scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Las provincias italianas y la defensa de la Monarquía

Ribot García, Luis Antonio

Abstract

El articulo de Luis A. Ribot es un intento de análisis de conjunto de la defensa de los territorios italianos pertenecientes a la Monarquía Hispánica, teniendo en cuenta el papel jugado por cada uno de ellos en el sistema defensivo conjunto elaborado por la Monarquía.

Full text

MANUSCRITS, no 13, Geller 1995, phgs. 97-122 LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y LA DEFENSA DE LA MONARQUÍA(I) Luis A. Ribot Garcia Resulta bastante difícil realizar un análisis de conjunto de la defensa de los territorios italianos dominados por la España de los Austrias, así como estudiar el papel de éstos en el sistema defensivo de la Monarquía, debido sobre todo a la carencia de estudios sobre cuestiones militares o navales en relación con cualquiera de los cuatro territorios: Milán, Cerdeña, Nápoles o Sicilia. En las páginas que siguen -que no pueden ser sino una primera aproximación al tema propuesto -me centraré, preferentemente, en el siglo XVI1.(2) Asimismo, analizaré sobre todo los dos grandes l.- El presente trabajo fue presentado como ponencia en el "Convegno Internazionale: Nel sistema Imperiale: 1'Italia spagnola," organizado por la Universidad de Salerno, y celebrado en Vietri su1 Mare, los días 4 y 5 de junio de 1993, cuyas actas verán la luz en breve. Con posterioridad a la entrega de aquel texto, se han publicado algunos artículos de interés, que me limito a citar en esta nota introductoria, pero que no utilizo aquí para no variar el contenido de lo que es un mismo estudio publicado en dos sitios diferentes. Vid. D. LIGRESTI "L'Organizzazione militare del Regno di Sicilia (1575-1635)," Rivista Storica Italiana, 105 (1993), p. 647-678. C. J. HERNANDO SÁNCHEZ, "Las fortificaciones y la defensa del Estado en Nápoles bajo el virrey Pedro de Toledo (1532-1553)," en La Organización militar en los siglos XV y XVZ (actas de las 11 Jornadas Nacionales de Historia Militar), Málaga, 1993, p. 447-453. '.- En los últimos años, Carlos Belloso está elaborando, bajo mi dirección, una tesis sobre la organización y configuración del sistema defensivo de la Monarquía en Italia, a lo largo del siglo XVI. Quiero agradecerle aquí los datos y las sugerencias que me ha proporcionado. 98 LUIS RIBOT GARCÍA espacios políticos de la Monarquía en el sur de Italia, los reinos de Nápoles y Sicilia. No parece fácil afirmar que los Austrias españoles llegaran a desarrollar una teoría imperial coherente, ni tampoco una estrategia de conjunto del imperio-monarquía. Mas bien, fueron respondiendo a los sucesivos peligros y conflictos a partir de una serie de ideas y principios genéricos, como la conciencia de que la pérdida de alguno de los territorios que la integraban sería claramente perjudicial para los intereses -e, incluso, la supervivenciade la propia Monarquía.(s) Al menos en el ámbito mediterráneo (Península Ibérica y sur de Italia), alejado de los grandes conflictos europeos desde mediados del siglo XVI hasta los años cuarenta del siglo XVII, la respuesta a los ataques y amenazas de cada momento dio lugar, paulatinamente, a la conformación de una "estrategia defensiva". Solo así se explica, por ejemplo, que la propia península Ibérica careciera prácticamente de un ejército regular antes de 1640, en que las revueltas catalana y portuguesa llevaron la guerra a su interior, o que los proyectos para la creación general de milicias en la corona de Castilla no se hicieran efectivos hasta que, a finales del siglo XVI y comienzos del XVII, los ataques de la piratería inglesa pusieran de manifiesto la indefensión de la fachada atlántica. (4) Por lo general, las diferentes soluciones no se adoptaron de forma aislada, en cada territorio, sino que la estrategia defensiva, de respuesta, llevó a la aplicación de medidas similares en cada uno de los ámbitos que se veían afectados por un determinado peligro. Ello no implica, sin embargo, que existiera una concepción estratégica coherente. En Nápoles, en Sicilia, o en Cerdeña, cada nuevo elemento se superpone a los ya existentes, sin que se llegue a un grado suficiente de integración o armonización entre ellos. Mario Rizzo ha señalado recientemente que, en opinión de Riley, los españoles desarrollaron una teoría de la defensa imperial basada en la idea de los "bastiones", según la cual las provincias periféricas tenían la misión de proteger a las otras provincias y al centro -la península Ibéricaque a su vez ayudaba a sostenerlas militar 3.- Vid. G. PARKER, El ejército de Flandes y el camino español, 1567-1659. La logística de la victoria y derrota de España en las guerras de los Países Bajos, Madrid, 1976, p. 165 SS. 4.- Sobre la creación de milicias en España, vid. 1. A. A. THOMPSON, Guerra y decadencia. Gobierno y administración en la España de los Austrias, 1560- 1620, Barcelona, 1981, p. 29 SS., 44-49, 156 SS. LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. y financieramente.(s) Sea como fuere, es evidente que los gobernantes de la Monarquía fueron asignando competencias defensivas a cada uno de los territorios, dependiendo de factores como su posición geográfica, sus recursos, o la capacidad de aquéllos para obtener soldados y apoyo financiero. Cuando las circunstancias lo exigieron, la Monarquía intentó -con éxito diverso - que todos colaborasen en la defensa de las zonas mas amenazadas. Por lo que a Italia respecta, la diferencia geográfica y estratégica clave se da entre el ducado de Milán y los tres reinos meridionales. Aquel, interior y situado al norte, junto a Francia, los suizos, el Imperio y Venecia, es la puerta de Italia, que impide, por tierra, la entrada a la península, así como un elemento imprescindible para el control de los estados italianos de aquella zona, y un espacio clave para el dominio de las rutas terrestres con el centro de Europa.