Notas sobre el Franquismo
Abstract
Martínez Alier, Joan
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NOTAS SOBRE !EL FRANQUISMO * Juan Martínez Alier (Universitat Autbnoma de Barcelona) Este ensayo ofrece las bases para una discusión que está todavía abierta sobre la naturaleza del estado franquista. De un lado, se acomete una discusi6n critica de la caracterización de Linz del franquismo como un régimen autoritari0 de pluralisme limitado. Por otro lado, se estudia la ideologia socio-económica de 10s corporativistas católicos y 10s economistas tecnocráticos en España desde 1939 como elementos ideológicos básicos racionalizadores y legitimadores del régimen, y de alguna forma como expresión de las relaciones específicas entre clase y poder que le caracteriza. Ambos apartados est& unidos por una línea argumenta1 básica: comprender 10s mecanismos básicos del franquismo mediante el análisis critico de sus ideólogos y estudiosos. * El presente articulo es una refundición de dos ensayos publicados en Cuader;' nos de Ruedo Ibérico, niuns. 43-45 (1975). 27 Papers: Revista de Sociologia 8 (1978)
LQ caracterización del franquisme como régimen ctautoritariow de crpluralisrno limitado)> Linz es famoso por haber utilizado el concepto de <{regimen autoritari~~, definido como un <tpluralismo limitadoa, un tercer término dentro de la tipologia totalitarisme-democracia pluralista. El caso español cae dentro de ese término medio del <<autoritarismos: no es una democracia pluralista donde 10s partidos politicos expresan 10s intereses de distintas secciones de la sociedad y compiten por el poder mediante elecciones, ni es tampoc0 un régimen totalitario (como la Rusia de Stalin o la Alemania de Hitler) porque aunque ha habido un solo partido (la Falange o <tMovimiento Nacional>>) ha habido otras tendencias que han participado del poder (propagandistas católicos, Opus Dei). Ese partido politico no ha dirigido nunca toda la vida socio-económica, ha habido asociaciones de intereses como las Cámaras de Industria, hay grupos de presión fuera del cuadro Falange-Sindicatos Verticales. Muchos politicos y funcionarios del régimen no han compartido la ideologia del partido e incluso se han declarado a sí mismos <texpertos apolíticoss, 10 que seda impensable en un régimen totalitario. Hay, en fin, un bajo grado de movilización política: se deja a la gente que viva tranquila, apática, despolitizada, excepto tal vez en momentos de crisis del régimen (como pudo ser 1947 o diciembre de 1970) cuando se organizan manifestaciones públicas en apoyo del mismo. Hay toda una literatura en ciencia política norteamericana, vinculada a la sociologia de la <tmodernizaciÓn)>, que distingue entre sistemas politicos se& el grado de participación o movilización, medido por indices tales como el número de afiliados a partidos, el número de votantes (donde hay elecciones), el número de participantes en manifestaciones, el número de auditores de discursos politicos o de lectores de propaganda pontica. Creo que es necesario distinguir entre ese tip0 de participación abierta y 10 que se podria llamar participación potencial.
upapers, Revista de Sociologia Pensemos por ejemplo en el análisis del cccaciquismo~> en Espaíía. La explicación predominante hoy en dia dejó de interesarse por 10s abusos denunciados, por ejemplo, por un Joaquin Costa: elecciones trucadas y <cpucherazoss más o menos descarados. Hoy esos fenómenos son vistos como consecuencia de la vigencia de un sistema electoral democrático en una sociedad políticamente apática. El caciquismo acabó (en las regiones en que acabó) cuando el grado de participación política aumentó; partidos politicos nuevos movilizaron políticamente a 10s ciudadanos, que se interesaron entonces por las elecciones. Esta interpretación vale tal vez para la España de la Restauración. Una despolitización que permitia al mismo tiempo que toda la poblaci6n adulta masculina tuviera derdho a voto y que el poder estuviera en manos de una élite política muy pequeña, dividida entre conservadores y liberales sin amenaza seria de terceros, es una despolitización muy distinta a la que Linz pretende que existe bajo el régimen franquista. Las medidas que el Estado se ve precisado a tomar para garantizar esa ctdespolitización, son muy distintas: en un caso, con despolitización genuina, el Gobierno puede ser liberal, puesto que es el propio carácter de la sociedad 10 que asegura la estabilidad política; en el segundo caso (cuando existe una participación política en potencia) el Gobierno tiene que tomar medidas para evitar la politización. La <capatia)> y <<despolitizaciÓn)> sobre 10s que se asienta el régimen autoritario franquista no pueden ser tomadas como datos: al contrario, la represión y el miedo que el régimen autoritario produce sirven para garantizar que persistan. La primera vez que me senti tentado de criticar a Linz fue cuando escribía mi libro sobre 10s conflictos de clase en el campo andaluz. La noción de <capatíal> o adespolitizacióne me pareció poc0 adecuada para describir las actitudes políticas de 10s obreros agrícolas andaluces (y seguramente 10 mismo vale para 10s obreros españoles en general) y me pareció tendenciosa por cuanto servia para ocultar la importancia de la represión y el miedo. En 10s análisis de Linz no se hace hincapié en 10 que es todavia el hecho básico de la vida política española: la feroz matanza de 10s años 1936-1944 y la memoria de esa matanza, cuyo máximo responsable, el general Franco, ha sido lógicamente, símbolo de un régimen que ha inspirado mucho miedo por la crueldad que demostró en esos años. Dejé pasar la ocasión porque en tanto que Linz estudia el régimen franquista en su conjunto, mi análisis estaba limitado a una parte de una sola provincia y prestaba además más atención a 10s aspectos económicos que a 10s politicos. De otro lado, analizar ese miedo requeria abordar temas de psicología social. Y me acabé de desanimar cuando una búsqueda bibliográfica de la literatura de 10s politólogos sobre el mido (en Espaiia u otros paises) dio
