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Un testimonio médico sobre las condiciones de vida de trabajo de los mineros de Almadén en la segunda mitad del siglo XVIII : el prólogo del " Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue (1778 ),de José Parés y Fra

Menéndez Navarro, Alfredo

Abstract

La minería del mercurio ha capitalizado desde fechas tempranas la atención de los sanitarios hacia los problemas de salud derivados del trabajo. La acusada nocividad del proceso de obtención del azogue y la trascendencia económica alcanzada por este metal desde la segunda mitad del siglo XVI justifican esa atención. Presentamos el testimonio de uno de los observadores más cualificados de la realidad de las minas de Almadén -las mayores productoras mundiales de mercurio- durante la segunda mitad del siglo XVIII: el médico José Parés y Franqués. Su prolongada actividad asistencial en contacto con los mineros de Almadén lo convierten en un profundo conocedor de los riesgos ocupacionales de la mina y de la patología generada por el mercurio. Tales conocimientos quedaron plasmados en su obra inédita Catástrofe morboso, cuyo prólogo reproducimos en el presente estudio.

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Un testimonio médico sobre las condiciones de vida y trabajo de los mineros de Almadén en la segunda mitad del siglo XVIII: el prólogo del Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue (1 778) de José Parés y Franqués (+ 1798) SUMARIO 1 .-Los testimonios médicos sobre salud ocupacional en la historiografía. 2.-Apunte biográfico de José Parés y Franqués. 3.-La trilogía de Parés y Franqués sobre las minas de Almadén (1772-1785). 4.-E1 prólogo del ((Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue)). 5.-Apéndice documental: transcripción anotada del prólogo del ((Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue)). RESUMEN La minería del mercurio ha capitalizado desde fechas tempranas la atención 'de los sanitarios hacia los proble'mas de salud derivados del trabajo. La acusada nocividad del proceso de obtención del azogue y la trascendencia económica alcanzada por este metal desde la segunda mitad del siglo XVI justifican esa atención. Presentamos el testimonio de uno de los observadores más cualificados de la realidad de las minas de Almadén -las mayores productoras nlundiales de mercuriodurante la segunda mitad del siglo XVIII: el médico José Parés y Franqués. Su prolongada actividad asistencia1 en contacto con los mineros de Almadén lo convierten en un profundo conocedor de los riesgos ocupacionales de la mina y de la patología generada por el mercurio. Tales conocimientos quedaron plasmados en su obra inédita Catástrofe morboso, cuyo prólogo reproducimos en el presente estudio. Fecha de aceptación: 25 de mayo de 1991. (") Departamento de Anatomía Patológica e Historia de la Ciencia. Facultad de Medicina. Avda. de Madrid, 9. 18012 Granada. DYNAMIS Acta Hispanica ad Medicinae Scientiammque Historiam Illustrandam. Vol. 1 1, 1991, pp. 147196. ISSN: 021 1-9536 1. LOS TESTIMONIOS MÉDICOS SOBRE SALUD OCUPACIONAL EN LA HISTORIOGRAF~A Como ha señalado Sigerist, los morbi metallici fueron las primeras enfermedades de carácter profesional que atrajeron la atención de los autores médicos (1). Desde la segunda mitad del siglo XV, en que Ulrich Ellenbog redactó un breve escrito sobre los riesgos ocupacionales de los orfebres de Augsburgo, hasta el siglo XVIII, los problemas de salud derivados de la obtención y manipulación de los metales capitalizaron los testimonios médicos dedicados al mundo laboral. Buena parte de estos tuvieron por objeto las enfermedades producidas por el mercurio, cuya nocividad no sólo afectaba a los operarios dedicados a su extracción y beneficio en las minas, sino también a aquellos que lo aplicaban en procesos de purificación de metales preciosos y a los individuos que lo recibían, e incluso a los que lo administraban, con fines terapéuticos (2). De todos ellos, fue sin duda el sector de la minería el que involucró a un mayor número de trabajadores y el que sometía a sus operarios a condiciones de trabajo más extremas. No hay que olvidar además, que la minería del azogue experimentó su gran auge a partir de la segunda mitad del siglo XVI, una vez que el método de obtención de plata por amalgamación, ideado por Bartolomé de Medina en 1555, se generalizó en las explotaciones argentíferas americanas. Durante los siglos XVII y XVIII, la Corona española fue la propietaria de las dos principales fuentes de suministro de mercurio: las minas de Almadén, en nuestro país, y las de Huancavélica, en el virreinato del Perú. Sin - (1) SIGERIST, H. E. (1936). Historical Background of Industrial and Occupational Diseases. Bulletin of the New York Academy of Medicine, 12, 597-609. (p. 600). (2) El trabajo de Sigerist citado en nota anterior incluye, en pp. 600-609, una revisión de los más destacados testimonios médicos sobre salud ocupacional generados entre los siglos XVI al XIX. ROSEN, G. (1 943). The Hisloy o/ Miners' Diseases. A Medical and Social Inlerpretation. New York, Schuman's, 490 pp., ofrece una relación más amplia y detallada de observaciones y escritos sobre enfermedades de los mineros. Para los siglos XVII y XVIII vid., pp. 97-128. Por último, GOLDWATER, L. J. (1972). Merculy: A Hirlory ofQuzcksilver. Baltimore, York Press, 318 pp. (pp. 261-277) realiza una revisión más sucinta, incluyendo sólo aquellos testimonios específicos sobre el mercurio. En relación a la literatura existente sobre los efectos adversos derivados de su uso terapéutico, este autor remite (p. 224) a la compilación bibliográfica de PROKSCH, J. K. (1891). Die Litteratur ueber die venerischen krankheiten. Bonn. Un testimonio médico sobre Aimaden 149 embargo, la mayor parte de los testimonios al respecto recogidos por la historiografía médica proceden de autores, principalmente centroeuropeos, cuyas observaciones y noticias hacían referencia a las minas de azogue de Idria, pertenecientes al imperio austriaco, el otro gran centro abastecedor de mercurio (3). Las noticias sobre enfermedad procedentes de la mina peruana de Huancavélica alcanzaron el continente europeo vehiculadas por obras de contenido no médico, lo que sin duda dificultó su difusión entre los sanitarios de la época (4). Respecto a Almadén, el primer escrito que alcanzó relevancia, y a la postre el más citado fuera de nuestras fronteras, fue la memoria presentada por Antoine de Jussieu (1686-1 758) a la Academia de Ciencias de París en 17 19, dos años después de haber realizado una visita a las Minas (5). A mediados (3) A este respecto pueden consultarse la relación de escritos suministrada por ROSEN (1 943) citada en nota anterior o la que dedica especificamente a esta explotación GOLDWATER (1972), op. cil. (n. 2), pp. 43-44. Algunas de estas aportaciones, especialmente las de Giovanni Antonio Scopoli (1 723-1 788), médico de estas minas entre 1754 y 1769 son objeto de atención en LESKY, E. (1956). Arbeitsmedizin im 18. Jahrhundert. Werksarzt und Arbeiter im Quecksilberbergwerk Idria. Wien, ~sterreichischen Gesellschaft für Arbeitsmedizin, 84 pp. (pp. 28-29). (4) Se trata de la obra de Juan de Solórzano Pereira (1 575-1 655), publicada por vez primera en Madrid en 1648, Pol2tica Indiana, y del texto de ULLOA, Antonio de (1792). Noticias Americanas: en~reienirnientos/.~1co-históricos sobre la América meridional, y la septentrknal oriental: comparación general de los territorios, climas y producciones en las tres especies vegetal, animal y mineral. Madrid, M. de Mena. (especialmente el ((Entretenimiento XV» dedicado al azogue, PP. 223-234). Ambos autores ejercieron el cargo de Gobernador en estas minas. El primero de ellos entre 16 16 y 161 9, mientras Ulloa (1 7 16-1 795) lo fue durante los años 1758 a 1764, de cuyo periplo dejó la memoria inédita ((Relación circunstanciada del Gobierno y Superintendencia de la Real Mina de Azogues de la Villa de Huancavélicm, que no hemos consultado. Sobre el testimonio de Solórzano y otros en relación a los riesgos ocupacionales en esta mina vid. WHITAKER, A. P. (1941). The Huancavelica Mercuy Mine. A Contribution lo the Histoy of the Bourbon Renaissance in the Spanish Empire. Westport, Greenwood Press Publishers, 150 pp. (p. 19); y SALA CATALÁ, J. (1987). Vida y muerte en la mina de Huancavélica en la primera mitad del siglo XVIII. Asclepio, 39, 193-204. (5) JUSSIEU, Antoine de (1 7 19). Observations sur ce qui se pratique aux Mines dJAlmaden en Espagne pour en tirer le Mercure. Et sur le caractere des Maladies de ceux qui y travaillent. Mémoires de Mcadémie Royale des Sciences, pp. 349-360. Parte de la amplia difusión de que gozó este escrito se debe a su inclusión en la edición francesa de la obra de Alvaro Alonso Barba Métallurgie, ou l'art de tirer et de pun>er les métaux (Pans, 1751). Tradicionalmente la memoria de Jussieu ha sido atribuida a su hermano menor Bernard (1 69917 7 7), que tan sólo contaba con 18 años cuando acompañó a Antoine en su viaje por Es- 150 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO de siglo, en 1755, Francisco López de Arévalo (+ 1765), a la sazón médico de las minas de Almadén, remitió una carta con información relativa a las enfermedades de los mineros al francés Francois Thiéry (n. 17 19), quien la incluyó en sus Obsenlations de Physique et de Médecine faites en dzférens lieux de 1'Espagne (6). El texto de López de Arévalo, tradicionalmente considerado como uno de los más tempranos y significativos testimonios de los médicos de nuestro país sobre el mundo laboral, ya ha sido objeto de estudio (7). Por último, merecen destacarse las tres memorias que en 1783 redactó el ingeniero canario Agustín de Betancourt y Molina (1758-1824), y que han permanecido manuscritas hasta 1990. En la segunda y tercera de ellas, dedicadas al estudio de las ((máquinas que se usan en las Minas)) y al procedimiento metalúrgico empleado en Almadén, respectivamente, Betancourt señaló algunos de los riesgos que entrañaban estas actividades (8). Sin embargo, la principal aportación al conocimiento de los problemas sanitarios de los mineros de Almadén durante el siglo XVIII ha permanecipaña. Para conocer detalles de la visita de estos a Almadén, entre los que se aclara el antenor extremo, así como el escaso tiempo dedicado por el médico francés a recabar la información -apenas dos días-, puede consultarse CARRERAS PANCHÓN, A. (1 99 1). Viajeros y corresponsales: los médicos franceses y la patología del mercurio en la mina de Almadén,durante el siglo XVIII. En: Actas del IX Congreso Nacional de Historia de la Medicina. Zaragoza, septiembre 1989. Zaragoza, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Zaragoza (en prensa). (6) LETTRE de Don Francisco Lopez de Arebalo, médicin de l'hopital roya1 des forcats, dans la ville d'Almaden, A M. Thiéry, docteur-régent de la faculté de médecine de Paris (1VI-1 755). En: THIÉRY, F. (1 791). Obsemations de Phvsigue el de Médecine failes en dflérens lieux de 1'Espagne. Paris, Garnéry Lib., vol. 2, pp. 19-45. (7) LÓPEZ PIÑERO, J. M. (1.964). El testimonio de los médicos españoles del siglo XIX acerca de la sociedad de su tiempo. El proletariado industrial. En: López Piñero, J. M.; Garcia Ballester, L.; Faus Sevilla, P. Medicina sociedad en la España del siglo XIX. Madrid, Sociedad de Estudios y Publicaciones, pp. 109-208. (pp. 115-1 18); DOBADO GONZÁLEZ, R. (1989). El trabajo en las minas de Almadén, 1750-1855. Tesis Doctoral. Universidad Complutense de Madrid, mecanografiado, 1239 pp. (pp. 685-686); CARRERAS PANCHÓN (1991), op. cit. (n. 5). (8) GONZALEZ TASCÓN, 1.; FERNÁNDEZ PÉREZ, J. (eds.) (1990). Memorias de las Reales Minas de Almadén (1 783) de Aguslln de Betancourt y Molina. Madrid, Comisión Interministenal de Ciencia y Tecnología, 290 pp. Los cuadernos originales se conservan en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid, números 10.427, 10.428 y 10.429. En concretó señaló la frecuencia de accidentes registrados en el descenso mediante tornos de las maderas empleadas en la fortificación de las galerías (p. 256), y el riesgo de envenenamiento por mercurio que sufrían los operarios destinados a la carga y descarga de los hornos de fundición, actividad realizada a altas temperaturas, y los encargados de envasar el azogue (pp. 272, 276 y 279). Un testimonio médico sobre Almadén 151 do inédita hasta nuestros días. Se trata del manuscrito titulado Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de Almadén del Azogue (9), compuesto en torno a 1778 por el médico catalán José Parés y Franqués (+ 1798), sucesor de López de Arévalo en las funciones de médico de las Minas. Tras cerca de cuatro décadas de desempeiiar ese cargo, Parés falleció sin que su obra, que formaba parte de una trilogía sobre Almadén, viese la luz pública, lo que sin duda ha contribuido a relegar a este autor de la atención de la historiografía médica. Ninguno de los repertorios bio-bibliográficos de carácter históricocientífico dedican mención alguna a Parés (lo), excepción hecha del excelente compendio bibliográfico sobre minería hispanoamericana elaborado por los ingenieros Eugenio Maffei y Ramón Rúa Figueroa (1 1), y de una (9) PARÉS Y FRANQUÉS, José (1 778). Catástrofe morboso de las Minas Mercuriales de la Villa de ~lmadén' del Azogue. Historia de lo perjudicial de dichas reales Minas a la salud de sus Operarios, y exposición de la enfermedades corporales, y médico-morales de sus Fossores, con la Curación respectiva de ellas. Ms., 644 fols. (10) Los consultados han sido: CHINCHILLA, Anastasio (1846). Anales históricos de la medicina en general y biográfico-bibliográfico de la española en particular. 4 vols., Valencia, Imp. José Mateu y Cervera. (New York-London, Johnson Reprint Corporation, 19671; HERNÁNDEZ MOREJÓN, Antonio (1852). Historia bibliográfia de la medicina española. 7 vols., Madrid, Imp. de la calle San Vicente a cargo de José Rodriguez. [New York-London, Johnson Reprint Corporation, 1967); GRANJEL, L. S.; SANTANDER RODR~GUEZ, M. T. (1 962). índice de médicos españoles. Salamanca, Universidad de Salamanca [Acta Salmanticensia], 11 1 pp.; ÁLVAREZ SIERRA, J. (1963). Diccionario de autoridades médicas. Madrid, Editora Nacional, 593 pp.; y LÓPEZ PINERO, J. M. et al. (1983). Diccionario histórico de la ciencia moderna en España. 2 vols., Barcelona, Ed. Península. (1 1) MAFFEI, E.; RUA FIGUEROA, R. (1871-1872). Apuntes para una biblioteca española de libros, fillelos y artículos, impresos y manuscritos, relativos al conocimiento y explotación de las riquezas minerales Y a las ciencias auxiliares. 2 vols., Madrid, Imp. J. M. Lapuente. [Reproducción facsímil en: VI Congreso Internacional de Minería. Madrid, junio de 1970. La minería hispana e iberoamericana. Contribución a su investigación histórica. Estudios. Fuentes. Bibliografia (1 970). Madrid, Dpto. de Publicaciones del VI Congreso Internacional de Minería, vols. 2 y 31. La información dedicada a Parés en vol. 2 de la obra original, pp. 13-1 4. La totalidad de los datos aportados proceden de la lectura de la única de la obras nianuscritas de Parés a la que tuvieron acceso, la Apología de las Reales Minas de Almadén del Azogue y de sus Mineros, y de la nota que publicó en 1782, único texto impreso de este autor: PARÉS Y FRANQUÉS, José (1 782). Enfermedades de las Minas de Almadén. Extractos de las Juntas Generales de la Sociedad Bascongada de los Amigos del Pais, pp. 29-37. Estos datos fueron reproducidos acríticamente por ZARRALUQUI MART~NEZ, J. (1934). Los almadenes de azogue (Minas de Cinabrio). La Historia frente a la Tradición. 2 vols., Madrid, Librería Internacional de Romo, 821 pp. [Reimp. 19831. La información sobre Parés en vol. 2, pp. 563 y 581583. En la página 581 se deslizó una errata tipográfica referida al año en que, según aquellos, se incorporó Parés a las Minas, que aparece como 1795 en lugar de 1759. breve cita en el Diccionari Biografic de Metges Catalans de Calbet y Corbella (1 2). No se trata, sin embargo, de una figura desconocida para los investigadores. Junto a trabajos como los de Sala Catalá y Francisco Pelayo, que citan a nuestro autor aunque sin aportar información alguna novedosa (1 3), se encuentran los estudios aparecidos sobre la historia del establecimiento minero durante el Setecientos, en los que sí se recogen y destacan las valiosas contribuciones del médico catalán. En primer lugar debemos citar el segundo volumen de la obra de Matilla Tascón, dedicado a los siglos XWI y XWII. Sobre la base de una abundante documentación de archivo y de la consulta de los textos manuscritos de Parés, Matilla aporta numerosos datos biográficos de interés, no exentos de errores, amén de sugerir la conveniencia de una edición crítica del Catástrofe (14). Además, reproduce o, mejor dicho, parafrasea amplios pasajes de los manuscritos. Mención especial merece la transcripción parcial que realiza de 10 de los 62 párrafos con que cuenta el prólogo del Catástrofe morboso (los identificados en el manuscrito como XIX a XXVIII), a los que añade la ((adición al prólogo)) que incluyó Parés al final de la obra (15). (1 2) CALBET 1 CAMARASA, J.; CORBELLA 1 CORBELLA, J. (1 982). Diccionari Biogrific de Metges Catalans. 2 vols., Barcelona, Fundació Salvador Vives Casajuana. La información que incluye esta obra (vol. 2, p. 187) sobre Parés se reduce a su ciudad de nacimiento y al curso académico en que se graduó como Bachiller en Medicina en la Universidad de Huesca, datos que proceden del estudio de MENENDEZ DE LA PUENTE, L. (1975). Graduados en medicina, cirugía y farmacia por la Facultad de Medicina de la Universidad de Huesca desde el año 1566 hasta el año 1824. Relación nominal y cuadros numéricos. Breves notas relativas a algunos alumnos. En: ACTAS IV Congreso Español de Hisloria de la Medicina. Granada, Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Granada, vol. 3, pp. 181-232 (p. 205). (13) El estudio de SALA CATALÁ (1987), op. cit. (n. 4), p. 202, cita a Parés como autor dcstacado en el estudio de los problemas de salud ocupacional de Almadén, utilizando como fuente el texto de Zarraluqui, a la vez que da información sobre la ubicación de sus obras. Por su partc, PELAYO, F. (1990). La adquisición de las Técnicas mineras en la España de la Ilustración (1770-1800). En: Fernández Pérez, J.; González Tascón, 1. (eds.). Ciencia, Técnica y Estado en la España Ilustrada. Zaragoza, Ministerio de Educación y Cicncia, Sdad. Esp. de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, pp. 73-87 (p. 75), le dedica una breve mención, reproduciendo datos contenidos en el repertorio de Maffei y Rúa Figueroa. (1 4) MATILLA TASCÓN, A. (1 987). Historia de las Minas de Almadén. Volumen II. (Desde 1646 a 1799). Madrid, Minas de Almadén y Arrayanes, S.A. e Instituto de Estudios Fiscales, 491 pp. Aunque a lo largo del texto se incluyen varias referencias al médico catalhn, el grueso de las noticias biográficas se encuentran en pp. 3 16-3 17. (15) Ibidem, pp. 323-325. Un testimonio médico sobre Almadén 153 En segundo lugar, los trabajos de Dobado González sobre los elementos determinantes de la relación salarial de las Minas durante la segunda mitad del siglo XVIII y primera del XIX, en los que presta una especial atención a las condiciones de salud y trabajo de los mineros, hacen repetido uso de la abundante y valiosa información que a este respecto contienen los escritos de Parés (1 6). A pesar de estas contribuciones, tanto la figura como la obra de Parés, en especial el Catástrofe morboso, requieren y merecen un acercamiento más detallado desde la óptica histórico-médica. Dado que el carácter inédito del texto ha dificultado su conocimiento y difusión entre los estudiosos, la edición de este manuscrito es una tarea de indudable interés (1 7). En este trabajo proponemos la recuperación del prólogo de la obra que constituye, por sí solo, un documento de excepcional interés para el conocimiento de las condiciones laborales de los operarios de estas minas. El prólogo reúne una amplia descripción de los riesgos para la salud que entrañaba el proceso productivo del azogue seguido en Almadén, así como una relación de las principales enfermedades observadas entre los mineros, a cuya exposición en detalle dedicaría el resto de la obra. Abordaremos en primer lugar la biografía del médico catalán, pasando a continuación a presentar su obra, con especial atención al Catástrofe y a su prólogo, cuya transcripción anotada se incluye en el apéndice documental. Poco sabemos de la vida de Parés y Franqués en los años previos a su presencia en Almadén. Nació en la ciudad catalana de Mataró en fecha que nos es desconocida. Se graduó como Bachiller en Medicina en la Universidad de Huesca en el curso académico de 17441 745 (i 8). En esta misma uni- (16) DOBADO GONZÁLEZ, R. (1982). Salarios y condiciones de trabajo en las Minas de Almadén, 1758-1839. En: Tedde, Pedro (ed.). La economzá española a1,final del Antiguo Régimen. 11. Manufactz~ras. Madrid, Alianza Editorial, Banco de España, pp. 339-440; DOBADO GONZALEZ, R. (1984). Actitudes intelectuales frente a las condiciones de trabajo en las minas de Almadén, 1760-1860. Revista de Historia Económica, 2, 59-89; y DOBADO GONZÁLEZ (1989), op. cit. (n. 7). En estos dos últimos trabajos dedica una especial atención al Catástrofe, en pp. 78-81 y 692-702, respectivamente. (1 7) A este deseo responde la rrariscripción y anotación de la totalidad del Catástrofe en la que estamos trabajando en la actualidad. versidad opositó a las cátedras de Filosofía y Medicina, según reza en las portadillas de todas sus obras. A lo largo de sus escritos, Parés intercaló algunas noticias que permiten alumbrar el periplo profesional anterior a la incorporación a las Minas. En 1746, una vez finalizados sus estudios, realizó un viaje por Francia que le llevó a diversas ciudades de la región sureña de Languedoc (19). No podemos precisar en cuales de las numerosas localidades citadas en sus textos ejerció la medicina. Aunque se incluyen referencias a Huesca y Mataró, sólo hay menciones explícitas a su actividad profesional en tres ciudades alejadas de su entorno geográfico original. Se trata de Valdemoro, población cercana a Madrid, y de Almodóvar del Campo y Granátula, ubicadas ambas en el Campo de Calatrava, dentro de la que podríamos denominar ((área de influencia» de Almadén (20). Con tal expresión designamos una amplia zona geográfica circundante a h villa que englobaba al norte de la actual provincia de Córdoba, este de Badajoz y buena parte de Ciudad Real. De ella procedían la mayor parte de los trabajadores que se desplazaban durante los meses invernales y primaverales a Almadén para emplearse temporalmente en las Minas (21). Sin duda, Parés debió tener noticias de los efectos perjudiciales del proceso productivo seguido en Almadén a través de algunos de estos trabajadores que regresasen enfermos a sus localidades de origen. En cualquier caso, no es de extrañar el ((salton al Establecimiento ya que buena parte de los facultativos que desempefiaron el cargo de médico o (18) MENÉNDEZ DE LA PUENTE (1975), op. cit. (n. 12), p. 205. Según esta fucntc, Parks no obtuvo el grado de doctor en Huesca. De varias alusiones, presenta en sus escritos, sobre los ailos que ejerció la medicina parece deducirse que el inicio dc su práctica m& dica se p'rodujo con anterioridad a la obtención del grado de bachiller. (1 9) PARES Y FRANQUES, José (1 785). Descripción histdrico$sico-mkdico-mineralógico-merca de las Reales Minas de Azogue de la Villa de Almadkn. Ms., 474 fols. (fols. 62 v.