Microhistoria : dos o tres cosas que sé de ella
Abstract
El autor traza en este articulo la genealogía de lo que se ha dado en llamar "microhistoria", desde algunos antecedentes aislados y algunas curiosas apariciones del término en la literatura contemporánea de ficción, hasta el debate historiográfico más reciente, a la vez que reflexiona sobre su propia trayectoria intelectual como representante de una escuela italiana de microhistoria.
Full text
MICROHISTORIA: DOS O TRES COSAS QUE SE DE ELLA. Carlo Ginzburg 1. Creo haber oído hablar por primera vez de "microhistoria" a Giovanni Levi, en 1977 o 1978. Pienso que me apropié de aquella palabra, nunca oída anteriormente, sin pedir aclaraciones acerca de su significado literal: me contenté, imagino, con la referencia a la escala reducida de la observación sugerida por el prefijo "micro". Recuerdo bien que en nuestras conversaciones de entonces hablábamos de "microhistoria" como de una etiqueta pegada a un cajón historiográfico aún por rellenar. Algún tiempo después Giovanni Levi, Simona Cerutti y yo empezamos a trabajar en una colección, publicada por el editor Einaudi, titulada precisamente "Microstorie". Se han publicado desde entonces unos veinte volúmenes de autores tanto italianos como extranjeros; algunos de los títulos italianos han sido traducidos a diversas lenguas; se ha hablado, en algún lugar, de "escuela microhistórica italiana". Pero ha sido recientemente, gracias a una pequeña investigación terminológica retrospectiva,(i) cuando he descubierto que aquella palabra que nosotros creíamos desprovista de connotaciones había sido ya utilizada anteriormente por otros. l.- Esta ha sido posible gracias a ORION, el programa en que se basa el catálogo informatizado de la UCLA Research Library. * Mi agradecimiento a Patrick Fridenson, con quién he discutido fructuosamente mientras escribía estas páginas. Perry Anderson las ha leído y criticado antes de que tomasen una forma de$nitiva: mi deuda con ellos es aún enorme.
14 CARLO GINZBURG 2. Por lo que sé, el primero en enarbolar la palabra "microhistoria" como una autodefinición, fue un estudioso americano, George R. Stewart, en 1959. Stewart, nacido en 1895 y fallecido en 1980, fue durante muchos años profesor en la universidad de Berkeley. La copiosa bibliografía de este polígrafo liberal comprende, aparte de varias novelas (que no he leído), un precoz manifiesto ecológico (Not so Rich as You Think, 1968); una recapitulación de la historia universal, presentada bajo la forma de una autobiografía de la especie humana (Man: un Autobiography, 1946); una crónica, escrita en colaboración con otros autores, sobre la resistencia opuesta por el propio Stewart y otros profesores, entre ellos Ernst Kantorowicz, al juramento impuesto, en los años de MacCarthy, por la administración de la universidad de Berkeley (The Year of the Oath, 1950). (2) Los libros más destacables de Stewart (Names on the Land, 1945, 1967; American Place Names, 1970) están dedicados a la toponimia de los Estados Unidos.(3) En una conferencia, partiendo de los topónimos mencionados en una oda de Horacio, sostenía que para interpretar un texto literario es necesario, en primer lugar, descifrar las referencias ambientales (lugar, vegetación, condiciones meteorológicas) que contiene.@) Esta pasión por el detalle microscópico inspiró también el libro que me interesa resaltar: Pickett 'S Charge. A Microhistory of the Final Attack at Gettysburg, July 3, 1863 (1959). En él, Stewart analiza minuciosamente, a lo largo de más de trescientas páginas, la batalla decisiva de la guerra civil americana. El titulo se refiere a un episodio que duró aproximadamente veinte minutos: la carga desesperada de un batallón sudista guiada sin éxito por el major-general Edward Pickett. El relato se desarrolla en un 2.- Kantorowicz, no nombrado pero fácilmente reconocible, aparece en algún momento de la narración de Stewart: cfr. The Year of the Oath, Berkeley 1950 (reed. 1971), p. 90. Véase también E.H. KANTOROWICZ, The Fundamental Issue. Documents and Marginal Notes on the University of California Loyalty Oath, San Francisco 1950, p. 1: "This is not intended to be the history of 'The Year of the Oath'. This subject has been admirably dealt with by Professor George R. Stewart" . 3.- Cfr. M.S. BEELER, "George R. Stewart, Toponymist", en Names, 24, no 2 (junio 1976); el fascículo lleva el encabezamiento: "Festschrift in Honor of Professor George R. Stewart"), pp. 77-85. Véase también "George R. Stewart on Narnes and Characters", una entrevista aparecida en la misma revista, 9 (1961), pp. 5 1-57. Cfr. también J. CALDWELL, George R. Stewart, Boise, Idaho 1981 ("Western Writers Series" no 46). 4.- Cfr. G.R. STEWART, "The Regional Approach to Literature" en College English, 9 (Abril 1948), pp. 370-375.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 15 espacio exiguo, en una franja de quince horas. Los mapas, gráficos y diagramas que acompañan el texto llevan epígrafes como: "El cañoneamiento (1.10 - 2.55 P.M.)". El destino de la batalla de Gettysburg se jugó en un puñado de segundos, entre unas ramas de árboles y un muro de piedras.(s) Partiendo de la dilatación del tiempo y la concentración del espacio, Stewart analiza con minuciosidad casi obsesiva lo que define como el "momento culminante del acontecimiento principal de la guerra, el momento central de nuestra historia" (the climax of the clirnax, the central moment of our history), y en cuanto tal, parte de la historia universal. Si la carga fallida de George Edward Pickett hubiese culminado con éxito, afirma Stewart, la batalla de Gettysburg hubiese podido tener otra conclusión: y "la existencia de dos repúblicas rivales hubiese impedido probablemente la intervención decisiva en las dos guerras mundiales, que han transformado a los Estados Unidos en una potencia mundialU.(6) La microhistoria de Stewart desemboca en una reflexión sobre la nariz de Cleopatra. 3. A pocos años de distancia, y de una forma totalmente independiente a Stewart, un estudioso mexicano, Luis González y González, insertó la palabra "microhistoria" en el subtítulo de una monografía (Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia, México 1968). En la obra se investigan las transformaciones producidas a lo largo de cuatro siglos en un pueblo minúsculo, "ignorado". Las pequeñas dimensiones son derivadas de la tipicidad: éste es (al margen de que González y González haya nacido y vivido allí) el elemento que justifica la elección de San José de Gracia de entre millares de pueblos de características análogas. Aquí microhistoria es sinónimo de historia local, escrita, como señalaba González y González, citando a Paul Leuilliot, desde una óptica cualitativa y no cuantitativa.('/) El éxito de Pueblo en vilo (reeditado y más tarde traducido al francés) animó al autor a teorizar sobre su planteamiento y enfoque en dos ensayos, "El arte de la microhistoria" y "Teoría de la microhistoria", incluidos en dos colecciones tituladas respectivamente Invitación a la microhistoria (1973) y Nueva invitación a la microhistoria (1982). Desde esas 5. - G. R. STEWART, Pickett 'S Charge. A Microhistory of the Final Attack at Gettysburg, July 3, 1863, Dayton, Ohio 1983 (1 a ed. 1959), pp. ix, 21 1-212. 6.- Ibid., p. ix. '.- L. GONZALEZ y GONZALEZ, Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia, México 1968, p. 2 ("La pequeñez, pero la pequeñez típica"); en la pág. 3 la referencia a Leuilliot.
