Reseñas
Abstract
Hilary MARLAND, The art of midwifery. Early modern midwies in Europe.
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380 RESEI n IAS también quiero dejar constancia de este «vicio» del culto al archivo y a la información documental bastante extendido en algunos àmbitos de la historia general. El resultado es que algunos pasajes no quedan suficientemente explicados y falta una reflexión màs audaz y comprensiva de los hechos presentador. Por último, no se da noticia alguna sobre la existencia del importante fondo documental informatizado, que reúne las noticias recogidas en el trabajo y que fue realizado por la autora para la citada tesis de licenciatura. Todo ello podía haberse explicado perfectamente en la introducción, si ésta hubiese sido efectivamente una introducción y no un capítulo preliminar. Tales reproches no pueden menoscabar el mérito indudable del libro. En efecto, la investigación en los archivos municipales es tediosa y lenta, y su rentabilidad a corto plazo es muy discutible por lo «desordenado» de la organización de unas actas capitulares, donde se hace referencia a todos aquellos problemas que había de resolver la corporación. A pesar de ello, la riqueza de la información que aportan, muestran una y otra vez la necesidad y el interés de acudir a ellos. Por otro lado, la lectura de este estudio es un auténtico alegato en favor de la confección de nuevas monografías similares a ésta, si queremos llegar a reconstruir el proceso de institucionalización de la actividad sanitaria en la Esparsa medieval y moderna; aspecto este que constituye sin duda uno de los principales temas de estudio de la actual investigación historicomédica. Y para ello, no sólo basta con conocer la situación en las grandes urbes, sino que comunidades de tamario medio y pequerio ofrecen grandes posibilidades de anMisis, al tiempo que no podemos olvidar que la mayor parte de la población urbana espariola de esa época se agolpaba en aglomeraciones de esas dimensiones. Así pues, a pesar de los inconvenientes de detalle expresados, hemos de saludar la iniciativa de la Universidad de Murcia de poner este trabajo al alcance de los investigadores interesados en el tema, y esperemos que vaya cundiendo el ejemplo de confeccionar nuevas monografías locales que vayan contribuyendo a cubrir alguna de las muchas lagunas que todavía tenemos sobre la organización municipal de la sanidad en el pasado. VICENTE L. SALAVERT Hilary MARLAND (ed.) (1993). The art of midwifery. Early modern midwives in Europe. London/New York, Routledge (Wellcome Institute Series in the Hisotry of Medicina, 18), 234 pp. ISBN: 0-415-06425. La historiadora holandesa Hilary Marland autora, junto con Valerie Fields y Lara Marks de una excelente monografia sobre el movimiento internacional de protección a la infancia desde el último tercio del siglo XIX a la finalización de
RESE&AS 381 la II Guerra Mundial editada por Routledge, repite aquí en la misma serie de dicha editorial, como coordinadora de este volumen en el que participan un grupo de historiadores que tiene en común el haber trabajado sobre el tema objeto del libro, bien desde la perspectiva de la historia de las profesiones sanitarias, bien desde los estudios históricos sobre mujeres. La oportunidad de reunir en un volumen estudios que en los últimos arios se han ido elaborando de forma simultúnea en diferentes espacios geogrkicos, constituye un acierto por la utilidad que ésta publicación puede tener para la investigación históricomédica desde una perspectiva sociocultural, mas allà incluso del marco temútico concreto del que se ocupa. La acotación al periodo moderno, 1400 a 1800, està plenamente justificada por tratarse, pese a las matizaciones que puedan hacerse, del momento de apogeo de estas ocupaciones y, a la vez, del comienzo de su decadencia en favor de los médicos obstetras. La ubicación espacial de las aportaciones, en el marco de seis países europeos, permite establecer similitudes y diferencias entre ellos. La base factual de los capítulos se enriquece considerablemente al ariadir a las fuentes médicas usuales de literatura obstétrica, las procedentes del vaciado sisternútico de registros parroquiales, ordenanzas municipales, panfletos políticos y religiosos, archivos de gremios y corporaciones, testimonios de las mujeres —tanto de las propias comadronas como de las mujeres por ellas atendidascensos o testamentos. Junto a esta