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Mitos de la historiografía galleguista

Barros Guimeráns, Carlos

Abstract

El autor reflexiona acerca de la relación entre historiografía y nacionalismo, relación que se polariza en la tensión entre independentismo e integración en el caso gallego. Enumera los mitos y hechos históricos del nacionalismo gallego desde el celtismo hasta los Mártires de Carral, con un énfasis especial en los conflictos de la Baja Edad Media y la Edad Moderna.

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MANUSCRITS, no 12, Gener 1994, p&S. 245-266 MITOS DE LA HISTORIOGRAFÍA GALLEGUISTA Carlos Barros El nacionalismo gallego rastrea en la historia la demostración del ser nacional de Galicia. Para afirmar la personalidad gallega pone el acento en los hechos históricos diferenciales, busca un hilo conductor de una "Historia de Galicia" distinta de la "Historia de España" oficial. En su intención ideológica, la historiografía galleguista no se distingue de la historiografía nacionalista en general. Historiografías nacionales ¿Qué ha aportado el nacionalismo a la historiografía? Preguntas y problemas, investigaciones y respuestas, que enriquecen el conocimiento histórico al hacer emerger un sujeto, la nación, que en bastantes casos todavía ocupa un rol secundario en los discursos historiográficos, especialmente cuando se trata de naciones sin Estado. Lo que ya no es exactamente el caso de Galicia, Euskadi y Cataluña, toda vez que la asunción, en los últimos quince años, de responsabilidades estatales por medio de sus instituciones autonómicas, ha trasformado en mayor o menor grado la ideología nacionalista en una ideología oficial más, aunque en Galicia (en sentido estricto el nacionalismo está aún en la oposición) el proceso está muy lejos de las cotas hegemonizadoras alcanzadas, por ejemplo, en Cataluña en el proceso de reconversión ideológica. La función necesaria del nacionalismo, esto es, dotar a una comunidad de una identidad colectiva y de una conciencia solidaria de sus intereses, potenciar el uso y desarrollo del idioma y de la cultura nacionales, descubrir y promover el conocimiento de la historia propia, se trastoca en su contrario cada vez que la reivindicación de la nación traspasa el umbral del discurso racional. Esto significa, en el plano historiográfico en que se mueve este trabajo, cuando se inventa y 2,46 CARLOS BARROS manipula la historia o se mantiene contra viento y marea interpretaciones desahuciadas por la investigación más reciente. Los avances fundamentales de la historiografía en España, durante las dos décadas pasadas, han socavado las bases de las viejas historias nacionales; nos referimos a la concepción de la historia de España divulgada durante el franquismo y también a las historias de Galicia, Euskadi, Cataluña, rehechas y difundidas al mismo tiempo, cuando el centralismo de la dictadura era el enemigo a batir. Si bien el origen de los dislates historiográficos está las más de las veces en autores del siglo XIX o inicios del siglo XX, deudores de un bajo nivel de los conocimientos historiográficos. El dilema de aceptar o no las nuevas evidencias historiográficas que pueden cuestionar mitos nacionalistas, es más político que Ihistoriográfico. El historiador no puede negar los resultados de las investigaciones sin renunciar a su función (algunos lo hacen). El hombre político, menos urgido en seguir los dictados de la ciencia, ubicado en la corta duración, mide más los costes políticos de las desmitificaciones. El historiador profesional que renuncia a su función crítica muy mal servicio presta no sólo a la historia, sino también al nacionalismo, a la historia de su país. Un discurso político, un proyecto de reconstrucción nacional, que no busque fundamento en la verdad histórica, labra desde luego su propia derrota. La necesaria desmitificación de las historiografías nacionalistas no quiere decir, por tanto, rechazo de la nación como tema de investigación académica, incluída la nación de naciones (el caso real de España; el caso virtual de Europa), más bien lo contrario. Y para avanzar en la recuperación y puesta al día de las historiografías nacionales, el historiador ha de resistir presiones deformadoras que vienen tanto del nacionalismo como del antinacionalismo que, por reacción y10 por ignorancia, se niega sin más a reconocer hechos diferenciales objetivamente demostrables y subjetivamente deseables (también por el historiador que piensa todavía que hay que estudiar el pasado para construir el futuro). No se trata pues de predicar una trasnochada e inútil "neutralidad" del historiador, sino de animar discursos políticos nacionales y nacionalistas basados en verdades historiográficas. Nada más sencillo, por lo menos desde el punto de vista del historiador de oficio. Entre el independentismo y la integración El problema que ha planteado siempre la historia real de Galicia a la historiografía nacionalista es la débil tradición de confrontación de Galicia con Castilla, el Estado español o España. Se trata de una MITOS DE LA HISTORIOGRAF~A. . . 