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Política demográfica y realidad social en la España del siglo XVIII : la asistencia al niño expósito en Granada (1753-1808)

Vallecillo Capilla, Manuel; Olagüe de Ros, Guillermo

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Vallecillo Capilla, Manuel; Olagüe de Ros, Guillermo

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1 Política demográfica y realidad social en la España del siglo XVIII: La asistencia al niño expósito en Granada (1 753-1 808) MANUEL VALLECILLO CAPILLA* GUILLERMO OLAGUE DE ROS** A Carmen y a Ramón El presente trabajo aspira a contribuir, en el marco concreto de la Granada de la segunda mitad del siglo XVIII, al conocimiento de la problemática del niño expósito. Se enmarca, pues, en unas coordenadas históricas muy concretas: la Ilustración, con su política poblacionista y de atención a las clases sociales marginadas, y el reformismo centralista de la dinastía borbónica española. Por otro lado, nuestro análisis cubre un vacío historiográf~co, pues si bien contamos con estudios monográficos referidos a Murcia, Santiago de Compostela, Valladolid, Madrid, Zaragoza y Sevilla, no se había realizado, hasta el presente, ninffuno consagrado exclusivamente a Granada, ciudad que por sus especiales características en la &poca de nuestro trabajo, constituía el centro burocrático y administrativo de lo que posteriormente se ha venido conociendo como Andalucía Oriental (1). (1) Veanse sobre esta problemática los trabajos de ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), Marginacidn social y mentalidad en la Andalucía Occzdental. Expósitos en Sevilla (1613-1900), Sevilla, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. A nuestro juicio, el mejor estudio monogrhfico publicado hasta la fecha. CONEJO RAMILLO, R. (1966), El Hospicio y los nifios expósitos en la villa de Archidona, Actas del II. Cong. Nac. de Hist. de la Med. (1965), Salamanca, Soc. Esp. de Hist. de la Med., vol. 11, 109-111. GARCIA GUERRA, D. (1976), El ramo de expósitos. Capítulo Cuarto. en: El Hospztal Real de Santiago en el stglo XVIII, Madrid, Tesis de Doctorado inédita. Un magnífico acercamiento desde una perspectiva histórico-médica. MARTINEZ RIPOLL, A. (1 972), La casa de las nifias y nifios huérfanos y expósitos de Murcia, Cuad. Hist. Med. Esp., 11, 389-396. * Colaborador del Departamento de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Granada (Espafia) '* Departamento de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Granada (España) DYNAMIS Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustrandam. Vol. 2, 1982, pp. 21 1-240. ISSN: 021 1-9536 Para poder realizar este estudio en profundidad, hemos recurrido a un método histórico-social, pues a nuestro juicio es el que más posibilidades nos ofrecía. De acuerdo con él, hemos estructurado el artículo en varios apartados. En el primero, analizamos el proceso jurídico y fundacional del Real Hospicio granadino, prestando atención a su localización y presupuestos. En el segundo, planteamos la vida diaria que llevaba el niño en el hospicio desde su entrega, deteniéndonos especialmente en los capítulos asistencial y alimenticio. Un problema jurídico importante, la posible adopción o prohijamiento del expósito, es abordado en el tercer apartado. Finalizamos aportando algunos datos sobre la mortinatalidad del nifio abandonado en el marco concreto de la Granada de la segunda mitad del siglo XVIII. 1. EL MARCO JURIDICO E INSTITUCIONAL: DEL HOSPITAL REAL (1 536) AL REAL HOSPICIO (1 753) 1.1. Proceso fundacional y ubicación del Real Hospicio Hasta la fundación del Real Hospicio granadino, el principal centro asistencial de la ciudad era el Hospital Real, que terminó de construirse en 1536. Pero la actividad de esta institución fue languideciendo desde NASARRE, J. M. (1967), Los nifios huérfanos del ((hospitalice)) durante los sitios de Zaragoza, Est. Guerra Indep. (Zaragoza), vol. 111, 255-262. ZARAGOZA RUBIRA, J. R.; PESET REIG, J. L. (1970), Hospitales y hospicios de la España ilustrada según el viaje de Towsend, Med. Esp., 63, 375-382. PALOMARES IBAÑEZ, J. M. (1974), La asistencia social a Valladolid. El Hospicio de Pobres y la Real Casa de Misericordia. 1724-384 7, Valladolid, Tesis inédita. Para Valladolid, vid. también: EGIDO, T. (1975), Aportación al estudio de la demografia espafiola: los niños exp6sitos de Valladolid (s. XVI-XVIII), en: Actas de las 1 Jornadas de Metodología aplicada a las Ciencias Históricas. Metodología de la Historia Moderna, Economía y Demograpa, Santiago de Compostela, Secretariado de Publicaciones, pp. 333-345. DEMERSON, P. (1972), La Real Inclusa de Madrid a finales del siglo XVIII, An. Inst. Est. Mad., 8, 261-272. FERNANDEZ VARGAS, V. (1970), Informe sobre el archivo de la antigua Inclusa de Madrid, hoy Instituto Provincial de Puericultura. An. Imt. Est. Mad., 5, 187-201. El volumen correspondiente al afio 1973 de la revista francesa Annales de Dlmographie Historique esta monográficamente consagrado al problema. Una visión general de la cuestión, realizada casi exclusivamente desde el análisis de las fuentes impresas, con especial énfasis en los aspectos médicos y asistenciales en: CARRERAS PANCHON, A. (1977), Elproblema del niño exp6sito en la España Itustrada, Salamanca, Cuad. Hist. Med. Esp., v. XXXII, 94 págs. Aunque parte de la información que maneja este autor, procede de los manuscritos de Ruiz de Luzu~iaga que se conservan en la Real Academia de Medicina de Madrid, hubiera sido muy interesante un análisis en profundidad de los mismos. Una