El Último nacionalismo : Andalucía y su historia
Abstract
El autor hace un balance de la situación del nacionalismo andaluz actual a la luz de la crisis en que se ha sumido tras la derrota en las ultimas elecciones. Se refiere a los orígenes del movimiento y valora la figura central de Blas Infante. Y sobre los teóricos actuales, denuncia las mixtificaciones históricas a que ha dado lugar, y les opone las interpretaciones imparciales de algunos historiadores acreditados, que marcan el verdadero camino a seguir en la investigación sobre historia de Andalucía.
Full text
MANUSCRITS, no 12, Gener 1994, &S. 213-243 Antonio Luis Cortés Peña Los resultados electorales del pasado día 6 de junio dejaron sin representación parlamentaria en las Cortes españolas a aquellos partidos políticos que se presentaban al electorado en defensa de un proyecto político andaluz propio y, por tanto, diferenciado de los propuestos por los partidos de ámbito estatal. Dentro de las distintas lecturas que se han podido hacer de este evento, no han sido pocos los que han visto en él mismo una prueba más de que el denominado nacionalismo andaluz ha sido, y es, una construcción intelectual con escaso arraigo entre la masa de la población, que sólo ha tenido respuestas populares de cierta importancia en momentos muy concretos gracias a la utilización del resorte sentimental de los "agravios comparativos" con respecto a otras partes de España,(l) o, simplemente, merced "al señuelo del cambio que los jóvenes dirigentes supieron despertar en un pueblo de escasa renta per cápita y secularmente abandonado de todos los gobiernos que por España han sido desde hace más de doscientos años" 42) '.- MORENO ALONSO, Manuel, "El nacionalismo andaluz", en Comunicaciones presentadas al III Congreso de Profesores-Investigadores, Huelva, Hespérides, 1986, p. 363. Puede servir a título de ejemplo, pero conviene señalar que en este aspecto recoge una idea muy extendida en amplios círculos de la sociedad andaluza. 2.- GUERRA, Antonio, "Andalucía: la realidad contra el deseo", en Historia 16, 200 (diciembre 1992), p.90.
214 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA En mi opinión, análisis semejantes, aún encerrando una gran parte de verdad, resultan quizás excesivamente simples y olvidan una serie de circunstancias (especial bipolarización política de estas últimas elecciones, enfrentamientos entre los propios andalucistas, desvertebración de la izquierda nacionalista), que han incidido en una catástrofe de tal magnitud que previsiblemente augura un difícil futuro de forma inmediata al andalucismo político; algo que, por otra parte, no resulta extraño. Ya en 1978, en vísperas de su mayor éxito electoral -cinco escaños para el PSA en el Congreso de Diputados en 1979-, uno de sus más señalados ideólogos escribía: " . . . nuestra identidad como pueblo, aunque difusamente sentida y vivida en el fondo de nuestros corazones, es algo que no posee todavía la suficiente solidez teórica, ni siquiera la suficiente fuerza emotiva. No nos dejemos llevar por pueriles triunfalismos, la reconstrucción de nuestra conciencia nacional andaluza no ha hecho sino empezar, y es tarea que corresponde a los andaluces de nuestra generación" .(3) Estas palabras de José Aumente, uno de los fundadores del Partido Socialista Andaluz (PSA) -hoy Partido Andaluz (PA), del que se ha escindido el Partido Andaluz del Progreso (PAP)-(4) eran el reconocimiento por el denominado "andalucismo oficial" de un hecho evidente para cualquier observador dotado de una mínima perspicacia: la ausencia de un sentimiento nacionalista en el pueblo andaluz. No obstante, en las mismas certeras palabras encontramos un juicio inadmisible. Me refiero a la afirmación de que "la reconstrucción de nuestra conciencia nacional andaluza no ha hecho sino empezar". ¿Reconstrucción? Para que algo pueda reconstruirse, ha tenido que estar, con anterioridad, construido, y, desde luego, hay que decir rotundamente que "nuestra conciencia nacional"(5) nunca existió como sentimiento colectivo; es más, ni siquiera estuvo percibido por sectores significativos dentro de los distintos grupos que han constituido la sociedad andaluza. Dada la existencia de esta primera confrontación de partida, y aunque la principal finalidad de este escrito radica en el intento de 3.- AUMENTE, José, La "Cuestión Nacional" Andaluza y los intereses de clase, Madrid, Mañana, 1978, p. 47. 4.- Esta es la situación en el momento de redactar estas línes; es difícil augurar lo que puede suceder hasta que se publiquen. El subrayado es nuestro.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 215 discernir el papel que le ha sido atribuido a la Historia por pjte del andalucismo, pienso que, como paso previo, es necesario trazar una pincelada, forzosamente breve, sobre la aparición y evolución del nacionalismo andaluz, o, si se prefiere, del andalucismo, procurando el máximo acercamiento posible a la realidad ,histórica frente al denominado "mito andalucistaW.(6) Somos conscientes de que esta actitud provoca reacciones acríticas en aquellos que utilizan para sus análisis ópticas nacionalistas bajo la acusación general de realizar una "historia oficialista"; a veces, estas acusaciones procede-n de científicos sociales, con trabajos meritorios en otros campos, pero con auténticas anteojeras a la hora de contemplar sin verdaderos apriorismos la evolución histórica, tildando de academicista u oficialista cualquier estudio del que sospechen atisbos "centralistas".