247 peculiaridad nacional más de Galicia, país que por lo demás se define históricamente, objetiva y subjetivamente, por la continuidad de una población sobre un territorio, por una lengua, cultura e historia propias, por una conciencia nacional, por unas compartidas condiciones de producción a lo largo del tiempo.(i) La conciencia nacional de los gallegos se ha manifestado históricamente de una manera más positiva que negativa. No es ni bueno ni malo: es la patria que hemos heredado, que tratamos de comprender, que reivindicamos, que queremos transformar. La falta de una tradición independentista de las clases dirigentes, sobre todo en las Edades Moderna y Contemporánea, ha hecho del autonomismo y del federalismo el punto básico de referencia para los proyectos nacionalistas de Galicia. El nacionalismo gallego ni ha sido ni es independentista, pero lo que hoy no puede o no debe ser, gustaría tanto que al menos hubiera ocurrido en el pasado! La inexistencia de Galicia en el pasado como entidad política separada (con las excepciones medievales que mencionaremos) ha dificultado la construcción de una concepción histórica de Galicia por parte de unos teóricos nacionalistas que buscaban, y no encontraban mas que escasa y circunstancialmente, en la Galicia de otros tiempos una Irlanda o una colonia tercermundista en lucha por su independencia nacional. La frustación que ello supuso está aún presente en el discurso nacionalista gallego, ha obstaculizado hasta ahora una justa (esto es, compleja) valoración de la real historia de Galicia, y en particular de la tradición de revuelta del pueblo gallego. Durante los mil años que van desde la implantación de los suevos en Galicia (411) hasta la llegada con plenos poderes del gobernador Fernando de Acuña en nombre de los Reyes Católicos (1480), jexistió como tal el reino de Galicia? Sí, al inicio de la Edad Media como reino suevo de Galicia. La representación social de pertenencia que tenían los gallegos, al menos en la Baja Edad Media, más allá de la localidad o jurisdicción era el reino de Galicia, en todo caso como tal reino se identificaba Galicia en la documentación real. La Galicia medieval fue un reino sin rey propio, un reino súbdito de los reyes asturianos, leoneses y castellanos. Con todo, hubo breves y significativos períodos en que existió un rey de Galicia: bien como consecuencia del reparto de la herencia de un rey cristiano del occidente peninsular, bien como plataforma previa para la conquista de -- l.- C. BARROS, "A base material e histórica da nación en Marx e Engels", Dende Galicia: Mam. Homenaxe a Mam no 1 O centenario da súa morte, A Coruña, 1985, pp. 139-207. 248 CARLOSBARROS la Corona castellano-leonesa, heredera de la unificada monarquía goda que absorbió Galicia en el siglo VI. En ambos casos, el resultado final fue la reintegración de Galicia en la monarquía castellano-leonesa, pero además de ello, dichos movimientos reflejaron con no menos claridad: a) la entidad política diferenciada de Galicia en la Alta Edad Media, b) e1 empuje independentista de un sector de la nobleza, al que se buscaba satisfacer a menudo cuando se nombraba un rey para Galicia. Entre el siglo V y el siglo XII los señores de Galicia oscilan pues, entre el independentismo y la integración en la monarquía occidental, entre las revueltas nobiliarias contra su soberano, el rey de Oviedo, León o Toledo, y la búsqueda de mayor influencia en la Corte. Con frecuencia ambas estrategias se unifican: las rebeldías nobiliarias de Galicia constituyen un aspecto de la lucha por el poder, y frecuentemente por la misma Corona, en Asturias, León y Castilla. (2) No obstante, al final la contradicción de fondo aflora y, a inicios del siglo XII, la nobleza de Galicia se escinde: a) su sector más independentista se separa de la Corona castellano-leonesa formando, en 1128, el reino de Portugal con las tierras de la antigua Galicia lbracarense (entre el río Miñs y el río Duero); b) su sector más integracionista mantiene a la antigua Galicia lucense (la Galicia actual más las partes occidentales de Asturias y León) bajo el cetro castellanoleonés. El conde de Traba y el arzobispo Xelmírez, proclaman en 1109 a Afonso Raimúndez como rey de Galicia (será el último), quien no mucho después, en 1126, con el apoyo e impulso de Galicia, es proclamado rey de Castilla y León con el nombre de Alfonso VII, totius Hispaniae Imperator, en cuya coronación ya no estará presente aquella nobleza gallega sureña del condado portucalense que, dos años después, proclama a Afonso Enriques el primer rey del Portugal independiente. Liberada de su sector separatista, la nobleza que ha optado por una Galicia integrada en la Corona de Castilla y León, como medio de pesar en la política penínsular, todavía manifiesta momentos de rebeldía en la Baja Edad Media. Nobles gallegos participan del lado de Portugal en las guerras civiles tardomedievales por la Corona de Castilla: 1366- 1369, apoyando a Pedro 1 contra Enrique 11; 1476-1479, apoyando a Juana la Beltraneja contra Isabel la Católica. En ambos casos la derrota del bando portuguesista, reintegracionista (que veía el futuro de Galicia 2.