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Cultura literaria en Tortosa (siglos XVI y XVII)

Querol Coll, Enric

Abstract

Tomando como base una parte del corpus bibliográfico registrado en su tesina Tortosa, república literària (1475-1800), el autor se propone contextualizar las obras y los autores más relevantes del Renacimiento y el Barroco en la ciudad de Tortosa, presentada como paradigma de ciudad mediana de la Corona de Aragón, al margen de las capitales regnícolas. Los tres primeros capítulos están dedicados al contexto socio-cultural tortosino y en especial a las relaciones con Valencia, Zaragoza y Barcelona, epicentros que enmarcan su horizonte cultural. Querol plantea un modelo de transmisión cultural transversal y reticular, en el cual Barcelona incorpora los mejores intelectuales del país. Estos, gracias a la reducida extensión del Principado, continúan en contacto con sus lugares de origen, favoreciendo de esta manera el flujo de personas, ideas y géneros literarios. Por otro lado, se analizan detalladamente las infraestructuras locales que permiten la asimilación y el desarrollo de la cultura literaria: los Reales Colegios -universidad dominica-, el Estudio de Gramática, la lectoría de la Seo y la imprenta, tecnología básica para la diffusion de las obras, pero también para la promoción de la creatividad y para la forja de una tradición local identificable y un poso cultural propio. Lejos de querer establecer un registro exhaustivo de la producción literaria tortosina, el resto de capítulos (4-10) se centran en los episodios más brillantes del período estudiado. Se recogen los autores y los géneros más interesantes y se contextualizan dentro del ámbito catalán y de la Corona de Aragón: la introducción de los métodos pedagógicos de Nebrija por parte de los gramáticos Jeroni Amiguet y Pere Seguí; la figura y obra de Cristòfol Despuig, analizada a la luz de una novedosa aportación documental biográfica; el grupo poético a caballo de los siglos XVI y XVII -Heredia, Desí, Suárez de Godoy, Vicent Garcia-; la historiografía local, desde sus antecedentes a la culminación en la Historia de la antigua Hibera (1626), de Francesc Martorell; los escritos políticos en la Guerra dels Segadors; el poeta Francisco de la Torre, el literato catalán mejor valorado y conocido a nivel español en el Barroco, y, por último, la producción dramática en la ciudad. La tesis, que ha obtenido el «Cum Laude» por unanimidad, aporta desde una óptica interdisciplinaria y lingüísticamente no excluyente, una nueva pieza al cada vez más rico y complejo rompecabezas literario de la Catalunya moderna.

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U NIVERSITAT A UTÒNOMA DE B ARCELONA D EPARTAMENT DE F ILOLOGIA E SPANYOLA . 2004 C ULTURA LITERARIA EN T ORTOSA ( SIGLOS XVI Y XVII ) T ESI DOCTORAL PRESENTADA PER E NRIC Q UEROL C OLL D IRECTOR : J OSEP S OLERVICENS T UTOR : G UILLERMO S ERÉS II Í NDICE A BREVIATURAS III P REVIA IV 1 Introducción 1 2 La tradición literaria local; in fluencia e intercambio con los centros culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza 31 3 Las infraestructuras culturales: la Lectoría de la Seo. Los Reales Colegios de San Jorge y Santo Domingo; el colegio de nuevos convertidos de Santi ago y San Matías; el Estudio de Gramática. La imprenta. 95 4 En el albor del Renacimient o: contexto cultural. Los gramáticos locales y la intr oducción de Nebrija. Judíos y conversos: consecuencias de la represión inquisitorial. 181 5 Cristòfol Despuig y Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa 225 6 La poesía en los siglos XVI y XVII . La cuestión de la lengua. El cenáculo poético finisecula r: Juan Suárez de Godoy, Jeroni d’Herèdia, Joan Desí y Vi cent Garcia. Bio-bibliografía del grupo y relación con los círc ulos literarios de Barcelona y Valencia 271 7 Francesc Martorell y la Historia de la antigua Hibera (1626) . Una revisión de la historiografía local 331 8 Escritos políticos y propaganda en la Guerra dels Segadors : Vicent de Miravall y Alexandre de Ros 392 9 Francisco de la Torre: un ingenio barroco entre cuatro reinos 431 III 10 El teatro: teatro escolar, corral de comedias del Hospital de la Santa Cruz. La tradición religiosa, los gremios y el Corpus 479 B IBLIOGRAFÍA GENERAL 531 IV Abreviaturas ACA Arxiu de la Corona d’Aragó CA Consell d’Aragó ACTo Arxiu de la Catedral de Tortosa ADT Arxiu Diocesà de Tortosa AHCTE Arxiu Històric Comarcal de les Terres de l’Ebre AHN Archivo Histórico Nacional AHPCB Arxiu Històric de Protocols Notarials Ciutat de Barcelona AHT Arxiu Històric de Tarragona BN Biblioteca Nacional de Madrid BUB Biblioteca Universitària de Barcelona c. circa, ‘hacia’ cf. confer , ‘compárese’ ed. edición f. folio/folios lg. legajo man. not manual notarial ms. manuscrito p. página/páginas s.p.i sin pie de imprenta v verso vol. volumen V P REVIA No hace falta decir que un trabajo de estas características no llega a buen puerto sin la ayuda desinteresada y amorosa de otras personas. Quiero expresar mi gratitud a mis maestros Alberto Blecua y Josep Solervicens, que me han llevado de la mano a lo largo de estas hojas, siempre atentos a mis problemas y desazones, agudos en sus apreciaciones y generosos en su sabiduría. Asimismo estoy en deuda con mu chos otros amigos y maestros que, me han ofrecido su apoyo y sus consejos: Eulàlia Duran, Coco Pérez Romero, Joan F. Alcina, Eulàlia Miralles, Maria Toldrà, Albert Rossich, María José Vega y Guillermo Serés. No menos con mis co mpañeros de archivo en Tortosa: Hilari Muñoz, Jacobo Vidal, Roc Salvadó y Alber t Curto, prestos a ponerme en la pista sobre los literatos locales. Por último, mi agradecimiento a Núria y Eva, que me han nutrido emocionalmente, y a Dios, a quien debemos la vida. 1 1. I NTRODUCCIÓN 1.1 O BJETO DE ESTUDIO Tortosa ha sido patria de ilustres literat os como Cristòfol Despuig, cuya obra, Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa (1557) ha sido considerada «l’obra en català més representativa del Renaixement» (Duran 1981:22), el poeta Francesc-Vicent Garcia, «el primer gran escriptor de la literatura catalana barroca» (Rossich 2000:10), y auténtico tótem literario catalán hasta la Renaixença, Francisco de la Torre i Sev il, el literato catalán más conocido, valorado y admirado en España en el siglo XVII , o Jaume Tió, uno de los más conspicuos pioneros del romanticismo catalán, fallecido prematuramente. Esta concatenación de figuras lit erarias de renombre despertó mi curiosidad: ¿Eran estos Despuig, Ga rcia y compañía casos aislados o hubo otros escritores y otras producciones literarias notables al margen de las señaladas? ¿Su presencia en la ciudad, respondía a una mera casualidad o, por el contrario, ésta disponía de un ambiente cultural activo y de unas circunstancias adecuadas para el florecim iento de las letras? En el segundo supuesto, ¿cuáles eran los resortes so ciales, educativos, y culturales que favorecieron la creación lit eraria en la ciudad? Fruto de este interés fue mi tesina, dirigida por el doctor Guille rmo Serés, publicada con el título de Tortosa, república literaria (1475-1800) , catàleg biobibliogràfic d’escriptors i obres anònimes , que abarcaba el marco territorial de la antigua veguería de Tortosa y Ribera de Ebro, es decir, las actuales co marcas de la Ribera d’Ebre, Terra Alta, Montsià y Baix Ebre. En es ta obra catalogaba nada menos que 576 producciones literarias, en el sentido amplio de la palabra, 1 desperdigadas por diferentes bibliotecas y archivos de España y Europa. A nivel textual aportaba algunas novedades interesantes no recogidas en los catálogos bibliográficos y desconoc idas para la crítica, exhumadas ahora, como el poema latino manuscrit o sobre la inundación de 1488, Versus de 1 El catálogo además de incluir las obras de cr eación literaria propiamente dichas, registra también las producciones en diversos campos del saber y de la cultura, como la gramática, filosofía, medicina, jurisprudencia, historiogra fía, predicación, literatura técnica y científica, religión en general, etc. Quedan fuera las produ cciones fruto de actividades burocráticas, administrativas o legislativas, así como los cancioneros musicales. 2 pressuris, calamitatibus et incom modis quae in Hispania Citeriori aquarum inundationibus evenerunt , obra del humanista Francesc Vicent, el libro festivo Muerte y honras de la majestad del rey Philipe [...] hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599), del lector de la Seo Juan Suárez de Godoy, o el pliego suelto intitulado Canción a la devoción del padre mosén Francisco Je ró nimo Simó n (Valencia, 1612), del poeta-pintor Joan Desí, por citar algunas. Por otra parte, muchas de las obras ca talogadas fueron descritas y localizadas por primera vez. Pero la principal aportación y virtud de la investigación –si es que tiene alguna– fue la de poner en c onjunto una serie de referencias perdidas en repertorios especializados y en catálogos bibliográficos, constituyendo un notable corpus de estudio sobre la literatura local. A nivel prosopográfico, el catálogo incluye ta mbién una aproximaci ón biográfica sobre los escritores, con abundantes noticias personales novedosas extraídas de los archivos locales. Efectivamente, Despuig, Garcia, La Torre y Tió no habían sido flores extravagantes, sino que se vieron acom pañados de otros autores, quizá no tan conocidos pero no exentos de interés, co mo Antoni Boteller, autor del tratado ascético La escala de Paradís (Barcelona, 1495), los gramáticos Jeroni Amiguet y Pere Seguí, el dominic o Jeroni Taix, autor de uno de los best-sellers catalanes de la Edad Moderna, el Llibre de la institució, manera de dir, miracles e indulgències del roser de la verge Maria (Barcelona, 1556), los poetas Jerónimo de Heredia, Juan Suárez de Godoy y Joan Desí, el propagandista político Alexandre de Ros, los histori adores Pau Cervera, Miquel-Joan Gisbert, Francisco Martorell o Bonaventura Julià, etc. Sin embargo, las cifras s obre las producciones y la descripción bibliográfica por sí misma –aun cuando los preliminares son una de las principales fuentes para encontrar referencias cruzadas y pist as sociológicas sobre los autores– no dan cuenta ni del contenido de las obras ni de la realidad social y cultural que la generó, es decir, la coyuntura política , geográfica, histórica, educativa y estética que propició y definió el hecho cult ural tortosino: el contexto, el porqué de las cosas. Los apuntes al respecto incorporados en el apartado de «Notas» y «Observaciones» cumplían insufici entemente con esta función, aunque marcaban las líneas a trabajar. 3 Delimitado el corpus liter ario, el objeto de estudi o, el siguiente estadio lógico lo constituye, creo, el análisis textual de las obras más interesantes, paso previo a su filiación a un género lit erario, que nos llevará a entroncarlas con las tendencias y corrientes estético-lit erarias hispánicas del momento. Este proceso nos permitirá valorar las obras en su justa medida, confrontándolas a la tradición y a sus modelos, coetáneos o anteriores, al tiempo que nos permitirá ahondar en el conocimiento del c ontexto socio-cultural que la generó, horizonte final y objetivo último de es te estudio. Esta es, pues, la doble empresa que emprendo: el aná lisis de las circunstancias y características que favorecieron y moldearon el hecho cultural, así como el estudio más o menos pormenorizado de las obras y de los per íodos más esplendorosos de la vida literaria tortosina. En primer lugar, hay que decir que he recortado el espacio temporal y conceptual del catálogo Tortosa, república literaria , que abarcaba de 1475 a 1800. En vista de que la lit eratura de «creación» es poco relevante tanto cuantitativa como cualitat ivamente a partir del siglo XVIII –con todas las reservas que estos cortes temporales y generaliz aciones merecen–, delimito el campo de trabajo hasta 1700. El análisis de t odas y cada una de las obras catalogadas en el nuevo período no me parecía necesar io ni relevante, por lo que me he inclinado por realizar algunas calas en los episodios literarios más interesantes –obras, géneros, grupos literarios. De esta nueva criba resultaron los siguientes siete capítulos: 4/ Los gramáticos locales en el albor del siglo XVI : Jeroni Amiguet y la introducción de Nebrija. Judíos y conver sos: valoración cultural como grupo; consecuencias de la expulsión de los judíos y de la represión inquisitorial. 5/ Cristófol Despuig y su tiempo: nuev as aportaciones biográficas y contexto literario del autor de Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa. 6/ El cenáculo poético entre los siglos XVI y XVII : Juan Suárez de Godoy, Jerónimo de Heredia, Joan Desí, France sc-Vicent Garcia. Biobibliografía del grupo y relación con los círculos literarios de Barcelona y Valencia. 4 7/ Francesc Martorell y la Historia de la antigua Hibera (1626) . Repaso a la historiografía local. 8/ La Guerra dels Segadors y la «guerra de tinta». Panfletos y propaganda: Vicent de Miravall y Alexandre de Ros. 9/ Francisco de la Torre. La conexión literaria Morella-Tortosa-Zaragoza. 10/ El teatro: teatro escola r, corral de comedias en el Hospital de la Santa Cruz, tradición religiosa, el Corpus y los gremios. A los citados hay que añadir esta intr oducción, que constituye el primer capítulo, y dos más que se apartan un tant o del nivel textual y de los autores para centrarse en el contexto cultural, el caldo de cultivo en que se generaron. El capitulo segundo, lleva por título «La tr adición literaria local; influencias y dependencia de los centros culturales de la Corona de Aragón: Barcelona, Valencia, Zaragoza», y se propone establ ecer las bases que den cuenta de las relaciones de la ciudad con los epicentro s culturales de la Corona de Aragón. Una vez trazados los hipotéticos canales de transmisión literaria, se analizarán las influencias recíprocas e intentaremos observar y valorar el papel del núcleo tortosino en este mercadeo cultural. En el tercer capítulo, «Los centros educativos: El colegio imperial de Santo Domingo y San Jorge para los nuevos conv ertidos; el colegio de San Jaime y San Matías (universidad dominica); el Estudi de Gramática. La imprenta: historia de su implantación, y análisis sociocultural de las producciones», se da cuenta de los centros y de los recurs os pedagógicos y literarios de la ciudad. Tanto la Universidad, y en menor medida el Estudi , así como la imprenta, son factores determinantes a la hora de cr ear una tradición local que dotará la ciudad de un perfil literario propio e identificable. Apuntados los temas de este estudio, en las siguientes líneas esbozaré brevemente un adelanto, o co mpendio, si se prefiere, del contenido de la investigación. 11 alcañizano Domingo Andrés pasaron por la cátedra del Estudi tortosino, formando a los jóvenes locales no sólo en latín, sino en la renovación cultural implícita en su programas humanist as, que incluían, por ejemplo, representaciones teatrales de clásicos para mejorar sus aptitudes retóricas. Hacia 1529 el lector de la Seo Balt asar Sorió se propuso y consiguió convertir la casa de la lectoría, habita ción del lector de la Seo, en un estudio dominico. Este estudio, en funcionami ento ya desde la década de los treinta, supuso un claro salto de calidad en la enseñanza, ya que habilitó a clérigos y seglares a estudiar artes y teologí a en la ciudad, aunque sólo podía conceder grados a miembros de su orden. Según los estatutos, el regente había de ser un dominico natural de la Corona de Aragón. El cargo tenía un carácter rotativo trienal entre los tres «rei nos». El despegue definitivo del centro no se produjo, sin embargo, hasta que Clemente V le dio carácter de universidad, lo que garantizaba a los alumnos que los grados concedidos les fueran aceptados universalmente. A partir de 1600, por lo tanto, la ciudad recibirá un notable volumen de estudiantes atraídos por el prestigio del centro, sobre todo en teología. La procedencia del alum nado coincide también con el del profesorado: valencianos, catalanes, aragoneses y mallorquines se graduaron en Tortosa, con un clara preeminencia de los valencianos (30%) y unos porcentajes bastante iguales para el re sto. El perfil pred ominante entre los alumnos sería el de natural de la parte valenciana de la diócesis y el de religioso dominico. Podemos decir que la debilidad de las universidades de Barcelona, Zaragoza y Valencia en teología favoreci ó el auge de Tortosa, así como el de otras pequeños centros como Gandia. Después de la Guerra dels Segadors , que interrumpió los estudios durante casi 10 años, los Reales Colegios recuperaron con facilidad su anterior ritm o, y siguieron funcionando a gran nivel hasta la Guerra de Sucesión, como resu ltado de la cual –el Decreto de Nueva Planta–, se suspendieron las universi dades catalanas tradicionales y se constituyó la de Cervera. En cuanto al Colegio de San Matías y San Jaime, o de Nuevos Convertidos, hay que enmarcar su fundac ión dentro de la política de la 12 Monarquía española por asimila r la población morisca valenciana y del Ebro catalán. El centro funcionaba con un sistema de 12 becas que se concedían a los muchachos moriscos más aventajados de la diócesis. Los estatutos del mismo muestran que, además de capacitar a los muchachos en el latín, el principal objetivo era disuadirlos de su prácticas religiosas y culturales que les distinguían –lengua, ritos, hábitos alim enticios, etc. Los alumnos más competentes podían entonces pasar a estudi ar artes y teología en el adyacente Colegio de San Jorge y Santo Domingo y, en última instancia, volver a sus lugares de origen como predicadores de la fe católica. Este ambicioso programa resultó en un fracaso absoluto, como reconoció el rector Blai Verdú, puesto que los mo riscos del sur de la diócesis resultaron refractarios a la aculturización. Con todo, parte de los moriscos de la parte catalana pudieron evitar la expulsión av alados por el obispo Pedro Manrique, que los consideraba buenos cristianos. De spués de la expulsión de 1609, y entendiendo que los moriscos que habían quedado no debían ser señalados o distinguidos de los cristianos viejos , y, por lo tanto, no necesitaban una educación especial, el Colegio de San Matías y Santiago hubo de reconvertir sus objetivos. Los estatutos de 1625 re cogen ya las nuevas circunstancias y prácticas del centro: continuó con un sistema de becas para estudiantes pobres, que estudiaban gramática y latín previo paso al colegio de Santo Domingo. Las clases eran impartidas, sin gr an interés, por colegiales dominicos y, en general, podemos decir que el centro pasó a un período gris, convirtiéndose casi en una carga para los dominicos tortosinos. La lectoría de la Seo se fundó en 1348 gracias a un legado testamentario, que estipulaba que debía estar ligada a la orden dominica. Ya he comentado que la actividad del lector no puede c onsiderarse una enseñanza reglada, sino que constituía uno de los mass media de la época: el púlpito era uno de los moduladores de opinión preferi dos, en este caso al servicio del Cabildo, que por algo pagaba al lector. És te era una figura de gran autoridad moral al que el Cabildo e incluso el Consell acudía como oráculo al que consultar sobre dudas teológicas y morales. Después de Trento los púlpitos fueron sometidos a un control más estricto; por ejemplo, el C abildo prohibió al lector franciscano que solía pagar el Consell que utilizase el ámbito de la Seo para predicar. 13 Desde nuestro punto de vista la lectoría es significativa en cuanto origen del Estudio dominico, como ya he apuntado, y sobre todo porque atrajo a religiosos de gran relevancia –la mayorí a dominicos–, muchos de ellos con obras publicadas, a la ciudad. Conspic uos teólogos como Gaspar Esteve, Baltasar Sorió, Juan Izquierdo, Lluí s Estella, el sevillano Juan Suárez de Godoy, Blai Verdú, Pedro Espinel de la Po rtaza, etc., pasaron por la institución y dejaron su impronta en la sociedad tortosina. Mediante una generalización –que, como tal, no siempre hace justicia ni se cumple exactamente– podemos definir el Estudi de gramática como un centro regido por un profesorado, seglar o no, caracterizado, durante el siglo XVI , por una apertura a las corrientes humaníst icas aun cuando el Cabildo y el Consell controlaban en última instancia las pr ácticas pedagógicas de los maestros. Por el contrario, sobre todo dur ante la primera mitad del XVI , la lectoría de la Seo, bajo el control de los dominicos, ej ercería de vector contrario a las «novedades» intelectuales. Recordemos el papel preponderant e de la orden en la Inquisición. De este modo, frente a asociaciones mentales –y reales– que reúnen al humanista Jeroni Amiguet, pr eceptor de la familia de conversos Palau, que recopiló un interesante ca rtapacio poético con obras de Corella y textos humanísticos clásicos, y que fuer on perseguidos por el Santo Oficio, es inevitable plantear que durante aquellos años de persecución la lectoría estuvo ocupada por antiguos inquisidores como Bordalba o el mismo comisario inquisitorial en la ciudad Climent Ferrer. Por su parte, los Reales Colegios cumplieron su papel dentro de las coordenadas postridentinas y marcados por su dependencia de la orden dominica: teología rancia, neoescolast icismo y tomismo alejados de las renovaciones neonominalistas y humanistas de principios de la primera mitad del siglo. Aun cuando algunos de los elementos analizados no favorecieron la libertad de pensamiento y de expresión, la presencia en la ciudad de ciertas figuras intelectuales de talla –el lector, el maestro de gramát ica, el profesorado de los Reales Colegios–, así como un des tacable volumen de alumnado a partir de 1600, influyeron muy positivamente en la literalización de la sociedad y 14 facilitaron el establecimi ento de la imprenta en la ciudad. Y la imprenta, aun controlada por el Cabildo, que dispendía las licencias eclesiásticas necesarias para publicación de libros, actúa como un poderoso acicate para los autores locales, que ven la posibilidad de sacar a luz sus obras con facilidad, estimula la emulación de nuevos diletantes de las letras a realizar sus propios ensayos, y ejerce de imán en un área de influencia que tendrá en Tortosa su centro de impresión. En resumen, la imprenta favorece en sobremanera la producción literaria, al tiempo que va creando un poso y una tradición que configura, en parte, una idiosincrasia cultural local. Por desgracia , la vida del taller tipográfico tortosino, que pasará por varias manos, será corta (1622-1656), ya que, pese a que durante la década de 1630 Francesc Martor ell abrirá el negocio a un mercado de ámbito nacional y se hará un nombre dentro del mundo de la impresión, el bloqueo de facto que la ciudad soportará durante la Guerra dels Segadors (1640-1652), así como la debacle hum ana causada por la peste de 1650-1651 hundirán las perspectivas del negocio, que no volverá a establecerse hasta 1780, 124 años después. 1.4 G RAMÁTICOS Y HUMANISTAS A PRINCIPIOS DEL XVI . J UDÍOS Y CONVERSOS El primer período relev ante de la literatura tort osina moderna seleccionado corresponde, más o menos, a los años que van desde 1477, año de la venida del obispo Alfonso de Aragón a la déc ada de 1520-1530, que marca el declive de la persecución a los conversos. Du rante estos años se producen algunos hechos importantes desde el punto de vista cultural: en primer lugar, llegan al Estudi los primeros gramát icos humanistas que introducirán el renovador método gramatical de Nebrija, así como un nuevo espíritu en las letras locales; por otro lado, y como fa ctor negativo, se produce la conocida expulsión de los judíos y una dura persecución de lo s conversos entre 1490 y 1520, aproximadamente, que se llevará por delante algunos personajes intelectualmente muy competentes. El primero de los indicios de camb io en el ámbito pedagógico es la publicación en Tortosa en 1477 por Brun y Spindeler de los Rudimenta gramm atice de Perotti. Es difícil, sin embargo, contextualizar las circunstancias 15 de esta impresión. En cuanto al prof esorado, el primero de estos maestros humanistas de cierto relieve en pasar por el Estudi es el fragatino Daniel Sisó, previamente en activo en Monzón, que había publicado ya su método, el Perutile gramm aticale compendium (Zaragoza, 1490). Sisó es considerado todavía una figura ecléctica, que bebe t anto de las gramáticas medievales como de las nuevas corrientes humanísticas (cf. Rico 1978:104). Posteriormente, destaca la presencia del oscuro maestro Pere Seguí, que publicará el Notule seu clarificatorium (Barcelona, 1513), en el que, siguiendo el signo de los tiempos, se alinea en las filas críticas con los barbari , o gramáticos medievales, y a favor de la renovación pedagógica humanista . Entre 1514 y 1515 ejercerá en la ciudad el conocido m édico y gramático tortosino Jeroni Amiguet, después de haber pasado por Oliva, Gandía, Valencia y Lleida. Amiguet está embebido del espíritu del Estudi General de Valencia, con el cual estuvo relacionado, aunque no como docente (Sanchis Cantos 1992:37). Otros maestros a seguir son Pere To rrent, en Tortosa entre 1505-1514, y posteriormente relacionado también con el Estudi de Valencia, Joan Franc, hermano quizás del también tortosino Jaume Franc, maestro de Palmireno y tantos otros humanistas alcañizanos, y el conocido profesor del mismo centro Francesc Deci, documentado en Tortosa al menos en 1527. En cuanto a los hechos negativos, hay que relativizar la expulsión de los judíos en cuanto a su incidencia en el tejido social, puesto que a finales del siglo xv la aljama tortosina estaba ya muy debilitada tanto numérica como culturalmente. Aún así, la expulsión supuso el cierre de la escuela hebraica y la marcha de una familia ilustre: el médico Samuel Mantino y su hijo Jacob, que se exiliaron en Italia. Jacob, que llegó a convertirse en médico del papa Pablo III, fue un personaje clave en la trans misión del saber árabe a la sociedad occidental. Más numeroso e influyente económica y culturalmente es el grupo de los conversos, sector muy dinámico soci al e intelectualmente. Aunque queda mucho todavía por estudiar en este cam po, la persecución inquisitorial se cebó en familias «letradas» y cult uralmente relevantes. Entre los encausados por la Inquisición destacan, entre otros, el médico Pere Sala, clavario de la ciudad, el también médico Pera d’Ala, Aldonça Pedr albes, esposa del doncel Joan Icard, regente de la bailía, el decano de la Seo Lluís de Ribesaltes, hijo del protofísic 16 del Principado Joan de Ribesaltes, los nobl es Joan de Montrós, originario de Móra, y Joan de Cardona, de Batea, el escribano real Agustín Álvarez, los hermanos Palau, juristas y notarios, los notarios Pere Santafé y Bertomeu Gil, los mercaderes Joan Pedralbes –c lavario de la ciudad entre 1459-1466–, Climent, Macip, March y Alegre, el ciruj ano Gabriel Prior y el rector de Tivissa Manuel Tolosa todos ellos acusados de judaizar. La nómina dista de ser completa y habla por sí sola del alcance de la presión inquisitorial en sectores sociales acomodados, cultos y habitual mente abiertos a nuevas corrientes culturales. De entre las familias conversas per seguidas destaca la de los notarios Palau, que vivieron a caballo entre Valenc ia y Tortosa. Los Palau, paradigma de estos conversos culturalmente inquietos, recopilaron un estupendo cartapacio poético en el que se evidencia su gusto por la renovación estética y cultural que se estaba produciendo en la capital del Túria y, de rebote, en Tortosa. Varios de sus miembros fueron encausados, y uno de los genearcas, Francesc Palau, fue relajado, o quemado, por el «Santo» Oficio, mientras que uno de sus descendientes, Lluís-Antoni Palau, está documentado en Génova, donde quizá se trasladara para evitar los sabuesos inquisitoriales. En definitiva, podemos decir sin empacho que la persecución de los conversos afectó profundamente la sociedad tortosina y castró intelectualmente uno de sus sectores culturalmente más despiertos y receptivos a novedades, debido a su relativo malestar con la cultura oficial. 1.5 C RISTÒFOL D ESPUIG De entre los literatos tortosinos de la Edad Moderna, quizá Despuig es el que goza de mayor prestigio entre la críti ca literaria, no sólo por ser el más conspicuo representante de un género genuinamente humaní stico, el diálogo, sino también, y lo que en el fondo es má s importante, por el valor literario intrínseco de su obra. Poco podía añadir en cuanto a la cont extualización y estudio de los Col·loquis desde la óptica de los géneros liter arios después de los magníficos estudios de Solervicens (1996, 1997, 1998a), por lo que el capítulo está enfocado hacia el estudio de aspectos biogr áficos del Despuig real, para ver 17 como se proyectan después en su ficci ón literaria. El ejercicio ha resultado bastante productivo, y nos permite comprender mejor algunos pasajes de la obra a la luz de estas aportaciones biográficas. De esta manera, podemos contextualizar el enfrent amiento de Despuig con el obispo Fernando de Loaces, remiso a pagar su contribución para la f ábrica de la Catedral, y también se ha ampliado nuestra perspectiva a la hor a de entender muchos de los arbitrios propuestos por el autor para el regimiento de la ciudad: la mayoría de ellos se basan en su experiencia en la práctica de gobierno. En otro orden de cosas, entendemos ta mbién que su enfrentamiento con el obispo Loaces, uno de los hombres fuerte s de la Inquisición en la Corona de Aragón, así como sus problemas con el Santo Oficio, después de atacar la casa de un familiar en una de las muchas bregas surgidas a raíz de las bandosidades locales, desaconsejaron sobremanera la publicación de los Col·loquis , ya que añadieron un plus de riesgo i nasumible a los ya peligrosos planteamientos erasmizantes de la obra. En resumen, al ampliar nuestro conoc imiento biográfico sobre el autor gozamos de una nueva perspectiva sobre su obra, que se dibuja como una de las piezas fundamentales de su progr ama político –municipal y estatal. Despuig, que no escatimó esfuerzos para lograr el control sobre la ciudad, intentó su objetivo por medio de las armas –bandosidades–, su implicación en la administración –hecho que le impedía pr omocionar al est ado de caballero–, y las letras – Los col·loquis. 1.6 E L CENÁCULO POÉTICO ENTRE LOS SIGLOS XVI Y XVII : J UAN S UÁREZ DE G ODOY , J ERÓNIMO DE H EREDIA , J OAN D ESÍ Y F RANCESC V ICENT G ARCIA A finales del siglo XVI , encontramos en la ciudad diversos poetas de cierta relevancia que, inevitablemente, es taban relacionados entre sí, formando un cenáculo poético y, congregado, seguramente, entorno algún tipo de tertulia o academia a nivel local. La primera muestr a clara de la exist encia de este grupo nos llega por medio de la relación Muerte y honras de la majestad del rey Philipe [...] segundo deste nombre hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599), redactada por el lector de la Seo Juan Suárez de Godoy. En esta obra, Godoy recoge muestras de los versos ci rcunstanciales y efímeros dedicados a 18 la memoria del monarca, muchos de ellos fijados al túmulo construido para la ocasión: el caballero Jerónimo de Heredia, el pintor Joan Desí, el arcipreste de Morella Melcior Figuerola y el mismo Suárez de Godoy se ven representados en la selección del lector. Una de las características más signifi cativas de estos poetas su estrecha vinculación con los círculos poét icos barceloneses. Godoy, fino poeta embebido de clasicismo, como demuestr a en las traducciones que inserta en su Tesoro de varias consideraciones sobre el psalmo «De m isericordias domini in eternum cantabo» (Barcelona, 1598), y pieza fundam ental en la cristalización de este grupo, llega a la ciudad en 1597 des de un entorno catalán. El lector estaba en contacto con el agustino Gas par Saona, represent ante de la escuela bíblica salmantina en Barcelona, junto c on Malón de Chaide, relacionados a su vez con Marc-Antoni Camós, de la mism a orden y también con el profesor de gramática del Estudi barcelonés Joan Dordà y con el médico Rafael Moix, todos ellos literatos conocidos y con obra publicada. Heredia y Desí –que por su edad debieron estar en activo ya durante la década de 1570-1580– estaban también relacionados con los círculos eruditos de la Ciudad Condal, como lo demuestra su participación en la justa poética celebrada en honor de san Ramon de Peny afort en 1601. Es muy posible que fueran animados a tomar parte en el certamen por Galceran Albanell, batlle de Tortosa y miembro del jurado, que en 1612 sería nom brado preceptor de Felipe IV. Allí pudieron conocer a otro de los jueces, el noble Joaquim Setantí, futuro suegro de Heredia. A la llegada del nuev o virrey Ettore Pignatelli, duque de Monteleón, en 1603, Heredia dedicará su Guirnalda de Venus casta y el Amor enamorado (Barcelona, 1603) a la virreina Catalina Caraccioli. Diversos indicios, como por ejemplo la descripción de la recepción virreinal incluida en el Amor enam orado , el soneto de Massanés «A la convalecència del duc de Monteleón, gran poeta», o algunos informe s del virrey al Consejo de Aragón, en los que da cuenta sobre las aptitudes de Heredia, apuntan a que el duque aglutinó entorno su corte a los poetas catalanes de la época y pudo promover algún tipo de academia o tertulia literar ia. Desí, por su parte, estuvo relacionado con diferentes eclesiásti cos amantes de las letras –Onofre Requesens, Manescal, Blai Verdú, Jaume Rebullosa–, y cuenta como principal mérito la primera traducci ón al español publicada de la Sepmaine del occitano 19 Du Bartas, auténtico best-seller paneuropeo de su tiempo, bajo el título de La divina semana (Barcelona, 1610). El segundo hito en nuestro conocimiento sobre la articulación de este grupo lo supone la publicación de la Vida y milagros del divino Olaguer (Barcelona, 1609), obra del prolífico dominico Jaum e Rebullosa, con fecha de aprobación de abril de 1606, cuando éste era prior del convento de la orden en Tortosa. En los preliminares de la obra la plana mayor de los poetas tortosinos rinde honores a Rebullosa: Duarte Dies, Jeróni mo de Heredia, su hermana Isabel de Heredia, Galceran Albanell, así como poetas del entorno barcelonés como los dominicos Raimon de Torralla y Onofre de Requesens, y el gramático Joan Dordà. Destaca, entre estos poetas laudatorios, la presencia de Francesc Vicent Garcia –en catalán, como siempre–, lo que viene a refrendar la vinculación del famoso Rector de Vallfogona con sus coetáneos tortosinos, como se intuía ya por las referencias Garcia a Heredia y otros «compatriots» en diversas composiciones (cf. Rossich 1988:96-117) El hecho de poder constatar la relaci ón entre estos ingenios catalanes de Barcelona y Tortosa refuerza la i dea de una amplia «república literaria» catalana en la que los hombres de le tras más significativos del país intercambiaban pareceres, novedades y pullas epistolarmente, así como tertulia física cuando la oportunidad lo permitía, bi en fuera en Barcelona, al amparo del duque de Monteleón, en el palacio arz obispal de Tarragona o en la misma Tortosa. Aunque nuestro conocimiento sobr e estos vínculos y su articulación sea todavía muy escaso, hay que pensar que tan sólo nos ha llegado una sombra de sus actividades reales. 1.7 F RANCESC M ARTORELL Y LA H ISTORIA DE LA ANT IGUA H IBERA (1626). R EPASO A LA HISTORIOGRAFÍA LOCAL La historiografía tortosina, salvo el breve estudio de Massip (1986), que plantea el estado de la cues tión, no ha suscitado el interés de la crítica –caso aparte merece Despuig, que como veremos, no es rectamente un historiador. Recientemente dimos el primer paso en el estudio de Francesc Martorell y la Historia de la antigua Hibera, clímax de la inquietud historiográfica que palpitaba en la ciudad y primera historia of iciosa de la misma. Y es que la obra 20 de Martorell, lejos de surgir ex novo , representa la culminación de más de cuatro décadas de intentos por consoli dar una historia local que diese cuenta de las excelencias del supuesto continuum entre la Hibera de los ilercavones, la Dertosa romana y la Tortosa cris tiana, y que resaltase aquellos valores pertinentes para la historiografía del antiguo régimen: antigüedad de la fundación, introducción del cristianismo, romanitas , o excelencia en la cultura clásica, factor como un valor en al za visto desde la óptica renacentista, resistencia a la invasión árabe, fideli dad y servicios a los monarcas, etc. Este capítulo va repasando, pues, lo s diversos proyectos locales al respecto: desde el perdido De excelentiis civitatis Dertusae que el notario Pau Cervera estaba redactando hacia 1585, según testimonio del cronista real Henrique Cock, pasando por el compendio hi stórico, subsidiario de un discurso forense, inserto en el memorial envi ado a las Cortes de Monzón de 1585 sobre la preeminencia de Tortosa sobre Perp inyà en el proceso de cortes, o, de nuevo, el memorial publicado en 1614 por lo s juristas Josep Torner y Silveri Bernat, en el que, entre otros argumentos, el Consell presentó a la Audiencia sus méritos –antigüedad, cristianidad, servicios a los reyes, etc.– con el objetivo de evitar la segregación de la opulenta villa de Xerta, «calle» de la ciudad. Estos dos últimos ejemplos ponen de mani fiesto la necesidad práctica de la publicación de una historia local con el objetivo de publicitar las glorias y méritos locales. En la meritocracia de los Austria estos valores «intrínsecos» y ganados asociados a una comunidad podían traducirse en réditos políticos interesantes, como por ejemplo, la preeminencia en un proceso de cortes, que, a su vez significaba el poder situar los síndicos locales en situación ventajosa para entrar a formar parte de las comisi ones de trabajo, aspecto ya no formal, sino ciertamente operativo. Parte por estos motivos prácticos, parte para dar lustre a la ciudad y fomentar el cult o a la Virgen de la Cinta, el Cabildo patrocinó la Historia de la antigua Hibera (Tortosa, 1626) de Francesc Martorell, recopilación de las noticias conocidas sobre la ciudad y de aportaciones archivísticas propias. Martorell aprovec ha los esfuerzos anter iores, no siempre reconociendo su deuda. Así, Despuig y Torner/Bernat son citados ocasionalmente, mientras que en muchos otros pasajes simplemente son plagiados sin mención alguna. 