(7) Para ello no dudan en considerar como un bloque compacto posturas historiográficas bien definidas y con planteamientos radicalmente diferentes. Recuerdan un I poco a aquellos que en los años de la transición política defendían programas de Historia para el bachillerato que no incluyeran, por ejemplo, a los Reyes Católicos, utilizando como argumento. lo que dichos monarcas habían significado como mito para el franquismo; en lugar de desmitificar, silenciar. Posturas increíbles a la hora de enfrentarse con un debate intelectual que tenga un mínimo rigor, , 1 En primer lugar parece necesario precisar, en lo posible, el momento de la aparición de un sentimiento colectivo entre los andaluces 6.- Precisiones muy oportunas sobre el tema en SEVILLA GUZMAN, Eduardo, "Introducción: Mito y realidad del andalucismo, pensando en Eloy Vaquero", en el vol. editado por él mismo Aproximación sociológica al Andalucismo Histórico, Córdoba, Ayuntamiento, 1990, pp. 11-34. Incluye abundante bibliografía, en parte comentada. 7.- Caso típico es el de Isidoro Moreno quien ha llegado a escribir frases del siguiente tenor: "... los deseos ideologizados de muchos científicos pretendidamente 'objetivos' de la academia oficial de viejo o de nuevo cuño han sido tomados por ellos mismos como si de la propia realidad objetiva se tratara, impidiéndoles un análisis suficientemente complejo y revelador de los múltiples factores que condicionan la actual situación real". Todo ello sin realizar una verdadera crítica a las posturas de los denominados "científicos academicistas". MORENO NAVARRO, I., "La identidad andaluza: pasado y presente. (Una aproximación antropológica)", en VV. AA., Andalucía, Granada, Editoriales Andaluzas Unidas, 1986, pp. 253-284. Volveremos sobre el tema más adelante. -
:216 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA en cuanto a pertenecer a una comunidad con rasgos peculiares y diferenciadores,@) ya que, como ha escrito Antonio Miguel Bernal, "los andaluces no han compartido históricamente un sentimiento regional unitario. Los localismos y provincianismos se han superpuesto a cualquier sentir regionalista" .(9) De hecho, puede afirmarse que, durante el siglo XIX, Andalucía no tuvo una personalidad explicitada, lo que no significa que "por aquellos años, lo que hoy es Andalucía no tuviera especificidad, sino que en el terreno de la objetividad su existencia tuvo lugar mediante una paulatina definición" .(lo) En esta paulatina definición de la conciencia de especificidad tuvo una primera incidencia, de indudable trascendencia, el grupo de viajeros románticos europeos, que, desde sus perspectivas foráneas, iniciaron la "popularización" de una imagen de Andalucía hasta entonces escasamente resaltada,(ii) imagen que iba a servir de espejo en el que muchos andaluces comenzaron a contemplarse como pueblo con rasgos definitorios originales. El inconveniente de todo ello radicó en que dichos viajeros, a la búsqueda apriorística de lo exótico, distorsionaron con demasiada frecuencia la realidad, insistiendo, casi con exclusividad, en todos aquellos aspectos que más podían señalar las diferencias, e ignorando todos los demás; a veces, incluso, hubo quien no dudó en añadir de su propia cosecha "sugerentes" visiones alejadas de la cotidianidad vital de los andaluces del siglo XIX. Recordemos estas palabras de González Alcantud: 8.- Problema ligado a este sentimiento es el de la existencia misma de Andalucía, que analizaremos después. 9.- BERNAL, A.M., "Andalucía: En busca de una conciencia histórica", en Historia 16, extra V (abril, 1978), p. 134. lo.- GONZALEZ DE MOLINA, Manuel y SEVILLA GUZMAN, Eduardo, "En los orígenes del nacionalismo andaluz; Reflexiones en tomo al proceso fallido de socialización del Andalucismo Histórico", en Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 40 (1987), p. 79. 'l.- HERAN, Fr., "L'invention de 1'Andalousie au XIXe sikcle dans la littérature de voyage: origine et fonction sociales de quelques images touristiques" , e:n Tourisme et Développement régional en Andalousie, Madrid, Casa de Velázquez, 1979, pp. 21-40.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 217 "Realmente el viajero romántico fue el que no tuvo el más mínimo inconveniente en mistificar la realidad con el fin de embellecerla y hacerla más atrayente para sus prójimos, entre los cuales procuraba el éxito literario con la narración de sus aventuras y la descripción de monumentos y países legendarios. " (12) Ahora bien, a pesar de su parcialidad y de su exageración, esta imagen romántica no sólo sirvió como auténtico revulsivo para que algunos sectores de la sociedad andaluza reflexionaran sobre su identidad común, sino que, además, influyó en no pocas formas de actuación, iniciando la serie de tópicos que durante mucho tiempo han servido, y sirven, para identificar a Andalucía.(is) En cualquier caso hay que aceptar que fue esta percepción desde el exterior, con sus lagunas y oscuridades, la que primero apreció unos caracteres distintivos en los habitantes de Andalucía. Con posterioridad vendría un proceso de formación de la autoconciencia andaluza en el que cabe distinguir, al menos, cuatro etapas diferentes, aunque en ocasiones resulta difícil marcar el límite temporal que las separa. Son las siguientes: a) La primera se situó, aproximadamente, entre 1868 y 1883, es decir, entre las esperanzas que acompañaron al período revolucionario que puso fin a la monarquía isabelina y la celebración de la Asamblea de Antequera. En ella resultó fundamental la labor de estudio e investigación iniciada por una serie de intelectuales andaluces -principalmente folkloristasentre los que sobresalieron Mario Méndez Bejarano, el abuelo y el padre de los hermanos Machado, Isidro de las Cagigas,. . . Su honesto trabajo vino a dar rigor y seriedad a un campo, en el que muchos de los escritos anteriores pecaban, en su mayor parte, de haberse redactado desde una observación anecdótica y excesivamente superficial. También merece ser destacada ahora la figura de Joaquín Guichot, autor de la primera Historia de Andalucía (1870), que, como iba a suceder después con la mayor parte del andalucismo historicista, concedía primordial importancia a la época musulmana. Con respecto a este período, aunque extendiéndolo algo más en el tiempo, Isidoro Moreno ha manifestado: 12.