16 CARLO GINZBURG páginas, cuyo eco se hace perceptible en otras publicaciones mexicanas de los mismos años,@) González y González distinguía la microhistoria de lapetite histoire, anecdótica y sin crédito; confirmando su identidad con lo que en Inglaterra, Francia y Estados Unidos se llama historia local, y que Nietzsche había definido como "historia anticuaria y arqueológica". En definitiva, para eliminar las objeciones suscitadas por la palabra "microhistoria", sugirió dos alternativas: historia "matria", idónea para designar el mundo "pequeño, débil, femenino y sentimental de la madre" que es aquél que se reduce a la familia o al pueblo; o bien historia yin, el término taoísta que evoca todo aquello que hay de "femenino, conservador, terrestre, dulce, oscuro y doloroso" .(9) 4. Reivindicando la sustancial paternidad de la palabra "microhistoria", González y González recordaba que ésta aparecía ya en la introducción de Braudel al Traité de sociologie dirigido por Georges Gurvitch (1958), pero "sin significación concreta reconocida" .(lo) En realidad para Braudel "microhistoire" tenía un significado muy preciso, pero negativo: era sinónimo de "histoire événementielle" , de aquella "historia tradicional" que veía la " soidisante his toire du monde" dominada por protagonistas similares a directores de orquesta. En el ámbito del tiempo breve y espasmódico, Braudel sostenía que esta historia tradicional era de todos modos menos interesante que la microsociología por una parte, y que la econometría por otro. Como se sabe, Braudel había declarado su hostilidad en relación a la histoire événementielle, identificada con la historia política, desde los tiempos de la Méditerranée (1949). A diez años de distancia Braudel manifestaba de nuevo, con dureza, la misma intolerancia. Pero, Braudel era demasiado inteligente, demasiado impaciente para conformarse en repetir aquella que, por efecto de su autoridad, se había convertido para muchos en verdad adquirida. Dejando al margen las afirmaciones que le parecían querelles anciennes, Braudel escribió : "El '.- Cfr. L. ABOITES, La revolución mexicana en Espita: 1910-1940. Microhistoria de la formación del Estado de la revolución, México 1982 (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, "Cuadernos de la Casa Chata" 62). 9.- L. GONZALEZ y GONZALEZ, "El arte de la rnicrohistoria", en Invitación a la microhistoria, México 1973, pp. 12-14. lo.- La introducción ha sido reeditada parcialmente, bajo el título "Historie et sociologie" en F. BRAUDEL, Ecrits sur 1 'Histoire, París 1969, pp. 97-122.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 17 hecho vario (si exceptuamos aquella especie de sociodrama que es el acontecimiento) es repetición, regularidad, multiplicidad (multitude), y nada indica que tal nivel forzosamente carezca de valor o de fertilidad científica. Sería necesario profundizar en la cuestión" .(i 1) Para que esta indicación fuese recogida tuvieron que pasar veinticinco añ0~.(12) La posibilidad de un conocimiento científico de la singularidad estaba, para Braudel, excluida: el fait divers podía, eventualmente, rescatarse sólo por ser considerado repetitivo, un adjetivo que en las páginas de González y González resultó "típico". Pero la microhistoria permanecía condenada. (13) La palabra, sin duda calcada de microeconomia y microsociología, permanecía rodeada de una aureola tecnicista, como se aprecia en el siguiente fragmento de Les Fleurs bleues, la más bonita (quizás) de las novelas de Raymond Queneau. Los dos interlocutores son el duque de Auge y su capellán: "-¿Exactamente qué queréis saber? -Lo que piensas de la historia universal en general y de la historia general en particular. Te escucho. -Estoy bastante cansado -dijo el capellán. -Ya descansarás más tarde. Ahora, cuéntame, este Concilio de Basilea, jes historia universal? -Pues sí: es historia universal en general. -¿Y mis pequeños cañones? -Historia general en particular. -¿Y el matrimonio de mis hijas? ".- Cfr. BRAUDEL, Ecrits, p. 1 12 ss. : "le fait divers (sinon l'événement, ce socio-drarne) est répétition, regularité, multitude et rien ne dit, de facon absolue, que son niveau soit sans fenilité, ou valeur, scientifique. 11 faudrait y regarder de pres " . ".- Cfr. "Fait divers, fait d'histoire" (contribuciónde M.O. Di Bella, M. Bee, R. Comaschi, L. Valensi, M. Perrot), Annales, 38 (1983) En la introducción a estos ensayos M. Ferro acercó el análisis del fait divers a los trabajos de microhistoria en cuanto a operaciones similares e inversas, pero complementarias (p. 825). En el mismo fascículo (p. 9 17) M. PERROT, "Fait divers et histoire au XIXe siecle", remitía al fragmento de Braudel citado arriba. 13.- Aún hoy el término no consigue liberarse de un áurea irónica, como se observa de una alusión de G. CHARACHIDZE, La mémoire indo-européenne du Caucase, París 1987, pp. 131-132 ("ce que j'avais voulu appeler, par jeu, rnicrohistoire.. . ").
