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Perspectivas antropológicas sobre Andalucía

Luque Baena, Enrique

Abstract

Luque Baena, Enrique

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PERSPECTIVAS ANTROPOLOGICAS SOBRE ANDALUCfA Enrique Luque Baena (Universidad Autdnoma de Madrid) En un reciente coloquio sobre la identidad andaluza,' me hacía una y otra vez la siguiente pregunta: pero 2qué puede aportar la antropologia al conocimiento de nuestra tierra? Mientras que otros participantes exponian sus bien documentadas disertaciones en torno a áreas lingüísticas o regiones económicas andaluzas, o al origen de 10 andaluz, una cosa al menos se me iba haciendo cada vez más patente: desde una perspectiva local, de pueblo, es difícil, por no decir imposible, hablar del conjunto. Tal vez, a 10 mis, sospechar su complejidad o su heterogeneidad. 1. Jornadas de identidad andaluza, Seviila, noviembre de 1979. Agradezco desde aquí muy especialmente a mi amigo Salvador Rodríguez Becerra la invitación para asistir a las mismas, así como el que me brindar^ la oportunidad, siempre grata, de visitar Sevilla. 13 Papers: Rc~lisfa de Sociologia 16 (1981) Por supuesto, en aquella ocasión pensaba, y pienso ahora, en 10s antropólogos que han --que hemostrabajado en Andalucia a partir de una determinada época y con unos determinadoi supuestos metodológicos y unas técnicas que, en gran medida, hacen casi inevitable la adopción de una perspectiva local Por suerte o por desgracia, esta es la Óptica que ha predominado en nuestra especialidad desde hace unos cincuenta años. Y con ella se sigue contando al iniciarse 10s primeros intentos de construir una antropologia social comparada de toda el área mediterránea.2 Pretendo apartar con este articulo, ya que no una respuesta definitiva a la pregunta inicial, al menos si una primera aproximación a la comparación critica de 10s trabajos realizados desde esa Óptica. También proporcionar, de este mudo, a otros especialistas en ciencias sociales un material menos fragmentari~ sobre Andalucia del que pueden ofrecerles las monografias antropológicas. Debe quedar claro, por 10 antes citado, que no voy a tratar de hacer aqui ni recuento ni catálogo de 10 que sobre Andalucia se ha hecho en el mismo lapso desde otras perspectivas, coincidan en mucho o en poc0 con las que aqui tendre presentes3 Aparte de las razones que acabo de apuntar, creo que mi selección puede justificarse atendiendo a otras dos. En primer lugar, frente a la abrumadora pluralidad de significados que encierra el término antropologia, 10s trabajos aqui examinados se mueven dentro de 10s limites más concretos de la antropologia social. En segundo lugar, se trata de estudios que tienen, al menos, dos notas en común: el contar con unos 2. Muy concretamente Davis, 1971, y Boissevain, 1979. Desde la panorámica del mundo rural europeo se ha referido también a estos problemas Susan T. Freeman (1973). 3. La revista Ethnica ha dedicado varios artículos a presentar una panorámica de la investigación antropológica en España. Asi, Prat (1977) y, concretamente sobre Andalucía, Moreno (1971). <(Papers*: Revista de Sociologia limites fisicos y sobre todo administrativos claros (un pueblo o, mejor, un municipio), y el haber sido realizados en una época histórica concreta. Por unn y otra razón, la comparación es posible; 10 cua1 no quiere decir, como veremos, que sea fácil en modo alguno. Paso a presentar brevemente 10s nombres de 10s autores que han producido estas monografias, así como algunos rasgos de las mismas, siguiendo el orden cronológico de su publicación. 1954. Julian A. Pitt-Rivers, <tThe People of the Sierran (las citas las hago de la segunda edición jnglesa; hay traducción española). El pueblo (denominado Alcalá de la Sierra por su autor y <<desenmascarado>> como Grazalema en la segunda edición) se encuentra en la Serranía de Ronda, cercano a esta última población, pero dentro de la provincia de Cádiz. Fue estudiado por su autor a finales de 10s años cuarenta y primeros de 10s cincuenta. En la época, la población era de 2.045 halitantes; la extensión del término, unas 12.000 Ha. 19 72. Isidoro Moreno Navarro, ctPropiedad, clnses sociales y hermandades en la Baja Andalucil~. La estructura social de un pueblo del Aljarafe,>. Bencarrón de 10s Condes (nombre supuesto como el del estudio anterior y el de 10s siguientes, salvo el de Navarro) pertenece a la provincia de Sevilla. El trabajo de campo se realizó en 10s últimos años de ia &cada de 10s sesenta. La población, en 1968, era de 2.585 habitantes; no se nos da la extensión total del término, pero si la de la tierra cultivable: 557 Ha. 1973. Enrique Luque Baena, <(Estudio antropoldgico social de un pueblo del Sur),. El pueblo, Jaral de la Sierra, cercano a Granada, está situado en la vcrtiente septentrional de Sierra Nevada. El trabajo de campo se hizo en 1969 y 1970. La población en 1965 era de 3.800 habitantes; la extensidn del término: 24.042 Ha. 1978. David D. Gregory, <(La odisea andolzca. Una emigración hacia Europa>>. (La obra, aunque escrita originariamente en inglés, no habia sido publicada, que yo sepa. con anterioridad en ese idioma.) En el extremo oriental de la provincia de Sevilla, La Cepn fue estudiada, en diversos periodos, entre 10s años 1966-68. La poblaci6n alcanzaba 10s 9.262 habitantes;. la extensicin del térmir.0: 18.738 Ha. 1979. Pio Alavarro Alcalá-Zamora, eMccina (La cambiante estructura social de ~72 pztebio dc la A:pzijarra))>. El pueblo (en este caso el nombre no es supucsto, pero queda a medias oculto, ya que hay otros tres en la misma Perspectivas antropológicas sobre Andalucia ccmarca con el mismo nombre, aunque con distintos <tapellidos>>) pertenece 3 la provincia de Granada y estd situado en la vertiente meridional de Sierra Nevada. El trabajo de campo se llevó a cabo entre 197'2-73. La pobIación .en 1970 era de 1.326 habitantes; la extensión del término: 4.259 Ha. 1980. David D Gzlmo~e, c<The People of thc Plbirz. Class and Community in Lower AndaZusia)>. El pueblo, Fuenmayor de la Campiña, pertenece a la . . !xo.u~rjcj:J c!c S:.villa El trabajo de campo fve realizado principalmente cntrc 1972-73. La población en 1970 era de 8.1 11 habitantes; la extensión total del término no st da, pero si la de la tierra cultivable: 12.616 Ha.4 Si nos atenemos a las cifras que he citado, tenemos en total poc0 más de 27.000 personas y algo menos de 725 Km" frente a 10s cerca de 90.000 Km2 y a los, aproximadamente, 6.000 000 de habitantes que supone Andalucia en cuanto a extensión y pcblaciói~.~ Ignoro qué pensarán 10s estadisticos de la representatividad de estos estudios. Claro que el prclblew no rfecta sólo a la antrcpolcgia que versa sobre Andalucia: el problema es mayor aún por 10 que respecta a los estudios de pueblos realizados en España en relación al conjunt0 del país; Andalucia es la regi6n que cucnta con mis mon~grafias antropológicas de toda E~paña.~ Pcr otra parte, de las ocho prcvincias andaluzab s610 tres aparecen represcntadas cn est:, muestra: Sevilla, Granada y Cádiz; y probablemente s610 la prim~ra en algo de su diversidad. Adcmás, esta pequeña muestra no incluye tcdavia nineiln ejemplo de población costera -turística o pesquera-, ni industrial (la cstudiada por Gregory cuenta con una cierta industria cesi de tipo artesanal: la dedicada a la elaboración de mantecados para las fiestas navideñas), ni plenamente urbana. La antropologia andaluza es, hoy por hoy, antropologia de zonas rurales. Tal vez resulten estas apreciaciones demasiado descorazonadoras; pero, nos gusten o no, esos datos son ciertos. Sin embargo, pueden hacerse otras consideraciones que apunten a un mcderado optimismc. En primer lugar, el creciente interés de 10s antropólogos por Andalucia, del que son exponente estos estudios: entre la publi4. La traducción de las citas literales de 10s libros de Pitt-Eivers y Gilrnore que aparecen en este articulo es mia. 5. Que el estudio de Pitt-Rivers haga referencia probablemente, aun sin mencionarlo, al censo de 1950 y el resto se refiera a las proximidades del de 1970, no cambia mucho la proporción en cuanto al número de habitantes. Si acaso, acentúa ;a desproporción, ya que en 1975 Grazalema tenia alin menos habitantes: 2.100 exactamente (Serrin Pagán, 1980, 95). 6. 'Vtase Prat (1977). ctpapers),: Revista de Sociologia cación de la primera y de la segunda monografía transcurren casi veinte eñcs; en cambio, entre la de ésta y la de la última hay tan s610 ocho años de diferencia. Más aún, las tres últimas salen al vertiginoso ritmo de una por año. En segundo lugar, la heterogeneidad de 10 andaluz einpieza a ponerse de manifiesto a través de estos estudios. A pequeña escala, si se quiere; pero suficiente para marcar algunos contrastes: fisicos, socia!es y tal vez culturales. El deliberado contrapunto que Gilmore, con el titulo de su monografía, gretende establecer con la de Pitt-Rivers es tan 'evidente como para que de momento sea necesario resaltar otros. Por último, estos contrastes y las inevitables polémicas que conllevan pueden servir de base para ese intento de estableccr ccmparaciones en antropologia que permita empeaar a explicar o a interpretar algo. A mi modo de ver, la posibilidad y la necesidad de comparar tal vez sea 10 mis fructifero que puede aportar la ~ntropologia y que podemos aportar 10s antropólogos para superar, asumiéndolos, 10s muchas veces denostados (pero rara vez, si alguna, superados seriamente) ccestudios de comunidadr>. Comparación, mktodos y técnicas Posibilidad y necesidad de comparar, he indicado antes. Pero, primeso, isr: h:i compnrado realmente en las monografias ~ntropoló~icas scbrc Andalucia?; y, segundo, ~qué es 10 que comparamos o pcdemos comparar? Intentaré responder a zmbas preguntas. A) Creo que, al menos en un cierto sentido, a las monografias aquí analizadas no puede reprochárseles 10 que a otras del área mediterránea o del mundo europeo: con excepciones (que a veces puede explicar la ignorancia cuando de un extranjero se trata, de que en español también se publican cosas sobre el tema), los autores suelen hacer mención de 10s trabajos publicados sobre la región en la que han realizado el propio A Pitt-Rivers cabe el honor de haber llevado a cabo el primer estudio de una comunidad, con critorios antropológico-sociales, no s610 en Andalucia, sino en toda el área en la que ésta se incluye. De ahi que las referencias , a su obra sean no ya posibles, sino obligadas. Que la valoración que se haga de la misma sea más o menos positiva o negativa es otra cuestión, de la que me ocupo mis adelante. Por 10 que respecta a 10s demás, la situación es muy otra. Ni Moreno ni yo tuvlrnos, al tiempo de redactar nuestras monografias, más que noticia informal de 10 que uno y otro hacfan; la pcsibilidad de comparar y confr~ntar 10s respectives datos y puntos de vista fue, por tanto, prácticamente nula en su momento. La fecha de apa- Perspectivas antropológicas sobre Andalucia rición del libro de Navarro, en el otro extremo, y su evidente interés por utilizar en algunos pasajes el material o las interpretaciones de otros colegas hacen de su monografia un completo estudio en este orden de cosas. Ahora bien, con 10 anterior no he dado todavia una respuesta a la primera pregunta (¿se compara?), si bien el tener en cuenta las aportaciones de otros es un necesario primer paso si se quiere comparar. Pero comparar no es, claro está, simplemente eso. Temo, dicho sea de paso, que hayamos incurrido (y aquí el plural debe entenderse más para españoles que para extranjeros) precisamente en el error de confundir comparar con citar. Por supuesto, no tanto a cólegas que hayan trabajado en nuestra propia región, como a otros, incluso aunque su esfera de actividad se encuentre muy alejada de la nue~tra.~ Entiendo que para que la comparación sea tal y además fructífera, debe proponerse, cuando menos, una de estas , dos cosas: bien desarrollar un determinado tema previamente investigado o apuntado por otro autor, bien rebatir un determinado planteamiento mediante la aportación de otro material que permita poner de algún modo en cuestión el primero. Ambas cosas, conjunta o separadamente, pueden hacer progresar un determinado campo de conocimiento. Como ejemplos de 10 que acabo de mencionar, permitaseme señalar tan s610 un par de ellos. La verdad es que no hay muchos mis. Para empezar, el tema de 10s apodos. Pitt-Rivers dedica varias páginas de su libro a mostrar la importancia que éstos tienen en Alcalá-Grazalema, realizando, desde mi punto de vista, un aguda análisis de 10s mismos y resaltando la función de control social que 10s mismos cumplen, sin excluir otras posibles implicaciones. En mi monografia sobre Jaral de la Sierra desarrollo precisamente una de esas implicaciones que sugiere, de forma si se quiere un tanto sutil u oblicua, la lectura de Pitt-Rivers: la configuración de unos linajes ficticios que tienen que ver muy directamente con el mecanisrno de apodar o dar motes a la gente. Navarro, por su parte, en su estudio sobre Mecina, ha desarrollado hasta sus últimos extremos esta implicación, y vemos a 10s alpujarrefios que él investiga inmersos en una compleja red de linajes -reales, que no ya ficticiosa 10s que denomina <tapodisticos*, que cumplen funciones de tanta importancia como mantener entrelazados a 10s distintos sectores de la población. 7. Me refiero al vicio de citar por citar, tan propio de las tesis doctorales -de las que precisamente proceden las monografias que comenten nuestro país; pero al que no son completamente ajenos 10s extranjeros. No hubiera venido mal seguir el consejo que dio Evans-Pritchard a Pitt-Rivers, una vez que el editor condicionó la publicación de su monografia a que eliminara la xnayor partc de la cterudiciónu. Según Pitt-Rivers, el entonces profesor de Oxiord se mostró de cuerd do con el editor, por entender que la misma es ctmaznly either mysttfytng or redundant), (1971, XI). apapers)>: Revista de Sociologia Otro ejemplo, también positivo en principio, pero de signo opuesto nos 10 proporciona la reciente obra de Gilmore sobre Fuenmayor. En realidad, buena parte de la obra -a partir del titulo mismo, como he seiialado antesparece estar concebida como una respuesta a la de Pitt-Rivers; si bien, desde la introducción, la monografia de Gilmore pretende ser, desde una perspectiva mils amplia, una critica a toda una forma de hacer antropologia y de elegir lugares para hacer trabajo de campo en sociedades complejas como la española. Pero 10 que me interesa destacar aquí es cómo, rebatiéndolo, permite profundizar en temas cruciales planteados en el libro de Pitt-Rivers: muy especialmente, el tema de la igualdad y el de la relación patronazgo-clientela El debate promete continuar, como 10 muestra la reciente intervención de un tercer antropólogo dedicado al estudio de Ronda.' Me abstengo de calibrar en este epigrafe el valor de estas comparaciones. Insisto en que por si mismas suponen algo positivo. Los ejcinplos negativos requeririan tal vez un articulo completo. Pero citaré al menos uno. Dedico varias páginas al final de mi libro a estudiar 10 que denomino una subyacente ideologia de la igualdad, que pugna con las evidentes desigualdades en el pueblo. Al tema de la igualdad prest6 mucha atención Pitt-Rivers en su monografia y, sin embargo, yo no 10 menciono al abordar ese punto. Al lector puede quedarle la duda de en qué medida desarrollo en mi monografia el planteamiento de Pitt-Rivers o 10 pongo, de una u otra forma, en cuestión? B) Por 10 que respecta al segundo aspecto enunciado al principio de este epigrafe (¿que se compara o qué podemos comparar?), en parte, y por via de ejemplo, puede el lector hacerse ya una idea por 10 expuesto en el punto anterior; en cuanto a la segunda parte de la pregunta, dedico en buena medida este articulo a tratar de contestarla. No obstante, tal vez no sobren en este momento unas muy breves consideraciones de tip0 más general. De entrada, pienso que es tan escaso todavia el material del que disponemos desde perspectivas antropológicas (insisto: no s610 en relación con Andalucia) que, por principio, ningún dato me parece desdeñable a la 8. J. Corbin (1979). 