- GONZALEZ ALCANTUD, José Antonio, "Andalucía: Invención del país y realidad etnográfica" , en Historia y Fuente Oral, 8 (1992), p. 8. 13.- No es éste el único ejemplo sobre la influencia de la imagen literaria en el comportamiento de algunos colectivos; ahí tenemos el conocido caso de la literatura de Arniches sobre un determinado tipo de casticismo madrileño. - -
"En estos años se produce lo que podríamos denominar el primer descubrimiento consciente de la identidad cultural andaluza, realizado por los primeros antropólogos y folkloristas andaluces. Hasta entonces, había sido débil la autoconciencia de la existencia de Andalucía como pueblo, en contraste con el acentuado sentimiento particularista de pertenencia a una comunidad o comarca concreta" .(14) b) La segunda etapa, 1883-1910, contó con la previa preparación de los ideólogos del federalismo republicano, quienes, a nivel de todo el Estado, culminaron su actitud de oposición al régimen de la Restauración alfonsina con su propuesta en Zaragoza de una Constitución Federal Española. Fue el momento aprovechado por los federalistas andaluces para celebrar la Asamblea de Anteauera (1883), donde se formula un Proyecto de Constitución Federalista de Andalucía, que supuso, según algunas opiniones, el primer planteamiento de la "cuestión nacional" en términos constitucionales,(is) de ahí que la reunión antequerana pueda ser vista como "un hito en el regionalismo andaluz, de modo que muy bien podría considerársele como el origen, al mismo tiempo, de las pretensiones regionalistas y autonómicas" .(16) La fase, iniciada con tan prometedores augurios, iba, sin embargo, a diluirse con rapidez hasta el punto de que no son pocos los historiadores que defienden que no se puede hablar de la concreción de un verdadero sentimiento regionalista andaluz hasta ser traspasados los umbrales del siglo XX.(17) Esta postura no significa negar los presupuestos regionalistas contenidos en el Proyecto de Antequera, sino 14.- MORENO NAVARRO, Isidoro, "Etnicidad, conciencia de etnicidad y movimientos nacionalistas: aproximación al caso andaluz", en Revista de Estudios Andaluces, 5 (1985), p. 19. 15.- MORENO ALONSO, M., "El nacionalismo.. . ", p. 364. 16.- BERNAL, A.M., "Andalucía: En busca de.. .", p. 136. No obstante hay quien duda del "andalucismo consciente" de esta reunión de Antequera, GONZALEZ ALCANTUD, J.A., "Andalucía: Invención.. . ", p. 14. 17.- DIAZ POVEDANO, Manuel, "El Andalucismo histórico y la revolución regionalista", en Actas del Tercer Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1989, p. 213. Se basa, principalmente, en las ideas al respecto de A. Domínguez Ortiz y J.P. Fusi.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 219 1 constatar la escasísima incidencia que en los años finiseculares tuvo dicho documento entre los andaluces. Algo totalmente lógico, dado que los minoritarios federalistas, que ya habían conocido el fracaso del primer ensayo republicano, no supieron conectar con ninguno de los dos grupos que, desde ópticas bien distintas, hubieran podido con su 1 apoyo dar fuerza a sus pretensiones: la burguesía o el proletariado. En cuanto a la primera, el rechazo a cualquier tipo de ideología 1 que intentara cuestionar el "orden" establecido, era total. Por un lado, la burguesía agraria, temerosa del peligro que representaba el campesinado para el mantenimiento de su privilegiada situación, optó por integrarse en el bloque de poder del régimen canovista; por otro, el fracaso de la industrialización en Andalucía, desencadenó la transformación de la anterior burguesía mercantil e industrial, de tendencias progresistas, en un grupo oligárquico reaccionario que basó su poder en la tierra o en los negocios especulativos. Por ello han escrito Sevilla Guzmán y González de Molina: "El caso es que a partir de la Restauración la burguesía andaluza constituyó un pilar esencial del Estado centralista y, en consecuencia, Andalucía careció de un sector burgués que, con intereses específicos, planteara conflictos con la orientación económica, política o cultural de la oligarquía central" .(18) Y, por lo referente al proletariado el problema era bien distinto, aunque el resultado fuese el mismo. En este caso, el movimiento obrero (en particular el campesino), desengañado del liberalismo tras la experiencia del 68, había iniciado una serie de luchas en pro de una nueva estructura del mundo del trabajo, en la que sus máximas preocupaciones (condiciones de trabajo y sistema de propiedad de la tierra) no encajaban con las reivindicaciones regionalistas hasta entonces poco atentas a la problemática social. Todo ello determinó que sólo una estrecha franja de las capas de la pequeña burguesía fuese capaz de sentirse atraída por un proyecto regionalista. A pesar de su debilidad cuantitativa, esos sectores, muy influidos por el regeneracionismo y por el catalanismo, iban a propiciar el surgimiento de un nuevo período. la.- SEVILLA GUZMAN, Eduardo y GONZALEZ DE MOLINA, Manuel, "Para una teoría del nacionalismo periférico: el caso andaluz", en SEVILLA GUZMAN, E. (ed.), Aproximación sociológica al Andalucismo Histórico, Córdoba, Ayuntamiento, 1990, p. 8 1.
