Antonio Domínguez Ortiz, historiador de los moriscos
Abstract
Se revisa la interpretación que A. Dominguez Ortiz, en distintas publicaciones, ofreció del problema morisco.
Full text
ANTONIO DOM~NGUEZ ORTIZ, HISTORIADOR DE LOS MORISCOS Don Antonio Domínguez Ortiz es, sin duda, quien más ha contribuido a la difusión del conocimiento de los rnoriscos en los últimos 20 años y, sin embargo, su investigación directa sobre el tema es reducida y los rnoriscos ocupan un lugar secundario en el conjunto de su obra, por detrás de otros grupos que le han ocupado más, como el de los judeoconversos. En efecto, en 1978 aparecía su Historia de los rnoriscos. Vida y tragedia de una minoría, realizada en colaboración con Bernard Vincent, y que es la principal obra de conjunto sobre los rnoriscos. En ella culminaba una serie de trabajos iniciados en 1949 con su artículo "Los 'cristianos nuevos'. Notas para el estudio de una clase social."' Centrado en el tema, por el entonces novedoso, de los judeoconversos, sólo dedicaba tres o cuatro páginas a plantear su visión del problema morisco. Sin embargo, mientras el estudio de los primeros se ampliaba pronto y se convertía en un libro, sobre el que Domínguez Ortiz no ha dejado nunca de trabajar y del que nos ha ofrecido sucesivas puestas al día,2 los rnoriscos han quedado algo relegados en su dedicación. Después de los breves, pero interesantes apuntes de 1949, vinieron una serie de artículos aparecidos entre 1957 y 1964, coincidiendo con la fase más decisiva de aportaciones de la reciente historiografía morisca con la publicación de los trabajos de Tulio Halperin Donghi,' Kennet Garrad; Julio Caro Baroja,' Henry ' "Los 'cristianos nuevos'. Notas para el estudio de una clase social," en ~oletín de la Universidad de Granada, XXI, 1949, pp. 249-297. "Los conversos de origen judío después de la expulsión" en tercer volumen de Estudios de Historia Social de España, 1955, publicado como libro bajo en titulo La clase social de los conversos en Castilla en la Edad Moderna, Madrid, 1955, y del que se ha realizado una edición facsímil por la Universidad de Granada en 1991. Tres lustros después nos di6 una versión actualizada con el titulo Los Judeoconversos en España y Attzérica, Madrid, 1971, y recientemente ha vuelto sobre el tema en Los judeoconversos en la España Moderna, Madrid, 1992. ' "Un conflicto nacional: nloriscos y cristianos viejos en Valencia," Cuadernos de Historia de España, Buenos Aires, XXIII-XXIV, 1955, pp. 5-1 15 y XXV-XXVI, 1957, pp. 83-250. Hay edición, en forma de libro, en Valencia, 1980. "La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las Alpujarras," Miscelánea de Estudios Arabes y Hebraicos (en adelante, MEAH), V, 1956, pp. 73-104, y "La inquisición y los inoriscos granadinos," Bulletin Hispanique, LXVII, 1965, pp. 63-77, entre otros. Los rnoriscos del Reino de Granada. Ensayo de Hisloria social, Madrid, 1957. La segunda edición, con una amplia e interesante iiitroducción apareció en Madrid en 1976, y existen reediciones posteriores.
