Full text
U NIVERSITAT A UTÒNOMA DE B ARCELONA
D EPARTAMENT DE F ILOLOGIA E SPANYOLA . 2004
C ULTURA LITERARIA EN T ORTOSA ( SIGLOS XVI Y XVII )
T ESI DOCTORAL PRESENTADA PER E NRIC Q UEROL C OLL
D IRECTOR : J OSEP S OLERVICENS
T UTOR : G UILLERMO S ERÉS
II
Í NDICE
A BREVIATURAS III
P REVIA IV
1 Introducción 1
2 La tradición literaria local; in fluencia e intercambio con los
centros culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza 31
3 Las infraestructuras culturales: la Lectoría de la Seo. Los
Reales Colegios de San Jorge y Santo Domingo; el colegio
de nuevos convertidos de Santi ago y San Matías; el Estudio
de Gramática. La imprenta. 95
4 En el albor del Renacimient o: contexto cultural. Los
gramáticos locales y la intr oducción de Nebrija. Judíos y
conversos: consecuencias de la represión inquisitorial. 181
5 Cristòfol Despuig y Los col·loquis de la insigne ciutat de
Tortosa 225
6 La poesía en los siglos XVI y XVII . La cuestión de la lengua.
El cenáculo poético finisecula r: Juan Suárez de Godoy,
Jeroni d’Herèdia, Joan Desí y Vi cent Garcia. Bio-bibliografía
del grupo y relación con los círc ulos literarios de Barcelona y
Valencia 271
7 Francesc Martorell y la Historia de la antigua Hibera (1626) .
Una revisión de la historiografía local 331
8 Escritos políticos y propaganda en la Guerra dels Segadors :
Vicent de Miravall y Alexandre de Ros 392
9 Francisco de la Torre: un ingenio barroco entre cuatro
reinos 431
III
10 El teatro: teatro escolar, corral de comedias del Hospital de
la Santa Cruz. La tradición religiosa, los gremios y el
Corpus 479
B IBLIOGRAFÍA GENERAL 531
IV
Abreviaturas
ACA Arxiu de la Corona d’Aragó
CA Consell d’Aragó
ACTo Arxiu de la Catedral de Tortosa
ADT Arxiu Diocesà de Tortosa
AHCTE Arxiu Històric Comarcal de les Terres de l’Ebre
AHN Archivo Histórico Nacional
AHPCB Arxiu Històric de Protocols Notarials Ciutat de Barcelona
AHT Arxiu Històric de Tarragona
BN Biblioteca Nacional de Madrid
BUB Biblioteca Universitària de Barcelona
c. circa, ‘hacia’
cf. confer , ‘compárese’
ed. edición
f. folio/folios
lg. legajo
man. not manual notarial
ms. manuscrito
p. página/páginas
s.p.i sin pie de imprenta
v verso
vol. volumen
V
P REVIA
No hace falta decir que un trabajo de estas características no llega a buen
puerto sin la ayuda desinteresada y amorosa de otras personas. Quiero
expresar mi gratitud a mis maestros Alberto Blecua y Josep Solervicens, que
me han llevado de la mano a lo largo de estas hojas, siempre atentos a mis
problemas y desazones, agudos en sus apreciaciones y generosos en su
sabiduría. Asimismo estoy en deuda con mu chos otros amigos y maestros que,
me han ofrecido su apoyo y sus consejos: Eulàlia Duran, Coco Pérez Romero,
Joan F. Alcina, Eulàlia Miralles, Maria Toldrà, Albert Rossich, María José Vega
y Guillermo Serés. No menos con mis co mpañeros de archivo en Tortosa: Hilari
Muñoz, Jacobo Vidal, Roc Salvadó y Alber t Curto, prestos a ponerme en la
pista sobre los literatos locales.
Por último, mi agradecimiento a Núria y Eva, que me han nutrido
emocionalmente, y a Dios, a quien debemos la vida.
1
1. I NTRODUCCIÓN
1.1 O BJETO DE ESTUDIO
Tortosa ha sido patria de ilustres literat os como Cristòfol Despuig, cuya
obra, Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa (1557) ha sido considerada
«l’obra en català més representativa del Renaixement» (Duran 1981:22), el
poeta Francesc-Vicent Garcia, «el primer gran escriptor de la literatura catalana
barroca» (Rossich 2000:10), y auténtico tótem literario catalán hasta la
Renaixença, Francisco de la Torre i Sev il, el literato catalán más conocido,
valorado y admirado en España en el siglo XVII , o Jaume Tió, uno de los más
conspicuos pioneros del romanticismo catalán, fallecido prematuramente.
Esta concatenación de figuras lit erarias de renombre despertó mi
curiosidad: ¿Eran estos Despuig, Ga rcia y compañía casos aislados o hubo
otros escritores y otras producciones literarias notables al margen de las
señaladas? ¿Su presencia en la ciudad, respondía a una mera casualidad o,
por el contrario, ésta disponía de un ambiente cultural activo y de unas
circunstancias adecuadas para el florecim iento de las letras? En el segundo
supuesto, ¿cuáles eran los resortes so ciales, educativos, y culturales que
favorecieron la creación lit eraria en la ciudad? Fruto de este interés fue mi
tesina, dirigida por el doctor Guille rmo Serés, publicada con el título de Tortosa,
república literaria (1475-1800) , catàleg biobibliogràfic d’escriptors i obres
anònimes , que abarcaba el marco territorial de la antigua veguería de Tortosa y
Ribera de Ebro, es decir, las actuales co marcas de la Ribera d’Ebre, Terra Alta,
Montsià y Baix Ebre. En es ta obra catalogaba nada menos que 576
producciones literarias, en el sentido amplio de la palabra, 1 desperdigadas por
diferentes bibliotecas y archivos de España y Europa.
A nivel textual aportaba algunas novedades interesantes no recogidas en
los catálogos bibliográficos y desconoc idas para la crítica, exhumadas ahora,
como el poema latino manuscrit o sobre la inundación de 1488, Versus de
1 El catálogo además de incluir las obras de cr eación literaria propiamente dichas, registra
también las producciones en diversos campos del saber y de la cultura, como la gramática,
filosofía, medicina, jurisprudencia, historiogra fía, predicación, literatura técnica y científica,
religión en general, etc. Quedan fuera las produ cciones fruto de actividades burocráticas,
administrativas o legislativas, así como los cancioneros musicales.
2
pressuris, calamitatibus et incom modis quae in Hispania Citeriori aquarum
inundationibus evenerunt , obra del humanista Francesc Vicent, el libro festivo
Muerte y honras de la majestad del rey Philipe [...] hechas en la ciudad de
Tortosa (Barcelona, 1599), del lector de la Seo Juan Suárez de Godoy, o el
pliego suelto intitulado Canción a la devoción del padre mosén Francisco
Je ró nimo Simó n (Valencia, 1612), del poeta-pintor Joan Desí, por citar algunas.
Por otra parte, muchas de las obras ca talogadas fueron descritas y localizadas
por primera vez. Pero la principal aportación y virtud de la investigación –si es
que tiene alguna– fue la de poner en c onjunto una serie de referencias
perdidas en repertorios especializados y en catálogos bibliográficos,
constituyendo un notable corpus de estudio sobre la literatura local. A nivel
prosopográfico, el catálogo incluye ta mbién una aproximaci ón biográfica sobre
los escritores, con abundantes noticias personales novedosas extraídas de los
archivos locales.
Efectivamente, Despuig, Garcia, La Torre y Tió no habían sido flores
extravagantes, sino que se vieron acom pañados de otros autores, quizá no tan
conocidos pero no exentos de interés, co mo Antoni Boteller, autor del tratado
ascético La escala de Paradís (Barcelona, 1495), los gramáticos Jeroni
Amiguet y Pere Seguí, el dominic o Jeroni Taix, autor de uno de los best-sellers
catalanes de la Edad Moderna, el Llibre de la institució, manera de dir, miracles
e indulgències del roser de la verge Maria (Barcelona, 1556), los poetas
Jerónimo de Heredia, Juan Suárez de Godoy y Joan Desí, el propagandista
político Alexandre de Ros, los histori adores Pau Cervera, Miquel-Joan Gisbert,
Francisco Martorell o Bonaventura Julià, etc.
Sin embargo, las cifras s obre las producciones y la descripción bibliográfica
por sí misma –aun cuando los preliminares son una de las principales fuentes
para encontrar referencias cruzadas y pist as sociológicas sobre los autores– no
dan cuenta ni del contenido de las obras ni de la realidad social y cultural que la
generó, es decir, la coyuntura política , geográfica, histórica, educativa y
estética que propició y definió el hecho cult ural tortosino: el contexto, el porqué
de las cosas. Los apuntes al respecto incorporados en el apartado de «Notas»
y «Observaciones» cumplían insufici entemente con esta función, aunque
marcaban las líneas a trabajar.
3
Delimitado el corpus liter ario, el objeto de estudi o, el siguiente estadio
lógico lo constituye, creo, el análisis textual de las obras más interesantes,
paso previo a su filiación a un género lit erario, que nos llevará a entroncarlas
con las tendencias y corrientes estético-lit erarias hispánicas del momento. Este
proceso nos permitirá valorar las obras en su justa medida, confrontándolas a
la tradición y a sus modelos, coetáneos o anteriores, al tiempo que nos
permitirá ahondar en el conocimiento del c ontexto socio-cultural que la generó,
horizonte final y objetivo último de es te estudio. Esta es, pues, la doble
empresa que emprendo: el aná lisis de las circunstancias y características que
favorecieron y moldearon el hecho cultural, así como el estudio más o menos
pormenorizado de las obras y de los per íodos más esplendorosos de la vida
literaria tortosina.
En primer lugar, hay que decir que he recortado el espacio temporal y
conceptual del catálogo Tortosa, república literaria , que abarcaba de 1475 a
1800. En vista de que la lit eratura de «creación» es poco relevante tanto
cuantitativa como cualitat ivamente a partir del siglo XVIII –con todas las reservas
que estos cortes temporales y generaliz aciones merecen–, delimito el campo
de trabajo hasta 1700. El análisis de t odas y cada una de las obras catalogadas
en el nuevo período no me parecía necesar io ni relevante, por lo que me he
inclinado por realizar algunas calas en los episodios literarios más interesantes
–obras, géneros, grupos literarios. De esta nueva criba resultaron los siguientes
siete capítulos:
4/ Los gramáticos locales en el albor del siglo XVI : Jeroni Amiguet y la
introducción de Nebrija. Judíos y conver sos: valoración cultural como grupo;
consecuencias de la expulsión de los judíos y de la represión inquisitorial.
5/ Cristófol Despuig y su tiempo: nuev as aportaciones biográficas y contexto
literario del autor de Los col·loquis de la insigne ciutat de Tortosa.
6/ El cenáculo poético entre los siglos XVI y XVII : Juan Suárez de Godoy,
Jerónimo de Heredia, Joan Desí, France sc-Vicent Garcia. Biobibliografía del
grupo y relación con los círculos literarios de Barcelona y Valencia.
4
7/ Francesc Martorell y la Historia de la antigua Hibera (1626) . Repaso a la
historiografía local.
8/ La Guerra dels Segadors y la «guerra de tinta». Panfletos y propaganda:
Vicent de Miravall y Alexandre de Ros.
9/ Francisco de la Torre. La conexión literaria Morella-Tortosa-Zaragoza.
10/ El teatro: teatro escola r, corral de comedias en el Hospital de la Santa Cruz,
tradición religiosa, el Corpus y los gremios.
A los citados hay que añadir esta intr oducción, que constituye el primer
capítulo, y dos más que se apartan un tant o del nivel textual y de los autores
para centrarse en el contexto cultural, el caldo de cultivo en que se generaron.
El capitulo segundo, lleva por título «La tr adición literaria local; influencias y
dependencia de los centros culturales de la Corona de Aragón: Barcelona,
Valencia, Zaragoza», y se propone establ ecer las bases que den cuenta de las
relaciones de la ciudad con los epicentro s culturales de la Corona de Aragón.
Una vez trazados los hipotéticos canales de transmisión literaria, se analizarán
las influencias recíprocas e intentaremos observar y valorar el papel del núcleo
tortosino en este mercadeo cultural.
En el tercer capítulo, «Los centros educativos: El colegio imperial de Santo
Domingo y San Jorge para los nuevos conv ertidos; el colegio de San Jaime y
San Matías (universidad dominica); el Estudi de Gramática. La imprenta:
historia de su implantación, y análisis sociocultural de las producciones», se da
cuenta de los centros y de los recurs os pedagógicos y literarios de la ciudad.
Tanto la Universidad, y en menor medida el Estudi , así como la imprenta, son
factores determinantes a la hora de cr ear una tradición local que dotará la
ciudad de un perfil literario propio e identificable.
Apuntados los temas de este estudio, en las siguientes líneas esbozaré
brevemente un adelanto, o co mpendio, si se prefiere, del contenido de la
investigación.
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alcañizano Domingo Andrés pasaron por la cátedra del Estudi tortosino,
formando a los jóvenes locales no sólo en latín, sino en la renovación cultural
implícita en su programas humanist as, que incluían, por ejemplo,
representaciones teatrales de clásicos para mejorar sus aptitudes retóricas.
Hacia 1529 el lector de la Seo Balt asar Sorió se propuso y consiguió
convertir la casa de la lectoría, habita ción del lector de la Seo, en un estudio
dominico. Este estudio, en funcionami ento ya desde la década de los treinta,
supuso un claro salto de calidad en la enseñanza, ya que habilitó a clérigos y
seglares a estudiar artes y teologí a en la ciudad, aunque sólo podía conceder
grados a miembros de su orden. Según los estatutos, el regente había de ser
un dominico natural de la Corona de Aragón. El cargo tenía un carácter rotativo
trienal entre los tres «rei nos». El despegue definitivo del centro no se produjo,
sin embargo, hasta que Clemente V le dio carácter de universidad, lo que
garantizaba a los alumnos que los grados concedidos les fueran aceptados
universalmente. A partir de 1600, por lo tanto, la ciudad recibirá un notable
volumen de estudiantes atraídos por el prestigio del centro, sobre todo en
teología. La procedencia del alum nado coincide también con el del
profesorado: valencianos, catalanes, aragoneses y mallorquines se graduaron
en Tortosa, con un clara preeminencia de los valencianos (30%) y unos
porcentajes bastante iguales para el re sto. El perfil pred ominante entre los
alumnos sería el de natural de la parte valenciana de la diócesis y el de
religioso dominico.
Podemos decir que la debilidad de las universidades de Barcelona,
Zaragoza y Valencia en teología favoreci ó el auge de Tortosa, así como el de
otras pequeños centros como Gandia. Después de la Guerra dels Segadors ,
que interrumpió los estudios durante casi 10 años, los Reales Colegios
recuperaron con facilidad su anterior ritm o, y siguieron funcionando a gran nivel
hasta la Guerra de Sucesión, como resu ltado de la cual –el Decreto de Nueva
Planta–, se suspendieron las universi dades catalanas tradicionales y se
constituyó la de Cervera.
En cuanto al Colegio de San Matías y San Jaime, o de Nuevos
Convertidos, hay que enmarcar su fundac ión dentro de la política de la
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Monarquía española por asimila r la población morisca valenciana y del Ebro
catalán. El centro funcionaba con un sistema de 12 becas que se concedían a
los muchachos moriscos más aventajados de la diócesis. Los estatutos del
mismo muestran que, además de capacitar a los muchachos en el latín, el
principal objetivo era disuadirlos de su prácticas religiosas y culturales que les
distinguían –lengua, ritos, hábitos alim enticios, etc. Los alumnos más
competentes podían entonces pasar a estudi ar artes y teología en el adyacente
Colegio de San Jorge y Santo Domingo y, en última instancia, volver a sus
lugares de origen como predicadores de la fe católica.
Este ambicioso programa resultó en un fracaso absoluto, como reconoció
el rector Blai Verdú, puesto que los mo riscos del sur de la diócesis resultaron
refractarios a la aculturización. Con todo, parte de los moriscos de la parte
catalana pudieron evitar la expulsión av alados por el obispo Pedro Manrique,
que los consideraba buenos cristianos. De spués de la expulsión de 1609, y
entendiendo que los moriscos que habían quedado no debían ser señalados o
distinguidos de los cristianos viejos , y, por lo tanto, no necesitaban una
educación especial, el Colegio de San Matías y Santiago hubo de reconvertir
sus objetivos. Los estatutos de 1625 re cogen ya las nuevas circunstancias y
prácticas del centro: continuó con un sistema de becas para estudiantes
pobres, que estudiaban gramática y latín previo paso al colegio de Santo
Domingo. Las clases eran impartidas, sin gr an interés, por colegiales dominicos
y, en general, podemos decir que el centro pasó a un período gris,
convirtiéndose casi en una carga para los dominicos tortosinos.
La lectoría de la Seo se fundó en 1348 gracias a un legado testamentario,
que estipulaba que debía estar ligada a la orden dominica. Ya he comentado
que la actividad del lector no puede c onsiderarse una enseñanza reglada, sino
que constituía uno de los mass media de la época: el púlpito era uno de los
moduladores de opinión preferi dos, en este caso al servicio del Cabildo, que
por algo pagaba al lector. És te era una figura de gran autoridad moral al que el
Cabildo e incluso el Consell acudía como oráculo al que consultar sobre dudas
teológicas y morales. Después de Trento los púlpitos fueron sometidos a un
control más estricto; por ejemplo, el C abildo prohibió al lector franciscano que
solía pagar el Consell que utilizase el ámbito de la Seo para predicar.
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Desde nuestro punto de vista la lectoría es significativa en cuanto origen
del Estudio dominico, como ya he apuntado, y sobre todo porque atrajo a
religiosos de gran relevancia –la mayorí a dominicos–, muchos de ellos con
obras publicadas, a la ciudad. Conspic uos teólogos como Gaspar Esteve,
Baltasar Sorió, Juan Izquierdo, Lluí s Estella, el sevillano Juan Suárez de
Godoy, Blai Verdú, Pedro Espinel de la Po rtaza, etc., pasaron por la institución
y dejaron su impronta en la sociedad tortosina.
Mediante una generalización –que, como tal, no siempre hace justicia ni se
cumple exactamente– podemos definir el Estudi de gramática como un centro
regido por un profesorado, seglar o no, caracterizado, durante el siglo XVI , por
una apertura a las corrientes humaníst icas aun cuando el Cabildo y el Consell
controlaban en última instancia las pr ácticas pedagógicas de los maestros. Por
el contrario, sobre todo dur ante la primera mitad del XVI , la lectoría de la Seo,
bajo el control de los dominicos, ej ercería de vector contrario a las
«novedades» intelectuales. Recordemos el papel preponderant e de la orden en
la Inquisición. De este modo, frente a asociaciones mentales –y reales– que
reúnen al humanista Jeroni Amiguet, pr eceptor de la familia de conversos
Palau, que recopiló un interesante ca rtapacio poético con obras de Corella y
textos humanísticos clásicos, y que fuer on perseguidos por el Santo Oficio, es
inevitable plantear que durante aquellos años de persecución la lectoría estuvo
ocupada por antiguos inquisidores como Bordalba o el mismo comisario
inquisitorial en la ciudad Climent Ferrer.
Por su parte, los Reales Colegios cumplieron su papel dentro de las
coordenadas postridentinas y marcados por su dependencia de la orden
dominica: teología rancia, neoescolast icismo y tomismo alejados de las
renovaciones neonominalistas y humanistas de principios de la primera mitad
del siglo.
Aun cuando algunos de los elementos analizados no favorecieron la
libertad de pensamiento y de expresión, la presencia en la ciudad de ciertas
figuras intelectuales de talla –el lector, el maestro de gramát ica, el profesorado
de los Reales Colegios–, así como un des tacable volumen de alumnado a partir
de 1600, influyeron muy positivamente en la literalización de la sociedad y
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facilitaron el establecimi ento de la imprenta en la ciudad. Y la imprenta, aun
controlada por el Cabildo, que dispendía las licencias eclesiásticas necesarias
para publicación de libros, actúa como un poderoso acicate para los autores
locales, que ven la posibilidad de sacar a luz sus obras con facilidad, estimula
la emulación de nuevos diletantes de las letras a realizar sus propios ensayos,
y ejerce de imán en un área de influencia que tendrá en Tortosa su centro de
impresión.
En resumen, la imprenta favorece en sobremanera la producción literaria,
al tiempo que va creando un poso y una tradición que configura, en parte, una
idiosincrasia cultural local. Por desgracia , la vida del taller tipográfico tortosino,
que pasará por varias manos, será corta (1622-1656), ya que, pese a que
durante la década de 1630 Francesc Martor ell abrirá el negocio a un mercado
de ámbito nacional y se hará un nombre dentro del mundo de la impresión, el
bloqueo de facto que la ciudad soportará durante la Guerra dels Segadors
(1640-1652), así como la debacle hum ana causada por la peste de 1650-1651
hundirán las perspectivas del negocio, que no volverá a establecerse hasta
1780, 124 años después.
1.4 G RAMÁTICOS Y HUMANISTAS A PRINCIPIOS DEL XVI . J UDÍOS Y CONVERSOS
El primer período relev ante de la literatura tort osina moderna seleccionado
corresponde, más o menos, a los años que van desde 1477, año de la venida
del obispo Alfonso de Aragón a la déc ada de 1520-1530, que marca el declive
de la persecución a los conversos. Du rante estos años se producen algunos
hechos importantes desde el punto de vista cultural: en primer lugar, llegan al
Estudi los primeros gramát icos humanistas que introducirán el renovador
método gramatical de Nebrija, así como un nuevo espíritu en las letras locales;
por otro lado, y como fa ctor negativo, se produce la conocida expulsión de los
judíos y una dura persecución de lo s conversos entre 1490 y 1520,
aproximadamente, que se llevará por delante algunos personajes
intelectualmente muy competentes.
El primero de los indicios de camb io en el ámbito pedagógico es la
publicación en Tortosa en 1477 por Brun y Spindeler de los Rudimenta
gramm atice de Perotti. Es difícil, sin embargo, contextualizar las circunstancias
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de esta impresión. En cuanto al prof esorado, el primero de estos maestros
humanistas de cierto relieve en pasar por el Estudi es el fragatino Daniel Sisó,
previamente en activo en Monzón, que había publicado ya su método, el
Perutile gramm aticale compendium (Zaragoza, 1490). Sisó es considerado
todavía una figura ecléctica, que bebe t anto de las gramáticas medievales
como de las nuevas corrientes humanísticas (cf. Rico 1978:104).
Posteriormente, destaca la presencia del oscuro maestro Pere Seguí, que
publicará el Notule seu clarificatorium (Barcelona, 1513), en el que, siguiendo el
signo de los tiempos, se alinea en las filas críticas con los barbari , o gramáticos
medievales, y a favor de la renovación pedagógica humanista . Entre 1514 y
1515 ejercerá en la ciudad el conocido m édico y gramático tortosino Jeroni
Amiguet, después de haber pasado por Oliva, Gandía, Valencia y Lleida.
Amiguet está embebido del espíritu del Estudi General de Valencia, con el cual
estuvo relacionado, aunque no como docente (Sanchis Cantos 1992:37). Otros
maestros a seguir son Pere To rrent, en Tortosa entre 1505-1514, y
posteriormente relacionado también con el Estudi de Valencia, Joan Franc,
hermano quizás del también tortosino Jaume Franc, maestro de Palmireno y
tantos otros humanistas alcañizanos, y el conocido profesor del mismo centro
Francesc Deci, documentado en Tortosa al menos en 1527.
En cuanto a los hechos negativos, hay que relativizar la expulsión de los
judíos en cuanto a su incidencia en el tejido social, puesto que a finales del
siglo xv la aljama tortosina estaba ya muy debilitada tanto numérica como
culturalmente. Aún así, la expulsión supuso el cierre de la escuela hebraica y la
marcha de una familia ilustre: el médico Samuel Mantino y su hijo Jacob, que
se exiliaron en Italia. Jacob, que llegó a convertirse en médico del papa Pablo
III, fue un personaje clave en la trans misión del saber árabe a la sociedad
occidental.
Más numeroso e influyente económica y culturalmente es el grupo de los
conversos, sector muy dinámico soci al e intelectualmente. Aunque queda
mucho todavía por estudiar en este cam po, la persecución inquisitorial se cebó
en familias «letradas» y cult uralmente relevantes. Entre los encausados por la
Inquisición destacan, entre otros, el médico Pere Sala, clavario de la ciudad, el
también médico Pera d’Ala, Aldonça Pedr albes, esposa del doncel Joan Icard,
regente de la bailía, el decano de la Seo Lluís de Ribesaltes, hijo del protofísic
16
del Principado Joan de Ribesaltes, los nobl es Joan de Montrós, originario de
Móra, y Joan de Cardona, de Batea, el escribano real Agustín Álvarez, los
hermanos Palau, juristas y notarios, los notarios Pere Santafé y Bertomeu Gil,
los mercaderes Joan Pedralbes –c lavario de la ciudad entre 1459-1466–,
Climent, Macip, March y Alegre, el ciruj ano Gabriel Prior y el rector de Tivissa
Manuel Tolosa todos ellos acusados de judaizar. La nómina dista de ser
completa y habla por sí sola del alcance de la presión inquisitorial en sectores
sociales acomodados, cultos y habitual mente abiertos a nuevas corrientes
culturales.
De entre las familias conversas per seguidas destaca la de los notarios
Palau, que vivieron a caballo entre Valenc ia y Tortosa. Los Palau, paradigma
de estos conversos culturalmente inquietos, recopilaron un estupendo
cartapacio poético en el que se evidencia su gusto por la renovación estética y
cultural que se estaba produciendo en la capital del Túria y, de rebote, en
Tortosa. Varios de sus miembros fueron encausados, y uno de los genearcas,
Francesc Palau, fue relajado, o quemado, por el «Santo» Oficio, mientras que
uno de sus descendientes, Lluís-Antoni Palau, está documentado en Génova,
donde quizá se trasladara para evitar los sabuesos inquisitoriales.
En definitiva, podemos decir sin empacho que la persecución de los
conversos afectó profundamente la sociedad tortosina y castró intelectualmente
uno de sus sectores culturalmente más despiertos y receptivos a novedades,
debido a su relativo malestar con la cultura oficial.
1.5 C RISTÒFOL D ESPUIG
De entre los literatos tortosinos de la Edad Moderna, quizá Despuig es el
que goza de mayor prestigio entre la críti ca literaria, no sólo por ser el más
conspicuo representante de un género genuinamente humaní stico, el diálogo,
sino también, y lo que en el fondo es má s importante, por el valor literario
intrínseco de su obra.
Poco podía añadir en cuanto a la cont extualización y estudio de los
Col·loquis desde la óptica de los géneros liter arios después de los magníficos
estudios de Solervicens (1996, 1997, 1998a), por lo que el capítulo está
enfocado hacia el estudio de aspectos biogr áficos del Despuig real, para ver
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como se proyectan después en su ficci ón literaria. El ejercicio ha resultado
bastante productivo, y nos permite comprender mejor algunos pasajes de la
obra a la luz de estas aportaciones biográficas. De esta manera, podemos
contextualizar el enfrent amiento de Despuig con el obispo Fernando de Loaces,
remiso a pagar su contribución para la f ábrica de la Catedral, y también se ha
ampliado nuestra perspectiva a la hor a de entender muchos de los arbitrios
propuestos por el autor para el regimiento de la ciudad: la mayoría de ellos se
basan en su experiencia en la práctica de gobierno.
En otro orden de cosas, entendemos ta mbién que su enfrentamiento con el
obispo Loaces, uno de los hombres fuerte s de la Inquisición en la Corona de
Aragón, así como sus problemas con el Santo Oficio, después de atacar la
casa de un familiar en una de las muchas bregas surgidas a raíz de las
bandosidades locales, desaconsejaron sobremanera la publicación de los
Col·loquis , ya que añadieron un plus de riesgo i nasumible a los ya peligrosos
planteamientos erasmizantes de la obra.
En resumen, al ampliar nuestro conoc imiento biográfico sobre el autor
gozamos de una nueva perspectiva sobre su obra, que se dibuja como una de
las piezas fundamentales de su progr ama político –municipal y estatal.
Despuig, que no escatimó esfuerzos para lograr el control sobre la ciudad,
intentó su objetivo por medio de las armas –bandosidades–, su implicación en
la administración –hecho que le impedía pr omocionar al est ado de caballero–, y
las letras – Los col·loquis.
1.6 E L CENÁCULO POÉTICO ENTRE LOS SIGLOS XVI Y XVII : J UAN S UÁREZ DE G ODOY ,
J ERÓNIMO DE H EREDIA , J OAN D ESÍ Y F RANCESC V ICENT G ARCIA
A finales del siglo XVI , encontramos en la ciudad diversos poetas de cierta
relevancia que, inevitablemente, es taban relacionados entre sí, formando un
cenáculo poético y, congregado, seguramente, entorno algún tipo de tertulia o
academia a nivel local. La primera muestr a clara de la exist encia de este grupo
nos llega por medio de la relación Muerte y honras de la majestad del rey
Philipe [...] segundo deste nombre hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona,
1599), redactada por el lector de la Seo Juan Suárez de Godoy. En esta obra,
Godoy recoge muestras de los versos ci rcunstanciales y efímeros dedicados a
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la memoria del monarca, muchos de ellos fijados al túmulo construido para la
ocasión: el caballero Jerónimo de Heredia, el pintor Joan Desí, el arcipreste de
Morella Melcior Figuerola y el mismo Suárez de Godoy se ven representados
en la selección del lector.
Una de las características más signifi cativas de estos poetas su estrecha
vinculación con los círculos poét icos barceloneses. Godoy, fino poeta
embebido de clasicismo, como demuestr a en las traducciones que inserta en
su Tesoro de varias consideraciones sobre el psalmo «De m isericordias domini
in eternum cantabo» (Barcelona, 1598), y pieza fundam ental en la cristalización
de este grupo, llega a la ciudad en 1597 des de un entorno catalán. El lector
estaba en contacto con el agustino Gas par Saona, represent ante de la escuela
bíblica salmantina en Barcelona, junto c on Malón de Chaide, relacionados a su
vez con Marc-Antoni Camós, de la mism a orden y también con el profesor de
gramática del Estudi barcelonés Joan Dordà y con el médico Rafael Moix,
todos ellos literatos conocidos y con obra publicada.
Heredia y Desí –que por su edad debieron estar en activo ya durante la
década de 1570-1580– estaban también relacionados con los círculos eruditos
de la Ciudad Condal, como lo demuestra su participación en la justa poética
celebrada en honor de san Ramon de Peny afort en 1601. Es muy posible que
fueran animados a tomar parte en el certamen por Galceran Albanell, batlle de
Tortosa y miembro del jurado, que en 1612 sería nom brado preceptor de Felipe
IV. Allí pudieron conocer a otro de los jueces, el noble Joaquim Setantí, futuro
suegro de Heredia. A la llegada del nuev o virrey Ettore Pignatelli, duque de
Monteleón, en 1603, Heredia dedicará su Guirnalda de Venus casta y el Amor
enamorado (Barcelona, 1603) a la virreina Catalina Caraccioli. Diversos
indicios, como por ejemplo la descripción de la recepción virreinal incluida en el
Amor enam orado , el soneto de Massanés «A la convalecència del duc de
Monteleón, gran poeta», o algunos informe s del virrey al Consejo de Aragón,
en los que da cuenta sobre las aptitudes de Heredia, apuntan a que el duque
aglutinó entorno su corte a los poetas catalanes de la época y pudo promover
algún tipo de academia o tertulia literar ia. Desí, por su parte, estuvo
relacionado con diferentes eclesiásti cos amantes de las letras –Onofre
Requesens, Manescal, Blai Verdú, Jaume Rebullosa–, y cuenta como principal
mérito la primera traducci ón al español publicada de la Sepmaine del occitano
19
Du Bartas, auténtico best-seller paneuropeo de su tiempo, bajo el título de La
divina semana (Barcelona, 1610).
El segundo hito en nuestro conocimiento sobre la articulación de este grupo
lo supone la publicación de la Vida y milagros del divino Olaguer (Barcelona,
1609), obra del prolífico dominico Jaum e Rebullosa, con fecha de aprobación
de abril de 1606, cuando éste era prior del convento de la orden en Tortosa. En
los preliminares de la obra la plana mayor de los poetas tortosinos rinde
honores a Rebullosa: Duarte Dies, Jeróni mo de Heredia, su hermana Isabel de
Heredia, Galceran Albanell, así como poetas del entorno barcelonés como los
dominicos Raimon de Torralla y Onofre de Requesens, y el gramático Joan
Dordà. Destaca, entre estos poetas laudatorios, la presencia de Francesc
Vicent Garcia –en catalán, como siempre–, lo que viene a refrendar la
vinculación del famoso Rector de Vallfogona con sus coetáneos tortosinos,
como se intuía ya por las referencias Garcia a Heredia y otros «compatriots» en
diversas composiciones (cf. Rossich 1988:96-117)
El hecho de poder constatar la relaci ón entre estos ingenios catalanes de
Barcelona y Tortosa refuerza la i dea de una amplia «república literaria»
catalana en la que los hombres de le tras más significativos del país
intercambiaban pareceres, novedades y pullas epistolarmente, así como tertulia
física cuando la oportunidad lo permitía, bi en fuera en Barcelona, al amparo del
duque de Monteleón, en el palacio arz obispal de Tarragona o en la misma
Tortosa. Aunque nuestro conocimiento sobr e estos vínculos y su articulación
sea todavía muy escaso, hay que pensar que tan sólo nos ha llegado una
sombra de sus actividades reales.
1.7 F RANCESC M ARTORELL Y LA H ISTORIA DE LA ANT IGUA H IBERA (1626). R EPASO A
LA HISTORIOGRAFÍA LOCAL
La historiografía tortosina, salvo el breve estudio de Massip (1986), que
plantea el estado de la cues tión, no ha suscitado el interés de la crítica –caso
aparte merece Despuig, que como veremos, no es rectamente un historiador.
Recientemente dimos el primer paso en el estudio de Francesc Martorell y
la Historia de la antigua Hibera, clímax de la inquietud historiográfica que
palpitaba en la ciudad y primera historia of iciosa de la misma. Y es que la obra
20
de Martorell, lejos de surgir ex novo , representa la culminación de más de
cuatro décadas de intentos por consoli dar una historia local que diese cuenta
de las excelencias del supuesto continuum entre la Hibera de los ilercavones,
la Dertosa romana y la Tortosa cris tiana, y que resaltase aquellos valores
pertinentes para la historiografía del antiguo régimen: antigüedad de la
fundación, introducción del cristianismo, romanitas , o excelencia en la cultura
clásica, factor como un valor en al za visto desde la óptica renacentista,
resistencia a la invasión árabe, fideli dad y servicios a los monarcas, etc.
Este capítulo va repasando, pues, lo s diversos proyectos locales al
respecto: desde el perdido De excelentiis civitatis Dertusae que el notario Pau
Cervera estaba redactando hacia 1585, según testimonio del cronista real
Henrique Cock, pasando por el compendio hi stórico, subsidiario de un discurso
forense, inserto en el memorial envi ado a las Cortes de Monzón de 1585 sobre
la preeminencia de Tortosa sobre Perp inyà en el proceso de cortes, o, de
nuevo, el memorial publicado en 1614 por lo s juristas Josep Torner y Silveri
Bernat, en el que, entre otros argumentos, el Consell presentó a la Audiencia
sus méritos –antigüedad, cristianidad, servicios a los reyes, etc.– con el
objetivo de evitar la segregación de la opulenta villa de Xerta, «calle» de la
ciudad.
Estos dos últimos ejemplos ponen de mani fiesto la necesidad práctica de la
publicación de una historia local con el objetivo de publicitar las glorias y
méritos locales. En la meritocracia de los Austria estos valores «intrínsecos» y
ganados asociados a una comunidad podían traducirse en réditos políticos
interesantes, como por ejemplo, la preeminencia en un proceso de cortes, que,
a su vez significaba el poder situar los síndicos locales en situación ventajosa
para entrar a formar parte de las comisi ones de trabajo, aspecto ya no formal,
sino ciertamente operativo. Parte por estos motivos prácticos, parte para dar
lustre a la ciudad y fomentar el cult o a la Virgen de la Cinta, el Cabildo
patrocinó la Historia de la antigua Hibera (Tortosa, 1626) de Francesc Martorell,
recopilación de las noticias conocidas sobre la ciudad y de aportaciones
archivísticas propias. Martorell aprovec ha los esfuerzos anter iores, no siempre
reconociendo su deuda. Así, Despuig y Torner/Bernat son citados
ocasionalmente, mientras que en muchos otros pasajes simplemente son
plagiados sin mención alguna.
27
Tenemos también noticia de represent aciones marianas como la clásica
Asunción, representada también en Cast elló y Tarragona, o endemismos como
el Misteri de l’Aldea , relacionado con una advocación mariana local. En otro
orden de cosas, apunto también la presencia de autos sacramentales, ya en el
siglo XVII , y una representación denominada Milacre de Tots Sants , ligada al
culto a los muertos del primero de novie mbre. En fin, estas noticias sobre
representaciones, muchas de las cuales no habían sido documentadas
anteriormente, apuntan líneas de inve stigación futuras que no puedo
emprender en este estudio con la amplitud que merecen.
La fiesta barroca, cada vez más dirigi da por el cuerpo di rigente estaba, sin
embargo, firmemente implantada en el tejido social gracias a la implicación de
los gremios artesanales en la misma. Massip (1992) ha estudiado el papel
absolutamente fundamental de los gremios en la fi esta teatral urbana por
excelencia: el Corpus. El modelo del Corpus, que llegará a estandarizarse
mediante establiments , o disposiciones municipales, será trasladado a otros
ámbitos festivos que surgen paralelos a los cambios sociales: implantación de
la fiesta de la Inmaculada Concepc ión o la fiesta de la Brecha –en
conmemoración a la resistencia al si tio francés de 1642–, recayendo el peso de
las celebraciones en los gremios. Además, los gremios activaban su
maquinaria dramática en otras solemnidades , como visitas reales, nacimientos
y fallecimientos de la Monarquía, canoni zaciones, celebraciones de victorias
del Imperio, etc.
A parte de todas estas actividades generadas por agentes locales, a finales
del siglo XVI el Consell construyó un corral de comedias en el patio del Hospital.
Los beneficios eran destinados a sufragar los gastos de la entidad benéfica, por
lo que esta disposición, además de cumplir su función social, protegía al teatro
de las críticas de los moralistas. La ciudad recibió la frecuente visita de
compañías que seguían la ruta Barc elona-Valencia, y también de las que
venían de Aragón. A pesar de que hemos podido constatar el apoyo de la
Iglesia a ciertas prácticas dramáticas, observamos también la presión
–principalmente de los obispos– por pr ohibir las comedias en momentos
socialmente difíciles –pestes, gue rras– que demandaban la «expiación de
28
pecados». En 1631 el Consell hizo caso omiso a los intentos del obispo
Antolínez por interrumpir las f unciones, argumentando que éstas eran el
aliciente del pueblo, que estaba «inclinat a oir-les i rebr e consolatió corporal i
temporal»
* * *
Volviendo al principio de esta intr oducción y a las preguntas que planteaba
sobre la existencia de diversos escrit ores de nivel en la ciudad, sería ingenuo
querer desentrañar los factores que dete rminan tanto el autor como el acto
literario –el porqué de un Despuig, Ga rcia, La Torre–, puesto que muchas de
las variables que condicionan y forman la existencia de un escr itor simplemente
se nos escapan, mientras que las relativa s al proceso de creación pertenecen a
su ámbito íntimo, al cual no tenemos acceso, y menos al de los hombres de la
Edad Moderna. En cambio, podemos intentar explicar el conj unto de factores y
circunstancias que promueven, definen y or ientan la cultura literaria de la
ciudad, telón de fondo sobre el que surgen estos escritores.