Notas sobre el franquisme resultados muy menguados, 10 cual es sorprendente puesto que la mayor parte de 10s pobres del mundo tienen, creo yo, miedo a meterse en política. Es verdad que Linz distingue dos subtipos de regímenes autoritarios con base precisamente en el grado de movilización política. En casos como el español, en que el nuevo régimen llega al poder tras un período de lucha civil y de falta de consenso bajo un régimen liberal, el régimen tiene interés en utilizar 10 que Linz llama la <(apatia)> y ctdespolitizaciónn de aquella parte de la población que se supone podria ser contraria a la política del r6gimen. Pero hay otros regimenes autoritarios que operan en sociedades donde las masas no han sido nunca movilizadas y son fácilmente manipulables, al menos inicialmente; esta situación es típica, cree Linz, de paises subdesarrollados donde ha existido previamente un dominio colonial, o una monarquia tradicional, o incluso una democracia oligárquica. En este último caso tal vez clasificaría Linz al actual régimen militar peruano, en 10 cual estaria a mi juicio equivocado, pues, aunque el porcentaje de votantes era muy bajo en el régimen anterior, el grado de aparticipación)> revolucionaria potencial de 10s indios de la Sierra ha sido siempre muy grande, y el régimen nacido del golpe militar de 1968 est6 (diga 10 que diga) más bien interesado en controlar y desmovilizar que en movilizar a las masas. Así, pues, creo que la diferencia entre regímenes autoritarios (en general, con escasa movilización política) y totalitarios con un alto grado de movilización política, orquestada por el partido Único) no es una diferencia que vaya al fondo de las cosas. La naturaleza de un régirnen como el franquista impide que las encuestas de opinión pública hagan las preguntas relevantes. [Construir indices de apatia política a base de preguntar a la gente si saben 10s nombres de 10s ministros o si se enteraron del estatuto de asociaciones politicas, es absurdo. Para saber si 10s obreros espaiioles están, y han estado, tan despolitizados como puede parecer, habria que preguntarles si saben chistes contra Franco, si escuchan Radio España Independiente, si se alegraron, entristecieron o se sintieron indiferentes el dia de la voladura del almirante Carrero Blanco. (Cuál es el encuestador que se atreve a preguntar tales cosas? ~Qué altísimos porcentajes de <(no contestan)> darían tales encuestas? El concepto de <tmovilizaciÓn)> (o <tdesmovilizaciÓn~>) no sirve para captar las actitu'des politicas del proletariado. En mi estudio sobre el latifundismo, utilicé el concepto de <(consciencia dual)>. No puede decirse que 10s obreros están conformes o disconformes con la situación, sino que es más exacto decir que están a la vez conformes y disconformes: de un lado se creen impotentes para cambiarla y, en vez de asumir esa falta de
<<Papers)> Revista de Sociologia fuerza y de confesar ese miedo y de tratar de superarlos, muchos prefieren tomar una actitud fatalista y manifiestan un cierto recelo ante 10s militantes que pretenden sacarlos de esa inactividad; de otro lado, a pesar de esa calma aparente, hay una profunda inconformidad con la situació, que a veces es difícil descubrir porque se disimula bajo esa capa de fatalismo. Hacia dónde van a ir en sus actuaciones, depende de la fuerza de la represión política y de la persistencia del miedo. Por tanto, es erróneo tomar la <cdespolitización)> como un dato, porque puede desaparecer de un dia para otro. No es que el régimen se aproveche de esa despolitización, sino que, por el contrario, esa despolitización persistir6 mientras el régimen tenga suficiente fuerza e imponga suiiciente miedo como para impedir una politización abierta. La característica más importante del régimen <cautoritariow no es, sin embargo, el bajo grado de movilización política, sino el que permita un <cpluralismo limitado)>. En la concepción de Linz, es precisamente la sapatia)> y la <cdespolitizaciónn de gran parte de la población (que se toman como datos de la realidad social, y no como cuestiones a explicar) 10 que hace que el régimen tolere un pluralismo limitado, pluralisrno que no llega a desbordarse ni a permitir cambios drásticos en el personal gobernante. En el caso español, la existencia de ese pluralismo es bien evidente: las fuerzas políticas que apoyaron la sublevación militar de 1936, aunque se pretendió unificarlas en 1937, han mantenido su propia identidad. Es fácil clasificar a muchos de 10s ministros de Franco en una u otra de estas tendencias: así, por ejemplo, Girón, falangista; Martín Artajo, acenepista; López Rodó, opusdeísta; Iturmendi, carlista. Esas varias tendencias han desempeñado una de las funciones de 10s partidos políticos, presentando opciones y programas de gobierno. Franco se ha inclinado en diversos momentos por una u otra de estas tendencias, manteniendo una cierta presencia de las postergadas. Ese pluralismo es limitado porque esos grupos políticos no son partidos políticos que pretendan lograr el mayor número posible de afiliados para así poder ganar elecciones (eso es evidente en la ACNP y en el Opus Dei), y no responden ante un electorado; además ese pluralismo es limitado en el sentido de que están excluidas de él otras tendencias políticas existentes en el país. El esquema de Linz ha sido aprovechado por el profesor Charles Anderson en un libro muy superficial The Political Economy of Modern Spain (1970), cuya tesis es que la elaboración de la política económica en España ha seguido cauces y ha llegado a soluciones parecidos a 10s Estados con democracia pluralista. En efecto, Anderson cree descubrir tres tendencias en lucha en la elaboración de la política económica: una tendencia falangista (representada por Paris Eguilaz); una tendencia tecno-