- Carlos BALINAS. Defensores e traditores: un modelo de relación entre poder monárquico e oliiarqiía na Galicia altomedieval (718-1037), Santiago, 1988. MITOS DE LA HISTORIOGRAF~A.. . 249 más en la unificación Castilla-Portugal que en la separación de Galicia), consolida la vieja tendencia integracionista. La incorporación del reino de Galicia a la España reunificada de los Reyes Católicos resulta por tanto una consecuencia "natural" de la historia política de la Galicia medieval. La clase feudal, a través de un proceso complejo que dura toda la Edad Media, y no siempre de buen grado (como a finales del siglo XV), afirma la integración como la mejor solución a sus problemas de clase y a los problemas de Galicia. Por el lado de los burgueses y los campesinos del reino medieval de Galicia no vamos a encontrar siquiera los fugaces impulsos independentistas de la nobleza: concentran todas sus energías en el conflicto social interno y persiguen siempre que pueden la ayuda del rey de Castilla para suavizar o eliminar el señorío eclesiástico (sobre todo las ciudades) y el señorío laico (sobre todo los campesinos). Mitos y hechos históricos Los mitos de la historiografía nacionalista gallega son, en su mayor parte, de origen medieval. Conforme la historia de Galicia se conoce mejor, los mitos caen y son sustituidos por hechos verificados e interpretados con rigor. Este proceso está todavía por concluir. El retardado proceso de difusión y vulgarización de las nuevas evidencias historiográficas dificulta la puesta al día del nacionalismo gallego sobre la historia de Galicia. Otro obstáculo está en el propio historiador profesional que a veces ha dejado de hacerse las preguntas planteadas por la historiografía galleguista. Los mitos de la historia de Galicia tienen un interés específico para el investigador, son parte imprescindible de la historia intelectual y un aspecto valioso para una historia gallega de las mentalidades colectivas. Puede que el imaginario galleguista no exprese correctamente los hechos del pasado, pero refleja fielmente la ideología y los valores sociales (además de la concepción de Galicia) de una élite intelectual que no sólo mitificó nuestro pasado, sino que también lo descubrió. La Galicia actual tuvo sus precursores en grandes intelectuales que ahora debemos y podemos revisar desde un enfoque crítico y sobre todo laico. Repasemos los hechos históricos diferenciales que han sido idealizados por los escritores e historiadores galleguistas con el fin de reivindicar Galicia y movilizar la conciencia de los gallegos. En todos los casos, se parte de un dato histórico real que, una vez seleccionado, pasa usualmente por un proceso de reelaboración que va desde la mera interpretación (en función de la historia de Galicia que se quiere construir) hasta la invención. El descubrimiento o la revalorización de 250 CARLOSBARROS (dichos hitos históricos basta, con todo, para justificar un balance historiográficamente altamente positivo de la contribución historiográfica de los historiadores románticos y galleguistas. Los hechos diferenciales enumerados son a la vez que mitos de la historia imaginaria de Galicia, momentos importantes de la historia real de Galicia (muchos otros acontecimientos no han pasado a la leyenda),(s) por eso conviene separar al respecto el grano de la paja, el dato de la fábula. 1) Celtismo. Mito fundador de Galicia para Murguía y otros historiadores románticos, que buscaron en la raza (aria) el signo originario de la nación; "non pode sosterse na actualidade esta exclusividade céltica da poboación castrexa" .(4) La compleja cultura de los castros justifica plenamente la originalidad y unidad de la Galicia pre-romana. El celtismo supuso una intuición clara del hecho diferencial castreño. 2) Monte Medulio. Al relatar las guerras cántabro-astures, Floro y Orosio (siguiendo seguramente el perdido libro 35 de las Décadas de Tito Livio) dedican unas palabras para dar noticia de cómo un numeroso grupo de "bárbaros" cercados en el Monte Medulio, próximo al río Mino, e incapaces de aguantar el asedio o de ir a la batalla contra los romanos, se suicidan "casi todos" "por temor a la esclavitud". A esta visión de los vencedores que insinúa la cobardía de los guerreros galaicos, opone el galleguismo la leyenda(5) de los "celtas gallegos" que prefirieron "morrer no Monte Medulio a deixarse domeñar polo poderío de Roma" . (6) Esta glorificación del suicidio colectivo como la forma más sublime de luchar por Galicia, informa de un rasgo fatalista que es muy característico del viejo nacionalismo gallego. Por supuesto que lo loable como tradición combativa (en términos contemporáneos) es la resistencia de las tribus galaico-astur-cántabras a la ocupación romana, no el mal ejemplo que supone la huida del enemigo y de las 3.- El carácter tradicional y acontecimental de la historiografía galleguista, y su propio contenido, ha dejado fuera del proceso de mitificación los hechos que reflejan las realidades históricas más profundas, sean económico-sociales sean mentales. 4.- Ramón VILLARES, A Historia, Vigo, 1984, p. 26. No hay pruebas de esto que asevera Vicente Risco: "la fama del Medulio se extendió ampliamente, por sus proporciones de gesta heroica", HisFria de GBlicia, Vigo, 1971 (2a ed.), p. 34. 