Alfonso XIII.65 En la actual Indonesia, entonces Indias holandesas, el gobierno colonial decretó ese mismo año leyes de áreas protegidas.66 Y para entonces en Cuba, en el seno de la Sociedad de Historia Natural «Felipe Poey», se promovía con urgencia la protección de los bosques y se estudiaba la posibilidad de declarar reservas forestales.67 La institucionalización del conservacionismo dio grandes pasos tras el congreso de Berna de 1913. En 1923, en París, ocurrió el Primer Congreso Internacional para la Protección de la Naturaleza, que según Acot «representó la auténtica acta de nacimiento del movimiento de institucionalización que nos ocupa» y que abre un nuevo período de «lucha por el establecimiento de una institución internacional permanente». Ya había confrontaciones entre proteccionistas y cazadores y comerciantes de pieles que expusieron sus puntos de vista. En 1922 Argentina creaba el primer parque nacional (Nahuel Huapi) y en 1925 Chile (Benjamín Vicuña Mackenna, corta duración). Para 1928 funcionaba en Bruselas la Oficina internacional para la protección de la naturaleza (idea que venía desde Berna 1913), primera institución mundial dedicada al tema. En 1932 ocurrió el II Congreso Internacional para la Protección de la Naturaleza y un año después se reunió en Londres la segunda Conferencia Internacional para la Protección de la Flora y la Fauna Africana (Convención de Londres), donde se aprobó el concepto de parques nacionales; uno de sus resultados fue el marco para la creación del Parque Nacional Serengeti en 1951 por las autoridades coloniales británicas. En 1948 la institucionalización de la conservación había emprendido un camino sin retorno. La Liga Suiza para la Protección de la Naturaleza sugirió una nueva Conferencia Internacional para la Protección de la Naturaleza, que ocurrió en Basilea en 1946. Y en 1948 ocurrió una reunión en Fontainebleau (Francia) para crear la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, hoy Unión Mundial para la Naturaleza), institución que realizó un intenso lobby y publicó desde 1951 informes sobre el estado mundial de los recursos.68 En América se reunió la conferencia de Denver donde se concentró el espíritu continental interesado en la conservación de los recursos natu- 64 Casado de Otaola 2000a. 65 Solé i Massip y Bretón Solo de Zaldívar 1986, 27. 66 Jepson y Whittaker 2002, 130. 67 Valero González 2003, 5. 68 Acot 1990, 184-187.
Introducción 36 rales. La red continental y mundial existía, y las ideas estaban allí. Acosta Solís, en un pequeño país Suramericano, no era la excepción, pues había fundado en 1940 una institución y un medio de difusión conservacionista, y fundaría más, en un camino institucionalizador y de difusión sin retorno. La historia ambiental del Ecuador El Ecuador contemporáneo enfrenta una paradoja que, conforme pasa el tiempo, amenaza con cristalizarse en un círculo vicioso. Por un lado, en los discursos de las elites intelectuales, de los movimientos sociales, e incluso de ciertas elites económicas, se adivina un anhelo de democratizar la sociedad, de emular el camino de los «estados del bienestar» de la Europa occidental o de la sociedad estadounidense, ambas reflejo y resultado distinto de la aplicación del mismo paradigma económico. Alcanzar ese «progreso», ese «desarrollo», suele ser sustentado en la capacidad de los recursos naturales al interior del territorio ―pues el Ecuador no es una potencia colonial ni imperial, capaz de parasitar otras regiones― para dinamizar la economía. La riqueza natural es, como desde la conquista española, una «llave de prosperidad económica».69 No obstante, la destrucción y degradación de los recursos naturales es mayor cada día y el país cada vez más pobre: su deuda externa y la violencia interna se inflan, con lo cual la anhelada paz social se disipa entre cientos de palabras. En el caso de la sostenibilidad de los recursos naturales, pese a las áreas protegidas y estrategias de conservación, en gran parte de lo que es el actual Ecuador la entropía acumulada por la naturaleza durante millones de años (en forma de bosques, combustibles fósiles, etc.) es disipada con vértigo. En zonas como las provincias de Manabí o Loja, o el norte de la Amazonía, sustentar nuevos procesos productivos es difícil, inclusive de escala local, y se continúa presionando en nuevas fronteras como el centro-sur de la Amazonía, las selvas esmeraldeñas, el mar galapaguino. ¿Por qué parece imposible lograr la «sostenibilidad»? La situación es resultado de varios factores, entre éstos las relaciones coloniales ejercidas por el sistema capitalista internacional ―naciones industrializadas que compran materias primas y aprovechan la mano de obra barata―, y la concentración de riqueza en pocos grupos de poder al interior del territorio. Expoliar los recursos naturales, considerados inagotables, es la forma de mantener el statu quo que tienen unas elites 69 Simonian 1999, 19.
Introducción 37 ciegas de poder, dentro y fuera y del país. La demanda de los insaciables mercados internacional y nacional, lejos de mejorar el estado de las cosas, lo empeora, pues aumenta la desaparición de bosques, agua, fertilidad, etc. Pese a la riqueza natural, no ha habido una política que busque la sostenibilidad; por el contrario, la riqueza se ha entregado y se entrega a intereses extranjeros, al mercado internacional.70 El origen de esta situación suele ser ubicado en la conquista española, que habría marcado una discontinuidad histórica respecto a las relaciones que tenían los pueblos indígenas con su entorno, y entre sí.71 Ello, en un sentido amplio es acertado, pero en contextos particulares hay momentos más próximos en el Ecuador que marcan el inicio de transformaciones más radicales del espacio. Especialmente relevantes son los períodos de integración del territorio mediante vías de comunicación, con la consecuente incorporación de tierras a la producción para el mercado, transformaciones que han obedecido a un ideal de «progreso» que se alcanzaría tras incorporar el país al mercado internacional.72 Desde la segunda mitad del siglo XX, como resultado de este largo camino de «modernización», se ha intensificado la destrucción que continúa hasta la actualidad.73 Tal degradación de la biodiversidad, no obstante, no parece importante a una buena parte de la sociedad, especialmente la que se ha enriquecido a costa del manejo no sostenible de los recursos. Instancias como el Ministerio del Ambiente continúan siendo sistemáticamente subordinadas a aquellas dedicadas a producir para el mercado. La resaca ambiental arrecia en varias regiones, pero los ojos son desviados hacia territorios vírgenes. Los y las ecologistas, de ONG o grupos campesinos, o indígenas, o mujeres, ofrecen una resistencia que luce más por su ímpetu que por sus resultados, como demuestra la reciente construcción de un oleoducto de crudos pesados sobre una importante reserva ecológica en la zona de Mindo. Muchas universidades, ONG, agencias de cooperación e instituciones estatales han saturado el mercado de publicaciones sobre ambientalismo, y miles de archiveros contienen documentos inéditos con estudios sobre el tema, pero en el campo y en las ciudades 70 Larrea 2001. 71 Aunque se puede dudar que todos los indígenas mantuvieran relaciones animistas con el entorno. 72 En la época republicana (que arranca en 1830, con la separación del Ecuador de la Gran Colombia) momentos clave han sido la construcción de carreteras en la segunda mitad del siglo XIX, la conclusión del ferrocarril entre la Sierra y la Costa a principios del siglo XX, la construcción de más carreteras en las décadas de 1950 y 1960, y la incorporación de la Amazonía al territorio a partir de la década de 1970 (Salvador Lara 1983, xvi). 73 En el caso español, concretamente de la agricultura, esto ha sido estudiado de forma intersante por Naredo 2001, quien ha considerado variables que van desde la producción y uso de energía, hasta la calidad del agua.
Introducción 38 la situación, salvo excepciones notables, continúa deteriorándose desde la óptica ambiental. Podría mencionar ejemplos de la crisis del ambiente y el ambientalismo en el Ecuador, pero no es el objetivo, aunque lo dicho sirve para mostrar que es necesario tener una mirada histórica de las relaciones personas-ambiente. El campo es amplio, y en mi caso he escogido analizar las representaciones de la naturaleza, la relación con la naturaleza desde las ideas y cómo éstas llevan a actitudes hacia el ambiente, y he considerado que el ambientalismo es una actitud. Así, investigo historia ambiental al hacerla del ambientalismo. Estudiar las visiones del ambiente es clave pues las explicaciones estructurales no son suficientes por sí solas para entender la degradación ambiental y plantear soluciones; es necesario interpretar las ideas que motivan una u otra relación con la naturaleza para proponer alternativas. Un cambio en el modo de uso de los recursos naturales depende de revisar la balanza de exportaciones, la repartición de las tierras, la asociación económica regional, la internalización de las externalidades, o las tasas de contaminación, deforestación, etc., pero también el ethos de los actores que inciden sobre el ambiente. Indagar las representaciones de la naturaleza es por lo tanto clave para entender el cambio material y ayuda a explicar la compleja red multicausal de la degradación y abrir nuevos caminos para el debate en torno a las estrategias para mitigarla. Pienso que dedicarme a las ideas no implica desmarcarme de la historia material. Mi intención es lograr, de alguna manera, articular discurso y realidad. Con lo cual me he acercado a posturas epistemológicas aparentemente contradictorias: la teoría del discurso, que en sus formas más extremas ve incluso a la realidad como un discurso; y enfoques como la ecología política, que explican situaciones como la degradación ambiental con base en las teorías de sistemas, en las mismas interacciones materiales y asuntos que, desde mi óptica, no dejan de ser vigentes, como la lucha de clases.74 He estudiado las visiones de un científico entre las décadas de 1930 y 1950, parte del movimiento conservacionista, opuesto a ciertas características del modelo dominante de relación con la naturaleza. Me parece necesario en tanto el actual movimiento ambientalista ecuatoriano, disperso, conflictivo y débil, parece construirse cada día sobre nuevos cimientos, incapaz de mirarse en retrospectiva y reconocer su historia. La competencia por fondos, las rencillas profesionales y personales, la dificultad de cooperar en general han impedido construir una historia que cohesione y 74 Debo estas ideas a la lectura de Vallejo 2003.
Introducción 39 fortalezca al grupo. Tal mirada parece indispensable para formular políticas y decretar leyes que propendan a ejecutar un uso adecuado de los recursos naturales. En la historia hay sabiduría; el caso del científico que estudio, precursor del conservacionismo, no deja dudas. El tratar la vida de un científico no significa omisión voluntaria de empresarios, elites, políticos, educadores, profesionales de la salud, artistas, etc. La elección responde a mi interés de unir mis estudios de historia de la ciencia con la historia ambiental, y al de acotar. De cualquier modo, dado el protagonismo y responsabilidad que los científicos ―especialmente los dedicados a las ciencias naturales― han tenido en la construcción de la naturaleza, la elección parece adecuada.75 Por ejemplo, en Nature’s economy Worster aborda principalmente las visones que los ecólogos-as anglosajones construyeron de la naturaleza desde el siglo XVIII hasta el XX, contando como éstas se plasmaron en la ciencia de la ecología, el conservacionismo, el preservacionismo y finalmente el ecologismo o ambientalismo. Concretamente, se refiere a cómo el mundo viviente ha sido percibido con el apoyo de la ecología, y cómo ésta ha moldeado la visión de las personas de su lugar en la naturaleza. Agrega que su mayor contribución es ilustrar «una preocupación más profunda en las raíces de nuestra percepción contemporánea de la naturaleza». Señala cómo estos científicos se constituyeron en el grupo que podía enfrentar, con argumentos científicos, al desarrollo científico y tecnológico causante de la crisis ambiental; científicos que no se limitaron a sus investigaciones y entraron en política, movimientos sociales, programas de educación, aparecían en los medios, etc. Mucho más humilde, en mi narración abordo las representaciones que se tuvo de la naturaleza y su conservación en la primera mitad del siglo XX, para confrontarlas con la actualidad. Antecedentes que a mediados del siglo XX apuntan a una persona y su obra: Misael Acosta Solís. Pues sin duda, desde su trabajo como divulgador y como profesor universitario construyó buena parte de la idea que se tiene sobre la naturaleza. Un asunto que he evitado en lo posible es la narrativa basada en la explicación de una mala relación entre humanidad y naturaleza: la historia apocalíptica. Ello porque es lamentable constatar cuán frecuentemente se cae ―yo he caído decenas 75 Sin desmerecer otros grupos como los artistas; de hecho existen análisis de literatura o pintura en ese sentido, no solo de las sociedades contemporáneas, sino también de las precolombinas, pues como ha señalado Vitale 1983, 52: «A través de los motivos cerámicos, de los trabajos en metal, de los petroglifos y de otras manifestaciones culturales, el hombre aborigen expresaba su integración al sistema. En general, sus motivaciones culturales estaban inspiradas por su estrecha relación con la naturaleza.»
Introducción 40 de veces― en la problematización, dejando de lado la explicación. Mi trabajo no pretende ser una denuncia más de la crisis ambiental, bastante explorada y expuesta en el Ecuador y en el mundo.76 No me interesa hacer llover sobre mojado, pues existen suficientes fuentes al respecto. En cuanto a la historiografía ambiental, conviene empezar diciendo que en América, es Estados Unidos la región cuya historia ambiental ―y del ambientalismo― ha sido más explorada. En otras regiones como Europa (y su conglomerado de visiones), India, o Australia también se ha trabajado el tema de forma importante, y es interesante que quienes construyen esas historias suelen ser subversivos frente al sistema (consumo de energía, poder colonial, guerra, etc.).77 En Latinoamérica, la sistematización de la información ha sido acertada, pero en el conjunto el volumen es desigual, existe dispersión y desconexión entre las comunidades intelectuales vinculadas al campo, y no existen instituciones que permitan el flujo e intercambio continuo de información, aunque existen algunos intentos. La historia ambiental latinoamericana ―un diálogo intrarregional― está en proceso de constitución. Existen trabajos puntuales sobre países y temas concretos, pero salvo excepciones, faltan trabajos regionales (lo cual no me sorprende pues yo mismo he cedido a la visión subjetiva del Estado-nación).78 La historiografía ambiental de América Latina ha sido expuesta en varios trabajos, por lo que solo conviene señalar que en la región ―como en España― la disciplina se remonta a comienzos de la década de 1980 (si se excluyen las narraciones 76 Sieferle 2001, 36, señala cómo tal lectura parte de un ideal de «limpieza», afectado por las actividades humanas. Llama a este planteamiento «higienista» y señala que es exitoso en tanto se nutre de fuentes, ideas y metodologías familiares, y por ello genera pocas resistencias entre los historiadores. 77 Ello no evita que, al construir sus narrativas desde los estados del bienestar, lo hagan para esos estados. En todo caso, en este trabajo esa abundante literatura será aprovechada para establecer comparaciones, señalar continuidades y discontinuidades, enfoques comunes. 78 Castro Herrera 2003, 5-8. Sin considerar su relevancia cito algunas obras de carácter general: Galeano 1989, Cunill Grau 1995, Tudela 1990, Gligo y Morello 1980, Vitale 1983, y una propuesta más reciente y breve en Castro Herrera 2002. En cuanto a contextos de Estados-nación, hay obras sobre Chile (Camus y Hayek 1998), México (Ortiz Monasterio y Fernández Tijero 1987; Simonian 1999), Argentina (Brailovsky y Foguelman 1993). Trabajos puntuales pueden ser encontrados en las memorias del primer simposio de historia ambiental americana, en http://www.historiaecologica.cl/sesioncero.htm (descargado en octubre de 2004). Allí, Castro Herrera 2003 hace un análisis sobre el tema. Y en octubre de 2004 se celebró el segundo simposio, en La Habana, a cuyas memorias no he tenido acceso al presentar este trabajo. También conviene revisar las compilaciones de artículos de García Martínez y González Jácome 1999, y García Martínez y Rosario Prieto 2002. Además, hay una selección bibliográfica, incompleta pero en construcción, en http://www.stanford.edu/group/LAEH/. Otra bibliografía importante está en Meléndez Dobles 2002.
Introducción 41 sobre historia de la agricultura, tecnología, energía, ciudades, industria, geografía, entre otras). Por ello sorprende la poca penetración de la disciplina en el contexto ecuatoriano; en el país no existe ningún trabajo bajo el título de «historia ambiental» o «historia ecológica». Pero existen investigaciones sobre el tema y que detallo a continuación.79 En cuanto a la historia de la naturaleza misma, el entendimiento de cómo se organizaba y funcionaba en el pasado, en el libro Los antiguos paisajes forestales del Ecuador se reconstruye el aspecto de los ecosistemas de gran parte de la Sierra y Costa con base en crónicas y relatos de viajeros desde la conquista.80 Comparable a esta obra es el Mapa de vegetación del Ecuador continental, presentación gráfica de la distribución de las formaciones naturales hace mil años.81 También en este ámbi- to caben trabajos de Acosta Solís, por ejemplo sus artículos «Breves anotaciones sobre la historia de la climatología del Ecuador» y «El paisaje y la cubierta vegetal del Reino de Quito al arribo de los conquistadores españoles».82 Existen más trabajos sobre las relaciones personas-entorno. Son generosas las explicaciones sobre las maneras en que la humanidad ha aprovechado los recursos naturales.83 De la geografía histórica aparece El manejo del espacio en el Ecuador, donde se analiza la relación personas-ambiente a partir de la huella dejada en el espacio desde la prehistoria.84 La obra, de fines del siglo XX, continuaría la tradición de estudios geográficos de Pedro Vicente Maldonado, Juan de Velasco, Manuel Villavicencio, Teodoro Wolf, Francisco Terán, Carlos Tufiño, Telmo Paz y Miño y Luciano Andrade Marín.85 En la historia del espacio también se enmarca «Una breve historia del espacio ecuatoriano», módulo de enseñanza con similar 79 Dado que mi investigación ha sido realizada en Catalunya, esta lista no puede ser más exhaustiva, y por lo tanto seguramente han quedado fuera artículos sobre historia agraria, forestal, del paisaje, de uso de recursos, entre otros, que servirían para construir la historia ambiental del Ecuador. Habría que incluir por ejemplo documentos (impresos y visuales) sobre impactos ambientales derivados del uso de agroquímicos, contaminación, explotación de los recursos, o urbanización, producidos especialmente durante las dos últimas décadas del siglo XX cuando la crisis ecológica puso en la agenda de gobiernos e instituciones el tema. Los estudios sobre conflictos alrededor del acceso y uso de los recursos naturales son importantes. Y también las crónicas de las expediciones científicas y de los naturalistas locales de siglos pasados caerían en esta categoría, por ejemplo las observaciones de Humboldt, La Condamine, Tafalla, Malaspina, entre otros. Es una lista muy amplia. 80 Hidalgo 1997. 81 Sierra y otros 1999. 82 Acosta Solís 1943b, 1973. 83 Quizás esta abundancia responde a la herencia de las generaciones dedicadas a narrar los conflictos por los usos de los recursos y a colocar la naturaleza como una víctima del proyecto desarrollista de la humanidad (McEvoy 1993, 190). 84 Deler, Gómez y Portais 1983. 85 Salvador Lara 1983, xii-xiii.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 48 lacio de gobierno en Quito. El ferrocarril abrió el mercado costeño a los productos de los valles fértiles de las provincias serranas que atravesaba (Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y Pichincha): la frontera agrícola se amplió de forma acelerada y dio cuenta de los bosques en muchas zonas, entre éstas la hoya de Patate donde está Ambato, dejando apenas unos relictos.5 Ser arriero ya no era oficio rentable, y desde el año que nació Misael, primero entre ocho hijos e hijas, sus padres se dedicaron a la agricultura en sus propiedades rurales de Huachi y Picaigua, al este de Ambato, aunque tenían su residencia en el área urbana ambateña, en la calle Benigno Vela.6 Era un buen momento para la producción, como atestigua la movilidad de cantidad de alimentos enviada a la Costa que aumentó 150 veces entre 1908 y 1925.7 Entre 1920 y 1938 la carga transportada por el ferrocarril se incrementó en más de tres veces, siendo los principales productos patatas, cereales, ganado y productos lácteos.8 La crisis del cacao, desde fines de la década de 1910, también contribuyó pues redujo los ingresos en la Costa, impidió continuar la desmedida importación de alimentos y dio empuje a la producción alimentaria serrana.9 El desarrollo agrícola orientado a mejorar la productividad mediante la introducción de nuevas técnicas, especialmente la mecanización, se volvió importante.10 Desde principios de siglo se comenzó a modernizar el agro con sistemas de riego, reforestación con eucalipto, importación de semillas seleccionadas, nuevas técnicas de cultivo e introducción de maquinaria.11 Algunos autores incluso han interpretado que la abolición del concertaje en 1918 habría respondido al impulso por modernizar el agro serrano para su integración al mercado nacional y satisfacer la creciente 5 Hidalgo 1997, 68-69. 6 Pérez Pimentel 1997, 1. 7 Según Kim Clark, citada en Larrea 2001, 25. El tráfico de mercaderías llevadas por el ferrocarril entre Quito y Guayaquil de 1910 a 1927 consta con detalle en Deler 1983, 213, 215. 8 Larrea 2001, 26. 9 Es paradójico, no obstante, que fuera la misma riqueza del cacao la que permitió este auge, por la capacidad adquisitiva de la Costa. 10 Desconozco si hay trabajos sobre la historia de la penetración de la mecanización en el contexto ecuatoriano. Sería interesante saber, por ejemplo, si hubo resistencias al tractor o a los automóviles como en el caso argentino (Brailovsky y Foguelman 1990, 285-286) o algún tipo de «ludismo» comparable ―con las distancias pertinentes― al de la Inglaterra industrial (Randall 1994). Un testimonio maniqueísta de la segunda mitad del siglo XIX señala las rudimentarias prácticas agrícolas y la resistencia de los indios a mejorarlas (Hassaurek 1993 [18??] citado en: Pérez 1995, 37); ahora bien, los hacendados también se opusieron a la modernidad, representada por la apertura de carreteras que debilitaban su poder local. Ilustrador es el caso de la construcción del eje Cuenca-Naranjal (Pérez 1995, 41). 