(ó) El papel de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, tenía que ser, obviamente, distinto. Nápoles y la isla de Sicilia cierran, por el sudeste, el Mediterráneo Occidental, estableciendo en dicho mar una cierta frontera geográfica, que en los siglos XVI y XVII era también una frontera de creencias y de civilizaciones, una frontera de cristiandad. Turcos y berberiscos son la gran amenaza a la que están sometidos los habitantes del sur de Italia, y la frecuencia de ataques, destrucciones y capturas lo prueba plenamente. El caso de Cerdeña es básicamente similar al de Nápoles o Sicilia, pese a que dispone de recursos claramente inferiores. De los tres reinos, el de Nápoles es, sin duda, el de mayor peso específico, por lo que actúa frecuentemente como centro de gravedad de toda la zona, tanto en la defensa como en la organización de los importantísimos sistemas de información y espionaje sobre los preparativos del turco. El auge expansivo de los turcos por el Mediterráneo Oriental y los Balcanes coincide grosso modo con la conquista hispana de Nápoles y el acceso de la casa de Austria al trono español. Frente a un peligro - M. Rizzo, "Centro spagnolo e periferia lombarda nell'impero asburgico tra Cinque e Seicento," Rivista Storica Italiana, 104 (1992), p. 321-323. El trabajo de C. RILEY es su tesis doctoral inédita, The State of Milan in the Reign of Philip 11 of Spain, Oxford, 1977, p. 18-20. 6.- Sobre el papel estratégico del Milanesado, vid. D. SELLA, L'economia lombarda durante la dominazione spagnola, Bolonia, 1982, p. 8 1-84. L. A. RIBOT GARC~A, "Milán, plaza de armas de la Monarquía", en Millain the great. Milano nelle brume del Seicento, Milán, 1989, p. 349-363. La versión completa en Investigaciones Históricas (Valladolid) 10 (1990), p. 203-238; (mis citas harán referencia a ésta). RIZZO, "Centro Spagnolo e periferia lombarda, " p. 323-325. 1 00 LUIS RIBOT GARCÍA real y temido, la Monarquía de los Habsburgo, con su superior capacidad militar y naval, ofrece a los reinos del sur de Italia una cierta garantía de protección, que contribuye a legitimar y prestigiar en ellos el dominio español. La defensa frente a los infieles se constituye así, desde un principio, en uno de los grandes argumentos del poder de la Monarquía en el sur de Italia. Mas aún, si tenemos en cuenta que todo monarca de la época entendía la defensa armada de sus súbditos como parte esencial de sus obligaciones. Como decía Felipe 11 en el capítulo 2 de las instrucciones a sus virreyes de Nápoles: "Los reyes y príncipes son principalmente instituydos para que goviernen y administren iustizia a sus subditos, y los defiendan de sus enemigos.. . " . (7) En virtud de su importantísima posición estratégica, el ducado de Milán dispuso, ya en el siglo XVI, de un ejército de guarnición que era el segundo de la Monarquía en importancia numérica, después del de Flandes. Durante el reinado de Felipe 11, las tropas destinadas a la defensa del Milanesado estuvieron en torno a los 5.000 hombres, la mayoría de ellos, soldados de infantería, y unos mil entre hombres de armas o caballería teóricamente pesada, y caballería ligera, aparte de los artilleros de las fortificaciones. (8) Poco tiempo después de iniciada la revuelta de los Países Bajos, la potencialidad naval de sus enemigos en el mar del Norte obligó a España a enviar la mayor parte de sus tropas y suministros por vía terrestre, lo que convirtió al ducado en una permanente plaza de armas. Con independencia de su propia defensa, Milán funcionará en muchos momentos como un auténtico ventrículo militar, que recoge hombres y los manda hacia el norte, lo que le hace de él uno de los espacios europeos con mayor proporción de soldados.(s) Así por ejemplo, entre finales de 1615 y agosto de 1618, coincidiendo con la primera de las guerras por la sucesión de Mantua, el ejército del ducado supera los 20.000 hombres, llegando, en diciembre de 1617, a casi 26.000. Luego de 1635, en que Francia declaró la guerra a la Monarquía Católica, el ejército crece rápidamente; en algún momento (octubre de 1640) alcanza los 35.000 soldados, y en todas las muestras que conozco pasa '.- Vid., por ejemplo, las instrucciones al duque de Alcalá y al de Osuna, dadas, respectivamente, en Bruselas, 10 de enero de 1559, y en Lisboa, 22 de diciembre de 1581. Ambas han sido editadas por G. CONIGLIO, IL vicerregno di Napoli e la lotta tra spagnoli e turchi nel Mediterraneo, Nápoles, 1987, 2 vols., p. 100-181 y 568-645. 8.- RIZZO, "Centro spagnolo e periferia lombarda", p. 325-328. 9.- RIBOT GARCÍA, "Milán, plaza de armas de la Monarquía", p. 203-238. LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 101 de los 20.000. Desde 1642 hasta la paz de los Pirineos (1659) el número total de hombres se mantiene entre los 15 y los 20.000. El final de la guerra impone una reducción de los efectivos, pero, pocos años después, la política agresiva de Luis XIV frente a la Monarquía vuelve a exigir un incremento del número de tropas. Desde 1667 hasta finales del siglo, el Milanesado mantiene siempre contingentes superiores a los 10.000 hombres, y en alguna ocasión, de acuerdo con las dificultades bélicas del momento, se acerca, e incluso llega a superar los 20.000.(10) Un ejército tan numeroso hubo de suponer un peso importante para los habitantes del ducado. Sin embargo, en Milán, la presión fiscal, que gravó esencialmente a las clases populares, no llegó, en cualquier caso, a los niveles que en otros territorios italianos de la Monarquía. El alojamiento de las tropas resultó probablemente la carga mas pesada para la población, sobre todo en el ámbito rural; no obstante, desde finales del siglo XVI, los gobernantes fueron introduciendo una serie de mecanismos de compensación fiscal tendentes a repartir de forma mas equitativa las cargas que se derivaban del mantenimiento de los soldados. (1 1) De forma un tanto provisional, y por lo que respecta a los tres reinos del sur -puesto que el papel estratégico del Milanesado le confiere una evidente peculiaridadpodríamos diferenciar una cuatro grandes fases en la organización de la defensa italiana. La primera sería la del establecimiento del poder hispano sobre la Italia peninsular: la época de las guerras hispano-francesas de finales del XV y primeras décadas, e incluso, mediados del XVI (en cierto sentido, hasta el fin de la amenaza francesa, en 1559). Los enemigos mediterráneos de España son Francia y los turcos, pero la defensa de los reinos meridionales se realiza también en el ducado de Milán, al que afluyen socorros desde el sur. En el curso de dicha fase, y a partir de elementos prexistentes, que en muchos casos -como las plazas fuertes y castillosse ven reforzados o incrementados, se definen dos de los elementos fundamentales de la defensa de Nápoles y Sicilia: las escuadras de galeras y los tercios españoles. lo.- Cf. ibidem. Remito a dicho trabajo para todo lo relativo a la composición del ejército de Milán en el siglo XVII. 'l.