6.- Alfonso RODRIGUEZ CASTELAO, Sempre en Galiza, Madrid, 1977 (2a ed.), p. 35. MITOS DE LA HISTORIOGRAFÍA.. . consecuencias de una posible derrota, muriendo voluntariamente y dejando inermes a familiares y vecinos frente a las tropas invasoras. 3) Prisciliano. Fundador de un movimiento religioso que tuvo una gran difusión en Gallaecia (en el pueblo y también en el clero) durante más de un siglo, sobre todo después de la muerte por decapitación el año 385 de Prisciliano, por inmoralidad y magia, en Tréveris por orden del emperador Máximo. Es el primer hereje condenado a muerte por el brazo secular. I El priscilianismo constituye el hecho diferencial más importante de la historia de Galicia en el plano de la religiosidad popular y culta. El galleguismo reinvindica a Prisciliano potenciando su recuerdo como mártir,(7) al igual que sus seguidores en el siglo V y VI. Son indudables los orígenes judeocristianos de la predilección por los mártires como factor pedagógico de la intelectualidad galleguista. Prisciliano inicia una lista que termina en el verano de 1936 con la muerte de Alexandre Bóveda, dirigente del Partido Galleguista. 4) Suevos. Durante ciento setenta y cuatro años (41 1- 585) los invasores suevos crearon un reino aparte (por primera vez) en las tierras y con las gentes de la antigua provincia romana de Gallaecia,(s) con capital en Braga; se puede decir que es la fundación de Galicia como entidad política; es el período más prolongado en que Galicia ha disfrutado de independencia institucional. El "primeiro reino católico da penínsuaW,(9) rivaliza en la bibliografía galleguista con la Galicia celta en la función creadora de la nacionalidad gallega.(io) La incorporación militar del católico reino suevo a la monarquía hispano-goda, obra del arriano rey Leovigildo, sienta el primer precedente integracionista de la Galicia medieval. Pese a los lamentos -- - 7.- "¡Qué importa que o heresiarca Prisciliano fose decapitado en Tréveris e que o seu sangue fose o xerme da reforma católica e do libre pensamento!", Sempre en Galiza, p. 36. '.- Los suevos "resultaron conquistados polos invadidos e triunfou a insularidade étnica e cultural do noso país", Sempre en Galiza, p. 262; el proceso de asimilación de los germanos por parte de la población galaico-romana ha sido en realidad posterior a la integración en el reino hispano-visigoda en 585, Casimiro TORRES, Galicia sueva, Santiago, 1977, p. 265. 9.- Sempre en Galiza, p. 262. lo.- Los suevos "crearon nuestra esplendente NACIONALIDAD, nos infiltraron las salvadoras doctrinas del cristianismo y echaron las bases sobre que descansó aquella monarquía, forma constitutiva de la organización política", José RODRIGUEZ GONZALEZ, Compendio de la historia general de Galicia, Santiago, 1928, p. vi. 252 CARLOS BARROS por su destrucción final (" infortunada Galicia" , lamenta Murguía)(i 1) la idealización galleguista del reino suevo tuvo en general un tono positivo. Ante el dato de la prolongada independencia, pasó a un segundo plano la integración forzada en la Hispania goda. 5) Santiago. Sin duda, el mayor mito de la historia de Galicia es el culto jacobeo, transformado en una tradición española y europea que dura ya once siglos. No se ha probado que el cuerpo de Santiago el Mayor corresponda con los restos encontrados hacia los años 20 del siglo IX en un sepulcro romano, en el lugar donde después se edificó la actual capital de Galicia.(i~) La larga duración de la creencia colectiva en la predicación, traslación y enterramiento del apóstol Santiago en Galicia, y la acción de la Iglesia y de la monarquía, ha producido tales realidades históricas, religiosas y culturales, económicas y políticas, en torno a Santiago y al Camino de Santiago, que la vieja polémica sobre la invención del sepulcro ha quedado relegada. El historiador actual evita terciar en ella y parte del sobresaliente hecho histórico que supuso y supone para Galicia el culto jacobeo y sus consecuencias materiales. (13) Ciertamente el mito de Santiago no es una invención de historiadores. Elaborado en el siglo IX se convierte en sí mismo en una verdad histórica que el historiador está obligado a reconocer. No obstante, subiste el dilema (principalmente político) sobre si el historiador debe ejercer o no su función crítica en relación con el carácter incierto y legendario de los orígenes de la tradición jacobea. En todo caso, lo incierto de la existencia de los restos apostólicos en el edículo descubierto no afecta a la realidad de la creencia colectiva secular. ¿Qué juicio mereció para la historiografía nacionalista la inventio jacobea? El catolicismo de buena parte de los teóricos galleguistas animó la reivindicación de Santiago como enseña de ".- Manuel MURGUIA, Historia de Galicia, 111, 1888 (ed. facsímil, vol. V, A Coruña, 1979, p. 157). 12.- Destaquemos al respecto la posición crítica de Claudio SANCHEZ ALBORNOZ, "En los albores del culto jacobeo" , Compostellanum, vol. XVI, 1-4, pp. 37-72. 13.