Notas sobre el franquismo critica (que triunfó en 1957-1959, representada por 10s políticos del Opus Dei); y una tendencia que él denomina <cestructuralista~> representada por economistas como Fuentes Quintana, Tamames, Velarde, etc., quienes presentaban tesis reformistas. Entre esas tendencias ha habido, según Anderson, un <cdebate vigorosa)>. El régimen franquista no ha elaborado, pues, su política económica de manera <(totalitaria)>: también en este campo ha tenido su papel el <cpluralismo limitado>> que caracteriza a ese régirnen autoritario. Las relaciones entre Estado y sociedad en un régimen de pluralisme limitado no son las propias de un régimen totalitario, donde el partido Único determina la política a seguir y donde es difícil distinguir entre el Estado y el partido. En España, la Falange no ha tenido este papel. Según Linz, en un régimen autoritario el papel de 10s <<expertos)>, de una élite burocrática, es mucho mayor que en un régimen totalitario precisamente porque el régimen no exige estricta fidelidad a la ideologia política de un partido Único. Muchos de esos <texpertos)> incluso se definen a si mismos como capolit tic os^>, como ha sido el caso de 10s funcionarios del Plan de Desarrollo y muchos otros. Anderson recoge esta idea y al considerar la política económica como una cuestión de aplicación de principios de la ciencia económica, que 10 mismo valen en España que en Francia, se atreve a sostener que las opciones son pocas y bien delimitadas, y que el elegir entre esas opciones se hizo tras un debate intens0 en el que triunfaron las proposiciones presentadas por 10s técnicos mis expertos. El fallo de la interpretación de Anderson es doble: de un lado, el debate sobre política económica en otros paises es sin duda más amplio y, sobre todo, es un tanto temerari0 presentar esa ciencia económica no como una ideologia mis de concordia de clases sino como una verdadera ciencia <capolitica)>. Es decir, aunque la élite burocrática y 10s tecnócratas crean y digan que ellos son <capoliticos>> y que están simplemente aplicando 10s principios de su ciencia al campo politico (como economistas, o como administrativistas), el analista deberia adoptar una posición crítica ante esa pretensión en vez de compartirla. Esa pretendida ausencia de ideologia en el régimen icautoritarion franquista me parece errónea. Desde luego la ideologia falangista pura perdi6 muy pronto importancia (suponiendo que fuera alguna vez hegemónica frente a 10s corporativistas católicos) y es también verdad que en el franquismo han convivido varias tendencias. Pero el error viene, me parece, de no tomarse en serio la propia deíinición del régimen como una <tdemocracia orgánican (que no es ninguna tonteria) y de estudiar más las diferencias entre las diversas tendencias del franquismo que las ideas expuestas por el propio Franco, que forman una ideologia bastante coherente que combina
<(Papers, Revista de Sociologia las de esas tendencias. Franco reclutó el personal polític0 entre tendencias y organizaciones políticas que tienen programas coincidentes en 10 esencial con el pensamiento del propio Franco: básicamente, la ctunidadn y concordia entre 10s hombres y las tierras de España. Los corporativistas católicos espaiioles creyeron que debían ser las corporaciones )(o itsindicatos verticales,) 10s Órganos representativos de la sociedad, y en esto coincidieron con 10s nacionalsindicalistas, pero en su doctrina (aunque quizá no en su práctica política a partir de 1936) el Estado no debía ocupar un lugar tan importante. El principio de la función supletiva del Estado es típico de la doctrina católico-corporativa, y la contrapone al fascismo, donde el Estado es superior a la sociedad. El fascismo es corporativismo, más partido Único, más nacionalismo (0 racismo), más imperialisme. Es muy probable que Franco haya compartido mis bien las tesis católico-corporativas que las fascistas, aunque 10 que interesa es fijarse más en las coincidencias que en las diferencias. Al respecto, es importante conocer textos como los del padre Azpiazu, El Estado Corporatiuo, y Víctor Pradera, El Estado Nuevo, ambos publicados durante la guerra, o poc0 antes. Franco ha compartido las ideas de Ramiro de Ledesma o de José Antonio Primo de Rivera en la medida Qbastante grande) en que han coincidido con las de 10s corporativistas católicos y de 10s tradicionalistas. Todos ellos creían que debía agruparse a la gente en corporaciones profesionales que unieran a patronos y obreros, corporaciones que 10s católicos veían como Órganos <(naturales>>, anteriores al Estado, mientras 10s falangista las veían como parte integrante del Estado. Todos querían proscribir 10s partidos políticos clasistas, y esto es 10 decisiva. Algunos admitían la expresión de intereses regionales, con tal que no se presentaran como intereses nacionales (aunque la idea de que Espaiia es una única nación es algo menos fundamental en 10s católicos que en 10s falangistas). Todos querían proscribir 10s sindicatos obreros, aunque llegaran a adnlitir que unos pseudosindicatos de obreros y patronos negociarían salarios y condiciones de trabajo dentro de las corporaciones (como ocurria en Italia), sin tolerar de ningún modo la conexión entre estos sindicatos y partidos clasistas se& la pauta corriente en Estados liberales. Cuando Franco despotricaba contra 10s partidos políticos y la democracia liberal, expresaba el sustrato común a todas las tendencias de su régimen: el repudio de 10s partidos políticos clasistas que compitan electoralmente por el poder, con el riesgo de que ganen 10s partidos de la clase obrera (o, mejor dicho, 10s partidos nutridos mayormente de votos de la clase obrera, a 10s que por tanto les es más difícil oponerse a esta). Contra ese posible y peligrosísimo resultado de la democracia liberal, se esgrime la doctrina de la
