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La Declaración de Derechos Humanos de 1793

González González, Nazario

Abstract

El autor justifica este artículo aduciendo la falta de estudios sobre las Declaraciones de 1793 y 1795 en relación a la de 1789, sobradamente conocida. Para subsanar esta situación, realiza el profesor González una aproximación a nivel histórico-morfológico y formal. A su vez fija las relaciones entre Declaración de Derechos y Constitución.

Full text

MANUSCRITS, nP 8, Ene o 1990, p8gs. 165-191 La Decla ación de De echos Humanos de 1793 Naza io González C eemos se puede a i ma que den o de la iquísima bibliog a ía sob e la Re olución F ancesa, el ema de los De echos Humanos ha sido uno de los menos a o ecido^.^ Aho a bien, una ez admi ida la p esencia escasa de ales es udios, obse amos que és os se cen an en la Decla ación de 26 de agos o de 1789. Pa ece como si la Decla ación elabo ada po la Asamblea Cons i uyen e en sus p ime os meses de ida p e endiese asumi la o al ep esen a i idad de los De echos Humanos adsc i os a la Re olución F ancesa. Y es o no es co ec o, a eno de los hechos; po que den o del ciclo e oluciona io se p oduje on o as dos Decla aciones, la de 24 de junio de 1793 y la de 22 de agos o de 1795. Y consecuen emen e, sólo del conjun o de las es Decla aciones podemos deci que nace la apo ación de la Re olución F ancesa al ema de los De echos Humanos. «En jus icia, susc ibi emos con Ma cel Gauche , el deba e abie o en el e ano de 1798 sob e el ema de los De echos Humanos plan ea una p oblemá ica que pe sis i á en las e siones siguien es, la de 1793 y la de 1795».2 In oduzcamos aho a, sob e es a isión de las Decla aciones de De echos Humanos, cen ada en el pe íodo e oluciona io ancés, la pe spec i a mayo de esa misma His o ia de los De echos Humanos, do ada de au onomía p opia, la que eco e y e eb a oda la His o ia Con empo ánea, desde el úl imo e cio del siglo XVIII has a nues os días. En onces esa iple apo ación de la Re olución F ancesa a los De echos Humanos, adquie e un nue o alo , al pone las bases de las es ac i udes undamen ales que a pa i de en onces se p oduci ían an e los De echos Humanos: la bu guesa que co esponde ía a la de 1789, la social que apun a en sus in enciones y se ma e ializa en de e minados a ículos de su ex o, en la Decla ación de 1793, y la más e icen e, cuando no ancamen e hos il, asumida po la ideología conse ado a, muy a ín al espí i u y aún a la le a que animó la Decla ación elabo ada po el Di ec o io en el e ano de 1795.3 De ahí la impo ancia de es udia cada una de ellas sepa adamen e; más oda ía las más desa endidas que son como hemos dicho las de 1793 y 1795. Vamos pues a cen amos en es e abajo en la p ime a de las dos, la de 1793. Nos ap oxima emos a ella, en p ime luga , His b icamen e, in en ando segui su complejo p oceso de elabo ación desde la pues a a pun o de la Comisión que la elabo ó, en sep iemb e de 1792 has a su inal ap obación en junio de 1793. Con ello no sólo ealiza emos un p ime conocimien o de la Decla ación en sí, sino que a oja emos un oco de luz y desde un nue o ángulo a ese pe íodo siemp e complejo del ciclo e oluciona io ancés que a desde el nacimien o de la Con ención a los p olegómenos del Te o . Una ez allanado, po deci lo así, el camino his ó ico, pod emos abo da mejo el ex o mismo de la Decla ación Mo olbgica nen e. E ec i amen e, la Decla ación de 1793 no es ni una ei e ación más de los De echos Humanos, con ese ai e de can ilena epe i i a que algunos han que ido e en sus insis en es e siones, ni un mosaico dispe so de endencias ideológicas, a eno de las di e sas manos que como e emos an a in e eni en su elabo ación; sino que posee una azón de se , un o den in e no, que egula y explica los dis in os bloques que la in eg an. Finalmen e, y desde un pun o de is a Fo mal, la Decla ación de 1793 nos ayuda a acla a un pun o impo an e en la his o ia de los De echos Humanos, el de su elación con el ex o cons i ucional al que desde sus o ígenes, as ence algunas indecisiones y posiciones con a ias, acos umb a on a i unidos. La Decla ación de 1793 con ibui á decisi amen e a a ianza es a inculación; pe o al mismo iempo y sin que ello implique una con adicción, con ibui á a ija las di e encias en e ambos ex os, Decla ación de De echos y Cons i uación. Pensamien o y acción en la Decla ación de 1793 Comencemos po lo p ime o, po su his o ia in e na. El 29 de sep iemb e de 1792 la eciCn nacida Con ención puso en ma cha la maquina ia de unas comisiones de abajo que ya habían dado p uebas de su e icacia desde la p ime a Asamblea Con~ i uyen e.~ Y la p ime a de odas se ia la Comisión de Cons i ución. T as los ámi es no males de p esen ación de candida u as y o aciones, el 11 de oc ub e de 1792 se conocie on ya los nomb es de sus nue e miemb os. E an Jacques B isso (quien se ía p on o sus i uido po Cha les Ba ba oux), el ya his ó ico alcalde de Pa ís, du an e la P ime a Re olución, Jd Gme Pe ion, el andem bo dolés- gi ondino compues o po Pie e Ve gniaud y A mand GensonnC, el di ícilmen e de inible Be and Ba & e de Vieuzac, que es a á p esen e y desde posiciones con a ias en momen os decisi os de la elabo ación del ex o, la cu iosa pe sonalidad del inglés Thomas Paine, ep esen an e del ala adical inglesa a o able a los Re oluciona ios anceses y los nomb es mayo es de Joseph Si&yes, Geo ge Dan on y Mane An oine de Condo ce . Es e es el da o pun ual, luga común en cualquie his o ia de la Re olución, sob e el que noso os amos a deja cae es os es pun os de análisis que nos in oducen ya de lleno en el obje o de nues o es udio. 1. No podemos pasa po al o, en p ime luga , el hecho mismo de la c eación de un Comi é de Cons i ución, des inado a edac a un nue o ex o undamen al, cuando sólo habían anscu ido es años escasos desde la en ada en igo de una Decla ación de De echos y de una Cons i ución la gamen e elabo ados y que había in oducido p o undos cambios que aún es aban en g an pa e po e i ica en la ida polí ica ancesa. Rápidamen e nos sale al paso, pa a explica es a anomalía, la esis de la doble Re olución, admi ida en la his o iog a ía de la Re olución; es o es, que a pa i de agos o de 1792, F ancia ealiza una Re olución sob e su p opia Re olución; dicho de o o modo, y apu ando el plan eamien o has a su ex emo, que pa a los Con encionales de sep iemb e de 1792 la F ancia moná quico-cons i ucional de 1791 hacía igu a de An iguo RCgimen espec o al nue o cu so mucho más a anzado po el que se p oponían lle a en adelan e la Re olución. Pe o hay o a explicación, con e gen e en si con Cs a, pe o de i ada de la na u aleza de los De echos Humanos, cuyos p incipios e an ya el pila undamen al de la Re olución de 1789 y se daba po asen ado hab ían de se lo ambiCn de es a nue a. Desde cualquie a de las dos pe spec i as, la lockiana que alimen ó más di ec amen e la Decla ación de Vi ginia y la ousseauniana que inspi ó la de 1789, el concep o de Pac o e a esencial pa a la nue a Doc ina de los De echos Humanos que había comenzado a explici a se en el