- "Con independencia da certeza ou non da presencia dos restos do apóstolo no tal edículo, axiña convertido en templo (aceptada moi parcialmente pola historiografia), o máis importante a suliñar é a rapidez con que se difunde o culto xacobeo", Ramón VILLARES, A historia, p. 67; véase para más información, Fernando LOPEZ ALSINA, "La 'inventio' del cuerpo de Santiago", Historia de Galicia, fasc. 13, Vigo, 1991. MITOS DE LA HISTORIOGRAFÍA.. . 253 Galicia: "a invención do corpo do Apóstolo (~Prisciliano ou Sant-Iago?) fixo da nosa Terra un centro de universalidade".(i4) En 1920 las Irmandades da Fala instituyen la fiesta del apóstol, el 25 de julio, como el Día de Galicia. A pesar de todo, el Castelao republicano (que no deja de hacerse eco de la tradición alternativa priscilianista) se desmarca del Santiago guerrero, matamoros, Patrón de las Españas, y juzga que fue un grave error el papel asumido por Santiago, en nombre de Galicia, en la Reconquista "que sóio redundadaría en proveito e groria de CastelaW,(is) haciendo culpable a Santiago (y al renacimiento urbano medieval) del retroceso del independentismo medieval.(ió) Esta ambivalencia (Santiago gallego y universal, sí; Santiago y cierra España, no) se vuelve a producir con otros mitos relevantes de la historiografía galleguista (Xelmírez, nobleza del siglo XV, irmandiños) . 6) Xelmírez. La Historia Compostelana ha permitido conocer excepcionalmente bien la vida y obra del arzobispo de Santiago, Diego Xelmírez, en defensa de la Iglesia compostelana y de Galicia, y su rol en la política castellano-leonesa de la primera mitad del siglo XII. Murguía escribió un libro laudatorio que casi supera a la Historia Compostelana, pues enjuicia a Xelmírez como la más grande figura pública de la España medieval, verdadero líder del pueblo (olvida la revuelta comunal de 11 16-7) y artífice de la grandeza de la Galicia plenomedieval.(i7) Sin este tono hagiográfico otros autores han venido a confirmar más recientemente la personalidad descollante de Xelmírez.(is) Claro que el contexto de plenitud feudal, económica, política y cultural, por el que atraviesa Santiago, el Camino francés y Galicia en el siglo XII, es la primera causa de los éxitos de Xelmírez; 14.- Sempre en Galiza, p. 51; la legítima tradición culta heterodoxa que identifica los restos con Prisciliano no ha prosperado, ni podía prosperar, ante la profundidad, la larga duración y el carácter internacional de la creencia jacobea. lS.- Ibid. pp. 268, 427. 16.- "e se dispóis nos faltou a vontade de independencia foi porque o sepulcro de Sant-Iago concentrou ao seu derredor a vida suprema de Galiza, e a cibdade - aínda que se chame Compostelanon podía saber da potente realidade gaiega", íbidem, p. 263. 17.- Manuel MURGUIA, Don Diego Gelmírez, A Coruña, 1898, pp. 9, 11, 41, 46, 163. '!- Gordon BIGGS, Diego Gelmírez, First Archbishop of Compostela, Washington, 1949 (trad. gai. Vigo, 1983); Reyna PASTOR, "Diego Gelmírez: una mentalidad ai día. Acerca del rol de ciertas élites de poder", Conflictos sociales y estancamiento económico en la Esparia medieval, ~Gcelona, 1973, pp. 103-131. 260 CARLOS BARROS antinobiliarismo, sobre todo si su idea de Galicia está por medio. Dice Vicetto de los irmandiños: "debemos saludar con emoción la memoria de los villanos que se levantaron en aquella guerra para lidiar contra la tiranía de sus señores de soga y cuchillo".(37) De quien fue el redescubridor de los irmandiños como hecho histÓrico,(38) no podemos esperar grandes loas a la nobleza feudal, pero sí por razones nacionalistas a algunos de sus miembros (Pardo de Cela, conde de Camiña) que, según nuestro primer historiador galleguista, pusieron en práctica el espíritu independentista de la nobleza sueva.. . Manuel Murguía cuestiona acervamente la ligereza de Vicetto que en Los Hidalgos de Monforte (185 1) se inventa a un Pardo de Cela dirigente irmandiño y a unas hermandades en lucha por la independencia de Galicia, caracteriza la revuelta de los irmandiños como lucha de clases, condena a la nobleza bajomedieval gallega y celebra la victoria irmandiña sobre la servidumbre, en dos obras clave: De las guerras de Gulicia en el siglo XV y de su verdadero carácter (1861), y el Discurso preliminar (1865) de su Historia de Galicia.(39) Pero al final también Murguía condiciona, más matizadamente que Vicetto, su discurso historiográfico a su discurso político. En un principio el radical antinobiliarismo de Murguía, joven miembro del partido progresista, no distinguía nacionalidad: "Lo mismo que la nobleza de Castilla, era la de Galicia altanera, dura y ambiciosa; lo mismo que aquélla tuvo ésta su día de poder y su día de desgracia, su apogeo y su cénit"; la decadencia de la nobleza feudal era para Murguía, al igual que para la mayoría de los gallegos de la época bajomedieval, motivo de alegría: "antes de desaparecer lanzó sus más vivos y siniestros resplandores sobre la tierraW.(a) Después de la revolución de 1868 y de la 1 República, Murguía modera su discurso ]político;(41) entonces el tema de los irmandiños desaparece de sus obras (véase por ejemplo, Gulicia, 1888, y El regionalismo gallego, 1889), salvo como incidental telón de fondo de la batalla entre nobleza gallega y Reyes Católicos. Sin abandonar el liberalismo ni dejarse 37.