18 CARLO GINZBURG -Desgraciadamente historia événementielle. Microhistoria a lo sumo. -¿Historia qué? -gritó el Duque de Auge-. ¿Qué demonios de lenguaje es éste? ¿Qué día es hoy? ¿Pentecostés? -Le ruego me disculpe, señor. Ya ve, son los efectos del cansancio. "(14) El duque de Auge (así como, probablemente, muchos lectores de Queneau en 1965) no habían jamás oído hablar de microhistoria. Tal vez por ello, ignorando la precisa clasificación del capellán, el editor que publicó en 1977 la traducción francesa de Pueblo en vilo de González y González no dudó en sustituir en el subtitulo y en el texto, con efectos involuntariamente cómicos, el término "microhistoria" por "historia universal". (15) 5. Microhistory, microhistoria, microhistoire: ¿de cuál de estas tradiciones, completamente independientes, depende el italiano microstoria? Sobre el terreno únicamente terminológico, en el que me 14.- Cfr. R. QUENEAU, Ifiori blu, trad. de 1. Calvino, Turín 1967, p. 69. Les fleurs bleus, París 1965, pp. 84-85: "-Que voulez-vous savoir au juste? -Ce que tu penses de l'histoire universelle en général et de l'histoire générale en particulier. J'écoute. -Je suis bien fatigué, dit le chapelain. -Tu te reposeras plus tard. Dis-moi, ce Concile de Bale, est-ce de l'histoire universelle? --Oui-da. De l'histoire universelle en général. -Et mes petits canons? -De l'histoire général en particulier. -Et le mariage de mes filles? --A peine de l'histoire événementielle. De la microhistoire, tout au plus. -De la quoi? hurle le duc d'Auge. Que1 diable de langage est-ce la? serait-ce aujourd'hui ta Pentecóte? --Vouillez m'excuser, messire. C'est, voyez-vous, la fatigue. Si no me equivoco, los textos de Braudel citados a propósito de el fragmento por R. ROMANO, "Un modele pour l'histoire", en Raymond Queneau, ed. A. Bergens, "L'Heme", París 1975, p. 288, sirven para la "histoire événementielle" no para la "microhistoria" . ".- Cfr. L. GONZALES (sic), Les barrieres de la solizude. Histoire universelle de San José de Gracia village mexicain, trad. Anny Meyer, París, Plon 1977 (="Terre humaine", 30), p. 11.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 19 l he movido hasta el momento, la respuesta no presenta dudas: del francés microhistoire. Pienso en primer lugar en la espléndida ¡ traducción de Lesfleurs bleues que Italo Calvino preparó y fue impresa en 1967. En segundo lugar, en un fragmento de Primo Levi, en el que la palabra microstoria aparece por primera vez (al menos eso creo) en italiano de forma autónoma.(íó) Se trata del inicio de "Carbonio", el capítulo que cierra IZ sistema periodico (1975): "El lector, a estas alturas, se habrá dado cuenta de que esto no es un tratado de química: mi presunción no aspira a tanto, ma voix est foible, et m2me un peu profane. No es siquiera una autobiografía, tan sólo en los límites parciales y simbólicos en que es autobiografía cualquier escrito, cualquier obra humana: pero historia a pesar de todo. Es, o hubiese querido ser, una microhistoria, la historia de un oficio y de sus gajes, sus victorias y miserias, que cada uno desea contar cuando nota la proximidad del final de la propia carrera, y el arte deja de ser eterno" .(l7) Nada en estas palabras sosegadas y melancólicas hace presagiar que doce años después su autor se quitaría la vida. En la aceptación del límite (de la existencia, de la propia capacidad) que domina este fragmento, reaparece también la idea de la "reducción de escala" sugerida por la palabra "microhistoria" . Primo Levi probablemente la halló en la versión italiana de Calvino, quizás revisada sobre el texto de Queneau. El conocimiento de la traducción de Lesfleurs bleues me parece evidente, dados los estrechos vínculos que unían a Primo Levi con Calvino: entre otros, la última página de "Carbonio" con la que finaliza 11 sistema periodico recuerda a la última página de 11 barone rampante.(is) Un nuevo encuentro entre Calvino y Primo Levi a 16.- A este pasaje remite S. BATTAGLIA, Grande dizionario della lingua italiana, X (1978) a propósito de "microstoria" (definida "voce dotta"). La definición que sigue ("storia particolarmente breve e succinta, racconto sommario ed essenziale") es totalmente inadecuada. 17.- P. LEVI, Il sistema periodico, en Opere 1, Turín 1987, p. 641. la.- La analogía no ha escapado al análisis de C. CASES, introducción a LEVI, Opere, 1, p. xvii. Para la opinión de Calvino respecto a Levi aprendizescritor cfr. 1. CALVINO, I libri degli alrri, Turín 1991, pp. 382-83, no por la carta (de tono totalmente distinto) sobre la revisión de Il sistema periodico, ibid. p. 606. Cfr. también S. CESARI, Colloquio con Giulio Einaudi, Roma 1991, p. 173.