9. Dejo deliberadamente fuera de las consideraciones que hago en est? articulo el problema de la utilización y posible comparación por parte de sntrópologos de datos procedentes de otros enfoques (geogdficos, económicos, históricos, sociológicos, etc ), y sólo haré alguna alusión a 10s mismos. Por supuesto, no porque no 10s considere importantes ni fnltos de interks para la antropologia, sino porque, dadns las obvias limitaciones de espacio, prefiero tratar con mayor profundidad estas aportacionrs antropológicas. Perspectivas antropológicas sobre Andalucía hora de establecer comparaciones. Bien entendido, que ni 10 que acabo de señalar ni 10 que he indicado antes implica necesariamente una concepción acumulativa de la antropologia. La comparación, como hemos visto, puede llevar mediante el debate y la polémica a resultados muy diversos de 10 que la acumulación supone. Por supuesto, 10s datos que cada autor estime como dignos de mencionar, y por tanto de comparar, de otros autores, diferir6 en cadsl caso en virtud de muy diversos factores (desde gustos personales a, también personal, teórica o metodológica selección de tcmas). Pero hay algunos temas, por más dispar que sea la óptica desde la que se aborden, en 10s que 10s autores de monografias antropológicas parecen haber llegado a un cierto consenso. Me refiero a 10s que pueden encontrarse en el indice convencional de un libro como 10s que comento: ecologia, demografia, economia, familia y parentesco, estratiíicación social, política, creencias y rituales. En este trabajo, que pretende ser una aproximación solamente a un estudio comparativo, no podré tener en cuenta todos eilos. Ni a todos ellos han prestado la misma atención 10s autores de las monografias que examino. Los que incltlyo en 10s epigrafes siguientes ofrccen, precisamente, la ventaja de haber sido abordados con cierta extensión en todas estas monografias. Para concluir este epigrafe, me referiré a 10 relativo a métodos y técnicas de investigación. Tal vez no sea del todo ocioso hacer una distinción elemental entre unos y otras. Por técnicas entiendo, fundamentalmente, un modus operandi, una forma de hacer el trabajo de investigación y de abordar sus distintas fases. Por método, un conjunt0 de presupuestos teóricos acerca de 10s fenómenos que se pretende investigar, de sus relaciones internas y externas, asi como 10s instrumentos concepruales. Voy a prescindir de momento de 10 relativo a estos últimos. Hay conceptos tan genéricos y aceptados no s610 por antropólogos sino en general por quienes se dedican a las ciencias sociales, que seria dificil encontrar en ellos el menor margen de variabilidad. Rol puede ser un ejemplo; status es rnás dudoso. De otros como clase, estrato o familia, me iré ocupando en posteriores epigrafes. Entendida, pues, la metodologia en el sentido que acabo de indicar y por 10 que respecta a las monografias que examino aquí, puede analizarse atendiendo a dos facetas: una, 10 que 10s propios autores exponen explícitamente como tal; otra, 10 que puede inferirse de la lectura de sus obras. No cabe esperar -ni esperemosuna necesaria y perfecta concordancia entre una y otra. Además, dado que es tan difícil ser original en 10 que a teoria se refiere, 10 que aparece son más bien influencias teóricas sobre las monografias en cuestión, procedan de la antropologia o de las ciencias sociales en general. <Papers,: Revista de Sociologia Antes de iniciar el examen de estas dos facetas, quizá sea conveniente apuntar un rasgo común a todas las monografías aatropológicas sobre Andalucia: su deuda, próxima o remota con 10s planteamientos funcionalistas que comenzaron a estar en boga en antropogia social a partir de *Malinowski. Si alguien pone en duda esta afirmación, pruebe a suprimir mentalmente algunas de las ideas centrales del funcionalismo e imagine qui clase de antropologia se podria haber hecho en Andalucía (o en cualquier otro lugar de España o del planeta). Mejor o peor, ésa es otra cuestión; en cualquier caso, muy diferente. Y, por supuesto, no se hubieran llevado a cabo las monografías que comento en este articulo. Por dos razones: primera, porque 10s estudios de comunidad --de pueblo, en este casono serían siquiera imaginables sin la preconcepción de que 10s hechos que estudiamos tienen que ser, al menos en teoria, observables por parte del investigador;1° segunda, porque esos hechos se supone que están interrelacionados y que hay que mostrar su trabazón interna, cosa cuya dificultad de probar se incrementa a medida que se ensancha el ámbito espacial objet0 de la observación. Por supuesto, hay otras ideas básicas del funcionalismo que seria mucho más difícil incluir aquí: pongo por caso la de la buena y armónica integración del conjunto, o la de que la observación debe realizarse en el presente. Pero cabria preguntarse: ¿Cuándo el funcionalismo más ortodoxo ha llevado a la práctica del trabajo de campo esos supuestos? ;IQué grupo humano, real y no de fábula, es armónico y sin conflictos? ¿Que es el presente de un grupo? ¿Esta fracción de segundo que transcurre antes de que pueda observarse la cosa mis nimia, un mes, un año o un siglo? Todo 10 más que podria decirse es que 10s antropólogos, trabajen o no en Andalucía, se aproximan más o menos a estos supuestos; más o menos a sus opwstos, probablemente tan fantasmagóricos como 10s primeros. La importancia que a la historia se da en las monografias de Gilmore y de Gregory, por no citar la mia misma, en comparación con la muy escasa que le concedió Pitt-Rivers, puede mostrar como hay variedad en este orden de cosas entre unas y otras. 0, por citar s610 dos extremos, el tratamiento dado al conflicte social en el primer0 y en el Último de 10s libros de esta serie cronológica (Pitt-Rivers, 1954; Gilmore, 1980) prueba que el paso del tiempo y las modas intelectuales pueden hacer ver realidades semejantes desde muy diferentes perspectivas. . Precisamente por estas últimas consideraciones es por 10 que nos inte10. Esta preocupación aparece explícitamente en toda la obra de Malinowski, pero también en la de otro autor que nos afecta de modo mis directo: R. Redfield, The Little Cornmunity. Entre nosouos, Gilmore se ha referido, acertadamente, al peso que este librito ha ejercido en 10s estudios monográficos sobre pueblos, andaluces y no andaluces (1976). Perspectivas antropológicas sobre Andalucía muestran diferencias sensibles en este terreno: modificación de la estratificación social tradicional (Mecina) o reforzamiento de la misma (La Cepa). Al ocuparme antes de 10s contrastes medioambientales y ecológicos puestos de relieve por las monografias, he aludido a 10s factores históricos como modificadores de aquéllos. Igualmente habria que tenerlos en - cuenta al hacer aunque no sea más que una mínima referencia a 10s sisrcmas de propiedad y tenencia de la tierra analizados en 10s estudios que ccmentamos. Resultaria