<tdemocracia orgánicas. El enemigo no es tanto 10s partidos políticos como 10s partidos políticos clasistas. (Cuando el régimen franquista afirmaba que era una <tdemocracia orgánicas, una sana tentación era soltar la carcajada, 10 cua1 habría sido un error. La idea básica es, en palabras de José Antonio Primo de Rivera, que <{nuestro régimen hará radicalmente imposible la lucha de clases, por cuanto todos 10s que cooperan a la producción constituyen en él una totalidad orgánica)>. Ese texto muestra bien claramente la contraposición entre democracia pluralista, donde 10s partidos políticos no siempre expresan pero pueden expresar intereses de clase, y <tdemocracia orgánica)>. Los teóricos de la democracia orgánica creen en la posibilidad de que la lucha de clases sea sustituida, en gran parte, por la colaboración de 10s distintos grupos que participan en la producción; la división del trabajo produce, o debe producir, una solidaridad orgánica, y en la sociedad cada grupo ocupacional desempeña, o debe desempeñar, una función. Cuando el régimen franquista se d&e como democracia orgánica está utilizando una de las filosofías políticas de mejor calidad, tan buena que en realidad para muchos no es filosofia política, sino sociologia política científica. Es posible ver la sociedad como estando basada en la cooperación armoniosa de 10s distintos grupos sociales que desempeíían distintas funciones según la división del trabajo; cuando la cooperación no es armoniosa, corresponde al Estado intervenir ~(defendiendo ya sea el <tbien común)> o el <tinterés nacional,) para regular las relaciones entre esos grupos. Mientras para el marxismo esa cooperación es ilusoria (ya que es un hecho que la sociedad se estructura en clases y que ese confiicto adopta carácter distinto según sea la manera en que una clase se apropia del excedente producido por otra), para otros 10 anormal (e incluso <tanómico)>) es más bien el conflicte. Cuanto más crea uno en la posibilidad de cooperación armoniosa, tanto más puede uno pensar que la regulación estatal va a ser democrática. Naturalmente que en el caso del régimen franquista, cuyo nacimiento est6 en una guerra civil que fue una lucha de clases en el plano militar, es sumamente cínico pretender que existe tanta solidaridad orgánica que la regulación estatal de las relaciones entre grupos sociales puede ser democrática. Pero es importante percatarse de que el modelo de organización política de una <tdemocracia orgánican (prohibición de partidos políticos clasistas, cámaras representativas corporativas) deriva de un análisis sociológico respetable, aunque tendencioso. El concepto de democracia orgánica se basa en un análisis de la sociedad donde 10s grupos ocupacionales no se constituyen en clases antagónicas, sino en Órganos que pueden colaborar solidariarnente si cada uno desempeña su función en la división del trabajo. En contraposición a las tesis de Linz, en el concepto de democracia orgánica
<<Papers>> Revista de Sociologia las clases sociales están presentes. En el análisis de Linz las clases sociales están totalmente ausentes: a Linz no le preocupa si en el <tpluralismo limitado)> cabe o no cabe la expresión de intereses de clase. Linz se mueve, pues, a un nivel de análisis puramente formal: el autoritarismo es pluralismo limitado, pero no se pregunta para qué grupos sociales est6 más limitado. De ahi que dentro del concepto de régimen autoritario tanto quepan España y Brasil como Yugoslavia o la República Democrática Alemana.' Ésta es, pues, mi critica al concepto de régimen <tautoritariou: si viene definido por ser un pluralismo limitado, es importante saber para qué clases está tolerado y para cuáles está prohibido el expresar sus intereses políticamente. Los demás rasgos (movilizaciói~ escasa, desideologización y consecuente importancia de una élite burocrática ctapolítican) son también criticables, puesto que la falta de movilización puede ocultar una movilización potencial importante contra el régimen y no es por tanto un rasgo del régimen, sino una consecuencia, y por tanto el <tapoliticismo)> de la élite burocrática norrnalmente quiere decir adhesión a una ideologia bajo la guisa de aplicación tecnocrática de principios pretendidamente ctcientificosa. Veamos, pues, a continuación, con cierto detalle, cuáles han sido las ideologías de la derecha en España desde 1939 en el campo crucial de la distribución del ingreso, y también en 10 que respecta a la contratación colectiva de trabajo, de tanta importancia para la organización de la clase obrera. Los corporativistas catdlicos y 10s economistas tecnocráticos en España desde 1939 Una evolución notable en el corporativismo español ha sido que 10s salarios y condiciones de trabajo dejaran de ser regulados únicamente por el Ministeri0 de Trabajo, como ocurrió entre 1939 y 1958, y pasaran a ser determinados mediante convenios colectivos entre representantes obreros y representantes patronales. Cabe pensar que fue el desarrollo del capitalisme español lo que hizo conveniente para la burguesía la contratación colectiva. Se quiso asl incrementar 10s ritmos de trabajo y la movilidad de 10s obreros a cambio de incrementos de salarios y primas negociados directamente. Que haya sido ese factor el más importante, es ciertamente discutible, y en todo caso no 1. Véase Peter C. Ludz, The Changing Party Elite in East Germany (Boston, Mass.: MIT Press, 1973), donde se sostiene que se trata de un régimen autoritario mis bien que totalitario e inspirado en principios de eficiencia y realizaciones prácticas mis que en dogmas narxistas-leninistas.