20 CARLO GINZBURG través de Queneau, se verificó algunos años después, propiciado por la traducción italiana de Petite cosmogonie portative. (19) Poco después de su aparición en Il sistema periodico, la palabra microstoria entró en el léxico historiográfico italiano, perdiendo, como sucede a menudo, su originaria connotación negativa. En el origen de este trasplante estaba probablemente Giovanni Levi (primo en tercer grado de Primo).(20) "Microhistoria" sustituyó rápidamente a "microanálisis", que había sido usado por Edoardo Grendi en el mismo período, más o menos con el mismo significado.(2i) 6. Un significado aún por precisar: la historia de una palabra, como es natural, determina solamente una parte de los usos posibles que de ella se hagan. Una muestra indirecta de ello nos la ofrece la "Zaharoff lecture" que en 1976 Richard Cobb dedicó a Raymond Queneau: un tipo de manifiesto historiográfico que no coincide con ninguna de las tendencias discutidas hasta ahora. Cobb partía de la irónica simpatía de Queneau por personajes tímidos, modestos, provincianos en sus novelas; se apropiaba de sus palabras para contraponer los hechos anecdóticos (los únicos interesantes) a los de la política; y concluía asumiendo como lema propio la imprecación lanzada por Zazie en relación a Napoleón.(22) En definitiva, una exaltación de la historiografía menor (Cobb no utiliza el término "microhistoria") frente a una historiografía basada en los grandes y poderosos. La ingenuidad de estas interpretaciones es evidente. Queneau no se identificaba en absoluto con sus personajes. La ternura por la vida provinciana de Le Havre coexistía en él con una omnívora, enciclopédica pasión por los conocimientos más imprevisibles. Su 19.- Cfr. R. QUENEAU, Piccola cosmogonia portatile seguita da "Piccola guida alla Piccola Cosmogonia" di 1. Calvino, trad. S. Solmi, Turín 1982, p. 162. Cfr. también P. LEVI, L 'altnci mestiere, Turín 1955, pp. 150-154, y el testimonio de Carlo Carena en CESARI, Colloquio, p. 172. 'O.- Se trataba de todos modos de un eco inconsciente : a la pregunta "¿de dónde deriva el término 'rnicrohistoria'?" Giovanni Levi ha afirmado (29 diciembre 1991) conocer tan sólo que el término había sido usado por Queneau. La parte finai del párrafo de Queneau citado anteriormente fue usada por Raul MERZARXO como epígrafe de Il paese stretto, uno de los primeros títulos de la colección "einaudiana" "Microstorie" (Turín 1981). 'l.- Cfr. E. GRENDI, "Micro-anaiisi e storia sociale", Quaderni storici, 35 (1977), PP. 506-520. 22.- Cfr. R. COBB, Raymond Queneau, "The Zaharoff Lecture for 1976", Oxford 1976.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 21 sarcástica curiosidad por los faits divers no le impedía proponer una solución drástica al carácter precientífico de la historiografía, elaborando para ello un riguroso modelo matemático en el que clasificar la desordenada serie de los actos humanos.(23) Pero el autor de Une histoire modele, igual que los oyentes y más tarde el editor de los cursos de Alexandre Kojhve sobre la Fenomenologia de Hegel, no aparecen en el retrato, simplificado hasta la deformación, trazado por Cobb. La tensión que recorre toda la obra de Queneau, entre el calor de la mirada reconciliadora del narrador y la frialdad de la mirada distante del científico, está del todo ausente. (24) Esto no debe extrañarnos. Cobb es un empirista que se sitúa por encima de las cuestiones teóricas; y Queneau, en el fondo, no es para él más que un simple pretexto.gs) Pero la propuesta de una historiografía menor, hecha en nombre de Queneau, tiene una importancia sintomática que Cobb, convencido cultivador de su propia excentricidad, sería el primero en rechazar. La contraposición entre la Historiografía con mayúscula y el "Napoléon mon cul" de Zazie puede invitarnos a pensar, al margen de la obvia diferencia de tono, en la contraposición entre "historia patria" e "historia matria" apuntada por Luis González y González. Ciertamente, la "microhistoria" de este último insiste sobre el fenómeno típico; la "petite histoire" de Cobb sobre "faites diverses" imprevisibles e irrepetibles. Pero en ambos casos la elección de una perspectiva circunscrita y detallista deja entrever una insatisfacción (explícita y agresiva en el caso de Cobb, discreta y casi imperceptible en el de González y González)(26) respecto al modelo macroscópico y cuantitativo que ha dominado, sobre todo a través de la actividad de Fernand Braudel y de los historiadores reunidos en torno a la revista Annales, la escena historiográfica 23.- Cfr. R. QUENEAU, Une histoire modele, París 1966 (escrito en 1942); id. Batons, chifles et lettres, ed. aumentada, París 1965, pp. 170-72 (se trata de un artículo publicado en Front National, el 5 de enero de 1945). 24.- Véase sin embargo la bella introducción de 1. Calvino a R. QUENEAU, Segni, cifre e lettere e altri saggi, Turín 1981 (se trata de una selección distinta y más amplia que la edición francesa con el mismo título), especialmente pp. xix- XX. 25.- Cfr. R. COBB, A Sense of Place, Londres 1974; sobre ello ver E. GRENDI, "Lo storico e la didattica incosciente (replica a una discussione)", Quademi Storici, 46 (abril 1981), pp. 339-340. 26.- La intolerancia por las pretensiones de la historiogradía científica son más evidentes en un ensayo de L. GONZALEZ que ya desde su título recuerda la segunda Consideración intempestiva de Nietzshe: "De la múltiple utilización de la historia", ¿Historia? ¿Para qué?, México 1990 (la ed. 1980), pp. 55-74.