-63). En concreto, menciona las ciudades de Pont-St.-Sprit y Le Puy. (20) PARÉS Y FRANQUÉS (1778), op.cit. (n. 9), fol. 234 v. (21) La «influencia» de Almadén sobre su entorno geográfico no sólo se establecia a traves dc la oferta laboral. La trascendencia económica del Establecimiento se tradujo en una supremacía política sobre dicha área que permitió derivar hacia las Minas desde recursos económicos -como las contribuciones para su financiación-, hasta granos en periodos de significada escasez. Además, desde 1754, el Establecimiento ostentó la jurisdicción sobre los montes situados en un radio de 14 leguas a Almadén, lo quc delimita un área prácticamente coincidente con la descrita. Este conjunto de elementos hace poco probable que las Minas pasasen desapercibidas para su entorno geográfico. Un testimonio médico sobre Almaden 155 cirujano de las Minas procedían o ejercian su actividad en localidades incluidas en la citada ((área de influencia)) (22). Los textos de Parés también incluyen referencias a su presencia en otras ciudades, como es el caso de Córdoba, fechada en 1755 (23), Puertollano o Madrid. La vinculación con esta última debió ser importante ya que Parés fue socio de la Real Academia de Medicina matritense (24). Parés entró al servicio de la Corona el 4 de abril de 176 1, una vez que el Superintendente de las Minas concedió el permiso para retirarse a López de Arévalo (25). El cargo de ((Médico de las Reales Minas de Almadén)), que desempeñó hasta su fallecimiento en 1798, incluía la asistencia a los trabajadores y sus familias así como a los militares destacados en la villa, labor para la que el Establecimiento contaba con el recién fundado Hospital de Mineros. Igualmente era el encargado de asistir, en la enfermería destinada al efecto, a los forzados que cumplían condena en la explotación, y, en sus domicilios particulares, a los dirigentes de las Minas. (22) Sirvan de ejemplos los casos de los cirujanos Diego García Arroyo, que desempeñó el cargo entre 1686 y 1695, vecino de Pozoblanco; su sucesor hasta 1704, Bartolomé Cano, natural de Agudo; y Antonio Belázquez, que ejerció este mismo puesto desde el fallecimiento del anterior hasta 1706, natural de Hinojosa. Otro tanto puede decirse de los coetáneos de Parés. Archivo Histórico Nacional, Minas de Almadén, leg. 42 (a partir de ahora A.H.N.). Respecto a los médicos, algunos de sus predecesores, como Felipe Molina o Antonio de Espina y Armengol, ejercían en Puertollano y Chillón, respectivamente. MATILLA TASCÓN (1987), op. cit. (n. 14), p. 310. El sucesor de Parés en' el cargo, Cayetan0 Murillo, era el médico titular de Almodóvar del Campo. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.001. (23) PARÉS Y FRANQUÉS, José (1 777). Apologzá de las Reales Minas de Almadén del Azogue y de sus Mineros, sobre imputárseles a estos impericia en el arte de beneficiar el Mercurio, y a aquellas escasez de esie Mineral; y persuadirlas nada peijuiciales a la salud de sus operarios. Ms., 222 fols. (fol. 70). (24) Su pertenencia a esta institución se refleja en la portadilla de todas sus obras. No hemos localizado ningún otro dato que nos permita conocer el año de ingreso y su relación con el liceo matritense. La pérdida del segundo Libro de Acuerdos de la Real Academia Médica de Madrid, que recogía la actividad del centro durante la práctica totalidad de la segunda mitad del siglo XVIII, ha impedido avanzar en este sentido. (25) A.H.N., Mznas de Almadén, leg. 22. Aunque la c(certificaci6n personal)) de Parés conservada en este legajo, no deja lugar a dudas de la fecha oficial de acceso al cargo, no es de descartar que con anterioridad, ante la avanzada edad de su predecesor, hubiese tenido algún contacto con el Establecimiento. En este sentido apuntarían las afirmaciones de Maffei y Rúa Figueroa que fijan la incorporación en 1759. Igualmente, la concesión en 1798 del título de ((Médico de la Real Familia)), en la que se especifica una dedicación de 39 años en el cargo, situana su ingreso en esa misma fecha. 162 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO este tipo: el deterioro creciente de las condiciones de trabajo experimentado en estas fechas como consecuencia de la mayor profundidad que alcanzaron las labores y la importancia otorgada a la experiencia para el correcto tratamiento de los mineros. El primero de estos elementos deriva directamente del impulso expansionista que vivieron las Minas a lo largo de la segunda mitad del siglo XVIII. Como el propio Parés reflejó en el prólogo del Catástrofe, la nueva estrategia adoptada por la Real Hacienda consistió en abaratar el precio de venta del azogue a los mineros americanos, incrementando de esta forma los ingresos fiscales sobre la producción de plata, uno de cuyos factores limitantes era precisamente las disponibilidades de mercurio. El declive de la explotación de Huancavélica centró sobre Almadén todos los anhelos de 1:)s dirigentes del monopolio para aumentar la producción de azogue. Es en este marco expansionista en el que se desarrollaron las principales medidas asistenciales de corte conservacionista, surgidas como respuesta a los problemas de mano de obra provocados por el empeoramiento de las condiciones laborales: fundación del hospital, concesiones de limosnas a los trabajadores imposibilitados y jornales de saneamiento (45). La contribución de las medidas asistenciales a los ob.jetivos reproductivos marcados por los dirigentes del Establecimiento -la recuperación de niveles de salud en los operarios compatibles con su vuelta al trabajoestaba en parte condicionada por la propia ((efectividad)) que mostrasen los facultativos a la hora de tratar sus dolencias, ((efectividad)) que parecía estar íntimamente ligada a la experiencia adquirida en esta tarea (46). La descripción y estudio de las enfermedades de los mineros y la proposición de las acciones terapéuticas más adecuadas a su curación serían un medio apropiado de contribuir a este fin, además de garantizar la transmisión de tales conocimientos a los sucesores en el cargo. Las reiteradas alusiones de Parés a éstos (45) Vid. MENÉNDEZ NAVARRO (1990), op. cit. (n. 26), pp. 94-99 y 123-124; y (1991), op. cil. (n. 26). (46) Las condiciones impuestas a López de Arévalo, en 1761, para efectuar su retirada del Establecimiento son muy ilustrativas en este sentido. Junto al supuesto de la aparición de un brote epidémico entre la población o la inhabilitación de algunos de los principales responsables del Establecimiento, López de Arévalo estaba obligado a regresar a su puesto en el caso de que su sucesor cayese enfermo, «... mediante su mayor conocimiento, con la dilatada práctica en esas Minas, de los accidentes que comúnmente se padecen con el trabajo y servicio de las labores de esas Fábricas)). A.H.N., Minas de Almadén, leg. 1.594. Un testimonio mtdico sobre Almadén 163 como los principales beneficiarios de sus aportaciones parecen confirmar el móvil que animó la composición del Catástrofe morboso (47). No conocemos con certeza la fecha en que el médico catalán inició la redacción del texto, aunque la referencia cronológica más temprana que aparece en él data de 1772. En 1774, casi con toda seguridad, confeccionó el prólogo. Tras un abandono transitorio, cuyas razones explicamos más adelante, retomó la redacción en torno a 17 7 7, finalizando el texto en mayo de 17 78, fecha que consta en la dedicatoria de la obra. En 17 80 incorporó unas ((adiciones)) al prólogo y a algunos de los capítulos de la obra. El Catástrofe morboso es el manuscrito más voluminoso de la trilogía, con 644 folios numerados. El texto está redactado a línea tirada -a excepción del índice que lo está a doble columnacon unas 17 líneas por folio. La obra consta de dos tratados, agrupados en párrafos numerados del 1 al 542, precedidos de la dedicatoria al rey Carlos 111 (fols. 1-2 v.), el ((Argumento)) (fols. 3-8) -donde destacaba la falta de atención de la literatura médica y mineralógica a Almadén-, y el ((Prólogo)) (fols. 8 v.-41 v.). Este último contiene 62 párrafos identificados con numeración romana. El primer tratado, cuya extensión supera los dos tercios del total del manuscrito, aborda la descripción de las denominadas por Parés ((Enfermedades Corporales de los Mineros)). Consta de quince capítulos, catorce de ellos dedicados a cada una de las entidades consideradas por Parés como de presentación específica entre los mineros (((temblor)), ((tos)), ((hemoptisis)), «empiema, ((ptisisi), ((caquexia», «hidropesía», c~somnolencim, «demencia», ((sudor vaporoso)), ((flujos de sangre)), ((atrofia)) o ((extenuación)), ((ptialismo)) o ((salivación» y ((lombrices))), y un último en el que se consignan las ((enfermedades segundarias)) o males complicados a éstas. La mayoría de los capítulos presenta una estructura similar, con tres epígrafes donde se aborda la ((historia)) o ((descripción)) de las enfermedades, su «causa» y la ((curación)). Las excepciones son el temblor, que es el capítulo más extenso, y los dedicados al estudio del e~piema y la caquexia que no cointienen epígrafes, así como el último. El segundo tratado estudia las ((Enfermedades médico-morales)) de los (47) Así mismo, en la ya citada orden 1775, al recordar que la concesión del aumento de sueldo se vinculaba a la continuación de este estudio, el Superintendente General de Azogues disponía que, en el caso de no imprimirse, se conservara en las dependencias del Establecimiento. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 762. mineros de Almadén. Tras una larga nota inicial o ((escolio)) en la que discutia cómo Pa propia flaqueza contraida en los trabajos era la causante de los ((pecados del espíritu)) o ((vicios)) de estos mineros, se incluyen tres capítulos destinados a describir otras tantas ((enfermedades médico-morales)): la ((sensualidad)) o ((estimulo venéreo)), la ((vanidad)) y la «gula», cada uno de ellos con los mismos tres epígrafes descritos en el primer tratado. Finaliza la obra con un ((Apóstrofe)) dirigido a los profesores médicos y a los mineros de Almadén, y un índice de los temas abordados en el texto. El contacto con la abundante literatura de contenido mineralógico, a que le obligó el encargo de sus superiores, estimuló, según la propia confesión de Parés, su interés por la historia natural. La ausencia constatada de escritos que abordaran desde este punto de vista la explotación de Almadén le impulsó a componer una obra que recogiera la historia del Establecimiento y una descripción mineralógica de sus yacimientos (48). Hay dos elementos que ilustran la dedicación de Parés a este cometido. Por un lado, la colección de minerales que llegó a reunir, con cerca de 400 ejemplares, cedida al director de las Minas tras su fallecimiento. Las piezas reunidas en su gabinete, procedentes en su mayoría de la explotación y sus alrededores, le sirvieron de base en la cdescripción de las piedras)) de las Minas que incluyó en su obra mineralógica. Por otra parte, Parés debió participar activamente en la creación de la Academia de Minas de Almadén, fundada en 1777, el primer centro de enseñanza de la minería con que contó nuestro país. Parés propuso a sus superiores que Enrique Storr, técnico alemán a la sazón delineador de las Minas, impartiese ((delineación subterránea)) a 20 alumnos, incluido el propio médico, solicitando del rey su patrocinio para este centro. El argumento fundamental esgrimido en su propuesta de ((Academia Mercurial)) era el sensible ahorro que tal iniciativa reportaría a las arcas de la Real Hacienda. Ahorro derivado tanto de la mayor capacitación de los operarios y la consecuente mejora de la explotación y sus rendimientos, como de la economía que supondría prescindir del concurso de los técnicos extranjeros, presentes en Almadén desde mediados de la centuria (49). (48) PARÉS Y FRANQUÉS (1 785), op. czt. (n. 19), fol. 209. (49) PARÉS Y FRANQUÉS (1777), op. czt (n. 23), fols. 192 v.