mundo occiden al desde el úl imo e cio del siglo XVII. Pues bien, lo que había sucedido en el e ano de 1792, lo que c eaba una osa di ícilmen e sal able en e el mundo egido po la Cons i ución de 1791 y el que como una g an página en blanco se ab ia an e los e oluciona ios de sep iemb e de 1792, e a que el Pac o se había o o. La aición consumada del Rey le desau o izaba como su p ime i man e, his ó icamen e hablando, y deposi a io de uno de los es Pode es, descolocando con ello a las demás piezas del edi icio cons i ucional. Se ol ía o a ez a la hipó esis p ime a del es ado de na u aleza, desde la que había que in en a un nue o p oyec o de sociedad ci il, jus amen e el p oyec o cons i ucional encomendado a la Comisión. Como si uese una jus i icación inconscien e, es ecuen e una y o a ez a la ho a de p esen a o de ende los di e en es p oyec os de la nue a Cons i ución, ecae en es a idea. «Os p esen o, di á M. A. de Condo ce , al p esen a su p oyec o el 15 de eb e o de 1793, el nue o pac o social an uni e salmen e deseado, an impacien emen e espe ado^.^ Y meses adelan e, el dipu ado Hen i Isna d en una de las múl iples sesiones en las que se discu ió el ema cons i ucional, la del 10 de mayo de 1793, in en a á p o undiza sob e el concep o mismo de Pac o Social, al insis i en que no podía asen a se en «la olun ad de una mayo ía que comp ome a a la sociedad en e a», sino que debía «aba ca y comp ome e desde sus ongenes mismos a odos los miemb os de la sociedad».6 2. No amos en segundo luga que es e Comi C Cons i ucional es el p ime o en el iempo y el más ascenden al po su come ido de los que se c ean en las ci ada echa de 29 de sep iemb e, as las eciCn celeb adas elecciones pa a la nue a Asamblea. De ahí po una pa e el in e Cs po accede a 61. Lo in en ó Robespie e, pe o no alcanzó el núme o su icien e de o os. R echazo que explica en pa e su pos u a hos il al p oyec o salido de la Comisión. De Condo ce nos dice L. Cohen que «I1 souhe ai passionemen d'e e admiss. Al igual que Sieyes que ue quien ob u o un mayo núme o de o os.7 Pe o además una ez o mada la Comisión au omá icamen e se con i ió en mo i o de con lic o en e los dos bandos que ya habían e lido sus p ime as a mas, en la e apa de Mona quía Cons i ucional. «La san a a monía» a la que se e e ía Dan on al e leja el ambien e de mu ua econciliación que iniciado en la jo nada del 10 de agos o había alcanzado su clímax en los días que siguie on a Valmy, quedó b uscamen e o a nada más conoce se el esul ado de la o ación. Geo ges Cou hon, «el doble de Robespie e» (J. Michele ), di ía an e el Club de los Jacobinos en su sesión del 12 de oc ub e: «Ved la composición del Comi é de Cons i ución; es lo que ha hecho que caiga la enda de mis ojos. Se me en en odos los pues os.. . ese, ese pa ido (los gi ondinos) compues o de gen es su iles, in igan es y sob e odo ex emadamen e ambicioso.. . Su obje i o es copa odos los pues os y sob e odo los pues os de la República».8 Reanudadas así las hos ilidades a cuen a del Comi é de Cons i ución, el ex o de la misma, sus icisi udes in e nas y plazos de ap obación no deja ían ya de se uno de los campos a o i os de lucha en e la Mon a la y la Gi onda, has a su ap obación inal que sin omá icamen e coincidi á con la de o a de ini i a de la Gi onda en junio de 1793. 3. En e ce luga , es aba el p oblema de la p esidencia de la Comisión. La expe iencia de en onces y de hoy demues a la impo ancia que en es e ipo de comisiones educidas iene su P esiden e. Dos nomb es se la podían dispu a y de hecho, al menos en p incipio, se la dispu a on: J. Si&yes y M. A. Condo ce . Ambos es aban sob ados de p es igio e oluciona io y de sabe cons i ucional. Salió elegido Condo ce . Su epublicanismo de p ime a ho a, cuando muchos de los Con encionales de hoy aún apos aban po la Mona quía, ue ya un impo an e a al a su a o . E a además el Úl imo g an ep esen an e del Pensamien o de la Ilus acion, gene ado de an as inci aciones y soluciones conc e as como habían sido asumidas a lo la go de los es úl imos años po la Re olución. A pesa de su alan e in elec ual y dis an e, al que enseguida aludi emos, había con ado con un no able éxi o en las ecien es elecciones a la Con ención. Había salido elegido po cinco dis i os; Si&yes.solamen e po es. Con ó además den o de la comisión con el apoyo de la mino ía jacobina que aún eía en él un posible aliado, con la amis ad incondicional de Th. Paine, y si que emos apu a el plan eamien o, con la conni encia del mismo Sikyes quien con es a enuncia explíci a iniciaba una ác ica de n aimien o que man end ía a lo la go de oda la Con ención y le ese a ía -aquel his ó ico <<j'ai ecu»- pa a los momen os decisi os de la ansición al Regimen ~apoleónico.~ El p oyec o Condo ce Condo ce se en egó de lleno a su abajo. Fue él el p incipal a í ice del p oyec o cons i ucional; se ía la ob a de su ida. Pa a inales de diciemb e ya u DECLARACI~N DE DERECHOS HUMANOS.. . 169 enía e minado su abajo que ue acep ado sal o pequeños e oques po la Comisión. Pe o no nos adelan emos. Po que es el momen o de eco da que la ecién c eada comisión había omado la inicia i a de ab i un u no de consul as a ni el nacional e in e nacional que apo a an cuan as ideas y p oyec os pa ecie an ú iles; así se consegui ía un ex o lo más uni e sal y pe ec o posible. Las palab as de B. de Ba h e an e la Con ención, el 19 de oc ub e, ue on su icien emen e cla as: «El Comi é ha pensado que enía que odea se de odas las luces, in e oga po doquie al genio de la libe ad.. . ecoge los bene icios de la libe ad de p ensa.. . con oca a odos los ciudadanos pa a que concu an más pa icula men e a la edacción del nue o pac o soci al... La cons i ución de una República no puede se la ob a de unos pocos espí i us sin6 la ob a de odo el espí i u humano.» Y concluía: , Voso os habéis nomb ado una comisión de nue e miemb os, pe o odo aquel que en el seno de la Con ención, en F ancia, en Eu opa, sea capaz de aza un plan de cons i ución epublicana y de pone po esc i o la o ma de desa olia la, es ambién miemb o de la Comisión» l l Excelen e idea, en sí. Con ella se ecogía una adición que po lo que espec a a lo que había de se el g an pó ico de esa Cons i ución, la Decla ación de De echos, la de ec amos desde sus p ime os o ígenes: su olun ad de uni e salidad.12 Pe o ambién u o o a consecuencia de ca ác e p ác ico, Cs a ya mucho menos posi i a: se imponía al ex o un p ime ac o de e aso. La Decla ación de 1793 no end ía ya, como la de 1789, la escu a y el igo p opios de un ex o nacido de un deba e concen ado, abie o al calo de los p ime os días de la Re olución (de la Segunda Re olución, en el sen ido que an es dijimos). Y una ez encajado es e p ime e aso, ya no se ía di icil endosa le o os, más o menos jus i icados, como hemos de e ; po que la Mon aña ap o echa á es os plazos pa a e asa en una p ime a ase lo más posible la ap obación de una Cons i ución que conlle a ía unos nue os comicios en los que muy posiblemen e disminui ía sus e ec i os en elación con los conseguidos en las p ecipi adas elecciones