28 CARLO GINZBURG di cuenta de que esta perspectiva alejada del etnocentrismo implicaba una comparación con las investigaciones de los antropólogos (el primero entre todos, Claude Lévi-Strauss). Pero las implicaciones historiográficas, conceptuales y narrativas de una elección de este tipo se me fueron aclarando muy lentamente, en el transcurso de los años que separan I benandanti (1966) de Storia notturna (1989).(45) A mitad de este trayecto escribí un libro en el que trataba de reconstruir las ideas y los comportamientos de un molinero de Friuli del siglo XVI, procesado y después condenado a muerte por la Inquisición (11 formaggio e i vermi, 1976). El rechazo del etnocentrismo no me había llevado a la historia serial sino a su contrario: al análisis producto de una documentación limitada, ligada a un individuo de otro modo ignorado. En la introducción polemizaba, entre otros, con un ensayo publicado en Annales en el que Furet había sostenido que la historia de las clases subalternas en las sociedades preindustriales puede ser analizada solamente desde una perspectiva estadística.(46) Recientemente Michel Vovelle ha rechazado como ficticia la alternativa entre biografía de un individuo e investigaciones seriales.(47) También yo lo creo, como un principio teórico. Pero en la práctica la alternativa existe: se trata de valorar los costes y las ventajas, sobre el terreno práctico y (más aún) sobre el intelectual. Roger Chartier ha escrito a propósito de mi libro que "A cette échelle réduite, et sans doute seulement a cette échelle la, peuvent se comprendre, sans réduction déterministe, les relations entre systemes de croyances, de valeurs et de représentations d'un caté et appartenances sociales d'un autreV.(48) Incluso los que no estén dispuestos a aceptar una conclusión tan precisa admitirán que el experimento no solamente era legítimo, sino además oportuno: al menos para analizar los resultados. 45.- En alemán, Die Benandanti (1981), Hexensabbat: Entzifferung einer nachtlichen Geschichte (1989). 46.- Cfr. Il formaggio e i vermi, Turín 1976 (hay trad. cast.). En la introducción a Die benandanti ya insistí, frente a la noción indiferenciada de "mentalidad colectiva", en la importancia de la elaboración de determinadas creencias por parte de los individuos aislados. 47.- Cfr. M. VOVELLE, "Historie sérielle ou 'case studies': vrai ou faux dilemme en histoire des mentalités", en Histoire sociale, sensibilités collectives et mentalités. Mélanges Robert Mandrou, París 1985, pp. 39-49. 48.- Cfr. R. CHARTIER, "Histoire intellectuelle et histoire des mentalités. Trajectoires et questions" (publicado originariamente en inglés en 1982), en R. CHARTIER et al., La sensibilité dans l'histoire, Clamecy 1987, p. 26. El subrayado es mío.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 29 Reducir la escala de observación significaba transformar en un libro lo que, para otro estudioso, hubiese podido ser una simple nota a pie de página en una hipotética monografía sobre la Reforma protestante en Friuli. Los motivos que me llevaron entonces a hacer aquella elección no los tengo del todo claros. Desconfío de aquéllos en que pienso ahora (y son naturalmente muchos), pues no quisiera proyectar en el pasado las intenciones maduradas en el transcurso de todos estos años. Poco a poco me he dado cuenta de que una gran cantidad de acontecimientos y de conexiones que desconocía por completo han contribuido a orientar las decisiones que había creído tomar autónomamente: un hecho trivial en sí es a la vez sorprendente, ya que contradice nuestras fantasías narcisistas. Pero, jcuánto debe mi libro (por poner un ejemplo) a la atmósfera política que se respiraba en Italia en la primera mitad de los años 70? Algo, quizás mucho; pero tengo la impresión de que las raíces de mi elección deben buscarse en otra parte. Para tratar de encontrarlas, al menos en parte, partiré de un hecho posiblemente no del todo obvio. Zl forrnaggio e i vermi no se limita a la reconstrucción de una vivencia individual: el relato. Furet había rechazado la narración, y más concretamente la narración literaria, como expresión, típicamente teleológica, de la histoire événementielle, cuyo tiempo "est fait d'une série de discontinuités décrites sur le mode du continu: la matikre classique d'un récit" .(N) A este tipo de narración littéraire Furet contraponía la exposición para problemas de la historia etnográfica serial. De este modo hacía suyo el difuso lugar común que aún hoy identifica tácitamente una forma específica de narración, basada en las novelas naturalistas de fines del siglo XIX, con la narración histórica tout court.(50) Es cierto: la figura del historiador-narrador omnisciente, que pone ante sus ojos los mínimos detalles de un hecho o las motivaciones recónditas que inspiran los comportamientos de los individuos, de los grupos sociales y de los Estados, se ha ido imponiendo poco a poco como obvia. Pero es sólo una entre las muchas posibles, como los lectores de Marcel 49.- FURET, "Histoire et ethnologie", Mélanges cit, p. 231. 'O.- Esta tácita identificación se sobreentiende incluso en el destacable ensayo de L. STONE, "The Revival of Narrative: Reflections on a New Old History", Past and Present, no 85 (1979). pp. 3-24: esto no ha facilitado la discusión posterior.
30 CARLO GINZBURG Proust, de Virginia Woolf o de Robert Musil saben, o deberían saber perfectamente. (5 1) Antes de empezar a escribir Il formaggio e i vermi, durante bastante tiempo le estuve dando muchas vueltas a la idea de las relaciones entre hipótesis de investigación y estrategia narrativa (la lectura reciente de Exercices de style de Queneau había aumentado mi disponibilidad a la experimentación).(s2) Me propuse reconstruir el mundo intelectual, moral y fantástico del molinero Menocchio a través de la documentación producida por aquellos que le habían mandado a la hoguera. Este proyecto en cierto modo paradójico podía traducirse en un relato que transformase las lagunas de la documentación en una superficie lisa.(s3) Podía, pero evidentemente no debía, por motivos que al mismo tiempo eran de orden cognitivo, ético y estético. Los obstáculos que se interponían a la investigación eran elementos constitutivos de la documentación, y por ello debían formar parte del relato; del mismo modo que la excitación y los silencios del protagonista ante las preguntas de sus perseguidores, o ante las mías.(%) De este modo las hipótesis, las dudas y las incertidumbres aparecían en la narración; la bhqueda de la verdad formaba parte de la exposición de la (necesariamente incompleta) verdad alcanzada. ¿Podía el resultado ser todavía definido como "historia narrativa"? Para un lector que tuviese un mínimo de familiaridad con las novelas decimonónicas la respuesta era fácil. ".- Desarrollo aquí algunas observaciones formuladas en una recensión de LE GOFF, Pour un autre Moyen Age (cfr. Critique, no 395, abril 1980, pp. 345- 354). 52.- De la implicación metodológica de Exercices de style se había dado cuenta al mismo tiempo Richard Cobb. "apart from its brilliance both as a parody ans as conversation totally recaptured, might also be described as an essay on the relative value and interpretation of conflicting orverlapping historical evidence" (Raymond Queneau, p. 67). 53.- Hablo de lagunas en sentido relativo, no absoluto (la documentación histórica es siempre lagunosa, por definición). Pero nuevas preguntas de investigación crean nuevas lagunas. 54.- Sobre los silencios de Menocchio, cfr. Il formaggio. La frase alude a "Der Inquisitor als Anthropologe" , en Freibeuter, 49 (1991), pp. 3-1 1. El nexo entre "échelle d'analyse" y "écriture de l'histoire", identificadas como "questions majeures", está recogido con mucha sutileza en el editorial (anónimo) "Histoire et sciences sociales. Un toumant critique" publicado en Annales E.S.C., 43 (1988), pp. 292-293.