Lapeyre; y Juan Regla.' Es el momento en que Domínguez Ortiz publica, entre otras, su magna obra sobre Política y Hacienda de Felipe IV (Madrid, 1960) y el primer volumen de Sociedad española en el siglo HZZ (Madrid, 1963). En este marco vieron la luz sus artículos sobre el jesuita Pedro de León: sobre "Felipe IV y los moriscos"~ y sobre los avatares de los granadinos entre la salida del Reino de Granada y su expulsión de EspaÍía.Io Son aportaciones a un aspecto someramente señalado en 1949: los efectos que la diáspora de los granadinos tuvo en el propio Reino -vistos a través de la mirada crítica del padre León-, y en otras zonas de la Corona de Castilla, y sobre uno de los temas que han preocupado especialmente a don Antonio: la permanencia morisca tras la expulsión. Junto a estos trabajos de investigación directa, publicó una conferencia en la que ofrecía una primera síntesis general de la cuestión morisca," sobre la que irá realizando sucesivas ampliaciones. En los años setenta, además de un artículo sobre peticiones de rnoriscos "colaboracionistas" que estuvieron al lado de los cristianos viejos durante la Guerra de Granada,'' aparecieron obras de síntesis que culminaron con la Historia de los moriscos. En 1971 se publicó The Golden Age of Spain dentro de la Historia de España que dirigían H. Thomas y J. H. Pany. El volumen se tradujo al castellano con el título Desde Carlos V a la Paz de los Pirineos, 1517-1660, y se editó en Barcelona en 1974. Entre ambas fechas había aparecido El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias," que cubría un período más amplio. Los extensos índices de ambas obras, en tomo a los 20 capítulos, ofrecían, junto a aspectos diacrónicos, otros que hoy denominaríamos "bases estructurales". El estudio de la sociedad ocupaba un importante lugar, según un esquema que hoy nos parece evidente y que tal vez entonces nos chocaba. Así, en la primera de ellas los capítulos 8 a 11 tratan sucesivamente de "Los estamentos privilegiados. La nobleza. El clero; Las ciudades y la población urbana; El mundo rural y el régimen señorial; Las clases sociales inferiores." En este último capítulo se estudiaban los rnoriscos junto a esclavos y gitanos, a los "éographie de I'Espagne morisque, París, 1959. Hay edición castellana, Valencia, 1986. ' Estudios sobre los rnoriscos, Valencia, 1964. Se volvió a publicar en 1971 con una nota preliminar de ReglB, y en Barcelona en 1974, posteriormente a su muerte, con la inclusión del artlculo "Valencia y los rnoriscos de Granada". "'Delitos y suplicios en la Sevilla imperial. La crónica negra de un misionero jesuita," en Archivo Hispalense, 2" dpoca, 83, 1957. Recogido en Crisis y decadencia en la España de los Austrias, Barcelona, 1969, pp. 11-71. Debe tenerse presente que otros cuatro de los artlculos recogidos en este libro vieron la luz primariamente en este período que estamos estudiando. ' MEAM, V111, 1959, pp. 55-65. 'O "Los rnoriscos granadinos antes de su definitiva expulsión," MEAH, XII, 1963-64, lo, pp. 113- 128. " "Notas para una sociología de los moriscos espaiíoles," MEAH, XI, 1962, lo, pp. 39-54. 12 6' Algunos documentos sobre moriscos granadinos," en Miscelánea de Estudios dedicados al profesor Antonio Marin Ocete, vol. 1, Granada, 1974, pp. 247-254. " Era el volumen 111 de la Historia de España Alfagarra, dirigida por M. Artola, y publicado en Madrid en 1973.
que se sumaban extranjeros y judeoconversos en el correspondiente de la Historia de Alfaguara que se titula "Los elementos sociales exteriores al sistema". El estudio de los rnoriscos queda, por tanto, englobado en un amplio análisis de la sociedad española de los Austrias al que Domínguez Ortiz ha dedicado buena parte de su obra, y dentro del cual su atención se ha dirigido principalmente a los dos extremos de la escala social: las clases privilegiadas y los marginados -judeoconversos, esclavo^,'^ extranjero^,'^ gitanos" y rnoriscos. Es en este marco en el que hay que situar su aproximación a los rnoriscos. No los entiende como un objeto de estudio en sí mismo, aislados del entomo español de la época, como hace alguna historiografía actual, sino como una parte más de la sociedad española en cuyo contexto cobra sentido su historia. La culminación de todas estas aportaciones previas, tanto trabajos de síntesis como investigaciones específicas, es la Historia de los rnoriscos, aparecida en 1978 y realizada en colaboración con Bemard