220 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA c) Esta tercera etapa, 1910-1936, vino a significar un impulso definitivo para la instauración del movimiento andalucista. Fueron los años en los que, en palabras de 1. Moreno, "surge y se desarrolla un movimiento que es, a la vez, cultural y político de signo regionalista, que se convierte, no obstante, en determinada etapa, en claramente nacionalista. Este movimiento es el comúnmente denominado 'andalucismo histórico', cuya trayectoria es menos lineal y cuyo contenido es menos homogéneo de lo que suele afirmarse".(ig) Ahora, y aprovechando las experiencias anteriores, nos encontramos, sin duda, en el momento en el que el andalucismo toma una cierta fuerza (no hemos de olvidar que el andalucismo continuó siendo un movimiento numéricamente reducido), sirviéndose como principal tribuna del Ateneo sevillano gracias a contar entre sus seguidores una serie de intelectuales entre los que pronto se distingue la figura de Blas Infante.(2o) Parece evidente que no puede ponerse en duda el liderazgo de Blas Infante en esta etapa, aunque las opiniones sobre su obra ofrecen claras divergencias. Su pensamiento y su actuación han originado una primera polémica historiográfica entre quienes defienden el carácter nacionalista de sus planteamientos, bien en su globalidad (J. Acosta), bien en aspectos y, sobre todo, momentos concretos (1. moreno),^^) frente a los que niegan ese carácter, basándose, de modo fundamental, (en su posición no reivindicativa de la independencia (Antonio Ma 19.- MORENO, Isidoro, "Identidad cultural y dependencia: orígenes, bases, bloqueos y desarrollo del nacionalismo andaluz", en Nación Andaluza, 1 (noviembre 1983), p. 72. En la distinción de etapas realizada por el autor, este período corresponde a la segunda. 20.- GONZALEZ DE MOLINA, Manuel y SEVILLA GUZMAN, Eduardo, "Reflexiones sociológicas sobre las variantes históricas del andalucismo", en Actas del Tercer Congreso sobre el Andalucismo Histórico, Sevilla, Fundación Blas Infante, 1989, p. 248. 21.- En realidad, Moreno defiende que dicho "nacionalismo, aunque con s;ignificativos antecedentes históricos, no ha emergido con fuerza hasta nuestros días", surgiendo "como un rechazo del subdesarrollo, de las condiciones materiales de existencia en que se halla el pueblo andaluz, producidas por el papel dependiente que el sistema capitalista estatal e internacional ha adjudicado a Andalucía, y como una afirmación de su identidad como pueblo con voluntad de transformar dicha situación". MORENO, 1.. "Identidad cultural y dependencia.. . " , p. 64.
Calero).(22) Quizás una de las posturas más equilibradas sea la expresada por González de Molina y Sevilla Guzmán: " . . . el nacionalismo blasinfantiano fue nacionalismo sólo en la medida que era confederalista: subordinó 'este concepto nacionalista al federativo', según sus propias palabras. La consideración, por encima de todo, prioritaria del ideal confederalista ibérico, integrador de las nacionalidades hispanas, subordinará las aspiraciones estrictamente nacionalistas de Andalucía. Sólo se le puede considerar, pues, nacionalista por la afirmación que hizo de la soberanía de Andalucía" . (23) El gran mérito de Blas Infante, dejando a un lado su decidida, abnegada y, a la postre, trágica entrega por la causa andalucista, estuvo en el intento de sacar el andalucismo de la inacción política y, particularmente, del desarraigo social en los que se había movido hasta entonces; percibió que era imprescindible unir los ideales andalucistas a las aspiraciones del campesinado. "En sus escritos se ve como desde el primer momento advierte que ambos movimientos tendrían que apoyarse, ir unidos de alguna manera, no por mero oportunismo, sino porque la situación del campesino andaluz, sobre todo en los latifundios occidentales, era injusta, insostenible". (24). Esta correcta visión, que incidía sobre el factor principal que había imposibilitado la aproximación de las masas al andalucismo, no estuvo acompañada, sin embargo, por la adopción de un programa apropiado que ofreciese salidas realistas a los problemas existentes; 22.- Desde luego para un defensor de un nacionalismo ortodoxo, tradicional, resulta muy difícil comprender dentro de una corriente nacionalista a quien escribió frases de este tipo: " .. . en España, las regiones podrán denominarse naciones, pero sólo en cuanto se considere como supernación a España", o, ". . . todas las regiones podrán tener una historia nacional, pero la historia del espíritu español, la Historia de España, está sobre todas, alienta sobre todas la historias regionales". En INFANTE PEREZ, Blas, Ideal andaluz. Vanos estudios acerca del Renacimiento de Andalucía, Sevilla, Consejería de Cultura, 1982, pp. 22 y 23. 23.- GONZALEZ DE MOLINA, M. y SEVILLA GUZMAN, E., "Reflexiones sociológicas.. . " , p. 257. 24.- DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, Andalucía ayer y hoy, Barcelona, Planeta, 1983, p. 177.
228 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA A comienzos del siglo XX, los intelectuales andalucistas, cuando intentaron definir la identidad de Andalucía tomando como pilares su cultura y su historia, percibieron que el pueblo andaluz carecía de un sentir histórico colectivo y poseía, no obstante, un sentimiento comarcal o, incluso, provincial de marcado arraigo y, sobre todo, un fuerte patriotismo local. De ahí la importancia que, desde un principio, iban a conceder a la historia en la tarea de estmcturación y de divulgación de sus ideas; si pretendían una Andalucía unitaria y reivindicativa, creían necesario reforzar su identidad subrayando la diferencia frente al otro en la posesión de un pasado común y, en cierta medida, distinto. La búsqueda de ese pasado diferenciador frente al resto de España se convirtió, por tanto, en un objetivo fundamental para lograr que los andaluces tomasen conciencia de su identidad como pueblo con rasgos propios y peculiares. Inspirados por los trabajos de antropólogos, folkloristas e historiadores de la segunda etapa a la que nos referíamos más arriba, tanto Blas Infante como otros copartícipes de sus presupuestos ideológicos no dudaron en utilizar la historia para fundamentar las raíces específicas andaluzas.