11 Deler 1983, 213-214.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 49 demanda de alimentos desde las urbes, para lo que el sistema del concertaje ya era decadente.12 Y no solo era agricultura: pocos años antes, en 1906, se introdujo una raza de ganado de gran productividad lechera en la Sierra, la holandesa Holstein Fresian.13 Y también, en menor medida, había un auge por la integración del sur de Colombia al mercado serrano. La discontinuidad en el proceso agrícola llevaba algunos años. Como ha señalado Pérez, a fines del siglo XIX y principios del XX cambiaron de manera más acelerada «las técnicas de producción y los principios consuetudinarios que regían el aprovechamiento de los recursos», con una sociedad proyectada a sepultar la barbarie del pasado colonial. El objetivo fue «enrumbarla hacia la civilización, encarnada a juicio de las élites políticas e intelectuales, por los países europeos». El proceso habría comenzado con Gabriel García Moreno, en 1860 (con la apertura de carreteras, racionalización de los transportes, reorganización de los mercados, fomento de la ciencia ilustrada) seguido por Eloy Alfaro a fines del siglo XIX y comienzos del XX, y finalmente por Galo Plaza en 1948, cada presidente con su estilo. En este largo período el paisaje cambió de forma evidente.14 En este proceso «civilizatorio», de progreso y consolidación del dominio de la naturaleza para erradicar la barbarie, el ferrocarril fue fundamental, pues integró la Sierra al mercado, región que enriquecía su economía hasta el punto que hacia el final de la década de 1920 igualaba a la Costa en número de establecimientos bancarios y además contaba con el Banco Central, creado en 1927.15 Para 1921, los productos costeños seguían siendo predominantes en las exportaciones agropecuarias y forestales (más del 90%), mientras menos del 5% del valor de lo transportado desde la Sierra era para la exportación. 12 Deler 1994, Clark 1993 y Pérez 1995, citados en Larrea 2001, 26. El concertaje era un convenio, de ordinario vitalicio, entre el hacendado y el campesino carente de tierras, que se dio especialmente en la Sierra. Éste y su familia se comprometían a trabajar para el hacendado todo el año o la mayor parte de él por un pago en anticipos de dinero, grano o animales, un pedazo de tierra prestado (huasipungo) para el sustento de su familia, una cuota mensual o trimestral en granos una muda de ropa para el año, el agua de la hacienda, la leña del monte y un sitio para el pastoreo de sus animales. Aunque estaba convenido el pago de un jornal, se descontaban los daños en las sementeras, rebaños y hatos, con lo que el concierto vivía constantemente endeudado. La deuda se trasladaba a la viuda y a los hijos. Aunque fue abolido, este sistema solamente cesó (y no del todo) con la Reforma Agraria de 1964. 13 Véase Deler 1983, 214 (nota al pie). 14 Pérez 1995, 1-2. Esta autora sitúa el momento de ruptura del ritmo lento, el arribo de la modernidad, en los proyectos de García Moreno, cuestionando tesis que sitúan esta discontinuidad en la revolución liberal de 1895. Para un resumen de la institucionalización de las ciencias naturales en el Ecuador de mediados del siglo XIX véase Fitzell 1996. 15 Deler 1983, 209-210, 216.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 50 Alfaro habría tenido el mismo afán civilizador que García Moreno, pese a ser liberal y no conservador. La diferencia radicaría en que Alfaro descartó la centralidad de dios y la religión para articular la nación, colocando en su lugar al mercado y al progreso tecnológico, encarnado en el ferrocarril.16 Pensaba que tras el silbato civilizador de la locomotora «cuando el progreso haya transformado los hoy casi incultos campos del interior en enjambres de fábricas y los villoríos y aldeas en factorías, el Ecuador ocupará el puesto que de antemano le ha señalado la naturaleza y el noble esfuerzo de sus hijos.»17 Este discurso construyó una realidad, una naturaleza, con el aparecimiento de especialistas e instituciones que actuaron en concordancia con tal idea.18 Uno fue Acosta Solís. Acosta Solís, Alfaro y García Moreno compartían la idea de combatir, vencer y dominar la naturaleza para el progreso, y por eso no sorprende que el primero hiciera buenas migas, en 1948, con Galo Plaza, continuador de esta tradición. Pero Acosta Solís nunca mencionó a Alfaro como hombre de progreso; se refería únicamente al conservador García Moreno como el modernizador del Estado, lo que revela sus afinidades políticas en sus primeros años. Los paisajes alrededor de Quito sufrieron una profunda transformación, convertidos en proveedores de productos agrícolas y madera para energía y construcción en la urbe. El campo se divorció de la ciudad; fue subordinado a ésta, convertido en proveedor de recursos; ajeno al centro de la banca, finanzas y burocracia. Separación que respondió al deseo modernizador, de civilización y progreso, pero que también dio paso a pensamientos bucólicos sobre la naturaleza perdida, tan presente en los románticos del siglo XIX.19 Quizás en esta contradicción, en este dilema, es donde radican muchas ideas de Acosta Solís, abocado al progreso pero amante al mismo tiempo del campo. Sierra y Costa se habrían unificado finalmente en 1940. La incorporación de la Sierra centro-norte al mercado, con el cambio en los sistemas de producción agrícola, convirtió viejos recursos en nuevos bienes. La tierra, el agua, el bosque o el páramo, fueron mercancías susceptibles de ser explotadas.20 También en este contexto de apropiación de un territorio-mercancía, de cambio en las formas tradicionales de apropiación del espacio y sus recursos se sitúa el conservacionismo de Acosta Solís. 16 Pérez 1995, 51. 17 Eloy Alfaro, Mensaje especial del Poder Ejecutivo, 1896, citado en: Pérez 1995, 51. 18 Said 1979 citado en: Pérez 1995, 51. 19 Pérez 1995, 5, 24, 47. Conviene aclarar que esta autora evade las categorías campo/ciudad mediante una aproximación regional a la historia del espacio. 20 Pérez 1995, 43, 54.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 51 Una consecuencia casi «lógica» si se considera la descripción de los alrededores de Quito de Pérez: Las superficies cultivadas crecen a costa de los bosques, acelerando el proceso de deforestación y desprotegiendo los suelos frente a la erosión. El uso tradicional integrado entre ganadería, bosque y agricultura que había producido paisajes muy heterogéneos acabó fragmentándose en explotaciones exclusivamente ganaderas o agrícolas a detrimento de los otros espacios, antaño reservados a bosques, páramos y pastos naturales. El paisaje heterogéneo se homogeniza, transformándose en una progresión de pastizales artificiales para carne y leche y cultivos de cereales y hortalizas para la ciudad [...] los bosques alrededor de la ciudad de Quito se convierten en madera de construcción para espacios urbanos en expansión; y en leña y carbón para alimentar las ladrilleras y las cocinas de la creciente población urbana. Transformados los bosques en energía, el espacio dejado atrás se reconvierte en pastos artificiales para una ganadería productora de leche y carne para la ciudad. Los suelos que otrora producían mayoritariamente para la familia ampliada del hacendado y los campesinos conciertos ahora se consagran a la producción de alimentos de consumo masivo. La tierra ya no tiene tiempo de descansar. El barbecho desaparece. Es sustituido por rotación de cultivos y posteriormente, por fertilización química y plaguicidas. Se intensifica el uso de las aguas, por lo que en la región aumentan considerablemente los litigios por su acaparamiento, aprovechamiento y posesión.21 También se vivían los últimos años del auge cacaotero que había comenzado en 1860 y enriquecido a selectos grupos costeños. A principios del siglo XX el país suministró hasta el 25% del cacao mundial y éste representaba el 70% de las exportaciones,22 pero desde 1914 la producción comenzó a declinar y en 1920 la crisis fue evidente. Varios factores conjugaron contra la oligarquía agroexportadora, como la gran guerra, pero fue ella misma uno de los principales, incapaz de prevenir y enfrentar las plagas. El Ecuador reflejaba la tendencia de las nuevas repúblicas americanas: dependencia en la exportación de algún producto básico, que lo volvía vulnerable a las fluctuaciones externas,23 y que lo llevó, en la década de 1920, al comienzo de una prolongada crisis económica, política, social y ecológica; un tiempo de recesión prolongada con sutiles «momentos de relativa recuperación» y que se extendió hasta la Segunda Guerra Mundial. En 1925 se acababa definitivamente el apogeo de los agroexportadores y banqueros de la Costa y el poder volvía a la Sierra, con la revolución juliana.24 En palabras de Quintero y Silva: «En el período que media entre las dos guerras mundiales, la evolución económica del Ecuador transcurrió a saltos 21 Pérez 1995, 44-45. 22 Larrea 2001, 16-17; Deler 1983, 202. 23 Tudela 1990, 77. 24 Deler 1983, 209.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 52 y se vio frenada por una larga recesión. Recurrentemente surgía el caos en la incipiente economía capitalista del país. Millones de ecuatorianos padecían la situación de este capitalismo subdesarrollado.»25 En 1912 fue asesinado, con muchos de sus coidearios, Eloy Alfaro, y se sucedieron intensas convulsiones políticas, marcadas por luchas entre liberales y conservadores, sucesión abrupta de personajes en la presidencia, dimisiones, asesinatos, proclamaciones múltiples, guerras (o mejor dicho escaramuzas) civiles, etc. Así estaban las cosas cuando el niño Misael Acosta Solís acompañaba a su padre a las siembras, podas, cosechas y demás avatares de la vida agrícola, cuando comenzó su interés por la naturaleza y su afán coleccionista. Como dijo él mismo: «Nací naturalista. Yo nací para ser científico. Desde niño guardaba conchitas, insectos, hojas. Desde los cinco, seis años, montaba a caballo por la hacienda de mis padres en Huachi (Ambato) y observaba todo lo que podía.». Reconoció entre sus impulsores a su padre, a quien «le gustaba mucho la agricultura.» También a su familia, abuelos, quienes tenían «muchas propiedades; y yo estaba siempre por ahí, en contacto con la naturaleza.» Y añadía: «Ahora que recuerdo, también me hice naturalista porque leí mucho a Julio Verne y otros autores así.»26 Vivió sus años de infancia y juventud en un tiempo de expansión económica. Las excursiones por las regiones agrícolas de Tungurahua con su padre, en solitario o acompañado durante el colegio y universidad, ayudaron a su vocación y le sirvieron como referente para comparar con otras regiones de la Sierra. Su afición excursionista explotó en su juventud: a los 15 años recorrió los páramos del Carihuairazo acompañando a los indígenas que traían la nieve hasta el mercado de Ambato, experiencia que marcó una de sus pasiones ―las tierras altas― y que lo llevó a recorrer casi todos los páramos y nevados del territorio ecuatoriano.27 Y sistematizaba sus observaciones, asunto en el que fue especialmente prolijo. ¿De dónde le venía el afán excursionista? Además de su familia, ¿qué papel jugaron otros excursionistas nacionales, y particularmente ambateños? ¿Había en el país, o en su colegio, sociedades excursionistas? Son preguntas que deberían ser investigadas pues es posible que, como en el caso español, se descubra allí precursores de la contemporánea actitud de amor por la naturaleza y el paisaje.28 Por lo 25 Quintero y Silva 2001a, 404. 26 Laurini 1992. 27 Acosta Solís 1984, 8. 28 Casado de Otaola 2000a,b.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 53 pronto, solo he sabido de la Sociedad Ecuatoriana de Exploradores, de la cual formó parte desde 1938. Vivía en una región seca (menos de 500 mm anuales de precipitación), en sectores árida (por ejemplo Saquisilí, en la zona de influencia de las erupciones del volcán Cotopaxi), pero que también albergaba espacios húmedos como la zona de Píllaro, donde las perturbaciones volcánicas eran menores. En la zona de la hacienda Leito, por ejemplo, había bosques andinos que aun eran explotados a fines de la década de 1930.29 El tema de la conservación, concretamente de los suelos, le preocupó de niño. El texto con el que comencé este capítulo es parte de unos recuerdos de su infancia sobre la que también escribió: El asunto de la erosión me preocupó desde mi niñez; pues, mucho me impresionó ver el arrastre de las capas superficiales de la tierra, del limo y del abono, juntamente con el agua de riego y me daba mucha pena observar que al hacer los «riegos semanales», el agua vencía mis fuerzas infantiles y se llevaba la tierra y parte de los cultivos de los «canterones» mal construídos o hechos a desnivel desproporcionado [...] Todo esto fue cuando yo tenía apenas 11 o 12 años de edad.30 Crecía mientras en el mundo se daban pasos ―más o menos decididos según la coyuntura política― en México, Estados Unidos o España, de institucionalización de la administración científica de los bosques y de la cooperación internacional para la preservación. Pero en el Ecuador eran tímidas las iniciativas conservacionistas. El 13 de abril de 1920 se celebró por primera vez el Día del Árbol en Quito, cuyo impacto llevó al presidente Alfredo Baquerizo Moreno a decretar su repetición anual en todas las escuelas primarias, en lo que constituye uno de los primeros decretos conservacionistas del siglo XX en el Ecuador.31 Basaba tal decisión en dos consideraciones: «Que es conveniente y aún necesario fomentar en la niñez ecuatoriana el amor a la Naturaleza, como una enseñanza altamente provechosa y civilizadora; Que para obtener este fin se ha reconocido como uno de los medios más eficaces la celebración de la Fiesta del Árbol.»32 Pero además de motivos educativos, éticos y estéticos, también los tuvo económicos: los bosques de la Sierra, especialmente los valles, estaban deforestados ―salvo donde se había sembrado eucalipto― por la 29 Hidalgo 1997, 66. 30 Acosta Solís 1952a, 11-12. 31 La iniciativa nació dos años antes, el 13 de abril de 1918, cuando en recuerdo de los maestros Juan Montalvo, Federico González Suárez y Luis Felipe Borja se celebró una ceremonia íntima. Al año siguiente, al repetirla, la Sociedad Pedagógica de Pichincha resolvió institucionalizar no sólo el Día del Maestro, sino también el Día del Árbol. 32 Registro Oficial del 16 de junio de 1920.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 54 demanda de leña del ferrocarril, y por la ampliación de la frontera agrícola y ganadera. Cuando Acosta Solís demandaba, décadas después, la reinstauración del Día del Árbol, recordaba que su ejecución se fue diluyendo y cayó en el olvido.33 Escribía sobre la celebración de 1920 con una mezcla de orgullo y tristeza, contando que si bien en varios sitios se plantaron más de cinco mil cipreses, «Desgraciadamente la casi totalidad de arbolitos plantados entonces han desaparecido, por una u otra causa, pero principalmente por la ignorancia e incomprensión del significado y de su importancia para el futuro de la educación forestal.»34 Es posible que tal fracaso se debiera a que en septiembre de ese año llegó un nuevo inquilino al Palacio de Gobierno; no sería la primera vez que un asunto relacionado con la conservación se resuelve al margen de criterios técnicos.35 Fue al Liceo Montalvo de Ambato y en 1922 al Colegio Nacional Bolívar donde cuatro años después ganó un premio de geografía por su trabajo sobre la cuenca amazónica y el canal de Kiel en el Mar Báltico. A sus 18 años el colegio auspició su primera publicación: Frutas de la tierra ambateña, monografía ilustrada de 48 páginas que había ganado el primer premio en el concurso del colegio.36 Era considerado por sus colegas un «empollón» pues hacía y estudiaba más de la cuenta; reclamaba inmediatamente ante cualquier examen con nota 9,5 y los profesores le decían «Sí guambrito, tienes razón, sacaste diez», y si no, corría a esconder el llanto que el 9,5 le provocaba.37 Explicaba el ser buen estudiante y científico, pese a ser provinciano, por la condición adinerada de sus padres. Ser provinciano ―dijo― no fue impedimento: «porque era el mejor estudiante y el único que podía comprar libros. Era chagra [campesino y mestizo] rico. Nunca fui a una biblioteca, siempre estaban llenas, había dos libros para cada 50 estudiantes. Yo no perdía el tiempo. Mi padre compraba todos los libros que necesitaba. Ahora tengo la biblioteca de Ciencias Naturales más grande del país. Además mi padre me pagaba un buen hotel y comedor, para que no espere en los comedores que iba toda la gente».38 Con el acceso abierto en los años de colegio leía todo libro que caía en sus manos, «espe- 33 Países como Cuba habían decretado la celebración de esta fiesta desde la década anterior (Valero González 2003, 9). 34 Acosta Solís 1945c, 217. 35 Siguiendo, como en tantos otros casos, la cuarta ley de Kranzberg 1997, 11: «Although technology might be a prime element in many public issues, nontechnical factors take precedence in technology-policy decisions.» 36 Pérez Pimentel 1997, 1. 37 Laurini 1992. «Guambrito» significa, en quichua, «muchachito». 38 Laurini 1992.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 55 cialmente si se trataba de aventuras y viajes imaginarios», pero también de ciencias como los de ciencias naturales de Lino Vaccari.39 Los años de colegio también fueron los de sus primeras excursiones de colección de plantas, especialmente de interés alimentario y económico. El año de su graduación de bachiller, 1930, es el de su primera excursión con números de colección de herbario: en enero colectó plantas de valor económico en las huertas de Ambato, que van del número MAS 1 al MAS 50,40 y en agosto y septiembre, antes de ingresar a la universidad, continuó esta herborización. En su primer año universitario escribió lo que luego nombraría como su primer trabajo sobre conservación: la monografía «Geología y vegetación de Tilúlum: estudio entre Casigana y Aguajan, al SO. de Ambato», fechada el 30 de diciembre de 1930 como trabajo del curso de geología.41 Una importante influencia fue la del geólogo Augusto N. Martínez, geólogo e incansable explorador, profesor suyo en el Colegio Bolívar y luego en la Universidad Central. Lustros más tarde dijo que debía mucho de su conocimiento a su maestro y amigo el Dr. Martínez añadiendo que «él me inclinó definitivamente a las Ciencias Naturales.»42 De hecho, lo impulsó a crear el Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales a comienzos de la década de 1940. Un observador escribió que la visita más grata para Martínez en su retiro: es la de su discípulo y ―según sus mismas frases― sucesor y heredero de sus conocimientos científicos, Misael Acosta Solís [...] Alumno del Dr. Martínez en los cursos de Geología, Petrografía y Mineralogía, en la Universidad Central, siguió también, bajo los auspicios y enseñanza del mismo Profesor, estudios de especialización sobre Andinismo, Vulcanografía y Botánica Sistemática.43 Pero también fue influenciado por su contexto. En la década de 1920 Ambato era el primer mercado agrícola, nudo de intercambios regionales. Su ubicación en el corazón de los Andes centrales, atravesado por la línea férrea, cerca de un tradicional 39 Pérez Pimentel 1997, 1. Probablemente se refería a obras de este botánico italiano tales como: Cómo viven las plantas: biología y morfología vegetal, Cómo viven los animales: biología y morfología animal; o El hombre, los animales y las plantas: nociones de morfología y biología, entre otras (Araluce: Barcelona). 40 MAS son las iniciales de Misael Acosta Solís, hecho que se prestaba a juegos con el lenguaje que el mismo protagonista contaba. Su libro de excursiones está inédito ―y desconozco si se ha perdido―, por lo que las referencias a sus excursiones provienen del resumen de éstas hasta 1950 realizado por Carrera 1992. 41 Carrera 1992 data este trabajo en 1933. Hubo una segunda edición en 1972, que apareció en el Boletín de Informaciones Científicas Nacionales no. 103-104 (julio-diciembre). 42 Acosta Solís 1944c, 225. 43 Pablo Balarezo Moncayo, «La maravilla de Ambato», 1942, citado en: Acosta Solís 1944c, 226.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 56 paso de caminos a la Costa y la Amazonía, y su densa población dedicada a la agricultura tenían mucho que ver en eso. En 1921 la ciudad contaba con un banco local (Banco del Tungurahua) y sucursales de bancos de Quito, Guayaquil y Riobamba, «al parecer la única ciudad donde esto sucedía». Asimismo, fue el centro de una industria relativamente diversificada y concentró el 20% de la industria textil, siendo el segundo centro después de Quito. Contaba con molinos, industrias de madera y muebles, cueros, alimentos, y su población era la cuarta del país.44 Estudiante y profesor en la Universidad Central A fines de 1930 Acosta Solís viajó a Quito e ingresó en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Central, coincidiendo con las secuelas de la crisis económica mundial desatada en 1929, que repercutió en las exportaciones ecuatorianas como en las de otros países de la región (aunque la crisis del Ecuador venía desde la caída del cacao). También coincidió con los intentos de muchas economías latinoamericanas por promover un desarrollo industrial por sustitución de importaciones,45 pues la dependencia de mercados externos podía ser fatal. Si bien tal industrialización no ocurrió en el Ecuador como en Brasil, México o Colombia ―fue incipiente, tardía y postrera― ello no impidió que Acosta Solís y otros científicos se convirtieran en voceros de la necesidad de alcanzarla.46 La comunidad científica anhelaba la producción industrial para los mercados interno y externo, y por eso Acosta Solís lamentó continuamente entre las décadas de 1930 y 1950 la no industrialización del país. Y también había un auge de la producción agrícola y ganadera, y la ciencia fue requerida al servicio de la agronomía. De hecho, desde comienzos del siglo XX el agrónomo venía consolidándose en contraposición al hacendado tradicional, pero 44 Deler 1983, 217-219. 45 Aunque el modelo formal de «sustitución de importaciones» arrancó cerca de 1950, también se usa el concepto para describir el fenómeno de industrialización latinoamericana en 1930. 46 Entre otras razones de esta limitada industrialización, Larrea 2001, 26, señala el limitado desarrollo del mercado interno, la extrema concentración de la tierra y del ingreso, la débil urbanización y la escasa reinversión del excedente cacaotero. Villalobos 1990, 86 señala la hegemonía de los sectores exportadores de productos agrícolas primarios, asunto que habría sido similar en Argentina (Brailovsky y Foguelman 1990, 258 y ss). En 1928 había 15 fábricas textiles en la Sierra, región donde se activó, por decirlo de alguna manera, el proceso de industrialización, pues en la Costa se mantuvo un modelo predominantemente agroexportador (Larrea 2001, 26).