Vincent." Había que remontarse a las obras de Boronat y Lea de principios de siglo para encontrar una visión global del tema. Los moriscos de Pascua1 BoronatI8 siguen ofreciéndonos hoy día una información importantísima siempre que se lea atentamente y se soslayen sus numerosos errores factuales, pero su interpretación, interesante como objeto de análisis historiográfico, no tiene valor actualmente como síntesis. Por contra, y en mi opinión, que como editor no puede ser del todo imparcial en esto, Los moriscos de Lealg conservan todavía validez, pero fue una obra prácticamente desconocida hasta su reedición facsimil de 1968 y no ha sido traducida hasta 1990. La Historia de los moriscos respondía a la necesidad de contar con una visión global del tema y lo hacía en el momento oportuno ya que pudo, a un tiempo, aprovechar plenamente la cosecha de las obras básicas surgidas a fines de los cincuenta y principios de los sesenta, y los primeros frutos de la siguiente, lo que le ha dado una enorme vitalidad e influjo. Podríamos decir que a sus casi veinte años sigue siendo una obra joven." Se articula en tres partes: en la primera se estudia la evolución histórica durante el siglo XVI, hasta la muerte de Felipe 11; en la segunda, los aspectos " "La esclavitud en Castilla durante la Edad Moderna," Estudios de Historia Social de España, 2, 1952, pp. 367-428. Los extranjeros en la vida española en la Edad Moderna, Madrid, 1959. '"Documentos sobre los gitanos españoles en el siglo XVII," en Homenaje a Julio Caro Baroja, CIS, Madrid, 1978, pp. 319-326. " La primera edición fue publicada en la Biblioteca de la Revista de Occidente. Posteriormente ha sido reeditada por Alianza Editorial en 1989. '' Boronat, P., Los rnoriscos españoles y su expulsidn, 2 vols., Valencia, 1901. Hay reedición facsímil por la Universidad de Granada, 1992, con una introducción de Ricardo García Cárcel. l9 Lea, H.C., The Moriscos of Spain. Their conversion and expulsion, Filadelfia, 1901. Hay reimpresiones de 1968, y traducción castellana de Jaime Lorenzo, con estudio preliminar y notas de Rafael Benitez, publicada en Alicante, 1990. 'O Con posterioridad ha publicado Domínguez Ortiz una breve síntesis en La crisis delsiglo WII, vol. XXIII de la Historia de España de Menéndez Pidal, Madrid, 1990 , pp. 533-538. Aunque parece redactado bastante antes y no aporta nada sustancialmente nuevo a la Historia de los rnoriscos.
demográficos, religiosos, profesionales y los problemas de convivencia; finalmente: la última se dedica a la expulsión y sus consecuencias. Se coordinan, así, el desarrollo de los acontecimientos con el análisis de fenómenos de base. Los propios autores declaran en el prólogo que, aunque el intercambio de información entre ellos ha sido constante, la redacción de la parte final -la expulsión- y del capítulo seis relativo a profesiones y nivel de vida fue obra de Domínguez Ortiz y el resto, es decir, la evolución histórica hasta 1598, y el estudio de la demografía, la religiosidad y las relaciones entre las dos comunidades correspondió a Bernard Vincent. Como el objeto de este dossier es la presentación de la obra de D. Antonio me centraré en el análisis de la parte directamente salida de su pluma. Domínguez Ortiz ha mantenido apego desde el principio de su investigación a una serie de aspectos de la cuestión morisca, y ha dejado de lado otros. En el artículo de 1949 planteaba una agenda que ha desarrollado en sucesivos trabajos, ampliando y matizando su visión inicial, y en la que figuran los siguientes asuntos: 1) la caracterización socio-profesional de los rnoriscos; 2) el móvil de la expulsión, destacando la importancia de la dispersión de los granadinos por Castilla; 3) las consecuencias económicas de la expulsión; y finalmente 4) su establecimiento en otros países. Pasaré revista a estos puntos. En el artículo de 1949 los moriscos eran caracterizados como "pobres labriegos y artesanos, míseros, ignorantes, sin pretensiones ni medios de elevar su ínfimo nivel ~ocial."