(sl) Sin embargo, este uso de la historia los llevó al abuso e, inmediatamente y de forma irremediable, a la leyenda y al mito. Si en su día las tesis blasinfantianas(42) tuvieron la disculpa de no ser pocos los hechos históricos entonces deficientemente conocidos, en la actualidad, a pesar de la ardua labor de investigación aún pendiente, los progresos historiográficos hacen bochornoso el mantenimiento de dichas tesis; no obstante, algunos de !sus seguidores, ajenos a cualquier reflexión crítica, persisten en ofrecernos idéntica interpretación mítica del pasado. La fuerte tentación de ignorar lo irracional de estas posturas irracionales debe ser superada, ya que, si en el campo científico su relevancia es prácticamente nula, no sucede igual en otros niveles, en 41.- SEVILLA GUZMAN, E. y GONZALEZ DE MOLINA, M., "Para una teoría del nacionalismo.. . " , p. 86. 42.- Aunque no fue sólo Blas Infante quien las sustentó, su obra fue la que alcanzó mayor extensión y, sobre todo, la reverencial mitificación que de su figura (por otra parte digna de todo respeto, como ya expresamos) y de todo el conjunto cle su obra han hecho algunos sectores del andalucismo actual, ha originado que sean sus escritos los que siguen teniendo fervorosos y acríticos seguidores.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 229 los que una atrayente y demagógica (a veces, también comercial) presentación las hacen ser aceptadas, por lo que resulta ineludible una adecuada respuesta, sin acritud, pero con el máximo rigor y seriedad. A este respecto, parece oportuno recordar estas palabras del profesor García Cárcel: "Frente a las actuales solicitudes de adhesión incondicional a nuestros mitos, los historiadores estamos obligados a poner condiciones. La primera y principal, que asumamos toda nuestra historia, la de los mitos y la de las personas de carne y hueso, la de las glorias y las derrotas, la de nuestras virtudes y nuestros defectos. La añoranza nostálgica sólo puede empezar donde acaba la historia, el narcisimo sólo es válido como legítima autosatisfacción al margen de la historia1'.(43) Dentro, pues, de todo ese contexto, la historia de Andalucía ha soportado por parte de autodenominados historiadores afectos al andalucismo (en un sentido no partidista del término) manipulaciones muy variadas que, a favor de una síntesis esclarecedora, podrían agruparse en dos grandes grupos: Uno, las realizadas por aquellos que han buscado un pasado de gloria y esplendor, con el que los andaluces actuales se sientan orgullosamente identificados para así afirmarse como colectividad. Ese añorado y enaltecido pasado lo han creído hallar en el período islámico, paradigma de todos los bienes sin mezcla de mal alguno,(44) produciéndose de este modo un hecho singular dentro de los nacionalismo europeos: la reivindicación, casi en exclusiva,(45) de 43.- GARCIA CARCEL, Ricardo, Historia de Cataluña. SiglosXVI-XVII. Las caracteres originales de la historia de Cataluña, Barcelona, Ariel, 1985, p. 9. 44.- Baste, de momento, la siguiente frase de Antonio GALA: "[Con la conquista cristiana, Andalucía] Pasó de ser el ornato del mundo a ser una mendiga: la madre de los pícaros. Pasó de la civilización más refinada al analfabetismo más hiriente". En "Prólogo a un Congreso de Cultura Andaluza", discurso inaugural del Congreso de Cultura Andaluza celebrado en Córdoba en 1978. El eminente literato señor Gala por lo visto ignora que Andalucía en el siglo XVI y parte del XVII fue considerada en toda Europa como una de las regiones más prósperas del mundo y que, por ello, la mayor parte de sus comarcas se convirtieron en zonas receptoras de inmigrantes; también debe desconocer la pléyade de literatos y artistas nacidos en nuestra región en esos mismos siglos. ".- Se han llegado a escribir frases tan subrealistas y fuera de lugar como ésta: ". . . frente a las opiniones estatalistas de < <progresismo> > europeísta, de muchos de los intelectuales más respetados del Estado español (incluyendo algún
iun pasado con el que, como veremos, para bien o para mal no son muy ,fuertes los lazos que nos unen. El otro grupo, cuyos gestores han sido en ocasiones los mismos que en el caso anterior, está integrado por aquellos escritos que han indagado antecedentes andalucistas en muy diversos acontecimientos producidos en las tierras andaluzas desde la misma Baja Edad Media cristiana. Ha sido el afán de legitimar el andalucismo a través del recurso de la antigüedad de sus ideales, cayendo, a veces, en hirientes :y sonrojantes anacronismos. (46) Uniendo ambos grupos, y a pesar de la primordial importancia otorgada al período islámico, emergerá asímismo la idea de una "Andalucía eterna", inmanente, con esencias y valores presentes, en permanente continuidad, desde los albores de los tiempos hasta la actualidad. Blas Infante lo expresó con inequívocas palabras: "El espíritu de un mismo pueblo ha flotado siempre, flota aún, sobre esta tierra hermosa y desventurada que hoy se llama Andalucía. Su sangre ha podido enriquecerse con las frecuentes infusiones de sangre extrañas; pero sus primitivas energías vitales se han erguido siempre dominadoras; no han sido absorbidas, como simples elementos nutritivos, por las energías vitales de una sangre extranjera" .(47) La consecuencia fue una visión esencialista que propugna la existencia de Andalucía desde la cultura de la cueva de Menga o, de forma muy relevante, desde Tartessos. Dentro de los aspectos fabulosos que normalmente esta postura lleva adheridos, no se duda, pensando en el apoyo a las posteriores tesis islámicas, en incluir estas culturas, junto que otro preboste republicano en el exilio), pensemos que el renacimiento del Uslam en Al-Andalus, aunque todavía un tímido brote, tiene un sentido nacionalista perfectamente sólido si se enmarca en la conciencia de la lucha por la identidad, que de alguna manera es lucha contra un cierto colonialismo temprano, que el pueblo andalusí comienza a despertar". VILLAR GIL, M., "Lo árabe y el nacionalismo", en Nación Andaluza, 1 (noviembre, 1983), p. 134. 46.- Sirva de ejemplo el inaudito "Marco para una periodización de la lucha contra el centralismo en Andalucía. (Desde los comienzos de la dominación feudal de Castilla)". Se encuentra en ACOSTA SANCHEZ, José, Andalucía. Reconstrucción de una identidad y la lucha contra el centralismo, Barcelona, 14nagrama, 1978, p. 16. ".- INFANTE PEREZ, B., Ideal Andaluz ..., p. 28.