aproximación la hace CARRERAS (1975) en su artículo: La mortalidad en las inclusas españolas (1 8001808), Cuad. Hist. Med. Esp., 14, 261-268. Con todo, el estudio de Carreras es marco obligado de referencia para todos los estudiosos del tema. A la amplia bibliografia que este historiador incluye en su monografia, habría que añadir únicamente algunos titulos como el de DUPOUX, A. (1955-1956), Les enfants trouvés et abandonnés (apercu historique), Rev. Assist. Pub. (Pan's), 6, 57-63; 147-155; 267-273; 573-580; 7, 319-325; 551-559; 645-647. Política demográfica y realidad social 21 3 finales del siglo XVI hasta el período ilustrado (2). La falta de medios, derivada del impago por parte de sus patronos y bienhechores, ocasionó que de forma cada vez más acentuada su funcionamiento fuera muy deficiente. Esta situación, unida a la política centralista borbónica y al intento de integrar socialmente a los grupos marginados de la sociedad espaAola (vagos, mendigos, gitanos y niños abandonados, entre otros), determinan que el 13 de marzo de 1753 se establezca el Real ~os~icio, que será en lo sucesivo el núcleo de toda la actividad benéfica y hospitalaria de Granada y de un amplio territorio de sus alrededores (3). En la fecha antes citada, por carta que el Marqués de la Ensenada escribe a Manuel Arredondo, Presidente de la Chancillería de Granada, manifiesta su decisión de aprobar un plan de unificacibn de todos los centros sanitarios de Granada, bajo la tutela del Hospital Real. El 28 de agosto de ese mismo año se dan las primeras normas para la puesta en funcionamiento del plan elaborado. En este decreto se perfilaba ya la nueva trama asistencia1 con que contaría Granada: ((El Rey Fernando VI tiene interés en que se establezca en lo que ahora es Hospital Real un Hospicio para recogimiento de pobres, sin perjuicio de la curación de locos y unciados, haciéndose la de locos en una Casa separada de las inmediaciones, y dándose en las temporadas regulares las unciones en el Hospital de Leprosos o en otro que se elija (...) También ha resuelto que, sin mudar nada ni alterar el Establecimiento, se continúe la providencia de recoger en él las mujeres perdidas. Así mismo ha determinado S.M. que V.S. trate de reunir al Hospicio las fundaciones de Niños Expósitos, Hospital de Tiñosos y Niños de la Providencia, tratando V.S. que los niños que hubiesen en la Casa de la Providencia se pongan en el Hospicio para evitar que anden por todo el Reino, como ahora, sin aprender otro oficio que el de pedir limosna)) (4). Cinco meses después, el 24 de octubre, Manuel Arredondo le escribía al Marqués de la Ensenada comunicándole: (c.. que ya hay prevenido cuarto y habitación, acomodada en el Hospital Real, para que se acomoden las amas y demás personas que deban ocuparse en el recogimiento, crianza y cuidados de niños expósitos de este Reino, que se acojan en esta Casa-Cuna)) (5). -- (2) El mejor estudio publicado hasta la fecha sobre la historia del Hospital Real, se debe a la Profesora de Historia del Arte CONCEPCION FELEZ, que con el titulo El Hospital Real de Granada, lo publicá el Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Granada en 1979. (3) Archivo de la Diputación de Granada (ADG), leg. 182. (4) Ibidem. (5) Ibidem. 21 4 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE A partir de este momento, llovieron una serie de decretos y ordenanzas encaminadas a reglamentar hasta el último detalle la actividad de la nueva institución. A pesar de los primeros problemas burocráticos, derivados especialmente de este alud de leyes, la fundación del Real Hospicio fue muy bien recibida en Granada. Así, el arzobispo de Granada remitió una carta, de 8 de diciembre de 1753, al Presidente de la Real Chancillería, en la que le felicitaba por la nueva institución (6). Queda, pues, claro, que el Real Hospicio, más que una institución concreta, fue la suma de varias fundaciones, con la agregación de nuevos centros asistenciales. Lo que fue común fue la figura del Rector, máximo responsable de la coordinación en el funcionamiento de todos ellos. Así pues, el Real Hospicio estaba formado por la Casa de Expósitos -ubicada en el Hospital Real, la Casa de Amparo, sita en la Calle de Elvira, en la que se recogían las embarazadas a término, y la Casa-Cuna, a la que ib& a parar los niños recién nacidos antes de su traslado al Hospital Real, y que se hallaba situada aneja a la Casa de Amparo y próxima al Hospital de Santa Ana. En fechas más tardías, la Casa-Cuna se trasladó a unas casas vecinas del Real Hospicio. Por otro lado, cuando los niños estaban ya en edad de recibir instrucción, el Real Hospicio disponía de dos centros para este fin: los Niños de la Providencia y los Niños de la Doctrina, orientando a los que formaban el primer grupo hacia el aprendizaje de un oficio manual, mientras que los segundos recibían instrucción escolar. Por su parte, las niñas eran instruidas en el Colegio de la Concepción, colindante con el Beaterio de Santa María Egipcíaca. Finalmente, formaban parte también de este engranaje, todos los centros asistenciales existentes en pueblos de la provincia, así como un número importante de nueva creación (Fig. 1). 1.2. Rentas y presupue~tos La fundación del Real Hospicio granadino -que como hemos visto fue el resultado de la unificación de otros centros asistenciales de la ciudad, con la agregación de nuevosexigió desde sus inicios una importante dotación económica que garantizara su supervivencia. Dicha dotación sumó la propia de las instituciones ya existentes en el momento de la aparición del orfanato, la procedente de los centros nuevos, y la de amplios donativos, algunos de ellos de carácter inespecífico, realizados a lo largo de la centuria ilustrada. Pero a la hora de contabilizar las propiedades o aportaciones en forma de censos y rentas (6j ADG, Real Hospicio, ieg. 4112. Pblitica demogr8fica y realidad social 215 Rio üorro FIGURA 1.