~' Esta caracterización socio-profesional recibió importante atención y matizaciones en su conferencia sobre La sociologia de los moriscos publicada en 1962. Se abordaba allí, siguiendo la Géographie de Lapeyre, su distribución geográfica en España delimitando tres grandes áreas: el norte --Galicia y la cornisa cantábricasin rnoriscos; los reinos de Aragón, Valencia y Granada con grupos compactos; y el resto -las dos Castillas, Extremadura, la Baja Andalucía y Cataluñadonde quedaron algunos islotes de antiguos La inmensa mayoría eran campesinos modestos, que en Aragón y Valencia estaban sometidos a un duro régimen señorial, mientras que en Castilla eran pequeños propietarios libres. Los granadinos dispersados por Castilla después de la guerra de Granada llevarían consigo y difundirían su técnica hortícola, además de dedicarse al pequeño comercio. Los granadinos, andaluces y castellanos poseían un nivel cultural y económico mayor que el de los valencianos, así como una mayor diversidad profesional, en cuyo catálogo aparecían múltiples ocupaciones artesanales. Por su parte, los aragoneses '' "Los 'cristiaiios iitievos'," p. 254. "Notas para uiia sociología de los iiioriscos espaiioles," pp. 41-43
DOM~GUEZ ORTlZ HISTONADOR DE LOS MONSCOS 85 destacaban en la técnica constructiva. Aunque el balance final era se apuntaba la existencia de una élite intelectual y económica, entre la que se señala específicamente a los profesionales de la medicina, abriendo así una vía de diversificación interna que Domínguez Ortiz ampliará más tarde en sus síntesis de principios de los años setenta, adelantándose a lo que confirmarán otra serie de investigaciones posteriores. Pero es en el capítulo sexto de la Historia de los moriscos donde se nos da una visión más aquilatada de las profesiones y niveles de vida, de la que quiero destacar algunos rasgos. Se recogen en ella las aportaciones de una serie de trabajos sobre documentación fiscal y notarial que corroboran las impresiones que, a partir, sobre todo, de textos contemporáneos y fuentes literarias había adelantado D. Antonio. Se regionaliza, más si cabe, el análisis, en el que se incluyen ahora los moriscos granadino^,'^ antes de ser dispersados por Castilla, y los extremeños. El campesino morisco es caracterizado básicamente como un horticultor, incluso en Valencia. El análisis de Domínguez Ortiz es aquí especialmente fino, ya que si en la Historia de AlfaguaraZS se había hecho eco de la conocida distinción de Lapeyre según la cual los rnoriscos predominaban en las tierras de secano, salvo en el Maestrazgo, y sólo eran numerosos en dos zonas de regadío, en torno a Játiva y Gandia, mientras que los cristianos dominaban en las grandes ahora no se deja llevar por la opinión mayoritaria que pasa del peso relativo de ambas comunidades en las diversas zonas del Reino de Valencia a la identificación del morisco con el labrador de secano. Matiza, en cambio: En Valencia se ha hecho notar que en las huertas litorales predominaba la población cristiana; esta regla tiene excepciones, algunas importantes (huertas de Gandía y Oliva). Pero más característico es el hecho de que en las zonas montatiosas los rnoriscos aprovecharon arroyos, cavaron pozos y labraron minas parecidas a las fqggaras berberiscas para buscar agua con que regar hondonadas y bancales.*' Aparece con nitidez una limitada élite burguesa morisca de comerciantes y profesiones liberales, y de propietarios de tierras. Se delinea, así, una sociedad morisca con una mayor articulación interna que la que presentaba en trabajos anteriores y que, aunque con muchas limitaciones para su desarrollo, presenta un abanico de profesiones, sobre todo en el artesanado, y de niveles económicos que " "La masa de los moriscos estaba relegada a los oficios mas bajos y peor pagados, no por incapacidad, sino por el peso de circunstancias histórico-sociales," Ibid., p. 49. 2J Con posterioridad a la p~iblicación de la Historia de los moriscos han aparecido, entre otros trabajos sobre este aspecto, los de N. Cabrillana, Almeria morisca, Universidad de Granada, 1982; R. Benitez Sánchez-Blanco, Moriscos y cristianos en el Condado de Casares, Córdoba, 1982. 25 El Antiguo Régimen: Los Reyes Católicos y los Austrias, pp. 173 y 184. 26 Lapeyre, H., Géographie, pp. 25-26. *' Historia de los moriscos, p. 1 12