27 Tenemos también noticia de represent aciones marianas como la clásica Asunción, representada también en Cast elló y Tarragona, o endemismos como el Misteri de l’Aldea , relacionado con una advocación mariana local. En otro orden de cosas, apunto también la presencia de autos sacramentales, ya en el siglo XVII , y una representación denominada Milacre de Tots Sants , ligada al culto a los muertos del primero de novie mbre. En fin, estas noticias sobre representaciones, muchas de las cuales no habían sido documentadas anteriormente, apuntan líneas de inve stigación futuras que no puedo emprender en este estudio con la amplitud que merecen. La fiesta barroca, cada vez más dirigi da por el cuerpo di rigente estaba, sin embargo, firmemente implantada en el tejido social gracias a la implicación de los gremios artesanales en la misma. Massip (1992) ha estudiado el papel absolutamente fundamental de los gremios en la fi esta teatral urbana por excelencia: el Corpus. El modelo del Corpus, que llegará a estandarizarse mediante establiments , o disposiciones municipales, será trasladado a otros ámbitos festivos que surgen paralelos a los cambios sociales: implantación de la fiesta de la Inmaculada Concepc ión o la fiesta de la Brecha –en conmemoración a la resistencia al si tio francés de 1642–, recayendo el peso de las celebraciones en los gremios. Además, los gremios activaban su maquinaria dramática en otras solemnidades , como visitas reales, nacimientos y fallecimientos de la Monarquía, canoni zaciones, celebraciones de victorias del Imperio, etc. A parte de todas estas actividades generadas por agentes locales, a finales del siglo XVI el Consell construyó un corral de comedias en el patio del Hospital. Los beneficios eran destinados a sufragar los gastos de la entidad benéfica, por lo que esta disposición, además de cumplir su función social, protegía al teatro de las críticas de los moralistas. La ciudad recibió la frecuente visita de compañías que seguían la ruta Barc elona-Valencia, y también de las que venían de Aragón. A pesar de que hemos podido constatar el apoyo de la Iglesia a ciertas prácticas dramáticas, observamos también la presión –principalmente de los obispos– por pr ohibir las comedias en momentos socialmente difíciles –pestes, gue rras– que demandaban la «expiación de 28 pecados». En 1631 el Consell hizo caso omiso a los intentos del obispo Antolínez por interrumpir las f unciones, argumentando que éstas eran el aliciente del pueblo, que estaba «inclinat a oir-les i rebr e consolatió corporal i temporal» * * * Volviendo al principio de esta intr oducción y a las preguntas que planteaba sobre la existencia de diversos escrit ores de nivel en la ciudad, sería ingenuo querer desentrañar los factores que dete rminan tanto el autor como el acto literario –el porqué de un Despuig, Ga rcia, La Torre–, puesto que muchas de las variables que condicionan y forman la existencia de un escr itor simplemente se nos escapan, mientras que las relativa s al proceso de creación pertenecen a su ámbito íntimo, al cual no tenemos acceso, y menos al de los hombres de la Edad Moderna. En cambio, podemos intentar explicar el conj unto de factores y circunstancias que promueven, definen y or ientan la cultura literaria de la ciudad, telón de fondo sobre el que surgen estos escritores. El proceso emprendido, como se puede vislumbrar en este capítulo introductivo, ha sido bastante productivo, ya que al atender al papel ejercido por el conjunto de vectores culturales e intelectuales potenciales, como por ejemplo, los resortes cult urales disponibles para el autor –educación, imprenta, bibliotecas–, o la exposición a influenc ias externas –conexiones literarias, canales de transmisión de cultura–, nos pe rmite contextualizar autores y obras en sus coordenadas espacio-temporales y encajarlas en la sociedad que las produce. Analizado este caldo de cultivo, las diferentes producciones literarias cobran una nueva dimensión en relación a la tradición que el autor ha podido conocer desde su medio y que han moldeado su praxis creativa: no sabemos el porqué aparece determinado autor, pero entendem os el porqué de la suerte de un determinado género literario en la zona. No es ocioso emprender un estudi o de esta índole, basado en la investigación archivística y en la le ctura de obras catalogadas como menores en una ciudad de segunda fila de la Corona de Aragón. En primer lugar, el confrontar la realidad de las producciones locales con los esquemas mentales marcados por las historias de la literatura y, en general, con los parámetros que 29 describen y delimitan las característi cas generales de una cultura, pone a prueba la validez de estos tratados y guías que supuestamente reflejan la realidad literaria. A través de estas aportaciones locales podemos llegar perfilar zonas grises y a rectificar, e inclus o corregir, planteamientos forzados y prejuicios contextuales que marcan nues tra comprensión de las obras, de los movimientos y, finalmente, de la cultur a de un país. Como decía Miquel Batllori, «la investigació controla la imaginac ió i frena les idees preconcebudes i els prejudicis». En segundo lugar, si bien es cierto que contamos con aproximaciones globales a la literatura producida en las capitales de la Corona de Aragón, nuestro conocimiento sobre la realidad cultur al del resto del territorio y sobre la incidencia e implantación de las corrient es literarias en el mismo es muy fragmentario e irregular. Podemos encont rar estudios competentes sobre la imprenta en Tarragona o en Lleida; sobre el teatro en Alacant, en Castelló de la Plana, en Tortosa, en el Rosselló o en Girona, por nombrar algunos lugares; sobre las universidades de Gandía, Hue sca o Solsona; también sobre períodos amplios, como el humanismo alcañizano, o sobre el culter anismo y erudición en Huesca. Ahora bien, necesitamos est udios que enfoquen la producción literaria en estos lugares en su totalidad par a dar cuenta de las preguntas que nos importan: ¿Qué nivel de cultura y «m odernidad» podemos esperar fuera de los epicentros culturales? ¿De dónde ll ega la semilla que hace brotar una determinada obra o género en cierta zona? ¿Cómo funcionan estos canales de transmisión de cultura? ¿Hablamos de model os jerárquicos, piramidales, con las grandes urbes irradiando al resto del país, o se trata, por el contrario, de un sistema de redes de múltiples direcciones y sentidos? ¿Coinciden las fronteras regnícolas y lingüísticas con el ámbito de influencia de sus capitales o podemos hablar de transferencias y solapamientos entre los diversos territorios? ¿Qué papel juegan los resortes pedagógicos y cult urales –escuelas, universidades, imprenta, teatros– al respecto? Ha y mucha tela que cortar, sin duda. Al enfocar globalmente el estudio sobre la literatura tortosina y sus condicionantes, mi propósito y deseo es el de aportar, en la medida que pueda ser válido y posible, un paradigma de las cu ltura literaria aplicable a este tipo de ciudades –Alacant, Xàtiva, Morella, Tarragona, Girona, Lleida, Perpinyà, Calatayud, Alcañiz, Huesca, etc.–, quizá secundarias desde el punto de vista 30 de la Monarquía hispánica, pero aún im portantes en la Corona de Aragón, y que jugaron un papel important e como núcleos urbanos emisores de modelos culturales e intelectuales para el rest o del territorio. Sólo si conocemos y entendemos la realidad de estos centros podremos perfilar el panorama de la cultura catalana y, en general, de la Corona de Aragón en la Edad Moderna. 31 2. La tradición literaria local; influencia e intercambio con los focos culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza 2.1 I NTRODUCCIÓN . F ACTORES GEOPOLÍTICOS DE LA SOCIEDAD TORTOSINA «Cruïlla dels Països Catalans», «lla ve del Reino de Valencia», e incluso «baja sentina de los tres reinos», son algunas de las expresiones acuñadas por literatos, historiadores, políticos y militar es para explicar el universo geopolítico y, de paso, la realidad social y cultural tortosina, equidist ante entre Barcelona, Valencia y Zaragoza, y punto de encuentro y fusión entre diversas culturas. En su estudio sobre el arte en Morella, t anto Alanyà [2003], como José i Pitarch [2003] nos marcan las claves para entender el potencial social y artístico tanto de la villa real como de la ciudad de Tortosa: se trata de centros urbanos situados en el «vacío» del interior del triángulo Barcelona-Zaragoza-Valencia, caracterizados por ser enclaves militares , comerciales y religiosos, así como nudos viarios que, mal que bien, asumier on el papel de referente artístico e intelectual que faltaba en la zona. Ciertamente, la situación física de la ciudad favorecía el fluir de productos y gentes, y, con las últimas, de ideas . Abundando en lo dicho, factores tan diversos como por ejemplo, el hecho de ser el paso ineludible del Ebro en el inmemorial camino costero ibérico, puerto fluvial de los productos de Aragón, plaza militar de primera categoría, capital de un obispado a caballo entre Cataluña y Valencia –con su pequeña cuña aragonesa– 33 , centro de formación de franciscanos y dominicos, así como enclave donde se celebraron con frecuencia Cortes y concilios religiosos hasta finales del siglo XV , entre otros que podríamos aducir, convirtieron a la ciudad en un crisol de gentes que supuso un interesante intercambio hum ano y cultural. La ciudad era un delta humano, con una notable presencia de va lencianos, aragoneses y franceses –o gascones. Los dos ejemplos misóginos sobre el «loco amor» recogidos en el Corbacho del arcipreste de Talavera, de los que el autor tuvo noticia en la 33 Calaceit, Arenys de Lledó, Lledó y Cretes, en la comarca turolense del Matarranya, pertencieron al obispado de Tortosa hasta 1961. Por el norte, el obispado llegaba hasta el enclave ilerdense de Maials y se introducía en algunas poblaciones de las actuales comarcas 32 ciudad, nos dan cierta idea del cierto am biente cosmopolita y portuario tortosino de la baja edad media (González Muela 1981:93-95). Esta reflexión previa es necesaria para encaminar el presente capítulo, que pretende dar cuenta de los factores que lleva ron al intercambio cultural en la ciudad y, más concretamente, de lo s que promovieron la transmisión y recepción de modelos estéticos y liter arios que, una vez asumidos, marcarán a su vez las pautas y el carácter de la cultura literaria local, objeto final de nuestra investigación. El horizonte estético y literario reflejará, como es natural, la orientación socioeconómica y humana tortosina, por lo que vendrá delimitado por los grandes epicentros culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza, ciudades con las que mantuvo continuas y recíprocas relaciones comerciales, administrativas, religiosas, y humanas –no sólo en virtud del paso y flujo de pasajeros, sino también por lazos s anguíneos, o de parentesco. Más allá, a modo de telón de fondo de la España de los Austrias queda el núcleo cultural de la Corte, con la cual la relación di recta fue menor, si bien es cierto que hubo tortosinos relacionados y formados en ambi entes curiales –los Terça, Lluís de Montsuar y Romeu de Ferrer, en el Consejo de Aragón, y también César de Aldana, Alexandre de Ros o Francisco de la Torre i Sevil. Por otro lado, hay que recordar que obispos como Martín de Córdoba, Pedro Manrique, Luis de Tena, catedrático de escritura en Alcalá, o el cardenal Spínol a trajeron consigo una pequeña corte de letrados, burócratas y familiares educados en Castilla, muchos de ellos en la corte de los Austria. En cuanto a posibles relaciones cult urales con la Italia renacentista, finalmente, espejo en el que se acic ala la literatur a española de la edad moderna, Kamen [1998:379] marc a cuatro principales vías de vínculo cultural entre los dos países: los españoles resi dentes en Italia, los italianos residentes en España, la difusión de obras por la imprenta y la presencia de libreros italianos en España. En cuanto a la pr imera vía, hay poc as noticias sobre contactos significativos: Joan Girona, notario apostólico de finales del siglo XV , que mandó labrar un magnífico sepulcro monumental en la Seo tortosina, Jerónimo de Heredia, que residió en Si cilia durante 3 años en la década de 1580, autor de un cancionero que bebe directamente de los poetas del Priorat y del Baix Camp. Por tierras valencianas comprendía la villa de Castelló de la Plana y llegaba hasta Almenara, a 40 km. escasos de Valencia capital. 33 renacentistas italianos y Vicent de Mi ravall, que residió en Roma durante la primera mitad de la década de 1630 son los más destacados, aunque sabemos que muchos religiosos tortosinos, mot u propio o comisionados por el Cabildo, residieron temporalmente en la urbs capita para gestionar asuntos los negocios de la Iglesia. La presencia de italianos en la ciudad, documentada en virtud de los contactos comerciales, aunque no cuant ificada, ciertam ente, pudo suponer también una posible entrada de influencia s literarias, aunque no conocemos casos de mercaderes de libros –vía cuarta. En todo caso, parece que la gran difusión de la literatura italiana en Cataluña (cf. Peña 1996:268-271, 292-298) constituye de por sí un influjo potent e para la asimilación de las modas e inquietudes intelectuales provinentes de Italia. Hay que matizar, sin embargo, que estos contactos culturales no se basan, como podríamos pensar, en una relación unidireccional jerárquica de emisión- recepción; es decir, de unos centros difusores de cultura que «adoctrinan» intelectualmente y «actualizan» estética mente sus satélites subsidiarios. Curiosamente, observaremos como al gunos de los proyectos literarios más interesantes producidos, no sólo en Cataluña, sino particularmente en Barcelona, son obra de tortosinos, que se involucran en la vida cultural de la capital, sin que eso signifique que hubieran abandonado su «círculo» patrio: la discreta extensión de un país como Cataluña hacía posible esta doble ubicuidad. Como bien nota García Espuche [2003:3], «muchas familias de Cataluña tenían un pie en su lugar de origen y otro, bien consolidado, en Barcelona, de tal manera que buena parte de quienes vivían en la capital provenían de fuera de ella». La permeabilidad parece ser una de sus características más notables en los cenáculos literarios catalanes que ma rcan las tendencias literarias a seguir. Cabe preguntarse, pues, hasta qué punto es válido y, sobretodo, ajustado a la realidad, presentar un modelo de transmi sión literaria jerárquica como el apuntado –aunque resulte más sencillo y esquemático como método de trabajo– en el que las grandes urbes menc ionadas proyectarían su luz sobre réplicas satélites a menor escala. Visto el panorama literario local, y particularmente, los casos de los Amiguet, Astor, Desí, Herèdia, Vicent Garcia, etc., parece más apropiado plantear estos canales de comuncación como vías 34 de doble sentido, o incluso como una r ed «transversal», en el supuesto que no toda la información generada en Cataluña pasaría necesariamente por la capital, sino que se darían también re laciones directas e independientes entre las pequeñas capitales –Perpinyà, Girona, Vic, Tarragona, Lleida, Tortosa, etc.–, en contacto a su vez con otros focos culturales como Huesca, Monzón, Fraga, Alcañiz, Sant Mateu o Morella , tributarios de Zaragoza y Valencia. Quede esta última hipótesis como una posible vía de investigación a seguir. Volvamos al modelo de red o los canales de doble dirección. Este modelo no menoscaba el liderazgo cultural de Ba rcelona. La capital, debido a su peso humano y económico, actuaría igualm ente como atalaya de las novedades producidas en el exterior y sería la pr incipal vía de introducción de éstas en el Principado. Por otro lado, como imán humano, intelectual y cultural del resto de Cataluña, fagocitaría las eventuales pr oducciones interiores, que redistribuiría de nuevo por todo el país. Es decir, si Ll eida, Tortosa o Perpinyà, por citar las ciudades extremas territorialm ente y que pueden aportar matices más «exóticos», tenían cualquier singulari dad intelectual interesante, es muy probable que ésta tuviese en la Ciudad Condal su caja de resonancia adecuada: el lugar ideal para ser recibidas , asimiladas y difundidas. Esto se debía tanto al enorme salt o cuantitativo en el nivel de público receptor que suponía la capital, como por la proyección que la obra podía adquirir desde el nivel superior, con respecto a su or igen, al que había ll egado. Es decir, no podemos establecer una escisión clara entre Barcelona y Cataluña, porque, según la conocida metáfora paulina (1 Cor. 12:14-26), la cabeza no puede prescindir de los miembros y, todos a la vez, conforman el cuerpo. Javier Burgos, en su tesis doctoral, expresa la capitalidad cultural y el papel de «esponja» de Barcelona con otra metáfora: La ciudad, fuente de creación cultural, actuaría como una auténtica central eléctrica, recibiendo el caudal de diversos cauces y transfomándolo en nueva producción cultural que distribuye en un proceso de auténtico intercambio cultural desigual, y que se agudizará en sus términos de desigualdad según avance la época moderna (citado por Peña 1996:51). García Espuche [1998:323-330], por su parte, interpreta la capitalidad catalana de Barcelona en cuanto centro de un territorio cada vez más integrado 35 gracias a la descentralización territorial, la especialización productiva, la mejora en las comunicaciones y los múltiples y variados intercambios entre todo el territorio catalán. Para este histori ador, Barcelona ejerce «el rol de centro distribuidor [...] paralelo al de organiz ador de la producción cercana», pero nota también la «doble dirección» en cuanto a «l a creciente influencia del territorio catalán más dinámico sobre la capital», materializado en una intensa red de relaciones comerciales, procuras y fluj o de mercancías. Recientemente García Espuche [2003:3] ha vuelto sobre el tema, explicando el positivo «engranaje» entre Cataluña y Barcelona gracias a la ya citada doble presencia de los agentes económicos y políticos del territori o catalán tanto en su lugar de origen como en la capital. Finalmente, ilu stra el fenómeno de interrelación entre centro-periferia de Cataluña con una imagen clarificadora: «Ha resultado una destacada ventaja disponer de es os dos componentes avanzando conjuntamente, no como lo hacen la lo comotora y sus vagones, sino como lo realizan las dos piernas de un mismo cuerpo. Aunque es cierto que una de ellas puede ser más fuerte que la otra , no hay duda que sin las dos, y bien coordinadas, no es posible avanzar». Una de las peculiaridades que hace interes ante el hecho cultural tortosino es su permeabilidad a las influencias aragonesas y valencianas. Un ejercicio interesante consistiría en seguir el trayecto de estas conexiones para ver si llegan a ser asimiladas por la cultura catalana o si tan solo van a quedar en localismos del Ebro catalán, sin ma yor repercusión más allá del coll de Balaguer, paso situado en el despoblado que ma rca la separación entre la zona de influencia de Tarragona de la de Tort osa y que marca una clara escisión dialectal e idiosincrática en el te rritorio catalán. ¿Fue Tortosa en algún momento un enlace, un puente entre Val encia y Barcelona, que paliara, en cierta manera «la manca de sincronisme cultural» entre ambas zonas, según la valoración de Rubió i Balaguer [1985:11]? En una última fase, cabe examinar si la ciudad, con su hipotética idiosincrasia local y tradición propia, ll ega a ser también un centro distribuidor de modas y estilos. Es decir, una refe rencia para un «mercado» intelectual que podía corresponder, grosso modo , con los límites de su obispado. Este hecho esta constatado en el ámbito de la pintura y la retablística, así como en el de la 36 orfebrería y la arquitectur a. En el primer caso, es notoria la existencia de pintores que trabajando al alimón desde lo s talleres de Morella y Tortosa, o desde Sant Mateu-Tortosa, como si fuera «un sol centre» (José i Pitarch 1986:176), cubren las necesidades artísti cas de un territorio que se extiende, por poner límites a algo que no los tiene, entre Alcañiz, Morella, Tortosa y el Baix Maestrat, e incluso más allá –l os cuatrocentistas Pere Lembrí, los hermanos Serra y Lluís Montoliu (J osé i Pitarch 1986:176-177, 200-202, Vidal Franquet 2003); García Giner, la saga de los Desí y los Guilló, en el Quinientos, y Urbà Fos, ya en pleno siglo XVII (cf. Muñoz; Rovira 1999). En el terreno de la orfebrería destaca la saga de los Santal ínea, originarios de Morella, en activo en la diócesis, y más allá de su s límites, entre los siglos XIV - XVII (cf. Dalmases 2003:122-129). En el ámbito arquite ctónico, se habla incluso de la estandarización e irradiación de formas renacentistas en Valencia y Cataluña a partir del foco tortosino (cf. García Hinarejos 2000). En ambos casos, hay que ponderar que nos encontramos ante expres iones artísticas marcadas por el hecho religioso, aspecto en el que Tortos a ejercía claramente su capitalidad, constituyendo un notable foco de atracción de artistas. Debemos plantearnos si la premisa marcada por José i Pitarch [2003:141] al tratar del arte gótico en la zona es válida, salvando las distancias, y el carácter no estrictamente mercantilista de la literatura, para este estudio: «la distribución de los centros de pintur a en los Estados de la Corona de Aragón durante los siglos XIV y XV obedece a una lógica histór ica y geográfica: la importancia política, religiosa y ec onómica de las principales ciudades y poblaciones y la posibilidad de un territorio para extender las obras producidas, es decir, el mercado, en su acepción más amplia, con los clientes consolidados y temporales». Se dieron estas caracter ísticas, en su proporción, en el campo de las letras o, por el contrario, es tas seguían modelos expansivos y canales de distribución diferentes? Creo haber expuesto, pues, el campo de estudio a desarrollar en este primer capítulo: en primer lugar, la recepción de ideas desde los epicentros de Barcelona, Valencia y Zaragoza; al mism o tiempo, analizar la implicación de los literatos tortosinos en los cí rculos intelectuales de estas capitales y, finalmente, plantear si, una vez asimilados estos m odelos literarios, la ciudad llega a funcionar como centro de difusión de lo s mismos en su territorio o mercado de 43 diputado eclesiástico (1494-1497). Vicent es autor de un poema latino inédito sobre las inundaciones de 1488 – Versus de pressuris, calamitatibus et incommodis quae in Hispania Citerio ri aquarum inundationibus evenerunt –, del Officium de Cingulo Beate Virgnis Marie , o rezo de la Cinta (Barcelona?, 1509) (cf. Querol Coll 1999:86-87) y de una prot ohistoria sobre la Tarragona romana (Duran 1984:51). En realidad, desconocemos sus contac tos con los literatos barceloneses del momento, pero debía ser un personaj e bien conocido entre los círculos intelectuales catalanes. Lluís Ponç d’Icard le reconoce como una de sus fuentes para la descripción de la s inscripciones romanas en su Llibre de les grandeses de Tarragona. En la misma obra lo define como sujeto «de molta virtut y [en] doctrina famosíssim» (Duran 1984:134). Maria Toldrà, que prepara un estudio sobre Vicent, me indica que el ms. 3239 de la Herzog-August Bibliothek de Wolfenbüttel, en el cual se conserva el Llibre dels epigrames de Tarragona de Ponç d’Icard, es muy posible que incluya también la historia sobre la Tarragona romana de Vicen t. No hemos podido, de momento, consultar el manuscrito. Otra posible obra de Vicent se cons erva en el manuscrito 930 del Arxiu Capitular de Girona. Allí se transcr ibe un epitafio, obra de un tal Francesc Vicent, sobre el fallecido Joan Fort, monje cartujano de Scala Dei. Vilallonga [1991:62], editora del epitafio, propone, si n ninguna certidumbre, identificar al autor con un homónimo val enciano autor del perdido Libre dels jochs partits dels scachs (Valencia, 1495); sin embargo, tanto la proximidad espacial –Scala Dei se encuentra en arzobispado tarrac onense– como temporal, nos inducirían a pensar que el autor del epitafio es nuestro personaje. Vicent residía en Tarragona, donde ejercí a de prior mayor, es decir, el cargo más destacado después del obis po, por lo que f ue un personaje muy significado dentro del mundillo eclesiástico tarraconense (Tomás Ávila 1963:111, 155-157). Al mismo tiempo, como observamos tanto por sus obras como por la documentación archivística , conservó estrechos vínculos con Tortosa, donde residía su hermano, el beneficiado Joan Vicent, responsable, junto con el canónigo Francesc Corder y los comensales Juan Menor, Antoni Altaguit y Esteve Vallobar, de la ordenación y edición del Breviarium tortosino impreso en Venecia el 1507. Ambos eran hijos del notario Bernat Vicent, de 44 muy probable origen converso, de acuerdo c on las listas de nuevos convertidos a principios del XV publicadas por Salvadó [1999:84, 88]. Antoni Amiguet A finales del XV vivía en Barcelona el médico tortosino Antoni Amiguet, que el 1491 tenía el cargo de protofísico del Principado (Calbet; Corbella 1981- 1983: vol. I , 44). Parece ser que los Amiguet, cuyo miembro más conocido es el gramático Jeroni, estaban establecidos ent re la capital y Tortosa. El 1473, el canónigo de Tortosa Francesc Amiguet, hermano de Jeroni y Antoni, había salido escogido oidor eclesiástico de la Generalitat, por lo que es probable que comprase alguna casa en Barcelona para su comodidad. Parece ser que pasada su etapa de oidor, Francesc siguió alternando su vida entre Tortosa, donde lo encontramos normalmente en f unción de sus obligaciones como capitular, y Barcelona, puesto que el 1483 ejercía de procurador del Cabildo en esta ciudad, y allí fue enterrado a su muerte en 1494. 37 Poco sabemos sobre la vida del médi co Antoni; el 1477 parece que todavía reside en Tortosa, pero desconocemos la fecha de su traslado. En la Ciudad Condal ejerció de profesor de medici na en el Estudi. Relacionada con su docencia, publicó una Lectura feta per los rever ent mestre Anthoni Am iguet [...] sobre lo tractat segon del R. mestre Guidó, lo qual tracta de apostem as en general (Barcelona, 1501), a instancia, según indica en el prólogo «de alguns joves studiants en cirurgia». Se trat a de una adaptación de la obra médica de Guy de Cauliach, de la cual se imprim ieron 300 ejemplares a costa de Amiguet y el cirujano Joan Valls (cf. Madurell; Rubió 1955: 340, 343). Ca lbet y Corbella reportan también otra obra, Algunas advertencias a las comadres para que sepan declarar ante los jueces , que debía circular, en t odo caso, manuscrita, de la cual no tenemos más noticia. Co mo doctor en medicina, constaba en la matrícula de los ciudadanos honrados de Barcelona como gaudí , pero con la reforma de la matrícula, su nombre aparece ya expurgado de la misma el 1510 (Palos 1994:439). Amiguet redactó su testament o ante el notario barcelonés 37 ACTo. Codex 85: Liber pro anniversaris instituendis in sede Dertusensis , f. 181. 45 Galceran Balaguer el 1517 –no he podido halla r el protocolo, de momento,– y murió hacia 1520-1521. No acaba aquí la relación de los Am iguet con la Ciudad Condal. Es más que probable que Jeroni, 38 médico también y gramático, se trasladase a Barcelona, donde publicó la Introductio ad artem gramm aticam (Barcelona, 1514), después de sus etapas valenciana y tortosina, con un poema laudatorio de Martí Ivarra, el famoso gramático es tablecido en Barcelona. De hecho, ya el 1508 documentamos a Jeroni relacionado con el librero barcelonés Miquel Conrad, del cual actuaba como proc urador en la ciudad y, quizás, como representate a comisión. 39 El epistolario de Hipólita Roís de Liori, condesa de Palamós (cf. Ahumada 2003), nos da también algunas pistas sobre Amiguet. La correspondencia cruzada entre la condesa y su hija Estefanía de Requesens documenta a «mestre» Amiguet en Barcelona, entre 1533-1537, donde atendía a la familia, y en Valencia durante 1537, adonde se había trasladado para cuidar a la condesa (Ahumada 2003:83, 122, 297, 299, 372, 389, 401). Podemos comprender la solidez cultural de la fa milia en el detalle que el yerno de la condesa, Juan de Zúñiga, era preceptor del futuro Felipe II en la corte. El 1533 el Cabildo tortosino mantenía relación con un tal mosén Amiguet, que les envía cierta tela desde Barcelona. 40 Tan sólo un detalle impide identificar al «mestre» establecido en Barcelona con nuestro Jeroni: el 1558 ejercía también de médico en la Ci udad Condal un tal Cosme Amiguet ( DACB 1982-1975: v. 15, p. 485), que debe de ser el Cosme-Jer oni que Jeroni Amiguet introduce, haciendo constar que se tr ata de su hijo, en un ejemplo de Sinonima variationum sententiarum (Valencia, 1502). Poco más que estas pinceladas suelta s puedo ofrecer, de momento, sobre los Amiguet en Barcelona. Queda la duda, por lo tanto, sobre si se trata del padre o del hijo el doctor al servicio de los Requesens, aunque, vista la edición barcelonesa de la Introductio de 1514, a falta de alguna constatación documental definitiva, todo parece indicar que Jeroni se trasladó a la capital catalana después de su etapa tortosina. 38 Sobre Jeroni Amiguet tratamos en extensión al ocuparnos de las relaciones con los círculos literarios valencianos. 39 AHT. Man. Not. 1307, f. 179 v. -180. 46 Esteve de Garret Este canónigo tortosino que tenía la dignidad de arcediano de Borriol, había sido oidor de cuentas de la Generalitat el trieni o 1497-1500, y presidió la institución entre 1515-1518. Debía ser hombre de buenas letras, pues el Cabildo le encargó la composición del Missale (Barcelona, 1524) impreso por Rosembach. Tras la elección del obispo de Tortosa y cardenal Adriano de Utrecht como papa en 1522, éste tuvo una deferencia con su Cabildo al convertir a Garret en su mayordom o (Beguer 1960:252-253). Sin embargo, poco tiempo pudo gozar de tan disti nguido cargo, puesto que, ambos personajes murieron poco después: Adri ano de Utrecht en septiembre de 1523 en Roma, y Garret, que quizá no llegó a la capital católica, antes de 1524, por lo que tampoco pudo ver impreso el Missale. Por otra parte, hay que considerar el posible parentesco –no demostrado– de Garret con el poeta catalán Benet Garret, Il Cariteo , establecido en Italia, puesto que en la rama tortosina habían existido varios personajes homónimos (cf. Beguer 1980:152). El profesorado universitario: Cosme de Palm a, Antoni-Joan Astor Los humanistas tortosinos apenas tuvi eron eco en el Estudi barcelonés. A parte del ya mencionado Antoni Amigue t, tan sólo detectamos la figura de Cosme de Palma i Fontes , que regentó la recién creada cátedra de griego durante el curso 1544-1545 (Fernández Luzón 1995:243). Cosme de Palma no es, en realidad, tortosino, sino de Sant Mateu. Acompañó al teólogo y rector de la universidad, Cosme Damià Hortol à, al Concilio de Trento, donde en 1563 recitó una oración a los padres congregados en la que hacía constar su origen como presbítero diocesis dertusensis (cf. Robres 1957). En realidad, desconocemos su grado de implicación en la ciudad, si es que tuvo alguno. 40 ADT. Caja 18, doc. 557. 47 Algo más podemos decir sobre Antoni-Joan Astor ( c. 1563-después de 1614), doctor en ambos derechos y hermano del regente de la Audiencia Jeroni Astor. Astor tuvo una dilatada e intere sante carrera que ti ene su primer punto álgido en la regencia del Colegio de Santiago en la Universidad de Huesca, centro donde leyó cánones seis años. De allí pasó a Orihuela, donde fue vicario general del obispo Josep Esteve, y hacia 1599 a Tarragona, donde se le nombró rector de Valls y fue vicario general del arzobispo Terés. De su gestión en la diócesis oriolense al servic io del obispo Esteve da fe la obra Responsum sive tractatus de synodo diocesana per episcopum indicenda, deque illius statutis condendis sin consensu capituli (Tarragona, 1600), dedicada al arzobispo de Tarragona Joan Terés, en la que trata sobre las desavenencias surgidas entre el obispo y el Cabil do. En los preliminares de la obra encontramos poemas laudatorios latinos de sus hermanos Pau, doctor en medicina que ejerció en Tort osa y en la Seu d’Urgell, y Pere, arcediano de Corbera de la Iglesia tortosina. Des pués de esta etapa fue vicario general del obispo Capella en la Seu d’Urgell. Los méritos de Antoni-Joan Astor no pasaron inadvertidos al virrey Monteleón, que lo destinó al Rosellón al servicio del gobernador Jeroni d’Argensola. Hacia 1609 se hallaba en la Corte sirviendo al rey, y en ese mismo año fue nombrado, a instancias del Consejo de Aragón, abad de la Real de Perpiñán que se encontraba vacante. 41 Según atestigua Monter [1992:142- 143], en 1610 el tortosino, que había conseguido una canongía en Barcelona, fue encausado por la Inquisición por va rias denuncias de sodomía. Era, como dice Monter, «el catalán más desta cado de todos los que habían visitado las celdas inquisitoriales», y su juicio implicaba intereses políticos importantes, en un período especialmente convulso en cuanto al papel de la Inquisición en Cataluña, contestado desde la Genera litat. Además, desde 1603 en los casos de sodomía los jueces de la Audiencia –entre los que se encontraba y tenía especial carisma Jeroni Asto r, hermano del encausado– debían ser consultados por la Inquisición de Cataluña. La Suprema intentó, sin éxito, eludir el voto de la Audiencia para poder ejecut ar al reo. Finalmente, en 1614 Astor 41 ACA.CA. Lg. 268/33. 48 fue condenado a una multa de 300 libras, al confinamiento en un monasterio por diez años y al destierro de por vida de la diócesis de Barcelona. Astor era un personaje con vínculos significativos en la Ciudad Condal, además de la referida relación con el virrey Monteleón, que hemos de datar a partir de 1603, año de la venida del virrey y de la conexión familiar en la Audiencia. Ya en 1585 el librero Antoni Oliv er le encargó, junt o a Pau Costa, la nueva edición del Lexicon seu dictionarium Ae lii Antonii Nebrissensis (Barcelona, 1585). Según el prólogo de Oliver, «antes que se huviesse de encomendar a la emprenta, rogué a al gunos hombres doctos y curiosos en letras humanas que, agradeciendo y pagando su trabajo, corrigiessen y emendassen aquel vocabulario que última mente se imprimió en Barcelona, corregido y aumentado por el doctor An tigo Roca [1563]». Madurell [1945:281- 288] publicó sendos documentos del Arxiu Notarial de Barcelona que desenmascaran la personalidad de estos «correctores»: se trata de la concordia entre Oliver, por una parte, y Pau Costa y Antoni Astor «natural de la ciutat de Tortosa» para que estos últi mos corrigiesen e incorporasen las adiciones pertinentes al Nebrija catal án. Ambos se comprometían, además, a realizar una traducción al castellano de dicho diccionario, que pasaba así a ser trilingüe. Astor y Costa recibieron 9 libras cada uno por sus trabajos. Costa, relacionado con el Estudi de Barcelona, del que fue catedrático de artes el curso 1596-1597 (García Cárcel 1982:34), era doctor en filosofía y en derecho. En 1600 dedicó un epigrama a Astor en los preliminares del Responsum sive tractatus de synodo diocesana per episcopum indicenda , en el cual consta que era prior del monaste rio benedictino de Sant Joan Les Fonts (Garrotxa). Costa dedicó también un epi grama al obispo de Tortosa Gaspar Punter en la Doctrina christiana y instrucció breu fàcil y útil per ensenyar-la (Barcelona, 1595), por lo que cabe plantearse su relación con la casa militar de los Costa de Tortosa, entre los cual es destaca Tomàs Costa, abad de Sant Sadurní de Tavèrnoles. Además de los mentados, hay noticia de otros profesores en centros menores: Francesc Sanoya, maestro del Estudio de Gramática entre 1540- 1543, ingresó en la orden jesuítica en 1548 y fue dotado con la cátedra de latinidad y retórica de la Universidad de Gandia en 1549, año de fundación del centro. Desempeñó su cargo hasta 1550, en que falleció (Pastor 1901:265- 49 167). Ya en el siglo XVII consignamos a Pau Navarro, canónigo y sacristán mayor de la Seo, que fue catedrático de teología en Tarragona en el primer cuarto de siglo, 42 y el también canónigo Josep Simon, vicario general del cardenal-obispo Spínola en 1625, que había leído en Lérida. 43 Por último, en la Universidad de Solsona destaca Dídac Carl í, lector en artes en 1651 y rector en 1657, que posteriormente pasará a regi r el convento dominico de Santa Caterina de Barcelona (Serra Vilaró 1953:68-69). Principios del XVII : alrededor del virrey Ettore Pignatelli, duque de Monteleón A principios del siglo XVII observamos una estrecha y contínua relación entre el círculo poético tortosino –Jer ónimo de Heredia, Joan Desí, Suárez de Godoy, Vicent Garcia, etc.– y los ambi entes literarios barceloneses. Es difícil precisar las circunstancias exactas m ediante las que se establecieron estos contactos y como se articularon las academias y tertulias literarias en Barcelona, Tarragona o Tortosa. Ha y que asignar un papel de especial relevancia para la relación entre los liter atos tortosinos y los barceloneses al erudito Galceran Albanell (1560-1626), ba ile real de Tortosa. Albanell, que había sido discípulo del humanista Pe re-Joan Nunyes y había estudiado también en Salamanca (cf. Toldrà 2003:315-321), era uno de los personajes más sólidos de las letras barcelonesas del momento, como lo demuestra el hecho que fuera nombrado j uez de la justa poética celebrada en la Ciudad Condal con motivo de la canonización de san Raimon de Penyafort (1601), junto con Joaquim Setantí, o que ambos personajes fueran designados por la Generalitat para supervi sar la edición de la Corònica universal del Principat de Catalunya (Barcelona, 1609), obra del histori ador Jeroni Pujades. Finalmente, en 1612 fue nombrado preceptor de Felipe IV y en 1621, ya viudo, se le concedió el arzobispado de Granada. Si bien Albanell residía normalmente en Barcelona, dejando un regente, o sustituto, en la bailía, obligaciones ineludibles de su cargo le llevaban a frecuentar la ciudad –en 1611, por ejemplo, hubo hacerse cargo de la administración de los bienes de los mo riscos expulsados. Indudablemente, la 42 ACA. CA. Lg. 389, s/f. 2 de febrero de 1638. No se especifica el período docente. 