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Reseñas

Lafuente, Antonio

Abstract

Ignacio GONZÁLEZ TASCÓN, Ingeniería española en Ultramar, siglos XVI-XIX.

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382  RESE&AS subordinación, en todos los terrenos, incluido el de su propia instrucción, a los cirujanos y las peculiaridades de éste proceso en nuestro país. La diversidad antedicha se expresa también en la formación y adquisición de habilidades y también en el hecho de que se tratara de una pràctica regular o circunstancial. Sin embargo, la lectura del libro nos presenta, de forma global, un perfil bastante similar de lo que podía considerarse una comadrona prototípica: mujer de mediana edad, casada o viuda, con hijos ya crecidos, que solía aprender el oficio de forma pràctica, al lado de otra mujer màs experimentada, que procedía, en general, de estratos sociales medios y de que no era infrecuente la transmisión, dentro de la propia familia, de dichas habilidades de tal manera que existieron auténticos linajes familiares dentro de este oficio. Como en la excelente introducción se indica, se reconstruyen en los diferentes capítulos sus vidas, su trabajo, su posición social y su lugar en la vida pública, sin rechazar las singularidades que, aunque puedan escaparse del perfil medio, son de un gran interés desde otros puntos de vista, como cuando eran auténticas líderes dentro de su comunidad; de este modo Mme. du Corday, educadora de comadronas, Catharina Schrader experta en partos dificultosos así como la espariola compatriota Luisa Rosado —de la cual T. Ortiz hace un excelente retrato como defensora de sus derechos y de su pràctica— desfilan a través de las investigaciones recogidas en el libro que aúna buen hacer historiogrffico con un abordaje nuevo del tema. ROSA BALLESTER AlS1 'ÓN Ignacio GONZikLEZ TASCÓN (1992). Ingeniería espafiola en Ultramar, siglos XVI-XIX 2 vols., Madrid, Cehopu/Tabapres, 748 pp. ISBN: 84-7952- 072-8. La historia de la técnica en Esparsa ha venido siendo una de las asignaturas pendientes de nuestra historiografia. Si escasas y tópicas son las referencias al pasado científico, rris esporã.dicas e inconsistentes son las relativas a la dimensión técnica tanto en la escala estrictamente peninsular, como en su proyección imperial. Quienes todavía cursan estudios en las Facultades de Historia est a n abocados a concluir la licenciatura en la creencia de que todo cuanto en Esparsa se hiciera en estas material no ha logrado la suficiente relevancia como para merecer algunas líneas en los manuales rits frecuentados. En definitiva, se siguen formando generaciones de historiadores adiestrados en el tópico común de que tenemos un brillante pasado literario y artístico, y un vacío clamoroso en todo cuanto se refiere al desarrollo de las ciencias y las técnicas. Pues la referencia machacona a Cajal y Ochoa en nuestro siglo, salpicada con alguna referencia imprecisa a Jorge Juan, José Celestino Mutis o Alejandro Malaspina durante la primera cen- RESEIZIAS  383 turia borbónica, no hacen sino confirmar la tesis general sobre la indigencia nacional en materia de ciencia y tecnología y el caràcter esporãdico de algunas genialidades aisladas: flores de un día que no hacen primavera. Nadie ha llegado tan lejos como para afirmar que sólo los grandes políticos o estadistas o, en el campo de las humanidades, los Iiteratos rnk traducidos y laureados merezcan ser estudiados. La pràctica historiogràfica, en todo caso, confirma que el listón que se ha puesto para otros âmbitos de la cultura espariola es inà's fàcil de superar. éSería entonces el mayor impacto social de tales actividades lo que explicaría su presencia en nuestra memoria colectiva? La respuesta afirmativa sería muy discutible, como prueba con suficientes argumentos el libro que comentamos, una obra que por desgracia ha sido editada en un formato de lujo y mucho nos tememos que mal distribuida. éPor qué ha transcurrido tanto tiempo antes de que dispongamos de una bibliografia mínimamente solvente sobre el pasado científico y técnico? Una pregunta cuya respuesta también ayudaría a explicar la dificultad que encuentran los estudios ya realizados para superar el círculo restringido de los especialistas del àrea y merecer su reconocimiento en los textos al uso en las Universidades. Es cierto que la calidad de algunos estudios es discutible y que, en general, se trata de una literatura muy dispersa, pero tales motivos no son razón suficiente. Aunque tales argumentos valiesen para la historiografia espariola, sería impropio querer extenderlos a la de otros países europeos. Para intentar alguna respuesta tendremos que realizar algunos rodeos. El primero afecta a la propia noción de historia practicada durante las últimas décadas en nuestro país. Una actividad que ha convertido al estado en el centro de todo interés y que, en consecuencia, ha intentado la elaboración de tesis globales mediante la exploración de las relaciones de poder entre las distintas burocracias con capacidad de acción política o administrativa. Tal orientación es tan característica de los estudios generales, como de los de caràcter màs regional o sectorial, frecuentemente abordados como ejemplificaciones probatorias o ligeramente matizadas de leyes, procesos o estructuras de alcance nacional o estatal. La historia de la técnica, en cambio, exige una atención cuidadosa a los fenómenos de caràcter local, desplazando el centro de gravedad de la historiografia desde las esencias a las contingencias, desde lo estructural hacia lo idiosincrkico. Así, los historiadores rns que trabajar con útiles sociológicos o jurídicos, encontrarkl apropiado para sus objetivos ayudarse del dialogo con la etnografia, la arqueología o la antropología. No es difícil de explicar: lo relevante en la historia de la técnica no son los principios constitucionales de una màquina o un procedimiento productivo, sino la necesaria adaptación de tales reglas generales a una circunstancia geogràfica, energética, cultural o profesional concreta; en pocas palabras, en tecnología lo fundamental es lo contingente: la innovación. 