de sep iemb e y e mina á en el úi imo amo del p oceso cons i ucional, po hace se con su au o ía, cuando menos o icial y o mal. El segundo ac o de e aso, ex e io a la elabo ación in e na del documen o, pe o pe ec amen e lógico, ue el p oceso del Rey. E a na u al que abso biese oda la a ención de la Con ención desde el 7 de no iemb e de 1792 en que se ab ió el deba e has a el 21 de ene o de 1793, en que Luis XVI subió a la guillo ina; más la esaca podemos a íadi que du a el es o del mes de ene o y p ime a semana de eb e o, de eacciones in e nas (dimisión del Minis o del In e io Rolland) y condenas in e nacionales, es as úl imas con la consecuencia inmedia a de una Decla ación de Gue a de Ingla e a (1 de eb e o) que poco después da ía pie a la o mación de la p ime a G an Coalición. P ecisamen e den o de es e con ex o his ó ico, los Gi ondinos an a apun a se una ic o ia, bien pí ica es cie o, al Consegui cque la Con ención ponga de nue o en el p ime plano el ema cons i ucional: se imponía, ue su a gumen o, o alece ins i ucionalmen e el Régimen, ca a a las di icul ades ex e nas y ambién in e nas que se a ecinaban. Se ija 4 así la echa del 15 de eb e o pa a que Condo ce , como P esiden e de la Comisión, p esen e públicamen e el p oyec o. La in e ención de Condo ce no u o éxi o. Razones o males en p ime luga : Condo ce es un mal o ado . Se le oye mal. Se cansa. «Condo ce , a igué, cede sa place a Ba be», ano a pun ualmen e el dia io de la sesi6n.13 Sucede, además, que sin que conozcamos la azón exac a, B. Ba e e cede la ibuna den o de la misma sesión a A. Gensonné quien al no pode e mina la lec u a en el día, con inúa con su exposición en la ma lana del 16. Demasiadas in e upciones y oces ajenas pa a da ida a un discu so, además de p olijo, denso y azonado como co espondía a un ilóso o del XVIII. Fue un lanco po el que p on o lo a acó la oposición. «Me ha pa ecido, a güi ía inalmen e Sain Jus , que el Comi é ha conside ado la olun ad gene al desde el pun o de is a in elec ual.. . La libe ad no debe es a en un lib o, debe es a en el pueblo».14 Y en la misma línea G. Cou hon, e i iéndose conc e amen e a los De echos del homb e, a los que cali ica á de «una abs acción a ec ada».15 El que podíamos denomina discu so social jacobino que i á en iqueciéndose con nue as apo aciones en los meses siguien es, ha comenzado po ab i b echa en un P oyec o Cons i ucional al que se le conside a iel e lejo de la acción opues a a las bases popula es encuad adas en las secciones pa isinas y en las Fede aciones de p o incias. Y desde es os g upos iene p ecisamen e a ce a se es a c í ica social, al p oyec o ecién p esen ado. «Hay que ahoga a es a c ia u a en la cuna», dice una de es as asociaciones popula es, la denominada <<Los De enso es de la República una e indi isible»; po que es, añaden, «una Cons i ución mon ada oda ella pa a a o ece al ico con a el pob e».16 Pe o había o a azón de índole más pe sonal pa a explica es a ía acogida que desemboca á en una au én ica gue a al que bien pod íamos llama ya P oyec o Condo ce . El Condo ce que sube a la ibuna en aquella mañana de eb e o, no es ya la pe sonalidad indiscu ida de las p ime as semanas de la Con ención. Es un polí ico de aluado. La Izquie da no le pe dona que ue a uno de los ca o ce que se abs u o en la o ación sob e la condena a mue e del Rey. No impo a que su pos u a no u ie a nada que e con el escoldo moná quico de sus compa ie os de o o. Su único a gumen o ue su oposición on al a la pena de mue e, cualquie a que uese el inculpado. Pe o p ecisamen e a a és de es a o ación quedó de mani ies o, con una especial cla idad, la pe sonalidad polí ica de es e pe sonaje al que bien podemos cali ica de singula en la His o ia de la Re olución. E ec i amen e, sólo Condo ce , en e los iius ados de p ime a ila, aspasó con su biob a ía la aya de 1789 y se in odujo de lleno en el o bellino de la polí ica e oluciona ia. Pe o sin enuncia nunca a su genuino alan e in elec ual. Se lo dispu a on las dos acciones y cada una c eyó en su momen o que lo enía de su lado. Pe o en cualquie e uel a del camino se e guía el ilóso o p incipalis a e independien e, libe al, pe o con una mano endida al pueblo. Su epublicanismo a oda p ueba, su de ensa de la igualdad acial y su posición en a o de la muje le ap oximaban a las LA DECLARACI~N DE DERECHOS HUMANOS.. . 171 esis jacobinas, mien as que su epulsa a la manipulación del pueblo con ines polí icos, su de ensa de las libe ades públicas que eia conculcadas dia a día po el Comi é de Segu idad y a pa i de ab il po el Comi é de Salud Pública, le hacían pasa po un gi ondino más, an e la opinión, no an e los con encionales adsc i os a es e g upo de los que se dis anció en múl iples ocasiones, una especialmen e signi ica i a en la o ación del 28 de mayo, en la que alineado con Dan on y Camback es, Condo ce o a con a el es ablecimien o de la Comisión de los 12 p opues a po la Gi onda, pa a ce a el paso a la Insu ección, aquélla po cie o que desencadenada al in en las jo nadas del 30 de mayo y 2 de junio, hab ia de a as a le a su p osc ipción y pos e io mue e. Desde el ala conse ado a le juzga ía asi, pasado el auma del Te o , en 1795, el publicis a J. P. Gallais: «Fue un ilóso o equi oco que dese ó de los al a es de la sabidu ía pa a incensa el idolo de la libe ad».17 Y en el o o ex emo, su compañe o de Comisión B. Ba k e, que siguiendo caminos más o uosos sob e i ió al Te o con el que se iden i icó en los peo es momen os, le dedica en sus Memo ias es e elogio: «Después de Sóc a es no ha habido un ilóso o an bienhecho de los demás, an ole an e, an amigo de la humanidad y p o ec o de sus de echos. Au o de un p oyec o de Cons i ución, demasiado ele ado en sus mi as, demasiado se e o en su disposición, pa a un pueblo que i ía en los albo es de la Re olución, Condo ce , concluye el «Anac eon e de la guillo ina», ue un incomp endido en e los pe sonajes de su época».l8 Y a mi ad de camino uniendo a su in uición de muje el esabio que le podía queda de la enemis ad que hubo en e Condo ce y su ma ido, esc ibi á Mme. Roland, ambién en sus a dias Memo ias: «Su e dade o pues o es aba en la Sec e a ia de la Academia de Ciencias.. . Si con su espí i u se si uaba en el ni el de las más al as e dades, en su ca ác e dominaba el miedo (?). E a una ina in eligencia, pe o empapada en algodón ... uno de esos homb es en in a los que hay que hace les que esc iban, pe o no que ac úen».l9 Tal ez no odos pensaban lo mismo que la seduc o a se lo a de la Pla e ie, en e o os el que ue a su mejo maes o, D'Alembe , quien de inía a Condo ce como «un olcán cubie o de espuma». Condo ce pe enecía a esa aza de homb es que sólo hunden las aices de su ene gia en el pensamien o. A su iempo lo hemos de e p obado. Pe o de momen o es álida la conclusión p o isional de que el homb e-Condo ce asume una buena pa e del p ime echazo y si que emos ambién de los p óximos con a iempos que su i á el iniciado p oceso cons i ucional. Hacia un p oyec o Jacobino de De echos Humanos T es da os bien conc e os an a ma ca el nue o cu