-193 v. En cualquier caso, su dedicación a esta materia podría ser analizada en relación con la importancia que el cultivo de la filosofia natural alcanzó durante el periodo ilustrado. Tendencia que se tradujo en el auge experimentado por estos estudios en las academias europeas de la época, Un testimonio médico sobre Almadén 165 Aunque el propósito original del médico catalán fue, como hemos visto, la redacción de dos obras, un hecho ocurrido en 17 75 cuando apenas había iniciado la composición del segundo manuscrito alteró sustancialmente sus planes: la publicación de la Introducción a la Historia Natural, y a la Geografía Física de España de Guillermo Bowles (ca. 1720-1 780) (50). En 1752, este naturalista de origen irlandés conoció en París a Antonio de Ulloa, quién se encargó de reclutar10 para el servicio de la Corona española. Una de sus primeras misiones en nuestro país fue la de visitar las minas de Almadén con el fin de proponer mejoras en su explotación, visita que tuvo lugar en el verano de ese mismo año. Bowles volvió a desplazarse a Almadén en cuatro ocasiones más, los años 1755, 1757, 1759 y 1765 (51). Los resultados de estas como la Royal Society de Londres o la Academia de Ciencias de París, así como por la difusión pública de sus resultados. Cfr. SCHAFFER, S. (1983). Natural philosophy and public spectacle in the eighteenth century. Hist. Sci., 21, 1-43; SCHUSTER, J. A,; YEO, R. R. (eds.) (1986). The politics and rhetoric ofscienti/c method. Dordrech, D. Reidel Publishing Company, 305 pp.; MERCHANT, C. (1983). The Death ofNature: Women, Ecology, and the Scienti/c Revolution. San ~rancisco, Harper 8c Row, Publishers, 348 pp. A este respecto también conviene mencionar la dedicación a la mineralogía de otros médicos que ocuparon puestos similares al de Parés. El caso mPs destacado es el ya citado de Giovanni Antonio Scopoli, médico de las minas de Idria entre 1754 y 1769, labor que silmultaneó, desde 1763, con la de profesor de metalúrgia y química en la escuela de minas existente en esta cxp!utaci6n. Eii 1769 fue trasladado a la Academia de Minas de Schmnitz, donde continuó impartiendo clases de química. LESKY (1956), op. cit. (n. 3), pp. 24-31. BOWLES, Guillermo (1 7 75). Introducción a la Historia Nalural, y a la GeograJa Ftsica de España. Madrid, Imp. de D. Francisco Manuel de Mena, 529 pp. [Edición facsímil impresa en Madrid en 19821. La información referida a Almadén se encuentra contenida en la ((Descripción de la mina de cinabrio de Almadén)) (pp. 5-34), además de algunas noticias aisladas en el «Discurso Preliminar)) de la obra. Probablemente resultado de la visita de 1755 sea la memoria de este autor que se conserva manuscrita en la Biblioteca Nacional de Madrid: Mémoire sur la Mine d'rllmaden. Ms., 25 fols., [Ms. 10.6321. Está fechada en Almadén, en octubre de 1755. MAFFEI; RÚA FIGUEROA (187 1). op. cit. (11. 1 l), vol. 1, pp. 94-96. Más información en LOPEZ PIÑERO el al. (1983), op. cit. (n. lo), vol. 1, pp. 129-130. Una de las medidas propuestas por Bowles fue la contratación de mineros alemanes. La presencia de técnicos de esa nacionalidad en Alrnadén, mantenida desde 1754 hasta 1796, tuvo una influencia determinante sobre la marcha de la explotación. Además de las innovaciones introducidas, especialmente significativas en la fase minera del proceso productivo, la presencia de mineros alemanes propició la aparición de la figura del «director» de las Minas, responsable técnico de los trabajos, a la vez que resultó decisiva. para la puesta en marcha de la Real Academia de Minas. H. K. Koehler, Enrique Cristóbal Storr -primer profesor de la citada escuela-, Juan Martín Hoppensack y Juan Federico Meyer fueron los cuatro directores alemanes de la explotación. Vid. MATILLA TASCÓN (1987), op. cit. (n. 14), pp. 140-148 y 270-282; PELAYO (1990), op. cit. (n. 13), pp. 77-78. 166 ALFRIEDO MENÉNDEZ NAVARRO inspecciones quedaron recogidos en su obra, junto a otras observaciones recolectadas en las diversas expediciones que realizó por la península. La mayor parte de sus aseveraciones sobre el estado de las minas y sus características mineralógicas motivaron una agria respuesta de Parés que fue plasmada en la Apología de las Reales Minas de Almadén del Azogue y de sus Mineros, cuya redacción debió verificarse entre 1 7 75 y 1 7 7 7 (52). Especialmente rudas fueron sus respuestas a las afirmaciones de Bowles sobre la escasa o nula nocividad del trabajo en estas minas, la reducida contribución laboral de los forzados o sobre el bajo nivel de instrucción de los mineros españoles. Parés envió sendas copias de la Apología y el Catástrofe a la Superintendencia General de Azogues, organismo del que dependía la gestión del Establecimiento. No conocemos las fechas exactas en que se efectuaron los envíos, pero el propio Parés nos confirma que estaban en poder de José de Gálvez, Superintendente General, antes de 1782 (53). Parés completó la redacción del último volumen de la trilogía, la Descr$- ción, entre 1780 y agosto de 1785, fecha en que fue remitido a la misma instancia que los anteriores (54). El texto incluía dos tratados. En el primero de ellos, de apenas 60 folios de extensión, Parés reivindicaba la importancia de la actividad minera. El segundo contenía tres capítulos que abordaban, respectivamente, la historia del Establecimiento, una amplia descripción de las instalaciones subterráneas y un estudio de los minerales presentes en la explotación, estudio para el que se sirvió, como ya hemos comentado, de los que contenía su propia colección. Al final de texto incluyó un glosario con (52) Parés añadió unos breves comentarios en 1781, recogidos en las ((adiciones a la Apología» (fols. 221-222). No fue este autor el único que criticó abiertamente al naturalista irlandés. Agustin de Betancourt, en la tercera de sus memorias dedicadas a las Minas, denunciaba las frecuentes y notables equivocaciones cometidas por Bowles, así como su ((falta de Física)). Sus opiniones sobre este naturalista son muy similares a las vertidas por Parés en la Apojogía. El ingeniero canario, después de recoger la opinión de los vecinos de la localidad quienes ((aseguran positivamente, que Bowles no entró en la Mina», finalizó sus digresiones sobre la Introducción a la Historia Natural afirmando: «si hubiere de detenerme a manifestar los errores y contradicciones de la obra de Bowles, en sólo su viaje a Almadén, me sería forzoso escribir un tomo muy abultado)). GONZÁLEZ TASCÓN; FERNÁNDEZ PÉREZ (eds.) (1990), op. cit. (n. 8), pp. 260-263, y en fols. 3 v.-7 de la memoria original. (53) PARÉS Y FRANQUÉS (1782), op. cit. (n. ll), p. 36. (54) El 18 de diciembre de ese mismo año, el Superintendente General comunicaba al Gobernador de Almadén la recepción del texto. A.H.N., Minas de Almadén, leg. 200. Un testimonio medico sobre Almaden 167 más de doscientos vocablos específicos de minería y metalurgia empleados en Almadén (55). Parés recapitulaba sobre la finalidad de cada uno de los volúmenes de su trilogía en la dedicatoria de este último, dirigida, al igual que las anteriores, a Carlos 111: «En el tomo primero que escribí de estas Reales Minas procuré vindicar a ellas y a sus Operarios Españoles de algunos dicterios maliciosos con que Extranjeros, y aun Patricios, quisieron mantener en desestimación a dichas Minas y a sus Mineros. En el segundo intenté formar un Mineraje robusto para mejor ejercer las peligrosas funciones de este Arte; y por medio de una muy larga y cuidadosa observación proponer los más sencillos métodos curativos de sus comunes y nuevas enfermedades. En este tercero me propuse formar un Mineraje mercurial instruido en los más esenciales principios de estos subterráneos cinabarinos, a fin de que con el conocimiento meramente práctico que tienen de estas maniobras puedan a muy poco trabajo gloriarse de haberse en Almadén erigido una Minería tan respetable como cualquiera de la Europa» (56). A pesar del ((ilustrado)) empeño de Parés, ninguna de las tres obras vieron la luz pública. Desconocemos las razones que determinaron la no impresión de los manuscritos. No hemos localizado dato alguno referente a una supuesta censura en los Libros de Matrícula y registro de Obras para publicar, donde se relacionan los textos sometidos a este trámite, lo que no resulta sorprendente habida cuenta del particular conducto por el que fueron remitidas las obras (57). En el caso de la Apología o la Descripción podríamos cuestionarnos la oportunidad o la valía de los conocimientos vertidos por Parés en ellas como elementos determinantes de su no impresión. Sin embargo, la decisión respecto al Catástrofe morboso parece encontrar su explicación en el siniestro panorama sobre la condiciones de vida y trabajo de los mineros que Parés describía en el texto. En nuestra opinión, la intención del médico catalán no fue denunciar tales condiciones, sino más bien despertar la com- (55) ((DicciOnario. índice de las voces municipales 'con que se explican en sus faenas los Mineros de Almadén)) (fols. 453-474 v.). (56) PARÉS Y FRANQUÉS (1785), op. cit. (n. 19), fols. 1 v.-2. (57) Tales libros se conservan en la sección de Consejos del Archivo Histórico Nacional de Madrid. Tampoco hemos encontrado noticia alguna en los expedientes de censura depositados en la sección de Indiferente General del Archivo General de Indias en Sevilla. Otro dato sorprendente es la ausencia de noticias sobre una posible reclamación del propio Parés ante el retraso en la edición de los textos. 