El proceso emprendido, como se puede vislumbrar en este capítulo
introductivo, ha sido bastante productivo, ya que al atender al papel ejercido
por el conjunto de vectores culturales e intelectuales potenciales, como por
ejemplo, los resortes cult urales disponibles para el autor –educación, imprenta,
bibliotecas–, o la exposición a influenc ias externas –conexiones literarias,
canales de transmisión de cultura–, nos pe rmite contextualizar autores y obras
en sus coordenadas espacio-temporales y encajarlas en la sociedad que las
produce. Analizado este caldo de cultivo, las diferentes producciones literarias
cobran una nueva dimensión en relación a la tradición que el autor ha podido
conocer desde su medio y que han moldeado su praxis creativa: no sabemos el
porqué aparece determinado autor, pero entendem os el porqué de la suerte de
un determinado género literario en la zona.
No es ocioso emprender un estudi o de esta índole, basado en la
investigación archivística y en la le ctura de obras catalogadas como menores
en una ciudad de segunda fila de la Corona de Aragón. En primer lugar, el
confrontar la realidad de las producciones locales con los esquemas mentales
marcados por las historias de la literatura y, en general, con los parámetros que
29
describen y delimitan las característi cas generales de una cultura, pone a
prueba la validez de estos tratados y guías que supuestamente reflejan la
realidad literaria. A través de estas aportaciones locales podemos llegar perfilar
zonas grises y a rectificar, e inclus o corregir, planteamientos forzados y
prejuicios contextuales que marcan nues tra comprensión de las obras, de los
movimientos y, finalmente, de la cultur a de un país. Como decía Miquel Batllori,
«la investigació controla la imaginac ió i frena les idees preconcebudes i els
prejudicis».
En segundo lugar, si bien es cierto que contamos con aproximaciones
globales a la literatura producida en las capitales de la Corona de Aragón,
nuestro conocimiento sobre la realidad cultur al del resto del territorio y sobre la
incidencia e implantación de las corrient es literarias en el mismo es muy
fragmentario e irregular. Podemos encont rar estudios competentes sobre la
imprenta en Tarragona o en Lleida; sobre el teatro en Alacant, en Castelló de la
Plana, en Tortosa, en el Rosselló o en Girona, por nombrar algunos lugares;
sobre las universidades de Gandía, Hue sca o Solsona; también sobre períodos
amplios, como el humanismo alcañizano, o sobre el culter anismo y erudición en
Huesca. Ahora bien, necesitamos est udios que enfoquen la producción literaria
en estos lugares en su totalidad par a dar cuenta de las preguntas que nos
importan: ¿Qué nivel de cultura y «m odernidad» podemos esperar fuera de los
epicentros culturales? ¿De dónde ll ega la semilla que hace brotar una
determinada obra o género en cierta zona? ¿Cómo funcionan estos canales de
transmisión de cultura? ¿Hablamos de model os jerárquicos, piramidales, con
las grandes urbes irradiando al resto del país, o se trata, por el contrario, de un
sistema de redes de múltiples direcciones y sentidos? ¿Coinciden las fronteras
regnícolas y lingüísticas con el ámbito de influencia de sus capitales o podemos
hablar de transferencias y solapamientos entre los diversos territorios? ¿Qué
papel juegan los resortes pedagógicos y cult urales –escuelas, universidades,
imprenta, teatros– al respecto? Ha y mucha tela que cortar, sin duda.
Al enfocar globalmente el estudio sobre la literatura tortosina y sus
condicionantes, mi propósito y deseo es el de aportar, en la medida que pueda
ser válido y posible, un paradigma de las cu ltura literaria aplicable a este tipo
de ciudades –Alacant, Xàtiva, Morella, Tarragona, Girona, Lleida, Perpinyà,
Calatayud, Alcañiz, Huesca, etc.–, quizá secundarias desde el punto de vista
30
de la Monarquía hispánica, pero aún im portantes en la Corona de Aragón, y
que jugaron un papel important e como núcleos urbanos emisores de modelos
culturales e intelectuales para el rest o del territorio. Sólo si conocemos y
entendemos la realidad de estos centros podremos perfilar el panorama de la
cultura catalana y, en general, de la Corona de Aragón en la Edad Moderna.
31
2. La tradición literaria local; influencia e intercambio con los
focos culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza
2.1 I NTRODUCCIÓN . F ACTORES GEOPOLÍTICOS DE LA SOCIEDAD TORTOSINA
«Cruïlla dels Països Catalans», «lla ve del Reino de Valencia», e incluso
«baja sentina de los tres reinos», son algunas de las expresiones acuñadas por
literatos, historiadores, políticos y militar es para explicar el universo geopolítico
y, de paso, la realidad social y cultural tortosina, equidist ante entre Barcelona,
Valencia y Zaragoza, y punto de encuentro y fusión entre diversas culturas. En
su estudio sobre el arte en Morella, t anto Alanyà [2003], como José i Pitarch
[2003] nos marcan las claves para entender el potencial social y artístico tanto
de la villa real como de la ciudad de Tortosa: se trata de centros urbanos
situados en el «vacío» del interior del triángulo Barcelona-Zaragoza-Valencia,
caracterizados por ser enclaves militares , comerciales y religiosos, así como
nudos viarios que, mal que bien, asumier on el papel de referente artístico e
intelectual que faltaba en la zona.
Ciertamente, la situación física de la ciudad favorecía el fluir de productos y
gentes, y, con las últimas, de ideas . Abundando en lo dicho, factores tan
diversos como por ejemplo, el hecho de ser el paso ineludible del Ebro en el
inmemorial camino costero ibérico, puerto fluvial de los productos de Aragón,
plaza militar de primera categoría, capital de un obispado a caballo entre
Cataluña y Valencia –con su pequeña cuña aragonesa– 33 , centro de formación
de franciscanos y dominicos, así como enclave donde se celebraron con
frecuencia Cortes y concilios religiosos hasta finales del siglo XV , entre otros
que podríamos aducir, convirtieron a la ciudad en un crisol de gentes que
supuso un interesante intercambio hum ano y cultural. La ciudad era un delta
humano, con una notable presencia de va lencianos, aragoneses y franceses –o
gascones. Los dos ejemplos misóginos sobre el «loco amor» recogidos en el
Corbacho del arcipreste de Talavera, de los que el autor tuvo noticia en la
33 Calaceit, Arenys de Lledó, Lledó y Cretes, en la comarca turolense del Matarranya,
pertencieron al obispado de Tortosa hasta 1961. Por el norte, el obispado llegaba hasta el
enclave ilerdense de Maials y se introducía en algunas poblaciones de las actuales comarcas
32
ciudad, nos dan cierta idea del cierto am biente cosmopolita y portuario tortosino
de la baja edad media (González Muela 1981:93-95).
Esta reflexión previa es necesaria para encaminar el presente capítulo, que
pretende dar cuenta de los factores que lleva ron al intercambio cultural en la
ciudad y, más concretamente, de lo s que promovieron la transmisión y
recepción de modelos estéticos y liter arios que, una vez asumidos, marcarán a
su vez las pautas y el carácter de la cultura literaria local, objeto final de
nuestra investigación. El horizonte estético y literario reflejará, como es natural,
la orientación socioeconómica y humana tortosina, por lo que vendrá delimitado
por los grandes epicentros culturales de Barcelona, Valencia y Zaragoza,
ciudades con las que mantuvo continuas y recíprocas relaciones comerciales,
administrativas, religiosas, y humanas –no sólo en virtud del paso y flujo de
pasajeros, sino también por lazos s anguíneos, o de parentesco. Más allá, a
modo de telón de fondo de la España de los Austrias queda el núcleo cultural
de la Corte, con la cual la relación di recta fue menor, si bien es cierto que hubo
tortosinos relacionados y formados en ambi entes curiales –los Terça, Lluís de
Montsuar y Romeu de Ferrer, en el Consejo de Aragón, y también César de
Aldana, Alexandre de Ros o Francisco de la Torre i Sevil. Por otro lado, hay
que recordar que obispos como Martín de Córdoba, Pedro Manrique, Luis de
Tena, catedrático de escritura en Alcalá, o el cardenal Spínol a trajeron consigo
una pequeña corte de letrados, burócratas y familiares educados en Castilla,
muchos de ellos en la corte de los Austria.
En cuanto a posibles relaciones cult urales con la Italia renacentista,
finalmente, espejo en el que se acic ala la literatur a española de la edad
moderna, Kamen [1998:379] marc a cuatro principales vías de vínculo cultural
entre los dos países: los españoles resi dentes en Italia, los italianos residentes
en España, la difusión de obras por la imprenta y la presencia de libreros
italianos en España. En cuanto a la pr imera vía, hay poc as noticias sobre
contactos significativos: Joan Girona, notario apostólico de finales del siglo XV ,
que mandó labrar un magnífico sepulcro monumental en la Seo tortosina,
Jerónimo de Heredia, que residió en Si cilia durante 3 años en la década de
1580, autor de un cancionero que bebe directamente de los poetas
del Priorat y del Baix Camp. Por tierras valencianas comprendía la villa de Castelló de la Plana
y llegaba hasta Almenara, a 40 km. escasos de Valencia capital.
33
renacentistas italianos y Vicent de Mi ravall, que residió en Roma durante la
primera mitad de la década de 1630 son los más destacados, aunque sabemos
que muchos religiosos tortosinos, mot u propio o comisionados por el Cabildo,
residieron temporalmente en la urbs capita para gestionar asuntos los negocios
de la Iglesia.
La presencia de italianos en la ciudad, documentada en virtud de los
contactos comerciales, aunque no cuant ificada, ciertam ente, pudo suponer
también una posible entrada de influencia s literarias, aunque no conocemos
casos de mercaderes de libros –vía cuarta. En todo caso, parece que la gran
difusión de la literatura italiana en Cataluña (cf. Peña 1996:268-271, 292-298)
constituye de por sí un influjo potent e para la asimilación de las modas e
inquietudes intelectuales provinentes de Italia.
Hay que matizar, sin embargo, que estos contactos culturales no se basan,
como podríamos pensar, en una relación unidireccional jerárquica de emisión-
recepción; es decir, de unos centros difusores de cultura que «adoctrinan»
intelectualmente y «actualizan» estética mente sus satélites subsidiarios.
Curiosamente, observaremos como al gunos de los proyectos literarios más
interesantes producidos, no sólo en Cataluña, sino particularmente en
Barcelona, son obra de tortosinos, que se involucran en la vida cultural de la
capital, sin que eso signifique que hubieran abandonado su «círculo» patrio: la
discreta extensión de un país como Cataluña hacía posible esta doble
ubicuidad. Como bien nota García Espuche [2003:3], «muchas familias de
Cataluña tenían un pie en su lugar de origen y otro, bien consolidado, en
Barcelona, de tal manera que buena parte de quienes vivían en la capital
provenían de fuera de ella».
La permeabilidad parece ser una de sus características más notables en
los cenáculos literarios catalanes que ma rcan las tendencias literarias a seguir.
Cabe preguntarse, pues, hasta qué punto es válido y, sobretodo, ajustado a la
realidad, presentar un modelo de transmi sión literaria jerárquica como el
apuntado –aunque resulte más sencillo y esquemático como método de
trabajo– en el que las grandes urbes menc ionadas proyectarían su luz sobre
réplicas satélites a menor escala. Visto el panorama literario local, y
particularmente, los casos de los Amiguet, Astor, Desí, Herèdia, Vicent Garcia,
etc., parece más apropiado plantear estos canales de comuncación como vías
34
de doble sentido, o incluso como una r ed «transversal», en el supuesto que no
toda la información generada en Cataluña pasaría necesariamente por la
capital, sino que se darían también re laciones directas e independientes entre
las pequeñas capitales –Perpinyà, Girona, Vic, Tarragona, Lleida, Tortosa,
etc.–, en contacto a su vez con otros focos culturales como Huesca, Monzón,
Fraga, Alcañiz, Sant Mateu o Morella , tributarios de Zaragoza y Valencia.
Quede esta última hipótesis como una posible vía de investigación a seguir.
Volvamos al modelo de red o los canales de doble dirección. Este modelo
no menoscaba el liderazgo cultural de Ba rcelona. La capital, debido a su peso
humano y económico, actuaría igualm ente como atalaya de las novedades
producidas en el exterior y sería la pr incipal vía de introducción de éstas en el
Principado. Por otro lado, como imán humano, intelectual y cultural del resto de
Cataluña, fagocitaría las eventuales pr oducciones interiores, que redistribuiría
de nuevo por todo el país. Es decir, si Ll eida, Tortosa o Perpinyà, por citar las
ciudades extremas territorialm ente y que pueden aportar matices más
«exóticos», tenían cualquier singulari dad intelectual interesante, es muy
probable que ésta tuviese en la Ciudad Condal su caja de resonancia
adecuada: el lugar ideal para ser recibidas , asimiladas y difundidas. Esto se
debía tanto al enorme salt o cuantitativo en el nivel de público receptor que
suponía la capital, como por la proyección que la obra podía adquirir desde el
nivel superior, con respecto a su or igen, al que había ll egado. Es decir, no
podemos establecer una escisión clara entre Barcelona y Cataluña, porque,
según la conocida metáfora paulina (1 Cor. 12:14-26), la cabeza no puede
prescindir de los miembros y, todos a la vez, conforman el cuerpo. Javier
Burgos, en su tesis doctoral, expresa la capitalidad cultural y el papel de
«esponja» de Barcelona con otra metáfora:
La ciudad, fuente de creación cultural, actuaría como una auténtica central
eléctrica, recibiendo el caudal de diversos cauces y transfomándolo en nueva
producción cultural que distribuye en un proceso de auténtico intercambio
cultural desigual, y que se agudizará en sus términos de desigualdad según
avance la época moderna (citado por Peña 1996:51).
García Espuche [1998:323-330], por su parte, interpreta la capitalidad
catalana de Barcelona en cuanto centro de un territorio cada vez más integrado
35
gracias a la descentralización territorial, la especialización productiva, la mejora
en las comunicaciones y los múltiples y variados intercambios entre todo el
territorio catalán. Para este histori ador, Barcelona ejerce «el rol de centro
distribuidor [...] paralelo al de organiz ador de la producción cercana», pero nota
también la «doble dirección» en cuanto a «l a creciente influencia del territorio
catalán más dinámico sobre la capital», materializado en una intensa red de
relaciones comerciales, procuras y fluj o de mercancías. Recientemente García
Espuche [2003:3] ha vuelto sobre el tema, explicando el positivo «engranaje»
entre Cataluña y Barcelona gracias a la ya citada doble presencia de los
agentes económicos y políticos del territori o catalán tanto en su lugar de origen
como en la capital. Finalmente, ilu stra el fenómeno de interrelación entre
centro-periferia de Cataluña con una imagen clarificadora: «Ha resultado una
destacada ventaja disponer de es os dos componentes avanzando
conjuntamente, no como lo hacen la lo comotora y sus vagones, sino como lo
realizan las dos piernas de un mismo cuerpo. Aunque es cierto que una de
ellas puede ser más fuerte que la otra , no hay duda que sin las dos, y bien
coordinadas, no es posible avanzar».
Una de las peculiaridades que hace interes ante el hecho cultural tortosino
es su permeabilidad a las influencias aragonesas y valencianas. Un ejercicio
interesante consistiría en seguir el trayecto de estas conexiones para ver si
llegan a ser asimiladas por la cultura catalana o si tan solo van a quedar en
localismos del Ebro catalán, sin ma yor repercusión más allá del coll de
Balaguer, paso situado en el despoblado que ma rca la separación entre la zona
de influencia de Tarragona de la de Tort osa y que marca una clara escisión
dialectal e idiosincrática en el te rritorio catalán. ¿Fue Tortosa en algún
momento un enlace, un puente entre Val encia y Barcelona, que paliara, en
cierta manera «la manca de sincronisme cultural» entre ambas zonas, según la
valoración de Rubió i Balaguer [1985:11]?
En una última fase, cabe examinar si la ciudad, con su hipotética
idiosincrasia local y tradición propia, ll ega a ser también un centro distribuidor
de modas y estilos. Es decir, una refe rencia para un «mercado» intelectual que
podía corresponder, grosso modo , con los límites de su obispado. Este hecho
esta constatado en el ámbito de la pintura y la retablística, así como en el de la
36
orfebrería y la arquitectur a. En el primer caso, es notoria la existencia de
pintores que trabajando al alimón desde lo s talleres de Morella y Tortosa, o
desde Sant Mateu-Tortosa, como si fuera «un sol centre» (José i Pitarch
1986:176), cubren las necesidades artísti cas de un territorio que se extiende,
por poner límites a algo que no los tiene, entre Alcañiz, Morella, Tortosa y el
Baix Maestrat, e incluso más allá –l os cuatrocentistas Pere Lembrí, los
hermanos Serra y Lluís Montoliu (J osé i Pitarch 1986:176-177, 200-202, Vidal
Franquet 2003); García Giner, la saga de los Desí y los Guilló, en el Quinientos,
y Urbà Fos, ya en pleno siglo XVII (cf. Muñoz; Rovira 1999). En el terreno de la
orfebrería destaca la saga de los Santal ínea, originarios de Morella, en activo
en la diócesis, y más allá de su s límites, entre los siglos XIV - XVII (cf. Dalmases
2003:122-129). En el ámbito arquite ctónico, se habla incluso de la
estandarización e irradiación de formas renacentistas en Valencia y Cataluña a
partir del foco tortosino (cf. García Hinarejos 2000). En ambos casos, hay que
ponderar que nos encontramos ante expres iones artísticas marcadas por el
hecho religioso, aspecto en el que Tortos a ejercía claramente su capitalidad,
constituyendo un notable foco de atracción de artistas.
Debemos plantearnos si la premisa marcada por José i Pitarch [2003:141]
al tratar del arte gótico en la zona es válida, salvando las distancias, y el
carácter no estrictamente mercantilista de la literatura, para este estudio: «la
distribución de los centros de pintur a en los Estados de la Corona de Aragón
durante los siglos XIV y XV obedece a una lógica histór ica y geográfica: la
importancia política, religiosa y ec onómica de las principales ciudades y
poblaciones y la posibilidad de un territorio para extender las obras producidas,
es decir, el mercado, en su acepción más amplia, con los clientes consolidados
y temporales». Se dieron estas caracter ísticas, en su proporción, en el campo
de las letras o, por el contrario, es tas seguían modelos expansivos y canales
de distribución diferentes?
Creo haber expuesto, pues, el campo de estudio a desarrollar en este
primer capítulo: en primer lugar, la recepción de ideas desde los epicentros de
Barcelona, Valencia y Zaragoza; al mism o tiempo, analizar la implicación de los
literatos tortosinos en los cí rculos intelectuales de estas capitales y, finalmente,
plantear si, una vez asimilados estos m odelos literarios, la ciudad llega a
funcionar como centro de difusión de lo s mismos en su territorio o mercado de
43
diputado eclesiástico (1494-1497). Vicent es autor de un poema latino inédito
sobre las inundaciones de 1488 – Versus de pressuris, calamitatibus et
incommodis quae in Hispania Citerio ri aquarum inundationibus evenerunt –, del
Officium de Cingulo Beate Virgnis Marie , o rezo de la Cinta (Barcelona?, 1509)
(cf. Querol Coll 1999:86-87) y de una prot ohistoria sobre la Tarragona romana
(Duran 1984:51).
En realidad, desconocemos sus contac tos con los literatos barceloneses
del momento, pero debía ser un personaj e bien conocido entre los círculos
intelectuales catalanes. Lluís Ponç d’Icard le reconoce como una de sus
fuentes para la descripción de la s inscripciones romanas en su Llibre de les
grandeses de Tarragona. En la misma obra lo define como sujeto «de molta
virtut y [en] doctrina famosíssim» (Duran 1984:134). Maria Toldrà, que prepara
un estudio sobre Vicent, me indica que el ms. 3239 de la Herzog-August
Bibliothek de Wolfenbüttel, en el cual se conserva el Llibre dels epigrames de
Tarragona de Ponç d’Icard, es muy posible que incluya también la historia
sobre la Tarragona romana de Vicen t. No hemos podido, de momento,
consultar el manuscrito.
Otra posible obra de Vicent se cons erva en el manuscrito 930 del Arxiu
Capitular de Girona. Allí se transcr ibe un epitafio, obra de un tal Francesc
Vicent, sobre el fallecido Joan Fort, monje cartujano de Scala Dei. Vilallonga
[1991:62], editora del epitafio, propone, si n ninguna certidumbre, identificar al
autor con un homónimo val enciano autor del perdido Libre dels jochs partits
dels scachs (Valencia, 1495); sin embargo, tanto la proximidad espacial –Scala
Dei se encuentra en arzobispado tarrac onense– como temporal, nos inducirían
a pensar que el autor del epitafio es nuestro personaje.
Vicent residía en Tarragona, donde ejercí a de prior mayor, es decir, el
cargo más destacado después del obis po, por lo que f ue un personaje muy
significado dentro del mundillo eclesiástico tarraconense (Tomás Ávila
1963:111, 155-157). Al mismo tiempo, como observamos tanto por sus obras
como por la documentación archivística , conservó estrechos vínculos con
Tortosa, donde residía su hermano, el beneficiado Joan Vicent, responsable,
junto con el canónigo Francesc Corder y los comensales Juan Menor, Antoni
Altaguit y Esteve Vallobar, de la ordenación y edición del Breviarium tortosino
impreso en Venecia el 1507. Ambos eran hijos del notario Bernat Vicent, de
44
muy probable origen converso, de acuerdo c on las listas de nuevos convertidos
a principios del XV publicadas por Salvadó [1999:84, 88].
Antoni Amiguet
A finales del XV vivía en Barcelona el médico tortosino Antoni Amiguet, que
el 1491 tenía el cargo de protofísico del Principado (Calbet; Corbella 1981-
1983: vol. I , 44). Parece ser que los Amiguet, cuyo miembro más conocido es el
gramático Jeroni, estaban establecidos ent re la capital y Tortosa. El 1473, el
canónigo de Tortosa Francesc Amiguet, hermano de Jeroni y Antoni, había
salido escogido oidor eclesiástico de la Generalitat, por lo que es probable que
comprase alguna casa en Barcelona para su comodidad. Parece ser que
pasada su etapa de oidor, Francesc siguió alternando su vida entre Tortosa,
donde lo encontramos normalmente en f unción de sus obligaciones como
capitular, y Barcelona, puesto que el 1483 ejercía de procurador del Cabildo en
esta ciudad, y allí fue enterrado a su muerte en 1494. 37
Poco sabemos sobre la vida del médi co Antoni; el 1477 parece que todavía
reside en Tortosa, pero desconocemos la fecha de su traslado. En la Ciudad
Condal ejerció de profesor de medici na en el Estudi. Relacionada con su
docencia, publicó una Lectura feta per los rever ent mestre Anthoni Am iguet [...]
sobre lo tractat segon del R. mestre Guidó, lo qual tracta de apostem as en
general (Barcelona, 1501), a instancia, según indica en el prólogo «de alguns
joves studiants en cirurgia». Se trat a de una adaptación de la obra médica de
Guy de Cauliach, de la cual se imprim ieron 300 ejemplares a costa de Amiguet
y el cirujano Joan Valls (cf. Madurell; Rubió 1955: 340, 343). Ca lbet y Corbella
reportan también otra obra, Algunas advertencias a las comadres para que
sepan declarar ante los jueces , que debía circular, en t odo caso, manuscrita,
de la cual no tenemos más noticia. Co mo doctor en medicina, constaba en la
matrícula de los ciudadanos honrados de Barcelona como gaudí , pero con la
reforma de la matrícula, su nombre aparece ya expurgado de la misma el 1510
(Palos 1994:439). Amiguet redactó su testament o ante el notario barcelonés
37 ACTo. Codex 85: Liber pro anniversaris instituendis in sede Dertusensis , f. 181.
45
Galceran Balaguer el 1517 –no he podido halla r el protocolo, de momento,– y
murió hacia 1520-1521.
No acaba aquí la relación de los Am iguet con la Ciudad Condal. Es más
que probable que Jeroni, 38 médico también y gramático, se trasladase a
Barcelona, donde publicó la Introductio ad artem gramm aticam (Barcelona,
1514), después de sus etapas valenciana y tortosina, con un poema laudatorio
de Martí Ivarra, el famoso gramático es tablecido en Barcelona. De hecho, ya el
1508 documentamos a Jeroni relacionado con el librero barcelonés Miquel
Conrad, del cual actuaba como proc urador en la ciudad y, quizás, como
representate a comisión. 39
El epistolario de Hipólita Roís de Liori, condesa de Palamós (cf. Ahumada
2003), nos da también algunas pistas sobre Amiguet. La correspondencia
cruzada entre la condesa y su hija Estefanía de Requesens documenta a
«mestre» Amiguet en Barcelona, entre 1533-1537, donde atendía a la familia, y
en Valencia durante 1537, adonde se había trasladado para cuidar a la
condesa (Ahumada 2003:83, 122, 297, 299, 372, 389, 401). Podemos
comprender la solidez cultural de la fa milia en el detalle que el yerno de la
condesa, Juan de Zúñiga, era preceptor del futuro Felipe II en la corte.
El 1533 el Cabildo tortosino mantenía relación con un tal mosén Amiguet,
que les envía cierta tela desde Barcelona. 40 Tan sólo un detalle impide
identificar al «mestre» establecido en Barcelona con nuestro Jeroni: el 1558
ejercía también de médico en la Ci udad Condal un tal Cosme Amiguet ( DACB
1982-1975: v. 15, p. 485), que debe de ser el Cosme-Jer oni que Jeroni Amiguet
introduce, haciendo constar que se tr ata de su hijo, en un ejemplo de Sinonima
variationum sententiarum (Valencia, 1502).
Poco más que estas pinceladas suelta s puedo ofrecer, de momento, sobre
los Amiguet en Barcelona. Queda la duda, por lo tanto, sobre si se trata del
padre o del hijo el doctor al servicio de los Requesens, aunque, vista la edición
barcelonesa de la Introductio de 1514, a falta de alguna constatación
documental definitiva, todo parece indicar que Jeroni se trasladó a la capital
catalana después de su etapa tortosina.
38 Sobre Jeroni Amiguet tratamos en extensión al ocuparnos de las relaciones con los círculos
literarios valencianos.
39 AHT. Man. Not. 1307, f. 179 v. -180.
46
Esteve de Garret
Este canónigo tortosino que tenía la dignidad de arcediano de Borriol,
había sido oidor de cuentas de la Generalitat el trieni o 1497-1500, y presidió la
institución entre 1515-1518. Debía ser hombre de buenas letras, pues el
Cabildo le encargó la composición del Missale (Barcelona, 1524) impreso por
Rosembach. Tras la elección del obispo de Tortosa y cardenal Adriano de
Utrecht como papa en 1522, éste tuvo una deferencia con su Cabildo al
convertir a Garret en su mayordom o (Beguer 1960:252-253). Sin embargo,
poco tiempo pudo gozar de tan disti nguido cargo, puesto que, ambos
personajes murieron poco después: Adri ano de Utrecht en septiembre de 1523
en Roma, y Garret, que quizá no llegó a la capital católica, antes de 1524, por
lo que tampoco pudo ver impreso el Missale.
Por otra parte, hay que considerar el posible parentesco –no demostrado–
de Garret con el poeta catalán Benet Garret, Il Cariteo , establecido en Italia,
puesto que en la rama tortosina habían existido varios personajes homónimos
(cf. Beguer 1980:152).
El profesorado universitario: Cosme de Palm a, Antoni-Joan Astor
Los humanistas tortosinos apenas tuvi eron eco en el Estudi barcelonés. A
parte del ya mencionado Antoni Amigue t, tan sólo detectamos la figura de
Cosme de Palma i Fontes , que regentó la recién creada cátedra de griego
durante el curso 1544-1545 (Fernández Luzón 1995:243). Cosme de Palma no
es, en realidad, tortosino, sino de Sant Mateu. Acompañó al teólogo y rector de
la universidad, Cosme Damià Hortol à, al Concilio de Trento, donde en 1563
recitó una oración a los padres congregados en la que hacía constar su origen
como presbítero diocesis dertusensis (cf. Robres 1957). En realidad,
desconocemos su grado de implicación en la ciudad, si es que tuvo alguno.
40 ADT. Caja 18, doc. 557.
47
Algo más podemos decir sobre Antoni-Joan Astor ( c. 1563-después de
1614), doctor en ambos derechos y hermano del regente de la Audiencia Jeroni
Astor. Astor tuvo una dilatada e intere sante carrera que ti ene su primer punto
álgido en la regencia del Colegio de Santiago en la Universidad de Huesca,
centro donde leyó cánones seis años. De allí pasó a Orihuela, donde fue vicario
general del obispo Josep Esteve, y hacia 1599 a Tarragona, donde se le
nombró rector de Valls y fue vicario general del arzobispo Terés. De su gestión
en la diócesis oriolense al servic io del obispo Esteve da fe la obra Responsum
sive tractatus de synodo diocesana per episcopum indicenda, deque illius
statutis condendis sin consensu capituli (Tarragona, 1600), dedicada al
arzobispo de Tarragona Joan Terés, en la que trata sobre las desavenencias
surgidas entre el obispo y el Cabil do. En los preliminares de la obra
encontramos poemas laudatorios latinos de sus hermanos Pau, doctor en
medicina que ejerció en Tort osa y en la Seu d’Urgell, y Pere, arcediano de
Corbera de la Iglesia tortosina. Des pués de esta etapa fue vicario general del
obispo Capella en la Seu d’Urgell.
Los méritos de Antoni-Joan Astor no pasaron inadvertidos al virrey
Monteleón, que lo destinó al Rosellón al servicio del gobernador Jeroni
d’Argensola. Hacia 1609 se hallaba en la Corte sirviendo al rey, y en ese
mismo año fue nombrado, a instancias del Consejo de Aragón, abad de la Real
de Perpiñán que se encontraba vacante. 41 Según atestigua Monter [1992:142-
143], en 1610 el tortosino, que había conseguido una canongía en Barcelona,
fue encausado por la Inquisición por va rias denuncias de sodomía. Era, como
dice Monter, «el catalán más desta cado de todos los que habían visitado las
celdas inquisitoriales», y su juicio implicaba intereses políticos importantes, en
un período especialmente convulso en cuanto al papel de la Inquisición en
Cataluña, contestado desde la Genera litat. Además, desde 1603 en los casos
de sodomía los jueces de la Audiencia –entre los que se encontraba y tenía
especial carisma Jeroni Asto r, hermano del encausado– debían ser
consultados por la Inquisición de Cataluña. La Suprema intentó, sin éxito, eludir
el voto de la Audiencia para poder ejecut ar al reo. Finalmente, en 1614 Astor
41 ACA.CA. Lg. 268/33.
48
fue condenado a una multa de 300 libras, al confinamiento en un monasterio
por diez años y al destierro de por vida de la diócesis de Barcelona.
Astor era un personaje con vínculos significativos en la Ciudad Condal,
además de la referida relación con el virrey Monteleón, que hemos de datar a
partir de 1603, año de la venida del virrey y de la conexión familiar en la
Audiencia. Ya en 1585 el librero Antoni Oliv er le encargó, junt o a Pau Costa, la
nueva edición del Lexicon seu dictionarium Ae lii Antonii Nebrissensis
(Barcelona, 1585). Según el prólogo de Oliver, «antes que se huviesse de
encomendar a la emprenta, rogué a al gunos hombres doctos y curiosos en
letras humanas que, agradeciendo y pagando su trabajo, corrigiessen y
emendassen aquel vocabulario que última mente se imprimió en Barcelona,
corregido y aumentado por el doctor An tigo Roca [1563]». Madurell [1945:281-
288] publicó sendos documentos del Arxiu Notarial de Barcelona que
desenmascaran la personalidad de estos «correctores»: se trata de la
concordia entre Oliver, por una parte, y Pau Costa y Antoni Astor «natural de la
ciutat de Tortosa» para que estos últi mos corrigiesen e incorporasen las
adiciones pertinentes al Nebrija catal án. Ambos se comprometían, además, a
realizar una traducción al castellano de dicho diccionario, que pasaba así a ser
trilingüe. Astor y Costa recibieron 9 libras cada uno por sus trabajos.
Costa, relacionado con el Estudi de Barcelona, del que fue catedrático de
artes el curso 1596-1597 (García Cárcel 1982:34), era doctor en filosofía y en
derecho. En 1600 dedicó un epigrama a Astor en los preliminares del
Responsum sive tractatus de synodo diocesana per episcopum indicenda , en el
cual consta que era prior del monaste rio benedictino de Sant Joan Les Fonts
(Garrotxa). Costa dedicó también un epi grama al obispo de Tortosa Gaspar
Punter en la Doctrina christiana y instrucció breu fàcil y útil per ensenyar-la
(Barcelona, 1595), por lo que cabe plantearse su relación con la casa militar de
los Costa de Tortosa, entre los cual es destaca Tomàs Costa, abad de Sant
Sadurní de Tavèrnoles.
Además de los mentados, hay noticia de otros profesores en centros
menores: Francesc Sanoya, maestro del Estudio de Gramática entre 1540-
1543, ingresó en la orden jesuítica en 1548 y fue dotado con la cátedra de
latinidad y retórica de la Universidad de Gandia en 1549, año de fundación del
centro. Desempeñó su cargo hasta 1550, en que falleció (Pastor 1901:265-
49
167). Ya en el siglo XVII consignamos a Pau Navarro, canónigo y sacristán
mayor de la Seo, que fue catedrático de teología en Tarragona en el primer
cuarto de siglo, 42 y el también canónigo Josep Simon, vicario general del
cardenal-obispo Spínola en 1625, que había leído en Lérida. 43 Por último, en la
Universidad de Solsona destaca Dídac Carl í, lector en artes en 1651 y rector en
1657, que posteriormente pasará a regi r el convento dominico de Santa
Caterina de Barcelona (Serra Vilaró 1953:68-69).
Principios del XVII : alrededor del virrey Ettore Pignatelli, duque de Monteleón
A principios del siglo XVII observamos una estrecha y contínua relación
entre el círculo poético tortosino –Jer ónimo de Heredia, Joan Desí, Suárez de
Godoy, Vicent Garcia, etc.– y los ambi entes literarios barceloneses. Es difícil
precisar las circunstancias exactas m ediante las que se establecieron estos
contactos y como se articularon las academias y tertulias literarias en
Barcelona, Tarragona o Tortosa. Ha y que asignar un papel de especial
relevancia para la relación entre los liter atos tortosinos y los barceloneses al
erudito Galceran Albanell (1560-1626), ba ile real de Tortosa. Albanell, que
había sido discípulo del humanista Pe re-Joan Nunyes y había estudiado
también en Salamanca (cf. Toldrà 2003:315-321), era uno de los personajes
más sólidos de las letras barcelonesas del momento, como lo demuestra el
hecho que fuera nombrado j uez de la justa poética celebrada en la Ciudad
Condal con motivo de la canonización de san Raimon de Penyafort (1601),
junto con Joaquim Setantí, o que ambos personajes fueran designados por la
Generalitat para supervi sar la edición de la Corònica universal del Principat de
Catalunya (Barcelona, 1609), obra del histori ador Jeroni Pujades. Finalmente,
en 1612 fue nombrado preceptor de Felipe IV y en 1621, ya viudo, se le
concedió el arzobispado de Granada.
Si bien Albanell residía normalmente en Barcelona, dejando un regente, o
sustituto, en la bailía, obligaciones ineludibles de su cargo le llevaban a
frecuentar la ciudad –en 1611, por ejemplo, hubo hacerse cargo de la
administración de los bienes de los mo riscos expulsados. Indudablemente, la
42 ACA. CA. Lg. 389, s/f. 2 de febrero de 1638. No se especifica el período docente.
43 ACA. CA. Lg. 271/46.
50
nobleza y literatos locales debían congr egarse en la tertulia tortosina de
Albanell, como veremos a continuación. Después del traslado de Galceran
Albanell a la corte, en 1612, la ba ilía pasó a ser regentada –ignoro si en
propiedad– por su hijo Jeroni Albane ll i Llull (1584-1615), paje de Felipe III.
Jeroni residia en Tortosa en casa de su tío Francesc de Montsuar i Albanell,
señor de Paüls, quien tras enviudar había conseguido una canonjía en Tortosa
en 1610. Tenemos constancia que en 1614 el baile había organizado una
«comèdia y sarau» en la casa del canóni go Montsuar, sin que, por desgracia,
pueda precisar la obra representada. 44 En todo caso, es una evidencia de la
vida social de la oligarquía local y de la implicación de los Albanell en la misma.
Otros miembros del gr upo poético que estudiamos vivieron también entre
Barcelona y Tortosa: Jerónimo de He redia, que pasó a residir en la Ciudad
Condal durante unos años, 45 donde se casó, seguramente con Magdalena
Setantí, hija del militar, político y poeta Joaquim Setantí. Vicent Garcia, por su
parte, estudió artes en la Ciudad C ondal, donde el 1601 recibió su primera
tonsura clerical, y posteriormente frecuent ó la capital catalana como fámulo del
obispo de Vic Francesc Robuster (cf. Ro ssich 1988:30-45). Suárez de Godoy,
por su parte, parece provenir de un entorno barcelonés; en todo caso, era
amigo de el agustino Jerónimo Saona, regente del convento agustino de
Barcelona, a quien dedica un soneto a sus Discursos predicables (Barcelona,
1598)
El 1601 Heredia participó junto con su amigo Joan Desí en la justa poética
celebrada con motivo de la canonizaci ón de San Ramon de Penyafort. Heredia
presentó unos tercetos que fueron prem iados y siete canciones. El punto
relevante del caso es que los jueces de la justa fueron los caballeros Galceran
Albanell y Joaquim Setantí – su futuro suegro. Asentado en Barcelona, el 1603
daba a la prensa la Guirnalda de Venus casta y el Amor enamorado , poemario
propio y traducción de Minturno, respecti vamente, del que tendremos ocasión
de hablar en el epígrafe dedicado al caba llero tortosino. Entre el grupo de
poetas que elogian a Heredia encontra mos, además de sus compañeros
44 La noticia aparece en una causa criminal incoada por el fiscal de la Curia eclesiástica
tortosina contra el baile y algunos oficiales del Consell, acusados de romper la inmunidad
eclesiástica al extraer unos fugitivos de lugar sagrado (ADTo. Fisci procurator contra paer et
alia. Mayo de 1614).
51
tortosinos, los barceloneses –o residentes en Barcelona– Francisco de
Montcada, a la sazón con tan sólo 17 años, Miguel de Montcada, su hermano,
Onofre Requesens, lector del conv ento dominico de Barcelona dado a los
versos, Felip-Ramon Desplanes, doctor en derecho, así como Guillem Lloris e
Inés de Castro y Sarmiento, que no llego a identificar. Heredia dedica la obra a
la recién llegada Catalina Caracclioli y Mendoza, esposa del virrey Ettore
Pignatelli.