Notas sobre el franquismo es bueno porque asi va atemperándose el contrato de salariado con ele~ mentos del contrato de sociedad. Todo esto suena en verdad muy anticuado, aunque, como queda dicho, ideas tales como la de que la distribución de la producción entre gmpos sociales debe depender del statzls de estos grupos (y de su <(decoro)>) son sumamente familiares a 10s antropólogos e historiadores económicos. Pero en la sociedad capitalista, y desde el siglo XIX, quienes han hablado con soltura de la distribución del ingreso no han sido 10s economistas (por 10 menos hasta hace poco). Volviendo pues al tema de las revisiones doctrinales que el régimen franquista tuvo que efectuar al tiempo que introdujo la posibilidad de la contratación colectiva, vamos a ver ahora cuáles son las tesis de 10s economistas sobre la distribución del ingreso y cómo encaja con ellas el que 10s salarios y condiciones de trabajo se negocien entre patronos y obreros. Digamos antes que es casi segur0 que algunos lectores quedarán molestos con mi selección de Herrera Oria como expositor de la doctrina social católica, y dirán que la Iglesia sostiene hoy tesis más avanzadas. Pero el pensamiento social católico continúa estando muy lejos del liberalismo y del marxismo: del primero, por su insistencia en que la economia debe subordinarse a la sociedad, a la política, a la moral; del segundo, porque carece de teoria econdmica del capital y del salario y carece de una critica de la teoria económica liberal del capital y del salario, en tanto que esta crítica es el punto de arranque del marxismo. Es decir, el pensamiento social católico continúa estando mucho más próximo de la doctrina corporativista que del liberalisme económico o del marxismo. Seria necesaria una ruptura con estas posiciones para que la doctrina social católica, dentro de sus propias premisas, hiciera mayor hincapié en la igualdad entre 10s hombres; es decir, en vez de sostener que las distintas clases tienen derecho a remuneraciones distintas en virtud de su distinto status social y <(decoro)> respectivo, podria sostener que la <(justician exige remuneraciones igualitarias, y que las clases deben desaparecer. Eso no tiene nada que ver con la teoria marxista de la explotación, pero alejaria sin duda al pensamiento social católico del corporativismo para acercarlo a 10 que 10s marxistas llamarian <tsocialismo utópico,. En el campo de la economia, creo que es legitimo decir que la Iglesia ha sido aristotéfica y corporativista: contra la lógica del mercado pero a favor de la desigualdad en la distribución, o por 10 menos negando que la desigualdad implique necesariamente explotación y iucha de clases. Cuando uno lee la legislación de convenios colectivos (tanto la de 1958 como la 1973) choca un poc0 ver en ella, al mismo tiempo, que sus objetivos son (en terminologia corporativista) <<la integración en una comunidad de intereses y de propósitos de 10s elementos personales que inter-
<<Papers)> Revista de Sociologia vienen en el proceso económico y el fortalecimiento de la paz social),, y también (en terminologia económica) <tel incremento de la productividad)>. En la cocción de las leyes de convenios colectivos españoles han intervenido dos cocineros. Si uno recuerda que la intervención del Ministeri0 de Trabajo o de las instancias superiores de la Organización Sindical es legalmente obligatoria cuando 10s aumentos de salarios pueden llevar aumentos de precios, es evidente que cuando se discutió la legislación de convenios colectivos intervinieron economistas defensores de la rnás pura ortodoxia que les explicaron a 10s corporativistas católicos, ayunos de sabiduria económica, que una buena política de rentas debia basarse en el principio crcientificon de que 10s salarios deben reflejar la contribución del factor trabajo a la producción. Como dije al empezar, no es el propósito de este ensayo discutir qué grupos sociales impulsaron a introducir la contratación colectiva y qué objetivos reales perseguim. Recordemos el contexto de 10s aumentos de salarios del año 1956 que Girón, ministro de Trabajo, concedió (tras 10s movimientos huelguisticos) y recordemos la alarma capitalista ante esa demagogia falangista que les hizo daño en los bolsillos. Recordemos la necesidad que muchos capitalistas debían tener de obtener mayores rendimientos de 10s trabajadores (deseo púdicamente oculto tras la fórmula de la <tracionalización)> del trabajo que tan de moda estuvo por 10s 60s 1959-1960), ligando 10s aumentos de salarios al aumento de las cadencias del trabajo, cosa que podia lograrse más fácilmente con la contratación colectiva que con el sistema de <treglamentacionesn. Recordemos también la influencia que puedan haber tenido 10s organismos internacionales (como la OIT), cuya perplejidad debía ser grande cuando en Madrid les explicaban el sistema de ctreglamentaciones>> atemperado por la ajusticia conmutativa)> y por la <(justicia social)> que 10s capitalistas exhibian dando las remuneraciones superiores a 10s salarios mínimos reglamentarios. Esos organismos internacionales deben haber explicado (con la ayuda de 10s economistas nativos) que un sistema de contratación colectiva contribuiria a la mayor movilidad del trabajo, a la mayor productividad, e incluso a que las empresas más capaces pagaran mis que las menos capaces, que debían desaparecer, todo dentro de las normas de una <(política de rentas)> que impidiera 10s aumentos de salarios infiacionistas. Sea como sea, la legislación se introdujo, y en su redacción intervinieron los corporativistas católicos y 10s economistas tecnocráticos. Cuando de estos últimos hablo, no estoy utilizando un eufemismo para no decir ctOpus Dei)>. Si quisiera decir ctOpus Dei)>, diria Opus Dei. A d me parece que en España no mandó tanto el Opus Dei como los economistas, o mejor dicho, mandó el Opus Dei porque el Opus Dei reclutó economista~ o 10s admiti6 como compañeros de viaje: la teoría econ6mica