- R~zzo, "Centro spagnolo e periferia lombarda.. . ", pág. 342. Sobre el problema de los alojamientos, vid., del mismo autor, "Militari e civili nello Stato di Milano durante la seconda meta del Cinquecento. In tema di alloggiamenti militari", Clio, 23 (1987), p. 563-595. Una segunda y prolongada fase se caracteriza por el enfrentamiento con los infieles, el cual, mas que a una guerra abierta da lugar a una dilatada guerra de desgaste, plagada de incursiones devastadoras. Dicha fase coincide con el período culminante del peligro turco en el Mediterráneo (desde mediados de los años treinta hasta finales de los setenta), y con el auge berberisco de las últimas décadas del siglo XVI y primeras del XVII.(i2) Son los años en que se completa la organización defensiva de los territorios italianos de la Monarquía, que han de colaborar también en la defensa de Milán y en la lucha contra los rebeldes flamencos. Al igual que en los reinos de Granada o Valencia, la amenaza de los infieles obliga a crear en el sur de Italia sistemas de protección basados en la existencia de una red de torres y atalayas, que se comunican entre sí y con las plazas fuertes y castillos urbanos de cada uno de los reinos. Asimismo, se reorganizan, o se crean de forma efectiva, fuerzas de milicia, a pie y a caballo, con la misión específica de complementar a las tropas de guarnición en caso necesario. En Nápoles, la construcción de torres fue decidida en 1563 - el mismo año en que se crea la infantería de las miliciaspor el duque de Alcalá. La construcción, sin embargo, se hizo lentamente por problemas de financiación. En 1590 se habían edificado un total de 339 torres.(i3) En Sicilia, la mayor parte de las torres se construyen durante la segunda mitad del siglo XVI, y primeras décadas del XVII.(14) En Cerdeña, la caída de la Goleta (1574) precipitó los proyectos, y tras las decisiones de los años ochenta, lo esencial de la red de torres se realizó entre 1590 y 1610.(15) La consideración del peligro que suponían los infieles -un peligro cuyo alcance real se redujo considerablemente en las últimas 12.- Sobre los ataques de turcos y berberiscos al reino de Nápoles durante el virreinato de Pedro de Toledo (1532-1553), vid. G. CONIGLIO, Il Viceregno di don Pietro di Toledo (1532-I553), Nápoles, 1984, 2 vols., p. 7; también, del mismo autor, Il Viceregno di Napoli e la lotta, p. 8-9. En relación con los ataques de los infieles a finales del siglo XVI, vid. ibidem, p. 17-18. Un resumen de los principales ataques de los infieles al reino de Sicilia en S. MAZZARELLA y R. ZANCA, Il libro delle torri. Le torri costiere di Sicilia nei secoli XVI-XX, Palermo, 1985, p. 16-18, 20-21. 13.- G. MUTO, "11 regno di Napoli sotto la dominazione spagnola", en La Controriforma e il Seicento (= Storia de la Societa Italiana, t. 1 l), Milano, 1989, p. 291-292. 14.- Vid. MAZZARELLA y ZANCA, Il libro delle torri, passim. 15.- A. MATTONE, "Le istituzioni militari," en B. ANATRA, A. MATTONE y R. TURTAS, L'eta Moderna. Dagli aragonesi allafine del dominio spagnolo (= Storia dei sardi e della Sardegna, t. 3), Milán, 1989, p. 66-77. LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 103 décadas del XVI- no debe ocultarnos la realidad de que, a partir de los años sesenta y setenta, tiene lugar el momento culminante del poder de la Monarquía en Italia, lo que explica el desarrollo de una política de dominio, de la que forman parte, entre otras, las medidas encaminadas a perfeccionar la defensa de los diferentes territorios. Es la época de la llamada Pax Hispánica, que tiene mucho que ver con la primera tregua con los turcos, y con la progresiva periferización del Mediterráneo en el conjunto de una política europea cuyo epicentro se desplaza hacia el noroeste. La tercera fase está marcada por la guerra de los Treinta Años y la segunda parte de las guerras de Flandes. Se trata del período de máxima presión fiscal y militar sobre los tres reinos del sur, pero no en beneficio de la defensa italiana, que experimenta un importante deterioro, sino de las necesidades bélicas de la Monarquía. Por suerte para ésta, y para los reinos del sur de Italia, los turcos han dejado de constituir una amenaza, y el peligro exterior se reduce al corso berberisco, capaz únicamente de realizar saqueos y ataques muy localizados, en zonas desprotegidas de la costa, o a la amenaza siempre latente de los enemigos europeos de los Austrias, especialmente Francia. La fase final abarca grosso modo la segunda mitad del siglo XVII. En estos años, la capacidad defensiva de la Monarquía disminuye al máximo, al tiempo que se produce un espectacular desarrollo de la potencia militar y naval de Francia. El mantenimiento del status quo hispánico en Italia dependerá, en buena medida, del interés de las potencias marítimas (Holanda e Inglaterra) en impedir el expansionismo de Luis XIV. En las primeras décadas del siglo XVII, el sistema defensivo de los reinos del sur de Italia aparece ya plenamente configurado. En adelante, no se introducirán modificaciones sustanciales, salvo la creación de la escuadra de galeras de Cerdeña. A grandes rasgos -y desde un planteamiento teóricohabía una defensa estática, cuya pieza clave eran los castillos existentes en las principales ciudades y en los puntos principales de la costa, que eran custodiados por fuerzas españolas de infantería: un tercio en cada reino. La defensa estática se complementaba con la existencia de fuerzas móviles: unidades de caballería, y sobre todo, sendas escuadras de galeras. En caso de necesidad, podían convocarse las milicias, capaces teóricamente de reunir un gran número de gente de a pie y a caballo. La defensa se completaba con la vigilancia ordinaria de las zonas marítimas, encargada de dar la alarma ante cualquier peligro, para lo que había un vasto sistema de torres con centinelas, y guardas a caballo que recorrían las costas. El corso propio -que trataba de regularse mediante 104 LUIS RIBOT GARC~A licenciastambién colaboraba a la defensa frente a los infieles.(i6) Así descrito, el sistema defensivo del sur de Italia no se diferenciaba apenas del que existía en las costas españolas, en especial en las mediterráneas de Levante y Andalucía, mas directamente sometidas a la amenaza norteafricana. No obstante, en las costas españolas el peligro de los infieles -en especial el turcoera menor, lo que permitía la existencia de un sistema menos desarrollado. Con todo, la gran diferencia entre ambos espacios estaba en la presencia en el sur de Italia de la infantería española, una fuerza extranjera que constituía la clave de la organización militar en todos los territorios italianos de la Monarquía. Los tercios de españoles simbolizaban de forma permanente la contradicción de un planteamiento defensivo que implicaba el dominio de los españoles, preferentemente, castellanos. Las fortificaciones de todo tipo eran, sin duda, un elemento imprescindible para la defensa. A grandes rasgos, podemos distinguir las plazas fuertes, en las que había una numerosa guarnición española, de los castillos, mas o menos importantes, y las torres costeras. Pero las obras de fortificación afectaban también a murallas de ciudades o lugares, defensas en los puertos, y otra serie de trabajos. Durante el período de dominio español, las construcciones, reformas y reparaciones mas importantes se hicieron en el siglo XVI.