La integración e identificación de Heredia con el ambiente barcelonés se
hace patente en el elogio de la ciudad y en la descripción de la recepción que
los duques dieron a la nobleza lo cal en su venida, recogida en El Amor
enamorado (f. 114 v- 116 v ), como ya había notado López Estrada [1972:323].
Los duques debían tener una sensibilidad es pecial hacia la literatura: es
significativo el soneto «A la conval escència del duc de Monteleón, gran poeta»
(Rossich 2000:156), incluido en La armonia del Parnàs (Barcelona, 1703),
edición de las obras de Garcia por la Acadèmia dels Desconfiats, aunque
Rossich, máxima autoridad en Garcia , atribuye el poema a Massanés. Sea
quien fuere el autor, se intuye cierta predisposición del virrey napolitano hacia
la poesía.
Hacia 1606 vemos de nuevo reunido el grupo tortosino-barcelonés con
motivo de la publicación de Vida y milagros del divino Oleguer del dominico
Jaume Rebullosa. La obra, publicada en Barcelona el 1609, lleva fecha de
aprobación de 1606, cuando Rebullosa er a prior del convento dominico de
Tortosa. La lista de literatos que elogian a Rebullosa es un documento
indispensable para comprender los víncul os literarios entre los círculos
barceloneses y los tortosinos. Allí encontramos los locales Eduardo Díaz,
maestro de gramática, Jerónimo de Her edia, su hermana Isabel de Heredia,
Vicent Garcia –único que escribe en catalán–, y los barceloneses Galceran
Albanell, Joan Dordà, profesor del Estudi barcelonés, y los dominicos Onofre
de Requesens y Raimon Torrella. Aunque Jerónimo de Heredia o Vicent Garcia
no residieran en Tortosa en ese moment o, su relación con la ciudad es
evidente, y todo apunta a que sirvie ron de puente entre la erudición
barcelonesa y la local.
45 Me es imposible, de momento, fijar la cronología, más aún, habiendo otro Jerónimo de
Heredia, también noble y coetáneo.
52
Es interesante, en este caso, notar las conexiones establecidas mediante
los dominicos, cuyos miembros er an trasladados de convento a menudo y
establecían una red de relaciones por toda la Corona de Aragón, como ya he
apuntado en estas páginas.
Finalmente, Joan Desí, el pintor- poeta, parece haber establecido sus
propias relaciones en la Ciudad Condal: el 1610 la Generalitat lo llamó para
tasar la pintura que fray Lluís Pasqual había efectuado en la capilla nueva de la
casa de la Diputación. El mismo año publicó en Barcelona La divina semana , y
el 1611 publicó dos poemas en la Miscellánea de tres tratados de las
apariciones de los espíritus de Onofre Manescal, uno dedi cado al autor y el otro
a Joan de Montcada, obispo de Barcelona.
En fin, vista la fusión, o el injerto, del núcleo poético tortosino con el de la
Ciudad Condal, y sus relaciones literar ias con personajes como Galceran
Albanell, Joaquim Setantí, Onofre Manesca l, Francesc de Montcada, el obispo
Joan de Montcada o el virrey Montel eón, parece que hemos de valorar muy
positivamente las aportaciones que desde las «comarcas» se hacían al
epicentro cultural barcelonés, punto de recepción, producción y difusión de las
ideas que se cocían en el país. Aun así, estas importantes aportaciones
apuntan hacia un modelo de difusión cultur al de doble sentido, y no hacia una
asimilación jerarquizada y paciente por par te del resto del Principado. Podemos
hablar, creo, de un modelo de recepción literaria más abierto, donde las pautas
no vienen marcadas solamente desde Barc elona, que actuaría como caja de
resonancia de las producciones catalanas. La «absorción» de las mejores
mentes e ideas por la Ciudad Condal permite que los pequeños núcleos, con
un mínimo de infraestructura, asum an y participen de las empresas e
inquietudes literarias de la capital; a su vez, estos personajes atraídos hacia
Barcelona, conservarán, gracias al rela tivamente reducido espacio del país, los
vínculos locales, en los cuales repercu tirán los nuevos conceptos asimilados en
la capital, redistribuyendo, de esta m anera, un «cosmopolitani smo» cultural a
pequeñas ciudades que quizá de otro modo no hubieran tenido acceso a las
innovaciones más propias de una gran urbe.
Prueba y paradigma palpable la constitu ye este grupo tortosino; en una
época en que el mercado literario bar celonés parece ya cerrado a las
impresiones de prestigio en catalán, y en la que los escritores catalanes en
59
gramática en Valencia a partir de 1535, cultivador de diálogos como el
Colloquium cui titulus Paedapechtia (Valencia, 1536)? Seguramente. La
presencia de Deci en Tortosa, a falta de una investigación cabal que acote con
más exactitud su estancia, es interes ante por la posible influencia ejercida,
directa o indirectamente sobre sus discípulos. Deci a su vez, estaba
relacionado con Joan Àngel González , que el 1527 publicó el diálogo Per
lepidum colloquium in agendam Publii Terentii latinissimam «Eunuchum»
publice recitatum (cf. Solervicens 1997:94-96) De constatar la docencia de
Dassió en la ciudad a pensar que el c onocimiento de su obra y, quizás,
persona, fuera una de las inspiraciones y modelos formales de Despuig –17
años el 1527– para la redacción de los Col·loquis de la insigne ciutat de
Tortosa, hay un paso no muy largo, que de mo mento dejamos como conjetura
verosímil. De todas formas aun c uando Deci y Despuig no llegaran a
concocerse personalmente, es evidente que los aires humanistas valencianos
se respiraban también en el Estudi tortosino. Despuig, como tendremos
ocasión de comprobar, pudo conocer a Dassió y su producción mediante un
amigo en común: Cosme Violaigua, maestro de obras de la Seo.
Obispos, eclesiásticos y dominicos
Una de las figuras más interesantes y misteriosas de la diócesis que dejó
su huella en la Valencia renacentista es Gabriel Pellicer, eremita de Santa
María de Macoro (Móra d’Ebre), que patrocinó la edición de la Vida de santa
Magdalena en cobles (Valencia, 1505), impresa por Joan Jofré, obra de Jaume
Gassull, uno de los más renombrados poetas de la famosa escuela valenciana
a caballo entre los siglos XV y XVI . La primorosa edición ha merecido ser
considerada «un veritable joiell de l’art tipogr àfica per la profus ió i bellesa dels
gravats i xilografies que duu» (Ferrando; Escartí 1998:163). A principos del XVI
tenemos documentada la presencia de vari os canónigos de este apellido en el
Cabildo tortosino –Lluís Pellicer, Joan-Bapt ista Pellicer–, así como, el 1510, la
de una tal Francina, esposa del falleci do caballero de Santiago Joan Pellicer,
padres de un Jordi-Joan Pellicer, aunque no he podido documentar la relación
60
del ermitaño-patrono con estos Pellicer. 50
Entre los eclesiásticos de origen va lentino que llegaron a ocupar la mitra
tortosina destaca Lluís Mercader ( 1514-1516), consejero real e inquisidor
general de la Corona de Aragón, perteneci ente a un noble linaje valentino con
gran tradición en las letras. Mercader dinam izó la construcción de la catedral de
Tortosa, dotando la obra con 400 escudos anuales sobre la mensa episcopal.
Durante su prelatura encargó al morisco converso Joan Andrès la redacción del
tratado antimusulmán Libro nuevamente impreso que se llama confusión de la
secta mahom ática y del Alcorán (Valencia, 1515) (Duran 1998:144).
En 1552 accede al obispado de Tortos a el oriolano Ferran de Loaces
(1497-1568), forjado intelectual mente en París, Pavía y Bolonia, restituido a
Valencia el 1522, después de doctorarse en ambos derechos. Loaces conocía
perfectamente el pulso social y cultur al catalán, puesto que hacia 1530 pasó a
dirigir la Inquisición de Barcelona. Este dominico gozó del favor tanto de Carlos
V como de Felipe II, por lo que forjó un currículum impresionante: el 1542 fue
promovido al obispado de Elna, el 1546 al de Lérida y el 1553 al de Tortosa,
que regentó hasta 1560, año que fue promovido al arzobispado de Tarragona y
de allí al de Valencia, el 1566 (cf. Ximeno 1747-1749:vol. I, 148-151).
A diferencia de su etapa en Lér ida y Tarragona, donde según Berlabé
[1995:199-202], promovió obras catedra licias y realizó notables donaciones
artísticas durante su prelatura, o de su patria Orihuela, donde fundó un colegio
dominico al que legó su espléndida bibliote ca, su papel como promotor cultural
en la diócesis es más que discutible: se enfrentó con el Cabildo porque no
quería contribuir a la fábrica de la Seo, y por este motivo se las tuvo también
con Cristòfol Despuig, síndico local para tratar el asunto. 51 Es muy probable
que su enfrentamiento con Despuig (cf. §), unido a su ascendencia en el Santo
Oficio fueran factores que desac onsejaran la impresión de los Col·loquis , tanto
por su tono erasmizante sostenido, co mo por la dura crítica al obispo.
50 ACTo. Man. Not. Benet Rius 14. (s/f.).
51 Berlabé quiere, según su expresión, «trencar una llança a favor del bisbe» al cual considera
excesivamente menospreciado en base a las críticas de Despuig en los Col·loquis. Es ta
estudiosa considera el enfr entamiento entre Loaces y Despuig, como una de las muchas
escaramuzas trentinas y postrentinas entre obis pos y cabildos. Comete, sin embargo, un error
imperdonable, puesto que otorga a Despuig el papel de canónigo[!]. Por otra parte, siguiendo
con el tema de Berlabé, Loaces dejó también unos tapices sobre la historia de José a la
catedral de Tortosa (ADTo. caja 25/760)
61
Otro mitrado que sobresale por su preparación humanística es Joan-
Baptista Cardona, canónigo de Orihuela y Valencia, y obispo de Vic, Elna y
Tortosa (1586-1588). Cardona se había fo rmado en su Valencia natal, donde
se doctoró en teología. Consta que, mient ras residía en Roma, Gregorio XIII le
encargó la edición crítica del Decretum de Graciano. Cardona es conocido por
su amistad y correspondencia con persona lidades de la solvencia intelectual de
Antonio Agustín o el heterodoxo de Ulldec ona Pere Galès. Finalmente, gracias
a su amistad con el arzobispo Agus tín, el 1587 pudo imprim ir parte de sus
obras en la imprenta que éste había montado en Tarragona dirigida por el
valenciano Felip Mey, hijo del im presor Joan Mey (Duran 1988-1990:vol. I , 271-
274). 52
También era reconocido en los ambientes valencianos el obispo Gaspar
Punter (1590-1600), natural de Morella, a qui én el librero Baltasar Simó dedicó
el 1590 la reedición de la Subida al monte Sión del dominico Jeroni Alcocer. La
orientación de Punter hacia su naci ón queda también reflejada en el hecho que
publicara sus dos primeras obras – Rituale (1592) y Processionarium (1595)–
en las prensas de Pedro Mey en Valencia . Punter tenía también una magnífica
biblioteca principalmente jurídica. 53
En cuanto a los canónigos tortosinos, a falta de un estudio biográfico sobre
este sector social de gran poder económ ico e influencia, podemos constatar la
presencia de elementos de la nobleza va lenciana, como por ejemplo Joan de
Rebolledo, documentado entre 1522-1565, Vicent de Borja i Pujades, hijo del
conde de Anna, prior claustral el 1633, o Isidor Esbri i Cardona, de la nobleza
del maestrazgo, nombrado canónigo en 1660.
Los dominicos de la Corona de Aragón se caracterizan por una gran
movilidad y estaban sujetos a cierta iti nerancia a lo largo y ancho del espacio
geográfico que comprendía su provinci a. Ya hemos comentado que los
estatutos de los Reales Colegios de San Jorge y San Domingo, casa de
estudios de la orden convertida en unive rsidad pontificia a partir de 1600 y
universidad real el 1645, establecen que el cargo de rector sería trienal y
52 Joan Baptista Cardonae, episcopus dertosani. De r egia S. Laurentii bibliotheca. De Ponfificia
Vaticana. De expungendis haereticorum propriis nominibus. De diptychis. (Tarragona, 1587).
53 ADTo. Caja «Inventario bisbe Punter».
62
rotativo entre sujetos de cada uno de los tres «reinos» que comprendía la
provincia dominica. Esta peculiaridad c onllevó la venida a la ciudad de teólogos
de cierto relieve tanto de la zona catal ana, como de la aragonesa y valenciana.
En el capítulo XVI de la Historia de la antigua Hibera (Tortosa, 1626), el
historiador local Francesc Martorell [1997:91-102] ofrece una amplia nómina
tanto de los maestros teólogos co mo de los colegiales que enseñaron y
estudiaron en Tortosa hasta el año de publicación de la obra. La lista incluye
algunos nombres de relieve. Vamos a repas ar los más importantes, por medio
de ésta y otras fuentes.
La figura señera entre los dominicos to rtosinos es, sin duda, el maestro
Baltasar Sorió, que el 1528 impulsó el es tudio y posterior universidad –Col·legi
de Sant Domènec i Sant Jordi– y, j untamente con el también dominico Juan
Izquierdo, su coadjutor, el colegio para la adoctrinación de los moriscos
nuevamente convertidos –Col·legi de Sant Jaume i Sant Maties– (1544). Sorió
había nacido en Valencia el 1457. Enviado a estudiar a París, a su vuelta a
España regentó diversos conventos de la orden –Valencia, Sant Mateu,
Barcelona, Tortosa. Llegado a la ciudad hac ia 1522 para ejercer la lectoría de
la Seo, continuó en Tortosa durante el re sto de su vida hasta morir en 1557. Su
prestigio, incansable actividad y habili dad consiguiendo patrocinios para sus
proyectos lo convirtieron en un tótem cultural local.
Ya en la ciudad Sorió publicó algunos de sus trabajos escriturísticos y
sermones: Divini eloquii espositoris [...] super psalmum XXXXIIII homelie decem
(Barcelona, 1522), dedicada al duque de Ca labria, virrey de Valencia, prueba
de sus contactos con su patria, Mariale (Tortosa, 1538) y Serm ones Deiparae
Virginis sanctorumque per circulum anni (Tortosa, 1538), dedicado al duque de
Cardona. Por otra parte, se encargó de tr atar con el impresor barcelonés Joan
Rosembach la edición del Misal dertusense de 1524. Como vemos, Sorió
conocía perfectamente tanto los am bientes barceloneses como los
valencianos. Es muy posible también que impulsara la venida a la ciudad del
impresor Arnau-Guillem de Montpesa t, que en 1536 se encontraba trabajando
en Valencia.
Pero no son estas obras religiosas, consideradas de carácter tomista
ortodoxo y medievalizante, lo único que nos interesa de su trayectoria, sino
63
también la influencia literaria que pudo ejercer en el estudio dominico.
Recordemos que en el currícu lum literario de Sorió consta también su papel de
juez, junto al canónigo Fira y Francisco Fenollet, en la justa poética en honor de
Santa Catalina de Sena, ce lebrada en Valencia el 1511, 54 así como su
actividad teatral en el vecino convent o de Sant Mateu, plasmada en la Oratio
litteralis fratris B. Sori o in Christi Nativitate (s.l., 1513?). Por desgracia no ha
quedado constancia de los ejercicios lit erarios promovidos por el longevo
dominico en su etapa tortosina, aunque, como podemos observar, conocía bien
la mejor tradición valenciana, en la cual había tenido cierto protagonismo.
Además de Sorió, otros dominicos valencianos ilustres ejercieron su
docencia, no necesariamente como regent es, en la ciudad, como por ejemplo
Antoni Pons (1588-1593), Lluís Estela (1596-1597), Joan Vicent Català de
Valeriola (1602-1603), Blai Verdú (1611- 1620), Andreu del Fau (1624-1626) y
Jeroni Cucaló –en fecha indeterminada– todos ellos con obra publicada. De
entre estos, destaca la figura de Bl ai Verdú (Catí, 1565-Valencia, 1620),
formado en Valencia, de donde pasó a la Universidad de Tarragona. Verdú
está vinculado a Tortosa como lector de la Seu y regente de los Reales
Colegios desde 1601 hasta 1620, año en que se trasladó a Valencia bajo la
protección de su amigo el arzobis po Aliaga. Verdú falleció poco después,
habiendo dejado a su sobrino Gabriel Ver dú como paje del arzobispo, según
informa el mismo Gabriel en el c apítulo apologético dedicado a su tío que
incluyó en la Discripción de Catí (Pitarch 2000:93-103). Verdú es una figura
prestigiosa en el campo de la filosofía y publicó diversas obras en su etapa
tortosina (cf. Segarra Roca 1943; Querol Coll 1999:180-184). Dos detalles
significativos: su Decissio quaestionis: an detur quarta figura (Tarragona, 1598),
fue reeditada el 1627 en Colonia; por otra parte, el 1614 dedicó el Acromatica
super universam Aristotelis logicam commentaria al valenciano Andreu Roig,
vicecanciller del Consejo de Aragón, que le había confiado la educación de su
hijo en los Reales Colegios.
54 Las justas fueron editadas por Jeroni Fuster: Obres fetes en lahor de la seràphica senta
Catherina de Sena (Valencia, 1511).
64
Jerónimo de Heredia, Joan Desí, Melcior Figuerola, Jeroni Valldeperes
El grupo de poetas tortosinos finise culares, muy bien relacionado con los
círculos literarios barceloneses, tuvo también buenos contactos con la capital
valentina. En primera instancia, cabe destacar la participación de Jerónimo de
Heredia en la justa celebrada por las fies tas del traslado de la reliquia de San
Vicente Ferrer. La relación festiva, obra del nocturno Francisco Tárrega
– Relación de las fiestas que el arçobispo y Cabildo de Valencia hizieron en la
translación de la reliquia del glorioso San Vicente (Valencia, 1600)–, recoge 4
sonetos, unas redondillas, una «estanz a» y una canción de Jerónimo de
Heredia, todas ellas de tema religioso.
Por su parte, Joan Desí aparece relacionado con Valencia con motivo de
las problemáticas y tumultuosas fies tas celebradas en honor del beato Jeroni
Simó. La clave de la conexión valentina cabe buscarla, aparentemente, en la
figura del dominico Isidoro de Ali aga, obispo de Tort osa (1611-1612), de donde
fue promovido al arzobispado de Valenc ia poco después de la muerte del
beato. En este marco de circunstancia s, Desí dedicó a Aliaga un opúsculo
intitulado Canción a la devoción del padre mo sén Francisco Jerónim o Simón
(Valencia, 1612). Sin embargo, la aprobación del opúsculo nos lleva a la fecha
de 6 de junio de 1612, cuando Aliaga no entró en Valencia hasta noviembre de
ese año. Por otro lado, es probable que De sí participara en las justas poéticas
dedicadas a Simó el 5 de julio de 1612, en las que incluiría su Canción.
Curiosamente, Aliaga y los dominicos mantuvieron una durísima pugna contra
el clero valenciano a causa de la postura contraria del arzobispo a la
beatificación de Simó (Garcia Garcia 1983:96-103). Aparquemos el asunto, de
momento, para el epígrafe dedicado en particular a Desí (cf. § 6.5).
El tortosino Melcior Figuerola, arc ediano de Morella y amigo de Heredia y
Desí, publicó un soneto laudatorio en la relación Fiestas que en la insigne
Universidad de Valencia se celebraron, del glorioso doctor y evangelista San
Lucas (Valencia, 1623), dedicadas al patr ón de la Universidad. La obra fue
editada por el morellano Francisco Cros , beneficiado en Valencia y capellán de
la Inquisición, que además de organizar el sarao poético, fue uno de los tres
jueces de la justa y es el responsabl e del vejamen y la sentencia (Beser
1991:128). Cros era un personaje bien re lacionado en los ambientes poéticos
65
valentinos, que incluso llegó a promocionarse más allá, como lo demuestra el
hecho que publicara una «Canción lírica a la muerte del doctor frey Lope Félix
de Vega Carpio» , incluida en la Fama póstum a a la vida y muerte del doctor
frey Lope Félix de Vega Carpio (Madrid, 1636). Hay que buscar, pues, la
inclusión del soneto de Figuerola en la relación festiva de 1623 en su relación
personal con Cros; por otra parte, no hay noticia que Figuerola participara en
dicha justa.
Jeroni Valldeperes i Adell, autor de un soneto laudatorio incluido en la
Historia de la antigua Hibera de Francesc Martorell (Tortosa, 1626) es otro de
los personajes que conocían la escena literaria valenti na. Valldeperes, de
origen materno valenciano, había casado en Valencia el 1608 con Ana María
Camacho de Ladrón, hija de Sebastián Cama cho, secretario del Santo Oficio
en la capital del Regne , y señora de los lugares de La Llosa y Beniatjar. 55 El
matrimonio se trasladó posteriormente a Tortosa. De todas maneras, no hemos
encontrado a Valldeperes entre los parti cipantes en las academias literarias
valencianas de la época. Se trat a, pues, de uno de tantos plumíferos
circunstanciales, sin más trascendenc ia, de acuerdo con la información de que
disponemos, claro.
Finalmente, ya a principios del XVIII está documentada la participación de
Josep Ramon de Sentís 56 en diversas sesiones de la elitista Academia de
Valencia de 1701-1705, en la que, adem ás de responder a los desafíos
poéticos propuestos, tocaba el archilaúd (Mas i Usó 1999:333-378).
2.3.3 Benifassà, Morella y el Maestrat como vías de penetración valenciana
En las relaciones entre Valencia y To rtosa, merecen capítulo aparte las
comarcas del actual norte de la provin cia de Castellón, de el Maestrat y els
Ports, limítrofes con Cataluña y pert enecientes aun hoy en día al obispado de
Tortosa. Orientadas institucional, pol ítica y económicamente hacia Valencia,
pero con indelebles lazos familiares, lingüísticos, religiosos y también
55 ACTo. Man. Not. Pau Roses 6. 10 de febrero de 1629.
56 Hijo, seguramente de Joan Bta. Ramon y Mat ilde de Sentís, de Xerta. Por parte de madre
provenía, por lo tanto del famoso linaje de los Sentís, que dio un regente del Consejo de
Aragón –Joan de Sentís mayor–, un virrey de Ca talunya –Joan de Sentís menor– y un obispo
de Tortosa –Francesc Aguiló de Sentís – entre sus miembros más destacados.
66
económicos con Tortosa, tanto Morella como el monasterio cisterciense de
Benifassà, así como, en general , las tierras valencianas del obispado tortosino,
sobre todo las del Maestrat –San Mateo, Traiguera, Vi naroz, etc.– constituían
no un territorio extraño, sino un contínuum humano y cultural que –a pesar de
sus obvias particularidades– se extendí a prácticamente hasta las mismas
puertas de Valencia capital. 57
Los casos de Morella y Benifassà, en particular, son especialmente
interesantes tanto por su estrechos vínc ulos con la ciudad como por su notable
producción cultural. A continuación va mos a repasar algunas particularidades
que marcan la relación de estos centros con Tortosa, así como una serie de
personajes pivote, los cuales mantuvieron contactos con la capital del Turia y la
del Ebro a la vez, actuando como «canales» de difusión de ideas y poniendo en
contacto ambos universos culturales.
2.3.3.1 El monasterio cisterciense de Benifassà
El lugar de Benifassà y su comarca, llamada la Tinença, perteneció en un
principio a la Iglesia tortosina, de acuerdo con la donación de Alfonso II en1198
y estaba englobado en el término general de To rtosa. Posteriormente, con la
deslindación del Reino de Valencia, el lugar fue segregado, pasó a territorio
valenciano y volvió al patrimonio real ; fue entonces cuando se construyó el
convento. Geográficamente la Tinença era, por lo tant o, limítrofe con el término
general de Tortosa, con Morella y con el Reino de Aragón, si bien es verdad
que además de la Tinença estricta, parte del patrimonio del convento se
extendía por la veguería de Tortosa, donde poseía, por ejemplo, las
propiedades de l’Aldea, Xalamera, la Ram, Sallent, la Carroba, etc, y una casa
en la ciudad. 58
En el ámbito político-administrativ o cabe destacar la pertenencia del abad
de Benifassà al estamento eclesiástico valenciano, por lo que era insaculado
para los cargos de la Generalitat, o Diputació, valenciana. El abad tenía
57 Los 30 km. que separan Almenara, enclave sur extremo del obispado tortosino de la ciudad
de Valencia.
58 Para conocer el patrimonio catalán del monasterio en el XVI puede consultarse el Libro en
donde se allan auténticamente continuados todos lo s reales privilegios y demás escrituras
67
también derecho a acudir a las cortes del Regne. Chavalera [1805:312-315],
último monje-archivero del convent o, documenta los abades Joan Barberà
(1573-1576), Miquel-Joan Gisbert (1599-1602) y Roberto Forner (1696-1700)
como clavarios de la Generalitat, y es te último como diputado eclesiástico
(1602-1604)
Lejos de ser lugares cerrados y aislados, cabe destacar la conexión
existente y el flujo de pers onajes e ideas entre los monasterios cistercienses de
Poblet, Benifassà y Sant Vicent de la Roqueta, situado extram uros de Valencia.
Esta fluida comunicación se hizo patente durante la Guerra dels Segadors , por
lo que el duque de Los Arcos, virrey de Va lencia, hizo purgar los monasterios
de Benifassà y San Vicent de monjes catalanes, temeroso de que pudieran
aprovechar su trato para foment ar conspiraciones en Valencia. 59
Humanamente el monasterio se nutrió de monjes de las comarcas del norte
de Castellón, del Matarraña y de las Te rres de l’Ebre. Según Pastor [1901:249-
263], durante el siglo XVI fueron abades los tortosinos Bernat Llorenç (1485-
1518), Cosme Daroca (1518-1532) y Mi quel-Joan Gisbert (1586-1604). En el
XVII contamos con el ya mencionado Miquel-Joan Gisbert (1586-1604), Jaume
Talarn (1604-1605), Felipe Bono (1605- 1608), Andrés Cabrera (1608-1611;
1614-1617; 1620-1624), Agustí Valls (1624- 1628; 1640-1644), Basilio Calderó
(1648), Robert Cavaller (1664-1667) y Jeroni Corder (1677-1680). En resumen,
podemos decir que la dirección del monaste rio estuvo gran parte de los siglos
XVI y XVII en manos de abades tortosinos. Por otra parte, cabe destacar que el
Cabildo tortosino había concedido a los abades de Benifassà asiento en el coro
y participación en los beneficios, como los demás canónigos, en gratitud por
ciertos servicios prestados, hecho que los vincula especialmente a la Iglesia
tortosina, donde el abad de Benifassà era una dignidad inexcusable en las
solemnidades.
Durante la primer a mitad del siglo XVI el monasterio promovió la educación
de los súbditos más sobresalientes. Por ejemplo, Cosme Da roca fue enviado,
siendo novicio, a estudiar al Colegio de San Bernardo de París, donde coincidió
con el futuro papa Adriano de Utrecht, como gusta de recordar el cronista del
pertenecientes al dominio y posessión de los bi enes posee el Real monasterio cisterciense de
Nuestra Señora de Benifasà en Cataluña (ACTo).
59 ACA. CA. Lg. 396. 26 de febrer de 1643.
68
monasterio (Fabregat 1988:198-199). Así mism o, estando el pintor valenciano
Sarinyena pintando un retablo en la vecina población de Bel, cayó enfermo y
murió. El abad Sans acogió a su hijo Joan bajo tutela y lo envió a estudiar
pintura en Roma –«de Benifaçà se’n aní remès a Roma per lo dit señor abbat,
ahon se feu persona», según la crónica del monasterio. De vuelta a España
Joan Sarinyena se convirtió en el más destacado pintor valenciano de fin de
siglo y uno de los mejores retratista s españoles de su tiempo (Fabregat
1988:256; Company 1991:153).
En el campo de las letras, tenemos ntic ias de ciertos interesantes contactos
establecidos con los círculos erudito s valencianos. Ya he mencionado el caso
del monje Cosme Violaigua, maestro de obras de la ca tedral de Tortosa hacia
1555, el cual dedicó un epigrama lati no a la oración pública intitulada Patribus
iuratis pro numere oratorio m usas nuper condito eucharistia per discipulum
Pontum Patricium adulescentem publice habita (Valencia, 1549), publicada por
Francesc Deci, catedrático de retórica de la Universidad de Valencia y autor del
diálogo Colloquium cuius titulus Paedapechtia (cf. Solervicens 1997:75-78). En
Tortosa Violaigua conoció, y seguramente in timó con Cristòfol Despuig, puesto
que ambos fueron los sendos delegados del Cabildo y del Consell para
negociar y hacer frente común en el afer que enfrentó al Cabildo con el obispo
Loaces sobre la negativa del último a pagar los 400 ducados anuales con los
que la mensa episcopal estaba cargada con destino a continuar las obras de la
Seo. Hay que subrayar, desde luego, la amistad de Violaigua con Deci y
Despuig, ambos cultivadores del género dialogado.
Quizás el personaje más destacado es el abad Jeroni Sans (Xàtiva, ?-
Tortosa, 1554). Sans es autor de una Aragonum clara insignia regum (Valencia,
1541), árbol genealógico de los reyes de la casa de Aragón que dedicó al
vicencaceller del Consej o de Aragón Miquel Mai, de una Vita Joannis II.
Aragonum regis , de la cual hacen mención Despuig en sus Col·loquis y Juan
Álvaro en su Vida [...] de San Bernardo (Valencia, 1597) y, finalmente, de una
versión castellana de La regla y vida de Sant B enito en romance y latín
(Valencia, 1543), dedicada a Brígida de Fenollet, abadesa del monasterio
cisterciense de la Zaidia, en Valencia. Esta última es, por desgracia, la única de
sus obras que se conserva. Sabem os que Despuig conoció a Sans
personalmente y que lo visitó en divers as ocasiones a causa del mencionado
75
motivo de su cargo. Era sobrino de Ga spar Ram, arcipreste de Daroca, en
Zaragoza, y estaba en contacto con la plana mayor de la intelectualidad
aragonesa. Nos ocuparemos de él en det alle al hablar de las relaciones
literarias con Aragón. Baste por ahora apuntar que en su correspondencia
cruzada con Juan Andrés de Uztarroz de 1646 Ram le informa sobre el jesuita
Bisse, muerto en Tortosa ese mismo año, que estaba preparando unas
observaciones a las medallas del Museo de Lastanosa y que tenía ya
terminado «un libro en folio que ya t enía trabajado sobre Tobías» (Arco
1950:443-445). Ambos conocían también, como he comentado, a Pere
Castellarnau, otro jesuita versado en buenas letras que gobernó las casas de
Tarragona y Tortosa.
Con la llegada de los tortosinos exiliados a Morella, se juntaron en la capital
dels Ports una serie de personajes de buenas letras que dinamizaron la vida
cultural: el obispo Veschi, el jurista Francesc-Ramon Sans, el baile general de
Cataluña Lluís de Montsuar y, sobre t odo, Francisco de la Torre, el cual,
recobrada Tortosa para la Monarquía his pánica, continuó residiendo en Morella
gozando del patrimonio que su esposa Anna Guerau poseía en esa villa y en la
aldea vecina de Vallibona. En Morella residí an también otros diletantes como el
baile real Gaspar de la Figuera, poeta, y Felicià Ram, hermano de Juan-
Francisco, que ejerció de maestro de gr amática en Tortosa entre 1664 y 1673.
En un principio la «célula» morellana estaba totalmente conectada al ambiente
literario aragonés: tanto La Torre como La Figuera fueron incluidos en la
antología Poesías varias de grandes ingenios españoles (Zaragoza, 1654),
dedicada a La Torre por el librero José Alfay, y selecci onadada, seguramente,
por Gracián (cf. Rozas 1986:198-200). Ese mismo año La Torre publicaba,
también en Zaragoza, su poemario Entretenimiento de las mu sas en esta
baraja nueva de versos. El 1658 salía a la luz la Miscelánea sacra de varios
poemas (Valencia, 1658) de Gaspar de la Figuera, con una Carta al autor del
conocido canónigo oscense Manuel Salinas y Lizana, fechada en septiembre
de 1656 en Huesca, una Epístola panegírica de Miguel Juan de Lobera,
Elisabet Cifre. En 1601 Francisco aparece domicili ado en Xerta, ya viudo. En esa localidad se
volvió a casar con Violant Fortunyo, madre de Juan.
76
canónigo de Calatayud, o también tres poemas preliminares de los bilbilitanos
Pedro y José Fernández de Moros. 66
A partir de esta fecha –1656, a la prácti ca– cesan las noticias sobre el trato
entre La Torre y La Figuera con los cí rculos aragoneses y poco después ambos
aparecen relacionados literaria y vita lmente a la ciudad de Valencia, donde
compartieron academias, ju stas literarias y saraos varios (cf. Mas i Usó
1999:213-214, 262-263, 347-348). No sabemos si la polémica entre Gracián y
los valencianos, tan desacreditados en el Criticón , tuvo que ver al respecto.
Años después La Torre, ya en Valencia, se movería en un grupo totalmente
hostil hacia Gracián, y el mismo llegó a cr iticar a su antiguo amigo. El caso es
que la nueva inclinación de los dos más s obresalientes ingenios de la zona, así
como la muerte de la generación de lo s Uztarroz, Salinas, Pellicer, etc.,
reorientó de nuevo los referent es de los literatos locales. Valencia iba a vivir
unas décadas de, si no brill ante, vigorosa vida literaria, que sin duda atrajo la
atención de los tortosinos. Por otro lado, las circunstancias políticas y sociales
habían cambiado después de la Guerra dels Segadors , y Barcelona, aun con
sus limitaciones, volvía a ser, poco a poco, el referente local.
2.3.3.3 El Maestrat
La zona del actual norte de Castell ón pasó a la orden de Montesa después
de la desaparición del Temple. A finales del XV el maestre general Lluís
Despuig promocionó especialmente la cr eación y mejora de las escuelas de
latinidad en su territorio, lo que dio lugar a la constitución de notables estudios
en Sant Mateu, Traiguera y Vinaròs (B aila Herrera 2001:201-206). La brillantez
de estos estudios, particularmente el de Sant Mateu, en el que Pere-Jaume
Esteve instauró la enseñanza del griego, «l as primeras letras griegas que se
leyeron en esta escuela y en el Rey no de Valencia», según Martí de Viciana,
66 Debe tratarse de José Fernández de Moros Pérez de Nueros, doctorado en derecho en
1660, que había estudiado en Huesca y Salamanca. Dentro de su cursus profesional fue
lugarteniente del justicia de Aragón, y pasó des pués a la Audiencia de Cerdeña (Gil Pujol 1980:
52). Por otra parte, Arco [1934:153] reporta que en la Palestra numerosa austriaca (1650), obra
que recoge un certamen literario celebrado en Huesca, participó una tal Teresa de la Figuera
Fernández de Moros. Es muy probable, por lo tanto, que las familias estaban emparentadas.
77
que escribe en 1562 (citado por Ximeno 1747-1749:vol. I , 111), 67 permitió la
sólida formación latina de los súbditos m ontesianos de la zona. Los resultados
de este proyecto educativo son patentes no sólo en la nómina de gramáticos
formados en ellas –el repaso a los prof esores de la zona que publicaron sus
métodos docentes es sorprendente–, si no también en niveles «superiores», en
los campos de la medicina, la botánica, la teología, las matemáticas, etc. He
aquí una lista de las obras gramaticales publicadas por los profesores del
Maestrat y del vecino estudio de Morella, con el cual mantenían una
estrechísima relación.
Miquel Saura-Vinaròs Gramm atica tabulae (Valencia, 1564)
De constructione octo partium orationis institutio
brevis (Valencia, 1566)
Libellus de figuris rhetoricis (Valencia, 1567)
Sintaxis cum observationibus (Valencia, 1569)
Francesc Prats-Vilafamés Institutiones grammaticae linguae latinae
(Valencia, 1605).
Pere Martínez Murillo-Cervera Fácil y breve declaración de la sintaxis del P.
Bartolomé Bravo (Pamplona, 1630).
Copia de nombres y verbos conform e las reglas y
clases de Juan Torrella (Valencia, 1643).
Prosodia con un tratado breve de ortographía y
buena pronunciación castellana y latina (Valencia,
1643).
Francesc Gavaldà-Sant Mateu Declaración de la sintaxis del maestro Torrella
(Tortosa, 1633).
Gaspar Moles-Benassal Universal método de construcción y ram illete de
flores latinas y castellanas (Zaragoza, 1638).
Pere-Vicent Zabata-Sant Mateu Rhetorica brevis & com pendiosa (Roma, 1689).
Miquel Grifolla i Giner-Sant Mateu Prosodia Michaleis Giner, ludimagistri morellani
emendata nunc & adauta studio & opera a
Dominici Niñerola & Tena (Valencia, 1729).
67 En realidad Miguel Gerónimo Ledesma introdujo el griego en la Universidad de Valencia el
1547, según el mismo Ximeno.
78
Tal y como prometía el sueño humanista, una vez conseguida la
competencia en latín y griego los estudiantes estaban capacitados para
retomar la sabiduría, embarrancada, de la antigüedad y sobre esta base
fundamentar el progreso de las ciencias. Paradigma de esta progresión es el
mismo Pere-Jaume Esteve, catedrátic o de medicina en Valencia y autor de
unos comentaros a Hipócrates, Hippocratis Coi, medicorum omnium epidem ion
liber secundus latinitati donatus (Valencia, 1551), de una traducción del griego
al latino de Nicandro, Nicandri Colophonii poetae & medici antiquissim i
clarissimique Theriaca (Valencia, 1552), y de una introducción a la botánica,
Diccionario de las yervas y plantas medicinales que se hallan en el Reyno de
Valencia , o el también catedrático en medi cina en Valencia Miquel Gavaldà,
natural de Vinaròs, autor de un Elenchus problematum (Valencia, 1561), sobre
diversos aspectos de su ciencia, algunos tratados en forma de coloquio.
Destacan también escriturista Cosm e Palma de Fontes, de Sant Mateu,
conciliar en Trento, primer catedrát ico de griego en Ba rcelona (1544-1545) y
requerido por Felipe II par a que trabajase en El Escorial sobre diversas
traducciones de padres de la Iglesia (c f. Robres 1957); el teólogo Andrés
Balaguer, de La Jana, nombrado obispo de Albarracín el 1603 y de Orihuela el
1604; los juristas Cosme Gombau, de B enicarló, regente de la Audiencia de
Valencia a mediados del XVII , Francesc Guerau i Ciurana, juez de la Audiencia
valentina, y Cristóbal Crespí de Valldaur a, de Sant Mateu, regente del Consejo
de Aragón a partir de 1642, el teólogo Jeroni Monterde, de Benasal, a finales
del mismo siglo, o Agustí Zaragozà i Ebri en la arquitectura, ya en el siglo XVIII ,
y un larguísimo etcétera del que tan sólo hemos consignado algunos de los
más destacados.