- Benito VICETTO, Historia de Gulicia, VI, Ferrol, 1872; ed. fác., Lugo, 1979, p. 130. 38.- Carlos BARROS, "Cómo construye su objeto la historiografía: los irmandiños de Galicia", Hispania, no 175, 1990, pp. 855-862. 39.- Zbid. pp. 862-866. 40.- Discurso preliminar, p. 45. 41.- Justo G. BERAMENDI, Introducción a Manuel MURGUIA, Gulicia, 1, 'Vigo, 1982, p. xx. MITOS DE LA HISTORIOGRAF~. . . arrastrar por el carlismo, Murguía sienta las bases conceptuales de un regionalismo conservador en sus trabajos sobre el regionalismo gallego de 1889 y 1890, situándolo por encima de los partidos,(42) el cual va a influir en su reconstrucción de la historia de Galicia. De los nobles gallegos del siglo XV se opina ya de otra manera, pasan de ser los enemigos de los irmandiños a los enemigos de los Reyes Católicos, los cuales manipulan la "hostilidad de nuestro pueblo contra la nobleza gallega, que fue el modo más seguro de vencerles a todosW.(43) Este cambio de partido se justifica por la convicción de que la nobleza era "por ciencia refractaria a Castillan.(44). A pesar de lo cual, Murguía no olvida sus posiciones juveniles (tenía 28 años cuando escribió su trabajo sobre los irmandiños y 35 cuando toma parte de la Junta Revolucionaria de Santiago durante la revolución de 1868), y rememora el origen popular y antinobiliar de la "Junta del Reino", y dice: "en tal manera que los nobles intentaron constituir otra [Junta del Reino] que les fuese privativa pero que tuvo la vida de las rosas, porque no representaba los intereses generales de Galicia y sí sólo los de una claseU.(45) Este circunstancial retorno a la lucha de clases está muy subordinado a una posicionamiento central pro-nobleza que acabará por imponerse en la historiografía nacionalista. Con todo interesa hoy recobrar este punto de vista popular de la emancipación de Galicia, el reconocimiento de que a finales de la Edad Media era el pueblo irmandiño quien representaba los intereses nacionales de Galicia y no una nobleza que, practicando masivamente el bandolerismo social, había perdido todo consenso en la sociedad. No es tanto el giro conservador de Murguía lo que provoca el cambio de actitud hacia la decadente nobleza bajomedieval, sino un mayor compromiso regionalista, anticentralista, que desvaloriza o elimina de la historia aquellos hechos sociales e intereses de clase que no se correspondan con la división bipartita GaliciaICastilla-Estado 42.- En 1890 se crea la Asociación Regionalista Gallega, primera fuerza política estrictamente gallega, presidida por Murguía, que suscribe: "por encima de toda idea política deben estar siempre el amor a la patria y los intereses regionales", ibid. pp. xxi-xxiii. 43.- Manuel MURGUIA, "Orígenes y desarrollo del regionalismo en Galicia" (Barcelona, 1890), en Vicente RISCO, Manuel Murguía, Vigo, 1976, p. 145. 44.- Zbid. 45.- "Orígenes y desarrollo del regionalismo", p. 15 1; se refiere sin duda a la confederaciones nobiliarias formadas entre la revuelta irmandiña y la revuelta de los comuneros, entre las que destaca la que se constituyó contra Acuña después de la decapitación de Pardo de Cela. 262 CARLOS BARROS español. La prueba está en que Castelao, un hombre del Frente Popular del 36, incide a pesar de su progresismo en las actidudes pronobiliarias del viejo Murguía. En el fondo late la idea, común a los intelectuales galleguistas hiasta hace poco (gracias a la influencia del marxismo), de la historia como la obra de los grandes hombres, el campo de acción de unos escogidos grupos dirigentes, quedando reservado al pueblo el papel de nnasa de maniobra.(46) Esta instalación en la cultura de élite hace incomprensible para los primeros historiadores y políticos nacionalistas los movimientos sociales de raíz popular, situando en las tradicionales clases dirigentes sus esperanzas de liberación de Galicia. A la pregunta de si Galicia necesitaba de sus aristócratas, escribe Castelao, "nós responderíamos que sí, porque todo-los povos necesitaron unha aristocracia como agora necesitan unha élite"; lamentando a continuación el destierro que (después de la revolución irmandiíía) impusieron los Reyes Católicos a los grandes señores de Galicia: "así decapitaban a unha nación sen que a mesma nación se enterase, bulrando ao mesmo tempo o xuicio da hestoriaU.(47) Verdaderamente, la historia juzgó y condenó a la nobleza gallega del siglo XV, repetidamente impugnada por la revuelta de los vasallos y de las ciudades, por una iglesia cuyos bienes habían ocupado fraudulentamente, por una monarquía deseosa de intervenir en Galicia en olor de multitud con las banderas de la paz, la justicia y la seguridad. El desacuerdo con la historia real conduce a la historia deseable, según la cual los nobles gallegos "serían invulnerables se contaran coa simpatía dos servos ou coa fidelidade dos criados" .(48) lbta nostalgia por una historia que nunca sucedió, no tendría mayores c:onsecuencias si ello no restase gravemente objetividad a la historia de (Jalicia, sobre todo cuando se atribuye a los señores feudales una conciencia nacional apócrifa. La conciencia gallega de constituir un reino y hablar una lengua diferente a la de otros pueblos peninsulares y europeos, existía en el siglo XV, tanto en el pueblo como en la nobleza, pero no disponemos de datos que permitan afirmar que esa mentalidad gallega se expresase 46.