scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

La diferencia sexual y su expresión simbólica en algunos grupos del Paleolítico Superior

Hachuel, Esther; Sanahuja Yll, Mª Encarnacion

Abstract

Hachuel, Esther; Sanahuja Yll, Mª Encarnacion

Full text

DUODA Revista dlEstudis Feministes num 1 1- 1996 ESTHER HACHUEL-M' ENCARNA SANAHUJA YU La diferencia sexual y su expresión simbólica en algunos grupos arqueológicos del Paleolitico Superior . La cultura occidental es rica en figuras en las que el orden simbdlico, del que esta entretejida, se autorrepresenta. Hemos de empezar, en primer lugar, por el material mitico para despues proseguir, a trav6s de 10s mas disparatados documentos literarios, hasta 10 moderno ... La "figura" tiene el poder de concentrar en si, en una especie de alusividad narrante e inmediata, de encarnacidn paradigmática viva, el orden simbdlico que la informa y que en ella toma un nombre (un nombre propio) significante * ... Aunque las figuras de mujeres representadas durante el Paleolitico Superior siempre me habian fascinado, y no sabia muy bien por que, en aquellos articules donde daba cuenta de ellas me dedicaba sobre todo a cuestionar las diferentes hipotesis explicativas elaboradas en torno a aquellas y a destruir lo que yo denominaba el mito del matriarcado, sin hacer aportación alguna sobre el tema. Sospechaba, fruto de la política de la igualdad seguida por mi en aquel entonces, que el matriarcado no era mAs que un mito destinado a mantener a las mujeres en la misma situación y que para liberarnos resultaba necesario destruir dicho concepto. No obstante, la mayoria de estas mujeres, de vientres y senos enormes, relacionadas sin duda con la posibilidad de procreaci6n femenina, me seguian atrayendo misteriosamente. Con el tiempo he E. Hachuel-Ma E. Sanahuja. La diferencia sexual y su expresidn simbdlica descubierto que me bastaba que se tratase de una representación de mujer para que, inconscientemente, me sintiera en otro orden simbólico, quizas en el orden simbólico de la madre, con su fuerza de origen femenino debida al poder de dar la vida y con la autoridad social de mediar orden y transmitirlo3. Y probablemente es lo que yo buscaba, una mujer que me sugiriera un pasado distinto al ya sabido para que me encontrara a mi misma y pudiera dar sentido a mi lucha. Pero es ahora, diez aAos mas tarde de mi primera pasión por las imagenes paleoliticas de mujeres, cuando he logrado comprenderlo, ahora que soy capaz de reivindicar mi posición histerica, no en el sentido psicoanalitico, sino en el sentido que le otorga Luisa Muraro4. Es decir, buscaba y busco reproducir una relación con la madre imposible de hallar en el orden simbólico patriarcal, constructo negociado y convencional. No debió ser tampoc0 por azar que la primera tesis de licenciatura que dirigí estuviera relacionada con ciertas figurillas votivas femeninas presentes en el santuari0 punico de S'llla Plana de Ibiza. Explicit6 a Esther, la autora de la citada tesis, mi deseo de volver a tratar de las representaciones femeninas, en este caso del Paleolitico, con una visión distinta. lnmediatamente mi deseo fue compartido. ¿Cóm0 no habiamos descubierto antes que era preciso que nos significaramos también a traves del pasado? ¿Como no habiamos oido la voz que nos pedia, casi a gritos, la mujer de Willendorf, la de Savignano o la de Lespugue? ¿Cóm0 no habiamos observado la autoridad que representaban estas mujeres, autoridad vinculada a la intensidad de la vida en oposición a la muerte ligada a la exaltación sexual y al erotisrno del fondo del pozo de la cueva de Lascaux y de otras pinturas de las ca verna^?