a la mítica Atlántida, dentro del marco de "la civilización gnóstica y oriental " . (48) Pasemos a analizar los puntos principales de estos aspectos en sus grandes líneas con el fin de ir concretando posiciones. Para que desde un principio quede el conjunto del problema delimitado con precisión, la primera cuestión a resolver debe ser dilucidar a partir de qué momento podemos hablar de Andalucía.(49) Por supuesto, no es una pregunta inocua, ya que su respuesta encierra una innegable trascendencia en cuanto al concepto que cada uno pueda tener de Andalucía. Pues bien, Domínguez Ortiz no puede ser más conciso y categórico: "Andalucía es el producto de la conquista y castellanización; este es el rasgo básico, aunque se haya enriquecido con supervivencias y aportaciones de diverso origen" .(so) Esta diáfana contestación, que obviamente comparto, está bien alejada de ser una defensa "españolista" del ser andaluz, sino que es fruto de una reflexión sobre unos hechos contrastados e irreversibles: la ruptura poblacional en el territorio andaluz y, como consecuencia, la formación en su suelo de una nueva sociedad con un sistema de valores y unas mentalidades bien distintas a las mantenidas hasta entonces, lo que no fue incompatible con el surgimiento de unos rasgos característicos y originales, en algunos casos influenciados por herencias vitales de etapas anteriores. Uno de los autores que no aceptan dicha ruptura, Isidoro Moreno, ha escrito: "Es evidente también que [tras la conquista del valle del Guadalquivir] tienen lugar importantes cambios demográficos: expulsiones forzadas, en unos casos, y venidas de nuevos pobladores, desde el norte, en repetidas ocasiones, pero aún 48.- MEDINA ben MOLERA, Abd Al-Rahman ben, "Milenarismo andaluz", en Nación Andaluza, 1 (noviembre, 1983), pp. 41-62. Algunos escritos de este tipo más parecen propios de publicaciones esotéricas, de alienante y empobrecedora lectura, que de cualquier medio mínimamente serio. 49.- Dada la obligada brevedad de estas páginas doy por sentado la realidad de Andalucía, sin entrar ni en su delimitación geográfica ni en la polémica sobre la existencia de, al menos, dos Andalucías perfectamente diferenciadas. Mi postura es, pues, la defensa de "una Andalucía", lo que no es incompatible con su indudable dualidad interna, derivada, dentro de su multiplicidad geográfica, de su diferente evolución histórica. 'O.- DOMINGUEZ ORTIZ, A., Andalucia,ayer y ..., p. 143.
232 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA así, no está en modo alguno demostrado, como pretenden algunos, que se diera un casi completo vacío poblacional de forma generalizada. Las evidencias culturales apuntan precisamente a lo contrario". (51) Resulta inconcebible que después de las concienzudas investigaciones de Julio González, González Jiménez y Miguel Angel Ladero(sz), entre otros, se pongan en duda, con acusaciones tan esperpénticas como la de "historia oficialista", los resultados de las imismas, producto de un trabajo irreprochable, lejos de cualquier tipo de apriorismos. Las mismas no dejan lugar a dudas respecto a la masiva expulsión de los mudéjares del valle del Guadalquivir, no tras las conquistas de Fernando 111, sino después de la revuelta en tiempos de Alfonso X (1264-1266). En cuanto a las "evidencias culturales" que, según Isidoro Moreno, apuntan lo contrario, bien poco tienen de extraño: una minoría, que indudablemente permaneció en gran parte ocupándose de tareas consideradas necesarias, pudo transmitir, y transmitió, técnicas y determinados hábitos alimenticios apreciados por los conquistadores. Por otra parte, se olvida con frecuencia que muchos de los repobladores cristianos procedían de zonas donde asimismo se había producido con anterioridad una ósmosis cultural entre las dos culturas y, por tanto, no sólo serían receptivos a nuevas influencias mudéjares, sino que previsiblemente serían portadores desde sus lugares de origen tie algunas de ellas. Aunque sea extensa no me resisto a transcribir la siguiente cita de M.A. Ladero: "El mudejarismo arquitectónico decorativo, referido a las técnicas de constnicción, alfarería, cueros, carpintería y vestimenta, alcanzó un notable desarrollo en la Baja Edad Media hispánica, no sólo en Andalucía, donde tuvo uno de sus núcleos en el siglo XIV, sino sobre todo en Toledo, ciudades de la cuenca del Duero, Aragón y Valencia. En Andalucía, la 51.- MORENO NAVARRO, I., "La identidad andaluza: pasado.. . ", p. 264. 52.- Son numerosas las obras de estos autores que tratan la cuestión, pero, de modo globalizador pueden consultarse las siguientes: GONZALEZ, Julio, El Repartimiento de Sevilla, Madrid, 195 1 ; LADERO QUESADA, Miguel Angel, "La nueva Andalucía. Siglos XIII-XV", en VV. AA., Aproximación a la Historia d'e Andalucía, Barcelona, Laia, 1979, pp. 10 1 - 130; GONZALEZ JIMENEZ, Manuel, En torno a los orígenes de Andalucía. L.u repoblación del siglo XIII, Sevilla, 1988.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 233 escasez de mudéjares se vio compensada por la influencia cultural que podía filtrarse a través de la frontera granadina o por la presencia de cautivos y esclavos musulmanes en la vida cotidiana de algunas familias, sobre todo de la aristocracia, en las que encontramos, según diversos ejemplos que no pueden generalizarse, cocineros, aguadores, donceles o artesanos diversos, que son musulmanes, muy escasos en número siempre. La transferencia de datos técnicos y culturales continuaría después de la conquista de Granada, debido a la presencia, en número algo mayor, de mudéjares y luego moriscos de aquella procedencia. Pero no es posible valorar lo que significaron aquellas aportaciones en lo que sabemos de ellas, si no se contrapone el peso dominante de la cultura literaria y artística, y de las técnicas de tipo europeo de las que participó, en todos sus aspectos, la sociedad andaluza".