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La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX

Arquiola, Elvira

Abstract

En este artículo se analiza la diferente actitud que la medicina española de la primera mitad del presente siglo tuvo respecto de la lucha contra la vejez, actitud que pasó por tres etapas claramente diferenciadas: "ayudar a envejecer", "curar la vejez" y "adaptarse a la vejez", desarrollando en esta etapa final medidas antropológicas y sociales.

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La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX ELVIRA ARQUIOLA (*) SUMARIO Introducción. l.-El mantenimiento de las medidas clásicas. 2.-Curar la vejez. 3.-La adaptación a la vejez. 4.-E1 desarrollo de las medidas sociales. 4.1.-La vejez, una cuestión de Estado. 4.2.-Una nueva «lucha contra la vejez.» RESUMEN En este articulo se analiza la diferente actitud que la medicina española de la primera mitad del presente siglo tuvo respecto de la lucha contra la vejez, actitud que pasó por tres etapas claramente diferenciadas: «ayudar a envejecera, «curar la vejez* y .adaptarse a la vejez*, desarrollando en esta etapa final medidas antropológicas y sociales. La vejez ha sido vista mayoritariamente como una etapa llena de problemas y de deficiencias, por ello, a lo largo de la historia de occidente, se han sucedido' los esfuerzos por lograr retrasar su llegada y prolongar la juventud, intentando así lograr una vida larga y saludable. Desde mediados de la centuria pasada es evidente una actitud médica que pretendía «ayudar a envejecer*, recurriendo para ello a las medidas preventivas clásicas consistentes en la regulación de la norma de vida, atendiendo fundamentalmente a los cuidados bromatológicos del anciano Fecha de aceptación: 31 de enero de 1994. Trabajo realizado dentro del Proyecto n.93/0167 del F.I.S. (*) Unidad de Historia de la Medicina. Facultad de Medicina. Universidad Complutense. 28040 Madrid (España). DYNAMIS Acta Hispanica ad Medin'nae Scientiammque Hwtmiam Iliwtrandam. Vol. 14, 1994, pp. 95-109. ISSN: 0211-9536 96 ELVIRA ARQUIOLA y recomendando la moderación de apetitos y pasiones como clave para sobrellevar la vejez, y cuando surgiese la enfermedad, remedios para combatirla. El desarrollo de la medicina científico-natural que tuvo lugar en las últimas décadas de esa centuria llevó a los médicos, con ellos a la sociedad, a pensar que el proceso de envejecimiento sería desvelado y por tanto esclarecida su causa podría combatirse de igual manera como se combatían las causas de las enfermedades, desarrollándose una optimista actitud que pretendía ((curar la vejez». A lo largo de nuestra centuria, ese optimismo volverá a dar paso a un cambio de actitud de los médicos que insistirán en que, junto a la norma de vida y a la atención médica a la vejez, resultaba necesario ocuparse también del apoyo psicológico y social de los hombres durante esta etapa de su vida, comenzando a insistir en la necesidad de cuidar los aspectos antropológicos, asistenciales y sociales como indispensables para lograr una vejez más saludable. 1. EL MANTENIMIENTO DE LAS MWlDAS «CLÁSICIAS» La mayor parte de las obras decimonónicas en que se aborda el problema de la vejez insisten en señalar que, para conservar el estado de salud de los ancianos, lo más adecuado es el establecimiento de medidas preventivas, iritentanto con ellas ayudar al individuo para que envejezca normalmente, de acuerdo con la idea que defendía la existencia de dos formas de vejez: una normal y otra patológica. En líneas generales se aceptaba el criterio de Canstatt según el cual las medidas de lucha había que emprenderlas durante el período de senilización, sin esperar a que la senectud estuviese ya instaurada, puesto que, entonces, poco se podía hacer para combatirla (1). En 1857 Monlau, coincidiendo con los higienistas europeos y muy especialmente con Salgues, insistía en que las principales reglas higiénicas a seguir en esta edad eran: aire puro y seco, buscar los climas meridionales, evitar cambios bruscos, usar vestidos calientes que no fuesen pesados, mantener una limpieza esmeradísima, baños tibios y fricciones, evitar