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 57 no separados pues se argumentaba que tenían similares intereses y las ideas eran buenas para la nación. Un pequeño grupo interesado en crear una ruptura hacia la modernidad se agrupó alrededor de la Sociedad Nacional de Agricultura, creada en 1913 en Quito. El interés era la enseñanza, la modernización y el fomento de industrias agrícolas. A través de su revista se pensó sobre el agro y se propuso transformarlo, en su estructura de acceso y uso. La agricultura llevaba algunos años modernizándose, con nuevas técnicas como la fertilización, el riego, la introducción de eucalipto y nuevas semillas, la selección y mejora del ganado. La Sociedad de Nacional de Agricultura estaba «impregnada con las ideas de la razón, ciencia y civilización manteniendo la seguridad de la mano de obra incondicional dentro de la hacienda». La ciencia tenía un papel que cumplir; era necesario difundir y ejecutar el conocimiento científico y cambiar la agricultura del esfuerzo muscular por otra dinámica, emulando a Inglaterra, Francia, Suiza. La idea de una administración científica, matemática, estaba a tono con otros cambios en la sociedad. Las mismas propiedades, otrora extensiones cuyos límites eran quebradas ríos, o montañas, ahora se medían en hectáreas. El espacio pasó de geográfico a geométrico,47 y así también debía ocurrir con su manejo, en tierras agrícolas y en bosques. Así, la formación universitaria de Acosta Solís y el comienzo de sus campañas conservacionistas ocurrieron en un contexto de preocupación por mejorar la productividad. Se daba cuenta del problema que significaba que los agricultores serranos descuidaran los recursos que proveían riqueza: suelo, bosques, agua. La década de 1930 también fue de convulsión política: nada menos que 17 gobernantes desfilaron por el palacio de gobierno ―en 1932 fueron cinco― y hubo una guerra civil. De hecho, entre 1925 y 1948 se sucedieron 23 gobiernos, en igual número de años.48 Fue una década de auge de luchas campesinas y obreras, de irrupción en el panorama político de los partidos socialista y comunista, de formación de organizaciones de trabajadores, de movilizaciones y huelgas de los obreros textiles y campesinos. Y de brutal represión, que se extendió hasta fines de la década de 1940; el poder de las tradicionales clases dominantes ―divididas y sin proyecto, pero dominantes― era puesto en juego ante el primer proyecto político que abrazaba una fuerza social que podía «asumir el rango de nacional». El poder pasaba de la Costa a la Sierra, de liberales a conservadores, de terratenientes a agroexportadores, a banqueros, comerciantes, y aparecían masas populares que re- 47 Pérez 1995, 2, 38, 46, 55-58. 48 Cueva 1990, 96, 112.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 64 la agricultura, industrias, la medicina, etc.»; lo que llamaba «botánica aplicada y práctica». Añade que es un medio abierto a colaboraciones nacionales y extranjeras, de aficionados y estudiantes, que llena un vacío en Suramérica, pues la única revista de carácter únicamente botánico era la Revista Sudamericana de la Asociación Sudamericana de Botánica.68 Aparecen tres artículos de Acosta Solís y cuatro de otros autores. Es difícil deducir si tal protagonismo en los contenidos respondía a una falta de colaboradores o a un deseo de protagonizar y hacer las cosas a su manera. Lo que sí es evidente es la orientación de la investigación en las facultades de Ciencias y de Farmacia: agricultura y descripción botánica de plantas de interés económico. Los artículos son de fitogeografía, botánica, agronomía y edafología, además de comentarios bibliográficos y una miscelánea. Las naciones latinoamericanas estaban abocadas a desarrollar industrias propias, y a encontrar nuevas materias primas para exportar a las «metrópolis», en un panorama mundial afectado aun por la crisis de 1929. 68 Acosta Solís 1937a. Portada del primero número de Flora, en mayo de 1937, inaugurada como medio de difusión del Instituto Botánico. Acosta Solís fue el primer director de ambos y se llevó consigo el nombre de la revista cuando se separó del Instituto.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 65 Un artículo de Acosta Solís es sobre la quina roja, corta exposición de las razones por las cuales esa planta representa fitológicamente al Ecuador y debía ser considerada la flor nacional.69 Escribió este artículo porque en 1936, desde la ciudad de La Plata, se pidió a la Cancillería del Ecuador que nombrara la flor nacional para incluirla en una iniciativa denominada «Jardín de la Paz». Los diplomáticos preguntaron entonces en el Instituto Botánico y Acosta Solís sugirió la quina. Y para enviar plantas vivas a La Plata organizó la que fue su primera expedición cinchonera en marzo de 1937, desde Riobamba a Balzapamba, pasando por Guaranda, con el fin de estudiar la distribución altitudinal de la flora en general y específicamente el hábitat agrícola de la cinchona en la localidad final, donde colectó los especímenes enviados.70 Ortiz Crespo aclaró que «a pesar de la sabiduría que caracterizaba al profesor Acosta Solís, en su informe a la Cancillería pasó por alto un dato de capital importancia: la cinchona ya había sido escogida años atrás como la planta nacional... del Perú».71 Otro artículo fue firmado con Ernesto Pastor, doctorando en farmacia. Se trata de un estudio botánico-químico de la planta «escobilla», estrictamente técnico y con el objetivo de evidenciar su provecho económico.72 En el tercer artículo, «Sodiro y la flora ecuatoriana», revela su interés por la historia de la ciencia, especialmente por los botánicos que le precedieron.73 69 Acosta Solís 1937b. Estas razones eran: su endemismo, el hecho de que las propiedades medicinales hayan sido descubiertas en el Ecuador, su presencia en todas las regiones, su valor económico de exportación, el haber salido del país las primeras semillas hacia Europa y Asia y su valor médico universal, principalmente. En posteriores artículos añadió más texto, pero la esencia continuó la misma (véase por ejemplo el Boletín Informativo del Ministerio de Relaciones Exteriores, no. 21-22, de julio de 1946; o 1950a). 70 Acosta Solís 1950a, 3. 71 Ortiz Crespo 1994. 72 Acosta Solís 1937c. 73 Acosta Solís 1937d. Durante el siglo XIX el italiano Luis Sodiro (1836-1909) ―quien fue invitado al Ecuador junto con nueve científicos más como parte de la «renovación científica y modernización» del Estado promovida por García Moreno (Fitzell 1996)―, colectó mucho y se encargó de realizar y difundir mundialmente buena parte de la sistemática de la flora ecuatoriana, además de protagonizar hechos como la fundación del Jardín Botánico en La Alameda, en 1884. Para Acosta Solís la edad de oro para la botánica ecuatoriana comenzó con la publicación de Synopsis Plantarum-Equatoriensum en 1855 por William Jameson (1796-1873), y con los trabajos de Sodiro. Repitió su admiración por este personaje en varias ocasiones, con frases como «el botánico que mejor ha estudiado la flora ecuatoriana y a quien seguiré venerando toda mi vida» (Acosta Solís 1942b, 3). Al igual que con el herbario de Acosta Solís, el de Sodiro se perdió por ignorancia burocrática o fue llevado al extranjero. El Jardín Botánico también fue destruido. La historia no es exclusiva del contexto ecuatoriano: el primer herbario de Venezuela, fundado por Adolf Ernst en el siglo XIX no sobrevivió al nuevo siglo (Texera Arnal 1986, 32).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 66 Pero no aparecen ideas conservacionistas. Únicamente en «Mejoramiento de tierras agrícolas», escrito por el profesor de agricultura Samuel Hidalgo, se hace alusión a la destrucción del suelo agrícola por el mal manejo, quien no se refirió a recuperar lo dañado sino de tener cuidado al momento de seguir expandiendo la frontera agrícola. También están presentes ideas que Acosta Solís desarrollaría luego, unas más otras menos, como la riqueza potencial mal aprovechada o la necesidad de mejorar la producción con el uso de pesticidas y abonos químicos. El segundo número de Flora no difiere del primero en cuanto a objetivos y alcance: las plantas de importancia económica. Aparece una larga lista de colaboradores internacionales, seguramente quienes respondieron positivamente al envío de la revista y ofrecieron su ayuda. Se incluyen botánicos y profesores de Argentina, Brasil, Chile, Perú, Uruguay, Venezuela, Guatemala, España, Francia, Estados Unidos, Italia, Suecia, Unión Soviética, India y todas las regiones del Ecuador. Acosta Solís tendía redes de comunicación científica, actitud que mantuvo durante toda su vida y que le ayudó a adquirir prestigio, dentro y fuera del país. Dentro, como ahora, tal prestigio estaba en buena parte basado en la comunicación mantenida con el extranjero. Como concluye Restrepo Forero: «No importa qué tan asimétrica sea la relación con los sabios del “Primer Mundo”, todo vínculo personal genera un efecto Portada del segundo número de Flora, mediante el que se continuaba promoviendo el valor nacional de la quina. El tercer número esperó varios años y reapareció como medio del IECN.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 67 de imposición de manos, un “toque mágico” que le confiere al autor local una mayor legitimidad frente al conocimiento.»74 Publicó otro estudio botánico-químico y médico-aplicativo, esta vez sobre la planta «poleo»75 y «Excursión botánica al páramo del Ángel», donde narra la salida y explicita la importancia de estudiar el frailejón76 pues la especie «ha llamado la atención desde Europa», desde donde le han solicitado datos como área de dispersión y extensión; posibilidades de industrializarla, posibilidades de cultivo y reforestación.77 Aparecen juntos su proyecto de productividad y rentabilidad para las áreas naturales, y su visión romántica de la naturaleza. La belleza natural lo sobrecogía y así estaba, a caballo, en un sincretismo criollo peculiar, entre un idilio romántico: el conservacionismo con fines productivos y una apreciación estética. Ya estamos en la Provincia de Imbabura: comenzamos a observar los incomparables paisajes de esta Provincia: siempre verdes y amplios [...] el precioso valle de Otavalo, siempre verde y atrayente, de cielo despejado, cerros imponentes, paisajes majestuosos [...] digno de conocer no sólo del botánico y el agrónomo, sino el amante a lo bello, el artista, el turista. Su tierra húmeda y siempre verde presenta mejor aspecto que el paisaje de Ambato; pero para mí no cabe comparación: son dos paisajes completamente distintos. Ambato es seco y en él el hombre ha luchado constantemente con la tierra para formar los bellísimos jardines y huertos que hoy existen; la presentación es hecha por la mano del hombre [...] En Otavalo no, todo lo que se alcanza a distinguir desde una buena altura, es natural [...] en Otavalo no se ve nada desértico: todo es césped siempre verde claro o amarillo.78 Con esta narración dejaba un testimonio del verdor que hubo en la provincia de los lagos y cuyo paisaje actual encaja más en la descripción de Ambato: «lomas secas, arenosas, que necesitan de riego para dar el mismo aspecto que el de los huertos y jardines cultivados». Menciona que el ferrocarril enriquecerá a la provincia de Imbabura, convertida en agrícola y exportadora, al unirla con la de Esmeraldas, idea sobre la que insistirá varias veces. Tal ferrocarril buscaba integrar el norte serrano y costeño, excluidos de la línea concluida a comienzos de siglo, y penetrar en el Chocó, pleno de recursos naturales.79 74 Restrepo Forero 2000, 204. 75 Acosta Solís 1937e. 76 Planta de los páramos norandinos. 77 Acosta Solís 1937f, 103. 78 Acosta Solís 1937f, 104-105. 79 Se inauguró en 1957 y Acosta Solís fue a trabajar en la Junta Autónoma del Ferrocarril, inventariando la región y haciendo planes de colonización, experiencia que contó en El noroccidente ecuatoriano (Acosta Solís 1959).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 68 La primera alusión a la destrucción de los bosques apareció en el segundo número de Flora. Es un extracto del Boletín de la Sociedad Venezolana de Ciencias Naturales donde se menciona «las tres principales causas» de la destrucción de los bosques y esterilización del suelo: sistema de desmonte (tala), incendio de las sabanas, y libre recorrido de las cabras. A continuación Acosta Solís concluye que: Los dos primeros factores son también los causales de destrucción forestal en nuestro país, el tercero es sólo para Santa Elena (Guayas) y para Manabí. Tome nota de esto el Departamento de Agricultura de nuestro País. El Ministerio de Agricultura consulte y aplique al medio ecuatoriano. No permanezca apático, preste atención a los proyectos desinteresados y patrióticos que hemos presentado. Al respecto, presenté en Diciembre de 1936 un Proyecto Forestal, con la creación del Instituto Botánico-Forestal. No sé en que haya quedado. En este párrafo hace algo que repitió el resto de su vida: increpar al gobierno de turno para que cree instituciones forestales y de administración científica de los recursos naturales. Criticó mucho a los políticos que hacían cosas descabelladas o no hacían nada en áreas de su interés, como la educación, la agricultura o el ambiente. Un domingo incluso fue apresado por orden de Oliverio Vázconez, ministro de Agricultura del gobierno militar de la década de 1970. En sus últimos años todavía no daba tregua, pero los debates eran menos intensos. Decía entonces que: Las cosas que veo, las veo con mucha calma. Me gusta oír, ver, pero nunca me exaspero ni peleo, peor políticamente, no me interesa. Respeto a cualquier gobierno, nunca he sido fanático político; pero sí fanático de mi causa. Fui extrovertido, activo. Ahora con la edad estoy calmándome. Soy casi insensible, no me entusiasman los pasionismos, veo las cosas con sangre más fría. He sido extrovertido y emotivo con la ciencia, con los paisajes, con las rocas, con las especies vegetales nuevas, con el Sangay en explosión.80 En 1937 sugirió la construcción del eje subandino oriental, que cruzaría el piedemonte amazónico desde Colombia hasta Perú,81 infraestructura a tono con sus ideas de desarrollo mediante la construcción de carreteras. Consideraba esta una forma de reivindicar la soberanía sobre el territorio amazónico (no le faltaba visión pues pocos años después, entre 1941 y 1942, el Ecuador cedió la mitad de su territorio, precisamente el trozo amazónico, tras una invasión de Perú, una pésima negociación y fuertes presiones internacionales).82 También se entiende esta sugerencia al consi- 80 Laurini 1992. 81 Pérez Pimentel 1997, 3. 82 El Ecuador no contaba con política de desarrollo para la Amazonía. No existía ninguna carretera carrozable a la región ni un «verdadero centro urbano» (Deler 1983, 223). El nacionalismo unido al deseo de consolidar la soberanía sobre todo el territorio mediante el
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 69 derar que en 1939 la red ferroviaria tenía 1.032 km, que aumentaron apenas 24 km para 1942. Y las carreteras carrozables, que cubrían 2.300 km en 1935, pasaron a 3.000 km en 1939 y a menos de 4.000 en 1944. En 1939 la flota de vehículos era de 4.000 y ese año comenzó a operar la primera aerolínea.83 Anhelaba carreteras, inconsciente de que sería su apertura desde fines de la década de 1940 la responsable de la degradación ambiental de buena parte de la Costa. Si la expansión cacaotera había depredado los márgenes de los ríos en su momento, el auge bananero requirió la apertura de caminos por los cuales salían frutas y maderas, y que convirtieron los paisajes arbóreos en plantaciones de banano o palma de aceite, en zonas infértiles que requieren una carga intensa de agroquímicos para ser productivos. Pero las carreteras eran ―como son ahora y como fueron para García Moreno hace 150 años― símbolo del triunfo no solo sobre la naturaleza y su recia geografía, sino sobre las pasiones humanas y los poderes locales. Eran la forma de consolidar el poder de la nación; eran casi la nación misma, algo a lo que Acosta Solís no podía resistirse. En 1938 intensificó sus excursiones ―con y sin estudiantes― al norte de Quito para estudiar la vegetación seca y árida, y que reforzaron sus ideas de manejo técnico del suelo y restauración de ecosistemas degradados. Siguió el río Guayllabamba, fue a Puéllaro y a los alrededores de San Antonio y recopiló información para su libro sobre la vegetación del norte de Quito. También excursionó a Cuicocha, y al Guagua Pichincha. En 1938 fue nombrado miembro de la Sociedad de Estudios Geográficos del Ecuador y de la Comisión Ecuatoriana de Cooperación Intelectual de la Universidad Central. Asistió a la Primera Reunión Sudamericana de Botánica, en Río de Janeiro, donde expuso sus trabajos y aumentó sus redes de comunicación, difundió sus ideas botánicas y conservacionistas y recibió influencias de sus pares suramericanos. Se convirtió en vocal principal del Comité Orientalista Nacional,84 y miembro activo de la Sociedad Ecuatoriana de Exploradores y del Centro Agrícola del Cantón Quidominio de la naturaleza sigue presente en el imaginario nacional. En 1983 el Director de la Academia Nacional de Historia se expresaba así: «pese a errores, retrocesos, fracasos y aún quiebras el hombre ecuatoriano ha ido ampliando su dominio sobre el suelo, integrando poco a poco su espacio territorial y aproximándose efectivamente a la línea que nos queda de jurisdicción territorial» (Salvador Lara 1983, xvi). 83 Larrea 2001, 26; Quintero y Silva 2001a, 444; Linke sf., 123, citado en: Deler 1983, 219- 220. La mayoría de estas carreteras estaba en la Sierra centro y norte, en buena parte por la obligación que tenían los indígenas, hasta 1951, de trabajar cuatro días al año en ello. La provincia de Guayas solo tenía 40 km de carreteras permanentes en 1945 y se sostenía especialmente por el tráfico fluvial (Linke sf. 122, citado en: Deler 1983, 220). 84 Relacionado con la región Amazonía, conocida también como el Oriente.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 70 to. Dio conferencias educativas en Otavalo y el Centro Agrícola del Cantón Quito le otorgó un diploma por un ciclo de conferencias públicas que la institución había financiado. Escribió artículos conservacionistas en la Revista de la Cámara de Agricultura de la Primera Zona (en adelante Revista de la Cámara de Agricultura),85 y algunos artículos fueron reproducidos en Maderil, editada en Buenos Aires. Desde 1938 también mantuvo una columna en el periódico El Comercio, publicado en Quito, donde escribió sobre protección y conservación.86 En diciembre de 1939 apareció «Factores agrícolas», para divulgar, entre agricultores, estudiantes, profesores, hacendados, etc., los factores agrícolas que influyen en el desarrollo, crecimiento y propagación de las especies; «en su rendimiento agrícola y económico». Cita El Suelo de Huguet del Villar, cosa que por aquel tiempo hizo en escasas ocasiones, confirmando la importancia e influencia de esta obra en sus ideas sobre el suelo, antes del contacto con los edafólogos estadounidenses: Un agricultor que desconoce el suelo es como un comerciante que desconociera el capital con que opera. Análogamente, un gobernante que carece de conocimientos científicos sobre el suelo, la vegetación, la geología, el clima y demás componentes del patrimonio geográfico del Estado, no puede administrarlo más que despreciando el interés público y sirviendo sólo al privado, o en caso de que, por el contrario, su intención sea buena, dando palos de ciego.87 Hacia el final deja un rastro sobre su pensamiento acerca de la relación humanidadambiente. Al reseñar la relación entre personas y plantas útiles, menciona cómo ello ha originado la agricultura, cómo cada generación va mejorando las plantas cultivadas y adaptándolas al clima. Sostiene la capacidad humana de controlar la naturale- 85 En el no. 3-4, de 1938, fue «Botánica agrícola: las semillas agrícolas», y el año siguiente aparecieron artículos en defensa de los recursos forestales: «El problema forestal del Ecuador», «Productos forestales del Ecuador», «Protección a la naturaleza » y «En favor de los bosques». 86 Algunos títulos fueron: «Protección de la Naturaleza.- Defensa de la Riqueza Forestal Ecuatoriana»; «Arbolemos nuestros caminos»; «Repoblación forestal.- Época de plantar árboles»; «El andinismo y sus bellezas naturales»; «Elección de árboles para calles, caminos y avenidas»; «Defendamos nuestras formaciones vegetales de los incendios»; «Necesidad de los viveros en la reforestación»; «El capital bosque»; «En favor de los bosques»; «El problema de la protección de la naturaleza en el Ecuador»; «Necesidad del mapa forestal del Ecuador»; «Lo que se hace en otros países en favor del árbol y del bosque». En 1939 fueron «Defendamos nuestros bosques con Leyes especiales, Instituciones técnicas y con profesionales»; «Nuestro Gobierno necesita de un organismo que oriente la política forestal»; «En favor del bosque» y «Nuevamente por el arbolado de los caminos»; «Consecuencias de la explotación actual de nuestros bosques»; «Generalidades sobre reforestación», etc... 87 Huguet del Villar 1931, 9, y citado en: 1940, 20.
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 71 za y añade la necesidad del conocimiento científico (aludiendo al clima) para mejorar la productividad. La naturaleza era un espacio para ser dominado pues podía serlo con la técnica. Otra idea es su alejamiento de cualquier determinismo, y más bien un acercamiento a la idea de influencia mutua, por ejemplo entre actividad humana y clima: ...podemos decir que el clima hace la agricultura; es decir, que el agricultor ha tenido que sujetarse al clima para realizar sus grandes cultivos; con esto no se quiere decir que también la agricultura no modifica el clima. En los casos de talas, desmontes, deforestaciones de una comarca, país o región, se está cambiando o influyendo directamente en el clima de la misma región; pues con la tala de los bosques se cambia el estado de pluviosidad e higroscopicidad del lugar, el caudal de las aguas de los riachuelos y ríos, varían; la temperatura varía, etc., etc.88 Últimos años en la Universidad Central y viaje a Esmeraldas En 1939 fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias del Colegio San Gabriel y de National Geographic Society (cargo repetido en 1941), y del Centro de Ciencias, Letras y Artes de Campinas, Brasil. Recibió una felicitación de la delegación estadounidense en Ecuador por el Instituto Botánico. También hizo varias excursiones (por ejemplo cruzó el páramo de Tiopullo, de Machachi a Lasso), algunas con Erik Asplund, quien permaneció en el país cerca de un año estudiando la flora con el apoyo de la Academia de Ciencias de Estocolmo y del Museo Real de Suecia, y transmitió conocimientos a Acosta Solís, taxonómicos, teóricos y sobre la flora regional. Asplund había estado desde Chile a Panamá en 1920, y en Perú, Colombia y Ecuador en 1939, donde volvió en 1955-1956.89 En enero de 1940 recibió la visita de Alcides Carvalho, científico del Instituto Agronómico de Sao Paulo enviado por el gobierno brasileño en previsión de la escasez que podría haber de quinina por la Segunda Guerra Mundial. Le sugirió lugares para expediciones (provincias de Bolívar, Azuay, Cañar e Imbabura) y le obsequió semillas de dos especies de quina de Loja. Fue su primer contacto con la 88 Acosta Solís 1940, 26. 89 Fueron al Pululahua, Chota, páramo del Ángel, Tulcán, San Gabriel, Cotacachi, Laguna de San Pablo, bajada a Santo Domingo, entre otros sitios. De hecho, Acosta Solís le agradeció los últimos preparativos para la publicación de un libro sobre la vegetación del norte de Quito (1942b, 4). (Carrera 1992; Anónimo, sin fecha, «Erik Asplund». Botanical History, Department of Phanerogamic Botany, Swedish Museum of Natural History (S), en http://www.nrm.se/fbo/hist/asplund/asplund.html (descargado el 25 de marzo de 2004).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 72 quina en relación con la economía de guerra, antecedente de su futura relación con los botánicos estadounidenses que llegaron al Ecuador para explotar el producto (sobre este tema profundizo en el capítulo 3). Comenzó a compilar sus biobibliografías y fue hecho miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. A fines de febrero se separó del Instituto Botánico. No he averiguado las razones de esta separación, aunque él menciona que fueron del conocimiento público. Fue sucedido por Alfredo Paredes, botánico que también se dedicaba a estudiar las maderas ―entre otros temas― y con quien mantuvo buena relación.90 Esta separación fue decisiva para su futuro, pues lo llevó a la provincia de Esmeraldas, donde fue fascinado, al igual que otros naturalistas en sus expediciones al trópico, por la exhuberancia de la naturaleza prístina y el potencial de sus recursos naturales. Dejada la Universidad Central, el primer día de marzo excursionó a Cotacachi y la laguna de Cuicocha. Luego se dirigió a Ambato, el 15 de marzo, donde comenzó a trabajar como profesor en la Quinta Normal de Agricultura (que llevaba por entonces 30 años dedicada a la investigación y a la formación práctica en agricultura). Era esa su situación cuando recibió, el 14 de abril, una invitación del ministro de educación José María Estrada Coello. Reunidos en Quito, el funcionario le ofreció la rectoría del Colegio Nacional 5 de Agosto, recién inaugurado en la provincia de Esmeraldas. Acosta Solís aceptó y fue nombrado el 23 de abril. Su esposa fue nombrada directora del Liceo Hispano América, con lo cual la pareja iba a ejercer la docencia en una región remota del país. El 7 de mayo salieron de Quito a Guayaquil, para embarcarse al día siguiente rumbo a la ciudad de Esmeraldas, capital de la provincia del mismo nombre. Tras asumir su función de rector, lo primero que Acosta Solís hizo fue anotar datos termo-lluviosos, en intervalos de tres horas, para el conocimiento de la climatología. En su libro Nuevas contribuciones al conocimiento de la provincia de Esmeraldas testimonió sus pasos entre la salida de la casona universitaria y el fin de su estancia en Esmeraldas, el 2 de octubre de 1940. El libro fue escrito principalmente en 1941 y publicado en 1944, y es evidente que añadió texto hasta entonces.91 Tal de- 90 Años después, en Flora se mencionó la admiración y respeto por Alfredo Paredes, director del Instituto Botánico, y por la actividad de esta institución (Carrera 1943, 234). 91 Por ejemplo, las páginas dedicadas al caucho tienen un tipo de letra menor como consecuencia de un aumento de texto en el último momento, seguramente por la importancia que adquirió esta planta durante la Segunda Guerra Mundial. Algunas partes aparecieron previamente en la revista bonaerense Maderil. En 1942 fue «Vegetación y riqueza forestal de la Provincia de Esmeraldas. Principales especies medicinales y forestales» que es el capítu-