86 RAFAEL BEN~TEZ no la diferencian radicalmente de la mayoría de los cristianos viejos.28 *** Sobre las consecuencias de la expulsión, Domínguez Ortiz se manifestó desde el comienzo contrario a las tesis de Hamilton, retomadas por Salyer, y minimizadoras del impacto. En su opinión, la pérdida de una importante población, que califica habitualmente de laboriosa, no podía dejar de suponer una merma económica. Sus impresiones iniciales, basadas en las quejas de determinadas ciudades castellanas y andaluzas, se vieron reforzadas por la comparación que el jesuita Pedro de León estableció entre los moriscos granadinos y los repobladores que ocuparon su lugar. La holgazanería de éstos contrasta con la laboriosidad de los primeros, reflejada en la famosa fiase que D. Antonio ha dejado grabada en las antologías: quando salir por alli el sol darmi en la cara saliendo de mi casa para el campo, y quando venir de alla darme en el colodrillo, y no como los cristianos viejos, que trabajar a veradas2' En trabajos posteriores el balance se realiza a escala regional teniendo presente la situación demográfica y económica anterior y las circunstancias de la .población. Teniendo en cuenta que estamos ante cuestiones que todavía hoy día son insuficientemente conocidas se puede valorar el mérito de las anticipaciones aportadas por Domínguez Ortiz en sus trabajos de síntesis de los años 70. Así, en la Historia de Alfaguara nos expone cómo el más afectado fue el Reino de Valencia por la pérdida de 130.000 habitantes, un tercio de su población, y por las dificultades que a su repoblación implicó el mantenimiento de un duro régimen señorial. Ya entonces hacia mención a la caída de los diezmos y rentas señoriales. En cuanto a las otras zonas de poblamiento morisco: En las vegas de Aragón y las huertas de Murcia la repercusión también fue grande, por tratarse de regiones poco pobladas. En Castilla y Andalucía sus efectos fueron muy localizados. Las actividades económicas superiores apenas se resintieron, pero se agravó la escasez de mano de obra; desde entonces se intensificó la llegada de trabajadores franceses a los campos de Aragón; en Castilla se notó en algunos sectores, como la arriería, en la que eran numer~sos.'~ También en este aspecto la Historia de los moriscos supuso un gran '' Sobre esta cuestión véase el trabajo de E. Ciscar, "La élite económica morisca (Observaciones sobre el nivel económico y la situación social de los moriscos antes de su expulsión)," primera parte de su libro Moriscos, nobles y repobladores, Valencia, 1993. '"'Delitos y suplicios en la Sevilla imperial. La crónica negra de un misionero jesuita," en Crisis y decadencia de la España de los Atrsfrias, p. 33. 'O El Antiguo Régitnen: Los Reyes Católicos y los Austrias, p. 370.
DOM~NGUEZ ORTIZ HISTORIADOR DE LOS MORISCOS 87 incremento en la información, al tiempo que se profundizaba en el análisis regional. No se limitaba, ahora, a deducir las consecuencias de la pérdida de población, sino que valoraba la disminución de las rentas eclesiásticas y recogía algunos primeros apuntes sobre la evolución de la producción. Pero lo fundamental, en mi opinión, era el nuevo enfoque, que se había insinuado en El Antiguo Régimen, y que consistía no tanto en constatar la catástrofe, como en valorar la recuperación posterior más o menos rápida, y sus diferencias a escala regional. Así, en el Reino de Granada diferencia las zonas oriental -con un máximo de efectos negativos- y occidental que sufrió mucho me no^.^' Para el impacto en el Reino de Valencia, al que dedica un amplio tratamiento en ocho páginas, y que contaba con una historiografía más puntera, pudo aprovechar además los primeros trabajos de Jarnes Casey y Eugenio Ciscar. La visión catastrofista se matizó en varias formas: primero al señalar que la crisis nobiliaria no arranca de la expulsión sino que tenía raíces anteriores, como las tenía en general el cambio de coyuntura económica. Por contra, la repoblación dió a los seííores la oportunidad de "liquidar la situación hacerse con las tierras alodiales de los moriscos, y poder renovar el régimen señorial. Con la escasa información disponible entonces, Domínguez Ortiz consigue plantear algunos de los problemas fundamentales de la repoblación: inestabilidad de los repobladores en busca de mejores condiciones; diferencias de las cartas pueblas de unos lugares a otros; comparación de los nuevos gravámenes con los que pesaban sobre los moriscos. Por otra parte, apunta algunos de los cambios en los cultivos que compensan pérdidas producidas, aunque sea parcialmente, por la expulsión, con nuevas ganancias. Es el caso del hundimiento de la producción de arroz y sobre todo de azúcar, aunque sobre ésta señala la influencia de factores económicos generales, como la competencia del azúcar atlántico, frente a la expansión de la vid y la morera. Concluye, de forma matizada, diciendo: estos contrastes ilustran la dificultad de apreciar debidamente las consecuencias de la expulsión y formular un juicio global sobre la misma. Las diferencias sectoriales y comarcales fueron considerable^.