so, que as es e p ime opiezo a a segui el p oyec o cons i ucional. El mismo día 16 de eb e o, en que Gensonné e mina de lee el la go in o me p esen ado po Condo ce , un gi ondino de p ime a ho a pe o ya en olado en las ilas de la Mon aña, A. Jeanbon Sain -And é, se ap esu a a eco da un dec e o de la Con ención según el cual «el Comi é de Cons i ución debía queda disuel o a pa i del momen o en que el p oyec o po 61 elabo ado uese p esen ado a la Asamblea».20 Así se hizo, con lo que el p oyec o quedaba de algún modo abandonado a sí mismo, a me ced de las c í icas c ecien es de la p ensa, los clubs, y las secciones popula es.21 En segundo luga , ambién ese mismo día, se hizo mención de o a moción que p esen a a en el momen o mismo de pone se en ma cha la c eación de la Comisión, el 29 de sep iemb e, Jacques Rabau -Pomie , un dipu ado que ha pasado a la his o ia más po sus apo aciones a la medicina que como polí ico, según la cual el p oyec o de Cons i ución no pod ía se discu ido «sino po lo menos dos meses después de habe sido p esen ado, a in de que pueda se examinado po cuan os en F ancia y en Eu opa pe enecen a la clase de homb es ins uidos y lib es; ue, concluyó, el de ec o que u o la Cons i ución de 1789~.~~ E a, como se e, un ma iz dis in o de aquella consul a uni e sal p opues a el 11 de oc ub e po B. de Ba k e. Allí se pedían ideas pa a un ex o cons i ucional, aqui opiniones, y en su caso c í icas, sob e el p oyec o ya p esen ado. Pe o el esul ado se ía el mismo: una nue a cua en ena impues a a la Decla ación de De echos y Cons i ución subsiguien e. Y e ce da o: dos días después de la lec u a, el 18 de eb e o, F ancois An hoine, un jacobino de p ime a ho a, pe seguido en los días de la Legisla i a po su maximalismo e olucionano, oma la palab a en el Club de los Jacobinos pa a ins a a sus miemb os a Que no dejasen de la mano la oposici6n al p oyec o que acaba de da se a conoce y pa a p opone , «como la mejo censu a al mismo, p esen a uno mejo . Po que en o o caso, sub aya, se nos acusa ía de no que e una Con~ i ución».2~ Y así se hizo. Aquel mismo día se o mó una comisión jacobina, des inada a segui minando an e la oposición el P oyec o Condo ce y p epa a a su ez un ex o al e na i o. Fue on sus miemb os Jeanbon Sain -And é, Robe , Tounon , Ben abole, Robespie e, Billaud-Va enne, An hoine y Sain -Jus ; y como suplen es, A. Cloo z y Cou hon. Los p ime os días de ab il cogie on po so p esa a una Con ención que desde mediados de eb e o pasaba po uno de sus momen os más di íciles: mien as que en las p o incias se oponian a la Consc ipción se mul iplicaban las de o as en los en es y empeo aban las condiciones de ida de las clases popula es, sob e odo en las g andes ciudades. Se habian cumplido los dos meses p esc i os y que eco da a Rabau -Pomie y la Gi onda exigía que se e oma a el ema cons i ucional. Y así ue; a pa i del día 15 se ijó un calenda io de echas pa a en a en su discusión. ¿Pe o sob e qué ex o? A la Con ención habían ido llegando desde el mes de oc ub e nume osos p oyec os en e amen e nue os que unidos a las enmiendas más pun uales al p oyec o de Condo ce , llega on a suma escien os ex os di e en e^.^^ Y es o supues o, ¿quién ha ía la selección p e ia, que pues a a o ación en la Asamblea pe mi ie a inicia el deba e pa iendo de un solo ex o? Desapa ecida la Comisión p ime a se imponía c ea una nue a. Y así se hizo; y sólo uno de sus miemb os en ó a LA DECLARACI~N DE DERECHOS HüMANOS.. . 173 o ma pa e de ella: B. Ba e e. Condo ce quedó excluido. Dolo oso, aunque espe ado echazo, po lo que acabamos de explica , que se ocó en iun o cuando en la sesión del día 17 de ab il el gi ondino P. J. Cambon consiguió que la Asamblea adop ase como documen o base pa a su discusión el p opues o en su día po nues o ilóso o. Pa a ello se si ió de una hábil a gumen ación: en e a la dispe sión y a eces inanidad de esos es cen ena es de p opues as, la de Condo ce enía al menos el mé i o de una cohe encia in e na y de una iqueza de ideas, aquélla que sus ad e sa ios habían cali icado de densidad. Y en segundo luga , la expe iencia de 1789 daba que el ex o base no e a más que un pun o de pa ida que los dipu ados se enca ga ían de enmenda , has a hace lo i econocible.25 Pe o nue o a a a de es e o iginal p oceso cons i uyen e. No sucedió así. Con apidez y luidez inespe adas ue ap obando la Asamblea los ein a a ículos de la Decla ación de De echos del Homb e y del Ciudadano, pó ico de la eglamen ación cons i ucional, o «Cons i ución mad e», como les limó en la sesión del día 17 el dipu ado J. B. Salle.% Sólo los a ículos V y VI, e e en es a la libe ad de p ensa y a la libe ad de cul os, opeza on con sendos le es obs áculos p on o supe ados. Es indudable que in luyó en es a luidez la p eocupación an e las de o as en el ex e io e ines abilidad in e io ; e a p eciso ce a ilas e ins i ucionaliza cuan o an es a la ecién nacida República. Pe o una in e ención de P. L. Ben abole, an e el club de los Jacobinos, el 18 de abnl, nos o ece o a impo an e cla e de explicación. De las ilas de la Mon aña se es aba ex ayendo la p ác ica o alidad de los «Comisa ios de Misión» que sob e odo a pa i de la aición de Du nou iez (3 1 de ma zo) se espa cian po odo el e i o io ancés, pa a man ene en su pu eza el espí i u e oluciona1io2~; ello suponía que al aban los dipu ados - Ben abole da la ci a exac a de 113- que más podían opone se al p oyec o. Había con odo una mino ia que mon aba gua dia. Aquella comisión jacobina c eada el 18 de eb e o se dispuso a in e umpi la ma cha iun al del p oyec o cons i ucional, a ajándolo en su misma aíz, an es de que és a se asen a a, es deci , en la Decla ación de De echos que a úl ima ho a de la a de del jue es 22 de abnl había llegado al penúl imo a ículo del P oyec o Condo ce , el 29. Segu amen e, Robespie e pidió la palab a. No la oma ía el 23, ocupada la Asamblea en o os emas pun uales; pe o sí el 24, en una memo able sesión. Es el día en que Ma a en a iun an e en la sala, lib e de la acusación de p omo e la insu ección que con a 61 quisie on le an a los Gi ondinos. Se ad ie e además que la in e ención de Robespie e se encuad a den o de una ope ación de mayo alcance; po que en la misma sesión in e ienen los jacobinos Sain Jus y Ana chasis Cloo z, G. Romme y J. B. Ha mand. La in e ención de Robespie e Pe o !a In e ención más sonada es sin duda la de Robespie e. Robespie e se cen a á exclusi amen e en la Decla ación de De echos. comba i a y del adicalismo e in eg idad que ca ac e iza on su acción his ó ica. Suyo es en p ime luga el P eámbulo del que p escindió Condo ce , yendo di ec amen e al g ano del a iculado. Robespie e en cambio le daba una especial impo ancia y se sen ía o gulloso de 61. «La simple lec u a del p eámbulo, dijo, bas a pa a anima a los amigos del pueblo y causa desespe ación a los enemigos. Eu opa no end á más emedio, con inuaba, que admi a el más bello monumen o de la azón humana».41 En ealidad lo que Robespie e hizo ue esumi aquel solemne y a la ez denso P eámbulo de la Decla ación de 1789, a