Se hace difícil llegar a valorar la in fluencia de este caudal cultural tan
próximo en la ciudad de Tortosa, porque, a decir verdad, las mejores mentes
fueron absorbidas por la Un iversidad de Valencia o, como hemos visto, por la
Corona. En cualquier caso, aparte de los maestros de gramática Pere Martínez,
Gaspar Moles o Josep Querol, que trabajar on en el estudio tortosino, tenemos
constancia de una relación vital y liter aria con la ciudad de los siguientes
personajes:
79
Climent Ferrer
Este dominico sanmatevano fue nombr ado lugarteniente de la Inquisición
en el distrito de Tortosa; ejerció de adm instrador de la casa de los dominicos en
la ciudad y está documentado como lector de la Seo entre las fechas extremas
de 1502 y 1511. Según Sorió en sus De viris illustribus provinciae Aragoniae
ordinis praedicatorum , dejó manuscritos unos Serm ones dominicales y de
santos y un cuaresmario intitulado Tres quaresmas. Hemos de valorar
negativamente su figura en cuanto a la dura persecución de los conversos
tortosinos a principios del XVI .
Francesc Gavaldà
Nacido en Sant Mateu a principios del XVII y fallecido en 1664 –no hay que
confundirlo con el homónimo y coet áneo obispo de Segorbe– era presbítero
beneficiado en su villa, en la que está documentado como maestro de letras
humanas desde 1644. Gavaldà venía ej erciendo desde mucho antes: el 1633
publicó en Tortosa la Declaración de la syntaxis del maestro Torrella , obra que
alcanzó cierto éxito, como lo test ifican las reediciónes de Valencia 1662 y
Barcelona 1710. En los preliminares de la obra se incluye un poema latino de
su discípulo Josep Querol, natural ta mbién de Sant Mateu, a la sazón repetidor ,
o ayudante in Musaeo dertusensi. No he podido documentar a Gavaldà como
regente del Estudi tortosino. En cualquier caso, era bien conocido en el
ambiente docente local por la publicaci ón de su método, y el 1638 dedica un
poema laudatorio al maestro de Tortos a Gaspar Moles, consignado a
continuación.
Gaspar Moles
Natural de Benassal, Moles llegó a Tort osa el 1628, proviniente de Morella,
para hacerse cargo del Estudi , que regentó hasta su marcha a Zaragoza havia
1636. Entre sus actividades literarias en la ciudad destaca la promoción del
teatro escolar de sus estudi antes –el 1630 representaron el Eunuco en el estudi
(Querol Coll 2001a:295)–, y la publicación de la Vida y martirio del santo niño
80
Crescencio (Tortosa, 1636), que escribió, s eguramente, a instancias del
Cabildo, con motivo de la traslación del cuerpo de Sant Crescencio a la ciudad,
regalo del cardenal Spínola. El 1638, cuando ya ejercía en Zaragoza, Moles
publicó el Universal método de construcción y ramillete de flores latinas y
castellanas (Zaragoza, 1638), reeditado el 1646 también en Zaragoza con el
título de Tesoro de la lengua latina y española . El tratado recoge su método
didáctico y fue redactado segurament e cuando todavía estaba en la ciudad,
puesto que la licencia es de octubre de 1636, y entre las plumas que lo elogian
en los preliminares encontramos al montes iano Pere Moles, pariente suyo, o al
conocido Francesc Gavaldà.
Pere-Vicent Zabata i Grifolla
Natural de Sant Mateu (1662-1733), Zabat a, sobrino del gramático Miquel
Grifolla, se doctoró en derecho y pas ó a Roma de 1687 a 1692 como tesorero
de las rentas del Hospital de Nuestr a Señora de Montserrat de la Corona de
Aragón. Vuelto a su patria chica, tomó las riendas del estudio de gramática a la
muerte de su tío en 1698. Después de 1707 enseño en Morella y en Vinaroz.
Según Ximeno, de quien hemos colegido su biografía, publicó, además de la
Rhetorica ya mencionada, un poemario intitulado Poesías varias (Valencia,
1697), editado a costa de Vicent de Bas, te sorero de la Seo de Tortosa, del
cual, desgraciadamente, no he podido hallar ningún ejemplar, ni tampoco de la
Rhetorica. Las únicas obras que se conocen de Zabata son diversos gozos –a
San Antonio Abad, en Vinaroz, a S an Nicolás, patrono del Estudio de
Gramática de Sant Mateu– conservados en el ms. 804 de la Biblioteca de la
Universidad de Valencia, colección facticia manuscrita del XVIII .
Hay que destacar, por último, que Gavaldà, Grifolla y Z abata, todos ellos
emparentados, regieron el estudio de S ant Mateu durante cerca de un siglo.
2.4 V ÍNCULOS CON LOS CÍRCULOS ERUDITOS ARAGONESES
2.4.1 El comercio con Aragón
A diferencia de lo que sucedía con Barcelona o Valencia, las relaciones
81
establecidas con Aragón no eran de caráct er institucional, administrativo o
político –la presencia del obispado de To rtosa en Aragón abarcaba tan sólo los
pueblos de Calaceit, Arenys de Lledó, Ll edó y Cretes–, sino que respondían a
la ósmosis natural entre dos zonas limítr ofes, en el caso del Matarranya y el
centro económico bajoraragonés de Alcañi z, y a contactos comerciales y
profesionales, en el caso de Zaragoza. Hay que matizar, es verdad, que la
Castellanía de Amposta, encomienda hospi talaria situada en la veguería del
Ebro, era dirigida desde Zaragoza, donde el castellano tenía su residencia en el
Palacio de San Juan de los Panetes, lo c ual establecía inevitables vínculos
institucionales y humanos con el mundo aragonés, que llegan también a
reflejarse en las letras. Por ej emplo, en la segunda parte de la Corónica de la
ilustríssima m ilicia y sagrada religi ón de San Juan Bautista de Jerusalem
(Zaragoza, 1639), obra del caballero sanjuanista Juan Agustín de Funes,
colector de la Castellanía de Amposta, observamos, entre el elenco de ilustres
poetas e ingenios que loan al autor –T amayo de Vargas, José Pellicer de
Tovar, cronista real, Juan de Moncayo, Alonso Castillo Solorzano, Luis Vélez
de Guevara, Lope de Vega, etc.– una décim a de Diego José de Funes, sobrino
del autor y comendador de Horta de San J uan, lugar de la v eguería de Tortosa.
Naturalmente, esto no implica que el s obrino conociera personalmente a la
crema poética española, per o sí nos vale como muestra de los canales
literarios existentes y de cómo desde un lugar pequeño como Horta, tirando del
hilo, accedemos al firmamento poético español.
Retomando el discurso, cabe decir que el comercio fluvial entre Zaragoza y
Tortosa –el camino real era penoso y pe ligroso– ha merecido algunos estudios
directos o tangenciales (cf. Vilella 1995, Gómez Zorraquino 1999, Camps Vives
2000). La burguesía mercantil zaragozana, que controlaba el comercio del trigo
y la lana, embarcaba las mercancías en Zaragoza y otros lugares ribereños
para ser acarreadas Ebro abajo en llaüts por arraeces mudéjares hasta la
aduana de Tortosa. Desde aquí, pequeñas embarcaciones transportaban aún
las mercancías hasta los puertos maríti mos de la Ampolla y Els Alfacs, donde
naves de mayor calado llevaban la mercancía a Barcelona, Mallorca y Valencia
–grano–, Génova –lanas– y otras destinaci ones. El tráfico también se daba en
dirección inversa, aunque en menor volum en, principalmente aceite, sal,
muelas de molino, corchos catalanes, es parto levantino, pescado, drogas, etc.
82
(Vilella 1995:80-81). El intercambio con Aragón y Barcelona era imprescindible
para el desarrollo de la ciudad. Según V ilella [1995:87], «el reino de Aragón en
concreto proporcionaba con su economía agr opecuaria y sus gentes el material
humano y productivo suficiente para que Tortosa actuara como agente
transmisor de estas transacciones me rcantiles con otros lugares del
Mediterréneo».
Expuesto, pues, el trasiego de producto s y gentes entre Aragón y la ciudad,
vamos a centrarnos en el «tráfic o» intelectual. Observaremos que los
principales hombres de letras que pusie ron en contacto ambos mundos fueron
eclesiásticos –obispos, canónigos– y, principalmente, dominicos. También
existió un cierto intercambio de docentes entre los estudios de Zaragoza,
Alcañiz y Tortosa. Por últi mo, cabe destacar que durante la Guerra dels
Segadors Tortosa quedó prácticamente aislada del resto de Cataluña, por lo
Zaragoza y Huesca, en menor medi da, que gozaban de un estimulante
ambiente literario y de un elenco de eruditos y poetas culteranos excelente
–Gracián, Pellicer, Francisco Andrés de Ustarroz, Jerónimo de San José, Juan
de Moncayo, Manuel de Salinas, etc.– pasar on a ser los referentes culturales
de la ciudad durante unas décadas.
2.4.2 Los hombres de letras
2.4.2.1 Eclesiásticos y dominicos
El primer personaje im portante de la Edad M oderna que enlaza Zaragoza
con Tortosa es Alfonso de Aragón (1455- 1514), hijo del conde de Ribagorza y
maestro de Calatrava homónimo, que fue nombrado obispo de la ciudad en
1475, cuando contaba tan sólo 20 años. Al fonso de Aragón ocupó la cátedra
tortosina hasta 1513, año en que fue pr omovido al arzobispado de Tarragona.
La biografía y actividades de este pers onaje siguen siendo bastante oscuras. Si
bien se podría esperar que se criara en Zaragoza, quizás al amparo de la Casa
Real de Aragón, en un ambiente exquisi to que promovió el mecenazgo de
obras de arte (Morte 2000:153-157), la correspondencia de su época de
mitrado le sitúa repetidamente en Valencia, donde había nacido.
83
Su primera visita a la iglesia tortosina está documentada el 1477; 68 y a
partir de esta fecha lo podemos encontrar c on relativa asiduidad al frente de su
diócesis, alternando largos períodos en Zaragoza y Valencia. El trienio 1500-
1503 fue elegido diputado eclesiástico de la Generalitat de Catalunya, por lo
que lo hemos de situar en la órbi ta de la Ciudad Condal, aunque Salicrú
[2003:255] denuncia el frec uente absentismo del obispo en el consistorio
catalán.
Es difícil valorar la repercusión del obispo en la cultura local con los
escasos datos de que disponemos. Hay que apuntar, sin embargo, dos
patrocinios o, al menos, dedicatorias: La scala de paradís (Barcelona, 1495),
del médico tortosino Antoni Boteller y el Ars musicorum (Valencia, 1495), de
Guillermo de Podio. En cuanto a la prim era obra, no deja de ser curioso que un
laico como Boteller escribiera un opúsculo dedicado a la predicación de
«vostres oveles e vicaris parroquials», «per levar a la florentíssima senyoria
vostra de alguna fatiga» (aiii v ). Cabe pensar, pues, que gozaba del apoyo del
obispo.
Por último, hay que tener en cuenta al obispo Alfonso de Aragón de cara a
buscar posibles promotores de la venida de los impresores Brun y Spindeler a
Tortosa y su impresión de los Rudimenta gramm atice de Perotti en la ciudad en
1477.
El siguiente obispo aragonés, cronológicam ente, es el franciscano Antonio
Ruiz de Calcena (1537-1542), natural de Ca latayud. Después de ejercer de
inquisidor, de provincial de los franci scanos y de vicario general de la orden,
Carlos V le encargó la predicación de los moriscos, y poco después fue
nombrado obispo de Tortosa. Calcena lle vó a la ciudad un equipo burocrático
eminentemente aragonés, en el que doc umentamos a Miguel de Miedes,
canónigo de Calatayud, o Antonio Zabalza . El obispo dejó manuscritos algunos
opúsculos y ordenaciones sobre la regulac ión de la orden franciscana (Latassa;
Gómez Uriel 1884-1886: vol. III , 80-81). De su etapa tortosina tenemos escasas
noticias literarias; tan sólo constatamos la dedicatoria del Mariale (Tortosa,
1538), del dominico Sorió, por parte del canónigo Pere Ferrer, editor de la obra.
Más importante fue la implicación y labor del obispo Juan Izquierdo (1574-
68 ACTo. Obispo I, 55.
84
1585), natural de Torralba (Zaragoza). Es te dominico hizo de Tortosa su
segunda patria: está relacionado con la ciudad desde, al menos, 1535, año en
que aparece documentado como ayudante de So rió en el cargo de lector de la
Seo y en el Estudio dominico. 69 De alguna manera, hizo su carrera a la sombra
de Sorió; Carlos V confió a ambos pers onajes la construcción y administración
del colegio de Santiago y San Matías para la educación de los nuevos
convertidos. A la muerte de Sorió Izquier do ocupó la lectoría de la Seo y fue
administrador de la obra de lo s Reales Colegios. Ejerció también los cargos de
prior del convento de Barcelona y el de provincial de la orden. Izquierdo
destaca también en su papel instaurador de las disposiciones trentinas a cuyo
efecto celebró un sínodo diocesano el 1575, publicado Valencia ese mismo
año. 70
Por último, cabe mencionar la corta prelatura, debido a su promoción al
arzobispado de Valencia, del también dominico Isidoro Aliaga (1611-1612).
Este obispo, natural de Zaragoza, er a hermano de Luis de Aliaga, inquisidor
general y confesor de Felipe III. En el ca mpo literario, cabe destacar que Blai
Verdú, regente de los Reales Colegios le dedicara Engaños y desengaños del
tiempo, con un discurso de la expulsión de los m oriscos de España (Barcelona,
1612). Asímismo, seguramente patrocinó la Canción a mossén Jerónim o Simón
(Valencia, 1612), que le dedicó el presbítero tortosino Joan Desí.
Hemos reparado ya, al hablar de los círc ulos barceloneses y valencianos,
en la rotación de los regentes de los R eales Colegios y la movilidad de los
miembros de la orden dentro de los convent os de la Provincia, lo que supuso la
constante presencia de dominicos aragoneses en la ciudad. Recurrimos de
nuevo a Francesc Martorell, en su Historia de la antigua Hibera , para dar
cuenta de algunos de los más destacados personajes aragoneses de la orden
relacionados con la institución dominica to rtosina como regentes o lectores.
Además de Juan Izquierdo e Isidoro Aliaga, mencionados por su papel
como obispos, detectamos, entre lo s escritores dominicos aragoneses que
leyeron artes o teología en Tortosa, la presencia de Miguel Pinedo, autor de los
69 ACTo. Índice de acuerdos capitulares del siglo XVI , s/f.
70 Synodus dertosana sub Sanctissimo Domino nostro Gregorio XIII Pont. Max. regnante
invictissimo rege nostro catholico Philippo II . Valencia: 1575.
91
compatriotas. Por otro lado, la acti vidad de humanistas e historiadores como
Juan Andrés de Ustarroz, José Pellicer de Tovar, Jerónimo de San José o
Vicencio Juan de Lastanosa dejó muy alto el listón de la erudición.
Mientras Barcelona y Valencia, aún c on sus inevitables círculos de
diletantes e intelectuales –pienso en Fontanella, exiliado desde finales de 1652,
o en Pere-Jacint Mollà– languidecían, Zaragoza deslumbraba. No es de
extrañar, pues, que los ingenios y erudi tos aragoneses ejercieran una poderosa
atracción e influencia sobre los tort osinos. Las condiciones eran óptimas,
faltaba tan sólo el vínculo humano, y este se dio en Francisco de la Torre.
La Torre (Tortosa, 1625-Madrid, 1680) , provenía de un noble linaje de
Monroyo, o Montroig de Tastavins –Matarraña–, que extendió su radio de
acción entre Alcañiz, Morella, Tortosa y también Zaragoza, donde Jerónimo de
la Torre –tío de Francisco– era un pers onaje conocido en virtud de su cargo de
lugarteniente de tesorero, y también por sus responsabilidades municipales,
como administrador del Hospital de la Gr acia. Convertida Zaragoza en el centro
de operaciones del ejército español que operaba en Cataluña, tanto las
gestiones de su padre Miquel-Joan de la Torre, al servicio del Consell tortosino,
como el parentesco con don Jerónimo, lle varon al joven La Torre a socializar
con los ingenios aragoneses. Con tan só lo 17 años participó en el certamen
literario que la Universi dad celebró en honor al arzobispo Pedro de Apaolaza
(cf. Egido; San Vicente 1986:128-130, 212, 224). A la caída de Tortosa el 1648,
La Torre, con buena parte de la nobleza tortos ina, se exilió en Morella y en la
pequeña aldea satélite de Vallibona, donde podí a gozar del patrimonio de su
esposa Anna Maria Guerau.
En Morella contactó con el erudito Juan Francisco Ram, nacido en Xerta y
establecido en Morella a raíz de su nombramiento com arcipreste en 1630. 79 Ya
hemos mencionado los contactos de Ra m con los eruditos aragoneses. En
1645 Lastanosa, en el Museo , lo describía como «sugeto mui noticioso en las
letras sagradas y en las lenguas latina, griega y hebrea; y por la eminencia que
en ellas tiene le ha deseado la Univ ersidad de Alcalá de Henares para
ornamento de su Colegio Trinlingüe, en quien resplandecen las luzes de aquel
insigne y eruditíssimo theólogo el Dr. Gaspar Ram, su tío» (Lastanosa
79 Sobre la relación entre La Torre y el círcul o literario morellano –Ram, La Figuera, Francesc-
Ramon Sans, etc.–, cf. Querol Coll [2001b].
92
1645:87). Tenemos constancia de su correspondencia con Andrés de Ustarroz,
al menos desde 1646, y se carteó tambi én con Lastanosa, el canónigo Manuel
de Salinas y Baltasar Gracián (Arco 1934:327, 329; 1950: 446, 754-755, 902-
903). Durante el período de exilio tortosino 1648-1650, Ram y La Torre
contaron con la compañía de la mayor parte de la oligarquía tortosina, y
compartieron tertulia de personajes como Lluís de Montsuar , baile general de
Catalunya, el jurista Francesc-Ramon Sans, poseedor de una biblioteca de más
de mil volúmenes, el obispo Veschi, el jesuita Pere Castellarnau –en Tortosa–
además del poeta morellano Gaspar de la Figuera, autor de la Miscelánea
sacra de varios poemas (Valencia, 1658).
Dejamos los pormenores de la relación de estos personajes entre sí y entre
los eruditos aragoneses. Baste, de momento, decir que tanto Ram como
Jerónimo de la Torre tuvieron un papel clave en la introducción de La Torre en
las elitistas academias literarias zar agozanas y oscenses. Ram en particular
escribió a Andrés de Ustarroz avalando la competencia del tortosino como
poeta y recoméndandolo vívamente. Como muestra de lo dicho, observemos
una carta de Ram a Andrés de Ustarroz de principios de 1652:
Muy buen día tuve con la de V. M., así por la salud de Huesca como por lo que
me dice V. M. de su sentir en orden al ingenio de nuestro amigo don Francisco
de la Torre i del buen aire de sus versos. Estoi muy gozoso que el juizio que io
hacia tenga aprecio en tal autoridad como la de V. M. Según me escrive el d.
Francisco, es fuerza que asista en algunas de la academias, i ia tengo por
seguro su lucimiento, pues V. M. le confía. 80
La Torre fue estupendamente recibido no só lo por Andrés de Ustarroz, sino
por Gracián, con quién se carteó, el marqués de San Felices, Manuel de
Salinas y el resto de la nómina de literatos aragoneses. Participó en las
academias del conde de Lemos, del conde de Aranda, de Los Anhelantes, etc.
Recuperada Tortosa para la Monarquía hispánica a finales de 1650, La
Torre, que enviudó casi a la vez que los españoles entraban en la ciudad,
continuó residiendo mayormente en More lla, haciéndose cargo del patrimonio
de su esposa, aunque frecuentaba tamb ién Tortosa. En 1654 publicó en
80 BN. Ms. 8391 [Cartas a Andrés de Ustarroz ] , f. 368. Morella 29 de enero de 1652. Ram a
Andrés de Ustarroz.
93
Zaragoza su poemario Entretenimiento de las m usas en esta baraxa nueva de
versos , bajo el «pseudónimo» diáfano de Feni so de la Torre. La dedicatoria a
su tío Jerónimo de la Torre, la apr obación de Gracián, los poemas de Juan de
Moncayo –marqués de San Felices–, M anuel de Salinas, canónigo oscense,
Francisco Diego de Sayas Ravaneda, cronista de Aragón, Ana Francisca
Abarca de Bolea, hermana de San Felic es, Ana María de Sayas Rabaneda, sor
Cecilia Bruna, José de Liñán de la Torre y Contamina, el elogio a la obra de
Juan de Moncayo, los temas y las refer encias de sus poemas, casi todo en la
obra es aragonés o está relacionado con Aragón. 81 En particular, Alvar [1986]
evidenció magistralmente la gran influenc ia que el ambiente cultural oscense,
compendiado en la casa-museo de Vicencio Lastanosa y su colección de arte
tuvo en la selección de motivos de la obra del tortosino.
Su relación con los ambientes liter arios aragoneses continuó durante la
década de los cincuenta, como se hace ev idente en las cartas prologales a
Catorce vidas de santas de la orden del Císter (Zaragoza, 1655) de Ana
Francisca Abarca de Bolea, y a la Miscelánea sacra de varios poemas
(Valencia, 1658) de Gaspar de la Figuera. Esta obra ilustra, de alguna manera,
con un regusto local nada vergonzante, el ambiente literario de aquellos años
en Morella y Tortosa: contiene poemas de Francisco de la Torre, de su tío, el
agustino Diego de la Torre, de Francisco de la Figuera, hermano del autor, una
carta del jesuita Castellarnau, a qui en ya nos hemos referido, y abundantes
referencias a la actividad de esta célula literaria enfocada hacia Aragón. Junto
a estos, hay también contribuciones del canónigo oscense Manuel Salinas, una
Epístola panegírica de Miguel Juan de Lobera, canónigo de Calatayud, o
también tres poemas preliminares de los bilbilitanos Pedro y José Fernández
de Moros.
La conexión Tortosa-Morella-Aragón, comenzó a apagarse en la década de
los sesenta, cuando La Torre y La Figuer a, indudables referentes locales,
orientaron su vida y actividades hacia Valencia. De hecho, La Torre, ya
residente en Valencia, parece haberse dejado llevar por el ambiente hostil
hacia Gracián que se respiraba en la capital del Turia debido a las críticas del
jesuita a los valencianos en el Criticón , y que el 1658 motivo la publicación de
81 Para la identificación de estos lit eratos, vid. Romera-Navarro [1940].
94
un opúsculo intitulado Crítica de reflección y censura de las censuras firmado
con el pseudónimo de «Sancho Terzón M uela», y atribuido bien a Lorenzo
Mateu Sans, bien al jesuita Pablo de Rajas (cf. López García 1986). En la
relación Solenes fiestas que celebró Valencia a la Immaculada Concepción de
la Virgen María (Valencia, 1663), obra de Joan Bapt ista de Valda, el relator
incluye una diatriba contra Gracián y sus obras (p. 607-613), criticando, entre
otros aspectos, el concepto de «i ngenio» defendido por el jesuita y la
imposibilidad de alcanzarlo m ediante «arte». Valda presenta como autoridad la
traducción de un epigrama de Owen por La Torre, cuya adición dice así:
Gracián, ningún arte da
ingenio al que le faltó,
porque si le tiene ya,
no le da el arte, y si no,
¿cómo el arte entenderá? 82
Nunca después se dieron circunstancias tan favorables para que la historia
se repitiera. Reintegrada la ciudad al Principado, reanudadas las relaciones
humanas y sociales habituales con Ba rcelona, y traspasada la brillante
generación de poetas y eruditos ar agoneses, las futuras generaciones
tortosinas, volvieron de nuevo sus ojos a las modestas, pero crecientes luces,
que brillaban en Barcelona y a la, si no brillante, animada vida literaria
valenciana, que vivió unas décadas de esplendor en cuanto a academias
literarias, escena teatral, justas y saraos poéticos se refiere.
82 Recordemos que las traducciones de Owen no se publicaron hasta diez años después:
Agudezas de Juan Oven traducidas en metro caste llano. Ilustradas con adiciones y notas por
don Francisco de laTorre (Madrid, 1674).
95
3. Las infraestructuras culturales: La lectoría de la Seo. Los
Reales Colegios de San Jorge y Santo Domingo; el colegio de
nuevos convertidos de Santiago y San Matías; el Estudio de
Gramática . La imprenta.
3.1 L A LECTORÍA DE LA S EO
3.1.1 Origen de la institución
El origen de la lectoría de la Seo se remonta a 1365, año en que el Cabildo
y el obispo Jaime de Aragón decidier on instaurar una lección de teología y
escriturística permanente para provecho de religiosos y seglares, y que venía a
perfeccionar las ocasionales visitas que los teólogos dominicos realizaban a la
Seo con fines predicacionales. La lección fue ofrecida a la orden dominica, que
proveía el cargo anualmente en el cap ítulo provincial (Diago 1599:53v-54).
Una figura básica en la fundación de la lectoría fue Bertomeu Pons, que en
su cláusula testamentaria de 1368 dispus o la construcción de una capilla bajo
la advocación de san Pedro y san Pablo en la cual había de tener habitación el
«lector predicador de la Seu de Tort osa de l’orde de predicadors de Sant
Domènec», a la cual dotaba con una r enta de 500 sueldos anuales (Arribas
2000:57). Una vez fallecido Pons, el obi spo y el Cabildo cumplieron su
disposición testamentaria, con la salvedad que cambiaron el lugar de
construcción asignado por Pons –al otro l ado del río, extramuros– por la calle
de Génova, actual Sant Domènec, donde se er igió la casa del lector y la aneja
iglesia de san Pedro y san Pablo, es decir: el mismo lugar donde hoy se
levantan los Reales Colegios. A pesar de que Pons había especificado que la
lectoría debía ser ocupada por frailes dom inicos para poder goz ar de la renta
asignada, hacia 1459 el Cabildo intentó apr opiarse de la casa y separar a la
orden dominica del cargo. La orden pres entó una queja a Juan II, quien escribó
al Cabildo conminándolo a no innovar en el asunto (cf. Arribas 2000:59).
Podemos atestiguar la continuidad exclus iva de los dominicos en la lectoría
hasta el año de 1586, cuando el Cabildo nom bró al mercedario Asensio Laguria
(1586-1587). Posteriormente, documentamos otros no dominicos, como el
trinitario Antoni March (1593-1596), el mercedario Juan Suárez de Godoy
96
(1597-1600), o el agustino Pedro de la Peña (1600-1608), aunque no he
encontrado ninguna resolución capitular que exprese una modificación en la
exclusividad dominicana en la regencia de la lectoría. Hay que decir que, a
pesar de las exepciones señaladas, la institución continuó ligada
principalmente a los frailes de Santo Domingo.
3.1.2 Obligaciones de los lectores
El papel del lector de la S eo era, como hemos dicho, ejercer el magisterio
teológico, siempre subordinado a las directri ces marcadas por el Cabildo; ya en el
documento fundacional de la lectoría, tr anscrito por Arribas [2000:56] se hace
mención a su función, aunque de un m odo general: «Donat que alguns, a causa
de la pobresa i també a causa de les obli gacions dels oficis religiosos, perden
l’oportunitat de llegir i progressar [...] va ser proveït [...] que aquesta Església
tingui un o altre religiós, o lector, que inst rueixi els canonges, sacerdots i altres en
les Sagrades Escriptures». Sobre la subordi nación del lector al Cabildo, tenemos
un ejemplo claro en la deli beración capitular de 7 de agosto de 1631 en la cual se
acuerda que el lector Luna «llixca en les lliss ons ha de fer est any en lo chor lo 2n
dels manaments de la llei de Déu per a aprofitament dels feels». 1
El lugar natural para la expresión del lector era el púlpito de la Seo, donde
predicaba los sermones que se le asi gnaban, siendo la Cuaresma la época de
mayor realce en la predicación; a partir de 1608, sin embargo, el Cabildo decidió
nombrar otro predicador para la Cuar esma, ya que, debido a las continuas
prédicas del lector, «la gent no·l ohïa sempre de gana» (Macip 1630:47). Un
informe inserto en el Macip – volumen facticio de notas históricas sobre la Iglesia –
que lleva precisamente el título de Obligaciones que tiene el lector de la santa
iglesia cathedral de Tortosa nos introduce en el papel desempeñado por el lector.
He aquí los diferentes puntos del contenido resumidos:
- Hacer la «lición literal» el día después de San Lucas –inicio del curso escolar.
- Desde el día de San Lucas hasta el día de la Septuagésima –tres semanas
antes de Cuaresma – , deberá leer en coro por espacio de un cuarto de hora,
un punto de la Escritura a indicación del Cabildo.
97
- En años alternos, debía hacer la «lición literal» en la vigilia de Navidad.
- Asistir a todos los canónigos en el momento de su muerte.
- Predicar todos los sermones de tabla que cada año se le programaban, así
como los que el Cabildo le encargara, y los de los funerales de los canónigos.
Observamos que, además de ser el predic ador «oficial» de la Iglesia, se le
encargaba también la preparación de «le cciones literales», cuyo contenido no
podemos precisar exactamente. Quiz á se trataba de algún tipo de oración
exhortatoria a los estudios – laudes litterarum – en fechas relevantes del calendario
escolar.
En virtud a la autoridad moral que se le confería, el lector era requerido para
pronunciarse sobre las dudas t eológicas que pudieran surgir. 2 Pero, además de
intervenir sobre múltiples aspectos de la r ealidad religiosa tortosina, su influencia,
debido al intervensionismo de la Iglesia, se proyectaba también en la sociedad
civil. Por ejemplo: una de las dos llave s de la arqueta que contenía los nombres
de los ciudadanos insaculados en las bolsas de jurados del municipio era
custodiada por el lector. No es baladí recor dar la relación entre los dominicos y la
nueva inquisición de la Corona de Aragón establecida a finales del XV .
Precisamente entre 1494 y 1511, en pleno apogeo de la persecución inquisitorial
a los conversos, la lectoría estuvo ocupada por dos inquisidores dominicos:
Guillem Caselles y Climent Ferrer (García Cárcel 1985:57, Querol Coll 1999:90).
Por otra parte, es ocioso recordar la función de adoctrinamiento de las masas
ejercida desde el púlpito, como se hizo patente en la Guerra dels Segadors ; la
predicación constituía el «fenomen mediàt ic per excel·lència», según Rafanell
[1999:45], entorno a la cual se c ongregaba en pleno la sociedad postrentina.
Tamaño modulador de opinión requería unos mecanismos de control adecuados,
que pasaban, en primer lugar, por la idonei dad doctrinal del predicador, así como
por su fidelidad a la institución que le sustentaba. El noviembre de 1600 el
Cabildo suspendió al lector Suárez de Godoy por su comportamiento inmoral:
acudía a comedias y bailes deshonestos y andaba en líos de faldas (Querol Coll
2001a:309), mientras que en agosto de 1616 se revo ca a Blai Verdú de la lectoría
1 ACTo. Actes Capitulars 1631. s/f.
2 ACTo. Actes capitulars 1642 , s/f.
98
por ir en contra de los intereses del C abildo en un pleito que esta institución
mantenía con los dominicos de Ulldecona. 3
El control sobre la predicación suscitó algunas controversias entre el obispo,
el Cabildo y también las autoridades civiles. A raíz de la separación de la lectoría
de la predicación de Cuaresma realizada por el obispo Pedro Manrique en 1608,
el Cabildo asumió la designación del pr edicador cuaresmal. En 1625 el cardenal-
obispo Spínola reclamó esta potestad par a la mitra, ya que, según él, en la
innovación de las constituciones de la Iglesia realizada por Manrique al efecto no
se había cedido la atribución al Cabildo. 4
En 1612 el Cabildo revocó las licenc ias de predicación de los lectores
franciscanos que el Consell –del mismo modo que Valencia y otras ciudades–
pagaba por Cuaresma y también durante algunas fiestas durante el resto del año,
estipulando que «en lo púlpit de la Seu no y pujassen a predicar sinó los lectors
del Col·legi [Reales Colegios]», 5 a lo que el Consell se avino tan sólo en lo
tocante a la Cuaresma. 6
Por último, cabe recordar la relevanc ia de la predicación como factor de
introducción del castellano t anto entre las élites, que disfrutaban de los sermones
«campanudos», fruto de la retórica culter ana, como en los estratos populares,
para quienes los sermones supusieron una oportunidad única de familiarizarse
con el «buen» castellano; el coloquial, al menos en Tortosa, debía ser bien
entendido por el pueblo, visto el cont inuo tránsito de mercaderes aragoneses,
maestros salineros castellanos y otra s gentes que frecuentaban la ciudad. En el
marco del Concilio Tarraconense de 1636 se levantó una vigorosa polémica al
respecto, en la cual el obispo de Tortos a Justo Antolínez de Burgos tuvo un papel
destacado en la defensa de la predicaci ón en catalán, consecuente con la
premisa tridentina de predicar in lingua vernacula , frente a los defensores del
castellano en los púlpitos como lengua más pulida y versátil, y también más
universal. El vallisoletano Antolínez tu vo su principal oponente en el jesuita
Alexandre de Ros, paradójicam ente, catalán y futuro deán de Tortosa (cf. Prats
1995). Esta controversia se vio reflejada dent ro de la diócesis en el conflicto entre
el Consell de Castellón de la Plana y el obispo, que tuvo lugar durante la década
3 ACTo. Actes capitulars 1616, s/f. 13 de agosto.
4 ACTo. Lectoría 11. s/f.
5 ACTo. Actes capitulars 1612. 2 de junio.
99
de 1630. El Consell exigía predicadores en castell ano, según requería el decoro a
la «gente luzida» de la villa, mientras que el obispo abogaba por el catalán como
único idioma que garantizaba una predica ción provechosa (cf. Pitarch 2001:159-
189). Esta misma pretensión se dio en la villa de Ulldecona, menos populosa que
Castellón, lo que nos da una idea de la costumbre de predicar en castellano
(Kamen 1998:349).
En general, los obispos tortosinos, del siglo XVII ejercieron una determinada
defensa de la predicación en catalán, aun frente a las protestas de la parte
valenciana de la diócesis (Pitarch 2001:95-98).
3.1.3 Nómina de lectores
Podemos establecer un listado bastante co mpleto de los lectores de la Seo,
a pesar de algún inevitable vacío. He dejado al margen los «socios» de los
lectores, es decir, los coadjutores que les sustituían en caso de ausencia, así
como los lectores interinos que estuvi eron poco tiempo. Un repaso a la nómina
nos permite apreciar que estuvo ocupada por relevantes teólogos dominicos
como Climent Ferrer –consignado por Baltasar Sorió entre los viri illustribus de
la orden (Garganta 1950:71)–, el historiador Esteve Rot llà (cf. Toldrà 2000), el
famoso Baltasar Sorió, fundador de lo s Reales Colegios, Juan Izquierdo,
obispo de Tortosa (1574-1585), Lluís Este lla, o Istela, maestro en el Sacro
Palacio de Roma (Ximeno 1747-1749:vol. I , 265-266), el mercedario sevillano
Juan Suárez de Godoy, interesante traducto r de poesía clásica y relator de las
honras fúnebres celebradas en la ciudad a la muerte de Felipe II, 7 el filósofo
Blai Verdú, con abundante obra public ada (Querol Coll 1999:180-184), etc.
Muchos de los lectores estaban a la ve z en la nómina de profesores de los
Reales Colegios, por lo que en el siguiente epígrafe, dedicado a esta
institución, tendremos ocasión de ahondar en personajes como Sorió, Verdú o
Espinel de la Portaza.
6 AHCTE. FMT. Provisions 1612 , f. 107. 21 de septiembre.
7 Muerte y honras de la magestad del rey Ph ilipe nuestro señor segundo deste nombre hechas
en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599).
100
Fecha Nombre Origen Obras Observaciones
1463-1486 Joan
Bordalba
1491-1502 Guillem
Caselles
Nombrado inquisidor
de Cataluña en 1484
1502-1511 Climent
Ferrer
Sant
Mateu
Sermones dom inicales y de
santos
Tres Quaresmas
Lloctinent de inquisidor
1515-1516 Alfonso
Carrión
1516-1518 Gaspar
Esteve
Tractatus in defensionem
ecclesiasticae imunitatis et
libertatis (Roma, 1520).
Marcha a Roma.
Sustituido por Rollan
1518 Rollan=
Esteve
Rotllà?
- S umma
- Cronica regum Aragonum et
comitum Barchinone et
populationis Hispaniae
(1475-1530). Manresa,
Colltiure, Barcelona.
1520 Joan
Sarreal
1521-1557 Baltasar
Sorió
Valencia - Mariale (Tortosa, 1538)
- Sermones Deipare Virginis
sanctorumque per circulum anni
(Tortosa, 1538).
(1457-1557). Fundador
Reales Colegios.
Izquierdo, coadjutor.
1557-1568 Juan
Izquierdo
Torralba
Zaragoza
Synodus dertosana sub
sanctissimo dom ino nostro
Gregorio XIII (Valencia, 1575).
(?-1585). Provincial
dominico. Obispo de
Tortosa (1574-1585).
1572-1585 Lluís
Nadal
Valencia Provincial dominico
(1570-1574)
1586-1588 Asensio
Laguria
Mercedario. Primer
lector no dominico.
1588-1593 Antonino
Pons
Valencia Maravillas del Santíssimo
Sacramento y m ilagros con que
el Señor las califica (Valencia,
1613).
Diversas obras manuscritas.
( c. 1545-1625).
Coadjuctor: Tomàs
Roca
107
Según Pastor [1902a, nº451:1], Carlos V planeaba la fundación de un colegio
de estas características en Valencia con una dotación de 800 ducados de la
mitra tortosina. Enterado Sorió del proy ecto, se presentó ante el emperador con
las recomendaciones del obispo Jer oni de Requesens y de los Oliver de
Boteller, el más ilustre linaje tortos ino de aquel tiempo, con el objetivo de
reclamar el Colegio para la ciudad. En tre los argumentos aducidos por Sorió,
destaca los motivos económicos –rechazo a que el dinero de la diócesis se
emplease en otra–, y también la conv eniencia del enclave de Tortosa para
apartar a los nuevos convertidos valenci anos del trato con sus familiares, ya
que se les consideraba menos dispuestos que los moriscos catalanes a aceptar
la fe católica: «y fent-se lo col·legi en la ciutat, estaria en lo mig, y los del Regne
de València serien apartats de la c onversació de sos pares, lo que no han
mester tant los que stan deçà». 12
Finalmente, el 1544 el príncipe Feli pe encomendaba a los maestros Sorió y
Juan Izquierdo la construcción de un colegio para nuevos convertidos, que
habría de llamarse de San Matías y S antiago, y un colegio de la orden
dominica –de Santo Domingo y San Jorge–, con una dotación de 800 ducados
sobre la mitra tortosina. 13 De esta cantidad, 500 habían de destinarse al colegio
dominico y 500 para el de nuevos convertidos . A la muerte de Sorió, Izquierdo
quedó como administrador de las obr as, delegando a la vez en el ciudadano
Mateu Curto y en su viuda Àngela Burgués a partir de 1565. 14 Las obras de
ambos colegios y de la iglesia de Santo Domingo, aneja al estudio dominico, se
fueron desarrollando durante el resto de siglo XVI e incluso principios del XVII (cf.
Arribas 2000:70-76; García Hinarejos 2000:15-27, 37-45) bajo la dirección del
arquitecto Martín García, alias Mendoza.