168 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO pasión de los responsables del Establecimiento, con el monarca a su cabeza, en aras a incrementar los fondos asistenciales de las minas. Aun así, el relato resultante no podía ser bien visto por unos dirigentes que en fechas cercanas se afanaban en demostrar la escasa nocividad de estas minas. En efecto, la Gaceta de Madrid de 23 de abril de 1784 incluyó una noticia sobre el balance de trabajadores atendidos y curados en el Hospital de Mineros durante el año 1783. La intencionalidad de la nota queda bien patente en el preámbulo que antecedía al mencionado balance: «Para desterrar el errado concepto, en que hasta ahora ha vivido la mayor parte de la gente, de ser contrarios a la humanidad y perjudiciales a la salud los trabajos que se practican en las minas de azogue, se da noticia al público que según certificaciones de la Contaduría de Almadén y Mayordomos del Red Hospitd de Mineros de aquella villa, ... » (58). Similar motivación tenía la orden cursada por el Superintendente General de Azogues al Gobernador de Almadén, en enero de 1785. En esta ocasión, se solicitaba la remisión a la Gaceta de los datos del hospital correspondientes a 1784 y se advertía que para los de 1785 y siguientes se incluyesen también las cifras de vecinos de la población, el número de trabajadores empleados en las Minas y el de forasteros que acudían a ellas, así como la tropa . , estacionada en Almadén. Por C!:i-c, crder,uUu !u ir,d~s:zn de los datos de bautizos y matrimonios celebrados en la Parroquia de la localidad. Toda esta información permitiría, a juicio del Superintendente General, una mejor comprensión de los datos de actividad del hospital «para el fin a que se dirige esta noticia, ... )) (59). No resulta extraño, pues, que los superiores jerárquicos del médico catalán impidieran la difusión del testimonio de Parés, un testimonio cuya importancia e interés parecen fuera de toda duda. 4. EL PRÓLOGO DEL KCATÁSTROFE MORBOSO DE LAS MINAS MERCURIALES DE LA VILLA DE ALMADÉN DEL AZOGUE)) Buena parte de este relato quedó recogido en el prólogo de la obra. Señalaremos brevemente las principales aportaciones contenidas en el prefa- (58) Gaceta de Madrid, 23 de abril de 1784, p. 363. (59) A.H.N., Mirzas de Alrnadén, leg. 200. No hemos podido verificar la inclusión de estas noti. cias en las respectivas Gacetas, salvo el caso ya citado de 1784. Un testimonio médico sobre Almaden 169 cio, en especial aquellos aspectos que contribuyen al conocimiento de las condiciones de vida de la población y los que abundan en la descripción de los riesgos o~u~~acionales de los mineros de Almadén. Desde el primero de esos puntos de vista el texto recoge, como ya lo hiciera el testimonio de López de Arévalo (60), la precoz incorporación de los niños al trabajo, fenómeno causado entre otras razones por la inexistencia de alternativas laborales en Almadén. Parés otorgó a este hecho, que se prolongó a lo largo del siglo XVIII y primeras décadas del XIX, una gran importancia a la hora de explicar el mayor grado de deterioro orgánico de los mineros naturales de Almadén respecto a los trabajadores forasteros (6 l), lo que a la larga explicaba el sensible acortamiento en la expectativa de vida de aquellos. El testimonio del médico catalán también advirtió las precarias condiciones de subsistencia de los trabajadores de las Minas, reducidos a la condición de asalariados. Aunque sus salarios eran proporcionalmente superiores a los que retribuían el trabajo agrícola, las limitaciones derivadas de la insalubridad del espacio productivo interior, que obligaba a suspender las excavaciones transitoriamente para que ((la Mina se refresque algo)) o, aunque Parés no lo cite explícitamente en el proemio, a la ralentización estival de las tareas ante el aumento de las temperaturas y consiguiente deterioro de las condiciones ambientales, reducían sensiblemente el número de jornales que podían devengarse al año y con ello los ingresos económicos de los operarios. Además, la insalubridad provocaba frecuentemente la incapacitación transitoria de los mineros, momentos en los que la subsistencia del trabajador y su familia quedaba especialmente comprometida. Los escasos niveles de autoproducción de granos y la consiguiente carestía de los alimentos completan el cuadro descrito por el médico catalán. (60) ((Des qu'un petit garcori est parvenu a porter un poids de douze livres, il entre dans la mine et commence par y aider les ouvners: son travail augmente avec les années, et change d'object par dcgrés: mais il y passe sa vie qui, le plus ordinairement n'est gueres que de soixante ansy. LETTRE de Don Francisco Lopez de Arebalo, ... op. czt. (n. 6), p. 29. (61) En .un pasaje del mismo Catástrofe, ~arés volvía a retomar este tema: «Los Naturales de esta Villa tienen peor suerte, que los Forasteros; pues desde muy niños comienzan a tratar con los minerales. Hay niños, que ya de ocho, o nueve años asisten a fregar los caños de los Hornos de Fundición. Y desde tan tierna edad se sujetan sus cuerpos a los acicates de los Minerales, ..., Por esta razón desde tan jóvenes padecen el temblor, flacidez en articulaciones, malos colores, palidez, inflamaciones de boca, y muchos otros accidentes» (fols. 337-337 v.). Parés aportó una amplia relación de los riesgos ocupacionales a que estaban expuestos los mineros. Señaló las principales causas de siniestralidad interior: la explosión intempestiva de barrenos, las caídas por los pozos durante los desplazamientos verticales y los desprendimientos de piedras o hundimientos, a los que añadió los riesgos ocasionales de incendio e inundaciones (6 2). No obstante, donde su testimonio resulta más elocuente es en el reconocimiento de las denominadas ((enfermedades minerales)) como motivo fundamental de inhabilitación entre los operarios. Parés otorgó al mercurio la principal responsabilidad en la génesis de estas enfermedades, contraidas tras una permanencia más o menos prolongada en el interior de las galerías o en algunas de las dependencias del cerco de destilación. Todos estos espacios tenían en común la existencia de una atmósfera cargada, entre otros, de vapores de azogue, desprendidos del mineral gracias al ((calor subterráneo)) -en el caso de las galeríaso del ((artificial)) -en el de los hornos-. La penetración de los ((hálitos mercuriales)) en los cuerpos de los operarios se realizaba a través de los poros de la piel, por la deglución de partículas que impregnasen las aguas y alimentos que ingerían los trabajadores y, de manera muy especial, mediante la respiración: «No hay cosa más cierta, que en el cutáneo cribo de nuestro cuerpo hay tantas puertas para la entrada del Mercurio, cuantos son sus poros; pues exhalándose en sutilísimos penetrantes corpusculillos penetra fácilmente la horadada extensión de toda la piel. Pero hay todavía más fácil y manifiesto paso para los mercuriales efluvios; pues siendo tan necesaria la respiracibn, y teniendo tan despejado su conducto, hallan en este una franqueza irresistible aquellos vapores hospedados indubitablemente en la atmósfera, ...N (63). A pesar de señalar la importancia de las condiciones ambientales en la génesis de las ((enfermedades minerales)), Parés no vinculó de forma explícita el deterioro de estas condiciones, producto de la progresiva profundización de las labores en ausencia de mejoras sensibles en la ventilación, con la aparición de nuevas manifestaciones indicativas de un mayor grado de ex- (62) El análisis de los registros de accidentes disponibles para esta época confirma la validez de sus apreciaciones, ratificando a aquellas tres primeras como las causas más frecuentes de siniestros de carácter grave en las labores de interior. (63) PARÉS Y FRANQUÉS (1778), op at (n. 9), fols. 61-61 v. Un testimonio médico sobre Almadén 171 posición al ambiente tóxico (64). Antes bien, hizo uso de la ((epidemiología sydenhamiana)), estableciendo un paralelismo entre la cambiante ((constitución epidémica)) del mundo superficial, responsable de la aparición de nuevas especies morbosas, y la del mundo subterráneo, para explicar las nuevas enfermedades observadas entre el mine'raje. Parés no incluyó en su obra crítica alguna al proceso productivo seguido en las Minas en el sentido de proponer modificaciones que aminorasen los riesgos laborales (65). El propio título de la obra parece apuntar el carácter ineludible de unos altos niveles de morbilidad entre el colectivo obrero como tributo a la extracción del azogue. Una actividad cuyas amplificadas repercusiones económicas justificaban el mantenimiento de un proceso extremadamente oneroso a la salud de los operarios. Por el contrario, sus demandas se centraron sobre la ampliación de la política asistencial y compensatoria realizada por los dirigentes de las Minas desde épocas precedentes, cuyo fin último era contribuir a garantizar un contingente de mano de obra suficiente a las necesidades del Establecimiento. (64) Para otros observadores contemporáneos como el director de las Minas, Enrique Storr, o el propio Superintendente, Gaspar Soler, la intensidad de la ventilación en los frentes de avance de las excavaciones era determinante sobre el grado de insalubridad de éstos. Ambos reconocen también el retraso con que se practicaban 1.0s pozos de~tinados a activar la ventilación, resultado de la supremacía otorgada a las excavaciones estrictamente productivas. A.H.N., Minas de Almadén, legs. 48 y 762. (65) Dos buenos eiemplos de «soluciones técnicas)) disponibles en esa época para atenuar algunos riesgos ocupacionales son la sustitución de las agujas de hierro con que se atacaban los barrenos por otras de cobre, con lo que se evitaba la ignición de la pólvora al proceder a la retirada de la aguja (véase nota 6 de la transcripción), y el retraso de un día, del 3.O al 4.0, en la descarga de los hornos. Jose Antonio de Gay, responsable del departamento de Almadenejos, propuso en 1776 la adopcibn de esta última medida argumentando dos razones: la reducción de las pérdidas de azogue, al permitir una mejor condensación de los Yapores, y la disminución de los daños ocasionados a los operarios encargados de efettuar las labores de carga y descarga: «El perjuicio en la salud de los obligados a cargar y descargar [los hornos] es palpable y consigiiiente aún al cuarto día de fundición, con que necesariamente ha de ser mayar en sólo tres en que los vasos se mantienen con un calor intolerable que poca a poco los indispone hasta hacerlos enfermar; y concibo que aun cuando no hubiera mas inconveniente que éste debiera precaverlo en lo posible la piedad de los superiores, ... ». A.H.N., Minas de Almadén, leg. 415. En 1783, Agustin de Betancourt realizó una propuesta similar amparado en las mediciones de temperaturas efectuadas durante la realización de aquellas tareas. GONZÁLEZ TASCÓN; FERNÁNDEZ PÉREZ (eds.) (1990), op. cit. (n. 8), pp. 274-276. ojos ignoran allá mucho de ellas; pues no tienen corazón para ver tantas lágrimas. XI. Las eficiencias de los Minerales no son tan ejecutivas como las desgracias referidas, aunque son más funestas; pues van paulatinamente destruyendo a los Mineros con accidentes más o menos crónicos, según su casta y disposición de los sujetos. Lidian estos Operarios con una atmósfera llena de átomos o hditos minerales todos cáusticos, que precisamente deben deglutirlos por la respiración y recibirlos por la región de los poros. Sorben forzosamente el polvillo tenue de los Minerales que se arrancan a fuerza de barrenos botados a pólvora. Manejan indis- /fol. 151 pensablemente el légamo, o barro, que // con las aguas, o humedades de las Minas, y aquel polvo o tierra que hay en ellas se amasa en los planes donde trabajan. XII. Pasan cada instante de un sitio cálido, en que se abren los poros, a otro frío, en que se obturan y constipan los mismos. Suben con violencia muchas cuestas, o cañas agrias (7), y muy pendientes, con cuya sola agitación y forzada dirección con que reciben el ambiente, se fatiga y lastima el pulmón. Y deben entregarse a muchos otros violentos ejercicios, en los que se ponen tusiculosos, asmáticos, hécticos, ptísicos, hemoptoicos, trémulos, ptialísmicos, tosiendo continuamente, respirando con dificultad, consumiéndose en sus carnes, arrojando sangre por la /fol. 15v.I boca, temblando de algunos o todos // sus miembros, babeando con inflamación de boca y corrupción de encías. Unos orinan sangre, otros la evacuan por cámara, otros se atontan, dormitan otros, otros se hacen libidinoso~, otros se desvanecen, se amedrentan otros, unos se vuelven glotones y bebedores, otros se ven inapetentes, y muchos con accidentes tan contrariamente complicados, que es confusión en el más reflejo juicio considerar su compatibilidad en un mismo paciente. XIII. Nace esta variedad de Enfermedades y sus complicaciones de la proporción orgánica y humorosa de los Operarios, y juntamente de la diferente eficacia de los Trabajaderos en producirlos. En la Mina del Pozo (a), en el sitio llamado Bovedón de Torno de San Teodoro, donde /fol. 161 gotea una agua // cáustica, áspera, corrosiva, los Trabajadores se ponen somnolentos y atontados. En la misma, en la Caña de la Soledad, es ex- (7) El