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 3 1 11. Pero el impulso hacia este tipo de narración (más aún, el impulso a ocuparme de historia) me venía de más lejos: de Guerra y paz, de la convicción expresa de Tolstói de que un fenómeno histórico puede ser comprensible solamente mediante la reconstrucción de la actividad de todas las personas que han formado parte de él.(ss) Me doy perfectamente cuenta de que estas afimaciones, así como los sentimientos que las habían generado (populismo, rabioso desprecio por la historia vacía y convencional de los historiadores) dejaron en mí, desde el momento en que leí aquella novela por primera vez, una marca imborrable. 11 formaggio e i vermi, la historia de un molinero cuya muerte había sido decidida hacía tiempo, por un hombre (un papa) que hasta un minuto antes no había oído hablar nunca de él, puede ser considerada producto mínimo y distorsionado del grandioso e intrínsecamente irrealizable proyecto de Tolstói: la reconstrucción de las innumerables relaciones que ligaban entre sí el resfriado de Napoleón antes de la batalla de Borodino, la disposición de las tropas y las vidas de todos los participantes en la batalla, incluyendo al más humilde de los soldados. En la novela de Tolstói el mundo privado (la paz) y el público (la guerra), a veces transcurren paralelamente, otras se encuentran: el principe Andrei participa en la batalla de Austerlitz, Pierre en la de Borodino. De esta forma Tolstói se adentraba en el camino que había abierto Stendhal espléndidamente con la descripción de la batalla de Water100 vista a través de los ojos de Fabrizio del Dongo.(56) Los personajes novelescos revelaban la penosa inadecuación con que los historiadores habían afrontado el (presumiblemente) hecho histórico por excelencia. Se trataba de un auténtico desafío intelectual. El desafío parece pertenecer a un pasado ya superado, de la misma forma que la histoire-bataille y la polémica contra la histoire-bataille.(s7) Pero una reflexión sobre la batalla como tema historiográfico puede tener aún utilidad: de ella emerge indirectamente una aporía fundamental del oficio del historiador. 55.- Cfr. 1, BERLIN, "The Hedgehog and the Fox. An Essay on Tolstoy's View of History " (1953), en Russian Thinkers, ed. H. Hardy y A. Kelly, London 1978, PP. 22-81. 56.- De esta deuda Tolstói era perfectamente consciente: cfr. Paul Boyer (1864-1949) chez Tolstoi: Entretiens a Zasnaia Poliana, París 1950, p. 40 (cit. también por BERLIN, "The Hedgehog", p.56). Véase N. CHIAROMONTE, Credere o non credere, Milán 1971 (agradezco a Claudio Fogu haberme señalado este libro). Cfr. Duby, Le dimanche de Bouvines.
32 CARLO GINZBURG 12. Para representar la Batalla entre Alejandro y Darío cerca de Iso (Munich, Alte Pinakothek, 1529), Albrecht Altdorfer escogió un punto de vista altísimo y lejano, comparable al de una águila en vuelo. Con la agudeza visual del águila pintó los reflejos de la luz sobre las armaduras, las monturas, las gualdrapas de los caballos, los colores chillones de las banderas, las cándidas plumas revoloteando sobre los yelmos, los caballeros armados con lanzas parecidos a un inmenso puercoespín, y después (retrocediendo despacio) las montaiias detrás del campo de batalla, los campamentos, las aguas, los vapores, el horizonte curvado que sugiere la forma de la esfera terrestre y el cielo inmenso en el que relucen el sol al ponerse y la luna al aparecer. Ningún ojo humano conseguirá jamás enfocar al mismo tiempo, como hizo Altdorfer, la especificidad histórica (real o supuesta) de una batalla y su irrelevancia cósmica.(ss) Una batalla es, para ser riguroso, invisible, como nos han recordado (y no solamente por efecto de la censura militar) las tomas televisivas realizadas durante la guerra del Golfo. Sólo un diagrama abstracto o una imaginación visionaria como la de Altdorfer pueden comunicar una imagen global. Parece lícito extender esta conclusión a cualquier acontecimiento, y con mayor razón a cualquier proceso histórico: la mirada cercana permite atrapar cualquier cosa que escapa a la visión de conjunto, y viceversa. Esta contradicción forma el Corpus central de un capítulo ("The Structure of the Historical Universe") del último libro de Siegfried Kracauer, publicado póstumamente con una introducción de Paul Oskar Kristeller: History. The Last Things Before the Last (1969). A pesar de mostrarse, en este aspecto, más optimista que su amigo Kracauer, Kristeller admitía que "the discrepancy between general and special history, or as he calls it, macro and micro history, represents a serious 58.- Cfr. O. BENESCH, Der Maler Albrecht Altdorfer, Viena 1940, p. 31: "Makrokosmos und Mikrokosmos werden eins". Reconozco haber tratado ya este tema en referencia a un paisaje de Pieter Bruegel (Giornata scura, Viena) y de la batalla que cierra la película Paisa de Rossellini: cfr. respectivamente Spurensicherungen, Berlín 1983; "Di tutti i doni che porto a Kaisire.. . Leggere il film scrivere la storia", en Storie e Storia, V, n09 (abril 1983), pp. 5-17. Sobre las conclusiones de Paisa véase la anécdota señalada por Federico Fellini, que había trabajado en el film como director-adjunto de Rossellini: cfr. Intervista su1 cinema, ed. G. Grazzini, Bari 1983, p. 55.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 3 3 dilemma" .(59) Les fleurs bleues de Queneau era de 1967, Kracauer había muerto un año antes. En este caso nos hallamos, con toda probabilidad, frente a un desarrollo independiente. Pero no es el término "microhistoria" el que importa; es el significado que éste poco a poco va adquiriendo en la reflexión de Kracauer. En principio "microhistoria" parece significar para Kracauer un simple sinónimo de "investigación monográfica". Pero la comparación entre "microhistoria" y el primer plano cinematográfico (close-up) (obvio por parte del autor de From Caligari to Hitler y de Theory of Film) introduce nuevos elementos. Kracauer observa que algunas investigaciones de carácter específico, como por ejemplo la de Hubert Jedin sobre los concilios de Constanza y Basilea, pueden modificar las visiones de conjunto marcadas por la macrohistoria. ¿Debemos quizás llegar a la conclusión de Aby Warburg, de que "Dios está en el detalle"? Es la tesis sostenida por "dos grandes historiadores" como (el acercamiento propuesto por Kracauer es significativo) Tolstói en Guerra y paz y Sir Lewis Namier. A pesar de la simpatía manifestada hacia estas posiciones, Kracauer reconocía que existían fenómenos admitibles solamente a través de una perspectiva macroscópica. Esto significa que la conciliación entre macro y microhistoria no se da, de hecho, por realizada (como sostiene, injustamente, Toynbee). Y sin embargo, se la persigue. Según Kracauer, la mejor solución es la seguida por Marc Bloch en Société féodale: un continuo ir y venir entre micro y macrohistoria, entre close-ups y tomas largas o larguísimas (extreme long shots), capaces de poner continuamente en cuestión la visión de conjunto del proceso histórico mediante excepciones aparentes y causas de corta duración. Esta prescripción metodológica desembocaba en una afirmación de carácter decididamente ontológico: la realidad es fundamentalmente discontinua y heterogénea. Por tanto, ninguna conclusión alcanzada en referencia a un determinado ámbito puede ser trasladada automáticamente a un ámbito más general (es la que Kracauer llama law of levels). Estas páginas póstumas de un historiador no profesional como Kracauer constituyen aún hoy, a mi entender, la mejor introducción a la microhistoria. Por cuanto sé, sus reflexiones no han tenido ningún 59.- Cfr. P. O. KRISTELLER, introducción a S. KRACAUER, History. lñe Last lñings Before the Last, New York 1969, p. vii (el subrayado es mío); en general véase el capítulo V, "The Structure of Historical Universe" , pp. 104-138, que Kracauer dejó incompleto.