Notas sobre el franquisme ortodoxa sirve como una doctrina de la armonia social tan bien o mejor que la doctrina social de la Iglesia. Los propagandistas católicos no advirtieron esto a tiempo y se quedaron un poco anticuados, aunque tal va no es del todo exacto contraponer propagandistas católicos de la ACNP a economistas del Opus Dei de la manera como me siento tentado a hacer por cuanto también algunos católicos tradicionales aprendieron pronto las virtudes de la doctrina económica ortodoxa. Por ejemplo, el banquero Ignacio Vilialonga, vinculado a la ACNP, declaró en el ICADE en 1961: ~Muchas gentes ingenuas y otros demagogos suponen que para mejorar a las clases económicamente débiles basta con la presión sindical o la legislación social C.. . ]I Si se le obliga al empresari0 a abonar un salari0 superior al valor de su producto marginal, se provoca, rnás o menos pronto, el paro.)> Ese vocabulario (empleado aquí con una cierta imprecisión) es absolutamente impensable en épocas anteriores al predomini0 ideológico de 10s economista~. Lo importante es notar como la doctrina económica sirve para un propósito similar al de la doctrina social católica: para negar que en la empresa capitalista haya explotación y para dar una guia para la distribución de 10 producido, guia que tiene gran importancia a la hora de establecer salarios y condiciones de trabajo en 10s convenios colectivos. Puede adrnitirse la existencia de éstos, siempre que haya apoyo doctrinal para poner limites a 10s aumentos de salarios. Para 10s economistas, la concordia entre las clases se logra mediante 10s incrementos de la productividad y el crecin~iento de la economia, siempre que 10s frutos de ese crecimiento se vayan repartiendo entre capitalistas y obreros según las normas de la teoria económica ortodoxa, es decir, en proporción a la contribución respectiva del factor <(capital)> y del factor cctrabajo)>. Es sintomático que cn la Semana Social de Zaragoza de 1952, dedicada a 10s problemas del Trabajo, rarias de las comunicaciones hicieran ya alusión a la teoria económica, aunque d tono general fue más bien aristotélico-tomista. (Asimismo 10 habia sido, incluso mis, en la Semana Social de 1949, en Madrid, sobre el tema <(Hacia una más justa distribución de la riqueza)>, especialmente en la ponencia de Herrera Oria. El economista Torres Martina utilizó constantemente categorias como <(justo)> e ctinjusto)>, tal vez inevitables ante tal audiencia.) Como es sabido, las Semanas Sociales son unos seminarios organizados por la ACNP, 10 que indica la presencia de econctmistas en este grupo politico: es un tema a investigar el porqué la ACNP no acertó a convertirse en vehiculo de la ideologia de 10s economistas, que iba a ser tan importante en la década de 1960, y porqué abandonó ese papel al Opus Dei (aunque 10 haya recuperado en el postfranquismo). Tal vez 10s acenepistas mis influyentes estaban tan profundamente imbuidos del pensamiento social católico que pensaron no necesitar ninguna
ctPaperss Revista de Sociologia otra teoria sobre la distribución del ingreso. En esa Semana Social de 1952 hubo una comunicación interesantisima de Carlos de Inza, ingeniero del ICAI, funcionari0 de la RENFE, sobre las teorias de la distribución del ingreso, distinguiendo de un lado la opinión de 10s moralistas y de otro la de 10s economistas. Les explicó a 10s asistentes la teoria de la productividad marginal, y señaló algunas dificultades en la aplicación de la teoria de la productividad marginal, como las que nacen de las discontinuidades, aunque no mencionó la insuficiencia de esta teoria cuando hay rendimientos crecientes a escala. Tras esas observaciones, que debían parecer sumarnente esotéricas a gran parte de la asistencia, dijo sin embargo que <(no creo que exista una justificación enteramente satisfactoria para probar que la parte del producto que en conciencia corresponde a cada factor pueda establecerse tomando como remuneración unitaria o precio la productividad marginal~. La teoria de la productividad marginal est4 hoy dia en descredito no por razones <tmoraless o de <(conciencia)> sino de coherencia. Pero no deja de ser notable esa búsqueda de una base <<científica)> de la distribución del ingreso. La conclusión a que llegó el señor Inza en esa comunicación tiene gran interés, pues al final justifica la remuneración del capital no en base al <(decoro>> del modo de vida del capitalista, ni con base en una discusión de si el derecho de propiedad de 10s medios de producción es más o menos <(natural)>, sino con razones de corte socio-económico: 10s capitalistas son 10s que invierten, hace falta invertir para que la productividad del trabajo aumente y la economia crezca, y por tanto 10s capitalista~ tienen derecho a retirar beneficios, aunque sea difícil decir exactamente en qué proporción. Eso se parece como una gota de agua a otra a las tesis conservadoras actuales? <El señor Inza se anticipó en esta conclusión a 10s debates actuales. Interesa destacar cómo se estaba pensando ya en utilizar la teoria económica para establecer la remuneración del capital y del trabajo: sin una teoria sobre el asunto, ya fuera una teoria moralista o una teoria econhmica, hubiera sido muy arriesgado introducir la legislación de convenios colectivos. Esas teorias sirven para que el Estado pueda intervenir arbitralmente en las negociaciones realizando su supuesta tarea de cuidar del <tbien común)>, o del cinterés nacional>>, o del <(desarroll0 econÓmico~>. Asi, el Estado ha dado normas de aumentos de salarios por encima de las cuales se sentia facultado a intervenir, impidiendo la negociación de convenios que sobrepasarán tal norma. Eso hacia posible gozar de las ventajas de la contratación colectiva, como estimulo a la mayor productividad de 10s obreros, 7. Véase, por ejemplo, Aubrey Jones: The New Inflation. The Politics of Prices and Incomes (Middlesex: Penguin Books, 1973).