los (1) BOY-TEISSIER (1895). Lecons sur les maladies des vieillards, Paris, Octave Doin Ed., 296 pp. (p. 240). La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX 97 excesos de la mesa, «único placer que (a su entender) les es dado disfrutar~, ingerir fundamentalmente alimentos blandos y cuidar las evacuaciones mediante el uso de laxantes. Se les permitirán las bebidas fermentadas no destiladas, se recomendará el ejercicio moderado y que se acuesten y levanten temprano; asimismo señalará la conveniencia de que se abriguen la cabeza y los pies, y recomendará que no trabajen con la cabeza, pues, aunque hay excepciones, en general suele perjudicarles; concluyendo en que deberán huir de las pasiones y en que los placeres genésicos debían estarles enteramente vedados (2). Unas décadas más tarde, en 1890, Lozano Caparrós en su Tratado práctico de las enfmedades de los viejos recomendará medidas semejantes para ayudar a envejecer haciendo especial énfasis en evitar los tratamientos enérgicos e insistiendo en la conveniencia de recurrir a los dietéticos y bromatológicos, en la convicción de que la vejez consistía fundamentalmente en un proceso de desgaste o degeneración. Estos tratamientos debían iniciarse cuando aún estaban sanos los sujetos para prevenir la aparición de enfermedades y debían ser adecuados a las condiciones individuales. Como consejo general insiste también en que habría que prohibir al anciano todo esfuerzo mental puesto que congestiona el cerebro y retarda la digestión; así como alerta de los peligros de la vida sedentaria o el quietismo de los viejos (3). 2. CURAR LA VEJEZ Junto a esta actitud claramente conservadora que pretendía «ayudar a envejecer», fue desarrollándose otra más intervencionista que pretendía tratar la vejez como si fuese una enfermedad, recurriendo para ello a procedimientos terapéuticos. En 1895 Soler Roig manifiesta su gran confianza en la Higiene, de acuerdo con Condorcet, pero a las medidas higiénicas, semejantes a las recomendadas por Durand-Fardel, añade otras como terapéutica de la involución senil. Esas medidas, siguiendo a Lapasse, (2) MONLAU, P. F. (1857). Elementos de higiene privada o arte de conseruar la salud del individuo, 2.%d., Madrid, Imprenta y Estereotipia de Rivadeneyra, 562 pp. (pp. 490- 492). (3) LOZANO Y CAPARRÓS, E. (1890). Tratado práctico de las enfennedades de los viejos, Madrid, Establecimiento Tipográíico de G. Juste, 428 pp. (p. 7 y pp. 419-426). 98 ELVIRA ARQUIOLA Considerations sur La durée de La vie humaine, pretendían desarrollar todas las fuerzas vitales, manteniéndolas en el grado más alto, sin producir irritación, recurriendo para ello al bifosfato de cal, acido fosfórico y fósforo, que se suponía vitalizaban el organismo. Añade que Lapasse recomienda el oro como reconstituyente en sales aúreas y Turk la veratrina alcaloide del eléboro utilizado por los antiguos; y que «eminentes biólogos* recomiendan la electricidad, el masaje y la hidroterapia para mantener las fuerzas vitales. Junto a estos recursos menciona la vieja recomendación de tener contacto con cuerpos sanos y jovenes y señala que Brown-Séquard aconseja la inyección de jugos orgánicos (4). Indudablemente en las últimas décadas de la pasada centuria se fueron incorporando, a los recursos clásicos utilizados hasta entonces para paliar los efectos de la vejez, distintas novedades relacionadas con los progresos efectuados por la medicina científico natural. En el terreno de la lucha contra la vejez las que más expectativas despertaron fueron las aportaciones de Metchnikoff (1845-1916), que considerará a la vejez como el resultado de un proceso de fagocitosis debido a la intoxicación crónica del organismo a partir de la flora intestinal, pretendiendo contrarrestarlo buscando un agente biológico que estimulase la función celular y lograse su rejuvenecimiento; orientación que tuvo seguidores entre los que hay que citar a Niehans, Filatov y sus ensayos con tejidos embrionarios, los experimentos de Bogomolets y las inyecciones de novocaína al 2% de Aslan. Asimismo gozó de gran éxito la interpretación de la vejez como resultado de un proceso de involución gonadal recurriendo