-Situación de los centros asistenciaies en Granada, pertenecientes al Real Hospicio en el momento de su fundación (1 753). de la casa de expósitos de Granada, tropezamos con varias dificultades debido a la diversidad de su procedencia. La primera, por e1 hecho de que con frecuencia se sumaban las dotaciones particulares de los hospitales de partido a las del Real Hospicio. En segundo lugar, a la circunstancia de que muchas cantidades que engrosaban las arcas del Real Hospicio -como por ejemplo, las procedentes de censos, alcabalas, granos o despojos, y aportaciones voluntarias, tanto de organismos oficiales, como de particularessufrieron grandes variaciones a lo largo de todo el período. Finalmente, la imperiosa necesidad de arrendar o vender algunas propiedades, especialmente en épocas de crisis para poder atender a sus necesidades, modificó sensiblemente en varios momentos el patrimonio de la institución. , A principios del siglo XIX se realizó un inventario de las finczs que se reconocían como propiedad del orfanato granadino, con expresa separación de las que poseían los hospitales de partido (7). Según Félix (7) ADG, Real Hospicio, leg. 4118. 216 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE Alonso, autor del inventario, el capital y pr0piedade.s de la institución estaba formado por los siguientes capítulos: - Réditos de los capitales en que se vendieron el Cortijo de San Miguel, en el pago de Andaral, término de la Ciudad. - Un caserío en el Camino de los Yeseros, pago de Cúllar. Esta propiedad y sus rentas compartidas con el Colegio de Niñas Nobles. - Dos casas en la calle de Mesones. - Patronato Salazar, con una aportación anual de 2.941 reales y 6 maravedíes. Esta contribución cesó en 18 10. - Casa en la calle de Elvira, junto al hospital del Corpus Christi, arrendada en 32 reales. '. - Casa en la calle del Torillo, igualmente compartida con el Colegio de Niñas Nobles. - Donativo de 300 reales de las monjas de Santiago. - Procedentes de la Real Hacienda, 196 reales. - Casa en la Plazuela del Toro, que se describe como ((ruinosa e inhabitable)). - Por el ((Alfahar)) de la Puerta de Fajalauza, 1.272 reales. A pesar del celo de Félix Alonso, el inventario era relativamente incompleto, pues no se habían consignado en él una serie de partidas importantes, algunas de ellas procedentes de los propios réditos del Hospital Real, que venían percibiéndose desde hacía varios siglos. Por ejemplo, no se contabilizaban mil fanegas de trigo, de las cinco mil que tradicionalmente se destinaban a obras benéficas. Tampoco figuraba una parte del fondo inicial de doscientos mil reales de las Cuentas de Decimales (pontificales) y aportaciones anuales del arzobispado, que se arrastraban prácticamente desde el tiempo de los Reyes Católicos. Estas rentas procedentes del siglo XVI constituían un importante caudal económico, que se mantuvo hasta fechas muy tardías. Básicamente, estaba formado por mil fanegas de trigo y 244.750 maravedíes resultantes de las rentas de varias alcabalas y del jabón (8). Pero a pesar de estos importantes fondos económicos y de la buena administración de los Contadores Generales del Real Hospicio, sabemos que su economía gozó de escasos momentos de saneamiento. Efectivamente, Sanz Sampelayo -que ha estudiado minuciosamente los ingresos y gastos de la institución hasta los primeros años del siglo (8) Una detallada relación de bienes del Real Hospicio en: SAN2 SAMPELAYO, J. (1980), Granada en el siglo XVIII, Granada, Diputación Provincial, pp. 197-215. Politica demográfica y realidad social 21 7 XXha encontrado escasas fechas en que el balance económico anual no terminara con pérdidas. Con la excepción de 1755, 1756, 1758, 1764, 1765, 1770-1772, 1780 y 1784, en los demás años desde la fundación del Real Hospicio hasta 1800, tal fue la tónica (9). Las razones son varias: por un lado, el propio capítulo de mantenimiento de los acogidos en la institución (muy variable según su número, precios de los comestibles, ropas y servicios). A pesar de su importancia, no fue, con mucho, el que más gravó negativamente en el permanente déficit del Real Hospicio. Más relieve tuvo el apartado de obras de infraestructura, pues continuamente tuvieron que dedicarse partidas importantes para reformar estancias y dependencias. Algunas de estas reformas, dejando de lado el precio de su coste, se realizaron con un espíritu francamente innovador y acorde con ideas muy europeas. Tal es el caso de la que se realizó en fechas relativamente tempranas, consistente en la apertura de ventanales en la sala de niños con el objeto de facilitar la aireación y el paso de los rayos del sol en la estancia (10). Pero con todo, como ha señalado Sanz Sampelayo, la caótica situación del hospicio, vertiginosamente acusada a partir de la década de los ochenta, no fue sino el reflejo de la profunda crisis económica de toda la nación, consecuencia ésta, a su vez, de la guerra contra la Convención francesa. A partir de 18 1 1 la situación del Real Hospicio era desespe.rada, y ni las continuas súplicas dirigidas por sus autoridades a la nueva administración francesa encontraron el eco y la respuesta favorable que permitiera a éste salir de su marasmo (1 1). Finalizada la ocupación, se pusieron de nuevo en marcha los antiguos mecanismos de gestión, entre ellos la Junta de Gobierno con todos sus componentes. La total ausencia de medidas prácticas que acompañaran a la restitución en su cargo de las -anteriores autoridades, motivó que la crisis se prolongara lánguidannente durante varios años más (12). 