variedad de las fuentes, también aparecen novedades en cuanto a los planteamientos, al menos en la mayoría de los capítulos; al historiador que sólo conozca el tema desde la lectura de la bibliografía secundaria, mas bien escasa hasta fechas relativamente recientes, le llamarú la atención cómo se rompen una serie de tópicos y se complica un panorama aparentemente simple. En efecto, frente a la imagen de la comadrona como una mujer ignorante, sin ningún tipo de entrenamiento técnico, que era llamada para cubrir unas necesidades de asistencia, el dibujo que a través de las fuentes manejadas aparece, es el de la diversidad de las situaciones sociales y profesionales de estas mujeres. Esta variabilidad se observa muy claramente no sólo entre un país y otro, sino dentro del mismo territorio geogrffico, como ponen de relieve los capítulos referidos a la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, que es ademús el entorno topogrffico con un mayor grado de presencia en el libro: utilizando como fuentes los informes y testimonios que las mujeres, a las que se asistía por parte de las comadronas, realizaban a petición de estas últimas, quienes los necesitaban para obtener la autorización de su pràctica por las autoridades eclesiústicas, D. Evenden, Harley y Hess, muestran cómo la clientela procedía de una amplio espectro social, que existían auténticas redes de apoyo social en las cuales las comadronas eran una pieza fundamental y que la relación con los médicos y cirujanos iba desde la colaboración al rechazo. En Esparsa, T. Ortiz plantea el paso de la hegemonía de las comadronas en cuestiones obstétricas a la
382 RESE&AS subordinación, en todos los terrenos, incluido el de su propia instrucción, a los cirujanos y las peculiaridades de éste proceso en nuestro país. La diversidad antedicha se expresa también en la formación y adquisición de habilidades y también en el hecho de que se tratara de una pràctica regular o circunstancial. Sin embargo, la lectura del libro nos presenta, de forma global, un perfil bastante similar de lo que podía considerarse una comadrona prototípica: mujer de mediana edad, casada o viuda, con hijos ya crecidos, que solía aprender el oficio de forma pràctica, al lado de otra mujer màs experimentada, que procedía, en general, de estratos sociales medios y de que no era infrecuente la transmisión, dentro de la propia familia, de dichas habilidades de tal manera que existieron auténticos linajes familiares dentro de este oficio. Como en la excelente introducción se indica, se reconstruyen en los diferentes capítulos sus vidas, su trabajo, su posición social y su lugar en la vida pública, sin rechazar las singularidades que, aunque puedan escaparse del perfil medio, son de un gran interés desde otros puntos de vista, como cuando eran auténticas líderes dentro de su comunidad; de este modo Mme. du Corday, educadora de comadronas, Catharina Schrader experta en partos dificultosos así como la espariola compatriota Luisa Rosado —de la cual T. Ortiz hace un excelente retrato como defensora de sus derechos y de su pràctica— desfilan a través de las investigaciones recogidas en el libro que aúna buen hacer historiogrffico con un abordaje nuevo del tema. ROSA BALLESTER AlS1 'ÓN Ignacio GONZikLEZ TASCÓN (1992). Ingeniería espafiola en Ultramar, siglos XVI-XIX 2 vols., Madrid, Cehopu/Tabapres, 748 pp. ISBN: 84-7952- 072-8. La historia de la técnica en Esparsa ha venido siendo una de las asignaturas pendientes de nuestra historiografia. Si escasas y tópicas son las referencias al pasado científico, rris esporã.dicas e inconsistentes son las relativas a la dimensión técnica tanto en la escala estrictamente peninsular, como en su proyección imperial. Quienes todavía cursan estudios en las Facultades de Historia est a n abocados a concluir la licenciatura en la creencia de que todo cuanto en Esparsa se hiciera en estas material no ha logrado la suficiente relevancia como para merecer algunas líneas en los manuales rits frecuentados. En definitiva, se siguen formando generaciones de historiadores adiestrados en el tópico común de que tenemos un brillante pasado literario y artístico, y un vacío clamoroso en todo cuanto se refiere al desarrollo de las ciencias y las técnicas. Pues la referencia machacona a Cajal y Ochoa en nuestro siglo, salpicada con alguna referencia imprecisa a Jorge Juan, José Celestino Mutis o Alejandro Malaspina durante la primera cen-