43 ACA. CA. Lg. 271/46. 50 nobleza y literatos locales debían congr egarse en la tertulia tortosina de Albanell, como veremos a continuación. Después del traslado de Galceran Albanell a la corte, en 1612, la ba ilía pasó a ser regentada –ignoro si en propiedad– por su hijo Jeroni Albane ll i Llull (1584-1615), paje de Felipe III. Jeroni residia en Tortosa en casa de su tío Francesc de Montsuar i Albanell, señor de Paüls, quien tras enviudar había conseguido una canonjía en Tortosa en 1610. Tenemos constancia que en 1614 el baile había organizado una «comèdia y sarau» en la casa del canóni go Montsuar, sin que, por desgracia, pueda precisar la obra representada. 44 En todo caso, es una evidencia de la vida social de la oligarquía local y de la implicación de los Albanell en la misma. Otros miembros del gr upo poético que estudiamos vivieron también entre Barcelona y Tortosa: Jerónimo de He redia, que pasó a residir en la Ciudad Condal durante unos años, 45 donde se casó, seguramente con Magdalena Setantí, hija del militar, político y poeta Joaquim Setantí. Vicent Garcia, por su parte, estudió artes en la Ciudad C ondal, donde el 1601 recibió su primera tonsura clerical, y posteriormente frecuent ó la capital catalana como fámulo del obispo de Vic Francesc Robuster (cf. Ro ssich 1988:30-45). Suárez de Godoy, por su parte, parece provenir de un entorno barcelonés; en todo caso, era amigo de el agustino Jerónimo Saona, regente del convento agustino de Barcelona, a quien dedica un soneto a sus Discursos predicables (Barcelona, 1598) El 1601 Heredia participó junto con su amigo Joan Desí en la justa poética celebrada con motivo de la canonizaci ón de San Ramon de Penyafort. Heredia presentó unos tercetos que fueron prem iados y siete canciones. El punto relevante del caso es que los jueces de la justa fueron los caballeros Galceran Albanell y Joaquim Setantí – su futuro suegro. Asentado en Barcelona, el 1603 daba a la prensa la Guirnalda de Venus casta y el Amor enamorado , poemario propio y traducción de Minturno, respecti vamente, del que tendremos ocasión de hablar en el epígrafe dedicado al caba llero tortosino. Entre el grupo de poetas que elogian a Heredia encontra mos, además de sus compañeros 44 La noticia aparece en una causa criminal incoada por el fiscal de la Curia eclesiástica tortosina contra el baile y algunos oficiales del Consell, acusados de romper la inmunidad eclesiástica al extraer unos fugitivos de lugar sagrado (ADTo. Fisci procurator contra paer et alia. Mayo de 1614). 51 tortosinos, los barceloneses –o residentes en Barcelona– Francisco de Montcada, a la sazón con tan sólo 17 años, Miguel de Montcada, su hermano, Onofre Requesens, lector del conv ento dominico de Barcelona dado a los versos, Felip-Ramon Desplanes, doctor en derecho, así como Guillem Lloris e Inés de Castro y Sarmiento, que no llego a identificar. Heredia dedica la obra a la recién llegada Catalina Caracclioli y Mendoza, esposa del virrey Ettore Pignatelli. La integración e identificación de Heredia con el ambiente barcelonés se hace patente en el elogio de la ciudad y en la descripción de la recepción que los duques dieron a la nobleza lo cal en su venida, recogida en El Amor enamorado (f. 114 v- 116 v ), como ya había notado López Estrada [1972:323]. Los duques debían tener una sensibilidad es pecial hacia la literatura: es significativo el soneto «A la conval escència del duc de Monteleón, gran poeta» (Rossich 2000:156), incluido en La armonia del Parnàs (Barcelona, 1703), edición de las obras de Garcia por la Acadèmia dels Desconfiats, aunque Rossich, máxima autoridad en Garcia , atribuye el poema a Massanés. Sea quien fuere el autor, se intuye cierta predisposición del virrey napolitano hacia la poesía. Hacia 1606 vemos de nuevo reunido el grupo tortosino-barcelonés con motivo de la publicación de Vida y milagros del divino Oleguer del dominico Jaume Rebullosa. La obra, publicada en Barcelona el 1609, lleva fecha de aprobación de 1606, cuando Rebullosa er a prior del convento dominico de Tortosa. La lista de literatos que elogian a Rebullosa es un documento indispensable para comprender los víncul os literarios entre los círculos barceloneses y los tortosinos. Allí encontramos los locales Eduardo Díaz, maestro de gramática, Jerónimo de Her edia, su hermana Isabel de Heredia, Vicent Garcia –único que escribe en catalán–, y los barceloneses Galceran Albanell, Joan Dordà, profesor del Estudi barcelonés, y los dominicos Onofre de Requesens y Raimon Torrella. Aunque Jerónimo de Heredia o Vicent Garcia no residieran en Tortosa en ese moment o, su relación con la ciudad es evidente, y todo apunta a que sirvie ron de puente entre la erudición barcelonesa y la local. 45 Me es imposible, de momento, fijar la cronología, más aún, habiendo otro Jerónimo de Heredia, también noble y coetáneo. 52 Es interesante, en este caso, notar las conexiones establecidas mediante los dominicos, cuyos miembros er an trasladados de convento a menudo y establecían una red de relaciones por toda la Corona de Aragón, como ya he apuntado en estas páginas. Finalmente, Joan Desí, el pintor- poeta, parece haber establecido sus propias relaciones en la Ciudad Condal: el 1610 la Generalitat lo llamó para tasar la pintura que fray Lluís Pasqual había efectuado en la capilla nueva de la casa de la Diputación. El mismo año publicó en Barcelona La divina semana , y el 1611 publicó dos poemas en la Miscellánea de tres tratados de las apariciones de los espíritus de Onofre Manescal, uno dedi cado al autor y el otro a Joan de Montcada, obispo de Barcelona. En fin, vista la fusión, o el injerto, del núcleo poético tortosino con el de la Ciudad Condal, y sus relaciones literar ias con personajes como Galceran Albanell, Joaquim Setantí, Onofre Manesca l, Francesc de Montcada, el obispo Joan de Montcada o el virrey Montel eón, parece que hemos de valorar muy positivamente las aportaciones que desde las «comarcas» se hacían al epicentro cultural barcelonés, punto de recepción, producción y difusión de las ideas que se cocían en el país. Aun así, estas importantes aportaciones apuntan hacia un modelo de difusión cultur al de doble sentido, y no hacia una asimilación jerarquizada y paciente por par te del resto del Principado. Podemos hablar, creo, de un modelo de recepción literaria más abierto, donde las pautas no vienen marcadas solamente desde Barc elona, que actuaría como caja de resonancia de las producciones catalanas. La «absorción» de las mejores mentes e ideas por la Ciudad Condal permite que los pequeños núcleos, con un mínimo de infraestructura, asum an y participen de las empresas e inquietudes literarias de la capital; a su vez, estos personajes atraídos hacia Barcelona, conservarán, gracias al rela tivamente reducido espacio del país, los vínculos locales, en los cuales repercu tirán los nuevos conceptos asimilados en la capital, redistribuyendo, de esta m anera, un «cosmopolitani smo» cultural a pequeñas ciudades que quizá de otro modo no hubieran tenido acceso a las innovaciones más propias de una gran urbe. Prueba y paradigma palpable la constitu ye este grupo tortosino; en una época en que el mercado literario bar celonés parece ya cerrado a las impresiones de prestigio en catalán, y en la que los escritores catalanes en 59 gramática en Valencia a partir de 1535, cultivador de diálogos como el Colloquium cui titulus Paedapechtia (Valencia, 1536)? Seguramente. La presencia de Deci en Tortosa, a falta de una investigación cabal que acote con más exactitud su estancia, es interes ante por la posible influencia ejercida, directa o indirectamente sobre sus discípulos. Deci a su vez, estaba relacionado con Joan Àngel González , que el 1527 publicó el diálogo Per lepidum colloquium in agendam Publii Terentii latinissimam «Eunuchum» publice recitatum (cf. Solervicens 1997:94-96) De constatar la docencia de Dassió en la ciudad a pensar que el c onocimiento de su obra y, quizás, persona, fuera una de las inspiraciones y modelos formales de Despuig –17 años el 1527– para la redacción de los Col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa, hay un paso no muy largo, que de mo mento dejamos como conjetura verosímil. De todas formas aun c uando Deci y Despuig no llegaran a concocerse personalmente, es evidente que los aires humanistas valencianos se respiraban también en el Estudi tortosino. Despuig, como tendremos ocasión de comprobar, pudo conocer a Dassió y su producción mediante un amigo en común: Cosme Violaigua, maestro de obras de la Seo. Obispos, eclesiásticos y dominicos Una de las figuras más interesantes y misteriosas de la diócesis que dejó su huella en la Valencia renacentista es Gabriel Pellicer, eremita de Santa María de Macoro (Móra d’Ebre), que patrocinó la edición de la Vida de santa Magdalena en cobles (Valencia, 1505), impresa por Joan Jofré, obra de Jaume Gassull, uno de los más renombrados poetas de la famosa escuela valenciana a caballo entre los siglos XV y XVI . La primorosa edición ha merecido ser considerada «un veritable joiell de l’art tipogr àfica per la profus ió i bellesa dels gravats i xilografies que duu» (Ferrando; Escartí 1998:163). A principos del XVI tenemos documentada la presencia de vari os canónigos de este apellido en el Cabildo tortosino –Lluís Pellicer, Joan-Bapt ista Pellicer–, así como, el 1510, la de una tal Francina, esposa del falleci do caballero de Santiago Joan Pellicer, padres de un Jordi-Joan Pellicer, aunque no he podido documentar la relación 60 del ermitaño-patrono con estos Pellicer. 50 Entre los eclesiásticos de origen va lentino que llegaron a ocupar la mitra tortosina destaca Lluís Mercader ( 1514-1516), consejero real e inquisidor general de la Corona de Aragón, perteneci ente a un noble linaje valentino con gran tradición en las letras. Mercader dinam izó la construcción de la catedral de Tortosa, dotando la obra con 400 escudos anuales sobre la mensa episcopal. Durante su prelatura encargó al morisco converso Joan Andrès la redacción del tratado antimusulmán Libro nuevamente impreso que se llama confusión de la secta mahom ática y del Alcorán (Valencia, 1515) (Duran 1998:144). En 1552 accede al obispado de Tortos a el oriolano Ferran de Loaces (1497-1568), forjado intelectual mente en París, Pavía y Bolonia, restituido a Valencia el 1522, después de doctorarse en ambos derechos. Loaces conocía perfectamente el pulso social y cultur al catalán, puesto que hacia 1530 pasó a dirigir la Inquisición de Barcelona. Este dominico gozó del favor tanto de Carlos V como de Felipe II, por lo que forjó un currículum impresionante: el 1542 fue promovido al obispado de Elna, el 1546 al de Lérida y el 1553 al de Tortosa, que regentó hasta 1560, año que fue promovido al arzobispado de Tarragona y de allí al de Valencia, el 1566 (cf. Ximeno 1747-1749:vol. I, 148-151). A diferencia de su etapa en Lér ida y Tarragona, donde según Berlabé [1995:199-202], promovió obras catedra licias y realizó notables donaciones artísticas durante su prelatura, o de su patria Orihuela, donde fundó un colegio dominico al que legó su espléndida bibliote ca, su papel como promotor cultural en la diócesis es más que discutible: se enfrentó con el Cabildo porque no quería contribuir a la fábrica de la Seo, y por este motivo se las tuvo también con Cristòfol Despuig, síndico local para tratar el asunto. 51 Es muy probable que su enfrentamiento con Despuig (cf. §), unido a su ascendencia en el Santo Oficio fueran factores que desac onsejaran la impresión de los Col·loquis , tanto por su tono erasmizante sostenido, co mo por la dura crítica al obispo. 50 ACTo. Man. Not. Benet Rius 14. (s/f.). 51 Berlabé quiere, según su expresión, «trencar una llança a favor del bisbe» al cual considera excesivamente menospreciado en base a las críticas de Despuig en los Col·loquis. Es ta estudiosa considera el enfr entamiento entre Loaces y Despuig, como una de las muchas escaramuzas trentinas y postrentinas entre obis pos y cabildos. Comete, sin embargo, un error imperdonable, puesto que otorga a Despuig el papel de canónigo[!]. Por otra parte, siguiendo con el tema de Berlabé, Loaces dejó también unos tapices sobre la historia de José a la catedral de Tortosa (ADTo. caja 25/760) 61 Otro mitrado que sobresale por su preparación humanística es Joan- Baptista Cardona, canónigo de Orihuela y Valencia, y obispo de Vic, Elna y Tortosa (1586-1588). Cardona se había fo rmado en su Valencia natal, donde se doctoró en teología. Consta que, mient ras residía en Roma, Gregorio XIII le encargó la edición crítica del Decretum de Graciano. Cardona es conocido por su amistad y correspondencia con persona lidades de la solvencia intelectual de Antonio Agustín o el heterodoxo de Ulldec ona Pere Galès. Finalmente, gracias a su amistad con el arzobispo Agus tín, el 1587 pudo imprim ir parte de sus obras en la imprenta que éste había montado en Tarragona dirigida por el valenciano Felip Mey, hijo del im presor Joan Mey (Duran 1988-1990:vol. I , 271- 274). 52 También era reconocido en los ambientes valencianos el obispo Gaspar Punter (1590-1600), natural de Morella, a qui én el librero Baltasar Simó dedicó el 1590 la reedición de la Subida al monte Sión del dominico Jeroni Alcocer. La orientación de Punter hacia su naci ón queda también reflejada en el hecho que publicara sus dos primeras obras – Rituale (1592) y Processionarium (1595)– en las prensas de Pedro Mey en Valencia . Punter tenía también una magnífica biblioteca principalmente jurídica. 53 En cuanto a los canónigos tortosinos, a falta de un estudio biográfico sobre este sector social de gran poder económ ico e influencia, podemos constatar la presencia de elementos de la nobleza va lenciana, como por ejemplo Joan de Rebolledo, documentado entre 1522-1565, Vicent de Borja i Pujades, hijo del conde de Anna, prior claustral el 1633, o Isidor Esbri i Cardona, de la nobleza del maestrazgo, nombrado canónigo en 1660. Los dominicos de la Corona de Aragón se caracterizan por una gran movilidad y estaban sujetos a cierta iti nerancia a lo largo y ancho del espacio geográfico que comprendía su provinci a. Ya hemos comentado que los estatutos de los Reales Colegios de San Jorge y San Domingo, casa de estudios de la orden convertida en unive rsidad pontificia a partir de 1600 y universidad real el 1645, establecen que el cargo de rector sería trienal y 52 Joan Baptista Cardonae, episcopus dertosani. De r egia S. Laurentii bibliotheca. De Ponfificia Vaticana. De expungendis haereticorum propriis nominibus. De diptychis. (Tarragona, 1587). 53 ADTo. Caja «Inventario bisbe Punter». 62 rotativo entre sujetos de cada uno de los tres «reinos» que comprendía la provincia dominica. Esta peculiaridad c onllevó la venida a la ciudad de teólogos de cierto relieve tanto de la zona catal ana, como de la aragonesa y valenciana. En el capítulo XVI de la Historia de la antigua Hibera (Tortosa, 1626), el historiador local Francesc Martorell [1997:91-102] ofrece una amplia nómina tanto de los maestros teólogos co mo de los colegiales que enseñaron y estudiaron en Tortosa hasta el año de publicación de la obra. La lista incluye algunos nombres de relieve. Vamos a repas ar los más importantes, por medio de ésta y otras fuentes. La figura señera entre los dominicos to rtosinos es, sin duda, el maestro Baltasar Sorió, que el 1528 impulsó el es tudio y posterior universidad –Col·legi de Sant Domènec i Sant Jordi– y, j untamente con el también dominico Juan Izquierdo, su coadjutor, el colegio para la adoctrinación de los moriscos nuevamente convertidos –Col·legi de Sant Jaume i Sant Maties– (1544). Sorió había nacido en Valencia el 1457. Enviado a estudiar a París, a su vuelta a España regentó diversos conventos de la orden –Valencia, Sant Mateu, Barcelona, Tortosa. Llegado a la ciudad hac ia 1522 para ejercer la lectoría de la Seo, continuó en Tortosa durante el re sto de su vida hasta morir en 1557. Su prestigio, incansable actividad y habili dad consiguiendo patrocinios para sus proyectos lo convirtieron en un tótem cultural local. Ya en la ciudad Sorió publicó algunos de sus trabajos escriturísticos y sermones: Divini eloquii espositoris [...] super psalmum XXXXIIII homelie decem (Barcelona, 1522), dedicada al duque de Ca labria, virrey de Valencia, prueba de sus contactos con su patria, Mariale (Tortosa, 1538) y Serm ones Deiparae Virginis sanctorumque per circulum anni (Tortosa, 1538), dedicado al duque de Cardona. Por otra parte, se encargó de tr atar con el impresor barcelonés Joan Rosembach la edición del Misal dertusense de 1524. Como vemos, Sorió conocía perfectamente tanto los am bientes barceloneses como los valencianos. Es muy posible también que impulsara la venida a la ciudad del impresor Arnau-Guillem de Montpesa t, que en 1536 se encontraba trabajando en Valencia. Pero no son estas obras religiosas, consideradas de carácter tomista ortodoxo y medievalizante, lo único que nos interesa de su trayectoria, sino 63 también la influencia literaria que pudo ejercer en el estudio dominico. Recordemos que en el currícu lum literario de Sorió consta también su papel de juez, junto al canónigo Fira y Francisco Fenollet, en la justa poética en honor de Santa Catalina de Sena, ce lebrada en Valencia el 1511, 54 así como su actividad teatral en el vecino convent o de Sant Mateu, plasmada en la Oratio litteralis fratris B. Sori o in Christi Nativitate (s.l., 1513?). Por desgracia no ha quedado constancia de los ejercicios lit erarios promovidos por el longevo dominico en su etapa tortosina, aunque, como podemos observar, conocía bien la mejor tradición valenciana, en la cual había tenido cierto protagonismo. Además de Sorió, otros dominicos valencianos ilustres ejercieron su docencia, no necesariamente como regent es, en la ciudad, como por ejemplo Antoni Pons (1588-1593), Lluís Estela (1596-1597), Joan Vicent Català de Valeriola (1602-1603), Blai Verdú (1611- 1620), Andreu del Fau (1624-1626) y Jeroni Cucaló –en fecha indeterminada– todos ellos con obra publicada. De entre estos, destaca la figura de Bl ai Verdú (Catí, 1565-Valencia, 1620), formado en Valencia, de donde pasó a la Universidad de Tarragona. Verdú está vinculado a Tortosa como lector de la Seu y regente de los Reales Colegios desde 1601 hasta 1620, año en que se trasladó a Valencia bajo la protección de su amigo el arzobis po Aliaga. Verdú falleció poco después, habiendo dejado a su sobrino Gabriel Ver dú como paje del arzobispo, según informa el mismo Gabriel en el c apítulo apologético dedicado a su tío que incluyó en la Discripción de Catí (Pitarch 2000:93-103). Verdú es una figura prestigiosa en el campo de la filosofía y publicó diversas obras en su etapa tortosina (cf. Segarra Roca 1943; Querol Coll 1999:180-184). Dos detalles significativos: su Decissio quaestionis: an detur quarta figura (Tarragona, 1598), fue reeditada el 1627 en Colonia; por otra parte, el 1614 dedicó el Acromatica super universam Aristotelis logicam commentaria al valenciano Andreu Roig, vicecanciller del Consejo de Aragón, que le había confiado la educación de su hijo en los Reales Colegios. 54 Las justas fueron editadas por Jeroni Fuster: Obres fetes en lahor de la seràphica senta Catherina de Sena (Valencia, 1511). 64 Jerónimo de Heredia, Joan Desí, Melcior Figuerola, Jeroni Valldeperes El grupo de poetas tortosinos finise culares, muy bien relacionado con los círculos literarios barceloneses, tuvo también buenos contactos con la capital valentina. En primera instancia, cabe destacar la participación de Jerónimo de Heredia en la justa celebrada por las fies tas del traslado de la reliquia de San Vicente Ferrer. La relación festiva, obra del nocturno Francisco Tárrega – Relación de las fiestas que el arçobispo y Cabildo de Valencia hizieron en la translación de la reliquia del glorioso San Vicente (Valencia, 1600)–, recoge 4 sonetos, unas redondillas, una «estanz a» y una canción de Jerónimo de Heredia, todas ellas de tema religioso. Por su parte, Joan Desí aparece relacionado con Valencia con motivo de las problemáticas y tumultuosas fies tas celebradas en honor del beato Jeroni Simó. La clave de la conexión valentina cabe buscarla, aparentemente, en la figura del dominico Isidoro de Ali aga, obispo de Tort osa (1611-1612), de donde fue promovido al arzobispado de Valenc ia poco después de la muerte del beato. En este marco de circunstancia s, Desí dedicó a Aliaga un opúsculo intitulado Canción a la devoción del padre mo sén Francisco Jerónim o Simón (Valencia, 1612). Sin embargo, la aprobación del opúsculo nos lleva a la fecha de 6 de junio de 1612, cuando Aliaga no entró en Valencia hasta noviembre de ese año. Por otro lado, es probable que De sí participara en las justas poéticas dedicadas a Simó el 5 de julio de 1612, en las que incluiría su Canción. Curiosamente, Aliaga y los dominicos mantuvieron una durísima pugna contra el clero valenciano a causa de la postura contraria del arzobispo a la beatificación de Simó (Garcia Garcia 1983:96-103). Aparquemos el asunto, de momento, para el epígrafe dedicado en particular a Desí (cf. § 6.5). El tortosino Melcior Figuerola, arc ediano de Morella y amigo de Heredia y Desí, publicó un soneto laudatorio en la relación Fiestas que en la insigne Universidad de Valencia se celebraron, del glorioso doctor y evangelista San Lucas (Valencia, 1623), dedicadas al patr ón de la Universidad. La obra fue editada por el morellano Francisco Cros , beneficiado en Valencia y capellán de la Inquisición, que además de organizar el sarao poético, fue uno de los tres jueces de la justa y es el responsabl e del vejamen y la sentencia (Beser 1991:128). Cros era un personaje bien re lacionado en los ambientes poéticos 65 valentinos, que incluso llegó a promocionarse más allá, como lo demuestra el hecho que publicara una «Canción lírica a la muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio» , incluida en la Fama póstum a a la vida y muerte del doctor frey Lope Félix de Vega Carpio (Madrid, 1636). Hay que buscar, pues, la inclusión del soneto de Figuerola en la relación festiva de 1623 en su relación personal con Cros; por otra parte, no hay noticia que Figuerola participara en dicha justa. Jeroni Valldeperes i Adell, autor de un soneto laudatorio incluido en la Historia de la antigua Hibera de Francesc Martorell (Tortosa, 1626) es otro de los personajes que conocían la escena literaria valenti na. Valldeperes, de origen materno valenciano, había casado en Valencia el 1608 con Ana María Camacho de Ladrón, hija de Sebastián Cama cho, secretario del Santo Oficio en la capital del Regne , y señora de los lugares de La Llosa y Beniatjar. 55 El matrimonio se trasladó posteriormente a Tortosa. De todas maneras, no hemos encontrado a Valldeperes entre los parti cipantes en las academias literarias valencianas de la época. Se trat a, pues, de uno de tantos plumíferos circunstanciales, sin más trascendenc ia, de acuerdo con la información de que disponemos, claro. Finalmente, ya a principios del XVIII está documentada la participación de Josep Ramon de Sentís 56 en diversas sesiones de la elitista Academia de Valencia de 1701-1705, en la que, adem ás de responder a los desafíos poéticos propuestos, tocaba el archilaúd (Mas i Usó 1999:333-378). 2.3.3 Benifassà, Morella y el Maestrat como vías de penetración valenciana En las relaciones entre Valencia y To rtosa, merecen capítulo aparte las comarcas del actual norte de la provin cia de Castellón, de el Maestrat y els Ports, limítrofes con Cataluña y pert enecientes aun hoy en día al obispado de Tortosa. Orientadas institucional, pol ítica y económicamente hacia Valencia, pero con indelebles lazos familiares, lingüísticos, religiosos y también 55 ACTo. Man. Not. Pau Roses 6. 10 de febrero de 1629. 56 Hijo, seguramente de Joan Bta. Ramon y Mat ilde de Sentís, de Xerta. Por parte de madre provenía, por lo tanto del famoso linaje de los Sentís, que dio un regente del Consejo de Aragón –Joan de Sentís mayor–, un virrey de Ca talunya –Joan de Sentís menor– y un obispo de Tortosa –Francesc Aguiló de Sentís – entre sus miembros más destacados. 66 económicos con Tortosa, tanto Morella como el monasterio cisterciense de Benifassà, así como, en general , las tierras valencianas del obispado tortosino, sobre todo las del Maestrat –San Mateo, Traiguera, Vi naroz, etc.– constituían no un territorio extraño, sino un contínuum humano y cultural que –a pesar de sus obvias particularidades– se extendí a prácticamente hasta las mismas puertas de Valencia capital. 57 Los casos de Morella y Benifassà, en particular, son especialmente interesantes tanto por su estrechos vínc ulos con la ciudad como por su notable producción cultural. A continuación va mos a repasar algunas particularidades que marcan la relación de estos centros con Tortosa, así como una serie de personajes pivote, los cuales mantuvieron contactos con la capital del Turia y la del Ebro a la vez, actuando como «canales» de difusión de ideas y poniendo en contacto ambos universos culturales. 2.3.3.1 El monasterio cisterciense de Benifassà El lugar de Benifassà y su comarca, llamada la Tinença, perteneció en un principio a la Iglesia tortosina, de acuerdo con la donación de Alfonso II en1198 y estaba englobado en el término general de To rtosa. Posteriormente, con la deslindación del Reino de Valencia, el lugar fue segregado, pasó a territorio valenciano y volvió al patrimonio real ; fue entonces cuando se construyó el convento. Geográficamente la Tinença era, por lo tant o, limítrofe con el término general de Tortosa, con Morella y con el Reino de Aragón, si bien es verdad que además de la Tinença estricta, parte del patrimonio del convento se extendía por la veguería de Tortosa, donde poseía, por ejemplo, las propiedades de l’Aldea, Xalamera, la Ram, Sallent, la Carroba, etc, y una casa en la ciudad. 58 En el ámbito político-administrativ o cabe destacar la pertenencia del abad de Benifassà al estamento eclesiástico valenciano, por lo que era insaculado para los cargos de la Generalitat, o Diputació, valenciana. El abad tenía 57 Los 30 km. que separan Almenara, enclave sur extremo del obispado tortosino de la ciudad de Valencia. 58 Para conocer el patrimonio catalán del monasterio en el XVI puede consultarse el Libro en donde se allan auténticamente continuados todos lo s reales privilegios y demás escrituras 67 también derecho a acudir a las cortes del Regne. Chavalera [1805:312-315], último monje-archivero del convent o, documenta los abades Joan Barberà (1573-1576), Miquel-Joan Gisbert (1599-1602) y Roberto Forner (1696-1700) como clavarios de la Generalitat, y es te último como diputado eclesiástico (1602-1604) Lejos de ser lugares cerrados y aislados, cabe destacar la conexión existente y el flujo de pers onajes e ideas entre los monasterios cistercienses de Poblet, Benifassà y Sant Vicent de la Roqueta, situado extram uros de Valencia. Esta fluida comunicación se hizo patente durante la Guerra dels Segadors , por lo que el duque de Los Arcos, virrey de Va lencia, hizo purgar los monasterios de Benifassà y San Vicent de monjes catalanes, temeroso de que pudieran aprovechar su trato para foment ar conspiraciones en Valencia. 59 Humanamente el monasterio se nutrió de monjes de las comarcas del norte de Castellón, del Matarraña y de las Te rres de l’Ebre. Según Pastor [1901:249- 263], durante el siglo XVI fueron abades los tortosinos Bernat Llorenç (1485- 1518), Cosme Daroca (1518-1532) y Mi quel-Joan Gisbert (1586-1604). En el XVII contamos con el ya mencionado Miquel-Joan Gisbert (1586-1604), Jaume Talarn (1604-1605), Felipe Bono (1605- 1608), Andrés Cabrera (1608-1611; 1614-1617; 1620-1624), Agustí Valls (1624- 1628; 1640-1644), Basilio Calderó (1648), Robert Cavaller (1664-1667) y Jeroni Corder (1677-1680). En resumen, podemos decir que la dirección del monaste rio estuvo gran parte de los siglos XVI y XVII en manos de abades tortosinos. Por otra parte, cabe destacar que el Cabildo tortosino había concedido a los abades de Benifassà asiento en el coro y participación en los beneficios, como los demás canónigos, en gratitud por ciertos servicios prestados, hecho que los vincula especialmente a la Iglesia tortosina, donde el abad de Benifassà era una dignidad inexcusable en las solemnidades. Durante la primer a mitad del siglo XVI el monasterio promovió la educación de los súbditos más sobresalientes. Por ejemplo, Cosme Da roca fue enviado, siendo novicio, a estudiar al Colegio de San Bernardo de París, donde coincidió con el futuro papa Adriano de Utrecht, como gusta de recordar el cronista del pertenecientes al dominio y posessión de los bi enes posee el Real monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Benifasà en Cataluña (ACTo). 59 ACA. CA. Lg. 396. 26 de febrer de 1643. 68 monasterio (Fabregat 1988:198-199). Así mism o, estando el pintor valenciano Sarinyena pintando un retablo en la vecina población de Bel, cayó enfermo y murió. El abad Sans acogió a su hijo Joan bajo tutela y lo envió a estudiar pintura en Roma –«de Benifaçà se’n aní remès a Roma per lo dit señor abbat, ahon se feu persona», según la crónica del monasterio. De vuelta a España Joan Sarinyena se convirtió en el más destacado pintor valenciano de fin de siglo y uno de los mejores retratista s españoles de su tiempo (Fabregat 1988:256; Company 1991:153). En el campo de las letras, tenemos ntic ias de ciertos interesantes contactos establecidos con los círculos erudito s valencianos. Ya he mencionado el caso del monje Cosme Violaigua, maestro de obras de la ca tedral de Tortosa hacia 1555, el cual dedicó un epigrama lati no a la oración pública intitulada Patribus iuratis pro numere oratorio m usas nuper condito eucharistia per discipulum Pontum Patricium adulescentem publice habita (Valencia, 1549), publicada por Francesc Deci, catedrático de retórica de la Universidad de Valencia y autor del diálogo Colloquium cuius titulus Paedapechtia (cf. Solervicens 1997:75-78). En Tortosa Violaigua conoció, y seguramente in timó con Cristòfol Despuig, puesto que ambos fueron los sendos delegados del Cabildo y del Consell para negociar y hacer frente común en el afer que enfrentó al Cabildo con el obispo Loaces sobre la negativa del último a pagar los 400 ducados anuales con los que la mensa episcopal estaba cargada con destino a continuar las obras de la Seo. Hay que subrayar, desde luego, la amistad de Violaigua con Deci y Despuig, ambos cultivadores del género dialogado. Quizás el personaje más destacado es el abad Jeroni Sans (Xàtiva, ?- Tortosa, 1554). Sans es autor de una Aragonum clara insignia regum (Valencia, 1541), árbol genealógico de los reyes de la casa de Aragón que dedicó al vicencaceller del Consej o de Aragón Miquel Mai, de una Vita Joannis II. Aragonum regis , de la cual hacen mención Despuig en sus Col·loquis y Juan Álvaro en su Vida [...] de San Bernardo (Valencia, 1597) y, finalmente, de una versión castellana de La regla y vida de Sant B enito en romance y latín (Valencia, 1543), dedicada a Brígida de Fenollet, abadesa del monasterio cisterciense de la Zaidia, en Valencia. Esta última es, por desgracia, la única de sus obras que se conserva. Sabem os que Despuig conoció a Sans personalmente y que lo visitó en divers as ocasiones a causa del mencionado 75 motivo de su cargo. Era sobrino de Ga spar Ram, arcipreste de Daroca, en Zaragoza, y estaba en contacto con la plana mayor de la intelectualidad aragonesa. Nos ocuparemos de él en det alle al hablar de las relaciones literarias con Aragón. Baste por ahora apuntar que en su correspondencia cruzada con Juan Andrés de Uztarroz de 1646 Ram le informa sobre el jesuita Bisse, muerto en Tortosa ese mismo año, que estaba preparando unas observaciones a las medallas del Museo de Lastanosa y que tenía ya terminado «un libro en folio que ya t enía trabajado sobre Tobías» (Arco 1950:443-445). Ambos conocían también, como he comentado, a Pere Castellarnau, otro jesuita versado en buenas letras que gobernó las casas de Tarragona y Tortosa. Con la llegada de los tortosinos exiliados a Morella, se juntaron en la capital dels Ports una serie de personajes de buenas letras que dinamizaron la vida cultural: el obispo Veschi, el jurista Francesc-Ramon Sans, el baile general de Cataluña Lluís de Montsuar y, sobre t odo, Francisco de la Torre, el cual, recobrada Tortosa para la Monarquía his pánica, continuó residiendo en Morella gozando del patrimonio que su esposa Anna Guerau poseía en esa villa y en la aldea vecina de Vallibona. En Morella residí an también otros diletantes como el baile real Gaspar de la Figuera, poeta, y Felicià Ram, hermano de Juan- Francisco, que ejerció de maestro de gr amática en Tortosa entre 1664 y 1673. En un principio la «célula» morellana estaba totalmente conectada al ambiente literario aragonés: tanto La Torre como La Figuera fueron incluidos en la antología Poesías varias de grandes ingenios españoles (Zaragoza, 1654), dedicada a La Torre por el librero José Alfay, y selecci onadada, seguramente, por Gracián (cf. Rozas 1986:198-200). Ese mismo año La Torre publicaba, también en Zaragoza, su poemario Entretenimiento de las mu sas en esta baraja nueva de versos. El 1658 salía a la luz la Miscelánea sacra de varios poemas (Valencia, 1658) de Gaspar de la Figuera, con una Carta al autor del conocido canónigo oscense Manuel Salinas y Lizana, fechada en septiembre de 1656 en Huesca, una Epístola panegírica de Miguel Juan de Lobera, Elisabet Cifre. En 1601 Francisco aparece domicili ado en Xerta, ya viudo. En esa localidad se volvió a casar con Violant Fortunyo, madre de Juan. 76 canónigo de Calatayud, o también tres poemas preliminares de los bilbilitanos Pedro y José Fernández de Moros. 66 A partir de esta fecha –1656, a la prácti ca– cesan las noticias sobre el trato entre La Torre y La Figuera con los cí rculos aragoneses y poco después ambos aparecen relacionados literaria y vita lmente a la ciudad de Valencia, donde compartieron academias, ju stas literarias y saraos varios (cf. Mas i Usó 1999:213-214, 262-263, 347-348). No sabemos si la polémica entre Gracián y los valencianos, tan desacreditados en el Criticón , tuvo que ver al respecto. Años después La Torre, ya en Valencia, se movería en un grupo totalmente hostil hacia Gracián, y el mismo llegó a cr iticar a su antiguo amigo. El caso es que la nueva inclinación de los dos más s obresalientes ingenios de la zona, así como la muerte de la generación de lo s Uztarroz, Salinas, Pellicer, etc., reorientó de nuevo los referent es de los literatos locales. Valencia iba a vivir unas décadas de, si no brill ante, vigorosa vida literaria, que sin duda atrajo la atención de los tortosinos. Por otro lado, las circunstancias políticas y sociales habían cambiado después de la Guerra dels Segadors , y Barcelona, aun con sus limitaciones, volvía a ser, poco a poco, el referente local. 2.3.3.3 El Maestrat La zona del actual norte de Castell ón pasó a la orden de Montesa después de la desaparición del Temple. A finales del XV el maestre general Lluís Despuig promocionó especialmente la cr eación y mejora de las escuelas de latinidad en su territorio, lo que dio lugar a la constitución de notables estudios en Sant Mateu, Traiguera y Vinaròs (B aila Herrera 2001:201-206). La brillantez de estos estudios, particularmente el de Sant Mateu, en el que Pere-Jaume Esteve instauró la enseñanza del griego, «l as primeras letras griegas que se leyeron en esta escuela y en el Rey no de Valencia», según Martí de Viciana, 66 Debe tratarse de José Fernández de Moros Pérez de Nueros, doctorado en derecho en 1660, que había estudiado en Huesca y Salamanca. Dentro de su cursus profesional fue lugarteniente del justicia de Aragón, y pasó des pués a la Audiencia de Cerdeña (Gil Pujol 1980: 52). Por otra parte, Arco [1934:153] reporta que en la Palestra numerosa austriaca (1650), obra que recoge un certamen literario celebrado en Huesca, participó una tal Teresa de la Figuera Fernández de Moros. Es muy probable, por lo tanto, que las familias estaban emparentadas. 77 que escribe en 1562 (citado por Ximeno 1747-1749:vol. I , 111), 67 permitió la sólida formación latina de los súbditos m ontesianos de la zona. Los resultados de este proyecto educativo son patentes no sólo en la nómina de gramáticos formados en ellas –el repaso a los prof esores de la zona que publicaron sus métodos docentes es sorprendente–, si no también en niveles «superiores», en los campos de la medicina, la botánica, la teología, las matemáticas, etc. He aquí una lista de las obras gramaticales publicadas por los profesores del Maestrat y del vecino estudio de Morella, con el cual mantenían una estrechísima relación. Miquel Saura-Vinaròs Gramm atica tabulae (Valencia, 1564) De constructione octo partium orationis institutio brevis (Valencia, 1566) Libellus de figuris rhetoricis (Valencia, 1567) Sintaxis cum observationibus (Valencia, 1569) Francesc Prats-Vilafamés Institutiones grammaticae linguae latinae (Valencia, 1605). Pere Martínez Murillo-Cervera Fácil y breve declaración de la sintaxis del P. Bartolomé Bravo (Pamplona, 1630). Copia de nombres y verbos conform e las reglas y clases de Juan Torrella (Valencia, 1643). Prosodia con un tratado breve de ortographía y buena pronunciación castellana y latina (Valencia, 1643). Francesc Gavaldà-Sant Mateu Declaración de la sintaxis del maestro Torrella (Tortosa, 1633). Gaspar Moles-Benassal Universal método de construcción y ram illete de flores latinas y castellanas (Zaragoza, 1638). Pere-Vicent Zabata-Sant Mateu Rhetorica brevis & com pendiosa (Roma, 1689). Miquel Grifolla i Giner-Sant Mateu Prosodia Michaleis Giner, ludimagistri morellani emendata nunc & adauta studio & opera a Dominici Niñerola & Tena (Valencia, 1729). 