(i7) Las 16.- La referencia al sistema defensivo es un capitulo obligado en las frecuentes descripciones y relaciones sobre los distintos reinos, escritas durante los siglos XVI y XVII. Vid., por ejemplo: Pietro CELESTRE, "Idea del govierno del reyno de Sicilia", p. 6-17, y Pietro CORSETTO, "Instrucción para el príncipe Filiberto quando fue al virreynato de Sicilia", p. 107-1 13, en V. SCIUTI RUSSI, Il governo della Sicilia in due relazioni del primo Seicento, Nápoles, 1984. Para el caso de Nápoles, vid. "Relazione del Regno di Napoli" en B. GARC~A GARC~A (ed.), Una relazione vicereale su1 governo del Regno di Napoli agli inizi del '600, l Nápoles, 1993, p. 68-79. Datos sobre la defensa del reino de Sicilia en F. L. ODDO, La Sicilia sotro gli assalti barbareschi e turchi (secoli XV-XVII), Trapani, 1990. 17.- Sobre las fortificaciones de Nápoles, vid., entre otros trabajos, F. FERRAJOLI, I castelli di Napoli, Napoli, 1964. M. MAFRICI, "11 sistema difensivo calabrese nell'eti viceregnale", Rivista Storica Calabrese, 1-2, 3-4, 1980. R. MANTELLI, Il pubblico impiego nell'economia del Regno di Napoli: retribuzioni, reclutamento e ricambio sociale nell 'epoca spagnuola (secc. XVI-XVII), Nápoles, 1986, p. 142-143. Un estudio sobre la situación de las fortificaciones de Nápoles y Sicilia, en los años treinta del siglo XVIII, que aporta numerosos datos sobre los siglos anteriores es el libro de T. COLLETTA, Piazzeforti di Napoli e Sicilia. Le "carte Montemar" e il sistema difensivo meridonale al principio del Settecento, Nápoles, 198 1. Para un mejor conocimiento de las fortificaciones realizadas en las principales ciudades y castillos de Sicilia, que tuvieron lugar, sobre todo, en el LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 105 quejas por el mal estado de las fortificaciones y defensas, así como la penuria de su artillería, abundan en los documentos, sobre todo en el curso del siglo XVII. Tras la reconquista de la rebelde Mesina (1678), se edificó una potente ciudadela, como elemento disuasorio y represivo que evitara nuevos sobresaltos.(i8) La misión de los soldados españoles, como afirmaban los consejeros de Estado, era "la guarda y defensa del Reyno y acudir a las occasiones de la mar que se offrescieren".(ig) Mas explícito, un escrito enviado a Felipe 111 por el antiguo virrey de Sicilia, Juan Fernández Pacheco, duque de Escalona, en 161 1, señalaba: "La infantería española es el segundo nervio y mas fuerte, -se entiende que de la defensa (el primero serían las fortalezas y castillos)- porque defiende el Reyno del enemigo, y presérvale de lo que intentarían los domésticos, y amigos fingidos, y es parte para expeller el Turco, quando quisiesse hazer pie y tomase alguna plaza, y bastante para sugetar qualquiera tierra que se levantasse, es temida y respettada y vale mucho por allá todo español" .(20) Para cumplir sus misiones, los tercios de infantería española debían de ocupar las plazas fuertes y castillos existentes en los diversos reinos y proporcionar infantería a las respectivas escuadras de galeras. No obstante, en el siglo XVII, su número era casi siempre escaso para todo ello. Los soldados españoles del tercio de Nápoles se ocupaban preferentemente de la guarnición de la capital, de los presidios de Toscana y de abastecer de tropas la escuadra de 'galeras del reino. Aparte de ello, presidiaban algún castillo o territorio especialmente siglo XVI, vid. MAZZARELLA y ZANCA, Il libro delle torri, p. 106-108. También, para el estudio de las fortificaciones y torres de Sicilia, vid., entre otros, M. GIUFFRE, Castelli e luoghi forti di Sicilia (XIIXVII secolo), Catania, 1980. R. SANTORO, La Sicilia dei castelli. La difesa del1 'isola da1 VI al XVIII secolo. Storia e architettura Palermo, 1985. L. DUFOUR, "Citti e fortificazioni nella Sicilia del Cinquecento", en C. DE SETA y J. LE GOFF (eds.), Le citta e le mura, Roma- Bari, 1989. De la misma autora, Augusta da citta imperiale a citta militare, Palermo, 1989. Sobre las obras de fortificación efectuadas en Cerdeña durante el siglo XVI, especialmente en Cagliari y Alghero, vid. S. CASU, A. DESS~ y R. TURTAS, "La difesa del Regno: Le fortificazioni", en La Societa sarda in era spagnola, ed. F. MANCONI, Cáller, 1992, p. 64-73. la.- Vid. F. RICCOBONO, La real cittadella di Messina, Mesina, 1988. 19.- (1601) Minuta de consulta del consejo de Estado, sobre una carta del duque de Maqueda del 18 de octubre de dicho año. A.G.S. Estado, leg. 1097, doc. 85. 20.- Escrito adjunto a una carta del Duque de Escalona al rey. Escalona, 9 de enero de 161 1. A.G.S., Estado, leg. 1.887, docs. 207-208. 112 LUIS RIBOT GARC~A aunque desde mediados del siglo XVI existen sugerencias y proyectos. Las escuadras de Nápoles, Sicilia, España, o de aliados italianos de la Monarquía (Génova y Malta) ayudaban ocasionalmente a la defensa de la isla, al igual que los corsarios sardos. Era, en cualquier caso, insuficiente, aunque también lo fue la escuadra de Cerdeña, que nunca superó el corto número de dos o tres galeras.(si) La progresiva disminución del número de galeras, debida a factores como el elevado coste de su construcción y mantenimiento, la escasez de soldados, tripulantes o remeros, y la falta de artillería y pólvora para armarlas, disminuyó considerablemente la capacidad defensiva del sur de Italia. Por otra parte, la debilidad de las fuerzas navales de la Monarquía en el Mediterráneo llevó a los gobernantes a emplearlas casi siempre de forma conjunta, allí donde la ocasión lo requería. Como consecuencia de ello, "los pies" de los distintos reinos estaban con frecuencia lejos de ellos, por lo que no siempre podían defenderlos de las "razzias" y ataques de los corsarios berberiscos. Otro problema era la pérdida de importancia de las galeras frente a los barcos atlánticos, que ya durante el siglo XVI habían intervenido ocasionalmente en el Mediterráneo. Los virreyes de Sicilia, duques de Maqueda (1598-1601) y de Feria (1602-1606), armaron dos o tres navíos, dedicados preferentemente al corso. En la década siguiente, el duque de Osuna organizó una escuadra, durante los años en que ejerció el virreinato en Sicilia y en Nápoles.