^' En su balance global limita temporalmente el impacto, señalando que después de la crisis de mediados de siglo, general en toda Espaíía, la recuperación " Los estudios sobre la repoblación del Reino de Granada después del destierro de los moriscos han conocido un gran avance en los últimos diez años. En 1986 Manuel Barrios Aguilera y Margarita Birriel Salcedo presentaban en La repoblación del Reino de Granada después de la expulsión de los moriscos un completo panorama de los que se había hecho y de las fuentes disponibles. Una decada despuks, el libro Hombre y territorio en el Reino de Granada (1570-1630), Granada, 1995, coordinado por M. Barrios y Francisco Andújar muestra lo mucho que se ha avanzado este tiempo. '2 Historra de los moriscos, p. 21 8. " Historia de los moriscos, p. 2 17.
valenciana comenzó a partir de 1660.34 Tenemos que remontarnos de nuevo al artículo de 1949 sobre los "cristianos nuevos para descubrir el temprano interés de Domínguez Ortiz por la suerte de los rnoriscos después de la expulsión. Si entonces se interrogaba sólo por el destino de los expulsados en Francia, Italia y el Norte de frica,^' tema sobre el que volvería en El Antiguo Régimen,36 en 1959 dedicó un trabajo a los que de una u otra forma permanecieron en España.37 Finalmente, en la Historia de los rnoriscos, los dos últimos capítulos analizan ambas categorías: los que se fueron y los que se quedaron. Las páginas dedicadas al destino de los desterrados pueden calificarse de magistrales por la viveza con que nos trasmiten la dureza del éxodo, la violencia del choque con el mundo norteafricano, la permanencia de la cohesión de las comunidades moriscas, y su integración y aportación a las sociedades que los acogieron. Destaca las dificultades que padecieron a su paso por Francia, pero sobre todo da una matizada visión de la diferente suerte de los expulsados según fuera su lugar de destino -Marruecos, Argelia, Túnez- en un esquema que ha sido seguido por trabajos po~teriores.~' En el primer caso narra con un cierto detalle, casi cuatro páginas, la situación de práctica independencia de la República de Salé constituida por los rnoriscos de Homachos en la costa atlántica de Marruecos, su dedicación a la piratería, las tensiones entre los homacheros, los andaluces y los marroquíes, así como su oferta de entregar la plaza a Felipe IV: Aunque la información de que disponía para el conocimiento de los avatares sufridos por los que desembarcaron en las costas argelinas era reducida, nos presenta tanto el choque cultural con las costumbres norteafricanas y la mala acogida que padecieron unos, como la integración de otros en la sociedad argelina. Para Túnez contó con la serie de trabajos recogidos por Epalza y Petit '' La aparición de la Historia de los moriscos coincidió con la publicación de dos obras fuiidamentales, la de Eiigenio Ciscar, Tierra y señorío en el País Valenciano (1570-1620), Valencia, 1977, y la de James Casey, El Reino de Valencia en el siglo XVII, cuya primera edición inglesa es de 1979. La bibliografía posterior, iiiuy abundante, ha sido analizada por E. Ciscar en su trabajo Consideraciones generales en torno al rigitnen señorial en los lugares repoblados después de la expulsión de los tnoriscos, tercera parte de su libro: Mariscos, nobles y repobladores, Valencia, 1993. Otro de los trabajos recogidos cii el libro trata de La casa ducal de Gandia y su endeudamiento hacia 1600. Sobre la repoblación del Ducado de Gaiidía es clave el libro de Santiago la Parra López, Los Borja y los n~oriscos, Valencia, 1992. " '"Los 'cristianos iiuevos'," pp. 280-281. '" El Antiguo Régirneii: Los Reyes Católicos y los Austrias, p. 370. " "Felipe IV y los iiioriscos". '' Es el caso de la segunda parte de la obra de M. Epalza, Los moriscos antes y después de la expulsión, Madrid, 1992. En ella se sintetiza una amplia bibliografia en irabe que constituye una importaiite aportación a nuestro coiiociiniento del tema, que confirma en lo fundamental las conclusioties de Doiiiiiiguez Ortiz. En la obra L 'expulsi6 dels nioriscos. Conseqü?ncies en el món islaniic i en el inon crislia, Barcelona, 1994, actas de un congreso celebrado en San Carles de la Rdpita en 1990, pueden verse una serie de trabajos sobre la diáspora morisca en los países islhicos.