- No es así, sin embargo, en el terreno cultural, donde se reconoce el papel del pueblo en la creación y conservación de la lengua y de las tradiciones gallegas; así, cuando los señores llegan a traicionar a Galicia, escribe Castelao, "contábamos co poder máxico da terra e do povo, que fixeron posible a perduración de nosa nacioalidade", Sempre en Galiza, p. 278. 47.- Sempre en Galiza, p. 381. 48.- Ibid. p. 372. MITOS DE LA HISTORIOGRAFÍA.. . 263 políticamente contra Castilla y10 contra el rey de Castilla, que era también rey de Galicia. Incluso la simpatía política de una parte de la nobleza por Portugal, durante las guerras civiles del siglo XIV y XV, se manifiesta en el contexto de la lucha por la Corona de Castilla, es decir, tenía el objeto de cambiar el rey de Castilla (unificando Castilla y Portugal) y no de romper los lazos con la Corona castellano-leonesa. El integracionismo estaba latente en todas las clases sociales y no era en absoluto contradictorio con una conciencia nacional en positivo. Lo sorprendente es que durante los siglos XIX y XX siguió siendo así, también hoy en día, y nadie se inventa una Galicia distinta para afirmar nuestro nacionalismo. Castelao, al margen de las fuentes que relatan los enfrentamientos puntuales de los señores gallegos con el nuevo Estado, hace de la nobleza tardomedieval la fuerza depositaria (en exclusiva) de la dignidad gallega,(49) y cuando el pueblo primero (1467) y la monarquía después (1483-1486) los echan de Galicia, se queja ("con eles marchouse a rebeldía, o orgulo, a insumisión da patria"), descalifica a su sustituta moderna la hidalguía intermediaria ("En troques, quedounos unha moitedume de fidalgos da ínfima nobreza, impotentes e vaidosos"), y se compadece del pueblo ("un povo bulrado, abatido, roubado e sen ningunha espranza de salvación"),(so) sin considerar que el pueblo gallego había luchado lo indecible por librarse de su clase dominante feudal y que nadie se siente deprimido o desesperanzado a la hora del triunfo. Ya apuntamos que nuestras investigaciones son concluyentes respecto al sentimiento colectivo de victoria sobre los caballeros feudales imperante entre los campesinos, la burguesía y los artesanos gallegos a fines del siglo XV y a principios del siglo XVI.(si) La defensa de una gran nobleza que nadie quería en Galicia a fines de la Edad Media, llega hasta la exculpación, por lo demás innecesaria. "En verdade sería inxusto atribuir a desventura de Galiza 5 tiranía dos seus derradeiros señores", pues si hubo señores malos también hubo señores buenos que construyeron iglesias y obras públicas; y sigue Castelao: "Non; a desventura de Galiza iniciouse co ausentismo dos grandes señores, imposto polos Reis Católicos para engrosaren a grandeza de Castela e, de paso eliminaren as nosas arelas 49.- "Nas súas obscuras concencias puñaba o aiborexo d-unha nova diñidade gaiega, cicáis tan varil como a que enxendrou Portugal. Empezaban a sentírense gaiegos gaiegos por enriba de todo", ibid. p. 371. 'O.- Ibid. p. 381. 'l.- BARROS, Mentalidad y revuelta en la,Galicia irrnandiña, pp. 517 ss. 264 CARLOS BARROS de independenciaW.(s2) Esto último es a las claras una invención. Sobre la conveniencia o no de la permanencia de los grandes caballeros feudales en Galicia, es indudable que los gallegos de finales del siglo XV y la historiografía nacionalista han mantenido posiciones irreconciliables. Obviamente, desde el punto de vista de una historiografía profesional lo que vale es lo primero, y desde el punto de vista de un nacionalismo enraizado en su pueblo y en la historia de su país, también. La propia idea de Castelao de mostrar el lado positivo de la dominación de la nobleza laica atribuyéndole la concesión de los foros,(ss) olvida un dato fundamental que ya Murguía(s4) había s~eñalado: el foro se generaliza hacia mediados del siglo XIII por iniciativa de los señores eclesiásticos, hegemónicos en Galicia hasta que, a partir de 1369, son desplazados mediante la fuerza por la nobleza trastamarista vencedora en la guerra civil, cuya relación principal con los campesinos gallegos no fue el foro sino la renta jilrisdiccional, el tributo extralegal y el agravio directo. Cuando Castelao alardea, muy justamente, de las instituciones forales gallegas "que concedían aos labregos un comezo de propiedade, base dos actuaes minifundios", mientras "perdura el latifundio feudal" en la España reconquistada a los moros,(55) no tiene en cuenta que la puerta de acceso a la propiedad campesina que suponen los foros se debe a la sustitución de la nobleza laica por la iglesia primero y la hidalguía después como grupos sociales dirigentes en Galicia, en el tránsito del siglo XV al siglo XVI. La caída de la nobleza gallega bajomedieval, y las relaciones sociales que encarnaba, se explica en último término por causas economicosociales y, en primera instancia, por la impugnación moral de sus vasallos, y de la mayor parte de los gallegos, que acusaban a los caballeros de los innumerables agravios que aquellos cometían acuciados por la crisis bajomedieval de los ingresos señoriales. Si después de la escisión portuguesa no existen datos acreditativos de que los señores feudales luchaban por la independencia de Galicia, menos aún de que los "de abajo" incluyesen esta crítica en la inculpación general a los señores; simplemente el 52.