Primeros años e ideas conservacionistas (1910-1940) 73 mora pudo deberse a la carestía de papel por la guerra, o a la falta de fondos, pues agradece que la obra no quedara inédita por el apoyo financiero del Concejo Municipal de Esmeraldas 1941-1942. De hecho, consta como impresa el 5 de agosto de 1944 con motivo del aniversario de la independencia de la provincia. Nuevas contribuciones es su obra más importante de esos primeros años.92 Contiene información geológica y geográfica, forestal, meteorológica, climatológica, económica, social, arqueológica, lingüística, sanitaria, epidemiológica, educativa, arqueológica, pesquera, y hasta etnográfica, que denota su interés en varios campos del conocimiento. Aparecen elementos clave de su carácter y pensamiento: excursionismo, nacionalismo, eugenesia, conservación utilitaria de la naturaleza, apreciación estética de la naturaleza. Fue presentada como una invitación para descubrir la riqueza de Esmeraldas, alertando que era un «pálido reflejo del gran Parque Nacional, pues la provincia de Esmeraldas constituye un verdadero Museo-Parque Nacional.» Planteaba ya por esos años la necesidad de conservación especialmente con fines utilitarios, alabando la belleza de la naturaleza. Como Wolf, veía en esas tierras una «esmeralda no labrada», pero que debía serlo. Viajar por la provincia de Esmeraldas es prolongar nuestra vida vegetativa y espiritual: la belleza de los paisajes, la exuberancia de la vegetación, la poesía de los ríos y lo agradable del clima tropical, es para gozar infinitamente. Refiriéndose a esta provincia, el geógrafo Theodore Wolf escribe:... «es una verdadera joya de la República del Ecuador: es una hermosa esmeralda, pero no labrada, no tallada por la ingeniosa mano del hombre, sino tal como la formó la misma naturaleza; es una piedra preciosa en su estado natural, cuya belleza encanta al naturalista».93 Daba una justificación patriótica y didáctica a su excursiones, mostrando una relación entre excursionismo, conocimiento científico de la naturaleza, descripción de su belleza, y construcción de la nación, similar a la detectada en los casos español y catalán, donde conocer la naturaleza se convirtió en una forma de conocer el entorno pero también en un acto para cobrar amor y apego a la patria.94 Así lo expresaba: lo 5 de Nuevas contribuciones. Luego fue «Maderas más conocidas en la provincia de Esmeraldas. Clasificación por la dureza y compactibilidad de sus fibras, por la duración y por sus usos », que corresponde al capítulo 6. 92 En octubre de 1945 fue premiada con la Medalla de Oro por la Sociedad Geográfica Americana como la mejor obra geográfica publicada en América Latina. 93 Acosta Solís 1944d, 164. 94 Casado de Otaola 2000b, 296-297.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 80 Los habitantes de estas regiones forestales, abusando de la abundancia de los bosques, talan y destruyen inmensas asociaciones sin ningún control comercial y peor científico, y como consecuencias de estos desmanes, los bosques de maderas finas se van alejando cada vez más y más de las proximidades de los poblados y a lo largo de todos los ríos navegables. Los leñadores y madereros tumban y destruyen sin ningún control gran número de árboles de tal o cual especies, sin que sean luego consumidos todos, ya por falta de medios de transporte o porque los aserríos suspenden las compras de un momento a otro, entonces los árboles tumbados en la montaña se pudren en su propio lugar. Debe controlarse el abuso forestal: las leyes forestales deben ser más efectivas e inmediatas. He visto con mis propios ojos la inmisericorde destrucción que se hace de nuestros bosques. Si se sigue en la misma tarea destruccionista, se llegará también a experimentar en esta Provincia lo sucedido en las Provincias de Guayas y Manabí [...] En el Código Forestal Ecuatoriano (que ya debe hacerse) debería obligarse a reponer los ejemplares talados; debería imponerse sanciones a los infringidores de las leyes forestales. De lo contrario en la Provincia de Esmeraldas va a suceder con las especies forestales útiles, lo que ya ha sucedido con el tangaré y el laurel, especies que se han alejado muchísimo de los centros de consumo, haciéndose por lo mismo maderas raras en su propia tierra. Esto que indico para la sección norteña de la Provincia puede aplicarse a las demás poblaciones de Esmeraldas y con mayor razón a las secciones activas de las Provincias del Guayas y Manabí y en forma muy estricta a las deforestadas provincias serranas, en donde, por la falta de maderas finas, usan para todo fin.2 Son interesantes varios aspectos. En primer lugar, la constatación de la intensificada extracción de madera, y de cómo los aserraderos controlaban la oferta y la demanda, pero el campesino funcionaba por su cuenta. En segundo lugar, que Acosta Solís impulsaba una ley forestal que regulase los métodos de extracción, con supervisores de campo y sanciones, para evitar que la exhuberancia de aquellos bosques terminara como en Guayas y Manabí.3 Y también que no quería detener la explotación, sino ejecutarla adecuadamente. El ideal de progreso, que se conseguiría con las materias primas y su industrialización, no podía ser sacrificado para conservar la belleza de lo prístino. No obstante, ya se refería a parques nacionales y conservación. El objetivo era proteger el paisaje, un recurso para el progreso material del país. También se refiere a la necesidad de conservar algunas maderas «procurando no sólo consumir lo actual, sino forestar grandes extensiones para la explotación.»4 Estas eran sus ideas cuando regresó de Esmeraldas y contaba con un amplio conocimiento botánico y una gran colección de plantas, animales, fósiles, objetos arqueológicos, productos manufacturados, dibujos, etc. Al no tener relación con el Instituto Botánico entregó 2 Acosta Solís 1944d, 132-133. 3 En 1939 se habían decretado disposiciones sobre los bosques, pero no fue hasta 1958 que el Ecuador contó con una Ley Forestal. 4 Acosta Solís 1944d, 338.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 81 su colección al Instituto Superior de Pedagogía y Letras de Quito. En mayo de 1941 se inauguró el Museo de Ciencias Naturales con la exposición permanente Riquezas naturales de Esmeraldas.5 Entabló estrecha relación con este Instituto: en octubre fue nombrado profesor de botánica y luego miembro del Consejo Administrativo. Fue también nombrado socio de la Sociedad de Ciencias Naturales «Caldas» de Medellín, Colombia, y el capítulo Leningrado de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética lo nombró miembro. Su prestigio crecía. Por entonces participó en la Convención para la Protección de la Flora y Fauna y las Bellezas Escénicas de América, más conocida como Convención de Washington, realizada el 12 de octubre de 1940 con el auspicio de la Unión Panamericana (hoy Organización de los Estados Americanos).6 Presentó una contribución sobre protección florística y creación de reservas, y su colega Francisco Campos sobre protección faunística.7 El objetivo de la Convención era propender a la protección de la flora y fauna de América y preservar áreas de extraordinaria belleza, con énfasis en formaciones geológicas o con valor estético, histórico o científico. De la misma manera, se incitó a que cada nación reglamente las importaciones, exportaciones y tránsito de especies protegidas y se estableció por vez primera una conceptualización en torno a lo que es reserva, parque nacional, santuario y monumento nacional. A diferencia de las convenciones de años siguientes y que tomaron a las personas como centro, ésta privilegia la protección de la naturaleza en sí misma y en crear lugares exclusivos para su conservación. Se señala a los países signatarios que protejan reservas naturales con leyes especiales y declaren como parques nacionales las áreas de importancia biológica. Esta convención, el primer intento continental por considerar el medioambiente como un tema independiente, fue importante para reforzar sus ideas conservacionistas y contactar personas que tenían pensamientos similares. Tras el viaje no cejaría en sus empeños para lograr la institucionalización y práctica de la conservación en el Ecuador. Su voz, aunque solitaria en el panorama nacional, tenía eco en el ámbito latinoamericano: en la Argentina de la década de 1940 había voces aisladas que 5 Tal inauguración se dio con la participación del presidente Carlos Arroyo del Río y varios ministros y otros funcionarios. El material fue en su mayoría el colectado por Acosta Solís en Esmeraldas (Anónimo 1942c). Era un momento de profesionalización de las ciencias naturales, como muestra la fundación de este museo, del Instituto Botánico y la Facultad de Ciencias de la Universidad Central, y el Museo de Ciencias Naturales del Colegio Lasalle en 1942. 6 El Ecuador firmó ese día la convención y la ratificó mediante publicación en el Registro Oficial del 17 de diciembre de 1943, durante la presidencia de Arroyo del Río. 7 Acosta Solís 1968, 117.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 82 advertían «la falta de una conciencia de conservación de la riqueza nacional» cuyo sustrato es el suelo y en México y Estados Unidos se tenía años de política oficial en ese sentido.8 Mientras tanto, en julio de 1941 el ejército peruano invadía el sur del Ecuador, reclamando los territorios amazónicos. El entonces gobernante, Carlos Arroyo del Río, más concentrado en usar la fuerza para controlar los conflictos internos, no evitó que en 1942 se firmara un protocolo donde se cedía la mitad del territorio. Se ha insinuado que tras esta guerra hubo intereses petroleros y una «sistemática entrega de los intereses nacionales»,9 y ello es bastante posible. La zarpa estadounidense daba golpes que asegurarían su hegemonía. Entre las consecuencias de esa guerra se cuentan el comienzo de la idea de la «herida abierta», de la exacerbación del nacionalismo herido, de un clima de apropiación y fijación de la soberanía sobre el territorio donde las ideas de Acosta Solís, como veremos, encajaban a la perfección. La derrota bélica marcó el rumbo del proyecto de nación, pues tras la guerra fue evidente la incapacidad de las clases dominantes de resolver el problema. Era inevitable darse cuenta que, en cien años de dominación de las oligarquías,10 el Ecuador había pasado de abarcar cerca de 1.200.000 km² a 270.000 km². El ecuatoriano dejaría nacer una autoconciencia de fracaso y frustración; ser ecuatoriano equivaldría a ser «impedido y perdedor», asunto que Acosta Solís también condenó permanentemente pues era optimista. Siempre lo fue, incluso en ese momento difícil; tenía energía ―e ideas novedosas― para señalar los errores y proponer cambios. En esos años escribió sobre el tema forestal y especies clave como el coco, balsa, mangle, caucho, mocora, toquilla, guadua, de los cuales algunos fueron publicados y otros quedaron inéditos. Muchos de estos trabajos, junto con otros posteriores sobre la quina, fitogeografía, páramos, etc., aun son referentes para quien trabaja en botánica de la región andina.11 En un texto titulado «La gran riqueza forestal del Ecuador como mercado para EE.UU.» explicitó sus intenciones respecto a la riqueza forestal, su programa de trabajo, y quizás las razones por las cuales consiguió luego trabajo para el gobierno estadounidense. Es interesante su premonición: si bien Estados Unidos era uno de los principales compradores de productos primarios ecuatorianos, fue con la entrada de este país en la Segunda Guerra Mundial, en di- 8 Brailovsky y Foguelman 1993, 287; Simonian 1999. 9 Cueva 1990, 107-108; Quintero y Silva 2001a, 448. 10 El Ecuador se separó de la Gran Colombia en 1830. 11 Algunos son «El cocotero» y «Guía comercial maderera» en la Revista de la Cámara de Agricultura; y «Viajando por las costas de Esmeraldas», en la Revista Geográfica Americana de Buenos Aires, en 1941.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 83 ciembre de 1941, que se dinamizó el mercado de productos como arroz, cacao, café, caucho, banano, balsa y quina. Lo cual generó condiciones favorables para el auge bananero posterior.12 Exponía sus descubrimientos, pero alejado del Instituto Botánico sentía la necesidad de un marco institucional para promover el quehacer científico y propulsar sus ideas. Ello, sumado a su experiencia en Washington y el apoyo de su mentor, Augusto N. Martínez, lo llevó a organizar el Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales (IECN) del cual fue la cabeza visible y el más arduo colaborador durante décadas. Como contó él mismo: Y en esta forma logramos realizar el 16 de Diciembre de 1.940, la Sesión de Fundación de la primera Institución Científica del Ecuador, al propio tiempo que alejada completamente de la política y de los políticos, quienes no comprenden el valor de la ciencia y precisamente por su ignorancia, cometen desacatos contra los científicos y contra las Instituciones científicas, pero no sólo aquí, sino en toda América Latina.13 El Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales A fines de 1940 se reunieron en Quito cerca de una decena de científicos convocados por Acosta Solís y Misael Vázquez.14 En un aula del Instituto Superior de Pedagogía y Letras firmaron el acta de fundación de la que es, con mucha posibilidad, la primera dedicada a asuntos conservacionistas en el Ecuador del siglo XX, pues desde allí se insistió sobre la necesidad de realizar una ecuación entre ciencia y conservación para lograr el progreso. Tal situación es evidente en los lemas de su revista de difusión en el del IECN: «Revista al servicio de las Ciencias Naturales y Biológicas. Defensora de las Riquezas Naturales del Ecuador y principalmente de 12 Larrea 2001, 27. 13 Acosta Solís 1969, 194. 14 No he podido leer el original del Acta de Fundación. En la Flora de mayo de 1942 aparecen 14 nombres como fundadores, pero en la de mayo de 1969 Acosta Solís coloca 16 nombres. De igual manera, en la última pone a Luis G. Tufiño como colaborador en la organización. Los nombres de los fundadores, según la lista de firmantes que aparece en la Flora de 1942 son: Misael Acosta Solís, Augusto N. Martínez, Luis G. Tufiño, Misael Vázquez, Jonás Guerrero, Luis de Ascázubi, Carlos A. Carrera, Jorge Ribadeneira, Eduardo Kaesen, Rafael Chaix, Gustavo Orcés, Jaime Rivadeneira, Alberto D. Semanate y Walter Sauer. En la de 1969 están, además, Jacinto Jijón y Caamaño y César H. Suárez. De éste último, es posible que no haya estado presente, porque sí es nombrado aunque no firma. En cuanto a Jijón y Caamaño, puede haber sucedido otro tanto, o haber sido incorporado como fundador luego.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 84 su Geobotánica y sus Productos Forestales» y Pro Scientia Patriae (por la ciencia y la patria), respectivamente. Aunque Acosta Solís reconocía hitos conservacionistas anteriores, como el manejo precolombino de tierras agrícolas, la introducción del eucalipto, el Día del Árbol en 1920, la fundación del Instituto Botánico, o la Ley de Aguas y Bosques de 1940,15 sitúa el inicio del tema de la conservación en la labor del IECN. Para él, «En el Ecuador, la Protección de la Naturaleza y Conservación de los Recursos Naturales asoma como mística y solamente desde su fundación con el Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales en 1940.»16 Sin embargo, en los estatutos y en la primera referencia al IECN no aparecen las palabras «conservación» o «protección».17 La institución aparece justificada como una forma de hacer ciencia y patria. Otra cuestión es que Acosta Solís haya convertido la revista de difusión del IECN en «defensora de las riquezas naturales». Pero era, en primer lugar, una institución para cultivar las ciencias y sus miembros se dedicaron a la prospección de la biodiversidad. Quizás al momento de fundación el Instituto no encontró pares que apoyaran las ideas conservacionistas abiertamente. Uno de los miembros, Rafael Chaix, pronunció en 1942 un discurso que invitaba a prevenir la extinción, crear reservas y gozar de la estética de la naturaleza, pero no puedo saber si ello fue resultado de su contacto con Acosta Solís durante ese lapso.18 15 Se refería a las «Disposiciones para la explotación de bosques, uso de aguas y fuerza motriz» decretadas por el Congreso en octubre de 1939. 16 Acosta Solís 1968, 1-2. 17 Anónimo 1942a. 18 Chaix 1942, 177-178. Emblema del IECN. El sol ilumina verticalmente sobre el Ecuador, donde los Andes, elevados hasta nieves perpetuas sobre los 6.000 m de altitud, separan las regiones cálidas amazónica y costera. La palmera representa la riqueza forestal, y las hojas y flores de quina recuerdan la planta salvadora de la humanidad. «Todas las finalidades que persigue el Instituto, están simbólicamente representadas en nuestro emblema» (Anónimo 1942a, 11-12).
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 85 Entre los propulsores y fundadores de IECN estaba su maestro Augusto N. Martínez, de quien contaba que: ...en una tarde de Octubre de 1940 cruzamos ideas sobre la fundación en el Ecuador de un organismo verdaderamente científico y de esta manera acordamos crear el que es hoy Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales. El Dr. Martínez me dijo esto que me sirvió de estímulo y que nunca olvidaré: «Ud. es el llamado a organizar y dirigir el Instituto Ecuatoriano de Ciencias; Ud. es según mi concepto, el más preparado de la nueva generación; Ud. es ya un gran naturalista ¡a luchar, Misael! El triunfo vale poco, lo esencial es la lucha, lo admirable el esfuerzo y lo necesario la perseverancia.»19 Una fuente para reconstruir la actividad del IECN es su revista, Flora, que había visto sus primeros dos números como medio del Instituto Botánico en 1937, pero pasó a ser el órgano de difusión del IECN desde la reanudación de su publicación, con el número 3-4 en mayo de 1942.20 En este número aparecen datos de organización, miembros, razones de creación, objetivos y estatutos. Allí consta que el IECN era: ...un grupo de cultivadores de las Ciencias Naturales y Biológicas, quienes reconociendo la imperiosa necesidad de un organismo o de una institución que se dedique exclusivamente al estudio de las Riquezas Naturales del país en todos sus aspectos y que sirva de asesor técnico al Gobierno y a otras dependencias de alta cultura, resolvieron crear este nuevo y único organismo.21 Se exponen cinco razones para su creación: los logros científicos que ha habido en el Ecuador; el deber de continuar esa tradición; la urgencia de exponer la riqueza natural (económica y científica) del Ecuador al mundo; la falta de instituciones ecuatorianas dedicadas a las ciencias puras; y la difusión del conocimiento. Los objetivos fueron: mantener en la memoria los logros científicos pasados y fomentar los futuros; estudiar la naturaleza; difusión de la ciencia; contacto con instituciones extranjeras; colaboración con otras instituciones científicas del país; crear una biblioteca especializada; cursos de especialización. Estos objetivos y razones de crea- 19 Acosta Solís 1944c, 226. 20 Desde el grupo de la Universidad Central se lanzó otra publicación el mismo año de 1942, el Boletín del Instituto Botánico de la Universidad Central, que también fue discontinua. En 1951 el Instituto Botánico, junto con el de Antropología, y los gabinetes y museos de geología y zoología se fundieron en el Instituto de Ciencias Naturales y el nombre de la publicación cambió a Boletín del Instituto de Ciencias Naturales, que fue irregular con solo dos números en 1952 y 1955. Ambos fueron dirigidos por Alfredo Paredes. Luego, en 1957, cambió nuevamente de nombre, a Ciencia y naturaleza, con Plutarco Naranjo como director. 21 Anónimo 1942a.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 86 ción, se explica, están representados en el escudo emblema del IECN, creado por Acosta Solís. Sus fundadores estaban orgullosos: La gran necesidad de la creación de un organismo técnico que se dedique al estudio de las Ciencias Naturales y Biológicas, así como al estudio aplicado de nuestras Riquezas Naturales, se ha llenado ya, con la creación del IECN, organismo que estimulará la investigación científica y la observación por todos los medios que estén a su alcance.22 Las primeras dignidades fueron elegidas el 16 de diciembre de 1941, cuando se publicaron los estatutos en el Registro Oficial. La reunión ocurrió otra vez en el Instituto Superior de Pedagogía y Letras, convocada por Acosta Solís (quien aparece como director) y Misael Vázquez, y acudieron diez personas.23 Se crearon secciones de geografía, geología, mineralogía y edafología, paleontología y arqueología, climatología y meteorología, botánica, zoología y entomología agrícola, biología general y especial, física y química, agronomía, dibujo y micografía, y general. En una o más se incluyeron las 46 personas que constan como miembros, la mayoría ecuatorianos.24 Eran médicos, zoólogos, ingenieros agrónomos, geólogos, geógrafos, químicos, reverendos ilustrados, tres dibujantes... Para mayo de 1942, cuando apareció la Flora 3-4, se habían sumado siete miembros más, todos dignos representantes de lo que llamaban la «ciencia amabilis». En la lista de miembros correspondientes aparecen 60 nombres de científicos residentes en el exterior, de Chile, Argentina, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Uruguay, Cuba, México, Guatemala, Costa Rica, Estados Unidos, Italia, Francia, Suecia, Polonia, India. Hay además una lista de instituciones que dieron su apoyo moral o económico, con lo cual se garantizaba el reconocimiento científico. En total eran 43, entre universidades, institutos, colegios, concejos municipales y centros agrícolas cantonales. También se publicaron fotos y currículum de algunos miembros fundadores y se destaca que tres hayan sido llamados a trabajar para el gobierno. De hecho, en marzo de 1942 Acosta Solís envió una carta al presidente Carlos Arroyo del Río y al ministro de agricultura, Ricardo Crespo, donde ofrecía «los servicios de los técnicos 22 Tufiño 1942, i. 23 Como subdirector consta Luis G. Tufiño (geógrafo y geodésico; ex-decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central; fundador del Servicio Geográfico Militar), César H. Suárez como secretario, y Rafael Chaix como tesorero. El consejo directivo estaba formado por los tres primeros y además por Alberto D. Semanate y Misael Vásquez 24 El uso de «ellos» no responde a un descuido en el uso lenguaje: todos eran hombres.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 87 del Instituto al servicio de la Patria y se exponía que ya era hora de realizar la tecnificación de la Agricultura y de las industrias nacionales. Era la hora de comenzar con el verdadero resurgimiento Nacional».25 Se referían a la actividad científica como la «gran obra de reconstrucción nacional, y se proyectó una idea de que antes del IECN no hubo ciencia.26 Desde Flora no se perdía ocasión para censurar lo «no científico».27 El biólogo Fernando Ortiz Crespo recordaba cuando Acosta Solís lo invitó a formar parte de la institución, diciendo que «era el alma y principal punto de apoyo, [...] me acogió cálidamente. Por cierto, las reuniones del Instituto eran con frecuencia en su casa de la calle Manabí, donde más de una vez me invitó a visitar su muy interesante biblioteca.» Y Acosta Solís ―continuaba― «aprovechó el Instituto [Ecuatoriano] de Ciencias Naturales para lanzar centenares de publicaciones, entre ellas decenas de libros, en que difundía sus intentos de dar a conocer mejor nuestros recursos naturales en general y las plantas nativas en particular. Gracias a esto consiguió mediante canje enriquecer enormemente su biblioteca».28 Efectivamente, en diciembre de 1943 el IECN mantenía canje con cerca de 820 «nombres diferentes» entre bibliotecas, academias, universidades, institutos científicos, facultades de ciencias, agronomía, farmacia, museos, herbarios y especialistas.29 En cuanto a la biblioteca, conviene un paréntesis negro, pues su destino ilustra la importancia dada a la ciencia y los científicos en el Ecuador. Apenas muerto Acosta Solís, Ortiz Crespo señaló la importancia de su biblioteca ―única en el país― e hizo un llamado a las autoridades para que velen por su cuidado. Diez años después, en el periódico El Comercio se daba cuenta del lamentable estado de los cerca de 40.000 títulos que se cree tenía.30 El destino de la biblioteca, valorada en 25 Anónimo 1942b. 26 Tufiño 1942, i-ii. Por supuesto, esta idea es equivocada: antecedentes importantes de institucionalización de la ciencia en el Ecuador como conocimiento disciplinar los hay en casos como el de los jesuitas en el siglo XVIII, o la Misión Geodésica Francesa (1736), o en la renovación científica impulsada por García Moreno en las décadas de 1860 y 1870 (Fitzell 1996, 294, 300-301). 27 Una vez Acosta Solís criticó los artículos que le eran enviados con títulos que no correspondían al contenido: «los articulistas encabezonan el trabajo como impresiones botánicas de una excursión [...] y luego firman como miembros de una comisión geobotánica; pero lo cierto es que las mencionadas narraciones nada tienen de geobotánica y peor de botánica pura.» (1942c, 43). 28 Ortiz Crespo 1994. 29 «Correspondencia, canjes e intercambios». Nota en Flora no. 7-8-9-10 (diciembre de 1943): 225. 30 Según Arroyo 2002 «el Herbario [Nacional del Ecuador] rescató, hace tres meses, parte de la biblioteca personal de Misael Acosta Solís que había sido donada al Ministerio del Ambiente y que permanecía en el Centro Forestal de Conocoto. El centro desapareció y