muy prolijo el embarcarnos aquí en una descripción de esos sistemas (repito, familiares en sus lineas generales a diferentes especialistas del ámbito rural). Pero sí es importante recordar algo, que por otra parte han puesto de relieve en más de una ocasión 10s historiadores de Andalucía: frente a cualquier tentación <<determinista)> geográfica, explicativa de las peculiares condiciones de explotación del agro andaluz, hay datos históricos bien documentados que prueban 10 contrario." Con independencia del peso que pudo tener en la configuración del sistema de propiedad y tenencia de la tierra el pasado islámico o cualquier otro más remoto e ignoto, parece indudable que dos acontecimientos históricos si han influido respectivamente en aquél: el proceso de repoblación cristiana a raiz de las sucesivas conquistas de tierras andaluzas, durante 10s siglos XIII al XVI, y el proceso de Desamortización, en el siglo XIX. Pues bien, la pequeña muestra antropológica que utilizamos en este articulo es suficiente para marcar importantes diferencias en cuanto a !as consecuencias de ambos acontecimientos. En pueblos como Fuenmayor y La Cepa pueden observarse todavía tanto las huellas de un reparto de la tierra de tintes feudales, a raiz de las conquistas de Fernando I11 el Santo, como las del agravamiento de la desigualdad en la distribución de la propiedad a partir de la Desarnortización del pasado siglo. En el otro extremo, Jaral y Mecina, repobladas en d siglo XVI, muestran también las consecuencias de un reparto originari0 mucho mis igualitario, asi como tarnbién la probable inexistencia de individuos que poseyeran grandes capitales a la hora de la Desarnortización, capitales para invertir en la compra de tierras procedentes de aquélla, probabIemente también escasas en estos lugares. La distribución de la propiedad ofrece, por tanto, menos sangrantes contrastes que en 10s pueblos de la Baja Andalucia.ls Me ocu17. Recientemente han resaltado el peso de 10s factores históricos en la configuración del régimen de propiedad de la tierra en Andalucía A. López Ontiveros (1979) y M. González Jiméncz (1980). 18. El caso de Bmcarrón es diferente a 10s de 10s otros pueblos de esta zona, ya que, según Moreno, la Desamortización si benefici6 a quienes carecían de tierras o tenian pocas (1972, 112). Al lector interesado en conocer las consecuencias singu- upapers,: Revista de Sociologia I par6 de las consecuencias actuales de esa distribución en el epigrafe sobre Se ha dicho repetidas veces que el tema que nos va a ocupar en este epígrafe viene a ser algo asi como el ámbito de dedicación privilegiada de 10s antropólogos. Debido, sobre todo, a, una vieja idea y a una larga tradición en virtud de las cuales se confinó al antropólogo a un tip0 de sociedades (las denominadas aprimitivas)>) que se suponian regidas For el tip0 de relaciones que se centran, precisamente, en la familia y el parentesco. Se desdibujan en gran medida las barreras de la confinación y cambian, en mucha mayor propoyción, las coordenadas teóricas vigentes en otro tiempo en e! análisis del parentesco y en la concepción de su misma naturaleza. Pero, sin embargo, sigue viéndose al antropólogo como a un especialista, sobre todo y ante todo en estos remas. Las seis monografias responden plenamente a esta imagen: todas (con una excepción: la de Gregory que le dedica s610 parte de un capitulo) les dedican cuando menos un capitulo, y algunas más. Aunque, como luego veremos, se estén refiriendo en algún caso a cosas que s610 <<de lejosn parecen parentesco (como las moscas de la enciclopedia china de que habla Borges). Tal vez, no fue mal punto de partida el que iniciara a Pitt-Rivers: convencerse después de un tiempo de que sus conocimientos académicos sobre modelos de linajes y principios de linealidad; elaborados para pueblos nilóticos, iban a servirle más bien de poc0 para entender la estructura social de Andalucia (1971, 15). Pero es claro que en esto no se ha seguido al pioner0 Pitt-Rivers. Y hoy contamos en Andalucía con alinajesv al oriente y con <tmitades matrilineales, al occidente, ambos fenómenos basados obviamente en principios de linealidad. S610 el tiempo, y, por supuesto, nuevas investigaciones dirán cull de estas dos posturas extremas proporciona un mejor conocimiento de la realidad sociocultural andaluza. Yo, por el momento, prefiero mantenerme en una actitud de prudente cautela como indicaré después. ~Qué se nos dice, para empezar, de la familia en estas seis monografias sobre Andalucia? En términos muy generales puede afirmarse que hay un rasgo común que resaltan todos 10s libros: la importancia de la familia nuclear o elemental respecto a otras formas de organización familiar. lares que la DesamortizacMn tuvo en Jaral por 10 que se refiere a bienes comunales, remito a mi libro (1974, 66-75). Perspectivas antropológicas sobre Andalucía En realidad en esto -insisto, en sus lineas esencialesno hay no ya diferencias internas, pero tampoc0 respecto a 10 que parece propio del resto de España; a excepción, claro está, de áreas norteñas tan importantes como el País Vasco, Galicia, el Pirineo aragonés o zonas de Cataluña." Ahora bien, al margen de esto, en las monografias se nos ofrecen una variedad de matices e incluso unas realidades bien diversificadas que me parece interesante comentar aquí. Quienes nos mostramos más contundentes en el sentido de considerar a la familia nuclear como prácticamente el Único grupo de parentesco que cuenta realmente en la estructura social de 10s respectives pueblos somos Pitt-Rivers y yo mismo. El primer0 afirma: <(Dentro de una comunidad que no conoce otro principio de agrupamiento, y donde otras relaciones tienden a ser inestables y 10s lazos de parentesco son débiles, la fuerza de la familia se muestra en solitari0 relieve,, y algo después: ala inexistencia de rnutuos derechos y obligaciones fuera de la familia elemental...>> (1971, 103 y 106). En cumto a mi, puede bastar 10 siguiente: <(ni por 10 que n la extensión se refiere ni a la residencia puede hablarse en Jaral de otro tip0 de familia, que el de familia nuclear, en su acepción rnás estricta en la mayoria de 10s casos>> (1974, 108). Navarro, por su parte, pese a considexar sumamente importante e! papel de la famiIia nuclear (autosuficiente en el terreno económico, organizadora de la división de roles complementarios por sexo y edad y marco de la socialización (1979, 236-237), da también gran importancia a otros grupos que considera, igualmente, parentesco efectivo (<(grup0 de matamas,, <(linaies apodísticos)>) (1979, 202-226). Gilmore establece una distinción básica entre <(casa)> (como nombre y -pero no siemprelugar exclusivo de residencia de la familia nuclear) y <tfamilia>> (las relaciones que rebasan la familia nuclear, el parentesco en general; la <(casa>> se identifica a veces también con dos o rnás familias nucleares unidas entre si por uno o más vinculos de parentesco: es decir, una <cfamilia extensa* (1980, 155-166). Por último, Gregory prefiere hablar de ggrupo domésticon, al que identifica más con una familia extensa de dos o tres generaciones que con la familia nuclear, si bien entiende que <En La Cepa, la estructura ideal a la que se esfuerza en acercarse la organización del grupo doméstico es la familia con~ugal, nuclear, fundada en una creciente preferencia por la neolocalidad>> (1979, 240).m 19. Como ejemples de estudios realizados por antropólogos y que versan sobre estos temas, pueden verse 10s de Douglas (1973) y Lidn (1971). 