ladiendole, eso sí, al inal, una cole illa de su p opia cosecha que con enía dos p incipios undamen ales de su idea io polí ico: la oposición a la i anía (en endida desde su p opia concepción) y el cul o a la mo al pública. La inalidad de los de echos humanos, di á Robespie e, es que «los pueblos no se dejen en ilece po la i anía» así como que cons i uyan un código de conduc a mo al pa a magis ados y legislado es: «El magis ado, leemos en las Úl imas líenas del . P eámbulo, end á en elios la egla de sus debe es y el legislado el obje o de su misión». La Comisión del Comi 6 de Salud Pública asumió es e esumen del P eámbulo del 89 hecho po Robespie e, aunque sin e izándolo oda ía más, pe o espe ando las inno aciones dichas. No ue on acep adas como dijimos sus esis sob e la p opiedad y la exención de los más pob es del impues o (A s. 9-12 y 15 de su P oyec o). Pe o en cambio y sin sali se p opiamen e de su p og ama de e o mismo social, se le concedió aquel co ec i o de adicalidad que ya en la sesión del 24 de ab il quiso pone al excesi o p incipialismo de Condo ce en ma e ia de Asis encia Social y Educación. La Asis encia Pública e a pa a Robespie e algo más que «una deuda sag ada de la Sociedad»; debía enca na se en e o mas an conc e as como e an «p opo ciona abajo a odos los capaci ados» y «subsis encia a los incapaci ados pa a abaja ». Pa alelamen e, la Ins ucción en manos de Robespie e desciende del p incipio de «una necesidad gene al* que es donde la había colocado Condo ce , al ni el algo más p eciso de «coloca la ins ucción al alcance de odos». Sendas enmiendas pasa ían a los A ículos 21 y 22 del ex o de ini i o. Di iüse que a pa i de es os dos a ículos, Robespie e y su P oyec o se adue lan po un iempo del con enido de la Decla ación en su edacción inal. El legado de 1789 y las apo aciones de Condo ce sólo apa ece án en los siguien es a ículos, ímidamen e, a ollados po una especie de enda al populis a y e oluciona io del más ípico cu lo obespieniano. Veámoslo; cuando Robespiem decía desde la ibuna de la Con ención «hay un pueblo de desa apados inmenso, muy pu o, igo oso», enía ya en su men e el que se ía el A ículo 18 de su P oyec o en el que di ía: «El pueblo es el sobe ano y el Gobie no su ob a; los unciona ios públicos son los enca gados de cumpli sus ó denes y el pueblo puede cuando le plazca cambia su gobie no y e oca a sus manda a ios».42 La Comisión o mada el 4 de junio sin onizó con es a pasión po el pueblo de Robepie e; sólo limó un an o sus a is as. Y el esul ado ue on esos A ículos 25,29 y 31 en los que as expone con LA DECURACI~N DE DERECHOS HUMANOS.. . 18 1 los adje i os más i mes el p incipio de la sobe anía popula , pasa a econoce su de echo a e isa la cons i ución y a eje ce un con ol sob e la conduc a de sus Magis ados. Más ielmen e siguió oda ía esa misma Comisión la pau a ma cada po Robespie e en dos ma e ias de pe manen e ac ualidad en aquel p ime semes e de 1795, el De echo de Pe ición y el De echo a la Insu ección. Desde que el pueblo in adió la Asamblea en la jo nada del 10 de Agos o de 1792 e impuso su olun ad a la en onces Asamblea Legisla i a, se con i ió en un hecho cada ez más ecuen e que con ingen es nume osos, y a eces a mados del pueblo de Pa ís, ce casen la Asamblea, mien as que un g upo se des acaba pa a ocupa las ibunas y, desde ellas, expone limpone sus pe iciones a los Dipu ados. De ás de es a ac i ud es aba el apoyo eal que Robespie e la p es aba, y lo que aquí más impo a, su idea io polí ico. Pa a el, el pueblo enía po azón de su misma na u aleza la cla e de la e dad y el acie o polí ico. «Po lo demás, di ía en o o de sus celeb es discu sos, el pueblo no necesi a de una g an i ud pa a ama la jus icia y la igualdad; sólo necesi a ama se a sí mismo».43 Si el pueblo es aba asis ido de es e ins in o polí ico, e a na u al que no se eque ía ninguna selección p e ia, como la que se e ec uaba en las Asambleas P ima ias, pa a se p o agonis a y esponsable de la Cosa Pública. Pos u a adicalmen e opues a a la del ala mode ada de la Con ención y muy pa icula men e de Condo ce quien no sólo ce ó el paso en su P oyec o a es e ipo de pa icipación popula , sino que apenas conocido el ex o inal de la Decla ación eaccionó i amen e con a es a concesión a la eo ía populis a- e oluciona ia de Robespie e. «Llaman pueblo, di A, a los homb es co ompidos o desca iados a los que jun an en g upos, a los que apilan en las ibunas, pe o odian al pueblo sobe ano de las Asambleas P ima ias, po que le emen.. . »44 Robespie e en cambio lle a á en su P oyec o la esis con a ia has a su ex emo. En p ime luga no hacía al a que las pe iciones hechas a la Con ención es u iesen espaldadas po un de e minado núme o de pe iciona ios. Se a a, dice Robespie e (A . 26), de un De echo que pe enece a odo indi iduo. Además sus des ina a ios, los Dipu ados, «hab ían de ija su con enido» sí, pe o cuidado de no in oduci ningún eno ni aba al eje cicio de es e de echo. La Comisión p esidida po He aul de Seichelles, as sua iza un an o su ondo, acogie on es e de echo (A ículo 32), que con iene econoce , así mi igado y desa ollado, hoy es plenamen e econocido en nues a ac ual abla de De echos Uni e sales. Y inalmen e, el De echo a la Insu ección. Robespie e lo desa olló a place en cinco densos a ículos de su P oyec o (29-31) que espondían plenamen e a su pensamien o y a la ác ica polí ica po 61 desa ollada en es os di íciles meses de la nacien e Con ención. «La nación, hab a esc i o Robespie e, no despliega e dade amen e sus ue zas más que en iempos de insu ección». Y en o a ocasión había llegado a añadi , pa a da a en ende que e a conscien e de los iesgos que compo aba su opción po es a ía de acción his ó ica: «si la iolencia popula come iese algunos e o es, hab 6is de pe doná sela, po los muchos siglos de se idumb e y mise ia que ha su ido».45 La conclusión e a cla a. No ya solo las pe iciones e bales que emanaban del pueblo, sino sus mo imien os espon áneos de ue za, en cuan o nacidos de ese sano ins in o popula , debían se ele ados a la ca ego ía de De echo undamen al, más aún de debe (aho a no ehuye Robespie e el é mino) de odo g upo social ci ilmen e cons i uido. La Decla ación inal p escindió de los p esupues os eó icos, pe o no quiso ni qui a ni pone una coma en su A ículo 29 con el que Robespie e sin e izaba su pensamien o en es a ma e ia. Se ía el A . 