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 88 un millón de dólares, es un misterio, lo cual sabe peor cuando se considera las aseveraciones del yerno Alberto Vizcaíno, de que muchas obras inéditas estaban allí aunque no existe consenso sobre el número exacto.31 Desde el IECN Acosta Solís también propuso leyes conservacionistas, «defensoras de las Riquezas Naturales».32 Y le sirvió como marco institucional para difundir ideas conservacionistas mediante libros, Flora y la serie Contribución donde se presentaba monográficos sobre varios temas. Creyó siempre que el IECN debió convertirse en la Academia de Ciencias cuya falta todavía adolece el Ecuador. En 1992 dijo que precisamente ese había sido su trabajo frustrado: «Este es el único país de América que no tiene Academia de Ciencias. Tengo toda la planificación lista, presenté a los Ministerios de Educación, pero los gobiernos nunca dieron oídos. Pero no pierdo la esperanza, antes de morir lo haré.»33 pasó a convertirse en el Departamento de Ambiente de la Policía Nacional en virtud de un convenio. Muchos de los libros de la colección personal permanecían en una bodega, cubiertos por una lona. Algunos empezaban a descomponerse [...] Alrededor de dos mil títulos pudieron ser rescatados, especialmente las obras correspondientes a Botánica Sistemática. Hoy pueden ser revisados [...] libros tan valiosos como la Revista Darwiniana (1922) o Plant Life (de la Sociedad Americana para Plantas), y obras del propio autor, como «Nuevas Contribuciones al Conocimiento de la Provincia de Esmeraldas». Un tratamiento de congelación fue necesario para destruir los hongos que amenazaban con extenderse por la colección.» 31 Arroyo 2002. 32 Tufiño 1942, i. 33 Laurini 1992. Portada de la Flora no. 3, publicada ahora como medio del IECN cinco años después de su anterior número. Acosta Solís pudo decidir llevar consigo el nombre para aprovechar la red de científicos que ya conocían el título desde antes.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 89 Desde el IECN se propuso con entusiasmo campañas de divulgación científica. Acosta Solís decía que «durante más de un cuarto de siglo ha venido manteniendo ininterrumpidamente un programa de divulgación por la prensa y la radio; ha mantenido y auspiciado varias Mesas Redondas, Simposio, Conferencias, etc. Las iniciativas del IECN, han sido secundadas por el Gobierno en escala reducida, por falta de comprensión y hasta por ignorancia de sus dirigentes.»34 En Flora se continuó con la línea de lo que fuera en el Instituto Botánico: difusión del conocimiento de plantas de interés económico. Inclusive se inauguró la sección «Consultorio técnico y aplicado», donde Acosta Solís escribió sobre poda, conservación de frutos, cicatrización, preparación de insecticidas, fertilizantes. En la miscelánea aparecen cortas biografías de científicos que habían visitado el Ecuador, como Erik Asplund, y noticias como la llegada de misiones estadounidenses del caucho, de estudios económicos, entre otras. La intención conservacionista apareció en el subtítulo de Flora: «Revista al servicio de las Ciencias Naturales y Biológicas. Defensora de las Riquezas Naturales del Ecuador y principalmente de su Geobotánica y sus Productos Forestales». Pero 34 Acosta Solís 1968, 1-2. En la portadilla del tercer número de Flora aparece por primera vez, de manera explícita, su carácter «defensor de los recursos naturales». Los créditos iniciales aparecen para Acosta Solís, director, editor y principal escritor de la revista en ese momento, en una labor que aparece envuelta entre la particularidad en el contexto, como el estrecho control que ejercía sobre la revista.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 96 Cada mes y año aumentaba su prestigio y sus redes de comunicación científica: en 1942 fue nombrado socio de la Sociedad Linarense de Historia y Geografía, de Santiago, Chile, y de la Sociedad Geográfica Americana, con sede en Buenos Aires. Posiblemente, ésta última nominación respondió a sus contribuciones en las bonaerenses Maderil y Revista Geográfica Americana, donde publicó como primicias sus expediciones por Esmeraldas. En 1943 fue hecho socio de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey; obtuvo el mismo honor en la Sociedad de Ciencias Naturales de Bogotá. A sus 33 años tenía un potente currículum.62 En 1942 publicó mucho sobre agricultura, mejoramiento agrícola en forma de abonos verdes, mejoramiento de semillas, microbios, y ―curiosamente― sobre alimentación, tema que consideraba un grave problema social de la nación. También escribió sobre conservación, especialmente en la Revista de la Cámara de Agricultura. En abril publicó «De inmediata necesidad es la creación del Departamento Botánico Forestal», el mismo título que usó para el editorial de Flora no. 11- 12 de mayo de 1944. Su intención de incidir en la educación seguía viva, como testimonia La enseñanza de la botánica en la escuela primaria, monografía que apareció de forma individual y como artículo en la revista quiteña Educación.63 En 1943 publicó «El quishuar u olivo de páramo», «Teniendo en cuenta la importancia forestal del Quishuar y por creerlo de gran utilidad para su futuro no muy lejano, dada la escasez actual de maderas en las poblaciones de la Sierra ecuatoriana, creo oportuno hacer la presentación botánica de esta especie.» Terminó con un acápite en favor de la reforestación del quishuar, donde concluyó que este árbol de páramo sería ideal para reforestar dichos ecosistemas por su fácil propagación y utilidad como madera, formando bosques en los deforestados páramos, esas enormes extensiones de tierras «actualmente sin provecho».64 El páramo de paja ―pajonal― le parecía inútil; la reforestación serviría para propiciar un cambio climático (atenuar el frío) y así sembrar otros cultivos en los páramos. Increpa a los hacendados, dueños de estas extensiones, a reforestarlas: «El Ecuador posee grandes extensiones de páramos sin ninguna aplicación; entonces lo racional es hacerlos producir, al propio tiempo que se cambiaría su climatología en beneficio de otros 62 Respecto a estos nombramientos hay que recordar que en Flora se colocaban biografías de científicos nacionales e internacionales y se destacaba mucho a las misiones científicas extranjeras. Acosta Solís no desperdiciaba oportunidad de adscribir extranjeros al IECN y a Flora, con lo cual, sin desmerecer su valía como científico, muchos nombramientos podían responder a actos de reciprocidad. 63 Acosta Solís 1942a. 64 Acosta Solís 1943c, 120, 124.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 97 cultivos.» No era el Estado quien debe hacerlo, sino «nuestros hacendados propietarios». Promovía la idea de «poner a trabajar toda la tierra posible»: los terrenos no productivos eran «tierra ociosa» y debían ser aprovechados. El páramo, yermo y despoblado de árboles, debía ser alterado en su composición. Los paisajes sin árboles eran inútiles y los conocimientos de la geografía y la botánica ―de la ecología en definitiva― eran las herramientas para volver eficiente su aprovechamiento. Veía el conocimiento como lo veían cada vez más los ecólogos de principios de siglo: como «una forma de ayudar a la carrera humana a administrar con más eficacia su interferencia».65 De nuevo, la naturaleza exuberante del territorio ecuatoriano y su administración científica sacarían al país del atraso económico, científico y cultural. Al final del artículo hay un mensaje en diferente tipo y tamaño de letra (tales mensajes eran usuales en Flora) donde dice: «Repoblar los bosques destruidos del país es preparar el bienestar futuro de sus habitantes y dar pruebas de cariño al terruño.» Conservar también significaba amar la tierra, y ambos significaban progreso. Y además significaba cuidarla para las generaciones venideras. Se trataba de un «amor» muy razonado, muy racional, pero sin duda de amor. En la misma Flora aparecieron otros trabajos suyos. Uno fue «Breves anotaciones sobre la historia de la climatología del Ecuador», donde repasó la climatología en las épocas precolombina, colonial, republicana y actual. Su objetivo fue otorgar información para el progreso de la agricultura, y su afán institucionalizador aparece cuando menciona la necesidad de fundar el Servicio Meteorológico Nacional.66 También fue suyo el editorial «Por la tecnificación de las juventudes», donde señaló que los jóvenes que aún no han caído en las «garras de la abogacía o el empleo público» se debían dedicar a la técnica. Su optimismo tecnológico ―tecnocracia― era tan visible como el futuro que le interesaba: El mundo del futuro está en la técnica. Los dueños de la técnica serán los dueños y hacedores del porvenir. Técnica en todos sus aspectos, en todas las ramas de la actividad humana: para la industria, para la agricultura e incluso para el comercio. Ese es el camino del futuro ecuatoriano y para ese futuro deben prepararse nuestros jóvenes [...] Tenemos la costumbre de decir, cuando buscamos trabajo, que sabemos hacer cualquier cosa. Este criterio hay que desterrarlo; es preciso servir para una sola cosa [...] Esa juventud debe responder al mañana, preparándose en lo único que se le exigirá de él: la técnica. Fuera de ella, muy 65 Bowler 1998, 275. 66 Acosta Solís 1943b.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 98 poco podrá hacer y será un fracasado irremediable. Busquemos la técnica para salvarnos como hombres y como nación.67 Era un tecnócrata, que deseaba especializaciones y un Estado involucrado en el desarrollo de la técnica y en la fundación de instituciones. Eucaliptos y otras especies introducidas La producción forestal, está representada únicamente por el eucalipto (Eucalyptus globulus), que ha librado de una gran tragedia maderera a esta área y aún a Quito mismo. A no ser por el eucalipto que fué introducido en la Sierra del Ecuador por el Presidente García Moreno en 1865, hoy día, toda la región interandina, estaría obligada a importar madera para las construcciones.68 El Instituto Ecuatoriano de Ciencias Naturales recomienda la reforestación de las áreas destruídas del altiplano, no solamente con eucalipto, que es el mejor que se ha adaptado, a este “medio” sino también el uso y fomento de las especies autóctonas y de importancia ya comprobadas.69 Un tema que merece destaque es la insistencia de Acosta Solís en la introducción de especies, y concretamente su pasión por el eucalipto. Ello porque, desde una visión contemporánea, tales prácticas aparecen fatales para la naturaleza y por ello es interesante dilucidar qué lo llevaba a pensar así hace seis décadas. Eran varias las especies que proponía introducir, o ya introducidas que fomentaba, en varios artículos. Y para todos los usos: fibras y lanas vegetales,70 maderas como el cedro centroamericano,71 o coníferas para leña, madera y prevenir y remediar la erosión.72 Sabía que la madera es un recurso de primera importancia y temía su escasez. Su insistencia se entiende. Cuando recorría la Sierra norte del Ecuador el paisaje era desolador: los bosques de los valles interandinos habían desparecido, y la aridez abrazaba (y abrasaba) las tierras agrícolas. Los campesinos, dependientes de madera para la construcción y combustible, presionaban los remanentes boscosos, cada vez más escasos. El presidente Gabriel García Moreno, reformista en el campo de la ciencia, había previsto una solución técnica. En mayo de 1865 y procedentes de Europa le llegaron cajones con semillas de eucalipto que la Sociedad de 67 Acosta Solís 1943a, 5-6. 68 Acosta Solís 1942b, 83. 69 Acosta Solís 1944g, 6-7. 70 Acosta Solís 1951c, 1952b. 71 Acosta Solís 1954a. 72 Acosta Solís 1952a.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 99 aclimatación de París le remitía.73 Fueron sembradas en dos quintas de Ambato y de los especímenes germinados se sacaron semillas para el resto del país. Como varias décadas antes las elites chilenas ―por ejemplo― es posible que no solo haya visto la utilidad económica en las plantas introducidas, sino la posibilidad de reproducir paisajes de países civilizados, adoptando sus valores estéticos.74 Los eucaliptos se adaptaron bien al clima serrano, fueron ampliamente difundidos, y se convirtieron en el «símbolo vegetal del progreso y la modernidad». Actualmente se han mimetizado de tal manera que en el imaginario colectivo son un elemento constitutivo del paisaje rural.75 De hecho, fue asimilado en tan pocas generaciones que, como en otras regiones de América, la opinión pública cree en su antigua tradición americana.76 Y es quizá la única planta no europea que tuvo una amplia difusión tanto en América, como en Europa.77 El eucalipto fue usado a fines del XIX y principios del XX en áreas previamente destruidas, pero en la actualidad incluso se clarean áreas de bosque virgen para sembrarlo.78 Su introducción y uso en programas de reforestación, ahora criticada en el Ecuador, no es un caso particular.79 73 Martínez, 1944. 74 Iglesias 2003, 41. 75 Pérez 1995, 38. 76 Tudela 1990, 77. 77 Crosby 1999. 78 A fines del siglo XX el programa Profafor-Face, apoyado por la cooperación internacional y el Estado ecuatoriano se dedicó a la siembra de especies introducidas en la Sierra, y hace poco tiempo iniciativas privadas similares comenzaban en la Costa, concretamente en la provincia de Esmeraldas, donde se han destruido decenas de hectáreas de bosque en pie para sembrar eucaliptos destinados a proveer de fibras y pedazos de corteza (wood chips) y pulpa a los mercados asiáticos. Este proceso de destrucción para sembrar (diferente de sembrar donde está destruido) ha ocurrido antes en zonas como Tailandia o India, amenazando la dinámica de los pueblos campesinos, que en ocasiones han resistido a su introducción (Guha y Martínez Alier 1997, xviii, 7) 79 En Francia las reforestaciones masivas, inicialmente consideradas ecológicas tras la Segunda Guerra Mundial, han sido el blanco de las críticas ecologistas por su impacto en la biodiversidad nativa, en el suelo, el ciclo del agua, la erosión, y por tener en primer lugar, finalmente, un objetivo comercial. Críticas más directas, en el caso del eucalipto y junto al pino, son las que ha recibido en España, donde se ha sumado el argumento del peligro que conlleva por los incendios forestales (Camus 2001, 26-29). La sustitución de comunidades vegetales fue igual en países como Venezuela (Vieira 2004, com., pers), donde Acosta Solís fue como asesor conservacionista en 1953.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 100 Los eucaliptos tuvieron un auge precisamente cuando Acosta Solís era niño. Sembrarlos y vender la madera para la construcción, leña y carbón era considerado un negocio lucrativo.80 Las zonas de bosques naturales estaban siendo arrasadas por la ampliación de la frontera agrícola, y la producción de eucalipto se convirtió en una forma más de pagar los arriendos de las haciendas, y fueron sembrados en anteriores zonas de barbecho. Por ello no extraña que a comienzos de la década de 1920 se promoviera el Día del Árbol. La importancia de estos bosques artificiales se desprende, por ejemplo, de la existencia de una hacienda especializada en producirlos para abastecer a Qui- to, a comienzos de siglo, en Cotocollao, con 22.521 árboles de todas las edades. Y también el inventario en 1913 de una hacienda en Cayambe, donde se describe «el estado de cada uno de los 743 eucaliptos, lo que demuestra su gran valor de merca- 80 Paviolo 1927 citado en: Pérez 1995, 76. Dibujo de un árbol de eucalipto, casi seguramente uno de los primeros aclimatados en el Ecuador. Acosta Solís apoyó con fervor su uso para recurperar tierras degradadas.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 101 do [...] El inventario es realmente asombroso: “En el bosque se encuentran 99 eucaliptos antiguos y gruesos, 10 antiguos y delgados, 4 antiguos y despuntados, 1 antiguo y caído”». La misma descripción se hace para los ubicados en el callejón de entrada, el corral, la cuadra frente a la quesera, el jardín detrás de la casa de hacienda. También están inventariadas las otras especies maderables, como capulíes, sauces, nogales, acacias, manzanos y cedros, que suman 91 individuos.81 No asombra entonces que Acosta Solís llamara al eucalipto «la salvación maderera de la Sierra». Sin éstos podría no haber nada y la erosión sería mayor; era la única especie forestal económica existente por la devastación de los bosques naturales. Y la consideraba hermosa, con frases como el pie de un dibujo: «Paisaje Interandino del Ecuador, en San Pablo, Prov. de Imbabura. El Eucalipto, la laguna y el cerro de Imbabura hacen un hermoso contraste.» Pero nunca aludió a los problemas de desecación del suelo y pérdida de fertilidad y biodiversidad que acarrea la forestación con eucaliptos. Quizás no estaba al corriente, o quizás sí pero le parecía inocuo en relación con el potencial uso económico. De hecho, los departamentos forestales de todo el mundo escogieron el eucalipto como el árbol predilecto sin reparar en los daños potenciales por su rapidez de crecimiento, variedad de usos (pulpa, combustible), poco cuidado requerido, y no ser dañado por las vacas y cabras.82 Conservacionistas como Pinchot prestaban poca atención a las complicaciones ecológicas: buscaban producir sin reparar en la matriz biológica, herederos de la agricultura científica ilustrada.83 Acosta Solís, aunque conciente de las relaciones ecológicas, o era incapaz de prever el daño, o era conciente de que por sus características era la especie idónea para la región en el corto plazo, mientras se experimentaba con otras nativas, cosa que también hizo y promovió. En 1949 se refirió al eucalipto de forma detallada.84 Un artículo apareció en Flora y comenzó así: La Región Central o Interandina del Ecuador ha sido debastada de sus bosques naturales y, la falta de masas arbóreas ha venido constituyendo un grave problema para las construcciones, para los hogares y para la industria de la madera. La introducción y espléndida aclimatación del Eucalipto ha venido a solucionar, en gran parte, tan terrible carestía en la Sierra [...] El Eucalipto ha constituido la 81 Pérez 1995, 79, 82. 82 Guha y Martínez Alier 1997, xviii. 83 Worster 1994, 269. 84 En el artículo «El eucalipto en el Ecuador» (Flora no. 15-16); en un libro con el mismo título; y en Publicación. También en la revista Tungurahua publicó en 1946 el artículo «Estado actual del histórico árbol de eucalipto de Ambato y sugerencias para su conservación».
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 102 salvación maderera de la Sierra ecuatoriana y la Nación rendirá el homenaje merecido al hombre previsivo que supo introducir tan importante especie en favor de la economía nacional.85 Justificó su artículo al conocer el interés de algunos hacendados por cultivar árboles y principalmente eucaliptos, por lo que creyó «conveniente presentar esta modesta contribución en favor de la economía forestal nacional.»86 Dice que es bueno para toda la Sierra, la Costa, e inclusive Galápagos. También menciona especies autóctonas y así, cuando se refiere al problema de la madera y combustible menciona tres opciones: explotar los bosques de tierras bajas, imposible por la falta de vías de comunicación; reforestar con especies autóctonas mediante el Plan Quinquenal de Reforestación que dice haber elaborado (anticipa que le antepondrán como inconveniente el tiempo, a lo que se debería contestar que «todos estos asuntos requieren tiempo y constancia; no es posible obtener todo de la noche a la mañana y antes de que sea tarde, la obra debe comenzar lo antes posible.»); y finalmente intensificar la reforestación con eucaliptos como base, pues son bien conocidos (presenta una lista basada en su conocimiento y en el de eucaliptólogos de Argentina, Brasil, Estados Unidos y México). Entre sus fuentes cita a William Kynoch, quien le dio un curso de tecnología forestal en la Universidad de Michigan. Acosta Solís estaba convencido ―como la mayoría de quienes hacen ciencia en el Ecuador contemporáneo― de que lo bueno viene de afuera, inclusive las especies biológicas, y por ello era necesario ajustar los paradigmas y replicarlos. Su actitud era la de tantos científicos «periféricos» que han hecho hasta lo imposible por ajustarse a las leyes de la ciencia universal, en muchas ocasiones despreciando lo que puede ser su propia tradición (en buena parte mediado también por la falsa creencia de que lo local no es importante sino lo universal).87 Con la introducción de especies contribuyó a prolongar e intensificar el proceso de unificación biológica del mundo (que tuvo mucho de expansión biológica de Europa),88 y que ha dado beneficios y dolores de cabeza a las personas inmigrantes, pero solo desventajas para la riqueza natural nativa. En todo caso, como dije, no dejaba de invitar al uso de especies autóctonas. Por ejemplo, en un editorial de Flora dedicado exclusivamente a la reforestación escribió: 85 Acosta Solís 1945e, 151. 86 Acosta Solís 1945e, 152. 87 Restrepo Forero 2000. 88 Crosby 1999.
Ciencia y conservacionismo (1940-1943) 103 En la forestación de la Sierra ecuatoriana debe procurarse emplear primeramente las especies autóctonas y útiles, y luego las importadas y aclimatables. Dentro de las primeras débese preferir en la Sierra los cholanes, quishuares, algarrobos, capulíes, molles, etc. si las áreas son secas; cedros nogales, alisos, sauces, eucaliptus, álamos, etc. si las áreas son provista de agua o riegos.89 89 Acosta Solís 1942e, 7.
CAPÍTULO 3 Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) A comienzos de 1942, el Ecuador cedió la mitad de su territorio a Perú, rompía relaciones con Alemania, Italia y Japón, y se entregaba a Estados Unidos. Los funcionarios de este país instalaron entonces una estación agrícola, se dedicaron a importar quina, caucho, balsa, arroz, café y cacao, y establecieron bases militares en Galápagos y en la región central de la Costa. El presidente Carlos Arroyo del Río realizó convenios comerciales contra los intereses del país, pues vendía materias primas «a precios sumamente inferiores a los que pagaban otros países, ocasionando un perjuicio a la economía nacional en una coyuntura en la que países como Perú, Colombia y Brasil aprovecharon para vigorizar su economía». El Ecuador se convertía «en un apéndice de la economía bélica de Estados Unidos», y se agravaba la crisis de gobernabilidad.1 No hubo resistencia. En los primeros años de la década de 1940 había asociaciones, muchas clandestinas, que impulsaban un espíritu renovador, crítico. Pero aun estas facciones apoyaban la guerra para vencer al nazismo y fascismo, y aplaudían y fomentaban la producción de artículos estratégicos. Inclusive criticaban las movilizaciones obreras que ponían en riesgo la producción.2 La Segunda Guerra Mundial, en un primer momento, causó preocupación, pues Inglaterra, Francia y Alemania se contaban entre los principales compradores de materias primas ecuatorianas. En octubre de 1939, un mes después de la invasión de Polonia, las recaudaciones aduaneras disminuyeron un 50% respecto al mes anterior.3 No obstante, la recuperación inició enseguida, aunque solo fuera un espejismo. Para Miño Grijalva: «La segunda guerra mundial representa para la economía nacional el fin de la crisis y una nueva etapa de relativa expansión [...] las necesidades de los países involucrados dinamizaron las exportaciones ecuatorianas, a la vez que obstaculizaron el movimiento de las importaciones. La guerra hace que el 1 Quintero y Silva 2001a, 459. 2 Quintero y Silva 2001a, 465. 3 Quintero y Silva 2001a, 428.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 105 Ecuador exporte productos de indispensable consumo para los países beligerantes como arroz, balsa, caucho, cascarilla.».4 Sin embargo, Cueva recuerda que «el nivel de vida de las masas no haría más que deteriorarse [...] el monto de nuestras exportaciones llegó a más de 10 millones de dólares en 1942, a cerca de 23 millones en 1943 y casi a 29 millones en 1944 [...] pero ello no se tradujo más que por una inflación galopante, con el consiguiente empobrecimiento de las clases populares. Entre 1939 y 1944, los precios internos se duplicaron, mientras los salarios y otras remuneraciones permanecieron virtualmente estancados.»5 Y Quintero y Silva añaden que solo comerciantes y banqueros «hacían su agosto».6 Fue en este contexto que Acosta Solís, como muchos otros científicos ecuatorianos, colombianos, venezolanos, etc., se involucró en las misiones de guerra estadounidenses. En 1943 cobraron protagonismo las misiones de guerra económica que envió Estados Unidos al Ecuador y otros países suramericanos, y que fueron trascendentales en la vida de Acosta Solís. En febrero llegó la Comisión Forestal, liderada por Leslie R. Holdridge, para estudiar las posibilidades forestales del Ecuador. Recorrieron durante tres meses la Costa y Amazonía, asesorados por Acosta Solís. Y en abril llegaron técnicos de la Defense Supplies Corporation que se dedicaron al reconocimiento de las cinchonas del país. El 10 de mayo de 1943 fue el primer día de actividad comercial de la Misión de la Cinchona en el Ecuador, una intensa operación estadounidense que buscaba obtener quina y quinina para combatir el paludismo. Pocos años antes la producción era monopolizada por las colonias holandesas de las Indias Orientales (en Java ocurría la mayor producción mundial), pero con la invasión japonesa tal suministro se perdió y fue necesario contar con el medicamento para la guerra en los trópicos. Cerrado el mercado asiático se regresó a las tierras de origen de la quina (localmente llamada cinchona o cascarilla): Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela y Ecuador, principalmente. Estados Unidos necesitaba el producto y la Misión de la Cinchona tuvo una importancia económica y logística considerable. Como en siglos anteriores, la demanda del mercado mundial condicionó el futuro de los bosques de quina, pues algunos fueron intensamente explotados. La Misión de la Cinchona fue llevada a cabo por la United States Foreign Economic Administration, sucesora de la Board Economic Warfare y de la Office of Economic Warfare. Hacia el final, fue termina- 4 Miño Grijalva 1990, 58-59. 