11. LA VIDA DIARIA EN EL REAL HOSPICIO 11.1. El traslado del niño A pesar de la filosofía poblacionista antes comentada y de ese espíritu centralizador, que tendía a un mejor aprovechamiento de los recursos humanos e institucionales, la verdad es que la deficiente infraestructura del país y la picaresca de algunas de Ias autoridades (9) Ibidem. (10) ADG, Real Hospicio, leg. 13811 8. (1 1) SANZ SAMPELAYO, J. (1980), op. cit., pp. 214 y SS. (12) Ibidem. 21-8 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAG~SE encargadas de la recogida y traslado de los expósitos a la Casa-Cuna, determinaron que la mortalidad de estos niños fuera muy elevada en sus primeros días de vida. Esta situación no fue peculiar de Granada, sino que con matices más o menos propios, fue la general del país. Por lo que se refiere a Granada, varias son las razones que explican el porqué de tan acusada mortandad. En primer término, el deficiente estado de su estructura viaria, que dificultaba la pronta llegada de estos niños desde su lugar de origen hasta el hospicio granadino. Contribuyeron de forma muy negativa, la ausencia de una correcta inspección del mismo, y la excesiva burocra@zación administrativa, impuesta esta última por el gran número de autoridades que intervenían en la trama organizativa de la recogida de expósitos, lo que ocasionaba grandes demoras y discusiones entre autoridades diversas. Los avatares padecidos por el alcalde de Cónchar en la década de los ochenta, pueden ilustrarnos muy bien sobre los problemas que tuvo que sufrir esta autoridad antes de conseguir la adecuada ubicación de un niño expósito a su cargo (13). Pedro Martos, que así se llamaba este alcalde, envió a Padul el niño con un recadero, al que abonó cuatro reales por el servicio prestado. Sin embargo, una vez llegados a esta población, el sacristán de la parroquia no quiso hacerse cargo del infante y lo devolvió a Cónchar. El alcalde se negó a quedárselo de nuevo y recurrió al vicario para que la justicia lo remitiera oficialmente otra vez a Padul. Así lo hizo la autoridad, pero al llegar otra vez a esta villa, el sacristán -con la complicidad del párrocorechazó al niño, por lo que el alcalde de esta localidad se vio en la obligación de retenerlo, con la condición de que el cosario, lo más prontamente posible y bajo la amenaza de cárcel, lo transportara de nuevo a Cónchar. Por fin intervino la justicia, que se hizo cargo del niño y lo trasladó' a la Casa-Cuna. Lo verdaderamente dramático de esta rocambolesca historia es que entre este ir y venir transcurrieron diez y ocho días. Si bien esta fue la pauta de conducta más generalizada, es cierto que se dieron casos de activa y pronta colaboración de las autoridades en el traslado de los niños a los centros asistenciales. El hospital de Alhama, por ejemplo, no sólo admitía en su casa de Amparo a las mujeres embarazadas a punto de dar a luz, sino también a los niños expósitos que le llegaban. A costa de sus escasas rentas -que muchas veces debía de completar con otras aportaciones de la Junta de Beneficencialos mantenía hasta que cumplían los tres años y medio y pagaba a sus amas (13) ADG, Real Hospicio, leg. 1411192. Polltica demográfica y realidad sociiil 219 de cría (14). Por otro lado, pueblos de relativa importancia demográfica tenían contratados los servicios de un (thospitalero)) que se encargaba de conducir pobres y niños abandonados hasta el Real Hospicio, así como de presentar cuentas ante la citada institución cada cuatro meses. Ante la ausencia de una reglamentación jurídica que unificara las múltiples normativas dadas en este sentido por el poder central,' las juntas locales se vieron en la necesidad de dictar instrucciones particulares que suplieran este marasmo legislativo. Incluso, los propios ayuntamientos se dotaron de un marco legal apropiado para resolver los' problemas particulares que la presencia de estos niños les acarreaban. Uno de los intentos más serios de reglamentación del traslado y primeros auxilios de niños expósitos emanado por el poder central se debió a Carlos IV, que en 1796 dio a luz una disposición ((para la policía general de expósitos)) de todo el Reino (15). Es ya de por sí significativo que esta Real Cédula fuera dirigida a arzobispos, abades, superiores eclesiásticos y demás autoridades religiosas, vinculadas directa o indirectamente con la recogida y traslado de dichos niños. Comienza el monarca por quejarse de que el vulgo ((desprecie a esta clase de población, tan numerosa como digna de mis paternales desvelos)). Según el Rey «su conservación y acertada educación puede producir grandes bienes al estado)). Por ello es de lamentar el escaso número de expósitos que llegan a superar la infancia, lo que se atribuye al total abandono en que se encuentran y al escaso salario que reciben sus amas de cría. Para paliar esta situación el monarca invita a las autoridades religiosas a que divid,an sus territorios en demarcaciones, distante cada una de ellas unas seis o siete leguas de la casa de caridad de los ,pueblos principales. E¡ párroco se encargará en éstas de pagar a las alas, dará ropa adecuada a los niños y atenderá a cuantos gastos se originen, presentando detallada cuenta de todo a la Casa General de Expósitos de la diócesi.