34 CARLO GINZBURG peso en el nacimiento de esta tendencia historiográfica.(óo) A decir verdad, tampoco tuvieron ninguno para mí, que reparé en ellas, con lamentable retraso, hace sólo algunos años. Pero cuando las leí me parecieron extrañamente familiares. Creo que el motivo de ello es doble. Por un lado, su eco indirecto me había llegado muchos años antes, a través del encuentro decisivo con Minima Moralia: el gran trabajo con el que Adorno, a pesar de una adhesión jamás desmentida a la idea de totalidad, manifestaba implícitamente su gran deuda con la tradición micrológica inaugurada por Simmel y continuada por su amigo (y en cierta manera maestro) Kracauer.(61) Por otro lado, las ideas de Kracauer sobre historia (empezando por aquella, crucial, de la discontinuidad de la realidad) son una explícita y consciente reelaboración de algunos fenómenos capitales de la cultura de nuestro siglo: desde Proust hasta el cinematógrafo. El hecho de que ciertas ideas estén en el aire significa, después de todo, que partiendo de las mismas premisas es posible alcanzar de forma independiente conclusiones similares. 13. Demostrar la existencia de confluencias intelectuales y, al mismo tiempo, la ausencia de contactos directos es a menudo una operación nada fácil. Aquí radica, si no me equivoco, el interés (que va más allá de la relevancia del objeto) de la genealogía que he tratado de reconstruir hasta este momento: en parte real y en parte ficticia, en parte consciente y en parte inconsciente. Observando las cosas a distancia descubro que nuestras investigaciones eran un fragmento de una tendencia más general, cuyos perfiles, en aquel momento, se me 60.- NO han tenido mucho eco en general. Pero véase el profundo análisis de Martin JAY, que muestra agudamente que "in many ways History is one of Kracauer's most compelling and original works, which deserves to be 'redeemed', if one may borrow his own word, from an unmerited oblivion" ("The Extraterritorial Life of Sigfried Kracauer", Salmagundi, 10 (Fa11 1975 - Winter 1976), pp. 49-106, la cita en pág. 87). 61.- Cfr. JAY, "The Extraterritorial Life", p. 62 (sobre Minima Moralia), p. 63 (sobre la desconfianza de Kracauer respecto a la categoría de "totalidad"), p. 50 (sobre la asociación, en el pensamiento de Kracauer, entre "wholeness and death"). Véase, también de JAY, Mamism and Totality. lñe Adventures of a Concept from Lukiícs to Habermas, Cambridge 1984 (sobre Kracauer y Adorno, pp. 245-246). El joven Adorno leyó a Kant bajo la dirección de Kracauer: cfr. la introducción de R. BODE1 (importante en lo que se refiere a la relación entre ellos) a T. W. ADORNO, Su1 gergo del1 'autenticita, trad. it., Turín. He hecho alusión a mi deuda con Minima Moralia en la introducción de Miti emblemi spie, Turín 1986.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 35 escapaban casi por completo. Quizás no sea casual que la palabra "microhistoria" haya sido usada por primera vez, a lo que parece, en el título de un libro que describe con una minuciosidad casi maniática una batalla (a pesar de que la conclusión del libro de George Stewart sobre la batalla de Gettysburg evoque más a Conrad que a Tolstói). Aún menos casual es el hecho de que algunos años después, sin duda de una forma totalmente independiente, Kracauer identificara la microhistoria con Tolstói: una página que he leído, debo confesarlo, con un placer mezclado con un ligero desconcierto (así pues, la vía que había recorrido no era tan anómala a pesar de todo). Me doy cuenta de una dificultad. La extraordinaria capacidad de Tolstói de comunicar al lector la certeza física, palpable, de la realidad, parece incompatible con la idea, propiamente decimonónica, que he puesto en el centro de la microhistoria: y es que los obstáculos puestos a la investigación en forma de lagunas y distorsiones de la documentación, deben llegar a formar parte de la narración. En Guerra y paz sucede exactamente lo contrario: todo aquello que precede al acto de la narración (desde recuerdos personales a la memorialística del periodo napoleónico) es asimilado y sacrificado para permitir al lector introducirse en una relación de especial intimidad con los personajes, de participación inmediata en sus aventuras. Tolstói supera de un salto la distancia inevitable entre los indicios fragmentarios y distorsionados de un acontecimiento (una batalla, por ejemplo), y el propio acontecimiento. Pero este salto, esta relación directa con la realidad sólo puede verificarse (aunque no necesariamente) en el plano de la invención: al historiador, que dispone sólo de indicios, de documentos, eso le está por definición prohibido. Los frescos historiográficos que tratan de comunicar al lector, con recursos generalmente mediocres, la ilusión de una realidad crepuscular, abaten tácitamente este límite que constituye el oficio del historiador. La microhistoria escoge el camino opuesto: acepta el límite explorando las implicaciones gnoseológicas y transformándolas en un elemento narrativo. Esta vía había sido anticipada en cierto modo por el crítico italiano Renato Serra, en un breve pero denso ensayo escrito en 1912, y aparecido póstumamente: Partenza di un gruppo di soldati per la Libia.(62) Serra, en una carta a Benedetto Croce, declaró haber partido de las ideas sobre la historia expresadas por Tolstói en Guerra 62.- Cfr. R. SERRA, Scritti letterari, morali e politici, ed. M. Isnenghi, Turín 1974, pp. 278-288. Recojo aquí algunas observaciones ya hechas en "Just One Witness", en Probing the Limits of Representation: Nazism and the "Final Solution ", ed. S. Friedlander, Cambridge 1992, pp. 94-94.