20. Es de lamentar que Gregory dedique en su monografia tan poco espacio, relativamente, a este tema convencional entre antropólogos. Aunque sea explicable, por el interés del autor en un tema central. Pese a todo, se tiene la impresión tras la ctPapers~: Revista de Sociologia Parece, pues, que el fenómeno familiar en la Andalucía rural es bastante mis complejo de 10 que a primera vista pudiera pensarse. Pese a su indudable importancia, la farnilia nuclear no está sola. Su indudable peso viene sancionado por las normas jurídicas codificadas con respecto a la herencia igualitaria del patrimoni0 patern0 (llevadas a sus máximos extremos en la práctica juridico-consuetudinaria de nuestros pueblos); reforzada, además, en ciertos casos por las condiciones físicas del terreno cultivable, que hace muy difícil, por no decir imposible, las explotaciones agrícolas de cierta entidad (as1 sucede, de forma patente, en Jaral, por ejemplo, pero no es en modo alguno el caso de otros pueblos). No obstante, pese a sus afirmaciones, el mismo Pitt-Rivers se refiere a algunos casos -minoritariosque desbordan la familia nuclear y que representan un intento de impedir la excesiva fragmentación de la propiedad que esta lleva consigo: por ejemplo, matrimonios entre primos hermanos y matrimonios entre pares. de hermanos y hermanas (1971, 104-106). En otro sentido, yo presento en mi libro otros dos fenómenos que también se sitúan más allá de las fronteras de la familia nuclear: por una parte, residencia temporal de 10s recién casados en el domicilio de 10s padres del marido (en la mayoria de 10s casos) y el hecho de que al final de sus vidas 10s padres viudos vayan a vivir a casa de sus hijos casados (pero, sobre todo, en el caso del viudo varón, haciendo un recorrido cíclico por 10s hogares de 10s distintos hijos); por otra parte, 10 que llamo <clinajes ficticios)> o afamilia extensa sui generiss, expresada a través de 10s apodos --o de apellidos que cumplen la misma funcióny manifestada en ocasiones ritualizadas: la matanza anual del cerdo y 10s momentos que siguen a la muerte de un familiar. En mi monografia argumento que ums y otros fenómenos tienen un carácter residual con respecto al predomini0 de la familia nuclear; es mis, que su evidente marginalidad (en el caso de las situaciones temporales de corresidencia) o su excepcionalidad (en el scgundo) prueban, para mi, que la familia nuclear es prácticamente el único gmpo de parentesco efectivo en Jaral de la Sierra (1974, 118-125 y 155-159). En Mecina, sin embargo, pese a darse fenómenos en cierto modo similares por 10 que al segundo aspecto se refiere, las cosas no ocurren en absolut0 del mismo modo. Según Navarro, junto a la familia nuclear hay otros dos grupos de parentesco efectivo, denominados por él ccgrupo de lectura de su libro de que estamos ante una magnifica introducción a 10 que podria haber sido una excelente monografia antropológica en su sentido mis habitual. Con- .cretamente a este tema dedica las páginas 240-250. matanza* y uhaje apodísticon. Es decir, que parece que están sepam dos 10s fenómenos que yo incluyo en una mima categoria alternativa (alinaje ficticio, o afamilia extensa)>). EI primer0 está constituido por tres generaciones: dos parejas de abuelos, 10s hijos casados con sus cuñados y 10s nietos; es decir, que supone la unión de dos familias extensas. Tai grupo se pone de manifiesto principalmente, como en Jaral, en la +oca de la matanza del cerdo. Tampoco posee patrimonio com& ni comparte Ia rnisma residencia. En cuanto d otro grupo, el ctlinaje apodístico)>, se trata de un grup0 de filiación que cuenta con un antepasado común y que comprende indjviduos de varias generaciones, unidos entre si tanto por 10s vínculos del parentesco patrilineal como por un mismo apodo o apelIido que ha venido-a ser usado como tal. Por supuesto, tampoc0 tiene patrimonio en común ni corresidencia. Su función principal estriba en dividir la población en grupos de parentesco exógamos (1979, 214-226 y ' 202-214). La situación en 10s otros pueblos difiere todavía más con respecto a cualquiera de 10s anteriores. Así, en Fuenmayor, junto a la familia nuclear propiamente dicha, existe la <tfamilia extensa*. Según Gilmore, de 10s 1.570 hogares de Fuenmayor, 429 (es decir, algo mis del 27 %) constituyen familias extensas; pero, al parecer la mayoría de ellas (89 %) esthn formadas bien por una sola pareja conyugal y colaterales solteros, bien por dos parejds co&yugales. *La función primordial que la fantilia extensa cuxr ple en Fuenmayor es económica y por eso afecta Bnicamente a un sector de la clase media baja (pequeños mayetes, en expresión recogida por Gilmore) y a 10s jorndleros, se& que b que se lntente sea conservar el patrimoni~ indiviso mediante la corresidtncia o soslayar el imposible desembolso que supone la compra de una nueva casa. Con todo, la comunidad de patrimonio no parece que se mantenga en este último caso, ya que 10s bienes domésticos principales se mantienen separados (1980, 163-165). Pero el auténtico extremo en esta escala 10 representa sin duda La Cepa, como ya he insinuado antes. Según Gregory, la familia nuclear se da <<s610 temporalmente entre la clase obrera en general y entre 10s emigrantes en particular)> (1978, 240-241). Gregory se refiere a tres fases del grupo de méstico: una primera, que supone la sustitución paulatina de 10s hijos que se van casando por 10s yernos que van yendo a vivir a casa de sus esposas; una segunda, marcada por el nacimiento del segundo hijo de la hermana más joven, seguida por el retiro de 10s abuelos de la vida económica activa y culminada con la muerte del abuelo; y una tercera que supone la 'ruptura del grupo doméstico por la retirada de las hermanas que 10 componen y consumada con la muerte de la abuela. Parece ser que la causa fundamental de la existencia de este crgrupo doméstico)> -familia upapers,: Revista de Sociologia extensa, en definitivaradica en la escasez de viviendas mis que en cualguia otro factor (1978, 243-250). Al terminar esta breve ojeada a las diferencias y semejanzas que la estructura familiar ofrece en la Andalucía estudiada en las monografías, me salta una duda: (no procederán unas y otras de las Ópticas, personales y conceptuales, de 10s respectivos antropólogos que han estudiado estos pueblos? Volveré a plantear preguntas como esta en el epígrafe sipiente. La respuesta en ningún caso es fácil. De todas formas parece evidenti una cosa: la familia extensa (se caactesice por la existencia de propiedad o residencia común o por ambas cosas) adquiere cierta carta de naturaleza en pueblos de 10s denominados itagro-towns>>, es decir, con una economia local, amque predominante, no exclusivamente agrícola y con una población relativarnente elevada. En nuestra muestra antropológica, en cualquier caso, se trata de pueblos de la baja Andalucía (ya que 10 apuntado antes respecto a Alcalá-Grazalerna no queda demasiado claro). En este sentido la obra de Moreno arroja luz. Pese a no ser equiparable Bencmón (algo así como aborder-lizel? de la baja Andalucía) a Fuenmayor o a La Cepa ni en cuanto a número de habitantes ni en cuanto a la existencia de iuertes desigualciades económicas, apunta Moreno que entre 1mayores propietarios se intenta evitar la fragmeatación del patrimonio que supone la herencia igualitaria mediante el mantenimiento, durmte una generación ai menos, de una explotación común. Adernás, 10s nuevos matrimonios -al parecer, ea el caso de 10s jorndero$- siguen vinculados en parte a sus respectivas familias de orientación durante el primer 60, yendo a alm~rzar y a cenar cada cónyuge a su antiguo hogar en todo esc: perícdo (1972, 280-281).2' Claro que esto dítirno es remotamente parecido a 10 que he indicado antes *que ocurre en Jaral. Sin embargo, tanto en Jaral como en las otras dos comunidades serranas, la familia extensa se describe como fenómeno dudoso y en tods caso minoritari0 -Alcalá-Grazalema-, nlarginal -Jaralo inexistente con las caracteristicas que aparece en 10s pueblos de ilanura -Mecina, ya que el icgrupo de matanzas, de Navarro no cuenta ni con patrimonio ni con residencia comunes. En cambio, en cua$o al tema de la importancia de 10s papeles asignados al hombre y a la mujer o al marido y a la esposa en la organización familiar, no puede establecerse exactamente la misma distinción que acabo de hacer entre pueblos de montaña y pueblos de Ilanura. Voy a ser 21. Moreno ha ampliado, en otra publicación, 10s datos acerca de la organizacián familiar, con ab-mdante material estadistico. De eiios se sigue que aunque la familia nuclear es mayoritaria (49,7 %) respecto a otras fotmas domésticas consideradas singularmente, éstas la superan en conjunto. Por 10 que se refiere a la familia extensa, hay en Bencarrón un 13,4 % de fdas integradas por una pareja conyugal, I I?erspectivas antropológicas sobre Andalucia muy breve en este punt^.