Notas sobre el franquisme y al mismo tiempo ponia frenos al aumento de 10s salarios y por tanto al descens0 de 10s bendcios. Evidentemente, esta tarea fundamental de mantener el nivel de beneficio~ la va a seguir cumpliendo cualquier Estado capitalista, aunque la base doctrinal de esta actuación se está poniendo muy movediza e insegura, por obra de la critica moderna de la teoria económica ortod~xa.~ Su función de dar un fundamento doctrinal a una conciliación entre las clases sociales posiblemente vaya a ser asumida de nuevo por doctrinas de corte más sociológico y moralista. Sin una teoria (económica o moralista) que justifique la actuación del Estado al poner freno a la capacidad de los trabajadores de hacer disminuir 10s beneficios, el sistema capitalista estaria en peligro. Un régimen de predomini0 burgués (ya sea con pluralismo limitado o ilimitado) no puede prescindir de tener una u otra ideologia con este objetivo ideologia que tendrá pretensiones mis o menos científicas). Si el pluralismo es limitado, segurarnente el Estado podrá actuar con más fuerza (compárese España o Brasil con Inglaterra o Italia), y donde la ideologia no convenza se hará sentir la represión. De cualquier modo, en el campo de la distribución del ingreso (y de la contratación de salarios y condiciones de trabajo) la burguesia puede ser corporativista (católica o laica) o puede adoptar como ideologia la maltrecha teoria econ6mica ortodoxa, 10 que no puede es dejar de tener una ideologia. Linz prescinde de analizar esta cuestión, ya que su análisis prescinde del contenido de clase de las formas politicas, y el suplemento a Linz desarrollado por Anderson es poco convincente pues Anderson (que escribió antes de que el impaao de la revisión Sraffiana llegara al público académico en general) comulga en el pretendido cientifismo de la teoria económica ortodoxa. Digamos para acabar, que 10s economistas han sido 10s tecnócratas por excelencia, que aplican los principios de su ciencia al campo politico. Ahora bien, los principios de esa ciencia están cambiando, y la teoria del valor vuelve a estar en el centro de las preocupaciones teóricas de 10s economistas. En esta situación, no seria de extrañar una resurrección de las doctrinas corporativista~, ya que la crítica moderna de la teoria económica implica que mientras hay desigualdad Aay explotación, con lo cua1 no hay manera de poner limites teóricos a las demandas salariales (ni a 10s aumentos de precios de 10s productos exportados por el Tercer Mundo, digámoslo de paso), en tanto se esté negociando con contrincantes más ricos. En un capitalismo de pleno ernpleo (o en un capitalismo donde 10s desempleados puedan sobrevivir razonablemente mediante el seguro de des8. Vbase, por ejemplo, el libro de texo de Joan Robinson y John Eatwell, An Introduction to Modern Economics (1973). 47
ctPapers,, Revista de Sociologia empleo) 10s sindicatos tienen poder para hacer subir 10s salarios reales. Aunque la burguesia (a través sobre todo de instrumentos monetaristas) puede intentar mantener la tasa de beneficios (con más éxito en unos paises que en otros), la consiguiente inflación agrava aún mis la lucha de clases. Los sindicatos no aceptan ya una limitación de 10s incrementos de salarios y ni 10s propios ideólogos de la burguesía se atreven casi a proponer limitaciones de salarios con justificaciones pseudocientificas como que 10s salarios no pueden aumentar más que la productividad si se quiere impedir la inflación y se quiere mantener la tasa de beneficios para mantener la inversión. Lo que se discute es la propia estructura de la economia, y esta manera de ver la economia en grandes agregados ya no se estila, al darse cuenta la gente de que en términos de PNB puede ser 10 mismo producir cien automóviles que una escuela, pero en realidad una cosa es muy distinta a la otra y que el que se produzca una cosa u otra es función de la distribución del ingreso y del poder politico. Ante esa agravación de la lucha de clases (por la fuerza de 10s sindicatos y por la quiebra de la ideologia de 10s economistas), es posible una resurrección de las doctrinas corporativistas. Sin embargo, la resistencia obrera a ese intento seria grande en muchos paises europees, sobre todo si la situación se analiza correctamente por 10s dirigentes sindicales. Breve alusión al Brasil El régimen militar brasileño, que ha sido calificado también de régimen autoritario (por el propio Linz, incluso en un articulo periodistico tolerado por la censura brasileña), parece encontrarse en una posición parecida. De un lado es evidente que en el Brasil no hay <ctotalitarismo)>: no hay un partido Único gubernamental, sino un partido auspiciado por el Gobierno (ARENA) y un partido de <toposiciÓn)> (el MDB), en 10s cuales encontraron acomodo muchos politicos del régimen anterior, y a 10s que se permite competir en elecciones senatoriales y congresionales. El Gobierno no responde, sin embargo, ante las cámaras. No hay elecciones para otros puestos anteriormente electivos (como gobernadores estaduales y presidente de la república). A primera vista y del modo aparentemente característic~ en un régimen autoritario, ese Gobierno reposa en gran parte en 10s consejos de ctexpertos políticos)>, principalmente economistas. Si se mira la situación con un poc0 mis de detalle, vemos sin embargo que el Gobierno si tiene unas bases ideológicas firmes, no en el sentido que su elaboración teórica sea siempre muy sofisticada, pero si en cuanto sinen para justificar a sus propios ojos sus acciones con la tnáxima autosuficiencia.
Notas sobre el franquisme En el Brasil no se ha (llegado a implantar a nivel institucional una ordenaci6n corporativista de la vida política, aunque a veces hay generales (como el mariscal Juárez Tavora) que encomian explícitamente la <(deme cracia orgánica)>. Tras el triste fin del corporativismo portugués va a ser alin más improbable que se siga esa doctrina política. Además el ejército brasileño tiene una tradición de democracia pluralista: el ejército acabó en 1945 con el primer régimen de Getulio Vargas y el ejército envió un cuerpo expedicionari0 a luchar en Italia contra el fascismo. Esta tradición es importante y es un factor que dificulta el adherirse a una ideologia política explícitamente corporativista. No obstante, el régimen tiene una ideologia o mejor dicho dos. La primera, de consumo sobre todo militar, es la de <tseguridad nacional)>, teorizada (para usar un eufemismo) por el general Golbery; tal teoria dice que el gobierno militar puede definir cualquier problema o cualquier solución a cualquier problema como vinculado a la <tseguridad nacional)>, y en tal caso est6 facultado para hacer 10 que crea conveniente? Por su lado, 10s economistas han contribuido con su propia ideologia, y por ejemplo el ministro Delfim tuvo el privilegio de justificar la distribución del ingreso crecientemente desigual a base de 10s principios <tcientííicos)> de la teoria del <(capital humano)>.1° De otra parte 10s aumentos anuales de 10s salarios son determinados por el Gobierno, que da una norma establecida según el ritmo de inflación, más un tanto por ciento en concepto de aumento de la productividad, estando prohibida sobrepasar esa norma. Seria por tanto erróneo pensar que la falta de un partido Único, y el papel importante de una élite burocrática aparentemente <(apolítica)>, suponen la ausencia de ideologia. Hay autores (como R. M. Schneider, The Political System of Brazil, 1964-1970, Columbia: UP, 1971) que han indicado la importancia de la ideologia de aeguridad nacional)>, pero que ~i~nificativamente no señalan la importancia de 10s economistas como divulgadores de una ideologia de armonia de clases más eficaz (y mis sofisticada) que la ideologia corporativista, bien porque la comparten, bien porque se quedan un poc0 asustados ante el cientifismo de 10s economistas. 9. Véase Geopolítica do Brasil (Rio de Janeiro: Livraria José Plympo, 1967); son escritos de la década de 1950. Esa es la ideologia que fue enseñada en la Escuela Superior de Guerra. Después de escrito este articulo he podido ver la tesis de Eliézer Rizzo de Oiiveira, As forcas armadas: política e ideologia no Brasil, 1964-1969 (Rio de Janeiro: Universidad Est. de Campinas, 1976), donde se analiza esta doctrina de modo muy satisfactorio. 10. Véase, por ejemplo, R. Tolipan y A. C. Tineiii (comps.), A controversia sobre a distribucúo da renda e desenvolvimento (Rio de Janeiro, 1975).