En definitiva, aunque mejor dotado ec onómicamente el de San Matías de
nuevos convertidos, los dos Reales Colegios quedaban ligados en la práctica a
la administración de los dominicos. Estos habían de nombrar un rector y
profesores de gramática que se hi cieran cargo de su educación.
Según hemos podido constatar, la ere cción de los Reales Colegios fue
apoyada tanto por el Cabildo como la ciudad, a pesar de las disputas que
12 ADTo (=Arxiu Diocesà de Tortosa). Capsa 25/ 571. Carta del Cabildo al Emperador. Tortosa
28 de marzo de 1541.
13 AHN. Estado, lg. 2943.
108
surgieron entre unos y otros sobre el pat ronazgo y la propiedad de la institución, y
la frecuente reticencia por parte del obispo y del Consell local a la hora de
contribuir con su parte estipulada. Federic o Pastor [1902a, nº 451:1], por ejemplo,
dice que la ciudad había de contribuir a la obra –según conces ión del emperador–
con el derecho del imperiatge , 15 pero que la contribución nunca se hizo efectiva.
Sin embargo, en 1550, en respuesta a la alegación del Cabildo que pretendía ser
propietario de los Colegios como albac ea del testamento de Bartomeu Pons, el
Consell defensó que eran de patronato real y que había invertido grandes
cantidades del derecho del imperiatge . 16
Particularmente conflictivos fueron los últimos años de vida de Baltasar Sorió,
que, a pesar de su avanzada edad –90 años en 1545– no quería abandonar la
dirección del centro, aunque, de hecho, le correspondía de por vida. En el
capítulo provincial de la orden celebrado en ese año se le intimó a dejar su cargo
de rector, a lo que no se avino hasta recibir una carta del rey en que se le
obligaba a renunciar (Pastor 1902b, nº 456:1). En 1548 le sustituyó en el
rectorado Hernando de Santo Ambrosio. A partir de aquí, los hechos se
interpretan de diversas maneras según la s partes en conflicto. Para Sorió y el
Cabildo, los dominicos pretendían separar al lector de la Seo de cualquier
influencia y relación sobre el estudi o dominico; acusaban también al nuevo
administrador de malgastar la renta asi gnada para la construcción de los Reales
Colegios y de no obrar nada en dos años.
Para los dominicos, Sorió dispuso t oda suerte de impedimentos y objeciones
a la nueva administración, intentando, entre otras artimañas, separar la dotación y
patrimonio de la lectoría de la del Col egio. La tensión creció hasta límites
violentos –Sorió era t oda una institución en Tortosa– hasta el punto que hubo de
intervenir el padre provincial de la orden, quien envió dos visitadores a la ciudad.
Finalmente, se decidió que el maestro Sorió pudiera residir en el Colegio de
Santo Domingo, como lector de la S eo, aunque se ratificaba la suspensión de
cualquier autoridad en relación al Colegio.
En el Archivo Diocesano se conserva una causa de 1550 entre el Consell y el
Cabildo sobre el patronazgo de los Reales Colegios en la cual se aporta una
14 ACA. CA. Lg. 262/21.
15 Tasa que gravaba la mercancías procedentes de fuera del Principado por vía marítima.
16 ADT. Causas civiles Tortosa. Super lectoria.
109
interesante información sobre el rector Santo Ambrosio, que da parte de razón a
Sorió. Según se informa, el nuevo rector era «infecto, petulant y mal morigerant»
ya que había dilapidado el presupuesto del centro en vicios, llevando a los
colegiales por el camino de la perdición:
Se és seguit tan gran scàndol en dit Col·legi hi avalot que tots, ho los més de dits
col·legials, per llocs perillosos he inhonests amigadament són fugits de dit
Col·legi, ab tant gran scàndol e infàmia públics que és estat forçat venir a dit
Col·legi visitadors per a parlar hi remediar dits desconcerts hi escàndols causava
[...], he ayxí, coneguda hi sabuda la veritat, aquell és estat privat hi lançat de dit
Col·legi [...] Quasi en dos anys no s’i a obrat res, ho cosa de molt poca
importancia, convertint dita pecúnia dits col·legials en menjar hi beure he
qüestions he sedicions que cada dia mouen entre sí, he altres usos profans.
Ciertamente, la causa menciona lo s visitadores apuntados por Pastor.
Sean ciertas las malas costumbres del rector, sea una venganza de Sorió por
haber sido destituido, la cuestión es que los colegiales fueron enviados a sus
casas y la docencia fue interrump ida desde 1550 hasta 1563, año en que se
reanudaron las clases durante el rectorado de Lluís Mas. En el interín se
nombraron administradores de las obras.
Si bien desde sus comienzos el centro tuvo la facultad, según privilegio
papal, de conceder grados en artes y teol ogía a estudiantes dominicos y de
otras órdenes religiosas, 17 entre su alumnado consta también que había
estudiantes seglares que cursaban estas di sciplinas –«in eadem vero civitate et
tota illius diócesis nullum aliud facultat um [...] studium institutum reperiatur,
proindeque seculares ad secundo dictum Collegium in magno numero studii
causa confluere», 18 según la bula papal de Clemente VIII– y que debían
revalidar sus títulos en alguna universi dad reconocida. El paso de estudio
dominico a universidad, materializado en septiembre de 1600, mediante la bula
papal aludida, respondía, por lo tanto, a una necesidad social existente; el
centro se convirtió en Universidad Pontif icia con las mismas prerrogativas de
Lérida y Perpiñán, y con la facultad de doctorar en artes y teología a
estudiantes seglares. Esta concesión pontificia que abría el centro a los
seglares, dio una gran proyección a la in stitución, que se convirtió en un polo
17 Conservamos muestras de diversos grados de doctorados y bachilleres en teología de 1565
y 1566 en los protocolos del notario J oan Puivert: AHT. Man. Not. 1445, s/f.
110
de atracción para estudiantes de Catal uña, Aragón y principalmente Valencia.
Inmediatamente el Colegio solicitó, infr uctuosamente, a Felipe III la concesión
del privilegio de universidad real. 19 En 1632 se intentó de nuevo que Felipe IV
concediera el privilegio de universidad real; a este respecto los procuradors , o
jurados locales, escribieron al monarca para aval ar la petición. 20 En aquella
ocasión no se consiguió tampoco el objetivo desado, aunque el rey concedió
cierta compensación económica sobre la mi tra tortosina de los impuestos de la
Décima y Escusado. 21
Con la Guerra dels Segadors la ciudad y los Colegios vivieron tiempos
convulsos. En un principio –1641– el provincial de la orden en la Corona de
Aragón intentó vetar el nombramiento del rector que, siguiendo una rotación
trienal, correspondía a un religioso cata lán, con miras a evitar elementos
desafectos a Felipe IV en la ciudad. El Consejo de Aragón, sin embargo, que
no quería dar motivos de queja innecesario s a los catalanes, postergó la nueva
elección por algún tiempo, y finalmente se dio el cargo al tortosino Josep
Salvat, de fidelidad contrastada. 22 Las vicisitudes de la guerra dieron ocasión a
los dominicos tortosinos de realizar numerosos servicios diplomáticos y
materiales a la Monarquía –incluso to maron las armas en el sitio de 1642–,
circunstancia que dio alas a la vieja reclamación de conseguir el privilegio de
universidad real. En abril de 1644 los fra iles elevaban la súplica al Consejo de
Aragón acompañada de un memorial impr eso en el que se detallaban los
servicios prestados al monarca: apoyo a los filipistas en la contrarevuelta de
1640 y en la conservación de la moneda del rey que había en la ciudad
destinada a los tercios de Italia, alojami ento de milicia, defensa armada en el
sitio de 1642, gestiones para el apr ovisionamiento de grano, etc. 23 El memorial
venía avalado acompañada por una carta de los procuradors . 24 Felipe IV
accedió a la petición y concedió el des eado privilegio de Universidad Real por
medio de una real cédula dada en 27 de agosto de 1645.
18 ACA. CA. Lg. 344. Copia del privilegio de Clemente VIII.
19 ACA. CA. Lg. 344. Petición de «El rector y los frailes de Sto. Domingo». La autentificación
notarial de la bulla de Clemente VIII que se incluye está fechada el 2 de noviembre de 1600,
por lo que la demanda debe de datarse poco después de esta fecha.
20 AHCTE. FMT. Provisions 1632 , s/f. 5 de mayo.
21 ACTo. Actes capitulars 1633, s/f. 21 de enero.
22 ACA. CA. Lg. 290/30.
23 ACA. CA. Lg. 293/69.
24 ACA. CA. Lg. 509. Carta de 14 de abril de 1644.
111
La alegría se vio pront o empañada por la caída de la ciudad ante el sitio
francés de 1648, que obligó a suspender las clases hasta 1653, 2 años
después que la ciudad fuera ganada de nuevo por las tropas españolas. La
ciudad había sufrido una gran debacle ec onómica y demográfica que afectó
sobremanera la instituc ión, aunque, como veremos, hacia la década de 1660
había alcanzado ya sus niveles de alum nado habituales. Ya a principios del
siglo XVIII se intentó extender la concesión de grados a otras facultades, para lo
cual el lector Lucas Herrero viajó a Madrid con las recomendaciones del
Cabildo y del Consell . La embajada no dio los frutos deseados.
Con la debacle catalana de la Guerra de Sucesión, la instauración del
decreto de Nueva Planta y la supres ión de las universidades catalanas,
sustituidas por la de Cervera en 1717, los Reales Colegios se vieron
imposibilitados para concedir grados universitarios. Sin embar go, el centro
siguió abierto para los religiosos de la orden, hasta que en 1722, a instancias
del Cabildo y del obispo Camacho, Felipe V accedió a que pudiesen ser
admitidos también los miembros del Cab ildo, así como sus fámulos, y también
los prebendados de la diócesis. A la prác tica, esta resolución significó un
subterfugio perfecto para habilitar de nuevo a todo tipo de estudiantes, que se
hacían pasar por miembros de dichos es tados. Legalmente, como he dicho, los
grados seguían expediéndose en Cervera.
Finalmente, por Real Orden de 25 de di ciembre de 1824 la Universidad fue
constituída en un Seminario Conciliar, bajo la dirección de nuevo de los frailes
dominicanos, agregado a la Universidad de Cervera (Vergés 1995:108-167).
3.2.3 La Universidad en su contexto: impacto en la ciudad y ámbito de
influencia. Valoración por sus coetáneos.
En esta ciudad avían fallecido los letrados en las artes y en sagrada teología,
que en todas las cassas de los monasterios de religiosos no avía quien leyesse
ni studiasse, y zelando el Reverendo Maestro Sorió [...] la perdición de las
letras, uvo una bulla apostólica para hazer collegio en su casa, [...] que en
menos de ocho anyos que ha se empeçó ell fervor y exercicio, han salido
muchos maestros, y bien doctos y buenos predicadores. 25
25 ADTo. Correspondència Capítol segle XVI . Al secretario real Cobos. 20 de noviembre de
1541.
112
Con estas palabras tan expresivas , y que bien pueden valer como muestra
del sentimiento ciudadano por el nuevo cent ro educativo, el Cabildo instaba al
secretario Cobos para que diese ali ento institucional y económico a la
construcción del estudio dominico. Según la misiva, el centro funcionaba ya con
un rendimiento satisfactorio durante la década de los treinta. Gracias a otra
carta, esta vez dirigida al Emperador , entendemos la satisfacción de la ciudad
acerca del Estudio: el centro impartía su docencia no sólo a frailes de la orden,
sino también a los religiosos y seglares que lo desearan: «jat sia stiguen frares
de l’orde de predicadors, emperò, les lliçons que en aquell se fan en arts y
sacra teologia, y specialm ent en la Sagrada Scriptura, són comunes a tots los
eclesiàstichs y seculars que volen oír y entrevenir en los exercicis scolàstichs
que en dit Col·legi se fan constinuament». 26 Los eclesiásticos conseguían, por
lo tanto, el grado en teología con facu ltad de la orden. Sin embargo, es muy
probable que los seglares hubieran de ex aminarse en otros centros para
conseguir grados homologados.
Después de la interrupción de los estudios en 1548 –debida, como hemos
visto, a la mala gestión del rector He rnando de Santo Ambrosio y a la actitud
beligerante de Sorió–, en 1563 se reestablec ieron las clases bajo el rectorado
de Lluís Mas, atendiendo a la educación t eológica de los frailes dominicos. De
acuerdo con los documentos notariales que hacen mención a la comunidad, no
parece que el número de colegiales domin icos y profesores de Santo Domingo
superase las 15 personas, 27 a lo que hay que añadir los moriscos convertidos
becados en San Matías, unos 12. Hay que notar que estas cifras no se
corresponden con el volumen de alumnado, puesto que, como hemos podido
comprobar, tanto los religiosos no dominic os como los seglares podían asistir a
las lecciones. Parece que el nivel de enseñanza era satisfactorio, según se
desprende del crédito concedido a la inst itución por el Consejo de Aragón. En
1594, por ejemplo, el rector Sebasti à Casesnoves suplica al Consejo un
donativo de 200 ducados durante 20 años ya que gran parte del presupuesto
se había gastado en la iglesia de Sant o Domingo, adyacente al Colegio,
empezada por el obispo Izquierdo. El obispo de Tortosa avala la petición
26 ADTo. Capsa 25/751. Del Cabildo al emperador. 2 de julio de 1542.
27 ACA. CA. Lg. 270/116; ACTo. Man. Not. Joan Puigvert 13 , s/f. 20 de junio de 1565.
113
loando el «fruto que los frayles hazen assí a el exercicio de las letras como en
otras cosas espirituales». 28 La petición sería aceptada.
Fuere cual fuere el volumen de al umnado, del cual no tenemos datos
fehacientes, a partir de 1.600 con la c onstitución del Estudio en Universidad
Pontificia mediante la bula de Clemente VII, refrendada con el privilegio de
Universidad Real otorgado por Felipe IV en 1645, los Reales Colegios
multiplicaron su alumnado y se conv irtieron en un polo de atracción para
estudiantes de artes y teología de toda la Corona de Aragón, alcanzando un
gran prestigio. En 1607 el rector Blai Verdú hablaba de los Colegios com la
«Atenas» de la Corona de Aragón. Esta es su visión del centro:
Está, como dixe, esta imagen, en el Colegio Real de Tortosa, y aunque real,
nadie le tenga por rico sino de virtud y letras. Pues después que le fundó
aquel grande religioso y letrado, el maestro fray Surió, nunca se ha visto ni a
avido en el cosa escandalosa, sino santidad. Pues en letras es las [sic]
Athenas de la provincia nuestra de Aragón y madre de los más insignes
letrados que ella tiene. Al fin, tiene buen genio, y así, Clemente Octavo le hizo
universidad con los privilegios de Lérida y Perpiñán. 29
Puede alegarse que la descripción del rector no había de ser sino
interesada y ditirámbica. En 1618, ante una nueva petición económica del
centro, el Consejo de Aragón aprueba la concesión de 200 ducados anuales
perpetuos sobre la mensa episcopal, argumentando que «de allí salen los más
luzidos sugetos en virtud y letras que hay en aquella provincia por la mucha
religión que se professa y cuidado que se pone en que todos los que viven en
él attiendan con el mismo a sus estudios». 30 Otra prueba del prestigio del
Colegio la tenemos en hecho que el val enciano Andreu Roig, vicecanciller del
Consejo de Aragón –máximo órgano pol ítico para la Corona de Aragón–
confiase la educación de su hijo al Col egio tortosino regido a la sazón por Blai
Verdú, según este rector explic a en la dedicatoria a Roig del Acroamatica
comm entaria et quaestiones super Aristotelis logicam universam (Barcelona,
1614). También documentamos a Francesc Pu ig, hijo del juez de la Real
Audiencia homónimo, entre los estudiantes de artes el 1602. 31
28 ACA. CA. Lg. 265/146. 14 de marzo de 1594.
29 Blai Verdú. Libro de las aguas potables y m ilagros de la fuente de Nuestra Señora del Avellá.
Barcelona:1607, p. 168
30 ACA. CA. Lg. 271/165.
31 ACTo. Man. Not. Gabriel Vallès 17, s/f.
114
Pero sin duda, el mejor exponente de la proyección del centro, así como de
la atracción ejercida fuer a de la ciudad es el número de graduados. Aún así,
hay que tomar con mucha cautela las cifras y no precipitarnos en sacar
consideraciones, puesto que los registros pueden estar incompletos –por
ejemplo, no es seguro que se anotaran todos los bachilleratos– y ofrecen
algunas lagunas temporales –el per íodo 1623-1659. Por otra parte, los
números, si bien nos dan resultados intere santes y orientativos, no explican las
causas de los mismos ni sus fluct uaciones, que quedan siempre sujetas a la
especulación y la hipótesis. Tomaremos como base de datos el Registrum
doctorativi et baccalaurenti 32 recogido por el notario Vallès entre 1601 y 1623 y
el Libro de la Universidad del Colegio de Santo Domingo y San Jorge , 33 que
contienen datos sobre el registro de alumnos para realizar diversas catas en el
tiempo que nos permitan tener una idea aproximada del volumen de
estudiantes. 34
A/ Grados de bachilleres y doctores de teología y artes 35
Facultad 1601-1623 1661-1683
Artes
B M/D
146 22
B M/D
126 101
32 AHT. Man. Not. 1651.
33 BC. Ms. 3918.
34 Analizo los períodos entre 1601-1623, inmediatamente después a la creación de la
Universidad, y 1661-1680, años postbélicos de es pecial interés para captar el proceso de
recuperación de la ciudad y del centro.
35 B=bachiller; M=maestro en ar tes; D=doctor en teología.
La confección de estas gráficas es muy problemática debido a que no hay un documento
único que suministre todos los ítems. En este caso, la cifra de doctorados en teología del
período 1601-1623 se extrae del Registrum doctorativi et bacalaurenti (AHT. Man. Not. 1651),
mientras que la de doctorados en artes –muy posib lemente incompleta– es la registrada en el
Libro de la Universidad del Colegio de Santo Domingo y San Jorge (BC. Ms. 3918).
En cuanto a los bachilleres del período 1601-1623, ni el Registrum ni el Libro de la
Universidad recogen sistemáticamente su número. Sin embargo, en los registros de doctorados
del Libro de la Universidad se incluye información del centro donde recibieron el bachillerato en
artes o teología. Sumando esta información adici onal a los bachilleres registrados en el mismo
libro, ofrezco el resultado a todas luces orientativo y que debe tomarse con todas las
precauciones. Sin embargo, si comparamos la s cifras resultantes con las del período 1661-
1683, estas últimas mucho más fiables, puesto que provienen íntegramente del Libro de la
Universidad , observamos que los hipotéticos guar ismos presentados no son en absoluto
disparatados y deben acercarse razonablemente a la realidad.
Cabe decir que en el Arxiu de la Catedral de Tortosa se conserva un registro de
licenciados similar a los manejados al que no he podido tener acceso por el momento debido a
las obras de restauración de dicho archivo.
115
Teología
176 230 156 207
Totales 322 252 282 308
Podemos comprobar la preponderancia de la teología sobre las artes,
sobre todo en cuanto a los doctorados, aunque el número de maestros en artes
aumenta espectacularmente en el período 1661-1683. Es posible, sin embargo,
que los registros no recojan fielmente el número de maestros en artes.
Constatamos también que el número de graduados se mantiene constante a lo
largo del siglo y que la Universidad re cupera rápidamente el pulso después del
período de la Guerra dels Segadors y la peste, que mantuvo la institución bajo
mínimos, e incluso cerrada, entre 1640-1653.
Aunque no puedo detenerme en un examen pomenorizado de cada uno de
los alumnos, he analizado, a modo de mues tra, el grupo de graduados en
teología entre 1601-1623, c on el fin de extraer alguna orientación que nos
ayude a descifrar la realidad social de es a masa estudiantil; en particular, los
relativos a su origen patrio, su vinculac ión al clero regular o secular, y sus
funciones más destacadas dentro del organigrama de la Iglesia:
Nº de doctorados 230
Origen
Valencia 66 (29%)
Aragón 49 (21%)
Cataluña 45 (20%)
Mallorca 44 (19%)
Otros/desconocido 26 (11%)
Diócesis de Tortosa 41 (18%)
Veguería de Tortosa 11 ( 5%)
Tortosa ciudad 5 ( 2%)
Clero regular
Dominicos 24 (10%)
116
Carmelitas 8 ( 3%)
Agustinos 4 ( 1’5%)
Servitas 3 ( 1’2%)
Montesa 1 ( 0’4%)
Cistercenses 1 ( 0’4%)
Clero secular
Rectores y vicarios 31 (13%)
Dignidades 13 ( 5%)
El origen de los doctorados represent a con bastante equidad los diferentes
reinos de la Corona de Aragón, con un predominio claro de los valencianos.
Otro dato interesante es el muy bajo núm ero de estudiantes tortosinos (2%). La
cifra sube, sin embargo, cuando el ámbi to se extiende a la diócesis (18%)
aunque, notemos, la cantidad de doctor ados de la veguería de Tortosa –es
decir, la parte catalana de la diócesis – sigue siendo baja (5%). Esto significa
que un 13% de los doctorados proceden de la parte valenciana de la diócesis
de Tortosa, cifra que nos da, sin duda, uno de los perfiles dominantes. La
explicación a este desequilibrio dentro del obispado hay que buscarla en la
mayor riqueza y preparación cultural de la parte valenciana. En cuanto al resto
de doctorados, no hallamos ninguna preponder ancia especial por alguna parte
en concreto de los diferentes reinos, puesto que prácticamente todos los
obispados aparecen representados.
Socialmente, el perfil dom inante es el de los estudiantes dominicos (10%),
cifra comprensible, de acuerdo con la ori entación de la institución. Dentro del
clero destaca también el elevado núm ero de rectores parroquiales que se
graduaron (13%): Bell-lloc, B enissa, Vinaròs, Vistabella del Maestrat, Benassal,
Bocairent, La Jana, Torrent, Valencia, Ca lp, Enguera, Santa Maria de Alacant y
Rafelguaraf en el Reino de Valencia; M ontroig del Camp, Santa Maria de la
Seu d’Urgell, Vila-rodona, Sant Pere de Gelida, Sant Feliu de Sabadell,
Vallfogona de Riucorb, Santa Fe de Calonge, Santa Fe del Montseny, Cellers,
Horta de Sant Joan y Gandesa en Catal uña; Cadules, San Juan de la Cuesta
de Zaragoza, Estopinyà, la Fresneda, Torremocha, Bechí en Aragón y Calvià
123
y Juan Izquierdo (1574-1585) jugaron en la implantación de la contrarreforma
en la diócesis. Los 32 años de presenc ia continuada de un prelado dominico en
la ciudad coinciden plenamente con el período de celebración del concilio
tridentino, durante el que ya se van aplicando algunos de los acuerdos
alcanzados, y el inmediatamente posterior , caracterizado por la celebración del
sínodo provincial Tarraconense (1564) y del diocesano de Tortosa (1575), con
el objetivo de poner en práctica, de bajar a la realidad social, las
elucubraciones teológicas del concilio. Es también en esos años –a partir de
1563, con el rectorado de Lluís Mas, personaje estrechamente relacionado al
obispo Córdoba y Mendoza– 42 cuando los Reales Colegios vuelven a abrir sus
puertas tras más de una década de claus ura debido a la construcción del
edificio. Es de esperar que los obispos dominicos utilizaran la institución
educativa insignia de su diócesis como una herramienta más en su estrategia
de imponer las prácticas tridentinas, tal y como la utilizaron para aculturizar a
los moriscos, siguiendo las instrucciones de la Corona.
3.2.5 Actividades dramáticas
La verdad, muy poco conocemos sobre esta faceta del centro, aunque ya
hay constancia que el f undador Baltasar Sorió, organizó una representación
navideña con sus discípulos en el ve cino convento de San Mateo en 1513,
publicada con el título de Oratio litteralis fratris B. Sorio in Christi Nativitate
(Rubió i Balaguer 1990:228-229). Aunque podemos especular con cierta
credibilidad sobre la implant ación de este tipo de prácticas en el Colegio por el
maestro Sorió, no están documentadas.
Hay que esperar a 1686 para hallar la primera noticia de una actividad
teatral en el centro. En el marco de las fiestas celebradas a lo largo y ancho de
Cataluña para conmemorar la toma de la plaza de Buda –episodio de la guerra
contra los turcos en que participar on compañías catalanas– la ciudad de
Tortosa y los Reales Colegios, en particu lar, festejaron tamb ién la efeméride
con diversas actividades que incluían una r epresentación teatral. El texto de la
representación, que se ha conser vado manuscrito y ha sido editado
42 En 1563 Mas visitó la diócesis en repr esentación del obispo (Valldepérez 1997:64-68).
124
modernamente por Ramon Mi ravall [1980], viene introducido por la siguiente
acotación, que contextualiza su contenido:
Los licenciados de la Universidad de Tortosa, con sus caballos mui
enjaezados y un carro triumphal mui vistoso, cantando la canción siguiente y
representando las demás epigramas y dichos en particular en la plaça,
delante de toda la ciudad en las fiestas que hizo por haver ganado la ciudad
de Buda en la Ungría (Miravall 1980:17).
Se trata, como vemos, de una represent ación itinerante, que requiere diez
personajes que representan un diálogo –en castellano– entre el ángel del
Danubio y el ángel del Ebro, en el cual se celebra la victoria de la casa de
Austria. No disponemos de didascalias que acoten la escenografía, el vestuario
o la maquinaria tramoyística, aunque podemos buscar analogías en otros
eventos similares, puesto que este tipo de actividades teatrales era muy
corriente en las fiestas tardo-barroca s de la ciudad (cf. Querol Coll 2001a:301-
303).
Sabemos también que la festivi dad de Santo Tomás de Aquino era
embellecida con actos literarios; la única muestra que nos ha llegado, Publicata
que en honor del angélico Dr. Santo Thomás de Aquino ofrecen al público los
filósophos del Real Colegio de Santo Domingo, 43 data de 1806, fecha ajena a
nuestro marco cronológico, aunque bien puede ser considerada eco de
anteriores funciones, debido al carácter tradicional y conservador de este tipo
de actividades. Se trata, más que una repres entación, de la le ctura coral, por
medio de dos cuerdas, de un poema que glosa la vida de santo Tomás.
3.3 E L C OLEGIO DE S AN M ATÍAS Y S AN J ORGE
Aun con sus propios estatutos, regl amentación y dotación, el Colegio de
San Matías y San Jorge, o «de arriba», como era denominado coloquialmente,
para distinguirlo de la Universidad, nace y se desarrolla como parte del Estudio
dominico de la ciudad, entre cuyo prof esorado se elegía el rector y los
maestros. Si bien el edificio de San Matías es conocido por su belleza
43 Arxiu Torre d’en Gil, sin clasificar. El m anuscrito que contiene la composición, obra del
colegial Domingo Bernat, perteneció a Francisco Gil de Federic i Pinyol (Tortosa, 1785-?)
profesor de teología en Santo Domingo, que recitó como «estandarte» en el acto.
125
arquitectónica, especialmente su magnífico claustro, en estas páginas, como es
natural me centraré en los motivos en su función social y en su reglamentación
académica, a la vez que intentaré valorar el éxito de la empresa. Por último,
trataré de su reconversión después de la expulsión de los moriscos, su
alumnado poetencial.
3.3.1 Fundación, objetivo y resultado
La fundación del Colegio de San Ma tías y San Jorge para moriscos
nuevamente convertidos ha de ser entendi da como parte de una estrategia
continuada, y no siempre coherente, de la Monarqui a por acabar con el
«problema» morisco, y que se desarro lló en diferentes frentes: la
evangelización, la asimilación, la repres ión inquisitorial o la fuerza de las
armas, dependiendo del momento y la coyuntur a social. En la diócesis tortosina
parece claro que hay que distinguir entre dos grupos principales. En primer
lugar, los moriscos de la riber a del Ebro catalán –Riba-ro ja, Flix, Ascó, Vinebre,
Móra, Tivissa, Miravet, B enifallet, Tivenys, Vilanov a de Tortosa, etc.– poco
numerosos y, en general, bastante asim ilados culturalmente y mezclados con
los cristianos viejos que, en último té rmino, constituían comunidades residuales
no beligerantes (Ferrer 1994:53). Por otro lado, tenemos a los moriscos de la
sierra del Espadà, en el extremo sur del obispado –Eslida, Artana, Onda, la Vall
d’Uixó, etc.– mucho más numerosos y problemáticos. En 1526 hubieron de ser
reprimidos por las armas ante su al zamiento armado, mientras que en la
década de los sesenta la acción inqui sitorial abortó un nuevo conato de
revuelta, encausando a los líderes Pe re Aman y Jaume Ayet, que se habían
opuesto a los planes evangelizadores del obispo Martín de Córdoba (cf.
Arroyas; Gil 1994).
El Colegio, fundado en 1544 bajo los auspi cios del emperador y dirigido por
Baltasar Sorió y su coadjutor Juan Izquierdo, nacía con la intención de
evangelizar, aculturizar y asimilar los nuevos convertidos de la diócesis
tortosina: «para que se instruyessen en nuestra santa fe cathólica y ley
christiana, y aprovechasen en letras», según se expresa en los estatutos del
Colegio. Estos estatutos, redactados en 1568, reflejan el nuevo y estricto
programa antimorisco sancionado por la pragmática de Felipe II de 1567 que
126
prohibía las principales prácticas cultur ales y estrechaba el cerco ideológico
sobre esta comunidad (Valldepérez 1999:600). A esta nueva embestida
antimorisca corresponde la publicación de una Doctrina cristiana [...]
juntamente con las constituciones [...] acerca del regimi ento y orden que han de
guardar los nuevos convertidos (Valencia, 1568), consensuada por Fernando
de Loaces, arzobispo de Valencia, Juan de Muñatones, obispo de Segorbe,
Martín de Córdoba, obispo de Tortosa, y Gregorio Gallo, prelado de Orihuela.
Es inevitable relacionar esta publicación con los conatos de rebelión del sur del
obispado en 1568.
Además de reglamentar la obligator iedad de toda la serie de prácticas
católicas –misa, confesión, oraciones, et c.–, los estatutos restringen los usos y
hábitos sociales que pudieran desviarlas:
- Que los collegiales sean elegidos y tomados por el obispo y rectores de los
dos collegios y, en falta del uno, los puedan elegir los dos de los lugares del
obispado de Tortosa que más necesidad tuvieren entre los lugares de los
nuevos convertidos. Y los que se habrán de elegir sean de edad de ocho
hasta quatorze o quinze años lo más [...].
- Que todos los collegiales coman en refitorio con el rector y hagan su
bendición y gracias como religiosos en la capilla del Collegio; los quales
coman tozino y bevan vino [...].
- Los collegiales puedan salir a la plaça de su Collegio y, dos o tres vezes al
mes, todos juntos con el rector, yr al campo, pero que no puedan yr al río a
bañarse ny nadar, ni entrar en él, ni la Villanueva [morería] ny en casa de la
ciudad ny huerta de christiano nuevo.
- Que puedan los collegiales algunas vezes hablar con sus padres, madres y
hermanos que los vinieren a ver, en presencia del rector o maestro, con tal
que no hablen en algaravía ni ésta se permita hablar en el Collegio, ni tener
libros en arábigo; antes bien, el rector cada mes visite las celdas y
reconozca los libros si son cathólicos.
- Que el rector sea obligado cada un año de examinar con el regente o
lectores del Collegio de los frayles todos los collegiales y ver lo que avrán
aprovechado. Y los que serán para letras quedarán en el Collegio, y
aquellos de quien no huviere esperança alguna [...] les ponga a officios
conforme a la inclinación de cada uno con christianos viejos.
127
- Que no puedan estar en el Collegio sino hasta hedad de X XIIII años
cumplidos, que sean de missa o graduados. Passado este tiempo, siendo
hábiles y examinados en letras y costumbres, y por el obispo approbados,
les embíe a predicar a sus lugares y otros de moriscos y les provea de
beneficios para que se puedan ordenar tengan con qué bivir y
sustentarse. 44
Como puede observarse, hay un interés particular en cortar las posibles
vías de adoctrinamiento coránico –lib ros, lengua, control de las visitas
familiares y prohibición de las visitas a cristianos nuevos–, así como en prohibir
prácticas islámicas –abstinencia de vino y tocino, prohibición de ir al río,
seguramente para evitar abluciones rituales. En última instancia, los colegiales
de provecho habían de servir como in strumento para adoctrinar a otros
moriscos.
El Colegio funcionaba por medio de un sistema de becas. El obispo hacía
confeccionar una lista de los jóvenes candi datos de las villas de moriscos, entre
los cuales se elegía a los más hábile s hasta llegar a un tope de 20 plazas
estipuladas para los becados. 45 Además de la doctrina, los muchachos
perfeccionaban la lectura y la escritura y eran instruidos en gramática latina.
Una vez eran competentes en latín podían acceder al adyacente Colegio de
Santo Domingo para estudiar artes, junt o con los colegiales dominicos, y,
finalmente, teología, todo ello, grat is. La beca era una excelente oportunidad
para educarse en humanidades, caso que los moriscos no tuvieran reparo en
pasar por el estrecho tamiz de adoctrinamient o católico. Es significativo el caso
del canónigo de Tarragona Domingo Marián, natural de Móra d’Ebre, quien,
según explica él mismo, siendo de familia humilde, se hizo pasar por morisco
para poder acceder a una de las bec as. Marian acabó doctorándose en
teología y consiguió una cátedra en la Universidad de Tarragona. 46
Ahora bien, a parte del caso exc epcional de Marián y de algún otro, no
parece que los jóvenes moriscos adelantaran en sus estudios. Según el
44 ACA. Cancelleria, reg. 4352, f. XCVI - CVI . Publicados en extracto , por Valldepérez [1999].
45 ACA. CA. Lg. 268. doc. suelto.
46 ACI (=Arxiu de la Companyia de Jesús). ACOB-79: Fragmentos de la historia de la fundación
del Colegio de Tortosa , p. 36-37.
128
testimonio del carmelitano Juan de Jesús, fundador del convento de Tortosa,
en una carta escrita al rey en 1590, el Colegio no acababa de funcionar:
Aquí en Tortosa tiene V. Magd. un seminario de moriscos, y estoy informado
del obispo y de otras personas graves y zelosas que no se sigue provecho
alguno, porque estos niños, como traen desde los pechos de sus madres esta
ruín leche de Mahoma, o por otro camino se la siembra el demonio en sus
ánimos, luego que conoçen su raça y la opinión de los suyos tienen tan mala
inclinación que pocos o ninguno passa adelante en sus estudios; antes se va
a tomar oficios viles, dexando el hábito y estudio, y hasta oy uno ha salido con
letras, y siendo rector o cura, acabó con Mahoma en el coraçón y en la
boca. 47
¿Pero quién mejor informado que el re ctor Blai Verdú para saber del
suceso del Colegio? El c apítulo último de su obra Engaños y desengaños del
tiempo (Barcelona, 1612), está constituido por un discurso intitulado «Del justo
destierro de los moriscos españoles» (p. 132-148). Tratando sobre la
conveniencia en dejar partir al destierro a los muchachos bautizados a la fe
católica con sus padres, Verdú reconoce el fracaso educativo del Colegio de
San Matías y Santiago:
Allende desto, lo poco que han aprovechado estos mochachos en los colegios
que les han criado, agüera y enflaquece nuestras esperanças, pues podemos
contar con los dedos de las manos –y aun dudo sean menester– todos los
que hizieron algún provecho. Estos sabemos que después de largos años de
colegio yvan a visitar sus padres y parientes infieles, sin provecho alguno (f.
141-141v).
O como sintetiza el mismo Verdú, hablando sobre la predicación en villas
de moriscos: «Los argumentos sordos y callados que haze la sangre que clama
dentro de las venas, terribles son. De spués de aver predicado nos respondían
estos desichados: “mi padre moro, yo moro”» (f. 143v).
Insisto en que las afirmaciones de Verdú se avienen con la situación que
conocemos en la parte valenciana de la diócesis, en la que grupos bastante
homogéneos y numerosos de moriscos rehusaron los intentos de
adoctrinamiento de los prelados tort osinos, pero no parecen plenamente
representativas de la sit uación de la parte catalana de la diócesis, como
veremos a continuación.
47 ACA. CA. Lg. 342. 12 de febrero de 1590.
129
3.3.2 Reconversión de San Matías y S antiago después de la expulsión de los
moriscos.
Es de sobras conocido que gracias a la intercesión del obispo Pedro
Manrique, que avaló su ort odoxia católica, muchos de los moriscos del Ebro
catalán –unos 1.500– pudieron evitar la ex pulsión de 1609, si bien es cierto que
los grupos más conflictivos, como por ej emplo, los de Ascó, Miravet y Benissanet
fueron expatriados en su mayoría (cf. Bi arnés 1994; Boet 1994) . El hecho es que,
después de la expulsión, los moriscos que habían restado eran de ius , y
supuestamente de facto , buenos católicos, por lo que la función original del Real
Colegio de San Matías quedaba desvirtuada: si los moriscos eran ya buenos
cristianos, se había acabado con la «client ela» potencial del centro. El obispo
Manrique, consciente del nuevo est ado de las cosas, escribía en 1610
expresando su visión. Según el prel ado, una vez expulsados los moriscos
valencianos, más problemáticos, no conv enía que los de la veguería de Tortosa
quedasen «señalados» por medio de un program a educativo especial, por lo que
aconseja que los cristianos viejos puedan acceder también al Colegio, ahora que
«todos son unos en costumbre y religión». 48
Desde el Consejo de Aragón se revalidó la tesis de Manrique, por lo que el
Colegio se abrió a los estudiantes no moriscos en general. Fruto de ese cambio
de directriz son los Estatutos que tiene el Real Collegio y Seminario de San
Mathías y Santiago de collegi ales y seminaristas de beca , 49 redactados a
instancia del cardenal-obispo de Tortosa Agustín Spínola hacia 1625. En el
prólogo de los estatutos se justif ica su redacción porque «después de la
expulsión de los moriscos han entrado en su l ugar christianos viejos», por lo que
algunos de los estatutos antiguos «no vienen a propósito para el presente
govierno». De los treinta puntos de que constan dichas disposiciones,
destacamos los siguientes como distin tivos y significativos del nuevo rumbo
emprendido por el Colegio:
48 ACA. CA. Lg. 270/118.
49 AHN. Estado. Lg. 2943.
130
- La admisión está regulada por un examen realizado por el obispo y los
rectores de los dos colegios. Los alumnos admitidos han de ser pobres,
«aviéndolas idóneas y capaces».
- La mitad de los becados entraría para estudiar gramática, mientras que la otra
mitad se destinarían a estudiar artes, grado universitario propedéutico previo
al estudio de la teología, jurisprudencia, medicina, etc.
- Los estudiantes de gramática deben tener entre 11 y 14 años, y los de artes
entre 13 y 17.
- La mitad de los estudiantes han de ser naturales de la ciudad y la otra mitad
del resto del obispado.
- Pueden ser admitidos alumnos «contribuyentes fuera del número de los
collegiales para los quales está fundado el Collegio», siempre que sean de
buenas costumbres, etc.
- El itinerario educativo quedaba establecido de la siguiente manera: se
iniciaban en la gramática, y una vez conseguido el certificado de latinidad, se
accedía a la facultad de artes y, de allí, a la de teología.