término ((cañas designa las galerías subterráneas por las que se desplazaban los mineros. En el caso de que la veta del mineral siguiese una dirección oblicua a la superficie algunas galerías se practicaban siguiendo ese mismo plano. Disponían de escalones excavados y se denominaban ((cañas agrias)). (8) Las dos minas en explotación en estas fechas eran la del Pozo, también llamada de la Hoya, y la del Castillo. Un testimonio médico sobre Almadén 179 cesivo el calor acompañado de ingrato hedor y gotea en toda ella agua vitriólica, que a veces se condensa en canelones y planchas de vitriolo; y pasando de este sitio al Torno de Santo Domingo, es tal el frío que se experimenta, que ocasiona este repentino tránsito de uno a otro extremo peligrosas constipaciones internas, toses y asmas secos, con otros males de esta clase. En el Cielo (9) de San Cristobal, donde se goza un calor que, aunque suave, produce copiosos sudores, se ponen soporosos los Operarios. XIV. En el Cielo de San Rafael, donde se sufre un calor y sudor /fol. 16v.I grande, destila de entre su muy negra pizarra, vestida de una 11 plateada gredilla, una agua cáustica que quema o consume la ropa de los Mineros, comenzándose esta corrosibn por una mancha pajiza; y si por desgracia cae alguna a los ojos, les enferma variamente según la cantidad de ella y complexión del sujeto; y cayendo sobre el cabello produce la Alopecia, derribándole y no permitiéndole renacer. El Cielo de Santo Domingo, a los cuatro días de residir en él solas seis horas en cada uno los Trabajadores, les vuelve trémulos y tan inflamada la boca, como si largamente hubiesen usado el Mercurio. Lo mismo sucede en el sitio llamado Cielo de San Diego. ¡Qué poca gloria tienen los pobres Mineros en sus Cielos! /fol. 171 XV. En el Torno de San Rafael y en sus // Cañas vecinas, se excitan los Trabajadores irrestrictamente a la lascivia, de cuyo importuno abuso son las más veces irremediables las enfermedades consiguientes a él. Infinitos de los que han trabajado algún tiempo en este sitio, orinaron y excretaron sangre en abundancia. Con cualquiera de estas enfermedades se'ven llenos de mil miserias los Mineros; y si por su mayor desgracia se hacen crónicas, llegan los pobres a lo sumo de la desdicha, de la hediondcz y dc la pobreza; pues faltándoles los medios para su alimento y asco, no tienc ponderación su necesidad, ni hay consuelo para ver /fol. 17v.I poco menos que perecer de hambre al enfermo y su familllia. Desearan estos tristes por felicidad temporal una vida muy breve; pues tuvieran a mejor fortuna el morir, que verse vivos y cercados de tanta calamidad. Muchas veces pasan a contagiosas estas enfermedades; y es para los que sobreviven el más amargo dolor contemplar el horrendo espectáculo de quemarse juicialmente las camas, ropas, y menaje de casa de sus compañeros, con la melancólica esperanza de que mañana sucederá lo mismo con las alhajas del que hoy está mirando la hoguera. (9) Parte superior de la zona en excavación. La explotación «a cielo)) o «de testeros)) es la que se realizaba abordando la veta de abajo hacia arriba, al contario del denominado trabajo «a bancos)). 180 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO XVI. En todas las partes, y en todas las materias hay oficiosos que, /fol. 181 con la ansiosa // sed del logro de alguna idea, erigen proyectos en asuntos a que se apasionan, vistiendo aparentemente sus proposiciones con cautelosos sofismas, que al incauto pueden hacerle titubear. No han faltado, ni faltan, de estos críticos que quisieron achacar esta miserabilísima constitución morbosa de nuestros Mineros a la siniestra organización interior de estas Minas, prometiendo con extraña seguridad el remedio en el retoque de su ventilación, actual artificio, y en secretos mecanismos que dicen tener para ello. Es una necedad enorme arrojarse a tales prometimientos; y aún lo es mayor dar semejante origen al sistema morboso actual del Mineraje de Almadén. Cuando en 17 17 cspeculó estas Minas de Azogue el cuidadoso observador de la Naturaleza /fol. 18v.I Monsieur Jussieu, // destinado a esta provechosa operación por el Señor Duque de Orleans, en ocasión que estaban organizadas y trabajadas las referidas de distinto modo que hoy, y a la usanza que tuvieron sicmprc estos Naturales, halló aquel sabio alumno de la Academia de las Ciencias de París las mismas enfermedades cuasi que se experimentan al presente, sólo con la diversidad que entonces las padecían los Forzados y Presidiarios destinados a estos trabajos minerales, y no los libres Operarios, que se ocupaban a su laboreo, dando para ello la razón quc el Curioso puede ver en la memoria que de estas Minas presentó a la Academia, y en esta obra se exponen en su lugar número 11 de este cscrito (10). Luego no consisten las enfermedades de estos subterráneos // (10) La. incorporación de mano de obra forzada en Almadén se realizó en 1566, a instancias de los Fugger. Desde esta fecha hasta 1799, en que quedó abolida esta modalidad de trabajo, la participación de los penados en las tareas productivas del Establecimiento fue más que destacada, principalmente al asumir las tareas más expuestas. Esta situación cambió tras el incendio que asoló las minas entre 1755 y 1757, que supuso la retirada de los forzados de las labores de interior. Esta es la razón, según Parés, de que a partir de esa fecha los operarios libres sufrieran las mismas enfermedades que Jussieu había descrito para los penados. Sin embargo, este achacó la diferente incidencia de enfermedades a los mejores hábitos higiénicos de los operarios libres. Para el médico galo la principal vía de acceso del mercurio al cuerpo era a través de los poros de la piel, por lo que el aseo y el cambio de ropas reducían el periodo de contacto de esta con el mercurio: «Une autre erreur dans laquelle on est touchant le cause des maladies de ceux qui travaillent aux Mines de Mercure, est de se figurer que ce soit la respiration continuelle de la vapeur qui s'en exhale. On est desabusé de ce préjugé par la comparaison que I'on fait de l'etat des Mineurs du bourg d'Almaden qui travaillent librement aux Mines a celui des Forcats & des Esclaves qui y sont contraints. Ces premien, par le soin qu'ils ont A leur retour des Mines de quitter generalement tous les habits qui leur ont servi dans le travail, & d'en changer depuis les pieds jusqu'a la tete, & de souliers sur-tout, se conservent en santé, & parviennent au meme 2ge que le autres hommes, au lieu que ces pauvres malheureux, a qui la misere ne permet pas de changer d'habits, & qui prennent Un testimonio médico sobre Almadén 181 /fol. 191 mercur-iales meramente en la estructura, entibación (1 1) y precisa ventilación de ellas. XVII. Después que padecieron nuestras ]Minas de Azogue un incendio, que duró desde 7 de Enero de 1755 h,asta 27 de Julio de 1757, fue necesario construirlas de nuevo, haciéndoles nuevas cañas, ademándolas con seguridad y firmeza, hasta llegar a su disfrute; y esta nueva erección de Minas (digámoslo así) no se ideó bajo las antiguas disposiciones y método, que habían siempre observado y ejercido estos naturales Españoles, sino con arreglo a la Mecánica alemana mineral, dirigida por Maestros de esta Nación que a la sazón se solicitaron, pensando en su mayor estabilidad, ventilación y menos perjuicio (12). Así en efec- /fol. 19v.l to se 11 practicó y se sigue actualmente su maniobra, suprimiendo los tornos, por los que con cinteros o maromas se iban descolgando los trabajadores a los sitios de sus destinos, y sustituyendo a ellos escaleras, por las que suben y bajan, con descansos a intervalos, que minoran la fatiga del Minero y precaven sus mayores golpes, siempre que ocurra alguna caída. XVIII. En esta nueva planta y construcción de Minas convinieron los mismos que hoy pretextan provenir las enfermedades del Mineraje de esta estructura, a que unánimes adherieron. Pues, <cómo no ha perjudicado hasta aquí esta misma distribución de cañas y tornos o pozos? /fol. 201 Lo cierto es // quc son ciertas e indubitables las siguientes observaciones que Yo tengo de las sucedentes invasiones de los males de Mineros, según estoy imparcialmente informado y tengo ocularmente experimentado. leur repas dans les Mines memes ou ils touchent leur pain sans se laver, sont sujets aux enflures de parotides, aux apthes, a une salivation & a des pustules répandues sur leur corps. Accidents que l'on voit etre l'effet du contact, ou plustat de I'entrée des particules du Mercure dans les pores de la peau, te1 qu'il arrive a ceux qui sont dans les remedes niercuriels~. JUSSIEU (17 19), op. cit. (n. 5) del trabajo introduct.orio, p. 359. Parés rebatió estas afirmaciones en eipropio Catástrofe, fols. 63 v.-65 v., recordando que la razón de tales dlferencias estribaba en la asignación a los forzados, durante la época en que Jussieu visitó las Minas, las tareas más insalubres. (1 1) Entibación o ademación, término que se emplea en el siguiente párrafo, es la fortificación de las galerías mediante maderas. Desde mediados del siglo XVIII, y especialmente en aquellos lugares donde ya se había extraido todo el mineral, se utilizó la encarnación, en la que ademhs de maderas se empleaba la piedra estéril procedente de las excavaciones. (1 2) Sobre la presencia de técnicos alemanes en Almadén véase la nota 5 1 del estudio introductorio. ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO l XIX. De sesenta años a esta parte enfermaban los Mineros de Almadén de inflamaciones de boca y flujo linfático de ella, Tumores escrofulosos y algún Temblor, pero no eran estos accidentes de considerable peligro. Ha cosa de quince años de aquel tiempo dicho, se desaparecieron aquellos Tumores y Babeos, quedándose reinando el Temblor, que fue mucho más enorme que el que se experimentaba 15 /fol. 20v.I años antes, y fueron de estos enfermos Gerónimo // Fernández Puebla, Gabriel Cavallero, y otros memorables Temblones, de que hay todavía memoria. Así siguieron los efectos minerales hasta que, por los años de 17 60, cesaron algo aquellos fuertes Temblores y, aunque levemente temblando, comenzaron a enfurecerse los soterráneos efluvios; pues en 1765, 1766, 1767, 1768, 1769, 1770, 1771 fueron comunes los Asmas secos y húmedos, Toses ferinas, Flujos de sangre por narices, por orina, por Cámara y vómito, esputos sangrientos, constipaciones internas y otras enfermedades nacidas de principios acuminosos y corrosivos, que /fol. 211 dislaceraban los vasos linfáticos y sanguíneos de estos Misera//bles. XX. Por estos años se experimentó el rabioso apetito venéreo con infinitos Mineros dentro los límites de sus matrimonios, con la lamentable circunstaiicia de que cuanto más extenuados, tanto más eran inaguantables en las consortes sus importunas e incesantes solicitudes. Y para que no se juzgue o tache de voluntaria esta mi narración, doy al Lector, según mis anotaciones, una verídica serie de enfermos, o difuntos Mineros en aquellos años, con la exposición de sus funestos accidentes. En 1765 Gerónimo Fernández Puebla estuvo Trémulo y ortópnico-asmático; y murió. Francisco Garzón de Astorga padeció Tos /fol. 2 1v.J ferina, Asma seco e Hidropesía // timpanítica; y murió después de repetidas recidivas. Alfonso Lasso menor enfermó de Tos seca, Flujos repctidos de sangre por narices, esputo copioso de sangre pulmonar; y murió. Gonzalo Cavas tosió ferinamente, experimentó pungente dolor en el esternón o tabla del pecho, arrojó mucha sangre pulmonar por Tos; y murió. Antonio Arenas se halló con asma convulsivo; y rctirándose de la Mina curó. Francisco Gómez Villar murió de una constipación interna contraida dentro de la