<(Papers, Revista de Sociología El caso del Brasil puede servir para sugerir una cierta salida al régimen <tautoritariol>. Unas asociaciones políticas en España equivalentes a ARENA y MDB, o incluso unos partidos políticos rnás bien domesticados y colaboracionistas, que compitieran para ciertos puestos elevados, hubieron dado también una apariencia de creciente democratización pluralista al franquismo, desde ese punto de vista formalista." Una conclusión En conclusión, volviendo al caso español, la caracterización como <{democracia orgánican es más rica sociológicamente que la caracterización de Linz como régimen <tautoritario>> (ya que tiene en cuenta la existencia de clases, aunque sea para negar que a través de partidos políticos puedan ser las bases de la organización política), pero no responde en absolut0 a 10s hechos, porque el Estado español ha tenido que hacer algo más que regular las relaciones entre diversos grupos ocupacionales. El Estado español franquista tuvo que asesinar a muchas decenas de miles de obreros, para establecerse. La noción de <tdemocracia orgánica)>, que antes de la guerra civil podia parecer como un programa un poc0 plausible, tras la revolución y guerra civil fue pura ideologia. Por su contenido de clase, el régimen español ha sido una dictadura de la burguesía: es decir, el pluralismo ha estado limitado a la expresión política de las distintas fracciones de la burguesía, aunque se ha iniciado el estudio de las conexiones entre grupos políticos (como acenepistas, falangistas, opusdeístas, carlista), y las fracciones de la burguesia que deben haber representado: éste es un problema básico de una sociologia política del franquismo, que Linz ni se platea. En este sentido, si se prescinde del contenido de clase, era fácil ver en las tendencias políticas que en Espaiía han jugado ese juego de un <~pluralismo limitado, el embrión de asociaciones políticas, y mis tarde de partidos, que fueran empleando su representatividad y responsabilidad electoral, en el camino hacia un régimen más lejano ah de un <ttotalitarismo)> y más próximo a una ctdemocracia pluralista)>. Lo mismo puede decirse, tal vez, en el caso en que sean permitidos partidos que supuestamente expresen intereses proletarios, pero que de hecho no plantem, ni en su táctica a corto plazo ni en su programa, la abolición de la desigualdad y de la actual división del trabajo, que es 10 que a 10s proletarios les interesa 11. Sobre elecciones en Brasil, vease por ejmplo B. Lamounier y F. H. Cardoso (camps.), Os partidos e as eleicóes no Brasil (Río de Janeiro, 197.5).
Notas sobre el franquismo fundamentalmente.12 El caso formalmente análogo (en el otro extremo) al régiinen franquista seria el de una revolución obrera tras la cual se dejara libertad de expresión política a 10s distintos partidos del proletariado, carnpesinado y pequeña burguesía, a través de un soviet o asamblea popular y no mediante un partido Único, prohibiendo al mismo tiempo la expresión política de 10s intereses de 10s butgueses. Desde luego que etiquetar ambos casos como regímenes autoritarios de pluralismo limitado, o como dictaduras democráticas, sería privarse de entender la importante diferencia entre ambos. Ahora bien, sería sensato que la izquierda aprovechara esa apologia del franquismo como régimen <tautoritarion (y no <ctotalitario)>) y hasta le estaria bien empleado a Linz. Si la expresión ademocracia popular)> no hubiera sido estropeada por el estalinismo, seria muy adecuada para expresar esta misma idea: pluralismo, del que estarían excluidas las fuerzas políticas burguesas, limitado a las diversas fuerzas políticas populares, bajo la hegemonia de proletariado, es decir, donde se defendiera y practicara el final de la explotación (es decir, de la desigualdad y de la actual división del trabajo), utilizando como doctrina en el campo económico la crítica de la teoría económica ortodoxa del capital, del beneficio y el salario. Meter contenidos tan distintos en la envoltura formalmente análoga de <cautoritarismo de pluralismo limitadon es un juego de politólogos, sin interés para un análisis hist6rico.13 Facultat de Cihcies Econbmiques Universitat Autdnoma de Barcelona Bellaterra, Barcelona 12. Es muy instructiva la lectura del articulo de Verena Martinez-Alier y Armando Boito, en la recopilación citada de Lamounier y Cardoso, donde explican el signscado del apoyo electoral ai MDB por un grupo de proletarios ruraies de Sáo Paulo. 13. El articulo de Linz sobre el concepto de <&girnen autoritario>> ha sido publicado en castellano bajo el titulo *Una teoria del régimen autoritario. El caso de Espafia>>, pp. 1467-1531, en M. Fraga, J. Velarde y S. del Campo (comps.), La España de 10s azos 70. III. El Estado y la política (Madrid: Moneda y Credito, 1974). La versi611 inglesa de este articulo de Linz es de hace 10 Gos.