a la opoterapia y a los injertos gonadales para contrarrestar este proceso. Dentro de esta línea hay que apuntar que para Brown-Séquard (1817-1894) la explicación del proceso de envejecimiento sería la involución de las glándulas sexuales, por lo que se inyectó a los 72 años extracto de testículos de cobaya y perro; Voronoff (1866-1951) recurrió a glándulas de mono con idénticas pretensiones; Bogomolets (1881-1946) intentó fabricar suero rejuvenecedor a base de hormonas; Kocher y Lorand atribuyeron al tiroides el deterioro de la etapa senil, recomendando en consecuencia la administración de extrac- to de tiroides (5). (4) SOLER Y ROIG, J. (1895). Estudios sobre las enfermedades de los viejos, Barcelona, Estbl. Tipográfico de Francisco Altés, 204 pp., (pp. 7-9). (5) GRMEK, M. D. (1958). On Ageing and Old Age. Basic Problems and HistMics aspects of Gerontology and Geriatrics, Den Haag, Uitgeverij Dr. W. Junk, 106 pp., (pp. 17-19). La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX 99 Estos experimentos despertaron entre nosotros diferentes expectativas, apareciendo recomendada la opoterapia en algunas de las obras manejadas, pero indudablemente también tuvieron sus detractores; por fin un tercer grupo de autores presentaron otras alternativas terapéuticas, tal es el caso del Dr. Ferrán en la comunicación presentada ante la Academia de Medicina sobre un «Nuevo método eficaz de rejuvenecimiento que no expone a los peligros de los injertos testiculares preconizados por Steignach, Voronoff y otros», comunicación que, por enfermedad leve de su autor, lee Pulido. Consiste el método propuesto por Ferrán en la «transferencia de energías de un individuo a otro, por medio de un vehículo microbianon (6). Aun cuando se estaban generando grandes espectativas sobre la proximidad del «milagro» perseguido por el hombre a lo largo de la historia -prolongar al máximo la juventud y retrasar la aparición de los signos de la vejezmientras éste llegaba los médicos debían seguir ayudando a envejecer a sus pacientes. Así se evidencia en el discurso de ingreso en la Real Academia de Medicina que con el titulo de La lucha contra la vejez pronunció Amalio Gimeno en 1910. Ese titulo que se encontraba en plena correspondencia con la consideración de la vejez desde una mentalidad etiopatológica que tanto se difundió desde finales de la centuria; no obstante Gimeno liga su discurso a una vieja aspiración perseguida por los hombres de todos los tiempos, por ello comienza recordando el viejo sueño de la humanidad de prolongar la vida y los diversos recursos utilizados para ello, y señala el optimismo que en torno a este tema está generándose gracias a los avances de las ciencias básicas y de la experimentación: «También ahora en nuestros tiempos, quizá porque el progreso de la Química biológica haya hecho concebir la esperanza de conocer pronto la esencia íntima de la vida, ha vuelto a renacer, revestida con ropaje más severo, la aspiración de siempre. (7). (6) FERRÁN, J. (1927). Nuevo método eficaz de rejuvenecimiento que no expone a los peligros de los injertos testiculares preconizados por Steignach, Voronoff y otros, Anales de la Real Academia de Medicina, 47 (Sesión 12 de febrero), 107-109. (7) GIMENO, A. (1946). La lucha contra la vejez, 2.Qd. Madrid, Real Academia de Medicina, 163 pp. (p. 10). En el título que Gimeno da a su discurso se evidencia la consideración del problema de la vejez desde el prisma de la mentalidad etiopatológica, si bien no se esperaba descubrir un germen con el que luchar, sí se contaba con desvelar la causa de la vejez por lo que también en la vejez, como en el resto de la 1 O0 ELVIRA ARQUIOLA E insiste en que mientras se intenta esclarecer la causa de la senectud para combatirla, la moderación sigue siendo la clave para sobrellevar la vejez, moderación de apetitos y pasiones, tal como hemos visto hacer a Monlíau unas décadas antes, insistiendo en recomendar: «[ ...] desterrad de vuestro régimen, sin miramientos, tres cosas: el tabaco, el alcohol y la carne, y añadid a eso un discreto horror a la fatiga y una prudencia rayana a la tacañería en los gastos corporales del amor. Los enemigos del alma suelen