^ Creo que puede habbrse, en lineas generales, de un mayor peso de la mujer, social y cultural, en la Andalucia occiden.. tai que en la oriental. Al menos, esto es 10 que puede inferirse de 10s estudios antropológicos que han sido realizados en una y ottta zona. Asi, Moreno explica la característica de matrilineal de sus ccmitades,, por la influencia que Ia mujet tiene en la familia; más aún, llega a afirmar que ala importancia cultural de la mujer es aún mayor que en otras subhreas de la Baja Andalucía, (1972, 260). Pitt-Rivers habla, refiriéndolo a toda Andalucia, de tendencia a la matrilocalidad ( 197 1, 101). Gregory utiliza 10s términos <tfarni!ia sororaln y <<residencia uxorilocal)> para destacar las csuacterísticas centrales del grupo doméstico de La Cepa. Por último, Gilmore, aunque entiende que las pautas que rigen la organización de roles domésticos ofrecen gran variación dentro del pueblo (debido a su aguda división en clases), afirma: <tA pesar de esta variación, la mayoria de las familias son clásicamente matrifocales y cohesionadas, si no realn~ente dominada~, por madres y suegras, (1980, 167). En cambio, tanto Navarro como yo (únicos representantes de Andalucía oriental en este conjunta), aunque darnos importancia al papel de la mujer de una u otra forma, hemos destacado factores en cierto modo opuestos. Ya me he referido antes a cóm0 en Jaral si existe alguna tendencia clara es hacia ia patrilocalidad, por más carácter temporal que tenga. Navarro, si Eiem considera como excepcional todo tip0 de corresidencia fuera de la familia nnclear, es aún mucho más rotundo y habla de ccpatriarcalismo)> en ésta; más aún, afirma: <(La preponderancia absolcta en toda la comarca de 10s santos patronos masculinos, en medio de una regitin típicamente mariana como es Andalucia, puede ser una consecuencia, y un refrendo, de 10 que ocurre dentro de la familia nuclear con la situación del padre; pero a niveles escatológicos, que dan más fuerza a la situación, (1979, 237). Tal vez sea asi en la Alpujarra; Jaral, en cambio, debe estar a medio camino en este sentido, aunque no fisicamente, entre ésta y la otra Andalucia, ya que cuenta con un patrono masculino (San Roque) y otro femenino (la Virgen del Rosario). Para concluir este epigrafe, quiero referirme a la utiliZa~iÓn de dos categoria~ consagradas en la etnografia y antropologia del parentesc0 que aparecen en algunas de estas monografias y a las que ya he hecho menci6n: con o sin hijos que viven con uno de 10s padres de la esposa o con ambos y un 3,9 % en que ocurre 10 contrario. Se confirma, pues, una cierta tendencia a la uxorilocalidad, a la que me refiero enseguida (Moreno, 1973). 22. Preparo otro trabajo sobre el tema, en relación sobre todo con el de la socialiación, tal como aparece en estas perspectivas antropológicas. Creo que tiene la suficiente entidad para ser tratado por separado. upapersw: Revista de Sociologia <tIinajes, y ctmitades>>. En cuanto a 10s primeros, Pitt-Rivers hace mención a elíos en el prólogo a la segunda edición de su libro (prólogo que yo desconoda cuando termini de redactar mi fionograffa en ese mismo afio, 1971). Sus palabras son las siguientes: <(Para la época en que yo habla alcanzado la importante conclusión de que no existe principio lineal que pueda encontrarse en las dinastias de apodos ... (1971, XV). Yo sí que encontré algún tip0 de principio de linealidad en la forma como me tes y apodos, o apellidos utilizados como tales, sirven para agrupar a un conjunt0 de personas (10s descendientes del que recibe el mote y duranre varias generaciones, normalmente por línea paterna). No sé hasta qué punto fue correcto utilizar el termino de elinajes ficticiosa para caracterizar este fenómeno, pero con ello queria destacar que 10s mismos no poseen --o al menos yo no pude descubrirlaslas caracteristicas habitualmente asignadas a 10s linajes. Navarro, sin embargo, si que ve en eiios (10s <(linajes apodisticos)> como 10s denomina) auténticos grupos de parentesco efectivo. De las caracteristicas que cita como definidoras de estos grupos de filiación (descendencia de un antepasado común, posibilidad de demostrar efectivo parentesco, nombre y exogamia) me parece que dos de eilas sí son definidoras exclusivas del elinaje apodistico)> en Mecina (nombre y exogamia); las otras pueden aplicarse también a la familia extensa, que para Navarrd no constituye un grupo efectivo de parentesco a no ser unido con otra famifia extensa para formar un <(grup0 de matanzan. No dudo de que, -aparte del nombre común, 10s ctlinajes apodísticos)> cumplan esa funch3 exogamica. Más bien, mi duda es la siguiente: ¿son suficientes dos características peculiares para denominar como linaje, en un sentido general, a ese fenómeno? El mismn Navarro muestra cikrta cautela: apero hay que hacer todo tipr & salvedades y reservas al uso de esta palabra, y no olvidar nunca que estamos hablando de un municipio de la Alpujarra, que pertenece a España y est6 en Europa occidentaln (1979, 202). Vayamos, por último, al tema de las itmitades matrilineales)> en Bencarrón. Según Moreno, dos son 10s princip'os fundamentales de la estrucl tura social del mencionado pueblo: la divui6n en clases sociales y la división en <tmitades matrilineales>>. Estas últimas suponen, frente a la división horizontal que implican las clases, otra de tip0 vertical. Tales mitades se expresan en Bencarrón por medio de dos hermandades, bajo la advocación de dos vírgenes, !a de la Consolación y la del Rosario. La ads23. Pienso que la dificultad aumenta si uno, además de referirse a Robin Fox, al que cita expresamente Navarro, atiende a otra bibliografia especializada en el tema de 10s linajes y de sus características. 