~, abadía o comarca. Cada diócesis contará con una o más casa de expósitos, de manera que éstas no deban distar más de 12 o 14 leguas de la Casa de Caridad correspondiente. La lactancia, en la medida en que sea posible, se hará por un período máximo de un año en el mismo pueblo en que son expuestos los niños, o en la población más cercana. El párroco deberá avisar al économo del partido sobre la existencia de cada expósito, con datos precisos sobre sitio y fecha de la ((exposición)), nombre que se le impuso al niño y mujer encargada de su lactancia. En caso de no encontrar mujer de confianza, el niño se enviará a la Casa- (14) ADG, Real Hospicio, kg. 145152. (15) ADG, Real Hospicio, leg. 14814. medidas policíacas utilizadas para borrar todos estos estigmas dolosos, la picaresca pudo más que la efectividad de las autoridades. Durante la ocupación francesa de principios del siglo XIX, la Duquesa de Gor -Presidente de la Junta de Damas del Real Hospiciodebió de amonestar a Nicolasa Garrido, reincidente de echar a su propio hijo en el torno, para lactar10 luego como nodriza de la Casa-Cuna (26). La Casa de Amparo -como sabemos, institución aneja a la CasaCuna en la que se recogían las embarazadas a términocontó con un personal propio formado especialmente por matronas. Por las peculiares características de a quiénes debían prestar asistencia, se les exigía máxima discrección, estando obligadas a guardar en secreto los partos que atendían. El número de éstos evolucionó con el tiempo, pero como muestra de su frecuencia valga el dato de que entre 18 13 y 18 18 ascendió a 502, lo que da una media de 6,3 mensuales (27). Cuando una parturienta llegaba al centro, una matrona la colocaba en un paritorio formado por dos sillas, al que llamaban ((potro)). Si en el curso del parto surgía alguna complicación se avisaba al médico o cirujano del R. Hospicio. Puesto que la discrección y honestidad de las matronas eran las garantes de su buen hacer, se les exigía certificación de buena conducta. Si además algún familiar de la aspirante había ya trabajado en ese oficio, la adjudicación de la plaza era prácticamente segura. A Petronila Raya se le concedió el cargo en 1785 porque tanto su madre como su abuela habían sido matronas en la Casa de Amparo (28). El grueso de los empleados, como ya hemos dicho, pertenecía al Real Hospicio. Pero por las características especiales de esta institución, ejercían sus funciones en todos los centros dependientes de éste. Junto a un amplio número de funcionarios con misión de control de las cuentas y prestación de la asistencia a otros ingresados en el Hospital Real (Veedores, Visitadores, un Administrador, un Mayordomo, un Capellán, un Limosnero, un Portero, etc.), contó además con las siguientes personas relacionadas con la esfera sanitaria: un médico, un cirujano, un boticario y varios enfermeros. El médico, que visitaba por la mafiana y por la tarde a los pacientes ingresados, fiscalizaba también las medicinas y supervisaba la compra de los alimentos. Para un mejor control de los ingresados, «pues los enfermos son muchos y la memoria frágil)), anotaba en sendas tablas barnizadas el estado de los enfermos y los remedios que administraba (29). En sus visitas hospitalarias, el (26) ADG, Real Hosjncio, ieg. 145158. (27) ADG, Real Hosjncio, leg. 1411186. (28) ADG, Real Hospicio, leg. 138124. (29) ADG, Real .Hospicio, leg. 4114: Pblltica demográfica y realidad social 227 médico era acompañado por el Cirujano-Barbero y por el Boticario. Este último debía proveer a la botica de los remedios ordenados por el médico, para cuyo fin el administrador le facilitaba el dinero a la vista de las recetas firmadas por aquél. Dos enfermeros, que siempre eran marido y mujer, atendían en sus necesidades a los ingresados. Cada uno de ellos contaba con enfermería propia, en la que dormían separadamente. De la mayor o menor dedicación a sus tareas de trabajo, se derivaban diferencias Salariales importantes entre los diversos sanitarios del R. Hospicio, aunque las quejas sobre la escasa cuantía de las remuneraciones fueron muy frecuentes. El médico recibía alrededor de 50 ducados, mientras que al cirujano correspondían 180 reales. El enfermero, por su mayor permanencia y dedicación, cobraba 350 reales y 36 fanegas de trigo al año (30). En los centros no ubicados en la capital las diferencias fueron muy grandes; consta que Alhama pagaba a su médico el doble de lo que cobraba el de Montefrío (31). 11.3. Cuidados médicos y alimentación Una vez traspasaba el niño el umbral de la Casa-Cuna -bien porque había sido depositado en el torno, o bien porque había sido traído por un andadero de otra localidadquedaba sujeto a un minucioso y riguroso control sanitario, que se iniciaba con una primera inspección del niño a cargo del Superintendente de la institución. Puede parecer chocante que fuera precisamente una persona ajena a la profesión sanitaria quien valorara por primera vez al niño, pero esto es perfectamente explicable si recordamos que el Superintendente era el encargado de «registrar» en el libro de entradas todas las novedades que en este sentido se producían. Principalmente se pretendía evitar una situación embarazosa que con el tiempo llegó a ser francamente alarmante: la pérdida de las papeletas de identificación que acompañaban al niño en el momento de su entraga en el orfanato (Fig. 2). Efectivamente, las quejas por accidentes de este tipo fueron muy frecuentes a lo largo del período ilustrado, y cuando a principio del siglo XIX la Junta de Damas del R. Hospicio intentó fiscalizar más rigurosamente la situación, llovieron denuncias contra todos los funcionarios directa o indirectamente relacionados con el hospicio por dejación de funciones. Incluso, en cierta ocasión, la ice-presidenta de esta Junta presentó denuncia contra el médico porque en su inspección al centro a había encontrado varios niños sin sus tarjetas de identidad. El médico se (30) ADC, Real Hospicio, leg. 145152. (51) Ibidem. MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE * FIGURA 2.