^ Las figuraclones femeninas del Paleolitico Superior En el periodo comprendido entre el 30000 y el 9000, aunque la cronologia resulte todavia en la actualidad bastante incierta, se documentan cinco grupos arqueológicos bien definidos espacial- 62 DUODA Revista d'Estudis Feministes núm 11-1996 mente6 -pirenaica-aquitano, italiano, renano-danubiano, rus0 y siberiano- que esculpieron figuras femeninas. La etapa mas antigua corresponde al Gravetiense o Perigordiense Superior de 10s grupos pirenaico-aquitano, italiano, renano-danubiano y ruso. Por su parte, el mas modern0 se vincula al Magdaleniense de 10s grupos pirenaico-aquitano y renano-danubiano y al Paleolitico superior siberiano. Estas figurillas grabadas, en bulto redondo o en bajo relieve, que representan mujeres dispares, esbeltas u obesas, embarazadas o sin gravidez, adolescentes o viejas, de pie, sentadas, tumbadas o en cuclillas, con el rostro mas o menos figurado, con cabellos ylo tocado o sin ellos, se clasifican dentro del arte mobiliar paleolitico. Han sido denominadas "venus paleoliticas" y ha habido una fuerte tendencia a considerarlas como el reflejo de un culto a la fertilidad, aunque ciertos investigadores (as) tambi6n las han identificado como documentos antropologicos, representaciones eroticas o del ideal de belleza femenino de la epoca o incluso la prueba clave de la existencia del matriarcado durante el Paleolitico7 . Más recientemente, y en el marco de la arqueologia del genero, se ha sugerido la idea de que algunas de estas figurillas constituyen una muestra de la forma en que era institucionalizado el genero en las sociedades del Paleolitico Superior, infiriendose que aqu6l no estaria basado en una rígida -dicotomia (?!) anatómica entre hombres y mujeres8. La gestión de la vida Asi como las representaciones del arte parietal del Paleolitico Superior se ubican en cuevas no habitadas destinadas exclusivamente a su exhibición, las figurillas de mujeres contextualizadas proceden de Jugares donde se gestiona la vida, es decir, de campamentos base, ya sean cuevas, abrigos o cabañas al aire libre. En estas áreas de habitacibn se expresan, en general, prácticas socio-parentales y socio-econ6micasg. Las practicas socio-parentales tienen como protagonista~ a las mujeres ylo 10s hombres vinculados por lazos de consanguineidad o afinidad. Mujeres y hombres resultan imprescin- 63 E. HachueCMa E. Sanahuja. La diferencia sexual y su expresihn simbblica - dibles para producir vida y necesitan lugares de encuentro que propicien situaciones destinadas a tal fin. Las prácticas socio-paren- tales, que merecen el calificativo de "producci6n básica", aglutinan una serie de actividades destinadas a la gestaci6n, al amamantamiento, a la realizaci6n de aquellas tareas relacionadas con el cuidado de la fuerza de trabajo de una comunidad (en particular, de aquellos individuos que, por impedimentos fisicos, son incapaces de valerse por si mismos temporal o permanentemente, como nifios-as, enfermas-os, heridos-as) y a la formaci6n de niFias(os) en tanto que hombras y mujeres en lo que constituye la primera socializaci6n de la condici6n sexual. El hecho de que muchas prActicas socio-pa- rentales impliquen s610 energia y Órganos corporales ha favorecido el que sean consideradas "naturales" y, por tanto, ajenas a la vida social (gestar, parir, arnamantar, llevar un nit70 en brazos, despiojar, dar la comida, segregar 10s individuos fallecidos del espacio que ocupan las personas vivas, aplicar remedios curativos, etc.). La "naturalizaci6n" de dichas prhcticas, circunstancia tan habitual en la historia, suele ser un acto discursiva de orientaci6n politica que forma parte de estrategias de discriminaci6n tendentes a distanciar socialmente a las mujeres u hombres que las realizan. Las prdcticas socio-econ6micas no s610 incluyen aquellas actividades destinadas a la obtenci6n de alimentos y a la fabricaci6n de utensilios, sino tambikn el