35 del ex o de ini i o: «Cuando el gobie no iola los de echos del pueblo, la insu ección es pa a el pueblo y pa a cada sec o del pueblo el más sag ado de los de echos y el más indispensable de los debe es». Al llega aquí se de u ie on las concesiones hechas po He aul de Seichelles y su equipo, al P oyec o de Robespie e; po que no ecogie on ni siquie a de o ma esumida aquelia p oclama con enida sob e la F a e nidad uni e sal en endida como una c uzada con a «los eyes, los a is óc a as y los i anos» que con an o en usiasmo había de endido en su in e ención del 24 de ab il y seguidamen e plasmó nada menos que en cua o a ículos, los que cie an su P oyec o. Ni se die on explicaciones ni Robespiem las pidió del en sí anómalo ol ido. Los úl imos e oques del Comi é de Salud Pública Quedaba la apo ación del Comi é de Salud Pública. Fo zosamen e había de se limi ada. Todo es aba ya dicho y no se concedie on po lo demás mucho iempo pa a dedica se a desmon a lo ya cons uido en nue e meses de e lexión, p oyec os y deba es. La p isa les consumía. «Se ía un c imen e asa la un día más», decla a á el po a oz de la Comisión Hé aul de Seichelles, el 13 de junio.46 Y en un momen o de su in e ención del 23 de junio, «se le escapa á» ( alga la ase pe o exp esa bien la ealidad) a He aul de Seichelles, el comen a io de que la pues a a pun o de la Decla ación se había hecho en una noche.47 Su p incipal a ea consis ió en ensambla sus di e sas piezas, el bloque del 89, la apo ación de Condo ce y las enmiendas y añadidos de Robespie e en el sen ido que hemos expues o y da al conjun o esa edacción de a ículo co o y p eciso, que ya los con empo 6neos a ibuye on a la pluma ácil de HC aul de Seichelles. Sí que in oduje on con odo algunas inno aciones. Las más se laladas ue on dos: aquella ase «la me a de la sociedad es la elicidad (bonheu ) común», añadida al comienzo del p ime a ículo, especialmen e signi ica i a, en cuan o que e a la que ab ía el a iculado y el a ículo 27 po el que la oposición a la i anía, se Lle aba has a sus úl imas consecuencias, con la ei indicación del i anicidio como de echo na u al del homb e. «Todo indi iduo, se decía, que usu pe la sobe anía debe de se inmedia amen e ejecu ado po homb es lib es». Bonheu (es mejo deja así la palab a in oducida) y Ti anía. Un es udio cuna i a i o sob e la ecuencia de lenguaje en los discu sos polí icos y esc i os de es e p ime semes e de 1793, nos lle a ía a la conclusión de que ue on las dos palab as más epe idas. T es eces po LA DEcLARACI~N DE DERECHOS HUhUNOS.. . 183 pone un ejemplo de la p ime a, apa ece en único pá a o, aquel que encie a el discu so de Condo ce el 15 de eb e o. Y po lo que hace a la palab a «Ti anía», eco e la in e ención de Sain Jus el 24 de ab il, supone encon a se una y o a ez con es e e mino analizado desde los más a iados pun os de is a. «Todos los i anos, comienza diciendo, en an los ojos pues os en noso os, cuando juzgábamos a uno de sus semejan es». Pa a segui poco despues: «Yo comba o el p e ex o u ilizado po los i anos, el de la iolencia na u al del homb e pa a domina le.. . » Y ni siquie a en la Decla ación de De echos eía el emedio con a la Ti anía. «No bas a, dice, con dec e a los De echos del Homb e; siemp e es posible que un i ano se le an e e incluso se a me con dichos De echos con a el puebl0».~9 ¿Fue 61, miemb o y además in luyen e de la Comisión quien in odujo es a a ian e en el ex o inal? Muy p osiblemen e, aunque no enemos pmebas documen ales de ello. Pe o en emos algo más a ondo en el signi icado his ó ico de es os dos e minos, «Bonheu » y «Ti anía», pues o que aquella gene ación de e oluciona ios y conc e amen e los au o es de la Decla ación, as ca ga les de un nue o con enido, concedie on a uno y o o una impo ancia mayo .El e mino «Bonheun> e a ya de uso co ien e en el lenguaje del siglo XVIII. Pe o cuando los e oluciona ios lo u ilizan ec ean po así deci lo la palab a. Y en ienden po ella dos cosas: una elicidad basada en el cul i o de las i udes y el dis u e de los place es na u ales, lejos po an o de la co upción y el lujo que habían sido su cons i u i o indispensable bajo el desapa ecido dgimen, y una elicidad condicionada po la igualdad, que se ex ienda po an o a odos los ciudadanos. «La i ud, p oclama ía Robespie e, p oduce la «Bonheu », en an o que la in elicidad (usa el é mino con apues o, «Maheu ») sale del c imen, como el insec o, nace del seno de la co up~i6n».~~ Pe o había que da un paso más desde es a pe sepec i a y en el con ex o e oluciona io. Había de se la olun ad gene al la que delimi ase el campo de es a i ud gene ado a de «bonheu ». «No conoce éis, decía Condo ce , ni la paz ni la Bonheu , ni la misma libe ad, si el pueblo no se some e a las leyes que él mismo se ha dado».51 Ya la Bonheu e a pa a nues o ilóso o de alguna mane a la sín esis de odo el p oyec o cons i ucional que en aquel momen o les p esen aba. La Mon aña gua da á ín eg amen e es a concepción. Reco demos que cuando J. Villaud- Ba eme hizo, en la ma lana del 23 de junio, aquella p opues a que Robespie e echazó de una o ación nominal sob e la Decla ación de De echos, la azón que dio ue «pa a que F ancia en e a sepa que yo ui de los que o e su ~onheu ».~~ Pe o además la Bonheu en a laba un sen ido igulali ano. La an igua elicidad, además de es a basada en la compción, e a el pa imonio de unos pocos. La nue a Bonheu que apo aban los e oluciona ios no se concebía si no e a ex endida a oda la población. «Tous a la meme hau eu , oilh le bonheu », decía uno de los e sos de La Ca magnole. «Es a nue a palab a, «Bonheu », ha esc i o ecien emen e M. Ozou , es á indisolublemen e ligada a la igualdad. La buena legislación consis i á en la igual epa ición de la «bonheun> en e odos los ciudadanos»53 En cuan o a la ei e ación del é mino Ti ania iene po una pa e su explicación en la ijación que se c ea en los e oluciona ios sob e la pe sona de Luis XVI, y a a és de él de la mona quia absolu a como exp esión y simbolo de la Ti ania. Una y o a ez se le acusa á de i ano en el juicio que con a él en ablan en e no iemb e de 1792 y ene o de 1793 y después de su ejecución, se uel e de nue o con ecuencia al mismo é mino, como jus i icación a un iempo de la condena y mue e pe pe adas y de la na u aleza del nue o Régimen epublicano que iene en el echazo a la mona quia/ i ania su azón his ó ica de se .54 Pe o con cla a lógica polí ica, e a ambién la i ada, una ez desapa ecido el égimen ances al moná quico, la somb a que se ceda sob e aquella Re olución insegu a de sí misma y amenazada desde el ex e io y desde den o del mismo e i o io ances. En las men es más lúcidas esonaban en aquella p ima e a de 1793 las palab as que Ma a p onuncia a en los p ime os días de la Con ención: «C eo que soy el p ime esc i o poli ico y puede se que el único en F ancia después de la Re olución que ha p opues o a un ibuno mili a , a un dic ado , a un iun i a o, como medio único de aplas a a los conspi ado es y a los aido es».55 ~Quén se ia? Todos sospechaban de odos, en aquel e dade o a senal de pe sonalidades supe io es, o simplemen e ambiciosas, que se llamaban Dan on, Robespie e, Dumou iez.. .; y J. Sieyes cena á es e discu so sob e la i ania con su escue o e edic o en íspe as del 18 de Bnuna io: «il au une e e e une ép6e».56 As se comp ende que an e al si uación gene alizada, los dis in os au o es que a a és de sus p oyec os in e inie on en el ex o inal de la Decla ación ue an dejando conscien e o inconscien emen e cae el k mino « i ano», « i ania» en los dis in os A ículos (en el ex o de ini i o se conse ó la palab a misma en el P eámbulo y en los a s. 11, 14, 26 y en o os, po ejemplo en el 26 de oma indi ec a) has a desemboca en es e A iculo 27 con el que se zanjaba el p oblema de o ma a la ez deciso ia y iolen a; según él «el indi iduo que usu pe la sobe ania debe se inmedia amen e ejecu ado». La ieja esis del i anicidio en aba asi, po un momen o solo, en el depósi o de los de echos undamen ales de la pe sona. Ninguna Decla ación pos e io se ha a e ido después a da le cabida. De echos Humanos y Cons i ución en 1793 Es a Decla ación de De echos Humanos de 1793 con ibuye a acla a un pun o, bien que o mal, impo an e en la His o ia de los De echos Humanos: el de su elación con el ex o cons i ucional p opiamen e al, al que si e de pó ico. Pa ece cla o, en un ni el de ipologia de ex os, que uno y o o pe enecen a géne os di e en es. Bas a con obse a el ni el de abs acción, más ele ado en las Decla aciones de De echos que en las Cons i uciones, sus mismas dimensiones, mucho más educidas y consecuen emen e con una densidad de con enido mayo en el caso de las p ime as; aquella ocación de uni e salidad, en in, que no amos más a iba, an ca ac e ís ica LA DECLARACIÓN DE DERECHOS HUMANOS.. . 