67 En realidad Miguel Gerónimo Ledesma introdujo el griego en la Universidad de Valencia el 1547, según el mismo Ximeno. 78 Tal y como prometía el sueño humanista, una vez conseguida la competencia en latín y griego los estudiantes estaban capacitados para retomar la sabiduría, embarrancada, de la antigüedad y sobre esta base fundamentar el progreso de las ciencias. Paradigma de esta progresión es el mismo Pere-Jaume Esteve, catedrátic o de medicina en Valencia y autor de unos comentaros a Hipócrates, Hippocratis Coi, medicorum omnium epidem ion liber secundus latinitati donatus (Valencia, 1551), de una traducción del griego al latino de Nicandro, Nicandri Colophonii poetae & medici antiquissim i clarissimique Theriaca (Valencia, 1552), y de una introducción a la botánica, Diccionario de las yervas y plantas medicinales que se hallan en el Reyno de Valencia , o el también catedrático en medi cina en Valencia Miquel Gavaldà, natural de Vinaròs, autor de un Elenchus problematum (Valencia, 1561), sobre diversos aspectos de su ciencia, algunos tratados en forma de coloquio. Destacan también escriturista Cosm e Palma de Fontes, de Sant Mateu, conciliar en Trento, primer catedrát ico de griego en Ba rcelona (1544-1545) y requerido por Felipe II par a que trabajase en El Escorial sobre diversas traducciones de padres de la Iglesia (c f. Robres 1957); el teólogo Andrés Balaguer, de La Jana, nombrado obispo de Albarracín el 1603 y de Orihuela el 1604; los juristas Cosme Gombau, de B enicarló, regente de la Audiencia de Valencia a mediados del XVII , Francesc Guerau i Ciurana, juez de la Audiencia valentina, y Cristóbal Crespí de Valldaur a, de Sant Mateu, regente del Consejo de Aragón a partir de 1642, el teólogo Jeroni Monterde, de Benasal, a finales del mismo siglo, o Agustí Zaragozà i Ebri en la arquitectura, ya en el siglo XVIII , y un larguísimo etcétera del que tan sólo hemos consignado algunos de los más destacados. Se hace difícil llegar a valorar la in fluencia de este caudal cultural tan próximo en la ciudad de Tortosa, porque, a decir verdad, las mejores mentes fueron absorbidas por la Un iversidad de Valencia o, como hemos visto, por la Corona. En cualquier caso, aparte de los maestros de gramática Pere Martínez, Gaspar Moles o Josep Querol, que trabajar on en el estudio tortosino, tenemos constancia de una relación vital y liter aria con la ciudad de los siguientes personajes: 79 Climent Ferrer Este dominico sanmatevano fue nombr ado lugarteniente de la Inquisición en el distrito de Tortosa; ejerció de adm instrador de la casa de los dominicos en la ciudad y está documentado como lector de la Seo entre las fechas extremas de 1502 y 1511. Según Sorió en sus De viris illustribus provinciae Aragoniae ordinis praedicatorum , dejó manuscritos unos Serm ones dominicales y de santos y un cuaresmario intitulado Tres quaresmas. Hemos de valorar negativamente su figura en cuanto a la dura persecución de los conversos tortosinos a principios del XVI . Francesc Gavaldà Nacido en Sant Mateu a principios del XVII y fallecido en 1664 –no hay que confundirlo con el homónimo y coet áneo obispo de Segorbe– era presbítero beneficiado en su villa, en la que está documentado como maestro de letras humanas desde 1644. Gavaldà venía ej erciendo desde mucho antes: el 1633 publicó en Tortosa la Declaración de la syntaxis del maestro Torrella , obra que alcanzó cierto éxito, como lo test ifican las reediciónes de Valencia 1662 y Barcelona 1710. En los preliminares de la obra se incluye un poema latino de su discípulo Josep Querol, natural ta mbién de Sant Mateu, a la sazón repetidor , o ayudante in Musaeo dertusensi. No he podido documentar a Gavaldà como regente del Estudi tortosino. En cualquier caso, era bien conocido en el ambiente docente local por la publicaci ón de su método, y el 1638 dedica un poema laudatorio al maestro de Tortos a Gaspar Moles, consignado a continuación. Gaspar Moles Natural de Benassal, Moles llegó a Tort osa el 1628, proviniente de Morella, para hacerse cargo del Estudi , que regentó hasta su marcha a Zaragoza havia 1636. Entre sus actividades literarias en la ciudad destaca la promoción del teatro escolar de sus estudi antes –el 1630 representaron el Eunuco en el estudi (Querol Coll 2001a:295)–, y la publicación de la Vida y martirio del santo niño 80 Crescencio (Tortosa, 1636), que escribió, s eguramente, a instancias del Cabildo, con motivo de la traslación del cuerpo de Sant Crescencio a la ciudad, regalo del cardenal Spínola. El 1638, cuando ya ejercía en Zaragoza, Moles publicó el Universal método de construcción y ramillete de flores latinas y castellanas (Zaragoza, 1638), reeditado el 1646 también en Zaragoza con el título de Tesoro de la lengua latina y española . El tratado recoge su método didáctico y fue redactado segurament e cuando todavía estaba en la ciudad, puesto que la licencia es de octubre de 1636, y entre las plumas que lo elogian en los preliminares encontramos al montes iano Pere Moles, pariente suyo, o al conocido Francesc Gavaldà. Pere-Vicent Zabata i Grifolla Natural de Sant Mateu (1662-1733), Zabat a, sobrino del gramático Miquel Grifolla, se doctoró en derecho y pas ó a Roma de 1687 a 1692 como tesorero de las rentas del Hospital de Nuestr a Señora de Montserrat de la Corona de Aragón. Vuelto a su patria chica, tomó las riendas del estudio de gramática a la muerte de su tío en 1698. Después de 1707 enseño en Morella y en Vinaroz. Según Ximeno, de quien hemos colegido su biografía, publicó, además de la Rhetorica ya mencionada, un poemario intitulado Poesías varias (Valencia, 1697), editado a costa de Vicent de Bas, te sorero de la Seo de Tortosa, del cual, desgraciadamente, no he podido hallar ningún ejemplar, ni tampoco de la Rhetorica. Las únicas obras que se conocen de Zabata son diversos gozos –a San Antonio Abad, en Vinaroz, a S an Nicolás, patrono del Estudio de Gramática de Sant Mateu– conservados en el ms. 804 de la Biblioteca de la Universidad de Valencia, colección facticia manuscrita del XVIII . Hay que destacar, por último, que Gavaldà, Grifolla y Z abata, todos ellos emparentados, regieron el estudio de S ant Mateu durante cerca de un siglo. 2.4 V ÍNCULOS CON LOS CÍRCULOS ERUDITOS ARAGONESES 2.4.1 El comercio con Aragón A diferencia de lo que sucedía con Barcelona o Valencia, las relaciones 81 establecidas con Aragón no eran de caráct er institucional, administrativo o político –la presencia del obispado de To rtosa en Aragón abarcaba tan sólo los pueblos de Calaceit, Arenys de Lledó, Ll edó y Cretes–, sino que respondían a la ósmosis natural entre dos zonas limítr ofes, en el caso del Matarranya y el centro económico bajoraragonés de Alcañi z, y a contactos comerciales y profesionales, en el caso de Zaragoza. Hay que matizar, es verdad, que la Castellanía de Amposta, encomienda hospi talaria situada en la veguería del Ebro, era dirigida desde Zaragoza, donde el castellano tenía su residencia en el Palacio de San Juan de los Panetes, lo c ual establecía inevitables vínculos institucionales y humanos con el mundo aragonés, que llegan también a reflejarse en las letras. Por ej emplo, en la segunda parte de la Corónica de la ilustríssima m ilicia y sagrada religi ón de San Juan Bautista de Jerusalem (Zaragoza, 1639), obra del caballero sanjuanista Juan Agustín de Funes, colector de la Castellanía de Amposta, observamos, entre el elenco de ilustres poetas e ingenios que loan al autor –T amayo de Vargas, José Pellicer de Tovar, cronista real, Juan de Moncayo, Alonso Castillo Solorzano, Luis Vélez de Guevara, Lope de Vega, etc.– una décim a de Diego José de Funes, sobrino del autor y comendador de Horta de San J uan, lugar de la v eguería de Tortosa. Naturalmente, esto no implica que el s obrino conociera personalmente a la crema poética española, per o sí nos vale como muestra de los canales literarios existentes y de cómo desde un lugar pequeño como Horta, tirando del hilo, accedemos al firmamento poético español. Retomando el discurso, cabe decir que el comercio fluvial entre Zaragoza y Tortosa –el camino real era penoso y pe ligroso– ha merecido algunos estudios directos o tangenciales (cf. Vilella 1995, Gómez Zorraquino 1999, Camps Vives 2000). La burguesía mercantil zaragozana, que controlaba el comercio del trigo y la lana, embarcaba las mercancías en Zaragoza y otros lugares ribereños para ser acarreadas Ebro abajo en llaüts por arraeces mudéjares hasta la aduana de Tortosa. Desde aquí, pequeñas embarcaciones transportaban aún las mercancías hasta los puertos maríti mos de la Ampolla y Els Alfacs, donde naves de mayor calado llevaban la mercancía a Barcelona, Mallorca y Valencia –grano–, Génova –lanas– y otras destinaci ones. El tráfico también se daba en dirección inversa, aunque en menor volum en, principalmente aceite, sal, muelas de molino, corchos catalanes, es parto levantino, pescado, drogas, etc. 82 (Vilella 1995:80-81). El intercambio con Aragón y Barcelona era imprescindible para el desarrollo de la ciudad. Según V ilella [1995:87], «el reino de Aragón en concreto proporcionaba con su economía agr opecuaria y sus gentes el material humano y productivo suficiente para que Tortosa actuara como agente transmisor de estas transacciones me rcantiles con otros lugares del Mediterréneo». Expuesto, pues, el trasiego de producto s y gentes entre Aragón y la ciudad, vamos a centrarnos en el «tráfic o» intelectual. Observaremos que los principales hombres de letras que pusie ron en contacto ambos mundos fueron eclesiásticos –obispos, canónigos– y, principalmente, dominicos. También existió un cierto intercambio de docentes entre los estudios de Zaragoza, Alcañiz y Tortosa. Por últi mo, cabe destacar que durante la Guerra dels Segadors Tortosa quedó prácticamente aislada del resto de Cataluña, por lo Zaragoza y Huesca, en menor medi da, que gozaban de un estimulante ambiente literario y de un elenco de eruditos y poetas culteranos excelente –Gracián, Pellicer, Francisco Andrés de Ustarroz, Jerónimo de San José, Juan de Moncayo, Manuel de Salinas, etc.– pasar on a ser los referentes culturales de la ciudad durante unas décadas. 2.4.2 Los hombres de letras 2.4.2.1 Eclesiásticos y dominicos El primer personaje im portante de la Edad M oderna que enlaza Zaragoza con Tortosa es Alfonso de Aragón (1455- 1514), hijo del conde de Ribagorza y maestro de Calatrava homónimo, que fue nombrado obispo de la ciudad en 1475, cuando contaba tan sólo 20 años. Al fonso de Aragón ocupó la cátedra tortosina hasta 1513, año en que fue pr omovido al arzobispado de Tarragona. La biografía y actividades de este pers onaje siguen siendo bastante oscuras. Si bien se podría esperar que se criara en Zaragoza, quizás al amparo de la Casa Real de Aragón, en un ambiente exquisi to que promovió el mecenazgo de obras de arte (Morte 2000:153-157), la correspondencia de su época de mitrado le sitúa repetidamente en Valencia, donde había nacido. 83 Su primera visita a la iglesia tortosina está documentada el 1477; 68 y a partir de esta fecha lo podemos encontrar c on relativa asiduidad al frente de su diócesis, alternando largos períodos en Zaragoza y Valencia. El trienio 1500- 1503 fue elegido diputado eclesiástico de la Generalitat de Catalunya, por lo que lo hemos de situar en la órbi ta de la Ciudad Condal, aunque Salicrú [2003:255] denuncia el frec uente absentismo del obispo en el consistorio catalán. Es difícil valorar la repercusión del obispo en la cultura local con los escasos datos de que disponemos. Hay que apuntar, sin embargo, dos patrocinios o, al menos, dedicatorias: La scala de paradís (Barcelona, 1495), del médico tortosino Antoni Boteller y el Ars musicorum (Valencia, 1495), de Guillermo de Podio. En cuanto a la prim era obra, no deja de ser curioso que un laico como Boteller escribiera un opúsculo dedicado a la predicación de «vostres oveles e vicaris parroquials», «per levar a la florentíssima senyoria vostra de alguna fatiga» (aiii v ). Cabe pensar, pues, que gozaba del apoyo del obispo. Por último, hay que tener en cuenta al obispo Alfonso de Aragón de cara a buscar posibles promotores de la venida de los impresores Brun y Spindeler a Tortosa y su impresión de los Rudimenta gramm atice de Perotti en la ciudad en 1477. El siguiente obispo aragonés, cronológicam ente, es el franciscano Antonio Ruiz de Calcena (1537-1542), natural de Ca latayud. Después de ejercer de inquisidor, de provincial de los franci scanos y de vicario general de la orden, Carlos V le encargó la predicación de los moriscos, y poco después fue nombrado obispo de Tortosa. Calcena lle vó a la ciudad un equipo burocrático eminentemente aragonés, en el que doc umentamos a Miguel de Miedes, canónigo de Calatayud, o Antonio Zabalza . El obispo dejó manuscritos algunos opúsculos y ordenaciones sobre la regulac ión de la orden franciscana (Latassa; Gómez Uriel 1884-1886: vol. III , 80-81). De su etapa tortosina tenemos escasas noticias literarias; tan sólo constatamos la dedicatoria del Mariale (Tortosa, 1538), del dominico Sorió, por parte del canónigo Pere Ferrer, editor de la obra. Más importante fue la implicación y labor del obispo Juan Izquierdo (1574- 68 ACTo. Obispo I, 55. 84 1585), natural de Torralba (Zaragoza). Es te dominico hizo de Tortosa su segunda patria: está relacionado con la ciudad desde, al menos, 1535, año en que aparece documentado como ayudante de So rió en el cargo de lector de la Seo y en el Estudio dominico. 69 De alguna manera, hizo su carrera a la sombra de Sorió; Carlos V confió a ambos pers onajes la construcción y administración del colegio de Santiago y San Matías para la educación de los nuevos convertidos. A la muerte de Sorió Izquier do ocupó la lectoría de la Seo y fue administrador de la obra de lo s Reales Colegios. Ejerció también los cargos de prior del convento de Barcelona y el de provincial de la orden. Izquierdo destaca también en su papel instaurador de las disposiciones trentinas a cuyo efecto celebró un sínodo diocesano el 1575, publicado Valencia ese mismo año. 70 Por último, cabe mencionar la corta prelatura, debido a su promoción al arzobispado de Valencia, del también dominico Isidoro Aliaga (1611-1612). Este obispo, natural de Zaragoza, er a hermano de Luis de Aliaga, inquisidor general y confesor de Felipe III. En el ca mpo literario, cabe destacar que Blai Verdú, regente de los Reales Colegios le dedicara Engaños y desengaños del tiempo, con un discurso de la expulsión de los m oriscos de España (Barcelona, 1612). Asímismo, seguramente patrocinó la Canción a mossén Jerónim o Simón (Valencia, 1612), que le dedicó el presbítero tortosino Joan Desí. Hemos reparado ya, al hablar de los círc ulos barceloneses y valencianos, en la rotación de los regentes de los R eales Colegios y la movilidad de los miembros de la orden dentro de los convent os de la Provincia, lo que supuso la constante presencia de dominicos aragoneses en la ciudad. Recurrimos de nuevo a Francesc Martorell, en su Historia de la antigua Hibera , para dar cuenta de algunos de los más destacados personajes aragoneses de la orden relacionados con la institución dominica to rtosina como regentes o lectores. Además de Juan Izquierdo e Isidoro Aliaga, mencionados por su papel como obispos, detectamos, entre lo s escritores dominicos aragoneses que leyeron artes o teología en Tortosa, la presencia de Miguel Pinedo, autor de los 69 ACTo. Índice de acuerdos capitulares del siglo XVI , s/f. 70 Synodus dertosana sub Sanctissimo Domino nostro Gregorio XIII Pont. Max. regnante invictissimo rege nostro catholico Philippo II . Valencia: 1575. 91 compatriotas. Por otro lado, la acti vidad de humanistas e historiadores como Juan Andrés de Ustarroz, José Pellicer de Tovar, Jerónimo de San José o Vicencio Juan de Lastanosa dejó muy alto el listón de la erudición. Mientras Barcelona y Valencia, aún c on sus inevitables círculos de diletantes e intelectuales –pienso en Fontanella, exiliado desde finales de 1652, o en Pere-Jacint Mollà– languidecían, Zaragoza deslumbraba. No es de extrañar, pues, que los ingenios y erudi tos aragoneses ejercieran una poderosa atracción e influencia sobre los tort osinos. Las condiciones eran óptimas, faltaba tan sólo el vínculo humano, y este se dio en Francisco de la Torre. La Torre (Tortosa, 1625-Madrid, 1680) , provenía de un noble linaje de Monroyo, o Montroig de Tastavins –Matarraña–, que extendió su radio de acción entre Alcañiz, Morella, Tortosa y también Zaragoza, donde Jerónimo de la Torre –tío de Francisco– era un pers onaje conocido en virtud de su cargo de lugarteniente de tesorero, y también por sus responsabilidades municipales, como administrador del Hospital de la Gr acia. Convertida Zaragoza en el centro de operaciones del ejército español que operaba en Cataluña, tanto las gestiones de su padre Miquel-Joan de la Torre, al servicio del Consell tortosino, como el parentesco con don Jerónimo, lle varon al joven La Torre a socializar con los ingenios aragoneses. Con tan só lo 17 años participó en el certamen literario que la Universi dad celebró en honor al arzobispo Pedro de Apaolaza (cf. Egido; San Vicente 1986:128-130, 212, 224). A la caída de Tortosa el 1648, La Torre, con buena parte de la nobleza tortos ina, se exilió en Morella y en la pequeña aldea satélite de Vallibona, donde podí a gozar del patrimonio de su esposa Anna Maria Guerau. En Morella contactó con el erudito Juan Francisco Ram, nacido en Xerta y establecido en Morella a raíz de su nombramiento com arcipreste en 1630. 79 Ya hemos mencionado los contactos de Ra m con los eruditos aragoneses. En 1645 Lastanosa, en el Museo , lo describía como «sugeto mui noticioso en las letras sagradas y en las lenguas latina, griega y hebrea; y por la eminencia que en ellas tiene le ha deseado la Univ ersidad de Alcalá de Henares para ornamento de su Colegio Trinlingüe, en quien resplandecen las luzes de aquel insigne y eruditíssimo theólogo el Dr. Gaspar Ram, su tío» (Lastanosa 79 Sobre la relación entre La Torre y el círcul o literario morellano –Ram, La Figuera, Francesc- Ramon Sans, etc.–, cf. Querol Coll [2001b]. 92 1645:87). Tenemos constancia de su correspondencia con Andrés de Ustarroz, al menos desde 1646, y se carteó tambi én con Lastanosa, el canónigo Manuel de Salinas y Baltasar Gracián (Arco 1934:327, 329; 1950: 446, 754-755, 902- 903). Durante el período de exilio tortosino 1648-1650, Ram y La Torre contaron con la compañía de la mayor parte de la oligarquía tortosina, y compartieron tertulia de personajes como Lluís de Montsuar , baile general de Catalunya, el jurista Francesc-Ramon Sans, poseedor de una biblioteca de más de mil volúmenes, el obispo Veschi, el jesuita Pere Castellarnau –en Tortosa– además del poeta morellano Gaspar de la Figuera, autor de la Miscelánea sacra de varios poemas (Valencia, 1658). Dejamos los pormenores de la relación de estos personajes entre sí y entre los eruditos aragoneses. Baste, de momento, decir que tanto Ram como Jerónimo de la Torre tuvieron un papel clave en la introducción de La Torre en las elitistas academias literarias zar agozanas y oscenses. Ram en particular escribió a Andrés de Ustarroz avalando la competencia del tortosino como poeta y recoméndandolo vívamente. Como muestra de lo dicho, observemos una carta de Ram a Andrés de Ustarroz de principios de 1652: Muy buen día tuve con la de V. M., así por la salud de Huesca como por lo que me dice V. M. de su sentir en orden al ingenio de nuestro amigo don Francisco de la Torre i del buen aire de sus versos. Estoi muy gozoso que el juizio que io hacia tenga aprecio en tal autoridad como la de V. M. Según me escrive el d. Francisco, es fuerza que asista en algunas de la academias, i ia tengo por seguro su lucimiento, pues V. M. le confía. 80 La Torre fue estupendamente recibido no só lo por Andrés de Ustarroz, sino por Gracián, con quién se carteó, el marqués de San Felices, Manuel de Salinas y el resto de la nómina de literatos aragoneses. Participó en las academias del conde de Lemos, del conde de Aranda, de Los Anhelantes, etc. Recuperada Tortosa para la Monarquía hispánica a finales de 1650, La Torre, que enviudó casi a la vez que los españoles entraban en la ciudad, continuó residiendo mayormente en More lla, haciéndose cargo del patrimonio de su esposa, aunque frecuentaba tamb ién Tortosa. En 1654 publicó en 80 BN. Ms. 8391 [Cartas a Andrés de Ustarroz ] , f. 368. Morella 29 de enero de 1652. Ram a Andrés de Ustarroz. 93 Zaragoza su poemario Entretenimiento de las m usas en esta baraxa nueva de versos , bajo el «pseudónimo» diáfano de Feni so de la Torre. La dedicatoria a su tío Jerónimo de la Torre, la apr obación de Gracián, los poemas de Juan de Moncayo –marqués de San Felices–, M anuel de Salinas, canónigo oscense, Francisco Diego de Sayas Ravaneda, cronista de Aragón, Ana Francisca Abarca de Bolea, hermana de San Felic es, Ana María de Sayas Rabaneda, sor Cecilia Bruna, José de Liñán de la Torre y Contamina, el elogio a la obra de Juan de Moncayo, los temas y las refer encias de sus poemas, casi todo en la obra es aragonés o está relacionado con Aragón. 81 En particular, Alvar [1986] evidenció magistralmente la gran influenc ia que el ambiente cultural oscense, compendiado en la casa-museo de Vicencio Lastanosa y su colección de arte tuvo en la selección de motivos de la obra del tortosino. Su relación con los ambientes liter arios aragoneses continuó durante la década de los cincuenta, como se hace ev idente en las cartas prologales a Catorce vidas de santas de la orden del Císter (Zaragoza, 1655) de Ana Francisca Abarca de Bolea, y a la Miscelánea sacra de varios poemas (Valencia, 1658) de Gaspar de la Figuera. Esta obra ilustra, de alguna manera, con un regusto local nada vergonzante, el ambiente literario de aquellos años en Morella y Tortosa: contiene poemas de Francisco de la Torre, de su tío, el agustino Diego de la Torre, de Francisco de la Figuera, hermano del autor, una carta del jesuita Castellarnau, a qui en ya nos hemos referido, y abundantes referencias a la actividad de esta célula literaria enfocada hacia Aragón. Junto a estos, hay también contribuciones del canónigo oscense Manuel Salinas, una Epístola panegírica de Miguel Juan de Lobera, canónigo de Calatayud, o también tres poemas preliminares de los bilbilitanos Pedro y José Fernández de Moros. La conexión Tortosa-Morella-Aragón, comenzó a apagarse en la década de los sesenta, cuando La Torre y La Figuer a, indudables referentes locales, orientaron su vida y actividades hacia Valencia. De hecho, La Torre, ya residente en Valencia, parece haberse dejado llevar por el ambiente hostil hacia Gracián que se respiraba en la capital del Turia debido a las críticas del jesuita a los valencianos en el Criticón , y que el 1658 motivo la publicación de 81 Para la identificación de estos lit eratos, vid. Romera-Navarro [1940]. 94 un opúsculo intitulado Crítica de reflección y censura de las censuras firmado con el pseudónimo de «Sancho Terzón M uela», y atribuido bien a Lorenzo Mateu Sans, bien al jesuita Pablo de Rajas (cf. López García 1986). En la relación Solenes fiestas que celebró Valencia a la Immaculada Concepción de la Virgen María (Valencia, 1663), obra de Joan Bapt ista de Valda, el relator incluye una diatriba contra Gracián y sus obras (p. 607-613), criticando, entre otros aspectos, el concepto de «i ngenio» defendido por el jesuita y la imposibilidad de alcanzarlo m ediante «arte». Valda presenta como autoridad la traducción de un epigrama de Owen por La Torre, cuya adición dice así: Gracián, ningún arte da ingenio al que le faltó, porque si le tiene ya, no le da el arte, y si no, ¿cómo el arte entenderá? 82 Nunca después se dieron circunstancias tan favorables para que la historia se repitiera. Reintegrada la ciudad al Principado, reanudadas las relaciones humanas y sociales habituales con Ba rcelona, y traspasada la brillante generación de poetas y eruditos ar agoneses, las futuras generaciones tortosinas, volvieron de nuevo sus ojos a las modestas, pero crecientes luces, que brillaban en Barcelona y a la, si no brillante, animada vida literaria valenciana, que vivió unas décadas de esplendor en cuanto a academias literarias, escena teatral, justas y saraos poéticos se refiere. 82 Recordemos que las traducciones de Owen no se publicaron hasta diez años después: Agudezas de Juan Oven traducidas en metro caste llano. Ilustradas con adiciones y notas por don Francisco de laTorre (Madrid, 1674). 95 3. Las infraestructuras culturales: La lectoría de la Seo. Los Reales Colegios de San Jorge y Santo Domingo; el colegio de nuevos convertidos de Santiago y San Matías; el Estudio de Gramática . La imprenta. 3.1 L A LECTORÍA DE LA S EO 3.1.1 Origen de la institución El origen de la lectoría de la Seo se remonta a 1365, año en que el Cabildo y el obispo Jaime de Aragón decidier on instaurar una lección de teología y escriturística permanente para provecho de religiosos y seglares, y que venía a perfeccionar las ocasionales visitas que los teólogos dominicos realizaban a la Seo con fines predicacionales. La lección fue ofrecida a la orden dominica, que proveía el cargo anualmente en el cap ítulo provincial (Diago 1599:53v-54). Una figura básica en la fundación de la lectoría fue Bertomeu Pons, que en su cláusula testamentaria de 1368 dispus o la construcción de una capilla bajo la advocación de san Pedro y san Pablo en la cual había de tener habitación el «lector predicador de la Seu de Tort osa de l’orde de predicadors de Sant Domènec», a la cual dotaba con una r enta de 500 sueldos anuales (Arribas 2000:57). Una vez fallecido Pons, el obi spo y el Cabildo cumplieron su disposición testamentaria, con la salvedad que cambiaron el lugar de construcción asignado por Pons –al otro l ado del río, extramuros– por la calle de Génova, actual Sant Domènec, donde se er igió la casa del lector y la aneja iglesia de san Pedro y san Pablo, es decir: el mismo lugar donde hoy se levantan los Reales Colegios. A pesar de que Pons había especificado que la lectoría debía ser ocupada por frailes dom inicos para poder goz ar de la renta asignada, hacia 1459 el Cabildo intentó apr opiarse de la casa y separar a la orden dominica del cargo. La orden pres entó una queja a Juan II, quien escribó al Cabildo conminándolo a no innovar en el asunto (cf. Arribas 2000:59). Podemos atestiguar la continuidad exclus iva de los dominicos en la lectoría hasta el año de 1586, cuando el Cabildo nom bró al mercedario Asensio Laguria (1586-1587). Posteriormente, documentamos otros no dominicos, como el trinitario Antoni March (1593-1596), el mercedario Juan Suárez de Godoy 96 (1597-1600), o el agustino Pedro de la Peña (1600-1608), aunque no he encontrado ninguna resolución capitular que exprese una modificación en la exclusividad dominicana en la regencia de la lectoría. Hay que decir que, a pesar de las exepciones señaladas, la institución continuó ligada principalmente a los frailes de Santo Domingo. 3.1.2 Obligaciones de los lectores El papel del lector de la S eo era, como hemos dicho, ejercer el magisterio teológico, siempre subordinado a las directri ces marcadas por el Cabildo; ya en el documento fundacional de la lectoría, tr anscrito por Arribas [2000:56] se hace mención a su función, aunque de un m odo general: «Donat que alguns, a causa de la pobresa i també a causa de les obli gacions dels oficis religiosos, perden l’oportunitat de llegir i progressar [...] va ser proveït [...] que aquesta Església tingui un o altre religiós, o lector, que inst rueixi els canonges, sacerdots i altres en les Sagrades Escriptures». Sobre la subordi nación del lector al Cabildo, tenemos un ejemplo claro en la deli beración capitular de 7 de agosto de 1631 en la cual se acuerda que el lector Luna «llixca en les lliss ons ha de fer est any en lo chor lo 2n dels manaments de la llei de Déu per a aprofitament dels feels». 1 El lugar natural para la expresión del lector era el púlpito de la Seo, donde predicaba los sermones que se le asi gnaban, siendo la Cuaresma la época de mayor realce en la predicación; a partir de 1608, sin embargo, el Cabildo decidió nombrar otro predicador para la Cuar esma, ya que, debido a las continuas prédicas del lector, «la gent no·l ohïa sempre de gana» (Macip 1630:47). Un informe inserto en el Macip – volumen facticio de notas históricas sobre la Iglesia – que lleva precisamente el título de Obligaciones que tiene el lector de la santa iglesia cathedral de Tortosa nos introduce en el papel desempeñado por el lector. He aquí los diferentes puntos del contenido resumidos: - Hacer la «lición literal» el día después de San Lucas –inicio del curso escolar. - Desde el día de San Lucas hasta el día de la Septuagésima –tres semanas antes de Cuaresma – , deberá leer en coro por espacio de un cuarto de hora, un punto de la Escritura a indicación del Cabildo. 97 - En años alternos, debía hacer la «lición literal» en la vigilia de Navidad. - Asistir a todos los canónigos en el momento de su muerte. - Predicar todos los sermones de tabla que cada año se le programaban, así como los que el Cabildo le encargara, y los de los funerales de los canónigos. Observamos que, además de ser el predic ador «oficial» de la Iglesia, se le encargaba también la preparación de «le cciones literales», cuyo contenido no podemos precisar exactamente. Quiz á se trataba de algún tipo de oración exhortatoria a los estudios – laudes litterarum – en fechas relevantes del calendario escolar. En virtud a la autoridad moral que se le confería, el lector era requerido para pronunciarse sobre las dudas t eológicas que pudieran surgir. 2 Pero, además de intervenir sobre múltiples aspectos de la r ealidad religiosa tortosina, su influencia, debido al intervensionismo de la Iglesia, se proyectaba también en la sociedad civil. Por ejemplo: una de las dos llave s de la arqueta que contenía los nombres de los ciudadanos insaculados en las bolsas de jurados del municipio era custodiada por el lector. No es baladí recor dar la relación entre los dominicos y la nueva inquisición de la Corona de Aragón establecida a finales del XV . Precisamente entre 1494 y 1511, en pleno apogeo de la persecución inquisitorial a los conversos, la lectoría estuvo ocupada por dos inquisidores dominicos: Guillem Caselles y Climent Ferrer (García Cárcel 1985:57, Querol Coll 1999:90). Por otra parte, es ocioso recordar la función de adoctrinamiento de las masas ejercida desde el púlpito, como se hizo patente en la Guerra dels Segadors ; la predicación constituía el «fenomen mediàt ic per excel·lència», según Rafanell [1999:45], entorno a la cual se c ongregaba en pleno la sociedad postrentina. Tamaño modulador de opinión requería unos mecanismos de control adecuados, que pasaban, en primer lugar, por la idonei dad doctrinal del predicador, así como por su fidelidad a la institución que le sustentaba. El noviembre de 1600 el Cabildo suspendió al lector Suárez de Godoy por su comportamiento inmoral: acudía a comedias y bailes deshonestos y andaba en líos de faldas (Querol Coll 2001a:309), mientras que en agosto de 1616 se revo ca a Blai Verdú de la lectoría 1 ACTo. Actes Capitulars 1631. s/f. 2 ACTo. Actes capitulars 1642 , s/f. 98 por ir en contra de los intereses del C abildo en un pleito que esta institución mantenía con los dominicos de Ulldecona. 3 El control sobre la predicación suscitó algunas controversias entre el obispo, el Cabildo y también las autoridades civiles. A raíz de la separación de la lectoría de la predicación de Cuaresma realizada por el obispo Pedro Manrique en 1608, el Cabildo asumió la designación del pr edicador cuaresmal. En 1625 el cardenal- obispo Spínola reclamó esta potestad par a la mitra, ya que, según él, en la innovación de las constituciones de la Iglesia realizada por Manrique al efecto no se había cedido la atribución al Cabildo. 4 En 1612 el Cabildo revocó las licenc ias de predicación de los lectores franciscanos que el Consell –del mismo modo que Valencia y otras ciudades– pagaba por Cuaresma y también durante algunas fiestas durante el resto del año, estipulando que «en lo púlpit de la Seu no y pujassen a predicar sinó los lectors del Col·legi [Reales Colegios]», 5 a lo que el Consell se avino tan sólo en lo tocante a la Cuaresma. 6 Por último, cabe recordar la relevanc ia de la predicación como factor de introducción del castellano t anto entre las élites, que disfrutaban de los sermones «campanudos», fruto de la retórica culter ana, como en los estratos populares, para quienes los sermones supusieron una oportunidad única de familiarizarse con el «buen» castellano; el coloquial, al menos en Tortosa, debía ser bien entendido por el pueblo, visto el cont inuo tránsito de mercaderes aragoneses, maestros salineros castellanos y otra s gentes que frecuentaban la ciudad. En el marco del Concilio Tarraconense de 1636 se levantó una vigorosa polémica al respecto, en la cual el obispo de Tortos a Justo Antolínez de Burgos tuvo un papel destacado en la defensa de la predicaci ón en catalán, consecuente con la premisa tridentina de predicar in lingua vernacula , frente a los defensores del castellano en los púlpitos como lengua más pulida y versátil, y también más universal. El vallisoletano Antolínez tu vo su principal oponente en el jesuita Alexandre de Ros, paradójicam ente, catalán y futuro deán de Tortosa (cf. Prats 1995). Esta controversia se vio reflejada dent ro de la diócesis en el conflicto entre el Consell de Castellón de la Plana y el obispo, que tuvo lugar durante la década 3 ACTo. Actes capitulars 1616, s/f. 13 de agosto. 4 ACTo. Lectoría 11. s/f. 5 ACTo. Actes capitulars 1612. 2 de junio. 99 de 1630. El Consell exigía predicadores en castell ano, según requería el decoro a la «gente luzida» de la villa, mientras que el obispo abogaba por el catalán como único idioma que garantizaba una predica ción provechosa (cf. Pitarch 2001:159- 189). Esta misma pretensión se dio en la villa de Ulldecona, menos populosa que Castellón, lo que nos da una idea de la costumbre de predicar en castellano (Kamen 1998:349). En general, los obispos tortosinos, del siglo XVII ejercieron una determinada defensa de la predicación en catalán, aun frente a las protestas de la parte valenciana de la diócesis (Pitarch 2001:95-98). 3.1.3 Nómina de lectores Podemos establecer un listado bastante co mpleto de los lectores de la Seo, a pesar de algún inevitable vacío. He dejado al margen los «socios» de los lectores, es decir, los coadjutores que les sustituían en caso de ausencia, así como los lectores interinos que estuvi eron poco tiempo. Un repaso a la nómina nos permite apreciar que estuvo ocupada por relevantes teólogos dominicos como Climent Ferrer –consignado por Baltasar Sorió entre los viri illustribus de la orden (Garganta 1950:71)–, el historiador Esteve Rot llà (cf. Toldrà 2000), el famoso Baltasar Sorió, fundador de lo s Reales Colegios, Juan Izquierdo, obispo de Tortosa (1574-1585), Lluís Este lla, o Istela, maestro en el Sacro Palacio de Roma (Ximeno 1747-1749:vol. I , 265-266), el mercedario sevillano Juan Suárez de Godoy, interesante traducto r de poesía clásica y relator de las honras fúnebres celebradas en la ciudad a la muerte de Felipe II, 7 el filósofo Blai Verdú, con abundante obra public ada (Querol Coll 1999:180-184), etc. Muchos de los lectores estaban a la ve z en la nómina de profesores de los Reales Colegios, por lo que en el siguiente epígrafe, dedicado a esta institución, tendremos ocasión de ahondar en personajes como Sorió, Verdú o Espinel de la Portaza. 6 AHCTE. FMT. Provisions 1612 , f. 107. 21 de septiembre. 7 Muerte y honras de la magestad del rey Ph ilipe nuestro señor segundo deste nombre hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599). 100 Fecha Nombre Origen Obras Observaciones 1463-1486 Joan Bordalba 1491-1502 Guillem Caselles Nombrado inquisidor de Cataluña en 1484 1502-1511 Climent Ferrer Sant Mateu Sermones dom inicales y de santos Tres Quaresmas Lloctinent de inquisidor 1515-1516 Alfonso Carrión 1516-1518 Gaspar Esteve Tractatus in defensionem ecclesiasticae imunitatis et libertatis (Roma, 1520). Marcha a Roma. Sustituido por Rollan 1518 Rollan= Esteve Rotllà? - S umma - Cronica regum Aragonum et comitum Barchinone et populationis Hispaniae (1475-1530). Manresa, Colltiure, Barcelona. 1520 Joan Sarreal 1521-1557 Baltasar Sorió Valencia - Mariale (Tortosa, 1538) - Sermones Deipare Virginis sanctorumque per circulum anni (Tortosa, 1538). (1457-1557). Fundador Reales Colegios. Izquierdo, coadjutor. 1557-1568 Juan Izquierdo Torralba Zaragoza Synodus dertosana sub sanctissimo dom ino nostro Gregorio XIII (Valencia, 1575). (?-1585). Provincial dominico. Obispo de Tortosa (1574-1585). 1572-1585 Lluís Nadal Valencia Provincial dominico (1570-1574) 1586-1588 Asensio Laguria Mercedario. Primer lector no dominico. 1588-1593 Antonino Pons Valencia Maravillas del Santíssimo Sacramento y m ilagros con que el Señor las califica (Valencia, 1613). Diversas obras manuscritas. ( c. 1545-1625). Coadjuctor: Tomàs Roca 107 Según Pastor [1902a, nº451:1], Carlos V planeaba la fundación de un colegio de estas características en Valencia con una dotación de 800 ducados de la mitra tortosina. Enterado Sorió del proy ecto, se presentó ante el emperador con las recomendaciones del obispo Jer oni de Requesens y de los Oliver de Boteller, el más ilustre linaje tortos ino de aquel tiempo, con el objetivo de reclamar el Colegio para la ciudad. En tre los argumentos aducidos por Sorió, destaca los motivos económicos –rechazo a que el dinero de la diócesis se emplease en otra–, y también la conv eniencia del enclave de Tortosa para apartar a los nuevos convertidos valenci anos del trato con sus familiares, ya que se les consideraba menos dispuestos que los moriscos catalanes a aceptar la fe católica: «y fent-se lo col·legi en la ciutat, estaria en lo mig, y los del Regne de València serien apartats de la c onversació de sos pares, lo que no han mester tant los que stan deçà». 