procesado y/o conservaci6n de 10s alimentos y el mantenimiento de 10s artefactos. Su destino originari0 se orient6 a la satisfacci6n de las exigencias minimas de la vida social: alimento y cobijo para las mujeres y 10s hombres. En lo que respecta a la producci6n alimentaria, s610 se ha tenido en cuenta, en general, la obtenci6n de plantas conseguidas mediante estrategias recolectoras o agricolas o bien de animales procedentes de la caza o la ganaderia, dejando en el olvido productos tan fundamentales como el agua o la madera para hacer fuego, probablemente tambikn porque son tan "naturales" que no merece la pena mencionarlos. Por otra parte, tambi6n han sido marginadas aquellas actividades relacionadas con la transformaci6n del producto (molienda, cocinado, extracci6n del veneno de algunas plantas para poder ser ingeridas, despelleja- DUODA Revista dfEstudis Feministes núm 1 1-1 996 miento y descuartizamiento de animales, etc.) y la conservación ylo el almacenamiento del mismo (salazón, ahumado, torrefacción), en el que también puede ser incluido el control higienico de 10s contenedores para evitar la putrefacción, la acción de roedores o insectos, etc. Asi pues, lavar la ropa, barrer la casa, limpiar la vajilla domestica o afilar un hacha son tambien practicas socio-economicas, en cuanto contribuyen a mantener en funcionamiento a determinados productos (la ropa, la vivienda, la ceritmica o el hacha). En consecuencia, la esfera de las pritcticas socio-económicas incluye el mantenimiento de las condiciones materiales producidas y, eventualmente, las operaciones necesarias para su desecho. Resulta conveniente recalcar la importancia del mantenimiento com un0 de 10s momentos de la producción que, desde esta perspectiva, pasa a dotarse de una dimensión que podríamos llamar de continuidad. En efecto, la producción no finaliza a la salida dei taller (como generalmente se tiende a asumir), sino que se prolonga hasta la amortización (desecho) del artefacte. Esta constatación permite pensar en la participación de un numero elevado de miembros(as) en 10s diferentes procesos productives, lo que puede generar tensiones y negociaciones de tiempo, espacio y autoridad o poder. Tambikn abre la posibilidad de analizar fenómenos de explotación económica frecuentemente pasados por alto, ya que el mantenimiento de 10s artefactes exige una inversión de trabajo que, en ocasiones, puede exceder inclusa la que 10s conform6 como tales. Entre estos trabajos figuran en lugar destacado las llamadas "labores domésticas", cuyo peso en la actividad económica es a menudo desestimado en favor de la "macroeconomia" (o "economia polítican), cuando, en realidad, aquéllas son en ultima instancia parte integrante de la infraestructura de esta. Muchos de estos trabajos pueden estar realizados en la unidad dom6stica, pero reducirlos exclusivamente a la misma implica tambien limitar a aquellas(os) que 10s ejecutaron a la esfera privada, provocandose de nuevo la eterna y letal dicotomia espacio publicolespacio privado. Es difícil determinar cóm0 se estableció en este periodo la repartición E. Hachuel-MP E. Sanahuja. La diferencia sexual y su expresibn sirnbblica - de las actividades del cuidado de 10s individuos y del mantenimiento de 10s productos, asi como el grado de incidencia que el sexo pudo tener en la división de estas tareas. Sin embargo, es evidente que la gestación, el parto y el amamantamiento corri6 a cargo de las mujeres. Este hecho, unido a que las figuraciones femeninas se relacionan con la gestión de la vida, como veremos mAs adelante, y aparecen siempre en 8reas donde se realizaron gran parte de dichos trabajos, nos permite sugerir que muchos de ellos debieron ser ejecutados y/o gestionados por gran parte del sector femenino. Un c6digo común que atraviesa tiempo