(ss) Por tanto, mientras no se demuestre con datos concretos una presencia mudéjar de cierto peso en la Andalucía cristiana medieval (la investigación hasta ahora ha demostrado lo contrario), se impone concluir en esta cuestión que, guste o no, y al margen de añoranzas nostálgicas, existió una evidente ruptura brusca en el poblamiento del valle del Guadalquivir. Si para la Andalucía Baja esta ruptura se produce en el siglo XIII, aún tendrían que pasar más de tres siglos para que sucediera algo similar en el reino de Granada; con la diferencia añadida de que en las tierras granadinas el fenómeno fue mucho más complejo y se dilató en el tiempo a lo largo de distintas fases. Primero, antes incluso de la destrucción del sultanato nazarí, se inició una emigración selectiva de grupos minoritarios que, previendo el porvenir inmediato, no quisieron ser testigos del triste y trágico fin; después, durante los años posteriores al término de la guerra se efectuó el paso al norte de Africa de un número muy importante de musulmanes granadinos, entre los que se encontraba la mayoría de la clase dirigente, incluido el propio Boabdil, incómodos con la nueva situación política.(s4) 53.- LADERO QUESADA, Miguel Angel, "Sobre la génesis medieval de la identidad andaluza", en Andalucía entre Oriente y Occidente (1236-1492). Actas del V Coloquio Internacional de Historia Medieval de Andalucía, Córdoba, Diputación Provincial, 1989, p. 762. 54.- Se calcula que de los aproximadamente 400.000 habitantes del reino granadino, la población musulmana quedó reducida entonces a la mitad. DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, "Andalucía en la Edad Moderna", en Revista de
234 ANTONIO LUIS CORTÉS PENA La sublevación de 1500- 150 1, finalizada para los musulmanes con el terrible dilema conversión/expulsión, fue ocasión de una nueva oleada migratoria; primero, permitida, posteriormente, y a lo largo del tiempo, clandestina. La intolerancia y la codicia de no pocos cristianos viejos fueron factores determinantes de la rebelión de 1568, que terminó con la deportación de los moriscos granadinos a otras zonas de la Corona castellana. El hecho no supuso la total desaparición, Bernard Vincent ha demostrado que aún consiguieron quedar en su tierra entre diez mil y quince mil moriscos repartidos por todo el reino.(%) No obstante, aún tuvieron que sufrir la definitiva expulsión de 1609-1614. Es seguro que algunos de ellos consiguieron burlar el ignominioso destino final; pero, después de tantos sufrimientos y persecuciones, los afortunados forzosamente serían grupos reducidos, quienes, además, tratarían de borrar por completo sus antiguas señas de identidad; eran variados y poderosos los motivos para intentar pasar desapercibidos y lograr la asimilación al sector mayoritario de la población. De este modo, en la segunda década del siglo XVII puede afirmarse que la aculturación de todo un pueblo se había consumado.(56) Por todo ello, con el uso racional de la mente, parece que deben existir escasos motivos de discrepancia a la opinión de González Jiménez, uno de los historiadores que con más ahinco tratan de desmitificar la historia andaluza, en el sentido de que "la Andalucía moderna, de la que nosotros somos herederos directos, fue el resultado de un largo proceso histórico que en sus aspectos militares duró más de dos siglos, pero que en sus Estudios Regionales, vol. 111 extraordinario (1981), p. 159. VINCENT, Bernard, "Los moriscos que permanecieron en el reino de Granada después de la expulsión de 1570". En su vol. misceláneo Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad, Granada, Diputación Provincial, 1985, pp. 267-286. 56.- La bibliografía sobre este tema granadino es abundantísima, por lo que voy a remitir a algunas obras básicas, que, además, contienen extensas bibliografías: LADERO QUESADA, M. A., Granada. Historia de un país islámico, Madrid, Gredos, 1969. 3a ed. 1989; CARO BAROJA, J., Los moriscos del Reino de Granada. Ensayo de historia sgcial, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1957. 2a edic. 1976; CORTES PENA, A.L. y VINCENT, B., Historia de Granada. III. La época moderna. Siglos XVI, XVII y XVIII, Granada, Don Quijote, 1986; DOMINGUEZ ORTIZ, A. y VINCENT, B., Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría, Madrid, Revista de Occidente, 1979. 2a edic. 1985; GALAN SANCHEZ, A., Los mudéjares del reino de Granada, Granada, UniversidadIDiputación Provincial, 199 1.
EL ÚLTIMO NACIONALISMO.. . 235 líneas básicas -demográficas, culturales, socioeconómicas, lingüísticas y religiosassólo puede considerarse concluido a comienzos del siglo XVII cuando se produce la expulsión de los moriscos " . (57) Para aceptar estas posiciones no hay más que interrogar sin prejuicios las fuentes históricas, todas; no hay por qué recurrir, como sostiene 1. Moreno al "pseudoconcepto de 'Reconquista"'(58) y, menos, tachar a todo el que no comulga con sus planteamientos de defensor de la persistencia del mito reconquistador.(sg) Esta innegable ruptura o, en otras palabras, esta destrucción de toda una forma de vivir no supuso la total desaparición de influencia de lo islámico. No cabe duda de que, bien por los mecanismos antes ya citados, bien por las prestaciones derivadas de la coexistencia de cristianos viejos y moriscos durante más de un siglo, bien por las huellas monumentales afortunadamente presentes ante los ojos de muchos andaluces(óo), determinados rasgos de origen musulmán persistieron y fueron asumidos como algo propio por los andaluces. El profesor Alvarez Santaló, en unas sugestivas páginas, provocadoras del debate y de la reflexión, ha escrito: 57.- GONZALEZ JIMENEZ, Manuel, "Reflexiones sobre Andalucía", en Argumentos, (junio, 1980), p. 55. 58.- El debate sobre el uso de dicho término me parece en el día de hoy escasamente importante. (Me he ocupado del tema en el artículo "A propósito de la Iglesia y la conquista del Reino de Granada", de próxima aparición en la revista almeriense Roel). Por supuesto que aquí no se reconquistó en el sentido estricto de la palabra, y, también, que ha sido -y esutilizada en más de una ocasión con un matiz nacionalista españolista, pero para el problema que ahora nos interesa - los orígenes de Andalucía-, hecha la aclaración, resulta trasnochado y más parece obedecer a una demagógica maniobra de distracción que auténtico interés por profundizar en él mismo. ".- MORENO, Isidoro, "La identidad andaluza y el 92", en LACOMBA, J. A. (ed.), Andalucía y los andaluces. Preguntas para un debate, Málaga, Universidad, 1992, PP. 40-41. 'jO.- Creo que a cualquier persona mínimamente receptiva, pocas actuaciones humanas pueden influir más en la formación de su sensibilidad estética que la contemplación y el goce cotidiano, por ejemplo, de la Alhambra. Idéntico argumento es válido para todo ciudadano de otras localidades andaluzas con restos monumentales de la época musulmana.