-Papeleta que acompañaba al niño abandonado en la Casa-Cuna. Por el contenido se ve que la criatura fue depositada sin el prop6sito de recuperacion por parte de sus padres (Granada, 1776). Política demogrffica y realidad social 229 defendió alegando que, puesto que los libros de asentamiento estaban en poder del Superintendente, no se responsabilizaba de estos defectos (32). Dos factores pesaron especialmente de forma negativa en los primeros momentos de la vida de estos niños. En primer lugar, el largo trayecto que en su mayoría debían de recorrer antes de ser entregados en la Casa-Cuna. Buena parte de ellos, alimentados deficientemente durante el viaje, llegaban desnutridos, con llagas y, frecuentemente, aquejados de enfermedades varias. No olvidemos que la mayor mortalidad se daba, precisamente, en las primeras veinticuatro horas de vida y a lo largo del primer trimestre. En segundo lugar, un factor de tipo socio-cultural: el nacimiento de un hijo no deseado, con las medidas consiguientes encaminadas a silenciar tal hecho. Y cuando éstas no alcanzaban su fin, taras físicas importantes que podían conducir a la muerte del niño eran la norma (33). En 1770, a iniciativa del Superintendente, la Casa-Cuna granadina realizó una investigacilón para determinar las causas de las frecuentes muertes que por ese tiempo acontecían entre los niños expósitos en ella recogidos (34). Para llevarla a cabo, se nombró una comisión formada por un médico -que prestaba sus servicios en el hospicio y en el Hospital de San Juan de Diosy un cirujano -que atendía al propio hospicio y al Seminario. Tras una minuciosa visita a la institución presentaron su informa circunstancial. Para ambos facultativos, varias son las causas principales de tan acusada mortalidad. En primer lugar, la deficiente alimentación que reciben antes de ingresar en la CasaCuna. Frecuentemente llegan desnutridos, con salpullidos y llagas, cuando no con herpes y empiemas. Tampoco son raros apostemas y lepra. Pero es que, una vez la Casa-Cuna se hacía cargo de un niño, no mejoraba sustancialmente su expectativa de vida, pues el breve período de lactancia natural que recibía el niño más la picardía de algunas nodrizas que desviaban parte del salario para su propio beneficio, actuaba todo ello de poderoso freno en el normal desarrollo de la criatura. Como era frecuente en este tipo de informes, concluye con la propuesta de una serie de medidas reformistas que alcanzaban incluso la modificación de algunos epígrafes de las Constituciones de agosto de 1756. (32) ADG, Real Hospicio, leg. 141193. (33) SAN2 SAMPELAYO, J. (1980), op. cit., p. 367. (34) ADG, Real Hospicio, leg. 138116. 230 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGÜE De las enfermedades que más frecuentemente padecieron los niños en el Real Hospicio granadino, merecen destacar los siguientes cuadros morbosos: disentería, enteritis y «mal gálico)). Las dos primeras, especialmente presentes en verano, determinaron la más alta proporción de muertes estacionales, con cifras sensiblemente elevadas en los meses de julio y agosto. En este sentido, pues, el hospicio granadino no dqsentonaba de la tónica general de otras instituciones europeas y españolas, a tenor de la información que en este sentido nos legó Ignacio María Ruiz de Luzuriaga en su conocido informe sobre las inclusas europeas. A pesar de las continuas y rigurosas revisiones médicas a que eran sometidas las nodrizas, el «mal gálico)) también hizo sus estragos entre los expósitos granadinos. Como fórmula para evitar el contagio a otros niños no galicados, se propuso que fueran las nodrizas portadoras de esta enfermedad las que se emargaran de la lactancia de los niños que la padecían. La frecuencia de esta enfermedad se viene confirmando en los estudios ya realizados sobre las inclusas de Santiago, Valladolid y Sevilla; igualmente, la documentación sobre la de Granada parece confirmar dichos estudios. Pero el problema central sobre el que se volcaron las autoridades granadinas en busca de una correcta solución, fue el de la alimentación del niño, tanto en sus primeros momentos de vida como en las fases siguientes de su desarrollo. De acuerdo con la filosofía imperante en este momento, se defendió la lactancia natural como la más idónea. Y en su defecto, la artificial. Puesto que la nodriza era la fuente alimenticia del niño, casi todos los tratadistas infantiles de la Ilustración preconizaron la necesidad de una abundante y correcta alimentación de las amas; de esta forma, se evitaban las frecuentes muertes por desnutrición de sus acogidos. Precisamente, para contar con mejores alimentos, la Casa-Cuna granadina propuso, a mediados del siglo XVIII, la cría de carneros en la propia institución. Los primeros carneros procedieron del convento de la Merced y tenían como finalidad menguar el excesivo consúmo de tocino y manteca por las nodrizas. Tal medida formó parte de las que integraron el memorandum que redactó Francisco Antonio Díaz de la Guardia cuando ya llevaba ocho años de experiencia allfrente de la Casa-Cuna. Esta medida se completaba con otras en la misma línea, como la