384  RESEÍ n lAS El segundo rodeo aludido afecta al frecuente automatismo de la relación entre ciencia y técnica. Tal como se escriben estas palabras parecería que existiese entre ellas una relación indestructible. Sin embargo, la obra que comentamos, así como la anteriormente publicada por el mismo autor Fdbricas Hidrétulicas Espaiiolas (Madrid, Cehopu, 1987), abundan en argumentos contrarios a dicha tesis. De la lectura de ambas se desprendería la existencia de esferas independientes con una dinàmica ampliamente autónoma y que sólo ocasionalmente se cruzan o interfieren. Tal circunstancia cuestiona la perspectiva habitual en los manuales de historia general, mas inclinados a la identificación de modelos productivos (o modos de producción) que puedan ser identificados mediante algún procedimiento o màquina característico, como, por ejemplo, la màquina de vapor o el método de patio para la amalgamación de la plata. Pero con descripciones de tan grueso calado, se ignora no sólo el complejo entramado de pequerios y diversos recursos técnicos, sino también la pervivencia de los tradicionales usos productivos conviviendo con los màs novedosos. En pocas palabras, en pocos knbitos como en el de la historia de la técnica los historiadores generales tienden a simplificar la realidad de forma tan extremada. Pero el automatismo serialado, tiene en Esparsa otras consecuencias. Si la relación entre ciencia y técnica fuese tan estrecha como con frecuencia se supone, podria fkilmente derivarse que una tesis general sobre la ciencia es extensible y vàlida también para la técnica. Tal implicación, desde la perspectiva de González Tascón, ademãs de gratuita es errónea. Una de las consecuencias de la secular polémica de la ciencia espariola ha sido introducir un pesimismo respecto a nuestro pasado científico que seguramente està en el origen del silenciamiento de muchas de las iniciativas institucionales con las que históricamente se ha impulsado el desarrollo de la ciencia. Pero aunque tales actividades mereciesen ser calificadas como mediocres respecto a su situación europea, ello no implicaría necesariamente que la misma calificación fuese pertinente para el conjunto de las actividades técnicas. En este punto, nuevamente el libro que comentamos proporciona múltiples ejemplos sobre el alto nivel técnico demostrado por muchos de los proyectos realizados en América. En términos generales, Ingeniería espaiiola en Ultramar adems de proporcionar estímulos para avanzar en una reflexión sobre el papel de las técnicas en la historia de América, así como la relación que cabe establecer entre los desarrollos científicos y las innovaciones técnicas, constituye una especie de vademecum de un sinfin de recursos aplicados al control del territorio colonial, con énfasis especial en todo lo relativo a obras desde acueductos o regadíos, hasta puentes, unidades de medida, cartografiado, faros, etc. La tarea que resta por realizar es inmensa, pero no cabe duda de que el esfuerzo de sistematización se ha realizado con tal amplitud temporal y espacial que estamos ante una obra de obligada consulta en los próximos arios, tanto por la variedad de temas aborda- RESEITAS  385 dos, como por la calidad del abundante material iconogrkico o la utilidad del excelente Glosario de Términos que se incluye al final del segundo volumen. Quien se anime a adentrarse en su contenido, no tardarà en percibir la idea que el autor tiene de lo técnico, mas próxima a la noción de invención que a la mas general de producción. Una alternativa que, no por usual entre los historiadores de la técnica, deja de ser problemàtica para los historiadores generales, quienes probablemente lamentaran la escasez de noticias relativas a los costes de realización de los proyectos o al impacto social y cultural que tales obras tuvieron sobre su entorno. Poco se dice también acerca de los mecanismos de decisión política, las formas de organización del trabajo, las relaciones de poder que siempre objetiva la construcción de un embalse, una instalación portuaria o un sistema de regadíos. El problema no es que el libro ignore por completo tan importantes asuntos, sino que se encuentran salpicados por los distintos capítulos sin que el índice sea suficiente para acceder con rapidez a ellos. La escasa sensibilidad social que el libro manifiesta se ve compensada, no obstante, por el interés en describir los logros de la tecnología precolonial, así como las múltiples formas de sincretismo que se dieron entre lo indígena y lo europeo. En definitiva, estamos ante un libro que sin lugar a dudas constituye un hito para la historiografia colonial espariola y un buen punto de partida para futuros estudios de la técnica espaliola y americana durante el mundo moderno. ANTONIO LAFUENTE Elvira ARQUIOLA; Luis MONTIEL (1993). La corona de las ciencias naturales. La medicina en el transito del siglo XVIII al XIX. Madrid, C.S.I.C. (Estudios sobre la Ciencia, 20), 392 pp. ISBN: 84-00-07333-9. Henry Sigerist en su conocida obra Civilización y enfermedad de 1943, cuando se refiere a la medicina del período del Romanticismo, establece lo que él considera un contraste muy importante entre la forma de enfocar el tema en dos knbitos geogrMicos europeos indicando que «mientras los médicos franceses estudiaban las enfermedades a la cabecera de los enfermos y hacían autopsias en sus laboratorios, los alemanes se sentaban en sus escritorios a escribir tratados sobre la naturaleza de la enfermedad y del mundo en general. No vale la pena ocuparse de estas absurdas teorías». Esta frase, recogida por los autores en la introducción del libro como el punto de partida habitual de los estudiosos de este período, nos sirve a nosotros también como arranque del comentario acerca del trabajo de Arquiola y Montiel, prologado de forma excelente por Laín Entralgo, referente obligado al tratar de estos temas. Estructurado en tres grandes partes a través de las cuales se va desarrollando