Mina en el repentino tránsito de un sitio caliente mucho, a otro muy frío. Francisco Fernández Puebla fue insultado de Tos seca y convulsiva; y murió arrojando sangre por la boca. Luís Martín González fue largo tiempo invadido de Tos frecuente /fol. 221 árida; // después lo fue improvisamente de asma Disnea, con la que en breve murió. Raro fue en este mismo año el Minero enfermo que se vio libre del mordaz hidrópico estímulo venéreo, cuyos individuos no especifico para huir la sórdida nota de tan brutal morbosa afección. XXI. De todas estas enfermedades informé en 2 de Abril de 1765 a la superioridad, a continuación de instancia que algunos Operarios mi- Un testimonio médico sobre Almadén 183 niarios subterráneos hicieron al Exmo. Sr. Fray don Julián ~rri'a~a (13), solicitando, semejante al privilegio militar, el de poder comer los Mineros continuamente de carne en atención a sus acerbos accidentes; siendo allá mi dictamen que sería útil este privilegio, siempre que fuese po- /fol. 22v.1 sible aligar a las comidas de carne la abstinencia // de las mismas saturadas de sal, ajos, pimiento y otras condituras perjuiciales. XXII. En 1766 ya no fueron tan frecuentes las Enfermedades minerales, ni tan rigorosas como en 1765; pues en dicho año sólo murió Manuel Valera de Tos ferina y esputo de sangre. XXIII. En 1767 siguió la constitución endémica morbosa, como en 1766; pues sólo murió Francisco Lucas con asma seco, Francisco Gallego con Tos seca y flujo de sangre pulmonar por la boca; verdad es que la dislaceración que padeció este pobre fue enorme; pues la evacuación de sangre fue copiosa y la muerte muy acelerada. XXIV. En 1768 y 1769 siguieron con la misma lentitud aquellas indisposiciones morbosas terribles; pues en ellos murieron Rafael Casimiro Guevara, después de larga Tos ferina y esputo cruento, con repen- /fol. 23/ tino y caudaloso vómito // de sangre; José Arébalo Pedrajas, con la misma Tos y Sangre por esputo en mucha cantidad; y del mismo modo Manuel Iruela, Francisco Alambra y Pedro Canuto, bien que el origen en éste fue un recio golpe que recibió anteriormente en la Mina. XXV. En 17 70 ya renació el mismo tremendo ímpetu de enfermedades, con temblores ya muy incómodos; pues Miguel Ruiz dió en teml blar, escupió sangre pulmonar después de mucha Tos, quedó arnente y murió arrojándola en abundancia. Manuel izqluierdo tembló, quedó l Asmático y así murió. José Santos Arroyo tosió tos seca, arrojó sangre, tembló y murió. José Prados tembló mucho, arrojó mucha sangre, \ quedó ortópnico y murió. Juan Miler tembló poco, pero arrojó mucha /fol. 23v.l sangre y murió extenuado. Francisco Lavadera murió l/ del mismo modo; y del mismo Manuel Navarro. XXVI. En 17 7 1 y 1772 calmó este azote; pues no fue tan frecuente aunque crecieron los temblores y extenuaciones; pues murieron Francisco Miguel con mucha Tos, trémulo, alguna sangre por esputo y marasmódico; José Codiz Escobar, con estupor de nervios y demacración, con mucho temblor; Diego de la Calle, sumamente trémulo, caquéctico y con obstrucción escirrosa en el bazo. XXVII. En 1772 se observaron pocas corrosiones de vasos sanguíneos, pero muchísimos temblores y más rigorosos que antes, con algu- (1.3) Superintendente General de Azogues. 1 na complicación de enfermedad común; pues Pedro Citores tembló y murió con asma convulsivo. Francisco Jiménez Mora tembló mucho, /fol. 241 tosió, arrojó sangre por la boca y murió. // José Rubio tembló en extremo y murió de tumor en la cavidad natural. José Dominguez tembló tanto como el antecedente, tosió mucho tiempo, murió pleurítico. Andrés Cabello padeció Asma, se apartó de la Mina y curó. Sebastián Quintana tembló hasta deberle atar y curó. Juan Escalona tembló, perdió la memoria, estuvo largo tiempo cuidadosamente atado y curó. Francisco Puebla Collado enronqueció, tembló, arrojó mucha sangre del Pulmón y murió. XXVIII. En 1773 y en el presente de 1774 todo se reduce a tcmblores, turbaciones de voz, extenuaciones, amencias, oblivioncs (l4), principalmente en muchachos (1 5). Sólo Francisco Navarro, después dc largo y penoso temblor y lento esputo de sangre, murió en 1773. Dcsdc Marzo de 1774, en que escribo, para en adelante no sé lo quc succdc- /fol. 24v.l rá (16). Pero la variedad de temblores de manos, // brazos, piernas, lcngua, las extenuaciones de los Mineros y las demencias de los muchachos son bien de compadecer, y las miro como unas nuevas enfermcdades minerales, que hasta aquí no se habían conocido. Lo mismo digo de un sudor sisaponense (l7), que nuevamente ha insultado a cstos Mineros desde 1 de dicho Marzo, con el cual se disipan los pacientes por lo copioso, arrojando de todo su cuerpo una humareda lo mismo que si fuese un cañón de chimenea Peligran sus vidas mucho en él, como vcremos más adelante, tratando dc los males complicados con tcmblor. XXIX. Esta puntual y cuidadosa observación de sucedentcs cnfcrmedades minerales me hace creer en un exacto analogismo del mundo /fol. 251 subterráneo con este exterior que // habitamos. Del mismo modo quc en éste presenta Naturaleza de tiempo en tiempo efectos admirablcs, los presenta en el subterráneo. En el mundo superficial vemos todos los días horrendas epidemias, que infestan cruelmente una temporada y - (14) Término latino que significa defectos o faltas de memoria. (15) Con tal denominación se designaban en el Establecimiento a los jovenes menores de 16 o 17 años, edad en la que se equiparaban a los adultos a efectos laborales y retributivos. Los muchachos desempeñaban distintas tareas en el interior y en el exterior. Dentro de la mina se ocupaban en el transporte de la zafra desde los lugares de excavación a los tornos por los que se extraía al exterior. En los cercos superficiales destaca su participación en una labor tan dañina como la limpieza de los caños o arcaduces de los hornos, zona en la que se condensaba el mercurio. (16) En las ((Adiciones al Prólogo)) que incluyó al final de la obra (fols. 627-627 v.), Parés completó esta relación hasta agosto de 1780. (1 7) Sisapon es la denominación latina de la antigua Almadén, aunque según Parés este topónimo correspondía a la cercana villa de Chillón. Un testimonio médico sobre AXmadén 185 cesan luego, sin haber palpable motivo para que se aquiete el juicio en la causa de su cesación. ?Qué extrafio será que las mismas se padezcan en el subterraneo? Son muchas las nuevas enfermedades del mundo exterior, sin que antes hubiese habido noticia de ellas. En 1483 se apareció en Inglaterra el sudor anglicano, enfermedad que por su novedad y tiranía espantó a los Médicos ingleses. /fol. 25v.I XXX. La Viruelas y Sarampión no se cono//cieron en tiempo de Hipócrates ni cn el de Galeno según Sydenharri y Tozzi; pues a haberlas habido, uno y otro Príncipe de la Medicina hubieran hecho mención de ellas. Y cuando se padeciesen ya entonces, no merecería su benignidad la consideración de aquellos grandes hombres. Y hoy en nuestros tiempos son las enfermedades que más estrago hacen en el género humano. Aún hay en ellas una cosa bien particular y es que siendo cuasi general y común enfermedad a todas las personas, ;dónde se oculta, y cómo, su venenoso fermento por el espacio de veinte, o treinta o más años en cada sujeto? XXXI. Más modernas son todavía, que e11 Europa, las viruelas en /fol. 261 América, dice // Luca Tozzi; pues no las padecieron los Indios occidentales hasta que se entabló su comercio con nosotros. La Lúes Venérea no la conocimos hasta los años de 1493 por lo que se trajo de América. ¡Bellos dos presentes nos regalamos las dos Naciones! Nosotros ofrecimos a la América las Viruelas y nos dió a nosotros la América la otra infección. Varían continuamente los sucesos de la Naturaleza. La Lepra hizó antiguamente atrocidades. Y hoy cuasi no la conoce el mundo. La Plica Polaca infestó bastante en lo antiguo a la Polonia. Y ha cesado ya en aquel cruel rigor. Plinio se maravilló de haberse aparecido nuevamente en Roma el Impétigo, o sarna furfurácea, por no haberse conocido hasta entonces; y hoy la tenemos a cada paso.// /fol. 26v.l XXXII. Cuenta él mismo por nuevo el carbunco en Italia en tiempos de los Censores Lucio Paulo y Quinto Marcio, haciéndose enfermedad particular de la Provincia Narbonense; y hoy no hay pueblo en Europa, que no se vea atormentado de carbuncos. El mismo Plinio admi- - - raba la repentina invasión de nuevas enfermedades en algunos territorios, a algunas partes de los hombres, a algunas edades, ya a niños, ya a pobres, ya a poderosos. Siempre ha sido así la Naturaleza. Dios quiera que no veamos entre nosotros ni el escorbuto del Norte, ni la Peste de Turquía, ni la Lúes de Hungría. XXXIII. En tiempo de Hipócrates, de cualquier modo que inter- /fol. 271 mitiese una fiebre, carecía de // peligro. iY hoy cuantas tercianas perfectamente intermitentes triunfan de las vidas de los enfermos! En un Pueblo mismo, decía Hipócrates, que las varias estaciones daban varias en- 186 ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO fermedades; y así se experimenta regularmente. Y Yo he visto en diferentes poblaciones haberse perdido aquellas estacionarias enfermedades en unas y haberse nuevamente presentado en otras. XXXIV. Esta Villa del Almadén hasta el año de 1766 fue muy castigada de Tercianas y cuartanas en las estaciones de Primavera, verano y otoño; y desde dicho tiempo ha ido minorándose esta enfermedad, de tal modo que en dichas temporadas no se experimenta la vigésima parte de enfermos que' antes. // /fol. 27v.l XXXV. Dentro de nuestras mismas Minas hay unos :sitios sensib'lemente penosos y otros ni lo son y cuasi son agradables (18). En el tornillo llamado de los Fúcares (19) he visto diferentes veces probar a entrar algunos Mineros y les fue preciso siempre retirarse desde muy al principio por sofocarse. Y entrándole un candil de gruesa torcida encendida, apagarle, sin quedarle rastro de pavesa. XXXVI. Considerando el cuidadoso observador de la Naturaleza Thomas Sydenham este distinto suceso de males dec.ía, tom. 1, pág. 149 infzne y 150 in principio (20), haber enfermedades que con el tiempo se desvanecían y nacer otras con el discurso de las edades teniendo algunas ciertos periodos en que se ocultan y aparecen. /fol. 281 XXXVII. El nuevo sudor anglicano, que se manifestó // en Inglaterra tan cruelmente como leemos en las historias Médicas en 1483 en el ejército de Enrique VII, guardó su ferocidad desde 21 de Septiembre hasta fin de Octubre, en que cesó. Renació luego en el estío de 1485 y se desapareció. Revivió en el Verano de 1506 y se ausent6. Repiti6 en la misma estación de 15 17 y faltó enteramente, después de haber hecho enormes estragos en el discurso de solas tres horas al que lo padecía. Presentose otra vez en 1528 y duró la misma temporada del calor. Resucitó en la misma de 1529 y se ocultó hasta la de 1551. XXXVIII. Es asunto más Prduo de lo que parece buscarle causa a tan varia sucesión de movimientos de la Naturaleza, como son los de /fol. 28v.l no haber jamás infestado a una región // con tales o tales Enfermedades - (18) La existencia dentro de las minas de zonas con manifiestas diferencias en sus condiciones ambientales explica una de las especificidades mas llamativas de la prestación del trabajo en Almadén durante esta epoca: la alternancia de los operarios entre los denominados ((lugares dañosos)) y los «saludables)). (19) Denominación con que se conocían en Almaden a los banqueros alemanes Fugger, quienes explotaron las Minas en arrendamiento desde 1525 hasta 1645, año en que volvieron al control directo de la Corona española. (20) SYDENHAM, Thomas (1716). Opera Medzca. 