12 Finalmente, el 1544 el príncipe Feli pe encomendaba a los maestros Sorió y Juan Izquierdo la construcción de un colegio para nuevos convertidos, que habría de llamarse de San Matías y S antiago, y un colegio de la orden dominica –de Santo Domingo y San Jorge–, con una dotación de 800 ducados sobre la mitra tortosina. 13 De esta cantidad, 500 habían de destinarse al colegio dominico y 500 para el de nuevos convertidos . A la muerte de Sorió, Izquierdo quedó como administrador de las obr as, delegando a la vez en el ciudadano Mateu Curto y en su viuda Àngela Burgués a partir de 1565. 14 Las obras de ambos colegios y de la iglesia de Santo Domingo, aneja al estudio dominico, se fueron desarrollando durante el resto de siglo XVI e incluso principios del XVII (cf. Arribas 2000:70-76; García Hinarejos 2000:15-27, 37-45) bajo la dirección del arquitecto Martín García, alias Mendoza. En definitiva, aunque mejor dotado ec onómicamente el de San Matías de nuevos convertidos, los dos Reales Colegios quedaban ligados en la práctica a la administración de los dominicos. Estos habían de nombrar un rector y profesores de gramática que se hi cieran cargo de su educación. Según hemos podido constatar, la ere cción de los Reales Colegios fue apoyada tanto por el Cabildo como la ciudad, a pesar de las disputas que 12 ADTo (=Arxiu Diocesà de Tortosa). Capsa 25/ 571. Carta del Cabildo al Emperador. Tortosa 28 de marzo de 1541. 13 AHN. Estado, lg. 2943. 108 surgieron entre unos y otros sobre el pat ronazgo y la propiedad de la institución, y la frecuente reticencia por parte del obispo y del Consell local a la hora de contribuir con su parte estipulada. Federic o Pastor [1902a, nº 451:1], por ejemplo, dice que la ciudad había de contribuir a la obra –según conces ión del emperador– con el derecho del imperiatge , 15 pero que la contribución nunca se hizo efectiva. Sin embargo, en 1550, en respuesta a la alegación del Cabildo que pretendía ser propietario de los Colegios como albac ea del testamento de Bartomeu Pons, el Consell defensó que eran de patronato real y que había invertido grandes cantidades del derecho del imperiatge . 16 Particularmente conflictivos fueron los últimos años de vida de Baltasar Sorió, que, a pesar de su avanzada edad –90 años en 1545– no quería abandonar la dirección del centro, aunque, de hecho, le correspondía de por vida. En el capítulo provincial de la orden celebrado en ese año se le intimó a dejar su cargo de rector, a lo que no se avino hasta recibir una carta del rey en que se le obligaba a renunciar (Pastor 1902b, nº 456:1). En 1548 le sustituyó en el rectorado Hernando de Santo Ambrosio. A partir de aquí, los hechos se interpretan de diversas maneras según la s partes en conflicto. Para Sorió y el Cabildo, los dominicos pretendían separar al lector de la Seo de cualquier influencia y relación sobre el estudi o dominico; acusaban también al nuevo administrador de malgastar la renta asi gnada para la construcción de los Reales Colegios y de no obrar nada en dos años. Para los dominicos, Sorió dispuso t oda suerte de impedimentos y objeciones a la nueva administración, intentando, entre otras artimañas, separar la dotación y patrimonio de la lectoría de la del Col egio. La tensión creció hasta límites violentos –Sorió era t oda una institución en Tortosa– hasta el punto que hubo de intervenir el padre provincial de la orden, quien envió dos visitadores a la ciudad. Finalmente, se decidió que el maestro Sorió pudiera residir en el Colegio de Santo Domingo, como lector de la S eo, aunque se ratificaba la suspensión de cualquier autoridad en relación al Colegio. En el Archivo Diocesano se conserva una causa de 1550 entre el Consell y el Cabildo sobre el patronazgo de los Reales Colegios en la cual se aporta una 14 ACA. CA. Lg. 262/21. 15 Tasa que gravaba la mercancías procedentes de fuera del Principado por vía marítima. 16 ADT. Causas civiles Tortosa. Super lectoria. 109 interesante información sobre el rector Santo Ambrosio, que da parte de razón a Sorió. Según se informa, el nuevo rector era «infecto, petulant y mal morigerant» ya que había dilapidado el presupuesto del centro en vicios, llevando a los colegiales por el camino de la perdición: Se és seguit tan gran scàndol en dit Col·legi hi avalot que tots, ho los més de dits col·legials, per llocs perillosos he inhonests amigadament són fugits de dit Col·legi, ab tant gran scàndol e infàmia públics que és estat forçat venir a dit Col·legi visitadors per a parlar hi remediar dits desconcerts hi escàndols causava [...], he ayxí, coneguda hi sabuda la veritat, aquell és estat privat hi lançat de dit Col·legi [...] Quasi en dos anys no s’i a obrat res, ho cosa de molt poca importancia, convertint dita pecúnia dits col·legials en menjar hi beure he qüestions he sedicions que cada dia mouen entre sí, he altres usos profans. Ciertamente, la causa menciona lo s visitadores apuntados por Pastor. Sean ciertas las malas costumbres del rector, sea una venganza de Sorió por haber sido destituido, la cuestión es que los colegiales fueron enviados a sus casas y la docencia fue interrump ida desde 1550 hasta 1563, año en que se reanudaron las clases durante el rectorado de Lluís Mas. En el interín se nombraron administradores de las obras. Si bien desde sus comienzos el centro tuvo la facultad, según privilegio papal, de conceder grados en artes y teol ogía a estudiantes dominicos y de otras órdenes religiosas, 17 entre su alumnado consta también que había estudiantes seglares que cursaban estas di sciplinas –«in eadem vero civitate et tota illius diócesis nullum aliud facultat um [...] studium institutum reperiatur, proindeque seculares ad secundo dictum Collegium in magno numero studii causa confluere», 18 según la bula papal de Clemente VIII– y que debían revalidar sus títulos en alguna universi dad reconocida. El paso de estudio dominico a universidad, materializado en septiembre de 1600, mediante la bula papal aludida, respondía, por lo tanto, a una necesidad social existente; el centro se convirtió en Universidad Pontif icia con las mismas prerrogativas de Lérida y Perpiñán, y con la facultad de doctorar en artes y teología a estudiantes seglares. Esta concesión pontificia que abría el centro a los seglares, dio una gran proyección a la in stitución, que se convirtió en un polo 17 Conservamos muestras de diversos grados de doctorados y bachilleres en teología de 1565 y 1566 en los protocolos del notario J oan Puivert: AHT. Man. Not. 1445, s/f. 110 de atracción para estudiantes de Catal uña, Aragón y principalmente Valencia. Inmediatamente el Colegio solicitó, infr uctuosamente, a Felipe III la concesión del privilegio de universidad real. 19 En 1632 se intentó de nuevo que Felipe IV concediera el privilegio de universidad real; a este respecto los procuradors , o jurados locales, escribieron al monarca para aval ar la petición. 20 En aquella ocasión no se consiguió tampoco el objetivo desado, aunque el rey concedió cierta compensación económica sobre la mi tra tortosina de los impuestos de la Décima y Escusado. 21 Con la Guerra dels Segadors la ciudad y los Colegios vivieron tiempos convulsos. En un principio –1641– el provincial de la orden en la Corona de Aragón intentó vetar el nombramiento del rector que, siguiendo una rotación trienal, correspondía a un religioso cata lán, con miras a evitar elementos desafectos a Felipe IV en la ciudad. El Consejo de Aragón, sin embargo, que no quería dar motivos de queja innecesario s a los catalanes, postergó la nueva elección por algún tiempo, y finalmente se dio el cargo al tortosino Josep Salvat, de fidelidad contrastada. 22 Las vicisitudes de la guerra dieron ocasión a los dominicos tortosinos de realizar numerosos servicios diplomáticos y materiales a la Monarquía –incluso to maron las armas en el sitio de 1642–, circunstancia que dio alas a la vieja reclamación de conseguir el privilegio de universidad real. En abril de 1644 los fra iles elevaban la súplica al Consejo de Aragón acompañada de un memorial impr eso en el que se detallaban los servicios prestados al monarca: apoyo a los filipistas en la contrarevuelta de 1640 y en la conservación de la moneda del rey que había en la ciudad destinada a los tercios de Italia, alojami ento de milicia, defensa armada en el sitio de 1642, gestiones para el apr ovisionamiento de grano, etc. 23 El memorial venía avalado acompañada por una carta de los procuradors . 24 Felipe IV accedió a la petición y concedió el des eado privilegio de Universidad Real por medio de una real cédula dada en 27 de agosto de 1645. 18 ACA. CA. Lg. 344. Copia del privilegio de Clemente VIII. 19 ACA. CA. Lg. 344. Petición de «El rector y los frailes de Sto. Domingo». La autentificación notarial de la bulla de Clemente VIII que se incluye está fechada el 2 de noviembre de 1600, por lo que la demanda debe de datarse poco después de esta fecha. 20 AHCTE. FMT. Provisions 1632 , s/f. 5 de mayo. 21 ACTo. Actes capitulars 1633, s/f. 21 de enero. 22 ACA. CA. Lg. 290/30. 23 ACA. CA. Lg. 293/69. 24 ACA. CA. Lg. 509. Carta de 14 de abril de 1644. 111 La alegría se vio pront o empañada por la caída de la ciudad ante el sitio francés de 1648, que obligó a suspender las clases hasta 1653, 2 años después que la ciudad fuera ganada de nuevo por las tropas españolas. La ciudad había sufrido una gran debacle ec onómica y demográfica que afectó sobremanera la instituc ión, aunque, como veremos, hacia la década de 1660 había alcanzado ya sus niveles de alum nado habituales. Ya a principios del siglo XVIII se intentó extender la concesión de grados a otras facultades, para lo cual el lector Lucas Herrero viajó a Madrid con las recomendaciones del Cabildo y del Consell . La embajada no dio los frutos deseados. Con la debacle catalana de la Guerra de Sucesión, la instauración del decreto de Nueva Planta y la supres ión de las universidades catalanas, sustituidas por la de Cervera en 1717, los Reales Colegios se vieron imposibilitados para concedir grados universitarios. Sin embar go, el centro siguió abierto para los religiosos de la orden, hasta que en 1722, a instancias del Cabildo y del obispo Camacho, Felipe V accedió a que pudiesen ser admitidos también los miembros del Cab ildo, así como sus fámulos, y también los prebendados de la diócesis. A la prác tica, esta resolución significó un subterfugio perfecto para habilitar de nuevo a todo tipo de estudiantes, que se hacían pasar por miembros de dichos es tados. Legalmente, como he dicho, los grados seguían expediéndose en Cervera. Finalmente, por Real Orden de 25 de di ciembre de 1824 la Universidad fue constituída en un Seminario Conciliar, bajo la dirección de nuevo de los frailes dominicanos, agregado a la Universidad de Cervera (Vergés 1995:108-167). 3.2.3 La Universidad en su contexto: impacto en la ciudad y ámbito de influencia. Valoración por sus coetáneos. En esta ciudad avían fallecido los letrados en las artes y en sagrada teología, que en todas las cassas de los monasterios de religiosos no avía quien leyesse ni studiasse, y zelando el Reverendo Maestro Sorió [...] la perdición de las letras, uvo una bulla apostólica para hazer collegio en su casa, [...] que en menos de ocho anyos que ha se empeçó ell fervor y exercicio, han salido muchos maestros, y bien doctos y buenos predicadores. 25 25 ADTo. Correspondència Capítol segle XVI . Al secretario real Cobos. 20 de noviembre de 1541. 112 Con estas palabras tan expresivas , y que bien pueden valer como muestra del sentimiento ciudadano por el nuevo cent ro educativo, el Cabildo instaba al secretario Cobos para que diese ali ento institucional y económico a la construcción del estudio dominico. Según la misiva, el centro funcionaba ya con un rendimiento satisfactorio durante la década de los treinta. Gracias a otra carta, esta vez dirigida al Emperador , entendemos la satisfacción de la ciudad acerca del Estudio: el centro impartía su docencia no sólo a frailes de la orden, sino también a los religiosos y seglares que lo desearan: «jat sia stiguen frares de l’orde de predicadors, emperò, les lliçons que en aquell se fan en arts y sacra teologia, y specialm ent en la Sagrada Scriptura, són comunes a tots los eclesiàstichs y seculars que volen oír y entrevenir en los exercicis scolàstichs que en dit Col·legi se fan constinuament». 26 Los eclesiásticos conseguían, por lo tanto, el grado en teología con facu ltad de la orden. Sin embargo, es muy probable que los seglares hubieran de ex aminarse en otros centros para conseguir grados homologados. Después de la interrupción de los estudios en 1548 –debida, como hemos visto, a la mala gestión del rector He rnando de Santo Ambrosio y a la actitud beligerante de Sorió–, en 1563 se reestablec ieron las clases bajo el rectorado de Lluís Mas, atendiendo a la educación t eológica de los frailes dominicos. De acuerdo con los documentos notariales que hacen mención a la comunidad, no parece que el número de colegiales domin icos y profesores de Santo Domingo superase las 15 personas, 27 a lo que hay que añadir los moriscos convertidos becados en San Matías, unos 12. Hay que notar que estas cifras no se corresponden con el volumen de alumnado, puesto que, como hemos podido comprobar, tanto los religiosos no dominic os como los seglares podían asistir a las lecciones. Parece que el nivel de enseñanza era satisfactorio, según se desprende del crédito concedido a la inst itución por el Consejo de Aragón. En 1594, por ejemplo, el rector Sebasti à Casesnoves suplica al Consejo un donativo de 200 ducados durante 20 años ya que gran parte del presupuesto se había gastado en la iglesia de Sant o Domingo, adyacente al Colegio, empezada por el obispo Izquierdo. El obispo de Tortosa avala la petición 26 ADTo. Capsa 25/751. Del Cabildo al emperador. 2 de julio de 1542. 27 ACA. CA. Lg. 270/116; ACTo. Man. Not. Joan Puigvert 13 , s/f. 20 de junio de 1565. 113 loando el «fruto que los frayles hazen assí a el exercicio de las letras como en otras cosas espirituales». 28 La petición sería aceptada. Fuere cual fuere el volumen de al umnado, del cual no tenemos datos fehacientes, a partir de 1.600 con la c onstitución del Estudio en Universidad Pontificia mediante la bula de Clemente VII, refrendada con el privilegio de Universidad Real otorgado por Felipe IV en 1645, los Reales Colegios multiplicaron su alumnado y se conv irtieron en un polo de atracción para estudiantes de artes y teología de toda la Corona de Aragón, alcanzando un gran prestigio. En 1607 el rector Blai Verdú hablaba de los Colegios com la «Atenas» de la Corona de Aragón. Esta es su visión del centro: Está, como dixe, esta imagen, en el Colegio Real de Tortosa, y aunque real, nadie le tenga por rico sino de virtud y letras. Pues después que le fundó aquel grande religioso y letrado, el maestro fray Surió, nunca se ha visto ni a avido en el cosa escandalosa, sino santidad. Pues en letras es las [sic] Athenas de la provincia nuestra de Aragón y madre de los más insignes letrados que ella tiene. Al fin, tiene buen genio, y así, Clemente Octavo le hizo universidad con los privilegios de Lérida y Perpiñán. 29 Puede alegarse que la descripción del rector no había de ser sino interesada y ditirámbica. En 1618, ante una nueva petición económica del centro, el Consejo de Aragón aprueba la concesión de 200 ducados anuales perpetuos sobre la mensa episcopal, argumentando que «de allí salen los más luzidos sugetos en virtud y letras que hay en aquella provincia por la mucha religión que se professa y cuidado que se pone en que todos los que viven en él attiendan con el mismo a sus estudios». 30 Otra prueba del prestigio del Colegio la tenemos en hecho que el val enciano Andreu Roig, vicecanciller del Consejo de Aragón –máximo órgano pol ítico para la Corona de Aragón– confiase la educación de su hijo al Col egio tortosino regido a la sazón por Blai Verdú, según este rector explic a en la dedicatoria a Roig del Acroamatica comm entaria et quaestiones super Aristotelis logicam universam (Barcelona, 1614). También documentamos a Francesc Pu ig, hijo del juez de la Real Audiencia homónimo, entre los estudiantes de artes el 1602. 31 28 ACA. CA. Lg. 265/146. 14 de marzo de 1594. 29 Blai Verdú. Libro de las aguas potables y m ilagros de la fuente de Nuestra Señora del Avellá. Barcelona:1607, p. 168 30 ACA. CA. Lg. 271/165. 31 ACTo. Man. Not. Gabriel Vallès 17, s/f. 114 Pero sin duda, el mejor exponente de la proyección del centro, así como de la atracción ejercida fuer a de la ciudad es el número de graduados. Aún así, hay que tomar con mucha cautela las cifras y no precipitarnos en sacar consideraciones, puesto que los registros pueden estar incompletos –por ejemplo, no es seguro que se anotaran todos los bachilleratos– y ofrecen algunas lagunas temporales –el per íodo 1623-1659. Por otra parte, los números, si bien nos dan resultados intere santes y orientativos, no explican las causas de los mismos ni sus fluct uaciones, que quedan siempre sujetas a la especulación y la hipótesis. Tomaremos como base de datos el Registrum doctorativi et baccalaurenti 32 recogido por el notario Vallès entre 1601 y 1623 y el Libro de la Universidad del Colegio de Santo Domingo y San Jorge , 33 que contienen datos sobre el registro de alumnos para realizar diversas catas en el tiempo que nos permitan tener una idea aproximada del volumen de estudiantes. 34 A/ Grados de bachilleres y doctores de teología y artes 35 Facultad 1601-1623 1661-1683 Artes B M/D 146 22 B M/D 126 101 32 AHT. Man. Not. 1651. 33 BC. Ms. 3918. 34 Analizo los períodos entre 1601-1623, inmediatamente después a la creación de la Universidad, y 1661-1680, años postbélicos de es pecial interés para captar el proceso de recuperación de la ciudad y del centro. 35 B=bachiller; M=maestro en ar tes; D=doctor en teología. La confección de estas gráficas es muy problemática debido a que no hay un documento único que suministre todos los ítems. En este caso, la cifra de doctorados en teología del período 1601-1623 se extrae del Registrum doctorativi et bacalaurenti (AHT. Man. Not. 1651), mientras que la de doctorados en artes –muy posib lemente incompleta– es la registrada en el Libro de la Universidad del Colegio de Santo Domingo y San Jorge (BC. Ms. 3918). En cuanto a los bachilleres del período 1601-1623, ni el Registrum ni el Libro de la Universidad recogen sistemáticamente su número. Sin embargo, en los registros de doctorados del Libro de la Universidad se incluye información del centro donde recibieron el bachillerato en artes o teología. Sumando esta información adici onal a los bachilleres registrados en el mismo libro, ofrezco el resultado a todas luces orientativo y que debe tomarse con todas las precauciones. Sin embargo, si comparamos la s cifras resultantes con las del período 1661- 1683, estas últimas mucho más fiables, puesto que provienen íntegramente del Libro de la Universidad , observamos que los hipotéticos guar ismos presentados no son en absoluto disparatados y deben acercarse razonablemente a la realidad. Cabe decir que en el Arxiu de la Catedral de Tortosa se conserva un registro de licenciados similar a los manejados al que no he podido tener acceso por el momento debido a las obras de restauración de dicho archivo. 115 Teología 176 230 156 207 Totales 322 252 282 308 Podemos comprobar la preponderancia de la teología sobre las artes, sobre todo en cuanto a los doctorados, aunque el número de maestros en artes aumenta espectacularmente en el período 1661-1683. Es posible, sin embargo, que los registros no recojan fielmente el número de maestros en artes. Constatamos también que el número de graduados se mantiene constante a lo largo del siglo y que la Universidad re cupera rápidamente el pulso después del período de la Guerra dels Segadors y la peste, que mantuvo la institución bajo mínimos, e incluso cerrada, entre 1640-1653. Aunque no puedo detenerme en un examen pomenorizado de cada uno de los alumnos, he analizado, a modo de mues tra, el grupo de graduados en teología entre 1601-1623, c on el fin de extraer alguna orientación que nos ayude a descifrar la realidad social de es a masa estudiantil; en particular, los relativos a su origen patrio, su vinculac ión al clero regular o secular, y sus funciones más destacadas dentro del organigrama de la Iglesia: Nº de doctorados 230 Origen Valencia 66 (29%) Aragón 49 (21%) Cataluña 45 (20%) Mallorca 44 (19%) Otros/desconocido 26 (11%) Diócesis de Tortosa 41 (18%) Veguería de Tortosa 11 ( 5%) Tortosa ciudad 5 ( 2%) Clero regular Dominicos 24 (10%) 116 Carmelitas 8 ( 3%) Agustinos 4 ( 1’5%) Servitas 3 ( 1’2%) Montesa 1 ( 0’4%) Cistercenses 1 ( 0’4%) Clero secular Rectores y vicarios 31 (13%) Dignidades 13 ( 5%) El origen de los doctorados represent a con bastante equidad los diferentes reinos de la Corona de Aragón, con un predominio claro de los valencianos. Otro dato interesante es el muy bajo núm ero de estudiantes tortosinos (2%). La cifra sube, sin embargo, cuando el ámbi to se extiende a la diócesis (18%) aunque, notemos, la cantidad de doctor ados de la veguería de Tortosa –es decir, la parte catalana de la diócesis – sigue siendo baja (5%). Esto significa que un 13% de los doctorados proceden de la parte valenciana de la diócesis de Tortosa, cifra que nos da, sin duda, uno de los perfiles dominantes. La explicación a este desequilibrio dentro del obispado hay que buscarla en la mayor riqueza y preparación cultural de la parte valenciana. En cuanto al resto de doctorados, no hallamos ninguna preponder ancia especial por alguna parte en concreto de los diferentes reinos, puesto que prácticamente todos los obispados aparecen representados. Socialmente, el perfil dom inante es el de los estudiantes dominicos (10%), cifra comprensible, de acuerdo con la ori entación de la institución. Dentro del clero destaca también el elevado núm ero de rectores parroquiales que se graduaron (13%): Bell-lloc, B enissa, Vinaròs, Vistabella del Maestrat, Benassal, Bocairent, La Jana, Torrent, Valencia, Ca lp, Enguera, Santa Maria de Alacant y Rafelguaraf en el Reino de Valencia; M ontroig del Camp, Santa Maria de la Seu d’Urgell, Vila-rodona, Sant Pere de Gelida, Sant Feliu de Sabadell, Vallfogona de Riucorb, Santa Fe de Calonge, Santa Fe del Montseny, Cellers, Horta de Sant Joan y Gandesa en Catal uña; Cadules, San Juan de la Cuesta de Zaragoza, Estopinyà, la Fresneda, Torremocha, Bechí en Aragón y Calvià 123 y Juan Izquierdo (1574-1585) jugaron en la implantación de la contrarreforma en la diócesis. Los 32 años de presenc ia continuada de un prelado dominico en la ciudad coinciden plenamente con el período de celebración del concilio tridentino, durante el que ya se van aplicando algunos de los acuerdos alcanzados, y el inmediatamente posterior , caracterizado por la celebración del sínodo provincial Tarraconense (1564) y del diocesano de Tortosa (1575), con el objetivo de poner en práctica, de bajar a la realidad social, las elucubraciones teológicas del concilio. Es también en esos años –a partir de 1563, con el rectorado de Lluís Mas, personaje estrechamente relacionado al obispo Córdoba y Mendoza– 42 cuando los Reales Colegios vuelven a abrir sus puertas tras más de una década de claus ura debido a la construcción del edificio. Es de esperar que los obispos dominicos utilizaran la institución educativa insignia de su diócesis como una herramienta más en su estrategia de imponer las prácticas tridentinas, tal y como la utilizaron para aculturizar a los moriscos, siguiendo las instrucciones de la Corona. 3.2.5 Actividades dramáticas La verdad, muy poco conocemos sobre esta faceta del centro, aunque ya hay constancia que el f undador Baltasar Sorió, organizó una representación navideña con sus discípulos en el ve cino convento de San Mateo en 1513, publicada con el título de Oratio litteralis fratris B. Sorio in Christi Nativitate (Rubió i Balaguer 1990:228-229). Aunque podemos especular con cierta credibilidad sobre la implant ación de este tipo de prácticas en el Colegio por el maestro Sorió, no están documentadas. Hay que esperar a 1686 para hallar la primera noticia de una actividad teatral en el centro. En el marco de las fiestas celebradas a lo largo y ancho de Cataluña para conmemorar la toma de la plaza de Buda –episodio de la guerra contra los turcos en que participar on compañías catalanas– la ciudad de Tortosa y los Reales Colegios, en particu lar, festejaron tamb ién la efeméride con diversas actividades que incluían una r epresentación teatral. El texto de la representación, que se ha conser vado manuscrito y ha sido editado 42 En 1563 Mas visitó la diócesis en repr esentación del obispo (Valldepérez 1997:64-68). 124 modernamente por Ramon Mi ravall [1980], viene introducido por la siguiente acotación, que contextualiza su contenido: Los licenciados de la Universidad de Tortosa, con sus caballos mui enjaezados y un carro triumphal mui vistoso, cantando la canción siguiente y representando las demás epigramas y dichos en particular en la plaça, delante de toda la ciudad en las fiestas que hizo por haver ganado la ciudad de Buda en la Ungría (Miravall 1980:17). Se trata, como vemos, de una represent ación itinerante, que requiere diez personajes que representan un diálogo –en castellano– entre el ángel del Danubio y el ángel del Ebro, en el cual se celebra la victoria de la casa de Austria. No disponemos de didascalias que acoten la escenografía, el vestuario o la maquinaria tramoyística, aunque podemos buscar analogías en otros eventos similares, puesto que este tipo de actividades teatrales era muy corriente en las fiestas tardo-barroca s de la ciudad (cf. Querol Coll 2001a:301- 303). Sabemos también que la festivi dad de Santo Tomás de Aquino era embellecida con actos literarios; la única muestra que nos ha llegado, Publicata que en honor del angélico Dr. Santo Thomás de Aquino ofrecen al público los filósophos del Real Colegio de Santo Domingo, 43 data de 1806, fecha ajena a nuestro marco cronológico, aunque bien puede ser considerada eco de anteriores funciones, debido al carácter tradicional y conservador de este tipo de actividades. Se trata, más que una repres entación, de la le ctura coral, por medio de dos cuerdas, de un poema que glosa la vida de santo Tomás. 3.3 E L C OLEGIO DE S AN M ATÍAS Y S AN J ORGE Aun con sus propios estatutos, regl amentación y dotación, el Colegio de San Matías y San Jorge, o «de arriba», como era denominado coloquialmente, para distinguirlo de la Universidad, nace y se desarrolla como parte del Estudio dominico de la ciudad, entre cuyo prof esorado se elegía el rector y los maestros. Si bien el edificio de San Matías es conocido por su belleza 43 Arxiu Torre d’en Gil, sin clasificar. El m anuscrito que contiene la composición, obra del colegial Domingo Bernat, perteneció a Francisco Gil de Federic i Pinyol (Tortosa, 1785-?) profesor de teología en Santo Domingo, que recitó como «estandarte» en el acto. 125 arquitectónica, especialmente su magnífico claustro, en estas páginas, como es natural me centraré en los motivos en su función social y en su reglamentación académica, a la vez que intentaré valorar el éxito de la empresa. Por último, trataré de su reconversión después de la expulsión de los moriscos, su alumnado poetencial. 3.3.1 Fundación, objetivo y resultado La fundación del Colegio de San Ma tías y San Jorge para moriscos nuevamente convertidos ha de ser entendi da como parte de una estrategia continuada, y no siempre coherente, de la Monarqui a por acabar con el «problema» morisco, y que se desarro lló en diferentes frentes: la evangelización, la asimilación, la repres ión inquisitorial o la fuerza de las armas, dependiendo del momento y la coyuntur a social. En la diócesis tortosina parece claro que hay que distinguir entre dos grupos principales. En primer lugar, los moriscos de la riber a del Ebro catalán –Riba-ro ja, Flix, Ascó, Vinebre, Móra, Tivissa, Miravet, B enifallet, Tivenys, Vilanov a de Tortosa, etc.– poco numerosos y, en general, bastante asim ilados culturalmente y mezclados con los cristianos viejos que, en último té rmino, constituían comunidades residuales no beligerantes (Ferrer 1994:53). Por otro lado, tenemos a los moriscos de la sierra del Espadà, en el extremo sur del obispado –Eslida, Artana, Onda, la Vall d’Uixó, etc.– mucho más numerosos y problemáticos. En 1526 hubieron de ser reprimidos por las armas ante su al zamiento armado, mientras que en la década de los sesenta la acción inqui sitorial abortó un nuevo conato de revuelta, encausando a los líderes Pe re Aman y Jaume Ayet, que se habían opuesto a los planes evangelizadores del obispo Martín de Córdoba (cf. Arroyas; Gil 1994). El Colegio, fundado en 1544 bajo los auspi cios del emperador y dirigido por Baltasar Sorió y su coadjutor Juan Izquierdo, nacía con la intención de evangelizar, aculturizar y asimilar los nuevos convertidos de la diócesis tortosina: «para que se instruyessen en nuestra santa fe cathólica y ley christiana, y aprovechasen en letras», según se expresa en los estatutos del Colegio. Estos estatutos, redactados en 1568, reflejan el nuevo y estricto programa antimorisco sancionado por la pragmática de Felipe II de 1567 que 126 prohibía las principales prácticas cultur ales y estrechaba el cerco ideológico sobre esta comunidad (Valldepérez 1999:600). A esta nueva embestida antimorisca corresponde la publicación de una Doctrina cristiana [...] juntamente con las constituciones [...] acerca del regimi ento y orden que han de guardar los nuevos convertidos (Valencia, 1568), consensuada por Fernando de Loaces, arzobispo de Valencia, Juan de Muñatones, obispo de Segorbe, Martín de Córdoba, obispo de Tortosa, y Gregorio Gallo, prelado de Orihuela. Es inevitable relacionar esta publicación con los conatos de rebelión del sur del obispado en 1568. Además de reglamentar la obligator iedad de toda la serie de prácticas católicas –misa, confesión, oraciones, et c.–, los estatutos restringen los usos y hábitos sociales que pudieran desviarlas: - Que los collegiales sean elegidos y tomados por el obispo y rectores de los dos collegios y, en falta del uno, los puedan elegir los dos de los lugares del obispado de Tortosa que más necesidad tuvieren entre los lugares de los nuevos convertidos. Y los que se habrán de elegir sean de edad de ocho hasta quatorze o quinze años lo más [...]. - Que todos los collegiales coman en refitorio con el rector y hagan su bendición y gracias como religiosos en la capilla del Collegio; los quales coman tozino y bevan vino [...]. - Los collegiales puedan salir a la plaça de su Collegio y, dos o tres vezes al mes, todos juntos con el rector, yr al campo, pero que no puedan yr al río a bañarse ny nadar, ni entrar en él, ni la Villanueva [morería] ny en casa de la ciudad ny huerta de christiano nuevo. - Que puedan los collegiales algunas vezes hablar con sus padres, madres y hermanos que los vinieren a ver, en presencia del rector o maestro, con tal que no hablen en algaravía ni ésta se permita hablar en el Collegio, ni tener libros en arábigo; antes bien, el rector cada mes visite las celdas y reconozca los libros si son cathólicos. - Que el rector sea obligado cada un año de examinar con el regente o lectores del Collegio de los frayles todos los collegiales y ver lo que avrán aprovechado. Y los que serán para letras quedarán en el Collegio, y aquellos de quien no huviere esperança alguna [...] les ponga a officios conforme a la inclinación de cada uno con christianos viejos. 127 - Que no puedan estar en el Collegio sino hasta hedad de X XIIII años cumplidos, que sean de missa o graduados. Passado este tiempo, siendo hábiles y examinados en letras y costumbres, y por el obispo approbados, les embíe a predicar a sus lugares y otros de moriscos y les provea de beneficios para que se puedan ordenar tengan con qué bivir y sustentarse. 44 Como puede observarse, hay un interés particular en cortar las posibles vías de adoctrinamiento coránico –lib ros, lengua, control de las visitas familiares y prohibición de las visitas a cristianos nuevos–, así como en prohibir prácticas islámicas –abstinencia de vino y tocino, prohibición de ir al río, seguramente para evitar abluciones rituales. En última instancia, los colegiales de provecho habían de servir como in strumento para adoctrinar a otros moriscos. El Colegio funcionaba por medio de un sistema de becas. El obispo hacía confeccionar una lista de los jóvenes candi datos de las villas de moriscos, entre los cuales se elegía a los más hábile s hasta llegar a un tope de 20 plazas estipuladas para los becados. 45 Además de la doctrina, los muchachos perfeccionaban la lectura y la escritura y eran instruidos en gramática latina. Una vez eran competentes en latín podían acceder al adyacente Colegio de Santo Domingo para estudiar artes, junt o con los colegiales dominicos, y, finalmente, teología, todo ello, grat is. La beca era una excelente oportunidad para educarse en humanidades, caso que los moriscos no tuvieran reparo en pasar por el estrecho tamiz de adoctrinamient o católico. Es significativo el caso del canónigo de Tarragona Domingo Marián, natural de Móra d’Ebre, quien, según explica él mismo, siendo de familia humilde, se hizo pasar por morisco para poder acceder a una de las bec as. Marian acabó doctorándose en teología y consiguió una cátedra en la Universidad de Tarragona. 46 Ahora bien, a parte del caso exc epcional de Marián y de algún otro, no parece que los jóvenes moriscos adelantaran en sus estudios. Según el 44 ACA. Cancelleria, reg. 4352, f. XCVI - CVI . Publicados en extracto , por Valldepérez [1999]. 45 ACA. CA. Lg. 268. doc. suelto. 46 ACI (=Arxiu de la Companyia de Jesús). ACOB-79: Fragmentos de la historia de la fundación del Colegio de Tortosa , p. 36-37. 128 testimonio del carmelitano Juan de Jesús, fundador del convento de Tortosa, en una carta escrita al rey en 1590, el Colegio no acababa de funcionar: Aquí en Tortosa tiene V. Magd. un seminario de moriscos, y estoy informado del obispo y de otras personas graves y zelosas que no se sigue provecho alguno, porque estos niños, como traen desde los pechos de sus madres esta ruín leche de Mahoma, o por otro camino se la siembra el demonio en sus ánimos, luego que conoçen su raça y la opinión de los suyos tienen tan mala inclinación que pocos o ninguno passa adelante en sus estudios; antes se va a tomar oficios viles, dexando el hábito y estudio, y hasta oy uno ha salido con letras, y siendo rector o cura, acabó con Mahoma en el coraçón y en la boca. 47 ¿Pero quién mejor informado que el re ctor Blai Verdú para saber del suceso del Colegio? El c apítulo último de su obra Engaños y desengaños del tiempo (Barcelona, 1612), está constituido por un discurso intitulado «Del justo destierro de los moriscos españoles» (p. 132-148). Tratando sobre la conveniencia en dejar partir al destierro a los muchachos bautizados a la fe católica con sus padres, Verdú reconoce el fracaso educativo del Colegio de San Matías y Santiago: Allende desto, lo poco que han aprovechado estos mochachos en los colegios que les han criado, agüera y enflaquece nuestras esperanças, pues podemos contar con los dedos de las manos –y aun dudo sean menester– todos los que hizieron algún provecho. Estos sabemos que después de largos años de colegio yvan a visitar sus padres y parientes infieles, sin provecho alguno (f. 141-141v). O como sintetiza el mismo Verdú, hablando sobre la predicación en villas de moriscos: «Los argumentos sordos y callados que haze la sangre que clama dentro de las venas, terribles son. De spués de aver predicado nos respondían estos desichados: “mi padre moro, yo moro”» (f. 143v). Insisto en que las afirmaciones de Verdú se avienen con la situación que conocemos en la parte valenciana de la diócesis, en la que grupos bastante homogéneos y numerosos de moriscos rehusaron los intentos de adoctrinamiento de los prelados tort osinos, pero no parecen plenamente representativas de la sit uación de la parte catalana de la diócesis, como veremos a continuación. 47 ACA. CA. Lg. 342. 12 de febrero de 1590. 129 3.3.2 Reconversión de San Matías y S antiago después de la expulsión de los moriscos. Es de sobras conocido que gracias a la intercesión del obispo Pedro Manrique, que avaló su ort odoxia católica, muchos de los moriscos del Ebro catalán –unos 1.500– pudieron evitar la ex pulsión de 1609, si bien es cierto que los grupos más conflictivos, como por ej emplo, los de Ascó, Miravet y Benissanet fueron expatriados en su mayoría (cf. Bi arnés 1994; Boet 1994) . El hecho es que, después de la expulsión, los moriscos que habían restado eran de ius , y supuestamente de facto , buenos católicos, por lo que la función original del Real Colegio de San Matías quedaba desvirtuada: si los moriscos eran ya buenos cristianos, se había acabado con la «client ela» potencial del centro. El obispo Manrique, consciente del nuevo est ado de las cosas, escribía en 1610 expresando su visión. Según el prel ado, una vez expulsados los moriscos valencianos, más problemáticos, no conv enía que los de la veguería de Tortosa quedasen «señalados» por medio de un program a educativo especial, por lo que aconseja que los cristianos viejos puedan acceder también al Colegio, ahora que «todos son unos en costumbre y religión». 48 Desde el Consejo de Aragón se revalidó la tesis de Manrique, por lo que el Colegio se abrió a los estudiantes no moriscos en general. Fruto de ese cambio de directriz son los Estatutos que tiene el Real Collegio y Seminario de San Mathías y Santiago de collegi ales y seminaristas de beca , 49 redactados a instancia del cardenal-obispo de Tortosa Agustín Spínola hacia 1625. En el prólogo de los estatutos se justif ica su redacción porque «después de la expulsión de los moriscos han entrado en su l ugar christianos viejos», por lo que algunos de los estatutos antiguos «no vienen a propósito para el presente govierno». De los treinta puntos de que constan dichas disposiciones, destacamos los siguientes como distin tivos y significativos del nuevo rumbo emprendido por el Colegio: 48 ACA. CA. Lg. 270/118. 