185 de las Decla aciones de De echos Humanos, con as a con la ine i able pa celación de las Cons i uciones, en unción del pa icula Es ado y ci cuns ancias del iempo en que se edac an. Sin emba go, un mo imien o de na u al a inidad impulsó a ambos documen os pa a que, desde sus mismos o ígenes po cie o sinc ónicos, caminasen hacia un mu uo encuen o. En modo alguno pensa on aquellos sencillos colonos de Vi ginia, que en junio de 1776 edac a on la p ime a Decla ación de De echos en la His o ia, que diez años después los nacien es Es ados Unidos iban a solici a su inse ción en la Ca a Cons i ucional que egi ía al nue o Es ado. Pe o sucedió que con o me iban a anzando los Cons i uyen es eunidos en Filadel ia, en mayo de 1787, en la elabo ación de su Ca a Cons i ucional, les asal aba una y o a ez la sospecha de si no es a ían sob epasando los lími es de una ley supe io , que enseguida elaciona on con los de echos na u ales de la pe sona; ue ácil en onces ae a la memo ia aquella se ie de Decla aciones de De echos Humanos que las di e en es Colonias habían ap obado en los comienzos de la ebelión con a Ingla e a, como jus i icación Úi ima y a la ez na u al an e sí mismos y an e el mundo de su conduc a. R. A. Roo land nos o ece es e apun e p eciso «As he gene al ame o he cons i u ion became mo e clea ly disce nible, he eno mus powe o he na ional go e n nen caused a small band o delega es o cal1 o ga an ies o pe sonal libe y. Cha les Pinkney submi ed o he Comi ee o De ail on Augus 20, a lis o p oposi ions which a noun ed o a Bill o Righ ~>>.~~ Los miemb os de la Asamblea Cons i uyen e ancesa se plan ea on cla amen e el p oblema desde los comienzos mismos de la elabo ación de ambos documen os. Mien as que algunos, como Si8yes, e an pa ida ios de que los De echos Humanos u ie an un desa ollo independien e y un pues o apa e en el o ganig ama polí ico ancés, o os, como La aye e y Mounie , concibe on la Decla ación de De echos como el camino que e a p eciso eco e p ime o, pa a esol e luego con más acilidad los múl iples p oblemas que hab ían de plan eá seles al que e pone en pie odo un nue o sis ema de ins i uciones y epa o de las ins ancias de pode . P e aleció es a esis.58 Pe o eilo no impidió el que la p omulgación de De echos se p oduje a independien emen e, en la his ó ica echa del 26 de agos o de 1789. Da o que admi e es a lógica e lexión: aun en el caso de que los ai enes polí icos hubie an impedido el que la Cons i ución llega a a buen pue o, la Decla ación de De echos hubie a seguido en pie con su alo pe manen e, pues o po cie o en e idencia al si ua la en el p ime plano de las conmemo aciones bicen ena ias. En 1793 no se discu e ya sal o alguna oz aislada si los nue os De echos Humanos cons i ui án o no, un documen o independien e.Su inse ción en el bloque cons i ucional es un legado más de la expe iencia polí ica que los Con encionales ecogen de la p ime a Re olución. Pe o al ez po eso, ya sin p oblemas de ondo, se ma iza mejo la di e encia en e ambos documen os. Todos, aquí sin di e encias de g upos, con ibuyen a sepa a ambos ex os. El dipu ado gi ondino J. M. Rouze di á en la sesión del 17 de ab il: «es amos an e dos opiniones: que nos ocupemos di ec amen e de o ganiza el Gobie no o que en emos en una Decla ación me a ísica sob e la Decla ación de de echos». Y sub aya á: «la p ime a es la opinión de Buzo , la o a es la de ~obespie e>>.~~ Sí, Robespie e p e e ía cen a se en la Decla ación de De echos. Pa a 61 e a lo impo an e. FijCmonos en que el día 24, con a iamen po cie o a Sain Jus que ese día p esen ó ambas cosas, Decla ación de De echos y Cons i ución, Robespie e solo p esen a la p ime a. Y no ue una omisión: e a su c i e io epe idas eces exp esado. «Nues a Cons i ución supe a a la de los Romanos, que no conocie on los De echos u nan nos».^^ Y cuando HC aul de Seichelles a e de expone el esul ado de su abajo, ha á es a signi ica i a dis inción en e uno y o o documen o: «El Comi C de Salud Pública ha ecibido el enca go de p epa a una nue a Decla ación de De echos. Su p ime a eacción, con inúa, ue edac a la en é minos muy p ecisos, pe o luego la encon a on demasiado seca». Y concluye: «Una Decla ación de De echos es dis in a de una Cons i ución; iene que se más de allada pa a que la en ienda odo el mundo.. .»61 NO se podía deci más cla o. Pe o el ex o de He aul de Seichelles nos explica po o a pa e el pa icula es ilo de es a Decla ación, de pá a o co o y consecuen emen e con nume osos a ículos (la más la ga de odas las de la his o ia, hoy ya bisecula , de las Decla aciones de De echos Humanos). Fue una consecuencia de ese a án de cla idad y de hace la un documen o plenamen e asequible pa a el pueblo, su más di ec o des ina a io, en e a la Cons i ución des inada a se manejada po polí icos. «La Decla ación de De echos- Panca a*, di á de ella con bu la Mme. Rolland en sus memo ia^.^^ De hecho y desde un pun o de is a de p ocedimien o, uno y o o documen o se expusie on sepa adamen e an e la Con ención en dos días sepa ados. El 23 de junio ue el día po deci lo así de los De echos Humanos. A C1 se dedica on de lleno. La lec u a, en cambio, de la Cons i ución y su b e e discusión y ap obación, u o luga al día siguien e, 24. Y que el pueblo asumió enseguida como algo muy p opio el p ime documen o,lo p ueban las nume osas in e enciones, a ias de ellas p o enien es de asociaciones popula es, que se p oduje on en un clima de eu o ia, as la ap obación de la Decla ación de De~chos el mismo día 23, al conoce se la no icia de que se había ap obado. Tomemos una, la de Pie e Chaunie e, uno de los líde es de la Commune de Pa is que se ía de enlace en e le pueblo y la Con ención: «El pueblo de Pa ís que odea en g an pa e ues o ecin o, ha enca gado a es magis ados que engan a exp esa os su econocimien o».63 El des ino his ó ico e minada de con ínna es a dualidad. Mien as que la Cons i ución de 1793 nunca llegó a pone se en p ác ica e his ó icamen e se pe dió en el ol ido, los De echos Humanos del 93 end ían la ga ida en la memo ia de los he ede os de la e olución que e ían en ellos, despojados de sus concesiones bu guesas y de sus ex emismos e olucionanos, un hi o indispensable en la His o ia de las Decla aciones de De echos Humanos que llega has a nues os días. LA DECLARACI~N DE DERECHOS -0s.. . 