236 ANTONIO LUIS CORTÉS PEÑA "Andalucía no sería igual sin los árabes, pero ello no debe significar que sólo, ni sustancialmente, puede ser árabeM.(6i) Es decir, en la formación de la Andalucía histórica, proceso iniciado como hemos dicho en el siglo XIII, también participó la herencia andalusí, aunque lo esencial y lo determinante iban a ser los ingredientes aportados por los castellanos conquistadores que crearon una comunidad enmarcada dentro de las coordenadas vitales de la sociedad europea de la época. No obstante, esos rasgos procedentes del pasado islámico, muchas veces pequeños vestigios, unidos a las huellas materiales de los monumentos conservados sirvieron a los viajeros románticos para crear el mito del exotismo y del orientalismo andaluz, que ellos y sus seguidores extendieron a toda España.(62) Como dijimos al principio, ha sido la distorsión de este pasado la que ha originado la insostenible mixtificación de nuestra historia, que ha llevado a los más exaltados a la aceptación del montaje de "historiaficción" realizado hace unos años por Ignacio Olagüe, negando la invasión árabe de España. A pesar de que la tesis de la no invasión ha sido suficiente y contundentemente desmontada por distintos historiadores,(63) la superchería ha persistido entre algunos "iluminados" que ven la entrada del Islam en la península como el desenlace final de la lucha aquí entablada entre los partidarios del arrianismo unitario y los de la ortodoxia romana trinitaria. El paso siguiente ha sido restar toda la importancia a las sucesivas aportaciones de sangre oriental y norteafricana a la población 61.- ALVAREZ SANTALO, León Carlos, "Historia", en VV. AA., .Andalucía. Editoriales Andaluzas reunidas, 1986, p. 174. También interesantes las precisiones en torno al término reconquista, pp. 169-171. 'j2.- Conviene advertir, para prevención de incautos, el escaso paralelismo existente entre nuestra anterior literatura de tema morisco y la representada por estos viajeros. Domínguez Ortiz ha recordado que "no hubo continuidad porque :la literatura culta y popular del Siglo de Oro aún conservaba recuerdos de hechos reales, vividos, mientras la maurofilia tardía, de filiación romántica, era falsa, :imaginaria y libresca" . DOMINGUEZ ORTIZ, Antonio, "Discurso de clausura", en La incorporación de Granada a la Corona de Castilla. Actas del Qmposium iconmemorativo del Quinto Centenario. Granada, Diputación Provincial, 1993, p. :325. 63.- Un buen resumen al respecto puede leerse en GUICHARD, Pierre, "Los irabes sí que invadieron España", en su volumen Estudios sobre historia medieval, Valencia, Edicions Alfons el Magnhim, 1987, pp. 27-73.
de al-Andalus.(64) La razón estaba en justificar de este modo la continuidad de la población andaluza entre el período medieval y la Antigüedad, lo que efectivamente ocurrió, aunque no con la "pureza" sostenida por quienes defienden la tesis de la llegada pacífica (a través de la transmisión cultural) del Islam. Con la aceptación, o no, de la invasión, lo que sí se produjo entre numerosos andalucistas, siguiendo de modo idolátrico a Blas Infante, fue la exaltación de la etapa musulmana. En sus comienzos, la razón de este hecho estuvo, como hemos escrito, en encontrar en algunos de sus períodos y de sus manifestaciones culturales, momentos esplendorosos y elevadas expresiones del espíritu humano de los que sentirse orgullosos, pero, por otra parte, fue también una respuesta visceral y orgullosa a las corrientes racistas europeas de las primeras décadas del siglo que, con significado despreciativo, colocaban a los andaluces junto a otros pueblos extraeuropeos, llegando a calificarlos como "estigma y vergüenza de Europa".(ás) La consecuencia fue la hipervaloración del sustrato islámico, hasta el punto de que algunos llegan a defender que la "verdadera" historia de Andalucía finalizaba con la conquista castellana, después, sólo ha existido decadencia e imposición extranjera. Tesis tan peregrina que ha sido criticada por el mismo Isidoro Moreno, tan opuesto a cualquier planteamiento "españolista". (66) Semejante estado de exaltación andalusí, acompañado de abundante propaganda, ha tenido el predominio en numerosos focos "culturales" en Andalucía durante los primeros años de nuestra 64.- El mal uso del vocablo al-Andalus, que como bien debería saberse lo empleaban los musulmanes para denominar así toda la península (a veces, se utilizaba para designar sólo el territorio ocupado por el Islam), ha llegado a que se identifique erróneamente con Andalucía, cuando el territorio andaluz nunca llegó a formar una unidad política bajo poder musulmán, que siempre tuvo jurisdicción sobre una extensión mayor o menor; incluso, los segundos reinos de taifas, en su conjunto, superaban sus límites y, después, el territorio musulmán quedó reducido al reino nazarí de Granada. Algo similar sucede con el término andalusi, que no equivalía a musulmán de Andalucía, sino de cualquier parte de la península. 6.- SEVILLA GUZMAN, E. y GONZALEZ DE MOLINA, M., "Para una teoría del nacionalismo.. . ", pp. 90-93. Los autores recuerdan la resonancia que en determinados círculos europeos tenía la obra de VACHER DE LAPONGE, El ario y su papel social, publicada a fines del siglo XIX. 66.- MORENO NAVARRO, I., "La identidad andaluza: pasado.. . ", p. 267.