3 6 Perspectivas antropológicas sobre Andalucia. cripción a una o a otra no es voluntaria: todos 10s hijos, varones o hembras, de cualquier familia, pertenecen a alguna de las dos automáticamente, según sea la pertenencia de la madre y sea cua1 sea la hermandad a la que pertenezca el padre. Pero estos últimos casos deben ser 10s menos en Bencarrón, porque aunque no se da totalmente la endogamia de mitad, hay tendencia a ella, y en 10s casos en que tal cosa se frustra surge todo tip0 de conflictos dentro de la familia (1972, 195, 303, 196, 201, 202, 279 y 282-284). He resumido 10s rasgos que estimo más destacados para poder considerfir a estas hermandades como fenómenos de parentesco. Más claramente alin: ctlas hermandades no son asociaciones voluntarias, sino unidades sociales determinadas por consanguinidad, concretamente mitades)> (1972, 258). Ahora bien, el problema que aquí se me plantea proviene, en primer lugar, de la propia y última explicación que da Moreno en la Conclusión de su monografia: la subcultura andaluza, dice, se caracteriza por la oposición individualismo/asociacionismo; y la existencia de mitades, agrupando a la gente, viene a contrapesar la tendencia al peligroso individualismo andaluz. Pero, ~puede identificarse asociacionismo -que implica algún grado de voluntariedadcon adscripción automática, que es 10 que suponen las mitades? Obviamente, no. En segundo lugar, en cuanto a la característica de filiación matrilineal también tengo mis dudas. Moreno afirma que si, y recalca varias veces la importancia del papel de la madre en la formación de los hijos, pero no ofrece, a mi modo de ver, más que una prueba del hecho de la filiación: una copla popular dirigida a una da las virgenes, de la que subraya dos estrofas en las que se habla de que el cariño que le tiene el devoto 10 debe a su madre y de que le enseñaron a querer a la Virgen desde la cuna (1972, 202). CPueden entenderse estos datos como atestiguadores de algún tip0 de filiación? Por último, Moreno, que utiliza a Lévi-Strauss para la definición de mitades, entiende que 10s dos rasgos principales que caracterizan a éstas son la ya mencionada adscripción automática y la reciprocidad; pero por esta 61tima entiende fundamentalmente hostilidad, no precisamente latente (que es como adjetiva Lévi-Strauss a la hostilidad en esa definición) sino manifiesta y fuertemente conflictiva entre ambas hermandades; y de esto últim~ sí creo que da suficientes pruebas Moreno en su monografia. Me pregunto: ¿no es esto ctreciprocidad negativa)>, en el sentido que da Sahlins a este termino, situada precisamente fuera de las fronteras del parentesco? (Sahlins, 1972, 195-204). Moreno argumenta que la consideración de estos fenómenos como puramente religiosos o puramente políticos U no es sino el modelo consciente que la gente tiene para explicar la existencia 24. Concretamente, en otra publicación sobre el tema (Moreno, 1974, 71-72). <<Papers*: Revista de Sociologia real, e inconsciente, de las mitades. En ese caso, me quedo más satisfecho con la explicación de la gente. ~Clases, estratos, ideologia? Escribir de Andalucia, y más aún de la Andalucia rural, como en este caso, supone referirse a desigualdades de una u otra indole. Pero la diversidad de 10 andaluz hace que el tratamiento cornparativo de estos aspectos sea más difícil, si cabe, que con respecto a 10s analizados bajo el epigrafe anterior. Creo que las seis monografias examinadas reflejan claramente esta diversidad. Ahora bien, no me parece -tampoc0 en este casoque la misma sea fruto exclusivamente de la heterogeneidad interna de Andalucia. Hay perspectivas diferentes en estas monografias como diferentes han tenido que ser 10s procesos de socialización, las vivencias personales de desigualdad y como, por supuesto, diferenteg son las preferencias ideológicas de 10s autores que las han producido. Tal vez no vendria mal que estos libros fueran acompañados de una biografia del antropólogo. Evitarian al lector elucubraciones y confusiones. Pero como la única biografia que'-realmenteconozco es la mia y con ella no puedo comparar nada, dejo el problema s610 planteado. En las distintas monografias se usan tres términos .para referirse a estos fenómenos: <(distinciones sociales)> (Pitt-Rivers), <cestratos sociales)> (Navarro, Gregory y yo mismo) y <tclases sociales)> (Moreno y Gilmore). En realidad, la diferencia estriba entre quienes optan por el término eclase socialn y quienes prefieren otro término. Los segundos justificamos (Cprurito analitico?, ~declaración vergonzante?) la no utilización de este concepto. Veamos cómo: Pitt-Riuers: <(Las preguntas, por tanto, que deban hacerse no son: "CCdles son las clases sociales en esta sociedad?" y "¿CÓmo se diferencian?", sino: "~Qué distinciones sociales se reconocen en esta sociedad? ", "¿En qué situaciones son evidentes?" S610 encuadrando el problema de este modo es posible evitar el presumir de antemano 10 que uno intenta descubrir ... s (1971, 34). Luque: <(Por razones de contexto social he procurado eludir el término clase a 10 largo de estas páginas y no seria conveniente introducirlo ahora ...* (1978, 178). Gregory: <<En contraste con el habitual enfoque de Marx al análisis de la estratificación social, el esquema de Weber es rnás apropiado para 3 8 Perspectivas antropológicas sobre Andalucia Bencarrón (1972, 116) Fuertes propietarios, más de' 25 Ha. Propietarios, entre 10 y 25 Ha. Agricultores autónomos, entre 5 y 10 fia. Jornaleros propietarios, menos de 5 Ha. Jornaleros sin tierras, - Fuenmayor (1980, 62-6) Señoritos, más de 200 fanegas (es decir, mis de 116 Ha). Mayetes, de 8 a 200 fanegas (de 4,6 a 116 Ha). Jornaleros, menos de 8 fanegas (menos de 4,6 Ha) o sin tierras. Por supuesto, en estas dos monografias también se atiende a factores sociales, no puramente económicos, como configuradores de la estratificación social (conciencia de clase -sobre todo Gilmorey ctestilos de vida),, como !ugar y tipo de vivienda entre ctros). Pero hay una mayor insistencia en resaltar aquéllos en las otras monografias. Con diferencias entre ellas. Asi, en primer lusar, Gregory parece haber atendido al criteri0 más convencional de división en tres clases, aun atendiendo a las peculiaridades de La Cepa (ctaristocracia)>, ctclase media), y ctclase obrera)>, con subdivisiones en las dos primeras). En segundo lugar, yo me he interesado por 10s niveles sociales que se han reccnccido como tales en el pueblo y que se acomcdan mal a una divisi611 tripartita aunque se le acercan (ctricos)>, ctriquillos)> -¿alta?-, ctmedia fajia>> y ctmedianeros)> -¿media?--, ajornaleros, ((pastores)> y ((peones)> --fbaja? 23 Gregory, y en mucha menor medida yo, aportamos datos que permiten calibrar la enorme incidencia de las desigualdades económicas en la estrarificación social; y muy concretamentc la ira~portancia de la distribución de la propiedad de la tierra. Por último, la mcnografia de Navarro podria situarse entre la de Gregory y la mia, ya que ofrece, gráficamente incluso, una imagen de la estratificación social de Mecina donde se expresan, sistemáticamente, tanto las categorias lccales y convencionales como 10s factores objetivos. También 28. Insisto: me parece arbitrari0 usar, por 10 que respecta a Jaral, una división tripartita, por mucho que se pierda en cuanto a poslbilidades comparativas. Esa estratificación social en siete estratos no es, por otra parte, la mis reciente. En la tpoca de mi trabajo de campo habia perdido -como indlco en mi libro-- sus perfiles y, curiosan~ente, a 10s dos estratos superiores se 10s denominaba aclase media),. Probablement~, el mayor contacto con rcalidades urbanas a través de la emigración, hacia que la gente viera que la estratificacibn social no acababa cn 10s limites del pueblo *Papers)): Revista de Sociologia I agrupa 10s estratos locales en tres ctclasess (alta, media y baja). Esto último y el ser, junto con Gilmore, 10s dos únicos que dan una imagen cuantitativa de la estratificación social -cosa que no ocurre en ninguno de 10s otros casosme ha permitido presentarlos juntamente en la siguiente tabla. En ella he utilizado 10s tres términos convencionales empleados por Navarro. También he obtenido y añadido los porcentajes para mayor claridad. En el caso de Fuenmayor, aparecen sumaclos, como hace Gilmore, 10s propietarios de menos de 8 hectáreas con 10s <<jornaleros>> (282 y 685, respectivamente) pars incluirlos en la ccclase baja)> (Gilmore no usa este termino, sino el de <cjornaleros)> para unos y otros). Por último, las cifras se refieren, en ambos casos, 2 familias, no a individuos. Pienso que el haberse realizado 10s respectlvos trabajos de