serlo del cuerpo también» (8), reiterando la importancia de la norma de vida para lograr un envejecimiento «normal». A finales de los años cuarenta Beltrán Báguena insistirá en que «envejecer no es una desgracia, sino una gran fortuna que no está reservada a todos los que nacen», y añade: «No es desagradable envejecer. Lo es, sí, la senectud pletórica de achaques por malos cuidados y equivocada dirección, pero no la vejez sana y relativamente capaz, que se puede lograr siguiendo las adecuadas reglas higiénicas.. Para estos autores se trataba, de nuevo, ya no de «curar» la vejez sino de «ayudar a envejecer», intentanto que la vejez se presentase de forma «normal» y libre de achaques. Esta acción preventiva se debía desarrollar en los años precedentes a la senectud y en ella jugaba un importante papel la alimentación regulada por los clásicos consejos de contención y moderación. Nos recuerda que Lorand y Viale creen que existen una serie de factores externos que influyen en la duración de la vida, éstos son: excesos de la nutrición, alcohol, tabaco, excesos sexuales, prácticas maltusianas y coito interrumpido, falta de limpieza, ambición excesiva, avaricia, cólera, vanidad, ocio, estreñimiento e insomnio (9). acción sanitaria, se recurre a este discurso bélico, véase HUERTAS, R. (1993). El debate sobre la creación del ministerio de Sanidad en la España del primer tercio del siglo XX. Discurso ideológico e iniciativas políticas, Asclepio, 45 (l), 89-122 (p. 92). (8) GIMEN0 (1946), op. cit. en nota anterior, pp. 115, 132. (9) BELTRÁN BÁGUENA, M. (1949). Prevención de la vejez achacosa y cuidados de los ancianos, Barcelona, Científico Médica, p. 40. La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX 101 No sólo se vuelve a recomendar las normas clásicas, sino que se hace énfasis en la necesidad de cuidar junto a los aspectos dietéticos los antropológicos. Así veremos hacerlo a Marañón, que, aunque apoyase la doctrina endocrinológica como explicación del proceso de envejecimiento durante buena parte de su vida, siempre se manifestó escéptico ante los injertos gonadales que se estaban llevando a cabo con el fin de lograr el rejuvenecimiento, denunciando tras los años cincuenta el total fracaso de estas medidas: <<El fracaso de estos métodos de rejuvenecimiento, que inauguró el disparatado genio de Brown-Séquard y que alcanzaron su máxima popularidad con los experimentos de Voronoff [se debe] al hecho evidente de que aun cuando se consiguiera prolongar a voluntad la actividad de las gónadas, no por eso dejaría de sobrevenir la involución, la vejez y la decrepitud. (10). Esta desconfianza ante los procesos de rejuvenecimiento le lleva a plantear la «adaptación» como única alternativa a la vejez: «[ ...] los viejos que han sabido buscar el sentido a su edad lo han encontrado en esta sola palabra: adaptación [ya que] el medio lógico de defenderse contra la debilidad es la adaptación» (11). Esa adaptación se verá apoyada por la psicoterapia que el geriatra desarrolle para lograr hacer que el individuo climatérico y el anciano sepan aceptar su edad y los deberes que ésta conlleva, superando su sensación de debilidad y su miedo, insistiendo en el carácter normal de la vejez, como etapa de la vida. 4. EL DESARROLLO DE MEülDAS SOCIALES Será también a mediados de la centuria cuando se comiencen a señalar otros elementos a considerar en la tarea de lograr una vejez sin achaques, (10) MAR~ÓN, G. Climaterio y senilidad. En Obras Completas, Madrid, Espasa Calpe, vol. 3, 1972, pp. 697-709. (11) MARANÓN, G. El deber de las edades, of>. cit. en nota anterior, pp. 131-153 (p. 153). 