49 AHN. Estado. Lg. 2943. 130 - La admisión está regulada por un examen realizado por el obispo y los rectores de los dos colegios. Los alumnos admitidos han de ser pobres, «aviéndolas idóneas y capaces». - La mitad de los becados entraría para estudiar gramática, mientras que la otra mitad se destinarían a estudiar artes, grado universitario propedéutico previo al estudio de la teología, jurisprudencia, medicina, etc. - Los estudiantes de gramática deben tener entre 11 y 14 años, y los de artes entre 13 y 17. - La mitad de los estudiantes han de ser naturales de la ciudad y la otra mitad del resto del obispado. - Pueden ser admitidos alumnos «contribuyentes fuera del número de los collegiales para los quales está fundado el Collegio», siempre que sean de buenas costumbres, etc. - El itinerario educativo quedaba establecido de la siguiente manera: se iniciaban en la gramática, y una vez conseguido el certificado de latinidad, se accedía a la facultad de artes y, de allí, a la de teología. - Los examinadores son el rector, el regente, los lectores de las facultades y, en su defecto, los colegiales de teología competentes. - El obispo y el rector de Santo Domingo designan al rector de San Matías. Como se puede apreciar, el Colegio continuaba supeditado al obispo y al regente de Santo Domingo, y seguía tamb ién con el sistema de becas, ahora destinadas a estudiantes sin recursos . La novedad más import ante se da en el alumnado, puesto que se da luz verde al acceso a la facultad de artes, «contribuyendo», a estudiantes no necesariament e dominicos, como de hecho venía sucediendo desde la bula fundaci onal de la Universidad de 1600. No queda bien especificado si el Colegio de S an Matías queda destinado como facultad de artes –con la opción a clases de gramática previas–, a diferencia del Colegio de Santo Domingo, que pasaría a especializar se en teología. En principio hay que pensar que los grados de artes siguen siendo concedidos por el Colegio de Santo Domingo y no por el de San Matías. A la práctica ambos colegios funcionaban como un todo. En cuanto a las clases de gramática en San Matías, no parece que en ningún caso se pretenda present ar una competencia al Estudi local, ni tampoco hemos detectado ninguna queja al respecto por par te de los maestros de gramática del 131 mismo acusando al Colegio de intromis ión o lamentándose de la pérdida de alumnos por esta causa. Al contrario, parece que esta materia constituía más bien un estorbo para los frailes dominicos , poco dispuestos a esforzarse en este aspecto educativo «de poca monta» para la dignidad del Colegio. De hecho, parece que hubieron algunos problemas tanto respecto a la atención prestada a los alumnos como a la calidad de la enseñanza en San Matías. Prueba de ello es el encausamiento de algunos colegiales en la curia eclesiástica de Tortosa por desacato al obispo en 1631. 50 Según se desprende del proceso, en aquel año tan sólo había 6 colegiales en San Matías, los cuales, aconsejados por el vicerrector del Col egio, habían salido por las calles a pedir limosna para su sustento, con el consigui ente disgusto del obispo Justo Antolinez de Burgos, máximo responsable de las finanzas y del buen funcionamiento del centro. Los colegiales se allegaron al mismo palacio Episcopal a pedir limosna, donde fueron recriminados por su a cción y respondieron con palabras altisonantes al obispo. En el proceso se dan algunos datos de interés para conocer la situación de San Matías. Por ejemplo, los colegi ales se lamentan que en 2 años y medio habían tenido hasta 8 maestros de gramática diferentes, algunos de los cuales eran simples est udiantes de teología de Santo Domingo, quienes «suben de mala gana». Esta des idia provocaba que los becados no aprovechasen debidamente su estancia. El obispo, en vista de su incompetencia en latín y del estancamiento que sufr ían en su educación, aconsejó a los muchachos que vayan a es tudiar gramática al Estudi local y cuando sean aprobados por el maestro del mismo vuelv an al Colegio, ya más preparados, a estudiar artes. En resumen: los est udios de gramática básica en San Matías no funcionaba correctamente. Para resolver esta incómoda situac ión, al año siguiente, 1632, los dos rectores pedirán al Consej o de Aragón la reforma de algunas constituciones, con el objetivo de que los colegiales que ent ren sean ya «gramáticos», es decir, competentes para oír artes. 51 En definitiva, intentan ev itar los estudiantes más jóvenes y menos preparados, ya que estos podían dirigirse al Estudi de Gramática. En 1674 tenemos documentadas nuevas quejas de los estudiantes de San Matías. En esta ocasión escriben a los procuradors de la ciudad para 50 ADT. Causes criminals, s/c. El fiscal acus a a Llorenç Menguilla, Josep Pinyana i Josep Ram. 51 ACA. CA. Lg. 382. doc. s/c. 132 protestar sobre la negligencia del rector Baltasar Amigó en darles sustento y enseñanza adecuada (cf. Querol Coll 2000), aunque la carta no especifica si se trata de estudiantes de gramática o de artes, por lo que no podemos asegurar que la enseñanza de gramática llegara a desterrarse del Colegio. 3.3.3 Profesores destacados y su producción literaria Este listado no incluye exhaustivamente todos los profesores dominicos que, habiendo ejercido su profesorado en los R eales Colegios, llegaran a publicar en alguna ocasión, sino más bien aquellos cuyas producciones podemos relacionar más o menos directamente con la instituci ón tortosina o su estancia en la ciudad. Estas obras, algunas de las cuales rec ogen el ideario docente, o incluso las lecciones impartidas en el centro, pueden dar una idea del nivel de enseñanza. Destacan con luz propia el teólogo Sorió, el escriturista Juan Hernando y el filósofo Blai Verdú, aunque también incluimos sermones y otros tipos de producciones menos relevantes desde el punto de vista docente. Baltasar Sorió Es inevitable empezar esta nómina con el fundador y alma de los Reales Colegios. Sorió (Valencia, 1457-Tortosa, 1557), doctorado en teología en París, es un personaje que conoce bien los am bientes culturales de Barcelona y Valencia antes de llegar a regir la le ctoría de Tortosa en 1521. Su actividad literaria es muy prolífica y diversa, fruto también de su longeva vida. Sabemos que fue uno de los jueces de la justa poética celebrada en Valencia en 1511 en honor de Santa Catalina de Siena (F errando 1983:669-670), y que ejercitaba sus alumnos en prácticas teatrales, como se aprecia en la impresa Oratio litteralis fratris B. Sorio in Christi nativitate sanctissima (Valencia?, 1513?), representada por sus discípulos del c onvento de San Mateu (Maestrat) en 1513 (Rubió i Balaguer 1990:228-229). Es muy pos ible que Sorió trasladara este tipo de práctica a Tortosa, aunque no he podido hallar constancia documental al respecto. El 27 de febrero de 1522, poco después de su llegada a Tortosa, viajó a Vitoria junto con los canónigos Miquel Bo teller, Francesc Oliver, Joan Pellicer y 139 Andreu del Fau Rector de Santo Domingo entre 1625-1627, sacó a la luz un pliego suelto intitulado Verdadera relación hecha por el padre maestro fray Andrés del Fau, [...] de un milagro lleno de milagros que aconteció en la iglesia de dicho Real Collegio, cayendo un rayo en ella (Tortosa, 1625). Aprovechando la caída de un rayo en el Colegio, considerada milagrosa, Fau publicó el opúsculo con el objetivo de mover el vulgo e inclinarlo a favore cer a su orden. A raíz de este hecho se instituyó la llamada «misa del rayo» (cf. Pastor 1908). Pius Pla Documentado como maestro en arte s en 1634 y como rector de Santo Domingo y San Jorge entre 1664-1666. Publicó un sermón intitulado Discurso sobre la milagrosíssim a y celestial imagen del grande patriarca de predicadores Santo Domingo de Guzm án (Barcelona, 1665), dedicado a la noble Isabel de Pons i de Corbera, baronesa de Llinàs, Talavera y Altafulla. Murió en Gerona el 1682 (cf. Collell 1965:209). Mateu Comes de Montada Documentado en los Reales Col egios en 1670, 1683-1686 y entre 1695- 1703, fue rector del Colegio de San Ma tías y San Jaime y publicó un opúsculo intitulado Treno compasivo a la soledad de María Santísima (Madrid, 1680), que no he podido consultar. Tomás de Torres Torres (Montalbán, 1652-Alfaro, 1721), vi stió el hábito dominico en 1671. he podido documentarlo en Tortosa entre 1687-1690. En 1683, hallándose lector en la Universidad de Tarragona, publicó un Diallogus sylogisticus (Tarragona, 1683), en forma, como el título indica de diálogo latino entre un maestro y su discípulo. Publicó también un Memorial del amor divino (Zaragoza, 1697), que no he podido 140 localizar, y la Llave interior que avre la puerta del palacio humano (Zaragoza, 1706), ya pasada su etapa tortosina (cf. Querol Coll 1999:310-311). Lluís de Barutell Documentado como lector en los Real es Colegios al menos desde 1680, hasta 1699. Posteriormente pasó a Roma y llegó a ser provincial de su orden en Tierra Santa. Su hermano Llorenç de Barutell formó parte de la Acadèmia dels Desconfiats, predecesora de la R eal Academia de Buenas Letras de Barcelona. Lluís publicó diversos sermones, algunos de los cuales en su época tortosina: - Mudanzas de la fortuna en los muertos y firmeza del am or en los vivos. Oración fúnebre en las exequias que hizo el Muy Ilustre Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Tortosa a los hér oes que en el assalto y rendimiento de Buda fenecieron (Barcelona, 1686). - Llantos de la sabiduría en el ocaso de un sol. Oración fúnebre que en las exequias funerales que hizieron en los Reales Colegios [...] de Tortosa en la muerte de su reyna y señora doña Luisa de Borbón (Barcelona, 1689). - La voz en el oriente. Discurso panegí rico de el nacimiento de San Juan Bautista (Barcelona, 1691). - Discurso panegírico en la canonizaci ón de Santa María de Cervellón (Barcelona, 1693). 3.4 E L E STUDIO DE G RAMÁTICA 3.4.1 Origen de la institución La existencia de una escuela de gram ática competente es el primer eslabón en la preparación latina de los estudiantes, lengua que les iba a dar acceso a los estudios universitarios. Los futuros juristas, médicos, teólogos y 141 «filósofos naturales» iban a revertir su ciencia en la ciudad, por lo que la escuela, o Estudi , constituía un aspecto importante para el progreso de la res publica y una inversión interesante de la que el Consell tenía plena conciencia. Por otro lado, el Estudi no sólo era necesario para la formación de los futuros universitarios, sino también para la urbanidad y la formación de buenos ciudadanos: «faltant lo fonament de la gramàtica y bons costums se dóna ocasió que falte tot lo demés», leemos en unos estatutos del Consell sobre la institución educativa de 1617, 54 o también, que debe evitarse la ociosidad y fomentar el trabajo para fomentar «el viure polítich y virtuós». 55 No encontramos referencia alguna a escuelas o maestros en el Llibre de les Costums , que data de la segunda mitad del siglo XIII . La primera noticia sobre escuelas de gramática en la ciudad nos viene de 1360, año en que documentamos una deliberación del Cabildo para elegir maestro de gramática. 56 De hecho, la norma era que en las sedes episcopales hubiera escuela de gramática, por lo que es de suponer que en un principio funcionara la escuela de la Iglesia. En algunos momentos determinados vemos que la Iglesia tortosina emprende acciones para mejorar la latinidad de sus miembros: en 1536 se delibera que todos –«omnibus et singulis eclesiasticis personis, tam canonicis, comensalibus, beneficiati s»– asisitieran diariamente al Estudi bajo pena de ser privados de sus distribuciones. 57 Por otra parte, Campo [1987:168] data en 1377 la primera noticia sobre la implicación del Consell en la educación; en ese año el clavario de la ciudad paga 15 libras al bachiller en artes Guillem Safàbrega, «regent de la scola de gramàtica». En 1384 hay constancia de pagos a Pere Safàbrega, «maestre de la schola de gramàtiqua», que recibía 15 libras, y a Bartolomé d’Alagó, «mestre d’escolans», que recibía 100 sueldos , o sea, unas 5 libras (Campo 1987:168- 169), duplicidad que indica, seguramente, la existencia de un maestro para los infantes, magister puerorum , y otro para los mayore s. Posteriormente se añadirá un repetidor , o batxiller , que ayudará al me st re majo r en su docencia. La noticia de Campos puede todavía retr otraerse en 9 años. En el libro de Provisions de 1368 leemos: «Ítem provehïren que· ls procuradors de la ciutat 54 AHCTE. FMT. Establiments 16 , f. 150v. 55 AHCTE. FMT. Provisions 79 , f. 121. 56 ACTo. Índice de acuerdos capitulares 1326-1572. 16 de mayo de 1360. 142 proceesquen [a costar] a messió de la ci utat la apel·lació que han [f]eyta de la letra del senyor bisbe, en la qual mana, sots [p]ena de vet, que negun mestre de gramàticha non gos legir [si]nó lo maestre que ell e·l seu Capítol ordenarà». 58 Como podemos observar, el Cab ildo quería mantener el control sobre la enseñanza en la ciudad. En f ebrero de 1383 Pere el Ceremoniós escribía al Cabildo tortosino instándol e a recibir de nuevo a Pere Safàbrega, maestro de la ciudad, como maestro c apitular y acabar así con la división existente (Alanyà 1998:699-700). 59 A principios del siglo XV Consell y Cabildo habían aunado esfuerzos y presupuestos con el lógico beneficio que suponía de cara a ofrecer una mejor dotación económica a los maestros. Los docentes del Estudi pasaron a ser elegidos por una comisión formada por mi embros de ambas entidades. Esta unión no estuvo exenta de desavenencias surgidas por cuestiones de preminencia –como apreciamos ya en el documento de 1368. En 1507 la virreina Germana de Foix se ve obligada a mediar entre ambas instituciones para conseguir el acuerdo: acordamos de vos screvir ésta rogándovos y encargándovos mucho que, dexadas todas passiones a parte, fagáys juntamente con el Cabildo elección de la persona que fuere más ábile y más sufficiente de essas dos que ellos y vosotros havéys nombrado, assí en dotrina como en todas las otras cosas que para semejante cargo se requieren, que esto es lo que cumple al bien y resposo de essa ciudad. 60 La concordia se rompió temporal mente entre 1618 y 1627 por ciertas discrepancias surgidas entre las dos inst ituciones respecto al maestro Jaume Martí, 61 y de nuevo entre 1633 y al rededor de 1650, debido a la incompatibilidad horaria del Estudi con las obligaciones de los criados de los canónigos, lo que motivó la queja de los últimos y una nueva separación. Esta era, sin embargo, una mala solución, pues to que, tal y como el canónigo Macip expresaba a sus colegas, atentaba directamente contra el Estudi municipal: quitando la contribución del Cabildo ambas entidades ofrecían un salario 57 ACTo. Joan Perera 2 [=Actas capitulares 1536], s/f. 6 de octubre. 58 AHCTE. FMT. Provisions 9 , f. 16v. 8 de agosto de 1368. Agradezco la noticia a Jacobo Vidal. 59 Alanyà tomó a Çafàbrega, erróneamente, por maestro de obras de la catedral. La documentación municipal especifica clarament e que se trata de un maestro de gramática. 60 AHCTE. FMT. Reg. 490 (papel). 10 de octubre de 1507. 61 ACTo. Actes capitulars 1618 , s/f. 7 de marzo. 143 mucho más discreto, lo que redundaba en per juicio de la calidad del maestro y las instalaciones. 62 La separación iba, pues, en contra del contra el bien común de la ciudad. A pesar de estos cortos períodos de cisma, la tónica general desde principios del siglo XV hasta 1710, año en que debido a los avatares de la Guerra de Sucesión –«la confusión de guerras»– se interrumpieron las clases, fue la unión entre ambos est udios. A partir de ese año el Consell cedió la patente educativa a los jesuitas, 63 mientras que el Cabildo se inclinó por mantener un maestro propio a su costa. En 1767, con la expulsión de los jesuitas, el Consell retomó las riendas de la escuela, pero este período queda ya fuera de los límites de nuestro estudio. Por último, cabe recordar que la com unidad judía tenía su propio maestro, como podemos observar, por ejemplo, el 1416, cuando el Consell concede una subvención –«don gracioso»– al converso Pau de Bonafé, «maestre en letra hebràica e caldea» . 64 3.4.2 El Estudio en funcionamiento Edificio Aunque es difícil fijar la cronología exacta, sabemos que la escuela municipal fue erigida en un solar compr ado en la calle de Sant Doménec, o del Olivar, muy cerca del convento de los dominicos, en 1524 (Muñoz; Rovira 2000:25); es posible también que anteriormente el Estudi se erigiera en un local adyacente. Poco sabemos sobre las cara cterísticas físicas del edificio, porque en 1764 fue demolido para construir el Ho spital de la Santa Creu (cf. Vergés Pauli 1914). De las diversas noticias s obre reparaciones y mejoras dispersas en la documentación, podemos conferir que la escuela contaba con una casa para habitación del maestro y también con habitaciones para algunos alumnos que debían estar bajo tutelaje. 65 En 1594 se emprendió una reedificación del Estudi , para lo cual se compraron algunas casas adyacentes, y se construyó un 62 ACTo. Actes capitulars 1633, s/f. 1 de febrero. 63 AHCTE. FMT. Provisions 1709-1715, s/f. 7 de marzo de 1710. 64 AHCTE. FMT. Claveria 52 , f. 252. 144 gran portal, sobre el cual el escultor de Calatayud Francisco del Condado labró un escudo. El imaginaire recibió 30 libras por «tres figures rellevades ha fet en unes pedres picades per al portal maior del studi de gramàtica de dita ciutat, ço és, una del Àngel Custodi y dos de dos minyons». 66 Curiosamente, la misma imaginería que todavía hoy podemos observa r en el escudo del Hospital de la Santa Creu, construido, como hemos dicho, en el solar del antiguo Estudi. Horario lectivo y metodología La enseñanza de los maestros del Estudi estaba fiscalizada por el Cabildo, que tenía cuidado en controlar los mét odos utilizados. El 1577 Joan Trullenc notifica al Cabildo «libros et lectiones quos legere decrevit», recibiendo el beneplácito de los capitulares. 67 Durante la primera mitad del siglo XVII el Consell intentará sistematizar es te y otros aspectos mediante la redacción de diversos establiments, o estatutos. 68 Se intenta regularizar la enseñanza, sujeta siempre a diversas y variadas tensiones provocadas por las fuerzas vivas en juego: el método docente del profesor, sus horario s y costumbres particulares, la indisciplina del alumnado, la competencia de las escuelas privadas a la municipal, la continuidad del maestro en el cargo, et c. A este efecto la ciudad y el Cabildo nombraron sendos superintendent es para vigilar el perfecto funcionamiento de la institución. Finalmente, con el objetivo de normaliz ar el currículum de los escolares, con independencia del maestro en activo, el 1631 el Consell deliberó encargar al maestro de infantes Jeroni Clavero una «Orde en les lliçons del Studi de Gramàtiga». 69 Según la tabla, el curso escolar empezaba, como era habitual, el 19 de octubre, por San Lucas, día en que el maestro leía una oración inagural pública, y terminaba a mediados de julio. Las clases se iban sucediendo desde las 7’30h de la mañana hasta las 5 de la tarde, aproximádamente, con algunos intervalos de descanso. He aquí el horario de lunes a jueves: 65 AHCTE. FMT. Provisions 68 , s/f. 30 de octubre de 1565. 66 AHCTE. FMT. Lliuraments 68. 4 de mayo de 1594. 67 ACTo. Actes capitulars 8 , s/f. 15 de octubre de 1577. 68 AHCTE. FMT. Establiments 16 , f. 150-151; Establiments 17 , f. 1-2, 69-70, 181-182. 69 AHCTE. FMT. Provisions 79 , f. 121-124. 2 de noviembre de 1631. 145 7’30h. Terencio para los adelantados. El repetidor repasa los rudimentos gramaticales de Nebrija para los menos competentes. Acabada la lección se juntarán todos los estudiantes para realizar una lección práctica general. 9h. Misa y estudio para preparar la lección siguiente. 10h. Epístolas u otras obras de Cicerón . El repetidor lee las partes, o conjugaciones, u otros rudimentos de Nebrija. El maestro y el repetidor hacen escribir a los estudiantes «una composició» latina que traerán escrita al día siguiente. Los maestros corregirán dicha redacción y los alumnos deberán pasarla a limpio en su libreta «de full de octau». 11-13h. Recreo. 13h. Maestro mayor con todos: lección de verbo. En caso que haya un buen repetidor puede dar la clase el repetidor. 14h.-14’30h. Descanso. 14’30-15’30h. Maestro mayor: Sintaxis de Torr ella . Repetidor: Nebrija. A los mejores estudiantes se les puede introducir en las Elegancias de Manuncio. También pueden «decorar», o aprender de memoria, poesía. 15’30-16h. Descanso. 16-16’45h. Comentario de Virgilio, Ovidio u Oracio , preferiblemente, Virgilio. También pueden dedicarse a la métrica, escandiendo versos o haciendo ejercicios de recomponer versos «desbaratats». Repetidor: Col·loquios de Vives . 70 16’45-17h. Lectura de algunas reglas de prosodia. El viernes era día de repaso general , o examen, de todas las lecciones trabajadas durante la semana, mientras que los sábados y los domingos tenían un horario muy reducido –2 horas–, dedi cadas a la educación religiosa y también a la literatura: el sábado a la s 8 de la mañana se leía una lección del Concilio de Trento o del catecismo, tanto por la doctrina inherente como por la 70 Linguae latine exercitatio. La obra tuvo numerosas reediciones durante todo el siglo y el siguiente. 146 necesidad de estas lecciones a la hora de examinarse de órdenes sagradas, camino seguido por gran cantidad de est udiantes con el obj etivo de gozar de beneficios eclesiásticos. El domingo por la mañana, a las 7’30 se leía la porción del Evangelio que iba a ser tratada en el sermón de la iglesia. En cuanto a la formación literaria, el sábado a las 13 el maestro debía leer «algún hymne, emblemes de Alciato , fàbulas de Hisop » o materias semejantes, mientras que el repetidor repasaba el Catón con los pequeños. En las instruccions, u «orde» predichas se enfatiza la repetición como método pedagógico, puesto que los alumnos habían de recitar diariamente de memoria la lección del día anterior: «t enin particular compte en què tots donen totes les lliçons de memòria, puix és aquest lo millor remey per a que se’n recorden, que és lo profit que se’n pr etén alcansar, ademés que la memòria se exercita y facilita». También hay lugar para ejercicios creativos, formación literaria y enarratio auctorem , en la últimas horas de la tarde y los sábados. Otro ejercicio creativo er an las «epístolas». Los lunes se entregaba a los alumnos una epístola en lengua caste llana que debían entregar traducida al latín –«al encontre del romans»– que los maestros corregían durante el fin de semana. Como condición previa para parti cipar en las «epístolas», se exigía a los alumnos que gratificasen al maes tro con un real y una mano de papel. El lunes el maestro repartía el papel ent re los estudiantes de acuerdo con su acierto en la redacción «perquè la emulació los incite y anime». No podemos extender la validez de este modelo para todo el siglo XVI y XVII , sino más bien, tomarlo como un ideal o paradigma a seguir. De hecho, se dispuso que la tabla con las instrucciones se depositara en la escribanía del Consell «per a que la vej en los Srs. Procuradors per a què en tinguen recort». Igualmente, su interés es notable, porque nos permite tener una noción bastante clara tanto de los modelos retóricos, literarios y doctrinales postulados por los prohombres locales, como de aspectos sociológicos secundarios pero no faltos de interés, como el horario e scolar, el material utilizado, etc. Los maestros, por su parte, no estaban siempre dispuestos a acatar las disposiciones del Consell: en 1665 el m aestro Feliciano Ram se ofrecía a dar tan sólo 4 horas diarias, dos por la mañana y dos por la tarde, según 147 acostumbraba a hacer en otras ciudades. 71 Es de suponer que su repetidor podría completar el horario. En cuanto a los manuales y autores ut ilizados, observamos la persistencia de Nebrija y Vives para la introducción en el latín, ambos accesibles en multitud de ediciones escolares, mientras que los iniciados seguían la Brevis ac compendaria syntaxis (Valencia, 1564) de Joan Torrella, manual que gozó de gran éxito editorial así como de diversas adaptaciones, todavía en uso en las escuelas ya avanzado el siglo XVIII . 72 Entre estas últimas destaca la Brevis ac compendiaria syntaxis partium orationis [...] additis exemplis in singulas regulas cum nonnullis annotationibus per Adoardum Dias (Tortosa, 1623), y la Declaración de la sintaxis del maestro Torrella (Tortosa, 1633) del maestro de Sant Mateu, quizás también en activo en Tortosa, Francesc Gavaldà (cf. Querol Coll 1999). La adaptación de Dias de la gramática de Torrella se convirtió en el libro de texto en la ciudad. En 1643, con mo tivo de la contractación del maestro Francesc Alaix, el Consell estipula que éste había de seguir el método de Dias –«continuabo stylum et metodum Aduardi Diez». 73 Si tenemos en cuenta que Dias había fallecido en 1611, la lógica nos lleva a suponer que el método de Dias fue editado y publicado por su sobri no Jaume Martí, sucesor del portugués en el Estudi (1612-1627) y que había ejercido ya de repetidor con su tío; en la portada de la obra leemos que los disci pulos de Dias se encargaron de recoger sus enseñanzas. Por otra parte, constatamos la cont inuidad en los modelos clásicos vigente desde la renovación humanista: Cicerón, Virgilio, Ovidio, Horacio, Terencio, así como la introducción del renacentista Aldo Manuncio y de Alciato en el canon de modelos de buen latín. Tanto Cicer ón como Manuncio eran parte del currículo habitual en la enseñanza del latín; las Epístolas de Cicerón habían sido traducidas al castellano por Pedr o Simón Abril, en edición madrileña de 1589, mientras que las Elegancias corrían impresas en ediciones sueltas o incluidas en manuales como El latino de repente (Valencia, 1573) de Palmireno. Los Coloquios de Vives habían sido también publicados por Palmireno en 1554. A pesar de la predilección del Consell por el método de 71 AHCTE. FMT. Provisions 87 , s/f. 12 de septiembre. 72 La syntaxi del maestro Juan Torrella (Barcelona, 1789). 73 AHCTE. FMT. Provisions 80 , f. 269-270v. 148 Dias/Torrella, es de suponer que los su cesivos maestros utlizarían sus respectivos manuales, muchos de e llos publicados, como veremos más adelante. Finalmente, hay que resaltar la pres encia del castellano como lengua base sobre la que traducir al latín, así como la implicación del Consell en el establecimiento de las disposiciones tridentinas. Representaciones teatrales Además de las lecciones propiamente di chas, el maestro podía organizar representaciones teatrales como recurso docente con el objetivo de perfeccionar el latín o, como decía Palmireno, para adquirir urbanidad y desenvoltura en el trato; es decir , un perfecto entrenamiento de la actio (cf. Gallego Barnes 1983:151-152). Es muy posible que el alcañizano Domingo Andrés introdujera las representaciones teatrales en la ciudad en su período al frente del estudio (1573- 1576). Sin embargo, el pr imer maestro documentado como impulsor de representaciones escolares es, según la información que manejamos, el portugués Duarte Dias, or ganizó funciones en el Estudi en 1584, 1588, 1590 –Tragèdia de santa Susanna verge i màrtir, 1595, 1600, 1602, 1604 –una de Terencio–, 1607 y 1610 –El Eunuco. La tradición fue continuada por su sobrino y sucesor Jaume Martí, que representó en 1612, 1617, 1618, 1620, 1622 y 1625, con motivo de las fiestas lo cales por la rendición de Breda al marqués de Spínola, puesto que su hijo Agustín era a la sazón obispo-cardenal de Tortosa. Asímismo, Gaspar Moles respresentó El Eunuco en 1630 «per a que los estudiants se habiliten y exerci ten», en palabras del maestro. (cf. Querol Coll 2001a:294-297). En cualquier caso, las obras de Terencio eran, como hemos visto, uno de los textos preceptivos en la enseñanza del latín. Con motivo de las representaciones el maestro recibía una ayuda de parte del Cabildo, normalmente 10 libras, cant idad nada despreciable. Por su parte el Consell se encargaba de acondicionar la sala del Estudi donde se daban las funciones: se traían bancos y silla s, se montaban tablados para la representación, los cuales se cubrí an con «draps de ras», y se empaliaba el aposento (cf. Querol Coll 2001a:295). En vista que, tal y como pasaba en la Valencia de Palmireno, las representac iones escolares eran un acto festivo 251 construir «una reixa en la capella de la C oncepció de la Mare de Déu de la dita Seu, la qual sia de valor fins en sinquant a liures, en la qual reixa sien fetes mies armes, que ya huy són en dita capella». 41 Esta disposición se renueva en el testamento de 1574, donde leemos que la capilla tenía que cerrarse «de fusta reixada, y en la frontera sia fet un portal, y sobre aquell sien posades dites mes armes [...] ab timbre y lletra y colors». En dicha capilla había de labrarse un vaso sepulcral y sobre él su lápida: una llosa de deu o dotze palms de llargària y de sis palms o més de amplària, y de sobre dita llosa sien sculpides dos figures representant ma persona armada a usança de cavaller, y l’altra ab figura de dita ma muller, essent sculpit als peus de la mia figura les armes mies de la manera que yo les use, ab lo timbre y lletra, y als peus de la figura de dita muller mia sien posades le armes que han usat de son llinatge ab lo timbre que han costumat de portar, y en los cantons de dita llosa sien posades les armes de la dita capella, que son un copa y sobre copa ab tres caps de drachs que ixen en los cap superior de sobre copa, que son armes que acostumaven de fer los Macips, predecessors meus que acabaren de fer la dita capella de la Concepció. 42 Después de leer la descripción de la s sepulturas nos preguntamos si llegó a cumplirse la voluntad del testador, pues to que en la capilla de los Macip no se aprecian elementos arquitectónicos que concuerden con el texto. Sabemos positivamente que Despuig f ue enterrado en dicha capilla gracias al testamento de su hija Anna, esposa del letrado Ll uís Mur, de 1581, en el que expresa su deseo de ser enterrada «en lo vas hont est an sepultats los qº Sr. Christòfol Despuig y Sra. Maciana Curto, construïda [sic] en la capella de la Concepció de la Seu». 43 Las actas capitulares de 1573 aportan luz al respecto. El 4 de junio de ese año, leemos que el arcediano de Corbera disiente sobre la sepultura que Despuig estaba ya fabricando en la Seo: Que no y consent, com sia contra motu proprio del Summo Pontífice, y encara que no y contradigue, no y consent perquè semblants sepultures no·s 41 AHT. Man. Not. 1395, s/f., 21 de marzo de 1550. El 21 de octubre de 1546 lel marqués de Aguilar, virrey de Cataluña, confirmó a Despui g la titularidad del patronato del beneficio de la capilla de la Immaculada Concepción de la Seo de Tortosa, fundado por Bernat Macip, del que nuestro escritor había sido declarado hereder o (ACA. Cancelleria, reg. 4202, f. XLVII - XLVII V ). Actualmente, según nos infoma Victòria Almuni, las armas de los Macip son todavía visibles en los muros de dicha capilla, pero no hay rastro de la sepultura o las armas de Despuig, quizás cubiertas o maltrechas en posteriores obras. 42 ADTo. Beneficio de Pasqual Cifre. 43 AHT. Man. Not. 3419, s/f. 31 de julio de 1581. 252 consedixen sinó a bisbes, duchs y a comptes y grans señors, y no a ciutadans y seculars. 44 El arcediano se acoge a la constitución de la Iglesia tortosina «Constitutio super sepulturis relevatis» de 1569, en la que, en respuesta al breve papal de 8 de noviembre de 1564, se prohibía la construcción de sepulturas con elementos sobresalientes: «in futurum nu llae sepulturae, seu sepulcra relevata, seu ita fabricata quod in altum superent tectum, seu pavimentum, [...] non fiant neque fieri permitantur». 45 Tanto las cláusulas testamentaria s como el pasaje citado de los Col·loquis nos muestran el interés de los oligarca s locales en trascender y exhibir su poder más allá de la muerte, establec iéndose una jerarquización del espacio de inhumación. Marcadas con la armas fam iliares, estas tumbas conmemorativas situadas en lugares vetados al vulgo lograban subrayar la distinción de clase y la impresión de que los poseedores eran, en verdad, una selecta minoría. En nuestro caso, se pone en evidencia el deseo de Despuig de ser un referente para la sociedad tortosina, de ahí que pr esente a su linaje y por ende, a él mismo, como uno de los fundadores de la patria. Ahora bien, la megalomanía de Despuig no parece ser bien recibida por el Cabildo, que le devuelve a la realidad: aun siendo uno de los prohombres de más peso, un líder local, si se quiere, Despuig no es un gran señor y no se le permite ir más allá de lo que su decoro merece. Creo que estos documentos sobre la cláus ula testamentaria de la sepultura contienen un notable interés, no sólo por el detalle curioso de conocer el lugar donde fue enterrado el escritor, sino, s obretodo, por lo que revelan sobre el concepto de sí mismo del aut or y su voluntad de incardinarse en la sociedad. Asimismo, observamos también el contrapunto de los capitulares que no comparten su elevada apreciación y repr imen su vanagloria. De hecho, este interés en construir una sepultura fast uosa y de esto modo marcar ante sus conciudadanos un espacio privilegiado como la Seo, había sido abiertamente criticado por Erasmo, inspirador de Despuig en otros pasajes: 44 ACTo. Actes capitulars 5 , s/f. 4 de juny de 1573. 253 Mas yo, si cura o obispo fuese, aconsejaría a estos ricachos caballeros o mercaderes que, si quieren rescatar sus pecados para con Dios, estos gastos que hacen hacer en dorar y esculpir las piedras de las iglesias, los ficiesen secretamente en socorrer a los verdaderos pobres. Pero, como no buscan la gloria de Dios, sino la suya propria, parécele que lo que se reparte entre muchos, dando secretamente a cada uno un poco con que aliviar su necesidad, todo va perdido, pues no queda de ello alguna memoria para los que después de él vinieren, y reciben en esto muy grandísimo engaño, ca ningún dinero hay mejor empleado que el que se deposita en Jesu Cristo [...] Hacer mejor capilla para enterrarte e mejor sepultura que otros, no solamente de por sí no es obra pía, más aún es flaqueza humana, como querer traer mejor capa e vivir en más rica casa que otro [...] otrosí, pensar que los tales gastos se hayan de poner en el número de las limosnas con que se compra el cielo, no lo tengo por seguro así porque el motivo de ellos es gloria temporal [...] (Anzoátegui 1947:123-124). En el coloquio tercero Lúcio defiende de nuevo a su estamento. En esta ocasión se queja de que los caballe ros, según estipulan las antiguas Costums de Tortosa, no podían intervenir en el r egimiento municipal, así como que los nobles tortosinos no quisieran medrar al brazo militar porque. Por cierta desidia de los militares, de las 24 plazas insacul adas para el brazo real y militar de la Generalitat que le correspondían a la v eguería de Tortosa, 23 fueron otorgadas al brazo real, por lo que los militares tenían prácti camente vedado el acceso esta institución, «lo ídolo que tots adoren ab gran devosió» ( III , 122-128), en palabras de Despuig, aludiendo, al prov echo y ventajas que del acceso a los cargos de diputado y oidor se podí an conseguir. Elliott (1986:122-123) corrobora esta noción al considerar la Generalitat un «coto de una minoría privilegiada [que] había llegado a ofrece r inmensas posibilidades para el ejercicio del poder y del patronazgo». Hemo s visto ya como el tema afectaba directamente a nuestro escritor, en c uanto miembro del estamento militar. Lúcio termina el pasaje prometiendo consegui r algunas plazas de oidores «en les primeres corts». Pues bien, sabemos que en 1547 el Consell escogió un selecto grupo de ciudadanos para preparar la estrategia a seguir en las cortes de aquel año e ir dando las instrucciones per tinentes a los síndicos Joan Amich y Pere Boteller. Despuig –que no asis tió a las Cortes, sino que delegó en un procurador (Rovira 1996a:321)– formó parte del plantel de los 8 elegidos. No es de extrañar que entre las pretensiones de los tortosinos estuviera la de la 45 ACTo. Codex 25, f. CLXXXXII. Tomo la noticia de las notas de Jos ep Solé: AHCTE. Fons Solé. Caixa 4, carpeta 20. 254 entrada de los caballeros en el regimiento local. 46 En las cortes de 1552 Despuig fue elegido de nuevo asesor de los síndicos locales, y entre las instrucciones dadas se insiste en la pretensión de los caballeros. 47 Mientras se dedican a pescar sabogas en el río, los interlocutores tratan de las excelencias del medio físico de la ciudad. Una de las carencias que se aprecian es la de las acequias de riego, de fácil realización por estar ya construido el azud de Xerta-Tivenys, que serviría de asiento. Lúcio hace suyo el tema y empieza un discurso sobre la bondad de las acequias ( V , 198-200), en el que denuncia «una grandíssima malda t, la major que may sia en lo món estada, que casi sap a espèsie de traïsió la que fan a esta mísera ciutat los que li destorben tan notable y tan caudal edifici com aquest». Parece que algunos ciudadanos, una «mano negra», impedían la edificación de la obra por intereses personales, en detrimento de la cosa pública. La documentación muestra que en 1542 Despuig se había entrevistado con Gil de Morlanes, 48 maestro de la acequia imperial de Zaragoz a, para que se hiciese cargo de la obra. Quince años después la obra seguía inacabada, por lo que entendemos la rabia y la frustración de Despuig, que quizás tenía algún interés particular al respecto que no conocemos. En el col·loqui III se trata sobre la ordenación del regimiento de la ciudad por parte de Ramon Berenguer IV des pués de ser conquistada a los árabes. Lúcio expone que el rey dispuso de la figur a del veguer como su representante, aunque su poder estaba bastante limitado, pues en Tortos a según la sentencia arbitral de Guerau de Pal ou dada en 1370, éste se veía sometido al municipio en su jurisdicción. La ciudad impuso además un sotsveguer de nombramiento «popular», así como la figura del jutge para compartir la justicia con el veguer, en otra demostración de poder. Por eso Despuig podía decir no sin cierto orgullo sobre el veguer: 46 AHCTE. Correspondència 8 , f. 108. 