36 CARLO GINZBURG y pUZ.(63) En un ensayo incluido posteriormente en el volumen titulado Teoria e storia della storiograJa, Croce había rechazado la posición de Tolstói tachándola de absurda y escéptica: "nosotros, en todo momento, conocemos toda la historia que nos importa conocer"; por tanto, la historia que no conocemos es idéntica al "eterno fantasma de la 'cosa en sí7".(64) Serra, en su autodefinción irónica de ser "un esclavo de la cosa en sí", confesaba a Croce sentirse muy cercano a Tolstói: "sólo que", añade, "mis dificultades son, o me parecen, más complicadas " . (65) En efecto, la Partenza recoge las reflexiones de Tolstói (sin nombrarlo) pero las desarrolla en una dirección completamente distinta. Torpes cartas mandadas por los soldados a sus familias, artículos de diarios escritos para complacer a un público lejano, partes de guerra escritos con prisa por un capitán impaciente, reelaboraciones de historiadores impregnados de una veneración supersticiosa por cada uno de estos documentos: todas estas narraciones, independientemente de su carácter más o menos directo, presentan (dice Serra) una relación muy problemática con la realidad. Serra, con frases que se vuelven cada vez más rápidas y casi febriles, señala el ritmo de un pensamiento que gira en torno a la contradicción no resuelta entre la certeza de la existencia de la "cosa en sí" y la desconfianza en la posibilidad de alcanzarla mediante los testimonios: "Hay alguna gente que de buena fe se imagina que un documento puede ser una expresión de la realidad. . . . Como si un documento pudiese expresar algo distinto de si mismo. . . . Un documento es un hecho. La batalla otro hecho (infinidad de otros hechos). Los dos no pueden ser uno. . . . El hombre que trabaja es un hecho. Y el hombre que narra es otro hecho. . . . Todo testimonio responde solamente de sí mismo; del momento propio, del propio origen, del propio fin, y de nada más. ... Todas las críticas que hacemos a la historia llevan implícitas el concepto de la verdadera historia, de la realidad absoluta. Es 63.- Cfr. R. SERRA, Epistolario, ed. L. Ambrosini, G. De Robertis y A. Grilli, Florencia 1953, pp. 454 SS. 64.- Cfr. B. CROCE, "Storia, cronaca e false storie" (1912) más tarde incluido en Teoria e storia della storiografia, Bari 1927, pp. 44-45. 65.- Cfr. SERRA, Epistolario, p. 459 (11 de noviembre de 1912). La divergencia con Croce está señalada por E. GARIN, "Serra e Croce", Scritti in onore di Renato Serra per il cinquantenario della morte, Florencia 1974, pp. 85- 88.
MICROHISTORIA: DOS O TRES . . . 37 necesario afrontar la cuestión de la memoria; no en su sentido de olvido, si no en el de recuerdo. Existencia de las cosas en sí. "(66) 14. Leí estas páginas al inicio de los años 80. Pero su esencia me había llegado más de veinte años antes, mediante las lecciones pisanas de Arsenio Frugoni. En su libro Arnaldo da Brescia nelle fonti del secolo XII (1954) había mostrado cómo la óptica específica de cada fuente narrativa contribuye a presentar al mismo personaje con un matiz cada vez distinto.(67) Hoy me parece que el sarcasmo de Frugoni sobre la ingenua arte combinatoria de los eruditos positivistas partía de la polémica antipositiva de Serra ("Todo testimonio responde solamente de sí mismo; de1 momento propio, de su propio origen, de su propio fin, y de nada más") tratando de sobrepasar las implicaciones escépticas. No estoy seguro de que Frugoni conociese Partenza di un gruppo di soldati per la Libia. Su lectura (o relectura) reciente me parece clara y evidente en un escrito de un carácter completamente distinto: el Ricordo di una bataglia de Italo Calvino (1974).(68) "Es necesario afrontar la cuestión de la memoria", había escrito Serra. Calvino reanuda el discurso en ese punto, a pesar de que su batalla sea otra: un episodio de guerra partisana, que trata de hacer resurgir a casi treinta años de distancia. En principio todo le parece claro, al alcance de la mano: "No es cierto que no recuerdo nada más, los recuerdos aún están allí, escondidos en el gris ovillo del cerebro ..." Pero la formulación negativa ("no es cierto") está ya separada de la duda, que desmigaja los recuerdos que poco a poco la memoria le trae : "Y mi miedo actual es que apenas se perfila un recuerdo, reciba de pronto una luz equivocada, artificial, sentimental, como lo son siempre la guerra y la juventud, y se convierta en un trozo de relato en el estilo de entonces, que no pueda decirnos cómo 66.- SERRA, Scritti letrerari, pp. 286-87. 67.- Cfr. "Beweise und Moglichkeiten", epílogo a N. ZEMON DAVIS, Die wahrhafrige Geschichte von der Wiederkehr des Martin Guerre, Munich 1984. 68.- El texto de Calvino, publicado por primera vez en "11 corriere della sera" del 25 de abril de 1974 (aniversario de la liberación) se lee ahora en La strada di San Giovanni, Milán 1991, pp. 75-85. La recopilación einaudiana a cargo de Isnenghi se acabó de imprimir "el 16 de febrero de 1974".