102 ELVIRA ARQUIOLA produciéndose un cambio significativo en la postura de los médicos españoles ante el problema de la vejez consistente en que, si hasta entonces, la prevención de la vejez había sido una cuestión fundamentalmente individual y médica, serán los mismos médicos quienes comiencen a insistir en que estos abordajes resultaban insuficientes, convencidos de que, dicho con palabras de Beltrán Báguena: <<Plasmar esta acción preventiva en obra estatal es el paso, ya planteado, que resta por dar» (12). El propio Arnalio Gimeno al insistir en la importancia de la norma de vida para el ulterior desarrollo de la vejez, denunciaba a comienzos de la centuria las duras circunstancias en que se desarrolla la vida de los obreros: «[ ...] resulta increíble que aun haya de pasar largo período de tiempo para que la justicia social redima al hombre del trabajo exagerado que pesa como un castigo, a fin de que, especialmente el obrero no llegue a la edad viril debilitado y usado, convertido en valetudinario a los cuarenta años., de lo que se quejaba Michelet en su obra Sur les chemins de 1Europe (1893). Nos recuerdaba en su discurso igualmente que este hecho era denunciado por Leon XIII en su Rerum novarum, donde mantenía que «el obrero es un hijo de Dios y no debe ser cambiado en una máquina de producir dinero». Por último, citando a Lacy Evans recordará que: «La prolongación de la vida del pueblo debe llegar a ser una parte esencial de la política familiar, municipal y nacional» introduciendo así una dimensión político-social en la cuestión de la vejez (13). Desde entonces algo se había comenzado a hacer en España a nivel social en la atención a la vejez, tal como indica la existencia del retiro por vejez o jubilación funcionando desde 1921 y la existencia de algunas instituciones específicamente dedicadas a la atención del anciano (14). (12) BELTRÁN BÁGUENA, M. (1950). Problemas generales de la Geriatría y Gerontología. En ARTETA, et al. Siete Conferencias sobre Geriatná, Madrid, Escelicer, 205 pp. (pp. 8- 11 y 25). (13) GIMEN0 (1946), op. cit. en nota 7, p. 115. (14) De la bibliografía existente se recomienda: MONTERO GARCÍA, F. (1988). Los seguros sociales en la España del siglo XX. Orígenes y antecedentes de la previsión social, Madrid, Ministerio de Trabajo y Seguridad Social; MARTÍNEZ QUINTERO, E. (1986). E1 nacimiento de la previsión social (1900-1917). Las primeras soluciones al problema de la vejez. Entre la previsión y la beneficencia. En: De la Beneficencia al bienestar La profilaxis de la vejez en España en las primeras décadas del siglo XX 103 Gracias a estas iniciativas, en los años centrales de esta centuria, 35.000 ancianos, de un total de 225.000 que existían, se encontraban residenciados (15). En las medidas desarrolladas para atender a la vejez estaba jugando un importante papel la propia administración, tal como manifiestan las palabras de Beltrán Báguena, quien desde el Dispensario de Sanidad de Gerocultura y Geriatría de Valencia realiza una labor ejemplar en favor de la vejez. Pues bien, para este autor era adecuado «[ ...] rendir en este momento un tributo respetuoso de admiración profunda y sincera al ilustrísimo director general de Sanidad, profesor Palanca,» que dio los primeros pasos de la Obra de Protección a la Vejez creando en Valencia el primer Centro Nacional, «Es, por tanto, de estricta justicia hacer pública esta deuda de gratitud que con él tienen la Geriatría y la Sanidad españolas. (16). Pese a estas acciones y a este reconocimiento otras son las medidas que, en opinión de estos médicos, debían ser puestas en marcha. Para Beltrán Báguena las principales acciones serían: la dispensarial, estudiar estadísticamente la morbosidad senil, cuidar la salud de los asistentes con acciones terapéuticas y profilácticas; la creación de Residencias y sanatorios que sustituyan a los Asilos; crear establecimientos con régimen de puerta abierta, y centros donde tratar al enfermo anciano sin sacarlos de su ambiente y sin llevarlos al hospital general. El interés que la medicina española y mundial está dispensando al tema de la vejez se pone en evidencia también, junto a las iniciativas docentes y asistenciales emprendidas por Beltrán Báguena, por la celebración de congresos dedicados a ella dentro y fuera de nuestras fronteras: el 1 Congresocial. Cuatro siglos de acción social, Madrid, Consejo General de Colegios Oficiales de Diplomados en Trabajo social y Asistentes Sociales, Siglo XXI de España, pp. 117- 194. (15) PIÉDROLA GIL, G. (1955a). La Gerocultura, especialidad nueva en Sanidad Nacional. Su estudio, necesidad y organización, Madrid, Colección de Folletos de la Dirección General de Sanidad, 86 pp., (pp. 42-54). (16) Ibid., p. 8.