(s2) Desde los años veinte del siglo XVII, el reino de Nápoles se vio obligado a contribuir con una pequeña escuadra de navíos de alto bordo a la "Armada del Mar Océano", creada a finales del siglo XVI, y que operaba habitualmente en el Atlántico. En el invierno, los navíos napolitanos volvían a los puertos del reino para ser reparados.(%) Cuando las necesidades MATTONE, "Le istituzionimilitari", págs. 77-85. G. SORGIA, La Sardegna spagnola, Sassari, 1982, p. 58-62. ".- Vid. F. VERGARA, "La política militare di don Pedro Girón de Osuna, viceré di Sicilia (161 1-1616)", Archivio Storico Siciliano (1980), p. 223-227. M. SIRAGO, "Le assicurazioni marittime del Regno di Napoli (1616-1617)", Annali della Facolta di Economia e Commercio della Universita di Bari, 31 (1992), p. 124. B. GARC~A GARC~A, "Paz, desempeño y reputación en la política exterior del duque de Lerma (1598-1618), " tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 1994, p. 349-350. 53.- Vid, M. SIRAGO, "Attrezzature portuali e costruzioni navali in Napoli e nelle antiche province di terra di Lavoro e del Principato Citra durante il Viceregno Spagnolo", en La Penisola Italiana e il Mare, Nápoles, 1993, p. 205- 207. De la misma autora, "LWArmata del Mar Océano' o dei 'vascelli di alto bordo' in Napoli (1623-1707)", Del Mediterráneo al Atlántico. Tradición e - LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 113 bélicas lo exigieron, como ocurrió durante la revuelta napolitana de 1647-48, o en ocasión de la guerra de Mesina (1674- 1678), la "Armada del Mar Océano", en franca decadencia desde los años cuarenta del siglo XVII, actuó en el Mediterráneo junto con las escuadras de galeras, frente al creciente poder marítimo de Francia.(s4) El papel de la caballería consistía en la defensa móvil de las costas llanas. El ya citado escrito del duque de Escalona señalaba que la caballería tenía como misión impedir que los turcos "salten en tierra, ni roben, cautiven o talenN.(ss) A comienzos del siglo XVII, el reino de Nápoles contaba con 16 compañías de hombres de armas y 4 de caballería ligera, integradas todas ellas por napolitanos. Una muestra general de tal caballería, tomada en junio de 1604, daba un total de 780 hombres efectivos en las dieciséis compañías de hombres de armas, a los que habría que unir otros 343 de caballería ligera, lo que hacía un total de 1.123 soldados. La mayor parte de los jefes de las compañías eran importantes nobles del reino.(s6) En ocasión de dicha muestra, el conde de Benavente proponía reducir todas las compañías de hombres de armas a caballería ligera, cada una con cincuenta plazas, "pues ya -escribía- ni en Flandes ni en innovación en la América Moderna (Actas del congreso celebrado en ocasión del V Centenario del Descubrimiento de América, Ibiza, octubre de 1992, en prensa). (Agradezco a la doctora Sirago el envío de una copia manuscrita.) Sobre la escuadra de Nápoles en la gran armada de 1639, vid. J. ALCALÁ-ZAMORA QUEIPO DE LLANO, España, Flandes y el mar del Norte (1 61 8-1 639), Barcelona, 1975, p. 429 SS., 455 SS. 54.- Alcalá-Zamora señala que, tras el desastre naval de las Dunas, regresan al sur, al Mediterráneo, las fuerzas navales de la Monarquía que se habían puesto en movimiento hacia el norte a partir de 1567. Ello contribuirá a dominar las sublevaciones de Sicilia y Nápoles, y, sobre todo, la de Cataluña, a diferencia del caso de Portugal, abierto al Atlántico y a los socorros de las potencias enfrentadas a la Monarquía. Vid. J. ALCALÁ-ZAMORA, España, Flandes y el mar del Norte, p. 467-468. También R. A. STRADLING, La Armada de Flandes. Política naval española y guerra europea, 1568-1668, trad. esp., Madrid, 1992, p. 169 SS. ".- Escrito adjunto a una carta del Duque de Escalona al rey. Escalona, 9 de enero de 1611. A.G.S., Estado, leg. 1.887, docs. 207-208. 56.- "Relación de la gente darmas y cavallos ligeros que han parezido en la muestra general que se tomo en el Reyno de Nápoles a los 19 de junio, 1604". A.G.S., Estado, leg. 1100, doc. 67. En 1536 había un total de diecinueve compañías de gente de armas, doce de las cuales, las llamadas ordinarias del reino, eran napolitanas, y siete españolas, de la guardia de Castilla, que contaba, además, con cinco compañías de caballería ligera. "Balance de lo pagado por el reino de Nápoles de 1 de septiembre de 1535 a 31 de agosto de 1536", en CONSIGLIO, 11 Viceregno di don Pietro di Toledo, p. 182-213. ninguna otra parte donde las cosas de la guerra están en su punto se tienen compañías de hombres de armas, porque son de'muy poco servicio y de gasto extraordinarioV.(57) No obstante, la caballería de los hombres de armas subsistió, y pese al anacronismo de su nombre, que nos hace pensar en las unidades permanentes francesas de caballería pesada -los gens d'armes, creados a mediados del siglo XV- y que inspiró seguramente la propuesta del conde de Benavente, no debía de ser muy distinta, en su tipología y en las armas que utilizaba, a las compañías de caballería ligera. Según datos de los años cuarenta y cincuenta, había en ella caballos corazas y caballeros armados con arcabuz, mientras que la caballería ligera era de lanzas. A mediados del siglo XVII se habla de las veinte compañías de la caballería ordinaria del reino (las dieciséis de hombres de armas y las cuatro de caballería ligera), cuyos capitanes eran barones de primera clase, para distinguirlas de las unidades de caballería extraordinaria que se formaron en estos años (borgoñona, croata, de pie español,. . .) y de la caballería de las milicias. No obstante, en los años setenta y ochenta, la caballería napolitana de hombres de armas y caballos ligeros debía de estar desorganizada, pues no se la menciona en las relaciones de tropas que he podido consultar. En todas las muestras que he analizado, la caballería efectiva del reino de Nápoles apenas supera los 1.000 o 1.500 hombres. En Sicilia, la caballería, creada en 1576, fue, no solo mas reducida, como corresponde a las menores magnitudes del reino, sino, sobre todo, enormemente discutida. En los diferentes parlamentos reunidos a partir de 1579, el reino solicitó, sin éxito, a Felipe 11 que conmutase las cinco compañías de caballería ligera, también llamada caballería extraordinaria (un total de 300 hombres) por 6 nuevas galeras. Alegaba para ello razones como el peso que le suponían sus alojamientos, el estorbo que era para la siembra y cosecha del cereal, o los desórdenes que originaban sus soldados. Finalmente, en 1594, el rey accedió a suprimirla, dedicando su consignación a otros fines defensivos, como el refuerzo de la escuadra de galeras. La caballería ligera de Sicilia volvió a crearse en 1600, lo que reabrió la polémica sobre su conveniencia. Para evitar el problema de los alojamientos, se propuso que se la procurara alojar en cuarteles, como se hacía con la infantería, haciendo cinco en las plazas donde residía habitualmente, que eran Mazara, Sciacca, Terranova, Scicli y ".