DOM~NGUEZ ORTlZ HISTORIADOR DE LOS MORISCOS 89 y publicados en 197339 por lo que la visión es más completa y detallada. De todo ello se destaca la permanencia, incluso durante siglos, de rasgos específicos entre los descendientes de los rnoriscos que, en muchos casos, se configuraron como una elite artesana, campesina y cultural, cuya contribución a la prosperidad de las zonas de acogida fue importante aunque no pudo vencer el retraso acumulado por estos países. Una vez más se manifiesta la prudencia y la mesura de Domínguez Ortiz al tratar un tema que conoce muy bien y que le apasiona, como es el de la presencia morisca en España después de la expulsión, al que dedica el último capítulo de la Historia de los rnoriscos, y al que incorpora buena parte de sus artículos "Felipe IV y los moriscos" y "Algunos documentos sobre rnoriscos granadinos." "A pesar de tan decidida voluntad por parte de una autoridad absoluta y una administración eficiente ... es indudable que muchos se quedaron, por lo menos en algunas comarcas."40 Entre ellas destacan el Campo de Calatrava y el Valle de Ricote, que había estudiado en 1959, y el grupo catalán del Valle del Ebro dependiente de la diócesis de ~ortosa.~' La tipología es variada, ya que unos -muy pocos realmenteno llegaron a salir al contar con autorización para quedarse por justificar su cristianismo auténtico, y otros lograron protección y complicidad de cristianos viejos. Junto a ellos quedaron bastantes como esclavos o como niños encomendados, particularmente en Andalucía. Pero además están los que volvieron ante el mal recibimiento y dificultades encontradas en el exilio, y cuyo ejemplo es el morisco Ricote de Cervantes. Nos lo sintetiza así: Había, pues, en la España del XVII una mezcolanza de moriscos que consiguieron quedarse, ya con títulos legales, ya disimulados; de rnoriscos que volvieron, cuya suerte fue variada; de esclavos rnoriscos y mahometanos; e incluso hubo berberiscos que atravesaron espontáneamente el estrecho para quedarse en España, pidiendo el bautismo como requisito previo ineludible.42 Pero la conocida ponderación de D. Antonio le hace afirmar: Las referencias a rnoriscos en España después de la expulsión requieren, por ello, una criba, y un cierto sentido crítico para no dejarse impresionar por su número y pensar que fueron realmente muchos los que consiguieron quedarse o volver. El Islam español finaliza en 1609-1 6 1 4.43 " Epalza, M., y Petit, R., Recueil d'études sur les moriscos andalous en Tunisie, Madrid, 1973. '" Historia de los moriscos, p. 248. " Sobre el Valle de Ricote, Luis Lison Hernández, "Mito y realidad en la expulsión de los mudkjares inurcianos del Valle de Ricote," en Areas, 14, 1992, pp. 141-170. Sobre el grupo catalán ha recogido numerosas noticias Carinel Biariies, Els moriscos a Caialunya, Ascó, 1981. " lbid., p. 257. '' Ibid., p. 258.