5 Cueva 1990, 106. 6 Quintero y Silva 2001a, 443.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 112 científicos y fue un espacio de intensa experimentación, producción e intercambio de tecnología agrícola y conocimiento entre ecuatorianos y estadounidenses, por lo que merecería ser estudiada en sí misma. Además, significó mucho en la vida de Acosta Solís. La Estación tenía, además de la infraestructura en Pichilingue, por lo menos un laboratorio en Guayaquil donde se realizaban las pruebas químicas, y también estaciones de aclimatación en otras latitudes.26 Hasta 1944 los trabajos eran con caucho, quina, barbasco y abacá, y se investigaba sobre conservación de suelos y riego, cacao, quina, piretro, construcción de viveros.27 Además de los cinchoneros (químicos, forestales, botánicos, etc.), hubo varios edafólogos estadounidenses entre los que destaca a Eilif Miller, quien estudió los suelos del Ecuador y publicó su tesis doctoral en 1948. Asimismo, en 1945 Acosta Solís recorrió el Ecuador con otros edafólogos estadounidenses: Robert L. Pendleton, Charles S. Simmons, y Eilif Miller, y con el botánico F.A. McClure.28 En ese tiempo cinco agrónomos ecuatorianos se especializaron en conservación de los suelos. Uno de ellos, Bolívar Lizarzaburu, trabajaba en la región interandina, y había trabajado la Estación Experimental. Además había estudiantes haciendo tesis sobre erosión, reforestación, y temas afines.29 La experiencia estadounidense en conservación de suelos, desarrollada con énfasis tras el Dust Bowl fue transmitida a científicos ecuatorianos. Reinaldo Espinosa también pudo recibir estas técnicas e ideas tras su contacto con los técnicos estadounidenses; para él era el fuego en el sistema de «tala y quema» la principal causa de pérdida de fertilidad y le causaba pavor el descuaje de los bosques porque no permitía una agricultura «racional» y porque se acababan las maderas en zonas cercanas.30 De hecho, el científico lojano solo se refirió a estos temas tras su participación en la Misión de la Cinchona. Acosta Solís admiraba el trabajo de los extranjeros; si bien reconocía que los incas habían hecho un buen trabajo de conservación, creía que los sistemas indígenas tradicionales de la Sierra (que aun existen) no eran más «conservacionistas» que los propuestos por los técnicos estadounidenses en la Estación. Pero si bien este contac- to pudo «concienciar» a algunos científicos, quizás por el hecho de que la Estación fue instalada «desde fuera», por no haber nacido de una necesidad identificada des- 26 Como en El Topo (Tungurahua, en el río Pastaza, al este de Baños), o en Saloya, donde había semilleros y viveros (1951a, 54). 27 Anónimo 1944. 28 Los resultados de estas excursiones estarían en unos “Reports” escritos para la Estación. 29 Acosta Solís 1952a, 18. 30 Espinosa 1949b.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 113 de dentro, las ideas no trascendieron de las mentes científicas. Pudo conducir a algo similar a lo sucedido en Argentina, donde la atención al tema del suelo solo comenzó en 1957 con la creación del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, aunque antes hubiera siete técnicos especializados en control de la erosión.31 En julio de 1944 el presidente José María Velasco Ibarra decretó una Ley de Riego y Saneamiento del Suelo. La aridez era ya un problema de Estado, como lo era la perspectiva de poca producción agrícola; la ley propendía a reactivar las tierras abandonadas por falta de riego. Poco después se creaba la Caja Nacional de Riego, con el objetivo de ejecutar obras de regadío. Desde Flora, Acosta Solís aplaudió esta resolución.32 No obstante, solucionaba un problema puntual, cuando lo que se requería era un abordaje integral. Acosta Solís mantuvo relaciones con la Estación tras la guerra; por ejemplo, en 1952, estando en el Departamento Forestal, presentó un informe al Ministerio de Economía sobre las plantaciones de Cedrela de ese lugar. La Estación todavía existe y en 2004 es gestionada por el Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias. La campaña conservacionista en los años de la quina Acosta Solís era infatigable. Además de trabajar en la Misión de la Cinchona dedicó tiempo a sus actividades conservacionistas y de difusión en el IECN, especialmente mediante Flora. En 1944 aparecieron dos números.33 La campaña conservacionista ganaba fuerza. La relación con los botánicos y técnicos forestales estadounidenses había reforzado sus convicciones. En plena guerra mundial, observando la importancia de los recursos naturales, veía multiplicados su valor e importancia para la patria, así como la necesidad de alertar sobre su pérdida. 31 Brailovsky y Foguelman 1993, 287. 32 En Argentina también fue una década de impulso al riego; de hecho, Brailovsky y Foguelman 1990, 304, mencionan que ocurrió a escala internacional, aunque el problema fue compatibilizar los usos pretendidos: hidroelectricidad, agua potable, navegación, riego. Este fenómeno también merece atención en la historia ambiental ecuatoriana. 33 El número de mayo apareció por lo menos a partir de la segunda mitad de junio, pues incluye una nota necrológica a una muerte el 13 de junio de 1944.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 114 Si se sigue con la destrucción que se practica actualmente en los bosques, tendrá que lamentar muy pronto el país, no sólo por la pérdida económica, sino también por los trastornos biológicos, climáticos y edáficos del hábitat ejemplos de tales afirmaciones tenemos a lo largo de toda la Sierra ecuatoriana, cuyas laderas y llanos presentan caracteres de asentuado xerofitismo, aunque con algunas excepciones.34 La mezcla de discursos conservacionistas y nacionalistas vuelve a ser evidente en las portadas de 1944. En mayo apareció, bajo el dibujo de unas ramas de árbol, el siguiente escrito: «Defender las riquezas naturales de un país es defender el patrimonio nacional». Mientras en diciembre, bajo una iglesia escondida entre eucaliptos: «Forestar las laderas, arbolar los caminos y reforestar los antiguos bosques, es obra de patriotismo y de previsión». Tal nacionalismo estaba a tono, como antes he recordado, con el clima que se vivía en el país; pero también con las ideas de científicos de otras partes del mundo, especialmente estadounidenses. Y por supuesto con los colegas nacionales, quienes todavía hoy festejan sus actos nacionalistas.35 Eso sí, su «patriotismo» no le impedía quejarse de la falta de interés de políticos y ciudadanos por la conservación y otros asuntos hasta sus últimos días.36 Quejarse era parte de su «verdadero nacionalismo»; como él mismo decía: «conste que el IECN, presentó estas sugerencias como un deber de nacionalistas y que si el Gobierno no sabe atender a estos importantes asuntos, que queden sentadas nuestras actividades patrióticas y de previsión económica. Se regocijaba de la belleza de la naturaleza, pero sabía que el gobierno, las elites, el pueblo y él mismo preferían el argumento económico. La belleza servía para describir, pero todavía no para justificar la protección. Tampoco usaba regularmente ideas animistas u organicistas, como las de «madre naturaleza». Ambas tendencias solo aparecerían intensamente en sus discursos a partir de la década de 1950.37 34 Acosta Solís 1944g, 6. 35 En 2002 apareció en el periódico El Comercio lo siguiente: «Con su sentida desaparición la ciencia ecuatoriana perdió un varón de dimensión universal y el Ecuador un insigne patriota que bregó infatigablemente por la defensa de la soberanía y de sus recursos naturales» (Pezantes 2002). Ortiz Crespo 1994, escribiría en la necrológica de Acosta Solís que «los que le conocimos le recordaremos siempre como un auténtico pionero y un irrefrenable idealista y patriota». 36 En su artículo publicado de forma póstuma, «La ciencia en América Latina durante la conquista y la colonia», señala directamente a dictaduras y militares como «causantes del atraso científico de nuestros países» (Acosta Solís 1994, 159). 37 En México sucedió algo similar: la mayoría de personas en ese país deseaba salvar la naturaleza por los recursos económicos y servicios ambientales, mientras el argumento estético era de pocos. A fines de la década de 1940 y en adelante incluso el argumento del valor ecológico perdió valor y fue cuestionado su cientificismo. El proyecto, similar al de Acosta Solís, aparece claramente en un discurso de 1942 del Jefe de la Oficina Forestal y de Caza de ese país: «México se encontrará en una posición ventajosa si utiliza racionalmente
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 115 De la ecuación conservación = dinero (con solo una pizca de admiración estética) hay ejemplos en las Flora de 1944. En mayo, bajo la foto de una palma real está escrito: «Esta principésca especie, abunda en los bosques tropicales del Ecuador y está llamando a los industriales para su aprovechamiento técnico y económico: aceite, jabones, alimentación etc., etc.» En diciembre tal resalte recayó sobre la guadua (una especie de bambú) de la que dice desempeña un «importantísimo papel económico» y que dada su importancia económica «debe ser cultivada intensamente, en todos los lugares adecuados». Junto con la difusión del conservacionismo continuó el proyecto de Flora: dar cuenta del potencial económico de la flora como producto forestal y agrario. Se incluyó una sección forestal y maderera con algunos artículos traducidos. Uno fue «La tecnología maderera, un nuevo campo profesional» de William Kynoch, profesor de la materia en la Escuela Forestal y de Conservación de la Universidad de Michigan. En una nota al comienzo dice: «La Dirección se complace en insertar este artículo con la esperanza de presentar nuevos cargos profesionales a la juventud ecuatoriana». Acosta Solís pedía a gritos ingenieros de montes, o «técnicos forestales». En el texto se describe la diversidad de usos de la madera, las oportunidades de trabajo, lo que hace un técnico maderero y se publicita el programa de estudios en Michigan (al que iría Acosta Solís luego).38 Otra traducción fue «La madera del futuro» de Stanley F. Horn, extracto del libro This fascinating lumber business donde se refiere al aprovechamiento del aserrín.39 Además se inauguró la sección de zoología. En la Flora de mayo Acosta Solís también firmó una breve nota titulada «Los bosques impiden los deslaves» que transcribo por su brevedad y relevancia: El papel de la vegetación en la absorción de la lluvia por el suelo es de capital importancia. Se ha comparado con razón los bosques a un papel secante [...] Es- to nos da idea de lo que sucede si el suelo está bien cubierto de bosques o bien si es desnudo. Por gruesa que sea la lluvia, si cae en el bosque, su fuerza mecánica queda disminuida en gran parte por los árboles y chaparrales, de modo que, en un bosque bastante tupido, el agua no podrá erosionar el suelo. Forestando nuestros terrenos desolados, evitaremos la erosión y tendremos en un futuro no muy lejano, madera, combustible y reserva de oxígeno.40 sus recursos forestales, promoviendo el establecimiento de industrias forestales que beneficien al país» (Simonian 1999, 20, 148). 38 Kynoch 1944. 39 Horn 1944. 40 Acosta Solís 1944f, 22.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 116 Está hablando de servicios ambientales, del valor ecológico de la naturaleza. Y no aparecen siquiera referencias a la estética. Es la crudeza del lenguaje científico su lanza retórica para promover su agenda. El editorial de mayo es la continuación de su campaña institucionalizadora de la conservación. Se titula «En el Ecuador es de inmediata necesidad la creación de un Departamento Botánico - Forestal». Explica de lo que se trata tal organismo de protección, mencionando que desde 1936 ya pidió por la prensa que se creara uno, pero que «Si alguna vez los Gobiernos o los hombres de estado oyeran siquiera las sugerencias, que patriótica y desinteresadamente hemos presentado algunos fanáticos defensores de las Riquezas Naturales, no estuviéramos ahora tan arrepentidos, lamentando nuestro descuido e indolencia.»41 La experiencia de la guerra le servía para justificar ante al gobierno el valor de la riqueza vegetal para la economía, para la industria, como en México y otras naciones.42 Para ello se requería un organismo estatal especializado. Cada vez más revestido de autoridad científica, y cada vez más decidido a lograr la institucionalización de la conservación, no extraña que en pocos años lo lograra, en la coyuntura de un gobierno abocado al desarrollo del agro. Pero eso lo ilustraré luego. Propuso otra institución en el editorial de diciembre: el Comité Nacional para la Protección de la Naturaleza, «una obra verdaderamente nacionalista», que según él ya existía en Venezuela, Colombia, Perú y casi todos los países de América, y estaría «encargado de salvaguardar nuestro Patrimonio Nacional: Flora y Fauna» y tendría que lidiar con varios problemas (no los especifica aunque se deduce que es la deforestación). También logró fundarlo años más tarde. En 1944 también pidió al gobierno que dicte urgentemente «normas y Leyes de Protección contra la desmedida tala y desordenada destrucción de los Bosques Naturales», añadiendo que esas leyes ya han sido preparadas en el IECN.43 Con mucha probabilidad los mensajes iban dirigidos al nuevo presidente, Velasco Ibarra, proclamado el 31 de mayo tras la «gloriosa» revuelta popular que destituyó a Carlos Alberto Arroyo del Río tres días antes. El editorial Flora de 1944 es clave no solo para conocer su pensamiento de manera histórica, sino para el mismo Acosta Solís en su tiempo, pues lo citó repetida- 41 Acosta Solís 1944h, 5. En la misma revista, p. 53, pone el año 1934, evidenciando un desfase. Pendiente de consultar la prensa de esos años para establecer con exactitud cuándo publicó sus primeros artículos conservacionistas, me inclino a considerar el año como 1936. 42 Simonian 1999, 149. 43 Al parecer, las disposiciones legislativas para la explotación de bosques de 1939 no habían sido ejecutadas. De hecho, solo en 1958 se publicó la Ley Forestal.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 117 mente como evidencia de su temprana denuncia del cambio ambiental. Son varios los aspectos interesantes. Desde el comienzo ―como es usual― ataca al gobierno por su parálisis e incapacidad técnica ante el tema de la conservación: En la actualidad, la conservación de los Recursos Naturales, y en especial de la Flora y Fauna indígenas, es un asunto de vital importancia para todos los países americanos. Solamente el Ecuador va quedando atrás en todo; pero se explica: Nuestros Gobiernos han sido ignorantes en estos asuntos, por no tener colaboradores verdaderamente técnicos; casi todos son improvisados para esta clase de puestos; estos no conocen de la verdadera tecnificación agrícola y menos aún de la protección de las Riquezas Naturales. Este vicio se ha venido observando desde hace muchos años.44 Luego se refiere a la extinción y riesgo de extinción de especies animales de Galápagos, y también continentales como tapires, vainilla de los bosques, zarzaparrilla, etc. Recuerda las conferencias de Berna de 1913 y Washington de 1940 y critica que el Ecuador se quede atrás en el asunto conservacionista: En el Ecuador, el asunto forestal sigue a fojas uno [...] La destrucción y explotación de los bosques maderables en las áreas y secciones donde han sido alcanzadas por caminos y carreteras, es desordenada y salvaje: En las áreas que hasta hace 15 años fueron bosques andinos y subandinos, existen hoy día solamente la desolación y el comienzo de la devastadora erosión; pues ya no existen los árboles y la vegetación arbustiva y los poblados circunvecinos están careciendo de leña y madera, todo por falta de leyes y autoridades que lo protejan.45 Dejaba su testimonio de una crisis energética en la Sierra, en cierta manera similar a la que afectó a Europa a fines del siglo XVIII y principios del XIX por la falta de leña, y solucionada con el consumo de combustibles fósiles.46 Con lo cual, se puede pensar que su conservacionismo también fue contingente a esta crisis, como al problema de las tierras agrícolas por la erosión del suelo, y a las ideas que circulaban internacionalmente sobre el tema. Era consciente de la necesidad de proteger esas fuentes de energía y renovarlas, de la misma manera que estaba interesado en, por ejemplo, proteger especialmente los yacimientos de carbón. Una razón más por la cual consideraba al eucalipto la salvación maderera, pues por su adaptación en la Sierra la crisis no era peor. En la anterior cita también pareciera opuesto a la construcción de carreteras. Nada menos cierto. En verdad le molestaba que ocurra de forma «desordenada y 44 Acosta Solís 1944g, 5. 45 Acosta Solís 1944g, 6. 46 Pérez 1995; González de Molina 1993, 35.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 118 salvaje», por lo que le interesaba organizarla. De hecho, lo hizo en teoría cuando trabajo en la Junta Autónoma del Ferrocarril en la década de 1950. Si sus planes se hubieran seguido quizás el paisaje y su uso serían otros en la actualidad, pues tenían un trasfondo conservacionista. Sus ideas respecto a la colonización y ampliación de la frontera las anticipó en una conferencia de diciembre de 1944. Un discurso ante las elites sobre colonización y agricultura El 10 de diciembre de 1944 Acosta Solís pronunció una conferencia sobre el uso que debían tener las selvas a ambos lados de los Andes, y también sobre agricultura en la Sierra, repartición de la tierra y productividad. La ocupación del territorio era incompleta en la mayoría de países latinoamericanos, con áreas casi completamente despobladas; de hecho internamente había fronteras interiores a veces mejor marcadas que las internacionales. Ello impulsaba planes de ocupación para garantizar la integridad territorial y evitar litigios por asuntos que se arrastraban desde el período colonial. A ello se sumaban aspiraciones que identificaban la conquista de estas fronteras con la solución a los problemas nacionales.47 En el Ecuador de entonces ello era aun más crucial por la reciente pérdida de territorio ante Perú, aunque ya desde 1936 se había decretado la Ley de Tierras Baldías y Colonización, cuya exposición de motivos comenzaba así: «La necesidad humana de ofrecer a los desheredados de la fortuna la ocasión de aprovechar de nuestras ubérrimas riquezas, ha inspirado la idea de estudiar y solucionar, con orientación moderna, el problema de las tierras baldías ecuatorianas.»48 Acosta Solís y las elites sabían de la necesidad de llevar adelante este proceso, tan intenso que en 1957 fue necesario crear el Instituto Nacional de Colonización, con el Estado siendo partícipe activo y con los indios, tradicionales habitantes de esas tierras, invisibles.49 En la década de 1950 la frontera se incrementó de forma vertiginosa para la inversión agroindustrial en la Costa y para la explotación de los recursos naturales renovables y no renovables allí y en el piedemonte amazónico, por la vía Baños-Puyo. Al mismo tiempo, fue una consecuencia del proceso de integración nacional, parte de la ruptura de la sociedad tradicional agraria. 47 Tudela 1990, 99-100. 48 Ley de Tierras Baldías y Colonización de 1936. Registro Oficial, 9 y 10 de setiembre de 1940, 33. 49 Trujillo 1988, 59, 63. En 1936, no obstante, existía ya un Ministerio de Tierras Baldías, aunque desconozco qué sucedió con éste.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 119 La conferencia ocurrió en la Unión Nacional Ecuatoriana, organización quiteña creada como respuesta a esta necesidad de consolidar las fronteras mediante el desarrollo económico y cuyos objetivos eran: Propender a la defensa de la integridad territorial, a la colonización de las zonas Oriental y Occidental del Ecuador; a la explotación de las riquezas auríferas en placeres, detritus o filones y al fomento de la agricultura, industrias y comercio por medio de sus socios [...] colonizar las tierras baldías por medio de cultivos adecuados y de fundaciones industriales y mineras, obteniendo leyes que protejan el desarrollo de la colonización y la adjudicación de parcelas de tierras a los colonos, consiguiendo para ello el respectivo apoyo de los poderes públicos.50 La conferencia estuvo titulada «Algunas consideraciones sobre la tierra ecuatoriana y su colonización» y el extracto publicado en 1945 llevó dos subtítulos muy ilustrativos: «La necesidad de colonizar las áreas comprendidas entre Santo Domingo y Esmeraldas» y «Principales productos vegetales de porvenir económico que deben intensificarse en el trópico noreste ecuatoriano». Estaba a tono con la situación del momento. La carretera que une Quito con Santo Domingo de los Colorados fue concluida en agosto de 1942 tras dos décadas de construcción, y pese a que faltaba concluir varios puentes y el mantenimiento y reparación debían ser constantes, ya funcionaba. Avanzaban además las carreteras hacia Chone, Quinindé y Esmeraldas. Entre 1921 ―cuando comenzaron las obras― y 1943, el Estado adjudicó cerca de 23.000 hectáreas en lotes de 50 a 200 hectáreas entre Saloya y Santo Domingo de los Colorados, proceso que con el tiempo afrontó una serie de problemas de legalización en la posesión y ocupación por una desorganizada política colonizadora.51 En parte, mediante la Ley de Tierras Baldías y Colonización de 1936 se intentó regular esto. Cuando Acosta Solís pronunció su conferencia, la Unión Nacional Ecuatoriana había pedido tierras en la vía Santo Domingo-Quinindé, y los científicos estadounidenses de la Misión de la Cinchona planeaban establecer la Estación Experimental de Saloya. La Costa recuperaba las agroexportaciones; superada la caída del cacao, las cálidas llanuras de inundación, antes sabanas, humedales y bosques de llanura, se llenaban de productos tropicales, entre éstos el arroz que en 1946 fue el principal 50 Acosta Solís 1945f, 14. 51 Anónimo, 2002, «Historia de Sto. Domingo. El siglo XX y la era del progreso». En La Hora edición Santo Domingo, en http://www.dlh.lahora.com.ec/paginas/tsachilas/index2.htm (descargado en mayo de 2004).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 120 producto de exportación.52 La frontera agrícola se expandía como en el resto de Latinoamérica y Acosta Solís confiaba que el proceso podía ser organizado. En el extracto publicado menciona que en el Ecuador el problema de distribución de la tierra, poblamiento y agricultura ha sido encarado sin criterio. «Sin embargo de que el Estado ha sido muy pródigo en la adjudicación de tierras, estas no han sido convenientemente repartidas ni trabajadas.» Pero ello no debe confundir y ser interpretado como una reivindicación de los movimientos sociales del momento, pues se queja tanto de los hacendados como de las luchas obreras y campesinas impulsadas por movimientos de izquierda que estarían despoblando el agro. Si los concesionarios de tierras hubieran poblado y trabajado solamente cumpliendo con sus obligaciones, nuestro país tendría una población doble de la actual, necesaria para el robustecimiento demográfico de nuestras fronteras sureñas y orientales y para proporcionar los brazos suficientes para la agricultura, la cual tórnase grave en la actualidad, debido en gran parte a la mala labor que vienen desarrollando los politiqueros de extrema izquierda, que creen reivindicar al indio, al campesino y al agricultor con sólo discursos fofos y sin fundamento y luego con hacerles inmigrar del campo a las ciudades. La causa de estos males arranca desde la creación de la República y no solamente en la prodigalidad del Estado en hacer concesiones, sino también en el latifundismo, que alzó su vuelo arrancando derechos injustos desde la conquista y la Colonia, favoreciendo a muchos personajes, que jamás han dado señales de vida en la explotación del agro y en el problema conexo de la colonización.53 Aquí ataca a los comunistas, pero al final de su vida se confesaba de izquierdas. De la misma forma, si bien pertenecía a la elite económica serrana, no dudaba en denunciar a la iglesia. Cuando una periodista le preguntó si el científico estaba aislado de la ideología respondió: «Somos humanos. Yo nunca actúo en política, pero tengo mi tendencia [...] Yo soy un hombre de izquierda.». Y cuando le dijo si era o no religioso, contestó: «Yo soy un cristiano. Cristo fue un hombre de filosofía; pero no creo en Iglesias ni en curas, peor en la Iglesia Católica Apostólica Romana. Estos señores son comerciantes de la Iglesia. Algunos curas no dan misa si no se ha pagado lo suficiente. Me impresionó a los seis años la avaricia de un católico apostólico romano ambateño.»54 52 Durante la Segunda Guerra Mundial el arroz tuvo, como la quina, gran demanda, por el cierre de los mercados asiáticos. De exportar grano por el valor de 6.555.017 sucres en 1939, para 1943 este valor se incrementó en un 1.568%. 53 Acosta Solís 1945f, 3. Pérez 1995 explora como conflicto ecológico aquel entre indígenas y campesinos vs. propietarios de la tierra en la región alrededor de Quito. El tema reclama nuevas lecturas desde el lente de la historia ambiental. 54 Laurini 1992.