- Nápoles, 22 de junio de 1604, el conde de Benavente al rey. A.G.S., Estado, leg. 1.100 doc. 66. LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 115 Taormina.(58) El virrey duque de Osuna dejó solo dos compañías de lanzas y transformó las otras tres en arcabuceros montados.(s9) Años mas tarde, en 1635, la caballería ligera fue definitivamente extinguida, a cambio de un servicio de cien mil escudos, y de un donativo perpetuo de cincuenta mil. En 1648, con ocasión de la revuelta de Palermo, se creó una compañía de borgoñones a caballo, para la guardia del virrey. En 1660 estuvo también a punto de ser suprimida, ante los informes de que sus soldados solo servían para cometer delitos, y los datos del Consejo de Italia, según los cuales, la mayor parte de ellos, además de malos soldados, eran sicilianos, y el resto franceses que se hacían pasar por borgoñones. Prevaleció sin embargo la opinión del virrey, conde de Ayqla, quien se mostró contrario a la supresión e informó que la mayoría de los soldados eran borgoñones, y los demás milaneses, napolitanos y vasallos del rey, pero ninguno siciliano.(óo) En caso de necesidad, colaboraban también en la defensa las compañías o escuadras de caballos encargadas de mantener el orden y perseguir a los bandidos. (61) Realmente, las cifras totales de soldados existentes en el sur de Italia no permiten hablar de una fuerte presencia militar. En Nápoles, a excepción de los momentos en que se concentraban tropas para su envío a otras partes de la Monarquía, el número total de hombres difícilmente llegaría, en el mejor de los casos, a los 8.000. En la isla de Sicilia, las cifras, aún mas reducidas, estarían, también en el mejor de los casos, por debajo de los 4 ó 5.000 soldados. En el caso de Cerdeña, las tropas regulares debieron de ser siempre muy escasas. Por otro lado, los documentos insisten en la mala condición o situación de los soldados o los barcos, los retrasos en las pagas, su escaso armamento, o la falta de pólvora y municiones. Tal vez por ello, la organización defensiva de carácter permanente, tanto estática (plazas fuertes, castillos, infantería), como móvil (galeras, caballería) tendió a complementarse, en caso de necesidad, con la movilización del conjunto de la población no privilegiada, particularmente la población 1610. Relación (por orden del duque de Lerma) de lo que ha pasado en el establecimiento de la caballería de Sicilia. A.G.S., Estado, leg. 1.887, doc. 220 59.- Mesina, 13 de septiembre de 1612, el duque de Osuna al rey. A.G.S., Estado, leg. 1.187, doc. 223. 60.- Madrid, 22 de marzo de 1660, el rey al conde de Ayala. A.G.S., Secretarías Provinciales, leg. 1.431. También, Palermo, 7 de junio de 1660, el conde de Ayala al rey. Ibídem. 61.- P. Celestre "Idea del govierno del reyno de Sicilia", págs. 14-16. MASBEL, Descritiones e relatione, cap. 45. rural, a través de la organización de sendas milicias, similares a las que surgen, en el siglo XVI y primeras décadas del XVII, en la Península Ibérica y en otros territorios.(62) En Nápoles, el virrey, duque de Alcalá, creó en 1563 el batallón de infantería de las milicias, capaz de movilizar algo mas de 20.000 hombres, cifra que, tras las reformas del conde de Lemos, en 1615, se elevaría a 25.760.(63) La caballería de la milicia, llamada de la sacchetta por la bolsa que llevaban junto a la silla, fue organizada en los años setenta del siglo XVI, a pesar de que sufrió modificaciones posteriores; desde 1580 su número total era de 3.000 hombres.(64) En Sicilia, el virrey D. Juan de Vega instituyó, a comienzos de los años cincuenta del siglo XVI, una milicia de 9.000 soldados de a pie y 1.600 a caballo, que fue reformada en 1594 por el conde de Olivares; las principales ciudades de la costa (Palermo, Mesina, Catania, Siracusa, Trapani, Licata, Augusta y Milazzo) estaban exentas de la milicia ordinaria, pero sus habitantes, de acuerdo con una serie de reglamentos particulares, tenían obligación de colaborar a la defensa de sus propios muros y marinas.(65) Los habitantes de Cerdeña participaban activamente en la defensa costera desde el tiempo de los aragoneses; la milicia sarda, sobre la que no sabemos demasiado, 62.- En el ducado de Milán, durante el primer tercio del siglo XVII, fueron creadas una "milicia forese", reclutada en el campo, y una milicia "urbana". La milicia "forese", establecida en 1614, comenzó a levantarse en 1617, pero hasta 1636, el año en que se inicia la constitución de la milicia urbana de Milán y otra serie de ciudades, no existirá una organización permanente de la milicia "forese", cuyo primer reglamento es de 1637. Ambas milicias fueron un relativo fracaso, sobre todo, la "forese" o campesina. Vid. E. DALLA ROSA, Le milizie del Seicento nello Stato di Milano, Milán, 1991, passim. Vid. también M. R~zzo, "Istituzioni militari e strutture socio-economiche in una citti di antico regime. La milizia urbana a Pavia nell'eta spagnola", Cheiron (en prensa). (Agradezco al autor el que me haya facilitado un avance de dicho trabajo.) 63.- Vid. las primeras ordenanzas de la milicia napolitana, dictadas por el duque de Alcalá, el 22 de abril de 1563, en CONIGLIO, Il Viceregno di Napoli, p. 252-265. ". - MANTELLI, Il pubblico impiego, p. 136-137. T. ASTARITA, "Istituzioni e tradizioni militari", págs. 137-140. También MUTO, "11 Regno di Napoli sotto la dominazione spagnola" , p. 289-29 1. 65.