de que la parturienta fuera alimentada en la Casa de Amparo, por tres o más días, con un puchero compuesto por media libra de carne, una onza de tocino, una cucharada de manteca y, por la noche, chocolate (35). Además, se daba a las parturientas el aceite necesario para lavar y untar a los niños (36). (35) ADG, Real Hospicio, leg. 13813. (36) ADG, Real Hospicio, leg. 138122. Politica demogrifica y realidad social 23 1 La garantia de una lactancia natural para estos niños abandonados quedaba cubierta con la contratación de las amas o nodrizas. De ahí las severas condiciones y controles previos antes de la entrega de un niño. Pero como la picaresca se extendía incluso una vez el ama tenía ya a su cargo la criatura, fueron necesarios sistemas de control periódicos para garantizar la correcta alimentación del niño. La lactancia artificial, todavía en el siglo XVIII, estaba más en los teorizadores que en la vida diaria. Los autores que más destacaron en su defensa fueron Santiago García (1 794) y Jaime Bonells (1786). Pero tal lactancia artificial, por las dudas que ofrecía en cuanto a sus posibilidades de éxito, se retrasaba en lo posible. Además, resultaba más favorable mediante nodriza en la segunda edaa que en la primera. Un ama que tuviera a su cargo un niño menor de un ario reciuia un tercio más de salario que la que tenía uno de más de un año. En 1786, se cobraban 18 reales en el primer caso, y 12 en el segundo (37). Esto fue también motivo de quebrantos para la administración del hospicio granadino, pues cuando un niño cumplía un año, el ama a su cargo devolvía la criatura a la institución, para poder así hacerse cargo de uno menor en edad. Se pensó que aumentando los haberes de las amas a 30 reales durante el primer año y a 18 durante otro año y medio, atraería a mujeres sanas y honradas, y los niños se podrían ((criar robustos y aprendiendo el oficio del campo, y no dedicados como muchos que provienen de Granada a la mendicidad)) (38). Pero parece ser que, a pesar de disminuir las diferencias, se siguieron manteniendo las dejaciones de niños con un año. 111. INTEGñACION SOCIAL DEL EXPOSITO: EDUCACION Y PROHUAMIENTO Aunque ya a finales del siglo XVIII aparecen en algunas reales órdenes intentos de legislar la adopción y prohijamiento de los niños expósitos, como ha señalado recientemente García González esos intentos no pasaron de ser «soluciones tímidas e indirectas)) (39). Así pues, cuando hablamos de adopción de un niño en la España de la Ilustración queremos expresar más bien la existencia de un vínculo de tutela que afecta a un grado variable de protección. Es lógico pensar que, dadas las especiales relaciones que mantenían las nodrizas con los (37) ADG, Real Hospicio, leg. 13813. (38) Ibidem. (39) GARCIA CONZALEZ, J. (1974), Expósitos, beneficencia y prohijamiento, en: Estudios Jurldicos en homenaje al Pro/: Santa-Cruz Tejeiro, Valencia, Secretariado de Publicaciones-Fac. de Derecho, v. 1, pp. 317-331. 23 2 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAG~E niños a su cargo, se establecieran en ocasiones entre ambos lazos afectivos determinantes. Por ello, muchas de estas nodrizas, siempre que sus condiciones económicas se lo permitían, optaban por prohijar alguno de estos niños. Cuando los infantes llevaban dos años a cargo de un ama, ésta podía solicitar continuar con él, a menos que la autoridad competente se lo impidiera. ~fectivamente, pasado el destete -aproximadamente a los dos añosdisminuía considerablemente la arnenaza de muerte para el niño, por lo que se acusaba más de sus nodrizas el deseo de adopción. Una vez los expósitos cumplían los tres años de edad, pasaban de la casa-cuna al Real Hospicio. Algunos de ellos, sin embargo, podían quedar 'a cargo de personas de probada buena conducta, con la obligación de presentarlos ante el Rector de la Casa-Cuna la víspera de San Juan. Esta inspección tenía por objeto fiscalizar el trato que a lo largo de ese año había recibido el niño por parte de sus padres adoptivos, con lo que se pretendía evitar, entre otros males, la utilización del niño en provecho de sus padres a través de la mendicidad. A partir de la reforma de 1753, los niños acogidos en el Real Hospicio granadino quedaron divididos, desde un punto de vista educativo, en dos grupos netamente diferenciados: aquéllos destinados a recibir estudios integrarán los Niños de la Doctrina, mientras los que pasan directamente a la fábrica de tejer constituirán los Niños de la Providencia. Las niñas; por su parte, eran instruidas en el Colegio de la Concepción, colindante con el Beaterio de Santa María Egipcíaca. Como luego veremos, de dicho colegio salían para profesar en una orden religiosa, o para casarse. En 1754, el hospicio granadino contaba con un total de 7 11 acogidos, de los que sólo 160 recibían instrucción. Los niños que quedaban a cargo de alguna familia, o de su antigua ama, debían de superar una serie de formalidades antes de ser legalmente prohijados. El proceso se iniciaba con la solicitud de adopción, dirigida al Superintendente del Real Hospicio, y que debía contar con la aprobación del cura párroco del lugar y de su alcalde. En el informe que presentaban éstos normalmente se hacía hincapié acerca de la moralidad de los posibles padres adoptivos del niño, su situación económica y demás circunstancias que pudieran incidir en el futuro de su hijo. La mayoría de los solicitantes eran de humilde condición, razón principal para que casi todos los casos se resolvieran con un informe negativo por las autoridades del Real Hospicio (40); Sin embargo, parece ser que