- Zbid. p. 379. 53.- "OS señores galegos, sendo tan inhumáns como se conta, daban terras aos campesiños, en condicións que, ben mirado, levaban en sí mesmas un certo principio de liberdade para o futuro, pois o canon foral ...", ibid. p. 383. 54.- Manuel MURGUIA, El foro. Sus orígenes, su historia, sus condiciones, Madrid, 1882, p. 119. Sempre en Galiza, p. 191. problema en el siglo XV gallego no estaba planteado en esos términos, por ello resultaba innecesario descargar a la nobleza de algo que ella no podía ni seguramente quería hacer. Nuestro Castelao, consciente del peso de los intereses de clase, acaba por culpar a toda la clase señorial gallega de traicionar a Galicia: "no ánimo dos nobres e na testa eclesiástica de Sant-Iago sóio medraban os egoismos de caste, e por eles Galiza cometeu grandes desvaríos i estivo a piques de morrer asimiladan.(56) Las censuras las reparte por igual el autor contra los señores eclesiásticos, cuya hegemonía se personaliza en Xelmírez en la Plena Edad Media (que es acusado de entregar Galicia a Castilla),(s7) y contra los señores laicos que al final del medievo abandonan Galicia por la Corte: "Aqueles señores non defendían máis que os seus foros, e axiña se trocaron en ardidos cortesáns, enxertando os seus nomes na aristocracia hespañola, antramentras que o povo galego sofríaW.(s8) No se da cuenta, o no quiere darse cuenta, Castelao de que la huída "hacia arriba" de los señores gallegos es una prueba más del carácter imaginario de su independentismo. Ora se inculpa al pueblo, ora a los señores. Ambivalencia flexible que deriva del hábito de enjuiciar los hechos históricos y la actuación de las clases, según el dogma previo de la confrontación entre Galicia y Castilla. Así, después de la revuelta irmandiña, se celebra la bravura de los nobles feudales en lucha contra los enviados de los Reyes Católicos y contra la "inquina terrible dos plebeus, que, por vingárense de pasadas inxurias, axudaban ós casteláns" . (59) La oposición de Pedro Madruga a la monarquía unificada de Castilla y Aragón, defendiendo a Doña Juana contra Isabel 1, y después la resistencia individual de los señores gallegos a las órdenes de los Reyes de ceder su control sobre los bienes eclesiásticos y sobre sus nuevas fortalezas, son momentos importantes para la historiografía galleguista porque son adaptables al esquema de confrontación con Castilla y su monarquía, que tanto se echa en falta en la historia de Galicia. Si de entrada el pueblo apoya a Acuña y Chinchilla contra los señores feudales, anatema; si finalmente la alta nobleza acaba cediendo a las presiones de los Reyes Católicos y acepta el exilio dorado en la Corte castellana, anatema. Sólo -se salva Pedro Pardo de Cela, cuya muerte por decapitación, en 1483, por orden de los Reyes Católicos se 56.- Ibid. p. 278. 57.- Ibid. PP. 224, 277. Ibid. p. 37. 59.- Ibid. p. 372. 266 CARLOSBARROS pretende que "salve" el honor de Galicia y de su nobleza. Cualquiera que fueren sus pecados, la muerte había hecho bueno al mariscal. Años y años de crítica historiográfica no han podido con el mariscal imaginario creado por la tradición y enarbolado sin pudor por la historiografía patriótica. Todo lo anterior nos transporta del mito a la historia de Galicia, la cual por otro lado no existiría sin Vicetto, Murguía, Villar Ponte, Risco y Castelao, quienes además nos legaron un proyecto de país, una conciencia nacional, una patria por la que se puede luchar sin abandonar ni el punto de vista popular (cuando los hechos del pueblo gallego lo merezcan) ni el punto de vista de la ciencia. Pasar de una precursora y decimonónica historia de Galicia construída ideológicamente a una historia de Galicia fundada en datos ciertos, implica un proceso de renovación historiográfica que, acelerado durante los últimos veinte años, ha tenido lugar paralelamente a la puesta al día del nacionalismo gallego: a ambos procesos de puesta al día dedicamos este trabajo. CARLOSBARROS Universidad de Santiago de Compostela Resumen: El autor reflexiona acerca de la relación entre historiografla y nacionalismo, relación que se polariza en la tensión entre independentismo e integración en el caso gallego. Enumera los mitos y hechos históricos del nacionalismo gallego desde el celtismo hasta los Mártires de Carral, con un énfasis especial en los conflictos de la Baja Edad Media y la Edad Moderna. Summary: The author reflects on the relation between historiography and nationalism which is tense& polarized around independence and integration in the Galician case. Barros enumerates myths and historical facts which are considered capitals by Galician nationalism, from ,?he Celtics to the rnartyrs of Carral, emphasizing al1 the conflicts that happened during the Middle Ages and the Modern Period.