- Los examinadores son el rector, el regente, los lectores de las facultades y, en
su defecto, los colegiales de teología competentes.
- El obispo y el rector de Santo Domingo designan al rector de San Matías.
Como se puede apreciar, el Colegio continuaba supeditado al obispo y al
regente de Santo Domingo, y seguía tamb ién con el sistema de becas, ahora
destinadas a estudiantes sin recursos . La novedad más import ante se da en el
alumnado, puesto que se da luz verde al acceso a la facultad de artes,
«contribuyendo», a estudiantes no necesariament e dominicos, como de hecho
venía sucediendo desde la bula fundaci onal de la Universidad de 1600. No queda
bien especificado si el Colegio de S an Matías queda destinado como facultad de
artes –con la opción a clases de gramática previas–, a diferencia del Colegio de
Santo Domingo, que pasaría a especializar se en teología. En principio hay que
pensar que los grados de artes siguen siendo concedidos por el Colegio de
Santo Domingo y no por el de San Matías. A la práctica ambos colegios
funcionaban como un todo.
En cuanto a las clases de gramática en San Matías, no parece que en ningún
caso se pretenda present ar una competencia al Estudi local, ni tampoco hemos
detectado ninguna queja al respecto por par te de los maestros de gramática del
131
mismo acusando al Colegio de intromis ión o lamentándose de la pérdida de
alumnos por esta causa. Al contrario, parece que esta materia constituía más
bien un estorbo para los frailes dominicos , poco dispuestos a esforzarse en este
aspecto educativo «de poca monta» para la dignidad del Colegio. De hecho,
parece que hubieron algunos problemas tanto respecto a la atención prestada a
los alumnos como a la calidad de la enseñanza en San Matías.
Prueba de ello es el encausamiento de algunos colegiales en la curia
eclesiástica de Tortosa por desacato al obispo en 1631. 50 Según se desprende
del proceso, en aquel año tan sólo había 6 colegiales en San Matías, los cuales,
aconsejados por el vicerrector del Col egio, habían salido por las calles a pedir
limosna para su sustento, con el consigui ente disgusto del obispo Justo Antolinez
de Burgos, máximo responsable de las finanzas y del buen funcionamiento del
centro. Los colegiales se allegaron al mismo palacio Episcopal a pedir limosna,
donde fueron recriminados por su a cción y respondieron con palabras
altisonantes al obispo. En el proceso se dan algunos datos de interés para
conocer la situación de San Matías. Por ejemplo, los colegi ales se lamentan que
en 2 años y medio habían tenido hasta 8 maestros de gramática diferentes,
algunos de los cuales eran simples est udiantes de teología de Santo Domingo,
quienes «suben de mala gana». Esta des idia provocaba que los becados no
aprovechasen debidamente su estancia. El obispo, en vista de su incompetencia
en latín y del estancamiento que sufr ían en su educación, aconsejó a los
muchachos que vayan a es tudiar gramática al Estudi local y cuando sean
aprobados por el maestro del mismo vuelv an al Colegio, ya más preparados, a
estudiar artes. En resumen: los est udios de gramática básica en San Matías no
funcionaba correctamente.
Para resolver esta incómoda situac ión, al año siguiente, 1632, los dos
rectores pedirán al Consej o de Aragón la reforma de algunas constituciones, con
el objetivo de que los colegiales que ent ren sean ya «gramáticos», es decir,
competentes para oír artes. 51 En definitiva, intentan ev itar los estudiantes más
jóvenes y menos preparados, ya que estos podían dirigirse al Estudi de
Gramática. En 1674 tenemos documentadas nuevas quejas de los estudiantes de
San Matías. En esta ocasión escriben a los procuradors de la ciudad para
50 ADT. Causes criminals, s/c. El fiscal acus a a Llorenç Menguilla, Josep Pinyana i Josep Ram.
51 ACA. CA. Lg. 382. doc. s/c.
132
protestar sobre la negligencia del rector Baltasar Amigó en darles sustento y
enseñanza adecuada (cf. Querol Coll 2000), aunque la carta no especifica si se
trata de estudiantes de gramática o de artes, por lo que no podemos asegurar
que la enseñanza de gramática llegara a desterrarse del Colegio.
3.3.3 Profesores destacados y su producción literaria
Este listado no incluye exhaustivamente todos los profesores dominicos que,
habiendo ejercido su profesorado en los R eales Colegios, llegaran a publicar en
alguna ocasión, sino más bien aquellos cuyas producciones podemos relacionar
más o menos directamente con la instituci ón tortosina o su estancia en la ciudad.
Estas obras, algunas de las cuales rec ogen el ideario docente, o incluso las
lecciones impartidas en el centro, pueden dar una idea del nivel de enseñanza.
Destacan con luz propia el teólogo Sorió, el escriturista Juan Hernando y el
filósofo Blai Verdú, aunque también incluimos sermones y otros tipos de
producciones menos relevantes desde el punto de vista docente.
Baltasar Sorió
Es inevitable empezar esta nómina con el fundador y alma de los Reales
Colegios. Sorió (Valencia, 1457-Tortosa, 1557), doctorado en teología en París,
es un personaje que conoce bien los am bientes culturales de Barcelona y
Valencia antes de llegar a regir la le ctoría de Tortosa en 1521. Su actividad
literaria es muy prolífica y diversa, fruto también de su longeva vida. Sabemos
que fue uno de los jueces de la justa poética celebrada en Valencia en 1511 en
honor de Santa Catalina de Siena (F errando 1983:669-670), y que ejercitaba
sus alumnos en prácticas teatrales, como se aprecia en la impresa Oratio
litteralis fratris B. Sorio in Christi nativitate sanctissima (Valencia?, 1513?),
representada por sus discípulos del c onvento de San Mateu (Maestrat) en 1513
(Rubió i Balaguer 1990:228-229). Es muy pos ible que Sorió trasladara este tipo
de práctica a Tortosa, aunque no he podido hallar constancia documental al
respecto.
El 27 de febrero de 1522, poco después de su llegada a Tortosa, viajó a
Vitoria junto con los canónigos Miquel Bo teller, Francesc Oliver, Joan Pellicer y
139
Andreu del Fau
Rector de Santo Domingo entre 1625-1627, sacó a la luz un pliego suelto
intitulado Verdadera relación hecha por el padre maestro fray Andrés del Fau, [...]
de un milagro lleno de milagros que aconteció en la iglesia de dicho Real
Collegio, cayendo un rayo en ella (Tortosa, 1625). Aprovechando la caída de un
rayo en el Colegio, considerada milagrosa, Fau publicó el opúsculo con el objetivo
de mover el vulgo e inclinarlo a favore cer a su orden. A raíz de este hecho se
instituyó la llamada «misa del rayo» (cf. Pastor 1908).
Pius Pla
Documentado como maestro en arte s en 1634 y como rector de Santo
Domingo y San Jorge entre 1664-1666. Publicó un sermón intitulado Discurso
sobre la milagrosíssim a y celestial imagen del grande patriarca de predicadores
Santo Domingo de Guzm án (Barcelona, 1665), dedicado a la noble Isabel de
Pons i de Corbera, baronesa de Llinàs, Talavera y Altafulla. Murió en Gerona el
1682 (cf. Collell 1965:209).
Mateu Comes de Montada
Documentado en los Reales Col egios en 1670, 1683-1686 y entre 1695-
1703, fue rector del Colegio de San Ma tías y San Jaime y publicó un opúsculo
intitulado Treno compasivo a la soledad de María Santísima (Madrid, 1680), que
no he podido consultar.
Tomás de Torres
Torres (Montalbán, 1652-Alfaro, 1721), vi stió el hábito dominico en 1671. he
podido documentarlo en Tortosa entre 1687-1690. En 1683, hallándose lector en
la Universidad de Tarragona, publicó un Diallogus sylogisticus (Tarragona, 1683),
en forma, como el título indica de diálogo latino entre un maestro y su discípulo.
Publicó también un Memorial del amor divino (Zaragoza, 1697), que no he podido
140
localizar, y la Llave interior que avre la puerta del palacio humano (Zaragoza,
1706), ya pasada su etapa tortosina (cf. Querol Coll 1999:310-311).
Lluís de Barutell
Documentado como lector en los Real es Colegios al menos desde 1680,
hasta 1699. Posteriormente pasó a Roma y llegó a ser provincial de su orden
en Tierra Santa. Su hermano Llorenç de Barutell formó parte de la Acadèmia
dels Desconfiats, predecesora de la R eal Academia de Buenas Letras de
Barcelona. Lluís publicó diversos sermones, algunos de los cuales en su época
tortosina:
- Mudanzas de la fortuna en los muertos y firmeza del am or en los vivos.
Oración fúnebre en las exequias que hizo el Muy Ilustre Cabildo de la Santa
Iglesia Catedral de Tortosa a los hér oes que en el assalto y rendimiento de
Buda fenecieron (Barcelona, 1686).
- Llantos de la sabiduría en el ocaso de un sol. Oración fúnebre que en las
exequias funerales que hizieron en los Reales Colegios [...] de Tortosa en la
muerte de su reyna y señora doña Luisa de Borbón (Barcelona, 1689).
- La voz en el oriente. Discurso panegí rico de el nacimiento de San Juan
Bautista (Barcelona, 1691).
- Discurso panegírico en la canonizaci ón de Santa María de Cervellón
(Barcelona, 1693).
3.4 E L E STUDIO DE G RAMÁTICA
3.4.1 Origen de la institución
La existencia de una escuela de gram ática competente es el primer
eslabón en la preparación latina de los estudiantes, lengua que les iba a dar
acceso a los estudios universitarios. Los futuros juristas, médicos, teólogos y
141
«filósofos naturales» iban a revertir su ciencia en la ciudad, por lo que la
escuela, o Estudi , constituía un aspecto importante para el progreso de la res
publica y una inversión interesante de la que el Consell tenía plena conciencia.
Por otro lado, el Estudi no sólo era necesario para la formación de los futuros
universitarios, sino también para la urbanidad y la formación de buenos
ciudadanos: «faltant lo fonament de la gramàtica y bons costums se dóna
ocasió que falte tot lo demés», leemos en unos estatutos del Consell sobre la
institución educativa de 1617, 54 o también, que debe evitarse la ociosidad y
fomentar el trabajo para fomentar «el viure polítich y virtuós». 55
No encontramos referencia alguna a escuelas o maestros en el Llibre de
les Costums , que data de la segunda mitad del siglo XIII . La primera noticia
sobre escuelas de gramática en la ciudad nos viene de 1360, año en que
documentamos una deliberación del Cabildo para elegir maestro de
gramática. 56 De hecho, la norma era que en las sedes episcopales hubiera
escuela de gramática, por lo que es de suponer que en un principio funcionara
la escuela de la Iglesia. En algunos momentos determinados vemos que la
Iglesia tortosina emprende acciones para mejorar la latinidad de sus miembros:
en 1536 se delibera que todos –«omnibus et singulis eclesiasticis personis, tam
canonicis, comensalibus, beneficiati s»– asisitieran diariamente al Estudi bajo
pena de ser privados de sus distribuciones. 57
Por otra parte, Campo [1987:168] data en 1377 la primera noticia sobre la
implicación del Consell en la educación; en ese año el clavario de la ciudad
paga 15 libras al bachiller en artes Guillem Safàbrega, «regent de la scola de
gramàtica». En 1384 hay constancia de pagos a Pere Safàbrega, «maestre de
la schola de gramàtiqua», que recibía 15 libras, y a Bartolomé d’Alagó, «mestre
d’escolans», que recibía 100 sueldos , o sea, unas 5 libras (Campo 1987:168-
169), duplicidad que indica, seguramente, la existencia de un maestro para los
infantes, magister puerorum , y otro para los mayore s. Posteriormente se
añadirá un repetidor , o batxiller , que ayudará al me st re majo r en su docencia.
La noticia de Campos puede todavía retr otraerse en 9 años. En el libro de
Provisions de 1368 leemos: «Ítem provehïren que· ls procuradors de la ciutat
54 AHCTE. FMT. Establiments 16 , f. 150v.
55 AHCTE. FMT. Provisions 79 , f. 121.
56 ACTo. Índice de acuerdos capitulares 1326-1572. 16 de mayo de 1360.
142
proceesquen [a costar] a messió de la ci utat la apel·lació que han [f]eyta de la
letra del senyor bisbe, en la qual mana, sots [p]ena de vet, que negun mestre
de gramàticha non gos legir [si]nó lo maestre que ell e·l seu Capítol
ordenarà». 58 Como podemos observar, el Cab ildo quería mantener el control
sobre la enseñanza en la ciudad. En f ebrero de 1383 Pere el Ceremoniós
escribía al Cabildo tortosino instándol e a recibir de nuevo a Pere Safàbrega,
maestro de la ciudad, como maestro c apitular y acabar así con la división
existente (Alanyà 1998:699-700). 59
A principios del siglo XV Consell y Cabildo habían aunado esfuerzos y
presupuestos con el lógico beneficio que suponía de cara a ofrecer una mejor
dotación económica a los maestros. Los docentes del Estudi pasaron a ser
elegidos por una comisión formada por mi embros de ambas entidades. Esta
unión no estuvo exenta de desavenencias surgidas por cuestiones de
preminencia –como apreciamos ya en el documento de 1368. En 1507 la
virreina Germana de Foix se ve obligada a mediar entre ambas instituciones
para conseguir el acuerdo:
acordamos de vos screvir ésta rogándovos y encargándovos mucho que,
dexadas todas passiones a parte, fagáys juntamente con el Cabildo elección de
la persona que fuere más ábile y más sufficiente de essas dos que ellos y
vosotros havéys nombrado, assí en dotrina como en todas las otras cosas que
para semejante cargo se requieren, que esto es lo que cumple al bien y
resposo de essa ciudad. 60
La concordia se rompió temporal mente entre 1618 y 1627 por ciertas
discrepancias surgidas entre las dos inst ituciones respecto al maestro Jaume
Martí, 61 y de nuevo entre 1633 y al rededor de 1650, debido a la
incompatibilidad horaria del Estudi con las obligaciones de los criados de los
canónigos, lo que motivó la queja de los últimos y una nueva separación. Esta
era, sin embargo, una mala solución, pues to que, tal y como el canónigo Macip
expresaba a sus colegas, atentaba directamente contra el Estudi municipal:
quitando la contribución del Cabildo ambas entidades ofrecían un salario
57 ACTo. Joan Perera 2 [=Actas capitulares 1536], s/f. 6 de octubre.
58 AHCTE. FMT. Provisions 9 , f. 16v. 8 de agosto de 1368. Agradezco la noticia a Jacobo Vidal.
59 Alanyà tomó a Çafàbrega, erróneamente, por maestro de obras de la catedral. La
documentación municipal especifica clarament e que se trata de un maestro de gramática.
60 AHCTE. FMT. Reg. 490 (papel). 10 de octubre de 1507.
61 ACTo. Actes capitulars 1618 , s/f. 7 de marzo.
143
mucho más discreto, lo que redundaba en per juicio de la calidad del maestro y
las instalaciones. 62 La separación iba, pues, en contra del contra el bien común
de la ciudad.
A pesar de estos cortos períodos de cisma, la tónica general desde
principios del siglo XV hasta 1710, año en que debido a los avatares de la
Guerra de Sucesión –«la confusión de guerras»– se interrumpieron las clases,
fue la unión entre ambos est udios. A partir de ese año el Consell cedió la
patente educativa a los jesuitas, 63 mientras que el Cabildo se inclinó por
mantener un maestro propio a su costa. En 1767, con la expulsión de los
jesuitas, el Consell retomó las riendas de la escuela, pero este período queda
ya fuera de los límites de nuestro estudio.
Por último, cabe recordar que la com unidad judía tenía su propio maestro,
como podemos observar, por ejemplo, el 1416, cuando el Consell concede una
subvención –«don gracioso»– al converso Pau de Bonafé, «maestre en letra
hebràica e caldea» . 64
3.4.2 El Estudio en funcionamiento
Edificio
Aunque es difícil fijar la cronología exacta, sabemos que la escuela
municipal fue erigida en un solar compr ado en la calle de Sant Doménec, o del
Olivar, muy cerca del convento de los dominicos, en 1524 (Muñoz; Rovira
2000:25); es posible también que anteriormente el Estudi se erigiera en un local
adyacente. Poco sabemos sobre las cara cterísticas físicas del edificio, porque
en 1764 fue demolido para construir el Ho spital de la Santa Creu (cf. Vergés
Pauli 1914). De las diversas noticias s obre reparaciones y mejoras dispersas
en la documentación, podemos conferir que la escuela contaba con una casa
para habitación del maestro y también con habitaciones para algunos alumnos
que debían estar bajo tutelaje. 65 En 1594 se emprendió una reedificación del
Estudi , para lo cual se compraron algunas casas adyacentes, y se construyó un
62 ACTo. Actes capitulars 1633, s/f. 1 de febrero.
63 AHCTE. FMT. Provisions 1709-1715, s/f. 7 de marzo de 1710.
64 AHCTE. FMT. Claveria 52 , f. 252.
144
gran portal, sobre el cual el escultor de Calatayud Francisco del Condado labró
un escudo. El imaginaire recibió 30 libras por «tres figures rellevades ha fet en
unes pedres picades per al portal maior del studi de gramàtica de dita ciutat, ço
és, una del Àngel Custodi y dos de dos minyons». 66 Curiosamente, la misma
imaginería que todavía hoy podemos observa r en el escudo del Hospital de la
Santa Creu, construido, como hemos dicho, en el solar del antiguo Estudi.
Horario lectivo y metodología
La enseñanza de los maestros del Estudi estaba fiscalizada por el Cabildo,
que tenía cuidado en controlar los mét odos utilizados. El 1577 Joan Trullenc
notifica al Cabildo «libros et lectiones quos legere decrevit», recibiendo el
beneplácito de los capitulares. 67 Durante la primera mitad del siglo XVII el Consell
intentará sistematizar es te y otros aspectos mediante la redacción de diversos
establiments, o estatutos. 68 Se intenta regularizar la enseñanza, sujeta siempre a
diversas y variadas tensiones provocadas por las fuerzas vivas en juego: el
método docente del profesor, sus horario s y costumbres particulares, la
indisciplina del alumnado, la competencia de las escuelas privadas a la municipal,
la continuidad del maestro en el cargo, et c. A este efecto la ciudad y el Cabildo
nombraron sendos superintendent es para vigilar el perfecto funcionamiento de la
institución. Finalmente, con el objetivo de normaliz ar el currículum de los
escolares, con independencia del maestro en activo, el 1631 el Consell deliberó
encargar al maestro de infantes Jeroni Clavero una «Orde en les lliçons del Studi
de Gramàtiga». 69
Según la tabla, el curso escolar empezaba, como era habitual, el 19 de
octubre, por San Lucas, día en que el maestro leía una oración inagural
pública, y terminaba a mediados de julio. Las clases se iban sucediendo desde
las 7’30h de la mañana hasta las 5 de la tarde, aproximádamente, con algunos
intervalos de descanso. He aquí el horario de lunes a jueves:
65 AHCTE. FMT. Provisions 68 , s/f. 30 de octubre de 1565.
66 AHCTE. FMT. Lliuraments 68. 4 de mayo de 1594.
67 ACTo. Actes capitulars 8 , s/f. 15 de octubre de 1577.
68 AHCTE. FMT. Establiments 16 , f. 150-151; Establiments 17 , f. 1-2, 69-70, 181-182.
69 AHCTE. FMT. Provisions 79 , f. 121-124. 2 de noviembre de 1631.
145
7’30h. Terencio para los adelantados.
El repetidor repasa los rudimentos gramaticales de Nebrija para
los menos competentes.
Acabada la lección se juntarán todos los estudiantes para
realizar una lección práctica general.
9h. Misa y estudio para preparar la lección siguiente.
10h. Epístolas u otras obras de Cicerón .
El repetidor lee las partes, o conjugaciones, u otros rudimentos
de Nebrija.
El maestro y el repetidor hacen escribir a los estudiantes «una
composició» latina que traerán escrita al día siguiente. Los
maestros corregirán dicha redacción y los alumnos deberán
pasarla a limpio en su libreta «de full de octau».
11-13h. Recreo.
13h. Maestro mayor con todos: lección de verbo. En caso que haya
un buen repetidor puede dar la clase el repetidor.
14h.-14’30h. Descanso.
14’30-15’30h. Maestro mayor: Sintaxis de Torr ella .
Repetidor: Nebrija.
A los mejores estudiantes se les puede introducir en las
Elegancias de Manuncio. También pueden «decorar», o
aprender de memoria, poesía.
15’30-16h. Descanso.
16-16’45h. Comentario de Virgilio, Ovidio u Oracio , preferiblemente, Virgilio.
También pueden dedicarse a la métrica, escandiendo versos o
haciendo ejercicios de recomponer versos «desbaratats».
Repetidor: Col·loquios de Vives . 70
16’45-17h. Lectura de algunas reglas de prosodia.
El viernes era día de repaso general , o examen, de todas las lecciones
trabajadas durante la semana, mientras que los sábados y los domingos tenían
un horario muy reducido –2 horas–, dedi cadas a la educación religiosa y
también a la literatura: el sábado a la s 8 de la mañana se leía una lección del
Concilio de Trento o del catecismo, tanto por la doctrina inherente como por la
70 Linguae latine exercitatio. La obra tuvo numerosas reediciones durante todo el siglo y el
siguiente.
146
necesidad de estas lecciones a la hora de examinarse de órdenes sagradas,
camino seguido por gran cantidad de est udiantes con el obj etivo de gozar de
beneficios eclesiásticos. El domingo por la mañana, a las 7’30 se leía la porción
del Evangelio que iba a ser tratada en el sermón de la iglesia.
En cuanto a la formación literaria, el sábado a las 13 el maestro debía leer
«algún hymne, emblemes de Alciato , fàbulas de Hisop » o materias semejantes,
mientras que el repetidor repasaba el Catón con los pequeños.
En las instruccions, u «orde» predichas se enfatiza la repetición como
método pedagógico, puesto que los alumnos habían de recitar diariamente de
memoria la lección del día anterior: «t enin particular compte en què tots donen
totes les lliçons de memòria, puix és aquest lo millor remey per a que se’n
recorden, que és lo profit que se’n pr etén alcansar, ademés que la memòria se
exercita y facilita». También hay lugar para ejercicios creativos, formación
literaria y enarratio auctorem , en la últimas horas de la tarde y los sábados.
Otro ejercicio creativo er an las «epístolas». Los lunes se entregaba a los
alumnos una epístola en lengua caste llana que debían entregar traducida al
latín –«al encontre del romans»– que los maestros corregían durante el fin de
semana. Como condición previa para parti cipar en las «epístolas», se exigía a
los alumnos que gratificasen al maes tro con un real y una mano de papel. El
lunes el maestro repartía el papel ent re los estudiantes de acuerdo con su
acierto en la redacción «perquè la emulació los incite y anime».
No podemos extender la validez de este modelo para todo el siglo XVI y
XVII , sino más bien, tomarlo como un ideal o paradigma a seguir. De hecho, se
dispuso que la tabla con las instrucciones se depositara en la escribanía del
Consell «per a que la vej en los Srs. Procuradors per a què en tinguen recort».
Igualmente, su interés es notable, porque nos permite tener una noción
bastante clara tanto de los modelos retóricos, literarios y doctrinales postulados
por los prohombres locales, como de aspectos sociológicos secundarios pero
no faltos de interés, como el horario e scolar, el material utilizado, etc. Los
maestros, por su parte, no estaban siempre dispuestos a acatar las
disposiciones del Consell: en 1665 el m aestro Feliciano Ram se ofrecía a dar
tan sólo 4 horas diarias, dos por la mañana y dos por la tarde, según
147
acostumbraba a hacer en otras ciudades. 71 Es de suponer que su repetidor
podría completar el horario.
En cuanto a los manuales y autores ut ilizados, observamos la persistencia
de Nebrija y Vives para la introducción en el latín, ambos accesibles en multitud
de ediciones escolares, mientras que los iniciados seguían la Brevis ac
compendaria syntaxis (Valencia, 1564) de Joan Torrella, manual que gozó de
gran éxito editorial así como de diversas adaptaciones, todavía en uso en las
escuelas ya avanzado el siglo XVIII . 72 Entre estas últimas destaca la Brevis ac
compendiaria syntaxis partium orationis [...] additis exemplis in singulas regulas
cum nonnullis annotationibus per Adoardum Dias (Tortosa, 1623), y la
Declaración de la sintaxis del maestro Torrella (Tortosa, 1633) del maestro de
Sant Mateu, quizás también en activo en Tortosa, Francesc Gavaldà (cf. Querol
Coll 1999). La adaptación de Dias de la gramática de Torrella se convirtió en el
libro de texto en la ciudad. En 1643, con mo tivo de la contractación del maestro
Francesc Alaix, el Consell estipula que éste había de seguir el método de Dias
–«continuabo stylum et metodum Aduardi Diez». 73 Si tenemos en cuenta que
Dias había fallecido en 1611, la lógica nos lleva a suponer que el método de
Dias fue editado y publicado por su sobri no Jaume Martí, sucesor del portugués
en el Estudi (1612-1627) y que había ejercido ya de repetidor con su tío; en la
portada de la obra leemos que los disci pulos de Dias se encargaron de recoger
sus enseñanzas.
Por otra parte, constatamos la cont inuidad en los modelos clásicos vigente
desde la renovación humanista: Cicerón, Virgilio, Ovidio, Horacio, Terencio, así
como la introducción del renacentista Aldo Manuncio y de Alciato en el canon
de modelos de buen latín. Tanto Cicer ón como Manuncio eran parte del
currículo habitual en la enseñanza del latín; las Epístolas de Cicerón habían
sido traducidas al castellano por Pedr o Simón Abril, en edición madrileña de
1589, mientras que las Elegancias corrían impresas en ediciones sueltas o
incluidas en manuales como El latino de repente (Valencia, 1573) de
Palmireno. Los Coloquios de Vives habían sido también publicados por
Palmireno en 1554. A pesar de la predilección del Consell por el método de
71 AHCTE. FMT. Provisions 87 , s/f. 12 de septiembre.
72 La syntaxi del maestro Juan Torrella (Barcelona, 1789).
73 AHCTE. FMT. Provisions 80 , f. 269-270v.
148
Dias/Torrella, es de suponer que los su cesivos maestros utlizarían sus
respectivos manuales, muchos de e llos publicados, como veremos más
adelante.
Finalmente, hay que resaltar la pres encia del castellano como lengua base
sobre la que traducir al latín, así como la implicación del Consell en el
establecimiento de las disposiciones tridentinas.
Representaciones teatrales
Además de las lecciones propiamente di chas, el maestro podía organizar
representaciones teatrales como recurso docente con el objetivo de
perfeccionar el latín o, como decía Palmireno, para adquirir urbanidad y
desenvoltura en el trato; es decir , un perfecto entrenamiento de la actio (cf.
Gallego Barnes 1983:151-152). Es muy posible que el alcañizano Domingo
Andrés introdujera las representaciones teatrales en la ciudad en su período al
frente del estudio (1573- 1576). Sin embargo, el pr imer maestro documentado
como impulsor de representaciones escolares es, según la información que
manejamos, el portugués Duarte Dias, or ganizó funciones en el Estudi en 1584,
1588, 1590 –Tragèdia de santa Susanna verge i màrtir, 1595, 1600, 1602, 1604
–una de Terencio–, 1607 y 1610 –El Eunuco. La tradición fue continuada por su
sobrino y sucesor Jaume Martí, que representó en 1612, 1617, 1618, 1620,
1622 y 1625, con motivo de las fiestas lo cales por la rendición de Breda al
marqués de Spínola, puesto que su hijo Agustín era a la sazón obispo-cardenal
de Tortosa. Asímismo, Gaspar Moles respresentó El Eunuco en 1630 «per a
que los estudiants se habiliten y exerci ten», en palabras del maestro. (cf.
Querol Coll 2001a:294-297). En cualquier caso, las obras de Terencio eran,
como hemos visto, uno de los textos preceptivos en la enseñanza del latín.
Con motivo de las representaciones el maestro recibía una ayuda de parte
del Cabildo, normalmente 10 libras, cant idad nada despreciable. Por su parte el
Consell se encargaba de acondicionar la sala del Estudi donde se daban las
funciones: se traían bancos y silla s, se montaban tablados para la
representación, los cuales se cubrí an con «draps de ras», y se empaliaba el
aposento (cf. Querol Coll 2001a:295). En vista que, tal y como pasaba en la
Valencia de Palmireno, las representac iones escolares eran un acto festivo
251
construir «una reixa en la capella de la C oncepció de la Mare de Déu de la dita
Seu, la qual sia de valor fins en sinquant a liures, en la qual reixa sien fetes
mies armes, que ya huy són en dita capella». 41 Esta disposición se renueva en
el testamento de 1574, donde leemos que la capilla tenía que cerrarse «de
fusta reixada, y en la frontera sia fet un portal, y sobre aquell sien posades dites
mes armes [...] ab timbre y lletra y colors». En dicha capilla había de labrarse
un vaso sepulcral y sobre él su lápida:
una llosa de deu o dotze palms de llargària y de sis palms o més de amplària, y
de sobre dita llosa sien sculpides dos figures representant ma persona armada
a usança de cavaller, y l’altra ab figura de dita ma muller, essent sculpit als
peus de la mia figura les armes mies de la manera que yo les use, ab lo timbre
y lletra, y als peus de la figura de dita muller mia sien posades le armes que
han usat de son llinatge ab lo timbre que han costumat de portar, y en los
cantons de dita llosa sien posades les armes de la dita capella, que son un
copa y sobre copa ab tres caps de drachs que ixen en los cap superior de
sobre copa, que son armes que acostumaven de fer los Macips, predecessors
meus que acabaren de fer la dita capella de la Concepció. 42
Después de leer la descripción de la s sepulturas nos preguntamos si llegó
a cumplirse la voluntad del testador, pues to que en la capilla de los Macip no se
aprecian elementos arquitectónicos que concuerden con el texto. Sabemos
positivamente que Despuig f ue enterrado en dicha capilla gracias al testamento
de su hija Anna, esposa del letrado Ll uís Mur, de 1581, en el que expresa su
deseo de ser enterrada «en lo vas hont est an sepultats los qº Sr. Christòfol
Despuig y Sra. Maciana Curto, construïda [sic] en la capella de la Concepció de
la Seu». 43 Las actas capitulares de 1573 aportan luz al respecto. El 4 de junio
de ese año, leemos que el arcediano de Corbera disiente sobre la sepultura
que Despuig estaba ya fabricando en la Seo:
Que no y consent, com sia contra motu proprio del Summo Pontífice, y encara
que no y contradigue, no y consent perquè semblants sepultures no·s
41 AHT. Man. Not. 1395, s/f., 21 de marzo de 1550. El 21 de octubre de 1546 lel marqués de
Aguilar, virrey de Cataluña, confirmó a Despui g la titularidad del patronato del beneficio de la
capilla de la Immaculada Concepción de la Seo de Tortosa, fundado por Bernat Macip, del que
nuestro escritor había sido declarado hereder o (ACA. Cancelleria, reg. 4202, f. XLVII - XLVII V ).
Actualmente, según nos infoma Victòria Almuni, las armas de los Macip son todavía visibles en
los muros de dicha capilla, pero no hay rastro de la sepultura o las armas de Despuig, quizás
cubiertas o maltrechas en posteriores obras.
42 ADTo. Beneficio de Pasqual Cifre.
43 AHT. Man. Not. 3419, s/f. 31 de julio de 1581.
252
consedixen sinó a bisbes, duchs y a comptes y grans señors, y no a ciutadans
y seculars. 44
El arcediano se acoge a la constitución de la Iglesia tortosina «Constitutio
super sepulturis relevatis» de 1569, en la que, en respuesta al breve papal de 8
de noviembre de 1564, se prohibía la construcción de sepulturas con
elementos sobresalientes: «in futurum nu llae sepulturae, seu sepulcra relevata,
seu ita fabricata quod in altum superent tectum, seu pavimentum, [...] non fiant
neque fieri permitantur». 45
Tanto las cláusulas testamentaria s como el pasaje citado de los Col·loquis
nos muestran el interés de los oligarca s locales en trascender y exhibir su
poder más allá de la muerte, establec iéndose una jerarquización del espacio de
inhumación. Marcadas con la armas fam iliares, estas tumbas conmemorativas
situadas en lugares vetados al vulgo lograban subrayar la distinción de clase y
la impresión de que los poseedores eran, en verdad, una selecta minoría. En
nuestro caso, se pone en evidencia el deseo de Despuig de ser un referente
para la sociedad tortosina, de ahí que pr esente a su linaje y por ende, a él
mismo, como uno de los fundadores de la patria. Ahora bien, la megalomanía
de Despuig no parece ser bien recibida por el Cabildo, que le devuelve a la
realidad: aun siendo uno de los prohombres de más peso, un líder local, si se
quiere, Despuig no es un gran señor y no se le permite ir más allá de lo que su
decoro merece.
Creo que estos documentos sobre la cláus ula testamentaria de la sepultura
contienen un notable interés, no sólo por el detalle curioso de conocer el lugar
donde fue enterrado el escritor, sino, s obretodo, por lo que revelan sobre el
concepto de sí mismo del aut or y su voluntad de incardinarse en la sociedad.
Asimismo, observamos también el contrapunto de los capitulares que no
comparten su elevada apreciación y repr imen su vanagloria. De hecho, este
interés en construir una sepultura fast uosa y de esto modo marcar ante sus
conciudadanos un espacio privilegiado como la Seo, había sido abiertamente
criticado por Erasmo, inspirador de Despuig en otros pasajes:
44 ACTo. Actes capitulars 5 , s/f. 4 de juny de 1573.
253
Mas yo, si cura o obispo fuese, aconsejaría a estos ricachos caballeros o
mercaderes que, si quieren rescatar sus pecados para con Dios, estos gastos
que hacen hacer en dorar y esculpir las piedras de las iglesias, los ficiesen
secretamente en socorrer a los verdaderos pobres. Pero, como no buscan la
gloria de Dios, sino la suya propria, parécele que lo que se reparte entre
muchos, dando secretamente a cada uno un poco con que aliviar su necesidad,
todo va perdido, pues no queda de ello alguna memoria para los que después
de él vinieren, y reciben en esto muy grandísimo engaño, ca ningún dinero hay
mejor empleado que el que se deposita en Jesu Cristo [...]
Hacer mejor capilla para enterrarte e mejor sepultura que otros, no
solamente de por sí no es obra pía, más aún es flaqueza humana, como querer
traer mejor capa e vivir en más rica casa que otro [...] otrosí, pensar que los
tales gastos se hayan de poner en el número de las limosnas con que se
compra el cielo, no lo tengo por seguro así porque el motivo de ellos es gloria
temporal [...] (Anzoátegui 1947:123-124).
En el coloquio tercero Lúcio defiende de nuevo a su estamento. En esta
ocasión se queja de que los caballe ros, según estipulan las antiguas Costums
de Tortosa, no podían intervenir en el r egimiento municipal, así como que los
nobles tortosinos no quisieran medrar al brazo militar porque. Por cierta desidia
de los militares, de las 24 plazas insacul adas para el brazo real y militar de la
Generalitat que le correspondían a la v eguería de Tortosa, 23 fueron otorgadas
al brazo real, por lo que los militares tenían prácti camente vedado el acceso
esta institución, «lo ídolo que tots adoren ab gran devosió» ( III , 122-128), en
palabras de Despuig, aludiendo, al prov echo y ventajas que del acceso a los
cargos de diputado y oidor se podí an conseguir. Elliott (1986:122-123)
corrobora esta noción al considerar la Generalitat un «coto de una minoría
privilegiada [que] había llegado a ofrece r inmensas posibilidades para el
ejercicio del poder y del patronazgo». Hemo s visto ya como el tema afectaba
directamente a nuestro escritor, en c uanto miembro del estamento militar. Lúcio
termina el pasaje prometiendo consegui r algunas plazas de oidores «en les
primeres corts». Pues bien, sabemos que en 1547 el Consell escogió un
selecto grupo de ciudadanos para preparar la estrategia a seguir en las cortes
de aquel año e ir dando las instrucciones per tinentes a los síndicos Joan Amich
y Pere Boteller. Despuig –que no asis tió a las Cortes, sino que delegó en un
procurador (Rovira 1996a:321)– formó parte del plantel de los 8 elegidos. No es
de extrañar que entre las pretensiones de los tortosinos estuviera la de la
45 ACTo. Codex 25, f. CLXXXXII. Tomo la noticia de las notas de Jos ep Solé: AHCTE. Fons
Solé. Caixa 4, carpeta 20.
254
entrada de los caballeros en el regimiento local. 46 En las cortes de 1552
Despuig fue elegido de nuevo asesor de los síndicos locales, y entre las
instrucciones dadas se insiste en la pretensión de los caballeros. 47
Mientras se dedican a pescar sabogas en el río, los interlocutores tratan de
las excelencias del medio físico de la ciudad. Una de las carencias que se
aprecian es la de las acequias de riego, de fácil realización por estar ya
construido el azud de Xerta-Tivenys, que serviría de asiento. Lúcio hace suyo
el tema y empieza un discurso sobre la bondad de las acequias ( V , 198-200),
en el que denuncia «una grandíssima malda t, la major que may sia en lo món
estada, que casi sap a espèsie de traïsió la que fan a esta mísera ciutat los que
li destorben tan notable y tan caudal edifici com aquest». Parece que algunos
ciudadanos, una «mano negra», impedían la edificación de la obra por
intereses personales, en detrimento de la cosa pública. La documentación
muestra que en 1542 Despuig se había entrevistado con Gil de Morlanes, 48
maestro de la acequia imperial de Zaragoz a, para que se hiciese cargo de la
obra. Quince años después la obra seguía inacabada, por lo que entendemos
la rabia y la frustración de Despuig, que quizás tenía algún interés particular al
respecto que no conocemos.
En el col·loqui III se trata sobre la ordenación del regimiento de la ciudad
por parte de Ramon Berenguer IV des pués de ser conquistada a los árabes.
Lúcio expone que el rey dispuso de la figur a del veguer como su representante,
aunque su poder estaba bastante limitado, pues en Tortos a según la sentencia
arbitral de Guerau de Pal ou dada en 1370, éste se veía sometido al municipio
en su jurisdicción. La ciudad impuso además un sotsveguer de nombramiento
«popular», así como la figura del jutge para compartir la justicia con el veguer,
en otra demostración de poder. Por eso Despuig podía decir no sin cierto
orgullo sobre el veguer:
46 AHCTE. Correspondència 8 , f. 108.
47 AHCTE. Correspondència 8 , f. 152.
48 Se trata de Gil de Morlanes el joven, hijo de un homónimo afamado escultor de Daroca.
Ambos trabajaron, principalmente en Zaragoza, al servicio de Fernando el Católico (cf. Morte
2000).
255
Y també volgué [el rei] posar lo vegué de la mà sua, com per a vuy lo posa lo
rey per a fer eixecució de qualsevols provesions que por los oficials de la
ciutat se provehixen. Però està tan restret en son ofici, que si no fa sinó lo que
fer pot, no farà casi res més de eixecutar, com he dit, lo que administren lo
creminal y lo fiscal y los altres que tene càrrec del règimen de la ciutat està
provehit, com sap millor lo senyor Fábio ( III , 114).