circunstancias, Dominguez Ortiz, después de pasar revista a aquéllas, destaca la importancia última de las decisiones humanas. Al mostramos las vacilaciones del equipo dirigente de Felipe 111 durante una década, y sus dudas personales sobre la virtualidad de las causas alegadas para justificar la expulsión, esth marcando una ruptura con el determinismo histórico y apostando por la libertad, y la consecuente responsabilidad, del hombre. Luis Miguel Enciso presentaba a D. Antonio, al introducir su intervención en la cátedra Felipe 11, como historiador y h~manista.~' Magnífica caracterización que aprovecharé para una breve reflexión sobre la metodología de Domínguez Ortiz, muy poco dado, por otra parte, a hablar de si mismo y de su forma de hacer o entender la historia. Yo me inicié como investigador -nos confiesa en una de las pocas ocasiones que rompe lo que parece una norma de comportamiento- en una época en la que predominaba una concepción de la historia muy influida por el positivismo documentalista, con atención preferente a lo que entonces se llamaba "Historia externa".69 Cuando se leen sus trabajos, sobre los rnoriscos en este caso, uno imagina el enorme fichero de informaciones extraídas pacientemente de las obras clásicas -Bleda, Fonseca, por citar algunos-, de las Actas de las Cortes de Castilla, de los arbitristas, de la historiografía decimonónica -Janer, Danvila, Boronat, entre otros-, de una multitud de recónditas historias locales y, por último, de la práctica totalidad de la bibliografía contemporánea sobre el tema. Abundancia que contrasta, en cambio, con las relativamente escasas referencias archivísticas tomadas mayoritariamente del Histórico Nacional, sección de Consejos, del Consejo y Juntas de Hacienda de Simancas y de la Biblioteca Nacional. Ahí radica la base fundamental de la metodología de Dominguez Ortiz: en el respeto a los testimonios del pasado recogidos en un inmenso fichero sacado de mil lecturas críticas. Es la herencia de aquella formación en el "positivismo documentalista" de que nos hablaba y uno de sus rasgos básicos como historiador, que complementa con grandes dosis de prudencia, sentido común y procurar siempre situarse en la época estudiada. Pero al tiempo es un humanista al que nada humano le es ajeno y que no sacrifica la sufrida condición humana a ninguna divinidad celeste ni terrestre, ideológica ni metodológica, como si el mayor servicio que el historiador pudiera hacer al ser humano fuese preocuparse por dar a conocer la vida y tragedia -como reza el subtitulo de la Historia de los moriscosde los hombres que nos precedieron. A la dualidad indicada de historiador y humanista, yo añadiria el preciado '" L.M. Eiiciso Recio, "Aiitoiiio Doiiiiiigliez Ortiz: Historiador y humanista," presentación a la coiifereiicia sobre Noras para lola periodizaciót~ del reinado de Felipe II, Valladolid, 1984. "' "Advertencia preliiiiiiiar" a Irtstit~icioties y sociedad en la España de los Auslrias, Barcelona, 1985.
título, apreciado siempre pero mas en estos tiempos postmodernos que corren, de ilustrado. Es decir, de heredero de los valores de la Ilustración, de la creencia en un fondo común al ser humano que nos permite distinguir los comportamientos buenos o malos con relación a eso que hace humano al hombre. El equilibrio entre las tres facetas no es fácil. La preocupación por conocer los aspectos de la vida humana en el pasado, propia del humanista, tiene necesariamente que enfrentar al historiador, fiel a los testimonios que nos han llegado de estas acciones, con el ilustrado al que puede repugnar lo que está historiando. Llegado a este caso, Domínguez Ortiz es ante todo historiador, y le agrade o le repugne lo que ve, nos lo transmitirá todo lo fielmente que esté en su mano. Pero ante tragedias, como la de los mariscos, el humanista nos hará sentir el dolor del hombre, y el ilustrado nos apuntará un juicio moral. Universidad de Valencia RESUMEN: Se revisa la interpretación que A. Dominguez Ortiz, en distintas publicaciones, ofreció del problema morisco. SUMMARY: Benitez revises the interpretation of the subject Moslems' problem that A. Domínguez Ortiz has offered through different publications.