2 vols., Geneve, Fratres de Tournes. Un testimonio médico sobre Almadén 187 y después, sin manifestarse causa que podamos nosotros apear, ser aquellas enfermedades domésticas en el País donde nunca se conocieron; mortificar a ciertos tiempos con unos accidentes y no en otros; retirar enteramente los contagios de donde antes fiieron cotidianos o continuos; y, en fin, de los restantes movimientos que dejo expuestos en este particular. XXXiX. El vulgo, fácil siempre en sus reso~luciones sobre cualquier arcano por profundo que este sea, tiene tan a la mano las inmediatas y genuinas causas de estos sucesos que, a poquísimo trabajo, las pone de manifiesto y no como quiera, sino con una arrogancia tal cual es comúnmente su necedad. La lástima es que pasa del vulgo este contagio pestilente; 11 pues vemos con dolor, que aun muchos de los Estudiosos, no bien vieron al fenómeno cuando ya le plantaron su causa corriente. XL. Lastimosamente se queja de esta ligereza Felipe Hecquet; viendo con la prontitud y fuerza que cada Sistemático le da sus causas a una constitución epidémica. Con la juiciosa reflexión que pide una materia de tanto peso, decía Sydenham, que aquellos raros periodos con que se manifiestan y desaparecen algunas enfermedades nacían de ocultas y no sabidas todavía alteraciones que padece la Tierra en sus entrañas, loc. cit. XLI. Yo no quiero creer que el menos Erudito dude de estas subterráneas mociones enormes que padece el Globo terráqueo, ni tampoco de sus prodigiosos efectos; pues sin meternos al escrutinio de algunos más raros fenómenos, muchos que vemos 11 cada día grandes, quitan toda duda de aquellos movimientos. XLII. Los solos terremotos son incontrastable argumento de ello; pues no son imaginables sin una bien particular alteración o agitación de fuegos o vientos subterráneos. Y los sucesos consiguientes a los temblores de tierra son iguales convincentes pruebas de los efectos de aquellas agitaciones. Son muy frecuentes las enfermedades; aquí se aparece un Monte; allá se desvanece otro; aquí nace repentinamente una fuente; allá se sorbe oaa la tierra; los animales se turban, y amedrentan; se advirtió muchas veces un bien extraño hedor; y otros particulares que el Curioso puede leer en las dilatadas historias de terremotos. En el que padeció España en 12 de Abril de 1773 a las cinco y 28 // minutos de la mañana se desapareció repentinamente un copioso manantial de agua que la ciudad de Ciudad Real iba a conducir dentro de su población, teniendo ya en el sitio toda la prevención necesaria para sus cañerías. XLiiI. Los crecimientos y nuevas apariencias de varios peñascos, sin la observación de terremotos, ha de convencer una bien admirable ALFREDO MENÉNDEZ NAVARRO que los naturales, como desde niños no aprendieron otro que este e,jercicio, forzosamente deben sufrir el pesado yugo de él, pues se hallan adultos e incapaces de otro oficio. LVIII. Gozan estos trabajadores de diferentes salarios o jornales según sus respectivas tareas, que no miro del caso producirlas aquí. Pero el que más dotado está es el Destajero, que se ocupa en hacer barrenos para arrancar la piedra mineral; y éste, en el discurso de seis horas, que es su tarea, gana seis reales de vellón, advirtiendo que esto es sólo los días de trabajo; de manera, que descontando días de fiesta y // /fol. 391 temporada, que se suspenden los barrenos a fin de que la Mina se refresque algo de los fuegos de la Pólvora, viene a salir al fin de año con tres reales al día (38). Con esto es una compasión ver la pobreza de este Mineraje; pues es indubitable que Pueblo ninguno de la Provincia de la Mancha tenga el alcance que este de Almadén. LIX. Lo peor es, que como los Mineros después de salir de su trabajo no se hallan en disposición para emprender los de sus pocas heredades, ni pueden costear criados que lo hagan a jornal, se hallan perdidas las pocas tierras fructíferas de esta Villa, con lo que para la manutención de su vecindario ni se coge trigo, ni cebada, ni centeno, ni vino, ni legumbres, ni comestible alguno, teniendo que esperar que éstos y /fol. 39v.l las ropas para vestirse vengan de afuera, con lo que les cuesta // mucho más caro que en otras partes (39). LX. Lo mismo que sucede en Almadén sucede con la villa de Chillón, aquella (quizá) famosa Sisapona, de la que eran estas Minas; pues los campos están en gran parte perdidos; las viñas, infructíferas; destruiflujo migratorio hacia las Minas. DOBADO GONZÁLEZ (1 989), o,b. crl. (n. 7) del trabajo introductorio, pp. 649-650. (38) Los cálculos de Parés, excesivamente optimistas, suponen una media de 182,5 jornadas devengadas al año, cifra que casi con seguridad no alcanzaba ningún destalero. La razón fundamental, ademas de las apuntadas por Parés, estribaba en la propia limitación a la prestación del trabajo que suponía la insalubridad del espacio productivo interior y su correlato de incapacitación laboral. Así pues, las pesimistas observaciones del médico respecto a las disponibilidades económicas estarían plenamente justificadas. (39) En 1778, el Superintendente de la Mina, Gaspar Soler, solicitó la anexión al Establecimiento de la dehesa de Castilseras -más de 7.000 hectáreas ubicadas al sureste de Almadénpara paliar la escasez de tierras de labranza y el elevado precio de las subsistencias. Además del asentamiento de nuevos pobladores y el saneamiento de los mineros azogados en las labores agrícolas, la extensión de los cultivos proporcionaría, en opinión de Soler, un ((mayor ingreso de granos y frutos para que sea menor la necesidad del surtimiento de fuera, a precios muy caros ... D. DERECHO de Almadén a la Dehesa de Cast~lseras (El) s.^.). Almadén, Tip. de Eulogio Gallego, pp. 2-8. 1 Un testimonio médico sobre Almadén dos sus caudales, y próxima la Población a verse desolada. Consiste todo'en que antes, como los Metales de estas Minas estaban muy superficiales, era poco el gentío que se ocupaba a su laboreo. Hoy están muy profundos y se necesita una infinidad de trabaja.dores para poder beneficiarlos. LXI. No obstante, hallan estos fieles vasallos de Nuestro Soberano dedicados a tan peligrosa y continua campaña. en su real servicio un /fol. 401 muy glorioso timbre, que lo acomo//dan a premio de sus fatigas. Es este, hacer una servidumbre de empeño y utilidad, que ninguna Provincia es capaz de consagrar a los Pies de Su Real Magestad. De empeño; porque no dando paso que no sea un peligro, hacen honroso pundonor arrojarse al peligro y tener valor para procurar salir de él. Y de utilidad; porque computándose prudentemente en un sexenio dar en cada año al Soberano puestos en los Almacenes diez mil quintales de azogue y dado que se expenda anualmente toda la consignación de maravedís señalada a estas Minas, que son 3.360.000 reales al respecto de 280.000 reales al mes (40), asciende el beneficio que resulta a la Real Hacienda de dicha cantidad de Mercurio a una suma inmensa, por el rédito de Platas en las Indias por medio del Azogue (41). Excede al presente este interés a favor de la corona al cálculo racional que hizo en México la Junta celebrada en 13 de Octubre de 1727 por el Excmo. Señor Mar- /fol. 40v.I qués de Casa-Fuerte, Virrey // de Nueva España asociado de once Caballeros distinguidos, convocados por Su Excelencia a aquel Ayuntamiento; pues pagándose entonces el Azogue en Nueva España a ochenta y dos pesos y cuatro reales el quintal (42), y dándolo hoy Su Magestad a cuarenta, se duplica el beneficio de la Plata por el mayor,consumo de Azogue a proporción del menor precio a que 110 toman los Mineros, y, por consiguiente, percibe la Real Hacienda mayores productos en los derechos que corresponden a Su Real Magestad (43), tanto que, cómo (40) La financiación dc las Minas dependía, como ya hemos apuntado en el trabajo introductorio, de la Rcal Hacicnda. Durante la segunda mitad de la centuria, dicha consignación mensual pasó desde los :60.000 reales en 1749, hasta alcanzar los 500.000 a finales de la década de los setenta, cifra en torno a la que se estabilizó. Esta multiplicación de los fondos destinados al Establecimiento es una clara muestra de los planes expansionistas de los dirigentes de la Real Hacienda. - (41) Además del beneficio obtenido por la venta del azogue a los mineros americanos propietarios de las explotaciones argentíferas, la Real Hacienda gravaba con un décimo O un quinto de su valor la plata obtenida. Esta fue una de las principales fuentes de financiación de la Corona española durante buena parte de la etapa colonial. (42) El peso duro o fuerte equivalía a 20 reales de vellón. (43) Junto a otras medidas, las autoridades coloniales optaron durante la segunda mitad del siglo XVIII por abaratar el precio de venta del azogue, aun por debajo del coste real, no ha decaido la calidad del Azogue de ~lmadén de la que tenía en tiempo del Señor Solórzano (44), en el que cada mil quintales de él daba de producto de las Platas un millón de pesos, dan nuestros Mineros en cada año de dicho beneficio diez millones de pesos duros, y por ellos doscientos millones de reales de vellón. // /fol. 411 LXII. Por más que este servicio sea desatendido en la consideración del vulgo; por más que en el mismo sean desatendidos los peligros y afanes con que lo hacen estos Mineros, viven bañados de la mayor satisfacción, sabiendo que Nuestro Augusto Soberano estima este tributo de sus fatigas a su Real Persona, pues se glorian de verse honrados por su Real Magnificencia con Prerrogativas y Privilegios que no goza con la menor ventaja dependiente alguno de los demás ramos de su Real Hacienda (45). Ninguno de cuantos abandonaron su salud en seguimiento de estas faenas minerales dejó de hallar en el benigno Real Ánimo protección que alivie sus quebrantos. Y aun los sucesores de los que perdieron su vida en este servicio hallan en la caritativa generosidad de su Magestad socorros en sus desamparos y esperanzas de que gratificando /fol. 41v.I y cortando de raíz sus desvalimientos, les // coloque su Real Clemencia en mejor suerte para que no se les hagan tan penosos sus trabajos y enfermedades y puedan asegurar con más confianza el mantenimiento de sus casas y familias. Con tan precioso bálsamo destilado felizmente del corazón de Nuestro Soberano, sanan estos Mineros de todos sus dolores, sin hacer alto en que se los desprecien los críticos vulgares, que ni saben lo que son Minas de Azogue, ni las torturas en que ponen a sus Operarios, ni saben tampoco, ni pueden dar a estos el alivio que necesitan. Sólo el Príncipe puede hacerlo y lo hace continuamente; y este favor es el que únicamente les alivia y anima valerosamente a arrancar de las entrañas de la tierra unos tesoros tan grandes e importantes a la subsistencia de la Real Persona y de su Monarquía. con el fin de potenciar la minería argentífera americana y de esta forma incrementar sus ingresos fiscales derivados de la producción de plata. (44) Juan de Solórzano Pereira además de Gobernador de Huancavélica (1 6 1616 19) ocupó los cargos de Vocal del Consejo de Indias (1 624), Fiscal del Consejo de Hacienda (1 627), y Fiscal y posteriormente Consejero del Consejo de Indias (1629). MAFFEI; RÚA FIGUEROA (1872), op. cit. (n. 11) del trabajo introductorio, vol. 2, pp. 171-172. (45) La concesión de privilegios a los mineros, con una clara finalidad poblacionista, fue una práctica constante en Almadén desde la segunda mitad del siglo XVI. Además de exenciones fiscales y militares, los mineros «gozaban» del derecho de acceso al Real Hospital, al revarto de suertes de la va citada dehesa de Castilseras, o a la concesión de limosnas en casos de incapacitación definitiva, gracia que se extendía a sus viudas y huérfanos al fallecer el trabajador.