De nuevo podemos encontrar un antecedente del pasaje en la vida real del
escritor: en 1546, cuando era jutge ordinari en cap del Consell, había tenido
sus más y sus menos con el veguer, en este caso, el caballero Cristòfol de
Costa, al que Despuig había acusado de inmiscuirse en la jurisdicción de los
jueces de la ciudad. Costa le respondi ó acusándolo a su vez de negligencia en
ocuparse de su oficio, «no fent vos lo que deveu en venir a cort cada dia en la
hora acostumada». 49
Conversando esta vez sobre la defens a de la ciudad, Fàbio da cuenta de
dos ataques de corsarios norteafricanos , uno de 1523, otro de 1547, en el que
se capturaron 72 «turchs», y otro de 1553, además de «altres infinites vegades
[que] los havem pres qui quatre qui sis qui deu turchs, fent-los emboscades y
usant ab elles de molt bons ardits de gue rra». Quizás en uno de estos lances
Despuig adquiriera a su esclavo turco Solimán, que vendió en 1546. 50 Don
Pedro pregunta a Fàbio si «estareu fets tots a les armes», y Fàbio le responde:
«Podeu crèurer, senyor, això, que u estam» ( IV , 151-152). Remitiéndonos a los
apuntes biográficos esbozados, vemo s que al menos entre 1551 y 1562
Despuig había sido capitán de una de las compañías militares de la ciudad,
movilizadas en caso de ataque de los piratas o de movimiento de bandoleros.
Por otra parte, la ciudad tenía derec ho, según las antiguas pero vigentes
Costums , de quedarse con el botín conseguido a los moros. Esto había creado
ciertos conflictos con los vegueres, que reclamaban la presa como regalía. El
1546 nuestro hombre es enviado por el C onsell para negociar en Barcelona el
derecho de los pescadores a quedarse con la ropa que habían tomado de una
galera de «turchs» y que el veguer se había incautado. 51 Tanto en las cortes de
Monzón de 1547 como en las de 1552, una de las instrucciones que el consejo
49 AHT. Man. Not 1353 , s/f.
50 AHT. Man. Not. 1373 , s/f. Fecha 8 de noviembre de 1546. Despuig vende a su esclavo
Solimán, «de genere turcorum», de 33 años, por 80 libras.
51 AHCTE. Correspondència 8 , f. 87 (4 de marzo de 1546).
256
de asesores de la ciudad –del cual Despui g era miembro– dio a los síndicos fue
la de hacer valer el derecho de los ci udadanos sobre las capturas obtenidas de
las galeras de «moros» y «turchs», par a que, como Fàbio gallardea, éstos no
se vayan «franchs de l’escot», o sea, sin pagar su atrevimiento ( IV , 152). En
otro orden de cosas, cabe decir que G ilabert [2000:143], experto en los ataques
piráticos a la zona, tilda la visión de Despuig de excesivamente optimista,
puesto que tan sólo hace mención de las re friegas favorables a la ciudad, sin
dar cuenta de los desastrosos at aques de 1521 y 1540, que diezmaron la
población de Amposta, puesto que Despui g pretendía dar «una imatge positiva
de la ciutat i del seu territori».
Sin embargo, no siempre se podían ocultar los aspectos negativos; Fàbio
tiene que dar cuenta de la desidia en la c onstrucción de las acequias, así como
de las pestes de 1520, 1521 y 1530, y de las fiebres mortales, resultantes de
las aguas empantanadas, que azot aron la ciudad en 1525 y 1547 ( VI , 200).
Casualmente, Despuig era miembro del Consell del Morbo en 1547 y también
en 1557 (Marqués; Curto 1992:241).
Es famosa la descripción de los dife rentes peces y artes de pesca usados
por los marineros ( VI 185-188), en los que el autor demuestra un gran
conocimiento del tema, aunque tampoco es de extrañar, puesto que, entre sus
diversas actividades, Despuig había tom ado el arrendamiento de la pescadería
de la ciudad (Rovira 1996a:282) y había negociado con los pescadores los
establecimientos de dicha pescadería. 52
Todos estos pasajes expuestos –y más que se podrían sacar a colación–
no hacen sino amplificar lo que ya sabíamos: la total implicación de Despuig en
el gobierno municipal. A la luz de esta in tensa carrera como dirigente local,
entendemos mejor el elogio de Jaume Vidal en el epigrama preliminar de la
obra, en el cual le considera caput et regimen Patriae, tu gloria nostrae. Al
margen de la esperada exaltación del col ega, los adjetivos de ‘cabeza’ y ‘timón
de la patria’ hacen justicia a la dedicada actuación de Despuig en múltiples
facetas del gobierno municipal. Hay todavía un aspecto que cabe destacar
52 AHCTE. Correspondència 8 , s/f., 30 de marzo de 1546.
257
tanto como rúbrica a esta personalidad activa y reformadora, como por ser una
muestra del liderazgo y ascendencia adquirida entre sus conciudadanos. Se
trata de su crítica a la negativa de Fe rnando de Loaces a contribuir a las obras
de construcción de la catedral, asunto que no podía asumir cualquiera y que le
pudo traer malas consecuencias:
Don Pedro: [...] maravelle’m de com lo bisbe no té la obra de la seu tota a
son càrrech, tenint tanta renda com té y sabent que·n té tan poca lo cos de la
Església.
Fàbio: Ell se’n guardarà molt bé de això! En bon·ora donàs lo qu’és
obligat conforme a la tacha, que prou se contentaria lo capítol, mas ni assò ni
allò dóna.
Don Pedro: Per ventua segueix l’ordre del nostre arquebisbe don Thomàs
de Vilanova, que poch temps ha és mort, lo qual estimava més distribuir tota
sa renda entre pobres que deia eren temples vius de Déu, que no en edificar
esglésies que són temples morts, o quizà té alguna gran cosa de criats, que
serà com un espital y abrig de pobres gentils-hòmens.
Fàbio: Ni yo li veig tals criats, ni sé que fasa tals caritats; no que no tingua
occasió y encara obligació y força de fer-ho per la infinitat de pobres
mendicants que vuy y à en Tortosa [...]
Don Pedro: No·m maravell donchs que no enprenga la obra de la seu
perquè si aqueixa que de dret li és forçada no fa, com farà aquella que és
voluntària?
Lúcio: De dret tan forçada i és la una com l’altra, segons opinió de molts
que de les tres parts de la renda, dien que la primera ha de ser per a son
víurer, la segona per a pobres y la tercera per a obrar esglésies.
Don Pedro: Lo bisbe que vuy tenim no·s diu don Ferrando de Lloazes?
Fàbio: Senyor, sí.
Don Pedro: No és menester desconfiar, que si fins assí no ha fet, hi farà
en alguna ora quant menys vos o pensareu, que me han dit qu·és rich home y
tots temps se trau més del cru que del un, y per altra part no ignora com a
docte qu és al que és obligat fer y si la vergonya no l’estimula, estimular-lo ha
la conciència.
Fàbio: A la fe que és mester que Déu lo inspiri en ayxò, que altrament
forçat serà parar esta tan santa y tant necessària obra y seria molta desgràcia
y molt gran vergonya que paràs ( V , 78-79).
Despuig no puede ser más claro ni, pr obablemente, más duro con el obispo
Loaces, exhibiendo, como vemos, no un inte rés historicista, sino de ensayista y
político que apunta a «la crítica i reforma de la seva societat». Un legajo del
Arxiu Capitular de Tortosa, en el cual se conserva la copia de diversos
memoriales que el Cabildo envió a la Corte por medio del maestro de obras
Cosme Violaigua con el propósito de pr otestar por la apatía monetaria de
Loaces, nos ayudará a contextualizar el pasaje.
258
El asunto arranca con el proyecto de ampliación de la Seo emprendido por
el Cabildo y secundado por el obispo Lluís Mercader (1513-1516) en vista del
aumento de población en la ciudad. En 1515 el obispo dotó la obra con 400
libras anuales sobre la mensa episcopal , pero las obras quedaron paralizadas a
su muerte, en 1516, hasta que en 1550 el Cabildo decidió retomar la empresa.
Para financiar el proyecto se decidió gr avar a los beneficiados eclesiásticos con
cierta cantidad, y se reclamó al papa Julio III la pensión de las 400 libras
consignadas por el obispo Mercader par a las obras, bien fuera en tiempo de
sede vacante o habiendo un prelado al frent e de la diócesis. El papa accedió a
la petición por medio de un indulto apos tólico, asignando ciertos jueces para
dirimir las dificultades que pudieran surgir. 53 El Consell municipal se
comprometió también a contribuir con 200 libras anuales.
Con la llegada del nuevo obis po Loaces en 1553 empezaron los
problemas, pues cuando le fue reclam ado el pago de la pensión, el obispo
protestó alegando que no estaba obli gado, «perquè deya que Sa Magestad li
havi fet mercè de dit bisbat líberament y sens càrrech». A partir de ahí cada
parte jugó sus cartas de derecho para conseguir su obj etivo: la Ciudad intentó
concertar las partes, sin conseguirlo, y el Cabildo llevó el caso ante el abad de
Benifassà, Jeroni Sans, juez delegado para dirimir los problemas y diferencias
que pudieran surgir, según el indulto apos tólico de 1551. Loaces, por su parte
intentó presionar al abad de Benifassà recordándole su sujeción al obispo y
escribiendo a los virreyes de Valencia y Cataluña sendas cartas en las que
argumentaba que la adjudicación de la pens ión a la obra dañaba el patrimonio
real. La apelación de Loaces tuvo su efecto, puesto que los virreyes
conminaron a Sans a sobreseer la causa hasta que el caso se consultara con
el rey.
En respuesta, tanto el Consell como el Cabildo movieron ficha: en agosto
de 1554 los primeros envia ron –al menos en dos ocasiones– a Despuig al
monasterio de Benifassà para convencer a Sans de que se hiciera cargo de la
causa. 54 El Cabildo a su vez informó al vi rrey y a la Audiencia sobre el caso,
53 Según Bayerri [1933-1960: vol. VIII , 45], el documento, fechado el 19 de febrero de 1551 se
conserva en el Archivo Capitular de Tortos a con la signatura «Cajón I, Conc. Apost. 20».
54 AHCTE. Correspondència 8, f. 225 v. , f. 227 v. -228. Cartas 8 de agosto y 27 de agosto de
1554.
259
logrando la rectificación del primero, que escribió a Sans con la instrucción que
pasara adelante con el pleito. La v enida del abad a Tortosa motivó la
subsiguiente citación de Loaces, quien int entó jugar sus bazas ante la corte
arzobispal de Tarragona y ante la reina, a la cual escribió pidiendo la
inhabilitación de Sans como juez, y ante el nuncio apostólico. A pesar de las
letras contrarias de la reina y de un br eve del nuncio, los cuales presionaron al
abad, el Cabildo apeló a las Constituci ones de Cataluña, que requerían que los
casos legales se dirimieran en el Prin cipado. Finalmente, Sans sancionó al
obispo a pagar las 400 libras.
Vista la sentencia, la primera re spuesta de Loaces fue excomulgar a
Sans– el abad murió poco después, en diciembre de 1554–, aunque después
cambió de estrategia, se ablandó, y pidió al Cabildo escribir conjuntamente al
rey, estando dispuesto a llegar a una solu ción arbitrada. Finalmente, el 4 de
octubre de 1555 el rey conm inaba a las dos partes a contribuir a la obra de la
Seo, aunque sin llegar a precisar la cantidad:
Nuestra voluntad determinada es que la hobra de la dicha iglesia [...] no esté
más de la manera que está; antes bien, que aquella passe adelante y
juntamente procuréys por todas las vías y medios que se pudieren y
pareserán convernir a que todos de su voluntad vengan a quere contribuyr,
cada uno por su ratta, con la mayor pensión que conforme a las rentas que
cada parte tuviere se pudiere asser para el efecto de la dicha fábrica.
El primero que relacionó al Despuig «real» enfrentado al obispo Loaces fue
Bayerri el cual hace referencia al ac ta capitular de 25 de septiembre de 1554,
«en la que se recogen ecos de ciertas cosas ocurridas, relacionadas con la
obra y al parecer con el Obispo, contra quien hubo de habérselas muy
seriamente el citado Despuig: ‘valer osament se·s hagut dit Mosén Puig’»
(Bayerri 1933-1960:vol. VIII , 758). El hecho que la serie de actas capitulares del
XVI esté incompleta ha imposibilitado co mprobar dicha acta y ahondar en su
contexto. Sin embargo, pude percatarme que algunas actas capitulares, o el
borrador de ellas, se enc uentran bajo la etiqueta de los manuales notariales de
Pere Perera, lo que me llevó, finalmente, a dar con el acta en cuestión. He aquí
el documento, que vale la pena reproducir:
260
Deliberarunt que sia feta una ambaixada a la Ciutat de Tortosa acerca de què
els és stat referit que contra lo mg. mº Xrtofol Despuig se rebé algunes
informacions y enquestes de certes coses passades, y perquè és molt justa
cosa als que han afavorit la Iglèsia en los negocis consernents a la present
temporada, principalment en lo de la obra, en lo qual valerosament s’és hagut
dit mº Puig per comissió de la Ciutat ab altres elets per aquella y per no ésser
ingrats a tant santa obra, com han fet y speren d’ells la faran, així mateix en
les altres coses tocants al bé de la Iglèsia. Per ço, inseguint dita del·liberació,
done comissió per a fer una ambaixada als molt Rms. Srs. ja elets y al Sr.
canonge Montreal acerca del negoci de la fàbrica y a offerir-se a la Ciutat que
en tot lo que podrà afavorir y suplicar bonament y ab justícia ho fassen, com
se confia d’ells se farà. 55
Según parece, Despuig fue uno de los elegidos por el Consell para
concertar al obispo y al Cabildo, lo cual le valió la aversión de Loaces, que
intentó desacreditarlo mediante «inf ormacions y enquestes de certes coses
passades» recibidas por el Cabildo. Para entender mejor la trama de intrigas y
«chantajes», habría que enmarcar el enf rentamiento entre el obispo y el
Cabildo dentro de la lucha por la prim acía dentro de las diócesis desatada ya
durante el concilio de Tr ento. Según expone Fernández Terricabras [2000] el
nuevo enfoque tridentino intent ó imponer una estructura piramidal en la que el
obispo tendría el control absoluto sobr e sus «ovejas», lo que incluía, desde
luego, poner firmes a sus cabildos. Los obispos gozaban con el apoyo decidido
del rey, que, gracias al derecho de presentación, según el cual el monarca
decidía, a la práctica, los prelados de las diócesis españolas, pretendía
convertir a los obispos en obedientes funcionarios reales, objetivo que, en
general, consiguió.
Por su parte, los cabildos constitu ían la facción eclesiástica de las
oligarquías locales, e in tentaban defender sus privilegios y constituciones frente
a los intentos de control de unos pr elados pasajeros, en tránsito a otras
diócesis mejor dotadas económicamente, y desconocedores de los resortes de
control y particularidades de la diócesis . Los cabildos tendrán el apoyo de los
consejos municipales y también de Roma , que intentó contrapesar el poder y el
control que Felipe II había logrado en los as untos religiosos por medio de sus
dóciles obispos.
No es superfluo recordar que en aquellos momentos Loaces estaba
construyendo a su costa el colegio de Santo Domingo de Orihuela –al que dejó
55 ACTo. Pere Perera 19 , s/f., 26 de septiembre de 1554.
267
Item, vull, orden y man que per ànima mia y en remissió de mos peccats y de tots
fels deffunts, per tots temps, quiscun any, dos dies aprés de la festa del benaventurat
sant Jordi me sia dit y celebrat en lo altar del dit sant Jordi construhït en la iglèsia del
col·legi del benaventurat Sant Domingo de dita ciutat de Tortosa per los religiosos de
dit col·legi de Sant Domingo, un aniversari en lo qual vull, orden y man exhorte y
pregue tant encaridament com puch hajen de entrevenir y asistir los señors regidors y
elets y confrares de dita confraria de Sant Jordi qui anar-hi voldran. E per los treballs
de aquells vull que a quiscun de dits confrares que s’i trobaran sia donada una candela
de sera blanca de pes de una onza, poch més o menys, y més una candeleta chica de
cera blanca de les que solen donar a la confraria del Sanctíssim Sacrament, y, aquella
cremant, offerisca a la missa. E per la celebració de dita aniversari y de dits gastos,
vull que mon hereu perpètuament sie obligat pagar quiscun any mentres que dit
aniversari se celebrarà, als dits frares de dit col·legi de dit monestir de Sant Domingo,
deu sous y lo que costaren dites candeles y candeletes, les quals mon hereu haje de
donar per sí o per interposada persona en dita cele- [f. 3v] bració de dit aniversari [...]
Item, vull y man que atès que mossèn Onofre Despuig, qº canonge de la Seu de la
present ciutat, fill meu y de dita señora Massiana Curta, charíssima muller mia, al
temps que morí no tenia facultats competents per a fundar un aniversari general
perpètuo en dita Seu, segons era tengut com ha canonge susdit. Per tant, y altrament,
volent yo supplir la obligació sua, vull y man que en semblant die que yo moré, en
quiscun any se celebre un aniversari general en dita Seu de Tortosa per la ànima del
dit qº mossèn Honofre Despuig, canonge fill meu. Per lo qual aniversari llegue la
quantitat acostumada y, aquella per dits marmessors meus sia donada al reverent
Capítol de dita Seu de Tortosa per a que s’esmerse aquella a censal a obs de dita
celebració de dit aniversari, ab que dit reverent Capítol fasse promessa a dits
marmessors meus de fer celebrar quiscun any dit aniversari general en dita jornada si
aquell dia no serà impedit, car si serà impedit serà aquell dia, dit aniversari se celebre
lo dia [f. 4] aprés següent. La qual quantitat per a dit aniversari vull tinga lo hereu meu
davall escrit temps de tres anys per a dar-la y que dit mon hereu dins los dits tres anys
done la ànnua pensió de dita quantitat serà necessària per a la celebració de dit
aniversari a rahó un [sou sis lliura], pregant al dit Reverent Capítol sia content que en
la part del claustro hon se solen soterrar los canonges de dita Seu se puga posar una
pedra ab lo effígie y memòria del dit mossèn Noffre Despuig, fill meu, segons alguns
altres canonges que són estats ne tenen. He a fer la dita effígia e memòria grave al
hereu meu davall escrit si ya yo de ma vida no la hauré feta.
268
Item, vull, ordén y man que en lo vas que yo tinch en lo claustro de la Seu de la
present ciutat, dit dels gentils hòmens, si posada una pedra y en lo enmig de aquella
sia posat un escut de les mies armes, y per lo semiobert en los quatre cantons de dita
pedra li sien posats quatre scuts de les mateixes armes mies, y en dita pedra hi age un
lletrer que digua que fins ad aquella hora designava la jornada que [sela] som estats
soterrats en dit vas los de la casa de Despuig des de la conquesta de Tortosa fins en
aquella hora.
Item, llegue y deixe a sor Vicenta Despuig, monja del monestir de Santa Clara de
la present ciutat de Tortosa, filla mia y de la dita señora Massiana Curta, charíssima
muller mia, deu lliures moneda barcelonesa donadores de vida de aquella quiscun any,
pagadores per lo hereu meu davall escrit [...] [f. 4v].
Item, llegue y deixe a Aldonsa Despuig, filla mia y de la dita señora Massiana
Curta, charíssima muller mia, muller que és del dit mº Francesc Corder y Desprats,
gendre y marmessor meu, la pensió de onze lliures y cinq sous moneda barcelonesa,
la qual al present per lo señor Don Francesc de Montcada, compte de Aytona, quiscun
any me respon de censal en certa jornada, les quals tot los dies de sa vida reba y
exegescha. Y aprés mort de dita Aldonsa Despuig, filla mia, dit llegat pervinga a
l’hereu meu davall escrit, lo qual llegat li fas y enteng a fer, és a saber, per tota part
heretat legíttima y supplement de aquella, y tot altre qualsevol dret que en mons béns
puga alcançar, comprès lo que en dot de mons béns li he donat, que es trenta milia
sous [...]
Item designa la heretat que yo tinc obligació de donar a ma filla Don[a] Anna
Despuig, muller qui és del noble Don Anníbal [f. 5] de Aldana per la obligació y donació
tinc feta en los capítols matrimonials fets y fermats en contemplació de matrimoni entre
dit Don Anníbal de Aldana de part una, e dita Don[a] Anna Despuig, filla mia y de la
dita señora Massiana Curta, muller mia molt amada, de la part altra, fermats en poder
del discret mossèn Joan Guiamet, notari de la ciutat de Tortosa sots cert chalendari,
designe y senyale, és la heretat de garroferal ab alguns arbres de olivers, la qual yo
tinc y posseesch en lo terme de dita ciutat de Tortosa en la partida de la Planeta. És
tenguda sots directa senyoria del venerable mossèn Pere Menet, prevere, com ha
beneficiat del benefici sots invocació de Corpore Xristi en la Seu de la present ciutat de
Tortosa per [en blanco] fundat e instituhït a cens de deu sous moneda barcelonesa tots
anys pagadors en certa jornada [...] los fruyts de la qual vull que reba en lo temps
designat en los capítols matrimonials y no abans, com de aquella nos hajam retengut
lo usufruyt dita dita señora ma muller y yo [...]
269
Item, llegue y deixe a dita Don[a] Anna Despuig, filla mia y de dita señora
Massiana Curta, muller mia, muller que és del dit Don Anníbal de Aldana, gendre [f. 5v]
altre dels marmessors meus, un mantell de dol de drap de [giot] [...]
Item, llegue y deixe al venerable mossèn Miquel-Joan Vilanova, clergue de la vila
de Trayguera, de la diòcesi de Tortosa y beneficiat que és del benefici sots invocació
de Sant Llàtzer, fudat e instituhït en la iglèsia de Sant Llàtzer, fora los murs de la
present ciutat de Tortosa, de present atrobat en casa mia, altre qui és dels dits
marmessors meus, lo usufruyt de aquella heretat de olivar y garroferal que tinc y
possehesc en lo terme del loc de Aldover, terme general de dita ciutat de Tortosa, en
la partida dita de Porquet, de tal manera que de vida sua reba y faça seus los fruyts de
dit olivar, y que sia obligat pagar lo cens de dit olivar que són cinc sous que fa al
Reverent Capítol de la Seu de Tortosa en la festa de Nadal, y açò per alguns bons
serveis que de aquell tinc rebuts y espere a rebre. Y no res menys, llegue y deixe al dit
mossèn Miquel-Joan Vilanova los aliments tot lo temps de sa vida en casa de mon
hereu infraescrit, si en aquella estar voldria, y no en altra manera, al qual hereu meu
davall escrit [f. 6] obligue en prestar dits aliments al dita mossèn Miquel Vilanova en lo
modo dessús dit y no en altra manera.
Item, llegue y deixe a Gabriel Medina, criat meu, en renumeració y paga dels
serveis que en ma casa ha fets, que si voldrà studiar, mon hereu davall escrit lo haje
de alimentar en lo Studi per temps de un any. E no res menys, attès que he entès son
sant propòsit de voler entrar en religió y voler-ser fer frare, quan tal propòsit de
effectuar entenga, dit mon hereu lo haje de affavorir y ayudar-li en fer un hàbit.
Item, llegue y deixe a Lizabeth Simona, donzella criada mia, per los serveys que
en ma casa ha fets, y en paga de aquelles sis lliures moneda barcelonesa, volent que
dites sis lliures les compense en lo que se li deurà de soldada, e si res no se li devia,
no res menys se li donen dites sis lliures.
Item, llegue y deixe a la dita señora Massiana Curta, muller mia molt amada, vint-
hi-cinc lliures moneda barcelonesa quiscun any per adiutori de aliments de vida de
aquella, tant solament pagadores per dit hereu meu dessús escrit; finada, emperò, la
vida de dita señora muller mia, dit llegat de dites vint-hi-cinc lliures cesse e sia de
ningun effecte, com si fet no fos per mi.
En tots los altres, emperò, béns e drets meus, o actions mies mobles e inmobles
haguts y per haver, e a mi pertanyeren [...], a Pau [f. 6v] Martí Corder y Desprats, net
meu, fill del sobredit mossén Francesc Corder y Desprats y de la dita Aldonça
Despuig, filla mia y muller de aquell, hereu meu universal fas e instituesch ab parte y
condició que hage de pendre lo nom y armes mies, y que quan sia de edat de vint, fins
270
en vint-hi-dos anys, se haje de armar cavaller, e applicarà pera d’açò totes les favors
que puga per haver la mersè de armar-se cavaller de nostron señor rey de Spanya, e
quant d’ell no·s puga haver, de altre príncep o señor, com ma intenció sia que lo dit
mon hereu sia de [sort] militar en totes maneres, e que de altra manera no sia hereu
meu, arribant a la dita edat, sinó que sia de sor militar.
E si acàs lo dit Pau Martí Corder y Desprats, net meu, arribat a la subsdita edat no
alcançara d’ésser militar, o si moria quan que quan [sic] hans de la dita edat,
substituesc y a mi hereu universal fas e instituesc a Dionís Corder y Desprats, germà
seu, ab los mateixos tractes y condicions dessús expressats en lo primer hereu, y no
en altra manera.
Aquest és lo meu últim o darrer testament, e darrera voluntat mia, lo qual e la qual
vull que valegua per dret de testament nuncupatiu en escrits o sens escrits, o per dret
de codicils o per altra qualsevol darrera voluntat mia, la qual millor per ley o dret o per
costum de Tortosa, constitucions de Cathalunya o als valer puga e tenir de la qual mia
testamentària ordinació vull sien fetes [f. 7] tantes cartes quantes demanades ne
seran, així per los dits marmessors meus, hereu o llegataris, com per latres qualsevol
persones qui·s esguarda per lo notari dejús escrit. Lo qual testament fou fet en la
present ciutat de Tortosa, dissapte, que contavem set del mes de agost de l’any de la
nativitat de nostre señor Déu Jesuchrist, mil cinc-cents setanta-quatre [...].
Testimonis són estats presents a la ordinació y confectió del present testament e
per dit testador convocats y pregats per ésser testimonis, lo magnífich micer Jaume
Simó, doctor en quiscun dret, ciutadà, y lo honorable mestre Joseph Moyano, sastre
de la ciutat de Tortosa.
*****
En aprés, dijous que contavem dotze del mes de agost, any de la nativitat de
nostre señor Deu Jesuchrist mil cinc-cents setanta-quatre, e après mort del dit mossèn
Christòfol Despuig, testador sobredit, a instància e requesta de la magnífica señora
Massiana Curta, viuda relicta del qº mossèn Christòfol Despuig, testador, llegatària del
magnífic mossèn Francesc Corder y Desprats y de Don Anníbal de Aldana,
marmessors, y de les señores Aldonça Despuig y de Corder y de Don[a] Anna Despuig
y de Aldana, filles, llegatàries [...] dins la casa del dit qº mossèn Christòfol Despuig,
situada en lo carrer del Portal de la Rosa [...] ab alta e intelligible veu fonc publicat [...]
lo dit e present testament.
271
6. La poesía en los siglos XVI y XVII : la cuestión de la lengua. El
cenáculo poético finisecular: Ju an Suárez de Godoy , Jeroni
d’Heredia, Joan Desí y Vicent Garcia. Bio-bibliografía del grupo
y relación con los círculos literarios de Barcelona y Valencia.
6.1 L A POESÍA Y LA CUESTIÓN DE LA LENGUA
A lo largo del siglo XVI la literatura en catalán, y especialmente la poesía,
entrará en un declive, crisis, o col apso gradual, según las diferentes
denominaciones utilizadas por la crítica , tanto a nivel cuantitativo como
cualitativo, debido a una serie de desencadenantes político-sociales y de
mercadotecnia –la aparición de la impr enta– que han sido bien estudiados por
los historiadores de la literatura (Rossich 1994; 1997, Duran 1997:134-138,
Rafanell 1999:60-74)
En el caso tortosino es imposible rea lizar cualquier est udio comparativo con
la poesía medieval con el objeto de contrastar las persistencias y los cambios
producidos en los géneros literarios, sencillamente porque no nos han llegado
muestras de los versificadores del siglo XV que presumiblemente existieron. 1 Ya
en pleno siglo XVI , la poesía en romance brilla por su ausencia, a pesar de que
tenemos noticias de lletraferits locales, como por ejem plo los Palau, de quienes
he tratado ya, recopiladores de un cart apacio poético con abundante material
corelliano, o de Gabriel Pellicer, ermitaño de Santa Maria de Macoro (Móra
d’Ebre), que patrocinó la lujosa edición la Vida de santa Madalena en cobles
(Valencia, 1505), de Jaume Gasull.
Prácticamente todas las pr oducciones poéticas del siglo XVI que nos han
llegado son latinas. La gran mayoría son composiciones laudatorias o
prologales que fueron publicadas en los preliminares de impresiones de
colegas, por lo que tienen un valor muy circunstancial, y apenas nos dan juego
1 Tan sólo tengo noticia de unas «cobles» satír icas, presumiblemente compuestas por el
canónigo Jaume Segur hacia 1453. Las coplas, of ensivas para con Francisco de Arinyo, señor
de Calaceit, provocaron una investigación en la Curia eclesiástica de Tortosa, donde se
conservan los informes al respecto. Gracias a es tos conocemos el principio de la composición,
«Mostrar vos vull ab ma pública crida», y su final, «donat repòs en la iglèsia finida».
Desconocemos, por desgracia, el resto de las c oplas (ADT. Causas civiles. Super señor
Calaceit).
272
para ahondar en la poética o en los pl anteamientos conceptuales de los
autores, puesto que este tipo de producciones está muy sujeta a la tópica de la
ocasión y sólo refleja muy parcialment e las tendencias literarias y los gustos de
los autores. La empresa más interesante es, seguramente, el poema latino de
cierta extensión –70 versos– Versis de pressuribus , de Francesc Vicent, sobre
las inundaciones que sufrió la ciudad en 1488, precisamente porque se escapa
de los clichés formales propios de la tópi ca prologal y se abre a la originalidad
del autor, por mucho que ésta viniera mediatizada por las preceptivas de los
géneros literarios en cuestión. 2 A parte de esta composición, de la que ya he
tratado en el apartado corres pondiente, se conservan poemas latinos de Joan
Gerard y Francesc Abella, en la Introductio ad artem gram maticam de Amiguet
(1514), de los dominicos Gerard Doménech y Joan Porcell, en los Sermones
Deipare Virginis sanctorumque de Sorió (1538), una composición mariana del
mismo Sorió o del editor Pere Ferrer, en el Mariale (1538) del primero; de los
eclesiásticos Pere Cerdà y Jaume Vidal en Los col·loquis de Despuig (1557), y
de Pau y Pere Astor en el Responsum sive tractatus de synodo diocesana de
su hermano Antoni-Joan (1600). Notemo s que ni siquiera un contexto tan
propicio como los preliminares de los Col·loquis de Despuig, quien critica
abiertamente la expansión del castellano en Cataluña, logra animar al uso del
catalán, que se ve sustituido por el latín, idioma con unas connotaciones más
prestigiosas, más de acorde con la moda humanística y, seguramente, más
esnobistas.
A finales de siglo comienzan a aparecer las primeras muestras de poesía en
romance, pero éstas serán ya absoluta y monolíticamente en castellano, con la
brillante excepción de Vicent Garcia, que, aparentemente, e scribió siempre en
catalán. Para el resto de los abundantes poetas, sean ocasionales o de
«oficio», la únicas opciones lingüístic as –de acuerdo con las muestras que nos
han llegado– son ya el castellano y el latín, para los competentes, en los
contextos más académicos o cultos. Na turalmente, esta apreciación no puede
generalizarse a todo el Principado ni a todas las épocas, ya que la poesía en
catalán tuvo sus luces y sus sombras. Si bien sufrió un retroceso claro en el
siglo XVI , estará bien representada, a nivel manuscrito, en el XVII , aunque no
2 Hay edición moderna de Maria Toldrà [2003].
273
alcanzará los canales de distribución im presos, por lo que su frirá una imparable
pérdida de prestigio frente a los modelos poéticos cast ellanos y, finalmente,
frente a la lengua poética caste llana en sí (Rossich 1997:163-166)..
Las pocas muestras de poesía en catal án en Tortosa son muy significativas
del retroceso que había sufrido la lengua literaria, confinada, en los circuitos
comerciales impresos, al campo devocional y a la anécdota trivial o
circunstancial del pliego suelto. 3 Impresos tan sólo conservamos unos
anónimos Goigs a sant Josep (Tortosa, 1623). En el ám bito manuscrito se han
conservado unas coplas faceciosas recogi das parcialmente, de memoria, en la
Discripción de Catí de Gabriel Verdú (Pitar ch 2000:95-96), obra del escribano
del Cabildo Pere Puigvert (?) en re spuesta a las que había hecho el barbero
Pere Bru que hay que datar a principios del siglo XVII . 4 Las transcribo por su
carácter excepcional en nuestra zona:
Vixca el señor Pere Bru
en la gran habilitad
que mereix se alabad
per lo maestre fray Verdú.
La mare que le ha lletad,
en llet de hordi y de avena,
si en parira una dodsena
nos honrrara esta siutad.
Lo tacany té bon talent,
que de docte 5 mereix lo títol,
puix lo escrivà del Capítol
lo·y posa en lo enteniment.
O gran rey Felip Terser,
que de el tal tenia consell,
com que no avià per ell,
avent-lo tant menester?
3 No hay que olvidar la existencia de una poes ía de talante moral o grave cultivada por
Ferrando de la Càrcer, Ferrer de Guissona, Josep Català, Feuria o Josep Romaguera, todos
ellos ya plenamente barrocos (cf. Rubió i Balaguer 1985:162-186).
4 La referencia a Felipe III marca ya el término post quem de 1598. Por otro lado, Blai Verdú
ejerció de lector de la Seo y profesor en los Real es Colegios de Tortosa entre 1601 y 1619
–falleció en Valencia en 1620–, por lo que la s coplas no deben sobrepasar por mucho esa
fecha.
5 Dotse , en el original.
274
Nos han llegado también algunas muestras en catalán de un género que
debió ser muy popular y del que han sobr evivido, sin embargo, pocos
ejemplares por su carácter marc adamente circunstancial: los pasquines
satíricos. Pegados a las paredes de las ca sas y plazas públicas, estos papeles,
órgano de expresión del desc ontento popular y también medio difamatorio para
ajustar cuentas particulares, debían tener una vida corta, puesto que las
personas mencionadas en ellos y las autor idades se apresuraban a retirarlos y
destruirlos. Sin embargo, algunos de es tos textos han trascendido a su
dimensión efímera gracia s a que fueron incluidos en los procesos o en las
informaciones judiciales incoadas, en oc asiones, a raíz de su aparición. En
concreto, se conservan unas coplas ca stellanas que denuncian la clerogamia y
vida poco ejemplar del rector de Arnes , Tomàs Fort, datados en 1600, según el
expediente informativo, 6 así como hasta seis pasquines en catalán de
mediados del siglo XVII , supuestamente redactados por el beneficiado de Horta
de Sant Joan –villa vecina a Arnes– Antoni Blanc. 7 Por lo visto, Blanc le cogió
gusto a este tipo de composiciones in famatorias en las que satirizaba al
comendador, a los jurados locales, y a los familiares de la Inquisición, entre
otros notables locales. La sátira social, con ataques personales incluidos, y la
procacidad caracterizan estos pasquines . Blanc ataca a un nuevo jurado de la
villa que moteja de capón :
Com capó no has fet més cas
dels pasquís de l’altre dia:
no veus Miquel que te han dit
que ets humit de barrina?
En Barselona te gastaves
mols dinés en ayguardent,
y asò per renta’t la picha
per guardar-te el sement.
I asò si lo-y poso és
perquè tu mateix ho charres,
que tu per aqueiges plases
contes totes tes hasañes.
Les dones de aquesta vila
de tu no les cal guardà,
6 ADT. [Arnes. Expediente informativo s obre los pasquines contra Tomàs Fort].
7 ADT. [Horta de Sant Joan. Expediente inform ativo contra Antoni Blanc por los pasquines
aparecidos en la villa].
275
perquè encara que les fotes
tu suc no’ls ne pots donà [...]
Los fracasados intentos de las autoridades por descubrir el autor de los
pasquines son nuevo motivo de burla para Blanc:
Diges-me, comanadó,
com tens tu tan poca trasa,
que dius tu que un capella
pose los pasquins a la plasa?
I també que un familià,
gent la qual no té més señ,
que lo un és un cap de ase
y l’altre un cap de sorell?
No tenen ells tan discurs,
ni menos enteniment,
que per a posar pasquisos
se a de mesté molt señ [...]
Tanto las coplas en respuesta al bar bero Bru como los pasquines de Arnes
y Horta de Sant Joan tienen en común el hecho de ser compuestos sin
pretensión artística alguna y con una evi dente funcionalidad jocosa y satírica,
binomio casi indisoluble, basada en la anécdota y la circunstancia. Son poemas
dirigidos a circuitos restringidos de amis tades o, en el caso de los pasquines, a
una comunidad en concreto. No hay por tanto ningún intento de proyección
literaria, por decirlo así, y son más interesantes desde el campo de la
sociolingüística o de la antropología que de la historia de la literatura.
En el caso de los Goigs , este género se conservó fiel a la lengua debido a
su marcadísimo carácter estereotipado y tradicional, factores que llevaron a la
sacralización del texto, y que los hizo refractarios a cualquier innovación
estética (Kamen 1998:130-136).
Finalmente, podemos conc luir que las muestras de poesía en catalán que
nos han llegado de esta zona confirman el ca rácter diglósico de la literatura en
Catalunya desde principios del siglo XVI : «des d’aquesta època domina entre
els catalans el convenciment que tota obra literaria de carácter culte i de difusió
pública ha de se escrita en castellà» (cf. Marfany 2002:72).
276
En 1599 vemos surgir, ex novo, una serie de poetas locales cuyas
composiciones fúnebres aparecen recogidas en la relación luctuosa intitulada
Muerte y honras de la majestad del rey Philipe [...] hechas en la ciudad de
Tortosa (Barcelona, 1599), obra del mercedario, lector de la Seo, Juan Suárez
de Godoy. Godoy transcribe algunos de lo s sonetos y epigramas fijados al
túmulo fabricado en la Seo en ocasión de las exequias celebradas por Felipe II.
Entre los autores, el caballero Jeroni d’Heredia, Joan Desí, pintor y poeta,
Melcior Figuerola, arcipreste de Morella, el maestro de gramática Duarte Dies,
y el mismo Suárez de Godoy. Si a estos añadimos la figura de Vicent Garcia y
toda la serie de plumíferos y versific adores ocasionales, aquella multitud de
«ciegos, soldados, frailes, organistas, secret arios, juristas, médicos, profesores,
nobleza alta y baja, damas y hasta alguna ilustre fregona» (Blecua 1983:206-
207) que compusieron versos en el Ba rroco, tendremos una panorama más o
menos completo de la pléyade poética tortosina (cf. Querol Coll 1997). Toda
esta generación, con la br illante excepción de Vicent Garcia, escribirán ya
únicamente en castellano.