187 NOTAS l Una pues a a pun o de la Bibliog a ía sob e los De echos Humanos en la Re olución F ancesa que po o a pa e c eemos iene a con i ma nues a doble a i mación, escasez ela i a y ijación en la de agos o de 1789, puede e se en la ecien e ob a de A. de BAECQUE, W. SCHMALE y M. VOVELLE: L'an 1 des d oi s de homme. P esses du CNRS, Pa is 1988. Algunos aspec os de la Decla ación que nos a a ocupa en es e a ículo, la de 1793, han sido a ados po Lucien JAUME. Véase su ob a más ecien e, Les Décla a ions des D oi s de 1'Homme: Du déba 1789-1793 au P éambule de 1946. Pa is, Flamma ion 1989. GAUCHET, M.: D oi s de l'homme. 'En Dic ionnai e C i ique de la Re olu ion F ancaise, Flamma ion, Pa is 1988, p. 685. Conc e a nen e.es a Decla ación pa e de un meno ap ecio del documen o en cuan o al, in oduce desde el p ime momen o los debe es como elemen o es ic i o de los De echos y hace desapa ece po comple os los De echos Sociales. Véase Les Cons i u ions de F unce depuis 1789 (P esen é pa J. Godecho ), Pa is 1970, pp. 70 y SS. Réimp ession de l Ancien Moni eu , ol. 14, p. 79. BADINTER, E. y R.: Conco ce . Un in eIIec ue1 en poli ique. Faya d, Pa is 1988, p. 540. A chi es Pa lemen ai es. Tomo 64, pp. 417 y SS. AULARD. A.: La socie é des Jacobins. Recueil des Documen s. Tomo 1, p. 46. CAHEN. L.: Condo ce e la Ré olu ion F awaise, Sla kine Rep in s, Genk e 1970. p. 467. Ci . en BADINTER, E. y R., ob. ci . p. 380. Aunque Condo ce no había sido Cons i uyen e había en iado con odo algunos in o mes e e en es a ella; po ejemplo, su Ad esse h 1Assemblée Na ionale su les condi ions d'élegibili é, donde p ac icamen e de iende el su agio uni e sal. 00. CC. Pa is, Dido , 1897, p. 80. Sob e la dualidad, más que i alidad, en e Sikyes y Condo ce , pa a p esidi la comisión, éase P. BASTIDE: Si2yes e sa pensée, Hache e, Pa is 1970, pp. 139-40. lo Algunos au o es de la época, como P. Du and-Maillane y ecien es, como M. D. Conway, educen el p o agonismo de Condo ce en a o de B. Ba k e, Th. Paine y el mismo Sikyes. Véase L. Cahen, op. ci . pp. 468-9. Pe o abundan muchos más y son más con incen es los es imonios que, supues os los no males con ac os, le a ibuyen una au o ía sin ese as. Ba k e di á en sus memo ias: «(Condo ce ) au eu d'un p oje de Cons i u ion op ele é dans ses ues...» T. IV, p. 165. Mme. Rolland ambién en sus Memo ias llama sin más al P oyec o p esen ado el 15 de eb e o, «el P oyec o Condo ce n. T. 1, p. 155. E c. l1 Réimp ession de IAncien Moni eu , ol. 14, p. 240. El mismo Condo ce es aba de acue do con la inicia i a. Así el 21 de oc ub e esc ibía en La Ch 0~que de Pa is de la que en es a e apa es su c onis a polí ico: «An es de comp ome e se en su plan de abajo, el Comi é de Cons i ución ha sen ido que no es aba llamado a p epa a un código de leyes solamen e pa a F ancia, sino pa a odo el géne o humano. Ha que ido odea se de las luces de odos los países y de odos los iempos ... Ha pensado que cualquie ciudadano que hubiese concebido o u iese ideas nue as sob e la o ganización social se con e ía au omá icamen e en uno de sus miemb os». l2 Sob e la uni e salidad de la Decla ación de Vi ginia, pese a habe nacido en un cí culo an es ingido, éase PALMER, R. R.: «Les D oi s de l'ho n ne dans les É a s Unis. 1774-1789», en XN In e na ional Cong ess o His o ical Sciences, San F ancisco 1975, pp. 43-48. Es más cla a aún la olun ad de uni e salidad en la Decl. de 1789. Véase, en e o os ex os, Reimp . de I'Anc. Moni eu , T. 1 p. 261. Po lo demás odo el p eámbulo de la Decla ación de 1789 es á embebido de uni e salidad. l3 A chi es Pa lemen ai es, Tomo 58, p. 596. l4 Réimp. de I'Anc. Mon., Tomo 16. p. 216. l5 Ac es de la Socie é des Jacobins, T. V, p 29. l6 A. de la Soc. des Jac. T. V. p. 66. l7 PILPAIX (seudónimo de J. P. GALLAIS): Ré enan ou sep ieme dialogue des mo s de la Ré olu ion en e Hk aul de Seichelles e Condo ce . (S. L. y S. A.), p. 132. l8 BARERE DE VIEUZAC, B.: Memoi es. Pa is, Labi e 1844. T. N, p. 165. l9 ROLAND, Mme.: Memoi es. Pa is, Plon. 1905. T. 1, p. 272. A ch. Pa lem., T. 58 p. 625. 21 Lo a acan especialmen e «Le joumal des hommes du 14 juilleb y «Le Cou ie de l Égali é». De iende en cambio a Condo ce y su P oyec o «Le Pa io e an~ais,,, ó gano de B isso . Véase CAHEN, L.: ob. ci ., pp 469 y SS. Réimp. de IAnc. Mon., Tomo 6, p. 729. " Ac es de la Socie é des Jacobins, T. V, p 32. " A ch. Pa lem.. T. 62, p. 193. * A ch. Pa lem., T. 62, p. 278. A ch. Pa lem., T. 62. p. 277. Ac es de la Socie é des Jacobins, T. V, pp. 137-8. Robespie e, Discou s e appo s a la Con en ion, Union Géne al d'Edi ions. Pa is 1965, p. 117. LA DECLARACI~N DE DERECHOS HUMANOS.. . 189 29 AULARD, A.. His oi e Poli ique de la Ré olu ion F ancaise. Pa is. A mand Colin, 1913, p. 295. M CAHEN, L.: Ob. Ci .. p. 517. 31 SUS nomb es, dos miemb os de aquella comisión al e na i a o mada el 18 de eb e o en el seno del club de jacobinos: Sain Jus y Cou hon, el b illan e He aul de Seichelles, el que p esidi ía la Con ención en las jo nadas del 30 de mayo y dos de junio, más dos jacobinos de meno elie e, R. Ramel y J. B. Ma hieu. Como es sabido, Robespie e no o maba pa e en es e momen o del Comi é de Salud Pública. 32 BARERE DE VIEUZAC, B.: Memoi es. T. 11 p 109. 33 Ad esse aux ci oyens éga és de quelques Depa emen s. La Socié é des Jacobins. Recueil des documen s. T. V, p. 258. Réimp ession de 1'Ancien Moni eu , ol. 16, p. 729. Le e Aux ci oyen a qais su la Nou elle Co is i u ion, en 00. CC. Tomo XII, Pa is Dido , 1847. p. 663. A ch. Pa lem. T. 62 p. 278-9. 37 El mismo Ancien Moni eu , en su eimp esión, al o ece el ex o ap obado en la sesión del 23 de junio. dice: e11 es acile de s'ape ce oi que ce e Decla a ion des D oi s de l'Homme a éd calquée su celle edigée e p esen ée a la Con en ion pa Robespie e. On y e ou e les memes p incipes; quan 2i la edac ion elle n'a subie que légh es modi ica ionsu. 38 Ci . en BADINTER, E. R.. ob. ci ., p. 293. 9 ~Robespie e y los jacobinos, dice A. Aula d, ue on an lejos en ma e ia social no po que quisie an ealmen e lle a a cabo una e o ma adical de la sociedad, sino po ác ica polí ica y la p ueba es á en que una ez encedo es de los Gi ondinos, cuando ue on dueños de que p e aleciesen sus ideas. enuncia on a ese socialismom. AULARD. A.: His oi e poli ique de la Ré olu ion F ancaise, Pa is, A nand Colin 1913, p. 291 (28). " VERDOOT, A.: Naissance e signi íca ion de la Décla a ion uni e selle des D oi s de 1'Homme. Lou ain, Nauwelae s, 1965, pp. 170 y ss. 41 Réimp ession de 1'Ancien Moni eu , ol. XVI, p. 728. 42 Robespie e, Discou s e Rappo s a la Con en ion. p. 138. 43 Robespie e, Discou s e Rappo s a la Con en ion. p. 133. " CONDORCET. M. A.: Le e aux ci oyem aqais su la Nou elle Cons i u ion, en 00. CC. Tomo 12, Pa is Dido , 1847, p. 663. Ci . en COBBAN. A., ob. ci , p. 164.