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 121 Para lograr la productividad y el progreso estaba dispuesto a criticar al latifundista que no aprovechaba bien la tierra. Se trataba de ser eficientes y usar hasta el último centímetro de tierra. Sin embargo, estaba hablando ante las elites ―su lugar de procedencia― y luego matiza sus ideas, diciendo que el latifundismo es visto de manera dicotómica: como lacra social y como propiedades que deben ser respetadas. Entonces su relación con las elites y su proyecto son más explícitos, pues menciona que las grandes extensiones de tierra que sí son aprovechadas no deben ser llamadas latifundios, sino «área de cultivo extensivo, o mejor como propiedades rurales extensas y productoras.» Mientras que aquellas «grandes extensiones de tierra abandonadas, sin cuidado, sin cultivo y sin aprovechamiento, y que por lo mismo no benefician» sí deben ser llamadas latifundios.55 Desde una visión anacrónica, la desfachatez del desmarque es descarada, pero es interesante ver cómo Acosta Solís construyó un discurso que protegiera las grandes propiedades siempre que produjeran, y castigar a las que no, dejándolas bajo el «mal visto» epíteto de latifundios. En cierta manera, tenía la misma capacidad que mostrara Humboldt en su paso por América, de relacionarse bien con las clases dominantes, pero también de criticarlas.56 En las tierras no trabajadas, el Estado debía intervenir pero no para quitarlas, «sino para obligar a trabajar y producir, y si posible, parcelarla, de acuerdo con un criterio justo y en beneficio de un gran número de agricultores». Está de acuerdo con desheredar a los vagos: «Ciertamente que muchos de nuestros latifundistas son verdaderos representantes de la ociosidad, de la falta de iniciativas y del egoísmo; pero por ello, vamos sin qué ni a qué, a desalojarlos de sus heredades.» En realidad no proponía nada nuevo; estaba de acuerdo con lo dispuesto en la Ley de Tierras Baldías y Colonización, donde incluso se proponía expropiar el agua cuando no se hiciera un buen manejo. Las haciendas productivas como Leito no debían ser tocadas, pues «la producción disminuiría muchísimo con perjuicio para el país; afirmo esto, porque conozco la actividad agrícola de «Leito» y la capacidad biológica y psicológica de los ociosos oportunistas.»57 Es interesante esta alusión a Leito, hacienda de la provincia de 55 Acosta Solís 1945f, 3-4. 56 Fernández Pérez 2002, 163. 57 Acosta Solís 1945f, 4-5.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 128 ecuatoriana mediante el uso de la planta Setaria cernua,78 es su primer trabajo específicamente sobre el tema.79 Continuaba con sus ideas conservacionistas cuando aconteció un evento importante para sus proyectos y los del conservacionismo continental: entre el 7 y el 20 de septiembre de 1948 tuvo lugar, en Denver (Colorado), la Inter-American Conference on Conservation of Renewable Resources. El mismo Acosta Solís consideraba este encuentro como uno de los hitos de la historia de la conservación en el país.80 La institucionalización de la conservación había emprendido un camino sin retorno: La Liga Suiza para la Protección de la Naturaleza había sugerido la realización de una nueva Conferencia Internacional para la Protección de la Naturaleza que ocurrió en Basilea en 1946, y en 1948 ocurrió una reunión en Fontainebleau (Francia) para crear la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN, hoy Unión Mundial para la Naturaleza), institución que realizó un intenso lobby y publicó desde 1951 informes sobre el estado mundial de los recursos Esta mundialización efectiva del problema, reclamada ya en el Congreso de 1923 [en París], se vio materialmente favorecida por el desarrollo de las comunicaciones en la época de posguerra y, desde el punto de vista ideológico, por la sensibilización de ciertos sectores de la población a favor de una internacionalización objetiva de todas las grandes cuestiones del momento: una guerra mundial acababa de terminar, la guerra fría se llevaba adelante a escala planetaria y los nacientes armamentos termonucleares representaban una amenaza que ponía en peligro la especia humana.81 En el prefacio de las memorias de Denver 1948, el presidente de la Conferencia, Charles F. Brannan, se refirió a ésta como un evento relacionado con «el futuro de nuestra civilización». Allí se habló de toda la gama de problemas relacionados con la conservación y es una muestra de las ideas que circulaban en el hemisferio: uso humano de los ecosistemas y agotamiento de recursos como el agua, el suelo o los bosques; ideas maltusianas sobre capacidad de carga de los ecosistemas; potencial de los mares como fuente de alimentos; comunicación internacional para la conservación; potencial del turismo; necesidad de las ciencias sociales para analizar las relaciones humanidad-ambiente; conocimiento de la dinámica de los recursos para su manejo adecuado; necesidad de educación. 78 Acosta Solís 1947. 79 Kaarhus 1996, 274. 80 Acosta Solís 1968, 18. 81 Acot 1990, 187.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 129 En representación del Ecuador fueron Antonio García Solórzano, Director del Departamento de Agricultura del Ministerio de Economía, y Acosta Solís, presidente del IECN.82 Es interesante contrastar sus ponencias. En «Nature protection in Ecuador» Acosta Solís fue breve. Comentó la situación del Ecuador: una Sierra deforestada con un mal manejo agrícola y una riqueza no explotada en las tierras bajas. Mencionó su campaña de denuncia y de promoción de la conservación, y cómo pese a las convenciones de Berna 1913 y Washington 1940 no se ha progresado en ese sentido. Pintó un panorama dramático: In Ecuador, nature protection, and forestry as a science, have not developed, in spite of suggestions presented by the Ecuadorian Institute of Natural Sciences. The destruction and exploitation of forests in areas and sections accessible through roads and highways is disorderly and uncontrolled. Where until 25 years ago there were Andean and sub-Andean forests, today there are only desolation and the advance of devastation erosion. No longer are there trees and flowering vegetation; neighboring towns lack lumber and firewood, all because of the absence of laws and authorized officials to protect them. Laws have been made, on the suggestion of this author through the Ecuadorian press; however, these were only on paper, and never carried out. If the forest destruction now taking place continues, the country will soon regret it, not only because of the economic loss but because of biological, climatic, and edaphic changes in the environment.83 Puso la Sierra como ejemplo, y como excepción los lugares con eucalipto. Habló de su campaña de reforestación y de la necesidad de promover esta práctica con especies introducidas, especialmente coníferas. Enunció momentos importantes de la historia de la conservación en el Ecuador en el siglo XX y terminó con sus sugerencias que, resumidas, son: leyes y reglamentos para prevenir la excesiva y desorganizada destrucción y Comités para la Protección de la Naturaleza; campañas divulgativas acerca de la preservación de los recursos; educación ambiental en las escuelas; creación del Departamento Forestal; presupuesto estatal al IECN y al comité de protección que se debía crear; celebrar el Día del Árbol; y declarar parques nacionales en varios sitios84 (algunas sugerencias las vería cumplidas). Extiende sus propuestas a los «países hispanoamericanos», quizás porque consideraba que a Es- 82 Aunque no lo sé con exactitud, deduzco que Acosta Solís estaba por entonces en Estados Unidos, apenas terminado su postgrado, y aprovechó la ocasión para acudir a la conferencia. 83 Acosta Solís 1948a, 329. 84 Estos sitios eran Galápagos; lagunas de Imbabura; Hoya de Patate y valle de Baños; aguas termales de Baños; Ambato, Quito, etc.; bosques cerca de pueblos, carreteras y ríos; recursos forestales y la vida silvestre arriba de la línea forestal de los páramos; depósitos de azufre de Tixán en Chimborazo; comunidades indígenas de Cayapas, Salasacas, Colorados, etc.; áreas arqueológicas de Esmeraldas y otros sitios similares de la Sierra.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 130 tados Unidos no era necesario recomendar nada.85 Además del concepto nacionalista de la conservación, entendía que ésta requería de una actitud en todo el globo. Vistas las estadísticas de la deforestación en la región, no le faltaba razón.86 La ponencia de Antonio García Solórzano tuvo otra forma. En «Ecuador and its Present Natural Resources», fue más extenso. Describió la riqueza natural, los cultivos y la situación agrícola en términos de productividad y balanza comercial, la ganadería, el suelo, el precio de la tierra, y los bosques (también vistos como una riqueza esperando ser aprovechada). Incluyó un mapa de ubicación de las principales maderas y otro de uso actual del suelo. En sus conclusiones no denunció la destrucción, aunque compartió la idea de que el Ecuador, un país pobre, ofrece un campo favorable para empezar la explotación «racional y técnica» de sus recursos, aprovechando la ciencia de la restauración para zonas como la Sierra. Pide ayuda al Banco Mundial: capital, maquinaria y herramientas, semillas, razas de ganado, técnicos forestales, ingenieros, industriales, etc., para mejorar la técnica. El proyecto gubernamental (que Acosta Solís compartía) estaba claro: In brief, for the present, my country hopes for economic impetus, even from private capital, in order to increase its exportable crops on the coast, after the above mentioned exploitation of its forest resources; in the sierra, preference should be given to livestock, increasing range land; and, to control erosion, it will be necessary to reforest large areas.87 La demanda de recursos externos al Banco Mundial evidencia una continuidad en el desarrollo del sector productivo en el Ecuador, liderado por una burocracia y gobiernos oportunistas, incapaces de mantener instituciones de investigación que garanticen la independencia del conocimiento y de recursos externos.88 Lo interesante es que el funcionario del gobierno hablara de restauración; no era la primera vez que sucedía (recuérdese por ejemplo las «Disposiciones legislativas para la explotación de bosques, uso de aguas y fuerza motriz» de 1939), pero sí una oportunidad para Acosta Solís. 85 En otro libro dijo que Estados Unidos «es el país de la conservación» al admirar sus instituciones estatales y universitarias, y medios de difusión para el fin (Acosta Solís 1952a, 16). 86 Véase por ejemplo Tudela 1990, 89. 87 García Solórzano 1948, 442. 88 Lo cual ha dejado un país que desempeña el papel de eterno limosnero, que acude a los foros internacionales a pedir créditos y ayudas no reembolsables que son mal administrados y aumentan la deuda externa. Una ecuación que se ha repetido durante décadas y que en el caso de la conservación tiene, por lo menos, más de cincuenta años.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 131 Además del artículo publicado en las memorias, presentó una hoja con sugerencias generales, mimeografiada en la Universidad de Michigan.89 Sugería crear comités nacionales de protección de la naturaleza, realizar reuniones periódicas donde acudan representantes de estos comités, y que se realicen campañas conservacionistas en las escuelas, prensa, radio, televisión (cosa que ejecutó poco tiempo después, cuando se creó el Departamento Forestal). Quizás lo más novedoso de lo expuesto en Denver es constatar que manejaba un programa de creación de áreas protegidas, situación que solo cuajó décadas después, cuando las áreas protegidas se convirtieron en el paradigma de la conservación de biodiversidad en el Ecuador. Conviene detenerse un poco en el tema de las áreas protegidas, pues considero necesario «deconstruir» la idea de que su creación ―como las ideas ecologistas en general― ocurrió en el Ecuador bajo la influencia de instituciones internacionales como la UICN que hicieron un intenso lobby para lograr la protección de Galápagos en 1959. Tal idea oscurece la participación de científicos locales en el proceso y ha sido asumida acríticamente, en buena parte por falta de indagaciones y divulgaciones históricas. Para encontrar la participación de Acosta Solís en Noticias de Galá- 89 Acosta Solís 1948b. Mapa de uso del suelo en el Ecuador, circa 1948. Las «A» y «T» corresponden a bosques andinos y tropicales cálidos, «M» a manglares, «S» a páramos y «Ar» a zonas de matorral o bosque seco: todos sitios de uso «no intensivo» (García Solórzano 1948). La aun vigente invitación al capital internacional y la codicia local para prospectar esas fronteras las ha reducido considerablemente hasta la actualidad.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 132 pagos, el medio de difusión de la Fundación Charles Darwin, se debe buscar con minuciosidad y solamente hay una referencia.90 En un libro reciente, la participación de la Corporación Científica Ecuatoriana, la Universidad de Guayaquil y Acosta Solís (conocida por el artículo de Corley Smith), está relegada al final de una larga nota al pie.91 Un último caso: en el Boletín de Informaciones Científicas Nacionales de abril-agosto de 1960 se publicó una comunicación de UNESCO donde el crédito de la declaración recae en científicos extranjeros. No es de extrañar que, dado que el financiamiento y buena parte de la ejecución de las tareas de la fundación las hacen científicos de fuera, ello continúe siendo la regla. Es difícil creer que el gobierno ecuatoriano fue sensibilizado solamente con la llegada de las misiones conmemorativas del centenario de El origen de las especies. Ya en 1936, en la declaración de algunas islas como «Parques Nacionales de Reserva para la Fauna y Flora» se menciona la necesidad de conservar, prohibir la cacería de ciertas especies por el riesgo de extinción, controlar el turismo y hacer investigación científica.92 Tal idea se sostiene menos cuando se constata que Acosta Solís ejerció desde por lo menos una década antes presión para ello. De hecho, en el caso de Galápagos, como mencioné antes, él presentó en 1937 un informe proteccionista al gobierno,93 publicó artículos de prensa para la protección de la biota galapaguina, un artículo científico,94 e inclusive apoyó la creación de la Estación Científica. También por aquellos años el cónsul del Ecuador en California, C.M. Egas, urgió al gobierno nacional a establecer una legislación conservacionista y reclutó la ayuda de individuos e instituciones influyentes.95 La UICN no actuó sola; por el contrario, cosechó el trabajo de otras instituciones y personas que le precedieron. Poco después operó con más fuerza el cambio de paradigma, desde 1970, cuando se declaró la Reserva Ecológica Cayambe-Coca, y más a partir de 1971 cuando apareció la primera ley que permitía establecer áreas protegidas en tierra firme.96 En 1976, cuando dos agencias de Naciones Unidas 90 Corley Smith 1990. 91 Vallejo 2003, 72. 92 Registro Oficial del 14 de mayo de 1936, 137. 93 Acosta Solís 1968, 89; 1979, 30. 94 Acosta Solís 1937g. 95 Por ejemplo Harry S. Swarth de la California Academy of Sciences, Robert T. Moore del California Institute of Technology y Harold J. Coolidge del International Wildlife Committee (Corley Smith 1990). Que el cónsul lo haya propuesto desde California no extraña, siendo ésta una tierra donde el preservacionismo fue ―y es― muy fuerte. 96 Se trata de la Ley de Parques Nacionales y Reservas.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 133 (FAO y PNUMA) patrocinaron un estudio que ejecutó Allen Putney para identificar áreas para la conservación, había mucho camino recorrido.97 Cerrado este necesario paréntesis, volveré a las actividades de Acosta Solís relacionada con el Ecuador, mientras estudiaba en Estados Unidos. Antes de partir, en febrero de 1945, fue nombrado miembro correspondiente de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, sección de Ciencias Naturales, asignación que le sería extendida luego.98 Y tras regresar de su primer viaje, en septiembre de 1945, fue contratado por el Banco de Fomento para realizar estudios edafológicos y hacer la Carta Agrícola de Tungurahua. Con ello publicó Las tierras agrícolas de la provincia de Tungurahua que incluyen el mapa.99 Entre octubre de 1945 y junio de 1946, antes de volver a Chicago, trabajó como botánico en la Estación Experimental Agrícola; en 1945 también participó como técnico en la Tercera Reunión Interamericana de Agricultura, en Caracas, donde se trataron temas «de protección y conservación».100 En 1946 apareció la primera edición de Cinchonas del Ecuador y también comenzó a escribir en la recién fundada revista Tungurahua.101 En 1947 fue nombrado socio de la Sociedad Geográfica de Lima. En 1948 continuaba escribiendo en el periódico El Comercio, con temas como «La educación sobre la conservación en Estados Unidos». A poco tiempo de su regreso definitivo se convirtió en Profesor de la Escuela Politécnica Nacional, cargo que mantuvo hasta 1964, siendo catedrático de botánica económica. En 1949 apareció El eucalipto en el Ecuador, del cual hubo varias ediciones. 97 Este estudio llevó a una apresurada declaración de áreas protegidas al final de la dictadura militar, momento considerado de origen del actual Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Vallejo 2003, 40). En la misma década de 1970 aparecieron varios decretos de prohibición de caza de algunas especies emblemáticas. 98 La Casa de la Cultura había sido fundada el 9 de agosto de 1944, siendo presidente Velasco Ibarra, e incluyó en su agenda la difusión de la ciencia, como otras instituciones de la época en Quito (IECN y Universidad Central). Fue mediante el Boletín de Informaciones Científicas Nacionales, fundado en 1947, que se llevó a cabo esta acción. Tal medio fue dirigido por el químico Julio Aráuz hasta su muerte a fines de la década de 1960. Acosta Solís colaboró con artículos esporádicamente, pero a la muerte de Aráuz pasó a dirigir el Boletín, entre 1971 y 1981 (Astudillo Espinosa 1994) siendo el cambio respecto al tema conservacionista evidente: de alguna escasa referencia en la época Aráuz a una completa dedicación en la época Acosta Solís. Tal situación escapa al marco temporal de análisis; valga solo para explicar que el Boletín es clave para dilucidar el quehacer y las preocupaciones de la comunidad científica quiteña especialmente, y que el estudio de sus 50 años de vida (dejó de editarse en 1997) merece atención. 99 Acosta Solís 1945a. 100 Acosta Solís 1968, 117. 101 Publicó títulos como «Estado actual del histórico árbol de eucalipto de Ambato y sugerencias para su conservación» y «La destrucción de las tierras».
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 134 Leyes conservacionistas Leyes de protección de la naturaleza ha habido muchas en el mundo, especialmente forestales. Desde las disposiciones del Gran Khan para sembrar árboles o las del Antiguo Testamento de no destruirlos, «que no es hombre el árbol del campo para venir contra ti».102 Leyes de protección del bosque en la Inglaterra medieval,103 políticas de la corona española para proteger los árboles en pie hacia el siglo XVIII...104 En todos los períodos del mundo moderno han existido personas interesadas en denunciar las acciones destructivas de la cobertura boscosa y crear leyes y disposiciones al respecto.105 De hecho, la tutela de los bosques se hallaría en la base de las primeras leyes de la historia humana.106 En ciertos casos, los castigos eran excepcionales. El Senado de Venecia «preveía el látigo, la prisión, el exilio y finalmente el descuartizamiento y la decapitación para los que fueran capturados en el acto de dañar los bosques de encinas de Montello». En la Alemania de los siglos XIII y XIV se sancionaba con el corte de la mano o ejecución del culpable, abandonando sus vísceras y colgando su cabeza de un árbol.107 Pero es cierto que, salvo excepciones como el Gran Khan que conjugó el sentido práctico de la arborización con una creencia espiritual ―pensaba que eso le daba larga vida―, las reglas de uso de los bosques han tenido fines económicos, políticos y especialmente militares: «lo que inspiraba a los observadores que defendían el bosque [...] eran evidentes preocupaciones materiales y estatales y no, ciertamente, una actitud desinteresada con respecto a la naturaleza.» El vínculo entre Estado y bosques reforzaba el poder de vigilante del primero y así su misma situación; «Si el poder se fundamentaba sobre el control de los recursos, su uso, pero también su protección y conservación reforzaba a su vez el mismo poder y contribuía a proporcionarle más atributos de funciones y legitimidad.»108 Las leyes forestales de la primera mitad del siglo XX también incorporaron un interés económico. En América Latina aparecieron en el siglo XX como respuesta a la degradación del paisaje, a la erosión, y fueron aumentando con el fortalecimiento 102 Brailovsky y Foguelman 1993, 9-11. 103 Te Brake 1975, 346 104 Urteaga 1987. 105 Bevilacqua 1993, 148. 106 Evelyn, J. 1607 citado en: Bevilacqua 1993, 157. 107 Bevilacqua 1993, 160. 108 Bevilacqua 1993, 157.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 135 de ideas conservacionistas, en base a las condiciones materiales.109 En principio regulaban áreas determinadas que requerían administraciones locales que llevaron luego a la creación de los servicios forestales nacionales.110 En el Ecuador del siglo XX, y no solo en el tema forestal, hubo varias leyes.111 En 1926 se decretó una prohibición de cazar garzas en el litoral para prevenir su extinción, castigando la desobediencia con multas y prisión.112 O la declaración de reserva de algunas islas de Galápagos en 1934, también para evitar la extinción de biodiversidad.113 En 1934 apareció un reglamento de pesca y cacería marítima que incluyó vedas, tamaños mínimos, prohibición de introducir especies o usar ciertas artes o técnicas, controlar los vertidos de industrias y la agricultura, entre otros aspectos conservacionistas.114 Pero salvo excepciones, hasta la década de 1940 el Estado no intervino en la relación entre la sociedad y la naturaleza; el fin era la productividad económica y en ello había libertad. En países como Argentina, inclusive la ley autorizaba al dueño a destruir un recurso natural si éste le pertenecía.115 Fue precisamente por aquellos años cuando Acosta Solís comenzó con sus voces para que se promulgasen leyes de conservación de la naturaleza. No sorprende su interés por regular la explotación de los bosques, regidos por la ley de 1875 que en su artículo 1 decía que «los bosques nacionales baldíos serán de libre explotación para los ecuatorianos» y que, salvo revisiones relacionadas con las tierras comunitarias, se mantuvo como tal hasta la ley forestal de 1958. Aunque en 1939 el Congreso, según Acosta Solís como respuesta sensible a su campaña conservacionista, aprobó la Ley de Aguas y Bosques116, que realmente se 109 William Hurst sin notas citado en: McEvoy 1986, 13 y ss. Por ejemplo, el caso chileno en las tres primeras décadas del siglo XX ha sido estudiado por Sandoval 2003, en relación con las leyes forestales. O el caso del contexto cubano, donde el botánico Juan Tomás Roig y Mesa, desde la década de 1910, denunció la tala indiscriminada de los bosques cubanos y promovió mejores legislaciones, y en la década siguiente José Isaac del Corral Alemán hizo lo propio con mejores resultados (Valero González 2003, 5-6). 110 Salcedo y Leyton 1980. 111 Esta presentación no es exhaustiva. Han quedado fuera, por ejemplo, decretos y leyes que conozco de oídas, como el del Día del Árbol en 1920, o una ley del arbolado artificial (fecha desconocida), o una proyecto de ley de conservación y fomento forestal que Acosta Solís pedía en 1952 que se aprobase (Acosta Solís 1968, 21, 33). Y habrán quedado fuera otras. Agradezco a Jorge Corral haber compilado durante varias horas, en los archivos del Congreso del Ecuador y otras bibliotecas, los documentos de las leyes conservacionistas que aquí reseño. Su labor ayuda a extraer conservacionismo de esa fuente tan importante en la construcción de la naturaleza. 112 Registro Oficial del 19 de noviembre de 1926. 113 Registro Oficial del 14 de mayo de 1936. 114 Registro Oficial del 31 de agosto de 1934. 115 Tudela 1990, 81-82. Sobre el caso argentino véase también Zarrilli 2003. 116 Acosta Solís 1968, 16.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 136 trata de las «Disposiciones legislativas para la explotación de bosques, uso de aguas y fuerza motriz». En éstas se decreta la regulación de la explotación «para asegurar el mantenimiento del tesoro forestal», el estudio de métodos de prevención y remediación de la erosión, la tala de ciertas especies (la pena por infringir esto último era sembrar diez plantas por cada una destruida), cercas vivas...117 Pero pese a esta declaración, Acosta Solís lamentaba que si bien el Ministerio de Agricultura envió circulares con instrucciones de aplicación, «la Ley no fue reforzada con reglamentos ni prácticas efectivas.»118 Al referirse a una ley de arbolado artificial también dijo que no se pudo ejecutar por falta de fondos del presupuesto nacional y «porque nuestros capitalistas no tienen idea del magnífico negocio que reportaría el arbolado artificial en las tierras que actualmente están abandonadas o no producen nada; no conocen del negocio forestal y menos de los beneficios biológicos, climáticos y edáficos que adquieren las tierras forestadas.»119 En el caso de Galápagos también mencionó cómo la declaración de reserva de las islas en 1934 cayó en letra muerta por falta de medios ejecutivos «para protegerlas prácticamente».120 Algo similar se podría decir de la Convención de Washington 1940, ratificada por el gobierno en 1943 con una lista de especies ecuatorianas a ser protegidas.121 Tal falta de instrumentalización de las disposiciones ilustra la tradicional incapacidad de las elites que poseen tierra y capital de liderar un proceso que cambie la forma de relación con la naturaleza y se preocupe por la sostenibilidad. Sucede en la actualidad, sucedía a mediados del siglo XX y sucedía antes, por ejemplo en el caso del cacao cuando incluso contando con posibles soluciones técnicas, según el científico británico James Birch Rorer: «el mayor objetivo era gastar el menor dinero posible, sin ninguna consideración a los principios agrícolas».122 El incumplimiento de leyes y políticas ambientales no es exclusivo del Ecuador. En Argentina, pese a los avances legislativos en la etapa entre 1930 y 1970, «hay consenso en que el control de cumplimiento de esta normativa no estuvo, en general, a la altura de las expectativas que creó en su momento. La aplicación de las leyes fue, en efecto, muy dispar, a veces porque no respondían a las posibilidades reales de asimilación por parte de la sociedad, pero más frecuentemente por falta de 117 Registro Oficial del 21 y 22 de agosto de 1940. 118 Acosta Solís 1968, 16. 119 Acosta Solís 1951b, 606-7. 120 Acosta Solís 1968, 89. 121 Registro Oficial del 17 de diciembre de 1943. 122 McCook 2002, 234-235.