47 AHCTE. Correspondència 8 , f. 152. 48 Se trata de Gil de Morlanes el joven, hijo de un homónimo afamado escultor de Daroca. Ambos trabajaron, principalmente en Zaragoza, al servicio de Fernando el Católico (cf. Morte 2000). 255 Y també volgué [el rei] posar lo vegué de la mà sua, com per a vuy lo posa lo rey per a fer eixecució de qualsevols provesions que por los oficials de la ciutat se provehixen. Però està tan restret en son ofici, que si no fa sinó lo que fer pot, no farà casi res més de eixecutar, com he dit, lo que administren lo creminal y lo fiscal y los altres que tene càrrec del règimen de la ciutat està provehit, com sap millor lo senyor Fábio ( III , 114). De nuevo podemos encontrar un antecedente del pasaje en la vida real del escritor: en 1546, cuando era jutge ordinari en cap del Consell, había tenido sus más y sus menos con el veguer, en este caso, el caballero Cristòfol de Costa, al que Despuig había acusado de inmiscuirse en la jurisdicción de los jueces de la ciudad. Costa le respondi ó acusándolo a su vez de negligencia en ocuparse de su oficio, «no fent vos lo que deveu en venir a cort cada dia en la hora acostumada». 49 Conversando esta vez sobre la defens a de la ciudad, Fàbio da cuenta de dos ataques de corsarios norteafricanos , uno de 1523, otro de 1547, en el que se capturaron 72 «turchs», y otro de 1553, además de «altres infinites vegades [que] los havem pres qui quatre qui sis qui deu turchs, fent-los emboscades y usant ab elles de molt bons ardits de gue rra». Quizás en uno de estos lances Despuig adquiriera a su esclavo turco Solimán, que vendió en 1546. 50 Don Pedro pregunta a Fàbio si «estareu fets tots a les armes», y Fàbio le responde: «Podeu crèurer, senyor, això, que u estam» ( IV , 151-152). Remitiéndonos a los apuntes biográficos esbozados, vemo s que al menos entre 1551 y 1562 Despuig había sido capitán de una de las compañías militares de la ciudad, movilizadas en caso de ataque de los piratas o de movimiento de bandoleros. Por otra parte, la ciudad tenía derec ho, según las antiguas pero vigentes Costums , de quedarse con el botín conseguido a los moros. Esto había creado ciertos conflictos con los vegueres, que reclamaban la presa como regalía. El 1546 nuestro hombre es enviado por el C onsell para negociar en Barcelona el derecho de los pescadores a quedarse con la ropa que habían tomado de una galera de «turchs» y que el veguer se había incautado. 51 Tanto en las cortes de Monzón de 1547 como en las de 1552, una de las instrucciones que el consejo 49 AHT. Man. Not 1353 , s/f. 50 AHT. Man. Not. 1373 , s/f. Fecha 8 de noviembre de 1546. Despuig vende a su esclavo Solimán, «de genere turcorum», de 33 años, por 80 libras. 51 AHCTE. Correspondència 8 , f. 87 (4 de marzo de 1546). 256 de asesores de la ciudad –del cual Despui g era miembro– dio a los síndicos fue la de hacer valer el derecho de los ci udadanos sobre las capturas obtenidas de las galeras de «moros» y «turchs», par a que, como Fàbio gallardea, éstos no se vayan «franchs de l’escot», o sea, sin pagar su atrevimiento ( IV , 152). En otro orden de cosas, cabe decir que G ilabert [2000:143], experto en los ataques piráticos a la zona, tilda la visión de Despuig de excesivamente optimista, puesto que tan sólo hace mención de las re friegas favorables a la ciudad, sin dar cuenta de los desastrosos at aques de 1521 y 1540, que diezmaron la población de Amposta, puesto que Despui g pretendía dar «una imatge positiva de la ciutat i del seu territori». Sin embargo, no siempre se podían ocultar los aspectos negativos; Fàbio tiene que dar cuenta de la desidia en la c onstrucción de las acequias, así como de las pestes de 1520, 1521 y 1530, y de las fiebres mortales, resultantes de las aguas empantanadas, que azot aron la ciudad en 1525 y 1547 ( VI , 200). Casualmente, Despuig era miembro del Consell del Morbo en 1547 y también en 1557 (Marqués; Curto 1992:241). Es famosa la descripción de los dife rentes peces y artes de pesca usados por los marineros ( VI 185-188), en los que el autor demuestra un gran conocimiento del tema, aunque tampoco es de extrañar, puesto que, entre sus diversas actividades, Despuig había tom ado el arrendamiento de la pescadería de la ciudad (Rovira 1996a:282) y había negociado con los pescadores los establecimientos de dicha pescadería. 52 Todos estos pasajes expuestos –y más que se podrían sacar a colación– no hacen sino amplificar lo que ya sabíamos: la total implicación de Despuig en el gobierno municipal. A la luz de esta in tensa carrera como dirigente local, entendemos mejor el elogio de Jaume Vidal en el epigrama preliminar de la obra, en el cual le considera caput et regimen Patriae, tu gloria nostrae. Al margen de la esperada exaltación del col ega, los adjetivos de ‘cabeza’ y ‘timón de la patria’ hacen justicia a la dedicada actuación de Despuig en múltiples facetas del gobierno municipal. Hay todavía un aspecto que cabe destacar 52 AHCTE. Correspondència 8 , s/f., 30 de marzo de 1546. 257 tanto como rúbrica a esta personalidad activa y reformadora, como por ser una muestra del liderazgo y ascendencia adquirida entre sus conciudadanos. Se trata de su crítica a la negativa de Fe rnando de Loaces a contribuir a las obras de construcción de la catedral, asunto que no podía asumir cualquiera y que le pudo traer malas consecuencias: Don Pedro: [...] maravelle’m de com lo bisbe no té la obra de la seu tota a son càrrech, tenint tanta renda com té y sabent que·n té tan poca lo cos de la Església. Fàbio: Ell se’n guardarà molt bé de això! En bon·ora donàs lo qu’és obligat conforme a la tacha, que prou se contentaria lo capítol, mas ni assò ni allò dóna. Don Pedro: Per ventua segueix l’ordre del nostre arquebisbe don Thomàs de Vilanova, que poch temps ha és mort, lo qual estimava més distribuir tota sa renda entre pobres que deia eren temples vius de Déu, que no en edificar esglésies que són temples morts, o quizà té alguna gran cosa de criats, que serà com un espital y abrig de pobres gentils-hòmens. Fàbio: Ni yo li veig tals criats, ni sé que fasa tals caritats; no que no tingua occasió y encara obligació y força de fer-ho per la infinitat de pobres mendicants que vuy y à en Tortosa [...] Don Pedro: No·m maravell donchs que no enprenga la obra de la seu perquè si aqueixa que de dret li és forçada no fa, com farà aquella que és voluntària? Lúcio: De dret tan forçada i és la una com l’altra, segons opinió de molts que de les tres parts de la renda, dien que la primera ha de ser per a son víurer, la segona per a pobres y la tercera per a obrar esglésies. Don Pedro: Lo bisbe que vuy tenim no·s diu don Ferrando de Lloazes? Fàbio: Senyor, sí. Don Pedro: No és menester desconfiar, que si fins assí no ha fet, hi farà en alguna ora quant menys vos o pensareu, que me han dit qu·és rich home y tots temps se trau més del cru que del un, y per altra part no ignora com a docte qu és al que és obligat fer y si la vergonya no l’estimula, estimular-lo ha la conciència. Fàbio: A la fe que és mester que Déu lo inspiri en ayxò, que altrament forçat serà parar esta tan santa y tant necessària obra y seria molta desgràcia y molt gran vergonya que paràs ( V , 78-79). Despuig no puede ser más claro ni, pr obablemente, más duro con el obispo Loaces, exhibiendo, como vemos, no un inte rés historicista, sino de ensayista y político que apunta a «la crítica i reforma de la seva societat». Un legajo del Arxiu Capitular de Tortosa, en el cual se conserva la copia de diversos memoriales que el Cabildo envió a la Corte por medio del maestro de obras Cosme Violaigua con el propósito de pr otestar por la apatía monetaria de Loaces, nos ayudará a contextualizar el pasaje. 258 El asunto arranca con el proyecto de ampliación de la Seo emprendido por el Cabildo y secundado por el obispo Lluís Mercader (1513-1516) en vista del aumento de población en la ciudad. En 1515 el obispo dotó la obra con 400 libras anuales sobre la mensa episcopal , pero las obras quedaron paralizadas a su muerte, en 1516, hasta que en 1550 el Cabildo decidió retomar la empresa. Para financiar el proyecto se decidió gr avar a los beneficiados eclesiásticos con cierta cantidad, y se reclamó al papa Julio III la pensión de las 400 libras consignadas por el obispo Mercader par a las obras, bien fuera en tiempo de sede vacante o habiendo un prelado al frent e de la diócesis. El papa accedió a la petición por medio de un indulto apos tólico, asignando ciertos jueces para dirimir las dificultades que pudieran surgir. 53 El Consell municipal se comprometió también a contribuir con 200 libras anuales. Con la llegada del nuevo obis po Loaces en 1553 empezaron los problemas, pues cuando le fue reclam ado el pago de la pensión, el obispo protestó alegando que no estaba obli gado, «perquè deya que Sa Magestad li havi fet mercè de dit bisbat líberament y sens càrrech». A partir de ahí cada parte jugó sus cartas de derecho para conseguir su obj etivo: la Ciudad intentó concertar las partes, sin conseguirlo, y el Cabildo llevó el caso ante el abad de Benifassà, Jeroni Sans, juez delegado para dirimir los problemas y diferencias que pudieran surgir, según el indulto apos tólico de 1551. Loaces, por su parte intentó presionar al abad de Benifassà recordándole su sujeción al obispo y escribiendo a los virreyes de Valencia y Cataluña sendas cartas en las que argumentaba que la adjudicación de la pens ión a la obra dañaba el patrimonio real. La apelación de Loaces tuvo su efecto, puesto que los virreyes conminaron a Sans a sobreseer la causa hasta que el caso se consultara con el rey. En respuesta, tanto el Consell como el Cabildo movieron ficha: en agosto de 1554 los primeros envia ron –al menos en dos ocasiones– a Despuig al monasterio de Benifassà para convencer a Sans de que se hiciera cargo de la causa. 54 El Cabildo a su vez informó al vi rrey y a la Audiencia sobre el caso, 53 Según Bayerri [1933-1960: vol. VIII , 45], el documento, fechado el 19 de febrero de 1551 se conserva en el Archivo Capitular de Tortos a con la signatura «Cajón I, Conc. Apost. 20». 54 AHCTE. Correspondència 8, f. 225 v. , f. 227 v. -228. Cartas 8 de agosto y 27 de agosto de 1554. 259 logrando la rectificación del primero, que escribió a Sans con la instrucción que pasara adelante con el pleito. La v enida del abad a Tortosa motivó la subsiguiente citación de Loaces, quien int entó jugar sus bazas ante la corte arzobispal de Tarragona y ante la reina, a la cual escribió pidiendo la inhabilitación de Sans como juez, y ante el nuncio apostólico. A pesar de las letras contrarias de la reina y de un br eve del nuncio, los cuales presionaron al abad, el Cabildo apeló a las Constituci ones de Cataluña, que requerían que los casos legales se dirimieran en el Prin cipado. Finalmente, Sans sancionó al obispo a pagar las 400 libras. Vista la sentencia, la primera re spuesta de Loaces fue excomulgar a Sans– el abad murió poco después, en diciembre de 1554–, aunque después cambió de estrategia, se ablandó, y pidió al Cabildo escribir conjuntamente al rey, estando dispuesto a llegar a una solu ción arbitrada. Finalmente, el 4 de octubre de 1555 el rey conm inaba a las dos partes a contribuir a la obra de la Seo, aunque sin llegar a precisar la cantidad: Nuestra voluntad determinada es que la hobra de la dicha iglesia [...] no esté más de la manera que está; antes bien, que aquella passe adelante y juntamente procuréys por todas las vías y medios que se pudieren y pareserán convernir a que todos de su voluntad vengan a quere contribuyr, cada uno por su ratta, con la mayor pensión que conforme a las rentas que cada parte tuviere se pudiere asser para el efecto de la dicha fábrica. El primero que relacionó al Despuig «real» enfrentado al obispo Loaces fue Bayerri el cual hace referencia al ac ta capitular de 25 de septiembre de 1554, «en la que se recogen ecos de ciertas cosas ocurridas, relacionadas con la obra y al parecer con el Obispo, contra quien hubo de habérselas muy seriamente el citado Despuig: ‘valer osament se·s hagut dit Mosén Puig’» (Bayerri 1933-1960:vol. VIII , 758). El hecho que la serie de actas capitulares del XVI esté incompleta ha imposibilitado co mprobar dicha acta y ahondar en su contexto. Sin embargo, pude percatarme que algunas actas capitulares, o el borrador de ellas, se enc uentran bajo la etiqueta de los manuales notariales de Pere Perera, lo que me llevó, finalmente, a dar con el acta en cuestión. He aquí el documento, que vale la pena reproducir: 260 Deliberarunt que sia feta una ambaixada a la Ciutat de Tortosa acerca de què els és stat referit que contra lo mg. mº Xrtofol Despuig se rebé algunes informacions y enquestes de certes coses passades, y perquè és molt justa cosa als que han afavorit la Iglèsia en los negocis consernents a la present temporada, principalment en lo de la obra, en lo qual valerosament s’és hagut dit mº Puig per comissió de la Ciutat ab altres elets per aquella y per no ésser ingrats a tant santa obra, com han fet y speren d’ells la faran, així mateix en les altres coses tocants al bé de la Iglèsia. Per ço, inseguint dita del·liberació, done comissió per a fer una ambaixada als molt Rms. Srs. ja elets y al Sr. canonge Montreal acerca del negoci de la fàbrica y a offerir-se a la Ciutat que en tot lo que podrà afavorir y suplicar bonament y ab justícia ho fassen, com se confia d’ells se farà. 55 Según parece, Despuig fue uno de los elegidos por el Consell para concertar al obispo y al Cabildo, lo cual le valió la aversión de Loaces, que intentó desacreditarlo mediante «inf ormacions y enquestes de certes coses passades» recibidas por el Cabildo. Para entender mejor la trama de intrigas y «chantajes», habría que enmarcar el enf rentamiento entre el obispo y el Cabildo dentro de la lucha por la prim acía dentro de las diócesis desatada ya durante el concilio de Tr ento. Según expone Fernández Terricabras [2000] el nuevo enfoque tridentino intent ó imponer una estructura piramidal en la que el obispo tendría el control absoluto sobr e sus «ovejas», lo que incluía, desde luego, poner firmes a sus cabildos. Los obispos gozaban con el apoyo decidido del rey, que, gracias al derecho de presentación, según el cual el monarca decidía, a la práctica, los prelados de las diócesis españolas, pretendía convertir a los obispos en obedientes funcionarios reales, objetivo que, en general, consiguió. Por su parte, los cabildos constitu ían la facción eclesiástica de las oligarquías locales, e in tentaban defender sus privilegios y constituciones frente a los intentos de control de unos pr elados pasajeros, en tránsito a otras diócesis mejor dotadas económicamente, y desconocedores de los resortes de control y particularidades de la diócesis . Los cabildos tendrán el apoyo de los consejos municipales y también de Roma , que intentó contrapesar el poder y el control que Felipe II había logrado en los as untos religiosos por medio de sus dóciles obispos. No es superfluo recordar que en aquellos momentos Loaces estaba construyendo a su costa el colegio de Santo Domingo de Orihuela –al que dejó 55 ACTo. Pere Perera 19 , s/f., 26 de septiembre de 1554. 267 Item, vull, orden y man que per ànima mia y en remissió de mos peccats y de tots fels deffunts, per tots temps, quiscun any, dos dies aprés de la festa del benaventurat sant Jordi me sia dit y celebrat en lo altar del dit sant Jordi construhït en la iglèsia del col·legi del benaventurat Sant Domingo de dita ciutat de Tortosa per los religiosos de dit col·legi de Sant Domingo, un aniversari en lo qual vull, orden y man exhorte y pregue tant encaridament com puch hajen de entrevenir y asistir los señors regidors y elets y confrares de dita confraria de Sant Jordi qui anar-hi voldran. E per los treballs de aquells vull que a quiscun de dits confrares que s’i trobaran sia donada una candela de sera blanca de pes de una onza, poch més o menys, y més una candeleta chica de cera blanca de les que solen donar a la confraria del Sanctíssim Sacrament, y, aquella cremant, offerisca a la missa. E per la celebració de dita aniversari y de dits gastos, vull que mon hereu perpètuament sie obligat pagar quiscun any mentres que dit aniversari se celebrarà, als dits frares de dit col·legi de dit monestir de Sant Domingo, deu sous y lo que costaren dites candeles y candeletes, les quals mon hereu haje de donar per sí o per interposada persona en dita cele- [f. 3v] bració de dit aniversari [...] Item, vull y man que atès que mossèn Onofre Despuig, qº canonge de la Seu de la present ciutat, fill meu y de dita señora Massiana Curta, charíssima muller mia, al temps que morí no tenia facultats competents per a fundar un aniversari general perpètuo en dita Seu, segons era tengut com ha canonge susdit. Per tant, y altrament, volent yo supplir la obligació sua, vull y man que en semblant die que yo moré, en quiscun any se celebre un aniversari general en dita Seu de Tortosa per la ànima del dit qº mossèn Honofre Despuig, canonge fill meu. Per lo qual aniversari llegue la quantitat acostumada y, aquella per dits marmessors meus sia donada al reverent Capítol de dita Seu de Tortosa per a que s’esmerse aquella a censal a obs de dita celebració de dit aniversari, ab que dit reverent Capítol fasse promessa a dits marmessors meus de fer celebrar quiscun any dit aniversari general en dita jornada si aquell dia no serà impedit, car si serà impedit serà aquell dia, dit aniversari se celebre lo dia [f. 4] aprés següent. La qual quantitat per a dit aniversari vull tinga lo hereu meu davall escrit temps de tres anys per a dar-la y que dit mon hereu dins los dits tres anys done la ànnua pensió de dita quantitat serà necessària per a la celebració de dit aniversari a rahó un [sou sis lliura], pregant al dit Reverent Capítol sia content que en la part del claustro hon se solen soterrar los canonges de dita Seu se puga posar una pedra ab lo effígie y memòria del dit mossèn Noffre Despuig, fill meu, segons alguns altres canonges que són estats ne tenen. He a fer la dita effígia e memòria grave al hereu meu davall escrit si ya yo de ma vida no la hauré feta. 268 Item, vull, ordén y man que en lo vas que yo tinch en lo claustro de la Seu de la present ciutat, dit dels gentils hòmens, si posada una pedra y en lo enmig de aquella sia posat un escut de les mies armes, y per lo semiobert en los quatre cantons de dita pedra li sien posats quatre scuts de les mateixes armes mies, y en dita pedra hi age un lletrer que digua que fins ad aquella hora designava la jornada que [sela] som estats soterrats en dit vas los de la casa de Despuig des de la conquesta de Tortosa fins en aquella hora. Item, llegue y deixe a sor Vicenta Despuig, monja del monestir de Santa Clara de la present ciutat de Tortosa, filla mia y de la dita señora Massiana Curta, charíssima muller mia, deu lliures moneda barcelonesa donadores de vida de aquella quiscun any, pagadores per lo hereu meu davall escrit [...] [f. 4v]. Item, llegue y deixe a Aldonsa Despuig, filla mia y de la dita señora Massiana Curta, charíssima muller mia, muller que és del dit mº Francesc Corder y Desprats, gendre y marmessor meu, la pensió de onze lliures y cinq sous moneda barcelonesa, la qual al present per lo señor Don Francesc de Montcada, compte de Aytona, quiscun any me respon de censal en certa jornada, les quals tot los dies de sa vida reba y exegescha. Y aprés mort de dita Aldonsa Despuig, filla mia, dit llegat pervinga a l’hereu meu davall escrit, lo qual llegat li fas y enteng a fer, és a saber, per tota part heretat legíttima y supplement de aquella, y tot altre qualsevol dret que en mons béns puga alcançar, comprès lo que en dot de mons béns li he donat, que es trenta milia sous [...] Item designa la heretat que yo tinc obligació de donar a ma filla Don[a] Anna Despuig, muller qui és del noble Don Anníbal [f. 5] de Aldana per la obligació y donació tinc feta en los capítols matrimonials fets y fermats en contemplació de matrimoni entre dit Don Anníbal de Aldana de part una, e dita Don[a] Anna Despuig, filla mia y de la dita señora Massiana Curta, muller mia molt amada, de la part altra, fermats en poder del discret mossèn Joan Guiamet, notari de la ciutat de Tortosa sots cert chalendari, designe y senyale, és la heretat de garroferal ab alguns arbres de olivers, la qual yo tinc y posseesch en lo terme de dita ciutat de Tortosa en la partida de la Planeta. És tenguda sots directa senyoria del venerable mossèn Pere Menet, prevere, com ha beneficiat del benefici sots invocació de Corpore Xristi en la Seu de la present ciutat de Tortosa per [en blanco] fundat e instituhït a cens de deu sous moneda barcelonesa tots anys pagadors en certa jornada [...] los fruyts de la qual vull que reba en lo temps designat en los capítols matrimonials y no abans, com de aquella nos hajam retengut lo usufruyt dita dita señora ma muller y yo [...] 269 Item, llegue y deixe a dita Don[a] Anna Despuig, filla mia y de dita señora Massiana Curta, muller mia, muller que és del dit Don Anníbal de Aldana, gendre [f. 5v] altre dels marmessors meus, un mantell de dol de drap de [giot] [...] Item, llegue y deixe al venerable mossèn Miquel-Joan Vilanova, clergue de la vila de Trayguera, de la diòcesi de Tortosa y beneficiat que és del benefici sots invocació de Sant Llàtzer, fudat e instituhït en la iglèsia de Sant Llàtzer, fora los murs de la present ciutat de Tortosa, de present atrobat en casa mia, altre qui és dels dits marmessors meus, lo usufruyt de aquella heretat de olivar y garroferal que tinc y possehesc en lo terme del loc de Aldover, terme general de dita ciutat de Tortosa, en la partida dita de Porquet, de tal manera que de vida sua reba y faça seus los fruyts de dit olivar, y que sia obligat pagar lo cens de dit olivar que són cinc sous que fa al Reverent Capítol de la Seu de Tortosa en la festa de Nadal, y açò per alguns bons serveis que de aquell tinc rebuts y espere a rebre. Y no res menys, llegue y deixe al dit mossèn Miquel-Joan Vilanova los aliments tot lo temps de sa vida en casa de mon hereu infraescrit, si en aquella estar voldria, y no en altra manera, al qual hereu meu davall escrit [f. 6] obligue en prestar dits aliments al dita mossèn Miquel Vilanova en lo modo dessús dit y no en altra manera. Item, llegue y deixe a Gabriel Medina, criat meu, en renumeració y paga dels serveis que en ma casa ha fets, que si voldrà studiar, mon hereu davall escrit lo haje de alimentar en lo Studi per temps de un any. E no res menys, attès que he entès son sant propòsit de voler entrar en religió y voler-ser fer frare, quan tal propòsit de effectuar entenga, dit mon hereu lo haje de affavorir y ayudar-li en fer un hàbit. Item, llegue y deixe a Lizabeth Simona, donzella criada mia, per los serveys que en ma casa ha fets, y en paga de aquelles sis lliures moneda barcelonesa, volent que dites sis lliures les compense en lo que se li deurà de soldada, e si res no se li devia, no res menys se li donen dites sis lliures. Item, llegue y deixe a la dita señora Massiana Curta, muller mia molt amada, vint- hi-cinc lliures moneda barcelonesa quiscun any per adiutori de aliments de vida de aquella, tant solament pagadores per dit hereu meu dessús escrit; finada, emperò, la vida de dita señora muller mia, dit llegat de dites vint-hi-cinc lliures cesse e sia de ningun effecte, com si fet no fos per mi. En tots los altres, emperò, béns e drets meus, o actions mies mobles e inmobles haguts y per haver, e a mi pertanyeren [...], a Pau [f. 6v] Martí Corder y Desprats, net meu, fill del sobredit mossén Francesc Corder y Desprats y de la dita Aldonça Despuig, filla mia y muller de aquell, hereu meu universal fas e instituesch ab parte y condició que hage de pendre lo nom y armes mies, y que quan sia de edat de vint, fins 270 en vint-hi-dos anys, se haje de armar cavaller, e applicarà pera d’açò totes les favors que puga per haver la mersè de armar-se cavaller de nostron señor rey de Spanya, e quant d’ell no·s puga haver, de altre príncep o señor, com ma intenció sia que lo dit mon hereu sia de [sort] militar en totes maneres, e que de altra manera no sia hereu meu, arribant a la dita edat, sinó que sia de sor militar. E si acàs lo dit Pau Martí Corder y Desprats, net meu, arribat a la subsdita edat no alcançara d’ésser militar, o si moria quan que quan [sic] hans de la dita edat, substituesc y a mi hereu universal fas e instituesc a Dionís Corder y Desprats, germà seu, ab los mateixos tractes y condicions dessús expressats en lo primer hereu, y no en altra manera. Aquest és lo meu últim o darrer testament, e darrera voluntat mia, lo qual e la qual vull que valegua per dret de testament nuncupatiu en escrits o sens escrits, o per dret de codicils o per altra qualsevol darrera voluntat mia, la qual millor per ley o dret o per costum de Tortosa, constitucions de Cathalunya o als valer puga e tenir de la qual mia testamentària ordinació vull sien fetes [f. 7] tantes cartes quantes demanades ne seran, així per los dits marmessors meus, hereu o llegataris, com per latres qualsevol persones qui·s esguarda per lo notari dejús escrit. Lo qual testament fou fet en la present ciutat de Tortosa, dissapte, que contavem set del mes de agost de l’any de la nativitat de nostre señor Déu Jesuchrist, mil cinc-cents setanta-quatre [...]. Testimonis són estats presents a la ordinació y confectió del present testament e per dit testador convocats y pregats per ésser testimonis, lo magnífich micer Jaume Simó, doctor en quiscun dret, ciutadà, y lo honorable mestre Joseph Moyano, sastre de la ciutat de Tortosa. ***** En aprés, dijous que contavem dotze del mes de agost, any de la nativitat de nostre señor Deu Jesuchrist mil cinc-cents setanta-quatre, e après mort del dit mossèn Christòfol Despuig, testador sobredit, a instància e requesta de la magnífica señora Massiana Curta, viuda relicta del qº mossèn Christòfol Despuig, testador, llegatària del magnífic mossèn Francesc Corder y Desprats y de Don Anníbal de Aldana, marmessors, y de les señores Aldonça Despuig y de Corder y de Don[a] Anna Despuig y de Aldana, filles, llegatàries [...] dins la casa del dit qº mossèn Christòfol Despuig, situada en lo carrer del Portal de la Rosa [...] ab alta e intelligible veu fonc publicat [...] lo dit e present testament. 271 6. La poesía en los siglos XVI y XVII : la cuestión de la lengua. El cenáculo poético finisecular: Ju an Suárez de Godoy , Jeroni d’Heredia, Joan Desí y Vicent Garcia. Bio-bibliografía del grupo y relación con los círculos literarios de Barcelona y Valencia. 6.1 L A POESÍA Y LA CUESTIÓN DE LA LENGUA A lo largo del siglo XVI la literatura en catalán, y especialmente la poesía, entrará en un declive, crisis, o col apso gradual, según las diferentes denominaciones utilizadas por la crítica , tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, debido a una serie de desencadenantes político-sociales y de mercadotecnia –la aparición de la impr enta– que han sido bien estudiados por los historiadores de la literatura (Rossich 1994; 1997, Duran 1997:134-138, Rafanell 1999:60-74) En el caso tortosino es imposible rea lizar cualquier est udio comparativo con la poesía medieval con el objeto de contrastar las persistencias y los cambios producidos en los géneros literarios, sencillamente porque no nos han llegado muestras de los versificadores del siglo XV que presumiblemente existieron. 1 Ya en pleno siglo XVI , la poesía en romance brilla por su ausencia, a pesar de que tenemos noticias de lletraferits locales, como por ejem plo los Palau, de quienes he tratado ya, recopiladores de un cart apacio poético con abundante material corelliano, o de Gabriel Pellicer, ermitaño de Santa Maria de Macoro (Móra d’Ebre), que patrocinó la lujosa edición la Vida de santa Madalena en cobles (Valencia, 1505), de Jaume Gasull. Prácticamente todas las pr oducciones poéticas del siglo XVI que nos han llegado son latinas. La gran mayoría son composiciones laudatorias o prologales que fueron publicadas en los preliminares de impresiones de colegas, por lo que tienen un valor muy circunstancial, y apenas nos dan juego 1 Tan sólo tengo noticia de unas «cobles» satír icas, presumiblemente compuestas por el canónigo Jaume Segur hacia 1453. Las coplas, of ensivas para con Francisco de Arinyo, señor de Calaceit, provocaron una investigación en la Curia eclesiástica de Tortosa, donde se conservan los informes al respecto. Gracias a es tos conocemos el principio de la composición, «Mostrar vos vull ab ma pública crida», y su final, «donat repòs en la iglèsia finida». Desconocemos, por desgracia, el resto de las c oplas (ADT. Causas civiles. Super señor Calaceit). 272 para ahondar en la poética o en los pl anteamientos conceptuales de los autores, puesto que este tipo de producciones está muy sujeta a la tópica de la ocasión y sólo refleja muy parcialment e las tendencias literarias y los gustos de los autores. La empresa más interesante es, seguramente, el poema latino de cierta extensión –70 versos– Versis de pressuribus , de Francesc Vicent, sobre las inundaciones que sufrió la ciudad en 1488, precisamente porque se escapa de los clichés formales propios de la tópi ca prologal y se abre a la originalidad del autor, por mucho que ésta viniera mediatizada por las preceptivas de los géneros literarios en cuestión. 2 A parte de esta composición, de la que ya he tratado en el apartado corres pondiente, se conservan poemas latinos de Joan Gerard y Francesc Abella, en la Introductio ad artem gram maticam de Amiguet (1514), de los dominicos Gerard Doménech y Joan Porcell, en los Sermones Deipare Virginis sanctorumque de Sorió (1538), una composición mariana del mismo Sorió o del editor Pere Ferrer, en el Mariale (1538) del primero; de los eclesiásticos Pere Cerdà y Jaume Vidal en Los col·loquis de Despuig (1557), y de Pau y Pere Astor en el Responsum sive tractatus de synodo diocesana de su hermano Antoni-Joan (1600). Notemo s que ni siquiera un contexto tan propicio como los preliminares de los Col·loquis de Despuig, quien critica abiertamente la expansión del castellano en Cataluña, logra animar al uso del catalán, que se ve sustituido por el latín, idioma con unas connotaciones más prestigiosas, más de acorde con la moda humanística y, seguramente, más esnobistas. A finales de siglo comienzan a aparecer las primeras muestras de poesía en romance, pero éstas serán ya absoluta y monolíticamente en castellano, con la brillante excepción de Vicent Garcia, que, aparentemente, e scribió siempre en catalán. Para el resto de los abundantes poetas, sean ocasionales o de «oficio», la únicas opciones lingüístic as –de acuerdo con las muestras que nos han llegado– son ya el castellano y el latín, para los competentes, en los contextos más académicos o cultos. Na turalmente, esta apreciación no puede generalizarse a todo el Principado ni a todas las épocas, ya que la poesía en catalán tuvo sus luces y sus sombras. Si bien sufrió un retroceso claro en el siglo XVI , estará bien representada, a nivel manuscrito, en el XVII , aunque no 2 Hay edición moderna de Maria Toldrà [2003]. 273 alcanzará los canales de distribución im presos, por lo que su frirá una imparable pérdida de prestigio frente a los modelos poéticos cast ellanos y, finalmente, frente a la lengua poética caste llana en sí (Rossich 1997:163-166).. Las pocas muestras de poesía en catal án en Tortosa son muy significativas del retroceso que había sufrido la lengua literaria, confinada, en los circuitos comerciales impresos, al campo devocional y a la anécdota trivial o circunstancial del pliego suelto. 3 Impresos tan sólo conservamos unos anónimos Goigs a sant Josep (Tortosa, 1623). En el ám bito manuscrito se han conservado unas coplas faceciosas recogi das parcialmente, de memoria, en la Discripción de Catí de Gabriel Verdú (Pitar ch 2000:95-96), obra del escribano del Cabildo Pere Puigvert (?) en re spuesta a las que había hecho el barbero Pere Bru que hay que datar a principios del siglo XVII . 4 Las transcribo por su carácter excepcional en nuestra zona: Vixca el señor Pere Bru en la gran habilitad que mereix se alabad per lo maestre fray Verdú. La mare que le ha lletad, en llet de hordi y de avena, si en parira una dodsena nos honrrara esta siutad. Lo tacany té bon talent, que de docte 5 mereix lo títol, puix lo escrivà del Capítol lo·y posa en lo enteniment. O gran rey Felip Terser, que de el tal tenia consell, com que no avià per ell, avent-lo tant menester? 3 No hay que olvidar la existencia de una poes ía de talante moral o grave cultivada por Ferrando de la Càrcer, Ferrer de Guissona, Josep Català, Feuria o Josep Romaguera, todos ellos ya plenamente barrocos (cf. Rubió i Balaguer 1985:162-186). 4 La referencia a Felipe III marca ya el término post quem de 1598. Por otro lado, Blai Verdú ejerció de lector de la Seo y profesor en los Real es Colegios de Tortosa entre 1601 y 1619 –falleció en Valencia en 1620–, por lo que la s coplas no deben sobrepasar por mucho esa fecha. 5 Dotse , en el original. 274 Nos han llegado también algunas muestras en catalán de un género que debió ser muy popular y del que han sobr evivido, sin embargo, pocos ejemplares por su carácter marc adamente circunstancial: los pasquines satíricos. Pegados a las paredes de las ca sas y plazas públicas, estos papeles, órgano de expresión del desc ontento popular y también medio difamatorio para ajustar cuentas particulares, debían tener una vida corta, puesto que las personas mencionadas en ellos y las autor idades se apresuraban a retirarlos y destruirlos. Sin embargo, algunos de es tos textos han trascendido a su dimensión efímera gracia s a que fueron incluidos en los procesos o en las informaciones judiciales incoadas, en oc asiones, a raíz de su aparición. En concreto, se conservan unas coplas ca stellanas que denuncian la clerogamia y vida poco ejemplar del rector de Arnes , Tomàs Fort, datados en 1600, según el expediente informativo, 6 así como hasta seis pasquines en catalán de mediados del siglo XVII , supuestamente redactados por el beneficiado de Horta de Sant Joan –villa vecina a Arnes– Antoni Blanc. 7 Por lo visto, Blanc le cogió gusto a este tipo de composiciones in famatorias en las que satirizaba al comendador, a los jurados locales, y a los familiares de la Inquisición, entre otros notables locales. La sátira social, con ataques personales incluidos, y la procacidad caracterizan estos pasquines . Blanc ataca a un nuevo jurado de la villa que moteja de capón : Com capó no has fet més cas dels pasquís de l’altre dia: no veus Miquel que te han dit que ets humit de barrina? En Barselona te gastaves mols dinés en ayguardent, y asò per renta’t la picha per guardar-te el sement. I asò si lo-y poso és perquè tu mateix ho charres, que tu per aqueiges plases contes totes tes hasañes. Les dones de aquesta vila de tu no les cal guardà, 6 ADT. [Arnes. Expediente informativo s obre los pasquines contra Tomàs Fort]. 7 ADT. [Horta de Sant Joan. Expediente inform ativo contra Antoni Blanc por los pasquines aparecidos en la villa]. 275 perquè encara que les fotes tu suc no’ls ne pots donà [...] Los fracasados intentos de las autoridades por descubrir el autor de los pasquines son nuevo motivo de burla para Blanc: Diges-me, comanadó, com tens tu tan poca trasa, que dius tu que un capella pose los pasquins a la plasa? I també que un familià, gent la qual no té més señ, que lo un és un cap de ase y l’altre un cap de sorell? No tenen ells tan discurs, ni menos enteniment, que per a posar pasquisos se a de mesté molt señ [...] Tanto las coplas en respuesta al bar bero Bru como los pasquines de Arnes y Horta de Sant Joan tienen en común el hecho de ser compuestos sin pretensión artística alguna y con una evi dente funcionalidad jocosa y satírica, binomio casi indisoluble, basada en la anécdota y la circunstancia. Son poemas dirigidos a circuitos restringidos de amis tades o, en el caso de los pasquines, a una comunidad en concreto. No hay por tanto ningún intento de proyección literaria, por decirlo así, y son más interesantes desde el campo de la sociolingüística o de la antropología que de la historia de la literatura. En el caso de los Goigs , este género se conservó fiel a la lengua debido a su marcadísimo carácter estereotipado y tradicional, factores que llevaron a la sacralización del texto, y que los hizo refractarios a cualquier innovación estética (Kamen 1998:130-136). Finalmente, podemos conc luir que las muestras de poesía en catalán que nos han llegado de esta zona confirman el ca rácter diglósico de la literatura en Catalunya desde principios del siglo XVI : «des d’aquesta època domina entre els catalans el convenciment que tota obra literaria de carácter culte i de difusió pública ha de se escrita en castellà» (cf. Marfany 2002:72). 