y espacio Como ,hemos visto, la producción de un tipo de figurillas ginecomorfas que hoy en dia quedan englobadas bajo el apelativo de "venus paleoliticas" abarca un periodo de tiempo muy amplio y afecta un territori0 que se extiende desde el extremo occidental del continente europeo a las llanuras siberianas. El estudio realizado ha puesto de manifiesto las transformaciones sufridas por estas representaciones femeninas a lo largo del tiempo, al igual que ha permitido observar las convenciones propias de 10s grupos humanos que las realizaron. No obstante, una de las cuestiones que mAs nos ha impresionado es el hecho de que, en un un periodo tan antiguo y, al mismo tiempo, tan amplio, comunidades humanas notablemente alejadas entre sí poseyeran convenciones compartidas, en especial porque estas últimas tienen que ver con un simbólico común. La existencia de tales semejanzas fue captada en primera instancia por nuestra intuición, forma de conocimiento que se alcanza, con palabras de Simone Weill0, después de un largo y fatigoso periodode inquietud, despues de haber atravesado un periodo de oscuridad, tras padecer la necesidad. No obstante, el marco científic0 en el que solemos desarrollar nuestro trabajo nos llevó a contrastar esta primera hip6tesis "intuitiva". El empleo de métodos estadisticos y mate- DUODA Revista d'Estildis Feministes núm 1 1- 1996 máticos sobre 10s catálogos de figurillas recogidos por Delportell, Duhardi2 y Bisson y Bolduc13, confirmó que nuestra intuición no nos llevaba a engano. A continuación expondremos brevemente 10s códigos no aleatorios mas significativos mantenidos por estos cinco grupos arqueológicos respecto a la producción de figurillas de mujeres a lo largo de c. 20000 años: 1. Las variables anchuralaltura de todas las representaciones mantienen una relación de estrecha dependencia, rozando el limite de la regresidn perfecta (.945). Por tanto, todos 10s grupos se acogen a las mismas proporciones en estas medidas corporales y todas las figurillas se ajustan a un mismo canon. 2. El estado (grávido o no) de las figuraciones guarda relaci6n con la elección de la materia prima. Cuando se trata de representar mujeres embarazadas, todos 10s grupos tienen una marcada preferencia por la utilización de la piedra, mientras que el hueso o el marfil se reserva para la fabricacidn de figuras femeninas sin gravidez. 3. Las figuras grávidas pueden ser obesas o esbeltas, en cambio las no grávidas son mayoritariamente esbeltas. 4. Las figuras obesas estan fabricadas en marfil y piedra en proporciones semejantes, mientras que las esbeltas son prioritariamente de marfil y hueso. 5. Todos 10s grupos optan por no figurar el rostro de las mujeres embarazadas. Por el contrario, las representaciones de mujeres no grávidas muestran una tendencia significativa a perfilar sus rasgos faciales. 6-La mayoria de las mujeres embarazadas presentan 10s caracteres sexuales acentuados (senos y sexo representado mediante triangulo o vulva). Más de la mitad de las no grávidas pueden poseer senos, triangulo sexual (las vulvas han desaparecido) o ambos caracteres a E. Hachuel-MW. Sanahuja, La diferencia sexual y su expresidn simbblica - la vez. Finalmente, la mayoria de las vulvas se asocian a la piedra y 10s tridngulos al marfil. La norma cronol6gica Si bien las caracteristicas anteriores se repiten durante todo el Paleolitico Superior, existen tambibn evidencias de algunas transformaciones fundamentales entre el periodo 'mds antiguo y el mas reciente. Nuestro andlisis ha puesto de manifiesto la existencia de transformaciones comunes en 10s cinco grupos regionales estudiados. Si la presencia de rasgos similares a nivel sincr6nico resulta sorprendente, aún lo es mds la constataci6n de unos cambios simultdneos de estas representaciones a lo