- Sobre las reformas del conde de Olivares, vid. G. GIARRIZZO, "La Sicilia da1 Cinquecento all'uniti d'Italia", en V. D'ALESSANDRO y G. GIARRIZZO, La Sicilia da1 Vespro al1 'unith d'ltalia (= Storia d'ltalia, dir. G. GALASSO, t. 16), Turín, 1989, p. 250-251. LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 117 era movilizada, en mayor o menor número, según las necesidades. (66) La milicia, pese a que en muchos lugares de Europa servirá de base para el desarrollo de los sistemas de reclutamiento obligatorio y generalizado, hunde sus raíces en viejas obligaciones feudales que exigían al común de los vasallos el servicio de armas. En Sicilia, cuando la milicia no bastaba, podía convocarse el llamado "socorro general", que obligaba a todos los hombres hábiles, de entre 18 y 60 años. Otra posibilidad,, también de raigambre feudal, era la convocatoria del servicio militar o de la aportación armada de los barones y feudatarios, algo a lo que se recurrió, en Nápoles y Sicilia, en momentos de especial necesidad, como las revueltas de 1647-48 o la guerra de Mesina, si bien la respuesta de los nobles, como grupo, nunca fue demasiado efectiva, y, frecuentemente, prefirieron sustituir o "componer" con dinero su obligación de servicio. (67) Como casi todas las milicias, las de los reinos del sur de Italia fueron muy poco eficaces desde el punto de vista militar. Además, las autoridades españolas solían ser reacias a convocarlas, sobre todo cuando se trataba de armar las milicias urbanas, organizadas generalmente de acuerdo con reglamentos particulares. Naturalmente, la protección de una superficie litoral tan dilatada resultaba imposible sin un sistema detallado de vigilancia y alerta, en el que las torres costeras jugaban un importante papel. Los vigías de las torres daban la señal de alarma ante cualquier barco sospechoso. Para transmitirla rápidamente, existían pequeñas escuadras de hombres a caballo, distribuidas por las diferentes zonas de la costa. Pese a las muchas dificultades a que hubo de hacer frente, la realidad es que el sistema de protección frente a los infieles resultó eficaz, y la defensa, combinada con las acciones bélicas dirigidas al dominio del Mediterráneo, en las que la Monarquía actuó frecuentemente junto a otros estados cristianos, logró asegurar en el sur de Italia un largo período de paz, en especial durante el medio siglo que transcurre desde finales de los setenta a los años veinte del siglo XVII. Una paz aún mas dilatada si la referimos a la ausencia de luchas internas, durante casi un siglo y medio, hasta las revueltas de 1647-48. Es cierto que los infieles nunca intentaron un ataque sistemático, de 66.- MATTONE, "Le istituzioni militari", págs. 103-107. PUDDU, "Organizzazione militare," p. 114 SS. 67.- En Sicilia el servicio militar aportaba, como máximo, unos 1.800 hombres a caballo, cuyo mantenimiento corría a cargo de los feudatarios durante los primeros tres meses de servicio. conquista, contra ninguno de los tres reinos, y que las pequeñas agresiones localizadas de los berberiscos siguieron produciéndose, y se intensificaron incluso en algunos momentos, pero la posibilidad de una acción importante desapareció prácticamente a finales del siglo XVI. Otra cuestión es el coste que la organización de la defensa tuvo para la sociedad y la economía de los reinos meridionales, que hubieron de soportar también la pesada e impopular carga de los aíojamientos.(68) Por lo que a la hacienda real respecta, los gastos defensivos constituyen, en todo momento, uno de los principales capítulos. (69) El elemento esencial que alteró tal esquema defensivo fue la vinculación e implicación de los reinos del sur de Italia en la política general y en los conflictos europeos de la Monarquía. Tal vinculación, seguramente inevitable, se produce ya en el siglo XVI, pero, sobre todo, entre los años veinte y finales de los cincuenta del XVII, obligó a Nápoles y Sicilia -y en menor medida a Cerdeña- a un enorme esfuerzo financiero y humano, que tuvo importantes y duraderos efectos económicos y sociales, y fue el responsable último de los grandes levantamientos, casi simultáneos, ocurridos en aquellos territorios a finales de los años cuarenta. Progresivamente, los reinos suritalianos, y especialmente Nápoles, hubieron de asumir una parte creciente en la aportación de recursos y hombres para Milán y los frentes bélicos de la Monarquía, tanto en Alemania y Flandes, como, después de 1640, 68.- Vid. CARACCIOLO, UfJici, dijesa, p. 17 1-175. MANTELLI, II pubblico impiego, p. 80-87. ASTARITA, "Istituzioni e tradizioni militari", p. 141. MUTO, "11 Regno di Napoli", p. 293. 69.- MUTO, "11 Regno di Napoli", p. 292-293. ASTARITA, "Istituzioni e tradizioni militari", p. 142. MATTONE, "Le istituzioni militari", p. 87-88. Para el análisis del sueldo del ejército en Nápoles, vid. MANTELLI, Zlpubblico impiego, p. 55-76. Sobre el volumen de los gastos militares, vid., entre otros, L. A. RIBOT GARCÍA, "La Hacienda real de Sicilia en la segunda mitad del siglo XVII. (Notas para un estudio de los balances del Archivo Histórico Nacional de Madrid)," Cuadernos de Investigación Histórica, 2 (1978), p. 403-407 y 425-428. MANTELLI, Ilpubblico impiego, p. 70-76. A. CALABRIA, 7ñe cost of Empire. Z2e finances of the kingdom of Naples in the Time of Spanish Rule, Cambridge, 1991, p. 76-103. M. R~zzo, "Finanza pubblica, impero e amministrazione nella Lombardia Spagnola: Le 'visitas generales"', en prensa, en las actas del convenio Lombardía borromaica, Lombardía spagnola, 1554-1659 (agradezco al autor la copia que me ha enviado). LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 119 en Cataluña y Portugal.(70) Durante la guerra de los Treinta Años, llegaron a enviarse fuera de Nápoles tropas de la milicia, en contra de las ordenanzas de dicho cuerpo.(;ri) Aparte de las aportaciones propias, el reino de Nápoles se convirtió también en uno de los principales núcleos de organización y financiación de reclutamientos en la Italia no perteneciente a la Monarquía, Alemania y otras zonas. A causa de ello, en muchos momentos hubo en él tercios, regimientos o compañías de distintas procedencias, en tránsito hacia los frentes de lucha. Sabemos, por ejemplo, de la existencia, en julio de 1663, de 2 regimientos de alemanes, con casi 3 .O00 hombres, que estaban alojados en Nápoles, Capua y Aversa, y que seguramente estarían destinados al frente portugués. (72) La oposición suscitada en otros estados de Italia por la hegemonía hispana, y la vinculación a los conflictos generales de la Monarquía tuvieron para los territorios italianos pertenecientes a ésta un efecto importante: el de potenciar las posibilidades de Francia, cuyas apetencias de dominio sobre Nápoles, Sicilia y Milán no eran solo una consecuencia de los enfrentamientos con la Monarquía, sino que se basaban en derechos y presencias anteriores en dichos territorios. Así, desde un principio, la defensa de las posesiones italianas, y en concreto, la de los reinos del sur, no se enfrenta solo con los infieles, sino con las estrategias y alianzas de otros príncipes italianos, y sobre todo, con Francia. Ello obligará a los gobernantes de la Monarquía a complementar la defensa militar o armada de tales territorios, con la diplomacia internacional, el juego de alianzas y relaciones entre príncipes. Una diplomacia en la que sobresalen las relaciones con los estados de Italia, alguno de los cuales, como Génova, fue desde finales de los años veinte del siglo XVI un eficaz y permanente aliado de España. Por otra parte, para prevenir o defenderse de la amenaza 70.