276 En 1599 vemos surgir, ex novo, una serie de poetas locales cuyas composiciones fúnebres aparecen recogidas en la relación luctuosa intitulada Muerte y honras de la majestad del rey Philipe [...] hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599), obra del mercedario, lector de la Seo, Juan Suárez de Godoy. Godoy transcribe algunos de lo s sonetos y epigramas fijados al túmulo fabricado en la Seo en ocasión de las exequias celebradas por Felipe II. Entre los autores, el caballero Jeroni d’Heredia, Joan Desí, pintor y poeta, Melcior Figuerola, arcipreste de Morella, el maestro de gramática Duarte Dies, y el mismo Suárez de Godoy. Si a estos añadimos la figura de Vicent Garcia y toda la serie de plumíferos y versific adores ocasionales, aquella multitud de «ciegos, soldados, frailes, organistas, secret arios, juristas, médicos, profesores, nobleza alta y baja, damas y hasta alguna ilustre fregona» (Blecua 1983:206- 207) que compusieron versos en el Ba rroco, tendremos una panorama más o menos completo de la pléyade poética tortosina (cf. Querol Coll 1997). Toda esta generación, con la br illante excepción de Vicent Garcia, escribirán ya únicamente en castellano. El cambio de lengua provocará la apar ición de un nuevo argumento en la tópica de la captatio benevolentiae prologal, en la que los autores se disculparán por su incompetencia en un idioma que no es el suyo. Verbigracia, Jeroni d’Heredia en el prólogo de la Guirnalda de Venus casta : «al fin me resolví [a publicar] por voluntad agena más que por gusto propio o estimación de gloria, que esta jamás la pretendí, assí por no escrivir en lengua materna como por ver se me aventajavan muc ho». De hecho, la disculpa por la impericia del poeta catalán al versific ar en castellano había sido ya manejada por Herrera al referirse a los versos de Boscán (cf. Rossich 1986:12, n. 36). El caso es que estos poetas finisecu lares emprendieron, con la utilización del castellano, un camino de no retorno, y una práctica que no fue revertida hasta que los hombres de la R enaixença se propusieron el redreç del catalán como lengua poética. En las siguientes páginas analizaremos la proyección de este cenáculo poético tortosino a caballo entre los siglos XVI y XVII . 283 Saona. Al año siguiente, Jerónimo, en vi sta del interés de los manuscritos de Malón, decide publicarlos, apropiándose de la obra, para ordenarla y rectificarla a un grado que no podemos saber, y asumi endo la responsabilidad de autoría de la misma (Clemente 1999:54-56). Tomando la figura del navarro Malón como nuevo referente, me remito ahora a su única obra de autoría reconoc ida y que ya se ha nombrado aquí: la Conversión de la Magdalena (Barcelona, 1588). En la Conversión hallamos también el mismo procedimiento que en las obras firmadas por Saona y que en el Tesoro de Suárez de Godoy: versiones poéticas de los Salmos , parafraseadas o completas, y de otros l ugares bíblicos, traducciones de poetas clásicos como Juvenal, Virgilio y Ovidio, y otros versos de inspiración propia (cf. Aladro 1998:56-57). «El paralelismo entre los tres libros es notable», afirma Clemente. Más aun: el paralelismo entre los cuatro libros es notable, podemos decir nosotros. Trazada la filiación del Tesoro a sus antecedentes literar ios, volvamos por un instante a una noción de preceptiva literaria que no puede ser obviada en la Conversión , supuesto modelo primigenio. Hablo de la innovación formal que suponía el uso de poesías intercaladas en un libro religioso grave. Efectivamente, ya el mismo Malón se vio en la obligación de justificar el apropiamiento de este recurso como una estrategia destinada a la deleitación en una materia árida y poco atrayente para el lector, según él mismo postula en el prólogo de la obra: Podría parecer a alguno que es menos gravedad en materia santa mezclar versos y cosas de poesía [...]. La razón desto es porque ya, por nuestros pecados, tenemos tan estragado el gusto para todo lo que es de Dios y virtud, que para poder tragar lo que desta materia se nos dice, es menester dárnoslo con mil salsillas y sainetes y muy bien guisado, y aun Dios y ayuda que así le podamos comer (BAE 1948:vol. XXVII , 277). Es decir, frente a la competencia de la literatura mundana –«Dianas y Boscanes y Garcilasos [..] Amadises, Fl oriseles y don Belinanís»– que desvían la atención del cristiano, Malón propone utilizar la licenc ia del verso para atraer al lector cristiano (cf. Aladro 1998:112). Pa ra avalar su novedad, el navarro saca a colación la autoridad de los cantos bíblicos y los poetas de la Iglesia, como bien notó Egido [1990:98] . 284 Finalmente, no puedo dejar de aludir un paralelismo ineludible entre las obras de Saona y Malón, y el Tesoro de Godoy, que refrenda el hecho que las cuatro obras mencionadas tienen su génesis en una misma atmósfera intelectual. En la Conversión de la Magdalena dedicada a Beatriz Cerdán de Heredia, religiosa del convento de Cas bas en Aragón, Malón incorpora al texto diversas peticiones y cuestiones planteadas epistolarmente. Entr e ellas, la obra recoge una demanda en que la monja le in sta a realizar una exposición del salmo 89, «Misericordias Domini cantabo»: Pidióme vuesamerced que le expusiese algunos versos del salmo 88 [89], que comienza: Misericordias domini cantabo , aplicándolo a las muchas mercedes que de mano del Señor ha recebido. Parecióme el deseo muy santo y la petición justa [...] pero parecióme que el salmo no era muy apropósito para acomodalle al intento de vuesamerced [...]. Todavía, por no burlar el buen deseo de vuesamerced, he querido probarme a decir algo sobre el primer verso, poniéndole en el mismo latín por remate de algunas octavas [...] (BAE 1948:vol. XXVII , 408) Octavas que el agustino inserta a continuación, como apéndice de la obra. Recordemos que precisamente este salmo 89 es el tema central y leitmotiv del Tesoro de Godoy. Puesto ya en sus coordenadas formales, es hora de volver al texto de Suárez de Godoy. Como ya se ha dicho, la obra contiene 61 composiciones, la mayoría traducciones o versiones más o menos libres de Virgilio y Ovidio, principalmente, entre los clásicos, y de Petrarca y Alciato entre los modernos. Además de estos, también traduce a Lucrecio, Nicandor, Valerio Flaco, Séneca, Horacio, Tíbulo, Petronio, Hesíodo, Platón, Plauto, los medievales Santo Tomás y Dante, así como diversos Salmos bíblicos. Contamos también con una decena de poemas originales del aut or y, en especial, con una serie de cinco sonetos «magistrales», según Vázquez [1975:508], con notables y originales artificios formales: rimas esdrújulas, rimas en dos únicas palabras, anáfora con contrastes conceptuales al ternados, etc. En todos ellos Godoy muestra un equilibrio admirable entre res y verba , que sabe destilar gracias a su dominio formal y métrico. Como m uestra, transcribo uno de los sonetos en 285 que trabaja la rima en dos únicas palabras, muerte y vida , pirueta formal que llegó a convertirse en una moda poética: Priva de vida y de pujança a muerte con la muerte el autor de eterna vida; no capaz de la muerte, con tal vida se viste, por dar muerte a aquesta muerte. Allí la vida da muerte a la muerte, a do la muerte da muerte a la vida, tal que, llenos de muerte y ya sin vida, la vida se nos da por cierta muerte. No quiero, pues, más vida, pues la vida triunfó de muerte, y con su sola muerte lleva trofeos de una eternal vida. No muerta se verá jamás la muerte, así como se vee vida la vida; y en un madero juntas, vida y muerte (p. 410). Vázquez [1975:500-508] centró su est udio sobre Suárez de Godoy en el análisis métrico de sus poemas. Según este autor, el mercedario utiliza tan solo tres formas métricas: heptasílabos, siempre en combinación con endecasílabos, octosílabos, tan sólo en tr es composiciones y, mayormente, endecasílabos. En cuanto a las estrofas , el poeta se vale de tercetos encadenados, en 3 poemas, octavas real es, en 19 poemas, décimas, en un largo poema y sonetos, en 18 ocasiones. De las estrofas imparisílabas utiliza la estancia en tres poemas, estrofa c uaternaria de endecasílabo y heptasílabo en un poema, y dos estrofas probablemente or iginales. Finalmente, también se expresa en dos letrillas y en endecasílabos sueltos, o blancos. La métrica y el estrofismo de Suár ez acentúan su gusto por las formas renacentistas, que domina perfectament e, en detrimento de las escasas reminiscencias medievales que emplea. Este gusto por el verso italianizante y las combinaciones entre versos heptasílabos y endecasílabos es también un rasgo relevante de la poética de Malón (cf. Clemente 1999:117-121). En definitiva, y para acabar ya con este somero análisis del Tesoro , la génesis de la obra está marcada por lo s modelos que le presentaban las obras 286 del navarro Pedro Malón de Echaide, residente en Barcelona entre 1586 y 1589. Es posible que Godoy conociera a Malón directamente; en todo caso, debía conocer su Conversión de la Magdalena , publicada en la Ciudad Condal en 1588, y sabemos posit ivamente que era amigo del también agustino Jerónimo Saona, que se apropió y public ó dos obras de Malón en las que se emplea también el recurso de la yuxt aposición de prosas y versos. Como podemos observar, en la Barcelona de finales de XVI existe un animada atmósfera literaria ajena, ci ertamente, a la tradición catalana, forjada al calor conventual de los agustinos o de los me rcedarios. Figuras como Malón de Echaide, navarro, los Saona, Gaspar y Jerónimo, naturales de la Mota del Cuervo (Cuenca), Suárez de Godoy, se villano, habían introducido un género de exposición bíblica abierta a licencias formales diversas y a una estética novedosa en el Principado. El motor intelectual de estos autor es hay que buscarla en la escuela agustiniana de Salamanca que floreció esplendorosamente en la segunda mitad del siglo XVI , en la cual se forjaron autores como Tomás de Villanueva, Juan de Muñatones, Alonso de Orozco, Hernando de Zárate, Pedro de Vega y, sobre todos, fray Luis de León, paradigma de «la confluencia de la Biblia y la cultura grecorromana, de poesía y teología», en palabras de Asensio [1991:207]. Según expone Blecua [1981:94-97 ], a partir de la publicación de De los nombres de Cristo (1583), que intercala traducciones de los salmos, fray Luis reactivó este género en la penínsul a, tras una primer a floración abortada por la acción del inquisidor general Fe rnando de Valdés, inquieto por el «sabor herético que se presumía en los poetas in spirados por las musas davídicas», y que aconsejó el silencio a los traductores bíblicos y de los salmos en particular. Al lado de estos poetas castellanos afincados en Cataluña y que habían introducido un nuevo género, algunos relig iosos catalanes producían sus propios tratados morales, siguiendo una tr adición local: el agustino Antoni Camós, compañero de los Saona y de Malón de Echaide, publicó La fuente deseada (Barcelona, 1598) en verso caste llano, mientras que otros como Miquel Ferrando de la Càrcer o Ferrer de Gu issona continuaron fieles al catalán (cf. Rubió y Balaguer 1985:162-175). No se puede hablar de una segregación entre los poetas de la escuela salmanti na y los locales, sino de una convivencia e interrelación: Josep de Setanti y Osies [sic] March, mediocre poeta catalán 287 homónimo del «clásico» y que se hacía pasar por descendiente suyo, publican sendos sonetos laudatorios a la Hierarchía de Saona, el último de los cuales, por cierto, no he visto mencionado por los estudiosos (Torres Amat 1836:365- 366; Rossich 1986:16, n. 58), mientras que Camós publica un soneto preliminar en la Conversión de la Madalena . 6.3.3 Muerte y honras de la magestad del rey Philipe nuestro señor segundo deste nombre hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599) A finales de 1598 Tortosa, como tantas otras urbes españolas, celebró con gran boato las exequias por Felipe II. El Consell encargó al lector los sermones fúnebres para la ocasión. 15 Al año siguiente Suárez de Godoy publica la relación de la solemnidad, con el título ya indicado. No he hallado constancia documental del patrocinio de la edición. Suár ez dedica la obra al Cabildo, por lo que sugiero que éste fue el me cenas de la obra, y no el Consell , aunque es también posible un patrocinio en conjunto, puesto que las corporaciones civiles y religiosas de la ciudad solían crear una comisión única para este tipo de actos. En todo caso, el autor da a entender en el prólogo que escribe por encargo –«mandado»– (b1). Ya en el prólogo, en el que se insta a los lectores a armarse de las armas de las virtudes para afrontar la batalla con la muerte, se hace patente el gusto de Suárez de Godoy por los autores clásicos que ya constatamos en su anterior obra. El lector incorpora si n empacho alguno los autores paganos a su catálogo de autoridades morales al uso –las Escrituras, los padres de la Iglesia y algún teólogo medieval. Valerio Máximo , Horacio, Virgilio, Cicerón, Homero, Ovidio, Servio, Séneca, Apiano, Aulio Gelio y el moderno Alciato aparecen, pues, intercalados entre los autores relig iosos sin distinción alguna. De hecho, el referente principal, aun cuando el aut or no concuerde siempre con sus ideas, es Virgilio o alguna otra autoridad clásic a. Por ejemplo, para hablar sobre la inhumación de Felipe II, Godoy saca a colación las incineraciones que mandó hacer Eneas por sus muerto s en el libro segundo de la Eneida , para después corregirlo: «pero nosotros, con mayor c onocimiento, mejorados con la lumbre 15 AHCTE. FMT. Provisions 1597-1599 , s/f. 6 de octubre de 1598. El lector recibió 2 libras por los sermones. 288 de la fe, damos el alma, que es espíri tu, a Dios, y el cuerpo ponemos en el depósito de los sepulcros» (f. 47). La ant igüedad clásica aparece siempre como telón de fondo intelectual de sus elucubraciones. La obra se divide en tres grandes bloques: el primero –capítulos 1 al 7–, se centra en la figura del monarca y en su muerte. Godoy pasa por los diferentes lugares comunes de este tipo de com posiciones: panegírico del difunto y narración detallada de sus últimos días y de su ejemplarizante «buen morir», así como por la exégesis de diversos salmos consolatorios para provecho del lector. A pesar de los pormenores que of rece sobre la muerte del rey, en ningún momento menciona la f uente utilizada en este punto. El segundo gran bloque –capítulos 9 al 11–, se centra en las exequias celebradas en Tortosa, y que trataré en detalle a continuación. El tercero, que comprende el capítulo 12 de la obra, es la trascripción del sermón predicado por el lector en la Seo «sin añedi r, como otros han hecho», como apunta orgullosamente el autor. Volvamos ahora al segundo de los bloques temáticos en que he dividido la obra porque tiene un especial interés para la hi storia de la literatura local, como he notado anteriormente. El autor abandona ahora la figura del monarca y las generalidades morales para centrarse en la narración de la solemnidad en Tortosa. Tomando el asunto ab initio , transcribe la carta de Felipe III a los procuradors y al Consell (f. 48v-50) mediante la cual les insta a hacer «demonstración pública de luto y honrras, tanto mayor que en semejantes casos se ha acostumbrado». El c apítulo noveno (f. 52-57v) comprende una descripción encomiástica de Tortosa. Co mo parte ineludible en la descripción de ciudades, según prescribían los manuales retóricos, el autor trata de su antigüedad y de la nobleza de su origen, lo que le lleva a la fundación mítica por Ibero, nieto de Noé, y a identificarla con la perdida ciudad de Ibera. El pasaje tiene su interés, puesto que consti tuye la primera obr a impresa local en tratar el tema. Las deficiencias histori ográficas locales no se saldaron hasta 27 años después con la Historia de la antigua Hibera de Francesc Martorell, aunque sabemos que corrían ya manuscritas algunas historias locales para cuando el mercedario publicó su libro, por lo que es de suponer que bebió en esas fuentes o, sencillamente, fue guiado por algún canónigo instruido. De 289 todas maneras, el lector no pretende más que ofrecer un elogio de la ciudad, y no una historia en extenso. Los capítulos 10 y 11 describen, propiamente, las honras fúnebres celebradas en la ciudad: proc esión, capilla ardiente, túmulo funerario, oficios religiosos, etc. Para nosotros tiene un es pecial interés la descripción del túmulo fabricado dentro de la Seo, puesto que el autor transcribe diferentes versos elegíacos compuestos por los poetas de la ciudad –«los cisnes del sagrado Ibero», como dice el arcipreste Figuer ola en un soneto preliminar de la obra– y que, fijados al armazón, form aban parte del monumento, acompañando imágenes y figuras alegóricas. Ya hemos visto que es la primera ocasión en que tenemos noticia de este grupo poétic o tortosino, que veremos relacionado en muchas otras ocasiones. Suárez rec oge poemas de Jerónimo de Heredia –diversas quintillas a las virtudes cardinales, una canción y tres sonetos–, del maestro de gramática port ugués Duarte Dies –dos epigramas latinos y dos sonetos castellanos–, del poeta y pi ntor Joan Desí –dos sonetos–, del arcediano de Morella, Melcior Figuerola –una canción– y un soneto del mismo Suárez de Godoy. A estas hay que sumar un poema latino de un tal doctor Marín, amigo del autor, recogido ta mbién, aun cuando no fue parte de las composiciones fijadas al túmulo, 13 le tras que el autor pudo recoger de las que empezaron a «llover de las bóvedas de la Iglesia» (f. 64), así como tres sonetos laudatorios preliminares de He redia, Figuerola y Dies. He aquí el corpus poético completo reproducido en el libro de Godoy. Parece evidente, por lo tanto, que en la ciudad venía ya actuando un grupo poético con pretensiones liter arias, que se expresaba en castellano, y que tuvo ocasión de proyectarse públicamente grac ias a esta efeméride social y al acicate de un literato de gr an oficio, como Suárez de Godoy. Así es, por lo menos, como ha llegado a nosotros este bocado de realidad literaria de finales del XVI . 6.3.4 Otras obras Gumersindo Placer [1968:vol. II , 854-855], bibliógrafo de la orden mercedaria, registra un soneto l audatorio de Godoy publicado en los preliminares de Discursos predicables (Barcelona, 1598), del agustino 290 Jerónimo Saona, así como otra obra, el Comme nt ar ium i n P sal mum quinquagessimum : «Miserere mei, Deus» (Roma, 1600), que no he podido localizar en los catálogos de las bibliotecas principales. 6.4 J ERONI DE H EREDIA (T ORTOSA , 1564-[?], 1612) 6.4.1 Esbozo biográfico Según Cristòfol Despuig, a mediados del siglo XVI existían en la veguería de Tortosa las casas militares de Heredia de Ulldecona y la de Batea, esta última establecida también en Alcañiz (D uran 1981:127). Relacionados con estos linajes existen diversos homónimos de nuestro poeta, pero cualquier intento de identificarlo es inútil, por que su padre, el doncel Juan de Heredia, fue natural de Ezkerrekotxa, en la actual provinci a de Álava, al lado de un lugar llamado también Heredia (cf. García Carraffa 1919-1963:vol. XLI , 39-41), por lo que hemos de desestimar las identificac iones de Alanyà [2002:334-335] que lo vincula a la casa de Batea/Alcañiz, o la mía propia (Querol Coll 1999:166-167), en la que me inclinaba a relacionarlo con la casa de Ulldecona. Tampoco hay que confundirlo con el poeta homónimo aragonés –en realidad, Jerónimo Fernández de Heredia– que participó, c on el sobrenombre de «el Disuadido» en la justa poética de la Universidad de Huesca en 1609, o en la Academia de Huesca reunida hacia 1610, puesto que éste era hermano del gobernador de Huesca Juan Fernández de Heredia (cf. Arco 1934:65-66). En este error han caído también Simón Díaz [1960-1994:vol. XI , 478-479], Alanyà [2002] y Querol Coll [1997:92]. Desconozco el motivo del traslado de Juan de Heredia a Tortosa; el caso es que en 1561 contrajo matrimonio con la tortosina Aldonça Aduart. 16 A finales de los sesenta y principios de los setent a sirvió a la Monarquía como capitán responsable de la construcción de las torres de los Alfacs, en la marina de Tortosa (cf. Gilabert 2000:149-158), y ta mbién como pagador de las galeras reales. 17 Por lo visto el presupuesto para la s obras escaseó, por lo que Juan de 16 AHT. Man. Not. 1562 , s/f. 12 de abril de 1561. 17 AHT. Man. Not. 1545, s/f. 291 Heredia, que avaló el proyecto pers onalmente, hubo de vender su hacienda y acabó sus días como monje en el monasterio cisterciense de Benifassà. 18 Por parte materna los Aduart er an una familia de ricos mercaderes conversos que descendían de un tal Aduar t –Eduard– Bonanat, que trocó su apellido por el nombre. 19 Jeroni nació en Tort osa en 1564, apadrinado por Jaume Terça, hijo del regente del C onsejo de Aragón Miquel Terça, y su tía Dionísia Aduart. 20 En 1566 nacería su herm ana Isabel, mientras que en 1569 fallecía su madre Aldonça, por lo que los hermanos quedaron bajo el amparo de su padre y su tía Dionísia. 21 Según parece, la in fancia del poeta se desarrolló en Tortosa, donde lo halla mos documentado ininterrumpidamente. En su juventud, en una fecha indete rminada, pasó a Sicilia, donde sirvió durante 3 años como milit ar, por lo que en 1596 el Consell, en vista de su experiencia, lo nombró alférez de la compañía de 200 hombres levantada por la ciudad ante la noticia de un ataque francés en el Rosellón. 22 Seguramente, sin que pueda pr ecisar la fecha, Jeroni residió alguna temporada en Barcelona. Hacia 1600 está documentado en la Ciudad Condal un homónimo de aparente extracción tort osina, pero no podemos descartar que se trate de algún otro miembro de las ramas de Ulldecona o de Batea. 23 El caso es que se halló presente en la bienvenida que la elite barcelonesa dispensó al nuevo virrey, duque de Monteleón, en 1603. Entre los poetas que lo elogian en los preliminares de su Guirnalda de Venus casta (Barcelona, 1603), observamos también la presencia de contactos barceloneses: los nobles Miquel y Francesc de Montcada, hermanos, el ju rista Felip-Ramon Desplanes, Onofre Requesens, lector en el convento de Ba rcelona y, quizás también, Guillem Lloris e Isabel de Castro y Sarmiento, personajes que no acabo de identificar. Asimismo, en El Amor enam orado , traducción de Minturno publicada conjuntamente con la Guirnalda , Heredia cambia el elogio de Nápoles que aparece en la obra del italiano por un elogio de Barcelona y la recepción dada al virrey Monteleón. Por último, el poeta se casó, ya entrado el siglo XVII , diría, con Magdalena Setanti, hija del noble Joaquim Setanti, militar, dirigente político 18 ACA. CA. Lg. 349. Informe sobre Jeroni d’Heredia. 19 ACTo. AHN. Inq. Lg. 598 (2), exp. 5/4º. 20 ACTo. Bautismos 3, f. 59. 21 ACTo. Man. Not. 3419 , s/f. 18 de junio de 1569 22 AHCTE. FMT. Instrumentorum, f. 22. 23 AHPCB. Pere Pau Pastor 550/10, s/f. 5 de junio de 1600. 292 y literato barcelonés, 24 con la que tuvo dos hijos: Càndia y Joan, bautizados en 1609 y 1610 respectivamente (Rovira 1997a:151). Los servicios de la familia a la M onarquía no cayeron en saco roto: en 1602 Jeroni fue armado caballero (Rovira 1997a:151). La dedicatoria de su obra a la duquesa de Monteleón, Catalina Caraccioli, le granjeó la simpatía del virrey, con quien debía tener trato familiar. En 1604 el Consejo de Aragón pidió a Monteleón un informe sobre Heredia, al que se quería emplear en algún servicio y promocionarlo. La respuesta del virrey nos da una sucinta semblanza del poeta. En primer l ugar Monteleón elogia el co mpromiso del padre en la construcción de las torres de Els Alfacs, que lo llevó a la bancarrota. Entre los méritos de Jeroni se exponen su servic io como militar en Sicilia y la participación en la compañía tortosina de 1596. En cuanto a su carácter, le define como un hombre honrado, ajeno a las banderías y dedicado a la literatura: «empleándose en exercicios de letras virtuosas y acompañándose con las personas que las profesan, siendo él de buen ingenio, acto, y suficiente para qualquier demostración». Sobre su empleo, el virrey lo propone para «algún entretenimiento raçonable cerc a de la persona que aquí gobernase, en consideración de los servicios del dicho su padre». 25 A principios de 1609 Heredia fue nombr ado veguer de Tortosa, cargo en el que hubo de sufrir un mal trago. Detenidos en la ciudad dos importantes facinerosos valencianos –Miguel Paloma res y Llorenç Roig– en mayo de ese año, el rey dispuso que fueran entregados al virrey de Valencia para ser juzgados, lo cual constituía una clar a violación de las Constituciones de Cataluña, como el mismo Monteleón re cuerda al monarca ante la protesta alzada por la Generalitat. 26 Heredia obedeció las órdenes reales y forzó la extradición de los malhechores, por lo que fue detenido y encarcelado durante seis meses en Barcelona en las pr isiones de la Generalitat ( Dietaris 1994- :vol. III , 666-667). A principios de 1612 se hall aba ya en libertad y restituido en su cargo de veguer gracias a la mediaci ón del Consejo de Aragón. Heredia, un discreto caballero segundón hasta el mo mento, vio entonces proyectada su 24 Magdalena no aparece documentada, sin embargo, en el clásico estudio de la familia Setanti de Cortés [1973]. 25 ACA. CA. Lg. 349. 6 de octubre de 1606. La demora en la respuesta se explica porque Monteleón simplemente repite un informe ya enviado el 1605. 26 ACA. CA. Lg. 349. 6 de julio de 1609. 299 8, 10, 22, 22v-25), 31 dos de Tasso (f. 8v-9, 19-19v), una de Petrarca (f. 16v), y una también de los renacentistas italianos Amalteo (f. 3), Girolamo Parabosco (f. 4v-5), Benedetto Varchi (13-13v), C oppetta (f. 14), Angelo di Constanzo (f. 14-14v) y Cavalier Selvago (f. 25v-27v). Seguramente el númer o de imitaciones más o menos directas podría ser ampliado; por ejemplo, veo una copia clara de Minturno ( Rime et prose , p. 23), en el soneto del f. 2v-3. En cuanto a la serie de 15 sonetos dedic ados a elogiar las diferentes partes del cuerpo femenino –cabellos, frente, ceja s, ojos, nariz, mejillas, boca, manos y cuello– de forma individualizada, el tema tiene un claro antecedente en el género de los blasons , o blasons anatomiques du corps fem enin , popularizado por los poetas lioneses italianizantes de mediados del siglo XVI –Scève, Beaulieu, Brodeau, Vauzelles–, pero no le hallo parangón en el Parnaso español. Los blasonneurs franceses publicaron sus obras en conjunto en Blasons: sensuivent les blasons anatom iques du corps femenin, ensem ble les contreblasons de nouveau composez (París, 1543), y fueron reimpresos en diversas ocasiones en Francia a largo del siglo XVI (Giudici 1965:43-57). Ignoro si Heredia conoció esta moda francesa, de la que no parece deudor textualmente, o si este «inventar io» de las bellezas de la amada puede considerarse una pequeña innovación propia. Queda abierta la línea de trabajo que nos ha de llevar a encontrar nuevos modelos inmediatos de los poemas de He redia. En cualquier caso, creo que podemos hacernos una idea clara de los in tereses y de los modelos literarios del tortosino, que se nos presenta como un buen lector y adaptador de los poetas italianos renacentistas. A pesar de que el poemario refleja, supues tamente, la hist oria amorosa del poeta, se encuentra a faltar al go de voz propia y genuina en sus composiciones. Sus motivos y su imaginer ía son los mismos que, salvando las distancias, encontraremos en Herrera, Aldana, Cetina y el resto de poetas renacentistas españoles (cf. Manero 1990). Al contrario que, por ejemplo, en las obras de su amigo Vicent Garc ia, el elemento anecdótico que daría vivacidad a la servitud retórica formal impuesta es muy escaso. Hay tan sólo algunas referencias al Ebro y sus poetas –«cisnes dichosos que por nuestro 31 Fucilla da una paginación diferente. Tengo a la vista el ejemplar R-13.319 de la Biblioteca Nacional de Madrid. 300 río/ vays esparciendo altíssimos concetos» (canción IV )– entre los que destaca, sin duda la letra I , «A su río y su amor» en la que el Ebro es presentado como su correlato psicológico: Río de Tortosa de hondo seno, si callando corres, callando peno (f. 40-41). También encontramos referencias a un colega poeta, Tirsi, que aparece en diversas ocasiones: los sonetos XLIII - XLVI , así como el romance VI , van dirigidos a este amigo, amante de una tal Angélica, e interlocutor de Heredia. El romance VI muestra a Heredia ausente –¿quizás en Sicilia?– doliéndose de no poder gozar de la compañía de su ami go y confidente. Af ortunadamente, las cartas pueden paliar la ausencia: Y aunque se aparten los cuerpos, fue milagrosa la traça del ingenio y del amor quando inventaron las cartas. [...] Aqueste descanso, Tirsi, espera de vuestras cartas mi afligido coraçón en aquesta ausencia larga, porque el adorno y belleza de vuestras dulces palabras es un jardín deleytoso lleno de sentencias altas (f. 55v) . El romance XV pone en boca de Tirsi el relato de la traición amorosa de su amada, ahora Filis: Aquesto Tirsi dezía echando unas prendas falsas al Ebro, que de su Filis hasta las prendas le matan (f. 65v). Como podemos observar, Tirsi era ta mbién un poeta tortosino. A este mismo personaje dedica un tal Danteo una elegía en los preliminares de La 301 divina semana del poeta local Joan Desí, tr aducción del francés Guillaume Saluste. Según se puede apreciar en la elegí a, hemos de identificar a Tirsi con el mismo Joan Desí, ya que en la compos ición se da a éste poeta la alabanza por la traducción del francés . La identificación de Tirsi, el «caro amigo» de Heredia en las poesías, con Joan Desí es totalmente verosímil, puesto que ya hemos visto la estrechísima relación de amistad que les unió en la vida real. También Vicent Garcia dedicó unas décimas, «Al engany del Món», en las que se dirige a un poeta llamado «Tirsis» (cf. Rubió y Balaguer 1985:156-157); ¿se trata también de Desí? La referencia a la «rectoría» de Tirsis presenta un problema al efecto, puesto que Desí nunca fue cura párroco. En todo caso, me apresuro a reconocer que Tirsi , precisamente, es uno de los pseudónimos barrocos favoritos y, lejos de facilitar una identificación unívoca, encontraremos el alias en cuestión por doquier. Es difícil conjeturar con tino desde nuestra posición. La identificación de Tirsi con Desí sería, de hecho, una excepción, puesto que en la mayoría de los casos carecemos de la clave para descifrar pseudónimos como Ocari y Amintas, poetas compatriotas, según Vi cent Garcia, o el mismo Danteo, que escribe a Tirsi. En la Guirnalda Heredia se presenta a veces como Arcelio, como corresponde a su amor por Arce lia. Sin embargo, no he visto este pseudónimo utilizado en los cancioneros catalanes barrocos. * * * El Amor enam orado, traducción de L’Amore innam orato de Antonio Minturno, constituye una obra independi ente, con portada y preliminares propios, aunque sin fractura en la paginación (f. 67-144). Contiene poemas laudatorios preliminares de Melcior Figuer ola, Inés de Castro y Sarmiento, Joan Desí, Isabel d’Heredia, hermana del aut or, y del maestro Duarte Dies. Va dedicada, como la Guirnalda , a Catalina Caraccioli y Mendoza, duquesa de Monteleone y virreina de Cataluña. La Guirnalda ha merecido la atención de Fucilla [1929], que prácticamente se limita a dar noticia de la tr aducción, y de López Estrada [1972] que contextualiza la obra tanto desde el punto de vista de la preceptiva y de los géneros literarios –Min turno, autor de una Arte poetica (1563) la califica de 302 «poesia mista», puesto que contiene pros as y versos–, enmarcándola en la corriente de novela pastoril española. La traducción de Heredia, primera de la obra de Minturno al español, indi ca la pervivencia del gusto por lo pastoril en la Península, aunque ya «en las cercanías de los posteriores libros de pastores» (López Estrada 1972:322). La obra, estructurada en cinco partes, está localizada en Sicilia, en la Edad de Oro. El argumento, resumido ya por López Estrada, es como sigue: un grupo de ninfas que gobiernan un valle ameno recibe la visita de Amor, quién a su vez cae enamorado de la bella ninfa He roína. Venus envía a Mercurio a la tierra a buscar a su hijo, al que encuent ra y prende, junto a su amada, con una red de oro que le presta Vulcano. Mercurio reprende a Amor por haber abandonado su residencia celestial y su madre por una ninfa terrenal, pero Amor se rebela y se aviene a volver al ci elo tan sólo si deja libre a Heroína. En la última parte, Mercurio vuelve al cielo; Venus, al verlo llegar sin su hijo, monta en cólera y llama a Cobardía y Triste za para que atormenten a la ninfa. Mercurio, en vista de la injusticia, decide contar el caso a Júpiter, que convoca una junta de dioses para conc ertar las partes. Amor ha de marchar al cielo a la junta, por lo que Heroína queda desconsol ada. Ya en el cielo Amor envía a Fidelidad y Alegría para consolarla. Fi nalmente Júpiter decide que Amor resida juntamente entre la tierra y el cielo. Según notó López Estrada [1972:323], Heredi a traduce fielmente la obra de Minturno, «imitación», según la llama Heredia en el prólogo, excepto en algún pasaje concreto con alusiones eróticas atrevidas. Hay un lugar, sin embargo, en que el tortosino ofrece una versión libre del asunto. Se trata de la alusión a la corte de Palermo, en la parte IV del lib ro del italiano, que Heredia cambia por un elogio de Barcelona. En concreto, el elogio de Barcelona (f. 114v-116v) se sitúa dentro de la descripción de la casa de Vulcano, quien tenía una copia del universo esculpida en plata y oro: el cielo, los planetas, las oras, el sol, la luna, el océano, y la tierra, en el centro del «mundo». Al llegar a la descripción del planeta Tierra, Mercurio, observador de las maquetas, distingue ríos, montes, llanos, selvas y ciudades, «donde bien avrí as conocido entre ellas la noble Cathaluña, y en ella la famosa Barcel ona, toda de oro, sino que sus muros por defuera parecían echos de pl ata» (f. 114v). En uno de los baluartes de la ciudad estaban esculpidos con letras de oro los siguientes versos elogiosos: 303 La noble, la antiguíssima, la hermosa, la fuerte, la prudente, la estimada, la siempre fiel, la rica, la hazañosa, la ciudad de valor y azero armada, de dos muros sercada y altivos baluartes. La que ensierra los despojos de l’alma gloriosa de Raymundo y Eulària sacrosanta, de Sever, de Auloger y de Matrona, y otros mil dignos de immortal corona. La que hizo a tantos animosa guerra, en el mayor peligro victoriosa; la que, qual velozícima Atalanta, llegó primero a la sublime gloria que otras mil dignas de inmortal memoria. La que su hermosa planta el ibérico mar alegre baña, la que·s gloria del mundo, honra España, la que fuera del gran padre edificada de Aníbal, junto al monte venturoso que de Jove conserva el nombre honroso (f. 114v-115). A continuación, situado ya en Barcel ona, Heredia, nos emplaza en el «hermoso palacio, albergue de los prín cipes que la gobernaban, y en medio del una espaciosa y larga sala» –el palacio virreinal– donde se celebra, precisamente, el recibimiento de lo s virreyes, Héctor Pignatelli, duque de Monteleón, y su esposa Catalina Cara ccioli y Mendoza por parte de las autoridades y nobleza barcelonesas. Se trata de una descripción idealizada del evento cortesano: el virrey, sentado en medio de la nobl eza, es descrito como «aunque de poca edad, grave y serio en el semblante y en las obras», mientras que la virreina es «afable en el aspecto y llena de cortezía con gravedad mesclada, cuya hermosura huvieran dicho ser verdadero retrato de la belleza» (f. 115v-116). El poeta se extasía en el retr ato de la virreina: «el hábito sobre el cuerpo de alabastro era de oro, y de oro sutilíssimo la red que los cabellos de oro recogía; la faz era de viva nieve, esparzida de purpúreas rosas. Las manos, terso cristal, la una y la otra ornada de cinco perlas de oriental color, y toda en sí era tal en el rostro, en el trage y en el acto, que parecía que ya suavemente respirava hermosa, llena de gracia y dul çura, que, a la verdad, aquel divino maestro que en todas su obras a las otro s aventaja, en aquella aventajó el arte» (f. 116). La sala, concurrida por «hermosas damas y valerosos caballeros de la ciudad» que habían acudido dar la bi envenida a los virreyes resonaba al 304 son de «diversos instrumentos músico s, a cuyo son dançavan de dos en dos las damas con los cavalleros». A partir de este punto, más o menos, continúa la descripción del aposento de Vulcano y se deja atrás la descripci ón de la ciudad y del etéreo recibimiento de los virreyes, mezcla de realidad y de ficción. Ya he hablado del posible papel del virrey de Monteleón como promot or de las letras: recordemos el soneto de Massanés, donde se le califica de «gran poeta» y el informe sobre Heredia en el que el virrey menciona la afic ión literaria del autor y su trato con otros aficionados a las bellas letras. En cuanto a la relación entre Heredi a y el virrey, se me ocurren dos preguntas: ¿estuvo realmente Heredia en el recibimiento a Monteleón? y más aún, ¿qué base real tiene la idealizada descripción del tortosino? Según el Manual de novells ardits , o Dietari del antich Consell barceloní , Monteleón recibió el nombramiento de virrey el 19 de mayo de 1603; juró su cargo en Lleida el 23 de julio y entró en Barc elona el 31 de aquel mes (Schwartz; Carreras 1899:22-27). El dietarista la define como «una mo lt honrada entrada», con gran «acompanyament de cava llers y criats, així seus com de la terra»; sin embargo, no se menciona el sarao descr ito por Heredia ni la venida de la duquesa. Al contrario, el 2 de diciembr e de 1603 Gabriel Olzina, secretario de Moteleón, anuncia a los consellers la llegada de la virreina con siete galeras desde Génova, junto con Jerónima Colonna, madre del virrey. Éste, acompañado de muchos caballeros, salió al puerto a recibirlas. El día 5 los consellers visitaron a la virreina y le dier on la bienvenida (Schwartz; Carreras 1899:63). ¿No parece esta una ocasión más a tono con la descripción de Heredia? En este caso se nos plantea un problema cronológico insuperable: la aprobación de la Guirnalda lleva fecha de 12 de octubre de 1603. ¿Hemos de suponer, pues, que Heredia dedicó el libro a la duquesa cuando ésta aún no había llegado y que, simplemente, se invent a el fasto cortesano, por otra parte de corte retórico y poco r ealista? Ciertamente, el Dietari tampoco dice explícitamente que la duquesa no viniera j unto al virrey en su entrada de finales de julio, por lo que cabe la posibilidad de que ya en julio se he hubiera dado una recepción a ambos personajes. Poster iormente la duquesa volvería a Italia para regresar junto a su suegra en diciembre. Hay que decir que el texto del Dietari no parece apoyar esta tesis. Quizá todo es pura invención y Heredia [Document text truncated for crawler view.]