Contacto con el conservacionismo del norte (1943-1948) 137 decisión política.»123 Lo mismo sucedió en México con la aparición de la primera ley forestal y su reglamento en la década de 1920 y con los programas de conservación: falta de interés y capacidad gubernamental y de los habitantes. El asunto forestal mejoraba en algunos aspectos ―funcionarios, institucionalización, viveros, reforestación, creación de reservas, divulgación― pero el problema de la deforestación era cada día más grave.124 O en Cuba, donde contrasta la década de 1920, la más prolífica en cuanto a emisión de decretos de índole conservacionista pero también caracterizada por el incumplimiento de la legislación tanto por el Estado como por los particulares.125 El problema es global: la historia forestal basada en ordenanzas forestales, al ser hecha con realismo, resulta la de su no cumplimiento.126 Las contradicciones entre retórica y práctica se extienden a las sociedades «postindustriales» modernas, y a la China y el Mediterráneo antiguo y medieval.127 Las leyes aparecen como incapaces de detener la desaparición de los bosques; como dice Fernández, para detener el cambio «la sola conciencia no basta.»128 Acosta Solís mencionó la deshonestidad de algunos funcionarios ante la ley, tal como lo hiciera Quevedo en México. La encarnada corrupción no lo desanimó y propuso nuevos cuerpos legales. Y desde el Departamento Forestal logró que se expidiera en 1949 un reglamento de exportación, aprovechamiento y explotación del manglar, para reglamentar su explotación y exportación, con un fin utilitario como apareció en sus justificaciones: «se ha informado que la exportación del mangle en actual existencia durará más de cuarenta años, siempre que se mantenga un ritmo moderado de explotación, tiempo éste suficiente para que se produzca una nueva generación de árboles adultos que permita la continuación ininterrumpida de esa valiosa explotación».129 Proponía proteger para explotar, aunque no todas las partes involucradas estuvieran al tanto. En 1940, por ejemplo, conversó con la familia Tambaco, dueña de propiedades con enormes árboles de mangle. Les recomendó cuidarlos, y tres generaciones de Tambaco han mantenido su palabra de proteger los manglares gigantes, sin saber los planes extractivos que estaban detrás.130 123 Brailovsky y Foguelman 1993, 284-285. 124 Simonian 1999, 106-107. 125 Valero González 2003, 13. 126 Radkau 1993, 135. 127 Pepper 1993, 14; Tuan 1968 citado en: Pepper 1993, 14. 128 Fernández Pérez 1999. 129 Registro Oficial del 19 de marzo de 1949. 130 Anónimo, 1994, «Majagual, refugio del manglar». Diario Hoy, 18 de mayo de 1994. En http://www.hoy.com.ec/ (descargado en enero de 2004).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 144 cultivo y la investigación de variedades resistentes a las plagas, ha conducido a una enorme vulnerabilidad del cultivo en el largo plazo, repitiendo en cierto sentido las experiencias previas de ciclos económicos de explotación de recursos naturales sin sustentabilidad, con el de la plata de Potosí durante la Colonia, y del cacao en la etapa republicana.29 El banano, controlado por los artilugios del mercado exterior y por la dependencia de agroquímicos ―no siempre usados a tiempo y no siempre eficaces― sufrió algunas crisis desde la década de 1960. Pero en la mitad del siglo era progreso. Y como Acosta Solís aprobaba el progreso, aplaudía el uso de las «tierras baldías» y la construcción de caminos.30 De hecho, contribuyó a construir la idea de que una naturaleza que no produce es inútil y que aún predomina en las agendas del gobierno y sustenta buena parte de los programas de las instituciones conservacionistas.31 Sin embargo, también desaprobaba el desorden que imperó durante la ampliación de la frontera, especialmente en cuanto a la colonización; el que sucedió cuando se abandonó la sociedad agraria serrana y en la nueva frontera comenzaron a erigirse nuevas sociedades: cuando «En el entorno tropical, con una naturaleza desconocida [por el hombre blanco] pero legendariamente pródiga surgían los pequeños “recintos” y pueblos sin historia».32 La ciencia a fines de la década de 1940 y en la de 1950 ―y la de antes― tenía en sus filas a tecnócratas al servicio de la producción. El Boletín de Informaciones Científicas Nacionales, revista científica publicada regularmente por entonces, es un buen barómetro de la situación. Aparecieron allí artículos que impulsaron especialmente la minería ―carbón, cemento, azufre, oro, yeso―, pero también la pesca y agricultura. Las ciencias naturales fueron dirigidas a la producción para «proteger la vida del hombre en su dura lucha contra las fuerzas de la naturaleza».33 Fue un momento de búsqueda de materias primas, de desarrollo de las fuentes de energía eléctrica, petrolera e inclusive de investigación de material radioactivo. Tras conquistar la Costa, la última frontera, la Amazonía, también debía ser dominada para 29 Larrea 2001, 43. Sobre los programas de fitomejoramiento y control de plagas que sí ejecutaron británicos y estadounidenses, entre otros, véase Soluri 2003. 30 Acosta Solís sería también, por lo tanto, un protagonista de la «guerra contra los montes», es decir, la expansión de la civilización sobre cualquier asociación vegetal frondosa (Ramírez Morales 2003). 31 Actualmente las áreas protegidas en el Ecuador (y con mucha seguridad en la mayoría del mundo) no son sitios exclusivamente de preservación o servicios ambientales: turismo y prospección de la biodiversidad son algunas estrategias para obtener beneficios económicos. 32 Trujillo 1988, 59, 62. 33 Jarrín 1949, 377.
El conservacionismo institucionalizado (1949-1953) 145 ratificar la soberanía territorial. Era la posguerra, cuando las ciencias naturales, especialmente la física, aseguraron su hegemonía en el mundo; hasta el Ecuador llegó la exposición científica de la UNESCO, centrada en la física, y con una sección orientada a crear clubes entre la gente «joven y estudiosa».34 Al tiempo que las regiones tropicales se convertían en la hacienda de Estados Unidos, comenzaba la moderna usurpación de cerebros hacia el norte y se prolongaba el ya largo camino de la dependencia tecnológica. El Departamento Forestal Acosta Solís resumió así el trabajo en el Departamento Forestal: ...se encargó de la administración de los bosques del Ecuador y propendió a su buen manejo pero no pudo hacerse un control efectivo por la falta de presupues- to especial y por consiguiente del servicio de inspectores y guardas forestales. Pero durante los cuatro años y bajo la Dirección del que escribe este resumen, se consiguió decretar el Reglamento de Explotación de los Manglares (marzo, 1949), una riqueza forestal explotada sin control de ninguna clase hasta ahora, precisamente por falta de control directo. Durante la primera administración del Departamento se hizo una gran labor de divulgación conservacionista en todo el país, por medio de la prensa, la radio, conferencias públicas y servicio de extensión en el propio campo. Se hicieron exposiciones y exhibiciones de carteles artísticos y se publicaron numerosos folletos de divulgación al propio tiempo que se organizó una xiloteca (Colección dendrológica y maderera), considerada por la crítica internacional como una de las mejores del mundo.35 Respecto a lo último, en efecto Acosta Solís organizó una importante exposición forestal en el Ministerio de Economía. El optimismo del momento lo llevó a donar un juego duplicado de sus colecciones entre 1930 y 1950, recién organizadas en Estados Unidos y que sumaban 20.000 muestras. La xiloteca tenía 3.200 especímenes, «casi todos con sus correspondientes comprobantes dendrológicos (troncos con corteza), el especímen botánico (Herbario: ramas, hojas, flores, frutos, etc.) y en algunos casos, material extra o complementario (resinas, gomas, etc.).»36 Galo Plaza inauguró la exposición el 6 de marzo de 1951 y otorgó a Acosta Solís la Condecoración Nacional al Mérito Agrícola en el grado de Gran Oficial. También por la 34 Aráuz 1950, 194. 35 Acosta Solís 1968, 19. 36 Acosta Solís 1952d, 22. Sobre cómo formar estas colecciones publicó en 1950d y 1952d, entre otros.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 146 xiloteca recibió el Premio al Mérito Agrícola otorgado por el Ministerio de Agricultura. Merecido pues la muestra era un proto-Museo Forestal a la usanza del noreste estadounidense. Lamentablemente, la colección de plantas y la xiloteca fueron desapareciendo y lo demás se destruyó por falta de mantenimiento, incomprensión o ignorancia, cosa que Acosta Solís lamentó siempre.37 Las campañas de forestación y reforestación fueron importantes. Estableció viveros provinciales «desde donde se distribuían plantas a precio de costo y muchas veces gratuitamente» y también hizo divulgación sobre cómo crearlos.38 Se hacía lo mismo que en México, cuando de dos viveros en 1934, bajo el intenso programa 37 Según su yerno, Alberto Vizcaíno, las muestras se quemaron. El herbario llegó a manos del Ministerio de Agricultura y años más tarde, por una razón desconocida, ―quizás hacía mucho frío o a alguien se le ocurrió hacer una fogata― la colección fue quemada y se convirtió en leña (Arroyo 2002). Afortunadamente, enviaba copias a varios museos: en el Chicago Natural History Museum están las más completas, pero también en el Smithsonian Institution, Gray Herbarium, New York Botanical Garden, Herbarium of the University of Michigan, entre otros. Sus siglas, MAS son reconocidas por cualquier estudioso de la flora ecuatoriana. 38 Acosta Solís 1949; 1968, 113. Exposición Forestal en el Ministerio de Economía, inaugurada por Galo Plaza en 1951. Fue preparada casi íntegramente con el material colectado y organizado durante años por Acosta Solís. Su destino fue una fogata, o los hongos, indicador del valor otorgado a la botánica en el Ecuador (se repite aquello que con Sodiro, como si fuera una espiral) (Fuente de la foto: Boletín de Informaciones Científicas Nacionales no. 38).
El conservacionismo institucionalizado (1949-1953) 147 conservacionista del gobierno de Cárdenas se aumentó a casi 300 para 1940, y se plantaron en el periodo más de seis millones de arbolitos.39 En Cuba sucedió algo similar, desde 1936, bajo el auspicio de la Escuela Forestal.40 La intención era ―como en el caso del US Forest Service― desarrollar la imagen de una institución que «podía hacer»: un utilitarismo tecnocrático que servía para aprovechar bienes y servicios de los bosques, con base en la ciencia.41 Con la fundación del Departamento Forestal, Acosta Solís puede ser integrado en el grupo de ambientalistas asociados con el aparecimiento de agencias de los recursos y burocracias ambientales, adoptando una perspectiva relacionada con el uso de la ciencia y la experiencia para el manejo más eficiente y racional del ambiente natural y del orden urbano e industrial.42 Acosta Solís sabía que era necesario manejar los bosques porque (pre)veía in situ la destrucción de las selvas por el au- 39 Simonian 1999, 133. 40 Valero González 2003, 9. 41 Freeman 2002, 633. 42 Gottlieb 1993. Con la Exposición Forestal en el Ministerio de Economía inaugurada en 1951 Acosta Solís quería mostrar la riqueza de la biodiversidad ecuatoriana y la oportunidad que ofrecía para el «progreso» y el «desarrollo» (Fuente de la foto: Boletín de Informaciones Científicas Nacionales no. 38).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 148 mento del comercio de productos forestales. No se equivocaba: en América Latina el comercio de especies frondosas de países como Brasil, Chile y México, que dominaban el comercio de la región latinoamericana, era por entonces de cerca de 40.000 m³ cada uno. Pero para 1978 Brasil ya exportaba 155.000 m³, Paraguay casi la misma cantidad y el Ecuador y Bolivia 59.000 m³ cada uno.43 Pero no estaba solo. Incluso fuera de su círculo (los miembros del IECN) otros científicos promovían ideas conservacionistas; es el caso de Reinaldo Espinosa, quien en junio de 1949, a través del Boletín de Informaciones Científicas Nacionales, manifestaba: Hace falta una propaganda sistemática respecto de la explotación racional de los bosques, de la necesidad de conservar éstos hasta cuando sea inaplazable destruirlos, y de evitar los incendios que, seguramente, son una de las causas más poderosas para la destrucción del suelo, y la alteración del paisaje natural. Una de las labores más importantes para el porvenir del país puede ser el perfeccionamiento de métodos para efectuar desmontes sin acudir al fuego.44 Como jefe del Departamento Forestal Acosta Solís representó al Ecuador en varias reuniones.45 Una fue la IV Conferencia Interamericana de Agricultura de la FAO, celebrada en Montevideo en diciembre de 1950: allí presentó antecedentes de su trabajo sobre conservación de las tierras andinas (que detallo más adelante) calificado por el director del estadounidense Soil Conservation Service, Hugh Bennet, como el más importante de los presentados a la Comisión de Utilización del Suelo y Mejoramiento de los Cultivos. Se erigía como una autoridad continental en el tema. Y en el Congreso Mundial Pulp Paper Industry, en Canadá, presentó en abril de 1949 el trabajo «Posibilidades de explotación de pulpa para papel en el Ecuador», tema sobre el cual insistió. En octubre apareció la Publicación no. 5 con el título «Algunas consideraciones sobre la futura industria de papel en el Ecuador».46 El 43 Salcedo y Leyton 1980, 439. 44 Espinosa 1949b, 28. 45 En 1949 participó en la Conferencia Agrícola de la FAO, en Quito; también acudió en 1950 también representó al país en la Segunda Reunión Forestal del continente, en Santiago de Chile. Como delegado del Ministerio de Economía y de la Politécnica Nacional fue a Lima en noviembre de 1951 al Segundo Simposio de Farmacobotánica Americana, donde presentó «Algunas anotaciones sobre el contenido de alcaloides cristalizados de las cinchonas del Ecuador, según la altitud y edad de los árboles». A Lima regresó en diciembre de 1951 para el Segundo Congreso Panamericano de Farmacia y en 1952 al Tercer Congreso Sudamericano de Botánica. 46 Este artículo apareció también en el Boletín de Consorcio de Centros Agrícolas de Manabí no. 60, de noviembre-diciembre de 1949, en Portoviejo. Y también dos años después en el Boletín de Informaciones Científicas Nacionales, no. 38 (marzo-abril de 1951), bajo el título «Las posibilidades de la industria de papel en el Ecuador», que uso como fuente.
El conservacionismo institucionalizado (1949-1953) 149 geobotánico reiteraba la necesidad de «pensar en la fuente constante de la materia prima. ― La Forestación y Reforestación son la base de la Industria Papelera»: ...en esta clase de industrias no hay que llevarse por las ilusiones ni los entusiasmos. Además, los bosques por inmensos que sean, una vez comenzados a explotar, éstos se agotan cualquier día y acabada la explotación, también la industria se acabará, si no existe el ciclo de reposición forestal artificial.47 Le interesaba crear fábricas de pulpa y papel y terminar la importación, especialmente de papel de bobina para periódicos (todo el consumido por entonces provenía del exterior. Desesperaba con los recursos al alcance de la mano. «La instalación de una o dos factorías de industrialización de la madera de nuestros bosques tropicales es necesario, urgente, no sólo para evitar la salida del oro de nuestro país, sino por economía y por un sentido nacional de aprovechamiento de nuestros propios recursos naturales.»48 Tales fábricas servirían para industrias como el periodismo, empaques, editoriales y embalajes y para exportar. La forestación y reforestación con coníferas, álamos y sauces (todas especies que «debían» ser introducidas) garantizaría la provisión. Y mientras la región amazónica no contara con caminos ―asunto que ya se discutía―, la Costa era la región indicada para «la explotación inmediata y en gran escala.» Además de pulpa para papel, los bosques esmeraldeños albergaban el combustible en forma de leña cuyo suministro sería constante merced a la reforestación. Le irritaba la incipiente industrialización, más cuando comparaba con otros países latinoamericanos. La industrialización del papel y la celulosa había iniciado en la región a comienzos de siglo, casi exclusivamente centrada en el papel, con la pulpa siendo producida a partir de 1940. Quería que el Ecuador siguiera el camino de los que por entonces se convirtieron en los principales productores (Brasil, México y Argentina). Señaló lugares donde encontrar materias primas e instalar las fábricas, hasta entonces ubicadas cerca de los sitios de llegada de la pulpa importada y de los centros de consumo, pero no de las zonas de materia prima.49 Desde el Departamento Forestal promovió las fibras y lanas vegetales. Dos artículos al respecto aparecieron en el Boletín de Informaciones Científicas Naciona- 47 Acosta Solís 1951b, 604. 48 Acosta Solís 1951b, 596 49 Salcedo y Leyton 1980, 440. En el caso mexicano, la industrialización de la pulpa pasó por encima de las políticas conservacionistas, por ejemplo en la reducción del área arbolada de un parque nacional (Simonian 1999, 155).
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 150 les.50 El primero fue un extracto de una conferencia radial y representó una introducción a un trabajo más extenso que publicó después. Evidenció su afán productivista: el Ecuador era rico en fibras y lanas vegetales pero pocas tenían importancia comercial y además había pocos cultivos e industrialización, situación que podía cambiar en el país por el avance industrial y las guerras en el mundo.51 Mencionó especies nativas y experimentos de aclimatación de exóticas como el abacá o el ramio en la Costa; pidió experimentación en la Estación Experimental Agrícola y en las Escuelas de Agricultura tropical, y la difusión de resultados entre «hacendados, propietarios y toda persona interesada en la nueva agro-industria.» «De las especies exóticas ―concluye― productoras de fibras suaves, tales como el ramio, cáñamo, yute, etc., este autor hace especial hincapié, porque tienen gran importancia en el mercado mundial y son susceptibles de ser cultivadas en gran escala en las diferentes regiones y áreas geográficas del Ecuador.»52 En el otro artículo profundizó sobre las fibras industriales. Apuntó que en el Ecuador «están casi en estado primitivo» y que por estos temas solo se interesaban «agricultores progresistas». Incluyó una importante lista y bibliografía. En el Departamento Forestal continuaba su agenda comenzada en el Instituto Botánico: conocer, describir y divulgar la riqueza vegetal del Ecuador. Y no estaba solo: el botánico Alfredo Paredes, su sucesor en la dirección del Instituto Botánico, publicó en esos años sobre usos de las especies vegetales.53 Industrializar los productos forestales (papel, fibras, quina) fue una propuesta en América Latina desde las décadas de 1930 y 1940 y fue uno de los principales desencadenantes de la crisis ecológica actual.54 Los discursos del Boletín de Informaciones Científicas Nacionales indican que el poder científico apoyaba y anhelaba este proceso. Sin embargo, había una diferencia clave entre el conservacionista Acosta Solís y la mayoría de la comunidad científica ecuatoriana: la idea de renovar las fuentes de materia prima y energía, de ser «sostenibles», propuestas que no fueron atendidas más allá de la retórica. Si tal desatención ante la sostenibilidad se repite en el Ecuador hasta nuestros días, ¡no sorprende que Acosta Solís haya tenido dificultades para hacer calar sus ideas conservacionistas! Y explica además la aprehensión ante el preservacionismo ¡Cómo podría entenderse la preservación, si ni siquiera el conservacionismo 50 Acosta Solís 1951c, 1952b. 51 Vista con agudeza, es una observación optimista del naciente complejo militar-industrial. 52 Acosta Solís 1951c, 193, 198. 53 Por ejemplo Paredes 1948a,b, 1950a,b, 1951, 1952. 54 Vitale 1983, 85.
El conservacionismo institucionalizado (1949-1953) 151 era atendido por el poder político y económico! Por ello no sorprende la transformación del ambiente desde la década de 1940. La completa despreocupación por la sostenibilidad de los sistemas naturales es manifiesta en la «externalización» de los costos de la energía, fertilidad, agua, emisiones, etc. De la misma manera que se externalizaron los costos ambientales de la producción agroindustrial, caracterizada por una gran entropía debido al uso ingente de fuentes de energía y materias primas, y a la producción de desechos. En definitiva, eran visiones opuestas del camino hacia el progreso, aunque igualmente miopes al creer que éste vendría con la sola industrialización, ignorando que tal producción debía ingresar en un mercado, competir y ganar, cosa que las potencias comerciales no permitirían, y que las elites criollas aceptaban de buena gana. Y cualquier intento de cambiar la situación ha sido impedido por la regla impuesta a quienes llegan tarde: participar a través de un vidrio, que permite ver el techo pero impide acceder a él. El proceso de industrialización fue, por lo tanto, «incompleto», pero no solo por limitaciones ecológicas ni capacidades humanas, sino por el mercado mismo. Pocos países llegaron a exportar productos manufacturados mientras la mayoría siguió exportando materias primas (pioneros en la producción de manufacturados fueron México y Brasil, pero hubo muchos más casos: en cuanto a productos forestales, Argentina inauguró en 1949 industrias de tableros, y en zonas como Curacautín, Chile, la industria de contrachapados de araucaria que arrancó en 1938 degradó no solo los bosques sino la calidad de vida de sus habitantes).55 En cuanto a la difusión del conservacionismo, como era de esperarse de un febril escritor y comunicador del conocimiento, creó al interior del Departamento Forestal dos medios, Publicación y Circular, monográficos de diferente extensión y sobre varios temas, que en la mayoría de los casos escribía él mismo. La primera Publicación, titulada «Por la protección y fomento forestal» es históricamente clave pues aparecieron, con suma claridad y detalle, sus ideas sobre la conservación y su agenda en el Departamento Forestal.56 Tuvo dos fines: demostrar los «desastrosos efectos de la destrucción sin control de nuestros bosques y su defensa», y tender al fomento forestal, señalando las especies más adecuadas para cada región. Lo que 55 Aravena Ramírez 2003. 56 Este artículo fue reproducido en el número 15-16 de Flora y que es mi fuente para este análisis. Como he mencionado, esta Flora, si bien fue publicada en 1949, apareció con fecha 1945. Así, el escrito ―o parte de éste― fue producido antes de la creación del Departamento Forestal.
Misael Acosta Solís y el conservacionismo en el Ecuador 152 hizo fue reiniciar su «campaña en Defensa y Fomento Forestal del Ecuador». Es reveladora una página al principio, sin título, colocada con intención de captar lectores o, por lo menos, transmitir en pocas líneas su mensaje: De entre los recursos naturales, ninguno tan indispensable de proteger por su importancia y por la facilidad de su destrucción y desaparición, como el bosque; pues éste no sólo llena aquellas funciones necesarias de proveedor de elementos valiosos para la economía doméstica y social, sino que desempeña otras funciones de orden superior y de bienestar general, como las de regulador y protector de los demás recursos, aun de los de orden cósmico (luz, aire, temperatura, etc. locales), de aquí que cuando los bosques o selvas desaparecen, la vida humana y en general la fauna, tienen que desaparecer o bien ocasionar la emigración de sus elementos. Por lo mismo, conservar los bosques, es el primordial deber del hombre, al propio tiempo que se cumple con un deber de gratitud para con la madre naturaleza. El único medio que tiene el hombre para proteger la naturaleza, es el conservarla, aprovechándola juiciosamente sus recursos, al propio tiempo que reponiendo lo gastado o destruido bajo su dominio.57 Son varios los aspectos relevantes. En primer lugar, la reiteración de la importancia de los servicios ambientales para la economía. En segundo lugar, que las palabras «dominio» y «madre naturaleza» aparecieron muy cerca y en el mismo argumento. El uso de una metáfora animista y una mecanicista no representa contradicción alguna en su pensamiento; precisamente este sincretismo lo hizo un científico particular de su contexto. Es parecido por ejemplo al australiano Alec Costin, uno de los más importantes conservacionistas y activistas de la posguerra en su país; él y sus pares apreciaban la estética de la naturaleza y pedían su preservación, aunque argumentaban bajo el paraguas de la importancia de áreas naturales para la ciencia, y en definitiva ello tenía un uso económico.58 También el estadounidense Aldo Leopold transitó del discurso conservacionista científico puro a uno de preservación y respeto a la naturaleza; buscó una «síntesis» entre el organicismo y el mecanicismo y quizás por eso su figura ha sido oscurecida por la historiografía estadounidense, porque ocasiona conflicto y es vista como ambigua; sería un profeta aceptable hasta intentar poner sus ideas en la práctica.59 Y en México fue Enrique Beltrán, menos restrictivo que Quevedo y observador de los valores económico, ecológico y estético de los bosques, y también muy influyente en las nuevas generaciones.60 57 Acosta Solís 1945c, 197. 58 Robin 1998, 198-199. 59 Bowler 1998, 377, Worster 1994, 290. 60 Simonian 1999, 161, 165, 167.
El conservacionismo institucionalizado (1949-1953) 153 En el prólogo de «Por la protección y fomento forestal» mencionó cómo sus primeros escritos por la conservación estuvieron basados en observaciones y cómo, tras nuevos viajes, comprobó el daño causado. Se refirió a «salvajes destrucciones», «cambio de clima y de los ciclos meteorológicos que están sufriendo las áreas taladas o devastadas». Espeluzna su descripción del proceso de desertización y sequía, extendido como una plaga por toda América Latina con consecuencias especialmente fuertes desde 1930 como la migración hacia las ciudades o la presión sobre nuevas tierras por el retroceso y pérdida de las tierras cultivables.61 Aunque extensa, conviene transcribirla por su vigencia: ...ricos y densos bosques desaparecen todos los años bajo el fuego, especialmente durante los meses de verano (meses de sequía), anexándose en tal forma a la superficie desértica o xerofítica, extensas secciones otrora cubierta de grandes formaciones boscosas. La destrucción sigue sin tregua ni descanso, desde el Carchi (al norte) a Loja (al sur), desde la Costa al Oriente, desde las densas y siempre verdes selvas del litoral a las formaciones achaparradas de nuestros páramos. Y todo esto es todavía más desconsolador, al ver que no existe control defensivo de ninguna clase, por parte de los Organismos llamados a hacerlo, (como lo son principalmente los Ministerios de Economía que comprende al Departamento de Agricultura y Educación; y si existe una Ley, no ha de ser para que quede escrita, sino para practicarla, y esta práctica no se ha de hacer solamente con órdenes impresas, sino con disposiciones terminantes y efectivas y con vigilantes inspectores o guardabosques, por lo menos en las áreas que actualmente se destruyen.62 Aparecen ideas nuevas. El ecólogo-tecnócrata comenzaba a convertirse en ecologista, preocupado de más cuestiones que la sola destrucción de los bosques. Señala la contaminación de las ciudades como causante de extinción, y también a la «industria moderna de pesca de la ballena y la matanza desenfrenada de las focas, la colonización de América, el África, el Asia Meridional y Australia, así como las insaciables exigencias del comercio de pieles.» Referirse a la contaminación como conflicto es nuevo en su pensamiento y cómo lo concilió con su deseo de industrialización (si llegó a hacerlo) es un tema pendiente, ligado a la historia de ciudades industriales serranas como Quito o Ambato. También se refirió a la necesidad de áreas de protección: enumeró sociedades internacionales de protección de la naturaleza, convenios y destaca los parques nacionales en Bélgica, Estados Unidos, México, Argentina. Y dijo que 61 Tudela 1990, 90; Cunill Grau 1995, 24-35. 62 Acosta Solís 1945c, 199.