El cambio de lengua provocará la apar ición de un nuevo argumento en la
tópica de la captatio benevolentiae prologal, en la que los autores se
disculparán por su incompetencia en un idioma que no es el suyo. Verbigracia,
Jeroni d’Heredia en el prólogo de la Guirnalda de Venus casta : «al fin me
resolví [a publicar] por voluntad agena más que por gusto propio o estimación
de gloria, que esta jamás la pretendí, assí por no escrivir en lengua materna
como por ver se me aventajavan muc ho». De hecho, la disculpa por la
impericia del poeta catalán al versific ar en castellano había sido ya manejada
por Herrera al referirse a los versos de Boscán (cf. Rossich 1986:12, n. 36).
El caso es que estos poetas finisecu lares emprendieron, con la utilización
del castellano, un camino de no retorno, y una práctica que no fue revertida
hasta que los hombres de la R enaixença se propusieron el redreç del catalán
como lengua poética. En las siguientes páginas analizaremos la proyección de
este cenáculo poético tortosino a caballo entre los siglos XVI y XVII .
283
Saona. Al año siguiente, Jerónimo, en vi sta del interés de los manuscritos de
Malón, decide publicarlos, apropiándose de la obra, para ordenarla y rectificarla
a un grado que no podemos saber, y asumi endo la responsabilidad de autoría
de la misma (Clemente 1999:54-56).
Tomando la figura del navarro Malón como nuevo referente, me remito
ahora a su única obra de autoría reconoc ida y que ya se ha nombrado aquí: la
Conversión de la Magdalena (Barcelona, 1588). En la Conversión hallamos
también el mismo procedimiento que en las obras firmadas por Saona y que en
el Tesoro de Suárez de Godoy: versiones poéticas de los Salmos ,
parafraseadas o completas, y de otros l ugares bíblicos, traducciones de poetas
clásicos como Juvenal, Virgilio y Ovidio, y otros versos de inspiración propia (cf.
Aladro 1998:56-57). «El paralelismo entre los tres libros es notable», afirma
Clemente. Más aun: el paralelismo entre los cuatro libros es notable, podemos
decir nosotros.
Trazada la filiación del Tesoro a sus antecedentes literar ios, volvamos por
un instante a una noción de preceptiva literaria que no puede ser obviada en la
Conversión , supuesto modelo primigenio. Hablo de la innovación formal que
suponía el uso de poesías intercaladas en un libro religioso grave.
Efectivamente, ya el mismo Malón se vio en la obligación de justificar el
apropiamiento de este recurso como una estrategia destinada a la deleitación
en una materia árida y poco atrayente para el lector, según él mismo postula en
el prólogo de la obra:
Podría parecer a alguno que es menos gravedad en materia santa mezclar
versos y cosas de poesía [...]. La razón desto es porque ya, por nuestros
pecados, tenemos tan estragado el gusto para todo lo que es de Dios y virtud,
que para poder tragar lo que desta materia se nos dice, es menester dárnoslo
con mil salsillas y sainetes y muy bien guisado, y aun Dios y ayuda que así le
podamos comer (BAE 1948:vol. XXVII , 277).
Es decir, frente a la competencia de la literatura mundana –«Dianas y
Boscanes y Garcilasos [..] Amadises, Fl oriseles y don Belinanís»– que desvían
la atención del cristiano, Malón propone utilizar la licenc ia del verso para atraer
al lector cristiano (cf. Aladro 1998:112). Pa ra avalar su novedad, el navarro
saca a colación la autoridad de los cantos bíblicos y los poetas de la Iglesia,
como bien notó Egido [1990:98] .
284
Finalmente, no puedo dejar de aludir un paralelismo ineludible entre las
obras de Saona y Malón, y el Tesoro de Godoy, que refrenda el hecho que las
cuatro obras mencionadas tienen su génesis en una misma atmósfera
intelectual. En la Conversión de la Magdalena dedicada a Beatriz Cerdán de
Heredia, religiosa del convento de Cas bas en Aragón, Malón incorpora al texto
diversas peticiones y cuestiones planteadas epistolarmente. Entr e ellas, la obra
recoge una demanda en que la monja le in sta a realizar una exposición del
salmo 89, «Misericordias Domini cantabo»:
Pidióme vuesamerced que le expusiese algunos versos del salmo 88 [89], que
comienza: Misericordias domini cantabo , aplicándolo a las muchas mercedes
que de mano del Señor ha recebido. Parecióme el deseo muy santo y la
petición justa [...] pero parecióme que el salmo no era muy apropósito para
acomodalle al intento de vuesamerced [...]. Todavía, por no burlar el buen
deseo de vuesamerced, he querido probarme a decir algo sobre el primer
verso, poniéndole en el mismo latín por remate de algunas octavas [...] (BAE
1948:vol. XXVII , 408)
Octavas que el agustino inserta a continuación, como apéndice de la obra.
Recordemos que precisamente este salmo 89 es el tema central y leitmotiv del
Tesoro de Godoy.
Puesto ya en sus coordenadas formales, es hora de volver al texto de
Suárez de Godoy. Como ya se ha dicho, la obra contiene 61 composiciones, la
mayoría traducciones o versiones más o menos libres de Virgilio y Ovidio,
principalmente, entre los clásicos, y de Petrarca y Alciato entre los modernos.
Además de estos, también traduce a Lucrecio, Nicandor, Valerio Flaco,
Séneca, Horacio, Tíbulo, Petronio, Hesíodo, Platón, Plauto, los medievales
Santo Tomás y Dante, así como diversos Salmos bíblicos. Contamos también
con una decena de poemas originales del aut or y, en especial, con una serie de
cinco sonetos «magistrales», según Vázquez [1975:508], con notables y
originales artificios formales: rimas esdrújulas, rimas en dos únicas palabras,
anáfora con contrastes conceptuales al ternados, etc. En todos ellos Godoy
muestra un equilibrio admirable entre res y verba , que sabe destilar gracias a
su dominio formal y métrico. Como m uestra, transcribo uno de los sonetos en
285
que trabaja la rima en dos únicas palabras, muerte y vida , pirueta formal que
llegó a convertirse en una moda poética:
Priva de vida y de pujança a muerte
con la muerte el autor de eterna vida;
no capaz de la muerte, con tal vida
se viste, por dar muerte a aquesta muerte.
Allí la vida da muerte a la muerte,
a do la muerte da muerte a la vida,
tal que, llenos de muerte y ya sin vida,
la vida se nos da por cierta muerte.
No quiero, pues, más vida, pues la vida
triunfó de muerte, y con su sola muerte
lleva trofeos de una eternal vida.
No muerta se verá jamás la muerte,
así como se vee vida la vida;
y en un madero juntas, vida y muerte (p. 410).
Vázquez [1975:500-508] centró su est udio sobre Suárez de Godoy en el
análisis métrico de sus poemas. Según este autor, el mercedario utiliza tan solo
tres formas métricas: heptasílabos, siempre en combinación con
endecasílabos, octosílabos, tan sólo en tr es composiciones y, mayormente,
endecasílabos. En cuanto a las estrofas , el poeta se vale de tercetos
encadenados, en 3 poemas, octavas real es, en 19 poemas, décimas, en un
largo poema y sonetos, en 18 ocasiones. De las estrofas imparisílabas utiliza la
estancia en tres poemas, estrofa c uaternaria de endecasílabo y heptasílabo en
un poema, y dos estrofas probablemente or iginales. Finalmente, también se
expresa en dos letrillas y en endecasílabos sueltos, o blancos.
La métrica y el estrofismo de Suár ez acentúan su gusto por las formas
renacentistas, que domina perfectament e, en detrimento de las escasas
reminiscencias medievales que emplea. Este gusto por el verso italianizante y
las combinaciones entre versos heptasílabos y endecasílabos es también un
rasgo relevante de la poética de Malón (cf. Clemente 1999:117-121).
En definitiva, y para acabar ya con este somero análisis del Tesoro , la
génesis de la obra está marcada por lo s modelos que le presentaban las obras
286
del navarro Pedro Malón de Echaide, residente en Barcelona entre 1586 y
1589. Es posible que Godoy conociera a Malón directamente; en todo caso,
debía conocer su Conversión de la Magdalena , publicada en la Ciudad Condal
en 1588, y sabemos posit ivamente que era amigo del también agustino
Jerónimo Saona, que se apropió y public ó dos obras de Malón en las que se
emplea también el recurso de la yuxt aposición de prosas y versos. Como
podemos observar, en la Barcelona de finales de XVI existe un animada
atmósfera literaria ajena, ci ertamente, a la tradición catalana, forjada al calor
conventual de los agustinos o de los me rcedarios. Figuras como Malón de
Echaide, navarro, los Saona, Gaspar y Jerónimo, naturales de la Mota del
Cuervo (Cuenca), Suárez de Godoy, se villano, habían introducido un género de
exposición bíblica abierta a licencias formales diversas y a una estética
novedosa en el Principado.
El motor intelectual de estos autor es hay que buscarla en la escuela
agustiniana de Salamanca que floreció esplendorosamente en la segunda
mitad del siglo XVI , en la cual se forjaron autores como Tomás de Villanueva,
Juan de Muñatones, Alonso de Orozco, Hernando de Zárate, Pedro de Vega y,
sobre todos, fray Luis de León, paradigma de «la confluencia de la Biblia y la
cultura grecorromana, de poesía y teología», en palabras de Asensio
[1991:207]. Según expone Blecua [1981:94-97 ], a partir de la publicación de De
los nombres de Cristo (1583), que intercala traducciones de los salmos, fray
Luis reactivó este género en la penínsul a, tras una primer a floración abortada
por la acción del inquisidor general Fe rnando de Valdés, inquieto por el «sabor
herético que se presumía en los poetas in spirados por las musas davídicas», y
que aconsejó el silencio a los traductores bíblicos y de los salmos en particular.
Al lado de estos poetas castellanos afincados en Cataluña y que habían
introducido un nuevo género, algunos relig iosos catalanes producían sus
propios tratados morales, siguiendo una tr adición local: el agustino Antoni
Camós, compañero de los Saona y de Malón de Echaide, publicó La fuente
deseada (Barcelona, 1598) en verso caste llano, mientras que otros como
Miquel Ferrando de la Càrcer o Ferrer de Gu issona continuaron fieles al catalán
(cf. Rubió y Balaguer 1985:162-175). No se puede hablar de una segregación
entre los poetas de la escuela salmanti na y los locales, sino de una convivencia
e interrelación: Josep de Setanti y Osies [sic] March, mediocre poeta catalán
287
homónimo del «clásico» y que se hacía pasar por descendiente suyo, publican
sendos sonetos laudatorios a la Hierarchía de Saona, el último de los cuales,
por cierto, no he visto mencionado por los estudiosos (Torres Amat 1836:365-
366; Rossich 1986:16, n. 58), mientras que Camós publica un soneto preliminar
en la Conversión de la Madalena .
6.3.3 Muerte y honras de la magestad del rey Philipe nuestro señor segundo
deste nombre hechas en la ciudad de Tortosa (Barcelona, 1599)
A finales de 1598 Tortosa, como tantas otras urbes españolas, celebró con
gran boato las exequias por Felipe II. El Consell encargó al lector los sermones
fúnebres para la ocasión. 15 Al año siguiente Suárez de Godoy publica la
relación de la solemnidad, con el título ya indicado. No he hallado constancia
documental del patrocinio de la edición. Suár ez dedica la obra al Cabildo, por lo
que sugiero que éste fue el me cenas de la obra, y no el Consell , aunque es
también posible un patrocinio en conjunto, puesto que las corporaciones civiles
y religiosas de la ciudad solían crear una comisión única para este tipo de
actos. En todo caso, el autor da a entender en el prólogo que escribe por
encargo –«mandado»– (b1).
Ya en el prólogo, en el que se insta a los lectores a armarse de las armas
de las virtudes para afrontar la batalla con la muerte, se hace patente el gusto
de Suárez de Godoy por los autores clásicos que ya constatamos en su
anterior obra. El lector incorpora si n empacho alguno los autores paganos a su
catálogo de autoridades morales al uso –las Escrituras, los padres de la Iglesia
y algún teólogo medieval. Valerio Máximo , Horacio, Virgilio, Cicerón, Homero,
Ovidio, Servio, Séneca, Apiano, Aulio Gelio y el moderno Alciato aparecen,
pues, intercalados entre los autores relig iosos sin distinción alguna. De hecho,
el referente principal, aun cuando el aut or no concuerde siempre con sus ideas,
es Virgilio o alguna otra autoridad clásic a. Por ejemplo, para hablar sobre la
inhumación de Felipe II, Godoy saca a colación las incineraciones que mandó
hacer Eneas por sus muerto s en el libro segundo de la Eneida , para después
corregirlo: «pero nosotros, con mayor c onocimiento, mejorados con la lumbre
15 AHCTE. FMT. Provisions 1597-1599 , s/f. 6 de octubre de 1598. El lector recibió 2 libras por
los sermones.
288
de la fe, damos el alma, que es espíri tu, a Dios, y el cuerpo ponemos en el
depósito de los sepulcros» (f. 47). La ant igüedad clásica aparece siempre como
telón de fondo intelectual de sus elucubraciones.
La obra se divide en tres grandes bloques: el primero –capítulos 1 al 7–, se
centra en la figura del monarca y en su muerte. Godoy pasa por los diferentes
lugares comunes de este tipo de com posiciones: panegírico del difunto y
narración detallada de sus últimos días y de su ejemplarizante «buen morir»,
así como por la exégesis de diversos salmos consolatorios para provecho del
lector. A pesar de los pormenores que of rece sobre la muerte del rey, en
ningún momento menciona la f uente utilizada en este punto.
El segundo gran bloque –capítulos 9 al 11–, se centra en las exequias
celebradas en Tortosa, y que trataré en detalle a continuación. El tercero, que
comprende el capítulo 12 de la obra, es la trascripción del sermón predicado
por el lector en la Seo «sin añedi r, como otros han hecho», como apunta
orgullosamente el autor.
Volvamos ahora al segundo de los bloques temáticos en que he dividido la
obra porque tiene un especial interés para la hi storia de la literatura local, como
he notado anteriormente. El autor abandona ahora la figura del monarca y las
generalidades morales para centrarse en la narración de la solemnidad en
Tortosa. Tomando el asunto ab initio , transcribe la carta de Felipe III a los
procuradors y al Consell (f. 48v-50) mediante la cual les insta a hacer
«demonstración pública de luto y honrras, tanto mayor que en semejantes
casos se ha acostumbrado». El c apítulo noveno (f. 52-57v) comprende una
descripción encomiástica de Tortosa. Co mo parte ineludible en la descripción
de ciudades, según prescribían los manuales retóricos, el autor trata de su
antigüedad y de la nobleza de su origen, lo que le lleva a la fundación mítica
por Ibero, nieto de Noé, y a identificarla con la perdida ciudad de Ibera. El
pasaje tiene su interés, puesto que consti tuye la primera obr a impresa local en
tratar el tema. Las deficiencias histori ográficas locales no se saldaron hasta 27
años después con la Historia de la antigua Hibera de Francesc Martorell,
aunque sabemos que corrían ya manuscritas algunas historias locales para
cuando el mercedario publicó su libro, por lo que es de suponer que bebió en
esas fuentes o, sencillamente, fue guiado por algún canónigo instruido. De
289
todas maneras, el lector no pretende más que ofrecer un elogio de la ciudad, y
no una historia en extenso.
Los capítulos 10 y 11 describen, propiamente, las honras fúnebres
celebradas en la ciudad: proc esión, capilla ardiente, túmulo funerario, oficios
religiosos, etc. Para nosotros tiene un es pecial interés la descripción del túmulo
fabricado dentro de la Seo, puesto que el autor transcribe diferentes versos
elegíacos compuestos por los poetas de la ciudad –«los cisnes del sagrado
Ibero», como dice el arcipreste Figuer ola en un soneto preliminar de la obra– y
que, fijados al armazón, form aban parte del monumento, acompañando
imágenes y figuras alegóricas. Ya hemos visto que es la primera ocasión en
que tenemos noticia de este grupo poétic o tortosino, que veremos relacionado
en muchas otras ocasiones. Suárez rec oge poemas de Jerónimo de Heredia
–diversas quintillas a las virtudes cardinales, una canción y tres sonetos–, del
maestro de gramática port ugués Duarte Dies –dos epigramas latinos y dos
sonetos castellanos–, del poeta y pi ntor Joan Desí –dos sonetos–, del
arcediano de Morella, Melcior Figuerola –una canción– y un soneto del mismo
Suárez de Godoy. A estas hay que sumar un poema latino de un tal doctor
Marín, amigo del autor, recogido ta mbién, aun cuando no fue parte de las
composiciones fijadas al túmulo, 13 le tras que el autor pudo recoger de las que
empezaron a «llover de las bóvedas de la Iglesia» (f. 64), así como tres
sonetos laudatorios preliminares de He redia, Figuerola y Dies. He aquí el
corpus poético completo reproducido en el libro de Godoy.
Parece evidente, por lo tanto, que en la ciudad venía ya actuando un grupo
poético con pretensiones liter arias, que se expresaba en castellano, y que tuvo
ocasión de proyectarse públicamente grac ias a esta efeméride social y al
acicate de un literato de gr an oficio, como Suárez de Godoy. Así es, por lo
menos, como ha llegado a nosotros este bocado de realidad literaria de finales
del XVI .
6.3.4 Otras obras
Gumersindo Placer [1968:vol. II , 854-855], bibliógrafo de la orden
mercedaria, registra un soneto l audatorio de Godoy publicado en los
preliminares de Discursos predicables (Barcelona, 1598), del agustino
290
Jerónimo Saona, así como otra obra, el Comme nt ar ium i n P sal mum
quinquagessimum : «Miserere mei, Deus» (Roma, 1600), que no he podido
localizar en los catálogos de las bibliotecas principales.
6.4 J ERONI DE H EREDIA (T ORTOSA , 1564-[?], 1612)
6.4.1 Esbozo biográfico
Según Cristòfol Despuig, a mediados del siglo XVI existían en la veguería de
Tortosa las casas militares de Heredia de Ulldecona y la de Batea, esta última
establecida también en Alcañiz (D uran 1981:127). Relacionados con estos
linajes existen diversos homónimos de nuestro poeta, pero cualquier intento de
identificarlo es inútil, por que su padre, el doncel Juan de Heredia, fue natural de
Ezkerrekotxa, en la actual provinci a de Álava, al lado de un lugar llamado
también Heredia (cf. García Carraffa 1919-1963:vol. XLI , 39-41), por lo que
hemos de desestimar las identificac iones de Alanyà [2002:334-335] que lo
vincula a la casa de Batea/Alcañiz, o la mía propia (Querol Coll 1999:166-167),
en la que me inclinaba a relacionarlo con la casa de Ulldecona. Tampoco hay
que confundirlo con el poeta homónimo aragonés –en realidad, Jerónimo
Fernández de Heredia– que participó, c on el sobrenombre de «el Disuadido»
en la justa poética de la Universidad de Huesca en 1609, o en la Academia de
Huesca reunida hacia 1610, puesto que éste era hermano del gobernador de
Huesca Juan Fernández de Heredia (cf. Arco 1934:65-66). En este error han
caído también Simón Díaz [1960-1994:vol. XI , 478-479], Alanyà [2002] y Querol
Coll [1997:92].
Desconozco el motivo del traslado de Juan de Heredia a Tortosa; el caso
es que en 1561 contrajo matrimonio con la tortosina Aldonça Aduart. 16 A finales
de los sesenta y principios de los setent a sirvió a la Monarquía como capitán
responsable de la construcción de las torres de los Alfacs, en la marina de
Tortosa (cf. Gilabert 2000:149-158), y ta mbién como pagador de las galeras
reales. 17 Por lo visto el presupuesto para la s obras escaseó, por lo que Juan de
16 AHT. Man. Not. 1562 , s/f. 12 de abril de 1561.
17 AHT. Man. Not. 1545, s/f.
291
Heredia, que avaló el proyecto pers onalmente, hubo de vender su hacienda y
acabó sus días como monje en el monasterio cisterciense de Benifassà. 18
Por parte materna los Aduart er an una familia de ricos mercaderes
conversos que descendían de un tal Aduar t –Eduard– Bonanat, que trocó su
apellido por el nombre. 19 Jeroni nació en Tort osa en 1564, apadrinado por
Jaume Terça, hijo del regente del C onsejo de Aragón Miquel Terça, y su tía
Dionísia Aduart. 20 En 1566 nacería su herm ana Isabel, mientras que en 1569
fallecía su madre Aldonça, por lo que los hermanos quedaron bajo el amparo
de su padre y su tía Dionísia. 21 Según parece, la in fancia del poeta se
desarrolló en Tortosa, donde lo halla mos documentado ininterrumpidamente.
En su juventud, en una fecha indete rminada, pasó a Sicilia, donde sirvió
durante 3 años como milit ar, por lo que en 1596 el Consell, en vista de su
experiencia, lo nombró alférez de la compañía de 200 hombres levantada por la
ciudad ante la noticia de un ataque francés en el Rosellón. 22
Seguramente, sin que pueda pr ecisar la fecha, Jeroni residió alguna
temporada en Barcelona. Hacia 1600 está documentado en la Ciudad Condal
un homónimo de aparente extracción tort osina, pero no podemos descartar que
se trate de algún otro miembro de las ramas de Ulldecona o de Batea. 23 El caso
es que se halló presente en la bienvenida que la elite barcelonesa dispensó al
nuevo virrey, duque de Monteleón, en 1603. Entre los poetas que lo elogian en
los preliminares de su Guirnalda de Venus casta (Barcelona, 1603),
observamos también la presencia de contactos barceloneses: los nobles Miquel
y Francesc de Montcada, hermanos, el ju rista Felip-Ramon Desplanes, Onofre
Requesens, lector en el convento de Ba rcelona y, quizás también, Guillem
Lloris e Isabel de Castro y Sarmiento, personajes que no acabo de identificar.
Asimismo, en El Amor enam orado , traducción de Minturno publicada
conjuntamente con la Guirnalda , Heredia cambia el elogio de Nápoles que
aparece en la obra del italiano por un elogio de Barcelona y la recepción dada
al virrey Monteleón. Por último, el poeta se casó, ya entrado el siglo XVII , diría,
con Magdalena Setanti, hija del noble Joaquim Setanti, militar, dirigente político
18 ACA. CA. Lg. 349. Informe sobre Jeroni d’Heredia.
19 ACTo. AHN. Inq. Lg. 598 (2), exp. 5/4º.
20 ACTo. Bautismos 3, f. 59.
21 ACTo. Man. Not. 3419 , s/f. 18 de junio de 1569
22 AHCTE. FMT. Instrumentorum, f. 22.
23 AHPCB. Pere Pau Pastor 550/10, s/f. 5 de junio de 1600.
292
y literato barcelonés, 24 con la que tuvo dos hijos: Càndia y Joan, bautizados en
1609 y 1610 respectivamente (Rovira 1997a:151).
Los servicios de la familia a la M onarquía no cayeron en saco roto: en 1602
Jeroni fue armado caballero (Rovira 1997a:151). La dedicatoria de su obra a la
duquesa de Monteleón, Catalina Caraccioli, le granjeó la simpatía del virrey,
con quien debía tener trato familiar. En 1604 el Consejo de Aragón pidió a
Monteleón un informe sobre Heredia, al que se quería emplear en algún
servicio y promocionarlo. La respuesta del virrey nos da una sucinta semblanza
del poeta. En primer l ugar Monteleón elogia el co mpromiso del padre en la
construcción de las torres de Els Alfacs, que lo llevó a la bancarrota. Entre los
méritos de Jeroni se exponen su servic io como militar en Sicilia y la
participación en la compañía tortosina de 1596. En cuanto a su carácter, le
define como un hombre honrado, ajeno a las banderías y dedicado a la
literatura: «empleándose en exercicios de letras virtuosas y acompañándose
con las personas que las profesan, siendo él de buen ingenio, acto, y suficiente
para qualquier demostración». Sobre su empleo, el virrey lo propone para
«algún entretenimiento raçonable cerc a de la persona que aquí gobernase, en
consideración de los servicios del dicho su padre». 25
A principios de 1609 Heredia fue nombr ado veguer de Tortosa, cargo en el
que hubo de sufrir un mal trago. Detenidos en la ciudad dos importantes
facinerosos valencianos –Miguel Paloma res y Llorenç Roig– en mayo de ese
año, el rey dispuso que fueran entregados al virrey de Valencia para ser
juzgados, lo cual constituía una clar a violación de las Constituciones de
Cataluña, como el mismo Monteleón re cuerda al monarca ante la protesta
alzada por la Generalitat. 26 Heredia obedeció las órdenes reales y forzó la
extradición de los malhechores, por lo que fue detenido y encarcelado durante
seis meses en Barcelona en las pr isiones de la Generalitat ( Dietaris 1994- :vol.
III , 666-667). A principios de 1612 se hall aba ya en libertad y restituido en su
cargo de veguer gracias a la mediaci ón del Consejo de Aragón. Heredia, un
discreto caballero segundón hasta el mo mento, vio entonces proyectada su
24 Magdalena no aparece documentada, sin embargo, en el clásico estudio de la familia Setanti
de Cortés [1973].
25 ACA. CA. Lg. 349. 6 de octubre de 1606. La demora en la respuesta se explica porque
Monteleón simplemente repite un informe ya enviado el 1605.
26 ACA. CA. Lg. 349. 6 de julio de 1609.
299
8, 10, 22, 22v-25), 31 dos de Tasso (f. 8v-9, 19-19v), una de Petrarca (f. 16v), y
una también de los renacentistas italianos Amalteo (f. 3), Girolamo Parabosco
(f. 4v-5), Benedetto Varchi (13-13v), C oppetta (f. 14), Angelo di Constanzo (f.
14-14v) y Cavalier Selvago (f. 25v-27v). Seguramente el númer o de imitaciones
más o menos directas podría ser ampliado; por ejemplo, veo una copia clara de
Minturno ( Rime et prose , p. 23), en el soneto del f. 2v-3.
En cuanto a la serie de 15 sonetos dedic ados a elogiar las diferentes partes
del cuerpo femenino –cabellos, frente, ceja s, ojos, nariz, mejillas, boca, manos
y cuello– de forma individualizada, el tema tiene un claro antecedente en el
género de los blasons , o blasons anatomiques du corps fem enin , popularizado
por los poetas lioneses italianizantes de mediados del siglo XVI –Scève,
Beaulieu, Brodeau, Vauzelles–, pero no le hallo parangón en el Parnaso
español. Los blasonneurs franceses publicaron sus obras en conjunto en
Blasons: sensuivent les blasons anatom iques du corps femenin, ensem ble les
contreblasons de nouveau composez (París, 1543), y fueron reimpresos en
diversas ocasiones en Francia a largo del siglo XVI (Giudici 1965:43-57). Ignoro
si Heredia conoció esta moda francesa, de la que no parece deudor
textualmente, o si este «inventar io» de las bellezas de la amada puede
considerarse una pequeña innovación propia.
Queda abierta la línea de trabajo que nos ha de llevar a encontrar nuevos
modelos inmediatos de los poemas de He redia. En cualquier caso, creo que
podemos hacernos una idea clara de los in tereses y de los modelos literarios
del tortosino, que se nos presenta como un buen lector y adaptador de los
poetas italianos renacentistas.
A pesar de que el poemario refleja, supues tamente, la hist oria amorosa del
poeta, se encuentra a faltar al go de voz propia y genuina en sus
composiciones. Sus motivos y su imaginer ía son los mismos que, salvando las
distancias, encontraremos en Herrera, Aldana, Cetina y el resto de poetas
renacentistas españoles (cf. Manero 1990). Al contrario que, por ejemplo, en
las obras de su amigo Vicent Garc ia, el elemento anecdótico que daría
vivacidad a la servitud retórica formal impuesta es muy escaso. Hay tan sólo
algunas referencias al Ebro y sus poetas –«cisnes dichosos que por nuestro
31 Fucilla da una paginación diferente. Tengo a la vista el ejemplar R-13.319 de la Biblioteca
Nacional de Madrid.
300
río/ vays esparciendo altíssimos concetos» (canción IV )– entre los que destaca,
sin duda la letra I , «A su río y su amor» en la que el Ebro es presentado como
su correlato psicológico:
Río de Tortosa
de hondo seno,
si callando corres,
callando peno (f. 40-41).
También encontramos referencias a un colega poeta, Tirsi, que aparece en
diversas ocasiones: los sonetos XLIII - XLVI , así como el romance VI , van dirigidos
a este amigo, amante de una tal Angélica, e interlocutor de Heredia. El
romance VI muestra a Heredia ausente –¿quizás en Sicilia?– doliéndose de no
poder gozar de la compañía de su ami go y confidente. Af ortunadamente, las
cartas pueden paliar la ausencia:
Y aunque se aparten los cuerpos,
fue milagrosa la traça
del ingenio y del amor
quando inventaron las cartas.
[...]
Aqueste descanso, Tirsi,
espera de vuestras cartas
mi afligido coraçón
en aquesta ausencia larga,
porque el adorno y belleza
de vuestras dulces palabras
es un jardín deleytoso
lleno de sentencias altas (f. 55v) .
El romance XV pone en boca de Tirsi el relato de la traición amorosa de su
amada, ahora Filis:
Aquesto Tirsi dezía
echando unas prendas falsas
al Ebro, que de su Filis
hasta las prendas le matan (f. 65v).
Como podemos observar, Tirsi era ta mbién un poeta tortosino. A este
mismo personaje dedica un tal Danteo una elegía en los preliminares de La
301
divina semana del poeta local Joan Desí, tr aducción del francés Guillaume
Saluste. Según se puede apreciar en la elegí a, hemos de identificar a Tirsi con
el mismo Joan Desí, ya que en la compos ición se da a éste poeta la alabanza
por la traducción del francés . La identificación de Tirsi, el «caro amigo» de
Heredia en las poesías, con Joan Desí es totalmente verosímil, puesto que ya
hemos visto la estrechísima relación de amistad que les unió en la vida real.
También Vicent Garcia dedicó unas décimas, «Al engany del Món», en las que
se dirige a un poeta llamado «Tirsis» (cf. Rubió y Balaguer 1985:156-157); ¿se
trata también de Desí? La referencia a la «rectoría» de Tirsis presenta un
problema al efecto, puesto que Desí nunca fue cura párroco. En todo caso, me
apresuro a reconocer que Tirsi , precisamente, es uno de los pseudónimos
barrocos favoritos y, lejos de facilitar una identificación unívoca, encontraremos
el alias en cuestión por doquier.
Es difícil conjeturar con tino desde nuestra posición. La identificación de
Tirsi con Desí sería, de hecho, una excepción, puesto que en la mayoría de los
casos carecemos de la clave para descifrar pseudónimos como Ocari y
Amintas, poetas compatriotas, según Vi cent Garcia, o el mismo Danteo, que
escribe a Tirsi. En la Guirnalda Heredia se presenta a veces como Arcelio,
como corresponde a su amor por Arce lia. Sin embargo, no he visto este
pseudónimo utilizado en los cancioneros catalanes barrocos.
* * *
El Amor enam orado, traducción de L’Amore innam orato de Antonio
Minturno, constituye una obra independi ente, con portada y preliminares
propios, aunque sin fractura en la paginación (f. 67-144). Contiene poemas
laudatorios preliminares de Melcior Figuer ola, Inés de Castro y Sarmiento, Joan
Desí, Isabel d’Heredia, hermana del aut or, y del maestro Duarte Dies. Va
dedicada, como la Guirnalda , a Catalina Caraccioli y Mendoza, duquesa de
Monteleone y virreina de Cataluña.
La Guirnalda ha merecido la atención de Fucilla [1929], que prácticamente
se limita a dar noticia de la tr aducción, y de López Estrada [1972] que
contextualiza la obra tanto desde el punto de vista de la preceptiva y de los
géneros literarios –Min turno, autor de una Arte poetica (1563) la califica de
302
«poesia mista», puesto que contiene pros as y versos–, enmarcándola en la
corriente de novela pastoril española. La traducción de Heredia, primera de la
obra de Minturno al español, indi ca la pervivencia del gusto por lo pastoril en la
Península, aunque ya «en las cercanías de los posteriores libros de pastores»
(López Estrada 1972:322).
La obra, estructurada en cinco partes, está localizada en Sicilia, en la Edad
de Oro. El argumento, resumido ya por López Estrada, es como sigue: un
grupo de ninfas que gobiernan un valle ameno recibe la visita de Amor, quién a
su vez cae enamorado de la bella ninfa He roína. Venus envía a Mercurio a la
tierra a buscar a su hijo, al que encuent ra y prende, junto a su amada, con una
red de oro que le presta Vulcano. Mercurio reprende a Amor por haber
abandonado su residencia celestial y su madre por una ninfa terrenal, pero
Amor se rebela y se aviene a volver al ci elo tan sólo si deja libre a Heroína. En
la última parte, Mercurio vuelve al cielo; Venus, al verlo llegar sin su hijo, monta
en cólera y llama a Cobardía y Triste za para que atormenten a la ninfa.
Mercurio, en vista de la injusticia, decide contar el caso a Júpiter, que convoca
una junta de dioses para conc ertar las partes. Amor ha de marchar al cielo a la
junta, por lo que Heroína queda desconsol ada. Ya en el cielo Amor envía a
Fidelidad y Alegría para consolarla. Fi nalmente Júpiter decide que Amor resida
juntamente entre la tierra y el cielo.
Según notó López Estrada [1972:323], Heredi a traduce fielmente la obra de
Minturno, «imitación», según la llama Heredia en el prólogo, excepto en algún
pasaje concreto con alusiones eróticas atrevidas. Hay un lugar, sin embargo,
en que el tortosino ofrece una versión libre del asunto. Se trata de la alusión a
la corte de Palermo, en la parte IV del lib ro del italiano, que Heredia cambia por
un elogio de Barcelona. En concreto, el elogio de Barcelona (f. 114v-116v) se
sitúa dentro de la descripción de la casa de Vulcano, quien tenía una copia del
universo esculpida en plata y oro: el cielo, los planetas, las oras, el sol, la luna,
el océano, y la tierra, en el centro del «mundo». Al llegar a la descripción del
planeta Tierra, Mercurio, observador de las maquetas, distingue ríos, montes,
llanos, selvas y ciudades, «donde bien avrí as conocido entre ellas la noble
Cathaluña, y en ella la famosa Barcel ona, toda de oro, sino que sus muros por
defuera parecían echos de pl ata» (f. 114v). En uno de los baluartes de la
ciudad estaban esculpidos con letras de oro los siguientes versos elogiosos:
303
La noble, la antiguíssima, la hermosa,
la fuerte, la prudente, la estimada,
la siempre fiel, la rica, la hazañosa,
la ciudad de valor y azero armada,
de dos muros sercada
y altivos baluartes. La que ensierra
los despojos de l’alma gloriosa
de Raymundo y Eulària sacrosanta,
de Sever, de Auloger y de Matrona,
y otros mil dignos de immortal corona.
La que hizo a tantos animosa guerra,
en el mayor peligro victoriosa;
la que, qual velozícima Atalanta,
llegó primero a la sublime gloria
que otras mil dignas de inmortal memoria.
La que su hermosa planta
el ibérico mar alegre baña,
la que·s gloria del mundo, honra España,
la que fuera del gran padre edificada
de Aníbal, junto al monte venturoso
que de Jove conserva el nombre honroso (f. 114v-115).
A continuación, situado ya en Barcel ona, Heredia, nos emplaza en el
«hermoso palacio, albergue de los prín cipes que la gobernaban, y en medio del
una espaciosa y larga sala» –el palacio virreinal– donde se celebra,
precisamente, el recibimiento de lo s virreyes, Héctor Pignatelli, duque de
Monteleón, y su esposa Catalina Cara ccioli y Mendoza por parte de las
autoridades y nobleza barcelonesas. Se trata de una descripción idealizada del
evento cortesano: el virrey, sentado en medio de la nobl eza, es descrito como
«aunque de poca edad, grave y serio en el semblante y en las obras», mientras
que la virreina es «afable en el aspecto y llena de cortezía con gravedad
mesclada, cuya hermosura huvieran dicho ser verdadero retrato de la belleza»
(f. 115v-116). El poeta se extasía en el retr ato de la virreina: «el hábito sobre el
cuerpo de alabastro era de oro, y de oro sutilíssimo la red que los cabellos de
oro recogía; la faz era de viva nieve, esparzida de purpúreas rosas. Las manos,
terso cristal, la una y la otra ornada de cinco perlas de oriental color, y toda en
sí era tal en el rostro, en el trage y en el acto, que parecía que ya suavemente
respirava hermosa, llena de gracia y dul çura, que, a la verdad, aquel divino
maestro que en todas su obras a las otro s aventaja, en aquella aventajó el
arte» (f. 116). La sala, concurrida por «hermosas damas y valerosos caballeros
de la ciudad» que habían acudido dar la bi envenida a los virreyes resonaba al
304
son de «diversos instrumentos músico s, a cuyo son dançavan de dos en dos
las damas con los cavalleros».
A partir de este punto, más o menos, continúa la descripción del aposento
de Vulcano y se deja atrás la descripci ón de la ciudad y del etéreo recibimiento
de los virreyes, mezcla de realidad y de ficción. Ya he hablado del posible
papel del virrey de Monteleón como promot or de las letras: recordemos el
soneto de Massanés, donde se le califica de «gran poeta» y el informe sobre
Heredia en el que el virrey menciona la afic ión literaria del autor y su trato con
otros aficionados a las bellas letras.
En cuanto a la relación entre Heredi a y el virrey, se me ocurren dos
preguntas: ¿estuvo realmente Heredia en el recibimiento a Monteleón? y más
aún, ¿qué base real tiene la idealizada descripción del tortosino? Según el
Manual de novells ardits , o Dietari del antich Consell barceloní , Monteleón
recibió el nombramiento de virrey el 19 de mayo de 1603; juró su cargo en
Lleida el 23 de julio y entró en Barc elona el 31 de aquel mes (Schwartz;
Carreras 1899:22-27). El dietarista la define como «una mo lt honrada entrada»,
con gran «acompanyament de cava llers y criats, així seus com de la terra»; sin
embargo, no se menciona el sarao descr ito por Heredia ni la venida de la
duquesa. Al contrario, el 2 de diciembr e de 1603 Gabriel Olzina, secretario de
Moteleón, anuncia a los consellers la llegada de la virreina con siete galeras
desde Génova, junto con Jerónima Colonna, madre del virrey. Éste,
acompañado de muchos caballeros, salió al puerto a recibirlas. El día 5 los
consellers visitaron a la virreina y le dier on la bienvenida (Schwartz; Carreras
1899:63). ¿No parece esta una ocasión más a tono con la descripción de
Heredia? En este caso se nos plantea un problema cronológico insuperable: la
aprobación de la Guirnalda lleva fecha de 12 de octubre de 1603. ¿Hemos de
suponer, pues, que Heredia dedicó el libro a la duquesa cuando ésta aún no
había llegado y que, simplemente, se invent a el fasto cortesano, por otra parte
de corte retórico y poco r ealista? Ciertamente, el Dietari tampoco dice
explícitamente que la duquesa no viniera j unto al virrey en su entrada de finales
de julio, por lo que cabe la posibilidad de que ya en julio se he hubiera dado
una recepción a ambos personajes. Poster iormente la duquesa volvería a Italia
para regresar junto a su suegra en diciembre. Hay que decir que el texto del
Dietari no parece apoyar esta tesis. Quizá todo es pura invención y Heredia
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