campo en la n~isma época hace que sus resultados sean especialmente adecuados a efectos compararivos. Con una salvedad: Gilmore no incluye en su tabla a diierencia de Navarro, a quienes están desvinculados de la agricultura (sean profesionales, comerciantes o maestros). Estratificación social Nu'mero de familias Cluses Mecina Fuenmayor Alta 13 21 (%I (4,O) (13) Media 109 404 (%) (33,9) (29,l) Baja 200 967 94 169,4) Total 322 1.393 Fuentes: Navarro (1979, 37); Gilmore (1980, 63). Realmente, aunque apreciables, las diferencias entre Mecina y Fuenmayor no son, según la Tabla 2, de tanta magnitud como uno pudiera imaginar dk atenerse a la Tabla 1: algo rnayor proporción de eclase media* Perspectivas antropológicas sobre Andalucia y ctaltae. rnenor de <(baia)> en el primer0 en relación con el segundo, donde las proporciones se invierten. Esto hace sospechar en una comunidad algo más antagónica y conflictiva en el caso de Fuenmayor. Yero si nos atenemos a la -interpretación de la realidad que dan 10s antropólogos que han estudia+ uno y otro pueblo, las cosas no son tan simples. Navarro se refiere a ctun caso que en otro contexto hubiera podido desembocar en una situación típica de conflicto social, pero que no produjo 10s eiectos normales dadas las especiales circunstancias locales; 10 que demuestra la poca fuerza de la clase-en-si como sustento exclusivo de la clase socials (1779, 294). Gilmore, por el contrario, describe a Fuenmayor como pueblo fuertemente conflictivo donde 10s extremos (ctseñoritosa y ccjornaleros>>) se evitan mutuamente para no crear las condiciones del confl~cto de clase; o si se relacionan 10 hacen de forma tan extremadamente r~tua!izada que se pone de manifiesto, a un tiempo, la distancia y la jerarquia (tal es el caso del aguinaido al que se refiere); pero si por acaso entran en contacto sin esos amortiguadores sociales, el conflicto social se convierte en lucha abierta (como en un caso ocurrido durante el carnavol que cuenta Gilmore) (1980, 98, 94-95 y 97, y 1975) Mecina y Fuenmayor. ¿Dos Andalmias o dos fnterprrtacio~es? Y a todo esto, ~dónde queda la famosa igualdad, pese a las diferencias económicas, de Pitt-Rivers? Pitt-Rivers resalta en su libro, en más de una ocasión, que la igualdad tiene que ver fundamentalmente con 10s valores que la gente sustenta y no con 10s bienes económicos que poseen. Pero, también mis de una vez, habla de igualdad como algo mis objetivo: no diferencias aparentes (como vimos antes), familiaridad en el trato entre desiguales por razones económicas, apreciados por 10s visitantes desde antiguo (1971, 65); o sencillamente, del ctigualitarismo del pueblo~ (1971, 203). Más especificamente, concibe la relación de patronazgo - clientela como un mecanismo que hace posible una cierta amistad e incluso cordialidad entre individuos desiguales (1971, 140 y 203-204). Algo se dic? también del tema de lz igualdad en las otras monografias. Moreno, por ejemplo,. se refiere a <(la creencia, fundamental dentro del sistema de valores, en la igualdad esencia1 de todos 10s hombres [. . .] igualitarismo ideológico que no es compartido por la clase alta), (1972, 167). También yo, y por via del análisis del romancero tal como se conoce o conoció en Jaral, insisto en la existencia de valores igualitarios, de ideologia igualitaria, ctque al mismo tiempo que hace patentes diferencias une en un todo coherente Ics diversos elementos que la realidad separa), (1974, 215). Curiosamknte, GiImore, que tanto insiste en la desigualdad sncio-económica y en la crítica a la perspectiva de Pitt-Kivers, se refiere, en términos parecidos a 10s de Moreno, a este tema. Según 61, 10s trabajdores creen en una igualdad ccnaturaln entre 10s hom- apapers,,: Revista de Sociologia ! bres y en que, por 10 mismo, todos deberian ser iguales, social y econÓmi= camente hablando; y señala: itMucha de la. trirulencia de las clases proviene de la frustración de ese autentico sistema de valores básico)> (1980, 104 y 105). En Jaral, tan diferente por tantos otros conceptos de Fuenmayor, se decia: <<¡Que bueno es saber! Pero que todos supiéramos 10 mismo, no unos mucho y otros nada.)> Al tratar del anarquismo andaluz se ha resaltado en ocasiones (Gilmore vuclvc a hacerlo) esa crecncia en, o esa aspiración del pueblo andaluz a, la igualdad más absoluta -la tqtal nivelacióncomo una de las posibles motivaciones últimas de.las peculiaridades del tenómeno. De otro pueblo serrano, en este caso de Málaga, Ronald Fraser deja hablar a un rico propietari~ que niega que existieran en otro tiempo diferencias en el pueblo, pese a las diferencias económicas: <(Nosotros no viviamos en modo alguno de forma diferente a cualquier otra persona. En nuestra casa comiamos 10 que come cualquiera en Andalucia.. . )>; y otro propietario, hermano de aquél, se extraña de que durante la guerra civil 10s anarquistas quemaran todos los muebles y alimentos que habia en las casas de 10s ricos (1973, 44 y 46)." Igualdad: ¿ideologia o utopia andaluzas? Dentro de la diversidad y heterogeneidad de 10 andaluz, de la desigualdad intern: de sus pueblos, tal vez sea este fenómeno cultural uno de los'pocos que permitan entrrver algo común en el complejo conjunto. Conclusidn Soy consciente, al concluir, de que quedan muchos temas fuera de estas reflexiones acerca de Andalucia vista desde perspectivas antropológicas. Ccncrctomente, el tema politico (pero 10 politico contemplado a pequeña escal a) mcrecc t~atnmicnto aparte" He procurado dar, en este articulo, una ide3 (1:' an cntnpo -e! dz la :lntlcpclcgia andnluzaque s610 ahora empieza a constituirse. Las aportaciones que he examinado aqui representan s610 el punto de partida. Defectuoso y lleno de todo tip0 de ingenuidades. Pero, creo, en modo alguno desdefiable..Lo que le siga, utilice la ciptica local o ctlr~lquicr ctra n~ds novtdcsa o mis tradicicnal aún, tcndr6 que adoptar un comprcmiso mlnimo: superarlo, si yuiere darnos un mejor y mis completo conccin~icnto de las realidades andaluzas. 29. M~ichos de 10s temas del libro de Freser son 10s de una monografia antropológica como las que he comentado aqui. §u deliberada no interpretnción (tal vcz ' dewo de !a mixima objetividad) de las entrevistas que llrnan pdcticamente el libro, me ha llevado a no irlcluirlo entrc aquéllas. I Perspectivas antropológicas sobre Andalucía En parte, al menos, pienso que he contestado a la pregunta que planteaba al principio. Las aportaciones antropológicas localizadas y su análisis comparativo y critico pueden proporcionar un cierto contrapunto a tantas simplezas como han circulado, circulan y me temo que seguirán circulando sobre Andalucía. Poca cosa, quizá, para quienes necesitan recetas claras y eslogans contundentes. Pero ya se sabe que las dudas del intelectual casan mal con unas y otras. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS J. Boissevain, aTowards a Social Anthropology of the Mediterranean~, Current Anthropology, vol. 20, núm. 1 (1979), 87-93. G. Brenan, Al sur de Granada (Madrid: Siglo XXI, 1974). J. Corbin, <(Social Class and Patron - Clientage in Andalusia: Some Problems of Comparing Ethnographies)>, Anthropological Quarterly, vol. 52, núm. 2 (1979), 99-114. J. Davis, People of the Mediterranean: an essay in comparative social anthropology (Londres: Routledge & Kegan Paul, 1977). - crThe value of evidencen, Man., vol. 13, núm. 3 (1978), 471-473. - <rThe value of evidence%, Man., vol. 14, núm. 1 (1979), 161-163. W. A. Douglas, Muerte en Murélaga. El contexto de la muerte en el Pais Vasco (Barcelona: Barral, 1973). R. Fraser, The Pueblo. A mountain village on the Costa del Sol (Londres: Allen Lane, 1973). S. T. 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