largo del tiempo y en un territori0 tan vasto. En primer lugar, durante el periodo mds antiguo (gravetiense y perigordiense oriental) la mayoria de las figuras (un 80%) muestran su gravidez, o sea, predominan las mujeres embarazadas. Sin embargo, este tipo de representaciones disminuye drasticamente durante el periodo mds reciente (magdaleniense y paleolitico superior siberiano), cuando s610 se detecta un 20% de figuraciones grhvidas. Adernds, este 20% corresponde en su totalidad al grupo pirenaic0 aquitano, por lo que 'cabe destacar que en esta última fase, la presencia de "madres" s610 es típica del magdaleniense de esta zona, ya que durante el magdaleniense renano danubiano y el Paleolitico Superior ruso ninguna de las mujeres representadas esta embarazada. En segundo lugar, las primeras figuras tienden a no tener el rostro representado. A lo largo del magdaleniense 10s rostros pueden estar o no figurados y en el paleolitico superior siberiano existe una tendencia significativa a representar las caras. Finalmente, la mayoria de estatuillas de cronologia mas alta presentan senos y triángulos/ vulvas, mientras que posteriormente la tendencia a la sexuacion disminuye: 10s senos y el pubis pueden estar o no representados, DUODA Revista dfEstudis Feministes num 1 1- 1996 aunque la vulva es abandonada en favor del triangulo.En este sentido, merece la pena destacar que todas las figurillas estudiadas por nosotras son definidas como femeninas por la presencia de senos, triangulo sexual o ambas caracteristicas. Aquellas pocas que no muestran atributos femeninos las consideramos antropomorfas en sentido amplio, puesto que tampoc0 muestran falo para catalogarlas como masculinas. Otra interpretacibn: un nuevo paradigma El Paleolitico Superior siempre se ha asociado con la epoca de 10s grandes cazadores. Sabemos 10s animales que se cazaban, las partes que se aprovechaban de 10s mismos, 10s Útiles empleados en la cinegetica e incluso si la carne era o no conservada. Lo que ignoramos es quien cazaba. Se ha supuesto que lo hacian 10s hombres y la idea del macho proveedor-cazador-protagonista de la historia, en este caso de la Prehistoria, ha calado en todas las mentes para explicar el modo de vida no solo del Paleolitico Superior sino de todo el Paleolitico e incluso de 10s origenes de la humanidad. El estudio efectuado por Conkey14 en Cueto de la Mina, refugio rocoso de la costa de Cantabria y ocupado por 30-50 individuos, nos ofreció un escenari0 mas variado del magdaleniense, ya que la caza dejaba de ser considerada la actividad basica y se entrecruzaba con otras actividades productivas. A partir de analogias etnograficas, la citada investigadora establece una divisi6n del trabajo en la que estaban envueltos grupos cooperativos de todas las edades y de 10s dos sexos. Las mujeres adultas y 10s niños (as) realizaban el cordaje (redes y cuerdas), confeccionaban la ropa, las bolsas de almacenamiento, el cosido de pieles para las tiendas, recolectaban vegetales para fabricar cuerdas, recogian y transportaban las conchas con redes, pescaban, colocaban trampas y cercas y manufacturaban las herramientas relacionadas con estos trabajos. Al mismo tiempo, la asociación de las mujeres con la pesca y la recolecci6n de mariscos, las vinculaba, según la misma autora, a 10s intercambios de conchas E. Hachuel-MI E. Sanahuja. La diferencia sexualy su expresidn simbdlica - samiento de las mujeres y teoria feminista, Icaria, Barcelona. 18. Cobo, Rosa (1995), "La democracia moderna y la exclusidn de las mujeres", Mientras tanto, 62, pp. 107-1 19. 19. Pateman, Carol (1988), The sexual contract, Standford University Press, California. 20. Entrevista a Victoria Sau. Duoda, 2, 1991, p.148. 21. D'Eaubonne, Frangoise (1 977), Les femmes avant le patriarcat, Ed. Payot, Paris.