las (40) ADG, Real Hoskicio, leg. 141166. Pblitica demogrática y realidad social 23 3 niñas tenían mejor suerte. En 1755 se concedió la salida de seis de ellas. El resto debió esperar pacientemente la concesión de una dote -donada por algún patrono-- que les permitiera ingresar en un convento, o bien casarse. En el caso de que la petición de adopción fuera informada favorablemente, la Junta del R.ed Hospicio la tomaba en consideración, una vez conocida la propuesta por el Juzgado de la Superintendencia del Real Hospicio. Por esas especiales relaciones que mantenían las nodrizas con los niños a su cargo, es lógico que éstas fueran las más favorecidas a la hora de adoptar algún niño. Por ley -una vez devolvían el infante al Hospiciodisponían de quince días para reclamarlo si optaban por prohijarlo. Esta fórmula de protección de los derechos de las amas fue sancionada por el Conde de Montijo el 2 de diciembre de 18 15. Un caso concreto nos permite ilustrar certeramente el gran peso que tenían las amas en este asunto. En 18 15, Miguel Aquino, profesor de farmacia, pidió adoptar al niño Santiago José Expósito, y le hicieron esperar a que cumpliera los veinte meses para que acompañara los juicios estimativos que se le exigían, consiguiendo al término de este plazo la aprobación. Pero el ama que había tenido a su cargo el niño se resistió a entregarlo, porque según manifestb «ha costado mucho sacrificio criarlo)). Como testigo de la veracidad de sus argumentos presentó al propio médico de la Casa-Cuna, Miguel Tortosa. Pero, finalmente, la nodriza renunció al niño, por lo que Miguel Aquino pudo adoptarlo (41). El prohijamiento, pues, venía a reemplazar, defectuosamente, la devolución de los niños a sus padres. No olvidemos que muchos de estos niños acogidos en el hospicio lo fueron temporalmente, pues en las notas que les acompañaban en el momento de la entrega, se manifestaba claramente que en un indeterminado futuro sus verdaderos padres los reclamarían a las autoridades (Fig. 3). Sin embargo, el número de niños recuperados en la Casa-Cuna granadina fue más bien escaso, si se compara con el rescate realizado en otras provincias, como Sevilla (4,l por 100 de ingresados) o Madrid (15 por 100) (42). El bajo porcentaje de niños recuperados por sus padres, especialmente en Granada, se explica en parte por las penosas trabas que imponían las autoridades a sus progenitores, con el fin de evitar falsificaciones. Así, se les solía exigir a éstos datos muy precisos sobre la fisionomía del niño en (4 1) ADG, Real Hospicio, leg. 14115. (42) ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. cit., 103. 234 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE FIGURA 3.-Nota introducida entre la ropa de un niño depositado en el torno de la Casa-Cuna de Granada en julio de 1783. En este caso, la entrega no parece ser definitiva, pues al final del texto su autor apunta la posible reclamación del niño. el momento de la entrega en la institución, fecha de la misma y la existencia o no de señales físicas específicas en su caso. Pblitica demográfica y realidad social 235 Pero con todo, se d.iera o no la adopción, no terminaban aquí los problemas del niño. El más importante era el de su integración social, pues como ha señalado Alvarez Santaló, cierto grado de marginación social persistía en los niños prohijados, quienes, a pesar de todo, no dejaban de ser expósitos (43). Una vez que los acogidos en la Casa-Cuna granadina habían terminado su instrucción en el Colegio, se les procuraba algún trabajo en la misma ciudad, con el objeto de poder seguir así de cerca su proceso de socialización. Sin embargo, no existió demasiada prisa por parte de las autoridades en que abandonaran el Hospicio, pues gracias a la fábrica de tejidos que había en el mismo podían recuperar, debido a los bajos salarios que percibían, parte del desembolso económico que la institución había invertido en ellos. N. LA MORTINATALIDAD DEL NIÑO EXPOSITO EN LA GRANADA ILUSTRADA Una de las razones fundamentales que motivaron la continua promulgación de normativas legales referentes a la mejora de la asistencia de los niños expósitos, fue la gran preocupación de las autoridades ante la gran mortalidad que entre éstos se daba. En la Real Cédula de 1796 dice textualmente su redactor, llevado de un estremecedor paternalismo: ((No satisfecho el benéfico corazón del Rey con haber dado por su decreto de 5 de enero de 1794, a impulsos de su piedad y justicia, una existencia civil a la numerosa e inocente clase de los expósitos de todos sus dominios, y bien informado del corto número de ellos que llega a disfrutar de las ventajas que le proporciona tan acertada como piadosa providencia, por ser excesivo el número de los que mueren en su más tierna infancia.. .» (45). Intenciones parecidas habían impulsado a la Corona a redactar, dos años antes, el edicto que se menciona en el párrafo anterior: «la miserable situación en que están los niños expósitos de casi todos mis dominios, muriendo anualmente de necesidad no pocos millares...)) (46). Abundan también testimonios, en este sentido, en la literatura médica y profana de la época. Efectivamente, una de las fuentes en las que se había apoyado Fray Tomás de Montalvo para redactar a finales del siglo XVII su Práctica Política y Económica de Expósitos, había sido la (43) ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. cit., p. 101. (44) SANZ SAMPELAYO, J. (1980), op. cit., p. 223. (45) ADG, Real Hospicio, leg. 14814, fol. Ir. (46) Cit., por ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. cit., p. 157.