- Entre la numerosa bibliografía disponible, vid. R. VILLARI, La revuelta antiespañola en Nápoles. Los orígenes (1585-1647), trad. esp., Madrid, 1979, p. 127 SS. L. DE ROSA, 11 Mezogiorno spagnolo, tra crescita e decadenza, Milán, 1987, p. 166-193. Para el caso de Sicilia, vid. M. AYMARD, "Bilancio d'una lunga crisi financiaria," Rivista Stonca Italiana, 84 (1972), p. 988-1021. G. GIARRIZZO, "La Sicilia dal Cinquecento all'unitii d'ItaliaW, p. 281-290. Sobre la contribución de Cerdeña, vid. MATTONE, "Le istituzioni rnilitari" , p. 85-99. También, R~zzo, "Centro Spagnolo e periferia lombarda", p. 323-324, así como la detallada referencia bibliográfica que incluye. 7'.- Vid. MUTO, "11 Regno di Napoli", p. 294. ".- Nápoles, 21 de julio de 1663. El conde de Peñaranda al rey. A.G.S., Estado, leg. 3.286, doc. 77 marítima francesa, los españoles habían ocupado, en el siglo XVI, los presidios de Toscana, cuya guarnición estaba encomendada al tercio español de Nápoles. En cualquier caso, cuando hablamos de la defensa frente a Francia o ante posibles alianzas italianas, no se trata ya de la protección de los reinos del sur frente a un enemigo natural, sino simplemente del mantenimiento del dominio español sobre tales territorios, algo menos urgente, que no concita, lógicamente, en ellos la misma unanimidad que cuando se trata de oponerse a turcos o berberiscos. Por ello se explican fenómenos como la frecuente desconfianza ante los naturales de tales reinos -incrementada después de las alteraciones de mediados del siglo XVII-, o el mantenimiento de las claves defensivas -y gubernativas- en manos de españoles. El mayor peligro no radicaba tanto en un ataque de Francia, como en la posibilidad de sublevaciones internas, y en el riesgo de que fueran apoyadas por ésta. La defensa mas eficaz frente a ello consistió en el refuerzo ideológico, ante la opinión, de la imagen del rey de España como soberano natural de Nápoles, Sicilia o Cerdeña (acción en el que la religión y la Iglesia jugaron un importante papel), en la capacidad represiva del gobierno y la justicia (incluida, en Sicilia y Cerdeña, la Inquisición), y, sobre todo, en la constitución y mantenimiento, por parte de los gobernantes de la Monarquía, de compromisos y pactos tácitos de intereses con los grupos dominantes.(n) El propio ejército ofreció vías para la integración de muchos miembros de la nobleza en los cuadros de la Monarquía, puesto que a pesar del predominio de los soldados de infantería española, cuerpos como los hombres de armas de Nápoles, o los mandos de las milicias, así como las unidades destinadas generalmente al exterior, sirvieron de salida a buen número de segundones de la aristocracia.(74) Lógicamente, en las escasas ocasiones en que se produjo una situación de guerra: durante las sublevaciones de 1647-48, o en el curso de la revuelta de Mesina (1674-78), las estructura defensiva de los 73.- La existencia de tales acuerdos, compromisos o consensos -que no excluye tensiones y eventuales disensoses un tema ampliamente recogido por la bibliografía. Véase, recientemente, el trabajo y las referencias bibliográficas de R~zzo, "Centro spagnolo e periferia lombarda", p. 3 18-321, 332-336. Del mismo autor, "Finanza pubblica, impero." Para el caso de Cerdeña, vid. A. MATTONE, "La Sardegna nel Mondo Mediterraneo", en ANATRA, MATTONE y TURTAS, L'eta Moderna. Dagli aragonesi alla jine del dominio spagnolo, p. 19. 74.- ASTARITA, "Istituzioni e tradizioni militari", p. 140. Para Cerdeña, vid. A. MATTONE, "La Sardegna nel Mondo Mediterraneo." LAS PROVINCIAS ITALIANAS Y.. . 121 respectivos reinos se vio complementada por la aportación de fuerzas terrestes y navales por parte de la Monarquía. Sin embargo, la clave del mantenimiento del dominio español sobre los reinos del sur de Italia durante la segunda mitad del siglo XVII, no estuvo tanto en una capacidad militar, ya bastante mermada, como en el lealismo latente en el seno de las masas sociales y en la existencia de las citadas redes de intereses entre la Monarquía y los grupos dominantes. Por otra parte, el alejamiento del Mediterráneo del centro de gravedad de la política europea, y la alianza de las potencias atlánticas (Inglaterra y Holanda) frente al expansionismo francés, facilitaron la pervivencia del status quo territorial en la zona. En relación al caso de Nápoles durante los siglos XVI y XVII, T. Astarita ha señalado, recientemente, que las exigencias militares y de la política internacional de la Monarquía determinaron un desarrollo de tipo moderno de las instituciones militares en el reino, particularmente en lo relativo a la administración; sin embargo, tal desarrollo de las instituciones no se hizo sobre la base de las fuerzas específicas o los intereses locales, sino en tanto en cuanto sirvieron para organizar, de forma eficiente, la utilización de los recursos meridionales fuera del reino de Nápoles, en beneficio de los intereses generales de la Monarquía.(í's) Ello impidió la consolidación de unas estructuras militares locales, problema al que vino a unirse una progresiva degradación de las instituciones militares, particularmente sensible en la segunda mitad del siglo XVII, cuando desapareció la tensión a la que habían sido sometidas por la Monarquía en las décadas centrales de aquel sigi0.(76) Con todo, considero que tal vez sea posible plantear la evolución de las instituciones militares en el marco de ese conjunto de compromisos y convergencia de intereses entre la Monarquía y los grupos sociales del reino, que hacen posible en Nápoles el desarrollo de elementos estatales de tipo moderno.(77) En cualquier caso, parece evidente que el nivel de nuestros conocimientos sobre las instituciones y la administración militar no nos permiten, por el momento, sino avanzar hipótesis de trabajo. ASTARITA, "Istituzioni e tradizioni militari", p. 124, 135. 76.- Ibid., p. 142-143. Las estructuras militares de Nápoles han sido estudiadas por T. ASTARITA en su tesis inédita: "Aspetti dell'organizzazione militare nel regno di Napoli alla fine del viceregno spagnolo," Universidad de Nápoles, 1982- 83. Sobre la degradación de las instituciones militares, vid. también MUTO, " 11 regno di Napoli" , p. 294. ".- Vid. A. MUSI, Mezzogiorno spagnolo. La via napoletana allo Stato Moderno, Nápoles, 199 1 .